domingo, 19 de abril de 2015

Sostenella, no enmendalla.


Podemos emergió de repente en un florido mes de mayo con la promesa de una primavera eterna. Recogía el espíritu del 15M y lo convertía en un rotundo triunfo electoral en las europeas que, de paso, conmocionó el entero sistema de partidos. En el contexto de la crisis, con desafección ciudadana, desprestigio de las instituciones y corrupción generalizada, los cinco diputados podémicos  aparecieron en Bruselas como los adelantados de una invasión vikinga. En España, una encuesta tras otra elevaba sus expectativas de voto a ser la primera fuerza en el Parlamento. Eran una ola. En poco tiempo llegarían a la cima.

De inmediato se produjo un efecto sifón. A Podemos transfirieron su intención de voto muchos electores del PSOE y muchísimos más de IU. Los recién llegados estaban fagocitando a los veteranos. Lo malo es que, con los electores y militantes, empezaron a pasarse o manifestaron deseos de hacerlo, los dirigentes que veían que se quedaban sin respaldo electoral. Y, con los dirigentes de IU llega inevitablemente la trifulca. Esta ha empezado a afectar también a la organización de acogida, que no ha podido mantener incólume su imagen de otro tipo de movimiento. Aunque los dirigentes hagan logomaquias con la izquierda y la derecha, el abrazo de una IU en descomposición y hundimiento, los lleva al sempiterno campo de batalla de la izquierda mal avenida  su virginal fulgor aparece ya tiznado con el barro y la sangre de la mêlée cainita de los comunistas, los excomunistas, los criptocomunistas y lo neocomunistas.

A estas alturas muchos electores ignoran cómo son las relaciones entre Podemos (con o sin otros coaligados) e IU, en dónde hay convergencia y en dónde no y, por supuesto, cuáles sean las razones para lo uno o lo otro. Habrá ocasiones en que, a falta de mayor información, decidan el voto a cara o cruz.

El momento es decisivo. Desde las ocultas cavernas de los viejos dioses ctónicos surge apocalíptica la figura de Anguita: es "ahora o nunca"; hay que acabar con el bipartidismo . En definitiva, para ser más claros, hay que alejarse del PSOE. No pasan los años. El PSOE sigue siendo la bestia negra. Tanto que está de nuevo dispuesto a destruir lo que tiene si con ello destruye también a su taimada enemiga, la socialdemocracia. Y ¿con qué fuerzas cuenta Anguita para este asalto final? Con Podemos, Equo, las PAH y otras formaciones, entre ellas la suya, Foro cívico somos mayoría.

El abrazo de Anguita a Podemos con anhelos de fusión en nombre de IU es mortal para la formación de los círculos. Basta con ver cómo el Califa lo coloca en pie de igualdad con otras organizaciones, como en una traílla.  ellos, que venían a ocupar "la centralidad del tablero" porque sí y con su habitual modestia. Calíbrese por lo demás en qué medida contribuye Anguita a trasmitir la imagen de la nueva política. El Califa no puede hablar por la organización IU puesto que esta tiene sus candidatos y cuenta con un coordinador general, Alberto Garzón, que aspira a la presidencia del gobierno, y no parece muy avisado ir a decirle que se ponga a la sombra de Pablo Iglesias.
 
Pero habla revestido de la autoridad patriarcal del fundador de IU y cuando, preguntado por el destino de Garzón en una hipotética confluencia, embarulla los términos, recuerda un poco la figura de Abraham, dispuesto a sacrificar a su muy amado hijo Isaac-Garzón para apaciguar a Dios. Acabar con el PSOE es requisito imprescindible de cualquier acción de la izquierda. Es un poco maniático, en verdad, con ribetes de neurosis compulsiva, impermeable a los datos de la experiencia y ese monótono discurso antipsoe hace tiempo que da rendimientos marginales decrecientes. Pero algo está claro: sacar de paseo la imagen de Anguita  admonitorio, ceñudo, declamatorio debe de habérselo sugerido a Podemos el asesor de comunicación... del enemigo. Presentarse como alternativa de futuro innovador agitando el espantajo de un pasado de perdedor revenido solo tiene sentido si se entiende como una bienintencionada provocación dadaísta pero, a este paso, el asalto a los cielos quedará ya para el próximo plan quinquenal.

Si alguien piensa que lo anterior es una imagen escorada por algún tipo de subjetivismo, animadversión hacia IU, o Anguita o Podemos, aguarde un instante y considere si no es cierto que a la izquierda del PSOE hay un debate a varias bandas entre Podemos, la IU que ha convergido, la que quiere converger de todas todas y la que quiere converger, pero dice no poder hacerlo. Y considere asimismo cómo encaja en el conjunto de este debate la afirmación de Alberto Garzón de que a Podemos le gustaría ser el PSOE, o sea, parte del denostado bipartidismo contra el que lucha a muerte Anguita. Y más aún, que Podemos quisiera ser el PSOE. Menudo anatema. Es posible que Anguita, montando en santa ira, dicte una fatwa contra este enemigo de Alá.

A su vez, a Podemos va sentándole bien el traje PSOE que Garzón quiere cortarle a mala uva para hacerle sentir miserable socialdemócrata. En lo tocante a las enrevesadas cuestiones nacionales, el derecho a decidir, la autodeterminación, la secesión y otros quebraderos de cabeza, Podemos ha decidido que el mensaje del partido sea igual en toda España, en Navarra y en Andalucía. Es el "café para todos" cuarenta años más tarde con elementos de uniformismo típicamente Borbón. Añádanse las ambigüedades en lo tocante a la Iglesia y el Estado, la República y otros gestos y actitudes y se comprenderá por qué la IU garzonita, la que querría converger pero asegura que es imposible por la arrogancia de Podemos, aspira a recuperar los votos que ha perdido cuando los votantes comprendan que la verdadera izquierda transformadora sigue y seguirá siendo IU.
 
Las próximas elecciones van a ser decisivas sobre todo porque vienen con un factor de incertidumbre explosivo en Ciudadanos.  

La estatocracia española.

Josep Centelles i Portella (2014) Entender Cataluña. Por qué tantos catalanes quieren un Estado propio. Barcelona: Octaedro. (269 págs).
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De todos los libros que llevo leídos recientemente sobre la cuestión catalana, y llevo unos cuantos, este es uno de los mejores. No está escrito por alguien de los distintos gremios a quienes se nos reconoce, no siempre con razón, competencia para tratarlo, esto es, historiadores, politólogos, constitucionalistas, sociólogos, economistas, lingüistas, políticos o turistas. Su autor es, en cierto modo, un "afuereño", pues tiene formación de ingeniero, si bien es cierto que parece haberse dedicado fundamentalmente a cuestiones conexas sociales y económicas, de desarrollo local en Cataluña y en diversos países de América Latina. Aporta tres elementos de gran importancia aquí: la vision "exterior", esto es, no contaminada con los saberes convencionales y servidumbres conceptuales de aquellas disciplinas, lo que le da una gran frescura y agilidad. Añade un inmenso caudal de experiencia práctica en la gestión de problemas colectivos. Y manifiesta una actitud abierta, ponderada, equilibrada, en la que se mezcla un intenso amor nacional por su tierra con una vision de España asimismo comprensiva y no tópica ni teñida de animadversion o agresividad hacia ella.

Antes al contrario, puede decirse que su vision rezuma la melancolía producida por el fracaso de lo que podemos llamar el proyecto nacional español. Es más, si tuviera que describir brevemente el meollo de la obra lo haría en dos tiempos: diría que se trata de una exposición serena y minuciosa enhebrada con argumentos, políticos, históricos y fiscales, y vivencias personales. Y añadiría que refleja una trayectoria existencial que ha convertido a un español educado como un nacionalista cultural catalán en un catalán nacionalista politico a quien los españoles no dejan seguir sintiéndose español.

Es también un hombre sincero, llano y... valiente. Dedica su obra a Felipe González, de cuyo liderazgo se siente orgulloso. Esas no son palabras que encuentren hoy día oídos favorables en España y menos en Cataluña. Completa la dedicatoria con otra, dice él mismo, "de última hora" indirectamente a favor de Podemos. A primera vista podrían parecer excluyentes, pero no lo son: ambas son referencias españolas. España es la gran preocupación de Centelles en un libro sobre Cataluña y en el que, en realidad, se nos pide a los españoles que la entendamos. Solo para comprobar que no lo hemos hecho nunca, ni llevamos camino de hacerlo.

España. La eterna obsesion de los españoles. En el Introito, Centelles, considerando el problema catalán se pregunta con cierta retórica: ¿no será que el problema es español? Efectivamente y así lo ha reconocido mucha gente, sobre todo, los de 98, si bien en estos no se da una sinonimia de problema catalán/problema español sino que amplían el angular del problema español e incluyen en él el catalán. El problema español tiene más facetas. Un ejemplo viene aquí al dedo. Este introito de la obra es, si no me equivoco, la única voz que remite aunque sea indirectamente a la Iglesia. La ausencia de toda referencia de entidad a la cuestión religiosa, como se la llamaba en la IIª República, en un libro cuyo extenso tercer capítulo de casi 100 páginas versa sobre la historia de España desde la Reconquista no deja de ser un hándicap muy considerable para cualquier interpretación. Me refiero a una valoración a fondo de la función que la tradición católica ha tenido en la historia de España y su comportamiento, no a menciones más o menos pasajeras sobre la Inquisición o Torquemada de quien, por cierto, lo que más subraya Centelles es el hecho de que ejerciera su siniestra jurisdicción a ambos lados de la raya Castilla/Aragón.

El autor acuña el término estatocracia como resumen de las relaciones de poder y dominación de las élites del poder central frente a la(s) periferia(s), singularmente Cataluña. Se vale del concepto de élites extractivas y del paralelo de capturas de rentas, ambos referidos a César Molinas que es quien con más brillantez los ha aplicado en nuestro país. Que esos comportamientos, analizados como fallos del mercado en la teoría económica actual, tienen gloriosos antecedentes en España no lo ignora nadie que haya leído algo del Siglo de Oro y sobre el Siglo de Oro, que fue el de las bancarrotas. A veces da la impresión de reducir en exceso el foco de su análisis a las élites madrileñas (altos funcionarios, empresarios captores de rentas cuyo capital básico es el BOE, cortesanos, políticos y logreros), lo cual suele explicarse por comodidad del relato. Convertir a "Madrid" en sujeto de la acción social es intuitivo, siempre y cuando no ignoremos que ese sustantivo incluye una alianza secular con la aristocracia terrateniente del sur, el capital financiero e industrial vasco y el comercial, también industrial, catalán. En resumen, la "oligarquía" de que hablaba Costa. ¿Que queremos sustituir la oligarquía por la estatocracia? No hay problema. España ha estado gobernada de siempre (salvas las dos efímeras repúblicas) por una clase política u oligarquía incompetente, codiciosa, represiva, sin ningún verdadero espíritu nacional español. Primero bajo los Austrias, volcados a los asuntos e intrigas del Imperio y luego bajo los Borbones, entregados a la voluntad de Francia.

Con estos elementos no se construye un Estado ni una nación. No se construye nada. Pero es que, además, tanto al concepto de oligarquía como al de estatocracia les falta un ingrediente esencial, sin el cual es imposible entender la evolución de España: el enorme peso de la Iglesia católica. En España no ha habido nunca (exceptuadas las dos repúblicas otra vez) separación entre la Iglesia y el Estado. Y sigue sin haberla. El trono y el altar han ido siempre juntos y la Iglesia es tan parte del Estado como el Estado de la Iglesia. Las historias políticas dan cuenta de la serie de constituciones españolas, pero no suelen señalar que en todas el catolicismo es religión de Estado (incluida la muy liberal Pepa) y los curas, en realidad, funcionarios. Menos suelen señalar que, junto a las Constituciones, el orden social aparece regulado por los Concordatos con la Santa Sede, también constitución del Estado, al menos en sentido material. El catolicismo parece ser tan inherente a la mentalidad de los historiadores y estudiosos españoles como el agua a la del pez, tanto que no lo perciben. Pero está. Y actúa. Y cómo.  Así que admita el autor que junto a la estatocracia situemos la hierocracia o gobierno de los curas. Al día de hoy.

Admitiendo el carácter hierocrático del Estado español, algunos aspectos del libro de Centelles adquieren un significado más matizado. Por ejemplo, el citado capítulo tercero es un recorrido de la historia de las relaciones entre España y Cataluña. Es comprensible y digno de aplauso que esté vista en buena medida como una historia de buenos y malos. El propio autor honradamente se cura en salud advirtiendo que toda historiografía es interpretación y toda interpretación jerarquía de valores y que la suya es tan subjetiva y defendible como la de cualquiera. Correcto. Simplificando diremos que en esa historia, los primeros, los buenos, los catalanes, muestran ingenio, tolerancia, laboriosidad, inventiva, eficiencia, apego a sus tradiciones y costumbres y tienen muy honrosos antecedentes de gran valor para la humanidad, códigos, instituciones, prácticas, leyes, convenciones. Frente a ellos, los malos, los españoles, apenas tienen conciencia nacional efectiva, aunque blandan el nombre, y son rudos, guerreros, intolerantes, ineficaces, autoritarios, impositivos, dogmáticos y corruptos y prácticamente no han hecho nada salvo descubrir América y, es tal su ineptitud que, con ese descubrimiento, se buscaron la ruina.

Ya sé que es una simplificación grosera del relato, pero la incluyo porque la comparto. Efectivamente, yo ambién creo que las relaciones de España y Cataluña han sido más o menos así, así siguen siendo y esto es lo que ha llevado a la situación actual de una marejada humana en pro de la independencia. Pero, al mismo tiempo, creo que estos asuntos presentan muchos otros elementos que no deben olvidarse, no porque un prurito de minuciosidad historiográfica nos obligue a ello sino porque influyen y decisivamente en las opciones presentes, e ignorarlos solo puede inducir a error. Por ejemplo, el relato de la evolución del nacionalismo catalán a partir de la Renaixença, se lee como un despliegue ininterrumpido de la conciencia nacional catalana, sin mencionar aquellos factores de la realidad, incluso originariamente nacionalista, que pasaron a alimentar el nacionalismo español más agresivo, incluso delictivo, como es el caso de Cambó por no citar más que a uno. Pero hay más: la elaboración doctrinal del nacionalcatolicismo, la calificación de la sublevación fascista de 1936 como cruzada fue obra de los obispos catalanes, singularmente Pla y Deniel.

Coincido con las conclusiones del análisis político del primer capítulo y subrayo la importancia que tiene el argumento aducido por Centelles para explicar el desgobierno general del régimen autonómico del café para todos, en concreto, la carencia de responsabilidad fiscal de las CAA. Al querer amarrar en corto el Estado a las Comunidades, impidiéndoles que se autofinancien, las ha convertido en el ejemplo perfecto de lo que los teóricos de la decisión pública llaman crisis fiscal del Estado a causa del despilfarro de unas administraciones públicas que no adecúan el gasto al ingreso sino, por el contrario, el ingreso al gasto. O creen que pueden hacerlo cuando es obvio que no es así. Es un mérito grande de Centelles subrayarlo y debiera ser obligatoria su consideración en todos los análisis. La segunda parte de este capítulo analiza las circunstancias que han llevado en los últimos años a una exacerbación de las posiciones y mi coincidencia también es completa en casi todos los puntos que trata al hilo de su relato: el sistema electoral, la inutilidad del Senado, el federalismo, Europa. Sobre el Senado añado un dato de cómo a veces el derecho constitucional se da la mano con el pensamiento utópico: el Senado de la Constitución de 1978 se lo sacaron los constituyentes de la cabeza como Campanella su Ciudad del Sol de la suya, dado que en 1978 no existían las bases mismas de la realidad territorial que dicha cámara habría de representar. Los estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasco se aprobaron en 1979. Los de los demás, más tarde. El Senado era una cámara de representación territorial de un territorio que estaba por cartografiar.

El libro tiene un segundo capítulo de vivencias personales. Un relato autobiográfico del autor, su niñez, su formación, su adolescencia y algunos aspectos personales posteriores que ha querido incluir. Soy firme partidario de este proceder que choca con la convención de que los libros de ensayo, aunque no tengan pretensiones académicas, si son serios, deben huir de las referencias personales. Eso es un error. Nada ayuda más a comprender el discurso, el relato de un autor sobre cuestiones colectivas, que una referencia a sus vivencias personales. Es posible que el yo no pueda objetivarse, según dice Ortega hablando de las vivencias en la fenomenología, pero el lector agradece que se exponga y se relate. Lo aplaudo porque yo también lo empleé en un libro de hacer un par de años, Rompiendo amarras en el que, además de exponer mis ideas e indagaciones sobre la izquierda, incluí un capítulo con vivencias personales y ha tenido buena acogida. Lo mismo auguro a Centelles. Como lector le agradezco que me haya hecho ver el transfondo de la memoria infantil de quien, andando el tiempo, razonará como razona. Son recuerdos, gentes, paisajes, realidades al borde del industrioso río Llobregat en los años cincuenta y primeros sesenta que, sin embargo, no salía en el mapa de los ríos de su geografía nacional.

Poco que decir del capítulo sobre historia salvo que se lee con delectación, al menos con tanta como la del autor al escribirlo. Está repleto ingenio y de glosas irónicas con un ritornello: "¿A alguien le extraña que los catalanes quieran un Estado propio?" Como si él fuera el primero en querer convencerse. Obsérvese bien: hay que luchar por ser tratados como una nación y nunca lo conseguiremos del todo si no tenemos un Estado que nos la defienda. La nación necesita su estructura político-jurídica, el Estado. El nacionalismo catalán, otrora cultural, como el propio Centelles, se ha hecho político, como el propio Centelles. La industria, el comercio, la sociedad catalana quieren el poder político. Cataluña es la revolución burguesa española doscientos cincuenta años más tarde.

El cuarto capítulo, el más breve, versa sobre infraestructuras y dinero, cosas tangibles, materiales, objetivas, mesurables, como gustan a los ingenieros y no nebulosas ideológicas sobre el amor a la Patria. De hecho dedica un párrafo al comienzo con vagos ecos weberianos sobre el espíritu religioso y el capitalismo. Los españoles, católicos, que viven del dinero ajeno, afectan un desprecio y un horror frente al vil metal, mientras que los protestantes, que saben lo que cuesta ganarlo, lo tratan con más franqueza y respeto. Y, viene a decir, los catalanes son un poco protestantes. Los catalanes, es posible pero él resulta un poco católico español ya que el capítulo tiene treinta páginas en las que se pasa revista a uña de caballo a las balanzas fiscales, su polémica y resto de los obvios agravios de la política estatocrática de infraestructuras en relación a Cataluña. Es evidente que el tema no le interesa tanto como el hecho del divorcio entre España y Cataluña.

Resumo, un libro espléndido : ayuda a entender Cataluña y, sobre todo, ayuda a entender a un gran catalán, su autor.

sábado, 18 de abril de 2015

Los muertos dominan a los vivos.

El gobierno del PP nació muerto. Al aplicar de inicio un programa electoral contrario al ofrecido, fue sustituido por otro, cuyos miembros eran espectros del pasado, revenants. El propio Rajoy, tras reconocer que carecía de palabra, solo osaba aparecer en público a través del plasma por temor a mostrar sus rasgos cadavéricos.

Toda la gestión del ejecutivo en la Xª Legislatura ha consistido en mantenerse insepulto, sin poder evitar que el hedor se expanda por doquiera. Los sucesivos escándalos de corrupción y los que todo el mundo sabe seguirán estallando como bombas fétidas tiñen el panorama con colores cárdenos y pardos bastante repugnantes.

Además de haber incumplido sus compromisos, el presidente ha mentido en sede parlamentaria; se ha negado sistemáticamente a dar explicaciones ni cuentas de sus actos; ha censurado y manipulado los medios de comunicación convirtiéndolos en una máquina de propaganda; ha gobernado por decreto con desprecio del legislativo; ha politizado todas las intituciones del Estado incluida, en parte, la Justicia; ha corrompido la administración pública a través de unas relaciones a cuatro bandas entre cargos públicos del partido, funcionarios venales, empresarios corruptores y corruptos y delincuentes; ha promovido una legislación autoritaria y represiva en materia de orden público con el fin de sofocar por la fuerza las manifestaciones de descontento.

Todo eso sin conseguir lavar su imagen ni eliminar el hedor de todas sus actuaciones. La última, esa vergonzosa privatización del registro civil que lo beneficia a él personalmente y a sus hermanos, todos registradores de profesión. Ignoro si cabe aducir un caso de desvergüenza individual más claro. Colectiva, desde luego. Sin ir más lejos, la negativa de ayer del gobierno insepulto a publicar la lista de los 705 sospechosos de blanqueo de dinero , cosa propiciada por él mismo merced a su amnistía fiscal.

Ya solo son unos zombies, dirigidos por una sombra espectral que únicamente aparece en recepciones a dignatarios extranjeros y hay quien dice que, en realidad, es un doble. Y cuando ven que van a perder las elecciones por goleada, como en Andalucía, se ponen nerviosos y montan espectáculos como el del roto Rato de ayer, quien ha pasado de autor del milagro económico a villano, enemigo público número uno, pero solo para dejar bien claro dos horas más tarde que la ley no es, ni será con esta gente, igual para todos. Hay personas en la cárcel por haberse manifestado pacíficamente frente a un banco. Pero el que esquilmó el banco en su provecho duerme en su casa, con su familia. Está libre.

Pero es otro cadaver insepulto. Casi convendría que lo llevaran a la morgue de Soto del Real, a hacer compañía a los otros difuntos de este velatorio español, animado por las procesiones del Corpus y los escraches de cristianos de base a esos jardines colgantes de Babilonia en los que hace penitencia Rouco Varela. Un sepelio que empezó al día siguiente de las elecciones de 2011 y no acabará hasta las próximas legislativas, que ya veremos cuándo son.

La vana esperanza. Si estamos esperando a que alguien ponga fin a este fúnebre esperpento, vayamos pensando en otra cosa. Es una vana esperanza. La función la dicta el gobierno. La danza de los muertos marca los ritmos y tiempos de la de los vivos que quizá no estén tan vivos. El gobierno determina lo que se hace, no se hace, se dice o no se dice. Es un dominio absoluto. Y la oposición, supuestamente los vivos, baila a la música que le tocan y recita el papel que le asignan.

El gobierno zombie se enfrenta a dos oposiciones, la parlamentaria y la extraparlamentaria. Pero solo habla y con voz cavernosa de la extraparlamentaria y de las desgracias seguras, el Armagedón que llegará si se vota a los adanes descamisados o a los de chaqueta y corbata. Prueba de que la oposición parlamentaria no le preocupa. Y hace bien. Llegará esta como triste plañidera a recitar la salmodia de que comparezca el presidente que cobraba en sobresueldos y dimita el ministro de Hacienda causante directo de este desaguisado. Se oirán unos gemidos, unas carcajadas sardónicas al fondo de un pasillo tras un plasma y, luego, se hará el silencio. Hasta la próxima en que al séquito socialista le toque volver a hacer de comparsa de esta burla de la sede de la soberanía popular y de los grandes expresos europeos.
 
Pedro Sánchez no se atreve a presentar una moción de censura, que sería lo único que abriría puertas y ventanas, airearía la peste, ventilaría este pudridero politico. Lo disfraza de prudencia y sentido de Estado pero es puro cálculo temeroso, miedo. Miedo a salir trasquilado o algo peor. Pedro no es Daniel. Ni siquiera ve que estos leones no tienen dientes y son espectros, sombras de lo que fueron. Una moción de censura que desgrane ante los españoles la vergüenza de una legislatura consagrada a perfumar el hedor de un cadaver insepulto durante tres años.  
 
Una moción de censura. El mero anuncio de una moción de censura, consolidaría el titubeante liderazgo de Sánchez en su partido y seguramente aumentaría mucho las expectativas del PSOE en estas elecciones porque mostraría a los votantes un puente de mando con alguien al timón.
 
Pero es una vana esperanza, porque no se atreven. Los muertos dominan a los vivos.

viernes, 17 de abril de 2015

La chulería del PP.



¿Se entiende o hay que explicar la chulería estilo Al Capone de este imbécil rematado?

En Chicago, años 30: Puedo saltarme la ley cuando me dé la gana. Puedo quemarte el negocio, darte una paliza, matar a tu cónyuge, secuestrar a tu hijo. Pero no lo hago porque soy generoso.

En España, 2015: Podemos obstruir la justicia, amenazar a los jueces, destituir a los policías, amordazar a los periodistas, hostigar y amedrentar a los ciudadanos, pero no lo hacemos porque somos así de generosos.

Solo un chulo fascista puede pensar que cabe vender como un mérito especial el mero cumplimiento de la ley. ¿O hemos llegado tan bajo que tenemos que agradecer a esta banda de forajidos que no obstaculice la acción de la justicia?

Pues, sí, reconozcámoslo, hemos llegado tan bajo. Y seguiremos bajando mientras toleremos que nos gobierne una cuadrilla de sinvergüenzas. Y no se crea que es de ahora. Viene de antiguo. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa vergonzosa y humillante observación de que debíamos agradecer a Fraga que hubiese civilizado a la derecha? Una observación que mide la abyección en que vivimos. En primer lugar, es falsa. Esta derecha es tan agresiva, cavernícola e insoportable como siempre. Basta con escuchar a Rafael Hernando o Martínez Pujalte. En segundo lugar: ¿por qué hay que agradecer a nadie que cumpla con su deber de ser educado, civilizado?
 
¿Por qué hay que agradecer a una organización que no obstaculice la acción de la justicia? ¿Porque lo dice un mangante, de esos que cobran ayudas indebidas a la vivienda que tenemos que pagarle todos?
 
A estas alturas este chulo todavía no ha presentado su dimisión. Y debiera. No por lo que dice, que es lo que piensan todos en esa asociación de presuntos delincuentes, sino por lo que trata de ocultar, esto es, que tampoco es verdad: no han impedido la detención de Rato por respeto a la legalidad (que les importa una higa) sino porque no han podido, ya que la Agencia Tributaria actuó por sorpresa, sin avisar. Porque los conocen. Si lo hubiera hecho, esta pandilla con el sobresueldos a la cabeza hubiera tratado de impedirlo por sus habituales procedimientos de obstrucción de la justicia: destruyendo pruebas, borrando discos, desoyendo notificaciones, falseando cuentas y datos, embarullándolo todo, al inimitable estilo de Cospedal y Floriano.
 
Es decir, además de chulos, embusteros por partida doble.
 

El sueño del roto Rato.


Hace un día primaveral. Aznar ha casado a su hija en el centro del imperio de Felipe II. Siempre fue un falangista. Entre las centenarias piedras del Escorial deambulan Bárcenas, Acebes, Correa, el Bigotes, Arenas…los soldados y mercaderes del Imperio.
 
España es una historia de éxito, un milagro económico de Rodrigo Rato. Yo. Dicen que hay una burbuja inmobiliaria peligrosa. No saben qué inventar. Todos tienen negocios y chanchullos y se llevan la pasta a espuertas. Son las vacas gordas de otro sueño.
 
Desde lo alto de un catafalco, Aznar designa sucesor al pelota de Rajoy. Cae el chapapote del Prestige sobre la escena. El chapapote de la financiación del partido, una jaula de oro en la que vuelan los sobresueldos. De la caja B salen las elecciones ganadas como guirnaldas que adornan la gracia hawaiana de Esperanza Aguirre. Mi presidencia hubiera sido la edad de oro de España. Pero me cerró el camino la intriga.
 
Pero yo, Rodrigo Rato Figaredo, con las botas de siete leguas, cruzo el charco y tomo posesión del FMI, como Enrique IV de París y sin tener que cambiar de religión. La mía siguió siendo el dinero. Pero el Fondo es como otro sueño sin fondo, uno kafkiano. Estamos a las puertas del castillo, de Eldorado, pero no se abren. Se abren, en cambio, las de la banca Lazard, que suena a Lizard, lagarto. Un animal de sangre fría, capaz de acumular millones sin que se le caliente.
 
El episodio de Bankia es un sueño al cuadrado, surrealista y absolutamente incomprensible. Bankia nace por cesárea, muere en el momento de nacer y la resucita el gobierno a golpe de miles de millones mientras yo paso a ser el roto Rato, perseguido por todo tipo de presuntos delitos en mi gestión, calificada de catastrófica como si Blesa, el verdadero cerebro de aquella ruina, no hubiera pasado por el mundo estafando a decenas de miles de impositores.
 
Dos nombres irrumpen en la escena y la alborotan como un gallinero. Gürtel y Bárcenas son los fantasmas que personifican la némesis del PP. Las campanas tocando a difuntos de toda una estructura de partido presuntamente organizada para delinquir, de la que me habían apartado por envidias. Al fondo se escucha como el eco de ultratumba en un castillo gótico a Aznar en 2010 diciendo que el el PP es y debe seguir siendo incompatible con las corrupción, o sea, incompatible consigo mismo porque todo el partido es una estructura corrupta montada por el héroe de las Azores. 
 
Suenan los tambores y trompetas al paso de la marca España, la niña de los ojos de Rajoy. La imagen de esa marca será la mano de un policía en el cogote del exvicepresidente del gobierno, mi cogote, tratado como el de un chorizo. El escarnio en las redes, patente. Seguro que salimos en las portadas de todos los periódicos extranjeros. La marca España es la mano en el cogote. La España del choriceo y la pandereta.

Las declaraciones de los compadres, patéticas. El ministro de Justicia en un rato libre mientras despoja a la gente del registro civil para beneficio de los registradores, entre ellos, su jefe, afirma muy ufano que el episodio demuestra que las instituciones funcionan y todos somos iguales ante la ley. Ignoro de dónde habrá sacado Rajoy a este bobo que siempre parece estar hablando de otra cosa. Lo de las instituciones está por ver y lo de la igualdad ante la ley quedó desmentido pasadas dos horas, cuando yo, Rato Figaredo, quedé en libertad, camino de mi casa.
 
Desde un rincón del sueño contempla la escena el pequeño Nicolás a quien una voz procedente del más oscuro pasado, la de Javier de la Rosa, ha contado cosas terribles sobre los protagonistas dela vida pública española en los últimos años. Terribles e inverosímiles. Que estuvo pagando un sueldo mensual al ministro del Interior. Inverosímil. ¿Para qué querrá alguien pagar a un triste sectario que solo sabe rezar y aporrear a la gente? Pero ni esos 400 millones de propiedad aparente del padre del Rey se impondrán al ruido mediático que yo, el roto Rato, garantizo. Soy un cabeza de turco, un a cortina de humo para que se vaya de rositas esta manga de ladrones.
 
Todos me han abandonado. Las dos candidatas a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid, Cifuentes y Aguirre, antaño decididas valedoras mías, hoy no se acuerdan de quién era. Nadie quiere hacerse una selfie conmigo. No existo ya ni en Facebook. El Sobresueldos prepara una comparecencia en plasma que aquí tiene valor profiláctico, no para anunciar su dimisión, como sería de esperar en un país normal, sino para explicar que las presuntas estafas "de ese señor del que se habla" son cosa suya, o sea, mía;  no del partido. Que es un caso aislado y un caso aislado no demuestra nada. Ni dos. Ni tres. Ni todos. El PP no es una estructura para delinquir, sino el partido de los trabajadores. En fin, nadie puede poner en duda el interés del gobierno en luchar contra la corrupción, se dé en dónde se dé.
 
Entre estos dos extremos, el plasma Rajoy y el roto Rato surge la última figura del sueño, el ministro Montoro, este ya como el ectoplasma de Nosferatu, siempre urdiendo alguna maldad que habitualmente se vuelve contra él. Todos querrían que se fuese, pero nadie se atreve a decírselo porque los tiene a todos atrapados con sus latrocinios, empezando por el Sobresueldos principal.
 
El espíritu mi padre me llama desde las celdas de la desaparecida prisión de Carabanchel para que haga honor a la estirpe.
 
En el Escorial seguro que este verano hay un curso dedicado a la corrupción.

Moción de censura a esta banda de ladrones, ya.


Hoy, la Agencia Tributaria está registrando el domicilio de Rodrigo Rato en busca de pruebas de lo que todo el mundo sospecha y da por descontado, que el pájaro es uno de los mayores ladrones de esta presunta asociación de malhechores llamada PP, presidida por un supuesto corrupto que lleva veinte años cobrando sobresueldos en B y cuatro mintiendo, engañando a todo el mundo y corrompiendo la vida pública española hasta extremos que nadie puede ya aguantar. Lo sorprendente es que este sujeto, que compartió mesa de consejo de ministros con el tal Rato y lo hizo luego nombrar presidente de Caja Madrid, igual que confirmó en sus cargos a los no menos presuntos ladrones Lapuerta y Bárcenas, no haya sido ya llamado a declarar en alguno de los procedimientos judiciales por corrupción que anegan el país y que la policía no esté registrando su domicilio en La Moncloa.

Rato, a quien apoyó todo el PP entusiasmado para la presidencia de Cajamadrid, tiene un historial que daría para una saga en donde la incompetencia iría de la mano con la granujería. Fue el hombre del milagro económico con el que otro siniestro personaje, Aznar, quiso engañar al país, como trató de hacerlo al servicio de los yanquies con las mentiras sobre las "armas de destrucción masiva" en el Irak y como insistió con denuedo con motivo del atentado del 11M, ayudado por Acebes y Rajoy, quien tenía "la convicción moral de que había sido ETA". Un espantoso atentado del que Aznar y su gobierno son y serán para siempre políticamente responsables.
 
Alguien todavía tendrá el morro de sostener que se trata de casos aislados, excepciones personales, ovejas negras. Alguno de esos periodistas mercenarios, que cobran cifras astronómicas por recitar lo que les dicen, insultar a quienes se les ordena y embadurnarlo todo para ocultar las fechorías y robos de quienes les pagan con dineros públicos.
 
Pero no es cierto. No son casos excepcionales. Es algo estructural. Suficientemente claro está ya en sede judicial. El PP no es propiamente hablando un partido político sino algo más parecido a una asociación de malhechores. Sus miembros están en él para forrarse, como ya han confesado en alguna ocasión. El gobierno no es un órgano al servicio del bien común  sino un grupo de apandadores que busca su beneficio propio y el de sus allegados y amigos a base de expoliar lo público, privatizarlo y quedárselo.
 
La última muestra, la desvergüenza con que el sobresueldos, presidente del gobierno, promueve una reforma legal para despojar a la colectividad de los registros civiles, actualmente públicos y gratuitos y entregarlos como un botín para los registradores, siendo él y varios de sus hermanos, beneficiarios directos de este nuevo expolio.
 
¿Qué más hace falta para que los partidos de la oposición reaccionen como es su obligación y presenten una moción de censura a esta pandilla de presuntos chorizos? ¿No ven ustedes que, de no hacerlo, acabaremos por creer que son ustedes cómplices o beneficiarios directos?

jueves, 16 de abril de 2015

Juegos propios de la edad.


Podemos no se unió a las celebraciones del 14 de abril, aniversario de la IIª República. Por boca de un@ de sus portavoces había hecho saber que “no es tema prioritario para los españoles.” Pasmosa la velocidad de envejecimiento de la joven organización, poniéndose al paso de los partidos de la casta. Esta afirmación reproduce la que suelen hacer los dos partidos dinásticos. Y también el coro mediático en cuya atronadora polifonía jamás se cuela una sola nota del Himno de Riego: la República es pasado remoto, no interesa nadie y, por supuesto, a nadie interesa que interese a alguien.
 
La República ¿no sale en los medios porque no interesa a la gente o no interesa a la gente porque no sale en los medios? Cautiva la sagacidad que late en la más célebre de las teorías sobre la función de los medios en nuestra sociedad, la del agenda setting, esto es: son los medios los que determinan los contenidos del debate público, los que crean la realidad. Una teoría que se reputa verdadera o falsa según nos interese. Los medios ¿apenas hablan de los chanchullos secretos para cocinar el TTIP? Prueba evidente de que los ocultan porque existir, existen. Los medios ¿callan sobre el aniversario de la República, masacrada por un golpe de Estado fascista? Prueba no menos evidente de que no existe y no interesa a nadie.
 
El pragmatismo tiene estas cosas. La causa de la República está perdida. La prueba más evidente es que no ganó la guerra. Y celebrar una derrota es algo que solo hacen los nostálgicos y los catalanes, como se ve en la Diada. Pero estos de Podemos salen a ganar. Se pasan la vida diciéndolo. Nada de perder. Asociarse con perdedores no es acertado. Desde el punto de vista de la táctica electoral, muy oportuno, voto a tal. Pringan.
 
Palinuro participó el día 14 en un acto en memoria de la República. La edad media de los asistentes, así como la de los que fueron a los otros actos en toda España, convocadas por diversas organizaciones, especialmente IU, rondaba la de la jubilación. Apenas había jóvenes. Dentro de unos años dejará de celebrarse el 14 de abril por extinción física de celebrantes y su memoria ya no obligará a nadie a dar enojosas explicaciones.
 
Sin embargo, el 14 de abril conmemora un régimen derribado injustamente por la fuerza y el crimen. El crimen siempre será crimen y el paso de los años y las generaciones no lo convertirá en otra cosa. Sí se dirá que eso pasa con muchos otros crímenes en la historia: la muerte de los Graco, por ejemplo; la decapitación de Thomas More; la noche de San Bartolomé; la ejecución de Olympia de Gouges, etc. Nadie pide que les dediquemos aniversarios. Es verdad pero es porque sus consecuencias ya no inciden directamente sobre nuestro presente (indirectamente, sí, desde luego) como lo hacen las del trágico fin de la IIª República.
 
En todo caso, admitido, es algo transitorio, efímero y pertenece al fuero interno de cada cual. Podemos practica una transversalidad del discurso que no le permite declararse republicana. No quiere banderas tricolores en sus manifas. Pues sí, asunto del fuero interno de cada cual.
 
Al día siguiente Pablo Iglesias acude a la recepción del Rey en Bruselas. La república, no; la monarquía, sí. ¡Ah, pero no es lo mismo! No fue a rendir pleitesía, como el resto de políticos cortesanos, sino que, según él mismo dijo, rompió el protocolo al regalar a Felipe VI, unos DVDs de Juego de Tronos. Ahí quedaba eso: el protocolo roto por un gesto de audacia que coloca a la monarquía en su debido lugar. A su lado, el de los eurodiputados de IU y grupos nacionalistas de no acudir al pase de revista de Preparao es una chiquillada. Algunos hasta publicaron fotos en Face y Twitter con la bandera republicana. Criaturas.
 
En Juego de Tronos, que el Rey asegura no haber visto, encontrará, según el obsequiante, algunas de las claves de la actual crisis política española. Porque él, evidentemente, sí ve y sigue la serie. Hasta le ha dedicado reflexiones en forma de libro. Y suele tomarla como referente, casi tanto como a Anguita.
 
Podía el secretario general de Podemos haber regalado al Rey algún libro de Eduardo Galeano. Y, si temía que la caverna mediática le sacara punta con el que Chávez regaló a Obama, Las venas abiertas de América Latina, podía haber escogido uno de Günther Grass. Pero ha sido Juego de Tronos.
 
Aquí está el meollo de la cuestión. No en el hecho del regalo, sino en su naturaleza. ¿Por qué Juego de Tronos? Obvio: porque es una serie de TV y una serie muy popular, de gran éxito y difusión, criterios esenciales en Podemos, de alcance epistemológico: si algo está generalizado y es popular, es válido, es verdad. Ahí hay que estar y no en los cenáculos de los derrotados, élites inoperantes. Podemos es un partido mediático. Se encuentra siempre en donde estén los medios que fabrican la noticia. Y luego borda el asunto siendo noticia dentro de la noticia.
 
Fotografiarse con el Rey, aunque sea en camisa es otro juego de lo que los especialistas en negociación llaman win-win o beneficio mutuo: Podemos legitima la monarquía y la monarquía legitima a Podemos. Esto va a la par con la galopante moderación de su programa en puntos esenciales como las nacionalizaciones, el salario universal o las jubilaciones, muy en la línea del programa socialdemócrata tradicional y respetable, ese que el actual PSOE ha traicionado vilmente para mimetizarse con el PP, según vieja doctrina de IU aggiornata por Podemos.
 
Se extiende una impresión, una especie de intuición generalizada de que Podemos ha tocado techo en las expectativas electorales y con la aparición de Ciudadanos y el retorno al aprisco de los votantes socialistas, fascinados en un primer momento por el fulgor retórico de los nuevos, comienza el declive. Es decir que, llegadas las elecciones del 24 de mayo, es posible que la organización quede en un porcentaje similar al de la vieja IU, a quien en realidad ha venido a sustituir.
 
No sé cómo corresponderá el Rey al obsequio. Supongo que los reyes no están obligados a reciprocidad de regalos porque no está en su papel agasajar a los plebeyos. Pero, por si acaso le diera por romper también él el protocolo, podía hacer llegar al secretario general un ejemplar de la Anábasis, de Jenofonte.

miércoles, 15 de abril de 2015

Si un país...


Si un país ha tenido como gobernantes a gentes de esta catadura moral. Si, después, ha tenido otro compuesto por los mismos sujetos u otros muy parecidos, tan presuntos delincuentes y sinvergüenzas como estos.

Si un país tiene un gobierno directa e indirectamente relacionado con los del dictador Franco, probablemente los más corruptos de Europa hasta que llegaron estos.
 
Si un país está gobernado por un partido al que los jueces imputan la comisión de delitos como tal partido.

Si un país tiene un Rey ahora abdicado que todavía no ha ofrecido explicación alguna del origen de una supuesta fortuna de 2.000 millones de dólares que nadie entiende de dónde puedan haber salido si han salido legalmente.
 
En ese país no hay gobierno ni política ni Parlamento ni nada. Solo hay corrupción y latrocinio. Es un  país gobernado por ladrones, por una mafia organizada en algo que llama partido político pero, en realidad, es una asociación de delincuentes.
 
Podemos estar o no de acuerdo en los nombres. Vamos a verlo: ¿cómo llamarían ustedes a un gobierno presidido por un registrador de profesión con  tres hermanos más registradores también que privatiza por ley el registro civil (hasta ahora público y gratuito) para entregarlo a su gremio (y, por tanto a él mismo) para explotarlo con jugosos beneficios pues, a partir de ahora, será de pago?
 
Ustedes, no sé. Yo lo llamaría un gobierno de ladrones.
 
Y no se entiende por qué la oposición hace el juego a la banda y participa en sus escenificaciones parlamentarias, convirtiéndose en cómplice del expolio y el robo generales en lugar de interponer una moción de censura y, una vez perdida esta, tras el correspondiente debate, una retirada al  Aventino.
 
Que sigan privatizando, reformando, "actualizando" la legislación para robar más y mejor. Pero que la oposición no legitime con su presencia este vergonzoso espectáculo de ladrones sin límites.

 

Mas y Menos.


El lunes se inauguró en Barcelona la cumbre euromediterránea. Es la reunión más importante de los países de la cuenca del Mediterráneo. Acuden a ella los ministros de Asuntos Exteriores de la UE y los de los demás países ribereños. Y sus séquitos.
 
En este momento, la tensión entre el gobierno central y la Generalitat, entre el nacionalismo español y el catalán se ha incrementado mucho a raíz de la convocatoria de elecciones autonómicas para el 27 de septiembre. Sobre todo de que los soberanistas hayan firmado una hoja de ruta hacia la independencia a dos años y de que las vean como elecciones plebiscitarias. Sin embargo, tal aumento no ha sido óbice para que los dos presidentes, el español y el catalán, hayan coincidido en el acto, uno a abrirlo y otro a cerrarlo, sin problemas de protocolo.
 
Ello demuestra que el desencuentro de un Foro Económico en 2013, que llevó a la exclusión de Mas de los actos por cuestiones de protocolo fue un incidente buscado. Uno más de los desprecios, desplantes y provocaciones con que Rajoy viene tratando la cuestión catalana por puro talante autoritario e ignorancia. Ignorancia típica del nacionalismo español que aún no ha empezado a digerir que la “cuestión catalana” es la “cuestión española”.
 
El discurso de Mas se orientó a presentar y explicar a su auditorio, la personalidad, la singularidad de Barcelona en el Mediterráneo y en Europa. Barcelona, Cataluña, Mediterráneo, Europa. Ni una mención a España. Como es hombre moderado con sentido del equilibrio, compensó la omisión de España con la de toda referencia a Cataluña (a la que llamó territorio, un poco al uso euskérico), como nación. Echó la mirada molt lluny, al pasado, al origen medieval de la Generalitat y dijo con orgullo que él era su centésimo vigésimo noveno presidente. Recordó que en Barcelona se redactó el Libro del Consulado de Mar, código de derecho marítimo en la Edad Media, que rigió en el Mediterráneo durante siglos. También dijo que los catalanes miran molt lluny al futuro. Pero eso lo dejó en el aire.
 
Y todo el mundo entendió que había pronunciado un alegato a favor de la independencia de Cataluña.
 
El discurso de Rajoy quien parecía no haber escuchado el de Mas, versó sobre dos puntos: el terrorismo yihadista y la españolidad de Cataluña en general y Barcelona muy en concreto. Hacemos gracia al lector de las consideraciones sobre el terrorismo. El núcleo de la intervención del presidente fue la españolidad de Cataluña por razones más parecidas a dogmas, por una nebulosa antigüedad de convivencia (conllevancia, diría Ortega) que no puede competir con la de Generalitat y porque, caramba, en buena medida la segunda parte del Quijote transcurre en Barcelona, ciudad de la que Cervantes, autor español, tiene la mejor opinión y ensalza como merece esta maravillosa capital de España en el Mediterráneo y como todos los españoles reconocemos y alabamos sin parar.
 
De todo esto puede opinarse, es interpretable. No lo es la pobreza de los argumentos esgrimidos por Rajoy. La autoridad, la costumbre, el peso de un pasado común mucho más breve que el esgrimido por el nacionalismo catalán. Es de agradecer que no haya proferido en ningún momento esa jaculatoria con que aburre al resto de los auditorios en España de que esta, España, es una gran nación. Quizá sea un toma y daca de políticos: tú no hablas de la nació catalana y yo no hablo de la gran nación española. La españolidad de Cataluña, de Barcelona es un hecho incontrovertible, una verdad apodíctica. Solo los locos o los criminales pueden negarla. Es así por ley de la naturaleza y la historia y designio divino, aunque esto último suelan decirlo lo curas.
 
Por supuesto, lo que hay detrás del axioma es la posibilidad de recurrir a lo que Gregorio Peces Barba invocó en cierta ocasión con un sentido del humor bastante cuestionable y para negarla: la de bombardear Barcelona.
 
Los dos discursos escenificaron de forma tangible el enfrentamiento entre el nacionalismo español y el catalán y la audiencia se hizo clara idea de la existencia de un conflicto interno en España, de hondas raíces y consecuencias imprevisibles. Para la táctica del soberanismo de internacionalizar el conflicto, el momento fue de oro; para la del unionismo, de plomo. Mas se dirigió al auditorio en cuatro lenguas, catalán, español, francés e inglés y se hizo entender directamente por muchos de los allí presentes. Rajoy procedió a leer el suyo únicamente en español, lengua que ningún otro país mediterráneo habla.
 
El mérito y el valor de los cargos políticos es igual sea cual sea su rango. Un alcalde puede tener tanto valor como un rey y un emperador tanto como un agente de policía de servicio en un barrio marginal. Todos son la autoridad. El peso de esta depende luego de la persona que la ejerce. De lo que dice y cómo lo dice.