jueves, 12 de julio de 2018

El resultado de la entrevista Sánchez/Torra

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Nada que perder. Los balances del encuentro han sido muy variados y, según los intereses de cada analista, positivos, negativos o ni fu ni fa ni fa ni fu. Palinuro sostiene que fue una victoria del independentismo; de Torra, desde luego, pero sobre todo del independentismo. Llega mi amigo el piloto a esa conclusión aplicando al análisis un modelo de juego de dos jugadores y suma no cero. Es muy simple. Dos jugadores: A) Torra y B) Sánchez. Dos opciones idénticas cada jugador: A) (Torra): 1) Ceder. 2) No ceder. B) (Sánchez): 1) Ceder. 2) No ceder. Asumimos que los/las lectoras saben de qué se habla al ceder/no ceder, esto es, referéndum pactado y presos políticos con todos los matices.

El juego se formaliza en cuadro de doble entrada con cuatro casillas que nos dan la clave de los resultados:

I.- A1/B1 (ambos ceden): era y es el sueño del gobierno español y su aparato de propaganda. Lo llaman "distensión", diáalogo, etc, pero no se ha dado. Ninguno ha cedido.

II.- A1/B2 (Torra cede y Sánchez no): es la crítica del independentismo radical a Torra, acusado de vuelta al autonomismo, pero que tampoco se ha dado. Torra no ha cedido.

III.- A2/B1 (Torra no cede y Sánchez, sí): es la crítica de la extrema derecha española y de PP, C's, acussando a Sánchez de "bajarse los pantalones". Tampoco se ha dado. Sánchez no ha cedido.

IV.- A2/B2 (ninguno cede). Es la que se ha dado. Pero un estudio en profundidad de este resultado demuestra que la parte ganadora y con mucho ha sido el independentismo. De eso va el artículo de elMón.cat, cuyo texto castellano sigue:


Nada que perder

Esta es la expresión que resume mejor el resultado de la entrevista de Sánchez y Torra. Aunque sea dudoso que Sánchez la entienda en todo su alcance porque es persona cargada de prejuicios, limitaciones y bambolla típicamente hispánica. ¿Acaso el Sánchez que propone ahora mucho diálogo y entendimiento con Catalunya no es el que llamaba Le Pen a Torra y quería reformar el Código Penal para convertir en delito la ideología independentista? Muy probablemente cree que el MHP habla de sí mismo, de su experiencia y ciclo vital, lo cual es verdad; pero no es toda la verdad.

Y ni esa media verdad está en situación de entender, tal es la diferencia entre la política catalana y la española. Torra le dijo que no tenía nada que perder, dándole a entender que está dispuesto a ir a la cárcel por sus ideas. Esto es definitivo porque, como ya han demostrado los dirigentes independentistas, harán frente a la represión de todo tipo: las confiscaciones arbitrarias, las proscripciones, la brutalidad policial, los políticos tramposos, la guerra sucia, los jueces comisarios prevaricadores. Es la pieza clave del éxito: nadie flaquea en el movimiento. Nadie se arredra. La unidad se mantiene y no hay manera de romperla acumulando barbaridades inhumanas al estilo del juez Llanera, quien deberá responder de sus actos en su momento.

El universo dictatorial y carcelario, pieza esencial de todo gobierno de la derecha franquista en España ha fracasado. Ahora lo administra el PSOE que confía en que sirva si se cambia el talante y se sonríe algo más, pero se mantiene la misma actitud intransigente, irracional e injusta de negar sus derechos a los catalanes.

Pero es que Torra no fue a ver a Sánchez a título personal. No hallo nada en Sánchez que pueda interesar a un hombre de la categoría del MHP. Fue a verlo como presidente de la Generalitat, como presidente de Catalunya y, como presidente de Catalunya, esa expresión de “no tener nada que perder” tiene mucho significado, aunque Sánchez sea incapaz de entenderla.

Es Catalunya la que no tiene nada que perder y mucho que ganar. Póngase en términos simples de teoría de juegos. La reunión de La Moncloa ha clarificado las opciones: Catalunya quiere la liberación de los presos políticos y el derecho de autodeterminación. El Estado español se opone. Si Catalunya implementa su República independiente y rompe de una vez con la monarquía española, haciendo valer el mandato del 1-O, del 27-O y la voluntad de más de dos millones de ciudadanos, como corresponde hacer ¿cuál será la respuesta del Estado español?

La respuesta posible comprende una gama que va desde la muy improbable aceptación de la decisión catalana hasta un incremento de la represión, con ocupación militar (la Guardia Civil es un instituto militar), intervención y anulación de la autonomía catalana y encarcelamiento o exilio del gobierno de Torra. En realidad, esta última opción es tan improbable como la primera o más.

El Estado español no puede dejar marchar sin más a Catalunya porque sería su ruina. Pero tampoco puede reprimirla como solía, para desconsuelo de la oligarquía nacional-católica y sus siervos de la seudoizquierda española, PSOE y Podemos. Europa no tolerará la ocupación militar de Catalunya ni un segundo gobierno de la Generalitat en la cárcel, por más que Borrell I “el desinfectador” trate de lavar el cerebro a las instancias europeas.

Es Catalunya quien no tiene nada que perder cumpliendo el mandato del 1-O pues, en el fondo, no siendo independiente, nada posee. En cambio, tiene un mundo que ganar con la independencia.

Eso es lo que Torra ha tratado de trasmitir sutilmente a Sánchez que, por supuesto, no lo entiende porque entre los dos, como entre sus dos países -de los que son trasuntos- las diferencias son abismales. Torra, como las otras dirigentes independentistas, son gentes de convicciones y principios; Sánchez es un hombre de conveniencias y lugares comunes. Aquellos están dispuestos a ir a la cárcel y al exilio por sus ideas; Sánchez no. Y lo más importante: el proyecto republicano independentista es mayoritario en Catalunya en donde más de dos millones de ciudadanos fueron a votar independencia arrostrando la vandálica represión de las fuerzas franquistas, mandadas por corruptos y criminales. Y, con ello, rompieron con España. En el Estado español algo así es impensable. A la manifestaciones españolistas de Barcelona van unas docenas de fachas de autobús y bocadillo a hacer compañía a Iceta y Borrell y, en una consulta republicana en Vallecas vota el 4,8% del censo.

Está todo dicho.