domingo, 7 de octubre de 2018

El papel todo lo aguanta

Esta expresión de origen incierto suele emplearse en sentido negativo para significar que los seres humanos podemos dejar por escrito cualquier cosa, por extraña, disparatada o absurda que parezca. Viene a ser la consecuencia de aquel otro dicho latino del verba volant, scripta manent o lo que está en papel permanece, mientras que lo dicho se lo lleva el viento.

El Museo de vestidos de papel de Mollerussa es un curioso mentís directo a ambas convenciones: el papel no solo aguanta las demasías sino también las más sutiles, sublimes y refinadas manifestaciones artísticas y no garantiza su permanencia sino el carácter frágil, efímero, incierto de la belleza que, como la de la rosa, el perfume, el aleteo de la mariposa, se desvanece sin notarlo. Y en ello consiste su magia, la magia del momento irrepetible que queda guardado entre las muselinas de los recuerdos gratos.

Esto es lo que, casi contradictoriamente , consigue el museo de vestidos de papel de Mollerussa, una institución única en el mundo. Sí, sí, vestidos de papel. No de tejido, paños, sedas, no. Papel y nada más que papel. Papel, eso sí, de todo tipo, francés, couché, maché, rizado, traslúcido. Pero papel y nada más que papel, bordado, cosido, trenzado con hilo de papel. 

Y es ya una tradición que comenzó a mediados de los años sesenta, en un concurso en honor de Santa Lucía, matrona de las modistas en que se dio en la muy original idea de confeccionar y exhibir en una galería al estilo de las casas de modas todo tipo de creaciones hechas exclusivamente de papel. Con los años han ido sumándose nuevas aportaciones en las tres líneas principales que son los vestidos de moda (confección y prêt à porter), históricos y de fantasía. Más recientemente se ha añadido una parte de menores, trajes de barbies, casi del tamaño de muñecas. Poco a poco, la celebración anual ha dejado un fondo de cientos de modelos entre premiados y no premiados que forma un verdadero patrimonio de ensueño de la ciudad en exhibición permanente en el museo instalado cabe el Teatro municipal de l'Amistat, con su fabulosa faachada de cristal.

Todo ello está documentado en el libro 50 anys de vestits de paper a Mollerussa, escrito por el que fuera cronista de la villa, Miquel Polo Silvestre y su hija Carme Polo Vives, almas inspiradoras de esta original idea y atracción en la que últimamente pueden verse versiones de creaciones de grandes y reconocidas/os modistas/os, pues cada año se invita a una de ellas a participar con una aportación.

Efectivamente, el papel lo soporta todo, hasta esta explosión de creatividad y genio producto de manos primorosas capaces de crear de algo tan modesto y anodino como el papel estas obras radiantes entre las que los esspectadores paseamos fascinados sin acabar de creernos que sea posible tanta perfección y tanta imaginación: trajes y fabulosos vestidos de María Antonieta, Eugenia de Montijo, Mary Poppins, Luis XVI. Volantes, ribetes, todo tipo de pasamanería, pedrería, joyas, borlas, miriñaques, maantillas, transparencias, para  bailarinas, aristócratas, mujeres de nuestro tiempo, fábulas, samurais, pájaros de fuego... pensad en un figura por fantástica que pueda parecer y es casi seguro que la encontraréis en esta galería que cada año se enriquece y renueva por la necesidad de remplazar la fragil y pasajera materia prima de que están hechas estas maravillas, color y papel; materias de los sueños. 

Los organizadores esperan que esta tradición de cincuenta años que carece de igual en el mundo sea reconocida por la la Unesco patrimonio espiritual de la humanidad y aspiran asimismo a entrar en el libro Guinness de los récords como el único museo de vestidos de papel del mundo.

Lo que me extraña es que no lo esté ya. 

Los vientos de la historia

Así estamos ahora en posición de peligro, batidos por todos los vientos, ora mansos, ora furiosos, cruzados, racheados, con una mar picada y llena de peligros, bajíos y rocas. Y ahí en medio las dos naves capitanas enfrentadas, los dos gobiernos en conflicto, tensos los gobernantes, los kybernetes, los que llevan el gobernalle, el gobierno. Los dos atentos a su rumbo con un ojo puesto en el otro. Los dos, el español, grande como un galeón y el catalán, más ligero, como un bergantín, navegando de bolina frente a los vientos de sus propios campos. En el caso del gobierno español, la presión de la derecha para que proceda con el art. 155 es creciente. Sánchez resiste a base de enmudecer sobre Catalunya, pero hasta en su propio partido tiene gente del club 155. Cuánto tiempo aguante teniendo en cuenta que no parece disponer de propuestas depende de la derrota del otro barco, más rápido y ágil de maniobra.

Tras la jornada parlamentaria del jueves, la Generalitat aparece paralizada de momento hasta el martes; luego, ya se verá. El aplazamiento ha suscitado críticas fuertes a los partidos. Y amenazas veladas del tipo de si los políticos no dan el paso, no se deciden, la gente lo hará. La cuestión es: hará ¿qué?

Aquí brota la ANC y anuncia un ultimátum, ahora que andan de moda. Exige al gobierno que implemente la República, no para hacerla efectiva, con lo cual ya no estoy muy seguro de entender lo que quiera decirse. De todas formas, es igual, el gesto de la ANC es puramente simbólico dado que da como plazo el 21 de diciembre próximo, casi dos meses después del que el propio govern ha dado a su ultimátum al gobierno, del 31 de octubre. A partir de ahí, se retira el apoyo al PSOE si no hay referéndum; el gobierno cae; hay elecciones generales y, cosa que pocos han previsto, se plantea la cuestión de si los independentistas han de participar en ellas o no. Y quizá se abra una situación en que la "implementación" de la República sea inevitable. O cualquier otra cosa.

Lo simbólico va unido a lo práctico y la ANC pretende revitalizar un ente del que, si no estoy equivocado, no se ha hablado mucho, el Consell de la República. Ponerlo en marcha es una necesidad cuando se habla de implementarla. Nada mejor que colegiadamenente, con una presidencia leegítima. Asunto práctico es también la posibilidad de elecciones anticipadas. Nueva coincidencia general; no interesan.

Para dar fuerza a su exigencia, la ANC anuncia que, de no cumplir el govern, habrá movilizaciones críticas en las calles. Manifas y eso. Su peso depende de imponderables. Pero la intención es clara: mover al govern a implementar la República. Implementar, recuérdese, no es hacerla efectiva. Pues más parece un anuncio de apoyo que de crítica u oposición. En realidad, forma parte de la dinámica interna del independentismo que ahora se encuentra con unos vientos nuevos y poderosos que no tenía registrados, como los CDR. 

El govern podrá hacer valer las cautelas enviadas por Oriol Junqueras desde una entrevista en TVE por la que ya está la derecha en pleno pidiendo pidiendo cabezas, todas, del rey abajo, claro. Y hacerla valer con la interpretación que le da la prensa unionista, como una reconvención más o menos oculta. Sin embargo, lo que dice Junqueras es la evidencia misma: prudencia, sensatez, trabajo, nada de espectáculos, estricta no violencia, diálogo con Madrid y relación bilateral con el Estado. ¿Hay algún indepe que rechace uno solo de estos puntos? O ¿alguien cree que la "relación bilateral con el Estado" de Junqueras coincide con las comisiones bilaterales de Sánchez?

Con manifestación o sin manifestación, con buen o mal viento, la República es el único puerto posible. Los tripulantes que no se sientan con ánimos para llegar, lo dicen en la ANC, en los CDR y por doquier, harán bien en desembarcar antes del último encuentro con el galeón que cierra el paso. 

sábado, 6 de octubre de 2018

La farsa judicial no puede parar la independencia

Cuentan las crónicas que en la batalla de Fontenoy, en la guerra de sucesión austriaca en 1745, al avistar las tropas inglesas, el conde d'Anterroches, se adelantó caballerosamente y exclamó: "¡Señores ingleses, disparen los primeros!". La fusilería de la época era de avancarga, lo que obligaba a disparar por tiempos; primero una línea, luego otra, mientras la primera recargaba. Entre tanto, la primera línea del enemigo disparaba a su vez. Así que tirar los primeros era ventajoso. Eran tiempos de cortesía, elegancia y caballerosidad. Algo parecido parece estar sucediendo con la política catalana. Pero solo lo parece.

Después del desbarajuste del jueves, el presidente Torra y el vicepresidente Aragonés tratan de tranquilizar a la concurrencia prometiendo unidad del govern hasta las sentencias del "procés". Es como si Torra se hubiera adelantado diciendo: "Señores jueces, disparen los primeros". Elegante y caballeroso, aunque quizá con gente que no lo merece. Pero también desconcertante porque, en el mismo momento, el MHP asegura que el govern no aceptará las resoluciones judiciales del Supremo.

Extraño, si no incomprensible: si no van a aceptar las resoluciones judiciales del Supremo, ¿para qué fijarlas como plazo final de acción, como término ad quem? Un elemental sentido de la justicia obliga a rechazar esa farsa política disfrazada de proceso judicial instruido por unos pretendidos jueces franquistas o del Opus o ambas cosas. Y, si se rechaza, carece de sentido esperar a las sentencias. Solo cabe reclamar la anulación de toda la causa, la liberación de los rehenes políticos del Estado y la exigencia de responsabilidades a quienes han puesto en marcha esta farándula procesal, que ha quedado al descubierto gracias a la justicia extranjera. Si llega a ser por la resistencia de la sociedad española y la inexistente función indagadora de los medios, los ahora injustamente encarcelados serían aun más injustamente condenados. 

Los presos políticos catalanes no pueden esperar justicia de los tribunales españoles. Lo sabemos todos, incluidos esos mismos tribunales, que no se molestan en disimular su catalanofobia, como tampoco disimulan su machismo. Carece, pues, de sentido mantener la espera por si una justicia prevaricadora de arriba abajo pudiera regenerarse de pronto. Es una esperanza perdida, incluso, un intento de sabotaje. 

Agravado por el hecho de que, a diferencia de los independentistas, el gobierno del Estado (del que algunos dicen que es más dialogante que la banda de ladrones del PP), amenaza directamente con actuar por la fuerza si la Generalitat o el Parlament hacen algo que no le gusta. A eso lo llaman "ir contra la Constitución", exactamente igual que el PP. 

El lamentable episodio del jueves se dio por el empeño de algunos líderes independentistas de encontrar una fórmula milagrosa para cumplir con el mandato de desobediencia al gobierno central pero sin que este pueda tomar represalias. Es un empeño absurdo movido por los letrados del Parlament, esos de los que Unamuno diría que se entretienen en contar los pelos del rabo de la esfinge. Algunos políticos se amparan en la competencia técnica de unos fucionarios sin duda muy grande pero irrelevante aquí ya que no se trata de encontrar un atajo para desobedecer en algo, aunque sea poco, sin sufrir castigo penal, sino de llevar adelante la decisión política de desobedecer al Estado monárquico, sean cuales sean las consecuencias.

Da la impresión de que, quienes se comprometieron a cumplir el mandato del 1O de 2017, reiterado en la Diada de este año, pretextan los dictámenes contrarios de los letrados esperando que la movilización popular amaine. Pero no son los letrados quienes deben decidir políticamente, sino el Parlamento soberano, cuyas decisiones no pueden verse contradichas por los autos y decisiones de unos jueces sesgados, parciales, catalanófobos y franquistas. 

Y, en cuanto a la esperanza de que el movimiento amaine, es una quimera. La unidad y transversalidad de este proceso revolucionario no se ha roto hasta hora y no es de esperar que se rompa. Las decisiones en Catalunya las toma el Parlament; no los letrados. El presidente Torra mantiene el ultimátum al gobierno, lo cual adelanta el término de la confrontación un par de meses y, como el gobierno central ya lo ha rechazado el govern está legitimado para proceder por la vía unilateral, digan lo que digan los letrados. 

viernes, 5 de octubre de 2018

Desobedecer obedeciendo es imposible

En la tercera de las novelas de Torquemada, Torquemada en el purgatorio, el pretencioso usurero confunde a Damocles con Aristóteles, habla de la "espada de Aristóteles" y trata luego de arreglar el yerro a su modo. Ayer podría haberlo hecho con más donosura a la vista de la frenética actividad de los diputados catalanes en despachos, pasillos, salas, rincones... en todas partes excepto en el pleno. Pendía sobre este y sobre la cabeza de Torrent en concreto la espada de Damocles del indeseado aplazamiento del debate parlamentario, quizá una nueva clausura del Parlament y quién sabe si su disolución, acompañada de prisión para él y la mesa de la asamblea, según la decisión que se tomara en el asunto de los diputados suspendidos por el pintoresco juez Llarena.  

Solo que en este caso, la espada en cuestión no amenazaba la demasía del cortesano adulador sino la falta de lógica de toda la actuación del Parlament. Por una vez, Torquemada tenía razón y la que pendía era la espada de Aristóteles, padre de la lógica, cuyo principio de no contradicción dice que es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo. 

No es posible desobedecer y obedecer al mismo tiempo al Tribunal Supremo o al oráculo de Delfos, se pongan como se pongan los letrados del Parlament. Hay que optar. Suponiendo que el amable público, los electores y la gente en general lleguen a entender los sutiles matices entre designar, delegar, denominar, nombrar o salir por peteneras y suponiendo que ello interese a alguien a estas alturas, el intento de desobedecer la decisión de Llarena sin incurrir en fraude de ley pende del mismo hilo que la espada de Damocless. O se acata el auto que suspende a los diputados presos y exiliados con todas las  consecuencias o no se acata, también con todas las consecuencias. 

Se comprende la angustia de los representantes, su desesperado intento de encontrar una vía de angosto escape para poder seguir funcionando en las condiciones represivas que el Estado español y sus serviciales jueces imponen. Se comprende; pero no se justifica. Si no es hoy con la delegación de voto de los diputados, será mañana con la reprobación del rey o con el proyecto de Constitución catalana. Les jeux son faits; la confrontación institucional con el Estado es inevitable y la desobediencia, obligada. 

Torrent y sus colegas de mesa deben recordar que representan la soberanía parlamentaria, que no puede ser menoscabada y menos por decisiones arbitrarias de órganos judiciales con el pedigree franquista de los jueces españoles. Quim Torra explicó en su discurso unos días antes de la Diada que el camino a la República y la independencia exigiría sacrificios. Se entiende que de todos y no solamente de quienes salen a la calle a ejercer los derechos democráticos frente a unas fuerzas de seguridad al servicio de la oligarquía mesetaria. También de los dirigentes. 

Acatar formalmente las decisiones inicuas de los tribunales en la esperanza de cortocircuitarlas más o menos astutamente puede ser una solución a muy corto plazo pero al medio no solo lleva al fracaso, sino a la humillación. Quien no este dispuesto a realizar los sacrificios que el logro de la independencia exige, debe hacerse a un lado y no obstaculizar la marcha general, entre otras cosas porque, además, no conseguirá nada. Se agradecen las seguridades dadas ayer por los diputados de JxCat y ERC de que el gobierno no padecerá, aunque El País daría una fortuna por conseguir su fracaso. Si algo queda claro a estas alturas del proceso es que quien lo frene o lo frustre por razones de discrepancias tácticas o de deseos de seguridad personal, habrá incurrido en una responsabilidad abrumadora de consecuencias imprevisibles. 

El tiempo empieza a apremiar y no es defendible decir que se va a desobedecer a un Estado opresor obedeciendo las arbitrariedades de sus jueces. Eso va más allá de la prudencia para entrar en el terreno de la estolidez.

Hoy, Palinuro en Mollerussa

En unos diálogos de actualidad sobre la República. Sí, la  República está de actualidad, pero en Catalunya. En España, de actualidad está la monarquía corrupta, con estos reyezuelos que se suben desvergonzadamente un sueldo ya de por sí desorbitado y que no se han ganado nunca, salvo que se considere el parasitismo como un puesto de trabajo. Paul Lafargue, el yerno de Marx, escribió un libro con el provocativo título de El derecho a la pereza en el que ponía como chupa de dómine el trabajo, concepto fundamental en la obra de su suegro. Lo que no se atrevió a escribir es un derecho al parasitismo, aunque esté muy extendido, porque ni los perezosos o gandules quieren ser parásitos.

La República habla catalán, idioma casi arcano para el resto de la península. Y tiene mucho que contar. Parece que el Parlament va a votar una moción declarando la monarquía española institución no grata en Catalunya. Y esa moción, presentada por los indepes, tendrá, es de suponer, el voto favorable de los Comuns, aunque nunca es seguro algo que tenga que ver con Colau, cuya idea del valor de las instituciones se reduce a su valor de cambio; no de uso.

La coexistencia de la República catalana y la monarquía española se me antoja problemática, sobre todo por la conocida intransigencia de los republicanos en asuntos de principios. Porque, por lo que afecta a los monárquicos, no habría mucho problema. Con tal de que los dejen seguir parasitando, coexisten hasta con Belcebú.

Nos vemos en Mollerussa a 2/4 de nou del vespre; o sea, a las ocho y media, en la Sala Polivalent de l'amistat.

jueves, 4 de octubre de 2018

Mañana, Palinuro en Mollerussa

En unos diálogos de actualidad sobre la República. Sí, la  República está de actualidad, pero en Catalunya. En España, de actualidad está la monarquía corrupta, con estos reyezuelos que se suben desvergonzadamente un sueldo ya de por sí desorbitado y que no se han ganado nunca, salvo que se considere el parasitismo como un puesto de trabajo. Paul Lafargue, el yerno de Marx, escribió un libro con el provocativo título de El derecho a la pereza en el que ponía como chupa de dómine el trabajo, concepto fundamental en la obra de su suegro. Lo que no se atrevió a escribir es un derecho al parasitismo, aunque esté muy extendido, porque ni los perezosos o gandules quieren ser parásitos.

La República habla catalán, idioma casi arcano para el resto de la península. Y tiene mucho que contar. Parece que el Parlament va a votar una moción declarando la monarquía española institución no grata en Catalunya. Y esa moción, presentada por los indepes, tendrá, es de suponer, el voto favorable de los Comuns, aunque nunca es seguro algo que tenga que ver con Colau, cuya idea del valor de las instituciones se reduce a su valor de cambio; no de uso.

La coexistencia de la República catalana y la monarquía española se me antoja problemática, sobre todo por la conocida intransigencia de los republicanos en asuntos de principios. Porque, por lo que afecta a los monárquicos, no habría mucho problema. Con tal de que los dejen seguir parasitando, coexisten hasta con Belcebú.

Nos vemos en Mollerussa a 2/4 de nou del vespre; o sea, a las ocho y media, en la Sala Polivalent de l'amistat.

Del ultimátum a la desobediencia

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado De lo imposible a lo posible y viceversa en el que se repasa la candente cuestión de la desobediencia como método de acción política en Catalunya. A ella se añadió también ayer la del ultimatum de Quim Torra al gobierno español: o vamos a un referéndum de autodeterminación en octubre o en noviembre los indepes retirarán su apoyo a Sánchez y este caerá. Rápido como una centella, el gobierno español salió a proclamar por boca de su portavoz, Isabel Celáa, que no acepta ultimatums. La carcunda española, esto es, la banda de ladrones del PP y los neofalangistas de C's, saltaron como movidos por un resorte a pedir un 155 perpetuo, o sea un "perpetuum immobile". Las buenas conciencias del PSOE y sus aliados se pusieron muy nerviosas, pero, cuando Torra envió una carta a Sánchez pidiéndole diálogo sin especificar fechas, respiraron aliviadas y se lanzaron a tañer las redes con la buena nueva de que el presidente retrocedía, preocupado por las mala reacción que su ultimatum había tenido entre los suyos en Madrid, los diputados independentistas in partibus infidelium ¡Qué valiente había sido Sánchez rechazando la inverecundia del catalán! ¡Con qué decisión -y una sarta de mentiras- había humillado Celáa la insolencia de Torra! Una lección a la desmesura catalana. España resiste. Abandonad toda esperanza.

Dos o tres horas duró la alegría de la tropa legionaria hispana. Un tuit del MHP ponía de nuevo las cosas en su sitio: un mes para convocar un referéndum o en noviembre nos vemos las caras.

El ultimátum seguía en pie. ¿Y qué decían ahora los diputados? La portavoz de JxC ya había adelantado que respaldarían al gobierno y el resto de los indepes, supuestamente díscolos y molestos, reiteraron asimismo su apoyo a la iniciativa. Una vez más, los unionistas quedaban en ridículo porque la unidad indepe no se rompe. Aunque no se notó mucho, afortunadamente para ellos porque el ridículo del día corrió a cargo de la cotorra catalanófoba esgrimiendo su bandera desde la tribuna de oradores del Parlament.

Cualquiera que no tenga el seso comido por el Espíritu Santo, ese cuya ocupación es forjar la unidad de España, puede ver el drama que viven los últimos jirones del caduco imperio. Administrado por un personal de tan enteco entendimiento y flojo espíritu que no los contratarían ni para picar piedra, produce verdadera hilaridad en el resto del mundo.

Aquí, la versión castellana del artículo: 

De lo imposible a lo posible y viceversa
                                                                                            
Uno de los libros de Quim Torra, un ensayo literario y antológico por el que recibió el premio Carles Rahola de 2009, es Viaje involuntario a la Catalunya imposible. Con ese título era inevitable que sirviera de base para numerosos juegos de palabras y metáforas. Esta es una de ellas. Por una serie de circunstancias de todos conocidas, la Catalunya imposible, de pronto era posible. Y, apenas sucedía tal cosa, corría el peligro de hacerse imposible de nuevo.

Por su condición de intelectual, el presidente Torra tiene el dominio de la palabra, sabe definir lo real, ponerle nombre, justificarlo, darle perspetiva teórica. Pero cuando la palabra es verbo y se convierte en acción, el intelectual se desconcierta, da un paso atrás. Sin duda, la acción por la acción, los  hechos desnudos, sin argumentación, son violencia inútil. Pero la sola teoría, la mera especulación sin aplicación práctica es una ilusión, un espejismo o un engaño.

Por supuesto, los últimos tiempos han acumulado razones más que suficientes para plantear una ruptura entre Catalunya y el Estado y la construcción de la República Catalana. La barbarie de la represión del 1-O justifica la separación entre dos colectividades, una de las cuales se cree con derecho a apalear salvajamente a la otra. Añádase que el 1-O de 2017 es únicamente la manifestación más evidente. Catalunya vive un perpetuo 1-O desde hace años; siglos.

A consecuencia del 1-O de 2017, Puigdemont sostuvo que Catalunya se había ganado el derecho a un Estado propio. Y Quim Torra señala que a él se llegará desobedeciendo a cualquier otro Estado que no sea el Catalán. Al Estado español, obviamente. Pero él mismo no puede olvidar que, al ser el presidente de la Generalitat es el representante del Estado español en Catalunya, según la Constitución vigente. Si no quiere serlo, tendrá que ir contra la Constitución. O sea, tendrá que desobedecer.

Carece de sentido que el máximo representante del Estado en Catalunya anime a la ciudadanía a desobedecer a ese Estado si no empieza por hacerlo él mismo. Y conste que para ello no es precisa violencia alguna. Basta con una declaración de parte (govern, parlament, gente) rechazando el derecho y la jurisdicción españolas en Catalunya.

Porque tiene mucha razón el presidente Sánchez cuando dice, refiriéndose a los hechos del lunes, que con la violencia no se consigue nada. Sánchez es un verdadero crack. A lo mejor se ha dado cuenta de que la violencia bestial aplicada por los franquistas españoles ha sido tan contraproducente para ellos que ha puesto en marcha, por fin, el proceso de su propia aniquilación. Pero que se dé cuenta no quiere decir que haya de actuar en consecuencia con racionalidad y sentido común ni a reconocer el salvajismo del 1-O o a pedir perdón por él. El Estado español siempre acaba devorado por su propia soberbia y fanatismo.

No puede olvidarse que la violencia toma muchas formas. No se reduce solamente a los actos de fuerza, cruentos, de turbulencias callejeras. También es violencia -y peor- una organización estructural de la sociedad que trata de aniquilar a una parte de ella a base de negarle el ejercicio de su derecho más importante: el derecho a ser. Y cuando está en juego la supervivencia de un  pueblo a manos de un poder tiránico, deben emplearse todos los medios de defensa posibles, por cargados de consecuencas que estén.

En otros términos, está muy bien y es de aplaudir que el presidente Torra exija hechos al presidente Sánchez y no meras palabras, pero no debe olvidarse que lo mismo debemos exigirnos a nosotros: hechos y no (más) palabras. No basta con decir que la iniquidad debe ser respondida con la desobediencia. Hay que desobedecer. Cada cual en su sitio.

Tampoco basta con afirmar que, si las sentencias en la farsa judicial montada por los neofranquistas españoles son condenatorias, no se aceptarán. Hay que rechazar la farsa en sí misma, negar a los farsantes el derecho a actuar como justicia e impedirles que perpetren una injusticia.

Catalunya entera, con sus mandatarios al frente, debe desobedecer. Y que las consecuencias de la desobediencia recaigan sobre todos, incluidos quienes firman artículos pidiendo la desobediencia.

Hay una Catalunya republicana e independiente posible e inmediata que depende de nuestros actos.
Ya no de nuestras palabras.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Eso de las amenazas

El País se ha librado de sus colaboradores más fascistas, que lo estaban hundiendo en el descrédito y no solo por su reaccionarismo sino, sobre todo, por su estupidez, pero no acaba de corregir del todo su tendencia a manipular. El titular de hoy es un monumento a la desvergüenza periodística. Como la consigna de este gobierno es que en Catalunya hay una "fractura" social, el panfletillo encaja la palabra en portada, aunque carezca de sentido porque ¿qué significa "la fractura del 1-0"? Obviamente, nada; pero la palabra aparece, que es la orden recibida.

Y ¿qué decir de eso de que Torra amenaza a Sánchez?  Este gobierno tiene encarcelada y exiliada gente por motivos políticos. Cierto que dice no ser él, sino los jueces, pues en España hay división de poderes y blablabla. Pero nadie cree ya estas paparruchas. El gobierno anterior encarceló y obligó a exiliarse a varios políticos/as catalanes con la aquiescencia de unos jueces de pacotilla que administran servicialmente la justicia que quiere el rey. Y este ha seguido por el mismo camino de la arbitrariedad disfrazada de Estado de derecho. Además de encarcelar injustamente a personas inocentes, miente con todo descaro en sus declaraciones.

La rueda de prensa de ayer de la ministra Isaabel Celáa fue un  prodigio de cinismo: falseó -como hace su jefe Sánchez- los datos sobre mayorías y minorías en Catalunya, contando como no independentistas hasta a los muertos. Sostuvo, contra toda evidencia en contrario que la sociedad catalana está "fracturada" (cómo no), cuando lo único fracturado aquí es la inexistente sociedad española. Pidió diálogo a unos independentistas que no han hecho más que ofrecerlo hasta la saciedad.

Es evidente que los socialistas coinciden con la banda de ladrones del PP, entre otras cosas, en su afición a tomar a los ciudadanos por idiotas. Si tan seguros están de que la sociedad catalana rechaza mayoritariamente el independentismo, ¿por qué no pactan un referéndum de autodeterminación para salir de dudas? Y, sobre todo, ¿por qué tienen presos y exiliados políticos por defenderlo? 

Coinciden en más cosas. Coinciden en amenazar con el 155 si creen llegada la necesidad, cosa que deciden ellos.

Entonces, ¿quién amenaza?

No se trata de que El País y el resto de la basura que pasa por prensa en España modere su espíritu manipulador, censor y españolista. Se trata de que, al menos, no acuse a sus adversarios de sus propias miserias. Aquí, los únicos que amenazan son los españoles.

A propósito, a ver si la rauda respuesta del gobierno a la exigencia de Torra, renunciando al mes que se le daba,  anima a este a actuar con mayor contundencia y rapidez. El Estado español no está dispuesto a negociar nada, com siempre. Solo trata de obligar por la fuerza bruta, también como siempre. Se impone la vía unilateral para todo, la independencia y la República. No hay otra salida.

Pudiera parecer exagerado acusar de bruta a la ministra portavoz, pero no hay tal. Escúchenla diciendo "autogobierno, sí; independencia, no" y, también como siempre, metiendo la pata hasta el corvejón porque un "autogobierno" concedido por un gobierno jerárquicamente superior que en cualquier momento puede suprimirlo, ni es "auto" ni es "gobierno". Además, si se dice que el Estado y el gobierno no conceden la independencia a Catalunya, están admitiendo que podrían hacerlo. Es decir, están confesando paladinamente que Catalunya es una colonia de España y que España no quiere soltarla porque perdería su única fuente de ingresos de verdad y las demás CCAA, excepto Madrid, País Vasco y Navarra, tendrían que admitir fuertes descensos en sus saneados ingresos actuales de origen fundamentalmente catalán.

Manipular, mentir y engañar sistemáticamente está feo. Pero convertir a los amenazados en amenazadores es ya para máster de la URJC


martes, 2 de octubre de 2018

Las contradicciones de la revolución

Uno de los textos más interesantes de Mao Tse-Tung se titula Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno de pueblo (1957). Se puede estar más o menos de acuerdo con la tipología de oposiciones que el Gran Timonel presenta y con sus propuestas para resolverlas. Pero es muy probable que dos cuestiones del ensayo gocen de universal aceptación: 1ª) el concepto "pueblo" no es una unidad homogénea, monolítica en cuyo interior no haya sus diferencias y conflictos. Suponer que el pueblo (en este caso, la revolución y la independencia) ha de sonar como una monodia es negar o ignorar la multiplicidad de matices y diferencias que en él arraigan. 2ª) mientras que las contradicciones entre el pueblo y sus enemigos son antagónicas, las que se dan en el seno del pueblo no lo son y, en consecuencia, requieren un tratamiento distinto.

Es ingenuo pensar que una revolución puede planearse en un gabinete y preverse como un desarrollo lineal, sin altibajos ni incongruencias. Por dos razones. En primer lugar porque, aunque hagamos todo lo posible, nunca podremos estar seguros de saber qué tiene proyectado el enemigo. En segundo lugar porque tampoco podemos estar seguros de lo que harán todos los nuestros. Y no es preciso recurrir a la existencia de agentes provocadores en este campo. También podemos encontrarnos -y es frecuente- con gente nuestra que, llevada de su combatividad, buena intención y afán emancipador, cometan errores para provecho del enemigo. Es evidente que no podemos tratar ambos casos de igual manera ni de ellos debemos esperar consecuencias iguales.

La dinámica de la revolución es agitada y muchas veces contradictoria. Quienes la protagonizan tienen procedencias, criterios, hábitos diversos; también diferencias en el modo de enfocar las situaciones controvertidas en táctica y estrategia. Y no es raro que entren en colisión siguiendo pautas propias y distintas y a veces muy conocidas. Por ejemplo, es frecuente que los sectores más radicalizados exijan o impongan decisiones que conduzcan a una confrontación directa con las autoridades con el riesgo de provocar un retroceso y una derrota del movimiento por su precipitación e intrasigencia. Pero también lo es que los políticos y dirigentes revolucionarios, los que tratan con los enemigos en contextos formales, adopten actitudes conciliadoras y hasta entreguistas bien por sobrevalorar las fuerzas del enemigo, bien por infravalorar las propias.

Todo esto es muy conocido y haremos bien en desactivar las contradicciones en el seno del pueblo o de la revolución. Desde luego, pero ¿cómo?

De varios modos. En primer término, el movimiento revolucionario no puede criminalizar a los aliados (y quizá adversarios, pero no enemigos) en su seno, ni puede embellecer las intenciones de los verdaderos enemigos. En segundo lugar, los dos polos del movimiento revolucionario independentista, deben actuar de consuno, en colaboración, aunque no de modo acrítico. Los revolucionarios que trabajan en las instituciones, en el gobierno y el Parlamento no pueden empeñarse en conservarlas en su integridad cuando son excrecencias de un orden injusto que es preciso abolir, y menos usarlas como ariete contra las aspiraciones revolucionarias de la gente. A su vez, esta no puede hacer caso omiso de las directrices de las instituciones democráticas elegidas por ella. 

Lo anterior es el aspecto negativo de estas contradicciones. Queda el positivo. Las instituciones en manos de los revolucionarios o independentistas deben estar al servicio de la revolución en una tarea muy delicada pues se trata de hacer valer esos medios materiales pero sin provocar el uso de la fuerza bruta por el Estado. A su vez, los sectores llamados "radicales" deben seguir actuando porque son los que ponen de relieve las injusticias que nos aniquilan a todos, sin temor a encender un movilización represiva de la autoridad porque esta, en realidad, carece de autonomía de acción. 

Ayer por la mañana, el presidente Torra animaba a los CDR a apretar y a la gente a desobedecer. Pero luego, por la tarde, con las manifas ya desconvocadas, los Mossos cargaron con saña contra los manifestantes mientras la autoridades (Puigdemont, Torra, etc) críticaban los métodos radicales y, en buena medida, los criminalizaban. En recíproca y contradictoria respuesta, los CDR tildaban al govern, Torra y Buch de "traidores".

Los dos sectores o extremos deben contenerse, reflexionar y tratar de ser más eficaces ya que, con la desunión, dan un tiempo y unos medios preciosos al enemigo. Los políticos y la gente deben actuar para garantizar el logro del objetivo común sin olvidar que, cuando se da una contradición no antagónica en el seno del pueblo y resulta difícil pronunciarse por una de las dos instancias, las instituciones y la gente, lo más razonable es inclinarse del lado de la gente que, podrá ser exagerada, pero no suele equivocarse.

Es algo muy simple, que la humanidad viene sabiendo desde hace siglos, milenios: se predica con el ejemplo. Tan antiguo es este uso que en él se basa la idea de nobleza como rango social. Eran nobles quienes se ponían al frente de los ejércitos a dirigirlos desde el lugar de mayor peligro.

Si el presidente Torra anima a la ciudadanía a la desobediencia civil, él debe ser el primero en desobedecer y los demás lo seguiremos.

lunes, 1 de octubre de 2018

Un año

Es lo que ha pasado desde el referéndum del 1-O de 2017, que abrió una nueva etapa en la lucha por la República Catalana. Hay una clara y universal conciencia de que, en efecto, se trata de una nueva etapa; en concreto, la última. A su término hemos de contar con una República Catalana independiente reconocida internacionalmente. Un periodo decisivo. Clara y universal conciencia. Catalunya entera está llenándose de plazas, calles, avenidas del Primer d'Octubre. Ayer Palinuro participó en una de estas denominaciones en Vilagrassa y reitera su agradecimiento a las autoridades y gentes del lugar por haber contado con él.

Además de los nombres de calles y lugares, el 1-O tiene méritos suficientes para ser la futura fiesta nacional de la República. El gobierno catalán demostró que controlaba soberanamente el territorio y, en cambio, el del Estado no. El pueblo catalán se volcó en el acto convocado por las autoridades y, con peligro de su integridad física (más de mil heridos) acudió a votar para decidir su propio destino. Votó por mayoría impresionante la  independencia y un mandato explícito a los gobernantes para que la implementaran.

Mientras tanto, el gobierno español de la época, comprobaba que no controlaba el territorio, tampoco las instituciones y mucho menos al pueblo, al que trata de someter por la fuerza bruta. El Estado español veía que era un Estado fallido, esto es, el que no consigue hacer que su ordenamiento jurídico se acate y obedezca en todo su territorio.

Desde entonces hasta hoy, el proceso independentista se ha acelerado y consolidado tanto en el interior como en el exterior a través de acontecimientos que permiten hablar de la existencia de hecho (aunque aun no derecho) de la República Catalana. Estos acontecimientos, que están en la memoria de todos, permiten visualizar la marcha a la independencia en la interrelación de los actos de iniciativa independetistas (tanto del gobierno por un lado como de la ciudadanía por el otro) y los sucesivos fracasos de las respuestas del Estado, deslegitimado en su acción interior y desprestigiado en la exterior.

A partir de la última Diada, sin embargo y, muy especialmente de los hechos del sábado en Barcelona, cunde la convicción de que estamos ante una nueva época, una época de cambio decisivo. Hasta estos días, e independentismo ha ido cargándose de razones frente a la inoperancia, la represión y la iniquidad del Estado español. A partir de la última Diada y, sobre todo, de los hechos del 29 de septiembre, a dos días del aniversario del 1-O, hay una conciencia de que se requiere no un cambio de rumbo, sino de forma de navegar.

El sábado, el independentismo obtuvo una resonante victoria, impidiendo que las habituales bandas fascistas, financiadas y organizadas, según parece por la derecha de C's, vinieran a Barcelona a provocar y humillar. Un triunfo que demuestra que la gente defiende la República en la calle y está dispuesta a batirse por ella. ¿Lo están igualmente el gobierno y los partidos?

Sabido es: cada vez cobra mayor fuerza una sospecha popular de que los "políticos", la gente de partidos anda maniobrando, quizá recuperando viejas tácticas entreguistas del nacionalismo caduco de la puta y la Ramoneta y el peix al cove. Probablemente sea injusto. Los políticos independentistas han pagado un alto precio en cárcelo exilio y confiscaciones y, hasta la fecha, nadie, ninguno, ha fallado. No obstante, es bueno que se les critique y advierta, en parte porque el espíritu humano es débil y en parte porque así se les obliga a reaccionar. Pero reconozcamos que es una crítica quizá excesiva, quizá ex abundantia cordis. 

La idea de la crítica de base es clara: los políticos deben ir al paso de la gente y arrostrar las consecuencias de sus actos. Y, si no están a la altura, causar baja, que otros más decididos ocuparán su lugar. O no... La opción electoral comporta siempre incertidumbres.

No obstante, un balance de los hechos del sábado dan una idea más aproximada de lo que sucedió y su importancia frente a la propaganda colonial de la prensa franquista madrileña. Pero algo ha de quedar claro desde el principio: lo sucedido en el terreno de la anomalía fue prácticamente nada. En cualquier manifa de la chusma fascista en Barcelona, por reducida que sea, hay más violencia que el sábado. Por tanto, es esencial rechazar la manipulación de lo que sucedió y la propaganda a la que sirve. La conclusión de la manifa del sábado, insisto, es un triunfo del independentismo.

Lo dicho, el pueblo demostró que está dispuesto a defender la República en la calle. El gobierno cuenta con él para las movilizaciones en el logro de la República y la independencia. Pero, ¿cuenta la gente con el gobierno para lo mismo? Aquí se plantea una cuestión crucial. Hasta ahora parece que sí y por eso tenemos presos y exiliados políticos. Pero, ¿y a partir de ahora? Esta muy bien que el presidente Torra nos anime a la desobediencia civil, pero eso reza también con ellos, con los gobernantes, los políticos; con el propio Torra. ¿Está ellos también dispuestos a desobedecr y afrontar las consecuencias?

La situación es una de empate entre el Estado y la Generalitat. Alguien tiene que romperlo. No parece vaya a ser el Estado, pues carece de iniciativa. Habrá de ser la Generalitat y habrá de hacerlo recurriendo a alguna acción que sacuda el empate y lleve a la ruptura real. Carece de sentido reiterar movilizaciones de todo tipo si no van a compañadas de medidas gubernativas eficaces que pongan a la Generalitat en confrontación directa con el Estado y obliguen a este a aceptar la ruptura con las consecuencias que sean.

Ese es el punto central en este momento. Los políticos deben probar que están a la altura de las circunstancias rompiendo abiertamente con el régimen de 1978, pues no hay otra forma de resolver este conflicto. Deben hacerlo al tiempo que muestran su confianza en el pueblo, que no los abandonará, como no ha abandonado a los y las que están dentro hace casi un año. 

El movimiento conseguirá su objetivo si mantiene su unidad de acción a toda costa y todas las fuerzas, sectores y corrientes se orientan en el mismo sentido de consolidar la República Catalana, haciendo cada cual frente a las consecuencias del cumplimiento de su tarea. 

domingo, 30 de septiembre de 2018

Hoy, Palinuro en Vilagrassa

En un acto organizado por el Ajuntament de Vilagrassa, con la colaboración de todas las organizaciones que apoyan la iniciativa: inaugurar una plaza del 1-O. Un gran honor a este peregrino que apuesta porque haya miles de plazas 1-O en toda Catalunya, porque convirtamos el 1-O en el día de la República Catalana. 

Me han encomendado la clausura del acto en el que también intervienen los compas que se relacionan en el cartel. Nunca he experimentado una clausura como un acto tan claro de inauguración e inicio. Porque ¿qué celebramos en este aniversario? ¿Qué si no el comienzo de la marcha de Catalunya? El comienzo de la marcha, de la salida de Catalunya de la situación de postración hasta la República que ya está actuando de hecho, como se ve por los acontecimientos de estos días y los que vengan. Una República nuestra que, al defenderla en las calles y plazas, nos ha devuelto el orgullo y la dignidad de vivir dempeus, como ciudadanos/as libres y no como súbditos de una tiranía extraña.

No inauguramos una plaza. Inauguramos un destino.

Nos vemos en Vilagrassa.

La revolución no es de nadie

La jornada de ayer fue un triunfo del independentismo y la democracia. No pasaron. Ochenta y dos años después, no pasaron. Venían a humillar, a provocar a organizar violencia y tumulto. Verdad es que ya no eran las columnas del ejército de Franco, sino cuatro gatos de una sindicato financiado por C's y desautorizado por los otros sindicatos de la policía. Pero sus intenciones eran las mismas.

Palinuro pidió hace ya días que, en atención a la seguridad ciudadana, la Generalitat prohibiera la manifa españolista. Ahora, sirve de poco enfrascarse en cuestiones contrafácticas de qué hubiera pasado si, en efecto, se hubiera prohibido. Pero es que, además, es plausible pensar que quizá no haya sido desacertado permitirla, cambiando su recorrido, porque así se ha visto su peso, su importancia real y su carácter fascista. 3.000 manifestantes venidos de toda España con gente de Vox, Tabarnia y grupos similares frente a 6.000 independentistas. Los 3.000 hubieron de plegar velas y retirarse más que a paso.

Un triunfo. En la pugna por controlar el territorio entre el poder español y el catalán este control ha empezado con buen pie para la revolución catalana. El primer acto de defensa de la república ha sido un éxito. Con alguna sombra que será preciso examinar con cuidado, sin apasionamiento. Hablamos de la violencia que se dio ayer en algunos momentos, de las cargas policiales y las acometidas de los independentistas.

La primera y más evidente conclusión es que el independentismo ha regalado al enemigo la imagen que estaba buscando. Y está claro que, aunque sea una o media docena, piensa explotarlas propagandísticamente hasta la saciedad. Los CDRs y, supongo, Arran, piden la dimisión de Torra y Buch. Una petición radical. Del otro lado, sin duda, lloverán las lamentaciones y condenas por lo sucedido y las advertencias de que, si nos cargamos el principio de no-violencia, haremos un mal negocio.

Sin duda, los episodios de violencia deben ser examinados con cuidado y, según sean los hechos, una vez constatados, deberán dar lugar a reconocimientos y/o responsabilidades. De todas formas, tampoco hay que exagerar. Han sido unos cuantos brotes de violencia que, por mucho que se empeñen los unionistas, no empece el triunfo mantenido del independentismo.

Unos brotes, sí. Pero han sido. Y aquí es obligado recordar que, cuando los actos colectivos han estado organizados por la ANC u Ómnium, que llevan años, trabajando en ello, nunca ha habido violencia porque siempre han sabido controlarlos. Esto parece distinto. No hay control (la misma ausencia de control se considera una ventaja), ni siquiera seguridad frente a los posibles infiltrados. Tampoco me gustan especialmente las capuchas o los antifaces. Es verdad que han sido unos brotes y aislados; pero es preciso vigilar para poner la energía de los sectores más radicales al servicio del objetivo común. 

Las cargas policiales tienen una lectura suplementaria. También aquí se ha regalado una imagen muy valiosa para el españolismo: los independentistas enfrentados a los Mossos, una situación cargada de malos presagios porque la policía catalana, a las órdenes del gobierno catalán, debe seguir unos protocolos de actuación acordes con la política de este gobierno, que no puede ser la de reprimir a quienes defienden la república catalana en las calles porque, entre otras cosas, eso es lo que se supone que él debe hacer.

¿Por qué se da ahora esta aparente disonancia y hasta contradicción entre la acción de la gente y la de las instituciones y los partidos? Es una pregunta complicada porque la respuesta más directa quizá sea excesivamente dura. A dos días del 1-O, en el que habrá una movilización extraordinaria en toda Catalunya y que, seguramente, transcurrirá con la habitual calma, la pregunta es: y después, ¿qué? ¿Cuándo se producirá el conflicto final con el Estado? ¿Cuándo la ruptura? 

Algunos comentaristas critican al gobierno acusándolo de que no se ocupa de implementar la república, sino que anda pensando en elecciones. En la parte radical del independentismo se avisa de que si a los políticos les tiembla el pulso, el pueblo los destituirá y elegirá otros. Como se ve, en realidad, todos podrían estar pensando en las elecciones, aunque no en las mismas elecciones. 

El punto muerto en que entraremos si el aniversario del 1-O no genera acciones posteriores solo podrá superado si el govern da pasos rápidos para la implementación de la República con el fin de producir la ruptura. La reacción represiva del Estado no se haría esperar y los actuales dirigentes indepes podrían pasar a acompañar a los presos y exiliados políticos. Nadie quiere llegar ahí, presumiblemente, pero es posible que no haya otra opción. La idea es que el aumento de la represión consolide ya definitivamente la República en la calle en una acción popular masiva y continuada de resistencia y desobediencia. 

En su discurso de septiembre, antes de la Diada, el presidente Torra avisó de que la república y la independencia exigirían sacrificios de todos y todas. Y eso quiere decir exactamente eso: de todos y todas porque la revolución catalana no es de nadie, sino de todos y todas. 

sábado, 29 de septiembre de 2018

Hoy, Palinuro, doblete

Días enteros en camino. Sobre todo estos, los del aniversario más importante de Catalunya en mucho tiempo. "Les actes de l'1ctubre't" dice el cartel de Anglés y "La determinació d'un poble", el de Lloret de Mar en la plaça Pere Torrent. Los dos son complementarios. El 1-O es ya de hecho la fecha fundacional de la República y lo es por la determinación de un pueblo. 

El día de hoy es simbólico y decisivo. Según mis noticias, se ha modificado el itinerario de la manifestación de los policías españoles, dado que plaza de Sant Jaume estará plena de gom a gom. Lo suyo hubiera sido prohibirla puesto que es obviamente un acto político que trata de provocar tumultos y violencia en Barcelona. Razón más que suficiente para impedirla.

En el fondo, da igual. La provocación ha puesto en marcha el mecanismo de defensa de la República. La renovación del mandato al govern es evidente y rotunda: ir a la independencia y la República. La chispa que hace unos días pedía Quim Torra para incendiar la pradera catalana ha prendido. El pueblo está de pie y desobedeciendo.

Ahora solo falta que las autoridades señalen los pasos y medidas siguientes. Pero no con ánimo de dirigirlo. El movimiento ha probado fehacientemente que se dirige, se orienta solo, organizándose incluso para defenderse de la violencia estatal. Si necesita las autoridades es para articularse y coordinarse a través de los medios materiales que estas poseen y deben estar al servicio del pueblo. Y mientras la unidad y transversalidad se mantengan con un objetivo común y un compromiso de hacerlo eficaz en el menor tiempo posibles será imparable.

Nos vemos en Anglés o Lloret.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Misterio desvelado

Si el río suena... Las elecciones anticipadas son una probabilidad relativamente alta. Pero no por lo que haga el independentismo, sino porque el presidente Sánchez tiene escaso apoyo parlamentario y una oposición feroz. Y porque lleva camino de quedarse sin gobierno antes de su regreso a España, cuando quizá solo salga a recibirlo el conserje de La Moncloa.

Bueno, dirá el lector, pero ¿qué misterio ha desvelado usted? ¡Ah! Uno importantísimo que aclara la razón del desconcertante comportamiento de Sánchez en América. El primer chispazo que generó universal perplejidad fue poner a Quebec como ejemplo de solución política para España. ¿Podía ignorar Sánchez que en Quebec hubo dos referéndums de autodeterminación pactados con el Canadá? Podía, desde luego, pero es poco verosímil. ¿Entonces? Entonces es que Sánchez admite ese referéndum porque es referéndum perdido por el independentismo, igual, sigue razonando, que pasó con los dos referéndums celebrados en España, que los perdió el independentismo porque la opción "no independencia" fue mayoritaria. 

Callemos el juicio que merece apuntarse como un logro propio la realización de dos referéndums (1-O y 21 de diciembre de 2017) contra los que se ha luchado con todos los medios, primero los piolines y luego el 155; callemos también el que merece hablar de "dos referéndums" cuando ha habido cuatro, pues a los dos mencionados han de añadirse el 9-N de 2014 (por el que están procesados/as Mas, Rigau y Ortega) y las elecciones de 27 de septiembre de 2015, que dieron la primera mayoría parlamentaria absoluta al independentismo.

Lo que no cabe callar es la mentira de que los referéndums los hayan perdido los indepes cuando los datos están ahí y dicen que los han ganado tanto en votos como en escaños y cuando esto, además, es lo que refleja la realidad institucional  de Catalunya y no un país gobernado por unas fantasmagóricas taifas no independentistas. 

Por otro lado, es imposible también que Sánchez ignore que sumar en el "sí" solo el sí explícito y en el "no" el no explícito más los nulos, en blanco, otras opciones y quizá hasta las abstenciones, es una trampa infantil. Entonces, ¿por qué dice que los resultados reflejan mayoría de no independentistas? Porque le traiciona el subconsciente. Ese es el misterio desvelado: la idea de mayoría y minoría de Sánchez. Como revela en sus declaraciones en el extranjero, en donde habla con mayor libertad quizá porque tenga menos asesores, la mayoría que él siempre tiene en la cabeza es la mayoría de los españoles. ¿Se entiende? Si cuento cuántos partidarios de la independencia de Catalunya hay en España, además de los 2.060.000 catalanes, quizá me salgan 2.060.100; pero si cuento la cantidad de partidarios de la no independencia de Cataluña también en España me salen 32.000.000 por lo bajo. O sea, la mayoría. La mayoría en que siempre piensa Sánchez cuando habla de estos temas. Una mayoría que, según dice creer, es democrática.

Pero, ¿lo es? Al respecto leo que el presidente Puigdemont estaría dispuesto a hablar sobre un posible referéndum de independencia de Catalunya en toda España. Estas son las cosas que ponen al Estado contra las cuerdas, estos repentinos giros. Esta capacidad para plantear cuestiones y debates en los más inesperados frentes exaspera a los estrategas nacional-españoles, obligados a revisar el argumentario y siempre maliciándose lo peor. ¿Qué nueva estratagema habrá planeado el de Waterloo? 

No quiero parecer aguafiestas, pero allá por los años noventa del siglo pasado se me ocurrió  hacer esta propuesta, un referéndum en toda España sobre el derecho de los catalanes a separarse. Solo que proponía una fórmula tricotómica: 1) sí; 2) no; 3) que hagan lo que quieran. Por aquellos años, mi confianza en la mentalidad abierta y democrática de los españoles era muy grande. Creía, ingenuo de mí, que ganaría la opción 3). Estaba lamentablemente equivocado: ganaría la 2). Y ganará, seguramente, si se realizara ahora.

Y, no obstante, es una opción interesante para ir pasando el tiempo y sin perderlo demasiado. Al margen de que la Generalitat continúe con su programa de gobierno formulado por Quim Torra el pasado 25, no hay inconveniente en convocar ese referéndum español sobre Catalunya. Un referéndum informativo; en modo alguno vinculante por la razón que se expondrá de inmediato. El referéndum permitiría visualizar la distribución del voto. Y si, como es de esperar, el voto "no" es ampliamente mayoritario en España (aprox. 31 millones de electores)  y el "sí" ampliamente mayoritario en Catalunya (aprox. 5,5 millones de electores), esta imagen será la de la tiranía de la mayoría. Por eso el referéndum en toda España no puede ser vinculante, porque ello equivaldría a consagrar una vez más la tiranía de la mayoría, tan inicua como la de la minoría, aunque se disfrace de otra cosa.

Hoy, Palinuro en Palamós

Con la simpatía y seducción que lo caracterizan, Toni Strubell me convocó a Palamós, utilizando como gancho un tema tentador: el poder del poble. ¿Se han fijado ustedes en cómo ha ido fluctuando la relación de fuerzas en el conjunto del movimiento y la revolución catalanas en el siglo XXI? Comenzó con un peripecia parlamentaria; se pasó por un referéndum con participación del pueblo como electorado; se convirtió en objeto de pleito judicial; se incorporó a la acción de las entidades sociales; fue respaldado una y otra vez a través de grandes concentraciones de masas populares; lo incorporaron a sus planes los partidos políticos; lo hizo suyo el gobierno catalán; tuvo respaldo masivo en el referéndum del 1-O, acto fundacional de la República; aguantó el encarcelamiento y el exilio de los dirigentes independentistas; lo ratificó el electorado contundentemente el 21 de diciembre de 2017. Y hasta aquí hemos llegado, con fatigas y esfuerzo, pero sin desfallecer y unidos como una piña.

El poder del pueblo descansa en su unidad de acción.

Donec Perficiam.

Nos vemos en Palamós

jueves, 27 de septiembre de 2018

Mañana, Palinuro en Palamós

Con la simpatía y seducción que lo caracterizan, Toni Strubell me convocó a Palamós, utilizando como gancho un tema tentador: el poder del poble. ¿Se han fijado ustedes en cómo ha ido fluctuando la relación de fuerzas en el conjunto del movimiento y la revolución catalanas en el siglo XXI? Comenzó con un peripecia parlamentaria; se pasó por un referéndum con participación del pueblo como electorado; se convirtió en objeto de pleito judicial; se incorporó a la acción de las entidades sociales; fue respaldado una y otra vez a través de grandes concentraciones de masas populares; lo incorporaron a sus planes los partidos políticos; lo hizo suyo el gobierno catalán; tuvo respaldo masivo en el referéndum del 1-O, acto fundacional de la República; aguantó el encarcelamiento y el exilio de los dirigentes independentistas; lo ratificó el electorado contundentemente el 21 de diciembre de 2017. Y hasta aquí hemos llegado, con fatigas y esfuerzo, pero sin desfallecer y unidos como una piña.

El poder del pueblo descansa en su unidad de acción.

Donec Perficiam.

Nos vemos en Palamós

Vasos comunicantes

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, títulado línies de fractura

 Las dos realidades hoy en pugna en España, el Estado y la Generalitat, son sí, dos poderes enfrentados, hasta dos mundos políticos. Pero hay algo más, algo que comparten de forma que, sea cual sea su respectivo tamaño, fuerza, volumen y capacidad de destrucción, lo que se ve, el agua, como en los vasos comunicantes, está siempre al mismo nivel. Es como una metáfora. Por más que el Estado se obstine en interactuar con la Generalitat con superioridad jerárquica, en una relación de mando y obediencia, no lo consigue. Y por más que intente disfrazar esta actitud invocando la voluntad de diálogo "político", tampoco. Razón sencilla: si por político ha de entenderse la "no juridificación" del conflicto, que tanto molesta a Sánchez, la existencia de presos políticos (llámelos el gobierno como quiera) desbarata el intento y lo convierte en una farsa política añadida a la judicial. 

El agua está al mismo nivel en cuanto al sentido de lo que se dirime. El Estado tiene el mismo derecho a defender su idea de la nación española como la Generalitat a defender la suya de la nación catalana. El derecho a la nación es igual en ambos casos, los dos tienen la misma fuerza moral, política y jurídica; lo que no tienen es la misma fuerza bruta. Pero ¿cómo se justifica un orden político basado en la fuerza bruta?

Aquí la versión castellana. 

Líneas de fractura

En la dínámica de poder dual (gobierno del Estado y Generalitat) que vive el Estado español en Catalunya, cada una de las instancias está cumpliendo con las expectativas que generó. En su comparecencia, del martes, el presidente Torra expuso el plan de acción de su gobierrno para los cuatro años que vienen con bastante detalle. Se recuerda la insistencia con que no hace mucho se decía que Catalunya debía contar con un gobierno “efectivo” antes que nada. Ese gobierno “efectivo” es el que emerge del plan aprobado en el Consejo Ejecutivo: medidas claras y concretas en cuatro ejes: cohesión social, prosperidad económica, fortalecimiento de la democracia e internacionalización del proceso.

El origen de este previsto itinerario es el cumplimiento del mandato del 1-O que insta a consolidar la república y la independencia. El término (que será cuando sea y, de momento, imprevisible), la restitución del legítimo presidente, Puigdemont. A lo largo del camino seguirá robusteciéndose la Repúblicana catalana como realidad de hecho.

A su vez, el otro poder, que se enfrenta al orden republicano, el del gobierno central de la monarquía española, atrapado en el galimatías parlamentario de su debilidad y las tensiones entre aliados y adversarios, no solo carece de un plan articulado como el de la Generalitat, sino de toda posibilidad de coordinar la acción según sus objetivos estratégicos. De hecho es dudoso que tenga algún objetivo estratégico al margen de sobrevivir con 84 diputados y conseguir que la llamada “cuestión catalana” no arruine sus escasas perspectivas. Por no tener, no tiene ni presupuestos, que son la columna vertebral del plan de acción de cualquier gobierno. Sus ministros, que parecen sacados en una tómbola circense, concentran su atención en mantenerse en el cargo frente a las intrigas de los adversarios y sus propias meteduras de pata en el pasado. Su presidente anda recorriendo el mundo y, de paso, informándose de que no es como él creía en su nacionalismo español de toros y pandereta o como le ha contado el ministro Borrell, un enajenado cuyo odio a Catalunya lo lleva a sostener la absurda tesis de que España es una democracia más avanzada que Francia o Bélgica.

Con estas bases de información y este clima político propio de un auténtico patio de delincuentes, es claro que la dualidad de poderes en España se resolverá a favor de Catalunya en el corto plazo. Sin duda alguna, pero ¿qué hay del medio y el largo plazo? Esto es, ¿cuándo y cómo conseguiremos la República y la independencia de derecho y el correspondiente reconocimiento internacional?

Esta es la línea de fractura más importante en este momento, pero las circunstancias solo nos permiten levantar constancia de su existencia, no de su resultado en forma de ruptura. Los dos poderes hoy enfrentados, el catalán con su ambicioso plan de construcción republicana y el español atascado en la tarea de sobrevivir e impedir como sea que la Generalitat lleve adelante su proyecto, cada uno en su estilo, pueden dar el paso que abra una vía de solución, aunque no está claro con qué consecuencias. 

El gobierno español, privado de margen de maniobra por voluntad propia, solo tiene que seguir invocando cínicamente la separación de poderes para dejar que un poder juidicial franquista y corrupto vaya adelante con su farsa procesal y su persecución política a los disidentes. Frente a ello, el gobierno de la Generalitat acabará abocado al ejercicio de la desobediencia frente a la arbitrariedad y la tiranía españolas, algo tan inevitable como la sucesión de los días y las noches.

A su vez, las respectivas sociedades, la catalana y la española también interactúan en el mismo espiritu en que este conflicto está viviéndose institucionalmente. La posición española es básicamente política, partidista, mediática y descansa en la capacidad de movilizar grupos de ultras, fascistas y provocadores más o menos instigados por la constelación reaccionaria, PP, C’s, Vox, SCC, Democracia Nacional y otros nazis. Su finalidad es suscitar un clima de violencia en Catalunya (que unos jueces presuntamente prevaricadores no encuentran ni son capaces de inventarse) que justifique la intensificación de la represión y, llegado el caso, la intervención del país y la supresisón del autogobierno.

La sociedad catalana, en cambio, sólida y coordinadamente movilizada, no solamente apoya sus instituciones y se compromete en su preservación sino que, muy concienciada en su proyecto independentista, también marca el camino a sus políticos para que, a pesar de la represión que padecen, no desfallezcan en el objetivo común. Es esta voluntad este movimiento social el que apunta a un horizonte de resistencia y desobediencia a los mandatos del ocupante, la que se puso de manifiesto hace unos días en la Plaça de San Jaume, cuando se impidió una concentración anticatalana en tan emblemático lugar y el que apunta también a una repetición, cuando está anunciada otra manfestación de agentes españolistas (básicamente policías, guardias civiles y sus amigos) en el mismo lugar con el objetivo de provocar a la población con un homenaje a los vándalos que aporrearon a la gente el 1-O.

En este momento, la línea de fractura pasa por la resistencia y la desobediencia tanto institucional como popular. La República Catalana se hace realidad defendiéndola al unísono en las instituciones y en la calle.

Hoy, Palinuro en el Teatre Municipal de Girona

De todas las artes, el teatro ha sido siempre una de las más críticas y vanguardistas, la que se ha enfrentado a los poderosos y ha defendido la causa de la justicia y la libertad. Razón por la cual a veces ha estado prohibido en algunos lugares y distintos tiempos. Y si sirve de soporte a un espectáculo musical, operístico, como el que nos ofrece el grupo Òpera Jove en la tradición del bel canto recuperado, el efecto puede ser contundente. La música vocal e instrumental es arte puro, emoción  que habla directamente al corazón. Transmite sentimientos. La ópera está ligada a acontecimientos importantes en la vida colectiva de los pueblos y se incardina en la historia sentimental de todos. 

En este caso, el espectáculo trae numerosos parlamentos, a modo de recitativos, con lectura de cartas de muy diversa condición y época con un rasgo común: todas ellas se han escrito en prisión. Las cartas desde prisiones constituyen, para bochorno de la humanidad, casi un género literario por derecho propio. Si hubiera que leer, aunque solo fuera una por cada persona presa, la sesión se prolongaría días. A mí me tocan dos alegatos emocionantes, pero no diré cuáles por no hacer spoiler. También se leerán algunos textos sobre derechos humanos, derechos del hombre y de la mujer (tómese nota), directamente relacionados con la finalidad del espectáculo, que es protestar por la grave situación de injusticia que padecen las y los presos/as políticas/os en Catalunya y, por lo que se deduce de los textos y el ánimo de los organizadores todos los presos/as políticas/os del Estado. Y, por supuesto, los y las exiliadas y exiliados. 

Toda la obra es un grito de protesta contra una situación injusta, un grito integral del arte. La ilustración, que trae una cita de Oscar Wilde, preso en la cárcel de Reading, representa un famoso cuadro de 1890, de Van Gogh, titulado La ronda de los presos, que tiene su historia. En realidad es una versión de un grabado anterior (1872) de Daumier, titulado "Peregrinación en Londres", en prosecución de su obra sumamente crítica con los sistemas judiciales, penales y penitenciarios de su tiempo. Pero el holandés lo interpretó a su modo, introduciendo en él, además del color, dos detalles: se autorretrató en primer término, aunque él nunca estuvo en prisión, pero sí encerrado, y pintó dos mariposas revolotendo en la parte superior izquierda sobre la piedra de la pared del fondo, un símbolo de la libertad. Aquí están ocultas por el título del espectáculo, Del Gris al Groc, sumamente logrado.

Nos vemos en el Teatre Municipal. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Dos mundos

Palinuro es un apocado. Viene diciendo que en España se da una situación de dualidad de poderes de facto, de dos gobiernos enfrentados. Eso no es nada. No son dos los gobiernos sino los mundos que hay en el Estado. El mundo español y el mundo catalán en relaciones de abierta hostilidad, como se prueba por el hecho de que uno de ellos tenga presos políticos del otro. Que los tenga en el territorio del otro forma parte de la situación de desequilibrio y asimetría que este otro trata de remediar con la independencia. Dos mundos completos en conflicto, ese que el presidente Sánchez dice estar en situación de resolver, aunque en un plazo de veinte años y gracias a una fórmula de birlibirloque de la que habla mucho pero muestra poco, fuera de remachar su carácter político.

El mundo español muestra una situación lamentable. Un Estado prácticamente sometido al chantaje de un presunto delincuente era la guinda que había de coronar el pastel de una corrupción estructural e institucionalizada que no ha dejado institución alguna del Estado sana: la política, el gobierno, la corona, la empresa, la judicatura, la universidad, los medios, los partidos, todos han pasado por la trituradora de la corrupción. Solo faltaba que, en efecto, un individuo pudiera chantajear al Estado. Eso es lo que el gobierno dice que Villarejo está haciendo, pero lo grave es que lo esté haciendo con éxito. La reacción de ese mismo gobierno, bloqueando la comisión de investigación sobre Juan Carlos I con material de Villarejo, es una confesión paladina de que el chantajista tiene en donde chantajear.

Los líos de la corrupción, las cloacas de Interior y la galería del Exterior tienen a los medios tan interesados que no les da tiempo para informar de nada más. O lo hacen pero casi a las escondidas. Siguiendo el culebrón de las chocarreras sobremesas de unos ciuadadanos por encima de toda sospecha, lo españoles prácticamente no se han enterado de que ayer Puigdemont presentaba en Bruselas su libro, La crisis catalana, escrito por el periodista belga Olivier Mouton, pero narrado en primera persona por el presidente. Hay edición holandesa, catalana y francesa. A falta de traducción al castellano, los españoles seguirán sin conocer los puntos de vista del hombre al que la mayoría de los catalanes considera su presidente y vive en el exilio. Tampoco abrió los telediarios la noticia de que el presidente Torra había presentado su programa de gobierno, que incluye la convocatoria de un foro constituyente para dar una Constitución a la República Catalana. Lo dicho, dos mundos.

El mundo catalán, dando pruebas de una estabilidad política envidiable, pone en marcha un plan de gobierno a cuatro años para edificar las estructuras de Estado. Es verdad que cuenta con una oposición muy radicalizada de carácter unionista, pero la dureza de los enfrentamientos no impide la eficacia de la acción parlamentaria ya que la mayoría que apoya al gobierno es absoluta. La mayoría parlamentaria se apoya a su vez en una mayoría social que se manifiesta repetidamente con motivo de consultas electorales, como la de 21 de dicimbre de 2017, o de aniversarios, como la última Diada. En verdad, resulta patético contemplar al presidente Sánchez contando en el Canadá la manoseada mentira de la mayoría/minoría independentistas en Catalunya, pero ya es irrisorio escucharle mentir en el resultado de "dos referéndums" habidos en España, olvidándose de los piolines y el 155.

Todo para nada. Cuando invoca el ejemplo de Quebec está de hecho aceptando que la solución en España es un referéndum pactado de autodeterminación vinculante. Salvo que ignore este extremo, en cuyo caso es evidente que no sabe en dónde está Quebec y quizá no sepa en dónde está él mismo.

Porque no hay otra solución civilizada y democrática a un conficto que ya interpela a Europa.

Mañana, Palinuro en el teatre municipal de Girona

De todas las artes, el teatro ha sido siempre una de las más críticas y vanguardistas, la que se ha enfrentado a los poderosos y ha defendido la causa de la justicia y la libertad. Razón por la cual a veces ha estado prohibido en algunos lugares y distintos tiempos. Y si sirve de soporte a un espectáculo musical, operístico, como el que nos ofrece el grupo Òpera Jove en la tradición del bel canto recuperado, el efecto puede ser contundente. La música vocal e instrumental es arte puro, emoción  que habla directamente al corazón. Transmite sentimientos. La ópera está ligada a acontecimientos importantes en la vida colectiva de los pueblos y se incardina en la historia sentimental de todos. 

En este caso, el espectáculo trae numerosos parlamentos, a modo de recitativos, con lectura de cartas de muy diversa condición y época con un rasgo común: todas ellas se han escrito en prisión. Las cartas desde prisiones constituyen, para bochorno de la humanidad, casi un género literario por derecho propio. Si hubiera que leer, aunque solo fuera una por cada persona presa, la sesión se prolongaría días. A mí me tocan dos alegatos emocionantes, pero no diré cuáles por no hacer spoiler. También se leerán algunos textos sobre derechos humanos, derechos del hombre y de la mujer (tómese nota), directamente relacionados con la finalidad del espectáculo, que es protestar por la grave situación de injusticia que padecen las y los presos/as políticas/os en Catalunya y, por lo que se deduce de los textos y el ánimo de los organizadores todos los presos/as políticas/os del Estado. Y, por supuesto, los y las exiliadas y exiliados. 

Toda la obra es un grito de protesta contra una situación injusta, un grito integral del arte. La ilustración, que trae una cita de Oscar Wilde, preso en la cárcel de Reading, representa un famoso cuadro de 1890, de Van Gogh, titulado La ronda de los presos, que tiene su historia. En realidad es una versión de un grabado anterior (1872) de Daumier, titulado "Peregrinación en Londres", en prosecución de su obra sumamente crítica con los sistemas judiciales, penales y penitenciarios de su tiempo. Pero el holandés lo interpretó a su modo, introduciendo en él, además del color, dos detalles: se autorretrató en primer término, aunque él nunca estuvo en prisión, pero sí encerrado, y pintó dos mariposas revolotendo en la parte superior izquierda sobre la piedra de la pared del fondo, un símbolo de la libertad. Aquí están ocultas por el título del espectáculo, Del Gris al Groc, sumamente logrado.

Nos vemos en el Teatre Municipal.