dimecres, 24 de setembre del 2008

Justa retribución.

No han pasado veinticuatro horas desde que el Gobierno socialista y su presidente en concreto, el señor Rodríguez Zapatero, hubieran entregado el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en manos de los conservadores cuando estos le han devuelto ya el favor en su estilo más acendradamente agresivo. Si el señor Rodríguez Zapatero creía que renunciando a su derecho (y probablemente a su obligación) de designar a un jurista progresista para la presidencia del CGPJ se ganaría la colaboración de buena fe del PP que renunciaría a sus posiciones maximalistas en pro de la concordia y del bien común está ya claro que no sabía por dónde le venía el viento. A su irresponsable dejación de su deber de garantizar que el gobierno de los jueces refleje la relación de fuerzas izquierda/derecha que han arrojado los resultados de las elecciones de marzo pasado, ha respondido el señor Rajoy con el infumable trágala de imponer para el constitucional a sus dos candidatos preferidos, el señor Francisco José Hernando, expresidente del CGPJ y el señor Enrique López exportavoz del mismo órgano.

Ninguna de las dos propuestas es aceptable para el PSOE a quien retribuye así el PP por su caballerosidad en la propuesta del señor Carlos Dívar, el de las "profundas convicciones religiosas". ¿Y por qué no es asumible ninguna de las dos propuestas para el PSOE? Sencillamente porque tanto el señor Hernando como el señor López han sido virulentamente combativos con el PSOE y con todo lo que huela a progresista en general y, en el caso del señor López, probablemente por su corta edad, se añade el hecho de haber sido protagonista de algunas declaraciones como portavoz del CGPJ que, para decirlo suavemente, provocan una sonrisa cuando no una risa a carcajadas. Los dos por lo demás son los principales responsables de que el CGPJ haya culminado su lamentable trayectoria en la última legislatura con el bochornoso espectáculo de haber perdonado la sanción a la juez rebelde que se niega a cumplir la ley casando parejas de homosexuales.

Estos son los dos personajes que el PP quiere incrustar en el Tribunal Constitucional y no está claro cómo podrá evitarlo el PSOE. Mejor dicho, si atiendo a mi experiencia más inmediata, ni siquiera tenemos claro que quiera evitarlo. Hasta cabría acusarlo de incongruente porque, ¿qué grado de verosimilitud, crédito y confianza hemos de otorgar a unas gentes que se llenan la boca a hablar de las avanzadas leyes en materia de derechos que piensan aprobar pero que facilitan que los órganos judiciales, que posteriormente habrán de interpretar y aplicar dichas leyes, caigan en manos de los elementos más conservadores, retardatarios y contrarios al espíritu del conjunto de la legislación socialista?

Esta actitud de sumisión de la izquierda al ordeno y mando de la derecha o, en general, a su actitud permanentemente autoritaria no es algo circunstancial e imprevisto sino que hace años que se viene observando. Pasa siempre: cuando la izquierda llega al poder legítimamente suele hacerlo tan acomplejada por el alcance de algunos de sus postulados teóricos de la época revolucionaria (lucha de clases, internacionalismo, nacionalización, etc) que siente la irrefrenable necesidad de garantizar a los sectores más reaccionarios respecto a sus intenciones: queremos a la Patria por encima de todo, somos firmes partidarios de un orden público sin fisuras, las fuerzas armadas están para defender a la nación y tienen necesidades que el pueblo no comprende, la bandera alegra nuestros más dulces sueños, a los beneficios del capital que no nos los toquen y menos aun a la Iglesia. Si es preciso ponemos a sus monagos al frente de lo que sea.

Esta actitud de falta de integridad ideológica y de subordinación intelectual no sólo se da con los gobernantes de izquierda que tratan de que se los admita en los círculos fetén a base de ser más papistas que el Papa sino también y muy especialmente con sus intelectuales orgánicos. Ningún articulista, columnista, plumilla o gacetillero de la derecha que escriba en términos críticos (generalmente muy agresivos) de la izquierda sentirá la necesidad de compensar sus ataques con otros mandobles a la derecha. En el caso de los correspondientes de la izquierda la situación es distinta: ningún juntaletras de izquierda que arranque con una crítica o ataque a la derecha se priva de incluir luego algún párrafo para dar estopa también a la izquierda a los efectos de sentar plaza de ecuánime e imparcial. En definitiva los dos, el político u hombre de acción y el escritor o intelectual orgánico comparten el mismo complejo de inferioridad de las clases subalternas de pensar que la derecha tiene una especie de plus de legitimidad. Y así no vamos a sitio alguno.

(La imagen es una foto de Pablovenegas, bajo licencia de Creative Commons).

Anoche nos secuestraron.

Pues sí, habíamos ido a ver el Boris Godunov de Alexander Pushkin en versión de La Fura dels Baus en el María Guerrero y, cuando apenas llevábamos cinco o diez de minutos de representación, entró un grupo de terroristas chechenos que secuestró a todo el aforo. Eran como unos veinte, armados hasta las orejas, con cinturones de cartuchos de dinamita o algo parecido, fusiles ametralladores, pistolas y una cantidad grande de explosivos que dispusieron estratégicamente por el patio de butacas y otras dependencias del teatro, avisándonos de que todos volaríamos por los aires como se nos ocurriera hacer algo raro o el Gobierno trataba de rescatarnos. Muchos llevaban los rostros cubiertos con pasamontañas. Se distribuyeron la tarea de vigilarnos y nos obligaron a permanecer en nuestros asientos lo cual, además de incómodo, era humillante, pues era preciso pedir permiso cada vez que se quería ir a al retrete.

Eso es más o menos lo que sucedió la noche del 23 de octubre de 2002 cuando unos cuarenta rebeldes chechenos asaltaron el teatro Dubrovka, en donde se representaba el musical Norte-Este y capturaron unos novecientos rehenes, entre espectadores y empleados del teatro. Los chechenos hicieron público un manifiesto a través de los medios dándose a conocer como musulmanes y exigiendo la retirada de las tropas rusas de la República de Chechenia en el plazo de una semana. En caso contrario, empezarían a matar rehenes. El asedio al teatro por las fuerzas de seguridad rusas duró tres días al cabo de los cuales unidades especiales de la policía, habiendo soltado previamente un gas adormecedor especial empezaron el asalto. Murieron cuando menos 33 terroristas y 129 rehenes, aunque es posible que hayan sido muchos más. Prácticamente todos los fallecidos lo fueron a causa del gas y no del tiroteo.

La Fura dels Baus escenifica los tres días de tensión, histéricas negociaciones entre rebeldes y autoridades y terror de los rehenes en un espectáculo en el que en medio de un alarde de efectos especiales, con luces, colores, focos, proyecciones, estampidos, etc, se intercalan las dos acciones teatrales, la de la obra de Pushkin, escrita hacia 1825 por cierto en un espíritu muy "macbethiano" que reconstruye acontecimientos del siglo XVI y la del secuestro, cinco siglos más tarde. La prolongación de la peripecia de Boris Godunov, quien sucedió a Iván el Terrible primero como regente y luego como Zar que al final de sus días hubo de hacer frente a una sublevación de un impostor con la ayuda de los polacos trasmite el mensaje de que las pasiones humanas, el poder, la violencia, el odio, la dominación de la gente, son las mismas a lo largo de los siglos. Cambian los medios materiales, pero no las justificaciones morales.

La parte pushkiniana sigue más o menos fielmente la obra del dramaturgo romantico; la del secuestro es una historia elaborada por Alex Ollé. Es éste el que pone en boca del dirigente checheno de la operación la idea de que el viejo apotegma de que la guerra es la continuación de la política por otros medios ha sido superado por el de que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Ciertamente así parece ser y el autor al que debemos esta segunda formulación fue Michel Foucault.

La representación es muy movida, está llena de peripecias e involucra todos los espacios del teatro, escenario, patio de butacas, plateas, pasillos, etc, mostrando la calidad de los directores Alex Ollé y David Planas. Durante la acción algunos terroristas y rehenes se singularizan, adquieren personalidad propia y nos enteramos de sus circunstancias particulares, sus problemas y sus reacciones. En su mayoría se trata de discusiones sobre qué hizo o debió hacer cada cual en el conflicto que enfrenta a chechenos y rusos, formulado con la retórica habitual de las luchas de liberación nacional: la madre a la que le han fusilado al marido y asesinado al hijo, el terrorista fanático, radical, que prefiere volar el teatro, el más político, que quiere negociar.

Una de las terroristas resulta ser una jovencísima actriz que en su día interpretó un papel en una versión de Boris Godunov, lo que da pie a que conjuntamente con un rehén, uno de los actores que estaba representándola cuando irrumpieron los terroristas, recite una escena; un caso más de esa peculiar realidad que se crea durante la representación del teatro dentro del teatro, cosa que ya estaba presente con la continuación de la obra de Pushkin pero que con la improvisación que hacen la terrorista y el rehén adquiere una dimensión nueva, aquella en la que el teatro trasciende sus límites como ficción para alcanzar a la vida real de forma que ese simple hecho cambia el comportamiento de algún personaje cosa que tendrá consecuencias inesperadas.

Los de La Fura dels Baus tienen mucha fuerza y dominan muy bien el territorio. Durante hora y media el María Guerrero es un tumulto que finaliza con la toma al asalto, y en el centro de tanta agitación estamos los espectadores rehenes. Por supuesto todas las similitudes con otros acontecimientos reales de este tipo son deliberadas.

dimarts, 23 de setembre del 2008

El boicoteo a la Educación para la ciudadanía.

Hubo un tiempo en España que duró cerca de cuarenta años en el que las escuelas, cuyas aulas tenían el aspecto que se ve a la izquierda, impartían dos asignaturas obligatorias, una de religión (católica a machamartillo, claro está) y otra llamada de Formación del Espíritu Nacional que era simple doctrina fascista más o menos adaptada a las realidades de Carpetovetonia. Obligatorias quería decir obligatorias. Y se impartían a lo largo de todo el proceso educativo, desde la enseñanza primaria ¡hasta la Universidad! Cuando empecé la carrera, las "tres marías", religión, política y gimnasia, seguían siendo obligatorias; por supuesto las clases ya no se daban pero las asignaturas había que pasarlas. Supongo que algún oscuro funcionario firmaría las papeletas de aprobados en su covacha. Pero allí seguían las materias de adoctrinamiento ideológico. Nadie podía objetar a este abuso. Nadie plantear algo parecido a la "objeción de conciencia". Eso era impensable en un país en el que era obligatorio bautizar a los críos en la Iglesia católica, obligatorio que hicieran la primera comunión, obligatorio casarse por lo eclesiástico. Aquí era obligatorio todo y nadie daba un ardite por quien tuviera convicciones distintas o no tuviera ninguna.

Resulta que los beneficiarios directos de aquella situación de insulto y trágala permanente a la ciudadanía y los herederos de los beneficiarios directos, la Iglesia católica y el partido de la derecha, PP, saltan ahora en contra de la asignatura Educación para la ciudadanía (EpC) esgrimiendo la razón de que es anticonstitucional porque coarta la libertad de los padres a escoger la educación moral que deseen para sus hijos, porque va en contra de las convicciones de la gente. Y animan a los ciudadanos a desobedecer la ley recurriendo a una forma torticera de objeción de conciencia, amparada en razonamientos de rábulas.

Y no se les cae la cara de vergüenza.

No, no se les cae la cara de vergüenza porque no la tienen. Piénsese en que esta Iglesia que truena contra EpC (hace poco decía Monseñor Cañizares que quienes impartan esa materia colaborarán con el maligno) no solamente tiene a la espalda aquel vergonzoso pasado de meter sus dogmas a cristazos en la cabeza de los niños sino que hoy día sigue defendiendo lo mismo. Porque es esa Iglesia que se opone al "adoctrinamiento" de EpC la que insiste en que la asignatura de religión, de su religión, sea obligatoria en la escuela. Es decir no solamente mienten los curas al hablar de adoctrinamiento en EpC cuando los que adoctrinan son ellos sino que además están intentando una maniobra fraudulenta para conservar su poder en el sistema educativo y con el poder, claro, el dinero.

En cuanto al PP, siempre alineado con lo más retrógrado de la jerarquía, ha forzado un frente común de sus gobiernos en las Comunidades Autónomas (CCAA) basada en una Declaración del Partido Popular sobre Educación para la ciudadanía que es un monumento a la mistificación y la falsedad. Sostiene el PP que hay sentencias judiciales distintas respecto a la objeción de conciencia a EpC. Se refiere a que mientras el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía lo admitió en célebre sentencia ya recurrida, los de Cataluña y Asturias no lo hicieron y también están recurridos en casación. Dada la situación pide no implantar la asignatura a la espera de que se pronuncie el Tribunal Supremo unificando doctrina; es decir, está pidiendo a los gobiernos de las CCAA en que gobierna que incumplan la ley como en parte ya lo hacen el de Valencia y el de Madrid. La existencia de discrepancias en la llamada "jurisprudencia menor" no es invocable para justificar un incumplimiento de la ley y es esta una actitud ilícita que debiera ser objeto de sanción en los tribunales. Un partido no puede llamar a unos gobiernos autonómicos a quebrantar la ley.

La EpC es una asignatura puesta en marcha en cumplimiento de un mandato de la UE de 2002 y que, además, existe en los planes de estudio de todos los sistemas educativos europeos y no europeos medianamente avanzados. Se llama Civic culture en el ámbito anglosajón, Éducation civique en Francia, Educazione civica en Italia, Sozialkunde o Politische Bildung en Alemania, etc. Es más, la Agencia estadounidense USAID, dedicada a promover el desarrollo y la modernización de países del Tercer Mundo tiene un programa específico destinado a implantar civic culture en los sistemas educativos de estos países. Se trata de algo elemental que todo el mundo que no esté movido por los sórdidos intereses de conservar sus privilegios entiende: los chavales tienen que saber cómo funcionan las normas de convivencia del lugar en el que han nacido y están criándose, deben saber cuáles son sus derechos, cuáles los de los demás (que limitan los suyos) qué funciones cumplen las instituciones y qué opciones tendrán ellos para moverse por la vida cuando les llegue el momento.

El pretexto que invocan para fomentar el incumplimiento de la ley es la objeción de conciencia. La verdad es que la jurisprudencia española en esta materia no es brillante. Pillados en bajos momentos tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional salieron del paso como pudieron en ocasiones anteriores (incluso con sentencias contradictorias) pero básicamente reconociendo el derecho a la objeción de conciencia a tenor del art. 16 de la Constitución. No voy a meterme en muchas honduras. Las innumerables páginas web de los enemigos de EpC en las que se anima a la gente a hacer objeción de conciencia suelen argumentar que ésta está amparada por la jurisprudencia y que además no equivale a una desobediencia civil. Es evidente que la objeción de conciencia tiene dos tratamientos distintos en el orden legislativo y en el judicial. En el primero no hay nada que objetar cuando el legislador regula dicha práctica en situaciones concretas y para hechos específicos, por ejemplo, la ley de objeción de conciencia al servicio militar. En el segundo, los tribunales tienen la difícil tarea de dilucidar el recurso a la objeción de conciencia en casos en que no esté específicamente prevista. Y aquí habrán de ser los jueces quienes determinen a) si la objeción invocada está fundamentada en un riesgo real de quebranto de las convicciones morales del sujeto (que no es el caso de EpC) y b) si al ejercitar la objeción de conciencia no se lesionan derechos de terceros (en el caso de la EpC los de los niños a recibir una nuena educación) pues son los tribunales quienes deben zanjar los conflictos entre derechos. Pero no sustituir al legislador, siendo éste quien ha de regular de modo específico si asiste a los ciudadanos el derecho a objetar al cumplimiento de una ley arbitrando los medios necesarios para no perjudicar los derechos de terceros. Pero, en principio no existe ni puede existir un supuesto derecho genérico a desobedecer la ley pretextando razones de conciencia porque, en tal caso el fundamento mismo de la ley se viene abajo.

Precisamente aquí es donde resulta relevante ese especioso argumento del PP de que la objeción de conciencia no equivale a la desobediencia civil. Soy partidario de esta última práctica y creo conocerla bien, incluso publiqué un libro sobre ella hace ahora veinte años, Resistencia y desobediencia civil Madrid, Eudema, 1987. Y una de las formas de aquilatar en qué medida la objeción de conciencia es legítima es aplicarle el cedazo de la desobediencia civil consistente en que alguien quebrante públicamente una norma y acepte el castigo que ello conlleva por razones de conciencia y en la esperanza de que esto constituya un ejemplo que mueva al legislador a cambiar la ley considerada inicua o a arbitrar un derecho de objeción a esa ley. El intento de desvincular la objeción de conciencia de la desobedienca civil es el de garantizar al objetor que la objeción le salga "gratis" a efectos de que el comportamiento se generalice y, de esta forma, se consiga mediante la movilización en la calle lo que no se consiguió en sede parlamentaria, esto es, la deregación de una ley en vigor.

Así que no existe un derecho positivo genérico a la objeción de conciencia, salvo el que expresamente reconozcan las leyes y menos se puede pedir a las autoridades que incumplan la ley a causa de la existencia de "jurisprudencia menor" conflictiva.

El miedo de los socialistas.

No salgo de mi asombro al ver los últimos nombramientos para el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La enseñanza que supongo sacará el PP es que si te pasas dos años de bronca en bronca, saboteas la renovación del CGPJ y del Tribunal Supremo, paralizas la administración de justicia y te pones bravucón, al final el PSOE se achanta y te da todo lo que pides. Lo dicho, asombroso. Empezó el PSOE cediendo en el equilibrio numérico de vocales del CGPJ de forma que hoy tienen ambos partidos igual número, nueve/nueve, sin que se respete el hecho de que el PSOE es partido mayoritario en la Cámara. Eso no lo hubiera hecho el PP ni loco. Pero pudo atribuirse a un gesto de elegancia de los sociatas que, además en principio tampoco comprometía a mucho ya que en caso de empate decidiría el voto de calidad del presidente y al presidente lo nombraba el PSOE

Pero héteme aquí que el señor Rodríguez Zapatero, pues al parecer la decisión es suya, ha impuesto como presidente del CGPJ al señor Carlos Dívar, conservador y "profundamente católico". Vaya por delante que no tengo nada contra el señor Carlos Dívar y que, según noticias, es un magistrado ejemplar. Sí tengo y mucho contra el hecho de que los jueces sean de "profundas convicciones religiosas" y más tengo aun contra que pertenezcan a sectas, como el Opus Dei. No veo por qué se prohíbe a los jueces afiliarse a partidos políticos pero no a sectas que son más parciales que los partidos, como la citada del Opus. También tendría algo que decir sobre el catolicismo, especialmente el "profundo", pero todo esto se quedará para un post posterior.

De lo que se trata aquí es de saber por qué el PSOE nombra un presidente cuyo conservadurismo y confesión religiosa ostentosa no le hace coincidente con el espíritu que anima al partido, a los vocales del mismo CGPJ que él ha nombrado y desde luego a sus votantes entre los cuales está este bloguero cada vez más harto de un Gobierno que tira a la derecha como la querencia del burro. Porque si los sociatas se han quedado sin la presidencia del CGPJ ocupada ahora por alguien a quien alaba la derecha ésta no ha perdido ocasión de proponer para la vicepresidencia a un duro y fajado militante de su partido, un hombre de probada parcialidad y agresividad en contra de la izquierda. Es decir ésta, teniendo mayoría en el Parlamento, la ha perdido en el órgano de gobierno de los jueces. Y lo ha hecho sin necesidad porque hasta el señor Rajoy aceptaba en principio (ya había sacado bastante con el 9/9) que el presidente fuera un progresista.

¿Por qué no lo ha sido? Se admiten apuestas. Yo tengo dos explicaciones que se me vienen a la cabeza y las dos plausibles: a) en el fondo este Gobierno no es de izquierda o, si lo fue alguna vez, ha dejado de serlo como se ve en toda su trayectoria. Este nombramiento es la prueba certifical definitiva y lo que permite augurar que lo que pretende es obstaculizar la aplicación de la ampliación del aborto pero no hacerlo él, sino poniendo al frente de la jerarquía judicial a un hombre de profundas convicciones católicas, de los que piensan que el aborto es un pecado y un asesinato; b) lo que tiene el Gobierno es miedo a la derecha y lo consume un afán de hacer méritos a los ojos de ésta para no sufrir sus ataques. Miedo disfrazado de objetividad, ecuanimidad y talante. Pero miedo que hace ceder ante las imposiciones ajenas y ceder la confianza que los votantes han depositado en él. ¡Qué lejos queda ya el ¡Zapatero no nos falles! No ha hecho otra cosa que fallar. Clamorosamente desde las elecciones de marzo.

(La imagen es una foto de germeister, bajo licencia de Creative Commons).

dilluns, 22 de setembre del 2008

ETA: business as usual.


Ya estamos en donde estábamos antes de la tregua. Hay que ver cómo avanza la cuestión vasca.

143.353.

Son los nombres de las personas torturadas, fusiladas y hechas desaparecer por los franquistas durante la guerra civil y la larga posguerra cuya relación entregarán hoy al juez Garzón los representantes de unas doscientas asociaciones para la recuperación de la memoria histórica. Ciento cuarenta y tres mil trescientos cincuenta y tres seres humanos, en su inmensa mayoría hombres jóvenes y no tan jóvenes, campesinos, trabajadores, dependientes, empleados, pero también muchos viejos, mujeres, algunas embarazadas y niños. De todo. Aquellos criminales que acababan de ganar una guerra y todavía tenían el miedo metido en el cuerpo de lo que hubiera podido pasar de triunfar la República o alguna de las revoluciones que incubaba, no dieron cuartel a los vencidos, no tuvieron piedad con ellos. A lo largo y a lo ancho del país se persiguió a los republicanos, combatientes, militantes de organizaciones izquierdistas, simpatizantes, gentes consideradas tibias. Las denuncias anónimas, un simple chivatazo solía bastar para que una escuadra de asesinos falangistas se llevara a un vecino incómodo, a veces alguien a quien el denunciante debía dinero, le daba "el paseo" y amanecía en una cuneta apaleado, desfigurado, con un tiro en la nuca. Los demás vecinos lo enterraban en donde podían.

Todo el territorio nacional se llenó de campos de concentración, de cárceles improvisadas desde donde se despachaba a la gente con escasos trámites identificativos a otras cárceles o directamente al paredón. En todas partes se torturaba, en las comisarías de policía, en los cuartelillos de la Guardia Civil, en las dependencias de la Falange. Se persiguió a la gente troje por troje, huerto por huerto, casa por casa; se "peinó" el país durante meses, años. Nadie estaba seguro; todos podían ser reconocidos en algún momento, delatados, arrestados y asesinados sin juicio ni proceso alguno a veces sólo para que sus ejecutores se quedaran con sus propiedades pues, además de asesinos, fueron ladrones. Y así hasta 143.353... documentados. Faltan los que hasta la fecha no ha sido posible documentar porque, entre otras cosas, a la muerte del genocida supremo, los jerarcas de su régimen mandaron quemar archivos y registros básicos, esenciales, de la Falange y de otras entidades para ocultar sus crímenes y que ¿cuántos serán? Es imposible saberlo. Pero 143.353 son ya una cantidad que permite hablar de genocidio o, cuando menos, crimen de lesa humanidad.

Pues fue una matanza sistemática, metódica, perpetrada con procedimientos racionales, fría, calculada. Con ella se perseguían tres objetivos: castigar del modo más atroz a todos los que directa o indirectamente hubieran ayudado al "enemigo", esto es, el Gobierno legítimo de la República; aniquilar toda sombra de resistencia al Estado Nuevo que los delincuentes facciosos erigieron, justificado por las teorías de unos seudintelectuales paniaguados cuyos nombres es mejor olvidar; y sembrar el terror en la población, inculcarle el miedo, paralizarla.

Y voto a tal que consiguieron los tres objetivos: si los muertos desaparecidos documentados son 143.353 cálculese cuántos serán los muertos también documentados pero ejecutados por procedimientos "normales" más los simplemente torturados, apaleados y encarcelados, a veces durante veinte años. Sin duda, un castigo atroz, colectivo, "ejemplar". Al tiempo que se aniquilaba la guerrilla en los campos se exterminaba toda resistencia en las ciudades. Hasta 1951 (huelga de tranvías de Barcelona en febrero) no se dio movimiento alguno de protesta digno de tal nombre y, después de él, hubo que esperar hasta 1962 para que se produjeran los primeros movimientos de protesta de importancia, las primeras huelgas de masas, las de las cuencas mineras de Asturias en 1962.

Pero en donde la represión generalizada y metódica, la masacre ejemplarizante, consiguió más plenamente su objetivo fue en la tarea de sembrar el terror e inculcar el miedo a la gente. La sensación dominante durante lo que el poeta llamo a longa noite da pedra de la dictadura fue el miedo; miedo en las miradas cuando alguien mencionaba algo comprometedor, miedo al paso de la pareja de la guardia civil, miedo a las provocaciones de los chulos falangistas, miedo a los curas que eran unos miserables al servicio del fascismo, miedo al vecino, miedo al pariente... Todavía hoy conozco gente que tiene miedo o, lo que es peor, lo ha heredado.

La derecha no está dispuesta a asumir esa pesada herencia de crimen de lesa humanidad; pero tampoco a renunciar a ella. Por eso dice un falangista como el señor Aznar que es la derecha "sin complejos". Cuando dicen eso de "sin complejos" se refieren a ese pasado que, como los políticos astutos, no "afirman ni desmienten". Al fin y al cabo, bien claro está que en repetidas ocasiones, en 1993, 1996, 2004, han jugado con ese miedo cerval que aquellos asesinos correligionarios suyos inculcaron en una población civil inerme. Miedo.

Miedo del que por fin podrán librarse muchos , cuando recuperen oficialmente los restos de sus familiares o allegados sin que suceda nada y cuando vean que, al contrario, la siguiente batalla que habrá que dar, una vez que conocemos los nombres y apellidos de las 130.137 víctimas, será conocer los de los victimarios con todas las circunstancias pertinentes, incluidas las reparaciones y devoluciones de todo lo robado.

No queremos venganza. Queremos justicia.

(La primera imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).

La mirada interior.

(Cielo nocturno, Anagrama, Barcelona, 242 págs).

Cada libro que leo de Soledad Puértolas me parece mejor que el anterior, prueba inequívoca de que lo que me gusta es la escritora que no me atreveré a sostener sea la mejor española ya que sostener esas cosas en literatura es majadero, pero sí la que más me gusta. Y es la que más me gusta porque consigue eso que Carmen Martín Gaite explicaba muy bien en un ensayo sobre la narrativa: que el lector sienta que le está hablando a él y de él. Lo cual es doblemente curioso porque en este libro Puértolas sólo habla de ella y para ella, por lo demás como hace casi siempre. Yo no nací en provincias, en una familia de padre falangista ni fui a un colegio de monjas, sino que lo hice en Madrid, en una familia de republicanos represaliados y fui a un colegio diocesano. Sin embargo la historia de Puértolas es mi historia, me identifico con ella a través de esa prosa sencilla, cristalina, tenue, un poco sosa, casi sin adjetivos que parece como si fuera dibujando a las personas, los edificios, los días, las cosas con un solo trazo sutil. Así uno no lee sino que se deja llevar por la lectura y ve, siente, experimenta vicariamente una realidad que Puértolas ha ido a buscar a Dios sabe dónde en sus recuerdos y se despliega como algo ajeno y próximo al mismo tiempo, con una cadencia irónica.

Al cerrar el libro sucumbe uno a la odiosa manía taxonómica y se pregunta uno qué clase de obra sea ésta. Una pregunta estúpida porque no tiene clase, es única, original, propia. Si como dicen por ahí toda novela es autobiográfica (vaya cuento), ésta sería una autobiografía novelada pero extraordinariamente solipsista. Escrita en primera persona, con una baile de tiempos verbales que es un modo indirecto de decir que la narradora está viviendo en este momento el tiempo que narra, los otros personajes, tan reales como la narradora misma, sólo aparecen como ella los ve y como los ve según va creciendo. Con lo cual pareciera que de novela le queda poco. Y sin embargo es novela. Es más novela que una novela pues simula ser narración en lo que hoy se llama "tiempo real". En una autobiografía el autor nos anticipa los destinos últimos de algunos personajes cuando han sido decisivos en su vida. No aquí. La relación de la autora (cuyo nombre, si no recuerdo mal, no se menciona en todo el libro) con Mauricio es determinante en su vida, pero la vivimos como si fuera una relación abierta a cualquier fin siendo así que tiene uno y es sorprendente.

Es un libro rebelde porque cuenta una rebelión y lo hace de una forma inclasificable. Pero en todo caso magistral. Lo del magisterio no es hipérbole. Puértolas es una escritora de pura raza y cuenta las cosas como le da la gana; en este caso, parte de una vida, y decisiva, en dos escenarios: el colegio y la universidad y en el ínterin una capital de provincia, supongo que Zaragoza, en los años oscuros del franquismo, los cincuenta, los años de dar vuelta a la ropa, tirar de las costuras y ropa vieja de cena. Los Moraleda se me van a quedar ya como el símbolo de la burguesía frustrada igual que los Venturin son el de la nobleza paleta en Proust. Por cierto, esa semimonja, Carmen, fascinada por Saint-Exupéry y Proust, es un personaje bien curioso. Me pregunto qué es lo que la atraería del uno y del otro.

Puértolas habla de sus tiempos, que son los míos. Hemos visto las mismas cosas, situaciones, personas, acontecimientos, festejos, rutinas, por los mismos años, aunque ella es cuatro más joven. Así que nada de extraño tiene que uno se entusiasme cuando una autora tan magnífica habla de algo que uno también conoce. Produce una gran alegría encontrar sentimientos propios expresados con tanta elegancia por otra que está hablando de los suyos. Y que lo hace de una forma como abriéndolos al mundo. "¿Qué es lo que Mauricio ve en mí?, ¿qué busca, qué quiere de mí? Aún recuerdo lo que yo esperaba de él; lo que en el fondo esperaba de la vida: ser entendida." (p. 152) Ahí es nada. Ojalá lo haya conseguido. Porque hace falta un artista para substituir el socrático "conócete" por el propio y solipsista "conóceme".

Es magnífica la primera parte (algo menos de la mitad del libro) en que se narra la niñez y adolescencia hasta la salida del colegio rumbo a la universidad, cosa que se hace relatando fragmentos que no tienen más hilo entre sí que uno endeblemente cronológico al que apenas se hace alguna referencia. Y lo más curioso es, para mí, leérsela a una niña, cuando uno se ha tirado toda la vida escuchando las experiencias de infancia y adolescencia en historias de chicos, desde Guillermo Tell a Tom Sawyer. Niños y niñas son experiencias tremendamente distintas sobre todo en sistemas educativos segregados. Y cuando digo segregados me refiero a todas las posibles segregaciones, también en mi colegio había escolares que no pagaban porque eran huérfanos de Hacienda o huérfanos de ferroviarios, dos orfandades al parecer bienquistas del Régimen.

Los años de la universidad son casi los míos, posteriores, que fueron aun mejores. Y la forma en que están contados con mucha ironía y bastante delicadeza. Es muy bueno el paralelismo que se establece en la evolución de la autora entre un aspecto vital y otro teórico. Habla mucho del vital porque es un implicación sentimental y es lo que más le interesa y entendemos que esa evolución se completa en el tránsito de Mauricio a Carlos, al final de la cual hay una crisis de la que Puértolas no quiere hablar. De la teórica apenas se ocupa, no le interesa, pero la retrata a la perfección al narrar cómo, tras ser expedientada, es acogida por profesores y ayudantes en una especie de seminario especial para ayudarle a preparar las asignaturas y ella concluye que eran parecidos a los del grupo izquierdista de Mauricio. Sólo que, allí, dice Puértolas, el santón era Popper. Viaje de parte importante de la izquierda española, es verdad, de Marx a Popper.

Vuelvo a la rebeldía, que es el núcleo central del relato. Lo que Puértolas cuenta es cómo va acumulándose en ella una especie de energía de rechazo durante los años del colegio que por fin estalla en la universidad. Eso la lleva a enfrentarse con su padre y a emanciparse (por cierto, el lugar en donde lo hace no puede ser más divertido, una especie de comuna en la que todo dios daba a la maría), pero como es ella misma, se trata de una ruptura sin gritos, sin aspavientos, prácticamente sin palabras, con miradas, con silencios. Así se va de su casa. Y poco después, del libro. Se queda uno pensando cuando podrá leer la continuación y si habrá continuación. Al fin y al cabo Puértolas disfruta del bien ganado privilegio de escribir de lo que le apetece y si privilegiado es hacerlo contando la propia vida como se quiere, no menos lo es dejando de hacerlo. Pero abrigo la esperanza de la habrá. Puértolas es una mujer observadora; fue una niña, una adolescente, una joven observadora, no exactamente introvertida pero con mucha mirada interior, mucho diálogo interno. Y por eso le fascina explicarse a sí misma por las cosas que observa que le suceden.

diumenge, 21 de setembre del 2008

Los cachorros.

Los discursos de los dirigentes "centristas" del PP en el XIV Congreso del de madrid, señores Ruiz Gallardón y Rajoy fueron planos, anodinos, neutros, como de quienes quieren pasar el trago cuanto antes. Ambos se sabían en territorio hostil y trataron de mantener un tono gris, con felicitaciones personales a la presidenta del partido y poco más. De ese modo los dos evitaron algún posible episodio desagradable.

El que estuvo fogoso, sin embargo, audaz y agresivo, como corresponde a sus cortos años y más cortas ideas, fue el señor Pablo Casado, secretario general de las Nuevas Generaciones, el frente de juventudes del PP en donde éste, como todos los partidos por lo demás, aparca una temporada a los jóvenes que por su ímpetu y radicalismo, podrían poner en peligro el buen nombre del partido. El tal señor Casado se arrancó llamando carcas a los de izquierdas, razón por la cual, según él, los de izquierdas "no están de moda". Teniendo en cuenta que las expresiones de "carca" y "carcunda" designan personas carlistas y católicas se me hace que el PP ha de tener una congregación de estos sin parangón con ninguna otra colectividad nacional.

Este señor Casado añadió: "Los de izquierdas están todo el día con la guerra del abuelo, con la memoria histórica, con el aborto, la eutanasia y la muerte, cantando la Internacional, que se cantaba cuando había 100 millones de muertos en el siglo pasado", sin duda para dar mayor peso a su idea de que lo fetén, lo moderno hoy día está en el PP. Si tenemos en cuenta que el PP mira hacia el futuro pensando en enlazar con los Reyes Católicos, que su oposición al aborto y a la eutanasia es para regresar a la situación anterior típica, y que tararean una marcha real de hace dos siglos, apreciaremos en lo que vale ese pote implícito del señor Casado de dárselas de avanzado frente a la izquierda, pobre hombre.

Buena marcha sí lleva el pavito en dominar esa práctica de la derecha de sostener que lo viejo es nuevo y lo nuevo, viejo, es decir, en entender que hablar en política es mentir. Según él, claro está. De todas formas, estaba muy mono el petimetre rebelándose contra la "manipulación" de la izquierda: "Ahí tenemos la Ley del aborto y la eutanasia, pero es que también nos manipulan durante la vida, en la Educación, en la Justicia, en los medios de comunicación, en las empresas, hasta en lo que tenemos que comer, acordaos del conejo, de las hamburguesas grandes o pequeñas. Ya está bien". ¿Cómo extrañarse de que mientras sus cachorros decían tales bobadas la señora Aguirre se sintiera como en casa y alzase la voz diciendo "¡Olé, olé y olé!"? Olé, olé y olé, como se dice a los niños cuando aprenden algo.

La famosa guerra contra el terror.

El mayor atentado en la historia de Islamabad, un camión repleto de explosivos contra el hotel Marriott, en el centro del distrito gubernamental, con más de sesenta muertos y de doscientos heridos tiene el valor de un colofón a una serie de acontecimientos que revelan la complejidad e inestabilidad de este país y de la zona del planeta en que se encuentra. Hace escasos diez días que las agencias internacionales anunciaban a tambor batiente que el nuevo jefe de Al Qaeda en Pakistán y algunos de sus más estrechos colaboradores habían muerto en un ataque con cohetes de tropas estadounidenses en el norte del país. Lo suficiente para levantar indignación entre una población que, en su mayoría, no ve con buenos ojos la estrecha alianza de su país con el Satán infiel, primero durante la dictadura de Pervez Musharraff y ahora bajo la presidencia del viudo de Benazir Bhuto, Asif Ali Zardari, no menos sumiso a los gringos que su predecesor. A tanto subía la tensión que, horas antes del atentado, el Presidente comparecía en sesión conjunta de ambas cámaras del Parlamento a jurar que su gobierno no toleraría injerencia alguna de tropas extranjeras en suelo paquistaní a cuenta de la guerra contra el terrorismo. Asimismo pidió una reforma de la Constitución para reducir algunos de sus amplísimos poderes, heredados de Musharraff. Pero eso es asunto baladí.

Aquí lo esencial es que el principal aliado de los EEUU en la zona está tan minado por el terrorismo de Al Qaeda como cualquiera de los Estados limítrofes y que, por otro lado, ese terrorismo, lejos de disminuir, aumenta. A ello ayuda, y mucho, esa inteligente diplomacia estadounidense que consiste en empujar al Pakistán en contra de Al Qaeda en Afganistán al tiempo que se queja amargamente de que los gobernantes del país (ayer Musharraff y hoy Ali Zardari) no hacen lo suficiente en la guerra global contra el terrorismo cuando lo que están consiguiendo, como se acaba de ver en el caso del Marriott es que éste se haya extendido ya en el país. Otro éxito más para el cabeza del trío de las Azores.

Y ese terrorismo no sólo aumenta, sino que se radicaliza, aunque parezca imposible. En el vídeo de hora y media que sacó Al Qaeda para celebrar el aniversario del 11 de septiembre y que se difundió en las cadenas de Al Jazira y Al Sahab, ese en el que se decía cuáles habían sido sus planes en Barcelona, y se hace un repaso a la situación de la guerra santa contra el infiel en el mundo, la organización terrorista sostiene que el Irán colabora con los EEUU y predice la derrota estadounidense en el Afganistán. Preguntado el número dos de Al Qaeda (Osama Bin Laden no aparece en esta entrega) qué opinión le merece el hecho de que, por fin, la cantidad de atentados en el Irak esté disminuyendo contestaba que en estas cosas "hay altos y bajos".

Esa "guerra contra el terror", proclamada por los EEUU con su bombástica tendencia a la hipérbole estaba perdida desde el mismo comienzo. La única forma de salir de ese atolladero es volver a un orden internacional multilateral en el que tengan primacía la diplomacia y las Naciones Unidas y desaparezcan las aventuras imperialistas, tanto las de rapiña directa como las que se disfrazan de razones humanitarias. Lo cual es una perspectiva poco probable.


(La imagen es una foto de katutaide, bajo licencia de Creative Commons).

dissabte, 20 de setembre del 2008

¡Muera el relativismo moral!

En un congreso perfectamente búlgaro de lealtades inquebrantables e inasequibles al desaliento los ultraliberales madrileños del PP, que no son otros que los franquistas del franquismo sociológico de toda la vida, han elegido Presidenta a la señora Aguirre por una abrumadora mayoría del 96,34%. Aunque no se lo crean los lectores, me parece maravilloso qué se fizo del 3,64% restante de los votos siendo así que sólo había una candidatura, la de la presidenta votada represidenta. Debe de ser el porcentaje de los irremediables abstencionistas, ausentes o distraídos ya que no había nadie a quien votar y las papeletas no registran voto en blanco o nulo alguno, lo que también suspende el ánimo. ¡Esto es un partido unido tras su jefa, prietas las filas, recias, marciales y no Izquierda Unida, por ejemplo, que ni siquiera sabe cuántos votan cuando votan! Y no hablemos ya del PSOE, cuyo declive empezó ayer mismito, al decir de la belicosa y sonriente señora Aguirre. Hasta el señor Ruiz Gallardón hacía zalemas a su rival y esgrimía un letrero de "sí" tan grande como una moto. Estará feliz: sus sueños se hacen realidad.

La señora Aguirre soltó un discurso breve pero denso de contenido político según su prensa amiga que es toda la de la capital excepto El País, al que llaman "monopolio" con ese peculiar sentido de la doblehabla que tienen los ultraliberales. Lo que más parece haber gustado a la fiel infantería de papel ha sido que la señora desgranara de memoria y sin chuleta alguna toda la nomenklatura de su equipo. Si yo fuera del PP a mí eso me pondría los pelos de punta porque deja claro que la aguerrida dama lo controla todo con la minuciosidad de un ama de llaves de novela gótica. Aquí no se mueve nadie sin que el Mando tome nota.

Lo que más me llamó la atención de la arenga fue esa contundente expresión de que se acabó el relativismo moral. Mi pregunta inmediata fue: y ¿por qué querrá sustituirlo? La respuesta no menos inmediata: por el absolutismo moral. Eso es lo que va a los neoultraliberales, la fijación de unos únicos valores que excluyan a todos los demás y se impongan a rajatabla, es decir, al modo liberal. No sé si cabe prostituir el término "liberal" con más contundencia que asociándolo a la idea de acabar con el "relativismo moral" que no es otra cosa que la idea de que las sociedades modernas son mestizas y multiculturales y, por lo tanto, en ellas habitan y deben tolerarse mutuamente valores morales distintos. La señora Aguirre quiere substituir esa mezcolanza, ese batiburrillo insufrible, por un solo conjunto de valores morales: los suyos, que dice son los de la mayoría de los españoles. Pudiera ser y aunque me parezca que los valores morales que esta señora profesa no son los que preconiza (piénsese por ejemplo en el mandato de no mentir o de no levantar falso testimonio) quizá sean los de la mayoría de la población. Pero eso no hace que se puedan imponer como únicos. Imponer un único conjunto de valores morales a todo el mundo es algo sencillamente odioso.

Pero es que el odio y la mentira ayer campaban libremente en el congreso del PP. Allí estuvo el Secretario General, señor Granados, diciendo que el PP es "el único partido del arco parlamentario que no fue protagonista del fracaso colectivo de la Guerra Civil". No, simplemente fue fundado por un ministro de Franco y sus filas están a rebosar de exmiembros del Movimiento Nacional y de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS o de alguna de sus variantes, como es el caso del señor Aznar que fue en su juventud miembro de la Falange Independiente. Y si la Falange, el Movimiento y los ministros de Franco no son protagonistas del fracaso colectivo de la Guerra Civil el Pisuerga no pasa por Valladolid.

Lo único que cabe agradecer a este señor Granados, Secretario General del PP de Madrid, es que hable de la guerra civil como "fracaso colectivo". Hasta hace muy poco muchos de sus conmilitones, empezando por el señor Fraga, la llamaban Glorioso Alzamiento Nacional. Tiene razón la señora Aguirre, ¡hay que acabar con este relativismo cultural que llama "fracaso colectivo" a la cruzada de España contra el comunismo!

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

El bolchevismo liberal de los EEUU.

Las bolsas del mundo entero, esos termómetros de la salud de los mercados, del capitalismo, rebotaron ayer felices de escuchar la buena nueva de que el Gobierno de los Estados Unidos se hace cargo de toda la deuda mala de la banca. Quién iba a decirlo ¿verdad? El paradigma del liberalismo antiintervencionista, el adalidad de la escrupulosa libertad de los mercados interviniendo en estos para salvar la economía de un desastre de proporciones apocalípticas.

Y quién iba a decir algunas otras cosas. Esta crisis tiene la virtud de poner de relieve las contradicciones internas al mundo globalizado. En el momento en que uno de los grandes bancos de inversiones estadounidenses, Morgan Stanley, estaba en tratos para comprar otro banco en apuros, Wachovia, él mismo mostró preocupantes signos de debilidad... y ¿quién anunció su intención de acudir en su ayuda? Un fondo soberano chino, esto es, un fondo de inversiones de propiedad pública, China Investment Corp., que ya controla el 9,9% de Morgan Stanley y podría aumentar esta participación hasta el 49% si no fuera porque, habiendo perdido ya miles de millones de dólares, no acaba de fiarse del buen juicio del paso. Sea como sea, está claro: la República Popular China no tiene el menor interés en el derrumbe del capitalismo mundial, concentrado en los EEUU. Al contrario, prefiere que sobreviva porque aspira a controlarlo. A su vez el Gobierno de los EEUU coincide con el chino: para salvar la economía del desastre, se socializan las pérdidas.

Vale. Por eso han saltado de alegría las bolsas y todos los índices han subido. Pero... ¿por cuánto tiempo? Esta gigantesca operación de salvamento a base de nacionalizar la (mala) banca tropieza con dos dificultades una a corto y otra a largo plazo, una política y otra económica que cuando se materialicen pueden significar el derrumbe final de este castillo de naipes que fue el capitalismo financiero globalizado.

La dificultad política a corto plazo es que el Congreso, que tiene que debatir y aprobar la mayor operación de salvamento de la historia de los EEUU, entra de vacaciones la semana próxima y, ya en período electoral, puede ser que el asunto quede pendiente hasta la toma de posesión del próximo presidente en el mes de enero de 2009 y, entre tanto, la situación empeore o simplemente estalle.

La segunda dificultad a más largo plazo, de naturaleza económica, se materializará una vez que los mercados reaccionen como suelen, esto es, calculando. Dirán entonces: "Ok. El Gobierno de los EEUU absorbe toda la deuda mala de la banca. Pero ¿cuánto dinero tiene el Gobierno de los EEUU y cómo va a financiar esta gigantesca operación?" En este momento nadie puede aventurar qué cantidad puede ser necesaria para llevar a cabo el rescate por dos razones: 1ª) porque nadie sabe a cuánto asciende en realidad esa deuda "mala" de los bancos, cuánto dinero se ha evaporado en las subprime, cuánto en los hedge funds; 2ª) porque a esa cantidad misteriosa pero elevadísima habrá que añadir otra no menos elevada producida por algo en lo que nadie parece haber caído hasta la fecha: exactamente, ¿cómo va a operar la banca para dejar en manos del Gobierno su "mala" deuda? Según parece y por lo que ya están haciendo, dividiendo los bancos en dos: bancos "buenos" y "malos". Los "malos" irán directamente a control público. Pero, conociendo a los banqueros, que son los mismos que han provocado este desastre por su infinito afán de lucro, ¿duda alguien de que la "banca mala" equivaldrá a toda la banca?

Dicho en otros términos: el problema de esta operación que tanto ha alegrado a las bolsas es idéntico al que ha generado la crisis, es decir, el crédito. ¿Cuánto crédito tiene el Gobierno de los EEUU? Eso es lo siguiente que harán los mercados. Y de eso depende todo.

A propósito, a la vista de lo que está pasando ¿qué me dicen del señor Aznar recomendando a los indios de la India más políticas de liberalización para salir de la crisis?

(La imagen es una foto de orionoir, bajo licencia de Creative Commons).

divendres, 19 de setembre del 2008

Cuestión vasca: por enésima vez.

Un atento comentarista anónimo me decía ayer que defiendo el fascismo. Éstas eran sus palabras exactas: "ESTAS DEFENDIENDO EL FASCISMO: YO POR COMPARTIR LOS OBJETIVOS DE ETA: LA INDEPENDENCIA, A LA CARCEL TAMBIEN SEGÚN TU:". Bien. Si yo sostuviera eso estaría sosteniendo algo que es falso y necio al mismo tiempo. Y, francamente, no acostumbro. Es falso porque en España todo el mundo puede defender el objetivo de ETA, la independencia de éste o aquel trozo del llamado "Estado español" y la prueba es que eso es lo que hacen los señores de Esquerra Republicana de Catalunya que no solamente no van a la cárcel sino que están tan ricamente en el Congreso de los Diputados y en el Gobierno de la Generalitat. Sin que nadie les tosa. España es un Estado de derecho y una democracia en donde todas las opciones políticas, incluida la desmembración de la propia España por la independencia de cada uno de sus partidos judiciales, pueden defenderse pública y libremente. Los etarras no están en la cárcel por luchar por el objetivo de la independencia, sino por hacerlo matando, secuestrando, extorsionando, siendo unos asesinos. Eso está claro, ¿verdad? La pregunta de por qué matan estos mendas cuando la causa por la que dicen luchar (la independencia) puede pregonarse libremente siempre que sea de modo pacífico es aquí irrelevante y puede quedar a que la respondan los psiquiatras, si son capaces.

Por tanto, está claro que si yo dijera que quien defiende la independencia de lo que sea en España va o debe ir a la cárcel, estaría diciendo algo falso, tan falso que si lo dijera sentaría plaza de estúpido. E insisto en que no es el caso.

Entonces, ¿por qué hay gente que sostiene que quien comparte los objetivos de ETA va a la cárcel cuando es evidente que eso es falso? Pregunta que también conviene derivar a los psiquiatras, más que nada por no perder el tiempo. Cierta experiencia me hace pensar que a quienes tales cosas dicen la verdad les importa una higa; lo que quieren es defender la causa de ETA... y que les salga gratis. Porque coincidir con ETA en los objetivos no te lleva a la cárcel; pero coincidir en los medios, esto es, recurrir a la violencia, al asesinato, etc, sí.

Podría terminar este post aquí y ya habría dicho suficiente. Pero como en la izquierda hay gente respetable, además de quienes recurren a estas burdas patrañas, gentes que están sinceramente preocupadas por la famosa Ley de Partidos y la actividad judicial de ilegalización, con las recientes y sucesivas de ANV y PCTV, seguiré en interés del entendimiento general para disipar dudas y deshacer los embrollos que pretenden armar los de "la coincidencia carcelaria en los objetivos".

Sabemos que los etarras van a la cárcel por asesinar, extorsionar, secuestrar y cometer todo tipo de delitos y estaremos de acuerdo en ello porque cualquier sociedad civilizada tiene que enchironar a los asesinos. Pero es que los etarras también van a la cárcel simplemente por pertenecer a ETA, aunque no hayan asesinado ni extorsionado. ¿Por qué? Porque ETA es una asociación ilícita, más en concreto, una banda armada, una asociación cuyo fin, cuyas actividades quebrantan la ley. Y pertenecer a una asociación ilícita es un delito, tipificado como tal en el artículo 555 del vigente Código Penal español. Como lo es favorecer la fundación, organización y actividad de tales asociaciones (art. 518 CP). El meollo está, pues, en este concepto de "asociación ilícita" y la pertenencia a ella.

¿Y qué sucede con otras asociaciones en principio legales, por tanto lícitas? Sucede lo que puede suceder siempre: que pueden ser legales y lícitas o bien pueden encubrir, colaborar, financiar, etc a otras asociaciones ilícitas, en cuyo caso habrán pasado ellas mismas de ser lícitas a ser ilícitas. Eso se le alcanza a cualquiera. Ya se le alcanzaba a los escolásticos medievales que distinguían entre el tirano de origen, mutatis mutandi aquí ETA, y el tirano por ejercicio, aquí, por ejemplo Batasuna, ANV, PCTV y lo que se tercie. Y tambien se le alcanza al legislador español que en el artículo 515, 1º del citado Código dice: "Las que tengan por objeto cometer algún delito o, después de constituidas, promuevan su comisión". Uno puede empezar la vida pública delinquiendo a las claras y uno va entonces a la cárcel sin más dilaciones. O bien puede uno empezar su vida pública en la legalidad y prevalerse de esta situación para delinquir luego, en cuyo caso va uno a la cárcel en diferido, tras la correspondiente investigación, comprobación de la actividad delictiva y conexo fallo judicial. Eso también está meridianamente claro. Cualquiera entiende lo que son organizaciones "tapadera" de otras delictivas. Se dan en todos los órdenes de la vida, las tienen los narcotraficantes, la Camorra, la Mafia, los terroristas y, por supuesto, ETA.

Aquí corresponde una breve digresión o inciso. Decía ayer otro comentarista (gracias a los dioses sin acusarme de defender el fascismo) que las organizaciones criminales y los partidos políticos eran esencialmente distintos y que por eso había legislación especial para los últimos porque, al fin y al cabo, a las ANVs, PCTVs, etc los votan decenas de miles de ciudadanos. Es una falacia, me temo. Sin duda son asociaciones distintas pero, cuando delinquen, se convierten en iguales a los ojos de la ley por un principio elemental en el Estado de derecho: nadie está por encima de la ley. Por lo demás, no hace falta ser muy cínico para suponer que si la Camorra o la Mafia se presentaran a elecciones también sacarían decenas de miles de votos. Es más a mi modesto entender eso y sólo eso era el Partido Nazi y ganaba elecciones. Fin de la digresión.

Volviendo al hilo: estamos de acuerdo en que hay asociaciones ilícitas de origen y asociaciones ilícitas por ejercicio u organizaciones que empiezan siendo lícitas pero como su fin oculto es ayudar o encubrir a las ilícitas, devienen en ilícitas. Por cierto, obsérvese hasta qué punto el busilis de este asunto es el concepto de asociación ilícita que nadie, que yo sepa, se ha molestado jamás en probar que ETA lo sea, pero basta con que un pavo llegue a la comisaria y diga que es de ETA (y eso se pruebe) para que le caiga un paquete y muy bien caído. No es éste el caso con las asociaciones (partidos, gestoras, clubes y hasta iglesias) que, siendo lícitas devienen en ilícitas. Eso es un proceso. Y como todo proceso llama a proceso, el Estado de derecho requiere que alguien pruebe fehacientemente que una asociación lícita de origen devino ilícita. Y no solamente eso sino que también exige que la asociación pueda defenderse de la acusación y tenga un juicio justo. Al final, hay que demostrar sin lugar a dudas que una asociación (ANV, PCTV, lo que sea) ampara, encubre, protege, financia a una asociación ilícita o colabora con ella. Y para probarlo no basta con aducir que coincide con los objetivos de la asociación ilícita porque, como vimos más arriba, por coincidir en los objetivos aquí nadie va a la cárcel. Se va por delinquir, y se va con sobrado motivo que es distinto. Razón por la cual en España tampoco hay "presos políticos", sino delincuentes de derecho común, asesinos, secuestradores, extorsionadores, entre otros que se escudan en una motivación política falsa.

¿Quién tiene potestad para ilegalizar a una asociación, esto es, decidir que una asociación originalmente lícita se ha hecho ilícita? Por mandato constitucional (art. 22, 2 y 4 CE) sólo los tribunales de justicia. Ahora bien, para poder actuar los jueces necesitan normas habilitantes, leyes que determinen qué es delito y qué no ya que los jueces no pueden inventarse los delitos. Para eso está la famosa La Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos, llamada "Ley de Partidos", que es la que los jueces han aplicado en el caso de Batasuna, de ANV, del PCTV y que aplicarán en el futuro cada vez que los amigos, seguidores, clientes, colaboradores o encubridores de ETA recurran al mismo procedimiento de inscribir una asociación "limpia" de origen con el objetivo posterior de usarla para cometer delitos. Y, siendo esto así, el procedimiento es democrático e impecable desde el punto de vista del Estado de derecho. Es decir en España no se prohíben partidos o asociaciones o lo que sea por razones ideológicas sino por cometer delitos debidamente probados en procesos judiciales contradictorios y limpios.

Otra cosa será si alguien prueba que esas condenas, esas disoluciones o anulaciones se han tomado de forma injusta, quebrantando el espíritu o la letra de la ley, es decir si ha habido vicios de procedimiento, para lo cual existen los correspondientes recursos y vías de remedio que, como bien se sabe, incluyen apelar a la jurisdicción supranacional en la Unión Europea, visita que cada vez hacen más gustosamente los nacionalistas vascos, los violentos, los menos violentos y los mansos. Otra cosa asimismo es que el instrumento idóneo para conseguir los fines de disolver las asociaciones ilícitas y encarcelar a sus miembros sea la mencionada Ley de Partidos que parece pecar de un exceso de celo del legislador o de overkill, que dicen los que andan siempre a la última, bien por inventarse causas de anulación de partidos o por abrir peligrosas vías a los controles de fines de las asociaciones. Pero todas esas dudas han sido ya dirimidas por la jurisdicción constitucional que dio espaldarazo a la Ley en su día. También aquí cabrá ir a otras instancias supranacionales. Tengo para mí que con el Código Penal bastaba para lo que se necesitaba pero, de momento, lo que tenemos es una Ley plenamente constitucional por unanimidad del Tribunal Constitucional en sentencia 48/2003, de 12 de marzo de 2003, en la que se establecen ciertos matices interpretativos a la citada Ley pero se respalda ésta por entero.

A estas alturas del post estará ya claro que en España se disuelven, anulan y prohíben las asociaciones ilícitas, como en todo país civilizado. A continuación se condena y encarcela a las personas físicas -las penalmente responsables- por el mero hecho de pertenecer a tales asociaciones ya que dicha pertenencia es un delito. Digo esto que es obvio porque se oye a menudo la disparatada especie de que los tribunales en España encarcelan a gente como el señor Olano y otros que no han cometido delito alguno porque no han asesinado ni extorsionado ni secuestrado a nadie. Sin duda que no. Pero pertenecen a una asociación que protege, colabora, encubre, financia a quienes sí lo hacen. Por tanto, el señor Olano es un delincuente y, como delincuente, debe estar en la cárcel.

Todas estas cuestiones, que hay que exponer tan prolijamente, son elementales pero hay que explicarlas para contrarrestar la venenosa cuanto falsa afirmación de que la coincidencia con los objetivos de ETA en España te lleva a la cárcel. Mentira de manual de agitación y propaganda etarra. Y, en definitiva, todo esto sobra si se retrotrae el asunto a su planteamiento inicial, el del psiquiatra: siendo así que en España se puede preconizar la independencia de la parte que se estime pertinente sin ningún tipo de cortapisas, como lo demuestran los señores de ERC todos los días quienes, además, afirman tener expectativas fundadas de conseguir su objetivo, ¿por qué mata ETA?

Y ¿por qué mienten quienes afirman que la coincidencia en la defensa de la independencia te lleva a la cárcel?

(Las imágenes son cuatro de los más famosos Caprichos de Goya, que no necesitan comentario.)

La mirada aviva la vida.

Ahora que la Fundación Mapfre ha abierto un nuevo local en el Paseo de Recoletos parece haber decidido consagrar el de General Perón solamente a fotografía, según cuenta su Director General, Pablo Jiménez Burillo, en el catálogo de esta exposicion que durará hasta el 4 de enero de 2009 con entrada gratuita, cosa nada desdeñable hoy día. La Fundación que, como se sabe, tiene un espléndido fondo fotográfico, dedica ésta a seis fotógrafos estadounidenses pertenecientes a dos generaciones: la mayor, Walker Evans, Harry Callahan y Helen Levitt y la menor, Diane Arbus, Garry Winogrand y Lee Friedlander. La siguiente que se abrirá en enero de 2009 será monográfica sobre Evans.

Los seis fotógrafos ahora expuestos tuvieron bastante relación entre sí; se conocían, se habían tratado, hablaban unos de otros hasta el punto de que casi parecen un solo grupo. Lo que no quiere decir que no manifiesten agudas diferencias. Al contrario, cada uno de ellos forma una unidad monádica e independiente de los demás. Precisamente lo que convierte a un fotógrafo en un artista es el hecho de que consiga imprimir sello personal a unos productos obtenidos por medios esencialmente mecánicos. La peculiaridad, eso que llamamos "estilo" de un pintor, de un músico, de un escritor se detecta con facilidad; no tanto sin embargo la de un fotógrafo... salvo que tenga verdadera calidad como cualquiera de los seis mencionados y especialmente la muy patriarcal figura de Walker Evans (1903-1975), el hombre-puente entre los grandes/grandes (Stieglitz, Strand) y los más jovenes, y que dedicó parte de su esfuerzo a retratar los Estados Unidos de la era sombría posterior a 1929. La imagen de la derecha, el famoso retrato de Allie Mae Burroughs, una aparcera de Alabama en el decenio de 1930, es una especie de símbolo icónico de los años de la depresión que refleja la fuerza y la sencillez de alguien encargado por el Gobierno Federal de levantar acta, por así decirlo, del lamentable estado del país en aquellos años. Evans fue un hombre muy relacionado con los representantes de la "generación perdida" de la postguerra, William Carlos William, Scott Fitzgerald, etc y uno encuentra en su trabajo tanto elementos de esta tendencia como de la subsiguiente, la beat generation. Y sí, por supuesto, en esta foto también.

Algo similar sucede con Garry Winogrand (1928-1984) quien, aun un cuarto de siglo más joven, refleja una visión rápida, espontánea y con mucho contenido de la ciudad en los años sesenta. Suya es la imagen que ilustra el catálogo de la exposición, titulada New York city, 1968. Odio ponerme sentimental, cosa muy fácil cuando se trata de fotos que reflejan momentos que uno ha vivido personalmente aunque no de necesidad el retratado, sino cualesquiera otros coincidentes en los infinitos elementos que componen una vivencia y que van desde la arquitectura urbana a la moda, los peinados e incluso los gestos y ademanes y el momento existencial. Supongo que es lo que podemos definir como el hecho de sentirse directamente interpelado por una obra de arte. Y no sólo las ciudades. A la izquierda aparece la portada del catálogo que montó Szarkowski, del MoMA, para la exposición personal de Winogrand y que deja clara la categoría del fotógrafo como paisajista, capaz de combinar lo natural y lo cultural casi como una simbiosis para transmitir una sensación de inquietud, como la que se desprende de ese paisaje de Nuevo México en el que vemos que algo incierto está preparándose desde el fondo de la imagen y avanza hacia la frágil e insólita figura del niño recortado en negro.

Y la gente, sobre todo la gente. Porque las ciudades, los paisajes, los bodegones, las composiciones están muy bien, pero la fotografía es una historia de personas mostrando personas a personas. Al igual que los pintores descubrieron con eso que se llamó el "retrato psicológico" que era posible pintar el interior de alguien a base de reflejar su exterior, los fotógrafos pueden hacerlo con mayor facilidad porque, paradójicamente, la reproducción mecánica de las formas permite un trabajo posterior de selección que actúa como un filtro de calidad. El pintor se lo juega todo a una carta; el fotógrafo elige lo que quiere ex post facto tanto comparando retratos de distintas personas como muchos retratos de la misma. Cualquiera que haya visto la serie de "mujeres ensimismadas", de Harry Callahan (de las que se muestran varias en la exposición), el gesto de las fotografiadas, la concentración, todo son lo mismo pero cada una es absolutamente distinta y transmite una experiencia singular. Diane Arbus que dedicó mucho tiempo a retratar niños, incluso bebés, nos dejó una galería de infinitas inocencias, desde las perversas a las angelicales. Uno no sabe en dónde situar ese retrato de las mellizas pero siempre que lo veo me viene a la memoria la Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

(La segunda imagen, la foto de Walker Evans, pertenece a la Biblioteca del Congreso de los EEUU que declara que no tiene restricciones de publicación. Las otras dos (Winogrand y Arbus) están acogidas al proyecto de Wikipedia WikiProject Fair Use).

dijous, 18 de setembre del 2008

¿Estado de excepción?

Con motivo de la última sentencia del Tribunal Supremo en la que se declara fuera de la legalidad al partido Acción Nacionalista Vasca (ANV) escuché a una digna miembra de la izquierda patriótica cuyo nombre no he conseguido retener declarar que la decisión judicial era una muestra más del estado de excepción que vive Euskal Herria.

¿Estado de excepción? Sin duda la declarante hablaba de oídas cosa a la que son tan aficionados los nacionalistas vascos dizque de izquierda pues, que yo sepa, no hay declarado estado de excepción alguno en el País Vasco. Lo que hay, tanto ahí como en el resto de España, es una Ley de Partidos Políticos en vigor que nos parecerá mejor o peor, pero es una ley ordinaria que no configura excepcionalidad alguna sino algo elemental que todo el mundo entiende en todo el planeta y ello es que, si determinado comportamiento es delito, quienes lo amparan, fomentan o colaboran con él, son delincuentes también. En el País Vasco, en España y en el Himalaya los cómplices de los delincuentes son delincuentes.

Bien. En España (y no solamente en el País Vasco) opera una organización de asesinos dedicada a matar a la gente por pensar de forma que a ellos no les gusta. O sea, una organización de delincuentes. Está claro que quienes colaboren con tal organización serán delincuentes también. Por supuesto. Y habrá que perseguirlos y encarcelarlos, digo yo. Por supuesto de nuevo. Pero ¿para qué hace falta una ley especial para proceder a algo tan obvio? Muy sencillo, porque los cómplices y colaboradores de los asesinos en el País Vasco no actúan individualizadamente sino a través de organizaciones aparentemente legales, aparentemente destinadas a otros fines pero orgánicamente integradas en la de los asesinos, y los jueces necesitan de una norma especial que los habilite para proceder contra esas organizaciones criminales a las que no se puede procesar en la vía penal ordinaria por ser personas jurídicas. Porque, que estas organizaciones sean instrumentales para las actividades delictivas es algo que deben decidir los jueces, ¿verdad? y no el Gobierno, ya que España es un Estado de derecho. ¿En dónde está pues el estado de excepción?

Se lo diré a Vds., pacientes lectores: está en esa estólida insistencia de los independentistas vascos en tratar de engañar a la gente y jugar a la hipocresía de afirmar que ilegalizar ANV o meter en la cárcel a los componentes de las "Gestoras pro-amnistía", filiales de la casa madre de pistoleros no es democrático. Es un intento estúpido y sobre todo hipócrita como es hipócrita la actitud de las otras fuerzas nacionalistas vascas que como siempre que se procede judicialmente contra ETA y su conglomerado de organizaciones a sus órdenes, ponen el grito en el cielo y boicotean toda medida que se adopte contra esa lacra.

Porque está bien claro: según la doctrina Garzón que es de puro sentido común ETA no es solamente la nómina de pistoleros que la componen sino también una red de empresas subsidiarias, organizaciones paralelas, servicios de apoyo que operan en aparente legalidad pero contraviniendo la ley. Exactamente igual que en el caso del crimen organizado, por ejemplo, los narcotraficantes no son solamente la lista de criminales en nómina directa sino una red de empresas, entidades y organizaciones que cumplen diversos cometidos como distribuir la mercancía, proporcionar cobertura a los delincuentes, blanquear dinero, ajustar cuentas... Y cada vez que los jueces determinan culpabilidades, las organizaciones se cierran y sus miembros individuales reciben condenas penales. ¿Por qué había de ser distinto en el País Vasco? Si los señores de ANV colaboran con ETA son ETA y lo mismo los del PCTV (si así se prueba) o los de las famosas Gestoras.

Y una prueba más de que esto es así y que suelo señalar es que todo el mundo lo entiende, incluso en el País Vasco y, fuera de sus amigos del PNV, nadie se moviliza en la calle en contra del supuesto "estado de excepción". Es tan desvergonazada la hipocresía de pretender delinquir impunemente que, cuando actúan los tribunales y envían a los delincuentes a la cárcel, nadie se mueve en el País Vasco. Esas torvas amenazas que suelen formular los cómplices de los asesinos o quienes les bailan el agua de que si se encarcela a éste o a aquel o se procede contra tal partido o tal otra colectividad, Euskadi arderá por los cuatro costados son puro wishful thinking. Ni por lo cuatro ni por uno. No pasa nada. Los señores de las gestoras condenados a diez años van a tirarse diez años en chirona en función también de unas normas arregladas específicamente para que los cómplices de terroristas sufran un debido castigo.

También suele oírse por ahí que esas normas de cumplimiento penitenciario son una prueba más del estado de excepción en el País Vasco. De nuevo falso como un dólar tibetano. Dichas normas, como la Ley de Partidos rigen en toda España por igual y se aplican a todos los ciudadanos españoles vivan en donde vivan.

Por lo demás parece que en la banda hay movida. Un par de presos cuestiona la estrategia de la organización que, al seguir como hasta la fecha, garantiza que los seiscientos reclusos etarras (más o menos) van a pasar en la cárcel la duración real de sus condenas. Es de esperar que a medida que pase el tiempo las voces de los presos se oirán más y más. Lo que vaya a pasar en el seno de la banda es una incógnita.

A los dos días del revolcón del Tribunal Supremo al inteligentísimo plan para colar de matute la independencia del País Vasco sin que los demás se enteren, ETA puso una bomba lapa en los bajos del coche de un policía que no ha muerto por casualidad. ¿Qué se puede hacer con una gente tan lerda que piensa que los lerdos son los demás y no cree que deba cambiarse algo (y mucho y muy profundo) en las formas de convivencia de la sociedad vasca?

Porque el único estado de excepción real, material, que yo conozco en el País Vasco es el de la gente que ha de andar con escolta desde hace años, el de las personas que no pueden ir tranquilamente por las calles siempre que salen a ella los energúmenos y gamberros de la llamada kale borroca o actividades afines. Eso sí que es estado de excepción.


(La imagen es una foto de Brocco Lee, bajo licencia de Creative Commons).

Guerra santa.

Michael Walzer es uno de los más importantes teóricos políticos contemporáneos encuadrado en la escuela comunitarista. Este libro (La rebelión de los santos. Estudio sobre los orígenes de la política radical, Katz editores, Madrid, 2008, 354 págs) que fue su tesis doctoral, se publicó originalmente en 1965, pero hasta ahora no había sido traducido al español. Ahora sí a cargo de doña Silvia Villegas quien no ha hecho precisameente un buen trabajo. La traducción es torpe, literal, desacertada, dificulta la lectura y comprensión del texto y a veces es simplemente de risa. Una lástima porque se trata de un libro profundo, bastante denso y notablemente bien escrito.

El punto central de la obra es que el nacimiento de lo que el autor llama la política radical se da en el periodo anterior a la revolución inglesa del siglo XVII y durante ésta, es decir, un lapso más o menos entre 1580 y 1640. No he visto que defina en parte alguna qué entienda por política radical pero no hace falta: se trata de una política encaminada a provocar una revolución. El grupo responsable de ésta en la inglesa del XVII, los puritanos, son los antecedentes de los jacobinos franceses y los bolcheviques rusos. Eso en cuanto a la intención expresa del libro. Hay también un punto implícito, paralelo al primero que es detectar también en el puritanismo el origen remoto de los intelectuales, de forma que habría que reformular el saber convencional que sitúa aquel en la Ilustración francesa y, más específicamente, en el asunto Dreyfus y Zola para remontarnos a los calvinistas de la época de Cromwell y clérigos puritanos. Coadyuva bastante, aunque Walzer no lo mencione, que fue Samuel Taylor Coleridge quien acuñó el término clerisy para designar a los funcionarios letrados de su tiempo.

Había dos grupos susceptibles de adoptar la ideología calvinista en la Inglaterra Tudor, el clero y la nueva clase de ricos ilustrados. Se daban por entonces cuatro factores favorables al surgimiento de este grupo: 1) la separación entre la política y la unidad familiar; 2) la aparición de hombres libres; 3) la consideración racional, amoral y pragmática de los métodos políticos; y 4) la aparición de unidades políticas en gran escala (estados territoriales) (pp. 28-30).

En ese caldo de cultivo se produce la recepción del pensamiento político de Calvino, por entonces gobernante en Ginebra. El autor dedica un brillantísimo capítulo a la ideología (sostiene que Calvino, "hombre práctico con ideas" es ante todo un ideólogo) calvinista del que destaco su propuesta de situar a Calvino entre Hobbes (la legitimidad del poder político depende de que sepa imponerse) y Rousseau (la importancia del control social) (p. 62) en cuanto a la comprensión del orden político "lego", por así decirlo. De ahí pasa Calvino a singularizar la iglesia como un orden político propio establecido para siempre por la palabra de Dios y que no depende de ninguna pauta jurídica. Esa sociedad política eclesiástica (que él materializó en Ginebra mediante el juramento de sus ciudadanos, fiel a sus convicciones pactistas) genera una identidad de creyente y ciudadano o creyente militante que es el origen de la figura del santo que luego dará el salto a Inglaterra, en lucha perpetua contra Satán. Admite Calvino el derecho de resistencia, según la tradición feudal y se opone al tiranicidio, si bien y esto es esencial, lo reafirma bajo la forma de la obligación de aquellos santos creyentes de castigar la impiedad (p. 78).

El calvinismo tiene luego dos proyecciones que Walzer singulariza con particular acierto: los hugonotes franceses y los exiliados ingleses (unos ochocientos en total) en varias ciudades europeas como Zurich o Ginebra de los tiempos de la Reina María Estuardo y por ello llamados "exiliados marianos". La consideración de los hugonotes es una muy inteligente reflexión sobre el pensamiento de Duplessis de Mornay que, como se sabe, pasa por ser el autor de la Vindiciae contra tyrannos, así como Francis Hotman, el autor de la Franco Gallia, esto es, los que nosotros conocemos como monarcómacos. El interés de la muy moderada nobleza hugonote francesa era encontrar una justificación del derecho de resistencia otorgándoselo al clero (p. 94). De otro lado, los exiliados marianos, con John Knox a la cabeza mucho más radicalizados ya justifican la revolución contra el gobernante ilegítimo o tiránico y el tiranicidio como derecho que residencian en cualquier creyente (pp. 122-123). Ésta sería la conclusión radical de la idea calvinista del creyente militante. Preguntado Knox si los súbditos piadosos podían derrocar a un príncipe impío su respuesta simple fue: "si son capaces de ello" (p. 124).

Son los ministros puritanos ingleses, constitutivos de una clase fuerte y definida frente al amorfo clero anglicano y en permanente lucha contra España (contra el catolicismo satánico) los que más hacen por derribar el orden tradicional, constituyéndose en lo que Walzer llama un ejemplo de "intelectuales de avanzada" (p. 137). Se definen en lucha contra los católicos pero coinciden en gran medida con los jesuitas, son los plebeyos de los tiempos isabelinos que se han cultivado y comienzan a colaborar con los caballeros parlamentarios (p. 153). Y cuando empiezan a consolidarse y a vivir del evangelio que predican, una nueva persecución en 1630 los fuerza a un segundo exilio, esta vez a Nueva Inglaterra y no siendo ya ochocientos sino más de veinte mil (p. 157). No es preciso subrayar la importancia de esa emigración a América para la constitución posterior de los EEUU (el autor no hace referencia al hecho) y para el avance de la revolución en la propia Inglaterra a través del intercambio de escritos, panfletos y sermones entre los dos lados del océano. Era Sabine, creo recordar, quien calculaba que en los años de 1630 a 1640 más o menos se habían publicado más de veinte mil escritos de polémica política.

Esta clase puritana lanza un ataque devastador contra el mundo político tradicional centrado en sus tres puntales: la jerarquía, la conexión orgánica y la familia (p. 164). Los santos son igualitarios (hasta Calvino sostenía la jerarquía y Hooker decía que el lugar del Rey era natural); son enemigos de la concepción orgánica de la sociedad, muy propia de los anglicanos, que ellos sustituyen por la metáfora de la "nave del Estado" en donde no cabe olvidar que si la nave es mal dirigida puede darse un motín (p. 195); y desacralizan el concepto heredado de familia patriarcal, como se prueba en las contundentes diatribas de Milton en favor del divorcio (p. 210).

El orden tradicional socavado por la revolución sería substituido por un nuevo mundo basado en la disciplina y el trabajo. Esta nueva disciplina, que abomina del ocio y del teatro (entre otras cosas) se basa en tres métodos definitorios del puritanismo: la vocación, el sistema congregacional y la teoría de la magistratura (p. 226). Es muy relevante de la mentalidad puritana la relación de las personas que vivían fuera de la vocación: 1) pillos, mendigos y vagabundos; 2) monjes y frailes; 3) señores que pasan "el día comiendo y bebiendo"; y 4) sirvientes (p. 232). Es interesante comparar esta lista con la de "parásitos" que redactara Saint Simon unos doscientos años después, que incluía a militares, reyes y nobles y le costó un disgusto. Especial relevancia tiene aquí la función de las congregaciones ya que, como señala Walzer constituyen el núcleo de presión social y vigilancia colectiva de los santos (p. 257).

En el momento en que los plebeyos educados entran en contacto con los caballeros subvierten la concepción heredada de la nobleza (basada en Maquiavelo y el inefable Baltasar de Castiglione) en función de un concepto de caballero piadoso, hombre sencillo en lucha contra las corrupciones cortesanas de Babilonia y Nínive, magistrados cuya vocación política se articula en tres instancias: 1) las elecciones; 2) la organización política; y 3) los "ejercicios" (p. pp. 276-279). Una vocación política que lleva implícita la guerra. La cercanía de los puritanos rabiosamente anticatólicos a los jesuitas se personifica aquí en el hecho de que los primeros beban decididamente en la teoría del guerra justa del jesuita Francisco Suárez (p. 286). Beban en ella, claro, para ir más allá de ella. Suárez jamás tocó el tema de la guerra santa ya que la guerra es asunto eminentemente secular; pero ese es el paso que dan los puritanos y así como la razón de Estado justifica la guerra del Rey, la razón de la religión justifica la guerra de Dios (p. 291). Aquí es donde se corona la obra de Walzer, pues ya tenemos a los intelectuales (la "intelligentsia"), los santos, los clérigos, los hombres piadosos, predicando la guerra santa, el extermino del satánico enemigo y contando para ello con un tipo nuevo de soldado que ya no es el campesino reclutado a la fuerza ni el mercenario, sino un militante, convencido de su intención y con alta moral. Con estos hombres compuso Cromwell su New Model Army, algo por entonces imbatible (p. 293).

Walzer corona su magnífica obra extrayendo una serie de características que entiende se pueden aplicar también a los jacobinos y a los bolcheviques. Juzgue el lector: 1ª) En la transición de una forma de sociedad a otra aparece una banda de "desconocidos" que se consideran elegidos y buscan un nuevo orden; 2ª) se diferencian de los demás por una gran confianza en sí mismos y una audacia sin igual; 3ª) se enfrentan al mundo existente por medio de la guerra; 4ª) su organización adelanta la sociedad que buscan y refleja las necesidades de la lucha; 5ª) al poner en acto la santidad generan una nueva clase de política; 6ª) su función es doble: externamente llevan el ataque final contra el antiguo orden; internamente la piedad y la predestinación son la respuesta que dan a los dolores del cambio social (pp. 334-336).

Walzer señala que el saber convencional hace al calvinismo responsable de prácticamente el conjunto de la modernidad, con especial referencia a la weberiana cuestión del "espíritu del capitalismo" y, por el modo de plantearlo, parece que no coincide gran cosa con ello. Pero sí afirma rotundamente que en él, en el calvinismo y su versión puritana, se encuentra el origen de la política radical de nuestro tiempo. Y tiene razón. Únicamente echo en falta en el libro que no se especifique que el puritanismo ya fue el origen de la política radical en su propio tiempo, dado que, si no estoy equivocado, el autor sólo hace una referencia y de pasada a los levellers (niveladores) de John Lilburne y ninguna a los diggers (cavadores) de Gerrard Winstanley, los dos sectores más radicales del Ejército de nuevo tipo de Oliver Cromwell.