lunes, 21 de agosto de 2017

El interés general

La política no es una profesión. Los políticos detestan que les digan "políticos profesionales". Pero casi siempre intentan hacer carrera en la política. Rajoy lleva más de treinta años. Y así siempre que pueden. No tienen otra actividad que la política. En principio, la justificación es el servicio al bien común, al interés general. Eso ya es harina de otro costal. En la inmensa mayoría de los casos están al servicio del interés general pero interpretado por los de su partido, corriente o facción. Y en algunos, ni eso, pues están al servicio de sus intereses personales y los de sus allegados. Lo llaman privatización y han invertido fortunas en convencer a los votantes mediante poderosos think tanks de que ese es el progreso, el bienestar de la colectividad.

Es una patraña, por supuesto pero, aun así, lo menos que cabe pedir a los políticos profesionales es que sean competentes. Es de risa que ese ministro, antiguo juez, luego alcalde de Sevilla por el PP y hombre de partido dé por terminada una operación que sigue abierta. No ya porque la pifia no sea llamativa, sino por el desconcierto orgánico que delata. O la operación la planeó el ministerio y los mossos que desmienten se han injerido en donde no les corresponde, lo que no  coincide con los hechos, o la operación es de los Mossos y el ministro no sabe ni lo que dice. Cosa grave, tratándose de un ministro del interior. responsable del interés general de la seguridad ciudadana.

Al llamado de este patinazo sale a la luz una serie de prácticas del gobierno central en cuanto a coordinación de las fuerzas de seguridad, dotación de plantillas, etc., que en lo relativo a Cataluña induce a pensar en una mala fe rayana en el boicoteo de la acción de los cuerpos de seguridad catalanes.

A pesar de todo, la respuesta de estos cuerpos y del conjunto de las instituciones catalanas en la emergencia del atentado ha sido universalmente alabada por su rapidez, contundencia y prudencia. Parte importante de esta pronta reacción ha sido la actividad inmediata de las instituciones y los políticos catalanes que han aparecido desde el primer momento al frente de la situación. Las autoridades del Estado llegaron con retraso, se reunieron con los organismos que no intervenían en la operación y se concentraron en los aspectos protocolarios. Por descontado, todo ello hubiera sido mucho más difícil, incluso imposible, sin la colaboración directa y en masa de una población que ha sabido responder de forma ejemplar.

El Estado no ha hecho acto de presencia de utilidad alguna para el interés general, salvo, según parece, poner palos en las ruedas y hacer declaraciones ridículas. Cataluña funciona como Estado de hecho en su propio territorio. Sus consejeros hablan y actúan como ministros y, por cierto, con bastante más soltura y pericia que los del gobierno central, algunos de los cuales no han interrumpido las vacaciones y otros hubiera sido mejor que tampoco las interrumpieran.

Y la batalla se traslada ahora al protocolo. La CUP dice que no va a la manifa si la encabeza el Rey porque representa el negocio de armamento a las tiranías islámicas que luego financian a los terroristas. Está en su derecho. Puigdemont lamenta la decisión de la CUP y le pide que la reconsidere. ¿Qué va a decir? Es el presidente. Y la CUP la reconsiderará o no. Forma parte de las naturales discrepancias políticas entre gentes que están aliadas pero no son lo mismo. Claro que si no reconsidera y convoca su propia manifa, la CUP pondrá a muchos ante un dilema de conciencia y una división de la respuesta ciudadana que contradice el universal y un poco empalagoso deseo de unidad.

Por lo demás, el Rey estará ya informado de que no goza de universal simpatía entre sus súbditos. Algo que no le extrañará pues está siempre hablando de "nuestra democracia", que es cosa de acuerdos y desacuerdos, obediencia y desobediencia. En Cataluña hay una fuerte opinión republicana. A lo mejor sería sensato que la Casa Real excusara la presencia del Rey en la manifa pretextando un resfriado, por ejemplo.

Al fin y al cabo, la pareja real ya ha hecho el recorrido de los hospitales y ha distribuido abundante material fotográfico de sus majestades con niños, de esos que nadie quiere instrumentalizar para actos de mayores. Ya hay para varios reportajes de ensueño.

El interés general pide eficacia en la actuación de las instituciones al servicio de la población. Las manifestaciones afectan al terreno simbólico. Muy importante, desde luego. Pero lo decisivo es lo otro. Lo decisivo no es aparentar, sino ser.

Y Cataluña es.

domingo, 20 de agosto de 2017

Reseña del acto de Prada

Publicada hoy en El Nacional.cat. Me interesa especialmente la parte final sobre las acusaciones a la CUP. Esa inmundicia de relacionar a los antisistema con el terrorismo de la Rambla ya empezó el mismo día del atentado. ¿De qué se extrañan los políticos franquistas del gobierno y sus periodistas mercenarios cuando alguien especula con que podrían haber sido ellos? Que son capaces de auténticas marranadas y presuntos delitos ya lo dejaron claro los psicópatas de Interior cuando presumían de haberse cargado la sanidad catalana y cuando fabricaban mentiras contra sus adversarios. Se empieza con la "Operación Cataluña" y se puede seguir con cualquier cosa, ¿no? O ¿alguien cree que los sectarios del Opus Dei no creen que vale todo para conseguir sus siniestros objetivos?

Además, según mis noticias, la Ratita Hacendosa, esa que se considera una nueva Kelsen, anda buscando el apoyo del PSOE para elevar el nivel de alarma antitrerrorista de 4 a 5 y así justificar la presencia del ejército en Cataluña.

Las reacciones

Dudo de que haya otro lugar del planeta en que un atentado como el de la Rambla provoque tal alud de respuestas inhumanas, crueles, inmorales, estúpidas o ruines. Algo deben de tener Cataluña y los catalanes para suscitar reacciones tan repugnantes y sacar lo más bajo que muchas personas llevan dentro.

Y no es nuevo. Es motivo permanente. Cada vez que hay un accidente o desgracia con víctimas catalanas aparecen en la redes comentarios catalanófobos generalmente delictivos. No, no es nuevo. Cuando algún mal castiga Cataluña, mucha gente en España -que envidia y odia a los catalanes- se alegra y hace chistes sobre ello. Muchos, supongo, son los que luego se lamentan de que los catalanes quieran independizarse, están en contra de la idea y, si les dejaran, matarían a todos los independentistas con el sacro fin de preservar la unidad de esta patria en la que da asco vivir con gente como ellos.

Tres observaciones sobre tres tipos de reacciones, sin ánimo de ser exhaustivo entre los cientos de declaraciones, gestos y actitudes que se han prodigado en las últimas horas.

La hipocresía oficial. Tanto el Rey como el Sobresueldos y la Ratita Hacendosa y el pintoresco ministro del Interior, tardaron horas y horas en comparecer, dejando así bien claro que España y Cataluña son dos países distintos y sin grandes relaciones entre sí. El de Exteriores no se dignó interrumpir sus vacaciones en la embajada del Ecuador, sufragadas por partida doble por todos los españoles. El Rey, que estaba en otro país, no ha aclarado en cuá, y el Sobresueldos compareció finalmente a balbucear las habituales vaciedades mientras no podía evitar que fueran filtrándose noticias sobre el boicot a que el gobierno de España viene sometiendo a la consejería de interior de Cataluña por razones políticas poniendo en peligro la seguridad de los catalanes. Todos a una clamaron por una unidad que no existe, que se han inventado y que ellos han roto siempre que han podido cuando dicha unidad podía beneficiar a Cataluña.

Una reserva a este respecto. Habrá que exigir responsabilidades y estudiar cuáles hayan sido los fallos, los errores o las medidas de sabotaje mal intencionadas. Pero, mientras no haya pruebas fehacientes, nada, absolutamente nada autoriza a culpar del crimen a ideas o personas distintas de los autores materiales. Por eso los fascistas que pasan por periodistas y demócratas en los lamentables medios españoles y que acusaban ya desde el primer momento al proceso independentista o a la CUP lo único que están haciendo es justificar que otros culpabilicen directamente a la guerra sucia del gobierno y lo hagan responsable de lo que se llama un "atentado de falsa bandera" para buscar un pretexto que le permita intervenir y militarizar Cataluña. ¿Sacado de quicio? Es posible, pero, que yo sepa, la "operación Cataluña" de las cloacas del Estado no la organizó la CUP sino el ministro meapilas entre virgen y virgen.

La canalla de derechas. Las redes se llenaron de comentarios delirantes en los que los periodistas a sueldo de la derecha vertían ignorancia y odio contra todo lo que les molesta en un intento de criminalizarlo. Isabel San Sebastián relacionaba el atentado con el cuento de la reconquista  que siempre ha servido a la derecha para falsificar la historia de España con sus patrañas nacionalcatólicas y atizaba el odio contra el islam con un hediondo hálito de cruzada. Alfonso Rojo se metía con los "progres" por su manía de distinguir entre una confesiones y otras cuando a él, probablemente, lo único sensato debe de parecerle meterlas a todas en el mismo barco y hundirlo, ya que la sola religión que debe de aceptar este elemento es la de la pastuqui por programa . El inefable Tertsch hacía una amalgama juntando en un solo tuit la Rambla, Podemos, la CUP, el Gulag, etc., en el mejor estilo estalinista que, en realidad, es el suyo. Escenificación de esta farsa cavernaria,  un editorial de El País y un artículo de Lluís Bassets en el mismo medio relacionando el terrorismo islamista con el independentismo. Por no hablar de la velocidad de todos los fantoches de la tele -Quintana, Griso, Ferreras- en interrumpir sus vacaciones para darse un baño de morbo y pujar el share, que es lo que importa.

La canalla de izquierdas. Cuando se trata del independentismo catalán, ya sabe, las tenues diferencias entre la izquierda y la derecha española se difuminan y todo es derecha; derecha patriótica, nacional. Así que toda la sedicente "izquierda" española murmuró unas atribuladas jaculatorias unitarias, copiando, como siempre,  a la derecha, y en algún caso, hizo el habitual alarde de catalanofobia de rigor. Sirva como ejemplo la viñeta de Peridis ayer en El País en la que se insinua fariseamente una relación causal entre el independentismo catalán y el atentado. Ese dibujo es un juicio moral innoble que necesariamente tiene que provocar indignación en quien sepa dos cosas: a) el atentado no tiene nada que ver con el proceso; b) el proceso parecerá bien o mal a distintos públicos, según sus objetivos, pero es pacífico, democrático y mucho antes víctima (ya lo está siendo, perseguido por los amigos de Peridis) que victimario.

Ante  la oleada de reacciones contrarias a esta mala baba del dibujante, su jefe en el periódico, Antonio Caño, sacó un tuit defendiéndolo con una arrogancia tan extrema y necia que uno se pregunta si el hombre está en sus cabales y sabe de lo que habla. Decía Caño: Con todos los respetos, no voy a permitir que se denigre de forma tan ruin una ejemplar trayectoria profesional. No se sabe con qué medios materiales cuenta Caño para conseguir su objetivo, aparte de la manipulación y la censura, sus favoritos. No se sabe cómo impedirá que el propio Peridis destruya esa "trayectoria profesional" demostrando lo que es en el fondo. Por último, ¿acaso cree él que su propia trayectoria profesional al servicio del PP, la caverna y los intereses personales de Cebrián, le dan autoridad para defender a alguien?

Y si Caño, periodista del régimen, lanzaba sus bravatas en defensa de su obediente plumilla, el genio del socialismo que entretiene sus ocios en el Parlamento Europeo, Elena Valenciano, coincidía con el sucio espíritu de Peridis y se deshacía en elogios: Del maestro . Inteligente, agudo y -sobre todo- humano. y no

Que los dioses nos libren de estas lumbreras que ven inteligencia, agudeza y humanidad donde no hay más que estulticia, bastedad e inhumanidad.

¿Se entiende por qué el independentismo catalán es tan fuerte? 

Y más que será.

sábado, 19 de agosto de 2017

Un plan para Cataluña

Tal cosa promete el PSOE para el próximo 28 de agosto, festividad de San Agustín de Hipona, el autor de La ciudad de Dios contra los paganos. Ya puede ser bueno un plan para Cataluña que bajo tal advocación amanece.

De antemano debe reconocerse a la iniciativa socialista el valor de procurar una solución dentro del marco institucional de legalidad en el que quiere moverse. No es mucho, pero es infinitamente más que la inoperancia del gobierno durante todos estos años, producida por un complejo de indolencia, incompetencia, indiferencia e ignorancia. A lo que debe añadirse una actitud de desprecio y agresividad.

Admitir que Cataluña es sobre todo un problema español y el principal, como lo fue en su día el País Vasco es un gran avance, aunque parezca mentira. Reconocer, al mismo tiempo que lo de Cataluña, siendo más grave para España que fue lo del País Vasco, no puede resolverse por los procedimientos que allí se emplearon es un avance sobre el avance. Pero no tendrá efectos positivos de no venir coronado el reconocimiento por un plan para Cataluña que no solo acepte el Parlamento español, sino tambien el catalán. Y esto es muy problemático.

El plan ideal, para Palinuro, especie de "programa máximo" de la oposición, sería un referéndum pactado que permitiera aplazar prudencialmente el del 1/10. La garantía habría de contar con el voto favorable cuando menos del PSOE, el PP y Podemos.

Esa posibilidad suena inverosímil en principio porque los mismos proponentes la excluyen al afirmar que su propuesta tiene la finalidad de desconvocar el referéndum del 1/10 al que consideran ilegal. Bien. En sentido estricto, la objeción es a la ilegalidad, no al referéndum en sí mismo. Es decir, efectivamente bien podría el PSOE presentar un plan para Cataluña consistente en desconvocar el referéndum del 1/10, convocándolo para uno o dos meses más tarde como referéndum pactado. Con lo cual ya no sería ilegal, que era el gran obstáculo.

Aun así, es poco probable que el PSOE la formule y el Congreso la apruebe. Por eso, el PSOE se remite a la sabiduría agustiniana y quiere formular un proyecto de convivencia tan sugestivo y prometedor para los indepes catalanes que les haga olvidar su precioso referéndum como si bebieran las aguas del Leteo. Es difícil imaginar qué propuestas puedan los socialistas presentar para que, en el análisis de costes/beneficios de los indepes, los beneficios de aceptar sean superiores a la celebración del referéndum.

En realidad no es difícil; es imposible. Se echa de ver no en el fondo del proyecto de un plan para Cataluña, sino en su forma: como debate y decisión del Congreso español que podría, incluso imponerse (es imaginable) en contra de la voluntad de los diputados indepes. Estos no aceptarán una fórmula impuesta por el Parlamento español (adoptada, además, como resultado de una muy improbable reforma constitucional) y el Parlamento español, probablemente, no aceptará debatir la fórmula de acuerdo catalán en una negociación bipartita de igual a igual.

Así que el plan para Cataluña se antoja poco viable. De momento.

viernes, 18 de agosto de 2017

Palinuro en Prada

Grabación de la conferencia de Prada de hoy. Muy animada.






Barcelona


Tercer Movimiento de la tercera sinfonía de Gorecki, llamada "Sinfonía de las canciones tristes" (Symfonia pieśni żałosnych)

Hoy, Palinuro en la Universitat Catalana d'Estiu

En Prades, al otro lado de la frontera en la Catalunya Nord, también conocida como Francia, y en el liceo Charles Renouvier, nada menos. A las cinco de la tarde, una conferencia sobre La República Catalana en el concierto europeo. Un tema que tiene parte de ucrónico, como hubiera gustado a Renouvier, inventor del concepto.

Por cierto, viniendo hacia Prades desde Barcelona, se pasa la frontera por La Jonquera/Le Perthus. En la Jonquera se encuentra el Museu Memorial de l'Exili, con visita obligada. Lo inició hace años mi amigo Jaume Sobrequés, el actual director del Centre de Cultura Catalana en el que también hay un museo de historia catalana que lleva su factura y quien me ha invitado a Prades. El museo de La Jonquera es magnífico porque es museo y memorial en verdad. Es informativo, didáctico y simbólico. Imposible volver a pisar esa calle estrecha a la que se asoma el edificio sin recordar a los 250.000 que la recorrrieron a la caída de la República, cuyos rostros, atuendos, filas, pertenencias, acabamos de ver en la exposición. Las gentes anónimas y las personalidades. Pocos volvieron. Un torrente de desesperación recibido por la gendarmerie y distribuido por los campos de internamiento del sur de Francia en condiciones que han sido registradas para siempre en las fotos de Agustí Centelles y los dibujos y grabados de otros artistas. Acierto inmenso del museo es exponer en paralelo la tragedia y la desesperación del exilio con los fastos de la España fascista triunfante. La que hemos heredado.

Un mal día. Ya en la frontera nos llegan las noticias de atentado en Barcelona. Sobre él acabo de subir un post con un trozo de la 3ª sinfonía de Gorecki, que es lo que se me ha venido a la mente al enterarme de esa barbaridad. Luego han empezado a aparecer mensajes en los medios y muy duras polémicas, con verdadera crueldad a veces. Y muy ilustrativas del debate público y el funcionamiento institucional. La comparecencia de Rajoy se demoró hasta pasada la media noche y para decir las obviedades y perogrulladas que suelta habitualmente, algunas directamente absurdas. Por ejemplo, sostiene que la victoria frente al terrorismo se consigue mediante "unidad institucional", justo esa que él no ha conseguido forjar porque un par de horas antes comparecían por su parte Puigdemont, Junqueras y Colau, en ausencia del delegado del gobierno, que fue a recibir a Rajoy al pie del avión. Una perfecta exhibición de una dinámica de dos países.

jueves, 17 de agosto de 2017

Una carta de hace dos años al rey

Mi amigo Bernat me comunica que la ha llegado por Whatsap esta carta abierta a Felipe VI con el siguiente mensaje: "La carta d'un català al Rei Felipe VI que fa furor a la xarxa". La carta es mía. No tengo nada en contra de que se me atribuya la nacionalidad catalana, al contrario, me siento orgulloso. Pero sí tengo contra la costumbre de reproducir textos suprimiendo la autoría. Palinuro está todo él en Creative Commons y por lo tanto, la reproducción de sus contenidos es libre con las solas limitaciones de no desfigurarlos, no hacerles decir lo que no dicen y reconocer la autoría. Eso es elemental. Si se difunde con estas condiciones, no hay problema alguno. La carta se publicó el 24 de julio de 2015, hace más de dos años y estoy encantado de que tenga tanta difusión. Ya la tuvo entonces, razón por la cual, me decidí a subir un vídeo a YouTube leyéndola íntegra y que reproduzco aquí:





Hoy podría volver a escribirse pues sigue siendo actual.

Para quienes quieran leerla como salió,la reproduzco aquí:

Estimado señor: en 1716, un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y libertades catalanas tras someter Barcelona mediante conquista militar. Trescientos años después quiere el destino que venga usted a impedir que los recuperen.

Acaba usted de espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas, como usted no lo ha sido, cuyo contenido esencial reside en recordar la necesidad de respeto al principio de supremacía de la ley, sin el cual, no es posible la sociedad civilizada.

¿Con qué autoridad dice usted eso a un presidente que, como él mismo señaló en una entrevista posterior, nunca se ha saltado la ley? Contestemos a esta fastidiosa pregunta.

Su autoridad personal en la materia que, a fuer de republicano, este blog no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar golpista, un delincuente perjuro que se alzó contra su gobierno y usted no ha tenido el coraje ni la gallardía de refrendarlo mediante una consulta a la ciudadanía, un referéndum en el que esta decida si quiere seguir con la monarquía o prefiere la República, el último régimen legítimo que hubo en España, pues el suyo no lo es.

Usted carece de autoridad pero se hace eco de la del gobierno español, ese sí, elegido por sufragio universal. Es este quien ha enviado a usted a Cataluña a recitar el catón elemental del Estado de derecho: el respeto a la ley, que a todos nos obliga, incluidos los gobernantes.

En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, aquí y ahora, en España, no solo no lo es, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas el cumplimiento de la ley, la cambia a su antojo, unilateralmente, sin consenso alguno, valiéndose de su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que esa ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta que atienda al bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe usted perfectamente, es el más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. Un solo ejemplo lo aclara: el mismo día que el presidente de ese gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad algunos, sospechoso de haber estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan "cambiar las reglas del juego" al desobedecer la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ni un medio de comunicación, ni un publicista ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, como han hecho ellos. No tengo a usted por una lumbrera, pero imagino que no se le escapará la impúdica hipocresía de este razonamiento pues los catalanes jamás serán mayoría en cuanto catalanes en España y, por tanto, no pueden materialmente cambiar la ley y están condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. Por si no lo sabe usted, eso se llama "tiranía de la mayoría" y es tan odiosa como la de la minoría.

No, señor, el asunto ya no es de respeto a la ley. El asunto es de legitimidad, o sea mucho más profundo y antiguo. Pero, por no abusar de su paciencia, se lo expondré a usted en tres sencillos pasos a imitación de la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

Primero vino una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en la que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Fue la tesis.

Luego llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable con el resto de los europeas. Se negaba la dictadura. El Estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una Constitución que consagraba la separación de la Iglesia y el Estado y propugnaba un Estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del Estado, por encima de los avatares históricos.

Por último llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo aplastante del PP en 2011, volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los  curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó la cáscara de la Constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice en esta involución y se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto carece de contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la diligente colaboración de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carente de todo prestigio y autoridad moral por estar plagado de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente a la cabeza, militante y cotizante del PP. 

Así están hoy las cosas en España, señor mío. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos, empeñados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, impregnado de corrupción, basado en un partido al que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha provocado una involución sin precedentes, una quiebra social profunda (lea usted las estadísticas de pobreza, las de paro, las de productividad, las verdaderas, no las que fabrica esta manga de embusteros) y una quiebra territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la que es el único responsable por su incompetencia, autoritarismo y corrupción.

¿Cree usted que ese gobierno tiene autoridad para hablar de la ley?  ¿La tiene usted?

No le extrañe que los catalanes quieran liberarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como ese que quiere "españolizar a los niños catalanes". Muchos otros, si pudiéramos, haríamos lo mismo. No quieren, no queremos, vivir otra vez el franquismo. 

Y usted, le guste o no, lo representa.




Carme Forcadell, el independentismo cool

Al final, somos tradicionales: las revoluciones las hacen los parlamentos, el Parlamento inglés en el siglo XVII, el Congreso continental en Norteamérica, la Asamblea Nacional en Francia en el XVIII, la asamblea de Frankfurt en el XIX (aunque fracasara), el Parlament de Catalunya. Tradición en la revolución y revolución en la tradición porque el Parlamento catalán está presidido por una mujer. Un dato de mucha importancia por lo conseguido hasta la fecha y lo por conseguir a partir de ahora.

Carme Forcadell es una figura muy relevante por representar una confluencia de corrientes representiva de la situación catalana. Se unen en ella la militancia en la izquierda, en ERC, con el activismo social a través de la ANC y, antes, de la Plataforma en defensa de la lengua catalana y el nítido compromiso independentista. Su imputación por los presuntos delitos de desobediencia y prevaricación ante la justicia española añade al cuadro anterior un valor simbólico, al configurarla como la heroína de la causa del Parlamento, que es la causa de la soberanía del Parlamento.

En el terreno práctico, táctico, inmediato, las decisiones de este órgano, como las del Govern, se ajustan al modelo de desgaste de la guerra de guerrillas contra el mastodonte del Estado al que, de momento, han amargado las vacaciones en previsión de males mayores. Esas medidas, es patente, tratan de ganar tiempo y tener al gobierno distraído mientras se prepara la gran manifestación de la Diada. Juego del ratón y el gato. El proyecto de ley cuya tremenda complejidad obligó a retirarlo ayer, se aprobará en lectura única en vísperas del 11/9, que se celebrará contando ya con el recurso del gobierno y hasta es posible con la correspondiente suspensión del Tribunal Constitucional. Ambos órganos han llegado casi a la simultaneidad de actividades a fuerza de identificarse el uno con el otro.

Uno de los rasgos más significativos del independentismo catalán y que el unionismo español apenas entiende es que es cool. Traten de explicárselo al de los sobresueldos.