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viernes, 22 de junio de 2018

Provisional

La decisión de la Audiencia navarra ha provisionalizado todo, aunque sin darse cuenta y eso es aun más grave.  Ha dejado en libertad provisional a los cinco sujetos de "la manada". Y, por lo mismo, ha dejado en situación de seguridad también provisional al resto de la sociedad; en especial a las mujeres; especialísimamente a la víctima. Porque ¿se han arrepentido de su delito? ¿Han pedido perdón? ¿Han prometido no reincidir? A los presos políticos catalanes se les ha requerido de modo inquisitorial que abjuren de sus convicciones y a estos cinco delincuentes, se les suelta a riesgo de que sigan agrediendo a la gente. Ahí está la gravedad, en que los jueces aplican un criterio estrecho de legalidad, sin tener en cuenta los derechos de sus potenciales víctimas, las citadas más arriba y el conjunto de la sociedad en cuyo interés se supone que actúan.

¿En dónde está el fallo? En las necesarias reformas mentales que dice la ministra de Justicia. Reformas mentales. Cambio de mentalidad, cosa que no se logra en un pispas. Y sí, es cosa de mentalidad. De la mentalidad reaccionaria y patriarcal de los jueces españoles, criados en la cultura jurídica del franquismo; mentalidad, por cierto, que comparten con la manada. Eso es lo que explica la estructura misma de los razonamientos del tribunal y el famoso voto particular. Los ahora condenados en libertad no veían delito y los jueces, en el fondo, tampoco. Cosa de mentalidad que ve la mujer como objeto de satisfacción del hombre. La tosca teoría se complica con algunas cesiones al espíritu del tiempo, cuidando de que el objeto no sea maltratado, que no afectan a la convicción profunda de que estas situaciones se definen siempre en términos no solo patriarcales sino machistas. 

En realidad, en Navarra, "la manada" se juzgó a sí misma y no se encontró culpable de violación. No se encontró culpable de nada pero, cediendo al ánimo público, se autocondenó ligeramente y ahora se pone a sí misma en libertad porque sabe que terminará ganando en la apelación, y siendo absuelta.

Los jueces que, ante una situación enmarcada en un contexto de dominación (que, en el fondo, comparten), no acuden a la equidad sino que se refugian en la literalidad de la norma no están haciendo justicia, sino perpetuando la injusticia.

sábado, 5 de mayo de 2018

Esto no hay quien lo pare

Los periodistas, locutores, publicistas que militan en el machismo sin complejos están de enhorabuena. Van a tener trabajo atacando a las feminazis, las violadoras, las falsas violadas, las excitadas sexualmente y demás necedades del hirsuto ideario del macho ibérico. Las actividades feministas (por darles un nombre que se les está quedando pequeño) tienen un impacto enorme en la sociedad y no solo entre la clase política y los partidos, obligados a feminizarse de verdad; también en otros ámbitos sociales, empresariales, funcionariales, mediáticos. El movimiento interpela a todas las mujeres y cada vez más de estas, en zonas mediáticas privilegiadas, se ven obligadas a abandonar la ambigüedad y defender un feminismo más consecuente, incluso radical. A la vista del cierre de filas del patriarcado en todo el arco penal, desde los delincuentes hasta los jueces y juezas que los juzgan, es preciso revisar el alcance de los términos.

¿Qué significa feminismo radical en una sociedad que encarga un estudio sobre el tratamiento jurídico de la violación a un órgano compuesto por veinte varones? Sí, el escándalo ha sido simultáneo a la noticia y casi al instante se ha dicho que ese órgano tan viril se vería iluminado por las consejas de unas cuantas catedráticas y juristas. Es la época del "tiempo real". Es de esperar que esas mujeres introduzcan algo de razón en el órgano deliberante proponiendo que, antes de deliberar acerca de lo que no sabe nada, procure informarse llamando a declarar a distintos sectores de mujeres con conocimiento directo de las circunstancias de eso que, al parecer, es tan difícil de entender, la violación.

Pero este es un asunto más en el plan general de lucha contra el patriarcado que debe ampliarse como de hecho está sucediendo ahora mismo con los hashtags en las redes en que las mujeres publicitan en masa los casos de agresión y confrontan a los hombres con una especie de memoria colectiva. Todo lo que sea exposición pública de la subalternidad de las mujeres contribuye al mismo fin. Aunque pueda parecer alejado. La aplicación obligada de la perspectiva de género, que se olvida muchas veces, cuando no se soslaya sin más, lleva a reconsiderar hasta los pilares de la cultura. La literatura, por ejemplo, en cuanto forjadora de modelos humanos, héroes y heroinas, tiene un aspecto muy distinto cuando se considera desde esa perspectiva. Basta con pensar en el ideal de mujer que consagra el Romanticismo, todo él, y acuñada también por mujeres. Puede parecer alejado, pero no lo es. Aquellos modelos condicionan los nuestros. Son herencias que llevamos.

Todavía hoy hay quien dice que los piropos son una forma de cultura popular y sana libertad de expresión de un pueblo jacarandoso. Pues eso. Hasta el feminismo más radical será siempre moderado.

viernes, 27 de abril de 2018

Esto no tiene arreglo

La sentencia sobre La Manada ha soliviantado al país de modo tan fulminante como multitudinario y por primera vez ha puesto a todos los políticos a largar lindezas más o menos acicaladas sobre los jueces navarros; hasta los de C's, que siempre esperan a ver de dónde sopla el viento para adoptar una posición de principios, han mostrado su consternación. También han salido los habituales maestros ciruelos a avisar de los peligros de la ley de lynch y lo que llaman los "juicios paralelos". Así razonan también los tres jueces que, sin duda, se sienten víctimas de un atropello por haber aplicado escrupulosamente la ley, sin atender a las pasiones del momento. Raro será que no pidan amparo al Consejo General, que se lo concederá encantado. 

La reacción social, además de multitudinaria, ha sido muy meticulosa en fundamentar el encendido rechazo con razones de peso. Los medios y las redes se han llenado de copias de los documentos procesales, sobre todo los hechos que se dan como probados. Múltiples juristas los han analizado, escandalizados. Algunos no han podido terminarlos. Y, ¿por qué indignan los "hechos probados"? Según entiendo porque reflejan, muestran, evidencian la presencia de violencia y la violación. Si hay violencia, hay violación. Pero el tribunal ha descartado la segunda porque no encuentra la primera.  No hay violación en donde no hay violencia.

Y ya estamos en el tema de nuestro tiempo, el de la violencia y sus interpretaciones. Si el tribunal navarro hubiera querido informarse habría podido preguntar al juez Llarena, que ve violencia incluso en la no-violencia. Pero esto no sería oportuno. En un caso se trata de asegurar que hubo violencia en donde no la hubo y en el otro, todo lo contrario, que no hubo violencia en donde la hubo. 

Al margen de la cuestión en sí misma de la violencia, que es interesante, resulta patente la pauta que sientan los tribunales: la existencia o no de violencia depende de quién sea el acusado, si indepes pacíficos o una manada de jóvenes borrachos entre los cuales había un guardia civil y un militar. Es decir, violencia es lo que los jueces dicen que es, aunque no coincida con la ley ni con el sentido común. Esta situación solo sería admisible en el caso de que los jueces fuesen justos e infalibles.

Pero no es así. Para demostrarlo basta mirar el juicio de Altsasu que tiene toda la pinta de ser un proceso amañado, cargado de pruebas falsas y prácticas dudosas con una petición fiscal desmesurada y una acusación de terrorismo a unos chavales por una pelea de un bar realmente absurda e inhumana.

Seguimos con la portada de El País. Sube el paro; baja la población activa. Radiografía de la recuperación que vende este gobierno de incompetentes y corruptos. El último en la lista de imputados ayer mismo, el ex-ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón.

Y, para ennegrecer el horizonte resulta que el PP se hunde en intención de voto por el inenarrable episodio de Cifuentes que deja detrás dos bombas de relojería: la corrupción en la URJC y el departamento de juego sucio interno al PP. Un hundimiento que, para desesperación general, favorecerá a C's. El joven partido de extrema derecha (según la prensa francesa) que, con reminiscencias falangistas, aspira a la conquista del Estado. O de lo que quede después del paso del PP.

La izquierda, irrelevante. Tan irrelevante que no merece comentario. Ni crítico. 

miércoles, 7 de marzo de 2018

Mañana, todas a la huelga

Hasta Rajoy ha tenido que rectificar a dos de las mujeres más machistas de su partido, Cristina Cifuentes (presidenta de la CA Madrid) e Isabel García Tejerina, ministra de Agricultura. Ambas habían hablado de hacer "huelga a la japonesa", lo cual, por supuesto, es una pura estupidez. Hacer huelga "a la japonesa" en el Japón tiene sentido porque es huelga de verdad; hacerla aquí es otra cosa. Se llama comportamiento de "esquirol" o rompehuelgas. Y hasta Rajoy está en contra.

¿Por qué? Porque a todo el mundo se le alcanza que se trata de una huelga absolutamente justificada: tiene motivación económica en la brecha salarial; motivación política en la patente desigualdad de género en todas las actividades sociales y políticas, empezando por los partidos que dan prueba de ella mientras dicen combatirla; motivación social en la violencia machista en la sociedad. Tiene todas las motivaciones y legitimaciones y hace falta ser muy duro de mollera para no admitirlo. He leído que la señora Arrimadas y el señor Rivera se oponen a la huelga porque dicen que es anticapitalista y que ellos son partidarios del capitalismo. De donde se sigue que Rajoy, al apoyarla en cierto modo, es un peligroso antisistema. Aunque los políticos no lo crean, hablar no es obligatorio, sobre todo si no se tiene nada que decir.

La huelga de mañana merece todo el apoyo, especialmente si, en lugar de ser un hecho aislado, se convierte en el origen de una acción política más decisiva de las mujeres como tales y no como la parte femenina o feminista de las empresas patriarcales.

domingo, 6 de agosto de 2017

La tercera ola

Las reflexiones de Hannah Arendt sobre las dos esferas de la sociedad, la pública y la privada, ayudan mucho a entender este nuevo feminismo que se anuncia. Su lema inicial fue precisamente Lo privado es público. La separación entre las dos esferas contribuye a mantener una situación de dominio patriarcal, androcéntrico. A invisibilizar causa y efecto de la subalternidad de las mujeres sumergiéndola en el magma del hogar, de la familia, del ámbito de lo privado, oculto a lo público. La esfera pública, en donde se da la actividad política de los hombres, resplandece porque no le afectan las sombras de lo privado, de lo que procede.

La ruptura de la tercera ola de abrir lo privado al escrutinio de lo público y adoptar para aquel los instrumentos de análisis de este, como salarios, jornada, ya ha dado algún disgusto a la parroquia patriarcal, al revisar aspectos esenciales de la esfera privada y proponer soluciones audaces. No se trata solamente de que se plantee el régimen laboral del trabajo del hogar, ni de que se mejore la conciliación familiar-laboral, se trata también de valorar y retribuir el trabajo doméstico del cónyuge que sea el ama de casa, una perspectiva que promete cambios muy profundos en las relaciones sociales. 

La perpetuación de los roles en la esfera pública nace en la privada en todas sus infinitas variedades y ambigüedades. Por eso hay tanta resistencia al debate sobre la esfera privada y se niega la conveniencia de abrirla a la pública. Unos por pensar que el mundo existente es el mejor de los posibles y no querer cambio alguno; otros por creer que la inclusión de lo privado, oscuro, muchas veces turbio, empaña la gloria racional de lo público y dificulta la opción emancipadora al mezclarla con factores irracionales. 

Por eso es fundamental la ruptura de la tercera ola: lo privado es público (la violencia machista, por ejemplo, es privada pero de impacto público indudable) y lo público, privado. No es que se trate de que deba ser así; es que es así y así se reconoce cínicamente cuando se acuña la expresión. base del orden social liberal de "vicios privados y virtudes públicas".

Muchas veces se critica el sesgo machista en el tratamiento mediático de las mujeres con cargo público y la tendencia a frivolizarlo, hablando del atuendo de la personalidad o su vida familiar. Muy probablemente esta tendencia al cotilleo sea irreprimible. Lo que irrita aquí es que de ella queden libres los varones. Inclúyaselos. Coméntense sus asuntos personales o su atuendo, como se hace con las mujeres. 

Aquí se apunta al elemento decisivo. La fusión de lo público y lo privado no debe ser solamente una reivindicación de las mujeres sino también de los hombres. Pue si en esa oscura esfera privada, que arranca en el instante del nacimiento, se labra la desgracia de ellas es porque se impone el dominio de ellos.

Esta fusión del nuevo feminismo puede ser la que permita vislumbrar soluciones a cuestiones controvertidas de muchas aristas como la prostitución o la trata. Sin duda van arbitrándose normas legales para comportamientos antes amparados en el sagrado territorio de la privacidad. Pero nunca serán suficientes mientras los hombres no hagan suya también la idea de que lo privado es público. Es decir, que los vicios privados dejen de ser virtudes públicas.

Y actúen en consecuencia. Lo cual es complicado porque supone renunciar a un poder que han heredado, producto de siglos, de milenios de injusticia.

lunes, 29 de mayo de 2017

Sigan haciendo chistes

Sigan hablando de "feminazis", de denuncias falsas; sigan cargando contra la "corrección política", oponiéndose a la discriminación positiva, las cuotas, a toda forma mayor seguridad para las mujeres; continúen defendiendo los usos tradicionales del habla, tolerando la misoginia, defendiendo los abusos socialmente admitidos, como los piropos, contando chistes denigratorios hacia las mujeres; reproduzcan siempre que puedan las pautas machistas en la vida cotidiana y ridiculicen a quien las critica; nieguen que vivimos un feminicidio; restrinjan o supriman los recursos para luchar contra esta plaga.

Total, solo son tres personas asesinadas por su condición femenina. 

domingo, 23 de abril de 2017

Hacerse la rubia tampoco sirve

Ni siquiera serlo, cuando lo son. Las feministas de buena conciencia, estilo Cifuentes, deben de estar desoladas. Las recetas del tinte son un fracaso. Hasta para quienes, como Aguirre, han llegado a encabezar la jerarquía, mandar desde la cúspide. Ahí está la lideresa en un momento de rubia gloria, maquillándose en el centro de un círculo de batracios que la miran con evidente sorna. El más lanzado, Granados, hoy en prisión. Le sigue López Viejo, hoy procesado y Juan José Güemes quien llegó a estarlo en su día, si bien la causa se archivó. Ella, sin embargo, tan ufana, creyéndose una especie de Rey Sol, cuando hacía a sus cortesanos el real favor de dejarlos contemplar cómo se levantaba o cómo hacía sus necesidades. Y hasta es posible que aquellos cortesanos tuvieran más respeto por Luis XIV que estos expeditivos espabilados por su jefa quien, haciéndose la rubia, obtenía "más de los hombres", esto es, el mayor caso de corrupción de la historia de Madrid. Y los ha habido sonados.

Este "hacerse la rubia", al parecer, jerigonza de las feministas teresianas, procede del imaginario de Los caballeros las prefieren rubias, de Anita Loos y, con ello no pretendo llevarlas a los años de aquella, pero sí a los de la adaptación cinematográfica, interpretada por Marilyn Monroe y Jane Russell. El imaginario del mundo del eterno femenino en la época de nuevas oportunidades. Estas son quienes luego dicen que las mujeres no necesitan cuotas, pues llegan a sus objetivos por sus méritos propios. Lo que no dicen es que consideran méritos propios "hacerse la rubia".

Según parece la rubia Aguirre dimitirá hoy, quizá mañana. Lo dice OK diario e ignoro qué fiabilidad tiene la noticia aunque, como están las cosas, igual es cierto. A partir de aquel Congreso en que fracasó en su intento de sustituir a Rajoy en la presidencia del PP, pues Barberá y Camps sostuvieron al presidente, este se sentó con la retranca a la puerta de su casa y ocho o nueve años después ve pasar el cadáver de su enemiga. O su alma en pena, llorando tan amargas lágrimas como las dueñas barbadas que liberó don Quijote.

Si Aguirre dimite, se va un fantástico factor de entretenimiento en la capital. Pero será sustituido con creces por Cospedal, a la que se le ha quedado chica La Mancha y empieza a asombrar a España entera con sus peculiares modos. La bandera a media asta para dolernos por la muerte de Cristo fue el toque de atención. Luego se presentó en las Nuevas Generaciones a decirles que se avergüenza de la corrupción de su partido pero que no se puede generalizar. Ciertamente, es difícil generalizar un comportamiento como el suyo al mantenerse en un cargo del que decía haber de dimitir si se descubría que alguien de su partido tuviera cuentas en Suiza, cuando es el lugar en el que más cuentas tienen. Por lo menos, esta no viene "haciéndose la rubia" sino más bien "la descarnada" con peineta y mantilla, como en un cuadro de la España negra de Solana, y con un cirio de los Novísimos. 

Rubia se hace también la candidata Díaz, que tiene encandilados a los hombres de la junta gestora de su partido y los viejos guerreros de la socialdemocracia cansada. Pero no parece que con estos especímenes vaya a alzarse mucho más de donde está. Hacerse la inocente rubia predicando paz, amor, concordia y compañerismo para difuminar la imagen de la fría ambiciosa, dispuesta a pasar por encima de sus rivales sirve de poco.

domingo, 1 de enero de 2017

Año nuevo, vida nueva

Es tradicional empezar el año haciendo (y haciéndose) promesas. Tan tradicional como incumplirlas. Hasta hay quien se promete no volver a incumplir una promesa. Pero las promesas se hacen. Un año nuevo tiene algo de vida nueva. Verdad es que cualquier día podría verse como el comienzo de un año nuevo, pero que haya una fiesta oficial y universalmente dedicada a ello ayuda. Sobre todo porque es ver el año nuevo como comienzo de una nueva vida. Y a los efectos es irrelevante que la fecha, 1º de enero, sea en verdad universal o no. Hay un montón de países del mundo, entre ellos la China, que no es un pequeño enclave, en los que las cosas van de otro modo. Tienen su propio año nuevo, según sus tradiciones y creencias.

Esta afición por considerarse universales es muy propia de los occidentales y, en muchos aspectos, es una afición basada en hechos, aunque no en todos. Esto de las festividades de año nuevo es costumbre occidental (que tampoco ha coincidido siempre en las fechas), poco seguida en otras partes.

Puestos a buscar un fenómeno universal, propio de todas las culturas, algo así como el tabú del incesto, según Lévy-Strauss, propongo la opresión de las mujeres. Habrá, sin duda, excepciones pero, por lo que sabemos de cierto, la sujeción, la opresión, la cosificación, el maltrato, la violación y el asesinato ha sido el destino universal de las mujeres en todo tiempo y lugar. El patriarcado ha sido y es la forma ordinaria de organización social desde siempre. El patriarcado y la misoginia. Hasta cierto punto, la civilización se ha erigido sobre la misoginia. Las lenguas están impregnadas de ella, las tradiciones, los usos inmemoriales, los folklores. La poesía la canta, el teatro la dramatiza, la novela la narra, la filosofía la explica, la religión la glorifica.

Habiendo encontrado el factor universal solo queda señalarlo, calibrarlo, medirlo y enjuiciarlo. Para ello, lo más fácil es mirar las estadísticas de violencia machista, ahora que eso se ve ya como un delito y no como un timbre de gloria, los asesinatos de mujeres en todos los países, todas las clases sociales, todas las religiones. El feminicidio es global. Cada país ocupa luego un puesto en los infames listas de cantidad de asesinatos machistas, pero todos están en el ranking. El feminicidio es el factor más transversal que hay. Los principales sospechosos somos todos los hombres con independencia de edad, condición, estudios, ingresos o credo. He aquí algo que ayuda poco a estudiar el fenómeno empíricamente, pero abre la consideración de que, por tratarse de algo tan oscuro, profundo y maligno, es un buen punto para hacer una promesa: el año nuevo no asesinaremos más mujeres. Un año nuevo que equivaldría a una vida nueva.

Y vida nueva en el sentido de la Vita Nuova de Dante que es la que se abre al poeta la primera vez que ve a Beatriz, aquella "maravilla seguida de otra maravilla".

Actualización a las 15:00 del 1º de enero de 2017: un hombre asesina a una mujer a puñaladas en Rivas Vaciamadrid.

15 horas de tregua han tenido las mujeres este "nuevo" año.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Las mujeres de Renoir

Como no todo había de ser presentar libros, dar charlas, o hablar por la radio, el martes, 13, fuimos a ver la exposición sobre "Renoir entre mujeres", en la Fundación Mapfre, Carrer de la Diputació, 250, Barcelona. Pongo el número del inmueble porque, si el contenido de la exposición es estupendo, el continente también. Es la casa Garriga i Nogués, banqueros, lo más lanzado de la próspera burguesía barcelonesa, que desde fines del XIX y primeros del XX, impregnó el centro de la capital con esas voluptuosidades en piedra y estuco en ventanales, galerías, escaleras, patios interiores que lo dejan a uno boquiabierto. 

Difícil encontrar un marco más adecuado para una exposición temática de Auguste Renoir sobre las mujeres en su pintura. Realmente, un tema central en la obra del autor del Bal du moulin de la Galette, que se pasó toda su vida (1841-1919) pintándolas vestidas, desnudas, en el baño, en el paísaje, posando, en maternidades, en la vida social o familiar. El mundo en que vivió y triunfó Renoir, el Imperio y la IIIª República, era agradable, liviano, satisfecho de sí mismo, refinado, ocioso, próspero e indiferente. Era el mundo de la nueva expansión imperial de una burguesía llena de confianza cuyo dominio en Europa pareciera no ensombrecerse hasta que la ruptura de la Primera Guerra Mundial lo hizo todo añicos. 

En esa sociedad risueña, despreocupada, nonchalante encajaban muy bien las mujeres que pintaba Renoir, sensuales, de generosas y firmes líneas, con una opulencia rubensiana, una delicadeza rafaelesca, un halo de Giorgione y un equilibrio de Ingres, todos los cuales muy evidentemente influyeron en uno u otro momento en la obra de nuestro pintor. Y no solo ellos. Renoir es, a su vez, tan exuberante como sus mujeres y no tiene inconveniente en mostrar las influencias que recibe, conviviendo con sus rasgos más personales. Por ejemplo, en esa obra maestra del Moulin de la galette, por cuya contemplación ya merece la pena ir a la exposición, hay una fuerte presencia de Monet, al que Renoir admiraba mucho, sin que desmerezca de la apabullante originalidad del cuadro, su armonía, su luz, su equilibrio, su vida. Pues eso es ese momento concreto de Montmartre: vida palpitante fijada en un momento. Y no solo Monet; en otras telas aparecerá Delacroix y Corot y, por supuesto, Degas a quien tenía en mucha estima. En la exposición hay un cuadro en el que Renoir ha reproducido como decoración dos famosas telas del pintor de bailarinas y caballos.

Supongo que Renoir es un típico destinatario de esa crítica del feminismo en el arte, según la cual, la proporción de mujeres pintoras en los museos es bajísima pero es en cambio altísima la de temas de los cuadros, sobre todo los desnudos. Típico Renoir. Es verdad que empezó su carrera sumándose al espíritu batallador  y rupturista de los impresionistas pero, aunque en su época impresionista fue uno de los más logrados, nunca se le atacó con la virulencia que a los demás de la escuela. Ya desde los momentos del salón des réfusés, la crítica entrevió en él un artista mas acomodaticio, más del gusto social de la burguesía ascendente a la que Renoir mostraba el mundo refinado, familiar, íntimo en que ella quería verse y, además con la pericia, la profundidad y la genialidad de un consumado maestro. 

Por eso, en cuanto comenzó a consolidar su ascenso, abandonó el impresionismo y volvió a una pintura de línea clásica, socialmente mejor vista. De hecho, ya en el último tercio del siglo XIX, Renoir era un pintor triunfante, retratista de la buena sociedad parisina. Y él devolvió el buen trato que recibía de la clase dominante: en su obra no hay rastro de conflictos sociales, luchas de clases, preocupación por las condiciones humas pésimas de la industrialización y la acumulación de capital. Por rehuir todo contacto con esas realidades, Renoir ni siquiera respetaba el amor de los impresionistas por las estaciones de tren y los ferrocarriles. Igual que tampoco prestaba especial atención a los paísajes. Lo suyo son los tipos humanos, las figuras, la vida social, los bailes, las meriendas, los embarcaderos, las reuniones de sociedad. 

Su visión de las mujeres, acorde con ese espíritu burgués, es también convencional, edulcorada. Crea un tipo (que reaparece en nuestro tiempo algo caricaturizado en Botero), convencional e integrado en la multitud de situaciones subalternas que aquella sociedad había destinado a las mujeres. Aquí no se cuestiona ni se critica nada: solamente se busca la belleza y se muestra sin muchas palabras. Muy probablemente habrá habido docenas de críticos que hayan atribuido a Renoir la pintura del "eterno femenino".  

Se incluyen varias bañistas y, por supuesto, los dos desnudos de las rollizas modelos que posaron para les grandes baigneuses. Para Renoir posó sobre todo su mujer que aparece de muy diversas formas, pero también su servicio de casa, sus parientes y sus amantes. La familiaridad da una soltura y un armonia a las figuras que son rasgo indeleble del pintor. Esa maternidad de 1885 en la que fugura su mujer, Aline Charigot, como si fuera una campesina, resume esos atributos.

Junto a la pintura, la exposición se cuida de un aspecto poco frecuente en las referencias a Renoir: su escultura. Aunque la había cultivado al comienzo de su carrera, Renoir la abandonó hasta recuperarla casi ya al fin de sus días. Por aquel entonces, la artritis, que no le impedía pintar (aunque tenían que ponerle los pinceles en la mano) no le dejaba esculpir. De esta forma, toda su última obra, en la que cuentan piezas tan magníficas con el busto de Mme. Renoir o La gran lavandera, la hizo a medias con el escultor catalán Ricard Guino. Renoir esbozaba, dibujaba, daba la idea, aconsejaba materiales y las esculturas las hacía Guino. Es siempre el universo de Renoir, sin duda, pero es menos dulce, menos empalagoso, trasmite energía y vigor que suele atribuirse a la diferencia de materiales. El bronce tiene siempre esa cualidad de rsonante violencia. El resto habrá que reconocérselo a Guino.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Vidas paralelas

Reconozco habérmelo puesto fácil hoy. El género vidas paralelas fue frecuente en épocas pasadas. Siempre con ánimo moralizante y ejemplificador. Basta con encontrar biografías que tengan puntos en común. Son composiciones contrapuntísticas. Dan muy buen resultado porque se aprende mucho sobre las gentes y sus actos cuando se pueden comparar unas con otras. Aunque ya dice el saber popular, siempre algo timorato, que las comparaciones son odiosas.

Aquí tenemos a Rita y Carme, punto contra punto. Con muchos elementos en común: las dos son mujeres, más o menos de la misma generación (se llevan cinco años). Ambas con formación universitaria más de letras. Las dos periodistas, entre otras actividades. Ambas son políticas, habiendo ejercido diversos cargos institucionales. Las dos con cierta proyección mediática.

Las dos pueden acabar ante los tribunales.

Como se ve, vidas paralelas. Lo interesante viene cuando se analizan esos puntos en común. Las dos son mujeres y han abierto caminos en un mundo que era aun más patriarcal que el de hoy. Una, Forcadell, es hija de un camionero; la otra, de un periodista y jerarca del Movimiento Nacional. Es decir, son más o menos de la misma generación, pero no del mismo ambiente ni de la misma clase y casi ni del mismo país. Su orientación periodística ha sido muy divergente. En política, una (Barberá) es de derechas de toda la vida, pues fue fundadora de Alianza Popular en Valencia, mientras que la otra es de izquierdas y republicana ya que milita en ERC. Comparten el ser oriundas del ámbito cultural catalán pero, mientras una (Forcadell) es independentista, la otra es nacionalista española. Los cargos institucionales fueron muy distintos y ejercidos de muy distinta forma. Al principio, los importantes eran los de Barberá; al final lo es del Forcadell. Porque ambas son parlamentarias, pero mientras Forcadell preside el Parlamento catalán, Barberá está prácticamente asilada o refugiada en el Senado para protegerse de la acción de la justicia. Su proyección mediática ha sido asimismo muy distinta. Donde Barberá proyectaba una imagen digamos folklórica con manifestaciones de ridícula chabacanería, Forcadell daba una de severidad y determinación, con elementos mesiánicos.

Las dos, en efecto, pueden acabar ante los tribunales. Una (Barberá) por supuestos delitos de derecho común, la otra por razones políticas, de conciencia.

No hace falta decir nada más.

(Las imágenes son sendas fotos de Partit Popular Comunitat Valenciana y Judesba, con licencia Creative Commons).

martes, 31 de mayo de 2016

Delirios patriarcales

Todo lo que sobra al cardenal Cañizares en la cola de su capa cardenalicia le falta en raciocinio. Desde lo alto del púlpito, su eminencia ha arremetido contra el "imperio gay" en defensa de la familia y en contra de las leyes basadas en la "insidiosa ideología de género". En defensa del Patriarcado (aunque él no lo llamará así sino que recurrirá a fórmulas como "esencia del ser humano", su "condición natural" o su "vocación divina") llama a la desobediencia a las leyes basadas en esas monstruosas ideas de considerar a los gays como personas con dignidad y derechos o a las mujeres iguales a los hombres.

Por favor, ¡las mujeres iguales al cardenal Cañizares! No sé quién debiera enfadarse más.

Desobedecer la ley. Si lo anuncian los independentistas catalanes se les dice que se les caerá el pelo. Lo propugna Cañizares y nadie se da por aludido. Porque la Iglesia en España es un Estado dentro del Estado. Un prelado pidiendo al personal que quebrante la ley. Desobediencia civil. Es muy fuerte, en principio, pero no tanto cuando se recuerda que hablamos del casuismo católico. Los católicos se oponen a la desobediencia civil, según y cómo. Aún está reciente una sentencia avalada por el Supremo que reconoce la objeción de conciencia a un farmacéutico que se negó a despachar a una cliente la píldora " del día después. O sea, la desobediencia en sí es inadmisible por ser mala, pero la Iglesia la admite cuando puede ocasionar un mal peor.  

Se dirá, siempre se dice, que la Iglesia tiene derecho a hablar a los suyos. Con nosotros no va y, si escuchamos, es porque somos unos cotillas. Piano, piano. Esa Iglesia desobediente se financia con el dinero de todos, creyentes y no creyentes, por tanto, está obligada a respetar a los no creyentes... o prescindir de su financiación. Ánimo, que pruebas más difíciles se han dado. Si los curas encuentran imposible dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César porque también quieren quedarse con esta parte, la del Cesar, tendrán que aguantar que los ciudadanos normales digamos lo que pensamos sobre la Iglesia cuando esta se expresa en lo que nos afecta, hágalo en un templo o en un partido de fútbol.

Esto sin contar con que los curas se afanan en difundir sus prédicas y doctrinas a los cuatro vientos, por encima de sus rebaños, a través de sus propios medios de comunicación. Esos medios hablan a todo el mundo, no solo a los miembros de la secta católica. Y lo hacen con el dinero de todos, tanto si no rellenan la casilla de la Iglesia en la declarción del IRPF como si lo hacen, cual es el caso, parece ser, de Pablo Iglesias, quien rellena la casilla de la Iglesia.

Por tanto, todos tenemos derecho a opinar sobre Cañizares ya que Cañizares se lo arroga para hablar de los deberes ciudadanos. Imáginese: lo que dice sería lo que dijera un conciliar de Trento de habérsele pasado por la cabeza que pudiera haber gays y en igualdad de derechos y no quemados vivos o que las mujeres reclamaran igualdad con los varones sin acabar de inmediato también quemadas vivas por brujas. 

Cañizares va contra el avance de las costumbres, las libres relaciones entre las personas, la emancipación social. Va contra la evolución de la sociedad a los efectos de que todo el mundo pueda realizar sus proyectos vitales y vivir una vida plena. Esta vida plena exige autonomía del individuo, libertad de elección y responsabilidad por sus actos. Nada que ver con las imposiciones fanáticas e intolerantes de un clérigo que, en realidad, no sabe de lo que habla.

domingo, 24 de abril de 2016

La prostitución

En el marco del Seminario sobre cuestiones de género de nuestra Facultad en la UNED, la semana que viene vamos a tratar el tema de la prostitución. Participarán en él Beatriz Gimeno, Lucía Etxebarria, Paz Moreno Feliú y lo moderará nuestra decana, Consuelo del Val Cid. Abordaremos la cuestión desde una perspectiva pluridisciplinar, básicamente jurídica, sociológica, psicológica y antropológica pero siempre con una nítida impronta feminista. De lo que se trata es de reflexionar sobre una cuestión compleja de forma que el resultado de las reflexiones coadyuve a resolver un problema que es un lacra social que afecta sobre todo y principalísimamente a las mujeres. Partimos además del supuesto de que nadie, sea hombre, mujer o de un tercer género, puede sustraerse a una cuestión que nos interpela a tod@s directa o indirectamente.

A partir de hoy, dejaré el anuncio fijo en la columna de la derecha de Palinuro para darle mayor publicidad.

El seminario tendrá lugar el próximo jueves, 28 de abril, en el salón de actos del Rctorado de la UNED, calle Bravo Murillo, 38, a las 18:00. Entrada libre.

martes, 16 de febrero de 2016

La filosofía y las mujeres

En la UNED (Fac. de Políticas y Sociología) hemos organizado un seminario permanente sobre cuestiones de género. En principio, lo queremos de periodicidad mensual. Luego, iremos viendo, según el interés que despierte y la productividad que tenga. La primera sesión, o sea, la inauguración, será el próximo jueves, 18 de febrero, a las 18:00 en el salón de actos de la OEI, ubicado en el Rectorado de la UNED, calle de Bravo Murillo, 38. Consistirá en una mesa redonda con coloquio posterior en torno al reciente libro de la filósofa Mercè Rius, Contra filósofos o en qué se diferencia una mujer de un gato. Con ese título puedo ahorrarme toda explicación sobre el contenido por redundante. Acompañaremos a Mercè en la mesa  y haremos nuestros pinitos Consuelo del Val (decana de la Facultad), Paloma García Picazo y un servidor, ambos profesores de esa misma facultad. Después, habrá coloquio que esperamos muy vivo porque el tema lo merece. Se grabará íntegro y supongo que podrá verse en streaming

Estamos ya preparando la segunda sesión del seminario para el mes de marzo, que será explosiva, pero no suelto el tema ni l@s intervinientes para mantener el suspense. En su momento lo diremos. No es preciso señalar que agradeceremos todas las participaciones que se quieran hacer llegar y asimimo las que nos sugieran posibles temas por tratar en convocatorias posteriores, siempre en la línea del feminismo más militante.

Entrada libre y tod@s bienvenid@s

domingo, 14 de febrero de 2016

Delicias del patriarcado: mujeres, niños

Dos mujeres más asesinadas presuntamente por sus maridos y probablemente en sendos crímenes machistas. Dos mujeres septuagenarias muertas a manos de sus esposos seguramente de edades parecidas. Hace unos días, en una interesante entrevista a una estudiosa de estos asuntos, decía esta que la violencia machista cruza clases sociales, profesiones, niveles de ingreso. Y edades. Cualquiera diría que a los setenta años, cuando la nieve de la edad cubre sus sienes, los hombres deberían haber aprendido a domeñar sus pasiones, sus impulsos más criminales. Evidentemente, no es así, o no es frecuente. Según parece los partidos están dispuestos firmar un pacto de Estado contra la violencia de género. No tengo muy claro que estas cosas sirvan para mucho. Incluso es posible que tengan efectos desmovilizadores porque, mientras se establece el pacto y este actúa, aunque no sirva para gran cosa, mucha gente puede pensar que no hace falta nada más porque ya está el pacto.

El problema es básicamente de educación y de trasmisión de valores y pautas culturales en el patriarcado. O sea algo que llevará mucho tiempo, años incluso, antes de que las cosas cambien visiblemente. Por supuesto, bienvenido sea el pacto, pero su efecto será moderado en el mejor de los casos.

La educación y el sistema de valores y pautas culturales. La educación es esencial. Es casi todo en la vida. Por eso los curas no quieren perder su control, porque es decisiva para la trasmisión de su doctrina. Y en ese dominio de la educación se producen los casos de pederastia que tanto han ensuciado el nombre del catolicismo. Generalmente afecta más a los católicos que a los protestantes y es bastante razonable vincular esta práctica con la estúpida orden del celibato.

La cuestión es aquí si es lícito incluir la pederastia como crimen de patriarcado y, si bien se piensa, así es. La pederastia es un comportamiento en el ámbito de la conducta basada en la obediencia infantil a las figuras de padres. No hay duda: son delitos típicos del patriarcado.

lunes, 25 de enero de 2016

Feminicidio

No sé qué decir. Todas las palabras me parecen hueras. Siento una mezcla de indignación, vergüenza y consternación. Tengo claro que es un problema muy complejo en el que se mezclan tantos factores de todo orden que las soluciones propuestas (y todas serán siempre pocas) se me antojan intentos de vaciar el mar a cucharadas. Basta ver lo que ha ocurrido hace unas fechas en Colonia, Alemania, para darse cuenta de las dimensiones de la cuestión. Es el ordenamiento jurídico, dicen unos. Y el sistema educativo, dicen otras. Es la tradición, sostienen las de aquí. Es la religión, apuntan los de allá. No, está en el lenguaje, en la tradición. Es agresividad innata según estos. Ni hablar, es la cultura de la competitividad según aquellas. Es el capitalismo, es el comunismo, es el salafismo. Es la estructura social patriarcal, la ruptura de la emancipación creciente de las mujeres o su sumisa aceptación de la falocracia y el patriarcado.

En realidad es todo eso y mucho más.  Y las soluciones todas insuficientes, parciales. Las autoridades sienten que están en la obligación de hacer como si hicieran algo, y andan hablando de un pacto de Estado contra la violencia machista, cosa tan etérea como inútil pues seguro que ni siquiera se pondrán de acuerdo en llamar "machista" a este violencia. ¿No había una ministra del PP, sin par lumbrera, que quería llamarla "violencia en el ámbito doméstico"?

Aprovechemos la estupidez de esta propuesta para una reflexión complementaria. Confieso no tener ideas nuevas positivas para acabar con esta monstruosidad y, por lo tanto, apoyo todas, absolutamente todas las que se tomen a ese fin. Pero sí se me ocurre que, si no somos capaces de arradicar el mal, por lo menos no debiéramos ampararlo, justificarlo o fomentarlo. Hablar de "violencia en el ámbito doméstico" es ser cómplice del feminicidio, como lo es reírse de la "corrección política", relativizar la agresividad de todos los comportamientos machistas en la sociedad, desde el piropo al maltrato, dar pábulo a las mentiras de las falsas denuncias, reír las gracias de los imbéciles que hablan de feminazis, tolerar los chistes degradantes para las mujeres o no protestar y luchar con ellas siempre en defensa de sus derechos. Cada vez que callamos por temor o conveniencia ante cualquier atropello, somos cómplices de feminicidio y menoscabamos nuestra dignidad de seres humanos.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Hechos, no palabras

Sufragistas se estrenó anteayer, viernes. Es una buena película dirigida por Sarah Gavron, interpretada por Carey Mulligan y Helena Bonham Carter. Meryl Streep hace un par de breves apariciones representando a Emmeline Pankhurst, la fundadora de la Women's Social and Political Union, WSPU (Unión Social y Política de las Mujeres) y líder del sector más combativo del movimiento sufragista inglés, desde comienzos del siglo XX hasta la fecha de su muerte, en 1928.

Para la mejor comprensión de la historia debe hacerse una advertencia previa. El título en español, Sufragistas, induce a error por partida doble. Como se observa en el original inglés, el plural es una invención del traductor español. Debería ser Sufragista. Y tampoco debería serlo porque sufragette no es exactamente sufragista. Me explico: todas las sufragettes eran sufragistas; pero no todas las sufragistas eran sufragettes sino solamente las seguidoras de Pankhurst, partidarias de la acción directa y la lucha violenta por los derechos de las mujeres. El movimiento inglés, por tanto, estaba dividido, como suele pasar en estos casos, entre un sector radical con tácticas de atentados, incendios y explosiones que hoy, quizá, llamaríamos "terroristas" y otro pacifista y moderado. Y la película versa sobre el radical con el que la directora simpatiza abiertamente. Lo que sucede es que en español, a diferencia del inglés, no tenemos dos términos y de ahí el error. No es una película sobre las sufragistas, sino sobre las sufragettes y no en plural sino en singular porque es sobre una de ellas, Maud Watts, personaje ficticio.

Sin ser un alarde, la película es correcta, está bien ambientada, tiene un buen guion y las interpretaciones sacan lo mejor de una historia que a veces bordea lo melodramático.

La cuestión es la ya señalada: protesta pacífica, actividad paulatina, reformista y gradual o acción directa y, como decían los anarquistas por entonces, la "propaganda por el hecho". Es decir, la cuestión es la de la desobediencia civil y su intensificación en el recurso a la violencia. El debate está muy trillado: la violencia, dicen las gentes de bien, es siempre condenable. Bueno, dicen otras gentes tan de bien como las anteriores, excepto la que se da en legítima defensa. El problema es determinar el alcance de la legítima defensa. La que aparece en el código penal es individual y restringida a una agresión física, inmediata, real, concreta. No encaja por entero en la acción política de carácter colectivo. Negar el voto a las mujeres con la ley en la mano y su respaldo coercitivo con aplicación de la violencia si llega el caso, ¿justifica el recurso a la legítima defensa? ¿Lo hace la agresión a unas u otras minorías? Materia opinable, por supuesto, que ha dado y seguirá dando tema para controversias de todo tipo.

En sus términos más básicos se trata de saber si la obediencia a la ley como derecho positivo es un deber sin excepciones o cabe desobedecerla y aun quebrantarla por razones de conciencia cuando se considera que es inicua. Obviamente, ningún ordenamiento jurídico puede admitir la desobediencia a la ley por razón alguna, aunque quepa encontrar excepcionalmente algún atenuante en casos de extrema necesidad. Pero, si nunca nadie que haya desobedecido la ley por considerarla injusta se hubiera salido con la suya, los Estados Unidos no existirían, las mujeres seguirían sin derecho de voto, la esclavitud sería legal, no habría derecho de huelga, etc., etc. El cumplimiento de la ley es obligado, incluido el de la ley injusta. Pero, a veces, alguien inicia una lucha, rompe una ley injusta por razones de conciencia y acaba consiguiendo que el legislador la derogue y apruebe otra más justa. Así consiguieron las mujeres el derecho de sufragio, los indios la independencia de su país, etc.

Por eso también resulta tan irritante y repulsiva la insistencia de Rajoy y otros nacionalistas españoles, por ejemplo los del PSOE, en que los independentistas catalanes tienen que cumplir la ley, sin preguntarse si es justa o no. Que esto lo diga la derecha, partidaria del ordeno y mando, es lógico; que lo secunde también la oposición de izquierda solo es atribuible a su actitud claudicante.

La película es muy oportuna. Nunca está de más que la gente, las generaciones actuales, que dan por descontado el nivel de derechos de que disfrutan (por ejemplo, el derecho a votar), sepan que conquistarlos costó mucho trabajo, mucha lucha, mucho sufrimiento y hasta muertes. Ya con eso la película estaría justificada por su aportación a un relato, el de los orígenes del feminismo, que no suele aparecer en los circuitos. Pero hay más porque, con gran habilidad, la historia enriquece el contexto en que se da la lucha por el sufragio, recordando que las mujeres eran tratadas como menores de edad a todos los efectos civiles, necesitadas de la tutela masculina (padre, marido, hermano) para ejercitar derechos elementales como una compraventa. La igualdad jurídica se da hoy por supuesta y sigue siendo falsa. En la película se dice que las mujeres cobran menos que los hombres en los empleos y, además, trabajan un tercio más de horas. Y eso, ligeramente modulado, sigue siendo así hoy. También se denuncia que están sometidas a malos tratos y acoso sexual por sus jefes, cosa que igualmente pasa hoy día. Y eso sin mencionar la violencia machista de triste actualidad.

El relato singulariza el ejemplo histórico del movimiento sufragista radical en una peripecia individual de una empleada de una lavandería en muy malas condiciones laborales. Ello le permite mostrar cómo el movimiento sufragista era interclasista. Emmeline Pankhurst era por entonces la viuda acomodada de un abogado de éxito. Su transversalidad fue una fuerza a la hora de afrontar la sujeción de la mujer, como tituló su libro John Stuart Mill, el gran defensor de los derechos femeninos; libro que tendría gran impacto en España, traducido como La esclavitud de la mujer. Y afrontándola seguimos porque, aunque se ha avanzado mucho desde los tiempos de las Pankhurst, queda aún muchísimo por hacer. La sociedad patriarcal apenas ha cedido en su poderosa maquinaria de opresión de las mujeres y, en cambio, ha conseguido una verdadera legión de defensores (¡y defensoras!) para quienes la igualdad de género es ya un hecho y no ha lugar a más medidas remediales de una situación de sostenida desigualdad que no aceptan

Esa misma transversalidad, en cierto modo, es la que explica que, a raíz de la primera guerra mundial, Emmeline Pankhurst reorientara su ideología y acción en un sentido favorable a la guerra contra los hunos germánicos. Luego de la concesión del derecho de sufragio a la mujeres mayores de 30 años, Pankhurst entró en la Cámara de los Comunes como diputada del Partido Conservador. En su epílogo narrativo final, la película relata los años en que se fue implantando el derecho de sufragio femenino en los distintos países del mundo, pero no hace mención a esa evolución político-ideológica de la famosa sufragista. No está de más recordar asimismo que el Partido Laborista Independiente, al que quiso afiliarse hacia fines del siglo, la rechazó por ser mujer,  

viernes, 18 de diciembre de 2015

Cómo somos


La Fundación Canal, en Madrid, tiene una curiosa exposición de fotografías en blanco y negro (con algunas en color, especialmente las de finalidad publicitaria), casi todas del siglo XX y algunas del XIX. Es una selección de los fondos de la casa Eastman, comisariada por la propia Fundación, con una visión antropológica y bajo el título de Percepciones.

Según parece, la intención es documentar el cambio en los roles sociales, los estereotipos y modelos de los hombres y las mujeres en los últimos ciento y pico de años.  No hay una unidad temática de ningún tipo fuera de la mencionada intención que, en realidad, es casi como no formular ninguna. Hay fotos de todo tipo, de grupos, retratos, de estudio, del natural, composiciones, desnudos, prácticamente todos los géneros, estilos, técnicas y situaciones solamente unidos por ese tenue hilo argumental de cómo, según presumen los comisarios, han ido cambiando las percepciones que los dos sexos tienen de sí mismos y del otro. La idea es relativamente sencilla: la imagen del hombre seguro, firme, dominante y líder junto con la de la mujer sumisa, secundaria, subordinada ha evolucionado sobre todo a medida que esta ha abandonado la posición de mera ama de casa y se ha incorporado al proceso productivo muchas veces alcanzando los puestos que tradicionalmente habían estado reservados a los varones.

A veces las conclusiones están un poco traídas por los pelos, pero el conjunto es grato de ver precisamente por la gran variedad temática, la falta de pretensiones, la sencillez de las imágenes y, con alguna excepción, el carácter de cotidianeidad que transpiran. Se expone la obra de más de cincuenta fotógrafos, casi todos norteamericanos y algunos muy famosos. Me parece que la artista más antigua es Julia  Margaret Cameron, una fotógrafa del siglo XIX, gran retratista, cuyo trabajo fue poco apreciado en su tiempo en que, además, era relativamente revolucionario y, sobre todo, realizado por una mujer. Cameron fotografió un montón de gente importante de su época y en esta exposición está representada por un gran retrato de Longfellow.

Un buen puñado de conocidos fotógrafos clásicos estadounidenses, pictorialistas y realistas, Edward Steichen (de quien hay dos retratos de Greta Garbo y Marlene Dietrich), Ansel Adams (el paisajista, famoso por sus fotos de los pueblos Tao), Edward Weston, gran fotógrafo de las gentes del Oeste y Lewis H. Hine del que se exhiben un par de las muchas y muy representativas fotos que hizo de la construcción del Empire State Building, con obreros trabajando prácticamente colgados de vigas en las alturas. 

Hay un par de retratos de Bill Brandt (el que fotografió a Francis Bacon, el pintor, claro) y de William Mortensen, famoso por sus fantásticas composiciones y elegantes desnudos. Andy Warhol está representado con unas tiras de fotomatón y también hay un magnífico retrato de Brassaï (uno de los pocos no estadounidenses en la muestra) de una enjoyada dama británica, una poderosa composición casi barroca que llama la atención. Tenía mucho genio este Brassaï, que ha dejado retratos inolvidables de Picasso, Dalí, Henry Miller, etc., aunque no están aquí. Mucho interés dos retratos poco conocidos de Frida Kahlo y Marilyn Monroe, por Nickolas Muray; sobre todo el de Monroe, en color, es llamativo porque demuestra que una belleza como la suya puede dominar y convertir en aceptable una composición casi ridícula.

La exposición investiga algunos aspectos de las relaciones mutuas de hombres y mujeres y dedica la última sección a retratos de travestidos, tanto de hombres que pasan por mujeres como de mujeres que lo hacen por hombres para ilustrar el  aspecto de esta evolución de los roles sociales en el que ya se han roto los últimos tabúes.

Es una exposición que se ve con mucho agrado.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La violencia en España.

Ayer murió otra mujer, presuntamente asesinada a cuchilladas por su marido en Zaragoza. No sé qué ministerio dice que van más de cincuenta asesinadas este año. 814 en los últimos 12 años. Es lo que se llama feminicidio. Ignoro si hay estadísticas de cuántos hombres han muerto en este mismo periodo a manos de sus mujeres pero no creo que lleguen a la media docena. Reténgase el dato para hablar luego de equiparar la violencia contra las mujeres con la que estas puedan hacer a los hombres.

La víctima era de 44 años y el victimario de 49. La pareja no tenía hijos. Fueron los vecinos quienes avisaron a la policía al oir gritos y ruidos de discusión muy violenta. No constaba denuncia alguna previa por malos tratos pero, según parece, la víctima había iniciado los trámites para el divorcio. Obviamente, algo intolerable para un machista que considera su esposa una propiedad suya,  como sus zapatos, más o menos a la altura de estos; y sería insólito que los zapatos quisieran divorciarse. Por cierto, extraño que aún no haya aparecido algún obispo diciendo que lo mejor para acabar con la violencia machista es volver a prohibir el divorcio, como en tiempos del bendito Franco, al que llevaban bajo palio.

Este nuevo crimen machista ha provocado cierta conmoción en la opinión pública. Ha habido mucha condena en los ambientes feministas, y las minorías de género. También algunos políticos han manifestado su pesar y creo que la autoridad competente ha ordenado que haya tres días de duelo oficial en la capital aragonesa. ¡Qué menos se merece la asesinada! 

Los ciudadanos no deben caer en la trampa de singularizar el caso. Los partidos son muy conscientes de que se trata de un problema social y complejo que nos afecta a todos y a todas. Sobre todo a todas. Por ello, hay que ver qué medidas concretas proponen aquellos, los principales agentes políticos.

En el PSOE, Sánchez propone que cada asesinato machista lleve aparejado un funeral de Estado. Seguramente las víctimas estarán encantadas de emprender el viaje al más allá acompañadas por las salvas de rigor y una banda interpretando Pompa y circunstancia.

En Podemos se esmeran y proponen un pacto de Estado en contra de la violencia machista. Ahí es nada. Además, será un pacto con espadas para que no se quede en meras palabras, como avisaba Hobbes. Un pacto que dirá, es de suponer, lo mismo que el Código Penal.

Los de ciudadanos quieren equiparar penalmente la violencia machista contra las mujeres con la de las mujeres contra los hombres. A primera parece absurdo y a segunda, también. ¿En qué mejora la condición de las víctimas el que se castigue a las victimarias tanto como a los victimarios?

En el caso del PP, el asunto va más en serio porque, además de decir lo que le preocupa la violencia machista, hace cosas. Por ejemplo, recorta los fondos destinados a la ejecución de la Ley contra la violencia de genéro. Suena contradictorio pero sin duda Rajoy explicará que la razón es muy sencilla: a menos fondos, menos violencia de género.

Así están en verdad las cosas. Esta es la reacción que cabe esperar de las autoridades frente al drama que viven no solamente las víctimas reales sino las potenciales. Potenciales son todas las mujeres que experimentan en mayor o menor grado el temor de ser víctimas reales. Imposible conocer su cantidad pero, sin duda, es alta. Un temor que los hombres no experimentan o, si lo hacen, es en un porcentaje infinitesimal respecto a las mujeres.

Eso es lo que quiere decir el concepto de violencia estructural, la que ejerce una sociedad patriarcal sobre las mujeres, una presión enorme a lo largo de todas sus vidas, desde la cuna a la tumba y que los hombres solo se toman en serio cuando salta la sangre.

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Ayer, un adolescente arreó un puñetazo al presidente de los sobresueldos en Pontevedra porque este, por necesidades de la campaña electoral, salió a mezclarse con su amado pueblo como hacía Harún al Raschid en las 1.001 noches. He preferido glosar el caso de la violencia machista porque estoy seguro de que los medios hoy solo hablarán de la castaña a Rajoy. Habrá desde quienes hagan chistes en Twitter hasta quienes se indignen como juanes bautistas contra todo tipo de violencia y mucho más contra los chistosos, pasando por quienes echen la culpa a Sánchez por haber llamado indecente al indecente. La oleada de hipocresía y fariseísmo pretende convertir un hecho lamentable, circunstancial, anecdótico, irrelevante, producido por un descuido de los guardaespaldas en una categoría moral por la relevancia de la personalidad, mientras que la categoría del hecho regular, producido por la acción de un hecho estructural como la violencia machista, desaparece de la atención pública.

En román paladino: Rajoy puede contarlo; la mujer de Zaragoza, no.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El machismo de Ciudadanos.

Ya está claro por qué C's se llama Ciudadanos y no Ciudadanas, como también podría: porque es un partido machista dirigido por un machista.

Este petimetre catalán, convencido como estaba de que tenía las elecciones ganadas porque los sondeos le eran muy favorables y su espíritu español le daba mucha ventaja, se ha metido en un charco adormecido por aquellos y empujado por este. Ya se había metido en otros antes, como cuando dijo que los parados debían devolver los salarios percibidos o hace poco cuando ha sugerido eliminar la condición funcionarial a los profesores para dejarlos a merced de los empresarios, como lo está él. Pero este es más profundo, más cenagoso, y puede hundirlo en la ignominia de su demagogia de reaccionario disfrazado.

Su metedura de pata procede de su subconsciente. Los retrógrados, los machistas, no entienden o dicen no entender que la igualdad requiere tratar desigualmente a los desiguales. Su concepción mecanicista de la igualdad es, en el fondo, una argucia para ir contra la igualdad y, por supuesto, contra la justicia; para mantener los privilegios y los abusos. El asunto concreto en el que este mozo ha patinado es el de la mayor pena para la violencia ejercida por el hombre que por la mujer en el contexto de violencia de género. Rivera se reviste de arcángel de la igualdad y pide equiparar las penas y la señora que lo representaba en el debate de TV1 creía hablar como Salomón cuando decía que para un niño es igual ver cómo su padre mata a su madre que como su madre mata a su padre. Los contertulios le dijeron que no entendía el fondo de la cuestión de la violencia machista, pero no es así. Lo entiende perfectamente; igual que lo entiende Rivera. Lo que sucede es que les parece muy bien.

Vamos a ampliar un poco el argumento a modo de explicación. En el fondo, el asunto es un caso concreto de discriminación positiva. Todos los machistas están en contra y argumentan que quebranta el sacrosanto principio de la igualdad ante la ley, el que la señora de la tele y Rivera invocan con gran facundia y lo harán no solo para ir contra la discriminación positiva sino también contra otras medidas de justicia hacia las mujeres, como las cuotas o los cupos. Todas las cipayas católicas de derechas dicen que las mujeres no necesitan cuotas en nuestra sociedad y que las que valen ya triunfan, etc., etc. como si la sociedad hubiera dejado de ser patriarcal y machista y de acumular privilegios para los hombres y dificultades y obstáculos para las mujeres.

La igualdad ante la ley. ¿Cómo puede hablarse de Estado de derecho -dicen- si se consagra la desigualdad ante la ley, aunque sea con supuestas buenas intenciones, como el adelanto de las mujeres? Muy sencillo, igual que se hablaba de Estado de derecho cuando los ordenamientos jurídicos consagraban el sometimiento de las mujeres, su condición de sojuzgadas, menores de edad, incapaces y sometidas a la tutela de los varones. Si los Estados en que la mujer no podía votar (hasta ayer mismo, como quien dice) eran Estados de derecho, estos también. Y no hace falta decir mucho más.

Pero se puede, porque la razón siempre es generosa en la palabra: la discriminación positiva no solo es compatible con el Estado de derecho sino que, precisamente, lo hace realidad porque trata desigualmente a los desiguales: y los compensa por la injusticia padecida hoy y en el pasado. Cuando se dice que las cuotas de mujeres son injustas por desiguales se pasa por alto que siempre ha habido cuotas... a favor de los hombres; en todas partes, siempre y no se llamaban cuotas porque nadie se atrevía a cuestionarlas a pesar de que durante años, siglos y aún hoy, muchas veces eran cuotas del 100%, esto es, con exclusión total de las mujeres como lo estaban de la ciudadanía en la Grecia clásica, en Roma y prácticamente hasta la actualidad.

La discriminación penal de castigar más a los hombres por la violencia machista es de justicia. Es el trato desigual a los desiguales el que garantiza la igualdad. Contraponer a este concepto de igualdad otro mecánico, como hacen Rivera y los de Ciudadanos, solo muestra que, en el fondo, están en contra de la igualdad y a favor del privilegio y las situaciones de abuso patriarcal.

Este neofalangista consiguió salir de los demás charcos mejor o peor. El de ahora es más profundo, más pringoso y más revelador, y la gente ya ha empezado a darse cuenta de que, por debajo, de las apariencias de lustroso y simpático broker está la vieja derecha reaccionaria de siempre.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Lección inaugural del curso en Barbastro.

Como prometido, aquí está el texto completo de la lección inaugural del curso en el centro de la UNED de Barbastro de ayer, día 20 de octubre.

En un par de días estará listo el vídeo íntegro del acto. En cuanto disponga de él, también lo enlazaré.

Mientras tanto el texto se encuentra ya en mi página web:


Aprovecho la ocasión para agradecer la presencia de las autoridades académicas, locales y autonómicas en el acto. Por supuesto, la de mis colegas tutor@s del centro, la de l@s alumn@s (¡felicidades a tod@s l@s licenciad@s y graduad@s!) y la del personal de administración y servicios, puntal básico de este centro modelo.

Singularizo al director, Carlos Gómez Mur, antiguo amigo, cuyos merecimientos no hace falta resaltar porque los reconoce todo el mundo.

Gracias, Carlos.