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viernes, 7 de julio de 2017

Bienvenidos al infierno

No será porque no lo habían anunciado. Estaba en la convocatoria misma, Bienvenidos al infierno. Literal.

Todos los gobiernos occidentales condenarán sin sombra de duda la violencia en la cumbre del G-20 en Hamburgo. Y, con los gobiernos, los medios de comunicacion, las iglesias, los consejos bancarios y otras instancias del orden, como las organizaciones patronales, las sindicales y sus partidos políticos. El argumento es siempre el mismo en dos tiempos. Tiempo uno: en una sociedad democrática, toda violencia es condenable, deseo muy puesto en razón, aunque con matices. Tiempo dos: además, no sirve para nada porque la contraviolencia del Estado es siempre superior. Un argumento falaz.

Porque sí sirve. En tiempos de sociedad mediática, hace visible un descontento profundo, muy extendido, pero sistemáticamente relegado de la esfera pública. Nadie se enfrenta a los cañones de agua de la policía, los gases pimienta, las porras, para pasar una tarde de verano. Y la excusa de que se trata de minorías de radicales y provocadores que acaban reventado una manifa pacífica mucho mayor no vale. Las minorías no organizan batallas campales de horas con contenedores incendiados, asfalto arrancado, barricadas, etc, ni hieren a 76 policías.

Aquí pasa algo y las potencias del mundo harían bien en estudiar las causas de violencia y en buscar soluciones en vez de proclamar el estado de sitio. Por ejemplo, podían comenzar considerando la interesante cuestión de si sus mismas "cumbres" no son la mayor forma de violencia que se le hace al mundo. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Un maledetto imbroglio.

Palinuro parece algo exagerado al considerar el G-20 una plataforma de retórica. ¿No se está preparando una declaración rotunda en favor de acabar con la crisis de una vez en Europa, llena de determinaciones concretas? En efecto, está preparándose una declaración final (prácticamente todos los encuentros mundiales terminan con este tipo de declaraciones) pidiendo el pronto fin de la crisis en la Eurozona mediante acciones resueltas de los países europeos. Los norteamericanos parecen impacientes por hacer más negocios con sus alicaídos socios y apremian a Frau Merkel a ceder; no saben muy bien en qué pero a ceder pues todo el mundo señala a Alemania como la responsable de la situación de precatástrofe del continente. Palinuro solo conoce el borrador por los periódicos pero ya apunta claramente el contenido de la declaración final. Una de esas repletas de buenos y edificantes deseos sin contenido práctico.
Claro, la declaración anima a la UE a avanzar hacia una unión bancaria, lo cual, interpretado con ese optimismo esencial de los yankies lleva a estos a trompetear que la Unión va a tomar medidas más contundentes contra la crisis. Algunos creen saber cuáles: el Mecanismo de Estabilidad Europeo comprará deuda española e italiana. No sé de dónde se lo han sacado pues los alemanes van por los corros negándolo. Obama puede decir misa; los europeos actuarán a su modo, como se colige del hecho de que la declaración animará mucho a la unión bancaria, pero la expresión unión bancaria no aparece en el texto.
Ciertamente los europeos no se quedarán quietos y, de hecho, ya tienen uno de esos consejos aúlicos de los que tanto gustan en marcha, esa Comisión del Futuro de Europa,. iniciada por el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle. Son ocho a nueve ministros de Exteriores (entre ellos el español) puestos a discurrir sobre cómo hacer avanzar la unión política europea. La unión bancaria es una de las primeras propuestas y otras más políticas. Pero esa comisión no va a encontrar mucho eco porque, al parecer, no podrá exponer sus conclusiones en la próxima cumbre europea, muy ocupada con asuntos más atosigantes.
Europa, esto es, Alemania, mira ceñuda a España. Y Francia no presta gran ayuda. Anda el camarada Hollande entonando un discurso gaullista de izquierda. La retórica de la unión bancaria, las contundentes medidas, las claras decisiones políticas quedan atrás, en ultramar en donde, de todos modos, también se ha pedido a Rajoy "rapidez y claridad" para sanear la banca, algo equivalente a darle un coscorrón. Rapidez y claridad a Rajoy. Cuando este llegó al G-20 con la enésima cabriola en reserva: el rescate no-rescate del sábado, épica victoria del paladín ibérico, habíase convertido en un odioso rescate cargado de cadenas cinco días más tarde. Si un volte face de este calibre sorprende hasta a los españoles, ya a acostumbrados a todo, a una alemana, antigua militante de las Juventudes Comunistas, la deja estupefacta e indignada a partes iguales. Y si, además, el meridional sale diciendo que el Banco Central Europeo recapitalice directamente los bancos españoles (antes, incluso, de saber cómo están), la alemana puede tronar como un Thor nórdico aniquilando en su fuego al infeliz Rajoy.
El pobre presidente del gobierno español, sumergido en la soledad del iletrado impecune debe de haberlo pasado muy mal. Quizá ahora entienda los apuros de su antecesor, otro incapaz de entenderse con nadie en Europa por no hablar ninguna de sus lenguas excepto la propia. En fin lo delata en la cara de la foto. Menudo gesto. Y está en la web de La Moncloa en donde, es de suponer, seleccionarán los planos en los que esté más favorecido. Debe de estar hablando un hispánico pues todos llevan puestos los auriculares excepto Barroso y él.
Quizá haya esta semana algún tipo de rescate para España en términos no estrictamente criminales, pero se lo van a hacer sudar a Rajoy. Cosa bastante comprensible. ¿No es el presidente de un gobierno que un día por la mañana anuncia que las auditorías de la banca se retrasan hasta septiembre y, ante la oleada de indignación, se desautoriza a sí mismo y reafirma que las tales auditorías estarán como previsto prácticamente ya?
En cuanto al carácter retórico del G-20, solo un dato: la reunión de México ha aumentado la dotación del FMI en 456.000 millones de dólares de los EEUU para hacer frente a las consecuencias de la crisis en la eurozona. Han contribuido 35 países, pero no los Estados Unidos y el Canadá. Estos dan consejos, pero no dólares. Los consejos salen gratis.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

martes, 19 de junio de 2012

Ceremonias de la tribu.

El mundo está sembrado de reuniones, congresos, cumbres, conferencias internacionales. Rara la semana sin alguna. Generalmente acuden los mismos, si bien interpretando distintos papeles, según se trate de un sarao de señores de la guerra o de señores de la paz, del desarrollo, de los negocios, de los derechos, de la cultura, del porvenir del mundo o de los encuentros civilizatorios. Hay un núcleo de permanentes y en torno suyo danzan distintos accidentales, según el momento. Por supuesto, esta proliferación de tertulias y guateques internacionales va en detrimento de la ONU, reducida a la condición de una enorme cruz roja y servicio de acogida y ambulancias así como de escenificación retórica del aquelarre mundial en la Asamblea General cada septiembre, comienzo de temporada en la Vª Avenida. La Asamblea General es un lugar en el que todos los años se aprueba una resolución instando a Israel a cumplir las resoluciones anteriores que le conciernen, cosa que Israel se abstiene escrupulosamente de hacer todos los años.
Algunas de las reuniones ceremoniales de la basca son tan irrelevantes como la Asamblea General. Por ejemplo, el G-20, reunido en Los Cabos, México. El G-20 incluye las 19 mayores economías del mundo y, además, la Unión Europea. Sus miembros son los ministros de economía y los gobernadores de los bancos centrales, o sea, los administradores (no los propietarios) de los dineros del mundo y, como son tantos y son unos mandados, apenas adoptan decisiones concretas, específicas sino, generalmente declaraciones abstractas, generales, de principios. España no es miembro de pleno derecho pero tiene reconocido un estatuto de invitado permamente, algo así como el de obervador permanente del Vaticano en la ONU. Rajoy está de invitado. De invitado pedigüeño, por cierto. Con todos los señores de la mesa del rico Epulón mirándolo con lástima.
El G-20 se ha comprometido en su declaración final a respaldar el plan europeo de recapitalización de la banca española. Parece mucho, pero no es nada. Los mercados son fríos como reptiles a los ardores promisorios pues saben que, como decía Hobbes en el Leviatán, "pactos sin espadas son meras palabras". Y las palabras se las lleva el viento. El G-20 reúne a los 20 más poderosos del planeta pero no tiene fuerza alguna de obligar e imponer. Meras palabras. Sale gratis. Esa declaración no detendrá la prima de riesgo, especie de gigantesca sanguijuela sobre la yugular de la Patria exangüe.
Sería mucho más útil una declaración de los europeos, contundente y clara y tal cosa anda impetrando Montoro, como un nuevo San Antonio pintado por Carpaccio, quien lo representa como un bondadoso anciano del que huyen todos despavoridos porque no se da cuenta de que va acompañado por un fiero león; en el caso de Montoro, la fiera prima de riesgo. Como si quisiera contrariar a Montoro, el Banco Central Europeo ya ha dicho que es un asunto del gobierno español; allá se las componga este. A cambio, los etéreos principios: aquí emerge Van Rompuy, con su característica figura, augurando una propuesta de unión bancaria europea así con gesto como de no creérselo porque debe de sonarle como a cualquier europeo medianamente enterado, a quimera saintsimoniana. Por eso, junto a Van Rompuy, asoma también el inevitable Durao Barroso, pidiendo dos huevos duros más: un avance en la unión política europea, esto es, en la fabricación de la espada que dé fuerza a los pactos para que no se queden en meras palabras.
Pero de momento así es como estamos, en las ceremonias de la tribu para aplacar a los dioses del mercado. Es decir, más o menos en plenas rogativas de la lluvia. Rouco podía encabezar una procesión por el centro de Madrid pidiendo al Señor que aleje de nosotros la prima de riesgo, así como antaño se le pedía que alejara la peste. Total, ya ha entrado en juego la Virgen del Rocío. Lo llevamos claro.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).