martes, 21 de agosto de 2018

Derrotada la vía judicial, vuelve la política represiva

Ya está todo el mundo al cabo de la calle de que la farsa judicial montada al alimón por el gobierno español, el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha sido un rotundo fracaso con aires de ridículo y consecuencias por ahora imprevisibles pero que pintan mal. La conversión de un intento de causa general contra el independentismo en un proceso judicial garantista estuvo tan repleta de irregularidades y reveses internacionales que ha quedado en un esperpento.

Esperpento que se aviva hoy con las andanzas del juez Llarena en busca de amparos frente a su triste destino que, para su congoja, quizá le sea muy gravoso y no solo en su estima profesional, sino en su bolsillo, ya que el tribunal alemán pudiera condenarlo al pago de costas. Evitar este resultado es el objetivo de la petición de amparo al CGPJ. Este, presidido por el ariete de la derecha más montaraz, Lesmes, lo ha otorgado  e instado al gobierno a hacerlo efectivo. No correspondía formal ni materialmente. La solicitud se presentó fuera de plazo y no se refiere a un procedimiento por hechos de la función jurisdiccional en sentido estricto, sino por manifestaciones personales públicas en ámbitos no judiciales que lo podrían inhabilitar como juez instructor.  No es asunto menor: tener a nueve personas en prisión durante casi un año por orden de un juez que podría haber incurrido en actos inhabilitantes es una monstruosidad y demuestra el absoluto desastre a que ha llevado la política persecutoria del PP, alentada por C's, PSOE y algunos de Podemos.

Un desastre en el que emerge la figura de presos y exiliadas, sometidos ahora a la iniquidad de un prisión que, siendo injusta en origen, redobla su injusticia al prolongarse. La responsabilidad es ahora del PSOE. Y no solo no se ha intentado reconducir la situación a un clima de diálogo con hechos como la liberación de las presas políticas, sino que se ha intensificado la represión, la confrontación política (con la presencia del rey el pasado 17-A en Barcelona) y la negligencia en el control de las bandas fascistas callejeras cada vez más claramente incitadas, si no organizadas, por C's y organizaciones parapoliciales.

El intento de desestabilizar Cataluña para justificar una intervención armada que acabe con el independentismo (como si eso fuera posible) no es un movimiento espontáneo, desestructurado, que surja ocasionalmente. Es un plan sistemático. Joan Vintró, catedrático de derecho constitucional, lo hace culminar y empezar a funcionar con la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, de 2015 con el fin de convertirlo en una obediente comisaría del gobierno. Sin duda es así en los detalles del plan; en el espíritu, en la intención, nació con el referéndum que quiso convocar M. Rajoy contra el proyecto de Estatuto de 2006 y la desgraciada sentencia del Tribunal Constitucional de 2010.

Pero el plan no sale porque la intervención de las jurisdicciones extranjeras lo ha abortado. Ha hecho imposible el teatro que pretendía montar un parlamento casi unánimemente nacional-español, con ayuda de una judicatura complaciente y unos medios estrictamente controlados para hacer pasar como acción de la justicia independiente un proceso político amañado e injusto.

Ante el rotundo fiasco europeo, vuelve la reclamación del 155 que Palinuro preveía ayer mismo (No sé cómo no han sacado el 155 a relucir). Quienes critican la judicialización (entre ellos Sánchez hace unos meses), animan a abandonarla y emprender una vía política. El problema es que, para la derecha española (en lo tocante a Catalunya todas son derechas) la política es lo que ha sido siempre: represión, palo y tente tieso. La cuestión no tiene arreglo. Judicializaban porque carecían de margen político. El PSOE no lo tiene y el PP, menos. No es que este se equivocara eligiendo la judicialización en lugar de la vía política. Es que no tenía tal vía política. Ni la tiene. Ni los otros partidos españoles.

Insisto en que solo parecen verosímiles dos salidas: estado de excepción (¿qué otra cosa es en el fondo el 155?) o referéndum pactado de autodeterminación. El Estado intentó establecer un estado excepción disfrazándolo de proceso judicial y lo ha destruido todo, la justicia y el Estado.  Ahora solo queda el 155, lo que augura mayor conflicto, o el referéndum. 

lunes, 20 de agosto de 2018

El Estado, bien, gracias

Como la vicepresidenta y pluriministra Calvo se felicita de haber recuperado la famosa normalidad de Sánchez, es lógico que "quite hierro" a las declaraciones del presidente Torra. Con una frase inaceptable, dice, no se ataca el Estado. Eso dependerá del valor performativo que la ministra otorgue aquí al verbo "atacar". El acto está en el habla. Al hablar de atacar, se ataca. ¿En qué medida? ¿Con qué consecuencias? Las que surjan del juego político entre, para entendernos, Madrid y Barcelona.

Pero este juego viene prieto. Torra pedirá explicaciones al ministro del Interior, Grande-Marlaska sobre el comportamiento intolerable de guardias civiles y policías españoles. Inaceptable/intolerable. Así estamos. Pero con una diferencia: los unos encuentran inaceptable una frase; los otros intolerables unos hechos. Una diferencia notable. 

Las derechas andan encendidas e incendiarias pidiendo mano dura contra Catalunya ahora mismo. No sé cómo no han sacado el 155 a relucir. Debe de faltar el canto de un duro. Quizá hasta ellas piensen que un nuevo 155 sería dinamitar el último puente de entendimiento y no están los tiempos para bravuras imperiales. 

La ministra trata de nadar entre dos aguas como puede, pidiendo cordura a los dos sectores enfrentados, unionistas e independentistas. Pero no consigue apaciguar los ánimos. Y no lo consigue precisamente porque no se trata de frases, sino de hechos. El gobierno tiene ante sí una verdadera rebelión civil, movida por un partido político, C's, que insta abiertamente a la población a retirar lazos amarillos de los espacios públicos, que son de todos. Eso es una falacia: son de todos, pero no como algunos determinen; nadie tiene derecho a coartar la libertad de expresión; puede ejercer la suya, pero no impedir la ajena. Así que el gobierno, además de las explicaciones sobre guardias civiles y policías españoles, tendrá que hacer algo con estos grupos de acción ilegales, los "antiamarillos"

En realidad, la perspectiva del gobierno, y del Estado español no es muy halagüeña. Es obvio que la frase "atacar el Estado" quiere decir lo que dice. Siendo la pregunta ¿hasta qué punto se dejará atacar el Estado sin reaccionar? Y reaccionar, ¿cómo? Solo veo dos opciones: a) proclamar el estado de excepción con las correspondientes consecuencias; b) negociar un referéndum de autodeterminación vinculante en Catalunya, cuestión con la que todo comenzó. De optarse por el referéndum habrá mentes maquinando soluciones intermedias entre el sí y el no. Las que se me ocurren o he leído por ahí no me parecen plausibles.

Es todo o nada. 

domingo, 19 de agosto de 2018

Consigna: desestabilizar Catalunya

¡Qué poco ha durado la alegría de la tregua ficticia que El País se había inventado! Menos de un día, dice, contrito, el periódico; y tan menos; como que no existió. Después del espectáculo de grosería, chabacanería y agresividad del unionismo,  por la noche entraron en faena los comandos fascistas encapuchados y portando armas blancas. Esta vez, traían un plan y un croquis de actuación que afectarían a varios núcleos de población. Los mossos los han detenido e identificado. Catorce individuos, uno de los cuales, al parecer, un guardia civil de paisano. Ya veremos los demás. Este es un problema grave, por más que los medios se obstinen en ocultarlo o en inventarse enfrentamientos y tumultos entre unos y otros. Los agresores son casi siempre unionistas. ¿Puede el gobierno controlar a unos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado rebosantes de franquistas y ultras que se sienten animados por el "¡A por ellos!" que comparte la sociedad española? Y, si no puede, ¿de qué Estado de derecho hablan los gobernantes y sus medios? ¿Un lugar en que la ciudadanía se ve impedida en el ejercicio de sus derechos por bandas de fascistas, delincuentes y agentes del "orden" de paísano? No es un Estado de derecho; es un Estado hobbesiano de naturaleza en el que no hay una guerra de "todos contra todos", sino una agresión permanente de los más, violentos y más armados contra los menos, pacíficos y desarmados.

Poco más tarde, Albiol, protagonizaba una de sus chulescas salidas de tono recriminando al presidente Torra su declaración de atacar el Estado injusto. A minutos del comienzo del acto de homenaje a la víctimas. Y es que esto de las víctimas no importa mucho a la derecha. Normalmente las instrumentalizan o las ignoran. Entrevistada en directo en otro lugar, Inés Arrimadas arremetía contra los independentistas acusándolos de todo lo imaginable, especialmente de politizar un acto destinado a las víctimas con tanta reiteración y fatiga que la presentadora hubo de hacerle lo que en tuiter se conoce como ¡Zasca!: "es el día de las víctimas y usted no para de hablar de política".

No hay tregua. Hay una consigna, consistente en alimentar la tensión, atacar a Catalunya por cualquier medio, sembrar la violencia y el terror con impunidad. La izquierda española se tragó la pócima de que había una nación española configurada como un Estado de derecho y una democracia cuando lo que tenía era la actualización del régimen de la dictadura blanqueada constitucionalmente. Ahora le toca beber otra peor: si no pone coto de forma contundente a la fascistización del país, acabará siendo cómplice de ella.

sábado, 18 de agosto de 2018

La ceremonia inútil

Como estaba previsto, el acto homenaje oficial español a las víctimas del 17-A ha sido una manifestación de nacionalismo español. Los convocantes -autoridades y adláteres como la SCC- habían pedido que no se exhibieran símbolos de partido porque el acto era nacional. La cuestión reside en que lo que ellos consideran nacional es partidista en Catalunya. El acto sería -y fue- netamente partidista. La idea de "todos unidos frente al terrorismo", válida en otros lugares, se convierte aquí en un absurdo (que no se salva ni aduciendo pobreza de espíritu), una provocación y un insulto. Porque en ese "todos" subyace una idea nacional que los independentistas rechazan. A esta razón general se suman las particulares de que se hayan bloqueado en el Parlamento las indagaciones sobre un atentado muy sospechoso y los responsables de haber acabado con el foco de terrorismo estén procesados y uno de ellos, encarcelado.

No había duda posible. El homenaje del Estado español era un homenaje unionista y como tal se viviría. El todos unidos contra el terrorismo escondía la pepita de la unidad nacional. Y el homenaje fue, por este orden, a España y al rey. Las víctimas eran el pretexto para un acto de Estado, impuesto, a la fuerza. Pero resultó un fracaso absoluto de asistencia, como se muestra en la foto, que tomo del TL de tuiter de Xavier Antich. Menos gente que en las manifas del 12 de octubre. Prácticamente cuatro gatos; tres, si descontamos las autoridades catalanas, Govern, Ayuntamiento, Parlament que, en su mayoría lo hicieron de mala gana. Fue un acto partidista enclenque. Aunque trajeron gente de fuera en autobús con refresco y bocadillo, no dieron aforo. De un lado, las fuerzas de seguridad sellaron el recinto y requisaron símbolos y material independentista, en un ataque a la libertad de expresión. También pancartas con lemas inocentes como "paz, justicia, libertad" mientras dejaban pasar banderas españolas y hasta fantasmagóricos "servicios del orden", tocados con unos gorros blancos encintados de rojigualda que se dedicaron a vociferar y atacar a la gente.

Es decir, de homenaje en serio, nada; al ser unionista, un festival esperpéntico-monárquico español, con gritos, abucheos y agresiones de todo tipo y ralea e intentos de tumulto y pelea con manifestantes antimonárquicos de los CDR. Sin contar los abucheos y berridos por el hecho de que Gemma Nierga hablara en catalán. Por supuesto, la guinda del pastel de este acto ridículo fue que la ceremonia, estuviera presidida por una gran pancarta en la fachada de un edificio en la que se explicaba en inglés que el rey de España no es bienvenido en los Països Catalans.

En la humillante soledad de la Tortosa barcelonesa, El Borbón había venido a imponerse sin pedir el perdón que se le exige por el discurso del 3-O. Y tanto él como sus cortesanos hubieron de pasar por las horcas caudinas de estrechar la mano de Laura Masvidal, la esposa del ex-conseller Quim Forn. Estrechar la mano de alguien a quien no te atreves a mirar a los ojos debe de ser una experiencia amarga y explica mucho de cómo andan las cosas por estos pagos. Que el vicepresidente del Parlament niegue la mano a Felipe VI eleva la amargura a resentimiento. Pero, ¿de qué se extraña? Catalunya es republicana y no lo acepta como rey. Eso no se disimula poniendo borsalinos cutres, adornados con la estanquera, sobre cabezas que embisten. El acto ha sido un fracaso rotundo del unionismo.

Los medios nacionales lo tienen crudo a la hora de fabricar la noticia que no pudieron presenciar: Cataluña unida bajo el Rey homenajea a las víctimas. Lo redacto como lo hubieran hecho ellos. La censura tendrá que actuar a pleno rendimiento: nada de imágenes de tabarnios monárquicos berreando, atacando a la gente o vestidos para la feria de abril; nada de imágenes de pancartas antimonárquicas; nada de planos generales en que se vea la nula asistencia o la pancarta en inglés. El País trata de mitigar el fracaso sin caer en la propaganda unionista/falangista hablando de una breve tregua política. De ser cierto, sería un resultado  irrisorio; y, además, es falso. ¿En dónde ve el periódico la tregua? Ni los tabarnios, ni los fascistas de C's, si es que no son los mismos, dan tregua alguna. El sector más densamente estúpido de la españolada siguió convirtiendo el acto en uno de partido: Casado paseando por las Ramblas e Inés Arrimadas repitiendo su discurso de cotorra catalanófoba y justificando el fascismo de los suyos.

Y los independentistas tampoco en su lucha por sus objetivos. Los actos verdaderamente importantes de homenaje, los serios, los ha organizado el bloque independentista, singularmente los multitudinarios como el de Lledoners, en el que el presidente Torra se compromete a atacar este Estado español injusto y a continuar con la construcción de la República Catalana. Todos contra el terrorismo; pero, de unidos, nada. Lo dos actos -el de Las Ramblas y el de Lledoners- han evidenciado una vez más que hay dos países y que Felipe VI quizá sea el rey de los españoles (está por ver) pero no lo es de los catalanes. Y quien diga que eso también está por ver solo precisa convocar un referéndum que los catalanes llevan tantos años pidiendo como los españoles negando.

Lo que los medios españoles transmitirán a sus audiencias será la consabida patraña nacional, mintiendo de la cruz a la fecha. El acto ha sido, una vez más, un triunfo de la línea independentista en todos los aspectos. No se ha politizado el acto español (eso lo han hecho los españoles), se ha respetado el protocolo, se han encajado los rebuznos tabarnios, se ha dicho al rey lo que este debía oír y se ha realizado un homenaje ejemplar tanto a las víctimas del atentado como a las del Estado español en su delirante política de perseguir a los responsables catalanes de haber acabado con la célula terrorista, mandada, al parecer, por un confidente del CNI.

Pero, a la hora de los parabienes, hay que atender a las críticas. Las redes han protestado mucho por los episodios del intento de descolgar la pancarta en inglés y las requisas de mensajes independentistas. Lo del descuelgue de la pancarta, especialmente llamativo, porque fueron los mossos. La explicación posterior de Quim Torra de que iban a comprobar la seguridad no es creíble. Quizá sea de buena fe, pero no es creíble. De esas cosas de seguridad se ocupan los bomberos. Otros problemas legales aparte. Por eso y por lo que se ve como una extraña permisividad, si no negligencia frente a los ataques fascistas, muchas voces piden la dimisión de Miquel Buch, el conseller de Interior y explicaciones de Quim Torra.

De los errores se aprende. Colaborar con el invasor, aunque sea con la mejor voluntad del mundo, más allá de lo estrictamente protocolario puede ser más que un error. Se comprende que las autoridades catalanas, sometidas a mucha presión, tiendan a magnificar la repercusión de posibles iniciativas populares, como la famosa pancarta. Pero por mucho que sea su temor, no puede llegar a reprimir la libertad de expresión en Catalunya a cambio de la inexistente "tregua" con el unionismo. En esto, como en todo, el pueblo marca el camino.

Al día de hoy, como consecuencia del 155 y sus secuelas y la actividad planificada de desestabilización de las organizaciones fascistas, en Catalunya solo tienen libertad de expresión (e intimidación) los unionistas. Los indepes carecen de ella, tienen a sus dirigentes en la cárcel y pleno derecho a exigir de sus autoridades una implicación más eficaz y decidida en la lucha contra las agresiones y a favor de los derechos de los catalanes.

No basta con establecer la República Catalana. Hay que defenderla.

viernes, 17 de agosto de 2018

La casa de los líos

Sabido es: unos nacen con estrella y otros, estrellados. Caso juez Llarena, este probo magistrado forjado en la más rancia prosapia franquista, según la cual el mero hecho de abogar por la independencia de Catalunya ya es delito. Incomprensiblemente, no está tipificado como tal, pero sí otro que viene como anillo al dedo: el de "rebelión". Falta el requisito de la violencia que Llarena ha intentado probar con una interpretación imaginativa del concepto según la cual es violento todo acto, por pacífico que sea, que suscite la violencia.

Y se extrañan de que alguien (el presidente Puigdemont y cuatro exconsellers en el exilio) interponga una demanda civil porque se le ha privado de sus derechos arbitrariamente. Es lo menos que podían esperar. Con la correspondiente citación al juez Llarena a declarar el próximo 4 de septiembre. La justicia española no da curso a la citación. El juez decano la devuelve, invocando un defecto de procedimiento. Para, pues, la vía jurídica. Pero abre la política porque ese mismo juez decano pone en conocimiento del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) la citación y requiere de él la concesión del amparo a Llarena y una advertencia a la justicia belga sobre la independencia de la justicia española.

El CGPJ se ha movilizado y la Comisión Permanente ha votado siete contra uno por otorgar el amparo al juez. Lo justifica con razones de fondo político y no jurídico; incluso lo califica apasionadamente como “burda maniobra” para someter la soberanía del Estado español a una jurisdicción extranjera. Pura doctrina de la razón de Estado. Nada que ver con la justicia. La prueba es que el mismo órgano encomienda a los ministerios correspondientes del gobierno español salir en defensa de la soberanía citada y la independencia de Llarena.

Pero, a su vez, el amparo ¿en qué se materializa? ¿Admite que el magistrado no acuda a una citación judicial de un país extranjero? No será el caso, pero de incomparecer, el tribunal belga podría dictar una requisitoria de algún tipo. El lío que han organizado Llarena y su fogosa numen, Sáenz de Santamaría es monumental. No es que la justicia española esté desacreditada en Europa; es que es su hazmerreír.

La consecuencia de este esperpento de cárceles y agresiones callejeras de bandas fascistas es hacer más inapelable la República Catalana.

jueves, 16 de agosto de 2018

Las nueve del valor

Las nueve firmantes del artículo "No tenim por" traen a la memoria la vieja leyenda medieval de los "nueve de la fama", todos varones. Ahora serían "los nueve del valor", siete varones y dos mujeres.

Los nueve presos políticos homenajean a las víctimas del 17-A y a la sociedad catalana, dejando bien claras las circunstancias políticas y de seguridad de aquel atentado. Es un texto mesurado que alaba el comportamiento de las instituciones catalanas y el apoyo de la población al tiempo que exige explicaciones al Estado sobre aspectos oscuros de esta tragedia. No se menciona el acto oficial de homenaje. Es una carta en estilo "tortosí". 

Esta voz desde la prisión tiene una importancia decisiva e introduce un elemento nuevo en el acto previsto para mañana que merece la pena considerar. La manifestación oficial española será, probablemente, un acto de afirmación unionista y monárquica. Los proyectados por el independentismo, de diverso tipo y alcance, como es natural en un movimiento compuesto por fuerzas distintas y muy aficionadas, además, a discutir entre ellas. Pero el punto de encuentro cerrado es siempre el mismo y nada mejor para simbolizarlo que el artículo de las presas políticas.

El Estado pretendía servirse de esas nueve personas del valor como rehenes, gracias a una "justicia" complaciente, para negociar políticamente con un movimiento descabezado. Menudo ojo el de los estrategas del gobierno anterior. No solo no lo descabezaron sino que le dieron dos cabezas simbólicas a falta de una, las presas y los exiliados. Le dieron un faro, una guía, una causa añadida a la que ya traía, un objetivo común: la libertad de los presos y exiliadas políticas. Y ahora es el momento en que el Estado no sabe cómo resolver el embrollo político-judicial, cómo deshacerse de unos rehenes que han resultado ser testigos de cargo. 

Pero sí sabe que tiene que hacerlo. Sánchez predica su teoría de la "normalidad" que, sobre carecer de todo contenido, es predicar en el desierto. Quiere convencer a los indepes de que retornen al autonomismo y a los unionistas de que se hagan demócratas. En ambos casos con el mismo éxito del cegato San Maël, cuando bautizó a los pingüinos tomándolos por personas, según acreditada crónica de Anatole France. 

¿Cómo van a admitir los indepes que sea normal tener a sus dirigentes democráticamente electos en prisión mediante un procedimiento jurídicamente torticero y políticamente persecutorio? Y ¿cómo van a admitir los unionistas que se deben respetar las decisiones democráticas de la mayoría si no les convienen?

El avance del fascismo es cada vez más patente. En las últimas horas se han multiplicado las agresiones fascistas de todo tipo: unos energúmenos han boicoteado un acto de abuelas y abuelos por los presos políticos; otros han ido pintando lazos amarillos en las puertas de las viviendas, los coches particulares, etc; otros han alquilado una avioneta y se pasean por los aires en las playas, dando vivas a España y animando a quitar lazos amarillos. 

Es urgente que el Estado  asuma sus responsabilidades y actúe con las derechas, extremas, de centro, facistas, delictivas, etc con la misma contundencia con que actúa frente a las izquierdas que se han limitado a hablar y no atacan a nadie, no ya por sistema como las bandas fascistas, ni ocasionalmente. 

El conflicto España-Catalunya no puede tapar la necesidad perentoria de poner fin a la campaña sistemática de desestabilización en Catalunya emprendida por C's y grupos afines. Quienes instigan a actos de agresión y violencia deben responder ante los tribunales. Suelen estar identificados. Deben ser procesados.

Conviene recordarlo para no caer en un síndrome de Estocolmo por el cual la izquierda española pide a los indepes moderación para no despertar a la bestia fascista que, como se ve, está más despierta que nunca. Esa humillante petición oculta una equidistancia: tu libertad de expresión, pacíficamente manifiesta, provoca una respuesta violenta. Vale, pero el responsable de la violencia, el único responsable de la violencia, es el que recurre a ella. No el que ejerce pacíficamente su libertad de expresión. 

El Estado debe actuar antes de que sea demasiado tarde. Si se retrasa será imposible erradicar la sospecha de que la impunidad de las bandas fascistas está alimentada por la negligencia, si no la complicidad de las autoridades. Las amenazas de "ulsterización", incluso de "balcanización" (para eso está Tabarnia), se han formulado. A ver si va a resultar que el Estado también ha privatizado la guerra sucia.


miércoles, 15 de agosto de 2018

El acto de la discordia

¿Lo ven? El homenaje de pasado mañana promete ser un espectáculo en todos los sentidos. La "normalidad" de Sánchez según la cual el jefe del Estado debe estar presente en un asunto "de Estado" se vislumbra muy anormal. La decisión del gobierno solo cuenta con el apoyo de los partidos unionistas y la Societat Civil Catalana (SCC) y fuerzas adyacentes en la hosquedad de la extrema derecha. Será una manifestación unionista de homenaje a las víctimas y apoyo a la monarquía. Una manifestación partidista.

Partidista porque, en el conflicto actual, la oposición Unión/independencia es una oposición de partidos, se quiera o no. El partido unionista ha impuesto al independentista un formato de acto que este no acepta. Sus reacciones van a ser diversas, según anuncian, pero todas coinciden en marcar distancias con el homenaje estatal. Los CDR contraprogaman el acto y homenajean a las víctimas con una marcha republicana. La CUP también hará manifiesta su ausencia. Los demás programan actos propios de homenaje con su presencia en otras partes. El acto oficial nace muerto, con una ostentosa ausencia de instituciones, autoridades y asociaciones. Hasta en el ayuntamiento barcelonés hay discordia. Al cabo, la representación municipal puede quedar reducida a la de la señora Colau y sus incondicionales, cuya relación con la corona es, como la del poeta, de odio y amor. Lo deslucido de todo servirá para poner más de manifiesto la falta de recursos del Estado en relación con Catalunya.

Los de la SCC convocan a homenajear a las víctimas y al rey y recomiendan a sus seguidores abstenerse de todo símbolo partidista. El problema es el valor que tenga la exhibición de la rojigualda. Los convocantes no pueden prohibirla porque, para ellos, no es símbolo partidista, sino que nos ampara a todos, hasta a los separatistas. Pero eso es para ellos. Para los independentistas y allegados, la rojigualda es un símbolo partidista, el de los unionistas que, a su vez, consideran partidista la estelada mancilladora de la neutralidad del espacio público. La rojigualda, jamás. 

Porque estamos hablando de Catalunya; no de La Rioja o Extremadura. Catalunya: una nación sometida a la que se quiere obligar a aceptar como "normalidad" una situación en la que hay presos/as y exiliados/as políticos/as. Precisamente los representantes del pueblo catalán, democráticamente elegidos por este. Es difícil de entender tanta obcecación en el error. 

Aunque quizá mejoren algo las cosas. C's va a llevar a los tribunales al ayuntamiento de Reus por volver a colgar la pancarta de libertad a los presos políticos. Supongo que, como prueba de  contumacia de los munícipes reusencs, aducirá que han hecho caso omiso del asalto que un comando de C's perpetró contra el mismo ayuntamiento hace unos días. Son muestras del espíritu berlanguiano-tabarniano del unionismo en Catalunya. 

De todas formas, sería de agradecer que fueran siempre por la vía judicial, como las personas civilizadas cuando creen que se atropellan sus derechos, en lugar de estar agrediendo y atacando a la gente en la calle, provocando trifulcas a cargo de una abigarrada mezcla de delincuentes habituales, militantes de C's y agentes del orden de paisano, algunos de los cuales llevan armas blancas y hasta de fuego y las exhiben.

Las autoridades deben actuar con mayor diligencia para proteger los derechos de los ciudadanos y garantizar el orden público y la seguridad precisamente en contra de las provocaciones y agresiones callejeras de los seguidores de quienes piden orden y seguridad.

martes, 14 de agosto de 2018

Zum Befehl meine Führerin!

Sí, señor, así es. "El gobierno se cuadra", dice caritativo "El Confidencial, ante la UE. Caritativo porque no se cuadra ante la UE, sino ante la señora Merkel, que no es lo mismo ya que la señora Merkel es y no es la UE al mismo tiempo. Para entendernos.

Sánchez se felicita de tener una posición común con la señora Merkel y muy cómoda pues es la de la señora Merkel. Es como la República (de Sánchez), que está muy contenta con la monarquía.

A la señora Merkel no suelen preocupar gran cosa las consecuencias de sus "posiciones comunes" para la política española. Eso lo trajinan sus representantes en las instituciones. Recuérdese la imposición de la reforma del art. 135 en días como estos en 2011. ¿Por qué ahora? Los políticos españoles se adaptan con facilidad a los giros del oponente girando a su vez. De este modo, el señor Casado, que se oponía a acoger al Aquarius, es hoy el gran valedor de lo contrario. 

Al margen de estas quisicosas, el foro se pregunta si no habrán hablado de nada más. Y se responde que sí. ¿De qué? ¿De qué va a ser? De Catalunya. Y aquí la imaginación se dispara. Supongo que, de plantearse el asunto, Frau Merkel habrá declinado comentario alguno fuera de señalar que en Europa no se vería con buenos ojos una repetición del 1-O de 2017. Que además haya recomendado negociaciones políticas y, quizá, la liberación de los presos pertenece a lo que cada cual quiera fabular. 

Lo que debe quedar claro es que, con  o sin Frau Merkel, la violencia está descartada en Catalunya. La institucional. La "descontrolada" debe pasar a ser controlada de inmediato. 

Y la convicción de que ningún referéndum que no incluya la opción de la independencia será aceptado en Catalunya.

Revuelo en los cultos

Los veranos tienen estas alegrías, que brillan por fin cuando la política se oscurece en el silencio. Un magnífico artículo de Gregorio Belinchón en El País sobre la secuencia recién descubierta, descartada en el montaje de la cinta. El artículo es casi una enciclopedia sobre The Misfits. El descubrimiento de este material añade intriga y morbo a la leyenda de morbo e intriga que fueron tanto la película en sí como su turbulento rodaje.

The Misfits fue un fracaso mundial en taquilla. No sé si llegó cubrir gastos. Y, sin embargo, poco a poco, comenzó a remontar en el aprecio público hasta ser una de las películas de más acusado culto, gozando hoy de muy alta clasificación. Y no solo por la leyenda, sino por la propia historia que se cuenta; una historia de ocaso de un mundo y las interpretaciones que allí se hicieron. Era la decadencia de los prototipos. Todos ellos incorporaban relaciones expuestas miles de veces, rivalidades, el profesional, el aprendiz,el mayor, el joven, la joven, el villano. Un sunset boulevard con escenas de rodeo y caza de mustangs imposibles de olvidar.

lunes, 13 de agosto de 2018

La reputación

El papelón más que el papel de España en el mundo debiera ser el título del premio. Papelón tanto más ridículo cuanto que hay que pagar por que hablen bien de uno. Porque se da por supuesto que el balance ha de ser positivo, enaltecedor, halagador. Podría ser que el "mejor" trabajo de un medio fuera uno crítico con la acción exterior de España. Pero eso no sería el "mejor" para la entidad que paga: el reino de España.

Borrell ha resultado ser un fiel continuador de la política de Dastis. Ha tenido que sacar a Moragas y Wert de sus dorados destinos porque cantaban mucho, pero a Moragas, al menos, lo ha premiado con la embajada de las Filipinas. Wert estará en expectativa de destino o se vuelve de tertuliano. El resto, continuismo sin problemas. A Borrell solo le interesa Catalunya. Más que ministro de Asuntos Exteriores es ministro de Asuntos Catalanes. Y eso le lleva a mantener este ridículo premio consistente, lo hemos dicho, en pagar porque hablen bien de uno. El gobierno socialista se ha subrogado en la posición del PP, en especial en referencia a Catalunya. Y con sus mismos planteamientos. Lo importante no es hacer las cosas bien sino que hablen bien de uno, aunque nos cueste 12.000 €, prácticamente nada con lo que se lleva robado y despilfarrado en las alturas. 

Como todo lo que hacen en el exterior, la acción nace fracasada. Se dará un premio al "mejor" trabajo sobre España... de los que se presenten. ¿Y si el mejor de los que presentan es una birria? ¿Puede quedar desierto el premio? Evidentemente, no; menudo desdoro patrio. Siempre habrá uno mejor para un jurado compuesto de patriotas, es de suponer, de los de pulsera rojigualda con cuenta en Suiza.

A continuación habrá que ver cuál sea la difusión. O quizá haya que comprarla también, pagándola ya descaradamente como "publicidad". 

El papel de España en el mundo es más bien anodino. El país tiene algunas, escasas, relaciones económicas y culturales con Latinoamérica. Y con Filipinas, las que abra Moragas. Su presencia directa es en Europa y una pequeña parte del norte del África. Y su imagen, lamentable. Ya lo era cuando Rajoy ganó las elecciones con trampas en noviembre de 2011 y con un programa que no tenía ninguna intención de cumplir. Desde aquel momento,  no ha hecho más que empeorar. Como era lógico. Los programas electorales no son contratos en el sentido del derecho privado, que puedan invocarse ante los tribunales. Pero son pactos sociales por los que laa ciudadanía se pronuncia y se acogen al principio general de pacta sunt servanda, el principio de todo orden civilizado. 

¿Cómo iba Europa a tomar en serio un país gobernado por quien arrancaba su gobierno confesando hacer lo contrario de lo que había prometido? En su interminable mandato consiguió desmantelar el Estado del bienestar, arruinar la seguridad social, sembrarlo todo de corrupción y endeudar al país por decenios. La instrumentalización de la justicia fue tan clamorosa que ganó a España uno de los últimos puestos en la jerarquía sobre independencia de la justicia elaborada por la Comisión Europea.

Aquel gobierno puso en marcha una campaña de fomento de imagen llamada Marca España, que consiguió más resonancia en las burlas de las redes que en los foros internacionales. Visto el éxito de la bambolla patriótica, se redujo la ambición a eso, a que algún medio dijera algo en favor de España. 

Anda a vueltas al ministro también con la leyenda negra, que se propone combatir denodadamente. Pero si cree que va a anular la mala fama legendaria con un trabajo en un medio por un coste de 12.000 € no cree bien. Y no es cosa del dinero. Es de la verdad y la mentira. Cuando se sostiene que la leyenda negra es mentira tendrá que explicarse a continuación cómo es que en España vuelve a haber presos y exiliados políticos y sometidos a procesos que tienen más de políticos e inquisitoriales que judiciales. Dicen que no, que no son "presos políticos", sino "políticos presos" jugando, como siempre, con las palabras para ocultar los hechos. Si "político preso" es Zaplana, Junqueras y sus compañeros y compañeras son otra cosa. ¿Qué? "Presos políticos".

Dicen que España es un Estado de derecho homologable a los europeos, pero no es verdad. Hay ciudadanos por encima de la ley y, muchos, desde luego, al margen de ella; no existe la división de poderes y no están garantizados los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Dudo de que den a Palinuro el mentado premio de 12.000 €.

domingo, 12 de agosto de 2018

Una ficción

Sánchez está muy contento de sus conversaciones sobre inmigración en Europa con la cancillera Merkel. Forjan, dicen, un frente común en este espinoso asunto. Será mejor o peor, pero nadie discutirá, supongo, que es un alivio tener un presidente del gobierno que habla con los líderes europeos porque, por lo menos, sabe hablar, a diferencia de su antecesor en el cargo.

También muy contento agradece "el tono" que va tomando la conmemoración del 17-A. Está dentro de su concepción de la "normalidad" y lo lleva a impartir teóricas del simbolismo del momento, la unidad democrática frente al terrorismo, etc. El presidente de un gobierno que ha impedido una comisión de investigación sobre el atentado. La unidad se simboliza; la verdad se oculta. Lo normal. El acto no debe ser, ni será, partidista.

Los del PP, siempre solícitos a la hora de poner palos en las ruedas, ya le avisan de que se arriesga a un acto de protesta e insultos contra el rey. Con ello, "quedará deslegitimado como presidente del gobierno", la conclusión a que llegan siempre estos lumbreras, se hable de lo que se hable.

Para echar una mano en la intención noblemente española, nacional, suprapartidista que presume en el presidente del gobierno, la Sociedad Civil Catalana (SCC), núcleo del unionismo catalán, se prepara para "arropar" al rey y, de esa manera, frustrar toda intención de instrumentalizar el acto. Para eso pide a sus seguidores y aliados (entre ellos, el PSC) que acudan de paisano, sin emblemas partidistas. Loable iniciativa. Si acaso aparecerán emblemas nacionales, siempre suprapartidistas, como la bandera rojigualda. 

Ni la SCC ni sus seguidores y aliados, ni el gobierno caen en la cuenta de que, en el conflicto España/Catalunya, los símbolos del Estado son partidistas. No caen en la cuenta porque no pueden por disonancia cognitiva. Son patriotas españoles y en España solo hay una nación, siendo cualquier intento de separación una mezcla de locura y delito. Por eso, algunos de ellos proponen ilegalizar los partidos independentistas. La nación no es un partido. Ante el rey y la nación rindiendo homenaje a las víctimas del terrorismo, los partidos están de más. 

Pero solo algunos. En concreto, los indepes parecen inclinarse por no participar en el acto junto al monarca. Renuncian a protestar por su presencia y se inclinan más por el modelo Tortosa: hacer su homenaje en otras partes e ignorar el acto del rey. No tengo claro que vayan a actuar así todas las fuerzas indepes, pero sí algunas significativas, como la CUP, la ANC y Ómnium. De los demás carezco de información. El presidente Torra irá a Lledoners a visitar a Quim Forn, pero no sé si también asistirá al acto de las Ramblas. 

Ya solo con estas reacciones y las que puedan producirse de aquí al 17-A, sin descontar la probable intensificación de las agresiones callejeras de los grupos fascistas, queda suficientemente claro que el homenaje a las víctimas del 17-A será un acto partidista, de los partidos unionistas. Ya veremos qué sucede con los símbolos. La consigna es ocultarlos y manifestarse para "arropar" a las víctimas y al rey.  En lo primero está de acuerdo todo el mundo; en lo segundo, no, pues se ha introducido por imposición y sin invitación como muestra de la idea de "normalidad" del presidente. Y será patente de mil maneras a lo largo de ese homenaje. 

Su valor como elemento de "normalidad" y de "puentes tendidos" es nulo.

sábado, 11 de agosto de 2018

La cuestión de fondo

Todas las opciones están abiertas. Las declaraciones del MHP Torra, a raíz de una entrevista con Mr. Salmond, son inequívocas y, por ello, suscitan sentimientos encontrados en sectores muy diversos. Para unos, llamémoslos "radicales", está haciéndose mercadeo con la República y asoma la puta y la ramoneta. Para otros, "moderados", se reincide en la posición maximalista de la independencia. Entre medias todos los demás, rumiando distintos grados de alarma. A los "radicales" les ronda la sospecha de si la opción planteada por Torra es tan innegociable como la insistencia en la república tan solo. A los "moderados" tiene que chirriarles el hecho de dar por seguro que república sin referéndum y referéndum sin república lleva a lo mismo: República Catalana independiente. De eso habla Torra y, por cierto, con toda claridad. Claridad celestial porque vislumbra una República española en fraternas relaciones con una República Catalana. Y eso, en España, no solo está por ver sino por barruntar.

Se da por descontada la negativa del gobierno español a aceptar la oferta. No le gusta nada. Lógico. Inviertan la oración condicional en negativo y se entenderá por qué el gobierno no puede (aunque quisiera, que no es el caso) aceptar la dicotomía de Torra: "Si el gobierno no acepta el referéndum, Torra ve razonable no aparcar la República". Esta evidente posición imposible de un gobierno sin proyecto choca con la permanente iniciativa de otro a la cabeza de un movimiento que no se detiene. Con unos partidos políticos que discuten mucho entre ellos pero mantienen la unidad de acción frente al adversario común, cosa que lo desorienta. 

Si a la situación descrita se añade el desbordamiento por la derecha, con bandas de provocadores y matones, tratando de desestabilizar Catalunya bajo la dirección populista del nuevo fascismo hispano, se entiende que desorientación es poco. El gobierno está ensimismado, que diría Ortega, y solo se escucha a sí mismo, lo cual es lamentable porque no sabe lo que dice.

El fracaso de la enésima aventura imperial de España tiene dos facetas, una de apariencia y otra de fondo. La de apariencia se refiere a la imagen que las dos partes del conflicto han dado frente al mundo, singularmente, Europa. La victoria del independentismo ha sido abrumadora al imponer su relato de minoría nacional que lucha por su emancipación democrática y pacíficamente frente a un Estado que, en su tayectoria y, sobre todo, su respuesta al proceso, ha demostrado no ser un Estado de derecho al uso europeo. El fracaso de España en su relato es tan profundo, evidente, tiene rasgos tan cómicos y trágicos que los gobernantes echan mano de la "leyenda negra" como en los gloriosos días de Julián Juderías. No se habla ya de la conspiración judeo-masónica de la Antiespaña porque no se lleva; pero sí de la tradicional tirria de los países protestantes a la católica nación y, por supuesto, la cochina envidia que los corroe por no haber sido ellos quienes descubrieran América y la evangelizaran.

La astracanada de una persecución política disfrazada de proceso judicial ha paseado por el país y el extranjero un baúl de farándula repleto de togas y puñetas; la Audiencia Nacional o justicia de un solo ojo; el Supremo, más como el de Roa Bastos; las euroórdenes de quita y pon; la trifulca con los tribunales alemanes y belgas; la citación al juez Llarena en Bélgica, sin duda a ver si de viva voz se le entiende algo; la intervención del gobierno de Sánchez con una gestión cerca del ministro correspondiente que recibió el correspondiente y educado bufido protestante de que en Bélgica, aun siendo muchos los católicos, rige la separación de poderes y la justicia es independiente.

Lo interesante es el asunto de fondo, el que explica por qué la causa independentista triunfa y la unionista fracasa. Porque los independentistas dicen la verdad y eso les da mayor fuerza, y los unionistas dicen la mentira, lo que se la resta. Ambos aseguran coincidir en un punto esencial: el conflicto ha de resolverse por vías democráticas que podrán ser como quieran pero algo deben compartir: el resultado se acepta porque es vinculante. El independentismo admite de antemano todos los resultados posibles de un referéndum con garantías en el que una de las opciones sea la independencia. Acepta, incluso, la vuelta al autonomismo o al régimen del general Primo de Rivera si alguien lo propone y la mayoría lo vota. Esa es su fuerza moral.

El unionismo en general y el gobierno en concreto no tiene tal cosa. Al contrario, tiene un déficit moral tan grande que lo paraliza. Porque acepta de palabra la solución democrática, pero no que el resultado pueda ser la independencia. No admite en los hechos lo que afirma en las palabras. Incluso está por ver que acepte un referéndum en el que la independencia sea una opción. En todo caso, como no piensa respetar el resultado si esta triunfa, que figure o no es indiferente. Y ¿cómo puede negarse a respetar el resultado? Sencillamente, ignorándolo, como ya hizo con las elecciones del 21 de diciembre de 2017. El referéndum no será vinculante; todo lo más, consultivo. 

La cuestión es de fondo y no tiene arreglo salvo con el respeto a la voluntad de los catalanes, debidamente expresada en una consulta libre, legal y vinculante en la que una opción sea la independencia.

Parece mentira que el unionismo, sus faros preclaros, sus inflamados medios y sus políticos zaragateros sean incapaces de entender que la única posibilidad que les queda de retener a Catalunya es respetar la voluntad de su ciudadanía. Sea la que sea. 

viernes, 10 de agosto de 2018

Detener el avance del fascismo

Está muy claro. La proliferación de agresiones callejeras en Catalunya deja las siguientes conclusiones: a) prácticamente todas las agresiones de palabra y obra provienen de los unionistas; b) en prácticamente todas hay  personas directa o indirectamente involucradas en C's, Vox y otros grupos de extrema derecha; c) prácticamente todas quedan impunes; d) presumiendo falta de autoridad de Estado, los dirigentes de C's, Rivera y Arrimadas animan a sus seguidores a imponer por su cuenta su sentido de la ley y el orden en el ámbito público; e) no son manifestaciones esporádicas de "espontáneos", sino acciones premeditadas y sistemáticamente realizadas para sembrar el miedo, la inseguridad y las alteraciones del orden público que deberán servirles de pretexto para una intervención armada.

Hay mucho parecido entre el estilo fascista de los años treinta y el de los seguidores de C's: oratoria vacua, patriotismo de pacotilla, reaccionarismo nacional-católico y clima de violencia e intimidación en las calles. La Falange, vamos. O el ascenso del nazismo. Incluidas fuentes de financiación privadas orientadas a la desestabilización, como ese empresario español en Suiza que , al parecer, financia la defensa de los GDRs, los grupos de agresores, algunos de los cuales lo hacen por convicción y otros por una paga.

Además del aliento prestado por sus dirigentes, los comandos violentos gozan de un tratamiento privilegiado en la policía y los tribunales. No se investigan sus identidades; cuando estas constan, no se inician actuaciónes, como ese policía nacional que agredió a Jordi Borrás y sigue en el servicio. Si se inician es para darles carpetazo en unos tribunales que son hiperactivos en condenar supuestos delitos de cantantes y raperos de izquierda en los que no hay violencia. Realmente vista la reiteración del modelo, está claro que la impunidad con que avanza el fascismo en España responde a la complicidad del Estado.

Por si hubiera dudas, unos doscientos militares retirados publican un manifiesto de apoyo a Franco, como soldado, subrayan, cual si fuera posible separar la milicia de su condición de dictador genocida. Ese manifiesto representa el sentir de la inmensa mayoría de los militares. En su avance el fascismo español sabe que cuenta con el ejército. Como lo sabían los nazis en Alemania, pues salvo honrosas y heroicas excepciones, el ejército alemán apoyó el nazismo.

Y ¿qué decir de la iglesia? ¿Alguna duda? Los prelados españoles están por la unidad del reino de este mundo que corresponde a España. Pregúntese al cardenal Cañizares. Nada de aventuras secesionistas. Nada de aventuras. A lo segurito: al momio de este Estado "no confesional" que se deja parasitar por un "estado" confesional dentro del Estado. Los curas también apoyan el concepto de "orden público" de los grupos y  partidos fascistas. España sigue siendo nacional-católica.

Frente a ese macizo de la raza, erigido en los cuarenta años de franquismo y cuarenta más de postfranquismo, ¿qué hay?

Un gobierno del PSOE tan entregado a la derecha que parece ella misma, transubstanciada en forma de regeneración socialista: no hay impuesto a la banca; ni se permite la investigación parlamentaria de la relación CNI/atentado de las Ramblas; ni se libera a los presxs políticxs (incluso se niega que existan); no se admite la autodeterminación; no se deroga Ley Mordaza; no se anula la reforma laboral; la monarquía española es ejemplar.

Y, como es ejemplar, el rey presidirá el acto de homenaje a las víctimas porque sí, aun no habiendo sido invitado y en contra de la voluntad de una mayoría de catalanes. Es un acto de autoridad por imposición de un Estado que carece de autoridad moral para imponer nada. Solo se hará valer como un acto de violencia colonial.

Si el gobierno no hace nada por frenar el avance del fascismo, su aliado, Podemos, un partido que muchos creyeron traía viento nuevo, todavía hace menos. No ha tardado mucho en convertirse en parte del establecimiento que ferozmente atacaba. "Si no puedes derrotarlos, únete a ellos”, dice el manual del superviviente. Y unidos están en la casta y en el respeto a las instituciones del Estado, entre ellas, la corona. Basta con escuchar a la portavoz adjunta en el Congreso suplicar a  Puigdemont y a los indepes que hagan un ejercicio  “de contención verbal”. Pedimos contención a unas personas que padecen exilio y prisión injustos. En Román paladino, que se callen, que puede despertar la bestia fascista que ya campa a sus anchas. Es dura de tragar la peladilla, propinada por quien tampoco se ha distinguido poco ni mucho por reclamar la libertad de los presos políticos. 

Y, aun así, van a perder. Porque todas sus argucias, su instrumentalización del Estado, prostitución de la justicia, guerra sucia mediática y no mediática no les sirven de nada frente a una sociedad movilizada por un objetivo compartido, con abundancia de recursos materiales, de iniciativa e ingenio. Allá van esos autobuses de Ómnium por las calles de Barcelona pidiendo libertad para los presos políticos. Los verán muchos turistas y saldrán en los medios internacionales. Mucho más que el autobús de hazte oír. Contrarrestar esta campaña estilo tabarnio es complicado. Poner gualdrapas rojigualdas a otros autobuses proclamando que en España no hay presos políticos sino políticos presos no augura nada bueno. Y ponerse a embestir autobuses se hace peligroso, aunque te financie la Begún. 

La presunta alternativa de gobierno en España no ha sido tal, pues el de Sánchez es continuista del anterior en casi todo (y, desde luego, lo más importante) muy especialmente en lo referido a Catalunya. Sánchez sostenía tener un proyecto  basado en el diálogo y una solución misteriosamente llamada “política”. El "diálogo" arranca con dos "noes", la libertad de los presos y la autodeterminación y nace muerto y la "solución política" parece consistir en un referéndum en torno a una oferta del Estado para el territorio rebelde que cuente con el 80% de apoyo en Catalunya, lo que equivale a no decir nada.

El fascismo actúa cuando la oligarquía teme que pueda perder el poder.

jueves, 9 de agosto de 2018

El individuo contra el Estado

Ese es el lema de los caballeros neoliberales del Rey Arturo. El individuo contra la maquinaria, la burocracia; el que lucha por sus derechos y, al final..., vence porque la ley funciona y es la ley la que debe hablar porque ella, según Casado, marca la moral del momento. La moral del momento manda que no debe dimitir porque él no ha hecho nada ilegal.

Es convicción general que este obstinado mozo debiera haber dimitido hace unas fechas, quizá antes de presentarse a las primarias. Que se empecine en permanecer causa pasmo general y hasta algún demoledor ataque, como el artículo de Máximo Pradera en Público, titulado reptilianos. Y demoledor es poco.

Casado tiene que irse no por lo que haya hecho o dejado de hacer directamente y que será delito o no, sino por la contaminación que supone encontrarse en el mismo vagón de la imputada Cifuentes y por los mismos motivos. Si Cifuentes no puede ser presidenta de nada, tampoco su compañero de viaje, Casado. 

Es un código no escrito pero convencional de las sociedades democráticas: dimitir no solo por razones legales sino también políticas, cuya valoración queda a la moral del tiempo que de ningún modo se ajusta a la literalidad de la ley. Las evidencias contra Casado son tan abrumadoras que debiera marcharse ipso facto. De ese modo ahorraría a su partido el desgaste que sufre y, al propio tiempo, tendría más tiempo para defenderse en los tribunales en la esperanza, que todo el mundo le desea, de salir airoso de la prueba. 

Lectura de verano

En verano, los famosos y famosas, los/as políticas, las figuras mediáticas y gentes de postín suelen comunicar al público los libros que están leyendo o piensan leer durante las vacaciones. Es casi un rito estival, como la noche de San Juan o las Perseidas. Pueden participarlo motu proprio o a petición de parte. Luego, los leen o no. Pero eso es lo de menos. Lo interesante aquí es la información, ligeramente teñida de recomendación que tiene dos niveles: uno, el puramente noticioso y casi de cotilleo: a ver qué libros recomiendan los personajes, las personalidades y las celebrities, vulgo "famosillos" o "famosillas", para adornar su condición de referentes del gran público.

El otro nivel afecta al libro mismo. Este objeto casi mítico hoy, es el soporte físico de una experiencia trascendental, cantado desde hace siglos como vector del espíritu humano, vitrina que muestra la única inmortalidad que puedan alcanzar los mortales, la de pervivir en la memoria de las generaciones. Porque, sin ellos, hasta quienes murieron por conquistar la inmortalidad, como Aquiles, caerían en el olvido de no haber alguien que escribiera su gesta. Aquiles es Aquiles gracias a Homero, un ciego, como lo era Milton cuando compuso El paraíso perdido. Los dos serían clasificados hoy como discapacitados o algo aun más absurdo. El libro y, subsidiariamente, la imprenta define la Modernidad, que luego empieza a discutir sobre sí misma en un ejercicio de bizantinismo pues como su nombre indica, la "modernidad" quizá tenga término a quo (la imprenta) pero no lo tiene ad quem. Nadie puede decidir el significado de la modernidad porque esta es solo el modo de hoy, pero el hoy es presente continuo hasta el fin de los tiempos.

El libro es casi sagrado y, como sagrado, suele inspirar temor y respeto. Tanto que suele mantenerse a prudente distancia. Aparece por todas partes en las más diversas iconografías, asociado siempre al progreso, el avance, la luz, la revolución. Es la gloria de la humanidad.

Pero hoy está a punto de extinguirse, como los rinocerontes. Las librerías cierran una tras otra y las escasas editoriales que quedan, muy concentradas, se dedican a un negocio nostálgico condenado a desaparecer, como lo está el papel impreso. Todo él: los tratados, los periódicos, los billetes de curso legal, los sellos, los telegramas, las cartas, las postales de vacaciones, los tickets, las tarjetas de visita, los boletos de las tómbolas etc. Otros soportes toman el relevo de velar por la inmortalidad, sobre todo los audiovisuales. Por eso especialmente, sea bienvenida esa costumbre estival de que las gentes públicas hablen de los libros que leen o van a leer. A algunos les vendrá muy bien y todos les dará un respiro. Que lo necesitan.

Retornando al hilo, que siempre se pierde cuando aparecen los libros, quería yo recomendar uno, un número monográfico de la revista Terra e tempo, publicación de pensamiento nacionalista galego que acaba de salir, correspondiente a julio-diciembre de 2018. La revista pertenece a la Fundación Terra e Tempo y este monográfico dedicado Catalunya e Galiza, análises para avanzar, está coordinado por Rubén Cela Díaz, miembro de la Executiva Nacional do BNG.

Acabo de recibirlo y me apresuro a comunicarlo, desde luego, por infantil vanidad de escritor ya que contiene un artículo mío sobre Catalunya e a esquerda española. Mi desvergüenza llega al extremo de recomendar no solo lo que leo o quiero leer, sino lo que escribo. Pero esto tampoco es cierto. Recomiendo la revista Terra e Tempo por su presentación y contenido. La presentación está a la vista. La composición de la cubierta, la severidad de los textos, en contraste con el abigarramiento del título adornado por dos poderosas espirales celtas, la combinación de colores y símbolos políticos entrecruzados son una mezcla de elegancia y política.

Pero, además, está el contenido, con aportaciones de gente tan interesante, cabal, luchadora, tan coherente, imaginativa y preparada que todavía me pregunto qué llevó a Rubén a pedir una colaboración a un pelagatos como Palinuro. No sé cuánto tardaré en leerlo porque tampoco estoy estrictamente de vacaciones. Pero cuando lo haga, volveré sobre el asunto. De momento solo podría hacerlo sobre mi artículo, pero no haya temor. Me limito a señalar que este desarrolla mi opinión de que el independentismo catalán ha hecho trizas a la izquierda española y a anunciar que lo estoy empleando (con permiso de la revista, claro) como hilo conductor de un pequeño libro que espero publicar en breve.

miércoles, 8 de agosto de 2018

La servidumbre del poder

Los de Podemos se bautizaron muy oportunamente. Copiaron el nombre a Obama (Yes, we can) en su campaña electoral de 2008. Obama, a su vez se lo había copiado al sindicalista César Chávez, luchador por los derechos de los campesinos en los EEUU en los años setenta del siglo pasado: Yes, we can: "sí, se puede", "Podemos".

Pero el tiempo ha cambiado y, como profetizaban Corneille y Brassens a una ufana marquesa, saura faner vos roses ("marchitará tus rosas"). El tiempo destruye las ilusiones. Tanto más a unos plebeyos que se enorgullecían de venir de muy abajo, pero aspiraban a llegar muy alto; a los cielos, mismamente.

Los cielos siguen incólumes, pero Podemos ha acabado haciendo muchos amigos en el valle de lágrimas: políticos de todas creencias, periodistas y medios más o menos afines, intelectuales y cargos públicos (muchas veces, los mismos) que los apoyan e iluminan. Lo suficiente para encontrar un hueco en las instituciones del régimen del 78, que venían a desmontar. Exactamente el hueco de la antigua IU en los mejores tiempos de Anguita, el de los comunistas de toda la vida disfrazados de una organización "de masas" o coalición electoral. Estos son neocomunistas disfrazados a su vez de otra organización en la que se encuentra la vieja IU en un divertido juego de matrioschkas.

El objetivo esencial de IU, recogido con entusiasmo por Podemos, era el sorpasso al viejo y aburguesado PSOE. El fracaso en dos elecciones (2015 y 2016) fue clamoroso. Y llega al sarcasmo de que el PSOE está en el poder (o algo parecido), con los votos de Podemos y 85 diputados. Explicaciones en el interior de Podemos hay para todos los gustos. Pero el hecho es que la formación morada va a remolque del PSOE; si de grado o a la fuerza, que cada cual opine o deje al tiempo marchitar aun más las juveniles ilusiones de hegemonía de la izquierda en España. 

Podemos solo ha podido colocar a su gente que, por cierto, no parece muy bien avenida. Y, a continuación, seguir a remolque de los social-liberales. Y no solo a remolque de estos sino de lo que representan públicamente y con mucho orgullo, por ejemplo, las loas a la monarquía española ejemplar. Quiero creer que a los morados no les parecerá tan ejemplar, aunque ya no estoy seguro de nada. 

El apoyo explícito de Podemos a la presencia del rey en Las Ramblas y Cambrils da por supuesto el apoyo a la monarquía. Dicen que no, pues se trata de un acto simbólico "a nivel de Estado" y, mientras el jefe de este sea el rey, debe asistir con el aplauso de Podemos. La explicación sería aceptable de entrada si quienes la dan hicieran algo por cambiar la forma de Estado español de la monarquía a la república. Pero no es así porque ahora no toca. Ahora, como siempre, toca apoyar al rey.

Y no solo al rey. También a las cloacas del Estado y la guerra sucia contra Catalunya. El rey no es bienquisto en Catalunya, mientras no enmiende el yerro del 3-O y mientras haya presas y exiliadas políticas. No es difícil de entender cuando se tiene un adarme de dignidad. Las explicaciones de Ramón Espinar no pueden ser más capciosas y falaces. Invoca el respeto a las víctimas en abstracto, sin partidismos ni condiciones. Lo mismo que argumenta el PP cuando las instrumentaliza políticamente, y lo hará quien se empeñe en ignorar el contexto político real de los actos simbólicos de homenaje. ¿O no ve Podemos que la presencia del Rey es, precisamente, la utilización partidista de un acto con el que el gobierno pretende escenificar una unidad que no existe y está impuesta por la fuerza y en la que quizá haya algún elemento relacionado con el atentado?

Porque Podemos apoya la propuesta de la presencia del rey del gobierno socialista. Este ha unido sus votos a los del PP y C's para impedir que se abra una comisión de investigación sobre el atentado. Siendo así que hay abundantes evidencias de que el presunto cerebro estaba en relación, puede que a sueldo, del servicio secreto español. Más partidismo (revestido de las hopalandas estatales) es imposible.

Con mucho sentido común, la CUP ha anunciado que no piensa acudir a ningún acto de homenaje en el que esté el rey de España, al que considera un rey extranjero. De inmediato, la prensa unionista se ha lanzado a hablar de ruptura de la unidad independentista. Están locos por conseguirla. Sin embargo es fácil de entender: la unidad indepe se refiere al logro del objetivo principal, la República Catalana independiente. En los demás asuntos de otra índole, sobre todo los originados en el vecino reino, cada cual hace como le parece. Estoy seguro de que la decisión de la CUP será sabiamente silenciada en Podemos, pero Espinar no se ha privado de lanzar un viaje al presidente Torra por su rechazo a la figura del monarca y en previsión de que, contra toda "razón de Estado", los indepes se salten el protocolo. 

Lo sucedido en las Baleares debiera servir de aviso. Es probable que los independentistas hagan patente y manifiesto su rechazo a la presencia del Borbón de alguna forma. También lo es que el gobierno recurra a movilizar unionistas para, dice, "arropar" al rey con lo que hará ridículamente visible el carácter partidista y unionista del acto. Es decir, montará el habitual espectáculo rojigualda a cuenta de las víctimas que, por lo demás, procedían de  diversos países.

El independentismo catalán ha hecho añicos el espejo mágico en que se miraba la izquierda española. Y en cuanto a la forma de Estado, ¿qué decir? El gorigori de Espinar en el Senado acompaña al toque de difuntos por la República española. Izquierda hay en Catalunya. República, también. Si va el rey con su séquito de izquierdistas y derechistas podrá comprobarlo sobre el terreno. 

Por último, una buena manera de honrar a las víctimas es evitar que haya más. Es urgente, pues, que la Generalitat ponga coto a los ataques fascistas contras las gentes, instigados, jaleados y muchas veces protagonizados por militantes de C's. La población tiene derecho a estar protegida en el ejercicio de sus derechos fundamentales, como la libertad de expresión, sin que lleguen energúmenos con antifaces y capuchas a agredir a sus adversarios.

martes, 7 de agosto de 2018

Los lazos amarillos y el fascismo

El lazo amarillo es uno de los símbolos más antiguos y más extendidos en muy diversos países y para muy distintas reclamaciones, normalmente de esperanza y justicia. En sus orígenes era señal de que se esperaba la vuelta de un ser querido que había ido a la guerra. En Catalunya empezaron a usarlo los convergentes para reivindicar la autodeterminación y, con el encarcelamiento de los Jordis y otros/as presas/os políticos, pasó a simbolizar la esperanza de que fueran liberados.

La difusión de los lazos amarillos responde a un movimiento espontáneo de sectores soberanistas de la sociedad catalana y, como tal, ejercicio de la libertad de expresión, individual o colectivamente. Desde el punto de vista legal, este gesto tiene la misma nula relevancia que cualquier otra campaña en defensa no delictiva de una u otra causa. La libertad de expresión es el núcleo mismo del Estado democrático de derecho. Ningún portador o difusor de lazos amarillos pretende impedir que otros saquen otros lazos u otros símbolos. 

Lo que sí quiere evitar, y está en su derecho, es que le ataquen por ello. Exhibir o colocar o pintar lazos amarillos no es un delito. Agredir a quienes lo hacen,  sí. 

Estos lazos amarillos parecen sacar de quicio a la derecha más catalanófoba. Los dirigentes de C's, Arrimadas y Rivera calientan el ambiente con soflamas populistas, incendiarias. Dicen constatar que el Estado no está dispuesto a defender el carácter público del espacio público que, para ellos es "neutral". Son los que llaman "neutral" a un espacio público literalmente embebido de franquismo que se niegan a eliminar. Lo que debe desaparecer por ley es la apropiación del espacio público por símbolos partidistas... ajenos.

Como alguien ha informado a estos demagogos de que ni en España puede promulgarse una ley para criminalizar la libertad de expresión (que, para eso ya está la Ley Mordaza) Rivera decide tomarse la justicia por su mano. Si el Estado no actúa, dice en discurso típicamente fascista, lo harán ellos, los militantes de C's. Para evitar que el espacio público sea apropiado por un partido, se lo apropian ellos para el suyo. 

Pero el asunto no queda en esta especie de astracanada. Va mucho más allá. Al acusar a los indepes del lazo amarillo de apropiarse del espacio público se subraya que esa apropiación intimida a los no indepes. Así que, para liberar del temor a los intimidados unionistas, se procede a agredir sistemáticamente a los portadores de lazos amarillos. 

De lo que se trata, claro está, es de sembrar el temor entre la población, imponer una ley del hampa en contra de la libertad de expresión en Catalunya. Se trata de ir preparando el camino para cuando haya que intervenir por la fuerza bruta en Catalunya para impedir su independencia. Lo asombroso de este caso es que el sedicente gobierno socialista con apoyo de Podemos no vea el claro ascenso del fascismo en España. O no quiera verlo. 

Quizá pueda el Estado transitoriamente interrumpir el proceso independentista por la fuerza bruta. Pero a la larga no podrá impedir la independencia. 

lunes, 6 de agosto de 2018

Nuevos tiempos: la monarquía ejemplar

Tras el empacho de "Normalidad" de ayer, que dejó a todo el mundo en pie de guerra, latía esa declaración insólita de que tenemos una monarquía ejemplar. El concepto de "normalidad" de Sánchez es peculiar, pero el de ejemplaridad raya en lo sublime. 

Si por monarquía se entiende la dinastía de los Borbones, la ejemplaridad brilla por la ausencia; si el régimen reinstaurado por Franco, se convierte en lo contrario, en ejemplo de villanía, deslealtad e ilegitimidad; si se entiende la actual familia reinante, con el del Bribón I y II, el cuñado entre rejas por ladrón, la hermana apoyándolo, las primas, tías y otras parentelas en paraísos y amnistías fiscales, la ejemplaridad es la de Mackie el navaja. La gente no le profesa aprecio alguno; en las encuestas no se pregunta por ella ni por el rey en concreto. El lujo y boato en que vive, sus inenarrables peleas internas, la nula empatía con la vida de la gente y la agresividad oratoria del monarca la han hecho antipática al personal. 

Pero todo eso lo sabe el presidente Sánchez. Para recordárselo le han sacado a relucir un tuit republicano, de "Salud y República" un 14 de abril. Claro que lo sabe. Sabe que la monarquía está bajo mínimos en todos los conceptos. Y, a pesar de todo, extiende la condición de "ejemplar" también al rey dimisionario, quizá porque eso, la dimisión, haya sido lo único decente que haya hecho en su vida.

Tanto cinismo tiene que venir de muy abajo o muy arriba, según se mire. Y, como sucede con el concepto de "normalidad" (compaginada con la existencia de presas políticas), trae un idea de fondo. Hay que salvar la monarquía porque es el eje del régimen del 78, la Constitución y la transición. Es decir que, si en lugar de tener un rey bípedo implume y poco más, tuviéramos una rana, la monarquía seguiría siendo ejemplar al menos para los batracios. 

Tal es la cuestión: la monarquía. Lo que Sánchez llama la "cuestión catalana" se complica mucho porque, además de independentista, es cosa republicana. Hay que defender la monarquía, aunque sea batracia, porque es el dique de contención del republicanismo catalán. Por eso, con una monarquía "ejemplar", se yugula toda voluntad de someterla a referéndum monarquía/república. Otro referéndum que el nacionalismo español rechaza de plano, como el catalán. Es odio a los referéndums. El de monarquía/república en España no lo apoya ni Podemos, esos que iban a comerse al rey. 

Los catalanes tienen la culpa de estos avatares de la ejemplar institución y el atribulado Estado español que quiere ser de derecho pero con presos y exiliadas políticas. Tienen la culpa por obstinarse en ser catalanes y decidir por su cuenta. Así que, según parece, la voluntad de Sánchez es agotar la legislatura y ofrecer a sus postrimerías un referéndum sobre el estatuto de 2006 o alguna otra forma estatutaria. 

Está en su derecho. Ya veremos de entrada si llega al final de la legislatura por elecciones en España o en Catalunya. Auguro escasa pasión por la opción estatutaria y mucha en cambio por la independentista. El bloque indepe está en estado de efervescencia y en su seno se agudiza la polémica que, básicamente, afecta a la velocidad de las medidas de implementación de la República y grado de desobediencia que en ellas se manifiesta. Pero la unidad no se rompe.  

Siguen siendo dos poderes del Estado que pugnan entre sí con muy distintos (opuestos) objetivos y muy diferentes (asimétricos) medios. Lo primero que debe aclarar el gobierno para que su oferta de referéndum sea creíble es que se garantiza el derecho a presentar la opción independentista en igualdad de condiciones. Y poco igualdad hay cuando unos dirigentes están en prisión o en el exilio. 

Por lo demás, esta opción del referéndum no cae en la cuenta de que el plazo fijado, cuando se fije, no obliga a la Generalitat y su objetivo de cumplir el mandato del 1-O y consolidar la República. Puede ser que la acción del independentismo catalán fuerce una situación de hecho que dé al traste con los proyectos del gobierno y hasta obligue a una mediación internacional. Sería un acto de la revolución catalana.

domingo, 5 de agosto de 2018

La normalidad

"Normalidad" es lo que se precia Sánchez de haber introducido en Catalunya frente a la atribulada situación provocada por la agresividad del gobierno anterior. Gobierno al que, junto a sus aliados ocasionales, ha destituido mediante moción de censura. Porque no gobernaba, era corrupto y desastroso y había destruido la imagen de España como Estado de derecho. Una gestión sumamente negativa. Y, para dejarlo bien claro, procede a condecorarlo en bloque. Por increíble que parezca.

¡Ah, claro, es la "normalidad"! Los gobiernos entrantes condecoran a los salientes porque también ellos serán salientes y quieren ser condecorados.  Aunque los hayan derribado por ser malos gobiernos. Es difícil imaginar algo más estúpido.

Es la idea de “normalidad” de Sánchez. Compatible con negar la libertad de los presos políticos catalanes; compatible con negar el retorno de los exiliados, incluso la existencia misma de ambos, presos/as y exiliados/as políticas; compatible con rechazar la autodeterminación de Catalunya.

Esa debe de ser también la idea que lo lleva a anunciar la presencia del rey en los actos previstos de aniversario del atentado de las ramblas el 17 de este mes y en su compañía. "Normalidad": el jefe del Estado tributa respeto a las víctimas en compañía del presidente del gobierno. Lo "normal". Aunque ni él mismo lo piensa, pues no lo anunció en la rueda de prensa de balance de su gobierno.

Pero lo "normal" de Sánchez no es lo "normal" de la otra parte. El rey no es bienvenido en Catalunya, al menos oficialmente. El presidente Torra lo deja muy claro. Ellos no lo han invitado. Parece que el Ayuntamiento, tampoco. No lo ha invitado nadie de Catalunya. Se ha autoinvitado por boca del gobierno. Pero, no siendo la "normalidad" española la catalana, aquella se entiende como una imposición, un acto de fuerza, una provocación. Llamar “normalidad” a eso es pintoresco.

Por lo demás, ya se lo están avisando en las islas baleares, en donde la “normalidad” campa a sus anchas. A la cena del palacio en que se alojan los reyes falta un buen puñado de autoridades y representantes políticos. Culpan al rey de comportamiento anticatalán. Pues imagínese la pareja del presidente y el rey en el sitio mismo del atentado. El presidente Torra anuncia que irá al acto tras haber visitado a Quim Forn el conseller de Interior, en la cárcel. "Normalidad".

La única normalidad aceptable y duradera será la libertad de los presos/as y el retorno de las/los exiliados sin cargo alguno. Y la celebración de un referéndum de autodeterminación en Catalunya con supervisión exterior y vinculante.

Es una normalidad tan aplastante que ya está todo el mundo hablando de elecciones anticipadas en España y Catalunya.