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viernes, 22 de junio de 2018

Carta de Palinuro a Carme Forcadell, presa política

Viene Vila Web publicando una sección de cartas a las presas y presos políticos catalanes y una de ellas ha tocado en suerte -y muy buena suerte- a Palinuro. Y destinada a Carme Forcadell. Hela aquí como la publica el periódico.

Desde hace siglos, milenios, las cartas han sido un género al que siempre se ha recurrido para facilitar la comunicación entre gentes separadas por kilómetros, rejas, mares, gobernantes tiránicos, ríos, jueces prevaricadores, montañas, anatemas de los curas. Han servido para contar desgracias (x ej., la Séptima carta de Platón) o resignación filosófica (las de Abelardo a Eloísa). Con la invención de la imprenta, dieron origen a un género literario por derecho propio (Cartas persas, Cartas marruecas, Relaciones peligrosas, Carta al padre, etc) que llega hasta hoy (La breve carta para una larga despedida) y seguirá mañana. Siempre que haya alguien queriendo comunicar algo salvando distancias de espacio y/o tiempo, habrá cartas.

Esta es una de ellas.

Aquí la versión castellana:


Querida Carme:

Agradezco mucho a Vila Web que me permita entrar en contacto con vosotras, las presas y presos políticos. Aunque os tenga continuamente presentes, no basta con el pensamiento; y aunque también aprovecho todas las ocasiones para hacer realidad el pensar, la oportunidad de escribir una carta personalizada es de las que se agradecen especialmente. Sobre todo, si es una carta a una de vosotras, las mujeres presas, y a ti, a quien tengo el orgullo de conocer personalmente.

Así pues y ante todo, salud, Carme.

Recuerdo que una de las veces en que intercambiamos impresiones estaba también presente la inolvidable Muriel Casals que, de no ser por aquel accidente, hoy estaría haciéndoos compañía en Alcalá-Meco. Eran jornadas intensas, agotadoras, en mitad de un proceso que estaba encarrilándose a toda velocidad. Quienes encabezabais las organizaciones sociales, tan decisivas en la articulación del movimiento independentista, no dabais abasto y por eso, robaros unos minutos de charla era un privilegio. Y yo lo aprovechaba pues tenía interés en conocer de primera mano cómo se aplicaba en la práctica aquella idea que ambos compartíamos con millones de gentes más. Cómo la idea se hacía acción. Cómo la teoría se convertía en un poder material cuando encarnaba en las masas, como decía Marx. Tú eras independentista; yo, no. Ahora, sí. Me fui haciendo por el camino, y una de las referentes eras tú

La primera vez que te vi fue en unas noticias de alguna televisión; quiero decir que te vi y te identifiqué. Acababas una alocución diciendo “President, posi les urnes!” y yo pensé “esta mujer está haciendo historia”. Esa expresión debiera ser el lema del procés. El president estuvo a la altura, puso las urnas y las masas convirtieron la idea de la independencia en un poder material. Entre tanto tú, que eras presidenta del Parlament, representabas la legitimidad de la acción de un govern que estableció una hoja de ruta de dieciocho meses, para llevar a Catalunya de la autonomía a la pre-independencia y que cumplió estrictamente. En aquel año y medio actuaste con singular acierto, dignificando la magistratura, haciendo de pararrayos de las cóleras de la oposición y simbolizando la imagen de una República que, a partir del 1º O pasaba a realizarse. Y de eso también te encargaste tú.

Estuve presente en el pleno del Parlament del 27 de octubre y lo seguí atentamente, vi con qué firmeza conducías una sesión que todos intuían histórica, aunque todos trataban de disimularlo. La procesión y el peán de la victoria iban por dentro. Seguí la votación y escuché los resultados. Estuve a punto de escribirte un panegírico como Marianne republicana. Nunca lo he hecho porque pienso que uno de tus rasgos es tu seriedad, tu gravedad y lo profundo de tus convicciones, que no precisan hipérboles.

La respuesta del Estado, ciega y violenta, no ha conseguido aplastar el movimiento independentista. Antes al contrario, lo ha consolidado, profundizado, ampliado. Vosotros, las y los presos tenéis una doble función que se funde en una. Sois las rehenes del Estado español y, por eso mismo, el objetivo inmediato del independentismo. Las dos en una, pues sois el símbolo de la revolución catalana y tú, si me lo permites, especialmente relevante, pues representas el Parlament, esto es, el depositario de la soberanía del pueblo catalán.

Quienes hayan diseñado la política de represión son unos incompetentes porque ignoran la fuerza de cohesión que tiene la lucha por una causa noble. Todo el mundo, aquí y fuera de aquí contempla hoy cómo esa incompetencia –mezclada de crueldad, hay que decirlo- ha acabado consiguiendo lo contrario de lo que se proponía. El plan originario era muy claro, era el plan de los halcones del 155: un golpe contundente que desbaratara todos los equilibrios y las instituciones, suspensión de hecho de la Generalitat, encarcelamiento y exilio de sus representantes. Nuevas elecciones de inmediato, de las que se esperaba un resultado que validara la corrección de aquellas medidas autoritarias y represivas. Aplicando las “enseñanzas” del País Vasco: si encarcelas (o “descabezas”, en expresión de la vicepresidenta Sáez de Santamaría) a los dirigentes independentistas, si das un escarmiento, hay algunas protestas al principio pero, luego, la vida cotidiana manda, la normalidad se impone y de los presos ya no se acuerda nadie. Se acaba aceptando la situación. Se obedece al mando.

Justo al revés. El resultado de las elecciones fue el contrario al que esperaban, razón por la cual decidieron no respetarlo. Pero, además, es visible, patente para todo el mundo que los y las presas y las y los exiliados son motivo de movilización permanente a lo largo y a lo ancho de Catalunya. En todas partes se realiza todo tipo de actos en defensa de vuestra liberación y se toman las más diversas iniciativas. Tenéis el cariño y el apoyo de un pueblo entero que no solo no os olvida sino que se cuida de vosotras, piensa en vosotras y se preocupa por atenderos en cuanto necesitéis. Este fracaso de los represores es especialmente llamativo: no entienden que la relación mutua de apoyo entre la gente y vosotras no es solamente política sino también humana, cultural, popular. Al proceder contra vosotras como personas individuales, además de vuestra faceta política, tenéis la familiar. La gente se preocupa y se trasmite noticias sobre vuestros estados de ánimo.

Si querían sembrar la indiferencia, han incrementado la cercanía y el afecto. La gente canta, baila, reza, come, hace concursos y excursiones pensando en vosotras. Sois un faro que guía las esperanzas de un pueblo y las concreta en vuestras personas, no de forma abstracta o mística sino humana y de proximidad. Estáis en el centro del debate político y social. El lazo amarillo se ha convertido en un símbolo de resistencia pacífica de un pueblo. Es un gran mensaje: no hay liberación colectiva si no hay liberación personal.

Al no conseguir aplastar el independentismo, esa respuesta violenta, represiva, no puede perpetuarse. Y el gobierno que apostó todo a esa carta y se encontró con semejante respuesta tuvo que irse. Verdad es que no se fue por sí mismo sino que lo echaron las otras fuerzas políticas. Pero solo el hecho de ponerse estas de acuerdo en algo (Rajoy, no) era suficientemente milagroso. La cuestión que se abre ahora mismo es el talante, las intenciones del nuevo gobierno en condiciones de todos conocidas, esto es, 85 diputados y menos de dos años de mandato efectivo Los inicios son malos tirando a pésimos. Parece haber un sector de “dialogantes”, animado por el presidente, que ofrece negociar en el horizonte de una reforma de la Constitución en sentido federal. Y un sector de “beligerantes”, también apoyados por el presidente, partidarios de no dialogar ni negociar nada y de aplicar la Constitución como si fuera la purga de Benito o el bálsamo de Fierabrás.

Las diferencias son ligeras y ambos sectores coinciden en no cuestionar el enfoque ni las medidas adoptadas hasta la fecha por el bloque nacional del 155 a pesar de que, probado queda, han sido un fracaso tremendo, que causa más destrozo, mayor sufrimiento sin sentido alguno. Pretenden mantener como normal una situación en la que hay presos políticos, causas generales, represión constante. Es literalmente absurdo querer pasar por Estado de derecho una situación de excepcionalidad con presas y exiliadas políticas.

De chocar esta actitud, como chocará, con la resistencia catalana, es poco probable que el gobierno cambie de actitud y se avenga a un diálogo que no sea una imposición de antemano. Poco probable porque teme una repercusión negativa en su electorado español cuando falta poco tiempo hasta las próximas elecciones. Si no hay cambios, deberá prepararse para una situación de poder dual de hecho en España, entre esta y Catalunya. Como el Estado no puede admitir la dualidad de poder, hará como que la ignora mientras pueda. Llegará un momento en que no pueda y tendrá que convocar elecciones. En esas elecciones el independentismo tendrá que tomar una decisión entre las dos opciones que se le abren de participar o no en las elecciones parlamentarias de un país del que se considera independiente. Se abren muchas posibilidades pero es un debate que deberá quedar para el caso de que la circunstancia se dé. La sola posibilidad de incluiros en una lista única de país a las generales del Estado español es un buen argumento en favor de la opción de participar en ellas.

Entre tanto, con respecto a la política de represión, todos admiten hoy, incluso lo desean, que se trate de un paréntesis. Al margen de las peripecias que, sin duda, se vivirán, en algún momento ese paréntesis se cerrará. El Estado no tiene salida alguna para Catalunya que no sea la negociación de un referéndum, a la que se ha negado siempre, contra toda razón y justicia. Y contra la voluntad expresa de la mayoría de las catalanas, expresada en cuatro ocasiones a nivel nacional y en muchas otras más a nivel local. Cuatro ocasiones nacionales, 2014, 2015, 2017 (octubre y diciembre) que han dado mayoría política y moral al independentismo. El Estado no tiene base para negarse a un referéndum vinculante con mediación internacional. No hay otra. Catalunya no puede volver al estado autonómico y el Estado no puede impedir el arraigo de los instituciones republicanas salvo intensificando la violencia y no parece que haya lugar.

Ese referéndum no podrá celebrarse teniéndoos encarceladas.

Vuestra liberación es el empeño de todo un pueblo que la identifica con la suya propia como pueblo.

jueves, 21 de junio de 2018

Catalunya y el Rey

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado El poder dual i el triangle, en el que junto la idea del "poder dual" (gobierno español, gobierno catalán) con la figura triangular de las instituciones españolas: Corona, gobierno español y gobierno catalán. Innecesario decir que el interés se centra no solamente en las relaciones entre los dos gobiernos sino entre la Corona y el gobierno catalán. Aunque el carácter republicano de este es contrario al monárquico del central, en el caso de la Corona, la oposición es básica y esencial. La monarquía y la República son mutuamente excluyentes. De eso se trata.

Aquí la versión castellana: 


El poder dual y el triángulo
                                                                                                          
El llamado conflicto o reto catalán o cuestión o matraca catalana, según el comunicador, se mueve como un poder dual, el del gobierno central y el del govern en términos efectivos y reales. Otra cosa será su calificación jurídica. Es obvio que, desde el punto de vista de la legalidad española el concepto mismo de “poder dual” es inaceptable. Pero funciona.

Y funciona en una estructura triangular. Los poderes reales (aunque desequilibrados) son el gobierno central y la Generalitat, pero, a su vez, se relacionan con el tercer vértice que carece de poder real (al menos nominalmente), pero no de existencia, esto es el rey, la Corona. Cada uno de los tres puntos se relaciona con los otros dos si bien uno de ellos es simbólico y el poder real es dual.

Las relaciones recíprocas dibujan las expectativas del sistema político español y la República Catalana. Las más obvias, las que se dan entre el gobierno central y la Generalitat están presididas por un obstáculo insalvable, al estilo de la polémica de los universales. Para el Estado español, el pueblo catalán no puede autodeterminarse porque no existe como tal pueblo en sentido político y jurídico, aunque sí cultural, folklórico, lingüístico o religioso. No puede haber referéndum alguno porque una parte del pueblo español (que es el universal del catalán) no puede autodeterminarse frente al todo. O no debe, porque, por poder, los cánceres pueden.

El empeño del independentismo en gobernar con el máximo grado posible de autonomía, de independencia republicana, tarde o temprano provocará una nueva crisis con el Estado, tanto si se trata de la investidura de Puigdemont como de la restauración de las actividades que fueron intervenidas y bloqueadas por el 155 y todo lo más allá que se pueda. Y, ¿hasta dónde se podrá? Eso dependerá de la correlación de fuerzas parlamentarias. El gobierno necesita los 17 votos independentistas no para ir contra ellos (pues para eso cuenta con todos los demás) pero sí cuando vaya contra la derecha.

Así que las relaciones entre los dos polos del poder dual gobierno/govern estarán repletas de ficciones. Cuando el gobierno central habla de “debate sobre el estado de la Nación” los independentistas lo consideran “debate de política general” y se refieren a lo mismo. En otros terrenos se recurrirá a ficciones similares. El govern se titulará govern de la República Catalana pero el Estado leerá govern de la Generalitat.

A su vez, las relaciones entre el gobierno central y la Corona parecen en buen momento a fuer de vacías. Sánchez se ha puesto al servicio del trono, en garantía de que no se tonteará con propuestas de referéndum sobre monarquía/república. No toca ni tocará jamás mientras haya derechas e izquierdas españolas, unidas en amor a la Patria, identificada con una bandera, una cruz y una corona. Sale barato al rey el apoyo socialista. Si acaso una brumosa reforma de la Constitución en sentido federal cuyo último techo sería la monarquía belga. Porque ella como tal, como Corona, no tiene nada que decir. No que no deba sino que no se le ocurre. Su último pronunciamiento fue la lamentable arenga de parte del 3 de octubre de 2017 y hasta el mismo rey, quizá, entenderá que no se le puede dejar solo.

Las relaciones más interesantes son las de los dos otros vértices, la Generalitat y la Corona. Aquí se tropieza con una nueva imposibilidad metafísica pues ninguna de ellas reconoce el principio mismo de legitimidad de la otra. La Generalitat es una institución republicana y la República es el antónimo directo de la monarquía. El presidente Torra anuncia que, cuando se lo encuentre, reclamará al rey disculpas por su discurso del 3 de octubre amparando la violencia del 1º-O. Por lo demás, tampoco es fácil que se lo tropiece por la calle dado que se multiplican los lugares cuyas autoridades y órganos representativos declaran al monarca “persona non grata”. Al final van a llamarlo el rey del chotis porque se baila sobre una baldosa.

Cierto, son relaciones Corona/Generalitat en un terreno puramente simbólico pero, por eso mismo con un enorme impacto político. Es difícil gobernar un país cuyo jefe de Estado no tiene libertad de circulación por el territorio que domina y no domina. Las proscripciones institucionales del monarca son una muestra palpable de la crisis constitucional del Estado español. Se añaden ahora dos “retos” más: la transferencia de la vía catalana a Euskadi y consiguiente petición de referéndum de autodeterminación y la reclamación de un referéndum digamos ordinario sobre monarquía/República a escala estatal movido por los navarros.

El Estado español no parece capaz ni de negociar su supervivencia.

miércoles, 20 de junio de 2018

La regeneración del bipartidismo

De los dos partidos dinásticos que formaban el criticadísimo bipartidismo, uno, el PSOE, gobierna en solitario, recién reorganizado, tras unas primarias heroicas y muestra muy buena salud. El otro, el PP, se encuentra en un quilombo de preparativos para unas primarias que serán multitudinarias. Y eso en un partido acostumbrado a una línea de sucesión mediante unción. La media docena de candidatos, casi todos mal avenidos, darán materia para los debates mediáticos. De hecho, empiezan con uno. Los conocedores del PP dicen que la "refundación" es inevitable. Es difícil imaginar, sin embargo, en qué pueda consistir tal empeño, pero la idea es "renovar" el partido.

El resultado probable es una renovación del viejo bipartidismo. El PSOE pide al PP, la misma lealtad que él le profesó en la primera mitad de la legislatura. Esta sociabilidad no se ejerce pensando solo en la necesidad de mantener el bloque nacional español frente a Catalunya, sino también en el lustre del bipartidismo. Cosa de que el PP apee su actitud de oposición a lo jabalí. Doscientos veintidós diputados, que suman los del PP y el PSOE, son una sana base parlamentaria para ensayar una especie de Gran Coalición in péctore, con la que sueñan los viejos floreros chinos del PSOE. Tan sana que Sánchez marca ya los tiempos, como si contara con suficiente apoyo parlamentario, y fija las elecciones para 2020, cuando corresponden.

Los dos partidos, Podemos y C's que, a su vez, traían en su propósito el desguace del bipartidismo están sometidos a fuertes crisis internas de las que pueden resurgir fortalecidos o aniquilados. C's mostró una insólita ineptitud en su manejo de la moción de censura. Una ineptitud casi ridícula coronada con declaraciones de Rivera atribuyéndose la moción de censura en contra de la que había votado. El partido, que llegó a verse en cabeza de intención de voto, solo confía ahora en que el PP se equivoque al elegir su nuevo líder; de no ser así, la perspectiva de C's es muy sombría.

Crisis también la de Podemos, aunque no por los mismos motivos. Su condición de aliado junior del gobierno sin estar en él es amarga para unos revolucionarios con un programa de conseguir la hegemonía en la izquierda, desplazando al PSOE como primer paso para asaltar los cielos. Ha resultado que no hubo nada de esto y los morados sostienen el gobierno de su adversario sin ser sin embargo imprescindibles. 

Para cuando lleguen las elecciones este panorama se habrá aclarado. Es probable que los dos partidos dinásticos vuelvan a acaparar un porcentaje muy alto de diputados, con los otros rezagados. En concreto, Unidos Podemos hasta el porcentaje que tenía IU en tiempos de Anguita y C's el que alcanzaba UPyD, partido con el que estuvo a punto de fusionarse.

Toda esa claridad solo tiene un punto oscuro: Catalunya. La situación de poder dual es muy inestable. Si se le añaden crisis simbólicas de Estado, como la cuestionada presencia de Felipe VI en la entrega de los premios Princesa de Girona, las probabilidades de que lo simbólico pase a lo institucional son muy altas. Según su gravedad, pueden llegar a un nuevo recurso a la aplicación del 155 y hasta un estado de excepción.

También ha de contarse con la posibilidad de elecciones anticipadas en Catalunya. En estas, el independentismo debiera ir en lista única o lista de país. Esta opción existe asimismo para el caso de las elecciones generales en España si el movimiento independentista decide concurrir a ellas.

Probable parece también que la idea de lista única o de país cale en las elecciones españolas, quizá no con una sola lista pero sí como una coalición electoral del bloque nacional. Así se tendría un resultado que permitiría entablar negociaciones en busca de una solución satisfactoria para ambas partes. Porque mientras esto no se dé tampoco habrá estabilidad en el sistema español de la vigente Constitución de 1978. 

martes, 19 de junio de 2018

La negrura catalana

"Una de las páginas más negras", dice la ministra Robles. Debe de haber otras. Indaguemos: el golpe de Estado de 1981, el terrorismo etarra, los GAL, la guerra del Irak y su colofón de Atocha, el gobierno de la Gürtel, el 155. Por lo menos media docena y en todas ellas ha habido violencia, atentados, muertos o encarcelamientos. Nada de eso puede decirse de "lo que ha pasado en Cataluña" que, según la ministra consiste en la huida de Carles Puigdemont, la designación de los consejeros desde Berlín y el pulso que aún mantiene aquel con la justicia española. La página será tan negra como Robles quiera pintarla pero en ella no ha habido violencia y no hablemos de lo demás. La guerra sucia va toda a cargo del Estado. Los jueces llevan seis meses buscando la violencia, pero deben de buscarla en la negrura de la página porque no la encuentran, razón por la cual se la inventan en sus providencias. De jueces, los españoles tienen poco si miramos a su independencia e imparcialidad, pero mucho como escritores de ficción. 

Está claro el espíritu dialogante del gobierno de Sánchez. Consiste en aplicar el modelo del PP (al fin y al cabo, también suyo en la oposición) con algunos retoques de las injusticias más flagrantes. Robles cree que debe acercarse a los presos a sus domicilios y Sánchez lo refrenda, posponiendo la decisión al fin de la instrucción por aquello de meter a los jueces por medio para disimular la arbitrariedad política, como si el hecho de llevar más de seis meses de instrucción no fuera suficientemente monstruoso. Y ya está. La jueza Robles no tiene empacho en dar cobertura a un proceso puramente político disfrazado de judicial.

Pero la página negra no la protagonizan quienes recurren a la arbitrariedad, la represión, la injusticia sino las víctimas. Privilegios del poder, cuyas metáforas tienen marchamo de autoridad y hasta legal. Página negra, nada menos. Una dura imagen que evoca la página negra del Tristam Shandy de Sterne con motivo de la muerte del pastor Yorick, alas, poor Carles! Aunque quizá estuviera pensando más en la mota negra, de la isla del tesoro. Dejar atrás la "página negra" es lo más sensato puesto que, por definición, no trae lectura. Se pasa, pues, a la siguiente. Pero la situación sigue siendo la misma (el prófugo, etc) y, por tanto, la negrez también. Y así hasta el fin del libro.

La negrura de la ministra es también metafórica, no es un pigmento físico, sino moral. Dejar atrás la "página negra" de Puigdemont, etc., significa simplemente olvidarse de Puigdemont, los exiliados/as y las presas/os. El vivo al bollo y el exiliado y la presa, al hoyo. Adoptar puntos de vista morales es lo más frecuente a la hora de cometer inmoralidades.

Pero la volubilidad de la fortuna hace que la "página negra" de la ministra sea la "página blanca" en la que está trazada en oro la ruta independentista. Una página de gloria y también una metáfora. Entre el blanco y el negro, la escala de grises. Cuál de ellos prevalecerá depende de cómo actúen las partes. Incluso el blanco total o el negro total.

Por si acaso, y para que la ministra y su gobierno no olviden la situación de poder dual que se da, la consellera de presidencia de la Generalitat, Elsa Artadi, avisa de que la reunión prevista en abstracto entre Sánchez y Torre se hará para hablar de la autodeterminación y la independencia, dos conceptos que producen un rechazo tan visceral en Sánchez como el nombre de Bárcenas en M. Rajoy. 

Nadie en el independentismo catalán está dispuesto a pasar página mientras haya personas presas y exiliadas por razones políticas. El gobierno debiera abrir los ojos y ver que "nadie" quiere decir nadie, ni el pueblo en la calle (por más matones que envíen armados de cutters a atacar a la gente), ni las organizaciones sociales, culturales, profesionales, deportivas, económicas musicales o religiosas, ni las instituciones, ni los políticos, ni, ciertamente, los cargos electos o a los que se priva de su derecho a elegir o ser elegido. 

No es una "página negra", ministra. Es un episodio de una revolución que son ustedes incapaces de comprender y frente a la cual, digan lo que digan, ya han perdido.

domingo, 17 de junio de 2018

El secreto peor guardado

La política tiene mucho de teatro. Los sistemas democráticos se basan en la representación en sentido político. Unos mandatarios representan a unos mandantes. Pero esa representación incorpora un elemento de espectáculo teatral: las cosas se representan, se fingen. Algo de esto hay en la reunión entre Sánchez e Iglesias, hecha pública en el momento de su celebración y como reunión secreta; una reunión secreta de la que se conocía medio de concertación, fecha, hora, lugar, agenda y modus operandi. Mucho más de lo que se conoce de la mayoría de las reuniones públicas. Cosa lógica. No era una reunión para tratar contenidos sino una reunión para que se supiera que los participantes se reúnen. 

Lo cual está muy bien, por cierto. Que las dos fuerzas de la izquierda coordinen y hasta unan sus políticas es lo menos que cabe exigirles. Y poner en práctica sin desvíos y excusas sus acuerdos. En España puede haber un gobierno de izquierda de verdad si Podemos corrige la derechización del PSOE y el PSOE el radicalismo de Podemos. Puede salir una historia de éxito, como el de Portugal.

En próximas fechas, es de esperar, se verá un calendario progresista en España. Queda mucho por hacer hasta devolver el país a un estado de dignidad que perdió a manos PP que, por cierto, anda también representando un papel de teatro en el sentido de jugar a ser una oposición parlamentaria, como si, en lugar de una asociación de malhechores, fuera un partido político. Produce hilaridad escuchar a sus diputados pedir dimisiones en el gobierno y aledaños por cosas insignificantes cuando hablan en nombre de 800 imputados, no sé cuantos procesados, cuántos condenados y cuántos fallecidos misteriosos.

Pero ese mucho que queda por hacer y ojalá se haga pronto (derogación de la Ley mordaza, de la reforma laboral, nueva regulación favorable de las jubilaciones, etc) no parece tocar para nada el asunto político más grave del Estado español, el de Catalunya en el que dicho Estado se juega su supervivencia. Al respecto, la reunión no solo ha sido públicamente secreta sino también muda en cuanto a contenidos. Como siempre cuando los españoles hablan de España, Catalunya no aparece porque, en el fondo, saben que no es España. Cuando aparece es porque se plantea la necesidad de que España haga entrar en vereda a la colonia díscola.

De momento tenemos un PSOE con una visión de Catalunya idéntica a la del PP y añorante del 155. Será bueno saber qué aportará aquí a la alianza Podemos, cuál sea su propuesta para Catalunya y cómo se relacionará con ella. Por si acaso se retrasan, como es muy posible, van cuatro preguntas de cuya respuesta (si la hay) dependerá el juicio que su propósito merezca entre los indepes, empezando por Palinuro:

1ª) ¿Respetan el derecho de autodeterminación de los catalanes en vía unilateral si no hay otra? (Algunos dirán que aunque la haya, pero ya se sabe que Palinuro es conservador)

2ª) ¿Reconocen la declaración de la República catalana independiente?

3ª) ¿Reconocen que en España hay presos y exiliados políticos?

4ª) ¿Están dipuestos a negociar con la Generalitat sin poner como condición previa la liberación de los presos políticos?

La respuesta teórica del PSOE será de tres noes y un sí y la de Podemos, tres síes y no. En principio. Ningún punto de coincidencia. Se explica por qué la pública secreta reunión es muda respecto a Catalunya. No saben qué hacer. No tienen ni idea. El PSOE no sabe qué es la República catalana, aunque su historia y raíz sean republicanas y Podemos no sabe qué es la revolución catalana, aunque dice tener una visión revolucionaria.

sábado, 16 de junio de 2018

Poder dual y territorio exento

Andan los medios españoles desmelenados con la contundencia de Sánchez en sus medidas innovadoras, de restauración de derechos y remedios de entuertos y los relatan embelesados: "un cargo, un salario", recuperación de la sanidad universal, acogimiento de refugiados, supresión de las cuchillas, garantía de paga extra a los pensionistas y mucho diálogo con Catalunya.

No es parva la muestra. Tanta que los de Podemos se ofrecen en sociedad con una batería de propuestas sociales antes de que Sánchez los madrugue. Era mucho lo que había (y hay) que hacer. Ayer, M. Rajoy hizo mutis para siempre. El epitafio de Hernando: se va el mejor presidente de la historia de España. Risum teneatis. Está claro que huye como alma que lleva el diablo por haber dejado el país en estado de quiebra moral, económica, política y territorial. Un destrozo inimaginable. No habrá agujero en el mundo en el que pueda escapar a su conciencia un individuo así. Eso si no lo imputan los jueces, ahora que ha perdido el fuero.

Volvamos al relato inicial. Todo son parabienes a que el gobierno central recupere la dignidad de las instituciones, vilipendiada por la asociación de malhechores, y los derechos de la ciudadanía. En cambio, todo son "paramales" cuando el govern catalá hace lo mismo en el ámbito de sus competencias: repone en sus puestos a los cargos destituidos ilegalmente vía artículo 155, restaura el servicio exterior de la Generalitat, recompone los departamentos devastados por la intervención española, reclama la liberación de los presos políticos e insiste en investir a Puigdemont; devuelve los derechos a los ciudadanos y la dignidad a las instituciones. ¿Por qué, según los medios, está bien que lo haga el gobierno español y no el catalán? 

La cuestión radica en la expresión "el ámbito de sus competencias". Para el gobierno español, el parlamento español, los jueces españoles y los españoles españoles, ese ámbito es el autonómico y no da para las dichas y otras alegrías. Para el independentismo catalán ese ámbito es el de soberanía de la República, ejercida en condiciones de constricción por fuerza mayor, pero soberanía en todo caso.

Es imposible que ambos puntos de vista coincidan en algo. Ni siquiera en el punto de fuga. De este modo y dado que el presidente Torra  bien pudiera ser Torre y hasta Torreón, el gobierno no tiene otro remedio que hacer como que no se entera porque, si se da por enterado, tendrá que aumentar la población de presos y exiliados políticos, intensificando el problema. Es decir, el gobierno tiene que hacer como que no ve una clara situación de poder dual en España, de un lado el Estado español y, de otro, la Generalitat que, sin reconocimiento formal de parte, de hecho lo es. 

Hay un territorio jurídicamente del Estado español pero políticamente exento que coincide con la República Catalana, esa que según el gobierno central no existe, pero actúa. El presidente Torra piensa pedir al rey formalmente que se disculpe por la violencia del 1-0. El MHP es una buena persona. Otro le pediría que se disculpase de las dos cosas: el 1.O y el discurso del 3 justificándolo. Por lo demás, si Felipe VI quiere, puede tomar ejemplo de su padre, ponerse ante la pared con gesto compungido recitando: "Me he equivocado. Lo siento. No volverá a suceder". Que un presidente de govern republicano exija disculpas al rey entra en los principios de la dignidad ciudadana, pero no entre los del servilismo monárquico. Si el legislador español admite que el rey es inmune, ¿cómo va a aceptar que se le exijan disculpas? El poder dual, republicano en Catalunya y monárquico en España. 

Acepten ya que tienen un poder dual que debe negociar en condiciones de igualdad de gobierno a gobierno. Y no solo poder dual. También hay un territorio y una población exentas. Los tres elementos del Estado, poder, territorio y población. O de fragmento de Estado, usando la expresión de Jellinek. Felipe de Borbón no puede entregar los premios de la Fundación Princesa de Girona porque la ciudad lo tiene declarado persona non grata, así como al virrey Millo. Esto en tiempos del Rey Sol no pasaba. En tiempos de Franco, el sol de él y de su padre, tampoco.  Ni valer el fuero por la fuerza puede el rey porque habría que obligar a los gironins a asistir al acto a punta de bayoneta y ya se sabe, según célebre dicho, que con las bayonetas puede hacerse todo menos sentarse en ellas. Tendría que traer el auditorio a base de fletar autobuses con bocata, al estilo del día de la Raza. No ha lugar. El rey es persona non grata y la República es por definición territorio exento de monarcas. Els catalans no tenim rei. Mi dispiace, maestà. 

Son encomiables los esfuerzos dialogantes del gobierno, aunque no tan vistosos como los exabruptos del ministro Borrell, llamando a la discordia civil; ese ministro de Exteriores cuyo único exterior es Catalunya. El intento de Batet de resolver el conflicto político por la vía del diálogo es aun más encomiable; pero no tiene pasado ni futuro; solo un titilante presente. No tiene pasado porque ya vale a los socialistas descubrir ahora que se trata de un problema político cuando fueron los principales defensores de la criminalización del procés, su judicialización y la aplicación más severa si se podía del 155. 

Y tampoco tiene futuro. Por supuesto que se puede dialogar y dialogar y dialogar cuanto se quiera sobre reformas constitucionales, milagros federales, resurrección de los estatutos muertos y otras cuestiones quodlibetales. Pero hay un asunto que es previo y requisito indispensable: se dialogue sobre lo que se dialogue, los presos políticos deben ser liberados sin cargos. No es posible construir nada racional o humano sobre la injusticia y el sufrimiento de inocentes. 

El consabido argumento, usado ya por el gobierno anterior de la separación de poderes y la jurisdicción de los tribunales es una repetición de la falacia que demuestra cómo la voluntad de diálogo a base de reconocer el carácter político del conflicto es falso. Fue el gobierno anterior el que metió en la cárcel (descabezó, para ser más precisos, como decía la vicepresidenta de infeliz memoria) a los presos políticos; el gobierno actual debe liberarlos. De lo contrario, la recuperación de derechos será para unos pero no para otros.

Hoy, Palinuro en Sant Cugat

Ayer escribía Palinuro una carta a Carme Forcadell que se publica hoy o mañana en Vila-Web y en la que, entre otras cosas, le digo que, desde que todas ellas y ellos entraron en prisión, en Catalunya no ha habido día en que no se las recuerde y no se haga todo tipo de actos a lo largo y lo ancho del país para conseguir su liberación. Que no están solas ni solos. Que tienen un pueblo detrás en su apoyo y, lo que es más grave desde el punto de vista del agresivo nacionalismo español, dispuesto a seguir sus pasos.

El acto de hoy es una prueba más de ello. En Sant Cugat, com tot arreu a Catalunya, los días 16, aniversario de la detención de los Jordis, estarem tossudament alçats. Y los demás días del mes también. Aixó no ho atura ningú. 

Así que hoy, en la Plaça 1 d'octubre (¡bravo!) nos vemos a las 19:00 de la tarde para xerrar sobre el interesante tema propuesto: ¿Está España en Europa? 

No quiero hacer spoiler pero es obvio que España no está, ni ha estado ni, de seguir las cosas como hasta la fecha, estará jamás en Europa.

Para más detalles, mañana en Sant Cugat.

jueves, 14 de junio de 2018

Buscando camorra

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Nous temps, en referencia irónica, claro, a cómo han cambiado las cosas desde que gobierna lo que queda del PSOE: nada, no han cambiado nada. Si acaso, que los ministros son más rápidos que los ladrones del PP a la hora de dimitir y que hay más ministras que ministros. Pero eso es todo. La reforma laboral tendrá unos retoquillos; la Ley Mordaza no la tocarán; seguirá la dictadura policial y la iglesia parasitando al Estado mientras los ladrones desorejados estilo Urdangarin se pasean en libertad pero los representantes democráticos de los catalanes seguirán encerrados a pesar de ser inocentes. El mismo autoritarismo y la misma oligarquía mandando.

Se recordará cuando Aznar dijo que "antes se romperá Cataluña que España", una de esas frases con las que estos tipos creen decir algo cuando es evidente que, si como ellos mismos dicen, Cataluña fuera España, al romperse aquella se romperá esta al mismo tiempo. Pero es difícil que un estúpido de este calibre llegue a entender algo tan elemental. Se recordará asimismo a García Margallo amenazando ominosamente con que "a partir de agosto empezaran a pasar cosas en Cataluña", a Jordi Cañas anunciando "os montaremos un Ulster que os vais a cagar". Más recientemente, el provocador Borrell, ministro, anuncia en TV que Cataluña está al borde de un enfrentamiento civil y hace nada, su discípula Arrimadas anuncia que se llegará a unos límites de violencia que no se pueden imaginar.

Son expresiones que tienen mucho en común. No casos aislados. Es el deseo del fascismo nacionalcatólico español (PP, PSOE, C's, IBE 35, banca, medios, curas, militares, policías, etc): que haya violencia en Cataluña para poder justificar una intervención armada. Sus intelectuales firman ahora bovinamente manifiestos (aprovechando que el señorito socialista está en el gobierno) pidiendo soluciones, mientras sus políticos siembran el miedo con amenazas y sus bandas de matones y fascistas lo hacen en la calle, agrediendo a la gente pacífica.

Aquí, la versión castellana:

Nuevos tiempos


Borrell, como Guerra en el primer gobierno de Felipe González, debe de ir en este de “libre oyente” y, sobre todo, de libre provocador. Sus exabruptos en el gobierno no son más graves que los que soltaba en la oposición porque esto ya no es una cuestión política o administrativa de un cargo arriba o abajo, sino de pura decencia humana. Es imposible tratar con quien amenaza y va de mala fe.

Es de suponer que el gobierno calibrará el impacto que la piromanía del ministro tiene en su política de diálogo y entendimiento. Aunque también puede tratarse de una pieza de florentinismo político: se deja suelto a Borrell y se compensa con el tono civilizado de Batet en una reactualización de la pol’itica del palo y la zanahoria. No está mal pensado. Solo que el palo es un pesado garrote y la zanahoria no existe. El nacionalismo esspa;ol solo puede atacar< no tiene nada que ofrecer. La intención evidente es introducir división en el bloque independentista, buscando acuerdos con sus sectores más conservadores. Es lo mismo que intentan con Podemos, dinamitarlo por dentro ofreciendo cancha a Errejón, sin darse cuenta de que lo ponen en un aprieto porque si el de Podemos aceptara, como le pide su talante, ¿cómo se distinguiría de Gabilondo, su adversario? Lo mismo con el movimiento independentista: ofertas a los sectores más conservadores que conllevarían la ruptura de la unidad independentista. Con un resultado, es de suponer, muy parecido. Es decir, nulo.

La cuestión no es la irresponsabilidad del ministro. La cuestión es que su intención última, esto es, provocar aquello contra lo que dice avisar, no va a darse. No se da; ni se dará. El independentismo ha movilizado a millones de personas durante años sin que haya habido violencia jamás. La violencia emerge con la reacción nacional española de los últimos tiempos, reacción en la que el propio ministro ha tenido un papel destacado. La violencia viene de ahí, de los “patriotas” españoles de fuera de Catalunya y de dentro de ella, de Vox, SCC, ocasionalmente C’s y PP, aliados callejeros del ministro. Viene de ahí y ahí se queda circunscrita. Y documentada hasta la saciedad. Es la era de las comunicaciones. Hay docenas de vídeos probando el carácter exclusivamente español de la violencia. Y, además, ridículamente minoritario.

La amenaza de que Catalunya esté en situación de enfrentamiento civil refleja un deseo y un deseo que no va a cumplirse. No hay ni habrá enfrentamiento civil. Ni hay ni habrá violencia que justifique la aplicación de la plantilla ETA que tenían preparada con el 155. Todo esto, además, de insensato está completamente fuera de lugar y de tiempo. El País Vasco demanda seguir la vía catalana. Estará bien ver cómo va a enfocar el gobierno ese nuevo problema. ¿También con medidas represivas policiales y judiciales? ¿Va a haber más presos políticos, esta vez vascos? ¿Se va aplicar el 155 en tierras de Sabin Arana?

Mientras el gobierno y el Estado buscan alguna vía de escape a la tenaza de los dos referéndums de autodeterminación, interviene Navarra y, sin poner en cuestión la soberanía nacional, que tanto teme el nacionalismo español, sí cuestiona la forma política del Estado.

Se plantea así un problema siempre larvado, siempre aplazado y que obligará a la izquierda española de definirse. El PSOE habrá de declararse partido dinástico en un momento en que la monarquía está tan baja en la valoración popular que los baremos no preguntan por ella. 120 años de historia a los pies de un Borbón.

Es absurdo pensar que una crisis de estas dimensiones puede abordarse con 85 diputados y un vagaroso plan de reforma constitucional en la que nadie cree. Es absurdo esperar que este pecio del naufragio del régimen al chocar con el escollo catalán presente un plan para salvar el conjunto. Solo tenían el 155 y, al decaer este, se encuentran con las manos vacías y el discurso huero. En su lugar quieren sembrar el miedo y el odio.

Catalunya no está al borde del enfrentamiento civil. España está al borde de la quiebra política.


lunes, 11 de junio de 2018

El pirómano

Decía Palinuro ayer:
y eso que todavía no ha entrado en acción el aparato Borrell. Acaba de hacerlo, en la televisión y en plan bronca, agrediendo y mintiendo. Todos los catalanes, y él lo es, saben que Catalunya no está al borde de ningún enfrentamiento civil. Él, en concreto, sabe que la única violencia en Catalunya viene de los nacionalistas españoles oriundos o que allí se desplazan. Y lo sabe porque es uno de los que los alientan cuando se manifiesta con ellos y con lo más reaccionario de la España franquista. 

Lo sabe de sobra cuando sostiene que los actos públicos del bloque nacional español, con Societat Civil Catalana a la cabeza no han generado violencia alguna, siendo así que hay docenas de vídeos que muestran lo contrario y también puede mirarlo en los libros de Jordi Borràs, testimonios gráficos inapelables de un tiempo y un país. 

Por lo demás, estas provocaciones públicas a cargo de matones ultraespañoles, las bandas "descontroladas", solo se hacen ver a base de armar camorra, esa que sirve al ministro para vender la idea del "enfrentamiento civil". En cuanto convocan a algo, se reúnen dos docenas, todo lo más cuarenta abanderados del Imperio, como los que ayer fueron a dar la matraca a TV3, a pedir que la cierren. Definitivamente, esos grupos y bandas de provocadores no son un verdadero riesgo de enfrentamiento civil de una población que ha dado muestra de una convivencia pacífica ejemplar. Y todavía lo serían menos si no estuvieran funcionando los vínculos mas o menos ocultos entre los "incontrolados" y los que los controlan. No, no hay más riesgo de enfrentamiento civil que el que traigan unos gobernantes autoritarios y represores, dirigidos por un pirómano, quien ya amenazaba hace unas fechas con que llegaremos a las manos.

Borrell no es un político adecuado para un gobierno que pretenda, como dice, dialogar con Catalunya. Su intransigencia, su visceralidad y su altanería, que concentra todo el anticatalanismo de la vieja guardia socialista, darán al traste con los esfuerzos reformistas de sus compañeros de equipo, algunos de los cuales le parecerán vendepatrias por lo dialogantes.

Es el caso que el nacionalismo español, incapaz hasta la fecha de abordar el conflicto catalán con inteligencia y sentido democrático se encuentra ahora con una duplicación de tarea que no por esperable ha de resultar menos complicada para la conducción del Estado. Ayer también, una cadena humana de más de cien mil personas cubrió los 220 kms que separan las tres capitales vascas, en demanda del derecho a decidir de los vascos. Los vascos que se han hecho catalanes. La vía catalana que llega a Vasconia.

Catalunya no ha estado nunca al borde de un enfrentamiento civil y quienes sí lo estuvieron, los vascos, han dejado atrás esa etapa y se han sumado al carro de la revolución catalana. O han puesto el suyo en marcha pari passu para que no se pique nadie. Y el movimiento vasco trae pinta de ser tan transversal como el catalán. Esa cadena organizada por la plataforma Gure Esku Dago ("está en nuestras manos") tiene el apoyo de todos los partidos nacionalistas, incluido el PNV así como de las instituciones vascas. Es un movimiento tan amplio, profundo y coordinado como el catalán.

Si en el gobierno creen que cabe seguir con la respuesta represiva judicial y unos retoques (por lo demás imposibles) de la Constitución es que no saben en dónde están. Esto no es una crisis de funcionamiento con unos conflictos de partidos sin más alcance. Es una crisis constitucional que pone en cuestión la estructura misma del Estado. Y no va a arreglarse con más policía, más represión, más jueces y menos todavía teniendo que dividir las fuerzas en el doble frente vasco-catalán.

En estas condiciones todo cuanto se diga del gobierno de Sánchez, incluso lo que el mismo gobierno dice al hablar de su duración, será a beneficio de inventario de unas elecciones generales anticipadas inevitables. Un panorama interesante, teniendo en cuenta que el govern tiene cuatro años por delante...en principio. Verdad es que el central puede axfisiar de tal modo al catalán que fuerce elecciones anticipadas en Catalunya. Pero también lo es que el independentismo puede hacer caer el gobierno socialista igualmente votándole en contra o absteniéndose.

En esas elecciones generales la cuestión interesante que se plantea al independentismo catalán es si participar en ellas o no. Pero eso será un poco más adelante y mientras se va viendo cómo toman los herederos del Imperio la segunda amenaza separatista.

sábado, 9 de junio de 2018

¡Santiago y abre España!

Pues claro, naturalmente, hay que hablar. Es uso en todos los países civilizados.

Porque se puede armar un lío descomunal, judicializar un problema político, reprimir a la población pacífica con inusitada crueldad, intervenir un gobierno, cesarlo, cerrar su parlamento, envíar gente a la cárcel y forzar a otra al exilio, negarse a reconocer el resultado de unas elecciones, aplicar el 155, obstaculizar cuanto se pueda la formación de gobierno pero, al final, hay que sentarse a dialogar. A dialogar con los supremacistas, nazis, xenófobos, racistas, le pens, etc. No hay más remedio que tragarse la propaganda insultante y tratarse con la buena fe que las circunstancias exigen.

No es ni será fácil. A la escasa predisposición que se advierte en Sánchez se unen las amenazas de los barones en sus filas y los gritos furibundos de la derecha para quien Sánchez seguramente habría pactado la desmembración de España a cambio de sus votos separatistas. Claro que no es fácil dar un giro radical a una política agresiva de confrontación a otra de entendimiento y búsqueda de soluciones. Sobre todo si se tiene en cuenta que las bases de negociación de las dos partes son diametralmente opuestas. 

El gobierno está en Babia. Dice la ministra portavoz que Sánchez tiene previsto reunirse con Torra como lo hará bilateralmente con los demás presidentes de las CCAA. 24 horas después es titular de todos los periódicos que Sánchez y Torra han hablado por teléfono y acordado reunirse cuanto antes. Con esa mentalidad de "café para todos" el gobierno no va a ir muy lejos y menos vendiendo como una concesión graciosa el parcial levantamiento de la intervención de las cuentas que es obligado por la retirada del 155.

La negociación es asunto de supervivencia del gobierno y del Estado. Suficientemente claro está ya que la judicialización y la represión ciega, la manipulación de los medios y la justicia, los discursos del rey, solo han servido para que el movimiento independentista se amplíe, afiance, se estructure y avance. El 1º O los catalanes se habían ganado el derecho a un Estado propio, según decía Puigdemont y, desde entonces, no han hecho más que ejercerlo en unas condiciones de hostilidad y agresividad muy visibles. 

Ese derecho sigue ahí personificado en la cuestión que necesariamente presidirá cualquier negociación entre la Generalitat y el Estado, la de los presos y exiliados políticos. La excusa según la cual el destino de presos y exiliados no depende del gobierno sino de los jueces y la división de poderes etc., es una patraña. El fiscal puede retirar las acusaciones. El proceso político montado (el de "descabezar" al independentismo) puede desmontarse con igual celeridad, visto además, que ya ha dejado la justicia española a la altura del betún en Europa. 

El independentismo catalán no ha renunciado a la llamada "vía unilateral". Al contrario. Otra cosa es que esté dispuesto a dialogar sobre propuestas concretas. Hace falta que las haya. Y aquí es donde el PSOE no trae las alforjas bien provistas: admitido que no cabe retornar al sano autonomismo, se medio murmuran oscuros propósitos federales, el retorno a una revisión del Estatuto de 2006, convenientemente cepillado y masacrado. Cualquier cosa de ese o parecido jaez pero ni hablar de derecho a decidir ni referéndum. 

Que es justamente donde tiene plantados sus reales el movimiento independentista. De no llegarse a este punto, seguirá habiendo vía unilateral amparada en la resistencia y la desobediencia civil pacíficas.

viernes, 8 de junio de 2018

Repartidos los papeles, comienza la función

Palinuro se suma a la legión de comentaristas del nuevo gobierno.

Desde la perspectiva de género, acierto total. El camino se hace andando. Pronunciada mayoría de mujeres. Hay quien lo encuentra exagerado y un farol. En realidad, es una composición normal porque debiera ser normal, ya que siendo normal la mayoría de mujeres, y no excepcional, volverá a ser normal un gobierno con mayoría de hombres y no el acostumbrado abuso. 

El punto de los ministros y sus peculiaridades ha sido el más comentado. Los nombramientos más cuestionados, al menos en la izquierda, son Borrell, Marlaska, Robles, Delgado, Ribera y Huerta. Un aspecto merece reseña (el resto quede para los cien días) y es el de los jueces en ministerios directamente relacionados con su quehacer profesional: Justicia (Delgado), CNI (Robles), Interor (Marlaska). No tengo claro que esa coincidencia sea beneficiosa. El reciente desastre de Zoido, juez, en Interior, que hizo bueno a Fernández Díaz, es un precedente muy alarmante.

Pero lo bueno son las políticas concretas y las posibilidades reales de llevarlas a cabo en media legislatura y con 85 diputados. Se consolida la idea de los dos frentes y la "geometría variable". Hasta El País, (que, por cierto, está en trance de purificación o cambio de piel) informa de que el gobierno pretende dar unos golpes de efecto, más que nada para frenar a Podemos. Es de suponer se trate de medidas sociales, de consolidación y ampliación de derechos y restitución de las más flagrantes injusticias sociales heredadas del PP. En esto tienen los socialistas pillados a los de Podemos que verán con tristeza cómo se marchitan sus ilusiones de sorpasso, sometido al yugo de la vil socialdemocracia.

Volverán en este caso a ser imprescindibles los votos de los indepes catalanes y esos quizá no sean tan seguros cuenta habida de la coz con que Sánchez ha agradecido los que le dieron para la moción de censura por obligación moral con los nombramientos de Borrell y Marlaska. No conviene olvidar la sabia lección de Maquiavelo cuando avisa al príncipe de que, si actúa honradamente pudiendo no hacerlo, pone en peligro su principado.  Si faltan los votos independentistas, ninguna medida saldrá adelante, por mucho que sea su efecto. La beligerancia extrema del PP está garantizada como se prueba por el hecho de que Hernando, su portavoz, exija ya, con su habitual perentoriedad, un debate sobre el Estado de la nación... a un gobierno que aun no ha echado a andar y habiéndolo omitido su propio partido los tres años anteriores. Supongo que el hombre querrá debatir sobre el Estado de la nación que los suyos han dejado.

En el frente "nacional", según se ve, intención del gobierno de ponerse al habla con el Le Pen catalán antes del verano. Pues corre prisa porque faltan menos de dos semanas. Para ser eficaz, se me ocurre un plan por el que Sánchez podría conjugar sus dos empeños, los golpes de efecto y el diálogo con Catalunya: preséntese en Barcelona a entablar el diálogo habiendo excarcelado a los presos y permitido el retorno de los exiliados. 

Como quiera que algo así es muy improbable está claro que las conversaciones girarán sobre los presos y exiliados políticos y la restauración de las instituciones legítimas de la Generalitat. Y esto dará para mucho. Pero tanto si se llega a algún acuerdo como si no en el horizonte se mantiene siempre la cuestión que ha dado origen al último tramo del procés, con una hoja de ruta que encendió el proceso revolucionario: la de un referéndum pactado de autodeterminación. Como en Escocia o en el Canadá. Eso era lo que debió haberse decidido hace diez años. De no hacerse ahora, Catalunya seguirá siendo ingobernable y, por extensión, España entera.

Porque no es posible gobernar democráticamente un territorio como Catalunya en contra de la voluntad de la mayoría de sus habitantes. Dictatorialmente, quizá, pero no es el caso. La única posibilidad es llegar a un punto de equilibrio, uno en el que coincidan los intereses de ambas partes porque ninguna de ellas puede, de momento, imponerse sobre la otra. El Estado no puede aceptar el derecho de revolución de Catalunya y Catalunya no puede aceptar el derecho de conquista del Estado. 

Eso es algo que, al final, debe decidir la gente votando libremente en un referéndum de autodeterminación de Catalunya. 

jueves, 7 de junio de 2018

Zafarrancho monclovita de combate

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado El país veí es rearma, dando cuenta de los primeros nombramientos que ya alumbraban el lunes: Borrell, Batet, Robles, Ábalos. El mensaje, como se dice hoy, era de dureza sobre todo hacia Catalunya. Venía alimentado por el juicio furibundamente antiindependentista de Sánchez, que repite como un loro las falacias derechistas sobre el proceso porque, en realidad, las comparte.

La composición por entero del gobierno, conocida ayer, confirma dos predicciones: gobierno de notables y beligerancia antiindependentista ampliada a antivasquista. Vuelven los "jóvenes nacionalistas españoles" del 82, algunos peinando canas pero con similar ímpetu nacional patriótico. Lo de los notables levantará algunas ampollas entre los fieles militantes que se sientan relegados, pero ese es asunto menor. Lo grueso es la contumaz e incrementada agresividad frente al independentismo y el mantenimiento de la política represiva y autoritaria de la derecha. Con Grande Marlaska es seguro que no se derogará la ley Mordaza. Algunas injusticias claman al cielo. Los presos políticos catalanes preventivos están sometidos a la política de dispersión mientras que, según parece, algunos miembros de la manada, condenados, son trasladados cerca de sus familias. Este no es un gobierno de diálogo sino de mantenimiento de la situación colonial en Catalunya contra toda razón y justicia.

Maravilla la obcecación del nacionalismo español. Al substituir al gobierno de la derecha pero solo para demostrar que tiene aun menos contemplaciones con el Estado de derecho, el PSOE destroza el último argumento que podía esgrimir en Europa para evitar el apoyo de esta a la causa independentista: el de que el conflicto no es una cuestión de Estado, sino una simple desavenencia de partidos.

A continuación, el texto castellano:

El país vecino se rearma


Rajoy ha caído por una moción de censura que prosperó gracias a los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. Estos últimos aun negociaron una contrapartida en la promesa del PSOE de no tocar los presupuestos. Los catalanes no exigieron nada a cambio. Se tomaron el voto a favor de la moción de censura como una “obligación moral”, lo cual habla mucho de su sentido de Estado, aunque no esté claro de qué Estado se trate.

El voto a favor ha permitido al reino de España librarse del gobierno del partido más corrupto e incompetente de Europa, una verdadera organización de malhechores que ha expoliado el país. Lo que parecía mentira se ha producido: Rajoy se va como vino, mintiendo, engañando y dejando tras de sí la peor ejecutoria de un presidente español. Realmente, el independentismo catalán ha hecho un favor a España en su pretensión de ser admitida en el seno de los Estados democráticos europeos.

Lo que está por ver es si también se lo ha hecho a Catalunya. Durante los preparativos de la moción de censura, algunas voces críticas señalaban que el independentismo no debía votar a favor ya que interesaba más la continuación de la banda de malhechores por el conocido efecto de “cuanto peor, mejor”, una de esas paradojas que M. Rajoy era incapaz de entender y de reproducir. Al final, prevaleció la idea de la “obligación moral” y se votó por facilitar un cambio, un relevo, incluso una “regeneración” en España.

Lo lógico sería esperar una actitud correspondiente de la parte española. No ha habido tal. Los beneficiarios de la moción, PSOE y Podemos, mantienen la ficción de que la ganaron ellos, no deben nada a nadie y actúan en consecuencia, lo cual es lógico pues los independentistas señalaron repetidamente que no votaban a favor de Sánchez sino en contra de Rajoy.

Pero entre ellos mismos, los partidos españoles se ajustan las cuentas. PSOE se alza en solitario como vencedor con sus 84 diputados y excluye del gobierno a Podemos quien pasa por la humillación de instalar y apoyar al PSOE, el partido al que pretendía desplazar. La oferta socialista de integrar a los morados en puestos segundones de la administración es una afrenta más a una organización que tiene más narcisos que militantes.

El gobierno que presenta Sánchez Castejón trae un espíritu confusamente regeneracionista para el Estado y claramente nacional-español para Catalunya y hasta beligerante con ella. En el aspecto general, los propósitos son etéreos y acompañados de las habituales buenas palabras: reformas, progresismo, igualdad, paridad, ecologismo, derechos, etc. En qué medida se concreten es un imponderable dependiente de la debilidad parlamentaria del gobierno.

En las relaciones, España/Catalunya, en cambio, el espíritu está muy definido y las primeras medidas y gestos apuntan a un endurecimiento de la actitud del gobierno del Estado y una continuación de las políticas del PP hasta hacer realidad el obtuso propósito de este de descabezar el movimiento independentista.

Es decir, el país vecino, España, no solo no agradece a los diputados independentistas el gesto de permitirle contar con un gobierno que no sea una banda de ladrones, sino que se apresta a combatir en contra de sus aspiraciones. La base ideológica de este “resurgimiento” del nacionalismo español sedicentemente de izquierda aparece de continuo en las cavilaciones ideológicas de Pedro Sánchez: el independentismo divide a la sociedad catalana; debe cumplir la legalidad vigente; se hará alguna reforma constitucional para mantener a Catalunya dentro del Estado español; se buscará alguna solución “política” al conflicto; se reformará el Código Penal para convertir en delito el independentismo; en España no hay presos políticos y el señor Torra es como Le Pen. El mismo razonamiento que el PP.

Con ese planteamiento ideológico catalanófobo, nada de extraño que las primeras medidas del equipo de Sánchez lleven ese cariz profundamente anticatalán: se mantendrá la intervención de la Hacienda de la Generalitat, los presos políticos seguirán de rehenes del juez Llarena (quien, por cierto, ha sido llamado a declarar por la justicia belga) y se nombra ministro de Exteriores a un catalán agresivo españolista próximo al sector de Societat Civil Catalana, una organización vinculada a la extrema derecha.

El gobierno cuenta con la división del Parlamento para llevar adelante esta política en dos territorios opuestos mediante la “geometría variable”, pactando con los reaccionarios PP y C’s las medidas contra Catalunya y con la izquierda de Podemos y los independentistas catalanes las medidas reformistas y progresistas.

Lo cual está muy bien pero olvida un dato crucial: solo cuenta con 84 diputados y sigue necesitando los votos independentistas para aprobar cualquier medida que no sea contra Catalunya. Las medidas contra Catalunya saldrán de la abrumadora mayoría nacional-española que ha sostenido hasta ahora el 155. Lo que hay en España hoy es un relevo de un gobierno anticatalán de derecha por otro igualmente anticatalán de sedicente izquierda.

lunes, 4 de junio de 2018

Ni cien minutos

No ha terminado Sánchez de desempacar en La Moncloa y ya lo tienen cercado y sometido a fuego graneado. En un ensayo del tipo de oposición bronca, montaraz, de jabalí que empezará el PP ahora mismo, el macarra Hernando deslegitima el resultado de la moción de censura y trae a colación la idea del golpe de Estado que, al parecer, han dado los aliados de Sánchez. Considerándose despojados inmoralmente de lo que es suyo, lo que les pertenece por derecho divino, esto es, el poder, se disponen a torpedear sus propios presupuestos en el Senado, un depósito de carcamales de extrema derecha dispuestos a hacer lo que se les ordene. Cualquier cosa por obstaculizar e impedir el gobierno del PSOE.

Por supuesto, el sonsonete, que ya empieza a oírse, es la exigencia de nuevas elecciones. Nunca falla, cuando la derecha las pierde en la forma que sea tarda horas en pedirlas nuevas. En este caso, minutos. Según leo, ya las piden también los héroes de la vida social y mediática, como Nadal y Belén Esteban. 

Es claro, no van a darle tiempo ni de sentarse en su despacho. La trasmisión de poderes será un espectáculo de atrocidades de la banda gurteliana y habrá todo tipo de juego sucio, ocultación, destrucción, boicoteos, etc.  En su propio partido, la baronía anda agitada e inquieta y las viejas glorias vigilan de cerca cualesquiera aficiones negociadoras de Sánchez con la hidra del independentismo. Sigue siendo una de las cabezas del triunvirato del 155 y la que más embestía, pidiendo prolongar el artículo de marras y reformar de paso el Código Penal para convertir en delito de rebelión el mero independentismo. Es algo primitivo, pero muy eficaz por estos pagos: no se puede ser independentista igual que antaño no se podía ser masón o arriano. 

Sánchez se mueve con sigilo, escarmentado de épocas pasadas y rumia en secreto su gobierno. Según parece hay una perspectiva de echar mano a figuras relevantes aunque no militantes del PSOE, una idea de gobierno de notables con lo que se quiere dar a entender que esto va en serio, no depende de las vicisitudes del partido y se es consciente de la gravedad de la situación.

C's y Podemos, cada uno por razones distintas, han quedado desdibujados en la peripecia de la moción. Rivera ha dado un paso en falso y su inutilidad ha quedado en evidencia. Podemos, viéndose obligado a encumbrar a quien había venido a "sorpassar", hace de necesidad virtud y habla de los sacrificios en pro del objetivo esencial de librar al país de Rajoy.  Pero hay desencanto en la negativa de Sánchez a la coalición, motivo por el cual, los morados se resignan a estar en la oposición al gobierno al que habían apoyado. 

Los vascos, decisivos en la moción, ya están preparando una batería de reformas (incluida una constitucional) que encamine a Euskadi por una vía de independencia confederal. Vista la incapacidad de Sánchez para entender el conflicto España/Catalunya tengo poca duda de que menos entenderá el España/País Vasco

Por supuesto, los catalanes proveen el sonido de fondo de los tambores lejanos. El govern de Torra es de un independentismo incuestionable. El gesto de la fachada del Palau de la Generalitat deja bien claro su espíritu republicano beligerante. Ni los cien minutos mencionados. Sánchez se ha encontrado la pancarta sobre la libertad de los presos políticos mientras negaba que estos existieran. Alguien podría decir que cabría esperar un trato más suave pero otro le contestaría que no es suavidad lo que el PSOE parece llevar a Catalunya sino, al revés, más represión e involución. El episodio de la moción de censura de Badalona, con una alianza del PSC con el PP y C's así lo prueba. 

Y junto a la beligerancia republicana, un espíritu de negociación y diálogo ofrecido a España. Torra dice estar esperando cuáles son las propuestas de Sánchez para Catalunya. No parece, sin embargo, muy claro que el secretario general del PSOE y hoy presidente del gobierno esté dispuesto a plantear propuestas al Le Pen catalán. 

Mucha gente, incluso próxima al gobierno, pide que se acerquen los presos políticos a su tierra. Muestran buena intención pero pésimo cálculo. No es el acercamiento lo que ha de pedirse sino la liberación completa. Carece de sentido seguir con una farsa judicial que se puso en marcha con un objetivo político una vez que este ha fracasado clamorosamente pues el independentismo catalán es hoy más fuerte y tiene mejores perspectivas que nunca.  

jueves, 31 de mayo de 2018

Dos países

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Què fer?. ¿Qué hacer? Habrá quien me acuse de chupar rueda de Lenin y su ¿Qué hacer?, de 1902. Pero Lenin hacía lo propio con la novela de Chernichevsky, ¿Qué hacer?, de 1863. De si la conocía Lenin da fe el hecho de que la había leído cinco veces. En fin, los títulos son copyleft. 

El ¿Qué hacer? aquí considerado se refiere a la disyuntiva bien visible en el independentismo entre integrar parte de su acción en el sistema político español (votar mociones de censura, participar en elecciones, etc) y abandonar el territorio español (abstenerse de participar) y concentrarse en Catalunya. Decidida partidaria de la ruptura, la CUP, que no tiene representanción en las Cortes. Partidaria de la integración (transitoriamente), ERC. En una posición intermedia, aunque con tendencia a la ruptura, el PDeCat. 

Ese es el tema. Aquí, la versión castellana.


¿Qué hacer?                                                    
                                                                                               
Esta es siempre la cuestión, que se plantea cuando hay disyuntivas. ¿Qué hacer entre dos opciones?

Salga como salga la moción de censura, todo el aparato político institucional español pone proa a elecciones anticipadas. Si gana Rajoy no será desde luego por sus méritos y le espera un resto de legislatura infernal, abrasado por las sucesivas sentencias de la Gürtel y en soledad parlamentaria absoluta, lo que lo llevará a elecciones. Si gana Sánchez con un aliado incómodo y un parlamento hostil, se verá igualmente obligado a convocar elecciones sobre todo teniendo en cuenta la desconfianza con que su partido mira la alianza de gobierno y los contactos con los independentistas.

Elecciones en todo caso. En el reino de España. Aquí se plantea la cuestión ¿qué hacer? ¿Participar o no participar en ellas? Asunto peliagudo porque hay razones cruzadas y de distinta índole. Las hay de cálculo, materiales, de eficacia y las hay de valor simbólico, de pronunciamiento, de desobediencia.  Participar es aceptar la legalidad española; no participar, permitir más anticatalanismo en las Cortes españolas.

La República tiene su propio calendario que, es de suponer, podrá ir aplicándose ordenadamente a medida que el Estado levante sus prohibiciones y las instituciones catalanas puedan funcionar. Pero, según como vayan las cosas, parte de ese calendario son unas posibles elecciones anticipadas. Como en España, pero en Catalunya. Es una cuestión de tiempos. La ironía de la situación es que el impacto de unas elecciones catalanas en España es ahora superior al de unas elecciones españolas en Catalunya.  Hace un par de años algo así era impensable.

Una decisión independentista de abstenerse en las elecciones generales españolas viene amparada en la idea de que son cosa de otro país. Al margen de la decisión que los indepes adopten en este asunto, el ánimo con que se plantea es el mismo: se trata de otro país y los asuntos que le conciernen son de otro país. Tómese el despliegue de los medios de comunicación en España y Catalunya. Todo el mundo sabe (incluidos organismos internacionales) que el sistema mediático catalán es mucho más plural que el español, sometido a la censura. La consecuencia obvia es que los catalanes están mucho mejor informados que los españoles no ya solo sobre Catalunya sino sobre España también. No existiendo pluralismo mediático español en lo relativo a Catalunya, lo que las audiencias reciben es la fábula del gobierno, elaborada por sus publicistas y escribas orgánicos y difundida obedientemente por los medios.

La cuestión es si merece la pena tomarse en serio esa fábula, perder el tiempo con las campañas mediáticas de corte negativista acusando a los independentistas de nazis, racistas, excluyentes, identitarios, xenófobos, supremacistas, etc. Quizá sea más práctico concentrarse en la defensa frente a los actos de agresión callejera de las bandas fascistas relacionadas con las cloacas del Estado, encendidas con los discursos de los ideólogos del régimen y sus organizaciones criminales más o menos fundidas con los partidos ultras.

Tómese esa ridícula acusación de supremacistas a los independentistas catalanes que Pedro Sánchez anda repitiendo por doquier sin saber lo que dice o la de “nazis” de Alfonso Guerra que sí sabe muy bien que miente como un bellaco.  Andan los del bloque del 155 y sus siervos en la prensa muy afanados buscando pruebas fehacientes de ese supremacismo y racismo. Unas declaraciones antañonas de Pujol, alguna referencia de Mas, los artículos y tuits de Torra, alguno de Puigdemont. Y con estos mimbres descontextualizados y/o directamente falseados, pretende construir una imagen del independentismo que permita oponerse a él no por razón de un colonialismo autoritario y retardatario, sino de la lucha por la libertad de los pueblos.  Cuando la derecha convierte un movimiento democrático y pacífico de millones por la libertad en una conjura de unos políticos supremacistas hace el mismo ridículo que cuando la izquierda lo atribuye a una confabulación de la burguesía corrupta.

Realmente, no merece la pena. Es en verdad otro país, tanto en la derecha como en la izquierda. Toda la virulencia y demagogia de los propagandistas del 155 solo prueba el desconcierto del bloque unionista, incapaz de articular una defensa de su concepción de España frente a la iniciativa independentista.  Las acusaciones de racismo y supremacismo quieren dar a entender que la República Catalana nace en un clima antidemocrático mientras que España sería al contrario un Estado democrático de derecho. La realidad es justamente la contraria: el independentismo catalán es un movimiento democrático que aboca a una Estado de derecho mientras que España es una dictadura de hecho en una situación de excepción y en la que, como en todas las dictaduras, hay presos, exiliados y represaliados políticos. Y presas, exiliadas y represaliadas políticas.


miércoles, 30 de mayo de 2018

La cara catalana de la moción de censura

Sánchez se ha lanzado a la piscina probática, fiado en la leyenda de curación y purificación. Presenta su iniciativa como una obligación moral de librar al país de una especie de maldición: un gobierno corrupto e incompetente y muy pegajoso, por cierto. Hay una especie de convicción general de que la salida del gobierno y el partido de la Gürtel y de su presidente, M. Rajoy, el de los papeles de Bárcenas, es un requisito para abrir una época nueva de normalización y regeneración democrática. Es el espíritu de un artículo de Angels Barceló, en pro de un sí a la moción de Sánchez o el de Jaume Roures, quien espera diálogo de un triunfo de la moción.

No obstante, la moción no tiene garantizado el triunfo. Los "contactos" de Sánchez están condicionados por la actitud de su partido en lo catalán y su fuerte compromiso propio con el 155. Es lógico que se niegue a los detalles y plantee la iniciativa en el terreno de los principios. Pero también es lógico pensar que, al no negociar nada, está pidiendo un cheque en blanco, cosa delicada vista la trayectoria del personaje. Para conseguir el voto ajeno no basta con echar al PP; es preciso especificar en qué va a cambiar la política del gobierno y del Estado. Con C's ya a la contra, la moción depende de los independentistas y, además de estos, del PNV.

Hay una polémica en el seno del independentismo ERC parece dispuesta a apoyar la moción por el criterio dar prioridad a la salida de M. Rajoy. PDeCat es reticente y la ANC, por boca de su presidenta, Elisenda Paluzie, contundente: les da igual quién presida el gobierno español. Es la tesis de los dos países y cada uno a lo suyo. ERC piensa que arrastrará al PDeCat, pero eso no está garantizado. La verosimilitud del argumento de que, para Catalunya, Sánchez pueda ser peor que M. Rajoy la ha alimentado el propio Sánchez, guerrero de la reforma del Código Penal para ilegalizar el independentismo. A su vez, el PNV vacila, como siempre, entre el deber y el interés. Y vacilando sigue. Luego de zascandilear largo rato, como acostumbra, C's parece decantarse por apoyar a la Gürtel votando en contra o absteniéndose ya que su interés ha pasado a ser elecciones inmediatas. 

Todo ello forma negros nubarrones en el horizonte del PSOE. La moción puede fracasar. De hecho ello no cambiaría gran cosa en el caos actual, salvo la esperable crisis interna del PSOE. Una más.

Porque el fracaso de la moción no tendría por qué venir seguido necesariamente de dos años más de esta catástrofe bíblica del PP. También podría materializarse otra operación de tintes sórdidos pero posibles: una llamada "moción instrumental" para convocar elecciones, presentada por C's, a quien Podemos prestaría los tres diputados más necesarios. Digo sórdidos porque esta alianza o unidad de acción es la que Podemos rechazó como pretexto para votar "no" a un gobierno de Sánchez en 2015 y la que, en cierto modo, ha estado presente para no sumar C's a una moción presentada por PSOE y C's. 

Pero lo de sórdidos es suave en exceso cuando se mira desde otro lado: si la moción de censura de Sánchez fracasara y, en cambio, triunfase otra "instrumental" Podemos/C's, estos partidos pillarían al PSOE en mitad de una crisis, sin secretario general o con uno muy mermado y quizá se hiciera realidad el anhelado sorpasso. Si esto tiene algo que ver con el interés general es cosa que queda a juicio de cada cual. Porque esa moción tendría menos votos que la del PSOE con lo cual, en efecto, el fracaso de la moción del PSOE conduciría a dos años más de gobierno del PP. 

Torra ha desbloqueado la formación del govern y lo ha hecho de modo muy combativo anunciando una querella por prevaricación contra Rajoy a lo que de inmediato seguirá la petición de levantamiento del 155. Lo que venga a continuación dependerá del resultado e la moción de censura y de las probables elecciones generales. En las cuales se planteará la misma cuestión que ahora de si los independentistas deben o no participar en el juego de las instituciones de España que, al fin y al cabo, es otro país.