domingo, 30 de agosto de 2015

El cartero del Rey.


Ayer fue la Guardia Civil; hoy, una reprimenda epistolar de Felipe González. El nacionalismo español está en pie de guerra. Y en El País, que le cede su articulo editorial, es decir,  hace suya la opinión de González, y este habla por el periódico. No es menudo privilegio. Se entiende, sin embargo. Hace ya unas fechas que, habiendo comprendido por fin el calado de lo que llama con flema anglosajona el desafío soberanista, el cuarto de máquinas del diario de Prisa echa humo. Ha puesto a trabajar a los muñidores de ideología en defensa de la unidad de la Patria. Si su autoconciencia legitimadora lo pinta como el diario de la transición y el que se enfrentó al golpe de 1981 en nombre de la Constitución, su idea del momento es erigirse en paladín de la unidad de España y nuevo salvador de la Patria.

El editorial firmado por González viene a ser como un artículo de fondo. Aunque de poco fondo. Como pieza literaria es insignificante y como documento resulta bastante ramplón. Ocasión tan distinguida hubiera necesitado algo más de estilo y mayor densidad de contenido. No tendría por qué ser un nuevo Discurso a la nación española o Yo acuso u Oigo Patria tu aflicción, pero debiera tener algo que permitiera recordarlo. En vez de eso, la epístola que González dirige a los catalanes, a diferencia de las que San Pedro o San Pablo dirigían a distintos destinatarios colectivos, reproduce el contenido adocenado de las habituales admoniciones del nacionalismo español de más rancia estirpe vestido con las galas del "éxito" de la segunda restauración. Tengo la impresión de que el Rey le ha pedido que se dirija a los españoles en defensa del estatus quo -y la Corona, por ende- y le ha dado la plantilla del discurso español tradicionalista, una triada que incluye: a) jeremiadas, b) malos augurios; c) amenazas.

Las jeremiadas. ¡Ah, con lo bien que nos llevamos y lo mucho que hemos prosperado gracias a la Constitución de 1978 que otorga el mayor autogobierno que Cataluña ha tenido en su historia! González no está familiarizado con la del nacionalismo catalán e ignora que lo lógico (y legítimo) de este no es quedarse con "el mayo autogobierno"  sino la totalidad del autogobierno. Esto sin contar con que el juicio sobre el Título VIII de la CE es muy contradictorio. A él le parece un éxito; a otros, un desastre y un fracaso, sobre todo después de que Alfonso Guerra y los demás "Guerras" que hay en el Parlamento y el Tribunal Constitucional se cepillaron el Estatuto de 2006.

¡Ah, qué lástima ver Cataluña convertida en una Albania! Tengo la impresión de que antes se verá así España que Cataluña. Pero, sobre todo, es absurdo emplear estas imágenes después de los referéndums de Quebec y Escocia, que han dejado sin argumentos a los nacionalistas españoles. En especial los de Quebec porque se dieron a raíz de una doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo Federal, según la cual, el derecho de autodeterminación no existe en la Constitución canadiense (como tampoco en la CE), pero si una parte importante de la población se empeña en ejercerlo, el Estado viene obligado a negociar alguna forma para ello, como es lógico y entiende todo el mundo, incluida Escocia, pero no el gobierno español.

Las "razones", los (malos) augurios. Horrorosa la pretensión de desconexión de Mas tan en contra del espíritu del tiempo, que es el de la gran conectividad.  Dice González que la desconexión será en primer lugar entre catalanes, pues ya empieza a haber signos de racismo. Cierto. Pero los ha habido siempre. Y en todas direcciones. El "¡háblame en cristiano!" es puro racismo. Tambien dice que se quiere desconectar a los catalanes del resto de los españoles. Si todo el mundo está tan conectado, tanto dará estarlo con los españoles como con los demás europeos. Y esto sin contar con que ese  contacto entre españoles y catalanes de que tanto dicen enorgullecerse los políticos nacionalistas españoles es pura demagogia. Un estudio sobre los prejuicios de unos hacia otros, del grado de conocimiemto real sobre todo de los españoles hacia los catalanes probará que no hay cercanía y que no la habido nunca. Para los españoles, en el fondo, Cataluña no es el extranjero, pero sí el cuasiextranjero.

Igualmente se augura una ruptura de Cataluña con Europa. Ni que él fuera el dueño de la kermesse. Eso está por ver y también lo está lo que pueda hacer España o lo que quede de ella. No resulta verosímil que la parte más europea de España vaya a quedar fuera de Europa. No es pensable ni quizá posible. González recurre a una caricatura: un consejo europeo de 200 o 300 miembros. Eso no se dará, pero, aunque se diera, ¿qué? ¿Cuál es problema con que en lugar de haber 28 Estados en Europa haya 29 o 39 o 45 o 7? ¿La defensa? Nadie ignora que Europa es incapaz de defenderse a sí misma aquí y ahora y depende para ello de la OTAN y, en último término, a qué engañarse, de los Estados Unidos. Las cosas no cambiarán mucho. 

Augura González asimismo una ruptura con América Latina y señala los 500 millones de almas de un apetitoso mercado con el que nos une la lengua. Y ¿quién ha dicho al expresidente que dejará de hacerlo? El español o castellano seguirá siendo oficial en Cataluña independiente por la cuenta que le trae. A esta desconexión le pasará lo que al intento de mantener a los catalanes y aragoneses en general al margen del comercio con el imperio español. Sin duda se dio en uno u otro momento, pero siempre hubo comerciantes de la Corona de Aragón en la trata de Indias.

Amenazas. Aunque el escriba las edulcora cuanto puede, están siempre ahí: ningún gobierno español negociará, dice, ante hechos consumados. Luego de una serie de intentos de los catalanes de negociar, siempre rechazados (el propio González acusa al gobierno de no negociar y de inmovilista), ¿qué significa aquí "hechos consumados"? Y eso sin contar con que se trata de otro vaticinio: ningún gobierno español se sentará a negociar ante hechos consumados, hasta que se siente.

Pero González aquí tiene otro talante. Sale el demócrata, el gran defensor del Estado de derecho y recuerda que el límite a la ambición de Mas (nunca habla de movimiento social o cosa parecida; la posible secesión de Cataluña es una manía de Mas) es la ley. Tan solemne se pone que la escribe con mayúsculas: la LEY. Hay que cumplir la ley. Exactamente lo mismo que dice Rajoy.  Y con más rotundidad que los infelices compañeros de partido de González pues, cuando le parece, él la incumple. A veces se molesta en disfrazar el incumplimiento de reforma según el procedimiento previsto pues para eso tiene una mayoría absoluta parlamentaria ante quien nadie rechista. Otras veces se limita a incumplir (generalmente plazos, obligaciones, etc) y no sucede nada. Los catalanes, en cambio tienen que cumplir a rajatabla, por inicua o injusta que sea.

Dice González que no le gusta lo que hace el gobierno, pero que no puede ser equidistante. O sea, que se alinea con quien hace lo que no le gusta, probablemente porque el otro se apresta a hacer algo que le gusta menos. Parecería suficiente, pero no es así. La ultima ratio no podía faltar. Y no falta: Ningún gobierno responsable puede permitir una política de hechos consumados, y menos rompiendo la legalidad, porque invitaría a otros a aventuras en sentido contrario.

En todo caso, concluye González, no haya cuidado porque España no va a romperse por la muy poderosa razón de que "sé que eso no va a ocurrir, sea cual sea el resultado electoral".

Pues podía habernos ahorrado la carta.

(La imagen de Felipe González es una foto de Wikipedia, con
licencia Creative Commons).

sábado, 29 de agosto de 2015

Soberanía y corrupción.

Tiene razón Soraya Sáenz de Santamaría al decir que los jueces no entienden de fechas electorales. Obvio. Cumplen con su deber. Si la justicia se rigiera por las conveniencias electorales de este o aquel no sería justicia, ¿verdad? Sería un cachondeo. Y, como en España la justicia no es un cachondeo, su acción prosigue implacable contra la presunta corrupción institucional de CiU (aunque la tocada aquí parece sobre todo Convèrgencia)  con el fin de averiguar el alcance de los indicios delictivos que viene investigando, juzgar a los culpables, si los hay, y condenarlos, si lo merecen. Y así debe ser. Es preciso acabar con la corrupción en donde se dé, en Cataluña, en Madrid, en Andalucía. Caiga quien caiga.

Al mismo tiempo, no cabe olvidar que estamos en mitad de un torbellino político, quizá el más importante que ha habido en España desde la muerte de Franco, el que puede cambiar de verdad y para siempre la faz del país, aunque los nacionalistas españoles acaben de enterarse, y no ando muy cierto de que lo hayan hecho del todo. Y en estas circunstancias es de esperar que el debate político, habitualmente cálido en estos pagos, se ponga al rojo vivo. El rojo vivo real y no ese ñoño remedo televisivo. Se oirán muchos ex-abruptos, incluso barbaridades, de un lado y del otro. Pero no es motivo para enredarse o confundirse. Hagan los jueces en buena hora su trabajo con eficacia e independencia. Déseles toda la ayuda y el apoyo que precisen. La justicia es el eje esencial de toda comunidad política. Platón dedicó su obra más importante a este vínculo. Y así sigue hoy, casi 2.500 años después.

Salgamos, pues, del ámbito judicial, dejemos trabajar a los jueces y vayamos a la dimensión política del asunto. ¿Qué autoridad tiene el PP para reclamar la separación entre ambos campos? Nula, como todo el mundo sabe. La derecha, el gobierno, el PP, la señora Santamaría, no han colaborado jamás con la justicia cuando esta los investiga. Antes bien, la destrucción de pruebas de todo tipo, la negativa a atender y cumplir reiterados autos judiciales, el borrado de los discos duros barcénigos, etc., atestiguan lo contrario, esto es, que obstaculizan y entorpecen la acción de la justicia cuanto pueden e, incluso, si parecen colaborar, como cuando se personaron en la causa de los papeles de Bárcenas como acusación, lo hicieron para distorsionar el procedimiento y fue necesario expulsarlos. Como probablemente lo será otra vez con la nueva personación de la Comunidad de Madrid (PP) en el caso de la Púnica. Y esto sin entrar ya en terrenos más procelosos, como las maniobras para apartar unos jueces íntegros y poner otros más acomodaticios o de la propia cuerda.

Sin embargo, reconozcámoslo, este argumento, teñido del defecto "y tú más", no es válido del todo. No, no lo es, pero ayuda a hacerse una idea. Lo interesante es el argumento siguiente: frente a sus casos de corrupción, que son una pedrea cuya enumeración no cabría en el post, el PP insiste en que se trata de cuestiones aisladas que en nada afectan al partido en su conjunto, a su programa, su ideología (si es que tiene alguna) y su proyecto político, del que tampoco se sabe gran cosa. De hecho, ese mismo partido se presenta a las elecciones de diciembre sosteniendo que lleva una lucha titánica contra la corrupción que anida en su seno, igual que San Antonio luchaba contra la concupiscencia que lo asaltaba. Y presenta como candidato a Mariano Rajoy, sobre quien recaen fundadas acusaciones de haber estado cobrando sobresueldos y otras bicocas de procedencia dudosa y certidumbres de que ha mentido en repetidas ocasiones en el parlamento, en la televisión y en la calle.

¿Por qué, en cambio, los presuntos casos de corrupción que afectan a Convergència y no, por cierto, personalmente a Mas, han de debilitar o hacer fracasar el proceso soberanista en su conjunto? ¿Por qué no se liga corrupción y unidad de la España neoliberal y nacionalcatólica pero sí corrupción y soberanismo? Es patente que Juntos por el sí no es Convèrgencia, sino una "confluencia" de mucha más gente en principio limpia de polvo y paja. Por cierto, para quien sepa apreciar la finura florentina de la política de Mas, que sigue dando mil vueltas al zote de La Moncloa, ¿queda ya claro el misterio de por qué va el cuarto en la lista y no el primero? ¿Hay que explicarlo? Precisamente para desactivar esta supuesta "bomba" que ya preveía, esta amalgama para dinamitar el soberanismo.

Es igual. El unionismo, el nacionalismo español, creyendo victoriosa su estrategia del embudo, ha lanzado a sus portavoces a bombardear la plaza soberanista. Arranca alegre "El País" que, titula más con el deseo que con la luz de la razón, que La investigación de las comisiones del 3% fractura la lista unitaria. Y todos se hacen eco, hasta Pablo Iglesias, quien, encantado de mostrarse persona de orden y patriota, repite la falsa doctrina de que "soberanía y corrupción son incompatibles", doctrina falsa por partida doble: a) una general y de hecho, ya que hay Estados soberanos basados en la corrupción; por ejemplo, el suyo; b) otra particular y de juicio de intenciones, porque nadie en el soberanismo catalán, que se sepa, ha pretendido hacerlo compatible con la corrupción.

Está claro que, a falta de argumentos, el nacionalismo español de derechas, de centro, de izquierda y de izquierda/no izquierda, recurre al socorrido método de la amalgama, que los soberanistas califican de "juego sucio". Aunque pueda parecer paradójico, Palinuro está satisfecho con esta vía de contraataque a una emergencia independentista catalana que los unionistas no saben cómo contrarrestar. Peor sería que preparan algún tipo de intervención violenta o de provocación. Posibilidad que tampoco cabe ignorar sin más en una país cuyo ministro del Interior se reúne mano a mano con un presunto delincuente. De momento, al parecer, se ha limitado a avisar a las televisiones y periódicos afectos al régimen para que tuvieran tanto tiempo para preparar el "operativo mediático" como la Guardia Civil el suyo, es decir, ha movilizado su brigada de plumillas. Luego vendrán los tertulianos de estercolero.

Todo esto, sin embargo, aunque el nacionalismo español crea lo contrario, es agua pasada. El soberanismo catalán, el impulso independentista no depende ya de las candidaturas concretas, de las personas, de Juntos por el Sí y mucho menos de Convèrgencia. Es un movimiento de amplia base social, transversal, transideológico, transconfesional, con profundas raíces en todo el territorio y mucha fuerza fuera de él. De esta forma, quienes pretenden emplear los autos judiciales como armas políticas (diciendo lo contrario, por supuesto) en contra del independentismo, del secesionismo, demuestran una vez más su pasmosa cortedad mental porque, al hacerlo, han acabado agrupando las opciones en los dos bloques plebiscitarios que el independentismo quería y los unionistas pretendían evitar a toda costa: sí o no. Y el "sí" daba hoy contundente respuesta en la fiesta de "JpS". De este modo, la suerte está echada: el día 27 de septiembre se verá si la presunta corrupción de Convèrgencia resta votos al independentismo, como anhelan los nacionalistas españoles o, al contrario, fabrica más independentistas, como dicen los soberanistas. Parada y fonda para calibrarlo entre tanto será la Diada. 
 
Veremos quién gana.

viernes, 28 de agosto de 2015

La herencia de la banda de ladrones

Casi dese el comienzo de esta desgraciada legislatura Palinuro viene advirtiendo de que el mayor error de la oposición era tomarse en serio el gobierno y el partido que lo sustenta, como si fueran un verdadero gobierno y un verdadero partido. Nada de eso. Se trata de una asociación de gentes sin ningún proyecto político, sin idea ni respeto alguno por la democracia y con un único objetivo en su quehacer, formulado por María Dolores de Cospedal la única vez que, por error, dijo una verdad, que habían "trabajado mucho para saquear nuestro país". Nada de hacer política, que ni saben lo que es. El objetivo era y es forrarse, llenarse todos los bolsillos, organizar el pillaje y no dejar un céntimo en las arcas públicas. Lo han dicho varias veces. Alguna hace menos de un mes. No es un partido sino, como se ha señalado repetidamente, una asociación de presuntos malhechores dirigida por un tipo sin escrúpulos ni frenos morales a la hora en engañar, mentir o cobrar dineros de procedencia dudosa.

Llevan estas gentes cuatro años justificándose con la herencia de Zapatero, implicando que este dejó España en la ruina. Lo que hoy es obvio es que ellos la han dejado mucho peor. Y no podía ser de otra forma. Bárcenas, la Gürtel, la Púnica son las pruebas de que trasladaron a todos los niveles de gobierno una verdadera industria del pillaje, el saqueo, la estafa. Con los cambios habidos hasta la fecha en los gobiernos autonómicos y locales está claro ya que el robo, el fraude, han sido continuos, escandalosos. Y lo estamos sabiendo precisamente porque ha habido cambios políticos. De no er así, seguiríamos sin saber nada cierto, envueltos en la censura, la manipulación, las mentiras de esta manga de truhanes.

105 millones de euros de un disparate de ciudad de la justicia. Su responsable política, Aguirre, en lugar de callarse ante esta increíble muestra de incompetencia, dice que el dinero no se ha perdido, que está en un edificio vacío e inútil en claro proceso de deterioro y unas misteriosas comunicaciones subterráneas estilo Conde de Montecristo, menos reales que las de la novela. Por supuesto de los salarios cienmileuristas de los 20 enchufados (17 de ellos jefes) durante años y del resto de la pastuqui afanada de mil formas, ni palabra. Pero la dama no para de hablar, víctima de un ataque de ansiedad algo histérico porque, obviamente, puede acabar entre rejas. El mismo ataque que le lleva a calificar de "puro totalitarismo bolivariano" la auditoría que quiere hacer el Ayuntamiento de Madrid de la gestión de los equipos anteriores, esos que han  dejado una deuda de tropecientos mil millones de euros a base de hacerse despachos versallescos, pagar sobrealquileres a las empresas amigas y hacer todo tipo de mangoneos.

En Cádiz, el alcalde de Podemos, Kichi, declara el ayuntamiento en quiebra técnica pues hereda una deuda viva de 275 millones de euros que la anterior alcaldesa (quien entró con una deuda de 75 millones)  ha ido acumulando a través de una gestión absolutamente incompetente, de clientelismo, favoritismo y enchufismo.  

El paradigma es Castilla La Mancha. Cospedal, que se hizo cargo de la Comunidad con 7.000 millones de deuda, la deja con 37.000 millones y todo manga por hombro pues su gobierno no ha hecho otra cosa que machacar a los desfavorecidos, los dependientes (hay momentos en su gestión de verdadera crueldad), los parados y los viejos, mientras favorecía a sus amigos, compadres y, presuntamente a sí misma y su familia. Porque es posible que sea una casualidad inocente que la empresa de su marido multiplicara por 14 sus ingresos desde que ella llegó al poder pero a la gente, siempre desconfiada, le gustaría ver con pruebas que la casualidad es casualidad y no pura corrupción. Como también habrá que explicar cómo ese especimen que Cospedal puso al frente de la televisión castellano-machega con la orden de mentir del alba al anochecer, el inenarrable Nacho Villa, había gastado en este mes de agosto todo el presupuesto de 2015, En qué es lo que irá saliendo ahora.

Esto no ha hecho más que empezar. La X legislatura es la del robo y el saqueo pepero de España y cuando Rajoy, el de los sobresueldos, pierda las elecciones (que es lo único que le importa) saldrán los escándalos del gobierno central en todos sus ministerios y trapisondas. Si se quiere un dato, reconocido por el propio gobierno: ha expoliado 41.000 millones de euros del fondo de reserva de las pensiones. La crisis con esta pandilla de mangantes la pagan los trabajadores, los parados, los dependientes, los jubilados. Los más débiles.

Hablando de herencias. Zapatero les dejó un fondo de reserva de pensiones de 67.000 millones que ellos han saqueado. Esa es la realidad de esta banda de ladrones.

(He encontrado la imagen en Twitter, pero no he sabido sacar la autoría. Si el autor me la hace llegar, la incluyo.)

Acogedlos.

"No maltratarás ni afligirás al extranjero, porque tú tambien fuiste extranjero en la tierra de Egipto" (Ex.: 22, 21).

Europa es tierra de asilo. Y debe seguir siéndolo. La crisis de la inmigración no puede desnaturalizarla, hacerle olvidar sus valores y principios, dar la espalda a estas oleadas de gente que llegan a nuestras playas, nuestras tierras (que, en el fondo tampoco son "nuestras") huyendo del hambre, la injusticia, la tiranía, la persecución, la muerte. 

Mucho menos puede Europa permitir que, al amparo y cobijo de miedos egoístas, prejuicios, falta de solidaridad, indiferencia, esta crisis dé alas a los partidos xenófobos, racistas, inhumanos, fascistas; los Farage, Le Pen, Albiol.  Debemos acoger a los huidos, acomodarlos, ver qué podemos hacer por ellos sin merma de nuestros sistemas democráticos y nuestros catálogos de derechos y libertades que tocan a los inmigrantes y refugiados como a los autóctonos.

Es obvio que el problema ha tomado unas proporciones fuera de lo común. Deben buscarse soluciones a escala de la UE también fuera de lo común. Hay que revivir las políticas de inmigración y adoptar otras nuevas que permitan intervenciones humanitarias rápidas y flexibles. Y, sobre todo, hay que allegar muchos más recursos. La situación exige estar a su altura, olvidar rencillas pequeñas y entender que, como en las comunidades de vecinos, hay que hacer una derrama extraordinaria en vista de lo excepcional de la situación. Y hacerla ya, con el añadido de tres consideraciones:

1ª) hay que ayudar en especial a aquellos que, por diversas razones, están soportando las oleadas de entrada. En primerísimo lugar Grecia. Es tremendamente injusto seguir apretando las clavijas a este pequeño país y hacer como que no vemos que tiene que habérselas en primera línea con un problema al que materialmente no puede hacer frente.

2ª) hay que recordar que los europeos somos los directos responsables de esta catástrofe humanitaria. De la que viene del Sur, del África y trata de cruzar el Mediterráneo, por el desastre que el colonialismo ocasionó en el continente y sus secuelas; de la que viene del Este, de Siria, Jordania, el Irak, por la política agresiva o contemporizadora con las agresiones que hemos llevado a cabo en esta parte del mundo.

3ª) porque, con el paso del tiempo, cuando todo vaya calmándose y volviendo a su cauce, estas decenas, cientos de miles, de gentes de todas partes, serán fuente de rejuvenecimiento y prosperidad del continente que, en el futuro, debe poder mirar hacia atrás y no avergonzarse del trato que hayamos dado a estos extranjeros, peregrinos, refugiados.

jueves, 27 de agosto de 2015

La sexagenaria no puede con la septuagenaria.

Los teóricos políticos se pasan la vida tipificando clases de liderazgos y de políticos, categorías, estilos: políticos autoritarios, populistas, liberales, democráticos, xenófobos, etc. Está bien, para moverse con comodidad en el abigarrado y confuso mundo de la política. Pero eso es hasta que descendemos a tierra y nos encontramos con los políticos reales, esos bípedos intrigantes supuestamente racionales que hacen trizas todas las clasificaciones analíticas.

Por ejemplo, es imposible encontrar categoría en la que encaje la gárrula Esperanza Aguirre. Si le hacemos caso, será demócrata, liberal, católica y patriota española. Si atendemos a otras opiniones veremos que hay gente que la considera autoritaria, dogmática, beata y vendepatrias. Una hipócrita y ególatra consentida a la que nadie se toma en serio pero que tampoco está acostumbrada a que la critiquen o, incluso, que la traten de "tú" a "tú". Necesita sumisión total y abyecta. Telemadrid tenía que estar a su absoluto servicio, cantar sus glorias, que era ninguna, y ocultar sus errores o desaguisados que eran tropel porque no toca nada que no lo desgracie. La función de Telemadrid no era informar de la realidad sino inventársela de arriba abajo, en un ejemplo de comunicación tipo Potemkin. Y el que no estuviera de acuerdo con esto, con ser un agente de agit-prop en vez de un periodista, se iba a la calle ipso facto, como pasó con Germán Yanke  que, al parecer, no le hacía suficientemente la pelota. Y con la señora diciendo que ella es liberal.

Su liberalismo es patente en el proyecto de la Ciudad de la Justicia, un desastre de 105 millones de euros del que la liberal Aguirre quiere responsabilizar en último término a los jueces mismos que, deseosos de lucir y lucirse presionaban para que se realizaran las obras. O sea, la culpa es del Estado porque ¿no son los jueces el tercer poder, el judicial? Pues, eso, el Estado responsable del dispendio. Obras, no se hicieron muchas, pero había una legión de jefes sin tropa, aunque ganando una pasta. Cuando ya no se pudo ordeñar más a la vaca estatal, se decretó el cierre de la empresa que, por cierto, era una fundación pública (recibía la pasta del Estado) pero de gestión privada, obviamente para saltarse todos los cauces y precauciones y emplear a los parientes y enchufados con sueldos de cine, aunque no supieran ni rebuznar.

Habiendo sido derrotada (aunque el suyo fuera el partido más votado), se ha negado a aceptar la derrota y busca por todos los medios desplazar de la alcaldía a Manuela Carmena. Pues le salió de maravilla el Tamayazo, cree que debe tentar a aquellos que, como Carmona, puedan tener algún agravio con su partido, llevándolo al transfuguismo. No está claro si se ha dirigido a los otros concejales socialistas. Podría ser, pero sería extraño, porque esos contactos son pura dinamita, sobre todo si te los graban y en el PP se graban hasta los soliloquios. El fondo del asunto, sin embargo, está vivo: cree que, al haberlo conseguido una vez, puede conseguirlo de nuevo porque, para ella, todo el mundo tiene una precio. Sin duda ella misma también. Una posición perfectamente liberal. Todo se compra, todo se vende. Carmona, sin embargo, no solo no se vende, sino que hace burla de la eventual compradora.

Curiosa lección de una vida liberal, desempeñando cargos públicos para ir contra lo público sistemáticamente. A sus más de sesenta años, casi todos ellos dedicados a la política, cabría presumir en ella cierta experiencia y habilidad para no andar haciendo de Mefistófeles de pacotilla, tratando de comprar las almas de la gente sin conseguirlo. A sus más de setenta años, casi todos ellos dedicados a la judicatura, Carmena ingresa en la política sin experiencia y se afirma frente a la sexagenaria. Toda la experiencia de esta no impide que se le abran varias cuestiones especialmente resbaladizas de las que no es seguro que salga con bien y consiga sobrevivir políticamente. Sobre todo porque, a estas alturas, quienes desean ardientemte que se calle y desaparezca para siempre son los de su partido.

Las ruinas de las ruinas de Palmira.

Los del Estado islámico siguen con la piqueta en la mano demoliendo lo que pillan en Siria. Acaban de cargarse un templo bimilenario en donde, al parecer, se guardaba prueba en piedra de la visita del emperador Adriano. Tanta barbarie indigna en Occidente, que llama a acabar con los fanáticos antes de que los fanáticos acaben con la historia de la civilización. Palmira es famosa por la obra del Conde de Volney sobre sus ruinas en el sentido de la meditación sobre el ir y venir de la historia, el auge y caída de los imperios, muy típica del Siglo de las luces. Palmira es prueba y muy bella prueba de lo cierto de la nostálgica reflexión. Aunque nunca fue un imperio en el sentido de grandes extensiones de tierra, incluso mares, bajo su dominio, siempre tuvo una destacada presencia en la historia por vigor comercial y cultura. Incluso conoció un momento de esplendor militar, cuando la reina Zenobia se alzó frente al Imperio romano y dominó sobre buena parte de él hasta que Aureliano conquistó la ciudad y la saqueó en el 273. O sea, Palmira ha visto muchas destrucciones en su historia. El tiempo dirá si la que ocasionen estos islamistas es o no superior a la que ocasionó Tamerlán en el siglo XV.

Esto lleva a una reflexión sobre las ruinas de las ruinas de Palmira. Un debate complicado. Pesa sobre el friso del Partenón y, en general los llamados "mármoles de Lord Elgin", que están en el museo británico, la reclamación del gobierno griego de que sean devueltos a Atenas, a la Acrópolis, de donde fueron sustraidos con mejores o peores artes. Es una reclamación según la cual los monumentos arqueológicos, las obras de arte de la antigüedad deben estar en donde se erigieron y no en museos quizá a miles de kilómetros. Afecta a piezas de muchas antigüedades en muchos museos del mundo: la dama de Elche en Madrid, los leones alados de Nínive en Londres, los sarcófagos egipcios también en Londres, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia en París, los frescos de Pompeya en Nápoles, el penacho de Moctezuma en Viena, el paseo de las procesiones de Babilonia, en Berlín, las mastabas egipcias en Nueva York, etc., etc. Gran parte del patrimonio artístico-arqueológico de la humanidad está en museos occidentales, producto de incontables rapiñas, y lo que no está a veces es porque resultaría muy difícil o imposible su traslado, como la pirámide de Keops.

La cuestión, hasta cierto punto moral, sigue siendo: ¿no deberían estas piezas quedarse en donde fueron halladas? Es dudoso que civilizaciones y culturas posteriores, ajenas al pasado de un territorio que, a veces llegaron allí como invasores con lenguas y religiones distintas, tengan lazos espirituales con estas obras y monumentos. Aun así, suele argumentarse el derecho del Estado a recibir de vuelta estas riquezas por su propiedad de todas las del territorio que domina en el presente y en el pasado.

Tal cosa, sin embargo, no es evidente en sí misma. Y sí lo es, en cambio un argumento práctico, probabilístico, modesto, pero que todo el mundo entiende muy bien. Y al decir todo el mundo se quiere decir eso exactamente, todo el mundo, incluido el Estado perjudicado. El argumento se sigue de una pregunta muy sencilla y fácil de contestar: ¿en dónde estarían más seguras las ruinas de Palmira? ¿En Palmira o en el museo británico? ¿En dónde los frisos del Partenón, en Londres o en Atenas? Es probabilístico, ya que seguros no estarán en parte alguna en el mundo. Al fin y al cabo, los frisos estaban por el suelo en la Acrópolis porque los turcos usaban el Partenón como  polvorín y, en las guerras del siglo XVII, un buque de la Signoria veneciana lo reventó de un cañonazo.

Naturalmente esto no es un argumento  favor de que el emplazamiento de las obras históricas y artísticas se decida exclusivamente por razones de seguridad porque entonces estarían todas en Fort Knox, pero sí para que, a la hora de adoptar decisiones en el mundo práctico, inmediato esas consideraciones cuenten. Al fin y el cabo el patrimonio es de la humanidad.

Y para que no desaparezca Palmira.

miércoles, 26 de agosto de 2015

El esperpento sigue.

"Es un fin de ciclo y mandato de esperpento hispánico", decía Palinuro hace unos días en un post titulado Final del esperpento. A la vista del debate de ayer sobre los presupuestos generales del Estado para 2016, tiene uno la impresión de que Palinuro se quedó corto. Este final de legislatura es sencillamente inenarrable, tanto por lo que sucede en el escenario del Congreso como por lo que pasa fuera de él, en la calle, en los medios. El epitafio lo puso el diputado de ICV, Joan Coscubiela, haciendo honor a su fama de orador contundente: "Esta legislatura termina como empezó: con un gobierno mintiendo a los ciudadanos". Y riéndose de ellos, añadimos.

El responsable último de esos presupuestos no ocupó la tribuna para defenderlos. La oposición lo acusó de cobardía por no hacerlo. Cobardía o cerrazón y desprecio enconado por la obligación de los gobernantes de informar de sus decisiones; o simple gandulería. Tales son los datos del personaje y cualquiera puede ser válido. Desde el punto de vista de la cortesía parlamentaria es inadmisible que alguien se empeñe en aprobar unos presupuestos con unas elecciones a escasos meses en las que es muy posible que no revalide el cargo. Resulta así que, quien ocupe su puesto ahora tendrá que perder el tiempo cambiando las cuentas que, entre otras cosas, son un desastre y no sirven para nada porque se han redactado pensando en ganar las elecciones a toda costa. Más que unos presupuestos, son un programa electoral, cosa reconocida por el ministro Montoro, que ofreció ayer uno de esos espectáculos de soberbia, arrogancia y matonismo parlamentario que tan bien se le dan.

Sánchez que fijó como único interlocutor al presidente del gobierno, sentado en su escaño y no al ministro interviniente, a quien ninguneó, dictaminó que Rajoy solo busca adherirse al cargo. Eso es obvio: prolonga las elecciones al máximo y pretende ganarlas haciendo y diciendo lo que sea y mintiendo, como siempre. Porque no habló en la cámara pero sí se despachó largando a gusto en lo pasillos, para la prensa y despejando ya de una vez la incógnita sobre la reforma de la Constitución. La propuesta del PP para esta cuestión esencial es "no". No habrá reformas. Las propuestas esgrimidas por los otros partidos que tratan de contener la secesión catalana quedan así temblequeantes por cerrada falta de quórum.

Es lógico que se aferre al cargo. A la vista tiene en el caso de Esperanza Aguirre los malos tragos que pueden pasarse cuando ya no te ampara el manto de armiño. Ahí anda la buena señora tratando de organizar otro tamayazo en el Ayuntamiento de Madrid para desviar la atención de su responsabilidad (toda) en el expolio de 105 millones de euros a cuenta de un proyecto megalómano, la Ciudad de la Justicia, en el que parecen haberse cometido todo tipo de atropellos y puede que hasta delitos. 105 millones de los contribuyentes empleados en sostener una cohorte de enchufados, en pagar por informes ficticios o en edificar para abandonar acto seguido. 105 millones en una comunidad que recorta en educación, sanidad, investigacion. Y, detrás de este, todos los dislates que hizo la señora durante su mandato en donde intervenía la Gürtel, la Púnica o los especialistas freelancer en esquilmar el erario. Su pasado persigue a Aguirre y acabará por aplastarla. Ese es el ejemplo en el que se mira Rajoy: tiene que ganar porque, si no lo hace, todos los dispendios y desastres de Aguirre parecerán un comportamiento franciscano en comparación con lo que han hcho él y su partido en cuatro años de gobierno con mayoría absoluta

Porque la cuestión es, ¿cómo se atreve un gobierno fracasado en todos los órdenes, con un partido comido hasta el tuétano por la corrupción, a presentar presupuestos algunos? Queda claro, además que, como le acusó la oposición, deja España hecha unos zorros. Quienes se pasaron toda la legislatura hablando de la "herencia de Zapatero", dejan ahora otra peor. Y en todos los campos. Sánchez acusó a Rajoy de haber roto el pacto de Toledo para las pensiones, de haber dividido socialmente el país, de haber esquilmado la seguidad social y de haber provocado un fraccionamiento territorial cuya dimensión se verá el próximo 27 de septiembre y que incluye la posibilidad de una declaración unilateral de independencia en Cataluña.

En resumen, un desastre absoluto que no pueden maquillar la mentiras del gobierno, las fábulas del ministro de Hacienda, los trémolos de la legión de esbirros en los medios. Nadie cree el discurso de la recuperación porque todo el mundo tiene la experiencia directa contraria: el paro no remite, la deuda es agobiante, la productividad no remonta ni ninguna de las magnitudes favorables. Solo aumentan las desfavorables. Y eso lo han conseguido los artífices de "deja que caiga España, que ya la levantaremos nosotros" por su absoluta incompetencia. Del valor de sus ideas testimonia la propuesta insinuada por Montoro de resolver el problema de las pensiones financiándolas por la vía de los impuestos. Dicho por el mismo que promete bajarlos. A esta pavorosa incongruencia mental debe añadirse su cerrada ideología neoliberal, corrompida por las prácticas del capitalismo de amiguetes, su naconalcatolicismo obtuso y su más ajado nacionalismo español basado en la catalanofobia.

Todo eso se ya por descontado. La cuestión es si Sánchez y el PSOE serán capaces de enmendar tanto yerro y tanto destrozo. La izquierda concurre a las elecciones dividida y, por tanto, como ya se ha dicho hasta la saciedad, cortejando la derrota. Un asunto este que tampoco estará claro hasta ver qué sucede en las elecciones catalanas que obligarán a reacomodarse a todo el sistema político español, entre otras cosas porque se comprobará probablemente que Cataluña está libre de él y tiene el suyo propio.

A partir del 28 de septiembre, si la derecha gana de nuevo las elecciones en España toda la izquierda española, la socialdemócrata, la "verdadera" o "transformadora", la innovadora, toda ella, debiera pedir el finiquito.