miércoles, 20 de marzo de 2019

Venid por ellos

Episodio universalmente conocido. Cuando Jerjes ordena a los espartanos que defienden el paso de las Termópilas que entreguen las armas, y Leónidas responde: "venid por ellas" o "venid y tomadlas". 

Actualizado: venid por los lazos amarillos. Ahora no hay armas, no hay guerra; pero hay conflicto, confrontación y voluntad de prevalecer. Hay recursos, contrarrecursos, alegaciones, documentos, declaraciones, al estilo del momento. Pero, al final, es lo mismo.

Venid por ellos. Por esos "lacitos" amarillos que, para la izquierda madrileña y castiza, son unas fruslerías de independentistas pijos.

Venid por ellos.

Un consejo: que vengan muchos, cuantos más, mejor. Abran banderín de enganche de voluntarios. Sean miles, decenas de miles. Tienen tajo. Actualicen el "¡a por ellos!", aunque no hace falta que vengan armados. Nadie va a impedirlo. Serán correctamente recibidos, sobre todo si, al margen de satisfacer su furiosa manía anti-lazos amarillos, se portan educadamente, no gritan, no ensucian, pagan las consumiciones y respetan las normas usuales entre naciones civilizadas. 

Sigan el ejemplo de sus paladines, Arrimadas, Rivera, Fernández, que suelen amenizar sus actos públicos con quitadas festivas de lazos. Vengan a Catalunya a arrancar lazos amarillos, en cumplimiento de las órdenes de la Junta Electoral Central, ya que los rebeldes catalanes se niegan a aceptar su neutral autoridad. Insisto, hay tajo. Y fácil, pues nadie se lo impedirá. Solo los fotografiarán o grabarán en vídeo para solaz de futuras generaciones. 

Pero prepárense. Les informo, pues tengo la impresión de que desconocen ustedes la magnitud de la tarea, muy a tono con su desconocimiento general de Catalunya. Casi todos ustedes piensan que se trata de unos centenares de lazos amarillos en las farolas de los paseos marítimos y las fachadas de los ayuntamientos, como les muestran sus televisioness. En absoluto. Hay millones de lazos amarillos a lo largo y ancho de Catalunya, desde Sant Carles de la Ràpita a Figueres y desde Torrefarrera a la Barceloneta. En los ayuntamientos, sin duda. Piensen ustedes que de los 800 que hay en Catalunya, el PP tiene uno y C's, ninguno.

No solo hay lazos amarillos en farolas y fachadas municipales. Los hay en las torres de las iglesias, los monumentos públicos, los árboles de los jardines municipales, los guardabarreras de las autovías, las murallas de lo castillos, las ruinas de todo tipo, las laderas de los montes, los petriles de los puentes en las autopistas. Y no solo están adheridos. Infinidad de ellos están pintados en lugares innaccesibles o en el asfalto de las carreteras, en los mojones viarios, en los muros de contención. Toda Catalunya está llena de lazos y esteladas. Mucha gente los lleva en las solapas, en los gorros, en los bolsos. Y no solo lazos, todo tipo de prendas van de un descarado amarillo.

El amarillo es el símbolo del apoyo de un pueblo a sus dirigentes democráticas encarceladas, exiliados, represaliadas de mil maneras. Y todos, dirigentes y dirigidos que, a su vez, se sienten y se saben dirigentes, en procura de un objetivo legítimo que, en consecuencia, de no ser legal, debiera serlo.

La pretensión de la JEC, animada por las denuncias del florido pensil, es absurda, es una chinchorrería con ganas de eso, de chinchorrear y, de paso, alimentar el rechazo social a su permanente injerencia. La experiencia lo prueba: cuando el poder prohíbe o persigue arbitrariamente una causa, esta se fortalece y engrandece. Lo que obliga a prohibir más: después de los lazos amarillos, las esteladas y luego impondrán un vocabulario orwelliano de uso obligado en los medios públicos catalanes. O intentarán hacerlo. Por fortuna, los objetos de estos desmanes tienen un espejo en que mirarse. 

Si han de venir por los lazos amarillos, que vengan también por las esteladas y por los medios de comunicación y por las redes y los periódicos digitales. Y arbitren medios represivos en abundancia, ensanchen el horizonte penitenciario, encadenen procesos, generen una situación de excepción que no podrán imponer a la vista de Europa y que únicamente acelerará el desenlace que quieren evitar.

Venid por ellos.

martes, 19 de marzo de 2019

Lazos amarillos

¡Qué ojo el de quienes desprecian los lazos amarillos y los ridiculizan! O los ignoran como rabietas infantiles. O los vinculan directamente con el fascismo con mayor o menor ingenio, como hace una viñeta de El Roto titulada "Síntesis" en la que relaciona el lazo amarillo, símbolo del deseo de regreso de quienes se ausentaron, con el haz de flechas de la Falange, organización violenta y delictiva durante largos periodos de su existencia.

¡Qué ojo!

Y eso que los lazos habían sufrido ya una siniestra historia de agresiones a cargo de bandas callejeras de matones, más o menos alentadas u organizadas por unos u otros partidos. Por no mencionar los posados de los líderes de la derecha arrancando "lacitos" en céntricos paseos al grito de que los espacios públicos han de ser neutrales, en donde "neutrales" significa lo que a ellos/as les da la ganaa. 

Es igual. El ojo clínico se reafirma: los lazos amarillos simbolizan nacionalismo y el nacionalismo es por definición de derechas, burgués, reaccionario. Lo dicen mentes preclaras españolas no nacionalistas, incluso antinacionalistas, antitodo nacionalismo, mire usté. España es un ente mítico, una nación de no nacionalistas, de antinacionalistas, una antinación. 

Salgamos de este circo y vayamos al de la realidad real, que ahora se llama "analógica". La Junta Electoral Central, órgano español, vuelve a la carga con un ultimátum a Torra: 24 horas para retirar los lazos amarillos o atenerse a las (malas) consecuencias. Para el Estado español, el requerimiento es impecable en teoría democrática y práctica del Estado de derecho. Para la Generalitat republicana es una injerencia más del Estado colonial en el autogobierno de Catalunya. 

La situación, obviamente, un ejemplo de lo que llamábamos en un post anterior Gobernar bajo (o)presión y en otro, anterior, Gobernar con miedo. Es decir, gobernar en estado de interferencia permanente del Estado. La mera aplicación de la legislación vigente pone a la Generalitat en curso de confrontación. A su vez, la doctrina dominante en el independentismo, compartida, en principio, por todas sus corrientes, es la de la desobediencia. La resistencia pasiva, no violenta. La dinámica de aplicación de la legalidad y la Constitución "que nos dimos entre todos" provoca esta desobediencia casi de modo automático. Cada acción del Estado será una injerencia y, por tanto, una provocación. Ciclo de acción reacción: primera requisitoria de la JEC; respuesta de Torra interponiendo recurso y no quitando los lazos; contrarrespuesta de la JEC rechazando el recurso con segunda y definitiva requisitoria so pena de inicio de nuevo proceso represivo; nueva respuesta de Torra, pendiente. 

Ya tenemos la causa del nuevo ciclo. Queda por determinar la conveniencia y el momento. Y calibrar las consecuencias. Eso es algo que corresponde al Govern y al Parlament. 1) Obedecer y retirar o 2) desobedecer y mantener. A  favor de la primera se da su carácter claramente táctico y el deseo de no entorpecer los dos procesos electorales en marcha, el 28 A y el 26 M, sobre todo el último. El riesgo es perpetuar el autonomismo. A favor de la segunda, aparte de su función estratégica, la conveniencia de polarizar las posiciones a fin de conducir las elecciones mencionadas con espíritu referendario: independencia sí o no. El riesgo es que la polarización desemboque en situación de ingobernabilidad.

Tarde o temprano, esa confrontación ha de darse. 

El sábado pasado, como se sabe, nos manifestamos 120.000 personas en Madrid por la libertad de los presas políticas, el retorno de las exiliados y el derecho de autodeterminación. "Mentira", braman los medios españoles, "érais cuatro gatos mal contados. ¿De dónde sacas los 120.000? Ya, de los medios extranjeros, todos antiespañoles. Pues menos mirar esos medios y más leer el ABC". 

Fuéramos cuatro gatos o 120.000, el presidente nos lo dejó claro a la media hora de terminar el acto. Mientras gobierne el PSOE no habrá independencia de Catalunya, ni autodeterminación, ni referéndum. Y coronó al día siguiente: "Convivencia, siempre; independencia, nunca". Fórmula telegráfica que le ahorra explicar a la rendida audencia cómo será posible la convivencia entre dos partes, una de las cuales niega a la otra por la fuerza el ejercicio de un derecho que reclama el 80 por ciento de la población. 

Difícil, ¿eh? Algún asesor podía sugerirle que, en lugar de "convivencia", resucitara la vieja y amargada " conllevancia" de Ortega. Y, así, vamos avanzando hacia atrás.

Caramba con los insignificantes lazos amarillos. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Una feliz coincidencia

Después de la fiesta de la democracia del sábado, de retorno a casa en la romería indepe de los domingos, me encontré esta entrevista que me había hecho unos días atrás Roger Graells Font con fotos, fabulosas, por cierto, de Albert Salamé. Mil gracias a ambos. Em trec el barret, sobre tot pels vostres ànims lingüístics. 

Grata coincidencia. La entrevista habla de la iniciativa política y la confrontación pacífica con el Estado. Pues bien, ahí mismo está. Para las autoridades españolas, entre Atocha y Cibeles pasearon holgadamente 18.000 almas. Contando solo seguramente las que vayan a salvarse, el ABC las veía, literalmente, "con cuentagotas". Levantaban constancia fehaciente de lo que ya habían vaticinado: cuatro gatos y con cuentagotas. Por eso ninguno se molestó en informar sobre la convocatoria antes, ni hora, fecha, lugar o motivo. Carece de sentido informar sobre un no-acontecimiento, al estilo de los no-referéndums de M.Rajoy.

Aun así, desde diversas tribunas públicas, en medios o sermones de los medios o doctrina tertuliana, se avisó seriamente a los responsables de esta raquítica concentración ahogada en la amarga conciencia de su insignificancia. No todo el monte es orégano. Si no se respetara el derecho de protesta, ¿cómo iban los indepes a protestar? Es evidente que tienen el entendimiento trastornado. Para volverlos a su sano juicio algunos líderes de firme voluntad prometen prohibir las manifestaciones en las que se proteste contra la prohibición de las manifestaciones. Den ustedes gracias a los dioses de que no están ya entre barrotes, como sus representantes. El Estado de derecho no solo se defiende en las alcantarillas, según inspirada doctrina de Felipe González, sino también en las mazmorras. 

Y luego viene el asunto de las relaciones del independentismo con la izquierda española que tantas suspicacias despierta. Lo del PSOE está ya claro. Es partido de izquierda, según propia afirmación, pero radicalmente contrario a la independencia de Catalunya o a la mera consideración del derecho de autodeterminación que no es un derecho y, de ser algo, solo puede ser un auto de terminación. Porque la autodeterminación corresponde al pueblo español, del que el catalán es parte tan inseparable como la trompa del elefante. La diferencia entre esta concepción y la de toda la derecha/búnker está en el animal, pues esta habla del cuerno del rinoceronte.

Lo de Podemos es similar, aunque más deliberadamente embrollado. No hay oposición a la independencia de Catalunya ya que no se considera esa posibilidad. Cuando España sea un Estado plurinacional como un rico mosaico, todas las naciones en él contenidas estarán tan felices que olvidarán el señuelo de la independencia. Es lo que se llama ganarse a los catalanes por seducción. En cuanto a la autodeterminación, Podemos es más avanzado que el vetusto PSOE y reconoce su conveniencia siempre que sea pactado con el Estado. O sea, tampoco quiere referéndum, pero se nota menos que con el PSOE. Ya veremos quién se lleva más votos españoles.

En definitiva, solidarias con el independentismo catalán hay algunas organizaciones de la izquierda española, revolucionarias, comuneras, republicanas, nacionalistas, pero, si no ando equivocado, son muy minoritarias y, con excepciones, extraparlamentarias. Esto no quiere decir nada crítico. Solo pretende dejar en claro la llamada "doctrina Sinatra", que se aplicó en tiempos de la disolución del imperio soviético: My own way, esto es, cada cual para sí mismo. El republicanismo catalán no puede tener más que una relación solidaria con el del resto del Estado y en modo alguno de integración o dependencia. El himno de Andalucía pide a los andaluces que se levanten "por Andalucía libre, España y la humanidad". ¿No pueden los catalanes ahorrarse el intermedio de España? ¿Por qué no? Por experiencia histórica y percepción lógica, el independentismo catalán ha de aplicar la doctrina Sinatra.

Ayer, Pedro Sánchez encontró un rato para tomar nota de la manifa del Paseo del Prado, afirmando que, mientras el PSOE gobierne, no habrá independencia de Catalunya. Lo mismo que decía Cánovas del Castillo de Cuba que nunca sería independiente. Se entiende que lo diga, pues está ya hablando en precampaña electoral y piensa en los votos castizos. No se los va a dejar a los tres mosqueteros, Athos/Abascal, Porthos/Casado y Aramis/Rivera. Él, el D'artagnan de legendarias proezas, como salir vivo de una defenestración ordenada por la malvada Lady de Winter Díaz. Ni independencia, ni autodeterminación, ni referéndum. Nada.

Hasta el día siguiente a las elecciones del 28 A. Ahí será el llanto y el crujir de dientes. 

domingo, 17 de marzo de 2019

En el corazón de la bestia

(N.B.: el cartel que más me gustó ayer en la manifa de Atocha/Cibeles, fue el que rezaba: Hemos venido a despedirnos. Genial. Ras i curt i català, aunque en castellano. Pero es peligroso porque, dicho eso, el resto del post sobra. Hemos venido a despedirnos. Passi-ho be. Chau). 

No obstante, haremos de cronistas de la jornada de ayer.

Fuimos a Bruselas un frío mes de diciembre de 2017 a pedir la libertad de presas y exiliados. Éramos 60.000.

Ayer fuimos a Madrid. Mejor tiempo, menor distancia. Asistencia duplicada. 120.000. A seguir pidiendo la libertad de presos y exiliadas, a defender la causa por la que fueron detenidos, la de la autodeterminación y, en el ánimo de la inmensa mayoría de quienes estábamos allí, la independencia de Catalunya.

E iremos a donde haga falta. Siempre pacífica, alegremente. Y siempre pagándonoslo de nuestro bolsillo. Porque nuestra causa es justa. Cuando un pueblo se pone en marcha, no puede parar. Y  somos el pueblo, que estamos movilizados, los que hemos venido a Madrid, mostrando el camino a nuestros dirigentes democráticamente electos y todavía en libertad. Nosotros somos el pueblo. Jóvenes, viejos, en madurez y vigor, trabajadores, profesionales, parejas, matrimonios, familias enteras, funcionarias, agricultores, moteros (ahí, ahí, mis escamots motards), estudiantes, jubiladas, heteros y homosexuales, nativas, inmigrantes, refugiados, católicas, agnósticas, ateos, vegetarianas, plusmarquistas, pequeño-burgueses, solteros, divorciadas, raperos, escritoras, promesas de futuro, nostálgicos del pasado, actrices, cocineros, poetas, contables, propietarias, inquilinos, enfiteutas, herederos, manirrotos, ludópatas, aparceras, sanos, enfermas, prestamistas, bomberos, paletas, jueces...  Lo dicho, el pueblo es como la flecha lanzada al aire. No puede parar hasta llegar al blanco. Y no pararemos hasta conseguirlo. 

Las reacciones de la bestia, las que eran de esperar. O más, porque a cada nueva marcha, se siente más acorralada, más ofuscada y es más agresiva. Ya han sacado dos veces al mentecato heredero de Franco a amenazar a sus súbditos, mientras las cloacas del Estado, que no son otra cosa que el Estado de las cloacas, lo inundan todo con su fétido olor, desde las sacristías a las universidades, desde el Parlamento a las redacciones de los medios, pasando por los tribunales de justicia y los cuartos de banderas, que vienen a ser lo mismo.

El comportamiento de la bestia acorralada es recurrente, en bucle, circular, como las pescadillas que se muerden la cola. En los márgenes, a medio camino entre los "tontos berrendos en idiota" que decía el poeta Alberti, y los grupos de fachas delincuentes más o menos de Vox, amparados por los policías para insultar y provocar a los manifestantes, matones y energúmenos de la Españorda unagrandelibre.

A continuación las izquierdas oficiales, desaparecidas, aterrorizadas de que se las relacione con la peste secesionista, con lo que perderían votos a porrillo.  La alcaldesa de Madrid, tan hospitalaria y tan roja, no apareció ni a dar la bienvenida, a lo que obliga la cortesía, salvo que seas tan oportunista como la Colau de Barcelona que, diciendo ser de izquierdas, obedece las órdenes de Madrid con fidelidad canina. Podemos, callado, y menos mal porque como hable, te enjareta el tocomocho teórico del internacionalismo, su convicción de que todo nacionalismo es una enfermedad, excepto el suyo porque no es nacionalista. Ni un solo nacionalista español, de derechas, izquierdas o centro pivotal, es nacionalista. Los nacionalistas son siempre los otros, especie de pobres de espíritu a los que hay que curar, mientras que el independentismo no es otra cosa que un proyecto de la podrida burguesía catalana. Ayer, 120.000 podridos burgueses catalanes llenamos el paseo del Prado y la Cibeles.  IU enmendó su yerro unas horas antes y se solidarizó a tiempo con los indepes catalanes, para no caer en la miseria y distinguirse del zombie Llamazares, cuyo comunismo tiene el pedigrí de Covadonga.

El PSOE, a su vez, ya ha aclarado que jamás hablará de autodeterminación y, si nos ponemos chulos,  Pedro Sánchez, cuyas luces son tan escasas como sus escrúpulos a la hora de mentir, nos echa encima más jueces, más tribunales, más embustes y engaños, mientras ocupa el lugar de la derecha. A su vez, esta pide la prohibiciòn sin más de manifestaciones secesionistas y las demás que le molesten y echándose más a la derecha, reclama ya la dictadura,  como VOX, o sea, los fachas. Y ya estamos en donde empezamos, en bucle. Abren las provocaciones de los fascistas y ellas cierran. La autodeterminación les pasará por encima como un tornado pacífico por un huerto.

Los madrileños, gente feliz, sin enterarse, porque los medios no informan, pues se limitan a ignorar todo lo que molesta al gobierno de turno. En la TVE ni una imagen en directo de la manifa. Todo valoraciones y análisis de "periodistas" a sueldo, cuya coincidencia con la realidad es perfectamente casual. Los medios manipulan, engañan y falsean, y las autoridades, todas, peperas socialistas o podemitas (que también pillan cacho en algunas administraciones) mintiendo, tratando de crear una realidad paralela, como hacen en el juicio farsa. La corrupción de la bestia tiene la dictadura en su horizonte y su función será justificarla.

Por eso, es muy de agradecer el apoyo y solidaridad que hemos recibido de otros pueblos del Estado. De los 500 autobuses que llegaron a Madrid, 360 eran catalanes. El resto de otros lugares. Emocionante, solidario, conmovedor, pero muy escaso. Así que, visión realista de las cosas y sin engañarse, que es fórmula segura para la derrota. Todo lo que la solidaridad de otros pueblos del Estado puede aportar a Cataluña empieza y acaba en lo simbólico. La izquierda española es contraría a la independencia, a la autodeterminación, en muchos casos, como el ministro de Asuntos Catalanes, Borrell, directamente catalanófoba y está deseando cabalgar sobre el 155. Hágalo y será lo último que haga en este mundo traidor en el que, según Campoamor, otro poeta, nada es verdad o mentira sino todo del color del cristal con que se mira. Sobre todo si lo hacen los franquistas, como Casado, Rivera o Abascal, o sus sometidos, como Sánchez o Iglesias. 

Por supuesto, aunque cualitativamente poco relevante, la solidaridad es hermosa y la agradecemos de mil amores. Recabarla, además, y desde luego, conseguirla, ha sido un gran acierto táctico por el que hay que felicitar a la principal organizadora, la ANC. Algo mutuamente beneficioso: a nosotros nos viene muy bien comprobar que no estamos solos o somos unos raros, como sostienen los unionistas, y que tenemos amigos, aunque no sean muchos A estos también les viene bien aparecer en lucha junto al pueblo catalán. Ganan en visibilidad y consideración de los sectores sociales más progresistas.

Es de buena educación agradecer. La hospitalidad de Madrid, maravillosa, y la sinergia revolucionaria que de aquí se seguirá, muy provechosa y prometedora. Pero no hay que confundirse: la tarea ha sido siempre fundamentalmente nuestra, a veces en condiciones de muy amarga soledad. Dispuestos a compartir experiencias con quien las precise, pero sin olvidar que son nuestras, en nuestro contexto y que tienen un elemento de singularidad único. Somos solidarios con todas las luchas populares. ¿Cómo vamos a ignorar que el sórdido "¡A por ellos!" se ha convertido en un cálido "¡Con ellos!"? Pero la liberación de Catalunya es y seguirá siendo obra esencialmente de los catalanes. Lo cual no obsta para que tengamos a orgullo nuestra desinteresada aportación a la libertades de los otros pueblos del antiguo imperio, hoy Estado español, empeñado en destruirse para siempre por su estúpida obsesión por oprimir a las naciones no castellanas.


sábado, 16 de marzo de 2019

En carretera. Donec Perficiam

En 2017, en el largo viaje de Madrid a Bruselas, a partir de la frontera con Francia, la carretera era una fiesta catalana. Encontrabas todo tipo de vehículos con banderas, emblemas, carteles independentistas. En las estaciones de servicio, nos juntábamos en clima de alborozo, sabedores de que llenaríamos Bruselas. También es verdad que hicimos la mayor parte del viaje de día, mientras que ahora estamos otra vez en la carretera y es de noche. La mayoría de las estaciones de servicio, pasada la raya catalana, está cerrada, pues es ya casi madrugada. En las escasas abiertas, en esta de Los Monegros, por ejemplo, hay muy poca gente, aunque la poca que hay es catalana. Solo que, a diferencia de 2017, no vamos exhibiendo símbolos o banderas y eso que ahora tenemos uno sobrevenido, el amarillo, muy visible. Nos reconocemos, pero no exteriorizamos grandes alegrías.

Estamos en territorio hostil. Se trata de llegar a Madrid sin caer en broncas por el camino.

Leo en elMón.cat un estupendo reportaje sobre los preparativos de la manifa de hoy.  Los voluntarios de la ANC ultimando detalles para que, como es costumbre, salga todo perfecto. Al parecer, la policía española no está poniendo dificultades ni hostigando, como tiene por costumbre. Ya veremos de mañana qué hacen los picoletos en las carreteras de acceso a la capital, cuando empiecen a llover autobuses repletos de catalanes. Son los del "¡A por ellos!" que ahora estarán gritando: "¡qué vienen los polacos!" Especialmente tierna la observación del reportaje sobre los grupos de catalanes que deambulaban ya el viernes por las tarde por la capital con algún símbolo amarillo y el GPS en el móvil. Sin duda reconfortados al reconocerse mutuamente.

Dice asimismo el reportaje que los madrileños ignoran la manifa que se avecina. Es la costumbre. No la ignoran, propiamente hablando. Simplemente, los medios se la ocultan. Todos. Me decía el otro día el periodista Manchón en "Tot es mou", de TV3 que TVE estaba transmitiendo el juicio/farsa franquista (bueno, eso no lo decía, claro) por el canal 24 horas, tratando de dejarme por mentiroso. Según he sabido, este canal, que no lo ve nadie, además transmite pero sin conexión con España. De forma que, de haber algún mentiroso aquí, es él. Los madrileños no saben prácticamente nada de Catalunya porque la basura de medios de la capital, todos, los impresos y los audiovisuales, ocultan, manipulan y tergiversan la información. Así que la manifa de hoy va a ser una gran sorpresa para muchos.

No para todos. La ignorancia popular es también alimentada a propósito por la izquierda española, incapaz de entender la cuestión y asociada íntima de la derecha en la explotación colonial de Catalunya. La irrisión con que los periodistas más reaccionarios (sean de derechas o de izquierdas) hablan de los "lacitos", cuyo significado ignoran, no solo demuestra su falta de sensibilidad sino, también de inteligencia y coraje para afrontar la crisis de conciencia nacional en la que viven con la estólida satisfacción con que las ranas habitan las charcas.

IU, por fin, ha tenido el arresto de solidarizarse con la manifa de hoy y pedir la libertad de los presos políticos, cosa que los fariseos de Podemos aún no ha hecho. No podía faltar Llamazares -que se cree don Pelayo revivido- criticando acerbamente el gesto pues, como buen facha español (aunque vaya de comunista) cree que la lucha del pueblo por su liberación, en realidad, es una conspiración de la corrupta burguesía catalana solo para fastidiarle a él.

Hoy seremos más que en Bruselas. Cien mil o doscientos mil corruptos burgueses, para que rabie Llamazares. Llegan 500 autobuses: 360 de Catalunya y el resto, de otras tierras del Estado. Diez AVES llenos. Docenas de vuelos. Incontables autos. Contamos con el apoyo de una cincuentena de grupos de izquierda (de verdad) española. Por supuesto, no del PSOE, no de Podemos y no de Llamazares (por fortuna), lo cual redundará en beneficio de la claridad de la causa.

Lo dicho, hasta que lo consigamos.