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jueves, 20 de abril de 2017

El gobierno del hampa

En 2015, José Manuel Roca y un servidor publicamos un libro titulado La antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España. Con el título, me ahorro explicar el contenido. Hago solo hincapié en que calificábamos a la derecha del PP de neofranquista y explicábamos cómo estaba (y está) dedicada al saqueo de su propio país. Abierta en la obra queda la cuestión de si es una especie de conjunción astral entre neofranquistas y saqueadores o si hay una relación causal, de forma que los neofranquistas son, por sí mismos, saqueadores. Roca y yo tenemos a mucha gala habernos adelantado con las claves de lo que luego ha ido pasando, hasta llegar a la sesión concentrada de fuegos de artificio de los últimos cinco días, luego de la resurrección de Cristo y de que el pendón nacional recupere el palo entero: descubrimiento de que Rato presuntamente delinquía mientras ejercía como vicepresidente y ministro de Economía, flotación del Tramabús (que viene a ser como un trailer o teaser), citacion a Rajoy a declarar como testigo, detención de Ignacio González y tutti quanti, imputación de Marhuenda y declaración hoy de Esperanza Aguirre.

Un espectáculo de sombras y silencios, del gris de los juzgados, que asombra en el exterior y tiene espantados a los del interior que dan cuenta de los hechos con vocabulario apocalíptico: Madrid, agujero negro del PP, la detención de Ignacio Aguirre por corrupción tritura al PP de Aguirre, "destrozo", "hundimiento", etc., etc. Ahorro también el relato del barullo de trapisondas, latrocinios, malversaciones, trampas, chanchullos, falsedades, prevaricaciones, extorsiones, cuñados, primos, sobrinos, amigos, clientes, enchufados. Está todo en los reportajes periodísticos. Es el habitual jardín de las delicias del expolio del erario a cargo de estos mangantes del PP.

Porque esa es la cuestión. Claro estaba desde hace tiempo que el PP no es un partido al uso, sino, al parecer, una asociación para delinquir y que, como tal, está imputado en dos procedimientos penales. En llano castellano: aquí no hay una ideología, un proyecto, una comunidad de propósito para lo público; aquí hay unas gentes que se ponen de acuerdo para organizarse con intención criminal y llaman partido a su organización, lo cual les posibilita, al ganar elecciones trucadas con financiación ilegal, acceso a los recursos públicos con el fin de expoliarlos en su propio beneficio. Caso Granados, por ejemplo.

¿Está claro ahora también qué hay detrás de las privatizaciones de bienes y servicios públicos, que defienden los expertos a capa y espada en los medios de comunicación del capital? Puro saqueo. Proyecto había de privatizar el Canal de Isabel II en el que este cogollo de ladrones centraba sus actividades. Si lo consigue, hubiera sido un puntazo: una empresa criminal gestionada por los gobernantes. Todavía quedan por conocer los resultados concretos de la otra gran ola privatizadora predicada por los neo-franquistas vestidos de neo-liberales, la de la sanidad. Lo que se va sabiendo de los famosos hospitales de Aguirre pone los pelos de punta. E imagínese lo que están dispuestos a mentir para hacerse con las pensiones públicas. 

Todo lo que ha estallado estos días era conocido por mucha gente, intuido por mucha más y visto por toda cuando se producían casos concretos que mostraban la corrupción general del sistema: el proceso de Urdagarin y su actual situación; la situación de Blesa, la de Rato. La connivencia entre el poder político, las instituciones y los delincuentes, condenados o presuntos, era total.

Esto solo era posible con unos medios de comunicación controlados y al servicio de la organización de presuntos malhechores. Y de ahí viene el frente de periodistas omnipresentes en los medios, en defensa cerrada del gobierno y su "partido" y al ataque de todos los demás. La imputación de Marhuenda, hombre clave en este comando mediático, ya permite resituar y recalibrar a sus congéneres en otros puestos de combate.

Lo incomprensible en este episodio es la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy. Esa decisión costó un golpe de mano en el partido, su fractura y una crisis sin precedentes. Se venía justificando por "razones de Estado". González pontificaba que era preciso dejar gobernar a Rajoy "aunque no lo mereciera". Una vez perpetrada la abstención, el PSOE oficial, el de la junta gestora al servicio de Susana Díaz, quería legitimarla valorando su propia oposición en una actitud patética. Por dos motivos:

1º) no es cierto que haga oposición y, además, el gobierno va a plantear un conflicto de competencias con el Congreso para cortarle las garras legislativas, invocando la ley de presupuestos;

2º) aunque la oposición fuera de verdad oposición, sería irrelevante porque Rajoy ya no quiere gobernar, si es que alguna vez lo intentó, sino seguir aforado y al mando de todos los departamentos de la administración del Estado. Evitar a toda costa que lleguen a los ministerios gentes de otros partidos. Por razones obvias.

Eso también era evidente. Y, sobre todo, era evidente que abrir camino a un gobierno que entraba en zona de turbulencia judicial era insensato. Podía pasar cualquier cosa. Y está pasando. La próxima vez que los jueces citen a Rajoy puede ser como imputado. A estas alturas nadie se atreverá a negar esta posibilidad.

Y, por supuesto, Rajoy no va a dimitir.

Ahora calcúlese con qué grado de autoridad y legitimidad puede este gobierno, sostenido por una asociación de presuntos malhechores, hacer frente a lo que la prensa llama "desafío independentista".

lunes, 17 de abril de 2017

Al final de la escapada

Si lo de Rodrigo Rato se escribe en una novela, los críticos dirían que es una fantasía inverosímil. ¿Cabe ser gobernante y delincuente al mismo tiempo? No me refiero a esa generalización propia del huerto ácrata de que, en realidad, todo gobernante es un delincuente porque el gobierno en sí mismo es un delito. Simplemente a la posibilidad de que el gobernante cometa delitos distintos al de gobernar.

Esa posibilidad existe y según parece y presuntamente y etc., se ha hecho realidad en el caso de Rodrigo Rato. Resulta, desde luego, inverosímil que el país haya estado gobernado por alguien que delinquía mientras gobernaba y no por interés de Estado, sino en beneficio propio. El autor del "milagro económico" que venía legitimando los gobiernos de Aznar, dejó tras él una burbuja inmobiliaria y una crisis atroz. Para ir a presidir el FMI, de donde salió a toda prisa porque, según se publica ahora le habían pillado con cuentas en paraísos fiscales o blanqueando dinero o ambas cosas a la vez. De allí saltó a la presidencia de Cajamadrid con el aval y el apoyo de Rodríguez Zapatero, entonces presidente del gobierno, y Mariano Rajoy, jefe de la oposición. Es decir, llegó a presidir la caja con el apoyo de la inmensa mayoría del Parlamento. Y aquí, en una exhibición definitiva de su magia, convirtió la alicaída Cajamadrid en una ruinosa Bankia que fue preciso rescatar a un coste, ese sí, inverosímil de dineros públicos. Y siempre en su presunto beneficio.

Esta trayectoria es la de un supuesto delincuente a las riendas del poder económico español, del mundial y luego de un suculento pastel de nuevo español. Una trayectoria que revela el carácter real de los gobiernos de Aznar. Si estos trajeron una crisis económica interior pavorosa y metieron al país en el exterior en una guerra criminal que le costó el peor atentado de su historia, ¿qué le queda a Aznar para ir presumiendo de su obra como gobernante?

Aznar y Zapatero. En un artículo extraordinario en CTXT, titulado Rato y la extraña ceguera de Zapatero, Cristina Fallarás comenta que Zapatero presumía ser una de las tres únicas personas que conocían la verdadera razón de la espantada de Rato del FMI. A pesar de ello impulsó y respaldó su nombramiento para Cajamadrid. De ser esto así, no hay duda: el comportamiento de Rato, aun inverosímil, es comprensible en función de la infinita codicia del hombre. El comportamiento incomprensible es el de Zapatero. Ningún pecado capital lo explica. Si acaso la primera de las Bienaventuranzas, "bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos".

Una última observación de homenaje a Al final de la escapada, gran película. 

viernes, 24 de marzo de 2017

Las muy probables elecciones anticipadas

Los medios de comunicación no son lo que eran. Ahora puedes controlar todos los públicos y casi todos los privados y no evitas una imagen catastrófica de gobierno incompetente, incapaz de hacer nada bien. Ni los medios más entregados -y los hay increíbles- pueden ocultar a la opinión que a los gobernantes les va fatal en el Parlamento, en donde fracasa en todas sus iniciativas. Si a ese fracaso se añade el constante mosconeo de los digitales, sacando escándalos como rosarios, se concluirá que la situación empieza a ser alarmante para la derecha en el gobierno. Ya Rajoy había advertido que no consideraba adelantar las elecciones pero que, claro, era preciso dejarlo gobernar. Por gobernar entiende que no le toquen lo hecho o deshecho hasta ahora y que le dejen hacer lo que le da la gana en el futuro. Es el único en verlo así, claro. Pero es quien ha de tomar la decisión.

El gobierno no puede legislar a su antojo porque la oposición no le deja. La derrota de la convalidación del decreto-ley de la estiba ha sido demoledora. Y en el punto de mira están ahora la ley mordaza, que ya ha entrado al desguace, y la LOMCE, que espera turno. La oposición quiere desmantelar lo legislado durante la mayoría absoluta del PP. Le van a tocar lo hecho y no le dejan seguir desgobernando. Y ahora vienen los presupuestos, norma de importancia capital cuya aprobación no está garantizada. Es algo crucial. El presupuesto pasa si el PSOE, por lo menos, se abstiene. Abstenerse ahora, como cuando la investidura, equivale a votar "sí" pero sin decirlo. Y de nuevo coloca al PSOE en curso contrario a la izquierda.

Además del bloqueo legislativo, el gobierno está sometido a un control parlamentario al que ni de lejos está acostumbrado. Harta la oposición de la tomadura de pelo de la Gürtel ha montado por unanimidad una comisión de investigación sobre la financiación del PP que, obviamente en contra, responde montando otra sobre la financiación de todos los partidos en el Senado, aprovechando su mayoría absoluta. Pero es pura pataleta. La comisión de verdad es la del Congreso y la que los medios, hasta los suyos, van a seguir. Añádase a ella la comisión sobre la supuesta guerra sucia del ministerio del Interior bajo mando del devoto Fernández Díaz en contra de sus adversarios en Cataluña. Las comisiones no van a dejar un ministro sano. Pero, además, hay una cascada de comparecencias en trámite que involucran a otros miembros o exmiembros del gobierno. Y por asuntos verdaderamente pintorescos: García Margallo por bocazas, Catalá por disoluto y Sáenz de Santamaría por agente de la T.I.A.

Y todos esos apuros y angustias, esos impedimentos, controles, fiscalizaciones a un partido, un gobierno y un presidente que no entienden ni han entendido nunca el funcionamiento de un sistema liberal parlamentario y democrático. En su legislatura con mayoría absoluta gobernó de modo también absoluto, por decreto, con ignorancia del Parlamento en el que apenas compareció y que solo en una ocasión pudo forzar de él algo parecido a una explicación y rendición de cuentas que no fueron tales. Un gobierno que, estando en funciones, se negó expresamente al control parlamentario, convirtiéndose así en un gobierno de hecho, no de derecho. 

A ello hay que añadir el carácter autoritario del personal al mando en La Moncloa y Génova 13, su intemperancia y ningún respeto por las convenciones democráticas. Y, además, las muchas actividades presuntamente delictivas que tienen atareados a los tribunales, así como la esperanza de que un buen resultado en unas nuevas elecciones ayudaría a capear este temporal. 

La convocatoria de elecciones anticipadas está al caer. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Marasmo

El domingo pasado, en un post titulado Disonancias decía Palinuro que "este gobierno no puede gobernar, pero tampoco convocar elecciones anticipadas por razones obvias." Que no puede gobernar viene siendo patente desde el comienzo de su nuevo mandato en el que no ha hecho nada, pero la derrota de ayer en el decreto sobre los estibadores es mucho peor que nada, ya que supone andar en dirección contraria a su programa. Incumplir el programa no es cosa que preocupe en el PP, pero no incumplir por imposición ajena, en defensa de los intereses de los estibadores.

La prueba definitiva, el 31 de marzo con la aprobación de la cuentas en el consejo de ministros. Si los presupuestos no se aprueban es de esperar una convocatoria de elecciones anticipadas y ahí es donde se verá si la premonición de Palinuro es acertada o no: el gobierno no puede gobernar, pero tampoco convocar elecciones anticipadas. Caso de hacerlo, España afrontará el tramo final de la hoja de ruta catalana con un gobierno en funciones. Cierto, el que hay ahora no está mucho mejor, pero, cuando menos, hay actividad parlamentaria y foro de debate en el que seguramente se forjará una sacra unión nacional de partidos dinásticos (PP, PSOE y C'S) para proteger la monarquía y la unidad de España. Con un gobierno en funciones todo eso es muy difícil.

La división en el PSOE es una muestra más de las turbulencias en España. El enfrentamiento entre la candidatura oficialista de Susana Díaz y la de las bases de Pedro Sánchez es total y reproduce el del país. El campo de Sánchez acusa al de Díaz de todo tipo de guerra sucia: manipulación del censo, campañas de descrédito, censura y empleo del aparato del partido a favor de la candidata. Es obvio que hay unas sinergias en el campo de Díaz con el aparato, los barones, los tertulianos, los ex, los medios, los votantes del PP y hasta el Ibex35. De no haberse sublevado las bases insospechadamente, la candidatura de Díaz, una candidatura de caudillaje, con efluvios de PRI, se hubiera impuesto por aclamación. De hecho, al no ser todavía candidata oficial, Díaz viene a ser la tapada del PRI.

A primera vista, si no se hacen malabarismos con el censo, ni se ponen inconvenientes al voto telemático, ni se incordia a las candidaturas de mil formas, puede ganar Pedro Sánchez con un discurso de izquierda. De suceder, podría abrirse una interesante etapa de búsqueda de la unidad de la izquierda. Pero, a los efectos del gobierno y la legislatura, esta situación sería irrelevante. Al no ser el nuevo SG diputado del Parlamento (en ninguno de los dos casos), el grupo parlamentario del PSOE mantendría su composición y línea de actuación. 

La sola esperanza de Rajoy de mantenerse en el gobierno y conseguir al tiempo algún tipo de gobernabilidad es que Susana Díaz gane las primarias. Para ello ha de posponer la convocatoria de elecciones con el riesgo de que, si gana Sánchez, la gobernabilidad se evaporará, habrá que ir a elecciones y es posible que en ellas dé Sánchez una sorpresa.

La cuestión con el gobierno de España ya no es cómo se siguen depilfarrando los caudales públicos con las multas que habremos de pagar a causa del fiasco de la estiba, sino quién y cómo estará tomando decisiones respecto a la hoja de ruta catalana.

Añádase el rosario de casos de corrupción y podremos preguntarnos cómo es posible haber llegado a este marasmo con tal grado de incompetencia.

domingo, 12 de marzo de 2017

Disonancias

Quien pretenda extraer conclusiones del sondeo de Metroscopia sobre las perspectivas de la situación política española lo tiene crudo por la cantidad de disonancias y hasta contradicciones que muestra. Y no debido al trabajo técnico, sino a las respuestas en sí que correctamente registra. Por eso los autores se apresuran a aclarar que el sondeo es foto fija aquí y ahora. Sobre el futuro, los dioses dirán, incluido el futuro de mañana mismo.

La primera conclusión de un examen detallado de la encuesta es que los encuestados no estamos en nuestros cabales. ¿Cómo puede ser que tenga la mayor expectativa de voto un partido cuyo líder es el peor valorado, a excepción del inefable Iglesias? Podemos es segunda fuerza. Casi parece que los españoles prefieren votar por líderes a los que no valoran. Prueba a contrario: el líder más valorado, a estratosférica distancia de los dos mencionados, Rivera, es el del partido con menor o cuasi menor intención de voto. La mayor expectativa de voto para un partido cuya gestión de gobierno desaprueba el 70%. No solamente votan por partidos cuyos líderes no valoran, sino también por aquellos cuya gestión de gobierno rechazan. Y no acaba ahí. Yendo a dianas concretas, el 89% dice que el gobierno no está sabiendo gestionar la corrupción. Es una forma elegante, barométrica, de decir que la gente cree que el gobierno es corrupto. Y lo vota. Como lo vota aunque abrumadoras mayorías del 78 y el 71% rechazan su forma de gestionar la situación laboral y la de Cataluña. En el caso catalán los que rechazan son más que los que aprueban incluso entre los votantes del PP. Cosas todas ellas, estaremos de acuerdo, asombrosas.

Está bien la foto fija. Es lo que se ve a simple vista en la vida cotidiana. Inclúyanse los datos sobre la corrala del PSOE. Descalabro en intención general y hundimiento total, por debajo de C's, en intención directa. Justo lo que necesita la pelea para reanimarse. Los dos bandos (golpistas y antigolpistas) se echarán mutuamente en cara estos desastrosos resultados. Pero hay un dato que deja a los golpistas en evidencia: el grado de rechazo general a la gestión parlamentaria del PSOE (monopolio de la junta gestora y campo de Díaz) es el mayor de todos, con un 74%. Ese rechazo es también más alto que la aprobación entre los propios votantes socialistas. Es decir, bien a las claras, el discurso justificativo de Jiménez, Hernando, Madina, Díaz, etc., acerca del valor de la oposición parlamentaria del PSOE no cuela ni entre sus propios seguidores. Yo me preocuparía.

Aunque tampoco es para tanto. El mensaje del sondeo es claro y sí, estamos en nuestros cabales. Hay una mayoría relativa muy escasa que apoya a un partido al que considera corrupto e incompetente y cuyo líder no le merece confianza, sin duda porque los otros atraen menos. Como partidos y como líderes. Y, la verdad, hace falta ser inútil para no dar mejor imagen que Rajoy y no tener una oferta mejor que la del PP, consistente únicamente en seguir con el pillaje de caudales públicos. Dado que el PSOE está de sabático hasta que se dilucide el enfrentamiento, el electorado parece decidido a no tomarse muy en serio la situación.

Lo cual es grave porque la situación es seria. Este gobierno no puede gobernar, pero tampoco convocar elecciones anticipadas por razones obvias. 

jueves, 9 de marzo de 2017

Hay que ilegalizar a esta banda de ladrones

Y proceder judicialmente contra su responsable, Mariano Rajoy, presidente del gobierno, que, al parecer, estuvo años cobrando sobresueldos con cargo a esa caja B del partido a donde iban a parar las mordidas, se dejó pagar viajes y trajes por la Gürtel y tiene a su padre dependiente a cargo del erario mientras niega las ayudas a los demás dependientes. O sea, un personaje inmoral y puede que presunto delincuente al frente del gobierno desde hace más de cinco años.

Un quinquenio que corona la etapa de mayor corrupción de la historia de España desde la Transición. Porque, al parecer, no era solamente Rajoy quien cobraba los sobresueldos, sino una nutrida representación de cargos y dirigentes del partido que se repartían así entre ellos una cantidad importante de los caudales que los empresarios pagaban a cambio de contratas públicas y con el objetivo último de financiar ilegalmente el PP. Una orgía de dinero sucio que se canalizaba por diversas vías, por ejemplo, la Fundación FUNDESCAM, juguete preferido de Esperanza Aguirre y el presidiario Díaz Ferrán, gran amigo suyo. Esa financiación ilegal servía para los sobresueldos, para pagar las campañas electorales del PP (cuyos resultados debieran anularse por haberse obtenido con trampas, con tongo) y, sin duda, también para comprar voluntades en los medios y hasta los mismos medios.

Y así, gracias a la mayoría absoluta del PP en la Xª legislatura, la injerencia permanente en la administración de justicia y el control de los medios, España se ha convertido en el país de la corrupción, mientras la gente pasa necesidades, o no tiene para comer y los niños van a clase en barracones.

Varios jueces consideran el PP como una presunta asociación para delinquir. Con las nuevas revelaciones en sede judicial quizá pueda empezar a considerársele como un ejemplo de delincuencia organizada. Un partido sin ideología oficial (porque el neofranquismo no puede confesarse en público) cuyo único objetivo es conseguir el poder para saquear el erario, malversar, malvender lo público a los amigos del sector privado esgrimiendo filosofías neoliberales mientras captura el Estado y lo esquilma.

Hay que recordar a Aznar afirmando en 2010 que el PP era incompatible con la corrupción. Calíbrese la sinceridad del amigo: Rodrigo Rato había sido ministro de Hacienda y luego vicepresidente del gobierno con él y ya por entonces, según parece, era un corrupto. También merece la pena recordar a Mariano Rajoy en 2009 rodeado de la plana mayor del PP, en la que ya había varios corruptos, afirmando muy serio que la Gürtel no era una trama del PP sino una trama contra el PP. Así, con todo el morro.

Y ahí sigue de presidente del gobierno, gracias al PSOE, por cierto. Gobernando como si todavía tuviera mayoría absoluta y haciendo lo que le da la gana. Ya veremos qué pasa con esa comisión de investigación en el Congreso que no les ha quedado más remedio que exigir a los partidos de la oposición, PSOE, Podemos, C's. 

Los nuevos datos vinculan la Gürtel con la Púnica, eliminan la prescripción de muchos presuntos delitos al establecer su continuidad entre 2004 y 2011, dibujan una actividad delictiva permanente, especialmente en la Comunidad Autónoma de Aguirre/González y en el pináculo de todo ello, como responsable político, sitúan a Mariano Rajoy. 

Es insólito que este hombre sea presidente del gobierno.  


jueves, 23 de febrero de 2017

La corrupción como forma de gobierno

Que España es uno de los paises más corruptos de Europa y uno bastante corrupto en el mundo no lo dice Palinuro. Lo dice Transparency International, una organización internacional dedicada al estudio de la corrupción que en su informe de 2016 situaba a España en el lugar 41 de un conjunto de 194 países. No estamos descubriendo nada.

Es una opinión compartida por la opinión pública. Según el último barómetro del CIS, la población considera la corrupción el segundo problema después del paro. Así es para más del 17% de los encuestados. Al desglosar los baremos se descubre que hay diferencias notables: los votantes del PP no son tan sensibles a la corrupción como los de los otros partidos. Lógico, normal, teniendo en cuenta que el partido del gobierno (ese que, según Aznar, era "incompatible con la corrupción") es tan corrupto que parece una maquinaria de delincuencia organizada para expoliar el país. Algunos jueces lo consideran una asociación con ánimo de delinquir y por eso lo tienen sentado en el banquillo. En realidad, esta atmófera general y atosigante de corrupción sin límites viene propiciada por el partido del gobierno y el gobierno mismo. La corrupción es hoy la forma de gobierno de España. Y lo es desde el primer gobierno de Aznar. Pero, desde el triunfo electoral de la derecha por mayoría absoluta en noviembre de 2011, se ha extendido a todas las instituciones del Estado.

El Parlamento fue sistemáticamente ignorado por el gobierno del PP con su mayoría absoluta. El país se regía autoritariamente por decreto-ley. El Tribunal Constitucional está sometido a los dictados del gobierno desde el momento en que el último presidente y el que puede serlo a continuación, son militantes del PP. La intervención del gobierno en la administración de justicia es permanente y no solo por sus habituales martingalas para obstruir la acción de la justicia, sino empleándose directamente a fondo a través del ministerio fiscal u otros medios, para conseguir su fin que normalmente es proteger a los ladrones y delincuentes si son de su partido. El uso de la fiscalía para impulsar los procesos políticos contra los independentistas es tan escandaloso como el que se ha hecho en Murcia para tratar de salvar al presidente de la región, por supuesto, del PP.

El caso más patente de la corrupción hoy mismo es el del proceso Noos. A los ojos de todo el mundo, la justicia ha favorecido a los delincuentes o presuntos delincuentes, que prácticamente se han ido de rositas. La hermana del Rey simulando una estupidez casi catatónica (otra burla a la justicia) y su marido por ser quien es, a pesar de haber apandado millones de dinero público. Entre tanto, y para que la gente tenga idea clara de una justicia al servicio de los poderosos, le han caido tres años y medio a un rapero por una canción.

Por supuesto, todos los aparatos de propaganda del gobierno y la derecha, los medios y los publicistas, han coincidido en entender la sentencia del caso Noos como una muestra de la independencia de la justicia y de la igualdad de todos ante ella cuando es patente que es al revés. Tiene que ver con el hecho de que los medios en muy buena medida (siempre hay excepciones) son tan corruptos como el resto de las instituciones en el sentido de que ostentan el record de ser los menos creíbles de Europa y unos de los menos creíbles del mundo. Y tampoco lo dice Palinuro, sino un estudio del año pasado de la Universidad de Oxford.

A una pregunta parlamentaria de Pablo Iglesias en la que se relacionaban algunos casos de corrupción, el preguntado, Mariano Rajoy, contestaba en su habitual tono de cuchufleta que cree muy gracioso que "menos mal que no es usted Robespierre porque tendríamos un problema". No, Iglesias no es Robespierre, pero el país tiene un problema de corrupción y lo tiene el PP y lo tiene muy especialmente el señor Rajoy. ¿Cómo no va a tener un problema de corrupción un país cuyo presidente del gobierno -el que se supone debiera dar ejemplo- está bajo sospecha de haber cobrado sobresueldos procedente de una ilegal caja B? ¿Cuál es la diferencia entre estos cobros -en los que también mojaban muchos dirigentes del PP- y las comisiones, pastuquis y mordidas que han salido a la luz en los procesos en curso y los que vendrán? ¿Cómo no si ese mismo presidente lleva años avalando y apoyando a cuanto dirigente de su partido se ha visto acusado y/o condenado por corrupción, a Matas, Fabra, Mato, Bárcenas, Camps, Barberá y ahora ese tal Sánchez de Murcia?

El problema es que, con un personaje corrupto al frente de un gobierno corrupto, el resultado solo puede ser el que es: uno de los países más corruptos de Europa. Y eso, además, gracias a la abstención del PSOE, único responsable de que se prolongue esta insufrible situación.

miércoles, 22 de febrero de 2017

El referéndum

Aquí el artículo de Palinuro en elMón.cat de hoy, titulado, 46/45. 46, las propuestas de Puigdemont de hace un año para debatir en La Moncloa; 45 las que La Moncloa está dispuesta a negociar un año después. No es rápida La Moncloa. Y la diferencia, la propuesta cuadragésima sexta, que el gobierno central excluye expresamente, es la del referéndum. Es decir, no hay, no puede haber diálogo.

Seguramente entre los cientos de asesores de que dispone Rajoy, todos cobrando una pasta de nuestros bolsillos, alguno le habrá dicho lo obvio: el referéndum es insoslayable. Aunque la comisión (supongo que se nombraría una comisión) negociadora alcanzara acuerdos en las 45 cuestiones de marras, el resultado habría de someterse a referéndum en Cataluña. No hemos llegado hasta aquí para que una reunión de sobremesa sustituya la voluntad democrática de los catalanes. Así que no se entiende el encabezonamiento de Rajoy salvo por un atavismo imperial muy típico de esta derecha reaccionaria: cualquier desacuerdo, discrepancia, se convierte en un asunto de principios enfrentados a muerte. Por eso lleva el Estado español cuatrocientos años de imparable decadencia.

Aquí la versión en castellano:

46/45

Hace algo menos de un año, en abril de 2016, Puigdemont se personó en La Moncloa con un repertorio de 46 cuestiones pendientes de tratar entre la Generalitat y el gobierno central, el doble de las que había ofrecido negociar a su vez Artur Mas el año anterior. Ambos presidentes recibieron el acostumbrado y arrogante “no” mesetario envuelto en la retórica flamígera del caduco imperio a cuenta de que una de las cuestiones era el referéndum: no se puede negociar con la soberanía del pueblo español.

¿Acaso no coinciden Rajoy y Felipe González en ese punto falaz de la soberanía innegociable del pueblo español? En ese y en muchos otros, pero ese es aquí decisivo porque explica por qué el nacionalismo español no se divide entre izquierdas y derechas. Es siempre de derechas. El de izquierdas, también.

Meses más tarde, en diciembre de 2016, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría admitía que el gobierno podía hablar de 45 de las 46 peticiones catalanas. Fuera quedaba la cuadragésimasexta, que no podía ni pronunciarse: el referéndum. De empeñarse en ello la parte catalana, no habría ningún diálogo. Y ese es el espíritu que destila la actitud actual del gobierno central: negociar sobre 45 de las 46 cuestiones, dejando aparte expresamente el referéndum que es precisamente la propuesta que da sentido a la posición de la Generalitat y constituye su fortaleza. Cosa, por cierto, que podría haber ofrecido ya hace un año de ser menos lento y algo más responsable.

Al final, por tanto, el gobierno se sienta a negociar a regañadientes, con un año de retraso y con imposiciones, como siempre. Pero lo hace. Los que no querían ni empezar a hablar han acabado comprendiendo que escenifican algo o la hoja de ruta catalana, en la que nunca han creído, va a barrerlos a ojos de la opinión pública internacional. La misma asustada sospecha de los socialistas que han pasado a hablar de “plurinacionalidad” de España pero tampoco quieren oír hablar de referéndum catalán.

Para disimular su insostenible posición, el gobierno ha conseguido ya que su Tribunal Constitucional, el órgano que actúa a sus dictados, haya anulado la decisión del Parlament de convocar el referéndum. De este modo, se sitúa fuera de la ley cualquier medida de las instituciones catalanas en prosecución de la hoja de ruta y se posibilitan más actividades represivas. De hecho, el TC ya ha instado a la Fiscalia a que afine una segunda causa penal contra Carme Forcadell, presidenta del Parlament.

En estas condiciones la oferta de diálogo y entendimiento del gobierno español es una farsa dentro de su acostumbrada política de amenazas. A los efectos ha soltado también a sus voceros, pregoneros e intelectuales orgánicos de todo el espectro político para que exijan perentoriamente medidas contundentes. Si hace una fechas, Vidal Quadras recordaba que, cuando no se respeta el Estado de derecho (el Estado de derecho de la derecha española que ni tiene derecho ni, en el fondo, es un Estado) las cosas se resuelven por la violencia, su correligionario, Albiol, escenificaba gráficamente la amenaza pintando un futuro –que él decía querer evitar- con el ejército de desfile por la Diagonal. Menos belicosa la izquierda prefiere asustar por la vía administrativa y penal, y Guerra habla de suspender la autonomía con el artículo 155. El mismo artículo que invoca ese aparatoso prohombre, intelectual orgánico de la transición, Juan Luis Cebrián. El último cachorro del franquismo mediático, le añade un toque paramilitar hablando de la Guardia Civil, para cerrar el círculo con los escandalizados prohombres de la derecha.

En el fondo, quien mejor representa este espíritu de nacionalismo español por encima de sus tenues banderías es José María Aznar, que considera pusilánime toda intención dialogante del gobierno central con la Generalitat. El mismo Aznar que entregó el 15% del IRPF a la Generalitat a cambio del voto de Pujol a su investidura. Una concesión que evidencia el fondo real de la intención del nacionalismo español, especialmente el de derechas: está dispuesto a trocear España a cambio del mantenimiento de su privilegio sempiterno de gobernar lo que quede de ella. Lo que diferencia el independentismo catalán del nacionalismo español, sobre todo el de derechas, es que este último no cree en lo que dice defender.

viernes, 10 de febrero de 2017

Estado de corrupción

¿Es válido el resultado de un juego en el que se demuestra que la parte ganadora hizo trampas? El ganador, el campeón, pierde los títulos. ¿Por qué se da por válido el resultado de unas elecciones que se ganaron gracias a la financiación ilegal? No hay más "razones" que la arbitrariedad por la parte ganadora y la sumisión por la perdedora. Pero no es de recibo. En un Estado de derecho no es de recibo.

La cuestión es si España puede considerarse un Estado de derecho. Empecemos por arriba. El Senado rechaza la petición de Compromis de que el Estado responda si se pagaron "aventuras cárnicas" del rey Juan Carlos con dinero público. Ya solo la pregunta nos introduce en un jardín pintoresco, pero la respuesta de que esa información no puede facilitarse por ser materia reservada sujeta a la ley de secretos oficiales lleva el pintoresquismo a niveles surrealistas. ¿Por qué son "materia reservada" y "secreto oficial" los escarceos amorosos del anterior Borbón reinante de los que habla todo el mundo en la televisión, incluidas sus protagonistas? Notable tufo a ridículo. Y de Estado de Derecho, nada. ¿Por qué no puede conocer de cierto, por fuente oficial, la ciudadanía las alegrías del Rey con presuntos dineros públicos? Los del silencio suelen argumentar el art. 53,6 de la Constitución, el que hace inviolable y no sujeta a responsabilidad la persona del Rey. Ya es insólito un Estado de derecho en el que hay alguien por encima de la ley. Pero es que, además, es estúpido porque no se trata de si el Rey es o no inviolable sino de si tiene el derecho a gastarse el dinero de la ciudadanía sin dar cuentas por ello. Una cosa es ser inviolable y otra incognoscible. Claro que tampoco ha comentado nadie en la Casa Real la noticia publicada hace ya año en Forbes sobre la supuesta fortuna de Juan Carlos de 1800 millones de €. La inviolabilidad y la irresponsabilidad no producen invisibilidad.

Es un Estado de derecho en el que muchos cargos políticos del partido del gobierno pasan más tiempo luchando en los tribunales que gobernando. Y son docenas. En todos los niveles. Y las causas son siempre corrupción, malversación, apropiación indebida, cohecho, etc. Algunos jueces que han llegado a imputar al partido como persona jurídica lo tienen como una asociación con ánimo de delinquir. Es verdaderamente curioso que un partido parecido a una asociación de malhechores administre un Estado de derecho. Se percibe cierta incongruencia: un partido en el que han tenido importantísimas funciones de gestión personas como Fabra, Granados, Matas, Mato, Rato, Camps, Barberá y muchísimos otros de menor relevancia no parece el medio más idóneo para gobernar un Estado de derecho.

Sobre todo porque, además, si algo ha caracterizado la reacción del PP ante la corrupción ha sido una disonancia cognitiva total desde el primer momento. En el terreno declarativo pasó de negarlo todo ("no un montaje del PP sino un montaje contra el PP") a ponerse al frente de la manifestación y acaudillar el regeneracionismo con algunas normas anti-corrupción de las que nadie hacía el menor caso. En el terreno de la acción torpedeó sistemáticamente la acción de la justicia (destrucción de pruebas, mala fe procesal, etc) y encubrió cuanto pudo a los imputados, acusados o condenados.

En este terreno del encubrimiento -que genera una desconfianza grande de la gente en las instituciones democráticas- se juega todo el Estado de derecho. Si a día de hoy, el presidente del gobierno recibe a los familiares de las víctimas del Yak42 con catorce años de retraso y con ello, aunque sea vergonzantemente, se admite la responsabilidad del Estado (o sea, de Trillo, que aún no ha pedido perdón), esos catorce años ¿no han sido de encubrimiento?

Y es el caso que tal parece ser el contenido de la pelea en el PSOE, sobre si Estado de derecho sí o no. El campo de Susana Díaz, la Gestora, los medios, los barones, etc lleva al PSOE a la gran coalición en la que de hecho ya está. El mantenimiento de la alternancia de los dos partidos dinásticos, los dos leales a la III Restauración. La candidatura de Sánchez trae apoyos de naturaleza muy distinta, procedente de las bases, los militantes y da la impresión de que se orienta más a una alianza de la izquierda que restaure más que la monarquía el Estado de derecho en el que todos somos libres e iguales ante la ley y nadie está por encima de ella. La tercera candidatura, la de López, no acabo de encontrarle perfil propio.

Por eso importa tanto a todo el mundo la solución del conflicto en el PSOE.

jueves, 2 de febrero de 2017

La raíz de la corrupción

En el post de ayer, titulado Corruptópolis, Palinuro comentaba tres asuntos de corrupción en España y vergonzosas y/o ruines actuaciones del presidente Rajoy: el nombramiento de su amigote Arsenio Fernández de Mesa como consejero de la Red Eléctrica (150.000 € al año), puesto para el que tiene tantos merecimientos como para ser director de la Guardia Civil, su cargo anterior: ninguno. Solo su amistad con Rajoy y su canina lealtad a este. La incapacidad para pedir perdón a los familiares de las víctimas del Yak42 que lo fueron por la imperdonable actuación del gobierno en el que él, Rajoy, era vicepresidente. El insólito homenaje póstumo que se tributó a Rita Barberá, con el mismo Rajoy (el que la echó del partido) cantando sus alabanzas. A los familiares, no, pero a Rita Barberá, sí. Todo ello coronaba un jornada en la que PP y C's impedían la mísera subida de 1,2% de las pensiones, mientras el PSOE, que lo pacta todo con este gobierno, no hacía nada.

El post era un florilegio de la corrupción que caracteriza a la España actual bajo el PP, una corrupción generalizada, estructural, procedente de un gobierno cuyo presidente está acusado de haber cobrado sobresueldos en negro y cuyo partido es considerado por algunos jueces como una "asociación para delinquir".

Me quedé pensando en que este fenómeno de corrupción generalizada, descarada, desvergonzada (repásense los vídeos de Rajoy, Trillo, Bárcenas y resto de esta cuadrilla), tenía que tener alguna explicación racional. No podía ser una plaga divina, sin causa terrena aparente. Y creo haberla encontrado. A ver qué opinión merece.

Mariano Rajoy Brey nació en 1955. Él y sus tres hermanos (dos chicos y una chica) sacaron unas de las oposiciones más difíciles del Estado (registradores y notarías) a la primera y apenas terminadas sus carreras. Hay quien relaciona estos milagros con el hecho de que fueran hijos de Mariano Rajoy Sobredo, el magistrado que presidía la Audiencia Provincial de Pontevedra cuando se juzgó el famoso escándalo del aceite de Redondela en la primera mitad de los setenta, un proceso lleno de misterios, con siete muertes escasamente investigadas y menos explicadas y en el que aparecía mezclado el hermano del dictador, Nicolás Franco, quien ni siquiera fue llamado a declarar. El juicio terminó sin pena ni gloria, condenándose a unos años de cárcel a tres pichichis y dejando todo lo demás en la oscuridad, incluido el destino de millones de litros de aceite de los que nunca más se supo. Todo lo anterior y más lo encontrará el lector en el documentado artículo de Eusebio Lucía Olmos, titulado  ¿Fue Mariano Rajoy un lumbrera o simplemente un beneficiario directo del caso 'redondela'"?

Luego, Rajoy no debió de ejercer su profesión ni tres años pues ya en 1981 lo encontramos activo en Alianza Popular (nombre anterior del PP) y diputado del Congreso en 1982. Desde entonces, hace ya 35 años, no ha abandonado la actividad política como presidente de diputación, ministro, vicepresidente del gobierno y actual presidente, secretario general del partido y también actual presidente de este. O sea, un político profesional con una formación escasísima (basta con oírlo y ver lo que lee) y prácticamente ninguna experiencia laboral que no sea intrigar para conseguir los cargos. No es pues exagerado considerar que al frente de los destinos del país se encuentra un absoluto mediocre que solo prospera en los tejemanejes políticos de los partidos. A la conocida idea de la sociología funcionalista estadounidense de mediados del siglo XX de que las sociedades industriales se rigen por el principio de la meritocracia, Rajoy contrapone una larga práctica demeritocrática.

Y es lógico. Nadie que ascienda por encima de sus dotes, cualidades y esfuerzo tolera a otros a su vera que puedan hacerle sombra. Los necesita más mediocres, más inútiles, con menos escrúpulos que él y completamente entregados a su voluntad pues, si no se benefician de los arbitrarios nombramientos del jefe, no son nada.

Ahora repásense los nombramientos de Rajoy desde siempre. ¿Se busca en ellos la experiencia, la competencia, la capacidad, la voluntad de trabajo, o basta con ser amigo y gozar de la confianza del jefe para ascender meteóricamente aunque no se sepa nada de trabajo (Báñez), de sanidad (Mato), de educación (Wert), de energía e industria (Soria), de seguridad (Fernández Díaz), de la Guardia Civil (Fernández de Mesa), del ejército (Cospedal), etc.? Y ese ejemplo se extiende de arriba abajo por la pirámide del Estado y se reproduce en todos los niveles, en los que se entregan competencias a gentes que carecen de ellas y solo se distinguen por su obediencia ciega y su afición a incurrir en comportamientos presuntamente delictivos y muy enriquecedores. En España, en política, y gracias a Rajoy, no se selecciona a la gente por su mérito sino por su entrega y su demérito.

Y esa es la raíz de la corrupción general imposible de atajar porque, milagrosamente (tan milagrosamente como la carrera política de Rajoy) la raíz está en la copa del árbol. 

(La imagen es una foto de la Casa Rosada (Argentina Presidency of the Nation), bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 1 de febrero de 2017

Corruptópolis

Con la que está cayendo a cuenta de las puertas giratorias y de las empresas eléctricas (un suculento negocio para los políticos y sus amigos a costa de que la gente pague unas de las tarifas más altas de Europa), cualquiera diría que este nombramiento muestra poco tacto o sentido de la oportunidad. Otra puerta giratoria y más que giratoria, una verdadera lanzadera. El puesto para el que se ha nombrado a este personaje con unos 150.000 € al año, queda vacante porque su anterior titular se incorpora al gobierno. ¿Habían oído hablar alguna vez del capitalismo de amiguetes? Son las reglas del mercado: las empresas no se arredran en contratar auténticos inútiles por una millonada porque saben que se las recompensa por otro lado. La experiencia del nombrado en asuntos de energía viene de haber sido director general de la Guardia Civil, puesto al que fue ascendido sin merecimiento alguno, como decisión personal de su amigo Rajoy. ¿Paganos? Los contribuyentes.

La idea de que este nombramiento muestra falta de tacto es, en realidad, una simpleza. Los que proceden a hacer nombramientos caciquiles se pasan el día haciendo cosas parecidas. El Estado es de su propiedad y hacen con él lo que quieren. Nombran a la gente que les da la gana, amigos, allegados, parientes. ¿Para qué van a necesitar tacto o sentido de la oportunidad? Hacen lo que quieren porque es lo que quieren y nadie protesta y, lo más grave, nadie lo impide. Es una desvergonzada conciencia de impunidad. Después de 14 años de humillar la memoria de las víctimas del Yak42, sin pedir perdón por el inaudito atropello, los mismos que son políticamente responsables de él reciben a los familiares como si les hicieran un favor y siguen sin pedir perdón.

¿Por qué habrían de hacerlo? El país es suyo. Si hubieran de andarse con remilgos y cuestiones de oportunidad, ¿cómo iban a homenajear póstumamente a Rita Barberá? "Era buena, decente y trabajadora; la echo de menos", dice Rajoy. ¿Sentido de la oportunidad? Debe de ser el mismo Rajoy que la obligó a dejar la militancia cuando las cosas se le pusieron feas, pero que ahora, llevado por el entusiasmo, ha llegado a comparar a Barberá con los ediles muertos por atentados terroristas.

Todo eso y mucho más, cotidiano, permanente: latrocinios, expolios, estafas, malversaciones...la corrupción en España es estructural y todo lo que se hace es funcional a esa estructura. Que, por lo demás, sigue manteniéndose sobre las costillas de los más débiles, los jóvenes, los parados, los dependientes y, en esta ocasión los jubilados pues el PP y C's han conseguido paralizar la subida de las pensiones de un 1,2%, siendo así que la inflación en enero ha sido del 3%.

A esta situación de trapaza y corrupción cotidiana, aquilatadamente española, hemos llegado con el impagable auxilio del PSOE al permitir con su abstención este gobierno de la derecha. Andan por ahí los voceros de la gestora diciendo que lo controlan y que son una oposición útil a la ciudadanía. A la vista está, en la impunidad con la que el gobierno hace lo que quiere.

Ahora amenazan con no aprobar los presupuestos. Será de ver hasta dónde llevan su negativa, teniendo en cuenta que Rajoy dispone de la llave de elecciones anticipadas. Y si, para evitar elecciones anticipadas, se forzó una abstención del partido que lo dejó fracturado, ¿qué no se hará para evitarlas de nuevo? Por ejemplo, aprobar los presupuestos con estos o aquellos retoques que el gobierno se encargará de ignorar olímpicamente, como hace con todas las proposiciones no de ley del parlamento mientras él procede por decreto.

lunes, 2 de enero de 2017

La gran nación

Conocida es la afición de los políticos españoles a la grandilocuencia. De todos los colores pero, sobre todo, de la derecha. En cuanto se descuidan les sale el imperio por la boca, junto los gritos de rigor. Así va Rajoy por ahí repitiendo a quien quiere escucharle que España es una gran nación. Le hace eco Felipe VI, fiel repetidor del santo y seña del día. España es una gran nación.

No existe una forma universalmente admitida de medir la grandeza de las naciones. En esto nos movemos a ojo de buen cubero. Si hay que decidir entre las respectivas "grandezas" de los Estados Unidos y Trinidad y Tobago, seguramente la decisión se aproximará a la unanimidad; pero si hay que hacerlo entre el Reino Unido o Alemania o Francia y los Estados Unidos, la cosa no estará tan clara. Intervienen muchos factores de muy diversa naturaleza (aparte de la convicción de muchos naturales de tales lugares de que su respectiva nación en una gran nación porque sí) y habría que saber cuáles son los decisivos a los ojos de Rajoy para averiguar qué entiende por gran nación. A veces ha señalado su antigüedad, pero ese criterio es irrelevante: se puede ser antiguo y grande o muy pequeño, casi insignificante. Los otros criterios que emplean Rajoy y su pupilo, Felipe VI, son un enigma. Prácticamente en todos los índices, escalas y clasificaciones internacionales en las más diversas materias, el país ocupa un lugar modesto cuando no bochornoso, como en el índice del paro general, del paro juvenil, de la emigración de mano de obra, de pobreza, etc.

Llamar a esto una gran nación indica una falta escrúpulos y de compromiso con el requisito habermasiano de la sinceridad o un acto de fe mística en la función performativa del lenguaje. El presidente de los sobresueldos, capaz de dar cuenta de su gestión en un año sin mencionar la palabra corrupción, se convierte en el taumaturgo Rajoy que no está definiendo la gran nación española, sino sacándola de la chistera mediante un conjuro mágico.

Con ánimo de ayudarlo, le propongo argumente su enunciado de la gran nación basándolo en un criterio sólido, esto es la multiplicidad de procesos judiciales en que está involucrado su partido, su gobierno y, según vayan las cosas, él mismo. Realmente es lo que cabe llamar el gobierno desde el juzgado o desde el banquillo. La lista de investigados, imputados, procesados, es impresionante. Probablemente no se ha dado jamás otro caso en que un partido en el gobierno tenga tantos miembros y cargos inmersos en procesos judiciales. No pierda Rajoy el tiempo y no se conforme con predicar la consigna de la gran nación; presente ya la instancia para incluir a su gobierno en el Guinness World Records como el gobierno con mayor concentración de presuntos delincuentes por metro de despacho.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Mariano, sé fuerte

La oposición tiene preparado un via crucis al presidente del gobierno. Acaba de arrancar la legislatura y ya está obligado a comparecer en el Parlamento, cosa que, en su anterior omnímodo mandato, solo hizo una vez, un primero de agosto y para mentir descaradamente. Los tiempos han cambiado y la mayoría parlamentaria también. Eso es decisivo. Tanto que el gobierno puede verse obligado a hacer lo que lleva más de cinco años sin hacer: rendir cuentas.

Esa comparecencia que se pedirá en la inevitable comisión de investigación sobre la financiación del PP  promete ser muy movida y provocar todo tipo de turbulencias. Siempre se ha dicho que un problema de las comisiones parlamentarias de investigación es que interfieran en procedimientos judiciales en marcha. Y aquí, justamente, se pedirá la comparecencia del presidente del gobierno para responder en una investigación sobre la financiación de su partido que los tribunales están juzgando por otro lado dentro del macroproceso de la corrupción Gürtel. En breves días se espera la declaración del mismísimo Bárcenas, de la que también podría salir una petición de que Rajoy declare en sede judicial. De hecho, quienes piden la comparecencia solicitan también a la presidenta de la cámara que recabe información de los juzgados y tribunales en los que se esté viendo este asunto.

Al mismo tiempo, es de notar que la petición de comparecencia se hace para declarar algo que no solamente está sub-iudice, sino que está siendo objeto de renovada práctica ahora mismo, como se prueba por el nuevo pufo del AVE a Murcia, 18 millones del ala que tendrán o no que ver con la financiación del partido cuyo presidente es llamado a comparecer.

Esta comparecencia amenaza con intensificar los conflictos. El PP o su presidente pueden intentar boicotearla amenazando con disolución y elecciones anticipadas y eso es lo último que quiere la oposición, en especial la de izquierda. Sus dos formaciones principales están inmersas en sendas luchas intestinas que sin duda tienen fondo político e ideológico más o menos fácil de entender pero que, en la sociedad mediática, aparecen como peleas personales: susanistas, sanchistas, pablistas y errejonistas son los trasuntos actuales de los fulanistas y menganistas de que hablaba Unamuno. Ir a unas elecciones en esas circunstancias sería suicida. Y en el PP lo saben, de modo que la comisión de investigación acabará pactándose.

No se olvide que en el horizonte de la política española está la nube permanente del independentismo catalán. Unas elecciones convocadas a lo largo de este año dejarían al país con el gobierno del PP de nuevo en funciones, esto es, según su propia doctrina, sin control parlamentario. Quizá lo que esté planeando ese mismo gobierno para enfrentarse a la llamada "cuestión catalana" con las manos libres

sábado, 3 de diciembre de 2016

La mística de los datos

El mismo día en que el país se entera de que el gobierno ha vuelto a darle un tiento a la hucha de las pensiones y ha arramblado con 9.500 millones de euros para sus francachelas (esa parada del AVE en un pueblo perdido de Zamora, creo, es una francachela) y que el paro sube una barbaridad por cuarto mes consecutivo aparecen estos señores del gobierno, como Jorgito, Jaimito y Juanito con corbatas en armonía de rojos a hacer reír a la concurrencia con una ocurrencia: a finales de 2019, el paro estará por debajo de un modesto 13%. Tomen buena nota. Son los mismos que en 2010 prometían reducir a la mitad la tasa de paro si ganaban las elecciones de 2011. Ganaron las elecciones y la tasa de paro sigue siendo la misma. Pero ahora la reducción se aplaza a finales de 2019. Ese toque de precisión temporal da mucha verosimilitud a lo que asegura este triunvirato de prestidigitadores. Cumplen su función de eludir toda responsabilidad por los datos reales, que son pésimos, sin perspectiva de mejora, señalando un nebuloso futuro de prosperidad que se cifra en el 13% del paro como podía cifrarse en el 18% o el 20% o el 5% y para finales o mediados de 2018 o de 2022. Realmente no tienen ni idea ni, aunque la tuvieran, tienen idea de cómo llegar a ella. Están superados por los acontecimientos y los datos les bailan. Andan calculando en público cuánto van a sacar a los fumadores y bebedores y las bebidas azucaradas, al parecer para fastidiar a la Hacienda de la Generalitat. Suman el pellizco que van a pillar a las empresas, le añaden los 9.500 millones que han birlado del fondo de pensiones y así va haciéndose un calcetín hasta el momento en que haya que negociar qué más se recorta.

O sea, no tienen ni idea de lo que va a pasar pero vaticinan un 13% de paro para finales de 2019. Más o menos, tres años, que es cuando calculan que convocarán elecciones

viernes, 2 de diciembre de 2016

Querencia por la dictadura

La relativa ventaja de los tontos es que no saben que son tontos. Cuanto más tonto es alguien, menos se da cuenta de lo tonto que es. Es el caso de la vicepresidenta del gobierno. La cantidad de tonterías que lleva dichas y hechas esta ratita hacendosa en su interminable mandato daría para llenar bibliotecas enteras. Y ahí sigue, tan ufana, pensando que asombra al mundo con sus profundas ocurrencias. La última, anunciada ayer, es la intención de "regular" (léase suprimir) la libertad de expresión en la red porque, afirma esta lumbrera de la ciencia jurídica, "estamos absolutamente desprotegidos en digital".

Ni en digital ni en femoral o intestinal. No estamos "absolutamente" desprotegidos. Ni siquiera "relativamente". Si lo que esta pedante quiere decir es que en el ámbito digital hay más libertad para difamar, calumniar, atentar contra el honor, el buen nombre, etc, es falso de toda falsedad. Para eso está el Código Penal, tan vigente en lo digital como en lo no digital. Si esta señora cree que se mancilla su buen nombre (a la hora de reprimir y censurar los franquistas siempre están a vueltas con el honor y el buen nombre) solo tiene que acudir a los tribunales.

La desprotección frente al infundio, la calumnia, etc en relación al derecho al honor es mentira. Lo que estos franquistas quieren -como siempre- es censurar la esfera pública, impedir la libertad de expresión, criminalizar las opiniones políticas que no les gustan y que son todas excepto la de "Una, grande, libre", "Arriba España" y "Viva Franco", lo que llevan en el corazón. Quieren suprimir la libertad de expresión no en asuntos privados y particulares sino en el ámbito general: que nadie pueda criticar el gobierno o al rey o disentir de sus habituales monsergas. Quieren eliminar la discrepancia, la objeción, la crítica.

Quieren legislar el silencio.

Dice la enmienda 1ª de la Constitución de los Estados Unidos (ese país que los carcundas del PP tanto dicen admirar) que "El Congreso no aprobará ley alguna que establezca una religión, ni prohibirá la libre práctica de la misma; ni limitará la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni el de solicitar al gobierno una compensación de agravios". Si los tribunales españoles aplicaran esta sabia doctrina, todos los gobernantes del PP estarían en la cárcel, empezando por la ratita hacendosa, siguiendo por la señora Cifuentes y terminando en ese prodigio de veneranda tiranía callejera que es Fernández Díaz.

"Ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa" quiere decir exactamente eso: ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa. Ninguna. Y esa Constitución lleva casi dos siglos y medio en vigor sin necesidad de otra, sin que el país, "absolutamente desprotegido",  haya padecido jamás dictadura alguna como las que han soportado repetidas veces los "protegidos" españoles y la última, si Prometeo no lo evita, la que quiere implantar el PP, considerado por algún juez como una asociación de delincuentes.

De ahí se sigue que, como tantas veces se ha dicho, la mejor ley de prensa es la que no existe.

Ni en lo virtual, en lo digital o en lo celestial. La libertad de expresión no se puede limitar bajo ningún concepto salvo en los casos de conflictos de derechos entre personas privadas. Pero no es esto lo que estos franquistas quieren, sino que pretenden reprimir la libre expresión de las ideas, como han hecho siempre, como hicieron sus antecesores desde la Inquisición, organismo por el que sienten verdadera pasión.

No se conforman con la protección jurídica ordinaria que con tino y eficacia brinda el Código Penal. Quieren que se prohiban todas las manifestaciones públicas no solo los infundios, injurias y calumnias a los particulares, sino aquellas otras que los "ofendan" en sus convicciones políticas y religiosas. Quieren volver a condenar a la gente por faltar al "respeto a la autoridad" o por "blasfemar" o por burlarse de los sacrosantos símbolos de la Patria, la bandera o el chundarata ese que llaman himno nacional.  

Es decir, como siempre, quieren restablecer la dictadura que es lo que les mola.

Porque la cabra tira siempre al monte. Sobre todo, la de la legión.

martes, 15 de noviembre de 2016

El hundimiento del PSOE

Desde el humillante paso por las horcas caudinas de la abstención, el PSOE se ha sumergido en un desbarajuste sin ningún sentido que puede acabar con su desaparición a medio, quizá corto plazo. Hay una junta provisional (que no es lícito llamar "gestora" porque no gestiona nada ni cumple su mandato), pero nadie sabe quién toma las decisiones; ni siquiera si se toman decisiones. Los distintos integrantes de este órgano de tan pintoresca acción, así como su principal valedora y líder in pectore, andan por los medios, cada uno a su bola, dando por supuesto que tienen meses por delante para caer simpáticos a una díscola militancia.

El señor Hernando se prodiga en balbuceantes explicaciones sobre su reciente decisión de cambiar de chaqueta táctica. En este país de conversos, de reconversos o relapsos y hasta de falsos conversos, como los llamados marranos, eso de chaquetear es moneda corriente. Dice el de la nueva chaqueta que ha perdido crédito. Sí, todo. Juzgue él mismo qué crédito puede merecer su "no es no" a los presupuestos después de que su anterior "no es no" se trocara en un servil "no es sí".

Lady Macbeth del Sur ha entrado en Madrid a través de un par de programas de la TV de máxima audiencia. Ha venido a coser el partido y a presentarse como la fuente última de autoridad en el PSOE, la real, la oculta, pero auténtica. Y con los medios de la oligarquía  (que son todas las televisiones, pues no hay que engañarse) batiendo palmas a la sarta de necedades prepotentes que esta señora ensarta. Ahora queda a la espera de que se le pida la candidatura por aclamación. Su discurso es patriotismo de partido sin una sola referencia clara a alguno de los problemas reales del país y de su propia organización.

Javier Fernández, el auriga de esta increíble operación, pacta con Iceta el nombramiento de una comisión, esto es, lo que hay que nombrar para dejar que un problema se pudra, y se da también unos meses para intercambiar opiniones. Esta gente no sabe en dónde está. ¿Cree Fernández que él y sus amigos pueden decidir sobre el destino de un protocolo que lleva cuarenta años funcionando y se aprobó en un congreso? La política emborracha y es capaz de convertir en mitómanos y megalómanos a gentes que, en su vida normal, no se harían notar en su abrumadora vulgaridad.

Llama la atención la pasividad con que la militancia está aceptando esta situación. Es verdad que hay una rebeldía generalizada; lo reconocen todos. Se ve en las redes: cartas, grupos, plataformas, decisiones de agrupaciones, firmas. Es una efervescencia. Pero si la junta se obstina en seguir su hoja de ruta de aplazar sine die el congreso, ¿qué puede hacer esta movilización? ¿Apagarse lentamente? La alternativa, esto es, formar otra comisión gestora que se oponga a esta y sirva para coordinar el movimiento en pro del congreso extraordinario parece muy difícil por falta de vías orgánicas.

Ese es el angosto paso que se ofrece a la candidatura posible de Pedro Sánchez, cuyo silencio vuelve a ser extraño: el de erigirse en el centro de referencia del movimiento de las bases para recuperar el partido. Les guste o no a los militantes esta es una pugna decisiva entre la izquierda y la derecha en el PSOE, algo que puede acabar en escisión. En la derecha están los miembros de la junta y sus asesores, su inspiradora, Susana Díaz y quienes están detrás de ella, Felipe González y, muy especialmente, Rubalcaba. Es la escisión en la que el filo de la navaja es Cataluña y, va de suyo, la unidad de España. Cuando se juega la unidad de España, Rubalcaba no lo duda, no distingue entre buenos y malos solo está la Patria que, como dice muy bien su discípula Díaz, al igual que el PSOE, no es de izquierda ni de derecha. O sea, es de derecha y de derecha rancia, carpetovetónica, taurina, católica y por lo que hace a Rubalcaba, ladina y siniestra. El PSOE es un partido patriótico llamado a desplazar al PP por el bien de España. Todo esto es cuestión de Estado.

Efectivamente, es el discurso de la derecha, nítido, y el PSOE puede caminar por ahí. Ya lo hace, desde el momento en que, al abstenerse, se sometió al PP. La promesa de que eso era a cambio de estabilidad y tener una oposición dura es falsa. Un PSOE en el estado en que se encuentra no puede articular oposición alguna pues unas elecciones anticipadas lo dejarían en los huesos y cargado de deudas, sin lugar en dónde colocar a tanto paniaguado como ha ido sumándose a lo largo de los años de una complaciente seudoposición. Es un problema de desmovilización de una clase política que lleva diez o veinte años ocupando cargos. Un problema de "cesantes", al estilo de Pérez Galdós.

El discurso de la iquierda, a fuer de complejo, es más difícil de articular. Pero no imposible. La visión de izquierda del PSOE comienza por rescatar el valor de la socialdemocracia de izquierda, la única que ha funcionado y sigue funcionando en los países nórdicos y otros de Europa central. Y es socialdemocracia de mercado, algo posible si todos hacen juego limpio. Junto a ello es iquierda asimismo plantear la cuestión de la forma de Estado, si monarquía o república. Y, por supuesto, proponer la clara y rotunda separación de la Iglesia y el Estado. La Iglesia debe someterse al régimen jurídico ordinario de las asociaciones privadas. La cuestión territorial española solo puede empezar a resolverse negociando un referéndum en Cataluña, como solicita entre un 70 y un 80 por ciento de la población catalana, espera la opinión internacional y los nacionalistas españoles saben que no tienen otro remedio que permitir. 

La cuestión es averiguar cuál es el contenido del giro a la izquierda de Sánchez, que él propone para recuperar el electorado perdido hacia esa orientación. Hasta dónde llega. Hasta dónde a atreve a llegar en un partido con un arraigado nacionalismo español. Sin embargo, esa es la clave sobre la que puede apoyarse un programa de izquierda democrática, un programa socialdemócrata. De no intentarse siquiera, ya sabemos cuál es el inmediato futuro del PSOE: legitimar los disparates que la derecha seguirá haciendo en Cataluña, colaborar en el intento de involución de España. 

Esa es la cuestión en último término: el gobierno considera que el conflicto catalán es un asunto de orden público. Y obviamente no calibra a dónde puede llevarle su decisión. A generalizar la desobediencia y enconar las cosas. Rajoy invita a Puigdemont a la conferencia de presidentes de las CCAA (organismo que, si no yerro, instituyó Zapatero) con el feble, casi irrisorio argumento de que "no se pierde nada". En el caso de Puigdemont, sin embargo, sí se pierde; se pierde el honor pues el catalán ya había anunciado que no acudiría a esa conferencia. Si lo hiciera, incumpliría su palabra. Claro que, para Rajoy, eso es irrelevante. Él carece de ella. Como Hernando.

Tanto huir de la "gran coalición" para encontrarse al final en un miserable contubernio de mediocres y embusteros.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Segunda etapa de la era Gürtel

Ahí están, tan contentos, satisfechas, sacando pecho, en foto "de familia" para la historia, sabiamente construida con finalidad simbólica. En primera fila, a los extremos, el ministro de Justicia y la ministra de Defensa, la balanza y la espada, los dos símbolos sempiternos del poder. La justicia, hombre; el ejército, mujer, porque los tiempos se imponen. Los dos pilares del poder amparan su meollo, la vicepresidencia, la presidencia y el heraldo que llevará la doctrina por los mundos de Dios. Los dos primeros son el poder real, los que toman las decisiones. Los dos veteranos en la vida del partido, al que han dedicado la suya. No sin cuantiosas remuneraciones, pues ambos aparecen como receptores de sobresueldos en los papeles de Bárcenas. El gobierno ha incorporado, asimismo, a uno o dos más sobresoldados de antaño y hasta una ministra co-propietaria de una empresa familiar con una deuda millonaria con Hacienda. No hace falta añadir nada más. Es el gobierno de la Gürtel, II o, si se quiere, el de la Gürtel sin más en segundo acto. Y, si se me apura, ni segundo acto; todo lo más, segundo cuadro. Los personajes son los mismos y su historia la que era. Las caras nuevas son de adorno.

La abstención sin contrapartidas del PSOE, equivalente a una rendición incondicional, necesariamente llevaría a esto, un gobierno Gürtel bis porque nadie se ha tomado en serio lo de la regeneración y la transparencia. Es más, existe la firme convicción de que, de materializarse algún programa eficaz contra la corrupción, los corruptos no tardarían en utilizarlo para sus fines.

Por lo demás, apenas dados los primeros pasos de gobierno necesitado de diálogo, Rajoy ya ha perdido la paciencia y ha soltado su primera amenaza: se apoyan sus presupuestos o convoca nuevas elecciones. Los ideólogos del régimen lo compararán con un valeroso Hércules, presto a blandir la justiciera maza. Los adversarios con un César Borgia, capaz de recurrir a todo para alcanzar sus designios. Evitar las terceras elecciones fue la excusa que pretextaron los salvadores de la patria socialista para dar el golpe de timón. Porque con ese miedo expresado, el PSOE se ha convertido en rehén del gobierno. Una elecciones ahora mismo, con el partido sin líder, sin programa electoral y el patio interno en zafarrancho de combate, serían una catástrofe. Siendo rehén no se puede ser oposición creíble, por muchos ceños que se frunzan en las ruedas de prensa.

El PSOE tendrá que seguir siendo muleta de un gobierno que pasará tanto tiempo en deliberaciones y medidas políticas como respondiendo a trámites procesales que se le siguen directamente como partido o indirectamente por el procesamiento de sus allegados políticos. No es un plato de gusto ni será un camino de rosas. 

Por eso, porque el PSOE no tiene más salida que poner fin urgente al desbarajuste que han organizado unos insensatos, la junta está obligada a convocar un congreso extraordinario y dejarse de cursos de verano. Es de esperar que esa sea la posición mayoritaria del próximo CF que, a su vez, habrá prestado oídos a las masivas, reiteradas peticiones de la militancia.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Se levanta la veda

Es edificante ver a Rajoy buscando apoyos. Así se entretiene y no se deja importunar con el chapoteo de la Gürtel. Estos no son los felices tiempos de la mayoría absoluta, cuando los presupuestos se mandaban a sus señorías por un ukase en forma de whatsap. Ahora hay que hacer pasillos y pedir favores.

Dice Rajoy que está hablando con todo el mundo. A saber qué entiende el personaje por "todo el mundo". Comprende, parece, a los nacionalistas vascos. Y surge la pregunta de si comprenderá también a los catalanes. Es posible que la oferta se haga por haber caído el gobierno en la cuenta de la política del palo (persecución judicial) y la zanahoria (privilegios, prebendas económicas) que corresponde a la vieja táctica de comprar a quien no se puede vencer. De darse esa oferta, serán los nacionalistas independentistas quienes tendrán en cierto modo una cuestión política y moral que dilucidar.

Ignoro asimismo si ese "hablar con todos" incluye a Podemos o si el diálogo con estos se limitará a las intervenciones en el pleno de debate sobre la ley. Podemos pedirá devolver los presupuestos y lo mismo anuncia que hará el PSOE, razón por la cual es muy posible que Rajoy lo haya excluido ya del "todo el mundo" que, como se ve, es bastante reducido. Al final el PP, C's y el PNV sacarán adelante los presupuestos. Los presupuestos de la derecha. Con el techo de gasto de la derecha, son negociar. Porque la izquierda en general y el PSOE en particular, no pintan nada. 

martes, 8 de noviembre de 2016

El jardín de las delicias

Hay una pregunta recurrente en la opinión y en las redes: ¿cómo puede el PP mantener tan alto apoyo electoral con el desastre y el expolio que su gobierno procura? Como explicación, muchos piensan que a sus electores les falta un tornillo o son una manada de borregos. Pero no se atreven a manifestarlo porque está mal visto ofender al electorado de quien se dice que es sabio, vote lo que vote. Y es bastante cierto. Quienes arremeten contra el electorado del PP por no saber lo que vota debieran preguntarse qué otra cosa hay por votar.


El gobierno de Rajoy es irrefutablemente un desastre sin paliativos. Con un presidente en los papeles de Bárcenas, unos ministros que solo compiten en incompetencia a veces en grado sublime, un partido en los tribunales y carcomido por la corrupción debería haber sido ya depuesto por la voluntad popular. Sin embargo se mantiene y sigue proveyendo materia para la acción de la justicia. Parece haberse haberse descubierto otra trama de facturas falsas y habituales trapisondas pero que ahora afecta a diputados y senadores del PP a través del inenarrable Martínez Pujalte. Una especie de gurtelina en el Parlamento y de la que, por supuesto, Rajoy tampoco sabrá nada. De responsabilidad política, menos que nada. Y, cuando no es el presente o el futuro, vuelve el más turbio pasado del PP. Esos miles de pisos que Botella, al parecer, malvendió a un "fondo buitre", con un regalo oculto al comprador vaya usted a saber a dónde van a parar.

Con todo y con eso, a la hora de entender el comportamiento del electorado, conviene averiguar qué alternativas tiene este al voto al PP. ¿C's? ¿PSOE? ¿Podemos? Para los nacionalistas catalanes y vascos la cosa es más fácil pues tienen mayor gama en donde elegir. En el Estado, descartados C's que han pinchado en su original empeño de constituirse en "marca blanca" del PP, solo queda una izquierda sumida en una crisis y un fraccionamiento sin precedentes. 

El estado del PSOE es alarmante. Unos militantes han llevado a la Junta a los tribunales. La oposición de la militancia arrecia, con tintes insurreccionales. Entre tanto, los gestores, parece que ilegales, de este desaguisado, no se sienten interpelados y andan haciendo planes a meses vista mientras tratan de controlar el congreso y las primarias. Los barones están callados. Los bonzos, también. Solo habla El País, encargado de la doctrina. Había que evitar terceras a toda costa. El barómetro del CIS de octubre corrobora ese temor pues el PSOE se hunde, mientras el PP se mantiene. Para evitar esa situación es mejor adelantarla. Con un PSOE subalterno, gana la gobernabilidad del Reino. 

En Podemos las cosas no pintan mucho mejor. El Sorpasso ha perdido mucho encanto. No solamente se quería fastidiar al PSOE y humillarle el orgullo sino, también, convertirse en partido de gobierno. Se quería sustituir al PSOE en todo, en lo bueno y en lo malo. Pero el barómetro muestra un cuadro pesimista: hay sorpasso, sí, pero no cercanía al gobierno ni en solitario ni en alianza las dos fuerzas de la izquierda.  Podemos supera al PSOE pero no porque aumente mucho (el barómetro le da 0,7 décimas de aumento) sino porque el PSOE pierde mucho más. Esto es, el resultado vaticinado da la mayoría al bloque de la derecha (PP y C's) frente al de la izquierda. 

Esa es la razón del alto suelo electoral del PP: la ausencia de alternativa viable. Si se articulara una, bien fuera de una sola, bien de las dos fuerzas de la izquierda, seguramente los vaticinios cambiarían. El electorado puede no ser tan sabio como los políticos que le dan lecciones, pero tampoco es estrictamente estúpido.

La izquierda no es una alternativa creíble. El fraccionamiento y los enfrentamientos son enfermizos. Al menos comparados con la unidad pétrea que ofrece la derecha. Nada de críticas internas y mucho menos externas: plena coincidencia en la obediencia al mando. El partido está en los tribunales, pero sigue siendo un instrumento perfecto para la política. 

La izquierda, en cambio, ni siquiera se entiende a sí misma. En el PSOE no tienen decidido de qué lado inclinarse ni cómo. Han desatado una dinámica de hostilidad interna que será muy difícil de restañar.

Con el "caso Espinar", el enésimo que sufren, los de Podemos sufren el ataque a fondo del frente mediático de la derecha. Algo que habían intentado sortear propiciándose algunos medios y haciéndose con otros. Nada comparado con la maquinaria mediática de la derecha en conjunción con el aparato institucional del Estado. En estas circunstancias, el debate que enfrenta a los dos sectores de Podemos (con el añadido de IU) sea sobre si aliarse o no con el PSOE demuestra que, en efecto, la izquierda no tiene arreglo. 

Y si la izquierda española no tiene arreglo, no sirve para nada a la hora de encontrar vías de entendimiento con el independentismo catalán.  Muy probablemente una de las razones de la implosión del PSOE. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Un gobierno de triunfadores

Asombrosa la mala recepción del gobierno de Rajoy: la prensa más ilustrada, el PSOE -por boca de la Junta que lo desgobierna- hablan de "continuismo", según parece, muy decepcionados. ¿Qué esperaban? ¿Que Rajoy derogara su obra anterior y acometiera reformas que siempre rechazó? ¿Quién se las ha pedido? C's y el PSOE se han rendido a su pretensión sin condiciones. Los graznidos de disgusto de los miembros de la junta golpista por las redes, anunciando una dura oposición son pura farfolla. El PSOE es rehén del PP en el parlamento y se enfrenta a sus propias bases fuera de él. Él solo se ha borrado del panorama.

Naturalmente que Rajoy haría un gobierno "marianista", "continuista". Es más, no es un gobierno nuevo sino el mismo de la otra legislatura y a algunos muñecos les han cambiado el avatar. Pero sigue siendo el mismo pintoresco órgano poblado de gentes absurdas, salidas de los sueños y los ensueños de Rajoy, cada vez más parecidas a él, casi hasta el extremo de la clonación. ¿Cuáles son los rasgos más conocidos de Rajoy? Su ambigüedad, sus nulos escrúpulos, su altanería, sus sinsorgadas, su irresponsabilidad y su renombrada capacidad para mentir. Pues de eso mismo se ha rodeado. Y con un dato decisivo: el único criterio que se ha seguido en estos nombramientos ha sido el de asegurar el máximo nivel de incompetencia.

Guindos viene de contribuir al hundimiento de Lehman Brothers y no parece que en España le haya ido mejor. Cospedal a defensa es un premio a una gestión en Castilla La Mancha universalmente considerada como catastrófica y con un alto nivel de corrupción de todo tipo. Que el premio sea el mando de la tropa solo indica el escaso aprecio que La Moncloa tiene por los ejércitos. Porque el ministerio de Cospedal es político y su contenido es lo de menos. Nadal carece de perfil y el que da es deplorable en ese estilo libertarian que ya no se lleva ni en Manhattan. Se prevén agradables veladas con los movimientos ecologistas. Dastis, de quien todo el mundo espera mucho porque nadie tiene de qué acusarlo, pasa por ser un "mirlo blanco". Es "mirlo blanco" precisamente porque no se sabe nada de él ya que de los demás, lo que se sabe es malo. Méndez de Vigo, ese orondo sonriente, lleva dos años fracasando en la administración de la herencia de aquel otro inenarrable ministro, Wert, que ahora descansa en París a cuenta de los contribuyentes. Como premio al fracaso, otros cuatro años, para que pueda seguir fracasando y no quede en el país ni rastro de la educación pública. Rajoy, otro hombre milagroso, como Aznar, como Fraga, como Franco. La derecha siempre tiene un hombre milagroso a mano. Es el caso de este personaje del que todo el mundo se pregunta perplejo cómo ha llegado a presidente; en realidad, cómo ha llegado a nada. Sencillo, lo que busca en sus ministros, el máximo grado de incompetencia y, a ser posible, alguna quiebra o ruina. El señor Zoido, sustituye al injustamente despedido Fernández Díaz, sin darle tiempo a condecorar a las once mil vírgenes. ¡Detestable cinismo masón el de este Rajoy, falto de fe! La devoción de ambos es sublime, pero el sñor Zoido tiene en su haber una derrota electoral sin parangón en Andalucía, así como una semisecreta afinidad con Rajoy, esto es, aparecer en los papeles de Bárcenas como receptor de sobresueldos. El señor de la Serna es la mejor opción para fomento ya que elaboró un plan general de ordenación urbana siendo alcalde de Santander que los tribunales le han tumbado. Glorioso antecedente para quien se va a ocupar de la obra pública del país entero. Sáenz de Santamaría es también del escogido cogollo de los cargos con sobresueldos, asunto sobre el que jamás ha dado explicaciones, como es natural, dado que tampoco las daba su jefe. Báñez sigue siendo un beatífico visitante de otro planeta, al menos por lo que hace al empleo. Tanto dio que Báñez fuera o no ministra. El paro sigue igual, con ayuda de la virgen del Rocío, a no dudarlo. En donde no ha dado igual ha sido en las pensiones. La ministra ha hecho un efecto sifón y ha vacíado la hucha mientras el gobierno dedicaba el dinero a rescatar bancos que no tienen la menor intención de devolverlo. Catalá es un fracaso posmoderno. Ahí está, impertérrito, aunque no ha conseguido enmendar ni una sola de la pifias de su antecesor con su idea de una administración de justicia como privilegio de ricos, ni siquiera la que él mismo ha cometido con la reforma del procedimiento. Por eso y no por nada más, sigue, con la garantía de coronar su fracaso con un conflicto catalán que no está en condiciones de encarar. La empresa familiar de la señora Dolors Monserrat es morosa con una deuda a Hacienda de más de dos millones de euros con una quiebra por medio. La recompensa a tan magnífico fracaso es el nombramiento de ministra de Sanidad. Porque si algo necesita la sanidad en nuestro país, es un buen gestor empresarial, ¿verdad? Lo de menos es que la nombrada sepa algo de su ministerio. Si pudo ser ministra Mato, ¿por qué no ella? En García Tejerina, la gran amiga de Arias Cañete, el gobierno premia la contumacia en los conflictos de intereses entre su condición de política y su condición de empresaria. Cosa absurda porque, según se sabe, todos estos vienen al gobierno a hacer negocios. De Montoro realmente no vale la pena hablar. Este es el que respondió a una voz de alarma de alarma de que "se hunde España" con un "déjala que se hunda, que ya la levantaremos nosotros". Lo que se ha levantado aquí está a la vista de todos, pero hay que mirar hacia abajo.

Esto no es un gobierno, sino un grupo de amigos que van a lo suyo. Y así queda claro desde el principio. El gobierno hereda la corrupción del anterior porque, ya se ha visto, no es "anterior" sino básicamente el mismo. Hereda la corrupción pero no como responsabilidad política que haya de asumir porque el PSOE, en su cobardía, lo ha exonerado de ello. 

Y hereda el endiablado conflicto catalán, del que debiera saber algo más dado que lleva años enfrentado a él en la espera de que mermara o se redujera sin conseguir otra cosa que su aumento y consolidación. Pero no es Cataluña su principal obsesión porque sabe que, además del puñado de habilísimos consejeros en el gabinete, cuenta con el apoyo incondicional de C's y de PSOE, en ese frente nacional español que se yergue temible frente al independentismo catalán. La tradicional negativa del Estado a negociar nada con Cataluña se corona así con la firme decisión de romper todo diálogo que no sea en los tribunales. Queda claro que cuando, en los años de plomo, se decía a ETA que, callando las armas, en España podía hablarse de todo, se estaba mintiendo. El independentismo catalán es democrático, pacífico y abierto. Pero nadie está dispuesto a hablar con él. Ni siquiera a acudir a una conferencia de Puigdemont en Madrid en la que este exponía sus reclamaciones. Una asistencia que era obligada por mera cortesía. 

Por supuesto, en el centro de la foto, muy contento, está el Rey, feliz, sin duda, de que todos los ministros, sin fallar ni uno, hayan jurado sobre la Biblia y con un crucifijo. Un gobierno unido como una piña a los pies del altar y encomendado a Santiago y cierra España.