lunes, 31 de octubre de 2011

El programa de los ricos.

Rajoy retrasó cuanto pudo la exposición de su programa electoral pero, al final, no hay modo de mantenerlo oculto, aunque sí sea posible maquillarlo de tal forma que no se sepa lo que dice, o no se entienda o diga lo contrario de lo que en verdad se pretende. Todo lo cual tiene su mérito, como puede verse en el resumen que hoy adelantan los periódicos de lo que aprobará el Comité Ejecutivo Nacional.

El programa electoral de la derecha, según criterio general, es ambiguo, impreciso, como viene siendo Rajoy desde que se ve a tiro de piedra de La Moncloa. Un programa moderado, al igual que el candidato se define a sí mismo: moderado. Pero lo llamativo no es que el programa tenga estas características. Un programa moderado tiene tanto derecho a existir como uno radical. Será el electorado el que decida. Lo llamativo es que ese programa contradice dos datos reales de modo frontal: a) no coincide con el radicalismo de la oposición del PP durante estos tres últimos años, ni con el catastrofismo de sus juicios, ni con su insistencia en que, pues nos encontramos en una situación límite, deben aplicarse reformas "valientes", "profundas"; b) tampoco coincide con lo que la derecha está haciendo allí en donde gobierna, en Madrid, Valencia o Castilla La Mancha, entre otros lugares, esto es, aplicando esas medidas "valientes" y "profundas" que están ausentes en el programa en forma de drásticos recortes en la sanidad y la educación, por ejemplo. Lo llamativo es que alguien diga que no piensa hacer lo que está haciendo.

El programa electoral del PP se alimenta de la vieja ideología neoliberal de reducir el Estado y bajar los impuestos a las rentas más altas con el argumento de que, al disponer éstas de más dinero, invertirán y crearán empleo. Como si no existieran los paraísos fiscales acerca de los cuales, si no me quivoco, nada se dice. Se emplean varios eufemismos, como bajar los impuestos a las Pymes y a los "emprendedores", término con menos connotaciones que "empresarios". También se pretende bajar los impuestos al ahorro a largo plazo; dado que el ahorro no tributa, se refiere al capital y sus beneficios. Se habla de una reforma laboral que permitirá bajar más los salarios y se pretende eliminar los convenios colectivos, sustituidos por los de empresa, lo que deja a los trabajadores literalmente a merced de los empresarios en condiciones que, a no dudarlo, frisarán con la esclavitud. Es decir las líneas de un programa electoral de clase están claras. ¿Cuánto nos apostamos a que lo primero que suprime Rajoy es el derecho de huelga de los funcionarios, que tanto molesta a Esperanza Aguirre?

Hay un silencio revelador acerca de la sanidad y la educación. Sólo se sabe que Rajoy declara que no le "gustaría tener que tocar la sanidad y la educación". ¿Qué va a decir? ¿Que le gustaría? Las recortará pero que quede claro que a disgusto. A la hora de acusar el golpe, es de esperar que el pueblo llano recuerde con cuánto disgusto se toman las medidas que lo acogotan, aunque para entonces ya no habrá remedio. La vía está marcada en las comunidades madrileña y valenciana: sanidad y educación de calidad para los ricos. Los otros, resignación cristiana.

En derechos sociales el panorama es bastante oscuro. Habrá, dice el programa, una reforma de la ley del aborto para proteger el derecho a la vida, es decir, se restringirá el derecho al aborto. En qué medida, dependerá de la mayoría parlamentaria con la que se cuente y del predominio que en ella ejerzan los más integristas. Y, desde luego, los homosexuales pueden despedirse de su derecho a contraer matrimonio; algo tan obvio que ni se menciona.

El programa compromete al gobierno del PP a "no negociar con terroristas", lo que es una afirmación sorprendente por dos razones: primera porque nadie está negociando con terroristas (aunque Mayor Oreja sostenga lo contrario pertinazmente); y segunda porque lo que resta por hacer, después del fin de ETA, no es negociar, sino dialogar para normalizar el País Vasco de una vez. Si por "no negociar" se entiende "no dialogar", la normalización puede truncarse.

Comparando el programa electoral del PP con el del PSOE es incomprensible que alguien pueda sostener que son lo mismo. ¿Cómo va a ser lo mismo bajar los impuestos a las rentas más altas que subírselos; recortar los derechos sociales que mantenerlos y ampliarlos; suprimir la sanidad y la educación públicas que mantenerlas, no dialogar que dialogar, eliminar los derechos laborales que protegerlos? ¿Qué fines reales persiguen quienes sostienen que son lo mismo? ¿No son los del PP?

domingo, 30 de octubre de 2011

La banca siempre gana.

No se trata aquí de la banca en el sentido de los bancos, esas empresas dedicadas a comerciar con el dinero y cuyos dirigentes llevan años mostrando que no saben ni sumar excepto para llenarse los bolsillos. Esa banca a veces gana y a veces pierde. O perdía porque, al parecer, se ha abandonado la costumbre de dejar que los bancos quebraran cuando lo hacían mal. Existe la idea de que si los bancos quiebran el conjunto del sistema financiero se viene abajo y la sociedad se colapsa; o algo así. Es una previsión que puede ser cierta o no. Lo cierto es, sin embargo, que el no dejar que los bancos quiebren tampoco resuelve la situación sino que la agrava puesto que absorben ingentes recursos que la economía productiva necesita para funcionar y crear empleo. Los bancos ahora crean paro.

No, la banca que siempre gana es la de los casinos porque, salvo catástrofe, juega siempre contra todas las apuestas, compensa pérdidas y ganancias y, a largo plazo, gana. Es la estrategia de los que apuestan lo interesante porque ha de adoptarse con criterios racionales en un horizonte de incertidumbre. Por eso las apuestas de los principales candidatos en las elecciones del 20-N son distintas, contrarias incluso. Y es lógico porque son los dos extremos de un supuesto de teoría de juegos muy conocido: ¿qué preferimos, una probabilidad de 1/2 de ganar el doble de lo que apostemos u otra de 1/36 de multiplicar nuestra apuesta por 36? La solución, que no es matemática sino aproximativa, es decir que dependerá de lo que tengamos: si tenemos mucho, arriesgamos poco; si tenemos poco, arriesgamos mucho.

Rajoy tiene mucho, 15 puntos porcentuales de ventaja sobre Rubalcaba que le auguran una mayoría absoluta. Lo racional es arriesgar poco, apostar menos. Ausencia de ruedas de prensa y apenas un debate en televisión con el otro candidato del partido mayoritario. A los minoritarios, ignorarlos. El discurso del PP se refiere en exclusiva al PSOE, igual que el del PSOE sólo habla del PP. Los partidos minoritarios suelen en general atacar más al PSOE por aquello de que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Rajoy está para las grandes cuestiones de principio, España, la crisis, la nación, etc. El cotidiano bregar político se lo deja a sus capitanes que suelen precisar las palabras del jefe en tonos virulentos. Ayer en la manifa de la Asociación Voces contra el Terrorismo, Mayor Oreja, en un alarde de originalidad, reveló que la conferencia de paz de Donostia era resultado de un apaño entre ETA y el gobierno. Sus huestes pedían la cárcel para Rubalcaba, también una sorpresa.

Rubalcaba no tiene casi nada. Va quince puntos por detrás del carro del vencedor y su innegable fuerza de voluntad y don de la ubicuidad, pues está en todas partes, no le han permitido acortar distancias. Es lógico que apueste mucho pues tiene que dar un salto grande. Apostar mucho en política es hablar claramente y comprometerse y, además, llevar el debate al terreno de sus méritos. Tomar la iniciativa del discurso y no amilanarse. Suele decirse que los cinco millones de parados han anulado el efecto del fin de ETA y que, además, ese fin ya lo daba la gente por descontado desde el momento en que la preocupación por el terrorismo había descendido a los últimos lugares de la clasificación del CIS desde hacía meses. El asunto de ETA es agua pasada.

Entonces, ¿por qué convocar la consabida multitudinaria manifa en nombre de las víctimas protestando por lo que se presenta como una rendición del gobierno ante ETA? ¿No será que, efectivamente, el fin de ETA cuenta? ¿Y que se lo apunta el exministro Rubalcaba? En todo caso la presencia de políticos del PP en la manifa de la AVT permite predecir una política de confrontación con los independentistas vascos, a quienes los manifestantes equiparan con ETA sin más circunloquios. El ministro que ha acabado con ETA tiene una apuesta muy alta que hacer, pidiendo el voto para gestionar ese final e integrar a los nacionalistas más radicales en el sistema democrático que es lo que se propone hacer Amaiur.

Es hegemónica la idea de que el electorado se regirá por consideraciones económicas, el paro y la crisis, lo cual también es muy razonable porque ésta es agobiante. Ahí de nuevo las apuestas siguen el mismo patrón: Rajoy no aventura, no arriesga, no dice qué hará, no hace propuestas concretas. A Rubalcaba, en cambio, no le queda más remedio que arriesgar, esto es, hacer propuestas concretas y que se distancien de las medidas de su propio gobierno hasta ahora, que no parecen aportar soluciones. Por eso ha comenzado a entonar un aire keynesiano mezclado con el rigor en las reformas y los recortes. Ha empezado a invocar medidas de estímulo de la demanda. Lo que corresponde ahora es especificarlas, exponerlas con claridad: aumentar las obras públicas (y, por tanto el gasto público) financiando la medida con un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, la tasa a la banca, etc. Junto a los estímulos, las medidas que den seguridad, como la dación en pago.

Al fin y al cabo, se apliquen unas medidas o se apliquen otras, la banca siempre gana

(La imagen es una foto de Fartese, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 29 de octubre de 2011

El sentido del humor de los políticos.

Lo que necesitaban los políticos para mejorar su imagen era liarse a bromas de mal gusto y a insultos soeces. Gregorio Peces-Barba y Joan Tardá se han retratado. Como antes lo había hecho Durán i Lleida, el huesped permanente del Palace, que lleva días diciendo disparates sobre los andaluces y los homosexuales. No han llegado a las manos, como recientemente los diputados italianos, otro prodigio de gentes sensatas, dialogantes y bien educadas, probablemente por falta de ocasión.

"Las palabras son pistolas cargadas", decía Sartre en Las palabras y las cosas. En este nuevo rifirrafe no se sabe qué sea más desagradable, si la necedad de Peces-Barba o la grosería de Tardá. En las palabras del primero, una ironía que encierra cierto cinismo y no está mal vista en los ambientes cultos del nacionalismo español, se esconde mucha más carga y más malévola que en el exabrupto tardanesco que es simplemente brutal. Por cierto, no creo que al hablar de los bombardeos de Barcelona, Peces-Barba se refiriera a las bestialidades de los fascistas en 1938; eso sería demasiado. Seguramente se referiría a los que ordenó Espartero en 1842, que fueron dos desde Montjuich. Por supuesto, absolutamente reprobables pero mucho menos mortíferos que los de los franquistas desde el aire casi cien años después.

Pero eso es lo de menos. Lo importante es el espíritu que encierra la observación sobre la guerra de la independencia en Cataluña y en Portugal en 1640. Por otro lado nadie ha reparado en que quienes tendrían que sentirse más insultados serían los portugueses porque la observación de Peces-Barba de que mejor "nos" hubiera ido si hubiésemos vencido a Portugal quiere decir que, en el fondo, los portugueses son más dóciles, menos rebeldes que los Catalanes, menos turbulentos y fieros.

Porque esto es lo más turbio del despropósito, que supone que "nosotros" (un "nosotros" en el que Palinuro no se incluye y del que los catalanes están excluidos por el nacionalista español Peces-Barba) hemos conquistado Cataluña como Trajano conquistó Dacia. Y éste es el que va luego por ahí diciendo que Cataluña es España y que los nacionalistas catalanes no son capaces de comprender su profunda idea de la "nación de naciones" que, visto lo visto, debe responder más o menos a la figura de la gallina y los pollitos.

A su vez Joan Tardá es un impresentable. Porque lo peor no es que insulte groseramente a Peces-Barba sino que crea que "hijo de puta" es un insulto. Hace falta ser reaccionario, señorito, clasista, injusto e ignorante para usar "hijo de puta" como insulto. Y el hombre lo piensa muy convencido y, tratando de arreglarlo, se retrata todavía más cuando dice que "no quería insultar a la madre de Peces-Barba", con lo que insiste en que la condición de puta es materia de insulto, como pueda ser la de violador, ladrón, estafador o corrupto. Y no, no lo es. La condición de puta suele ser bastante desgraciada, objeto de todo tipo de abusos, vilependios, violencia y crímenes; de víctima, en definitiva. Y cuando no es así, sino resultado de una decisión más o menos libremente adoptada, tampoco es materia insultable. O no más que la de diputado nacionalista catalán.

El busilis del asunto está en el nacionalismo. He tratado de escarbar en mi memoria en busca de algún nacionalista que tuviera sentido del humor y no lo he encontrado. Declaman la gloria de su patria o insultan a la ajena. Y resultan tan irrisorios como esos perros de aguas que ladran furiosamente cuanto tienen miedo.

(La primera imagen es una foto de Rastrojo, bajo licencia de GNU Free Documentation. La segunda, una foto de 20 Minutos.es, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 28 de octubre de 2011

El silencio de los lobos.

Durante su campaña electoral Rajoy no mantendrá encuentros con los medios de comunicación. Nada de ruedas de prensa, conferencias de prensa, canutazos (esto es, breves comparecencias para noticias específicas), nada de nada. Al parecer, su director de comunicación piensa que lo menos comprometido, lo mejor, es el silencio. En boca cerrada no entran moscas ni moscardones y de ella tampoco salen gazapos, inconveniencias, meteduras de pata que puedan poner en peligro el que se ve como seguro triunfo. Es paradójico que los expertos en comunicación piensen que lo más práctico es no comunicar, no decir nada. Más concretamente: no decir nada allí donde lo dicho pueda cuestionarse, pues los periodistas son unos pepitos grillos.

Está previsto, sí, que hable mucho en todo tipo de actos, en mítines, reuniones, congresos, charlas, fiestas, inauguraciones, etc. Pero sin que nadie pueda contestar, ni contrastrar lo que dice, ni rebatirlo. Un discurso monológico que se da de bruces con el nuevo espíritu, el de la política 2.0. Si no hay ruedas de prensa reales, menos las habrá virtuales, en el ciberespacio, en donde todo el mundo puede preguntar lo que quiera. Es decir, se dibuja una campaña que ignora la era digital. También va contra el espíritu clásico, según el cual la democracia es apertura, diálogo, debate y manda explicar las propuestas que se hacen, sobre todo cuando se prevén drásticas y muy duras, como más recortes, privatizaciones, desmantelamiento del Estado del bienestar.

Esta de no permitir preguntas o no contestar cuando se hacen es una actitud que cercena el derecho a la información de los ciudadanos y el de la libertad de expresión de los periodistas. Muestra un desprecio considerable hacia los electores. Pero no es exclusivo de Mariano Rajoy, sino que caracteriza a la derecha. Hace unos años, José María Aznar calló la boca a una periodista de la Cuatro que le hacía una pregunta, metiéndole un bolígrafo por el escote, un gesto que Palinuro no cree sea de caballero. A su vez, el exministro Trillo "respondió" a otra pregunta de otra periodista dándole una moneda de un euro, si bien el supernumerario lo hizo con algo más de elegancia que su antiguo jefe. Aunque el caso más acabado de este enrocamiento en el despreciativo silencio y el que quizá sirva de modelo para el de Rajoy, es el del expresidente Francisco Camps que se pasó dos años sin contestar a las preguntas que lo incomodaban, en concreto, las referidas al caso Gürtel.

Es decir, el silencio de Rajoy es el silencio del grupo; no hablar, no dar explicaciones, no rendir cuentas. Soltar soflamas, ataques virulentos sin posible respuesta, exageraciones, falsedades. Pura propaganda. O sea, tomar al auditorio por una colección de menores de edad a los que no se respeta.

La comunicación de la derecha es unidireccional y, cuando tiene ocasión, muy agresiva. Tómese el caso de la televisión de Castilla La Mancha que María Dolores de Cospedal ha puesto en manos de Nacho Villa, un periodista militante de la derecha cuyo concepto del pluralismo informativo es el de una catequesis. Ni la más mínima sombra de información contrastada, ni la menor aparición de puntos de vista discrepantes con el discurso oficial que Villa traslada a la opinión en su integridad y, claro, ni la más mínima duda de que la audiencia del medio se ha desplomado del 19,7 por ciento en tiempos del anterior director, García Candau, al 15,9 por ciento en los del designado por el PP. Pero esto no preocupa a la derecha pues, al ser la televisión pública, lo mejor es que se hunda para privatizarla luego a algún grupo afin que ya se encargará de subir la audiencia, aunque sea metiendo anuncios de prostíbulos como estaban haciendo los autobuses públicos de Valencia.

Es un silencio entreverado de propaganda que recuerda mucho el franquismo. Quien lo dude, que vea unas "noticias" de Telemadrid, en donde toda la información está editorializada, prácticamente hasta el pronóstico del tiempo. Si le quedan ánimos, que mire alguna tertulia en la que todos los participantes expresan siempre el mismo punto de vista y las diferencias son en los matices del infundio, si Rubalcaba es un frío calculador electoralista o un colaborador con banda armada

Ese turbio silencio y esa atronadora propaganda cuentan con la aprobación de la mayoría de la gente, de una mayoría tan silenciosa como el partido que le pide el voto. Palinuro no encuentra otra explicación que la inveterada sumisión del pueblo español al providencialismo de una oligarquía que lo ha gobernado históricamente y, despreciándolo, se aprovecha de sus debilidades. Frente a ello, la tarea democrática de alentar el espíritu crítico que convierte a una masa amorfa en una ciudadanía crítica, consciente de sus derechos y, por tanto, de su dignidad, recae sobre la izquierda.

Palinuro espera que el candidato socialista multiplique sus ruedas y comparecencias de prensa abiertas, con preguntas y respuestas, que mantenga una página abierta, diseminada en muchos "espejos", en la que conteste diariamente a las preguntas de los internautas, que esté en todas las redes sociales, que sea accesible, que hable con todo el mundo y respete a l@s periodistas, a quienes no se puede despreciar cuando ejercen su profesión porque representan a la ciudadanía con igual dignidad que los diputados.

(La imagen es una foto de Partido Popular de Melilla, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 27 de octubre de 2011

El baile de los millones.

Hacia 1975 traduje al español La filosofía del dinero (*), de Georg Simmel, su obra principal, junto a la Sociología. En ella, el ilustre filósofo, a quien la Universidad guillermina negó el acceso a la cátedra hasta poco antes de su muerte por ser judío, estudiaba el dinero desde el punto de vista histórico, filosófico, psicológico y sociológico. Todos menos el económico. Me consideré entonces suficientemente informado para seguir averiguando sobre tan abstruso tema y pronto descubrí que, cuanto más aprendía, menos sabía. El dinero es algo especialmente incomprensible. Por un lado es una realidad, una sustancia, tiene forma. Es más, puede tener todas las formas, desde un puñado de sal hasta un doblón castellano de a ocho, desde una vaca a una letra de cambio o una tarjeta de plástico. El dinero es proteico, tiene todas las formas y, por lo tanto, no tiene ninguna. Algo que resultaba fascinante para Simmel, el maestro del formalismo.

Se da además la circunstancia de que las formas dinerarias, en sí mismas, pueden ser insignificantes. Lo que vale en un billete de quinientos euros no es el papel en que están impresos sino esos quinientos euros que no son otra cosa que un enunciado, un titulo; es decir, el valor nominal que, para más lío, puede no coincidir con el valor real.

La indagación sobre el dinero es también problemática porque, a diferencia de otros objetos de estudio, se pega al estudioso como si fuera su piel y no permite el distanciamiento de otras investigaciones. El botánico sólo entra en contacto con sus plantas cuando va su laboratorio o sus cultivos; el que estudia el dinero lo lleva todo el día en el bolsillo y, mientras calcula millones, paga el colegio de los niños o compra una camisa. Y no solamente es como la piel del investigador; también incide en su mundo interior, levanta pasiones, ciega, impulsa a la locura o al crimen. Su objetividad es nada comparada con su subjetividad y no hablemos de su intersubjetividad.

El dinero no tiene definición porque decir, como hace el DRAE, que es la "moneda corriente" es tocar el agua con la punta del dedo. El dinero es un medio de cambio, el medio de cambio universal, el que permite comparar los valores de las cosas por lo que, en principio, no debiera añadirles ni restarles nada, igual que sucede con el número uno, que es divisor y multiplicador universal y no añade ni resta nada. Cualquier número multiplicado o dividido por uno sigue siendo él mismo. Con el dinero, sin embargo, eso no sucede. Por muchas veces que se multiplique un número por uno sigue siendo ese número, pero, por utilizar un estupendo ejemplo de Simmel, si subo el precio del billete de unos vagones de un ferrocarril sin que haya diferencia alguna con los otros, esos vagones pasan a ser "de primera" y tienen más valor y valor real, por ejemplo, el hecho que señala Simmel de que quien compra ese billete sabe que el vagón no estará abarrotado. ¿Qué ocurre? Que, además de una realidad sin forma, de la moneda corriente y del medio de cambio, el dinero es también una relación social.

El dinero, como la distancia, puede ser infinito y, por lo tanto, incomprensible. Todos vivimos en un mundo de magnitudes inteligibles. Sabemos la distancia de casa al trabajo; de Madrid a Segovia; de Pekín a California. Pero si un astrónomo dice que una estrella está a tres mil millones de años luz, la magnitud deja de tener sentido. Lo mismo que cuando los políticos dicen que el fondo de rescate tendrá un billón de euros, algo tan difícil de entender como las distancias siderales. Pero con una diferencia sustancial: las distancias están ahí; no van ni vienen, pero los billones sí, vienen de algún sitio y van a alguna parte. En ese momento la incapacidad de comprender se convierte en un abuso, un latrocinio, una injusticia.

La inmensa mayoría de la gente calcula el dinero en cientos o miles de euros, ni sueñan con hacerlo en millones y los billones supera lo imaginable. Pero todos barruntan que esos miles de millones, billones, salen de la riqueza de las sociedades, de los sueldos, los ahorros, las pensiones, los seguros de todos y desaparecen en el torbellino de una inacabable crisis bancaria en la que quienes han causado las mayores catástrofes se llevan sueldos y pensiones estratosféricos mientras más y más familias se hunden por debajo de la línea de la pobreza y la gente pierde sus casas a miles. Ese frenesí recapitalizador de la banca muestra la intención de los gobernantes europeos de socializar las pérdidas de Grecia haciendo que la quita de su deuda la financien los impositores de los bancos. La incompetencia y la codicia de estos los ha llevado a convertirse en lo contrario de lo que debieran ser porque los bancos están para financiar y hacer crecer la economía, no para estrangularla.

De ahí ese incomprensible baile de miles de millones que penden sobre los europeos con la amenaza de colapso del euro, ese dinero artificial que quizá tenga tantas posibilidades de consolidarse como el esperanto de ser la lengua universal.



Adjunto un vínculo a un interesante artículo/reportaje sobre esta crisis devastadora y aparentemente incomprensible, aparecido en Periodismo humano, bajo el titulo ¿Quién entiende esta crisis y quién se la explica a Europa?, del que es autora Luna Bolívar. En él Palinuro larga en abundancia en compañía de otros académicos que valen más que él. Lectura provechosa.



(*) George Simmel (1975) Filosofía del dinero, Madrid, Instituto de Estudios Políticos. Hay una reimpresión más reciente, Georg Simmel (2003) Filosofía del dinero, Granada, Comares.



(La imagen es una foto de Howard Lake, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Por qué les irrita el fin de ETA?

La derecha ha encajado muy mal el comunicado de ETA anunciando el cese definitivo de la violencia. Rubalcaba, siempre moderado en el lenguaje, dice que hay sectores del PP que llevan relativamente mal el fin de ETA. Efectivamente, palabras exquisitas, miríficas. ¿Relativamente mal? Están que muerden. Según la plataforma de la UGT Salvemos Telemadrid, ésta transmitió el fin de ETA como si fuera la peor noticia de la historia. Y, en efecto, para la derecha es la peor noticia imaginable.

¿Por qué? ¿Porque es un mérito del gobierno y personal del candidato Rubalcaba que puede beneficiarlo en las elecciones? Eso piensan muchos, pero no me parece cierto ya que la derecha cree, con las encuestas en la mano, que las tiene ganadas en todo caso. ¿Porque se han hecho concesiones políticas en contra del Estado de derecho? Lo dicen, pues algo hay que decir, pero tampoco es verdad, como reconoce el mismo Rajoy. ¿Porque se ha atropellado a las víctimas? Quizá lo crean algunas de éstas, pero tampoco es cierto. Los derechos de las víctimas están y seguirán estando salvaguardados.

¿Por qué entonces? Muy sencillo, porque el fin de ETA es el fin del terrorismo y la violencia, el fin del estado de excepción de hecho en que ha vivido el País Vasco los últimos treinta y tres años, el fin del círculo vicioso de acción-represión-acción. Callan las armas y ahora han de hablar las razones. Hay que dialogar, hay que negociar. Es el momento de la llamada Política-con-mayúscula, como gustan clamar los dirigentes de la derecha sin que nunca esté claro qué quieran decir con ello. Y no lo está porque no tienen nada que aportar a ese diálogo, a ese razonar. El nacionalismo español, que habita en el PP y en parte del PSOE no admite que en el País Vasco (y en Cataluña y Galicia) haya un conflicto nacional, más o menos extendido y agudo que cuestiona la actual organizacion territorial del Estado. Para el nacionalismo español no hay nada que cuestionar pues la Constitución de 1978 deja zanjado el problema por los siglos de los siglos y, si acaso, se plantea dar marcha atrás, recentralizar, como suele apuntar Aznar, que siempre lleva dos cuerpos de ventaja a los suyos.

Para la derecha la nación española en sus actuales términos es indiscutible. Lo dijo Rajoy cuando, al comienzo de su primer mandato, Rodríguez Zapatero hizo una consideración que todo estudioso del fenómeno nacional corroborará a no ser que, a su vez, sea nacionalista, esto es, que el concepto de nación es "discutido y discutible". Seguramente Zapatero se refería sólo al nombre, pero éste va pegado a la cosa como las rayas a la cebra ya que es de sentido común: en esta vida no hay nada indiscutible. Cuando se dice que lo discutible es indiscutible, es que no se quiere discutir, probablemente porque se carece de argumentos. Y ese es el problema y de ahí la irritación por el fin de la ETA.

Casi se diría que es la irritación del que se siente engañado por el compañero o colaborador. En el fondo cabe pensar que ETA fue la mejor aliada objetiva de la derecha nacionalista española porque, con su presencia, imposibilitaba el diálogo, la argumentación, la Política, en definitiva. Ese era el favor que también prestó al franquismo. Al otro extremo, ETA fue el mayor obstáculo al desarrollo del nacionalismo vasco. Conozco gente en la izquierda que, desde la perspectiva del realismo político más descarnado, dice que si ese nacionalismo tiene hoy la pujanza que muestra, fue por la acción de ETA. Pero este argumento se me antoja indigno porque supone que el nacionalismo e independentismo no son sentimientos genuinos de la gente sino confesiones arrancadas por el miedo y la abyección moral que acarrea el terrorismo.

En cualquier caso la realidad tumultuosa está clarificando la situación a toda velocidad. A la multitudinaria manifa de la izquierda abertzale en Donostia, han seguido en cascada las peticiones del nacionalismo vasco, radical y moderado: adelanto electoral, acercamiento de presos, derogación de la Ley de Partidos. Los estallidos de las bombas han sido sustituidos por bombazos dialécticos. El último, ese pedido de Urkullu y el PNV de una relación bilateral entre el País Vasco y España, algo de lo que la derecha no quiere ni oír hablar.

Así que la irritación por el fin del terrorismo revela la indignación que produce verse forzado a discutir lo que se considera indiscutible. Y el fastidio de verse relegado a segundo plano porque ese debate llama directamente a la puerta de la izquierda española que tiene que aclarar cuestiones que, también gracias a la violencia, ha tenido soslayadas. En concreto, hasta dónde llegan los derechos de aquellos pueblos de España que se obstinan en considerarse naciones y reclaman unos derechos nacionales el primero de los cuales es contar con un Estado propio. Corresponde a la izquierda, más sensible a estas cuestiones, la tarea de formular una propuesta de reforma constitucional que cuente con el apoyo de todas las fuerzas nacionalistas llamadas "periféricas". Una tarea histórica porque es dar solución racional y pacífica a un problema que surgió con fuerza hace más de cien años y, desde entonces, no ha hecho sino agravarse. La prueba es que lo sienten como propio porcentajes de las poblaciones que no hubieran sido tan altos hoy si la cuestión se hubiera arreglado con mayor audacia en 1978. Y que pueden ser más altos mañana si no se da una solución aceptable para la mayoría.

Algo sobre lo que tendremos que discutir a corto y medio plazo.

(La imagen es una foto de FDV, bajo licencia de GNU Free Documentation).

martes, 25 de octubre de 2011

De la nada a la extrema derecha.

Rajoy, que ha pasado los tres últimos años asegurando que España estaba como Grecia, que su deuda no era de fiar, que el gobierno tampoco inspiraba confianza y que el país se encontraba al borde del abismo, dice ahora que la deuda española es sana y que España no tiene nada que ver con Grecia. Se hace eco el experto en economía del PP, Cristóbal Montoro, para quien tampoco ahora estamos "al borde del abismo" y nuestra posición no es extremadamente grave ni para el 2011, que ya está muy avanzado, ni para 2012 ni para 2013.

Según parece, este giro copernicano se debe a que la derecha se siente ya ganadora en las elecciones de 20-N y "modula su discurso" en consecuencia. El Rajoy político de partido, temible y agresivo opositor, se convierte en estadista y hombre de altura de miras. Será cierto si lo dicen los expertos analistas, pero ¿en qué pruebas se basa Rajoy para decir hoy lo que negaba vehementemente ayer? En ninguna, ni falta que le hace, ya que la derecha no articula un discurso económico sobre datos, magnitudes, estadísticas, sino sobre el más puro oportunismo político. Si está en la oposición todo es un desastre y el gobierno más desastre aun; si ve que gana las elecciones y gobierna, las cosas no están tan mal y, en llegando el al gobierno, empezarán a ir de cine, aunque con algunos sacrificios.

Pero ¿y los datos, las pruebas? Nada de nada. No hay nada. Únicamente el fabuloso sueño de verse en La Moncloa. El PP no sólo no tiene programa electoral sino que admite que no lo tiene y el propio Rajoy dice que no dirá nada hasta conocer las cuentas. O sea, que no las conocía. En ese glorioso desconocimiento se basan los dos enunciados de que España está como Grecia y de que España no está como Grecia. En la nada.

En el PP afirman que el programa que no salió de la convención de Málaga saldrá el próximo fin de semana de un Comité Ejecutivo Nacional que se reunirá en Galicia. A lo mejor sale algo a lo que hincar el diente pero, de momento, es la nada; una nada para la que Rajoy pide el voto.

La nada, sin embargo, se convierte en una cruda realidad apenas se abandona el terreno de la crisis y las medidas económicas para pisar el otro que más importante ha sido en esta legislatura, el del fin de ETA, el fin del terrorismo en España. Ahí la nada se convierte en extrema derecha de la mano de ese político ultramontano, Mayor Oreja, para quien el franquismo fue una una situación de extraordinaria placidez y eso que, según Aguirre, Franco era socialista.

La declaración de ETA de cese definitivo del terrorismo fue recibida con disgusto y hostilidad por la derecha. Es cierto que Rajoy estuvo comedido y hasta reconoció que no ha habido concesiones políticas a los pistoleros, aunque minimizó la importancia del comunicado al decir que la situación sólo se resolvería con la disolución y la entrega de las armas, cosas ambas que él ambiciona gestionar, como un Hércules vencedor de la Hidra de Lerna. Pero ese es Rajoy. Sus partidarios mediáticos han vociferado a los cuatro vientos que se trata de la última traición de Zapatero a la Patria. Es el signo indiscutible de la extrema derecha: la Patria es suya y todos los demás, traidores a su esencia, a los muertos y a las víctimas. ETA ha logrado la victoria por el miserable interés electoralista del PSOE.

Tal es asimismo la interpretación Mayor Oreja quien el próximo 29 de octubre acudirá a la manifa de las víctimas del terrorismo convocada contra la Conferencia de Paz de Donostia y, por ende, contra el fin de ETA. Definitivamente, el ala dura del PP, que es el nombre que se da ahora a la extrema derecha, quiere el fin de ETA en las condiciones que ella dicte, razón por la cual rechaza este otro fin concreto, real, tangible que, considera, al decir de Mayor Oreja, la culminación de un proyecto negociado entre ETA y el Gobierno. Por "negociación" no puede entenderse "negociación" sin más porque a cualquiera, incluido Mayor Oreja, se alcanza que las cosas no se consiguen sin hablar y sin acordarlas. Por "negociación" hay que entender aquí concesión, rendición, entrega del gobierno; derrota de España. Ese es el lenguaje de la extrema derecha.

O sea que la oferta del PP es amplia, va de la nada a la extrema derecha, pasando posiblemente por la "revisión" del seguro de desempleo que es de lo que se trata y de lo que no conviene que se hable. Es mejor hacerlo de la nada o de la victoria de ETA.

(La primera imagen es una foto de PP Madrid, bajo licencia de Creative Commons; la segunda es una foto de FDV, bajo licencia de GNU Free Documentation).

lunes, 24 de octubre de 2011

Idiotas.

Faltó tiempo a González Pons para twittear sus diculpas por haber insultado a los votantes socialistas llamándolos "idiotas". Dice que no es verdad que insultara al PSOE pero que, de todas formas, retira lo dicho. Encomiable actitud, aunque mejor hubiera sido no irse a la gruesa. Palinuro también cree que no quería insultar a los socialistas. Su formulación exacta fue: no hay ningún español tan idiota que quiera la continuidad de lo que nos ha dado el PSOE durante este tiempo. No es un insulto actual sino diferido; esto es los socialistas, los españoles en general, no son muy idiotas... salvo que voten al PSOE. A partir del 20-N la nación tendrá el elenco de idiotas del reino: todos los votantes del PSOE. Los demás no serán tan idiotas como los socialistas pero, obviamente, a tenor de lo dicho, también serán idiotas; no tanto como los sociatas, pero idiotas al fin y al cabo. Claro que no quería insultar. Es su forma natural de expresarse y bien claro deja en qué concepto tiene a los españoles.

De lo anterior se sigue que lo menos idiota que pueden hacer los restantes idiotas es votar al PP. ¿Por qué? Porque lo dice él, González Pons. Si fuera del PSOE, cosa difícil de imaginar, la gradación de idiotez se invertiría pero seguiría manifestándose. Porque González Pons tiene razones profundas y muy convincentes para justificarse. Resulta imposible que la gente no entienda la sucesión de los hechos que tan galanamente expone: Felipe González, deuda y cinco millones de parados; Aznar, superávit y prosperidad; Rodríguez Zapatero, deuda y cinco millones de parados. Lo que viene ahora, créannos bajo palabra ya que el programa no parece por parte alguna, es superávit y prosperidad de nuevo.

Es irritante que la gente no vea por los ojos de González Pons y no entienda la verdad de su mensaje, tan claro y sencillo como una viñeta de Roberto Alcázar y Pedrín. Que se empeñe en juzgar de forma distinta el legado de González y de Aznar y que, en cuanto a Zapatero, se obstine en reconocer que la crisis que su gobierno ha tenido que gestionar era exterior (crisis financiera) y heredada (burbuja inmobiliaria) y, no obstante, hasta la fecha, hemos salido bastante bien parados, dentro del desastre general que a la vista está en Grecia, Irlanda, Portugal e Italia.

Más irritante aun es que la misma gente se empeñe en atribuir el fin de ETA a la gestión del gobierno de Zapatero y especialmente a Rubalcaba, en lugar de pedir el procesamiento de éste por colaboración con banda armada y de ver que la derrota de ETA es una trampa pactada con el gobierno, según ilustra todos los días del año Mayor Oreja que de idiota no tiene nada.

Y es que a la traída y llevada gente (a los españoles en general) le ha dado por informarse en todas partes, a tontas y a locas, sin la correspondiente guía espiritual ahora que la información está al alcance de todos, en lugar de consultar un medio serio y de referencia, como La Gaceta de los negocios animada, como está, por el compromiso de la veracidad según Mariano Rajoy quien tampoco es idiota.

(La imagen es una foto de Partido Popular de Melilla, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 23 de octubre de 2011

El reino de este mundo.

Cristo dijo que su reino no era de este mundo. Estaba equivocado. Es posible que lo sea del otro pero, desde luego, también lo es de éste. ¡Y cómo! Los obispos, que no están para metafísicas, lo corrigen y explican a sus fieles por quién hay que votar en las próximas elecciones y por quién no hacerlo. Hay que votar a partidos que rechacen el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay y el nacionalismo. Más o menos, el PP. Y, lógicamente, no hay que votar a partidos que apoyen tales prácticas demoníacas. Más o menos, el PSOE y todo lo que haya a su izquierda.

Siempre que los obispos hablan del reino de este mundo, se levanta una polémica con unos diciendo que no tienen derecho a inmiscuirse y otros diciendo que tienen el de todo hijo de vecino. Claro que tienen derecho; se lo concede el César, a quien dan lo suyo y más que lo suyo, pues lo apoyan cuando les interesa y colaboran con él. La vocación de la iglesia católica es siempre el poder político. Sobre todo en España en donde sigue habiendo mucho nacionalcatolicismo. Esto de nacional levanta alguna roncha entre los mismos fieles. Por ejemplo, el católico Durán i Lleida clama contra los prelados por pedir que no se voten opciones nacionalistas. Parece haber olvidado que el nacionalcatolicismo es español. Y no español de la Oda a España sino español del caballero de la mano al pecho.

En fin, lo que maravilla es cómo sea posible que en un país católico en el que la iglesia es antisocialista, en el que los empresarios son de la derecha, donde los múltiples nacionalismos desconfían del socialismo y la izquierda llamada transformadora considera al PSOE un lacayo del capital, el PSOE haya venido ganando elecciones. Es que la gente es muy suya.

(La imagen es una foto de Iglesia en Valladolid, bajo licencia de Creative Commons).

Una rebeldía narcisista.

El otro día fui al teatro Alfil, a ver la presentación del libro de Guillermo Toledo que he aquí. En el escenario, en torno a una especie de velador, el propio Toledo, Pascual Serrano, el editor y un cuarto interviniente a quien no llegué a identificar. La charla, muy distendida, que contaba con la complicidad del público, de antemano favorable, dio bastante cuenta del libro.

Porque no es un libro en el sentido ordinario del término, aunque la portada dé a entender que sí, que es un libro de Guillermo Toledo titulado Razones para la rebeldía, en el que aparece una misteriosa colaboración de Pascual Serrano. La "colaboración" consiste en que es él quien ha escrito el texto. Toledo, a quien no se le da esto de escribir, lo ha hablado durante dos o tres días, aislado en una casa en el campo en compañía de Serrano, que registraba lo que el otro decía o tomaba notas, o lo que fuera. Luego se sentó y compuso la obra. En realidad, la "colaboración" es la de Guillermo Toledo que, como actor que es, interpretó su papel de rebelde.

Sin duda, la obra tiene otro propósito, el de ser una especie de manifiesto, en la estela de los que publica ahora el personal, del tipo de ¡Indignaos!, el manifiesto de los economistas aterrados, etc. Es decir, va en serio. El estilo es un poco exagerado pero eso viene de que no es lo mismo hablar que escribir. Cuando el escribir es transcribir y el transcriptor, además, comulga con el fondo de lo que transcribe, sale una mezcla sorprendente.

El libro es un largo monólogo de Toledo que condensa sus opiniones sobre el mundo que le rodea y sobre él mismo. La parte autorreferencial es muy abundante y reiterada. La visión de Toledo de sí mismo es la del artista con fama pero políticamente comprometido con la izquierda radical, que no tiene pelos en la lengua y que por ello es ninguneado por el aparato mediático o su propia industria del espectáculo, cine y/o televisión. Valora mucho su intervención en reivindicaciones que, sin ella, serían menos visibles, como la de los saharauis, porque es muy consciente de su relieve público y de lo que este añade como superaditividad a las causas que invoca. Pero precisamente ésta se da porque, cada vez que Toledo hace algo, sale en la prensa. O sea, que no es ninguneado. Quizá sea cierto lo que afecta a las industrias; no puedo saberlo. En lo que hace a los medios, observo que todos ellos se han hecho eco del libro de Toledo y ha tenido multitud de actos y posibilidades de darlo a conocer. Eso no me parece ningunear a nadie. ¿O cree Toledo de verdad que una persona que se dedica a otra cosa publica un libro sobre un asunto que no es el suyo profesionamente hablando y todos los medios dan cuenta de él y le hacen entrevistas? Ya quisiera yo que me pasara eso con los míos. ¿Piensa Toledo que a cualquiera que se le ocurra airear sus opiniones políticas le escriben un libro?

Toledo habla siempre bien de sí mismo y mal de muchísima gente (aunque tiene sus amistades y lealtades) con lo que, según los lectores, unos celebrarán más unos párrafos y otros, otros. Por ejemplo me parece de perlas lo que dice del conglomerado de Prisa, periódico, radio, editorial, con su circuito especial de reconocimientos, premios y castigos, una especie de régimen clientelar de mediocridades. Pero es el de más prestigio que hay y ahí debe de doler. Probablemente la queja sobre los medios venga por el rechazo de El País que, se diga lo que se quiera, sigue siendo el periódico astro. Y conste que a mí también me parece que Rosa Montero y Elvira Lindo son dos columnistas detestables, sobre todo la segunda, que es de una pedantería insufrible. Lo que no entiendo es porqué se queda en ellas cuando hay otros aun peores, por ejemplo Juan Cruz, el contable del conglomerado. Claro que también los hay mucho mejores y algunos simplemente magníficos, al menos para mi gusto, como Juanjo Millás, Manuel Rivas, etc. La realidad es compleja.

En general, Toledo es categórico, casi apodíctico. Los que piensan de otra forma no solamente están errados sino que son unos cobardes o unos granujas. Tiene juicios tajantes, normalmente maniqueos, pero sin mucha justificación salvo la muy genérica de que se trata de la actitud de la "verdadera" izquierda. Tampoco es preciso señalar cuál sea el objetivo de esa verdadera izquierda, sobre todo porque ya queda abundantemente claro que el PSOE no es un partido de izquierda sino, siguiendo la doctrina de Anguita (quien, por cierto, prologa la obra con la habitual prosopopeya) , la otra pata del partido de la derecha en España. Incluso más, es un partido traidor (p. 101). Porque Toledo es un rebelde que no se atiene a doctrina pero, cuando ésta aparece, es siempre la comunista.

Desde luego, razones para la rebeldía hay muchas. Siempre las ha habido. El mundo no comenzó ayer. Pero lo menos que cabe pedir a quienes las esgrimen es que las fundamenten, que no las invoquen como dogmas o jaculatorias. Véase: "Del mismo modo que el capitalismo es incompatible con la democracia, la monarquía también es incompatible con la democracia." (p. 79). ¡Con la cantidad de gente que creemos lo contrario, que ambos son perfectamente compatibles con la democracia! Y somos multitudes. Pero, al parecer, multitudes equivocadas, manipuladas, engañadas. Personalmente soy republicano y el capitalismo no me gusta. Pero parece claro que la poca o mucha democracia que hay en el mundo es compatible con la monarquía y el capitalismo y no creo que nadie en su sano juicio sostenga que Inglaterra o Francia sean tiranías, aunque sus democracias, como todo en la vida, sean mejorables. Sí lo era, en cambio, la Unión Soviética, régimen porque el que parecería inclinarse Toledo.

Siendo este asunto tan complicado convendría saber por qué razón el capitalismo no es compatible con la democracia siendo así que las sociedades más avanzadas del planeta, las que tienen mayores índices de riqueza y satisfacción de sus habitantes, dicen ser capitalistas y democráticas, con el acuerdo de mayorías abrumadoras de sus poblaciones. ¿Todos están equivocados y sólo se encuentra en lo cierto Toledo que predica como Juan en el desierto? Convendría también que aclarara qué otro sistema político, en cambio, sí es compatible con la democracia. Porque, al parecer, el término de referencia, la democracia, es intangible con lo que tampoco sería inútil que Toledo explicara qué entiende por democracia en lugar de dar por supuesto que todo el mundo coincide con la idea que él tenga de ella y que, mientras no lo haga, será un misterio.

Hay cosas mejores y peores en el libro. Formulaciones más o menos felices, pero constituye una buena panorámica de cómo ve la izquierda radical el mundo contemporáneo. Es un libro crítico y no tiene nada propositivo. Quedamos en que el planeta está sometido al más injusto y explotador capitalismo pero no sabemos por qué otra cosa pueda sustituirse ni en qué medida se puede reformar. Supongo que es un libro para la ira, aunque a mí no me la haya despertado, pues el escepticismo no le deja echar raíces.

sábado, 22 de octubre de 2011

La vida sigue.


Entrevista de Josep Cuní a Eulàlia Lluch,
filla d'Ernest Lluch
.




Hace unos días un analista político cuyo nombre no he retenido afirmaba en un buen artículo que un eventual fin de ETA no incidiría en el cantado resultado electoral del 20-N porque la gente ya lo daba por descontado y no le preocupaba. Lo decía con conocimiento de causa y basado en buenas razones. Según el último barómetro del CIS, de septiembre, el terrorismo preocupaba al 3,7 por ciento de la población y era la octava causa de inquietud siendo la primera el paro (80 por ciento), la segunda los problemas económicos (49, 6 por ciento), etc. El terrorismo no alcanza el 10 por ciento desde abril de 2010. Hace diez años podía llegar al 70 por ciento y ser la primera causa de preocupación. Son otras hoy las congojas de los ciudadanos. Era pues razonable concluir que el fin del terrorismo no tendría impacto.

Sin embargo, ayer fue el asunto por excelencia. Opinaron todos los políticos nacionales y algunos extranjeros (Obama, Sarkozy, Cameron, Santos, etc). En los medios fue la única noticia. No la deuda, ni la crisis, ni los empresarios: ETA. En la prensa, la radio y la TV y no digamos las redes. En noticiarios y tertulias. Sólo se habló de ETA. Los patronos vascos se felicitaron y la Conferencia Episcopal Española aprovechó la ocasión para pedir el voto al PP y, de paso, dijo una de esas solemnes perogrulladas que dicen los del capelo : que el terrorismo es intrínsecamente perverso. Un descubrimiento.

Y todo este ruido, esta cacofonía, esta batahola por un comunicado de la banda que muchos consideran poca cosa, business as usual; otros un dulce empozoñado ; otros un regalo electoral a los cómplices del PSOE; otros un ejercicio de retórica socarrona; otros un señuelo para distraer la atención mientras la banda se rearma e così via. Y todo con la poco digna intención de rebajar las expectivas electorales del PSOE reduciendo la importancia del hecho, de anular el impacto que decía el analista que no iba a producirse y sí está produciéndose. Como se prueba precisamente en el zafarrancho general para evitarlo.

¿Qué pasaba entonces? Que en efecto, la gente ya sabía hace meses que ETA estaba derrotada y se había preparado para su final sin armar grandes alharacas. Pero es que en el terrorismo la gente llevamos más de treinta años reprimiendo alharacas, sofocando sentimientos, aguantando situaciones terribles, bárbaros asesinatos en masa como el de Hipercor, sin perder los nervios, controlándonos, apoyando siempre a los gobiernos. Pero eso no quiere decir que los sentimientos sofocados no existieran. Han existido y siguen existiendo. Pero van por dentro. La alegría del fin de ETA también ha ido por dentro. La hemos exteriorizado los plumillas, los opinantes en público, los parlanchines, tertulianos y predicadores en general. Pero la gente la sentía en su fuero interno y está todo el mundo muy interesado en lo que suceda ahora porque ahora, el contencioso, el llamado conflicto, se traslada a los tribunales de justicia y las crónicas judiciales apasionan a la opinión.

Y vamos a eso del conflicto. Dice la izquierda abertzale que el comunicado de ETA no cierra el conflicto político. Tan profundo como lo de los obispos. Claro que no cierra el conflicto político ni ningún otro conflicto. Lo que cierra es el asesinato. Todos los conflictos siguen vivos. Alguien debe enseñar a los hasta ayer amigos de los pistoleros cosas elementales como que la sociedad no es otra cosa que cientos de conflictos cruzados, de todo tipo y condición: religiosos, económicos, sociales, de género, nacionales, etc. Si partimos de la idea de que un conflicto es aquella situación en que alguien quiere algo que otro no quiere darle, la vida social es conflicto. Y la democracia es el mejor sistema político porque garantiza que los conflcitos se canalizan civilizadamente; no que se resuelvan porque ese es otro asunto que depende de mayorías y minorías. Para entender esto es necesario a su vez aceptar que el conflicto que a uno le parece esencial, prioritario, único en realidad, puede que no se lo parezca así al resto de la sociedad que tiene otros conflictos. Si uno renuncia a imponer la solución de su conflicto preferido a tiros tiene uno que aceptar que a la gente el conflicto de uno le parezca irrelevante. Que se haya defendido por medios criminales no lo hace más urgente ni más real.

Porque, cuando callan las armas, la vida sigue. Y parte de este seguimiento es que, mientras ETA no se disuelva, las autoridades también seguirán deteniendo etarras y poniéndolos a disposición del juez por pertenencia a banda armada, posesión de armas y los demás delitos en que continúen incurriendo. Y eso no forma parte del "conflicto político", no es político. Es criminal.

(La imagen es un cuadro de Thomas Hart Benton, abuelo de la pintura estadounidense actual, escuela neoyorquina, titulado América hoy. Actividades ciudadanas con suburbano, pintado en los últimos años veinte).

viernes, 21 de octubre de 2011

España sin ETA.

Cuando Pérez Rubalcaba llegó al ministerio del Interior traía dos objetivos prioritarios: reducir la siniestralidad en las carreteras y acabar con ETA; dos graves problemas de los españoles de muy distinta naturaleza. Los ha conseguido. Ahora, lo lógico es votarlo para que, como presidente del Gobierno, gestione la definitiva normalización democrática del País Vasco y del conjunto de España.

Las comparecencias de ayer de Zapatero y Rubalcaba en sendas ruedas de prensa fueron ejemplares. Los dos hubieran podido recordar que en su combate contra ETA tuvieron que superar los ataques de una oposición empeñada en utilizar la lucha antiterrorista como arma para desgastar al gobierno y obtener réditos electorales. Zapatero hubiera podido recordar aquella infamia de Rajoy de que estaba traicionando a las víctimas de ETA. Rubalcaba, las continuas acusaciones de estar negociando con ETA -él, que siempre se opuso a toda negociación de este tipo-, y de no querer el fin de la banda, coronadas por la última canallada de acusarlo, así como a sus subordinados, de colaboración con banda armada.

Pero ninguno de los dos lo hizo sino que ambos rindieron tributo a las víctimas, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y atribuyeron la victoria sobre los pistoleros a la unidad de las fuerzas democráticas y la colaboración de Francia. Bien cierto; esa es la perspectiva adecuada para afrontar el próximo futuro en que será necesario gestionar con acierto la multiplicidad de problemas que plantearán las secuelas de una actividad criminal que ha durado decenios, ha hecho destrozos enormes en la convivencia democrática y ha dejado heridas que habrá que sanar con tesón, habilidad y generosidad. Sigue siendo imprescindible la unidad de las fuerzas democráticas y a ello irá orientada probablemente la mayoría de los comentarios que se lean en los próximos días.

El comienzo de la nueva etapa, sin embargo, deja ya ver claroscuros. En su comparecencia ayer Rajoy se mostró manifiestamente incómodo por cuanto el destino parece repetirse y, cuando ya se ve triunfador en las próximas elecciones, un hecho repentino puede volver a dejarlo en la estacada. Trató de rebajar la trascendencia del momento afirmando que, si bien era un paso importante, no era el decisivo que no llegará hasta que la banda se disuelva de forma irreversible. Se adivina que esa será una de las líneas principales del ataque de la oposición conservadora. Pero Rajoy no tuvo más remedio que reconocer que se trata de una victoria porque no se ha pagado precio político alguno por el cese definitivo de la violencia. Un reconocimiento que deja en evidencia a Aznar y a Mayor Oreja quien aún ayer decía que el gobierno y ETA negociaban un fin sin fin.

La actuación del PP en este campo ha consistido en impedir como fuera que el gobierno socialista capitalizara el fin de ETA. Se negó a asistir a la conferencia de paz de Donostia hace unos días y sus trompeteros mediáticos arrojaron toneladas de basura sobre los participantes, siguiendo el ejemplo del inefable Aznar que no ha mucho acusaba al gobierno de suplicar y mendigar gestos de ETA. A eso es a lo que llaman colaborar en la lucha antiterrorista. Ayer también Esperanza Aguirre, que tiene la virtud de reducir siempre las cosas al absurdo, trataba de desmerecer la noticia asegurando que los comunicados de ETA tienen credibilidad cero. En efecto, es la línea que va a adoptar la derecha, la de aquí no ha pasado nada. Como ETA cuando se restauró la democracia en España sostenía que "aquí no ha pasado nada" y siguió asesinando, la derecha seguirá atacando al gobierno, diciendo que negocia con ETA y que Rubalcaba colabora con los terroristas.

A esta posición bastante ignominiosa ayuda la actitud intransigente de algunas asociaciones de víctimas que se reservan el derecho a decir que el terrorismo sólo habrá acabado cuando se cumplan las condiciones que ellas establecen. Y, entre tanto, también proseguirán en sus ataques al gobierno.

Sin embargo dos cosas están claras: 1ª) las víctimas tienen mucho peso moral y merecen el reconocimiento del conjunto de la sociedad. Pero las decisiones colectivas que afectan a ésta son competencia de las instituciones demócraticas legítimas, en especial el Parlamento. 2ª) La derrota de ETA es un logro indiscutible del gobierno de Zapatero, algo por lo que éste ha sacrificado mucho y por lo que sin duda pasará a la historia. La pieza esencial de ese gobierno, la que ha convertido en realidad el deseo de millones de españoles es Rubalcaba quien se ha ganado limpiamente el derecho a ser a su vez presidente.

Hay un tercer personaje que ha sido decisivo en la derrota de ETA, sin el cual ésta no se hubiera producido y a quien todavía no he visto mencionado en la catarata de parabienes que llueven sobre España: el juez Garzón. Zapatero dirigió el aspecto institucional de la lucha antiterrorista; Rubalcaba el policial; y Garzón el judicial. Fue su idea de llevar la lucha contra ETA al terreno de sus apoyos sociales, económicos, culturales, la que acorraló a la banda y la puso al alcance de la policía.

Garzón, sin embargo, está esuspendido, en una especie de exilio y perseguido judicialmente en su país, lo que es literamente una vergüenza y un baldón sobre la alegría que produce el fin del terrorismo. Si Rubalcaba gana las elecciones y es presidente del gobierno debiera contar con este juez que, como todos los seres humanos, se habrá equivocado alguna vez, pero es la honra de la profesión judicial.

(La imagen es una foto de www_ukberri_net, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 20 de octubre de 2011

Se acabó.

Deponen las armas. Se van. Nos dejan en paz. Termina esta peste mezcla de crimen y estupidez que parecía eterna. Hoy ganamos todos, todos, incluidos ellos que ya no se verán obligados a seguir asesinando a sangre fría ni haciendo el ridículo con sus capuchas y sus interminables, farragosos y vacíos discursos. Por fin se ha muerto Franco.

Y nada más por hoy, que Palinuro anda emocionado con la noticia y va a celebrarla con los amigos. Título del post de mañana: España sin ETA. Enhorabuena a todo Cristo, incluidos los que no querían que esta pesadilla acabase o, por lo menos, no ahora, y son los que todos sabemos, la extrema izquierda y la derecha extrema en el PP, y de los que mañana hablaremos. Que se fastidien y se alegren porque, a pesar de ellos, hemos derrotado a ETA. Agur.


Vuelvo porque es imposible no hacerlo. He visto las comparecencias de Zapatero, Rajoy y Rubalcaba en la tele. El lenguaje no verbal de los tres era muy distinto: Zapatero y Rubalcaba conteniendo la emoción (Rubalcaba no lo consiguió del todo). Rajoy con cara de circunstancias y disgusto. Zapatero y Rubalcaba han estado a la altura del momento. Los dos se han referido a las víctimas, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a la unidad de las fuerzas democráticas y han anunciado un futuro de paz en libertad. Rajoy ha intentado rebajar la importancia del hecho, desmerecerlo, considerándolo "un paso muy importante" pero, obviamente, no definitivo, hasta que la banda no se disuelva irremisiblemente. Lo de siempre. Pero no le ha quedado más remedio que reconocer que es la derrota de ETA porque se ha conseguido sin hacer concesión política alguna. Es decir, se ha tragado un sapo. El segundo vendrá el 20-N, que es en lo que pensaba durante su comparecencia.

¿Puede la política?

Magnífica iniciativa la de la Fundación Ideas de celebrar la III Conferencia Progreso global en Madrid. Dicen los participantes que la política, si quiere, puede. Es verdad. Pero no es toda la verdad. Porque, ¿de qué política se habla? Si es la política habitual, la interna, la de los Estados más o menos nacionales, la afirmación no es cierta. En un mundo globalizado, con una crisis global, los Estados han perdido capacidad de maniobra, autonomía, soberanía. La política nacional/estatal no puede. Ni siquiera puede la política regional. La advertencia de Angela Merkel de que si cae el euro, cae la UE no es solamente la habitual agorería de esta doña Virtudes, sino una probabilidad desagradable. La crisis no es estatal y tampoco es europea; es global.

Por eso tiene importancia que esta conferencia haya reunido a políticos progresistas de varios continentes. Que haya sido global y progresista y no, como suele suceder, global y neoliberal. El mundo tiene que ver que hay un programa socialdemócrata concreto para vencer la crisis. No ayuda mucho el que casi todos los políticos que participan estén en la oposición y, por tanto, carezcan de posibilidades reales de aplicar en sus países las recomendaciones que hagan en la conferencia, aunque esta situación puede cambiar y, de hecho, está cambiando.

Lo esencial es que esas recomendaciones se hagan, que ese programa tome cuerpo. Entonces la política, llegado el momento, sí podrá. Pero, para que esto suceda, es preciso que las medidas propugnadas sean claras y factibles y las conclusiones que presente Rubalcaba en la clausura también lo sean y no se limiten a consideraciones generales del tipo de "establecer un nuevo liderazgo que sea capaz de construir y promover un futuro progresista, sin dejar a un lado los principales éxitos del pasado".¡Oh, dioses, ya está aquí la "construcción del futuro", como si fuera un chalet! Eso es lenguaje del G-20.

Los líderes progresistas mundiales deben ofrecer una refundación del capitalismo, como la que invocó Sarkozy hace dos o tres años sin la menor intención de acometerla. Refundación del capitalismo con medidas concretas que los socialdemócratas deben acordar: eliminación de los paraísos fiscales, regulación del capital financiero con prohibición de las prácticas fraudulentas como las ventas a corto, establecimiento de una tasa Tobin que los bancos no puedan repercutir en los sufridos depositarios, revitalización del comercio mundial, eliminación de proteccionismos, políticas de crecimiento de corte keynesiano hasta donde sea posible (tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario), prioridad a inversiones en industrias medioambientales y energías alternativas, aumento y mejora de la ayuda al desarrollo, drástica reducción de los gastos militares y, en Europa, más unidad, política fiscal única, bonos europeos y establecimiento de un gobierno económico de la Unión.

Esas medidas no son viables en los marcos estatales. Sólo lo son globalmente. Y eso es lo que Rubalcaba debe evidenciar en las conclusiones. Es una ocasión de oro para que el candidato complete su imagen de político capaz en la arena doméstica con una proyección internacional. Pero que no salga hablando de "construir el futuro", de la "generación del milenio" y otras sinsorgadas de este jaez, sino de lo que todos estamos deseando escuchar: que se va a acabar con el latrocinio, que se va a embridar la codicia de los opulentos, que se va a fomentar el comercio y el crecimiento y se va ayudar a quienes lo necesitan.

Obsérvese que la otra parte no pierde el tiempo con fórmulas vagarosas, sino que va derecha a lo que le interesa. Los empresarios no piden "construir el futuro" (y muchos son inmobiliarios) sino rebajar la indemnización por despido. Estos lo tienen claro. Igual de claro han de tenerlo los progresistas. Llevamos más de tres años intentando salir de la crisis por la puerta falsa. Muéstrese la verdadera.

Cielo negro botella.

Muy ufano, el PP difundió ayer por twitter está increíble imagen bajo el lema de empieza el cambio. Lo del cambio fue lema del PSOE en las elecciones de 1982, de forma que aquí está pirateado. Pero eso es lo de menos. Es patente la suciedad del cielo de Madrid que la concejala responsable de Medio Ambiente, Ana Botella, niega con la misma pasión con que Schopenhauer negaba el espíritu hegeliano. Y menos mal que Rajoy no ha acudido a una de esas felices expresiones suyas del tipo de "lo que Gallardón (en la foto, junto a Soraya Sáenz de Santamaría) ha hecho en Madrid es lo que quiero hacer en toda España". Porque dentro de poco los madrileños tendremos que salir a la calle con máscara antigás. A propósito, ¿cuánto cobran los asesores del PP? Porque si uno de ellos produce una foto así para una empresa privada, digamos un banco, presentando a la cúpula corporativa bajo un cielo de Mad Max, lo rebajan a botones.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Sinfonía desconcertante o la realidad viene de fuera.

Hace semanas, quizá meses, que en España solamente se escucha una obra que podría llamarse "las grandes elecciones de 2011". En ella hay un único y poderoso leit Motiv en el que toda la orquesta trabaja concertada en un crescendo acelerado que lleva al final atronador del 20-N cuando una derecha fuerte, segura, confiada, con amplio respaldo, desplazará del poder a una izquierda atribulada, insegura cuya identidad como izquierda está cuestionada. ¿Toda la orquesta?

Decididamente, no. Hay dos secciones del conjunto que, con instrumentos muy distintos, van a su aire, interpretan otras piezas, tienen tiempos y ritmos diferentes. Son la sección de percusión del terrorismo etarra y la de aire de los indignados del 15-M, al fin y al cabo perroflautas. Ninguno de estos dos fenómenos tiene en cuenta el calendario político español ni están afectados por el proceso electoral. No es que desafinen; es que interpretan otros conciertos, lo que obliga a entenderlos en sus propios términos. En ambos casos, además, intervienen instrumentos de fuera del país, extranjeros. La cuestión etarra trae un tema de mediación internacional concretado en la conferencia de paz de Donostia; la de los indignados se ha visto como un acompañamiento exterior del planeta entero, algo que no puede ignorarse.

Tengo para mi que la actuación del PSOE en ambos casos ha sido, en líneas generales, correcta, pues ha sabido deslindar su implicación en la refriega electoral de las actitudes que debe adoptar frente a las dos secciones discordantes. En el caso de ETA ha mantenido su exigencia de deposición incondicional de las armas pero ha asistido a la conferencia de paz porque eso es lo que se hace entre gentes civilizadas: hay que estar presente allí donde va a hablarse y decidirse sobre cosas que interesan a uno, tanto más si el interés es nacional: el fin del terrorismo en Euskadi. Y, sin cejar en su exigencia, ha conseguido que -por fin- la izquierda abertzale pida a los de las pistolas que cierren el negociado de la muerte y se dediquen a otra cosa. Es todo un paso.

En lo concerniente al 15-M, fue la actitud temperada del gobierno -vacilante al principio y con algún traspiés- la que ha permitido que el movimiento continúe en su quehacer pacífico y haya alcanzado el 15 de octubre resonancia mundial. El mundo mira a España en ambos casos y lo hace con respeto, colaborando con ella porque la actitud de su Gobierno ha sido eso, civilizada.

Las decisiones cruciales que han llevado a estas dos situaciones en las que fuerzas no integradas en el sistema puedan estarlo sin perder nada de sus reivindicaciones propias salvo el recurso a la violencia se deben a Rubalcaba. Es de justicia reconocerlo, aunque pueda ser difícil explicarlo. Rubalcaba es un buen político; quizá demasiado bueno.

La actitud de la derecha, en cambio, ha sido muy distinta, aunque similar en ambos casos, pues ha consistido en desautorizar las dos situaciones, atacarlas, criminalizar a los participantes, insultarlos. Obsesionado con que nada interfiera en su marcha triunfal al 20-N, el PP ignora la realidad que viene de fuera; más aun, la desprecia e injuria a los intervinientes. Da vergüenza el trato que han dado sus propagandistas a los mediadores internacionales. La conferencia de Donostia, según Mayor Oreja, significa que ETA y el Gobierno planean “un final sin final”. Los demás no existen.

Los indignados del 15-M para Aznar siguen siendo marginales, antisistema, de extrema izquierda y no representativos. Es un análisis tan penetrante como ese otro que dice que, en realidad, el 15-M es un montaje de la derecha para hacer que el PSOE pierda las elecciones al comprobarse que no es capaz de controlar una situación de orden público. Nada de esto tiene que ver con la realidad venida de fuera.

Esa obcecación en negar y despreciar dos realidades discordantes alcanza un nivel peligroso y hasta perverso ante otra tercera realidad que nos viene de fuera, la nueva rebaja de Moody's de la deuda española. Hace un par de días, un portavoz del PP (no recuerdo cuál) decía que los mercados estaban tranquilos porque ya descuentan la victoria de su partido. ¿Debe entenderse ahora que la rebaja de la deuda indica que el PP no ganará las elecciones? ¿Es tan difícil ver más allá de las propias narices?

martes, 18 de octubre de 2011

Palinuro y Cyrano de Bergerac.




Cyrano de Bergerac. El otro mundo. Estudio introductorio, traducción y notas de Ramón Cotarelo, Madrid, Akal, 2011.




No sé si alguna vez he confesado mi afición al caballero Savinien de Cyrano de Bergerac, más conocido por Cyrano o Cyrano de Bergerac. Es todo un personaje: espadachín temible, pendenciero, jugador, tierno poeta, guerrero y gascón. Es la imagen que nos dejó Edmond Rostand en su felicísima pieza teatral de 1897 que fue un éxito sin precedentes y acuñó la figura que luego han perpetuado en el cine un par de películas, la última, de Jean Paul Rappeneau, protagonizada por Gérard Dépardieu.

Esa semblanza de bravucón, juerguista, valeroso, noble y corazón de oro ya era bastante estereotipada. Estaba descaradamente tomada de los mosqueteros de Dumas. Pero, al final acabó cristalizando otra aun peor: la de un narizotas quisquilloso duelista. La gente suele quedarse con las deformidades físicas y las convierte en definitorias. Eso le pasó a Quevedo que, además de ser patizambo, legó su nombre a los quevedos.

Algunos de aquellos rasgos se dieron en Cyrano, pero son los menos importantes. Más decisivo es que también era dramaturgo, brillantísimo autor de epístolas, entendido en ciencias (quizá también en alquimia), filósofo libertino del círculo gassendista, materialista y ateo y defensor a ultranza de la hipótesis copernicana, esto es, heliocéntrica; hipótesis que todavía podía costar un disgusto a sus defensores hacia 1645, siendo así que la obra póstuma de Copérnico se publicó en 1543. Un siglo luchando para que la Iglesia permitiese decir que la tierra gira en torno al sol.

Ese es el Cyrano que aparece en las dos utopías que escribió y no llegó a ver publicadas pues murió en 1655, a los treinta y cinco años, posiblemente asesinado por los jesuitas que lo odiaban por sus agudezas contra ellos, como aquella que decía que la Compañía de Jesús eran los dos ladrones.

Los estados e imperios de la Luna que fue la primera en ver la luz se publicó mutilada para que no ofendiera a la Iglesia y así siguió reeditándose doscientos cincuenta años hasta que, a comienzos del siglo XX, se descubrieron dos manuscritos originales completos, sin censura. De los Estados e imperios del Sol no se ha encontrado manuscrito original y hay que dar por bueno lo que se ha editado que, además, está sin acabar, aunque es pensable que Cyrano la dejara así a propósito porque justamente termina en el momento en que Campanella, que es su guía en el sol y él mismo, salen a recibir a Descartes que acaba de morir en la tierra. Descartes, el enemigo de Gassendi, maestro de Cyrano ¿Qué iba a decirle cuando había estado toda la obra sosteniendo que el vacío existe?.

La figura de Cyrano influyó en autores decisivos del romanticismo, como Vigny, Nodier o Gautier, que lo apreciaba mucho, tanto que su Capitán Fracasse tiene mucho de ciranesco. Se llevó fatal con su padre, despreció a los mecenas, contrajo la sífilis y murió joven, pobre y seguramente asesinado. ¡Ah!, además, estaba muy orgulloso de su nariz. En la Luna, los selenitas exterminan a los recién nacidos ñatos, seleccionan las más majestuosas narices y las usan como relojes de sol siendo la dentadura el cuadrante.

ETA kanpora.

Eso es, vete ya. Desaparece de nuestras vidas. Deja que la gente viva en paz y en paz dirima sus diferencias. No haces falta a nadie ni nadie te necesita. Hasta tus supuestos allegados civiles piden que bajes el telón. Muy pocos te echarán de menos, aunque alguien siempre habrá. Eres un anacronismo. Formas parte del siniestro legado del franquismo. En un mundo que puede movilizarse al unísono en los cinco continentes por causas nobles y pacíficamente, tu recurso a la violencia carece de justificación alguna. Pudo tenerla durante la dictadura, que era un régimen violento, y aun así es más que discutible. Pero en democracia le violencia es ilegítima. Hay quien te regalará los oídos diciendo que esto no es una democracia. Son los que consideran que sólo es democracia lo que ellos deciden.

Al sector político le ha costado años comprender la evidencia misma: que en España pueden defenderse todas las opciones políticas, incluidas las independentistas, siempre que no se haga mediante la violencia. Y digo la evidencia misma porque los catalanistas lo comprendieron desde el principio y se apresuraron a terminar con aquel germen de banda terrorista que se llamaba Terra Lliure. Desde entonces el independentismo catalán ha llegado incluso a gobernar en la Comunidad Autónoma. Lo mismo que hace ahora Bildu, al menos en un territorio histórico. Esto es un país civilizado. No hay sitio para la violencia.

Actuar políticamente no quiere decir que se tenga garantizado el logro del objetivo político que se persiga porque eso depende de lo que piensen y hagan otras opciones que tienen idéntico derecho a proponer sus propios objetivos, que pueden -y suelen- ser otros. Esa exigencia tradicional de ETA de que todos los proyectos puedan defenderse y con posibilidades iguales de realizarse, dado que es la situación actual, sólo puede entenderse como el deseo de que se garantice a una parte el logro de sus objetivos porque sí. Es un razonamiento típicamente infantil: juego si gano. Ya sé que decir que los etarras son infantiles suena algo extraño. Pero lo son. Ademas de pistoleros.

El comunicado de estos apóstoles de la resolución de conflictos es bastante soso y blandorro, pero pide a ETA que deponga las armas sin condiciones, ya. Ya no se sabe qué más quiere. Como la componente católica en el mundo etarra es muy fuerte, a lo mejor quiere que, después de los apóstoles, venga el mismo Cristo a pedirle que haga mutis por el escotillón de la historia.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Puede Rubalcaba remontar?

Un vistazo al gráfico de ayer en El País tiene que poner los pelos de punta a todos los socialistas, incluido Rubalcaba, por inverosímil que parezca.

¡Casi 16 puntos de diferencia! Un abismo. Los números son apabullantes. Según el gráfico, las próximas elecciones podrían ser "cataclismáticas" y cambiar el sistema español de partidos así como su representación parlamentaria. Pero cataclismática es también la realidad. Y no solamente por razón de una crisis que pone en cuestión el sistema mismo. Piénsese en qué sucederá si mañana o pasado ETA anuncia que depone las armas y se disuelve. A ver cómo explica el PP al electorado que estuvo ausente en el momento de la rendición del enemigo. Porque ponerse a decir que la deposición de las armas y la disolución se deben a que el gobierno traidor negocia con ETA a las escondidas no lleva muy lejos. Si se da este supuesto seguramente cambiará el trazo de los gráficos de Metroscopia. Pero de momento lo que auguran es un batacazo del PSOE. ¿Podrá evitarlo Rubalcaba?

No lo sabe nadie. Ni él que, para más prueba, ha tenido que encajar un descenso muy significativo en la valoración popular, quedando por debajo de Rajoy. Pero está obligado a hacer de tripas corazón, a tratar de evitarlo; incluso a ganar. Es de suponer que a estas horas el candidato tiene a sus asesores echando humo en busca de tácticas vencedoras. Que no propongan muchas ni muy alambicadas, cosas a las que tienden los asesores. Basta con pocas, poquísimas; y muy sencillas, sencillísimas.

Empiece por ver el terreno del debate, que es el que él pisa. No tiene enemigo. Enfrente no hay nadie, no hay propuestas concretas, ni programa. Sólo hay un "quítate para que me ponga yo". En términos numéricos, Rubalcaba está ante el cero. Al otro lado del cero se encuentra el infinito. Que resista la tentación de irse al infinito en la falsa creencia de que cuanto más explicativo, detallado y minucioso, más de relieve quedará la nada del cero. No es el infinito el que pone de relieve el cero porque es más incomprensible que él. Lo que pone de relieve la vaciedad del cero es el uno, el dos, el tres, los números inmediatos, más cercanos.

Que el candidato no desgrane la totalidad del programa punto por punto ni aburra a la audiencia con prolijas explicaciones: cinco medidas y un enunciado general bastan y todas ellas dichas en fórmulas claras y breves que todo el mundo entiende: 1ª) dación en pago; 2ª) garantía de la sanidad, la educación y los demás servicios públicos que son derechos de los ciudadanos; 3ª) progresividad fiscal para que pague más quien más tiene; 4ª) lucha contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales; 5ª) lucha contra la corrupción y eliminación de los privilegios de los políticos y cargos públicos. El enunciado general: profundización de la democracia y defensa de los derechos individuales. Son fórmulas sencillas sobre las que se puede debatir cuanto se quiera pero que conviene repetir y machacar; y recordar que al otro lado del cuadrilátero no hay nada, no hay propuestas, sólo silencio.

El candidato Rubalcaba se la juega en el debate de televisión, desde luego; pero también el candidato Rajoy. No me explico qué ha pasado con las otras propuestas, empezando por la del ciberdebate, lanzada por 20 Minutos y de la que nunca más se supo. En el PP tienen un miedo cerval a estos encuentros sin darse cuenta de que, al reducirlos a uno, concentran todos los focos en él y ponen a su candidato al nivel de Rubalcaba porque si éste no tiene más remedio que jugárselo todo a una carta, ese no es el caso de Rajoy. Pero sí lo es por falta de juicio. ¿Qué tiene que perder Rajoy en un debate de todos contra todos? En cualquier caso, un solo debate, una sola oportunidad, un solo tiro. Y con el país entero mirándolos: dos políticos hasta ahora segundones, con larga experiencia. Rajoy es más nacional; Rubalcaba, más ladino.

En la tele es esencial lo que se oye y lo que se ve. En lo que se oye, no hay duda: nada de embarullar, nada de circunloquios. Las ideas claras y claramente expuestas y, si hay que explicar algo, que sea de forma breve. Hay que repetir sin que parezca que se repite, esto es, iluminando aspectos nuevos de la misma idea, aclarándola más.

Lo que se ve es esencial. En esto los candidatos van igualados en cuanto a la cuestión de la imagen. En ambos casos es borrosa. Rajoy tiene a su favor su mayor corpulencia y, como ocupa toda la pantalla, le interesa compartir campo con su adversario para que se note la diferencia. A Rubalcaba, más menudo, en cambio le interesa estar solo en campo para evitar la referencia visual.

Lo que no puede evitar Rubalcaba por razón de la talla puede enmendarlo manejando mejor el lenguaje no verbal, el gesticular. Tiene que resaltar más, escurrirse menos y adquirir mayor prestancia. Saque más pecho, más voz y no se encoja. Rajoy tiende a lo ampuloso, a lo que ayuda su aspecto de tribuno en perpetuo y vacío alegato. Rubalcaba es más cercano, más familiar, más unassuming que dicen los ingleses, sin pretensiones. Eso comunica bien, pero tiene que ser más afirmativo, más contundente. No basta con estar en familia cuando se quiere ser presidente del gobierno, es decir, pater familias. Hay que estar también en el foro.

domingo, 16 de octubre de 2011

Crónica de la revolución indignada (XXIII).


La revolución española mundial.


La de ayer fue una jornada memorable. Una jornada por el cambio global del sistema. Del sistema capitalista, cuestionado por decenas de miles de personas en cientos de ciudades a lo largo y ancho del mundo. El capitalismo está hundiéndose a la vista de todos a causa de dos factores: su propia crisis y la acción coordinada de multitudes de gentes que lo rechazan. Es algo parecido a lo que sucedió con el comunismo hace veinte años. Parecido porque la historia no se repite jamás, pero presenta similitudes. La más llamativa es la movilización popular permanente, pacífica, en contra de los poderes políticos y económicos. Ayer se escucharon muchas consignas y afirmaciones en la Puerta del Sol, pero todas ellas se resumían en la que no se mencionó pero fue la fórmula de la caída del muro de Berlín: nosotros somos el pueblo. Algunas se le acercaban como ese somos el 99 por ciento. No sé si serán -si seremos- el 99 por ciento, pero sí es claro que arman mucho ruido, que se hacen oír, que no cabe ignorarlos.

El movimiento 15-M es ahora mundial, patente, una explosión de indignación, tan difícil de integrar en el sistema que cuestiona como incomprensible para los defensores a ultranza del viejo orden. Basta escuchar a alguno de estos para darse cuenta de la distancia que hay entre la cosa y el juicio que sobre ella formula. En una reciente entrevista en Le Figaro, Aznar dijo del 15-M que es "un movimiento radical, antisistema y muy ligado a la extrema izquierda" que además "no es representativo". Lo sorprendente es que este hombre pueda asesorar a alguien en algo. Se le sumaron Bono y Aguirre, dos personas de orden, advirtiendo de los peligros antidemocráticos de las movilizaciones multitudinarias. A estos sólo les gusta lo que ellos apañan en las covachas de la intriga.

Y es que el proceso que ha puesto en marcha el 15-M es nuevo por todos los lados, empezando por el de su organización que se hace a través de las redes virtuales. Estas van paralelas a las redes reales de las asambleas, reuniones vecinales, acampadas. No hay un centro de imputación, no existe una estructura jerárquica. Hasta es dudoso que quepa llamarlo estructura. Nuevo es también el programa que consiste en consideraciones teóricas generales sobre la democracia y el capitalismo apoyadas en prácticas concretas de acción directa, como las acciones en contra de los desahucios. Quien dude de la eficacia de estas novedades, que diga si el PSOE recogería en su programa la dación en pago de no ser por las movilizaciones.

La fuerza del 15-M es moral y reside en primer lugar en la renuncia a la violencia. La excepción de Roma y el rechazo suscitado demuestran que el movimiento en sí es pacífico. Pacífico y transformador. Que las transformaciones hayan de hacerse a través de las instituciones no les restará mérito dado que esas instituciones, en principio, son representativas. Y no solamente a través de las instituciones de los Estados que están muy desfasados y son muy insatisfactorios en su organización sino de las internacionales.

El siguiente objetivo del 15-M son los paraísos fiscales. No se sabe qué forma tomará la acción, pero tendrá alguna. Entre tanto, no estaría de más instar de la Asamblea General de la ONU una resolución eficaz prohibiendo esas cuevas de ladrones, que debiera ser su nombre. Cuevas de ladrones, refugios de delincuentes, políticos corruptos, empresarios que defraudan al fisco en su país, deportistas y famosos que no tributan en el suyo, capitalistas que ocultan sus beneficios y otros sinvergüenzas; todos ellos perfectamente identificados: Islas Caimán, Barbados, Isla de Man, Gibraltar, Suiza, Luxemburgo, Liechtenstein, el Vaticano, etc. Atacar estos nidos de piratas es atacar uno de los bastiones del capitalismo global pero también uno de sus puntos más débiles porque carecen de toda defensa moralmente hablando.

Tardaremos más, tardaremos menos, pero está claro que hay que hacerlo. El lema que más me gusta del 15-M es el que reza:

Vamos despacio porque vamos lejos.