Mostrando entradas con la etiqueta Mentira.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mentira.. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de agosto de 2017

Otra vuelta de postverdad

La comparecencia de Rajoy dio de sí lo que se esperaba: nada. Se hizo a instancias de la oposición de izquierda para aclarar cuestiones relativas a la financiación gürteliana e ilegal de su partido y su presunto perjurio en la declaración testifical en la Audiencia Nacional. Pero no se habló de nada de eso. El presidente de los sobresueldos ensartó una sarta de mentiras sobre cuestiones que, además, nada tenían que ver con el objeto de su presencia. Quien quiera hacerse una idea cabal de las trolas que Rajoy soltó, las tiene cuidadosamente expuestas y probadas en un artículo de Ignacio Escolar, Las mentiras de Mariano Rajoy en su comparecencia sobre la Gürtel. Sabido es, este hombre no ha dicho una verdad en público en su vida.

Pero lo curioso no es que Rajoy mienta en una comparecencia para explicar por qué mintió supuestamente en sede judicial; lo curioso es que su táctica haya dado resultado, haya conseguido salir indemne de la comparencia. Y lo ha conseguido por la impericia y la falta de recursos de la oposición que, en lugar de ignorar los ataques y mentiras del presidente y empeñarse en hablar de la Gürtel, se dedicó a defenderse de aquellos. Que el único que insistiera en la corrupción fuera Tardà ya lo dice todo.

Es tal el desconcierto y la inoperancia de la oposición de izquierda que Rajoy se permitió el lujo de retarla a presentar una nueva moción de censura. Es casi una burla, pues cree saber que los números no dan, ya que el PSOE no quiere aceptar los votos de los indepes a cambio del referéndum.

Es también la confianza que le inspira la situación misma de crisis de la izquierda. El PSOE, principal responsable de que Rajoy esté en el gobierno, tiene poco crédito al pedir ahora su dimisión. Las relaciones entre el PSOE e UP son cainitas, por más que las direcciones digan lo contrario. Entre los socialistas, muchos se oponen con uñas y dientes a todo pacto con Poemos; en Podemos sigue habiendo una fuerte corriente antisocialista.

En esta situación, pensar en la posibilidad de una moción de censura del PSOE con los votos de Podemos y los indepes y un compromiso de organización de un referéndum es una quimera. Y, sin embargo, es lo única forma real de dar cumplimiento a lo que los dos partidos de izquierda dicen tener como objetivo prioritario: desalojar a Rajoy de La Moncloa y al PP del poder. 

La opción alternativa son dos años más de gobierno de la corrupción y la financiación ilegal. Precisamente, la forma de evitar ese triste sino es anunciar un acuerdo para una moción de censura ganadora. Probablemente Rajoy respondería disolviendo las cortes y anunciando elecciones anticipadas. Es también una forma de alcanzar los objetivos de la izquierda, aunque con escaso margen de maniobra. 

Por lo demás, si efectivamente se piensa que Rajoy mintió en su declaración en la AN lo que cumple es ir al juez.

lunes, 4 de julio de 2016

El comunismo de Podemos y sus difamaciones

En este vídeo de La Tuerka, Jorge Verstrynge, "explicando" las causas del fracaso de Podemos, argumenta que una de ellas es la acusación que se les hacía de ser comunistas. Como prueba, aduce que Ramón Cotarelo -o sea, yo- llevaba meses dándole la turrada con la manía anticomunista. Sí, efectivamente, cada vez soy más anticomunista viendo cómo las gastan estos difamadores. En este caso concreto, sin embargo, hay que hacer una precisión: ni meses, ni días, ni horas. Yo no he llamado ni hablado a Verstrynge para nada. Al contrario, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre fue él quien estuvo bombardeándome con whatsapps y llamadas para que le dijera qué había que hacer en las votaciones de investidura y ofreciéndose a intermediar entre Iglesias y yo, cosa a la que me negué.

El vídeo de marras con esas trolas está aquí:




Un ejemplo más de las tácticas de propagar mentiras e infundios sobre los demás sin permitirles responder. El comunismo es eso: mentir, manipular, censurar y difamar.

Y ahora dicen que ellos son la socialdemocracia. Mucha risa.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Solo la calle dice la verdad

Un espontáneo arruinó ayer el acto inaugural de la campaña de Rajoy y el PP al sostener a gritos que "el PP es la mafia". Lo captaron todas las televisiones y lo ha escuchado toda España, lo cual no es garantía de que TVE dé las imágenes porque ese nido de propagandistas de la fe pepera  solo emite lo que le ordenan. Pero oírlo lo ha oído todo el país. Y todo el país ha pensado lo mismo, exactamente lo mismo que pensaban los capitostes peperos: que es la pura verdad, que el PP es una mafia, una partida de mangantes. Pero lo tiene que decir alguien de la calle que lo ve con la misma claridad con que lo vemos los que no somos cómplices ni encubridores de estos mafiosos, como son casi todos los demás partidos. Sí, esos que juegan a hacer como si aquí hubiera política, parlamento, gobierno democrático, cuando la realidad ofrece el cuadro de un patio de Monipodio rebosante de ladrones.

Solo la calle dice la verdad. Y los políticos, ni los medios, escuchan. En su soberbia y vanidad, pretenden aleccionar a la opinión que sabe mucho más que ellos porque no está comprada. En efecto, en España no está mal visto que los publicistas, los analistas políticos sean de partido y lo oculten, barriendo para casa pero sin decirlo. Tan partidistas son que en no pocos casos, cruzan la barrera y fichan por uno u otro partido y siguen escribiendo como si fuera a leerl@s alguien que no sea de su cuerda y estricta obediencia. Y lo llaman periodismo. Viene a ser como los jueces que dejan la toga y se meten en política en las filas de uno u otro partido. Menguado juez será después de haber pasado por la turmix de las opiniones partidistas. Como le pasó al juez Garzón, a quien la injusticia padecida no exime de la que él protagonizó cuando, despechado por la política socialista (pues era diputado del PSOE) dejó el escaño y lleno de rencor, trató de encarcelar a Felipe González...

De igual modo, los análisis de los famosos analistas dan risa. Cuando no se alinean decididamente y sin fisuras con la política de su partido es porque ya están haciendo campaña por él. Se sacan las menudencias del adversario para ver de hundirlo y se defienden o ningunean las tropelías de los propios. Muchos de estos "análisis" dan vergüenza. Generalmente no pasan de cotilleos o especulaciones sin fundamento.

¿Análisis comparativos? Cero. ¿Alguien ha visto alguna referencia a la cuestión de la incongruencia de los políticos? Sin embargo, es bien llamativa. Sánchez se pasa el día hablando del cambio, que es su lema de campaña en el que reproduce el del PSOE de los años 80 en la esperanza de conseguir el mismo efecto de arrastre. Pero no sé qué tendrá de cambio un proyecto que aparece avalado por una colección de figuras del museo de cera: González, Borrell, Rubalcaba, Rodríguez Zapatero. Pensar que esta colección de venerables paisanos tenga arranque para una política de cambio es tener una confianza panglossiana en la bondad del mundo.

Lo mismo le pasa a Iglesias. Convertido ya en el "gran hermano", no por lo que dice sino porque está atornillado a todos los platós de todas las televisiones todo el día, su reiterado discurso  sobre el fin de la vieja política produce tal hartazgo en las audiencias que va a lograr lo que parecía imposible: probar que el casi monopolio de los audiovisuales que ejerce Podemos no le harán ganar las elecciones sino perderlas. El discurso conjura permanentemente tiempos nuevos, pero el responsable de dar lustre a este propósito es Anguita, un héroe para quienes lo siguen y un zote huero y rencoroso para quienes no lo hacen, que son muchísimos más. Y Anguita no es el único septuagenario encargado de materializar los etéreos propósitos de la "nueva política": Carmena, Villarejo (finalmente descolgado) o el general Rodríguez son partes del estrellato de este frente de juventudes de la innovación, perfectamente incongruente con su objetivo declarado.

El caso de Rajoy es patético. No bien ha acabado de soltar una de sus habituales mentiras cuando ya está diciendo lo contrario en una carta de lacayo a los amos de Europa. Asegura que será implacable con la corrupción y lo primero que hace es aforar a Rita Barberá para obstaculizar sus comparecencia ante la justicia por presuntos delitos que en otro país algo más civilizado que este la habrían llevado sin más a la cárcel. Sostiene que el PP colabora con la justicia, pero hace sistemáticamente lo  contrario: borrar pruebas procesales, negarse a las comparecencias y hostigar a los jueces.

De ciudadanos no es posible documentar grandes incongruencias porque carece de discurso identificable. Igual que Garzón, el de IU, que dice estar orgulloso de su condición de comunista pero es incapaz de definirla y se presenta a las elecciones ocultando las siglas de su partido porque, como es sabido, nadie lo vota.

Si de los analistas pasamos a los medios que los cobijan, el panorama es de risa. Medios a su disposición incondicionel tienen el PP y Podemos. Quizá pueda probarse también de Ciudadanos. De quien no dudo es del PSOE: este no tiene un solo medio a su servicio como los dos partidos primeramente mencionados en los que los medios funcionan como boletines incondicionales. El BOE de Podemos, Público.es, no tiene nada que envidiar al pasquín La Razón, al servicio del PP ; igual que la Sexta es poco más que una televisión temática al servicio del Podemos, como Trece TV  lo está al del PP. 

¿Y los sondeos? Puras armas para crear estados de opinión que apoyen las opciones partidistas de los medios que los hacen. Ningún sondeo contradice la línea ideológica del medio que lo publica. Su valor es cero. Los sondeados acaban siempre respondiendo según las opiniones generalizadas por los mismos medios y así las consolidan. Porque si uno no consigue imponerse en las elecciones puede intentar hacerlo en las redacciones.

Lo que los sondeos no pueden ocultar ni maquillar es la valoración popular de los líderes y ahí hay un dato que llama mucho la atención: ¿por qué los dos políticos peor valorados por la gente son Rajoy e Iglesias? No es difícil de barruntar: porque los tenemos hasta en la sopa y el uno por uno y el otro por otro, tienen un discurso falso y repetitivo

Es verdad que Podemos no sabe de dónde viene, el PSOE a dónde va, Ciudadanos en dónde está y el PP qué le sucede. Y esto les ocurre porque no escuchan la opinión de la calle, la que sabe que Rajoy es un mafioso sin escrúpulos, Sánchez un don nadie sin recursos, Iglesias un hipócrita sin conciencia y Rivera un oportunista sin principios.

martes, 17 de mayo de 2016

Los nuevos compañeros de viaje

_______________________________________________________________________

Hubo un tiempo en que el comunismo tenía prestigio: en los años treinta (ascenso del fascismo), hasta el ignominioso pacto nazi-soviético de 1939 y luego, al final de la segunda guerra mundial y en los primeros años de la postguerra, hasta que se conocieron los crímenes de Stalin y llegó la desestalinización. En aquellos años, los comunistas no ocultaban sus siglas sino que se envanecían de ellas y agrupaban en torno suyo gentes que no lo eran, pero se sentían atraídas por el prestigio revolucionario y, sin entrar en el partido comunista, cumplían sus encargos y estaban más o menos encuadradas en organizaciones manipuladas por ellos. Prestaban un gran servicio porque propagaban los puntos de vista comunistas sin serlo ellas mismas. Eran lo que se llamaba los compañeros de viaje.

Posteriormente, ya en plena guerra fría, estando clara la naturaleza dictatorial e inhumana de la Unión Soviética y países satélites en los que aquella intervenía por la fuerza cuando quería (Berlín, Polonia, Hungría), el comunismo perdió el prestigio acumulado. Ya no había "organizaciones de masas" ni quedaban "compañeros de viaje". Ahora, los que le hacían el juego eran llamados tontos útiles. De esos había muchos, pero menos de lo que la ambición comunista de poder quería.

Finalmente, con el desprestigio general del comunismo en los años 70 y en los 80, con el triunfo de la socialdemocracia -con la que mantiene un forcejeo histórico-, aquel entró en profunda crisis que se agudizaría con el hundimiento de las tiranías comunistas en todo el mundo. Quiso salir de la crisis haciendo un mero cambio de nombre con el que trataba, como ha hecho siempre, de eliminar a la socialdemocracia a los efectos de ponerse en su lugar, vieja táctica estalinista que al exseminarista georgiano le salía bien a base de asesinar, pero a sus secuaces, no. Estos comunistas vergonzantes pasaron a llamarse "eurocomunistas" para enviar un mensaje falso a la opinión pública (ingenio propio de Carrillo) de que el comunismo se había hecho reformista, democrático, se había civilizado. Los camaradas vivían horas bajas, pero se las prometían felices con la añagaza en la que se embarcaron los partidos comunistas de España, Italia y Francia.

Pero no funcionó. La gente no se dejó engañar. Fue entonces cuando los comunistas decidieron camuflarse. El hundimiento de la URSS los había hecho polvo y más polvo aun porque ninguno de ellos fue capaz de dar una explicación comunista o, por lo menos marxista, del hundimiento de la URSS. Y así siguen. Pero sí comprendieron que, si querían sobrevivir, tenían que ocultarse y engañar.

Mucho había llovido desde los años treinta, pero el comunismo sigue en lo suyo: mintiendo. En 1986, el iluminado Anguita fundó Izquierda Unida, otra organización pantalla de nuevo llena de compañeros de viaje y de tontos útiles. Solo que ahora los tontos iban a resultar inútiles. Creyeron que con esta artimaña de ocultar sus siglas, pero poner en marcha una farsa, por fin, derrotarían a la fementida socialdemocracia del PSOE. Tampoco. A IU se le veía el comunismo por los entresijos. Y Anguita tuvo que marcharse a su casa, a rumiar su fracaso y su revancha.

Y, entonces, al rebufo de la crisis, del 15 de mayo, y de lo que se veía como ineluctable decadencia del PSOE por sus propios errores, surgió Podemos. Lo hizo a la par con la Syriza griega y dio una sacudida al sistema español de partidos haciendo concebir la esperanza de que, por fin, aparecería una tercera vía de verdad en la izquierda, entre el anquilosado comunismo y la socialdemocracia aburguesada y neoliberal. Muchos creímos -y creemos- que esto es posible y hasta colaboramos con ello. Pero, al poco tiempo, a los primeros tropezones y tras las primeras crisis de IU y sus tránsfugas, ya se empezó a ver que si esa había sido la intención de los jefes en un primer momento (que ahora más bien parece que no y que engañaron desde el origen de la aventura), había dejado de serlo. Lo que ahora se cocinaba era un nuevo intento de organización "de masas" (todas esas pavadas de Anguita y los anguitillas de las "mayorías cívicas" es puro leninismo de aprendices), un nuevo engaño, una nueva farsa a partir del núcleo de IU. Hubo algunos titubeos pero, con el decepcionante resultado de las elecciones del 20 de diciembre y el suculento millón de votos que seguía atesorando IU, los últimos escrúpulos se fueron por la borda y se selló el pacto con IU y Anguita. La pamema de las conversaciones para formar gobierno después del 20 de diciembre fue otra trola y a ver si se podía culpar al PSOE de ls elecciones.

Porque, como siempre en los comunistas españoles, la muralla por abatir no es la derecha ni el PP. Es el PSOE.

Si alguien lo duda, que escuche el discurso de Anguita en el vídeo del post. Es palmario y claro como el agua clara: revancha. Escúchenlo hablar de su militancia en IU, pero ocultar la del PCE. Escúchenlo reconocer que "la diplomacia" mandaba que siguiera oculto, de gran trujimán de esta operación. Que no se supiera, que se siguiera engañando a la gente. Pero, al final, su ego inconmensurable (solo similar al de Iglesias) y su infinita vanidad lo arrancaron del sillón y lo llevaron a irrumpir en el acto de Podemos, interrumpiendo en seco, por cierto, un alegato de Pablo Echenique sobre feminismo y feminización. ¿Casualidad? Estos no dejan nada a la causalidad ni al azar. Todo lo miden, como el comediante de Diderot. ¿Feminismo? Ya hay bastante feminismo en el título de Unidos Podemos. Y escúchenlo, por último, hacer sus cálculos: cree que ahora o nunca, en el nuevo 77, se va a ganar al PSOE; pero el subconsciente lo traiciona y pone su victoria a cuatro o cinco años. Es decir: ganaremos dentro de cuatro o cinco años; mientras tanto, cuatro años más de PP. ¿Queda claro?

Una última consideración. Se quejan los de Podemos de que ahora todo sea hablar de comunismo, como si eso fuera una maniobra innoble, un golpe bajo o juego sucio. Aquí el único juego sucio consiste en aliarse con el Partido Comunista de España en secreto, oculto y pretender seguir estafando a la gente y que no se hable de lo que hay. El juego sucio y el engaño es que, cuando el periodista oficial de Podemos, Ferreras, en la cadena oficial de Podemos, la Sexta, pregunta a Anguita qué le parece el anticomunismo de Esperanza Aguirre, el comunista cordobés diga que no merece la pena hablar de ello, pero siga ocultando su condición de miembro del Partido Comunista de España, un partido que no se presenta con su nombre a las elecciones, pero quiere que lo voten bajo otras siglas ocultando su condición.

Por último, tengo algunos amigos, gente de izquierda sincera y genuina, que se escandalizan de que se esté cayendo en una campaña de "anticomunismo visceral". Sí eso es lo que dicen los comunistas, que no merecen respuesta. A mis amigos, una sola consideración: en una sociedad democrática asiste a la gente el derecho a ser anticomunista (o antifascista) como opción política, sin que la declaren trastornada, histérica, visceral o desequilibrada. Gracias a los dioses, esto todavía no es la Unión Soviética, paraíso comunista en donde los disidentes con suerte acababan en psiquiátricos.

viernes, 6 de mayo de 2016

De la mentira en política

Dicen los críticos que la política mediática -producto sin duda de la sociedad del espéctáculo- es mala. Es un error. La política es comunicación, y la comunicación depende en gran medida de los medios que la administran. Los políticos deben estar en los medios de comunicación, entre otras cosas, porque, si no están, otros estarán en su lugar, colocarán su mensaje y dejarán el suyo a los pies de los caballos. Si Sánchez y Garzón, que ganan en valoración ciudadana a Pablo Iglesias, estuvieran más en los medios, salieran en tertulias y programas de esos de presentadoras endiosadas, seguramente tendrían mejores fortunas electorales.

Lo que no debe hacerse en política es mentir. Ciertamente si, como piensa Palinuro en la estela de Foucault, la política es la continuación de la guerra por otros medios y en la guerra vale todo, también valdrá mentir. Sin duda. Mintiendo se puede ir muy lejos; se ganan elecciones. Recuérdese cómo ganó el Sobresueldos las de 2011: mintiendo como un bellaco. Pero eso no vale para la izquierda. La izquierda no puede mentir porque se rige por un código ético exigente, se ponga como se ponga doña Esperanza Aguirre que de esto, como de casi todo, no entiende nada. La izquierda no puede mentir porque hacerlo es tratar a los demás como medios o instrumentos para conseguir tus fines y eso no es de recibo pues, para nosotros, los individuos son fines en sí mismos y lo más importante que hay. El mentiroso, como los jesuitas, cree que el fin justifica los medios y está dispuesto a engañar con tal de alcanzar el poder. Y, si lo alcanza, será un tirano.

Viene esto a cuento porque en una entrevista en Radio Nacional, Pablo Iglesias ha reconocido que hablar de la cal viva en el congreso fue un error y no querría repetirlo. Fue más que un error; fue un infundio, una mentira. Y reconocerlo ahora forma parte de otra mentira. La de añadir que le parece un error atacar a los socialistas, cuando es obvio que no ha hecho y sigue sin hacer otra cosa. Del mismo modo corona esta entrevista con otra mentira desvergonzada, la de decir que el sorpasso no trata de superar a los socialistas, sino al PP y que el PSOE es ahora, según los nuevos embustes, un "aliado". El sorpasso fue un intento de los comunistas italianos de ganar las elecciones a la democracia cristiana. Su empleo en España corrió a cargo de Julia Anguita quien expresamente lo configuró como la tarea de que IU ganara al PSOE y le arrebatara la hegemonía. Y Julio Anguita es el gran muñidor de esta operación de "unidad" de la izquierda dejando al margen al PSOE; es decir, una unidad de la izquierda en contra del PSOE.

En sí mismo, este propósito no es condenable. Ya hemos dicho que en la guerre comme en la guerre y si la confluencia IU/PCE y Podemos arrebata la hegemonía al PSOE será porque este se lo ha ganado a pulso por su inoperancia. Carece de sentido reprochar a los comunistas y sus aliados que pretendan alcanzar lo que llevan cien años intentando sin conseguirlo. Hacen bien. El PSOE se ha derechizado tanto que esto es lo menos que puede pasarle. Lo reprochable es que, para conseguirlo, aquellos mientan de forma tan descarada. No, el PSOE no es aliado de Podemos e Iglesias miente cínicamente y con absoluto descaro. Si el PSOE fuera el aliado de Podemos (desde el punto de vista de Podemos) no habrían boicoteado el posible gobierno. Que el PSOE también haya saboteado el intento de ese gobierno es aquí indiferente. Lo que estamos enjuiciando es el recurso de Podemos a la mentira y el engaño. Si el PSOE fuera su aliado, la unión de la izquierda lo habría incluido. No lo hace porque lo que quiere Iglesias, a las órdenes de Anguita, es destruirlo.

En esto de la mentira la izquierda debiera ser más vigilante. Ayer salió IU celebrando por todo lo alto que el 85% de las bases hubiera aceptado el plan de unidad con Podemos propugnado por la dirección. Hasta El País picó en el engaño. Afortunadamente, Infolibre precisó luego que el 85 % había votado a favor pero que era el 85% del 28% del censo, que fue la participación que hubo. Es decir, IU mentía en el porcentaje porque la unión la aprobaba el 24% del censo. Por supuesto, los "verdaderos creyentes" que hay siempre en estas formaciones se apresuraron a señalar que por el "no" había votado el 4%, mucho menos y que el que calla otorga, etc. Posiblemente, pero la mentira es la mentira.

Y no se queda ahí. Aún hay una mentira mayor, al decir que ha votado el 85% del 28% del censo, IU oculta (o sea, miente) cuántos de estos votantes del censo son afiliados-militantes y cuántos simpatizantes. De momento, ese dato sigue sin saberse; o sea, está oculto. Lo que es cierto es que en Madrid votaron 1802 personas, militantes y simpatizantes juntos, lo cual es una cifra ridículamente baja.

No, la mentira no es de izquierda y la izquierda que miente estará muy unida, pero no es izquierda.

viernes, 11 de marzo de 2016

Engaños del poder

Los análisis políticos suelen ser muy ideológicos, pero también pueden ser puramente lógicos. Es cuestión de ver lo que hay y no lo que uno quiere que haya.

Mariano Rajoy no quiere someterse al control del Parlamento. Es lógico para alguien que no lo ha hecho en los últimos cuatro años ya que su mayoría abolutísima lo liberó de esa tortura democrática y la inutilidad de la oposición en la oposición hizo el resto. Y ello sin contar con su comprobada tendencia a la holgazanería. Pero esta lógica, siendo humana, no es admisible porque falta a la lógica institucional. En un sistema parlamentario ningún poder del Estado puede estar libre de la fiscalización del Parlamento, que es el órgano supremo de poder. El gobierno no puede decidir por sí mismo sus normas de organización; eso compete al Parlamento. Esa tontería del informante del gobierno de que pedir explicaciones a Rajoy sea como pedírselas a Felipe González da verdadera vergüenza. Felipe González es un ciudadano privado (aunque, como se ve, sigue ganando batallas después de muerto) mientras que Rajoy es el presidente del gobierno. Del gobierno. Y el Parlamento es competente para controlar al gobierno. Al gobierno, esté en funciones, en disfunciones (lo que es más probable) o en su lugar descansen. Es el gobierno y tiene que hacer lo que el Parlamento ordene. Si no fuere así, el Parlamento podrá declararlo en rebeldía y privarlo de sus funciones políticas, además de pedir a los jueces que decreten su prisión.

Los Reyes pronuncian la palabra de seis letras, como su modelo Ubu. Y los cortesanos pierden el culo por recordar que siempre han señalado cuán cercanos, cuán próximos a los ciudadanos, a ti y a mí, al común de los mortales, son los Reyes. Son seres normales, de carne y hueso, como tú y como yo. Y por eso dicen "mierda", como tú y como yo, porque nada humano nos es ajeno. Sí, pero no. La justificación no funciona. La Reina no puede escribir "mierda" se ponga como se ponga. Porque mira el escándalo y eso con trabajo de ocultación cortesana. Los medios, los partidos, no hablan de esto. Eso demuestra que lo de la igualdad es falso. Y es lógico que lo sea: si la Reina es igual a nosotros, a ti y a mí, y al señor de la esquina, ¿por qué es Reina? Claro, esto afecta a la lógica misma de la Monarquia, que todavía tiene menos defensa.

Los diputados cobran subsidios de paro de escándalo. Mato, Madina y los otros sesenta y tantos, si de verdad están en paro, que se apunten al paro, como cada hijo de vecino. Y eso suponiendo que estén desempleados porque toda está gente se mueve en un profuso entramado de amistades, enchufes, influencias, favores mutuos y, si quiere, encuentra trabajo de lo que quiera y, además, sin hacer nada. La política representativa no es un oficio ni un empleo sino un cargo voluntario, no genera relación laboral ni su carencia supone derecho a percibir ningún tipo de subsidio. Y mucho menos esas cantidades desorbitadas con las que vivirían familias enteras. La vida activa de los políticos implica una serie de privilegios y tiene su lógica que también lo implique la vida pasiva. Es logico, por un lado, según la lógica pedestre de que "quien tuvo, retuvo", pero es muy irritante por otro.

Los amigos de Podemos sin saber qué hacer con los pactos. Es muy arriesgado criticar a Podemos, incluso ahora que forman parte del poder y ya no son contrapoder, porque salen los verdaderos creyentes de debajo de las piedras, una horda de fanáticos, a linchar críticos, todos ellos submarinos del PSOE y otras fuerzas del mal. La orden hoy es cerrar filas negando que haya tensiones internas en la organización. Solo que sea preciso negarlas ya quiere decir algo. Pero si se observa que la organización no sabe qué va a hacer con las negociaciones, si seguir con ellas o cortarlas en seco, se echa de ver que esas tensiones internas que no existen consumen muchas energías. Porque todavía han de pronunciarse sobre si aceptan negociar o dan un puntapié al tablero y lo mandan todo a nuevas elecciones. Negociar es lógico; ir a nuevas elecciones, también. Lo que no es lógico pretender ambas cosas al mismo tiempo.

Los del PSOE tienen que decidir entre el PP y Podemos. Al menos, a Felipe González le da igual cualquiera de lo dos. Y es lógico. Para González. Y probablemente para mucha más gente. Pero no toda. Otros encontramos preferible que el PSOE elija a Podemos. También es lógico. Así que, en virtud de esa lógica sería estupendo que hubiera un gobierno de izquierda en España y ya se sabe que tampoco será muy de izquierda. El problema es si lo que quiere Podemos es cargarse al PSOE y no aliarse con él. En ese caso es lógico que vaya a nuevas elecciones. Aunque puede ser la lógica del Rey Creso de Lidia quien preguntó al oráculo en Delfos qué sucedería si cruzaba el Halis y atacaba a Persia, a lo que la Pitia contestó que "destruiría un gran imperio", sin precisarle que sería el suyo. 

Es la llamada lógica délfica.

jueves, 28 de enero de 2016

El garrapata

La primera línea del famoso libro de Jean François Revel, El conocimiento inútil, publicado en 1988 reza: La mentira es la primera fuerza que dirige el mundo. Una verdad como un castillo que, en el caso del Sobresueldos se convierte en una montaña. La mentira rige la vida de Rajoy las veinticuatro horas del día. Vive mintiendo. Vive para mentir. No hace otra cosa que mentir. Ganó las elecciones de 2011 mintiendo como un bellaco y mintiendo ha seguido hasta el día de hoy. Es tan obvio y evidente y hasta tal punto del conocimiento general que nadie da crédito jamás a lo que dice y por eso su calificación es la más baja de todos los presidentes democráticos.

Un mentiroso compulsivo que miente incluso cuando no sería necesario, que es bien pocas veces, quizá cuando le pregunten por el tiempo. De este modo, las entrevistas que se le hacen -y en las que ahora se prodiga, tras haber pasado cuatro años sin darlas, sin contestar a las preguntas de los periodistas e, incluso, sin dejar que las hicieran- no son otra cosa que retahílas de mentiras, de mentiras desvergonzadas, mentiras patentes. Miente. La gente sabe que miente. El sabe que la gente sabe que miente. Pero le da igual. Lo suyo es mentir y mentir a ver si consigue continuar al frente del gobierno para seguir destruyendo y esquilmando el país al frente de un partido que no es otra cosa que una banda de ladrones. Para seguir empobreciendo a la gente, desahuciándola, dejándola sin trabajo, sin ingresos, sin pensiones, en beneficio del 1% de la población, en pro del que gobierna.

La entrevista de la TV de ayer, una pura antología de la mentira: el PP no está imputado (dice), cuando sí lo está; todas las empresas borran los discos duros de los ordenadores (dice), cuando es mentira y muy probable que ni siquiera sepa qué quiera decir "disco duro"; Barberá y Camps están "limpios" (dice) cuando están de lodo de corrupción hasta las cejas; no sabe nada de Rato (dice) y era su amigo del alma y lo puso él en Caja Madrid.

Podríamos seguir. No merece la pena. Un tipo indigno y despreciable que, viéndose ya en la puerta de la calle, se arrastra implorando una investidura que ni el país puede permitirse ni los españoles tolerar. Después de cuatro años de autoritarismo, chulería, trágala e imposición de leyes retrógradas como la Ley Mordaza, la reforma laboral o la LOMCE que hace una semana no estaba dispuesto tocar, ahora ofrece modificarlas en lo que sea a cambio de pacto. Está dispuesto a ofrecer un riñón para seguir desgobernando España y no ser el único presidente que no ha repetido mandato.

Y está también dispuesto a instrumentalizar las instituciones al servicio de sus indignos fines, bloqueando el sistema democrático, como ha hecho siempre que le ha convenido, como tuvo bloqueado el Tribunal Constitucional durante años, como retrasó la aprobación del presupuesto de 2012 para no perder las elecciones de Andalucía. Un caradura que de todo se aprovecha para mantenerse en el poder como las garrapatas se aferran a los perros.

Hay que decir que le ayuda mucho una parte de los socialistas. Imbuidos estos de un falso sentido de Estado, sostienen que, debiendo haber un gobierno en España, el PSOE ha de posibilitar a la banda de mangantes seguir con sus latrocinios. Ese grupo de viejos dirigentes, todos correosos reaccionarios, solo miran por sus intereses personales e ignoran -o simulan ignorar- que este gobierno que quieren perpetuar ha sido un ataque sistemático a los derechos y el bienestar de la gente, una agresión franquista y nacionalcatólica a las libertades públicas, un indignante atropello de la dignidad de las personas, un insulto constante a los catalanes y un saqueo universal del erario, en provecho de auténticos truhanes militantes y dirigentes del partido del gobierno, empezando por su presidente.

Ignoran que este, el mentiroso compulsivo presidente de los sobresueldos suscita no ya rechazo general sino auténtico odio.

Pero ellos no lo ven porque no saben cómo lo está pasando la gente en la calle. Si no están en las puertas giratorias, cobran saneados emolumentos por cargos públicos y desconocen la situación real del país. Solo cuenta su egoísmo. Y por eso pueden hacerse propuestas moralmente tan repugnantes como la de que el PSOE (que, de todas formas, no ha sido capaz de oponerse a los atropellos de los últimos años) permita con su abstención un gobierno del PP, el partido de la corrupción, en alianza con C's, el partido del programa últraliberal para terminar de arrebatar a los trabajadores sus últimos derechos.

Si tanto preocupa a estos padres de la patria, empezando por Felipe González, la gobernación de España, les propongo otra fórmula: un gobierno de PSOE y Podemos con la abstención de C's. Para garantizar esta basta con que los magnates que pagan a los Gonzáleces llamen a Rivera y le den la orden. Fácil, ¿verdad?

No querrán, claro, porque, en el fondo, prefieren a los franquistas. Pero, por si acaso se impusiera esta opción, un último ruego a Podemos: estaría bien una cura de humildad, después de llevar meses haciendo el ridículo, el pedante y el prepotente. Si quieren sobrevivir, tienen que aliarse con el PSOE, bajar sus estúpidos humos y garantizar un gobierno serio y responsable a la par que radical en las medidas en favor de la regeneración democrática y la recuperación de los derechos arrebatas por esta derecha a las gentes del común.

Y si no lo hacen y siguen tratando de destruir al PSOE con tácticas de catón de tercera, nuevas elecciones, en las que desaparecerán porque no podrán reproducir sus franquicias ni siquiera en Andalucía. No darse cuenta de esto ahora que están a tiempo y esperar a hacerlo tardíamente será dar la razón al Revel con el que empezaba este post cuando, en el libro citado, señalaba que comprender las cosas tarde equivale a no comprenderlas.

jueves, 21 de enero de 2016

El trilero de Dios

El Plural de ayer traía esta noticia: Pablo Iglesias marca la casilla de la Iglesia en su declaración de Hacienda. Puede parecer algo trivial, pero no lo es. Tiene una importancia inmensa. Tanta que requiere una explicación inmediata. Mientras llega, que ha de llegar porque, si no lo hace, quedará clara una superchería y estafa mayores que las que se han practicado con los de las franquicias para los grupos, enumeremos las posibilidades:

1ª.- Es una noticia falsa, una superchería, un bulo, un fake. Desde luego, El Plural es un digital muy favorable al PSOE igual que otros lo son al PP, a Podemos, etc. En España no existen los medios independientes. Pero el diario tiene cierto nivel de seriedad. Es improbable que recurra a procedimientos tipo La Razón. Pero pudieran haberles colado una patraña. Si es así, que lo aclaren cuanto antes.

2ª.- La noticia es cierta, pero Iglesias no tiene nada que ver con ella. Un gestor, que le hace la declaración, ha tachado la casilla de la Iglesia sin saberlo el declarante. Es poco verosímil, aunque podría darse. Que también lo aclare cuanto antes.

3ª.- La noticia es cierta. Si es así, aquí hay una estafa de proporciones bolivarianas. Podría decirse que estamos exagerando y que tachar la casilla de la Iglesia católica es una tontería sin importancia ninguna. Mentira. Hacerlo es contribuir a la hipocresía y el expolio de la gente perpetrado sistemáticamente por los curas. Cualquiera sabe que tachar la casilla es voluntario, pero lo que no es voluntario es que, todos los que tachan la casilla obligan a los demás a financiar a los clérigos y su empresa de acumulación de dinero, la Iglesia, porque lo que ellos no aportan a la caja común del Estado, tenemos que pagarlo los demás, seamos católicos o no. O sea, un robo y un robo hipócrita. Obviamente, Iglesias tiene derecho a ser católico, por supuesto, pero no con el dinero ajeno, sino con el suyo.

Pero hay más, Iglesias está ahora obligado a aclarar si es o no católico para que no se le pueda acusar de trilero, a él, que empezó acusando de trileros a los de izquierdas. Y aclararlo de forma tajante, puesto que esto no es un asunto privado. Y no basta con salir diciendo que él fue comunista. Con todos mis respetos, la similitud entre católicos y comunistas, es innegable, sobre todo el comunismo leninista. Tampoco vale que se diga que, en el fondo, a pesar de todas las tonterías sobre el "ni de derechas ni de izquierdas", es de izquierdas. América Latina está llena de "izquierdistas" (estilo Correa del Ecuador), que tanto gustan a los de Podemos y son auténticos meapilas en cuyos países el aborto está prohibido.

De darse esta circunstancia, ahora sí estaría claro por qué en Podemos no hablan del aborto (excepto aquella vez en que Bescansa dijo que "no era una prioridad" para callarse a continuación seguramente cuando comprendió que no convenía levantar la liebre); por qué no hablan de potenciar la educación pública y suprimir la concertada, que es una estafa por la que los curas drenan recursos públicos a favor de las clases privilegiadas mientras se destruye la educación pública; y por qué no hablan de la separación entre la Iglesia y el Estado en una país nacionalcatólico, gobernado por los clérigos.

Hay que aclarar esto porque tiene toda la pinta de ser la mayor estafa de los últimos años a la ya muy castigada y baqueteada izquierda española. Dado el aportunismo ilimitado de los de Podemos, probablemente este silencio es un cálculo táctico, de esos de no hablar de cosas que hagan perder votos. Pueden encubrirlo con la habitual mentira de la derecha de hablar de las cosas "que verdaderamente interesan a los españoles". 

Que hagan lo que quieran. En menos de un mes ya han demostrado que lo que querían era participar de la vieja política (aunque todavía sean tan inexpertos que les cuelan todos los goles), pero que dejen claro si el líder máximo es o no católico, y qué piensan respecto al aborto, la enseñanza concertada y la separación de la Iglesia y el Estado. 

Porque lo que ya no pueden hacer es seguir engañando a la gente.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Un personaje indigno.

La caridad de la prensa con Rajoy es incomprensible. Sus declaraciones falsas del jueves sobre el atentado de Kabul no fueron errores. Fueron mentiras. Hay una diferencia substancial. Y no solo fueron mentiras, falsedades a sabiendas, embustes con fines indignos, sino que no es la primer vez que el personaje recurre a esos procedimientos y siempre con los mismos indignos fines.

Cuando el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia produjo la mayor catástrofe mediambiental de la historia, en buena medida por la fabulosa incompetencia de los gobernantes, Rajoy, que era uno de ellos, salió minimizando el desastre y hablando de unos hilillos de plastilina.

Posteriormente, con motivo del peor atentado en España el 11 de marzo de 2004 en la estación de Atocha, producido por la canallada del gobierno de Aznar de meter al país en la inicua guerra del Irak, Rajoy, que también estaba en el gobierno y era candidato en las elecciones unos días después, escribió un artículo en El mundo el día de reflexión, afirmando que tenía la convicción moral de que el atentado era obra de ETA. Fue la mentira que intentó colocar el gobierno español a toda costa para no perder las elecciones.

Ahora comparece el mismo día del atentado, precipitadamente, casi salta sobre el asunto, porque estamos otra vez en período electoral y teme que le pase lo que le sucedió en 2004 y, para evitarlo, miente de arriba abajo: niega que sea un ataque a la embajada de España, niega que haya muerto alguien (llevamos ya cuatro muertos, dos policías españoles y dos afganos) y termina, como siempre, con una patochada, sosteniendo que "no es una mala noticia".

La pauta es siempre la misma: ocultar información, tergiversarla, engañar a la gente para no perder las elecciones porque lo único que preocupa a este desalmado no son las vidas humanas sino sus miserables ambiciones.

A todo esto, los candidatos de las otras formaciones han decidido no criticar esta nueva indigna mentira del presidente de los sobresueldos. Seguramente aplican la doctrina de que en cuestiones de Estado no caben debates políticos. Si lo hacen son cómplices de las mentiras del gobierno. Efectivamente, con el terrorismo debe hacerse política de Estado, no de partido. Pero si el primero que se salta esa obligación e instrumentaliza el terrorismo y la vida de sus compatriotas para sus fines electorales es el gobierno, los partidos de la oposición no pueden seguir su ejemplo, pero están obligados a denunciar esa sucia instrumentalización.

Están obligados a señalar que el país no puede seguir un minuto más gobernando por un sujeto tan indigno como detestable.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La verdad entera.

Como siempre cuando habla el PP dice una mentira o una verdad a medias. Que Rajoy es un lastre es solo una media verdad. La otra media es que, además de Rajoy, el otro punto débil del PP es el propio PP. Se explica a continuación.

Mariano Rajoy. Ya es un bochorno que un hombre tan vulgar, estúpido, malévolo, ignorante, agresivo y presuntamente corrupto haya sido presidente del gobierno. Mientras fue un mandado en los gobiernos de otro impresentable como Aznar o cuando pasó ocho años en la oposición, se le veía menos y, en la penumbra de la segunda fila, sus evidentes carencias eran menos notorias. Cuatro años a plena luz de los focos muestran al país un hombre cuya ejecutoria, siendo caritativos, es la siguiente: llegó al poder de modo fraudulento, mintiendo sobre su programa electoral; no sabe hablar ni en su propia lengua e ignora cualquier otra; solo lee el Marca y únicamente entiende de fútbol, razón por la cual no reconoce ni su letra; no sabe hablar sin leer y tampoco sabe leer; no dice más que estupideces con mucha bambolla, bastantes de las cuales son ya célebres; no da ruedas de prensa; escabulle el bulto, no da nunca la cara y se refugia tras sus colaborador@s, por lo demás, tan incompetentes como él; en las comparecencias no admite preguntas; no sabe gobernar sin mentir; ignora el parlamento pues gobierna por decreto-ley; ha destruido la división de poderes y hecho trizas el Estado de derecho; está acusado de cobrar sobresueldos en negro y de hacerse pagar trajes y viajes por la trama Gürtel sin que haya dado explicaciones; se ha rodeado de chorizos, ladrones y delincuentes -algunos de los cuales ya están cumpliendo sentencia- y los apoya; alienta a presuntos delincuentes con SMS; ha corrompido toda la administración pública en la que reina el enchufismo, el nepotismo, la incuria y la incompetencia; ha arruinado el país, eliminado los derechos de los trabajadores, reducido todas las prestaciones sociales, empujado a los jóvenes al paro, la marginalidad o la emigración, esquilmado el fondo de reserva de las pensiones, recortado las de los jubilados y los dependientes, pero carga al erario los costes de la dependencia de su padre; miente sobre todas las estadísticas pues hay más paro y más deuda que antes; ha roto España, fomentando el independentismo catalán; es el hazmerreír de la prensa extranjera y los demás mandatarios cuando sale al extranjero.

Es incomprensible que un tipo tan falso, detestable e inútil haya aguantado cuatro años sin dimitir ipso facto a raíz de su primera fechoría salvo por el hecho de que la gente tiene unas tragaderas infinitas. Pero ya lo conoce todo el mundo. De las pocas cosas válidas que dijo Pedro Sánchez en el debate del lunes, la de "nadie quiere aguantar otros cuatro años de Rajoy" fue de las más certeras. Igual que cuando Íñigo Errejón dijo que "cuatro años más de Rajoy y aquí quiere independizarse hasta Valladolid". Diré más, hasta el barrio de Salamanca, en Madrid en donde, me costa, por muchos fachas que haya, no pueden soportar más a este zote que carece de maneras, se espatarra al sentarse y no dice más que necedades.

El PP. Todo lo anterior es evidente. Pero, además de presidente del gobierno, el sobresueldos es presidente del PP y todo cuanto se predica de él puede predicarse del partido. Es más, como tal partido está imputado en sede judicial por una ristra de presuntos delitos. Así, cuando Celia Villalobos (esa señora que se gasta el dinero de los contribuyentes en jugar con la tablet cuando debería atender a sus obligaciones y que abronca a su chófer con gritos de verdulera) grita a Pablo Iglesias que le jode (sic) que este llame "corrupto" a su partido o cuando Soraya Sáenz de Santamaría (otra acusada de haber cobrado 600.000 euros en negro que no ha dimitido) protesta de que se llame "corrupto" al PP, tendrán que aguantarse porque, en efecto, según todos los indicios, el PP no es solo un partido presuntamente corrupto sino, según algún juez una supuesta asociación de malhechores o, dicho de forma más clara, una forma de presunta delincuencia organizada. ¿Para qué? Es obvio y lo sabe todo el mundo: para esquilmar el erario, expoliar los recursos públicos, robar a mansalva, privatizar para seguir robando, para enriquecerse sus militantes, familiares, allegados y clientes.

Los demás partidos se obstinan en considerar que el PP es uno de ellos cuando, en realidad, no tiene nada que ver, no es un verdadero partido sino una asociación una posible organización ad hoc para capturar rentas del Estado como sea, legal o ilegalmente. Grave error el de esos partidos con el que legitiman el expolio de esta presunta banda de ladrones y, con ello, engañan asimismo a la población e incumplen con su deber de controlar e impedir los excesos de estos mangantes. Cada vez que hablan de democracia, de sistema electoral, de Parlamento, de Comunidades Autónomas con esta presunta banda de delincuentes muestran que, una de dos, son profundamente estúpidos y se dejan engañar o contribuyen al engaño con algún tipo de complicidad.

Complicidad con Rajoy, Sáenz de Santamaría, Cospedal, Arenas, Aguirre, Granados, González, Fabra, Matas, Mato, Aznar, Cascos, Blesa, Rato, Trillo, Pujalte, Baltar, Bárcenas, Correa, Camps, por no citar más que algunos casos de un lista de la vergüenza mucho más prolongada.

Ahora sí; esta es la verdad entera. Los dos puntos débiles del PP en las elecciones del 20D son Mariano Rajoy y el PP.

sábado, 15 de agosto de 2015

La desfachatez de la banda.


El ministro del Interior compareció ayer en el Congreso a hacer lo que su admirado amigo, guía y maestro Rajoy hace con total desparpajo: mentir. Cualquiera pensará que ese trato frecuente con el embuste ha de ser desagradable; que estar siempre mintiendo, faltando a la verdad cada vez que habla no será plato de gusto. Al menos lo pensarán las personas ordinarias, las que, no teniendo cargos públicos, pueden permitirse el lujo de mentir poco y hasta de decir casi siempre la verdad. 


Pero eso es un error. Están acostumbrados a mentir. En la secta del Opus Dei de la que es miembro Fernández Díaz, no se hace otra cosa. La mentira es la forma de expresión ordinaria del sectario del Opus que, si no tiene mentira que decir, se la inventa. Con absoluto desparpajo, con desfachatez. Fernández Díaz deja de mentiroso a su propio ministerio, al no reproducir el contenido de su comunicado de prensa. Además se contradice a sí mismo. Pero le da igual. Según él y su ministerio: solo se trataron asuntos estrictamente personales. El propio Rato desmontaba esta patraña un par de horas después reconociendo que se habían tratado sus temas. Nada estrictamente procesal decía Fernández Díaz, pero es obvio que en la vida de un multi-imputado como Rato, todo es procesal. 

Le da igual que lo pillen mintiendo a mansalva, como le da igual a su jefe, Rajoy. Si alguien cuestiona sus afirmaciones con hechos, niega los hechos. Si el alguien insiste, Mariano el Sobresueldos, ignora la pregunta, no la contesta y pasa turno de palabra. No hay hechos, no hay interpretaciones solventes, ni debates, ni intervenciones públicas orientadoras tanto en en el gobierno como fuera de él. El ambiente en el que las mentiras del ministro dejan boquiabierto a más de uno no se rige por un espíritu de debate, controversia y tolerancia, sino por uno de abuso, mentira y desprecio. No les molesta tener que mentir. Si acaso hacerlo a la chusma, cosa imprescindible para ganar elecciones. Tener que echar mentiras a los puercos.

Con la mayoría absoluta a su disposición Rajoy y los suyos se consideran libres de toda sospecha de aquello que precisamente fabrican: la arbitrariedad. Saben que pueden mentir tan desvergonzadamente como quieran y que nadie podrá tomárselo en cuenta. Si acaso al contrario. Si no mienten, no entretienen a los suyos. De hecho, todo el mandato de Rajoy ha estado caracterizado por la mentira, el engaño, el embuste y el fraude. El programa electoral era un fraude, como reconoce él mismo. Sus seudoexplicaciones sobre Bárcenas, mentiras en sede parlamentaria. 

Rajoy es el líder peor valorado de la democracia española. Nadie confía en él, dentro o fuera del país. Carece de todo crédito porque no ha hecho otra cosa que engañar y falsificar. Los datos que maneja para justificar la recuperación económica suelen estar amañados y son falsos. Ni a él ni a su gente importa gran cosa desnaturalizar las instituciones para hacer pasar la mentira y el engaño por verdad. 

La derecha ha destruido toda posibilidad de diálogo con otras orientaciones, de ámbito estatal o no estatal. Solo puede gobernar si obtiene mayoría absoluta, que interpreta como un cheque en blanco para mentir siempre e imponer sus criterios, aunque sean rechazados a su vez por mayorías superiores a la absoluta en los ámbitos en que hayan de aplicarse, por ejemplo, entre las mujeres, la comunidad educativa o la ciudadanía en uso de sus derechos. 

Además de recurrir sistemáticamente a la mentira como forma de gobierno y a sus connotaciones de manipulación, falta de información, negativa a dar explicaciones o rendir cuentas, el gobierno solo ha cosechado fracasos en sus grandes proyectos legislativos: la ley de reforma del aborto ha quedado en agua de borrajas y le ha costado el cargo a Ruiz Gallardón, que tampoco consiguió implantar sus retrógradas medidas en punto a la privatización de los registros. La Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza, la famosa LOMCE del ministro más reaccionario y agresivo de la democracia española, no se puede aplicar y la Ley de Seguridad Ciudadana, más apropiadamente conocida como Ley Mordaza está recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Cualquier directivo de cualquier empresa privada (el sacrosanto referente para la asociación de presuntos malhechores) que presentara esta hoja de servicios, estaría en la calle, despedido. Aquí no; aquí se recurre a la mentira sin paliativos para sostener que un gobierno que ha fracasado en todo está sacando a España de la crisis. Todo a base de mentiras y embustes.

¿Cómo se espera que Fernández Díaz haga algo distinto de lo que ha visto siempre hacer, esto es, mentir? 

Y si miente como hace su modelo, el presidente de los sobresueldos, ¿por qué tiene que dimitir? Eso solo lo hacen los socialistas que son unos pusilánimes.

jueves, 6 de agosto de 2015

El CIS pepero.

Algunas consideraciones breves sobre el barómetro del CIS en vídeo. El texto, más abajo.
___________________________________________________


___________________________________________________

El barómetro del CIS de julio coincide como un guante con los deseos del gobierno del PP. ¿Casualidad? No puede descartarse, desde luego. También es posible que haya burros voladores, aunque escasamente probable. En todo caso, conociendo el percal que aquí se vende, la casualidad puede descartarse con la conciencia tranquila. Digámoslo con claridad: un país gobernado por un partido que hasta los jueces presumen pueda ser una asociación de malechores (y ¡qué malhechores!), que se inmiscuye en todo, que todo lo manipula, desnaturaliza e instrumentaliza, que controla los medios de comunicación, los tribunales de justicia, que falsifica todos los datos, los utiliza torticeramente o se los inventa, ¿iba a permitir un organismo demoscópico independiente? Un partido que contrataba delincuentes para mejorar la reputación de sus dirigentes en las redes, ¿va a pararse en barras a la hora de respetar la independencia del CIS y no imponerle lo que tiene que decir?

Eso no se lo cree nadie. Hoy todos los periódicos especulan sobre los datos de ese baremo, dándolos por buenos no solo contra lo que muestra la experiencia sino contra el mero sentido común. Los resultados del CIS me merecen tanto crédito como las afirmaciones y promesas de Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, de cuyo gobierno depende el Instituto en cuestión. Y no se trata solamente de que la famosa cocina realmente apeste que, por supuesto, es hedionda. Se trata también de los datos brutos, de su acopio,  procesamiento, hasta de los números de los folios, de todo. Todo lo qe estee gobierno toca lo falsea, como suele pasar con esta gente carente de escrúpulos y de frenos morales de ningún tipo a la hora de mentir en su provecho para seguir saqueando el país como reconoció la señora Cospedal, la única vez que ha dicho la verdad por equivocación.  Y si el gobierno del PP no ha hecho otra cosa que mentir en cuatro años, ¿por qué iba a decir la verdad un organismo de él dependiente? Sobre todo tratándose de la verdad en un terreno muy sensible: las expectativas de voto.

Todavía con mayor claridad: el PP no se vale del CIS para pronosticar tendencias de voto sino para fabricarlas en su provecho. Que el partido de la corrupción, la Gürtel, la Púnica, etc., etc., el que nadie quiere ver gobernando, el que presenta mayor índice de rechazo, dirigido por un político desprestigiado, con la más baja puntuación popular, del que nadie se fía, vaya a ganar las elecciones con casi un tercio de los votos es tan verosimil como  la serpiente del lago Ness. Así que ahórrense las cavilaciones. Ese barómetro no sirve para nada, salvo para saber qué resultado le gustaría al PP que dieran las próximas elecciones.

Puestos a fabular no solamente resulta que el PP ganará las elecciones según sus doctrinos demoscópicos sino que el apoyo al independentismo catalán está de capa caída. Vamos que si las elecciones fueran el año que viene en lugar del mes que viene, la opción ganadora en Cataluña sería la del Estado centralizado que es el que más gusta en La Moncloa. 

Solo hay algo más necio que tomarse en serio a unos sinvergüenzas: votarlos.

sábado, 1 de agosto de 2015

Apoteosis de la mentira.

Fin de curso. Comienzo de las vacaciones. Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, comparece en rueda de prensa por recomendación de sus asesores en materia de comunicación para colocar al sufrido público su habitual sarta de mentiras. El presidente peor valorado de la segunda restauración carece de todo crédito en la opinión, pero eso no obsta para que él siga mintiendo porque le va en ello la supervivencia. Gobernar es manipular y mentir sin descomponerse, como le enseñó su maestro, Fraga quien, a su vez, lo aprendió del suyo, Franco.

Esas comparecencias son un prodigio de psicología política del género pachorra, caradura y falta del sentido de ridículo, cuyos mandatos son los siguientes: 1ª) miente; la verdad es siempre mejorable. 2ª) alábate sin descanso, sin temor a resultar más ridículo de lo que ya eres; 3) de lo incómodo, de lo fasdioso, no se habla y, si se pregunta, no se responde.

La rueda de prensa de ayer tuvo abundantes muestras de esta retórica hecha de pachorra, caradura y falta de sentido del ridículo que no son términos clínicos, pero sí muy descriptivos de este insólito personaje.

La mentira viene de la mano de esa recuperación trompeteada sin parar que se limita a los porcentajes del PIB que el propio Rajoy y los organismos de su complacencia dictaminan a su libre capricho. Crecemos. La tasa de variación del PIB es positiva. Cierto que mucha gente no la ve. Desde luego que no. En concreto, quienes hacen colas en los comedores de Cáritas o buscan el condumio en los cubos de la basura. Esos no notan nada. Ni los parados, ni los contratados en precario, ni los pensionistas ni los dependendientes, ni los jóvenes con una tasa de paro de más del 50%. Nadie. Pero le da igual. Ya se verán los efectos de esa recuperación que solo anida en su angosta mente.

Asegura que se reduce el déficit, lo cual es decisivo para garantizar las inversiones, pero no dice nada de la deuda que, superando ya el ciento por ciento del PIB, es una losa que pesará sobre los hombros de las generaciones futuras. Una típica media verdad, en el fondo, una doble mentira, consistente en llamar "recuperacion" a aplazar los pagos para que los hagan otros.

El salario de los funcionarios sube un 1%. Al margen de que esto sea nada cuando los salarios de estos trabajadores llevan tres años congelados, lo interesante es la mentalidad que revela: la derecha neoliberal y nacionalcatólica (términos sinónimos en este predio de originalidad hispánica) considera que el Estado es su cortijo y los dineros públicos algo que le pertenece y otorga según su capricho. En este caso, el asunto está así: los funcionarios reciben un 1% más en sus salarios y el gobierno concede una subvención de 150 millones de euros a sus amigos, los concesionarios de la autopista de peaje Madrid-Toledo, en quiebra desde sus comienzos, con un sistema de capitalismo de enchufe y corrupción que no puede mantenerse, pero es el que pusieron en marcha con sus concesiones de corruptos y aprovechados en las legislaturas de Aznar.

Hay que cambiar. Por eso, el PP, anuncia que se aumentan las pensiones un 0,25%, lo cual es como decir nada cuando los pensionistas tienen que pagarse los medicamentos y el gobierno piensa abonar la paga extraordinaria esquilmando el fondo de reserva, que ya ha consumido en muy buena medida. No hay dinero para subir las jubilaciones, pero sí lo hay para que, en un acto de enchufismo y amiguismo asombroso hasta para España, el peor ministro de Educación de la historia se retire de embajador ante la OCDE a efectos de coincidir con su mujer y todo ello a cuenta de los contribuyentes. Dos auténticas nulidades que han destrozado el sistema educativo español en todos sus niveles son premiados con una estancia en París como recompensa por los servicios prestados a la Iglesia católica y pagada por la colectividad. Por supuesto, es indiferente que ninguno de ellos tenga  competencia específica para el trabajo que ha de desempeñar, si es que han de desempeñar alguno y no se dedican a pasear por el Sena. El erario pecha con estas sinvergonzadas porque, en el fondo, nadie espera que un español (uno de verdad que, como los toros, se crece "con el castigo") vaya a aportar nada a ningún sitio por concepto alguno.

El 53'5% de los presupuestos generales del Estado va destinado a fines sociales. Una advertencia que de nuevo delata la mentalidad clasista, elitista, de la derecha que considera que los dineros públicos son suyos y los administran en forma de nóminas, sobres, mordidas, comisiones, caridades, pagos no registrados. Lo habitual en la picaresca. Hablan de la "cuestion social" como el que podría hablar de las limosnas de los domingos, a cuenta de las familias más respetadas del lugar. Es su mentalidad. Los pobres no tienen derechos, solo el deber de pagar impuestos para que los ricos, que no los pagan, se gasten lo recaudado en juergas y otorguen las migajas ("la cuestión social") a los que lo necesiten.

Sobre la corrupción es muy poco lo que pueda decir un presidente sospechoso de haber sido quien la ha amparado y hasta se ha beneficiado de ella.  Sus divertidos circunloquios lo delatan: eso es el pasado y el pasado debe dejarse  atrás para edificar un buen futuro a costa de la recuperación que ya se ve. Vive en el pringue más actual de la corrupción, él, sus colaboradores y sus parentes, pero dice que el presente de la Púnica, que aún no ha terminado de aclararse pero define ya su gobierno como el más corrupto de la historia, es pasado. Y, lo que no quede sumergido en las brumas del pasado, junto a sus sobresueldos y sus achuchones a Bárcenas para que sea fuerte, se atajará con la ley de transparencia, una norma de lucha contra la corrupción que no sirve literalmente para nada porque la hicieron los corruptos, con la vista puesta en sus bolsillos y no en el bien común..

En lo tocante a Cataluña, a Rajoy se le cruzan ya las respuestas y, en breves instantes, mezcla los habituales embustes con las mezquindades y el silencio. No habrá elecciones "plebiscitarias", dice, porque lo prohíbe la ley. Es mentira. La ley no prohíbe tal cosa y que las elecciones sean o no plebiscitarias dependerá de cómo las entienda la gente ya que lo plebiscitario es subjetivo y no fácil de reconocer como las chirimoyas. Tampoco hubo referéndum el día 9N y, sin embargo, ha lanzado a la fiscalía en persecución de que quien lo organizó. Todo el mundo sabe que, en la problemátia razón de Rajoy, la realidad se desdobla: de un lado está la que "algunos" (término de impreciso y por tanto cómodo alcance en su legendaria pachorra) dibujan y de otro la que el conoce muy bien, anhela y está a punto de conseguir a nada que "las cosas" (otro término de obvia marrullería rajoyana) le vayan tiesas.

Por fin se hace algo de luz en las tinieblas mentales de quien lleva tanto tiempo dedicado a los sobresueldos, y reconoce que el reto soberanista es el más grave que hay en España. Eso era visible hace cuatro años, pero Rajoy no se enteraba porque, aunque ahora, asustado, se pase el día hablando de su amor a Cataluña, ni la entiende, ni la comprende, ni mucho menos la quiere. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, el presidente de los sobresueldos reconoce la gravedad de la siuación a su manera, demostrando no entender nada y seguir tensando la cuerda con un "Cataluña no será nunca independiente", que tiene el valor de las afirmaciones y negaciones de Rajoy: no se celebrará el 9N, reduciré el paro a la mitad, no subiré los impuestos, no tocaré las pensiones ni la educación ni la sanidad, llamaré al pan, pan y al vino, Bárcenas. 

En la época de la publicidad y la comunicación sin límites es un verdadero lujo tener un presidente que, cuando comparece en público, miente sin parar porque, en el fondo, no sabe hacer otra cosa.

jueves, 7 de mayo de 2015

Mentir.


Carmena telefoneó ayer a Aguirre para pedirle que deje de mentir sobre ella a propósito de su condición de jueza. Aguirre tuvo que rectificar. ¿Reconoce que miente? No; es que la han pillado en una cuestión irrefutable, de hecho. De las mentiras genéricas, más difusas, ni se habla. La señora las borda: los profesores son unos vagos; los sanitarios, también; los sindicatos, unos corruptos, enchufados; la enseñanza pública, un despilfarro; todo lo público, más despilfarro; no tuvo nada que ver con el Tamayazo; la Gürtel la destapó ella; los contrarios a las corridas de toros son la anti-España; Franco era socialista; la libertad la ha traído el critianismo; el libre mercado es la base de la prosperidad y aquí no hay capitalismo de amiguetes; ella no es responsable de la corrupción en la Comunidad de Madrid sino de dos nombramientos poco afortunados; se retiró de la política hace tres años para dedicarse a cazar talentos.

Esta buena señora no ha dicho una verdad en su vida. Quizá no sepa. Y en su partido y gobierno no ha aprendido. En el uno y en el otro, mentir es lo normal. Hacer política es mentir. La mentira ha sido esencial en el fascinante vuelo de la derecha española por 35 años de democracia después de su glorioso paso de otros 40 de dictadura.

El señor Rosendo Naseiro parece haber declarado ante notario que Aznar conocía la caja B del PP desde el comienzo. O sea, cuando unos años después, el mismo Aznar declaraba que el PP era incompatible con la corrupción, mentía. Mintió al asegurar a los españoles que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva y luego hubo de reconocer la mentira a regañadientes cuando le probaron que no las tenía. Mintió afirmando que el atentado de Atocha del 11 de marzo de 2004 fue obra de ETA. Y sigue mintiendo. Probablemente mintió a Rato cuando nombró sucesor a Rajoy. Pero esa sería mentira piadosa.

Rajoy heredó el partido y la mentira. La ilustración muestra la comparecencia de la plana mayor del PP el 11 de febrero de 2009 a raíz de las primeras revelaciones de lo que luego ha sido esta inenarrable merdée de la Gürtel, Bárcenas, Bankia, Púnica, Matas, Ratos, etc. La convocatoria fue para proclamar una mentira a los cuatro vientos: esto no es una trama del PP, es una trama contra el PP. Seis años después, repasen el dramatis personae de izquierda a derecha:

Sáenz de Santamaría, cobradora de supuestos sobresueldos, dice que 500.000 parados defraudan y que el gobierno no se pronuncia sobre los asuntos fiscales de particulares salvo que se trate de gente de la oposición.

Aguirre puede impartir un máster en mentiras. Empezando por la primera de todas: que ella ha sido siempre liberal. Una liberal cuya vida activa consiste en siete años de funcionaria del Estado y más de treinta de funcionaria del partido, habiendo ocupado muchos cargos públicos, siempre predicando en contra del Estado.

Cospedal de la Mancha parece un personaje del Quijote, pues vive en un mundo alucinado, pero justamente falta en el Quijote porque Cervantes no incluyó ningún ejemplar de malvado. "El PP es el partido de los trabajadores"; esa es mejor que la del "despido en diferido".

Las historias de Monago sobre sus viajes a las islas afortunadas y otros lugares de ensueño pertenecen al feraz campo de la literatura de viajes fantásticos, exóticos y misteriosos.

Rajoy presidía el akelarre de la mentira. Su programa electoral era mentira de arriba abajo. Y sigue. Compareció en sede parlamentaria a mentir. Y sigue. Se enteró de la detención de su compadre Rato por la prensa y se lo habían comunicado antes, como es lógico. Pero la mentira ignora la lógica.

Ruiz Gallardón será recordado por los siglos como el hombre pío que quiso convencer a las mujeres de una mentira teológica, incomprensible: que arrebatarles un derecho era emanciparlas.

Ana Mato no sabía nada de lo que pasaba delante de sus narices, no sabía quién pagaba los viajes o el confetti de las fiestas de los niños, ni sabía cómo la calabaza arrumbada en el fondo del garaje se había transformado en un reluciente Jaguar.

En el caso de Camps la mentira abarca desde las facturas de la sastrería a las inversiones milmillonarias en grandes obras faraónicas, cesaristas, orientadas a convertir Valencia en la Alejandría del siglo XXI, a mayor gloria del "curita".

Y Botella al final. Esta no miente. Las almas simples no mienten. Su idea de que Cenicienta representa la esencia femenina ya lo dice todo. Lo que no dice es cómo ha podido ser alcaldesa alguien así.
 
En España, ahora, gobernar es mentir. Digánselo a los medios de comunicación. 

domingo, 26 de abril de 2015

La mentira y la mala fe en política.

Suele decirse que una buena campaña de comunicación política es aquella que consigue transmitir de modo rápido, sencillo, claro y masivo el mensaje del candidato o candidatos, cuando el electorado capta el contenido de su discurso, la verdad de sus intenciones y no hay confusión ni enredo. Los mejores asesores de comunicación (esos pájaros que reclaman siempre para sí los créditos de la victoria y desaparecen misteriosamente en la derrota) son los que consiguen convencer a la gente de la sinceridad y la veracidad de quien les paga.

Mentira. Eso es lo que dicen, pero no lo que hacen

La mejor comunicación política -una actividad en la que el embuste es consubstancial a casi todos los discursos- es la que vende como verdad una mentira, la que mejor oculta las auténticas intenciones de los candidatos, la que los ayuda a engañar a la gente, a falsear sus propósitos y tergiversar sus términos. Gana el que más miente.

Tómese un ejemplo cercano y sencillo: ¿cuántos de los partidos que se presentan a las elecciones del 24 de mayo reflejan en sus nombres, títulos, marcas o siglas sus programas o intenciones? Solo dos y medio: el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Nacionalista Vasco y, en parte (por eso lo considero medio) Esquerra Republicana de Catalunya. Curiosamente, tres de los cuatro partidos más antiguos del país. El otro, el Partido Comunista de España, que yo sepa, no se presenta a las elecciones bajo sus propias siglas, sino camuflado con otras.

Para la sana mentalidad burguesa reformada, la base del negocio comercial es que las marcas digan la verdad, no engañen ni confundan con malas artes y peor fe la confianza de los clientes y consumidores. ¿Qué sucede en España hoy? Que salvas las dos excepciones y media citadas, todas las ofertas, partidos, coaliciones que se presentan a las elecciones, tratan de engañar, de mentir a la gente, de presentarse como lo que no son. Los ejemplos:

El partido popular lleva su afición al embuste y la patraña al extremo de que, al principio, ni siquiera se llamaba "partido", término que horrorizaba a los franquistas que lo fundaron. Así se llamaron "Alianza", que trae siempre buenas connotaciones a la derecha, al estilo de la "Santa Alianza". Viendo que con esta triquiñuela no ganaba elecciones aceptó ser partido y, como adjetivo, "popular". Exactamente ¿qué quiere decir "popular"? Nada, cosa que sus miembros saben de sobra. Es un truco populista de cuarta regional que no puede ocultar el ridículo de que siga llamándose "popular"un partido que no tiene nada de popular. El éxito, sin embargo, de la campaña de comunicación, es decir, de embustes y mentiras, consiste en convencer a la gente de que es "popular" un partido literalmente cuajado de aristócratas como Aguirre, Morenés, Becerril, etc que, además, de engañar a la gente, la desprecian.

El Partido Socialista Obrero Español no oculta sus señas de identidad ni su título. Cuando menos, no miente. Es más, es tal el éxito de su marca "socialista" que sus adversarios, cuando le niegan esa condición, lo que hacen es reprocharle haber traicionado el significado del término,  no ser verdaderamente socialista, atributo que se autoadjudican con desparpajo, pero sin motivo porque, se pongan como se pongan la marca será siempre del que la puso en circulación.
 
La izquierda no socialista hoy canta la copla habitual, la de la "traición" al auténtico socialismo, la patraña de redefinir la "izquierda", apropiarse el término y negárselo a los otros. El término "izquierda" sustituye hoy al que verdaderamente la identificaba: el de comunista. En la comunicación política de la antigua constelación comunista, Izquierda Unida en todas sus fracciones, Podemos y demás derivados, la única palabra que no aparece es la de su razón  ser, esto es, el comunismo que, como sabe todo el mundo, no sirve para ganar elecciones. O sea, dicho con claridad, apuestan por mentir y engañar. El intento de llevar la mixtificación al extremo de cuestionar la legitimidad del concepto mismo de izquierda cuando se es de izquierda eleva el propósito embustero y engañador a una demagogia casi neurótica. La propia de burgueses privilegiados apacentando al "pueblo" al que, obviamente, hay que engañar por su bien. E igual que con el Partido Popular, muchos anhelan que, en efecto, los engañen.
 
En Unión, Progreso y Democracia, una historia de éxito seguro, según algunos analistas políticos de ojo clínico qur los dioses les conserven, debido a las connotaciones positivas de los términos, la mentira era la de patas más cortas en toda esta historia: tres conceptos ampulosos para vestir y dotar de dignidad a un proyecto personal de supervivencia de una política, Rosa Díez, que no tenía literalmente nada que decir ni aportar a los problemas de la gente.
 
Ciudadanos es ya quintaesencia misma de la mentira y el engaño, muy al estilo de Podemos. Exactamente, ¿qué deben entender los votantes que propone Ciudadanos? Del nombre no se deduce nada. Igual podrían llamarse Caminantes o Seminaristas. ¿Y qué propugna? En realidad, nada: solo no hacer lo que se ha hecho hasta ahora y hacer lo que no se ha hecho. Puro embeleco 
 
Al lado de este coro de mentiras y falsedades, el Partido Nacionalista Vasco no engaña a nadie. El nacionalismo ha significado muchas cosas a lo largo de tiempo, pero siempre ha sido nacionalismo y el PNV su adalid. No se ha vestido de otra cosa, como Convergència i Unió, cuyo carácter independentista es una manifestación relativamente reciente.
 
La mentira y la mala fe son evidentes. De todos los partidos y formaciones que concurren a las elecciones, todos menos dos y medio, el PSOE, el PNV y, en parte, ERC, se presentan ocultando lo que son, mintiendo y  tratando de hacerse pasar por lo que no son. 
 
Buen momento para los de comunicación política. 

martes, 17 de marzo de 2015

La enésima calumnia de los GAL.

Ayer, un tal Enrique González Duro se metió en mi muro en Facebook y dejó escrita la calumnia siguiente (tengo captura de pantalla por si alguien quiere verla): “Ramon fue contertulio de la SER donde defendió a capa y espada el GAL” (sic).

Le respondí que es un miserable mentiroso y un sinvergüenza por calumniador y le advertí de que, si insistía, lo bloquearía. Insistió. Lo bloqueé.

Ahora, vamos a los hechos. Jamás he sido contertulio en la SER. Lo fui en Onda Cero. Se dirá que da igual. Contertulio de radio fui. Pero de Onda Cero, de donde, por cierto, me echó Luis del Olmo por orden del gobierno de Aznar. En la SER, jamás. Nunca me quisieron. Da igual y no da igual porque, si uno acusa a otro de un delito (defender a capa y espada los GAL, una organización criminal, es un delito), lo menos que se le puede pedir es veracidad. Salvo que, claro, el acusador sea un calumniador. O sea, un tipo que acusa a otra de un delito sabiendo que es falso. O sea, un delincuente.

Para no ser conceptuado como tal deberá presentar una prueba de que yo haya defendido alguna vez a los GAL. Una sola. Y, por cierto, suficiente para levantar esta otra que aquí aporto: un artículo publicado en el hoy extinto El Independiente el 18 de noviembre de 1988, titulado “GAL, GANE, gatos”, en el que, entre otras cosas, se pedía que se investigara el asunto de los GAL judicialmente, hasta el final, cayera quien cayera.  




Era el año 1988. Todavía no se habían iniciado las acciones judiciales pertinentes. Gobernaban los socialistas y Garzón –que luego sería gran azote del terrorismo de Estado- se presentaría en las listas del PSOE en las elecciones de 1993.
 
1988. En aquellos años, muy pocos se atrevían a escribir en contra de los GAL y menos relacionándolos con el gobierno socialista, salvo en el País Vasco. Al contrario: aun resonaban los aplausos a esta forma de terrorismo de Estado de Pedro J., Ramírez, por entonces gran amigo y compadre de Julio Anguita, esa pareja que después se desgañitó denunciando los GAL. Pero eso fue después.
 
Ignoro en dónde estaba el señor González Duro en 1988 y qué decía, pero si decía o escribía algo en contra de los GAL, me gustaría verlo. Por supuesto, siempre después de ver las pruebas que tiene de que yo los defendiera. Estará el lector de acuerdo en que tiene gracia que uno de los pocos que dio la cara en los años duros en contra de los GAL haya de ver cómo un cuarto de  siglo después llega un difamador a acusarlo de defender lo que atacaba.
 
Esos son los hechos. Ahora vamos a las interpretaciones.
 
Desde luego, jamás defendí los GAL y probado queda que pedí que se investigaran cayera quien cayera. Pero sí defendí al gobierno socialista en la primera mitad de los noventa, cuando comenzó lo que después todo el mundo ha reconocido que fue una conspiración en contra. Paradójicamente también me quedé solo porque, cuando arreció la campaña de la derecha y la izquierda anguitista en contra del “felipismo”, los socialistas, hasta entonces abundantes como las flores en la primavera, desaparecieron de golpe y alguno, especialmente sincero y cobarde, incluso me aconsejó que no me significara mucho, que venían tiempos duros.
 
Por supuesto, mi defensa del gobierno socialista siempre excluyó el terrorismo de Estado y la corrupción, dos lacras del gobierno del PSOE. La prensa de entonces está sembrada de artículos de servidor haciendo esta distinción. Siempre pensé –y sigo pensando- que era mentira que González fuera el Mr. X de los GAL y no hay una sola prueba de ello. Y siempre dije igualmente que, si los socialistas habían organizado el terrorismo de Estado y la corrupción, debían pagarlo con todo el peso de la ley. Pero no quería que, a causa de los GAL o la corrupción, el PSOE fuera substituido por el PP, que fue lo que pasó.
 
No era por entonces, ni lo soy ahora, miembro del PSOE y no pienso que hiciera entonces nada que no debiera hacer un ciudadano de izquierda. Pero, por si hay alguna duda: jamás nadie del PSOE, personal o institucionalmente, me agradeció en público (en privado era otra cosa, había miedo) una defensa obviamente desinteresada. Jamás. Al contrario: cuando todos los valientes socialdemócratas que, a partir de 1993, se escondieron debajo de las piedras, volvieron al poder en 2004, ninguno tuvo un mínimo gesto de reconocimiento. Ni yo lo esperaba. Como tampoco lo espero ahora cuando sigo defendiendo que el PSOE es un partido de izquierda y es injusto y estúpido equipararlo a la derecha. Ni falta que me hace.
 
Pero en este asunto está la explicación de esta calumnia que el tal González Duro reproduce y reitera. Las izquierdas anguitistas, las del “sorpasso”, las visceralmente antisocialistas, no podían soportar que alguien de izquierda defendiera al PSOE, así que fieles a su más acendrada tradición de encanallamiento estalinista, trataron entonces de calumniarme con esta infamia de los GAL, como lo intentan ahora de nuevo porque otra vez me niego a aceptar la estúpida patraña de que el PSOE sea igual al PP, y estos no se andan con chiquitas. Van directos a la calumnia, la acusación falsa, la mentira. Y no van más allá como en tiempos del glorioso camarada Stalin porque no pueden, no porque no quieran.
 
Alguien les ha dicho que se atengan al apotegma de “calumnia, que algo queda”.
 
Pero, a veces, esto es un error y de la calumnia lo único que queda es la basura que vierte el calumniador más estúpido y que solo lo califica a él.

domingo, 15 de marzo de 2015

La risa de los dioses o el verdadero creyente.

En lo alto del Olimpo, a veces se escucha el atronador reír de los dioses. Se ríen sobre todo de sí mismos. Pero los mortales, más endiosados que los dioses en su soberbia, piensan que se ríen de ellos. Y, en efecto, al reparar los dioses en que los mortales creen que los tienen en cuenta, redoblan sus carcajadas. La risa sana, atronadora, de los olímpicos. Entre ellos no hay malicia. Y, si la hay, es inocente. Recuérdese el ridículo que Vulcano creyó infligir a Venus y Marte del que, según leyendas, Mercurio dijo cuando la risa le permitió hablar, que él daría cualquier cosa por hacer el mismo ridículo con Venus.

Los mortales llevan mal la risa de los dioses, sobre todo porque ni siquiera tienen el consuelo de reír los últimos ya que sus criaturas los sobrevivirán. Por eso se curan en salud y se hacen creyentes. Y no unos creyentes cualesquiera, sino "creyentes verdaderos", fieles hasta el sacrificio. La fe los salva de lo más angustioso, lo más difícil y más humano que tiene la naturaleza humana: la duda, la inseguridad, la incertidumbre, la contradicción. El verdadero creyente no padece estos flagelos. Él es fuerte en su fe, como una roca. Los dioses se ríen, sí, pero no de él. En absoluto. Se ríen de los otros, de los no creyentes, de los infieles y hasta de los dubitativos. El verdadero creyente vive en paz su fe y solo se le molesta cuando hay que salir al campo a ajustar cuentas con los descreídos.

Erich Hoffer lo dejó escrito mucho mejor que yo en un libro extraordinario de 1951, época en la que todavía se respiraba totalitarismo. Más que hoy. Pero no cunda el desánimo entre los verdaderos creyentes: con tesón, esfuerzo y la típica contumacia humana en adueñarse de la verdad y excluir a los demás, a lo mejor lo igualamos:

“Todos los movimientos de masas consiguen que sus seguidores estén dispuestos a morir y a acometer una acción común. Todos ellos, con independencia de la doctrina que prediquen y el programa que presenten, alimentan el fanatismo, el entusiasmo, la esperanza ferviente, el odio y la intolerancia. Todos ellos suscitan gran actividad en ciertos aspectos de la vida; todos exigen fe ciega y lealtad absoluta.” Eric Hoffer, “El verdadero creyente”. (The True Believer).

Añado: no solo disposición a morir; también a matar. Aunque esa aparece más tarde. En el entusiasmo inicial y, mientras se consolidan, se limitan a insultar.