martes, 18 de diciembre de 2018

El discurso del colonizador

¿Qué creerá este buen hombre que es una huelga de hambre? Por el modo de expresarse da la impresión de pensar que se trata de una barbacoa. El desconocimiento de las dimensiones políticas y sociales de este episodio corre parejo con la ignorancia de sus dimensiones humanas y morales. Carece de sentido llamar su atención sobre lo deplorable de su discurso así como tratar de explicárselo. Si no lo vio antes y no se apresura a pedir disculpas ahora, es obvio que la persona coincide con el personaje. 

La huelga de hambre ha revolucionado la revolución y abierto una etapa nueva de más intensa confrontación. La guinda la pone la decisión machoalfa de llevar el consejo de ministros a Barcelona protegido por las cohortes matritenses. Es una provocación en toda regla disfrazada de normalidad democrática. Si el consejo se reunió en Sevilla, ¿por qué motivo no en la otra punta, Barcelona? A Sevilla no fue necesario desplazar 9.000 policías. A lo mejor ese es un buen motivo. 

Hay más en la actitud de Sánchez; más harina colonial. Observen la condescendencia con que habla de los independentistas como si fueran  hirsutos miembros de tribus indómitas, incapaces de ponerse de acuerdo hasta para organizar una barbacoa. ¿De qué se puede hablar con gente incapaz de ponerse de acuerdo entre sí? Y ¿con quién? 

Ahí está, presto al diálogo, con la mano tendida, el líder de 84 diputados, habiendo perdido la mayoría que lo llevó al gobierno mediante moción de censura, sin presupuestos (a pesar del celestineo de Podemos), sin perspectivas y sin proyecto para Catalunya. Pero riéndose de la incapacidad de los colonizados rebeldes (como tales los juzgan unos jueces) para ponerse de acuerdo hasta en algo tan trivial como una huelga de hambre. 

Catalunya entera va a mostrar a Sánchez el próximo 21 el sentido de un acuerdo, un acuerdo que él, jactancioso, ha fijado en un 75% de la población y, en realidad, alcanza el 80%. Un acuerdo no de partido, ni de de grupo parlamentario, ni de coalición, ni alianza o asociación. Un acuerdo de una sociedad entera, en sus calles, ciudades, campos, empresas, vías públicas, etc. Un acuerdo masivo, pacífico, múltiple, con infinidad de variantes. Un acuerdo espontáneo, no impuesto, que deja en libertad a las partes para realizarlo a su manera pero convergiendo en un solo objetivo: rechazo a la presencia del ocupante y realización de un referéndum de autodeterminación. 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Las buenas formas

Eficacia garantizada y buenas formas. Hospitalidad ante todo. Bienvenidos a la capital del Mediterráneo occidental. La República catalana garantiza la seguridad de los ciudadanos residentes, transeúntes y turistas por igual. Vengan a lo que vengan. A gobernar un país imaginario, por ejemplo, o a protestar pacíficamente contra la presencia de esos gobernantes de imaginarios reinos. La calle es de todos; la ciudad es de todos y todos pueden ejercer sus derecho bajo la protección de la ley. De eso se encarga la República, de garantizar la seguridad y la libertad. 

En Barcelona se prepara un acto el 21 de diciembre de alto voltaje político. Iñaki Gabilondo se hace cruces por la ineptitud de la idea. Depende de lo que se busque. Si lo que se quiere es apaciguar los ánimos, claro, la idea es pésima. Pero si lo que se quiere es excitarlos, la cosa cambia. Apaciguar a alguien dándole un guantazo es poco probable; lo es mucho más enfurecerlo. Llueven los avisos de que esto es lo que se busca subrepticiamente: como el enredo no tiene solución, don Quijote carga contra el retablo de Maese Pedro. Y todo por los aires.

Da vergüenza verse obligado a señalar que esta actitud no tiene nada que ver con ningún criterio divino o humano de normalidad

Lo normal sería liberar a los presos/as políticas, permitir el retorno de los/as exiliadas, restituir a todos los represaliados, anular las causas y sentarse a negociar una solución política pactada, cuyo primer punto ha de ser un referéndum de autodeterminación.

Parece que los empresarios catalanes andan propiciando una reunión Sánchez-Torra. Quieren aprovechar la próxima reunión de Fomento del Trabajo y probablemente los invitarán a un ágape. Los patronos tienen fe en que el buen yantar amiga los ánimos. Habrá que regar el yantar con copiosos caldos porque las posiciones son antagónicas. Torra dice que quiere hablar de autodeterminación y Sánchez que el tiempo que Torra hable de autodeterminación, el lo hará del Estado del bienestar.

Es un diálogo muy prometedor. 

domingo, 16 de diciembre de 2018

Por la boca muere el pez

Todo el mundo pudo ver y escuchar el pasado miércoles al presidente del gobierno en el Parlamento diciendo al PDeCat y ERC "traigan una propuesta política que tenga el 75%" de apoyo" (al Parlamento, es de suponer) "y nosotros la valoraremos". "Valorar" no quiere decir aprobar o aplaudir o aceptar. Pero, al menos, quiere decir considerar, tomársela en serio. No obstante, el presidente aconsejaba, paternalista,  a estos jóvenes exaltados:"Pero primero hagan sus deberes y busquen un acuerdo". A su parecer, sin duda, conseguir un 75% de apoyo en Catalunya a alguna propuesta de los indepes debe de ser tarea hercúlea. Por eso recomienda a PDeCat y ERC buscar un acuerdo, sin duda con la población no secesionista, ya que pedirlo entre ambos, que lo están de antemano, es absurdo hasta para Sánchez. Y, como este supone que un 75% de acuerdo en Catalunya por la independencia es  imposible (aunque esté por ver), el problema queda limpia y elegantemente resuelto. 

Lo malo (o bueno, según se mire) es que ese acuerdo ya existe, tiene un apoyo del 80% y se ha presentado en repetidas ocasiones no obteniendo otra respuesta que el 155 y una permanente amenaza de estado de excepción de hecho. Sobre ello editorializa asimismo Ara con mucho tino afirmando que el consenso que reclama Pedro Sánchez ya existe. Por tanto, la pregunta es, ¿por qué no hace lo que dice? Si pide un acuerdo del 75% y lo tiene del 80%, debe valorarlo. Valorar la realización del referéndum que piden ocho de cada diez catalanes. Sin duda la valoración será negativa y de rechazo. Pero tendrá que decir por qué. ¿Por qué no pueden hacer los catalanes lo que hicieron los quebequeses y escoceses? 

Y ahí está el problema, en que el gobierno, el Estado, no tiene razones convincentes para oponerse al referéndum salvo una y esa no puede confesarse pues es el temor a perderlo. 

La encuesta que publica Ara, que trae también datos apabullantes en cuanto al rechazo popular a la represión, mantiene el apoyo a la independencia en el 47,7%, más o menos, el porcentaje de las elecciones del 21 de diciembre de 2017. No se ha movido gran cosa. No habría de haber temor al referéndum. Pero una encuesta del Institut de Ciències Polítiques i Socials que ha hecho GESOP da un 59,6% en favor de la independencia en una consulta ahora mismo. 

Con estos datos sobre la mesa es claro que el Estado no aceptará un referéndum de autodeterminación en ningún caso. Es más, está dispuesto a hacer lo que sea, hasta trasladar 9.000 piolines a Barcelona para un pic-nic deel consejo de ministros, a ver si se arma un bochinche y se puede intervenir, suspender, cerrar, clausurar, inhabilitar y, llegado el caso, encarcelar a quien corresponda para restaurar la normalidad en Catalunya. La verdadera y tradicional normalidad de Catalunya bajo la dominación del Estado español.

Es esencial, por tanto, que la resistencia del independentismo en todo el país sea pacífica, absolutamente no violenta. Que la razón de la fuerza no pueda vencer a la fuerza de la razón. Que no se dé pretexto al Estado para imponer por la violencia un orden que la mayoría del electorado rechaza.

La entrevista de los dos presidentes es prescindible a fuer de ridícula. El cónsul se presenta en la provincia al frente de sus legiones y llama a capítulo al procónsul. ¿Y qué van a decirse? ¿Y cuándo va el cónsul a tomar declaración al procónsul, antes o después de reunirse con sus ministros? Llévese el cónsul sus legiones, reúna su conciliábulo en otro lugar del imperio y acuerde una entrevista normal de presidente a presidente para abordar el mayor conflicto constitucional que ha vivido España desde la muerte del invicto.  

Dicen los voceros del régimen que los independentistas quieren muertos. Es un típico acto fallido. Son ellos los que los quieren y para eso traen fuerza armada. Por tal motivo, ni el más mínimo pretexto para que le den gusto al gatillo. Movilizaciones, desobediencia, resistencia pacíficas. Hay batallas que se ganan no dándolas. Táctica fabiana. 

sábado, 15 de diciembre de 2018

La libertad y la necesidad

La revolución catalana está cambiándolo todo, empezando por el propio concepto de revolución. La independencia de Catalunya es un proyecto colectivo que suscriben más de dos millones de electores, según el último recuento fidedigno de las elecciones de 21 de diciembre de 2017. Los resultados fueron, y son, de mayoría independentista en el Parlament, que es sede de la soberanía popular, órgano legislativo y donde se toman las decisiones de gobierno. Mayoría independentista que el nacionalismo español no acepta, asegurando que no es mayoría social (como si eso fuera relevante en un sistema parlamentario), pero no permitiendo tampoco que se celebre un referéndum, que sería una forma razonable de salir de dudas o de que los nacionalistas españoles salieran de dudas, porque los demás no las tenemos.

Y, como no acepta el resultado de las últimas elecciones, ese nacionalismo español (el gobierno de antes, el de ahora, el Parlamento, los partidos, los tribunales, los medios) recurre a todo tipo de trucos para obstaculizar su realización. Ha recurrido decisiones del Parlament, inhabilitado diputados, obstaculizado medidas, prohibido delegaciones. Dice tener una actitud dialogante y buscar propuestas políticas para el entendimiento, pero no ha puesto en práctica nada de lo dicho.  

Además de en el terreno de las mayorías/minorías, o sea, el colectivo, la revolución catalana tiene un elemento componente fuertemente individual. Incorpora actitudes personales y proyectos de vida que se entrelazan con la acción colectiva. Su método radicalmente pacífico la afinca en el terreno del humanismo y el humanismo es, ante todo, la prioridad del individuo, de la dignidad del ser humano en la tradición de Pico della Mirandola. No sería ella misma la revolución si, centrada en el logro colectivo, olvidara este aspecto de la centralidad de la persona.

La huelga de hambre de los cuatro presos políticos no es una decisión colectiva, orgánica o de partido (por más que los cuatro tengan notable coincidencia política en el independentismo conservador), sino sendas decisiones personales, individuales. Tienen por tanto el valor y la dignidad de los actos individuales. 

He leído unas declaraciones desafortunadas de Joan Tarda, afirmando que las huelgas de hambre no son necesarias. Saltan docenas de preguntas: necesarias ¿para qué? ¿Para un proyecto colectivo? ¿Quién lo decide? ¿Quién decide qué es necesario en un proyecto colectivo en el que se integran tantas y variadas relaciones? ¿Qué quiere decir necesario? ¿Obligado, contrario a la libertad?

No merece la pena contestarlas. Esas declaraciones jamás debieron hacerse. Pero, pues están hechas, merece la pena recordar que la huelga de hambre es un decisión personal de tremenda trascendencia. Impresiona saber que hay gente capaz de jugarse la libertad por sus ideas. Impone respeto saber que la hay capaz de jugarse también la vida.  Considerar que esa decisión no es necesaria equivale a ignorar en qué consiste la dignidad de las personas, capaces de convertir la necesidad en libertad..

Este gobierno ya ha superado al anterior en ineptitud. Lleva dos semanas tratando la huelga de hambre como un asunto de importancia menor, de sección penitenciaria porque, como siempre, no sabe nada del problema que encara. Como se apresta a hacer lo mismo en el futuro inmediato, cabe ir avisándole: en el plazo de diez días, aproximadamente, o el que decidan los médicos se planteará la cuestión de si se procede a la alimentación forzosa o no de los huelguistas. 

Esa será una decisión que habrán de tomar los gobernantes, los que han traído al país a esta situación agónica. Y no podrán escudarse tras decisiones judiciales o informes médicos. Son los gobernantes quienes tienen que decidir entre la vida y/o muerte o salud de unas personas dignas, injustamente encarceladas y dispuestas a jugárselo todo por sus ideas políticas. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

Normalidad

La última vez que el ministro del Interior desplazó fuerza de la Policía Nacional y la Guardia Civil, fueron diez mil agentes a reprimir una votación. Esta resultó ser una rebelión, según han deducido águilas judiciales, apoyada ladinamente en la violencia que aquellos 10.000 se vieron obligados a emplear muy a su pesar. Por su hazaña son hoy más conocidos que los  de la Anábasis de Jenofonte, como los piolines,. El feliz nombre ha dado origen a una categoría de las fuerzas de seguridad. Piolín: dícese del agente de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado destinado transitoriamente en Barcelona y acuartelado en algún imaginativo lugar a la espera de la voz de mando, "¡A por ellos!".

Este contingente tiene mil efectivos menos y, aun así, es desmesurado para su función principal, proteger el consejo de ministros, excepcionalmente reunido en Barcelona contra todo buen consejo y con un evidente ánimo de provocación. Resulta ridículo que sean necesarios 9.000 policías para proteger el consejo de ministros en su propio país. En una época en que no hay dinero, dicen, para las escuelas, esto es un despilfarro insultante. Tanto más si se hace con un ánimo testicularmente hispánico respetuoso con la diversidad lingüística del país: "el consejo se celebra en Barcelona por collons". 

Tan absurda es la decisión y el overkilling del gobierno que se trasmite la sospecha de que los 9.000 no van solo a proteger a los gobernantes sino a enfrentarse a los anunciados manifestantes de toda laya y condición que se han dado cita también en Barcelona el 21 con los más diversos propósitos. 

En principio es esencial que nadie olvide que todos los actos, protestas, manifestaciones serán pacíficos y que actuar, protestar y manifestarse son derechos de los ciudadanos/as. Es de esperar que no haya intervenciones de la fuerza pública y, si las hay, solo por episodios de violencia y es de esperar también que no sea ella la que los inicie.

Negros augurios para el día 21, convertido en duelo singular gracias a la ligereza de un gobierno de sietemachos. A lo largo de estos días, aparte de las declaraciones incendiarias, habrá tiempo de estudiar la incompetencia de haber puesto fecha a la ruptura de hostilidades en un territorio que no se puede controlar. El 21, el grueso de la acción se concentrará en Barcelona, pero es muy probable que haya movilizaciones y actos por toda Catalunya. 

Un Estado que necesita 9.000 policías para proteger a su gobierno no puede decir que viva en condiciones de normalidad bajo ningún concepto.

Después de siete meses, ya podía haberse dado cuenta. 

Avui, Palinuro a Berga

Una xerrada a Berga, al pavelló de Suècia, a les 8 del vespre. Ens esperen moments complicats, difícils. El 18 que ve comença la farsa judicial contra els presos polítics. Suposo que tots ells habràn de comparèixer davant els jutges, peró, atés que el procés durarà molts dias, no sabem si alguns dels que van fer vaga de fam estaran en situació d'hi anar. La farsa judicial tirarà llavors més en direcció al drama. 

Si sotmetre a persones innocents a un judici penal es una indignitat, fer-ho amb persones afeblides en la seva salut per la tortura de la vaga de fam es encara pitjor.  Una prova més de que, lluny de ser un Estat de dret, España sigueix sent un Estat torturador, regit por una oligarquia franquista i criminal.

Només amb la Repùblica y l'indepèndencia alliberarem els nostres presos i presas, exiliats i exiliades, embargats y embargades.

Ens veiem a Berga.