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viernes, 13 de julio de 2018

Hemos ganado una batalla; aún no la guerra

Antier decía Palinuro (Puigdemont el rebelde) que era preciso esperar la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein, a punto de hacerse pública, como sucedió ayer, causando un sismo en España, altísimo en la escala Richter. Hasta los cimientos quedó destruido el fabuloso castillo de arena edificado por Llarena. Se aventuraba una decisión positiva para el independentismo, como ha sucedido, pero, por mor de la prudencia, se aconsejaba esperar a saber el sentido exacto ya que de este dependería en gran medida el curso de la acción posterior en cumplimiento del mandato del 1-O. La enteca reunión de La Moncloa y la cerrada negativa de Sánchez, obligaba a una reacción de la Generalitat, pero era imprescindible conocer la decisión de la justicia alemana para orientarla.

Y ya está aquí. Y es positiva; mucho más de lo que parece a primera vista. Tiene razón el reaparecido Puigdemont en cantar victoria; y victoria en una batalla decisiva, quizá la más decisiva de todas. Pero es una batalla. La guerra sigue. La táctica (la internacionalización) ha triunfado; el objetivo estratégico está más cerca. Pero no está. Los presos siguen en las cárceles, los exiliados siguen exiliados y Catalunya no ha conseguido aún el reconocimiento como la República independiente que dice ser. 

Sin olvidar este dato, desde luego, la victoria ha sido un verdadero terremoto. Todo el aparato español de la Justicia ha quedado por los suelos. Aparte de descaradamente política, la instrucción de Llarena ha sido un cúmulo de disparates que, al encontrarse una respuesta exterior en el mismo terreno judicial, abre ahora un auténtico océano de hipótesis a cuál más dañina para el escaso prestigio de los tribunales españoles y la mermada capacidad política de los gobernantes. Los tiempos próximos serán como películas de suspense en las que se plantearán situaciones espeluznantes:

- Si no hay delito de rebelión/sedición y solo de malversación, ¿qué hacen en la cárcel las presas políticas que no están acusadas de ese delito? ¿Se puede juzgar a los otros por rebelión? ¿Se puede seguir manteniendo la suspensión de Puigdemont? ¿Puede, como parece que quiere, el Tribunal Supremo retirar la euroorden o dejar de acusar a Puigdemont de rebelión/sedición? ¿Qué sucede si tampoco hay malversación? ¿Qué contará el juez Llarena a los magistrados belgas el próximo cuatro de septiembre? ¿O no va a comparecer y va a declararse en rebeldía? Estos y otros cientos de preguntas tendrán entretenido al amable público.

Aunque no es posible disimular el bofetón alemán al juez español, por extensión, a la judicatura española y por más extensión, al Estado de derecho español. Esta brizna es lo único que parece mover al gobierno, la cuestión de la imagen. ¿Cómo?¿Que España no es un Estado de derecho en todo comparable (o incluso superior) a la Gran Bretaña? Este gobierno saldrá a luchar una vez más contra la malvada leyenda negra. De hecho, ya la han mencionado. Y en Bélgica, nada menos. Son unos genios. 

Están tan histéricos que rozan el esperpento. Ayer Rivera y González Pons echaban pestes contra Europa y pedían salir del espacio Schengen. Las estupideces acaba siempre pagándolas la gente. Antes, el señor Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, se cubría de gloria pidiendo al gobierno que interfiriera en un proceso judicial en otro país por razones políticas y el gobierno añadía gloria a la gloria comprometiéndose y poniéndose a ello. No conozco las reacciones de Vox, la SCC, o los locutores más agresivos del fascio nacional pero las imagino: desde el Santiago y cierra España a los tercios de Flandes.

Especialmente enternecedora, la de Sánchez. En su partido reina un silencio pesado como el betún. A los militantes la decisión les ha sabido a cuerno quemado porque son todos unionistas a machamartillo, aunque no se atreven a decirlo y tienen que fingir afición por fórmulas federales, sospechosamente disgregadoras. Sánchez tampoco se atrevió a decir, como los del PP y de las JONS que era una afrenta a la soberanía y la dignidad de la nación. (Eso de la "dignidad" había que escucharlo al tiempo que el público se enteraba por la amante del rey de lo que el rey hacía con la amante), pero su decepción era patente. Torra no es Le Pen y Puigdemont no es un rebelde en rebeldía. Cualquier día de estos va a suceder que los políticos presos eran presos políticos. Por eso se ha reducido ladinamente a decir que lo importante es que sean juzgados en España.

En primer lugar, no se ve por qué y, en segundo, y más hilarante, es posible que no sea juzgado no ya Puigdemont sino ninguno de ellos/as; ni en España ni en la Patagonia. No hay causa judicial; no la ha habido nunca. El mismo Sánchez decía no ha muchas lunas que había sido un error "judicializar" el proceso. Lo tiene fácil: retire las acusaciones y cese la represión de todo orden, judicial, administrativo, mediático, etc.

Y ¿por qué el resultado ha sido más positivo de lo que parece? Porque, dejando en libertad a Puigdemont y con margen de maniobra, no lo hace por un tiempo indefinido, sino tasado: hasta el fallo del Supremo alemán en cuanto al recurso sobre la malversación. Dado que el propio Llarena admite que no tiene pruebas del delito, es poco probable que la acusación prospere. Pero nunca se sabe con la justicia humana, aunque, desde luego, mucho más que con la divina. 

El tiempo es tasado y, por tanto, la acción urge. Al margen de la política cotidiana, que no puede ser desatendida, y de los resultados de las negociaciones en las distintas comisiones bilaterales en las que hay que trabajar y al margen también de las medidas de ruptura más o menos simbólica que puedan aplicarse, las dos cuestiones esenciales del independentismo, los presos políticos y el referéndum, recibieron sendos "no". A la vista de lo cual, la única reacción razonable es implementarlas directamente. En el caso de los presos no es posible, salvo que se quiera provocar un incidente de violencia armada. Queda el referéndum, porque una declaración parlamentaria formal de independenia, sobre ser reiterativa, no conseguiría, en principio, el elemento esencial del reconocimiento exterior. 

Una base más amplia para conseguir algún tipo de reconocimiento exterior vendría dada precisamente por un referéndum de autodeterminación. La iniciativa es del independentismo y la forma y tiempo del referéndum, también porque, entre otras cosas, puede presentarse como unas elecciones autonómicas anticipadas. Aunque no parece necesario. Será un referéndum y así conviene llamarlo desde el principio. La desobediencia empieza con los nombres mismos.

jueves, 12 de julio de 2018

El resultado de la entrevista Sánchez/Torra

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Nada que perder. Los balances del encuentro han sido muy variados y, según los intereses de cada analista, positivos, negativos o ni fu ni fa ni fa ni fu. Palinuro sostiene que fue una victoria del independentismo; de Torra, desde luego, pero sobre todo del independentismo. Llega mi amigo el piloto a esa conclusión aplicando al análisis un modelo de juego de dos jugadores y suma no cero. Es muy simple. Dos jugadores: A) Torra y B) Sánchez. Dos opciones idénticas cada jugador: A) (Torra): 1) Ceder. 2) No ceder. B) (Sánchez): 1) Ceder. 2) No ceder. Asumimos que los/las lectoras saben de qué se habla al ceder/no ceder, esto es, referéndum pactado y presos políticos con todos los matices.

El juego se formaliza en cuadro de doble entrada con cuatro casillas que nos dan la clave de los resultados:

I.- A1/B1 (ambos ceden): era y es el sueño del gobierno español y su aparato de propaganda. Lo llaman "distensión", diáalogo, etc, pero no se ha dado. Ninguno ha cedido.

II.- A1/B2 (Torra cede y Sánchez no): es la crítica del independentismo radical a Torra, acusado de vuelta al autonomismo, pero que tampoco se ha dado. Torra no ha cedido.

III.- A2/B1 (Torra no cede y Sánchez, sí): es la crítica de la extrema derecha española y de PP, C's, acussando a Sánchez de "bajarse los pantalones". Tampoco se ha dado. Sánchez no ha cedido.

IV.- A2/B2 (ninguno cede). Es la que se ha dado. Pero un estudio en profundidad de este resultado demuestra que la parte ganadora y con mucho ha sido el independentismo. De eso va el artículo de elMón.cat, cuyo texto castellano sigue:


Nada que perder

Esta es la expresión que resume mejor el resultado de la entrevista de Sánchez y Torra. Aunque sea dudoso que Sánchez la entienda en todo su alcance porque es persona cargada de prejuicios, limitaciones y bambolla típicamente hispánica. ¿Acaso el Sánchez que propone ahora mucho diálogo y entendimiento con Catalunya no es el que llamaba Le Pen a Torra y quería reformar el Código Penal para convertir en delito la ideología independentista? Muy probablemente cree que el MHP habla de sí mismo, de su experiencia y ciclo vital, lo cual es verdad; pero no es toda la verdad.

Y ni esa media verdad está en situación de entender, tal es la diferencia entre la política catalana y la española. Torra le dijo que no tenía nada que perder, dándole a entender que está dispuesto a ir a la cárcel por sus ideas. Esto es definitivo porque, como ya han demostrado los dirigentes independentistas, harán frente a la represión de todo tipo: las confiscaciones arbitrarias, las proscripciones, la brutalidad policial, los políticos tramposos, la guerra sucia, los jueces comisarios prevaricadores. Es la pieza clave del éxito: nadie flaquea en el movimiento. Nadie se arredra. La unidad se mantiene y no hay manera de romperla acumulando barbaridades inhumanas al estilo del juez Llanera, quien deberá responder de sus actos en su momento.

El universo dictatorial y carcelario, pieza esencial de todo gobierno de la derecha franquista en España ha fracasado. Ahora lo administra el PSOE que confía en que sirva si se cambia el talante y se sonríe algo más, pero se mantiene la misma actitud intransigente, irracional e injusta de negar sus derechos a los catalanes.

Pero es que Torra no fue a ver a Sánchez a título personal. No hallo nada en Sánchez que pueda interesar a un hombre de la categoría del MHP. Fue a verlo como presidente de la Generalitat, como presidente de Catalunya y, como presidente de Catalunya, esa expresión de “no tener nada que perder” tiene mucho significado, aunque Sánchez sea incapaz de entenderla.

Es Catalunya la que no tiene nada que perder y mucho que ganar. Póngase en términos simples de teoría de juegos. La reunión de La Moncloa ha clarificado las opciones: Catalunya quiere la liberación de los presos políticos y el derecho de autodeterminación. El Estado español se opone. Si Catalunya implementa su República independiente y rompe de una vez con la monarquía española, haciendo valer el mandato del 1-O, del 27-O y la voluntad de más de dos millones de ciudadanos, como corresponde hacer ¿cuál será la respuesta del Estado español?

La respuesta posible comprende una gama que va desde la muy improbable aceptación de la decisión catalana hasta un incremento de la represión, con ocupación militar (la Guardia Civil es un instituto militar), intervención y anulación de la autonomía catalana y encarcelamiento o exilio del gobierno de Torra. En realidad, esta última opción es tan improbable como la primera o más.

El Estado español no puede dejar marchar sin más a Catalunya porque sería su ruina. Pero tampoco puede reprimirla como solía, para desconsuelo de la oligarquía nacional-católica y sus siervos de la seudoizquierda española, PSOE y Podemos. Europa no tolerará la ocupación militar de Catalunya ni un segundo gobierno de la Generalitat en la cárcel, por más que Borrell I “el desinfectador” trate de lavar el cerebro a las instancias europeas.

Es Catalunya quien no tiene nada que perder cumpliendo el mandato del 1-O pues, en el fondo, no siendo independiente, nada posee. En cambio, tiene un mundo que ganar con la independencia.

Eso es lo que Torra ha tratado de trasmitir sutilmente a Sánchez que, por supuesto, no lo entiende porque entre los dos, como entre sus dos países -de los que son trasuntos- las diferencias son abismales. Torra, como las otras dirigentes independentistas, son gentes de convicciones y principios; Sánchez es un hombre de conveniencias y lugares comunes. Aquellos están dispuestos a ir a la cárcel y al exilio por sus ideas; Sánchez no. Y lo más importante: el proyecto republicano independentista es mayoritario en Catalunya en donde más de dos millones de ciudadanos fueron a votar independencia arrostrando la vandálica represión de las fuerzas franquistas, mandadas por corruptos y criminales. Y, con ello, rompieron con España. En el Estado español algo así es impensable. A la manifestaciones españolistas de Barcelona van unas docenas de fachas de autobús y bocadillo a hacer compañía a Iceta y Borrell y, en una consulta republicana en Vallecas vota el 4,8% del censo.

Está todo dicho.

martes, 10 de julio de 2018

Escenificación de un desencuentro

El mundillo oficial español se regocija del encuentro y hasta hay quien habla de "deshielo". Era tan bajo el nivel a que habíamos caído que el solo hecho de dialogar, de hablar durante dos horas y media, se considera un triunfo digno de una apoteosis. Hablar entre ellas, lo que hace a las personas ciudadanas, pues, para negarse a hacerlo, es preciso ser bestias o dioses, según Aristóteles. 

Salvadas las alharacas, el contenido de la prolongada reunión es más bien flaco. Grandes nombres, comisiones bilaterales de esto y aquello, paralizadas desde el comienzo de la plaga de M. Rajoy, para negociar transferencias, competencias y otras esencias. Es el concepto de negociación política de Sánchez. Añade, como gesto de buena voluntad la retirada de la batería de recursos del PP contra las leyes sociales de la Generalitat, detenidas, paralizadas, anuladas, suspendidas o desmochadas, según procediera.

Y prou. ¿Autoderminación? No me suena. ¿Presos políticos? No me constan.

Y hasta septiembre. 

Torra, a su vez, cual previsto, pidió la liberación de los presos políticos. Se presentó con el lazo amarillo. Y también pidió un referéndum pactado de autodeterminación. La conocida respuesta es que no cabe en la Constitución. Traducido al román paladino: que no por que no. Es decir, lo que ambos mandatarios escenificaron a la postre fue un desencuentro entre personas civilizadas. No se enfrentaron con violencia ni el uno hizo arrestar al otro y lo envió cargado de cadenas ante el juez Llarena, Némesis de la Justicia. Pero no se pusieron de acuerdo en nada; ni siquiera en ponerse de acuerdo.

Ambos interlocutores salieron como habían entrado y ahora ya saben los dos de primera mano cuáles son las intenciones del otro. El gobierno español mantiene una actitud de cerrado "no" heredada del PP y, al renunciar a hacer una propuesta alternativa, se sitúa en una posición defensiva, en reacción a lo que el independentismo pueda hacer. Desde el momento en que Torra declara no cejar en sus propósitos del 1-0 y 27-0 así como las elecciones de 21 de diciembre está claro que conserva la iniciativa política y lo más probable es que la ejerza en breve.

La iniciativa política da mucha ventaja y ahora se abre un periodo de debate sobre qué forma puede tomar. Ya hay sectores independentistas que recogen el guante de septiembre y lo fijan en la Diada. Una Diada que trascienda todo y sea una inauguración del "nou Estat d'Europa". Pero otros sectores creen que esperar hasta septiembre es aceptar implícitamente el marco autonomista y que es preciso pasar a la implementación de la República, como diría Lluís Llach, de una puta vegada. Parece que es lo que piden también los CDR

¿Hasta dónde puede llegar esa iniciativa? Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, dice que, si se implementa la República, tendremos las llaves de las celda de los presos. Una verdad como un templo pero, como todos los templos, puede caernos sobre la cabeza.  Una vez se conozca la sentencia del tribunal de Schleswig-Holstein, habrá mayor base de juicio para aventurar tácticas de implementación porque la presidencia de la República en el exilio mantiene un perfil bajo a causa de la situación judicial. 

lunes, 9 de julio de 2018

Teoría de Catalunya

En los Cuadernos de la cárcel, de Antonio Gramsci, en el 7º, nota 6, de la edición de Einaudi se encuentra una célebre observación que ha hecho correr ríos de tinta en la exégesis marxiana: "En Oriente, el Estado era todo. La sociedad civil era primitiva y gelatinosa. En Occidente se daba un equilibrio entre el Estado y la sociedad civil y, en el temblor del Estado se observaba de pronto una estructura robusta de la sociedad civil. El Estado solo era una trinchera avanzada tras de la cual había una robusta cadena de fortalezas y cuarteles." Innecesario decir que, a lo largo de esos Cuadernos, escritos en tan difíciles condiciones, se encuentran otras numerosas anotaciones, citas, observaciones que matizan la anterior cuando no lo contradicen. Una razón de más para que la resurrección de la dicotomía Estado-sociedad civil, que procedía de los economistas clásicos y la ilustración escocesa, abriera un horizonte de controversias en el campo del marxismo empezando por Marx en su Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel", que llega a hoy.

Nada raro. La disyuntiva Estado-sociedad civil es el meollo de la teoría gramsciana de la hegemonía, acertado giro con que el filósofo sardo consiguió aunar el espíritu revolucionario del marxismo con la práctica reformista y hasta fabiana de las sociedades capitalistas desarrolladas. Esta doctrina, que fue muy seguida en la segunda mitad del XX acabó convertida en un huero lugar común a partir de 1989 con el hundimiento de los países comunistas. En nuestro tiempo aun la emplea Podemos en un alarde de desconocimiento de sus raíces. Van a buscarlas en algunos países subdesarrollados y cambian así la China o la India por lugares como Bolivia y Venezuela, aunque el enunciado de Gramsci es un sutil quiebro a la espinosa cuestión del modo de producción asiático (el "Oriente" gramsciano), por cuanto, a estos efectos, tan "asiático" es el imperio chino como el inca en América. A este disparate se llega precisamente, al ignorar la importancia de la citada relación Estado-sociedad civil.

En realidad, Gramsci quería actualizar la dicotomía. En los cuadernos hay frecuentes referencias a Hegel y al hecho de que este hubiera contrapuesto su concepción de la eticidad del Estado a la liberal del "Estado gendarme". Una idea que el autor de los Cuadernos recogería en su postulado de un "Estado integral" o "Estado alargado", con el que daba cuenta del creciente intervencionismo estatal en los años 30 del siglo XX, con los totalitarismos y el New Deal. Prolongaba así la crítica marxista a Hegel. La fuerza de transformaación estaba en la sociedad civil en occidente Y de aquí saliéron polémicas como la de Poulantzas y Milliband sobre si la sociedad era capitalista o el capitalista era el Estado.

Marx acababa fusionando ambos términos y lo mismo hizo Gramsci. Su "Estado integral" es la suma de la sociedad política y la civil. La teoría pareció encontrar su triunfo cuando en 1989, las sociedades civiles que se habían desarrollado en los países comunistas en contra del Estado a través de movilizaciones ilegales y clandestinas se rebelaban contra la dominación totalitaria y destruían unos regímenes dictatoriales. Pero en su triunfo, la teoría encontró su fracaso pues no parece que aquellas sociedades civiles, capaces de derribar regímenes despóticos hayan podido luego poner en pie sistemas democráticos aceptables.

A pesar del interés de la teoría, no he hallado casos concretos en que se haya aplicado al caso de Catalunya y, sin embargo, parece pensada para explicarlo. Sabido es por la historia que Castilla, tras unificar y mantener por la fuerza en diversos momentos la unidad de un país al que llamó España, convertida en gigantesca cabeza de un desmedrado imperio, acabó configurando el ejemplo típico del modo de producción asiático o "despotismo oriental" que está en la base de la teoría gramsciana, esto es, una sociedad civil subdesarrollada, miserable, inexistente y un Estado hipertrófico que consumía los escasos recursos colectivos.  


Ese mismo modelo se trasladó a la periferia, a Catalunya, los països catalans, Euskadi y Galicia: estado parásito que saqueaba los recursos sociales y económicos pero con una variante. Aunque en Castilla el Estado “español” saqueaba, la población esquilmada seguía viéndolo como algo suyo pues el Estado llamado “español” ha sido casi siempre mayoritariamente monopolio de los castellanos. Todas las familias castellanas querían que sus hijos vivieran de lo público, que fueran funcionarios, militares o curas, todos ellos mantenidos por los contribuyentes. Nada de dejar entrar a periféricos, sobre todo, vascos y catalanes. Un Estado parásito anula toda posibilidad de florecimiento e innovación de una sociedad civil abrumada por las gabelas, sin iniciativa y que, además, comparte el ideal estatolátrico de sus retoños.

Frente a Castilla, las zonas periféricas, especialmente Catalunya se vieron obligadas a desarrollarse y crecer al margen del Estado. Es notorio que lo que no se dio en España, una revolución industrial, comercial, burguesa, sí se dió en Euskadi y, más profunda y ampliamente, en Cataluña. Fue aquí en donde, por pura fuerza de supervivencia, se produjo una acumulación primitiva de capital y un desarrollo de la burguesía ya desde fines del XVIII que acabó originando una robusta sociedad civil no solo al margen del Estado sino, en muchas ocasiones en contra de él. En Catalunya el Estado español no existía más que para parasitar y esquilmar recursos. Pero sí nació, creció y acabó imponiéndose una robusta sociedad civil, ágil, empreendedora, distribuida por todo el país y muy coordinada. 

Una sociedad civil que, a diferencia de las de los antiguos países comunistas, no solo será capaz de poner fin al Estado español esquilmador, sino también de construir luego una república democrática, próspera, abierta. Y aquí reside el principal problema de ese Estado español, dominado por una oligarquia castellana, nacional católica, parásita y esquilmadora. Y bastante inepta. Un Estado que no ha dudado nunca en recurrir a los medios más atroces para someter a los catalanes y asimilarlos a los castellanos a base de tratar de exterminar su lengua y cultura y prohibir sus instituciones. Y que jamás lo ha conseguido. 

Y menos que lo conseguirá ahora cuando ya está clara la situación: Catalunya lucha por su independencia de este Estado español fallido y despótico que ya no puede responder con el mismo grado de violencia y crueldad con que lo hizo en el pasado, dadas las circunstancias europeas.

Un Estado que, además, es incapaz de comprender lo que tiene enfrente, incapaz de ver que se trata de una revolución apoyada por una sociedad muy desarrollada, interclasista y transversal. Un Estado tan obtuso como los jueces franquistas de que se sirve para contener su hundimiento y que cree que su adversario no es todo un pueblo movilizado, sino un grupo de políticos a los que se puede reprimir, amenazar, encarcelar en la vana esperanza de extirpar el movimiento social que encabezan. 

Por esta profunda incapacidad para entender al otro perdió España su imperio. Y sigue haciéndolo ahora. Sánchez no es mejor que la recua de gobernantes nacional-españoles mesetarios que le han precedido. Por reaccionarios y carcundas que fueran.

La independencia de Cataluña será una realidad más pronto que tarde debido a la robustez de la sociedad civil catalana (la real, no la fake de la SCC) y el carácter gelatinoso del Estado español. Porque España es un caso acabado de despotismo oriental, aunque sea parte de Occidente.

Cuestión de Estado

La España oficial no quiere admitirlo porque su propaganda asimila la reunión de hoy a las usuales bilaterales del gobierno con las CCAA. Normalidad institucional. Diálogo. Normalidad a secas. ¿Cómo? ¿Que hay aquí una cuestión de Estado? Pero, hombre, por Dios, que ha cambiado el gobierno.

Así es. Los titulares de prensa cantan sesgo gubernamental. El gobierno y todo el mundo damos por hecho que nadie vulnerará la ley. Se llama principio de legalidad y presunción de inocencia. Señalar en concreto a Torra lleva implícita una presunción de culpabilidad.

Nadie vulnerará la ley porque nadie quiere vulnerar la ley. Luego vienen los actos de cada cual, al dictado de su conciencia y es entonces cuando se discute si se ha vulnerado o no la ley, qué ley, cómo, quién lo dice, que hace, etc. 

Muestra de sesgo gubernamental trae también Público que titula: Sánchez y Torra se reúnen con el referéndum imposible sobre la mesa. Un título como "mesas separadas". Porque ¿quién ha dicho al diario que el referéndum sea "imposible"? Obviamente, Sánchez, pues Torra va a pedirlo. Desde luego, la rotunda negativa de Sánchez puede hacer imposible el referéndum; pero eso no quiere decir que el referéndum en sí lo sea, cual se desprende del titular. Quiere decir que el periódico ve el mundo con los ojos de uno de los dos poderes asimétricos.

Los medios afirman también que el encuentro de hoy se da en un clima de distensión, propiciado por el gobierno. Pasa por tal el acercamiento de los presos políticos y la continua jaculatoria dialoguista de Sánchez y su equipo que no se concreta en nada. La distensión es un simple ejercicio de ficción perfectamente retratada en la imagen. Mientras el rey mira como si le interesaran los juegos olímpicos, Sánchez, quien afirma que en España no hay presos políticos, explica algo a Torra, quien luce en la solapa el lazo amarillo reclamando la libertad de los presos políticos que según Sánchez no existen. En España no hay presos políticos porque así lo decide quien manda y no existe derecho de autodeterminación porque así lo decide el mismo.

Para paliar la doble negación a las dos cuestiones aquí fundamentales, presas políticas y derecho de autodeterminación, el gobierno ofrece lo que llama diálogo político, esto es, negociaciones sobre políticas públicas en materia de transferencias, competencias, financiación, etc. Y quizá también saque del baúl de los recuerdos una confusa oferta de reforma constitucional para encaminar el país hacia un futuro federal que apenas puede distinguirse de un Estado autonómico.

A su vez, la Generalitat lleva también dos grupos de asuntos. Uno, el de las políticas públicas, que resucita los famosos 45 puntos de Puigdemont ante Rajoy. Política práctica que, al parecer, encarrilan Meritxell Batet y Elsa Artadi. El segundo grupo es el punto 46 de las reclamaciones de Puigdemont, el referéndum pactado. A él se ha añadido la cuestión de la liberación de los presos y exiliadas; su exoneración. Las dos son condiciones del independentismo, de todo el independentismo, y no es previsible que causen mella las esperanzas en el famoso seny autonomista. No es posible considerar normal una situación en la que los dirigentes independentistas están injustamente encarcelados. Y menos aun si, lejos de mitigarse, la represión judicial se incrementara ahora y el juez Llarena impusiera una doble fianza a los procesados en función de sus muy cuestionables cálculos y más cuestionables criterios morales y jurídicos.

Presos políticos y derecho de autodeterminación. Por cierto, no ha lugar a retrotraer otra vez el debate sobre la cuestión de la autodeterminación a las balbuceantes polémicas del principio solo porque haya cambiado el gobierno. Si la portavoz Celáa no se ha enterado aun de que los referéndums de autodeterminación de Quebec y Escocia hacen añicos la doctrina de la inaplicabilidad de ese derecho que reflexione un poco sobre la materia. El referéndum de autodeterminación pactado es inevitable. Ya ha habido cuatro no pactados de hecho y volverá a haber otro si no se pacta antes.

Se entiende la negativa del gobierno a hablar de la cuestión. Al margen de las fábulas de la Constitución y el derecho internacional y las colonias, la pura verdad es que no tiene alternativa alguna que ofrecer a la independencia de Catalunya porque presentarse a un referéndum pidiendo el "no" sin más a la otra parte es perderlo seguro.

Por eso no quiere un referéndum de autonomía pactado. Porque lo pierde. Pero, como aun así, será inevitable, ¿por qué el nacionalismo español no hace una oferta constructiva que pudiera presentar a consideración de la ciudadanía catalana? Es una idea. Por ejemplo, frente a la opción de "Estado independiente en forma de República", el Estado, el nacionalismo español podría proponer una opción de Estado libre, que actualmente tienen Baviera, Sajonia y Turingia en Alemania y podría hacerse también accesible al País Vasco, que ya presentó el Plan Ibarretxe, en el que se mencionaba  un Estado Libre Asociado, como Puerto Rico. En el caso europeo la verdad es que el título es puramente nominal y es dudoso que tanto los indepes catalanes como lo nacionalistas vascos se conformen con una diferenciación puramente terminológica. El Estado tendría que negociar competencias delicadas. 

Pero, en fin, sería una oferta para desencallar una situación que no tiene más salida que el referéndum pactado y vinculante. La cuestión origen de esta batalla que, si se hubiera aceptado hace diez años habría supuesto una derrota del independentismo y, en cambio, ahora promete ser su victoria. 

Salvo que el Estado consiga articular una oferta más satisfactoria que la independencia y salga ganadora en un referéndum catalán entre ambas, pactado y vinculante. Cualquier otra vía es seguir con marrullerías. Resulta ridículo que sea doctrina oficial del gobierno la mentira de que el "no" a la independencia es mayoritario en Catalunya porque suma al "no" explícito los dudosos, nulos y hasta las abstenciones, mientras que los "síes" son solo los síes pelados. Y, más que ridículo, frisa ya en lo grotesco que ese mismo gobierno se niegue a aclarar la cuestión de una vez por todas con un referéndum pactado.

Ya se sabe que tal referéndum, además, incrementaría la presión popular en España para celebrar otro en Monarquía y República. Sería interesante ver cuál ganaría porque no está claro. 


jueves, 28 de junio de 2018

Los bárbaros ante portas

Dice el MHP Torra que Catalunya será pronto un Estado independiente. El Apocalipsis. Llegan los bárbaros. Termina de hundirse el imperio. Caveant Consules. Tal vez por eso el embajador español en Washington, Morenés, de los Morenés de toda la vida, fue a reventar la conferencia de Torra en el Smithsonian, llamándolo mentiroso por lo que los catalanes abandonaron la sala. Lo cuenta Laura Borràs en su tuiter.

El nerviosismo hispano crece por horas. Ese embajador Morenés recuerda a aquel otro Lojendio que, en 1960, se presentó por sorpresa en el plató de la TV cubana para encararse con Fidel Castro y llamarlo mentiroso. Castro lo declaró persona non grata. La honra de España estaba entonces en juego; como ahora en Washington. Y los embajadores son gente de mucha honra, sobre todo si la hacen valer frente a quienes consideran pueblos coloniales, antaño Cuba, hoy Catalunya.

La derecha ha dejado a los socialistas un campo de minas. Torra anuncia que el día 9, pedirá a Sánchez negociar un referéndum de autodeterminación. Es decir, preanuncia su reciente idea de proceder a un nuevo 1º-O. Los Comuns se le han puesto en contra y a la CUP no le hace especial gracia por entender que es seguir dando vueltas al atajo, como dice el poeta. Pero quien está más ferozmente en contra es el propio Sánchez que se ha permitido aconsejar a Torra desde Alemania que se olvide del 1-O. Una muestra palmaria de que no sabe ni por dónde se anda. Ni Torra ni nadie en Catalunya va a olvidar el 1-O. Por si le sirve de algo, cosa que dudo, le informo de que es una de las fechas con más posibilidades de convertirse en fiesta nacional de una Catalunya independiente. 

Más vale que el antiguo bloque del 155, con el PSOE ahora en cabeza, cambie la dirección de la nave antes de lanzarla contra los escollos de un movimiento independentista encabezado por unas instituciones legítimas pero hostilizadas, con un fortísimo apoyo social masivo y una constelación de símbolos vivientes en la cárcel y el exilio. 

El Tribunal Supremo echa una patriótica mano en la tarea de justificar judicialmente una persecución política. En clara muestra de conciencia nacional española antes que jurídica, admite el procesamiento de los indepes catalanes por los delitos que ha fabulado Llarena. La intención es obvia: situar a los procesados fuera del alcance de los gobernantes españoles de los que los jueces franquistas no se fían porque los consideran radicales, rojos peligrosos y vendepatrias. A los del PSOE. 

En efecto, al PSOE le corresponde un marrón del que no parece pueda salir indemne. Las presiones para una disolución  y convocatoria de elecciones anticipadas van a ser enormes. Pero, al mismo tiempo en una situación tan cómica que mueve a risa. Ninguno de los dos partidos que más vociferantes son en la exigencia de comicios, C's y PP, está en situación de concurrir a ellas. C's aun no ha conseguido explicarse a sí mismo cómo ha conseguido perder una moción de censura que se le hacia al otro. Y el otro, la banda de malhechores, porque se encuentra con el insospechado hecho de contar con más candidatos que electores en las primarias. 

El conflicto exterior es una prueba más de la existencia de un poder dual de facto, no de iure todavía, en España. Y para hoy hay previsto un acontecimiento que quizá deje chico el ridículo de los juegos del Mediterráneo, en concreto la llegada del rey a Girona a la entrega de los premios Princesa de Girona. Como prácticamente no puede pisar núcleo urbano alguno por ser persona non grata en diversos municipios, entre ellos Girona capital, parece que llegara en helicóptero y se marchará de igual modo. Tendrá un toque religioso pues  más que una llegada será un descendimiento y más que una marcha, una ascensión. No se sabe oirá los pitos que los CDRs tienen convocados. Si no los pitidos, a lo mejor percibe el aroma del estiércol que andan derramando los payeses con los tractores por el campo.

Hay algo tragicómico en este fin de ciclo español.

viernes, 30 de marzo de 2018

Cambiando de aires

Señaladas fechas estas en las que el turbio fondo de la raza sale a flote y se pasea entre saetas y pasos militares por las calles de las ciudades. Cirios, encapuchados, autoridades con peinetas y refajos, tambores, pasos, nazarenos, militares, niños convertidos en monigotes del fanatismo, legionarios achulapados, curas, más curas y más curas, recuas de beatos y beatas, cornetines, martirios, sangre, cruces, dolorosas, la mugre gore católica. Todo engaño, simulación, fariseísmo, hipocresía. La superstición más siniestra convertida en festividad popular por imposición de un gobierno en el que lo integrista no quita lo delincuente para edificación del sufrido pueblo. España 2018.

Aprovechamos para hacer nuestras gestiones con vistas a un traslado a Girona. En el ínterin Daniel Bonaventura, del Diari de Girona me hizo una entrevista que se encuentra aquí acerca de la ciudad, nuestro traslado y la situación actual en lo referente al independentismo y su peripecia actual. La encuentro ajustadísima a lo que hablamos y no tengo nada que añadirle.

Para terminar el día a tono con el rebombori casposo y cutre de la peña semanasantera recomiendo este artículo de hoy en El País de mi amigo Juan José Tamayo, ¿Ha muerto Dios? Juan José sostiene que la Trinidad hoy día son el Mercado, el Patriarcado y el Fundamentalismo. En España hay que añadir a Caco, el verdadero dios de esta oligarquía de ladrones. 

domingo, 25 de marzo de 2018

Causa general contra el independentismo

El alineamiento dels Comuns/Podem con el frente propuesto por Torrent abre alguna escasa perspectiva que conviene explorar. En la medida en que no sea una mera pulsión ex abundantia cordis ante la brutalidad carcelaria del Estado que puede amainar tan presto como se ha producido, será preciso calibrar su alcance político. ¿Sería posible una alianza en la que els comuns firmaran la estrategia indepe o solo a condición de que los indepes renuncien a aquella a cambio de un régimen más o menos rebozado de autonomía? 

Comenzamos rechazando la segunda opción (alianza con rebaja del objetivo republicano a autonómico) no solo porque no sea grata a los ojos de Palinuro, sino porque no es probable, pues las elecciones a dos meses son una opción atractiva. Se pueden perder o ganar pero, si no se hacen, el gobierno de marco autonómico está ya perdido. El argumento de que perder significa también perder lo que ya tenemos, invita a la pregunta de ¿qué tenemos? Suena la respuesta del abate Sièyes: "nada". ¿Qué tenemos? Nada si lo que tenemos nos puede ser arrebatado de un plumazo del 155.

Más verosímil es la primera opción (comuns con indepes con programa indepe) que tiene varias ventajas: garantiza estabilidad legislativa, aleja el fantasma de nuevas elecciones que muchos miran con pavor (no así Palinuro) y consolidan la mayoría indepe hasta los 78 diputados. Libera al bloque JxC/ERC de la dependencia de los votos de la CUP, aunque esté por demostrar que esto sea una ventaja y no un inconveniente. Es un típico asunto de tiempo. Si esa alianza se da, la obtención del objetivo rupturista de la CUP se acerca. Pero solo se acerca. Al margen de si la alianza con los Comuns aguantaría un aumento de la tensión con el Estado, está por ver hasta dónde puede llevar su programa el frente democrático en la consolidación de la República y en el susodicho marco estatutario. 

Al margen de estas consideraciones, queda por conocer la reacción de los otros dos palos del trípode indepe ante el encarcelamiento en serie: los partidos y la gente, incluyendo en "la gente" sus formas de articulación, ANC, Ómnium y los CDRs. Los dirigentes vuelven a estar acosados por la persecución de los tribunales; Puigdemont ha abandonado Finlandia y ha retornado a santuario belga. Los demás exiliados en similar situación de busca y captura estarán tomando sus medidas. La valiente Marta Rovira estará ahora seguramente recibiendo un briefing de Anna Gabriel sobre los primeros pasos del refugiado. En un par de días a lo sumo, podrán celebrar un consejo en la cumbre para adoptar medidas y difundirlas. La intensificación de la guerra del Estado contra el independentismo catalán requiere una respuesta articulada con el máximo apoyo posible, desde luego, pero sin ceder en la justicia de sus pretensiones. Los partidos están obligados a mantener la unidad para impulsar nuevas medidas de acción colectiva en el marco de la resistencia pacífica y cívica en defensa del derecho a tener derechos. 

Sin duda, mientras los indepes reorganizan sus melladas filas y determinan una línea común de acción, el gobierno y sus tribunales procederán a inhabilitar a todos los procesados para que no puedan formar parte de lista electoral alguna en el Estado español. Incluso las listas al Parlamento europeo. Lo cual es absurdo porque si Puigdemont no puede ir en una lista europea en el Estado español puede ir en una de Flandes o de Bélgica o de Italia. 

La inhabilitación, asimismo muestra el corto alcance de las medidas represivas que solo pueden ser personales. La inhabilitación es otro de esos laberintos en que los jueces españoles muestran la tosquedad de su concepto. Habrá que ver cómo inhabilita Llarena a Puigdemont para el ejercicio de presidencia simbólica de la República Catalana, basado en un acuerdo tácito de la mayoría parlamentaria. Entre tanto, los dirigentes de los partidos indepes tienen que explicar lo que en los tiempos del octubre rojo se llamaba "la línea general".

Están obligados a mostrar el camino y graduar la intensidad de la respuesta. Y ello no solo porque sea la única forma de sacar a los presos políticos y hacer retornar a los exiliados sino porque el movimiento en su conjunto, sintiendo los encarcelamientos como humillaciones más allá de límite, está conteniendo la presión precisamente en espera de las orientaciones tácticas. Y no hay camino atrás; solo delante.

Los dirigentes no sacaron el movimiento de la nada, como dice creer el nacionalismo español, sino que fue el movimiento el que los puso a ellos al frente. Y seguirá sacando dirigentes de su seno porque es el propio movimiento el que dirige; adelante.

lunes, 19 de marzo de 2018

El constitucionalismo aquí y allí

En ningún aspecto es más claro el enfrentamiento entre España/Castilla y Cataluña que en el de la prensa, avanzada de las ideologías. 

Tratamiento de la manifestación por la unidad de España de ayer domingo por la unidad de España en dos medios uno digital català digital y el otro El País. 

El digital incluye una panorámica del conjunto de la manifestación en toda su extensión. El País un interesante, animado y colorido vídeo de 1'29''.

El titular del digital es una referencia burlona a la cifra de asistencia aportada por la Societat Civil Catalana (SCC). El de El País, una interpretación ideológica del acto y sus excelsas cualidades: el Constitucionalismo se manifiesta unido. Y, en efecto, muy unido; está hasta el tabarnés. Quizá no sea muy numeroso. Cita la cifra de la Guardia Urbana (7.000) y la de la SCC (200.000). Pero el vídeo es muy entretenido: imágenes de la cabecera de lejos y de cerca y las banderas al viento, incluso las de Tabarnia que dan al conjunto un aire como de torneo medieval; entrevistas a la gente, a las líderes y lideresos; tomas de los discursos de las personalidades de la vida civil, la cultura, etc.; pero ningún plano general. Aunque la noticia viene a reconocer resignadamente la cifra más baja insinuando que el bendito 155 y la acción de la justicia (sic) han apagado las movilizaciones anteriores, mucho más numerosas. 

Pues no ya los 200.000 de la SCC; ni los 7.000 de la Guardia Urbana. Según el tuitero Jesús Rodríguez, que aplica un procedimiento prácticamente exacto, 5.317. Y eso contando los viandantes, transeúntes, espectadores, comerciantes, personal de la SCC y policías. O sea, que tampoco es tanto el mérito de que el constitucionalismo esté unido ya que es algo escaso.

Por cierto, a El País, cegado por el brillo de los discursos constitucionalistas, se le olvida mencionar que el día anterior, sábado, la misma SCC hubo de desconvocar otra manifestación igual en la Plaza de Colón de Madrid bajo el lema "dos colores, un sentimiento". La justificación, el mal tiempo. La razón: no fue casi nadie. El medio digital, en cambio, no se priva de hacer malévola referencia al hecho o, mejor dicho, no hecho.

No es de extrañar que esté enfrentado un país cuyos medios lo ven tan incompatible. El constitucionalismo español no parece dispuesto a bajar de las banderas en los balcones a la calle en la capital y en Barcelona, aun sumando los sectores frikies, carece de fuerza de movilización, aunque habrá quien diga que carece de fuerza por incluir a los frikies. El independentismo catalán, en cambio, inunda las calles de Catalunya. De color amarillo pero también de muchos otros colores y formas de una sociedad en movimiento que está planteando el conflicto en todo tipo de foros internacionales.

miércoles, 17 de enero de 2018

Es de justicia

Me he sumado a un acto en favor de los presos políticos promovido por #WithCatalonia. No sé si lo he hecho según las indicaciones porque ando muy atareado terminando un libro en el que, por cierto, también se habla de los presos políticos. En todo caso, he firmado la postal colectiva que los madrileños simpatizantes (gatos, menos gatos, transeúntes y allegados) envíamos a los dos Jordis, Oriol y Joaquim. Además, subo el cartel a la columna de la derecha de Palinuro. 

Estas personas deben estar en libertad porque no han hecho nada perjudicial al interés público (que bastante importa por lo demás a los actuales gobernantes), no han cometido delito alguno. Luchan políticamente por una causa que todo demócrata debe admitir como legítima. La respuesta legítima solo puede ser política. Los tribunales no pintan aquí nada y su instrumentalización política solo puede empeorar las cosas.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tabarria

Ayer, viralización al canto en las redes de Tabarnia, un lugar nuevo, un nuevo nombre que se difundió como la luz. Una ínsula Barataria (el nombre se da un aire) que lleva años proponiendo una organización llamada Barcelona is not Catalonia y cuyo fundamento y truco consiste en enredar a los independentistas en discusiones por aporías: "si Cataluña puede ser independiente, ¿por qué no el Baix Llobregat? Eso, a ver ¿por qué no el Baix Llobregat o Barataria, perdón, Tabarnia?

La ingeniosa pregunta estaba por doquier y venía a consolar a los ganadores de las elecciones del luctuoso hecho de haberlas perdido. Hasta algunos independentistas se mosquearon, gentes de poca fe. Y, por supuesto, los equidistantes se convirtieron en yoyas, "¿véis? yo ya lo dije".

Nada, hombre, la Tabarnia esa es producto de dos tácticas mafiosas: el filibusterismo y el gerrymandering, que podríamos traducir audazmente como "salamandreo". El filibusterismo es patente. Lo presentan como el punto de la victoria: venga, guapos, a discutir, a debatir, a ver por qué son mejores vuestras razones que las nuestras, etc., etc., ad nauseam. Ni caso. Cada cual a lo suyo. ¿Creen vuesas mercedes que ha lugar a la solicitud y tramitación de una nueva Comunidad Autónoma en España? Perfecto, pónganse en marcha por las vías establecidas o las que les dé la gana, a ver qué resultado obtienen; pero no estorben. No filibusteen.

Lo del gerrymandering es de risa: aquí, al parecer, se trazan los límites de las circunscripciones según los parientes que tiene en cada lugar el que hace el trazado. Creen estos infelices que esas líneas son como las del AVE. Por desgracia, las decisiones no las toma el equipo de delineantes de la Asociación Esta es mi Patria, sino las instancias competentes. Inicie, pues, Tabarnia su hoja de ruta a través de las instituciones. Y arrieros somos.

Lo jocoso de la movida no oculta su mala uva. Quienes ayer celebraban el redescubrimiento de Tabarnia eran quienes antes de ayer acusaban a los independentistas de dividir a los catalanes. Y, ¿qué otra cosa pretende la separación de Tabarnia si no dividir a los catalanes? La mala uva radica en que se propone después de haber perdido las elecciones. Perdieron la partida y quieren romper la baraja.

Filibusterismo y salamandreo.

Bon vent i barca nova.

martes, 31 de octubre de 2017

Puigdemont en el exilio

Ironías de la vida. Quiere el destino que Puigdemont esté hoy paseando por esas calles de Bruselas por las que también anduvo Karl Marx, en su exilio belga entre 1846 y 1848, periodo en que se escribió El manifiesto del Partido Comunista. Hoy no es el fantasma del comunismo el que recorre Europa. Es el del nacionalismo. Algunas de las fuerzas que entonces se unieron para conjurar el primero siguen presentes; las más, han desaparecido, pero su lugar lo ocupan otras nuevas. Ayer:  el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. Hoy: el Papa y Juncker, Rajoy y Macron, los progres griegos y la CIA yanqui. 

Aquí mi artículo de hoy/mañana en elMón.cat, titulado "Desde Bruselas con firmeza y dignidad". No es necesario extenderse mucho. Creía el triunvirato del 155 (el Sobresueldos y sus dos monaguillos) que bastaría con dar un golpe de Estado, tomar medidas represivas y prevenir a sus jueces de guardia para que cumplieran con su rol de sombríos ejecutores para que la resistencia del independentismo se desmoronara.

Es el lenguaje típico de la derecha española (esa que es extrema derecha, pero se llama "centro derecha"): represión, violencia, agresión. No saben gobernar sin montar guerras. Gobernó Aznar y nos metió en una guerra internacional (doscientos muertos y mil heridos); gobierna el Sobresueldos y nos mete en una guerra interna (por ahora, mil heridos, pero no ha hecho más que comenzar), marca de la casa que la izquierda socialista, convertida en barragana del poder, aplaude con grititos de alegría. 

Pero esta vez, las cosas serán distintas. El enemigo de esta coyunda de oligarcas, curas, ladrones, fascistas y miserables comparsas socialistas que se manifiestan junto a los franquistas mientras los suyos, asesinados por estos, siguen en las cunetas está más fuerte que nunca, más únido que nunca y tiene unos dirigentes de probada voluntad independentista. Es posible que Puigdemont, como Marx, como Trotsky en su día, como Asange hoy, tenga que seguir peregrinando en busca de asilo. Pero la victoria del independentismo está cantada.

Aquí, la versión castellana:


Desde Bruselas, con firmeza y dignidad

¿Qué cabe pensar de un Estado cuyo Fiscal General, reprobado por el Parlamento, encabeza un escrito de querella judicial contra unos ciudadanos con el título (por lo demás bastante manido) de “Más dura será la caída”? Obviamente, que el Fiscal no es digno del cargo. Pero que este funcionario, movido por el odio, revele su talla moral de pigmeo, muestra también que el Estado no existe como Estado de derecho, sino como una partida de la porra. Una partida que se mueve al grito ese de sus cultas huestes del “a por” (sic) ellos”.

Que el Estado español –al que la prensa del régimen llama “democrático de derecho”- es un Estado del “a por” ellos se demuestra también por el hecho de que haya encarcelado sin base jurídica y por razones políticas a dos ciudadanos a los que mantiene en prisión como rehenes. Un Estado con presos políticos y cargos públicos democráticos en el exilio no puede ser de derecho. Por el partido del gobierno que lo rige, el partido de la Gürtel, parece y actúa más como una mafia que como un Estado.

La mafia del 155, nieto del artículo 48 de la Constitución de Weimar de 1919, con el cual se abrió el camino a Hitler, el holocausto y la guerra. El artículo de la llamada “dictadura constitucional” que el presidente de los sobresueldos está dispuesto a emplear hasta sus últimas consecuencias que, por fortuna, ya no incluyen la de contar con esbirros que le entreguen al presidente de la Generalitat para hacer con él lo que su portavoz Casado anunciaba con fruición, convertirlo en un Companys.

Frente a este atropello a la tradición de libertad y democracia de Europa, Puigdemont ha tenido el acierto de presentarse en el corazón mismo del continente, en ejercicio de sus derechos de ciudadanía europea. La ciudadanía cuya naturaleza desconoce Rajoy porque también desconoce la de la ciudadanía española en la medida que tenga algo de dignidad y, por supuesto, la catalana, que le produce urticaria.

Aparte de este valor simbólico de la comparecencia de Puigdemont, deben considerarse dos factores más. En primer lugar, el presidente sigue al mando y cumpliendo su función de legítimo representante de la República Catalana, a la par que dando a esta una visibilidad y proyección internacionales que jamás han conseguido los grises miembros de la partida de la porra que pasa por gobierno de la “gran nación”.

Es decir, toda la maledicencia, el veneno, el odio en bruto que destilan los medios del régimen de la restauración (todos, públicos y privados) y la suciedad que vierten los plumillas y esbirros a sueldo no pueden ocultar que Puigdemont está en donde tiene que estar. Sin defraudar, ni traicionar, ni acobardarse, ni fallar o engañar a sus seguidores como sí han hecho, en repetidas ocasiones sus adversarios, Rajoy, Sánchez e Iglesias.

En segundo lugar, la comparecencia tiene un valor estratégico. Puigdemont, al frente de un movimiento independentista fuerte, pacífico, democrático y más cohesionado que nunca, acepta el reto de las elecciones del 21D, impuestas por la fuerza bruta del ocupante con la ineptitud que lo caracteriza. Porque todo este caos, vandalismo policial, arbitrariedad política, odio de la fiscalía y manipulación de las instancias judiciales (el fiscal ha presentado la querella estando de guardia la jueza Lamela, con lo que ya se sabe de antemano cuál será el resultado), se hizo para evitar un referéndum de autodeterminación. Pero el resultado es que ahora será el propio gobierno del partido más corrupto de Europa el que tendrá que organizarlo legalmente y bajo supervisión directa o indirecta de las autoridades extranjeras ya que nadie, absolutamente nadie, se fía de una gente acostumbrada a “ganar” elecciones haciendo trampas y cometiendo presuntos delitos.

Las elecciones del 21D son el referéndum que el triunvirato nacional español (Rajoy, Sánchez, Rivera) ha tratado de impedir sin conseguirlo. Los más listos del bloque español (alguno hay) ya se han percatado de la metedura de pata de poner como castigo precisamente la consulta por la que el independentismo lleva años luchando ¡y sin poder hacer trampas!

Para arreglarlo, el vicepresidente del Senado del PP, que no se cuenta entre la minoría mencionada, ya ha hecho saber que, si el resultado de las elecciones vuelve a ser mayoría independentista, volverá a aplicarse el artículo de la dictadura y, es de suponer, así se seguirá hasta que los catalanes se dobleguen y voten a los representantes de la España eterna oé, oé, oé, PP, PSOE, C’s, Podemos, los Arrimadas, Albiols, Icetas o Colaus, putas y ramonetas todas juntas.

Proclamar la voluntad de eternizar la dictadura, cuando la Europa democrática se encuentra directamente involucrada en un conflicto del que no ha podido escaparse gracias a la visión y la capacidad de liderazgo (plurilingüe, por cierto) de Puigdemont es, quizá, la penúltima prueba de cómo aquellos a quienes los dioses quieren perder, primero los vuelven locos.