miércoles, 20 de junio de 2018

La regeneración del bipartidismo

De los dos partidos dinásticos que formaban el criticadísimo bipartidismo, uno, el PSOE, gobierna en solitario, recién reorganizado, tras unas primarias heroicas y muestra muy buena salud. El otro, el PP, se encuentra en un quilombo de preparativos para unas primarias que serán multitudinarias. Y eso en un partido acostumbrado a una línea de sucesión mediante unción. La media docena de candidatos, casi todos mal avenidos, darán materia para los debates mediáticos. De hecho, empiezan con uno. Los conocedores del PP dicen que la "refundación" es inevitable. Es difícil imaginar, sin embargo, en qué pueda consistir tal empeño, pero la idea es "renovar" el partido.

El resultado probable es una renovación del viejo bipartidismo. El PSOE pide al PP, la misma lealtad que él le profesó en la primera mitad de la legislatura. Esta sociabilidad no se ejerce pensando solo en la necesidad de mantener el bloque nacional español frente a Catalunya, sino también en el lustre del bipartidismo. Cosa de que el PP apee su actitud de oposición a lo jabalí. Doscientos veintidós diputados, que suman los del PP y el PSOE, son una sana base parlamentaria para ensayar una especie de Gran Coalición in péctore, con la que sueñan los viejos floreros chinos del PSOE. Tan sana que Sánchez marca ya los tiempos, como si contara con suficiente apoyo parlamentario, y fija las elecciones para 2020, cuando corresponden.

Los dos partidos, Podemos y C's que, a su vez, traían en su propósito el desguace del bipartidismo están sometidos a fuertes crisis internas de las que pueden resurgir fortalecidos o aniquilados. C's mostró una insólita ineptitud en su manejo de la moción de censura. Una ineptitud casi ridícula coronada con declaraciones de Rivera atribuyéndose la moción de censura en contra de la que había votado. El partido, que llegó a verse en cabeza de intención de voto, solo confía ahora en que el PP se equivoque al elegir su nuevo líder; de no ser así, la perspectiva de C's es muy sombría.

Crisis también la de Podemos, aunque no por los mismos motivos. Su condición de aliado junior del gobierno sin estar en él es amarga para unos revolucionarios con un programa de conseguir la hegemonía en la izquierda, desplazando al PSOE como primer paso para asaltar los cielos. Ha resultado que no hubo nada de esto y los morados sostienen el gobierno de su adversario sin ser sin embargo imprescindibles. 

Para cuando lleguen las elecciones este panorama se habrá aclarado. Es probable que los dos partidos dinásticos vuelvan a acaparar un porcentaje muy alto de diputados, con los otros rezagados. En concreto, Unidos Podemos hasta el porcentaje que tenía IU en tiempos de Anguita y C's el que alcanzaba UPyD, partido con el que estuvo a punto de fusionarse.

Toda esa claridad solo tiene un punto oscuro: Catalunya. La situación de poder dual es muy inestable. Si se le añaden crisis simbólicas de Estado, como la cuestionada presencia de Felipe VI en la entrega de los premios Princesa de Girona, las probabilidades de que lo simbólico pase a lo institucional son muy altas. Según su gravedad, pueden llegar a un nuevo recurso a la aplicación del 155 y hasta un estado de excepción.

También ha de contarse con la posibilidad de elecciones anticipadas en Catalunya. En estas, el independentismo debiera ir en lista única o lista de país. Esta opción existe asimismo para el caso de las elecciones generales en España si el movimiento independentista decide concurrir a ellas.

Probable parece también que la idea de lista única o de país cale en las elecciones españolas, quizá no con una sola lista pero sí como una coalición electoral del bloque nacional. Así se tendría un resultado que permitiría entablar negociaciones en busca de una solución satisfactoria para ambas partes. Porque mientras esto no se dé tampoco habrá estabilidad en el sistema español de la vigente Constitución de 1978. 

martes, 19 de junio de 2018

La negrura catalana

"Una de las páginas más negras", dice la ministra Robles. Debe de haber otras. Indaguemos: el golpe de Estado de 1981, el terrorismo etarra, los GAL, la guerra del Irak y su colofón de Atocha, el gobierno de la Gürtel, el 155. Por lo menos media docena y en todas ellas ha habido violencia, atentados, muertos o encarcelamientos. Nada de eso puede decirse de "lo que ha pasado en Cataluña" que, según la ministra consiste en la huida de Carles Puigdemont, la designación de los consejeros desde Berlín y el pulso que aún mantiene aquel con la justicia española. La página será tan negra como Robles quiera pintarla pero en ella no ha habido violencia y no hablemos de lo demás. La guerra sucia va toda a cargo del Estado. Los jueces llevan seis meses buscando la violencia, pero deben de buscarla en la negrura de la página porque no la encuentran, razón por la cual se la inventan en sus providencias. De jueces, los españoles tienen poco si miramos a su independencia e imparcialidad, pero mucho como escritores de ficción. 

Está claro el espíritu dialogante del gobierno de Sánchez. Consiste en aplicar el modelo del PP (al fin y al cabo, también suyo en la oposición) con algunos retoques de las injusticias más flagrantes. Robles cree que debe acercarse a los presos a sus domicilios y Sánchez lo refrenda, posponiendo la decisión al fin de la instrucción por aquello de meter a los jueces por medio para disimular la arbitrariedad política, como si el hecho de llevar más de seis meses de instrucción no fuera suficientemente monstruoso. Y ya está. La jueza Robles no tiene empacho en dar cobertura a un proceso puramente político disfrazado de judicial.

Pero la página negra no la protagonizan quienes recurren a la arbitrariedad, la represión, la injusticia sino las víctimas. Privilegios del poder, cuyas metáforas tienen marchamo de autoridad y hasta legal. Página negra, nada menos. Una dura imagen que evoca la página negra del Tristam Shandy de Sterne con motivo de la muerte del pastor Yorick, alas, poor Carles! Aunque quizá estuviera pensando más en la mota negra, de la isla del tesoro. Dejar atrás la "página negra" es lo más sensato puesto que, por definición, no trae lectura. Se pasa, pues, a la siguiente. Pero la situación sigue siendo la misma (el prófugo, etc) y, por tanto, la negrez también. Y así hasta el fin del libro.

La negrura de la ministra es también metafórica, no es un pigmento físico, sino moral. Dejar atrás la "página negra" de Puigdemont, etc., significa simplemente olvidarse de Puigdemont, los exiliados/as y las presas/os. El vivo al bollo y el exiliado y la presa, al hoyo. Adoptar puntos de vista morales es lo más frecuente a la hora de cometer inmoralidades.

Pero la volubilidad de la fortuna hace que la "página negra" de la ministra sea la "página blanca" en la que está trazada en oro la ruta independentista. Una página de gloria y también una metáfora. Entre el blanco y el negro, la escala de grises. Cuál de ellos prevalecerá depende de cómo actúen las partes. Incluso el blanco total o el negro total.

Por si acaso, y para que la ministra y su gobierno no olviden la situación de poder dual que se da, la consellera de presidencia de la Generalitat, Elsa Artadi, avisa de que la reunión prevista en abstracto entre Sánchez y Torre se hará para hablar de la autodeterminación y la independencia, dos conceptos que producen un rechazo tan visceral en Sánchez como el nombre de Bárcenas en M. Rajoy. 

Nadie en el independentismo catalán está dispuesto a pasar página mientras haya personas presas y exiliadas por razones políticas. El gobierno debiera abrir los ojos y ver que "nadie" quiere decir nadie, ni el pueblo en la calle (por más matones que envíen armados de cutters a atacar a la gente), ni las organizaciones sociales, culturales, profesionales, deportivas, económicas musicales o religiosas, ni las instituciones, ni los políticos, ni, ciertamente, los cargos electos o a los que se priva de su derecho a elegir o ser elegido. 

No es una "página negra", ministra. Es un episodio de una revolución que son ustedes incapaces de comprender y frente a la cual, digan lo que digan, ya han perdido.

lunes, 18 de junio de 2018

Adiós a Franco

Ayer había tuits amenazando de muerte a Pedro Sánchez si se sacan los restos del dictador de su ridícula Valhalla particular. Da igual a dónde quieran llevarlos. A su casa o al osario municipal. Lo pecaminoso y delictivo a los ojos del facherío es moverlos. Quien entraba y salía en vida en el templo bajo palio, bajo palio debe seguir por toda la eternidad. Para eso ganó una guerra. Sin duda, la virulenta reacción de amenaza hizo vacilar al gobierno, afirmando que la decisión no estaba tomada.

No merece la pena discutir. No basta con haber ganado una guerra; hay que ganar la paz. Junto a los restos de Franco pasarán a la nada aberraciones como la Fundación Nacional Francisco Franco, dedicada a ensalzar la memoria de un delincuente y un tirano. Cosas que debían haber pasado hace cuarenta años. Como la prohibición de hacer propaganda del franquismo, el fascismo y el nazismo, tres primos hermanos, exhibir su simbología y realizar actos públicos de ensalzamiento.

Al parecer, se quiere convertir el adefesio en un lugar de la memoria. No es descabellado, dado que algo habrá que hacer. Lugar de la memoria por no decir de la vergüenza. Pero con dificultades. Al fin y al cabo, el problema no es solamente el traslado del cuerpo del dictador (y, de paso, del Ausente), sino el de miles de caídos de ambos bandos que allí yacen. Es decir, lugar de la memoria fúnebre, un cementerio, en el fondo. Pues bastará con considerarlo un memorial por los muertos de ambos bandos. Eso o dejarlo en rango de cementerio sin más con unas horas de cierre y apertura. 

Un respeto a la achicoria

Los de mi generación tenemos asociada la humilde achicoria con el sustituto barato o sucedáneo del café. En tiempos de crisis y escaseces lo primero que desaparece son los preciados granos del cafeto, sustituidos por la achicoria. Así que, por injusta asociación de ideas, tenemos cierta inquina a la también llamada diente de león. Sabemos de sus mucha propiedades medicinales y culinarias, pero la imagen negativa del sucedáneo en escasez prevalece.

Sin embargo, héteme aquí que tiene una poderosa defensa bajo la forma de una Associació Gastronòmica del Pallars Sobirà que, precisamente, se llama La Xicoia, (taraxacum officinale) en honor de tan benéfica planta como ingrediente de la cocina de la comarca y con cuyo presidente, su tocayo Ramon Pesset, aparece aquí Palinuro. Pues es el caso que dicha asociación compuesta por propietarios de establecimientos culinarios, una vez al año celebra una cena con productos de la tierra y en ella aprovechan para premiarse unos a otros (lo cual tiene su mérito, pues te premian tus pares) y alargan la distinción a un afuereño que les caiga simpático. Y este año ha sido Palinuro, distinguido con un  bonito emblema y que trasmite aquí su agradecimiento a tots i totes, la gente, los músicos/cantantes, los cocineros, meseros, cantineros, bodegueros (este año, se honraba en especial el vino), escanciadores y sobre todo a la fabulosa animadora, epítome de todas las gracias y artes, la danza, la mímica, el ingenio, el canto, el teatro y la lengua; incluso la física, pues es capaz de sacársela al público. En la mesa escuché a un par de comensales, dos empresarios uno de cocina y otro de bodega con un discurso muy similar del concepto de la cocina del lugar en el que entran muy diversas perspectivas, ecológica, económica, sentimental, filosófica, médica, etc. Me recordaba la idea de Faustino Cordón de que "cocinar hizo al hombre". Hay que ver qué importantes son los gremios.

Vinimos convocados por el amigo Carles Canut y su hija Carlota, convocatoria irresistible. Conocimos a la feliz tercera generación de Canuts y nos quedamos prendados del lugar, el Pallars Sobirà, Sort, la capital. Un enclave en el Pirineo, limítrofe con Francia, Andorra y otros lugares no menos exóticos; atravesado por la Noguera Pallaresa, entre desfiladeros bajo los picos más altos de los Pirineos catalanes. Para quedarse, vamos, a comer, beber buenos vinos y practicar alpinismo, senderismo, rafting o a meditar sobre la brevedad de la vida, arrullados por las bravas, pero no turbulentas aguas de la Noguera.

domingo, 17 de junio de 2018

El secreto peor guardado

La política tiene mucho de teatro. Los sistemas democráticos se basan en la representación en sentido político. Unos mandatarios representan a unos mandantes. Pero esa representación incorpora un elemento de espectáculo teatral: las cosas se representan, se fingen. Algo de esto hay en la reunión entre Sánchez e Iglesias, hecha pública en el momento de su celebración y como reunión secreta; una reunión secreta de la que se conocía medio de concertación, fecha, hora, lugar, agenda y modus operandi. Mucho más de lo que se conoce de la mayoría de las reuniones públicas. Cosa lógica. No era una reunión para tratar contenidos sino una reunión para que se supiera que los participantes se reúnen. 

Lo cual está muy bien, por cierto. Que las dos fuerzas de la izquierda coordinen y hasta unan sus políticas es lo menos que cabe exigirles. Y poner en práctica sin desvíos y excusas sus acuerdos. En España puede haber un gobierno de izquierda de verdad si Podemos corrige la derechización del PSOE y el PSOE el radicalismo de Podemos. Puede salir una historia de éxito, como el de Portugal.

En próximas fechas, es de esperar, se verá un calendario progresista en España. Queda mucho por hacer hasta devolver el país a un estado de dignidad que perdió a manos PP que, por cierto, anda también representando un papel de teatro en el sentido de jugar a ser una oposición parlamentaria, como si, en lugar de una asociación de malhechores, fuera un partido político. Produce hilaridad escuchar a sus diputados pedir dimisiones en el gobierno y aledaños por cosas insignificantes cuando hablan en nombre de 800 imputados, no sé cuantos procesados, cuántos condenados y cuántos fallecidos misteriosos.

Pero ese mucho que queda por hacer y ojalá se haga pronto (derogación de la Ley mordaza, de la reforma laboral, nueva regulación favorable de las jubilaciones, etc) no parece tocar para nada el asunto político más grave del Estado español, el de Catalunya en el que dicho Estado se juega su supervivencia. Al respecto, la reunión no solo ha sido públicamente secreta sino también muda en cuanto a contenidos. Como siempre cuando los españoles hablan de España, Catalunya no aparece porque, en el fondo, saben que no es España. Cuando aparece es porque se plantea la necesidad de que España haga entrar en vereda a la colonia díscola.

De momento tenemos un PSOE con una visión de Catalunya idéntica a la del PP y añorante del 155. Será bueno saber qué aportará aquí a la alianza Podemos, cuál sea su propuesta para Catalunya y cómo se relacionará con ella. Por si acaso se retrasan, como es muy posible, van cuatro preguntas de cuya respuesta (si la hay) dependerá el juicio que su propósito merezca entre los indepes, empezando por Palinuro:

1ª) ¿Respetan el derecho de autodeterminación de los catalanes en vía unilateral si no hay otra? (Algunos dirán que aunque la haya, pero ya se sabe que Palinuro es conservador)

2ª) ¿Reconocen la declaración de la República catalana independiente?

3ª) ¿Reconocen que en España hay presos y exiliados políticos?

4ª) ¿Están dipuestos a negociar con la Generalitat sin poner como condición previa la liberación de los presos políticos?

La respuesta teórica del PSOE será de tres noes y un sí y la de Podemos, tres síes y no. En principio. Ningún punto de coincidencia. Se explica por qué la pública secreta reunión es muda respecto a Catalunya. No saben qué hacer. No tienen ni idea. El PSOE no sabe qué es la República catalana, aunque su historia y raíz sean republicanas y Podemos no sabe qué es la revolución catalana, aunque dice tener una visión revolucionaria.

sábado, 16 de junio de 2018

Poder dual y territorio exento

Andan los medios españoles desmelenados con la contundencia de Sánchez en sus medidas innovadoras, de restauración de derechos y remedios de entuertos y los relatan embelesados: "un cargo, un salario", recuperación de la sanidad universal, acogimiento de refugiados, supresión de las cuchillas, garantía de paga extra a los pensionistas y mucho diálogo con Catalunya.

No es parva la muestra. Tanta que los de Podemos se ofrecen en sociedad con una batería de propuestas sociales antes de que Sánchez los madrugue. Era mucho lo que había (y hay) que hacer. Ayer, M. Rajoy hizo mutis para siempre. El epitafio de Hernando: se va el mejor presidente de la historia de España. Risum teneatis. Está claro que huye como alma que lleva el diablo por haber dejado el país en estado de quiebra moral, económica, política y territorial. Un destrozo inimaginable. No habrá agujero en el mundo en el que pueda escapar a su conciencia un individuo así. Eso si no lo imputan los jueces, ahora que ha perdido el fuero.

Volvamos al relato inicial. Todo son parabienes a que el gobierno central recupere la dignidad de las instituciones, vilipendiada por la asociación de malhechores, y los derechos de la ciudadanía. En cambio, todo son "paramales" cuando el govern catalá hace lo mismo en el ámbito de sus competencias: repone en sus puestos a los cargos destituidos ilegalmente vía artículo 155, restaura el servicio exterior de la Generalitat, recompone los departamentos devastados por la intervención española, reclama la liberación de los presos políticos e insiste en investir a Puigdemont; devuelve los derechos a los ciudadanos y la dignidad a las instituciones. ¿Por qué, según los medios, está bien que lo haga el gobierno español y no el catalán? 

La cuestión radica en la expresión "el ámbito de sus competencias". Para el gobierno español, el parlamento español, los jueces españoles y los españoles españoles, ese ámbito es el autonómico y no da para las dichas y otras alegrías. Para el independentismo catalán ese ámbito es el de soberanía de la República, ejercida en condiciones de constricción por fuerza mayor, pero soberanía en todo caso.

Es imposible que ambos puntos de vista coincidan en algo. Ni siquiera en el punto de fuga. De este modo y dado que el presidente Torra  bien pudiera ser Torre y hasta Torreón, el gobierno no tiene otro remedio que hacer como que no se entera porque, si se da por enterado, tendrá que aumentar la población de presos y exiliados políticos, intensificando el problema. Es decir, el gobierno tiene que hacer como que no ve una clara situación de poder dual en España, de un lado el Estado español y, de otro, la Generalitat que, sin reconocimiento formal de parte, de hecho lo es. 

Hay un territorio jurídicamente del Estado español pero políticamente exento que coincide con la República Catalana, esa que según el gobierno central no existe, pero actúa. El presidente Torra piensa pedir al rey formalmente que se disculpe por la violencia del 1-0. El MHP es una buena persona. Otro le pediría que se disculpase de las dos cosas: el 1.O y el discurso del 3 justificándolo. Por lo demás, si Felipe VI quiere, puede tomar ejemplo de su padre, ponerse ante la pared con gesto compungido recitando: "Me he equivocado. Lo siento. No volverá a suceder". Que un presidente de govern republicano exija disculpas al rey entra en los principios de la dignidad ciudadana, pero no entre los del servilismo monárquico. Si el legislador español admite que el rey es inmune, ¿cómo va a aceptar que se le exijan disculpas? El poder dual, republicano en Catalunya y monárquico en España. 

Acepten ya que tienen un poder dual que debe negociar en condiciones de igualdad de gobierno a gobierno. Y no solo poder dual. También hay un territorio y una población exentas. Los tres elementos del Estado, poder, territorio y población. O de fragmento de Estado, usando la expresión de Jellinek. Felipe de Borbón no puede entregar los premios de la Fundación Princesa de Girona porque la ciudad lo tiene declarado persona non grata, así como al virrey Millo. Esto en tiempos del Rey Sol no pasaba. En tiempos de Franco, el sol de él y de su padre, tampoco.  Ni valer el fuero por la fuerza puede el rey porque habría que obligar a los gironins a asistir al acto a punta de bayoneta y ya se sabe, según célebre dicho, que con las bayonetas puede hacerse todo menos sentarse en ellas. Tendría que traer el auditorio a base de fletar autobuses con bocata, al estilo del día de la Raza. No ha lugar. El rey es persona non grata y la República es por definición territorio exento de monarcas. Els catalans no tenim rei. Mi dispiace, maestà. 

Son encomiables los esfuerzos dialogantes del gobierno, aunque no tan vistosos como los exabruptos del ministro Borrell, llamando a la discordia civil; ese ministro de Exteriores cuyo único exterior es Catalunya. El intento de Batet de resolver el conflicto político por la vía del diálogo es aun más encomiable; pero no tiene pasado ni futuro; solo un titilante presente. No tiene pasado porque ya vale a los socialistas descubrir ahora que se trata de un problema político cuando fueron los principales defensores de la criminalización del procés, su judicialización y la aplicación más severa si se podía del 155. 

Y tampoco tiene futuro. Por supuesto que se puede dialogar y dialogar y dialogar cuanto se quiera sobre reformas constitucionales, milagros federales, resurrección de los estatutos muertos y otras cuestiones quodlibetales. Pero hay un asunto que es previo y requisito indispensable: se dialogue sobre lo que se dialogue, los presos políticos deben ser liberados sin cargos. No es posible construir nada racional o humano sobre la injusticia y el sufrimiento de inocentes. 

El consabido argumento, usado ya por el gobierno anterior de la separación de poderes y la jurisdicción de los tribunales es una repetición de la falacia que demuestra cómo la voluntad de diálogo a base de reconocer el carácter político del conflicto es falso. Fue el gobierno anterior el que metió en la cárcel (descabezó, para ser más precisos, como decía la vicepresidenta de infeliz memoria) a los presos políticos; el gobierno actual debe liberarlos. De lo contrario, la recuperación de derechos será para unos pero no para otros.

Hoy, Palinuro en Sant Cugat

Ayer escribía Palinuro una carta a Carme Forcadell que se publica hoy o mañana en Vila-Web y en la que, entre otras cosas, le digo que, desde que todas ellas y ellos entraron en prisión, en Catalunya no ha habido día en que no se las recuerde y no se haga todo tipo de actos a lo largo y lo ancho del país para conseguir su liberación. Que no están solas ni solos. Que tienen un pueblo detrás en su apoyo y, lo que es más grave desde el punto de vista del agresivo nacionalismo español, dispuesto a seguir sus pasos.

El acto de hoy es una prueba más de ello. En Sant Cugat, com tot arreu a Catalunya, los días 16, aniversario de la detención de los Jordis, estarem tossudament alçats. Y los demás días del mes también. Aixó no ho atura ningú. 

Así que hoy, en la Plaça 1 d'octubre (¡bravo!) nos vemos a las 19:00 de la tarde para xerrar sobre el interesante tema propuesto: ¿Está España en Europa? 

No quiero hacer spoiler pero es obvio que España no está, ni ha estado ni, de seguir las cosas como hasta la fecha, estará jamás en Europa.

Para más detalles, mañana en Sant Cugat.

viernes, 15 de junio de 2018

La izquierda española es de derechas

Aquí mi artículo de ayer en Berria, titulado Sánchez y el mito de las dos Españas. Prácticamente la gozosa inauguración del nuevo gobierno de Sánchez ha coincidido con la dimisión de su ministro de cultura, una adquisición reputada muy original porque introducía un elemento nuevo en el casacón de la vieja política. Muchos lo aplaudieron y, luego, aplaudieron su dimisión como una muestra de transparencia, sensibilidad, etc. No es mi caso, ni en lo primero, ni en lo segundo. A reserva de que el amigo Huerta tenga algún mérito oculto, por sus tuits, sus declaraciones y alguno de sus escritos (sin contar el pegajoso mundo de la imbecilidad televisiva en que trabaja y, supongo, seguirá trabajando), este hombre me parecía pintiparado por lo que hacía, pero no para ser ministro porque, con todo su desparpajo, es un estúpido vanidoso. Su dimisión y sus justificaciones son las de un vanidoso estúpido y engreído. Han consistido en culpar de su fraude a Hacienda a todo el mundo menos al único responsable, que es él mismo.

Pero esto no es más que un indicador de que Sánchez ha compuesto un gobierno con no mucha más altura intelectual que el de M. Rajoy, tan de derechas y tan catalanófobo como aquel. El juicio completo de Palinuro sobre estos socialistas que no tienen nada de socialistas pero sí de muy y mucho españoles se encuentra en la versión en castellano:

Sánchez y el mito de las dos Españas.

El nuevo gobierno servirá para dilucidar una cuestión siempre viva: ¿son los gobiernos de turno de la oligarquía dominante los incompetentes o es el Estado mismo el que no tiene remedio porque es un Estado fallido? Durante los últimos tiempos de Rajoy, mucha gente de la sedicente izquierda socialdemócrata insistía en distinguir entre el Estado español y el PP y afirmaba que, una vez liberado el país de aquella asociación de delincuentes, las cosas cambiarían y España retornaría al sendero de los Estados democráticos de derecho.

Por supuesto, la doctrina oficial del gobierno de Rajoy y sus voceros (jueces, periodistas, intelectuales, banqueros) ya daba por supuesto que España es un Estado de derecho en todo homologable a los del entorno europeo, criterio que comparte la izquierda. Al decir que, cambiando el gobierno, el país retornaría a su condición de Estado de derecho, esta acepta la doctrina de la derecha y retorna al mito de las “dos Españas”, una reaccionaria y nacional-católica, de la derecha y otra liberal, progresista y socialista de la izquierda.

El mito es una patraña. De los doscientos años de historia que tiene, solo en los escasos seis que duró la II República tuvo algo de verosimilitud. El resto se ha repartido entre gobiernos reaccionarios, a veces larguísimas dictaduras militares y breves interregnos en los que ha podido gobernar a medias una izquierda pusilánime, sometida a la vigilancia de la derecha. Ni Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero hicieron políticas consecuentes de izquierda en cuestiones esenciales de modelo productivo, redistribución de recursos, etc. Véanse los latifundios en Andalucía. Sí tomaron ambos gobernantes medidas en campos sobre todo ideológicos, de costumbres y moral: derechos de minorías, libertades, paridad, ampliación de las políticas sociales de todo tipo.

Nada que pusiera en peligro la estructura de poder de la oligarquía nacional-católica, compuesta por la alianza de banqueros, empresarios y terratenientes. Una estructura sostenida por el ejército que sigue sin despolitizar y la iglesia, financiada por todos los contribuyentes, siendo ambos, iglesia y ejército, Estados dentro del Estado. No hay “dos Españas”; hay una sola, nacional-católica, reaccionaria, clasista, atrasada y caciquil que, ocasionalmente, se deja gestionar por una seudoizquierda timorata más temerosa de la izquierda radical que del fascismo.

Queda por ver si el nuevo gobierno será capaz de romper los moldes o si repetirá la enésima entrega de los ideales de la izquierda a la derecha. Tiene por delante los consabidos cien días pero está claro, por lo que cabe entrever, que van a sobrarle más de noventa para poner el gobierno al servicio de los sempiternos caciques y los oligarcas.

La seudoizquierda española tiene muchos elementos en común con la derecha pues absorbe su doctrina a partir del catolicismo, el autoritarismo, el clasismo, etc. A ellos se une ahora el del patriotismo ante la amenaza de la disgregación del cortijo a manos del independentismo catalán. Aunque la izquierda no suele participar de estas posesiones, su espíritu patriótico, venido del recuerdo del imperio que los siglos se comieron sin que los descendientes de los conquistadores acaben de entenderlo, la convierte en sumisa gregaria del vociferante y fascista nacionalismo español.

En verdad, sola la composición de género del nuevo gobierno es motivo de aplauso sincero. Once mujeres contra cinco hombres muestran una voluntad real y decidida de avanzar hacia la completa emancipación femenina. Pero el resto son sombras. El gobierno muestra aquí una vez más el prurito de la seudoizquierda de caer bien a la derecha, a los militares, los curas, los banqueros, los capitalistas y los puros fascistas españoles. Y en el caso específico de Catalunya, no es que haya entrega a la derecha. Es que los ministros nombrados traen un historial que deja chicos a los más catalanófobos del gobierno de M. Rajoy.

Borrell es un catalán furibundamente antiindependentista, cercano a la asociación SCC que se entiende tan ricamente con las bandas de provocadores de la extrema derecha; Marlaska, un juez de derecha a ultranza, con un historial de inacción frente a la tortura o de connivencia con las mayores tropelías del PP como el accidente del Yak 42; Robles, adversaria del derecho de autodeterminación que razona como el PP; Ábalos, claro avalista del 155, como lo fue el propio Sánchez; Huerta, un gran insultador de independentistas.

Queda claro ante Europa que el nuevo gobierno de Sánchez no se diferencia en nada del de M. Rajoy en lo referente a Catalunya que es el asunto más importante que hay en España. La negativa a un referéndum pactado de autodeterminación es cerrada. La alternativa es perpetuar un régimen de dictadura de hecho a través de la renovación del 155, con más presos y exiliados políticos y al que seguirán llamando “Estado de derecho”.

Será el momento de la mediación exterior en un conflicto que el Estado no puede resolver civilizadamente.

Mañana, Palinuro en Sant Cugat

Ayer escribía Palinuro una carta a Carme Forcadell que se publicará mañana o pasado en Vila-Web y en la que, entre otras cosas, le digo que, desde que todas ellas y ellos entraron en prisión, en Catalunya no ha habido día en que no se las recuerde y no se haga todo tipo de actos a lo largo y lo ancho del país para conseguir su liberación. Que no están solas ni solos. Que tienen un pueblo detrás en su apoyo y, lo que es más grave desde el punto de vista del agresivo nacionalismo español, dispuesto a seguir sus pasos.

El acto de mañana es una prueba más de ello. En Sant Cugat, com tot arreu a Catalunya, los días 16, aniversario de la detención de los Jordis, estarem tossudament alçats. Y los demás días del mes también. Aixó no ho atura ningú. 

Así que mañana, en la Plaça 1 d'octubre (¡bravo!) nos vemos a las 1900 de la tarde para xerrar sobre el interesante tema propuesto: ¿Está España en Europa? 

No quiero hacer spoiler pero es obvio que España no está, ni ha estado ni, de seguir las cosas como hasta la fecha, estará jamás en Europa.

Para más detalles, mañana en Sant Cugat.

jueves, 14 de junio de 2018

Buscando camorra

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Nous temps, en referencia irónica, claro, a cómo han cambiado las cosas desde que gobierna lo que queda del PSOE: nada, no han cambiado nada. Si acaso, que los ministros son más rápidos que los ladrones del PP a la hora de dimitir y que hay más ministras que ministros. Pero eso es todo. La reforma laboral tendrá unos retoquillos; la Ley Mordaza no la tocarán; seguirá la dictadura policial y la iglesia parasitando al Estado mientras los ladrones desorejados estilo Urdangarin se pasean en libertad pero los representantes democráticos de los catalanes seguirán encerrados a pesar de ser inocentes. El mismo autoritarismo y la misma oligarquía mandando.

Se recordará cuando Aznar dijo que "antes se romperá Cataluña que España", una de esas frases con las que estos tipos creen decir algo cuando es evidente que, si como ellos mismos dicen, Cataluña fuera España, al romperse aquella se romperá esta al mismo tiempo. Pero es difícil que un estúpido de este calibre llegue a entender algo tan elemental. Se recordará asimismo a García Margallo amenazando ominosamente con que "a partir de agosto empezaran a pasar cosas en Cataluña", a Jordi Cañas anunciando "os montaremos un Ulster que os vais a cagar". Más recientemente, el provocador Borrell, ministro, anuncia en TV que Cataluña está al borde de un enfrentamiento civil y hace nada, su discípula Arrimadas anuncia que se llegará a unos límites de violencia que no se pueden imaginar.

Son expresiones que tienen mucho en común. No casos aislados. Es el deseo del fascismo nacionalcatólico español (PP, PSOE, C's, IBE 35, banca, medios, curas, militares, policías, etc): que haya violencia en Cataluña para poder justificar una intervención armada. Sus intelectuales firman ahora bovinamente manifiestos (aprovechando que el señorito socialista está en el gobierno) pidiendo soluciones, mientras sus políticos siembran el miedo con amenazas y sus bandas de matones y fascistas lo hacen en la calle, agrediendo a la gente pacífica.

Aquí, la versión castellana:

Nuevos tiempos


Borrell, como Guerra en el primer gobierno de Felipe González, debe de ir en este de “libre oyente” y, sobre todo, de libre provocador. Sus exabruptos en el gobierno no son más graves que los que soltaba en la oposición porque esto ya no es una cuestión política o administrativa de un cargo arriba o abajo, sino de pura decencia humana. Es imposible tratar con quien amenaza y va de mala fe.

Es de suponer que el gobierno calibrará el impacto que la piromanía del ministro tiene en su política de diálogo y entendimiento. Aunque también puede tratarse de una pieza de florentinismo político: se deja suelto a Borrell y se compensa con el tono civilizado de Batet en una reactualización de la pol’itica del palo y la zanahoria. No está mal pensado. Solo que el palo es un pesado garrote y la zanahoria no existe. El nacionalismo esspa;ol solo puede atacar< no tiene nada que ofrecer. La intención evidente es introducir división en el bloque independentista, buscando acuerdos con sus sectores más conservadores. Es lo mismo que intentan con Podemos, dinamitarlo por dentro ofreciendo cancha a Errejón, sin darse cuenta de que lo ponen en un aprieto porque si el de Podemos aceptara, como le pide su talante, ¿cómo se distinguiría de Gabilondo, su adversario? Lo mismo con el movimiento independentista: ofertas a los sectores más conservadores que conllevarían la ruptura de la unidad independentista. Con un resultado, es de suponer, muy parecido. Es decir, nulo.

La cuestión no es la irresponsabilidad del ministro. La cuestión es que su intención última, esto es, provocar aquello contra lo que dice avisar, no va a darse. No se da; ni se dará. El independentismo ha movilizado a millones de personas durante años sin que haya habido violencia jamás. La violencia emerge con la reacción nacional española de los últimos tiempos, reacción en la que el propio ministro ha tenido un papel destacado. La violencia viene de ahí, de los “patriotas” españoles de fuera de Catalunya y de dentro de ella, de Vox, SCC, ocasionalmente C’s y PP, aliados callejeros del ministro. Viene de ahí y ahí se queda circunscrita. Y documentada hasta la saciedad. Es la era de las comunicaciones. Hay docenas de vídeos probando el carácter exclusivamente español de la violencia. Y, además, ridículamente minoritario.

La amenaza de que Catalunya esté en situación de enfrentamiento civil refleja un deseo y un deseo que no va a cumplirse. No hay ni habrá enfrentamiento civil. Ni hay ni habrá violencia que justifique la aplicación de la plantilla ETA que tenían preparada con el 155. Todo esto, además, de insensato está completamente fuera de lugar y de tiempo. El País Vasco demanda seguir la vía catalana. Estará bien ver cómo va a enfocar el gobierno ese nuevo problema. ¿También con medidas represivas policiales y judiciales? ¿Va a haber más presos políticos, esta vez vascos? ¿Se va aplicar el 155 en tierras de Sabin Arana?

Mientras el gobierno y el Estado buscan alguna vía de escape a la tenaza de los dos referéndums de autodeterminación, interviene Navarra y, sin poner en cuestión la soberanía nacional, que tanto teme el nacionalismo español, sí cuestiona la forma política del Estado.

Se plantea así un problema siempre larvado, siempre aplazado y que obligará a la izquierda española de definirse. El PSOE habrá de declararse partido dinástico en un momento en que la monarquía está tan baja en la valoración popular que los baremos no preguntan por ella. 120 años de historia a los pies de un Borbón.

Es absurdo pensar que una crisis de estas dimensiones puede abordarse con 85 diputados y un vagaroso plan de reforma constitucional en la que nadie cree. Es absurdo esperar que este pecio del naufragio del régimen al chocar con el escollo catalán presente un plan para salvar el conjunto. Solo tenían el 155 y, al decaer este, se encuentran con las manos vacías y el discurso huero. En su lugar quieren sembrar el miedo y el odio.

Catalunya no está al borde del enfrentamiento civil. España está al borde de la quiebra política.


Con suficiente antelación

Me apresuro a poner en conocimiento de mis convecinos gironins el acto de presentación del libro España quedó atrás en la sala Montsalvatge del auditori de Girona el próximo 2 de julio a las 19:00. La antelación trata de evitar posibles problemas de aforo. 

El libro se presentó en Barcelona con Elsa Artadi, Carles Riera y Salvador Cot, en un acto que tuvo mucho interés y fue muy clarificador. Pero, pues el autor se radica en Girona, pareció de buen estilo presentarlo también en la ciudad de su elección. Quiere ser un modesto saludo a mi nueva ciudad y así estoy honradísimo de que la alcaldesa, Marta Madrenas, haya aceptado pronunciar un saludo. Y ya ni cuento el ciudadano Palinuro, que está encantado.

Agradecimiento asimismo a Xevi Xirgo, director de El Punt Avui, diario que acoge el recién nacido semanario La República, en el que colaboro. 

Doy mucha importancia a la deferencia que me hace Artur Mas con su gesto. Tengo la intuición de que así como Madrenas simboliza para mí la bienvenida a la ciudad, Mas simboliza la bienvenida a Cataluya. I això, amics i amigues, és un punt avui i sempre.

I Girona més.

miércoles, 13 de junio de 2018

¿Estatuto o República?

Tengo la República muy cercana. Hoy entrego un artículo sobre ella para el nuevo y flamante semanario La República que sale, ¡en kioscos! los findes. Vamos allá, compas, a pulsar un mercado donde lo retro es progre. "Hay gente pa tó", decía Belmonte. Y así es. Hay un bucle de distinción y elegancia en el hecho de dejarse ver en lugares públicos leyendo una revista a la antigua usanza. Quizá sea lo único que haga levantar la cabeza a los de los móviles que tendrán un breve atisbo del mundo a través de algo que ya no está en el mundo: el papel impreso. ¡Larga vida a esta interesante República de papel! Porque la otra se mueve en otro territorio, incluso en otro orden de realidad.

Sí, claro, la iniciativa es catalana porque, como todo el mundo sabe, los catalanes son los únicos que se toman en serio la República. Tanto que han proclamado una y en estas peripecias nos encontramos. Los republicanos van del brazo de los independentistas. La República aparece los sábados en compañía de El Punt Avui, un diario digital independentista. Por eso el primer número en kiosco mostraba al presidente KRLS diciendo que si alguna cosa està guanyant a Catalunya és la República.

Esa coincidencia permite hablar de la llamada "cuestión catalana" (hoy ya "vasco-catalana y medio navarra) tratando modestamente de clarificar la situación con la mejor voluntad.

La "cuestión catalana", como el dios Jano, tiene dos caras. La de la independencia y la de la República. Pero, a diferencia de Jano, no miran en direcciones opuestas, sino en la misma: hacia delante. Sería más apropiada una representación de tres rostros, uno de frente, otro de perfil y otro en escorzo, como los que hacían los pintores a los poderosos. Pero sobraría uno de ellos. Los rostros son dos, el independentista y el republicano. Son el mismo y se han reconocido, lo cual tiene sus consecuencias.

El Estado nacional está hoy transitoriamente gestionado por el PSOE pero en él se engloba casi el 80% de la representación parlamentaria española (PSOE, PP, C's y medio Podemos). Llamémosle Bloque Nacional. El BN no puede ver ninguno de los dos rostros catalanes. Para él no son los de Jano o los de Richelieu, sino el rostro de la Medusa, que petrifica a quien lo contempla. Para no ser petrificado, el gobierno cierra los ojos y arremete contra la opción independentista (vale decir: referéndum, no), con los alaridos de Borrell y las vagarosas promesas de reforma constitucional medio farfulladas por el sector dialogante de los que creen mandar. "Las palomas", como dirían comentaristas gringos.

El gobierno niega la petición, pero ofrece alternativas o tal cosa dice. Una es la fablilla federal alumbrada tras una reforma de la Constitución inimaginable. Otra la genialidad zapateril de retornar al Estatuto de 2006, también llamada "pelillos a la mar". Desde el punto de vista indepe, nada de esto lo forzaría a abandonar lo que estipula su legítimo derecho a un referéndum de autodeterminación. La gente no ha arrostrado lo que ha arrostrado para volver al punto de partida y ponerse de nuevo en manos del hatajo de incompetentes que en diez años convirtieron un apoyo de menos del 20% a la independencia en otro de casi un 48% y creciendo. 

Pero, oye, como dicen los de la televisión, menos da un piedra. Además, mientras te colocan la interminable saga federal, como si fueras Harún Al Rachid, no te muelen a palos, en manifestación de una atávica tendencia del macizo del raza hispánica. Así que, en tanto haya propuestas, serán escuchadas con suma afabilidad, como señala el presidente Torra que, luego, como en los apartes del teatro clásico, se vuelve hacia el público y añade: pero nosaltres seguim amb el mandat de l'1-0. O sea, la segunda cara, la República.

Tampoco este rostro es visible para el BN (antiguo B155), pero no porque lo petrifique sino porque no lo ve. Es el rostro invisible. El BN está constitutivamente incapacitado para ver el republicanismo porque vive inmerso en un caldo monárquico. Por eso, a diferencia de la independencia, no tiene propuesta alguna que hacer; ni se le ocurre. El grito independentista se oye; el republicano, no, como si estuviera en una longitud de onda que el BN no capta. ¡Vamos, hombre, cuestionar la Monarquía!

Pero la República Catalana existe y actúa a buena velocidad. Recupera su servicio exterior, promulga leyes de la memoria histórica, se querella contra el gobierno central e insiste en su intención de investir presidente a Puigdemont, el legítimo presidente que mientras tanto preside el Consejo de la República en el extranjero.

El BN no tiene propuestas ante la reconstrucción republicana de Catalunya. No investiga, no se informa, no estudia anternativas. Se encastilla en una posición que el oleaje revolucionario catalán superó hace mucho. 

Y la izquierda anda con la aguja de marear loca. El PSOE llevará su lealtad al BN a alinearse en defensa del trono (y ya se verá de cuánto altar) y Podemos se encontrará en una encrucijada entre quedarse sin ideología autodeterminista pero con los votos o sin los votos pero con mucha ideología. 

En ese marasmo se levantan voces desesperadas abogando por un partido o movimiento republicano con voz y presencia fuera de cenáculos de veteranos de mil batallas. Se juega a la ambigüedad de que apoyar una República en Catalunya es apoyarla en toda España. Y es una falacia. Solo sería cierta si el movimiento/partido republicano español fuera ya robusto y sellara alguna alianza de hermano mayor con hermano menor en la ilusión de que la República española posibilitaría la catalana pero con la sólida convicción de que tal cosa no sucedería nunca. Pero todo eso tan complicado no es posible de raíz desde el momento en que el republicanismo español, hoy, solo se entenderá como sucursal del catalán y eso ya es razón suficiente para que le nieguen los votos. 

No hay más salida civilizada que el referéndum pactado de autodeterminación vinculante y con mediación internacional. Se dirá que eso no es un punto de acuerdo entre dos, sino más bien una imposición de parte. Pero se olvidan dos contraargumentos: primero, si el referéndum es pactado, se trata de un obvio punto de acuerdo; segundo, llegar a él ya implica una concesión importante de la parte independe y con la que no todo el mundo está de acuerdo pues, en realidad, el referéndum ya se celebró el 1º-O y se concretó después en las elecciones del 21 de diciembre. 

A ello se añade la ventaja para ambas partes de que la mediación internacional dará fe de la decisión adoptada, sea la que sea y esa fe será el punto de partida para una negociación acerca de cómo institucionalizar la decisión adoptada.

Claro que es un punto de acuerdo 

martes, 12 de junio de 2018

El hundimiento del PP y la cuestión de España

Hace unos días, en otro contexto, hube de recordar La caída de la casa Usher. Me revolotea desde entonces como una forma de referirnos al prolongado, lento pero imparable hundimiento de ese inmenso aparato de poder, esa maquinaria delictiva, dicen los jueces, identificada con el Estado que es el PP. El partido de los 800.000 afiliados, según dicen y más de 800 imputados, según rezan las actas judiciales en medio país. Entre ellos rostros desconocidos, de alcaldes de pueblo y rutilantes estrellas del mundo político-mediático como Cifuentes, Bárcenas, González, Gallardón, Rato, etc. También valdría, me decía, el ocaso de los dioses. Pero de dioses no tienen nada; ni mayores ni menores, ni uno ni trino, ni siquiera dioses del mal, como ese que imaginan algunos gnósticos. Nada de dioses, ni semidioses: mortales indignos que robaban hasta los dineros de las huchas de niños, ancianos, parados, dependientes, etc. Verdaderos desalmados. Truhanes.

Las peripecias del PP para reconstruirse, no para refundarse, son pintorescas y darán mucho juego en los medios. Alguien ha dicho que se requiere un congreso extraordinario para hablar de ideología. Algo sorprendente. El PP jamas ha tenido ideología específica fuera de algunas simplezas inconcretas sobre el humanismo cristiano, los valores occidentales, el liberalismo, la familia y la importancia del individuo. Nada para masticar mucho rato. Y, en los últimos años, convertido el partido en una asociación mafiosa puesta a parasitar el Estado, la ideología había pasado a ser motivo de risa. Una asociación de malhechores solo puede tener la ideología del latrocinio. Pero no sé si esto es motivo para un congreso extraordinario o más bien para un seminario sobre prácticas de debida apropiación indebida.

El hundimiento de este retablo de las miserias vergonzantes se completa con la visión apocalíptica de la desintegración de la Patria. El mismo individuo que hace cuatro años proclamaba que, mientras él fuera presidente, no habría liquidación de la soberanía nacional se va dejando un panorama terrorífico después de la batalla: agresiones, gente en la cárcel, gente en el exilio y, no ya una, sino dos Comunidades Autónomas (Euskadi y CAT)  cuestionando la base misma de esa soberanía nacional, pidiendo autodeterminación, mientras una tercera, Navarra, exige referéndum sobre la eternamente aplazada cuestión de Monarquía/República. 


Este gobierno venía con la artillería anticatalana preparada. Y la primera andanada, la provocación de ayer del ministro Borrell, ha servido para hundir el escaso crédito que aquel pensaba ganarse hablando de diálogo y reformas de aquí y de allá. Nada de reformas; el gobierno quiere la guerra y, como no va a preocuparse mucho de cómo la lleve a cabo ni con qué medios, ha puesto al juez Marlaska de ministro del interior, el que no ve torturas en donde los demás sí. 

Un ridículo overkill cada vez más enloquecido. La armadura del PSOE mira toda a Catalunya. Pero la retarguardia, en la que no había pensado, se le ha vuelto en contra. Ya no es solo Catalunya. También es el País Vasco, sumado a la revolución catalana y Navarra que trae otro pleito, el de Monarquía/República.  Una comunidad política democrática de ciudadanos responsables no puede tragarse una Monarquía procedente de un golpe de Estado por malas artes de camarillas y militares. Que algo tan obvio no haya movilizado a la izquierda española muestra cómo están las cosas en este territorio. Nunca es el momento de la República y, además, ahora suena a catalán. 

Pensar que un problema de este calibre puede afrontarse con 85 diputados, 169 jabalíes en contra, los 71 inciertos de Podemos y los 17 independentistas también enfrente carece de todo sentido.

Piénsese bien: dos reclamaciones de referéndum de autodeterminación en sendas CCAA y otra de referéndum estatal sobre monarquía/república que, a no dudarlo, tendrá muchas adhesiones.

Eso no se puede tratar con un plan represivo policial y judicial. Hay que desmontarlo. Tampoco con presos y exiliados políticos. Hay que liberarlos y exonerarlos. ¿Cómo? Con la misma falta de inhibiciones con que se procedió a descabezar el movimiento. Ahora que los descabezadores han perdido sus cabezas, es bueno reconocer que el movimiento independentista jamás perdió las suyas. Y ahí están. No para embestir, pues no son españolas, sino para pensar. 

Si el nacionalismo español quiere ofrecer algo que no sea la represión, tiene que abrir un periodo constituyente en mitad del trayecto de este buque de la Constitución de 1978 que hace agua por todas partes. Algo parecido a una Convención sobre cuya composición y alcance habría que ponerse de acuerdo. Altamente improbable, desde luego y más si en el gobierno prevalece la catalanofobia en todos sus matices, desde el vociferante y agresivo de Borrell, al más ladino de Robles pasando por el autocomplaciente de Ábalos. 

No basta con que cambien su visión de Catalunya. Tienen que cambiar su visión de España. 



lunes, 11 de junio de 2018

El pirómano

Decía Palinuro ayer:
y eso que todavía no ha entrado en acción el aparato Borrell. Acaba de hacerlo, en la televisión y en plan bronca, agrediendo y mintiendo. Todos los catalanes, y él lo es, saben que Catalunya no está al borde de ningún enfrentamiento civil. Él, en concreto, sabe que la única violencia en Catalunya viene de los nacionalistas españoles oriundos o que allí se desplazan. Y lo sabe porque es uno de los que los alientan cuando se manifiesta con ellos y con lo más reaccionario de la España franquista. 

Lo sabe de sobra cuando sostiene que los actos públicos del bloque nacional español, con Societat Civil Catalana a la cabeza no han generado violencia alguna, siendo así que hay docenas de vídeos que muestran lo contrario y también puede mirarlo en los libros de Jordi Borràs, testimonios gráficos inapelables de un tiempo y un país. 

Por lo demás, estas provocaciones públicas a cargo de matones ultraespañoles, las bandas "descontroladas", solo se hacen ver a base de armar camorra, esa que sirve al ministro para vender la idea del "enfrentamiento civil". En cuanto convocan a algo, se reúnen dos docenas, todo lo más cuarenta abanderados del Imperio, como los que ayer fueron a dar la matraca a TV3, a pedir que la cierren. Definitivamente, esos grupos y bandas de provocadores no son un verdadero riesgo de enfrentamiento civil de una población que ha dado muestra de una convivencia pacífica ejemplar. Y todavía lo serían menos si no estuvieran funcionando los vínculos mas o menos ocultos entre los "incontrolados" y los que los controlan. No, no hay más riesgo de enfrentamiento civil que el que traigan unos gobernantes autoritarios y represores, dirigidos por un pirómano, quien ya amenazaba hace unas fechas con que llegaremos a las manos.

Borrell no es un político adecuado para un gobierno que pretenda, como dice, dialogar con Catalunya. Su intransigencia, su visceralidad y su altanería, que concentra todo el anticatalanismo de la vieja guardia socialista, darán al traste con los esfuerzos reformistas de sus compañeros de equipo, algunos de los cuales le parecerán vendepatrias por lo dialogantes.

Es el caso que el nacionalismo español, incapaz hasta la fecha de abordar el conflicto catalán con inteligencia y sentido democrático se encuentra ahora con una duplicación de tarea que no por esperable ha de resultar menos complicada para la conducción del Estado. Ayer también, una cadena humana de más de cien mil personas cubrió los 220 kms que separan las tres capitales vascas, en demanda del derecho a decidir de los vascos. Los vascos que se han hecho catalanes. La vía catalana que llega a Vasconia.

Catalunya no ha estado nunca al borde de un enfrentamiento civil y quienes sí lo estuvieron, los vascos, han dejado atrás esa etapa y se han sumado al carro de la revolución catalana. O han puesto el suyo en marcha pari passu para que no se pique nadie. Y el movimiento vasco trae pinta de ser tan transversal como el catalán. Esa cadena organizada por la plataforma Gure Esku Dago ("está en nuestras manos") tiene el apoyo de todos los partidos nacionalistas, incluido el PNV así como de las instituciones vascas. Es un movimiento tan amplio, profundo y coordinado como el catalán.

Si en el gobierno creen que cabe seguir con la respuesta represiva judicial y unos retoques (por lo demás imposibles) de la Constitución es que no saben en dónde están. Esto no es una crisis de funcionamiento con unos conflictos de partidos sin más alcance. Es una crisis constitucional que pone en cuestión la estructura misma del Estado. Y no va a arreglarse con más policía, más represión, más jueces y menos todavía teniendo que dividir las fuerzas en el doble frente vasco-catalán.

En estas condiciones todo cuanto se diga del gobierno de Sánchez, incluso lo que el mismo gobierno dice al hablar de su duración, será a beneficio de inventario de unas elecciones generales anticipadas inevitables. Un panorama interesante, teniendo en cuenta que el govern tiene cuatro años por delante...en principio. Verdad es que el central puede axfisiar de tal modo al catalán que fuerce elecciones anticipadas en Catalunya. Pero también lo es que el independentismo puede hacer caer el gobierno socialista igualmente votándole en contra o absteniéndose.

En esas elecciones generales la cuestión interesante que se plantea al independentismo catalán es si participar en ellas o no. Pero eso será un poco más adelante y mientras se va viendo cómo toman los herederos del Imperio la segunda amenaza separatista.

domingo, 10 de junio de 2018

Esperanzas desesperadas

Se agradece que la ministra Batet se exprese como las personas normales, llame a las cosas por su nombre (pues habla de "conflicto catalán") y se muestre presta a dialogar con la Generalitat. Se agradece. Siempre es mejor que contemplar los gestos adustos, altaneros de quienes creen que la respuesta al "reto" catalán es enviar a la Guardia Civil.

Otra cosa es la viabilidad de lo vagarosamente anunciado como si fuera una concreción: una reforma federalista de la CE para que Catalunya sea más feliz dentro de España. Es una linda esperanza, pero también desesperada. Pretende disfrazar la negativa a reconocer a Catalunya el derecho a decidir si quiere seguir dentro de España o no. Porque el problema está ahí, en el presupuesto que legitima la hipotética reforma de la CE. Si los catalanes tienen o no derecho a la autodeterminación, esto es a decidir si quieren ser "más felices" dentro de España y su Constitución o "más infelices" fuera de ellas. Los alambicados castillos conceptuales armados para dilucidar tan compleja cuestión se vienen abajo con el soplo escocés.

No obstante, aun no estamos en esa casilla sino en el puro comienzo. Hablar de reforma de la CE con 85 diputados es poco realista. Y aunque fueran muchos más. Esta Constitución está redactada de tal modo que su reforma necesita complicados trámites y mayorías parlamentarias cualificadas que hoy por hoy está muy lejos de reunir. El frente antirreformista vendrá además reforzado por la reacción de las CCAA que objetarán a las relacioness bilaterales Estado-Catalunya. No se olvide que esta es la Constitución del "café para todos".  

La encomiable disposición del gobierno al diálogo viene ensombrecida por la existencia de presos y exiliados políticos. Y eso que todavía no ha entrado en acción el aparato Borrell. La inercia y la anterior complicidad con la política represiva del gobierno del PP, incluido el apoyo al 155, hacen que ahora el PSOE considere adecuado hablar de "normalizar" la situación pero sin poner fin a la persecución judicial del independentismo, sin liberar a los presos políticos ni permitir el regreso de los exiliados. 

Pero tal cosa no es realista. En un Estado de derecho no puede haber presos políticos. 

En esos términos encara la Generalitat la negociación con el gobierno. Al saber de la propuesta de reforma constitucional de Batet, Torra ha contestado que da la bienvenida a todas las propuestas, pero el govern "parte del 1-O". Qué quiera decir esto se verá en poco tiempo pero, en principio, supone una referencia al mandato de independencia resultado del referéndum del 1-O que el gobierno central no pudo ni supo impedir sino solo reprimir con tan insólita brutalidad que deslegitimó la causa que decía defender. Y, para dejar clara la idea, la CUP emplaza al govern y a los partidos independentistas a recuperar la vía unilateral.

Como en las historias de venganzas heredadas de familias que trasmiten enfrentamientos cuyo origen se ha olvidado, aquí unos gobiernos heredan conflictos que arrancan de situaciones también olvidadas. Y sin embargo, se trata de un asunto simple, como aquí: admítase un referéndum de autodeterminación en Cataluña como los que se celebraron en Quebec y Escocia. Nada más. 

Y todo quedará resuelto. 

sábado, 9 de junio de 2018

¡Santiago y abre España!

Pues claro, naturalmente, hay que hablar. Es uso en todos los países civilizados.

Porque se puede armar un lío descomunal, judicializar un problema político, reprimir a la población pacífica con inusitada crueldad, intervenir un gobierno, cesarlo, cerrar su parlamento, envíar gente a la cárcel y forzar a otra al exilio, negarse a reconocer el resultado de unas elecciones, aplicar el 155, obstaculizar cuanto se pueda la formación de gobierno pero, al final, hay que sentarse a dialogar. A dialogar con los supremacistas, nazis, xenófobos, racistas, le pens, etc. No hay más remedio que tragarse la propaganda insultante y tratarse con la buena fe que las circunstancias exigen.

No es ni será fácil. A la escasa predisposición que se advierte en Sánchez se unen las amenazas de los barones en sus filas y los gritos furibundos de la derecha para quien Sánchez seguramente habría pactado la desmembración de España a cambio de sus votos separatistas. Claro que no es fácil dar un giro radical a una política agresiva de confrontación a otra de entendimiento y búsqueda de soluciones. Sobre todo si se tiene en cuenta que las bases de negociación de las dos partes son diametralmente opuestas. 

El gobierno está en Babia. Dice la ministra portavoz que Sánchez tiene previsto reunirse con Torra como lo hará bilateralmente con los demás presidentes de las CCAA. 24 horas después es titular de todos los periódicos que Sánchez y Torra han hablado por teléfono y acordado reunirse cuanto antes. Con esa mentalidad de "café para todos" el gobierno no va a ir muy lejos y menos vendiendo como una concesión graciosa el parcial levantamiento de la intervención de las cuentas que es obligado por la retirada del 155.

La negociación es asunto de supervivencia del gobierno y del Estado. Suficientemente claro está ya que la judicialización y la represión ciega, la manipulación de los medios y la justicia, los discursos del rey, solo han servido para que el movimiento independentista se amplíe, afiance, se estructure y avance. El 1º O los catalanes se habían ganado el derecho a un Estado propio, según decía Puigdemont y, desde entonces, no han hecho más que ejercerlo en unas condiciones de hostilidad y agresividad muy visibles. 

Ese derecho sigue ahí personificado en la cuestión que necesariamente presidirá cualquier negociación entre la Generalitat y el Estado, la de los presos y exiliados políticos. La excusa según la cual el destino de presos y exiliados no depende del gobierno sino de los jueces y la división de poderes etc., es una patraña. El fiscal puede retirar las acusaciones. El proceso político montado (el de "descabezar" al independentismo) puede desmontarse con igual celeridad, visto además, que ya ha dejado la justicia española a la altura del betún en Europa. 

El independentismo catalán no ha renunciado a la llamada "vía unilateral". Al contrario. Otra cosa es que esté dispuesto a dialogar sobre propuestas concretas. Hace falta que las haya. Y aquí es donde el PSOE no trae las alforjas bien provistas: admitido que no cabe retornar al sano autonomismo, se medio murmuran oscuros propósitos federales, el retorno a una revisión del Estatuto de 2006, convenientemente cepillado y masacrado. Cualquier cosa de ese o parecido jaez pero ni hablar de derecho a decidir ni referéndum. 

Que es justamente donde tiene plantados sus reales el movimiento independentista. De no llegarse a este punto, seguirá habiendo vía unilateral amparada en la resistencia y la desobediencia civil pacíficas.

viernes, 8 de junio de 2018

Repartidos los papeles, comienza la función

Palinuro se suma a la legión de comentaristas del nuevo gobierno.

Desde la perspectiva de género, acierto total. El camino se hace andando. Pronunciada mayoría de mujeres. Hay quien lo encuentra exagerado y un farol. En realidad, es una composición normal porque debiera ser normal, ya que siendo normal la mayoría de mujeres, y no excepcional, volverá a ser normal un gobierno con mayoría de hombres y no el acostumbrado abuso. 

El punto de los ministros y sus peculiaridades ha sido el más comentado. Los nombramientos más cuestionados, al menos en la izquierda, son Borrell, Marlaska, Robles, Delgado, Ribera y Huerta. Un aspecto merece reseña (el resto quede para los cien días) y es el de los jueces en ministerios directamente relacionados con su quehacer profesional: Justicia (Delgado), CNI (Robles), Interor (Marlaska). No tengo claro que esa coincidencia sea beneficiosa. El reciente desastre de Zoido, juez, en Interior, que hizo bueno a Fernández Díaz, es un precedente muy alarmante.

Pero lo bueno son las políticas concretas y las posibilidades reales de llevarlas a cabo en media legislatura y con 85 diputados. Se consolida la idea de los dos frentes y la "geometría variable". Hasta El País, (que, por cierto, está en trance de purificación o cambio de piel) informa de que el gobierno pretende dar unos golpes de efecto, más que nada para frenar a Podemos. Es de suponer se trate de medidas sociales, de consolidación y ampliación de derechos y restitución de las más flagrantes injusticias sociales heredadas del PP. En esto tienen los socialistas pillados a los de Podemos que verán con tristeza cómo se marchitan sus ilusiones de sorpasso, sometido al yugo de la vil socialdemocracia.

Volverán en este caso a ser imprescindibles los votos de los indepes catalanes y esos quizá no sean tan seguros cuenta habida de la coz con que Sánchez ha agradecido los que le dieron para la moción de censura por obligación moral con los nombramientos de Borrell y Marlaska. No conviene olvidar la sabia lección de Maquiavelo cuando avisa al príncipe de que, si actúa honradamente pudiendo no hacerlo, pone en peligro su principado.  Si faltan los votos independentistas, ninguna medida saldrá adelante, por mucho que sea su efecto. La beligerancia extrema del PP está garantizada como se prueba por el hecho de que Hernando, su portavoz, exija ya, con su habitual perentoriedad, un debate sobre el Estado de la nación... a un gobierno que aun no ha echado a andar y habiéndolo omitido su propio partido los tres años anteriores. Supongo que el hombre querrá debatir sobre el Estado de la nación que los suyos han dejado.

En el frente "nacional", según se ve, intención del gobierno de ponerse al habla con el Le Pen catalán antes del verano. Pues corre prisa porque faltan menos de dos semanas. Para ser eficaz, se me ocurre un plan por el que Sánchez podría conjugar sus dos empeños, los golpes de efecto y el diálogo con Catalunya: preséntese en Barcelona a entablar el diálogo habiendo excarcelado a los presos y permitido el retorno de los exiliados. 

Como quiera que algo así es muy improbable está claro que las conversaciones girarán sobre los presos y exiliados políticos y la restauración de las instituciones legítimas de la Generalitat. Y esto dará para mucho. Pero tanto si se llega a algún acuerdo como si no en el horizonte se mantiene siempre la cuestión que ha dado origen al último tramo del procés, con una hoja de ruta que encendió el proceso revolucionario: la de un referéndum pactado de autodeterminación. Como en Escocia o en el Canadá. Eso era lo que debió haberse decidido hace diez años. De no hacerse ahora, Catalunya seguirá siendo ingobernable y, por extensión, España entera.

Porque no es posible gobernar democráticamente un territorio como Catalunya en contra de la voluntad de la mayoría de sus habitantes. Dictatorialmente, quizá, pero no es el caso. La única posibilidad es llegar a un punto de equilibrio, uno en el que coincidan los intereses de ambas partes porque ninguna de ellas puede, de momento, imponerse sobre la otra. El Estado no puede aceptar el derecho de revolución de Catalunya y Catalunya no puede aceptar el derecho de conquista del Estado. 

Eso es algo que, al final, debe decidir la gente votando libremente en un referéndum de autodeterminación de Catalunya. 

jueves, 7 de junio de 2018

Zafarrancho monclovita de combate

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado El país veí es rearma, dando cuenta de los primeros nombramientos que ya alumbraban el lunes: Borrell, Batet, Robles, Ábalos. El mensaje, como se dice hoy, era de dureza sobre todo hacia Catalunya. Venía alimentado por el juicio furibundamente antiindependentista de Sánchez, que repite como un loro las falacias derechistas sobre el proceso porque, en realidad, las comparte.

La composición por entero del gobierno, conocida ayer, confirma dos predicciones: gobierno de notables y beligerancia antiindependentista ampliada a antivasquista. Vuelven los "jóvenes nacionalistas españoles" del 82, algunos peinando canas pero con similar ímpetu nacional patriótico. Lo de los notables levantará algunas ampollas entre los fieles militantes que se sientan relegados, pero ese es asunto menor. Lo grueso es la contumaz e incrementada agresividad frente al independentismo y el mantenimiento de la política represiva y autoritaria de la derecha. Con Grande Marlaska es seguro que no se derogará la ley Mordaza. Algunas injusticias claman al cielo. Los presos políticos catalanes preventivos están sometidos a la política de dispersión mientras que, según parece, algunos miembros de la manada, condenados, son trasladados cerca de sus familias. Este no es un gobierno de diálogo sino de mantenimiento de la situación colonial en Catalunya contra toda razón y justicia.

Maravilla la obcecación del nacionalismo español. Al substituir al gobierno de la derecha pero solo para demostrar que tiene aun menos contemplaciones con el Estado de derecho, el PSOE destroza el último argumento que podía esgrimir en Europa para evitar el apoyo de esta a la causa independentista: el de que el conflicto no es una cuestión de Estado, sino una simple desavenencia de partidos.

A continuación, el texto castellano:

El país vecino se rearma


Rajoy ha caído por una moción de censura que prosperó gracias a los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. Estos últimos aun negociaron una contrapartida en la promesa del PSOE de no tocar los presupuestos. Los catalanes no exigieron nada a cambio. Se tomaron el voto a favor de la moción de censura como una “obligación moral”, lo cual habla mucho de su sentido de Estado, aunque no esté claro de qué Estado se trate.

El voto a favor ha permitido al reino de España librarse del gobierno del partido más corrupto e incompetente de Europa, una verdadera organización de malhechores que ha expoliado el país. Lo que parecía mentira se ha producido: Rajoy se va como vino, mintiendo, engañando y dejando tras de sí la peor ejecutoria de un presidente español. Realmente, el independentismo catalán ha hecho un favor a España en su pretensión de ser admitida en el seno de los Estados democráticos europeos.

Lo que está por ver es si también se lo ha hecho a Catalunya. Durante los preparativos de la moción de censura, algunas voces críticas señalaban que el independentismo no debía votar a favor ya que interesaba más la continuación de la banda de malhechores por el conocido efecto de “cuanto peor, mejor”, una de esas paradojas que M. Rajoy era incapaz de entender y de reproducir. Al final, prevaleció la idea de la “obligación moral” y se votó por facilitar un cambio, un relevo, incluso una “regeneración” en España.

Lo lógico sería esperar una actitud correspondiente de la parte española. No ha habido tal. Los beneficiarios de la moción, PSOE y Podemos, mantienen la ficción de que la ganaron ellos, no deben nada a nadie y actúan en consecuencia, lo cual es lógico pues los independentistas señalaron repetidamente que no votaban a favor de Sánchez sino en contra de Rajoy.

Pero entre ellos mismos, los partidos españoles se ajustan las cuentas. PSOE se alza en solitario como vencedor con sus 84 diputados y excluye del gobierno a Podemos quien pasa por la humillación de instalar y apoyar al PSOE, el partido al que pretendía desplazar. La oferta socialista de integrar a los morados en puestos segundones de la administración es una afrenta más a una organización que tiene más narcisos que militantes.

El gobierno que presenta Sánchez Castejón trae un espíritu confusamente regeneracionista para el Estado y claramente nacional-español para Catalunya y hasta beligerante con ella. En el aspecto general, los propósitos son etéreos y acompañados de las habituales buenas palabras: reformas, progresismo, igualdad, paridad, ecologismo, derechos, etc. En qué medida se concreten es un imponderable dependiente de la debilidad parlamentaria del gobierno.

En las relaciones, España/Catalunya, en cambio, el espíritu está muy definido y las primeras medidas y gestos apuntan a un endurecimiento de la actitud del gobierno del Estado y una continuación de las políticas del PP hasta hacer realidad el obtuso propósito de este de descabezar el movimiento independentista.

Es decir, el país vecino, España, no solo no agradece a los diputados independentistas el gesto de permitirle contar con un gobierno que no sea una banda de ladrones, sino que se apresta a combatir en contra de sus aspiraciones. La base ideológica de este “resurgimiento” del nacionalismo español sedicentemente de izquierda aparece de continuo en las cavilaciones ideológicas de Pedro Sánchez: el independentismo divide a la sociedad catalana; debe cumplir la legalidad vigente; se hará alguna reforma constitucional para mantener a Catalunya dentro del Estado español; se buscará alguna solución “política” al conflicto; se reformará el Código Penal para convertir en delito el independentismo; en España no hay presos políticos y el señor Torra es como Le Pen. El mismo razonamiento que el PP.

Con ese planteamiento ideológico catalanófobo, nada de extraño que las primeras medidas del equipo de Sánchez lleven ese cariz profundamente anticatalán: se mantendrá la intervención de la Hacienda de la Generalitat, los presos políticos seguirán de rehenes del juez Llarena (quien, por cierto, ha sido llamado a declarar por la justicia belga) y se nombra ministro de Exteriores a un catalán agresivo españolista próximo al sector de Societat Civil Catalana, una organización vinculada a la extrema derecha.

El gobierno cuenta con la división del Parlamento para llevar adelante esta política en dos territorios opuestos mediante la “geometría variable”, pactando con los reaccionarios PP y C’s las medidas contra Catalunya y con la izquierda de Podemos y los independentistas catalanes las medidas reformistas y progresistas.

Lo cual está muy bien pero olvida un dato crucial: solo cuenta con 84 diputados y sigue necesitando los votos independentistas para aprobar cualquier medida que no sea contra Catalunya. Las medidas contra Catalunya saldrán de la abrumadora mayoría nacional-española que ha sostenido hasta ahora el 155. Lo que hay en España hoy es un relevo de un gobierno anticatalán de derecha por otro igualmente anticatalán de sedicente izquierda.

¡Gracias!

Me ocurre con el rey como a Mark Twain con el Sumo Pontífice. Decía el autor de Tom Sawyer que él no era más que el Papa, pero tampoco menos. En cuanto a mí, no soy más que el rey pues, sin desmerecer de su majestad, no soy más que nadie; pero tampoco menos. Así, si el rey puede decir cada vez que le dejan que algo (por ejemplo, una corrida de toros, espectáculo cultural) le "llena de orgullo y satisfacción", yo, que no soy menos, también puedo decirlo, aunque por otros motivos.

Me llena de orgullo y satisfacción comunicar que La República Catalana (publicado en 2016) va por la sexta edición y España quedó atrás (publicado este mismo año), por la tercera. El autor expresa su agradecimiento por este medio a los lectores. España quedó atrás llegó a estar tercero entre los libros en castellano no de ficción... en Catalunya. En España, silencio absoluto. Ambos timbres de gloria.

Acaricio la idea de escribir un tercero, si los dioses me son propicios, sobre el momento en que el deseo se haya hecho realidad. Todo un reto y un privilegio dejar constancia de que, en contra del saber convencional, el profeta desarmado del movimiento independentista puede triunfar.