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domingo, 5 de agosto de 2018

Una entrevista para refrescar la canícula

Hace meses, no recuerdo cuántos, Joan Vila i Triadú me hizo una entrevista en profundidad, larga y minuciosa. Debió de ser por abril o así. Figúrense que... ¡llovía! Luego, los frenéticos acontecimientos posteriores hicieron que la publicación se retrasase. Por mi parte, con el trajín añadido de la mudanza a Catalunya -en la que me encuentro de hoz y coz- perdí también la cuenta. Por fin, sin embargo, se ha publicado en el excelente periódico Critic que primero la sacó para suscriptores y luego, en abierto. Por eso la reproduzco yo también aquí. Bueno, por eso y porque, tras leerla, me atrevo a pensar que no ha perdido actualidad. Al contrario, me reafirmo en todo lo que en ella se dice, incluida la parte final, que adelanta lo que estamos viviendo. Y si la reproduzco como está en el periódico es también para que quepa valorar el gran trabajo del fotógrafo, Ivan Giménez. Las fotos son magníficas. Muchísimas gracias a ambos. 

jueves, 2 de agosto de 2018

Las dos repúblicas

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Ara volen parlar y dedicado a esa fiebre repentina por el diálogo que ha entrado a los gobernantes españoles, presidentes de gobierno españoles, ministros españoles, reyes españoles, intelectuales españoles...

¿Españoles y queriendo dialogar? Algo muy grave debe de estar pasando para que hasta un Borbón, que solo sabe hablar con salva sea la aparte, diga por persona interpuesta que quiere dialogar con los que no se han doblegado ante su bárbara violencia.

Y ¿qué es ello? Que Catalunya se va; que ya la han perdido; que solo pueden sujetarla mediante la violencia.

Y están tan desesperados que han llamado en su auxilio a la sedicente "verdadera" izquierda, también muy y mucho española y que, por ser española, de izquierda no tiene nada, para que cuente la fabula esa de que hay que apoyar a Catalunya porque esta será la puerta por la que entrará la República en España. La otra "izquierda", la del PSOE y Podemos, es ya dinástica. Es decir, a la "verdadera izquierda" española la causa catalana solo le interesa como medio o instrumento para un fin que considera superior: la de la República en su propio país. La justicia de la causa catalana en sí misma le trae sin cuidado. El fin de Catalunya es sacar las castañas del fuego español.

Y va a ser que no. Está bien que los españoles tengan su República, si se atreven y la consiguen, que no lo parece. Pero no está tan bien que traten de parasitar a la República Catalana. Cataluña es esencialmente republicana y nada tiene que agradecer a España, no solamente a la España monárquica, sino a la republicana. Porque si Franco fusiló a Companys, antes, la República española lo metió en la cárcel.

Aquí el texto castellano del artículo.

Ahora quieren hablar

El Estado español lo ha intentado todo con Catalunya, a falta solamente de la ocupación militar directa, hoy imposible. Nada le ha funcionado y el tiempo se le ha acabado.Intentó ignorar la cuestión a base de menospreciar el procés surgido del vergonzoso episodio del estatuto de 2006. En un último acto de desdén y arrogancia de una clase política nutrida de franquistas y seudosocialistas seguros de administrar el cortijo hispano en sus solos intereses, creían que el relato era suyo por ser el de los vencedoress de la guerra y la transición.

Esa ignorancia despreciativa venía de la mano de la mentira como forma de gobierno de una España desequilibrada política y económicamente, solo sostenible a base de explotar a Catalunya. La ignorancia pública y la mentira se apoyaban en las prácticas de guerra sucia de un gobierno corrupto, sostenido por un partido de ladrones cuyos ministros actuaban como delincuentes.

A su servicio también una batería de medios de comunicación públicos y privados (incluidos los editados en Catalunya), financiados con dineros públicos del saqueo de España para difundir la propaganda catalanófoba en todo el Estado.

Las cohortes de publicistas e “intelectuales” a sueldo del poder, de la iglesia o del Ibex 35 añadían su grano de arena a propagar las mentiras sobre el carácter del Estado español y la verdadera naturaleza de la cuestión catalana. Empezando por la gran mentira de que hubiera una “cuestión catalana” cuando lo que hay, como ya la había en los años duros del País Vasco, es una cuestión española. La cuestión esencial del carácter de España como imperio fallido, nación inexistente y Estado en quiebra.

Y todos, políticos/as del régimen, funcionarios corruptos, intelectuales a sueldo, jueces venales, empresarios, curas y militares de opereta blandiendo amenazas contra Catalunya y augurando todo género de catástrofes si el país prosigue su rumbo a la libertad.

155 es la clave de la respuesta del nacionalismo español más retrógrado a los avances catalanes: PP, C’s y PSOE a las claras y Podemos a las más ocultas, unidos tras la barbarie del “¡A por ellos!” El bloque del 155 quiere convertir Catalunya en un solar en donde las bandas de matones fascistas, financiadas y armadas por los partidos instituciones y autoridades españolas actúen sin límites.

Han recurrido a los jueces a los que han empleado como antaño a los militares: para someter a los catalanes.Y estos jueces franquistas se han prestado al papel de comisarios políticos y verdugos, con lo que han revelado al mundo entero la verdadera naturaleza del Estado español como un Estado fascista tanto si lo administra la derecha nacionalcatólica como si lo hace una seudoizquierda a su servicio.

Llegados aquí, la situación es clara y patente en toda Europa. Un Estado republicano catalán en ciernes hostigado y acosado por una tiranía corrupta basada en la violencia, la persecución de la disidencia y la agresión. Una imagen que ha hecho añicos el escasísimo prestigio que aún pudiera tener España entre las naciones civilizadas del planeta.

En este callejón sin salida se abre ahora paso una voluntad dialogante que se esgrime por doquier: en el gobierno, en los medios y en la casa real. Todo son invocaciones al diálogo, al entendimiento y la concordia.

No se trata de que las ofertas de esta vetusta oligarquía lleguen tarde, como sostienen algunos de buena fe. El tiempo no tiene nada que ver. Es que España no tiene título válido alguno, ni ahora, ni antes, ni en el futuro, para dirigirse a Catalunya con ninguna oferta. Fracasado el intento de aplastamiento a base de apalear, perseguir, exiliar, embargar y encarcelar, el siguiente paso no es ofrecer diálogo, sino marcharse.

Y llevarse de paso la quinta columna de españoles que tratan de frenar la emancipación catalana a base de mostrarla como ejemplo a seguir por el resto de España en un desesperado intento de reconstrucción del Estado. Tratan de evitar con fábulas republicanas lo que sus primos franquistas españoles no consiguieron con sus ignorancias, mentiras, insultos, amenazas y represiones. Pero son los mismos.

Que España suelte a Catalunya de una vez y, luego, si acaso, ya se verá de qué hablan ambas de igual a igual.

lunes, 16 de julio de 2018

Borbonia

Toca juzgar al rey emérito. Toca juzgar su reinado. Por eso los poderosos se resisten como gato panza arriba a apear el mando. Porque saben que los van a juzgar. Y no suelen salir bien parados. Precisamente en estos días, la fundación de su nombre abre al público los papeles, el archivo de Felipe González. Es de suponer que debidamente expurgados de forma que quizá sea preciso esperar veinticinco años hasta saber qué pasó realmente con los GAL.

En el caso de la Monarquía, el juicio al rey está ya hecho hace mucho por la opinión pública y es devastador. El rey lleva el sobrenombre de su primer velero, Bribón. De reseñar el cortesanísimo comportamiento de los medios de comunicación, todos a una al quite y a encubrir las bribonadas del sujeto. Episodios ha habido en su vida que requerirían un Valle Inclán que retrató la de su tatarabuela Isabel II. Isabel es el nombre que acompaña a las dos Españas, la ascendente de la Iª y la desfalleciente de la IIª. 

Comienza una batalla mediática, política, con ambición de convertirse en judicial, por llevar al ciudadano Juan de Borbón ante los tribunales. A la defensa acuden prestos los tres partidos dinásticos PP, PSOE, C's y todos los medios de comunicación impresos y audiovisuales así como algunos digitales. Encabeza la cruzada por el trono y el altar el siempre fiel ABC que, en recuerdo de sus mejores tiempos, se inventa una encuesta con un 70% de ciudadanos en España dispuestos a dejarse matar por su rey que tanto lo merece. En contra, una alianza de la escasa izquierda republicana con el más escaso republicanismo muy fraccionado.

Más complejo es el juicio a la Monarquía, que ya afecta al sucesor. Una ministra del gobierno Sánchez ha señalado que el hijo no hereda los posibles pecados del padre y tampoco de la hermana y el cuñado. Sin duda, pero la Monarquía está tocada en todos sus flancos. La corte es un patio de monipodio con una autoridad moral nula. El ejercicio del monarca, perfectamente anodino. El incumplimiento de su función como árbitro y moderador de las instituciones, clamoroso. 

El desastre definitivo de la institución fue el discurso del tres de octubre de 2017 en el que el rey se alineó incondicionalmente con una de las partes del conflicto, respaldando su agresiva política de represión y, por ello mismo, alentando su intensificación. En esa amenazadora arenga perdió Felipe VI el poco recurso que le quedaba a una hipotética legitimidad. 

Catalunya triunfante será republicana. La insistencia de Torra en que el Borbón se disculpe por el discurso de marras y, por tanto, por el 1-O, le da la base para poco menos que declarar Catalunya entera tierra libre de Borbones. El rey tiene el extraño privilegio de ser persona non grata en algunos municipios catalanes. Un poco más y consigue que lo declare persona non grata el Parlament.

Otra cosa será el destino de la Monarquía en España. Pero eso es algo que habrán de decidir los españoles cuando se decidan a decidir algo.  

jueves, 28 de junio de 2018

De República a República

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Joc entre republicans. Versa sobre esta delicada cuestión de la República. Durante años, Palinuro ha lucido en la columna de la derecha un Gif con una bandera republicana ondeante para proclamar su ardoroso republicanismo. Y muchas veces abordó el tema República, muy dolido de que la izquierda siempre adujera que no era el momento de plantear el asunto. Durante treinta años nunca fue el momento. Palinuro arrió la bandera de la república española y se sumó a la de la catalana. No por ello dejaba de simpatizar con la española, pero era y es evidente que no goza del apoyo de que debiera ni de quien debiera y sus perspectivas son más bien escasas. La República catalana es un hecho, en cambio. Y, por si alguno hubiere más purista del realismo de la lengua, cabe decir, una República in fieri. A partir de aquí, ese enclenque republicanismo español pudiera vigorizarse y ojalá que así fuera. Pero también podría suceder lo contrario. El republicanismo catalán es independentista y el español, me temo, a cambio de impedir la independencia de Catalunya está dispuesto a abandonar su ideal republicano.

Y así es difícil construir una República española.

Aquí el texto en castellano:

Entre republicanos anda el juego

El independentismo catalán es republicano y, por tanto, doblemente molesto, por independentista, para todos los españoles, y por republicano para los españoles monárquicos. No debiera serlo para estos últimos y, según sus esporádicas declaraciones, no lo es. Antes al contrario, se proclaman relaciones fraternales entre el republicanismo español y el catalán.

Ahora bien, así como el republicanismo catalán es consistente, pertinaz, masivo, transversal, mayoritario y muy activo y eficaz, el español es disperso, ocasional, minoritario y enclenque. No es un juicio despectivo ni apresurado. El pasado sábado hubo una consulta popular en el barrio madrileño de Vallecas para un referéndum a escala estatal sobre monarquía o república. Algo que venía a ser una especie de réplica de la mítica consulta independentista de Arenys de Munt en 2009, movida por la CUP, en la que votó más del 40% del censo y más del 92% lo hizo a favor del sí.

En el caso de Vallecas, y los datos son suyos, votó el 4,8% del censo y, de este, cerca del 90% lo hizo por la República. Señalar este dato no es malintencionado sino simplemente realista. Si en una zona como Vallecas esta consulta anima al 4,8% del electorado, en otros lugares será sin duda peor. Muchos arguyen que el referéndum vallecano se hizo sin medios, sin infraestructura, sin logística, cosa muy digna de tenerse en cuenta. Pero lo cierto es que ningún partido ni movimiento social de envergadura la apoyó. Y eso también tiene su significado a la hora de hablar del republicanismo español y calibrar sus posibilidades en comparación con el catalán.

Todos esperan que Vallecas funcione como una chispa que encienda la adormecida pradera republicana española. Pero ese deseo se formula sobre el fondo de una realidad muy desalentadora. Los datos son los que son. La causa republicana en España es de poco más que cenáculos literarios y depositarios de un viejo legado. Los partidos políticos son casi todos dinásticos. De modo directo (PP y C’s) o indirecto a través de algún descarado absurdo del tipo de que los republicanos se sienten muy a gusto con esta monarquía como en el PSOE. Quedan los indepes catalanes y los nacionalistas vascos y gallegos y queda Podemos, como siempre, nadando entre dos aguas. Piden que el rey someta su corona a referéndum, pero no mueven un dedo para hacerlo realidad, como se demuestra en el caso de Vallecas.

Y como el republicanismo español carece de vigor, se apunta el remedio de vincularlo a su rozagante hermano catalán utilizando diversos artilugios verbales como que la lucha por la República catalana es, en realidad, la vanguardia del republicanismo español. Y, aun más audazmente, el republicanismo español será el aliado natural del catalán.

Esta idea del republicanismo fraterno requiere reflexión. Por supuesto, el catalán aceptará siempre toda ayuda que proceda de España y demuestra –acaba de hacerlo- disposición a colaborar con la izquierda española, a la que presume más republicana que la derecha, de modo gratuito. Pero hasta ahí llega la colaboración. Porque, mientras no se demuestre lo contrario, el republicanismo español es más un desiderátum que una realidad.

Y sobre todo porque una hermandad más sentimental que real tropieza con dos inconvenientes que corresponde aclarar al republicanismo español, antes de incurrir en la habitual confusión que conduce al fracaso. Hay confusión histórica y confusión actual. La histórica no es preciso refrescarla, pues está en la memoria de todos: las relaciones de la Generalitat con la República españolas oscilaron entra malas y pésimas. Fue la República española la primera en encarcelar a Companys.

La confusión presente es más preocupante. El republicanismo español carece de pulso político. No hay siquiera un Partido Republicano en las Cortes. Los núcleos republicanos más activos suelen estar animados por comunistas y tanto estos como los que son más puramente republicanos son profundamente antindependentistas. El republicanismo español no existe y, en la medida en que existe, es antiindependentista e incluso anticatalanista.

No hay ni puede haber relaciones fructíferas entre los dos republicanismos, al menos mientras el catalán no deje de ser independentista o el español antiindependentista. Fraternales pueden ser. Siempre sin olvidar que hermanos eran Caíny Abel y Rómulo y Remo.

domingo, 24 de junio de 2018

46 - 1

¿A que se entiende el título? 

La flamante nueva directora de El País, Soledad Gallego-Díaz, en compañía de Carlos E. Cué, ha entrevistado al no menos flamante presidente, Pedro Sánchez. Casi una ceremonia iniciática para ambas. El antaño vilipendiado Sánchez ritorna vincitore y la casa lo acoge previa limpieza interna de gérmenes del pasado. Quizá una nueva época dorada para el gobierno y el diario. Suerte a los dos.

La entrevista arranca con pistoletazo de salida catalán. ¡Ah! Catalunya triomfant! ¿Qué quieren ustedes? Catalunya manda. Rajoy no cayó por corrupto, incompetente o reaccionario, aunque debiera. Cayó por los indepes catalanes. Y Sánchez está en donde está por la misma razón. Lógico que se arranque hablando de lo que más le importa (aunque lo disimule) y que lo haga con este repentino ánimo conciliador, tranquilizante con la repentina voluntad de entendimiento político que ha invadido al nacionalismo español. Sánchez está dispuesto a hablar de todo. Sin olvidar que ese "todo" excluye el procés. Nada de referéndum ni autodeterminación. Pero, de todo lo demás puede hablarse. 

¿Un avance frente al cierre de M. Rajoy? Ni avance ni retroceso. Punto igualmente muerto. Ese todo son las cuarenta y seis propuestas presentadas por Puigdemont a Rajoy en febrero de 2017 . Rajoy excluía una, la del referéndum. Igual que Sánchez. 45 propuestas negociables. Una, no. A continuación, Sánchez desgrana una serie de intenciones, juicios, propósitos y hasta profecías  con distintas formas de contacto con la realidad.

Propugna fórmulas que debe de considerar audaces y prometedoras como reunir la Comisión Bilateral Generalitat-Estado, un órgano estatutario en un marco autonómico que la Generalitat rechaza expresamente. Revisar financiación, infraestructuras, etc.,los 45 puntos de Puigdemont con el vagaroso añadido de un cambio a medio plazo de lo que llama el pacto constitucional porque ya ni de reforma de la Constitución osa hablar. 

El soufflé se desinfla solo con el vaticinio del presidente de que el "problema" catalán no se resolverá en un año, ni en dos, ni en cinco. Habla hasta de un decenio. Qué entiende Sánchez por "resolver" no necesita aclaración. Que no sepa cuándo lo conseguirá, incluso si lo conseguirá en su mandato, demuestra su fracaso como político, su carencia de proyecto.

Los tiempos del nacionalismo español no son los del independentismo. Tampoco los del nacionalismo español de más izquierda que el PSOE, UP. La propuesta de celebrar un referéndum pactado con el Estado fija su realización en el próximo milenio. 

El tiempo independentista, es muy distinto. El republicanismo plantea un reto aquí y ahora a la jefatura del Estado que es un reto de un órgano del Estado (la Generalitat) al propio Estado y en su forma simbólica más importante. Si el gobierno acepta esta situación, por mor de la "tregua" de Iceta, resultará que el Jefe del Estado solo podrá pisar territorio catalán como ciudadano privado. 

La normalidad que el gobierno aspira a establecer (y que se nota en la entrevista pues el periódico llama "políticos presos" a los "presos políticos") es imposible mientras haya rehenes políticos del Estado en la cárcel y en el exilio. Sánchez no sabe con exactitud qué va a decir a Torra el próximo día 9. Torra sí sabe lo que dirá a Sánchez. La distancia es abismal. Sánchez cree impensable que la Generalitat no acuda al Consejo de Política Fiscal. Torra cree impensable lo contrario.

Hay de hecho una situación de poder dual que el gobierno se obstina en ignorar para no verse obligado a reprimir. Su insistencia en "desjudicializar" el problema y tratarlo políticamente traduce su miedo a verse obligado a seguir los pasos de M. Rajoy, enviando al nuevo govern a la cárcel. Aquí ya no le valdría ni el argumento del maltratador, que empleó con el 155. 

La dualidad de poderes corresponde a la existencia de dos países distintos. Un ejemplo: ayer se celebró en Vallecas un referéndum sobre monarquía o República, a imitación del primero que se hizo en Catalunya sobre independencia sí o no en Arenys de Munt, en 2009. Mientras que en este pueblo hubo una participación de un 41%, con un 94% (más o menos) de síes, en Vallecas ha habido una participación del 4,8% con un 4,3% a favor de la República, equivalente a un 90% del voto depositado. Hay dos puntos en esta consulta dignos de resaltarse: uno es que no ha gozado, que yo sepa, de apoyo de los partidos de izquierda; el otro que cabe esperar una difusión de la idea y quizá otros referéndums en otros municipios; pero es una débil esperanza.  

Catalunya es republicana; España, no. 

sábado, 14 de abril de 2018

Hoy, día de la República, Palinuro en Gavà

Los republicanos tenemos, cómo no en un país tan beato, un día sagrado, el 14 de abril. Por este motivo, Palinuro aceptó la amable invitación de la ANC y Óminum (las dos organizaciones judeomasónicoplutocráticoseparatistas) y la CUP (los terribles terroristas levantapeajes) para hablar sobre la República en el Parc de la Torre Lluc en Gavà a las 19:30. Bien es verdad que sobre la República Catalana que es es la única que se ha materializado en el Estado español. Para hablar de la República española será preciso esperar a que haya algún atisbo, cosa hoy por hoy impensable. El PSOE es un partido cuyos militantes republicanos se sienten representados en la monarquía parlamentaria, según dice el chisgarabís de secretario general que tiene. Es decir, el PSOE es un partido dinástico o de republicanos de chicha y nabo.

En cuanto a Podemos, algo parecido. De vez en cuando dicen con la boca chica que este reyezuelo debiera someter su corona a referéndum con la misma sinceridad y fuerza de convicción con que abogan por un referéndum de autodeterminación en Cataluña pactado con los franquistas del B155 (PP, PSOE y C's). Si los socialistas son dinásticos orgullosos de sus libreas, los de Podemos también lo son, orgullosos de sus camisas. Pero todos iguales de cortesanos. En realidad, los de Podemos han pedido la República en España con la misma frecuencia con que se han opuesto a la política de represión fascista en Catalunya: ninguna.

Nos vemos en Gavà. Feliz día de la República.

jueves, 5 de abril de 2018

Mañana, Palinuro en Segovia

Y en un lugar excepcional en el que ya estuvimos hace algún tiempo en unas jornada sobre las peripecias de los escritores en la vida, en las cuales tuve la suerte de conocer a Cristina Fallarás. Ahora no va de escritores sino de movilizaciones y derechos. En concreto, el derecho de autodeterminación de los pueblos, asunto del máximo interés. Hay interés en Segovia por conocer más a fondo el proceso catalán. Y en concreto en la izquierda.

No sé si los organizadores han sido prudentes al colocarme en la primera intervención. Mi juicio sobre la izquierda española en relación con la República Catalana no puede ser más negativo. Vengo diciendo, porque lo observo, hablo con la gente, me muevo, tengo ojos en la cara, leo, que el proceso independentista republicano catalán ha dejado triturada la izquierda española. En el caso de la socialdemocracia, prácticamente no le queda ni rastro de su viejo izquierdismo: ni reconoce derecho de autodeterminación alguno, ni posibilidad de referéndum ni tiene interés en defender la república. Su apoyo al 155 contra Catalunya lo pone ya al servicio de la derecha. En el caso del neocomunismo de Podemos, tampoco reconoce el derecho de autodeterminación, si bien, lo hace embarullando algo los términos para disimular; acepta un referéndum catalán, siempre que sea pactado con el Estado, lo que equivale a no aceptar ningún referéndum catalán; y su actitud sobre la monarquía, como sobre otros asuntos problemáticos de la vieja carcunda española es ambigua. Su republicanismo es folklórico. 

La esperanza de que una República Catalana abriría el paso a una española no me parece realista. La monarquía borbónica, impuesta por Franco primero a sangre y fuego y luego a televisión y toros, está aquí para algún tiempo. Solo podría con ella una movilización tan sólida, extensa y consistente como el independentismo republicano catalán.

Pero eso, en España, es imposible.

Nos vemos en el Centro Cultural San José a las 18:30.

miércoles, 14 de marzo de 2018

La República, como el camino, se hace andando, companys

Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado Las instituciones y las conviciones. Sí, una paráfrasis de la dualidad de Francesco Alberoni, Movimiento e institución, con más sentido político y menos histórico. El resumen resumidísimo, azoriniano y gracianesco al tiempo del artículo es sencillo: las instituciones de la Monarquía española no aguantan el movimiento independentista. Le crujen las cuadernas y en cualquier momento se irá a pique con toda su tripulación de ratas diputadas con sus estratosféricos sueldos de seis, siete, ocho mil euros al mes (más canonjías, privilegios, subsidios, enchufes y regalos) en un país en el que muchos niños y viejos pasan hambre, los jóvenes no pueden siquiera emanciparse y una clase política de ladrones y sinvergüenzas parasita los recursos de todos, los roban y se los entregan a la banca. Y he dicho el movimiento independentista, el único capaz de hacerlo. Los demás, todos los demás, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) viven de un sistema corrupto que los ha alzado en donde están por su insuperable incompetencia y colaboran con él, unos porque son él mismo y otros porque no saben nada mejor que hacer. 

Ayer, la podrida nao de la monarquía borbónica (esa que entusiasma al "republicano" Pedro Sánchez), chocó con el escollo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que decidió que quemar la bandera del propio país no es delito y está amparado por la libertad de expresión. Eso ya lo había dicho en 1989 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, en el caso Texas v. Johnson. La enmienda primera de la Constitución (free speech) entre otras cosas, protege el derecho de los ciudadanos estadounidenses a quemar la bandera nacional en público. 

En Estados Unidos. En 1989. Hace casi 30 años. Y en Europa, ayer.

Pero no importa: la gran nación española de Emepuntorajoy, Neoprimo de Rivera y el repunárquico Sánchez, prodigio de modernidad y libertades, sigue sosteniendo que insultar a esto, aquello, lo otro o lo de más allá que estos tres cantamañanas respetan es un delito. 

Así que en España sigue siendo delito decir lo que se piensa, como en tiempos de Quevedo y la Inquisición, con jueces siervos del poder despótico y políticos que, si no son ladrones o macarras, son franquistas, o las tres cosas a la vez.

En fin, aquí la versión castellana de la pieza. Y perdón por el desahogo. Espero se entienda que un país que encarcela a Valtonyc, Pablo Hasel, Junqueras, los Jordis, Forn, etc (todos presos políticos) y deja en libertad a Urdangarin, Rato, la Borbona, Albiol, Villalobos, Hernando, etc es basura. 


Las instituciones y las convicciones
                                                                                                              
Las instituciones tienen una dinámica; las convicciones, otra. La República Catalana carece de instituciones y se ve obligada a desarrollarse en el marco institucional del Estado. Por eso, parecida a la crisálida, no se mueve, no se agita, acepta las imposiciones institucionales del 155 y aplaza sus convocatorias, en tanto va adquiriendo los caracteres de la imago adulta a golpe de convicciones.

El independentismo, el movimiento del que surge esa república, cuyos representantes más eximios están en el exilio o en la cárcel, es el campo de las convicciones. Son estas las que están en juego frente a las instituciones del Estado. Por eso, al no poder ir este en contra de unas instituciones republicanas inexistentes, persigue las convicciones, las ideas. Por más que quiera disimularse, los presos independentistas son presos políticos porque son presos de conciencia.  

Pedir que acate la legalidad y la Constitución de un Estado alguien que cuestiona la base misma de legitimidad de esa Constitución, es pedir lo excusado si todo el mundo se atiene a su palabra. Se puede decir que si, en verdad, objetar a la legitimidad de una norma es cosa seria, no puede considerarse como un derecho y menos de una persona o grupo de personas. Ningún ordenamiento jurídico sobreviviría si los ciudadanos pudieran decidir libremente si obedecen o no a la ley, según sus convicciones.

Se recuerda entonces que el cuestionamiento de la legitimidad del orden constitucional no es una manía de una persona, un grupo o un partido (que podrían serlo) sino una reivindicación de millones de personas, en Catalunya, prácticamente la mitad de la población y una mayoría absoluta en el Parlamento. Por eso se ha dicho siempre que la cuestión no era judicial ni de orden público sino de naturaleza política y de crisis constitucional, siendo necesario resolverla por la vía de la negociación política.

No hay otra salida. Si la mayoría del Parlament rechaza los supuestos básicos institucionales sobre los cuales está constituido ese Parlament, todos sus actos serán contrarios a la legalidad vigente e impugnables por naturaleza. La mayoría del Parlament rechaza la legitimidad de las instituciones españolas porque la mayoría de la población hace lo mismo. Si los tribunales de esas instituciones piden a los dirigentes acatamiento a una Constitución que rechazan, habrán de pedírsela a todos los independentistas y, si encarcelan a aquellos por razón de sus convicciones, tendrán que encarcelar a todos los que las compartan.

Condenar unas convicciones no puede hacerse en nombre del derecho y de la justicia, sino en nombre de otras convicciones. ¿Cuáles? En este caso, las de los gobernantes, los jueces del Supremo y la mayoría de la oposición parlamentaria, esto es, las de una idea de España que todos estos han heredado del franquismo y consagrado legalmente. No son jueces. Son comisarios políticos a las órdenes del mando. Y comisarios muy poco duchos en sus tareas judiciales.

Si organizar un referéndum como el del 1-0 es un delito, votar en él es otro y, salvo negligencia culpable, los tribunales españoles tendrán que abrir una causa general contra el independentismo, como hizo Franco con los republicanos. El independentismo es un delito, como el arrianismo era una herejía. Ese es el nivel de las instituciones franquistas al que se oponen las convicciones de los independentistas catalanes que son independentistas, entre otras cosas, por respeto a la democracia.

Frente a la convicción democrática del independentismo se da el cerrado franquismo de las instituciones españolas que heredan –y ejercen- el espíritu de la dictadura, ayer gracias al alzamiento militar de unos delincuentes; hoy gracias al art- 155 impuesto por otro. En realidad, la única diferencia entre el franquismo del 18 de julio y el del 155 es que este último también está apoyado por un partido, el PSOE que, en tiempos de la dictadura, decía estar en la oposición.

No es fantasía, aunque pueda parecerlo. La respuesta de los partidos dinásticos del régimen (PP, C’s y PSOE) a la reciente sentencia del TEDH sobre la quema de retratos del rey deja claro el interés de estos por reconstruir el franquismo en toda su extensión. Y, de paso, deja claro que, agotada la vía del acatamiento a unas instituciones tiránicas, solo queda desarrollar las republicanas con la fuerza de las convicciones independentistas, basada n la democracia y el Estado de derecho frente a la dictadura del 155.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Hoy, butifarrada republicana catalana en Vallalta

No todo han de ser xerradas a palo seco. No haríamos honor a esta revolución de la alegría, esta transformación entre bromas y veras pero profundísima que está produciéndose en Cataluña, esta ocupación plena del escenario que hacen las multitudes (turbas las llama el fiscal general en prosa de legajo, desde la covacha en que cuece sus amenazas), arrinconando en mutis vergonzosos las flamantes fuerzas de ocupación en navíos atracados en los puertos como si estuvieran en cuarentena. Y en cuarentena están

Abre el acto Carles Campuzano, portavoz del PDeCat en el Congreso que hablará de las pensiones en la nueva República Catalana. Cosa grata porque si tuviera que hacerlo sobre lo que quede en España, más que xerrada, serían duelos y quebrantos, que diría Cervantes.

Luego, Palinuro intentará hablar sobre la República Catalana desde fuera de Cataluña.Y digo intentará porque ya le es muy difícil hablar de Cataluña desde fuera de Cataluña y, desde luego, le resulta imposible hablar de la República Catalana desde fuera de ella misma, teniendo en cuenta que ese "fuera" sigue siendo una Monarquía que odia mirarse en el espejo de la República Catalana. 

Los españoles tuvieron una República. Los franquistas se la robaron a sangre y fuego. Ahora los catalanes la recuperan sin sangre y sin fuego. Y los españoles, ¿qué hacen? ¿A qué esperan? 

En el pavelló sportiu de sant Cebrià de Vallalta, a las 18:30.

domingo, 9 de julio de 2017

Sueños de noches de verano

ACTO PRIMERO. En el AVE Barcelona Madrid, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, hablando de sus cosas.

Oriol Junqueras (OJ) (tras santiguarse pasado un túnel): te lo dije, Carles, no tiene sentido hablar con els Comuns. No quieren el referéndum y menos la independencia. Quieren mandar en Cataluña y en Madrid.

Carles Puigdemont (CP) (atusándose el flequillo): lo sé, lo sé. Pero había que intentarlo para que después no digan que no lo hicimos y que los marginamos.

OJ: Claro son nuestra competencia. De izquierdas y, en teoría, también republicanos.

CP: Ambas cosas están por verse.

OJ: ¿Lo dudas?

CP: ¿De los comuns, Podem y Podemos? Por supuesto. Esos están todos al sol que más calienta, quítate tú que me ponga yo. No quieren referéndum ni independencia porque están muy contentos en España. Pero, sobre todo, lo que más les fastidia es lo de la República.

OJ (besando una imagen de San Juan Crisóstomo): ¿verdad que sí? Yo alucino con estos tipos. Muy de izquierdas y después, a arrodillarse ante el Borbón. Unos de chaqué y otros de trapillo.

CP: Claro, hombre. En el fondo, todos son españoles: católicos, monárquicos, caudillistas, un pelín franquistas.

OJ: ¡Qué pena, tú! El pobre Tardà, que creía en el apoyo de Podemos y ya ves... Lo han dejado tirado. No hay alianza con la izquierda española...

CP: (enviando un Whatsap a Rajoy, invitándole a negociar un referéndum): No hay izquierda española.

OJ: Tendrás razón... Siempre lo decimos pero no nos lo creemos.

CP: Creételo de una vez. No hay izquierda española. Y la prueba no es la independencia de Cataluña sino el miedo a la República. Nada que esperar de ella. Por eso hacemos ese viaje.

OJ: Pues justo es lo que me pica. ¿Estás seguro de que saldrá el plan? Mira que, si prescindimos de la República -nuestra marca de fábrica-, perderemos todas las elecciones.

CP: segurísimo, Oriol. Nuestra Patria por una República. Deja que lleguemos a destino y lo verás.


ACTO SEGUNDO. En el palacio de La Zarzuela, ante una mesa con un retrato enmarcado de Franco acariciando la cabeza del mozalbete que luego sería Felipe VI. Los mismos y el mozalbete que ahora está más alto y lleva barba.


Felipe VI (FVI) (Displicente): He tenido que cancelar una reunión de veteranos de la División Azul (ya van quedando pocos) para atenderos porque decíais que era urgente. ¿Cuál es ese plan revolucionario que traéis?

CP: Sencillo, Majestad. Una reforma constitucional para convertir la monarquía española en dos: una en España y otra en Cataluña, con usted de Rey en ambas partes. Una monarquía confederal, como lo fue Austria-Hungría.

FVI: Hummmm, "Felipe VI de España y I de Cataluña". No suena mal. (Mirándose en el espejo) Hasta parece que haya multiplicado mis dominios... y sin hacer nada, en la más pura tradición borbónica.

OJ: Dos monarquías hispánicas confederadas e iguales. Tendrá usted que jurar dos Constituciones.

FVI: Eso de jurar, desjurar, perjurar y contrajurar se nos da de miedo a los Borbones.

CP: Además de jurar, tendrá usted que respetar la soberanía de Cataluña y su independencia fiscal.

FVI: Por supuesto, por supuesto. Ya veremos luego a quién robamos. (Volviéndose a Junqueras): oye, pero vosotros, ¿no sois republicanos? ¿Cómo haréis compatibles la monarquía y la república?

OJ: Cuando hay voluntad. Todo se puede. Al abandonar transitoriamente nuestro ideal republicano, hacemos un paréntesis, como hacen los fenomenólogos, mientras se aclara la situación. Lo que nos importa es Cataluña y si usted nos protege de los españoles, la República puede esperar.

CP (sonriendo): Así es, Majestad. Ocasión única. Problema resuelto y todos pasamos a los libros de historia.

FVI: Pues trato hecho, chicos. En cuanto salgais de aquí llamo a Mariano y doy las órdenes oportunas. Contad con ello. (Da unos pasos de baile). Tralalá, tralalá: mi dulce Letizia, ¿te apetece ser reina de Cataluña? (Se detiene, pensativo). Oye, pero no me la jugaréis, ¿eh, catalufos? Que os conozco.

OJ: Nos va a libertad en ello, Majestad. (Salen todos).

ACTO TERCERO. En el Palau de la Generalitat, en una mesa, ante un retrato de Macià, Puigdemont y Junqueras deliberan, consternados.

OJ: ¿Cómo es posible que haya fracasado nuestro masterplan?

CP: No lo sé. Solo sé lo que me ha dicho Felipe VI por whatsap. Que no es posible y que nos lo explica ahora por video conferencia.

Se ilumina la pantalla en la pared y aparece el rostro de Felipe VI

FVI: Hola a los dos. Siento deciros que no hay trato

CP: Pero ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

FVI: Los cuatro partidos del régimen se oponen a la monarquía bicéfala, con la ilu que me hacía. No quieren ni hablar de ella. Ni la Iglesia, ni el ejército. Nadie.

OJ: Lo dicho, Majestad, ¿por qué? ¿Por qué nos quieren tan mal a los catalanes que no nos dejan ni tener nuestra propia monarquía con un solo rey? ¿Tienen miedo a la República Catalana?

FVI: ¡Qué va! Tienen más miedo a la República Española.

CP: Pero si los catalanes aceptamos la solución de la monarquía dual...

FVI: Los catalanes en esto, como siempre, no pintáis nada. Lo que dicen todos (PP, PSOE, Podemos, C's) es que no puede hacerse la partición que proponéis porque, en ese caso, la República sería imparable... en España, algo que no quiere ninguno de ellos.

OJ: ¿Ni Podemos? A Tardà va a darle algo.

FVI: Esos son los peores. Solo aceptarían la República si Pablo Iglesias fuera presidente vitalicio y hereditario. Si no, prefieren la monarquía. Así que adeu, companys, em sap greu per vostès i sobretot per en Junqueras, amb la seva Repùblica...

FINIS

miércoles, 28 de junio de 2017

Mañana, Palinuro en Valls

Desde la Carrera de San Jerónimo a Valls Alt-Camp (Tarragona), ese será el camino de la República mañana. Desde la ridícula glorificación de una monarquía de opereta a la fiesta de la República en un pueblo de Cataluña, tierra del Estado español libre de la mugre franquista gracias a la ley que aprobará hoy el Parlamento catalán, declarando ilegales los juicios del franquismo. Un acto que devuelve a los catalanes y a cualesquiera otros peninsulares que la hagamos nuestra su dignidad robada. Una ley de reparación que ningún gobierno de la transición en España se ha atrevido a proponer, para eterna vergüenza de unas izquierdas que no merecen nombre de tales.

Hoy, España estaba de aniversario, cosa que agrada mucho en el terruño, cuna de toreros, matones, fascistas y fanfarrones. Los gobernantes del partido más ladrón y corrupto de la historia, sus amigos, los cortesanos del PSOE, C's y Podemos y cuantos contribuyen a mantener este simulacro de democracia, festejaban los 40 años de transición con su habitual bambolla de oropel y colorines. Transición de una dictadura genocida a una monarquía indigna incrustada como un abalorio podrido en la inmensa bola de corrupción de una banda de delincuentes. Muy contentos todos, ladrones, fantoches, figurantes y cómplices de seguir con la obra de destrucción de la ya inexistente dignidad de España que emprendió en 1939 el criminal Francisco Franco. En su estúpida ceguera, los pavos que se juntaron ayer a darse una importancia de la que carecen todos juntos y cada uno de ellos por separado, no veían que, si Franco destruyó España, ellos son sus sepultureros porque, a fuerza de inútiles, no sirven ni de matarifes, como su ilustre antecesor. El que nombró rey a un Borbón muerto de hambre dispuesto a jurar lo que fuera y faltar a su juramento cuando hiciera falta con tal de pillar el trono y, con el trono, los 2.000 millones de dólares que le atribuye la revista Forbes. El padre del actual monarca del simulacro y la bambolla que, falto hasta de la boba picardía de su progenitor, llegó a decir que "la guerra civil y la dictadura fueron una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España".

Es decir, Preparao reconoce que él (esto es, el "porvenir" de entonces) es el producto de la guerra civil y la dictadura y que es imposible, y se queda tan contento porque la cabeza, obviamente, no le da para más. Entre tanto, los lacayos, cortesanos y aduladores de la clase política postfranquista aplaudían a rabiar, como se espera de ellos y de los suculentos sueldos que cobran

Solo los de ERC se desmarcaron de ese ridículo chundarata gracias a su corazón republicano que late al unísono con el de Palinuro. Los únicos representantes reales de la dignidad de una ciudadanía a la altura del siglo XXI.

Así que mañana, en Cataluña, tierra libre de franquismo y, es de esperar, también de monarquía impuesta por ese franquismo, hablaremos de la República Catalana, él último régimen legítimo que hubo en España y a partir del 1º de octubre puede haber en Cataluña.

A las 20:00 en el auditorio Mas Miquel. Nos vemos.

sábado, 17 de junio de 2017

Hoy, Palinuro en Manresa

A las siete de la tarda, en la Plana de l'Om, en Manresa, mantendrá Palinuro un coloquio con Jordi Domingo, portavoz de Constituïm, esos que andan por los malos pasos de buscar una Constitución republicana para Cataluña. Pinta bien la trobada y saldrán sin duda muchas cosas de interés acerca de garantías de derechos, participación ciudadana, transparencia, representatividad, etc. Lo he hablado alguna vez con Domingo: para mí, la mejor Constitución es la de los EEUU por su sencillez, brevedad, flexibilidad y eficacia. Principios, líneas generales, declaraciones y el resto, a desarrollo legislativo posterior. Pero también es comprensible que los ánimos puntillosos quieran blindar en la Constitución la mayor cantidad de supuestos particulares que se pueda. Aunque suela ser contraproducente.

El diálogo será interesante, seguro, porque, además, está moderado por Gonçal Mazcuñán, competente periodista, de los que se trabajan los temas para explicarlos.

Allí nos vemos.

jueves, 15 de junio de 2017

Mañana, Palinuro en L'Hospitalet de Llobregat

Efectivamente, mañana, a las 19 horas y en el centro católico de l'Hospitalet, hablaremos sobre la República Catalana en el marco de la campaña de la ANC Fem Futur. Si tuviese que poner un ejemplo de la amplitud y transversalidad del independentismo catalán, utilizaría este de que Palinuro vaya a conferenciar en un centro católico por todo lo que implica. Especialmente el hecho de que hasta en la práctica de una común religión haya diferencias substanciales entre el Cataluña y España. La movilización catalana hace que la participación católica sea una más dentro de la densidad asociativa del país. La iglesia católica, la confesión religiosa es muy importante en Cataluña, sin duda, pero no manda como en España. Y eso se nota .

En fin encantado de intercambiar impresiones en este momento tan importante del proceso  porque el futuro se hace siempre compartiendo el camino y Palinuro expresa su agradecimiento de que se le permita hacerlo en compañía de tanta gente que lleva tanto tiempo compartiendo una noble ilusión... 

La República, de la que hablaremos durante este fin de semana.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El hacedor de reyes

Se dice, y es cierto, que la legitimidad de la monarquía es la del 18 de julio. Fue Franco quien nombró rey al padre del actual, sustituyendo por tanto al abuelo, al que no dejó reinar y saltándose la legitimidad dinástica que es la decisiva en la monarquía hereditaria. Franco dejó la monarquía en el paquete del atado y bien atado. Pero, si no hubiera habido alguien capaz de vincular la decisión de la dictadura con el refrendo popular, el intento podría haber fracasado. Ese fue el truco de la transición que muchos celebraron como un procedimiento inteligente mientras otros callaban y una minoría rechazaba el plan.

La fórmula que se encontró entre la reforma y la ruptura diose en llamar "ruptura pactada". Ahora predomina una visión muy distinta de aquella época, una visión crítica y certera, pero tardía. El pasado no puede recomponerse. Los juicios sobre él cambiarán y seguirán cambiando, pero él mismo, no. La Transición consistió en esencia en meter de matute la monarquía en la ley que había de refrendar la democracia. Ese es su núcleo y pórtico de lo que vino después. El punto fue la Ley Para la Reforma Política que, por cierto, se tramitó como octava Ley Fundamental del Estado de Franco, ley de peculiar nombre y no menos peculiar contenido pues habilitaba al pueblo soberano al que recurría en referéndum a ejercer esa misma soberanía que, evidentemente, solo se ejercitaría si el referéndum era positivo. Si fuere negativo, la soberanía regresaría al Jefe del Estado, el heredero de Franco, el rey designado. Y, en efecto, la LPRP se sometió a referéndum el 15 de diciembre de 1976 con resultados apabullantes. Participó el 77,8 por ciento del censo; media/alta en España. Los votos "sí" fueron el 94,17 %; los "no" 2,56 %; los en blanco 2,97 %. Al margen de lo que cada cual piense del contenido, el resultado fue un éxito para los convocantes. El mayor, si no yerro, de todos los obtenidos en las más diversas consultas en los 40 años siguientes. El artífice, casi en solitario, de ese éxito fue Adolfo Suárez.

Suárez fue un gran político. Quizá sea lo único que fue. Pero lo fue. Era relativamente joven cuando se produjo el hecho biológico. Había empezado su carrera política en el Movimiento (era un "azul"), pero se le había muerto el patrocinador. La casualidad lo puso en contacto con el futuro monarca a través de López Rodó,  siendo él capitoste de la RTVE y, por lo tanto, hacedor de su imagen. El resto es anecdótico. La carrera de Suárez terminó tan sorprendentemente como había empezado, con una dimisión de presidente del gobierno que nadie ha aclarado, una revuelta en su partido y una posterior aventura al frente de otro que se saldó con varios fracasos hasta que el hombre decidió retirarse y abandonar sus pretensiones de volver.

Fue entonces, ya retirado de la política activa, cuando propuse a la Complutense que lo nombrara Doctor Honoris Causa. La Complutense aceptó y el rey pidió asistir, es decir, presidir. Pero la investidura hubo de postergarse porque, por aquellas fechas, se habían descubierto las andanzas de Mario Conde y aún estaba reciente la metedura de pata de la Complutense al investirlo a su vez honoris causa con asistencia del Rey. Había que esperar tiempos mejores. Que tardaron en llegar. Pero llegaron. Dos o tres años después, habiendo cambiado el Rector, la Complutense invistió doctor honoris causa a Suárez. Lo suyo había sido una labor de ingeniería política o cómo transformar una dictadura en una democracia sin que se rompa la vajilla. Cierto, mucha gente cuestiona que "aquello" (es decir, "esto") fuera una democracia. Para otros, en cambio, la dictadura no fue una verdadera dictadura. En política se discute todo. Lo incuestionable es que el hacedor de aquella filigrana fue Suárez, el ambicioso joven "azul". Al rey lo nombró Franco, pero lo confirmó Suárez. Y siempre es interesante saber cómo.

Este vídeo, al parecer censurado durante más de veinte años, procede de un reportaje de los años 90 de Victoria Prego que nunca ha dicho nada, que yo sepa. Y quizá ni haga falta. La sensación que produce esta noticia apunta a una especie de ánimo oculto, una conspiración, algo reprobable, para arrebatar la decisión explícita sobre la monarquía a la soberanía popular. Pero no hubo nada de eso, sino hasta lo contrario. El propio Suárez dice que las cancillerías pedían referéndum monarquía/república y añade que Felipe González -entonces republicano- también lo pedía. Pero, según los sondeos, si lo hacían, perdían. Es decir, no dejaron de hacer el referéndum invocando el carácter superior de la monarquía, que no se puede someter a voto popular, sino que lo hicieron por razones prácticas, porque pensaban que lo perdían. Pero eso es bastante razonable. Nadie convoca elecciones si va a perderlas y le es lícito hacer otra cosa.

En lo de "otra cosa" es donde está la insólita habilidad de Suárez que se manifestó con sobriedad gracianesca en los apartados 1 y 2 del artículo 1º de la Ley, dos prodigios de lenguaje performativo pero de segundo grado porque la realidad que crean está implícita: "Uno. La democracia, en el Estado español, se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo. Dos. La potestad de elaborar y aprobar las leyes reside en las Cortes. El Rey sanciona y promulga las leyes." Esos dos aparentemente generosos enunciados darían para tratados enteros de Política. Y hasta de teoría literaria. Son la fórmula mágica de la Transición: ¿Quién habla aquí? Curiosamente el Estado español, el de Franco, que ya se había declarado constituido en Reino en otra Ley Fundamental, tan válida como esta. Y ese "Estado español" se hace demócrata y devuelve al soberanía al pueblo así de pasada. El apartado dos es de la mejor literatura picaresca. Tras despojar al Caudillo de la potestad legislativa, se la otorga a las Cortes y al Rey que, por cierto, nadie sabe de dónde ha salido. 

Pero allí estaba, votado por más del 94 % de los electores, personificando una monarquía cuyo nombre no aparece en el texto. No es una conspiración. Es un escamoteo de la institución propia de la tradición picaresca del país y, desde luego, fruto del ingenio de Suárez quien, en efecto, fue un gran político que consiguió lo que se había propuesto sin que sus posibles adversarios lo vieran. 

Ya nunca sabremos cuánta gente hubiera votado por la monarquía en un posible referéndum explícito monarquía/república. Seguro que el 94 %, no. Pero podemos averiguarlo convocando uno, 

sábado, 17 de septiembre de 2016

Conferencia de Palinuro en Reus

Hoy, a las 18:30 nos vemos en Reus, en una conferencia de servidor sobre el sugestivo título que figura en el cartel anunciador de la xerrada las 18:30 del sábado, 17, en la Sala de actos del Centre de Lectura en Reus.

El título. Aunque parezca que nos nos movemos, lo hacemos. No tiene mucho sentido repetir y repetir las razones de unos y las sinrazones de otros. Sobre todo si no se hace nada páctico si no que se pretende el inmovilismo. De la cuestión del contencioso España-Cataluña está ya todo dicho. No hay nada nuevo. Ahora corresponde decir menos y hacer más. 

De lo que apenas se ha hablado es de las relaciones Cataluña-Europa. Sobre eso hay que hablar ahora, explicar el propósito independentista  a una Europa que hoy, como siempe, está viva, alerta, dispuesta a acoger lo nuevo, lo avanzado. Europa es un continente en perpetuo movimiento, en donde reina la curiosidad por las novedades y el afán por experimentarlas. Europa no es rutinaria sino aventurada y sabe que su forma, sus límites, sus actores y protagonistas, sus Estados, sus miembros con realidades fluidas, entrelazadas, cambiantes, respondiendo al afán de sus pueblos por avanzar y mejorar.

Hay que hablar también de lo que Cataluña aporta a Europa, de su iniciativa y el ejemplo en el camino de una Europa distinta, que no será una estructura cerrada e inamovible sino una asociación voluntaria de entes y pueblos libres dentro de un espíritu común, europeo, hecho de tolerancia y respeto a la multinacionalidad.

martes, 13 de septiembre de 2016

Sobre la República catalana

Hoy, a las 09:00 estaré en El matí de Catalunya Ràdio, con Mònica Terribas para, supongo, entre otras cosas, hablar de mi último libro sobre La República catalana que llegará mañana a librerías. Y eso dos días después de la séptima Diada camino de la independencia. No se me afeará que aproveche la ocasión para hacerme algo de publicidad, que no propaganda.

¿Por qué La República catalana? Muy sencillo: porque, después del objetivo independentista de esta gran movilización nacional, lo más decisivo es su carácter republicano. Algo que Palinuro ve con especial agrado. Pero hay más: imaginemos que alguien quiere encontrar una solución de compromiso en el contencios Cataluña-España, una de esas alambicadas fórmulas que tanto placen a quienes se las dan de grandes muñidores de soluciones felices. Por ejemplo, algo que suele oírse: una confederación peninsular. Dada la peculiar naturaleza de la institución monárquica, eso sería posible. Dos territorios autónomos, incluso mutuamente independientes, iguales, bajo un único monarca. Una situación que se ha dado algunas veces en la historia. Así estaba concebido el Imperio austro-húngaro. Pero, si uno de los territorios es una república, esa forma de Estado será imposible.

La República es una garantía de independencia.

El libro trata de muchos otros asuntos. De la problemática nación española y la emergente nación catalana, del sentimiento de frustración que se detecta en España y el de plenitud en Cataluña. Eso es palpable para quien observe los acontecimientos sin prejuicios. En ambos territorios la ciudadanía lo percibe con toda claridad. Por eso hay una continua, permanente, movilización voluntaria de la población en Cataluña y nada parecido en España sino todo lo contrario: desapego, indiferencia, hastío. Traten de organizar una manifestación voluntaria y sin trampas en pro de la unidad de España; a ver qué asistencia logra. La culpa, como es obvio, no la tiene la propia gente que, a este respecto, funciona como público o audiencia de un discurso que ha de hacerse en otra parte. En concreto, que deben hacer los políticos, los ideólogos, los intelectuales. Y aquí está el drama: ¿qué discurso hacen estos estamentos?

El horizonte de los políticos españoles es el de las próximas elecciones. El de los ideólogos, la vuelta al pasado o el mantenimiento del statu quo. El de los intelectuales, el silencio. Si quienes han de proyectar, propagar y realizar la comunidad imaginada que es la nación son incapaces de hacerlo, ¿qué futuro tiene esa nación?

viernes, 19 de agosto de 2016

Por qué apoyo la República Catalana

1. Porque es una causa justa. Los catalanes son una nación y tienen derecho a decidir su futuro.

2. Porque es una República. Y Palinuro es republicano.

3. Porque es democrática. El único régimen tolerable hoy día y del que no andamos sobrados en España.

4. Porque afectará a España. Es necesaria una sacudida de este calibre para que España reaccione de un marasmo que dura más de tres siglos.

5. Porque afectará a Europa. Puede cundir el ejemplo y obligar a un replanteamiento de la Unión Europea.

miércoles, 20 de julio de 2016

Hoy, charla de Palinuro en Girona

En la Seu de la Generalitat, auditori Josep Irla, a las 19:00, celebraremos una charla-coloquio con el periodista Xavier Martí. Me gusta el título que se ha elegido: Catalunya: una mirada particular. Es original, nada convencional y subraya la particularidad catalana que es algo innegable, sin abrumar con ningún tipo de orgullo, de modo modesto y sincero, trasladando esa particularidad no al objeto, sino a la mirada que lo contempla. Ese es el gran éxito de Cataluña, su fuerza y su principal encanto, esto es, ganarse el corazón de la gente. 

Espero que algún día alguien haga un estudio comparativo acerca del grado de simpatía que despiertan diversos empeños nacionales en lo que podríamos llamar la opinión pública mundial y, por supuesto, europea. Estoy seguro de que la simpatía hacia Cataluña y la lucha del pueblo catalán por su libertad, por su libertad republicana, se contaría entre las primeras, si no la primera. Y eso solo puede conseguirse cuando quienes la llevan adelante logran que los demás la hagan suya desinteresadamente.

Nos vemos en Girona. Fins aviat.

miércoles, 13 de julio de 2016

La República Catalana independiente

Cada vez está más cerca. Los partidos españoles siguen perdiendo el tiempo sin conseguir formar gobierno. La asociación de malhechores del PP con el Sobresueldos a la cabeza mantiene la indignidad y la vergüenza de una manga de ladrones. Las autoridades tratan de procesar con medios torticeros a los independentistas catalanes. Y, mientras tanto, estos siguen avanzando en la hoja de ruta. Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado De la refundación a la República Catalana, en el que valoro el congreso de fundación del Partit Demòcrata Català a partir de la vieja CDC como un paso muy significativo en el proceso hacia la independencia. El inequívoco pronunciamiento del Partido por la independencia y la República significa un giro esencial en la perspectiva política catalana; significa que el independentismo hoy es respaldado no solamente por los sectores populares e izquierdistas (casos de ERC y la CUP) sino también por las clases burguesas y medias, más moderadas y hasta conservadoras. La nación catalana cuenta con el apoyo de las Dos naciones de Benjamin Disraeli, unidas.

Aquí el texto del artículo en castellano.

De la refundación a la República Catalana.

El Rey Felipe VI, ese monarca declarado “persona non grata” en un puñado de municipios catalanes, llegó hace unos días a Cataluña predicar la necesidad de la convivencia, cosa que no hace en el resto del Estado que, al parecer, no lo necesita. El primer ejemplo de su modo de entender la convivencia lo dio luego excluyendo a los partidos catalanes y vascos de la invitación al almuerzo que se iba a celebrar con el presidente Obama. Por entonces todavía pensaba el monarca que habría un almuerzo o una cena con el presidente estadounidense y que no tendría que ir a pedir una hamburguesa a un MacDonalds porque Obama se reunió a comer con su gente y canceló el resto de los ágapes.

Este giro de los hechos libró a los representantes catalanes y vascos de escenificar el mismo ridículo que hicieron los líderes de los partidos de ámbito estatal a los que Obama despachó a razón de tres minutos por cabeza, como si fuera un médico de la seguridad social en un ambulatorio del PP. Al tiempo, pueden plantear legítimamente el alcance del concepto de “convivencia” que excluye a los partidos nacionalistas de los actos de Estado.

Por eso, porque hay que precaverse frente al concepto de “convivencia” de la monarquía española, CDC acaba de refundarse cambiando su nombre por el de Partit Demòcrata Català. Tras el asunto de Pujol y la escisión de UDC, era imprescindible que Cataluña contara con una organización partidista que encauzara hacia la independencia a unos sectores políticos y sociales no representados en las existentes. La cuestión del nombre produjo algún desconcierto cuando los delegados, con buen tino, rechazaron el de Partit Nacional Català que Puigdemont y Mas favorecían. Es mucho más inequívoco el término “demócrata”.

Pero lo definitivo no está en lo nominal, sino en el contenido en la definición del partido. Este se quiere demócrata, catalanista, independentista, europeísta y humanista y republicano. Los factores esenciales son el independentismo y el republicanismo en los que cristaliza una evolución histórica del nacionalismo catalán moderado, de clase media, burgués y tradicionalmente acomodado con la concepción autonomista con que la Constitución de 1978 relevó el viejo regionalismo. El independentismo y el republicanismo sin ambages no solamente clarifican un sector importante, decisivo, de la política catalana sino que también arman un bloque transversal juntamente con ERC que equivale a un gran frente independentista “de todo el pueblo” o “catch all”, con clara vocación ganadora.

El partido refundado era justamente la pieza que faltaba para hacer frente a los acontecimientos que previsiblemente se acelerarán a partir de septiembre y, sobre todo, de la Diada. A partir de ese momento y del resultado de la cuestión de confianza pendiente, se sabrá si Cataluña se dirige a nuevas elecciones o si aplica ya la segunda parte de la hoja de ruta mediante un RUI o una DUI, cuestión que está por dilucidar.

Por supuesto, estos acontecimientos tendrán lugar en un ambiente en el que habrá que tomar en consideración las decisiones que se adopten en Madrid, tanto en el ámbito procesal como en el político, esto es, si los cuatro grandes partidos consiguen o no formar algún tipo de gobierno en España o deben realizar unas terceras elecciones. Todo ello tendrá influencia, sin duda, en el desarrollo de la circunstancia catalana, pero no será ya determinante. A la vuelta del verano, Cataluña deberá dar los primeros pasos para configurar la República Catalana. Por eso un Partit Demòcrata Català independentista y republicano es imprescindible para asociar a un centro y centro derecha que coincide con la izquierda en la voluntad independentista pero quizá en poco más.

El próximo día 23 se celebrará la segunda parte del Congreso fundacional del PDC, en el que este elegirá sus cargos orgánicos. Parece haber tres o cuatro candidaturas a los del órgano ejecutivo de coordinación del partido y se perfila una, quizá dos para la presidencia y la vicepresidencia, lor órganos personales más importantes del partido, sin funciones ejecutivas peo si de coordinación.

A la hora de elegir a los titulares de esos cargos, el criterio que debe prevalecer es la probada capacidad de dirigir a Cataluña a la independencia.

viernes, 10 de junio de 2016

Velando bolígrafos

Aunque pueda parecer otra cosa, Salvador Cot y yo estuvimos preparando la entrevista a Puigdemont con cierto detalle. Queríamos ser relativamente sistemáticos en estos momentos así tan cruciales y espero que lo seamos. Por desgracia, a la vuelta al hotel me encontré con que la wifi no funcionaba. Casi pierdo mi fe en la Barcelona cosmopolita. Tener un hotel con la wifi inservible debiera estar contemplado en el Código Penal.

En todo caso, sucintamente expuesto, queremos preguntar a Puigdemont algunos asuntos que preocupan a la ciudadanía. En concreto:

¿Cómo va a emplear estos seis meses que ha ganado con la cuestión de confianza? Esto es, ¿haciendo qué en la hoja de ruta?

¿En que va a consolidar las instituciones catalanas con unos presupuestos prorrogados?

¿Cómo va a encarar el resultado -sea el que sea- de las elecciones españolas del 26J?

¿Qué respuesta daría la Generalitat a una eventual (aunque improbable) oferta de referéndum negociado como resultado del 26J?

¿Qué respuesta a una (aun más improbable) propuesta de reforma constitucional?

¿Consideraría la Generalitat una propuesta de convención general sobre la financiación del Estado autonómico y, en concreto, sobre la cuestión del concierto económico?

Si la cuestión de confianza se pierde, las elecciones serán obligadas, pero ¿que formato tendrían? ¿Plebiscitarias, referendarias? ¿Habría bloque independentista? Compuesto ¿por quién?

Si la cuestión de confianza se gana, el referéndum será obligado, pero, de nuevo, ¿qué formato tendría? ¿Vinculante, unilateral, constituyente o todo a la vez?

En algún momento del proceso, habrá reacción del Estado español. Puede darse desde ahora mismo (por ejemplo, por vía procesal) hasta el instante de la convocatoria de un referéndum constituyente Esa reacción será represiva. Teniendo en cuenta la afirmación de que se trata de un proceso "de la ley a la ley", ¿hasta dónde llegará la determinación de la Generalitat? ¿Hasta la desobediencia? ¿En qué términos?

El proyecto de Constitución de la República Catalana puede ser perfecto pero incompatible con el ordenamiento jurídico español. ¿Cómo se resuelve ese problema?

Una eventual DUI se encontraría con la condena y represión del Estado español, muy consciente de que, si se plantea ante la corte de La Haya, sería mantenida con el precedente de Kosovo.

Si el conflicto se plantea y encona, será preciso pedir la mediación internacional, singularmente de la UE. ¿Cuenta la Generalitat con una base de apoyo suficiente en el caso de que esa situación se diera?

Si, celebrándose un referéndum de autodeterminación, ganara el "no", ¿qué haría el gobierno de Junts pel sí?