jueves, 7 de febrero de 2019

La tiranía de la mayoría

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado La rebelión de las togas. Termina hablando de que los jueces obedecen las órdenes de un gobierno tiránico. Como dicen los cursis, sector anglófilo, la expresión hizo que se fruncieran algunos entrecejos y se enarcaran algunas cejas. ¿Gobierno tiránico? ¿España, Estado de derecho homologable con los europeos, una tiranía? Venga, venga, seamos serios. Tiranía es, desde los tiempos del Filósofo, el gobierno arbitrario de los hombres (uno solo o varios, como la tiranía de los 30 en Atenas) y no el gobierno de las leyes. No es el caso en España, en donde gobierna la ley, votada por la mayoría. Así, en efecto, seamos serios.

Lo somos, con la seriedad de la verdad. El Estado español es una tiranía de manual de una de las formas mejor definidas de esta forma gobierno, formulada con posterioridad a Aristóteles. Quizá por ello no la conozcan quienes la identifican solo con el arbitrario gobierno personal; aunque, si leyeron bien al estagirita, algo deberían maliciarse cuando este equipara democracia a demagogia. Pero era complicado. Hubo que esperar 2.200 años para que John Stuart Mill definiera a mediados del siglo XIX, esa nueva forma de tiranía: la tiranía de la mayoría: "Si toda la humanidad menos una persona fuera de una opinión y solo esa persona de la contraria, la humanidad no tendría más derecho a silenciar a esa persona que ella a silenciar a toda la humanidad, caso de que pudiera". 

Sustituyan humanidad por España y la persona de opinión contraria por el independentismo catalán, cuantifiquen 47 millones frente a dos millones y pico. 45 millons serán siempre mayoría frente a dos y pico. Mayoría tiránica. Silenciar la opinión de uno solo es tiranía, silenciar la de más de dos millones es tiranía de la mayoría y, como dice Mill, implica una presunción de infalibilidad que quizá no sea ajena a la derecha, pero debiera serlo a la izquierda.

Sobre la libertad es la biblia del liberalismo y le ocurre lo que a la Biblia con los católicos: que no la leen. Si los liberales -y, osaré decir, los socialistas y los izquierdistas en general- leyeran a Mill, descubrirían el significado de la tiranía de la mayoría en España, y quizá también llegaran a comprender su conclusión de que "la humanidad gana más admitiendo que cada cual viva como quiera que obligando a cada uno a vivir como quieren los demás."

Son verdades como montañas. Aplíquense a Catalunya.

Aquí el texto en castellano.

La rebelión de las togas

El juicio politico contra el independentismo parte de una premisa oficial, con la que se quiere neutralizar el principal argumento independentista: el llamado "conficto" entre Catalunya y España no puede resolverse en clave política porque la política es el ámbito de los intereses partidistas y los egoísmos, la negociación y el chanchullo. Solo lo puede resolver un ente neutral, carente de interés en el pleito, imparcial e independiente, esto es, la justicia. Es la garantía del Estado español, capaz de proteger incluso a sus enemigos porque, si por los políticos fuera, muchos de estos estarían ya crucificados a lo largo de la diagonal.

Las togas han tomado sobre sí la tarea de defender el Estado y la nación españolas por cuanto parece que los otros dos poderes, el ejecutivo y el legislativo, no son capaces de hacerlo. Resumiendo el prontuario de los jueces de la IIIª restauración: la acción de la justicia presenta tres ventajas: a) goza de la legitimidad de la imparcialidad; b) de los poderes del Estado es el que alcanza mayor grado de impunidad e irresponsabilidad; una sentencia del Supremo es el requiescat; c) es un poder independiente pero protegido por los otros dos, que determinan su composición. Todo queda en familia.

La lectura de este proceso grotesco es que se trata de un castigo por haber desobedecido al Tribunal Constitucional; pero no solo por haber desobedecido la prohibición concreta de realización del referéndum: ese es el pretexto. El crimen de la entera nación catalana es la desobediencia a la famosa sentencia de 28 de junio de 2010 por la que este tribunal, hablando en nombre de la metafísica de los pueblos, niega a Catalunya la condición de nación.

La rebelión de Catalunya, obstinada en ser nación, es una intolerable muestra de orgullo . Se personifica en el chivo expiatorio de estos nueve presos/as políticas/os a los que, tras someterlos a torturas y vejaciones sin cuento, humillarlos y arrastrarlos por el fango de innumerables tertulias donde periodistas e intelectuales sicarios los injurian y calumnian, condenarán a penas ejemplares como escarmiento a la población.
Todo irreprochable: España es un Estado de derecho, según afirman voces autorizadas como Gabilondo (los dioses te perdonen, Iñaki; los demás, no podemos) o Coixet en vídeos de propaganda del Estado neofranquista. En ella rige el imperio de la ley y los acusados tendrán un juicio justo e irreprochable.

Es el mismo discurso falso, embustero, o sea, español, de siempre. Todo en él es mentira. La causa fue iniciada como porsecución política por al anterior gobierno del PP con ánimo de "descabezar" el independentismo. Aquel gobierno usaba a los jueces como comisarios a sus órdenes a lo que estos se plegaban diligentemente porque de ello dependían ascensos, promociones, enchufes, privilegios, que es lo único que les importa. Y este gobierno de "izquierda" socialista la sigue con el mismo espíritu catalanófobo y ánimo escarmentador.

Los jueces entienden el mensaje: contra los catalanes, vale todo. El abuso, la tortura, la violación sistemática de derechos, la prevaricación, cualquier cosa será pasada por alto, ignorada por una fiscalía cómplice y legitimada después por el aparato de propaganda del ministerio de Asuntos Catalanes, dirigido por Borrell y a cuyas órdenes trabaja ya una caterva de mindundis académicos que hablan con la inexistente autoridad que les concede ser los perros ideológicos de su señor.

Envalentonados por el respaldo del poder que les importa más que el derecho, los magistrados españoles deciden encabezar ahora la rebelión del orden la ley y la justicia contra la rebelión injusta, demagógica, antidemocrática de los independentista.
En su arrogancia, estos mediocre fariseos de lo judicial no han reparado en que, al dar un paso al frente, ahora se les ve más y se sabe lo que son.

El Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial son el cuarto de guardia del régimen del 78, consistente en llamar democracia a un franquismo cristalizado sobre unos cimientos hechos con cientos de miles de asesinados enterrados en cunetas, cuyos herederos y beneficiarios directos se sientan hoy en los tribunales llamados de justicia para seguir impartiendo la del vencedor. Y como es la justicia del vencedor, las formas dan igual. La instruccción del proceso ha puesto en evidencia la fabulosa incompetencia del juez Llarena y ha resultado en un atropello sin precedentes. El presidente de la sala juzgadora, hijo de un capitán de la legión y un africanista, mediocre y oscuro personaje capaz de alterar el orden aceptado para enchufar a su hija en detrimento de otros ciudadanos, carece de autoridad moral para juzgar a nadie.

Y menos a unos presos políticos cuya mera existencia ya es prueba de la iniquidad total de una causa en la que los papeles están invertidos: son los acusados quienes debieran juzgar y los juzgadores quienes debieran responder por ir contra la justicia a las órdenes de un gobierno tiránico.

miércoles, 6 de febrero de 2019

En el filo de la navaja

No está claro que sea todo el gobierno quien acepte. El ministro de Proganda anticatalana estalló ayer en el Senado contra Josep Lluís Cleries (PDeCat) y Jon Inarritu (EH Bildu), cosa de esperar, dado su bronco (del ministro) talante. Pero antes había desautorizado agriamente a su propia vicepresidenta Calvo, cosa menos de esperar. Y, echando leña al fuego de su fama de racista, habló de "tratamiento de ibuprofeno" (ya saben, se empieza desinfectando...) y dio prueba  de su falta de sensibilidad porque ayer precisamente moría Stewart Adams, inventor de tan benéfica substancia. Lo contrario que Borrel, que es cizañero y venenoso.

El fino olfato nacional-español detecta en la habitual logomaquia "mediador"/"coordinador" una sombra de claudicación. Para disiparla, los estrategas gubernativos tratan de rebajar el problema cambiándole el nombre, como si, por no llamarlo por su nombre, el problema dejara de existir. Como si, cuando hablan de "políticos presos", desaparecieran los presos políticos como sombras del pasado.

Tras meses de fingir indiferencia y permitirse alguna chulada, el gobierno descubre su juego y se aferra a una remota posibilidad de salvar los PGE cediendo en su negativa a tratar a Catalunya de igual a igual, con gran escándalo de las huestes del Cid. Prueba de que lo que más le importa es quedarse en donde está. A cambio pone el pie en terreno resbaladizo y a Borrell a dar gritos en el Senado.

Justo ahora también afloran sutiles desacuerdos en el bloque indepen y, curiosamente, en sentido contrario al que se esperaba. Según parece, ERC, señalada como más "pactista", presiona para exigir el programa máximo (autodeterminación, libertad presos políticos) a cambio de los PGE, mientras que, de JxC, el lado más conservador y más intransigente, se intuye una inclinación por el programa mínimo y un reproche a ERC de falta de realismo en sus condiciones.

Nada nuevo en la compleja historia de esta revolución sin precedentes. El programa mínimo da luz verde a los PGE y garantiza continuidad del gobierno del PSOE. El programa máximo rechaza los PGE, pero eso no implica necesariamente caída del gobierno (que prorroga los PGE anteriores) ni elecciones anticipadas. El PSOE puede seguir gobernando, pero estará condicionado por los votos indepes, máas que si estos hubieran apoyado las cuentas.

Cualquiera de las dos salidas apunta a un futuro my complicado en el corto y medio plazo. La idea de que apoyar el gobierno del PSOE evitará otro de concentración nacional más reaccionario y más agresivo contra Catalunya tiene el mismo valor que la que fía la ruptura final con España precisamente a la reacción a esa última agresión ultranacional, la aznarina, la que la gente española del "a por ellos quiere."

Discrepancia normal. Terreno muy discrepable. Personalmente me inclino por el asunto de principios: sin libertad de presos políticos, no hay PGE, pero admito que los partidarios del programa mínimo tienen sus razones, adobadas, además, por el hecho de que no renuncian a exigir la autodeterminación. Es más, es el punto segundo de los 21 que Torra presentó a Sánchez en su reunión de diciembre pasado. 

Aquí hay una interesante clave para entender el alma a veces ambivalente del independentismo, en los 21 puntos de Torra. Léanse con atención y dígase si no son dos bloques: el primero, del punto 1 al 6, ambos inclusive, trazan la vía a una República catalana independiente; el segundo bloque (del punto 7 al final) articula una política de regeneración democrática de España con Catalunya dentro de alguna forma no especificada que, lógicamente será innecesaria si los primeros puntos dan la independencia de Catalunya.

Programa máximo, programa mínimo. Cal triar.

martes, 5 de febrero de 2019

Los límites de la tortura

Desde los tiempos de César, cuando se llevó como trofeo de guerra a Vercingétorix a Roma, al poder le encanta exhibir su gloria y nada mejor que obligando a desfilar a los vencidos en condiciones humillantes. La siniestra cabalgata de ayer desde Lledoners y las otras dos prisiones, adobada con las vejaciones a los/as presas es una prueba irrefutable de malos tratos, degradantes y humillantes. A un paso ya de la tortura, desde luego, psicológica. Añádase a ello la perspectiva de tres traslados semanales de ida y vuelta desde las prisiones al Supremo durante el proceso.

El paso está dándose ya pues el trato que reciben en los centros penitenciarios refuerza la tendencia a vejaciones de los funcionarios armados del Estado. Medidas absolutamente arbitrarias, irracionales, sirven para atacar la autoestima de los reclusos y tratan de deshumanizarlos. Les han requisado todas las prendas de color amarillo, incluido un rotulador. Y los ordenadores. Todo es entorpecer, obstaculizar, impedir que los presos tengan el sosiego necesario (y los medios materiales) para preparar su defensa. Los tribunales, el ministerio del Interior, el gobierno, todos aúnan esfuerzos en contra de los presos políticos en un frente cerrado. El gobierno, por ejemplo, impide que TV3 trasmita desde la sala. Lo que no prohíbe el juez, lo prohíbe el comisario. 

Es tortura, es maltrato, abuso psicológico. El Estado está cubriéndose de gloria. El ministro de Asuntos Catalanes y Propaganda, Borrell, destina cientos de miles de euros a producir material audiovisual, vídeos, vamos, para propagar la visión oficial del Estado: una minoría de descerebrados que ya están a buen recaudo, dando cuenta de sus crímenes, ha encandilado a una porción apreciable de catalanes que, inducidos a error por la propaganda de los medios de comunicación separatistas, siguen a los descerebrados sin saber bien qué hacen. Ahora despertarán de su ensueño cuando caigan las justas condenas del Estado español, perdón, de la justicia española.

Saben muy bien a lo que se enfrentan, a una sublevación popular; pero no quieren reconocerlo. Es la receta más segura para el fracaso, porque la exhibición de fuerza no es fuerza. Así como el valor no se puede fingir, tampoco la fuerza. 

De ángeles y hombres

Vamos a descansar un poco de la política. Un instante. Hagamos un periplo por las regiones celestiales, en donde habitan los ángeles, legiones de ellos. Seres incorpóreos, habitualmente fulgurantes, que nos acompañan desde nuestros orígenes, como individuos y como especie. Ahí es nada.

Una de las fuentes más nutricias de la filosofía contemporánea son las Tesis sobre la filosofía de la historia, escritas por Walter Benjamin en 1940, a las puertas del suicidio. Y, dentro de ella, la sucinta reflexión sobre el Angelus Novus, pintado por Paul Klee en 1920, que Benjamin adquirió en 1921 para no separarse nunca ya de él, salvo un breve involuntario lapso y la separación definitiva. La reflexión es sucinta, pero le vale al ángel de Klee el título de "angel de la historia"; la historia como la veía y la vivía Benjamin, como una catástrofe. Hay un tono apocalítico en ese ángel, a pesar de la aparente naïvité de la acuarela. Un ángel terrible. Y de ese ángel bebe parte importante de la filosofía contemporánea, la postmoderna, la anamnética. Ese ángel, dice Agamben, es el hombre contemporáneo.

¿Pues no dejó dicho Rilke para recuerdo de todas las posteridades en las Elegías de Duino, escritas hacia 1912, que "todo ángel es terrible? ¡Ah, sí, desde luego! dice Benjamin, pero es que, fíjate, aunque ese ángel de la historia, al final, trata de reparar los destrozos y despertar a los muertos, viene una huracán desde el Paraíso que se lo impide y lo empuja hacia el futuro. Sí, decía Rilke en el Libro de las imágenes en 1905, cuando los ángeles despliegan sus alas, se levanta un huracán con el que Dios escribe en el oscuro libro del origen.

Los ángeles, legiones de ángeles. Los hay de muchos tipos. Eran un tema favorito de Klee. Alguno especialmente adorable como el ángel olvidadizo, de 1939; es el lado más humano de los ángeles, que todos son tronos, dominaciones, virtudes... En el cuadro de la ilustración, de Rafael, El arcángel San Miguel vence al diablo, (1501) lo interesante está en la zona intermedia entre el arcángel y Satán. En esa zona es donde se figuran estar los hombres, entre los ángeles y los demonios. 

Pero, así somos los seres humanos, siempre hacemos trampa. Fingimos estar en el juste milieu de los sabios, entre Dios y el diablo, pero, en realidad, nos consideramos ángeles y, de estar en algún lugar medio, entre los ángeles y el mismo Dios, pues para eso es obra nuestra y no tiene nada mejor que hacer que ocuparse de nosotros. Lo reconocía hasta alguien tan pesimista como Hamlet al explicar qué obra maestra es el hombre: "en la acción, como un ángel; en comprensión, como un Dios" . Y en esas estamos desde entonces, como recuerda Agamben, sin saber a qué carta quedarnos. A veces prevalece el ángel, la acción y lleva al huracán de la historia, el "matadero" de Hegel. A veces prevalece el Dios, y el resultado viene a ser el mismo.

Si los ángeles son terribles, no te digo nada los Dioses.

lunes, 4 de febrero de 2019

El segundo frente

El desvencijado navío hispano está encallado y zozobrando entre la mar bravía de un movimiento independentista que no ceja  y los escollos del acervo comunitario en materia de derechos que no ceden. 

La farsa político judicial escenificada en Madrid lo dice todo. El Supremo pretende juzgar con un ojo en el TEDH, y empieza por negar la entrada a los observadores internacionales con excusas pueriles que solo revelan talante autoritario. Ya todo el mundo se malicia lo peor y aún no hemos comenzado.  De ahí la campaña del Estado en todos los horizontes, especialmente el propagandístico. En él se cree un águila, aunque su vuelo es siempre gallináceo. Al fin y al cabo, la propaganda es una invención de la iglesia católica, de los tiempos de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide, hallazgo de los jesuitas allá por 1622. Esos mismos jesuitas (la Orden no muere) en cuyo colegio y universidad se educó Marchena, el jesuítico Radamanto de los indepes.

Pero este juicio político no hay quien lo salve. Es extraño que las izquierdas españolas no reaccionen con contundencia. Entre otras cosas porque si, quienes instigan el juicio, ganan, las siguientes serán ellas, enemigas de la patria. En fin, allá se lo guisen estas izquierdas que, de izquierdas, bien se ve, tienen ya poco.

Es absurdo llamar "normalidad" a una situación en la que se efectúa un traslado de presos como el que se ha hecho con los políticos catalanes. Ese increíble desfile de autobuses, motos, furgones, más motos, "with their red lights flashing in the night", esa narcisista pulsión de exhibir overkilling, trata de crear un clima bélico, como si se estuviera trasladando a peligrosos jefes rebeldes en medio de territorio hostil. 

Esto está adquiriendo niveles grotescos, propios de la tribu que ama la tramoya y lo hiperbólico. Allá van nueve pacifistas que jamás han protagonizado violencia alguna, ni de palabra, algunos de ellos profundamente religiosos en la fe de Cristo que también invocan, por cierto, sus carceleros y sus sayones; alla van, digo, rodeados de motoristas como los heraldos negros de la muerte, precedidos de luces, sirenas, rodeados de furgones enrejados, enrejados ellos/as a su vez en compartimentos estancos. La crueldad no está reñida con la estupidez. Es más, suelen ir unidas. Véase el increíble vídeo de un guardia civil haciendo mofa de los presos y los manifestantes que, increíblemente, cuelga en la red.

La vicepresidenta Artadi requiere la investidura de Puigdemont, una vez efectuada la reforma reglamentaria correspondiente, con el ánimo evidente de abrir un segundo frente al gobierno, ya que tan guerrero se muestra. El segundo frente de un presidente Puigdemont eficaz investido por el Parlamento en ausencia forzada por una clara voluntad política y una literalmente absurda situación judicial.

Desde la sala del proceso, los independentistas aprovecharán la tribuna que la represión, malgré elle même, les ofrece para explicar al mundo la motivación de sus actos, el carácter pacífico y democrático de su pretensión y su legitimidad desde el punto de vista de los derechos fundamentales tanto individuales como colectivos. El reino de España tiene muy difícil, en realidad imposible, justificar por qué hay tal disparidad de derechos en dos Estado de la Unión Europea como Gran Bretaña y España, de forma que los catalanes pagan con la cárcel su pretensión de ejercer derechos que los escoceses ejercen libremente.

Y más difícil e imposible tendrá explicar por qué motivo el presidente de la Generalitat, investido por el Parlament, no puede tomar posesión de su cargo. Ese es el segundo frente, de consecuencias imprevisibles.

domingo, 3 de febrero de 2019

Vendiendo imagen

La celebración de esta farsa político-judicial está dejando la imagen de España por debajo del suelo en que estaba. La negativa a admitir observadores internacionales permite predecir el curso posterior del proceso. El argumento de que se televisará en directo y se podrá ver en streaming es pueril y no oculta la intención se sustraerse al escrutinio internacional. Se añade que la selección de pruebas que el tribunal ha hecho ha sido en detrimento de la defensa que, además se ejerce en condiciones de precariedad. Todo esto, así, paladino, a la vista del mundo entero, está provocando una oleada de preocupación en Europa. 

Con un juicio tan descaradamente político, la imagen dominante de España en el extranjero es desastrosa. Muy preocupados, los estrategas del gobierno han lanzado una campaña internacional para detener la caída del prestigio del país y revertirla. Aquí tienen ustedes ya el ministerio de Asuntos Catalanes convertido en ministerio de Información y Turismo, o sea, de Propaganda. Borrell se da un aire a Fraga. Le ciega la misma ardiente pasión por la unidad de España. Y la misma falta de escrúpulos.

Despliegue de actividades a tambor batiente. Irene Lozano, que viene de UPyD, es responsable del programa "España Global", nombre que recibe ahora la Marca España de Rajoy después de su singular y ridículo fracaso. Esta España Global concentra su propósito de ridículo en contrarrestar el vicioso catalanismo internacional, la hidra de infinitas cabezas. Es un organismo de ataque. Lozano ha asegurado a la BBC que los presos catalanes han cometido delitos y por eso se ven en donde se ven. Típico del recio estilo castellano, la tal España Global pirateó el logo de la FundacióBarça. Aquí tan pronto te meten en la cárcel por haber cometido delitos por los que aún no has sido condenado como te birlan lindamente el logo. La condición es que seas catalán, gente rebelde y tenaz.

El ministerio de propaganda anticatalana está permanenetemente al acecho, imparte órdenes, financia estudios, desplaza peones y alguaciles a reuniones y debates en el exterior a difundir la doctrina oficial o doctrina homologaciana, esto es, España, Estado de derecho homologable con los vecinos.Cuanto más se empeña el Estado en predicar su condición de Estado democrático de derecho, más precaria se ve. Ninguna otra democracia "homologable" tiene que pagar millonadas por los más diversos conceptos (unos más normales que otros) a fin de demostrar al mundo lo que todo el mundo acepta que es, o sea, un Estado democrático de derecho. 

No es el caso de España. Por eso van por ahí cónsules, embajadores, ministros plenipotenciarios, jurando por doquier que España es lo que a los ojos de todo el mundo no es: un Estado democrático dee derecho. De ahí los millones, los ridículos, las presiones diplomáticas, las declaracioness extemporáneas y las mentiras desaforadas.

Pero no hay manera. Un Estado democrático de derecho no tiene presos/as ni exiliadas/os políticos.

Y mucho menos somete a proceso penal la disidencia política. 

Avui, al Teatre Mundial de La Bisbal

Acte literari i musical en defensa de la llibertad dels nostres presos/as i exiliades politiques. Diverses persones llegiran cartes de presos polìtics, catalans i de fora de Catalunya. Serán Monserrat Carulla, Ignasi Sabater, Irene Rigau y Montse Bassas. També intervé Palinuro amb dos cartes: una de Fray Luis de León, exigent la seva lliberación de la Inquisició, després de 4 anys de presó y l'altra de Jordi Turull, des de Lledoners, en catalá.

L'espectacle es diu "Del gris al Groc", del gris de la vida a la presó al groc de la lluita per a l'alliberament dels presos polìtics. L'imatge és un oli de Vincent van Gogh, una roda de presos al pati de una presó on podem veure en primer pla un autoretrat del propi autor. Es completa amb una cita de Oscar Wilde que també va patir presó injusta per la seva orientació sexual.

Ens veiem al Teatre Mundial de La Bisbal, a les 19:00 hores.


sábado, 2 de febrero de 2019

Demà al Teatre Mundial La Bisbal d'Empordà

Acte literari i musical en defensa de la llibertad dels nostres presos/as i exiliades politiques. Diverses persones llegiran cartes de presos polìtics, catalans i de fora de Catalunya. Serán Monserrat Carulla, Ignasi Sabater, Irene Rigau y Montse Bassas. També intervé Palinuro amb dos cartes: una de Fray Luis de León, exigent la seva lliberación de la Inquisició, després de 4 anys de presó y l'altra de Jordi Turull, des de Lledoners, en catalá.

L'espectacle es diu "Del gris al Groc", del gris de la vida a la presó al groc de la lluita per a l'alliberament dels presos polìtics. L'imatge és un oli de Vincent van Gogh, una roda de presos al pati de una presó on podem veure en primer pla un autoretrat del propi autor. Es completa amb una cita de Oscar Wilde que també va patir presó injusta per la seva orientació sexual.

Ens veiem al Teatre Mundial de La Bisbal, a les 19:00 hores.


Mirad por un agujero

No quieren publicidad.

La referencia al aforo del presidente es una burla. El aforo se puede ampliar, como se hizo el del jucio a los golpistas (esos, sí), los de la guardia tejeriana, del 23 de febrero, que se celebró en un pabellón de Campamento, en donde cupieron observadores internacionales, periodistas y público en general. Y aquel juicio no era más importante que este.

Pretextar el aforo de una sala del Supremo es un acto de cinismo cuando todo el mundo sabe que la abarrotarán con fieles a la causa nacional, pagados, si es necesario, pues por la patria se hace lo que sea, sobre todo con dinero público. Los fondos de reptiles dan para mucho. Así que no se pretexte el aforo y trasládense las sesiones a un lugar en el que quepan todos. Porque ahí sí que no ha lugar a impedir los observadores internacionales, aunque no tengan el reconocimiento del tribunal, como si eso significase algo. Los observadores internacionales son observadores porque están internacionalmente acreditados y reconocidos. Otra cosa es si este tribunal se cuenta entre los de los Estados civilizados del mundo. 

La negativa a los observadores internacionales equivale a un juicio a puerta cerrada. Argumentan que se da por TV. Pero eso suscita dos cuestiones en orden de importancia: 1ª ¿Qué televisión? ¿Una o varias? Y eso, ¿quién lo decide? 2ª Sea una o sean varias, las televisiones cuentan historias. Todas. Ver un juicio por televisión no es lo mismo que verlo en directo, ni mucho menos. Igual que no es lo mismo ver Hamlet en el teatro que en la televisión. Lo que el espectador ve no es un juicio, sino el relato de un juicio. Cierto, mejor que si lo hiciera un mensajero que llegara a caballo, pero no muy distinto en su contenido.

El Supremo no quiere publicidad. Y con razón. No le gusta nada servir de escenario de las sucesivas proclamas independentistas de los presos políticos. Pero no puede evitarlo. No puede hacer un juicio a puerta cerrada, que es lo que le pide el cuerpo. Dice que no tiene nada que ocultar pero, como se ve, restringe cuanto puede la vigilancia internacional imparcial. Quien de verdad no tiene nada que ocultar no impide la presencia de observadores. Y, al revés, los observadores rechazados lo primero que harán será decir que el Tribunal Supremo no quiere observadores imparciales. 

Empieza bien el proceso a puerta semicerrada. Y aun así, será un escándalo mundial. Porque todo el mundo sabe que se trata de una farsa en la que unos jueces tienen orden de calzar un delito inventado para condenar una ideología y un programa políticos apoyados por más de dos millones de votantes. A esa convicción general ayuda mucho el ataque a la bayoneta calada contra todo lo que huela a independentismo ordenado por el ministro de Asuntos catalanes, que mueve presto sus alguaciles, alguacilillos, monagos y monaguillos para que defiendan el buen nombre de España, Estado democrático de derecho, erigido sobre más de cien mil fosas comunes de asesinados/as por razoness políticas a quienes no sse ha hecho justicia y qque, para mayor carácter hispánico, cuenta también con presos/as políticas y exiliadas/dos políticos. 

¡Qué papel el de estos bufones al servicio de una oligarquía nacional-católica y corrupta, incapaz de adaptarse a la Europa del siglo XXI! 

No es por los artículos invocados del Código Penal, que se retorcerán lo que sea menester. Aunque tenga dificil la corte superar la hazaña del juez Llarena de considerar violencia el hecho de sufrirla. Este juicio es un proceso a nueve personas por ser independentistas. Es un juicio al independentismo disfrazado de juicio penal por hechos objetivos supuestamente delictivos. Y es más que eso: es un juicio a la Catalunya independiente que es ya una realidad.

¿La prueba? Que el contenido de la sentencia es irrelevante desde el momento en que el independentismo niega al Estado legitimidad para juzgarlo. Tanto si los presos políticos/as son absueltas como si no, el procés seguirá su curso, con nuevos profetas desarmados porque no se acaba en la liberación de las presos que, caso de condenada, dependerá de que continúe y crezca y se imponga. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Proceso a Catalunya

Está bien la deferencia judicial hacia el MHP Quim Torra. Se le dará tratamiento de "autoridad de Estado" que, en esto de los protocolos, son los españoles muy mirados. Y se le asignará un lugar relevante. Sin duda no tanto como otro tribunal que sentó a M.Rajoy, por entonces presidente del gobierno, al ras de los mismos jueces. Que aún hay clases y clases. 

Al MHP Torra no le hace falta distinción protocolaria alguna. Donde esté él, estará la presidencia de la Generalitat, por aquella razón tan donosamente reproducida por Sancho Panza en el episodio de la porfía por presidir la mesa de los duques en la segunda parte: "Sentaos, majagranzas, que a dondequiera que yo me siente será vuestra cabecera". Los majagranzas, en este caso, son sus señorías.

Condición de autoridad de Estado se reconoce al supremacista, xenófobo, lepenizado Torra. De Estado español, bien entendido. El mismo Estado que sus señorías representan y en cuyo nombre, a veces personificado en el rey, administran justicia. El Estado reconoce al Estado. Pero el Estado reconocido por el Estado español, a su vez, solo se reconoce como Estado catalán. Torra es hoy el presidente del gobierno de la República catalana. Sí, esa que no existe, pero en función de la cual se mueve todo en el Estado español.

Y cuando digo todo, es todo: el rey, el gobierno, el ministerio de Asuntos Catalanes, el CNI, el Congreso, el Senado, la judicatura (a la vista está), los partidos, los medios, las cloacas del Estado, la milicia, el capital, los obispos (castellano hablantes), los toreros, todo. Hasta la intención de voto de un 40% del electorado.

El presidente de Catalunya, por tanto, asistirá al juicio a sus compañeros de ideología y partido, acusados por unos supuestos delitos que, como lo sólido en el Fausto, se desvanecen en el aire. Acusados, en realidad, de profesar el mismo credo político que el presidente: la independencia de Catalunya. Esta imagen es distinta según se proyecte al futuro o al pasado.

Al futuro: si la oleada reconquistadora nacional española llega al gobierno en cualquiera de sus posibles combinaciones, la ideología independentista sería declarada delito, prohibidas las asociaciones independentistas y encarcelados sus dirigentes. El juicio al propio Torra sería el paso siguiente, si no se hace nada por evitar la situación.

Al pasado: todos los presidentes de la Generalitat desde Macià (y a excepción de Maragall y Montilla) han sufrido exilio, prisión o ejecución o las tres cosas juntas, como Companys. En la actualidad, Pujol tiene problemas con la justicia, aunque no por razones políticas; Mas está embargado y Puigdemont en el exilio, ambos, sí, por motivos políticos. El siguiente en la lista es Torra.

Su presencia en la sala avala la dimensión política del proceso; del proceso judicial y del procés. Los encausados tienen una defensa fuerte de carácter político basada en la legitimidad de su propósito por medios democráticos y pacíficos. Completada con otra de ataque no menos fuerte a la falta de legitimidad del Estado español para enjuiciarlos. La prueba es, precisamente, el juicio por el que se instrumentalizan los tribunales (carentes de independencia) para resolver conflictos políticos que ningún tribunal del mundo podrá resolver salvo ordenando el exterminio de quienes considera "rebeldes".

Es un proceso a Catalunya, un proceso por rebelión; un proceso a los rebeldes que dan por vencidos. Y ninguno/a lo está. Antes al contrario, comparecen como acusadoras. Y allí está el representante de la República Catalana, de los ciudadanos catalanes, no del Estado español, ni del Estado en Catalunya, a dar fe del apoyo popular a los encausados y del abuso del juicio en sí mismo. 

Resulta que aun en la cárcel, los profetas desarmados no estaban desarmados. Tenían y tienen la palabra, el arma más poderosa cuando de ella se sirven la razón y la justicia. 

¡Qué papel está haciendo el PSOE en medio de un juicio político impresentable e inútil! Impresentable porque es un juicio de opinión. Inútil porque no servirá de nada a los efectos que los enjuiciadores  buscan. Al contrario: acelerará lo que quiere evitar.

jueves, 31 de enero de 2019

Los profetas desarmados

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Los profetas desarmados, en donde se compara la imagen de los profetas armados y desarmados de Maquiavelo con la situación del independentismo en Catalunya. La conclusión es que los profetas independentistas desarmados no tienen por qué padecer la triste suerte que les pronosticaba el florentino y que hasta pueden triunfar. Y, de hecho, triunfarán.

Aquí, el texto castellano:

Los profetas desarmados

Muy al comienzo de El príncipe, da cuenta Maquiavelo de sus cavilaciones sobre los profetas armados y los desarmados. Por su modo de ser y las circunstancias en que vivió, el florentino pensó que los armados eran preferibles a los desarmados, con independencia del valor de su causa porque son los que triunfan mientras que los desarmados corren a su perdición Como ejemplos escogió a César Borgia, el armado, y Jerónimo Savonarola, el desarmado. Savonarola murió en el cadalso; Borgia, en el campo de batalla. Algunos dirán que viene a ser lo mismo, pero el saber convencional tiene en menos la muerte por ejecución que en la guerra.

Desde entonces pasa por verdad incontrovertible: el profeta desarmado fracasará, como fracasó Trotski, según Isaac Deutscher, cuando quedó desarmado. Y, sin embargo, por entonces se daban ya signos de que aquella verdad incontrovertible no era tal. El Imperio británico hubo de arriar su bandera ante un profeta desarmado, Gandhi, que no había tocado un arma en su vida. Las sufragistas angloamericanas obtuvieron el derecho de sufragio por su lucha no violenta, aunque con alguna excepción aislada.

Y, con posterioridad, los profetas desarmados siguieron obteniendo victorias. Los afroamericanos en los EEUU consiguieron sus derechos civiles mediante una lucha no violenta, desarmada. El final del Apartheid en la Unión Sudafricana se consiguió cuando el Consejo Nacional Africano y el propio Mandela abandonaron la violencia y aplicaron una táctica radicalmente pacifista. Los insumisos en el Estado español ganaron desarmados el derecho a no estar bajo las armas.

Los dirigentes independendentistas catalanes tienen mucho de profetas desarmados, Puigdemont, Junqueras, Torra, todos y todas ellas. Son personas que luchan por el triunfo de su ideal independentista de modo democrático y estrictamente pacífico, no violento, desarmado. Unas están en la cárcel, otras en el exilio y otras en una especie de libertad vigilada en el interior.

Según el saber convencional, como profetas desarmados, van de cabeza al fracaso. ¿Qué puede un puñado de civiles frente a un Estado armado, que tiene monopolio de la violencia y cuenta con sus ejércitos, policías, tribunales, cárceles, medios de comunicación, ideólogos, etc?

Aparentemente, poco; o nada. El Estado desprecia la fuerza de su adversario por saberlo desarmado y trata de humillarlo y ofenderlo, para lo cual empieza por insultarlo a través de sus políticos e intelectuales de pesebre: Puigdemont es un fugado, un cobarde y un traidor; Junqueras, un iluminado autoritario; Torra, un supremacista suicida. De los demás, no se hable. Es la mentalidad colonial: la prensa inglesa o la sudafricana trataban a Gandhi o Mandela de ratas venenosas o fanáticos sin límites. La oligarquía nacionalista española, la de la pasta en Suiza, no iba a ser menos con los odiados catalanes. Así que, ¿qué esperan poder hacer?

Mucho, pueden hacer mucho. Por de pronto quizá no quepa seguir considerándolos como desarmados. Quizá suceda que los tipos de armas cambian. En el caso de los dirigentes independentistas, del movimiento en su conjunto, el dominio de las redes, analógicas y digitales y su imbricación da una ventaja notable al independentismo en el campo de la comunicación política, en la construcción de un relato que se difunde en la opinión pública: una comunidad nacional que lucha democráticamente y pacíficamente por su derecho a constituirse en tal mediante la autodeterminación que un Estado neofranquista le prohibe hacer.

Hay, asimismo, un elemento decisivo que blinda al independentismo frente a cualquier ataque institucional del unionismo, y es el apoyo popular. El profeta desarmado aparece legitimado por una voluntad popular de la que el Estado carece. El Estado armado con todas sus armas descubre que no puede imponer un gobierno en contra de la voluntad de los gobernados por mucho que el catalanófobo gobierno actual emplee recursos públicos y propagandistas reaccionarios del españolismo, como Borrell o Lozano para acallarla.

El apoyo del pueblo unido es el arma del profeta desarmado. Y su triunfo es seguro.

El Estado pasa al ataque

Acababa de escribir mi artículo para elMón.cat
sobre los profetas desarmados y, como si el Estado lo hubiera leído, despliega zafarrancho de combate. La batalla es de comunicación, de hegemonía, de relato. Los independentistas van a aprovechar la farsa judicial montada para denunciar ante la opinión pública internacional este esperpento inquisitorial en que unos jueces españoles aplicarán el derecho penal de su régimen a sus enemigos políticos. Un juicio ideológico e inquisitorial.

El Estado considera función suya lanzar sus aparatos ideológicos (financiados con el dinero de todos, incluidos los independentistas) al combate contra el independentismo. El ministro de Asuntos Catalanes, Borrell, no tiene empacho en sostener en público en el extranjero que las imágenes de la brutalidad policial el 1-O son falsas y que no hubo 1006 heridos, sino dos. Lo más desagradable de este hombre no es que niegue hechos evidentes, sino que reduzca la cantidad de perjudicados con intención aviesa de ultrajar: dos heridos en Catalunya, cuatro indios muertos en Norteamérica. Es detestable

Esa lucha por dominar el relato exterior echa mano de tácticas de guerra sucia. El profesor de Ciencia Política, Gabriel Colomé, firma artículos con doctrina oficial española sobre el procés, en contestación a otros que publican independentistas y, en los mismos medios que estos. Su función es clara: negar que haya presos políticos, que España no sea un Estado de derecho, que el proceso del 1-0 es impecable jurídicamente hablando, que el referéndum del 1-0 (que da pie a la causa penal) fue ilegal y que los indepes en Catalunya no son mayoría. La habitual papilla gubernativa para justificar lo injustificable. Hasta aquí, en principio, nada que objetar. Cada cual cree o profesa las tonterías que más le plazcan. La cuestión es que el autor de estas en concreto firma como profesor de Ciencia Política y no como asesor del ministro de Asuntos Catalanes, el catalanófobo Borrell, que es lo que es ahora. El asesorado, a su vez, recomienda en tuiter a la gente que lea los brillantes artículos del profesor. Un exquisito juego sucio.

El independentismo tiene una adorable tendencia a enmarañarse en quisicosas. Viene de antiguo. De los tiempos de la Lliga, si no de antes. Las de ahora no son para menos y, como las vivimos nosotros, nos parecen montañas. Pero son las quisicosas de siempre que no pueden desviar la atención de la necesaria unidad hacia el objetivo común. 

Si esto no fuera suficiente, recuerden todos, dirigentes y dirigidos, que la alternativa es la "batalla final" que, al parecer, predica Aznar en la intimidad de un puñado de poderosos empresarios: 155 perpetuo revisable, suspensión de la autonomía, fin de la escola catalana y de los medios de comunicación públicos. El programa de VOX. El de siempre de España para Catalunya.

Los profetas desarmados no están desarmados. Tienen un pueblo detrás. Un pueblo impaciente.

miércoles, 30 de enero de 2019

El holograma de la independencia

La República catalana es analógica y digital. Muy digital. El MHP Puigdemont hace amplio uso de las redes y las videoconferencias. Ahora, el vicepresidente Junqueras, cuya presencia en las redes es forzosamente menor, por razones carcelarias, intensifica la vertiente digital y realiza una importante declaración política mediante holograma y personas interpuestas. El holograma está muy bien elegido porque transmite un contenido no solamente político sino vital, del conjunto del tiempo y vida de Junqueras.

Lo personal es político y lo político personal. Una de las originalidades de esta revolución catalana en la que coinciden perspectivas muy diversas es que afecta a los órdenes colectivos e individuales, personales. Y los mezcla. Eso da al independentismo una autenticidad sin parangón con ninguna otra propuesta de acción colectiva en España o Catalunya. Cuando Junqueras relata sus orígenes, su familia, su barrio, su escuela, las gentes con las que creció, luce raíces. Cuando, además, reitera el objetivo independentista, democrático y pacífico, cierra el círculo de una imagen completa del independentismo que él lidera junto con los demás profetas desarmados. Cada uno en su estilo y con su bagaje.

El marco histórico referencial es claro: Gandhi y Mandela. Quienes se burlan de esta pretensión solo hacen lo que hacían quienes iban contra Mandela y Gandhi: encarcelarlos, reírse de ellos, difamarlos. Y conseguirán lo mismo que ellos. 

Importantes por añadidura las reflexiones en profundidad de Junqueras que, además de mostrar su dimensión humana, interpelan a todos/as quienes comparten sitio en el barco hacia la libertad. Aplaudo el rechazo al ánimo de derrota, al derrotismo. Que solo se hable de derrota como sinónimo de rumbo a la independencia. No ha lugar a prometer que no nos rendiremos. Eso se da por supuesto.

Ni un paso atrás, y no solo porque el denuedo y el arrojo nos lleve hacia delante, sino también porque atrás solo está el abismo. Basta con verlo... mirando hacia atrás. El proyecto está delante y, como lo dibuja Junqueras, lo comparte el independentismo entero. El mensaje es positivo. Es de victoria y dicho por un hombre a quien piden años y años de cárcel por el mismo motivo que invocaba el fiscal italiano que pedía la condena de Gramsci: "hay que impedir que este cerebro funcione en los próximos veinte años".

En el auditorio estaba Carles Riera. Y en el barco.  Fuera del auditorio, pero también en el barco, el MHP Torra presidía un acto de apoyo a los presos políticos. A mil y pico kilómetros, Puigdemont, igualmente en el barco, se ofrece a declarar por videoconferencia desde Bruselas. Podría aclarar por qué se juzga a unas personas por un supuesto delito del que él es responsable en primer lugar. 

No, esto no lo para nadie.

En el análisis del discurso de Junqueras, se hace hincapié en que formula dos opciones, como si fueran alternativas: vía unilateral y referéndum de autodeterminaación. No son alternativas, sino coincidentes. La vía unilateral y la del referéndum acaban en lo mismo, un referéndum de autodeterminación con o sin el acuerdo del Estado español.

martes, 29 de enero de 2019

La novena ola

El punto de ruptura ha alcanzado la calle. Ha saltado de los intercambios políticos y los procesamientos judiciales a una convocatoria de huelga general para los próximos 5, 6 y 7 de febrero. Huelga general en Catalunya, convocada por la Intersindical-CSC, con reivindicaciones puramente económicas y sociales, como mandan los cánones. ¿La coincidencia de los días de huelga con el previsible comienzo de la farsa judicial en Madrid? Pura casualidad sin sombra de malicia alguna.  

Eso, naturalmente no quiere decir que los independentistas no se hayan apresurado a darle su apoyo, todos a una, desde JxCat hasta la CUP, pasando por ANC y Ómnium. No he visto a los CDR, pero esos están siempre de oficio para las movilizaciones. Es decir, enésima reiteración de la unidad indepe, por si alguien tenía dudas.

Una huelga general de tres días en Catalunya, un paro total de una sociedad totalmente movilizada. Una situación nueva, quizá sin precedentes, en un contexto interno catalán y español también insólito. Habrá que prepararse para adaptarse a las novedades. Está claro que esa República, cuya implementación se pide tan insistentemente al govern, se hace mediante estas decisiones, que cuestionan democrática y pacíficamente el injusto orden constituido. El resultado, imprevisible.

Dicho está: oficialmente Catalunya para contra una reforma laboral antipopular del PP que el gobierno de la izquierda no ha tocado y por otras reivindicaciones económico-sociales no menos importantes. El apoyo de los partidos y las asociaciones añade una dimensión política sobrevenida e indiscutible en una sociedad que vive la cruel anomalía de tener a sus representantes democráticamente elegidos/as en la prisión o en el exilio, sus instituciones intervenidas de hecho y su programa político enjuiciado en un proceso político inquisitorial. 

Si la huelga anunciada es la primera señal de la novena ola, considérese que es respuesta al trato humillante, represivo, colonial que la oligarquía castellana está dispensando a Catalunya. 

Son la catalanofobia y la arrogancia de los dos últimos gobiernos españoles del PP y el PSOE los que han convertido el conflicto entre España y Catalunya en un abismo infranqueable.

Y ¿saben por qué? Porque, si bien los catalanes reconocen a los españoles el derecho a no ser catalanes, los españoles no reconocen a los catalanes el derecho a no ser españoles.

lunes, 28 de enero de 2019

Ritmos cambiados

Los dos países que mal conviven en el Estado español, sus dos gobiernos y parlamentos, sus opiniones públicas, están en ebullición política aunque a muy diferentes temperaturas. En Catalunya, la mayoría independentista reafirma el objetivo estratégico unitario, aunque con las lógicas diferencias tácticas. La unidad, sea previa o posterior a las citas electorales, se considera clave para conservar y aumentar incluso esa mayoría.

La mayoría independentista que Sánchez niega siempre contra toda evidencia empírica y venga o no a cuento. Lo que demuestra cierta fijación poco normal que lo lleva a convertir la mayoría en minoría, pues, si no se es mayoría se es indefectiblemente minoría frente a alguna hipotética mayoría de todos los demás. Lo hace con el mismo desparpajo con que el juez Llarena convierte en violencia activa la violencia pasiva o los palos que se reciben en palos que se dan. 

En Catalunya la lucha por la independencia, prácticamente generalizada, se encenderá más con el proceso político contra el independentismo, disfrazado de farsa judicial. Se crean órganos como el Consell, se fundan movimientos como la Crida, se adoptan decisiones parlamentarias y de gobierno que cuestionan permanentemente el marco autonómico en el que el Estado quiere moverse. El govern es un órgano beligerante. En especial en el orden exterior, en el que se da la gran batalla por la hegemonía del relato. El independentismo cuenta con la ventaja de la internacionalización de su causa, apoyada en su carácter democrático y escrupulosamente no violento. 

Si el Estado consiguiera incitar al independentismo a la violencia, cosa que trata de hacer con incontables provocaciones, podría ahorrarse el nuevo ridículo al que se apresta con ssu haabitual arrojo el ministro de Asuntos Catalanes, Borrell, en su nueva y generosamente financiada con fondos públicos campaña de propaganda española en el exterior expresamente dirigida contra Catalunya.

Y nada más. La parte española de la dualidad es deprimente. Acerca de las perspectivas de ese permanente diálogo que los socialistas andan ofreciendo generosamente da una idea el hecho  de que el presidente Sánchez tenga que negar que dialogar con los indepes sea una humillación. Parece una broma. España sigue anclada en los usos de los dramas del honor del siglo XVII. Lo llaman Estado democrático de derecho, pero es una comedia de corral. 

Avui a Girona

A la meva ciutat, on ens sentim, servidor i la meva família a casa. No com a casa, sinó a casa. 

Es tracta d'un acte setmanal públic reclamant l'alliberament del presos i preses politiques, es a dir, personnes inocents penalment. Aquesta vegada és el 67 dilluns de protesta, més d'un ayn. Ningú podrà dir que no hi ha determinació tossudament alçada fins a aconseguir l'alliberament dels presos i preses politiques, i del país sencer.

Avui a les 19 hores a la Plaça del Vi.

Per la llibertat dels presos i preses politiques! Us volem a casa!

domingo, 27 de enero de 2019

La Crida es lo que dice ser

Sagaces críticos de todo el arco ideológico atisban el monstruo convergente en la Crida. Unos con preocupación, otros con maligna alegría. Ayer se dio escasísimo margen a la duda: uy, uy, uy. Si anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, es Convergència.

Pero la cuestión es ¿qué se quiere decir al traer Convergència a cuento? Aun aceptando que la antigua organización fuera un nido de ratas corruptas, ¿se quiere por ello excluir a sus votantes del independentismo si dicen ser independentistas?

Eso es imposible. La gente vota lo que quiere y quiere independencia. ¿Será entonces que se sospecha que el discurso catalanista de la derecha, tradicionalmente pactista, volverá a serlo? De momento, esta derecha independentista ha probado con hechos la veracidad de sus dichos. Es más, aunque en su ánimo estuviera ceder, que no lo está, la situación creada por la respuesta represiva del Estado no tiene ya retroceso. Catalunya no puede aceptar esa farsa judicial contra el independentismo y, por supuesto, menos una sentencia condenatoria. El Estado no puede dejar de procesar y condenar, incluso aunque eso sea su suicidio. Catalunya no uede cejar en el camino a la independencia. El Estado no puede aceptarlo. La crudeza de esta ruptura fue el contenido del discurso de Torra ayer.

Dígase que la aparición de un movimiento de este tipo, que se ufana de ser de personas y no de partidos, representa un competidor incómodo en los apoyos electorales, pero no se ponga grauitamente en duda la honorabilidad o fiabilidad de un sector indispensable del independentismo. Porque, además de injusto, es inútil. 

El congreso ha aprobado la línea política ya anunciada: la Crida no es un partido, aunque deba pasar por tal por imperativo legal. Nace además con fecha de caducidad: la institución de la República catalana independiente. Se define como organización instrumental y transversal. Pero tan peculiar que su inspirador no ocupa cargo alguno en la organización que ha puesto en marcha, pero sí proyecta en él un factor de liderazgo legitimatorio en la figura de Puigdemont, a quien todos los independentistas, empezando por el accidental presidente de la Generalitat, reconocen como legítimo presidente de la Generalitat. Pueden ustedes llamarlo como quieran: bonapartismo, caudillismo, liderazgo democrático, carisma. Yo me atengo a mi símil gaullista. Es un liderazgo democrático, popular y nacional.

Los partidos acogen la iniciativa con silencio glacial y solo se observa revuelo en la derecha independentista, en donde se dan los previsibles movimientos de corrientes y pareceres.

Cada cual dibuja el escenario de sus preferencias: unos ven un triunfo de la Crida con votos sueltos y procedentes de otros partidos; de unos más que de otros, desde luego. Otros una transferencia del voto conservador a la Crida y un mantenimiento del mapa electoral como está a fecha de hoy. 

Pero en una situación en la que la hegemonía del independentismo depende de un puñado de escaños, las decisiones que se adopten en este respecto deben meditarse mucho. Tengo para mí que, en unas elecciones catalanas, el voto indepe será mayoritario y holgadamente mayoritario. Cómo se distribuyan y cómo se expliquen después los resultados, será harina de otro costal. 

Demà a Girona

A la meva ciutat, on ens sentim, servidor i la meva família a casa. No com a casa, sinó a casa. 

Es tracta d'un acte setmanal públic reclamant l'alliberament del presos i preses politiques, es a dir, personnes inocents penalment. Aquesta vegada és el 67 dilluns de protesta, més d'un ayn. Ningú podrà dir que no hi ha determinació tossudament alçada fins a aconseguir l'alliberament dels presos i preses politiques, i del país sencer.

Demà a les 19 hores a la Plaça del Vi.

Per la llibertat dels presos i preses politiques! Us volem a casa!

Avui a Amer

Yesssssir, a Amer, no more, no less. Per participar a una xerrada-homenatge al MHP KRLS i, de passada, a la seva familia que tant ho merita (segur que em deixo algun feble) i, de passada, al incansable Mingo Berrio, genius loci de primera categoria.

Es descobrirà el mural amb el retrat d'KRLS fet per el Bicman (Jordi Magrià) geni de la tècnica, capaç de fer art amb un humil belígrafo.

I després sentirem i veurem al MHP, fill de la terra, per vidéoconferència. La nostra República es analógica i digital. El president Puigdemont és un consumat usuari de les NNTT. Per cert, una prova més com la tecnologia és neutral per si mateixa: la videoconferència, el plasma, que va servir a M. Rajoy per fugir dels periodistes i de la gent, serveix a Puigdemont per hi apropar-ho. Tot depèn del que es digui, no de com es digui. Les NT serveixen per cavar avencs o per tendir ponts.

L'acte vol difondre l'idea i realitat del Consell de la República. Cal tenir una eina per projectar la República a l'exterior i fer-ho de forma democràtica, representativa, gairebé assembleària. I digital. La catalana és una revolució de nou tipus, on les xarxes són essenciales.

Ens veiem a Amer!

sábado, 26 de enero de 2019

La Crida

Hoy mismo, congreso fundacional de la Crida per la República en el Centre de convencions internacionals de Barcelona. 

De la Crida; no del Consell. A veces, para saber lo que son las cosas, es bueno empezar por saber lo que no son.

La Crida no es el Consell. Del Consell hablaremos mañana y otros días, porque anda necesitado de debate público.

Tampoco es un partido político. ElMón.cat así lo reconoce, pero dice rendirse a la evidencia de está inscrito como partido y se comporta como tal y no queda más remedio que llamarlo partido. Sí y no. Para ahorrarnos discusiones, dígase otro ejemplo de partido fundado por 4.000 personas. 

Es, sí, un movimiento ideado y alentado por Puigddemont que tira de su legitimidad como presidente in pectore de la República, de general reconocimiento. Tengo dicho que hay un eco del episodio del general De Gaulle cuando, desde el exilio londinense levantó bandera por la Francia libre, entonces ocupada por los alemanes como France combattante. El lider que simboliza la lucha por la independencia en el exterior, simboliza el país; no un partido.

Se dice que hay una carencia de especificaciones ideológicas en el programa de la Crida. Claro. No es un partido político. No quiere gobernar la República Catalana. Quiere materializarla. Luego, ya se verá quién la gobierna y quién no. Es un movimiento con un solo objetivo: conseguir la independencia y contar para ello con el máximo apoyo social posible. Nada más y nada menos. 

Se dirá que son cantos de sirena y que, llegado el momento de haberse constituido la República catalana, nadie podrá impedir que Puigdemont presente su candidatura a la presidencia con la Crida como partido. Es posible, pero, por ahora, irrelevante. Conseguida la República, el objeto social de la Crida desaparece. Pero la Crida no tiene por qué. De ella será lo que sus miembros quieran y en el derecho de todos ellos está que así sea. Como en el de Puigdemont de presentarse. 

La Crida es un movimiento por la independencia que solo quiere la independencia, como condición necesaria para que todo el mundo pueda después desarrollar en libertad sus proyectos personales, colectivos, de asociaciones o de partidos. Incluidos quienes formamos parte de la Crida.