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jueves, 15 de junio de 2017

La realidad siempre es interpretable


La moción de censura constructiva es un invento diabólico, pensado para no emplearlo nunca. Se les ocurrió a los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial, aterrorizados por la memoria de la inestabilidad parlamentaria de la República de Weimar. Atacaban lo que pensaban que era una de las causas del nazismo. Era un miedo parecido al que les inspiraba la reproducción de la locura inflacionista en los años de aquella República. Del miedo a la inflación desbocada ha salido el Banco Central Europeo, con su sede, claro, en Frankfurt que tiene a la Eurozona en estado de austeridad. En cuanto a la inestabilidad parlamentaria, la moción de censura constructiva (konstruktive Misstrauensvotum) está en el artículo 67 de la Constitución alemana.

De ahí la tomaron los españoles, siempre muy influidos en cuestiones jurídicas por los teutones, casi al pie de la letra en el artículo 113. En los 68 años de vida de la Constitución alemana, la moción de censura constructiva se ha presentado en dos ocasiones: una, para perderla en 1972 (Rainer Barzel contra Willy Brandt) y otra para ganarla en 1982 (Helmut Kohl contra Helmut Schmidt) y ambas tuvieron consecuencias insospechadas, aunque de signo distinto. En España, siempre más papistas que el Papa, en 40 años de vigencia de la Constitución, hemos tenido tres, las tres perdidas: una de F. González contra Suárez en 1980, otra de Hernández Mancha contra F. González en 1987 y esta última de Iglesias contra Rajoy.

De la experiencia española se sigue que, si las mociones de censura se presentan a sabiendas de que no se ganarán reglamentariamente, ofrecerán alguna otra ventaja. La más clara es escuchar otros discursos en el foro público, visibilizar otras posiciones. Una ventaja política considerable en una sociedad en la que la política es electoral y las elecciones se ganan exponiendo los programas propios ante la opinión pública en el Parlamento, en los medios y, si de Podemos depende, en la calle y en la cola del supermercado.

Así que, habiendo fracasado reglamentariamente la moción, tiene efectos políticos de los que ahora se ocuparán los analistas en debates sin cuento, contraponiendo todo tipo de interpretaciones de un episodio que, sin parecerlo, puede haber cambiado sustancialmente el tablero de juego.

Algo, no obstante ha quedado tan claro que escapa a toda relativismo por vía de opiniones. La moción ha revelado una figura política de mucha categoría en la persona de Irene Montero. Su intervención rigurosa, documentada, valiente y sin concesiones ha sido la mejor de todas al modesto juicio de Palinuro. Una enmienda a la totalidad política y moral. Téngase en cuenta que, aunque Montero tiene ya amplia experiencia en intervenciones anteriores, nunca en un pleno extraordinario de estas características. Ha pronunciado una especie de Maiden Speech que fija la carrera y el destino de quien lo hace. Tan contundente ha sido el discurso -en presencia de los ministros, todos con las orejas gachas, no queriendo escuchar lo que estaban oyendo- que sus enemigos, para responder, no han encontrado nada mejor que escudriñar en su alcoba.

Nuevo tablero, es de esperar, abierto a interpretaciones. La más llamativa, la discrepancia en las dos cabeceras de El País (El PSOE tiende la mano a Podemos) y la de Público (Iglesias pierde la moción de censura, pero abre la puerta a crear una alternativa con el PSOE). A lo que parece, las dos manos están tendidas y habrán de encontrarse en algún momento, salvo malévola aporía. Cada medio otorga el protagonismo a su favorito. En El País no gustan nada las nuevas relaciones peligrosas de Sánchez pero el pragmatismo manda. Díaz, su candidata, perdió. La autoridad es Sánchez. Y no se le pueden poner barreras a través de unos editoriales que son verdaderas sangrías de lectores.

En Público se apunta el tanto al equipo de casa y es Podemos quien "abre la puerta". Innecesario recordar que no tendría que abrirla si no la hubiera cerrado cuatro días antes afirmando que Podemos no estaba dispuesto a entrar en coalición alguna con el PSOE porque no quería ser el miembro "júnior". Es un cambio de 180º en un visto y no visto; merece alguna aclaración. Salvo que se haya encontrado una forma de asociación compuesta por dos séniores y ningún júnior, cosa rara. Ya decíamos que la consecuencia política era la alteración del tablero político. Quizá un terremoto, aunque no hasta ese extremo. Ábalos viene reclamando la hegemonía y la primogenitura en nombre de un partido renovado

Podemos presiona ya para que los diputados de la izquierda se pasen las vacaciones negociando la nueva moción de censura en cuanto se abra periodo de sesiones. Vuelve la impaciencia de esta organización que parece aquejada del baile de San Vito y no sé si es lo más acertado presionar a un PSOE que tiene que asentarse, proveerse de su equipo, fijar sus prioridades, recibir un mandato del congreso. Terminar de renovarse.

Pero, además, y sin ánimo de fastidiar a nadie la fiesta, quizá no deba pasarse por alto el hecho de que sin los votos catalanes, la moción no puede prosperar. Es decir, el meollo de esa moción de censura, como todo en la política española, es la llamada "cuestión catalana".

Que cada vez es más claramente la "cuestión española".

miércoles, 14 de junio de 2017

Esa moción de mucha censura y poca moción

Las lectores más veteranas de Palinuro recordarán que este se pasó media legislatura (la Xª, la de la mayoría absoluta de un PP descontrolado) pidiendo una moción de censura (MC). Pero el PSOE estaba entonces en una oposición puramente nominal. En nombre de los “pactos de Estado”, término rimbombante que encanta a Rubalcaba, este impidió que los socialistas fueran oposición real a un gobierno autoritario, depredador, que estaba provocando la fractura de España.

Esa era la obsesión del entonces SG del PSOE, la unidad nacional, en cuyo nombre promovió la Declaración de Granada, embarcando al partido en las procelosas aguas federales y selló con Rajoy un pacto perfectamente inútil pero hosco y amenazador para el independentismo catalán, la Ley de Seguridad Nacional.

¿Cómo iba a presentar MC al PP su más firme aliado? Las consecuencias fueron desastrosas: en 2011, con Rubalcaba de candidato, el PSOE perdía más de cuatro millones de votos y más de cincuenta diputados. Notable despeñarse en un tiempo en que aún no existía Podemos. Rubalcaba terminó su labor de derechización del PSOE y promovió la candidatura de Sánchez a la SG por creerlo firme patriota español, como él mismo. A fe que Sánchez empezó sobreactuando, envuelto en una bandera rojigualda, como un prócer latinoamericano y ofreciendo el remedio de “más España” para los males de España. ¿No quieres sopa? Dos tazas. Al Sánchez de aquella legislatura, acosado por las redes baroniles del PSOE, lo de una MC le sonaba a chino mandarín.

Todo en orden y la Patria a salvo. Pero los cónsules vigilaban y bastó que Sánchez insinuara o diera motivos para sospechar que estuviera insinuando la conveniencia de un diálogo con los nacionalistas (los otros, claro) para que quienes le encumbraron al Olimpo de Ferraz lo arrojaran al profundo Tártaro. Conocemos la función. La encargada de consumar el hecho fue Díaz, empujada a partes iguales por su ambición y su inexperiencia. El frente de conjurados patrióticos (todos presentes en el Ifema como en un sepelio) no se dio cuenta del error de haber amparado esa candidatura hasta que ya fue demasiado tarde.

Quien sí lo hizo, con la celeridad que le caracteriza, fue Podemos. Dio ingenuamente por buenos los vaticinios de los medios de la victoria arrolladora de la candidata al frente del aparato sobre un infeliz afuereño que venía buscando revancha. Un error de cálculo de principiante. Díaz tenía que hacerse con la SG y el PSOE y el PP sellarían una gran coalición a cuenta de Cataluña, lo cual permitiría a los morados mostrar la prueba empírica de su teoría de las “dos orillas”: en una, el bloque de la derecha (PP, PSOE y sus nouveaux nés) y en la otra la verdadera, la auténtica, la única izquierda. Así se vería escenificado en una MC.

Un espectáculo, decía ayer Rajoy en tono despreciativo, como si dijera, un simulacro, de esos que practica él con asiduidad. Claro que la MC es un espectáculo, como los que protagoniza el propio Rajoy cuando comparece en plasma, por ejemplo. La política tiene mucho (no todo) de espectáculo.

Lo extraño es que alguien tan avezado en lo espectacular no previera el giro que tomarían los hechos, cuando el afuereño dubitativo se convertía en una resplandeciente ave Fénix y encandilaba a la militancia, a los votantes y a buena parte de los medios. Al verse ensombrecido, Podemos aceleró la MC y la introdujo en el debate de primarias con el objetivo obvio de arrebatarle protagonismo mediático. Cosa inútil.

Al final, quedaba claro que la MC no era contra el gobierno, pues no se negoció previamente a su anuncio con ningún partido de la oposición, sino contra parte de esa oposición, contra el PSOE, vieja querencia del alma comunista que anida en Podemos. Se lo dijeron todos ayer, incluido, lo que ya es el colmo, el presidente del gobierno, que se lo tomaba todo a beneficio de inventario pues traía escritas las respuestas a unas intervenciones que aún no había escuchado.

Se lo dijeron también los demás, muy señaladamente los catalanes de JxS haciendo ver al candidato que no podían votar a su favor cuando ni él mismo se aclara en las cuestiones básicas del referéndum, el demos y la legalidad de la consulta. Cuestiones sobre las cuales, sin embargo, los anticapis ya han pasado el Rubicón de la unilateralidad. Y cuestiones, también, que ponen de relieve cómo la llamada "cuestión catalana" es, en realidad, la cuesstión española. 

La MC fracasa y no consigue adhesiones. Ni siquiera puede utilizarse políticamente, como hizo Felipe González con la que se enfrentó a Suárez. Al contrario, la conclusión de esta iniciativa es que aquí no ha surgido un líder, ni un partido, ni un proyecto. Rajoy para rato porque no hay alternativa.

Pero sí la hay. Justamente el fragor de la trifulca parlamentaria llegaba a los oídos del apartado SG del PSOE quien, retirado como Cincinato a sus posesiones en Ferraz, espera que la República lo llame para salvarla de un inminente peligro. Y, con él, llame a su partido. A la sombra, pues, hay hoy un líder y un partido que se sitúa en la izquierda y solo está a falta de concretar su programa en el próximo 39 Congreso.

Ese líder y ese partido tienen la obligación política de promover la destitución de Rajoy, como se prometió en las primarias. Por dimisión a instancia propia, mediante reprobación o, llegado el caso, una MC. Pero una nueva. Este es un punto importante en las discrepancias sobre las distintas MC de que se habla. Una de las discrepancias más claras es si se presentan de buena o de mala fe. La de Podemos es de la segunda categoría, pues se presenta sin negociar nada previamente, como una imposición, un trágala, un hecho consumado. Estás conmigo o contra mí. Los de Podemos creen haber hecho bueno ese defecto de procedimiento a base de ofrecer la retirada de su propuesta si el PSOE presentaba una suya, incluso con su candidato.

No entienden que decir a los demás lo que tienen que hacer a base de ofrecerles algo en lo que no están interesados no tiene futuro en la política. Ni en la vida civil. 

jueves, 4 de mayo de 2017

La realidad y la ficción II. Podemos

Como sucede con el del PNV, el discurso de Podemos evidencia un abismo entre la ficción y la realidad y comete una injusticia parecida, aunque con distinta víctima. Dicen los del partido morado ser objeto de sostenida, cerrada, agresividad del frente mediático. Forma parte de su relato autojustificativo. "Contra Podemos", suelen decir, "todo vale". Esto parece facultarlos para rechazar las críticas. Sin excepción. Sus contenidos no se examinan. Son falsos por ser críticas que reproducen todos los medios.

¿Todos? Algo de razón quizá tenga Podemos. Por ejemplo, esta infame y vergonzosa noticia del sándwich entre Podemos y la Sexta ha sido reproducida por todos los medios de derecha extrema. No así los medios comerciales más moderados en donde no se encuentra. No parece, pues, haber un frente cerrado de los medios contra Podemos y, desde luego, la Sexta no forma parte de él, como tampoco mucha prensa digital en donde Podemos tiene su propio diario, Público, con un estudio también propio de TV. Tan mal no están. 

El discurso tiene mucho de ficción porque, como puede comprobar cualquiera de buena fe, es Sánchez quien tiene a todos los medios cerradamente en contra de él, incluido Podemos a quien no interesa que Sánchez gane las primarias porque es el único con el que el PSOE puede recuperarse. O, si se quiere, cerradamente contra el PSOE que Sánchez representa ya que el otro, el de la gestora golpista y epistolar tiene en general buena acogida en la prensa, en especial la de derechas. La caudilla en la portada del ABC ha sido definitiva.

Con este ruido de lo icónico y el debate de a quién beneficia o perjudica una imagen suele perderse de vista la cuestión de fondo. Aquí esa cuestión es qué juicio merece la noticia sobre la Sexta. Porque supongo que nadie dudará de su veracidad; nadie dirá que es un montaje, falsa, un fake. Es una grabación de la policía autorizada por un juez en la que se dice que se está haciendo algo que es, en realidad, una variante de la vieja pinza entre Anguita y Aznar contra González en los lejanos 90. No es un delito. Es, simplemente, una inmoralidad. Una inmoralidad de Podemos. 

Anguita reaparece cada vez más detrás de Iglesias y el mensaje del dúo es el mismo: lo prioritario es acabar con el PSOE y ponerse en su lugar. Y, si no es así, que gobierne la dereceha. Envidia, rencor y despecho al mismo tiempo. El disparate de la moción de censura sin apoyos los ha llevado al frenesí de respaldarla en la calle, como si eso le diera mayor peso parlamentario. Está claro que con ella se quiere obligar al PSOE a retratarse apoyando al PP. Al PSOE parlamentario. Pero, por mucha amalgama de los dos PSOE que Podemos quiera hacer, ese discurso fortalece el PSOE callejero, el de la militancia que apoya a Sánchez.

Es decir, en su ceguera contra el PSOE, Podemos ayuda a la recuperación del partido que quiere destruir.  No hay ficción que pueda eludir esta realidad.

sábado, 29 de abril de 2017

Una poción de moción

Como si de un tósigo se tratara, el anuncio de la moción de censura (MC) ha trastornado de tal manera los espíritus de los socialistas de obediencia gestora que cabe temer por su equilibrio anímico. "Numerito", "irresponsable", "figurón", "se cree que los demás somos tontos". De todo se oye y se lee, como una especie de airada y furiosa protesta, manifestación obvia de que el anuncio ha caído como una bomba. Una bomba tóxica.

Sin duda hay en la forma de anunciar elementos personalistas que los críticos elevan a narcisistas. Pero lo de menos son las formas. Lo que importa es el fondo. La MC pone al PSOE parlamentario en una posición ridícula, teniendo que convertir su púdica abstención en un respaldo activo del gobierno. A su vez, si Podemos hace o no un órdago a la chica, como he leído por ahí es indiferente. Lo que ha hecho es cerrarse el camino de vuelta. Reúne los requisitos: número de firmantes y candidato. La aceptación es automática. Solo puede pararse si Podemos no la presenta. Pero eso sería un patinazo político serio.

Por ello Podemos está obligado a presentar la MC en plan sietemachos, responsabilizando al PSOE y a C's de la continuidad de Rajoy, el PP y la corrupción. El que parece haberlo entendido a la primera es ese mismo PP que, por boca de su portavoz, Hernando, con ese aspecto de duro de película de Chicago años 30, lo ha llevado al terreno habitual de "eso no me lo dices en la calle". Y quédense de momento aquí las cosas, aunque no es mala entrada para una moción que se llama constructiva. Una pelea de gallos.

La cuestión es si quienes hablan sobre la figura han calibrado bien su alcance. La MC no se presenta para ganarla, eso está descartado. Por si acaso, PSOE y C's han corrido a oponerse. Lo importante es el debate mismo, que da tiempo ilimitado de intervención a los defensores de la moción y limita el de los demás grupos parlamentarios (incluido el del gobierno) a media hora y diez minutos más de réplica. Podemos dispondrá por tiempo ilimitado de la tribuna del Parlamento y todas las conexiones mediáticas convencionales y digitales para plantear una enmienda a la totalidad del país. Esa es la funcionalidad propagandística de la MC y lo que tiene al borde de la histeria al socialismo de la abstención.

Luego están las interpretaciones, a las que todos tenemos derecho. Leo que la MC es un intento de Iglesias de torpedear la candidatura de Sánchez porque no le interesa que este sea SG, ya que recuperaría voto refugiado en Podemos. Desde luego, si Sánchez gana las primarias, lo más probable es que el voto de Podemos baje. Suponer que este sea el motivo "verdadero" de la MC es ya otra cosa. Por supuesto, las motivaciones humanas son tan inexcrutables como las divinas, pero es muy difícil ignorar que la consecuencia inmediata de la MC es triturar el grupo parlamentario de la gestora y, por tanto, de la candidatura de Díaz. Por eso ha reaccionado esta por sevillanas.

Si la MC está orientada en contra de Sánchez, hipótesis no descartable aunque improbable, va a darse de bruces con el muro de que beneficia a ese mismo Sánchez, haga lo que haga el que la ha presentado. Su discurso, el discurso del candidato, sin límite de tiempo, irá orientado en contra del PP en todos sus aspectos y, asimismo, en contra del PSOE. Y ese ataque al PSOE solo puede ser de dos formas: a) reconociendo que hay una diferencia entre el PSOE parlamentario, colaborador del PP, y el de la militancia, que sigue siendo partidaria del "no es no"; b) no reconociéndolo, haciendo una amalgama con los dos espíritus socialistas y atacándolos como si fueran uno solo. En el caso a) será un respaldo al proyecto de recuperación del PSOE en la izquierda de la candidatura de Sánchez. En el caso b) encenderá más la voluntad de la militancia de apoyar un proyecto de recuperación de un PSOE de izquierda democrática, esto es, de nuevo en beneficio de la candidatura de Sánchez. Algo legítimo, por lo demás, por cuanto se le devuelve lo que es suyo, ya que fue él quien abrió el camino al iniciar la semana pidiendo la dimisión de Rajoy.

También cabe la posibilidad, muy a tono con el espíritu último de Podemos a mi entender, de que la MC vaya orientada contra el conjunto del sistema o eso que a veces llaman "el Régimen". Pero, vaya contra lo que vaya la MC, muy curiosas habrán de ser las intervenciones tasadas de los demás grupos parlamentarios, especialmente el socialista. Y eso si las hay porque pueden renunciar a ellas y mantenerse en silencio. 

Vaya, que Pablo Iglesias ha entrado en el Congreso montado en un autobús.

jueves, 27 de abril de 2017

Podemos, la línea correcta y la censura

Podemos es un partido (o lo que sea) muy adaptado a la sociedad mediática. Prácticamente nació en los medios, primero en los alternativos y, por ende, de reducida audiencia; y luego, se afirmó, creció, se impuso en los comerciales de audiencia mucho más amplia. Y lo hizo en muy poco tiempo. Un éxito apabullante de imagen. A ello contribuyeron de un lado un gran dominio del ciberespacio y las redes y una depurada teoría de la función de los medios en la sociedad capitalista. Los medios son el vehículo de la hegemonía y operan en su inmensa mayoría en favor del status quo, mezclando información y doctrina del neoliberalismo salvaje y actuando, si llega el caso, como piezas de las guerras sucias del poder contra sus adversarios de todo tipo.

A la vista de la situación, el mensaje es claro: hay que democratizar los medios. En abstracto, esto es fácil de entender: los medios deben reflejar el pluralismo de la sociedad y todos los valores deben tener la oprtunidad de explicarse en foro público. Pero en concreto, resulta difícil. Los medios públicos debieran, en efecto, ser plurales y en la mayoría de las democracias, con altibajos, lo son. En España, no; en España, desde 2011, los medios públicos están al servicio del poder político de la derecha. En donde esta no gobierna, el asunto es menos escandaloso, pero hay tendencia a ser medios gubernamentales. En cuanto a los privados, siendo empresas, operan en un campo de libertad de mercado y con la lógica del beneficio. Tienen la orientación que les place. No se puede obligar a los medios privados a defender doctrinas con las que no comulgan. "Democratizar" aquí querrá decir otra cosa.

En una segunda vuelta se echa de ver que los medios son empresas, sí, pero no siempre autónomas. Hay medios que forman parte de entramados empresariales y financieros o que dependen directamente de estas instituciones a las que puede traer cuenta soportar pérdidas en sus sectores ideológicos porque el beneficio lo obtienen por otro lado; por el de la corrupción, por ejemplo. Y, por supuesto, el caso de los audiovisuales que o son negocios redondos a base de una programación que todo el mundo detesta y todo el mundo ve o son ruinosos, pero subvencionados de una u otra forma con medios públicos si son de derechas, como el caso de los medios de la Conferencia Episcopal. Es difícil democratizar a la Conferencia Episcopal.

Y en una tercera vuelta se ve que estas empresas de medios son especiales por el producto que manejan. No es lo mismo fabricar y vender calcetines o piraguas que hacerlo con noticias y opiniones. La mercancía de los medios es inmaterial, compran y venden ideas, creencias, juicios; en definitiva, cultura. Por lo tanto tienen peligro porque son mecanismos de convicción ideológica y de propaganda. Desde cierto punto de vista, esto explica la tendencia a intervenirlos en función de criterios como la llamada exception culturelle, francesa, para limitar la competencia y el contagio de medios ideológicos apabullantes, como los yanquies de Hollywood. Pero, al margen de esto, cualquier intento de control de los medios inspirado en estos criterios ideológicos y culturales será una recuperacion de la inquisición y la censura, a las que partidos como Podemos tienen una fuerte tendencia por su propia naturaleza ya que son organizaciones dedicadas a tener razón siempre.

En realidad es difícil democratizar los medios si no es jugando en su terreno, esto es, constituyéndose en empresas, empresas democráticas de comunicación. Una especie de quimera excepto en el caso de la prensa digital, en donde se da un florecimiento de medios demócratas y de izquierda. No siendo esto y habiendo abandonado la esperanza de gestionar unos medios públicos con criterios democráticos, solo queda imponer en los medios comerciales los puntos de vista críticos. Y aquí es donde se ha planteado el problema con Podemos y su supuesta censura a Errejón en la SER, con el llamado duro alegato de Barceló respecto a Podemos y los demás partidos.

Obviamente, se esgrime la apuntada teoría de la libre empresa. La SER es una empresa privada y contrata a quien quiere, sin obedecer consignas de partidos... externos. El duro alegato de Barceló reza con los de fuera. Dentro de la casa, todo cambia. Las decisiones son de empresa y se imponen en los programas, como lo prueban los despidos de Manuel Rico, Ignacio Escolar, Fernando Berlín, que yo recuerde.  Esas imposiciones sí se aceptan. Pero se trata de asuntos internos de la empresa por los que esta no da explicaciones. Si acaso las dará la cuenta de resultados.

Algo muy distinto es la peripecia de Errejón en hora 25 porque se enfrentan dos concepciones distintas de la comunicación y del meollo mismo de la comunicación que son las sacrosantas tertulias. De estas, la mentalidad democratizadora espera que reflejen el pluralismo social y ellas lo harán o no. Pero, si lo hacen, querrán hacerlo a su manera, no según las directrices de quienes quieren democratizar. Y aquí vuelve a estar el problema del problema.

La SER quiere seguir con Errejón porque le da la gana. Podemos, sin embargo, sostiene que Errejón no refleja la posición mayoritaria del partido, salida de VAII y debe ser sustituido por una portavoz de la mayoría, Irene Montero. Lo de menos es que esta se haya personado en "hora 25" y haya tenido que marcharse por no haber sido invitada, si bien se le ofreció un lugar entre la claque. Sarcasmos de la tele, pero, en efecto, lo de menos.

Lo de más es ¿qué función cumplen los tertulianos? ¿Expresan su opinión o la línea del partido? La línea correcta, claro, que es correcta por ser mayoritaria. Los medios miran la audiencia y, si prefieren a Errejón, están en su derecho. Pero también es lógico que un partido con una "línea correcta" quiera imponer esta y no una versión cuestionada. Todo depende de cómo se conciba el programa, si como una reunión de gentes con criterio propio (y con tendencias distintas) que intercambian opiniones o una comisión de portavoces de los partidos para informar a la ciudadanía de sus decisiones, sin ninguna capacidad para decidir o acordar u opinar algo que no esté en el vademécum.

En su efecto más inmediato, Errejón tiene un problema. Derrotado en VAII, ve cómo su margen de acción se reduce poco a poco pero sin descanso. Excluirlo de un programa de gran audiencia significa silenciar la voz de la minoría en un partido que presume de democracia. Democracia y línea correcta son términos antitéticos, antagónicos. Y Errejón tiene una alternativa: someterse en silencio a la línea correcta en sus actos (otra cosa será en su pensamiento, pero este es el problema de todos los "juramentados") o reafirmarse en su derecho a seguir opinando en foro público mientras lo contraten, aunque sea en pugna con el parecer del partido. La cuestión es si el partido decide obligarlo a elegir entre los medios (recuérdese, el líquido amniótico de Podemos) o la militancia. 

Si democratizar los medios significa imponer la "línea correcta" del partido a través de sus portavoces, las tertulias pueden volver a llamarse "el parte" y anunciarse, como aquel que añoran los deudos de Utrera Molina, con un cornetín de órdenes.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La prensa y el poder

Una relación conflictiva, como debe ser. Cuando no lo es, algo falla. Es justamente célebre la contundente afirmación de Thomas Jefferson, "padre fundador" y redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos hacia 1786 de que "si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, elegiría lo último sin dudarlo por un momento". El que llegara a tercer presidente de los EEUU tenía la peor opinión de los gobiernos (incluido el suyo), a los que consideraba compuestos por lobos prestos a devorar a los pueblos que eran como ovejas. Si alguien o algo podía evitarlo era una prensa libre. 216 años más tarde, el 45º presidente, Donald Trump, ha invertido los términos, pues considera que la prensa es la enemiga del pueblo. La "canallesca", que decían los franquistas. El sucesor de Jefferson, en su animadversión a los medios, se identifica a sí mismo con el pueblo. O al revés: al pueblo consigo mismo. Él es el pueblo y la prensa su enemiga y de ahí la siniestra expresión de "enemigo del pueblo", utilizada en todos los tiempos por las más diversas formas políticas revolucionarias con vocación de tiranías.

Pero eso es en los Estados Unidos. En España, la relación entre el poder político y los medios es, por lo general, idílica. Los medios públicos están íntegramente al servicio del partido gobernante en su ámbito territorial y lo mismo sucede con los privados, especialmente los periódicos de papel (y sus versiones digitales) que dependen en gran medida de la publicidad institucional y un régimen de subvenciones generoso que las autoridades políticas interpretan según criterios del más estricto clientelismo. Las televisiones privadas se salvan algo más porque diversifican sus fuentes de financiación, dado que su consumo es muy alto. 

Así resulta que en el mes en que nos enteramos de que El País sigue perdiendo lectores a granel (26,4% menos que en enero de 2016) y que está a punto de descender de la barrera de los 100.000 lectores, la Junta de Andalucía le otorga un galardón, la medalla de Andalucía 2017. No hay duda: cuando el poder político alaba, halaga, premia, condecora a un periódico es porque le interesa, porque le es cómodo, le canta las alabanzas o, cuando menos, no le saca a relucir sus vicios. El País ha tomado partido desde el principio en el conflicto del PSOE en contra de Sánchez como SG y en contra de Sánchez candidato a SG y a favor de la junta gestora y la candidatura de Díaz. Cuenta en su consejo editorial con Felipe González y Pérez Rubalcaba, lo cual explica algunos de los editoriales más venenosos contra Sánchez. El País se ha puesto al servicio de la junta gestora y de la candidatura de Díaz a la SG.

Esa decisión merece un premio: la medalla de Andalucía que va a costar más lectores de El País y más votantes de Díaz.  Para nada porque, por mucho que el diario editorialice, Díaz sigue saliendo la tercera en prácticamente todas las encuestas, sondeos y vaticinios.

domingo, 22 de enero de 2017

Quedan las mujeres

Cuánto ha avanzado la causa del feminismo se ve considerando el siglo de 1917 a 2017, desde la lucha por el sufragio, pues las mujeres no podían votar, hasta organizar un acto de protesta mundial contra el presidente de los Estados Unidos al día siguiente de su toma de posesión. Es una noticia de la mayor importancia. Y lo es porque estas manifestaciones de cientos de miles en diversas ciudades de los EEUU y otros países han sido organizadas por mujeres a través de una plataforma de coordinación, Women's March con voluntad de permanencia, pues ya advierten que esta marcha no es un sprint, sino una maratón. Efectivamente, la lucha por la igualdad ha avanzado mucho, desde el derecho de sufragio hasta organizarse en sujeto político mundial con voluntad de permanencia.

Por eso debe darse a la noticia el valor que tiene. Son las mujeres quienes se han organizado y coordinado contra Trump. Lo han hecho en representación de todas las demás minorías amenazadas por el actual presidente: gays, inmigrantes, lgtbs, etc. La importancia de esto es que las mujeres no son una minoría sino, al contrario, una mayoría. Y su activismo político a nivel planetario, un fenómeno que promete mucho. El intento de El País de dar la noticia ocultando su fuerte contenido de género ("Centenares de miles de personas claman contra Trump por todo EEUU", dice en portada) no es de recibo. Lo gracioso es que el reportaje, "Una inmensa multitud clama contra TRumpo en los Estados Unidos" lo firma una mujer que solo en el subtítulo reconoce que se trata de una "marcha de las mujeres". El patriarcado es omnipresente. Han sido las mujeres las primeras en preparar la resistencia frente a lo que se avecina.

Que no es poco. A las palabras gruesas, insultantes, amenazadoras del candidato han sucedido ya sus primeros actos. Ha silenciado la cuenta de Twitter del departamento de Interior porque había informado de una escasa asistencia del público a la ceremonia de toma de posesión. El portavoz de la Casa Blanca, en su primera comparecencia, ha anunciado que van contra los medios por informar falsamente de la asistencia al acto. La asistencia fue inmensa, según el gobierno, aunque las fotografías muestren otra cosa, y eso es lo que los medios tienen que reportar. O sea, se acaba la libertad de prensa. La prensa es el gobierno. Es el momento de recordar la famosa cita de Jefferson, uno de los "padres fundadores", de que, entre una situación de un gobierno sin periódicos y otra de periódicos sin gobierno, prefería la segunda. Como cualquier demócrata.

sábado, 21 de enero de 2017

A la cárcel por gracioso

Decía hace poco Palinuro que el humor no delinque a propósito de una tuitera, Cassandra V, a la que piden dos años de cárcel y otras penas por unos chistes en tuiter sobre Carrero Blanco. Pero, sí, parece que delinque. Por eso le cae un año a César Strawberry por seis tuits de humor negro. En verdad, no es razonable. Produce pasmo que la jocosidad tenga consecuencias penales. A propósito de esta sentencia del Supremo ha escrito un buen artículo Máximo Pradera, cuyo contenido suscribo, explicando a los jueces la diferencia entre el sentido literal y el sentido figurado. Empeño heroico porque es imposible explicar un chiste a quien no tiene sentido del humor.

El asunto está claro en la argumentación del alto tribunal, que Pradera cita: La afirmación de que César Montaña no perseguía la defensa de los postulados de una organización terrorista y de que tampoco buscaba despreciar a las víctimas, es absolutamente irrelevante en términos de tipicidad. La estructura típica del delito previsto en el art. 578 del CP no precisa la acreditación de con qué finalidad se ejecutan los actos de enaltecimiento o humillación. Pero, si no se indaga la finalidad, ¿cómo se sabe que son actos de enaltecimiento o humillación? ¿Hay una realidad objetiva del enaltecimiento y la humillación, como si fueran un dolmen y un menhir? ¿No es más bien asunto de interpretación? Y, si es así, claro que es esencial conocer la finalidad. Para que nos entendamos: hay actos que son de enaltecimiento y de humillación al mismo tiempo, según los ojos que lo miren y siendo el mismo acto. Para unos puede ser el más alto tributo y para otros la mayor de las humillaciones, incluso un sacrilegio. 

Estos jueces han abierto el camino a la vuelta de los delitos de opinión, a los que tan aficionada es la derecha, que ahora está muy ocupada lanzando al Tribunal Constitucional contra los independentistas catalanes.

viernes, 6 de enero de 2017

Sigue el diálogo

¿Por qué ordena la fiscalía a los mossos que hagan lo que tienen que hacer? Vigilar los delitos, impedirlos, denunciarlos, perseguirlos. Se trata de la función de los mossos. ¿Es que no la hacían? No debía de ser el caso puesto que la policía autonómica ya había mandado a la Audiencia Nacional un informe documentando 24 casos de delitos de este tipo. Prueba de estaba trabajando a pleno rendimiento. Más parece que el recordatorio de la fiscalía tiene una funcionalidad intimidatoria o amenazadora. Al hacer pública la advertencia de que los guardias estén atentos a la comisión del menor delito, a fin de reprimirlo, lo que se pretende es que sea de conocimiento general la plena disposición de las autoridades a reprimir cualquier conato de sedición o rebeldía. En el fondo, una amenaza del nacionalismo español al catalán.

Otra cosa es que se tipifiquen como delito los "ultrajes" a la corona. Eso sedicentes "ultrajes"no se refieren solo a la corona sino a prácticamente todo el orden político, desde la Constitución al ejército. En realidad, fue a causa de este último cuando se crearon estos delitos tan subjetivos como arbitrarios de los ultrajes e injurias a símbolos, objetos, entes, en la Ley de Jurisdicciones de 1906, aquella vergüenza por el que el Estado alfonsino se sometía a la arbitrariedad cuartelera. La República, con gran tino, la derogó; pero Franco, siempre dispuesto mostrar su faz de dictador, la incorporó a su legislación de seguridad, de delitos contra el ejército y al Código Penal.

Y ahí sigue. Dentro de poco veremos más acciones de desobediencia civil en Cataluña, muchas de las cuales podrán interpretarse como intolerables ultrajes a la corona o a la Constitución y así lo harán los segmentos más profranquistas de la judicatura, como ya está sucediendo. Admitir que un "ultraje" a la corona, a la Constitución, a la casa real sea un delito, cuando es materialmente imposible delimitar objetivamente el alcance del ultraje es abrir las puertas de par en par a la censura, a la represión a la negación de libertad de expresión. Se trata de algo a lo que este gobierno neofranquista es muy proclive, como se muestra por el hecho de haber aprobado una norma tan represiva, dictatorial y odiosa como la ley mordaza, por la que se pretende yugular todo atisbo de debate público.

lunes, 12 de diciembre de 2016

El boicoteo a Trueba

Hace unos diez días, Palinuro publicaba una crítica de la excelente película de Fernando Trueba, La Reina de España en la que comentaba que, al parecer, había en marcha una campaña de boicoteo de los sectores "nacionales" (o sea, para entendernos, nacionalcatólicos, franquistas, fascistas y demás morralla) en contra de ella. La película es extraordinaria y Palinuro, aun advirtiendo de la conjura, no le daba gran importancia, por creer que la calidad triunfaría sobre la práctica del odio y que, como suele suceder otras veces con estas campañas, sería propaganda para la película y ayudaría a su difusión. Pero estaba en un error. Quienes han puesto en marcha el boicoteo contra Trueba, al parecer, están consiguiendo su propósito pues el film no está recaudando lo necesario en taquilla para compensar por los gastos. Es decir, la están arruinando.

Y ¿por qué razón? Unas declaraciones de Trueba en las que afirmaba no haberse sentido español nunca en su vida. No se boicotea la película porque incite al odio o haga apología del crimen o el racismo, no. Se la boicotea porque su director ha tenido la audacia de decir en público lo inconveniente, lo que nadie se atreve a decir, aunque lo piense. ¿O es que esa banda de ladrones todos con cuentas en paraísos fiscales, todos defraudadores de Hacienda, todos estafadores de los dineros públicos se sienten españoles? Eso es absurdo. Es un pretexto, una excusa para boicotear una gran película desde el punto de vista cinematográfico y definitiva desde el punto de vista del contenido, una obra de arte que dice más sobre la España eterna de la cutrez, la carcunda, el fascismo y el franquismo que diez voluminosos ensayos. Sobre todo, la burla al criminal dictador y genocida Franco -que muchos en España y especialmente en PP y hasta en el gobierno, veneran- no lo perdonan. Si pudieran meterían en la cárcel al autor. Así que el boicot no es porque Trueba se sienta español o tagalo (por cierto, no sé si hay algo más español que no querer ser español), sino porque es una gran película, cargada de ironía, crítica, mordaz y antifascista.

En la crítica de Palinuro, al tiempo que se alababa el film, se hacía notar que tenía un aspecto concreto de típica propaganda comunista, términos que son redundantes, ya que decir comunismo es decir propaganda. No tiene mayor importancia porque, por mucho que se quieran ensalzar los méritos del Partido Comunista de España, estos son los que son; igual que sus deméritos. Pero escaso ojo crítico tendrá y parva decencia intelectual, quien no llame propaganda y falsedad a lo que es falso y propagandístico.

Pero eso es secundario en lo que ahora nos interesa que es reaccionar frente al intento de la carcunda nacional, con todos sus rabiosos plumillas excitados, de silenciar, acallar, una obra de arte, una obra importante, algo que debiera ver la mayor cantidad de gente posible en España. Colaborar con este boicoteo es hacer una injustica, castigar a un hombre y un equipo por haber hecho bien su trabajo y, lo que es más estúpido, privarnos a nosotros mismos de un placer estético, un reto intelectual y un ejemplo moral por seguir las cuartelarias consignas de quienes llevan más de 400 años matando en nombre de una España con la que luego se limpian el trasero.

Es claudicar ante la prepotencia de los chulos carpetovetónicos de siempre con su cabra.

Las gentes de izquierda tenemos una deuda de solidaridad con Trueba. Debemos movilizarnos para que la campaña no triunfe y, si hay que ir por segunda vez a ver la película, se va. Yo lo haré esta semana.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Querencia por la dictadura

La relativa ventaja de los tontos es que no saben que son tontos. Cuanto más tonto es alguien, menos se da cuenta de lo tonto que es. Es el caso de la vicepresidenta del gobierno. La cantidad de tonterías que lleva dichas y hechas esta ratita hacendosa en su interminable mandato daría para llenar bibliotecas enteras. Y ahí sigue, tan ufana, pensando que asombra al mundo con sus profundas ocurrencias. La última, anunciada ayer, es la intención de "regular" (léase suprimir) la libertad de expresión en la red porque, afirma esta lumbrera de la ciencia jurídica, "estamos absolutamente desprotegidos en digital".

Ni en digital ni en femoral o intestinal. No estamos "absolutamente" desprotegidos. Ni siquiera "relativamente". Si lo que esta pedante quiere decir es que en el ámbito digital hay más libertad para difamar, calumniar, atentar contra el honor, el buen nombre, etc, es falso de toda falsedad. Para eso está el Código Penal, tan vigente en lo digital como en lo no digital. Si esta señora cree que se mancilla su buen nombre (a la hora de reprimir y censurar los franquistas siempre están a vueltas con el honor y el buen nombre) solo tiene que acudir a los tribunales.

La desprotección frente al infundio, la calumnia, etc en relación al derecho al honor es mentira. Lo que estos franquistas quieren -como siempre- es censurar la esfera pública, impedir la libertad de expresión, criminalizar las opiniones políticas que no les gustan y que son todas excepto la de "Una, grande, libre", "Arriba España" y "Viva Franco", lo que llevan en el corazón. Quieren suprimir la libertad de expresión no en asuntos privados y particulares sino en el ámbito general: que nadie pueda criticar el gobierno o al rey o disentir de sus habituales monsergas. Quieren eliminar la discrepancia, la objeción, la crítica.

Quieren legislar el silencio.

Dice la enmienda 1ª de la Constitución de los Estados Unidos (ese país que los carcundas del PP tanto dicen admirar) que "El Congreso no aprobará ley alguna que establezca una religión, ni prohibirá la libre práctica de la misma; ni limitará la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni el de solicitar al gobierno una compensación de agravios". Si los tribunales españoles aplicaran esta sabia doctrina, todos los gobernantes del PP estarían en la cárcel, empezando por la ratita hacendosa, siguiendo por la señora Cifuentes y terminando en ese prodigio de veneranda tiranía callejera que es Fernández Díaz.

"Ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa" quiere decir exactamente eso: ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa. Ninguna. Y esa Constitución lleva casi dos siglos y medio en vigor sin necesidad de otra, sin que el país, "absolutamente desprotegido",  haya padecido jamás dictadura alguna como las que han soportado repetidas veces los "protegidos" españoles y la última, si Prometeo no lo evita, la que quiere implantar el PP, considerado por algún juez como una asociación de delincuentes.

De ahí se sigue que, como tantas veces se ha dicho, la mejor ley de prensa es la que no existe.

Ni en lo virtual, en lo digital o en lo celestial. La libertad de expresión no se puede limitar bajo ningún concepto salvo en los casos de conflictos de derechos entre personas privadas. Pero no es esto lo que estos franquistas quieren, sino que pretenden reprimir la libre expresión de las ideas, como han hecho siempre, como hicieron sus antecesores desde la Inquisición, organismo por el que sienten verdadera pasión.

No se conforman con la protección jurídica ordinaria que con tino y eficacia brinda el Código Penal. Quieren que se prohiban todas las manifestaciones públicas no solo los infundios, injurias y calumnias a los particulares, sino aquellas otras que los "ofendan" en sus convicciones políticas y religiosas. Quieren volver a condenar a la gente por faltar al "respeto a la autoridad" o por "blasfemar" o por burlarse de los sacrosantos símbolos de la Patria, la bandera o el chundarata ese que llaman himno nacional.  

Es decir, como siempre, quieren restablecer la dictadura que es lo que les mola.

Porque la cabra tira siempre al monte. Sobre todo, la de la legión.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Prohibir el recurso al pataleo

Inauguran su mandato como siempre: prohibiendo algo. Con la "Ley Mordaza" creían haberlo prohibido todo, pero se olvidaron de las burlas a la Ley. Ahora quieren prohibir las burlas y, ya puestos, todas. Porque eso es lo que son mayoritariamente los memes, burlas. El hasta ahora respetado derecho al pataleo. Para ello se invoca el derecho al honor. Un laberinto de interpretaciones. Si alguien, por ejemplo, ha cobrado comisiones ilegales, el derecho al honor vulnerado no está en el hecho en sí sino en el modo de comunicarlo. Porque los memes son comunicación. Es la imagen lo que se persigue; pero tampoco debe de ser eso porque, antes de internet, los memes eran dibujos, chistes, caricaturas que se remontan a los orígenes de la prensa. Los memes, los inocentes memes, pertenecen a la tradición de la caricatura. Muchas veces, los caricaturizados no se complacen con sus caricaturas pero de ahí a prohibirlas por ley media un trecho. Claro, a lo mejor no son las imágenes en sí, sino eso que se llama su "viralidad", esto es, que se difundan en cuestión de horas y que sean tan ingeniosas.

El honor es categoría social, por lo tanto la norma deja un amplio margen interpretativo a los jueces pero ahora quiere recortarlo sacando los memes de toda interpretación, prohibiéndolos de raíz. Y ¿cuál es el criterio para prohibirlos? La publicación de imágenes sin consentimiento, se entiende que expreso. Pero eso haría imposible el trabajo de los medios audiovisuales, gráficos y escritos que cubren los actos públicos de los partidos, por ejemplo. Si ls imágenes no pudiesen difundirse sin más, los actos no serían tan públicos; más bien privados. Y si los medios suben las imágenes, ¿cómo se va a impedir que otros suban las imágenes de los medios que traen las imágenes de aquellos cuyo derecho al honor ha de protegerse?

Prohibir los memes en las redes es prohibir los chistes.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El burkini y los valores

Esto del burkini ha sido el tema del verano y a su cuenta se han intercambiado fogosos argumentos en un sentido u otro. Resulta curioso que el debate no sea tanto sobre el hecho en sí (que unas mujeres vayan a bañarse vestidas) como sobre su significado latente; no sobre un comportamiento que pudiera ser vituperable (y que, de hecho, no lo es) como sobre su intencionalidad o presumible propósito. Dicho en plata: si no hubiera habido los atentados recientes en Francia, Bélgica y otros países europeos, a nadie hubiera llamado la atención que unas personas fueran a las playas ataviadas más o menos como nuestras abuelas en sus tiempos. 

Vivimos en sociedades libres en las que el avance de las concepción de los derechos de la persona he hecho retroceder hasta su casi desaparición comportamientos no hace mucho penados como delitos en función de criterios muy elásticos que se prestan a interpretaciones arbitrarias, como la moralidad, el decoro, la decencia públicas. En nuestros días cada cual viste y se comporta como le place. Esta concepción amplia de los derechos solo conoce como límites el interés público y los derechos de los demás. Por supuesto, vuelven a ser límites en el fondo imprecisos. Pero, para llegar a ellos es preciso referirse a casos extremos y por tanto excepcionales. Y la indumentaria de los/las bañistas no suele contarse entre ellos.

En una sociedad democrática-liberal ordinaria la indumentaria y apariencia exterior es libre, carece de sentido y fundamento y es ilegal obligar a la ciudadanía a llevar o dejar de llevar ciertas prendas. Por tanto, la reciente prohibición del burkini en la Costa Azul francesa es una evidente extralimitación que el Consejo Constitucional ha dejado felizmente sin efecto. Es ridículo que la autoridad se arrogue facultades para decidir cómo deben o no deben vestir las personas.

La justificación de la prohibición del burkini, sin embargo, invoca otros argumentos. El más frecuente es el que va más allá de lo puramente fáctico para entrar en el campo de lo semiótico. El burkini debe prohibirse no por lo que es de hecho sino por lo que significa, por el mundo de representaciones mentales, ideológicas, religiosas y, en último término políticas que conlleva. Está claro, dicen, que nadie quiere interferir  en el ejercicio personal de los derechos de las mujeres musulmanas. Aunque tampoco es extraño escuchar observaciones acerca de si estas mujeres son verdaderamente libres o están coaccionadas por usos, creencias, comunitarias y colectivas de las que en el fondo son víctimas. Es algo que merece la pena considerar, sin duda, pero sin olvidar que lo mismo puede decirse y sospecharse de otros comportamientos sociales que pasan incuestionados en la sociedad, singularmente, muchos de los usos y costumbres (y no solo en la indumentaria) de los católicos y sus curas y monjas. La autoridad debe velar porque nadie se vea obligado a actuar en contra de su voluntad por imposición exterior, pero no tiene nada que decir cuando el comportamiento -por muy servil y denigrante que pueda parecer- es libremente consentido por la persona.

Pero el argumento de los prohibicionistas tampoco acaba aquí. Señalan el mencionado hecho del aspecto simbólico de la indumentaria en cuestión, considerando que su importancia radica en su carácter premonitorio. El burkini es una provocación consciente a los valores occidentales y lleva en su seno una amenaza totalitaria de islamización de nuestras sociedades. Estas acogen a los musulmanes, pero no tienen por qué aceptar sus pautas culturales ni sus valores. Cierto. Pero no parece que el burkini en sí mismo encierre esa pontencialidad del mal. Más bien se trata de una sobrerreacción producto del nerviosismo por la sórdida presencia del terrorismo y que, paradójicamente, da la razón a la actitud que quiere combatir a base de cebarse en el sector más débill del conflicto: las mujeres.

La prohibición del burkini es una prueba de debilidad de nuestras sociedades y justifcarla con un razonamiento de carácter preventivo, un evidente abuso de autoridad. Que cada cual vista como quiera, siga los usos que quiera es una pequeña pero muy significativa parte de nuestra idea de la libertad. Admitir la injerencia de la autoridad pública en la vida privada de la gente por oscuros motivos de moralidad  o previsiones de seguridad pública basadas en meras suposiciones es lo que verdaderamente ataca los valores de la tradición liberal y tolerante de nuestros Estados.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La izquierda y la libertad de expresión


La cadena SER ha despedido al periodista Fernando Berlín. Él mismo resume su opinión en Twitter del modo siguiente: "Tras 18 años, La Ser me ha despedido. Profunda tristeza. Sabíamos q no iban a ser tiempos fáciles. El lunes os cuento en La Cafetera". Algunos de sus amigos y compañeros en otros medios, en concreto el suyo, Público, han hablado de ataque a la libertad de expresión. El mismo diario Público, un órgano de prensa de Podemos, hace referencia a que, unos meses atrás, la SER también despidió a Ignacio Escolar, director del digital Diario.es, igualmente portavoz de Podemos, y señala que Berlín venía siendo muy crítico con el PP y mostraba cierta proximidad a Podemos. No hay duda, ¿no? La izquierda, víctima de ataques a la libertad de expresión.

Piano. La SER, el grupo Prisa en general, es una empresa privada y, dentro de la legalidad (supongo) contrata y despide a sus colaboradores como le da la gana, siguiendo criterios que, también supongo, serán de rentabilidad económica. Pero si son de puro enchufe como, de hecho, son en la mayoría de estas empresas en todos los sectores productivos, nadie tiene mucho que decir. Los empresarios contratan y despiden a la gente jugándose el dinero de su bolsillo, no el público y, por lo tanto, no tienen que atenerse a los criterios de mérito y capacidad como debe (o debiera) hacer la Administración Pública. Todo eso, claro es, tiene poco que ver con la libertad de expresión en ningún sentido. El hecho de que sea un despido tras 18 años será más o menos significativo para Berlín pero es irrelevante. En este país se resuelven contratos laborales tras 18 días.

Palinuro ha sido expulsado de bastantes medios de comunicación, incluido el grupo Prisa. Siempre entendió que su cese se debía a sus opiniones políticas. Así como sus opiniones políticas son responsables de que no esté en ningún medio escrito o audiovisual español; sí lo está en otros catalanes. Pero nunca se le ha ocurrido convertir sus relaciones laborales con empresas privadas en un episodio de la lucha por la libertad de expresión. Entiende que sus opiniones no encajan con la doctrina de ningún grupo español de comunicación, razón por la cual tiene su propia plataforma de expresión en este blog y en las redes y, por cierto, con bastante audiencia. Lo mismo que sucede con Fernando Berlín, que tiene su plataforma en Radio Cable, aunque con la diferencia en relación a Palinuro, de que la suya está incrustada en el diario Público mientras que Palinuro va por libre igualmente en esto y no tiene condicionantes.

Público también es una empresa privada y un medio de comunicación. Y hace exactamente lo mismo que la SER con los colaboradores que no le son gratos: los despide, como procedió hace unos años con el novelista Rafael Reig. A otros que tampoco son de su gusto, cuerda o preferencias personales de sus jefes, no les da entrada. Como la SER, como todos. Y no se ve por qué lo que hacen unos no puedan hacerlo otros. Los colaboradores de los medios lo son porque se identifican con su línea ideológica y sus intereses. Forman grupos, tendencias, cuadrillas; se apoyan unos a otros, hablan bien otros de unos, son benévolos con sus respectivas producciones y es muy raro que alguno cambie de bando. Los grupos de amistad y favores tienen comportamientos que los economistas llaman "inelásticos".

Todo eso forma parte de la teoría y la práctica del libre mercado, pero insisto en que tiene poco que ver con la libertad de expresión. El mundo no va a ser mejor ni peor porque el señor Berlín se asome a él o no desde la SER o siga haciéndolo desde Público, en donde coincidirá con otros de su línea y convicción y se verá libre de los que tengan otras, bien porque sus jefes los hayan despedido o ya de entrada, no los hayan admitido. Público es un órgano de prensa de Podemos lo cual no solo compromete la libertad de expresión, cosa que es irrelevante, sino también la de información, cosa que no lo es.  En efecto, el mensaje monocorde de esta organización es que está censurada y silenciada por los medios de comunicación siendo así que dispone de dos cadenas de televisión a su servicio y tiene una presencia mediática tan abrumadora que está a punto de perder las elecciones por ella. Y Público, con Fernando Berlín dentro, sirve para mantener esta superchería.

Móntese el señor Berlín su propia plataforma, ajustada a su exclusiva convicción personal y si ahí sufre exclusión o represión, sí será de verdad un ataque a la libertad de expresión. Mientras no sea el caso no pasará de ser un reacomodo de cuadrillas con o sin ajustes privados de cuentas.

jueves, 16 de junio de 2016

Los políticos tramposos

Mala fama tienen los políticos. La gente los reputa falsos, vividores, chaqueteros, chupones... en fin, lo que nadie querría en casa. Ahora les ha caído encima otro estigma: ni siquiera saben su oficio. Si lo que caracteriza la política es la capacidad para llegar a acuerdos, resulta que los cuatro ineptos que el lunes regalaron a la audiencia una muestra insólita de la vulgaridad más roma, lo hicieron porque durante tres meses no consiguieron llegar a acuerdo alguno.

Y lo peor es que, por cuanto se vio en el debate del lunes, no están hoy más cerca de conseguirlo que hace un mes. Incluso dieron la impresión de que saben que, después del 26 de junio, tampoco conseguirán pactar y, por tanto, a lo mejor es necesario ir a unas terceras elecciones. Los pelos de punta ante la perspectiva de forma que, muy contundentes, dijeron todos que no habría terceras elecciones. Pero ¿qué crédito pueden tener? Ni ellos mismos se lo conceden. Así, para evitar que los critiquen, incluso que los insulten, traen propuestas que juzgan lógicas, incuestionables y que solo por accidente coinciden con sus intereses.

El Sobresueldos lleva meses pidiendo que se permita gobernar al partido más votado y afirmando que es lo que ordena el sentido común. Por supuesto, todos los sondeos señalan a su partido como el más votado. Pero esto es irrelevante. Si no lo fuera, ¿alguien duda de que un hombre de la entereza moral del Sobresueldos también pediría que gobernara el más votado?

De forma parecida, Jordi Sevilla, el gurú económico de Rodríguez Zapatero, a quien debe de parecer que no terminó de hundir suficientemente España en su mandato y pretende culminar la obra, introduce un perfeccionamiento en el postulado del Sobresueldos: debe gobernar no la lista más votada, sino la coalición que obtenga más apoyo parlamentario. El caso es el mismo: Sevilla supone que esa coalición será la suya pero su inmarcesible generosidad y sentido de la justicia lo llevaría a formular igual deseo, aunque no beneficiara en particular a su partido.

En realidad, no se sabe qué admirar más en ambas propuestas si la caradura de quienes las hacen o su creencia de que las gentes somos idiotas, que viene a ser lo mismo. La Constitución que estos dos frescales dicen respetar en grado sumo ya prevé que gobierne la mayoría electoral y/o parlamentaria. ¿En dónde, pues, está la novedad? Sencillo: en que, cuando esa mayoría electoral y/o parlamentaria no alcanza a ser la mayoría absoluta, los otros parlamentarios que sí la alcanzan, pueden plantear una moción de censura y echar al gobierno. La novedad reside en que los dos pájaros lo que están proponiendo es que los parlamentarios se comprometan a no hacer uso de un derecho que la Constitución les otorga. Algunos, incluso, creemos que no solo es un derecho, sino un deber de la oposición el derribar al gobierno si puede. Eso es la democracia.

Lo que no es democracia es emascular la Constitución (que bastante raquítica es) para ocultar que estos inútiles -pagados a cuerpo de emperador con dineros públicos- volverán a ser incapaces de constituir gobierno y lo que quieren es ocultarlo para no verse obligados a la vergüenza de unas terceras elecciones.

Para ocultar que, además de unos ineptos, son unos tramposos.

jueves, 28 de abril de 2016

De censores y fanáticos

¿Cómo se incuba el fascismo?

El despido de Ignacio Escolar de la SER nos ofrece por casualidad un buen ejemplo para considerar cómo determinados comportamientos son causa y efecto de un mal venenoso que va corroyendo las sociedades hasta convertirlas en verdaderos cuarteles y espacios distópicos de obediencia ciega al mando revestida de espíritu crítico.

Cebrián ha despedido fulminantemente a Ignacio Escolar de la SER por las razones que el propio Escolar explica aquí desde su punto de vista. O sea, su despido es una represalia y un ataque a la libertad de expresión. El despedido ha tenido de inmediato la solidaridad de otros colegas de su misma orientación ideológica, entre otros, Ana Pastor y Jordi Évole, y ha provocado aludes de protestas en las redes a cargo de los trolls de Podemos, una subespecie de homínidos que tuitea compulsiva e insultantemente cuando se le ordena. Empezó Íñigo Errejón asegurando que el despido de Escolar era una mala noticia para la libertad de expresión.

Tengo la peor opinión de Cebrián como persona, como periodista, como intelectual y excuso decir como empresario. Lo considero manipulador, censor, farsante, autoritario, intolerante, injusto y empresarialmente un inepto. Pero no es estúpido y estoy seguro de que, si inicia acciones judiciales contra Escolar y quienes difunden las historias, se habrá asesorado jurídicamente y los abogados le habrán dado seguridad de que su litigio prospere. Y, en todo caso, la SER es una empresa privada y toma sus decisiones por criterios que no tiene por qué justificar. Tanto cuando despide como cuando contrata, igual que cuando toma medidas tan repugnantes como prohibir a sus periodistas que colaboren con otros medios. Escolar llevaba en la cadena diez años, desde 2006. ¿Cómo entró? Por una decisión subjetiva de alguien que tampoco fue preciso justificar. En realidad, prácticamente todos los nombramientos y desnombramientos de las empresas privadas son por enchufe. Se supone que se siguen criterios de productividad, pero eso no es obligatorio. ¿Cómo entró Escolar? Pues como ha salido: por una decisión a dedo, por enchufe.

En todo caso, cuando, hace unos años, la misma SER despidió a Carlos Carnicero y este habló de ataque a la libertad de expresión, Escolar, quien sutituyó al despedido en el programa en que estaba el
otro, escribió lo que puede leerse a la derecha. Suena razonable. Así es la vida. Las empresas toman sus decisiones según sus criterios de renovación, modernización y eficacia. Criterios empresariales. Y si se te ocurre quejarte de que es un atentado contra la libertad de expresión, te comparan con butanito. No sé si en aquel momento esto fue una buena idea pero, como recurso literario y juicio moral es bastante despreciable.

Pero hay más. Hace algún tiempo, el mismo Escolar puso en la calle sin explicación alguna y de la noche a la mañana a uno de sus más apreciados y seguidos columnistas, Rafael Reig, una pluma brillante y un hombre con valor. Según parece el columnista de Carta con respuesta, que era de una irreverencia genial, se había metido con Podemos. Y, zas, a la calle. Algunos lectores se interesaron por el repentino e inexplicado hueco que dejaba Reig y el defensor del lector del diario.es, dirigido por Escolar tuvo que dar cuenta de la cuestión basándose como punto central en una explicación que pidió a Escolar y que este ofreció ex post facto y porque no le quedó más remedio pues, si los lectores no protestan, no hubiera habido explicación alguna. Por lo demás, la que dio tampoco merece nombre de tal pues fue la habitual sarta de vaguedades y circunloquios sobre la modernización y agilización de plantilla y cambios y blablabla. Por supuesto, los habituales abajofirmantes solidarios, las Pastor y los Évole no aparecieron y las legiones de trolls de Podemos se mantuvieron silentes.

No sé qué entenderá Errejón por libertad de expresión y mucho menos las bandas de fanáticos que le siguen en las redes e insultan a todo discrepante, pero me lo malicio. Libertad de expresión para Podemos es tener medios a su entera, incondicional y acrítica disposición, como Público, diario.es, la cuatro, la sexta, repletos de enchufados, amigos y parientes y callar a los que no sean de su cuerda, acusándolos de manipulación y censura.

Manipulación y censura exactamente como la que hacen en Podemos, cosa que estoy en situación de probar por experiencia personal y quizá cuente en algún momento. 

La penúltima muestra de cómo entienden estos cuates la libertad de expresión se vio hace unos días cuando Iglesias arremetió contra un periodista que estaba cubriendo la información de un acto suyo. Es decir, cuando arremetió no contra las empresas que, siendo eso, empresas, como las que lo apoyan a él, hacen mangas capirotes con la dicha libertad; no contra los periodistas endiosados, los popes mediáticos, sino contra un currante que estaba trabajándose la noticia. 

A través de estos viscosos senderos de parcialidad, censura, engaño, fanatismo y linchamiento de discrepantes se incuba el fascismo. Ya lo vivimos una vez y no vamos a repetir la experiencia.

martes, 15 de marzo de 2016

Moción de censura

Palinuro pasó buena parte de la legislatura anterior pidiendo a la oposición una moción de censura contra este gobierno inenarrable de corruptos, neofranquistas e ineptos. Pero no lo consiguió. La oposición mayoritaria (PSOE) en aquella legislatura era un puñado de cobardes y medio cómplices con las barbaridades del gobierno contra la gente. Para ocultar sus miedos, algunos decían que era inútil presentar una moción de censura (MC) porque se perdería al tener el PP mayoría absoluta, como si no fuera evidente que la importancia de la MC no era que se ganara, sino que se pudiera hablar al país con un discurso nuevo y poner en evidencia al Sobresueldos.

La diferencia con la situación actual es que hoy la MC se gana si, como es de esperar, se presenta ya, proponiendo como presidente a Pedro Sánchez (el que suscita mayor consenso) con el acuerdo de PSOE, Podemos, C's e IU, en total, 201 diputados. Si de verdad, los cuatro grupos quieren poner término a esta vergüenza internacional, con el okupa de La Moncloa, basta con que firmen la moción y, con 201 diputados, Mariano Garrapata tendría que ir a presentar su dimisión al Rey y Sánchez quedaría automáticamente nombrado presidente del gobierno. Sería el comienzo de la regeneración de España. Los pactos para la gobernación podrían venir después y hasta resultarían más fáciles. Pero first things first: librar al país de esta peste de presuntos malhechores.

Porque ese comienzo de regeneración democrática no es creíble mientras el turbio personaje, cobrador de sobresueldos, siga maltratando la lengua y diciendo disparates, okupando La Moncloa. Por el bien de todos, incluso de él mismo, cuanto antes se vaya a ocuparse de su futuro procesal, mejor. Habiéndose descubierto un escandalazo de blanqueo de capitales en el PP valenciano, se entiende que el apoyo del PP en esta comunidad anegada de latricinio y corrupción, fue decisivo para que Rajoy ganara un dificil congreso del PP y la nominación a candidato a la presidencia del gobierno y se entiende que esto lo ha dejado hipotecado de por vida a esta banda de presuntos delincuentes.

¿Motivos para presentar la MC? Que el okupa de La Moncloa y Maribárbola, la ratita hacendosa, han decidido declararse en rebeldía y no dejarse fiscalizar por el congreso. Un gobierno en un Estado de derecho que no responde ante el órgano de la soberanía popular porque no le da la gana. Tal es, en definitiva, la "razón" que estos neofranquistas aducen para no respetar las normas mínimas de la democracia parlamentaria en donde no hay nadie por encima del Parlamento.

Está bien que los diputados se pongan de acuerdo para exigir la rendición de cuentas del gobierno ante el Parlamento, pero conviene no darse por satisfechos con esta medida parcial por naturaleza. El gobierno de Rajoy está en rebeldía frente al Parlamento y el Parlamento debe destituirlo ya, sin más explicaciones ni premisas. Si él no se retira voluntariamente porque no está en la naturaleza de las garrapatas renunciar a su presa, oblíguesele por decisión de la mayoría absoluta del Congreso. De este modo, el Parlamento recuperaría algo de la dignidad perdida durante cuatro años de sumisión a las arbitrariedades de una mayoría absoluta de neofranquistas.

sábado, 12 de marzo de 2016

El okupa de La Moncloa, se declara en rebeldía

Ya solo le falta decir que gobierna porque le sale de las gónadas, que no le da la gana rendir cuentas a nadie y que, como nos descuidemos, él y la banda de presuntos ladrones que dirige, establecen una dictadura porque sí. Es puro estilo Rajoy el de los sobresueldos, que no sabe ni hablar su propia lengua pero sí retranquearse en la poltrona, marrulleando, mientras sus mandados salen a dar la cara por él.

El jueves fue un petimetre secretario de Estado a anunciar en sede parlamentaria que Mariano Rajoy no piensa comparecer porque, al estar en funciones, no tiene por qué dejarse controlar por este Parlamento. Ayer, viernes, fue la ratita hacendosa, la que, con la sabiduría que da ser abogada del Estado, hiló una sarta de sofismas y patrañas para justificar la rebeldía del gobierno y su manifiesto golpe de Estado al negarse a comparecer en el Congreso. El argumento es el mismo que el del cuentista del jueves: este Parlamento no ha dado su confianza al gobierno y, por tanto, no puede controlarlo. Y, como elemento de peso, añadía que en ninguna Comunidad Autónoma en que se ha dado situación similar se ha controlado parlamentariamente al gobierno saliente y/o en funciones. Como si esos ejemplos quisieran decir algo. Como si el hecho de que en ningún país democrático del mundo un personaje con la ejecutoria de Rajoy podría ser presidente hubiera valido para que tampoco lo fuera aquí

"El Parlamento" decía la acrisolada doctrina constitucional británica, la más sólida y respetable del mundo, "puede hacerlo todo excepto convertir un hombre en una mujer". Y como hoy eso ya es también posible, se sigue de ello que el Parlamento puede hacerlo todo, porque es el órgano supremo de poder del Estado. Por supuesto que puede controlar al gobierno, a cualquier gobierno, esté en funciones o de vacaciones o mangoneo, como está este desde que empezó su tarea de demoler España cuatro años antes. Le basta con dar las órdenes oportunas, incluido el gobierno, que ha de acatarlas y cumplirlas.

El Parlamento hace y deshace la ley, ¿sabe, señora abogada del Estado? Y en nuestro Estado rige el principio del imperio de la ley. Nada por encima de la ley; todo por debajo, incluido su "gobierno en funciones" que, según usted, solo puede ser controlado por los tribunales. Por supuesto, para lo que haga mal penalmente, que también lo habrá. Pero es controlable políticamente también por el Parlamento. Basta con que en este haya, por fin, una oposición digna de ese nombre, una oposición de gente con principios, responsabilidad y determinación, capaz de llamar a capítulo a esta banda de presuntos malhechores sin contemplaciones. Una oposición en serio y no la manga de inútiles acobardados que hubo en la legislatura anterior, capitaneada primero por el reaccionario Rubalcaba y luego por este Sánchez que no se atrevió a rechistar ni a presentar una moción de censura.

Es de esperar que los diputados del PSOE, de Podemos, de C's, pero también los demás, todos los que no sean del PP (incluso deberían sumarse algunos del PP, si tuvieran agallas) reaccionen como manda la costumbre parlamentaria de una democracia digna de ese nombre. Es de esperar que demuestren a este hatajo de sinvergüenzas y pillastres que quiere irse de rositas sin rendir cuentas a nadie quién manda aquí y que no es el hombre de los sobresueldos y sus cuates apandadores sino el Parlamento, depositario de la soberanía nacional y representante de todo el pueblo.

Y ¿saben cómo? Muy sencillo: presentando ahora la moción de censura que la oposición no tuvo valor de presentar en la legislatura anterior. De ese modo y, por decirlo a la pata la llana, se hace una carambola: se compone por fin gobierno para sacar al país del atolladero en que está y nos libramos de esta Mariano Garrapata de una vez. El trámite es muy simple: PSOE, Podemos y C's se ponen de acuerdo en firmar y presentar la moción de censura. El único requisito es proponer un presidente de gobierno que, como es lógico, debe ser Pedro Sánchez. Cinco días más tarde se debate la moción, se gana por mayoría absoluta y Mariano Rajoy tiene que presentar su dimisión al Rey. De esta forma nos ahorramos la agonía de unas negociaciones que, dada la manifiesta falta de competencia de nuestra clase política, es poco probable que lleguen a buen puerto.

jueves, 14 de enero de 2016

¿De qué sirve quemar libros?

Louis Sébastien Mercier (2016) El año 2440. Un sueño como no ha habido otro. Madrid: Akal (326 págs). Traducción y notas de Ramón Cotarelo.
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Palinuro empieza bien el año. Akal acaba de sacar este extraño e interesante libro de Louis S. Mercier, traducido y anotado por él. El año 2440, se publicó por primera vez en 1770 y llegó a tener numerosísimas ediciones que, por cierto, el autor -un prolífico Tostao francés, verdadero adicto a la pluma- fue alargando de edición en edicion, de forma que lo que empezó siendo un volumen, acabó en tres. Es uno más de los numerosos rasgos peculiares de esta obra. Otro es que no solamente es una utopía sino una ucronía. De hecho, la primera ucronía de la historia pues, aunque se conocen otras dos oscuras anteriores (una de ellas del siglo XVII), son de muy inferior calidad. Mercier puede llevar con orgullo este título de ser el príncipe de un género nuevo o subgénero de la utopía que luego ha tenido muy ilustres cultivadores (como Washington Irving, Mark Twain, Herbert G. Wells, Edward Bellamy, George Orwell, Ray Bradbury, Edmund Abot, etc) hasta la pléyade de escritores de ciencia-ficcion, pues este género es básicamente ucrónico.

La base argumental es sencilla: un escritor francés ilustrado, amigo de ilustrados, seguidor acérrimo de J. J. Rousseau, se duerme en el París de 1770 y se despierta en la misma ciudad 670 años más tarde. Las cosas han cambiado un poco y él va tomando conocimiento de ellas al modo canónico que el género utópico estableció ya desde la primera obra que dio nombre al género, la Utopía, de Tomás Moro y que, en realidad, es una adaptación del verdadero origen poético y filosófico de esta forma narrativa: la Divina comedia, de Dante: un hombre visita un espacio extraño, desconocido, imaginario, nuevo, de la mano de un nativo o un guía que conoce el lugar (o no-lugar), como Virgilio lleva a Dante. Así observa los cambios de lugares, de personas, ideas, costumbres y va desplegando ante nuestros ojos ese mundo nuevo que él lleva en la cabeza y pretende proyectar en la realidad para que, como sucede siempre con las utopías, porque tal es su espíritu, podamos comprender qué insatisfactorio es el nuestro, cuán criticable, cuán absurdo e injusto. 

Para hacer justicia a otra característica de la cultura francesa, se trata de una obra perfectamente parisina, de forma que quienes, además de amar la literatura utópica y la específicamente ucrónica, sean aficionados a París, gozarán con el detallado conocimiento que de esta ciudad tenía Mercier, un verdadero cronista de la villa de la que sabe todo y así lo refleja en su libro: los puentes sobre el Sena, la Conciergérie, el Louvre, la Académie, el Colegio de las cuatro naciones, etc. Las calles, las costumbres, los lugares, como eran en el siglo XVIII y como las recreaba él 670 años más tarde.

Y, junto a las calles, las gentes, los oficios, las clases sociales, la nobleza, el clero, los literatos, poetas, dramaturgos, filósofos. Y Rousseau, mucho Rousseau, así como Cesare Beccaria, cuyo libro sobre los delitos y las penas está muy presente en esta obra a la hora de reflexionar sobre la justicia, los procesos, las condenas y la pena de muerte. Todo muy relacionado con el tiempo en que vivio, la época pre y postrevolucionaria. Mercier entró en La Bastilla al asalto el 14 de julio y, siendo luego girondino y no favorable a la ejecución de Luis XVI, estuvo preso por el Terror y a punto de ser guillotinado por su amigo Robespierre, destino aciago del que se salvó porque la cuchilla segó antes la vida de aquel. Un hombre rebelde, revolucionario, se decía, en tiempos conservadores y conservador en tiempos revolucionarios.  

Y, de París, al amplio mundo. Mediante un ardid literario, Mercier informa a sus contemporáneos de cómo serían las otras naciones y continentes 670 años más tarde: Inglaterra, Alemania, Rusia, España, la China, el Japón, la India, el África y América entera, en donde un esclavo negro, en valiente insurrección, emanciparía el continente entero, en una especie de premonición de la obra de Toussaint L'Overture.

Por supuesto, un libro explosivo, de crítica mordaz que hubo de editarse en el extranjero, especialmente en Inglaterra porque en Francia estaba prohibido. Y, si en Francia estaba prohibido, en España cabe imaginar: prohibido, encarcelado (sí, sí, encarcelado el libro bajo orden de la Inquisición) y quemado en la plaza Mayor por mano de verdugo, según lo dispuesto en tres reales cédulas. Por si alguien cree que exagero, copio textual del prólogo que le ha puesto María-Luisa Sánchez Mejía que sigue en esto el estudio de J. A. Alejandre "El año 2440: el poder regio y la Inquisición contra la utopía", publicado en 2006 en Dykinson, Madrid, porque se vea qué país hemos heredado: "Y aún hubo una Real Cédula, el 17 de marzo (de 1778), para fijar los castigos a quienes desafiaran la prohibición de comerciar con esa obra y para ordenar la entrega al verdugo del único ejemplar conocido hasta la fecha. Con gran observancia de las normas, el 30 de marzo el libro fue trasladado desde la cárcel real a la Sala de Alcaldes de Corte y, al día siguiente, custodiado por el alcalde hasta la plaza Mayor, entregado al escribano mayor de la Sala que, a su vez, lo puso en manos del verdugo. El pregonero leyó dos veces el texto de la Real Cédula para que todos conocieran las razones del acto que iba a tener lugar a continuación. En presencia del alcalde, de un oficial de la Sala y de dos alguaciles, el libro fue quemado hasta ser reducido a cenizas, según consta en el acta correspondiente."

Una digresión a propósito, esto de quemar libros es vieja costumbre de todas las épocas y condiciones. Todo el mundo se horroriza de las piras que organizaron los alemanes en la Kurfürstendamm en su época de barbarie, pero casi nadie, que yo sepa, ha dicho que la purga de la biblioteca de don Quijote, al comienzo de la novela, es otra penosa muestra de esta peregrina forma de ajustar cuentas con lo que no nos gusta. Es verdad que el episodio cervantino es imaginario y el de las bestias pardas muy real, pero comparten un elemento: el fuego, elevado después a metáfora en Fahrenheit 451. 

Era solo una digresión. Recupero mi narrativa. El libro fue quemado en España porque, entre otras cosas, condena a nuestro país por las barbaridades cometidas en Amèrica y, además, le niega el perdón que, sin embargo, si concede a los otros Estados europeos culpables también de crímenes en el Nuevo Mundo. 

Y no solo fue quemado. Jamás se tradujo ni se editó. Solo se cuenta una traducción publicada en México en los años ochenta del siglo pasado. En España, jamás.

Esta es la primera vez que se publica en España un libro quemado hace 238 años.

Estoy muy contento de haberlo traducido en la colección de utopías que dirijo en Akal.

jueves, 20 de agosto de 2015

La banda de ladrones.

Es incomprensible que la señora que presidió la Comunidad de Madrid mientras actuaba la Púnica siga compareciendo en público y dando lecciones de honradez y preocupación por la gobernanza de las instituciones. La Púnica es una estafa montada, al parecer, por su mano derecha durante muchos años; una estafa de grandes dimensiones e infinitas ramificaciones en la administración pública, de carácter sistemático, empresarial, sin grandes preocupaciones o escrúpulos en cuanto al juicio moral de sus acciones. Un robo a lo grande, prolongado en el tiempo, que se convirtió en el modus operandi de los corruptos del gobierno bajo presidencia de Esperanza Aguirre y del que ella es políticamente responsable. Mientras no se demuestre lo contrario, habrá que aceptar que durante sus años de presidenta no supo nada del saqueo a que su gente sometía a los caudales públicos, no sospechó nada, no se enteró de las mordidas, los cientos de millones de comisiones estafando con los colegios privados, no vio nada. Igual que Ana Mato no veía un Jaguar en su garaje.

Aparte del aspecto directamente delictivo de esta aventura de malhechores y hampones, la Púnica tiene también una interesante faceta de carácter doctrinal. El neoliberalismo, ideológicamente hegemónico hoy, habla del mercado, de la libre competencia, la autorregulación, la iniciativa privada, el valor de las privatizaciones, el riesgo y el juego limpio en igualdad de condiciones, al tiempo que se reduce cuanto se puede el Estado, hasta hacerlo mínimo. Eso era la teoría. La práctica, a la vista está: capitalismo de mafiosos y amiguetes, colusión permanente entre algunas empresas y los cargos políticos de un partido, concursos amañados, sobornos, falta de competencia, captura del Estado para enriquecimiento privado. Su doctrina habla de la libertad de elección tanto de médico como de centro educativo; su práctica revela que esa libertad de elección está basada en la corrupción más absoluta dado que el gobierno, en el fondo, vendía las concesiones porque, en realidad, estas eran un negocio. El negocio de la educación. 

Es incomprensible que el presidente del gobierno y del partido de este y, por tanto, superior jerárquico a Esperanza Aguirre, no la haya destituido fulminantemente, desde el destape de la Púnica. A su vez, es también incomprensible que él mismo siga siendo presidente del gobierno cuando hubiera debido marcharse a su casa por espíritu democrático, al saberse que había cobrado sobresueldos de procedencia dudosa, cuando estalló la Gürtel y, por supuesto, cuando se conocieron los presuntos delitos de Bárcenas a quien él mismo envió un SMS para animarlo, asuntos sobre los que no se privó de mentir en sede parlamentaria.

La corrupción viene a ser como la traca final de una legislatura esperpéntica, con un presidente ausente y silente que solo ha comparecido en plasma. Su gestión consiste en haber disminuido los salarios, precarizado el mercado laboral, empujado a la gente a la migración, abusado de los pensionistas, dejado sin amparo a los dependientes, etc. Y de ahí se supone que procede una recuperación que nadie experimenta en su vida cotidiana, pero que el gobierno, su partido y sus medios de comunicación tienen orden de repetir sin descanso.

El debate sobre si España es o no un país normal, está ya zanjado. Solo queda por determinar cuál es su grado de anormalidad dentro de la más acrisolada tradición de la oligarquía y el caciquismo, con el añadido del clero. Es el gobierno de quienes, según lapsus linguae de Cospedal, han "trabajado mucho para saquear el país". O quizá no sea un lapsus sino un "acto fallido". O no tan fallido.

Es incomprensible que la oposición se tome en serio esta banda de ladrones y juegue a la política parlamentaria con una gente que carece de todo respeto por el Parlamento y los usos democráticos más elementales. Lo dijo al comienzo de la transición uno del PP, que estaba en política para forrarse y hace poco, otro pájaro de esta misma nidada confesaba estar en política del PP para tocarse los cojones y sacarse una pasta. Es imposible entenderse con gente así. Pero es absurdo hacer como si no fuera así, como si cupiera esperar de ella un comportamiento civilizado. Completamente absurdo. De hecho, lo que hace la oposición mayoritaria no merece tal nombre. No se atreve a presentar una moción de censura a un gobierno desprestigiado y sin recursos, concentrado casi exclusivamente en sus cuitas procesales o las de los suyos y se presta a legitimar lo que ya no es sino una farsa.

Ess imposible tomarse en serio una oposición que se toma en serio este gobierno.