sábado, 23 de febrero de 2019

La historia se hace ahora

Está bien la observación de Olivier Peter de que los presos de hoy pueden ser los presidentes de mañana. Demuestra que conoce la historia. En efecto, el relativismo de todo lo humano así lo posibilita: hoy estás en el trullo y mañana, o más tarde, presides los destinos del pueblo. Casos se han dado, desde luego: Largo Caballero, condenado en 1917 por sedición a cadena perpetua, juzgado de nuevo por rebelión en 1934 y presidente del consejo de ministros en 1936, Companys, Mandela, Gandhi. No es tan extraño. Pero mucho menos lo es que los encarcelados salgan de prisión directamente al cadalso, Boecio, Tomás Moro, Savonarola, Maximiliano de México, Riego, el mismo Companys posteriormente. Y eso también es historia.

A favor de la visión alegre (de la prisión a la presidencia) se da que los tiempos no son tan foscos, que hay una atención internacional patente, que el proceso íntegro es una inenarrable chapuza, que la revolución en marcha en Catalunya es imparable y la incapacidad del Estado para encontrar una vía de solución, obvia.

No parece mucho, sin embargo. Lo único sólido, al menos en lo que Palinuro confíe: la movilización social catalana. 

A favor de la visión lúgubre (de la prisión al cadalso), en el entendimiento de que, al no haber pena de muerte, el equivalente serán largas penas de prisión, se dan dos factores. Primero: que el Estado no tiene salida en una negociación cualquiera porque cualquiera negociación ha de comenzar con un referéndum. Referéndum que no puede aceptar porque lo pierde y cada vez lo perderá más. En consecuencia, opta por la represión hasta donde pueda. Segundo:  que, dado su carácter autoritario y su falta de soluciones, llevará la represión al máximo para utilizar la condena como un escarmiento. Es el lenguaje de la tiranía: sofocar movimientos populares "descabezándolos". Antaño clavaban las cabezas en picas para exposición y amedrentamiento público, como hizo César Borgia con el pobre Ramiro de Lorca.

En esa línea de dureza se produce la injerencia del rey. Estoy pasmado del grado de servilismo de la opinión española que, no solamente no se rebela contra esta intromisión real en el poder judicial, sino que la celebra. Celebra que el rey se pronuncie directamente sobre la cuestión sub judice en indique cuál es su real placer: la ley prevalece sobre la (supuesta) democracia de estos rebeldes. Hágase justicia y háganla sus menestrales. Asombra que, después del telegrama del inefable Cosidó y la injerencia del rey en el proceso judicial, todavía siga esta farsa. A lo mejor están esperando a que, a la vista del resultado de las próximas elecciones, el rey también se ponga a legislar, para dejar clara la condición de Estado democrático de derecho del que no se cansa de hablar.

¿Con qué legitimidad habla, amonesta, amenaza este rey a sus súbditos? ¿Su particular talante militarista, heredado de su bisabuelo? ¿Su doctrina aburridamente autoritaria, que justifica la tiranía en nombre de la ley del propio tirano? ¿Su tradición familiar íntimamente ligada al fascismo? El citado bisabuelo se exilió en Roma, en 1931, en pleno fascismo, con los suyos, con los que empezó a complotar contra la República desde el primer momento. Su abuelo, Juan, se ofreció voluntario a Franco para "servir a la patria bajo su bandera" o algo así, o sea, para masacrar a su propio pueblo. Su padre, Juan Carlos, juró fidelidad a los principios fundamentales del dictador, a quien debe el trono como despojo de conquista. ¿Qué puede ser el retoño?

Dícese que la legitimidad del régimen radica en la Constitución de 1978. Tarde hemos comprendido, y solo tras el desastre, que una Constitución que no deroga una ley de punto final no constituye nada.

viernes, 22 de febrero de 2019

El rey, el pueblo, el héroe y el villano

Con la delicadeza habitual en este foro de frailes y soldados, el miércoles irrumpió el rey en el juicio del 1-O, con una manida doctrina sofística sobre la ley, el derecho y la democracia. Pero eso es lo de menos. Lo de más es la interferencia. Como el 3-O respaldó la acción brutal del ejecutivo y abanderó posteriores agresiones, ahora se injiere en el poder judicial y da órdenes a sus jueces de qué criterios han de aplicar. Puesto que los acusados están venga a hablar de democracia ("supuesta") claro, Felipe recuerda el buen orden: primero la ley, su ley; primero el derecho, su derecho; después la democracia y, ojo, la verdadera, no la supuesta. Ya saben los jueces lo que tienen que hacer: imponer la ley. Le ley del rey, pues de siempre se ha sabido en Castilla que "allá van leyes do quieren reyes". En este caso, caudillos, porque fue la ley del genocida Franco la que puso en el trono como "sucesor a título de rey" a su padre, quien, a su vez lo puso a él en el trono por derecho de familia. ¿Separación de poderes? Separados están: el rey vive en La Zarzuela, el gobierno en La Moncloa, el Supremo en las Salesas y el Parlamento en la carrera de San Jerónimo. 

Al día siguiente, ayer, hablaba el pueblo, el sujeto de la democracia. Huelga general en Catalunya y manifestaciones por doquier. Una sociedad democrática, pacíficamente movilizada en defensa de sus derechos, de sus instituciones, sus representantes y su condición nacional. Los políticos y los medios españoles siguen sin entender de la misa la media en Catalunya. Continúan personalizando el movimiento, invocando exclusivamente el ius puniendi del Estado, negándose a todo diálogo o negociación. Ayer mismo, en la presentación de ese libro que dice haber escrito en comandita con doña Irene Lozano, flamante y muy bien pagada directora del aparato propagandístico español, "España global", Sánchez escenificaba la unidad de España: "Catalunya nos unió a Rajoy a mí y debiera hacerlo con los partidos constitucionalistas". Quiere decir, la lucha contra Catalunya. Su mentalidad es la decimonónica, que dividía España en una "España constitucional" y una "España asimilada".

Con la devastadora -y, esta, sí, devastadora- declaración de Jordi Sánchez, quedó patente lo que el acusado comenzó anunciando: este es un juicio político y él se considera un preso político. Lo es. Y lo demostró. Todas las artimañas, trampas saduceas, martingalas y disparatadas especulaciones de la acusación (todas ellas unidas por una carencia absoluta de pruebas) no consiguieron demostrar violencia ni tumulto algunos, ni rebelión, sedición, incitación. Nada de nada. Sánchez dejó meridianamente claro con imágenes y pruebas contundentes que no hubo delito, que sus actos fueron siempre en sentido contrario al que las acusaciones pretenden establecer y que en todo momento actuó pacífica y democráticamente, y consiguió evitar los supuestos de violencia de los que se le acusa.

(Incidentalmente, las caras judiciales debieran caer de vergüenza según se va demostrando que se quiere calificar de rebelión o sedición y se piden altísimas penas de prisión por unos hechos que, bien claro está, serían constitutivos de un delito de daños y siempre que se probara la culpabilidad directa de los acusados).

Con la intervención de la fiscalía, el proceso ha ascendido de farsa a astracanada. El fiscal Zaragoza coronó un larguísimo interrogatorio tan avieso como frustrante (para él, claro) proyectando un correo de un señor Xabi Strubell en el que se propone a Sánchez un plan para proteger los colegios electorales aparcando los coches delante. Pretendía el malévolo fiscal, involucrar al acusado en una estrategia obstaculizadora, pasando por alto el hecho de que carecía de prueba de que este hubiera respondido al correo. Pero acababa de pisar una mierda de perro. La respuesta de Sánchez fue un estallido de luz: "No quiero ser impertinente, pero hay Whatsapp que se han enviado que han comprometido la dignidad y el buen nombre del presidente de esta sala y es evidente que no hay que reprochar"

Con ello, puso fin al interrogatorio.

En realidad, puso fin al juicio.

Preparados para la post-España

Aquí mi artículo del miércoles de elMón.cat, titulado La postverdad. Un modesto intento de entender el frenético desbarajuste del Estado español. Desbarajuste y de hondo calado es que un partido, el PSOE, muchos de cuyos militantes están enterrados en fosas comunes, defienda con uñas y dientes el régimen que, con su complicidad, instauraron, los herederos de quienes los asesinaron. 

Al lado de esto, lo demás es peccata minuta: las promesas electorales se incumplen, es posible mentir en sede judicial, los medios de comunicación tienen casi todos la misma orientación en la que la verdad no cuenta ni como como pretexto. En Alemania acaban de expulsar a un famoso periodista de Der Spiegel porque se inventaba los reportajes. Aquí los medios se inventan las historias o las falsean de cabo a rabo o las acultan y no pasa nada; al contrario se premian continuamente unos a otros. Comprender algo así requiere la ayuda de un concepto tan proteico como la postverdad, que es un nombre para lo indecible o la paradoja de Epiménides el cretense.

Aquí el texto castellano.

La postverdad


Produce estupor escuchar al presidente Sánchez decir que los independentistas "tienen pavor a sentarse a dialogar". Es una mentira patente, descarada, evidente a los ojos de todo el mundo. Es él quien rompió el incipiente diálogo a cuenta de la autodeterminación. Es él quien tiene pavor al diálogo. Y, más que pavor, odio a la idea misma del diálogo.

Su ministro de Asuntos Catalanes, Borrell, este odiador profesional, anda persiguiendo a los independentistas en el exterior, prohibiendo sus actos, boicoteándolos y tratando de silenciarlos. El mismo Borrell que, siguiendo el ejemplo de Dastis, mentía como un bellaco negando a un presentador de la televisión la violencia del 1-O que el presentador había visto por su cuenta.

Ante la imposibilidad de resolver el conflicto España/Catalunya manu militari, como acostumbra, el nacionalismo español, ha decidido pasar a la guerra en todos los demás frentes. Guerra política, judicial, mediática. Y recuérdese el famoso dicho de que la primera víctima de una guerra es siempre la verdad.

La declaración de Sánchez no es mentira en sentido estricto. Para que lo fuera habría que saber cuál es la verdad y el problema es que, en las relaciones España/Catalunya la verdad no puede decirse, ni siquiera pensarse. Simplemente, es una postverdad, allí en donde la verdad no importa o se oculta.
La postverdad permite a Sánchez seguir diciendo que el independentismo no es mayoritario en la sociedad catalana al tiempo que se niega en redondo a autorizar un referéndum de autodeterminación, único procedimiento de salir de dudas y único que podría dar versomilitud a sus palabras. La verdad no importa, no se menciona, no se declara: la de que ni este gobierno ni ningún otro gobierno español aceptará de grado un referéndum de autodeterminación en Catalunya porque lo perdería, algo que no se pued confesar.

El reino de la postverdad tiene dimensión europea. El presidente del Parlamento, Tajani, hombre de Berlusconi, prohibió la conferencia de los dos presidentes catalanes en sede parlamentaria aduciendo riesgo para la seguridad de los asistentes. Casi en el mismo acto autorizó otra con asistencia de un ponente de Vox, un partido racista, xenófobo y un verdadero peligro para la seguridad de todos.
Y postverdad también es que el ministro español de Justicia, Marlaska, al que más sentencias han casado en materia de torturas, niega escolta policial al presidente Torra, siendo así que Tajani considera que su presencia puede generar violencia. ¿Quién miente? Obviamente, los dos porque la verdad no importa y atenerse a ella es perder el tiempo.

Toda la farsa judicial hoy en marcha en contra de los independentistas catalanes es una muestra de postverdad. La autodeterminación es un principio filosófico inherente a la condición humana individual o colectivamente considerada. Un principio que forma la base de la civilización occidental. Que se esté hoy discutiendo en un tribunal si, además, es un derecho o un delito es una muestra de que hay Estados sumidos en la tiranía y la falta de respeto a las personas, como el caso de España. Un lugar, además, en el que el tribunal juzgador ni intenta descifrar la verdad ya que es juez y parte pues sus miembros están todos convencidos de que solo hay una autodeterminación: la suya; la de los demás, es delito. La verdad de que, si hay autodeterminación para una nación, tiene que haberla para las demás naciones, se oculta, se niega, no interesa. El tribunal Constitucional despojó a Catalunya de su condición nacional, como si tuviera el menor derecho a hacerlo. En complicidad con este atropello, ahora el Tribunal Supremo, basado en esa negación, comete el atropello siguiente: considerar delito sin mayores explicaciones lo que para sus componentes y quienes piensan como ellos es un derecho.

Y, para que quede claro el dominio de la postverdad y el reino de la injusticia y la arbitrariedad, entre los acusadores en esta farsa se encuentra un partido, Vox, antidemócrata, franquista, racista, xenófobo y virulentamente contrario el derecho de autodeterminación de quienes no sean ellos. En el fondo, coincidente con el propio tribunal.

Una prueba de que en esta farsa judicial en marcha la irónica postverdad consiste en una inversión perversa de los papeles. Son las juzgadas quienes debieran ser los jueces y los jueces y las acusaciones quienes debieran ser juzgados.

Y lo serán. Pero fuera de España.

jueves, 21 de febrero de 2019

Borboneo 2.0

Notable el aggiornamento del Borbón que, a diferencia de la tradición familiar, ha decidido tomarse en serio el cargo, con la misma verborrea de siempre sobre sus muchos sacrificios al servicio de España y con unos gallitos doctrinales que son de rumiar aparte.

Menuda teatralización montada por el Estado. Congreso Mundial del Derecho, nada menos. 2.000 juristas en la capital de España celebrando el Estado de derecho español con el fausto motivo del 40º aniversario de una Constitución que todos quieren cambiar pero no saben cómo. Dramatización del momento al otorgar al rey un galardón mundial de la paz por su compromiso con el Estado de derecho.

Conociendo el país, uno en donde se destinan dineros públicos a comprar medallas (como hizo Aznar) o a tapar la boca de Estados críticos comprándolos (como hacía Margallo), solo queda preguntar cuánto habrá costado al erario esta ridícula escenificación de la última amenaza a Catalunya. Amenaza con todo el peso de la ley, no solo española, sino mundial.  

Que la prensa y los comentaristas a una consideren notable admonición, digna de ir a portada, el sofisma entrecomillado "No es admisible apelar a una supuesta democracia por encima del derecho" yaa pone sobre la pista de lo que seguirá. Repárese en el menosprecio implícito del adjetivo "supuesta" (típico calificativo antidemocrático de la democracia) que preanuncia el sempiterno sofisma autoritario: la prioridad de la ley sobre la democracia, ya que esta no es posible sin ley. 

Es el hilo de oro, el que cree que le saca del laberinto de Dédalo. Verdad divina que repite machaconamente, como hacía su mentor, M. Rajoy, y los medios celebran extasiados. La democracia no es posible sin la ley, sin respeto a la ley. Menuda estupidez. Ni la democracia ni la dictadura ni ninguna forma imaginable de gobierno. La ley es inherente a toda forma de asociación, ¿no? San Agustín señalaba que hasta entre las bandas de ladrones ha de actuar algún tipo de ley si quieren seguir robando y no robándose. Las leyes de Nurenberg eran leyes. La dictadura del genocida Franco (a quien este rey debe su trono) tenía leyes. Eran leyes dictadas por criminales, pero eran leyes. 

El problema, por tanto, majestad, no reside en la ley, si no en qué ley. Y ahí está la cuestión: solo la ley que libremente acepten quienes han de acatarla, la ley democrática; porque la ley no es necesariamente fuente de democracia, pero la democracia sí es necesariamente fuente de la ley porque se atiene al único principio de legitimidad válido: la libre voluntad de los gobernados.

Allí en donde la ley se impone contra la voluntad de la ciudadanía no es ley, es iniquidad, injusticia y, en definitiva, tiranía. 

Y de tiranía va este discurso y las glosas de los cortesanos como Felipe González, entregado en cuerpo y alma a la defensa de la monarquía y seguramente a punto de que le caiga un título, Marqués del Clan de la Tortilla, por ejemplo. Chusca, castiza, imperial, condescendiente: mejor seguir unidos que andar separados. Y ojito con lo que hacéis, decís y pensáis, que aquí tengo yo una ley, aplaudida por todo el mundo del derecho y todo el derecho del mundo. 

Es desconsolador comprobar que no han aprendido nada. Con este discurso, que sigue en la línea del del 3-O, Felipe VI se constituye en autor intelectual del delito que van a cometer materialmente los magistrados del Supremo con su sentencia. Y, a partir de ahí, ancha es Castilla.

En fin, enhorabuena por ese premio por su dedicación al Estado de derecho, con el que tiene usted tanto que ver como con la democracia, palabra que manosea usted sin miramientos, como corresponde a la naturaleza profundamente antidemocrática de la institución que personifica y representa.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Esto se va a pique

Lo de la diferencia de nivel apabullante de los dos primeros días entre las defensas y las acusaciones se ha hecho demoledor en los dos siguientes con las declaraciones de cuatro presos políticos.

Los diálogos de Turull y Romeva con la fiscalía parecen los encuentros en la tercera fase. Se trata de personas con mucha preparación, muy motivadas políticamente y con mucha experiencia. Enfrente, unos probos y aburridos funcionarios de rutinario pensar (sí, ya sé que no son representativos, pero son), incapaces de entender las motivaciones de los acusados que carecen de naturaleza criminógena porque sus actos son públicos, legales, pacíficos y responden de sus consecuencias que, ¡oh milagro! no les benefician personalmente sino que les perjudican. 

La acusación pública escaló secuencias bochornosas. El fiscal no entiende el catalán escrito, pero no hace sino manejar papeles redactados en esa lengua, informes, documentos, tuits, que muchas veces no sabe leer. Excusado es decir interpretarlos e interpretarlos con el acierto y la sutileza que el lugar y momento requieren. Pues esa es la justicia del Estado español en Catalunya.

¿Recuerdan el pintoresco caso cuando el fiscal y el juez de la Audiencia Nacional preguntaban al procesado Joan Coma, acusado de incitación a la sedición, qué quería decir trencar els ous? De eso hace ya dos años. Pero seguimos igual: ¿qué malévolo propósito puede esconderse tras ese enigmático trencar els ous? Para hacer una truita. ¿Qué quiere decir truita? ¿Es el Estado, es el gobierno? Pues ahora, lo mismo: ¿no había un ánimo violento en aquellas exhortaciones a la paz y a mantener la calma? Al prever la violencia, se la estaba provocando. Es, más o menos, la línea de pensamiento del juez Llarena.

Es un juicio político total y un mal juicio, un esperpento en el que las acusaciones tratan de probar unos delitos concretos inexistentes para no dar la impresión de que persiguen ideas políticas. Pero no lo consiguen; no se han preparado el caso -eso es evidente- porque, para ellos, el independentismo en sí, como idea, ya es delito. Como para los jueces. Eso es lo que hace a estos jueces y parte en el proceso. Y la razón por la que no es un juicio justo.

Casi como una repetición del tercer día, los acusados se han movido en dos ámbitos distintos, complementarios y con igual nivel que los anteriores. Turull, al igual que Forn antes, dejó sin defensa a la acusación que no acusaba sino que se limitaba a insinuar solo para recibir contundentes desmentidos.

Romeva dio una clase magistral sobre el derecho de autoderminación tanto en el orden dogmático como en el legislativo y el jurisprudencial. Su saber tiene un componente teórico muy sólido enraizado en una riquísima práctica que hace inatacable su posición. En dos ocasiones señaló la paradoja de que representantes de un partido político xenófobo, contrario a los derechos humanos formen parte de la acusación a unos políticos democráticos, pacifistas y comprometidos con los derechos humanos. Dos momentos orwellianos.

La evidente complicidad de la sala en la decisión general de no tener que escuchar a los de Vox muestra hasta qué punto se es sensible del impacto de estos en la opinión pública, sobre todo, la europea, porque la española sigue manteniéndose en una beatífica ignorancia. O algo peor. La repentina fiebre españolista de Sánchez, que ha roto estrepitosamente con el independentismo, es, desde luego, una maniobra electoral, pero responde también al nacionalismo español más cerrado. Ese que monta en cólera cuando ve que no tiene nada que ofrecer a Catalunya que no sea la represión.

Vamos, lo dicho, el proceso está sirviendo para dar a conocer al mundo el estado de la cuestión del conflicto España-Catalunya en lo político y lo jurídico. No lo querían y lo han conseguido. Han conseguido hundir el buque. Porque una absolución implicaría un reconocimiento de la legitimidad del procés y su legalidad, y abriría el camino a la independencia. Pero una condena (la que sea) no será admitida y provocará una declaración unilateral de independencia. Más represión. Más gente a la cárcel. Más resistencia pacífica. Más cárcel. Estado de excepción permanente en Catalunya (lo llaman 155 para disimular). España se hace ingobernable y la mediación internacional, inevitable.  

martes, 19 de febrero de 2019

La moral del independentismo

Tiene su ironía que los dos presidentes reclamen la implicación europea en el conflicto España-Catalunya en un hotel porque el Parlamento Europeo les ha prohibido hacerlo en su sede. Eso al tiempo que autoriza otra conferencia, esta, sí, en sede parlamentaria con participación de Vox. Hay un evidente agravio comparativo que habla poco en favor de Europa y mucho de los independentistas catalanes que ahora mismo recuerdan la insistencia socrática en que es mejor sufrir la injusticia que infligirla. 

Decisión injusta, inmoral... e inepta. Sabido de siempre: si quieres dar alas a tu adversario, prohíbelo; si quieres que un libro sea un best-seller, censúralo. Los dos presidentes de esta República bicéfala han tenido un eco mediático impensado menos en España. La noticia de Vox se verá mucho en España y poco o nada en Europa. Son dos universos mediáticos distintos. Catalunya cuenta en el europeo.

Los dos presidentes han dado un repaso de avío a la reputación de España ante un auditorio abarrotado y con muchos medios presentes. Supongo que la Task Force 1 del catalanófobo Borrell estará ya preparando una contraconferencia, habida cuenta de que no ha podido evitar aquella, aunque sí consiguió prohibirla en el Parlamento europeo, regido por su amigo, el berlusconiano Tajani. El problema será a la inversa: la asistencia. Lo haga en sede parlamentaria o, a imitación de los indepenedenetistas, en un hotel, no le irá nadie, salvo los funcionarios españoles que no puedan escaquearse. Marca España Global garantizada..

El contenido básico de los dos discursos ha sido informar del conflicto España-Catalunya a día de hoy y reafirmar la voluntad independentista por razones de principios. De derechos, de libertades, de democracia y pacíficamente. Los mismos principios que se respetaron en Escocia deben respetarse en España/Catalunya. Seguirán pidiendo pacíficamente un referéndum de autodeterminación  y recuerdan que los independentistas nunca se han levantado de la mesa del diálogo, como sí ha hecho el gobierno de Pedro Sánchez.

Así es y por ello más desagradable escuchar al presidente español diciendo que "El independentismo tiene pavor a sentarse a dialogar". Es incompresible cómo se puede ser tan cínico. El que cortó todo diálogo en España y, por medio de su ministro de Asuntos Catalanes, persigue a los independentistas en el exterior, tratando de acallarlos como sea, dice que son estos quienes no quieren dialogar. Esta desfachatez raya en la de Rajoy cuando decía que la Gürtel no era una conspiración del PP, sino una conspiración contra el PP. Es el mismo estilo: tú miente con descaro; total, da igual.

Torra afirma estar dispuesto a ir a la cárcel en defensa de la independencia de Catalunya. Eso da a su actitud una dimensión moral que el unionismo y asimilados no entenderán jamás. Alguien, sin embargo debiera advertirles de que Torra no está solo. Que su neroniana creencia de que sea posible "descabezar" un movimiento de millones de cabezas encarcelando a los dirigentes es ridícula. 

Torra no está solo. Tiene millones detrás. No es posible encarcelar a un pueblo.

lunes, 18 de febrero de 2019

La buena fama

Con elecciones a la vista, me da que lo más rápido de esta "célula" (¡qué nombre!) será su vida. Una vida fugaz. Una vida de breves horas como la de los insectos llamados efímeros, que carecen de aparato digestivo. Aunque aquí lo traían bien preparado, a juzgar por los sueldos.

Lo más gracioso es lo de "acción rápida", urgente. Suena a Task Force 1. Do quiera se detecte una amenaza, allá irá alguno de los 250 efectivos de diplomacia pública. Estos chicos son expeditivos. De "aquí te pillo, aquí te mato". En sentido figurado, es de suponer. Es el brazo eficaz del Estado, el que no se anda con pamplinas ni retóricas y acude a la acción directa, como los anarquistas finiseculares. ¿Un acto público en defensa del infecto separatismo catalán en algún lugar del planeta? Allá se lanza un cónsul o un embajador con la mismaa voluntad con que los anarquistas tiraban una bomba al patio del Liceu. El mayor anarquista, el Estado.  

Nada, nada, "acción rápida" para evitar la repetición de la Leyenda Negra, para restablecer la reputación de España. "España Global", un globo de propaganda cuya mera existencia ya es prueba de lo inepto de su concepción. La reputación de un país no se hace o rehace repartiendo prontuarios y argumentarios más o menos amazacotados entre cientos de funcionarios, cuyo celo en la tarea combativa de la supuesta hegemonía del relato exterior independentista es más que dudoso. Y hasta es mejor que sea así porque cuando hacen suyo el propósito de bloquear o sabotear un acto en defensa del ínclito nombre de España, generalmente se ponen en ridículo.

La reputación de los países democráticos y Estados de derecho no las hacen o rehacen escuadras de asalto provistos de estadísticas o vídeos apañados a modos de kalashnikovs y en rápidos golpes de mano.  La hace su historia, su tradición, sus aportaciones al avance y común bienestar de la especie. 

Mi amigo Joan Casanovas, profesor de historia, me comenta que, a fines del siglo XIX, España contrataba pinkertons para espiar a los independentistas cubanos. Espiar o lo que fuera, ya que estos pinkertons eran tan expeditivos como los ingenios tras la "célula de acción rápida". No parece que se haya avanzado gran cosa. 

Combatir en el extranjero la mala reputación de España no evidencia la intención de procurar que el país sea merecedor de mejorar su reputación, sino la de ocultar la muy mala que tiene. Porque, como es evidente, la mala fama de España fuera no se debe a la natural maledicencia de los vecinos, sino a la realidad interna, mezcla de corrupción e ineptitud del país. La mala fama fuera se genera dentro y quienes la airean fuera airean realidades. Negarlas no es remediarlas; es mentir.

La Leyenda negra no nace fuera, sino dentro y está hecha de relatos de españoles que causaban tal consternación fuera que dieron origen a lo que después se quiso negar bautizándolo como eso, una leyenda negra. Nada de leyenda. Realidad.

Como realidad ahora es que el gobierno del PSOE ha puesto en marcha un ministerio de propaganda a la vieja usanza, disfrazada de novedad celular a base de la agencia de Lozano y el ministerio de Borrell. 

Porque nada de lo demás que se hace, dice o piensa en España mejora su mala imagen.

Calculen lo que podrían mejorarla estos dos. 

domingo, 17 de febrero de 2019

La minoría rebuznante y la mayoría silenciosa

En tiempos del corrupto M. Rajoy (a) Sobresueldos, que, si hubiera justicia en España, estaría en la cárcel, se decía que, junto a los independentistas, en Catalunya había una mayoría no independentista a la que el de los "hilillos de plastilina" llamaba la mayoría silenciosa.

En las dos fotos correspondientes a los dos actos políticos de ayer con que se ilustra este post, puede verse la entraña de esta mentira.

Así como puede verse la del sucesor del corrupto Rajoy, el demagogo Sánchez, cuando habla de que Catalunya está dividida más o menos al 50%, que está fracturada, enfrentada entre sí y que lo que deben hacer los catalanes es hablar entre ellos. De nuevo las fotos prueban claramente que este pobre hombre, carente de una sola idea, se rige por las machadas del catalanófobo Borrell. El nivel mental de Sánchez no da para más.

Ayer, dos docenas de provocadores y chulos de C's, encabezados por la insoportable cotorra catalanófoba, Arrimadas, y el jayán tabernario Carrizosa, se presentaron e Amer, a ver si conseguían su propósito de sembrar cizaña y dinamitar la normal convivencia de un lugar. Porque lo que estas tres derechas (PP, C's y Vox) pretenden a toda costa es crear el clima de tensión y violencia que denuncian. Pero la gente no hace ni caso a la Arrimadas (llamada la "montapollos") y  los comercios cierran sus puertas a su paso. Como si fueran apestados. Y lo son: apestados de odio, de rabia, de indignación al comprobar que nadie los quiere. A otras personas, esta glacial recepción les hubiera hecho reflexionar, pero no a estos matones, que no pueden reflexionar porque no tienen con qué. Y, cuando lo tienen, es para provocar, insultar y llevar la crispación a Catalunya. Mala gente. Muy mala gente. Se ganaron el Tortosa que les hicieron. 

El lenguaje de este post puede parecer duro, pero digan ustedes qué calificativo merece un puñado de chulos que va un sábado a alterar la vida tranquila de un pueblecito pacífico, a armar bronca, molestar y destrozar mobiliario simbólico urbano, a ver si consiguen que algún ciudadano le parta la cara a la hija del policía de Franco, como su padre se la partía a los "rojos" indefensos. Así podría poner el grito en el cielo (más de lo que lo hace habitualmente) y pedir feroz represión en Catalunya.

En otro  lugar del principado, en Barcelona, más de 200.000 personas se manifestaron en favor de los presos políticos, en contra de la farsa judicial berlanguiana del Supremo y por la autodeterminación. 200.000 personas son bastantes más que las 45.000 que reunió en Madrid el domingo pasado el cómico trío de trogloditas y las dos docenas de provocadores que anduvieron media hora (no pudieron aguantar más el desprecio de la gente) por las calles de Amer, como si fueran los forajidos del tren de las 15: 10.

La distancia es inmensa. Sánchez puede seguir mintiendo, aconsejado por el catalanófobo Borrell, un tipo sin escrúpulos, un socialfascista de manual, que se ha hecho cargo de la propaganda y la guerra sucia del exterior de la tiranía española contra los catalanes. El arrogante sujeto ha montado una camarilla de sinvergüenzas y vividores, desechos de otros partidos, como Irene Lozano, o macartistas sin categoría como Ignacio Torreblanca y secuaces, capaces de cantar en gregoriano los embustes más fascistas del gobierno, siempre con cargo a los fondos públicos que pagamos todos, incluidos los catalanes, a quienes estos sicarios menosprecian e insultan 

Catalunya, dice Sánchez, está fracturada. Catalunya, dice Sánchez, está enfrentada en dos mitades, incluso en el seno de las familias, dice Sánchez. En Catalunya el independentismo no es mayoritario, dice Sánchez, sin permitir una consulta que aclararía el asunto definitivamente. Los catalanes, dice Sánchez, deben hablar entre sí. Este conjunto de falsedades y embustes no puede habérsele ocurrido a Sánchez solo porque no le da el caletre. Es el infame destilado de los más virulentamente unionistas y catalanófobos de su gobierno, como Calvo, Celáa o Borrell y de los cipayos con que cuenta en Catalunya como Iceta.

Ignoro cómo estos "asesores" y otros igualmente incompetentes administrarán a Sánchez la noticia de que los matones de C's, a los que él corteja como posibles aliados, no fueron capaces de intercambiar palabra alguna con los habitantes de Amer (vaya con el diálogo) que, todos a una ("todos a una", sin divisiones, Sánchez)  les dieron la espalda y los ignoraron. Y tampoco sé cómo le presentarán la noticia de que 200.000 catalanes salieron a la calle a decirle que, en contra de lo que él simula creer, la autodeterminación no es un delito sino un derecho.

Un derecho que estamos ejerciendo en Catalunya pese a quien pese en España y garantizará la liberación de nuestros políticos, cuando la República catalana independiente sea un hecho.

sábado, 16 de febrero de 2019

La manzana está en el aire

Ya tenemos encima las elecciones otra vez. 2015, 2016, 2019. Todo un ciclo de crisis. Menos mal que, según Aznar, antes se romperá Catalunya que España. De momento, la único seguro es que Catalunya ha hecho caer dos gobiernos españoles en menos de un año. Ábrese aquí amplio concurso se sabios comentaristas sobre Sánchez, su destino, el PSOE, los barones, Catalunya, el independentismo (o diabólico secesionismo, según) la derecha nacional, los vendepatrias, los plazos, las posibles coaliciones, en fin, toda esa sarta de vaciedades con que llenan las ondas sonoras y visuales como si dijeran algo.

Palinuro se limitará a un análisis pomáceo.

Las elecciones abren un periodo de incertidumbre, de competición, de lucha por conseguir el triunfo que cabe representar en una manzana, elemento en innumerables leyendas, símbolo del triunfo y de la bienaventuranza.  Las manzanas doradas garantizaban la inmortalidad a los dioses nórdicos y wagnerianos. Algo parecido a la manzana de Samarkanda, de las Mil y Una Noches, que cura todos los achaques físicos y, por tanto, muchos psíquicos también, pues  lucir joven cuando se es viejo enardece el espíritu. No es seguro que también cure los achaques morales. No consta que la de Samarkanda lavara las conciencias como las conciencias lavan los capitales, ni que dejara libres de culpa a la sarta de ladrones del PP. 

Las manzanas simbolizan pues la victoria sobre la enfermedad, sobre la muerte, ¡cómo no sobre unos adversarios políticos que son unos granujas! De ahí que todos las anhelen como anhelaba Euristeo las manzanas doradas del jardín de las Hespérides. Simboliza el momento decisivo entre la derrota y la victoria o, exagerando un poco, entre la vida y la muerte, como la manzana en la cabeza del hijo de Guillermo Tell.

El resultado de elecciones abre el camino a la metáfora de la manzana del bien y del mal, con la que ha empezado nuestro peregrinar en esta tierra y el pecado original del querer saber. Sánchez dice siempre que el independentismo no es mayoritario en Catalunya. La manzana del árbol del conocimiento de las elecciones le permitirá hablar con veracidad, con los resultados sobre la mesa, no las especulaciones.  Les elecciones convocadas de improviso son la antesala de las municipales y algunas autonómicas, y están llenas de incertidumbres ya que las decisiones sobre las generales introducen cambios en los pocos o muchos acuerdos que haya o vaya a haber en estas últimas por cuanto la política municipal es siempre un ámbito muy peculiar de cada caso.  Aunque, como los resultados electorales tienen siempre un elemento de azar, a alguno puede caerle en la cabeza, como la manzana en la de Newton. Y quizá no le sirva para formular la ley de la gravedad pero sí la doctrina del partido más votado que, a diferencia de la ley de la gravedad, varía según nos interese.

Si no le cae sobre la cabeza, puede caer sobre la mesa del banquete de bodas, arrojada de pronto por Eris entre las tres diosas, Hera, Afrodita y Palas, con lo que se originó la guerra de Troya. Hoy más difícil de comprender que ayer cuando las tres diosas que se disputan la manzana de la discordia son Casado, Ribera y Abascal, entre cuyas escasas gracias deberá decidir el electorado de derechas.

Las manzanas se usan tácticamente. Las relaciones entre el Estado y Catalunya se ajustan a las manzanas doradas del mito de Atalanta e Hipómenes que, hasta ahora, había funcionado. Siendo Atalanta (Catalunya) más veloz que Hipómenes (el Estado), este ganaba la carrera porque iba arrojando por el camino manzanas de oro o presupuestos generales de él mismo (PGE) que Atalanta se paraba a recoger y aprobar a cambio de unas migajas, con lo que, al final, perdía la carrera. Pero ya no. Eso se ha acabado:  Atalanta no se para a recoger las manzanas-presupuestos y ahora gana la carrera a la independencia.

Por ello, la manzana en el aire electoral toma un tono siniestro ante la posibilidad de que triunfe el trifachito, trifalito o trichulito. La manzana está envenenada y, al morderla Blancanieves (el PSOE), cae otra vez en un profundo letargo del que vendrá a sacarla el beso del príncipe (Podemos), que. no habiendo alcanzado el cielo, se hace un hueco en la tierra, al amor del partido que pretendía destruir por ser casta.

La manzana mordida es el símbolo de Apple, que apareció primeramente con los colores del arco iris, dizque en homenaje a Alan Thurig, que se suicidó mordiendo una manzana envenenada con cianuro. Quizá tenga que ver con ello ese momento en que Rivera, al dar un "canutazo" a la prensa antes del glorioso ridículo nacional del domingo pasado, se hace fotografiar ante dos banderas arco iris traídas a propósito, en demostración de respeto a los símbolos.

Para los independentistas, la manzana lanzada al aire por Sánchez plantea una cuestión que pasa del campo especulativo al práctico con urgencia. ¿Qué hacemos? ¿Participamos en las elecciones generales del país que consideramos vecino? Y, si participamos, ¿cómo? 

Hay quien dice que siendo República, carece de sentido participar en elecciones ajenas. Sin embargo, es indudable que las circunstancias prácticas de fuerza mayor obligan a participar: las decisiones adoptadas en el órgano electo (Congreso) son vinculantes en Catalunya, salvo caso de confrontación directa y entonces hablamos de otra cosa. Esas decisiones serán más duras si toda la representación que Catalunya envía a las Cortes está compuesta por partidos anti-independentistas. Del lado positivo ha de advertirse que, si participamos, seguiremos teniendo una palanca legal de presión sobre el legislador y, cuanto mayor sea la representación, más eficaz será la palanca.

Si se decide acudir a estas elecciones, antesala de las municipales/autonómicas, ¿cómo se hará? ¿Con lista única o listas separadas? Y ¿qué listas? ¿Acudirá la Crida? Es de suponer que la CUP, no. La primera cuestión, si lista única o separadas, es menos importante de lo que parece, a reserva de si la ley d'Hondt opera marginalmente a favor o en contra, pues no cabe predecirlo. La presentación o no de la Crida es lo problemático. No parece que el aura de "partido del Presidente" sea aquí relevante y, en cambio, puede generar confusión. Quizá lo más práctico sea seguir como hasta ahora, con ERC y JxC. La Crida tiene su campo natural no en unas elecciones estatales, sino nacionales.

La sabiduría popular tiene la mejor opinión de las manzanas: "One apple a day keeps de doctor away". Una elección al día parece excesivo, pero, cada cierto tiempo, es saludable.

viernes, 15 de febrero de 2019

Armagedoncillo

España es un país de risa. Lo ha sido siempre, a pesar de sus gestos y torvas miradas y a excepción de largos periodos gobernada por asesinos como Franco. De risa es que, cuando Catalunya sea independiente, habrá de erigir sendas estatuas a M. Rajoy (a) Sobresueldos y Soraya Sáenz de Santamaría (a) Ratita hacendosa por haber hecho más que nadie por romper el país.

Precisamente los dos herederos ideológicos de Franco son quienes han propiciado la independencia de Catalunya y la ruptura de España gracias a su infinita estulticia, su autoritarismo y su corrupción. Pocas palabras bastan. Santamaría presumía de que Rajoy y ella habían "descabezado" el independentismo. Los únicos descabezados han sido ellos.

El post se titula Armagedoncillo para subrayar la miseria y el desastre del Estado español. Esta copiado del nombre que un implicado dio a una de las habituales charranadas del PP, un partido de gobierno en España compuesto básicamennte por malhechores a las órdenes de un corrupto, Rajoy,  la gestapillo por la cual estos sinvergüenzas de la derecha se espiaban unos otros. Gracias a todos ellos, hoy España está ya a escasa distancia del sumidero de la historia.

La sala del Supremo, presidida por un magistrado bajo sospecha de nepotismo y compuesta de franquistas sociológicos, o sea, jueces de pacotilla, ha hecho lo que ha podido para conseguir que el juicio fuera secreto: un lugar reducido para que solo quepa la claque vociferante de los fascistas españoles; negativa a autorizar observadores extranjeros; retrasmisión por TV o forma de censura; prohibición de que retrasmitan otras que no estén autorizadas por la española, o sea, el gobierno. Pero no lo han conseguido y hoy el proceso-farsa, es má visible internacionalmente que nunca.

Han puesto al ministro de Asuntos Catalanes, el catalanófobo Borrell, a propagandear por el mundo en defensa de los métodos tiránicos de España, la iniquidad y el abuso de los derechos fundamentales, cosa que hace encantado porque es un ejemplar acabado de socialfascista. Pero no es eficaz, como cabía suponer. Así que ha contratado a una ayudante (por supuesto, con una paga estratosférica) para que lo ayude en hacer propaganda contra Cantalunya, Irene Lozano, que manda en el proyecto "España global", con el que se da seguimiento al desastre de inutilidad, corrupción y despilfarro que fue la "Marca España". Una antigua militante de UPyD, para quien el referéndum del 1-O equivale a una violación por haberse hecho sin permiso de la autoridad (in)competente.

Los socialistas son tan autoritarios, catalanófobos e ineptos como los del PP. Tratando de salvar este castillo en la arena de la corrupción, Pablo Iglesias, indigno alcahuete, presionó hasta el último momento a Puigdemont para aprobar los PGE que estos demagogos vendían como los más sociales. El MHP dijo que no, como era lógico, y Podemos todavía ha de explicar al personal en qué se diferencia del PSOE, aliado perpetuo de la derecha, y al que quería sustituir. Un PSOE que, horas después, unía sus votos a los del PP y C's para tratar de impedir que Puigdemont hablara en el Parlamento europeo. Y eso mientras le pedía el voto favorable a los PGE.

En este proceso no se juzgan hechos, delitos; se juzgan ideas e ideologías y se comete una gran injusticia con los acusados. Es una farsa indigna de la Europa del siglo XXI, un atropello cometido por gentes sin autoridad moral ni competencia técnica para hacer lo que hacen. En definitiva, no se juzga a los presuntos rebeldes, sino al Estado español a través de su "justicia". Esta ha quedado retratada en su siniestra autoridad gracias a las dos declaraciones de los acusados hechas hasta el momento, la de Junqueras y la de Forn, ejemplos de coherencia, altura, compromiso y autenticidad, cosas ellas que los burócratas juzgadores ni huelen. 

Escúchense asimismo las intervenciones de las defensas y las de las acusaciones. La diferencia de nivel es abismal. Las defensas realizaron exposiciones de rigor jurídico, claridad política, altura ética. En algunos casos, verdaderas piezas de oratoria forense, esa capacidad que Cicerón valoraba por encima de todas las cosas. Frente a ellas, los oscuros e incompetentes funcionarios públicos, los dos fiscales y la abogada del Estado con unos alegatos que oscilaban entre la agresividad inquisitorial y la pura ignorancia con facetas de franco ridículo. Moverían a risa de no tener en sus inmorales manos los destinos de personas inocentes y mucho mejores y más inteligente que ellos. Que estos individuos vivan de los impuestos que pagan los contribuyentes es una prueba del grado de degeneración a que ha llegado España.  

De la basura de Vox haremos como el propio presidente del Tribunal: callar y hacer callar.

jueves, 14 de febrero de 2019

El día del juicio

Mi artículo de ayer el elMón.cat, titulado El principio del fin. Es un juicio sobre el juicio que tiene sin juicio, como a don Quijote, a medio mundo.

De todas las penosas intervenciones de las acusaciones ayer, un conjunto de simplezas, falsedades, incongruencias y falacias, me quedo con la reiterada justificación de los límites a la libertad de expresión. Es la prueba evidente de que este es un juicio político, o sea, una farsa. Si de lo que se trata es de probar delitos, es decir, hechos, ¿a qué viene lo de los límites a la libertad de expresión? Está claro, a dejar fuera de su alcance como derecho determinadas manifestaciones, por ejemplo, las independentistas; a convertir en delito el independentismo, una ideología. Y, de esa falacia, colgaron luego sus amazacotadas consideraciones sobre la autodeterminación, la soberanía, etc.

El gancho era la libertad de expresión que, sostenían las acusaciones, no es un "derecho absoluto"; por encima está la unidad de la patria, que no se puede mancillar de obra ni de palabra. En efecto, no hay más que mirar la triste historia de los Estados Unidos, sometidos a la tiranía del carácter absoluto de la libertad de expresión, clavado en la 1ª enmienda de su Constitución: "El Congreso no aprobará ley alguna que imponga una religión o impida su libre ejercicio, ni que restrinja la libertad de expresión y de prensa..." ¡Pobres Estados Unidos, esclavizados por la libertad de expresión absoluta, desconocedores de la fina jurispericia de los fiscales y acusaciones españolas! Casi 250 años padeciendo los horrores del libertinaje por no querer imitar el modelo español y su brillante historia.

En fin, después de escuchar con mucho provecho a las defensas, ejemplos de competencia profesional, nivel jurídico, claridad política y consistencia ética, hoy toca escuchar a los acusados. Hombres y mujeres que llevan más de un año injustamente encarceladas/os y sometidos a un procedimiento penal inicuo que no debiera ni haber comenzado.

Hombres y mujeres que se enfrentan a decenas y decenas de años de condena por haber cumplido un mandato democrático por convicción ideológica. 

¿Y se atreven a decir que no es una persecución política cuando una de las acusaciones es un partido político contrario a los de los acusados?

Aquí el texto en castellano: 


El comienzo del fin
                                                                                                                             
Creían que reunirían masas ingentes en Colón. Estaba seguros ellos y sus adversarios. Estaban tan seguros todos que hasta los socialistas se acobardaron (para lo que no hace falta mucho) y Sánchez, asustado, denunció a voz en grito el derecho de autodeterminación, a Satanás, sus pompas y sus obras. Los jueces aprovecharían para mostrarse íntegros, asegurando que no se doblegan a la presión de la calle.

Pero no hubo presión. Casi no hubo ni calle. Cuatro gatos pardos mal contados. Y era previsible.  Que un partido trufado de delincuentes y corruptos, mandado por un parásito, un señorito chillón,  venga a salvar la patria, aliado a un aventurero sin principios y un fascista de manual con pistola al cinto, ya no cuela ni entre españoles.

Y la publicidad. Pensaban que podrían reducir el eco del proceso a las paredes de la sala y la prensa amiga de Madrid, nutrida de fondos reservados. Y han venido a controlar hasta periódicos de las antípodas. Pensaban ventilar la tarea en alguna covichuela llena de oropel, pero sin que trascendiera su comprada iniquidad. Pensaban que podrían bajar al cieno de lo exquisitamente “técnico-jurídico” y la sala se les ha convertido en una tribuna mundial desde la que unos políticos perseguidos injustamente darán a conocer su causa. Realmente cabe preguntarse si en realidad pensaban o están tan acostumbrados a la impunidad de los herederos del franquismo que no se molestaban en hacerlo.

Y se encuentran en una situación que no saben resolver. Si absuelven, darán alas al independentismo. Si condenan, también y, además, no hay modo de ocultar tanta sinvergonzonería en el oscuro lodazal que llaman España. El mundo entero está mirando cómo un tipo que enchufó irregularmente a su hija tiene el rostro de juzgar a los demás. Y el tipo está solo bajo los focos. El gobierno que impartió las primeras órdenes de ataque judicial ha caído y el actual no acaba de colaborar del todo en disfrazar de judicial una pura persecución política. Aunque quizá sea solo por incompetencia; no por falta de voluntad.

Otro que vive en el limbo, el gobierno. Sánchez sigue contando a quien quiere escucharle su patraña preferida de que el independentismo no es mayoritario en la sociedad catalana, como si la gente no tuviera ojos ni juicio para discernir las mentiras de este embustero compulsivo. Es obvio que no sabe de lo que habla, como su asesor Borrell, un catalanófobo furibundo con licencia para engañar impartida directamente por el Borbón, a quien no conviene perder de vista porque es quien, como siempre, está moviendo los hilos de la enésima astracanada reaccionaria española.

Realmente, el proceso del 1-O es una bomba de relojería activada con esta burla hispánica al sentido contemporáneo de justicia. A cada hora y día que pasen el mundo verá que el Tribunal Supremo español actúa como la justicia de Peralvillo a las órdenes de los gobernantes. La sentencia negando una vez más el sagrado derecho de igualdad entre los catalanes y los españoles consagrará la ruptura entre España y Catalunya y, al día siguiente al fallo aquí habrá dos países: una monarquía corrupta y una república emergente.

Y entonces quizá comprendan los gobernantes españoles que la independencia de Catalunya se la han ganado los catalanes por sí solos, pues no han tenido apoyo o solidaridad activa alguna, salvo minúsculas excepciones, en el resto del Estado. Sí han tenido oposición, rechazo y represión de los administradores fieles de la herencia de Franco y quienes, debiendo haberlos combatido, también la han hecho suya, como son las tristes y claudicantes izquierdas españolas.

La ayuda ha llegado, paradójicamente con el desprecio, el abuso colonial y la  incompetencia autoritaria con que las autoridades españolas de derechas o de izquierdas han tratado de extirpar el anhelo de libertad de un pueblo, basado en sus legítimos derechos nacionales. La perpetuación de este abuso secular y su desvergonzada imposición a golpes de porra y de mazo judicial han acabado inclinando la balanza de la historia del lado de la independencia catalana.

miércoles, 13 de febrero de 2019

La verdad del teatro

Este psicodrama colectivo en que el unionismo español de derechas, izquierdas y extrarradio ha hundido el país es ya tan complicado que huele a desenlace. En Hamlet, la verdad sale a la luz en una obra de teatro, "La muerte de Gonzago", que el príncipe ordena escenificar a unos cómicos en Elsinor. Es un ejemplo de la archicomentada paradoja del teatro dentro del teatro que ha hecho correr ríos de tinta sobre las relaciones entre la realidad y la ficción. La vida es teatro y se representa como tal, y, dentro de la representación, se escenifica otra obra teatral que contiene la clave para entender todo el enredo.

Paralelamente, en España, el teatro del sistema político de la IIIª Restauración no consigue desenredarse ni exponerse coherente o autónomamente por más que lo intenta. Y no puede, ya que depende de un conflicto, el de España-Catalunya, que, a su vez, no controla porque se dirime en otros lugares. ¿En cuáles? De un lado, en la efervescencia de la sociedad catalana, la evolución del sistema político catalán que poco o nada tiene que ver con el español. De otro, el teatro dentro del teatro ("La muerte de Gonzago", "La causa contra el independentismo"), que corresponde en este caso al proceso en el Supremo, convertido en la representación dentro de la representación y en la que se revela la clave del embrollo: en Hamlet, el asesino del padre, en La causa contra el independentismo, los rebeldes culpables. El asesino de Hamlet se descubría él solo; los rebeldes no solo no llevan ese camino sino el contrario, el de probar en el escenario judicial que su rebeldía es política, ideológica, pero no penal y que, por lo tanto, el proceso es una farsa. Y, al revelarse como farsa, descubre la verdad del teatro político español, empeñado en llamar Estado democrático de derecho a una clara tiranía de la mayoría con ribetes coloniales.

El primer día de este teatro dentro del teatro español no pudo ser más característico. La aviesa intención del tribunal de aplicar la "justicia" del enemigo queda patente en todos los momentos, tiempos, plazos y protocolos procesales por nimios que sean. Desde llenar el escaso aforo de legionarios de Cristo o similares hasta hostigar a los procesados, obstaculizando su derecho a la defensa por todos los medios, físicos y psíquicos. Las arbitrariedades, el comportamiento de unos policías no identificables, las restricciones caprichosas, todo va quedando patente a los ojos del mundo. Es imprevisible en qué pueda acabar este esperpento, jalonado de irregularidades que han hecho trizas toda esperanza de un juicio justo. Todo el mundo tiene por segura ya antes de empezar la última y contraria palabra de las instancias judiciales europeas. Hasta el tribunal la da por pronunciada, con la consiguiente tendencia a hacer de su toga un sayo. 

Las defensas siguieron dos líneas, la más técnica, atenida a las cuestiones específicas en un proceso penal y la más política que cuestionaba la legalidad y, por supuesto, la legitimidad de toda la causa. Los dos criterios son complementarios y deben seguir siéndolo, pero el de mayor impacto mediático es el político. Quizá haya una diferencia de matiz en el objetivo propuesto (conseguir el fallo más favorable para el defendido o el mayor eco posible para la finalidad común de la independencia de Catalunya), al margen de las consecuencias judiciales. Pero eso no es importante, en tanto no dé lugar a contradicciones. 

El intento del sistema político español (los diputados, los medios, los analistas, el Ibex, etc.) de seguir funcionando como si no hubiera proceso político y como si los poderes estuvieran separados, ha sido un fracaso mayor que el de la manifa del trío calaveras en Colón. Enfocar desesperadamente el asunto en el pretendido interés general de los PGE, llamando "normalidad" a una situación en que unos presos políticos están siendo juzgados en un procedimiento inquisitorial no sirve de nada. 

La política española depende de la catalana y el conflicto no podrá resolverse si no es dialogando (pero no al estilo Sánchez, sino de verdad) sobre todo, negociando algo para conseguirlo todo: la estabilidad de la monarquía española y la república catalana como vecinas bien avenidas.  

Por cierto, el hallazgo de la foto del juicio a Companys con que se ilustra el artículo, es muy significativa. Sin embargo, si es en verdad una foto de Companys (no me atrevo a pronunciarme), lo que sí parece es que no corresponde al juicio brevísimo y sumarísimo de guerra que se le siguió en Montjuic ante un tribunal militar por "adhesión a la rebelión militar". Pero no haya cuitas, probablemente corresponde al juicio que se le siguió en junio de 1935 ante el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República por el delito de rebelión por el que fue condenado a 30 años de reclusión. 

Nada nuevo bajo el sol imperial; ese que, en algunos sitios, se obstina en no ponerse.

martes, 12 de febrero de 2019

Sin vuelta atrás

Hoy comienza este esperpento judicial en un clima de conmoción política exacerbada. La gran concentración patria con la que las derechas pensaban arropar a sus jueces en la dura tarea de impartir justicia al enemigo quedó en una lamentable verbena. Por eso, precisamente, ha dejado aislado a su destacamento de vanguardia en la judicatura que ahora ha de llevar adelante la tarea de condenar jurídicamente comportamientos políticos perfectamente legales. No existe el fervoroso apoyo popular con que los jueces contaban.

Lo que sí hay es un grado insólito de atención mediática, tanto española como catalana y de numerosísimos otros países. Cientos de periodistas acreditados. Y el tribunal se niega a reconocer los observadores internacionales, a dar facilidades a los medios y el ministerio del Interior prohíbe el acceso a las televisiones. Cuanto más quieren tapar esta ignominia, más se revela como lo que es: una ignominia.

Ninguna norma justa puede autorizar a alguien a ser juez y parte. Y eso es lo que hay aquí, en donde unos jueces que deben su existencia a la del Estado español, en cuyo nombre administran justicia, han de juzgar a quienes quieren dejar ser parte de ese Estado, no por la violencia, sino pacífica y democráticamente, como se disuelve cualquier otra asociación. A quienes aspiran a separarse de ese Estado en cuyo nombre ellos administran su justicia. No es justicia. Es injusticia.

En primera fila estarán el presidente de la Generalitat y el del Parlament, los otros dos poderes catalanes. Su presencia hace patente que en esa sala se juzga una ideología, un programa político y hasta unas instituciones. Ante tamaño desatino, les pequeñeces y triquiñuelas para tratar de endosar a los acusados delitos del código penal, quedan reducidas a trucos baratos. Los independentistas llegan dispuestos a convertir el juicio en una plataforma con una proyección mundial inaudita. Como, además, entre sesión y sesión, la sociedad catalana estará en movilización permanente, aquí tenemos unos meses por delante en los que puede pasar cualquier cosa. 

Parece mentira que los gobernantes, estos y los anteriores, movidos todos por los mismos prejuicios, hayan sido incapaces de calibrar la crisis que estaban desatando con su absurda negativa por principio y al principio a tratar la autodeterminación. Y ahí sigue el actual, como buen empecinado. Los da la tierra.

Catalunya hizo caer el gobierno Rajoy y Catalunya está a punto de hacer caer el gobierno Sánchez. La tensión se resuelve hoy mismo. Si el socialista sigue cerrado en banda a hablar de autodeterminación, no habrá PGE y, sin PGE, con los jabalíes de la derecha atacando sin tregua, tendrá que convocar elecciones. Puede hacerlo, ahora que ve que no es tan fiera la fiera como se pinta a sí misma y que el PSOE lleva las de ganar en condiciones óptimas, con un compañero de sidecar, Podemos.

Pero a los efectos catalanes, esto es irrelevante. El planteamiento de Torra es un planteamiento político. Y sumamente razonable. Una política de negociación clara y abierta debiera tener un apoyo parlamentario razonable en España. Y, caso de que este fallara, por deserciones unionistas en el PSOE o Podemos, esa política de negociación sería la que habría de someterse a juicio del electorado. 

Tengo para mí que el resultado permitiría consolidar la negociación y hasta acabar con la vergüenza de esta persecución político-judicial. Puede resultar una visión optimista, pero está blindada por la seguridad de que el procés sigue adelante con independencia de lo que suceda en el país vecino. Que sigue adelante con presas y exiliados políticos. Que sigue adelante, incluso frente a un incremento de la represión de un hipotético gobierno de concentración nacional inspirado por la derecha. En peores situaciones nos hemos visto. 

Ese seguir adelante es un compromiso que ha calado hondo en la sociedad catalana, porque viene de muy atrás; que ha calado en esta generación y en las siguientes. Y no tiene vuelta atrás. 

lunes, 11 de febrero de 2019

Las dos naciones

Como suele suceder en España desde el siglo de oro, la montaña del bragadoccio tradicional, el energumenismo patrio, el vociferante franquismo, ha parido un ratón. O 45.000 ratones, que viene a ser lo mismo. "Fuese y no hubo nada".

Atruene usted los aires con los clarines de combate, llame a los vivos, a los muertos y a los de los luceros. Págueles, generoso, el viaje y añada un bocata. Convoque a las legiones fraternas, los camaradas del fascio y a los quintacolumnistas incrustados en otros partidos, especialmente el PSOE. Clame contra el ultraje a la unidad de la Patria. Denuncie la Antiespaña separatista, exija la marcha del traidor Sánchez, obligado a convocar al pueblo español a elecciones. Y, entre tanto, demande la detención inmediata de los líderes independentistas en libertad. Españoles: peligra la unidad que Franco nos encargó que preserváramos a toda costa. Toque  zafarrancho de emergencia nacional

...y le acuden 45.000 almas. El ridículo es descomunal. Y fuente de comparaciones humillantes. Aquí no va a haber ni la habitual pelea por la cantidad de asistentes. Se conocían todos. Puigdemont recuerda que 45.000 fuimos a Bruselas pagándonoslo de nuestro bolsillo. Otros cálculos hacen risa de las proporciones. 45.000 de 7 millones son un 0,64%, mientras que de 45 millones, son un 0,1%. Hay incluso quien recuerda que, en Colón, había nutrida representación catalana-española, mientras que en Bruselas no había más españoles que los DNIs. A lo cómico de los números se unen las inevitables anécdotas berlanguianas: el ex-ministro del Interior, Fernández Díaz, el de la ley Mordaza, los fiscales afiladores, la policía política, la demolición de los sistemas sanitarios, las condecoraciones a la Virgen, el Valle de los Caídos y las procesiones a Lourdes, aseguraba contundente que se manifestaba porque "ya está bien de aguantar". Y, curiosamente, no se refería a él mismo. 

Esta chufa fenomenal del integrismo español muestra con claridad meridiana la situación actual en un sentido profundo. Tomo el título de una novela de Benjamin Disraeli, Sybil o las dos naciones, que formula el programa político del conservadurismo británico en el siglo XIX: la reconciliación de los ricos y los pobres a base de denunciar la mísera situación de estos. Llama, pues, "naciones" a los ricos y a los pobres. Una muestra de que el concepto de nación, siendo subjetivo, puede aplicarse por cualquier motivo (por ejemplo, la lengua) siempre que sea voluntariamente compartido por un pueblo. 

Catalunya es una nación por voluntad expresa de la mayoría de la población y nadie, ningún tribunal, puede negarle esa condición. Lo ha demostrado fehacientemente. La comparación más destructiva con la ridícula manifa de ayer es con la participación en el referéndum del 1-O. A un llamamiento en pro de la respectiva nación, al de la catalana acuden más de dos millones en condiciones de amenaza, hostigamiento y represión, mientras que al de la española solo lo hacen 45.000, en jornada tranquila y con el viaje pago. 

Nadie duda de que España sea una nación, aunque solo acudan a su angustioso llamado 45.000 personas. Menos, pues, ha de dudarse de que lo sea Catalunya, a cuyo llamado acuden millones. El derecho de Catalunya a ser tratada como lo que es, una nación, es igual al de España. No más, pero tampoco menos, y debe ser reconocido sin ambages como justo tributo a la voluntad tozuda, secular, de los catalanes de perserverar en su ser nacional. Quien falte al respeto a esta voluntad colectiva de otros no puede tenerlo por la que supone propia. 

Se dirá que, si la convocatoria de Colón hubiera ido firmada por todos los partidos españoles y no solo el trío de la bencina, la asistencia hubiera sido muy otra. Es posible, aunque muy dudoso, y, desde luego, impensable, dada la enemistad cerrada entre la derecha y la izquierda españolas. Porque este es el problema: los nacionalistas españoles no comparten la idea de España, mientras que los indepes catalanes sí comparten la suya de Catalunya: una República independiente.

Cuando el servicio municipal de limpieza retire las ajadas banderas que ayer ondeaban al viento, y se aquiete la barahúnda, se verá que España, el Estado español, no tiene nada que ofrecer a Catalunya y, por eso, no quiere negociar. Se verá también que tampoco está en condiciones de amenazar porque, en contra de los augurios de los medios unionistas, carece de apoyo popular. Y, por eso, no tiene otro remedio que negociar. 

Sánchez insiste en que el independentismo no es mayoritario en Catalunya. Nadie sabe de dónde saca ese dato cuando los conocidos dicen lo contrario. Es decir, Sánchez miente porque teme que, si se autoriza el referéndum, lo pierde. Como todas las mentiras, se mueve en el terreno de la confusión. Lo que sí está claro, en cambio, es que lo que no es mayoritario en España es el unionismo vociferante, reaccionario, nacional-católico y franquista.

La castaña de las huestes apostólicas abre una ventana de oportunidad para el presidente español. Una buena ocasión para enmendar sus yerros: Torra lo invita a perder el miedo, y hacer propuestas constructivas y lo mismo hace Tardà para quien, con una mesa de negociación sobre la autodeterminación (entre otras cosas, no haya miedo), hasta pueden aprobarse los presupuestos, si no lo he entendido mal.

Un juego político democrático, propio de un Estado de derecho, abriría está posibilidad. El coste para Sánchez sería alto, pero fugaz: bastará con que olvide la machada de que, mientras él sea presidente del gobierno, no reconocerá el derecho de autodeterminación. Si le molesta tragarse sus recientes palabras (aunque en otras ocasiones no tuvo reparos), sírvase de precedentes. El rey Balduino de Bélgica abdicó transitoriamente para no tener que sancionar una ley pro aborto que iba contra sus convicciones. Pasada la ley, Balduino recuperó su trono. Haga lo mismo Sánchez: pida una excedencia mientras se acuerda un referéndum de autodeterminación en Catalunya, que es la única salida a este conflicto.

Vuelva el gobierno a la mesa de negociación, de donde no debió levantarse por miedo a los energúmenos. Vuelva y entable negociaciones en las que pueda hablarse de autodeterminación. Recupere el relator y hasta asciéndalo a mediador. Era una buena idea.  No se arredre por la farsa judicial. Desentiéndase de ella. Es el mismo barullo que en Colón, pero con togas. Y no me extrañaría que algunos magistrados hubieran ido a la concentración. Lo de las presas y exiliados es una injusticia que ha de resolverse; y de autodeterminación hay que hablar. Las ideas no muerden. Muerden quienes las prohíben, y ahora se ha demostrado que los que las prohíben quieren seguir mordiendo; pero ya no tienen dientes.

Solo los que quiera prestarle el gobierno con la excusa de la continuidad institucional.

domingo, 10 de febrero de 2019

Banderas al viento

Sí, señor, un mar rojigualdo inundará hoy el centro de Madrid. La España invicta, la de Covadonga, el Cid, Las Navas de Tolosa, Trento, Pavía, Lepanto, Bailén, el Ebro. La España del Cid, el Gran Capitán, Cortés, Pizarro, Franco. La España católica, evangelizadora y cañí. Las alegres escuadras. Un llamamiento a la conciencia de la raza. La España profunda. 

Por la unidad de la Patria. Allá van todos, castellanos, andaluces, extremeños, muchos catalanes, astures, canarios. La unidad de los hombres y las tierras de España del testamento de Franco, confiado luego a su "sucesor a título de rey", Juan Carlos de Borbón. Un tsunami de unionismo patriótico, de los verdaderos españoles.

¿Quién pone en peligro la unidad de la patria? Los independentistas catalanes y el traidor Sánchez. Al concentrarse la manifestación en los dos puntos, "unidad de España" y "traidor Sánchez" se pone más de relieve el fin implícito: todos contra Catalunya. "Catalunya, culpable", como antaño fue "Rusia, culpable" para los antecesores ideológicos de estos agitadores callejeros. Catalunya es la Antiespaña y Sánchez, traidor por habers entregado a ella.

El relato de la jornada dará para abundante anecdotario del pintoresco foro público español. Acuden las derechas como un solo hombre, llamado por la legión, "con razón o sin ella",  aunque mirándose de reojo para no contaminarse mutuamente. Pero todos a la tarea de llenar la plaza de Colón con las gentes de España, mucho autobús y mucho bocata. Y episodios chuscos, como el de Corcuera, abanderado de la Hispanidad. Ya lo era de ministro. Pero entonces se limitaba a dar patadas a las puertas.

Hasta los suyos echan mal de ojo a Sánchez que, en su afán por sacar los presupuestos, casi se pilla los dedos en los vericuetos de febriles negociaciones. Al final, un whatsap de la vicepresidenta liquidaba la mesa, el diálogo, la negociación y hasta el recuerdo de los hechos más recientes.  Sánchez remataba contundente: mientras él sea presidente, no reconocerá el derecho de autodeterminación. Para demostrar que no es un traidor, corre a echarse en brazos de quienes así lo califican. 

Y eso a escasos dos días del comienzo de esa farsa del juicio al independentismo que se sigue con mucho interés en Europa y provocará reacciones de todo tipo en la sociedad catalana. Con unas elecciones municipales y autonómicas en ciernes y quizá unas generales anticipadas si Sánchez no puede gobernar sin presupuestos. 

En esta situación convulsa, cuanto mayor sea el ruido, más evidente la impotencia. El griterío de hoy bajo la banderaza de Aznar evidencia la frustración del unionismo al ver que no consigue doblegar el independentismo. Eso ya solo puede hacerse convirtiendo en dictadura abierta en Catalunya la hasta ahora "democrática" tiranía de la mayoría. 

El clamor colombino será por nuevas elecciones. De ellas se espera un gobierno de salvación nacional con solida mayoría parlamentaria de la derecha. Un gobierno contra Catalunya. Algo inútil porque es imposible gobernar España contra Catalunya. 

Sobre todo porque ya es un asunto europeo.

sábado, 9 de febrero de 2019

¿Por qué no?

Trataron de sacar los presupuestos hasta el último instante. Calvo exigió la retirada de las enmiendas a la totalidad. Como no lo consiguió, rompió el diálogo y todas las nebulosidades sobre "relatores", negociaciones. Todo falso.

Como falso era aquello de "en ausencia de violencia, se puede hablar de todo." De nada; no se puede hablar de nada. No hay nada que negociar, nada que dialogar. Pero el gobierno sigue diciendo que ofrece diálogo.

Al mismo tiempo, aprovechando la ruptura, levanta la antorcha del unionismo más acendrado: no aceptará nunca un referéndum de autodeterminación. Razones no hacen falta muchas porque se habla respaldado por la razón última, la fuerza. No se admitirá nunca un referéndum de autodeterminación porque no.  ¿Por qué no? Básicamente, por el temor a perderlo. Y ¿por qué puede perderse? Por haberlo prohibido. Si se hubiera hecho hace años, los unionistas lo habrían ganado. Pero, para ello, hubiera sido necesario que los gobernantes entendieran el país que gobernaban y España no sería España. 

La llamada "cuestión catalana" sin duda es muy grave; gravísima para la idea de España del unionismo. Pero, con todo lo grave que es, no es el motivo del ataque de la derecha. Toda la gama de colores de esta, del azul al pardo, saldrá a la calle a defender la unidad de España y a cantar el Cara al sol. Pero Sánchez yerra si piensa que el móvil de la derecha es el que dice y que rechazando la autodeterminación quedará libre de ataque.

El ataque de la derecha es contra él y su gobierno que, por un lado o por el otro, no tiene salvación. Sin PGE no podrá soportar la presión por elecciones anticipadas. Podría haber salvado las cuentas con los votos de los indepes aceptando una mesa de negociación sin topes, hablando de autodeterminación. Eso si fuera de izquierdas, pero su exigua mayoría parlamentaria seguramente no le aguantaría y algunos diputados de su propio partido desertarían

Echarse en brazos del facherío mostrándose granítico con Catalunya no le sirve de nada  porque a la derecha no le importa Catalunya. Lo que quiere es gobernar España a su modo; o sea, esquilmarla en provecho de los suyos, como viene haciendo el PP. El resto no cuenta.

Todo el alboroto que la carcunda está montando contra Sánchez a causa de Catalunya se calmará si hay elecciones y estas posibilitan un gobierno de derechas en alguna de sus posibles combinaciones. En cuanto a sus relaciones con Catalunya, si las circunstancias lo permiten, procederá arrasando el autogobierno catalán. Si las circunstancias no lo permiten, abrirá un proceso de negociación con el independentismo en el que recurrirá a todas las propuestas que ahora ha demonizado en los socialistas. Y hasta más.

No le importa la unidad de España. Le importa expoliar España, a la que considera de su propiedad. A qué se llame España en cada momento, eso ya es indiferente, siempre que quede algo por expoliar. Así ha sido siempre. 

Otro día, si acaso, hablamos de cómo va a quedar la izquierda española y el sedicente Estado de derecho español tras una victoria de esta derecha.

viernes, 8 de febrero de 2019

Tots a una

Todas las organizaciones y asociaciones independentistas han acordado un calendario de movilizaciones de protesta por la farsa político-judicial del 1-O. Son cuatro jornadas de distinta naturaleza que incluyen una huelga general el 21 de febrero. 

Que haya movilizaciones es vital. Que sean unitarias aun lo es más. Que tengan apoyo y seguimiento, definitivo. 

Claro que la autodeterminación no es delito. Ni la independencia como idea, proyecto o realidad. 

El derecho de los catalanes a la autodeterminación y la independencia es igual al de los españoles a las suyas. No más, pero tampoco menos.