miércoles, 15 de agosto de 2018

El acto de la discordia

¿Lo ven? El homenaje de pasado mañana promete ser un espectáculo en todos los sentidos. La "normalidad" de Sánchez según la cual el jefe del Estado debe estar presente en un asunto "de Estado" se vislumbra muy anormal. La decisión del gobierno solo cuenta con el apoyo de los partidos unionistas y la Societat Civil Catalana (SCC) y fuerzas adyacentes en la hosquedad de la extrema derecha. Será una manifestación unionista de homenaje a las víctimas y apoyo a la monarquía. Una manifestación partidista.

Partidista porque, en el conflicto actual, la oposición Unión/independencia es una oposición de partidos, se quiera o no. El partido unionista ha impuesto al independentista un formato de acto que este no acepta. Sus reacciones van a ser diversas, según anuncian, pero todas coinciden en marcar distancias con el homenaje estatal. Los CDR contraprogaman el acto y homenajean a las víctimas con una marcha republicana. La CUP también hará manifiesta su ausencia. Los demás programan actos propios de homenaje con su presencia en otras partes. El acto oficial nace muerto, con una ostentosa ausencia de instituciones, autoridades y asociaciones. Hasta en el ayuntamiento barcelonés hay discordia. Al cabo, la representación municipal puede quedar reducida a la de la señora Colau y sus incondicionales, cuya relación con la corona es, como la del poeta, de odio y amor. Lo deslucido de todo servirá para poner más de manifiesto la falta de recursos del Estado en relación con Catalunya.

Los de la SCC convocan a homenajear a las víctimas y al rey y recomiendan a sus seguidores abstenerse de todo símbolo partidista. El problema es el valor que tenga la exhibición de la rojigualda. Los convocantes no pueden prohibirla porque, para ellos, no es símbolo partidista, sino que nos ampara a todos, hasta a los separatistas. Pero eso es para ellos. Para los independentistas y allegados, la rojigualda es un símbolo partidista, el de los unionistas que, a su vez, consideran partidista la estelada mancilladora de la neutralidad del espacio público. La rojigualda, jamás. 

Porque estamos hablando de Catalunya; no de La Rioja o Extremadura. Catalunya: una nación sometida a la que se quiere obligar a aceptar como "normalidad" una situación en la que hay presos/as y exiliados/as políticos/as. Precisamente los representantes del pueblo catalán, democráticamente elegidos por este. Es difícil de entender tanta obcecación en el error. 

Aunque quizá mejoren algo las cosas. C's va a llevar a los tribunales al ayuntamiento de Reus por volver a colgar la pancarta de libertad a los presos políticos. Supongo que, como prueba de  contumacia de los munícipes reusencs, aducirá que han hecho caso omiso del asalto que un comando de C's perpetró contra el mismo ayuntamiento hace unos días. Son muestras del espíritu berlanguiano-tabarniano del unionismo en Catalunya. 

De todas formas, sería de agradecer que fueran siempre por la vía judicial, como las personas civilizadas cuando creen que se atropellan sus derechos, en lugar de estar agrediendo y atacando a la gente en la calle, provocando trifulcas a cargo de una abigarrada mezcla de delincuentes habituales, militantes de C's y agentes del orden de paisano, algunos de los cuales llevan armas blancas y hasta de fuego y las exhiben.

De todas formas, las autoridades deben actuar con mayor diligencia para proteger los derechos de los ciudadanos y garantizar el orden público y la seguridad precisamente en contra de las provocaciones y agresiones callejeras de los seguidores de quienes piden orden y seguridad.

martes, 14 de agosto de 2018

Zum Befehl meine Führerin!

Sí, señor, así es. "El gobierno se cuadra", dice caritativo "El Confidencial, ante la UE. Caritativo porque no se cuadra ante la UE, sino ante la señora Merkel, que no es lo mismo ya que la señora Merkel es y no es la UE al mismo tiempo. Para entendernos.

Sánchez se felicita de tener una posición común con la señora Merkel y muy cómoda pues es la de la señora Merkel. Es como la República (de Sánchez), que está muy contenta con la monarquía.

A la señora Merkel no suelen preocupar gran cosa las consecuencias de sus "posiciones comunes" para la política española. Eso lo trajinan sus representantes en las instituciones. Recuérdese la imposición de la reforma del art. 135 en días como estos en 2011. ¿Por qué ahora? Los políticos españoles se adaptan con facilidad a los giros del oponente girando a su vez. De este modo, el señor Casado, que se oponía a acoger al Aquarius, es hoy el gran valedor de lo contrario. 

Al margen de estas quisicosas, el foro se pregunta si no habrán hablado de nada más. Y se responde que sí. ¿De qué? ¿De qué va a ser? De Catalunya. Y aquí la imaginación se dispara. Supongo que, de plantearse el asunto, Frau Merkel habrá declinado comentario alguno fuera de señalar que en Europa no se vería con buenos ojos una repetición del 1-O de 2017. Que además haya recomendado negociaciones políticas y, quizá, la liberación de los presos pertenece a lo que cada cual quiera fabular. 

Lo que debe quedar claro es que, con  o sin Frau Merkel, la violencia está descartada en Catalunya. La institucional. La "descontrolada" debe pasar a ser controlada de inmediato. 

Y la convicción de que ningún referéndum que no incluya la opción de la independencia será aceptado en Catalunya.

Revuelo en los cultos

Los veranos tienen estas alegrías, que brillan por fin cuando la política se oscurece en el silencio. Un magnífico artículo de Gregorio Belinchón en El País sobre la secuencia recién descubierta, descartada en el montaje de la cinta. El artículo es casi una enciclopedia sobre The Misfits. El descubrimiento de este material añade intriga y morbo a la leyenda de morbo e intriga que fueron tanto la película en sí como su turbulento rodaje.

The Misfits fue un fracaso mundial en taquilla. No sé si llegó cubrir gastos. Y, sin embargo, poco a poco, comenzó a remontar en el aprecio público hasta ser una de las películas de más acusado culto, gozando hoy de muy alta clasificación. Y no solo por la leyenda, sino por la propia historia que se cuenta; una historia de ocaso de un mundo y las interpretaciones que allí se hicieron. Era la decadencia de los prototipos. Todos ellos incorporaban relaciones expuestas miles de veces, rivalidades, el profesional, el aprendiz,el mayor, el joven, la joven, el villano. Un sunset boulevard con escenas de rodeo y caza de mustangs imposibles de olvidar.

lunes, 13 de agosto de 2018

La reputación

El papelón más que el papel de España en el mundo debiera ser el título del premio. Papelón tanto más ridículo cuanto que hay que pagar por que hablen bien de uno. Porque se da por supuesto que el balance ha de ser positivo, enaltecedor, halagador. Podría ser que el "mejor" trabajo de un medio fuera uno crítico con la acción exterior de España. Pero eso no sería el "mejor" para la entidad que paga: el reino de España.

Borrell ha resultado ser un fiel continuador de la política de Dastis. Ha tenido que sacar a Moragas y Wert de sus dorados destinos porque cantaban mucho, pero a Moragas, al menos, lo ha premiado con la embajada de las Filipinas. Wert estará en expectativa de destino o se vuelve de tertuliano. El resto, continuismo sin problemas. A Borrell solo le interesa Catalunya. Más que ministro de Asuntos Exteriores es ministro de Asuntos Catalanes. Y eso le lleva a mantener este ridículo premio consistente, lo hemos dicho, en pagar porque hablen bien de uno. El gobierno socialista se ha subrogado en la posición del PP, en especial en referencia a Catalunya. Y con sus mismos planteamientos. Lo importante no es hacer las cosas bien sino que hablen bien de uno, aunque nos cueste 12.000 €, prácticamente nada con lo que se lleva robado y despilfarrado en las alturas. 

Como todo lo que hacen en el exterior, la acción nace fracasada. Se dará un premio al "mejor" trabajo sobre España... de los que se presenten. ¿Y si el mejor de los que presentan es una birria? ¿Puede quedar desierto el premio? Evidentemente, no; menudo desdoro patrio. Siempre habrá uno mejor para un jurado compuesto de patriotas, es de suponer, de los de pulsera rojigualda con cuenta en Suiza.

A continuación habrá que ver cuál sea la difusión. O quizá haya que comprarla también, pagándola ya descaradamente como "publicidad". 

El papel de España en el mundo es más bien anodino. El país tiene algunas, escasas, relaciones económicas y culturales con Latinoamérica. Y con Filipinas, las que abra Moragas. Su presencia directa es en Europa y una pequeña parte del norte del África. Y su imagen, lamentable. Ya lo era cuando Rajoy ganó las elecciones con trampas en noviembre de 2011 y con un programa que no tenía ninguna intención de cumplir. Desde aquel momento,  no ha hecho más que empeorar. Como era lógico. Los programas electorales no son contratos en el sentido del derecho privado, que puedan invocarse ante los tribunales. Pero son pactos sociales por los que laa ciudadanía se pronuncia y se acogen al principio general de pacta sunt servanda, el principio de todo orden civilizado. 

¿Cómo iba Europa a tomar en serio un país gobernado por quien arrancaba su gobierno confesando hacer lo contrario de lo que había prometido? En su interminable mandato consiguió desmantelar el Estado del bienestar, arruinar la seguridad social, sembrarlo todo de corrupción y endeudar al país por decenios. La instrumentalización de la justicia fue tan clamorosa que ganó a España uno de los últimos puestos en la jerarquía sobre independencia de la justicia elaborada por la Comisión Europea.

Aquel gobierno puso en marcha una campaña de fomento de imagen llamada Marca España, que consiguió más resonancia en las burlas de las redes que en los foros internacionales. Visto el éxito de la bambolla patriótica, se redujo la ambición a eso, a que algún medio dijera algo en favor de España. 

Anda a vueltas al ministro también con la leyenda negra, que se propone combatir denodadamente. Pero si cree que va a anular la mala fama legendaria con un trabajo en un medio por un coste de 12.000 € no cree bien. Y no es cosa del dinero. Es de la verdad y la mentira. Cuando se sostiene que la leyenda negra es mentira tendrá que explicarse a continuación cómo es que en España vuelve a haber presos y exiliados políticos y sometidos a procesos que tienen más de políticos e inquisitoriales que judiciales. Dicen que no, que no son "presos políticos", sino "políticos presos" jugando, como siempre, con las palabras para ocultar los hechos. Si "político preso" es Zaplana, Junqueras y sus compañeros y compañeras son otra cosa. ¿Qué? "Presos políticos".

Dicen que España es un Estado de derecho homologable a los europeos, pero no es verdad. Hay ciudadanos por encima de la ley y, muchos, desde luego, al margen de ella; no existe la división de poderes y no están garantizados los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Dudo de que den a Palinuro el mentado premio de 12.000 €.

domingo, 12 de agosto de 2018

Una ficción

Sánchez está muy contento de sus conversaciones sobre inmigración en Europa con la cancillera Merkel. Forjan, dicen, un frente común en este espinoso asunto. Será mejor o peor, pero nadie discutirá, supongo, que es un alivio tener un presidente del gobierno que habla con los líderes europeos porque, por lo menos, sabe hablar, a diferencia de su antecesor en el cargo.

También muy contento agradece "el tono" que va tomando la conmemoración del 17-A. Está dentro de su concepción de la "normalidad" y lo lleva a impartir teóricas del simbolismo del momento, la unidad democrática frente al terrorismo, etc. El presidente de un gobierno que ha impedido una comisión de investigación sobre el atentado. La unidad se simboliza; la verdad se oculta. Lo normal. El acto no debe ser, ni será, partidista.

Los del PP, siempre solícitos a la hora de poner palos en las ruedas, ya le avisan de que se arriesga a un acto de protesta e insultos contra el rey. Con ello, "quedará deslegitimado como presidente del gobierno", la conclusión a que llegan siempre estos lumbreras, se hable de lo que se hable.

Para echar una mano en la intención noblemente española, nacional, suprapartidista que presume en el presidente del gobierno, la Sociedad Civil Catalana (SCC), núcleo del unionismo catalán, se prepara para "arropar" al rey y, de esa manera, frustrar toda intención de instrumentalizar el acto. Para eso pide a sus seguidores y aliados (entre ellos, el PSC) que acudan de paisano, sin emblemas partidistas. Loable iniciativa. Si acaso aparecerán emblemas nacionales, siempre suprapartidistas, como la bandera rojigualda. 

Ni la SCC ni sus seguidores y aliados, ni el gobierno caen en la cuenta de que, en el conflicto España/Catalunya, los símbolos del Estado son partidistas. No caen en la cuenta porque no pueden por disonancia cognitiva. Son patriotas españoles y en España solo hay una nación, siendo cualquier intento de separación una mezcla de locura y delito. Por eso, algunos de ellos proponen ilegalizar los partidos independentistas. La nación no es un partido. Ante el rey y la nación rindiendo homenaje a las víctimas del terrorismo, los partidos están de más. 

Pero solo algunos. En concreto, los indepes parecen inclinarse por no participar en el acto junto al monarca. Renuncian a protestar por su presencia y se inclinan más por el modelo Tortosa: hacer su homenaje en otras partes e ignorar el acto del rey. No tengo claro que vayan a actuar así todas las fuerzas indepes, pero sí algunas significativas, como la CUP, la ANC y Ómnium. De los demás carezco de información. El presidente Torra irá a Lledoners a visitar a Quim Forn, pero no sé si también asistirá al acto de las Ramblas. 

Ya solo con estas reacciones y las que puedan producirse de aquí al 17-A, sin descontar la probable intensificación de las agresiones callejeras de los grupos fascistas, queda suficientemente claro que el homenaje a las víctimas del 17-A será un acto partidista, de los partidos unionistas. Ya veremos qué sucede con los símbolos. La consigna es ocultarlos y manifestarse para "arropar" a las víctimas y al rey.  En lo primero está de acuerdo todo el mundo; en lo segundo, no, pues se ha introducido por imposición y sin invitación como muestra de la idea de "normalidad" del presidente. Y será patente de mil maneras a lo largo de ese homenaje. 

Su valor como elemento de "normalidad" y de "puentes tendidos" es nulo.

sábado, 11 de agosto de 2018

La cuestión de fondo

Todas las opciones están abiertas. Las declaraciones del MHP Torra, a raíz de una entrevista con Mr. Salmond, son inequívocas y, por ello, suscitan sentimientos encontrados en sectores muy diversos. Para unos, llamémoslos "radicales", está haciéndose mercadeo con la República y asoma la puta y la ramoneta. Para otros, "moderados", se reincide en la posición maximalista de la independencia. Entre medias todos los demás, rumiando distintos grados de alarma. A los "radicales" les ronda la sospecha de si la opción planteada por Torra es tan innegociable como la insistencia en la república tan solo. A los "moderados" tiene que chirriarles el hecho de dar por seguro que república sin referéndum y referéndum sin república lleva a lo mismo: República Catalana independiente. De eso habla Torra y, por cierto, con toda claridad. Claridad celestial porque vislumbra una República española en fraternas relaciones con una República Catalana. Y eso, en España, no solo está por ver sino por barruntar.

Se da por descontada la negativa del gobierno español a aceptar la oferta. No le gusta nada. Lógico. Inviertan la oración condicional en negativo y se entenderá por qué el gobierno no puede (aunque quisiera, que no es el caso) aceptar la dicotomía de Torra: "Si el gobierno no acepta el referéndum, Torra ve razonable no aparcar la República". Esta evidente posición imposible de un gobierno sin proyecto choca con la permanente iniciativa de otro a la cabeza de un movimiento que no se detiene. Con unos partidos políticos que discuten mucho entre ellos pero mantienen la unidad de acción frente al adversario común, cosa que lo desorienta. 

Si a la situación descrita se añade el desbordamiento por la derecha, con bandas de provocadores y matones, tratando de desestabilizar Catalunya bajo la dirección populista del nuevo fascismo hispano, se entiende que desorientación es poco. El gobierno está ensimismado, que diría Ortega, y solo se escucha a sí mismo, lo cual es lamentable porque no sabe lo que dice.

El fracaso de la enésima aventura imperial de España tiene dos facetas, una de apariencia y otra de fondo. La de apariencia se refiere a la imagen que las dos partes del conflicto han dado frente al mundo, singularmente, Europa. La victoria del independentismo ha sido abrumadora al imponer su relato de minoría nacional que lucha por su emancipación democrática y pacíficamente frente a un Estado que, en su tayectoria y, sobre todo, su respuesta al proceso, ha demostrado no ser un Estado de derecho al uso europeo. El fracaso de España en su relato es tan profundo, evidente, tiene rasgos tan cómicos y trágicos que los gobernantes echan mano de la "leyenda negra" como en los gloriosos días de Julián Juderías. No se habla ya de la conspiración judeo-masónica de la Antiespaña porque no se lleva; pero sí de la tradicional tirria de los países protestantes a la católica nación y, por supuesto, la cochina envidia que los corroe por no haber sido ellos quienes descubrieran América y la evangelizaran.

La astracanada de una persecución política disfrazada de proceso judicial ha paseado por el país y el extranjero un baúl de farándula repleto de togas y puñetas; la Audiencia Nacional o justicia de un solo ojo; el Supremo, más como el de Roa Bastos; las euroórdenes de quita y pon; la trifulca con los tribunales alemanes y belgas; la citación al juez Llarena en Bélgica, sin duda a ver si de viva voz se le entiende algo; la intervención del gobierno de Sánchez con una gestión cerca del ministro correspondiente que recibió el correspondiente y educado bufido protestante de que en Bélgica, aun siendo muchos los católicos, rige la separación de poderes y la justicia es independiente.

Lo interesante es el asunto de fondo, el que explica por qué la causa independentista triunfa y la unionista fracasa. Porque los independentistas dicen la verdad y eso les da mayor fuerza, y los unionistas dicen la mentira, lo que se la resta. Ambos aseguran coincidir en un punto esencial: el conflicto ha de resolverse por vías democráticas que podrán ser como quieran pero algo deben compartir: el resultado se acepta porque es vinculante. El independentismo admite de antemano todos los resultados posibles de un referéndum con garantías en el que una de las opciones sea la independencia. Acepta, incluso, la vuelta al autonomismo o al régimen del general Primo de Rivera si alguien lo propone y la mayoría lo vota. Esa es su fuerza moral.

El unionismo en general y el gobierno en concreto no tiene tal cosa. Al contrario, tiene un déficit moral tan grande que lo paraliza. Porque acepta de palabra la solución democrática, pero no que el resultado pueda ser la independencia. No admite en los hechos lo que afirma en las palabras. Incluso está por ver que acepte un referéndum en el que la independencia sea una opción. En todo caso, como no piensa respetar el resultado si esta triunfa, que figure o no es indiferente. Y ¿cómo puede negarse a respetar el resultado? Sencillamente, ignorándolo, como ya hizo con las elecciones del 21 de diciembre de 2017. El referéndum no será vinculante; todo lo más, consultivo. 

La cuestión es de fondo y no tiene arreglo salvo con el respeto a la voluntad de los catalanes, debidamente expresada en una consulta libre, legal y vinculante en la que una opción sea la independencia.

Parece mentira que el unionismo, sus faros preclaros, sus inflamados medios y sus políticos zaragateros sean incapaces de entender que la única posibilidad que les queda de retener a Catalunya es respetar la voluntad de su ciudadanía. Sea la que sea.