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martes, 19 de septiembre de 2017

El Estado mutante

Evelyne Huber et al., (2017) Transformaciones del Estado contemporáneo.Valencia: Tirant Lo Blanch, 519 págs.
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Al final, Palinuro se decidió a traducir el Oxford Handbook of Transformations of the State. No entero, sino solo la parte correspondiente a los 35 Estados de la OCDE. Es un texto de más de 500 densas páginas sobre algo de lo que todo el mundo habla y no siempre con suficiente conocimiento de causa. 

El Estado es la única institución universal, junto con el dinero, que en cierto modo es una emanación suya. Aunque hay quien dice que es al revés. No es el Estado el que respalda el dinero sino el dinero el que respalda el Estado. Como sea. Es una institución universal. Se ha repartido la tierra entera, y las aguas y los cielos y el éter celestial y el fuego de las guerras. Los elementos de los presocráticos. 

La realidad de los Estados y las relaciones entre ellos son cambiantes si no por naturaleza, sí por arte. Han evolucionado desde el sistema de Estados de la Paz de Westfalia de 1648, que suele darse como nacimiento del "Estado nación" en un mundo aún no enteramente conocido y dominado por Europa, al día de hoy, en que Europa ha perdido la hegemonía, pero conserva querencias.

Todo el mundo vive dentro de las fronteras de algún Estado. Pero no vive de la misma manera. Unos son ciudadanos (a veces de primera o de segunda), otros inmigrantes (legales o ilegales), otros, refugiados, otros minorías nacionaless o pueblos autóctonos. Tampoco los Estados son equiparables en prácticamente nada si no es el poder político, el territorio, por pequeño que sea, y su población. Las diferencias territoriales son abismales y también las de poder político. Teóricamente todos son soberanos. Pero la soberanía es un tipo ideal que poco tiene que ver con la realidad, aunque en unos casos menos que en otros.

Las gentes vivimos nuestras vidas en el marco de unas estructuras, las del Estado, de las que no somos conscientes. Los ciudadanos saben que los Estados son conjuntos de leyes, normas, usos, costumbres, tradiciones que se dan por supuestas y de cuyas variaciones y evoluciones apenas se toma nota. El ejemplo más evidente es el de los avances tecnológicos que revolucionan la vida cotidiana sin avisar y a más velocidad de la de esta de elaborar mecanismos de adaptación. Los cambios son continuos y no es posible frenarlos. A la vista está lo que cuesta remediar sus consecuencias más dañinas cuando se detectan, como sucede con la conciencia del cambio climático.

El Estado es una realidad mutante en un sistema internacional fluido. Entenderlo de modo riguroso es difícil pero imprescindible a fin de aclarar las cuestiones en debate en el ámbito público de carácter concreto y práctico; las políticas públicas, que influyen decisivamente en la vida de la gente: los impuestos, los subsidios, las pensiones, la industria, el corporativismo, la privatización, el modelo productivo, las exportaciones, un sin fin de factores que no paran de moverse. 

El modelo más o menos consolidado de Estados del bienestar durante la Guerra Fría ha cambiado radicalmente entre los años 90 del siglo XX, con la caída del comunismo, y el primer decenio del XXI con la crisis financiera. Unos cambios tan profundos que han aconsejado elaborar una tipología nueva, la que sigue el Handbook, de Estados capitalistas desarrollados (OCDE), Estados en vías de desarrollo, antiguos Estados comunistas y Estados islámicos. En realidad viene a ser la vieja tipología de la Guerra Fría con alguna variante de enfoque y el añadido de los Estados islámicos.

El libro se concentra en varios asuntos decisivos en la elaboración de políticas públicas y las examina con mucha precisión técnica y referencias empíricas: la cuestión de la gobernanza multinivel que tiene mucha importancia en una época caracterizada por lo que en otro trabajo se llama "fronteras porosas". En relación con fronteras, un capítulo sobre la función de las instituciones reguladoras transnacionales, lo que viene a ser como la explosión del sistema de las "agencies" independientes que plantan cara al Estado. La cuestión aquí es si esas instituciones reguladoras transnacionales pueden llegar a sustituir al Estado. 

Atención muy especial se presta a las variaciones y transformaciones del Estado del bienestar, cuyo impacto en la vida de la ciudadanía es inmediato. Así se dedican sendos capítulos muy especializados a las transformaciones habidas en los modelos estatistas, el corporativismo, el Estado de inversión social, las economías de mercado liberales y los Estados ISI, de inversión de substitución de la inversión, entre ellos, España, el ascenso del modelo de la oferta y la reaparición de un nuevo Estado regulador precisamente a causa del triunfo de ese modelo de la oferta.

Algunas otras cuestiones tienen un tratamiento singularizado. Hay un capítulo sobre la transformación del Estado desde una perspectiva de género y otro sobre las migraciones, un aspecto que ya ha pasado del tratamiento meramente cuantitativo que se le hacía en el modelo clásico a otro cualitativo, dado que la complejidad creciente de las migraciones afecta a cuestiones relacionadas con los derechos de ciudadanía que pueden provocar y suelen hacerlo agravios comparativos que afectan a la gobernanza.

El capítulo sobre los Estados plurinacionales, a cargo de Michael Keating, un reconocido especialista y en el que, entre otros, se estudia el caso español, es de gran interés. En general, como todo el libro, concebido en un espíritu sobrío, práctico y muy didáctico e ilustrativo. 

miércoles, 19 de julio de 2017

La izquierda busca una nación

Aquí mi artículo en elMón.cat. Va de lo que dice el título, de esa idea de reprochar a los independentistas la trampa que hacen de enfrentarse al Estado español diciendo que lo hacen al gobierno. Está claro, este gobierno es inaceptable desde todos los puntos de vista en una sociedad democrática. Pero, se dice, el gobierno no es el Estado. Dejad que caiga el gobierno, bien porque pierda una moción de censura o unas elecciones y veréis que España es un gran país con el que cabe entenderse. O sea, de referéndum, nada. De independencia, menos.

El artículo disiente. La versión en castellano:

El Estado y el gobierno

El argumento más poderoso del sector unionista, el menos falaz y sofista, es el que insiste en diferenciar entre Estado y gobierno. Es el más poderoso no por lo que dice, (auténtica trivialidad), sino por lo que implica. Según él el actual gobierno de España (un órgano corrupto, sostenido por un partido de presuntos delincuentes, que ha destrozado el Estado de derecho) no es el Estado en sí, sino una forma pasajera. Cuando haya elecciones, podrá haber un gobierno decente, que haga justicia al carácter democrático y abierto de la sociedad y el Estado españoles.

Es decir, el independentismo es una opción errónea, precipitada, que se basa, ella sí, en una falacia: la de identificar un gobierno de presuntos ladrones neofranquistas corruptos y nacional-católicos con el Estado español. Trata de aprovechar esta lamentable y contingente identidad entre policías y ladrones para hacer apresurada tabla rasa y tirar el niño con el agua sucia.

El argumento es una llamada a la paciencia y la esperanza del independentismo. Esperaos, viene a decir, a que haya un cambio de tendencia en la opinión española, a que haya un gobierno respetuoso con el sentir democrático y el imperio de la ley, y el Estado español permitirá su reforma profunda para acomodar las pretensiones catalanas, por ejemplo, en forma de un generoso federalismo, que es la vía elegida mayoritariamente por las izquierdas españolas, aunque no por las catalanas.
Invitar a la paciencia y la esperanza y tachar, de paso, a los independentistas de demagogos, precipitados, aventureros, radicales, etc., permite sentar plaza de persona ecuánime. También permite nada y guardar la ropa aunque sea posible que, al final, no se nade y la ropa se pierda.

Ese argumento coincide con un tímido rearme moral de un nacionalismo español de izquierdas. Hace unos días, más de 200 personas de ese ámbito, más o menos del comunismo catalán rechazaba el referéndum del 1/10 por falta de garantías democráticas. Escriben lo que predica su correspondiente organización, los Comunes, que no aceptan el referéndum, pero levantan constancia de su carácter movilizador. A continuación, proponen trabajar por un “verdadero” referéndum a partir del 2 de octubre. Lo dicen Domènech e Iglesias. No es una tomadura de pelo. Es simplemente que no dan para más.
Tratando de evitar este ridículo, el sector errejonista de Podemos alienta también la misma esperanza de un Estado español de derecho, democrático, avanzado, justo, respetuoso con las naciones que lo integran cuando los progresistas ganen las elecciones. Un Estado del que hay que estar orgulloso, una verdadera patria de todos los españoles, a la que los catalanes querrán adherirse de mil amores, abandonando los “delirios separatistas”, como dice el presidente de la Gürtel, los sobresueldos, y el “sé fuerte, Luis”.

La idea es siempre la misma: deponed vuestra actitud separatista porque todavía podemos hacer muchas cosas justas con un Estado español libre de neofranquistas, capaz de reformarse constitucionalmente y de atender con equidad las reivindicaciones de las naciones no españolas.

Mentira.

No hay nada, absolutamente nada en la experiencia de los último 300 años que permita abrigar esa esperanza en las relaciones entre Cataluña y España. Quien lo sostenga no actúa de buena fe o es un ignorante imperdonable.

No hace falta trabajar mucho para concluir que, si el poder político, el gobierno, cae en manos de la derecha (como lo está desde hace seis años por la incapacidad –también teñida de corrupción- de la izquierda) el Estado será represivo, antidemocrático, centralista, catalanófobo, injusto, cruel con los sectores más desfavorecidos y gestionado por ladrones.

¿Y si gobierna la izquierda, como hizo en 1982/1996 y 2004/2011? Pues lo mismo con algunos retoques cosméticos. Cierto, durante los mandatos de González y Zapatero se tocaron algunos puntos importantes de carácter social e ideológico. Pero la estructura del Estado del antiguo régimen siguió intacta: centralismo, caciquismo, oligarquía, iglesia depredadora, empresarios ineptos y corruptos, poder judicial vendido, medios de comunicación comprados, administración venal, injusticia sangrante en la distribución territorial de los recursos. NI siquiera se depuró el aparato represivo de la dictadura ni se hizo justicia con sus víctimas. 20 años tuvieron los socialistas para imponer en España la fórmula federal que hoy presentan como panacea y de la que, en realidad, no tienen ni idea.

Al margen de que esta oferta federal resulte ya lamentablemente anacrónica, es llamativo cómo el nacionalismo español (incluso este de la “Patria a la izquierda”) desconoce su íntima fibra autoritaria. Ni se les ocurre que, como están las cosas, el federalismo solo podría ser producto de un voluntad libre de entidades soberanas e independientes y no impuesto por el esclarecido regeneracionismo de una izquierda incapaz de reconocer que España tiene siempre los gobiernos que su fallido Estado le permite, sean de derechas o de izquierdas, federales o centralistas. La prueba es que al actual impulso independentista se generó y creció durante el mandato de uno de los presidentes más ineptos de la historia: Rodríguez Zapatero, “federalista” del PSOE.

Porque el problema es el Estado español, y pedir esperanza en que cambie alguna vez es jugar de mala fe.

lunes, 26 de junio de 2017

El Estado cloaca

Supongo que el programa de Évole tendrá máxima audiencia. El excomisario Villarejo aparece por la tele a hablar sobre asuntos de enorme gravedad, sucios, ilegales, delictivos, inmorales. Sobre los que podría haber hablado en sede parlamentaria de no ser porque el PP, el PSOE y C’s se opusieron a su comparecencia en la comisión que investiga la presunta “policía política” y otros tejemanejes de Interior. Algunos con soporte de grabación de conversaciones ignominiosas, que han dado lugar a sospechar de una “operación Cataluña” o guerra sucia contra el independentismo catalán. Por qué una comisión que investiga unos hechos se niega a escuchar las declaraciones de quien parece estar directamente involucrado en ellos es incomprensible. Salvo que se dé algún tipo de complicidad. No queda bien el “nuevo” PSOE obstaculizando la averiguación de hechos de interés general. 

Desde luego, Villarejo no ha ido a la tele a la fuerza, sino voluntariamente. Es verdad que se trata de una voluntariedad relativa pues el hombre no tenía opción real: la tele (Salvados) o nada. Es lo que los especialistas en teoría de decisiones conocen como “elección de Hobson”. Por supuesto, podría haber decidido seguir en silencio, pero justamente esa no era una opción porque lo quiere nuestro hombre ahora es hablar. Cosa que cree le conviene porque está atacado por muchos flancos. Y se defiende contraatacando, vieja táctica. Y tan vieja, pues la aplica a asuntos del franquismo, recordando que fue policía de la siniestra BPS. En lo más reciente empieza hace más de treinta años (el juez Garazón) y llega a ahora mismo (la doctora Pinto), pasando por todas las etapas intermedias (los Pujol, el Rey y su amiga, el CNI, Bárcenas y hasta el Yak42), sin dejar títere con cabeza, excepto la suya, siempre tocada con una gorra de chulapo.

Antes de seguir, un breve apunte. Fue Garzón, si no recuerdo mal, quien introdujo en España la figura de los “arrepentidos” por su utilidad en la instrucción penal. Estos venían de los pentiti italianos que testificaban contra la Mafia. Primero se emplearon en los procesos de narcotráfico y de ahí pasaron a ser requeridos en otros delitos con connotaciones políticas, singularmente los GAL. Aquí ya pudieron aparecer otras motivaciones en el “arrepentimiento” que la sola de aligerar la pena. Dada la relevancia mediática que alcanzaban (caso del policía Amedo) otros procesados buscaron por su cuenta acceso a los medios (caso Sancristóbal) para así influir en el proceso en su favor. El arrepentimiento ya no contaba. Se trataba de exonerarse acusando a los de arriba sin pruebas.

Eso es lo que ha hecho este pintoresco personaje que tanto recuerda a otro, Paesa, del que el mundo apenas tiene noticia, a pesar de haber sido decisivo en el famoso caso Roldán, de insólita memoria. El hombre comparece ante el pueblo y cuenta su historia, obviamente porque le interesa y como le interesa. Reparte estopa a granel, a Margarita Robles, a Cosidó, al exRey, a su amiga, a su enemigo el jefe del CNI. Hace eso que se llama “tirar de la manta” en varios asuntos, como el Yak42, los Pujol. Y todo apoyado rigurosamente en ninguna prueba. Por lo cual el auditorio puede pensar que dice verdad o un conjunto de patrañas o ambas cosas a la vez, como suele suceder. 

Pero algo trae este programa: mayor confusión aun en un paisaje deprimente de corrupción generalizada en el que pululan comisarios, subcomisarios, policías, detectives, espías, delincuentes, de los que salen informes falsos, presuntamente ordenados por responsables políticos que despliegan una maquinaria de guerra sucia contra sus adversarios y financiada con dineros públicos. Cosa de interés, dado que muchos de esos responsables y los funcionarios a sus órdenes y, desde luego, los policías en cuestión, no tienen nada clara la distinción entre el erario y su bolsillo.

Todo lo que los gobiernos de Rajoy han hecho es, por lo menos, ilegal. Empezando por su triunfo en unas elecciones a las que el PP concurrió, como al parecer hacía siempre, con financiación ilegal. Y continuando con sus gestiones posteriores, todas al rebufo de una oleada de saqueo, expolio y corrupción que tienen al propio partido imputado como sujeto jurídico en un proceso penal, así como 900 cargos a título personal y al presidente del gobierno citado a declarar en el mismo proceso de corrupción del partido que también preside. 

Las declaraciones de Villarejo (las que sean verdad y las que sean mentira), son como una piedra lanzada a la ciénaga de la política española. Algo se removerá y soltará vapores fétidos, pero la ciénaga la engullirá. Es muy ancha y densa y no hay nada a salvo: el gobierno, el parlamento y el poder judicial. Los últimos nombramientos en la Audiencia Nacional hieden. De los medios no hablemos. Los hay literalmente a sueldo de los poderosos que muchas veces son delincuentes.

Por ejemplo, Ignacio González tenía 250 tuiteros pagados con fondos públicos y dedicados a embellecer su imagen y cargar contra la de los adversarios. Acumular datos de este tipo es facilísimo. Están en las portadas de todos los periódicos. Y ahora con más asiduidad y morbo porque se añaden las informaciones de Villarejo que no es precisamente Julian Assange. 

Pero no sirve de nada para aclarar la imagen general. Al contrario, la hacen más enmarañada y confusa. En un sistema político corrupto de arriba abajo como el que ha instalado el PP desde 2011 no hay nada que no esté afectado por la corrupción. Solo alguien tan inepto como Rajoy puede decir en estas circunstancias que le gustaría ser recordado como una persona honesta. El máximo responsable y presunto beneficiario de este desastre quiere que el futuro le confiera lo que el presente no le da, honestidad. Es una petición absurda por parte de quien ha cobrado sobresueldos en B siendo ministro y quien tiene a su padre atendido con cargo a fondos públicos que niega otros con igual o mayor derecho. Y, si no se la da el presente con todo lo que paga (siempre con el dinero ajeno, del que dispone como propio), menos se la dará el futuro.

España vive una crisis constitucional y otra política y moral. Mal momento, desde luego. De la hondura de la primera da idea el desconcierto de los partidos dinásticos españoles. Forman una unidad frente al independentismo catalán, pero no a cualquier precio. Tanto PSOE como PNV ponen límites a la discrecionalidad del gobierno. Nada de suspensión de autonomía y ojo con las medidas represivas. El independentismo ha ganado lo que se llama la “batalla del relato” y ahora solo queda por ver hasta dónde llevarán sus propósitos aquel por un lado y el nacionalismo español por el otro.

En parte esta crisis se alimenta de la otra, la política y moral. Entre los numerosos ceses de cargos por causas de corrupción, muy pocos se han debido a dimisiones voluntarias. Creo que ninguno, aunque puede haberse dado algún caso. La piel (esa que todos dicen que van a dejarse en su tarea) de los cargos del PP es de paquidermo. Solo dimiten cuando ya están en los tribunales. Mientras tanto, presunción de inocencia y, después, indulto. 

Eso es lo que hay y lo que la gente ve y a lo que acaba acostumbrándose. En mitad de un escándalo de corrupción y con acusaciones concretas, el PP lograba mayorías en la Comunidad de Valencia. La opinión pública, resignada, prácticamente anestesiada, ha tardado más de diez años en comprender que la corrupción es el cáncer de la democracia y en darle la importancia que tiene. 

La cloaca es el propio Estado, administrado por una banda civil y religiosa de presuntos delincuentes y, cuanto más se oculte, más se tardará en ponerle remedio. Si lo tiene.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El hacedor de reyes

Se dice, y es cierto, que la legitimidad de la monarquía es la del 18 de julio. Fue Franco quien nombró rey al padre del actual, sustituyendo por tanto al abuelo, al que no dejó reinar y saltándose la legitimidad dinástica que es la decisiva en la monarquía hereditaria. Franco dejó la monarquía en el paquete del atado y bien atado. Pero, si no hubiera habido alguien capaz de vincular la decisión de la dictadura con el refrendo popular, el intento podría haber fracasado. Ese fue el truco de la transición que muchos celebraron como un procedimiento inteligente mientras otros callaban y una minoría rechazaba el plan.

La fórmula que se encontró entre la reforma y la ruptura diose en llamar "ruptura pactada". Ahora predomina una visión muy distinta de aquella época, una visión crítica y certera, pero tardía. El pasado no puede recomponerse. Los juicios sobre él cambiarán y seguirán cambiando, pero él mismo, no. La Transición consistió en esencia en meter de matute la monarquía en la ley que había de refrendar la democracia. Ese es su núcleo y pórtico de lo que vino después. El punto fue la Ley Para la Reforma Política que, por cierto, se tramitó como octava Ley Fundamental del Estado de Franco, ley de peculiar nombre y no menos peculiar contenido pues habilitaba al pueblo soberano al que recurría en referéndum a ejercer esa misma soberanía que, evidentemente, solo se ejercitaría si el referéndum era positivo. Si fuere negativo, la soberanía regresaría al Jefe del Estado, el heredero de Franco, el rey designado. Y, en efecto, la LPRP se sometió a referéndum el 15 de diciembre de 1976 con resultados apabullantes. Participó el 77,8 por ciento del censo; media/alta en España. Los votos "sí" fueron el 94,17 %; los "no" 2,56 %; los en blanco 2,97 %. Al margen de lo que cada cual piense del contenido, el resultado fue un éxito para los convocantes. El mayor, si no yerro, de todos los obtenidos en las más diversas consultas en los 40 años siguientes. El artífice, casi en solitario, de ese éxito fue Adolfo Suárez.

Suárez fue un gran político. Quizá sea lo único que fue. Pero lo fue. Era relativamente joven cuando se produjo el hecho biológico. Había empezado su carrera política en el Movimiento (era un "azul"), pero se le había muerto el patrocinador. La casualidad lo puso en contacto con el futuro monarca a través de López Rodó,  siendo él capitoste de la RTVE y, por lo tanto, hacedor de su imagen. El resto es anecdótico. La carrera de Suárez terminó tan sorprendentemente como había empezado, con una dimisión de presidente del gobierno que nadie ha aclarado, una revuelta en su partido y una posterior aventura al frente de otro que se saldó con varios fracasos hasta que el hombre decidió retirarse y abandonar sus pretensiones de volver.

Fue entonces, ya retirado de la política activa, cuando propuse a la Complutense que lo nombrara Doctor Honoris Causa. La Complutense aceptó y el rey pidió asistir, es decir, presidir. Pero la investidura hubo de postergarse porque, por aquellas fechas, se habían descubierto las andanzas de Mario Conde y aún estaba reciente la metedura de pata de la Complutense al investirlo a su vez honoris causa con asistencia del Rey. Había que esperar tiempos mejores. Que tardaron en llegar. Pero llegaron. Dos o tres años después, habiendo cambiado el Rector, la Complutense invistió doctor honoris causa a Suárez. Lo suyo había sido una labor de ingeniería política o cómo transformar una dictadura en una democracia sin que se rompa la vajilla. Cierto, mucha gente cuestiona que "aquello" (es decir, "esto") fuera una democracia. Para otros, en cambio, la dictadura no fue una verdadera dictadura. En política se discute todo. Lo incuestionable es que el hacedor de aquella filigrana fue Suárez, el ambicioso joven "azul". Al rey lo nombró Franco, pero lo confirmó Suárez. Y siempre es interesante saber cómo.

Este vídeo, al parecer censurado durante más de veinte años, procede de un reportaje de los años 90 de Victoria Prego que nunca ha dicho nada, que yo sepa. Y quizá ni haga falta. La sensación que produce esta noticia apunta a una especie de ánimo oculto, una conspiración, algo reprobable, para arrebatar la decisión explícita sobre la monarquía a la soberanía popular. Pero no hubo nada de eso, sino hasta lo contrario. El propio Suárez dice que las cancillerías pedían referéndum monarquía/república y añade que Felipe González -entonces republicano- también lo pedía. Pero, según los sondeos, si lo hacían, perdían. Es decir, no dejaron de hacer el referéndum invocando el carácter superior de la monarquía, que no se puede someter a voto popular, sino que lo hicieron por razones prácticas, porque pensaban que lo perdían. Pero eso es bastante razonable. Nadie convoca elecciones si va a perderlas y le es lícito hacer otra cosa.

En lo de "otra cosa" es donde está la insólita habilidad de Suárez que se manifestó con sobriedad gracianesca en los apartados 1 y 2 del artículo 1º de la Ley, dos prodigios de lenguaje performativo pero de segundo grado porque la realidad que crean está implícita: "Uno. La democracia, en el Estado español, se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo. Dos. La potestad de elaborar y aprobar las leyes reside en las Cortes. El Rey sanciona y promulga las leyes." Esos dos aparentemente generosos enunciados darían para tratados enteros de Política. Y hasta de teoría literaria. Son la fórmula mágica de la Transición: ¿Quién habla aquí? Curiosamente el Estado español, el de Franco, que ya se había declarado constituido en Reino en otra Ley Fundamental, tan válida como esta. Y ese "Estado español" se hace demócrata y devuelve al soberanía al pueblo así de pasada. El apartado dos es de la mejor literatura picaresca. Tras despojar al Caudillo de la potestad legislativa, se la otorga a las Cortes y al Rey que, por cierto, nadie sabe de dónde ha salido. 

Pero allí estaba, votado por más del 94 % de los electores, personificando una monarquía cuyo nombre no aparece en el texto. No es una conspiración. Es un escamoteo de la institución propia de la tradición picaresca del país y, desde luego, fruto del ingenio de Suárez quien, en efecto, fue un gran político que consiguió lo que se había propuesto sin que sus posibles adversarios lo vieran. 

Ya nunca sabremos cuánta gente hubiera votado por la monarquía en un posible referéndum explícito monarquía/república. Seguro que el 94 %, no. Pero podemos averiguarlo convocando uno, 

sábado, 30 de julio de 2016

El Estado contra Cataluña

La ratita hacendosa que vicedesgobierna en funciones este infeliz territorio, muy seria y digna, anuncia su intención de empapelar a la presidenta del Parlament de Cataluña. Solicita el correspondiente informe de “afinación” a la Fiscalía para cuando esta haya terminado de “afinarle” los presuntos al frustrado embajador del Opus-sección española en el Vaticano.

Por mucho que la Fiscalía “afine”, es imposible que esta colección de romos funcionarios franquistas entienda una pizca de política democrática, actividad que le produce vértigo. Este puñado de ineptos con ínfulas de Conde-Duque de Olivares, abogados del Estado que creen que este no es más que una cadena jerárquica en la que el mando da las órdenes y los demás cumplen con servil premura, solo puede gobernar mediante rodillo parlamentario y decreto ley, por imposición y tentetieso, que es lo que han mamado en sus casas. En cuanto el panorama se complica, los senderos se bifurcan y el personal muestra sus diferencias, ya no saben qué hacer y recurren a lo único que se les ocurre en su raquítico repertorio: la policía, los tribunales, la cárcel. Como Franco, Franco, Franco, que es lo único que entienden.

La ratita hacendosa y su jefe, el registrador de la propiedad, confunden el Estado con su partido, igual que el movimiento nacional era el Estado y la carrera en el uno era la carrera en el otro: se era jefe de centuria, presidente de la Diputación, gobernador civil, jefe provincial del Movimiento, secretario de Estado, ministro, siempre por orden del Caudillo, se obedecían sus órdenes y ahí acababa la política.

Estos fantoches del más rancio fascismo español en línea biológica o doctrinal son esencialmente incapaces de entender el alto valor simbólico de una magistratura al frente de una cámara representativa de origen democrático. Para ellos, el Parlamento, cualquier parlamento, es como las Cortes de Franco: una cámara de aplausos y su presidente o presidenta cualquier inútil en premio a los servicios prestados inclinando la cerviz. Nada más ilustrativo y claro que comparar a las dos presidentas, Carme Forcadell, mujer forjada en las luchas de la sociedad civil por la independencia a la altura del cargo que ostenta y Ana Pastor, una gris funcionaria al servicio del mando, que hace lo que le ordenan, escurre el bulto cuando toca dar la cara y rebaja el cargo a la altura de una subalterna.

La segunda generación de franquistas, hoy al mando, incapaz de entender la política democrática como sistema de institucionalización civilizada de conflictos, pretende resolver estos por la vía penal porque, creyendo que los demás son como ellos, se arredrarán cuando vean aparecer a los alguaciles. Abren así en su incompetencia e ignorancia definitivamente el último tramo que conducirá a Cataluña a la independencia. Un fracaso más de España como nación solo atribuible, como todos los anteriores, al carácter oligárquico, caciquil y profundamente estúpido de sus clases dominantes. 

Y, sin embargo, no es difícil verlo. El relato de la independencia de Cataluña es un crescendo dialéctico que, por limitarnos a los últimos años, muestra el siguiente cambio de cantidad en calidad: 

Tesis: Desprecio al Parlament al "cepillarse" el proyecto de Estatuto de 2006.
Antítesis: Desprecio a la voluntad popular en referéndum mediante sentencia del Tribunal Constitucional.
Síntesis: Consulta del 9N y elecciones referendarias de 27S con mayoría independentista.

Y, ahora, segundo ciclo:

Tesis 2: Nuevo desprecio (y ataque) al Parlament en la persona de su presidenta.

Los demás pasos vendrán a continuación. Estos funcionarios franquistas ignoran que detrás de Carme Forcadell hay 72 diputados y, detrás de los 72 diputados, millones de ciudadanos. Más incluso de los que los votaron porque, ante un ataque tan obvio a la par que imbécil a una magistratura popular y nacional, muchos electores de otras fuerzas juntarán las suyas con la parte agredida.

Es decir, como siempre, el recurso a la represión es el que enciende la llama de la rebelión.

lunes, 9 de noviembre de 2015

En la hora cero.

L@s lector@s se harán cargo de mi sorpresa y mi satisfacción al oírme citado por el señor Romeva en la histórica sesión del Parlament de Cataluña en la que se ha depositado la simiente de una futura República catalana. Sentirme parte de este proceso me emociona. La cita, muy extensa, se encuentra en el 13'30" del vídeo que tomo de Vila Web. El artículo al que pertenece se había publicado ayer, domingo, en elMón.cat, bajo el título Vetllant armes y en catalán. No obstante, Romeva citó el texto en español, probablente por deferencia. 

No tengo nada que comentar ni añadir a lo expuesto con claridad y determinación por Romeva en la tribuna de ese Parlament cuya presidenta, Carme Forcadell, cuenta con mi respeto y admiración. 

lunes, 18 de mayo de 2015

Más sobre la lógica empresarial
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Un par de asuntos más que se me quedaron ayer en el tintero en referencia a la descarada avaricia de la patronal y su deseo de seguir expoliando a la gente con retórica barata de máster del Opus.

En castellano puro "lógica empresarial" quiere decir maximización del beneficio, del lucro privado del empresario, al precio que sea. Ahí empieza y acaba la "lógica empresarial" que de lógica no tiene nada. ¿Qué factor, qué consideración social cabe aquí? Ninguna. Todas las que se aduzcan aumentarán costes y reducirán el beneficio privado. Empezando por los salarios. ¿Cuál es la lógica empresarial? Salarios, cero. Que los trabajadores trabajen por nada, que sean esclavos, que no tengan derecho a nada, ni festivos, ni puentes. Nada. ¿Coste de materias primas? Cero, también. ¿Por qué comprarlas a los pueblos que las producen si se puede robarlas y, de paso, esclavizar a los nativos y venderlos a buen precio a otros empresarios lógicos? Hubo un tiempo de oro en que la "lógica empresarial" era imperial.

Lo divertido es que, aplicando esa "lógica", con los trabajadores sin dinero para comprar los productos que ellos mismos fabrican y los empresarios les arrebatan por una fracción de su valor o, simplemente, si pueden, por nada, la producción se para, viene la crisis y los "lógicos" empresarios se arruinan. Porque la "lógica empresarial", la de la avaricia y la codicia sin límites, lleva a todos al desastre por ser profundamente estúpida. Y es entonces cuando hay que echar mano al Estado y pedirle que intervenga para poner orden en el espantoso quilombo que organizan estos parásitos condenados, como todos los parásitos, a destruir aquello de lo que se alimentan.

Curiosa la relación de los empresarios "logicos" con el Estado, vale decir, con la Ley. En principio la necesitan porque no hay seguridad económica ni posibilidad de cálculo racional ni planes ni nada si no hay seguridad jurídica. Los empresarios, como todos, necesitamos que la ley nos ampare en nuestros derechos, garantice que los pactos se cumplan y se castigue a quien actúa ilegalmente y en perjuicio de otros. Pero tampoco quieren mucho Estado y claman por el "Estado mínimo", el que menos interfiera con la libertad de las transacciones en el mercado y, sobre todo, el que menos interfiera en sus ilegalidades y hasta sus delitos cuando la "lógica empresarial" les dice que hay que cometerlos. Porque el análisis de costes-beneficios que lleva al empresario a maximizar su lucro puede aconsejarle correr un riesgo (¿acaso el romántico emprendedor no es el que corre riesgos?) y quebrantar la ley porque así se enriquece más y antes. En resumen: su idea del Estado es un sabio juste milieu: Estado máximo para los demás, que no puedan lucrarse ilícitamente y Estado mínimo, incluso, desaparición del Estado, de la ley, la policía, los tribunales y la cárcel para él, que es un representante de la lógica empresarial.

¿El paradigma? A la vista está. Bueno, no está a la vista porque se encuentra a la sombra y entre rejas, pero es el antecesor de Rosell en el cargo, Díaz Ferrán. De la presidencia de la CEOE directamente a la cárcel. Su sucesor no se corta un pelo para formular la misma doctrina por la que el otro sinvergüenza está en el talego. Y no lo hace porque la legión de granujas, vendidos, mercenarios y sicarios a sueldo de la patronal en fundaciones, think tanks, universidades, centros de estudios, medios de comunicación, se encargan de tergiversar el lenguaje y el significado de las palabras para que expresiones como "lógica empresarial" se asocien con eficacia y eficiencia, prosperidad y alto nivel de vida y no con explotación, engaño, robo, miseria y, en último término, delito.

Es un repaso semiótico total. Los patronos ya no son patronos; ni siquiera "empresarios". Ahora son "emprendedores", como si esta cuadrilla de mangantes, al estilo de Díaz Ferrán o Arturo González, hubieran emprendido algo alguna vez que no fuera mirar el BOE y darse comilonas en las que hacen chanchullos con sus amigotes de la derecha en cargos públicos, todos tan granujas como ellos.

Así se hace con todo y se convence al personal de que el que roba es un creador de riqueza y el robado, un vago perezoso que merece su destino. Cuanto más estúpido es el auditorio, más éxito tienen estas monsergas. ¿No han escuchado nunca al sobresueldos balbuciendo que son los "emprendedores" los que crean riqueza? No, buen hombre. La riqueza la crea el trabajo humano. El capital lo que hace es explotarlo y, en una relación dialéctica que usted jamás entenderá porque le falta con qué, también lo potencia. Es una relación antagónica, la trasposición de la dialéctica del señor y el siervo. Dejado a su libre albedrío o "lógica empresarial" (y a la verdadera, no a la de estos enchufados parásitos del Estado) el capital acaba con el trabajo, con la riqueza y consigo mismo. Por eso debe intervenir el Estado, la Ley, para proteger los derechos de los verdaderos creadores de la riqueza, los trabajadores y, de paso, irónicamente, también a quienes los explotan. Porque, si el Estado no interviniera no hay duda de que el señor Rosell acabaría hablando de "lógica empresarial" con el señor Díaz Ferrán en Soto del Real.

martes, 17 de marzo de 2015

¡Somos españoles!


Con las dos crisis que se ceban con España, la económica y la de vocaciones, muchos empiezan a flaquear y a sentir que esto de ser españoles es una incomodidad cuando no una tortura. Hay que combatir la quinta columna espiritual de la Antiespaña. Somos más españoles que nunca y orgullosos de serlo y de exhibirnos a los maravillados ojos del mundo con la prez y la honra que siempre nos han caracterizado.

Ahí tienen ustedes al ministro del Interior de un Estado no confesional, inaugurando un cuartel de la Guardia Civil en Fitero, en compañía del obispo y un ayudante, quienes han bendecido los locales, hisopo en mano, exorcizando de paso al maligno. Estaba previsto construir un centro sanitario en el lugar pero es obvio que un cuartel es algo más reciamente español. Un cuartel de la Benemérita en una localidad navarra que lleva años clamando por él. A la izquierda, en actitud gallarda, los charolados tricornios. A la derecha, en discreto segundo plano, el ministro del Rey. Trono, altar y orden público. ¿Somos o no somos la España eterna? Si le quitan el color a la imagen, verán que no ha cambiado nada.

Bueno, algo así: estamos en un Estado democrático de derecho en donde ya no se tortura en los cuarteles de la Guardia Civil. En este de Fitero, desde luego, en absoluto, pues así se lo han asegurado al ministro San Raimundo y San Bernardo, que le han inspirado. Es textual; no invento nada. Con tan poderosos santos, es seguro que a la Guardia Civil del cuartel no se le irá la mano con los detenidos. Y si, por desgracia, se le va, mira, ya están bendencidos. Eso que se llevan. Porque, además, a ver, que ya está bien de pacifistas izquierdosos, ¿no apoya el Vaticano una intervención militar de la ONU contra el Estado Islámico? Es lamentable, sí, pero, a veces, Cristo tiene que coger la metralleta. Este Papa medio rojo va aclarándose. Eso es reconocer el glorioso espíritu de las Cruzadas. Y ¿qué va nadie a enseñarnos a nosotros de cruzadas?


Esas vacas saltarinas están locas de contento del trato que la auténtica y verdadera España de siempre da a sus maridos los toros, verdaderos protagonistas de ese arte, ese patrimonio cultural inmaterial, esa sublime fiesta nacional consistente en asesinarlos entre horribles sufrimientos. Ya sé que sueno como una de esas guarras de Femen que en cuanto pueden muestran los pitones y se embadurnan de pintura roja para denigrar nuestra esencia racial. Lo hago a propósito porque se vea cuán difícil es alcanzar la condición de español digno de la Patria. Qué redaños hay que tener y qué agallas, para no responder a la Antiespaña como merece.

Recuperar la dignidad patria, el orgullo de ser español, miembro de una gran nación y ciudadano de un Estado moderno, justo, libre y culto. Y sabemos honrar a nuestros mayores, a nuestro próceres, aquellos que, con su esfuerzo, construyeron la grandeza de la que hoy gozamos. El Ayuntamiento de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) ha decidido homenajear a un anterior alcalde y jefe local del Movimiento Nacional, el falangista ya fallecido, Eugenio Molina Muñoz, alcalde nombrado por Franco entre 1963 y 1979. Van a poner su ilustre nombre, conocido en todo Alcázar y pedanías aledañas a un parque de la ciudad. Se lo quitan a un tal Pablo Picasso, del que casi nadie sabe nada en el lugar y los que saben, se hacen cruces al mencionar a un depravado comunista, afrancesado, mujeriego y pintamonas, desdoro de la verdadera pintura, la de los españoles de temple, como Sáenz de Tejada.

Y si alguna duda tenéis, escuchad al presidente del gobierno, en la mejor tradición espiritual y verbal de un Vázquez de Mella. ¡Con qué claridad afirmaba en la radio que él representa la auténtica lucha contra la corrupción que, por lo demás, es una parte pequeñísima de ese gran país que es España! En realidad, bastaría con que Floriano dedicara dos tardes a la tarea. Pero quiere ser él, quien nunca escurre el bulto, quien dirija el ataque regeneracionista. ¿Los SMSs a un delincuente? Ama comunicarse con su pueblo y envía SMSs continuamente a todo el mundo, los de arriba, los de abajo, las personas libres y los cautivos. Es tradición de caridad nacionalcatólica.

Siendo realistas, quizá el presidente no sea muy buen presidente. ¡Pero es un gran español!

jueves, 26 de febrero de 2015

Performance.


En un post de ayer, Palinuro calificaba a Iglesias de portentoso animal político en referencia a su idea de contraprogramar el debate sobre el estado de la nación que, por cierto, empieza a conocerse como den, con alegre desconocimiento del sentido del término en inglés. Como lo pensó, lo hizo. Podemos se llevó el den al teatro Fernando de Rojas, del Círculo de Bellas Artes en su segundo día y lo llenó hasta los gallineros, con gente fuera. Eclipsó el poco relieve que iban a tener los grupos minoritarios de la cámara, especialmente los catalanistas. Y eso, además en el día en el que el Tribunal Constitucional anunciaba que anulaba parte de la ley catalana de consultas y el decreto subsiguiente a cuyo amparo se convocó el 9N.  Se avivan los tizones independentistas; la Generalitat asegura que acata pero no comparte y Mas lamenta que no les quede más vía que las elecciones de septiembre. Por supuesto. Ya se sabía. Los de ERC podían haberse ahorrado la intervención en la cámara. En realidad, visto el caso que se les hace, podían habérsela ahorrado todos los grupos, incluido el socialista. A este incluso le recomendaron que no volviera por falta de nivel. Así que ayer por la tarde, el Parlamento estaba fuera del Parlamento.

El golpe de Iglesias es espectacular. De espectáculo. De teatro. Pero con un enorme impacto. Dícese que fue Sófocles quien introdujo el tercer actor en la tragedia griega. El primer día vio la pugna entre el protagonista y el antagonista con el coro en el hemiciclo. En el segundo el tercer actor se coló, incluso obligado por alusiones. En el primer acto, el protagonista habló de Iglesias sin que este estuviera presente ni pudiera responder. En el segundo Iglesias habló del protagonista sin que este estuviera presente ni pudiera responder. Y en condiciones mucho más favorables porque el de Podemos domina los escenarios como si hubiera nacido en ellos. Lo hizo ignorando al antagonista del primer acto, a quien no nombró ni una vez y al PSOE explícitamente solo en una ocasión, ligándolo a su cruz del 135, si bien había una frecuente referencia implícita al hablar de "gobiernos anteriores". Pero la referencia directa, inmediata, permanente, fue a Rajoy a quien en el primer minuto Iglesias ya retó a un debate cara a cara en TV cuando quisiera y como quisiera. Dominio absoluto. Ahí quedó ese simbólico guante que tampoco Sánchez recogió en fechas pasadas. Con razón porque es un reto blindado: si los dos líderes dinásticos lo aceptan, juntos o por separado, tratarán de igual a igual a una fuerza emergente y son pocas sus probabilidades de ganarlo. Pero si lo rechazan, ya lo han perdido.

El discurso de casi una hora estuvo bien. Excesivamente retórico para Palinuro, aunque no para un público entregado, a veces encendido. Abundancia de figuras y tropos, pero articulado en el lenguaje directo y claro de la indignación de la gente de la calle. Se abrió y se cerró con una llamada a la Patria. Patria, patriotismo, patriotas términos que aparecieron con frecuencia. Hilo condctor de búsqueda de una comunidad extensa que luego se ajustaba verticalmente con la también frecuente referencia al arriba y abajo, los ricos y la gente. Su empeño por armar un discurso asimismo práctico, concreto, empírico, lo llevaba a interminables relaciones de datos y estadísticas que cuantifican las acusaciones de desigualdad e injusticia, pero acaban desorientando. No obstante, la conclusión era obvia: el discurso de Rajoy en el primer acto era un conjunto de falsedades, engaños, ocultaciones y servidumbres a  los amos alemanes y del totalitarismo financiero, expresión que tendrá su impacto mediático. Aunque tuvo buen cuidado de equilibrar reconociendo a Alemania capacidad para adoptar políticas acertadas.

Fue también propositivo, incluso prolijo y a veces reiterativo. No se prepara un discurso de una hora en menos de veinticuatro, aunque en él haya aportaciones colectivas substanciales. O quizá por ello. También en el recital de las medidas positivas aparecieron menciones específicas que en los discursos parlamentarios al uso no se hacen por olvido, desidia o ignorancia, como el IVA cultural o la perspectiva de género permanente. O no se hacen por miedo, como el impuesto a la riqueza.

La corrupción tuvo un tratamiento condigno. Definida como estructural y con algún sarcasmo, estuvo en el espíritu de crítica y ataque de las demás fuerzas.

De Cataluña, ni una palabra. En esto el Parlamento de fuera y el de dentro se parecen mucho.

No sé si el tercer actor se ha comido al segundo y tampoco sé si sería justo. Iglesias ha tenido veinticuatro horas para responder a un texto que ya conocía. Ha hecho una réplica. Sánchez respondía a un discurso que desconocía y solo podía imaginar. En un contexto formal y parcialmente hostil y con unos tiempos tasados. Iglesias no iba a ciegas y el reglamento no lo atosigaba. Hubiera podido hablar hora y media.
 
No obstante, las tragedias suelen tener tres actos. Queda el tercero. Palinuro no pierde la esperanza de que la oposición institucional comprenda que, si en el Congreso está bloqueada y fuera de él, ninguneada, le ha llegado el momento de hacer algo. En primer lugar, presentando una moción de censura y, si el gobierno sigue ignorando a la representación popular y gobernando por decreto, retirada al Aventino. En el fondo, ese teatro Fernando de Rojas es una especie de Aventino solo que para una gente que no está en el Parlamento o aún no está en el Parlamento. Ya se sabe que es difícil y complicado. Pero la política, a veces, es difícil y complicada, sobre todo cuanto está en juego la supervivencia.

Ese sí sería un interesante tercer acto.
 
 

jueves, 20 de noviembre de 2014

El Estado contra Cataluña.


Ayer hablábamos de sables; hoy, de togas. En ambos casos, camino de un buen lío. El ministerio fiscal está para acusar en caso de incumplimiento de la ley. Pero no es clara la relación entre el gobierno y la fiscalía. Rajoy dejó dicho en la lejana Brisbane que, no siendo él juez ni fiscal, no sabía qué decisiones puedan tomar. El problema con Rajoy es que no lo cree nadie. Ocurre con sus frecuentes tiradas de datos y magnitudes para probar un despegue económico de España; que nadie lo cree. El suyo es un problema de crédito; de falta de crédito. Al extremo de haber creado una regla de probabilidad nueva. Lo más probable es que "las cosas" de que habla siempre para referirse a todo, a los problemas económicos, al paro, la delincuencia, la corrupción, el soberanismo catalán, "las cosas" sean lo contrario de lo que él dice.

Todo el mundo supone que el gobierno ha instigado a la fiscalía en su obsesión de substituir la política por los tribunales. Por su carácter autoritario e intemperante y sin mayor consideración de la posible evolución de los acontecimientos. Si los tribunales condenan a Mas, el gobierno, ¿va a encarcelarlo? Probablemente sea lo más oportuno si lo que se quiere es poner en pie de guerra a la sociedad catalana, exasperar los ánimos y llevar el conflicto a un terreno peligroso. Pero así pintan las cosas, color de bastos y sin vestigios de política.

La política se la deja Rajoy en casa cuando afirma ir a Cataluña a hablar con Mas, pero como habla normalmente con todos l@s president@s de CCAA. El de Murcia, el de La Rioja, el de Madrid, el de Cataluña. ¿Que en Cataluña ha habido un referéndum en el que han votado 2.2 millones de catalanes bajo la atención mundial? Falso. En Cataluña ha habido un guateque, sin mayor trascendencia y él no está para guateques, aunque "otros" o "algunos" (entes míticos que suelen aparecer en sus relatos) se empeñen en lo contrario. Él está para sacar al país de la crisis. ¿Hablar? Todo lo que se quiera no siendo de la soberanía del pueblo español y la integridad de la patria. Por ejemplo, va a Cataluña de nuevo haciendo sonar la bolsa y dispuesto a hablar de fiscalidad. Hace un año también había excluido este interesante tema. Pero nada más.

Y si los catalanes se llevan una en los morros, no salen mejor parados los socialistas españoles, a quienes tiene cautivados la idea de una reforma constitucional. Rajoy está tan dispuesto a revisar la Constitución como a leerse el Manifiesto Comunista. Así que si el soberanismo es una algarabía, la consulta un guateque y la reforma de la Constitución un eslogan, las perspectivas de resolver el monumental desaguisado que hay en España son nulas.

Si acaso, un par de consideraciones de maestro Ciruelo, que las borda. La más graciosa es la de que hoy día "a nadie le interesa aislarse"; no interesa a Cataluña aislarse. Porque él es quien sabe qué interesa a Cataluña; no los catalanes.  Y esa otra de que Mas debe gobernar centrándose en los problemas reales de los catalanes de los cuales sabe él más que los catalanes. Y el resumen: llevamos juntos más de 500 años y nos ha ido muy bien. Sí, no hay más que verlo. Unos dos millones de habitantes de un territorio quieren largarse.

¡Ah, ya! Que es la Anti-España.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Toque de atención.


¡Qué antiguo suena todo y qué típico! Ya están los espadones haciéndose oír. Pero no a la antigua usanza, con el cornetín de órdenes y la consigna del día. Ahora lo hacen de un modo infinitamente más peligroso: con razones. El Jefe del Estado Mayor del Eército (JEME), general Jaime Domínguez Buj ha hecho unas declaraciones que han levantado una polvareda de tuaregs entre los políticos y, supongo, sus coros tertuliescos.
 
 El PSOE quiere que esas declaraciones "se rectifiquen"; el PP las ve "difíciles de comprender"; a IU le parecen una "barbaridad" que "aviva el fuego"; ICV, que "son más propias de la legión que del XXI", como si la Legión fuera los Tercios de Flandes y no del siglo XXI, habiendo desfilado hace escasas fechas con su aguerrida cabra. No quiero ni imaginar lo que dirán los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes. Ni los intelectuales que creyeron haber "nivelado" España con la Transición.

Pues ¿qué? ¿Qué ha dicho el general? ¿Santiago y cierra España? ¿Por Dios, por la Patria y el Rey? ¿Viva España con honra? ¿Viva la muerte? ¿Arriba España? ¿Todo por la Patria? ¿Se sienten, coño? ¿O no ha dicho nada y se ha limitado a berrear subido a un caballo?

Nada de eso. Todo lo contrario. Un señor pulcro, bien uniformado, ha expuesto con mesura y tino una serie de juicios y consideraciones del presente y del pasado sumamente puestas en razón. Y lo ha hecho no en el patio de armas de un cuartel, sino ante un selecto auditorio en un desayuno convocado por un Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, un organismo de tinte conservador, pero civil, que no tiene su página web muy actualizada, pues no se refiere al desayuno concreto aquí en consideración. Un desayuno no es un seminario de máster, desde luego, pero tampoco es un acuartelamiento de las afueras.

¿Y qué ha dicho el general que ha soliviantado al personal? Cosas que cualquier persona sensata, leída, aficionada a las citas cultas, los conocimientos históricos y la reflexión sobre el ser de España entiende a la primera: que le duele España por la corrupción y el separatismo catalán; que este, el separatismo, se da siempre que el poder central se debilita; que eso pasó en 1808 en la guerra contra el francés y se perdió el Spanish Main; en 1898 y por eso volaron Cuba, Puerto Rico y ls Filipinas. Aquí parece haber un punto de discrepancia: la prensa habla de 1898 y el general responde que se refería a 1808, como si de 1898 no pudiera hablarse. ¿Por qué? Porque de Cataloniae fabula narratur. Ahí está el delicado busilis del asunto, lo que pone de los nervios a los políticos españoles. Cataluña.

A más mesura y discreción ha dicho que las Fuerzas Armadas "no son garantes de nada", sino meros instrumentos del gobierno para hacer cumplir la ley y la Constitución. Me temo, mi general, que yerra usted. En su artículo 8,1 la CE determina que las Fuerzas Armadas "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". Otra cosa es que ese artículo, como otros en la Constitución, sea un dislate. Por eso hace usted bien en señalar que están estrictamente a lo que el gobierno mande.

Corona usted su desmesura diciendo que no cree que la cuestión catalana pueda resolverse por la fuerza o mediante los tribunales, sino que es precisa la política. Exactamente lo que lleva todo el mundo dos años diciéndole a Rajoy, como quien habla a un adoquín. Que haga política, pues es político y para eso le pagamos. Sin contar los sobresueldos, añade Palinuro desde el fondo. El presidente del gobierno dice no ser fiscal ni juez, pero su gobierno y él por tanto azuzan a la Fiscalía para que organice un desaguisado en Cataluña. Eso se llama hipocresía y a los hipócritas les irrita sobremanera que les descubran sus vergüenzas.

No se trata de si los militares tienen o no razón. Se trata de que el Ejército no puede hablar de cuestiones que no le competen. Es tan absurdo que dan ganas de llorar. Los militares no pueden hablar; pero ya lo han hecho. Los catalanes no pueden votar; pero ya lo han hecho. A esto es a lo que el JEME debe de llamar "debilidad del Estado". ¿Sí? Pues se va a enterar el milico. Va a caerle un paquete de órdago. Y a Más una querella como un obús. Y todo seguirá deteriorándose bajo la zigzagueante dirección de un auténtico incompetente e irresponsable.

La escandalera de la oposición refleja sus miedos. Los miedos a eso, a los "tiempos de la legión". No confía en la solidez de las instituciones democráticas y teme que, si hay un movimiento involucionista, cuya primera víctima ella sería, tendría un gran apoyo. Probablemente el del noventa por ciento de los votantes del PP que ahora pide al general aclaraciones sobre sus palabras.

Ese es el drama de España: que medio país sigue sin ser demócrata.

martes, 30 de septiembre de 2014

El diálogo no es una concesión; es una obligación.


El punto de ebullición a que se ha llegado empieza a sacudir letargos y suscitar alarmas. La "cuestión catalana" escala puestos en el índice de preocupación de los españoles. Ya era hora. Hasta sectores y personalidades que hasta ayer ignoraban el problema o lo despachaban irresponsablemente cargando toda la culpa sobre el soberanismo catalán, urgen hoy sosiego, tranquilidad, diálogo, entendimiento, búsqueda de soluciones al alimón. Ya lo señaló Palinuro hace un par de fechas. Buena señal porque esta actitud indica disponibilidad a escuchar a los demás, aquilatar sus razones y, mira por dónde, quizá llegar a la conclusión de que tengan algo de validez.

En este punto estamos porque el nacionalismo español, tan seguro de sí mismo que dice no ser nacionalismo, muestra una incomprensión absoluta del nacionalismo catalán que sí se admite como tal. Cito dos momentos clave, el de ciclo largo y el de ciclo corto. El largo: creyóse resuelta la cuestión con el título VIII de la Constitución en cuyo fondo latía la idea de diferenciar tres regiones especiales y las de régimen común. Pero ya en su enunciado el título contenía la semilla de su destrucción, al admitir que todas fuesen especiales a través de la doctrina del "café para todos" en un Estado autonómico del que casi nadie tiene ya algo bueno que decir, basado en una ignorancia evidente de los hechos diferenciales. El corto: el accidentado periplo del nuevo Estatuto de autonomía, desde su propuesta por una Generalitat socialista hasta su modulación a manos de Tribunal Constitucional, pasando por dos aprobaciones parlamentarias y una en referéndum. En esos cuatro años se acumularon agravios al nacionalismo catalán hasta culminar en la sentencia del Tribunal Constitucional, negando a Cataluña la condición de nación, agravios que luego se desbordaron en los cuatro siguientes en forma de una movilización popular sostenida y creciente que nos ha traído aquí. El grado de ignorancia, desconocimiento y, me temo, desprecio del nacionalismo español por el catalán se condensa en un juicio de Rajoy que Palinuro cita a menudo por creerlo muy significativo. Preguntado el presidente por su opinión sobre una gigantesca Diada independentista en 2012, creo recordar, dijo que el país no estaba para algarabías.

La crispada, tensa y amenazadora comparecencia de Rajoy ayer en La Moncloa a leer la declaración institucional, mantiene la posición sabida: las normas sobre la consulta, ipso facto al Tribunal Constitucional en virtud del 161,2 de la Constitución. Suspensión inmediata y margen de cinco meses para decidir. El gobierno se atiene a su deber: hace cumplir la ley. Atiende al aspecto jurídico ya que no lo hay político. Y aquí está la trampa: siempre hay un aspecto, una faceta política que activar antes de llegar a la ilegalidad. Pero es preciso querer. Y el gobierno no quiere; pretende reducir el asunto a uno de legalidad porque carece de margen político de negociación. No propone nada porque no se le ocurre nada. Y no se le ocurre nada porque no entiende el problema.

Hasta Rajoy sabe que, con el precedente de Escocia, es imposible sostener un veto a la consulta basado en una triquiñuela legal como es todo el asunto de la interpretación de la soberanía, su titular y alcance, que no puede ser una armadura, sino un constructo flexible que pueda adaptarse a circunstancias cambiantes. Eso sin contar con que la consulta, que no es vinculante, trata de ser un medio para conocer el estado de la opinión pública catalana respecto a un asunto que le importa sobremanera.

De "hechos consumados" habla el gobierno a fin de justificar su incapacidad para evitar que un conflicto institucional llegara hasta aquí. Hechos en sentido estricto aún no se ha producido ninguno, sino decisiones que serán más o menos oportunas o legales pero solo anuncian intenciones. No hay hechos consumados; hay falta de voluntad para entenderse con el nacionalismo catalán, en buena medida por ignorancia de su carácter actual, su fuerza, sus apoyos y sus pretensiones.

La reducción del problema a uno de legalidad plantea el problema de qué autoridad tenga un gobieno cuya relación con la legalidad deja todo que desear en todos los aspectos. Invocar una Constitución que los dos partidos dinásticos cambiaron en 24 horas en una noche de verano teutónico implica invocar un instrumento de la voluntad de esos dos partidos. Ya no es la Constitución de todos los españoles. No todos los españoles pueden reformarla. Los catalanes, como catalanes o los vascos como vascos jamás reunirán los requisitos exigidos para reformar la Constitución. Invitarlos a hacerlo como alternativa a cualquier otra acción es un ejercicio de mala fe.

Lo mismo que la remisión al Tribunal Constitucional. Se trata de pasarle la patata política caliente para escudarse detrás de su decisión. Es verdad que el Tribunal es un órgano político, pero no le gusta que se lo recuerden. Prefiere rodear sus decisiones de aureola judicial. Ha tardado menos de una hora en admitir a trámite los recurso del gobierno y suspender la consulta. Puede parecer una falta de tacto o de diplomacia, una ofensa incluso tanto a los recurrentes como a la parte recurrida. Y una falta de tacto por unanimidad. Pero es que obviamente, ya se descuenta el resultado a la vista de la composición del órgano. Seguramente lo descuentan hasta sus miembros. Un resultado que añadirá más agravios al conflicto porque nacerá no ya del desconocimiento del instante actual del nacionalismo catalán (la "algarabía") sino de su planteamiento de fondo.
 
Dice el presidente que queda margen para enderezar la cosas. Bueno, pues empiece ya.
 
Palinuro reitera una propuesta de días pasados, mejorada, a reserva de otra más puesta en razón:
 
a) El gobierno acepta la consulta a cambio de que la Generalitat la aplace a una fecha comúnmente acordada y acepte asimismo negociar la pregunta.
 
b) Ambas partes obtienen la correspondiente autorización parlamentaria para esas negociaciones que, llegado el caso, refrendarán las cámaras.

c) Una vez celebrada la consulta y, a la vista de los resultados, volverá a buscarse una solución negociada.

Último comentario: vistos los dos presidentes en menos de veinticuatro horas, el uno con Ana Pastor y el otro a palo seco, no hay ni color.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

miércoles, 26 de febrero de 2014

Ladrones de buena estirpe

Me fastidia empezar hablando bien de Palinuro como si fuera Rajoy, pero no me queda más remedio. Viendo el debate sobre el estado de la Nación queda claro que, en lo esencial, fue como aquel lo pronosticó en su entrada anterior, El debate de hoy. Rajoy estuvo calcado (hasta en el leer como un doctrino 44 folios) y hubo alguna variante en la oposición que luego comentaremos. Repasar la entrada nos ahorra narrar el contenido del discurso del presidente que, en efecto, como él decía, es muy "previsible". Miente siempre. Y también nos permite ahondar un poco más en su sentido.

La avalancha de titulares de prensa, varios probablemente inventados, a la que respondió Rubalcaba con otra de signo contrario que fue contestada a su vez por una tercera de Rajoy machacando el hierro al rojo, delata la preocupación esencial de los dos líderes: los medios, la imagen. Lo que importa son los titulares, no la substancia, no la letra pequeña. Es más, no hay letra pequeña. Es política hecha por y para los medios, lo que no está mal tratándose de dos dirigentes que concentran los índices más altos de rechazo de la opinión pública de la historia reciente de España.

El discurso de Rajoy, según parecer general, fue una alternancia de un presente tranquilo, grávido de un futuro brillante, espléndido, y un pasado tenebroso. Entre medias está él, el hombre providencial, el milagro estilo aznarino. Habla en primera persona del plural pero siempre se refiere a él. Modestamente. Por cierto, el amanuense de los discursos podía afinar un poco más la métáfora y no hacer el ridículo con la del cabo de Hornos, símbolo máximo de los lobos de mar. Se nota que no ha visto un barco ni en dique seco. Los cabos no se atraviesan; para eso es mejor un bulldozer. Los cabos se rodean y, mejor todavía, se doblan, que es el término verdadero, según mi amigo José Manuel Roca, avezado a las cosas de la mar. Pues no se crea que el chorreo de datos y magnitudes desgranados por el presidente en apoyo de su consigna electoral de que España ya lidera el auge de Occidente esté mejor traído. Nadie con un mínimo espíritu crítico da crédito a nada de lo que diga Rajoy. Y, si de números se trata, menos. Salvo que sean los de los sobresueldos. Esos sí se los sabe.

Las variantes estuvieron en la oposición. Rubalcaba no leyó. Tiene más tablas. Está más seguro de lo que dice porque lo conoce.  No llevaba folios, sino unas notas y esquemas. Como es lógico cuando uno va a debatir, a discutir y no a machacar, a predicar y a erigir un castillo de embustes. Arrancó con cierto brío retórico preguntando a Rajoy si sabe en qué país vive. No lo sabe ni le importa. Él va a lo suyo. A lo que Rubalcaba señaló con acierto: a imponer el modelo de la máxima desigualdad. Porque se trata de la derecha. Muy cierto. La derecha ha pensado siempre que los trabajadores tenían muchos derechos, las mujeres mucha libertad y los españoles demasiada igualdad. Es una evidencia. También fue oportuno prometer que, si los socialistas gobiernan, devolverán a la ciudadanía los derechos que se le han arrebatado. Le faltó decir: y los dineros. Porque esto ha sido -y sigue siendo- un expolio jurídico, político, económico y social a manos de la derecha. Y aquí, ya el tono de la intervención de Rubalcaba empezó a decaer. Escasa contundencia con la corrupción (aunque mencionara las mentiras de Rajoy), nada sobre Cataluña, poquísimo sobre el aborto y una consideración proforma sobre la barbaridad de Ceuta. No pidió la dimisión de Rajoy ni mentó siquiera la posibilidad de una moción de censura. Y ambas cosas se las ha ganado este gobierno con creces. Una oposición demediada. Arrancó bien y se desinfló. Rubalcaba habrá sido corredor de fondo en su juventud, pero ahora no sostiene un discurso de mediana duración.

Más contundente estuvo Cayo Lara que sí se explayó sobre la corrupción y estuvo ocurrente al avisar a los miembros del PP con cuentas en Suiza que Helvetia no es una Comunidad Autónoma. Pero, sobre todo, fue muy oportuno dictaminando que el gobierno solo protege a las elites económicas. Es la tecla de la desigualdad que también había tocado Rubalcaba, pero con más fuerza: un tsunami de desigualdad que está "violando los derechos humanos". Y dicho en clave más social, de conflicto de clase, que el socialdemócrata tiende a pasar por alto. Aun así, podía haber sido más incisivo y claro: el gobierno es un comité de asuntos de la patronal, la banca y la iglesia. Legisla no solamente en interés de estas sino a sus dictados. Y también anduvo corto y flojo de reflejos: no basta con criticar. Hay que señalar el camino de la puerta. Cuando se ganan elecciones mintiendo, se gobierna mintiendo y favoreciendo a los seguidores y, sobre todo, a uno mismo a base de sobresueldos y expolio de lo público, como esa apropiación del registro civil en beneficio de Rajoy y sus compadres de profesión, lo menos que se puede esperar es que a uno lo llamen ladrón sin parar y le pidan que dimita.

Por eso, la intervención más lograda, a juicio de Palinuro, fue la de Coscubiela, el portavoz de Iniciativa per Catalunya-els Verds, quien ha definido la situación con mayor exactitud, llamando las cosas por su nombre: el gobierno, según el diputado catalán, carece de tal autoridad porque ampara a un "capitalismo confesional, rentista y parásito" y porque da cobijo y oculta la corrupción "enquistada en su propio seno", comportándose como "verdaderos saqueadores". Esa es la verdad y lo que debía haber sido tema monográfico del debate y, ante esa verdad, a Rajoy le ha salido la estirpe, aquella cuyos hijos son "mejores" y justamente desiguales por ser superiores. El desprecio, casi el asco, la impertinencia (el ya tal del momento) con que se negó a responder a Coscubiela, con altanería de señorito, demuestra que su estirpe será muy elevada, pero él es un patán.

viernes, 31 de enero de 2014

Lo que está pasando no está pasando.

Con fecha 27 de enero pasado, don Jon Iñarritu García, diputado de Amaiur en el Congreso, miembro del grupo mixto, formula varias preguntas rogando respuesta escrita al gobierno. Quiere saber en qué medida han intercedido por España Santa Teresa de Jesús y la Virgen del Rocío, qué mejoras se han observado después de condecorar a la Virgen del Pilar, si el gobierno espera otras intervenciones divinas y sobrenaturales y por parte de quién, y si aspira a convertir España en un Estado confesional.

Seguramente la Mesa del Congreso no admitirá las preguntas por considerarlas improcedentes, una rechifla, vamos. Y, sí, tienen bastante de rechifla. Pero no más que las declaraciones de los ministros y autoridades hablando de las intercesiones celestiales en actos oficiales. La exposición de motivos de las preguntas lo deja bien claro. Esas declaraciones y actos del gobierno recuerdan al diputado los tiempos del nacionalcatolicismo. Así es. Y suenan igual a rechifla. Pero con una diferencia esencial: los gobernantes creen en lo que dicen. Están en trato frecuente con Santa Teresa, la Virgen del Rocío, la del Pilar y las diez mil novecientas noventa y nueve restantes. Mientras que el diputado de Amaiur probablemente es un descreído. Por eso sus preguntas son una rechifla.

El asunto está al nivel de la comunicación y el debate públicos en España. El ABC trae un artículo sobre cómo evitar la masturbación y otros nefandos pecados. Es pura doctrina del Opus. A los sabios consejos acerca de cómo no andar tonteando con las partes pudendas, se añaden advertencias muy serias sobre la conveniencia de que los novios se vean lo menos posible porque de las vistas se pasa a los toqueteos y de ahí, ya se sabe. Corona la pieza una consideración sobre los abortos en caso de violación que, sin decirlo claramente, pide de hecho que se prohíban.

Con el infumable proyecto de ley contra las mujeres, los prohibicionistas están perdiendo el oremus. Dicen todas esas tonterías sobre la masturbación y las relaciones prematrimoniales (de la homosexualidad ni se habla porque no les cabe en la cabeza), porque, como buenos beatos, viven obsesionados con aquello que condenan, el sexo, y se pasan la vida regodeándose -ellos sí- en el vicio solitario de las fantasías eróticas que no los dejan vivir. Es lógico que sus ministros meapilas vayan dándose golpes de pecho en los actos oficiales y rezando novenarios a la Virgen y también lo es que un diputado haga las mentadas preguntas siendo, encima, ateo. Si fuera creyente -cosa que no está descartada, por cierto- a lo mejor las preguntas buscaban más exacta información. Si Palinuro fuera el gobierno contestaría en esta onda, asegurando al diputado que Santa Teresa y la Virgen del Rocío han intercedido valiosamente y su acción ya se echa de ver en el milagroso cambio de actitud de nuestros vecinos; la Virgen del Pilar ha mejorado mucho el rendimiento de la Guardia Civil, su amadrinada; sí, el gobierno espera otras intervenciones sobrenaturales pero son parte del secreto de Estado que comparte con las potencias celestiales, sus aliadas; el gobierno no quiere convertir España en un Estado confesiona, no le hace falta. España es un Estado naturalmente confesional, católico para más señas.
Todo esto parece absurdo. Y lo es.

lunes, 2 de diciembre de 2013

¡Viva Europa!

Esto que vemos aquí abajo es un mapa dinámico de Europa desde el año 1000 de nuestra era hasta el presente. Puede activarse pinchando directamente sobre él o yendo a buscarlo a su página web, LiveLeak. Merece la pena.



1000 años de historia de una ojeada a toda máquina. Conclusión: Europa es una realidad geográficamente estable y políticamente frenética. Es un magma en permanente ebullición. En su suelo se han erigido imperios de vocación milenaria, reinos, principados, repúblicas de toda clase, Estados de las más variadas formas y las más insólitas pretensiones, hordas, naciones, federaciones, confederaciones, teocracias, comunas anarquistas, consejos obreros que anunciaban un futuro de sociedad sin clases y sin Estado de la mano del hombre nuevo; se han dado alianzas territoriales, separaciones, anexiones, conquistas, reconquistas, invasiones, liberaciones prometedoras del milenio. Y todo se lo ha llevado el viento de la historia. El mismo que se llevará lo que nosotros vivimos hoy.

Conviene ser algo escéptico ante las pretensiones actuales de eternizarnos una vez más.

sábado, 26 de octubre de 2013

La gran nación.


Parece que el primero en emplear esta expresión en la era contemporánea, España es una gran nación, fue Jaime Mayor Oreja, como título de un libro con un contenido fácil de imaginar. La secundó luego Rajoy, cuya capacidad para el pensamiento original es como la de la chicharra, asegurándolo en diversos foros: España es una gran nación. Ayer la repetía como un papagayo -de real alcurnia, ciertamente- el príncipe Felipe en la entrega de los premios que llevan su nombre, el único discurso, según el periodista que cubría el acto en el que verdaderamente habla él. Pues si así es cuando habla por sí mismo, cómo será cuando hable por boca de ganso. España es una gran nación dice S.A.R. con las mismas palabras y el mismo sentido, seguramente, que Rajoy y Mayor Oreja grandes expertos en el tema. Se dirá que Palinuro tiene ganas de fastidiar pues esa manida expresión la han soltado decenas de personajes y personajillos en los últimos tiempos. Vale. Sin problema. La originalidad nunca podrá ser cosa de masas y si uno dice lo que dice el rebaño, por muy alto y a la cabeza de ese rebaño que esté, rebaño será.

Es igual. Mi bronca no es por pequeñeces. Es por la cosa misma. Suponiendo que consiguiéramos ponernos de acuerdo acerca de qué sea una nación, cosa que juzgo imposible pero que, por fortuna, no es imprescindible para nuestros fines, quedaría la pregunta concreta: ¿qué quiere decir ser una gran nación? ¿Qué quiere decir gran o grande? ¿Es cosa de número de nacionales? Habiendo naciones -muchas- de 50, 60, 80, 100, 300, 1.000, 1.500 millones de pertenecientes a ella, España será si acaso una mediana nación. Cierto, pero no se trata de números. ¿De qué, pues? De valores morales, intelectuales, intangibles, aunque pueden -y suelen- traducirse en realidades materiales, palpables. A eso, imagino, se refiere el Príncipe cuando dice que vale la pena luchar por ella, porque es grande espiritualmente. Así un nacionalista que juzgue grande su nación por este motivo, luchará por ella aunque esté compuesta por cuatro pelagatos.

¿Hay posibilidad de mostrar esa grandeza moral, espiritual, intelectual? Más o menos. Basta con analizar serenamente la contribución de España a las artes, las letras, el pensamiento o la ciencia en los últimos trescientos años; incluso a la llamada arte militar ya que el país no ha ganado una sola guerra internacional en serio desde los tercios de Flandes. No es preciso contar premios Nóbel, ni patentes, ni descubrimientos; basta con echar una ojeada al acervo espiritual europeo en los últimos trescientos años y discernir la aportación española.

¿Da para hablar de una gran nación como sin duda se habla de Alemania, Italia, Francia o Inglaterra? ¿A su nivel? Se me hace que no. Y lo peor es que el asunto viene de antiguo. Ya lo planteó en toda su crudeza Masson de Morvilliers en la Enciclopedia metódica en la segunda mitad del XVIII con un articulo afirmando que la contribución cultural de España al mundo en cientos de años era nula. La acusación tenía raíces. A lo largo de las principales obras de Montesquieu se especula con las causas de la decadencia de España, no con el método que empleó para hablar de la decadencia de los romanos, pero sí con su espíritu. Desde el siglo XVII España es sinónimo de decadencia y de decadencia espiritual, cultural. Cierto, a Masson contestó con airado verbo Forner y, tras él, una serie de autores y literatos en defensa de la aportación de España al acervo de la civilización que culminó en la figura señera de Marcelino Menéndez Pelayo.

Pero la cuestión, obstinada, subsiste. Hubo un tímido renacer del espíritu creativo en la IIª República y fue ahogado a sangre y fuego. Se acabó, hasta hoy en que, como siempre en España, se substituye la cosa por el nombre de la cosa. Y todos tan contentos; se substituye la gran nación por la gran nación... y a vivir. Sospecho, además, que estos defensores de la gran nación, en realidad quieren decir "gran Estado" y, seguramente, "poderoso Estado". Pero esto es un tema que nos apartaría. Quedémosnos con la "gran nación".

Una gran nación da trabajo y vida digna a sus hijos. Da amparo y refugio a los perseguidos y exiliados. Trata a todos, hijos y asimilados, por igual, con igual dignidad y respeto. No los considera mercancías y los alquila o vende en el extranjero como mano de obra barata. Garantiza la igualdad de oportunidades de todos y ampara a los más débiles. Hace justicia sin distinciones ni miramientos de caudales, posición, alcurnia o privilegios. Protege a los menores y les allana el camino, defiende a las clases trabajadoras, especialmente necesitadas por su subalternidad en la sociedad y garantiza a los mayores una vejez tranquila. No impone ninguna creencia, dogma o fe, sino que las protege, y garantiza la libertad de ejercicio y culto de todas.

Una gran nación no tiene decenas de miles de hijos asesinados por sus convicciones políticas sepultados en fosas comunes y se niega a hacerles justicia mientras otorga todo género de franquicias, honores y glorias a los otros caídos en el bando de los asesinos. No conserva el espíritu de vencedores y vencidos salido de la guerra civil y resucitado en estos días con ocasión de la sentencia del TEDH. No espera a que sean algunos elementos de la jerarquía quienes empiecen a reconocer públicamente la complicidad de la iglesia con los crímenes franquistas y a insinuar que piensan pedir perdón. Lo que nos faltaba es que apareciera un nacionalcatolicismo bueno.

España podría aspirar a ser, quizá, una gran nación, si condenara unánimemennte los crímenes de la dictadura e hiciera justicia a las víctimas. Y, a tenor de ello, si hiciera una ponderación justa y equilibrada (y no bombástica, chillona y patriotera) de las aportaciones del país al acervo común, reconociera humildemente sus tremendas carencias, identificara las causas y aceptara ser en realidad una nación menos que mediana a estos efectos.

Dados esos pasos, producida una reconciliación de los españoles que no se ha dado de verdad aún, será el momento de elaborar discursos que no se limiten a los lugares comunes y topicazos que suelta el Príncipe en cuanto abre la boca y se pone a hablar de España como proyecto sin que jamás haya explicado ni por asomo en qué consiste el tal proyecto porque no sabe ni de lo que habla.

Y, mientras esos milagros se producen, retornemos a la España real, la del Lazarillo, Frascuelo y el Dioni: en una gran nación, el tele-prompter con el que el Príncipe estaba soltando su discurso no deja de funcionar. ¿O es que aquí alguien no ha cobrado su correspondiente comisión?

martes, 15 de octubre de 2013

El Estado dentro del Estado.


Aproximadamente cada cien años el Estado español firma un concordato con la Santa Sede, en 1753 con Fernando VI, en 1851 con Isabel II y en 1953 con el caudillo Francisco Franco que casi por ello consigue que lo hagan cardenal. Hubiera estado bien, ¿eh? Una dictadura regida con mano de hierro en lo secular y lo espiritual por el sublime ideal español del monje guerrero. El caso es que este año es el sexagésimo del Concordato de 1953, por el cual el Vaticano contribuyó, junto con los gringos a sacar a España del aislamiento internacional en que estaba por ser un Estado fascista según la ONU. A cambio, el Vaticano se quedó con el alma (y el dinero) de los españoles y los estadounidenses con pedazos de territorio en Torrejón, Rota, Morón, para sus bases. La cuestión es averiguar si ese Concordato de 1953 sigue o no en vigor, pues su artículo 1º reproduce, dulcificada, la vieja fórmula de la Constitución de 1812: "La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico". Aparentemente eso no está en vigor. Pero, si se leen los acuerdos de 1979 y el de 1976, la cosa no es tan clara.


Para aclararlo celebramos la mesa redonda del anuncio en la Facultad de Políticas y Sociología de la Complutense, el próximo jueves, 17, a las 12:00. Participan François Coll, Juan José Tamayo, Beatriz Jimeno, Palmira Chavero, Jaime Ferri y un servidor. Entrada libre.

domingo, 13 de octubre de 2013

Las zozobras del Estado del bienestar.


Eloísa del Pino y Mª Josefa Rubio Lara (editoras) (2013) Los Estados de bienestar en la encrucijada. Políticas sociales en perspectiva comparada. Madrid: Tecnos (371 págs.).


La teoría del Estado contemporánea es la teoría del Estado del bienestar (EB). No hay otra digna de tal nombre porque todos los Estados son de bienestar o dicen o quieren serlo. Tanto en su formulación jurídica de "Estado social y democrático de derecho" como en la más politológica, referida al bienestar, domina el campo de la investigación y debate académicos y mundanos. Hasta aquellas ideologías que pretenden abolirlo sostienen que, en realidad, quieren preservarlo, hacerlo sostenible. Y esto no es asunto trivial. Se engarza con la autenticidad del debate político y tiene que ver con las cuestiones comunicativas y hasta propagandísticas. La pregunta de nuestro tiempo es si cabe seguir hablando de Estado de derecho en ausencia del componente social y democrático o de bienestar, habida cuenta de la evolución de la conciencia moral de la especie.

El EB vino acompañado de controversia desde el punto de su nebuloso origen y así siguió después. Ya a fines del XIX, Eugen Richter atacaba con sorna, considerándolas distópicas, las aspiraciones socialdemócratas del Wohlfahrtstaat. Las andanadas teóricas de Von Mises son de los años veinte del siglo pasado y el momento de su apogeo y consolidación, en la segunda postguerra, coincide con el despliegue crítico de Von Hayek. Incluso en los que este libro considera "edad de oro" del EB este tenía que hacer frente a una abigarrada batería de ataques que unía en orfeón negativo la Trilateral, la escuela de Chicago, el monetarismo, la economía de la oferta, la visión marxista del capitalismo monopolista de Estado, la escuela neoclásica, los profetas también marxistas de la crisis fiscal del Estado, los anarcocapitalistas, libertaristas y partidarios del Estado mínimo.