martes, 4 de junio de 2019

Palinuro cierra

Las gentes de espíritu libre saben que lo importante en la vida no es cómo llegas, sino cómo te vas.

Ningún intelectual español o catalán, que yo sepa, ha hecho algo semejante al blog Palinuro. Son doce años ininterrumpidos día tras día, de una obra en la que hay crónicas, literatura, críticas de libros, de exposiciones, de cine, de teatro, cuestiones sociológicas, políticas, filosóficas, etc., y, en los últimos tiempos, una atención exclusiva, minuciosa, cotidiana, a la lucha de Catalunya por la independencia. Más de un millón de palabras. Sin apoyo alguno, diario o periódico, ni infraestructura, ni ayuda. Nada. En abierto, con acceso libre a todos/as en licencia creative commons que autoriza el uso libre del material con solas dos condiciones: no tergiversarlo y citar al autor.

Efectivamente, Palinuro ha sido un éxito: 10.000 lectores diarios directos del blog y otros tantos a través de reproducciones. Mucha gente me dice que es su primera lectura en el día. Por estas personas, por el respeto que les tengo, así como a mis seguidores en FB o Tuiter (unos 200.000 a estas alturas) es por lo que he retrasado el momento del cierre.

Pero este se ha hecho inevitable. El blog me consume mucho tiempo que necesito para tareas propias de creación. Y me causa problemas y dificultades. Lo de menos es que me encuentre mis textos por ahí, mejor o peor plagiados, a veces con mis mismas palabras, pero sin citarme. Puro parasitismo intelectual, sobre todo en los medios audiovisuales. Y el gremio publicístico se autoprotege cerrando filas. Lo peor es que no solo se saquea Palinuro sino que, además, se trata de silenciar al autor. En España y en Catalunya. En la izquierda y en la derecha, en el independentismo y en el unionismo.

Al margen de elMón.cat (un artículo a la semana) y La República (uno al mes) no tengo acceso a ningún medio de comunicación escrito o audiovisual. Mis ideas, propuestas, etc., se conocen porque Palinuro está en abierto y es gratis, pero casi nadie cita la autoría, aunque se beneficie por ello. Salvo para atacarme. Entonces aparezco profusamente, incluso con "noticias" inventadas. No he ido casi nunca a las radios catalanas y escasísimas veces a TV3 pero mucha gente dice que me paso la vida en el plató y hasta algún avispado se inventa que cobro no sé cuántos miles de euros que jamás he visto juntos. Y, hala, a desmentir un sucio ataque personal de parte de quienes encuentran lógico que cualquier zoquete o zoqueta españoles cobren millonadas por mentir. Y sin ayuda de quienes, siendo asiduos a los estudios, y beneficiándose de Palinuro sin citarlo, sí cobran.

La esfera pública es tan corrupta en Catalunya como en España. Dominan las fórmulas y repartos de partidos, los enchufes, las capillas, los amiguismos, las banderías y las listas negras para aquellos/as que, como Palinuro, no son de fiar, ya que no se atienen a consignas partidistas. Insisto, en la izquierda y en la derecha, en el independentismo y el unionismo.

Así que, como no he encontrado apoyo alguno en la esfera pública catalana sino, al contrario, más inquina que en la española, cierro Palinuro y que cada cual se busque la vida. Tengo montañas de trabajos en marcha y muchos proyectos que requieren toda mi atención. Seguiré en las redes, comunicando mis actividades públicas y mis opiniones, pero nada de textos largos, que llevan mucho trabajo y tiempo y solo sirven para que me tengan más tirria quienes son incapaces de producir algo propio más extenso que un tuit. Y, por supuesto,  mantendré mi convicción independentista catalana en todo momento. 

La decisión estaba tomada días antes de que el portavoz de ERC en Madrid, en compañía de un ideólogo de Podemos que apoyó el 155, dijera que él no es soberanista ni independentista y, supongo, su partido, tampoco. Pero esta tomadura de pelo a millones de personas pasadas unas elecciones en donde se dio a entender lo contrario, la ha acelerado.

Donec perficiam.

lunes, 3 de junio de 2019

¿Salida dialogada o diálogo de salida?

A estas alturas del guion, la salida dialogada no se vislumbra, para desesperación de quienes confían en la capacidad de los seres humanos para llegar a acuerdos racionales. O sea, usando la razón. El vicepresidente Pere Aragonès avisa de que a Pedro Sánchez se le han acabado las excusas para no negociar una salida. No estoy seguro de qué se deba entender aquí. Sánchez no ha necesitado excusas para no negociar. O, mejor dicho, ha tenido mil, siendo la primera que al unionismo, por él solemnemente representado, no le da la gana de negociar nada con los independentistas. Las otras novecientas noventa y nueve sobran. No hay ni habrá negociación simplemente porque no. Esa excusa es imposible de rebatir con argumentos racionales.

Las reacciones del gobierno español, cada vez más irracionales, arrastran a los demás, por ejemplo, las autoridades del Parlamento europeo. Estas actúan ya  con el mismo desprecio por los derechos fundamentales de los diputados con que lo hacen las españolas. Todo se pega. Especialmente lo malo.  Y, con la ayuda de la brigada Borrell, en lucha permanente contra la Leyenda Negra, los responsables de este nuevo desaguisado, con rasgos de sainete, se han metido en otro jardín jurídico y han encendido una mecha de acción política en el Europarlamento que ya les está estallando en la cara. Quisieron impedir que las voces de Puigdemont, Comín y Junqueras pudieran escucharse. Han conseguido amplificarlas, pues diversas fuerzas con representación parlamentaria, plantearán la necesidad de que la Cámara debata sobre la situación en que se encuentran tres de sus miembros electos. El mejor aliado de la República catalana en la tarea de europeizar el conflicto España/Catalunya es el gobierno español, como siempre. 

En otros casos, la irracionalidad del gobierno, su nerviosismo ante la llamada cuestión catalana, lo lleva a mostrar una insólita burricie al enfrentarse no solo a la europeización sino a la internacionalización del conflicto a través de la ONU. Tenga el valor, alcance e importancia que tenga el informe del grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias (por lo demás, demoledor para la justicia española), cuando lo recibe un país civilizado, contesta en debido tiempo y forma a través de los protocolos y cauces establecidos. La contestación es muy sencilla: el gobierno se da por enterado del contenido del informe y se permite el lujo de recordar al grupo de trabajo que, como Estado de derecho que es, en España rige la separación de poderes y no está al alcance del gobierno interferir en el Poder Judicial.

Y colorín colorado.  Eso será verdad o no. Palinuro, sabido es, piensa que no. Pero no es él quien haya de contestar al grupo de trabajo, sino el gobierno y lo que cualquier gobierno inteligente haría sería contestar a lo Marchena, "vamos a ver, en España hay división de poderes, etc., etc". Es lo más inteligente, tanto si es cierto como si no. Si lo es, porque lo es; y, si no lo es, porque corresponde al grupo demostrar que no lo es o que ni siquiera puede invocarse, como sostiene Ben Emmerson. En todo caso, ganaría tiempo, en lugar de quedar como un régimen patibulario. 

Al gobierno español le ciega la ira frente al independentismo que no solo no se doblega, sino que persiste y avanza. A cuenta de combatir el "relato independentista" en el exterior, el ministro de Asuntos catalanes, Borrell, anda provocando conflictos diplomáticos por doquier. Con su asesora de España global que, en realidad, es España cañí, ha comenzado una campaña bastante sucia de desprestigio del grupo de trabajo y de sus integrantes, acusándolos de parcialidad y contubernio antiespañol, para abreviar la consabida monserga. Aunque estas acusaciones fueran ciertas, que no lo son, se habrían debido formular antes del requerimiento de grupo de trabajo. Una vez se supo que este iba a tratar el asunto, el gobierno debió presentar la correspondiente reclamación. Haber callado entonces y acusar ahora es lo típico de los tramposos o los concursantes no galardonados en premios literarios: se esperan al fallo del jurado y solo entonces descubren que está lleno de vendidos y analfabetos. 

No hay salida dialogada para el gobierno de España. Su apuesta es por la represión, la unilateralidad (por ambas partes) y más represión. Hasta la ruptura y la salida final en la que el único diálogo será: 

- Usted primero.

- De ningún modo. Primero usted. Yo apagaré la luz. 

domingo, 2 de junio de 2019

TINSTAFL

Margaret Thatcher, la Iron Lady de los 80s, era firme seguidora de la escuela austriaca de economía y sus derivadas neoliberales. Recordaba a veces el lema de todas,  TINSTAFL, There Is No Such a Thing As a Free Lunch, "no existe el almuerzo gratis". A menudo recurría a una variación de su cosecha metodista de estricta observancia que le ha ganado el odio eterno del gremio de sociólogos, TINSTAS, There Is No Such a Thing As Society, "la sociedad no existe". Según ella solo existen los individuos y las familias.

Individuos o familias, nada es gratis; todo tiene un coste. Almuerzos o alcaldías. El artículo de Jordi Mercader es una buena guía para orientarse en los meandros de los pactos municipales en Barcelona, joya de la corona, aunque nadie sepa de qué corona. Grosso modo las dos opciones más verosímiles son la independentista y la de izquierdas. Pero no son equiparables, aunque una visión superficial así lo entienda. Si el veto recíproco ERC/PSC se mantiene, y no se ve cómo podría no hacerlo, la opción de izquierda aparece como segura ganadora ya que los números dan al sumar los concejales de los comunes, los del PSC y los votos que sean precisos de Valls/C's. A la opción independentista no le dan los números de ERC y JxC y, sin embargo, resulta más verosímil que la de izquierda con el PSC y los votos de C's, ambos partidos del 155. Verosímil la considera Maragall que insiste en negociar un acuerdo con los comuns y JxC.

Asombra la inquina que la alcaldesa muestra a este pacto. El veto de los comunes a JxC es más fuerte que el recíproco ERC/PSC y más fuerte también que el de los comuns a C's. Y eso requiere alguna explicación, dado que el pacto independentista tendría los votos de JxC gratis, en aparente contradicción del principio TINSTAFL. Pero solo aparente: la alianza con JxC supondría el coste para los comuns (en cuyo seno alienta Podem) de tener un alcalde independentista en Barcelona. Y ese coste les es inasumible, porque rompería el propósito de cerrar el paso al independentismo y, además, haría ya definitivamente imposible que los de Podemos se calzasen algún ministerio en Madrid, de esos que dicen que no les importan.

Mercader termina su crónica con filosófico pesimismo juzgando que los tripartitos municipales "son una entelequia al día de hoy" porque nadie quiere pagar los costes y, como sabemos, nada es gratuito.  No es que no haya nada gratis; es que el acto gratuito mismo es filosóficamente imposible, como comprueba el Lafcadio de Las cuevas del Vaticano, de Gide. Por eso,  las partes negociadoras suelen pedir altura de miras a los demás, capacidad para poner los intereses generales por delante de los particulares... ajenos.

Al final, así como la batalla de Catalunya en las europeas se dirimió entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, la de Barcelona es entre Ernest Maragall y Ada Colau. El eje independencia/no independencia, que es el que importa aquí, va de Puigdemont a Colau. Entre ambos, ERC; en qué posición exacta es justamente lo que está en debate hoy. La historia personal de los dos candidatos ilustra mucho sobre su actitud. Pero lo decisivo son las decisiones que tomen ahora, en las circunstancias actuales. 

En Maragall, que viene del PSC, pesa el discurso social de izquierda. Pero pesa más la pertenencia a un partido cuyo presidente es un preso político. Ese peso se aligeraría si el propio presidente alentara el entendimiento por lo social/izquierda con los comunes. Sin embargo, en la medida en que aparezca el PSC en el horizonte o, incluso, se siente a la mesa de una coalición la cuestión se pondrá más difícil. Y llegará a imposible si, para hacer realidad su propósito de impedir un alcalde independentista en Barcelona, Iceta pretende imponer la alcaldía de Ada Colau. 

A su vez, Ada Colau, tiene que elegir entre dos opciones: el pacto independentista con JxC o el pacto antiindependentista con el PSC y C's. Ambas tienen ventajas e inconvenientes para ella. Tantas que puede ocurrirle como al asno de Buridán, que murió de inanición al no poder decidirse entre dos montones de heno.   

sábado, 1 de junio de 2019

No, señora, no cuela

En el post de ayer, La izquierda como pretexto, Palinuro consideraba "ladino" el discurso "de izquierda" de Ada Colau. Ayer también, la alcaldesa en funciones, que está en ofensiva comunicacional, publicaba un artículo en El Periódico con un titular combativo y exquisitamente equidistante: "en ningún caso iniciaré una negociación con Valls o Artadi".Es un artículo muy medido y aun  más ladino y mistificador que su vídeo de autobombo. El mismo empeño en mantenerse en la alcaldía pretextando un gobierno "de izquierdas" que, en realidad, es parte de una operación de Estado para impedir un gobierno independentista en Barcelona, al coste que sea, como paladinamente dijo Miquel Iceta tras las elecciones.


El artículo de la principal edil trata de prestar ese servicio a base de mucha mala fe, ambigüedad, falacias y demagogia. Eso sí, astutamente, calculadoramente presentado. Casi consigue parecer un texto de izquierda. Y por eso hay que analizarlo con objetividad. Aunque podríamos ahorrárnoslo: el artículo descubre su intención oculta (impedir una alcaldía independentista) por la misma clamorosa ausencia que se da en el vídeo. Si en los más de seis minutos de duración de este no se hablaba en absoluto de independencia, en las 786 palabras del artículo, tampoco se menciona la palabra ni una vez. Como si la cuestión independentista no existiera. En una ciudad en la que se dan diadas de millones de personas pidiendo la independencia, capital de un país en el que más de dos millones votaron independencia bajo la porras de la policía y en la que vivían y/o trabajaban los dirigentes independentistas hoy encarcelados o en el exilio que  le merecen una referencia en passant, muy coherente con el hecho de que no le hayan preocupado a lo largo de su mandato. Solo esto ya prueba que el artículo es lo que los evangelios llamarían un "sepulcro blanqueado".

A lo más que llega a acercarse a la cuestión candente en Catalunya es a hablar de un "contexto a nivel catalán y estatal convulso", precisando luego que vivimos una situación caracterizada por "un contexto muy complejo a nivel nacional (sic), con líderes sociales y políticos presos injustamente y por la judicialización de la política, que siempre he denunciado y no dejaré de hacerlo nunca". Los presos políticos siguen sin aparecer, sustituidos por esos "políticos presos" (terminología oficial) y la denuncia de la judicialización de la política, también formulada por sus amigos del PSOE hasta que han pasado a ser ellos quienes la alimentan.

La falacia de ocultar y negar el independentismo, sobredimensionando la dimensión social con cantos a la acción de la izquierda se apoya en trucos retóricos que acentúan la mala fe del texto. La equidistancia entre Valls y Artadi, poniendo al mismo nivel lo que representan, es repulsiva. Artadi es la segunda de la lista JxC, encabezada por Quim Forn, uno de esos presos políticos injustamente. Los concejales del PSC, con los que Colau quiere gobernar, son de un partido responsable de esa injusticia. Y responsable también hoy del encarcelamiento de Junqueras, presidente del otro partido con el que quiere hacerse esa coalición de "izquierdas".

El escrito da por sentado, sin duda alguna, que el PSC/PSOE es un partido de izquierda. Es posible en lo que respecta a España; en España sabrán. Pero en Catalunya, el PSC/PSOE es el partido del 155, corresponsable de su aplicación junto a M. Rajoy y comprometido a volver a aplicarlo si lo considera necesario. Y, si alguien está dispuesto a "hacer lo que sea" para evitar algo, una nueva aplicación del 155 y subsiguiente encarcelamiento de más "líderes y políticos", estará a la orden del día.  Nadie de izquierdas de verdad haría semejante cosa.

La alcaldesa en funciones sostiene que las tres fuerzas de izquierda tienen mucho en común. Seguramente. Y las dos netamente independentistas (ERC y JxC), que la alcaldesa quiere ver enfrentadas, también tienen mucho en común: los presos/as y exiliadas/os políticos y la independencia. La cuestión es ¿a cuál de las dos cuestiones en común prestará más atención ERC? Esa pregunta se contesta con otra: ¿de dónde saca Ada Colau que es de izquierda proponer una coalición orientada mayoritariamente a las cuestiones municipales con el fin de impedir otra orientada mayoritariamente a la defensa del derecho de autodeterminación?

Alíese Ada Colau con ERC, admita que Ernest Maragall sea alcalde como lista más votada; tolere el apoyo, ya ofrecido sin condiciones, de JxC; coopere en un gobierno municipal en el que la reivindicación independentista no será óbice para una gran expansión de las políticas municipales concretas de izquierda. Por mucho que la alcaldesa quiera identificar a JxC con la derecha tradicional catalana, no puede ignorar que la coalición es transversal y seguramente más que el gobierno municipal de izquierda que también se anuncia transversal pero excluye una opción por su presunto carácter de clase.

Porque, en el fondo, lo que se excluye es el independentismo.

Recuérdese: harán lo que sea. Hasta escribir artículos ladinos. 

viernes, 31 de mayo de 2019

La izquierda como pretexto

Tiempos de tanteos. Colau agradecerá la ayudita de El Confidencial que la convierte en protagonista de las negociaciones, siendo así que lo es y como tal ejerce, Ernest Maragall. Son cosas que pasan. La foto tiene también una lectura coreográfica suculenta.

El discurso de los comuns en Barcelona (el de Colau) es ladino. El de la CUP, Guanyem Girona, (el de Salellas) es torpe y contraproducente.

Para verlo, permítase una pequeña digresión sobre la política catalana hoy, aquí, ahora mismo; no en años pasados o en nebulosos futuros. Aquí y ahora.

Aquí y ahora en la sociedad catalana hay dos fracturas. Una, más o menos común a todas las sociedades, entre la izquierda y la derecha; la otra, específica solo en algunas sociedades, entre el independentismo y el unionismo. El conflicto izquierda/derecha tiene su importancia, claro, pero se mueve en parámetros habituales en las sociedades industriales: una derecha extrema, otra liberal, otra demócrata cristiana, otra populista; un centro más o menos bien dibujado y una izquierda municipalista, otra anarquista, otra comunista, otra democrática radical, otra socialdemócrata. Y algunas otras opciones minoritarias ecologistas, animalistas, feministas, etc.

Pero hay hay un factor que obliga a reconsiderar este idílico panorama: el factor nacional. El conflicto independentismo/unionismo hiende el sistema de partidos en Catalunya introduciendo variantes que no cabe ignorar so pena de no entender nada. Por ejemplo, la derecha liberal, como la izquierda municipalista y la radical, aparecen divididas entre una versión independentista y otra unionista. JxC agrupa partidos conservadores como puedan serlo los españoles, pero que se diferencian de ellos en la cuestión nacional. Podem y los comuns serán muy municipalistas, pero no independentistas, como si lo es la CUP. Salvando distancias siderales, ERC puede compartir objetivos con el PSC, pero su independentismo es una sima infranqueable entre ellos.

No es exagerado decir, pues, que la fractura independencia/unión es dominante en la sociedad catalana y así lo entiende la mayoría de la población que evidencia reiteradamente su voluntad de independencia. La última vez, el domingo pasado, en que el independentismo venció al unionismo claramente en Barcelona. Ese dominio, esa hegemonía, esa mayor importancia de la cuestión nacional sobre la fractura izquierda/derecha es el eje de la política catalana ahora mismo: por esa hegemonía hay personas exiliadas, presas, embargadas por razones políticas; por esa hegemonía hay en marcha una farsa judicial equivalente a una causa general contra el independentismo; por esa hegemonía, el independentismo acaba de ganar limpiamente las elecciones a la Cámara de Comercio de Barcelona. 

Volvamos al discurso de las "coaliciones de izquierda" que proponen en Barcelona los comuns y en Girona los mismos y la CUP. ¿Qué sentido tiene hipostasiar la contradicción izquierda/derecha cuando la independencia/unión es abrumadoramente hegemónica y eje de la vida política catalana? El debate izquierda/derecha, desde luego, es muy importante, pero ¿qué sentido tiene darle mayor importancia que al que es vivido más a fondo por más gente sino el de intentar taparlo, oscurecerlo, que no aparezca? Es maravilloso que en el larguísimo video de autobombo de la alcaldesa Colau no se mencione ni una vez el independentismo o la independencia.  

Los discursos de Colau y Salellas se hacen lenguas de las posibilidades de gobiernos "de izquierdas", progresistas, con políticas avanzadas, sociales, etc., políticas valientes contra "las derechas". ¿Qué derechas? ¿Las españolas o las independentistas catalanas? Las dos, sin duda. Por eso la invocación a las "izquierdas" y la erradicación de toda referencia a la independencia, cuestión extraña, lejana, irrelevante, como la llegada del Mesías. Vayamos a lo tangible, lo inmediato, lo práctico. Todavía no han dicho lo de "los problemas que de verdad importan a la gente", prefacio a lo de "la Constitución que nos dimos entre todos", pero les falta el canto de un duro. (¡Ah, aquellos duros de plata, que caían de canto!).

Seamos realistas, como Cándido, y "cultivemos nuestro jardín". Esto no es ya ignorar la independencia; es ir contra ella con falacias e ilusiones.

Este discurso "de izquierda" local debe explicar qué margen de autonomía progresista piensa disfrutar en las condiciones autonómicas que nos han traído hasta aquí. Y no solamente eso: también habrá de explicar cómo se ganará el corazón de ERC, pilar imprescindible del pacto "de izquierda". Su propuesta no es una bagatela: ERC ha de olvidarse de su alma independentista (y, de paso, la republicana) y ejercitar la izquierdista en amor y compañía con el PSOE, partido del 155 y responsable de tener en la cárcel y en el exilio a su gente. No sé si la probada paciencia cristiana de Junqueras, presidente de ERC, lo llevará a aceptar esta ofensiva indiferencia con la resignación con que Job recibía los castigos del Señor. Se me hace cuesta arriba creer que lo acepte su partido y fuera totalmente de mi alcance que lo hagan los electores. 

En el caso de Colau, el discurso es ladino porque no solo oculta la finalidad antiindependentista, sino que pretende convencer a ERC de que necesita un pacto "de izquierdas" que no necesita. Maragall será alcalde en segunda como lista más votada salvo que los "izquierdistas" de los comuns y el PSC introduzcan new game in town contando con los españolazos de C's para dar mayor salero a la aventura. Pero, para eso, han de atreverse.

En el caso de Salellas, el discurso es torpe porque quiere introducir una cuña en el independentismo, poniéndose en manos de los unionistas al pedir los votos o, cuando menos, la abstención del PSC. Una propuesta de pacto ERC/Guayem/CUP para desbancar a JxC sería legítima, incluso ahora, si no precisara la intervención arbitral del unionismo; un unionismo que, como dice Iceta, está dispuesto a hacer "lo que sea" para que Barcelona no tenga un alcalde independentista. Pues no te digo nada en Girona.  La propuesta no es legítima, aunque sea legal. No es legitima desde la legitimidad del mandato del 1-O. No puede ser que haya más distancia entre dos independentistas que entre un independentista y un unionista.

Hablar y hablar sin parar de "la izquierda" no sirve de nada. En concreto, aquí y ahora, cuando se invoca la izquierda con añadidos elegantes como progresista, transparente, avanzada, social, etc., exactamente, ¿de qué izquierda se está hablando? ¿La municipalista? ¿La anarquista? ¿La comunista? ¿La republicana (en sentido "cívico", claro, ya que el institucional es tan anatema como la independencia)? ¿La socialdemócrata? ¿La izquierda liberal?

De lo que se está hablando es de frenar la independencia.


jueves, 30 de mayo de 2019

Contra todo derecho

Comienza otra dura batalla jurídico-política ahora entre los eurodiputados catalanes y el Estado en sede europea. El conflicto España/Catalunya está ya en el centro del Europarlamento y antes de haberse constituido. De la mano de dos exiliados y un preso político. Maravilloso. Como siempre: España, el enfermo de Europa. Y, con médicos como Borrell, pronto cadáver.

El listado que tenían los guardias para negar la entrada a Puigdemont y Comín y (de haberse presentado, Junqueras) es obviamente un mandato de la presidencia con carácter preventivo, expeditivo, para ahorrarnos tonterías. Entran todos los electos españoles menos los tres catalanes. Se acabó. La legalidad de estas prohibiciones será impugnada por los abogados de Puigdemont que vienen cosechando una decisiva serie de victorias frente a un Estado español jurídicamente destartalado. El propio Estado, como suele, ayuda a deslegitimarse pidiendo ahora al Parlamento europeo que suspenda las acreditaciones personales de todos los españoles hasta que se tenga la relación completa tras la preceptiva jura de Santa Gadea. Entre otras cosas, porque aún no ha terminado el recuento que, por otro lado, está salpicado de irregularidades. Ya saben, el habitual humor negro español. Humor, pero negro.

El Europarlamento trata de quitarse la patata caliente cuanto antes. Pero no lo conseguirá. El mero hecho de haber negado la acreditación arbitrariamente ya lo involucra en la pugna jurídica que empieza. La pugna por el estatuto de los eurodiputados, sus derechos e inmunidades. Será larga. Y políticamente explosiva porque el Parlamento no podrá evitar las mociones de unos u otros grupos pidiendo debate sobre la cuestión catalana que afecta a tres de sus miembros.

Este atropello coincidió con la presentación del informe de los relatores del grupo de trabajo de la ONU, que es absolutamente demoledor para España. Tendrá el valor jurídico que tenga respecto a las obligaciones del Estado español, pero políticamente es otra bomba. Una bomba y un torpedo. Una bomba sobre toda la gestión política del proceso, para entendernos, la gestión "descabezadora" y un torpedo en la línea de flotación del buque de lo penal del Supremo, que comenzó con aires de nave capitana de la flota de la justicia y ha terminado como un barco de los locos, de aquellos que las ciudades llenaban de orates, los llevaban mar adentro y los hundían con su pasaje.

Un torpedo point blank en la sentina de esta farsa judicial que, según el mismo informe, jamás debió iniciarse y que solo cabe solucionar anulando la causa, liberando a los presos e indemnizándolos. Gran alegría en casa de Palinuro, en donde se ha defendido esta opinión desde el principio. Porque sus señorías no se han dejado derecho fundamental de los acusados por zarandear ni norma procesal aplicable por retorcer malignamente.

Y justo ese inmenso sopapo jurídico suena en el angustiado silencio de una sala de lo penal en la que los magistrados y resto del público no dan crédito a lo que están viendo en la pantalla. Si quieren ustedes un relato impresionante de esas horas de visionado de la barbarie, en serie, salvajada tras salvajada, vayan a la crónica de Josep Casulleras en Vila Web, Un silenci estremidor a la sala i uns ulls com taronges dels magistrats

No se trata solo de que, como resalta Casulleras, allí sonaban las declaraciones de los policías y guardias civiles negando unos hechos que eran patentes, que estaban grabados. Se visibilizaba lo que todos sabíamos desde el comienzo, magistrados incluidos, que la violencia fue la del Estado contra votantes pacíficos que no ofrecieron resistencia y fueron salvajamente agredidos/as. 

Y lo sabíamos todos porque todos llevamos meses viéndolos en las redes, magistrados incluidos. Así que, ¿por qué ha sido tan estremecedora la experiencia? Porque, en esta ocasión, el público ha contemplado los vídeos en pantalla grande, sistematizados, contextualizados, explicados y, sobre todo, seguidos, uno tras otro. Con su decisión de desvincular la prueba oral del visionado de los videos pertinentes en cada momento para aquilatar la veracidad del testimonio, que debió de parecerle muy inteligente, el juez Marchena consiguió lo contrario de lo que quería: evitar dar la impresión de que la farsa judicial fuera una cobertura de un montaje político-policial.

Exactamente lo contrario. No está mal si aprovecha el contratiempo y absuelve de plano a los acusados, con lo cual dejará claro que él ha visto por fin la verdad que los demás habíamos visto desde el principio. Ahora se lo dicen con todo lujo de detalles en un informe que desmonta por entero la farsa judicial que el Supremo se avino a continuar. Lo hizo por deseo indirectamente formulado por el Jefe del Estado en una insólita injerencia en el procedimiento, avisando de que la democracia no podía estar por encima de las leyes. Anodina obervación cuyo interés radicaba exclusivamente en su contexto y su intencionalidad.

El eje Podemos-"Valldeanos"

(Los/as lectores sabrán disculpar mi infantil ilusión de lucir ingenio. Ese "Valldeanos", innecesario decirlo, es una mezcla de Valls y vandeanos, los contrarrevolucionarios de la Vendée).

Aquí, mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Catalunya vota independència. Se escribió el martes, el mismo día en que la alcaldesa Colau colgaba un vídeo de más de seis minutos, aparentemente espontáneo y sincero, pero en el que todo estaba medido al milímetro. Un prodigio de retórica seudoizquierdista que trata de trasladar el eje independencia/no independencia, dominante en Catalunya, al de izquierda/derecha. Lo que se busca con él es la ruptura del bloque independentista al servicio del unionismo. Y la retórica no oculta el oropel del empeño, consistente en:

a) asegurar que Colau siga mandando en Barcelona. Su proyecto es exclusivamente personal. Se ve en el interés en negarlo.

b) Romper la unidad independentista con el cuento del izquierdismo "municipalmente eficaz". Astuta forma de ponerlo: ha de ser "izquierdismo", para poder excluir a JxC y dividir a los indepes, y "municipal", para limitar el izquierdismo de ERC al ámbito local y no permitir que se toque el catalán, el estatal, y haya que hablar de presos, exiliados, 155, represión, arbitrariedad. Porque, si hay que hablar de eso, el PSC, responsable de todo ello, sobra, y presentarlo como izquierda en Catalunya es un insulto. Y no hablemos de qué medios piensa valerse Colau para conseguir que ERC se siente a gobernar con quienes tienen a su presidente en la cárcel.

c) Rebajar la política basada en principios, por los que la gente pone en juego su libertad, su patrimonio, su vida familiar, a la política de reparto de cargos y prebendas. Disfrazada, además, de "eficaz".

Así que dediqué el post de ayer al vídeo de Ada Colau con el título Desvergüenza. Una vez leído, supongo, se entiende mejor el artículo de elMón.cat, del que sigue la versión castellana.

Catalunya vota independencia.

En la noche electoral del 26M hubo dos silencios curiosos, dos incomparecencias, dos ausencias en valoración de resultados. Una fue la del responsable de Unidas Podemos para interpretar los resultados estatales y la otra, la del responsable del PSC para hacer lo propio con los catalanes. La primera fue muy comentada y se atribuyó a la decepción que los dirigentes morados. De la segunda, no se habló. Sin embargo, la significativa era la segunda porque era la que tenía que dar cuenta del terremoto que se había producido: el independentismo rebasa el 50% del electorado y roza la mayoría absoluta.

Pablo Iglesias compareció al día siguiente y, atribuyendo el retraso a la necesidad de recoger información, reconoció los malos resultados, regañó a Monedero y se reafirmó en la justeza y oportunidad de las políticas que el electorado español había rechazado. Igual que los demás perdedores de la jornada: todos iban en la buena dirección y sentido correcto, como si fuesen una disciplinada unidad de caballería. Eran los electores quiene iban en sentido erróneo.

Al día siguiente también compareció Miquel Iceta con un verdadero grito de guerra: "haremos lo que sea necesario para que Barcelona no tenga un gobierno independentista". Este rotundo propósito, seguramente emanaba de una previa consideración no formulada expresamente: al independentismo, ni agua, que ha ganado las elecciones. Por eso no hubo comparecencia del PSC sobre Catalunya en concreto, porque el resultado era muy evidente: victoria independentista arrolladora en las municipales y en las europeas.

Por eso, los socialistas muy y mucho catalanes no darán ni agua al independentismo triunfante. Ni aire le dejarían para respirar si pudiesen. Harán "lo que sea" para impedir el su acceso al gobierno local más simbólico de Catalunya y el único en el que el PSC, crecido a la pantagruélica cifra de ocho concejales, puede hacer algo. ¿Qué? "Lo que sea". ¡Cómo suena eso en el país de las cloacas del Estado, la policía política, la guerra sucia contra Catalunya, los fiscales afiladores y los ministros de "Asuntos catalanes"! ¡Cómo suena en un país con presos/as y exiliadas/os, embargados/as políticas, cargos públicos procesados a docenas, montones de concejales expedientados administrativamente!

Catalunya ha votado independencia de forma aplastante en las dos elecciones. En las Europeas ha enviado al Parlamento de la Unión a los dos líderes indiscutidos del independentismo, sacándolos del exilio y la prisión, aparte del consejero Comín. Ha trasladado la lucha por los derechos de los catalanes al corazón de Europa y si el Estado trata de menoscabarlos, entrará en conflicto con el Europarlamento. Lo farà, sin duda, y acabarça por hundirse como Estado democrático de derecho.

Las elecciones municipales han sembrado el país de ayuntamientos independentistas. Con la abundante diversidad típica de los gobiernos locales, pero todos independentistas, de ERC o de JxC, que es lo que importa. La batalla de Barcelona tiene una importancia simbólica grande, pero no definitiva. En Barcelona vive el 21,7% de los habitantes. El otro 78.3% lo hace en el resto de los 947 municipios de Catalunya casi todos independentistas, excepto la cincuentena del PSC, los cuatro o cinco del PP y los cero alcaldes de C’s, el partido español más votado en Catalunya.

La importancia política de Barcelona radica también en que es en donde el unionismo quiere marcar la pauta jugando con la dualidad izquierda/independendencia, sin ser la una ni la otra. La izquierda catalana no independentista en Barcelona se concentra en los comunes/podemos y su misión es cerrar el paso al independentismo con un pacto como el que los podemitas quieren en Madrid. Iglesias trata de garantizarse un ministerio ofreciendo un pacto en Barcelona entre los Comunes, el PSC y C’s, que deje fuera a los independentistas. Por eso prometió la Constitución el domingo pasado con un “por la democracia, por los derechos sociales y por España”. Todos se han quitado ya la máscara y, detrás del “izquierdismo” podemita aparece el viejo nacionalismo castellano/español que, tratándose de Catalunya, hermana a los fascistas con los progres. Por si alguien lo dudaba, la cipaya Colau por fin habla claro: no quiere acuerdos con JXC porque son de derechas, ni con ERC porque son independentistas. Así se trata de una mujer española que, como su líder Iglesias, solo quiere un cárrec, una alcaldia, un ministerio, aunque sea de Marina.


miércoles, 29 de mayo de 2019

Desvergüenza

La victoria independentista del domingo en Catalunya es un terremoto. El Estado se ha puesto nervioso. Ya no hay forma de seguir mintiendo con que el independentismo es minoritario, cosa de una franja de lunáticos o demagogos o delincuentes. Por quinta vez consecutiva el voto independentista ha superado al no independentista en todo tipo de elecciones en Catalunya: el referéndum del 1-O, las elecciones catalanas de 21 de diciembre de 2017, las generales del 28A pasado y las municipales y eeuropeas el domingo. La cuestión crucial en Catalunya, la que moviliza al electorado en pro y contra, es la independencia sí/no. No la de izquierda/derecha. Sostener que esta última es la determinante y ocultar la otra es una forma de ir en contra de la independencia, propia de la izquierda española en su relación colonial con Catalunya.

Para mayor susto de la parroquia unionista, la batalla de Barcelona apunta en la misma dirección independentista con su gran fuerza simbólica. Por eso, se han puesto en marcha todos los mecanismos de intoxicación para que el gobierno de la capital no caiga en manos indepes. Políticos, periodistas, banqueros, empresarios, intelectuales, etc. Quien mejor ha trasladado a la opinión la máxima prioridad del Estado ha sido su fiel servidor, Iceta, dispuesto a hacer lo que sea para que no haya un gobierno independentista en Barcelona. Lo que sea. De entrada, pactos inverosímiles y, si no salen, ya se verá.

La situación es compleja en el consistorio barcelonés. Pero, analizándola con frialdad, se reduce a cuatro opciones:

a) Pacto ERC, JxC, Barcelona en Comú (BC) con alcalde ERC, Maragall. Sería el lógico y respetuoso con la mayoría del voto. ERC es la lista más votada. Es republicana, de izquierda e independentista y se alía con JxC, que es republicana, transversal e independentista y con BC, que es republicana, de izquierda y no independentista. Es casi una combinación perfecta pues solo se da una disonancia: el no independentismo de BC; el resto, coincidencias. La transversalidad de JxC no es de izquierda, pero tampoco de derecha, por más que sus enemigos catalanes insistan en llamarla "neoconvergente". Pero es la combinación menos probable porque contradiría la máxima prioridad del Estado: que no haya alcalde independentista en Barcelona. Para evitarlo, juega con las ambiciones personales de Colau que no podría ser alcaldesa. Por eso esta excluye la posibilidad de antemano, como viene haciendo últimamente, planteando como determinante la fractura izquierda/derecha y ocultando la independencia/unionismo, para dividir a los indepes.

b) El pacto ERC, Comuns, PSOE, con alcalde vaya usted a saber. Es la opción que dice favorecer BC y más acorde con su retórica de izquierda "valiente". El alcalde habría de ser Maragall, aunque Colau trataría se serlo ella sumando sus votos a los de PSC que se los daría encantado. Por supuesto ERC no aceptaría. Y ni se llegaría hasta ahí, ya que una propuesta de pacto ERC/PSC no solo contradiría frontalmente el grito de guerra de Iceta, sino que supondría que ERC gobernase Barcelona con un partido, PSC, que ha apoyado el 155, promete volver a hacerlo si lo juzga necesario, y tiene presos y exiliados políticos, entre ellos, varios dirigentes de Esquerra. Es inimaginable. Si lo hiciera bordearía el suicidio, cuenta habida del apoyo electoral del independentismo, que se manifestará acrecido en las próximas elecciones catalanas.

c) El pacto BC, PSOE, C's es lo que, en realidad, les pide el cuerpo a los dos primeros. Sobre todo a los comunes: tendrían asegurada la alcaldía y lo presentarían como una baza en Madrid para forzar a una alianza PSOE-Podemos. De salir, se conseguiría todo: no habría alcaldía indepe en Barcelona, Colau seguiría siendo alcaldesa, como anhela, e Iglesias quizá se calzara un ministerio. Esta opción es verosímil y factible. Sin duda, los de C's y Valls en concreto, apoyarían entusiasmados, defendiendo la integridad de la patria. Pero tiene dos inconvenientes graves: uno es que el expolio de la victoria de ERC (pues un expolio sería) eliminaría de una vez por todas las rencillas internas al independentismo, fortalecería su unidad e intensificaría su acción; el otro que podría abrirse una crisis dentro de BC, con un sector soberanista que no admitiera el pacto con los catalanófobos de C's y produjera una escisión en el grupo municipal. Gente que no admitiría gobernar con quienes piden la aplicación del 155 ya. Pero no haya duda, es la opción secretamente anhelada por Colau, Iceta y C's y la que quizá traten de imponer a la desesperada en el último momento.

d) Gobierno en solitario de ERC. La alianza parlamentaria de hecho con JxC está garantizada y sin condiciones. La opción contaría seguramente con apoyos de los Comunes no podemitas. Si Colau, Iceta y Podem no se atreven a imponer la opción c), está fórmula sería automática y gozaría de  una notable estabilidad en un marco de colaboración con otras instituciones de la Generalitat y no de enfrentamiento. ERC y JxC comparten el govern y han vuelto a ser mayoría en el Parlament.  Pero no se olvide a Iceta trasladando la voz de su amo: hacer lo que sea para impedir un gobierno independentista en Barcelona. Lo que sea.

Entre "lo que sea" debe contarse un interminable vídeo que subió ayer Colau a Tuiter, toda mieles y simpatía, tratando de llevar el agua a su molino municipal, insistentemente calificado de valiente y eficaz y resolutivo y etc. Un vídeo rebosante de propaganda y mentiras, aunque con mucho dominio de la mímica. Trata de justificar la opción b) (ERC/BC/PSC) incidiendo hasta el hastío en la fractura izquierda/derecha. Que el anatema a la "derecha" se refiere al independentismo, se deduce a modo contrario del hecho de que en los seis minutos largos del vídeo no se menciona la independencia o el independentismo ni una vez, como si no existiera y a su aliado Iceta no le quitara el sueño. Y a ella que, además del sueño, parece privarla de la razón. Ofrecer una alianza al partido ganador, ERC, que no la necesita, a cambio de que se olvide de su reivindicación independentista o la deje en el limbo de los comuns, resulta cómico.

Más divertido aun: pretende adoptar una posición equidistante, de árbitro benévolo, entre dos partes o partidos enfrentados (ERC/PSC-PSOE) pero equiparables. Se queja de que se vetan mutuamente, como si fuera un lamentable capricho de criaturas. Ella podría ser el puente que amigara a estos oponentes igualmente testarudos. Las "izquierdas" españolas ven el cielo abierto y se cargan de razón crítica e ilustrada: a ver si ERC y PSC se dejan de tonterías nacionalistas/antinacionalistas y hacen frente al verdadero enemigo común de la derecha (JxC, C's, PP, VOX).

Es literalmente desvergonzado poner siquiera en planos similares a unos presos políticos con sus carceleros. 

martes, 28 de mayo de 2019

Y van...

No por anunciados son menos humillantes los malos resultados de la constelación de la izquierda a la izquierda del PSOE. Nacidos hace cinco años en las elecciones europeas de 2014 con ánimo de asaltar los cielos, acabar con el bipartidismo y la corrupción y comerse el mundo, se van a la cama ayer sin cenar después de otras elecciones europeas  en que han mejorado los resultados pero no lo suficiente para compensar por el desastre de las municipales y autonómicas.

En aquellos comienzos radiantes, Palinuro avisó de que los de Podemos habían vendido la piel del oso antes de matarlo, y se ganó un alud de improperios por envidioso, resentido, amargado, etc. El alud se hizo tsunami cuando formuló otras críticas respecto al oportunismo, la demagogia y el narcisismo de los dirigentes de Podemos.

Cinco años después, los resultados ahí están. UP reproduce los de la inútil IU que, en parte, constituye su "núcleo irradiador" y con sus mismos vicios y defectos: faccionalismo, personalismos, fulanismos, guerra sucia, autoritarismo y conformismo.

¿Han hecho autocrítica los dirigentes, especialmente Errejón e Iglesias? En absoluto. Ambos reconocen lo decepcionante de los resultados, pero lo hacen proforma. Creen que su derrota es injusta, que los electores se han equivocado y sus propuestas siguen siendo correctas. Fieles a su consigna de ver el mundo con los ojos de quienes los asesoran, echan la culpa a los demás. 

Errejón lleva su optimismo en la derrota a afirmar, impertérrito, que "ha nacido una nueva izquierda". Sí, como el ave Fénix, que primero muere. ¿No suena eso de la "nueva izquierda"? En Europa nace una "nueva izquierda" (New Left, Neue Linke, etc.) aproximadamente después de cada derrota electoral. Hasta hay una Revista de la Nueva Izquierda que, de derrota en derrota, se ha hecho vieja. 

A su vez, Iglesias también ha salido en boato a cantar la palinodia, reconociendo que "los resultados son malos". La política es tan inefable que solo reconocer un fracaso a la vista de todo el mundo parece un acto de valentía y un gesto de magnanimidad. En las empresas, una situación así se resuelve con un despido o una dimisión. Nada de eso se dará aquí. Iglesias ha afeado a su principal asesor la brutalidad de un tuit (aunque no su machismo) y, lamentando que los resultados no hayan sido buenos, ha reafirmado su convicción de lo acertado de las políticas de UP y su proyecto de hacer un "gobierno de progreso".  

¿Han cambiado algo? No; dicen lo mismo que los demás perdedores. Ninguno ha fracasado por culpa propia, sino por culpa ajena. El abandono de los electores no es prueba de lo impopular de sus políticas sino, al contrario, de su acierto y justeza, razón por la cual se proponen insistir en ellas. Los de Podemos (Errejón sigue militando en Podemos) no introducen variante alguna. En efecto, dicen lo mismo que los demás perdedores. Pero ese es precisamente el problema, porque ellos decían no ser como los demás. Al decir lo mismo que ellos, con sus mismas intenciones, demuestran su integración en aquel sistema corrupto que venían a combatir. 

Una palabra respecto a Podem en Catalunya. Errejón no cuenta aquí porque Más Madrid no se presentaba en Barcelona. Pero UP, sí, en concreto como parte de la candidatura de Barcelona en comú, encabezada por la alcaldesa Ada Colau, que se fotografió muy contenta en la campaña electoral en compañia de Iglesias. La candidatura se articula sobre una ambigüedad respecto al tema candente en estas elecciones y en Catalunya en general: la independencia.  Pero UP es una organización básicamente española y contraria a la independencia de Catalunya, de forma que no sirve a Colau para mantener la indefinición sobre el independentismo, pero sí para justificar su discurso de la opción "de izquierda", que quiere dejar en segundo plano la cuestión independentista. El problema es que tendría que vender la idea del tripartito no independentista a ERC y, de momento, parece imposible.

De hecho, los números también darían para una coalición indepes/soberanistas (ERC, Barcelona en comú, JxC), pues Artadi ya ha puesto los cinco concejales de JxC al servicio de un gobierno municipal independentista. El problema, a su vez, es que tendría que vender esta idea a Barcelona en comú y eso parece, de momento, tan imposible como la coalición ERC/PSOE.

Al final, gobernará Maragall en solitario como lista más votada con el apoyo de JxC y el circunstancial de partes de Barcelona en comú.

lunes, 27 de mayo de 2019

Una interpretación como otra cualquiera

La victoria independentista es incuestionable. Hoy, 27-M, Catalunya ha despertado independentista en unas elecciones municipales como España despertó republicana en otras de este jaez hace 88 años. Si con las mismas consecuencias o no, se verá en un próximo futuro.

Porque estas municipales vienen ribeteadas de otras europeas, inexistentes en 1931, pero esenciales 88 años más tarde. 

Sin embargo, antes de hablar de Europa, un par de consideraciones sobre las locales. La CUP y las Primarias de Graupera/ANC tendrán, es de suponer, algo que decir, a no ser que una obcecación incomprensible los lleve menospreciar los resultados electorales en cuanto medición de la oportunidad de los propios planteamientos. Como esto es política, habrá quien sostenga que los miles de votos a su nombre, pero sin representación, de votos inútiles, son un signo del valor de quienes tienen siempre razón con independencia de que se la den o no. Para muchos otros mortales, esas decenas de miles de votos son votos perdidos y no hallados en el templo de la independencia como el desaparecido santo niño fue hallado en el templo de su padre. 

De las Primarias sé poco, aunque presumía mayor realismo en la ANC. La CUP es víctima de una cruel ironía del destino, que la excluye del que considera su terreno nutricio. Alguien, supongo,  relacionará este resultado con la errática política de la organización en los últimos años. Su imagen, probablemente injusta, pero generalizada, es la de unas gentes que hablan mucho, lo critican todo, pero no hacen nada. Ni siquiera son capaces de explicar de forma medianamente convincente las razones de sus habituales cambios de criterio. 

El PSC, como partido sucursalista, se mantiene y se recupera al rebufo del incumbent effect. Pero es claro que Catalunya ha dejado de ser un baluarte del socialismo español, lo cual explica lo magro de los resultados de este incluso en la cresta de la ola.

Barrida general de las derechas, como en el País Vasco, zafarrancho de limpieza, baldeo de cubierta y reducción de los municipios de la unagrandelibrevivaespañaarribaespañafrancofrancofranco a la mínima expresión. En Catalunya, los partidos unionistas de la derecha son casi extraparlamentarios.

Pero como aquí hay dos países, España y Catalunya, resulta que los extraparlamentarios de Catalunya gobiernan en Madrid, esto es, el ayuntamiento y la comunidad. Emerge además el culebrón de la "verdadera" izquierda de Brian que ha traído el gobierno de la derecha más atroz exclusivamente por su fabulosa incompetencia. Pero esto será objeto de otro post, por si a alguien se le ocurre dimitir. Europa era aquí la clave. Con Europa nació Podemos en 2014 y con Europa ha muerto. Por no entenderla, cosa que sí ha hecho el independentismo. 

No hay inconveniente en considerar que la dirección de este sea un duumvirato (Puigdemont/Junqueras) o una resurrección de la sabia institución romana de los dos cónsules. Pero, en este caso, uno de los cónsules predomina por mandato popular, ganado en limpia lid impuesta por ERC y ha dejado definitivamente zanjada la cuestión de la hegemonía en el independentismo. Es de suponer que no habrá razones personales que enturbien el significado de los hechos. 

Barcelona es muy importante, claro, y los gobiernos municipales son esenciales, por supuesto, pero como partes de un juego más amplio que se juega a escala nacional-catalana, estatal y europea. De pronto, la superioridad numérica de ERC en la minoría catalana en el Congreso es irrelevante. Lo que cuenta es Catalunya, allí donde Puigdemont ha ganado limpiamente por skype, haciendo ciberpolítica. Junqueras estaba en similar posición, pero llevaba la ventaja de unas ruedas de prensa autorizadas por el gobierno, una comunicación más fluida y, además, tenía un partido detrás, una maquinaria que funciona muy bien. Puigdemont solo tenía a su amigo Matamala y un barullo de organizaciones mal avenidas. Y aun así, el skype ha funcionado tan bien que su lista, ganadora en Catalunya, ha obtenido 38.000 votos en el resto del Estado, a pesar de que solo contenía candidatos/as catalanas/es.

Eso vuelve a ser el citado carisma que los de elMón.cat llaman prudentemente "liderazgo". Sobre liderazgos hay mucho en donde escoger. Está el tipo gaullista, más solemne, hecho de la legitimidad de la presidencia en el exilio que Palinuro suele atribuir a Puigdemont. Pero también aparece, el momento garibaldino, el del líder empecinadamente republicano que prepara las batallas desde el exilio por skype, y las gana en el terreno. O la leyenda del profeta desarmado.

En su post de ayer, La República de todas, escribía Palinuro: "Se quiera o no la candidatura de Junqueras plantea una situación de combate singular entre él y el presidente. Lo que todo el mundo va a mirar es cuál sea el respectivo respaldo electoral en Catalunya. No está mal, aunque es irrelevante. La República solo es concebible si contiene todos los sectores, corrientes, ideas, partidos, tendencias y no solo una parte". Consultado al respecto, Palinuro se reafirma en lo dicho.

Resumen telegráfico: en Catalunya, el independentismo ha ganado las elecciones europeas y las municipales. Suma el 49,72% de los votos.

Ahora corresponde al presidente Sánchez explicar por qué se niega a convocar un referéndum que valide su frecuente afirmación de que los indepes son una minoría en Catalunya.



domingo, 26 de mayo de 2019

La República de todas

Los municipios y Europa. El alfa y omega de la vida política en la UE. Hoy decidimos por cuatro años en los municipios (y algunas comunidades autónomas) y por cinco en Europa.

En Catalunya, la batalla está en las municipales entre ERC y Barcelona en Comú y en las europeas entre JxC y ERC en sus respectivas candidaturas. De importancia general también son las elecciones municipales y autonómicas en Madrid, en donde lo más llamativo es el fraccionamiento de la izquierda. Nos concentramos en Catalunya, que es donde, en realidad, se parte el bacalao, aunque los heraldos del Imperio crean que lo esencial sucede en Madrid. Y en las municipales, en Barcelona, sin demérito del resto de los municipios.

En Barcelona, Maragall aporta una larga militancia de la izquierda y una gran experiencia en cargos públicos. Desde su paso a ERC se añade un franco compromiso independentista/posibilista que abarca un importante sector del electorado de izquierdas, independentista o no independentista. Para dar cuenta, además, de las peculiares circunstancias de Barcelona, en donde la divisoria entre independentismo y no independentismo está más acusada. La figura del candidato es menos relevante y en cambio lo ha sido la de la organización durante la campaña electoral. La fuerza de ERC es su probada eficacia como partido/organización.

Muy a la par con Maragall, según las encuestas, Colau es la reina de la ambigüedad. Cuenta más su figura que la organización, Barcelona en Comú, que es un poco batiburrillo. Los sondeos también anuncian primer o segundo lugar en preferencias electorales a ese maremágnum estilo Podemos entre independencia e izquierda. Al enfrentarse a ERC (independentistas de izquierda) la parte independentista de Barcelona en Comú cojea . La promesa de la Constitución de Pablo Iglesias, "por España" deja las cosas muy claras. Los de Podemos y, por extensión, los de Barcelona en Comú, no son independentistas. 

Lo interesante de estas elecciones será ver qué gobierno municipal de Barcelona sale de ellas. La repetición de un  tripartito parece excluirse casi por unanimidad. Una alianza con el PSC no es previsible. Una coalición independentista parecería la opción más razonable, lo que no quiere decir que se ponga en práctica. 

Luego están las elecciones europeas, que están mezcladas con las municipales.

Puigdemont aparece como el líder legítimo por antonomasia de la República. Es su proyección exterior. También la figura personal, el carisma, prevalece sobre la organización. En su caso, además, la cuestión de la organización es problemática. Procede del nacionalismo burgués, tradicionalmente pactista, no independentista y relacionado con la corrupción en sus últimos años de gobierno. Del descrédito absoluto consiguió salvarse el nacionalismo conservador a base de girar hacia el independentismo. El giro, la refundación procede de la iniciativa de Mas. La crítica habitual es que se trata de un independentismo fingido, instrumental, para combatir el descenso electoral de la formación. Pero Mas ha dado pruebas de un independentismo genuino, como un fin en sí mismo. Fue él quien, al verse obligado a hacerse a un lado, eligió a Puigdemont, que completó con éxito la teoría y la práctica del independentismo.  Pero recomponer las piezas del tablero roto no es cosa que pueda improvisarse. Por eso cuenta más la personalidad del candidato que la organización y, por eso, aunque haya fundado un movimiento que funciona como partido, La Crida, se presenta al margen de los partidos, como la personificación de la República con una candidatura que insiste en dos temas: unidad y transversalidad. 

Junqueras hace doblete. Su proyección personal es indudable y su carisma tiene un matiz místico. La persona y el partido, la organización, son aquí igualmente importantes. ERC aprovecha su actual hegemonía en el independentismo para ganar en todos los terrenos. Hace bien. Trata de dar a la independencia un contenido de izquierda, para lo cual marca distancias con la opción independentista conservadora. No acepta candidatura única al Parlamento ni con la oferta de Puigdemont de ir de segundo. Se quiera o no la candidatura de Junqueras plantea una situación de combate singular entre él y el presidente. Lo que todo el mundo va a mirar es cuál sea el respectivo respaldo electoral en Catalunya. No está mal, aunque es irrelevante. La República solo es concebible si contiene todos los sectores, corrientes, ideas, partidos, tendencias y no solo una parte. "El todo es lo verdadero", dice Hegel y añade Adorno a la contra: "el todo es lo no verdadero". Verdadero o no verdadero, el todo es la República, que es todo porque es de todas.  

sábado, 25 de mayo de 2019

Desde el minuto cero

No, Catalunya no importa nada en España. No hay conflicto entre España y Catalunya. Es un conflicto entre catalanes. Los independentistas no son mayoría. No hay presos políticos. España es un Estado de derecho. La justicia, independiente a más no poder. El Tribunal Supremo, un dechado de virtudes y sabiduría. El juez Marchena, un fino jurista. Actuación impecable de las autoridades en estricto cumplimiento de la ley. El sistema funciona. La justicia funciona. España es un gran país, un país global. La independencia de Catalunya, un imposible, una quimera. Y Catalunya, irrelevante en el conjunto del Estado.

Desde el minuto uno del comienzo de la actividad parlamentaria hay un problema con el independentismo que ya ha obligado a la nueva mayoría  en el Congreso a soltar el lastre de su retórica adhesión a las vías democráticas y dialogantes. La histérica y bochornosa reacción rebuznante de la derecha a la presencia de los presos políticos en el hemiciclo desató el pánico entre los socialistas. Las chuladas de Hernando en el Senado, los berridos de la derecha en el Congreso, las amenazas, las peticiones de dimisión, reprobación y (si los dejan) excomunión y extremaunción de la presidencia de la Cámara han barrido las débiles objeciones del PSOE al atropello a los diputados independentistas electos. 

Si la mesa y su presidencia hubieran tenido más calma y no se hubieran asustado ante los vociferantes tigres de papel de la derecha, quizá hubieran podido evitar el ignominioso espectáculo de un órgano legislativo que empieza su tarea con un acto de sumisión a la arbitrariedad. El desprecio de Marchena por la soberanía del Parlamento no solo lo lleva a exigirle que actúe ilegalmente sino también a que cargue con la responsabilidad de la desmesura porque él no la quiere sobre sí. 

Aterrorizada la Mesa, acudió al consabido informe de los letrados de la Cámara que es la forma en que los políticos escabullen el bulto. A su vez, como es habitual, los tales letrados toman como base de su dictamen la necesidad de dar cobertura jurídica a una decisión política, aunque para ello conviertan las normas en hilillos de plastilina. Resultado: la decisión recomendada y finalmente adoptada por la Mesa es una soberana chapuza jurídica propia de letrados.

La voluntad de estos de satisfacer los deseos del poder político se hace evidente desde el momento en que justifican el expolio de los derechos de los presos políticos recurriendo a la Ley de Enjuiciamiento Criminal y no al Reglamento del Congreso. Aplican fraudulentamente aquella con tal de no aplicar el Reglamento que, sin embargo, es perfectamente aplicable: se plantea en el Pleno la cuestión de la suspensión de los diputados electos y se comprueba que falta un requisito, falta el correspondiente suplicatorio. En consecuencia, nada de suspensión hasta que el alto tribunal proceda ateniéndose a la ley y no a la voluntad marchenística de acabar pronto la parodia con una sentencia ejemplar.

Si jurídicamente la supensión es una chapuza, políticamente, ha acabado de enterrar las tenues esperanzas que algún despistado pudo abrigar de llegar a una solución negociada. Nueve a siete han sido los votos en la Mesa a favor de la suspensión. Y el voto contrario de los dos miembros de Podemos no es por el fondo del asunto, sino por su forma. En realidad se trata de un voto dilatorio, a ver si encuentran alguna excusa más aceptable que la ridícula patochada de los letrados. Pero, consumido el plazo y comprobado que los independentistas no ceden, los de Podemos se pliegan al unionismo más recalcitrante. Muy en línea con la promesa de la Constitución que hizo Pablo Iglesias: "Por la democracia, por los derechos sociales y por España, prometo". ¿Alguna duda?

¿Alguna duda de que, en lo tocante a Catalunya, en el parlamento español siempre habrá una unión sagrada anticatalana en torno al 90%?

San Jerónimo me valga

(Alan Ryan, (2019) De la política. I De Herodoto a Maquiavelo Traducción: Ramón Cotarelo. Valencia: Tirant Lo Blanch. 440 págs.).

Ya está en la calle el primer volumen de la imponente historia de la filosofía política, de Alan Ryan, en traducción de Palinuro. Al momento de escribir esto pensé hacer una observación producto, sin duda, de la petulancia, relativa a lo ímprobo del trabajo de traducir una obra de esta profundidad en mitad del tumulto de nuestro tiempo. Ahí es nada transitar por la majestad de las especulaciones filosóficas mientras el foro práctico está rebosante de insultos, agresiones, mentiras, demagogia, escándalos, injusticias, etc.

Pero la verdad es que no tiene mérito. La traducción de esta obra que, por su magnitud, está llamada a sustituir al venerable George H. Sabine, se ha convertido en mi torre de marfil, a donde me retiro a trabajar en distancia y silencio. En imitación del aislamiento de San Jerónimo, patrono del gremio de traductores, aunque con un resultado mucho más modesto. Pero modesto o no modesto, el refugio es privilegiado porque permite contemplar la vertiginosa actividad política, como quería Spinoza, sub specie aeternitatis.

Y visto con esta perspectiva, el conflicto entre España y Catalunya encaja perfectamente en el prototipo clásico del conflicto político: la lucha por el poder. Así, a secas. Luego llegarán los teóricos a complicarlo todo a base de definir el poder, analizarlo, tipificarlo, clasificarlo, glorificarlo, anatematizarlo, etc. Y así siguen. No hace mucho que Joseph Nye, un politólogo estadounidense, alcanzaba la celebridad descubriendo el Mediterráneo de que los Estados Unidos tienen un poder "duro" (hard) y otro "blando" (soft). De haberlo tratado, Ryan hubiera señalado que algo así existía ya en tiempos del Imperio romano, cuando lo que no conseguía la poesía de Virgilio, el softpower, lo lograban las legiones de Augusto, el hardpower.

Lucha por el poder que se verbaliza con harta imaginación por los verdes campos del edén ideológico: la nación, las nacionalidades, la democracia, el Estado de derecho, la autodeterminación, la autonomía, la independencia, el federalismo, la constitución, el patriotismo, la ley, el derecho, la solidaridad, la convivencia, etc. Pero lucha por el poder. España quiere ejercer el poder español en Catalunya. No como poder catalán sino como poder español que autoriza un margen de subpoder a Catalunya, bajo diversas formas. El independentismo no rechaza el poder español en España, pero sí en Catalunya, en donde quiere un poder exclusivamente catalán, un poder soberano, independiente.

Es una lucha por el poder que se libra según la fórmula de Carl Schmitt, luminosa en su simplicidad, amigo/enemigo. Unionistas e independentistas están de acuerdo en que ambos quieren el poder en Catalunya igual que Carlos V y Francisco I lo estaban en querer ambos Milán.

Lo que está en juego es el poder en Catalunya y el poder excluyente. Las terceras vías solo perpetúan el actual conflicto por su inoperancia. ¿Qué es la idea de la soberanía compartida sino una situación imposible? O es soberanía plena y ya se verá si compartida o no, o es compartida y ya se verá lo que tenga de soberanía.

Es la lucha por el poder excluyente. Mañana se da un paso más en la dirección del mandato del 1-O. Mandando al Europarlamento a los tres primeros de la candidatura de JxC y llenando Catalunya de ayuntamientos independentistas se preparan las fuerzas para el momento definitivo de la ruptura en que uno de los dos contendientes perderá y el otro ganará el poder en Catalunya y se lo quedará todo. Como se dice en la famosa canción de ABBA: The winner takes it all/The loser has to fall/It's simple and it's plain/Why should I complain? (El ganador se lo lleva todo/el perdedor, perece/Es simple y es sencillo/¿De qué me quejo?).

viernes, 24 de mayo de 2019

El carisma

Interesantísima entrevista al MHP Puigdemont en Waterloo. La firma Gerard Sesé, cantautor, politólogo,  columnista de La República y entrevistador con garra, recámara, retranca y tino. Un hombre bomba.

La frase que ha escogido como lema o emblema, un poco estilizada por mor del efecto, sintetiza, sin mencionarlo, el gran debate subyacente al independentismo. Este se polariza entre la unilateralidad y la negociación. El equivalente a la oposición entre realismo y cosmopolitismo en las relaciones internacionales, tan del gusto de Romeva. Pero con una peculiaridad muy delicada, casi perversa. Ni los unilateralistas se opondrían a una negociación de contenido, ni los partidarios de esta rechazarían un unilateralismo con suficiente apoyo. Es más, ambas partes están convencidas de que su respectiva fortaleza depende de la del otro. No solo gobiernan juntas, sino que habrán de seguir haciéndolo. Y seguir actuando juntas. El yin y el yang de la independencia.

El texto literal de la entrevista en este asunto tan importante es: "Hay un independentismo mágico que espera que, por alguna razón que ignoramos, España, de pronto, diga: ¡Ah, ahora que son más del 50% negociamos un referéndum! Creo que nos merecemos una opinión más madura que esta".  

La expresión "independentismo mágico" es textual. Su significado, ambiguo. Suena como a milagro o prestidigitación, aunque seguramente apunta a la idea de ingenuidad; no de ingenio, sino de inocencia. Creer que el Estado se avendrá alguna vez a pactar un referéndum de autodeterminación es ingenuo. De ingenuidad e inocencia acusan siempre los realistas políticos a los cosmopolitas.

Por si alguien cree que los realistas/unilateralistas exageran la cerrazón española, escúchese una voz representativa del unionismo español y clara como el agua del arroyo. El periodista Enrique García Serrano, de recias convicciones españolas, en Intereconomía:, "aunque el 105% de los catalanes pidiera la independencia no habría que dársela, porque España desaparecería". No se pierda el tiempo discutiendo. El meollo de las cosas suele estar oculto. En este dislate lo está en la expresión "dársela", que explica a las claras de qué se trata aquí. Para García Serrano, la independencia de Catalunya es el "suicidio" (sic) de España. Así que...

El resto de la entrevista, literalmente repleta de información interesante en muchos campos (Europa, España, el independentismo, los movimientos tácticos, el exilio, la prisión, etc.) refleja el sentido y razón de la actividad política de Puigdemont. A su condición de presidente legítimo de la República en el exilio, añade la de diputado suspenso del Parlament, presidente del Consell per la República,  probable eurodiputado, dirigente de JxC y líder del independentismo de tradición burguesa, que se quiere unitario y transversal.

A lo largo de la entrevista se dan momentos significativos. Hay el momento gaullista, el momento de la resistencia, la personificación de la legitimidad y, sobre todo, el momento del liderazgo carismático que, otro meollo oculto, se revela de pronto en una respuesta de Puigdemont a una pregunta que le dispara Sesé: "¿Y estamos preparados?" Respuesta: "La gente está preparada para hacer lo que desde un punto de vista estratégico, le proponga la unidad independentista." 

Puigdemont confía en la gente y la gente confía en Puigdemont.

El carisma es eso.

Avui, al Foment Martinenc (Barcelona)

Avui, al Foment Martinenc, en Barcelona (Carrer de Provença, 591) a les 18:15, farem presentació del Consell per la República David Ferrer i un servidor. El Consell necessita més recolzament per ser efectiu i aquesta es la nostra tasca:demanar major suport a una eina imprescindible de la República. Si, com Palinuro desitja, el proper diumenge els tres candidats de Lliures per Europa, Puigdemont, Comín i Ponsatí, surten electes, tindrán una magnífica base de treball y consulta per seguir endavant fent República a l'exterior.

jueves, 23 de mayo de 2019

Levantando acta de la ruptura

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Escenificació de la ruptura, sobre el episodio de la recogida de actas de los presos políticos, interpretándolo como un acto de ruptura entre el independentismo y el Estado y una muestra de que la independencia de Catalunya es inevitable.

Al día siguiente de escrito el artículo, los energúmenos de la derecha española montaron el espectáculo en el Congreso con sus berridos y pataleos. Demostraban así, al uso de la corte, la rabia y frustración que sienten hacia, al ver quee, en efecto, e inevitable. 



Escenificación de la ruptura.

La doble condición de representantes electos y presos políticos de los cuatro diputados del Congreso y el senador Romeva, aunque no reconocida por los poderes públicos, destruye la pretensión del Estado de que se le considere un Estado democrático de derecho, homologable, según doctrina oficial del ministerio de Asuntos Catalanes, con el de los países del entorno. Se les ha permitido recoger las actas, pero no hablar con los medios, aunque las actas consagren su condición de parlamentarios, que viene de parlar.

La prohibición es absurda porque los presos han podido dirigirse a la opinión por medio de unos vídeos que se han difundido en las redes, precisamente con la ayuda de tan absurda prohibición. Pero también tiene un significado simbólico que permite entrever con qué falta absoluta de honestidad tratarán los poderes a quienes se encuentren a su merced. La mesa del Parlamento, con su flamante nueva presidenta socialista y ... catalana ya está tramitando el expediente para despojar a los diputados electos de sus prerrogativas. Lo hace poniendo la quinta marcha, impaciente por dehacerse de este iconveniente y aligerar la mayoría necesaria para la investidura del gobierno. Además, no es tema conflictivo en una mesa sin representación independentista y animada por un fuerte resentimientoo contra los catalanes. Un "a por ellos" parlamentario.

Es imposible despojar a nadie de las prerrogativas que no posee. Así, al recoger las actas, los diputados han alcanzado la condición de representantes de todo el pueblo español, en plenitud de sus derechos, entre ellos, el de expresión, la libertad de palabra. ¿Cómo pueden limitarse los derechos de un diputado por decisión judicial sin suplicatorio y sin que el Parlamento haya suspendido al diputado? No es admisible que los miembros del Parlamento estén sometidos a las decisiones caprichosas de los jueces por encima de la pretendida soberanía del Parlamento, sin el menor respeto por el princcipio de división de poderes.

El eco mediático del acto de toma de posesión, las emociones, los abrazos, la solemnidad de las formas mostraron el mundo real que el mundo oficial quiere esconder. Ya no veíamos funcionarios, rejas, puertas, prisiones, guardias, policías, jueces, la cara oscura de la represión. Veíamos la cara humana, la de la gente convencida, en pie, erguida, resistiendo sin vaciilación. En la extensión de una sonrisa ve el espectador la esperanza de un pueblo y el compromiso de llevar la lucha hasta la victoria.

En paralelo, el Estado es incapaz de respetar las reglas que quiere imponer a los otros. Por eso trata a los independentistas con menosprecio y arbitrariedad. Hoy les reconoce unos derechos y mañana se los niega. Suena como cuando el Senado romano trataba con las embajadas de los reyezuelos de la frontera o cuando el Congreso americano firmaba tratados con las tribus indias sin reconocer sus derechos en el fondo. Con una diferencia notable: el Senado romano y el Congreso yanqui eran dos instituciones serias y previsibles, cosa que no puede decirse de Estado esspañol.

Por lo demás, los interlocutores de los poderes españoles no son precisamente embajadas de tribus de la frontera a quienes se pueda engañar con promesas falsas y papeles sin valor, enfrentadas a un imperio civilizado y burocrático muy superior. Antes al contrario, son gente muy avezada que, dando prueba de una notable habilidad, sabe aprovechar los intersticios del sistema colonial legal español para impulsar la lucha por la liberación de Catalunya. Al mismo tieempo, a diferencia de los españoles, han entendido que el ámbito político europeo forma parte de la política interna dels Estats que lo componen y no tienen inconveniente en llevar a su seno los conflictos que se dan en su interior.

Todos admiten ya que el contencioso catalán no se resolverá sin una u otra forma de intervención europea, Se trata de encontrar la menos escandalosa para ponerla en práctica, la que deje menos en ridículo al Estado español. Pero esta intervención habrá de producirse necessariamente para consagrar una ruptura que, como se vio en la toma de posesión como diputados de los rehenes catalanes, es inevitable.

Demá, al Foment Martinenc, Barcelona

Demà, divendres al Foment Martinenc, en Barcelona (Carrer de Provença, 591) a les 18:15, farem presentació del Consell per la República David Ferrer i un servidor. El Consell necessita més recolzament per ser efectiu i aquesta es la nostra tasca:demanar major suport a una eina imprescindible de la República. Si, com Palinuro desitja, el proper diumenge els tres candidats de Lliures per Europa, Puigdemont, Comín i Ponsatí, surten electes, tindrán una magnífica base de treball y consulta per seguir endavant fent República a l'exterior.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Pataleta

Palinuro señalaba ayer que, aunque fugaz, el momento de recogida de actas el lunes revestía solemnidad. Ponía de relieve que la independencia de Catalunya es irreversible.

El martes, ayer, la solemnidad quedó hecha añicos en manos o, mejor dicho, en patas de los diputados de la derecha, convertidos en Manada bullanguera. España entraba en acción, oé, oé. El lunes llegaban los rehenes, debidamente escoltados, representantes de las tozudas tribus del Noreste del Imperio. Llegaba la Antiespaña. Así que el martes, la verdadera España se calzó los cascos y esgrimió sus vociferantes razones. Por España. Por la misma España por la que también prometió la Constitución Pablo Iglesias. Además, eso sí, de hacerlo por "la democracia y los derechos sociales", no vayan a tomarlo por don Pelayo.

Antes del ceremonial tabernario, según Turull, Rivera planteó una negativa radical a aceptar que los diputados independentistas juraran o prometieran y exigió a la presidencia de la Cámara que impidiera el juramento a base de suspenderlos allí mismo, in situ. Es verdad que solo pretendía hacerse ver, espada en mano, como auténtico líder de la oposición frente al alfeñique de Casado. Pero la necesidad de lucirte no te obliga a soltar necedades.

Si los diputados electos solo alcanzan condición plena de tales después de acatar la Constitución, ¿cómo va a suspenderlos la Mesa del Congreso antes de que tengan la condición de la que el señor Rivera quiere verlos privados? Eso no puede hacerlo la mesa, ni el gran Houdini, ni el dios oculto de los místicos y, previsiblemente, juguetón.

Y ¿con qué autoridad suspendería la mesa a unos señores de una condición que aun no tienen? Evidentemente, con una autoridad genérica de mantenimiento del orden en el hemiciclo. Así podría actuar como un portero de discoteca e impedir la entrada a los independentistas argumentando que, pues no tienen la plena condición de diputados, cabe tratarlos como intrusos, y desalojarlos. Pero algo así tendría que hacer con el resto de los diputados de la cámara, hasta los 350, incluido el señor Rivera.

Quizá le vendría bien a ver si piensa antes lo que dice.

Es imposible suspender a alguien de lo que no es. Solo podría hacerse si, de la fórmula de juramento o promesa (o la falta de ellas) se derivara una falta de acatamiento de la Constitución. La presidenta Batet ha aclarado que, en la medida en que las intervenciones de los indepes se han escuchado, en mitad de la batahola de berridos, coces y pataleos, son admisibles reglamentaria y jurisprudencialmente.

Y si no lo fueran, ¿qué? De momento, la responsabilidad de la izquierda institucional se salvaguarda aceptando la legalidad de las más alambicadas y retorcidas fórmulas para acatar sin acatar, jurar o prometer lealtad sin jurarla ni prometerla. Pero quizá fuera el momento para cuestionar esta condición del juramento a la Constitución como requisito para ser diputado. Esa costumbre de jurar o prometer públicamente un texto sagrado del carácter que sea con independencia de la convicción íntima y como requisito formal es realmente primitiva. Que lo hagan otros, incluso muchos otros, no le resta primitivismo.

La ceremonia de acatamiento de ayer fue la gala de la hipocressía. Todo el mundo sabe que los indepes no se identifican con la Constitución y, de hecho, no la acatan, aunque de derecho y formalmente lo hagan. Por eso recurren a fórmulas rocambolescas para acatarla externamente, dejando bien claro que en su fuero interno no lo hacen ni creen que deban hacerlo. Cuando las relaciones humanas se basan en puros formalismos carecen de valor. La Constitución es una tramoya y el juramento/promesa, un trámite vacío. Tan vacío que parece una pugna de ingenio, como aquellos torneos de versos improvisados de los poetas cortesanos.  Puestos a prometer, un diputado socialista prometió "por España y la Hispanidad". Un caso curioso de recuperación constitucional del Imperio. Una idea. Como la prometida y jurada Constitución de 1978 no sirve para España, mira, que sirva para la Hispanidad.

Con sus pataleos, berridos y rebuznos ¿pretenden lo diputados de la derecha que no se oigan las promesas y juramentos o son ellos, los coceantes, berreantes y rebuznantes, quienes no quieren oírlas? Son como esos orates que dan gritos para acallar otros gritos, especialmente los que llevan ellos en sus cabezas. Los llamados "gritos de rigor". 

Si en el Parlamento actúan así, ¿qué podrán hacer en la calle? Sobre todo si van en Manada.