sábado, 25 de octubre de 2014

¿Va usted a dimitir por los escándalos de corrupción de los que es usted políticamente responsable?


Como los periodistas españoles no saben, no pueden o no quieren hacerle las preguntas de modo directo y claro, y prefieren proporcionarle excusas para evadirse, tenemos que hacérselas los ciudadanos, hartos de que nos roben, nos engañen, nos mientan y, encima pretendan reírse de nosotros.

¿Piensa usted dimitir cuando la corrupción que ha propiciado, amparado, y de la que quizá se haya beneficiado, lo invade ya todo? En realidad, después de su implícita confesión, no tiene otra que dimitir.

Aparte de haber recibido sobresueldos en B, cosa por la que ya debiera usted haber dimitido y aparte de que la Gürtel le haya pagado a usted supuestamente viajes, trajes, corbatas por valor de varios cientos o miles de camps, unidad monetaria de la corrupción de advenedizo, tiene usted docena y media de razones para marcharse a su casa avergonzado de su comportamiento. Usted nombró a Bárcenas, lo mantuvo en su puesto, lo protegió, le dio ánimos, aunque ahora simule no conocerlo y lo protegió frente a la justicia permitiendo que su partido no colaborara con ella y hasta destruyera pruebas. Usted hizo nombrar a su amigo Rato presidente de Caja Madrid, en donde este pájaro terminó el trabajo de saqueo que ya había comenzado Blesa, designado por su predecesor Aznar, también beneficiado de los sobresueldos. Usted nombró y mantuvo en su puesto a María Dolores de Cospedal, igualmente agraciada con suculentos sobresueldos de la caja B y sobre quien recae todo tipo de sospechas de comportamientos irregulares y la certidumbre de haber cobrado 200.000 € de una mordida reconocida por ella misma y que ahora se han volatilizado.

Preside usted un partido más parecido a una asociación de malhechores y es usted uno de los principales beneficiados de ella, no solo porque haya cobrado los citados sobresueldos que usted negaba bellacamente, afirmando que tenía problemas "para llegar a fin de mes", sino porque ha ganado unas elecciones a base de financiación ilegal de su partido ya desde hace veinte años. Preside un gobierno cuya única función es ocultar sus latrocinios y fechorías y criminalizar y reprimir toda protesta en la calle.  Todo ello más que suficiente para que se hubiera ido usted ya con viento fresco, por ser el presidente más corrupto de la historia de la España democrática.

En lugar de ello sale usted en rueda de prensa a contestar unas preguntillas sin filo ni garra de unos periodistas que más parecen de su gabinete de comunicación que de medios libres. Eso le permite colocar a la concurrencia un discurso embustero, cargado de evasivas, cínico y esperpéntico que los mismos periodistas no cuestionan y trasladan tal cual a una opinión pública a la que usted miente de modo sostemático y de la que se ríe sin reparos.

Ante un tímida pregunta por la corrupción, dice usted con descaro que su gobierno "trabaja para que esas cosas se sepan". Esas cosas son los latrocinios de sus compañeros de partido, de sus protegidos, de los que usted ha nombrado; son sus propios sobresueldos; las malversaciones de sus subordinados; el expolio de las arcas públicas; las cuentas en Suiza; el pillaje generalizado a que se dedicaban políticos a los que usted ha ensalzado repetidas veces como ejemplos para la ciudadanía: Camps, Fabra, Matas y demás carne de presidio. Y es falso que su gobierno trabaje para eso. Lo hace para lo contrario, para proteger a los corruptos, ocultar sus fechorías, escamotear pruebas, atacar a los jueces, mentir al parlamento y a la gente.

Añade usted, como si fuera el anterior Rey, ese al que pillaron cazando elefantes en el África cuando todos creían que estaba en su despacho cumpliendo con su deber, que su gobierno está trabajando "para evitar que estos hechos se repitan". Estos hechos son también esas cosas, el robo, el cohecho, las malversaciones, sus sobresueldos y sus trajes. Su gobierno, por lo demás, esta deslegitimado para tomar medida alguna de ese jaez cuando no solamente usted sino su vicepresidenta y algun@ de sus ministr@s también han cobrado sobresueldos.

Asegura usted que es "especialmente prudente" en los asuntos judiciales. Al margen de que ello sería, en efecto, muy razonable en quien quizá haya de defenderse de acusaciones en sede judicial, también es falso. Al parecer llamó usted al imputado señor Acebes, tan cercano a usted, para darle ánimos y consolarlo diciéndole que sin duda se trata de una injusticia. Si ser prudente consiste en tachar de injustos a los jueces, ¿que los llama usted cuando no es prudente? Bueno, quizá a unos porque a otros, al parecer también los llama para interesarse por los turnos y ver si los asuntos que le interesan recaen sobre jueces amigos. Es prudente, desde luego. E inmoral. O algo peor.

Definitivamente, la pregunta de esa comparecencia de ayer, en la que, por las convenciones democráticas vigentes en Europa y desconocidas en España, no se pueden prohibir las respuestas debiera haber sido la del título del post:

¿Va usted a dimitir por los escándalos de corrupción de los que es usted políticamente responsable?

Los periodistas no se la hacen y los partidos de la oposición ni mencionan la posibilidad en sede parlamentaria. Ambos piensan que en los demás países democráticos tampoco se plantearían en las ruedas de prensa ni en las comparecencias parlamentarias, pero olvidan añadir que ello es así porque en esos demás países es imposible que una persona como Rajoy sea presidente del gobierno.

Niños antiguos.


Antiguos como el mundo en donde aparecen; como el aire y el sol que los alumbra; como el agua que beben. La verdadera sal de la tierra, la metáfora del espíritu, el genio de la especie. Patria y padre del hombre, puente a la eternidad. Niños eternos, sublimes. Niños.

Llevo unos días pensando escribir este breve crónica sobre la exposición de la Fundación Canal en Madrid, titulada Caminos a la escuela. 18 historias de superación y aprovechar la ocasión para hacer un paralelismo ejemplarizante entre las increíbles historias de sacrificio, esfuerzo, trabajo que 18 fotógrafos de todos los países han reunido aquí y el denigrante espectáculo de la vida pública en España, en donde los ejemplos son de codicia, corrupción, molicie y vileza. Tan preocupado estaba que, no fiándome de mi primera idea, acudí segunda vez a la exposición para cerciorarme. Y, en efecto, cambié de idea. Escribiría, sí, la crónica, pero omitiría toda referencia a España por no ensuciarla.

En cierto sentido, ya sabía que no saldría una crónica al uso porque es imposible. No sería capaz de acertar en la elección del tono para hablar de estas historias. Lo único que cabe hacer es recomendar vivamente la visita. Miren las fotos, todas ellas normales, sin pretensiones artísticas, ni paisajísticas, ni vanguardistas; puras instantáneas de la vida cotidiana de unos niños entre 8 y 14 años de edad en los más diversos lugares del planeta. Lean los textos, magníficos textos, tan minimalistas como las imágenes. Vuelvan a mirar las fotos y, después, hablamos.

Si así fuera, este sería mi parlamento. He visto niños de todas las razas y todos los colores, con un solo factor en común: la pobreza, la privación, en condiciones muy duras, en medios extraordinariamente adversos y peligrosos. Niños ágiles, sanos, vigorosos y también niños enfermizos, contrahechos, estropeados por la naturaleza o la mano del hombre y todos de nuevo con otro factor en común, la alegría y las ganas de vivir, de salir adelante. Adelante salen todos los días camino de sus escuelas, que es el tema monográfico de la exposición. Escuelas muchas veces alejadas kilómetros y kilómetros, al otro lado del río, del lago, incluso del mar en el caso de islas próximas a las costas. Escuelas destartaladas que, en ocasiones, tienen que cerrar cuando llegan las lluvias porque no tienen techo y que, cuando abren, han de agrupar niños de todas las edades porque no hay aulas ni profesores.

La exposición se centra en esos trayectos cotidianos de los niños, de ida y vuelta, en los que pueden llegar a demorarse tres, cuatro, cinco horas. Se trata de un verdadero catálogo de heroicidades. Hay chavales que cabalgan kilómetros por el sertao a lomos de burro; niñas de Kenia que han de atravesar zonas enteras de chabolas de campos de refugiados convertidas en verdaderas letrinas con riesgo constante de que las violen como sucede indefectiblemente al veinte por ciento de ellas; peligro que también acecha a las niñas marroquíes a las que es fuera acompañe un hermano mayor al autobús; críos con malformaciones que han de desplazarse diariamente en vehículos especiales para asistir a una alejada escuela adapatada a sus necesidades; alumnos aventajados en las zonas deprimidas de Queens o el Bronx que invierten cuatro horas diarias entre metros, autobuses y transbordos; niños japoneses de núcleos arrasados por el Tsunami hace unos años que habitan espacios urbanos como de película de Mad Max y han de asistir a escuelas en otras ciudades; hijos de pueblos esquimales que viven por encima del círculo polar y han de ir a la escuela corriendo porque, no teniendo abrigo suficiente, pueden helarse. 

Un hilo de oro recorre este aluvión de voluntad, de espíritu, de esfuerzo titánico: los niños lo hacen contentos, riendo y jugando. Como los dioses antiguos. 

viernes, 24 de octubre de 2014

Lola, sé fuerte.


Todos los moralistas, de Confucio en adelante, cuentan entre los vicios y defectos de los seres humanos la inconstancia, la arbitrariedad, la ingratitud, la insolidaridad, la deslealtad, etc. Los afectos contrarios, por supuesto, figuran entre las virtudes; pero, nos advierten los sabios, son mucho menos frecuentes. ¡Ah, pero son! Y en muchos casos se dan mezclados. Una misma persona puede ser leal y desleal, agradecida e ingrata, solidaria e insolidaria. Depende de cuándo, de dónde, de cómo y, sobre todo, de quién.

Según parece, Rajoy telefoneó ayer al exministro Acebes para darle ánimo en mitad de sus tribulaciones judiciales y decirle que se trata de una injusticia. Es peculiar un país en el que el presidente del gobierno tacha de injusticia una decisión de los jueces a quienes dice respetar en grado sumo. Un país en el que los jueces cometen injusticias según un presidente sobre el que pesan acusaciones que pueden llevarlo ante uno de esos jueces injustos. Pero, ¡qué se le va a hacer! Rajoy es así, leal con sus amigos, al extremo de jugársela por ellos. ¿Acasó no envió un SMS de auténtico amigo a su amigo Luis Bárcenas animándole a "ser fuerte" pues él hacía lo que podía? Sin duda. Lo dicen todos los medios: Rajoy será lo que sea, pero es amigo de sus amigos. Y ¿por qué entonces no ha enviado un miserable whatsapp a su amigo Rato, seguro objeto de otra injusticia? Y no solo no le ha mandado nada sino que se ha negado a pronunciar su nombre en público, por no concitar las fuerzas del maligno. O sea, Rajoy es un caso palmario de convivencia de la lealtad y la deslealtad en el ánimo de una persona. "Luis, sé fuerte". "Ángel es una injusticia". "Esa persona por la que usted se interesa". "Esa persona por la que usted se interesa" fue su compañero de partido, de gobierno, tan vicepresidente como él, tuvo la gentileza de apartarse para que él fuera presidente y él, siempre él, lo hizo nombrar para la presidencia de Caja Madrid, destino que selló su destino. "Esa persona por la que usted se interesa." Increíble.

¿Y ahora? La última imputación del juez Ruz al excalde de Toledo por la presunta mordida de 200.000 euros de una empresa a cambio de una contrata de once millones no tendría nada de anómalo dado el panorama de corrupción del país, nada de noticiable. Si acaso, la sospecha de que la cantidad resulta modesta para los hábitos de estos expoliadores. Pero esa mordida apunta ya directamente a María Dolores de Cospedal, dado que el juez habla de la posible implicación en el supuesto delito de "personas aforadas", condición que solo reúnen Cospedal y una su mano derecha, presidente de las Cortes del lugar. Si esa imputación se produjera, ¿habría SMS de ánimo, telefonata consoladora? Tal será el siguiente paso de este melodrama, de este sainete que parece una serie televisiva yanqui de esas en las que todos son malos, perversos, auténticos canallas, y el único que se salva es el gato y aquí ni ese porque al inocente, que era el perro de la auxiliar, le han dado matarile sin pedir permiso, sin preguntar a nadie, a lo bestia.

Cospedal es un prototipo de política de tierra quemada. Ha sido autoritaria, ha aplicado durísimas políticas de recortes en todo, despidiendo a la gente, rebajando sus retribuciones, suprimiendo sus ayudas o subvenciones, reduciendo o eliminando servicios; ha elevado en cambio las retribuciones de los suyos en todos los niveles; ha entregado bienes públicos para uso privado e intentado venderlos; ha convertido la radiotelevisión de Castilla La Mancha en un instrumento de censura, adulación de su gobierno y silenciamiento de la oposición; ha cambiado la legislación electoral para favorecer sus perspectivas de escaños; ha amparado y justificado, a veces con razonamientos propios de un número de cabaret, los numerosos latrocinios que se han sucedido en su partido; ella misma aparece como receptora de esos sobresueldos ilegales que sus beneficiarios ya no se molestan en negar y ha tratado a su auditorio y la opinión pública en general como si estuvieran compuestos por idiotas afirmando cosas como que "el PP es el partido de los trabajadores", "el PP es el partido más transparente de España", "nosotros hemos salvado el Estado del bienestar". Bueno pues, con todo el aplomo que ostenta, como una dama bravía del siglo de oro, una Mariana Pineda de la dignidad de la derecha, puede encontrarse en breve requerida a explicar ante el juez qué fue de esos 200.000 machacantes que ella, al parecer, reconoce haber recibido con el muy sensato argumento de que las cosas cuestan dinero, pero cuyo rastro se pierde justamente ahí, en esa etérea declaración.

Sin duda será apasionante ver si, dándose una imputación de Cospedal, o un traslado al TSJCLM, que viene a prefigurarla, habrá mensaje del presidente y en qué tono o también Cospedal entrará en el rol de la infamia de los innombrables, como "esa señora de la que usted me habla". Apasionante, sí, pero completamente absurdo. Si la secretaria general del partido del gobierno es imputada, ¿a qué se está jugando aquí? ¿A qué está jugando la oposición? ¿Nadie va a conseguir que se vaya este hombre, fracasado en todos los frentes, aferrado al sillón, presidiendo un gobierno absolutamente quemado, al que se le deshace el país entre las manos? Un hombre que ya solo fia su permanencia a unos medios sumisos y una policía omnipresente y prácticamente impune, amparada en una ley mordaza que pretende sofocar cualquier descontento por todos los medios.

jueves, 23 de octubre de 2014

La peste.


Los gobernantes democráticos son gentes elegidas por el pueblo para gestionar los asuntos públicos según criterios distintos pero con un mismo principio, según el cual la gestión será en interés del bien común y no en provecho personal de los gobernantes. Lo que hay en España no tiene nada de esto.
 
El país está gobernado por un partido que lleva más de veinte años dedicado a actividades presuntamente ilegales e inmorales, en colaboración con una red más o menos organizada de empresarios o delincuentes o ambas cosas a la vez. Ello le ha permitido financiarse en negro, repartir abundante dinero en B entre sus más destacados dirigentes, propiciar con sus nombramientos un expolio público sin precedentes y enriquecer de modos supuestamente ilícitos a sus militantes, allegados, deudos, clientes y cómplices.  Palinuro siempre ha dicho que ser militante del PP es un chollo, lo cual explica su afiliación en torno a los 800.000 militantes: el atractivo de hacer dinero en las administraciones locales, autonómicas, estatales, en contratas, enchufes, mordidas, comisiones, recalificaciones, subvenciones, privatizaciones, todo un denso entramado de corrupción que cubre el país entero y que, además de servir para hacer dinero, sirve para blanquearlo sin llega el caso.
 
Es un estado de corrupción general. Una peste. El sistema político es una cáscara vacía, pura fachada, un potemkin. Y los españoles, haciendo gala de su fatalismo, se lo toman a chirigota. Son los humoristas como Wyoming quienes encabezan la oposición; es twitter, en donde se hacen los comentarios más despiadados sobre los políticos. El chiste es la forma de oposición a la dictadura, dado que las otras están prohibidas. Como en los tiempos de Franco, como pasaba en los países comunistas. La gente se reía por no llorar.
 
Y estamos para pocas risas. Vistos los últimos sobresaltos procesales de esa hidra de mil cabezas corruptas, parece bastante sensato reconocer lo que ya dice todo el mundo: que el PP no es propiamente hablando un partido, sino más probablemente, una asociación de malhechores. No solamente porque tenga una infinidad de militantes y dirigentes imputados, procesados, condenados o cumpliendo condena, sino porque él mismo como partido adopta medidas para amparar a los presuntos delincuentes, como la obstaculización de la justicia mediante triquiñuelas procesales o la destrucción de pruebas.
 
La cascada de nuevos escándalos, las tarjetas negras, la imputación del exministro Acebes, la del exalcalde de Toledo, que apunta directamente a la muy posible implicación de Cospedal, son nuevas piezas malolientes de un panorama de podredumbre. Este se remonta a los tiempos de los gobiernos de Aznar, el amigo íntimo de Blesa. Alguien ha calculado que el 75 por ciento de los miembros del primer gobierno de Aznar está imputado, procesado o en prisión.
 
Una peste. La letanía de nombres de presuntos sinvergüenzas y sinvergüenzas probados es interminable y la de sus fechorías llena legajos y legajos en los anaqueles de los juzgados, por contar solo los asuntos ante la justicia. Y habrá más. El silencio de Aguirre, de Aznar, del propio Rajoy solo puede interpretarse como una medida de defensa procesal: todo lo que digan podrá ser utilizado en su contra. Y lo más irritante, indignante en realidad, es que son los pájaros que, como Díaz Ferrán, mientras robaban a manos llenas, decían a la gente que hay que trabajar más y ganar menos. 
 
Con esta peste no va a terminar el gobierno porque, aunque suele hablar de proponer legislación en pro de la transparencia y la regeneración democrática, carece de autoridad y crédito para ello. Su propio presidente está bajo sospecha de haber cobrado sobresueldos en B y varios de sus ministros, también. La evidencia de que, como ministro, vicepresidente de Aznar, presidente luego del partido, Rajoy sabía perfectamente lo que pasaba lo inhabilitan para acometer medida regeneradora de la democracia alguna.
 
Pero tampoco le importa. A este gobierno no le interesa en absoluto la gobernación del Estado y menos en pro del bien común y le trae al fresco la opinión pública. Centra todas sus medidas de supervivencia en tres aspectos: 1º) control de los medios de comunicación y recurso a la censura, la manipulación y la propaganda; 2º) imposibilitar o dificultar el acceso de los ciudadanos a la justicia y la protección de sus derechos mediante los tribunales; 3º) convertir toda crítica, protesta o manifestación en un ataque al orden público y reprimirlo sin contemplaciones gracias a una ley mordaza a punto de aprobarse.
 
En esta situación, España no tiene gobierno sino que está administrada por una asociación de presuntos malhechores. La pregunta inmediata es: ¿y qué pinta la oposición en todo esto? ¿Por qué continúa legitimando con su colaboración esta peste de corrupción? ¿Por qué sigue admitiendo que trata con un gobierno que hace política y no con una peste que ni entiende de política ni le importa un pimiento? ¿Por qué sigue acudiendo a un Parlamento que no sirve para nada, salvo para legitimar esta peste? ¿Por qué no presenta una moción de censura, aunque la pierda? ¿Es porque en parte la corrupción también la afecta a ella, al menos a alguno de sus partidos? Justamente la única forma de salir de esa posición de  extorsionado es reconocer paladinamente las faltas propias y, a continuación, plantarse ante las ajenas, que son apabullantes.
 
Plantarse es decir no a la peste. No al simulacro de parlamento; no al gobierno por decreto; a las ruedas de prensa sin preguntas, al plasma, a los tribunales que aplican la justicia del príncipe; a unos medios vendidos; a una gestión autoritaria del orden público, represiva, amedrentadora. Palinuro lo ha dicho en otras ocasiones: retirada al Aventino que ahora recuerda la retirada a la colina de Florencia en la que se escribió el Decamerón, mientras los retirados escapaban de la peste negra, tan negra como las tarjetas de estos sinvergüenzas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Podemos/Cataluña.


Hace unos días, a propósito de un viaje a Barcelona, Josep Casulleras, de Vilaweb. Informació. Notícies me hizo una entrevista sobre la cuestión catalana y el derecho a decidir que apareció con el titular Ramón Cotarelo: 'Pablo Iglesias mira de fugir d'estudi sobre Catalunya', lo que demuestra que Josep es un periodista de pura raza. Titula con garra. En español: "Ramón Cotarelo: 'Pablo Iglesias escurre el bulto en relación a Cataluña'". No puedo quejarme, como suelen hacer los malos entrevistados, de que se me haya interpretado mal. En absoluto. Eso es exactamente lo que quería decir y lo que dije porque lo vengo pensando desde hace una temporada. Desde la primera vez que escuché a Iglesias decir que reconocía el derecho de los catalanes a votar en la consulta, pero no haciendo posterior precisión alguna y remitiendo las que pudieran plantearse a las futuras decisiones de unos imprecisos órganos colegiados. Pura ambigüedad. Puro bulto escurrido. Reconocer el derecho a decidir de los catalanes lo hace mucha gente en España. Pero si, a continuación, se pregunta: derecho a decidir, sí, pero ¿por su cuenta o en una consulta en donde voten sobre Cataluña los demás españoles? la mucha gente quizá se quede en un puñado de ilusos. Esa era mi convicción y a eso llamo escurrir el bulto.

Desde aquella mi primera impresión he tenido algún debate con colegas y con simpatizantes de Podemos. Se me ha objetado que no hay tal ambigüedad, pues Pablo Echenique, por ejemplo, reconoce sin ambages el derecho de los catalanes a decidir por su cuenta. No lo dudo. Sé, también, que los de Izquierda Anticapitalista sostienen este criterio. Pero ni Echenique ni IA son Podemos en su totalidad y su opinión no puede validarse como la oficial de la formación. Igualmente algunos militantes catalanes me han comunicado que en Cataluña Podemos reconoce también el derecho de autodeterminación de los catalanes. Si no yerro, un destacado militante, el exfiscal y exeurodiputado Carlos Jiménez Villarejo, es absolutamente contrario a ese derecho y tiene una fuerte convicción unionista. Ignoro cuánta influencia ejerza Villarejo entre los suyos en Cataluña pero eso tampoco dice mucho porque, a su vez, los suyos, o sea Podemos, no parece tener el impacto que tiene en otras zonas de España. Resumiendo, la ambigüedad de Podemos en relación a Cataluña es patente.

Por si hubiera alguna duda, ayer vi en televisión (aunque pudiera tratarse de una entrevista de radio televisada, no recuerdo el formato) a Carolina Bescansa elevando la ambigüedad a la categoría de dogma. A la pregunta de Pepa Bueno de si Podemos sostiene o no que en la cuestión catalana voten solo los catalanes o todos los españoles, Bescansa se fue por los cerros de Úbeda. Bueno, otra periodista que no suelta el hueso, repreguntó y la entrevistada pasó de los cerros de Úbeda a los Monegros. Hasta cuatro veces preguntó Pepa Bueno por lo mismo y cuatro veces insistió Bescansa en que la gente debe entenderse, hablar civilizadamente y tomar el té de las cinco. Pero de quién deba o pueda votar en la eventual consulta, ni mú. Es una pena no disponer del enlace porque tiene gracia ver cómo la representante o portavoz de Podemos trata de zafarse a base de cantinfladas. [NB A través de FB, Ángel Gallego me hace llegar el enlace que es, en efecto, una entrevista en la SER, titulada, con escaso sentido de la oportunidad léxica, No podemos (sic) pagar el solomillo que se han comido otros. Muchas gracias, Ángel. Merece la pena escucharlo.]

El tema catalán es tabú en la izquierda española, salvo en el caso del PSOE, en donde ya han aclarado que lo ven con los ojos de la derecha, si bien corregida su bronca visión fieramente española con unas gafas federalistas. El resto prefiere mirar hacia otra parte, como se llama hoy en los medios a lo que antaño se decía "hacer la vista gorda" o "escurrir el bulto".

Y ¿por qué se escurre el bulto? Probablemente por cálculo electoral. Existe la convicción de que quien reconozca el derecho de los catalanes a decidir por su cuenta perderá votos a granel y, si los de Podemos tienen como objetivo esencial, inmediato, predominante, casi único, según ellos mismos dicen, ganar las elecciones, perder votos no ayuda. Ahora bien, ¿no cabe cuestionar esta convicción? Esta se basa ¿en qué? En el prejuicio de que, si se consulta a todos los españoles estos votarán abrumadoramente en contra del derecho a decidir de los solos catalanes. ¿Seguro? Si tan seguro está el nacionalismo español, ¿por qué no propone un referéndum general sobre la cuestión? Por lo menos propondría algo y algo factible a lo que el nacionalismo catalán no se opondría siempre que fuera un referéndum tan no vinculante como el suyo. Es verdad que, de aceptarse la idea, obligaría al nacionalismo español a moverse, a argumentar, a razonar y dialogar, cosa que le fastidia sobremanera. Pero daría lugar a una interesante situación de ciudadanía viva, actuante. En la campaña, los españoles podrían informarse y debatir sobre asuntos sobre los que siempre deciden las oligarquías partidistas sin consultar nada. Una campaña que daría también el derecho a decidir a la gente sobre un asunto de la mayor importancia y en la que habría un gran trabajo por hacer de pedagogía política. Una ocasión para devolver su dignidad a la esfera pública, encenagada con las granujerías de unos políticos corruptos y robaperas, aunque las peras sean como suelen ser las manzanas de la discordia, de oro.

Los dos puntos de mayor interés en nuestro país hoy son Cataluña y Podemos; los dos ámbitos en los que el debate tiene altura y va al fondo de cuestiones de calado. Lo sorprendente es que no se crucen y no se cruzan precisamente porque Podemos no quiere mojarse, como diría Ana Pastor, en el río catalán. Río, no estanque, ni piscina, ni charca o ciénaga; río de aguas tumultuosas, lleno de rápidos, remolinos y pozas. Pretextan a media voz que, si ya los ponen verdes por sus simpatías con las dictaduras bolivariana y boliviana, terrible será si los ven acercarse a los nacionalistas catalanes a los que, con su habitual moderación y sentido del ridículo, la derecha española llama nazis o filoetarras, que viene a ser lo mismo. Así pues, en Podemos no se habla del soberanismo catalán por un cálculo electoral que, además de ser, quizá, erróneo, asimila su nueva política a la más vieja del nacionalismo español. Esa Patria, esa nación, esa soberanía renovada que invoca Podemos, ¿es incapaz de reconocer las demás naciones y su derecho de autodeterminación? ¿En dónde está lo nuevo?

Al modesto juicio de Palinuro, Podemos tendría que aplicar aquí su espíritu renovador, regeneracionista de la izquierda, si se quiere, con una visión nueva de España, basada en sus convicciones más profundas. La izquierda debe reconocer el derecho de autodeterminación de las naciones en España, como lo reconocía al comienzo de la transición, fundamentalmente por dos razones, una inmediata y otra mediata. La inmediata es que se trata de un derecho de las minorías nacionales en España y los derechos son factores que han movilizado a la izquierda de siempre. Tan es así que, para su gran vergüenza, hasta la derecha británica la ha ganado, reconociendo a los escoceses un derecho que los nacionalistas españoles de derecha, centro e izquierda niegan a los catalanes sin razón alguna digna de tal nombre. La mediata es que el soberanismo catalán es un reto vital para España, que obligará a esta a reaccionar frente a una situación con una amplia gama de variantes, que van desde el mantenimiento del statu quo a base de represión hasta la independencia de Cataluña. En Cataluña está la clave. Cataluña es la única que puede sacudir la modorra del estancamiento de la segunda Restauración, con un Estado sin brío, regido por un gobierno carente de iniciativa y encerrado en una obstinada negación, con el apoyo sin fisuras del otro partido dinástico. Ignorar esta situación, pasarla por alto, no adoptar una actitud clara de izquierda en el contencioso más importante que hay hoy en España muestra escasa capacidad analítica y poco vuelo teórico.

El nacionalismo catalán ha conseguido para Cataluña algo que el nacionalismo español no ha logrado en España ni de lejos: una causa colectiva por la que luchar en una reivindicación nacional de gran fuerza movilizadora, muy popular, transversal, ciudadana. Son las instituciones, la sociedad civil, los partidos políticos. A estas alturas es irrelevante si el movimiento estaba ahí y Artur Mas se puso a la cabeza o si, estando ahí, fraguó en torno a su liderazgo. Los avatares del enfrentamiento con el nacionalismo español, cuya única respuesta es la represión, provocan disensiones y grietas en la unidad soberanista. Pero eso no es gran cosa comparado con el destrozo que se trató de hacer sacando a luz las fechorías de Pujol, conocidas de antes, con el fin de destruir la imagen de Mas. Pero Mas continúa con su imagen y, mal que bien, el movimiento soberanista seguirá su curso.

Si este movimiento no encuentra apoyo entre la izquierda, si no por simpatía y solidaridad, cuando menos por el cálculo táctico de acabar con el nacionalcatolicismo, no sé cómo querrán luego los españoles convencer a los catalanes de las ventajas de mantener algún tipo de relación.






martes, 21 de octubre de 2014

No se vaya, señor Aznar.


Quédese. Quédese a contemplar lo que todos los españoles contemplan estupefactos. Blesa y Rato, Rato y Blesa, dos hombres de su máxima confianza, han resultado ser dos pillastres consumados. A Blesa lo aupó usted a la presidencia de Caja Madrid y a Rato lo hizo ministro de Economía, vicepresidente del gobierno y a punto estuvo de ungirlo como su sucesor de no ser porque el propio interesado se desinteresó. Si por usted fuera, Rato sería hoy presidente del gobierno. Quizá no fuera peor que el que hay, dado que el que hay deja poco margen al empeoramiento, pero no se dirá que no sería un puntazo. Blesa y Rato, los dos hombres que hicieron y deshicieron, sobre todo deshicieron, en una de las más poderosas entidades financieras del país durante quince años hasta dejarla en harapos, mientras el infeliz de Zapatero presumía a los cuatro vientos de la solidez de las cajas españolas. Rato fue el autor del "milagro español" y por eso ascendió a vicepresidente. Blesa el del "milagro madrileño" y, por eso, cuando su presidencia se tambaleó por las maniobras y las codicias de los gobernantes autonómicos, salió usted en su defensa. Toda una vida juntos. Nobleza obliga.

El caso Blesa ha empequeñecido el caso Gürtel como Júpiter achica a Marte o un San Bernardo empequeñece a un chihuahua. Al lado de este príncipe del alegre dispendio a costa de los demás, Correa es un mayoral porcino y Bárcenas un contable dinámico con algunas externalidades. Es curioso cómo los 15,5 millones de euros que estos pintas se han fundido en restaurantes, joyerías, spas y hoteles indignan más a la gente que los 22.000 millones que nos ha costado a todos rescatar la Caja. Son cifras tan disparatadas que apenas se visualizan. ¿Cómo pueden volatilizarse 22.000 millones sin dejar rastro, al parecer? ¿En qué se han perdido? ¿Cómo? ¿Quién se los ha llevado? ¿En dónde están? El dinero no se esfuma y siempre deja rastro. Sin embargo, el pararrayos de las iras son los 15,5 milloncejos de marras. Probablemente porque el pillaje es más comprensible para la gente normal. Que estos pájaros de vuelo en preferente cargaran billetes de metro a la tarjeta negra es algo que solivianta por la cutrez que revela, incluso aunque resultara que enviaban al perro a comprar el pan.

Los chóferes de esta crema de la sociedad también disponían de las dichas tarjetas negro total. Y no me ha quedado claro si eran de uso tasado al servicio de los barandas o tenían ellos un margen también para mandar unos polvorones a casa. Ya solo lo primero pone al personal a cien. El personal, que no entiende cómo la gente exquisita desdeña ensuciarse las manos con el dinero y prefieren que otros lo hagan en su lugar. De un antepasado mío, que tenía dinero, cosa que no se ha repetido luego en la familia, cuentan las crónicas de esta que, a la hora de pagar en las librerías, ofrecía su cartera y monedero al librero para que se sirviera él mismo. A lo mejor les sucede algo parecido a estos originales gestores públicos y a quienes tenían como función vigilarlos: que les da asco el dinero.

Aunque, a primera vista, no lo parece. Blesa pretende que sea la aseguradora de Caja Madrid la que pague la fianza de 16 millones que el juez le ha impuesto. Ignoro en qué doctrina jurídica se basa esta pretensión a la que el juez se ha negado. Supongo que podría sostenerse en el caso de que la póliza de Blesa, si la tiene, cubra expresamente los costes que siempre acarrea la comisión de delitos, cosa improbable. Improbable debiera antojársele a Blesa y, si no es así, es porque, en efecto, este buen hombre es un daltónico moral, incapaz de distinguir los colores respectivos de lo público y lo privado.

Gracias a ese daltonismo, sin embargo, Blesa montó un imperio de presuntas fechorías de todo tipo, con el dinero de los impositores y lo blindó a base de comprar la voluntad de todos, todos, los representantes políticos, sindicales, empresariales en los órganos de la Caja. Ese apartado que apunta a la financiación ilegal de los partidos, también de todos, a través de unos donativos desorbitados a Fundaciones fantasma a cambio de nada, que canalizaban los fondos a sus organizaciones, o se lo quedaban por el camino o vaya usted a saber qué, revela un grado de corrupción sistémica que ninguna organización puede soportar mucho tiempo.

Su "España va bien" era el ambientador de ozonopino de un país tan corrupto que hedía y hiede a día de hoy por las tropelías que quienes usted nombró parecen haber cometido. No debe usted irse, como cuando ordenaba usted a Felipe González tan desabrida como contundentemente que se fuera. No lo haga usted y quédese. Quédese a explicar porqué pedía usted que la Caja pagara 54 millones de euros por una colección de las obras de un artista, Rueda, de sus preferencias pero cuyo nombre no suena como un Donatello. Quédese a explicar de una vez qué tienen ustedes que ver con los pájaros de la Gürtel, que estaban todos invitados a aquel bodorrio inenarrable de El Escorial y, de paso, a aclarar que fue de aquellos dos millones de dinero público que con los que pretendió usted comprar una medalla del Congreso de los EEUU que, al final, no le dieron.  Quédese por si al señor Rato le pica el rencor y le da por decir cosas sobre sus años de gobierno que a usted no le gusten, sobre todo en materia de privatizaciones. Cuando la gente entra en vías penales tiene reacciones muy extrañas. Y, por lo que vamos viendo, esas vías forman una densa red que cubre ya casi el país entero como un entramado de corrupción general.

Quédese a contemplar cómo resuelve el gobierno y su partido el penoso asunto de la expulsión de Rodrigo Rato, un hombre que pudo ser todo y a punto está de ser menos que nada. Aun así, también él aplica los esquemas de su boato pasado, cuando pide al juez que descuente de su fianza de tres millones de euros los 200.000 que devolvió en su día de la tarjetita de marras. Como economista, Rato no puede ignorar que el mismo abono no puede servir a dos conceptos distintos, tan distintos como depositar una fianza y pagar una deuda. Por la misma razón podía pedir que se le descontaran las cantidades que haya tributado a Hacienda por sus actividades, si es que ha tributado. Misma confusión, mismo daltonismo blesiano frente a lo público y lo privado. Tal es el hombre en el que el providencial Aznar depositó todas sus complacencias, hasta que se le escaqueó pues estos plebeyos no saben de nobles lealtades. ¡Que cambios trae la vida! Rato, que compartió balcón de Carabaña con un Aznar radiante, que acababa de ganar las elecciones de 1996, a lo mejor se ve forzado a pedirle una entrevista en un locutorio de Soto del Real.

Quédese a escuchar al presidente del gobierno en su inimitable estilo explicando cómo los feos asuntos presunta responsabilidad de esa persona de la que usted habla fueron descubiertos por el ministerio de Hacienda o los organismos supervisores y diligentemente puestos en conocimiento de la Fiscalía. Es el estilo de la casa. Aguirre destapó la Gürtel y Rajoy el caso Blesa/Rato. Es un desparpajo de cine. Todo el mundo sabe que el escándalo de las tarjetas salta en uno de los miles de mails de y a Blesa, que esta ha tratado siempre de ocultar, al extremo de conseguir apartar de la carrera judicial a un juez que quiso revelarlos. Si el asunto no salta en el mail no hay duda de que la colaboración del partido de Rajoy hubiera estado más en la línea de la que prestó en el caso Gürtel, sospechosamente parecida a la destrucción de pruebas.