martes, 24 de mayo de 2016

Juicio salomónico

A estas alturas tiene ya poco sentido determinar cuál de las dos fuerzas de izquierda, PSOE o Podemos, es culpable de que no haya habido gobierno de coalición de cambio y progreso y sí elecciones; cuál de las dos es responsable de que estemos aguantando cuatro meses más a esta banda de ladrones y sinvergüenzas esquilmando el país, mientras el Sobresueldos sigue mintiendo como un bellaco esta vez por carta. Traigo al post como ilustración la inenarrable historia -una más de esta cuadrilla- del jefe de las Loterías del Estado, un enchufado de Montoro, que se pulió un millón de euros de dinero público en viajes en año y medio. Nada de casos aislados; es una asociación de delincuentes con el objetivo de pillar todo el dinero ajeno que puedan para su provecho personal y el de eso que llaman "partido", a quien el juez da diez días para depositar una fianza de 1.200.000 euros por posible responsabilidad civil en los latrocinios de ese mismo partido. 1.200.000 euros que también pagaremos los contribuyentes porque el negocio de estos truhanes es redondo: roban lo que pueden y, cuando los pillan, los gastos de defensa, fianza y costas también los pagamos los robados.

Insisto, no tiene ya sentido averiguar cual de las dos fuerzas fue culpable de que no hubiera gobierno de coalición. Cada uno de nosotras tenemos nuestra opinión. Pero es mejor no airearla porque no hay modo de llegar a una idea compartida y vamos a seguir perdiendo el tiempo: que si fuiste tú: no, que fuiste tú; ni hablar, tú fuiste, etc, etc. Y, mientras tanto, los peperos a seguir esquilmando el país, beneficiando a sus cómplices, repartiéndose prebendas. Y muy interesados en que la izquierda siga enzarzada en amargas pendencias. Por eso sugiero a las dos formaciones de la izquierda, PSOE y Unidos Podemos que hagan a un lado sus rencillas y querellas y lleguen a un acuerdo que podemos llamar juicio salomónico, aunque sea con efecto contrario porque no pretende dividir una criatura sino, al contrario, unir a dos.

El país se encuentra en estado crítico, en situación de emergencia, al borde de la quiebra y de desintegración territorial gracias a la pavorosa ineptitud del hombre que lo desgobierna hace cuatro años con el auxilio de una presunta organización de mafiosos. Gente sin escrúpulos que lleva años, decenios, escenificando situaciones de verdadero bandidaje, de auténtica rapiña de los caudales públicos con los más diversos motivos, la visita del Papa, las recalificaciones, las competiciones deportivas, todo servía para robar a espuertas. Una organización criminal subdividida en núcleos de auténticos granujas, como la Gürtel o la Púnica, sin olvidar, por supuesto, los EREs de Andalucía. Aquí se encuentra, quizá, una de las razones por las cuales la oposición no ha sido capaz de decir esta boca es mía mientras el gobierno pepero ha permitido y amparado este desbarajuste de ladrones: porque, aunque en medida menor y limitada territorialmente está asimismi muy podrida por la corrupción. El hecho es que si toda esta tropa de mangantes devolviera lo apandado, seguramente no harían falta recortes.

Por eso aquí ya no se puede perder más el tiempo con devaneos de mitómanos y narcisistas ni mostrar flaquezas. Los dos polos de la izquierda deben confluir para ganar las elecciones. Si no son capaces de unirse antes con un programa común, por lo menos que anuncien que, pasadas las elecciones, las gane quien las gane, se comprometen a formar gobierno conjunto para el cambio. Que la gente lo sepa. Que la gente sepa que, votando a una u otra de las dos fuerzas políticas, estará votando por un gobierno de izquierda. Esto hará bajar mucho la abstención, movilizará a los respectivos electorados y resolverá muchas dudas de votos indecisos. Por descontado, ese compromiso firme, claro, público tiene que ir acompañado de un cese total de las hostilidades entre las dos fuerzas de izquierda: nada de insultos directos o indirectos, nada de infundios, propaganda, insinuaciones y mala baba, nada de ataques personales. Todas la baterías críticas han de enfilar la fortaleza de PP. Careciendo este de toda ideología y programa digno de tal nombre que no sea el de llenarse los bolsillos sus militantes con el dinero de todos los españoles no es difícil exponer su verdadera naturaleza a los ojos de todos.

Así, la gente debe saber que no está indefensa frente a la banda de ladrones. Porque, una vez más, no se trata de saqueos aislados sino que es política de Estado: arrebatar a la gente sus pertenencias para entregárselas a los amigos, los enchufados, los clientes a través de eso que llaman privatizaciones y que es solamente una rebatiña de lo público entre coyotes.

Las dos izquierdas tienen una obligación moral de unirse para no dejar escapar la ocasión y conseguir acabar con esta plaga de ladrones y corruptos. Si no lo hacen, no merecerán nuestro voto; al menos, el mío, no.

Hermana cebra, hermano buitre

La Casa Encendida de Madrid, ese lugar casi mágico de la Ronda de Valencia nº 2 en Madrid, se ha convertido en el centro estratégico de una campaña de Capital Animal entre abril y junio en la que se promoverán debates, se realizarán encuentros, charlas, exposiciones sobre las cuestiones animalistas, especialmente la de los derechos de los animales. Y, además de la Casa Encendida, los actos tendrán lugar en la Calcografía Nacional, el Matadero de Madrid, el Reina Sofía y el Museo Lázaro Galdeano. Una iniciativa espléndida en defensa de los animales y de la cultura vegetariana.

La exposición en la Casa Encendida, comisariada por Rafel Doctor con la ayuda de Ruth Toledano y Ruth Montiel Arias, consta de tres salas con tres temáticas diferentes. En una hay unas 200 reproducciones gráficas de todo tipo de animales en todos los soportes, óleos, grabados, acuarelas, litografías, xerigrafías, fotografías, etc aportados por un montón de artistas, desde los más conocidos como El Roto, Forges, Ouka Lele, El Hortelano, etc, hasta los casi anónimos, pero todos ellos animados por una misma intención: reproducir la belleza del mundo animal. La abigarrada densidad de la representación hace que el espectador se sienta casi abrumado. Las reproduciones no dejan un palmo de pared exento y las hay desde el suelo al techo, lo que trasmite una sensación de plenitud por entrar en contacto con un mundo, aunque sea vicariamente, del que habitualmente ignora todo pero que es fascinante e infinito.

Otro espacio es un terreno de denuncia de las barbaridades que los seres humanos cometemos con los animales. En todo tipo de soportes: fotos, dibujos, objetos y vídeos se historia esta relación de dominación, indiferencia y crueldad entre el homo sapiens y las bestias. Esa barbarie queda especialmente documentada en los vídeos, los que muestran las prácticas de los mataderos industriales actuales, desde el momento en que se abate el animal hasta que su carne es empaquetada en inocentes envases que parece que solo contengan plástico, pasando por los procsos intermedios del despelleje, el descuartizamiento, etc. Son imágenes muy duras, muy impactantes. Es imposible, creo, olvidar las caras de terror de las terneras cuando las abaten o los chilldos desgarradores de los cerdos.

El tercer espacio es uno interactivo. En él se sigue haciendo campaña a favor de los animales y del vegetarianismo, pero las piezas que se muestran, juegos, dibujos, composiciones, reclaman la participación del visitante, lo invitan a actuar, a acercarse a un mundo de preocupación por los animales que a muchos de nosotros nos es desconocido. Es una parte didáctuca y muy bien pensada.

El resumen, la quintaesencia de esta exposición y de todas las actividades de Capital Animal 2016 es el problema de los derechos de los animales, cada vez más presente en los debates filosófico, jurídicos y politológicos. Tenía razón Sir Isaiah Berlin cuando afirmaba que lo característico de la democracia y de nuestra época es la coexistencia de valores inconmensurables. En una misma sociedad pueden coexistir bárbaros como el ex-ministro Wert que considera que las corridas de toros son un bien cultural y hace que las subvencionen con 600 millones de euros (de dinero ajeno, bien entendido) o energúmenos como quienes alancean hasta la muerte al toro de la Vega y gente de sensibilidad y generosidad como Ruth Toledano que fue agredida por uno de esos primates de Tordesillas por oponerse a la tortura del pobre animal. Valores opuestos, contrarios, excluyentes, el respeto y el desprecio por la vida del animal a la par en un mismo orden social. Berlin estaría encantado del ejemplo pero, sin duda, un hormiguillo le haría dudar: si son excluyentes los valores, ¿podemos reputarlos coexistentes por algo más que por la mutua imposibilidad de eliminarse físicamente? Entiendo que alguien para quien la música sea el valor supremo coexista, conviva y hasta haga excelentes migas con algún otro entregado apasionadamente a la exploración submarina. Son valores no coincidentes pero amigables. No veo cómo pueden coexistir partidarios y enemigos de torturar a los animales salvo el tiempo en que lo justicia tarde en dictar un fallo.

La cuestión de fondo es la de los derechos de los animales. Muchos niegan que tal cosa exista argumentando que los animales carecen de razón. Los derechos son nuestros porque nosotros sí la tenemos. Suponen, obviamente, que la única razón que existe es la humana. Quizá sea mucho suponer, pero, además se plantea el problema de por qué reconocemos derechos también a aquellos seres humanos que, por el motivo que sea, carecen de razón, por ejemplo, los locos.

Los animalistas sostienen, además, que la titularidad de los derechos no recae en los animales por la condición racional sino por la de seres sufrientes. Las animales sufren y los seres humanos no debemos hacer sufrir a un ser vivo. Eso es claro. Y convincente. Los animales, como seres vivos (y con independencia de cómo calificar a sus procesos nerviosos superiores) tienen derecho a que no se les haga sufrir. Sigue siendo convincente. Y ¿que podemos decir frente a la objeción de que de nada sirve reconocer derechos a unos seres que no pueden hacerlos valer ni ejercerlos? Que esos derechos encuentran su correlato en nuestros deberes. Son derechos de los animales frente a nosotros, que somos sus principales depredadores, y que se convierten en deberes nuestros: tenemos el deber de no hacer sufrir, de no causar daño a los animales. Tenemos el deber de legislar protegiéndolos como si el legislador fuera San Francisco de Asís.

Confieso que tengo menos claro otro asunto: el de ¿a qué animales nos referimos? Cuando se habla de derechos de los animales, creo, se da por supuesto que nos referimos a las especies superiores, domésticas y domesticables: las mascotas y los animales que utilizamos por razón del provecho que extraemos de ellos como bestias de tiro y carga o para otros menesteres. Pero ¿qué sucede con los animales salvajes? Cuando estos atacan al ser humano, es de suponer, asiste a este el derecho de legítima defensa, como si de dos persons se tratara. Pero ¿qué sucede cuando un animal ataca a otro porque es su fuente de alimentación? Igual que cuando dos animales domésticos se atacan entre sí. Sin duda, los bárbaros que apañan peleas de gallos o de perros deben ir a parar con los huesos en la trena, ¿pero qué decimos cuando, sin intervención humana, dos gallos se entrematan? ¿Hay relato de derechos ahí? Conste que no digo que sí ni que no; simplemente me lo pregunto. Como me pregunto qué sucede con las especies animales inferiores o en qué concepto tenemos a esos jainistas de la india cuyo respeto por la vida animal los hace caminar barriendo el suelo para no pisar las hormigas.

De todas formas, Palinuro defiende el concepto de los derechos de los animales como principio. Quiénes sean los titulares y hasta dónde alcanzan esos derechos es materia controvertida sobre lo que queda mucho por discutir.

Lo que está fuera de discusión es que convertir el sufrimiento y la tortura de un animal en un espectáculo debiera estar radicalmente prohibido.

lunes, 23 de mayo de 2016

El fantasma de la abstención

Ese es el verdadero fantasma de estas elecciones que nadie quería salvo los dos dirigentes de las fuerzas extremas: uno, el Sobresueldos, por si consigue justificar su ridícula pretensión de seguir destrozando este país y otro, Iglesias, para alimentar su narcisismo y ver si alcanza el sorpasso al PSOE por el que su referente intelectual, Anguita lleva treinta años suspirando. Y un fantasma cuyas cadenas no suenan por igual a todos los oídos. A la derecha le parecen música celestial porque cuenta con la abstención, motivada por el hastío, para mejorar sus resultados. Sonido lúgubre, en cambio, para la izquierda.

Sobre todo para el PSOE que se ve en una situación muy comprometida, con los sondeos apuntando a un descalabro y, sobre todo, al descenso humillante a tercera posición en el ranking, víctima del citado "sorpasso". Y no solo eso: un mediano examen de su situación como partido, sus anclajes, sus lealtades, sus bastiones, trasmite un cuadro pavoroso de decadencia: un partido de base social avejentada, rural, con un lenguaje y unas pautas de funcionamiento burocratizadas y anticuadas.

Un solo ejemplo: ayer, domingo, a las cinco de la tarde, la sede del PSOE en Ferraz estaba cerrada a cal y canto. Un partido de burócratas y paniaguados que echa el cierre al cumplir el horario de rutina y trabajo. Así no se ganan elecciones.

Esa imagen de partido fané y descangallado ha calado en el espíritu de sus dirigentes, ese manojo de "barones" a los que uno por uno o en grupo, al parecer, no se les ocurre una idea, una innovación, una iniciativa que saque a su partido del marasmo. Al contrario, reduce voluntariamente su presencia y alcance ya que tiene la moral comida por la vocinglería de IU/Podemos y su batería mediática. Es curioso porque, sin embargo, es probable que estos no alcancen su objetivo ni de lejos y que no solamente no haya sorpasso, sino que IU tire de Podemos hacia abajo y su resultado sea moderado. Es más, desde el momento en que Podemos ha renunciado a su pretensión de innovación del discurso de la izquierda para suscribir las sinsorgadas de los comunistas, bien las consignas acartonadas de Anguita, bien los galimatías seudoteóricos de Garzón, el resultado estará casi cantado. A la baja.

La llamada "izquierda trasformadora" carece de discurso por renuncia voluntaria. Si alguien tiene alguna duda, que pregunte a los sonrientes líderes de la confluencia IU y Podemos qué fue del sonsonete anguitiano de "Programa, programa, programa". ¿En dónde está el programa de la confluencia? Y ¿qué dice? No está en parte alguna. Es más, puede que vayan a las elecciones con dos, siendo el de IU el más clásicamente comunista y el de Podemos, más ladinamente socialdemócrata. Y esa coyunda ¿tiene expectativas reales de ser la segunda fuerza?

No obstante, el "sorpasso" sigue siendo posible, no por los méritos de IU/Podemos, sino por los deméritos socialistas que son abrumadores. Desde la secretaría general de Rubalcaba, este partido se ha echado tan a la derecha, que pierde los votos a chorros y solo conserva los de la vieja guardia, que lo que tiene de guardia lo tiene de vieja. Alguien ha convencido a Pedro Sánchez de que los muebles se salvarán a la desesperada haciendo una sabia unidad dialéctica entre un discurso institucional (actos con los anteriores secretarios generales, los de la casa, para probar que hay solidez en la empresa) y una actuación innovadora entendiendo por tal el estilo Kennedy que, bueno, solo tiene más de medio siglo.

De aprovechar el espíritu del tiempo, que es el de la información y la comunicación, nada, cero, silencio. En sus mítines, Sánchez no dice nada. Al partido como tal, a sus órganos de fabricación de ideas, si los tiene y los intelectuales orgánicos (que son muchos y viven muy bien, pero no son huertos de feraces ideas) tampoco se les ocurre nada.

Vivimos una época de crisis devastadora que, sobre todo en Europa, está poniendo en cuestión el modelo capitalista de crecimiento. La gente va en busca de soluciones y respuestas a problemas de envergadura, no a minucias o cuestiones de detalle. Cuando todo el sistema está en cuestión, una medida de política económica arriba o abajo, no significa nada. Si a esa situación de crisis general se añade la parte peculiar de España, que añade una crisis de integridad territorial muy grave, la falta de respuestas ya no solo es lamentable sino directamente vituperable.

Si hay sorpasso, los socialistas se lo tendrán ganado por su incapacidad para renovar su discurso con un contenido de izquierda democrática más acorde con el espíritu radical del tiempo. Renovación muy difícil, si no imposible, mientras el PSOE siga admitiendo el marco ideológico que le impone la derecha, aceptado ya desde los tiempos de Rubalcaba: aquí hay tres cosas que no se cuestionan: la monarquía, los privilegios de la Iglesia católica y la unidad de España. O sea, el franquismo.Y mientras el PSOE no consiga articular un relato sobre esas tres cuestiones distinto al de la derecha neofranquista sino que lo suscriba, no se ve cómo va a mejorar sus perspectivas electorales.

El spleen de Bovary

No sé cuántas versiones cinematográficas se habrán hecho de Madame Bovary; por lo menos diez o doce, entre las que se cuentan obras de maestros del cine, como Renoir, Minnelli o Chabrol. Un indicador indiscutible del permanente interés de esa novela y un recordatorio de qué difícil es plasmarla en un film. Puede que imposible.

El interés proviene de la naturaleza literaria de la historia. Flaubert tomó pie en un hecho real (una mujer se casa con un médico y, al poco tiempo, se suicida), poco más o menos como Stendhal había hecho con El rojo y el negro. Pero hay más referencias en el origen de Bovary que en el del joven Sorel stendhaliano. Está Balzac, que veinte años antes, había tocado el mismo tema en La mujer de treinta, que incluyó en las escenas de la vida íntima de la Comedia humana. Y conocida es la gran influencia de Balzac sobre el autor de La educación sentimental. Más, incluso que una influencia; casi una obsesión. Emma Bovary, voraz lectora de novelas románticas, como don Quijote de caballerías, lee mucho a Balzac. Un elemento este -el de la imaginación literaria- que la directora de esta nueva versión, Sophie Barthes, prácticamente no toca y es uno de los defectos de su película. Tiene otros.

Pero, ¿cuál es el tema que trata Flaubert y, antes de él, Balzac y tanto interés suscitaba que Madame Bovary fue objeto de una querella judicial por ultraje a las buenas costumbres de la que Flaubert salió absuelto, a diferencia del pobre Baudelaire que, en el mismo año, fue condenado por lo mismo? El adulterio. Madame Bovary es una de las grandes novelas del siglo XIX, el siglo de la burguesía triunfante, el de los valores solidos, tangibles, la estabilidad, la familia, la empresa, el orden social, las buenas costumbres, las apariencias, la honorabilidad. De pronto, sin embargo, ese orden social tan seguro de sí mismo, descubre que tiene un punto débil, un punto por el que todo el edificio puede desplomarse: la fidelidad conyugal. Y no la del marido, por la que nadie pone la mano en el fuego, sino la de la esposa, elemento crucial a la hora de asegurar la legitimidad de la descendencia para garantizar la transmisión del bien que caracteriza a la burguesía por encima de todo, esto es, la propiedad privada. La propiedad privada no se comparte y, ante ella, la esposa es como el mosquito anofeles: un puro vehiculo. Pero el vehículo ha de estar limpio. El adulterio fue incorporado a todos los códigos penales como delito (y de consecuencias diferenciadas según de qué conyuge se tratara) para que el orden público se hiciera cargo de los vicios privados. Y eso que el siglo había comenzado muy fuerte, liándose la manta a la cabeza, por así decirlo, cuando el Código Napoleón prohibió tajantemente toda investigación de la paternidad. Ojos que no ven. La literatura gira en torno a este tema durante todo el siglo, de Balzac a Lepoldo Alas, pasando por Oscar Wilde, Strindberg o el Tolstoy de Ana Karenina.

De eso va también, claro es, este adaptación de Barthes, básicamente correcta, bien filmada, con oficio (aunque parece que es el segundo o tercer trabajo de la directora), con cierta elegancia, pero sin espíritu, sin brío, morne, que dirían los franceses. Que los dioses me perdonen pero da la impresión de que la directora con quien empatiza es con el marido, el manso y limitado Charles Bovary. Emma es atacada por el spleen baudeleriano; Charles ni eso se plantea. El guión ha entrado a saco en la trama y ha suprimido dos personajes de cierta relevancia: Rodolphe Boulanger, el libertino, primer amante de Emma (al que funde con el Marqués de Andervilliers) y Berthe, la hija de Emma y Charles a quien su madre no presta la menos atención y por la que no siente ningún afecto. Ciertamente, de este modo, la historia queda reducida a su mínima y directa expresión: joven con la cabeza llena de fantasías, casada con un médico raté de aldea, insatisfecha, que va buscando emociones y encadena los adulterios en busca de algo que no tiene, mientras se deja atrapar en las redes de un usurero que, al final, ocasionará su desgracia.

He visto unas declaraciones de Barthes afirmando que ha leído Madame Bovary muchas veces, que le fascina el personaje y que es bipolar como, según ella, lo es Flaubert. Su interpretación de Emma (por cierto, muy bien representada por Mia Wasikowska) es lineal, pobre, convencional y si acaso, eso, dicotómica, entre una mujer ingenua y una especie de presuntuosa despilfarradora. Que tampoco es que sea injusto con el contenido de la obra. En buena medida, Madame Bovary es también un relato moralizante con la ética burguesa al estilo de Hoggarth y los posteriores moralistas victorianos: la virtud, el vicio, el lugar de la mujer, el qué dirán, la reputación, etc. 

Pero la obra de Flaubert no es solo eso, ni muchísimo menos. Precisamente, esa supresión de los dos personajes mencionados, Boulanger y Berthe, eliminan dos facetas que componen la compleja personalidad de Emma: puede caer víctima de un superficial donjuán y carece de sentimientos maternos. Y esa es la cuestión, la clave del fracaso de esta respetable (pero inmensamente aburrida) película y, quizá de todas las versiones anteriores: Emma Bovary es un personaje literario extraordinario, con elementos quijotescos evidentes (señalados por el propio autor que decía saberse el Quijote de memoria) en sus lecturas y ensoñaciones y, como pasa con esos personajes, es un cúmulo de contradicciones, matices, negaciones y afirmaciones. No hay una Emma Bovary. Hay tantas como lectores.

Y ahí está también, quizá, la explicación del problema. Es muy difícil, probablemente imposible, como señalaba antes, querer ser fiel al relato flaubertiano y hacer una buena película porque, precisamente, la discoincidencia de lenguajes -el literario y el cinematográfico- es máxima. Un ejemplo: Flaubert nos explica cómo y cuánto se aburre Emma en la aldea; Barthes tiene que mostrárnoslo y lo que consigue es que la aburrida sea su película.

domingo, 22 de mayo de 2016

Balance del gobierno sobresoldado

El presidente hoy en funciones se pasó los cuatro años de su largo, larguísimo, mandato atribuyendo a la herencia de Rodríguez Zapatero todas sus desgracias y meteduras de pata. Justo es que ahora se haga balance de cómo deja las cosas este hombre que ganó las elecciones de 2011 a base de mentir como él mismo reconoció. En el fondo, es tal su falta de principios y de moral, tal su indecencia, que le da igual el concepto en que lo tengan mientras pueda seguir esquilmando el país.

Su legado más atroz se concentra en lo económico y social. Habiendo expoliado hasta el 50% la caja de las pensiones, ahora dice que le preocupa su futuro. A todos, en realidad, si él y los suyos siguen metiendo la mano en la hucha colectiva. Del paro no hace falta hablar; lo deja en donde estaba (un poco por encima) pero con condiciones laborales para los que trabajan mucho más injustas y leoninas. Recuérdese aquella foto demagógica  junto a una cola del paro y la leyenda Cuando yo gobierne, bajará el paro. Ha gobernado (mejor dicho, ha desgobernado) pero el paro no ha bajado. El déficit de 2015 está en 5,08% del PIB, más de dos puntos por encima de lo tolerado por la UE que va a multar a España (o sea, a todos los españoles) por el exceso pero, para hacerle un favor, la multa se sabrá después de las elecciones. La deuda pública está por encima de 100% del PIB, cosa que no pasaba desde 1909. El país, con este inepto, corre hacia la quiebra, el default, la bancarrota. No hay dinero para los dependientes, pero para su padre, dependiente en La Moncloaca, si lo hay. Esta quizá sea la mayor muestra de la inmoralidad del personaje: hay para su padre lo que no hay para los demás y a cuenta de estos demás. Nos esperan otros 8.000 millones de € de recortes que, como siempre, saldrán de los bolsillos de los que menos tienen.

Deja la educación reventada por la ley del ministro más inepto de la democracia y al que, para premiarlo, ha enviado de embajador ante la OCDE en París, a darse el vidorro a costa de los contribuyentes. Las Universidades, descapitalizadas y bajo mínimos. La investigación, base y motor del progreso de un país, destrozada y con los mejores investigadores de diáspora por el mundo para poder comer.

Lo que deja no es un gobierno, sino un desgobierno autoritario y despótico. Ha gobernado mediante decretos-leyes, es decir, sin discusión ni consenso y ninguneando al Parlamento ante el que ha comparecido cuando le ha dado la gana que ha sido casi nunca y es incapaz de controlarlo y no digamos ya de interponer una moción de censura. Si al autoritarismo del gobierno añadimos la cobardía de la oposición, incapaz de oponerse a nada, tenemos la fórmula perfecta de la tiranía. La justicia, permanentemente intervenida por un gobierno de amiguetes y amigotes que trata de manipular los procedimientos y procesos para que sus presuntos delitos y los de su partido queden ocultos. El Tribunal Constitucional, manipulado desde el gobierno que ha nombrado presidente a un catalanófobo, exmilitante de su partido, al que no respeta nadie porque su función es agradecer al poder político sus favores.

Respecto a la organización territorial del Estado, el desastre es mayúsculo. El Sobresueldos está viviendo el más acelerado proceso de desintegración de España hasta la fecha y en muy buena medida gracias a él que entiende tanto el país en el que vive como una lagartija. Y ahora también Euskadi. Nadie quiere quedarse en este lamentable lugar en donde no hay futuro y el futuro es pepero.

Capítulo aparte es la corrupción. Esta ya no es un comportamiento individual más o menos frecuente (él dice siempre que se trata de casos aislados) sino una industria del expolio organizado. Empezando por el máximo dirigente que, cuando llegó al poder, ya llevaba veinte años cobrando cuantiosos sobresueldos procedentes de fondos oscuros de origen dudoso. En realidad, el PP no es un verdadero partido sino, como dicen los jueces, una asociación para delinquir. Y eso es lo que los peperos han hecho en estos cuatro años, en lugar de gobernar, robar.

Este es el pájaro por el que, según dicen los distintos digitales, van a votar varios millones de ciudadanos.

El romanticismo en conserva

El otro día llevé a mis hijos al Museo del Romanticismo, en la muy madrileña calle de San Mateo. No lo había visitado desde que lo reabrieron hace algunos años tras tenerlo cerrado durante algunos más para reformas. Vaya por delante que ha quedado estupendo, con su fachada neoclásica reluciente y un muy arreglado jardín interior puesto al gusto romántico y en el que no pudimos sentarnos porque estaba de bote en bote.

No solo ha quedado muy bien por fuera; también por dentro. Este antiguo palacio de Matallana, de mediados del XVIII, tenía experiencia acumulada en cosas de arte, cultura y exposiciones porque fue la primera sede de una Comisaría Regia (o algo así) de Turismo que autorizó Alfonso XIII por empeño del Marqués de la Vega Inclán, que fue su director y principal impulsor del turismo español. Mi desprecio por la aristocracia cortesana no me ciega al extremo de no ver que De la Vega Inclán hizo un gran trabajo en pro del turismo y del patrimonio artístico y cultural. Gracias a él fue posible la casa del Greco en Toledo, arregló la Alhambra y, en 1924 fundó el Museo Romántico (como se llamó entonces y hasta hace poco) en el mismo lugar que ocupa hoy y, además, donó numerosas piezas de su colección. Un buen y competente administrador. Seguramente por eso lo echaron cuando en 1928 se creó el Patronato Nacional de Turismo.

El museo está magníficamente montado con un doble criterio que hace la visita muy grata y llena de sorpresas. De un lado es un palacio de mediados del XIX, conservado como vivienda con todo lujo de detalle y es mucho porque mucho era el lujo en que nadaba la clase alta. Nada que ver con el país del que vivía, en el que casi el 90% de la población era analfabeta, la gente pasaba hambre, las guerras carlistas mantenían viva la llama del odio cainita y lo que quedaba en pie se lo llevaba el bandolerismo. Los salones suceden a los salones, salas, habitaciones de los más diversos usos. A todas puede asomarse el visitante: comedor, despacho, dormitorios, sala de billar, habitación de los niños, etc. Sobre esta organización, la administración ha dividido la infinidad de piezas que se muestran (pintura, grabados, cerámicas, mobiliario, armas, mapas, juguetes, alfombras, tapices, etc) en bloques temáticos: la época, la vida social, el universo masculino, el femenino, la infancia y la familia, el artista y el genio, amor y muerte, constumbrismo, orientalismo y paisaje y la religión. El resultado de la mezcla es felicísimo, convierte la visita en un paseo didáctico sumamente instructivo y muy bien presentado, con criterio científico.

Se agradece ese espíritu, aunque arramble con alguna telaraña del pasado. El día, anterior, hablando de Mariano José de Larra, dije a mis hijos que los llevaría a ver la pistola con que este se suicidó, que estaba en el Museo Romántico. Así desperté su interés. Pero resulta que el nuevo espíritu del Museo ya no admite rumores ni imprecisiones. En una vitrina se muestran, sí, dos pistolas de duelo, pero nada se dice de que una de ellas fuera con la que se suicidara Larra al más puro estilo romántico a causa de su amor por Dolores Armijo. Hechas las correspondientes pesquisas, un funcionario nos informó de que, en efecto, las dos pistolas eran donación de la familia de Larra, pero no hay constancia fechaciente de que con una de ellas pusiera fin a sus día el bueno de Fígaro, de quien, por cierto, era gran admirador mi bisabuelo, Emilio Cotarelo, quien editó unos artículos inéditos de Larra bajo el título de Postfígaro.La ciencia, de la que Palinuro es firme defensor, ilumina el presente, aunque hace polvo las ilusiones en que se refugia el pasado.


Esto de la lucha de la ciencia contra las brumas de la superstición y las cómodas leyendas del pasado, aparece aquí de refilón de nuevo.  En otro lugar del museo se exhiben dos litografías de José Ribelles que representan al gran actor del primeros del XIX, Isidoro Maíquez, sobre quién ese mismo Emilio Cotarelo escribió una excelente biografía que se ha reeditado hace unos años, así como otra de la espléndida y malograda actriz Maria Ladvenant. Una de las litografías muestra a Maíquez en el papel de Otelo y la otra en el de Óscar de la obra de un francés, traducida por Nicasio Gallego, Óscar, hijo de Osián. La manía del "osianismo" había llegado a España. Hoy nadie se acuerda de él y, sin embargo, está en la base de mucha imaginación popular-nacionalista del XIX y, desde luego, impregna buena parte del espíritu romántico. Goethe, que había traducido los poemas de Macpherson, tragándose íntegra la leyenda medio folklore medio impostura, tiene a Werther leyendo todo el rato el Fingal.

La pintura no es gran cosa, pero están representados todos los pintores románticos, Gutiérrez de la Vega, Esquivel, Casado del Alisal, Federico Madrazo y Kuntz y, por supuesto, los "goyescos" Eugenio Lucas Velázquez y Vicente López. Probablemente el 90% de los cuadros sean retratos: de Isabel II varios, uno de Fernando VII y mucha nobleza y clase burguesa. Un retrato de San Gregorio, de Goya y algunos paisajes urbanos de Jenaro Pérez Villaamil que siempre me ha gustado bastante. Varios lienzos y dibujos de un artista muy seguido en la época, Leonardo Alenza, con una veta caricaturesca aguzadísima. Su obra seria apenas se mira, pero su sátiras antirrománticas se reproducen con frecuencia, casi como obra anónima, cuando no lo es. Dos fotografías de mediados de siglo de Isabel II y su marido, Francisco de Asís, obra del fotógrafo de la corte isabelina, el francés Jean Laurent, son muy curiosas de ver.

Lo extranjero pide capítulo aparte. Una proporción altísima del exquisito mobiliario (casi todo él estilo Imperio) es de fabricación catalana o de otros países europeos. Los instrumentos musicales, pianos, arpas, etc, ni que decir tiene, también extranjeros. Este páramo de habilidad y creatividad que es España ya lo era en el XIX. Solo lo más rústico es español. Y lo extranjero compite con lo propio hasta lo más castizo: los abanicos franceses nada tienen que envidiar a los españoles. 

Merece la pena pasar un par de horas en esta casa-museo. Se siente uno de otra época.

sábado, 21 de mayo de 2016

Banderas al viento

Está la delegada del gobierno en la capital del Reino, Concepción Dancausa, entonando el Cara Sol, como cada mañana, mientras borda en rojo su camisa azul cuando suena el teléfono. Sobresáltase Concepción (a quien los camaradas llaman cariñosamente "Conchita") pues no son horas de interrumpir su tarea mañanera, pero responde sin dudarlo. Al otro lado aparece el rostro terso -es una videollamada- de la vicepresidenta del gobierno, con gesto altivo, como siempre, mostrando sus dos incisivos de ratita hacendosa pero con tono conminatorio:

Sáenz de Santamaría (SS): Buenos días, Conchita. ¿Qué haces?

Concepción Dancausa (CD): Recordando a los camaradas caídos en el Alto de los Leones. Es un deber que me impuso mi padre.

SS: Déjalo. Ya lo harás mañana. Hay algo más urgente. ¿Has tomado medidas contra los catalanes en el partido del próximo domingo?

CD: No. ¿Qué hago? ¿Los detengo a todos?

SS: No puedes, tonta. No hay sitio en los calabozos. Haz algo mejor, algo que los saque de quicio a ver si los desmoralizamos. Mira: vendrán todos con la bandera esa con una estrella, que siempre la confundo con la cubana. Prohíbela. Di que en el estadio no se puede entrar con esa bandera... estelada, creo que la llaman, que no sé qué significa. Pero da igual. Tú prohíbela.

CD: Pero ¿cómo? ¿Cómo se prohíbe una bandera?

SS: Coño, Concha, parece que has nacido ayer. Busca una ley cualquiera que ampare tu decisión y emite un comunicado diciendo que no se puede entrar en el campo con la estelada porque es una bandera que incita al odio racial y a romper farolas.

CD: A tus órdenes. Ahora mismo lo hago.

Sáenz de Santamaría corta la comunicación con un seco "¡gracias!", consulta twitter, a ver cómo va el cachondeo de los tuiteros con la deuda pública por encima del 100% del PIB y llama al despacho de Rajoy:

SS: Presidente, ya está hecho.

Mariano Rajoy Brey (MRB): ¿Ha dicho algo Conchita?

SS: Ni pío. Ya está prohibiendo la bandera y en nada tendremos la habitual algarabía rojoseparatista y nadie hablará del aumento de la deuda pública, ni del paro, ni de la corrupción.

MRB: ¿seguro, Sori? Estoy muy preocupado. La última vez que la deuda superó el 100% del PIB fue en 1909 y me van a poner verde. Ya hay quien dice que soy el peor presidente de la democracia.

SS: ¿De qué democracia?

MRB: De esta que tenemos aquí.

SS: ¡Ah, bueno! Creía que hablabas en serio. No te preocupes, presi. En cosa de minutos nadie se acordará de la deuda. Ya lo  estoy viendo en internet.

MRB: ¿En qué?

SS: En internet. Eso que también tendríamos que prohibir. Adiós a la deuda y al PIB. Ya se ha armado...

MRB: ¿Ha dicho algo Pundemún?

SS: Sí. Que no viene a la final. 

MRB: Ese tío es un provocador. Es peor que Mas y, como este, parece que está siempre riéndose de mí..

SS: Espera, Presidente, que me llama por el otro teléfono el ministro del Interior. Le sumo a la videoconferencia. Hola, Jorge. ¿Alguna novedad?

En su despacho, Jorge Fernández Díaz, delante de una retrato de Teresa de Jesús, acaba de rezar un rosario de misterios gozosos, pero su segundo, Cosidó, le ha traído noticias alarmantes.

Fernández Díaz (FD) : Hola a los dos, el Señor esté con vosotros. ¿Quién ha mandado prohibir la estelada?

MRB: Yo, Jorge, hay que desviar la atención...

FD: ¿Desviar? ¿Sabéis la que habéis armado? A ver cómo controlamos eso. Habrá que desnudar a todos los hinchas.

SS: No te preocupes, separaremos a los hombres de las mujeres y nadie pecará. 

FD: Encima, ríete. Habrá que poner un guardia por cada hincha. Además, está el mundo entero riéndose de nosotros.

MRB: ¿Y qué? Pura envidia. Somos una gran nación. ¿Quiénes se ríen? Y ¿qué dicen?

FD: Que en España no hay libertad de expresión.

SS: ¿Lo veis? Conjura judeomasónica con toques venezolanocubanos. Seguro que también la TV iraní.

FD: ¿Que quiénes se ríen? ¡Todos! Desde Nueva York a Berlín. Y lo peor: el Papa me ha mandado un whatspp y estoy muy dolido. 

MRB: ¿Qué dice Su Santidad?

FD: No sé, espera. Lo tiene Cosidó en mi otro móvil. Nacho ¿que dice el Santo Padre? Se oye en off la voz de Ignacio Cosidó (IC):

IC: Dice: "Che, boludo, no seás chanta, ¿están de joda?"

SS: Y eso, ¿qué quiere decir? ¿En qué idioma está? ¿En catalán? No, si verás cómo, al final, hay que llamarlo Francesc.

FD: No lo sé, pero me temo lo peor. ¿Y si nos excomulga?

Se oye un timbre y la voz de Sáenz de Santamaría hablando con otra persona. 

SS: Espera, Conchita, te incorporo a la conversación. Habla. ¿Cómo va todo?¿Hay ya manifas? ¿Podemos decretar el estado de excepción?

CD: Al revés. Un juez acaba de levantar la prohibición. 

MRB: Esto... ya tal. ¿Quién le ha dicho a ese juececillo que se meta en esto?

FD: Espera, Mariano. Ha venido Dios a vernos. Ese juez arregla la situación y nosotros quedamos bien con Su Santidad.

CD: Y yo, ¿qué? Ahora los rojoseparatistas, pedirán mi dimisión. Me habéis utilizado de mala manera.

SS: No te preocupes, mujer. Tú no dimites. No hay razón. Al contrario. Es la separación de poderes en funcionamiento. El poder judicial en España es independiente. Y en cuanto a dimitir por razones morales o así, espérate.

CD: ¿A qué me espero?

SS: A que dimita Mariano. 

MRB: ¿Yo? ¿Por qué voy a dimitir yo? Estaría bueno. Merkel no se sobrepondría. 

SS: Así me gusta, Mariano. Somos la única garantía de estabilidad de España de aquí al fin de los tiempos.

MRB: Una gran nación. Supongo que ahora Puchdemún vendrá. ¿Y qué le digo?

FD: Dile que termine de leer la segunda parte del Quijote que le regalaste el otro día y que vea que, cuando don Quijote va a Barcelona, tropieza con el bandido Roque Guinart, que los catalanes llaman Rocaguinarda, y resulta ser una bellísima persona. Es un síndrome de Estocolmo del siglo XVII. Le dices al Carlas que a ver si va él a ser peor que un bandolero.

MRB: Jorge, los catalanes son todos peores que bandoleros. Son un tormento. No me dejan vivir. Te lo digo en serio, Jorge, los catalanes son un grano en...

FD: ¡Ejem! en salva sea la parte...

MRB: eso, en salva sea la parte de España.

SS: Presidente te recuerdo que la doctrina es que Cataluña es España.

MRB: Mira, Soraya, no me vuelvas loco. ¿Y la europea?
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Todo parecido entre estos personajes y cualesquiera otros de la vida real es pura coincidencia.

Las razones del independentismo

Roger Buch (2015) 100 motius per ser independentista. Barcelona: Cossetània edicions. (191 págs)
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Un curioso libro del politólogo Roger Buch, especializado en temas de voluntariado y trabajo social, pero también implicado directamente en la actividad política independentista. La obra responde  a su título, esto es, las 100 razones que Buch esgrime para pedir la independencia de Cataluña. El número redondo, obviamente, quiere decir que el autor ha funcionado con ellas como Procusto con sus huéspedes: si hubiera encontrado más las hubiera recortado y si menos, hubiera añadido alguna, como Procusto añadía algunos centímetros a la estatura de sus víctimas. En consecuencia, el texto, escrito con gracia y con sentido del humor salvo algunas ocasiones en que el autor se deja llevar por cierta indignación, se lee fácilmente y como una especie de diccionario, glosario o vademécum. Y, dado que la razones del independentismo no parecen estar agrupadas por ningún criterio salvo el que la pluma de Buch haya ido encontrando, el lector puede recorrerlas saltando de una otra, de delante hacia atrás o de atrás hacia delante, según esté de humor o le atraigan los títulos. No es menuda esta libertad y se agradece que, por una vez, no esté uno obligado a seguir más o menos al pie de la letra el curso del relato que señala el índice. Y eso mismo haré yo en el comentario, escoger algunas razones que me parecen más interesantes por diversos motivos y comentarlas. Fuera desmesura hacerlo con todas, así que bastantes habrán de quedarse sin exponer.

Creo tener, por lo demás, cierta complicidad con el autor de forma que le ofrezco una sugerencia para una tercera edición ya que el libro va por la segunda: elevar el número de razones a 101. La añadida tiene un peso nada desdeñable puesto que es el ejercicio de un derecho, el de autodeterminación, con la advertencia de que los derechos, como los músculos, si no se ejercitan, se atrofian.

Voy a ir entresacando algunas de las razones que me parecen más relevantes, con una pequeña glosa personal:  

El Estado de las autonomías es inviable (p. 91). Coincido, aunque no por las razones que Buch expone que, en lo esencial, residen en decir que la fórmula del "café para todos" desvirtúa el tinglado. No; el Estado de las autonomías es inviable porque está mal concebido financieramente, reparte las cargas de forma injusta, drena recursos en partes productivas y los invierte en partes improductivas, sin duda con los mejores y más equitativos criterios pero sin justificación de orden general. Es inviable porque contiene dos autonomías privilegiadas, País Vasco y Navarra,con un régimen que, de extenderse a las demás, impediría el funcionamiento del todo en el que otras cuatro son excedentarias y financian a las otras once. Y eso no es sostenible sin una revisión muy a fondo que en ese mismo fondo, nadie se atreve a hacer. Ni siquiera a mencionarlo.

Cataluña es una nación (p. 92). Es tan obvio que no me detendría en la observación de no ser porque Buch aprovecha para refutar el famoso argumento contrario mediante la reducción al absurdo por abajo ("¿si Tortosa quisiera decidir..?") y lo hace con tino. Añada también la idea de que igualmente cabe refutar el argumento de reducción al absurdo por arriba: "Si Europa quisiera autodeterminarse..., etc).

El Estado español jamás ha asumido el catalán como lengua propia (P. 80). Ni el gallego, euskera, ni nada; ni sus culturas, instituciones o derechos. El Estado español ha sido siempre Castilla y así sigue siéndolo hasta el punto de que el actual presidente del gobierno, el Sr. Rajoy de los sobresueldos, siendo gallego, no habla la lengua de su país. Hay quien dice que tampoco el castellano, pero ese es otro problema.

Para pagar los peajes en su justa medida (p. 95). Hábil planteamiento, sin duda, para no molestar a nadie, pero lo cierto es que la diferencia de trato en las autopistas en el Estado es muy irritante. Lo que sucede es que este es uno de los efectos de que el Estado autonómico no funcione.

Para acabar con el franquismo de una vez (p. 97). Loable propósito y muy puesto en razón y viable. Cuarenta años después de su muerte, Franco, como Drácula, vive. A su modo, pero vive. Vive en los franquistas que son millones en España (probablemente casi todos los votantes del PP), pero no en Cataluña, en donde el PP es un partido casi testimonial aunque, para desconsuelo de Buch, conviene no perder de vista a la gente de Ciudadanos a donde ha ido a parar el franquismo reciclado y que tiene un porcentaje apreciable del voto en Cataluña. No obstante, es claro, los españoles no conseguirán suprimir el franquismo por sus solas fuerzas. La transición pareció haber sido su muerte. Incluso podría decirse que había un pacto de silencio por el que el franquismo no reaparecería y ahí está de nuevo en el gobierno del PP desde 2011 en estado químicamente puro: nacionalcatólicos, corruptos, opusdeístas, reaccionarios, caciques, oligarcas y simples estúpidos de prosapia. Una colección que en estos días ha dado uno de sus más típicos frutos en la prohibición de la estelada por decisión de la delegada del gobierno en Madrid, la falangista Dancausa, y una semana después de que ese mismo gobierno de misa y olla envíe a otra franquista, Cristina Ysasi Ysasmendi Pemán, a explicar una Constitución en la que no creen a Europa para contrarrestar, dicen, el relato de la Generalitat.

Porque la democracia prevalece sobre la ley (p. 101). Asunto de calado teórico, sucintamente expuesto y dialécticamente inteligible para que lo entiendan hasta los franquistas: sin ley -como ellos dicen siempre- no hay democracia; pero sin democracia, tampoco hay ley. Eso ya lo entienden menos porque se les exige el esfuerzo de comprender que todo lo que ellos y sus padres llamaron "ley" durante los cuarenta años del franquismo no era tal sino pura tiranía y arbitrariedad.

Porque el Estado vació el estatuto votado por los catalanes (p. 78). Y en sucesivas vegades: primero lo cepilló en el Congreso según desgraciada expresión de Alfonso Guerra, que maldita la gracia que tenía, y luego mediante la inenarrable sentencia 31/2010 del Tribunal Constitucional en la que este, actuando manifiestamente ultra vires se arroga competencia para decidir si los catalanes son o no una nación. No entiendo por qué no siguió decidiendo si, además, son o no buenas personas. Tan absurdo lo uno como lo otro.

Para terminar de una vez el corredor mediterráneo (p. 70). Sí porque es dudoso que ningún gobierno español lo haga, ya que tiene otras prioridades como llevar el AVE de Burgos a Palencia, igual que los socialistas inauguraron ese ferrocarril en su día en el trayecto Madrid-Sevilla por no otra razón, supongo que porque el presidente del gobierno de entonces era sevillano, cosa que incide mucho sobre la productividad del país.

Para tener un sistema educativo del siglo XXI (p. 109). Es típico deseo de fastidiar de los catalanes. Ahora que el ministro Wert, bajo orientación de la conferencia episcopal lo había retrotraido al siglo XIX, como mandan los cánones, se empeñan en dar un salto típicamente satánico de dos siglos. Ya veréis cómo los castiga Dios.

Porque no hay tercera vía ni se la espera (p. 112). Gente de poca fe estos catalanes. Por eso les haría bien ajustarse al sistema educativo del ministro Wert; así la recuperarían. Porque hace falta mucha fe para creer que las fórmulas federales que cocina el PSOE, entre otros, vayan a tener alguna efectividad.

Porque es un movimiento pacífico (p. 122) Ciertamente. Los catalanes son de una flema británica. Claro que si uno recuerda -como señala el propio Buch unas páginas antes- que han perdido tres guerras (la dels segadors, la de Sucesión y la civil española), está claro que la vía beligerante no es productiva. Sin duda es la que el Estado prefiere porque, entre otras cosas, estas guerras contra su propia población son las únicas que el ejército español gana. Por eso, la paz es la vía.

Porque es un movimiento que va de abajo arriba (p. 63). Sí, es así, doy fe. De abajo arriba, cívico, transversal. El 15M no tenía nada que enseñar a los catalanes. Sí, en cambio, a los españoles. Pero no parece que estos lo hayan aprendido, aunque están dispuestos a instrumentalizarlo.

Porque no se trata de un problema étnico (p. 57). Los sucesores ideológicos y biológicos de Franco suelen acusar a los indepes catalanes de nazis. Dado que los nazis fueron quienes pusieron a Franco en el poder, los franquistas debieran saber un poco más de lo que hablan, pero no lo parece. Y no es un problema de inteligencia o memoria sino de simple sentido del ridículo. A un país plagado de recuerdos a los nazis de la legión Condor, que envió aviones nazis a bombardear Gernika se le supone competencia para emplear el término nazi con conocimiento de causa, ¡pero no como insulto! Y si no es cómo insulto, a nadie se le alcanza qué tienen que ver los catalanistas con los nazis.

Para tener pensiones dignas (p. 126) Esto no interesa decirlo muy alto, no vaya a ser que se dé un fenómeno de refugiados españoles de la tercera edad en la muga catalana.

Porque hace 300 años que están ocupados (p. 132) El señor de los hilillos y los sobresueldos cree que este modo de hablar es inadmisible ya que España, dice con harta y machacona reiteración, "es una gran nación", pero ninguna nación que ocupe a otra en contra de su voluntad puede ser grande; ni siquiera nación. Puede ser imperio o resto de imperio, o andrajo de imperio, pero no nación en el sentido de una convicción subjetiva favorable de todos los nacidos en su territorio.

Para fundar una República y echar a los Borbones (p. 56). ¿En dónde hay que firmar? La dinastía borbónica ha sido restaurada en España tres veces, aunque los historiadores dinásticos solo consideren dos, ya que se niegan a ver la vuelta de Fernando VII El Deseado como una primera restauración. Pero lo fue y muy clara pues tanto Carlos IV como su hijo Fernando habían entregado la corona de España a Napoleón, como dos buenos felones. Y, si se me apura, acabaría llamando también restauración a la reposición en el trono absoluto del felón Fernando VII por el Duque de Angulema, al frente de los 100.000 hijos de San Luis. No lo hago por no herir más susceptibilidades pero, si lo hiciera, los Borbones habrían tenido cuatro restauraciones.

Para que la lengua de los juicios la decidan los ciudadanos y no los jueces (p. 50). Es uno de los signos coloniales más evidentes, que ataca un derecho fundamental de cualquier ciudadano en cualquier país del mundo: el derecho a un juicio justo que solo puede estar garantizado por el juez natural del justiciable y la "naturalidad" del juez comienza con la lengua.

Para no aguantar la "Marcha Real" (p. 147) Una de las razones más poderosas que probablemente convertiría en independentistas catalanes a millones de españoles por razones obvias.

Para librarnos de los insultos de la caverna mediática (p. 45). Lo veo dudoso. La caverna seguirá insultando porque es su forma natural de expresarse, pero lo que ya no podrá hacer será amenazar, que parece cosa más interesante.

Para que el catalán sea lengua oficial en Europa (37). Con ello, los traductores e intérpretes catalanes en la Unión tendrán ventaja onsiderable sobre los españoles porque podrán presentarse a oposiciones de dos lenguas.

Para decidir si quieren tener un ejército o no (p. 152). La decisión será interesante porque no creo que los Estados Unidos dejen pasar la oportunidad de abastecer a las fuerzas armads de un nuevo país europeo. Muy fuerte habrá de ser el pacifismo de los catalanes.

Para gestionar mejor las infraestructuras (p. 179). Al menos con un criterio de rentabilidad y productividad distinto a los que han presidido la construcción de los aeropuertos de Castellón y Ciudad Real, las autopistas radiales de Madrid, la ciudad de la Justicia también en Madrid, la Fórmula 1 y otras edificaciones cesaristas en Valencia y resto de los disparates españoles producidos a medias por la corrupción y la vanidad.

Para apoyar sus entidades con el 0,7% del IRPF (p. 35). Es un cálculo hábil el que hace Buch, porque no se concentra en el momento de la recaudación del 0,7% en la declaración de la renta sino en el del reparto de lo recaudado, que perjudica claramente a Cataluña.

Faltan 77 razones más. El lector sabrá sacar punta a muchas de ellas. El libro es una mina.

Innecesario añadir que muchas, muchísimas de estas razones las suscribirían muchos, muchísimos españoles. Lo que pasa es que es harto difícil que los españoles puedan independizarse de España. Y ahí está parte del drama.

viernes, 20 de mayo de 2016

Los comunistas siguen mintiendo

La denuncia de la última maniobra de los comunistas de seguir ocultando las siglas del PCE bajo una maraña de nombres (IU, Unidos Podemos) ha suscitado alarma en el cogollo de la organización. Así, parece haberse impartido la consigna de que salgan todos a contrarrestarla invocando el espantajo del "anticomunismo visceral". Teóricamente van contra los medios de la derecha que, por supuesto, estarán encantados de repetir sus habituales memeces sobre la "conspiración judeo-masónica" y el resto de tonterías que suelen desgranar. No lo sé porque no los leo, ni los escucho, ni los miro. Pero lo imagino.

Sin embargo, el auténtico enemigo al que los comunistas quieren combatir no son los medios y publicistas de la derecha, sino las gentes de la izquierda que no nos tragamos sus embustes. La consigna es silenciarnos, que no aclaremos sus enjuagues. Y ahí salen todos a una clamando tambien contra nuestro "anticomunismo visceral". Son muchos y muy conocidos, así que no mencionaré los nombres por no acarrearme más enemigos de los que ya tengo y evitarme infundios y campañas de desprestigio que los comunistas bordan a través de los medios de comunicación en los que tienen mando y en donde solo pueden escribir o hablar ellos y los suyos, pero no sus adversarios y menos si son de izquierdas. El otro día ya me gané un ataque de uno de estos fascistas/comunistas que pretendía insultarme ridiculizándome por mi edad (El fascista Facu Díaz). La batería esencial de argumentos de estos publicistas del PCE (y algún despistado del PSOE, que se traga sus bulos como buen "compañero de viaje") es que 1) no es verdad que se oculten porque aquí están ellos escribiendo sus monsergas y firmando como militantes o gerifaltes del PCE; 2) que el "anticomunismo visceral" sí que es una campaña orquestada por el capital y sus siervos en los medios de la derecha o pagada por el imperialismo; 3) que los comunistas de hoy ya no son los de antaño, los de las dictaduras estilo soviético de las que ellos abominan; 4) que ahora, rejuvenecidos, son la "verdadera izquierda" frente a la seudoizquierda del PSOE y la socialdemocracia, vendidos al neoliberalismo y el capitalismo en general; 5) que no es verdad que ellos dividan a la izquierda y por eso ayuden a la derecha a gobernar pues la socialdemocracia no es izquierda, sino otra forma de la derecha, vieja teoría de "las dos orillas" del dogmático Anguita a quien Iglesias considera de gran "belleza ética" (sic).

1) Claro que se ocultan y siguen ocultándose, pues ni las siglas ni nada que recuerde al Partido Comunista aparecen en las candidaturas ni papeletas electorales. Tácticamente hacen bien. En unos cien años, en 190 países, los comunistas no han ganado jamás unas elecciones democráticas, salvo uno o dos casos aislados en remotos lugares del planeta. La gente no vota al comunismo. En donde los comunistas han llegado al poder ha sido por la violencia y han establecido dictaduras totalitarias caracterizadas por la miseria del pueblo y los privilegios y lujos asiáticos de las cúpulas partidistas y nomenklaturas corruptas. Y cuando esas dictaduras se han hundido, detrás han quedado unas sociedades anómicas y sin estructuras morales, exportadoras del crimen organizado que todo el mundo conoce. No, la gente libremente no vota a los comunistas. Por eso estos cambian de nombre o se ocultan y se presentan con envases distintos. Para engañar. Que algunos militantes y dirigentes salgan del armario ahora no tiene mérito porque ya se ha planteado el problema y, como los corruptos que dimiten solo cuando los pillan, salir a la luz cuando se ha denunciado el engaño es seguir con el engaño. Además, no siempre lo hacen. Escuchen el alegato de Anguita en Córdoba el otro día (Los nuevos compañeros de viaje). Habla de su militancia en IU, pero no de la del PCE. ¿Lo quieren más claro? Si los comunistas no desean que los acusen de falsarios, que hagan saber a la gente que votar a Unidos Podemos es, en realidad, votar al PCE.

2) Lo del "anticomunismo visceral" es parte de la más antigua propaganda comunista y se basa en el presupuesto de que el anticomunismo no puede ser una opción racional y política perfectamente legítima sino que tiene que ser una especie de enfermedad, algo de las tripas o de cerebros trastornados, una neurosis. No es de extrañar en quienes profesan la misma ideología que aquellos comunistas soviéticos que encerraban a los opositores y disidentes en hospitales psiquiátricos. Un punto más de similitud entre los comunistas y los fascistas. Estos (por ejemplo, el psiquiatra franquista Vallejo Nájera que, por cierto, sigue teniendo calle en Madrid) consideraban que el comunismo y el marxismo no eran ideologías u opciones políticas sino enfermedades que había que "curar". Igual que los clérigos católicos quieren "curar" la homosexualidad y los comunistas el anticomunismo "visceral". Bueno pues ya pueden ir enterándose de que el anticomunismo es algo tan comprensible y legítimo como el antifascismo o el anticlericalismo. Cierto que habrá anticomunistas pagados por el imperialismo, como hay y ha habido siempre comunistas pagados por muy diferentes Estados e intereses y no solo el soviético. Y, por supuesto, en la izquierda somos bastantes los anticomunistas que no estamos ni hemos estado nunca a sueldo de partido alguno. Seguramente tod@s los que hemos tenido experiencia directa del comunismo.

3) Mientras los comunistas de hoy no aporten una explicación del hundimiento de sus regímenes y la correspondiente autocrítica si a ello ha lugar y se limiten a escurrir el bulto balbuceando que el comunismo soviético no era "verdadero" comunismo no merecerán respeto ni crédito alguno. Aquellos sistemas odiosos se hundieron porque eran comunistas y, hasta la fecha, los comunistas no han aportado ninguna prueba de que si alguna vez vuelven al poder no hagan lo mismo. Repetir que el comunismo soviético no era el "verdadero" comunismo lleva la implicación de que ellos sí lo son y tiene el mismo grado de veracidad que cuando dicen que son la "verdadera", la "auténtica" izquierda, la izquierda "transformadora". Hay que creerlos bajo palabra porque en treinta años no han transformado nada, jamás han tenido poder porque la gente no los vota cuando se presentan con sus siglas. Como tampoco lo harán cuando, como ahora, están ya en el tercer nivel de la matrioska, disfrazados con otras siglas y aprovechando la coyuntura del tirón mediático de Podemos. Este nuevo relato está fabricado esta vez con astucia por su batería de medios ("Público", "Diario.es", "La sexta") en los que monopolizan el discurso, censuran los relatos de otras izquierdas y no se diferencian en nada de sus competidores de los medios de la derecha (COPE, ABC, etc., etc). Aprovecho para insistir en que hay varios discursos de izquierda excluidos de los medios procomunistas y, por supuesto de los de la derecha también; uno de ellos, el de Palinuro y otro, el del PSOE. Cosa obvia: los de Podemos se quejan de ser objeto de ataques por doquier. Eso no es es cierto; los que atacan son ellos continuamente y, además, tienen posibilidades de denunciar, cosa que hacen de modo sistemático y estomagante. No así el PSOE, que no dispone de medios sino, al contrario, todos están enfrente. No tengo nada que ver con este partido, ni siquiera me cae simpático por su carácter dinástico, antirrepublicano, semiclerical y centralista, pero me subleva la hipocresía, la mentira y la injusticia.

4) Ni son la "verdadera" izquierda, ni lo han sido nunca. Incapaces de hacer autocrítica tras el hundimiento del comunismo "real", ocultan el término "comunista" y se apropian el de "izquierda" con la evidente intención de dejar fuera de él a quienes no sean comunistas, o sea de monopolizarlo. Si, para conseguirlo, hace falta acudir a la mixtificación, se hace y de ahí viene ese truco -y ese sí que es de trilero- de decir que ellos son la "verdadera socialdemocracia". Lo apoyan en falacias teóricas e históricas que no resisten el mínimo análisis. Lo que pretenden es desplazar a la socialdemocracia de siempre, el PSOE, a la derecha, identificarla con la derecha, para ocupar ellos su sitio ya que, en realidad, del sitio del comunismo, como del gato de Alicia, solo queda la sonrisa y, en este caso, siniestra. Puro comunismo de raíz estalinista porque eso es lo que hacía Stalin: mandar asesinar a sus oponentes para robarles luego las ideas. Aquí no hay asesinatos porque no está el tiempo para estas fiestas, pero sí las campañas de propaganda y embustes sobre la identidad entre el PSOE y el PP, con la misma razón y ética con que los soviéticos y los comunistas españoles durante la guerra civil afirmaban que los nazis y los trostkistas colaboraban. Que ahora haya trostkistas en el totum revolutum de los comunistas de Unidos Podemos solo demuestra que el ser humano es tornadizo y sus convicciones, harto flexibles. El PSOE es el único partido de izquierda que ha gobernado en España después de la muerte de Franco. Ha hecho muchas cosas mal, por supuesto y no es preciso relatarlas porque ya lo hacen los comunistas todos los días y son las únicas que narran. Pero también ha hecho muchas cosas bien: la universalización de la educación, la de la seguridad social, la incorporación a Europa, el Pacto de Toledo que garantizaba las pensiones, el fin del terrorismo, las leyes de Zapatero de igualdad de género, de matrimonio homosexual, etc., todo lo que el PP ha destruido o intentado destruir en estos cuatro años. De eso jamás se habla en el relato comunista de la "verdadera" izquierda. Jamás. Se insiste en la pifias y meteduras de pata y errores y medidas injustas del PSOE. Cierto, estas han sido muchas, muchas más que las de los comunistas que no han sido ninguna porque esta "verdadera", "auténtica" izquierda "transformadora" no ha hecho nada en treinta años, no ha transformado nada. No ha servido para nada más que para estorbar y dividir y aspirar al "sorpasso".

5) Claro que solo han servido y solo sirven ahora para eso, para dividir a la izquierda y que gobierne la derecha. Una reedición de la pinza entre comunistas y peperos de los años noventa de la que hay tan abundantes pruebas y testimonios. Y la repiten ahora con el mismo truco: ocultarse tras organizaciones pantalla y decir que se presentan a ganar al PP. Desde el principio, sin embargo, lo contrario ha estado claro y sigue estándolo en la actividad de sus huestes, especialmente las (hoy ya flaqueantes) legiones de trolls fanáticos en las redes. Lo que quieren es el "sorpasso" a la socialdemocracia, destruir al PSOE y si para eso el país tiene que aguantar cuatro años más de gobierno de ladrones, corruptos y expoliadores, no les importa. Si de verdad hubieran querido la unidad de la izquierda, habrían llegado a un pacto con el PSOE después de las elecciones del 20 de diciembre. Pero eso estaba fuera de cuestión. Lo impedía la "belleza ética" del referente intelectual de los anguitillas.

En resumen: esa unidad en la que el motor oculto siguen siendo los comunistas que continúan con sus maniobras se produjo porque no había otro remedio. Podemos había nacido con una promesa que apuntaba a una necesidad social sentida por mucha gente: constituir una nueva izquierda entre el comunismo trasnochado y la socialdemocracia adocenada. Pero fracasó por falta de capacidad de elaboración teórica o quizá la promesa era un embuste desde el principio que trataba de sorprender a la gente en su buena fe pero nunca respondió a un genuino interés por construir esa nueva izquierda. Sea lo que sea, las elecciones del 20 de diciembre demostraron que el pretendido tsunami podémico había pinchado, aunque su aparato de propaganda lo vendió como un triunfo. Y cuando luego los sondeos apuntaron a que la formación de Pablo Iglesias, cuya valoración popular era tan baja como la de Rajoy, iba al hoyo, se cayeron los palos del sombrajo y las caretas del disimulo. Entonces la flamante "nueva política" se echó en brazos de IU y su "belleza ética", eso sí, ocultando una vez más la condición de comunistas.

Es probable que en las elecciones del 26 de junio el nuevo engaño comunista sea un fracaso y que, con él, fracase también la izquierda en general. Pero a quienes lo han perpetrado no les importa. Ell@s no padecerán las consecuencias.