martes, 9 de enero de 2018

El retorno

Las leyendas del retorno del héroe son tan antiguas como la humanidad. La más famosa, la de Ulises a Ítaca. Están llenas de aventuras y peripecias. El héroe tiene que salvarse de los hechizos de las magas, los cantos de sirena, la furia de los cíclopes, el apetito de unos gigantes, la desmemoria o la malevolencia de las rocas. Y para ello necesita un manojo de cualidades, en especial ingenio, inventiva.

Ahí está la Sexta escamada por una foto de Puigdemont en la frontera con Francia que este ha subido a Instagram con el sinuoso título de en camí. Es un punto entre Molló y Camprodon, por donde, según parece, intentó su invasión Macià en 1926. Esto empieza a tomar aires de cuando el CNI buscaba las urnas por toda Cataluña; como de tomadura de pelo. A saber en dónde está Puigdemont. El presidente combina el aura gaullista con unos toques de Pimpinela Escarlata. Ya solo falta que el gobierno impermeabilice las fronteras y haga reconocimientos faciales a todos los pasajeros. 

Mientras tanto, los tertulianos se enzarzan en sesudas discusiones sobre la opción de que Puigdemont tome posesión por vía telemática. El que mejor ha resumido la banalidad de este debate ha sido Iceta en su santa simplicidad: la investidura telèmatica "no existeix". Como todo en esta vida. Como el propio Iceta: antes no existía y ahora sí. La razón de ser de esta toma de posesión telemática: que la presencial es imposible por causa de fuerza mayor contra toda razón y justicia.

Degaulle/Pimpinela ha convocado al bloque indepe a Bruselas el finde. Cónclave, a ver qué se hace. Y algo se hará. Todas las opciones están abiertas y los recursos son variados. La ANC apoya; Ómnium, ni que decir; ERC, también, con las correspondientes precisiones; y la CUP. Grupo cerrado presto a llevar al héroe de retorno a Ítaca.

Al menos, es lo que se desprende de las palabras más a ras de tierra de Turull: habrá Presidente, habrá Parlament y habrá govern.

Y no es el eterno retorno.

El gobierno de la República Catalana

Aquí mi artículo de elMón.cat de hoy. No me molesto en hablar de él porque aporto la versión castellana. La conclusión es que el gobierno debe reconocer el resultado de las elecciones del 21 de diciembre pasado y actuar en consecuencia, garantizando que los candidatos electos puedan ejercer su derecho de sufragio pasivo, tomar posesión de sus actas de diputados y constituir un gobierno de acuerdo con dichos resultados. Sí, ya sé que hay muchas voces y pretensiones en juego, incluidas las judiciales. No estamos para perder el tiempo. Corresponde al Estado garantizar los citados derechos, cosa que apoyo con la cita textual del famoso 9.2 de la Constitución: Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social. Que el principal obstáculo que el Estado deba remover sea él mismo, en su desaforada acción, es cosa que solo a él compete.

Versión castellana.

La República Catalana y su gobierno

Cataluña es la tumba de los restos del Imperio español que, queriendo sobrevivir, afirma ser un Estado democrático de derecho en normales relaciones con las democracias de su entorno europeo. Sin embargo, es incapaz de comportarse como tal sino como un manojo de incompetentes y malhechores. Su fechorías pueden ser de largo alcance, como el saqueo de la hucha de las pensiones (esa sí que será herencia para el gobierno posterior), o directas e inmediatas, como el desastre de la AP6. Pero en los dos casos, los factores son los mismos: latrocinio e ineptitud. Como siempre en estos casos, en el momento del desastre, el ministro estaba en los toros, en el fútbol o en algún spa, haciendo lo único que saben hacer: nada. Y, por supuesto, el resultado es el mismo. Aquí no dimite nadie, por ruinosa y dañina que sea su gestión. Al contrario, cuanto peor sea esta, y más inmoral, más se asciende al responsable. Ahí está para probarlo, el presidente M punto Rajoy, acusado de cobrar sobresueldos en B y a quien, como al responsable del desastre de la AP6, jamás se le ha pasado por la cabeza dimitir.

Cuando toca a Cataluña, España tampoco es un Estado de derecho, pero no solo para convertirse en un Estado de desecho, sino para vestirse asimismo de tiranía. Los corruptos e inútiles que expolian en España se convierten en déspotas arbitrarios cuando miran hacia arriba.

Desde el 27 de octubre de 2017, Cataluña es una República independiente por voluntad mayoritaria de su parlamento legítimo. Un intervención desaforada e ilegal del Estado creó una situación excepcional de hecho,con el presidente del gobierno catalán en el exilio, el vicepresidente en la cárcel, el gobierno destituido, el Parlamento clausurado, todo ello pendiente a su vez de unas elecciones el 21 de diciembre pasado, que habían de aclarar el futuro de Cataluña. El resultado de estas fue un nuevo triunfo del gobierno legítimo de la Generalitat y la repetición de la mayoría parlamentaria absoluta independentista:

¿A qué espera el gobierno para reconocer este resultado, reponer a los exiliados y encarcelados en sus puestos, a la mayoría parlamentaria en el suyo y permitir que el Parlamento continúe con su labor, interrumpida a raíz del golpe de Estado del bloque del 155 (PP, PSOE, C’s)? Obviamente a que los jueces, movidos por la fiscalía, que cumple órdenes del propio gobierno, le hagan el trabajo sucio, impidan que los cargos electos ocupen los cargos para los que han sido elegidos y presten un disfraz jurídico a la pura arbitrariedad y tiranía de un gobierno de malhechores que usurpa las instituciones de Cataluña y boicotea su funcionamiento como Estado democrático de derecho, cosa que él no es.

En esta situación de arbitrariedad, despotismo, indebida injerencia judicial, ilegalidad de hecho y sabotaje español de las instituciones catalanas reina la más absoluta inseguridad jurídica y el atropello a los derechos de los ciudadanos. Tanto es así que hasta Arrimadas cree que puede llegar a la presidencia de la Generalitat, que las urnas no le han dado, pasando por encima del exilio y la cárcel de sus adversarios.

El único inconveniente para los planes españoles de aniquilar por el abuso y la fuerza el independentismo catalán es que este ha ganado las elecciones que los mismos españoles convocaron en condiciones de irritante desigualdad a su favor y en contra de los catalanes. Toca, pues, al presidente y vicepresidente legítimos de la Generalitat componer el gobierno que fue ilegalmente depuesto el 27 de octubre y repuesto por voluntad popular el 21 de diciembre. Cómo vaya a organizar política y judicialmente esta restitución el bloque del 155 es asunto que él deberá acometer y es de esperar que lo haga con algo más más de eficacia de la que muestra en la gestión del tráfico aunque menos de la tiene en saquear el erario.

Los candidatos electos, Puigdemont, Junqueras, etc., deben tomar posesión de sus cargos, junto con el resto del gobierno legítimo de la Generalitat el próximo 17 de enero sin más trampas ni dilaciones. Los procesos penales abiertos por unos jueces complacientes con la tiranía del PP con el fin de montar una causa política general contra el independentismo deben archivarse. El conflicto debe resolverse en el único ámbito en que se planteó por la parte catalana, el de la negociación política y el acuerdo y del que se ha desviado por el carácter marcadamente franquista de los gobernantes y los jueces que los secundan.

Mientras el gobierno español encuentra una vía para salir del hoyo dictatorial en que se ha metido con ayuda de los irresponsables del PSOE y C’s, los catalanes harán bien en barajar todas las posibilidades que conduzcan al restablecimiento de la legítima Generalitat. Y en poner en práctica las que mejor garanticen la independencia y seguridad de la República Catalana.

Incluida una medida de resistencia frente a la tiranía consistente en no aceptar las condiciones humillantes e ilegales que dicte la coyunda de gobernantes y jueces al amparo del 155. La mayoría absoluta del Parlament podría negarse a constituirse en condiciones abusivas e ilegales y practicar lo que se conoce como la “retirada al Aventino”: los diputados independentistas se reunirían en otra parte, incluso fuera de territorio español, en parlamento legítimo de Cataluña, y dejarían a la señora Arrimadas, al señor Iceta y al señor Albiol reducidos a lo que son: una tertulia televisiva española.

lunes, 8 de enero de 2018

Miedo a los líderes

Decían enfrentarse a una conjura de iluminados que saldrían corriendo en cuanto el Estado se pusiera serio. Hablaban de unas masas tumultuarias que fue preciso aplacar con contundencia mediante la fuerza pública y el uso legítimo de la violencia. Reaccionaron frente a un esperpento parlamentario con declaración ilegal y disparatada de independencia. Encarcelados o exiliados los líderes, los tildaron de cobardes, fugados, arrepentidos. Vieron el desplazamiento de 45.000 a Bruselas el siete de diciembre como una peregrinación de lazos amarillos, similar a las de Lourdes. Descontaron un resultado electoral el 21D con un triunfo de las fuerzas independentistas.

Ni una. Nada de conjura de iluminados, ni de tumultos (salvo los que organizan los constitucionalistas), ni de cobardía o arrepentimiento de los líderes, ni de peregrinación, ni de derrota en las urnas.

Un movimiento social muy fuerte, muy extendido, concienciado y con fuerte voluntad, y unos líderes sólidos, coordinados y con el apoyo del movimiento en su conjunto. Estos genios del bloque del 155 (B155 de ahora en adelante) han dibujado el escenario de una ciudadela sitiada por una mezcla de bárbaros, mercenarios y asaltacaminos, más o menos encuadrados en algún orden regular. Han dibujado la Resistencia frente al imperio. Nunca han tenido la iniciativa política; han perdido la batalla del relato; y ahora solo les queda la fuerza bruta disfrazada con toga judicial.

El País, abanderado de la batalla contra el independentismo, acude a la táctica de minar la moral de los adversarios, pues no puede levantar la propia. El punto más antiguo de esa táctica es dividirlos, difundir rumores y bulos para enfrentarlos entre sí. ¡El secesionismo desestabilizado! Ahí es nada. Ante esta buena nueva, hasta Arrimadas se anima a pujar por la presidencia. Ya solo con esta posibilidad se garantiza la unidad monolítica del bloque independentista y hasta la CUP, horrorizada, corre a integrarse en el govern. En el propio vídeo que El País acompaña a su noticia (véanlo, es breve), se dice lo contrario de lo que esta afirma. De desestabilizar, nada. La noticia se engancha al final en la frase de Rufian: si Puigdemont no puede ser presidente, ellos proponen a Junqueras. Lógico: ¿quién va a sustituir a un Presidente que causa baja por el motivo que sea? ¿El ganador de la vuelta ciclista? 

Estas y otras majaderías (como la habitual cospedaliana de manosear otra vez al ejército) no consiguen ocultar el miedo del B155 a los líderes independentistas. Son honrados, íntegros, tienen carisma, luchan con sacrificio personal por una causa, la gente los apoya y los sigue y todos están movidos por un mismo objetivo. Nada de eso hay en España. Nada. Un gobierno de mafiosos, una oposición claudicante, unos medios comprados, una justicia desprestigiada, unas masas que solo se movilizan contra Cataluña, un país saqueado y extraordinariamente débil en el concierto internacional.

Miedo cerval. El B155 está dispuesto a hacer lo que sea para que esos líderes no tomen posesión de los cargos. Se entiende, aunque no sea justificable. Les va la carrera en ello. A los de triunvirato nacional Rajoy/Sánchez/Rivera y quizá también al afuereño Iglesias. Que se salgan con la suya de impedirlo o no dependerá de las respuestas que puedan dar a estas dos preguntas: 1ª) ¿a qué coste; 2ª) después, ¿qué?

De momento, el resultado de las elecciones del 21D exige que todos los diputados electos puedan tomar posesión de sus actas, constituir el Parlament y, a continuación, constituir el govern, cuya primera declaración, su duda, será considerarse restituido antes que constituido.

domingo, 7 de enero de 2018

El gran robo del siglo

El robo del siglo y del país. Y en más de un sentido.

Es una convicción generalizada: los que venían a gestionar bien, con sentido común, sin gastar más de lo que tenemos, a acabar con el paro en dos años, han destruido, han esquilmado el país. Han descapitalizado todos los servicios públicos, reducido los salarios a la miseria, recortado o suprimido todo tipo de subsidios, arruinado la I+D y expoliado el fondo de reserva de la seguridad social. Y han creado una deuda pública billonaria que habrán de pagar las generaciones futuras.

Un crimen. Perpetrado por una mezcla de incompetencia y corrupción y, la verdad, no se sabe cuál será mayor. Porque sinvergüenzas son un rato largo (mil imputados, se dice pronto), pero estúpidos, aun más. Basta con oírlos hablar, empezando por el presidente de los sobresueldos, que no sabe ni en qué año vive. 

Un crimen palmario, público, evidente, trufado de verdaderas afrentas a la dignidad (y los bolsillos) de la ciudadanía, como los rescates bancarios o el hecho de que Urdangarin y Rato anden por ahí mientras Junqueras y otros están en la cárcel. Paladino, notorio, humillante. Tanto que ya está saltando a los medios internacionales como lo que es, un gobierno de una asociación de presuntos delincuentes (vulgo mafia) .

Claro que no es la resonancia internacional de la corrupción lo que preocupa al gobierno. Si es capaz de censurar y manipular la información interior, más podrá hacerlo con la exterior. Lo que le preocupa es la solidez del apoyo judicial a su política represiva en Cataluña. Represiva y provocadora pues, valiéndose del 155, busca impedir el normal desarrollo de la política institucional catalana a base de torpedear el cumplimiento del resultado de las elecciones del 21D, como se le exige en la UE. Lo que le preocupa es hasta qué punto en Europa se aceptará la excusa judicial para sancionar un estado de excepción que ni hay modo de justificar ni tiene expectativa alguna de viabilidad. En qué medida Europa no relacionará el conocimiento de la corrupción en España, la falta de independencia judicial que denuncian el Consejo de Europa y la Comisión Europa con un procedimiento judicial que tiene caracteres de "justicia política", incluso inquisitoriales.

Si de lo que se trata es de hacer, como dice el abogado de Junqueras, una causa general contra el independentismo, conviene que los estrategas de la derecha piensen en la eventualidad de tener que ampliar la causa a los más de dos millones de votantes de partidos independentistas. 

Para encontrar una cortina de humo capaz de ocultar la catástrofe que han organizado a fuer de incompetentes y ladrones van a necesitar algo más que partir el país que heredaron de sus padres.

¡Ah, qué tiempos!

Richard R. Weiner & Iván López (2017) Los indignados: Tides of Social Insertion in Spain Washington/Winchester: Zero books, (217 págs)
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Recordarán los lectores que, a principios de diciembre pasado, Palinuro daba cuenta de la publicación de la obra de teatro de Marcel Vilarós, titulada Mi abuelo fue a Cuba. Además de asignarme el ocasional papel (los grandes actores tenemos siempre comienzos modestos) Marcel me pidió un prólogo, que aparece antes de la obra con el título de Menos se perdió en Cuba.

De prólogos a postfacios, la vida es un balancín. Los profesores Weiner y López han publicado un interesante trabajo de investigación y reflexión sobre el fenómeno de los indignados que tanta alharaca mediática suscitó en los primeros cinco años de la crisis y su deriva político-institucional posterior de Podemos y sus confluencias. Para acabar de arreglarlo tuvieron la caritativa idea de honrarme pidiéndome unas líneas que figuran como "Afterword" en el texto.

El libro tiene muchos méritos. Enumerarlos haría interminable la reseña y no en todos los casos con la debida justicia. Es un trabajo académico, claramente expuesto y bien apoyado en fuentes empíricas, estadísticas y doctrinales. Pero, al mismo tiempo, es un ensayo elegantemente escrito, con capítulos de longitud muy desigual como desiguales son las cosas en la vida y en un estilo fresco y original. Es una rendición de cuentas de una cultura política desde dentro y fuera de ella, desde las perspectivas emic y etic de los antropólogos.

Weiner y López son ellos mismos indignados, se sienten indignados y, al mismo tiempo, son optimistas al considerar que el movimiento lleva a una potencialidad y realidad (especialmente en el ámbito municipal) de cambio emancipatorio por medios nuevos. Su conclusión está contenida en el título : mareas de inserción social en España. Reténgase el complemento circunstancial de lugar, España, pues es importante. Al fin y al cabo la idea de indignarse nace en Francia pero toma cuerpo en España. Un poco al modo en que, según Heine, la filosofía alemana soñaba con la revolución que los franceses hacían.

La idea y esperanza de los autores es que el movimiento indignados es una forma única, original, rizomática de reinserción social de una generación de marginados, desplazados y privados de futuro. A este extremo se ha llegado por la diabólica conjunción de una crisis económica que ha doblegado a los Estados como instituciones soberanas, haciéndolos incapaces de garantizar una gobernanza justa y un trastorno sociodemográfico sin precedentes en cuanto a esperanza de vida, robotización el trabajo y restricción del empleo.

Junto a Deleuze se recurre asimismo a Gorz por lo de la desaparición de la clase, que era un viejo y seguro mecanismo de integración. Junto a estas dos, el discurso de los autores tiene fuertes apoyos doctrinales en Lipset, Luhmann, Habermas, Turaine, etc., en un arco que va desde la primera "crisis de legitimidad" hasta las formulaciones de sociedades postcapitalistas, desde las elaboraciones teóricas de otro mundo es posible a la aplicación práctica de las plataformas antidesahucios, en fuerte hermandad de espíritu con el municipalismo del movimiento.

Los autores incluyen una especie de tabla cronológica de la evolución que estudian desde febrero de 2009 (formación de la PAH ) hasta el 3 de junio de 2016, lo que no obsta para que analicen el resultado de las elecciones del 26 de junio de ese año. La narrativa tiene una ruptura en 2014. Hasta entonces, se habla, considera e investiga a los indignados; desde entonces, el foco se pone en el desarrollo de Podemos y sus confluencias. La primera parte señala el movimiento Indignados como asambleario, rizomático, democrático, abierto, grass roots, desvertebrado, sin jerarquía, espontáneo y español. A este respecto, en un apartado relativo a la crisis del Estado de la Transición, los autores, dejan caer una observación, claramente dirigida a orientar a los lectores extranjeros que dice: For centuries, Spain scarcely developed a democratic culture (p. 47). Este es el sentido profundo de la determinación circunstancial de lugar antes señalada. Sobre el fondo de la resignada afirmación ha de entenderse la alegría, casi regeneracionista, con que los autores saludan y analizan el surgimiento de Podemos, y sus confluencias, surgidas según este avanzaba, al modo en que los seres humanos nacen de la tierra al paso de Cadmo tirando los huesos de su madre.

Para valernos de Luhmann, Podemos traía una promesa de poner en contacto dos sistemas que se habían distanciado, el político y el social, haciéndolo en el terreno que el sociólogo alemán considera coextensivo de la acción social: la comunicación. Es muy de resaltar cómo Podemos se crea un espacio mediático propio y prestado, novedoso, que posibilita esa comunicación entre los sistemas. La reiterada firmación de Iglesias acerca de la política bifronte de Podemos, en las instituciones y en la calle, bien claro lo deja. Hacia la calle, ruptura de la razón de Estado; hacia el Parlamento, la voz del pueblo. ¿O es una visión excesivamente radical?

Los autores dedican la segunda parte al análisis de Podemos como formación política, surgida de los "iracundos nietos del segundo aburguesamiento" (p. 69). Presionados por la precariedad, léase precariado, de Guy Standing (p. 103) que nos explica el carácter de movimientos anti-neoliberales estos "nietos" organizan partidos políticos alternativos. Podemos. El estudio de la organización incluye su estructura interna, sus tendencias, sus relaciones con los medios, su electorado, etc. y los sitúa luego sobre tres grandes fondos electorales: las elecciones locales de mayo de 2015 y las generales del 20 de diciembre de 2015 y 26 de junio de 2016.

Las municipales (y autonómicas) desplegaron una amplia variedad organizativa local que se articuló en las famosas confluencias. Un tratamiento específico de este asunto que tuviera en cuenta factores diversos como los distintos nacionalismos y/o peculiaridades locales requeriría otro libro. Señalada queda la importancia de las confluencias en la estructura de Podemos y la cuestión de hasta qué punto sean compatibles.

Las generales presentan otro cariz. Juegan consideraciones de gran política, alianzas, coaliciones de gobierno, mociones de censura, investiduras, la política institucional como vértigo. Sorpasso, conflicto interno en el PSOE, impacto de C's en el PP, todo este batiburrillo, acompañado de la presión lateral del independentismo catalán, cada vez más dominante, se resolverá (es un decir) a raíz de las elecciones de nuevo generales de 26 de junio. Los autores registran el fracaso del Sorpasso como determinante de la estrategia de Podemos, que pierde más de un millón de votos con su unión con IU en Unidos Podemos (p. 174).

A la espera de la evolución posterior, no hay inconveniente en saludar la fórmula propuesta por los autores de Podemos como un partido-movimiento, yéndose a buscar inspiración para ello al alma de varios movimientos partidos latinoamericanos, lo que traza el pedigrí del concepto laclaviano de "significantes vacíos" (p. 166).

Insisto en la claridad expositiva, muy útil para tema tan abigarrado. Y la audacia con que quedan planteados los dos temas cruciales a la hora de analizar conjuntamente los Indignados y Podemos: a) hasta qué punto llega esta conexión entre movimiento y partido y si Podemos es el representante, el albacea o el tapón del movimiento; b) hasta qué punto es compatible una estructura de partido con las confluencias y, especialmente, con una realidad tan inestable y cambiante como la política municipal, en un país que reverbera de "ciudades rebeldes" (p. 25), interesante concepto de David Harvey que me propongo investigar.


sábado, 6 de enero de 2018

La violencia es la prisión

Permítaseme una vanidad infantil. Ayer, los tres magistrados del Supremo ignoraron la súplica de Palinuro y decidieron dejar en prisión a Junqueras. En cambio le dieron alegremente la razón y hasta lo convirtieron en profeta cuando decía: el personal avisa de que ese concepto de violencia es interpretable y puede acabar siendo violencia algo que no lo parezca. Y hasta que ni lo sea. Y así ha sido.

Junqueras sigue en la cárcel en virtud de una interpretación  altamente cuestionable, retorcida,  del concepto de violencia, requisito imprescindible en la tipificación del delito de rebelión. Podría caber perfectamente en el supuesto anterior: se califica de violencia la falta de violencia. El auto de la sala así razona de modo prácticamente literal. Se admite que Junqueras no es autor de violencia alguna de palabra u obra, pero se le hace responsable de la que se pudiera derivar de su pronunciamiento público a favor de la independencia de Catalunya. Y ya alcanza niveles asombrosos cuando también se le hace responsable de la violencia (se apostilla legítima) que pudieran ejercer los cuerpos de seguridad del Estado. La doctrina del maltratador: por su comportamiento, la Generalitat era responsable de las consecuencias del 155. Este concepto de violencia hipotético y preventivo, no tiene nada que ver con el que figura en el Código Penal como medio instrumental de un alzamiento público.

A estas alturas se perfilan las estrategias político-judiciales. Lo dice el abogado de Puigdemont: "se está haciendo una causa general contra el independentismo" . De aquí a que vuelva a haber delitos de opinión no hay más que un paso. Y, de encarcelar a la gente por sus ideas (como ya lo están los cuatro que siguen en prisión) a prohibir sus partidos políticos solo hay otro. Para entonces a lo mejor puede hablarse ya de dictadura y del triste papel de comparsa de la izquierda española. 

De hecho, el proceso tiene un tufo inquisitorial notorio. Discuten los jueces sobre la sinceridad de las declaraciones de Junqueras. Se consideran con derecho y capacidad para juzgar sus intenciones y lo castigan preventivamente. El código doctrinal que invocan y al que exigen acatamiento sincero, él mismo no lo exige. Pero eso ya importa poco porque los jueces se salen de la constitución al exigir ese acatamiento como condición para la libertad. Pero se sienten tan a gusto porque no administran justicia en nombre de la Constitución sino ya directa e indistintamente de la Nación y el Estado, como reconocen varias veces en su auto. Esta perspectiva nacional (que convierte todo juicio a la independentismo en un acto de juez y parte) y estatal (que confirma la supremacía de la ley del Estado) les parece tan natural como el aire que respiran. Y los aleja de la justicia. 

El otro asunto, más práctico y hasta sorpresivo, es el de en qué pueda afectar la prisión continuada de Junqueras a la cuestión de la investidura del presidente. La respuesta es en nada. Las opciones siguen abiertas y la solución que se adopte finalmente en esta controversia de la constitución del Parlament y del govern está aún lejos de configurarse porque dependerá de innumerables negociaciones políticas en España y fuera de España. 

viernes, 5 de enero de 2018

¿Qué están juzgando?

Ciertamente, Junqueras es un hombre de paz. Anque no lo hubiera demostrado a fondo como lo ha hecho, bastaría su palabra. Como debiera bastar si dice que acata la Constitución, la ley o lo que sea. No asiste a los magistrados la competencia de indagar si su acatamiento es o no sincero. No son inquisidores.

¿O sí? Junqueras dice ser un hombre de paz ¿quién sabe? ¿quizá como Bruto decía ser hombre honorable, según Antonio? Y, en todo caso, ¿a qué viene eso de ser "hombre de paz"? Aquí se trata de cuestiones objetivas, jurídicas, delitos; nada de paz. Estos inquisidores, sin duda, son todos creyentes en aquel que, cuando lo enredaban los fariseos con la ley de los hombres, decía que superior era la ley de su Padre. Y si lo creen de uno ¿por qué no lo creerán del otro? Quiero decir, en cuanto a la sinceridad de su afirmación. Ya sé que es enojoso averiguar lo que piensan los seres humanos; para eso se inventó la Inquisición, el tribunal de las conciencias. Pero no estamos otra vez en la Inquisición, ¿no?

Téngase asimismo en cuenta que la declaración de paz de Junqueras es una defensa poderosa en contra de las acusaciones que sobre él pesan empezando por la de rebelión, todas las cuales exigen violencia. Ya sé que aquí el personal avisa de que ese concepto de violencia es interpretable y puede acabar siendo violencia algo que no lo parezca. Y hasta que ni lo sea. 

Cierto. Pondré un ejemplo. Tras tomar declaración a Junqueras, los magistrados de la sala de apelaciones han aplazado dar a conocer su decisión. Tener en prisión a un hombre de paz movido por sus profundas creencias religiosas, dignitas hominis, según él mismo ha dicho, el día de Reyes, privado de ver a sus hijos y en una causa tan problemática como esta, ¿puede considerarse violencia? ¿Crueldad?

Señorías, dejen que los RRMM traigan esta noche a esos niños la presencia de su padre. Esto no va ya de fiscales, jueces y tribunales; ni siquiera de política. Esto va de humanidad. 

La ruptura


Vídeo del 1º de octubre.

A medida que pasa el tiempo, con la frialdad de la distancia, los hechos van tomando dimensiones cambiantes. A los tres meses del 1º de octubre, la indignación que producen esas imágenes es, si cabe, mayor, porque al sentimiento de repulsa que suscitan, se añade la amargura de ver que los responsables no son castigados sino premiados; las víctimas, menospreciadas cuando no objeto de crueles burlas, incluso por parte de ministros del gobierno; y la reacción de las autoridades, más represiva, habiendo llegado a encarcelar u obligar a exiliarse a los representantes democráticamente elegidos por cumplir el mandato salido del referéndum.

Este corto de media hora, compuesto con imágenes que han dado la vuelta al mundo, lo dice todo sobre el 1º de octubre: la movilización pacífica y democrática de la población, la inaudita ferocidad de la represión policial y el triunfo aplastante del "sí", a costa de 1.006 heridos, inmensos daños materiales y la destruccción de toda esperanza de convivencia dentro de España.

El vídeo es un hito iconográfico de una "hoja de ruta" que acababa precisamente ese día. Concluía una primera etapa del procés y comenzaba otra que estamos viviendo hoy como consecuencia de aquella.


jueves, 4 de enero de 2018

La presidencia creciente

El galopar del caballo independentista catalán va a dejar sin hierba las verdes praderas de la izquierda española, pastos preferidos de unicornios, hipogrifos y otras creaciones poéticas. Ayer se dio de baja en el PSOE José Antonio Pérez Tapias, un histórico (24 años de militancia) del ala izquierda. Compitió con Sánchez por la secretaría general y perdió. Luego se opuso a la defenestración de octubre y apoyó a su antiguo rival en la recuperación de la secretaría general con un discurso de izquierda. Ahora se va desengañado. El más notorio punto de fricción: el referéndum pactado catalán. Este, como los racimos de cerezas, trae otros, singularmente el del apoyo del PSOE al 155.

Cataluña ha pasado de ser un incordio periódico que se conllevaba con  hastío cosmopolita a constituirse en la misma centralidad política. Todos reaccionan a los hechos de Cataluña y Cataluña determina la vida política española. Lo más importante que ha hecho el presidente del gobierno ha sido fijar fecha de constitución del Parlament al 17 de enero al amparo del 155. La finalidad habrá de ser el restablecimiento de la normalidad institucional: los diputados electos toman posesión de sus actas y se constituye el Parlament. Pero esa normalidad no puede restablecerse mientras está en vigor la excepcionalidad de cargos electos en el exilio y en prisión. La excepcionalidad del 155.

Al margen de otras opciones como que algunos candidatos electos renuncien al acta para que corran las listas (cosa que plantea diversos problemas, alguno de ellos de principio), no se ve por qué los electos no pueden tomar posesión por vía telemática en la era de las TICs. El argumento de que las normas exigen el requisito de la presencia física, material, del candidato no descansa sobre ninguna cita explícita y más bien parece apuntarse a la aviesa intención de invocar pretextos jurídicos para atraer a Puigdemont a España y echarle el guante. 

Sin duda la exigencia de presencia física (no virtual) descansa en la muy lógica asunción de que es un asunto tan evidente, que no se consideró necesario especificarlo. El requisito de presencia física se presume. Pero también se presume que la justicia no acusa a nadie extra muros de delitos que no puede sostener y los retira para imputárselos intra muros. Para que la solución política sea fructífera se requiere buena fe por todas partes.

Puigdemont es el presidente de hecho y derecho de la Generalitat de Cataluña. 

Será imposible explicar a los europeos por qué no se le permite ejercer como tal. 

miércoles, 3 de enero de 2018

Cuestión de legitimidad

Aquí, mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado La República Catalana realment existent.

Antes de adjuntar la versión castellana, unas observaciones que hacen al caso de lo que aquí se dirime: si hay o no presidente, si hay o no República catalana.

Leo en El País un artículo de Lluís Bassets, cuyo título (Puigdemont no es el presidente de los catalanes) resume su contenido, por otro lado nada desdeñable porque acumula una formidable batería de argumentos de muy variada factura en contra de la idea de considerar a Puigdemont presidente de los catalanes. Casi podría titularse, al modo clásico, un adversus Puigdemont. Por debajo de las razones aducidas, muy respetables pero igualmente discutibles, late una convicción inconfesa: la cuestión independentista responde a la acción de una sola persona. Los más de dos millones de votos que la avalan en las duras y en las más duras, no cuentan. Los más de dos millones que quieren escuchar lo que han escuchado, no lo que Bassets piense que debieran escuchar, no merecen mención alguna.

Según tengo entendido, el señor Alejo Vidal-Quadras propone en un tuit liberar a los presos políticos, poner a Junqueras de presidente de la Generalitat y desterrar a Puigdemont a perpetuidad. Digo que tengo entendido ya que no he podido comprobarlo en la fuente porque me tiene bloqueado. No importa gran cosa, pues se ha retuiteado mucho. Lo interesante de este tosco plan que ignora todo sobre procedimientos, incluida la buena educación, no es que sea perfectamente irrealizable. Lo interesante es que, de modo mucho más primitivo y por ello más claro, apunta al mismo objetivo de Bassets: tirar contra Puigdemont. En el caso de Bassets por no ocuparse de los asuntos reales etc.,; en el de Vidal-Quadras, simplemente, por ser el (verdadero) peligro. Los dos, muy hábiles, queriendo aniquilar el liderazgo de Puigdemont a base de ignorar el movimiento que lo apoya, lo convierten en su símbolo y, por eso, muy en contra de sus deseos, lo ensalzan.

Bien es verdad que la intención ladina en los dos casos es dividir el bloque independentista, enfrentando a ERC con JxC y a Junqueras con Puigdemont. En un caso (Bassets), más disimuladamente; en el otro (Vidal-Quadras) a la voz del mando. Este último muestra una deplorable ignorancia al tratar a Junqueras como un peón al que se puede cambiar a capricho valiéndose de su ambición. La mentalidad autoritaria ciega. El presidente de ERC simboliza hoy, junto a sus compañeros de prisión, la fuerza moral del movimiento independentista en nombre de la dignidad de un pueblo. Eso merece un respeto. Y lo tiene. Hasta de sus adversarios, excluidos quienes ignoran qué sea el respeto.

Por eso es esencial que ERC, en rauda respuesta a estas proposiciones (por llamarlas de algún modo) haya aclarado que exige la constitución del gobierno legítimo de la Generalitat, arbitrariamente depuesto mediante el artículo 155. 

No hay otra salida que la constitución de un gobierno según los resultados de las elecciones del 21D. Esto es, un gobierno independentista apoyado en una mayoría parlamentaria absoluta del mismo signo. Si, después de esto, hay diálogo o no dependerá del gobierno central.

Aquí la versión castellana: 

 La República Catalana realmente existente

                                                                                                                       
En su Matemática de la historia, Alexandre Deulofeu preveía en los años cuarenta del siglo pasado el fin del imperio español para 2029. Hoy, cuando estamos más cerca de esa fecha que del propio Deulofeu vemos que estuvo a punto de clavarlo. Una diferencia de un decenio apenas es nada.

La República Catalana es un hecho. Tiene la objetividad y la realidad de los hechos. Y su tozudez. El imperio español trató de aniquilarla en la cuna, al modo en que las serpientes que mandó Hera celosa querían acabar con Hércules, que las destrozó. Hizo uno de sus pronunciamientos autoritarios, con la habitual balumba y prosopopeya castellana: declaró disuelto el govern de la Generalitat, destituidos su presidente y consellers, clausuró el Parlamento y encarceló a algunas de las personas destituidas y envió a otras al exilio.

Si alguien aquí ha recurrido a la unilateralidad ha sido el gobierno español con una aplicación ultra vires de una norma excepcional, el artículo 155 de la Constitución. Ni el 155 prevé estas acciones ni el presidente del gobierno está facultado para tomarlas , pero eso no importa porque este gobierno no se considera vinculado por las normas escritas y no escritas de la democracia y el Estado de derecho ni por su propio ordenamiento jurídico ya que es una dictadura de un partido y una persona. El partido, imputado en varios delitos en procesos penales y la persona, acusada de haber cobrado sobresueldos ilegales y comprobada avalista de las cuentas suizas de un delincuente, debieran haber dimitido hace años y estar a disposición de los tribunales como presuntos delincuentes que son todos ellos.

España es el único país del mundo en el que unos presuntos delincuentes gobiernan y se permiten el lujo de decir que otros cumplan la ley que ellos quebrantan en todas y cada una de sus actuaciones. La figura de unos delincuentes dictando autoritariamente las leyes que han de cumplir los demás es exactamente la dictadura de Franco. La única diferencia entre este y sus émulos hoy día es que si aquel basaba su tiranía en el ejército, estos la basan en los jueces. Pero la tiranía, la arbitrariedad es la misma: No hay más ley que la que dicta el tirano y cualquier otra norma o institución serán reprimidas por la violencia. Para restablecer el orden de hecho (ya que no derecho) de la dictadura.

El ejemplo más evidente de la contraposición es la República Catalana. Destituida por la fuerza bruta del 155, con el apoyo de los sayones del PSOE y C’s y la ambigüedad de Podemos, ha sido repuesta en toda su fuerza y legitimidad con el voto mayoritario de la ciudadanía catalana en unas elecciones cuya falta de imparcialidad, legalidad y neutralidad únicamente han puesto más de relieve la fortaleza del pueblo catalán y su determinación a la hora de defender su propia legalidad, sus instituciones y sus representantes democráticamente electos.

A día de hoy, los catalanes, tozudamente alzados, han votado en condiciones muy desfavorables de juego sucio impuestas por unos adversarios del bloque del 155 (PP, PSOE, C’s) que además de incurrir en esta inmoralidad, han perdido. Y han votado para reponer en sus puestos a su gobierno legítimo, depuesto, encarcelado y exiliado mediante el abuso de un poder político a su vez delictivo.

Al día de hoy, el govern catalán es más legal y legítimo que el español y el president de la Generalitat más legítimo y legal que Rajoy, el presidente avalista de los sobresueldos que, en realidad, al no dimitir como mandan los usos democráticos civiliados, se ha convertido en un usurpador.


La República Catalana, solemnemente proclamada el pasado 27 octubre e inmediatamente atropellada por la fuerza bruta, la ilegalidad y el abuso del gobierno español, es más legal y legítima que ese mismo gobierno. Con sus dirigentes en la cárcel o el exilio, con sus instituciones suspendidas, sus partidos hostigados y sus gentes perseguidas es más real, más auténtica y más sólida que este remedo de Estado democrático, dictadura real de un partido, un gobierno y un presidente corruptos y sus cómplices y aliados de la oposición.

Aparentemente la desproporción de fuerzas es enorme en contra del independentismo. Aparentemente. Pero la realidad, que no obedece a los deseos de la oligarquía española y sus siervos de la izquierda, sigue respaldando los derechos de los legítimos representantes de la voluntad mayoritaria de los catalanes. Porque la fuerza de las instituciones no descansa en las armas de los pretorianos ni en la demagogia de los políticos ni en las  prevaricaciones de los jueces, sino en la decisión del pueblo.

El pueblo catalán habló el 1º de octubre pasado en condiciones de agresión institucional de una violencia (y una cobardía) sin precedentes, y la independencia tuvo 2.044.038 votos (90,2% de los emitidos con una participación deel 43%). Volvió a hacerlo en el curso de unas elecciones impuestas por el adversario, llenas de trampas, censuras, abusos y manipulaciones y la independencia volvió a conseguir 2.063.361 (un 47,49% con una participación de cerca del 82%).

La República Catalana hoy existente es la plasmación real de esta voluntad mayoritaria del pueblo catalán, momentáneamente secuestrada, contra toda razón y derecho, por un gobierno extranjero en uso y abuso de la fuerza bruta.

Corresponde a la Unión Europea obligar al Estado español a reconocer la República Catalana actuar en cumplimiento de su propia legalidad o, en caso contrario, activar el artículo 7 del Tratado y proceder contra España por atentado contra los principios del Estado de derecho.

martes, 2 de enero de 2018

Presidente in partibus

Sí, presidente en la parte del infiel. Pues, aunque el catolicismo es mayoritario en Bruselas, se trata de un catolicismo muy poco católico porque, por ejemplo, nunca gustó de la Inquisición, gran organizadora de festejos y hogueras populares. Por eso hubo que decapitar a Egmont, para que sentara la cabeza. Decapitar en serio, no como esos descabezamientos de Rajoy que más parecen descabezamientos de la Hidra. Nueve cabezas por cada una que corta. Diez indpendentistas cada vez que abre la boca.

La cuestión de la investidura de Puigdemont como legítimo presidente de la Generalitat, sobre la que parecen devanarse los sesos los independentistas no es una cuestión jurídica, sino política. No es cosa de saber si tal o cual artículo del reglamento permiten una investidura in absentia, entre otras cosas porque para ello antes debe constituirse el Parlament y no está claro que pueda con ocho diputados electos ausentes. 

Se trata de posibilitar la aplicación del resultado de las elecciones para lo cual hay que retirar los cargos que se formulan contra los presos preventivos y los exiliados. De no hacerse así, pretextando una imaginaria separación de poderes, la única alternativa es que Rajoy otorgue un salvoconducto a Puigdemont para entrar en Catalunya al modo en que el Rey de los Romanos, Segismundo, se lo otorgó al hereje Juan Hus en tiempos que cada vez se parecen más a estos. Y no creo que M punto Rajoy sea más de fiar que Segismundo. 

Una acusación frecuente al independentismo desde el bloque del 155 es la de jugar a hechos consumados. Es discutible e irrelevante desde el momento en que hecho consumado típico es decirle a otro: "elige lo que quieras que yo haré lo que me dé la gana". Como hecho consumado fue encarcelar a los dirigentes independentistas. Y en ambos casos justificados con el mismo error: la seguridad de que, consumado el hecho, habría una pequeña reacción y volvería la calma de inmediato. Fue falso, es falso y seguirá siendo falso. 

Proseguir con el 155 en Catalunya es fomentar la inoperancia, la inestabilidad. Cuando no la turbulencia que no se produce a causa del carácter democrático, cívico y pacífico del movimiento que se pretende sofocar.

Si el bloque del 155 retorna a la sensatez, tan invocada en sus discursos, reconocerá los resultados de las elecciones del 21D, liberará a presos y exiliados políticos, allanará el camino para la constitución de un gobierno apoyado en una mayoría absoluta indpendentista. Y, luego, abrirá un diálogo y una negociación con ese govern para encontrar una solución libremente aceptada por las dos partes.

lunes, 1 de enero de 2018

Noche de máscaras

Ayer tuve que pelear con blogger un buen rato para que me dejara subir una foto de fiesta de fin de año. Lo conseguí, pero solo me dejó subir una. Luego se cerró y ya no pude ni editarlo. Hoy parece la cosa más normal, así que subo también esta foto como complemento para que se vea que venimos preparados para todo. 

¡Guy Fawkes y máscaras venecianas seremos los impasibles espectadores dee vuestras derrotas! Gentes de la mala hora, las que seguís empañadas en amargar la vida a los demás, las que dejáis sin recursos a los débiles mientras llenáis los bolsillos de los privilegiados y los ladrones de toda laya. Las que os dais golpes de pecho mientras robáis el dinero de los desempleados, los dependientes y pensionistas; las que machacáis a la ciudadanía en la calle cuando protesta; las que perseguís y encarceláis catalanes por querer decidir democráticamente su destino; las que soltáis a vuestros matones y parientes a amenazar a los ciudadanos; las que tenéis a la gente en el paro o cobrando salarios de miseria o yéndose al extranjero; las que os gastáis nuestro dinero en comprar armas al amo que ni siquiera sabéis manejar; las que hacéis guerra sucia financiada con fondos públicos que malversáis; las que robáis esos mismos fondos públicos en forma de comisiones, mordidas y sobresueldos y vais luego dando lecciones de ética; las que condecoráis vírgenes pero tenéis a los mendigos buscando comida en los contenedores o a los niños en barracones; las que dejáis sin fondos la lucha contra la violencia de género pero financiáis unas torturas salvajes llamadas corridas de toros; las que compráis a precio de oro a esbirros que canten vuestras glorias en los medios, auténticos truhanes capaces de vender a su madre por una colaboración en la tele. A vosotros, políticos tramposos y corruptos, empresarios explotadores, policías sádicos, jueces vendidos, señoritos de medio escupitajo, expertos a tanto el consejo, economistas trileros, sociólogos de canutazo, escritores a la voz del amo, curas rijosos y violadores, filósofos de varias verdades, politólogos en almoneda, funcionarios aprovechados, enchufados, asesores analfabetos, banqueros usurarios. 

Y a todos los que sostenemos con nuestro voto a esta manga de sinvergüenzas, logreros y arribistas del PP, el PSOE, C's o Podemos que ha destruido el país convirtiéndolo en el vomitorio de Europa.

Mal año a todos.

Libertad para los presos y exiliados políticos.

Feliz 2018


Hace cien años terminaba una guerra de cinco. Cien años después acabará otra de trescientos. Una guerra entre dos pueblos, el español y el catalán, que ha conocido de todo: largos periodos de paz más o menos armada y de colaboración más o menos consentida, de concordia y discordia y enfrentamientos bélicos de diversa naturaleza; algunos muy recientes; otros de ahora mismo. Hora es de que ambos dejen de enfrentarse, hasta de conllevarse y convivan en paz y mutuo reconocimiento sobre la base del respeto a la libertad de cada uno de decidir su propio destino.  

Para eso solo se requiere que se retire el artículo 155, los presos y exiliados vuelvan a sus casas y se retiren los cargos que pesan sobre ellos.

Con los mejores deseos de todas y todos y toditas y toditos los/las presentes en las fiestas. ¡Ah, las generaciones!

domingo, 31 de diciembre de 2017

El otro discurso

Ayer comentaba Palinuro el balance triunfal del año de M. Rajoy, con una victoria sobre los réprobos catalanes, capaces de sostener la nefanda y antidemocrática teoría de que ganar unas elecciones da derecho a componer gobierno. Días antes había glosado el discurso del Rey de esta católica monarquía el 24 de diciembre (Discursos a la nación catalana) informándonos muy cumplidamente de que aquí no se mueve nada ni nadie porque no. Horas después contestaba Puigdemont con otro discurso, afirmando que las elecciones del 21D fueron el triunfo de la República catalana frente a la Monarquía del 155.

Pero, desde entonces, se multiplicaron los gestos de hostilidad del bloque del 155 sin respuesta en el campo indepe en donde comenzaron a correr rumores de quiebras y discrepancias internas. La belicosa aparición de M. Rajoy, con su hidalga bambolla de trolas, amenazas, disparates y perogrulladas, acabó por asustar al personal. Justo lo que quieren estos vociferantes guerreros de la honra hispánica de la Gürtel.

Las guerras no se ganan en los campos de batalla sino antes, y en la retaguardia. La retaguardia determina la moral de los combatientes.

El "tradicional" discurso de fin de año de Puigdemont (aquí en castellano) es la respuesta a la prolongación del 155, el continuado ataque a las instituciones de autogobierno y la última diatriba de M. Rajoy en pro de la dictadura. Justamente lo que necesitaban las huestes indepes para encarar el nuevo año con brío. 

Ese es el punto central de ambos discursos. El de M. Rajoy es sobre el año pasado; el de Puigdemont sobre el que que viene, el que empieza hoy a las 24:00. El primero ha cantado sus glorias y exhibido como trofeos las cabezas de los dirigentes que él mismo había descabezado, según anunció orgullosa su vicepresidenta, hoy misteriosamente ausente del foro público. Las cabezas de los dirigentes políticamente muertos por haber albergado ideas distintas a las de la recta razón, monopolio exclusivo del 155. Tal es la realidad que M. Rajoy invita a aceptar a los futuros gobernantes catalanes si no quieren perder sus cabezas.

De pronto, algún recurso escénico, algún truco inesperado provoca un repentino cambio de escenario y de la sala de prensa de La Moncloa pasamos a una habitación en Bruselas con dos banderas catalana y europea, unas discretas luminarias navideñas y, en lugar de M. Rajoy, nos habla uno de sus descabezados, demostrando con hechos aquello de los muertos que vos matáis gozan de buena salud. También hemos cambiado de realidad. La realidad del lazo amarillo. La realidad de unos candidatos electos presos o exiliados, impedidos de ejercer sus derechos políticos. Ahora, el presidente del gobierno legítimo de la Generalitat exige al del gobierno de facto que acate el resultado de las elecciones 

Se oye mucho esa aparentemente sensata (y resignada) consideración de que es absurdo y además imposible gobernar por internet. Depende de lo que se entienda por gobernar. Por ejemplo, la cuestión ahora es saber cuál de las dos fórmulas acabará configurando la realidad real, si el 155 y la dictadura o el restablecimiento de la Generalitat legítima. Y esa es una decisión de gobierno a distancia. 

Se quiera o no, la cuestión catalana se ha internacionalizado, especialmente se ha "europeizado". La intervención de distintas instancias europeas es cada vez más evidente. El gobierno ve cómo se reduce su margen de maniobra en parte por su incompetencia (aunque esto no se lo confiesa), y en parte por la habilidad de sus adversarios, capaces de mantener una relación intensa entre los dirigentes y la amplísima base en que se apoyan. 

Se ponga como se ponga el bloque del 155, en Europa no es aceptable un Estado con rehenes, con presos políticos. 

En el PSOE se han enfadado del todo con Podemos por el supuesto apoyo de este al independentismo. Es una excusa porque todo el mundo sabe, incluido el PSOE, que Podemos no apoya el independentismo. Entre ellos lo resolverán. El PSOE hace visible así su exquisita centralidad entre el independentismo y el "inmovilismo" del  gobierno. Es preciso encontrar alguna fórmula intermedia, satisfactoria para todo el mundo. 

Mientras la encuentran, ¿qué tal si piden a su socio, el PP, que levante el 155 y permita que se constituya el govern legítimo? Sin prejuzgar el resultado que, cuando menos, las partes puedan actuar en igualdad de condiciones. Se llama juego limpio, algo por lo que el socialismo ha luchado siempre.

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Si no me equivoco, Puigdemont no menciona una sola vez al Rey. Es lógico; es el presidente de una República.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Al otro lado del espejo

M. Rajoy no vive en la realidad, sino en un apunte contable de la caja B. Pero la realidad vive en Rajoy. Él fabrica la realidad. Nuestros ingresos, nuestros gastos, pensiones, expectativas, nuestras vacaciones, nuestras viviendas, la factura de la luz y hasta nuestros tuits. La realidad es ese conjunto de vaguedades, lugares comunes pelados, silencios viscosos, intenciones torcidas, amenazas, más amenazas, perogrulladas, embustes en que habitualmente consisten las comparecencias de este azote del foro. Da igual por lo demás porque la realidad, en definitiva, es lo que él quiere que sea "en virtud del 155", una norma que no le permite hacer nada de lo que ha hecho, pero sí le permite hacer lo que le dé la gana. Así, tras consultar con su aliado, Rivera, Rajoy advierte de que "la ley no permitirá nuevas rupturas" . Y por ley se entenderá el 155 que, al suspender la Constitución, suspende toda ley excepto la que emane de la voluntad del que la aplica, o sea del dictador.

Una situación de la que es directamente responsable la oposición. PSOE, Podemos, PNV e indepes catalanes tienen en sus manos poner pronto fin a este maelstrom que está devorando la democracia y el Estado de derecho en España. Unos más que otros, cierto. Pónganse todos de acuerdo y presenten una moción de censura para terminar con los desafueros. Resulta inverosímil, dada la posición del PSOE, favorable al 155, incluso por encima de la voluntad mayoritaria del electorado catalán. Cada cual se hace responsable de lo que le parece, como diría M. Rajoy.

Esta situación ya la adelantó Albiol, hoy al frente de un cuarteto de viento en el Parlament por el que sin embargo habla el partido mayoritario en el resto del país. El presidente de este partido, una organización muy mal vista por los jueces y los ciudadanos a quienes ha esquilmado, niega que se pueda ser presidente de la Generalitat en el extranjero y a Urkullu la idea le parece "absurda". Llegará un tiempo en que estas cosas sean posibles en beneficio de todos pero, de momento, la solución es muy sencilla: levántese el 155, exonérese del modo que se quiera a los encarcelados y exiliados, permítase que se constituya el Parlament legalmente y reconózcase lealmente el govern salido de ese Parlament. La cuestión de si ese govern se salta o no la ley no puede prejuzgarse. Debe ser él quien lo decida advertido, además, como ya está con gesto fosco, de que si se sitúa fuera de la ley, de la ley del 155, le caerá un nuevo 155, o el mismo de la quinta anterior.

Este es el escenario previsto. El 155 sigue en funcionamiento y creando una situación de crisis institucional en Catalunya sin precedentes. Los indepes verán si aceptan la convocatoria de Rajoy de constituir el Parlament con candidatos electos en el exilio o en la cárcel y en condiciones de absoluta inseguridad jurídica. Aún no conocemos con exactitud qué derechos políticos son recortados o negados a unos presos preventivos, por qué razón y quién  toma la decisión. Tienen varias opciones que van desde negarse a aceptar la convocatoria por considerarla un chantaje, hasta aceptarla constituyendo el Parlament y posterior govern con substitutos en las listas. Pero esta última, sobre ser prácticamente inviable es inútil porque no resuelve el problema real de la realidad (no de la realidad magmática de Rajoy) que son los presos y exiliados políticos. 

En ningún Estado de derecho puede haber presos políticos, presos de conciencia.

Un conflicto como el de la República Catalana es una cuestión política de rango constitucional que ha de ser tratada mediante negociaciones y acuerdos si es necesario estructurales que vienen exigidos por la voluntad de casi un 50% del electorado y más de dos millones de personas, no por cuatro conspiradores del milenio. Pero también puede verse, y así la ven el gobierno y los jueces, como una cuestión de orden público promovida por unos agitadores al frente de unas turbas y, elevado el tono judicial (que no necesariamente jurídico) como una de delito de sedición, de rebelión, de traición. Cuando se llega a este punto la justicia se convierte en inquisicion y a los ciudadanos se los juzga y condena por sus convicciones.

No es para estar orgulloso. 

No hay más que retirar el 155, detener la represión policial y judicial y ofrecer un referéndum pactado que ya veríamos si los indepes aceptarían tras haber celebrado dos reales (9N 2014, 1/10 2017) y dos al otro lado del espejo (27S 2015, 21D 2017). Si no aceptaran, el conflicto seguramente se enconaría. 

Si aceptaran nos encontraríamos con que en España han costado tres consultas más o menos referendarias así como mil heridos, destrozos, huelgas, agresiones, exilios, multas, cárceles conseguir lo que los escoceses consiguieron tras una breve negociación con el gobierno británico.

Ahora hágase un breve cálculo de eficiencia y aplíquese al confuso triunfalismo del presidente, quien cierra un año sin hablar de la corrupción cuando ya solo debe de quedar él por imputar en la Gürtel.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Task Force

España no es un Estado de derecho sino un Estado de hecho. El gobierno ha suspendido la Constitución con el beneplácito de la mayoría de la oposición formalmente para una parte del territorio, materialmente para todo él. La norma suspensiva es ilimitada en tiempo y espacio.

El poder prescinde de formalidades institucionales, comisiones, comités, consejos y se ejerce por la vía personal. El presidente y sus dos aliados forman un triuvirato de acción. A veces deciden crear un grupo de trabajo, una task force, de acción inmediata, según sean las circunstancias, como este acuerdo bilateral Rajoy/Rivera de mantener el 155, la norma de plenos poderes (compartidos, según se ve) de la dictadura. Seguro que este acuerdo levanta celos en el PSOE, excluido de tan trascendental decisión con la que, además, está de acuerdo. En desagravio, habrá nueva foto de a dos, Rajoy/Sánchez o una del triunvirato en plena gloria. El otro partido de la izquierda, Podemos, no suele ser invitado a estas reuniones del mando, aunque su relación con el 155 tampoco es enteramente antagónica, a pesar de su recurso de inconstitucionalidad. Había que recurrirlo, sí, pero en el fondo su aplicación era comprensible por la tozudez de los indepes. 

No gustaron a los triunviros los resultados de las elecciones y no quieren aceptarlos, así que: 155, los presos siguen en la cárcel con sus derechos políticos negados y los exiliados en el exilio en idéntica condición.  

¿Se pueden constituir Parlament y govern en estas circunstancias? Parece poco probable. Sobre todo porque, aunque los indepes aceptaran integrar los órganos sustituyendo a los encarcelados y presos, la situación que se crearía, con una Generalitat dirigida desde el exilio y la cárcel, sería inviable y justificaría el mantenimiento del 155 con la única perspectiva de volver a convocar elecciones que darían un resultado igual o superior del independentismo.  

Raro mérito el del presidente M. Rajoy, ha arruinado el país y lo ha hecho políticamente inviable.

El "Sorpasso" de la derecha

Con casi cuarenta años de retraso, como de costumbre, llega la revolución neoliberal. La trae C's que, según las encuestas, devora al PP y podría ser partido de gobierno. Esta perspectiva ha despertado la curiosidad por el nuevo (que no es tan nuevo) partido, cuyos perfiles están muy borrosos y sus acciones no ayudan a clarificar.

Sobre este tema publica hoy Palinuro un artículo en el periódico vasco Berria, con ánimo de contribuir al conocimiento de la organización y su posible impacto en el sistema político. 

La intención parece clara: sustituir al viejo partido franquista por una nueva formación más ágil y acorde con los tiempos. En el PP se acomodan muchos neoliberales, desde luego. La señora Aguirre, por ejemplo, para quien Franco era socialista, lo que demuestra que es tan profunda psicóloga como honrada gobernante. Pero el neoliberalismo del PP es a la española, trufado de caciquismo, clientelismo y corrupción. Es un neoliberalismo pasado por la trituradora del nacional catolicismo.

A su vez, el fresco neoliberalismo de C's también es a la española. La imagen tecnocrática de broker exitoso que pretende trasmitir tiene acusados perfiles joseantonianos con un arbitrismo empresarial que la Falange ha detectado de inmediato, por lo que pide el voto para C's. Ese perfil joseantoniano se trasparenta en la ambigüedad ideológica y el pronunciado nacionalismo español basado casi exclusivamente en el odio a lo catalán. C's es un partido catalán anticatalán que practica una especie de catalanismo político a la inversa: Cataluña gobernada desde España. En realidad, nada nuevo.

Aquí la versión castellana:

El otro sorpasso.


Aunque partido veterano en Catalunya, C’s adquirió relevancia estatal a la par que Podemos, a partir de las elecciones europeas de 2014. Por afinidades formales, los dos se presentaban como la renovación del herrumbroso bipartidismo. Podemos consiguió cinco eurodiputados y C’s, dos, resultados halagüeños. A partir de entonces se mantuvo el paralelismo a distancia. C’s era el Podemos del PP al que aspiraba a sustituir como Podemos aspiraba a sobrepasar al PSOE, aunque con más esperanzas que aquel.

Los resultados electorales de C’s, en las dos generales desde entonces han sido discretos, pero no desdeñables y le han dado capacidad de maniobra, tanto en el centro como en las autonomías. Pero el resultado espectacular está en Catalunya. Partido más votado, ha subido de 25 a 36 escaños, reduciendo a la nada al PP. Si de sorpasso va, Catalunya es la prueba. C’s es el partido hegemónico de la derecha. Allí en donde nació, cuando se llamaba Ciutadans y el portavoz del PP los llamaba ciudatans.

Esto solo tiene valor para los equilibrios internos de la derecha. Es imaginable una situación en España parecida a la alemana, CDU para la federación (en este caso, España) y CSU para Baviera (aquí, Catalunya). La especulación es libre.

La cuestión, como siempre, es si los resultados catalanes son extrapolables al resto del Estado. Y aquí es donde se formulan las preguntas sobre C’s y se echa mano a los conceptos de populismo para considerar de qué tipo de derecha exactamente se trate ahora que parece posible gobernante. Se descubre entonces que es poco lo que se sabe de un partido que se hizo visible públicamente con un desnudo de su fundador y hoy máximo dirigente, Albert Rivera.

Su indefinición ideológica conjuga las fórmulas más crudamente neoliberales con alianzas y apoyos a la derecha tradicional cuya corrupción consiste en la patrimonialización del Estado. Y, por supuesto, la Iglesia, ni mencionarla. Tan gentil flexibilidad le ha dado unos resultados excelentes. C’s tenía a su vera el partido de Rosa Díez, UPyD, como Podemos tenía a IU. Los dos absorbieron al otro, aunque con muy distinto sino. De UPyD no queda nada salvo los tuits desaforados de Rosa Díez. IU sigue siendo un agente vivo en el conglomerado de UP.

Si de populismo va, a primera vista el gran peso de C’s en Catalunya trae ecos de lerrouxismo, bastante exótico por los pagos castellanos porque era un discurso anticatalán en Catalunya. La cuestión es si, como sucedió con Lerroux, la acción en Cataluña catapulta al poder en Madrid. Y obviamente, el discurso anticatalán tiene mucha audiencia en España.

La cara de C’s en el Estado trae más reflejos de la cara al sol de los falangistas. Una de las falanges, no recuerdo cuál, pidió el voto expresamente para C’s en las elecciones del 21D. Se supone que lo pide para los suyos. Los que hablan de España en tonos joseantonianos y supeditan las relaciones laborales a esa idea de España como país de amplia diversidad y un solo contrato laboral.

El tercer aspecto que suele señalarse en C’s es la imagen broker desenfadado, que puede encandilar el voto de la derecha moderna, deseosa de avanzar y progresar y harta de ir a remolque de una derecha reaccionaria, estatista, clientelar; y cree que puede hacerlo de la mano de estos dirigentes con experiencia en la banca, las compañías de seguros, las financieras. El dibujo es el de cantera de tecnócratas.

Lo que no aparece por ningún lado en este discurso es el gasto social, los recursos destinados a los más débiles, los emigrados, las inmigradas, los parados, las jóvenes, las mujeres, las científicas, los dependientes y los jubilados. Pavor produce un gobierno con este discurso y este silencio.

El anticatalanismo, el falangismo, el espíritu tecnocrático y el vacío social dan fórmula si no ganadora, con lugar sólido en la derecha. Otra cosa es el apoyo electoral para un partido que quiere ser atrapalotodo. Después de diez años de crisis arrasadora, aparecer muy vinculado a la banca puede ser un arma de doble filo.

EL nombre C’s no está mal pero, si hubieran de acogerse a uno clásico de partido, podría ser el de Partido Liberal, que tampoco compromete a nada pues liberales son los liberales alemanes y los neonazis austriacos.

La esperanza del sorpasso de la derecha reside en la transferencia del voto del franquismo sociológico a la aventura modernizadora. Se trata de volver los votos franquistas a un partido de centro. De ahí que Rivera tirara en algún momento de la imagen de Suárez, en quien se juntaron por primera vez falangismo y liberalismo, añadiendo él luego el toque neoliberal, práctico, a la par que patriótico pero comprensivo con la necesidad de contribuir a la estabilidad cerrando filas con el PP en lo relativo a los asuntos de corrupción. Los finiquitos en diferido toman forma de adelantos a cuenta. Y se llaman Razón de Estado.

Por lo demás, en un contexto multipartidista, el significado concreto de la acción de un partido tan flexible programáticamente dependerá de la correlación de fuerzas en cada momento. Y a los demás les sucede lo mismo. Seguirá habiendo PP y seguirá habiendo PSOE y Podemos. Lo que está por ver es en qué relaciones políticas y, por supuesto parlamentarias se encuentren. Ya ha habido un pacto PSOE C’s. Puede haber otro C’s- PP y, es poco probable, pero no imposible, con UP. Este trata de aliarse con el PSOE en una curiosa relación de tira y afloja y el PSOE no descarta una alianza con el PP. De hecho ya la tiene.

Lo anterior, con ser desconcertante, se complica si queremos meter en el cuadro el proceso catalán que tiene al español en estado de choque, como pudo apreciarse en el rostro del Monarca el 24 de diciembre.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Algo habrá que hacer

Algo y alguien. En este caso, Rajoy, tan aficionado a la quietud ignaciana, tendrá que hacer algo. Por mucho que le moleste salir del puro y El Marca. Los de su partido, siempre propensos a meter la pata, azuzan a los de C's a que tomen la iniciativa de formar gobierno. Esto, aparte de una rabieta de patio de colegio, es una tontería porque ni C's ni nadie puede proponerse a nada en tanto no esté constituido el Parlament.

Una vez constituido este, la presidenta abrirá consultas con los grupos. Y entonces, sí, ya puede Albiol retar a Arrimadas o a quien quiera. Hasta a sí mismo. No tiene muchos diputados pero sí mucha voz. No obstante, hay un detalle: el Parlamento tiene que estar debidamente constituido, habiendo tomado posesión de sus actas todos los diputados. Faltan ocho, cinco en el exilio y tres en prisión. Sin ellos la cámara no puede constituirse. Cosa además imposible porque, al parecer en España rige la doctrina del ministro Zoido según el cual un preso no es político aunque tenga restringidos sus derechos políticos. El primero de todos, el derecho de sufragio pasivo. Es fabuloso. 

La solución solo podría ser que las respectivas listas corrieran los ocho puestos de los electos privados del sufragio pasivo, lo cual sería allanar voluntad del electorado y la soberanía del Parlament o suspender, si no anular, las causas judiciales, lo cual sería allanar la independencia de la justicia.

En estas circunstancias, Rajoy, preferirá el anonimato ese que los suyos quieren suprimir en las redes. Aludirá a la división de poderes y la independencia del judicial y el sistema actuará por su cuenta que suele ser la de Antequera. La situación se hará insostenible y la autoridad central echará mano de la garrota del 155 con el beneplácito del PSOE. Los medios seguirán intervenidos, los presos en la cárcel, las libertades públicas restringidas de mil maneras.

Son lógicas propuestas como la de Turull, la investidura telemática de Puigdemont. Lógicas y realizables en tiempos de TIC. Prácticamente todos los actos presenciales son hoy virtualizables con grandes ahorros de dineros, tiempo y paciencia. Pero tiene el inconveniente anterior: se requiere una reforma del reglamento del Parlament, según el propio Turull. Para esa reforma el Parlamento ha de estar previamente constituido y no creo que pueda hacerlo la diputación permanente que, además, tampoco estará constituida. En este mismo espíritu, también podría aceptarse que los diputados ausentes tomen posesión por videoconferencia, pero igualmente habría que reformar el reglamento.

En realidad, todas son maniobras diversionistas, algunas tan exóticas como la de Tabarnia, para bloquear el cumplimiento del mandato surgido de las elecciones del 21D, en las que el pueblo catalán eligió las personas que eligió; no otras. Si se convocaron elecciones fue para buscar una solución política (no judicial) a un conflicto. Habiéndose pronunciado el electorado por una solución, solo queda implementarla. 

Lo que significa retirar el 155 y clausurar las actividades represivas policiales y judiciales.

Porque algo hay que hacer.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tabarria

Ayer, viralización al canto en las redes de Tabarnia, un lugar nuevo, un nuevo nombre que se difundió como la luz. Una ínsula Barataria (el nombre se da un aire) que lleva años proponiendo una organización llamada Barcelona is not Catalonia y cuyo fundamento y truco consiste en enredar a los independentistas en discusiones por aporías: "si Cataluña puede ser independiente, ¿por qué no el Baix Llobregat? Eso, a ver ¿por qué no el Baix Llobregat o Barataria, perdón, Tabarnia?

La ingeniosa pregunta estaba por doquier y venía a consolar a los ganadores de las elecciones del luctuoso hecho de haberlas perdido. Hasta algunos independentistas se mosquearon, gentes de poca fe. Y, por supuesto, los equidistantes se convirtieron en yoyas, "¿véis? yo ya lo dije".

Nada, hombre, la Tabarnia esa es producto de dos tácticas mafiosas: el filibusterismo y el gerrymandering, que podríamos traducir audazmente como "salamandreo". El filibusterismo es patente. Lo presentan como el punto de la victoria: venga, guapos, a discutir, a debatir, a ver por qué son mejores vuestras razones que las nuestras, etc., etc., ad nauseam. Ni caso. Cada cual a lo suyo. ¿Creen vuesas mercedes que ha lugar a la solicitud y tramitación de una nueva Comunidad Autónoma en España? Perfecto, pónganse en marcha por las vías establecidas o las que les dé la gana, a ver qué resultado obtienen; pero no estorben. No filibusteen.

Lo del gerrymandering es de risa: aquí, al parecer, se trazan los límites de las circunscripciones según los parientes que tiene en cada lugar el que hace el trazado. Creen estos infelices que esas líneas son como las del AVE. Por desgracia, las decisiones no las toma el equipo de delineantes de la Asociación Esta es mi Patria, sino las instancias competentes. Inicie, pues, Tabarnia su hoja de ruta a través de las instituciones. Y arrieros somos.

Lo jocoso de la movida no oculta su mala uva. Quienes ayer celebraban el redescubrimiento de Tabarnia eran quienes antes de ayer acusaban a los independentistas de dividir a los catalanes. Y, ¿qué otra cosa pretende la separación de Tabarnia si no dividir a los catalanes? La mala uva radica en que se propone después de haber perdido las elecciones. Perdieron la partida y quieren romper la baraja.

Filibusterismo y salamandreo.

Bon vent i barca nova.

España Potemkin

Mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado El país Potemkin. El contenido, sencillo, es una metáfora. España no es un Estado de derecho ni una democracia. No solo porque no quiera sino y, sobre todo, porque no sabe ni puede. El país se ha gobernado siempre así, el Estado ha sido siempre patrimonio de una oligarquía nacionalcatólica, autoritaria, ridículamente imperial y corrupta que no entiende de imperio de la ley, juego limpio, división de poderes, primacía del Parlamento, responsabilidad de los políticos, libertad de expresión, etc., todo lo que constituye un Estado de derecho. Los esfuerzos de la ideología oficial, propalada en todos los medios, por presentar el Estado español -incluso con presos y exiliados políticos- como un Estado democrático de derecho homologable con algunos cirvumvecinos al Norte, Este y Oeste, son vanos. Todo lo más, esta vieja e irreformable estructura oligárquica, heredada de siglos anteriores y exacerbada por el franquismo, llega a ser un remedo, una imitación, que tiene de aquella forma de Estado las bambalinas. Es la escenificación que, según cuentan algunos, hacía el ministro Potemkin, cuando la Zarina viajaba, por ejemplo, por el Dniéper: llenaba las riberas de escenarios de cartón piedra que mostraban felices y prósperas aldeas y sonrientes mujiks. Las llamadas "aldeas Potemkin". España es una aldea Potemkin. Gobernada por los dignos herederos de Franco. Allí donde este puso en pie un remedo de  Estado (en lugar de una junta de militares rebeldes), una ficción, un Estado Potemkin, sus herederos, más audaces, recurren a un Estado de derecho Potemkin.

La versión castellana.


El País Potemkin


Al explicar el resultado de las elecciones de 21D, el gobierno español dice que el fracaso del PP no es de M. Rajoy, quien no estaba examinándose en Cataluña. Que el presidente de los sobresueldos casi fijara allí su residencia durante la campaña y fuera abucheado en las calles repetidas veces no quiere decir nada ni es indicativo de nada. Rajoy no se presentaba. Se presentaba Albiol. Al que el descalabro tampoco debe de afectar porque no dimite. Sabido es que en el PP no dimite nadie, haya hecho o dejado de hacer lo que haya hecho o dejado de hacer. 

El PP no es un partido con sensibilidad democrática. En realidad, no es un partido al uso sino más bien una presunta asociación de malhechores, como dicen los jueces y en las asociaciones de malhechores nadie dimite. Y menos por unas elecciones. En definitiva, tampoco celebran elecciones. Y, cuando lo hacen, se financian ilegalmente y se ganan con trampas

Ni con trampas se han podido ganar en Cataluña y eso parece trastocar todas las teclas del bloque del 155. El gobierno y el Estado español no son un gobierno ni un Estado normales sino unos remedos, unas falsificaciones. Así como el partido gobernante no es un partido sino una asociación de malhechores, el gobierno no es un gobierno sino una oligarquía arbitraria dedicada al saqueo del país que dice administrar y el Estado tampoco es un Estado sino una monarquía tiránica impuesta por un dictador y que solo se mantiene de pie por la imposición y la violencia, mal unida en sus tierras y mal llevada por sus gentes

La idea de que España es un Estado de derecho y un Estado del bienestar avanzado homologable a los de su entorno que propalan los medios de comunicación, los menos fiables de Europa, según dictamina la Comisión Europea, es tan falsa como todo lo demás. Tiene la apariencia de un Estado de derecho y de bienestar, pero se le ve enseguida el engaño cuando el que más presume de ello, Rajoy, es quien ha suprimido la división de poderes propia del primero y el fondo de reserva de la seguridad, propia del segundo.

España, como siempre, es un país de apariencias, una mala imitación, un “tente mientras cobro”, una falsificación y prostitución de los principios fundamentales de los órdenes democráticos propios de Europa occidental contra la cual ha venido luchando incansablemente el país desde el Concilio de Trento. No ha conseguido imponerse, ha salido derrotado y ha tenido que adaptarse a los usos y costumbres de los vencedores a los que, en el fondo, odia. Ha tenido que escenificar una estructura liberal que le es ajena, poner en pie unos decorados ficticios como los que mandaba construir el ministro Potemkin para ahorrar a la zarina Catalina la visión de las miserias del pueblo.

En España no se respetan ninguno de los principios de las tradiciones del Estado de derecho y la democracia: no hay derecho a la información veraz, ni respeto a la voluntad mayoritaria de la población, ni independencia judicial, ni separación de la Iglesia y el Estado, ni control parlamentario del gobierno, ni rendición de cuentas de los gobernantes, ni igualdad de la ciudadanía ante la ley, ni principio de legalidad en la actuación administrativa, ni respeto por los derechos básicos de la población ni siquiera por su integridad física a manos de unos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado empleados como tropas de asalto contra las manifestaciones populares pacíficas.

Así, en este Estado Potemkin que es España, la policía puede apalear sin miramientos a decenas de miles de ciudadanos no violentos dejando más de mil heridos sin que ningún gobernante dé explicación alguna ni pida perdón sino que, al contrario, condecoran a los responsables de los excesos. Los jueces pueden imputar y procesar a capricho a los ciudadanos cuyas convicciones les disgusten, amañar el procedimiento y mantener en prisión como rehenes a unos presos políticos a los que liberan o no según criterios subjetivos sobre las convicciones ideológicas de aquellos. Los medios de comunicación ocultan la existencia de presos políticos y la corrupción sistemática del gobierno haciendo demagogia contra una parte del territorio cuya población exige ejercer el derecho a decidir que tienen todos los pueblos de la tierra. Y el Rey puesto puede soltar un discurso de Navidad repleto de tópicos sin reconocer ni una vez que en Cataluña una mayoría de la población ha votado por la independencia y la República. O sea, en contra de él. 

Y el gobierno del Estado que no tiene más representación real en Cataluña que los cuatro diputados del señor Albiol y los policías alojados en los piolines, anima a los partidos perdedores en las elecciones a formar gobierno, quizá en la esperanza de que los que habrían de constituirse en oposición en Cataluña tengan la falta de dignidad de los partidos de la oposición en España y permitan gobernar arbitrariamente a uno en minoría. Porque el parlamento español tampoco es un Parlamento de verdad, sino otro Potemkin.