miércoles, 21 de febrero de 2018

La dictadura del B155 va por todas

Salvando todas las distancias.

En noviembre de 1931, Louis Aragon, poeta surrealista y comunista publicaba un largo poema titulado Front Rouge (Frente Rojo) en la revista Littérature de la Révolution mondiale, editada en Moscú. Entre otras cosas de diverso calado, en él se decía: "Feu sur Léon Blum/Feu sur Boncour Frossard Déat/Feu sur les ours savants de la social-démocratie/Feu feu j’entends passer/la mort sur Gachery Feu vous -dis-je/Sous la conduite du parti communiste/SFIC/vous attendez le doigt sur la gâchette/que ce se ne soit plus moi qui vous crie/Feu/mais Lénine/le Lénine du juste moment"

"Fuego sobre Léon Blum/Fuego sobre Boncour Frossard Déat/Fuego sobre los osos sabios de la socialdemocracia/Fuego fuego oigo pasar/la muerte por Gachery Fuego os digo/bajo la dirección del Partido Comunista/SFIC/esperáis con el dedo en el gatillo/que no sea yo quien os grite/Fuego/sino Lenin/el Lenin del momento exacto".

Dos meses y medio después, el poeta es procesado por "incitación a la desobediencia a los militares y al asesinato con fines anarquistas" con una petición de cinco años de prisión. De inmediato, protestas masivas de intelectuales con actos y manifiestos, encabezados por André Breton quien, con este motivo, escribió algunos de sus mejores textos sobre la relación entre la poesía y el arte en general con la política. Un interesante debate dentro del surrealismo en torno al arte comprometido. La consigna que todos suscribían era (y sigue siendo) el arte, la poesía, no delinquen.

La causa fue sobreseída. Justamente. La poesía no delinque. Innecesario discutir la cuestión a la que tan aficionados son los espiritus más lerdos, los que cuentan los pelos del rabo de la esfinge, como decía Unamuno, de qué clase de poesía, si la más excelsa o la más arrastrada. Poesía es todo. Poetas son todos, los aedas, los trovadores, los bardos, los juglares, los raperos. La poesía no delinque.

Hay, sin embargo, tipificados unos delitos, siguen aquellos espíritus, antes de dictar sus sentencias, que encajan en los contenidos de unas u otras poesías y, mientras esos delitos existan, por manifiestamente injustos que sean (injurias a la corona, blasfemia, enaltecimiento de esto o aquello), los jueces están obligados a actuar. Si no se quiere que alguien vaya a la cárcel por estos motivos, lo lógico es reformar el Código Penal, pero no pedir a los jueces que inapliquen la ley. 

No es así. No se trata de inaplicar la ley, dejando sin castigo unas conductas delictivas, sino de interpretarla con sentido común que es lo mínimo que puede pedirse a los jueces. Se trata de que no hay delito en los raps de Valtonyc o Pablo Hasel. La poesía no delinque. 

Aun admitiendo que hayan de invocarse unos delitos que se consideran absurdos, la cuestión es que la aplicación sin más de la ley puede ser y es injusta. Los jueces podrían atender a la equidad ya que la consideración de qué sea y qué no sea "injuria", "incitación" y "enaltecimiento" es altamente subjetiva, cosa obvia, lo que permitiría dejar en libertad a los acusados por razón de, digamos, menor gravedad del hecho. 

Podrían, pero no es necesario porque no hay delito alguno. Ni injurias, ni enaltecimiento, ni nada. La poesía no delinque porque, no saliendo del terreno del habla, carece de carácter performativo. Ni Aragon era un jefe de pelotón de fusilamiento que ordenara abrir fuego sobre Léon Blum ni Valtonyc es un jefe terrorista que ordene un atentado. La poesía no delinque. Si queda alguna duda a los señores jueces, que vuelvan a leer las letras del rapero teniendo en cuenta no solamente el Código Penal sino el rap en sí como composición. Si lo que ahí se dice lleva al autor a la cárcel, en la cárcel debieron dar los futuristas, los surrealistas, De Sade (que, de hecho, estuvo), Quevedo (que también), Vian, que iría a "escupir sobre vuestras tumbas". Habría que reescribir la historia de la literatura como la historia del crimen.

Venga ya. 

La dictadura española y cómo combatirla

Aquí, mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado España y Turquía, un mismo combate. Es un comentario sobre la muy sensata decisión de Anna Gabriel de exiliarse en Ginebra dado que en España no puede esperar un juicio justo. Y no puede esperarlo porque, a estas alturas de la aplicación del 155, en el Estado español no queda nada de democracia, de Estado de derecho, de separación de poderes, de debido proceso, garantías procesales, habeas corpus, libertad de expresión, seguridad jurídica. Nada. Nada de nada. El país es hoy una dictadura personal de un tipo, incapaz de hablar de modo inteligible y acusado de cobrar sobresueldos en B al frente de un partido de delincuentes, con el Parlamento sometido, la oposicion a su servicio y los jueces prevaricando a su directo dictado, mientras las bandas de fascistas bajo su control cometen todo género de agresiones callejeras, pero los que van a la cárcel son siempre los de izquierdas, como Pablo Hasel y Valtonyc,.

Estando el país en manos de esta tropa de delincuentes políticos, mediáticos, judiciales y policiales, lo mejor que puede hacerse es lo que ha hecho Anna Gabriel, no aceptar el fascismo judicial y abrir un segundo frente internacional a este gobierno de indeseables.

Así avanzará la República Catalana, ejerciendo el derecho de resistencia a la tiranía, desobedeciendo pacíficamente, no dejándose avasallar por los peores delincuentes que cabe imaginar: los jueces injustos.

Aquí la versión en castellano.

España y Turquía: un mismo combate

A estas alturas ya estarán las tres “emes” (macarras, matones y mercenarios) que el gobierno de la Gürtel tiene en los medios vomitando bilis y estupideces en contra de Anna Gabriel, por exiliarse en Suiza. Una más que añadir a la lista de ataques de esta caterva de venenosos cantamañanas. Su tema: la CUP, Puigdemont, el PDeCat, Junqueras, la ERC y Catalunya en conjunto. Trabajo no les falta. Por eso, el PP y el gobierno de la Gürtel los pagan regiamente con el dinero público que les sobra de lo que van robando a diario en todas partes. Ese es el frente mediático más vociferante del bloque del 155 (B155)

Luego está el otro, el aparentemente más equilibrado, menos vulgar y chabacano, el que dicen “de nivel europeo”, como el grupo Prisa, igual de vendido a la derecha nacionalcatólica, de la que depende económicamente. Tiene una cada vez más imperceptible diferencia de forma con el otro y trata de revestir de una pátina de respetabilidad, academicismo y moderación las estúpidas diatribas cuartelarias de aquel. Pero su fin es el mismo: mentir, falsear la realidad, amenazar a la gente y legitimar la arbitrariedad y la injusticia.

Ambos coros mediáticos, el carcunda y el “liberal”, tratan de colar como incuestionable un mentira cada vez más evidente a ojos de todo el mundo: que el país es una democracia y un Estado de derecho. Quienes desobedecen las leyes, democráticamente aprobadas en parlamentos representativos, aun teniendo protegidos sus derechos, son perseguidos y castigados por unos jueces justos e independientes porque en España se respetan los derechos individuales y hay separación de poderes.

Falso. España está a la altura de Turquía, o más abajo, incluso, en cuanto a garantías jurídicas, derechos y libertades, como confirman todos los indicadores internacionales. El país está gobernado por una asociación de malhechores que ha pervertido los fundamentos del Estado liberal y democrático de derecho, anulando el Parlamento, comprando a los medios y se vale de los jueces como comisarios a sus órdenes.

La prueba más evidente la muestra la propia judicatura que actúa no solo como justicia política, sino claramente como justicia de clase. Se persigue a los/las independentistas y a la izquierda no domesticada (raperos como Hasel o Valtonyc), pero no a las bandas fascistas y parapoliciales que agreden a la población civil. Con más de 100 actos de violencia fascista/españolista probada, filmada e identificada hasta la saciedad, no hay ni un procesado por ello.

Es lógico. Son los suyos. Ninguno de los fascistas que asaltaron Blanquerna está en prisión porque son parientes de los gobernantes de la Gürtel.

La decisión de Anna Gabriel de no entregarse a merced de una justicia al servicio de la dictadura del 155 añade fuerza a la estrategia de internacionalización que en su día adoptara Puigdemont, y pone en evidencia ante el mundo lo que venimos señalando: el país es una dictadura de hecho de una asociación de malhechores apoyada por unos partidos políticos tan corruptos como aquella, el PSOE y C’s por activa y Podemos por pasiva, y sostenida en la tiranía de una mayoría española en contra de la minoría nacional catalana.

Los casos de Pablo Hasel, Valtonycc, diversos tuiteros y titiriteros, todos en la cárcel o a punto de entrar en ella, mientras que las bandas fascistas de amigos y parientes de los gobernantes campan a sus anchas, demuestran que si eres de izquierda, en España no puedes esperar justicia. A este respecto, el país es peor que Turquía. Es, como se ha dicho reiteradamente, una monarquía bananera y de bananas podridas. Pero si eres independentista catalán, de izquierda, centro o derecha, es todavía peor. La falta de justicia se intensifica hasta convertirse en una persecución criminal a cargo de unos “jueces” que actúan como comisarios del poder político corrupto, que prevarican desvergonzadamente, se inventan los delitos o violan el debido proceso legal y hasta las garantías del habeas corpus..

Eso es lo que el mundo está viendo hoy cuando, al exilio de Carles Puigdemont et al. en Bélgica, se ha sumado el de Anna Gabriel en Suiza. Es público y notorio que España está gobernada por presuntos delincuentes bajo forma de una dictadura neofranquista, nacionalcatólica y centralista que Europa conoce muy bien. Por eso es ya urgente e imprescindible que la UE tome medidas en defensa de los derechos de una población civil a merced de una banda de malhechores.

Y ha de hacerlo Europa porque ningún partido estatal del arco parlamentario español está dispuesto a controlar al gobierno y sus jueces de presa. Al contrario, tres de ellos lo apoyan y jalean mientras el cuarto, Podemos, trata de ocultar su acuerdo de base con la represión antiindependentista promoviendo debates de otro tipo que alejen el foco de lo que realmente importa, esto es, la persecución seudojudicial de unos ciudadanos por su sus ideas y prácticas independentistas.

En el Estado español, para ser libre hay que estar en la cárcel, como los dos Jordis, Oriol Junqueras y Joaquim Forn, o en el exilio, como Carles Puigdemont, Clara Ponsatí, Toni Comin, Meritxel Serret y Lluís Puig y ahora Anna Gabriel.

Para vaciar las cárceles de presos políticos y traer las exiliadas hay que estar dispuestos a entrar en ellas o a exiliarse.

martes, 20 de febrero de 2018

El don de lenguas


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Este vídeo vale más que 100.000 himnos arreglados por la cabra de la la legión o alguna de sus sustitutas.

Y, aunque los españoles de los sobresueldos lo ignoren (como ignoran todo lo demás) hace más por conseguir el entendimiento entre las naciones de España que todas las aflautadas tonterías del atildado y rollizo ministro de deseducación e incultura que padece el reino. Sobre todo ahora que pretende meter sus manicuradas extremidades superiores en donde no tiene ningún derecho.

Ese es el mensaje

Arrecia el ataque ilegal contra Catalunya desde el B155. Tiene dos fines complementarios e imposibles. De un lado, poner algún tipo de orden presentable en Europa en el desastre que él mismo ha organizado por su incompetencia y su autoritarismo. De otro doblegar un movimiento pacífico y democrático respaldado por una mayoría social de más de dos millones de personas. Para lograr a la desesperada estos dos fines, el B155 esta dispuesto a emplear todos los medios. Iba a añadir "legales" e "ilegales" pero, al hacerse en virtud del uso ilegal del 155, ya no hay medios legales; todos son ilegales. No hay juego limpio y sucio; todo es sucio. El fin justifica los medios.

Después de las noticias aparecidas sobre el imán de Ripoll (a sueldo del CNI), es obligado seguir pidiendo explicaciones al gobierno sobre lo que sabía del atentado, como han hecho Rufian en sede parlamentaria y Puigdemont desde el exilio, máxime cuando hay quien sostiene que el Mossad informó al CNI de un atentado inminente en Barcelona y lo vinculó expresamente al tal imán, Abdelbaky Es Satty. La interpretación que suscita el silencio del gobierno por un lado y su implicación en maniobras de intoxicación por otro es siniestra. Pero aquí cabe esperar todo de un gobierno cuyo presidente dice que "no le consta" que en España haya decenas de miles de personas asesinadas por los suyos y enterradas en fosas anónimas, de las que hay pruebas estremecedoras en todo elpaís.

Con gente así puede y debe esperarse cualquier cosa. El frente judicial del B155 sigue en frenética persecución del independentismo, cada vez más enfangado en un proceso político concebido como una causa general contra una ideología, como en los tiempos de la Contrarreforma, que son los suyos. Ayer, Rovira, a la que todos daban por presa incondicional, como Junqueras, pilló al juez de buenas y salió en libertad bajo cuantiosa fianza. A cambio, la combativa jueza Lamela reaparece por otro lado con ánimo de encarcelar el viernes al mayor Trapero. Ya no se sabe cuántos jueces y fiscales andan a la caza y captura de independentistas, con qué motivo ni con qué consecuencias. Habrá que ver qué pasa también con los dibujantes de viñetas que, por ahora, a diferencia de los cantantes como Pablo Hasel, Valtonic y tuiteros diversos, están saliendo de rositas.

La persecución judicial del independentismo no solo se articula en téminos procesales y jurídicos en general sino que tambien tiene una repercusión mediática agresiva. No es infrecuente que las declaraciones "se filtren" a las horas de producirse y proporcionen titulares a los medios todos en la misma dirección: los declarantes se rajan, se arrepienten, se acusan unos a otros y están poco menos que a tortas. No se desdeñan los golpes más bajos, en lo sentimental y personal de gentes que están siendo objeto de un tremendo atropello. Tratan de conseguir desestimientos individuales porque, como buenos represores, ignoran que los/las encausados/as harán lo que estimen oportuno, el movimiento lo respetará y, si alguno decide hacerse a un lado, otra ocupará su lugar. Es la más absoluta ignorancia de la política como compromiso personal.

Y, claro, no consiguen nada. El movimiento continúa, es imparable y la República Catalana va afirmándose en condiciones de cerrada hostilidad e injusticia.

Apenas conocida la decisión sobre Rovira se hacía pública una carta suya y de Junqueras a la militancia de ERC en la que anuncian que "nunca renunciarán a sus convicciones" y piden que no se dé pábulo a las maniobras divisionistas del PP. Nadie desiste. Nadie se divide. Esa es la respuesta, el mensaje a las maniobras judiciales y la agresión mediática. No hay marcha atrás.

Hoy se debate en el Parlament la propuesta de reforma de la ley de la Presidencia para permitir la investidura telemática de Puigdemont. Este ya va perfilando un conjunto de competencias como "Presidente de Catalunya" en el exilio. Son los indepes quienes marcan los tiempos, quienes adoptan las decisiones porque para eso ganaron las elecciones del 21 de diciembre, aunque el PP, el PSOE y C's estén empeñados en ir en contra de los resultados.. 

Entre tanto, Anna Gabriel abre otro frente diplomático en Ginebra. Acaba de anunciar que no piensa acudir a la declaración, cosa de esperar, sobre todo a la vista de que los tribunales pretenden seguir encarcelando gente en aplicación del derecho del enemigo como ya está previsto que se haga con el mayor Trapero. Dice un periódico que "huye de la Justicia" y se quedará en Ginebra.  Fuera más propio decir que huya de la Injusticia, pues eso es lo que hay por estos pagos, clase práctica de lo que decía San Agustín de que, "cuando no hay Justicia, el Estado no pasa de ser una banda de ladrones". Como si lo hubiera escrito hoy mismo.

La presencia de otro foco de activismo indpendentista en el extranjero, esta vez en Suiza, concretamente en Ginebra, en donde está la sede europea de las Naciones Unidas, refuerza el proceso de internacionalización del conflicto. Y, sobre todo, de europeización. Será interesante ver cómoi explica Dastis en el país de los referéndums que en España hay más de mil heridos, más de seiscientos imputados, cuatro personas en la cárcel, tres en el exilio, cuatro embargados, un gobierno destituido y un estado de excepción en marcha para impedir un referéndum que no solamente han ganado los independes una vez, sino cuatro.

Fíjense qué enfrentados y desunidos están las tres fuerzas independentistas que siguen actuando al únisono y en coordinación con el Parlament. 

lunes, 19 de febrero de 2018

El independentismo es delito

La situación en España como presunto Estado de derecho democrático se deteriora por días. La actividad represiva del B155 en todos sus frentes, político, económico, mediático, policial, judicial ha generado una situación de inseguridad jurídica en Catalunya para todos quienes directa o indirectamente tengan algo que ver con el independentismo. Ya nadie sabe qué están investigando los jueces, ni qué en concreto buscan las diversas policías en sus requisas por doquiera y sin aviso, al margen de que, mucha veces, estas medidas carecen de objetivo concreto pues su finalidad es exclusivamente intimidatoria. 

Nadie sabe de qué pueden acusarlo. Hasta la fiscalía reconoce que aún no tienen claro el tipo delictivo que aplicarán a quienes, sin embargo, mantienen en prisión. Por razones políticas evidentemente. Como rehenes que son. El tratamiento judicial de los procesados es arbitrario y desconcertante, más parecido a los criterios inquisitoriales que a los de una justicia moderna. Nadie puede estar seguro en estas condiciones. Es una situación más próxima a la de las lettres de cachet del absolutismo que al Estado de derecho. Diversos jueces, en una muestra de activismo casi persecutorio, llaman a declarar a políticos, representantes, funcionarios, profesores, magistrados, concejales, artistas, sin que nadie tenga claros los motivos: el 1ºO, el 27 O, las convicciones de cada cual. 

La arbitrariedad de las autoridades políticas  no es menor con el entusiasta apoyo de la oposición parlamentaria en el B155. Tampoco sabe nadie qué permitirá o qué prohibirá el gobierno o en qué iras de qué ministerio incurrirá. El B155 es de una beligerancia suma contra Catalunya. No solamente no se habla de negociación; ni siquiera de diálogo. El panorama es de confrontación a muerte, de proyecto de aniquilación de Cataluña. Las intenciones de intervenir la educación y controlar los medios públicos de comunicación, añadidas a la campaña anticatalana de todos los medios de comunicación dejan bien claro que la acumulación de ataques en todos los frentes pretende acabar con el independentismo. 

No se atreven a tipificarlo como delito pero todo lo que hacen prueba que así lo consideran. Y lo llevan adelante con una dictadura camuflada bajo la aplicación de un artículo de la Constitución, el 155 que, según la interpretación reinante, da al gobierno la posibilidad de imponer la ley saltándose la ley y decidiendo a su capricho qué es y qué no es la ley. 

Perdieron las elecciones del 21 de diciembre que, en su infinita soberbia, creían que ganarían, y no tenían plan B. El plan B ha resultado ser la imposición en Cataluña de la dictadura del 155. Y, de paso, en toda España, pues ningún Estado de derecho será tal si en una parte de su territorio rige la arbitrariedad y la tiranía. 

La confusa causa general que, contra toda razón y derecho, se sigue a los independentistas es, en realidad, una causa al independentismo. Un proceso político/ideológico que tipifica como delito otra ideología con el derecho que da el ser el más fuerte. Resulta absurda porque, llevada a sus últimas consecuencias, tendrá que investigar y procesar a más de dos millones de personas. Anímense: en principio todos los que votaron voluntariamente en un referéndum ilegal fueron cómplices de ilegalidad. Procésenlos. Tendrán que hacerlo porque el procedimiento de empapelar judicialmente solo a los representantes, basado en la muy ruin esperanza de que actúe como ejemplificador, no funcionará y a represente indepe procesado seguirá otro representante indepe. 

 De la tiranía al ridículo no hay más que un paso. El que darán cuando intenten prohibir asociaciones inependentistas, suprimiendo el derecho de asociación, tras haber suprimido el de expresión y el de sufragio.

Todo eso no ha servido de nada, ni servirá, mientras el bloque independentista mantenga incólume su principal fortaleza: su unidad. Es esta la que, en las arbitrarias e ilegales condiciones en que se encuentra, le permite seguir manteniendo la iniciativa política y marcando los tiempos. La posible apertura de otro frente político-jurídico en Suiza, según la decisión que adopte la CUP, supone un paso más en la internacionalización de un conflicto que ya está pidiendo a gritos la mediación europea.

La tragedia española

Lucía Palacios y Dietmar Post son dos cineastas radicados en Alemania, al frente de una activa productora, Play Loud Productions que, entre otras cosas presta una atención especial a los asuntos españoles, singularmente en materia de memoria histórica, pasado y presente franquistas y justicia postransicional. Hace un par de años rodaron un impresionante documental Franco's Settlers que hurgaba en un problema que los españoles no quieren encarar ni acaban de digerir: el apoyo social a la más sanguinaria, brutal, estúpida tiranía de las que el país ha padecido. Un punto de esta vergüenza que es el servilismo tradicional de los españoles.

Palacios y Post vuelven ahora con otro excelente film que documenta otro punto dramático de esa larga y siniestra noche genocida de la que el país no ha conseguido librarse. Al contrario, pesa sobre la conciencia de los españoles (todavía divididos entre víctimas y victimarios) como Marx decía que pesaba la memoria de los muertos sobre los vivos en el Dieciocho Brumario.  La película no hace concesiones a conveniencias de ningún tipo, explica las circunstancias que trata y deja claro un hecho terrible: a los 80 años del fin de la guerra civil, decenas de miles de republicanos asesinados por los fascistas siguen en las fosas comunes mientras que el asesino reposa en un monumento que nadie se ha atrevido a tocar aunque es un insulto al sentido universal de la justicia . Y lo hace con elegancia y un raro sentido de la estética cinematográfica.

El film se estrenará el próximo mes de junio y los autores andan buscando salas de proyección para entonces. Si alguien tiene propuestas que hacer en Play Loud Productions las escucharán encantados. Su plan es que se vea por toda España. Están animados del espíritu de las Misiones Pedagógicas de la II República.

En 1939 terminaba una guerra civil que había empezado como un golpe de Estado del ejército al viejo estilo de los militares africanistas. El golpe fracasó en su primer intento a causa de la resistencia armada del pueblo y se convirtió en una atroz contienda de tres años que la oligarquía nacionalcatólica impuso a la República y los partidos y fuerzas populares que la apoyaban. Terminó con el triunfo total de los sublevados (que se llamaban a sí mismos nacionales) con la ayuda decisiva de los nazis alemanes, lo fascistas italianos y los "corporativistas" portugueses. La rendición incondicional de la República dejó el país entero, combatiente y no combatiente, a merced del bando vencedor que, durante los siguientes 35 años, no mostró ninguna.

España es el único Estado en donde el fascismo no fue derrotado ni sus crímenes juzgados y condenados. No hubo un Nurenberg español. Abandonado por los aliados después de la Segunda Guerra Mundial, se tomaron medidas de aislamiento diplomático a raíz de la condena de la ONU en 1946; medidas contraproducentes pues castigaron mucho más a la población que al régimen. Este retornó poco a poco a la esfera internacional en 1953, gracias al concordato con la Santa Sede y el tratado de "asistencia mutua" con los EEUU, y en 1955 con el ingreso en la ONU. Pero nada de eso supuso que la comunidad internacional se ocupara de mitigar el brutal tratamiento que Franco daba a la famosa otra media España.

Durante cerca de 40años, el país estuvo gobernado por un militar felón que estableció una dictadura de delincuentes, basada en la represión y el terror. En esos cuatro decenios los españoles vivieron carentes de los más elementales derechos civiles y políticos normales en los países civilizados: libertad de expresión, de sufragio, de información, de asociación, derecho al juicio justo, habeas corpus, etc. No eran ciudadanos, sino siervos. Los estudiosos discrepan acerca de la caracterización teórica del que empezó llamándose Estado Nuevo, plagiando la fórmula del dictador Oliveira Salazar en Portugal: para unos fue totalitario; para otros, autoritario; para otros, una mezcla. Pero lo que en la teoría era brumoso, en la práctica tenía la claridad de la realidad más brutal: 185 campos de concentración, medio millón de presos, unos 150.000 ciudadanos y ciudadanas asesinados sin juicio o con simulacros de tales y enterrados en fosas anónimas a lo largo y ancho del país, lo que da a este la siniestra honra de ser el segundo en este tipo de delitos, detrás de Camboya.

Cuarenta años de gobierno ilegal que, sin embargo, dictaba las leyes por las que se montó un remedo de Estado desde las normas constitucionales (como los Fueros, etc) hasta la legislación ordinaria, todo lo cual era, en sentido estricto, ilegal por ilegítimo. Este es el fondo último de la tragedia de España, otrora gran imperio: una farsa, un remedo de Estado y de ordenamiento jurídico, una sangrienta pantomima puesta en pie por un puñado de delincuentes armados que pudrieron literalmente el poco respeto por la ley y los usos civilizados que quedara en el país.

Esta siniestra burla respondía a un plan premeditado sistemático de exterminio físico de los disidentes ideológicos. Un plan genocida que tomó la forma "judicial" de una causa general por rebelión, con instrumentos inicuos como la Ley de Represión del Comunismo y la Masonería (1940) con los cuales se procedió contra decenas de miles de personas, muchas de las cuales, entregadas a las bandas fascistas o grupos "incontrolados" de militares y guardias civiles, acabaron torturadas, violadas, asesinadas y enterradas en cualquier cuneta. No es preciso decir que en innumerables casos, esos asesinatos (a veces por meras denuncias) ventilaban rencillas personales o eran el prólogo al simple robo de sus viviendas o propiedades.

Lo anterior, narrado de modo intermitente en el documental, aparece entreverado con su principal motivo, que es el comienzo de la exhumación de las fosas y el inicio del primer proceso penal abierto en la Argentina. Se ampara este en la jurisdicción internacional, puesta en práctica por el inhabilitado juez español Garzón. El punto es que la primera aplicación práctica de la memoria histórica se produce a los casi ochenta años de los hechos y cuarenta del fin de la dictadura.

Y esta es la cuestión que el documental aborda: ¿por qué han pasado esos cuarenta años desde el fin de la dictadura sin que las víctimas reciban justicia ni los asesinos castigo, ni siquiera reproche alguno? Aquí, el film se convierte en una requisitoria contra la Transición. Esta no vino acompañada de ningún acto de lo que los epecialistas llaman "justicia transicional". Ningún fascista, criminal, torturador, policía político, juez prevaricador hubo de responder de sus actos. Al contrario, al amparo de una Ley de Amnistía de 1977, los franquistas (con el incomprensible acuerdo de la oposición) se autoamnistiaban de los delitos cometidos durante la guerra y la dictadura. La Ley de Amnistía es una ley de punto final que sigue en vigor y se esgrime siempre para frustrar las causas contra los responsables de los crímenes.

Ha sido necesario esperar estos segundos cuarenta años para que haya emergido una tímida Ley de la Memoria Histórica que la derecha no aplica y se haya iniciado la causa en la Argentina, sistemáticamente boicoteada por el Estado español, tanto el gobierno como la oposición mayoritaria del PSOE.

Ese es el drama que el documental revela. El pathos que traspira toda la narración con varios momentos álgidos, como el caso de Ascensión Mendieta o el del cura vasco encarcelado en Zamora o los testimonios de los torturados en la Dirección General de Seguridad cristaliza en la conciencia de que el fin de la dictadura no fue el fin de la dictadura. Sus responsables no rindieron cuentas y sus víctimas no recibieron reparación alguna ni sus allegados la justicia y el consuelo que merecían. Y ello no se refería tan solo a este tipo de crímenes por asesinato de la dictadura sino también a los otros adyacentes, las torturas sistemáticas, el robo de niños, el de propiedades. La dictadura quedó impune durante los siguientes cuarenta años y la película nos recuerda que así sigue.

¿Por qué? Probablemente por la causa apuntada más arriba y que Palacios y Post documentan de modo abrumador. No hubo Nurenberg español, aunque haya pruebas gráficas de cómo los principales criminales y responsables, los Yagüe o Serrano Suñer, colaboraban con quienes después se sentaron en el banquillo de Nurenberg. No hubo ni asomo de justicia postransicional porque, al no haberse derrotado al fascismo español, este tuvo tiempo sobrado de aplicar su plan genocida y, con la ayuda de la Iglesia, configurar la sociedad a su imagen y semejanza. El fascismo encarnó en la sociedad española y eso explica el apoyo masivo a la dictadura, acuñado en la fórmula del "franquismo sociológico" que prosigue en el apoyo también masivo al partido franquista dominante, el PP. Esa base social del franquismo -que los autores ya documentaron en la citada Franco's Settlers, sobre un referéndum en Llanos del Caudillo- no estaba, no está, dispuesta a que la memoria histórica ponga en peligro sus usos y privilegios conquistados como botín de guerra. Por eso, su reacción es de hostilidad y agresividad. Son magníficas las antrevistas a la hija de Yagüe, militante del PP y al exministro Secretario General del Movimiento, Utrera Molina, recientemente fallecido y suegro del actual dirigente del PP, Ruiz Gallardón. Así se prueba de modo directo la conclusión.

Si los descendientes de las víctimas buscan justicia, esa es la que tratan de frustrar a toda costa los descendientes de los victimarios, gente de poder e influencia, miembros de la oligarquía, apoyados por la Iglesia, la gran beneficiaria de la dictadura y la transición. Los que estn hoy en el gobierno y dicen, por boca de su presidente, que "no les consta" que haya decenas de miles de fosas con asesinados en el país mientras hacen todo lo posible porque no se abran, se exhumen los restos de los asesinados y se haga justicia con ellos. Son los herederos de aquellos asesinos; asesinos potenciales ellos mismos.


domingo, 18 de febrero de 2018

La levadura de la CUP

Y volvió a decir: «¿A qué compararé el reino de Dios?
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y mezcló con tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado». (Lucas, 13: 20-21).

La CUP es la levadura que está haciendo fermentar la revolución catalana por dos vías, una positiva por cuanto simboliza la coherencia entre la teoría y la práctica y la fidelidad a los compromisos; la otra, negativa, por cuanto desmonta las estrategias represivas del Estado, especialmente en vía judicial.

La brava declaración de Mireia Boya ante el juez Llarena desmontó la estrategia de este de establecer una oscura relación entre las convicciones ideológicas de las acusadas y su suerte procesal. Boya quedó en libertad sin medidas cautelares a pesar de reafirmarse en su ideología independentista. El B155 judicial pretende justificar su estrategia afirmando que ese resultado demuestra precisamente que el Tribunal no es inquisitorial, que no se procesa a la gente por sus ideas, sino por presuntos delitos. El problema es que Boya se encuentra a este respecto en idéntica situación a los Jordis ya que si estos se subieron al techo de unos vehículos oficiales, también lo hizo Boya y si Boya está en libertad, en libertad debieran estar los Jordis. Es tan flagrante la contradicción que algunos analistas la atribuyen a un cálculo político de Llarena, el de dejar en libertad a Boya, pieza menor, en espera de echar el guante a Anna Gabriel, De ser esto cierto, aun sería peor.

Ahora es el turno de Anna Gabriel, cuya decisión respecto a su cita judicial el próximo 21, tiene pinta de incidir en el mismo palo judicial pero con aspectos de interés que pueden llevar la masa a un nuevo punto de fermentación. Se trata de una variante del tema del exilio. Y en Suiza, que no es país de la UE, lo cual, supongo, ahorra a los jueces españoles la navette de la euro-orden. Si Gabriel finalmente no comparece y es declarada en busca y captura, habrá que recurrir a la extradición o a la interpol o al alguacil pregonero. La macrocausa política contra el independentismo lleva camino de verse en diversos escenarios y con muchos acusados en situación de rebeldía. Eso quizá ahorre al juez la necesidad devanarse más los sesos sobre la rebeldía de que quiere acusarlos, a base de encontrar un concepto tan eficaz de violencia que incluya la no violencia.

Son levadura. También catalizadores que aceleran el proceso por la legitimidad que aportan. Es rasgo de esta revolución catalana la aparente paradoja de que sean los antisistema quienes operan como factor de aglutinación y legitimación. Dan una nota de autenticidad que tiene mucha fuerza. La transversalidad del movimiento, la unidad de acción del independentismo de raíz burguesa con la izquierda republicana y la unidad popular, que las izquierdas españolas dicen no comprender, es el meollo de este movimiento. 

Hay en la acción de la CUP no solamente un objetivo actual y claro sino también un ajuste de cuentas con el pasado, del que sale la intención de no repetir los errores de 1937, cuando las gentes situadas en la misma constelación de la izquierda revolucionaria se enfrentaron entre sí en lugar de hacerlo contra el enemigo común. La República Catalana no tiene enemigos dentro, sino fuera de ella.


sábado, 17 de febrero de 2018

Los confines del imperio

Ha comenzado el ataque a los medios públicos de comunicación, especialmente TV3, y el modelo educativo anunciado por M punto Rajoy hace unas fechas como efectos benéficos del 155. Aprovechaba al tiempo para avisar a los súbditos de la monarquía de que se han quedado sin pensiones y se quedarán sin educación, gracias a su eficacia. En realidad, ¿para qué querrá intervenir en la educación en Cataluña si, con un mandato suyo más, los catalanes, como buenos súbditos, tampoco tendrán educación en catalán ni en tagalo?

Es la lucha por el mantenimiento del imperio, al que llaman nación española, en contra de la expresa voluntad de más de dos millones de forzosos compatriotas. Detrás de la imposición de la lengua en la educación (en la administración virreinal ya lo han hecho)  viene la de contenidos. La censura de un lado y el adoctrinamiento en el Espíritu Nacional por otro. España, el imperio, el himno, la bandera, el rey, las gloriosas fuerzas armadas y la cabra de la legión. 

Para los medios públicos (nidos de ratas separatistas) similar doctrina. Es difícil, pero TV3 debe alcanzar el nivel de calidad, imparcialidad y profesionalidad periodística de RTVE. Es verdad que el instituto Reuters de la Uni de Oxford, sitúa los medios españoles en el fondo de la charca en cuanto a credibilidad. No hay cuidado. Los protestantes han tratado siempre de hundir a España, una, grande, libre. Arriba España.

El gobierno y la oposición siguen una política nacionalcatólica de aplastamiento de la singularidad catalana. Y lo que trae en las alforjas de los rucios y en las mochilas de los publicistas nacionales es la España imperial que lleva 400 años contemplando los luceros. Una homologación en la unidad de destino. Una Gleichschaltung hitleriana, si pudieran. La españolización no solo de los niños catalanes sino de todos los catalanes, hasta la edad de una cada vez más tardía jubilación sin pensión. 

Lo conseguirán si el bloque indepe se divide. Por eso, todo lo que el B155 hace es para dividirlo. Si se divide, perece. Y si no se divide, se dice, también. Es posible; lo otro, seguro. Así que, a supuesta igualdad de resultados, lo mejor es no dividirse. Catalunya necesita un govern. Nómbrese, en el entendimiento de que será al unísono desde Barcelona y Bruselas, las dos capitales transitorias de la República Catalana.

No son las palabras, sino quién las pronuncia

"Portavoza" contra "pacienta". Ya debiera estar armada con el foro retumbando de bromas de tuiteros chispeantes, eruditos a la violeta y maestros ciruelos de avinagradas gramáticas. ¿No? No, razona el articulista porque el que dice "pacienta" es del PP y contra el PP los medios no cargan, aunque rebuzne.

Por supuesto, hombre. Los ataques son siempre ad hominem, en este caso, ad mulierem. Se ataca lo que se dice por cómo se dice. Vano empeño. Montero (otro día hablamos de la "emboscadura patriarcal" de los apellidos, que tiene tela), Montero, digo, hubo de sufrir todo tipo de chanzas mientras entraba en el hall de la fama del machismo más retrógrado, junto a Aído y Romero. (Aída y Romera, ¿por qué no?).

Entre tanto, si no yerro, hace unos años, en muestra de agudo ingenio, Aguirre feminizaba el anglicismo "leader" convertido en "líder" por la RAE como "lideresa" y, con ello, también se colocaba fuera del sacrosanto diccionario que recomienda llamar "líder" a la "lideresa" aguirriana. Escasas bromas, sin embargo. Porque era Aguirre.  Podría decirse que es una audacia parecida pero inversa a la de las mujeres poetas que se niegan a abandonar el término a los poetas y a conformarse con el de "poetisas". 

Pero no es así. El "líder" es españolización del "leader" del inglés, idioma en el que no existen géneros; por tanto, su feminización es un absurdo, una patada al espíritu de la lengua inglesa. No se trata de audacia, sino de ignorancia. Claro, ya se sabe que la ignorancia es siempre audaz.