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viernes, 26 de mayo de 2017

Populismo 2.0

Por otro nombre, Estado no confesional. Tiene mérito porque la decisión no es de Kichi solo sino del consistorio prácticamente al pleno en respuesta a un sentir de miles de ciudadanos de cofradías, hermandades o fieles particulares. Con el voto a favor de concejales del partido de Kichi y la abstención de otros. 

El propósito de separar lo celestial de lo terrenal no ha prosperado. Sugiero a los amargados liberales, laicistas y tibios de convicción que interpreten el acto en clave progresista ya que, de todas formas, no pueden oponerse a eso que se llama la sana devoción popular. ¿Cómo? Como siempre, inventándoselo. Por ejemplo, pueden decir que, en realidad, esa medalla de la ciudad de Cádiz incorpora también La Pepa. El liberalismo doceañista siempre fue muy beato y encontrándose ahora sobre el pecho de la patrona de la ciudad se sentirá recompensado.

Parece que Kichi, aplicando la política de separación, con algún fallo, por cuanto se ve, practica los cultos callejeros procesionales y viste de nazareno. También aquí, sin embargo, plantea contradicciones pues concurre a título personal y a rostro descubierto, como corresponde a los representantes de las izquierdas. Un antisistema paradójico porque, al parecer, es uso que los nazarenos lleven el rostro oculto con el gato para mantener el anonimato.

El genio de la raza.

miércoles, 15 de mayo de 2013

San Isidro labrador, quita la lluvia y pon el sol.


Nacido en Troya pero criado en Madrid, Palinuro es devoto de su patrón, San Isidro labrador, cuyo 931 natalicio celebramos hoy. Es tal su afición al santo que se atreve a proponérselo a Rajoy si este, natural de Santiago, decide cambiar la advocación. Todo en San Isidro casa con su forma de ser y circunstancia. Su milagro más conocido, que los ángeles araban los campos mientras él rezaba, encaja a la perfección con el modus operandi de Rajoy y sus cofrades. La Virgen del Rocío está encargada de acabar con el paro en España; y de la crisis nos sacarán los ángeles mientras el presidente se encomienda a la divinidad para que no le caigan encima los papeles de Bárcenas.

Son muchas las leyendas de San Isidro y su culto extendidísimo. Se ve en la página de Wikipedia dedicada al santo que es casi como el santo universal porque es patrono de mil sitios. Con su espíritu positivista, Wikipedia relativiza el milagro y cita las actas de canonización según las cuales el milagro fue observado por Iván de Vargas (así, ya hay un testigo), amo de Isidro. Lo que no dice Wikipedia es que este Vargas era antepasado de aquel famoso veedor a quien recurría Isabel la Católica con el ¡averígüelo Vargas!, del que el Iribarren trae la más cumplida noticia. Perfecto para una variante contemporánea en la forma de ¡averígüelo Bárcenas! En todo caso, el asunto va de Vargas pues fue otro de estos, Juan de Vargas (en realidad, siempre Iván), quien en el siglo XVI se encargó de acomodar el cuerpo incorrupto del santo en su correspondiente arcón pues este es otro milagro del santo de no poca enjundia: tirarse casi mil años convertido en una mojama. Y si alguien quiere comprobar cómo está de incorrupto, que lo mire aquí con las partes pudendas cubiertas con el oso y el madroño. Esa reliquia no puede verse nunca al natural salvo en contadísimas y excepcionales circunstancias, situación a la que aspira a llegar Rajoy en sus comparecencias públicas.

El mayor prodigio que se adjudica a Isidro, muy propio de la santería de esta tierra, tan dada a la devoción  guerrera de rezos y mandibles, es haberse aparecido a Alfonso VIII para mostrarle la forma de derrotar a la morisma de Miramamolín en las Navas de Tolosa, en 1212. Lo hizo cuarenta años después de muerto, que era el modo de entonces de aparecerse en plasma. Lo decisivo es que la intervención milagrosa del santo salvó España de la dominación sarracena de los almohades como la providencial de Rajoy la salva del hundimiento en la crisis.

En Torrelaguna, villa de prosapia, maridó Isidro con María de la Cabeza, nacida Maria Toribia, luego santa también, que podría aquí equivaler a María Dolores de Cospedal porque María de la Cabeza era de Uceda, Guadalajara y, por tanto, castellano-machega y tan mozárabe como Isidro. Por eso, la ceremonia que se celebra en la ermita del santo tiene el privilegio del rito hispano. Cosa que también emparenta mucho a San Isidro con Rajoy. Cuando, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se quiere imponer la liturgia gregoriana universal, algunos mozárabes obtienen el privilegio de mantener su rito hispano, igual que Rajoy conserva orgulloso el privilegio de hablar pontevedrés en los concilios europeos en los que se ha impuesto un inglés gregoriano universal.

¡Y qué decir de las fiestas, la verbena, la romería, la pradera! El entrañable folklore popular. Ahí podría explayarse con mayor frecuencia Rajoy, muy dado a las actividades festivas. Solo tendría que sustituir el pulpo a la gallega por las rosquillas del santo y no solamente por las llamadas tontas. Cospedal y la vicepresidenta pueden lucir atuendos de chulas con mantón de Manila y las faldas de volantes que les sentarán tan requetebién como las peinetas y los velos. Porque en San Isidro ya arranca el casticismo madrileño que llega luego a las fiestas de la Paloma. Ya empieza a bailarse el chotis que, como todo lo castizo, viene de fuera y este año, según dicen, no en un ladrillo sino en medio por culpa de los recortes. 

Y no se olvide el momento cultural, genuinamente nuestro, aquel que el gobierno al mando señaló valientemente desde el primer momento como receptor privilegidado de aliento y subvenciones: las corridas de toros. La Patria vuelve por sus fueros y, donde reduce, merma o cercena los fondos para la investigación científica, abre generosa su próvido seno para alimentar la esencia misma de la españolidad. La Gran Nación desbarata las artimañas extranjerizantes para abolir la Fiesta Nacional, penúltimas manifestaciones de la Leyenda Negra. ¿De qué se habla? De la fiesta de San Isidro, la apertura de la temporada taurina en la Monumental de Las Ventas, plaza de primera categoría.

¿Cómo no va a encomendarse Rajoy a la protección de San Isidro? 

lunes, 16 de noviembre de 2009

El toro de Medinaceli.

Pueblo de bestias en el peor sentido del término; de gentes duras como el pedernal y sin entrañas, crueles, detestables. No sé si hay muchas razones por las que uno pueda sentirse orgulloso de ser español (siempre me he preguntado qué se querrá decir con esa expresión tan ajena al hecho de que, en principio, ser español, como ser chino o islandés es algo fortuito) pero tengo muy claras cuáles son las razones para avergonzarse y la más llamativa es esta repugnante costumbre de torturar a los animales como forma de diversión pública. Hace falta ser bruto redomado, carecer de la mínima educación y ser más insensible que un corcho para disfrutar con el sufrimiento de un ser vivo. Hace falta, por lo que se ve... ser español. ¿Nación española? ¡Una m! Yo no tengo nada que ver con estos bárbaros inhumanos y menos con los majaderos descerebrados que nunca faltan dispuestos a decir no sé qué memeces sobre el carácter "tradicional" de tales festejos. También era tradicional quemar a los llamados herejes, costumbre felizmente erradicada y que, salvo algún que otro obispillo, nadie parece echar de menos. ¿Para satisfacer qué bajísimos instintos se mantienen estas otras?

¿Cómo es que sus señorías no consideran que este asunto requiere un debate de urgencia en el Congreso y la inmediata aprobación de una ley que haga imposibles estas muestras de enloquecida barbarie?

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 29 de septiembre de 2009

El lío de la prostitución.

El debate sobre la prostitución arrecia. Ayer traía Público un interesante reportaje acerca de cómo este fenómeno fractura el movimiento feminista, dividido entre abolicionistas y partidarios de su regulación, y lo hacía en paralelo a una información según la cual el señor Cebrián cree que hay exceso de puritanismo en lo relacionado con los anuncios de "contactos" con los que algunos medios, entre ellos el suyo, tienen suculentos beneficios. No veo qué tenga de "exceso de puritanismo" prohibir estos anuncios. Es más, hacerlo es muy conveniente si bien es claro que esa prohibición no acabará con la práctica. Casi todos estamos de acuerdo en prohibir la publicidad del tabaco aunque ello no impedirá su consumo.

Soy partidario de la prohibición como mal menor pero sin llegar a la de la actividad misma que es lo que propone el abolicionismo radical. Es decir, entiendo que deben prohibirse todas las actividades ilícitas ligadas a la prostitución que prosperan gracias a la situación de alegalidad de aquella: proxenetismo, trata de blancas, explotación... Lo que sucede es que estos comportamientos ya están penados por sí mismos. Pero nada impide penarlos con doble intensidad.

Y si se prohíbe todo lo que tiene que ver con la práctica, ¿por qué no ésta misma? Por la sencilla razón de que hay prostitución voluntaria. Los abolicionistas dicen, sin embargo, que no hay que permitir ni la voluntaria por la misma razón por la que no se tolera la esclavitud voluntaria. Pero son dos cosas distintas: la esclavitud es la pérdida de la condición humana mientras que la prostitución (la compraventa de relaciones sexuales) no es sino una forma de prestación de servicios; peculiar si se quiere, pero que, si es libre, en nada compromete a la condición humana, salvo que se tenga una concepción sublimada de las relaciones sexuales que, al igual que las mediadas por creencias religiosas, no es obligatorio compartir. Habrá gente que diga: "Mire, déjeme de historias; yo no quiero tomarme el trabajo de "conquistarlas", como Il Cavaliere, sino que, como no tengo mucho tiempo, prefiero hacerlo con una profesional que cobra por ello, sabe lo que quiero, lo hace bien y va a lo suyo como yo voy a lo mío, y todo con garantías.

Este es el punto nodal de la complicada cuestión: el de la prostitución voluntaria. No soy partidario de prohibirla y no porque, como suele decirse, prohibir no sirva de nada ya que seguirá habiendo putas, pues ésta es una objeción absurda. Prohibir la comisión de cualquier delito no garantiza que deje de cometerse pero es evidente que hay que prohibirlos. El problema no está en la prohibición sino en si la prostitucion voluntaria es un delito, cosa que no alcanzo a ver por lado alguno. Puede que resulte objetable desde cierto punto de vista (estético o ético) , pero no veo qué bien jurídicamente protegido se ataca con su ejercicio.

La negativa a reconocer la existencia de la prostitución voluntaria denota cierta insuficiencia argumental no difícil de remediar. En primer lugar está la cuestión de hecho de si de verdad hay gente que ejerce la prostitución voluntariamente. Salvo que se adopte una actitud rousseauniana de esas de querer saber mejor que el individuo mismo las motivaciones reales del individuo, se estará de acuerdo en que ésta es una cuestión que se arregla con una encuesta, saliendo a la calle y preguntando a las profesionales. Aunque, bien pensado, podíamos ahorrárnoslo si recordamos que hasta tienen una asociación, es de suponer que voluntaria, un "colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas" con página web: Colectivo Hetaira.

En segundo lugar no debe olvidarse que el nuestro es un sistema capitalista, un lugar en el que los salarios los fija el mercado de forma que si una mujer cree que gana más de puta que de limpiadora de unos grandes almacenes no se ve con qué autoridad cabe decirle que haga el favor de no abandonar la fregona. Se dirá que entonces hay que abolir el capitalismo y sustituirlo por una orden social en el que estos asuntos no sean ya posibles por desinterés directo de sus protagonistas. No me niego pero recuerdo que la última vez en que tal cosa se intentó, resultó una cagada.

En tercer y último lugar, pero de la máxima complejidad, no deja de ser una hipocresía fenomenal penar un comportamiento que la sociedad ha impuesto por otro lado incluso en forma de institución. ¿O no es cierto que, en buena medida, el matrimonio ha sido y sigue siendo una forma de prostitución más o menos encubierta? La expresión de "puta en casa y ropa limpia" no la he inventado yo. Pero, vamos, que muchas de esas escandalizadas mujeres casadas que quieren abolir la prostitución son tan putas como las que quieren prohibir sólo que lo son, digamos, con contrato indefinido, a diferencia de las del servicio temporal.

En resumen, soy partidario de prohibir todo lo relacionado con la prostitución (publicidad, proxenetismo, etc) pero no la actividad misma que creo debiera estar oficialmente reconocida y regulada y las prostitutas restablecidas en sus derechos.

(La imagen es una foto de lourdesmunozsantamaria, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 19 de septiembre de 2009

La involución del homo sapiens en Algemesí.

Ya hiede, ya indigna, ya cansa, ya satura, ya clama al cielo la estólida insistencia de los españoles en demostrar que son el pueblo más cruel y odioso del planeta. ¿Qué nos han hecho los animales (fundamentalmente toros, chotos, becerros, etc, pero también perros, gatos, cabras, patos...) para que todo el mundo celebre verlos morir muertes atroces infligidas por las manos de quienes, borrachos de sadismo, fabrican el espectáculo y gozan de él? ¿Por qué en nombre de tradiciones forjadas en épocas oscuras y brutales se celebra en España cada año en verano una hecatombe para solaz de lo más grosero de l cepa nacional?

Quien tenga estómago suficiente, que eche una ojeada al vídeo de más abajo que muestra cómo un grupo de... de lo que sean, mata a un becerro a base de banderillearlo y acuchillarlo mientras la bestia, acorralada y aterrorizada, trata de escapar. Y lo más horrible de todo es pensar que esa inmunda canallada es un espectáculo en el que se deleitan chicos y grandes. La cosa tiene lugar en Algemesí (Valencia) todos los años y forma parte de festejos tradicionales populares que la más tosca sensibiliad humana debería abolir de un plumazo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Grupo, manada, jauría.

Dejado a sí mismo el ser humano aislado es capaz de las mayores heroicidades o las mayores villanías indistintamente y sin que sea posible determinar de antemano cuál será su comportamiento. Agregado a otros de su naturaleza y condición, convertido en parte de una masa, en muchedumbre, ese mismo ser humano parece perder la capacidad heroica y sólo comete atrocidades, siendo posible predecir con relativa certidumbre su comportamiento: salvas excepciones, el hombre en grupo tiende al mal. Es como si, al interrelacionarse, las personas unificaran su comportamiento de acuerdo no con los ideales más nobles sino con las pautas más brutales que entre ellas se den. Las cazas de brujas, las lapidaciones colectivas, los pogromos, los tormentos y ejecuciones públicas, los linchamientos son fenómenos gregarios, de psicología de masas, de esas que movieron estudios como los de Le Bon, Reich y otros, allí donde el juicio moral, que es siempre individual, parece esfumarse en una embriaguez colectiva que lleva a la gente a las barbaridades que ya retrataba Eurípides en Las Bacantes, atribuyéndoselas al maligno imperio de Dionisos.

Si lo anterior es cierto desde tiempo inmemorial y referido al trato que unas personas dispensan a otras, ¿qué no sucederá con los animales? La festividad del Toro de la Vega, en Tordesillas, consistente en que una manada de bípedos implumes alancea hasta la muerte a un toro confundido, aterrorizado, agonizante entra de lleno en las consideraciones anteriores, es ejemplo palpable de los abismos de estupidez e inmoralidad en que se precipita el hombre cuando, reunido en manada y animado por los efluvios dionisiacos, alcanza la condición de jauría. Las escenas (las menos sangrientas) que se observan en el vídeo siguiente muestran claramente en qué consiste la diversión del rey de la creación cuando se anima en público y deja claro que así como llevamos ante el juez a esos imbéciles que apalean a alguien en grupo y lo graban en vídeo, habría que procesar a esa jauría de energúmenos sin mayores explicaciones. Urge reformar la legislación penal e incluir el delito de tortura a los animales.


No es necesario insistir ni malgastar el tiempo discutiendo con quienes defienden estos usos y prácticas invocando la tradición, los festejos populares y la conservación de las especies. Basura argumental para consumo de zoquetes. Sólo quisiera añadir una consideración: ¿se han fijado en que todos los que acosan al toro en el vídeo son hombres? ¿Se han fijado en que, a diferencia de Las Bacantes euripideanas, casi todos los participantes en estas brutalidades son hombres?

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 18 de agosto de 2009

Humos.

Tengo amigos fumadores que se toman muy a mal la pretensión de las autoridades de erradicar el hábito de fumar de los espacios públicos. Espero que no dejen de ser amigos por el hecho de que Palinuro sea decidido partidario de la prohibición. Palinuro es indiferente al consumo de tabaco y no tiene inquina a los fumadores pero es muy celoso de los derechos de las personas y los fumadores deben reconocer que su derecho a exhalar humo acaba donde empieza mi derecho a no inhalarlo. Un derecho que tampoco es absoluto porque en casa de un fumador mi derecho no cuenta si estoy allí voluntariamente. Los fumadores dicen que derecho por derecho y como hay que encontrar algún criterio para dilucidar el asunto, suele acudirse al muy sensato de la mayoría. Y la mayoría dice que está harta de entrar en locales que apestan a humo.

El humo ha sido compañero fiel del hombre desde siempre y, en especial, desde que aprendió a hacer fuego. El humo ha sido útil al ser humano de diversas formas: para curar los productos, ahumarlos, desinsectar; también le ha servido en la guerra para despistar al enemigo mediante cortinas de humo; en la guerra y en la paz, para hacerse señales de humo. Y esto por no mencionar el amplio refranero que se vale del humo, como "por el humo se sabe en dónde está el fuego", "a humo de pajas", etc. El humo acompañó al desarrollo industrial europeo y, finalmente, con una industria concentrada en el carbón como fuente de energía, acabó siendo un problema para el medio ambiente, con unas ciudades literalmente comidas por el humo o lo que en Londres se llamó en cierta ocasión, el smog, esto es, la mezcla de fog y smoke. Diversas medidas resolvieron el problema, acabando con el uso del carbón como combustible, sustituido por el petróleo que, a su vez, genera otro de CO2.

O sea, que el humo ha pasado de ser un compañero útil a convertirse en una molesta carga o una presencia peligrosa con lo que la lucha contra él ya ha seguido y esta medida de prohibir el fumar en todo tipo de locales públicos es la última que se da en esta batalla, de momento. Y hay que darla para erradicar el humo de los espacios públicos, al menos el erradicable.


(La imagen es una foto de .f@rfie, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 19 de julio de 2009

Los misterios de la caza.

Según parece el señor Fernández Bermejo dice que "la izquierda no entiende la caza". Atónito me quedo. No sospechaba que hubiera algo que entender. Supongo que la transcripción de la entrevista tiene sus exigencias y que el entrevistado matizó su respuesta y dijo algo distinto, más elaborado, que "el poder desconoce la relación del hombre con el bosque" y otras fantasías que insinúan que la caza es como una recuperación de aquella relación feraz, primitiva, brutal del hombre con el medio en los orígenes pero en la época contemporánea lo que, obviamente, es absurdo. Poco hay que entender allí donde a unos pavos armados les sueltan doscientas perdices para que se líen a tiros con ellas. Y conste que por caza no se refiere uno solamente el hecho de andar por los montes escopeta en mano sino también a sus momentos y rituales. Puede saborearse acudiendo a un restaurante de cazadores, de esos de ambiente rústico, con mucha piedra ornamental, chimeneas y cabezas de ciervos y jabalíes por las paredes, algo sólo equiparable en su buen gusto a las cabezas de toros de los locales taurinos. O seguir su rastro por el de los galgos ahorcados en esos bosques de que habla el exministro. Casos aislados, por supuesto.

En fin que tiene razón don Mariano, que la izquierda no entiende la caza, y que siga Vd. por ahí dando tiros a cuanto se mueve pues al parecer lo realiza a Vd. mucho.

(La imagen es una foto de Lisergia, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 16 de julio de 2009

¡Cómo somos los españoles!

Los datos del último barómetro del CIS, mes de junio, tienen rasgos de radiografía nacional, de la tribu, rasgos que todos conocemos, de los que a veces nos avergonzamos, pero que sólo acabamos por creer cuando los vemos negro sobre blanco. Sin ir más lejos, somos un pueblo de hipócritas o algo peor ya que el 76,1 por ciento dice ser católico pero a misa con la frecuencia requerida sólo va el 17,1 por ciento. Y aun esta cantidad es exagerada ya que los mandamientos de la Iglesia ordenan ir todos los domingos y fiestas de guardar y un 14,6 por ciento afirma ir casi todos los domingos y fiestas, mientras que un 57,8 por ciento reconoce no ir casi nunca. Y casi nunca, dada nuestra propensión a la mentira, quiere decir nunca. Unos católicos que no pisan la iglesia y cuyo cumplimiento del resto de preceptos religiosos será similar quiere decir un pueblo de hipócritas o de pancistas que se definen como algo que no practican probablemente por simple pereza mental.

Pereza mental que, no haya cuidado, no se sacuden leyendo. Un 21,2 por ciento dice no haber leído un libro nunca y un 18,2 por ciento casi nunca. En total, un 39,4 por ciento que, recordando lo que mentimos, ya será un 50 por ciento, no lee un libro así lo aspen. Este porcentaje sube a un 42,4 que no lee revistas nunca o casi nunca y baja a un 24,8 entre los que no leen casi nunca periódicos, cifra que tampoco me creo del todo y la atribuyo a que no leer libros no está mal visto del todo pero no leer ni periódicos ya parece demasiado. Un país que no lee pero en el que el 98,1 por ciento (o sea, casi todos) creen que ¡"se debe fomentar la lectura"! ¿Para qué diantres querrá fomentar la lectura gente que no lee?

No lee, pero tiene la nariz metida en algún tipo de pantalla: televisión, ordenador o videojuego. Según el último EGM, los españoles pasamos unos 227 minutos diarios ante el televisor. O sea, casi cuatro horas diarias. Un país en el que el 21,9 por ciento aduce falta de tiempo para leer. Falta de tiempo y dedica casi cuatro horas a ver la tele. O a navegar por internet. El 62,8 por ciento dice que se conecta a internet diariamente. Me da la impresión de que aquí la mentira es oceánica. El último EGM de internet reconoce un 38,2 por ciento de usuarios "ayer". La medición no coincide exactamente con la frecuencia de uso pero la encuentro más realista que la del CIS. Obviamente, queda mal decir al entrevistador que uno no navega.

Acerca de la propensión de los españoles (y, supongo, de los demás pueblos) a mentir da cuenta el mismo barómetro de junio del CIS. Preguntados los encuestados qué hicieron en las últimas elecciones generales de marzo de 2008, el 78,9 por ciento afirma que fue a votar y votó. Sin embargo, la participación real en aquellos comicios fue del 75,3 por ciento. Si se miente en el ejercicio del derecho del voto qué no se hará hablando de navegar por internet o de ser católico, ambas cosas mucho más etéreas.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 1 de mayo de 2009

Enrocamiento.

Mal negocio el que ha hecho el PP permitiendo que dos personas tan señaladas como Francisco Camps y Luis Bárcenas sigan en sus cargos porque representan munición para los ataques del adversario sobre la trama de corrupción y, además, no tienen razones que justifiquen su comportamiento cuando en otros casos de cargos y/o militantes bajo sospecha ha actuado de modo contundente. Precisamente esa irritante diferencia de trato ante el comportamiento de personas presuntamente implicadas en ilegalidades, lejos de clarificar la situación la está complicando mucho.

En el Parlamento valenciano, preguntado por quinta vez acerca de los comprometedores asuntos, algunos con una innegable vis cómica, en los que se ve mezclado, el señor Camps se limita a decir que las acusaciones son falsas y un montaje y que él arde en deseos de explicarlo todo donde corresponda. Un buen sitio sería el Parlamento valenciano, sin perjuicio de las aclaraciones que este singular y escurridizo personaje tiene pendientes en sede judicial.

A medida que pasan los días y van conociéndose nuevos elementos incriminatorios de las personas imputadas por Garzón, la situación de éstas se hace más insostenible. Y en nada ayuda la conocida doble o triple moral del partido que toma represalias con unos pero deja a otros en paz, pide que se respete la presunción de inocencia y respalda por entero a los imputados. Además de estar descalificada esta actitud a causa de la doble moral citada, es un error porque cada vez que se conozca algo nuevo sobre los imputados, será noticia de primera de todos los medios lo que quiere decir que el PP está hipotecando el resultado electoral.

Es tan inexplicable y suicida esta actitud del partido que suscita la idea de si es que el señor Rajoy y sus asesores tienen miedo a su tesorero por lo que éste pueda largar.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons).

domingo, 29 de marzo de 2009

El relativismo.

Cada vez que escucho al Papa, a sus obispos, a los curas en general tronar en contra del relativismo de nuestra época me quedo perplejo preguntándome por el alcance exacto de sus palabras y más aun por el hecho de que nadie las conteste como se merecen. En otras ocasiones son políticos o dirigentes de la derecha quienes creen oportuno advertir en contra de esta plaga. ¡Cuidado con el relativismo! No tengo duda de que los clérigos saben perfectamente de lo que están hablando; dudo sin embargo de que también lo sepan los políticos de la derecha que más me dan la impresión de hablar así porque es lo que dicen los curas que para ellos es dogma de fe.

En la tradición filosófica occidental suele distinguirse entre un relativismo cognitivo y otro moral. Según el primero nada es absolutamente cierto o absolutamente falso ya que lo que se considera verdadero o falso depende de una serie de factores hasta llegar al extremo de que algo pueda ser verdadero en ciertas circunstancias y falso en otras, especialmente en todas aquellas materias que son socialmente construidas. Lo mismo sucede con el relativismo moral que sostiene que no hay un bien o un mal absolutos sino que bondad o maldad, como lo verdadero o lo falso, son criterios determinados por una serie de condiciones culturales, cronológicas, religiosas, etc. Unas personas creen que comer carne está bien; otras lo consideran abominable y otras, en fin, opinan que se puede -y debe- comer carne pero no, bajo ningún concepto, la de cerdo.

Cabe asimismo distinguir entre un relativismo individual y otro social. El individual será el de quienes reputan imposible atenerse a un único sistema de valores y los tienen alternativos o, simplemente, no tienen ninguno. Y el social implica la idea de que en una sociedad compleja no cabe imponer un único sistema de valores a todo el mundo y debe respetarse el derecho de los sistemas distintos a convivir en igualdad de condiciones, mediando un grado mínimo de acuerdo que haga viable dicha convivencia.

Tengo poco que decir del individual salvo aquello tan sabio de "a quien Dios se la da...". El social, que es el que está aquí en juego parece una actitud bastante razonable para sociedades democrática pues permite que convivan gentes de distintas convicciones morales sin intentar imponerse sus creencias unas a otras. El relativismo es hijo del escepticismo, esa actitud que Montaigne hizo triunfar en Europa y que ha influido en muchos genios, como Cervantes o Shakespeare. Considero que el discurso de la pastora Marcela en el entierro de Crisostomo en El Quijote y el de Shylock en el juicio en El Mercader de Venecia son los más grandes alegatos en favor del escepticismo y el relativismo, de la necesidad de entender y respetar a quienes tienen opiniones y criterios distintos de los dominantes y que, por serlo, pretenden imponerse de forma absoluta. El relativismo y su pariente mayor el escepticismo llevan su precaución frente a toda imposición al extremo de la indecibilidad como se sigue del famoso dicho escéptico según el cual toda generalización es falsa, incluida ésta. Y ambos dos, escepticismo y relativismo, desembocan en la ilustración (no en toda, pues también hay una Ilustración fanática) y ésta en la modernidad.

En consecuencia, cuando los curas arremeten contra el relativismo contemporáneo refiriéndose sin duda al social y moral quieren decir que todos hemos de aceptar la existencia objetiva, independiente de nuestras creencias personales, de una idea del bien y del mal: la suya, que está basada en la revelación de un Dios en el que hay que creer por obligación. Es decir, al condenar el relativismo, los clérigos no solamente niegan la validez de otros principios morales que no sean los suyos (cosa a la que no cabe objetar) sino que niegan asimismo la práctica social de amparar el derecho de quienes los profesan a hacerlo. El condenar el relativismo lo que los curas quieren es que se prohiban las creencias morales distintas a las suyas, que se extermine a quienes las profesan. En su forma más extrema, que es la más obtusa, o sea seguramente la representada por el Papa actual, la condena del relativismo implica la obligatoriedad de profesar una u otra convicción moral, sea la que sea. Esta última es la que hermana a los curas católicos con los integristas de cualesquiera otras confesiones.

Siguen siendo lo de siempre: un peligro para la libertad y la tolerancia, una amenaza para la humanidad. Si de ellos dependiera la Inquisición seguiría funcionando.

(La imagen es un cuadro de Georges de la Tour La buena fortuna, 1632-1635, que se encuentra en el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York).

sábado, 13 de septiembre de 2008

¿Qué pasa si usas sombrero?

Pues que poco menos que tienes que ir partiéndote la cara por la calle porque siempre hay alguien que se cree con derecho a hacerte algún comentario al pasar. Y hay que responder con una impertinencia. En cierta ocasión luciendo un sombrero estilo John Wayne, un transeúnte me preguntó que en dónde había dejado el caballo y le dije que en la habitación de su hermana. Y como te descuides, llegas a las manos.

La privilegiada inteligencia de ese subprimate al que se llama "hombre" se enfurece cuando ve un objeto o prenda distintos de los que ve todos los días porque no los entiende. El únicamente entiende la indumentaria al modo del uniforme, entre límites fijos y lo que se salga de ellos lo lleva al paroxismo. Al fin y al cabo, él sólo conoce el cabezal, la cincha y el ronzal y con esos adminículos no se junta hoy una cabeza pensante. Pero algo saldrá.

El estudio de las modas es una de las vías más importantes del juego sociológico. Algún padre fundador de la Sociología, como G. Simmel, se dedicó a la moda. La moda es un dictamen de aceptación social de unos criterios de apariencia externa que relumbran más que otros en su momento. Forma un canon que quiere ser de obligado cumplimiento. De la gente se espera que siga la moda. La presión social de la conformidad empieza por la apariencia. Por ejemplo, hubo un tiempo en que la moda era que todos los hombres llevaran sombrero. Véase la famosa foto de Paul Strand titulada Wall Street. Todos van tocados. El que quería destacar y llamar la atención se presentaba sin sombrero lo que dudo que despertara iguales sentimiento asesinos como un simple bombín despierta hoy en la "generación más preparada de la historia de España". Siempre he pensado que los aficionados a los sombreros (en general, quienes no nois conformamos a la norma sin causar por ello perjuicio a nadie) somos más repetuosos con los derechos fundamentales que en gran medida dependen de un sombrero o de la decisión de quitarse o ponerse esta o aquella prenda de moda.

Creerse con derecho a interpelar a los demás porque se toquen de una forma o se interpreten de otra es prueba de un autoritarismo insoportable. Nadie tiene que pedir permiso a nadie para vestir unos u otros atuendos. Los sambenitos medievales y tardomedievales, formas del estigma, han caído en desuso. La inmensa mayoría de los hombres de este país, el noventa y nueve por ciento con el que me cruzo omite toda referencia al sombrero; lo ven, pero como si no lo vieran , se reprimen y deciden matar al animal que llevan dentro porque eso es lo civilizado. Pero que la omitan no quiere decir que no piensen alguna barbaridad. Yo no me fío de mi sombra y mucho menos de la de mi sombrero. El uno por ciento restante es el que no puede reprimir el rebuzno.

(La imagen es una foto de Th3 Prophetman, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Los chaqueteros.

¿Qué lleva a una persona a cambiar sus convicciones políticas o, cuando menos, a decir que las ha cambiado? ¿Qué lleva a alguien a "cambiar de chaqueta", a ser un "chaquetero"? Hace tiempo que pienso en dedicar un post a este fenómeno relativamente frecuente. Hasta donde me alcanza la vista de los casos que conozco, los cambios de chaqueta, las mudanzas de opinión, de creencias, de personalidad política son muy frecuentes o lo han venido siendo desde el comienzo de la transición hasta nuestros días y seguramente lo hayan sido siempre al menos desde que se da la divisoria política fundamental (esa que mucha gente dice que carece de importancia en nuestros días siendo así que continúa estando presente en todos los sistemas políticos del mundo, por esotéricos que puedan ser) entre la izquierda y la derecha. Cualquiera de nosotros puede señalar cuando menos media docena de casos de personalidades de la vida pública que han trocado unas convicciones políticas por otras. Esos casos aumentan si también se nos permite señalar casos de personas privadas en nuestro entorno más o menos cercano.

En el funcionamiento ordinario de las instituciones, el chaqueteo se conoce como transfuguismo, detestable práctica de chalaneo con el carácter de la representación política que, según dicen ellos mismos, indigna a los partidos políticos quienes, sin embargo, parecen incapaces de atajarla, sobre todo cuando los beneficia. Pero el transfuguismo no agota la complejidad del chaqueteo ya que no presupone necesariamente un cambio en las convicciones ideológicas. Un tránsfuga es una persona que pasa de votar con unos a votar con otros, generalmente por dinero u otros beneficios materiales, sin que se vea obligada a decir que ha cambiado de forma de pensar, aunque suela aducirlo por lo que se llama "vergüenza torera", expresión también merecedora de comentario aparte, aunque no ahora..

El chaqueteo implica, pues, una mudanza ideológica. Como quiera que, sin haber una gama infinita, ideologías hay varias en el orden de la acción pública, política, social, su mudanza o cambio no tendría por qué ser fenómeno reseñable: uno cambia de ideologia como puede cambiar de gustos culinarios, costumbres deportivas o aficiones artísticas. Sin embargo, no cabe despachar el asunto con tanta sencillez por cuanto prácticameente en un cien por cien de los casos, el chaqueteo presupone un cambio de una ideología de izquierda a una derecha. Prácticamente no hay ejemplos de gentes que hayan trocado una ideología de derecha por una de izquierda y de hecho, sólo conozco un caso mientras que son legión los ejemplos que se me vienen a la mente de cambio de izquierda en derecha. No hace falta citar nombres: todos conocemos bastantes casos (en España y fuera de ella) de antiguos izquierdistas pasados al campo de la derecha, incluso de la extrema derecha: diputados, concejales, ministros, periodistas, comunicadores en general, intelectuales, artistas, pensadores, etc, etc.

Siempre que alguien nos dice:"¿te acuerdas de fulano/a, tan radical e izquierdista?Pues se ha hecho de derechas y vota a tal o cual partido de la derecha" tenemos -almenos, yo la tengo-la sensación de que "fulano/a" ha cambiado algo parecido a una fe religiosa, ya que las convicciones políticas (que por lo general implican ideas antropológicas y convicciones o falta de convicciones sobre lo metafísico y hasta trascendental) tienen algo de religioso. Y solemos mostrar cierta incredulidad. Sólo el paso del tiempo nos convencerá de que fulano/a ya no profesa determinadas ideas sobre la igualdad o la libertad o los derechos humanos o la autodeterminación o los derechos sociales o la solidaridad o la naturaleza humana, el sentido de la vida, etc, sino que ahora profesa otras.

Es difícil de asimilar, pero es. Y, que yo sepa, no es un fenómeno que se haya estudiado en profundidad probablemente porque junto a su dimensión política y sociológica, tiene otra psicológica muy ardua de abordar. Exactamente ¿cómo se explica que nel mezzo della sua vita (si tal es el caso) una persona mude de convicciones a veces aparentemente muy arraigadas con la facilidad con la que las serpientes mudan de piel? ¿Cómo se adapta la nueva concepción del mundo a una circunstancia, incluso unas "creencias" orteguianas?

Hay una primera explicación (o intento de explicación) de carácter biográfico que presupone que, por una serie de razones que no hacen ahora al caso, las convicciones izquierdistas son propias de la juventud pero que, al avanzar en la vida e ir haciendo frente a las responsabilidades de la supervivencia y las amarguras y desengaños del mundo, la gente se hace conservadora en virtud del viejo adagio de que "el hombre nace incendiario y muere bombero". Es posible, hasta es muy posible, pero esto no es una explicación, sino una mera descripción de un fenómeno que sigue sin explicarse.

Ante esta situación suele echarse mano de una concepción sociológica de clase según la cual los jóvenes se sublevan contra los valores tradicionales de su clase que reciben a través de la familia pero a la larga, la vis atractiva de la clase, de la burguesía, acaba siendo más fuerte que sus convicciones y sucumben a ella.Vuelven al redil, en definitiva, tras una especie de años de aprendizaje del joven Werther. También es muy posible, pero sigue sin ser una explicación en sentido pleno del témino.

Tengo para mí que el elemento que falta en los intentos de explicación mencionados y que acaba por completar el cuadro es el de la conveniencia o interés personal, muy importante en este terreno, como saben los autores de la teoría de la decisión racional. De incluir este factor también se explica, creo, el hecho de que los chaqueteos, las mudanzas, sean masivamente de la izquierda a la derecha y no al revés. Por regla general, la convicción de izquierda (especialmente la de izquierda radical que es la que más muda) se hace con ignorancia de los intereses y conveniencias personales, por una especie de sentido kantiano del deber, una idea de que uno debe ante todo pensar en la colectividad e ignorar el propio beneficio. A la inversa, la convicción de la derecha por lo general (no siempre, claro está) parte del supuesto de la conveniencia personal del que la profesa que no se ve así obligado un buen día apasar por la experiencia por la que tarde o temprano pasan los izquierdistas: ¿qué ganas tú en concreto pensando y actuando como piensas y actúas? En el momento en que muchos responden "nada; al contrario, estoy perdiendo oportunidades de avance personal y/o profesional" es el momento en que puede empezar un proceso de revisión interno que hace que la persona en cuestión entre en una especie de letargo como en una crisálida en la que las paredes estén hechas de reflexiones acerca de ese interés propio y de la que ya sólo sale el individuo transformado.

Al individuo transformado y con una memoria curiosamente amputada ésta le sirve para recordar que en el pasado profesaba uno o varios errores de los que ahora se ve libre, pero no le funciona lo suficiente para hacerle ver que, si admite haber estado equivocado en algún momento de su vida, nada le garantiza que no pueda volver a estarlo, ahora que predica su ideología recién adquirida y muchas veces con la fe del converso, una fe inquisitorial.

sábado, 23 de agosto de 2008

Las alcaldadas en España.

Es indignante. Fíjense qué noticia: Los ayuntamientos hacen oídos sordos ante el problema del ruido. Los barandas no presentan en el Ministerio de Medio Ambiente los informes que se supone tienen que presentar por mandato de la normativa europea. Seis de dieciocho ayuntamientos de grandes aglomeraciones ha presentado la mitad de los papeles, a falta de la otra mitad.

Es una prueba más de la carencia de conciencia edilicia acerca del ruido. El país sigue siendo territorio de mesnaderos y labrantines, ahora reciclados en moteros y discotequines que se "realizan" armando ruido. Y ello con la connivencia cuando no activa colaboración de las autoridades municipales a quienes la tranquilidad y el descanso de la mayoría de residentes en su municipio importa una higa. Hasta parecen sus enemigos jurados. El viejo concepto de "alcaldada" no se refiere sólo a un comportamiento proactivo sino que también es aplicable a la clamorosa falta de cumplimiento de los deberes inherentes al cargo. No afecta solamente a aquella situación en que un alcalde rebuzna sino a aquella en que no hace nada para impedir los molestos rebuznos de algún vecino.

La segunda quincena de agosto en España es de cine, de cine de los Picapiedra con las masas haciendo ruido hasta el amanecer en unas aglomeraciones estrepitosas que llaman "fiestas". Y como no hay modo de generalizar esa conciencia por medio de la ley porque las leyes en España, ya se sabe, "se acatan pero no se cumplen", a lo mejor hay que ir pensando en querellarse contra algún que otro alcalde por incumplimiento de la ley; incluso, dada la naturaleza dañina de la contaminación acústica, también por denegación de auxilio y hasta por torturas. Porque si un ciudadano ha de esperar trece años a que se tomen medidas con un bar de copas en los bajos de su casa, son trece años sin poder dormir, trece años de incuria municipal y judicial razón por la cual a lo mejor debe condenarse al propietario o al mismo alcalde a otros trece años en una celda de aislamiento y escuchando sin parar El bolero de Ravel; que se sepa que hay cosas peores que la muerte.

(La imagen es una foto de Plasencia calle de los vinos, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 14 de agosto de 2008

Fuera ruidosos.

Los lectores y lectoras saben que este blog es militante en contra del feo vicio nacional del ruido evitable al que considera una forma delictiva de contaminación, un atentado a la integridad física y moral de las personas. Hace muchos años que Palinuro comenzó esta batalla, mucho antes de que existiera internet. Por entonces, años ochenta del siglo pasado, la actitud antirruidosa era considerada como algo de neuróticos, un síntoma de poca hombría y menos españolidad. Cuanto más ruidoso era cualquier imbécil (con su moto, su radio, su TV, sus berridos, sus discotecas, sus fiestas, sus conversaciones a gritos), más español y olé. Los dioses saben lo que hemos tenido que aguantar los partidarios del silencio en este país de energúmenos y alborotadores hasta que ha empezado a abrirse paso la convicción de que hay que castigar el ruido innecesario y evitable con la misma contundencia con que se castigan otras actividades dañinas.

Por eso Palinuro aplaude (silenciosamente, pero con entusiasmo) cada paso que se da para meter en cintura a la insufrible especie de los ruidosos. En esta ocasión el aplauso va dirigido al Tribunal Superior de Justicia de Cantabria que ha condenado al Ayuntamiento de Laredo a pagar 64.000 euros a un vecino por por las molestias y trastornos que le ha causado un bar debajo de su vivienda. Lean la noticia porque pone los pelos de punta: ocho años aguantando 47,2 decibelios (frente a los 30 autorizados, que ya son una pasada), él y sus ancianos padres, ya difuntos, con secuelas físicas y psíquicas de todo tipo, hasta el punto de que, a veces, tenían que pernoctar en un barco. ¿No es terrible?

Los que no entiendo es por qué se condena sólo al ayuntamiento. Desde luego, está muy bien condenado (y me parece poco dinero que, por cierto, los munícipes debieran sacar de su propio bolsillo y no del de todos los ciudadanos que no son culpables de nada), sobre todo porque los responsables municipales recurrieron una primera decisión contraria en lo contencioso administrativo, prolongando la tortura de los afectados. Lo cual demuestra una vez más mi teoría de que, en muchos casos, las autoridades municipales son gentes desaprensivas, verdaderas enemigas de los vecinos que les pagan el sueldo y en no pocas ocasiones conchabadas con los granujas que agreden a las personas pacíficas en la intimidad de sus hogares. Pero, insisto, ¿por qué sólo al Ayuntamiento y no al pollo propietario del bar que estuvo ocho años torturando a una familia y robándole el sueño y al que habría que mandar a la cárcel? ¿O es que era el mismo alcalde o un concejal? No me extrañaría.

(La imagen es una foto de Plasencia calle de los vinos, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 24 de mayo de 2008

Coslada, ciudad sin ley.

Un lector echaba de menos hace unos días algún comentario de Palinuro sobre el episodio de Coslada. Llamativo ya es, desde luego; pero aquí no se reflejó nada por evitar la precipitación. Al fin y al cabo se trata de delitos que se imputan a las fuerzas del orden, a los encargados de vigilar por la seguridad ciudadana y de hacer cumplir la ley, a la policía municipal. Un esperpento bastante siniestro. Me pareció recomendable esperar un poco para tener mayor seguridad y todavía hoy, al día siguiente de la rueda de reconocimiento en que varias prostitutas de las que denunciaron los hechos han reconocido a algunos de los acusados, hay que hablar con prudencia para no saltarse la presunción de inocencia. Esos veintiocho acusados, desde el jefe de la policía hasta el último agente son inocentes en tanto un tribunal de justicia no diga lo contrario.

Por lo demás, el relato de los hechos que se les imputan, las reacciones del vecindario, el desarrollo de las primeras diligencias judiciales presentan un panorama gansteril, con la variante de que en esta ciudad vecina a Madrid los gangsters parecían ser los propios policías. Quienes extorsionaban a los comerciantes, dueños de bares y clubes, amparaban el proxenetismo y colaboraban con él, hacían violencia a las mujeres de alterne, se apropiaban de lo ajeno se supone que eran los agentes del orden. Se trata de esos delitos especialmente dañinos para el interés público porque afectan a la esencia misma de la tarea que el funcionario o la autoridad tiene encomendada, como cuando un juez prevarica, un cura es pederasta, un periodista calumnia, un profesor aprueba por la cara o un político mete la mano en la caja. Son comportamientos que hacen un daño añadido a la colectividad por cuanto extienden un manto de sospecha sobre cuerpos que, en su inmensa mayoría, no se la merecen.

Coslada es una ciudad de aluvión, prácticamente salida de la nada en los últimos cuarenta años en que ha pasado de tener unos 3.000 habitantes a contar con unos 85.000 de los que cerca del 18 % son inmigrantes, especialmente rumanos. Y son rumanos quienes, según se dice, estaban organizados para extorsionar a las prostitutas de acuerdo con los policías que, al parecer, además, cobraban sus favores en especie. Estos datos, es de esperar, moderarán algo los prejuicios en contra de la inmigración. En Coslada actuaba este grupo organizado de delincuentes rumanos pero parece que los verdaderamente temibles eran los policías españoles. Y cuando uno recuerda más casos de corrupción o delincuencia policial, episodios de torturas en comisarías, de muertes en cuartelillos, de contrabando y tráfico de drogas, está uno obligado a salir al paso del estereotipo "inmigrante delincuente" a base de contraponerle otro que podría también hacer fortuna de "policía delincuente" y que, sin embargo tampoco sería justo.

Lo sorprendente de esta historia, ya en sí misma sorprendente del principio al final, es que estos comportamientos de los policías puedan haberse dado a lo largo de muchos años en los que han sido de conocimiento público, con abundancia de denuncias callejeras, pintadas, y comentarios, y que nadie haya hecho nada por investigar, por atajar el desmán; que ningún político de los que han gobernado sucesivamente el ayuntamiento de esta ciudad haya ordenado apertura de expediente alguno. Un viejo dicho afirma que en la administración pública los funcionarios son los puentes y los políticos los ríos que pasan por debajo de ellos. Por lo que se ve, los puentes debían ser pasarelas de piratas y las aguas venían mansas y como idas.

En caso de que los policías municipales de Coslada hoy imputados sean declarados culpables, habrá que preguntarse si las autoridades políticas no han incurrido en algún tipo de ilícito por negligencia. Porque negligencia y mucha tiene que haber habido para permitir que un puñado de delicuentes de uniforme campe por sus respetos en la ciudad como si ésta fuera Wichita, ciudad sin ley.

(La imagen es una foto de tnarik, bajo licencia de Creative Commons.

jueves, 24 de abril de 2008

Vicios nacionales. El ruido.

Según una noticia de hace unos días en 20 Minutos, el Tribunal Supremo no ha admitido el recurso presentado por el Ayuntamiento de Arganda del Rey contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) que lo condenaba a pagar más de doce mil euros de compensación a once vecinos por los ruidos que han tenido que soportar procedentes de sendas casas regionales de Andalucía y Extremadura de titularidad municipal. Bien, aplausos al Supremo. Aplausos también al TSJM, aunque menos porque los doce mil eurillos que otorga a los afectados son, sin duda, una cifra ridícula. Cualquiera puede imaginar lo que habrán pasado unas gentes que han vivido en el piso de arriba de sendos locales donde se organicen juergas flamencas los fines de semana. Y si la imaginación no alcanza, que pidan los resultados de las mediciones de decibelios hechas por la policía local y la Guardia Civil.

Y pitos, muchos pitos y abucheos al Ayuntamiento de Arganda del Rey primero por permitir que unos individuos ruidosos perturben sistemáticamente la paz del vecindario; luego, por no hacer nada ante las reiteradas reclamaciones de los afectados; y por último, por recurrir la sentencia que lo condena. Una vez más se prueba que, en muchos casos, los principales enemigos de los vecinos en los pueblos o ciudades son sus consistorios, que debieran velar por su bienestar y derechos y sin embargo hacen causa común, por interés o simple negligencia, con quienes los conculcan.

Así como este blog es antitaurino, es enemigo declarado de los ruidos y de los ruidosos, plaga nacional que los dioses confundan, detestable costumbre ancestral que los más brutos de la raza, que son los que más tiempo han mandado en el país, ensalzan como muestra de virilidad y genial sentido españolista: cuanto más berrees, cuanto más grosero seas, más español. El año pasado dediqué tres posts a esta espantosa costumbre nacional de armar ruido: La batalla contra el ruido, Venceremos y Cárcel por armar ruido comentando los avances que van haciéndose en la lucha contra esta plaga y que aún son muy pocos. Cualquiera sabe de casos, si es que no los sufre en carne propia, de vecinos insoportables por bullangueros por los más diversos motivos: fiestas, radios, televisones, equipos de música a todo trapo, pendencias, electrodomésticos ruidosos, actividades de bricolaje. Cada vez que me acuerdo del imbécil del piso superior al mío al que tuve que soportar una larga temporada dedicado a actividades de bricolage me entran sudores fríos.

Éramos pocos y parió la abuela. Por si no hubiera bastante con los mil ruidos que los españoles desconsiderados (expresión ampliamente redundante) emiten, con el aumento de la inmigración, han comenzado a llegar los latinoamericanos que en esto de los ruidos son dignos hijos de la madre patria, de forma que cada vez son más los inmuebles en los que los vecinos tienen que tragar que en algún piso se instalen lationoamericanos a los que encanta, al parecer (no a todos, desde luego) tener puesta todo el día alguna musicanga tipo salsa con las ventanas abiertas. Innecesario decir que considero la inmigración un don del cielo y soy partidario de abrir la frontera cuanto se pueda a todos los que quieran venir a labrarse un futuro. Pero es absurdo no ver que eso plantea problemas de convivencia y que uno de los más agudos es el de las diferentes costumbres. La de tener la música a todo trapo con las ventanas abiertas día y noche no es de recibo. No es de recibo cuando la practican los españoles ni cuando la practican los inmigrantes.

Una de las virtudes del Gobierno socialista es haber entrado a civilizar este país do todos presumen de garañones en algunas de sus más irritantes cuanto acendradas prácticas como andar matándose por las carreteras y apalear y asesinar mujeres y niños, a ver quién es más macho. Y hacerlo por ley. Gran acierto. Quizá convenga endurecer esas leyes, dado que las consideraciones de respeto al prójimo o prójima no parecen entrarnos en la cabezota sino es a golpes de código.

Bien está todo ello. Pero ha llegado el momento de dar un paso adelante y enfrentarse al morlaco del ruido y los ruidosos, los de las motos a escape libre, los de las discotecas, los tablaos, los transistores, todos los energúmenos que arman bulla en detrimento de la tranquilidad ajena. Hora es de que se legisle que contaminar el medio ambiente acústico es igual a contaminar el resto de la biosfera: un delito por el que hay que pagar, incluso con la cárcel.

(La primera imagen es un óleo de Casimiro Sáiz y Sáiz titulado Interior de una botillería, de 1878; la segunda, uno de Pablo Salinas, titulado Tiempo de fiesta y la tercera un grabado de Ramón Torres Méndez, titulado Baile de campesinos de la sabana de Bogotá 1878).

martes, 18 de marzo de 2008

El tercer mundo en el primero.

Se me ha ocurrido hacer una visita a mis dos hijos que viven en los Estados Unidos, aprovechando las vacaciones. Vaya experiencia la entrada en el país más poderoso de la tierra. Siempre fue complicada pero, desde que se ha apoderado de él este frenesí un poco histérico de la seguridad, se ha convertido en una tortura. A las larguísimas colas que hay que hacer en el servicio de inmigración, en el que unos policías displicentes se toman las cosas con la pachorra que en principio se usa al sur de Río Grande, se ha unido ahora la repugnante práctica de fichar a todo extranjero que asoma el morro por aquí.

Y fichar quiere decir fichar como si fuéramos indeseables: las huellas digitales de los diez dedos de las manos y una foto del turista, con lo que se refuerza la imagen de que se está tratando a los visitantes como potenciales delincuentes y algunos de ellos lo serán, sin duda, pero la autoridad no puede tratarnos a todos como si todos lo fuéramos, so pena de hacer el ridículo y crear atascos, molestias y problemas de todo tipo que es justamente lo que todos quieren: los terroristas porque, a falta de una carnicería, por lo menos consiguen fastidiar a un montón de gente, y las autoridades porque, de este modo, los sufridos administrados nos damos cuenta de cuán necesarias son y cuántos sus desvelos. Todos tratados como borregos pero borregos muy orgullosos de serlo y así, mientras perdemos el tiempo a raudales, tenemos la satisfacción de hacerlo por una noble causa, la que se anuncia por doquier y sin el más leve rasgo de ironía. El mismo grave sentido de las responsabilidad que llevó a los nazis a escribir a la entrada de los campos de concentración aquello del Arbeit macht frei se reproduce aquí pues mientras las autoridades maltratan a la gente en todas partes puede leerse que la idea es Keep America's doors open and our Nation secure, esto es, "mantener abiertas las puertas de América y segura nuestra nación." Hay que fastidiarse. Es justamente al revés y la prueba de que América es cada vez más insegura es este mismo cartel. Pero vaya Vd. a explicárselo a Mr. Bush o a quienes lo apoyan o trabajan para él, satisfechísimos de estar venciendo en la "guerra global contra el terrorismo".

Y todas estas desgracias se le ocumulan si va Vd. en vuelo directo. Como tenga Vd, que hacer un transbordo, lo anterior se repite en buena medida, de forma más irritante y, además... la primera potencia del mundo puede perderle a Vd. las maletas. Y no solamente a Vd., sino a una docena de pasajeros que venían en el mismo vuelo. Y no solamente hoy sino, como dicen los empleados de la línea en cuentión mientras toman nota de las reclamaciones con aire de cumplir rutinas, en casi todos los vuelos; esto es una costumbre. Así también mantengo yo los precios bajos en la competencia: llegando tarde, amontonando al personal como si de borregos se tratara y perdiendo su equipaje.

Es literalmente el Tercer Mundo en el Primero.

(La foto es de júbilo·haku bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 2 de febrero de 2008

Acabar con las corridas de toros.

Parece que TVE1 no volverá a retransmitir corridas de toros. Sabia decisión. Enhorabuena. Un paso más para acabar con este espectáculo que tiene mucha estética, desde luego, es tradicional y popular en España y está tan imbricado en la cultura española que gran cantidad de sus expresiones forman parte de siempre de la lengua coloquial, como "estar para el arrastre", "dar la puntilla", "torear mirando al tendido", "faena de aliño", "entrar a matar", "salir a hombros", "no hay quinto malo", etc, etc.

El problema es que esta fiesta, este espectáculo, descansa sobre el sufrimiento, el martirio y muerte atroz de unas pobres bestias que no han hecho mal a nadie. Es decir, el espectáculo es muy hermoso pues todo en él lo es, desde los colores, los atuendos, las fanfarrias hasta el arte del toreo propiamente dicho, la lidia que es una especie de trágico ballet en el que a plena luz del sol la inteligencia y la agilidad tratan de burlar a la fuerza bruta. Con el morboso aliciente añadido de que, a veces, no lo consiguen y el torero pierde la vida en su empeño. Montado sobre la crueldad, el espectáculo no puede tener dimensión estética alguna. Pero admito que la crueldad parece ejercer un atractivo morboso sobre los seres humanos. Ver sufrir a un animal no provoca a mucha gente sentimientos de compasión sino una especie de exaltación que le hace disfrutar. A mayor sufrimiento del animal, más disfrutan quienes los contemplan. Debo advertir que no por ello se me antoja la llamada "fiesta nacional" algo digno de conservar. Al contrario: cuanto antes se supriman, mejor. ¿Que qué hacemos con las plazas de toros? Teatros, pistas de patinaje, cualquier cosa donde la gente no vaya a saciar sus más bajos instintos.

Con motivo de la acertadísima decisión de TVE1, mi amiga Marita me envía una serie de vídeos para difundir en los que se documenta plásticamente la crueldad con que se trata a estos animales. Hace falta bastante estómago para verlos. Me limito a reproducir uno rodado en Francia en 2004 y advierto de que es bastante duro de mirar.

Pues claro que hay que abolir las fiestas de toros. El argumento de que si se suprimen se pierde uno de los filones artísticos españoles más típicos como son las tauromaquias no quiere decir nada. También las epopeyas son manifestaciones sublimes del genio humano pero no por ello dejamos de decir que hay que acabar con todas las guerras.

domingo, 6 de enero de 2008

Los Reyes Magos.

La fiestas de Navidad tienen tres momentos culminantes: Nochebuena, Nochevieja y Reyes, al menos en España, Italia y buena parte de América. Cada uno con su carácter. La primera es una noche de culto a la familia, la segunda es una festividad pagana y la tercera va dedicada a los niños. En las tres, por supuesto, se come, se bebe y se compra todo cuanto se pueda; pero ese aspecto se lo dejo a los críticos de estas fiestas, que abundan como pulgas en aprisco, dispuestos a soltar el rollazo del consumismo.

La noche del cinco al seis y el día seis son los momentos de los niños y de todos cuantos anhelamos serlo de nuevo, no haber dejado de serlo, no haber crecido (si es que lo hemos hecho), como quería Peter Pan. Me daría lo mismo hablar de la noche del veinticuatro al veinticinco para aquellos lugares donde se celebra la llegada de Santa Claus. En ambos casos es igual: momentos en que las gentes actuamos movidas por el más noble impulso que pueda darse, esto es, mantener la ilusión de la inocencia y alegrar la vida a unos seres que creen a pies juntillas que unos magos de Oriente que todo lo saben llegan a las casas cargados de regalos para los niños buenos que, a la postre, somos todos.

El origen de esta leyenda, que está en el Evangelio según San Mateo (2, 1-11), aparece mezclada con la matanza de los santos inocentes, ordenada por Herodes, temeroso de aquel "Rey de los judíos" que se le había dicho que nacería en Belén. En otros términos, el nacimiento del hijo de Dios viene acompañado de una carnicería de inocentes. Por cierto, nunca he entendido por qué se ha hecho recaer en la celebración de este día, el 28 de diciembre la vieja costumbre pagana del April Fools'Day como no sea por un particular sadismo cristiano.

Al margen de ese aspecto siniestro, confieso que me entusiasma la leyenda de los RRMM. Seguramente porque fueron muy importantes para mí en mi niñez, he tratado siempre de que lo sean para mis hijos. Ese aniñamiento que se produce en esta fecha, esa ilusión por lo que ha de venir, esa experiencia de lo nuevo, lo maravilloso, lo que nos han traído de muy lejos a nosotros, por ser nosotros, me ha parecido siempre uno de los grandes goces de la vida, sino el mayor. Ahí es donde los adultos reconocemos la superioridad de los niños, donde vibramos al sonido del celebérrimo poema de Wordsworth,

" My heart leaps up when I behold

A rainbow in the sky:

So was it when my life began;

So is it now I am a man;

So be it when I shall grow old.

Or let me die!

The Child is father of the Man;

I could wish my days to be

Bound each to each by natural piety.


"Micorazón salta cuando veo

un arco iris en el cielo:

Así fue cuando empecé a vivir;

así es ahora que soy un hombre;

que así sea cuando me haga viejo.

¡O dejadme morir!

El niño es el padre del hombre;

Desearía que mis días estuvieran

encadenados por la piedad natural."

El niño es el padre del hombre. ¡Cuán cierto! Y cómo se ve eso el día de Reyes.


(La imagen es el famoso óleo del Giorgione, Los tres filósofos, inconcluso a la muerte del maestro, terminado por Sebastiano del Piombo y que se encuentra en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Una de sus posibles interpretaciones es que se trata de los tres Reyes Magos. El portal de Belén sería la gruta de la izquierda.)