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jueves, 30 de agosto de 2018

Idea de la tolerancia

El Mundo es beligerante a favor de la campaña de intolerancia y odio que han desatado los de C's y organizaciones afines con la obvia intención de provocar un conflicto violento que justifique la intervención de Catalunya. La fraseología delata el mismo recurso a la mentira que se hace en la campaña anti-lazo, calificada como "imposición". ¿Quién impone qué a quién? Ya la idea de llamar "rebelión cívica" a los actos ilegales de unos grupos de provocadores sin control alguno es irrisoria.

Las imágenes de esos individuos disfrazados de KKK y portando palos y armas blancas están calculadas para intimidar a la gente. Los propios líderes de C's, siguiendo el ejemplo de Arcadi Espada, han bajado a la calle a arrancar lazos amarillos entre los aplausos de los pelotas de turno. No se consigue reacción violenta alguna, ni más atención que unas fotos en los medios bastante lamentables. Se corona todo con una manifestación en protesta por las agresiones independentistas a los unionistas aun sabiendo que son falsas y, al final, hay que desconvocarla porque, aparte de partir la cara a un cámara de Telemadrid, empezaban a pegarse en entre ellos. 

Toda esta parafernalia fascista acaba siempre en un miserable ridículo más grueso que el anterior. A los minutos de abandonar la calle los dirigentes de C's, los/as vecinos/as vuelven a poner los lazos. Este ridículo evidencia el absurdo de estos neofalangistas de los "puños y las pistolas" o "del Ulster que os vais a cagar", algo más modernizado.

El absurdo procede de su teoría fascista del "espacio público". El espacio público, dicen campanudos, "debe ser neutral". Y ¿quienes son ellos para definir la "neutralidad"? Y ¿quiénes para arrogarse el derecho a invadir a su  vez el espacio público, eliminando lo que no les gusta, directamente, sin emplear medios legales, como en el Far West o en La naranja mecánica? Ya no hablemos de agredir a la gente o allanar propiedades particulares. 

La raíz de estee comportamiento agresivo, fascista, está en su concepción del espacio público monopolizado por una única opinión (por ejemplo, sobre qué sea neutralidad) y ninguna tolerancia hacia las demás. El fascismo de C's precede de su incomprensión de la idea de tolerancia, básica para la existencia de sociedades democráticas, libres. 

La tolerancia es la actitud que se espera de quien dice respetar la libertad de expresión ajena. Libertad de expresión no es solo libertad de conciencia, culto o idea, sino derecho a expresar estas en público siempre que no sean delito por muy desagradables y repugnantes que parezcan a otros. Y, obviamente, los lazos amarillos expresan un deseo de liberación de los presos políticos, pero no son delito. 

Delito es arrancarlos, coartar, suprimir la libertad de expresión ajena. Si tanto les enojan los lazos amarillos, que pongan ellos pulseras moradas o corazones verdes, pero no ataquen la libertad de expresión de la gente. Por lo demás, la desproporción del empeño es abrumadora: varios cientos, miles quizá, de unionistas furiosos no pueden imponerse a la voluntad de millones de catalanes, contrarios a la existencia de presos políticos.  

No pueden... salvo que tengan la fuerza coercitiva del Estado detrás. 

¿La tienen?

jueves, 23 de agosto de 2018

Franco no existió o el anti-edipo

La derecha y buena parte de la izquierda españolas evidencian una relación esquizofrénica con Franco. Son franquistas porque no quieren que se toque nada del legado del Invicto, en piedra, títulos de nobleza o ceremonias hagiográficas; son antifranquistas porque quisieran que ese legado se purificara del vicio golpista de origen y se identificara con los valores comunes de un Estado de derecho porque sí, por arte de magia.

Ahí están todas las fuerzas del orden, vivas y muertas, levantando bandera contra la exhumación del caudillo. Se manifiesta el nieto, línea directa con el fundador. Rivera se lava las manos como Pilatos. El PP en la querencia al Constitucional, ese prodigio de sabiduría jurídica e independencia de criterio. Es tal la movilización para frenar este desahucio de los revanchistas que hasta los militares han escrito una carta que el gobierno anda investigando. La iglesia es contraria a sacar a Franco. Así lo piensa el prior del Valle de los Caídos, Santiago Cantera Montenegro, aguerrido candidato de la Falange en las elecciones generales de 1993 y europeas de 1994. De los medios, ni hablemos. La salida de Franco ahora es un abuso, una parodia, una nube de humo, un ultraje, una revancha, un desatino. 

Franco es el fundador de la España contemporánea y, mediando ciertos protocolos, del régimen de 1978. Políticamente hablando es el padre de todos los españoles. Pero he aquí que estos no lo han matado. Físicamente, murió en  el lecho. Su aura se proyectó más allá de su muerte en las instituciones. Lo decía Jesús Fueyo, "después de Franco, las instituciones". Quizá por eso el dictador no lo nombró nunca ministro. No por las instituciones, sino por el "después". De forma que ni vivo ni muerto Franco han seguido los españoles el ejemplo de Edipo. No han matado al padre. La transición consistió en el intento de democratizar el franquismo. Y el franquismo ha devorado la democracia. 

Desedipizar la sociedad decían Deleuze/Guattari hace casi medio siglo, en 1972, para dar en los morros a Lacan. Desedipizar para que la gente pueda ocuparse de cosas importantes de verdad. Suena un poco al discurso mistificador de las derechas (lo importante y lo accesorio, etc.), pero no hay inconveniente en aceptarlo de buena fe. El problema no está en la conveniencia u oportunidad, sino en su factibilidad. Para desedipizar hay que matar al padre. 

Y ¿qué era lo que más quería el padre? La unidad de España. Así se lo pidió a Juan Carlos en su lecho de muerte, mandato que este cumplió, retirándose a tiempo, feliz propietario de una substanciosa fortuna. El nieto se enfrenta hoy a una crisis del sacrosanto mandato y no parece ser capaz de resolverla. Ni él ni sus obedientes súbditos. Porque tendrían que empezar matando al padre. Cosa fácil, por lo demás.

¿Cómo? Aceptando que los catalanes ejerzan el derecho de autodeterminación. 


jueves, 16 de agosto de 2018

Las nueve del valor

Las nueve firmantes del artículo "No tenim por" traen a la memoria la vieja leyenda medieval de los "nueve de la fama", todos varones. Ahora serían "los nueve del valor", siete varones y dos mujeres.

Los nueve presos políticos homenajean a las víctimas del 17-A y a la sociedad catalana, dejando bien claras las circunstancias políticas y de seguridad de aquel atentado. Es un texto mesurado que alaba el comportamiento de las instituciones catalanas y el apoyo de la población al tiempo que exige explicaciones al Estado sobre aspectos oscuros de esta tragedia. No se menciona el acto oficial de homenaje. Es una carta en estilo "tortosí". 

Esta voz desde la prisión tiene una importancia decisiva e introduce un elemento nuevo en el acto previsto para mañana que merece la pena considerar. La manifestación oficial española será, probablemente, un acto de afirmación unionista y monárquica. Los proyectados por el independentismo, de diverso tipo y alcance, como es natural en un movimiento compuesto por fuerzas distintas y muy aficionadas, además, a discutir entre ellas. Pero el punto de encuentro cerrado es siempre el mismo y nada mejor para simbolizarlo que el artículo de las presas políticas.

El Estado pretendía servirse de esas nueve personas del valor como rehenes, gracias a una "justicia" complaciente, para negociar políticamente con un movimiento descabezado. Menudo ojo el de los estrategas del gobierno anterior. No solo no lo descabezaron sino que le dieron dos cabezas simbólicas a falta de una, las presas y los exiliados. Le dieron un faro, una guía, una causa añadida a la que ya traía, un objetivo común: la libertad de los presos y exiliadas políticas. Y ahora es el momento en que el Estado no sabe cómo resolver el embrollo político-judicial, cómo deshacerse de unos rehenes que han resultado ser testigos de cargo. 

Pero sí sabe que tiene que hacerlo. Sánchez predica su teoría de la "normalidad" que, sobre carecer de todo contenido, es predicar en el desierto. Quiere convencer a los indepes de que retornen al autonomismo y a los unionistas de que se hagan demócratas. En ambos casos con el mismo éxito del cegato San Maël, cuando bautizó a los pingüinos tomándolos por personas, según acreditada crónica de Anatole France. 

¿Cómo van a admitir los indepes que sea normal tener a sus dirigentes democráticamente electos en prisión mediante un procedimiento jurídicamente torticero y políticamente persecutorio? Y ¿cómo van a admitir los unionistas que se deben respetar las decisiones democráticas de la mayoría si no les convienen?

El avance del fascismo es cada vez más patente. En las últimas horas se han multiplicado las agresiones fascistas de todo tipo: unos energúmenos han boicoteado un acto de abuelas y abuelos por los presos políticos; otros han ido pintando lazos amarillos en las puertas de las viviendas, los coches particulares, etc; otros han alquilado una avioneta y se pasean por los aires en las playas, dando vivas a España y animando a quitar lazos amarillos. 

Es urgente que el Estado  asuma sus responsabilidades y actúe con las derechas, extremas, de centro, facistas, delictivas, etc con la misma contundencia con que actúa frente a las izquierdas que se han limitado a hablar y no atacan a nadie, no ya por sistema como las bandas fascistas, ni ocasionalmente. 

El conflicto España-Catalunya no puede tapar la necesidad perentoria de poner fin a la campaña sistemática de desestabilización en Catalunya emprendida por C's y grupos afines. Quienes instigan a actos de agresión y violencia deben responder ante los tribunales. Suelen estar identificados. Deben ser procesados.

Conviene recordarlo para no caer en un síndrome de Estocolmo por el cual la izquierda española pide a los indepes moderación para no despertar a la bestia fascista que, como se ve, está más despierta que nunca. Esa humillante petición oculta una equidistancia: tu libertad de expresión, pacíficamente manifiesta, provoca una respuesta violenta. Vale, pero el responsable de la violencia, el único responsable de la violencia, es el que recurre a ella. No el que ejerce pacíficamente su libertad de expresión. 

El Estado debe actuar antes de que sea demasiado tarde. Si se retrasa será imposible erradicar la sospecha de que la impunidad de las bandas fascistas está alimentada por la negligencia, si no la complicidad de las autoridades. Las amenazas de "ulsterización", incluso de "balcanización" (para eso está Tabarnia), se han formulado. A ver si va a resultar que el Estado también ha privatizado la guerra sucia.


sábado, 11 de agosto de 2018

La cuestión de fondo

Todas las opciones están abiertas. Las declaraciones del MHP Torra, a raíz de una entrevista con Mr. Salmond, son inequívocas y, por ello, suscitan sentimientos encontrados en sectores muy diversos. Para unos, llamémoslos "radicales", está haciéndose mercadeo con la República y asoma la puta y la ramoneta. Para otros, "moderados", se reincide en la posición maximalista de la independencia. Entre medias todos los demás, rumiando distintos grados de alarma. A los "radicales" les ronda la sospecha de si la opción planteada por Torra es tan innegociable como la insistencia en la república tan solo. A los "moderados" tiene que chirriarles el hecho de dar por seguro que república sin referéndum y referéndum sin república lleva a lo mismo: República Catalana independiente. De eso habla Torra y, por cierto, con toda claridad. Claridad celestial porque vislumbra una República española en fraternas relaciones con una República Catalana. Y eso, en España, no solo está por ver sino por barruntar.

Se da por descontada la negativa del gobierno español a aceptar la oferta. No le gusta nada. Lógico. Inviertan la oración condicional en negativo y se entenderá por qué el gobierno no puede (aunque quisiera, que no es el caso) aceptar la dicotomía de Torra: "Si el gobierno no acepta el referéndum, Torra ve razonable no aparcar la República". Esta evidente posición imposible de un gobierno sin proyecto choca con la permanente iniciativa de otro a la cabeza de un movimiento que no se detiene. Con unos partidos políticos que discuten mucho entre ellos pero mantienen la unidad de acción frente al adversario común, cosa que lo desorienta. 

Si a la situación descrita se añade el desbordamiento por la derecha, con bandas de provocadores y matones, tratando de desestabilizar Catalunya bajo la dirección populista del nuevo fascismo hispano, se entiende que desorientación es poco. El gobierno está ensimismado, que diría Ortega, y solo se escucha a sí mismo, lo cual es lamentable porque no sabe lo que dice.

El fracaso de la enésima aventura imperial de España tiene dos facetas, una de apariencia y otra de fondo. La de apariencia se refiere a la imagen que las dos partes del conflicto han dado frente al mundo, singularmente, Europa. La victoria del independentismo ha sido abrumadora al imponer su relato de minoría nacional que lucha por su emancipación democrática y pacíficamente frente a un Estado que, en su tayectoria y, sobre todo, su respuesta al proceso, ha demostrado no ser un Estado de derecho al uso europeo. El fracaso de España en su relato es tan profundo, evidente, tiene rasgos tan cómicos y trágicos que los gobernantes echan mano de la "leyenda negra" como en los gloriosos días de Julián Juderías. No se habla ya de la conspiración judeo-masónica de la Antiespaña porque no se lleva; pero sí de la tradicional tirria de los países protestantes a la católica nación y, por supuesto, la cochina envidia que los corroe por no haber sido ellos quienes descubrieran América y la evangelizaran.

La astracanada de una persecución política disfrazada de proceso judicial ha paseado por el país y el extranjero un baúl de farándula repleto de togas y puñetas; la Audiencia Nacional o justicia de un solo ojo; el Supremo, más como el de Roa Bastos; las euroórdenes de quita y pon; la trifulca con los tribunales alemanes y belgas; la citación al juez Llarena en Bélgica, sin duda a ver si de viva voz se le entiende algo; la intervención del gobierno de Sánchez con una gestión cerca del ministro correspondiente que recibió el correspondiente y educado bufido protestante de que en Bélgica, aun siendo muchos los católicos, rige la separación de poderes y la justicia es independiente.

Lo interesante es el asunto de fondo, el que explica por qué la causa independentista triunfa y la unionista fracasa. Porque los independentistas dicen la verdad y eso les da mayor fuerza, y los unionistas dicen la mentira, lo que se la resta. Ambos aseguran coincidir en un punto esencial: el conflicto ha de resolverse por vías democráticas que podrán ser como quieran pero algo deben compartir: el resultado se acepta porque es vinculante. El independentismo admite de antemano todos los resultados posibles de un referéndum con garantías en el que una de las opciones sea la independencia. Acepta, incluso, la vuelta al autonomismo o al régimen del general Primo de Rivera si alguien lo propone y la mayoría lo vota. Esa es su fuerza moral.

El unionismo en general y el gobierno en concreto no tiene tal cosa. Al contrario, tiene un déficit moral tan grande que lo paraliza. Porque acepta de palabra la solución democrática, pero no que el resultado pueda ser la independencia. No admite en los hechos lo que afirma en las palabras. Incluso está por ver que acepte un referéndum en el que la independencia sea una opción. En todo caso, como no piensa respetar el resultado si esta triunfa, que figure o no es indiferente. Y ¿cómo puede negarse a respetar el resultado? Sencillamente, ignorándolo, como ya hizo con las elecciones del 21 de diciembre de 2017. El referéndum no será vinculante; todo lo más, consultivo. 

La cuestión es de fondo y no tiene arreglo salvo con el respeto a la voluntad de los catalanes, debidamente expresada en una consulta libre, legal y vinculante en la que una opción sea la independencia.

Parece mentira que el unionismo, sus faros preclaros, sus inflamados medios y sus políticos zaragateros sean incapaces de entender que la única posibilidad que les queda de retener a Catalunya es respetar la voluntad de su ciudadanía. Sea la que sea. 

lunes, 6 de agosto de 2018

Nuevos tiempos: la monarquía ejemplar

Tras el empacho de "Normalidad" de ayer, que dejó a todo el mundo en pie de guerra, latía esa declaración insólita de que tenemos una monarquía ejemplar. El concepto de "normalidad" de Sánchez es peculiar, pero el de ejemplaridad raya en lo sublime. 

Si por monarquía se entiende la dinastía de los Borbones, la ejemplaridad brilla por la ausencia; si el régimen reinstaurado por Franco, se convierte en lo contrario, en ejemplo de villanía, deslealtad e ilegitimidad; si se entiende la actual familia reinante, con el del Bribón I y II, el cuñado entre rejas por ladrón, la hermana apoyándolo, las primas, tías y otras parentelas en paraísos y amnistías fiscales, la ejemplaridad es la de Mackie el navaja. La gente no le profesa aprecio alguno; en las encuestas no se pregunta por ella ni por el rey en concreto. El lujo y boato en que vive, sus inenarrables peleas internas, la nula empatía con la vida de la gente y la agresividad oratoria del monarca la han hecho antipática al personal. 

Pero todo eso lo sabe el presidente Sánchez. Para recordárselo le han sacado a relucir un tuit republicano, de "Salud y República" un 14 de abril. Claro que lo sabe. Sabe que la monarquía está bajo mínimos en todos los conceptos. Y, a pesar de todo, extiende la condición de "ejemplar" también al rey dimisionario, quizá porque eso, la dimisión, haya sido lo único decente que haya hecho en su vida.

Tanto cinismo tiene que venir de muy abajo o muy arriba, según se mire. Y, como sucede con el concepto de "normalidad" (compaginada con la existencia de presas políticas), trae un idea de fondo. Hay que salvar la monarquía porque es el eje del régimen del 78, la Constitución y la transición. Es decir que, si en lugar de tener un rey bípedo implume y poco más, tuviéramos una rana, la monarquía seguiría siendo ejemplar al menos para los batracios. 

Tal es la cuestión: la monarquía. Lo que Sánchez llama la "cuestión catalana" se complica mucho porque, además de independentista, es cosa republicana. Hay que defender la monarquía, aunque sea batracia, porque es el dique de contención del republicanismo catalán. Por eso, con una monarquía "ejemplar", se yugula toda voluntad de someterla a referéndum monarquía/república. Otro referéndum que el nacionalismo español rechaza de plano, como el catalán. Es odio a los referéndums. El de monarquía/república en España no lo apoya ni Podemos, esos que iban a comerse al rey. 

Los catalanes tienen la culpa de estos avatares de la ejemplar institución y el atribulado Estado español que quiere ser de derecho pero con presos y exiliadas políticas. Tienen la culpa por obstinarse en ser catalanes y decidir por su cuenta. Así que, según parece, la voluntad de Sánchez es agotar la legislatura y ofrecer a sus postrimerías un referéndum sobre el estatuto de 2006 o alguna otra forma estatutaria. 

Está en su derecho. Ya veremos de entrada si llega al final de la legislatura por elecciones en España o en Catalunya. Auguro escasa pasión por la opción estatutaria y mucha en cambio por la independentista. El bloque indepe está en estado de efervescencia y en su seno se agudiza la polémica que, básicamente, afecta a la velocidad de las medidas de implementación de la República y grado de desobediencia que en ellas se manifiesta. Pero la unidad no se rompe.  

Siguen siendo dos poderes del Estado que pugnan entre sí con muy distintos (opuestos) objetivos y muy diferentes (asimétricos) medios. Lo primero que debe aclarar el gobierno para que su oferta de referéndum sea creíble es que se garantiza el derecho a presentar la opción independentista en igualdad de condiciones. Y poco igualdad hay cuando unos dirigentes están en prisión o en el exilio. 

Por lo demás, esta opción del referéndum no cae en la cuenta de que el plazo fijado, cuando se fije, no obliga a la Generalitat y su objetivo de cumplir el mandato del 1-O y consolidar la República. Puede ser que la acción del independentismo catalán fuerce una situación de hecho que dé al traste con los proyectos del gobierno y hasta obligue a una mediación internacional. Sería un acto de la revolución catalana.

viernes, 3 de agosto de 2018

Unidad de acción y unidad de reacción

Pablo Casado no está en situación de exigir mucho. Primeramente tendrá que salir limpio de sus líos procesales y estos pintan oscuros para sus ambiciones, incluso descontado el bajísimo umbral de tolerancia del PP. Tampoco Sánchez está en posición de resistir muchas presiones. Con 85 diputados no puede sacar adelante propuesta alguna sin el apoyo de la oposición. 

Junto a estos, los otros dos partidos estatales, Podemos y C's, no salen mejor parados. Según el barómetro del CIS, C's comparte incómodo ascensor descendente con el PP y Podemos se despeña a las bajuras del mejor Anguita en los últimos años de la guerra contra los Sarracenos. Barrunto granizada de críticas al CIS, bajo dominio de la alta cocina de Tezanos, encargado de certificar demoscópicamente el fin del Sorpasso. 

No obstante, no es esto lo significativo del caos político en que se encuentra España sino el hecho evidente de que, por descompuestos que anden los partidos españoles, recuperan férrea unidad a la orden del mando frante al independentismo catalán. Los tres partidos dinásticos forman una piña unionista, recubierta de una tenue capa de posibilismo de Podemos. Santiago y cierra España. La unidad unionista es única.

Y ¿qué pasado con la unidad independentista, hasta ahora la gran baza, el elemento esencial del republicanismo catalán? No se encuentra en su mejor momento. Frente a la unidad del nacionalismo español, lo peor que puede ofrecer el independetismo es la ruptura de su unidad. Eso es lo que su adversario lleva años tratando de conseguir.

El escrache de los CDR ayer a la sede de ERC no ayuda a consolidar y hacer más efectiva la unidad independentista. Nadie niega el derecho a reclamar lo que reclaman: desobedecer o dimitir. Pero eso no es cosa que pueda producirse así, con intimidación. Sobre todo porque los destinatarios de esa exigencia representan unas organizaciones con unos militantes que los substituirán por otros de muy similar pensamiento y actuación. Y sin contar el efecto que estos actos tienen en la represión que sufren los presos y presas. La aparente rapidez y contundencia de una actitud adoptada sin elementos materiales reales acaba siendo la mejor forma de entrar en una espiral de confusión dañina para el conjunto del movimiento. A la hora de tomar decisiones deben estar todos y sin coacciones. Es mucho lo que está en juego.

Tampoco ayuda la declaración de Rufian de que si él hubiese sido Puigdemont se hubiera quedado en Catalunya. Pudiera ser, desde luego, pero se trata de una cuestión contrafáctica, dado que Rufian no era ni es Puigdemont. La cuestión es el fondo del asunto y desde qué perspectiva se invoca. Si se hace desde una visión personal, poco hay que decir. Cada cual es cada cual. Si se hace desde una perspectiva política, el asunto cambia porque equivale a decir que el exilio de Puigdemont ha sido un error. Sin embargo, si algo ha quedado claro en el último año es que dicho exilio ha internacionalizado el procés y abierto el paso a la victoria del presidente sobre el Estado español y, en buena medida, a la de la República Catalana independiente. Y ello sin desmerecer un ápice el valor, la importancia y la eficacia de quienes están en la cárcel. Nadie es más que nadie en el viaje cap a la República.

Un viaje que solo llegará a feliz término si todos los independentistas viajan en el mismo tren, aunque sea en vagones distintos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Hechos; no solo palabras

Obvio, ¿no? Hay que hablar. Díganselo a ustedes mismos. El bloque independentista no ha hecho otra cosa que pedir hablar y hablar. Para algunos, incluso demasiado. 

Sí porque, palabras por palabras, ¿con cuáles nos quedamos? ¿Con las del monarca, según el presidente Picornell, (Humpty Dumpty en Mallorca), ofreciendo dialogar con los malvados separatistas? ¿O con las de los 181 militares retirados ensalzando la figura de Franco frente al socialismo separatista y rojo-masónico? No son "casos aislados" de exceso de celo guerrero. Es una posición de cuerpo. Son los retirados, pero eso solo quiere decir que los de servicio activo no quieren que los empuren. Pero muy probablemente piensan de igual modo. Si puede llamarse pensar a eso. 

A la hora de decidir con qué palabras nos quedamos no es ocioso recordar que el rey es el capitán general de los ejércitos, de los activos, los pasivos y los contemplativos. A una orden del mando, todos acudirán raudos a ocupar los puestos de "mayor fatiga y riesgo", como dicen que hacía su caudillo. Así que, ¿cuáles palabras cuentan? 

Palabras por palabras, las de la Generalitat son como lenguas de fuego. El MHP Torra reitera el veto al monarca  en todos los actos institucionales. Por supuesto, no al ciudadano Felipe de Borbón. Este es libre de desplazarse por la República Catalana. Más que palabras, ya son hechos. Abren la cuestión de si esta actitud puede ser tolerada sin merma sustancial de la autoestima española. Y más aún: según Torra, Felipe VI ha dejado de ser el rey de los catalanes.. Sospecho que nunca lo ha sido o no de una gran parte. Y tampoco le importa. Loss Borbones no son reyes de pueblos, sino de territorios. Felipe es rey de Catalunya por ser rey de España. Y ¿qué es España? Lo que quede después de cada fracaso, metedura de pata, desastre civil originados por esta dinastía del ocaso. 

Las palabras ya no dicen nada. Faltan los hechos. Hechos si se quiere evitar que los desafueros cometidos en los últimos tiempos se combinen en un espectáculo doblemente destructivo: de un lado los procesos que faltan de la Gürtel, a los que se siguen añadiendo casos al día de hoy  como la imputación de todo el gobierno de Ruiz Gallardón por cuestiones anteriores a su desempeño como ministro de Justicia. Un gobierno mezcla de mafia neoliberal y secta del Opus.

De otro, la farsa de un proceso político disfrazado de judicial en contra del independentismo. Un proceso inquisitorial en el que se pretende condenar a unas personas por cometer un delito que no han cometido. Es decir el delito es su ideología independentista. Y esa injusticia va a estar patente a los ojos del mundo, muy especialmente Europa que ya se ha visto involucrada en el conflicto por la justicia de Peralvillo forma  castizamente española de enfocar lo que en otros lugares se conoce como "derecho penal del enemigo".

Hechos solo hay uno capaz de desbloquear la situación: liberar a los presos políticos sin cargos. No se amilanen. Busquen la fórmula, que la encontrarán como encontraron la de encarcelarlos con acusaciones fabulosas. Hagan un poco de prospectiva. A la vuelta del verano y tras la Diada de este año, o ustedes negocian un referéndum de autodeterminación o se lo convoca unilateralmente la Generalitat.

La convocatoria dependerá de otros avatares como el posible retorno a España de Puigdemont para ser investido presidente. En este caso, las elecciones acabarían siendo un referéndum sobre un proyecto de Constitución de la República Catalana independiente, producto de un proceso constituyente para el que se dispone de mucho tiempo, pues las elecciones catalanas serán en diciembre de 2021. 

La cuestión no es el tiempo sino el hecho de si el Estado español puede tolerar un proceso constituyente en una de sus partes. Cosas más raras se han visto, pero es dudoso. Mil fuerzas empujarían al gobierno a interrumpir y prohibir el proceso constituyente. Y a partir de ahí, el guion se emborrona: ¿más gente a la cárcel? ¿más al exilio? ¿más represión? ¿Hasta cuándo?

El referéndum pactado de autodeterminación de resultado vinculante con observadores exteriores es inevitable. Cuanto antes de haga, mejor. No hay otra forma de salir de dudas.

Demà, Palinuro a Solsona

De la República mai s'acaba de parlar. Per això, després d'Amer ahir, demà continuarem a Solsona. A vuit hores del vespre a la sala Polivalent. Organitza Ómnium i col.labora l'Ajuntament de Solsona. 

Parlarem de la República, l'únic règim legítim a Catalunya. I ho farem perquè la República és el mitjà per treure els presos polítics de les presons.

Per cert, ahir vaig tenir el privilegi de conèixer al pare, la mare, una germana i un germà de Puigdemont a Amer, el poble natal del MHP a l'exili. Una antiga pastisseria amb taulells fets pel besavi al començament del segle passat. Una família de vuit germans, dos d'ells treballant a la pastisseria. La conspiració de la corrupta burgesia catalana dels hiperventilats espanyols.

Ens veiem a Solsona.

martes, 31 de julio de 2018

Humpty Dumpty en Mallorca

Es una vieja nana inglesa que ha ido reapareciendo aquí y allá, por sorpresa. La reaparición más célebre, la segunda parte de Alicia, A través del espejo; otra más cercana a estos pagos, La segunda muerte de Ramon Mercader. Y hay más. Humpty Dumpty (HD) es un huevo que, si se cae desde una valla, no hay quien lo recomponga. HD es un repositorio de metáforas. La propia nana es una, pues en ningún momento se dice que HD sea un huevo. Así se ha usado para representar muchas cosas más o menos altisonantes. ¿Por qué no la monarquía? Si cae desde lo alto de la valla (algo que, según muchos hizo Felipe VI el 3 de octubre de 2017), ya no podrá recomponerse, igual que no hay forma humana de volver un huevo roto a su prístino estado.

Bueno, tratándose de los Borbones, quizá no opere esta ley de la física. Los Borbones son especialistas en caer de la valla, hacerse trizas contra el duro suelo y resucitar de estas como el ave Fénix del fuego. Pulverizados quedaron Carlos IV y su infame hijo, Fernando VII, ambos de rodillas ante Napoleón; pulverizada la mujer del segundo, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que hubo de marchar al exilio dos veces; pulverizada su hija, Isabel II, la reina castiza, obligada a exiliarse a su vez; pulverizado Alfonso XII que, pronto finado, dejaba el reino en manos de la segunda y feroz Maria Cristina; pulverizado el hijo de Alfonso, Alfonso XIII quien, siguiendo ya consolidada tradición familiar, se exilió; pulverizado su hijo, Juan, que quedó hibernado en el exilio por voluntad de un general felón; pulverizados el hijo y nieto de Juan Sin Reino, que deben el trono a un golpe de Estado del dicho general, tres años de guerra, cuarenta de postguerra y otros cuarenta de propina. El HD borbónico es capaz de conseguirlo y rebotar. Lleva más de doscientos años haciéndolo. Los Borbones siempre vuelven.

Al HD de la nana no le sirven de nada All the king's horses and all the king's men ("todos los caballos y todos los caballeros del rey") para recomponerse. ¿Y a los Borbones? Los caballeros y damas del rey han acudido a Marivent con ánimo constructivo, conciliador, a ver si no se da el fatal destino de que no puedan recomponer a Humpty Dumpty. O sea, al rey. Y se han esforzado, mucho. Es la llamada "política de altos vuelos" o "sentido de Estado", también muy socorrido. 

Baltasar Picornell, presidente del parlamento balear y militante de Podemos, anuncia públicamente que el rey está dispuesto a dialogar con los partidos independentistas, a tender puentes, a buscar soluciones. No es cosa de sacar punta a lo que no la lleva, pero ¿qué tiene esto de extraordinario? Dialogar, tender puentes,s buscar soluciones es su obligación de rey. ¿Anuncia el rey a través de su caballero que está dispuesto a ejercer de rey? ¿Quiere decir que antes no lo hizo?

Pues no, no lo hizo. El 3-O no lo hizo. Y ese es uno de los agravios, el más reciente, que el independentismo tiene frente a Felipe VI y por el que le exige  disculpas. ¿Se pretende decir que la voluntad de diálogo, esto es, el cumplimiento del deber, equivale a una petición de disculpas? Exactamente, ¿qué mérito tiene que un caballero del rey diga que el rey está dispuesto a dialogar con los que representan a los miles de apaleados el 1-O? Más o menos el que tiene la reiterada oratoria dialogante del gobierno de Sánchez. Ninguno. Los hechos desmienten las palabras antes incluso de que se las lleve el viento.

La dama del rey, Francina Armengol, presidenta del gobierno de las islas y socialista, también ha echado una mano a ver qué puede hacerse por recomponer a Humpty Dumpty. El monarca debe sentirse más seguro porque ha cambiado el clima desde la llegada del PSOE con sus flamantes 84 diputados y su ilustrado afán por decir a los catalanes lo que pueden y no pueden votar.

Es comprensible la urgencia que sienten las damas y caballeros del rey (PSOE y Podemos) por colaborar al entendimiento entre España y la díscola Catalunya. La restauración, vamos, hoy llamada normalidad. Aquí interviene el elemento balear; esa urgencia es menor en las Castillas. Con todo los dos visitantes han respondido a una cuestión planteada a ambos que traduce bien la fe de la opinión en los intentos restauradores. ¿Y si se pide un referéndum monarquía/república? (Pues sí que están sólidos los puentes). Los dos le darán paso. Muy cucamente, ambos no declaran el sentido de su voto, aunque Picornell insinúa que es republicano. 

Pues sí, estaría bien que España despertase a la necesidad de corregir el rumbo y se plantease la forma de Estado política y territorial en lugar de dar por buena la inútil y corrupta estructura heredada del franquismo. Estaría bien que los españoles se decidieran a decidir algo, por ejemplo, monarquía o república. Aunque eligieran monarquía, habrían salvado una pizca de dignidad al haber decidido algo alguna vez. 

Estaría bien. Pero conviene aclarar algo: la República Catalana puede ser la partera de la española, pero no su melliza. La idea de vincular la República española a la catalana es ilusoria en España e irrisoria en Catalunya. La cuestión no es solo cronológica sino también política. La República Catalana va muy por delante. La República no es un objetivo, como en España, porque Catalunya, si es, es republicana. Solo necesita la independencia. Y ese  es un tema en el que  los independentistas saben que la reacción de monárquicos y republicanos es siempre la misma: No.

Por eso es bueno que las dos repúblicas sigan sus respectivos caminos. 


Avui, Palinuro a Amer

En un acte organitzat per el CDR d' Amer, con la col.laboració de la ANC i la Associació catalana pels drets civils. Als dos quarts de vuit, que és una forma perfidament catalana de dir 19:30, el 31 de juliol, dimarts als absis del monestir d'Amer, per xerrar sobre el tema temorum de la República Catalana, ancara que totohom sap (més o menys) el que direm: que sense cap dubte ens hem guanyat la República Catalana. Modera Jordi Grau.

Parlar de la República és fer República també. La llengua té un valor performatiu important i nosaltres vivim ja de fet en una República. La primera tasca a la tornada de l'estiu: desobeir, resistir a la tirania espanyola, sigui pepera o socialista. No hi ha diferència.

Ens veiem a Amer.


lunes, 30 de julio de 2018

Ante todo, claridad

El balance de los últimos acontecimientos es inequívoco y en él hay coincidencia general. Ha sido un triunfo del presidente Puigdemont frente al Estado español. La comparecencia del sábado en Bruselas y Waterloo, histórica. Que los medios españoles la hayan silenciado lo prueba. Y con Puigdemont, el triunfo de lo que este representa: la legitimidad de la República Catalana, basada en la desobediencia al poder tiránico.

Una oleada de optimismo ha invadido el campo indepe. Partal, en Vilaweb se hace eco de las declaraciones de Emmerson, el abogado de Puigdemont en las Naciones Unidas, y lo eleva al cielo griffithiano del nacimiento de una nación. Sin ser Emmerson, Palinuro lleva una temporada diciéndolo: nacimiento de un Estado. Emmerson ve la independencia en poco tiempo. El círculo de Puigdemont en el exilio, en 2020. Es una idea general: el independentismo ha ganado la batalla exterior. Cot, en elMón.cat así lo cree en Puigdemont guanya a Waterloo, reconociendo que ha afirmado su liderazgo, ha puesto al PDeCat más o menos claramente a sus órdenes y ha obtenido un reconocimiento social general indudable.

Queda por ver cómo juegan esos factores para convertir el éxito exterior en otro interior, en el terreno práctico político, en el que se trata de hacer efectiva la República en un contexto de partidos. El atractivo original de la CNR descansa en dos puntos: es   suprapartidista y transversal y tiene fecha de caducidad en el momento en que la República Catalana esté plenamente instalada. El triunvirato que la respalda, Puigdemont, Torra y Sánchez, da a entender la preeminencia de Puigdemont, de forma que la organización resulta ser eso, una Crida, un rassemblement.

Ahora bien, Puigdemont es al mismo tiempo militante del PDeCat, partido que, en su congreso ha rendido sus armas reticentemente ante la Crida y ha aceptado una confluencia con esta que, de momento, se ha configurado como un trasvase osmótico de militantes del PDeCat a la Crida, ignoro si manteniendo la doble militancia. Sea como sea, la relación entre el PDeCat y la Crida debe quedar clara desde el primer momento. La transversalidad de la Crida y el conjunto del movimiento significa que se cuenta con la derecha política, con la burguesía, como con la izquierda y la extrema izquierda anti-sistema. El PDeCat es el heredero refundado de Convergencia y representa esos intereses burgueses, tan defendibles desde el punto de vista de la nación como los de la extrema izquierda. Pero serán los intereses del PDeCat, no los de la Crida. Esta no puede representar intereses sectoriales algunos porque no es un partido político sino un movimiento cuyo éxito dependerá, precisamente, de que no sea visto como un partido político sino como un movimiento nacional, catalán. No haya susto con las palabras.

Sin duda el PDeCat puede apoyar a la Crida y hará bien; como también pueden hacerlo los demás partidos. Otra cosa es que quieran. Pero la Crida no puede ser la cobertura de ningún partido. Sin duda la forma más eficaz de probarlo es que el presidente Puigdemont, que lo es de la República en el exilio, abandone o, cuando menos, suspenda su militancia en el PDeCat. El presidente de la Crida Nacional per la República no puede ser militante de un partido. 

Al mismo tiempo se tropieza con el hecho de que, sin embargo, el presidente Torra y sus consejeras/os, todos/as son de partidos. Lo lógico es que también lo sea el presidente de la República. Pero, dadas las excepcionales circunstacias, la unidad partidista del interior y el exterior no es necesaria ni conveniente. La mayor prueba de esa excepcionalidad es precisamente la Crida, cuyo apoyo es y deber ser social y transversal. Solo con esta condición cabrá hablar de la expectativa de la Crida de presentarse como lista de país o lista del presidente.

domingo, 29 de julio de 2018

Insultando a Catalunya

El 1-O de 2017, cerca de tres millones de catalanes fueron a votar en un referéndum de autodeterminación. Setecientos y pico mil no pudieron hacerlo porque la policía y la guardia civil, a las órdenes de un gobierno de franquistas corruptos, lo impidieron a palos; o bien votaron pero esos mismos individuos de azul o verde, robaron los votos. No obstante, unos 2.040.000 ciudadanos, con riesgo para su identidad física, votaron y, de ellos, más del 96% lo hicieron a favor de la independencia.

El 21 de diciembre de 2017 en unas elecciones impuestas por el mismo gobierno de corruptos y ladrones y con los dirigentes catalanes en la cárcel o el exilio y que tuvieron el valor de un referéndum, unos 2.060.000 catalanes, más del 47%, es decir, la mayoría del electorado, volvieron a votar por candidatos independentistas.

La mayoría del electorado catalán es independentista y quiere ejercer su derecho de autodeterminación. Bueno, pues el gobierno del PSOE no tiene la menor intención de respetar esa mayoría. Niega que sea posible ejercer la autodeterminación y como argumento se vale del hecho de que no está prevista en la Constitución. Tampoco estaba prevista la ignominia del art. 135 y lo estuvo en 24 horas por decisión vergonzosa del PSOE y el PP. La señora Batet debe de creer que la gente es tan estúpida como ella misma parece. Las leyes y las Constituciones se cambian (y de la noche a la mañana) cuando se quiere. Si ahora no se quiere es porque a los partidos españoles no les da la gana. Porque hasta la señora Batet sabe que no se hicieron las personas para las leyes, sino las leyes para las personas. 

Y hay más. Es que ni es necesario cambiar la Constitución. Hasta con esta Constitución de chicha y nabo, redactada por escolares de tercera, se puede hacer un referéndum de autodeterminación en Catalunya. Basta con interpretarla de modo abierto. Cierto que, en este momento, al lado de la cuentista Batet aparece el "desinfectador" Borrell para añadir la habitual sinsorgada de que el derecho de autodeterminación solo lo tienen las colonias y Catalunya, según él, no lo es porque no está en la relación de la ONU de territorios independientess. Cuanto más autoritario es un individuo, más papeles invoca. Batet, la Constitución; Borrell la relación de la ONU.

El insulto directo al independentismo, a Catalunya y al mundo entero viene a continuación.

Dice la misma Batet que los catalanes no pueden votar en un referéndum de autodeterminación porque no. Que lo quiera la mayoría del electorado catalán, que del referéndum de autodeterminación sea partidario el 80% del electorado, a estos individuos/as les da igual. Es no porque no les sale de las narices. En cambio ofrecen votar un acuerdo político (sin decir cuál) de consenso amplio con el apoyo del 80% del electorado. Es indiferente que, con cerca de un 50% de votos independentistas no haya manera de conseguir ese 80%. Para ello se requeriría que el equivalente a 30 puntos porcentuales de catalanes (un millón trescientos mil, más o menos) tendrían que votar lo que no quieren para dar gusto a la señora Batet.

¿Está claro el insulto? Catalunya no solo es una colonia de la oligarquía española con el apoyo de la seudoizquierda socialista sino que los catalanes no pueden ni votar lo que quieran, sino lo que a esta gente española se le ponga en las narices.

El derecho al Estado y el Estado sin derecho

Ayer sonaron los clarines del campamento independentista. El MHP Puigdemont llegaba a Bruselas y en la conferencia de prensa declaraba que el Estado español había sido derrotado. Luego, en Waterloo, en la llamada "Casa de la República", se reunía con el MHP Torra y escenificaba ante los ojos mediáticos de Europa y más la nueva iniciativa indepe para hacer efectiva la República Catalana este otoño. La exigencia de libertad de los presos políticos no es sino la salva de cortesía. A la vuelta de vacaciones, Puigdemont espera que Sánchez haya hecho los deberes. Wishful thinking bien intencionado. Sánchez no los habrá hecho porque no puede; no le dejan; y no se deja él mismo, incapaz de reconocer la verdadera naturaleza del conflicto. Así que esa jocunda República echará a andar en el otoño con muy probables vistas a unas elecciones catalanas que prometen ser otro Waterloo. Para evitarlo, el joven líder del PP, hoy en la oposición, amenaza con lanzar otro potente 155 contra Cataluña como Zeus mandaba el rayo. Solo que a la hora de arrojar cosas, Casado tiene más de Polifemo (salvando proporciones) que del padre de los dioses.

En términos deportivos, siempre escuetos, la situación actual es España 0, Catalunya 1. En términos jurídico-políticos, algo más alambicados pero claros, es el triunfo de un Estado de derecho que aún no es Estado sobre otro que es Estado, pero no es de derecho. Eso es lo que da la vitalidad a la causa catalana que los nacionalistas españoles no entienden. Catalunya es un Estado con un presidente legítimo, aunque en el exilio, un gobierno y un parlamento también legítimos aunque el segundo está en estado de hibernación por la hostilidad de los poderes del Estado central que tiene encarcelados a algunos diputados. Cuenta con su propio pueblo que apoya y sostiene en condiciones difíciles a sus dirigentes, que lo son por consentimiento popular. Dispone de un territorio sobre el que ejerce una jurisdicción limitada por causa de fuerza mayor, a falta de coronarla ejerciéndola de modo soberano. 

Catalunya es un Estado de derecho, una República que está haciéndose, de modo revolucionario, pacífico y democrático. Un fenómeno sin precedentes que nadie puede interrumpir y menos que nadie el Estado español que ha renunciado a su cacareada condición de Estado de derecho precisamente por su forma de abordar la crisis constitucional originada en Catalunya. Su estúpida reacción represiva no le ha servido de nada salvo para dar mayor legitimidad al movimiento indepe y conseguir su internacionalización. Justo lo contrario de lo que pretendían los estrategas de entonces y los de ahora, que se parecen mucho. A los ojos de Europa ha quedado claro que España es un Estado corrupto, autoritario, sin división de poderes, arbitrario y agresivo con los derechos de los ciudadanos, especialmente los catalanes.

El duelo final entre el Estado español y Puigdemont (que así ha sido) se ha resuelto, efectivamente, en el seno de la mentalidad del Estado de derecho europeo. Hay, vaya si hay, una conciencia europea del Estado de derecho y la justicia, que comparten los países y frente a la cual, como siempre, España ha quedado aislada. Único territorio en que unos ciudadanos europeos no pueden circular libremente por motivos que son una vergüenza, como vergüenza es que el país tenga presos políticos.

Dadas las circunstancias y la imposibilidad de Sánchez de hacer los deberes ¿cómo esperan los nacionalistas españoles obtener apoyo entre los estamentos pensantes y, desde luego en Catalunya para una propuesta consistente en dejar las cosas como están, sin que nada se mueva, como si eso fuera posible?

¿Y por qué les extraña que, si se convocan elecciones catalanas, el bloque independentista aumentará sensiblemente su representación se presente como se presente? Es una conclusión a la que ha llegado ya todo el mundo: si hace diez años se hubiera convocado un referéndum pactado de autodeterminación, el independentismo hubiera perdido; ahora lo gana seguro. Y esa es la razón fundamental por la que el Estado español no quiere referéndum alguno. Y esa también la razón por la que las elecciones anticipadas serán ese referéndum. 

viernes, 27 de julio de 2018

La ofensiva del verano

Quedó dicho en algún Palinuro de hace unos días: el presidente Puigdemont -que había mantenido prudente silencio en espera de la decisión del tribunal alemán- tenía un plan para relanzar la iniciativa indepe. La condición era que el tribunal decidiera no extraditar y, por tanto, devolverle la libertad de circulación. Habiéndolo conseguido, lanza la CNR con vocación de rasssemblement unitario, se asegura la reticente pero mayoritaria aquiescencia del PDeCat e inicia la constitución del Consejo de la República o gobierno de la Generalitat en el exilio. El mensaje es claro: unidad frente a lo que se avecina.

Y ¿qué se avecina? Eso es materia de augures que son legión en los medios. No lo sabe nadie. Depende de las circunstancias y hay muchas y de grueso calado: la Diada de este año, el congreso de la CNR, el proceso contra los independentistas, por ejemplo. Pero algo sí se puede confirmar: el mensaje de unidad es firme y compartido. El objetivo es dar cumplimiento al mandato del 1-O.

Las fuerzas reportan para la ofensiva. En el ejecutivo, el presidente Torra ha incluido en el orden del día de la comisión bilateral la cuestión de los presos políticos. El legislativo ha decidido ausentarse un par de meses. No estoy seguro de que sea una decisión avisada, aunque quizá se entiende al modo en que el señor Albiol entiende que la gente esté harta. El hartazgo está muy generalizado. Además, quizá la mayoría parlamentaria aproveche el estío para elaborar un plan viable de nombramiento del MHP Puigdemont, allá por el mes de octubre. La unidad es de acero. ERC declara que apoya el nombramiento de Puigdemont si es posible. Y la CUP acude a la cita de la ofensiva, dispuesta  a crear "espacios de soberanía", con abundancia de frase revolucionaria y una referencia a hundir el "régimen del 78" que me intriga. Para ponernos gramscianos, a la guerra de posiciones de sus aliados aportan los cupaires la guerra de trincheras. Pero todos van a lo mismo: el mandato del 1-O.

En ese mismo espíritu de unidad ha puesto la ANC en marcha la campaña por las primarias en las municipales, en busca de la lista unitaria, que para unos es el unicornio y para otros el becerro de oro. No ha lugar a pronunciarse aquí sobre el asunto en concreto. Lo que decidan los partidos y asociaciones, bien decidido estará, siempre que la confluencia en el mandato del 1-O esté garantizada. Es posible que no vean con buenos ojos esa transversalidad radical de la ANC, pero estaremos de acuerdo en que la petición de adhesiones es de buena fe; como lo es la de la CNR; como las de cualesquiera otras que provengan de espacios indepes.

La lista unitaria en el ámbito nacional tiene otro aspecto y ambición. La fuerza de la Crida no reside únicamente en su transversalidad, que puede ser más o menos real, sino en su compromiso constitutivo de ser una organización a término, que se disolverá una vez logrado su objetivo, la República Catalana.

Frente a la ofensiva del verano, como se ve tan bien preparada como la del Tet en Vietnam en 1968, la parte contraria, el nacionalismo español, no ofrece proyecto o propuesta positiva alguna o, si lo hace, el presidente Puigdemont acaba de decir que él connait pas. Ninguna propuesta constructiva, fuera de las rituales invocaciones al diálogo del presidente Sánchez, compatibles con el manifiesto propósito del ministro de Asuntos Exteriores de impedir la apertura de las "embajadas catalanas" del Diplocat o vuelta al 155.

No hay propuesta positiva alguna, pero sí hay medidas negativas, represivas. Los tribunales acaban de negar la libertad provisional a dos presos políticos y prohiben la exhibición de banderas esteladas en los espacios públicos bajo responsabilidad de las instituciones. Es una decisión política que trata de vaciar estos espacios de los pronunciamientos de la ciudadanía, que trata de expulsar al independentismo de las calles. Es un ataque a la libertad de expresión.

Para octubre está prevista la apertura del juicio oral o última parte de esta juerga político-judicial a la que nos ha llevado la disparatada instrucción del juez Llarena dictada, sin duda, por su convicción de que los jueces interpreten las leyes según sus ideas políticas. Estas solo le parecen rechazables si son "radicales" y no como la suya que es radicalmente moderada. Lo que le lleva a pedir al gobierno intervención política en un procedimiento judicial en Bélgica. Algo tan divertido como aquel de cuando pidieron a Alemania los nombres de los agentes que habían detenido al MHP Puigdemont, ¡para condecorarlos!

Y si de los jueces, siempre moderados, pasamos a los políticos, se llega a lo sublime. El joven líder en agraz del PP quiere reconquistar Cataluña, para lo cual pretende meter en la cárcel a todos los independentistas, acusados del nuevo delito de "sedición impropia" que consiste en alzarse sin alzarse. O sea, en hablar. Estos andan siempre con una mordaza en la mano.

¿Se le ocurre a alguien algo mejor que convocar elecciones anticipadas? Sí, dicen algunos: implementar la República por la vía de hecho. Correcto. Eso requiere desobediencia y el problema con la desobediencia es la cantidad, como decía Paracelso del veneno. Hay un umbral de desobediencia a partir del cual reaparece el 155. Y la cuestión es que el govern puede perder la competencia de convocar elecciones. Es más, quizá no haya ni govern en libertad. Y las elecciones postpuestas a las calendas, como quería Sánchez en su fiebre pro 155 no hace mucho.

Asoma en el horizonte el fantasma del Ulster, pero más como amenaza y como chantaje. El independentismo es pacífico y mayoritario; el unionismo es violento y minoritario. Aunque tenga el apoyo de las instituciones y partidos españole, nunca prenderá la violencia een Catalunya salvo la que venga del Estado en sus proteicas manifestaciones. Por lo demás, el peso del Ulster en Gran Bretaña no es ni por aproximación equivalente al de Catalunya en España.

¿Cuánto tiempo puede permitirse España tener bajo una ocupación prácticamente militar a Catalunya?

miércoles, 25 de julio de 2018

Quién manda

Todo el mundo conoce la cita de Virginia Woolf: "en torno a diciembre de 1910, la naturaleza humana cambió". Algo así pasó el 1-O de 2017. Con su expresión Woolf saludaba la llegada del modernismo; nosotros, la de la contemporaneidad. Catalunya sale de la servidumbre.

Pero la naturaleza humana parece haber cambiado. Los tremendos nacional-españoles, siempre tan seguros de sus principios y decididos en sus acciones, amparadas en la benevolencia de los poderess divinos y humanos, se antojan dubitativos, desorientados, divididos entre sí, siempre a la zaga de los acontecimientos.

En cambio, los independes catalanes, generalmente oscilantes, inseguros, quisquillosos, desacordados, parecen ahora avanzar con unidad de falange macedónica. Habiéndose consolidado el liderazgo de Puigdemont (que la prensa, siempre algo mojigata, llama "hiperliderazgo") con una base orgánica de una organización atrapalotodo, estaba claro que tomaría la iniciativa. Ahora la hace valer en el Congreso imponiendo una actitud más dura y crítica del PDeCat.

La política española no existe. El empeño de los partidos estatales de moverse en las coordenadas del Estado y la monarquía, con sus dimes y diretes de la corte de los milagros salta por los aires cuando los indepes catalanes aprietan. La ilusión de Sánchez de haber levantado una coalición mayoritaria se le rompe con los 17 diputados de la minoría catalana. Son estos quienes controlan el parlamento y no los 156 del PSOE y Podemos.

Como se colige del resignado tono de la portavoz Celáa, el gobierno descubre su evidente fragilidad. Y lo bueno es que no sabe por qué. ¿Cómo van los indepes a bloquear los ilustrados propósitos de un gobierno de izquierdas en España? No acaba de creerlo. De los supremacistas cabe esperar lo peor. Pero no es el momento de sacar la artillería discursiva (Le Pen, nazis, xenófobos, racistas), pues se necesitan su votos. ¿Y cómo no van a darlos para causas claramente progresistas? ¿Serán capaces de boicotear la renovación de RTVE?

Naturalmente. La naturaleza humana ha cambiado el 1-O. Cataluña tiene su proyecto propio y en él está concentrada. Lo que suceda en el reino de España ya no tiene un interés de primer orden sino solamente como medio de intercambio para una negociación de mutuo beneficio. ¿Piensa Sánchez que los votos con los que ganó la moción de censura eran votos a él? Bien claro lo dijo Tardà: eran votos en contra de M. Rajoy. A partir de entonces habría de ganárselos. Y ¿qué ha hecho Sánchez desde entonces para favorecer algún tipo de entendimiento con Cataluña? Nada. Ha hecho lo contrario. Ha nombrado un anticatalán visceral como Borrell, mantiene la judicialización del procés, los presos políticos continúan presos y no cesan las medidas represivas arbitrarias en contra del independentismo.

¿Pensaba Sánchez que podría seguir contando con los votos indepes sin apartarse un centímetro de la política represiva del gobierno anterior? Si lo hacía no sabía lo que hacía. Catalunya ha desbordado el marco de la política española. Tiene la suya propia.

Pintan elecciones. Quizá en los dos territorios en que se libra esta batalla, España y Catalunya. Los independentistas catalanes están preparados. Los nacionalistas españoles, no. 

domingo, 22 de julio de 2018

La realidad y la ilusión

Casi parece fabuloso lo sucedido en el XIX congreso del PP. Unas primarias en el partido del dedazo. Un congreso de autosatisfacción. Ni una palabra sobre corrupción. Ideas peregrinas sobre lo que había pasado: la moción de censura fue una puñalada trapera de una coalición de perdedores. Sánchez entró por la puerta de atrás. Rajoy, en cambió, entró por la principal, se atribuyó el fin de ETA, se glorió de expulsar a Catalunya, votó al revés y se fue. Se enfrentaban dos candidatos sin nada, absolutamente nada que decir, aunque no que morder. Con razón renunciaron al debate en la tele. Hubiera sido una hora de espantoso ridículo. Los dos envueltos en la rojigualda hasta la escena de Mata-Hari con abanico. No son gente de ideas y tampoco de palabras ordenadas en oraciones más largas que meras órdenes. Nadie tampoco espera razones; nadie estaba allí por ideología sino para elegir al baranda siguiente, ganar las elecciones y seguir con el trajín de viva España y su saqueo. Dos muñecos, en realidad, dos autómatas, como los que imaginaron los cartesianos. El momento culminante del congreso fue la exhibición de quietud robótica, todos los autómatas puestos solemnemente en pie mientras sonaba el himno español, cuyas notas a punto estuvieron de arrancar lágrimas de emoción de Cospedal, prueba de que hasta los mecanismos vivientes de La Mettrie tienen sentimientos, patrióticos sentimientos. Fue un acto de símbolos secuestrados: la bandera hasta en la sopa, el himno, la identificación con la nación o, mejor dicho, la imposición de una idea de nación, todo al servicio de un partido orgulloso de su pasado de servicio a España que incluye sentencias individuales y colectivas condenándolo por saquearla. Ha resultado elegido Pablo Casado, alter ego o clon de Albert Rivera. Se cierra la renovación generacional, pero no aumenta ni una gota el caudal del discurso de la derecha. Casado es tan huero, pretencioso y trivial como Rivera. Si lo han elegido es porque gana al catalán en anticatalanismo. Sáenz de Santamaría fracasó en Catalunya. Le pasan el mando a Casado que promete organizar mejor Tabarnia como quinta columna del nacionalismo español. Porque hasta los más despistados del reino se han enterado ya de que Catalunya es una cuestión de Estado, de Estado español. Y por serlo, debe resolverse por cualquier medio, con la ley, la Constitución, los tribunales, el ejército de Cospedal, la policía nacional, la guardia civil, las cloacas del Estado, los medios de comunicación, lo que haga falta para extirpar el separatismo.

Parece real, ¿verdad? Pues es una ilusión. Ningún partido español -y menos estos de la derecha- tiene proyecto alguno para España como Estado. Excuso decir nación. Son cuatro partidos, sin duda representativos de las opiniones de los españoles, mal avenidos y solo coincidentes en un "no" a Catalunya. Como base para construir un diálogo parece escasa. Ninguno de ellos muestra siquiera ser capaz de comprender qué significa orientar la acción legislativa en una sociedad compleja y llena de desequilibrios, desigualdades y conflictos.

Del otro lado, Marta Pascal se retiró ayer, dejando vía libre a la confluencia de la Crida con el PDeCat. Pero esa confluencia habrá de analizarse con cuidado porque afecta a la autodefinición de la Crida como organización suprapartidista. Las confluencias de Podemos, salvadas diferencias ideológicas son interesantes experiencias. Un partido político que se integra como tal en una organización suprapartidista suena raro y, además, obliga a definirse a los otros miembros que no pertenecen al partido a recordarlo permanentemente. La confluencia puede darse también de otras maneras, como confluencia electoral, dando libertad de voto a los votantes (ça va de soi) y también a los militantes, permitiendo la doble militancia o cualquier otra forma que no dañe la imagen de la Crida como organización ajena a los partidos u organización de los que no tienen partido. Resta recordar que la Crida es una organización a término, como se dice en la administración, y una incorporación del PDeCat a la Crida lo obligaría a desaparecer con esta, salva acusación de felonía. Para completar el cuadro, lo primero que debe aclararse a satisfacción general es la posición del presidente Puigdemont. En su caso, la doble militancia debe quedar excluida en pro de la presidencia de la Crida. Igual que el PP se identifica con la monarquía española y es un partido, La Crida se identifica con la República Catalana y no puede ser ningún partido sino un movimiento ciudadano por la República Catalana. La coexistencia de la Crida con otros partidos con un estatuto distinto es perfectamente posible siempre y cuando aquella no parezca ser la pantalla de uno de ellos. Eso solo puede garantizarlo Puigdemont. Con hechos. 

Parece ilusión, ¿verdad? Pues es una realidad. Puigdemont, con la legitimidad que todo el mundo le reconoce, en libertad en Europa gracias a Llarena, organizará en breve el Consejo de la República con representación de todo el bloque independentista. Será el gobierno en el exilio, presidido por el presidente de la Crida, que no es un partido sino un movimiento de carácter instrumental y transitorio para proclamar la República Catalana. Innecesario decir que esto apunta a elecciones anticipadas inmediatas con las que se pretende que emerja esa República Catalana a los ojos del mundo. 


sábado, 21 de julio de 2018

El código secreto

A ver, que estamos en verano. Época de ensoñaciones, sobre todo de noche, cuando el mundo se llena de Oberones y Titanias. El verano tiene su literatura, como la tienen las demás estaciones. Pide relato corto, vivo, a ser posible con algo de intriga y de misterio. Para llevar a la playa o a la veranda de un balneario suizo. A fuer de catalán, Palinuro se ha hecho transversal. Relatos con algo de chispa, que la calor apelmaza; relatos con pointe, que se decía en las justas satírico-literarias del XVII francés en las que igual te llevabas un pareado que una estocada. 

Así que eso propongo: un relato de verano. Pero no un sueño sino una visión. De ahí el título del Código Secreto que espero intrigue para leerlo. El drama del escritor moderno: atrapar la atención volátil del lector. Y siempre que se habla de secreto se asegura el interés público. Nada moviliza más a la peña que los secretos. A ver por qué si no se orienta a las andanzas del rey dimisionario y la lista de los treinta y un mil y pico defraudadores. Porque son secretos que no debieran serlo.

Pero no adelantemos acontecimientos por más que es práctica literaria socorrida. Empezamos con una consideración sobre la política catalana. Esta recuerda mucho una opinión muy generalizada en Catalunya y fuera de que los catalanes hablan catalán entre ellos solo para fastidiar. Claro, hablan con otro código, pero lingüístico. No una clave para transmitir información militar. No importa: lo hacen para fastidiar. No es cierto, pero da igual. Lo mismo pasa con la política catalana. Es tan complicada que parece ajustada a un código incomprensible al menos en Madrid, en donde ya no saben qué pensar y vuelven a creer que, como son catalanes, hacen política para fastidiar. 

Aquí tenemos al PDeCat aprobando hacer efectiva la República ya mismo como si fuera la CUP. Un momento, pero el PDeCat, se asombra el nacionalismo español, ¿no es el heredero refundado de Convergencia, catalanes/españoles de toda la vida? ¿No es el partido de Mas y Puigdemont, el de la burguesía catalana del 3%, gente en la que confiar? Es más, dirán los de Podemos, tan españoles como los otros pero sin saberlo, precisamente porque el PDeCat es el partido de la podrida burguesía antiobrera y antipopular el independentismo es una patraña burguesa en la que los fieles seguidores de la verdadera izquierda no deben caer. La izquierda española no admite más nación que la suya (que, por cierto, no lo es) porque es internacionalista. Si este razonamiento les parece una sinsorgada, vayan a los textos "nacionales" de las moradas/os. 

Y, sin embargo, ahí lo tienen: el PDeCat aprueba una resolución típicamente cupaire con absoluto desparpajo. Tal cosa viene acompañada del habitual barullo catalán sobre dónde se pone cada uno, si Pascal, si Bonvehí, si Turull, Rull, etc. No haya problema, al final se pondrán de acuerdo.

Vaya, hombre, entonces ¿resulta que el PDeCat, como ERC y la CUP rechaza confluir (verbo de moda en hispánicas tierras) y mantiene su singular identidad? Y ¿quién se suma a la Crida del presidente? Eso se verá  en las entregas siguientes. No hay relato de verano sin un suspense que incite a leer lo posterior. Pero, en lo esencial, dependerá de cómo actúe el presidente Puigdemont. Si su propósito de confluencia se frustra tendrá que optar entre su militancia en el PDeCat y la dirección o presidencia o liderazgo (como quiera llamarse) de la Crida. Toda decisión tiene algo del dilema de Hércules porque no hay repetición. Y algo sentimental; la vieja militancia y los recuerdos de la infancia. Si te equivocas, no tiene arreglo. 

La dirección de la Crida, sin incorporación orgánica alguna, puede tener un aspecto positivo en la medida en que consolida su afirmación de ser una organización suprapartidista. Tan supra que no tiene ni un solo partido. Una ventaja de poco fuste. Mayor es la que tiene manteniéndose como Crida en una constelación de partidos políticos muy desiguales en todos los sentidos. La Crida sería entonces el partido de los sin partido. Pero partido. Esto no está claro por cuanto hay un propósito de convocar un congreso constituyente en septiembre en el que una de las cosas por decidir es convertirse o no en partido. 

Aun admitiendo la igualdad de trato de la Crida  con los partidos más o menos convencionales, hay algo definitivo que la diferencia de los demás: tiene fecha de caducidad. Habiendo alcanzado el objetivo propuesto, la República Catalana independiente, la Crida dejará de existir. No hay prueba más contendente de que los promotores desean la República Catalana, pero no quieren pronunciarse sobre su contenido. Eso es cosa de los partidos que prevén, obviamente, sobrevivir a la realización de la República para orientarla en uno u otro sentido. Lo cual es muy legítimo, pero secundario, no en lo cardinal sino en lo ordinal. Es como se dice en una de las increíbles canciones de Bertolt Brecht, algo como sobre la insuficiencia de las cuestiones humanas: "primero viene el comer; luego, la moral". Primero, la República; después, ya la vestiremos. Si el bloque independentista no fuera fiel reflejo de una sociedad desarrollada, compleja y conflictiva no sería nada.

Y llegados aquí, curiosa y curioso lectores, ¿de qué va esto? De una pregunta: ¿cómo se organiza ese rompecabezas de la política catalana en el que las piezas, a primera vista, no encajan? Muy sencillo, gracias al código secreto. El código secreto es el resultado de una conjura independentista, acordada en una noche de angustia y esperanza del 30 de septiembre al 1 de octubre de 2017, más conocida como 1-O. La clave con la que se abre el código y se entiende a la perfección la endemoniada política catalana es esta: Mandato 1-O. Aplicando esta clave el mensaje se lee: la unidad no se rompe. Seguim.

Si les ha gustado el relato, encomienden el alma del infeliz relator a San Ramón Nonato, su patrón y rescatador de cautivos. 

jueves, 19 de julio de 2018

La desobediencia es República

Aquí mi artículo de elMón.cat de ayer, titulado Tres niveles de "normalidad", justo cuando también ayer mismo se producía el incidente del Parlament en el que JxCat y ERC escenificaron un enfrentamiento a propósito de la substitución de los diputados suspendidos por Llarena, incluido Puigdemont, cosa que este no acepta, pues no está procesado por rebelión ni se encuentra en la cárcel. El enfrentamiento llevó a una suspensión sine die del pleno. Una crisis entre las fuerzas independentistas como las que suelen darse entre socios que, teniendo un objetivo estratégico común, discrepan de los medios tácticos. Pero en esta ocasión el choque es más virulento y tiene más visibilidad porque se produce cuando se acaba de lanzar la plataforma de Crida Nacional per la República (a la que, por cierto, se ha sumado Palinuro) que tiene la ambición de convertirse en un movimiento atrapalotodo republicano, que no es un partido político y que promete disolverse una vez esté realizada la República Catalana.

Lo sucedido ayer es una demostración sobrevenida de lo que se dice en el artículo. Los tres niveles de "normalidad" de que se habla en él son: a) el más bajo, el nivel de la autonomía raspada y bajo amenaza permanente de intervención del Estado vía 155 o como le dé la gana; b) el nivel intermedio o "nivel político", el de las relaciones entre los partidos, los juegos institucionales dentro del marco de la legalidad del Estado español, que es lo que se escenificó en el Parlament; c) el nivel nacional o de desobediencia y ruptura, que es el que traerá aparejada una decidida actitud de desobediencia que lleve  a unas elecciones anticipadas para consolidar la República. 

El texto en castellano: 


Tres niveles de “normalidad”
                                                                                                                              
Por muy aburrida que sea la palinodia del gobierno español sobre la necesidad de restablecer la “normalidad” en Catalunya, es obligado examinarla. Conviene saber exactamente a qué llama “normal” un gobierno cuyo presidente apoyaba no hace mucho fervorosamente la aplicación del muy anormal artículo 155 de la Constitución, o sea la dictadura constitucional. Por lo visto hasta la fecha los partidos nacionalistas españoles (los tres dinásticos del PP, el PSOE y C’s y Podemos) llaman “normalizar” la situación en Catalunya a la aceptación del hecho de que haya presos, exiliados y represaliados políticos producto de una farsa judicial movida por un plan de persecución política.
Nadie que no tenga un defecto de visión típicamente franquista, nadie que reconozca, aunque sea superficialmente, un Estado de derecho puede aceptar como “normal” una situación en que hay rehenes políticos. Nadie, tampoco, una en que el gobierno se reserva el derecho a recurrir al 155 discrecionalmente y, por tanto, mantiene sometida a una amenaza perpetua a la Generalitat. Solo el establishment político/mediático español, profundamente franquista (empezando por el PSOE) es capaz de llamar “normalidad” a la tiranía.
La situación que place al gobierno español es, en realidad, el primero de los tres niveles de “normalidad” que se viven en Catalunya. Es el nivel más bajo, el de la normalidad ficticia de una condición que oscila entre el retorno a la tiranía y la arbitrariedad del 155 y el más obediente, sumiso y bovino régimen autonómico.
Junto a este aparece un segundo nivel que puede llamarse el de los partidos políticos, el terreno de juego de las opciones ideológicas dentro del movimiento independentista. La clave de este segundo nivel de “normalidad” la da el propósito de estos partidos, singularmente ERC y CUP, de ir a posibles consultas electorales con listas separadas. No se quiere una lista única o de país, pero se actúa con el firme compromiso de hacer efectivo el mandato republicano del 1-O revalidado en las elecciones del 21 de diciembre a través de una coalición electoral.
Solo se pretende averiguar cuál sea el respaldo electoral de cada opción para hacer luego el correspondiente ajuste en la distribución del poder. La acción de las instituciones irá orientada a la implementación efectiva de la República Catalana pero en el marco de la legalidad española, claro. Cómo se haga compatible este respeto a la legalidad con la necesidad de acabar con la anormalidad de la existencia de presos/presas y exiliadas/exiliados políticos, nadie ha sabido explicarlo.
Esta opción implica un segundo nivel de normalidad, que se sitúa entre un autonomismo sumiso y otro más insumiso pero no hasta el punto de quebrantar la legalidad vigente. Se abre a una perspectiva independentista y republicana de contornos difusos, pues confía su plena realización a un futuro incierto, sin gran capacidad para articularse en propuestas concretas.
El tercer y último nivel de normalidad se produce con la aparición del nuevo movimiento, Crida Nacional per la República, cuya vocación es suprapartidista y transversal y que concibe su esencia como un movimiento instrumental y transitorio. Instrumental porque su único objetivo es hacer efectiva la República Catalana independiente de una vez por todas, sin otro tipo de reivindicaciones parciales políticas, económicas, sociales, etc. De hecho quiere verlas todas acumuladas en el adjetivo “Nacional”, por cuya razón, en la exposición de objetivos del manifiesto de la Crida, se han atribuido a la República Catalana prácticamente todos los objetivos de todas las demás orientaciones políticas con el claro fin de articular un movimiento en el que todas podrían sentirse a gusto.
La propuesta es asimismo transitoria pues se compromete a disolverse como organización cuando se haya conseguido su objetivo republicano. Se trata de lograr una independencia real dentro de la cual los partidos recuperarán su libertad de actuación particular. En realidad, este tercer nivel de “normalidad” se sitúa entre el autonomismo diríamos militante del segundo nivel y la provocación de un “big bang” republicano cuya exacta naturaleza está aún por averiguar. El periodo que este tercer nivel de normalidad se asigna va desde la constitución de la Crida como opción electoral hasta el resultado de unas elecciones anticipadas que, de dar un resultado positivo al independentismo, como es de esperar, se interpretará como el momento de realizar un acto concreto de soberanía. El primer acto de la República Catalana así constituida, será anular los procedimientos político-judiciales contra ciudadanos catalanes, liberar a los que se encuentran injustamente encarcelados y asegurar el retorno de los exiliados.

miércoles, 18 de julio de 2018

Remake

Pero, gentes desmedidas y atolondradas, ¿aún no habéis entendido que no hay crisis en Cataluña sino crisis en España? Buscad información. Leed prensa extranjera; mirad las televisiones mundo adelante; hablad con periodistas, políticos afuereños.

Es una crisis de España por una sencilla razón: así como la parte catalana del conflicto tiene una mayoría parlamentaria para un proyecto claro con amplio apoyo popular, la española carece de ambas cosas. No hay acuerdo de mayoría parlamentaria, como en Catalunya. Es extraordinariamente difícil que la propuesta de referéndum de Sánchez salga adelante en el parlamento, por no decir imposible, salvo que se dé la siguiente negociación: se propone un nuevo estatuto elaborado directamente por el Parlamento español. El Parlament catalán no tiene por qué intervenir pues es mayoritariamente partidario de la independencia. Luego, el Estatuto se presenta a votación de los catalanes en un referéndum con dos opciones: 1ª) el estatuto; 2ª) la independencia.

Es posible que, de seguir en ánimo dialogante, se pueda llegar a un compromiso de ese tipo. De momento, parece impensable y, desde luego, no cuenta con un apoyo social español apreciable. Ya solo la propuesta de un nuevo Estatuto en este conflicto resulta revolucionaria. Pero es revolucionaria como el romanticismo cuando volvía a la edad de la caballería andante. No es el estatuto el que está desfasado; es el mismo marco estatutario; es lo que llaman los constitucionalistas el "bloque de constitucionalidad". Tiene poco gancho salir prometiendo una rodela nueva cuando las normas del duelo han cambiado y lo que está en cuestión es el encaje de Catalunya en un Estado español por muy autonómico que sea.

 ¿No quedábamos en que el mito del eterno retorno era eso, un mito y que salvo Nietzsche, nadie daba la lata con él? Y esa es la idea que parece estar tras la propuesta: dar vueltas a la noria. Déja vu, dicen los viajados, remake los cinéfilos. Hasta habrá quien se acuerde de Marx y lo de la repetición en la historia, tragedia/farsa. 

La única posibilidad de  que esta propuesta salga adelante en el Congreso es la mencionada de que vaya acompañada de un compromiso de celebración de un referéndum vinculante en el que los catalanes puedan elegir entre la vía estatutaria o la de la independencia. Pero es solo vislumbrar esa posibilidad y que la derecha se cargue de razones para acusar a Sánchez de vender a la patria, desmembrar a España, entregársela a los filoetarras, indepes, terroristas y nazis supremacistas. Con ello pondrá en marcha su máquina favorita de pedir elecciones. En realidad, si no las ha pedido ya es porque los dos partidos estaban descabezados, el PP por falta de cabeza visible y C's por ser cabeza conmocionada. 

El bloque de la izquierda más los indepes puede resistir la presión y aguantar el gobierno unos meses mientras formula un proyecto en un tiempo razonable con una oferta explícita de una fórmula de articulación entre España y Cataluña. Y esa oferta se enfrentaría en referéndum a la de la independencia. Aunque parezca mentira, la oferta española tendría mucho gancho en el electorado catalán sobre todo si presenta un proyecto de estatuto que reconozca a Cataluña su condición de nación, así como el derecho de autodeterminación, ejercitable previo breve aviso mediante referéndum con mayoría absoluta. 

No obstante, sigo creyendo que la opción independentista saldría victoriosa por una razón de antes y otra de ahora. La de antes: las opciones estatutarias están ya descontadas por más audaces y originales que sean. Es la idea misma de estatuto, de inferioridad de rango legal lo que aquí se cuestiona. La razón de ahora es que el bloque independentista parte de un mandato popular formulado el 1-O y refrendado el 21 de diciembre cuyo horizonte es la República independiente. Ese bloque está en un proceso político muy complicado, de poder dual en España y reacomodo institucional en Catalunya. Existe la posibilidad de reponer a Puigdemont en la presidencia de la Generalitat. Hágase y lo más probable es que se ponga en marcha un proceso constituyente de la República Catalana.