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domingo, 19 de agosto de 2018

Consigna: desestabilizar Catalunya

¡Qué poco ha durado la alegría de la tregua ficticia que El País se había inventado! Menos de un día, dice, contrito, el periódico; y tan menos; como que no existió. Después del espectáculo de grosería, chabacanería y agresividad del unionismo,  por la noche entraron en faena los comandos fascistas encapuchados y portando armas blancas. Esta vez, traían un plan y un croquis de actuación que afectarían a varios núcleos de población. Los mossos los han detenido e identificado. Catorce individuos, uno de los cuales, al parecer, un guardia civil de paisano. Ya veremos los demás. Este es un problema grave, por más que los medios se obstinen en ocultarlo o en inventarse enfrentamientos y tumultos entre unos y otros. Los agresores son casi siempre unionistas. ¿Puede el gobierno controlar a unos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado rebosantes de franquistas y ultras que se sienten animados por el "¡A por ellos!" que comparte la sociedad española? Y, si no puede, ¿de qué Estado de derecho hablan los gobernantes y sus medios? ¿Un lugar en que la ciudadanía se ve impedida en el ejercicio de sus derechos por bandas de fascistas, delincuentes y agentes del "orden" de paísano? No es un Estado de derecho; es un Estado hobbesiano de naturaleza en el que no hay una guerra de "todos contra todos", sino una agresión permanente de los más, violentos y más armados contra los menos, pacíficos y desarmados.

Poco más tarde, Albiol, protagonizaba una de sus chulescas salidas de tono recriminando al presidente Torra su declaración de atacar el Estado injusto. A minutos del comienzo del acto de homenaje a la víctimas. Y es que esto de las víctimas no importa mucho a la derecha. Normalmente las instrumentalizan o las ignoran. Entrevistada en directo en otro lugar, Inés Arrimadas arremetía contra los independentistas acusándolos de todo lo imaginable, especialmente de politizar un acto destinado a las víctimas con tanta reiteración y fatiga que la presentadora hubo de hacerle lo que en tuiter se conoce como ¡Zasca!: "es el día de las víctimas y usted no para de hablar de política".

No hay tregua. Hay una consigna, consistente en alimentar la tensión, atacar a Catalunya por cualquier medio, sembrar la violencia y el terror con impunidad. La izquierda española se tragó la pócima de que había una nación española configurada como un Estado de derecho y una democracia cuando lo que tenía era la actualización del régimen de la dictadura blanqueada constitucionalmente. Ahora le toca beber otra peor: si no pone coto de forma contundente a la fascistización del país, acabará siendo cómplice de ella.

viernes, 17 de agosto de 2018

La casa de los líos

Sabido es: unos nacen con estrella y otros, estrellados. Caso juez Llarena, este probo magistrado forjado en la más rancia prosapia franquista, según la cual el mero hecho de abogar por la independencia de Catalunya ya es delito. Incomprensiblemente, no está tipificado como tal, pero sí otro que viene como anillo al dedo: el de "rebelión". Falta el requisito de la violencia que Llarena ha intentado probar con una interpretación imaginativa del concepto según la cual es violento todo acto, por pacífico que sea, que suscite la violencia.

Y se extrañan de que alguien (el presidente Puigdemont y cuatro exconsellers en el exilio) interponga una demanda civil porque se le ha privado de sus derechos arbitrariamente. Es lo menos que podían esperar. Con la correspondiente citación al juez Llarena a declarar el próximo 4 de septiembre. La justicia española no da curso a la citación. El juez decano la devuelve, invocando un defecto de procedimiento. Para, pues, la vía jurídica. Pero abre la política porque ese mismo juez decano pone en conocimiento del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) la citación y requiere de él la concesión del amparo a Llarena y una advertencia a la justicia belga sobre la independencia de la justicia española.

El CGPJ se ha movilizado y la Comisión Permanente ha votado siete contra uno por otorgar el amparo al juez. Lo justifica con razones de fondo político y no jurídico; incluso lo califica apasionadamente como “burda maniobra” para someter la soberanía del Estado español a una jurisdicción extranjera. Pura doctrina de la razón de Estado. Nada que ver con la justicia. La prueba es que el mismo órgano encomienda a los ministerios correspondientes del gobierno español salir en defensa de la soberanía citada y la independencia de Llarena.

Pero, a su vez, el amparo ¿en qué se materializa? ¿Admite que el magistrado no acuda a una citación judicial de un país extranjero? No será el caso, pero de incomparecer, el tribunal belga podría dictar una requisitoria de algún tipo. El lío que han organizado Llarena y su fogosa numen, Sáenz de Santamaría es monumental. No es que la justicia española esté desacreditada en Europa; es que es su hazmerreír.

La consecuencia de este esperpento de cárceles y agresiones callejeras de bandas fascistas es hacer más inapelable la República Catalana.

lunes, 23 de julio de 2018

Así no vais a conseguirlo

Y de otras formas, tampoco. Pero estas, las de la provocación, la violencia, la agresión impune a las que estais acostumbrados, ya no van a funcionaros como siempre han hecho.

Según se suman los atentados españolistas en Cataluña, la cuestión va siendo más clara. Policías de uniforme extralimitándose en sus funciones y aporreando sin necesidad a gente pacífica; policías de paisano armados agrediendo a ciudadanos que no les ha hecho nada; agresiones a personas, inmuebles, símbolos; militantes y cargos públicos del PP y C's encapuchados o no, destrozando símbolos y amenazando a los transeuntes. Es un verdadero frenesí el de estos indeseables que cada vez va a más.

Todos los actos de provocación van indefectiblemente unidos al españolismo, al empleo agresivo de la bandera española y al destrozo de los símbolos ajenos. Son actos aparentemente espontáneos de elementos "incontrolados" que no son tales pues, en cuanto se escarba e investiga un poco, suele tratarse casi en el 100% de los casos de elementos de los cuerpos de seguridad del Estado, militantes de los grupos fascistas y ultraespañoles y militantes de los partidos dinásticos franquistas, PP y C's. Hay, sin duda, un elemento de dispersión. En algunos casos, estos animales no pueden contenerse y agreden a gente pacífica sin que esté previsto.

Pero, en su conjunto, es una operación coordinada, es una política pública premeditada entre los elementos señalados: fuerzas de represión del Estado, bandas de matones fascistas y  militantes de los partidos de derecha, una operación pensada, calculada con el fin de provocar situaciones de violencia en Catalunya que, de conseguir algún tipo de respuesta, permita luego elaborar el discursso del "enfrentamiento entre catalanes" o "fractura de la sociedad catalana" al que es tan aficionado Sánchez. Con ese falso discurso en marcha se justificaría la intervención política a incluso militar en Cataluña y el incremento de la represión hasta donde haga falta. 

Parte de esa deliberada política de provocación consiste en que las autoridades hagan la vista gorda (o hablen de enfrentamientos callejeros cuando se trata de matones amenazando y apaleando gente), la policía no investigue jamás y no detenga a nadie salvo si se trata de alguien de izquierdas y los jueces tampoco procesen a ningún agresor de esta calaña, pero sí a los de izquierda. El orden público y la seguridad ciudadana en la España de hoy recuerda mucho a la República de Weimar en los años veinte, cuando la policía actuaba solo en contra de la izquierda y los jueces impartían una justicia de clase, benigna con la derecha y durísima con la izquierda.

Y aun así, como decíamos al principio, no van a conseguir su propósito. La consigna de no caer en las provocaciones es general en Cataluña y se sigue al pie de la letra: los ciudadanos no responden con violencia a la violencia sino que miran, apuntan., fotografían y graban para denunciar después, aunque con pocas esperanzas dado el carácter cerradamente franquista de la judicatura española. Un ejemplo muy de aplaudir: la señora Inés Arrimadas, conjuntamente con un puñado de los agentes provocadores más conocidos en su partido, decidió dar un paseo por las calles de Tortosa en día de feria y profiriendo gritos extemporáneos con la finalidad de organizar algún tumulto que sirviera para justificar la represión y no obtuvo otra cosa que el silencio y la indiferencia de los vecinos, que la dejaron en ridículo. 

Esa es la actitud que derrotará las provocaciones contra Cataluña: el silencio, la indiferencia. Y como esto ya está siendo así y el nacionalismo español no se dará por vencido hasta ser definitivamente derrotado, habrá que estar atentos a sus otros recursos, muy en especial los atentados de falsa bandera. Probablemente el de Ramblas fue uno de ellos, pero habrá que esperar más y de todo tipo. Por supuesto con la complicidad de los aparatos del Estado, sea el gobierno que sea.

PP y PSOE son lo mismo tratándose de Catalunya, ya lo sabemos. Pero merece la pena subrayar el sarcasmo de que un partido de izquierda, que estuvo (aunque poco) en la lucha contra el franquismo, recurra a los más sórdidos procedimientos de guerra sucia y cloacas del Estado, como ya hizo con los GAL, a base de atentados, trampas, montajes policiales y otros métodos delictivos para luchar contra un movimiento democrático, pacífico y de amplia base popular.

Un movimiento que encara ya el último tramo en el camino hacia su liberación, por lo que habrá de redoblar su vigilancia ante los criminales sueltos del nacionalismo español.

jueves, 14 de junio de 2018

Buscando camorra

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Nous temps, en referencia irónica, claro, a cómo han cambiado las cosas desde que gobierna lo que queda del PSOE: nada, no han cambiado nada. Si acaso, que los ministros son más rápidos que los ladrones del PP a la hora de dimitir y que hay más ministras que ministros. Pero eso es todo. La reforma laboral tendrá unos retoquillos; la Ley Mordaza no la tocarán; seguirá la dictadura policial y la iglesia parasitando al Estado mientras los ladrones desorejados estilo Urdangarin se pasean en libertad pero los representantes democráticos de los catalanes seguirán encerrados a pesar de ser inocentes. El mismo autoritarismo y la misma oligarquía mandando.

Se recordará cuando Aznar dijo que "antes se romperá Cataluña que España", una de esas frases con las que estos tipos creen decir algo cuando es evidente que, si como ellos mismos dicen, Cataluña fuera España, al romperse aquella se romperá esta al mismo tiempo. Pero es difícil que un estúpido de este calibre llegue a entender algo tan elemental. Se recordará asimismo a García Margallo amenazando ominosamente con que "a partir de agosto empezaran a pasar cosas en Cataluña", a Jordi Cañas anunciando "os montaremos un Ulster que os vais a cagar". Más recientemente, el provocador Borrell, ministro, anuncia en TV que Cataluña está al borde de un enfrentamiento civil y hace nada, su discípula Arrimadas anuncia que se llegará a unos límites de violencia que no se pueden imaginar.

Son expresiones que tienen mucho en común. No casos aislados. Es el deseo del fascismo nacionalcatólico español (PP, PSOE, C's, IBE 35, banca, medios, curas, militares, policías, etc): que haya violencia en Cataluña para poder justificar una intervención armada. Sus intelectuales firman ahora bovinamente manifiestos (aprovechando que el señorito socialista está en el gobierno) pidiendo soluciones, mientras sus políticos siembran el miedo con amenazas y sus bandas de matones y fascistas lo hacen en la calle, agrediendo a la gente pacífica.

Aquí, la versión castellana:

Nuevos tiempos


Borrell, como Guerra en el primer gobierno de Felipe González, debe de ir en este de “libre oyente” y, sobre todo, de libre provocador. Sus exabruptos en el gobierno no son más graves que los que soltaba en la oposición porque esto ya no es una cuestión política o administrativa de un cargo arriba o abajo, sino de pura decencia humana. Es imposible tratar con quien amenaza y va de mala fe.

Es de suponer que el gobierno calibrará el impacto que la piromanía del ministro tiene en su política de diálogo y entendimiento. Aunque también puede tratarse de una pieza de florentinismo político: se deja suelto a Borrell y se compensa con el tono civilizado de Batet en una reactualización de la pol’itica del palo y la zanahoria. No está mal pensado. Solo que el palo es un pesado garrote y la zanahoria no existe. El nacionalismo esspa;ol solo puede atacar< no tiene nada que ofrecer. La intención evidente es introducir división en el bloque independentista, buscando acuerdos con sus sectores más conservadores. Es lo mismo que intentan con Podemos, dinamitarlo por dentro ofreciendo cancha a Errejón, sin darse cuenta de que lo ponen en un aprieto porque si el de Podemos aceptara, como le pide su talante, ¿cómo se distinguiría de Gabilondo, su adversario? Lo mismo con el movimiento independentista: ofertas a los sectores más conservadores que conllevarían la ruptura de la unidad independentista. Con un resultado, es de suponer, muy parecido. Es decir, nulo.

La cuestión no es la irresponsabilidad del ministro. La cuestión es que su intención última, esto es, provocar aquello contra lo que dice avisar, no va a darse. No se da; ni se dará. El independentismo ha movilizado a millones de personas durante años sin que haya habido violencia jamás. La violencia emerge con la reacción nacional española de los últimos tiempos, reacción en la que el propio ministro ha tenido un papel destacado. La violencia viene de ahí, de los “patriotas” españoles de fuera de Catalunya y de dentro de ella, de Vox, SCC, ocasionalmente C’s y PP, aliados callejeros del ministro. Viene de ahí y ahí se queda circunscrita. Y documentada hasta la saciedad. Es la era de las comunicaciones. Hay docenas de vídeos probando el carácter exclusivamente español de la violencia. Y, además, ridículamente minoritario.

La amenaza de que Catalunya esté en situación de enfrentamiento civil refleja un deseo y un deseo que no va a cumplirse. No hay ni habrá enfrentamiento civil. Ni hay ni habrá violencia que justifique la aplicación de la plantilla ETA que tenían preparada con el 155. Todo esto, además, de insensato está completamente fuera de lugar y de tiempo. El País Vasco demanda seguir la vía catalana. Estará bien ver cómo va a enfocar el gobierno ese nuevo problema. ¿También con medidas represivas policiales y judiciales? ¿Va a haber más presos políticos, esta vez vascos? ¿Se va aplicar el 155 en tierras de Sabin Arana?

Mientras el gobierno y el Estado buscan alguna vía de escape a la tenaza de los dos referéndums de autodeterminación, interviene Navarra y, sin poner en cuestión la soberanía nacional, que tanto teme el nacionalismo español, sí cuestiona la forma política del Estado.

Se plantea así un problema siempre larvado, siempre aplazado y que obligará a la izquierda española de definirse. El PSOE habrá de declararse partido dinástico en un momento en que la monarquía está tan baja en la valoración popular que los baremos no preguntan por ella. 120 años de historia a los pies de un Borbón.

Es absurdo pensar que una crisis de estas dimensiones puede abordarse con 85 diputados y un vagaroso plan de reforma constitucional en la que nadie cree. Es absurdo esperar que este pecio del naufragio del régimen al chocar con el escollo catalán presente un plan para salvar el conjunto. Solo tenían el 155 y, al decaer este, se encuentran con las manos vacías y el discurso huero. En su lugar quieren sembrar el miedo y el odio.

Catalunya no está al borde del enfrentamiento civil. España está al borde de la quiebra política.


viernes, 27 de abril de 2018

Esto no tiene arreglo

La sentencia sobre La Manada ha soliviantado al país de modo tan fulminante como multitudinario y por primera vez ha puesto a todos los políticos a largar lindezas más o menos acicaladas sobre los jueces navarros; hasta los de C's, que siempre esperan a ver de dónde sopla el viento para adoptar una posición de principios, han mostrado su consternación. También han salido los habituales maestros ciruelos a avisar de los peligros de la ley de lynch y lo que llaman los "juicios paralelos". Así razonan también los tres jueces que, sin duda, se sienten víctimas de un atropello por haber aplicado escrupulosamente la ley, sin atender a las pasiones del momento. Raro será que no pidan amparo al Consejo General, que se lo concederá encantado. 

La reacción social, además de multitudinaria, ha sido muy meticulosa en fundamentar el encendido rechazo con razones de peso. Los medios y las redes se han llenado de copias de los documentos procesales, sobre todo los hechos que se dan como probados. Múltiples juristas los han analizado, escandalizados. Algunos no han podido terminarlos. Y, ¿por qué indignan los "hechos probados"? Según entiendo porque reflejan, muestran, evidencian la presencia de violencia y la violación. Si hay violencia, hay violación. Pero el tribunal ha descartado la segunda porque no encuentra la primera.  No hay violación en donde no hay violencia.

Y ya estamos en el tema de nuestro tiempo, el de la violencia y sus interpretaciones. Si el tribunal navarro hubiera querido informarse habría podido preguntar al juez Llarena, que ve violencia incluso en la no-violencia. Pero esto no sería oportuno. En un caso se trata de asegurar que hubo violencia en donde no la hubo y en el otro, todo lo contrario, que no hubo violencia en donde la hubo. 

Al margen de la cuestión en sí misma de la violencia, que es interesante, resulta patente la pauta que sientan los tribunales: la existencia o no de violencia depende de quién sea el acusado, si indepes pacíficos o una manada de jóvenes borrachos entre los cuales había un guardia civil y un militar. Es decir, violencia es lo que los jueces dicen que es, aunque no coincida con la ley ni con el sentido común. Esta situación solo sería admisible en el caso de que los jueces fuesen justos e infalibles.

Pero no es así. Para demostrarlo basta mirar el juicio de Altsasu que tiene toda la pinta de ser un proceso amañado, cargado de pruebas falsas y prácticas dudosas con una petición fiscal desmesurada y una acusación de terrorismo a unos chavales por una pelea de un bar realmente absurda e inhumana.

Seguimos con la portada de El País. Sube el paro; baja la población activa. Radiografía de la recuperación que vende este gobierno de incompetentes y corruptos. El último en la lista de imputados ayer mismo, el ex-ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón.

Y, para ennegrecer el horizonte resulta que el PP se hunde en intención de voto por el inenarrable episodio de Cifuentes que deja detrás dos bombas de relojería: la corrupción en la URJC y el departamento de juego sucio interno al PP. Un hundimiento que, para desesperación general, favorecerá a C's. El joven partido de extrema derecha (según la prensa francesa) que, con reminiscencias falangistas, aspira a la conquista del Estado. O de lo que quede después del paso del PP.

La izquierda, irrelevante. Tan irrelevante que no merece comentario. Ni crítico. 

martes, 17 de abril de 2018

Error 404

La guardia civil no se caracteriza por su sentido del humor. Los jueces tampoco mucho y, al parecer, menos El País. A ninguno se le ha ocurrido que ese informe del benemérito cuerpo, de probable deliciosa lectura, cuando menos podía haber inventado o documentado una cantidad distinta de actos violentos menos chistosa. Porque ese 404 es el símbolo www para lo no encontrado, lo inexistente. 

Tan inexistente como la violencia que tratan todas las instancias de encasquetarle al procés con ánimo de extirparlo a sangre y fuego. Todas son las fuerzas de seguridad, el gobierno, los tribunales, los partidos políticos españoles, los medios. A veces se les dispara la escopeta, como cuando tratan de colgar terrorismo a actos de desobediencia civil pacífica. De momento reculan, pero acabarán haciéndolo porque no tienen otra salida. 

El peso de este informe de la guardia civil obviamente, será el que cada cual quiera darle y él mismo pruebe. Va por delante que, con declaraciones como las del jefe político del cuerpo, Zoido, según las cuales el 1 O la violencia fue obra de los votantes y no de los que los aporreaban, el informe será inenarrable. Y, al tiempo, inútil en la era del vídeo universal. En uno de esos 404 episodios de violencia, según la guardia civil, un señor mayor tropezó y cayó al suelo. Según un par de vídeos desde ángulos distintos, el señor mayor, un alcalde, cae porque es golpeado por el escudo de un agente. 

404 not found.

Necesitan que haya violencia para aplicar la plantilla represiva del País Vasco porque no se les ocurre nada más. La manifestación del domingo es la prueba de que el encarcelamiento, el exilio, el embargo de los dirigentes independentistas mantiene movilizada a una sociedad hace meses en una actitud masiva, democrática, pacífica, que se ha desplegado a los ojos de todos el mundo. Intentar "batasunizar" el independentismo catalán es algo tan repugnante como estúpido. 

Porque todo el mundo ve que no hay más violencia que la que aplica el Estado en sus innumerables variantes: aporreamiento con uniforme o sin uniforme, medidas arbitrarias, procesamientos, encarcelamientos, intervención económica, prohibiciones caprichosas, restricciones de todo tipo. El movimiento es unitario y pacífico y, por mucho que fabulen los medios unionistas, seguirá siéndolo. 

No hay rebelión, no hay sedición, no hay terrorismo. No hay causa judicial. Falta y faltará la violencia que los medios no podrán inventarse ni los jueces fabular.

Los CDR no son violentos. Son una respuesta de la autoorganización popular al incremento de la represión del Estado. Se orientan hacia la desobediencia civil pacífica. Sin duda toda desobediencia civil implica incumplimiento de alguna ley y llevará el correspondiente castigo. El desobediente civil no lo rehúye porque su acción tiene un valor ejemplificador, para conseguir un cambio del legislador. Se desobedece la ley por razones de conciencia como se ha hecho tantas veces antes, cuando los insumisos en el ejército español o la oposición a la guerra del Vietnam en los EEUU.

Llamar terrorismo a eso es lo verdaderamente terrorista,

Hoy, Palinuro entre abogados en Girona

Entre los actos con motivo de la festividad de Ramon de Penyafort, patrón de su profesión, el Col.legi d'advocats de Girona ha invitado a Palinuro a exponer su punto de vista sobre el tema Violencia institucional en el marco del 1º de octubre. Allá irá el mítico nauta, muy orgulloso de la invitación de los abogados de su nueva ciudad a aportar sus escasos conocimientos en una materia, la de la violencia que, ¿quién iba a decirlo? ha resultado ser casi una quimera conceptualmente incomprensible, una aporía metafísicamente incomprensible. 

Las gentes nomales creen que este asunto es sencillo y se reduce a averiguar si cualquier tipo de interacción humana se mantiene en el orden del diálogo civilizado o se obliga a las partes mediante la fuerza bruta. Grave error cuando intervienen instancias políticas, judiciales, mediáticas españolas. En este caso el concepto de violencia comienza retorcerse, a mutar, a sufrir extrañas alteraciones, a convertirse en un ente amorfo que encaja en cualquier casuística típicamente jesuítica al servicio de los que mandan. Cuando los jueces españoles hablan de violencia, dibujan una figura  parecida a la de  Valentin "le desossé", de Toulouse-Lautrec. Así, el ministro del Interior, jefe de la policía que, en sus tiempos mozos fue juez, descubre violencia durante las cargas policiales del 1º de octubre de 2017 pero, en contra  de lo que las gentes vulgares vieron "con sus propios ojos", como diría Groucho Marx, según el ministro-juez, la violencia la sufrieron los policías que aporrearon y la ejercieron los aporreados que, luego, solo para fastidiar, llenaron los hospitales. 

A su vez, el juez del Supremo, Llarena, quien, por la marcha que lleva por rutas imperiales, puede llegar también a ministro del Interior y hasta presidente del gobierno, refina el concepto y llega a calificar de violencia la no violencia expresa de los rehenes que tiene a buen recaudo en las mazmorras. Que una cosa sea al tiempo ella misma y su contraria es un secreto que Aristóteles debió de explicar en confianza al señor juez en unos ejercicios espirituales.

El acto de mañana intentará aclarar en qué territorios nos movemos cuando hablamos de violencia. 

Así que allí nos veremos.

viernes, 16 de marzo de 2018

La banda de ladrones y la violencia de su policía

Facturas falsas, elecciones financiadas ilegalmente, sobresueldos Gürtel, pagos en negro, dineros blanqueados, robo a mansalva de dineros públicos, sobrecostes de millones en las obras, malversación a raudales, despilfarro, embustes, mentiras, enchufes, obra pública otorgada como precio de la corrupción, atraco a los pensionistas, hospitales descapitalizados que se caen a trozos, manejo de dinero en negro. La labor de gobierno de la organización de malhechores llamada PP es la ruina de una España saqueada por una banda de ladrones bendecida por la iglesia católica, que se lleva un buen pellizco del saqueo.

Para ocultar todo este latrocinio generalizado la banda de sinvergüenzas que se hace llamar "gobierno", los gobernantes más corruptos de España desde la muerte del genocida, siguiendo su ejemplo, envían a la policía a aterrorizar a los ciudadanos y, a ser posible, detenerlos sin pruebas o con pruebas falsas.

Empezaron con los catalanes; siguieron con los murcianos; continúan con los madrileños de Lavapiés.

Cuando los de Podemos y los del PSOE quieran darse por enterados irán también por ellos.

Y se lo tendrán merecido por cómplices y cobardes

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Falsas banderas

El artículo de Palinuro en elMón.cat de hoy, titulado Banderas falsas. No hace falta entretenerse mucho en la introducción porque todo el mundo sabe de qué se habla: de las provocaciones de los fascistas que estos tratan de hacer pasar por atentados independentistas para extender la especie de que el independentismo es violento, criminal, asesino y poder justificar así la acción, esa sí, criminal, de un Estado regido por delincuentes. Los últimos casos son obvios: unos muñecos colgados en un puente al estilo mafioso mexicano y que los fascistas de la Societat Civil Catalana tratan de enjaretar a los demócratas; un supuesto atentado a un domicilio privado en cuyo balcón lucía una bandera borbónica: otra mentira montada por las mismas "víctimas", ultraderechistas, matones y provocadores españolistas a quienes Espejo Público dio pábulo con el fin de engañar a la población y a quienes llamó el Sobresueldos con ridículas palabras de consuelo. Los dos, Espejo Público y el Sobresueldos sabían que estaban engañando a la gente. Pero los dos también viven de eso.

El artículo avisa de que gente que provoca y atenta con bandera falsa hay mucha más. No son solo los matones y chulos fascistas sueltos por las calles con el beneplácito de las autoridades "democráticas". Hay más. En el artículo se identifican los siguientes: el Estado español, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, el gobierno, los jueces, los partidos unionistas, los periodistas a sueldo del poder, los intelectuales, los expertos que negaron el expolio fiscal de Catalunya y el pueblo español, que en el colmo de la estupidez grita "a por ellos", como si ese "ellos" no fuera también él.

Aquí la versión castellana.

Banderas falsas

En los últimos tiempos se han visto varios casos de atentados e incidentes de falsas banderas: provocaciones, delitos, agresiones realizados por elementos de una ideología, normalmente franquistas o fascistas si es que hay alguna diferencia, con el fin de cargar su responsabilidad a los de otra, normalmente demócratas o independentistas. Cometidos los delitos suelen ser las organizaciones españolistas o de extrema derecha, si es que también hay alguna diferencia, las encargadas de “denunciarlos” o explotarlos mediáticamente.

Pero ¿son solo los elementos franquistas o fascistas, aparentemente incontrolados, los responsables de estos atentados?

En absoluto. El Estado español y todos sus poderes se ha convertido en un Estado de falsa bandera que sostiene una guerra sucia en contra de una parte de su población. Para ello se vale de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como hizo con la llamada “operación Catalunya” del ministerio del Interior, cuya responsabilidad no ha podido investigarse hasta el final gracias a la labor de encubrimiento que hacen el PP, C’s y el PSOE.

Falsa bandera es también cuando los miembros de estas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, funcionarios armados, vestidos de paisano (o sea, camuflados) participan en agresiones callejeras a demócratas e independentistas, tratando de sembrar el miedo en el espacio público.

Igualmente falsa bandera es que un gobierno compuesto por gentes acusadas de cobros ilegales o directamente reprobadas, actúe sin límite ni control gracias al artículo 155, es decir como una dictadura de hecho que lleva su infamia al extremo de pretender que países extranjeros, como Bélgica, recorten la libertad de expresión de sus residentes porque a ellos les molesta.

Falsa bandera usan unos jueces que no merecen nombre de tales, pues actúan al mandato del poder político, encarcelando ciudadanos acusados de delitos imaginarios o persiguiendo a otros en el extranjero con acusaciones falsas que ellos mismos, en el colmo de la ignominia, se ven obligados a retirar.

Falsa bandera es que los partidos unionistas que abusan de su situación de privilegio en Cataluña mientras los independentistas tienen a sus dirigentes en la cárcel o el exilio, anuncien su entrada en campaña al grito de “a por ellos”, claramente agresivo y vandálico; o que otros, como el PSC, se hagan pasar por demócratas, mientras denuncian comportamientos de la gente (como los lazos amarillos) ante órganos ilegales que actúan ilegalmente en base al 155, como la Junta Electoral Central; o que otros, como Podemos, aduciendo finalidades revolucionarias, hagan al independentismo catalán culpable del fascismo en España, un fascismo que ellos son incapaces de combatir, si es que lo han intentado alguna vez.

Falsa bandera llevan los periodistas al servicio de la dictadura del 155 que, como los de programa “Espejo público”, dan pábulo a las mentiras de la extrema derecha españolista y difunden patrañas como la del incendio de la casa en donde había una bandera española, sabiendo que son provocaciones con ánimo de incitar a la violencia represiva.

Falsa bandera enarbolan los intelectuales que, sentando plaza de equidistantes, dan por buenas y reproducen todas las mentiras propagandísticas del unionismo mientras silencian o ridiculizan las declaraciones independentistas o niegan la voluntad democrática de un pueblo reiterada y pacíficamente demostrada.

Falsa bandera la de quienes, habiendo negado durante años el expolio fiscal de Catalunya por el Estado y hoy, cuando la Generalitat está intervenida y se ven obligados a dar los datos reales, reconocen que, en efecto, el déficit fiscal de Catalunya es de 16.000 millones de €, como decían los independentistas, pero tratan de ocultarlo y de no reconocer su mentira ni de explicar qué piensan hacer para corregirlo.

Falsa bandera la del pueblo español en su conjunto cuando grita “a por ellos”, jaleando las fuerzas de represión, sin darse cuenta de que está ensalzando y jaleando la represión que se ejerce sobre él y su propia falta de libertad y dignidad.

Frente a la enorme falsa bandera en que se ha convertido el Estado español que debiera haber sido expulsado ya del Consejo de Europa por no ser un Estado de derecho, es preciso enarbolar la bandera auténtica del derecho de los pueblos a la libertad, la autodeterminación y la independencia.

Y votar en consecuencia el 21D.

martes, 7 de noviembre de 2017

Lo de la ultraderecha

No es preciso perder mucho tiempo con esto, ¿verdad? Cuando el personal se escandaliza al oír que en España no hay partido de extrema derecha (de verdad, no partidillos) porque ya está en el PP y en el gobierno, basta con echar mano a la hemeroteca gráfica. Son muchos los ejemplos de  concejales, alcaldes, nngg y cuadros del partido de la Gürtel  fotografiados brazo en alto o dando vivas a Franco o luciendo parafernalia fascista. Y no solo ellos: curas, empresarios y famosos mediáticos. Hay donde elegir, así que, para no fatigarnos, la foto de ilustración de ahora mismo, de ayer, ya cuenta otra vez la historia.

Un portavoz sindical de la policía de Madrid entre neonazis. Y menos mal que el periódico no llama a estos "personas con banderas o letreros españoles". Neonazis. De inmediato saldrá alguien hablando del "caso aislado" de este señor. Un señor que es portavoz sindical de un cuerpo armado. Es decir, habrá sido elegido por sus compañeros. ¿Saben estos que su portavoz se manifiesta en público con neonazis? ¿Saben que, además de manifestarse, insulta a personas pacíficas y desarmadas en unas actitudes que bordean la agresión física? El portavoz ha dimitido. Muy bien, es lo mínimo que puede hacer. Pero el problema permanece.

¿Hasta qué punto impera la extrema derecha en las fuerzas y cuerpos de seguridad que están para defender a todos los ciudadanos y no para atacarlos? ¿Hasta que punto en todos los niveles de la administración pública, incluida la judicatura? Por supuesto, ya se sabe que en los sectores más altos de la administración la extrema derecha no se manifiesta vociferando oé, oé, oé. Se manifiesta de otra forma, menos escandalosa pero mucho más dañina y destructiva del Estado de derecho: con leyes injustas y arbitrarias (la ley de Wert, la "ley Mordaza", la reforma laboral, etc) con medidas de expolio de las arcas públicas (que dejan sin fondo de pensiones a los jubilados y sin ayudas a los dependientes), con instrucciones judiciales motivadas políticamente. 

La extrema derecha, en efecto, en España está en todas partes, también en los medios, como todo el mundo sabe y hasta en algún partido de la oposición. Solo por su afinidad con la extrema derecha puedo concebir que algunos socialistas se manifiesten conjuntamente con franquistas y fascistas de diverso pelaje.

viernes, 7 de julio de 2017

Bienvenidos al infierno

No será porque no lo habían anunciado. Estaba en la convocatoria misma, Bienvenidos al infierno. Literal.

Todos los gobiernos occidentales condenarán sin sombra de duda la violencia en la cumbre del G-20 en Hamburgo. Y, con los gobiernos, los medios de comunicacion, las iglesias, los consejos bancarios y otras instancias del orden, como las organizaciones patronales, las sindicales y sus partidos políticos. El argumento es siempre el mismo en dos tiempos. Tiempo uno: en una sociedad democrática, toda violencia es condenable, deseo muy puesto en razón, aunque con matices. Tiempo dos: además, no sirve para nada porque la contraviolencia del Estado es siempre superior. Un argumento falaz.

Porque sí sirve. En tiempos de sociedad mediática, hace visible un descontento profundo, muy extendido, pero sistemáticamente relegado de la esfera pública. Nadie se enfrenta a los cañones de agua de la policía, los gases pimienta, las porras, para pasar una tarde de verano. Y la excusa de que se trata de minorías de radicales y provocadores que acaban reventado una manifa pacífica mucho mayor no vale. Las minorías no organizan batallas campales de horas con contenedores incendiados, asfalto arrancado, barricadas, etc, ni hieren a 76 policías.

Aquí pasa algo y las potencias del mundo harían bien en estudiar las causas de violencia y en buscar soluciones en vez de proclamar el estado de sitio. Por ejemplo, podían comenzar considerando la interesante cuestión de si sus mismas "cumbres" no son la mayor forma de violencia que se le hace al mundo. 

sábado, 18 de marzo de 2017

Todo se acaba, hasta lo malo

Magnífica noticia, aunque redundante. ETA ya había anunciado hace años el fin definitivo de sus actividades. Pero, al no desarmarse por entero y sin condiciones, justificaba la intransigencia de las autoridades. Por fin parece haberse dado cuenta y realiza el acto simbólico que debiera cerrar del todo este siniestro capítulo de la historia de España y el País Vasco.

Podía haberse dado cuenta antes y de algo mucho peor: ETA no ha servido para nada salvo para causar muerte y sufrimiento, deteriorar la fibra moral de la sociedad vasca y obstaculizar el logro de los fines nacionalistas/independentistas que decía defender. Y, lo que es peor, no solo en su casa sino también en casa del vecino. Mientras duró la violencia, el discurso del Estado español fue "en tanto no callen las armas, no cabe hablar de nada. Cuando callen se podrá hablar de todo."

Era mentira, pero la actividad terrorista de ETA impedía que se revelara como tal. Silenciadas las armas en el proceso habido en Cataluña, una tierra en la que el independentismo es y ha sido siempre pacífico (exceptuado el breve episodio de Terra Lliure) la mentira se ha revelado mentira. No era cierto que sin violencia se pudiera hablar de todo. Hablar, claro, en un sentido performativo, práctico, no meramente especulativo. No se puede hablar de autodeterminación, ni de derecho a decidir, ni de independencia, ni de referéndum, ni de muchas otras cosas.

España supo enfrentarse a la violencia porque lo hizo con violencia, en cuyo uso es ducha. Pero no sabe enfrentarse a la reivindicación pacífica, porque el diálogo y la negociación no están en su bagaje.

lunes, 13 de junio de 2016

La locura es individual

A la vista de la matanza de Orlando, ¿tiene sentido acordarse de la perpetrada por Anders Breivik, el nazi noruego, en Oslo, en 2011 y por unos terroristas islamistas en París en 2015? Setenta y siete personas murieron en la primera ocasión. Eran, creo recordar, gentes de una organización juvenil socialdemócrata en un campamento de verano. En el caso francés unas gentes que estaban divirtiéndose en unas salas de fiestas, más de 120 muertos. Y nada que ver con un club gay en Orlando, Florida. Nada es nada. No hay pauta, no hay "método en la locura", como pensaba Polonio de Hamlet. No hay más que una persona toma una decisión que acaba con la vida de otras. Y esa decisión la toma por su cuenta y bajo su responsabilidad.

Para mayor complicación, aunque lo más sencillo y frecuente es que se considere locos a los asesinos, que "se les ha ido la olla", no tiene por qué ser así. Aunque fastidie reconocerlo. No podemos saber cómo era el autor Omar Siddique Mateen porque está muerto. Pero sí sabemos cómo está Anders Breivik. Por cuanto puede verse es una persona cuerda; parece ser autoritario, pero eso no es un delito; muchos lo son, sin llegar a abrir fuego sobre una muchedumbre. Puede estar poseído de una manía de erostratismo, pero eso no explica por qué le da por asesinar a sus semejantes en lugar de volar el Taj Mahal, por ejemplo.

El autor pude haber actuado siguiendo algún mandato que juzga superior. Es posible. En algún sitio he leído que uno de estos curas musulmanes anda diciendo a gritos que los gais deben perecer. También es posible. Algo similar dice el Cardenal Cañizares en España. Cierto que Cañizares no desea ni ordena la muerte de ningún gay, pero es que eso, por ahora, es delito. Habría que saber la opinión de Cañizares si no lo fuera. Y, en el caso de Breivik, quizá no habrá voz clerical alguna representante de la Valhalla que ordene expresamente acabar con los socialdemócratas en un campamento de verano. Como tampoco parece que a algún clérigo musulmán francés haya predicado la necesidad de dar muerte a la gente que se divierte en una discoteca. Pero el dicho Breivik puede creer que esa orden está implícita en su forma de entender la vida del nazi ario puro, como los ocho terroristas parisinos pueden pensar que solo se es verdadero creyente cuando se asesina a los no creyentes. Son conclusiones que alcazan por su cuenta. 

Haya o no haya las voces, molestarse en encontrar la justificación causal de un crimen en una ideología, religión o concepción colectiva del tipo que sea, es perder el tiempo. Sobre todo si se hace con ánimo de prohibir luego estas creencias colectivas. Las creencias no pueden prohibirse. Sí pueden sus manifestaciones prácticas, objetivas, pero no en su pura actividad subjetiva.

Los responsables de sus actos son en primer lugar (y muchas veces único, aunque no siempre) los individuos. Esto es, el terreno de lo desconocido. Nunca sabremos cómo van a reaccionar los demás a nuestros actos, incluso a nuestros no actos, a nuestra mera presencia en el mundo. En la inmensa mayoría de los casos sí decimos saberlo porque damos por bueno el instinto y sentido de supervivencia en nosotros mismos y en los demás. Pero eso no es saber y, además, no funciona siempre. La ruptura del sentido de supervivencia propio o ajeno no puede darse por imposible con aboluta seguridad. La baja probabilidad del asunto no quiere decir nada desde un punto de vista moral: un solo caso entre millones plantea el mismo problema de comprensión que si fueran muchos más.

El bajo índice de probabilidad del crimen, desde el punto de vista jurídico puede servir para calibrar la intensidad de la respuesta y dictar las normas generales que parezcan más adecuadas a la opinión pública.

Pero locos que aprieten el gatillo en una concentración de gente habrá siempre. 

domingo, 14 de febrero de 2016

Delicias del patriarcado: mujeres, niños

Dos mujeres más asesinadas presuntamente por sus maridos y probablemente en sendos crímenes machistas. Dos mujeres septuagenarias muertas a manos de sus esposos seguramente de edades parecidas. Hace unos días, en una interesante entrevista a una estudiosa de estos asuntos, decía esta que la violencia machista cruza clases sociales, profesiones, niveles de ingreso. Y edades. Cualquiera diría que a los setenta años, cuando la nieve de la edad cubre sus sienes, los hombres deberían haber aprendido a domeñar sus pasiones, sus impulsos más criminales. Evidentemente, no es así, o no es frecuente. Según parece los partidos están dispuestos firmar un pacto de Estado contra la violencia de género. No tengo muy claro que estas cosas sirvan para mucho. Incluso es posible que tengan efectos desmovilizadores porque, mientras se establece el pacto y este actúa, aunque no sirva para gran cosa, mucha gente puede pensar que no hace falta nada más porque ya está el pacto.

El problema es básicamente de educación y de trasmisión de valores y pautas culturales en el patriarcado. O sea algo que llevará mucho tiempo, años incluso, antes de que las cosas cambien visiblemente. Por supuesto, bienvenido sea el pacto, pero su efecto será moderado en el mejor de los casos.

La educación y el sistema de valores y pautas culturales. La educación es esencial. Es casi todo en la vida. Por eso los curas no quieren perder su control, porque es decisiva para la trasmisión de su doctrina. Y en ese dominio de la educación se producen los casos de pederastia que tanto han ensuciado el nombre del catolicismo. Generalmente afecta más a los católicos que a los protestantes y es bastante razonable vincular esta práctica con la estúpida orden del celibato.

La cuestión es aquí si es lícito incluir la pederastia como crimen de patriarcado y, si bien se piensa, así es. La pederastia es un comportamiento en el ámbito de la conducta basada en la obediencia infantil a las figuras de padres. No hay duda: son delitos típicos del patriarcado.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La violencia en España.

Ayer murió otra mujer, presuntamente asesinada a cuchilladas por su marido en Zaragoza. No sé qué ministerio dice que van más de cincuenta asesinadas este año. 814 en los últimos 12 años. Es lo que se llama feminicidio. Ignoro si hay estadísticas de cuántos hombres han muerto en este mismo periodo a manos de sus mujeres pero no creo que lleguen a la media docena. Reténgase el dato para hablar luego de equiparar la violencia contra las mujeres con la que estas puedan hacer a los hombres.

La víctima era de 44 años y el victimario de 49. La pareja no tenía hijos. Fueron los vecinos quienes avisaron a la policía al oir gritos y ruidos de discusión muy violenta. No constaba denuncia alguna previa por malos tratos pero, según parece, la víctima había iniciado los trámites para el divorcio. Obviamente, algo intolerable para un machista que considera su esposa una propiedad suya,  como sus zapatos, más o menos a la altura de estos; y sería insólito que los zapatos quisieran divorciarse. Por cierto, extraño que aún no haya aparecido algún obispo diciendo que lo mejor para acabar con la violencia machista es volver a prohibir el divorcio, como en tiempos del bendito Franco, al que llevaban bajo palio.

Este nuevo crimen machista ha provocado cierta conmoción en la opinión pública. Ha habido mucha condena en los ambientes feministas, y las minorías de género. También algunos políticos han manifestado su pesar y creo que la autoridad competente ha ordenado que haya tres días de duelo oficial en la capital aragonesa. ¡Qué menos se merece la asesinada! 

Los ciudadanos no deben caer en la trampa de singularizar el caso. Los partidos son muy conscientes de que se trata de un problema social y complejo que nos afecta a todos y a todas. Sobre todo a todas. Por ello, hay que ver qué medidas concretas proponen aquellos, los principales agentes políticos.

En el PSOE, Sánchez propone que cada asesinato machista lleve aparejado un funeral de Estado. Seguramente las víctimas estarán encantadas de emprender el viaje al más allá acompañadas por las salvas de rigor y una banda interpretando Pompa y circunstancia.

En Podemos se esmeran y proponen un pacto de Estado en contra de la violencia machista. Ahí es nada. Además, será un pacto con espadas para que no se quede en meras palabras, como avisaba Hobbes. Un pacto que dirá, es de suponer, lo mismo que el Código Penal.

Los de ciudadanos quieren equiparar penalmente la violencia machista contra las mujeres con la de las mujeres contra los hombres. A primera parece absurdo y a segunda, también. ¿En qué mejora la condición de las víctimas el que se castigue a las victimarias tanto como a los victimarios?

En el caso del PP, el asunto va más en serio porque, además de decir lo que le preocupa la violencia machista, hace cosas. Por ejemplo, recorta los fondos destinados a la ejecución de la Ley contra la violencia de genéro. Suena contradictorio pero sin duda Rajoy explicará que la razón es muy sencilla: a menos fondos, menos violencia de género.

Así están en verdad las cosas. Esta es la reacción que cabe esperar de las autoridades frente al drama que viven no solamente las víctimas reales sino las potenciales. Potenciales son todas las mujeres que experimentan en mayor o menor grado el temor de ser víctimas reales. Imposible conocer su cantidad pero, sin duda, es alta. Un temor que los hombres no experimentan o, si lo hacen, es en un porcentaje infinitesimal respecto a las mujeres.

Eso es lo que quiere decir el concepto de violencia estructural, la que ejerce una sociedad patriarcal sobre las mujeres, una presión enorme a lo largo de todas sus vidas, desde la cuna a la tumba y que los hombres solo se toman en serio cuando salta la sangre.

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Ayer, un adolescente arreó un puñetazo al presidente de los sobresueldos en Pontevedra porque este, por necesidades de la campaña electoral, salió a mezclarse con su amado pueblo como hacía Harún al Raschid en las 1.001 noches. He preferido glosar el caso de la violencia machista porque estoy seguro de que los medios hoy solo hablarán de la castaña a Rajoy. Habrá desde quienes hagan chistes en Twitter hasta quienes se indignen como juanes bautistas contra todo tipo de violencia y mucho más contra los chistosos, pasando por quienes echen la culpa a Sánchez por haber llamado indecente al indecente. La oleada de hipocresía y fariseísmo pretende convertir un hecho lamentable, circunstancial, anecdótico, irrelevante, producido por un descuido de los guardaespaldas en una categoría moral por la relevancia de la personalidad, mientras que la categoría del hecho regular, producido por la acción de un hecho estructural como la violencia machista, desaparece de la atención pública.

En román paladino: Rajoy puede contarlo; la mujer de Zaragoza, no.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El machismo de Ciudadanos.

Ya está claro por qué C's se llama Ciudadanos y no Ciudadanas, como también podría: porque es un partido machista dirigido por un machista.

Este petimetre catalán, convencido como estaba de que tenía las elecciones ganadas porque los sondeos le eran muy favorables y su espíritu español le daba mucha ventaja, se ha metido en un charco adormecido por aquellos y empujado por este. Ya se había metido en otros antes, como cuando dijo que los parados debían devolver los salarios percibidos o hace poco cuando ha sugerido eliminar la condición funcionarial a los profesores para dejarlos a merced de los empresarios, como lo está él. Pero este es más profundo, más cenagoso, y puede hundirlo en la ignominia de su demagogia de reaccionario disfrazado.

Su metedura de pata procede de su subconsciente. Los retrógrados, los machistas, no entienden o dicen no entender que la igualdad requiere tratar desigualmente a los desiguales. Su concepción mecanicista de la igualdad es, en el fondo, una argucia para ir contra la igualdad y, por supuesto, contra la justicia; para mantener los privilegios y los abusos. El asunto concreto en el que este mozo ha patinado es el de la mayor pena para la violencia ejercida por el hombre que por la mujer en el contexto de violencia de género. Rivera se reviste de arcángel de la igualdad y pide equiparar las penas y la señora que lo representaba en el debate de TV1 creía hablar como Salomón cuando decía que para un niño es igual ver cómo su padre mata a su madre que como su madre mata a su padre. Los contertulios le dijeron que no entendía el fondo de la cuestión de la violencia machista, pero no es así. Lo entiende perfectamente; igual que lo entiende Rivera. Lo que sucede es que les parece muy bien.

Vamos a ampliar un poco el argumento a modo de explicación. En el fondo, el asunto es un caso concreto de discriminación positiva. Todos los machistas están en contra y argumentan que quebranta el sacrosanto principio de la igualdad ante la ley, el que la señora de la tele y Rivera invocan con gran facundia y lo harán no solo para ir contra la discriminación positiva sino también contra otras medidas de justicia hacia las mujeres, como las cuotas o los cupos. Todas las cipayas católicas de derechas dicen que las mujeres no necesitan cuotas en nuestra sociedad y que las que valen ya triunfan, etc., etc. como si la sociedad hubiera dejado de ser patriarcal y machista y de acumular privilegios para los hombres y dificultades y obstáculos para las mujeres.

La igualdad ante la ley. ¿Cómo puede hablarse de Estado de derecho -dicen- si se consagra la desigualdad ante la ley, aunque sea con supuestas buenas intenciones, como el adelanto de las mujeres? Muy sencillo, igual que se hablaba de Estado de derecho cuando los ordenamientos jurídicos consagraban el sometimiento de las mujeres, su condición de sojuzgadas, menores de edad, incapaces y sometidas a la tutela de los varones. Si los Estados en que la mujer no podía votar (hasta ayer mismo, como quien dice) eran Estados de derecho, estos también. Y no hace falta decir mucho más.

Pero se puede, porque la razón siempre es generosa en la palabra: la discriminación positiva no solo es compatible con el Estado de derecho sino que, precisamente, lo hace realidad porque trata desigualmente a los desiguales: y los compensa por la injusticia padecida hoy y en el pasado. Cuando se dice que las cuotas de mujeres son injustas por desiguales se pasa por alto que siempre ha habido cuotas... a favor de los hombres; en todas partes, siempre y no se llamaban cuotas porque nadie se atrevía a cuestionarlas a pesar de que durante años, siglos y aún hoy, muchas veces eran cuotas del 100%, esto es, con exclusión total de las mujeres como lo estaban de la ciudadanía en la Grecia clásica, en Roma y prácticamente hasta la actualidad.

La discriminación penal de castigar más a los hombres por la violencia machista es de justicia. Es el trato desigual a los desiguales el que garantiza la igualdad. Contraponer a este concepto de igualdad otro mecánico, como hacen Rivera y los de Ciudadanos, solo muestra que, en el fondo, están en contra de la igualdad y a favor del privilegio y las situaciones de abuso patriarcal.

Este neofalangista consiguió salir de los demás charcos mejor o peor. El de ahora es más profundo, más pringoso y más revelador, y la gente ya ha empezado a darse cuenta de que, por debajo, de las apariencias de lustroso y simpático broker está la vieja derecha reaccionaria de siempre.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Violencia de género. Misoginia.

Ayer fue el día en contra de la violencia de género. Se realizaron muchos actos. Bien. Hubo conferencias, seminarios, concentraciones, convocatorias de todo tipo. Mejor. Se publicaron estadísticas de malos tratos, abusos, feminicidios. Todavía mejor. En España, en lo que va de año, 48 mujeres asesinadas por sus parejas. En otros países del mundo igual o peor. Se manejaron cifras terribles. La información es imprescindible. Todo cuanto se haga será poco.

Y poco es poco. A pesar de la conciencia creciente, a pesar de las leyes, siempre necesarias, de los políticas públicas, de las medidas de todo tipo. Siempre será poco. Porque el problema no es el de un comportamiento inmoral o ilegal, más o menos extendido, una conducta desviada por muy extensa que sea y que se puede atajar. No.

El problema es mucho más profundo. El problema es el verdadero iceberg que hunde el Titanic de la humanidad.  El problema es que la cultura, toda la cultura, es misógina. 

(Aviso de que gran parte de lo que sigue parecerá excesivo a muchos, muy radical. Las bellas conciencias harán bien en no seguir leyendo). 

Toda la cultura, en el sentido en que los iusnaturalistas y los ilustrados la entendían como lo opuesto al estado de naturaleza. La cultura como el estado "no natural" del ser humano, el estado social en el sentido que tenía en Rousseau cuando, al comienzo del Contrato social, advierte que el hombre nace libre pero en todas partes se encuentra encadenado. Alguien tan inteligente como el ginebrino podría haber dicho con la misma o mayor justicia que el ser humano nace igual (en igualdad de géneros) pero por todas partes la mujer está sojuzgada. Podría haberlo dicho, pero no lo dijo porque era un misógino de los pies a la cabeza.

Ese es el problema. Que la cultura, toda cultura es misógina. Que son misóginas todas las religiones, todas las civilizaciones, todos los sistemas filosóficos. Acabo de terminar un interesante tratado de Mercè Rius,que comentaré en los próximos días, acerca de la cantidad de estupideces que los más ilustres  filósofos han dicho sobre las mujeres a las que no distinguen de los gatos. Alguno saldrá (los antropólogos son muy aficionados) diciendo que en tal o tal otra tribu perdida en el Pacífico sur reina la igualdad de sexos, cuando no la superioridad del femenino. Generalmente son trolas, pero no importa, no perdamos el tiempo. Excepciones ¿vale? La regla es lo otro.

Ese es el verdadero problema: la misoginia está imbricada en la existencia humana desde la cuna a la tumba, desde el soliloquio del monje a los mensajes dirigidos a millones de auditorios. Se absorbe en la familia (quizá el vehículo más poderoso de perpetuación del sometimiento de las mujeres), en la educación, en los juegos de la infancia, en los lances amorosos, a lo largo de toda la vida, en la muerte y más allá. La trasmiten los hombres, las mujeres, las mismas madres, las hijas. Está en las estructuras del lenguaje, en las leyendas, tradiciones, en la moral en el deísmo y en el ateísmo, en el arte, en la música, en todas partes.

Su base es la fuerza bruta, la violencia, desde el origen de los tiempos al día de hoy.

Bienvenidas todas las leyes y medidas. Siempre pocas. Siempre tarde. Siempre pacatas. Porque la cuestión es infinitamente más vasta. No se piense que propugnamos un abandono vergonzante al advertir de la enormidad del problema. Al contrario. Al decir que cuanto se hace es poco, se aspira a que se haga más. Si por Palinuro fuera, los sistemas educativos sufrirían una revisión total para feminizarlos y se alimentaría un clima social en el que los piropos estuvieran desterrados y cuantos estúpidos machistas van haciendo chistes sobre la "corrección política" sufrirían el desprecio de la colectividad, por no hablar de los listos que encuentran "degradante" toda discriminación positiva. Además de las leyes, las campañas, las políticas públicas, las reformas, etc, que son todas pocas, hay que ir a fondo en la educación. De niños y adultos. En cuestión de igualdad de género son los adultos los que necesitan más educación, más permanente, más vigilancia.

Porque la misoginia es el veneno mismo con el que entramos en la sociedad. La llevamos los hombres en el fondo del alma. En buena medida somos lo que somos, la especie es lo que es (con sus grandezas y miserias, como dicen los textos edificantes de todas las ideologías) por ella. Infecta a las mujeres por conducto de los hombres que nos sentimos así afirmados cuando nuestras víctimas nos alaban. Nos hemos construido sobre la misoginia y por eso hacemos como que no la vemos. Nacemos de las mujeres y no podemos soportarlo. Muy cierto aquello del poeta de que todo el mundo mata lo que ama.

Todo cuanto hagamos, repito, será poco. Y los hombres debemos defender sin ambages el principio de igualdad. Pero no la igualdad como condescendencia. Porque nunca llegaremos a sentirnos iguales de verdad mientras no seamos capaces de sentirnos inferiores, también de verdad.

martes, 18 de agosto de 2015

Consideración sobre la violencia machista.

Dicen algunas almas sensibles a la par que escépticas que no debemos ponernos nerviosos ni exagerar pues violencia machista ha habido siempre. Lo que sucede es que ahora, gracias a los medios de comunicación y la mayor publicidad de nuestras sociedades es más notoria. Pero no es cierto. Sí lo es que siempre ha habido violencia machista, pero también que se ha sabido. La sociedad patriarcal está basada en la violencia contra las mujeres de modo público y notorio, a título de amenaza latente, a veces manifiesta  y de escarmiento. Forma parte de la sabiduría tradicional ("la mujer, en casa y con la pata quebrada"), del refranero de todos los pueblos, está admitida y hasta glorificada en la literatura ("la doma de la bravía") en todas las artes, hasta en la filosofía. Basta con leer desde Aristóteles hasta Schopenhauer la miríada de estupideces que los sabios han escrito sobre las mujeres. Está enaltecida y hasta glorificada. La figura del llamado crimen pasional, a la que se recurre a veces para hablar de los asesinatos de mujeres, tiene carta de naturaleza. Mírense algunos cuadros de Romero de Torres si se quiere algún ejemplo, o recuérdense Otelo o Rojo y negro, aunque sea en grado de tentativa
 
La violencia machista es estructural en la sociedad patriarcal. Esta se basa en ella, se originó en ella, se mantiene y se ha desarrollado con ella y ella es una de sus características. Su núcleo esencial es la convicción de que las mujeres son inferiores; deseables, pero inferiores y, por eso mismo, peligrosas. La identificación de la mujer con la hechicera, la bruja, es también una constante de la historia occidental. Es conveniente recordarles de vez en cuando su posición de subalternidad porque esta es fundamento mismo de la sociedad y rasgo esencial de la seguridad de los hombres. La violación es un recurso frecuente en todas las sociedades y, llegado el caso, en situaciones de conflicto o guerra, una política pública de los bandos contendientes.
 
Esa condición de subalternidad está imbricada en el lenguaje y en todos los momentos del proceso de socialización tanto de los hombres como de las mujeres. Todos la reproducen,  salvo excepciones muy señaladas que han de soportar todo tipo de ataques, empezando por el típico de los majader@s que hacen demagogia con la "corrección política", una de las pocas vías de remediar la condición de las mujeres.
 
Y solo las mujeres. Cuando las primeras feministas plantearon la necesidad de la emancipación y el derecho de sufragio femeninos, a comienzos del siglo XIX, vieron que su movimiento tenía muchos elementos en común con el de los abolicionistas que luchaban contra la esclavitud. Y tendieron puentes con él. Ser sufragista significaba ser abolicionista al mismo tiempo. La ironía quiso que se produjera la emancipación de las esclavos mucho antes que la de las mujeres y estas comprobaron en sus propias carnes que los negros ex-esclavos no les devolvían el favor. Eran negros, eran ex-esclavos pero, sobre todo, eran hombres, y participaban de las ventajas de oprimir a las mujeres.
 
La lucha contra la violencia machista es muy difícil, no se limita únicamente a revisar los programas de las escuelas, pues obliga a replantear los fundamentos de la sociedad patriarcal en todos los órdenes y todos los momentos y no solamente cuando, como consecuencia de la progresiva emancipación femenina en nuestras sociedades, se produce un asesinato de género. Se trata de una revolución de los hábitos de la vida cotidiana, del lenguaje, de nuestras costumbres. Una revoluciòn en la que no hay tiempos de descanso ya que obliga a vigilar todo lo que se hace y dice, cómo y cuándo se dice y se hace.
 
Los hombres que se sienten amenazados en su privilegios de sexo dominante asesinan por envidia, celos,  despecho y, sobre todo, miedo a perder su posición de macho. Y  en la medida en que avance el proceso de igualdad de género, aumentará la violencia contra las mujeres. Su erradicación no va a ser fácil, pero es imprescindible si queremos llamar civilizada a la sociedad en la que vivimos. 

viernes, 3 de abril de 2015

Otra mujer asesinada.

Con otra mujer sobre la mesa de autopsias, víctima de "unos cuantos piquetitos", por citar el título del célebre cuadro de Frida Kahlo, los medios y el foro público se llenan de sesudas y horrorizadas reflexiones sobre lo insondable del alma humana, lo incomprensible de la violencia, lo enigmático de las relaciones de pareja, las contradicciones del amor, etc. En su post de ayer, El Patriarcado, bien, gracias, Palinuro ya largaba su parte de doctrina, insistiendo en la necesidad de tomarse en serio el asunto, no rutinizarlo, no trivilializarlo así como en que por "el asunto" no hay que entender solo los asesinatos, sino muchos otros aspectos y circunstancias sociales concomitantes, a veces aparentemente tan alejadas del crimen que, se dice, no son relevantes. Para eso, además, ya están las medidas legislativas y administrativas que se toman en todos los órdenes, los campos, los ámbitos. Si y no, porque faltan muchas cosas. Hay preocupación por proteger a las mujeres en todos los órdenes porque está claro que son más vulnerables. Pero ni esto es cierto. Es poco lo que cabe esperar en este terreno de una organización como el PP, cuya secretaria general dice muy ufana que las mujeres de su partido no precisan cuotas. Bueno, cierto, la afirmación es una tontería propia de quien la dice, pero también es cierto que esto de las cuotas queda lejos de la violencia de género y de lo que se llama feminicidio.

Sí, esta es la batalla más reciente. El término "feminicidio" no quiere decir nada y, además, no existe. Si no existe, se crea. Y sobre si quiere decir o no, júzguese: es feminicidio el asesinato de mujeres por ser mujeres. Es decir, es una forma de genocidio porque es un asesinato de una colectividad por un motivo específico. Se diferencia del genocidio en que se da en todos los continentes, países, razas, culturas y religiones y que no se sabe cuándo empezó y tampoco se sabe cuándo acabará, pues el exterminio del género, la solución final, tampoco será posible esta vez. El feminicidio es un genocidio permanente, desparramado, oculto, negado a la par que fomentado y combatido al unísono.

Su origen está en la educación, seguro. Pero no solo. Una educación no patriarcal no sirve de mucho en una sociedad patriarcal. Y, aunque fuera posible una educación no patriarcal en un mundo en el que, ya lo dijimos ayer, todas las religiones, las historias, las filosofías, las artes, las letras, son patriarcales, luego queda el ejemplo de los adultos. Una sociedad en la que una enorme cantidad de mujeres tienen asumidos los roles del patriarcado (basta con recordar a las cipayas del PP aplaudiendo a rabiar al ministro que proponía cercenar sus derechos) y los hombres, prácticamente todos, la tarea es ingente. Empieza por verse en la comprensión correcta del concepto de feminicidio.
 
Un cuerpo en una mesa de autopsias no es el comienzo de una historia de feminicidio sino, al contrario, su final. El final de una historia que quizá empezara en los años escolares de los protagonistas. Es muy duro, pero es así. El problema no es solo un tipo de educación u otro. El problema es comprender que el feminicidio empieza precisamente en donde debiera cortarse, en la educación y sigue a lo largo de la vida en los aspectos aparentemente más inocuos y distantes, costumbres populares, refranes, comentarios, usos matrimoniales, (no es preciso mencionar los países en los que la edad núbil de las mujeres está en la infancia), leyes, cuotas, vida profesional, trabajo, competitividad, abortos, divorcios, juzgados, presión social, opinión pública. Hasta que un cuchillo que a lo mejor viene dirigido desde una acampada en la adolescencia, encuentra el camino hacia el corazón de la víctima.

jueves, 2 de abril de 2015

El patriarcado, bien, gracias.


El mundo occidental está gobernado por hombres blancos desde tiempos inmemoriales y desde hace menos, pero también mucho, cristianos, más tarde subdivididos en protestantes y católicos. En otros lugares tendrán otros colores y otras religiones. Aquí, hombres blancos protestantes/católicos. Se parece a lo que quería sintetizarse en la fórmula WASP - White Anglo-Saxon Protestant como clase dominante en los Estados Unidos. Para extenderlo, habría que ampliar el Anglo-Saxon a German, French y, con menos verosimilitud, Italian o Spanish. Y, desde luego, el Protestant se cambiará por Catholic en donde proceda. Pero lo que falta en todas las fórmulas es otro término en el que nadie repara: blancos, protestantes, católicos, pero hombres. Desde tiempo inmemorial. Hombres que llevan milenios pensando que las mujeres son seres inferiores con los que se puede hacer lo que se quiera. Hay, claro, variantes, aquí y allá. Se las puede vilipendiar y reducir a menos que nada, quemar por brujas o divinizar en el pensamiento del poeta, como la Beatriz de Dante. Pero siempre son el objeto del hacer o deshacer de los hombres, aquello sobre lo que estos se proyectan y sobre lo que se construyen. Sobre el vilipendio de las mujeres se edifica la identidad colectiva masculina, el patriarcado. Está en su religión, en su filosofía, en su arte y literatura, en sus leyes y hasta en su habla a lo largo de siglos.

Dios es macho. Esa transgresión de hacerlo mujer procede de la nostalgia ilusoria del matriarcado o del afán contemporáneo del feminismo por sacudir la complacencia contemporánea. Cuando la Filosofía habla del hombre se entiende que incluye a la mujer; cuando quiere referirse a esta, lo hace singularizándola como sexo. No abundan los tratados filosóficos del hombre como sexo. El llamado crimen pasional, ya desde antes de Otelo, goza de buena fama y es motivo de creación artística sin que nadie plantee el asunto desde el punto de vista de la víctima que, en el 99% de los casos, es mujer. Hasta hace bien poco las mujeres han tenido un estado jurídico de segunda clase o ninguna por estar sometidas a tutela. En Homero, cuando un viejo o una mujer toman la palabra en público, empiezan por disculparse por hacerlo, ya que lo público, el mundo, es de los hombres en la flor de la virilidad.

Es el patriarcado al que casi todo el mundo nos sometemos por dejadez y egoísmo. Hasta las mujeres. Incluso bastantes que se han afirmado como mujeres y simbolizan mucho en el imaginario feminista. Han sido mujeres excepcionales que han triunfado adaptándose a las pautas masculinas. También las ha habido que no lo han hecho y lo han pagado muy caro. Ha habido triunfadoras adaptándose a las reglas masculinas, como Hildegard von Bingen y mártires por la libertad de las mujeres, como Olympe de Gouges.

El Patriarcado prevalece porque, además de sus profundísimas raíces, impregna nuestra vida cotidiana. Porque quienes más podemos hacer por combatirlo, los hombres, no lo hacemos pues nos beneficiamos de él. Sin duda, en momentos críticos, como el del otro día, con tres mujeres y dos niños muertos a manos de tres energúmenos, alguno de los cuales se suicidó, aunque demasiado tarde, se organiza un (pequeño) escándalo, se barajan unas estadísticas, se recuerda que el machismo mata (ya que culpar al patriarcado no está bien visto), el gobierno dice alguna perogrullada y la vida sigue. Seguimos viviendo impregnados de machismo, escuchando y quizá propalando chistes denigratorios, admitiendo y quizá practicando esa costumbre mediterránea tan celebrada (incluso por mujeres) de los piropos. Estamos tan seguros de no ser machistas, es tan evidente que somos feministas, que podemos permitirnos la gracia de una gracia que vilipendie a las mujeres.

Y así, por dejadez, abandono y egoísmo, se mantiene el patriarcado. Porque nadie lo denuncia ni lo combate cuando se produce habitualmente en la vida cotidiana y, cuando se hace es tal chapuza que más valdría que no se hiciera. Por ejemplo, ese cartel de la guardia civil que es como un díptico. En una hoja, un retrato de un hombre con una leyenda como "cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre". En la otra, la simetría, un rostro de mujer con la leyenda "cuando maltratas a un hombre, dejas de ser una mujer." A cualquiera se le alcanza que tratar ambos maltratos por igual es un dislate; a cualquiera menos a la guardia civil, al parecer.

Es lo que sucede con el racismo. Está tan claro que no somos racistas que nos permitimos un chiste, un comentario, una reflexión racistas. La gente lo ha captado perfectamente en ese "yo no soy racista pero...". "Yo no soy machista, pero..." alguna se merece una tunda. Y todos asienten. Y ¿cómo no? Estamos por la causa, claro, pero no hay que perder el sentido del humor ni ser más papistas que el Papa. No hay que ser "políticamente correcto".

Es muy curiosa la mala fama de esa expresión. Al margen de los cavernícolas que barbotan disparates sobre la "corrección política" porque entienden que lo bueno en la vida y lo sano es mostrar quién manda en casa, las gentes normales también evitan emplear el término. Tampoco hay que ser tan "políticamente correctos", suelen decir a modo de explicación para ocultar que, en el fondo, no están dispuestos a llevar sus convicciones igualitarias a sus últimas consecuencias. 

En parte, Palinuro coincide con este juicio negativo general, aunque por otro motivo. La expresión "políticamente correcto" es inadecuada e innecesaria. Basta con hacer "lo correcto".

Y ¿qué es lo correcto? Lo sabemos tod@s: no hacer a nadie lo que no queramos que nos hagan.