dissabte, 16 de febrer del 2013

La política y la corrupción.

Incluyo aquí un artículo que publico hoy en el magnífico blog Publicoscopia, cuya lectura recomiendo. Del blog, claro es, no necesariamente de mi artículo.



En su sátira contra Cleón, Los caballeros, de Aristófanes, unos criados tratan de convencer a un choricero que pasa por allí de que llegará a ser el gobernante del Estado. Este es el diálogo: 

Primer servidor.- ¿Cómo es eso? ¿De qué te crees indigno? Albergarás todavía algún buen sentimiento. ¿Pertenecerás acaso a una clase honrada?
El choricero.- No, por los dioses; pertenezco a la canalla.
Primer servidor.- Entonces, oh mortal afortunado, estás ricamente dotado para la política.
Choricero.- Pero, buen amigo, yo no he recibido la menor instrucción; sólo sé leer, y eso mal.
Primer Servidor- Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas. No desprecies lo que los dioses te prometen en sus predicciones."

Este desprestigio de la política y los políticos en Atenas, venía ya de antiguo. S. N. Kramer comenta que el primer caso de soborno se registra en Sumer, unos 3.000 años antes de Cristo. De forma que, al abordar el problema conviene no olvidarse de que no es novedad ni algo privativo de nuestro tiempo. Pero este hecho tampoco debe inducirnos al fatalismo, al relativismo y a la resignación. Que haya políticos corruptos; que los haya habido siempre; que incluso impongan el tono de la gobernación en todos los tiempos, no dice nada sobre la política en sí misma, sino sobre los políticos que se corrompen.

Al contrario, cuanto más lejos nos encontremos de aquella política que Francis Bacon llamaba alta, más ejemplos se darán de la perversión de esta noble arte y más se extenderá la desafección entre la ciudadanía sobre la verdadera naturaleza de esa vocación. Ello es especialmente llamativo en el caso de la democracia que, por definición, consiste en la identidad entre gobernantes y gobernados.
Los enemigos de la democracia suelen argumentar que esta forma de gobierno es especialmente proclive a la corrupción y señalan en su apoyo la proliferación de casos que en ella se dan de prácticas ilegales y criminales. De este modo no solo justifican sino que incluso fomentan el despego de la gente hacia el sistema democrático en la esperanza de sustituirlo por alguna forma de tiranía, más acorde con sus intereses.
Sin embargo, la democracia no solamente no es la forma de gobierno más corrupta sino, al contrario, quizá sea la menos corrupta. Los escándalos, cierto, sacuden la vida cotidiana pero, en buena medida, porque nuestra sociedad es mediática y, aunque no lo parezca, mucho más transparente que todas las anteriores. De haber libertad de información y expresión en las dictaduras, en las monarquías absolutas, podría verse que la corrupción es en ellas mucho más grave que entre nosotros.

La garantía de la democracia frente a la corrupción no está en el intento de erradicarla (aunque no esté nunca de más intentarlo) sino en el hecho de la publicidad. Es imprescindible que todos los actos de la esfera política reduzcan o eliminen el silencio, el secreto, las zonas de penumbra –en donde el poder hace sus chanchullos- o de opacidad. La corrupción, la venalidad, la falta de lealtad, de honradez no se eliminarán nunca porque son tan inherentes a la naturaleza humana como sus contrarios. Lo que sucede es que, por una especie de actuación de una ley de Gresham moral, son más visibles que estos. 

Lo que la democracia precisa no es amontonar códigos éticos que nadie cumple y solo sirven para hacer demagogia, sino disponer de medios prácticos y eficaces para prevenir la corrupción y, desde luego, obligar a los gobernantes a atenerse a ellos, a dar explicaciones de sus actos y a sufrir las penas correspondientes. Esa es precisamente la razón del agudo deterioro actual de la democracia española. No es solamente la sospecha de que los gobernantes actuales, desde Rajoy hasta los cargos de las Comunidades autónomas, sean unos corruptos y un puñado de granujas dedicado al saqueo de las arcas públicas. Antes bien, es la comprobación de que, dado el funcionamiento constitucional del sistema, la ciudadanía carece de medios para obligar a estos gobernantes indignos, presuntos prevaricadores y ladrones, a dar cuenta de sus actos, dimitir y sufrir los castigos pertinentes.
En nuestro tiempo, la expansión de internet, la política 2.0 y el “periodismo ciudadano”, han facilitado el acceso de las multitudes al control crítico del gobierno. Sin embargo, el bloqueo institucional de este mediante medidas autoritarias y reformas reaccionarias de la legislación represiva, producen el efecto de que, de todas las democracias del mundo, la única que está dirigida por un partido que más parece una asociación de delincuentes, con un presidente presuntamente dedicado al enriquecimiento personal ilícito sea la española. 

Justamente una razón más para que la ciudadanía mantenga e incremente la presión extraparlamentaria, en la calle, a los efectos de que los gobernantes corruptos, empezando por el presidente del gobierno, dimitan y se pongan a disposición de los tribunales de justicia. 

La política, sobre todo la política democrática es corrupta o no; los ciudadanos pueden profesar desafección hacia la política o no, dependiendo de lo que ellos mismos hagan. La política la hacemos los ciudadanos; no los gobernantes. La corrupción de estos se aprovecha de nuestro desinterés. En gran medida cabe decir que la corrupción se da porque los ciudadanos la toleran.

Frenos y contrapesos.

Es una verdad de la ciencia política que solo el poder frena el poder. Un poder que carece de otro enfrente tiende a extralimitarse, a avasallar, a convertirse en tiránico. Por eso, el constitucionalismo moderno se aferra a la teoría estadounidense de los frenos y contrapesos, los checks and balances que los admiradores de todo lo yanqui creen tan universales y eternos como las stars and stripes. ¿Qué entes, qué instituciones pueden ejercer un poder que frene y contrarreste el poder político, en este caso el gobierno? En principio, los otros poderes del Estado, el legislativo y el judicial y, además, el cuarto poder, reforzado por lo que algunos llaman ya el quinto poder, la web. Siendo España régimen parlamentario, el parlamento es inexistente, víctima de la mayoría absoluta del gobierno. El sistema mediático está abrumadoramente al servicio del gobierno que lo utiliza sin ningún reparo: todos los medios audiovisuales públicos son oficinas de agitprop gubernamental y una parte importantísima de los medios impresos.

De freno y contrapeso están actuando el poder judicial y la web. Pero no es mucho. El gobierno desoye las decisiones de los tribunales. Así, el ministerio de educación sigue privilegiando los centros que discriminan por sexo frente a decisiones firmes del Supremo que lo prohíben. Eso cuando el de Justicia no decide conceder el indulto a delincuentes condenados por la justicia, con razones por lo menos especiosas. La vigilancia de la web es universal, generalizada, llega a todos los rincones del ejercicio del poder. La web es un Argos siempre al acecho. Pero se estrella ante la indiferencia de los gobernantes, quienes ignoran el estado de ánimo de las redes o las llenan de apologetas suyos actuando como trolls.

Es decir, el gobierno del PP no tiene contrapesos. Tampoco oposición parlamentaria. Esos 110 diputados socialistas poco más pueden hacer que aplaudir a su lider cuando pide la dimisión de Rajoy. Y aun eso, con moderación y prudencia. Ya ha salido el venerable González a decir a los jóvenes lobos de su partido que no estén pidiendo continuamente la dimisión del presidente. No sea que este se enfade. Esas dos carencias se notan mucho. El gobierno tiene una tendencia autoritaria evidente. El presidente apenas comparece en Parlamento, gobierna por decreto-ley, rompe acuerdos y pactos escritos y no escritos en su intención de desmantelar el Estado del bienestar, privatiza servicios públicos a mansalva y, los que no puede privatizar, los reduce y descapitaliza. Algun@s gobernantes  autonómic@s pretenden privatizar el dominio público, los valles y montes de España, una especie de reamortización.

Y todo esto lo ponen en práctica unas autoridades electas pero sobre las que pesan fuertes sospechas de corrupción y que no solamente se niegan a dimitir sino incluso a dar explicaciones de sus actos, con los medios a su servicio. Muchas de las medidas del gobierno exceden de sus competencias y entran de lleno en el ámbito de la reforma de la constitución material del país, mediante un vaciamiento de sentido de la constitución formal. No hay derecho a la vivienda digna, ni a la sanidad y educación públicas, ni a la tutela efectiva de los tribunales, aunque el texto de la Constitución vigente siga proclamándolos.

La oposición está obligada a plantear esta crítica como fundamento a su moción de censura y con propuesta de un candidato alternativo a la presidencia del gobierno. El gobierno no está legitimado para hacer lo que hace. Ni subjetiva ni objetivamente. Y  mucho menos lo contrario de lo que prometió en el programa electoral. Las personas que lo están haciendo no son las más adecuadas y lo que están haciendo no es lo más conveniente para el país. La moción de censura es inexcusable. El gobierno debe explicarse ante la opinión pública si no de grado, por fuerza.

(La imagen es una captura del vídeo de La Moncloa en el dominio público).

El arte por el arte.

El arte desafía la lógica. Se manifiesta de repente, porque quiere, sin preaviso y, cuando reflexiona sobre sí mismo y se da un nombre, por ejemplo impresionismo, es para introducir mayor incertidumbre. Ganas de fastidiar. La exposición de la Fundación Mapfre, Impresionistas y postimpresionistas trae setenta y ocho obras del Quai d'Orsay que ilustran muy bien un momento de la agitada historia del impresionismo. El nombre procede de una tela de Monet, Impression soleil levant, de 1872. Por entonces, los impresionistas, rechazados por la Academia, estaban en pie de guerra contra esta y organizaban su Salon des réfusés. El término "impresión" tiene vocación de manifiesto, es la traducción pictórica de la teoría del arte por el arte, que había abanderado Théophile Gautier. El arte no es mensajero ni portador de significados morales, religiosos, políticos; no está al servicio de ninguna causa. La elección del término "impresión" evoca lo momentáneo, pasajero, fugaz, como aquello con verdadero valor artístico frente a la huera trascendencia del academicismo, siempre ejemplificando con héroes muertos y grandezas del pasado. El arte está ahí fuera, ahora, en los paisajes urbanos o naturales. Hay que salir y captarlos en un momento determinado, con una luz concreta. Dar una impresión de ellos. La impresión es evanescente, frente a la perennidad de lo clásico. Pero, al quedar fija, esa impresión se incorpora al mundo contra el que lucha, el mundo de las reglas y las normas. Para combatir esa consolidación de la impresión, por así decirlo, los artistas pintan repetidas veces los mismos temas con iluminaciones distintas. El caso extremo, Monet y sus cuadros de la fachada de la catedral de Rouen a varias horas del día (de los que hay dos en la exposición), como también hizo con los acantilados de Entreat o sus estanques de nenúfares. En la exposición, el de la armonía verde, de 1899

Los impresionistas -quizá por su común condición de refusés- tenían conciencia de grupo. Eso pasa mucho y especialmente en pintura, quizá por la tradición de los talleres del gremio de San Lucas. El XIX y el XX están llenos de "fraternidades" y "comunidades". Los prerrafaelitas eran una "fraternidad", como la de los nazarenos alemanes, el grupo Secession o el de Die Brücke. En realidad, cuando el impresionismo entra en crisis (por utilizar la terminología de la exposición, que no es muy acertada porque, hablar de "crisis" tratándose de arte, no tiene mucho sentido), da lugar a su propia comunidad, la de los nabis, abundantemente representados en la exposición de Mapfre (Valloton, Sérusier, Denis, Roussel, Vuillard).

Es que, en concreto, el nudo de la exposición es el postimpresionismo, desde 1885 en adelante, cuando el Salon des refusés se ha convertido en el Salon des independents, más ecléctico y menos combatido por el agresivo "buen gusto" del academicismo que ya estaba de retirada. Basta con echar una ojeada a la producción del almibarado Walter Bouguereau para darse cuenta de ello. Los postimpresionistas, o los impresionistas más longevos, ya no son los temibles revolucionarios de los refusés, algunos de los cuales habían tenido relaciones con la Comuna de 1871. Ahora son los reconocidos maestros, incluso cuando se recrean en los desnudos femeninos al estilo de Rubens (Las bañistas, de Renoir) o "descienden" a los bajos fondos de la sociedad, como hace Toulouse-Lautrec (La payasa Cha-U-kao). Los nabis, esto es, los profetas, quizá por esa costumbre de las vanguardias de ir a buscar su razón de ser a la antigüedad del pueblo elegido, son más planos, en todos los sentidos. Esa condición plana se acentúa con su empleo del cloisonné, en algunos casos, que abriría el camino al modernismo, pero no es suficiente para ponerlos a la altura de Cézanne o de Gauguin, a quien reconocen como maestro. De Cézanne un ejemplo de sus celebérrimas manzanas y de Gauguin un bodegón con un abanico de japaniserie, testigo de la pasión del artista por lo exótico.

Es una magnífica exposición y está siendo muy visitada. Seguro que se complementa muy bien con la que hay en el Thyssen también sobre el impesionismo como pintura de exterior. Habrá que verla.

divendres, 15 de febrer del 2013

La paga de Rajoy.

Desde el punto de vista político el meollo del rosario de escándalos que afecta al PP es la cuestión siempre abierta de cuánto cobra el presidente del gobierno. Este es el verdadero escándalo que Rajoy trata de ocultar como sea. Sin duda los otros tienen muchas vertientes, afectan a muy diversas personas, se refieren a comportamientos tipificados en numerosos artículos del Código Penal. El caso Gürtel con sus ramificaciones y el caso Bárcenas con las suyas dan para monopolizar las primeras de todos los diarios. Más si, como era de esperar, resultan estar entreverados, abriéndose así nuevas e insospechadas perspectivas. Se añaden escándalos colaterales, también relacionados, como el de Matas y el de Urdangarin. Puede decirse que el de este último es pieza aparte por tratarse de quien se trata y porque iba por libre. Iría por libre, pero siempre acababa haciendo negocios con cargos del PP: Matas, Camps, Barberá. También Ruiz Gallardón, siendo alcalde de la capital, sucumbió a las habilidades urdangarinescas y se dejó al parecer desplumar 120.000 euros que no eran suyos.

El panorama es, desde luego, abigarrado y pródigo en anécdotas chuscas. Basta con escuchar a Carlos Floriano -Cospedal está notoriamente ausente- "explicando" las peculiares relaciones laborales en el PP que además cambian radicalmente de carácter en una semana. Pero lo esencial aquí, lo que tiene importancia política, lo que explica los acontecimientos de los últimos dos meses, es la implicación de Mariano Rajoy en lo más turbio de la historia con la acusación de que puede haber recibido dinero ilegal, según los apuntes de Bárcenas. Este es el fondo de la cuestión, al que el presidente todavía no ha dado una respuesta satisfactoria y, al contrario, ha dado varias insatisfactorias. La gravedad de la sospecha resucita, para agravarla, la sorprendente incógnita del sistema político español, esto es, el sueldo de Rajoy cuando lider de la oposición y cuando presidente del gobierno. Porque, hasta la fecha, no lo ha declarado formalmente nunca. Al contrario, se negó a revelarlo cuando se le preguntó directamente en la televisión hace unos años y, en una segunda ocasión dio una cifra falsa. Aseguró ganar unos 8.000 euros al mes cuando por aquella época eran 14.000. España debe de ser la única democracia del mundo en la que no hay clara constancia de cuánto cobra el presidente del gobierno.

Muy preocupado con esta circunstancia que lo afecta a él personalmente, a su crédito, a su moralidad, quizá a la legalidad de su actuación y, desde luego, a su legitimidad, Rajoy ha recurrido a varios procedimientos y ha acabado empeorando las cosas. En un primer momento sostiene que todo es falso, que los papeles de Bárcenas son falsos y (es de suponer) todo cuanto publica la prensa sobre la situación laboral y retributiva del extesorero también es falso. Viendo que esto no es suficiente, tiene un gesto de transparencia y decide publicar sus declaraciones de la renta desde 2003. El gesto suscita todavía más dudas y sospechas. La declaración de la renta no coincide con la presentada al Congreso y solo se publica a partir de 2003, con lo cual no prueba nada, pues las anotaciones incriminatorias de Bárcenas llegan hasta 2003, consignando cuantiosos pagos a Rajoy.

En una actitud muy típica de la derecha, de responder y defenderse atacando, Rajoy reta a Rubalcaba a hacer lo mismo que él, desvelar sus declaraciones a Hacienda. Es un gesto ruin porque olvida que el de Rajoy fue obligado a causa de las sospechas sobre él, mientras que Rubalcaba no está obligado pues sobre él no pesan sospechas. Pero, además de ruin, el reto es estúpido porque ha faltado tiempo a Rubalcaba y, de paso, a Cayo Lara para hacer públicos sus ingresos, poniendo negro sobre blanco una diferencia abismal entre ellos dos y Rajoy, quien tiene unos ingresos fabulosos y de procedencia harto discutible. Rubalcaba gana 55.000 euros al año más las dietas, en total, unos 66.000 euros. A su vez, Cayo Lara cobra 63.000 euros al año y, por supuesto, ninguno de ellos recibe un céntimo de su partido. Al contrario, Lara entrega 16.800 euros a su organización. Frente a ellos, Rajoy viene cobrando unos 220.000 € anuales, según sus propios papeles. ¿Cómo se puede decir que todos los políticos son iguales?

Entre la maraña de los ingresos de Rajoy destaca la duplicación de pagas del presidente, práctica que comparte con María Dolores de Cospedal. Ambos compatibilizan o compatibilizaban un sueldo del partido con otro por el cargo institucional, lo cual es, cuando menos, contrario al espíritu de la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984. Puede que no sea ilegal, al alegarse que, siendo los partidos asociaciones privadas, sus sueldos no son públicos. Es opinable ya que los partidos se nutren esencialmente de fondos publicos pero, aunque no sea claramente ilegal, es inmoral. Es inmoral acumular sueldos en el ámbito público cuando el país tiene casi seis millones de parados y a los funcionarios se les bajan las retribuciones.

A este punto reprochable se añade la sospecha de que, en la paga de Rajoy hayan figurado otras aportaciones presuntamente ilegales, de dudosa procedencia, según las anotaciones de Bárcenas. Frente a esta sospecha, el presidente ha decretado el silencio. Todo es falso. Y no se dan más explicaciones ni se responde a pregunta alguna. Pero el silencio no es una respuesta aceptable en democracia, en donde los políticos están obligados a rendir cuentas públicas de sus actos. En estas circunstancias, la única posibilidad de conseguir que se haga la luz sobre los oscuros ingresos de Rajoy, de obligar a este a comparecer en sede parlamentaria a responder a las críticas  y dar sus explicaciones es presentar una moción de censura. No hay otra pues el PP empleará su mayoría absoluta para impedir un pleno extraordinario sobre la paga del presidente. En cambio, a una moción de censura no puede oponerse.

Es claro que la moción no saldrá adelante. La necesaria mayoría absoluta es del PP. Pero tendrá que escuchar, a la par con el país entero, las razones por las cuales el presidente está deslegitimado para gobernar por haber tenido un comportamiento presuntamente indigno y quizá ilegal. La moción se perderá pero políticamente se habrá ganado aunque es muy poco probable que Rajoy dimita siguiendo los usos y costumbres de las democracias de nuestro entorno.

La moción de censura no es óbice para que la oposición lleve el asunto asimismo a los tribunales. Todo el escándalo Bárcenas ha de verse en los tribunales de justicia. Y que sean los jueces quienes aclaren la paga de Mariano Rajoy.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dijous, 14 de febrer del 2013

El silencio de Rajoy.

Ya hace días que Rajoy tiene a los suyos, gobierno y partido, a estricta dieta de silencio sobre el caso Bárcenas. Todo lo que se hable, amigos, podrá utilizarse en contra nuestra. Silencio, pues. Él se la aplica, como se sabe, hasta desfallecer. Sus labios no pronuncian la palabra Bárcenas ni bajo tortura. En realidad, no pronuncian palabra alguna en cuanto haya cerca un periodista, raza apestosa a la que hay que hablar desde el hiperespacio. Insiste en su declaración de principio, juramento de Santa Gadea: todo es falso. Y ahora, ya, sin matices. Un todo totalitario, al estilo de Franco. Nada de salvo alguna cosa que han publicado los medios. En realidad, él nunca pronunció esa frase. Fue una interpolación tecnológica malvada del Gran Wyoming. Todo es falso. Los papeles de Bárcenas son falsos. Bárcenas es falso. Él mismo es falso. Grave error de furibundo idealista que se ha tomado a lo pedestre el esse est percipi. La realidad es aunque tú no la percibas, máxime si, además, la percibes. Negarse a nombrarla no la hace menos real.

Bárcenas es el principio de la realidad, está ahí, sus papeles son reales y de sus papeles se desprenden unas conclusiones que hacen moralmente insostenible la continuidad de Rajoy como presidente del gobierno. No debemos despistarnos preguntándonos qué sabrá Bárcenas para que Rajoy lo haya mantenido en su puesto y cobrando opíparamente tras haber dimitido de todos sus cargos y causado baja en el partido. Eso se sabrá en su momento. Es la realidad presente, esta en la que nos movemos la que condena al presidente a una dimisión inevitable. Un presidente del gobierno -presidente además del partido- no puede tolerar una situación como la de Bárcenas, a sueldo (y, al parecer, irregular) del partido en el que ha causado baja.

El resto de las peripecias de Rajoy va en el mismo sentido de deslegitimación del personaje. Sigue sin estar claro si cobró o no los famosos sobresueldos de Bárcenas, como tampoco parece estarlo si cobra algún devengo por el registro de la propiedad de Santa Pola. Todo ello se refleja después en sus caóticas declaraciones de la renta y al congreso, en las que no coinciden las cantidades. Por eso resulta tan chusco oírle ahora retar al líder de la oposición a que haga lo mismo que él, olvidando maliciosamente que él lo ha hecho por obligación y nada obliga, por ahora, a la otra parte, sobre la que no pesa la vergonzosa sospecha que pesa sobre él de haber apandado con lo que no le corresponde.

Lo más grave hasta la fecha es el régimen laboral y retributivo de Bárcenas desde que causó baja como tesorero, senador y miembro del partido, pero mantuvo todas sus retribuciones (y hasta cabe suponer, quizá competencias, pues compartía una cuenta corriente viva del PP con Cospedal) con pleno conocimiento del presidente del partido y de su secretaria general. Esta negó rotundamente toda relación del partido con Bárcenas, faltando clamorosamente a la verdad. Mintiendo, vamos, en román paladino. Su dimisión es obligada, por embustera. Aquel, ya lo hemos visto, ha enmudecido. De Bárcenas no habla, ni siquiera bien, como hacía alegremente un par de años antes. Pero saber, sabía. Bárcenas no es un Jaguar. Y si sabía, debe dimitir.

Mariano el Taciturno, habitante de La Quinta del Tuerto, no puede seguir gobernando el país. Carece de autoridad. Su gobierno hace aguas. La ministra Mato, objetivo predilecto de los medios, la oposición, la calle, no puede obviamente ejercer su ministerio, si es que alguna vez lo hizo. Gallardón parece ir siguiendo sus pasos. La sombra de su gestión como alcalde lo persigue y esa mordida de 120.000€ que parece haber pagado al omnipresente Urdangarin lo pone al nivel de Rita Barberá. La dimisión de Montoro es también muy necesaria aunque solo sea por ver si consigue aclararse sobre lo que hace. Que la ministra Báñez debiera igualmente dimitir lo piensa hasta la Virgen del Rocío.

Y, si no es Rajoy, ¿quién? Eso ya se verá. De momento lo urgente es que aquel presente su dimisión al Rey y entre en funcionamiento el mecanismo constitucional. El Rey llama a consultas a los líderes de los partidos parlamentarios, empezando por Rajoy. El resultado de las consultas puede ser muy variado. Hasta es pensable (pero poco probable) un gobierno Rajoy II. También puede no haber resultado y, agotados los plazos ser precisas elecciones. No sucede nada. Unas elecciones aclararían las cosas y darían al gobierno el apoyo, poco o mucho, que ahora no tiene. El país no puede estar gobernado por un presidente deslegitimado ante la opinión, cuestionado en su propio partido y visto con absoluta reticencia en el extranjero. Sencillamente, no es posible.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Contra las mujeres.



Raquel Osborne (ed.) (2012) Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad, 1930-1980. Madrid: Fundamentos. 419 págs.

He aquí un libro bien interesante, original, innovador, pues, si bien versa sobre una época, el franquismo, abundantemente tratada y se centra en un aspecto, el de la represión, también muy estudiado, lo hace con un objetivo nuevo. Estudia en concreto la represión franquista sobre las mujeres. Ciertamente, esta represión también ha sido materia de la investigación histórica del franquismo. Pero, en lo que yo sé, lo ha sido siempre como parte del cuadro de la represión general de la dictadura sobre los vencidos, subdivididos por categorías: obreros, profesiones liberales, militares, catalanes, vascos, mujeres, curas, funcionarios. No conozco estudios monográficamente dedicados a la represión femenina, pero puede haberlos.  Sin embargo, aunque los hubiera, este libro seguiría siendo original porque no versa sobre la represión de las mujeres en cuanto pertenecientes al bando de los vencidos en la contienda o relacionadas con él (si bien no ignora este aspecto) sino sobre la represión de las mujeres en cuanto mujeres. La represión de todas las mujeres, vencidas y vencedoras. Y, dentro de este campo, el símbolo, la metáfora que ese estudio persigue es el de la represión del lesbianismo y de la sexualidad femenina en concreto, a la que la sociología ortodoxa del siglo pasado llamaba desviada.

Es un terreno sin cartografiar. La invocación a la memoria que hay en el título tiene un carácter ritual. La memoria se apoya en hechos, en realidades pasadas, quizá olvidadas, pero preexistentes y que pueden rescatarse, reconsiderarse, resituarse. Nada de esto es posible cuando no hay hechos ni realidades o, mejor dicho, los hay pero están ocultos. La memoria aquí es un ejercicio de voluntad que se lanza al pasado en busca de unos testimonios que las protagonistas no han querido o no han podido dejar. La memoria es un acto de construcción de una realidad pasada. Por eso dice la editora, profesora Osborne, en su introducción que han contribuido a crear un espacio temático nuevo (p. 29), el estudio del lesbianismo durante la dictadura de Franco. Un empeño de titánidas porque, al fin y al cabo, el Patriarcado en todas sus dimensiones (el Estado, la Iglesia, la educación, la izquierda, la ilustración, la familia y hasta una parte del feminismo) ha decretado la invisibilidad del lesbianismo. Hasta tal punto es así que, incluso al perseguirlo, tenía que asimilarlo a otras formas delictivas, como la homosexualidad masculina o, más frecuentemente, el escándalo público. Era invisible porque era inconcebible. Ni siquiera tenía nombre. De tal suerte que, exagerando un poco, cabe equiparar la búsqueda del lesbianismo durante los años nacionalcatólicos a la del Santo Grial o el unicornio.

Sin embargo, lo hubo. Hubo sexualidad femenina transgresora. Oculta, clandestina, pero la hubo. Quedan supervivientes, algunas piezas, fotos antiguas, cartas, escritos, pecios que es preciso rescatar antes de que se pierdan del todo. El libro recopilado por Osborne recoge bastantes resultados de investigación de un proyecto sobre el tema y de trabajos encargados también a especialistas sobre aspectos concretos que a veces aportan datos e información sobre asuntos poco conocidos, como ese estudio de Cecile Stephanie Stehrenberger sobre Los coros y danzas de la Sección Femenina en Guinea Ecuatorial. Un caso de estudio entre política de género y colonialismo. La Falange femenina en Guinea Ecuatorial que entonces era la Guinea Española, compuesta de Fernando Poo y Rio Muni. Eso sí que tuvo que ser un "choque civilizatorio".

Son veintiún trabajos referidos a la sexualidad transgresora en el franquismo desde diversos ángulos que la editora ha agrupado en seis grandes temas, con las inevitables oscilaciones, imponiéndoles una extensión similar, lo cual es de agradecer. El tratamiento es generalmente el de la investigación académica, aunque hay alguna escapada al terreno de la ficción creadora, como el de Raquel (Lucas) Platero, "Su gran placer es usar calzoncillos  y calcetines": la represión de la masculinidad femenina bajo la dictadura. La perspectiva literaria es obligada por cuanto se trata de la lectura hoy de un expediente policial y penal de una transexual, allá por los años cincuenta, a quien aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 (que, por cierto, la población reclusa conocía como La Gandula), y de quien no se sabe nada. De esta forma, Platero hace una creación literaria empática, poniéndose en el lugar de la protagonista, tratando de ver el mundo como lo veía ella. Esto apunta, por supuesto, a que toda la metodología de la investigación es cualitativa, desde los análisis de textos, los iconográficos, a los grupos de discusión, las entrevistas en profundidad o las historias de vida. Puro Verstehen y, además, urgente, pues las escasas testigos van falleciendo.  Y con unos marcos teóricos escuetos porque apenas si la sociología o la ciencia política se han ocupado de este fenómeno específico. La teoría está por hacer. Las escasas referencias apuntan a Bourdieu y, algo más a la bio-política de Foucault.

En algunos casos, los estudios son muy prometedores porque versan sobre hechos susceptibles de mayor indagación y ampliación hasta convertirse en historias por sí mismas, como el capítulo de Raquel Osborne sobre la peripecia de Carlota O'Neill y el de Matilde Albarracín sobre Identidad(es) lésbica(s)  en el primer franquismo, toda una interesantísima aventura de clandestinidad sexual, con la generación de unas pautas y códigos culturales. Y, desde luego, el de David Berná, Un golpe de Estado y dos billetes de autobús. Mujeres gitanas, sexo y amor en la dictadura franquista, un hallazgo literario, basado en un hecho real, la historia de dos muchachas gitanas (una de ellas madre de tres hijos, con diecinueve años) que rompen con su pueblo, se fugan y viven toda su vida como pareja entre payos en el franquismo.

Una gran parte del libro se dedica a la propaganda nacionalcatólica y su práctica a través de las instituciones, la iglesia (hay un par de capítulos sobre monjas) y, destacadamente la Sección Femenina de la Falange. Todo el aparato nacionalcatólico iba orientado a la imposición de un ideal femenino de esposa sumisa y madre amantísima, basado en las doctrinas de Marañón, profundamente erróneas en lo atingente a las mujeres y, ya en un escalón más bajo, más disparatado y hasta criminal, las doctrinas de la Iglesia y las de eminencias como Vallejo Nágera o López Ibor. Auténticas barbaridades.

Diversos trabajos abordan la Sección Femenina, encargada de elaborar el modelo ideológico de la mujer. Es de gran interés el trabajo de María Rosón Villena, Contramodelo a la feminidad burguesa: construcciones visuales del poder en la Sección Femenina de la Falange, un buen estudio iconográfico en el que, además, se sugiere que las falangistas, al constituir una "comunidad sin hombres, compuesta de mujeres independientes, solteras y sin hijos" (p. 307), en cierto modo, profesaban una especie de lesbianismo sublimado. Algo en la línea de la leyenda de las amazonas de no ser porque el espíritu de esta sorority se condensaba en el nombre de su revista, Y, de la Reina Isabel de Castilla.

Por último, proclamo mi admiración por el ensayo de Begoña Pernas, Voces del lesbianismo en Vindicación Feminista. Es una pieza brevísima sobre el modo en que la citada revista, fundada por Lidia Falcón, y que se publicó entre 1976 y 1979, trató el lesbianismo. Es un análisis inteligente, matizado, muy sutil, de un texto, un subtexto y un metatexto.

Merece la pena el libraco. Enhorabuena al equipo investigador y a la profesora Osborne.

dimecres, 13 de febrer del 2013

Una victoria en toda regla.



Vídeo de Bg Vázquez,colgado enYou Tube).


Notable jornada la de ayer en el Congreso. En una sola sesión ejerció de héroe y villano, según cada observador. Fue majestuoso templo donde los patricios reciben magnánimos la humilde solicitud de los plebeyos de que reconozca interés cultural a un espectáculo más bien sangriento. Y fue bastión de las libertades asediado por las enfurecidas masas (unmillóncuatrocientasmil firmas) que llegaron a colarse por las gradas profiriendo gritos e insultos. Un visionado del breve vídeo de Bg Vázquez da una idea de cómo está la política española. L@s de las PAH, con Ana Colau entre ell@s, armando alboroto y vociferando a voz en cuello, sabedores de que la voz de 1.400.000 personas tiene que hacerse oír. Y oír con la mala conciencia que muestran sus señorías, tod@s acurrucad@s en sus asientos sin atreverse a rechistar. Solo los diputados de IU se levantaron para aplaudir el comportamiento de los revoltosos, frente a los cuales, al parecer, el presidente Posadas exigió a los ujieres ¡échenlos, coño!, no muy lejano de aquel otro célebre de "¡se sienten, coño!". Estos autoritarios tienen siempre el coño en la boca cuando están de malas. Cuando están de buenas te dicen mireusté. Los diputados del PP, habitualmente amigos de la chocarrería, estaban mohínos por haber tenido que retractarse antes de haber hablado. Ya se sabe que la pelea simplemente se ha postpuesto y empezarán las bofetadas cuando haya que convertir en Ley las peticiones de las PAH, en resumen, la dación en pago, que la banca presenta como el Apocalipsis. En cuanto a l@s diputad@s socialistas, de comparsas silentes, el espectáctáculo pareciera no ir con ell@s. Sin embargo son ell@s quienes no van con el espectáculo, acerca de cuyo contenido ya no tienen mucha idea.

El evento de ayer, una victoria rotunda de un movimiento social horizontal, apartidista, extraparlamentario, tiene un enorme significado. La gente, la multitud, ha ascendido en protagonismo político, ha tomado la acción en sus propias manos, se ha valido de los cauces institucionales y ha llevado el problema a la sede parlamentaria misma en un tiempo brevísimo pero con un inmenso apoyo social. Lo ha llevado a la sede de la soberanía y ha puesto a sus señorías en el dilema de votar dación en pago, como manda la justicia más elemental o el mantenimiento de una situación que causa la ruina y el sufrimiento de muchos y hasta la muerte por suicidio. Así lo plantea Ada Colau; así es. Los recursos dilatorios de los acuerdos, las negociaciones, los pactos quedan arrumbados en la política de la marrullería.Y los diputados no saben qué hacer. Se verán presionados por ese denso movimiento social cuya fuerza radica en su número y su organización en red. Es una prueba evidente de que esta tiene capacidad para catalizar y coordinar un movimiento virtual con un impacto real.

Muchos se remitirán a la historia parlamentaria europea, a la necesidad de resguardar el legislativo del chantaje de las masas callejeras, por más que ahora no se dejen etiquetar de tales y se consideren a sí mismas "multitudes inteligentes" (smart mobs). Nada de admitir presiones del populacho. Son los mismos que admiten de buena gana las presiones de los bancos y hasta llegan a actuar como delegados de ellos. Como ese diputado del PP que ha votado en contra de admitir la ILP de dación en pago y que tiene un plan de pensiones o algo así con el BBVA. No seré yo quien dude de que ese diputado ha votado en conciencia. Pero no hay ninguna razón para preferir las presiones de los bancos a las de la ciudadanía. Por supuesto, los repertorios son distintos, unos mas refinados y solemnes y otros más tumultuosos pero no menos solemnes.

Los socialistas están obligados por las cirscunstancias a replantearse su actitud. Van a remolque de los hechos, no atinan con un discurso votan a regañadientes y tras pedir disculpas por su indiferencia de siete años en un asunto tan explosivo como la dación en pago. Y no solo en la dacíón en pago. En la lamentable decisión sobre los toros se abstuvieron. La abstención es la opción más estéril en política. El PSOE está out. Los toros tienen menos defensores que los desahuciados, aunque hubo algunos animalistas protestando fuera de la cámara. Y la ILP reunía 500.000 firmas, aproximadamente un tercio de la dación en pago. Pero con los cornúpetas la cantidad no importa porque es un asunto de principios. Uno de UPyD, que ha votado a favor de considerar de interés cultural las corridas, niega los derechos de los animales porque, dice, estos no tienen deberes. Como los niños. Luego los niños no tienen derechos. A torearlos. No merece la pena seguir para explicar a este representante popular que somos nosotros quienes tenemos deberes hacia los animales. La abstención del PSOE pasa de ser irrelevante a directamente vergonzosa. No reconocer interés cultural a la españolísima fiesta no es prohibirla. Es, simplemente, ser fiel a una idea distinta de cultura y, además, estar en contra de que esas actividades se beneficien de un denso y opaco sistema de subvenciones públicas negociadas entre copas de Magnum y Cohíbas de Vuelta Abajo.

El PSOE tiene un problema de indefinición, lo cual es problemático en momentos de polarización social. Esa indefinición, esa ambigüedad es particularmente evidente en el modo de enfocar el recrudecimiento del nacionalismo catalán que ahora se soliviantará más por entender, con razón, que la mamarrachada de los toros es un enésimo trágala que se les hace luego de que ellos los desterraran de Catauña. El cerrado centralismo del PSOE, con la negativa a toda propuesta autodeterminista empuja al PSC a un callejón sin salida y, al mismo tiempo, es suicida para el propio PSOE porque, si no gana las elecciones en Cataluña, difícilmente las ganará en España. También aquí puede decirse que se trata de una cuestión de principios. Puede. Pero, así como en el caso de los derechos de los animales el asunto es bastante claro a favor de estos, no lo es en el de los principios nacionales y por qué haya de ser mejor para España no reconocer el derecho de autodeterminación que reconocerlo.

¿Y no van a dimitir?

Hoy las redes estarán saturadas de vídeos recientes con las comparecencias públicas de Maria Dolores de Cospedal como secretaria general del PP, afirmando rotundamente que el señor Bárcenas no tenía nada que ver con el partido desde 2009 o 2010, no recuerdo bien. Quien dijera lo contrario, acabaría en los juzgados. ¿Bárcenas? ¿Bárcenas? Un señor dedicado a sus asuntos y desconocido en casa. Cuando le decían que tenía despacho en Génova, aseguraba no habérselo tropezado nunca por las escaleras. Sin embargo, compartía firma con él en una cuenta de banco del PP. Otra fruslería. ¿Quién no comparte firma en cuentas bancarias con media docena de desconocidos? Ahora resulta que este solito ignoto cobraba unos emolumentos del PP hasta diciembre de 2012, es decir, prácticamente hasta ayer.

Con razón no ha mencionado nunca Rajoy el nombre de Bárcenas. Era como la crisis de Zapatero, lo innombrable. Ladino como es el amigo, prefiere no mentar la soga en casa del ahorcado, no vayan a pillarlo mintiendo desaforadamente como Cospedal. Pero eso no pasa de ser una superstición de primitivo según la cual lo que no se nombra, no existe. Bárcenas existe. Tiene una existencia aplastante, es un plomo pesado en las alas de Rajoy ya de por sí entecas. Alguien amargará la vida al presidente recordándole cómo, no hace mucho, afirmaba con esa facundia que Dios le ha dado, que Nadie podrá demostrar que Bárcenas y Galeote no son inocentes. Bárcenas es un plomo pagado a precio de oro por el partido del que Rajoy es presidente y durante el tiempo en que, además del partido, preside el gobierno de España. En resumen: el presidente del gobierno y del partido tenía en nómina de este y proveía de despacho a un imputado en un procedimiento penal por corrupción que se había visto obligado a dimitir de sus cargos de tesorero del partido y senador del Reino.

¿Es esto admisible? Si lo es, me callo. Si no lo es, ¿qué cabe hacer?

Por cuanto se va viendo, la dimisión de Rajoy y Cospedal quedan descartadas. Tampoco dimite Mato, ni Gallardón. Aquí no dimite nadie. La moción de censura es inexcusable, pero no suficiente. El presidente concluirá que, pues la ha ganado, queda legitimado para el resto de la legislatura. Durante la cual puede suceder cualquier cosa, según pinta el oscuro asunto Bárcenas de cuyos papeles faltan por ver la luz pública los de los año 1993 a 1997. Nada menos.

dimarts, 12 de febrer del 2013

Ocho nuevas mentiras de Rajoy.

El ocupante de la Quinta del Tuerto (La Moncloa), famoso por su irrefrenable tendencia al embuste y la mentira más descarados, ha participado en el Foro de The Economist y ha contestado a las preguntas de un periodista, porque es extranjero. Ya se sabe que Rajoy no contesta a los periodistas españoles salvo que le pregunten en Bruselas o Berlín y si no le queda más remedio porque los socios europeos están delante. De todas formas, su contestación ha sido una exhibición de su más puro estilo de embustes: a ocho preguntas, ocho mentiras. Son estas:

  • Para atajar la corrupción en el PP no hace falta investigación externa pues ya he ordenado una interna. Mentira: ha ordenado un maquillaje interno a una militante fiel y subordinada a la que le sale todo legal. Hasta los robos.
  • El PP de hoy es como la UCD en los setenta. Mentira: el PP de hoy es igual o peor que la Alianza Popular de los setenta: un partido de jabalíes.
  • España no tiene partidos estrafalarios. Mentira: el PP lo es.
  • España es un país serio. Las instituciones funcionan. Mentira: el Senado no funciona, ni el Congreso, ni el Tribunal de Cuentas, ni el Constitucional, ni el Defensor del Pueblo, ni muchas Comunidades Autónomas, ni la ley electoral.
  • No he cumplido con mis promesas pero sí he cumplido con mi deber. Mentira: su deber era cumplir sus promesas.
  • La inmensa mayoría de los catalanes quiere que sigamos como actualmente. Mentira: atrévase a hacer una consulta.
  • Yo estaré siempre abierto al diálogo. Mentira: en sus ruedas de prensa -cuando las da- no hay preguntas.
  • Yo no puedo incumplir la ley. Mentira: siempre que se trata de cobrar sobresueldos, incumple la ley.
  •  

Basta ya.

Francamente. Francamente. Uno no sabe ya qué decir. La realidad supera siempre la ficción a extremos alucinantes. Por segunda vez este hombre dice no entender su letra. Nadie le ha dicho a raíz de la primera que eso puede sucederle a cualquiera y lo que corresponde, en tal caso, no es decirlo sino mirar el papel, guardárselo en el bolsillo e improvisar un discurso. ¿O no sabe uno improvisar, a pesar de llevar un año gobernando de improvisación en improvisación? ¿Solo sabe uno leer lo que lleva apuntado en la chuleta?

Si el presidente no sabe leer su propia letra, tampoco se entera de dónde consigna las cantidades en la declaración de la renta y en concepto de qué. El "aumento de sueldo" del 27% en época de vacas flacas detectado por la canallesca, siempre con una calculadora al acecho, no era tal sino pluses electorales, en figura recién acuñada por Cospedal y que se abrirá sin duda camino en la llamada "contabilidad creativa". Tienen los tales pluses, además, una función de estímulo psicológico pues se conceden al agraciado a raíz de perder una elecciones, las segundas. ¿Cómo se cobran esos pluses? ¿Quiénes los cobran? ¿Con qué criterios? Fruslerías en un país en donde quién más, quién menos, el personal se lo lleva crudo. Bueno, el personal a partir de cierto nivel.

Rajoy ha desmentido de nuevo sus palabras con sus hechos. Sí ha venido a la política por dinero. Por una real pasta, de esas de directivo de caja de ahorros camino del desastre. Una pastuqui. Pero, claro, como todo el mundo. Ahora resulta que el andoba Urdangarin aligeró al Ayuntamiento de Madrid del peso de 120.000 euros a cambio de nada, lo que tiene su mérito. ¿Quién dijo que la nada es estéril? Los filósofos, siempre en Babia; Urdangarin le saca a la nada 120.000 eurazos. Encima, el entonces alcalde, hoy ministro de Justicia del Reino, ordenó tipificarlos como "donaciones" para que el pobre yerno del Rey no se viera obligado a tributar por ellos. Los Reyes no pechan, caramba; sus familiares, tampoco. Eso lo sabe muy bien el villano Gallardón y le pone remedio con el dinero de los demás. Ignoro si el gobierno considera esta largueza del antiguo baranda madrileño motivo de dimisión. Bueno, no lo ignoro: sé que no. ¿Por qué va a dimitir el ministro de Justicia cuando la de Sanidad sigue en su puesto? Y, claro, no van a dimitir los ministros a pares. Eso es mucho para Rajoy.

Además, todo esto son bagatelas ante la aparición de otro empresario de fuste camino de la crónica de tribunales. Este Arturo Fernández, con su rostro sanguíneo, sirve todos los días cincuenta mil comidas en Madrid. Es el Pantagruel de la Corte. Atiende a la restauración del Parlamento, de la Asamblea de Madrid, de la UGT, también de CCOO (aunque no lo tengo confirmado), es el rey de la concesión, la licencia, la contrata y la subvención. Sus señorías yantan sabrosos menús por un precio menor al que pagan los niños en los colegios por calentar las fiambreras. Este Pantagruel vivaz, al parecer, paga a sus numerosos empleados en B con el fin de ahorrarse unos dinerillos. Como tal empresario sabe llevarse bien con todos pero él de quien es fiel es de su compañera de pupitre, Esperanza Aguirre y seguramente apoyará y, si es necesario, financiará su campaña de Regeneración democrática. También profesa gran amistad por el Rey. Circula por la red una foto en la que se ve a este de caza en compañía de Díaz Ferrán, Jaume Matas y el mentado Fernández, cada uno a su rollo particular que los ha llevado a donde están.

El del Rey no es menudo. El trono se le está convirtiendo en un infierno. Provisto de sus ya inseparables muletas se presenta en Bilbao a aguantar el chaparrón. Trata de que el apache que Dios le dio por yerno no lo arrastre en sus inacababless enjuagues vía la discreta Corinna. Quiere mejorar su imagen en la sociedad y, cuando está en ello, el fiscal pide se imputen varios delitos a tres parientes del Rey (primas lejanas, aclara, nervioso, el País), al parecer relacionadas con la supuesta mafia china de Gao Ping, aunque en el subsector de la llamada trama hebrea.

Los hebreos, los chinos, Pantagruel, el yerno, la Gürtel, Bárcenas, los catalanes, el estado casi insurreccional de la población, la prensa a la contra, los vituperios del exterior, los sobres, la mangancia, el expolio general. El presidente solo cuenta ya con su partido, la policía y la Iglesia.

Y él no entiende su letra.

dilluns, 11 de febrer del 2013

Esta también me representa.



Se llama Beatriz Talegón, es alcarreña y secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas. Habla a un auditorio de ¿socialistas? en un hotel de cinco estrellas, probablemente uno de esos en los que el personal laboral cobra en negro, cuando cobra.

Enhorabuena, Beatriz.


Actualización el 12/02/2013


Con la misma buena fe con que subí el vídeo de Beatriz sosteniendo que sí me representa, traigo aquí un enlace al blog de Julián (Mutmaxel - Valencia Connection) que la interpela en un asunto de fondo y que también me representa. Julián Jiménez es un joven valenciano de veintinueve años con una experiencia muy distinta, y hasta opuesta, a la de Beatriz. Al margen de las cuestiones personales -también muy dignas de consideración, pues la política la hacen personas y no máquinas- esta situación tiene un enorme interés para la izquierda en general y el PSOE en particular y no solo porque esté planteada por jóvenes, sino porque apunta a la motivación de la acción política de aquella.  Una carta así es inconcebible en otras corrientes o partidos políticos. Solo en la izquierda. 

La carta expone una contradicción presente en toda organización de fines: seguir las directrices o la propia conciencia. Porque pensar que hay alguna organización, comunidad, colectividad, grupo, partido o movimiento en que no se dé alguna vez esa contradicción tiene un punto de ingenuidad. Cada cual la resuelve como cree conveniente y solo el tiempo y los hechos ilustran después sobre el valor moral de la solución. ¿Qué es mejor, abandonar o pelear desde dentro? No hay fórmulas ni recetas y el único criterio que valdrá a la vista de los resultados es el de la sinceridad y la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Rubalcaba y la lucha contra la corrupción.

Vale. Esto ya es otra cosa. Medidas concretas en lugar de nebulosos pactos, sobre todo ese último disparate de un "pacto contra la corrupción"... con el PP. Ahora descendemos a la tierra y hablamos de cosas prácticas, factibles y razonables. Rubalcaba propone cuatro medidas de lucha contra la corrupción sin demérito, entiendo, de otras que puedan sugerirse. A Palinuro también se le ocurren algunas. Por falta de medidas no va a quedar. Las de Rubalcaba, comentadas, son las siguientes:

Primera. Prohibir las donaciones de las empresas a los partidos. Muy correcto. Solo pueden donar las personas físicas con nombre y apellidos. Yo suprimiría todas las donaciones. Que los partidos se sufraguen con las cuotas de los militantes y los fondos públicos a que sean acreedores según criterios objetivos de representatividad. Los partidos deben competir con la fuerza de las ideas; no del dinero.

Segunda. Creación de una Oficina Anticorrupción. También Ok., cómo no. Pero suena un poco a querencia patria: creamos un cuerpo nuevo y lo dotamos de medios fetén. Eso de los inpectores del máximo nivel y de los hombres de negro viene a ser como los hombres de Harrelson o los incorruptibles. Por lo demás, ya tenemos la Fiscalía Anticorrupción. ¿Qué tal si en vez de duplicar el órgano dotamos de mayores medios e independencia el que ya tenemos en funcionamiento? Y aquí está el punto débil de todos estos entes: dependen de la voluntad política del gobierno de turno, que puede facilitar u obstaculizar su labor. Una de las primeras medidas del gobierno Rajoy fue destituir a los inspectores que habían investigado la Gürtel en Baleares. En lugar de crear más órganos, yo obligaría a todas las administraciones públicas a volcar sus cuentas en la red. La ejecución de los presupuestos, compromisos, licitaciones, etc, en abierto al alcance de todos los ciudadanos. Asimismo, habilitaría a la Fiscalía anticorrupción para recibir las denuncias de los administrados.

Tercera. Unificación del conocimiento de las causas de corrupción en la Audiencia Nacional. Algo habrá que hacer, sí, para evitar la presión caciquil sobre las jurisdicciones locales y el caos procesal que suele seguirse de los aforamientos. Pero no es nada seguro que la solución sea la Audiencia Nacional. Antes al contrario, quizá habría que pensar en suprimirla porque, aparte de su poco recomendable antecedente, rompe la unidad de jurisdicción. A lo mejor también fuera conveniente reflexionar sobre la figura misma del aforamiento. Surgió como mecanismo de defensa de los representantes populares frente a las intromisiones del poder político tiránico pero, en la práctica, solo se usa como mecanismo de estrategia procesal. Incluso como medio para inmunizarse frente a la acción de los tribunales, caso Ruiz Mateos en España o Berlusconi en Italia. En lugar de la Audiencia Nacional yo ampliaría las competencias de los juicios por jurado e invertiría lo que fuera preciso para concienciar a la ciudadanía de que es ella quien debe juzgar los delitos que se cometen contra ella. Por eso era tan necesaria la Educación para la ciudadanía y por eso se la ha cargado la derecha.

Cuarta. Castigos a las empresas que corrompen. Imposibilidad de contratar con la administración pública para las empresas cuyos directivos hayan delinquido y por el tiempo de su condena. Perfecto.

Son propuestas sensatas. Pueden debatirse, matizarse; son constructivas. Pero falta al menos una que meta en el cuadro de la corrupción no solo las administraciones públicas y las empresas sino un tercer actor, un go between indispensable en la casi totalidad de las corruptelas del tamaño que sean: los partidos políticos. Estos deben ser objeto de particular escrutinio por razones obvias. A ver si somos capaces de levantarles la losa del desprestigio. Además del carácter democrático de su organización y funcionamiento que la Constitución vigente les impone con absoluta candidez, los partidos, como las administraciones, deben volcar en la red en abierto todos sus movimientos de cuentas hasta el último denario. Así como las declaraciones de rentas y patrimonios de tod@s quienes trabajen para el partido, política o laboralmente. Pero, además, los partidos deben someterse a auditorias periódicas externas acerca de la optimización de los recursos para evitar la tendencia al enchufismo y la oligarquía que se da en todas las estructuras partidistas.
La corrupción no es solamente regar veintidós millones de euros en Suiza. También lo es enchufar a un pariente. Y la lucha contra la corrupción, como la caridad bien entendida, empieza por uno mismo.

A propuesta de una lectora añadiría una ampliación del plazo de prescripción de delitos de corrupción a veinte años. Ella los querría imprescriptibles. Quizá. Irrita ver cómo los compañeros de partido del(a) corrupt@ pregonan su inocencia al haberse archivado el caso ocultando que, al haberlo sido por prescripción, no se trata de un(a) inocente, sino de un(a) delincuente a quien no se ha pillado a tiempo. 

(La imagen es una foto de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).

diumenge, 10 de febrer del 2013

Un país no puede estar gobernado por un presunto defraudador.

Las declaraciones de la renta de Mariano Rajoy se publicaron parcialmente ayer, una semana más tarde de anunciarlo. En una semana hay tiempo suficiente para amañar hasta la piedra Rosetta. La fuerza de estos gestos radica en publicar los papeles en el momento en que se dice pues, de no ser así, cabe sospechar que se hayan manipulado, como, de hecho, lo han sido estos. La prueba de la manipulación está en los metadatos del fichero de la declaración. La publicación, además de posiblemente amañada, es incompleta pues solo trae las declaraciones desde 2003, siendo así que los apuntes incriminatorios de Bárcenas son anteriores a esa fecha. Es decir, las declaraciones de la renta de Mariano Rajoy:
  • No disipan las dudas sobre su relación con Bárcenas y los presuntos cobros en B.
  • Al contrario, las aumentan. Faltan las anteriores a 2003.
  • Las declaraciones a Hacienda no coinciden con las del Congreso.
  • Prueban que Rajoy cobró tres sueldos indebidamente en 2004-2005.
    • Que estuvo años sin pagar la seguridad social.
    • Que mintió en 2007 cuando dijo que ganaba 8.000€ al mes, siendo así que eran 14.000.
    • Que se subió el sueldo del partido en un 27% entre 2007 y 2011.
    • Que se saltaba la Ley de Incompatibilidades cobrando del gobierno y del partido.
  • A día de hoy cobra dietas indebidas y vive en La Moncloa, llamada La Quinta del Tuerto.
  • Sigue sin saberse de cierto si cobra y cuánto del registro de la propiedad de Santa Pola.
  • Su patrimonio se ha duplicado en los últimos años sin que quede claro por qué.
  • Diciendo lo contrario, ha acumulado una fortuna al tiempo que impone sacrificios a los demás.

Es obvio que una democracia moderna en un Estado de derecho no puede estar gobernada por un sujeto bajo sospecha de corrupción y no de una u otra sino de todas las corrupciones posibles, cobros en B, incompatibilidades, ingresos ilícitos, impagos a la seguridad social. Es obvio igualmente que sus papeles son una maraña de trampas y sospechas que, lejos de desvincularlo de los de Bárcenas, los hacen complementarios.

La falta de ética, de pundonor, de honradez del personaje es de sobra conocida y lo hará encastillarse en el silencio. Con la ayuda de sus periodistas a sueldo (de Bárcenas) y los medios públicos convertidos en máquinas de propaganda, tratará de desactivar las acusaciones fabricando pruebas falsas, acusando sin ellas a la oposición, inventándose cortinas de humo, negándose a comparecer ante la prensa y a dar explicaciones en el Parlamento. Explicaciones que la oposición tendría que estar pidiendo insistentemente. No hay duda de que el inquilino de la Quinta del Tuerto seguirá sin aparecer por el Congreso de los Diputados, continuará gobernando mediante decreto-ley e instruirá al rodillo de la mayoría absoluta del ¡que se jodan! para que yugule toda posibilidad de debate, de escrutinio público, de investigación de sus procelosas cuentas. El futuro inmediato es, si no se remedia, el silencio: el gobierno no hace declaraciones, el Parlamento no debate, la Fiscalía no investiga y los ciudadanos se callan y se aguantan que para eso ganaron las elecciones estos sujetos con la impagable ayuda del PSOE e IU, cada uno con sus rollos.

Hace falta oponerse a ese intento dictatorial. Hay que obligar al gobierno a comparecer en el Parlamento. Hay que convertir este en una cámara de resonancia ante la opinión pública. Hay que forzar al ocupante de la Quinta del Tuerto a aclarar sus cuentas en sede parlamentaria. Es obligado presentar una moción de censura contra un gobierno moralmente (y es muy posible, también legalmente) deslegitimado para seguir un día más. La moción se perderá, cierto; pero el país escuchará qué tiene que decir Rubalcaba sobre las cuentas presuntamente fraudulentas de Rajoy y cómo se defiende este, si puede.

Además, debe pedirse una comisión de investigación parlamentaria para aclarar las cuentas de Rajoy. Ya se sabe que tampoco saldrá; pero es preciso pedirla y explicar en los medios por qué se pide, para que trascienda asimismo en el extranjero:

Un país no puede estar gobernado por un presunto defraudador.

Todo lo anterior sin perjuicio de que se lleven los dichos papeles al juez. Hay materia

My Web Page (La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Ni Rajoy salva a Rajoy.

¡Menudo desastre ha organizado Rajoy por dárselas de puro publicando sus declaraciones de la renta! El anuncio de la disclosure ya fue recibido hace días con recochineo en un país en el que esa declaración salía a Díaz Ferrán a devolver. El gesto es absurdo pues nadie incluirá en la declaración de la renta los ingresos ilegales. Pero, además, la propia publicación ha suscitado muchas más suspicacias de las que trataba de acallar. Los papeles de Rajoy traen sus declaraciones desde 2003. Como los apuntes de Bárcenas se interrumpen en 2003, aquellos no aclaran nada. No solamente no aclaran; enturbian más la cuestión. Pues. ¿no sucede ahora que la declaración de la renta de Rajoy no coincide con la que hizo en el Congreso? Y no por una bagatela sino por unos 100.000 euros. Dejarse olvidados 100.000 euros en el cajón de la mesilla es harto difícil.

Al margen de otras cuestiones de legalidad, los papeles de Rajoy muestran un ciudadano que nada en la abundancia, que se sube el salario en un 27% entre 2007 y 2011 y, acto seguido, impone reducciones de sueldos, de pensiones, de subvenciones a sus paisanos y los obliga a hacer sacrificios de todo tipo. Y quizá lo más irritante sea ver cómo lleva la pantomima a decir que miro mi cuenta a fin de mes, tengo los problemas que tienen todos los ciudadanos. Y eso cobrando 14.000 euros mensuales, con todos los gastos pagos. Es una afirmación tan desvergonzada como la famosa salida de Esperanza Aguirre de no llegar a fin de mes.

Especialmente llamativo en el estadillo de cuentas de Rajoy es ver cómo el sueldo que le paga el partido se triplica entre 2004 y 2005. ¿La razón? Compensarle por la pérdida de ingresos como ministro del gobierno derrotado en las elecciones de marzo de 2004. Tanto para Rajoy como para Cospedal hay una clara relación compensatoria entre el salario del partido y el del cargo público. Y los dos encuentran lógico y lícito cobrar ambos.

Estas prácticas del PP plantean la cuestión de cómo entiende la derecha el partido. Da la impresión de considerarlo como un instrumento para el medro personal, de familia, de grupo, de casta. Es una idea patrimonial de la organización política que se traslada tal cual a las instituciones y los medios. El PP paga con dineros públicos unos medios de comunicación que usa como oficina de propaganda. Contrata con cargo al erario público gentes del partido para realizar tareas de partido, como en el caso de Carromero. En realidad, la visión conservadora de las instituciones apunta a dos objetivos: se instrumentalizan estas bien para expoliar lo público y llenar la administración de enchufados, bien para avanzar en el desmantelamiento del Estado de derecho.

Al margen de estas consideraciones más generales, la dimisión de Rajoy debe producirse entre otras razones por ese fariseísmo fanfarrón, como de casino de pueblo, con el que quien está, al parecer, llevándoselo crudo afirma puritano no he venido a la política a ganar dinero. Quién lo diría, ¿eh?

(La imagen es una captura del vídeo de Autonomousmad,titulado El#TicDeRajoy se repite en Berlín, dos días después del espectáculo de Génova.

dissabte, 9 de febrer del 2013

Rajoy: explicación o dimisión.

El planteamiento de que, mostrando las declaraciones a Hacienda se disipan las dudas sobre el posible cobro de dineros ilícitos es tan estúpido que solo puede ocurrírsele a políticos españoles de la derecha o a sus asesores, alguno de los cuales cobra cientos de miles de euros por parir semejantes mamarrachadas. Como era de esperar, la publicación de la contabilidad del PP, apañada por el propio PP, no aclara nada de las cuestiones turbias de las finanzas del partido. Al contrario, aumenta las dudas. Lo mismo había pasado ya con la publicación -a regañadientes de la interesada- de las declaraciones de bienes y patrimonio de María Dolores de Cospedal que puso de manifiesto un "olvido" de 7.000 euros y una composición de ingresos que Palinuro considera ilícita aunque todavía no se cuestione públicamente. Me refiero a esa práctica de que tanto la secretaria general del PP como su presidente, Rajoy, consideren normal, legal, lícito y así lo declaren, el hecho de cobrar dos sueldos, uno derivado del cargo institucional que ocupan y otro abonado por el partido. A juicio de Palinuro es un cobro ilícito que quebranta el espíritu de la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984 y que será preciso seguir denunciando hasta que el asunto se discuta en sede parlamentaria y estas personas dejen de cobrar sobresueldos "legales" o se cambie la ley.

Pero la publicación de las declaraciones de la renta de Rajoy (los ya famosos papeles de Rajoy) entre 2003 y 2011 ponen de manifiesto una situación fiscal del presidente del gobierno turbia, extraña y sospechosa y más necesitada que nunca de aclaración. Los papeles de Rajoy no solo no disipan las dudas sobre las prácticas ilícitas en el acopio de retribuciones y remuneraciones del más variado origen, sino que las aumentan y agravan. A estas horas es urgente que Rajoy comparezca en sede parlamentaria a petición de la oposición (que a ver si, por fin, cumple con su deber) a responder a la pregunta que aún no ha contestado:

Exactamente, señor Rajoy, ¿cuánto cobra usted al mes y por qué conceptos?

Antes de seguir, una salvedad. El hábito de la derecha de confundir inocencia con prescripción no es de recibo. Si un político ha cometido un delito o tenido un comportamiento impropio, el hecho de que haya prescrito supone que se ha extinguido la responsabilidad penal. Pero no la política. No es admisible un político presuntamente delincuente solo porque el supuesto delito haya prescrito. El caso ejemplar al efecto es el de la ministra Ana Mato. Que sus supuestas ilegalidades no sean ya juzgables no quiere decir que sea inocente, como intenta colar falazmente Ruiz Gallardón y otros miembros del partido, más movidos por la solidaridad e interés de grupo que por amor a la verdad, cuando utilizan el sofisma de que "el caso se archivó". Se archivó por prescripción, no por inocencia y no hubo absolución. Pues bien, lo mismo cabe decir de Rajoy y con mayor motivo. Si, en el pasado, siendo ministro de Aznar o en otras circunstancias, Rajoy cometió ilícitos que hoy han prescrito, queda a salvo del reproche jurídico y quizá penal, pero no del político.

Si Rajoy no puede dar una explicación satisfactoria de su muy enredado régimen de retribuciones de una vez, debe dimitir ipso facto.

¿Qué muestran los dichos papeles? Muestran los siguientes elementos oscuros:
  • Los apuntes de Bárcenas señalan pagos de dinero ilícito a Rajoy hasta 2003. Los papeles que este ha hecho públicos comienzan precisamente en 2003, con lo cual es evidente que no demuestran nada y, al contrario, dejan más en entredicho la honradez del presidente del gobierno.
  • La declaración de la renta de Hacienda de Rajoy no coincide con la declaración presentada en el Congreso y no coincide en cantidades elevadas.
  • Rajoy mintió en 2007, cuando declaró cobrar unos 8.000 euros al mes, siendo así que, en su declaración de la renta de ese año aparece una retribución mensual de 14.000 euros. Una mentira de 7.000 euros mensuales, esto es, 84.000 euros al año, es mucho más que los 7.000 euros que Cospedal "olvidó" en su declaración de este año.
  • En la declaración al Congreso Rajoy consigna 98.225 euros del PP en concepto de dietas y gastos de representación, pero en la declaración a Hacienda figuran 181.098 euros, lo que quiere decir que ocultó 82.873 euros al Congreso y tendrá que explicar por qué.
  • En 2003 y 2004, Rajoy cobró tres sueldos, del Gobierno, del PP y del Congreso, lo cual es obviamente ilegal, por muy permisivo que se quiera ser con la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984. Aquí ya no basta con una explicación sino que es precisa la devolución de las cantidades indebidamente devengadas.
  • En la declaración de la renta de 2011 aparecen 163.305 euros de unas misteriosas "actividades empresariales" de Rajoy que, según el Blog Salmón solo pueden deberse a una actividad empresarial o profesional, en alta durante el ejercicio 2011 ó a algún ajuste extraño con el Colegio de Registradores.  Es posible que esté aquí la clave de lo más oscuro de los ingresos de Rajoy, lo que lleva tiempo investigando Miguel Ángel Aguilar y cuyas sospechas se plasmaron en un artículo en El País, titulado El dinero perdido de Rajoy. La sospecha es que Rajoy haya seguido cobrando rentas de su plaza de registrador de la propiedad en Santa Pola sin decir nada. Por supuesto, El País de papel censuró el artículo de Aguilar y lo retiró de la web aunque, como se ve, no con la suficiente celeridad.
  • Resumen, los papeles de Rajoy, si algo muestran, es que el presidente del gobierno puede haber mentido repetidas veces y a todo el mundo: al público, a los periodistas, al Parlamento y a Hacienda. De ser esto cierto y ofrezca la explicación que ofrezca, solo le resta el camino de la dimisión más ignominiosa, por embustero. Y cuanto antes, mejor.
Ha quedado absolutamente claro que esos displicentes y altaneros discursos acerca de que el hombre vino a la política "perdiendo dinero" son falsos, puro afán de disimulo y escaqueo. Como todos los de su orientación, parece haber llegado a la política "a forrarse" y puede haber estado haciéndolo impunemente durante años.

Ahora hay que explicarse o dimitir, amigo.

Adiós a la gran ilusión.

El Partido Comunista francés (PCF) ha suprimido el emblema de la hoz y el martillo de los documentos acreditativos de miembros del Partido de la Izquierda Europea en el que está integrado. Hay intenso debate en el país vecino. Ya puede suponerse que la dirección actual y su secretario nacional, Pierre Laurent, justifican la medida en aras de la actualización, la modernización del mensaje, la necesidad de adaptarse a las nuevas exigencias y otros razonamientos de este tipo. Los veteranos, los comunistas de la línea dura, los nostálgicos de los tiempos dorados de la grande peur de l'après guerre ven un paso más en la amarga pendiente del PCF hacia la irrelevancia política y el olvido. Los diez diputados comunistas hoy en la Asamblea Nacional son el triste precipitado de aquel nutrido grupo de 182 que llegaron a ser en sus años de pujanza. Es un debate inevitable en los procesos de adaptación de las organizaciones sociales a los cambios en la realidad. Cuando se tocan los símbolos, un mundo entero de significados que quizá llevaba años en hibernación, de pronto se estremece y se viene abajo. Hay quien dice que la hoz y el martillo, al desaparecer, se lleva consigo la identidad comunista.

Será lo que quedaba de ella, que era bien poco. Apenas un eco de lo que fue. El propio término comunismo, cada vez menos en uso entre sus teóricos seguidores, ya no significa gran cosa. No designa un orden social futuro claramente determinado; tampoco una política específica en el marco de los Estados capitalistas que son hoy todos excepto uno o dos. El comunismo en Europa trata de apropiarse y revitalizar una socialdemocracia ideal de la que previamente tiene que echar a sus inquilinos tradicionales a los que, para no perder la costumbre, viene atacando hace ya cerca de cien años, aunque con tan escaso éxito como en todo lo demás.

A esos efectos, la hoz y el martillo son un estorbo. Pero vivirán para siempre en el recuerdo visual del tumulto del siglo XX que quiso cambiar el mundo

(La imagen es una foto de Ben Sutherland, bajo licencia Creative Commons).

La moción de censura y el programa de la izquierda.

Leo un interesantísimo artículo de Rafael Escudero Alday en Público, titulado ¿Moción de censura de Rubalcaba? No, gracias, en el que rechaza la idea de que Rubalcaba presente una moción de censura. Está muy bien argumentado y documentado. Se inscribe en una línea de crítica al proceso de declive de la preeminencia parlamentaria en los sistemas democráticos muy visible desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, bastante clara hasta el punto de que no es infrecuente la expresión de "crisis del parlamentarismo" en el doble sentido del régimen parlamentario frente al presidencialista y de la centralidad del legislativo. Igualmente dictamina con acierto que la regulación de la moción de censura en la Constitución de 1978 es un punto débil más de una débil Constitución a la hora de garantizar el Estado social y democrático de derecho que ella misma proclama.

Si algún reparo puede ponerse al artículo es más en el terreno de lo que no dice que en el de lo que dice; lo cual no es mucho, desde luego. Pero tiene su aquel. Su examen de la moción de censura española, directamente tomada de la alemana, hace hincapié en los aspectos jurìdicos de la figura y eso lo lleva a considerarla como inútil en cuanto arma del parlamento frente al gobierno. Especialmente con gobiernos monopartidistas apoyados en mayorías absolutas. En otros casos, no es tan inútil. En España no ha triunfado aún ninguna moción de censura; pero en Alemania, precisamente, sí. En 1982, Helmut Kohl sustituyó a Helmut Schmidt en la cancillería mediante una moción de censura. Una vez en sesenta y cuatro años no es mucho; pero es. La regulación de la moción de censura constructiva, desde luego, es plomo en las alas. Pero la imposibilidad de volar también viene de las mayorías absolutas que, a su vez, dependen de los sistemas electorales. Y, dentro de las mayorías absolutas hay que distinguir entre las monopartidistas y las pluripartidistas. Pero, en todo caso, centrarse en los aspectos jurídicos de la moción -ninguna triunfante en España en 35 años- apunta a un intervalo de atonía política en los próximos dos años y medio en una especie de permanencia de la situación actual que cabe calificar de anómala teniendo en cuenta que el artículo habla del desmantelamiento de las bases del Estado de derecho en España. Coincidiendo plenamente, uno se pregunta qué se puede hacer.

Respuesta: presentar una moción de censura. Esta tiene una vertiente política con características propias. Las dos presentadas hasta la fecha en España la de Felipe contra Suárez (1980) y la de Hernández Mancha contra Felipe (1987) se perdieron. Quienes las presentaron ya sabían que las perderían. Las presentaron por otro motivo: para darse a conocer a sí mismos y su alternativa, confrontarla con la del gobierno, exponer las debilidades de este, forzarlo a explicarse en sede parlamentaria y, vía medios, ante la opinión pública. La moción de censura de Felipe fue un éxito y preparó tanto la subsiguiente descomposición de UCD como la victoria del PSOE en 1982. La de Hernández Mancha fue, al contrario, un fracaso con ribetes cómicos por las circunstancias personales del candidato, quien acudía como invitado, pues era senador. En los años de los gobiernos minoritarios del PSOE se pudo haber presentado alguna moción y Aznar hizo un par de propuestas en firme, una de ellas comprometiéndose a no gobernar sino a disolver las Cortes acto seguido de su investidura y convocar elecciones anticipadas, y otra proponiendo, incluso, como candidato a un miembro de otro partido. Pero no se formuló ninguna. Aznar no se atrevía a presentar una moción de censura si no tenía el triunfo asegurado.

En la situación actual, dos circunstancias aconsejan a la oposición ganar visibilidad, recomponerse y presentarse como alternativa viable. La primera es el estado de deterioro de la función parlamentaria, prácticamente inexistente en un país con mayoría absoluta monopartidista y estricta disciplina de voto. El gobierno aplica su programa por decreto ley y soslaya el parlamento de modo sistemático. No existe debate alguno en la cámara pues el rodillo del PP veta todas las iniciativas y la mayoría de las comparecencias. Sin embargo, cuando se produce una de estas, bien planeada y bien hecha, como la de Ada Colau del otro día, tiene un efecto mediático enorme. Aunque termine en fracaso inmediato pues el PP rechaza la iniciativa legislativa y considera las audaces propuestas de Colau algo obsoleto (sic).

La segunda circunstancia es que, a catorce meses de su derrota electoral, el PSOE sigue en un estado de marasmo. Su visibilidad es escasa. La valoración popular de su líder, bajísima y la intención de voto al PSOE se acerca, sí, al PP, pero es más por lo que este baja. En esta situación, una moción de censura perdida de antemano fuerza el debate parlamentario que el gobierno sustrae, da voz al PSOE, le permite hacer un juicio crítico sobre dicho gobierno a la vista de todo el mundo, presenta al secretario general como candidato a la presidencia y le ofrece la oportunidad de dar a conocer el programa del partido que, a juicio de Palnuro, debe ser una propuesta de programa común de la izquierda. Con el compromiso firme de aplicarlo formulado en sede parlamentaria. Que la gente, los votantes, sepan qué significará votar a la izquierda en las elecciones siguientes.

Un programa común de la izquierda debe comenzar con una batería de medidas de lucha contra la corrupción en términos prácticos, no de la vacua retórica de la regeneración democrática. Los partidos de un hipotético frente de la izquierda deben someterse a una auditoria externa anual, permanente y pública, realizando todas sus transacciones a través de la red. Cosas de este tipo. Igualmente es esencial que formulen de forma clara, inteligible, qué políticas proponen para complementar la lucha contra el déficit con las medidas expansivas de corte neokeynesiano. Vuelta a políticas fiscales progresivas. Detención y reversión del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos. Lucha contra el fraude en la evasión fiscal y la economía sumergida. Banca pública. Inversión en I+D+i. Apertura de nuevas líneas productivas. Reforma política en profundidad. Revisión de la Constitución en materia de derechos y libertades, partidos políticos y sistema electoral. En la cuestión teritorial, convocatoria de una convención en la que se debata, entre otras, la del derecho de autodeterminación. Convocatoria de un referéndum sobre la Monarquía. Quizá, incluso, proceso constituyente..

Obviamente, no tiene por qué ser así. Algunas cosas pueden apartarse, otras entrarán (por ejemplo, cuestiones de ecologismo) en la necesaria negociación. Pero al final es importante que sea una propuesta de programa común de la izquierda. Es importante tomar la tribuna del Parlamento para presentar una alternativa viable a la penosa situación actual, responsabilidad de un gobierno cuya legitimidad está en serio entredicho. Es importante que la gente lo vea, lo oiga, lo lea. Muy importante. Muy importante que, en esta situacion de postración general, los ciudadanos sepan que hay alguien con una alternativa viable. Aunque solo sea por evitar la resignación.

(La imagen es una captura de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 8 de febrer del 2013

Bronca en el patio trasero.

 Aguirre ha entrado a saco en un cónclave de su partido. Ha venido a pedir la dimisión de Ana Mato, a criticar a Cospedal por su falta de nervio en el escándalo Bárcenas y a poner cual no digan dueñas a Ana Botella por la gestión del Madrid-Arena. Los expertos intuyen detrás del ataque aguirresco un movimiento de partidarios suyos, apoyado por Aznar, para substituir a Rajoy. No parece muy certero. Si Aznar hiciera causa con Aguirre esta no atacaría a Botella. Aguirre es más un cañón giratorio y aprovecha una buena oportunidad (por eso la llaman oportunista) de hacerse con el partido invocando una necesaria regeneración democrática. Es inteligente y audaz pero no lo más apropiado para la expresidenta de Madrid, tan necesitada de regeneración democrática como el conjunto de su partido.

El partido está hecho unos zorros, vive de sobresalto en sobresalto, pendiente de la última revelación del caso Bárcenas, tapando vías de agua. Sus reacciones, en sus principales figuras son irreflexivas, precipitadas y nada convincentes. Cospedal y Floriano han amenazado con querellas prácticamente contra todo el mundo. Pero hasta la fecha no se ha interpuesto ninguna y menos aun contra Bárcenas, a quien los portavoces del PP ignoran, como si no existiera pues, dicen, es una persona privada; no pertenece al partido.

El presidente, después de las dos pintorescas ruedas de prensa, ha retornado a su actitud silente. Solo una vez ha rozado el viscoso asunto de la corrupción y ha sido para respaldar a la ministra Ana Mato. Si se observa es puro estilo Rajoy: respaldar a l@s presunt@s corrupt@s cuando más cuestionad@s son. Lo hizo con Camps, con Matas y hasta los puso de ejemplos. Lo hizo a la chita callando con Sepúlveda y Bárcenas al conservar el sueldo al primero en su fantasmagórica condición de funcionario del PP y el despacho, el coche y la secretaria al segundo, mucho después de haber este dimitido como tesorero y senador. Lo hace ahora con Ana Mato. Suena a táctica. Sabiéndose en falso, en el punto de mira de la lucha contra la corrupción por ser él también sospechoso de haber recibido sobresueldos, se rodea de gentes en sus circunstancias que le sirvan de colchón.

Tampoco la gobernación del Estado se le da mejor. El paro ha aumentado en más de 135.000 personas en enero. Todas las magnitudes son negativas. El barómetro del CIS de enero es terrorífico. El 90,8% de la población piensa que la situación económica es mala o muy mala. El 65,9% cree que es peor que la del año pasado y el 40,2% piensa que el año que viene será aun peor. El resto de los datos es de este deprimente jaez. La valoración de Mariano Rajoy es bajísima. El 82,1% de la ciudadanía tiene poca o ninguna confianza en él. En el caso de Rubalcaba esa cantidad se eleva al 88%..

La situación es disparatada. El gobierno no quiere o no sabe gobernar y la oposición no tiene alternativa.

dijous, 7 de febrer del 2013