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lunes, 29 de mayo de 2017

Sigan haciendo chistes

Sigan hablando de "feminazis", de denuncias falsas; sigan cargando contra la "corrección política", oponiéndose a la discriminación positiva, las cuotas, a toda forma mayor seguridad para las mujeres; continúen defendiendo los usos tradicionales del habla, tolerando la misoginia, defendiendo los abusos socialmente admitidos, como los piropos, contando chistes denigratorios hacia las mujeres; reproduzcan siempre que puedan las pautas machistas en la vida cotidiana y ridiculicen a quien las critica; nieguen que vivimos un feminicidio; restrinjan o supriman los recursos para luchar contra esta plaga.

Total, solo son tres personas asesinadas por su condición femenina. 

domingo, 1 de enero de 2017

Año nuevo, vida nueva

Es tradicional empezar el año haciendo (y haciéndose) promesas. Tan tradicional como incumplirlas. Hasta hay quien se promete no volver a incumplir una promesa. Pero las promesas se hacen. Un año nuevo tiene algo de vida nueva. Verdad es que cualquier día podría verse como el comienzo de un año nuevo, pero que haya una fiesta oficial y universalmente dedicada a ello ayuda. Sobre todo porque es ver el año nuevo como comienzo de una nueva vida. Y a los efectos es irrelevante que la fecha, 1º de enero, sea en verdad universal o no. Hay un montón de países del mundo, entre ellos la China, que no es un pequeño enclave, en los que las cosas van de otro modo. Tienen su propio año nuevo, según sus tradiciones y creencias.

Esta afición por considerarse universales es muy propia de los occidentales y, en muchos aspectos, es una afición basada en hechos, aunque no en todos. Esto de las festividades de año nuevo es costumbre occidental (que tampoco ha coincidido siempre en las fechas), poco seguida en otras partes.

Puestos a buscar un fenómeno universal, propio de todas las culturas, algo así como el tabú del incesto, según Lévy-Strauss, propongo la opresión de las mujeres. Habrá, sin duda, excepciones pero, por lo que sabemos de cierto, la sujeción, la opresión, la cosificación, el maltrato, la violación y el asesinato ha sido el destino universal de las mujeres en todo tiempo y lugar. El patriarcado ha sido y es la forma ordinaria de organización social desde siempre. El patriarcado y la misoginia. Hasta cierto punto, la civilización se ha erigido sobre la misoginia. Las lenguas están impregnadas de ella, las tradiciones, los usos inmemoriales, los folklores. La poesía la canta, el teatro la dramatiza, la novela la narra, la filosofía la explica, la religión la glorifica.

Habiendo encontrado el factor universal solo queda señalarlo, calibrarlo, medirlo y enjuiciarlo. Para ello, lo más fácil es mirar las estadísticas de violencia machista, ahora que eso se ve ya como un delito y no como un timbre de gloria, los asesinatos de mujeres en todos los países, todas las clases sociales, todas las religiones. El feminicidio es global. Cada país ocupa luego un puesto en los infames listas de cantidad de asesinatos machistas, pero todos están en el ranking. El feminicidio es el factor más transversal que hay. Los principales sospechosos somos todos los hombres con independencia de edad, condición, estudios, ingresos o credo. He aquí algo que ayuda poco a estudiar el fenómeno empíricamente, pero abre la consideración de que, por tratarse de algo tan oscuro, profundo y maligno, es un buen punto para hacer una promesa: el año nuevo no asesinaremos más mujeres. Un año nuevo que equivaldría a una vida nueva.

Y vida nueva en el sentido de la Vita Nuova de Dante que es la que se abre al poeta la primera vez que ve a Beatriz, aquella "maravilla seguida de otra maravilla".

Actualización a las 15:00 del 1º de enero de 2017: un hombre asesina a una mujer a puñaladas en Rivas Vaciamadrid.

15 horas de tregua han tenido las mujeres este "nuevo" año.

lunes, 25 de enero de 2016

Feminicidio

No sé qué decir. Todas las palabras me parecen hueras. Siento una mezcla de indignación, vergüenza y consternación. Tengo claro que es un problema muy complejo en el que se mezclan tantos factores de todo orden que las soluciones propuestas (y todas serán siempre pocas) se me antojan intentos de vaciar el mar a cucharadas. Basta ver lo que ha ocurrido hace unas fechas en Colonia, Alemania, para darse cuenta de las dimensiones de la cuestión. Es el ordenamiento jurídico, dicen unos. Y el sistema educativo, dicen otras. Es la tradición, sostienen las de aquí. Es la religión, apuntan los de allá. No, está en el lenguaje, en la tradición. Es agresividad innata según estos. Ni hablar, es la cultura de la competitividad según aquellas. Es el capitalismo, es el comunismo, es el salafismo. Es la estructura social patriarcal, la ruptura de la emancipación creciente de las mujeres o su sumisa aceptación de la falocracia y el patriarcado.

En realidad es todo eso y mucho más.  Y las soluciones todas insuficientes, parciales. Las autoridades sienten que están en la obligación de hacer como si hicieran algo, y andan hablando de un pacto de Estado contra la violencia machista, cosa tan etérea como inútil pues seguro que ni siquiera se pondrán de acuerdo en llamar "machista" a este violencia. ¿No había una ministra del PP, sin par lumbrera, que quería llamarla "violencia en el ámbito doméstico"?

Aprovechemos la estupidez de esta propuesta para una reflexión complementaria. Confieso no tener ideas nuevas positivas para acabar con esta monstruosidad y, por lo tanto, apoyo todas, absolutamente todas las que se tomen a ese fin. Pero sí se me ocurre que, si no somos capaces de arradicar el mal, por lo menos no debiéramos ampararlo, justificarlo o fomentarlo. Hablar de "violencia en el ámbito doméstico" es ser cómplice del feminicidio, como lo es reírse de la "corrección política", relativizar la agresividad de todos los comportamientos machistas en la sociedad, desde el piropo al maltrato, dar pábulo a las mentiras de las falsas denuncias, reír las gracias de los imbéciles que hablan de feminazis, tolerar los chistes degradantes para las mujeres o no protestar y luchar con ellas siempre en defensa de sus derechos. Cada vez que callamos por temor o conveniencia ante cualquier atropello, somos cómplices de feminicidio y menoscabamos nuestra dignidad de seres humanos.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La violencia en España.

Ayer murió otra mujer, presuntamente asesinada a cuchilladas por su marido en Zaragoza. No sé qué ministerio dice que van más de cincuenta asesinadas este año. 814 en los últimos 12 años. Es lo que se llama feminicidio. Ignoro si hay estadísticas de cuántos hombres han muerto en este mismo periodo a manos de sus mujeres pero no creo que lleguen a la media docena. Reténgase el dato para hablar luego de equiparar la violencia contra las mujeres con la que estas puedan hacer a los hombres.

La víctima era de 44 años y el victimario de 49. La pareja no tenía hijos. Fueron los vecinos quienes avisaron a la policía al oir gritos y ruidos de discusión muy violenta. No constaba denuncia alguna previa por malos tratos pero, según parece, la víctima había iniciado los trámites para el divorcio. Obviamente, algo intolerable para un machista que considera su esposa una propiedad suya,  como sus zapatos, más o menos a la altura de estos; y sería insólito que los zapatos quisieran divorciarse. Por cierto, extraño que aún no haya aparecido algún obispo diciendo que lo mejor para acabar con la violencia machista es volver a prohibir el divorcio, como en tiempos del bendito Franco, al que llevaban bajo palio.

Este nuevo crimen machista ha provocado cierta conmoción en la opinión pública. Ha habido mucha condena en los ambientes feministas, y las minorías de género. También algunos políticos han manifestado su pesar y creo que la autoridad competente ha ordenado que haya tres días de duelo oficial en la capital aragonesa. ¡Qué menos se merece la asesinada! 

Los ciudadanos no deben caer en la trampa de singularizar el caso. Los partidos son muy conscientes de que se trata de un problema social y complejo que nos afecta a todos y a todas. Sobre todo a todas. Por ello, hay que ver qué medidas concretas proponen aquellos, los principales agentes políticos.

En el PSOE, Sánchez propone que cada asesinato machista lleve aparejado un funeral de Estado. Seguramente las víctimas estarán encantadas de emprender el viaje al más allá acompañadas por las salvas de rigor y una banda interpretando Pompa y circunstancia.

En Podemos se esmeran y proponen un pacto de Estado en contra de la violencia machista. Ahí es nada. Además, será un pacto con espadas para que no se quede en meras palabras, como avisaba Hobbes. Un pacto que dirá, es de suponer, lo mismo que el Código Penal.

Los de ciudadanos quieren equiparar penalmente la violencia machista contra las mujeres con la de las mujeres contra los hombres. A primera parece absurdo y a segunda, también. ¿En qué mejora la condición de las víctimas el que se castigue a las victimarias tanto como a los victimarios?

En el caso del PP, el asunto va más en serio porque, además de decir lo que le preocupa la violencia machista, hace cosas. Por ejemplo, recorta los fondos destinados a la ejecución de la Ley contra la violencia de genéro. Suena contradictorio pero sin duda Rajoy explicará que la razón es muy sencilla: a menos fondos, menos violencia de género.

Así están en verdad las cosas. Esta es la reacción que cabe esperar de las autoridades frente al drama que viven no solamente las víctimas reales sino las potenciales. Potenciales son todas las mujeres que experimentan en mayor o menor grado el temor de ser víctimas reales. Imposible conocer su cantidad pero, sin duda, es alta. Un temor que los hombres no experimentan o, si lo hacen, es en un porcentaje infinitesimal respecto a las mujeres.

Eso es lo que quiere decir el concepto de violencia estructural, la que ejerce una sociedad patriarcal sobre las mujeres, una presión enorme a lo largo de todas sus vidas, desde la cuna a la tumba y que los hombres solo se toman en serio cuando salta la sangre.

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Ayer, un adolescente arreó un puñetazo al presidente de los sobresueldos en Pontevedra porque este, por necesidades de la campaña electoral, salió a mezclarse con su amado pueblo como hacía Harún al Raschid en las 1.001 noches. He preferido glosar el caso de la violencia machista porque estoy seguro de que los medios hoy solo hablarán de la castaña a Rajoy. Habrá desde quienes hagan chistes en Twitter hasta quienes se indignen como juanes bautistas contra todo tipo de violencia y mucho más contra los chistosos, pasando por quienes echen la culpa a Sánchez por haber llamado indecente al indecente. La oleada de hipocresía y fariseísmo pretende convertir un hecho lamentable, circunstancial, anecdótico, irrelevante, producido por un descuido de los guardaespaldas en una categoría moral por la relevancia de la personalidad, mientras que la categoría del hecho regular, producido por la acción de un hecho estructural como la violencia machista, desaparece de la atención pública.

En román paladino: Rajoy puede contarlo; la mujer de Zaragoza, no.

viernes, 3 de abril de 2015

Otra mujer asesinada.

Con otra mujer sobre la mesa de autopsias, víctima de "unos cuantos piquetitos", por citar el título del célebre cuadro de Frida Kahlo, los medios y el foro público se llenan de sesudas y horrorizadas reflexiones sobre lo insondable del alma humana, lo incomprensible de la violencia, lo enigmático de las relaciones de pareja, las contradicciones del amor, etc. En su post de ayer, El Patriarcado, bien, gracias, Palinuro ya largaba su parte de doctrina, insistiendo en la necesidad de tomarse en serio el asunto, no rutinizarlo, no trivilializarlo así como en que por "el asunto" no hay que entender solo los asesinatos, sino muchos otros aspectos y circunstancias sociales concomitantes, a veces aparentemente tan alejadas del crimen que, se dice, no son relevantes. Para eso, además, ya están las medidas legislativas y administrativas que se toman en todos los órdenes, los campos, los ámbitos. Si y no, porque faltan muchas cosas. Hay preocupación por proteger a las mujeres en todos los órdenes porque está claro que son más vulnerables. Pero ni esto es cierto. Es poco lo que cabe esperar en este terreno de una organización como el PP, cuya secretaria general dice muy ufana que las mujeres de su partido no precisan cuotas. Bueno, cierto, la afirmación es una tontería propia de quien la dice, pero también es cierto que esto de las cuotas queda lejos de la violencia de género y de lo que se llama feminicidio.

Sí, esta es la batalla más reciente. El término "feminicidio" no quiere decir nada y, además, no existe. Si no existe, se crea. Y sobre si quiere decir o no, júzguese: es feminicidio el asesinato de mujeres por ser mujeres. Es decir, es una forma de genocidio porque es un asesinato de una colectividad por un motivo específico. Se diferencia del genocidio en que se da en todos los continentes, países, razas, culturas y religiones y que no se sabe cuándo empezó y tampoco se sabe cuándo acabará, pues el exterminio del género, la solución final, tampoco será posible esta vez. El feminicidio es un genocidio permanente, desparramado, oculto, negado a la par que fomentado y combatido al unísono.

Su origen está en la educación, seguro. Pero no solo. Una educación no patriarcal no sirve de mucho en una sociedad patriarcal. Y, aunque fuera posible una educación no patriarcal en un mundo en el que, ya lo dijimos ayer, todas las religiones, las historias, las filosofías, las artes, las letras, son patriarcales, luego queda el ejemplo de los adultos. Una sociedad en la que una enorme cantidad de mujeres tienen asumidos los roles del patriarcado (basta con recordar a las cipayas del PP aplaudiendo a rabiar al ministro que proponía cercenar sus derechos) y los hombres, prácticamente todos, la tarea es ingente. Empieza por verse en la comprensión correcta del concepto de feminicidio.
 
Un cuerpo en una mesa de autopsias no es el comienzo de una historia de feminicidio sino, al contrario, su final. El final de una historia que quizá empezara en los años escolares de los protagonistas. Es muy duro, pero es así. El problema no es solo un tipo de educación u otro. El problema es comprender que el feminicidio empieza precisamente en donde debiera cortarse, en la educación y sigue a lo largo de la vida en los aspectos aparentemente más inocuos y distantes, costumbres populares, refranes, comentarios, usos matrimoniales, (no es preciso mencionar los países en los que la edad núbil de las mujeres está en la infancia), leyes, cuotas, vida profesional, trabajo, competitividad, abortos, divorcios, juzgados, presión social, opinión pública. Hasta que un cuchillo que a lo mejor viene dirigido desde una acampada en la adolescencia, encuentra el camino hacia el corazón de la víctima.

jueves, 27 de febrero de 2014

Ouka Leele, por las mujeres.

No conozco mucho la obra Ouka Leele. Es una artista de gran y variada actividad, con una interesante biografía. Se sigue de ella que es una mujer libre, independiente, creadora, muy personal e inclasificable en escuelas o tendencias. Algo que todo el mundo alaba pero muy pocos practican. Esa actitud de loba solitaria es bella, pero peligrosa. La sociedad detesta al individuo. "Fuera de la iglesia (de cualquier iglesia) no hay salvación."

Además, est@s solitari@s suelen dar sorpresas desagradables. Por eso no son de fiar. Pueden salir con cualquier cosa. Vayan a ver la exposición en el Círculo de Bellas Artes, titulada Un banquete cruel. Pourquoi?  Es muy sencilla, muy simple y rápida de visitar: una sala con una mesa de banquete y una habitación en la que se proyecta el documental que ha hecho la autora y tampoco es muy largo (como 15' o 20'), pero produce un impacto tremendo. La mesa representa un festín. En torno suyo se amontonan placas, tarjetas y bases de ordenadores, cientos de esos circuitos y microcircuitos en que se acumula la inteligencia de las máquinas. Sobre ella, los objetos más extraños, minerales en polvo, como arena negra, menaje variado, copas, flores, calaveras numeradas que también andan reproducidas en fotos por las paredes. Es como un avance de lo que viene después, de cómo la belleza está rodeada de muerte y crueldad.

Luego se planta uno ante la pantalla. Es un vídeo rodado por Ouka Leele en el que alternan dos series: una de planos exteriores de agua limpia, cristalina, de fuentes o regatos, árboles en flor, fotografía alegre, vital, y otra del relato que hace la única protagonista, Caddy Adzuba, periodista de Radio Okapi, la emisora de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo, luchadora por la difícil causa de las mujeres en su país. Este relato quiere sintetizar una terrible historia de crímenes, guerras, atrocidades que lleva años padeciendo el Congo democrático. Una sempiterna guerra civil alimentada por intereses económicos extranjeros que se benefician de la rapiña de las inmensas riquezas minerales del lugar, sobre todo el coltán, un mineral escasísimo pero estratégico porque sirve para hacer teléfonos moviles, esos aparatos a los que estamos enganchados miles de millones de personas. El conflicto tiene al Congo en una situación similar a la del estado de naturaleza hobbesiano. Sin poder institucional más allá de algunas ciudades, bandas de "rebeldes" armados recorren el país cometiendo atrocidades. Y, por supuesto, quienes llevan la peor parte en ellas son las mujeres. Caddy Azduba llega a decir en algún momento que las mujeres estuvieron a punto de levantar el Congo con su esfuerzo y desde entonces están pagando por ello, sometidas colectivamente, como estrategia de guerra, a las mayores bestialidades.

La historia se condensa y se ejemplifica entonces en un caso concreto de conocimiento directo de la narradora. Los minutos siguientes, en una alternancia de planos americanos y primeros planos de Caddy, escucharemos ese relato escalofriante, dicho en un tono moderado, suave, en un francés con un curioso acento muy abierto. Algo que pone los pelos de punta. Para el final queda la explicación del título de la exposición, Un banquete cruel. Pourquoi? Como Palinuro no es un spoiler no la revelará. Pero sí aventura un dato: se trata de una vieja leyenda que empieza en los tiempos de Tántalo y termina con la venganza de Orestes. En ella se mezclan, como en la obra de Leele, la belleza y la vida con la muerte y la crueldad. Pero esto no es leyenda. Aquí se trata de una realidad terrible. A lo mejor lo que suponemos leyenda también lo fue en su tiempo. En todo caso, parece eterna.