jueves, 5 de mayo de 2016

El discurso del centro

Felipe González publica hoy un artículo en El País titulado El espacio de las reformas. Es una pieza moderada, mesurada, genérica, un poco au dessus de la mêlée, con ese aire de estadista reposado y apacible que le ha gustado adoptar siempre y que, en buena medida, aún conserva, a pesar de algunas vicisitudes recientes y no tan recientes que no lo dejan en muy buen lugar. Continúa gozando de gran autoridad entre los suyos y también entre mucha otra gente. No, por supuesto, entre quienes sufren arrebatos de licantropía cuando oyen su nombre y empiezan a ladrar ¡Mr X!, ¡GAL!, ¡cal viva! Pero esas no son personas ecuánimes y entre ellas se encuentran muchas movidas por una mezcla de odio irracional y envidia. Reacciones muy frecuentes en nuestro país y que, sobre todo, afectan a aquellos  que han tenido una ejecutoria brillante y han hecho algo por la colectividad. Son gentes que encuentran esto perfectamente imperdonable y arremeten no solo contra González sino contra todos los que quieran reconocer en él algún tipo de valor, por mínimo que sea. Muy español.

Pues señor, es el caso que, en su artículo, por otro lado no muy bien escrito, con evidentes descuidos e insoportables anglicismos, González quiere huir de la imagen de hombre de partido a base de hablar por alusiones, sin especificar ni concretar nada. Pero ello no evita que, a pesar de sus intenciones, su artículo sea de partido y esté pensado para apoyar al PSOE en estas próximas elecciones. En lo esencial porque es un artículo con un discurso de centro, que es en donde el PSOE está tratando de situarse: un centro con una leve deriva izquierdista, esto es, la imagen tópica del votante mediano español, que suele situarse en un 4,5 en la escala de autoubicación ideológica siendo el 0 la izquierda más absoluta.

Argumenta González la necesidad de ese centro fabricando lo que los especialistas (y, probablemente él también) llaman con total impropiedad un maniqueo, esto es, dos opciones extremas (que, en el fondo, se intercambian favores) y enfrentadas que, de imponerse, causan males sin cuento. Es el aquilatado discurso del centro o del justo medio aristotélico que goza de gran veneración entre todos los pensadores y teóricos conservadores a la par que liberales desde los tiempos del estagirita. En verdad, sin embargo, ese centro hipotético no ha existido nunca ni existe hoy como ubicación objetiva, impersonal, con la que las gentes puedan coincidir sino que es un lugar imaginario inventado por el que se atribuye el conocimiento para saber cuándo y cómo los demás incurren en uno de esos nefandos extremismos. Era un privilegio cognitivo que se atribuía Stalin, quien detectaba "desviaciones izquierdistas-trotskistas" en unos o "derechistas-bujarinistas" en otros sin que ellos pudieran nunca entender de qué iba la acusación. Era indiferente: con su acendrado sentido de la igualdad comunista, Stalin los hacía fusilar a todos.

No está sugiriéndose aquí, líbrennos los dioses, que haya algún vínculo entre González y Stalin, al menos no con la claridad con la que él establece lazos entre los independentistas catalanes y los nazis. Simplemente se pretende señalar que esa aparente facultad crítica (de krinein, "separar", "discernir", en griego) no está tan clara como puede parecer. Allá por los años de 1920, como una especie de adelantado gonzalesco, Lenin escribía uno de sus incendiarios panfletos, El izquierdismo, enfermedad infantil de comunismo. En 1968, Daniel Cohn-Bendit le enmendaba la plana con otro titulado El izquierdismo, remedio a la enfermedad senil del comunismo. Ya se ve, pues, que esto de encontrar un centro objetivo, distinto de la voluntad del líder que dice que el centro es él, como el Estado era Luis XVI y el milagro José María Aznar, es cosa harto complicada.

Además de ser impreciso, el discurso centrista de González no es acertado. Es fácil, sí, contraponer el izquierdismo de Podemos al inmovilismo del PP (aunque no nombre a ninguno de los dos) y fabricarse una posición equidistante. Es fácil, falaz e injusto. En primer lugar el "inmovilismo" del PP no es tal sino un feroz ataque ultrarreaccionario, catolicarra y neofranquista contra los derechos de los trabajadores y los más débiles en general, protagonizado por una banda de ladrones. En segundo lugar, apareció mucho antes que Podemos, ya en noviembre de 2011. Podemos, por su parte, ha aparecido mucho después y como respuesta a la necesidad que experimentan los sectores sociales agredidos de defenderse, a la vista de la inactividad, la complacencia, cuando no la complicidad del PSOE con el ataque de los neofranquistas.

Otra prueba de esta falta de razón y de este juicio erróneo de González se observa en sus consideraciones sobre Cataluña, a la que tampoco menciona. Después de haber hecho mangas capirotes en los últimos años con sofismas inadmisibles sobre el derecho de autodeterminación de Cataluña y su condición nacional, González ignora que el acelerón hacia la independencia que han experimentado los catalanes ha sido resultado de la actitud recentralizadora y estúpidamente catalanófoba del PP. Venir a estas alturas con ofertas de reformas constitucionales para detener el proceso independentista es algo lamentablemente obtuso y anacrónico. Aquí se necesita algo más que una reforma constitucional. Los catalanes no quieren vivir al albur de que una mayoría pasajera dé un poder absoluto a un partido de bribones dispuestos a asaltar Cataluña y por eso, ahora, quieren irse. Dé una vuelta el señor González por Cataluña y advierta lo absurdo de su pretensión.

Añádase a todo lo anterior que el ánimo centrista de Felipe González no es en modo alguno el de Pedro Sánchez, mucho más anclado en la derecha del una, grande, libre.

La conferencia de Valladolid

Una asistente, Beatriz Castañeda, a la conferencia de Palinuro en la Facultad de derecho de Valladolid hace unos días ha subido al boletín de la Universidad vallisoletana un resumen de mi intervención. Con algún que otro error terminológico y conceptual y la inevitable simplificación de cuestiones a veces enrevesadas, propio de los apuntes y notas en estas ocasiones, la verdad es que el resumen está bastante bien, refleja lo que dije y, a falta del streaming, da una idea del contenido de la conferencia que también reproduzco aquí:

“España nunca ha sabido lo que es. El problema de la organización territorial de nuestro país está ligado a la conciencia española”, comenzó diciendo Ramón Cotarelo García, politólogo y escritor español que protagonizó otra conferencia de las Jornadas ‘Proceso Constituyente: Caminando hacia una nueva constitución’, organizadas por Ateneo Republicano en la Facultad de Derecho. El pasado 20 de abril y bajo esta afirmación, realizó un recorrido por la historia española para concluir que el problema, aún sin resolver, de la organización territorial parte del desconocimiento de lo que comprende y abarca el Estado Español.

Ramón Cotarelo, catedrático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), es autor de numerosas obras, como Del Estado del Bienestar al Estado del Malestar. Además es ciberactivista, con más de 36.000 seguidores en Twitter, y protagoniza un blog de crítica política titulado Palinuro.

El politólogo comenzó la conferencia ‘Organización territorial e instituciones regionales’ lanzando a los asistentes una pregunta que se antoja vital a la hora de dividir el territorio español: “¿Cuándo empieza España?”.

.
De la fuerza de Viriato a la derrota de Napoleón

Los historiadores tienden a localizar la fecha de nacimiento de España siglos atrás. Personajes como Viriato, Séneca o Pelayo son comúnmente designados bajo el adjetivo de españoles. “España, patria de emperadores”, comenta con sarcasmo Cotarelo. Sin embargo, ni el territorio ni la civilización predominante en aquellas épocas coincide con lo que hoy creemos considerar como “nación española”. Además, no consiguen ponerse de acuerdo en la fecha exacta en la que puede considerarse a España como tal.

A pesar de ello, el politólogo observa una coincidencia en los análisis de todo historiador: España y catolicismo están unidos. Cotarelo pone de ejemplo el imperio de Al-Ándalus para afirmar que, a pesar de que todos los personajes que los preceden son considerados españoles, los islamistas que coparon nuestro territorio durante más de 800 años no pueden serlo, es inimaginable. “Somos un país gobernado por los curas”, resume. Por tanto, la creencia común de que España comienza con los Reyes Católicos también es desmentida por el conferenciante, quien recuerda la cantidad de reinos que ocupaban la península en aquella época. “¿En nombre de quién navegaba Colón? De Castilla, no de España”, reitera.

La época más tardía entre los historiadores para fechar el nacimiento de España es la Guerra de la Independencia y la Constitución de 1812. “Ahí sí estábamos todos”, bromea Cotarelo. Es entonces cuando nace la idea de nación, término que proviene en realidad del lenguaje francés. “Menuda nación que tiene por nombre un término del enemigo”, reflexiona el politólogo. Para los franceses, nación ampara que son libres e iguales, no esclavos. El conferenciante cita entonces el artículo 12 de La Pepa, en el que se define a la religión católica como la única religión oficial del Estado, para afirmar que el concepto de nación español poco tiene que ver con el francés al que imita. Desde aquella constitución firmada en 1812, todas han dotado de primacía a la religión católica y la han eximido de pagar impuestos. “No tienen dinero en Panamá, toda España es Panamá”, comenta con amargura, “si esa es una nación no es mi nación”.

Entonces Cotarelo rememora la Constitución de Bayona como la primera que hubo en España, a pesar de que pocos historiadores hablen de la misma. En ella se establece la separación de la Iglesia y el Estado y era válida también en América. Pero no es la única que incluye territorios que ya no son considerados españoles en la actualidad, desde la constitución de 1812, que incluía en su territorio ambos hemisferios, el tejido territorial español no ha dejado de variar. En todas las constituciones españolas ha sido necesario especificar “¿qué es ser español?”, algo que en la mayor parte de países es inconcebible. “Así llegamos al siglo XX: no sabemos qué es España, no sabemos cuál es su origen”, afirma Ramón Cotarelo.

.
La Solución de la Segunda República

Tras el desastre del 98, España sigue sin saber cuáles son sus dimensiones. En la sociedad española se traslucían reflexiones como aquellas que manifestaba Ortega y Gasset en las que se preguntaba qué pasaría si los españoles seguían perdiendo territorios como había ocurrido con Cuba. En el seno de estas preocupaciones, llega la Segunda República.

En la constitución de 1931 se declara que España es un Estado Integral, lo que suponía que determinadas regiones gozaban de Regímenes de Autonomía. Es entonces cuando Cataluña proclama el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Sin embargo, tras el golpe de estado franquista se instaura una dictadura centralista en la que incluso hablar en otra lengua distinta al castellano estaba penado. “Los catalanes llevan intentado lo mismo que hicieron los cubanos desde el siglo XIX”, comenta Cotarelo.

La soluciones de la transición

Tras la dictadura franquista se firma de nuevo una constitución, la Constitución de 1978, que el monarca impuesto por Francisco Franco no juró nunca por haber jurado previamente los principios del Movimiento Nacional. “Nos hizo tragar la Monarquía sin una consulta porque, de lo contrario, no teníamos opción de disfrutar de libertades ni de partidos políticos”, recuerda con indignación el conferenciante.

La Constitución de 1978 consigue resolver el problema porque, entre sus redactores, no se hallaba ningún vasco y tan solo dos catalanes. De esta forma, se divide el territorio español sin tener una representación total de toda su ciudadanía. “El Estatuto de las Autonomías está en crisis desde que empezó”, afirma Cotarel.

Y esto nos lleva hasta la situación actual. Una España en la que el problema territorial sigue sin estar resuelto. Una España en la que regiones como Cataluña ya han iniciado un proceso de independencia. Y, a pesar de que el Tribunal Constitucional se haya abogado el derecho a decidir qué es una nación y qué no lo es, Cotarelo recuerda que Cataluña tiene un gobierno con una hoja de ruta “clarísima” y con apoyos en el extranjero donde “son top priority en todas las cancillerías”. Además, el Tribunal Internacional ya ha determinado, en ocasiones anteriores, que no se encuentra nada en el Derecho Internacional que impida una declaración unilateral de independencia. “Así que, cuando están gentes dicen muy felices: ‘¿a dónde van con una declaración de independencia?’, que sepan que van muy lejos”, resume Cotarelo.


Una Convención Constitucional

“Viendo el panorama español actual, solo cabe hacerse una pregunta: ¿qué hacemos para evitar la independencia de Cataluña? Porque, no sé qué pensarán ustedes, pero yo no quiero que Cataluña se independice, yo quiero que puedan ejercer su derecho a la autodeterminación. No quiero formar parte de una nación que obliga a otra nación a formar parte de ella en contra de su voluntad”, comienza diciendo el conferenciante antes de proponer su solución para evitar que se produzca tal evento.

Para ello, propone hacer a los catalanes una oferta, una oferta que debe pasar por el inicio de una república en España, dado que los independentistas son, antes de nada, republicanos. Sin embargo, dadas las condiciones actuales de la política española, el conferenciante ve poco factible que esto se produzca pronto. “No se cuál de las dos repúblicas será antes, pero a la primera que haya yo me apunto, yo cruzo el Ebro. Yo soy nacionalista español, pero antes que eso soy republicano. Quiero ser ciudadano, no súbdito”, reivindica.

Establecida esta condición, Cotarelo propone comenzar una convención constitucional de carácter territorial donde todas las naciones del pueblo español puedan decidir dónde y cómo desean vivir. “Pido una federación, aunque no me importa una confederación. Lo único que tengo claro es que el Estatuto de Autonomía está muerto”, afirma. Por último, con la mirada firme y desafiante que lo ha gobernado durante toda la conferencia se despide de los asistentes diciendo: “Confío en que los catalanes quieran quedarse, pero voluntariamente, porque, si no es así, ni ellos ni la gente como yo lo vamos a permitir”.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Llámenlo como quieran, pero háganlo

Lo que estamos vislumbrando en este nuevo período electoral es otra de esas estupideces históricas que perpetra habitualmente la izquierda española. Es una historia vieja, cansina y produce hastío recordarla pero no queda otro remedio. Aunque los tarugos al frente de las organizaciones izquierdistas lo ignoren, el resultado de la consulta del 26 de junio va a afectar a mucha, muchísima gente que no tenemos culpa de nada y mucho menos de padecer estos descerebrados de dirigentes.

La izquierda a la izquierda del PSOE quiere unirse. Al margen de que lo consiga o no, esa unión deja fuera expresamente al PSOE. Como sabemos, el argumento que quiere justificar este dislate es que el PSOE no es "verdaderamente" de izquierda o algo así. Una actitud cuya obstinación en el error muestra bien a las claras la mala fe de la que parte. Ese diagnóstico de que el PSOE no es "verdaderamente" de izquierdas parte de una supuesta "verdadera" izquierda, el PCE, disfrazado de IU, que se autodesigna "izquierda transformadora" pero que desde que nació, hace treinta años, no ha transformado literalmente nada y no ha hecho nada salvo hablar sin parar. A ese profundo análisis se suma ahora Podemos con la misma mala fe; o peor. Se renueva así el viejo cainismo de las izquierdas españolas, que se remonta a sus orígenes y ha dejado episodios tan vergonzosos como la masacre de mayo de 1937 en Barcelona, el episodio de la entrega de Madrid por Casado en 1939, la pinza del PSOE y la UCD contra el PCE en 1977-79 y la del PP e IU/PCE contra el PSOE en los años noventa.

Frente a esos fainéants verbosos, el PSOE, con veintiún años de gobierno a las espaldas, ha hecho mucho y de todo: bueno, regular y malo. Como siempre en la vida. Y entre personas normales habrá discrepancias acerca de si prima lo malo sobre lo bueno o a la inversa; lo que no suele darse, insisto, entre personas normales, es hablar de algo complejo -el PSOE en este caso- ocultando lo bueno y contando solo lo malo. Eso es un juicio de obvia mala fe. Así, el discurso de la cal viva de Pablo Iglesias -aventajado discípulo de Anguita- quedará como ejemplo de su ruindad moral y su inopia mental. El caso es que, además, no cabe responderle con un clásico "y tú más" porque este manojo de supuestos izquierdistas transformadores no ha hecho nunca nada, no se ha estrenado; ni meter la pata ha podido. Su posición consiste en atacar con juego sucio al otro partido de la izquierda y hacer creer que si, por casualidad, alguna vez llegaran a gobernar, ellos no harían nada mal, serían perfectos.

Esa alianza que se traen entre manos, que más parece contra el PSOE que contra el PP, no conseguirá ganar las elecciones, pero sí que no las gane aquel que, en el fondo, es lo que muchos de estos narcisistas pretenden. Y por eso mismo serán responsables de otros cuatro años de esta derecha ladrona, antipopular, ultrarreaccionaria y catalanófoba. A ellos no parece importarles porque se darán por satisfechos si consiguen unos votos más que el PSOE y, además, tendrán sus escaños, bien por una, bien por la otra formación y podrán seguir haciendo lo único que hacen y sin mucha soltura: hablar.

Pero la gente lo vamos a pasar muy mal con un gobierno del PP con otra probable mayoría absoluta. Realmente mal a manos de esta banda de malhechores.

Por eso y porque la responsabilidad por la desunión de la izquierda toca a todos, ¿que tal si nos dejamos de miserias, envidias, rencores, egolatrías, sectarismos y oportunismos y formamos ya un frente popular de toda la izquierda, desde el PSOE hasta IU con referéndum incluido que permita que voten a su favor los independentistas catalanes? ¿Que da miedo el nombre de Frente Popular? Pónganle el nombre que quieran pero vayan todos juntos a las elecciones con un programa común que será ganador, como siempre que la izquierda ha conseguido esta unidad. Ya tendrán tiempo más tarde de dirimir la estupidez esa del sorpasso, pero no dividan a la izquierda por enésima vez. No le entreguen el poder a la derecha entre engoladas frases revolucionarias. Y lo mismo para el PSOE: deje de hacer el juego a la derecha, recupere su esencia socialdemócrata, entérese de que vive en el siglo XXI, organice un referéndum en Cataluña como han hecho en el Canadá y en Escocia sin que se hunda el mundo. Un frente unido de toda la izquierda es lo único que garantiza punto final al gobierno de la derecha.

Pierdan unos el rencor y otros el miedo y entiendan que están al servicio de la gente, que no quiere otro gobierno de la banda de ladrones.

Las elecciones de junio en Cataluña

Mi artículo de hoy en elMón.cat versa sobre las próximas elecciones de junio desde la perspectiva catalana, una perspectiva muy conveniente porque, guste poco o mucho a los españoles, ha sido uno de los elementos esenciales, si no el esencial, a la hora de convocarlas, ya que los 17 diputados independentistas no tenían fuerza para imponer gobierno alguno, pero sí para tirarlo.

Ante unas elecciones al Congreso español, lo primero que se plantean los independentistas es si ir o no. Al fin y al cabo, no es su parlamento y la vía Claver tiene sus encantos. Pero no es conveniente. Mientras las decisiones que se adopten en el Parlamento español obliguen directamente a Cataluña, no es sensato ausentarse. Además, la vía Claver solo sería efectiva si la siguieran todos los partidos catalanes, incluidos los no independentistas, cosa imposible.

Luego queda la cuestión de si los partidos de Junts pel Sí debían comparecer juntos o por separado. Creo que es más sensato que lo hagan por separado, aunque manteniendo un programa común. Pero admito que hay buenos argumentos para postular una lista unitaria.

La versión castellana, aquí:

Elecciones españolas a la vista
Ramón Cotarelo

Las elecciones nuevas en España son una buena piedra de toque en Cataluña por dos motivos. En primer lugar, sirven para calibrar la posibilidad de algún grado de acuerdo con los partidos españoles en lo referente a Cataluña. Es un análisis pasada la fiesta, pero muy ilustrativo. El fracaso a la hora de llegar a un pacto de gobierno deja una experiencia: la oposición de los partidos dinásticos al referéndum catalán llega al extremo de renunciar al gobierno a cambio de que no se produzca. Si el PSOE hubiera aceptado negociar un referéndum en Cataluña, la combinación PSOE, Podemos, IU hubiera obtenido la investidura con los votos de ERC y DiL. Pero los socialistas prefirieron ir a nuevas elecciones antes que buscar una fórmula de acuerdo con el independentismo catalán. La derecha nacional-española no se lo agradecerá y la decisión del PSOE parece apuntar en la dirección de su progresivo hundimiento. Algo previsible en el cuadro de la decrepitud del sistema de la tercera restauración y que demuestra por enésima vez que no hay diferencias entre los partidos españoles en referencia a Cataluña.

En segundo lugar, las elecciones plantean una cuestión específicamente catalana. Vuelve a hablarse de la “vía Claver” y sin duda alguien recordará que, en el momento de tomar posesión de sus actas tras las elecciones del 20 de diciembre pasado, algún diputado catalán independentista dijo que sería la última vez que participarían en unas elecciones españolas. Parece que no será el caso. La misma dificultad que había en 2015 para abstenerse o boicotear las elecciones al Congreso de los Diputados la hay en 2016. Mientras las decisiones que se adopten en ese Congreso afecten a Cataluña, abstenerse equivale a hacer dejación de responsabilidad. Si, además, la hipotética vía Claver solo es seguida por unos partidos pero no por otros, la dejación de responsabilidad se convierte en un acto de hostilidad hacia el proceso independentista porque aumentará la representación catalana unionista en el Congreso con las consecuencias que cabe suponer.

De momento la vía Claver es impracticable y hasta la propia CUP quizá hiciera bien replanteándose su política de abstencionismo en las elecciones españolas. Estando en el Parlamento de la Comunidad Autónoma, se echa de menos su voz en el Congreso. La cuestión es siempre la misma con la vía Claver: o todos o ninguno, porque si solo la practican algunos, otros, los unionistas, hablarán en nombre de todos

Una vez aceptado el hecho de que, de momento, hay que seguir participando en las elecciones españolas, la cuestión siguiente para el independentismo fue si hacerlo en una sola lista o en más. Tras algún tira y afloja, CDC parece haber aceptado que no habrá lista única. A primera vista puede considerarse un retroceso o una debilidad pero, si bien se ve, la lista única tiene ventajas e inconvenientes que deben sopesarse, según hacia dónde se mire. Si se mira hacia el Estado español, presenta la ventaja de un frente único que condiciona cualesquiera posibles negociaciones que puedan entablarse ya que los distintos partidos saben que lo que tendrán enfrente será un bloque y no una alianza más o menos quebradiza. Lo que sucede es que, para que eso se dé, no hace falta lista única; basta con que las dos formaciones de Junts pel Sí mantengan unidad de acción en el Congreso en todo lo relativo a Cataluña.

Si se mira hacia Cataluña, la lista única tiene la desventaja de que desdibuja las naturales diferencias y matices entre los aliados de Junts pel Si y deja un campo muy amplio al voto de izquierda, tanto independentista como no independentista. Por no suscribir las posiciones de la derecha neoliberal, este voto basculará hacia la oferta que finalmente cuaje en torno a En común-Podem, una opción de una ambigüedad bien clara en cuanto al proceso independentista que aumentará su presencia en Madrid.

A pesar de lo que repiten todos los aparatos de agitación y propaganda de todos los partidos españoles sin excepción, las elecciones de junio son la prueba del naufragio de un sistema en crisis y sin alternativas. Y el territorio principal en que se manifiesta esta crisis es precisamente el único en el que se ha articulado una oposición seria al régimen oligárquico español: Cataluña. Los españoles tienen que volver a las urnas porque sus partidos políticos son incapaces de encontrar una respuesta al proceso catalán.

Y en junio descubrirán que siguen sin encontrarla porque, si no se reconoce el derecho de autodeterminación de Cataluña, no la hay.

martes, 3 de mayo de 2016

El ojo del artista

El otro día, en la Rambla, por Sant Jordi, tuve ocasión de firmar un libro al hombre que se ve en la foto, Joan Safont, un fotógrafo de Mataró. Además, había quedado con él en que próximamente iría a su ciudad a una xerrada de esas que tan gratas suelen ser. Lo que no suponía entonces es que Joan haría de aquel encuentro casi fortuito, impregnado de mutua simpatía, una obra de arte, una filigrana, titulada l'homme que entén als catalans , una mezcla extraordinaria de texto e imagen que me ha dejado literalmente patidifuso, sin saber casi qué decir fuera de agradecérselo efusivamente. Las fotos son extraordinarias, son retratos hechos con un ojo de águila espiritual. No exagero si digo que Safont me ha descubierto a mí mismo. Y en cuanto al texto, me quito el sombrero que, en mi caso es literal porque suelo llevarlo y no acostumbro a quitármelo. Si mis pobres escritos producen el efecto que Joan describe, ¿qué más puede demanar un lletraferit?

Estic aclaparat i molt orgullós. Moltes gràcies Joan. Ens veiem a Mataró.

No hay a quién votar

Hoy quedarán disueltas las cámaras de la legislatura más breve de la tercera restauración. Un buen momento para hacer un balance.

Lo primero que debe decirse es que hay elecciones nuevas por el fracaso de los partidos a la hora de llegar a algún acuerdo. Toda la retórica sobre el mandato recibido del electorado que obliga a buscar una solución queda en nada en cuanto esa solución presenta dificultades y no facilita el acomodo de los candidatos en los puestos y cargos que ambicionan. Por supuesto, los partidos jamás reconocerán ese fracaso y, no pudiendo convertirlo en un triunfo sin incurrir en ridículo, prefieren "pasar página", como suelen decir, sobre todo si les quema en las manos y "mirar al futuro", otra de las frases hechas con las que abusan de nuestra paciencia, junto a la de la "mano tendida" y la "dejarse la piel". Topicazos que revelan el bajísimo nivel intelectual de esta caterva de parlanchines.

Pero no hay que dejarles creer que se han salido con la suya. Si estamos así, si tenemos que repetir las elecciones, consumir recursos, gastarnos unos 160 millones de euros (que no tenemos) en el proceso completo es por su incompetencia. Y debieran pagar por ello. Palinuro ya propuso que se impidiera a los cuatro candidatos presentarse a las elecciones de nuevo en justo castigo. Pero es obvio que no sucederá algo tan razonable porque, en definitiva, esta es una democracia de partidos, en la que las decisiones las toman los partidos y, dentro de ellos, sus líderes, digan lo que digan sobre primarias, terciarias, círculos, polígonos, congresos o monsergas. Mandan cuatro o cinco que son incapaces de entenderse y las consecuencias las pagamos los electores. En sentido literal. De nuestro bolsillo.  Ninguno de estos incompetentes corre riesgo alguno pues, por el sistema electoral y la organización de los partidos tienen asegurado su puesto sea cual sea el resultado.

En ese fracaso todos tienen su parte de responsabilidad. La obstinación del presidente de los sobresueldos por mantenerse en el cargo a toda costa, a pesar de su responsabilidad obvia en el gatuperio de ladrones y sinvergüenzas que es la política institucional allí donde está el PP en el poder es representación evidente de la indiferencia, la hostilidad de la derecha neofranquista a las formas democráticas.

Pero esas son las andanzas de la derecha. A Palinuro le interesa más el análisis de las vicisitudes de la izquierda por lo que se mencionará al final. Y ese análisis es despiadado: no ha habido unión de la izquierda porque a los dirigentes no les ha dado la gana. Prescindamos de delicadezas ridículas: Podemos no ha pactado con  el PSOE porque no quiere. El espíritu de la caverna anguitiana, que tiene mesmerizados a estos dos jóvenes incautos, Garzón e Iglesias, ve que, con un poco de suerte y una ayuda de los propios socialistas en sus trifulcas internas, puede conseguir el sorpasso, que es lo que lleva treinta años intentando. Por fin el sorpasso. Lo más probable, si tal cosa se da, será que la izquierda dividida sucumba ante la derecha y que haya cuatro años más de un gobierno reaccionario, antipopular, hecho de ladrones y sinvergüenzas. Pero eso no importa gran cosa a los de la "verdadera" izquierda porque, como hemos dicho, ellos personalmente tendrán sus puestos garantizados. Y fue así. No hubo pacto porque Iglesias, inspirado por Anguita, no quiso. La alianza del PSOE con C's era una pura excusa, como fue una pura excusa las tres ridículas objeciones que los socialistas pusieron al escrito de Baldoví del último momento. Si el PSOE hubiera aceptado las treinta, tampoco habría habido coalición porque lo que se buscaba era dinamitarla.

A su vez, el PSOE, en quien cabe suponer una mayor voluntad pactista, a tenor del acuerdo con C's, tampoco llegó a un pacto de izquierda porque no le dio la gana. La oposición al referéndum catalán es otra miserable excusa que no se hace más verosímil por el hecho de que se la presente como una condición impuesta por los barones. Un puro cuento. Si de verdad el PSOE hubiera querido un acuerdo de izquierdas, hubiera aceptado negociar un referéndum consultivo en Cataluña que, de todas formas se celebrará, digan lo que digan los donpelayos de vía estrecha. La coalición PSOE, Podemos, IU, con el voto favorable de ERC y DiL, en total 179 escaños, hubiera desbloqueado la situación, garantizado un gobierno de izquierda y abierto un tiempo nuevo en la paralizada política española, lleno de posibilidades en todos los sentidos. Pero no hubo lugar por lo que no puede sino entenderse como falta de decisión, de coraje, de clarividencia de la dirección socialista. Es acorde con el espíritu timorato ante sus huestes y sumiso a la derecha que viene caracterizando a este secretario general, fiel reproducción del otro anterior, tan fracasado como él. Es decir, así como la alianza fue imposible del lado de Podemos por la mala fe anguitista de su dirección, también lo fue del lado socialista por la cobardía y la falta de visión de su dirección, encastillada en un nacionalismo español zarzuelero. 

O sea, no hubo pacto de izquierdas porque ninguna de las partes quiso. Y ese fracaso es la sombra que ahora se proyecta sobre estas elecciones. Los vaticinios no pueden ser más siniestros: baja participación, buenos resultados del bloque de la derecha, beneficiario directo de la desunión de las izquierdas. Y disculpe el lector si no pierdo ni medio segundo con los inevitables maestros ciruelos, esos que subidos en el dogma más acartonado cuestionan la condición de izquierda del PSOE con el único resultado permanente de favorecer el triunfo de la derecha.

Tampoco dedicaremos mayor atención a los cálculos electorales, de los que ya rebosa la prensa. Su examen produce verdadera desesperación porque, ¿de qué sirve que una izquierda gane a la otra, la otra a la una o las dos se queden igualadas si gobierna la derecha y probablemente con mayoría absoluta?

Ya sé que a los dirigentes de los partidos de la izquierda este tipo de consideraciones les traen sin cuidado, pero cerraré este post con una reflexión que a lo mejor les da que pensar: ¿saben ustedes cuál es una de las más poderosas razones de la esperada abstención en la izquierda? Que nos tienen ustedes hartos con su demagogia barata, su falta de empatía y su insinceridad y que, además de hartos, estamos indignados porque ninguno de ustedes configura una opción digna de voto.  Habrá abstención porque un sector muy importante de electores de izquierda no tiene a quién votar.

lunes, 2 de mayo de 2016

La izquierda y las elecciones

Empieza bravo Sánchez. "Nunca" es término sin término y la política está llena de "nuncas" que duraron horas. Nunca digas nunca y aun eso es discutible. Se entiende la motivación de Sánchez: dejar claro en dónde está.

Pero es igual. Quienes dicen que el PP y el PSOE son iguales seguirán diciéndolo porque no les interesa, conocer la verdad, sino lo que pueden hacer en ella.La negativa además de formal es de contenido: el PSOE nunca pactará con el PP. 

Estas elecciones no se quitarán fácilmente el estigma de haber sido evitables. En realidad, ninguno de los partidos las querían y han acabado en coincidencia total en el predio electoral. Da la impresión de que en el PSOE están tomándose las nuevas elecciones como una obra clásica con interpretaciones variables, lenguajes distintos.

El PSOE parece luchar por su supervivencia en condiciones muy hostiles, tanto en el orden interno como en el de la acción externa. Cuatro años de gobierno autocrático de la derecha neofranquista, con un PSOE ausente como oposición no son una ayuda para visualizar la presencia socialista. 

Además, los socialistas tendrán que rejuvenecer su discurso. Esto es más fácil de decir que de hacer. Por rejuvenecer habrá que entender algo distinto de las cuestiones económicas pues se requiere una sociedad muy abierta y capaz de recibir e integrar multitud de simbolos. Sin un discurso renovado que lo haga visible en muchos aspectos de la sociedad, el PSOE encara su próxima desaparición.

La suerte de la izquierda a la izquierda del PSOE despierta mucho interés mediático. El elemento esencial es la unión de Podemos con IU dentro de una contexto de otras izquierdas nacionales. Las relaciones de IU y Podemos tienen mucha carga de experiencias pasadas que van a condicionar el presente. Resucita la vieja ilusión anguitiana del Sorpasso. Ese es un dato esencial que explica muchas cosas, por ejemplo, por qué no ha habido generalmente alianzas de PSOE con IU. La finalidad de IU no era derrotar a la derecha sino al PSOE. Est debilitaba mucho a la izquierda y por ello gobernaba la derecha. Es la pauta de lo parece ahora mismo; no de lo que es.


domingo, 1 de mayo de 2016

Vaticinios a go go

Camino de las nuevas elecciones tras el fracaso de los partidos en las negociaciones, nadie sabe qué pueda pasar porque se dan demasiadas novedades, porque no hay precedentes, porque el contexto es radicalmente nuevo, porque el sistema en su conjunto ha cambiado ya profundamente. Es más, muchos sostienen que no pasará nada (entre ellos, en cierta medida El País), y que todo seguirá como hasta la fecha, lo cual, desde luego, no es una posilidad absurda en sí misma. Los seres humanos somos imprevisibles porque si fuéramos previsibles, no seríamos seres humanos.

Entrando en un terreno específico, en el concreto que nos presenta El País, lo más llamativo es la seguridad con que se afirma que va a pasar lo que el común de la gente juzga que va a pasar, esto es que aumentará la abstención. Y lo subsiguiente: que ello beneficia más a la derecha, otra píldora de saber convencional. Igualmente se afirma que el PP mantendrá su liderazgo y que la suma aritmética de los votos de IU y Podemos producirán el ansiado sorpasso. Todo muy razonable, sosegado, tranquilo... y tan probable como lo contrario. Lo único que este posible contrario tiene en su desfavor es precisamente que las empresas demoscópicas estén vaticinando un resultado, no con el fin de describir una realidad que se encuentren, sino de crearla. 

¿Por qué va a votar cerca del 30% del electorado por la banda de malhechores que gobierna? Por nada, obviamente, y es probable que no lo haga. El partido responsable de este desastre en todos los órdenes de la vida, presenta como candidato al presidente en funciones. Como si se hubiera bañado en las aguas del Jordán y no fuera ahora el mismo personaje inenarrable, mezcla de estupidez, arrogancia y corrupción y responsable último de esta catástrofe en que se encuentra la gran nación.

Pero lo más llamativo es el pronóstico de que los votos sumados de IU y Podemos superarán a los del PSOE, lo cual preanuncia el ansiado sorpasso anguitiano, alfa y omega de la existencia de este cómico personaje. Este logro, de darse, dejaría al PSOE a un paso de la extinción, motivo por el cual, el partido del primer y verdadero Pablo Iglesias, necesita revalidar y, a ser posible, mejorar sus resultados del 20 de diciembre si el aspirante Sánchez quiere seguir en su puesto.

Estos anticipos son tan razonables y de sentido común que hieden a falsos a la legua. Y ¿en qué reside su falsedad? En que no han contado ni una vez con el cambio de actitud del electorado.Se dice con frecuencia que la irrupción de los partidos emergentes y el cambio en el sistema de partidos alterará mucho el la forma y el fondo de la interacción política. IU, maltratada en su día por Iglesias, se toma ahora la revancha y, sabiéndose cada día más fuerte, se atreve a poner condiciones al amado jefe de Podemos. Frente a eta recuperacion del espíritu crítico el propio Podemos toca con sordina porque sabe que tiene ante sí un descenso considerable de votos por su actitud arrogante y necia.  De ahí que vaya en coalición con los comunistas del más oscuro pasado, bajo la advocación del septuagenario líder a quien otorga la condición de intelectual orgánico. Trata de conseguir el triunfo de una causa ambigua cuyo principal defecto consiste en que lleva la derrota en el comienzo mismo de la victoria.

Por último, tampoco el destino del PSOE está escrito y, como el de los otros dos, será lo que sus dirigentes quieren que sea. Los dirigentes, a su vez, aparte de pelearse entre sí para garantizar la continuidad de los restos del PSOE solo tienen una posibilidad de mantenerse haciendo frente a la mala fe de Podemos. El juego sucio de este consiste en asegurar que su lucha es contra el PP contando con el PSOE como aliado, lo cual es falso. Su verdadero adversario es el PSOE. El PP, en cambio, lo que los estalinistas llamaban un aliado  "objetivo".

En términos genéricos y periodísticos, hasta puede volver el bipartidismo.

La República catalana

Cuando quieras saber cómo van las cosas, qué fuerza tienen los programas, los partidos, que apoyos las opciones, no vayas a las ciudades con cientos de miles o millones de habitantes porque no son buenos indicadores. En las grandes urbes, en las megalópolis hay siempre infinidad de gente aburrida, ejércitos de ociosos que no tienen nada que hacer y a quienes basta a veces una convocatoria en un día de sol para que te llenen una plaza, un parque o una gran avenida. Pero su asistencia no querrá decir casi nada. Hubieran ido de mejor grado a un partido de fútbol o un concierto. No es difícil dirigirse a una muchedumbre en las ciudades. Una mínima organización, una convocatoria atractiva, algún interés añadido como una banda de música, y tendrás una asistencia numerosa, nutrida. Si verdaderamente quieres saber cómo están las cosas, qué posibilidades tienen las distintas propuestas, ve a las ciudades pequeñas, a los pueblos, averigua cuánta gente acude a las convocatorias. Si no va nadie o lo hace muy poca gente, si la asistencia es mínima, no auguro buen futuro a la causa que defiendas. Es la movilización en las pequeñas poblaciones, en los pueblos, la que nos da la medida del apoyo a una causa.

La independencia de Cataluña moviliza a la gente en los pueblos de una forma constante. He celebrado actos, reuniones, conferencias en muchos pueblos catalanes, del interior y de la costa, más industriales, más agrícolas, más comerciantes y siempre me he dirigido a auditorios muy numerosos. La gente, la sociedad en su conjunto, está muy movilizada. Supongo que muchos de los asistentes podrían estar en otros lugares, quizá paseando por la sierra o por el monte o montando en bicicleta, pero el hecho es que acuden a las convocatorias de la Assemblea Nacional Catalana, llenan los locales a rebosar, atienden a conferencias y escriben en twitter sobre el acontecimiento. Y luego, otras viralizan.

Los dos últimos actos a que ha asistido han sido en localidades medianas o empequeñecidas con población media o muy escasa. Sin embargo, en los dos lugares la asistencia muy concurrida. No hay otro tema en Cataluña que suscite tanto interés. Nada parecido es posible en España. El apoyo al independentismo es masivo en el Principado. Esto no es una ventolera ni una moda pasajera. Responde a una voluntad generalizada y claramente expresada. Es imparable.

Pero para verlo hay que salir de los grandes centros urbanos e ir al interior, al corazón del país. El viernes estuve en Sabadell, hablando sobre el derecho a decidir. Dialogué con Pere Cardús y la presentación fue de Quim Duaso. Ayer, en Matadepera, hablando sobre el impacto de la República catalana en España, en Europa y en el mundo. La presentación, de Pere Mas. 

Gracias a lo presentadores, gracias al público. Han sido grandes experiencias.

Donec Perficiam.