sábado, 7 de junio de 2014

Referéndum.





Por un referéndum sobre la República.

Las dinastías pasan. Los pueblos permanecen.

La dignidad de las personas reside en su autonomía y su derecho a decidir como individuos y como pueblos. El derecho a decidir es la base moral de la civilización en libertad.

Lo más importante que las personas deben decidir es su orden de convivencia y su forma de gobierno.

Nadie puede arrogarse el derecho a decidir por la mayoría si no es por determinación expresa de esta. El derecho a decidir individual y colectivamente es originario y se actualiza cuando circunstancias extraordinarias lo exigen. La única forma de averiguar la voluntad de la mayoría es consultándola en un referéndum sobre la forma de gobierno y/o sobre la organización territorial del Estado.

Este Parlamento fue elegido para asuntos ordinarios y sostener que la sucesión es uno de ellos cuando es fuerza aprobar una ley orgánica por vía de urgencia, quebrantar normas de procedimiento y modificar de hecho la Constitución es un evidente abuso. De tratarse como asunto ordinario, la sucesión será legal pero no legítima y la monarquía, último legado de la Dictadura, seguirá siendo ilegítima. El relevo es la oportunidad de reconsiderar o validar la decisión que se tomó en el pasado en otro momento de excepcionalidad. No hay razón para aceptar sin más una forma de gobierno impuesta por circunstancias que ya no están vigentes.

Desde el momento en que la democracia es la igualdad de todos ante la ley, el concepto mismo de “monarquía democrática” es una contradicción en los términos. Cuando las personas son libres, nadie es más ni menos que nadie.

Esta monarquía hereditaria, basada en un principio sucesorio patriarcal, es una afrenta al sentido de la libertad, la igualdad y la dignidad de la conciencia contemporánea.

La República, en cambio, es la negación de todo privilegio y la garante de la igualdad ante la ley.

Ramón Cotarelo.

viernes, 7 de marzo de 2014

Palinuro cierra temporalmente.

Pues sí, amables lector@s, Palinuro echa el cierre temporalmente. Tiene acumulación de trabajo. Necesita más tiempo y fuerza es ir a sacarlo de donde lo hay: en el blog. Cuesta, cuesta, no crean. Los blogs pueden resultar adictivos. Son tan íntimos como diarios y tan públicos como el pregón del alguacil en la plaza del pueblo al mismo tiempo. Son ventanas para asomarse a ver y ser visto. Hay muchos títulos de blogs que transmiten esa idea o propósito, muchas "atalayas", "castillos", "observatorios", "vigías", "disparaderos", "troneras". Es nuestro refugio y el modo de comunicarnos. ¡Cómo no va a costar!

Palinuro ya se interrumpió una vez en el pasado por idéntico motivo: sobrecarga de trabajo. Y luego retornó. Es su destino. Ahora lo volverá hacer. No está claro cuándo porque anda atareado con algún libro que otro y alguna que otra traducción, además de su quehacer cotidiano. Es imposible calcular el tiempo, pero no será mucho.

Ha vuelto a sopesar las alternativas: espaciar las entradas, resumirlas, sobre todo ahora que el Nuevo Palinuro tiene una interfaz más compleja, más de página web y permite desplegar mayor cantidad de temas. Pero no merecen la pena. Apenas ahorran tiempo y dan al producto un aire más distante y más aburrido.

Es un momento crítico, sin duda. Se precisan voces independientes y no solo argumentos de partido y bandería o consignas sectarias. Pero ya hay muchas, muy meritorias y nadie es imprescindible.

La imagen es un cuadro de Salvator Rosa (1615-1673), titulado Filosofía, en la Galería Nacional de Londres, y la inscripción reza; "Calla, a no ser que lo que tengas que decir sea mejor que el silencio".

jueves, 6 de marzo de 2014

La corrupción y la propaganda.

Aquí nadie se cree ya nada. Según el barómetro del CIS de febrero el paro es la mayor preocupación de los españoles (80,1%), seguido en segundo lugar por la corrupción que sube al 44,2%. En tercer lugar, a distancia, la sanidad (10,8%). Al mismo tiempo, como sabemos por otros barómetros anteriores del CIS, el grado de desconfianza de la ciudadanía hacia Rajoy es altísimo, de cerca de las tres cuartas partes, mientras que el de Rubalcaba aun es mayor. Quizá sea por esto, porque no confían en los gobernantes, por lo que los españoles tienden a no dar crédito al último discurso que está emanando de La Moncloa, según el cual el país, gracias al gobierno, está saliendo de la crisis. Este año habrá crecimiento del PIB y creación neta de empleo. Y el año que viene ya será jauja, con una reducción de impuestos como símbolo del reinicio de la prosperidad.

Pero ese discurso no encuentra crédito. El porcentaje de ciudadanos que piensa que la situación económica dentro de un año estará igual o peor que hoy es del 70,6% y el de quienes creen que sucederá lo mismo con la situación política escala al 80,3%. La política lleva siempre la peor parte.

Rajoy tiene un problema de comunicación No solo personal, cosa evidente, sino también institucional. Es decir, tiene un problema en el aspecto en el que vuelca todo su esfuerzo: la imagen, la propaganda. Como dice un interesante artículo de Carlos Elordi que no me canso de citar, el gobierno no gobierna, solo hace propaganda tramposa. Pues tendrá que hacer más propaganda o conseguir que sea más tramposa. Porque nadie parece creerlo.

En verdad, La Moncloa entiende a la perfección su interés: tiene que elaborar un discurso hegemónico, frente al que no haya uno contrario o, si lo hay, no se difunda. El nudo de la cuestión está en el control de los medios de comunicación y a eso se ha dedicado con ardor en la primera mitad de la legislatura. Ha convertido la RTVE en la voz de su amo y ha descabalgado a los tres directores de los periódicos más leídos del país. Una decisión fría, meditada con un motivo claro: aprovechar la pavorosa crisis por la que atraviesa la prensa de papel, utilizar la publicidad institucional para doblegarla y suprimir la formación de una opinión crítica.

El empeño del gobierno es muy sencillo: se trata de ganar las elecciones presentando una imagen de España que no coincide en nada con la realidad. Una España Potemkin. Será interesante ver en las próximas elecciones si ese plan tiene éxito. Si no lo tiene, si el gobierno pierde las elecciones europeas, el tramo hasta las generales de 2015 será bastante áspero porque aquel aumentará su agresividad.

El paisaje de un hombre.

Una exposición monográfica de Cézanne en Madrid es un acontecimiento porque la última tuvo lugar treinta años atrás. Así, bien puede uno rascarse el bolsillo y pagar la pastizara que pide el museo, uno de los más caros del lugar, por una muestra relativamente modesta del pintor de Aix-en-Provence. Además, si no me equivoco, se ha roto el convenio que tenía el museo con Cajamadrid y las exposiciones se han reducido pues ya no se prolongan en los salones de la plaza de Celenque. También aquí han llegado los recortes. La selección de obras expuestas se concentra en los paisajes y los bodegones y deja fuera de foco los otros temas o series, según el término que el propio Cézanne utilizaba, que representan lo abigarrado y variado de una obra diversa pero constante, casi entendida como un experimento prolongado en el tiempo. Faltan (o hay algún cuadro suelto) la pintura de su primera época, así como los desnudos, los autorretratos, la montaña Sainte Victoire y, sobre todo, alguna de las versiones de los jugadores de cartas que debieran ser de exposición obligada. 

La muestra está a rebosar de gente. La figura de Cézanne ha ido agrandándose con el tiempo, a medida que se rompían los clichés, los prejuicios y la ideología que se ha vertido sobre el arte del XIX y el XX. Cézanne nunca pasó hambre ni extrema necesidad, como parecía obligado en los vanguardistas de la época. Tuvo momentos difíciles, cuando la asignación paterna, de la que vivió toda su vida, hasta que heredó la fortuna de su padre, no le alcanzaba y, en tales casos, recurría a amigos acomodados, como Zola, a quien le unía una relación desde los tiempos de colegiales. Su padre era un parvenu, hijo de inmigrantes, que llegó a ser banquero de provincias y amasar una fortuna. Las relaciones con el hijo nunca fueron buenas, aunque tampoco de abierta hostilidad, gracias a la mediación de la madre y la gran habilidad del hijo para no irritar en demasía a su progenitor. Este lo quería banquero o, en su defecto, abogado. Pero él se salió con la suya de ser pintor.

Tuvo una educación esmerada, era poeta tanto en latín como en francés, y músico. Decidió dedicar toda su vida al arte de la pintura, cosa que consiguió enfrentándose a su padre. Una rebelión con buenas formas, pero firme y triunfante. En nombre de su dedicación al arte mantuvo una actitud inconformista extrema que lo convirtió en una persona muy querida pero por muy poca gente, casi exclusivamente pintores, artistas, intelectuales y marchantes. Para todo lo demás resultaba un ser solitario, asocial, una mezcla de timidez y hosquedad. Aunque no le importaba vivir en París, prefería el campo, la posesión de la familia en Jas de Bouffan y la suya de l'Estaque, desde la que podía ver la montaña de Sainte-Victoire, el emblema de una época de su pintura, el punto final de su evolución, una reproducción casi obsesiva de la montaña que muchos comentaristas no dudan en incluir en una especie de mitología simbólica, en donde no es raro que aparezcan los nombres de Sinaí y Tabor. Claro, la magia de la montaña, la montaña mágica, presente en muchas latitudes, culturas, obras artísticas. Para Cézanne, con todo, se trata de representarla con diferentes colores, según la luz del día (el gran descubrimiento del impresionismo), mezclarla con el cielo y relacionarla con los paisajes, también cambiantes. Hay algún ejemplo en la exposición.

Los paisajes, la pintura al aire libre. Cézanne adoraba a Poussin, conocía muy bien la escuela de Barbizon y su obra es una sucesión de paisajes (con alguna, escasísima, presencia del mar) vistos con los ojos de un pintor y sentidos con el espíritu de un poeta virgiliano. Maravillosos. Todos. La exposición abunda en ellos y el comisariado va dando explicaciones muy oportunas por las paredes, cosa muy acertada porque este hombre, tan peculiar, apenas firmó una veintena de sus abundantísimas obras y dató no más de diez o doce, con lo que las aclaraciones se agradecen. ¿Y quién no ha teorizado sobre los paisajes de Cézanne, la heterodoxa línea del cielo, la mezcla de planos, las vueltas del camino en el bosque, los edificios entre los árboles?

El otro gran tema de la exposición son los bodegones y las celebérrimas manzanas sobre las que se ha escrito tanto como sobre la Gioconda. También se le han buscado interpretaciones en todos los sentidos. ¿Por qué manzanas? Seguramente porque era lo que tenía más a mano y el suyo no era un fin simbólico de la manzana como aparece en mucha ocasiones en la historia sino el de recrear la realidad en la que y con la que vivía, a propósito, interpretándola. Manzanas, peras, melocotones, frutas de temporada. Hay quien dice que esas manzanas vienen de las que, siendo niños, Zola le regaló un día en que lo había defendido de uno de los frecuentes ataques a que lo sometían los otros alumnos por su fragilidad. La interpretación más extendida es la que ve las dos series, los dos temas, paisajes y bodegones, entrelazados. Bodegones como paisajes y paisajes compuestos como bodegones. ¿Por qué no? En los bodegones se da esa factor casi inapreciable de la ruptura de la perspectiva con la que se inició el cubismo. 

Así como se tiene a Cézanne por fundador del impresionismo, se lo tiene por antecedente del cubismo y, por ahí, de toda la pintura moderna. Ese es el punto de las disquisiciones sobre las jarras de agua o lo tarros, que reaparecen en las obras cubistas, no ellos mismos sino la situación y forma que tienen en un conjunto con una armonía nueva, subjetiva, sin reglas de perspectiva. 

Esa pintura no podía gustar a su padre y menos a los señores de la Academia, que daban paso a los salones oficiales. Por eso rechazaron sus obras, verdaderas patadas al amaneramiento neoclásico. Y por eso acabó formando grupo con los rebeldes y presentando obras en el salon des refusés, en acción común con sus compañeros impresionistas. Pero la rebeldía de Cézanne se acababa aquí. Era una posición personal, como la que lo enfrentó a su padre, una rebeldía en defensa del arte y de su cultivo casi como un sacerdocio. En defensa del arte, todo. Pero solo del arte. 

Enseñó a su generación a salir a pintar al aire libre. Esta era la consigna. Lo había sido en Barbizon y lo fue para Monet, Manet, Renoir, etc. Pero, para ellos, salir al aire libre significaba, sobre todo, las calles de las ciudades, los pueblos, los ferrocarriles, los puentes, los acontecimientos sociales, los bailes, las verbenas, las regatas, las kermeses, hasta las revoluciones. En la inmensa obra de Cézanne no hay nada de esto. Vivió acontecimientos como el hundimiento del II Imperio, la Comuna, el conflicto dreyfusard. Pero no se refleja en su obra. Él vivía en el mundo, absorbido, empapado en el mundo; pero en otro mundo, el de la naturaleza y el de él mismo. Los bañistas (hay también alguno en la exposición), en el fondo, son paisajes. Solo los autorretratos, muchos a lo largo de su vida, y todos magníficos, parecen distanciarse del tema dominante. Lo parecen. Son indagaciones, introspecciones sin ningún tipo de concesión, intentos de comprender cómo iba realizándose en su proyecto vital de conseguir una representación plena de la naturaleza.

Su experiencia continua fue una muy escasa aceptación (salvo los círculos próximos, iniciados) cuando no, hostilidad. Él, sin embargo, jamás vaciló en el convencimiento de su vocación y la seguridad de que conseguiría lo que se proponía, representar la naturaleza de una forma nueva, recrearla, revolucionar el arte y revolucionar la revolución del arte. Ahí, en ese alto concepto en que Cézanne se tenía, está la razón de su ruptura con su amigo de toda la vida, Zola quien, en el fondo, nunca lo había entendido, como tampoco entendió el impresionismo. Se vio retratado en la figura de Claude Lantier, un pintor fracasado en  L'oeuvre, de Zola. Él sabía que, de fracasado, nada.

Y la prueba, esas colas de gentes que vamos a quedarnos pasmados delante de sus increíbles paisajes.  

miércoles, 5 de marzo de 2014

El portavoz de sí mismo.

Rajoy sigue leyendo mundo adelante. No hablando. Jamás habla espontáneamente. Lee. Se entiende el apuro en que se vio en cierta ocasión en que, habiendo escrito él personalmente lo que había de leer, no entendía su letra. Y en la cabeza, ideas, no debía de haber muchas. Por eso lee siempre y escurre el bulto de todas las comparecencias en que pueda verse obligado a improvisar algo. No puede. Ni un desliz. Nada de responder preguntas, que te pierdes. Nada de improvisar. Todo por escrito. Por eso cabe decir que Rajoy gobernante no es Rajoy compareciente. El compareciente no es Rajoy -a quien se parece mucho, como si fuera un doble- sino su portavoz. Es sencillo: Rajoy es portavoz de Rajoy, quien no se deja ver.

Y no es menuda la tarea del sosias portavoz. Tiene dos en concreto, una positiva y otra negativa, ambas relacionadas. La positiva: debe colocar un discurso triunfalista que suena a falso a la legua. No puede permitirse ni un error, sobre todo en magnitudes que están habitualmente manipuladas. La negativa: debe impedir a toda costa que se hable de la corrupción, del caso Gürtel y menos que se ponga en cuestión la legitimidad de su gobierno a cuenta de las presuntas fechorías que su partido por un lado y él personalmente pudieran llevar años cometiendo.

Lo primero y positivo parece improbable porque, se esgriman los datos como se esgriman, si la gente sigue sin poder pagar el recibo de la luz o la hipoteca o el colegio de los niños, ya le pueden contar milongas macroeconómicas, interpretar ladinamente el sentido de los datos o prometer longanizas el año que viene: no creerá nada. Lo segundo y negativo es imposible. Cada día, casi cada hora, hay una noticia nueva en ese procedimiento Gürtel que parece las zahúrdas de Caco. ¿Pude seguir afirmando Rajoy que se enteró del caso Gürtel prácticamente ayer y por la prensa cuando el Bigotes asegura haberle pedido por carta en 2003 (y la carta consta) que mediara para que su partido -pelín moroso- pagara las facturas de la Gürtel? Repetirá que sobre ese tema ya ha dicho todo cuanto tenía que decir. Pero ¿cuánto tiempo podrá decirlo cuando cada vez es más claro que no ha empezado a hablar y que puede tener que hacerlo delante de un juez?

Y no es solamente Rajoy. Es todo cuanto el PP ha tocado, en Castilla La Mancha, en Valencia, en Baleares, en Galicia, en Castilla y León y, por supuesto, Madrid que, en los años de oro de la Gürtel, los del frenético inaugurar de Aguirre, parecía Wichita, ciudad sin ley por lo mucho que aquí se ha robado. Para quitarse el feo y plebeyo muerto de la financiación ilegal de las campañas electorales, Aguirre, noble consorte, dice que en 2003 el presidente del PP en Madrid era Pío García-Escudero, IV Conde de Badarán. Esto va de aristócratas, un poco randas, según parece, pero gente de "buena estirpe". Aguirre no era presidenta del PP entonces pero sí fue la candidata de las dos elecciones autonómicas de aquel año, las del Tamayazo, es decir, la beneficiaria directa de la presunta financiación ilegal. ¿Qué valor tienen unas elecciones ganadas con trampas?

Es la cuestión del pufo universal que, como el fantasma de la esencia patria, vuelve de visita, a dejar claro a los ojos del mundo quién y cómo gobierna el país. El amigo íntimo de Aznar, aupado por este a la presidencia de Caja Madrid en 1996, Miguel Blesa, ocupó el cargo hasta 2009, fecha en la que los enredos de la inevitable Aguirre lo echaron de la canonjía, substituido en ella por Rodrigo Rato, quien acabó la obra de su predecesor. Lo mismo hizo Aznar con su otro amigo del colegio, Villalonga, a quien puso al frente de Telefónica. Des ejemplos claros del capitalismo de amigos del que el expresidente abomina en público como buen neoliberal. A Villalonga no le fue mal de todo, quizá porque tuvo la habilidad de romper con Aznar, quien debe de ser insaciable en el cobro revertido de favores. A Blesa, quizá por no romper con el capo, le ha ido fatal. Bueno, ha ido fatal -en mayor medida incluso- al interés público y a miles y miles de ahorradores a los que supuestamente se estafó con las preferentes. Blesa parece haber llevado a la quiebra la segunda entidad financiera del país, con más de doscientos años de solera. En su descargo dice el buen hombre que no cabe considerar que un jubilado careciera de conocimientos financieros a la hora de entender las tales preferentes. Y, a más a más, sostiene ante el juez que él no sabía nada de ellas, siendo así que esas preferentes se aprobaron en la Comisión Ejecutiva de la Caja a iniciativa del amigo íntimo de Aznar. ¿Cómo es posible que este hombre esté en la calle y, en cambio, se halle procesado el juez que lo encarceló? ¿Quién puede tomarse en serio un país así?

(La imagen es una foto de La Moncloa según su aviso legal).

La devaluación interna como política.



Los señores del canal Hispantv invitaron a Palinuro en directo a un interesante diálogo con Caridad García Álvarez, diputada de IU en el Congreso, en el programa Enfoque. Trataba la charla de la pobreza y la desigualdad en España. Dejo el vídeo por si alguien quiere verlo. Palinuro expuso su punto de vista al respecto, consistente en señalar que la pobreza (y la consiguiente desigualdad, en la que parece somos campeones en Europa) no es un dato caído del cielo como el índice de pluviosidad, sino que es la consecuencia querida de una política deliberada del gobierno. La idea responde al patrón de la banca, los empresarios, los organismos financieros internacionales, la Unión Europea, que Rajoy aplica a rajatabla, consistente en sostener que se sale de la crisis aumentando la productividad y que esta lo hará bajando los salarios y, en general la renta de la gente a base de reducir el gasto público (subvenciones, servicios sociales, pensiones, prestaciones de todo tipo), es decir, de empobrecer el país. Una devaluación interna ya que no se puede hacer externa. Pero que solo afecta a las rentas del trabajo y no a los beneficios de las empresas o los de capital que, al contrario, se han reanimado inyectándo dinero público procedente de esos recortes.

Esa es la política real, deliberada, del gobierno. Luego está lo que dice ya en año electoral: los sacrificios dan frutos y estamos saliendo de la crisis; luz al final del túnel, etc. Pero esas declaraciones chocan con la percepción directa de la ciudadanía de que las cosas no mejoran; al contrario, empeoran. Rajoy insiste en la tecla, amontona datos (en los que escasa gente confía) y se niega a hablar de otros asuntos que, sin embargo, tienen una importancia capital a la hora de medir su crédito, como la corrupción. La confianza popular en el gobierno es cero. Entre otras cosas porque el razonamiento es muy sencillo: alguien que hace dos años mintió al país entero con un programa electoral que incumplió para ganar las elecciones, no se arredrará de volver a mentir para mantenerse en el poder. Sin duda, ahora ya no son promesas sino datos estadísticos fríos y duros. Sí pero es muy fuerte y cada vez más extendida la idea de que el gobierno también manipula las estadísticas. En este estupendo artículo, Carlos Elordi avisa, además, de que, controlando el gobierno como controla prácticamente todos los medios de comunicación, audiovisuales y prensa de papel, puede que parte de esa propaganda cale. Elordi menciona a Goebbels. Algo de eso hay.

martes, 4 de marzo de 2014

El puferío nacional.

Los juntaletras no agradeceremos nunca lo suficiente a Francisco Correa, (a) don Vito, cerebro (junto a Pablo Crespo) de la Gürtel, su gran aportación a la renovación del castellano o español, sobre el que ha vertido generosamente su ingenio igual que repartía la pastuqui entre allegados y colaboradores. Uno de ellos, Bárcenas, parece ser Luis el Cabrón, chambelán del jolgorio palaciego por el que pulularon el albondiguilla, el bigotes, el curita y otros pintas de este jaez. Todos dedicados, al parecer,  a la gestión de pufos. El festival de los pufos. Los actos electorales de Esperanza Aguirre, esos en los que se proclama a voz en cuello el sacrificio en pro de España y de los españoles, de los ciudadanos, para la sobría contabilidad de don Vito eran pufos. Y no en el terreno ideológico, en donde es evidente, sino en el directamente contable. Esperanza Aguirre recordaba hace pocos días que había destapado la Gürtel. Sería al levantarse del asiento porque estaba sentada sobre ella.

El pufo es escueto concepto pero tiene abigarrada naturaleza. Junto al pufo de campaña electoral (Madrid, Andalucía, Valencia), estaban los pufos inmobiliarios. El PP pagaba presuntamente en B negra las reformas de sus locales de Madrid y La Rioja. Nadie prescindía del pufo. Pufo el del expresidente de Baleares, pufo el de la visita del Papa en Valencia (ni al Santo Padre respetan los puferos), pufo el de la operación Pokemón, pufo el del alcalde de Burgos. Todo en ese partido pufea: Castellón, Alicante, Madrid, Ourense, Burgos. Cada vez hay más razón para responder adecuadamente al juez que todavía se pregunta si ha de habérselas con un partido político o con una asociación de malhechores.

Y eso en los pufos directos. Fenomenales son también los pufos indirectos, por contagio, en los que, cuando se escarba, se descubre siempre la conexión con el PP: pufo la presidencia de Blesa y Rato en Cajamadrid/Bankia, un pufo descomunal, causante de la ruina de millares de personas y en gran parte de la crisis española. Pufo las actividades del yerno real, quien, según parece, ha pufeado hasta una asociación de huérfanos. Pufo supuesto el de las privatizaciones hospitalarias y pufo, también supuesto, el del ático del señor González.

El pufo universal, sin fronteras ideológicas. Pufo el delos EREs andaluces, los cursos de la UGT y los de los empresarios. El jefe del nuevo pufo empresarial -excandidato del PP- está ya en el talego, al igual que el exjefe de los empresarios. Pufo, mientras no se demuestre lo contrario, el de la misteriosa fortuna del Rey y, por descontado, pufo en forma de rebaño pufero, el de todos esos profesionales de la política que llevan años cobrando sobresueldos. Estén en donde estén y tengan los cargos que tengan, empezando por el del presidente del gobierno quien, además de embustero y autoritario, es consumado pufero.

El pufo es el gran emblema español. ¿Marca España? Pufo España.

Resnais se va a Marienbad.

Acaba de morir nonagenario Alain Resnais que un día fuera símbolo de la nouvelle vague. O, más que morir, quizá haya desaparecido como alguno de sus personajes y retorne luego en un flash back a los que solía recurrir.

He visto poco cine de Resnais y el poco que he visto me gusta poco, desde el punto de vista puramente cinematográfico. Sus dos películas más famosas, Hiroshima mon amour y El año pasado en Marienbad son muy originales y muy poderosas. Visualmente fascinantes. Pero tienen algo de rebuscado, de artificioso, que les hacen parecer un poco cursis. Lo que es meritorio tratándose del horror de Hiroshima. Para Marienbad la cosa se explica por los escenarios. La mayor parte en el Nyphenburger Schloss, junto a Munich, el mayor palacio de Europa, con unos jardines infinitos, en donde vivía y era devorado por su locura Luis de Baviera. Y dentro del Nyphenburger, el pabellón de caza, el Amalienburg, con increíble salón de los espejos. Hay un tercer castillo, también rococó espléndido, pero no recuerdo en donde está en Munich. En todo caso, una delicia para la vista y un sopor para el entendimiento.

Resnais había empezado con fuerza rodando un documental impresionante, Nuit et brouillard, sobre los campos nazis de concentración. También hay interferencias con dos tiempos de narración alternados, pero la fuerza del tema todo lo puede. Desde que se filmó (1955) se han producido obras maestras sobre este siniestro episodio, pero Resnais fue uno de los primeros, si no el primero. El título, Noche y niebla es el del decreto de Hitler de siete de diciembre de 1941 por el que se ordenaba la desaparición forzosa de todas los individuos desafectos al régimen por la razón que fuera, en todo el Reich, incluidos países invadidos. Millones de personas se esfumaron de la faz de la tierra sin dejar rastro; ni una tumba. Luego, el delirio se concentró en la solución final con los judíos. Es el relato de Noche y niebla (otra vez el pobre Wagner cargando con el mochuelo del desvarío ajeno), una pieza de muchísimo valor. Lástima que el estilo se le complicara en preciosismos. Aunque es posible que no sea el caso en otras que no he visto y son muchas, puesto que la última que rodó lo el año pasado.

Resnais dirigió también La guerre est finie, (1966) La guerra ha terminado, considerada su película más ortodoxa, menos experimental. Lógico. El guión era de Jorge Semprún y contaba en términos literarios, al estilo de Federico Sánchez (aunque aquí el héroe, interpretado por Yves Montand, se llame Diego), el conflicto que enfrentó en 1964 a Santiago Carrillo y la mayoría de la dirección del PCE entonces en el exilio, en París, con Fernando Claudín y Jorge Semprún, dos de los intelectuales más conocidos del partido. Es una película de ambiente español (españoles en España y en el exilio francés), contada por un español y que fue protagonista del conflicto. El conflicto que terminó con una pintoresca expulsión de ambos, últimos retazos de tácticas estalinistas. Un episodio que Semprún convirtió en un guión y Claudín en sendos libracos de difícil lectura, sobre todo hoy. Claro que el film también ha envejecido. Es la historia misma la que ha envejecido. Pero cuando vi la película en 1969 me pareció excelente, de una gran audacia, reflejando una realidad, la de la vida clandestina que todos los de izquierda conocíamos a través de cauces también clandestinos, y no salía a la luz pública.

De aquel conflicto -que era muy grato ver relatado en términos literarios, incluso con toques sentimentales y eróticos, a cargo de Ingrid Thulin y Geneviève Bujold- salieron luego los llamados "claudinistas", intelectuales procedentes del PCE pero, como sucedía periódicamente, enfrentados a la dirección y consiguientemente expulsados. En el film, el protagonista tiene rasgos heroicos, es el hombre de media edad, en la plenitud de la vida, que se enfrenta por un lado a los viejos anquilosados en formulas muertas de la dirección del partido y por otro a los jóvenes intempestivos, acelerados, radicales, recién salidos del cascarón y partidarios del recurso a la violencia para derrocar la dictadura, de cuyo lado habían ido mis simpatías cuando el film se rodó. Pero el hombre heroico vence a los dos enemigos del comunismo, el izquierdismo infantil y el revisionismo senil. Y por eso se lleva a las dos chicas, su compañera y la joven radical que comprende que sus amigos (los grupúsculos de Carrillo) son unos chavales dedicados a jugar con cosas serias y sabe en dónde hay un hombre de verdad, uno que tiene también ciertos toques paternales. El guión hace lo posible por explicar la doble vida del agente revolucionario que duda del sentido, no de la causa, sino del modo de alcanzarla. Y lo consigue, aunque a veces incurra en algún tópico de thriller.

Toda la experiencia de la clandestinidad está aún por narrar y esta película de Resnais es una aportación curiosa.

El papel de Montand es sobrio, como solía, pero no tiene mucho de específicamente español. En realidad es el mismo de Grigori Lambrakis en Z (1969), de Costa Gavras, también con guión de Semprún (y fabulosa banda sonora de Mikis Theodorakis, entonces deportado dentro de Grecia) y el de Michael Santore, en Estado de Sitio, 1973, también de Gavras. Montand hace siempre la misma interpretación, ya sea un hombre de partido en la clandestinidad, un diputado comunista con aureola popular o un agente de la CIA. Montand es siempre un profesional.