sábado, 21 de julio de 2018

El código secreto

A ver, que estamos en verano. Época de ensoñaciones, sobre todo de noche, cuando el mundo se llena de Oberones y Titanias. El verano tiene su literatura, como la tienen las demás estaciones. Pide relato corto, vivo, a ser posible con algo de intriga y de misterio. Para llevar a la playa o a la veranda de un balneario suizo. A fuer de catalán, Palinuro se ha hecho transversal. Relatos con algo de chispa, que la calor apelmaza; relatos con pointe, que se decía en las justas satírico-literarias del XVII francés en las que igual te llevabas un pareado que una estocada. 

Así que eso propongo: un relato de verano. Pero no un sueño sino una visión. De ahí el título del Código Secreto que espero intrigue para leerlo. El drama del escritor moderno: atrapar la atención volátil del lector. Y siempre que se habla de secreto se asegura el interés público. Nada moviliza más a la peña que los secretos. A ver por qué si no se orienta a las andanzas del rey dimisionario y la lista de los treinta y un mil y pico defraudadores. Porque son secretos que no debieran serlo.

Pero no adelantemos acontecimientos por más que es práctica literaria socorrida. Empezamos con una consideración sobre la política catalana. Esta recuerda mucho una opinión muy generalizada en Catalunya y fuera de que los catalanes hablan catalán entre ellos solo para fastidiar. Claro, hablan con otro código, pero lingüístico. No una clave para transmitir información militar. No importa: lo hacen para fastidiar. No es cierto, pero da igual. Lo mismo pasa con la política catalana. Es tan complicada que parece ajustada a un código incomprensible al menos en Madrid, en donde ya no saben qué pensar y vuelven a creer que, como son catalanes, hacen política para fastidiar. 

Aquí tenemos al PDeCat aprobando hacer efectiva la República ya mismo como si fuera la CUP. Un momento, pero el PDeCat, se asombra el nacionalismo español, ¿no es el heredero refundado de Convergencia, catalanes/españoles de toda la vida? ¿No es el partido de Mas y Puigdemont, el de la burguesía catalana del 3%, gente en la que confiar? Es más, dirán los de Podemos, tan españoles como los otros pero sin saberlo, precisamente porque el PDeCat es el partido de la podrida burguesía antiobrera y antipopular el independentismo es una patraña burguesa en la que los fieles seguidores de la verdadera izquierda no deben caer. La izquierda española no admite más nación que la suya (que, por cierto, no lo es) porque es internacionalista. Si este razonamiento les parece una sinsorgada, vayan a los textos "nacionales" de las moradas/os. 

Y, sin embargo, ahí lo tienen: el PDeCat aprueba una resolución típicamente cupaire con absoluto desparpajo. Tal cosa viene acompañada del habitual barullo catalán sobre dónde se pone cada uno, si Pascal, si Bonvehí, si Turull, Rull, etc. No haya problema, al final se pondrán de acuerdo.

Vaya, hombre, entonces ¿resulta que el PDeCat, como ERC y la CUP rechaza confluir (verbo de moda en hispánicas tierras) y mantiene su singular identidad? Y ¿quién se suma a la Crida del presidente? Eso se verá  en las entregas siguientes. No hay relato de verano sin un suspense que incite a leer lo posterior. Pero, en lo esencial, dependerá de cómo actúe el presidente Puigdemont. Si su propósito de confluencia se frustra tendrá que optar entre su militancia en el PDeCat y la dirección o presidencia o liderazgo (como quiera llamarse) de la Crida. Toda decisión tiene algo del dilema de Hércules porque no hay repetición. Y algo sentimental; la vieja militancia y los recuerdos de la infancia. Si te equivocas, no tiene arreglo. 

La dirección de la Crida, sin incorporación orgánica alguna, puede tener un aspecto positivo en la medida en que consolida su afirmación de ser una organización suprapartidista. Tan supra que no tiene ni un solo partido. Una ventaja de poco fuste. Mayor es la que tiene manteniéndose como Crida en una constelación de partidos políticos muy desiguales en todos los sentidos. La Crida sería entonces el partido de los sin partido. Pero partido. Esto no está claro por cuanto hay un propósito de convocar un congreso constituyente en septiembre en el que una de las cosas por decidir es convertirse o no en partido. 

Aun admitiendo la igualdad de trato de la Crida  con los partidos más o menos convencionales, hay algo definitivo que la diferencia de los demás: tiene fecha de caducidad. Habiendo alcanzado el objetivo propuesto, la República Catalana independiente, la Crida dejará de existir. No hay prueba más contendente de que los promotores desean la República Catalana, pero no quieren pronunciarse sobre su contenido. Eso es cosa de los partidos que prevén, obviamente, sobrevivir a la realización de la República para orientarla en uno u otro sentido. Lo cual es muy legítimo, pero secundario, no en lo cardinal sino en lo ordinal. Es como se dice en una de las increíbles canciones de Bertolt Brecht, algo como sobre la insuficiencia de las cuestiones humanas: "primero viene el comer; luego, la moral". Primero, la República; después, ya la vestiremos. Si el bloque independentista no fuera fiel reflejo de una sociedad desarrollada, compleja y conflictiva no sería nada.

Y llegados aquí, curiosa y curioso lectores, ¿de qué va esto? De una pregunta: ¿cómo se organiza ese rompecabezas de la política catalana en el que las piezas, a primera vista, no encajan? Muy sencillo, gracias al código secreto. El código secreto es el resultado de una conjura independentista, acordada en una noche de angustia y esperanza del 30 de septiembre al 1 de octubre de 2017, más conocida como 1-O. La clave con la que se abre el código y se entiende a la perfección la endemoniada política catalana es esta: Mandato 1-O. Aplicando esta clave el mensaje se lee: la unidad no se rompe. Seguim.

Si les ha gustado el relato, encomienden el alma del infeliz relator a San Ramón Nonato, su patrón y rescatador de cautivos. 

viernes, 20 de julio de 2018

Una justicia Nacional

Llarena lo ha conseguido. La justicia española no gozaba de gran prestigio en el continente. Su última decisión la deja literalmente por los suelos. Es ya patente a ojos de todo el mundo que se trata de un proceso político disfrazado de judicial. Para los magistrados del Supremo, como para su presidente, Lesmes, como para muchos jueces españoles, aquí está en juego "el orden constitucional español", entendido a su manera, claro está. Un bien de naturaleza claramente política ante cuya urgencia y primacía debe hacerse la vista gorda frente a las minucias jurídicas de si las euroórdenes están motivadas, si los delitos invocados están debidamente justificados, si se tienen pruebas, si se cumplen los requisitos, etc. El juez Llarena, además de retirar las euroórdenes, lee la cartilla a los jueces belgas y alemanes y se queja amargamente de que falten a los deberes de colaboración judicial y mutua confianza. Como si la justicia española inspirara alguna confianza y menos que lo hará admitiendo abiertamente que no se guía por criterios jurídicos sino políticos, de razón de Estado.

El desbarajuste organizado por el juez es monumental. Jurídica y procesalmente, la situación creada será muy lógica. Desde el punto de vista del sentido común es un perfecto disparate, casi como de Groucho Marx. Resulta que en las cárceles de Catalunya hay nueve presas y presos políticos, algunos de los cuales acusados de un delito de rebelión que, al parecer, cometieron bajo la dirección de otro al que, sin embargo, no se le puede acusar de lo mismo. Eso sin contar con que hay otros presos acusados de un delito de malversación del que el propio Llarena confiesa no tener pruebas.

Es esperpéntico. 

Parece ya irrefutable que es una farsa para perseguir el independentismo. A los intelectuales (a unos pocos), habitualmente críticos les ha costado ocho meses de denso silencio enterarse. Muchos otros siguen hablando de "políticos presos" y justificando su encarcelamiento. Pero por fin comienzan a oírse tímidas voces pidiendo su liberación. Incluso se ha firmado un manifiesto abogando por ella, aunque aceptando como legal y justo su procesamiento, lo cual es una vergüenza. El amigo Wyoming salía ayer en su programa en TV con una corbata amarilla en solidaridad. A lo mejor así se consigue ir por la calle en Barcelona o Madrid con un lazo amarillo sin que te parta la cara algún policía nacional o guardia civil. 

En tuiter se decía que, en el futuro, el "yo pedí desde el principio la libertad de los presos políticos"  será el equivalente al "yo corrí delante de los grises cuando Franco". Más o menos. Ahora todos creen que la judicialización de la cuestión independentista fue un error. Évole aconseja paternalista a Llarena que "lo deje".  Sánchez también parecía pensar así hace meses y, según ha llegado, ha proseguido la vía judicial y ya ha hecho su parte de ridículo tratando de intervenir en el proceso judicial belga por medio de sus ministros.

Cómo estará la cosa que en España se ha puesto en marcha una campaña en favor del referéndum (todo se pega) entre Monarquía y República que Palinuro ya ha firmado. Pero manteniendo las distancias. Es genial que los españoles espabilen; pero la República Catalana no depende de la española.

La pólvora mojada de Llarena es la de toda la causa "judicial". Ahora ya no hay excusa alguna para no entender que la liberación de los presos políticos es un requisito de cualquier negociación. Mientras los presos y presas no estén en libertad, el independentismo no puede prestar colaboración parlamentaria al gobierno de Sánchez, cuyo fiscal se niega en redondo a dejar en libertad a estas personas inocentes. Cuanto antes se vuelva al terreno político, mejor para todos. ¿Que cómo se hace? Igual que se inició en un primer momento: una decisión política  activó un proceso judicial literalmente plagado de anomalías, abuso de poder, atropellos a los derechos de los acusados, etc. Una decisión política tiene que poner fin a este dislate teniendo en cuenta que el ordenamiento jurídico y el Estado de derecho no padecerán más de lo que lo vienen haciendo.

No hay otra salida si Sánchez quiere que alguien se tome en serio su oferta de un nuevo estatuto. Y en el entendimiento de que el tiempo apremia. No se puede contar en años. Ha de ser en semanas; todo lo más, meses.  El nuevo estatuto que tendría que estar redactado en un plazo brevísimo, habrá de incluir el derecho de autodeterminación de los catalanes y ser propuesto a refrendo de estos en un referéndum en el que la otra opción sea la independencia. Referéndum vinculante. 

En este momento y los que se avecinan es esencial que el independentismo siga siendo una piña.

Hoy, Palinuro en Sentmenat

A les 8:00 del vespre, en la Plaça de la Vila de Sentmenat (sala Ecus en cas de pluja). Un acte organisat per l'ANC per parlar del meu llibre, España quedó atrás i de diversos assumptes d'actualitat encara que crec que tota l'atenció es centrarà sobre aquests. Les últimes notícies sobre la presentaciò de la Crida Nacional per la República i els desacords al Parlament plantegen una situació delicada i nova. La tendència dels partits a establir acords i tota mena de complicitats i el propòsit de no trencar la legalitat vigent de l'Estat espanyol pot portar-nos a un carreró sense sortida:  continuar amb el joc autonòmic indefinidament. Un cop està clar que el nou govern de Sánchez no porta cap pla de canvi substancial ni reconeixement del dret d'autodeterminació, tinc clar que, a partir de la tardor, caldrà començar a fer efectiva la Reepública i això només s'aconseguirà desobeint ..

jueves, 19 de julio de 2018

La desobediencia es República

Aquí mi artículo de elMón.cat de ayer, titulado Tres niveles de "normalidad", justo cuando también ayer mismo se producía el incidente del Parlament en el que JxCat y ERC escenificaron un enfrentamiento a propósito de la substitución de los diputados suspendidos por Llarena, incluido Puigdemont, cosa que este no acepta, pues no está procesado por rebelión ni se encuentra en la cárcel. El enfrentamiento llevó a una suspensión sine die del pleno. Una crisis entre las fuerzas independentistas como las que suelen darse entre socios que, teniendo un objetivo estratégico común, discrepan de los medios tácticos. Pero en esta ocasión el choque es más virulento y tiene más visibilidad porque se produce cuando se acaba de lanzar la plataforma de Crida Nacional per la República (a la que, por cierto, se ha sumado Palinuro) que tiene la ambición de convertirse en un movimiento atrapalotodo republicano, que no es un partido político y que promete disolverse una vez esté realizada la República Catalana.

Lo sucedido ayer es una demostración sobrevenida de lo que se dice en el artículo. Los tres niveles de "normalidad" de que se habla en él son: a) el más bajo, el nivel de la autonomía raspada y bajo amenaza permanente de intervención del Estado vía 155 o como le dé la gana; b) el nivel intermedio o "nivel político", el de las relaciones entre los partidos, los juegos institucionales dentro del marco de la legalidad del Estado español, que es lo que se escenificó en el Parlament; c) el nivel nacional o de desobediencia y ruptura, que es el que traerá aparejada una decidida actitud de desobediencia que lleve  a unas elecciones anticipadas para consolidar la República. 

El texto en castellano: 


Tres niveles de “normalidad”
                                                                                                                              
Por muy aburrida que sea la palinodia del gobierno español sobre la necesidad de restablecer la “normalidad” en Catalunya, es obligado examinarla. Conviene saber exactamente a qué llama “normal” un gobierno cuyo presidente apoyaba no hace mucho fervorosamente la aplicación del muy anormal artículo 155 de la Constitución, o sea la dictadura constitucional. Por lo visto hasta la fecha los partidos nacionalistas españoles (los tres dinásticos del PP, el PSOE y C’s y Podemos) llaman “normalizar” la situación en Catalunya a la aceptación del hecho de que haya presos, exiliados y represaliados políticos producto de una farsa judicial movida por un plan de persecución política.
Nadie que no tenga un defecto de visión típicamente franquista, nadie que reconozca, aunque sea superficialmente, un Estado de derecho puede aceptar como “normal” una situación en que hay rehenes políticos. Nadie, tampoco, una en que el gobierno se reserva el derecho a recurrir al 155 discrecionalmente y, por tanto, mantiene sometida a una amenaza perpetua a la Generalitat. Solo el establishment político/mediático español, profundamente franquista (empezando por el PSOE) es capaz de llamar “normalidad” a la tiranía.
La situación que place al gobierno español es, en realidad, el primero de los tres niveles de “normalidad” que se viven en Catalunya. Es el nivel más bajo, el de la normalidad ficticia de una condición que oscila entre el retorno a la tiranía y la arbitrariedad del 155 y el más obediente, sumiso y bovino régimen autonómico.
Junto a este aparece un segundo nivel que puede llamarse el de los partidos políticos, el terreno de juego de las opciones ideológicas dentro del movimiento independentista. La clave de este segundo nivel de “normalidad” la da el propósito de estos partidos, singularmente ERC y CUP, de ir a posibles consultas electorales con listas separadas. No se quiere una lista única o de país, pero se actúa con el firme compromiso de hacer efectivo el mandato republicano del 1-O revalidado en las elecciones del 21 de diciembre a través de una coalición electoral.
Solo se pretende averiguar cuál sea el respaldo electoral de cada opción para hacer luego el correspondiente ajuste en la distribución del poder. La acción de las instituciones irá orientada a la implementación efectiva de la República Catalana pero en el marco de la legalidad española, claro. Cómo se haga compatible este respeto a la legalidad con la necesidad de acabar con la anormalidad de la existencia de presos/presas y exiliadas/exiliados políticos, nadie ha sabido explicarlo.
Esta opción implica un segundo nivel de normalidad, que se sitúa entre un autonomismo sumiso y otro más insumiso pero no hasta el punto de quebrantar la legalidad vigente. Se abre a una perspectiva independentista y republicana de contornos difusos, pues confía su plena realización a un futuro incierto, sin gran capacidad para articularse en propuestas concretas.
El tercer y último nivel de normalidad se produce con la aparición del nuevo movimiento, Crida Nacional per la República, cuya vocación es suprapartidista y transversal y que concibe su esencia como un movimiento instrumental y transitorio. Instrumental porque su único objetivo es hacer efectiva la República Catalana independiente de una vez por todas, sin otro tipo de reivindicaciones parciales políticas, económicas, sociales, etc. De hecho quiere verlas todas acumuladas en el adjetivo “Nacional”, por cuya razón, en la exposición de objetivos del manifiesto de la Crida, se han atribuido a la República Catalana prácticamente todos los objetivos de todas las demás orientaciones políticas con el claro fin de articular un movimiento en el que todas podrían sentirse a gusto.
La propuesta es asimismo transitoria pues se compromete a disolverse como organización cuando se haya conseguido su objetivo republicano. Se trata de lograr una independencia real dentro de la cual los partidos recuperarán su libertad de actuación particular. En realidad, este tercer nivel de “normalidad” se sitúa entre el autonomismo diríamos militante del segundo nivel y la provocación de un “big bang” republicano cuya exacta naturaleza está aún por averiguar. El periodo que este tercer nivel de normalidad se asigna va desde la constitución de la Crida como opción electoral hasta el resultado de unas elecciones anticipadas que, de dar un resultado positivo al independentismo, como es de esperar, se interpretará como el momento de realizar un acto concreto de soberanía. El primer acto de la República Catalana así constituida, será anular los procedimientos político-judiciales contra ciudadanos catalanes, liberar a los que se encuentran injustamente encarcelados y asegurar el retorno de los exiliados.

Mañana, Palinuro en Sentmenat

A les 8:00 del vespre, en la Plaça de la Vila de Sentmenat (sala Ecus en cas de pluja). Un acte organisat per l'ANC per parlar del meu llibre, España quedó atrás i de diversos assumptes d'actualitat encara que crec que tota l'atenció es centrarà sobre aquests. Les últimes notícies sobre la presentaciò de la Crida Nacional per la República i els desacords al Parlament plantegen una situació delicada i nova. La tendència dels partits a establir acords i tota mena de complicitats i el propòsit de no trencar la legalitat vigent de l'Estat espanyol pot portar-nos a un carreró sense sortida:  continuar amb el joc autonòmic indefinidament. Un cop està clar que el nou govern de Sánchez no porta cap pla de canvi substancial ni reconeixement del dret d'autodeterminació, tinc clar que, a partir de la tardor, caldrà començar a fer efectiva la Reepública i això només s'aconseguirà desobeint ..

miércoles, 18 de julio de 2018

Remake

Pero, gentes desmedidas y atolondradas, ¿aún no habéis entendido que no hay crisis en Cataluña sino crisis en España? Buscad información. Leed prensa extranjera; mirad las televisiones mundo adelante; hablad con periodistas, políticos afuereños.

Es una crisis de España por una sencilla razón: así como la parte catalana del conflicto tiene una mayoría parlamentaria para un proyecto claro con amplio apoyo popular, la española carece de ambas cosas. No hay acuerdo de mayoría parlamentaria, como en Catalunya. Es extraordinariamente difícil que la propuesta de referéndum de Sánchez salga adelante en el parlamento, por no decir imposible, salvo que se dé la siguiente negociación: se propone un nuevo estatuto elaborado directamente por el Parlamento español. El Parlament catalán no tiene por qué intervenir pues es mayoritariamente partidario de la independencia. Luego, el Estatuto se presenta a votación de los catalanes en un referéndum con dos opciones: 1ª) el estatuto; 2ª) la independencia.

Es posible que, de seguir en ánimo dialogante, se pueda llegar a un compromiso de ese tipo. De momento, parece impensable y, desde luego, no cuenta con un apoyo social español apreciable. Ya solo la propuesta de un nuevo Estatuto en este conflicto resulta revolucionaria. Pero es revolucionaria como el romanticismo cuando volvía a la edad de la caballería andante. No es el estatuto el que está desfasado; es el mismo marco estatutario; es lo que llaman los constitucionalistas el "bloque de constitucionalidad". Tiene poco gancho salir prometiendo una rodela nueva cuando las normas del duelo han cambiado y lo que está en cuestión es el encaje de Catalunya en un Estado español por muy autonómico que sea.

 ¿No quedábamos en que el mito del eterno retorno era eso, un mito y que salvo Nietzsche, nadie daba la lata con él? Y esa es la idea que parece estar tras la propuesta: dar vueltas a la noria. Déja vu, dicen los viajados, remake los cinéfilos. Hasta habrá quien se acuerde de Marx y lo de la repetición en la historia, tragedia/farsa. 

La única posibilidad de  que esta propuesta salga adelante en el Congreso es la mencionada de que vaya acompañada de un compromiso de celebración de un referéndum vinculante en el que los catalanes puedan elegir entre la vía estatutaria o la de la independencia. Pero es solo vislumbrar esa posibilidad y que la derecha se cargue de razones para acusar a Sánchez de vender a la patria, desmembrar a España, entregársela a los filoetarras, indepes, terroristas y nazis supremacistas. Con ello pondrá en marcha su máquina favorita de pedir elecciones. En realidad, si no las ha pedido ya es porque los dos partidos estaban descabezados, el PP por falta de cabeza visible y C's por ser cabeza conmocionada. 

El bloque de la izquierda más los indepes puede resistir la presión y aguantar el gobierno unos meses mientras formula un proyecto en un tiempo razonable con una oferta explícita de una fórmula de articulación entre España y Cataluña. Y esa oferta se enfrentaría en referéndum a la de la independencia. Aunque parezca mentira, la oferta española tendría mucho gancho en el electorado catalán sobre todo si presenta un proyecto de estatuto que reconozca a Cataluña su condición de nación, así como el derecho de autodeterminación, ejercitable previo breve aviso mediante referéndum con mayoría absoluta. 

No obstante, sigo creyendo que la opción independentista saldría victoriosa por una razón de antes y otra de ahora. La de antes: las opciones estatutarias están ya descontadas por más audaces y originales que sean. Es la idea misma de estatuto, de inferioridad de rango legal lo que aquí se cuestiona. La razón de ahora es que el bloque independentista parte de un mandato popular formulado el 1-O y refrendado el 21 de diciembre cuyo horizonte es la República independiente. Ese bloque está en un proceso político muy complicado, de poder dual en España y reacomodo institucional en Catalunya. Existe la posibilidad de reponer a Puigdemont en la presidencia de la Generalitat. Hágase y lo más probable es que se ponga en marcha un proceso constituyente de la República Catalana. 

martes, 17 de julio de 2018

La Crida catalana

Tengo para mí que el digital que mejor sigue la política catalana e informa más cumplidamente sobre ella es El Confidencial. Le mata un poco un sesgo nacional español muy pronunciado que lo lleva a confeccionar titulares interpretativos, como ese verbo "chantajear" en el de hoy que presupone un conocimiento de nefandas intenciones en Puigdemont quizá meros deseos del periódico. No obstante, es el único que trae en portada la presentación en Barcelona de la Crida Nacional per la República. Es de sentido común hacerlo pues Catalunya es actualmente la cuestión candente del Estado. Sin embargo, el resto de la prensa española, al menos la que Palinuro consulta, ha decidido ignorarla. Se ocupa del tropezón del PSOE en la renovación del Consejo de RTVE, entre temores de Tamayazo. También de las bribonadas del rey emérito y las del PSOE amparándolas. Cosas del decadente reino de España.

En Cataluña, en efecto, presentación de la Crida, bajo responsabilidad de Puigdemont, Torra y Sánchez. Otro triunvirato, si bien en este hay una cabeza más visible que las otras, la del presidente-expresidente. Estaba claro que, en cuanto los tribunales alemanes liberaran a Puigdemont de la extradición, este se lanzaría a la acción. Se veía venir. Como ahora se ve venir la convocatoria de elecciones anticipadas, una vez que aquel tiene base para intentar una lista de presidente que, por muy bien que den las encuestas para ERC, tiene un tirón fortísimo. En dos horas, el manifiesto de la Crida contaba ya con 3.500 adhesiones

El desarrollo de la República Catalana va articulando poco a poco el modelo gaullista. El ejecutivo bicéfalo y la formación de un movimiento suprapartidista dan buena fe de ello. La legitimidad viene aquí de la fuerza que da la acción exterior y la internacionalización del conflicto en comparación con la cárcel, cuyo valor simbólico es superior, pero menor su eficacia. Para los tiempos más próximos, el debate será si lista única o listas separadas en las próximas elecciones. Esta cuestión está sutilmente relacionada con la de si se tratará de elecciones ordinarias o un referéndum.

La Crida Nacional per la República  tiene voluntad suprapartidista y transversal y se supone se dirige también al voto independentista no alineado con partidos. Pero no es probable que esa vocación estilo rassemblement se materialice porque no es de esperar que los partidos decidan sumergirse en el magma movimental. Por otro lado, tampoco la fusión es necesaria a la hora de maximizar el voto porque no es disparatado sostener que las dos formas (lista única/listas separadas) tienen un resultado electoral similar. 

Nada obsta la aparición de la Crida para mantener el principal activo del movimiento indepe que es la unidad de acción. Mientras siga firme el compromiso de llevar adelante el mandato del 1-O y el 21 de diciembre no es relevante que haya unos u otros partidos políticos.

Lo inevitable, sin embargo, es que, en unas elecciones "ordinarias", la Crida (sea cual sea la forma que finalmente tome en su congreso constitutivo) actuará como una opción "sifón", que tirará de las otras simplemente porque es la del presidente. Los nombres lo dicen todo. Puigdemont marca distancias con el PDeCat, en el que ya rechina el término "partido". El título Crida Nacional per la República (CNR, que recuerda el Consejo Nacional de la Resistencia en la Francia ocupada) ha sido cuidadosamente escogido. La Crida tiene una gran tradición y omite los partidismos porque es un "llamamiento". El Nacional deja claro el nivel del independentismo y el Republicano se mete de lleno en el territorio que ERC ha reivindicado siempre como propio, el de la República. Pero eso es  acorde con el mandato del 1-O en el que la pregunta a la que la gente contestó por mayoría abrumadora que sí fue la de si se quería que Catalunya se convirtiera en un Estado independiente bajo forma de República. Por eso, el partido/llamamiento/movimiento del presidente se presenta como el ejecutor del mandato del 1-O.

Hasta el punto de que anuncia su autodisolución una vez haya hecho efectiva la República Catalana.