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lunes, 20 de agosto de 2018

El Estado, bien, gracias

Como la vicepresidenta y pluriministra Calvo se felicita de haber recuperado la famosa normalidad de Sánchez, es lógico que "quite hierro" a las declaraciones del presidente Torra. Con una frase inaceptable, dice, no se ataca el Estado. Eso dependerá del valor performativo que la ministra otorgue aquí al verbo "atacar". El acto está en el habla. Al hablar de atacar, se ataca. ¿En qué medida? ¿Con qué consecuencias? Las que surjan del juego político entre, para entendernos, Madrid y Barcelona.

Pero este juego viene prieto. Torra pedirá explicaciones al ministro del Interior, Grande-Marlaska sobre el comportamiento intolerable de guardias civiles y policías españoles. Inaceptable/intolerable. Así estamos. Pero con una diferencia: los unos encuentran inaceptable una frase; los otros intolerables unos hechos. Una diferencia notable. 

Las derechas andan encendidas e incendiarias pidiendo mano dura contra Catalunya ahora mismo. No sé cómo no han sacado el 155 a relucir. Debe de faltar el canto de un duro. Quizá hasta ellas piensen que un nuevo 155 sería dinamitar el último puente de entendimiento y no están los tiempos para bravuras imperiales. 

La ministra trata de nadar entre dos aguas como puede, pidiendo cordura a los dos sectores enfrentados, unionistas e independentistas. Pero no consigue apaciguar los ánimos. Y no lo consigue precisamente porque no se trata de frases, sino de hechos. El gobierno tiene ante sí una verdadera rebelión civil, movida por un partido político, C's, que insta abiertamente a la población a retirar lazos amarillos de los espacios públicos, que son de todos. Eso es una falacia: son de todos, pero no como algunos determinen; nadie tiene derecho a coartar la libertad de expresión; puede ejercer la suya, pero no impedir la ajena. Así que el gobierno, además de las explicaciones sobre guardias civiles y policías españoles, tendrá que hacer algo con estos grupos de acción ilegales, los "antiamarillos"

En realidad, la perspectiva del gobierno, y del Estado español no es muy halagüeña. Es obvio que la frase "atacar el Estado" quiere decir lo que dice. Siendo la pregunta ¿hasta qué punto se dejará atacar el Estado sin reaccionar? Y reaccionar, ¿cómo? Solo veo dos opciones: a) proclamar el estado de excepción con las correspondientes consecuencias; b) negociar un referéndum de autodeterminación vinculante en Catalunya, cuestión con la que todo comenzó. De optarse por el referéndum habrá mentes maquinando soluciones intermedias entre el sí y el no. Las que se me ocurren o he leído por ahí no me parecen plausibles.

Es todo o nada. 

viernes, 10 de agosto de 2018

Detener el avance del fascismo

Está muy claro. La proliferación de agresiones callejeras en Catalunya deja las siguientes conclusiones: a) prácticamente todas las agresiones de palabra y obra provienen de los unionistas; b) en prácticamente todas hay  personas directa o indirectamente involucradas en C's, Vox y otros grupos de extrema derecha; c) prácticamente todas quedan impunes; d) presumiendo falta de autoridad de Estado, los dirigentes de C's, Rivera y Arrimadas animan a sus seguidores a imponer por su cuenta su sentido de la ley y el orden en el ámbito público; e) no son manifestaciones esporádicas de "espontáneos", sino acciones premeditadas y sistemáticamente realizadas para sembrar el miedo, la inseguridad y las alteraciones del orden público que deberán servirles de pretexto para una intervención armada.

Hay mucho parecido entre el estilo fascista de los años treinta y el de los seguidores de C's: oratoria vacua, patriotismo de pacotilla, reaccionarismo nacional-católico y clima de violencia e intimidación en las calles. La Falange, vamos. O el ascenso del nazismo. Incluidas fuentes de financiación privadas orientadas a la desestabilización, como ese empresario español en Suiza que , al parecer, financia la defensa de los GDRs, los grupos de agresores, algunos de los cuales lo hacen por convicción y otros por una paga.

Además del aliento prestado por sus dirigentes, los comandos violentos gozan de un tratamiento privilegiado en la policía y los tribunales. No se investigan sus identidades; cuando estas constan, no se inician actuaciónes, como ese policía nacional que agredió a Jordi Borrás y sigue en el servicio. Si se inician es para darles carpetazo en unos tribunales que son hiperactivos en condenar supuestos delitos de cantantes y raperos de izquierda en los que no hay violencia. Realmente vista la reiteración del modelo, está claro que la impunidad con que avanza el fascismo en España responde a la complicidad del Estado.

Por si hubiera dudas, unos doscientos militares retirados publican un manifiesto de apoyo a Franco, como soldado, subrayan, cual si fuera posible separar la milicia de su condición de dictador genocida. Ese manifiesto representa el sentir de la inmensa mayoría de los militares. En su avance el fascismo español sabe que cuenta con el ejército. Como lo sabían los nazis en Alemania, pues salvo honrosas y heroicas excepciones, el ejército alemán apoyó el nazismo.

Y ¿qué decir de la iglesia? ¿Alguna duda? Los prelados españoles están por la unidad del reino de este mundo que corresponde a España. Pregúntese al cardenal Cañizares. Nada de aventuras secesionistas. Nada de aventuras. A lo segurito: al momio de este Estado "no confesional" que se deja parasitar por un "estado" confesional dentro del Estado. Los curas también apoyan el concepto de "orden público" de los grupos y  partidos fascistas. España sigue siendo nacional-católica.

Frente a ese macizo de la raza, erigido en los cuarenta años de franquismo y cuarenta más de postfranquismo, ¿qué hay?

Un gobierno del PSOE tan entregado a la derecha que parece ella misma, transubstanciada en forma de regeneración socialista: no hay impuesto a la banca; ni se permite la investigación parlamentaria de la relación CNI/atentado de las Ramblas; ni se libera a los presxs políticxs (incluso se niega que existan); no se admite la autodeterminación; no se deroga Ley Mordaza; no se anula la reforma laboral; la monarquía española es ejemplar.

Y, como es ejemplar, el rey presidirá el acto de homenaje a las víctimas porque sí, aun no habiendo sido invitado y en contra de la voluntad de una mayoría de catalanes. Es un acto de autoridad por imposición de un Estado que carece de autoridad moral para imponer nada. Solo se hará valer como un acto de violencia colonial.

Si el gobierno no hace nada por frenar el avance del fascismo, su aliado, Podemos, un partido que muchos creyeron traía viento nuevo, todavía hace menos. No ha tardado mucho en convertirse en parte del establecimiento que ferozmente atacaba. "Si no puedes derrotarlos, únete a ellos”, dice el manual del superviviente. Y unidos están en la casta y en el respeto a las instituciones del Estado, entre ellas, la corona. Basta con escuchar a la portavoz adjunta en el Congreso suplicar a  Puigdemont y a los indepes que hagan un ejercicio  “de contención verbal”. Pedimos contención a unas personas que padecen exilio y prisión injustos. En Román paladino, que se callen, que puede despertar la bestia fascista que ya campa a sus anchas. Es dura de tragar la peladilla, propinada por quien tampoco se ha distinguido poco ni mucho por reclamar la libertad de los presos políticos. 

Y, aun así, van a perder. Porque todas sus argucias, su instrumentalización del Estado, prostitución de la justicia, guerra sucia mediática y no mediática no les sirven de nada frente a una sociedad movilizada por un objetivo compartido, con abundancia de recursos materiales, de iniciativa e ingenio. Allá van esos autobuses de Ómnium por las calles de Barcelona pidiendo libertad para los presos políticos. Los verán muchos turistas y saldrán en los medios internacionales. Mucho más que el autobús de hazte oír. Contrarrestar esta campaña estilo tabarnio es complicado. Poner gualdrapas rojigualdas a otros autobuses proclamando que en España no hay presos políticos sino políticos presos no augura nada bueno. Y ponerse a embestir autobuses se hace peligroso, aunque te financie la Begún. 

La presunta alternativa de gobierno en España no ha sido tal, pues el de Sánchez es continuista del anterior en casi todo (y, desde luego, lo más importante) muy especialmente en lo referido a Catalunya. Sánchez sostenía tener un proyecto  basado en el diálogo y una solución misteriosamente llamada “política”. El "diálogo" arranca con dos "noes", la libertad de los presos y la autodeterminación y nace muerto y la "solución política" parece consistir en un referéndum en torno a una oferta del Estado para el territorio rebelde que cuente con el 80% de apoyo en Catalunya, lo que equivale a no decir nada.

El fascismo actúa cuando la oligarquía teme que pueda perder el poder.

miércoles, 8 de agosto de 2018

La servidumbre del poder

Los de Podemos se bautizaron muy oportunamente. Copiaron el nombre a Obama (Yes, we can) en su campaña electoral de 2008. Obama, a su vez se lo había copiado al sindicalista César Chávez, luchador por los derechos de los campesinos en los EEUU en los años setenta del siglo pasado: Yes, we can: "sí, se puede", "Podemos".

Pero el tiempo ha cambiado y, como profetizaban Corneille y Brassens a una ufana marquesa, saura faner vos roses ("marchitará tus rosas"). El tiempo destruye las ilusiones. Tanto más a unos plebeyos que se enorgullecían de venir de muy abajo, pero aspiraban a llegar muy alto; a los cielos, mismamente.

Los cielos siguen incólumes, pero Podemos ha acabado haciendo muchos amigos en el valle de lágrimas: políticos de todas creencias, periodistas y medios más o menos afines, intelectuales y cargos públicos (muchas veces, los mismos) que los apoyan e iluminan. Lo suficiente para encontrar un hueco en las instituciones del régimen del 78, que venían a desmontar. Exactamente el hueco de la antigua IU en los mejores tiempos de Anguita, el de los comunistas de toda la vida disfrazados de una organización "de masas" o coalición electoral. Estos son neocomunistas disfrazados a su vez de otra organización en la que se encuentra la vieja IU en un divertido juego de matrioschkas.

El objetivo esencial de IU, recogido con entusiasmo por Podemos, era el sorpasso al viejo y aburguesado PSOE. El fracaso en dos elecciones (2015 y 2016) fue clamoroso. Y llega al sarcasmo de que el PSOE está en el poder (o algo parecido), con los votos de Podemos y 85 diputados. Explicaciones en el interior de Podemos hay para todos los gustos. Pero el hecho es que la formación morada va a remolque del PSOE; si de grado o a la fuerza, que cada cual opine o deje al tiempo marchitar aun más las juveniles ilusiones de hegemonía de la izquierda en España. 

Podemos solo ha podido colocar a su gente que, por cierto, no parece muy bien avenida. Y, a continuación, seguir a remolque de los social-liberales. Y no solo a remolque de estos sino de lo que representan públicamente y con mucho orgullo, por ejemplo, las loas a la monarquía española ejemplar. Quiero creer que a los morados no les parecerá tan ejemplar, aunque ya no estoy seguro de nada. 

El apoyo explícito de Podemos a la presencia del rey en Las Ramblas y Cambrils da por supuesto el apoyo a la monarquía. Dicen que no, pues se trata de un acto simbólico "a nivel de Estado" y, mientras el jefe de este sea el rey, debe asistir con el aplauso de Podemos. La explicación sería aceptable de entrada si quienes la dan hicieran algo por cambiar la forma de Estado español de la monarquía a la república. Pero no es así porque ahora no toca. Ahora, como siempre, toca apoyar al rey.

Y no solo al rey. También a las cloacas del Estado y la guerra sucia contra Catalunya. El rey no es bienquisto en Catalunya, mientras no enmiende el yerro del 3-O y mientras haya presas y exiliadas políticas. No es difícil de entender cuando se tiene un adarme de dignidad. Las explicaciones de Ramón Espinar no pueden ser más capciosas y falaces. Invoca el respeto a las víctimas en abstracto, sin partidismos ni condiciones. Lo mismo que argumenta el PP cuando las instrumentaliza políticamente, y lo hará quien se empeñe en ignorar el contexto político real de los actos simbólicos de homenaje. ¿O no ve Podemos que la presencia del Rey es, precisamente, la utilización partidista de un acto con el que el gobierno pretende escenificar una unidad que no existe y está impuesta por la fuerza y en la que quizá haya algún elemento relacionado con el atentado?

Porque Podemos apoya la propuesta de la presencia del rey del gobierno socialista. Este ha unido sus votos a los del PP y C's para impedir que se abra una comisión de investigación sobre el atentado. Siendo así que hay abundantes evidencias de que el presunto cerebro estaba en relación, puede que a sueldo, del servicio secreto español. Más partidismo (revestido de las hopalandas estatales) es imposible.

Con mucho sentido común, la CUP ha anunciado que no piensa acudir a ningún acto de homenaje en el que esté el rey de España, al que considera un rey extranjero. De inmediato, la prensa unionista se ha lanzado a hablar de ruptura de la unidad independentista. Están locos por conseguirla. Sin embargo es fácil de entender: la unidad indepe se refiere al logro del objetivo principal, la República Catalana independiente. En los demás asuntos de otra índole, sobre todo los originados en el vecino reino, cada cual hace como le parece. Estoy seguro de que la decisión de la CUP será sabiamente silenciada en Podemos, pero Espinar no se ha privado de lanzar un viaje al presidente Torra por su rechazo a la figura del monarca y en previsión de que, contra toda "razón de Estado", los indepes se salten el protocolo. 

Lo sucedido en las Baleares debiera servir de aviso. Es probable que los independentistas hagan patente y manifiesto su rechazo a la presencia del Borbón de alguna forma. También lo es que el gobierno recurra a movilizar unionistas para, dice, "arropar" al rey con lo que hará ridículamente visible el carácter partidista y unionista del acto. Es decir, montará el habitual espectáculo rojigualda a cuenta de las víctimas que, por lo demás, procedían de  diversos países.

El independentismo catalán ha hecho añicos el espejo mágico en que se miraba la izquierda española. Y en cuanto a la forma de Estado, ¿qué decir? El gorigori de Espinar en el Senado acompaña al toque de difuntos por la República española. Izquierda hay en Catalunya. República, también. Si va el rey con su séquito de izquierdistas y derechistas podrá comprobarlo sobre el terreno. 

Por último, una buena manera de honrar a las víctimas es evitar que haya más. Es urgente, pues, que la Generalitat ponga coto a los ataques fascistas contras las gentes, instigados, jaleados y muchas veces protagonizados por militantes de C's. La población tiene derecho a estar protegida en el ejercicio de sus derechos fundamentales, como la libertad de expresión, sin que lleguen energúmenos con antifaces y capuchas a agredir a sus adversarios.

domingo, 5 de agosto de 2018

La normalidad

"Normalidad" es lo que se precia Sánchez de haber introducido en Catalunya frente a la atribulada situación provocada por la agresividad del gobierno anterior. Gobierno al que, junto a sus aliados ocasionales, ha destituido mediante moción de censura. Porque no gobernaba, era corrupto y desastroso y había destruido la imagen de España como Estado de derecho. Una gestión sumamente negativa. Y, para dejarlo bien claro, procede a condecorarlo en bloque. Por increíble que parezca.

¡Ah, claro, es la "normalidad"! Los gobiernos entrantes condecoran a los salientes porque también ellos serán salientes y quieren ser condecorados.  Aunque los hayan derribado por ser malos gobiernos. Es difícil imaginar algo más estúpido.

Es la idea de “normalidad” de Sánchez. Compatible con negar la libertad de los presos políticos catalanes; compatible con negar el retorno de los exiliados, incluso la existencia misma de ambos, presos/as y exiliados/as políticas; compatible con rechazar la autodeterminación de Catalunya.

Esa debe de ser también la idea que lo lleva a anunciar la presencia del rey en los actos previstos de aniversario del atentado de las ramblas el 17 de este mes y en su compañía. "Normalidad": el jefe del Estado tributa respeto a las víctimas en compañía del presidente del gobierno. Lo "normal". Aunque ni él mismo lo piensa, pues no lo anunció en la rueda de prensa de balance de su gobierno.

Pero lo "normal" de Sánchez no es lo "normal" de la otra parte. El rey no es bienvenido en Catalunya, al menos oficialmente. El presidente Torra lo deja muy claro. Ellos no lo han invitado. Parece que el Ayuntamiento, tampoco. No lo ha invitado nadie de Catalunya. Se ha autoinvitado por boca del gobierno. Pero, no siendo la "normalidad" española la catalana, aquella se entiende como una imposición, un acto de fuerza, una provocación. Llamar “normalidad” a eso es pintoresco.

Por lo demás, ya se lo están avisando en las islas baleares, en donde la “normalidad” campa a sus anchas. A la cena del palacio en que se alojan los reyes falta un buen puñado de autoridades y representantes políticos. Culpan al rey de comportamiento anticatalán. Pues imagínese la pareja del presidente y el rey en el sitio mismo del atentado. El presidente Torra anuncia que irá al acto tras haber visitado a Quim Forn el conseller de Interior, en la cárcel. "Normalidad".

La única normalidad aceptable y duradera será la libertad de los presos/as y el retorno de las/los exiliados sin cargo alguno. Y la celebración de un referéndum de autodeterminación en Catalunya con supervisión exterior y vinculante.

Es una normalidad tan aplastante que ya está todo el mundo hablando de elecciones anticipadas en España y Catalunya.

sábado, 4 de agosto de 2018

Contrarrueda de prensa de la oposición imaginaria

Ayer, Sánchez ofreció la última rueda de prensa del gobierno compareciendo en persona para hacer balance de sus dos meses de actividad. No ha esperado a los cien días de rigor y ha hecho bien porque sus adversarios tampoco esperaron y comenzaron a atacarle a los cien minutos. Y, lo dicho, balance. Los periodistas lo transmitieron, pero nadie allí ni fuera de allí tomó la palabra para replicar a las declaraciones del compareciente.

Por eso, Palinuro, constituyéndose en imaginaria oposición ha tomado sobre sí la tarea de responder al presidente punto por punto, con ánimo constructivo.

Generalidades filosóficas. Sánchez insiste en que ofrece diálogo dentro del respeto a la ley. Diálogo y ley. Algunos lo llaman avance frente al corrupto gobierno anterior que ofrecía palos y ley. Los dos coinciden en la ley. La ley. La omnipresencia de la ley. Es su escudo: lo que la ley diga. ¿Y si no dice nada? Recuerden ambos estadistas a Hobbes: la mayor libertad de las personas depende del silencio de la ley. Profunda sabiduría, desde luego. “Bueno, bueno” –razonan los nacionalistas españoles- “será muy profunda, pero la ley no está en silencio, sino que dice taxativamente que no”. Tal cosa es opinable, desde luego, pero, además, por muy claramente que la ley diga algo, otra ley puede silenciarla. La ley es una cuestión política de voluntad del legislador. Sánchez tiene que saberlo porque el resto de la rueda de prensa es una orgía de cambios legislativos. Hasta al dictador, pilar de la legitimidad de este divertido régimen, van a cambiarle el lugar de su eterno reposo.

Catalunya en primer lloc. Primer problema de Estado. ¿Recuerda alguien al majadero de M. Rajoy diciendo en 2012 que la Diada era una algarabía? Calcúlese el nivel mental del personaje cuando su sustituto dice que lo que él llama “problema catalán” no se resolverá en una semana, ni en un mes, ni en un año, ni en dos. Suena a vendedor de crecepelo pero es cruelmente cierto. El “problema catalán” no se resolverá nunca porque no existe. Es el problema español y ese seguirá durante mucho tiempo aunque Catalunya se vaya y se agravará precisamente al irse. Que los gobernantes no entiendan algo tan elemental es muy preocupante y más preocupante es que lo entiendan pero hagan como si no lo entendieran.

Va a renunciar a la vía judicial, día Sánchez, cosa que El País celebra con ciertos resquemores, pero fiado en la promesa del presidente de resolver el “problema” políticamente. Pero no es verdad porque su gobierno ya ha recurrido ante el Tribunal Constitucional la decisión del Parlament de seguir a la independencia. Aunque el TC no sea propiamente poder judicial lo es más que la cámara de comercio. Y, aunque sea cierto, no es elegante venderlo como una concesión cuando es una obligación de juego limpio: solo en igualdad de condiciones tiene una negociación verdadero valor. Otra cosa sería una imposición.

El rey como arma de provocación. Asistirá a la ceremonia del aniversario del atentado del 17 de agosto de 2017. Esto es imposición y una doble provocación. La primera: el rey no es bienquisto en Catalunya por decisión del govern de la Generalitat, al menos de la parte que lo apoya. ¿No quieren rey? Pues van a tenerlo acompañado de su paladín, Pedro I Sánchez el esforzado. La segunda provocación: el atentado en sí mismo tiene aristas venenosas. Hoy están procesados o presos quienes combatieron y vencieron a los terroristas mientras que quienes celebran el aniversario son los que han impedido una comisión de investigación en el Congreso sobre ese mismo atentado. ¿Qué espera Sánchez de esa provocación? ¿Intensificar el conflicto?

Propuesta incomprensible para Catalunya. Vuelve la “cuestión catalana”. La "algarabía", ya saben. El presidente celebra la reunión de la comisión bilateral Estado/Catalunya, vacante hace siete años, y niega que haya sido un fracaso por el hecho sin importancia de que no hay acuerdo en las dos cuestiones esenciales para los indepes: las presas políticas y la autodeterminación. En septiembre volverán las fructíferas reuniones de financiación y similares. Estaría bueno. La comisión bilateral es un fracaso mientras no haya una propuesta política de fondo que atienda a la innegable crisis constitucional española.

El caso es que Sánchez dice tenerla. Y la formula. Y no se le entiende nada porque reproduce la que formulaba la ministra Batet hace unos días y también era ininteligible. Aunque la del presidente asoma algo más la oreja y se la van a poner colorada. Dice Sánchez dos cosas: a) sin duda la “cuestión catalana” tendrá que arreglarse votando en Catalunya. Solo por eso, las legiones imperiales querrán fusilarlo. Para protegerse añade la segunda parte: b) votando una amplia propuesta política sostenida por el 80% del electorado. Pero eso, ¿qué quiere decir? ¿Que solo se presentará a votación una propuesta que tenga (y si tiene) asegurado el 80% del voto? Y tal cosa, ¿cómo se sabe antes de la votación? ¿Con sondeos? ¿O quiere decir que solo ganará la opción que obtenga el 80% de los votos? Y, en tal caso, ¿por qué no la unanimidad? La realidad es que no tienen forma de negar que la opción más limpia, rápida y democrática es un referéndum pactado en el que una opción sea la república independiente y la otra (u otras) la(s) que se quieran. Cuanto antes se plantee esta situación, mejor para todos. Y con los presos políticos en libertad y sin cargos. Compensados/as, por supuesto, por la injusticia que se ha cometido con ellos y ellas. Y exigiendo responsabilidades a los jueces que con su ideológica interpretación de la ley han destruido la reputación de la justicia española.

Casado y la sombra del PP. O quizá mejor al revés: el PP y la sombra, la mala sombra (que diría Juan de Mairena), de Casado. Sánchez se ha reunido con él y le ha prometido que, si ha de procederse por la dialogante vía del 155, se hará. El 155 y lo que sea necesario. Solo pide a cambio lealtad al gobierno, lo que a decirle al gorrino que vuele como un águila. 

Elecciones que no dependen de él. ¿Elecciones? Cuando toque, al final del mandato. Hombre, hombre, si acaban de llegar (por cierto, como el triunfo del César: 30% del voto fervoroso del pueblo en la cocina del CIS) y aún no han acabado de colocar a todos los amigos propios y de Podemos, que lleva su cuota. Propósito: seguir trabajando para hacer más feliz la vida a los españoles (catalanes incluidos, vaya, que no nos duelen prendas), devolverles su Estado del bienestar en la medida en que consiga sacar adelante sus proyectos con 85 diputados. Su voluntad es agotar la legislatura pero puede verse obligado a elecciones anticipadas por bloqueo parlamentario en forma de tenaza. En resumen, las elecciones no dependen del gobierno.

Franco, Franco, Franco, el muerto vivo. Franco causará baja en el eterno servicio a los luceros, dice el presidente, pero será en su momento, cuando se cumplimenten los últimos y misteriosos trámites. El gobierno va siempre en descuento. Franco estaba ya desahuciado y ahora viene a dónde llevamos los despojos de José Antonio, el Ausente que, de pronto, se ha hecho presente. Y, luego, qué hacer con ese adefesio en Cuelgamuros, ese insulto a la naturaleza, esa ridícula cruz, atentado contra el buen gusto.

El extranjero. O la crónica que he leído lo omitía o yo no he sabido encontrarlo, pero creo que Sánchez no ha mencionado el extranjero en su comparecencia, como si España estuviera sola en el mundo. De la inmigración no ha hablado, ni del cambio climático, ni del conflicto del taxi, ni de las huelgas de transporte o sea de nada de eso a lo que llaman "los problemas reales de la gente". Y, sí, nada del extranjero. Hasta que he caído en la cuenta de que, para Sánchez, el extranjero es diu Catalunya.

Pasi-ho bé i tingui bon estiu.

jueves, 2 de agosto de 2018

Las dos repúblicas

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Ara volen parlar y dedicado a esa fiebre repentina por el diálogo que ha entrado a los gobernantes españoles, presidentes de gobierno españoles, ministros españoles, reyes españoles, intelectuales españoles...

¿Españoles y queriendo dialogar? Algo muy grave debe de estar pasando para que hasta un Borbón, que solo sabe hablar con salva sea la aparte, diga por persona interpuesta que quiere dialogar con los que no se han doblegado ante su bárbara violencia.

Y ¿qué es ello? Que Catalunya se va; que ya la han perdido; que solo pueden sujetarla mediante la violencia.

Y están tan desesperados que han llamado en su auxilio a la sedicente "verdadera" izquierda, también muy y mucho española y que, por ser española, de izquierda no tiene nada, para que cuente la fabula esa de que hay que apoyar a Catalunya porque esta será la puerta por la que entrará la República en España. La otra "izquierda", la del PSOE y Podemos, es ya dinástica. Es decir, a la "verdadera izquierda" española la causa catalana solo le interesa como medio o instrumento para un fin que considera superior: la de la República en su propio país. La justicia de la causa catalana en sí misma le trae sin cuidado. El fin de Catalunya es sacar las castañas del fuego español.

Y va a ser que no. Está bien que los españoles tengan su República, si se atreven y la consiguen, que no lo parece. Pero no está tan bien que traten de parasitar a la República Catalana. Cataluña es esencialmente republicana y nada tiene que agradecer a España, no solamente a la España monárquica, sino a la republicana. Porque si Franco fusiló a Companys, antes, la República española lo metió en la cárcel.

Aquí el texto castellano del artículo.

Ahora quieren hablar

El Estado español lo ha intentado todo con Catalunya, a falta solamente de la ocupación militar directa, hoy imposible. Nada le ha funcionado y el tiempo se le ha acabado.Intentó ignorar la cuestión a base de menospreciar el procés surgido del vergonzoso episodio del estatuto de 2006. En un último acto de desdén y arrogancia de una clase política nutrida de franquistas y seudosocialistas seguros de administrar el cortijo hispano en sus solos intereses, creían que el relato era suyo por ser el de los vencedoress de la guerra y la transición.

Esa ignorancia despreciativa venía de la mano de la mentira como forma de gobierno de una España desequilibrada política y económicamente, solo sostenible a base de explotar a Catalunya. La ignorancia pública y la mentira se apoyaban en las prácticas de guerra sucia de un gobierno corrupto, sostenido por un partido de ladrones cuyos ministros actuaban como delincuentes.

A su servicio también una batería de medios de comunicación públicos y privados (incluidos los editados en Catalunya), financiados con dineros públicos del saqueo de España para difundir la propaganda catalanófoba en todo el Estado.

Las cohortes de publicistas e “intelectuales” a sueldo del poder, de la iglesia o del Ibex 35 añadían su grano de arena a propagar las mentiras sobre el carácter del Estado español y la verdadera naturaleza de la cuestión catalana. Empezando por la gran mentira de que hubiera una “cuestión catalana” cuando lo que hay, como ya la había en los años duros del País Vasco, es una cuestión española. La cuestión esencial del carácter de España como imperio fallido, nación inexistente y Estado en quiebra.

Y todos, políticos/as del régimen, funcionarios corruptos, intelectuales a sueldo, jueces venales, empresarios, curas y militares de opereta blandiendo amenazas contra Catalunya y augurando todo género de catástrofes si el país prosigue su rumbo a la libertad.

155 es la clave de la respuesta del nacionalismo español más retrógrado a los avances catalanes: PP, C’s y PSOE a las claras y Podemos a las más ocultas, unidos tras la barbarie del “¡A por ellos!” El bloque del 155 quiere convertir Catalunya en un solar en donde las bandas de matones fascistas, financiadas y armadas por los partidos instituciones y autoridades españolas actúen sin límites.

Han recurrido a los jueces a los que han empleado como antaño a los militares: para someter a los catalanes.Y estos jueces franquistas se han prestado al papel de comisarios políticos y verdugos, con lo que han revelado al mundo entero la verdadera naturaleza del Estado español como un Estado fascista tanto si lo administra la derecha nacionalcatólica como si lo hace una seudoizquierda a su servicio.

Llegados aquí, la situación es clara y patente en toda Europa. Un Estado republicano catalán en ciernes hostigado y acosado por una tiranía corrupta basada en la violencia, la persecución de la disidencia y la agresión. Una imagen que ha hecho añicos el escasísimo prestigio que aún pudiera tener España entre las naciones civilizadas del planeta.

En este callejón sin salida se abre ahora paso una voluntad dialogante que se esgrime por doquier: en el gobierno, en los medios y en la casa real. Todo son invocaciones al diálogo, al entendimiento y la concordia.

No se trata de que las ofertas de esta vetusta oligarquía lleguen tarde, como sostienen algunos de buena fe. El tiempo no tiene nada que ver. Es que España no tiene título válido alguno, ni ahora, ni antes, ni en el futuro, para dirigirse a Catalunya con ninguna oferta. Fracasado el intento de aplastamiento a base de apalear, perseguir, exiliar, embargar y encarcelar, el siguiente paso no es ofrecer diálogo, sino marcharse.

Y llevarse de paso la quinta columna de españoles que tratan de frenar la emancipación catalana a base de mostrarla como ejemplo a seguir por el resto de España en un desesperado intento de reconstrucción del Estado. Tratan de evitar con fábulas republicanas lo que sus primos franquistas españoles no consiguieron con sus ignorancias, mentiras, insultos, amenazas y represiones. Pero son los mismos.

Que España suelte a Catalunya de una vez y, luego, si acaso, ya se verá de qué hablan ambas de igual a igual.

sábado, 28 de julio de 2018

La gobernanza del reino

Estaba cantado. Un gobierno que lo es gracias a los 17 votos indepes catalanes no debe, en principio, enajenárselos a ls primeras de cambio. Ni creer por un segundo que son votos cautivos cuando ya le explicó ERC que eran votos contra M. Rajoy. Son dictados elementales de la prudencia. 

Pero no es la prudencia la norma del gobierno de Sánchez en lo referente a Catalunya. No se ha atrevido a crear el ministerio de Asuntos Catalanes pero ha puesto en Exteriores a un antindependentista militante y desaforado para el que "Exteriores" quiere decir literalmente Catalunya. Es verdad que el jefe se ha prodigado en declaraciones melífluas sobre la nueva era de diálogo, entendimiento y concordia. Faltan los hechos. Trató de colar como tal el acercamiento de los presos políticos, pero hubo de admitir que era un derecho de estos, uno más de los que les niegan. El resto son medidas que prosiguen e intensifican la juridificación del conflicto que siempre ha criticado el propio Sánchez.

Frente a tanto menosprecio y agresividad, no podía esperar que los indepes catalanes le votaran a favor. Lo de Podemos es otra historia. Tenían razones para votar en contra, pero, entiendo, no innegociables, como las de los indepes. Estos, además, a diferencia de Podemos, lo venían avisando con antelación suficiente para que Sánchez hiciera cuando menos un gesto. 

Al contrario. Muy disgustado, el gobierno ha defendido su proyecto y acusado a UP, ERC y PDeCat dar una bofetada a las clases populares en España en su gubernativa mejilla. Es un argumento contra Podemos (la izquierda, votando con el PP porque, en realidad, una abstención es un no) pero no tanto contra los indepes, cuyo interés en la política española trae vitola propia. Contra estos es más difícil argumentar, sobre todo si no se ha hecho nada salvo amenazarlos, como hace el ministro de Asuntos Catalanes con el servicio del Diplocat.

Todo el planteamiento de la medida sonaba a marrullería. La mayoría absoluta del PP en el Senado tumbaría el proyecto. Entonces, ¿para que aprobarlo en primer lugar? Según el gobierno para obligar con ello al PP a retratarse en ir contra los intereses de la gente. Ahora tiene un mes para volver con la propuesta. A lo mejor en ese mes encuentra tiempo e ingenio suficientes para negociar con Podemos y hacer una oferta a los indepes que induzca a estos a cambiar su voto a positivo. 

Entre tanto, los independentistas preparan la rentrée con fuegos de artificio. La traca final serán las elecciones anticipadas en Catalunya, con independencia de cuándo sean las españolas. La única duda es si las catalanas se convocan antes o después de la segura condena de los dirigentes indepes en el proceso llarenesco.  Y teniendo en cuenta que las municipales están previstas en mayo. 

Podrían llegar a coincidir todas y quizá el reino entrara entonces en modo failure.

miércoles, 25 de julio de 2018

Quién manda

Todo el mundo conoce la cita de Virginia Woolf: "en torno a diciembre de 1910, la naturaleza humana cambió". Algo así pasó el 1-O de 2017. Con su expresión Woolf saludaba la llegada del modernismo; nosotros, la de la contemporaneidad. Catalunya sale de la servidumbre.

Pero la naturaleza humana parece haber cambiado. Los tremendos nacional-españoles, siempre tan seguros de sus principios y decididos en sus acciones, amparadas en la benevolencia de los poderess divinos y humanos, se antojan dubitativos, desorientados, divididos entre sí, siempre a la zaga de los acontecimientos.

En cambio, los independes catalanes, generalmente oscilantes, inseguros, quisquillosos, desacordados, parecen ahora avanzar con unidad de falange macedónica. Habiéndose consolidado el liderazgo de Puigdemont (que la prensa, siempre algo mojigata, llama "hiperliderazgo") con una base orgánica de una organización atrapalotodo, estaba claro que tomaría la iniciativa. Ahora la hace valer en el Congreso imponiendo una actitud más dura y crítica del PDeCat.

La política española no existe. El empeño de los partidos estatales de moverse en las coordenadas del Estado y la monarquía, con sus dimes y diretes de la corte de los milagros salta por los aires cuando los indepes catalanes aprietan. La ilusión de Sánchez de haber levantado una coalición mayoritaria se le rompe con los 17 diputados de la minoría catalana. Son estos quienes controlan el parlamento y no los 156 del PSOE y Podemos.

Como se colige del resignado tono de la portavoz Celáa, el gobierno descubre su evidente fragilidad. Y lo bueno es que no sabe por qué. ¿Cómo van los indepes a bloquear los ilustrados propósitos de un gobierno de izquierdas en España? No acaba de creerlo. De los supremacistas cabe esperar lo peor. Pero no es el momento de sacar la artillería discursiva (Le Pen, nazis, xenófobos, racistas), pues se necesitan su votos. ¿Y cómo no van a darlos para causas claramente progresistas? ¿Serán capaces de boicotear la renovación de RTVE?

Naturalmente. La naturaleza humana ha cambiado el 1-O. Cataluña tiene su proyecto propio y en él está concentrada. Lo que suceda en el reino de España ya no tiene un interés de primer orden sino solamente como medio de intercambio para una negociación de mutuo beneficio. ¿Piensa Sánchez que los votos con los que ganó la moción de censura eran votos a él? Bien claro lo dijo Tardà: eran votos en contra de M. Rajoy. A partir de entonces habría de ganárselos. Y ¿qué ha hecho Sánchez desde entonces para favorecer algún tipo de entendimiento con Cataluña? Nada. Ha hecho lo contrario. Ha nombrado un anticatalán visceral como Borrell, mantiene la judicialización del procés, los presos políticos continúan presos y no cesan las medidas represivas arbitrarias en contra del independentismo.

¿Pensaba Sánchez que podría seguir contando con los votos indepes sin apartarse un centímetro de la política represiva del gobierno anterior? Si lo hacía no sabía lo que hacía. Catalunya ha desbordado el marco de la política española. Tiene la suya propia.

Pintan elecciones. Quizá en los dos territorios en que se libra esta batalla, España y Catalunya. Los independentistas catalanes están preparados. Los nacionalistas españoles, no. 

martes, 24 de julio de 2018

"¡A por ellos!"

En España hay un visible renacimiento del fascismo. Al aquelarre del otro día en honor de Franco en Cuelgamuros se añaden otros actos públicos de este jaez, todos ellos con el mismo patrón: unos individuos/as vociferantes, tremolando rojigualdas con o sin águila, saludando avecésar, cantando el Cara al Sol y profiriendo todo tipo de amenazas. O como ayer, en Labajos, Segovia, otros de esta cuerda homenajeando a Onésimo Redondo, brazo el alto con la camisa azul que tú bordaste en rojo ayer. El expolio del pazo de Meirás, el título de marquesa a la nieta del criminal, la flamante fundación Francisco Franco predicando un nuevo alzamiento nacional. Actos, ritos, proclamas, saludos, vivas, mueras que suelen estar prohibidos por la ley si bien a ellos no se les aplica porque la Ley Mordaza, que el PSOE mantiene, solo se aplica a los rojos. La patente impunidad alimenta la fascistización que provoca en la sociedad miedo, silencio y... complicidad. Es la sociedad del "¡A por ellos!". Se añaden las incendiarias diatribas de los periodistas de la caverna y las continuas, crecientes, cada vez más agresivas actividades de matones individuales y en grupo en Catalunya, destrozando bienes, hostigando e insultando a la gente. La multiplicidad de asaltos en sitios públicos, en playas, plazas como la de Vic, etc. 

En general, la situación de la convivencia civil en Catalunya corre peligro no porque, como dice el relato españolista, haya un enfrentamiento mutuo independentistas-no independentista, sino porque hay una política deliberada del nacionalismo español de intensificar la provocación hasta que alguien o algunos salten y pueda justificarse una intervención de más duro porte. Habrá quien se maraville de que, a la vista de las cloacas del Estado, todavía no haya sido este quien haya montado una respuesta a la provocación de falsa bandera. Si no lo ha hecho aún es porque la revolución catalana es pacífica a rajatabla, hasta un punto casi evangélico, no de  poner la otra mejilla, pero sí de no contestar con violencia. Y cuando no hay violencia, ni una mente fabuladora como la del juez Llarena puede inventarla. No obstante, esto se paga al precio de que los matones se aprovechen de la falta de ley del talión en Catalunya e intensifiquen su agresividad. 

Hacer tortosas, como parece proponerse para la visita de Pablo Casado, tiene un gran efecto mediático y simbólico... en Catalunya y reafirma la voluntad colectiva de seguir adelante sin violencia. Pero solo allí. Los medios españoles ni lo mencionan. Mientras en Catalunya la sensación de impunidad de las bandas (cuyas conexiones con los cuerpos de seguridad y algunos partidos políticos y asociaciones civiles son evidentes) las acicatea a seguir intentando romper la paz civil. Lo que crea una situación muy peligrosa.

Hacer tortosas, ignorar, ningunear, no va a ser suficiente. Es imprescindible una clara intervención del gobierno. No veo por qué los partidos de la oposición no piden una comparecencia del ministro del Interior, Grande Marlaska, para que explique qué hacen sus efectivos para garantizar el orden público en Cataluña. Que sea materia de los mossos d'esquadra no quita para que haya intercambio de información, colaboración y de mejor calidad que la del verano del atentado de las Ramblas. Y no es solo el Principado; también ha de explicar el ministro por qué no impide la organización y realización de actividades parafascistas en el conjunto del Estado. Si tiene información sobre los individuos que se desplazan desde todos los puntos de España en autobús y con bocadillo a las manifestaciones unionistas en Catalunya organizadas entre otros por la SCC y a las que acude el PSC, partido del gobierno. 

¿O no controla el gobierno estas bandas ni los canales por los que se relacionan con las fuerzas de seguridad del Estado? ¿O no controla el gobierno su propia policía? De los jueces ya no hablemos.

Sánchez sigue invocando diálogo, entendimiento, buenas maneras y paciencia, (bajo la amenaza de nuevo 155) pero la situación del orden público en Catalunya es inadmisible. Y en España también, porque a la falta de seguridad pública (intente alguien montar un acto en favor de los presos políticos en la  capital del reino), se suma el desbarajuste que el gobierno anterior ha dejado en la guardia civil, la policía, el CNI y los tribunales de justicia. Los casos de los chavales de Altsasu (guardia civil y tribunales), la Manada (guardia civil, ejército y tribunales), las inenarrables historias de Villlarejo (policía, corona, tribunales), los casos de Valtonyc, Pablo Hasel y decenas más. Y esto ya no es solo del ministerio del Interior; es cosa del gobierno en pleno.

 Pero este gobierno tiene un propósito claro de no convertir la invocación al diálogo en hechos, manteniendo la política hostil del PP. Esta actitud justifica por sí misma que el bloque independentista en el Congreso le retire su apoyo hasta que cambie de actitud. Es actividad parlamentaria y lleva implícito un riesgo muy verosímil de poner fin anticipado a la legislatura española en una situación más similar al caos que al funcionamiento normal de las instituciones, como decían los franquistas en tiempos más dorados para ellos. 

Pero, ¿qué se esperaban?

El procés, del que tanto se han reído los muy y mucho españoles, fue la maduración de la ruptura emocional entre Catalunya y España. La ruptura cristalizó de forma cruda, cruel, bestial el 1-O. Ni oblit ni perdó. No se olvidará. El 1-O hizo de España dos, España y Catalunya. España lo entendió a la primera:  lo hizo en el discurso de Felipe VI el 3 de octubre, en el que quedaron claras las reglas del juego autoritario, y se daba vía libre a lo que llegó después. Habría llegado igual aunque el rey se hubiera callado. A nadie importa lo que diga pero, callándose, habría hecho mejor. El país entero se puso en estado de "¡A por ellos!": los políticos, los medios, los tribunales, los policías y múltiples faranduleros. Luego, el 21 de diciembre, los catalanes decidieron seguir siendo catalanes y la oligarquía mesetaria perdió del todo los nervios, poniendo en marcha el esperpento que ha culminado con la caída de M. Rajoy y el ascenso del recambio, Pedro Sánchez de presumible breve mandato.

En efecto, ¿qué esperaban? 

Todavía no se han enterado de lo que tienen enfrente. Y mira que hay sociólogos, politólogas, juristas, psicólogos, economistas y hasta teólogas en sus afanosas filas. No es que lo entiendan mal; es que no lo entienden por ignorancia. La visión española de Catalunya, la que emerge en las distribas de sus publicistas, las sinsorgadas de sus ministros, los delirios de sus tribunales, las audacias de sus intelectuales, es la castellana de siempre, la que desprecia cuanto ignora. Y ahora lo odia. "¡A por ellos!", resuena el solar patrio. 

En un discurso triunfal Casado prometió reconquistar Catalunya. En las redes, a las que cabe llamar "redes zumbonas", alguien le sugirió que le echara webs al asunto y, en vez de Catalunya, reconquistara Gibraltar. Gibraltar no se puede reconquistar más que por la fuerza porque hay un tratado en vigor por el que España entrega el Peñón a perpetuidad al Reino Unido y por la fuerza, me temo que.... A més a més, como dicen los pérfidos catalanes, el Reino Unido ha tenido el papo de organizar dos referéndums en la roca en los que los llanitos rechazaron a España con porcentajes "búlgaros", del 95% o así. Ahí quizá se encuentre la razón del profundo odio de España a los referéndums y, de paso, a los británicos, que se permiten el lujo de hacerlos hasta en las colonias y ganarlos abrumadoramente mientras que ella los pierde, como perderá el de Catalunya.

Bueno, pues quedando claro que "reconquistar" Gibraltar es imposible, sostengo aquí que más lo es "reconquistar" Catalunya.  

lunes, 23 de julio de 2018

Así no vais a conseguirlo

Y de otras formas, tampoco. Pero estas, las de la provocación, la violencia, la agresión impune a las que estais acostumbrados, ya no van a funcionaros como siempre han hecho.

Según se suman los atentados españolistas en Cataluña, la cuestión va siendo más clara. Policías de uniforme extralimitándose en sus funciones y aporreando sin necesidad a gente pacífica; policías de paisano armados agrediendo a ciudadanos que no les ha hecho nada; agresiones a personas, inmuebles, símbolos; militantes y cargos públicos del PP y C's encapuchados o no, destrozando símbolos y amenazando a los transeuntes. Es un verdadero frenesí el de estos indeseables que cada vez va a más.

Todos los actos de provocación van indefectiblemente unidos al españolismo, al empleo agresivo de la bandera española y al destrozo de los símbolos ajenos. Son actos aparentemente espontáneos de elementos "incontrolados" que no son tales pues, en cuanto se escarba e investiga un poco, suele tratarse casi en el 100% de los casos de elementos de los cuerpos de seguridad del Estado, militantes de los grupos fascistas y ultraespañoles y militantes de los partidos dinásticos franquistas, PP y C's. Hay, sin duda, un elemento de dispersión. En algunos casos, estos animales no pueden contenerse y agreden a gente pacífica sin que esté previsto.

Pero, en su conjunto, es una operación coordinada, es una política pública premeditada entre los elementos señalados: fuerzas de represión del Estado, bandas de matones fascistas y  militantes de los partidos de derecha, una operación pensada, calculada con el fin de provocar situaciones de violencia en Catalunya que, de conseguir algún tipo de respuesta, permita luego elaborar el discursso del "enfrentamiento entre catalanes" o "fractura de la sociedad catalana" al que es tan aficionado Sánchez. Con ese falso discurso en marcha se justificaría la intervención política a incluso militar en Cataluña y el incremento de la represión hasta donde haga falta. 

Parte de esa deliberada política de provocación consiste en que las autoridades hagan la vista gorda (o hablen de enfrentamientos callejeros cuando se trata de matones amenazando y apaleando gente), la policía no investigue jamás y no detenga a nadie salvo si se trata de alguien de izquierdas y los jueces tampoco procesen a ningún agresor de esta calaña, pero sí a los de izquierda. El orden público y la seguridad ciudadana en la España de hoy recuerda mucho a la República de Weimar en los años veinte, cuando la policía actuaba solo en contra de la izquierda y los jueces impartían una justicia de clase, benigna con la derecha y durísima con la izquierda.

Y aun así, como decíamos al principio, no van a conseguir su propósito. La consigna de no caer en las provocaciones es general en Cataluña y se sigue al pie de la letra: los ciudadanos no responden con violencia a la violencia sino que miran, apuntan., fotografían y graban para denunciar después, aunque con pocas esperanzas dado el carácter cerradamente franquista de la judicatura española. Un ejemplo muy de aplaudir: la señora Inés Arrimadas, conjuntamente con un puñado de los agentes provocadores más conocidos en su partido, decidió dar un paseo por las calles de Tortosa en día de feria y profiriendo gritos extemporáneos con la finalidad de organizar algún tumulto que sirviera para justificar la represión y no obtuvo otra cosa que el silencio y la indiferencia de los vecinos, que la dejaron en ridículo. 

Esa es la actitud que derrotará las provocaciones contra Cataluña: el silencio, la indiferencia. Y como esto ya está siendo así y el nacionalismo español no se dará por vencido hasta ser definitivamente derrotado, habrá que estar atentos a sus otros recursos, muy en especial los atentados de falsa bandera. Probablemente el de Ramblas fue uno de ellos, pero habrá que esperar más y de todo tipo. Por supuesto con la complicidad de los aparatos del Estado, sea el gobierno que sea.

PP y PSOE son lo mismo tratándose de Catalunya, ya lo sabemos. Pero merece la pena subrayar el sarcasmo de que un partido de izquierda, que estuvo (aunque poco) en la lucha contra el franquismo, recurra a los más sórdidos procedimientos de guerra sucia y cloacas del Estado, como ya hizo con los GAL, a base de atentados, trampas, montajes policiales y otros métodos delictivos para luchar contra un movimiento democrático, pacífico y de amplia base popular.

Un movimiento que encara ya el último tramo en el camino hacia su liberación, por lo que habrá de redoblar su vigilancia ante los criminales sueltos del nacionalismo español.

domingo, 22 de julio de 2018

La realidad y la ilusión

Casi parece fabuloso lo sucedido en el XIX congreso del PP. Unas primarias en el partido del dedazo. Un congreso de autosatisfacción. Ni una palabra sobre corrupción. Ideas peregrinas sobre lo que había pasado: la moción de censura fue una puñalada trapera de una coalición de perdedores. Sánchez entró por la puerta de atrás. Rajoy, en cambió, entró por la principal, se atribuyó el fin de ETA, se glorió de expulsar a Catalunya, votó al revés y se fue. Se enfrentaban dos candidatos sin nada, absolutamente nada que decir, aunque no que morder. Con razón renunciaron al debate en la tele. Hubiera sido una hora de espantoso ridículo. Los dos envueltos en la rojigualda hasta la escena de Mata-Hari con abanico. No son gente de ideas y tampoco de palabras ordenadas en oraciones más largas que meras órdenes. Nadie tampoco espera razones; nadie estaba allí por ideología sino para elegir al baranda siguiente, ganar las elecciones y seguir con el trajín de viva España y su saqueo. Dos muñecos, en realidad, dos autómatas, como los que imaginaron los cartesianos. El momento culminante del congreso fue la exhibición de quietud robótica, todos los autómatas puestos solemnemente en pie mientras sonaba el himno español, cuyas notas a punto estuvieron de arrancar lágrimas de emoción de Cospedal, prueba de que hasta los mecanismos vivientes de La Mettrie tienen sentimientos, patrióticos sentimientos. Fue un acto de símbolos secuestrados: la bandera hasta en la sopa, el himno, la identificación con la nación o, mejor dicho, la imposición de una idea de nación, todo al servicio de un partido orgulloso de su pasado de servicio a España que incluye sentencias individuales y colectivas condenándolo por saquearla. Ha resultado elegido Pablo Casado, alter ego o clon de Albert Rivera. Se cierra la renovación generacional, pero no aumenta ni una gota el caudal del discurso de la derecha. Casado es tan huero, pretencioso y trivial como Rivera. Si lo han elegido es porque gana al catalán en anticatalanismo. Sáenz de Santamaría fracasó en Catalunya. Le pasan el mando a Casado que promete organizar mejor Tabarnia como quinta columna del nacionalismo español. Porque hasta los más despistados del reino se han enterado ya de que Catalunya es una cuestión de Estado, de Estado español. Y por serlo, debe resolverse por cualquier medio, con la ley, la Constitución, los tribunales, el ejército de Cospedal, la policía nacional, la guardia civil, las cloacas del Estado, los medios de comunicación, lo que haga falta para extirpar el separatismo.

Parece real, ¿verdad? Pues es una ilusión. Ningún partido español -y menos estos de la derecha- tiene proyecto alguno para España como Estado. Excuso decir nación. Son cuatro partidos, sin duda representativos de las opiniones de los españoles, mal avenidos y solo coincidentes en un "no" a Catalunya. Como base para construir un diálogo parece escasa. Ninguno de ellos muestra siquiera ser capaz de comprender qué significa orientar la acción legislativa en una sociedad compleja y llena de desequilibrios, desigualdades y conflictos.

Del otro lado, Marta Pascal se retiró ayer, dejando vía libre a la confluencia de la Crida con el PDeCat. Pero esa confluencia habrá de analizarse con cuidado porque afecta a la autodefinición de la Crida como organización suprapartidista. Las confluencias de Podemos, salvadas diferencias ideológicas son interesantes experiencias. Un partido político que se integra como tal en una organización suprapartidista suena raro y, además, obliga a definirse a los otros miembros que no pertenecen al partido a recordarlo permanentemente. La confluencia puede darse también de otras maneras, como confluencia electoral, dando libertad de voto a los votantes (ça va de soi) y también a los militantes, permitiendo la doble militancia o cualquier otra forma que no dañe la imagen de la Crida como organización ajena a los partidos u organización de los que no tienen partido. Resta recordar que la Crida es una organización a término, como se dice en la administración, y una incorporación del PDeCat a la Crida lo obligaría a desaparecer con esta, salva acusación de felonía. Para completar el cuadro, lo primero que debe aclararse a satisfacción general es la posición del presidente Puigdemont. En su caso, la doble militancia debe quedar excluida en pro de la presidencia de la Crida. Igual que el PP se identifica con la monarquía española y es un partido, La Crida se identifica con la República Catalana y no puede ser ningún partido sino un movimiento ciudadano por la República Catalana. La coexistencia de la Crida con otros partidos con un estatuto distinto es perfectamente posible siempre y cuando aquella no parezca ser la pantalla de uno de ellos. Eso solo puede garantizarlo Puigdemont. Con hechos. 

Parece ilusión, ¿verdad? Pues es una realidad. Puigdemont, con la legitimidad que todo el mundo le reconoce, en libertad en Europa gracias a Llarena, organizará en breve el Consejo de la República con representación de todo el bloque independentista. Será el gobierno en el exilio, presidido por el presidente de la Crida, que no es un partido sino un movimiento de carácter instrumental y transitorio para proclamar la República Catalana. Innecesario decir que esto apunta a elecciones anticipadas inmediatas con las que se pretende que emerja esa República Catalana a los ojos del mundo. 


lunes, 16 de julio de 2018

Borbonia

Toca juzgar al rey emérito. Toca juzgar su reinado. Por eso los poderosos se resisten como gato panza arriba a apear el mando. Porque saben que los van a juzgar. Y no suelen salir bien parados. Precisamente en estos días, la fundación de su nombre abre al público los papeles, el archivo de Felipe González. Es de suponer que debidamente expurgados de forma que quizá sea preciso esperar veinticinco años hasta saber qué pasó realmente con los GAL.

En el caso de la Monarquía, el juicio al rey está ya hecho hace mucho por la opinión pública y es devastador. El rey lleva el sobrenombre de su primer velero, Bribón. De reseñar el cortesanísimo comportamiento de los medios de comunicación, todos a una al quite y a encubrir las bribonadas del sujeto. Episodios ha habido en su vida que requerirían un Valle Inclán que retrató la de su tatarabuela Isabel II. Isabel es el nombre que acompaña a las dos Españas, la ascendente de la Iª y la desfalleciente de la IIª. 

Comienza una batalla mediática, política, con ambición de convertirse en judicial, por llevar al ciudadano Juan de Borbón ante los tribunales. A la defensa acuden prestos los tres partidos dinásticos PP, PSOE, C's y todos los medios de comunicación impresos y audiovisuales así como algunos digitales. Encabeza la cruzada por el trono y el altar el siempre fiel ABC que, en recuerdo de sus mejores tiempos, se inventa una encuesta con un 70% de ciudadanos en España dispuestos a dejarse matar por su rey que tanto lo merece. En contra, una alianza de la escasa izquierda republicana con el más escaso republicanismo muy fraccionado.

Más complejo es el juicio a la Monarquía, que ya afecta al sucesor. Una ministra del gobierno Sánchez ha señalado que el hijo no hereda los posibles pecados del padre y tampoco de la hermana y el cuñado. Sin duda, pero la Monarquía está tocada en todos sus flancos. La corte es un patio de monipodio con una autoridad moral nula. El ejercicio del monarca, perfectamente anodino. El incumplimiento de su función como árbitro y moderador de las instituciones, clamoroso. 

El desastre definitivo de la institución fue el discurso del tres de octubre de 2017 en el que el rey se alineó incondicionalmente con una de las partes del conflicto, respaldando su agresiva política de represión y, por ello mismo, alentando su intensificación. En esa amenazadora arenga perdió Felipe VI el poco recurso que le quedaba a una hipotética legitimidad. 

Catalunya triunfante será republicana. La insistencia de Torra en que el Borbón se disculpe por el discurso de marras y, por tanto, por el 1-O, le da la base para poco menos que declarar Catalunya entera tierra libre de Borbones. El rey tiene el extraño privilegio de ser persona non grata en algunos municipios catalanes. Un poco más y consigue que lo declare persona non grata el Parlament.

Otra cosa será el destino de la Monarquía en España. Pero eso es algo que habrán de decidir los españoles cuando se decidan a decidir algo.  

jueves, 5 de julio de 2018

Al final, la unidad por encima de todo

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Cuestión de perspectivas

El gobierno minoritario socialista trata de presentarse como renovador y regenerador de la política española. Pero su margen es muy estrecho; en realidad, inexistente. Sánchez ganó la moción de censura gracias a los votos indepes pero formó un gobierno agresivamente antiindependentista poniendo al "desinfectador" Borrell, el amigo de la SCC, en el ministerio de Asuntos Exteriores, reducido a la dimensión real de "Asuntos catalanes". Un energúmeno con un odio ancestral al catalanismo. Y no solo eso: toda la política del gobierno central va contra Cataluña. Sorprendentemente, aunque rezongando, ERC le vota otra vez a favor para dar la dirección de la RTVE a un enchufado del PSOE.

Se dibujan así los exactos términos de la relación Catalunya - España. Mientras los indepes no sean capaces de votar en contra de un gobierno español que carece de toda voluntad de entendimiento con Catalunya, seguiremos en esta situación ambigua en la que la monarquía española es meramente virtual en Catalunya, pero la República Catalana es meramente virtual en España. 

Con el traslado de los presos políticos catalanes a Catalunya, que el gobierno presenta como un favor y en realidad no es más que el cumplimiento de la ley y racaneando, se abre una nueva posibilidad para que el independentismo haga valer sus derechos. Los presos políticos son hoy, irónicamente, presos al cuidado de la Generalitat. Son las autoridades catalanas independentistas las que tendrán que mantener encarcelados a compañeros suyos que no han cometido delito alguno. Suena a humillación. Si la Generalitat no los pone en libertad ipso facto, al no reconocer la validez del proceso judicial arbitrario seguido contra ellos, cuando menos haga saber a Sánchez que la liberación de los presos políticos es requisito indispensable para empezar a hablar de otras cosas. 

No es cosa de seguir aceptando arbitrariedades, humillaciones y burlas. El mismo día que el BOE publica el ducado de Franco para la nieta del genocida, el "desinfectador" Borrell anuncia su propósito de que España contrarreste lo que llama las "mentiras del independentismo", esto es la afirmación de que España sigue siendo un Estado franquista.

Él es la mejor prueba.

Aquí el texto castellano.


Cuestión de perspectivas

La moción de censura acabó por fin con un gobierno de España en un grado supremo de incompetencia y sostenido por un partido trufado de ladrones y delincuentes, más habitual de los juzgados que de los despachos oficiales. Algunos dirigentes luchan por salvar su pellejo en los tribunales, otros tratan de alcanzar la presidencia en unas primarias irrisorias y otros, por fin, como Casado, ambas cosas. Aprovechando la confusión, los esmirriados vencedores de la moción de censura sacan de Cuelgamuros los restos del mayor genocida de la historia hispana y los del “ausente” Primo de Rivera en una ceremonia llena de suspense que debió producirse hace 40 años.

Hay algo simbólico en este episodio. Una especie de clausura de una decrépita dictadura que se ha sobrevivido a sí misma bajo la sombra de esa gigantesca cruz tan ridícula como siniestra.

En lugar de la banda de malhechores, gobierna hoy el mortecino reino de España un partido minoritario con frágil representación parlamentaria y obligado a una política de alianzas contradictorias. El PSOE divide sus lealtades entre la visión de la unidad de España al estilo franquista que profesan su dirigencia y gran parte de su militancia y la necesidad de presentarse ante el mundo como un Estado democrático de derecho y no como la arbitraria tiranía que es.

El gobierno quiere poner fin simbólico al culto al franquismo, que sigue siendo el núcleo esencial del régimen del 78. Igualmente trata de taponar la herida de la inevitable marcha de Catalunya, expulsada por la actitud opresivamente colonial de aquel, recurriendo a otro gesto simbólico: el acercamiento de las presas políticas catalanas.

Es una cuestión de perspectivas. El acercamiento no es una concesión graciable del gobierno, sino un derecho de los presos políticos, sistemáticamente conculcado por unos gobernantes tiránicos y unos jueces prevaricadores que llevan meses aplicando al independentismo catalán el derecho penal del enemigo. O sea, la amenaza, la extorsión, la persecución y la venganza. Las mismas instancias que impusieron fianzas desorbitadas a los rehenes políticos catalanes en la sórdida esperanza de arruinarles las vidas a ellos y sus familiares y, de paso, destruir un movimiento independentista legítimo, democráticamente sostenido por la mayoría de la población.

Efectivamente, cuestión de perspectivas que algún día se tornarán y permitirán castigar como merecen a quienes han abusado de su poder para perseguir a personas inocentes.

El minoritario gobierno español salido de la moción de censura despliega una curiosa retórica regeneracionista en el terreno ideológico, de derechos y libertades. Su primera decisión es un proyecto de ley de eutanasia porque regular el final de la vida es lo más cómodo cuando uno no sabe ni por dónde empezar para regular sus comienzos y su humano desarrollo intermedio. Es de risa ocuparse de la eutanasia cuando uno tiene los hospitales colapsados, las relaciones laborales en régimen de esclavitud, los salarios a niveles vergonzosos (no los de los políticos, claro) la libertad de expresión amordazada y multada, los pensionistas esquilmados, la educación en manos de los curas. Y todo eso mientras los “regeneracionistas” y sus auxiliares de la “verdadera izquierda” se pelean por lo único que en verdad les importa: el control de la TV, la fábrica de doctrina y elaboración de perspectivas.

Este gobierno solo anda seguro y cuenta con el apoyo cerrado del resto de fuerzas parlamentarias en su política anticatalana. La mayoría de los ministros, empezando por el presidente, son nacionalistas españoles que comparten el marco mental de los franquistas de antes y de hoy, el de los de Cuelgamuros y los jueces del Supremo y alguno de ellos, por ejemplo, Borrell, nombrado ministro de Asuntos Catalanes más que de Exteriores, furibundamente catalanófobos.

Cuestión de perspectivas. El gobierno minoritario de la “izquierda” española no es sino un nuevo gobierno anticatalán que trata de engañar a la opinión internacional con caras nuevas, nuevas palabras y las mismas viejas opresiones castellanas. La prueba: no tiene la menor intención de negociar un referéndum de autodeterminación en Cataluña porque la oligarquía nacional-católica no se lo permite y, aunque se lo permitiera, no lo haría porque es tan gobierno de la oligarquía como el anterior.

No hay juego ni margen para la Cataluña republicana en la España monárquica, administrada por la seudoizquierda. Se impone por tanto una perspectiva exclusivamente catalana. Está bien abrir la polémica sobre las próximas elecciones municipales, articulando las opciones en clave independentista y entenderlas como ensayo de las nacionales catalanas cuando correspondan. Y, mientras la política catalana haya de convivir a la fuerza con la española, habrá de priorizar el espíritu unitario. Tome la unidad la forma que tome.

Porque, cuestión de perspectivas, no es de recibo aceptar como “nomal” una situación en la que hay personas presas, exiliadas y perseguidas en Catalunya por sus opiniones políticas.


lunes, 2 de julio de 2018

Telecracia

Es significativo que el primer lío negociador y en el que las partes muestran mayor interés sea el de los nombramientos para la RTVE. No un debate sobre el modelo de audiovisuales públicos, sino una pugna por el nombre del baranda (o la baranda) que controle el chiringuito. Lo mismo que hizo el PP a las pocas fechas de su triunfo en noviembre de 2011: reformar la ley Rodríguez Zapatero, hasta entonces vigente, a fin de nombrar sin oposición posible un director de su estricta obediencia.

Ahora es más o menos lo mismo. Se reforma la reforma, volviéndose a la normativa de Zapatero y se elije a alguien de confianza política. Es verdad que la reforma es democrática y que, muy probablemente, el director o directora que se nombre estará a años luz del cerrado propagandismo de la RTVE pepera. Si hubiera alguna duda basta ver la furia de la oposición del PP a los planes conjuntos de PSOE/Podemos. "Cualquier día vemos a Monedero presentando Informe Semanal", se santiguaba horrorizada Soraya Sáez de Santamaría, imaginándose a Belcebú en el plató. Es un buen indicador de que van por en la buena dirección de mejorar, democratizar, profesionalizar los audiovisuales públicos.

Pero estos pactos a escondidas, estos conciliábulos y repartos no son el mejor camino. Revelan  una concepción mediática de la política. En sí mismo no está mal, dado que la política toda es mediática y, de acuerdo con su espíritu esencial de amigo/enemigo, si no controlas los medios, no apareces en ellos o no apareces como te gustaría aparecer. Hay algo, sin duda, que distingue este proyecto de la izquierda de los abusos censores del gobierno anterior y se ve en el hecho de que el PSOE quiera contar con la aprobación de la plantilla para el nombramiento del nuevo jefe o jefa.  Es elemental. Palinuro también sugirió buscar alguna forma para consultar a la audiencia, aunque no se lo ocurría cuál. Precisamente por todo ello es esencial no reproducir los procedimientos de amistades políticas. La presidenta de RTVE no se debe a un partido ni a un dirigente, sino a su audiencia. Nada más.

Y luego está la cuestión de las mayorías parlamentarias precisas que terminan de hacer trizas unas maniobras caracterizadas por la precipitación, la ambición y la bisoñez. Se necesitan dos tercios en primera vuelta hoy y mayoría absoluta en segunda el miércoles. Los nombres barajados y abrasados casi en un mismo acto del comienzo (Arsenio Escolar, Ana Pardo de Vera y Andrés Gil) han protagonizado un confuso vodevil en el que también se han oído otros, cocinado por el célebre modo de Juan Palomo. Los dos tercios son imposibles de alcanzar. No hay esperanza real de consensuar algo con PP y C's. Paro tampoco será fácil con el PNV y los indepes catalanes, cuya concurrencia, como ya sucedió con la moción de censura, es imprescindible para aprobar el nombramiento. Y hasta la fecha, ninguno de ellos está satisfecho con la propuesta de la izquierda española.

El PNV mantiene la incertidumbre por razones de forma: este no es el procedimiento. Los indepes catalanes por algo más de fondo. Tras haber aportado sus votos para hacer presidente a Sánchez (si bien advirtiendo que eran votos en realidad contra Rajoy) todos los gestos de aquel sin excepción han sido beligerantes con el independentismo. La República Catalana no tiene ninguna obligación de seguir propiciando una política que básicamente se hace contra Catalunya.

Los sectores más radicales del independentismo sostienen que a este no se le ha perdido nada en el vecino Estado monárquico y no le merece la pena ni siquiera votar en contra. Quizá sea excesivo y prevalezca la inercia de la mitad de la legislatura, pero es algo que se debatirá en breve, pues es difícil comprender una República Catalana independiente que acepta un marco jurídico-político superior y participa en él. 

De momento, en todo caso y, visto el procedimiento seguido así como la necesidad de los votos indepes, sería muy razonable que el independentismo propusiera como nombre de consenso para presidir RTVE a Josep Vicent Sanchis, director de TVC, siempre que él aceptara. Es de conocimiento general que los audiovisuales catalanes públicos son más equilibrados, abiertos y plurales que los españoles.  Si Sanchis es vetado, los indepes pueden votar tranquilamente en contra de los demás o, simplemente, no votar.

viernes, 29 de junio de 2018

La real Catalunya y la Catalunya real

Las relaciones del Borbón con Catalunya parecen una ópera bufa. Cuando preside los Juegos Olímpicos del Mediterráneo hay que llenarle el estadio de partidarios de bandera, bocadillo y entrada gratis y aun así no cubre la mitad del aforo. Tampoco puede el hombre pasearse libremente por sus dominios, pues necesita un mapa de qué lugares lo tienen declarado persona non grata.

La entrega de los premios "Princesa de Girona" ha tenido lugar prácticamente en la clandestinidad, en mitad de la pradera, a respetable distancia de todo casco urbano en donde se concentran los catalanes de los CDR a organizar pitadas monárquicas. No ha asistido miembro alguno del govern ni ninguna otra autoridad civil, militar o eclesiástica. Escasamente han asistido los asistentes que, sin duda, deseaban de todo corazón encontrarse en otra parte.

No obstante, en ese empeño real por hacer ver que España es una monarquía democrática, Felipe de Borbón colocó a la audiencia un discurso almibarado y etéreo, mencionando las instituciones catalanas de autogobierno y hablando del orgullo de lo catalán. Eso sí, en fraternal relación y diálogo con lo castellano. Guste o no guste. Sigue en la onda autoritaria de su primer discurso de coronación, cuando reconoció generoso a los españoles el derecho a sentirse españoles como les diera la gana; pero no les reconoció el de no sentirse españoles.

Como ahora a los catalanes, condenados por su propio bien a entenderse con los castellanos. Y, atención, la referencia a Castilla, insólita en el discurso nacional español, evidencia la incapacidad de formular la situación en sus términos reales de España y Catalunya porque ello mostraría que Catalunya no es España. Y aun no siéndolo tiene que vivir "en diálogo" con ella porque lo ordena un rey en mitad de un páramo y contra cuya presencia se manifiesta en ese mismo momento una amplia muestra de la ciudadanía catalana. La ciudadanía de la Cataluña real, la que proporciona imágenes como la de la derecha, sacada de tuiter y que puede verse por cualquier parte en Catalunya. 

El rey y sus cortesanos, los medios y el gobierno y la casi totalidad de la clase política española pueden seguir engañándose cerrando los ojos a una realidad aplastante: si en España la monarquía es tan poco popular que el CIS hace tres años que no pregunta por ella, en Catalunya es detestada, rechazada, ridiculizada y negada. Porque Catalunya es republicana. Y republicana en sentido cabal, no en el del cuentista que asegura ser un republicano que se siente muy a gusto con esta monarquía. Imagínese, con la monarquía y con esta monarquía. 

Ya puede decir el rey en su burbuja que Catalunya será feliz en su diálogo con Castilla, o sea, España. La República Catalana, a fuer de República quiere romper con la monarquía y a fuer de catalana, romper con España. Es un proyecto frente al que España, su monarquía y su gobierno de turno no tienen respuesta. 

jueves, 28 de junio de 2018

Hoy, Palinuro en Vidreres

En el contexto de unos cafés por la República, para hablar de ese hecho cuya inevitabilidad es cada día más abrumadora, el de que, mientras Catalunya avanza, España queda cada vez más atrás, embarrancada en su decadencia autoritaria. De nada sirve que cambie el gobierno central, que un partido de delincuentes sea substituido por otro de tan autoritario como el anterior aunque, en principio, menos delictivo. Pero quizá por eso mismo y por la pintoresca buena conciencia que trae con eso de que es "la izquierda", más peligroso para las libertades públicas.

En realidad, a cada instante, España aparece como más rezagada, más de otra época, de otro mundo. La intervención del impresentable Morenés ayer en Washington nos retrotrajo a los días más felices de esta tropa de hinchados, pretenciosos y petulantes franquistas, los de su amado caudillo. Es tan ridículo ver al traficante en armas Morenés insultando al MHR Torra como el cardenal Cañizares arrastrando sus cinco metros de cola cardenalicia, como M. Rajoy (a) "Sobresueldos" bailando, como las podridas vestales de la derecha, Cospedal y Santamaría con sus peinetas y mantos y crespones negros, como Casado luciendo títulos sospechosos que no pueden ocultar su infinita ignorancia...

En fin, de lo que se trata es de ver en qué momento la República Catalana se libra de esta siniestra rémora española. Nos vemos luego a les 20:00 al Teatre del Casino en Vidreres.

domingo, 24 de junio de 2018

El martes, Palinuro en Barbastro

En un curso de verano de la UNED sobre España: retos y oportunidades. 40 años de Constitución, bajo la ilustrada dirección de David Lafuente Duran e Irene Delgado Sotillos. Por mi parte disertaré sobre "40 años de travesía" de 12:00 a 13:30 del martes, 26 de junio.

Tiene su valor que hayan invitado a un "enemigo de la Constitución" a celebrar su cuadragésimo aniversario. Sobre todo porque recientemente, mi departamento en la Universidad, decidió expulsarme a partir de octubre próximo por no ser leal a la Constitución, el Jefe del Estado, los tribunales de justicia, los profesores  enchufados de plumillas en El País y los grandes expresos europeus. Como si tuvieran autoridad para hacerlo y no estuvieran cometiendo una vergonzosa arbitrariedad perfectamente denunciable. No obstante, debo decir en honor de mi Universidad, que otro departamento, Sociología I, que se rige por criterios académicos y no de persecución macartista, me ha acogido en su seno. 

Hay algo curioso en la coincidencia: un curso en celebración de los 40 años de una Constitución que hasta ayer estaba en suspenso por el artículo 155 y un conferenciante víctima de los abusos de los típicos representantes del constitucionalismo. Este es el secreto de la operación: "que parezca una democracia" lo que ha sido y sigue siendo un régimen oligárquico y corrupto donde siguen mandando los mismos franquistas que ahora hablan de Estado de derecho. 

Mi mensaje en la intervención será muy sencillo: los 40 años de franquismo destruyeron España; los 40 años de posfranquismo "constitucional" la han enterrado. 

Esto no es un aniversario. Es un akelarre. Allí nos vemos.