miércoles, 20 de febrero de 2019

Esto se va a pique

Lo de la diferencia de nivel apabullante de los dos primeros días entre las defensas y las acusaciones se ha hecho demoledor en los dos siguientes con las declaraciones de cuatro presos políticos.

Los diálogos de Turull y Romeva con la fiscalía parecen los encuentros en la tercera fase. Se trata de personas con mucha preparación, muy motivadas políticamente y con mucha experiencia. Enfrente, unos probos y aburridos funcionarios de rutinario pensar (sí, ya sé que no son representativos, pero son), incapaces de entender las motivaciones de los acusados que carecen de naturaleza criminógena porque sus actos son públicos, legales, pacíficos y responden de sus consecuencias que, ¡oh milagro! no les benefician personalmente sino que les perjudican. 

La acusación pública escaló secuencias bochornosas. El fiscal no entiende el catalán escrito, pero no hace sino manejar papeles redactados en esa lengua, informes, documentos, tuits, que muchas veces no sabe leer. Excusado es decir interpretarlos e interpretarlos con el acierto y la sutileza que el lugar y momento requieren. Pues esa es la justicia del Estado español en Catalunya.

¿Recuerdan el pintoresco caso cuando el fiscal y el juez de la Audiencia Nacional preguntaban al procesado Joan Coma, acusado de incitación a la sedición, qué quería decir trencar els ous? De eso hace ya dos años. Pero seguimos igual: ¿qué malévolo propósito puede esconderse tras ese enigmático trencar els ous? Para hacer una truita. ¿Qué quiere decir truita? ¿Es el Estado, es el gobierno? Pues ahora, lo mismo: ¿no había un ánimo violento en aquellas exhortaciones a la paz y a mantener la calma? Al prever la violencia, se la estaba provocando. Es, más o menos, la línea de pensamiento del juez Llarena.

Es un juicio político total y un mal juicio, un esperpento en el que las acusaciones tratan de probar unos delitos concretos inexistentes para no dar la impresión de que persiguen ideas políticas. Pero no lo consiguen; no se han preparado el caso -eso es evidente- porque, para ellos, el independentismo en sí, como idea, ya es delito. Como para los jueces. Eso es lo que hace a estos jueces y parte en el proceso. Y la razón por la que no es un juicio justo.

Casi como una repetición del tercer día, los acusados se han movido en dos ámbitos distintos, complementarios y con igual nivel que los anteriores. Turull, al igual que Forn antes, dejó sin defensa a la acusación que no acusaba sino que se limitaba a insinuar solo para recibir contundentes desmentidos.

Romeva dio una clase magistral sobre el derecho de autoderminación tanto en el orden dogmático como en el legislativo y el jurisprudencial. Su saber tiene un componente teórico muy sólido enraizado en una riquísima práctica que hace inatacable su posición. En dos ocasiones señaló la paradoja de que representantes de un partido político xenófobo, contrario a los derechos humanos formen parte de la acusación a unos políticos democráticos, pacifistas y comprometidos con los derechos humanos. Dos momentos orwellianos.

La evidente complicidad de la sala en la decisión general de no tener que escuchar a los de Vox muestra hasta qué punto se es sensible del impacto de estos en la opinión pública, sobre todo, la europea, porque la española sigue manteniéndose en una beatífica ignorancia. O algo peor. La repentina fiebre españolista de Sánchez, que ha roto estrepitosamente con el independentismo, es, desde luego, una maniobra electoral, pero responde también al nacionalismo español más cerrado. Ese que monta en cólera cuando ve que no tiene nada que ofrecer a Catalunya que no sea la represión.

Vamos, lo dicho, el proceso está sirviendo para dar a conocer al mundo el estado de la cuestión del conflicto España-Catalunya en lo político y lo jurídico. No lo querían y lo han conseguido. Han conseguido hundir el buque. Porque una absolución implicaría un reconocimiento de la legitimidad del procés y su legalidad, y abriría el camino a la independencia. Pero una condena (la que sea) no será admitida y provocará una declaración unilateral de independencia. Más represión. Más gente a la cárcel. Más resistencia pacífica. Más cárcel. Estado de excepción permanente en Catalunya (lo llaman 155 para disimular). España se hace ingobernable y la mediación internacional, inevitable.  

martes, 19 de febrero de 2019

La moral del independentismo

Tiene su ironía que los dos presidentes reclamen la implicación europea en el conflicto España-Catalunya en un hotel porque el Parlamento Europeo les ha prohibido hacerlo en su sede. Eso al tiempo que autoriza otra conferencia, esta, sí, en sede parlamentaria con participación de Vox. Hay un evidente agravio comparativo que habla poco en favor de Europa y mucho de los independentistas catalanes que ahora mismo recuerdan la insistencia socrática en que es mejor sufrir la injusticia que infligirla. 

Decisión injusta, inmoral... e inepta. Sabido de siempre: si quieres dar alas a tu adversario, prohíbelo; si quieres que un libro sea un best-seller, censúralo. Los dos presidentes de esta República bicéfala han tenido un eco mediático impensado menos en España. La noticia de Vox se verá mucho en España y poco o nada en Europa. Son dos universos mediáticos distintos. Catalunya cuenta en el europeo.

Los dos presidentes han dado un repaso de avío a la reputación de España ante un auditorio abarrotado y con muchos medios presentes. Supongo que la Task Force 1 del catalanófobo Borrell estará ya preparando una contraconferencia, habida cuenta de que no ha podido evitar aquella, aunque sí consiguió prohibirla en el Parlamento europeo, regido por su amigo, el berlusconiano Tajani. El problema será a la inversa: la asistencia. Lo haga en sede parlamentaria o, a imitación de los indepenedenetistas, en un hotel, no le irá nadie, salvo los funcionarios españoles que no puedan escaquearse. Marca España Global garantizada..

El contenido básico de los dos discursos ha sido informar del conflicto España-Catalunya a día de hoy y reafirmar la voluntad independentista por razones de principios. De derechos, de libertades, de democracia y pacíficamente. Los mismos principios que se respetaron en Escocia deben respetarse en España/Catalunya. Seguirán pidiendo pacíficamente un referéndum de autodeterminación  y recuerdan que los independentistas nunca se han levantado de la mesa del diálogo, como sí ha hecho el gobierno de Pedro Sánchez.

Así es y por ello más desagradable escuchar al presidente español diciendo que "El independentismo tiene pavor a sentarse a dialogar". Es incompresible cómo se puede ser tan cínico. El que cortó todo diálogo en España y, por medio de su ministro de Asuntos Catalanes, persigue a los independentistas en el exterior, tratando de acallarlos como sea, dice que son estos quienes no quieren dialogar. Esta desfachatez raya en la de Rajoy cuando decía que la Gürtel no era una conspiración del PP, sino una conspiración contra el PP. Es el mismo estilo: tú miente con descaro; total, da igual.

Torra afirma estar dispuesto a ir a la cárcel en defensa de la independencia de Catalunya. Eso da a su actitud una dimensión moral que el unionismo y asimilados no entenderán jamás. Alguien, sin embargo debiera advertirles de que Torra no está solo. Que su neroniana creencia de que sea posible "descabezar" un movimiento de millones de cabezas encarcelando a los dirigentes es ridícula. 

Torra no está solo. Tiene millones detrás. No es posible encarcelar a un pueblo.

lunes, 18 de febrero de 2019

La buena fama

Con elecciones a la vista, me da que lo más rápido de esta "célula" (¡qué nombre!) será su vida. Una vida fugaz. Una vida de breves horas como la de los insectos llamados efímeros, que carecen de aparato digestivo. Aunque aquí lo traían bien preparado, a juzgar por los sueldos.

Lo más gracioso es lo de "acción rápida", urgente. Suena a Task Force 1. Do quiera se detecte una amenaza, allá irá alguno de los 250 efectivos de diplomacia pública. Estos chicos son expeditivos. De "aquí te pillo, aquí te mato". En sentido figurado, es de suponer. Es el brazo eficaz del Estado, el que no se anda con pamplinas ni retóricas y acude a la acción directa, como los anarquistas finiseculares. ¿Un acto público en defensa del infecto separatismo catalán en algún lugar del planeta? Allá se lanza un cónsul o un embajador con la mismaa voluntad con que los anarquistas tiraban una bomba al patio del Liceu. El mayor anarquista, el Estado.  

Nada, nada, "acción rápida" para evitar la repetición de la Leyenda Negra, para restablecer la reputación de España. "España Global", un globo de propaganda cuya mera existencia ya es prueba de lo inepto de su concepción. La reputación de un país no se hace o rehace repartiendo prontuarios y argumentarios más o menos amazacotados entre cientos de funcionarios, cuyo celo en la tarea combativa de la supuesta hegemonía del relato exterior independentista es más que dudoso. Y hasta es mejor que sea así porque cuando hacen suyo el propósito de bloquear o sabotear un acto en defensa del ínclito nombre de España, generalmente se ponen en ridículo.

La reputación de los países democráticos y Estados de derecho no las hacen o rehacen escuadras de asalto provistos de estadísticas o vídeos apañados a modos de kalashnikovs y en rápidos golpes de mano.  La hace su historia, su tradición, sus aportaciones al avance y común bienestar de la especie. 

Mi amigo Joan Casanovas, profesor de historia, me comenta que, a fines del siglo XIX, España contrataba pinkertons para espiar a los independentistas cubanos. Espiar o lo que fuera, ya que estos pinkertons eran tan expeditivos como los ingenios tras la "célula de acción rápida". No parece que se haya avanzado gran cosa. 

Combatir en el extranjero la mala reputación de España no evidencia la intención de procurar que el país sea merecedor de mejorar su reputación, sino la de ocultar la muy mala que tiene. Porque, como es evidente, la mala fama de España fuera no se debe a la natural maledicencia de los vecinos, sino a la realidad interna, mezcla de corrupción e ineptitud del país. La mala fama fuera se genera dentro y quienes la airean fuera airean realidades. Negarlas no es remediarlas; es mentir.

La Leyenda negra no nace fuera, sino dentro y está hecha de relatos de españoles que causaban tal consternación fuera que dieron origen a lo que después se quiso negar bautizándolo como eso, una leyenda negra. Nada de leyenda. Realidad.

Como realidad ahora es que el gobierno del PSOE ha puesto en marcha un ministerio de propaganda a la vieja usanza, disfrazada de novedad celular a base de la agencia de Lozano y el ministerio de Borrell. 

Porque nada de lo demás que se hace, dice o piensa en España mejora su mala imagen.

Calculen lo que podrían mejorarla estos dos. 

domingo, 17 de febrero de 2019

La minoría rebuznante y la mayoría silenciosa

En tiempos del corrupto M. Rajoy (a) Sobresueldos, que, si hubiera justicia en España, estaría en la cárcel, se decía que, junto a los independentistas, en Catalunya había una mayoría no independentista a la que el de los "hilillos de plastilina" llamaba la mayoría silenciosa.

En las dos fotos correspondientes a los dos actos políticos de ayer con que se ilustra este post, puede verse la entraña de esta mentira.

Así como puede verse la del sucesor del corrupto Rajoy, el demagogo Sánchez, cuando habla de que Catalunya está dividida más o menos al 50%, que está fracturada, enfrentada entre sí y que lo que deben hacer los catalanes es hablar entre ellos. De nuevo las fotos prueban claramente que este pobre hombre, carente de una sola idea, se rige por las machadas del catalanófobo Borrell. El nivel mental de Sánchez no da para más.

Ayer, dos docenas de provocadores y chulos de C's, encabezados por la insoportable cotorra catalanófoba, Arrimadas, y el jayán tabernario Carrizosa, se presentaron e Amer, a ver si conseguían su propósito de sembrar cizaña y dinamitar la normal convivencia de un lugar. Porque lo que estas tres derechas (PP, C's y Vox) pretenden a toda costa es crear el clima de tensión y violencia que denuncian. Pero la gente no hace ni caso a la Arrimadas (llamada la "montapollos") y  los comercios cierran sus puertas a su paso. Como si fueran apestados. Y lo son: apestados de odio, de rabia, de indignación al comprobar que nadie los quiere. A otras personas, esta glacial recepción les hubiera hecho reflexionar, pero no a estos matones, que no pueden reflexionar porque no tienen con qué. Y, cuando lo tienen, es para provocar, insultar y llevar la crispación a Catalunya. Mala gente. Muy mala gente. Se ganaron el Tortosa que les hicieron. 

El lenguaje de este post puede parecer duro, pero digan ustedes qué calificativo merece un puñado de chulos que va un sábado a alterar la vida tranquila de un pueblecito pacífico, a armar bronca, molestar y destrozar mobiliario simbólico urbano, a ver si consiguen que algún ciudadano le parta la cara a la hija del policía de Franco, como su padre se la partía a los "rojos" indefensos. Así podría poner el grito en el cielo (más de lo que lo hace habitualmente) y pedir feroz represión en Catalunya.

En otro  lugar del principado, en Barcelona, más de 200.000 personas se manifestaron en favor de los presos políticos, en contra de la farsa judicial berlanguiana del Supremo y por la autodeterminación. 200.000 personas son bastantes más que las 45.000 que reunió en Madrid el domingo pasado el cómico trío de trogloditas y las dos docenas de provocadores que anduvieron media hora (no pudieron aguantar más el desprecio de la gente) por las calles de Amer, como si fueran los forajidos del tren de las 15: 10.

La distancia es inmensa. Sánchez puede seguir mintiendo, aconsejado por el catalanófobo Borrell, un tipo sin escrúpulos, un socialfascista de manual, que se ha hecho cargo de la propaganda y la guerra sucia del exterior de la tiranía española contra los catalanes. El arrogante sujeto ha montado una camarilla de sinvergüenzas y vividores, desechos de otros partidos, como Irene Lozano, o macartistas sin categoría como Ignacio Torreblanca y secuaces, capaces de cantar en gregoriano los embustes más fascistas del gobierno, siempre con cargo a los fondos públicos que pagamos todos, incluidos los catalanes, a quienes estos sicarios menosprecian e insultan 

Catalunya, dice Sánchez, está fracturada. Catalunya, dice Sánchez, está enfrentada en dos mitades, incluso en el seno de las familias, dice Sánchez. En Catalunya el independentismo no es mayoritario, dice Sánchez, sin permitir una consulta que aclararía el asunto definitivamente. Los catalanes, dice Sánchez, deben hablar entre sí. Este conjunto de falsedades y embustes no puede habérsele ocurrido a Sánchez solo porque no le da el caletre. Es el infame destilado de los más virulentamente unionistas y catalanófobos de su gobierno, como Calvo, Celáa o Borrell y de los cipayos con que cuenta en Catalunya como Iceta.

Ignoro cómo estos "asesores" y otros igualmente incompetentes administrarán a Sánchez la noticia de que los matones de C's, a los que él corteja como posibles aliados, no fueron capaces de intercambiar palabra alguna con los habitantes de Amer (vaya con el diálogo) que, todos a una ("todos a una", sin divisiones, Sánchez)  les dieron la espalda y los ignoraron. Y tampoco sé cómo le presentarán la noticia de que 200.000 catalanes salieron a la calle a decirle que, en contra de lo que él simula creer, la autodeterminación no es un delito sino un derecho.

Un derecho que estamos ejerciendo en Catalunya pese a quien pese en España y garantizará la liberación de nuestros políticos, cuando la República catalana independiente sea un hecho.

sábado, 16 de febrero de 2019

La manzana está en el aire

Ya tenemos encima las elecciones otra vez. 2015, 2016, 2019. Todo un ciclo de crisis. Menos mal que, según Aznar, antes se romperá Catalunya que España. De momento, la único seguro es que Catalunya ha hecho caer dos gobiernos españoles en menos de un año. Ábrese aquí amplio concurso se sabios comentaristas sobre Sánchez, su destino, el PSOE, los barones, Catalunya, el independentismo (o diabólico secesionismo, según) la derecha nacional, los vendepatrias, los plazos, las posibles coaliciones, en fin, toda esa sarta de vaciedades con que llenan las ondas sonoras y visuales como si dijeran algo.

Palinuro se limitará a un análisis pomáceo.

Las elecciones abren un periodo de incertidumbre, de competición, de lucha por conseguir el triunfo que cabe representar en una manzana, elemento en innumerables leyendas, símbolo del triunfo y de la bienaventuranza.  Las manzanas doradas garantizaban la inmortalidad a los dioses nórdicos y wagnerianos. Algo parecido a la manzana de Samarkanda, de las Mil y Una Noches, que cura todos los achaques físicos y, por tanto, muchos psíquicos también, pues  lucir joven cuando se es viejo enardece el espíritu. No es seguro que también cure los achaques morales. No consta que la de Samarkanda lavara las conciencias como las conciencias lavan los capitales, ni que dejara libres de culpa a la sarta de ladrones del PP. 

Las manzanas simbolizan pues la victoria sobre la enfermedad, sobre la muerte, ¡cómo no sobre unos adversarios políticos que son unos granujas! De ahí que todos las anhelen como anhelaba Euristeo las manzanas doradas del jardín de las Hespérides. Simboliza el momento decisivo entre la derrota y la victoria o, exagerando un poco, entre la vida y la muerte, como la manzana en la cabeza del hijo de Guillermo Tell.

El resultado de elecciones abre el camino a la metáfora de la manzana del bien y del mal, con la que ha empezado nuestro peregrinar en esta tierra y el pecado original del querer saber. Sánchez dice siempre que el independentismo no es mayoritario en Catalunya. La manzana del árbol del conocimiento de las elecciones le permitirá hablar con veracidad, con los resultados sobre la mesa, no las especulaciones.  Les elecciones convocadas de improviso son la antesala de las municipales y algunas autonómicas, y están llenas de incertidumbres ya que las decisiones sobre las generales introducen cambios en los pocos o muchos acuerdos que haya o vaya a haber en estas últimas por cuanto la política municipal es siempre un ámbito muy peculiar de cada caso.  Aunque, como los resultados electorales tienen siempre un elemento de azar, a alguno puede caerle en la cabeza, como la manzana en la de Newton. Y quizá no le sirva para formular la ley de la gravedad pero sí la doctrina del partido más votado que, a diferencia de la ley de la gravedad, varía según nos interese.

Si no le cae sobre la cabeza, puede caer sobre la mesa del banquete de bodas, arrojada de pronto por Eris entre las tres diosas, Hera, Afrodita y Palas, con lo que se originó la guerra de Troya. Hoy más difícil de comprender que ayer cuando las tres diosas que se disputan la manzana de la discordia son Casado, Ribera y Abascal, entre cuyas escasas gracias deberá decidir el electorado de derechas.

Las manzanas se usan tácticamente. Las relaciones entre el Estado y Catalunya se ajustan a las manzanas doradas del mito de Atalanta e Hipómenes que, hasta ahora, había funcionado. Siendo Atalanta (Catalunya) más veloz que Hipómenes (el Estado), este ganaba la carrera porque iba arrojando por el camino manzanas de oro o presupuestos generales de él mismo (PGE) que Atalanta se paraba a recoger y aprobar a cambio de unas migajas, con lo que, al final, perdía la carrera. Pero ya no. Eso se ha acabado:  Atalanta no se para a recoger las manzanas-presupuestos y ahora gana la carrera a la independencia.

Por ello, la manzana en el aire electoral toma un tono siniestro ante la posibilidad de que triunfe el trifachito, trifalito o trichulito. La manzana está envenenada y, al morderla Blancanieves (el PSOE), cae otra vez en un profundo letargo del que vendrá a sacarla el beso del príncipe (Podemos), que. no habiendo alcanzado el cielo, se hace un hueco en la tierra, al amor del partido que pretendía destruir por ser casta.

La manzana mordida es el símbolo de Apple, que apareció primeramente con los colores del arco iris, dizque en homenaje a Alan Thurig, que se suicidó mordiendo una manzana envenenada con cianuro. Quizá tenga que ver con ello ese momento en que Rivera, al dar un "canutazo" a la prensa antes del glorioso ridículo nacional del domingo pasado, se hace fotografiar ante dos banderas arco iris traídas a propósito, en demostración de respeto a los símbolos.

Para los independentistas, la manzana lanzada al aire por Sánchez plantea una cuestión que pasa del campo especulativo al práctico con urgencia. ¿Qué hacemos? ¿Participamos en las elecciones generales del país que consideramos vecino? Y, si participamos, ¿cómo? 

Hay quien dice que siendo República, carece de sentido participar en elecciones ajenas. Sin embargo, es indudable que las circunstancias prácticas de fuerza mayor obligan a participar: las decisiones adoptadas en el órgano electo (Congreso) son vinculantes en Catalunya, salvo caso de confrontación directa y entonces hablamos de otra cosa. Esas decisiones serán más duras si toda la representación que Catalunya envía a las Cortes está compuesta por partidos anti-independentistas. Del lado positivo ha de advertirse que, si participamos, seguiremos teniendo una palanca legal de presión sobre el legislador y, cuanto mayor sea la representación, más eficaz será la palanca.

Si se decide acudir a estas elecciones, antesala de las municipales/autonómicas, ¿cómo se hará? ¿Con lista única o listas separadas? Y ¿qué listas? ¿Acudirá la Crida? Es de suponer que la CUP, no. La primera cuestión, si lista única o separadas, es menos importante de lo que parece, a reserva de si la ley d'Hondt opera marginalmente a favor o en contra, pues no cabe predecirlo. La presentación o no de la Crida es lo problemático. No parece que el aura de "partido del Presidente" sea aquí relevante y, en cambio, puede generar confusión. Quizá lo más práctico sea seguir como hasta ahora, con ERC y JxC. La Crida tiene su campo natural no en unas elecciones estatales, sino nacionales.

La sabiduría popular tiene la mejor opinión de las manzanas: "One apple a day keeps de doctor away". Una elección al día parece excesivo, pero, cada cierto tiempo, es saludable.