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domingo, 24 de junio de 2018

El martes, Palinuro en Barbastro

En un curso de verano de la UNED sobre España: retos y oportunidades. 40 años de Constitución, bajo la ilustrada dirección de David Lafuente Duran e Irene Delgado Sotillos. Por mi parte disertaré sobre "40 años de travesía" de 12:00 a 13:30 del martes, 26 de junio.

Tiene su valor que hayan invitado a un "enemigo de la Constitución" a celebrar su cuadragésimo aniversario. Sobre todo porque recientemente, mi departamento en la Universidad, decidió expulsarme a partir de octubre próximo por no ser leal a la Constitución, el Jefe del Estado, los tribunales de justicia, los profesores  enchufados de plumillas en El País y los grandes expresos europeus. Como si tuvieran autoridad para hacerlo y no estuvieran cometiendo una vergonzosa arbitrariedad perfectamente denunciable. No obstante, debo decir en honor de mi Universidad, que otro departamento, Sociología I, que se rige por criterios académicos y no de persecución macartista, me ha acogido en su seno. 

Hay algo curioso en la coincidencia: un curso en celebración de los 40 años de una Constitución que hasta ayer estaba en suspenso por el artículo 155 y un conferenciante víctima de los abusos de los típicos representantes del constitucionalismo. Este es el secreto de la operación: "que parezca una democracia" lo que ha sido y sigue siendo un régimen oligárquico y corrupto donde siguen mandando los mismos franquistas que ahora hablan de Estado de derecho. 

Mi mensaje en la intervención será muy sencillo: los 40 años de franquismo destruyeron España; los 40 años de posfranquismo "constitucional" la han enterrado. 

Esto no es un aniversario. Es un akelarre. Allí nos vemos.

46 - 1

¿A que se entiende el título? 

La flamante nueva directora de El País, Soledad Gallego-Díaz, en compañía de Carlos E. Cué, ha entrevistado al no menos flamante presidente, Pedro Sánchez. Casi una ceremonia iniciática para ambas. El antaño vilipendiado Sánchez ritorna vincitore y la casa lo acoge previa limpieza interna de gérmenes del pasado. Quizá una nueva época dorada para el gobierno y el diario. Suerte a los dos.

La entrevista arranca con pistoletazo de salida catalán. ¡Ah! Catalunya triomfant! ¿Qué quieren ustedes? Catalunya manda. Rajoy no cayó por corrupto, incompetente o reaccionario, aunque debiera. Cayó por los indepes catalanes. Y Sánchez está en donde está por la misma razón. Lógico que se arranque hablando de lo que más le importa (aunque lo disimule) y que lo haga con este repentino ánimo conciliador, tranquilizante con la repentina voluntad de entendimiento político que ha invadido al nacionalismo español. Sánchez está dispuesto a hablar de todo. Sin olvidar que ese "todo" excluye el procés. Nada de referéndum ni autodeterminación. Pero, de todo lo demás puede hablarse. 

¿Un avance frente al cierre de M. Rajoy? Ni avance ni retroceso. Punto igualmente muerto. Ese todo son las cuarenta y seis propuestas presentadas por Puigdemont a Rajoy en febrero de 2017 . Rajoy excluía una, la del referéndum. Igual que Sánchez. 45 propuestas negociables. Una, no. A continuación, Sánchez desgrana una serie de intenciones, juicios, propósitos y hasta profecías  con distintas formas de contacto con la realidad.

Propugna fórmulas que debe de considerar audaces y prometedoras como reunir la Comisión Bilateral Generalitat-Estado, un órgano estatutario en un marco autonómico que la Generalitat rechaza expresamente. Revisar financiación, infraestructuras, etc.,los 45 puntos de Puigdemont con el vagaroso añadido de un cambio a medio plazo de lo que llama el pacto constitucional porque ya ni de reforma de la Constitución osa hablar. 

El soufflé se desinfla solo con el vaticinio del presidente de que el "problema" catalán no se resolverá en un año, ni en dos, ni en cinco. Habla hasta de un decenio. Qué entiende Sánchez por "resolver" no necesita aclaración. Que no sepa cuándo lo conseguirá, incluso si lo conseguirá en su mandato, demuestra su fracaso como político, su carencia de proyecto.

Los tiempos del nacionalismo español no son los del independentismo. Tampoco los del nacionalismo español de más izquierda que el PSOE, UP. La propuesta de celebrar un referéndum pactado con el Estado fija su realización en el próximo milenio. 

El tiempo independentista, es muy distinto. El republicanismo plantea un reto aquí y ahora a la jefatura del Estado que es un reto de un órgano del Estado (la Generalitat) al propio Estado y en su forma simbólica más importante. Si el gobierno acepta esta situación, por mor de la "tregua" de Iceta, resultará que el Jefe del Estado solo podrá pisar territorio catalán como ciudadano privado. 

La normalidad que el gobierno aspira a establecer (y que se nota en la entrevista pues el periódico llama "políticos presos" a los "presos políticos") es imposible mientras haya rehenes políticos del Estado en la cárcel y en el exilio. Sánchez no sabe con exactitud qué va a decir a Torra el próximo día 9. Torra sí sabe lo que dirá a Sánchez. La distancia es abismal. Sánchez cree impensable que la Generalitat no acuda al Consejo de Política Fiscal. Torra cree impensable lo contrario.

Hay de hecho una situación de poder dual que el gobierno se obstina en ignorar para no verse obligado a reprimir. Su insistencia en "desjudicializar" el problema y tratarlo políticamente traduce su miedo a verse obligado a seguir los pasos de M. Rajoy, enviando al nuevo govern a la cárcel. Aquí ya no le valdría ni el argumento del maltratador, que empleó con el 155. 

La dualidad de poderes corresponde a la existencia de dos países distintos. Un ejemplo: ayer se celebró en Vallecas un referéndum sobre monarquía o República, a imitación del primero que se hizo en Catalunya sobre independencia sí o no en Arenys de Munt, en 2009. Mientras que en este pueblo hubo una participación de un 41%, con un 94% (más o menos) de síes, en Vallecas ha habido una participación del 4,8% con un 4,3% a favor de la República, equivalente a un 90% del voto depositado. Hay dos puntos en esta consulta dignos de resaltarse: uno es que no ha gozado, que yo sepa, de apoyo de los partidos de izquierda; el otro que cabe esperar una difusión de la idea y quizá otros referéndums en otros municipios; pero es una débil esperanza.  

Catalunya es republicana; España, no. 

lunes, 18 de junio de 2018

Adiós a Franco

Ayer había tuits amenazando de muerte a Pedro Sánchez si se sacan los restos del dictador de su ridícula Valhalla particular. Da igual a dónde quieran llevarlos. A su casa o al osario municipal. Lo pecaminoso y delictivo a los ojos del facherío es moverlos. Quien entraba y salía en vida en el templo bajo palio, bajo palio debe seguir por toda la eternidad. Para eso ganó una guerra. Sin duda, la virulenta reacción de amenaza hizo vacilar al gobierno, afirmando que la decisión no estaba tomada.

No merece la pena discutir. No basta con haber ganado una guerra; hay que ganar la paz. Junto a los restos de Franco pasarán a la nada aberraciones como la Fundación Nacional Francisco Franco, dedicada a ensalzar la memoria de un delincuente y un tirano. Cosas que debían haber pasado hace cuarenta años. Como la prohibición de hacer propaganda del franquismo, el fascismo y el nazismo, tres primos hermanos, exhibir su simbología y realizar actos públicos de ensalzamiento.

Al parecer, se quiere convertir el adefesio en un lugar de la memoria. No es descabellado, dado que algo habrá que hacer. Lugar de la memoria por no decir de la vergüenza. Pero con dificultades. Al fin y al cabo, el problema no es solamente el traslado del cuerpo del dictador (y, de paso, del Ausente), sino el de miles de caídos de ambos bandos que allí yacen. Es decir, lugar de la memoria fúnebre, un cementerio, en el fondo. Pues bastará con considerarlo un memorial por los muertos de ambos bandos. Eso o dejarlo en rango de cementerio sin más con unas horas de cierre y apertura. 

domingo, 17 de junio de 2018

El secreto peor guardado

La política tiene mucho de teatro. Los sistemas democráticos se basan en la representación en sentido político. Unos mandatarios representan a unos mandantes. Pero esa representación incorpora un elemento de espectáculo teatral: las cosas se representan, se fingen. Algo de esto hay en la reunión entre Sánchez e Iglesias, hecha pública en el momento de su celebración y como reunión secreta; una reunión secreta de la que se conocía medio de concertación, fecha, hora, lugar, agenda y modus operandi. Mucho más de lo que se conoce de la mayoría de las reuniones públicas. Cosa lógica. No era una reunión para tratar contenidos sino una reunión para que se supiera que los participantes se reúnen. 

Lo cual está muy bien, por cierto. Que las dos fuerzas de la izquierda coordinen y hasta unan sus políticas es lo menos que cabe exigirles. Y poner en práctica sin desvíos y excusas sus acuerdos. En España puede haber un gobierno de izquierda de verdad si Podemos corrige la derechización del PSOE y el PSOE el radicalismo de Podemos. Puede salir una historia de éxito, como el de Portugal.

En próximas fechas, es de esperar, se verá un calendario progresista en España. Queda mucho por hacer hasta devolver el país a un estado de dignidad que perdió a manos PP que, por cierto, anda también representando un papel de teatro en el sentido de jugar a ser una oposición parlamentaria, como si, en lugar de una asociación de malhechores, fuera un partido político. Produce hilaridad escuchar a sus diputados pedir dimisiones en el gobierno y aledaños por cosas insignificantes cuando hablan en nombre de 800 imputados, no sé cuantos procesados, cuántos condenados y cuántos fallecidos misteriosos.

Pero ese mucho que queda por hacer y ojalá se haga pronto (derogación de la Ley mordaza, de la reforma laboral, nueva regulación favorable de las jubilaciones, etc) no parece tocar para nada el asunto político más grave del Estado español, el de Catalunya en el que dicho Estado se juega su supervivencia. Al respecto, la reunión no solo ha sido públicamente secreta sino también muda en cuanto a contenidos. Como siempre cuando los españoles hablan de España, Catalunya no aparece porque, en el fondo, saben que no es España. Cuando aparece es porque se plantea la necesidad de que España haga entrar en vereda a la colonia díscola.

De momento tenemos un PSOE con una visión de Catalunya idéntica a la del PP y añorante del 155. Será bueno saber qué aportará aquí a la alianza Podemos, cuál sea su propuesta para Catalunya y cómo se relacionará con ella. Por si acaso se retrasan, como es muy posible, van cuatro preguntas de cuya respuesta (si la hay) dependerá el juicio que su propósito merezca entre los indepes, empezando por Palinuro:

1ª) ¿Respetan el derecho de autodeterminación de los catalanes en vía unilateral si no hay otra? (Algunos dirán que aunque la haya, pero ya se sabe que Palinuro es conservador)

2ª) ¿Reconocen la declaración de la República catalana independiente?

3ª) ¿Reconocen que en España hay presos y exiliados políticos?

4ª) ¿Están dipuestos a negociar con la Generalitat sin poner como condición previa la liberación de los presos políticos?

La respuesta teórica del PSOE será de tres noes y un sí y la de Podemos, tres síes y no. En principio. Ningún punto de coincidencia. Se explica por qué la pública secreta reunión es muda respecto a Catalunya. No saben qué hacer. No tienen ni idea. El PSOE no sabe qué es la República catalana, aunque su historia y raíz sean republicanas y Podemos no sabe qué es la revolución catalana, aunque dice tener una visión revolucionaria.

sábado, 16 de junio de 2018

Hoy, Palinuro en Sant Cugat

Ayer escribía Palinuro una carta a Carme Forcadell que se publica hoy o mañana en Vila-Web y en la que, entre otras cosas, le digo que, desde que todas ellas y ellos entraron en prisión, en Catalunya no ha habido día en que no se las recuerde y no se haga todo tipo de actos a lo largo y lo ancho del país para conseguir su liberación. Que no están solas ni solos. Que tienen un pueblo detrás en su apoyo y, lo que es más grave desde el punto de vista del agresivo nacionalismo español, dispuesto a seguir sus pasos.

El acto de hoy es una prueba más de ello. En Sant Cugat, com tot arreu a Catalunya, los días 16, aniversario de la detención de los Jordis, estarem tossudament alçats. Y los demás días del mes también. Aixó no ho atura ningú. 

Así que hoy, en la Plaça 1 d'octubre (¡bravo!) nos vemos a las 19:00 de la tarde para xerrar sobre el interesante tema propuesto: ¿Está España en Europa? 

No quiero hacer spoiler pero es obvio que España no está, ni ha estado ni, de seguir las cosas como hasta la fecha, estará jamás en Europa.

Para más detalles, mañana en Sant Cugat.

viernes, 15 de junio de 2018

Mañana, Palinuro en Sant Cugat

Ayer escribía Palinuro una carta a Carme Forcadell que se publicará mañana o pasado en Vila-Web y en la que, entre otras cosas, le digo que, desde que todas ellas y ellos entraron en prisión, en Catalunya no ha habido día en que no se las recuerde y no se haga todo tipo de actos a lo largo y lo ancho del país para conseguir su liberación. Que no están solas ni solos. Que tienen un pueblo detrás en su apoyo y, lo que es más grave desde el punto de vista del agresivo nacionalismo español, dispuesto a seguir sus pasos.

El acto de mañana es una prueba más de ello. En Sant Cugat, com tot arreu a Catalunya, los días 16, aniversario de la detención de los Jordis, estarem tossudament alçats. Y los demás días del mes también. Aixó no ho atura ningú. 

Así que mañana, en la Plaça 1 d'octubre (¡bravo!) nos vemos a las 1900 de la tarde para xerrar sobre el interesante tema propuesto: ¿Está España en Europa? 

No quiero hacer spoiler pero es obvio que España no está, ni ha estado ni, de seguir las cosas como hasta la fecha, estará jamás en Europa.

Para más detalles, mañana en Sant Cugat.

martes, 12 de junio de 2018

El hundimiento del PP y la cuestión de España

Hace unos días, en otro contexto, hube de recordar La caída de la casa Usher. Me revolotea desde entonces como una forma de referirnos al prolongado, lento pero imparable hundimiento de ese inmenso aparato de poder, esa maquinaria delictiva, dicen los jueces, identificada con el Estado que es el PP. El partido de los 800.000 afiliados, según dicen y más de 800 imputados, según rezan las actas judiciales en medio país. Entre ellos rostros desconocidos, de alcaldes de pueblo y rutilantes estrellas del mundo político-mediático como Cifuentes, Bárcenas, González, Gallardón, Rato, etc. También valdría, me decía, el ocaso de los dioses. Pero de dioses no tienen nada; ni mayores ni menores, ni uno ni trino, ni siquiera dioses del mal, como ese que imaginan algunos gnósticos. Nada de dioses, ni semidioses: mortales indignos que robaban hasta los dineros de las huchas de niños, ancianos, parados, dependientes, etc. Verdaderos desalmados. Truhanes.

Las peripecias del PP para reconstruirse, no para refundarse, son pintorescas y darán mucho juego en los medios. Alguien ha dicho que se requiere un congreso extraordinario para hablar de ideología. Algo sorprendente. El PP jamas ha tenido ideología específica fuera de algunas simplezas inconcretas sobre el humanismo cristiano, los valores occidentales, el liberalismo, la familia y la importancia del individuo. Nada para masticar mucho rato. Y, en los últimos años, convertido el partido en una asociación mafiosa puesta a parasitar el Estado, la ideología había pasado a ser motivo de risa. Una asociación de malhechores solo puede tener la ideología del latrocinio. Pero no sé si esto es motivo para un congreso extraordinario o más bien para un seminario sobre prácticas de debida apropiación indebida.

El hundimiento de este retablo de las miserias vergonzantes se completa con la visión apocalíptica de la desintegración de la Patria. El mismo individuo que hace cuatro años proclamaba que, mientras él fuera presidente, no habría liquidación de la soberanía nacional se va dejando un panorama terrorífico después de la batalla: agresiones, gente en la cárcel, gente en el exilio y, no ya una, sino dos Comunidades Autónomas (Euskadi y CAT)  cuestionando la base misma de esa soberanía nacional, pidiendo autodeterminación, mientras una tercera, Navarra, exige referéndum sobre la eternamente aplazada cuestión de Monarquía/República. 


Este gobierno venía con la artillería anticatalana preparada. Y la primera andanada, la provocación de ayer del ministro Borrell, ha servido para hundir el escaso crédito que aquel pensaba ganarse hablando de diálogo y reformas de aquí y de allá. Nada de reformas; el gobierno quiere la guerra y, como no va a preocuparse mucho de cómo la lleve a cabo ni con qué medios, ha puesto al juez Marlaska de ministro del interior, el que no ve torturas en donde los demás sí. 

Un ridículo overkill cada vez más enloquecido. La armadura del PSOE mira toda a Catalunya. Pero la retarguardia, en la que no había pensado, se le ha vuelto en contra. Ya no es solo Catalunya. También es el País Vasco, sumado a la revolución catalana y Navarra que trae otro pleito, el de Monarquía/República.  Una comunidad política democrática de ciudadanos responsables no puede tragarse una Monarquía procedente de un golpe de Estado por malas artes de camarillas y militares. Que algo tan obvio no haya movilizado a la izquierda española muestra cómo están las cosas en este territorio. Nunca es el momento de la República y, además, ahora suena a catalán. 

Pensar que un problema de este calibre puede afrontarse con 85 diputados, 169 jabalíes en contra, los 71 inciertos de Podemos y los 17 independentistas también enfrente carece de todo sentido.

Piénsese bien: dos reclamaciones de referéndum de autodeterminación en sendas CCAA y otra de referéndum estatal sobre monarquía/república que, a no dudarlo, tendrá muchas adhesiones.

Eso no se puede tratar con un plan represivo policial y judicial. Hay que desmontarlo. Tampoco con presos y exiliados políticos. Hay que liberarlos y exonerarlos. ¿Cómo? Con la misma falta de inhibiciones con que se procedió a descabezar el movimiento. Ahora que los descabezadores han perdido sus cabezas, es bueno reconocer que el movimiento independentista jamás perdió las suyas. Y ahí están. No para embestir, pues no son españolas, sino para pensar. 

Si el nacionalismo español quiere ofrecer algo que no sea la represión, tiene que abrir un periodo constituyente en mitad del trayecto de este buque de la Constitución de 1978 que hace agua por todas partes. Algo parecido a una Convención sobre cuya composición y alcance habría que ponerse de acuerdo. Altamente improbable, desde luego y más si en el gobierno prevalece la catalanofobia en todos sus matices, desde el vociferante y agresivo de Borrell, al más ladino de Robles pasando por el autocomplaciente de Ábalos. 

No basta con que cambien su visión de Catalunya. Tienen que cambiar su visión de España. 



domingo, 10 de junio de 2018

Esperanzas desesperadas

Se agradece que la ministra Batet se exprese como las personas normales, llame a las cosas por su nombre (pues habla de "conflicto catalán") y se muestre presta a dialogar con la Generalitat. Se agradece. Siempre es mejor que contemplar los gestos adustos, altaneros de quienes creen que la respuesta al "reto" catalán es enviar a la Guardia Civil.

Otra cosa es la viabilidad de lo vagarosamente anunciado como si fuera una concreción: una reforma federalista de la CE para que Catalunya sea más feliz dentro de España. Es una linda esperanza, pero también desesperada. Pretende disfrazar la negativa a reconocer a Catalunya el derecho a decidir si quiere seguir dentro de España o no. Porque el problema está ahí, en el presupuesto que legitima la hipotética reforma de la CE. Si los catalanes tienen o no derecho a la autodeterminación, esto es a decidir si quieren ser "más felices" dentro de España y su Constitución o "más infelices" fuera de ellas. Los alambicados castillos conceptuales armados para dilucidar tan compleja cuestión se vienen abajo con el soplo escocés.

No obstante, aun no estamos en esa casilla sino en el puro comienzo. Hablar de reforma de la CE con 85 diputados es poco realista. Y aunque fueran muchos más. Esta Constitución está redactada de tal modo que su reforma necesita complicados trámites y mayorías parlamentarias cualificadas que hoy por hoy está muy lejos de reunir. El frente antirreformista vendrá además reforzado por la reacción de las CCAA que objetarán a las relacioness bilaterales Estado-Catalunya. No se olvide que esta es la Constitución del "café para todos".  

La encomiable disposición del gobierno al diálogo viene ensombrecida por la existencia de presos y exiliados políticos. Y eso que todavía no ha entrado en acción el aparato Borrell. La inercia y la anterior complicidad con la política represiva del gobierno del PP, incluido el apoyo al 155, hacen que ahora el PSOE considere adecuado hablar de "normalizar" la situación pero sin poner fin a la persecución judicial del independentismo, sin liberar a los presos políticos ni permitir el regreso de los exiliados. 

Pero tal cosa no es realista. En un Estado de derecho no puede haber presos políticos. 

En esos términos encara la Generalitat la negociación con el gobierno. Al saber de la propuesta de reforma constitucional de Batet, Torra ha contestado que da la bienvenida a todas las propuestas, pero el govern "parte del 1-O". Qué quiera decir esto se verá en poco tiempo pero, en principio, supone una referencia al mandato de independencia resultado del referéndum del 1-O que el gobierno central no pudo ni supo impedir sino solo reprimir con tan insólita brutalidad que deslegitimó la causa que decía defender. Y, para dejar clara la idea, la CUP emplaza al govern y a los partidos independentistas a recuperar la vía unilateral.

Como en las historias de venganzas heredadas de familias que trasmiten enfrentamientos cuyo origen se ha olvidado, aquí unos gobiernos heredan conflictos que arrancan de situaciones también olvidadas. Y sin embargo, se trata de un asunto simple, como aquí: admítase un referéndum de autodeterminación en Cataluña como los que se celebraron en Quebec y Escocia. Nada más. 

Y todo quedará resuelto. 

sábado, 9 de junio de 2018

¡Santiago y abre España!

Pues claro, naturalmente, hay que hablar. Es uso en todos los países civilizados.

Porque se puede armar un lío descomunal, judicializar un problema político, reprimir a la población pacífica con inusitada crueldad, intervenir un gobierno, cesarlo, cerrar su parlamento, envíar gente a la cárcel y forzar a otra al exilio, negarse a reconocer el resultado de unas elecciones, aplicar el 155, obstaculizar cuanto se pueda la formación de gobierno pero, al final, hay que sentarse a dialogar. A dialogar con los supremacistas, nazis, xenófobos, racistas, le pens, etc. No hay más remedio que tragarse la propaganda insultante y tratarse con la buena fe que las circunstancias exigen.

No es ni será fácil. A la escasa predisposición que se advierte en Sánchez se unen las amenazas de los barones en sus filas y los gritos furibundos de la derecha para quien Sánchez seguramente habría pactado la desmembración de España a cambio de sus votos separatistas. Claro que no es fácil dar un giro radical a una política agresiva de confrontación a otra de entendimiento y búsqueda de soluciones. Sobre todo si se tiene en cuenta que las bases de negociación de las dos partes son diametralmente opuestas. 

El gobierno está en Babia. Dice la ministra portavoz que Sánchez tiene previsto reunirse con Torra como lo hará bilateralmente con los demás presidentes de las CCAA. 24 horas después es titular de todos los periódicos que Sánchez y Torra han hablado por teléfono y acordado reunirse cuanto antes. Con esa mentalidad de "café para todos" el gobierno no va a ir muy lejos y menos vendiendo como una concesión graciosa el parcial levantamiento de la intervención de las cuentas que es obligado por la retirada del 155.

La negociación es asunto de supervivencia del gobierno y del Estado. Suficientemente claro está ya que la judicialización y la represión ciega, la manipulación de los medios y la justicia, los discursos del rey, solo han servido para que el movimiento independentista se amplíe, afiance, se estructure y avance. El 1º O los catalanes se habían ganado el derecho a un Estado propio, según decía Puigdemont y, desde entonces, no han hecho más que ejercerlo en unas condiciones de hostilidad y agresividad muy visibles. 

Ese derecho sigue ahí personificado en la cuestión que necesariamente presidirá cualquier negociación entre la Generalitat y el Estado, la de los presos y exiliados políticos. La excusa según la cual el destino de presos y exiliados no depende del gobierno sino de los jueces y la división de poderes etc., es una patraña. El fiscal puede retirar las acusaciones. El proceso político montado (el de "descabezar" al independentismo) puede desmontarse con igual celeridad, visto además, que ya ha dejado la justicia española a la altura del betún en Europa. 

El independentismo catalán no ha renunciado a la llamada "vía unilateral". Al contrario. Otra cosa es que esté dispuesto a dialogar sobre propuestas concretas. Hace falta que las haya. Y aquí es donde el PSOE no trae las alforjas bien provistas: admitido que no cabe retornar al sano autonomismo, se medio murmuran oscuros propósitos federales, el retorno a una revisión del Estatuto de 2006, convenientemente cepillado y masacrado. Cualquier cosa de ese o parecido jaez pero ni hablar de derecho a decidir ni referéndum. 

Que es justamente donde tiene plantados sus reales el movimiento independentista. De no llegarse a este punto, seguirá habiendo vía unilateral amparada en la resistencia y la desobediencia civil pacíficas.

miércoles, 6 de junio de 2018

A rey muerto, rey puesto

M. Rajoy se va como llegó, contando mentiras. Ni un punto de autocrítica. El PP lo ha hecho todo muy bien pero, al final, la trama contra el PP que él denunció en su día, ayudada por los radicales y la antiespaña, se ha impuesto. Su resumen era profundo y sentido. La decisión de marcharse era "lo mejor para mí, para el PP y ara España" peligrosamente cerca de algún confuso balbuceo de "lo mejor para mi, beneficio político, el suyo". 

En el lado de los ganadores, una curiosa trifulca. Todos se arrogan el mérito y, desde luego, todos lo tienen. Pero decisivos han sido los votos de los indepes catalanes y los nacionalistas vascos. Quizá quepa incluir a estos en esa magmática "presión popular" que, según los de Podemos, ha hecho ganar la moción, pero no es convincente. A M. Rajoy y secuaces los han echado en primer lugar ellos mismos; en segundo, los indepes y nacionalistas; y solo en tercero los del "sí se puede".

Ha sido esfumarse el presidente de la Gürtel y ya ha comenzado la batalla interna en el PP en donde se escuchan propuestas sublimes. García Margallo especula con una unidad de acción re-popular entre el PP y C's, una derecha reunida. Y quizá acaudillada por el inevitable Aznar, con su avinagrado mal gesto, ademán que él reputa de estadista. Tendría gracia que saliera elegido líder de la derecha. En las elecciones podría proponer como candidatos a sus exministros hoy en la cárcel. Si los independentistas se empeñan en que los suyos son presos políticos, se hace políticos a otros presos. Café para todos. 

Y luego está el que se ha ceñido la corona, Sánchez, que más parece emperador que Rey. En el asunto de mayor trascendencia de la política española, Catalunya, el nuevo gobierno trae una actitud más agresiva y beligerante que el anterior. Mantiene la base compartida por ambos al comienzo: intervención de la Generalitat, control estricto de legalidad, mantenimiento de los presos políticos y diseminados y afirmación de la vía represiva policial y judicial así como judicialización del proceso. A ello se añade el nombramiento de Borrell como una declaración de beligerancia total. 

Sánchez no piensa negociar nada con el Le Pen catalán y no trae propuesta alguna de solución política del conflicto como él mismo exigía no hace mucho a Rajoy. Las confusas promesas  federalistas basadas en una quimérica reforma de la Constitución tienen hoy un valor nominal inferior al de salida que ya era de cero. La alternativa es la perpetuación de un conflicto cuyo efecto en Europa no dependerá de los relatos de Borrell sino de lo que su gobierno haga en Catalunya, enfrentado a una demanda sostenida por un amplio movimiento de resistencia y desobediencia civil. 

Torra pedía hace poco a Sánchez que explicitara cuál es su proyecto para Catalunya. No lo tiene. Solo tiene un discurso ideológico desquiciadamente antiindependentista, dando por bueno el enfoque represivo que ha heredado del PP. 

De esta forma, aun reconociendo que un Borrell puede hacer mejor propaganda de España que la idea de comprar panegíricos a 12.000 euros la pieza, lo cierto es que el gobierno parece decidido a disipar las últimas dudas que quedaban en Europa acerca del conflicto España/Cayalunya, de si era una cuestión de la derecha monárquica o más bien una del Estado español en su estructura misma. 

Y ese será el momento de la mediación exterior, eso que saca de quicio a los patriotas de cuentas en Suiza y a sus aliados del patriotismo nacional-popular. Y, sin embargo, no hay otra salida desde el momento en que quien habría de proponerla carece de ella.

martes, 5 de junio de 2018

Un gobierno transitorio

El cambio en España se anuncia con tonos triunfales. El profundo desprestigio del del PP, con la guinda final de la primera sentencia de la Gürtel forzaron una salida de Rajoy bastante histriónica e histérica. El nuevo gobierno se enfrenta a un panorama desolador en prácticamente todos los campos. No le hará falta repetir lo de la "herencia recibida" que esgrimió M. Rajoy hasta la saciedad cuando comenzó su labor de destrucción porque la herencia está a la vista: la destrucción ha sido completa. El estado de ruina y postración en que el PP deja al país con una deuda impagable, la seguridad social en quiebra, más de tres millones de parados, salarios de miseria, servicios sociales desastrosos una corrupción galopante y una crisis constitucional entre España y Catalunya es imposible de ocultar.

Sánchez insiste en mensajes tranquilizadores y renovadores. Se preferirá, dice, el consenso a la crispación. Se procurará un equipo de gobierno de notables en el que se dará especial peso a la competencia para llevar adelante políticas reformistas y se articularán grandes áreas de acción gubernativa, Justicia e Interior, Medio Ambiente y otros. Ambiciosa tarea que incluye desmontar las políticas represivas, reaccionarias o simplemente corruptas del PP, blindar derechos en la  Constitución y encontrar una propuesta política para Catalunya.

Y todo eso en dos años hasta las próximas elecciones y con 84 diputados. 

Parece bastante difícil, por la desmesura del propósito y lo exiguo de los recursos humanos. Y teniendo en cuenta, además, que el derrotado PP, según inveterada costumbre, hará una oposición montaraz y obstaculizadora, atrincherado en su mayoría absoluta en el Senado.

Es inevitable que el resto de la legislatura sea, por tanto, una prolongada campaña electoral hasta las elecciones anticipadas. Una campaña electoral en diferido, que diría Cospedal. Lo cual dará la mayor importancia a los preparativos de los partidos. En el PP, dolidos por lo que consideran una felonía, hay un periodo de reajuste para averiguar si M. Rajoy se sale con la suya de perpetuarse en el mando y volver a ser candidato o se deja paso a una renovación de algún tipo.

Los dos desafiadores del bipartidismo, C's y Podemos, también se encuentran en disposición electoral. C's, tan perdedor de la moción de censura como el PP por pura incapacidad para afirmar una posición propia tiene que conseguirla neutralizando el halo falangista que se le ha puesto. 

Podemos, amargado por la decisión de Sánchez de no ir a gobierno monocolor se encuentra ahora rechazado por el aliado que corteja (y al que pretendía "sorpassar") y sin tener clara la oposición que pueda hacerle. 

En el PSOE, el triunfo todo lo endulza y el reparto de cargos consolidará una estructura partidaria que tiende a prescindir del poder de los barones. Los próximos barómetros sin duda registrarán un alza de la intención de voto de los socialistas, que se incrementará con su actitud nacional española,

Porque es en el asunto de Catalunya en donde el relevo del PSOE trae las ideas más claras frente al magma confuso de la derecha. Se retira el 155 porque es obligado al haber govern, no por deseo de la dirección socialista, se mantiene la intervención de la Hacienda de la Generalitat y se sigue abordando el conflicto España/Catalunya como un ausunto de orden público y judicial. Sin variante. Si acaso con una intensificación de la actitud en el nombramiento de José Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Indica clara beligerancia en contra del independentismo.

Cosa que era de esperar de un presidente del gobierno que considera que Torra es como La Pen.

sábado, 2 de junio de 2018

El gobierno debe ser de coalición

De los 180 votos favorables a la moción de censura, 24 (PDeCat, ERC, PNV y Bildu) no fueron "síes" a Sánchez Castejón quien, muy osada e inteligentemente, optó por no pactar nada con nadie, sino "noes" a M. Rajoy. De los 156 restantes, los 85 PSOE habrán sido "síes" de corazón y los 71 Unidos Podemos, "síes" de conveniencia. Pero en ambos casos, "síes" a Sánchez Castejón. Y desde el principio. No es exagerado decir que la moción la presentaban ambos. Y tampoco lo es pedir un gobierno de coalición entre las dos fuerzas de la izquierda, con un programa mínimo común y un correspondiente reparto de áreas ministeriales.

Todas las crónicas de prensa de hoy dan por sentado que Sánchez encabezará un gobierno monocolor en el que quizá haya independientes, pero de la órbita del PSOE. En todo caso, las quinielas son entre socialistas. No es elegante, no es justo y, además, no es posible. Los 85 diputados de Sánchez no resistirán la primera tarascada de los 169 de la derecha. No resistirán ni los 156 de PSOE y Podemos. Los 24 votos nacionalistas y/o independentistas seguirán siendo imprescindibles a lo largo de la legislatura. La gobernación de España seguirá dependiendo de los votos de la Antiespaña. En rigor, los indepes y nacionalistas también podrían pedirse algún ministerio. No lo harán porque, en efecto, no votaron "sí" a Sánchez sino "no" a Rajoy. Pero no es el caso de UP y no hay razón para excluirlos del gobierno. Y conste que aquí se defiende un gobierno de coalición por puro sentido de juego limpio ya que, en opinión de Palinuro, en poco ayuda al independentismo que Podemos esté o no en el poder. 

Salvo que Sánchez, como K el agrimensor, traiga otra alzada en el ánimo: un gobierno minoritario, casi minúsculo, gobernando según lo que se conoce como "geometría variable", pactando con la izquierda de Podemos y los indepes y nacionalistas determinadas medidas de derechos, sociales, reformistas, etc. para vencer a la derecha, y con la derecha en medidas de corte nacional español para vencer a los indepes y nacionalistas y, si se tercia, también a Podemos. 

Quien haya seguido la política española admitirá que, dadas las circunstancias de presión interior en su partido y sus propias convicciones reciamente nacional-castellanas, Sánchez puede intentar la jugada. Para el frente social, esgrime la imagen del líder que, como pedía Iceta, nos ha librado de Rajoy. Ayer cantaban albricias los aparatos de propaganda del PSOE y Podemos, celebrando la liberación de la pesadilla y comunicando la buena nueva a las masas enfervorecidas "yearning to breathe free”, como reza el verso de Emma Lazarus, grabado al pie de la estatua de la Libertad. 

Para el frente nacional, la abrumadora mayoría parlamentaria que concita. Un porcentaje muy elevado del electorado español, representado en el Congreso, en torno a un 80%, sumando algunos sectores nacional-castellanos de Podemos. Es un mandato democrático. Nada se dice de que la proporción se invierte en Catalunya y que, por lo tanto, lo que se presenta como mandato democrático no es otra cosa que un ejemplo de tiranía de la mayoría. Cualquiera que tenga idea de la adopción de decisiones colectivas con mayorías y minorías sabe de qué se trata. Y si la minoría es estructural (por ejemplo, nacional o lingüística o ambas), solo le queda tragar o rebelarse. Rebelarse en sentido filosófico, claro, no en el del juez Llarena. 

Esa geometría variable es ilusoria. El conflicto España/Catalunya que, según dictaminan hoy sabios analistas, es el determinante de la política española, no se resuelve jugando a las alianzas parlamentarias. Los dos parlamentos son radicalmente distintos. Los tres partidos dinásticos que en Madrid suponen un 72% de los escaños se quedan en el 42,2% en Catalunya, mientras que los indepes son, en cambio, el 51,8%. Son dos parlamentos de dos países.  Uno, una monarquía; el otro, una república. Difícil enmienda tiene este descosido. Por no decir, ninguna. 

Se sabe: aquí no hay una "cuestión catalana", sino una "cuestión española". El frente nacional, el triunvirato del 155 (habrá que ver qué rostro sustituye a Rajoy), no tiene oferta para Catalunya y su horizonte es aun más confuso cuando se recuerda la presencia de UP en el vertebrado gaseoso de los comunes. El mismo Sánchez invoca ahora el "diálogo", pero se presenta con una propuestas positivas tan bestias, como más 155 contra Le Pen, no elecciones, reforma del Código Penal para criminalizar el independentismo, que más le vale decir que no tiene ninguna, como el dios de Maimónides o el hombre de Musil, que no tienen atributos.

Las elecciones anticipadas parecen inevitables. No está claro, sin embargo, que sirvan para algo si, como es de suponer, cambian el panorama político pero no mucho. Las que pueden ser decisivas son las también muy probables elecciones catalanas anticipadas. Se admiten apuestas respecto a cuáles hayan de ser más importantes para España.


jueves, 31 de mayo de 2018

Dos países

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Què fer?. ¿Qué hacer? Habrá quien me acuse de chupar rueda de Lenin y su ¿Qué hacer?, de 1902. Pero Lenin hacía lo propio con la novela de Chernichevsky, ¿Qué hacer?, de 1863. De si la conocía Lenin da fe el hecho de que la había leído cinco veces. En fin, los títulos son copyleft. 

El ¿Qué hacer? aquí considerado se refiere a la disyuntiva bien visible en el independentismo entre integrar parte de su acción en el sistema político español (votar mociones de censura, participar en elecciones, etc) y abandonar el territorio español (abstenerse de participar) y concentrarse en Catalunya. Decidida partidaria de la ruptura, la CUP, que no tiene representanción en las Cortes. Partidaria de la integración (transitoriamente), ERC. En una posición intermedia, aunque con tendencia a la ruptura, el PDeCat. 

Ese es el tema. Aquí, la versión castellana.


¿Qué hacer?                                                    
                                                                                               
Esta es siempre la cuestión, que se plantea cuando hay disyuntivas. ¿Qué hacer entre dos opciones?

Salga como salga la moción de censura, todo el aparato político institucional español pone proa a elecciones anticipadas. Si gana Rajoy no será desde luego por sus méritos y le espera un resto de legislatura infernal, abrasado por las sucesivas sentencias de la Gürtel y en soledad parlamentaria absoluta, lo que lo llevará a elecciones. Si gana Sánchez con un aliado incómodo y un parlamento hostil, se verá igualmente obligado a convocar elecciones sobre todo teniendo en cuenta la desconfianza con que su partido mira la alianza de gobierno y los contactos con los independentistas.

Elecciones en todo caso. En el reino de España. Aquí se plantea la cuestión ¿qué hacer? ¿Participar o no participar en ellas? Asunto peliagudo porque hay razones cruzadas y de distinta índole. Las hay de cálculo, materiales, de eficacia y las hay de valor simbólico, de pronunciamiento, de desobediencia.  Participar es aceptar la legalidad española; no participar, permitir más anticatalanismo en las Cortes españolas.

La República tiene su propio calendario que, es de suponer, podrá ir aplicándose ordenadamente a medida que el Estado levante sus prohibiciones y las instituciones catalanas puedan funcionar. Pero, según como vayan las cosas, parte de ese calendario son unas posibles elecciones anticipadas. Como en España, pero en Catalunya. Es una cuestión de tiempos. La ironía de la situación es que el impacto de unas elecciones catalanas en España es ahora superior al de unas elecciones españolas en Catalunya.  Hace un par de años algo así era impensable.

Una decisión independentista de abstenerse en las elecciones generales españolas viene amparada en la idea de que son cosa de otro país. Al margen de la decisión que los indepes adopten en este asunto, el ánimo con que se plantea es el mismo: se trata de otro país y los asuntos que le conciernen son de otro país. Tómese el despliegue de los medios de comunicación en España y Catalunya. Todo el mundo sabe (incluidos organismos internacionales) que el sistema mediático catalán es mucho más plural que el español, sometido a la censura. La consecuencia obvia es que los catalanes están mucho mejor informados que los españoles no ya solo sobre Catalunya sino sobre España también. No existiendo pluralismo mediático español en lo relativo a Catalunya, lo que las audiencias reciben es la fábula del gobierno, elaborada por sus publicistas y escribas orgánicos y difundida obedientemente por los medios.

La cuestión es si merece la pena tomarse en serio esa fábula, perder el tiempo con las campañas mediáticas de corte negativista acusando a los independentistas de nazis, racistas, excluyentes, identitarios, xenófobos, supremacistas, etc. Quizá sea más práctico concentrarse en la defensa frente a los actos de agresión callejera de las bandas fascistas relacionadas con las cloacas del Estado, encendidas con los discursos de los ideólogos del régimen y sus organizaciones criminales más o menos fundidas con los partidos ultras.

Tómese esa ridícula acusación de supremacistas a los independentistas catalanes que Pedro Sánchez anda repitiendo por doquier sin saber lo que dice o la de “nazis” de Alfonso Guerra que sí sabe muy bien que miente como un bellaco.  Andan los del bloque del 155 y sus siervos en la prensa muy afanados buscando pruebas fehacientes de ese supremacismo y racismo. Unas declaraciones antañonas de Pujol, alguna referencia de Mas, los artículos y tuits de Torra, alguno de Puigdemont. Y con estos mimbres descontextualizados y/o directamente falseados, pretende construir una imagen del independentismo que permita oponerse a él no por razón de un colonialismo autoritario y retardatario, sino de la lucha por la libertad de los pueblos.  Cuando la derecha convierte un movimiento democrático y pacífico de millones por la libertad en una conjura de unos políticos supremacistas hace el mismo ridículo que cuando la izquierda lo atribuye a una confabulación de la burguesía corrupta.

Realmente, no merece la pena. Es en verdad otro país, tanto en la derecha como en la izquierda. Toda la virulencia y demagogia de los propagandistas del 155 solo prueba el desconcierto del bloque unionista, incapaz de articular una defensa de su concepción de España frente a la iniciativa independentista.  Las acusaciones de racismo y supremacismo quieren dar a entender que la República Catalana nace en un clima antidemocrático mientras que España sería al contrario un Estado democrático de derecho. La realidad es justamente la contraria: el independentismo catalán es un movimiento democrático que aboca a una Estado de derecho mientras que España es una dictadura de hecho en una situación de excepción y en la que, como en todas las dictaduras, hay presos, exiliados y represaliados políticos. Y presas, exiliadas y represaliadas políticas.


viernes, 25 de mayo de 2018

La banda pepera de ladrones y su jefe el Sobresueldos

Después de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la Gürtel, ¿qué más hace falta para que esta banda de ladrones y delincuentes que lleva siete años esquilmando en país, se entregue a la policía, reconozca sus crímenes y pague su deuda con la sociedad? ¿Qué más se precisa para obligar a M. Rajoy (a) "El Sobresueldos" a dimitir tras quedar acreditada la caja B del partido que preside y con cargo a la cual cobraba sobresueldos o se hacía pagar los viajes, por mentir presuntamente en sede judicial, por llevar al país a la ruina mientras estos granujas se enriquecían, y por destrozar la convivencia en el Estado, encarcelando a personas inocentes por sus ideas?

¿Qué más se necesita para librar al país de esta pandilla de sinvergüenzas, de los 5 ministros investigados y los seis presidentes de CCAA procesados? Y eso sin contar las decenas, centenares de cargos públicos menores que llevan otros tantos años robando a manos llenas; sin contar la chulería de un Hernando, el renegrido fascismo de una Cospedal; la densa estupidez de un Zoido; el necio señoritismo de un Méndez de Vigo, etc. Y así hasta la saciedad.

Sí, ¿qué más se necesita para que esta colección de facinerosos, embusteros y mangantes finalmente desaparezca de la vida pública? ¿Qué más para que hagan lo que en cualquier país del mundo habrían hecho ya cien veces: dimitir? ¿Por qué han de seguir los españoles soportando los balbuceos de un truhán que no ha hecho más que daño a la ciudadanía?

Preguntas retóricas. En principio no haría falta nada más. Bastaría con lo visto hasta ahora, la reciente detención del malhechor ex-ministro Zaplana y sus ayudantes, los Cotino, para que esta pesadilla se acabara a través de una moción de censura que pusiera fin a esta vergüenza de un gobierno en minoría parlamentaria que gobierna como si tuviera la mayoría gracias a una oposición cuya incompetencia es aun superior a la granujería del gobierno.

Iglesias pide ahora una moción de censura con Sánchez de candidato. El mismo candidato contra el que el mismo Iglesias votó en diciembre de 2015 frustrando su esperanza porque el muy sobrado pensaba que le ganaría en unas elecciones o el alucinado Anguita, consumido por su odio al PSOE, lo convenció de que habría sorpasso. La situación en diciembre de 2015 era la misma que hoy. ¿Cuál es la diferencia? Ninguna, salvo que entonces Iglesias creía que podría salirse con la suya y a tal esperanza sacrificó un país entero. 

Y ¿Sánchez, qué hay de Sánchez, el posible flamante candidato de la moción? No hay nada, salvo la muy sólida sospecha de que, al final, no habrá moción de censura porque si, para ella, tiene que contar con los votos de los independentistas catalanes, Sánchez que es un nacionalista español antes que de izquierda, no hará nada y preferirá que el Sobresueldos siga burlando la justicia y esquilmando España a contar con los votos indepes. Los socialistas preferirían con mucho una moción de censura apoyada por el PSOE, Podemos y C's, una reproducción del gobierno que planteaba Sánchez en diciembre de 2015 e Iglesias boicoteó. Pero, si esta no sale porque, al fin y al cabo, C's no es otra cosa que un PP sin corbata, ¿cuánto va a que PSOE renuncia a la moción para no contar con los votos de los indepes?

No se olvide que Sánchez, a pesar de sus escasas luces, o quizá debido a ellas, es tan centralista, mesetario y franquista de "una, grande libre" como Rubalcaba, su maestro y un tiempo adversario cuando el de Torrelavega pensaba que Sánchez se inclinaba a la izquierda a la que él odia. No hay tal caso. Apenas confirmado secretario general, Sánchez se puso incondicionalmente al servicio del PP, probablemente por mandato expreso de Preparao. 

Y si, al final, gracias a sus esbirros en los medios, a sus intelectuales sumisos, a su oposición claudicante y a la violencia de sus bandas de cachorros nazis y/o fascistas, el partido de ladrones de la Gürtel, se mantiene en el poder, gracias a la incompetencia de la izquierda, ¿cómo se lo explicará esta a sus seguidores? ¿Les dirá que los votos de los catalanistas son peores que el robo y el crimen organizado de esta banda de delincuentes? ¿Que la augusta persona del rey vale más que el respeto a la ciudadanía y la necesidad de dejar de robarla? ¿Que la monarquía es mejor que la República? ¿Que el crimen, la opresión y el engaño son mejores que el recto actuar?

Estamos hartos de decir que una situación tan abusiva y escandalosa, con un puñado de ladrones expoliando el país no se toleraría ni un minuto en cualquier otro país de Europa.

Pero ¿qué sucede? ¿Que España no es Europa?

No.




lunes, 21 de mayo de 2018

Llegó la Patria

La Vanguardia no se corta y habla de "carrera electoral", justo lo que todos los demás, unos más sinceramente que otros, rechazan. No es el momento; no es el momento.

El bloque del 155 se niega a autorizar la publicación del decreto de nombramiento del govern en el DOG en su integridad porque incluye los nombres de dos presos y otros tantos exiliados políticos. De inmediato se ha armado un guirigay jurídico por entenderse que el gobierno se extralimita groseramente en sus funciones e incurre en ilegalidad e inconstitucionalidad. De un lado invade el territorio de los jueces que son quienes deben decir si sus presos salen o no y, de otro, incumple una obligación taxativa, pues la publicación del decreto en el DOG no es discrecionalidad sino un acto debido.

Todo esto son las quisicosas del funcionamiento institucional ordinario. Un revoltijo confuso en el que prevalece el hosco ceño del PSOE, dispuesto a prolongar un 155 endurecido hasta las calendas griegas y a reformar el Código Penal para convertir en delito el independentismo. Es decir, dispuesto a liquidar el remedo de Estado de derecho que es España para convertirla en dictadura.

Tan autoritaria y represiva es la respuesta española que, sin temor al ridículo, El País afirma que la extensión del 155 obliga a Torra a gobernar con Rajoy y sus ministros. Alguien con sentido del humor podría decir que la Gran Coalición que se vislumbra no es PP-PSOE, sino PP-Independentistas. Con menos sentido del humor y más realismo, se puede interpretar que el Estado español intensifica su tratamiento colonial de Catalunya. Si el Govern no puede gobernar ni el Parlament legislar ni la Hacienda catalana administrar, si la intervención del Estado en forma de gobierno directo alcanza, como parece que hará, a los medios de comunicación públicos, ¿qué otra opción queda a la Generalitat sino convocar elecciones y a la población ofrecer resistencia pasiva a la autoridad española?

La hipótesis de elecciones generales cobra fuerza. Sostenemos que los dos partidos dinásticos, PP y PSOE juegan a ellas, perfilando una posible alianza de Gran Coalición. Y, con todo descaro, C’s. El mitín de ayer, una especie de aggiornamento de la estética fascista de los años treinta ha encontrado un eco alarmado en las redes y preocupa mucho a los partidos “de orden”. La retórica patriótica del joven cara al viento “solo veo españoles”, es como la del Kaiser Guillermo II que solo veía alemanes antes de enviarlos a matarse contra los franceses. El culto a la nación española más resabiado y cañí con los efluvios seudoliberales del “patriotismo constitucional”. El eclecticismo de Rivera, que otros consideran erróneamente falta de principios lo absorbe todo. Lugar al que va, conflicto al que se enfrenta, consigna que se apropia si cuenta con mayoría electoral.

Los dos partidos dinásticos tradicionales miran con horror el ascenso del fascismo sonriente de espabilados brokers que, además plagian tácticas vencedoras en Catalunya, esto es, la movilización social, un éxito del independentismo. Lo han intentado en la propia Catalunya con organizaciones como SCC y similares, pero no les ha salido. Están muy identificados con la extrema derecha española. Ahora prueban suerte en España. Es la segunda vez que Rivera lo intenta. Lo hizo en 2012, con un Movimiento Ciudadano de escaso éxito y reincide ahora con una España ciudadana, en un alarde de sincretismo comunicativo en donde se juntan los patriotas del garrote y los de las tarjetas black. El terror de los dos partidos de la vieja escuela conmueve el ánimo. No saben cómo hacer frente a un discurso con el que, en el fondo, se identifican. Debieran tranquilizarse porque el nuevo experimento tampoco cuajará.

La situación de la izquierda es de velorio. Podemos ha quedado reducido a una cuestión de catastro y el PSOE, en su frenesí nacional español, está aceptando las motivaciones de la “cruzada” de 1936.

El horizonte electoral se complica por otras vías. Hay también municipales y autonómicas; queda por ver si las catalanas son antes o después o durante las generales; y, sobre todo, queda por ver si los independentistas se presentan a las elecciones generales. Es un asunto que afecta a la República Catalana. ¿Tiene sentido enviar representantes al órgano legislativo de un país extranjero? Teóricamente, no; prácticamente, es posible que sí. Poco o mucho, el poder en España reside en el Parlamento. Si los independentistas no envían diputados, toda la representación catalana será unionista, salvo que aquellos sostengan que las generales no se celebran en Catalunya y lo impongan, pero ello abriría un escenario lleno de imponderables. Quizá la imposición no pudiera mantenerse pero dejaría sin valor legitimatorio a las elecciones.

sábado, 19 de mayo de 2018

De la algarabía al bloqueo

¡Ah, qué tiempos aquellos en que un sonriente Rajoy con las alforjas llenas de mentiras por estrenar calificaba la Diada de 2012 como una "algarabía"! Un zahorí el de los sobresueldos. En media docena de años, la "algarabía" ha conseguido bloquear el sistema político español, según reconoce su heraldo. A quienes anunciábamos el tsunami catalán nos tachaban de agoreros. Lo único que importaba era el bipartidismo, el "sorpasso", la recuperación económica y el gigantesco saqueo de España por la derecha más delictiva que han visto los siglos.

Y ahora resulta que tenemos un estado de excepción de hecho a través del 155, una unión sagrada del nacionalismo español dispuesto a todo, presos y exiliados políticos, intervención de la autonomía catalana, suspensión de la Constitución (paradójicamente mientras celebran su cuadragésimo aniversario), amenaza de dictadura "sin complejos"; amenaza hasta de bombardeo. Se respira paz y sosiego.

No está claro todavía si el gobierna da por real al president Torra y por efectivo su nombramiento o lo considera un ectoplasma, según su costumbre de negar lo que le fastidia. Por si el ectoplasma actúa, La Moncloa ya le marca el terreno de juego pues “actuará” si el MHP designa consellers a presos políticos. Qué significa que actuará es, como siempre, un misterio. El gobierno se remite al juez quien se pronunciará según sus caprichosos e incógnitos designios.

¿Se acuerdan ustedes de los propósitos enunciados por el PSOE de reformar la Constitución para “acomodar” (o algo así) mejor a Catalunya en España? Han encogido y ahora se limitan a ser propuestas de reforma del Código Penal para tipificar como delito de rebelión las manifestaciones pacíficas. Por ese precio, puede proponer abolir sin más el derecho de manifestación. Es una deriva fascista del viejo partido socialista, algo incomprensible. También se pretende privar a los catalanes del derecho de sufragio, como se sigue de que PP y PSOE estén de acuerdo en prolongar e intensificar el 155 si lo ven necesario pero sin incluir convocatoria de elecciones. Es un frenesí dictatorial español.

Del otro lado, Torra envía la carta pidiendo apertura de negociaciones ya. La decisión toca fibra sensible en el bloque indepe por cuanto la CUP no es favorable a negociar nada sino a actuar. En cierto modo, la negociación es una actuación de la República Catalana de hecho. Una negociación de igual a igual. Lo que también toca fibra sensible en el otro lado, subdividido en dieciséis CCAA. Cuestión de ver hasta dónde llega la negociación sin prejuzgar su distancia.

La existencia de presos y exiliados políticos es asunto complicado. Una opción es negar de raíz la legitimidad de la represión y pedir la anulación política de todos los procedimientos, lo cual probablemente conduce a una confrontación inmediata y aguda que daría paso a la desobediencia civil como una forma de resistencia pacífica. La otra opción es aceptar la legitimidad de los procedimientos, ir a los juicios de esta causa política y utilizarlos como plataformas para denunciar los agravios de Catalunya y luchar por la República. Ambas opciones tienen ventajas e inconvenientes, difíciles de desentrañar en una situación muy compleja en la que juegan muy diferentes factores.

En todo caso, con la opción inmediata o en diferido, la respuesta del bloque del 155 es el restablecimiento de la dictadura en Catalunya, argumentándola de modo hipócrita con una acusación de supremacismo a Torra y, por extensión, al independentismo. Todo vale en el molinillo de la demagogia, hasta llamar “Le Pen” a Torra cuando se va del brazo de alguien como Rivera, mucho más cercano al francés.

La situación de bloqueo no puede resolverse mientras se mantenga la absurda judicialización del procés. La carencia de capacidad política de los dirigentes precisamente políticos es pavorosa. La gente no los elige para que creen problemas y destruyan el país y, sin embargo, es lo que hacen dada su mediocridad.

Un solo ejemplo basta. La mencionada barbaridad de prolongar el 155 excluyendo convocatoria de elecciones muestra a las claras su intención: que no pueda cuantificarse el apoyo electoral de las dos opciones independencia/no independencia. Se trata de evitar que quede constancia una vez más de que el independentismo es mayoritario. Porque de quedar, el bloque del 155 deberá admitir que quiere gobernar en contra de la voluntad de la mayoría de la gente, sin su consentimiento. O sea, por la fuerza bruta. En dictadura. Una dictadura española en Catalunya. Parece ya evidente que el llamado "problema catalán" es en realidad un problema español. 

Un gobierno en contra de la voluntad de la gente es una tiranía. De hecho, como se vio el 1º-O solo puede mantenerse por la fuerza bruta, a base de apalear a los ciudadanos. El gobernante tiránico que utiliza la fuerza bruta, la dictadura,  deja de ser un gobernante para conventirse en un persona privada y un delincuente. 

Frente a la tiranía solo cabe la desobediencia.

viernes, 18 de mayo de 2018

La gran cortina de humo

España es una humareda. Por todas partes cortinas de humo. Cortinas de humo para tapar cortinas de humo que tapan cortinas de humo.

Tiene gracia que el PP hable de "estudiar" en medio de la vorágine de los céleres estudios de sus dirigentes. Pero es su intención: indagar si el MHP Sr. Torra es o no president. Es costumbre de este gobierno pronunciarse negativamente sobre la realidad y existencia de aquello que lo incomoda. Ya saben: no hubo consulta del 9N 2014, no hubo referéndum de 1º O 2017, ni declaración de independencia, ni de República, ni siquiera existieron las elecciones del 21 de diciembre de 2017. Nada de extraño si tampoco hay presidente de la Generalitat. Al fin y al cabo, la toma de posesión ha sido brevísima, sin contenido de Estado y con una fórmula de promesa ya usada por Puigdemont pero altamente reprobable.

Hobbes pensaba que el Estado debe darse por satisfecho con un gesto formal externo de acatamiento. Pero al gobierno esto le parece poco pues el juramento a la Constitución (y al rey, dicho sea de paso) no es algo formal sino, dice, "trascendental". No basta con parecer; hay que ser y ojito con desviarse. Estos son los de Trento. "Luz de Trento".

Luz que es cortina de humo paara distraer  al personal del patio de monipodio que es la marca España a los ojos del mundo entero. El Supremo confirma las primeras sentencias de la Gürtel en el caso de Fitur, en Valencia: nueve años a una ex-consellera del PP, trece y doce años y pico para Correa y el Bigotes y otras penas para otros miembros de esta asociación de malhechores que es la Gürtel, totalmente imbricada en el PP. O sea, parte de la mafia que seguirá saliendo en las seis causas pendientes de esta macroestafa a las arcas públicas. Añádase el escándalo que tiene indignada a la opinión de que Valtonyc o Pablo Hasel vayan a la cárcel de inmediato, si no están ya en ella, mientras Urdangarin, con una condena firme sigue paseándose en libertad y cruzando fronteras. U otros procesados célebres, entes incorpóreos, como Rato. Se ve que los jueces no aprecian riesgo de reiteración delictiva o de fuga como sí parecen apreciar en el caso de las presas políticas preventivas. Son cosas que requieren turbonadas de humo para calmar la indignación que producen. 

Y no humo, auténticos tifones, tornados de oscuridad se requieren para tapar el desmadre que el partido de la Gürtel ha organizado en veinte años de trapacería sin cuento en Madrid, "rompeolas de las Españas". No han dejado títere con cabeza: las instituciones, los festivales, las fundaciones, las universidades. Lo han corrompido todo. Han arrasado los servicios públicos en beneficio de los privados que, o son suyos, o son de los suyos: escuelas, hospitales, servicios públicos. Han privatizado a mansalva para dar aportunidades a los "barones ladrones" de la industria española. Eso cuando no han sido los propios gobernantes quienes han gestionado directamente el fraude como en el caso de El Canal de Isabel II, en Madrid. Una comunidad autónoma con la mayor densidad de implicados en la Gürtel por metro cuadrado municipal y de cuyos cuatro presidentes del PP, tres están imputados.

Pero, en realidad, la cortina de humo sobre la condición de presidente de Torra, trata de ocultar otro chasco monumental de España en el exterior. La justicia belga no entregará a los consellers exiliados en Bruselas. La euro-orden naufraga de nuevo y el juicio que la actuación de la justicia española merece en el extranjero es deplorable. La fiscalía, muy de sostenella y no enmendalla, pide a Llarena que reitere la euro-orden a Bruselas. Sospecho que los belgas van a imponer un canon por uso contumaz de un servicio público. La florida prosa del juez seguirá amenizando las tediosas mañanas de sus colegas europeos pero también confirmando la opinión negativa generalizada sobre el carácter de la persecución judicial en España. En Europa se desconfía de la gente que obliga a los demás a formular promesas trascendentales y de los jueces que valoran la sinceridad de las convicciones ideológicas. 

Ocultar a la opinión la falta de apoyo de la justicia europea a la causa emprendida por la española es una gran irresponsabilidad. Reaccionar amenazando a los países afectados, prueba de furor demente. Mover dineros e influencias para comprar voluntades, perfectamente bochornoso. 

Por lo demás, hace bien el gobierno en exigir el boato y ceremonia que estos momentos requieren. Y bien asimismo el PSOE en exigir que la Constitución de 1978 figure expresamente en la fórmula. Y, digo yo, también la jura de Santa Gadea. Según está planteado el conflicto, tienen un valor análogo. Desplieguen pues la enésima cortina de humo cuestionando, impugnando, recurriendo la presidencia de Quim Torra, su misma existencia material. La presidencia de la Generalitat está en sede vacante, como el solio de San Pedro a veces. 

Pero eso no afecta a la Generalitat en sí misma, que ya habrá publicado el acto en el documento oficial de que disponga y este tendrá los efectos jurídicos que correspondan. Y  aquí sigue dibujándose por vía de facto la República Catalana. Las instituciones actúan como si el parlamento fuera depositario de una soberanía del pueblo catalán, invocado por el president Torra. La República Catalana, por tanto, inicia su andadura por una vía de hecho

Y llegará hasta allí donde el gobierno central interpronga una acción contraria en cualquiera de sus manifestaciones, administrativa, judicial, policial para dejar sin efecto el acto y, de paso, la Generalitat entera en el momento de su nacimiento. Es decir, el 155 "intensificado" que propugna el PSOE, equivalente a una dictadura también de hecho y de carácter ilimitado pues quedan excluidas las elecciones. Algo que ningún país civilizado aceptará.

La única forma de garantizar el Estado de derecho es convertirlo en una dictadura. Eso puede defenderse en España, tierra de casuistas, y en donde cabe acusar de nazis a las víctimas de los nazis.

Pero no puede defenderse en Europa. 

miércoles, 9 de mayo de 2018

"Malhaya quien nace yunque"

Hace unos años se celebraba a bombo y platillo el fin del "bipartidismo". Se acabó el turnismo de la derecha y la izquierda, o seudoizquierda, falsa izquierda, centro izquierda, y hasta derecha civilizada según quien juzgara. El caso era que se había acabado. El bipartidismo daría paso a un multipartidismo, reflejo de la variedad popular. 

Algo de esto ha habido, cierto tumulto multipartidista a la sombra de un partido dominante, el PP, pero ya los sondeos permiten avizorar un horizonte curioso. El bipartidismo derecha-izquierda se convierte ahora en otro derecha-derecha. Las izquierdas, arrumbadas en el trastero de la irrelevancia. 

Con la experiencia del gobierno del PP y la promesa de C's, que es más antisocial que aquel (y ya es decir), cualquier observador exterior, uno venido de Marte por ejemplo, concluiría que el electorado español es masoquista. Le gusta que le roben o que lo exploten y, en todo caso, que lo expriman. O sea, que ha nacido yunque. Pero eso será porque el observador, siendo de Marte, no se entera. Bastará con hacerle ver las alternativas, PSOE y Podemos para que el marciano comprenda la racionalidad del comportamiento electoral de los españoles. 

Según la doctrina oficial, sostenida por los partidos dinásticos, por las fuerzas vivas de toda índole celestial o secular, por los medios de comunicación y otros centros de adoctrinamiento, como las fundaciones, los thinks tanks, las universidades, los intelectuales y las celebrities, España es un Estado democrático de derecho en el que hay libertad de expresión y todos tienen las mismos derechos. Esos presos políticos que dicen que hay no lo son sino políticos presos. Fin de la cita. 

Si todos los partidos tienen también las mismas posibilidades, sin duda la incapacidad de las izquierdas para alcanzar los primeros puestos en la intención de voto, aparte de cuestiones menores, radicará en la de inadecuación de su discurso a las preferencias del electorado. 

Las preferencias del electorado están impregnadas de Catalunya. El factor catalán explica la conservación del bipartidismo y su carácter de derechas. La dureza con el independentismo da réditos en España sobre todo porque viene avalada por el éxito de C's en Catalunya, en donde es el más votado, asunto que eriza el vello a los indepes. El éxito catalán avala a C's que va como un cohete a la hegemonía de las derechas, presto a hacer realidad un hecho pintoresco: el primer presidente de gobierno catalán después de Prim (sin contar los de la I República) será un catalán anticatalanista. 

C's y PP, bloque nacional español pata negra y camisa azul. A distancia les siguen el PSOE y Podemos, hecho unos zorros en su interior precisamente por la cuestión nacional, esa que atribuye a las "corruptas" burguesías. En el PSOE, el nacionalismo español es tan intenso como en el PP, pero le falta la pata negra del nacionalcatolicismo, aunque algunos de sus líderes son verdaderos zampahostias. Pero hay mucho masón ahí, y ateos y descreídos y febles defensores del imperio. No son de fiar estos socialistas que hasta tienen un partido socialista catalán. 

Lo de Podemos, a quien este sondeo del CIS trata muy bien no tiene arreglo. La posibilidad de nuevo tentadora del sorpasso, música celestial a oídos de los tiempos heroicos de IU, tampoco acaba de materializarse. Hasta la actual dirección del PSOE se ha dado cuenta de que la batalla por la hegemonía de la izquierda también se librará en Catalunya. A pesar de sus veleidades sociales, su nacionalismo español es mucho más convincente que el de Podemos, obligado a armar un discurso con elementos contradictorios en el terreno nacional que suena confuso a los oídos de los españoles mucho españoles aunque sean de izquierdas.

Así que, visto el panorama general, la pregunta de por qué vota el electorado mayoritariamente a la derecha solo tiene una respuesta: porque la prefiere a la izquierda. 

Admito que esto parece no tener cuenta del peso del monopolio práctico de los medios de comunicación por las derechas. Habría mucho que hablar al respecto pero tampoco las izquierdas han hecho valer aquí su mayoría respecto a los medios públicos de comunicación. 

España será gobernada por una coalición de hecho de los dos partidos de la mayoría (cosa que ya tienen) y la oposición de los dos de la izquierda. Todos ellos, a excepción de algunos diputados de Podemos, como los anticapis por ejemplo, cerrarán filas en el bloque dinástico nacional frente a Catalunya. 

sábado, 28 de abril de 2018

El estilo de la casa

Lleva un jamón cuando vayas a ver al alcalde. Es la mentalidad de los gobernantes, pata negra de cacique. Compran y venden medallas para los más diversos fines. Todavía se recuerdan los dos millones de dólares que costó la no-medalla del Congreso de los EEUU a Aznar. Y hace poco el rey otorgaba unos distinguidos galardones a Juncker y sus amigos sin que ello tuviera nada que ver con las declaraciones de este siempre hostiles al independentismo catalán. También ponen medallas a  los policías que mandan a aporrear ciudadanos y a las vírgenes, en probable agradecimiento por el éxito del aporreo.

Pero esta vez se han pasado veinte pueblos, que dicen los castizos. Es tal el ridículo de llevar el jamón de las medallas a Alemania que el ministerio del Interior desmiente tajantemente haber cursado ninguna petición de nombres de policías alemanes para enmedallarlos. Puesto que el gobierno de Schleswig-Holstein no se habrá inventado la pintoresca petición, alguien la habrá cursado desde España.

Ahora empezará otro divertido vodevil para buscar al culpable. Y no se descarte una nueva guerra de imputaciones basadas en escuchas ilegales o actos de espionaje que, al parecer, forman un inframundo de la política madrileña. Ahí están los del Grupo Novo, que trabajaban en labores de seguridad para Ignacio González diciendo que "faltan vídeos por salir". Un susto para esa confusa nube de políticos, cargos públicos, empresarios, conseguidores y vividores en general que, como siempre, ha sido la villa y corte. Cifuentes ha pasado a la reserva, absorbida por la ciénaga de la comunidad de Madrid, capital del hampa. Como ya se vio con toda claridad en los lejanos tiempos del "tamayazo".

El resto, por ahí le anda en este Estado de derecho on presos y exiliados políticos. La Audiencia Nacional aparta a un juez de la causa de la caja B del PP por afinidad con este partido. Eso de los jueces afines al PP es una verdadera plaga y, si se suman los fiscales, la plaga se convierte en peste. La afinidad en este caso viene probada por unas cursos en la fundación FAES. Precisamente actividad en la FAES es lo que llevó a Pérez de los Cobos a presidir el Tribunal Constitucional por decisión del PP. 

Es el estilo de la casa.