divendres, 7 d’abril del 2017

La política en la era digital

Ramón Cotarelo/Javier Gil (eds.) (2017) Ciberpolítica. Gobierno abierto, redes, deliberación, democracia, Madrid: Instituto Nacional de Administración Pública (497 págs.)

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El año pasado celebramos las IIIas. jornadas de Ciberpolítica con un gran encuentro de especialistas de todo el Estado en cuestiones digitales, de redes, de comunicación, elecciones, encuestas, medios digitales, e-governement, voto electrónico y aspectos colaterales. Los organizadores, Javier Gil y un servidor, recogimos todas las ponencias y las hemos editado en libro gracias al Instituto Nacional de Administración Pública en un volumen de 497 págs en formato papel, al módico precio de 25€. También hemos editado un e-book bastante más amplio, pues en él se contienen no sola las ponencias del congreso sino también las comunicaciones. Ambas publicaciones estarán disponibles en breve en la página web del Instituto Nacional de Administración Pública.

En lugar de hacer una reseña, hemos pensado que lo más práctico sería reproducir el prólogo que hemos puesto al libro que se compone de cuatro grandes apartados: I. Política, II. Economía y sociedad, III. Perspectiva de género, IV. Comunicación. Es un poco largo, pero el curioso lector podrá, si quiere, ir a la parte que más le interese (las hemos resalto en negrita) y dejarse las demás.



La ciberpolítica

Ramón Cotarelo
Javier Gil

Entre los días 16 y 17 de junio de 2016 se celebraron las III Jornadas de Ciberpolítica en España, organizadas por el Departamento de Ciencia Política y Administración de la UNED, con la colaboración del Instituto Nacional de Administración Pública y el Centro Asociado a UNED de Madrid (Escuelas Pías). Los dos anteriores fueron organizados por el mismo Departamento con la colaboración de la Fundación Ortega y Gasset y el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y ambos dieron lugar a sendos volúmenes. El que ahora ve la luz recoge todas las ponencias de las III Jornadas y algunas de las comunicaciones que se presentaron en la ocasión y que dieron lugar a unos intercambios de sumo interés en el encuentro, al que acudieron destacados exponentes de este nuevo territorio de la Ciencia Política, tanto en el ámbito académico como en el de la actividad práctica, así como de los medios de comunicación. En los dos días que duró el encuentro tuvimos ocasión de debatir los últimos desarrollos en este ámbito tan polifacético como cambiante y de comunicarnos experiencias que enriquecerán los posteriores trabajos e investigaciones de todos.

Hemos dividido el libro en cuatro apartados (política, economía y sociedad, perspectiva de género y comunicación política) para poner orden en un quehacer muy difícilmente clasificable por romper moldes admitidos, traspasar fronteras disciplinarias, y mezclar metodologías que habitualmente se aplican en contextos y paradigmas distintos. Sirva lo anterior a modo de disculpa si el resultado no satisface por entero a todo el mundo y a juicio de algún lector –incluso de algún participante no satisfecho por entero del lugar en que encuentre su aportación- tal o cual ponencia estaría más acomodada en un apartado o en otro. Lo hemos hecho atendiendo a los criterios prioritarios de pertinencia en el caso concreto y equilibrio de carácter general.

La ciberpolítica es un campo de estudio nuevo. Todavía está batallando por su derecho al nombre. Los escépticos y quienes se resisten siempre a aceptar las innovaciones preguntan con razón qué aporta de nuevo a la política clásica, la política tradicional, este reciente compuesto, en qué innova lo ciber a la política. La respuesta no puede ser más simple: en nada. En cuanto a su contenido, la Ciberpolítica es la misma política clásica que recibió su nombre en la Atenas de Pericles. Es el conocimiento de la vida colectiva en la polis (el ámbito territorial), la naturaleza y formas de acción del demos (la población) y la lucha por o contra el cratos (el poder). En el fondo, los tres factores que determinan toda forma política, sea preestatal, estatal o postestatal. Porque la idea de que las sociedades sin Estado carecen de política no es defendible. Que haya obtenido el nombre en la así llamada “ciudad-estado” no quiere decir que las sociedades anteriores la desconocieran. La criatura fue bautizada en la polis con el nombre de esta, pero había nacido mucho antes. Lo que diferencia el Estado de las formas anteriores es escasamente un par de matices respecto al territorio (su delimitación en una sociedad de Estados) y la conspicua teoría de la soberanía. Lo demás, es igual.

Obviamente, lo que distingue a la ciberpolítica de la política clásica no es el contenido sino la forma, los procedimientos, los medios. El objetivo sigue siendo el mismo: la lucha por el poder en un territorio determinado y sobre una determinada población que, a su vez, tiene o no una unidad de parecer. Lo que cambia son los instrumentos para conseguirlo. La ciberpolítica es la política articulada a través de las tecnologías de la información y la comunicación. Pero esta definición tampoco es suficiente. Hace ya más de 40 años que esta actividad acusó el impacto de las inmensas innovaciones tecnológicas que dieron en llamarse la “tercera revolución industrial” y que trató de entenderse en su día en sus peculiaridades con nuevas denominaciones como “sociedad postindustrial”, “revolución científica y técnica”, “sociedad tecnetrónica”, etc.  Sin embargo, estas determinaciones no afectaban al meollo de la política que, recuérdese, como decía Michel Foucault (1997), era la continuación de la guerra por otros medios. Se daba una clara conciencia de que las comunicaciones habían experimentado un gran salto cuantitativo; de que las relaciones sociales estaban sufriendo una acelerada mutación (cambio de modelo productivo, urbanización creciente, terciarización) sin que el estatuto de derechos y deberes de los ciudadanos experimentara un cambio sustancial, salvo el de una mayor ampliación de las oportunidades vitales, incluida la esperanza de vida; y de que el poder se había hecho más eficaz, más técnico (incluso se hablaba de la “tecnocracia”), pero no más abierto, democrático o transparente. Al contrario, la complejidad de la revolución tecnológica servía de justificante a la ruptura del tradicional equilibrio de poderes, dando primacía al ejecutivo, único al que se suponía competencia en los saberes técnicos que condicionan la legislación contemporánea. A todos los efectos, las relaciones entre los tres factores mencionados: territorio, población y poder no sufrieron grandes alteraciones.

El rápido desarrollo de la cibernética (Wiener 1988 [1944]) a partir de los años cuarenta fue un elemento esencial en esta expansión tecnológica, pues permitió generalizar su modelo básico, esto es, los mecanismos autorregulados, a todos los campos de la actividad humana- La cibernética transformó la sociedad en mayor medida que todos los inventos y avances anteriores. Desde los electrodomésticos (que vinieron a apoyar la secular lucha de las mujeres por su emancipación y a simplificar y agilizar la vida urbana) hasta las bombas “inteligentes” y los misiles que se autodirigen, no hubo campo del quehacer en que estos artilugios no se hicieran presentes. La cibernética daba cuenta igualmente de la teoría de la acción humana en todas las disciplinas sociales y cambiaba el paradigma sobre el que habían venido trabajando casi todas ellas, desde el funcionalismo (y el funcionalismo estructural) de los años cincuenta hasta la teoría general del sistemas a partir de los años setenta, cuando el mecanismo simple del estímulo respuesta, típico del positivismo conductista, dio paso a la reacción dialéctica de los bucles de retroalimentación que permiten explicar algo más satisfactoriamente el dinamismo de los sistemas sociales en general y los políticos en concreto (Easton 1965).

Sin embargo, esta potencia explicativa de la cibernética no se expandiría a todos los ámbitos de las ciencias sociales y políticas porque todavía faltaba el concurso de una innovación que sacara el mayor provecho a aquella. La cibernética era un modo de entender el comportamiento de la realidad, pero la realidad seguía siendo básicamente la misma: un conjunto de intercambios materiales (de matriz predominantemente económica) sobre el que se erige un enorme edificio fenomenológico hecho de ideas, creencias, ideologías, justificaciones, normas y sublimaciones.

Sería necesario que apareciera un elemento que trastocara de tal modo las ideas recibidas sobre lo real que permitiera hablar de una nueva realidad. El surgimiento de internet es ese elemento que permite postular una especie de desdoblamiento de lo real en dos mitades antagónicas aunque complementarias, como sucede siempre en toda dualidad: la realidad material y la virtual. La condición de indisolubilidad permite aprehender este nuevo mundo sin incurrir en simplificaciones. Es evidente que la realidad virtual que constituye internet procede de la material en la que se sustenta y no podría negarla sin negarse a sí misma. Pero también lo es que, a su vez, se superpone a ella y la ha cambiado de un modo tan radical que hoy el mundo es inconcebible sin la ubicua presencia de la red.

La invención de la imprenta fue el gran avance que ha transformado más radicalmente la realidad de la que había surgido. La imprenta difundió el conocimiento, lo cual hizo posible en cascada los fenómenos que nos han traído hasta aquí: el libre examen, el humanismo, la reforma, las luces, el positivismo decimonónico. Por supuesto, esta evolución espiritual no depende de una invención mecánica tan solo. Los chinos tenían imprentas de tipos móviles desde el siglo XI y su evolución cultural fue muy distinta, quizá por la lentitud de la impresión debido a la enorme cantidad de caracteres.

El mismo efecto que la imprenta de tipos móviles tiene hoy internet. Pero multiplicado por una cantidad muy alta: la difusión. Durante la pasada era de predominio de los medios de comunicación convencionales, estos eran llamados de “masas” precisamente para hacer hincapié en su gran difusión, su universalización, cosa que permitió acuñar la celebérrima expresión de “la aldea global” (McLuhan 1965). Y se trataba de tiradas de diarios medidas en cientos de miles, quizá millones; o de audiencias de radio y televisión también de millones, quizá, en algunos lugares de cientos de millones. Los usuarios de internet se miden en miles de millones. La imprenta puso al alcance de todo el mundo los discursos configuradores de la realidad y su aprehensión fenoménica (desde las leyendas sobre la creación del hombre hasta el arte de navegar o los protocolos de las sociedades secretas), todo el mundo podía leer, tenía acceso a la palabra divina, los conjuros de los sacerdotes, los apotegmas de los sabios con los que se orientaba la convivencia colectiva real, las críticas de los reformistas y revolucionarios con los que se pretendía cambiarlal. Con internet se actualiza y cumple la promesa de la imprenta en el sentido de la difusión cuantitativa de los mensajes y se entra en un terreno cualitativamente nuevo: todo ese mundo no solamente accede a la totalidad de los mensajes sino que puede contestarlos, entablar un diálogo con ellos, construir una realidad dialógica referida al pasado y que, por tanto, influye sobre el presente, igualmente afectado por esa realidad de la  comunicación bidireccional de masas a partir de la generación de la web 2.0.

El prefijo “ciber” es en realidad una convención idiomática. Es el apócope de cibernética, el arte del timonel, del piloto, del “kybernetes” griego. Apocopado amplía también su alcance semántico hasta designar todo mecanismo “inteligente”, en el sentido de la llamada inteligencia “artificial”. Así se ha extendido a una serie de actividades de muy diversa naturaleza: hay “cibercafés”, libramos “ciberguerras”, hablamos de “ciberpunks”, combatimos “ciberdelitos”, aspiramos a la “ciberseguridad” estudiamos el “ciberfeminismo” y fabricamos “ciborgs”, esto es, seres vivos, no necesariamente humanos, compuestos de parte orgánica y parte artificial, que abren muchas posibilidades y no solo en el campo de la fantasía. La ciberpolítica es la política que tiene lugar en esa realidad desdoblada, primordialmente en la virtual, en el ciberespacio, en internet. En realidad, la lucha que mantiene aquella por el reconocimiento del derecho al nombre es la misma que la de internet por ganarse el reconocimiento como un factor causante de una revolución sin parangón desde los tiempos de la imprenta.

Como todos los grandes avances de la humanidad internet ha venido y sigue acompañada de intensa polémica. El hecho de que no se le haya adjudicado un género y sea epiceno prueba que todavía no goza de un acuerdo universal. No en cuanto a su existencia, sino en cuanto a los efectos que dice producir. Al respecto, partidarios y adversarios suelen manejar los términos de ciberoptimistas y ciberpesimistas (Morozov, 2014; Sunstein 2007) para señalar a quienes piensan en las posibilidades de cambio, revolución y emancipación que anidan en internet y quienes sostienen que no hay tal cosa e internet no es sino un medio de comunicación más en una sociedad muy comunicada que no es capaz de satisfacer las expectativas que suscita, si es que no produce efectos contrarios a los propuestos y, claro, negativos. Los ciberoptimistas ven en internet una promesa de cambio cualitativo de las sociedades; los ciberpesimistas creen que no tiene esas capacidades y la contemplan como otro posible instrumento más en la tendencia de nuestras sociedades al autoritarismo, la manipulación y el control de los seres humanos. El punto central de esta crítica es que internet ha surgido y está perfectamente adaptada a la lógica mercantil capitalista.

Y lo mismo puede decirse de la ciberpolítica. En el libro predomina el espíritu ciberoptimista, como era de esperar pero lo cierto es que en sus páginas es fácil rastrear esta polémica entre ciberoptimismo y ciberpesimismo. Ese combate por poner internet al servicio de un programa emancipador o verla como un instrumento ya casi definitivo de opresión. Realmente, podrá cuestionarse la naturaleza del producto final, pero no que internet ha causado ya un impacto revolucionario en nuestras sociedades y no es exagerado suponer que seguirá haciéndolo. Ese impacto se hace sentir en todas las facetas de la vida social, especialmente en la economía, en donde la revolución de las TICs se ha convertido en la vida normal y está provocando un efecto demoledor sobre enteras ramas industriales o sectores profesionales y también en las demás actividades, deportivas, culturales, etc. Lo mismo está sucediendo en el ámbito político, si bien aquí se reconoce menos, quizá porque, dada la naturaleza del quehacer político, son mayores las inercias. Las instituciones no son empresas y su capacidad de cambio y adaptación es infinitamente menor. La ciberpolítica empieza por mantener esa lucha ya en el modo mismo de producirse y articularse en la realidad práctica. Se refiere a esa cuestión antes mencionada del carácter mercantil y, por tanto, capitalista en el funcionamiento de la red. De aquí que la batalla se dé ya en la determinación misma de los sistemas operativos. El movimiento por el software libre se articula como una opción para que los internautas tengan acceso al código fuente del sistema y puedan configurarlo según sus deseos y también puedan valerse de navegadores basados en ese principio del software libre que les permite no depender de los sistemas operativos y correspondientes navegadores que están sometidos a licencia comercial. Sobre eso versa el capítulo II, de Javier Romero, acerca de” Democracia y software libre”. Un impulso en pro de la desmercantilización de la red que el autor vincula al llamado “giro deliberativo” de la democracia contemporánea, con unas altas expectativas emancipatorias al considerar que la era digital es un nuevo paradigma social.


En la medida en que el ciberespacio es un ámbito público, posibilita como ningún otro medio la interacción democrática entre la ciudadanía y la política. La digitalización prácticamente total de la actividad administrativa y política en conjunto y el acceso de los partidos políticos al ciberespacio, incluidas las redes sociales, a través de las cuales acceden asimismo los ciudadanos (militantes, votantes y simpatizantes de esos partidos) crea una nueva esfera pública que solo está en la red, pero que tiene efectos directos sobre la vida política en su conjunto. Las prácticas de gobierno abierto permiten una intervención directa de la ciudadanía en los distintos niveles administrativos.  La presencia de los partidos y sus políticos en las redes, genera una interacción directa con la militancia y el electorado y moviliza la participación política que en el ciberespacio es especialmente flexible, como se ve en el capítulo I, de Stefano de Marco et al., sobre “Las habilidades digitales como facilitador de la participación online”. Junto a la mayor participación, las redes procuran asimismo mayor transparencia y escrutinio de la vida pública, a través de la información que los partidos ofrecen. Todos disponen de cuentas en Twitter, en Facebook y otras redes y todos administran páginas web de la organización o de sus políticos y dirigentes más representativos. Al respecto, un examen comparativo de las páginas web de los partidos, como hace Gema Sánchez Medero en el capítulo VII, sobre “La transparencia y la regeneración de las webs oficiales de los partidos políticos”, dice mucho y aporta datos para una interpretación de las orientaciones de los partidos en otros ámbitos.


Las redes sociales digitales aportan dos factores que superan en mucho el análisis tradicional de redes: su ámbito teóricamente universal y su transversalidad de hecho en todos los aspectos, político, profesional, religioso, etc. El carácter teórico de una universalidad proviene del hecho de que, en principio, la mayoría de las redes actúan en ámbitos lingüísticamente delimitados que pueden coincidir o no con los nacionales, aunque lo habitual es que lo hagan, incluso en los casos de países que comparten la lengua, como los latinoamericanos. La transversalidad es un hecho, más agudizado en unas redes que en otras, más en Twitter, por ejemplo, en vista de su funcionamiento, que en otras, como Facebook. Las redes abiertas, las más importantes, ofrecen la posibilidad de interactuar con todo tipo de desconocidos y debatir con gentes de convicciones distintas y hasta opuestas. La posibilidad existe; que suceda o no y en qué medida, ya es otro asunto. Las redes son redes de deliberación pero están aquejadas, al menos las políticas, de un alto grado de homofilia. Como señalan Balcells y Padró Solanet en el capítulo III,  sobre “Redes sociales y deliberación pública: El debate sobre la independencia de Cataluña” esta tendencia viene alimentada por los propios navegadores y buscadores que, habiéndonos identificado en función de los datos que las cookies recogen en nuestros sistemas, así como otras funcionalidades de sus algoritmos, nos facilitan nuestras hipotéticas búsquedas ofreciéndonos la información que se supone deseamos obtener. Es una orientación que no tiene por qué ser manipulación, pero puede derivar fácilmente en ella, a juzgar por la inmensa cantidad de datos que los buscadores llegan a acumular sobre nosotros, facilitando todo tipo de actividad de vigilancia y censura. 

Vigilancia y censura. Ese es uno de los asuntos más polémicos en la ciberpolítica. El epígrafe (el hashtag si alguna vez salta a la red es #seguridad y #seguridadnacional. La seguridad nacional es un concepto con buena prensa que goza de las preferencias de los gobiernos, a cuyo amparo pueden aplicar procedimientos objetables en lógica democrática. La seguridad ampara medidas dudosas justificadas por el temor al terrorismo. E internet facilita mucho y de muy distintas maneras esos controles, esas injerencias de los poderes públicos en la intimidad de los ciudadanos muchas veces por medios ilegales. De eso trata el capítulo XIII, de Yolanda Quintana, “Vigilancia y censura en la red: la seguridad como coartada”. Con todo lo ominoso y orwelliano que resulta hoy día el hecho de vivir en medios urbanos supervigilados, rodeados de cámaras de vídeos por todas partes, esa misma proliferación posee una eficacia cuando menos benigna o menos maligna: rara es la vez que la policía no dispone de imágenes de vídeo de los perpetradores de atentados en las grandes capitales. De donde se sigue su veloz detención. Una prueba entre otras muchas de cómo, la profunda transformación de la realidad material que impone la virtual presenta aristas, motivos para la queja y el agradecimiento. La tendencia del poder, por su naturaleza, es hacer un uso abusivo de los medios técnicos, pero el hecho de que internet, a su vez, “empodere” a la ciudadanía, permite que esta pueda defenderse.

Nada más ilustrativo que el episodio de WikiLeaks, que ataca directamente el corazón mismo de la siempre negada y siempre seguida “razón de Estado”, el secreto. Un secreto que ni el Estado ni las grandes empresas transnacionales pueden guardar con seguridad al tratarse de cantidades incalculables de datos extraídos de la red y que hay que poner fuera del alcance de especialistas habituados a trabajar con los big data, el pasto de que están hechas las redes, especialmente Twitter que pone a disposición pública sus inmensos almacenes de datos a través de sistemas analíticos que nos permiten discriminar y clasificar millones de tuits Esta apabullante riqueza de referencias empíricas da lugar a lo que se llama “minería de datos” y permite hacer análisis de comportamientos colectivos con universos gigantescos y hasta columbrar la posibilidad (todavía muy lejana, si es que es alcanzabale) de predecir resultados electorales con mayor eficacia que la demoscopia tradicional. Sobre estos asuntos tratan los capítulos IV y V, de Maria Luz Congosto y Montse Fernández sobre “dinámicas de comunicación en Twitter” en España y “#shalala, el caso del hashtag que cambió una campaña”, el primero de carácter más general y el segundo un análisis concreto de un giro de 180º sobre los resultados previstos en unas elecciones a una gubernatura mexicana, merced a un giro inesperado en las redes sociales.

A esa magnitud casi incalculable de los datos en internet se añade luego un factor que altera el cálculo ordinario del paso del tiempo de la realidad material. En la realidad virtual no hay pasado y presente pues este es una especie de presente continuo. Los datos no se debilitan con el paso de los años, ni caen el olvido, sino que permanecen siempre como están y solo se requiere hallar el acceso adecuado a ellos. Esto afecta a un campo delicado de los derechos de la persona como es el llamado “derecho al olvido”. Sobre este asunto versa el capítulo VI, de Leyre Burguera sobre “reputación digital y derecho al olvido del político en el ciberespacio”. La autora circunscribe su estudio a los políticos, pero está claro que lo que haya de ser para estos habrá de serlo también para los ciudadanos ordinarios, incluso más, ya que sobre ellos no pesan las delimitaciones del interés público que introduce siempre matices en las interpretaciones sobre el derecho a la intimidad del personaje público. ¿Es aceptable que, si un ciudadano ha satisfecho su deuda con la sociedad, el ciberespacio siga conservando su ficha de delincuente y condena por los siglos de los siglos? Tiene sentido sostener que, en ciertas condiciones, haya un “derecho al olvido” entre los millones, los trillones de datos que se almacenan en el ciberespacio, que se acumulan en las nubes, gigantescos depositorios de información sobre todo lo imaginable.

Por supuesto, el acceso a una infinidad de datos con mecanismos analíticos muy refinados, permite cruces de variables diversas con indicadores tradicionales por razón de sexo, edad, educación, etc y se establecen unas correlaciones muy precisas, lo cual no tiene por qué tener valor predictivo alguno, pero sí lo tiene, y muy grande, interpretativo. Esta confianza en un horizonte empírico prometedor con una capacidad analítica e interpretativa creciente en las redes, no hace olvidar a los analistas la existencia de insuficiencias o de la brecha digital, mencionada en varias ocasiones. Lo contrario, las redes son las primeras en someterse a sus propios análisis y no es cosa de olvidar que la ciberpolítica en redes sociales se mueve en porcentajes modestos: menos del 50 por ciento de la población es usuaria de Facebook y un 16 por ciento aproximadamente en Twitter. Sin duda, lejos de los índices de otros medios, singularmente la televisión, pero con una inmensa potencialidad de crecimiento tanto cuantitativo como cualitativo. 

El impacto de internet y la inlluencia de la ciberpolítica se extiende asimismo al campo aledaño de la Economía que por algo se ha llamado tradicionalmente Economía Política. De ese aspecto trata la segunda parte del libro, de la vertiente económica y de la social, inseparable de ella. En lo esencial debe tenerse muy presente un aspecto: internet no es solamente un ámbito de comunicación que se extiende al ciberespacio en el que todos se comunican sino que en sí misma incluye también una gran oportunidad de negocio. Internet es el medio en que se dan las interrelaciones mercantiles sino también el mecanismo que las hace posibles. De ahí que el tema que los autores más tratan en la obra es aquel aspecto en que internet introduce modificaciones esenciales en el funcionamiento del mercado a través de lo que se ha llamado la economía colaborativa.

La economía contemporánea no está sometida solamente a un acelerado proceso de globalización, sino también uno de no menos acelerada digitalización. Las estadísticas cuentan una historia coincidente: la cantidad de transacciones comerciales que se realizan en internet crece exponencialmente y también lo hace la actividad económica ordinaria que se adapta al entorno digital para sobrevivir en un mundo en el que se ha exacerbado la competencia. Pero no son estos aspectos, por lo demás evidentes, los que interesan a la hora de analizar las peculiaridades de la economía digital sino aquellos otros en los que internet fuerza cambios cualitativos en los modelos tradicionales de la economía de mercado que permiten intuir transformaciones en el sistema productivo mismo. El ejemplo más evidente es el proceso de financiarización de la economía que, según los enfoques más críticos fue responsable en gran medida de la crisis de 2008. No se sigue de aquí la propuesta de que internet sea responsable de ese proceso, pero sí que ha venido a impulsarlo notablemente al eliminar prácticamente todos los obstáculos a las transacciones financieras, de forma que estas han acabado sustituyendo el funcionamiento de la economía material. 

Otro campo en el que internet ha tenido asimismo enorme impacto en el funcionamiento de la economía con consecuencias en cadena en otro ámbito es la publicidad. Los soportes tradicionales de la publicidad (un servicio que representa a su vez un volumen considerable de negocio dentro de la actividad mercantil) han sido los medios de comunicación. Pero la caída en picado de la prensa de papel y el estancamiento de las audiencias de audiovisuales, al tiempo que se expanden aceleradamente las interacciones digitales ha impuesto cambios en todo tipo de sectores comerciales, especialmente los medios de comunicación como empresas. El mencionado hundimiento de la prensa de kiosco (especialmente de los diarios pero, en general, el retroceso de todo el papel impreso frente a lo digital), es causa y efecto de la crisis publicitaria. Es un círculo vicioso. La reducción de la difusión provoca la retirada de los anunciantes y la retirada de los anunciantes reduce la difusión de ejemplares. La migración de la publicidad desde la realidad convencional a la digital ha sido espectacular. La prensa de papel agoniza y si sobrevive es debido a que se parapeta en las versiones digitales de sus productos. Pero la mudanza de la prensa de papel a la digital tropieza con una feroz competencia entre los medios ya que algunos de estos son exclusivamente digitales y tienen un capítulo de gastos muy reducido que les permite competir ventajosamente con los convencionales. Estos no acaban de resolver el problema de la rentabilidad en la red, como tampoco lo consiguen en buena medida los medios exclusivamente digitales. El predominio de algunos de los rasgos definitorios del ciberespacio en este aspecto, en concreto, el acceso universal a los contenidos y la gratuidad de aquel, asentados como costumbres de las navegación por la red, trastorna el funcionamiento ordinario de los empresas de comunicación y altera los equilibrios de los sistemas mediáticos. La crisis de la industria de la publicidad ha presionado a la baja los precios del mercado y ha tenido una incidencia negativa sobre la profesión periodística, atenazada por una precariedad sin precedentes que incide sobre el valor del crédito de los medios, que es condición esencial para su supervivencia en sociedades democráticas. Internet tiene esta doble consecuencia, hasta cierto punto paradójica: expande al infinito las posibilidades de información a coste cercano a cero, pero no garantiza su fidedignidad y obliga a los consumidores a invertir en la tarea de contrastar información el tiempo que se habían ahorrado con el acceso directo a las medios digitales.

Pero el punto que concita la mayor atención de los estudiosos en lo relativo al impacto de internet en los mercados es la promesa de transformación de los supuestos básicos mismos de la economía capitalista a través de las economías colaborativas. Al amparo de la crisis del neoliberalismo se abren unas posibilidades en el campo digital que, por su propia naturaleza, tiende a borrar las distinciones tradicionales entre la producción y el consumo a través de la aparición de unos nuevos agentes económicos llamados “prosumidores”, asunto sobre el que versa el capítulo IX, de Javier Gil, sobre “Economías colaborativas y crisis del capitalismo: un análisis a través de la prosumición”, en el que no solamente se subraya la importancia de la mencionada alteración, que obliga asimismo a replantear la distinción clásica entre propiedad de medios de producción y medios de consumo, sino también la separación hasta ahora aceptada entre la vida laboral y la vida privada. Desde el momento en que un rasgo esencial de la economía colaborativa es extraer beneficios de medios de consumo puestos al servicio de necesidades ajenas en un contexto mercantil, los medios de consumo son medios de producción capaces de generar beneficio, aunque no exactamente plusvalía pues aquel no deriva de la explotación de la fuerza de trabajo de otroa, sino de la satisfacción de una necesidad ajena de carácter contingente. La cuestión que queda abierta, no obstante, como en otros casos de la ambivalencia de las relaciones en el ciberespacio, es si las plataformas de intercambio de servicios (Airbnb, Uber, etc) realmente son signos anunciadores de un replanteamiento del concepto angular de la economía capitalista del valor trabajo o no es otra cosa que un mecanismo de explotación más que contribuye a la hegemonía de las políticas neoliberales de austeridad mediante el hundimiento de los precios en el mercado.

El reproche más frecuente a las economías colaborativas es que, al darse en marcos sin la suficiente vigilancia ni protección jurídicas, son susceptibles tanto de la prolongación de la explotación capitalista como de incurrir en ilegalidades bajo formas de competencia desleal. El primer riesgo, la prolongación de la explotación, deriva de la crítica de que, en el fondo, las plataformas de intercambio no funcionan en beneficio de que quienes realizan las transacciones concretas sino de sus propietarios. En cuanto a la competencia desleal, que es piedra litigiosa permanente en estas relaciones mercantiles de nuevo tipo, se origina en la desigualdad de trato económico y legal que existe entre la prestación de un servicio “convencional”, sometido a un régimen de licencia o autorización y vigilancia ordinaria con unos costes y la disminución o supresión de estos en el caso de la prestación digital por intercambio recíproco. Todas las fórmulas de P&P que esquiven los controles normativos y puedan hacer dumping con los precios son susceptibles de haber recurrido a prácticas desleales, razón por la cual es importante delimitar en qué casos cabe hablar de “economías colaborativas” con un ánimo de win-win y en qué otros casos se está bordeando la ley en materia de competencia, asunto sobre el que versa el capítulo X, de Javier de Rivera et al., sobre “La economía colaborativa y sus “tipos” en la era del capitalismo digital: un estudio netnográfico”. A los efectos de evitar el mal nombre que siempre se desprende de estas actividades, hacer una clasificación y orientarnos en la confusión de unas relaciones mercantiles en las que se rompen todos los días fronteras tradicionales de los intercambios, es imprescindible definir la economía colaborativa y encontrar criterios para distinguirla de aquellas otras actividades que se presentan como tales pero no lo son y sobre eso versa el capítulo XI, de Diego Hidalgo sobre “Una definición de la economía colaborativa”, cuya idea consiste en reservar el nombre a unas relaciones económicas que reúnan dos criterios: una relación directa entre “pares”(peers) con una intermediación “ligera” del servicio así como el hecho de compartir verdaderamente un recurso y no incurrir en las habituales relaciones mercantiles.

Este aspecto de la mercantilización de las interrelaciones de los agentes, que para Polany caracteriza el meollo del capitalismo (Polany 1957) ya estaba en la temprana y aguda crítica del marxismo del fetichismo de la mercancía. Justamente los postulados de la economía colaborativa plantean la hipotética posibilidad de superar el capitalismo insistiendo en esa “desmercantilización” de las relaciones sociales. No es algo nuevo: ya desde los comienzos de la revolución industrial y como reacción a sus condiciones más extremas se propusieron modelos alternativos de relaciones económicas alternativas a la mercantilización. Uno de los primeros, el cooperativismo que puso en marcha Robert Owen y que se extendió a lo largo del siglo XIX en diversos modelos de organización económica de los llamados “socialistas utópicos”, como Saint Simon, Fourier y, sobre todo, el movimiento “icariano” de Cabet. En el siglo XX tomó cierto, escaso, vuelo el cooperativismo, reforzado en mitad del siglo con el “socialismo autogestionario” cuyas raíces, en el fondo, también eran cooperativistas. Lo que sucede es que el cooperativismo solo de modo figurado puede reclamar para sí una potencialidad anticapitalista eficaz ya que, para sobrevivir en el conjunto de la economía de mercado, tiene que someterse a la lógica del beneficio capitalista, como las demás empresas. De aquí se sigue que las cooperativas realmente “desmercantilizan” las relaciones internas de los cooperativistas pero no las externas de estos con el resto de los agentes en los mercados (Wright 2014). En verdad, un análisis desapasionado de las posibilidades de desmercantilización de las relaciones económicas no permite barruntar una imposición de estos procedimientos digna de consideración en la economía capitalista. Este es el contenido del capítulo XII, de Ana María Córdoba et al., “Movimientos en (des)-acuerdo con la red. ¿Mercantilizando o hacienda común Internet?” En el que se pasa una revista desapasionada a las promesas de desmercantilización y se avisa, al contrario y con bastante realismo, del peligro de que la que acabe mercantilizada sea la acción política incluso cuando anima el surgimiento de los movimientos sociales.

Pero todavía es demasiado pronto para hacerse un juicio duradero sobre esta cuestión. El espíritu del proyecto colaborativo, que dispone de la inmensa base empírica de los big data tiene su futuro en el campo de la democracia deliberativa, en la que nos encontramos con las posibilidades de validar fehacientemente los postulados abstractos de la teoría habermasiana de la acción comunicativa o democracia dialógica. Es el contenido del capítulo VIII, de Rosa Borge et al., “¿Colaboración con deliberación?: Evaluación de la deliberación en las plataformas colaborativas de programación”, en el que, a la luz de un caso específico, se analizan los factores que constituyen la economía colaborativa en la deliberación que se abre con los intercambios en torno a las plataformas de código abierto, precisamente la actividad de desmercantilización que afecta no a las empresas que pueden actuar en internet sino a la propia internet considerada como una empresa que ha de funcionar a través de unos protocolos que son o no de acceso libre. Resulta interesante observar cómo los debates y deliberaciones en el marco de la comunicación dialógica que se ocupa del código abierto, se dan más o menos las mismas pautas que en las interrelaciones ordinarias en las redes sociales.

Si un ámbito ha sufrido un proceso de deterioro por su dificultad para adaptarse a las condiciones de mecantilización de la economía es el rural. Los núcleos rurales más pequeños se despueblan a causa de la falta de oportunidades vitales y en ellos habita una población mayoritariamente femenina y envejecida. La situación de abandono (debida a la falta de rentabilidad de las inversiones en TICs) aumenta la distancia frente a los núcleos más poblados y, por supuesto, los urbanos, que ejercen un efecto sifón. Una consecuencia de este distanciamiento es el declive de los núcleos rurales tanto en lo económico como en materia de plenitud de derechos de ciudadanía. De ello trata el capítulo XIV, de Cristina Benlloch, “El contexto rural español y la importancia de la ciberpolítica”, uno de los primeros en abordar esta cuestión ya que los estudios de ciberpolítica tienen habitualmente contextos urbanos y metropolitanos. Y justo es precisamente la ciberpolítica, la digitalización del ámbito rural la que puede aspirar a revertir esta situación. La conexión plena, en pie de igualdad con los núcleos urbanos, quizá no sirva para incorporar su población como usuarios (aunque sí será buena para aumentar su calidad de vida), pero puede aumentar la fuerza atractiva de estos núcleos para actividades mercantiles y profesionales descentralizadas. Dada la estructura y funcionamiento de la red, todo lo que se necesita es conexión segura de banda ancha y máxima velocidad. Complementariamente, la descentralización significará reducción de costes y mayor productividad. 

Un libro de ciberpolítica debe tener un apartado dedicado a la perspectiva de género. El feminismo es político y, por tanto, también ciberpolítico (Consalvo 2003). La red es un ámbito abierto, de acceso universal libre en condiciones de igualdad. No hay en principio en ella mecanismos internos que la obstaculicen, fuera de los que se deriven de las pautas culturales generales de la realidad convencional y, desde luego, tienen cumplido reflejo en las redes. Estas reproducen la lucha de género que se da en el patriarcado. El ciberespacio no tiene por qué ser patriarcal pero, de hecho, lo es porque quienes en él interactúan, mayoritariamente, son su producto.. 

Pero, al mismo tiempo, la creación de una esfera pública digital con las potencialidades de la red, ofrece perspectivas nuevas y prometedoras al feminismo (Scott 2016). No contamos con muchos estudios empíricos concretos sobre la acción feminista digital pero los que hay parecen indicar que la presencia de las mujeres en las redes y su empleo de las tecnologías digitales va ligeramente por detrás de la de los hombres y prácticamente están a la par cuando se trata de investigar en el acceso a las redes a través de tecnologías móviles, como los teléfonos inteligentes. La diferencia no es muy grande, no tanta como la que se da en la realidad no digital. 

Lo interesante de la relación entre el ciberespacio y el feminismo no es cómo se refleja en aquel el conflicto de géneros del patriarcado, que reproduce el convencional, sino si el funcionamiento de la red provoca efectos nuevos de carácter positivo o negativo en el proceso de emancipación femenina (Daniels 2009). Los autores han ido a comprobar este extremo en aquellas circunstancias que son puntos neurálgicos del feminismo contemporáneo: la violencia de género, la prostitución y la emigración

En cuanto a la violencia de género, se trata de un caso específico de un comportamiento que ha experimentado una inmensa expansión en el ciberespacio: el del acoso. No hace falta decir que, así como las TICs han producido avances muy notorios en la lucha contra el crimen, en especial el crimen organizado, también han abierto posibilidades inéditas para los delincuentes aislados u organizados (Mcquade 2006). Y no solamente para los delincuentes informáticos entendiendo por tales aquellos que se especializan en atentar contra bienes jurídicos digitales, como información, contraseñas, protocolos, códigos, etc., sino también a aquellos que valen de medios digitales para perpetrar delitos comunes y de estos hay toda la gama en el ciberespacio, desde las estafas a las amenazas.

El acoso sexual, un delito no infrecuente en las redes especialmente las de clientela juvenil, puede ser visto como el precedente de la violencia de género y el maltrato machista. Es el tema del capítulo XVIII, de Perla E. Bracamontes sobre “Ciber-activismo-político instrumento necesario para erradicar la violencia de género entre adolescentes en la era digital”, al que sirve de precedente teórico general con una punta de esceptisicmo, el capítulo XV, de Fátima Arranz sobre “Ciberespacio y violencia de género: Suma cero”. La receta es la habitual, la de atajar el mal uso de las redes en este aspecto es fomentar su buen uso mediante campañas de concienciación y ciberpolítica feminista. Con una ventaja que los estudios sistemáticos de las redes nos permiten frente a su uso aleatorio, esto es, que podemos valernos de los big data para estudiar los comportamientos, tipificarlos y elaborar así protocolos de acción para las supuestas víctimas. Buenos propósitos, pero que, después de más de quince años de ciberfeminismo activo, no han dado los resultados previstos sino que, al contrario, han servido todo lo más, para aquilatar la inmensa dificultad de hacer visibles en las redes los objetivos feministas (Paasonen 2011).

El tema de la prostitución divide y enfrenta al movimiento feminista y también a la opinión pública en su conjunto, incluidas las autoridades. Es un debate difícil, conflictivo, cruzado de intereses, ideologías, reacciones viscerales (Ferguson 2014). Sobre él trata el capítulo XVI, de Anna Clua y Joaquim Moré sobre "El debate público sobre prostitución. Estudio de caso de la repercusión de un programa televisivo en la esfera Twitter” en el que analizan el eco que tuvo en Twitter un programa de la TV3, Gent normal, dedicado a la “prostitución voluntaria”, emitido el 4 de abril de 2016. Su estudio detecta cinco partes intervinientes en el debate: activismo feminista, prostituta, activismo abolicionista, colectivo contra la explotación sexual y políticos y simpatizantes del PSC. Sus conclusiones son razonablemente optimistas. Reconocen que el debate no fue verdaderamente plural en el sentido de que unas voces eran predominantes en detrimento de otras pero, al mismo tiempo, sostienen que las redes e internet abren un campo muy prometedor. Muy probable en otros aspectos del quehacer emancipador femenino, aunque no tanto en el de la prostitución, en donde la quiebra es muy profunda. Sin duda, entendida la prostitución como una actividad mercantil, forzosa ilegal, por tanto, delictiva, la opción represiva, tipo “tolerancia cero” tendrá acuerdo general, aunque haya discrepancias en cuanto a su aplicabilidad práctica. El problema comienza en el caso de lo que el programa de TV3 había titulado con aviesa intención “Prostitución voluntaria”. Por supuesto siempre habrá quién objete a la validez de esa voluntad que, aun invocando su libertad de elección, puede estar coaccionada por la necesidad. Aun salvando la mayor parte de esos casos, obviamente no todos, siempre quedan estos de las muchas formas de la prostitución realmente voluntarias. Con ellos podría procederse como con el caso de quien de su libre voluntad se constituye en esclavo de otro. Un pacto nulo porque la esclavitud está prohibida.

Lo mismo con la prostitución si triunfan los partidarios de prohibirla. El problema en ambos casos es la eficacia o hasta qué punto es posible considerar ciertas relaciones laborales como esclavitud. El precariado todavía disfruta de algunos mínimos derechos, pero está más cerca de la esclavitud que los trabajadores contratados indefinidos. Igualmente, hasta qué punto cabe considerar prostitución determinadas relaciones de género que muchas veces aparecen consagradas mediante instituciones sociales de la mayor importancia, por ejemplo, el matrimonio.

El capítulo XIX, de Silvia Almenara sobre “El caso de la diáspora saharaui” parte de un hecho muy llamativo que ilustra en el estilo de las redes con una imagen de una refugiada siria quien, según llega a la playa, se saca un selfie con un teléfono inteligente. Ello anima comentarios adversos en las redes poniendo de manifiesto como estos inmigrantes y refugiados vienen provistos de todo, no les faltaba de nada y no debieran entrar. Por supuesto, también hay un espíritu de acogida manifiesto en las redes y que se expresa de otro modo. Pero la anécdota revela un hecho al que no se ha concedido suficiente atención en la ciberpolítica y que, sin embargo, está muy en línea con los datos que tenemos de las comunidades online. Realmente el término diáspora quizá sea algo exagerado con respecto al fenómeno original al que se atribuyó, pero hace muy visible el fenómeno de que, gracias a internet, a las redes, las diásporas ya no significan dispersión, pues las comunidades se mantienen conectadas entre sí y con el punto de origen común. Esto coincide con los datos de que el universo de las redes suele ser nacional, con una base fundamental en el empleo de la lengua. El ciberespacio está fragmentado en comunidades lingüísticas y, dentro de estas, de otras peculiaridades, dialectales, étnicas, etc. Sin internet esto no sería posible. Las comunidades que van arribando a las costas de Europa no están compuestas por individuos aislados quizá con algún contacto inseguro sino por migrantes conectados, que traen GPS, por así decirlo. Y esas comunidades, en realidad cibercomunidades viven en un medio que facilita extraordinariamente el mantenimiento de la identidad colectiva, lo cual, a su vez anuncia dificultades a medio y largo plazo respecto a la integración de estas comunidades en la sociedad de acogida. Pero, de momento, el medio para garantizar la cohesión cultural es internet y el estudio de Almenara, al versar sobre redes de mujeres saharauis pone de relieve la importancia de su aportación a esa tarea de interés colectivo como es la identidad cultural. Esta aportación de las mujeres saharauis a la conservación de la conciencia nacional las anima a “empoderarse”. Que el terreno que su condición indispensable les ha hecho ganar se les reconozca más tarde, si la República Saharahui llega a ser una realidad, es otro asunto.

El capítulo XVII, de Laura Acosta sobre “Identidades y relaciones de género: el Arquetipo de las Princesas Disney” se concentra en un problema también de raigambre en el feminismo, el de la construcción social de la identidad de género y cómo está siendo tratada en las redes. El caso concreto escogido es un análisis de la evolución de los arquetipos de las princesas Disney, desde la Blancanieves de 1937 hasta Elsa y Anna en Frozen (2013), con la secuela prevista para 2017. No es preciso valorar la importancia del objeto: Disney es un producto cultural consumido en el mundo entero y su capacidad para influir en las pautas de comportamiento es inmensa. Acosta no admite que esa evolución apunte a un cambio desde los modelos patriarcales a uno de princesas “empoderadas”, sino que los productos Disney siguen influyendo en las pautas de comportamiento ptriarcal y justificándolas. Ve, sin embargo, en “la plaga tecnológica que vivimos”, posibilidades de articular acción colectiva feminista de empoderamiento o para plantear exigencias y manifestar preferencias a la empresa Disney en cuanto clientes y consumidores de sus productos. Los hashtags, las páginas web, dan mayor visibilidad a un movimiento que la necesita.

Hay un último apartado dedicado a la Comunicación política. No cabe exagerar la importancia que esta adquirido en la sociedad mediática o “democracia de audiencias” (Manin 1995). La política ha sido siempre comunicación y en la era de la de masas, adquiere su máxima expansión, hasta el punto de que se  convierte en una disciplina por derecho propio, situada entre la teoría de la comunicación y la práctica política. La teoría sociológica contemporánea confluye en la idea de fundamento comunicativo de las sociedades contemporánea, de forma que la acción social clásica se ha perfilado básicamente con “acción comunicativa” (Habermas 1981). Esta acción comunicativa es el venero con el que evoluciona el duradero y muy fructífero paradigma de la construcción social de realidad que, desde sus primeras formulaciones en el interaccionismo simbólico de Palo Alto (Wittezaele y Garcia 1994) hasta las concepciones más ligadas a las concepciones del Lebenswelt fenomenológico (Luckmann/Berger 1991) se impone en el análisis de la dinámica política contemporánea de forma que los conflictos se ventilan en el terreno de la comunicación y los discursos, en una lucha por la hegemonía entre opciones alternativas por imponer una determinada visión general sobre otras antagónicas, un encuadre (Lakoff 2016), un término más escueto y pragmático que el de “concepción del mundo” o Weltanschauung, que era lo que se empleaba antes.

El ciberespacio ha dilatado extraordinariamente los límites de la esfera pública y ha abierto un campo de acción política caracterizado por las mencionadas notas de acceso universal, gratuito, instantáneo y en tiempo real. Las teorías clásicas de la comunicación ha dado paso a otras más refinadas que tratan de hacer justicia a una realidad que ha alcanzado altos niveles de complejidad. El venerable postulado del “estímulo respuesta” pavloviano de los primeros pasos en la teoría de la comunicación con la imagen simple de emisor-receptor o teoría de la “aguja hipodérmica” (Asa, 1995), se rindió ante la mayor fuerza explicativa del llamado “modelo de los dos pasos” (Two steps flow) de Katz y Lazarsfeld (1948) y así se mantuvo la doctrina mainstream en comunicación durante largos años. La idea de Lazarsfeld superaba la tosca simplicidad del modelo de la aguja “hipodérmica” (que, más que teoría de la comunicación, parecía del adoctrinamiento), introduciendo un tercer factor, los opinión makers, que son quienes median la comunicación entre emisores y receptores, la canalizan y la interpretan. Estos terceros elementos o líderes de opinión tendrían muy buena acogida y encontrarían su equivalente estructural en los gatekeepers de la teoría general de sistemas, factores esenciales en el equilibrio de estos. De hecho, la práctica de la comunicación política contemporánea está orientada a influir en la formulación de las emisiones (por medios directamente políticos, campañas, etc, así como actividades de lobbies) como a constituir y/o respaldar a los líderes de opinión estratégicamente situados en los medios de comunicación. Guardando las distancias, podría decirse que la importancia de este tercer elemento en la teoría de la comunicación, equivale a la que tenía el coro en las tragedias griegas, consistente en interpretar la acción para el público y, a veces, sobre todo al final, en ser parte de ese público. Al igual de lo que sucede con los líderes de opinión actuales, especialmente si son muy populares.

Sea con un mecanismo simple o articulado, la teoría de la comunicación, y su realidad práctica, por supuesto, no sufrió grandes cambios en el más de medio siglo que transcurrió entre los estudios de Lazarsfeld y la aparición de internet y la web 2.0. La comunicación es siempre unidireccional, parte del emisor y llega al receptor mediada o no. Este consume la información y ajusta su comportamiento posterior a su contenido, pero no está previsto que intervenga activamente en el proceso comunicativo y menos que se constituya en líder de opinión o centro emisor de nada En la realidad convencional, los cauces por los que se daba voz a la audiencia eran mínimos, insignificantes y fácilmente manipulables. Las secciones de cartas al director de los medios impresos o las ocasionales intervenciones de elementos escogidos de la audiencia en radio o televisión no solían tener eficacia alguna en el proceso comunicativo y, si acaso, servían para respaldar o cuestionar aleatoriamente algún tipo de acontecimiento. Con internet y la web 2.0 la situación ha cambiado radicalmente y ya no se reduce a una comunicación unidireccional, sino que es multidireccional. La posibilidad de acceder a la esfera pública en el ciberespacio, de interactuar con los líderes de opinión o, incluso, convertirse en uno de ellos está alterando las pautas de funcionamiento tradicional de los medios y sus audiencias. La aparición del concepto de “periodismo ciudadano” que se refiere tanto a la participación de los ciudadanos en el ciberespacio, en diálogo entre ellos o con los políticos o los líderes de opinión como a sus articulaciones prácticas a través de iniciativas innovadoras, como las radios libres, las televisiones comunitarias, los canales en la “nube”, como Youtube han subvertido las pautas convencionales del periodismo y la actividad comunicativa en general. La interacción entre los medios de comunicación tradicionales y la red es permanente y hace inevitable el hecho de que los poderes públicos no puedan ignorar la opinión pública que se incuba en la red.

El capítulo XX, de Víctor Muñoz y Antonio Pérez, “Medios de comunicación y nuevas tendencias de la informaciónpolítica y digital en España es una especie de balance sobre la situación de les medios de comunicación actualmente en una especie de estado de la cuestión del “sistema mediático” (Hallin y Mancini 2008) español. La situación española se caracteriza por unos medios polarizados y muy politizados, con unos vínculos poderosos entre las fuerzas políticas y los medios de comunicación y una consideración relativamente baja en las escalas internacionales sobre pluralismo y libertad de prensa. En el informe de Freedom House de 2015, España ocupa un modesto lugar 28 en libertad de prensa.En ese marco insatisfactorio se recibe el impacto de internet que ha trastornado los usos habituales de los medios convencionales y ha impuesto unas pautas comunicativas digitales a las que las instituciones y los partidos tradicionales no estaban acostumbrados y ha dado una relativa ventaja a las fuerzas políticas articuladas en el ámbito digital. Todo ello ha abierto una crisis general del sistema político de la tercera restauración, basado en el bipartidismo, que todavía está pendiente de solución.

Por otro lado, el capítulo XXIV, de Antonio Pérez y Victor Muñoz, sobre “Usos y funciones de Internet en su vertiente política: elaboración de una tipología de usuarios” trata de presentar el cuadro al otro lado del espejo, por así decirlo, pues analiza el sistema mediático, como en el capítulo XX, pero centrándose en el ciberespacio, internet y el uso de las redes sociales. El intento de establecer una tipología de usuarios no es enteramente nuevo y ayuda a hacerse una idea de cómo va desarrollándose esa progresiva integración y mutua adaptación entre los medios convencionales e internet. Quizá estas tipologías de usuarios resulten hoy prematuras porque, en comparación con el sistema mediático convencional, en el que las funciones y roles de los intervinientes están bastante fijadas, no sucede lo mismo en al ámbito digital en el que se dan frecuentes vacíos legales y ausencia de pautas culturales, debido a su juventud y al hecho de que todavía no haya desarrollado todas sus potencialidades de forma que los comportamientos y los intercambios, lejos de estar sometidos a rutinas e inercias, muestran posibilidades insospechadas de innovación y creatividad. 

Junto a estos panoramas de situación acerca de cómo se articula la comunicación política en la era digital, dos estudios centrados en dos cuestiones específicas y su tratamiento en las redes, el terremoto del Ecuador del 16 de abril de 2016 y el intento frustrado de la fiscalía de la república de conseguir la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. El capítulo XXI, de Palmira Chavero, sobre “Los valores-noticia en twitter en situaciones de emergencia. El caso del terremoto de Ecuador” versa sobre el tratamiento en las redes de las noticias acerca del terremoto del Ecuador, que alcanzó una intensidad del 7,8 en la escala de Richter. El hilo que la autora ha seguido es el de las cuentas en twitter de dos diarios representativo, El Telégrafo y El Comercio. El primero es una empresa privada y el diario el decano de la prensa colombiana, el segundo es un medio público. Aparte de las conclusiones específicas, este estudio aporta material para comprender el proceso de integración entre los dos ámbitos de la comunicación, el digital y el no digital, a los que no queda más remedio que fundirse y señala un aspecto que, a no dudarlo, abrirá nuevas perspectivas de investigación, esto es, en qué medida las peculiaridades de las redes y sus exigencias están ya de hecho influyendo en el modo en que los medios convencionales producen el material noticiable y los contenidos informativos. 

A su vez, el capítulo XXIII, de Marciano Venté, sobre “Las redes sociales como nuevo espacio del diálogo de agentes: La interpretación metodológica de la construcción virtual de la realidad social desde #DestituciónPetro” se aventura en un terreno aun más nuevo. Tomando el caso del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Petro, antiguo militante de la guerrilla del Movimiento 19 de abril y actual dignatario del Movimiento Progresista, fue revocado a instancias de la fiscalía de la República por supuestos delitos en el ejercicio del cargo. Aunque la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no aceptó la decisión sancionadora, el presidente de la República, Santos, sancionó la deposición de Petro. Solo una posterior decisión del Tribunal Superior de Justicia de Bogotá obligó al mandatario a restablecer a Petro en su puesto de alcalde. El autor apunta a la conclusión de que fue el eco en las redes sociales, las protestas y las críticas a unos procedimientos que se consideraban injustos y arbitrarios lo que forzó la mano de las autoridades, arropó la decisión judicial negativa y mostró que el ciberespacio tiene una capacidad de influencia y presión que pocos le habían supuesto basada sobre todo en el hecho de que la ciberpolítica se da en un espacio, el ciberespacio, en el que no hay posibilidad de censura.

Las manifestaciones de la ciberpolítica no se reducen a las redes sociales. En realidad la multiplicidad de fuentes de información e intercambio en internet que explican la naturaleza polifacética de esta, es abrumadora por su cantidad de puntos de referencias: buscadores, páginas Web, blogs. Vlogs, redes sociales, wikis, plataformas de servicios etc. Todos estos puntos están interconectados a través de los vínculos de las redes distribuidas. La mayoría de los medios impresos, pero también los audiovisuales, se hacen presentes en las redes. A su vez, muchos de los puntos o nodos interactivos no están solamente en las redes, sino que tienen existencia aparte en otros ámbitos del ciberespacio. Así, por ejemplo, los blogs políticos, de los que se hace eco el capítulo XXII, de Ana María Zaharía y Jacinto Gómez, sobre “El impacto de las Tecnologías de la Información en la blogopolítica española: análisis de los blogs políticos como nuevo modelo mediátic”, configuran un terreno propio, la blogosfera, cuya capacidad de influencia depende de la cantidad y calidad de sus seguidores. El caso concreto que analizan nuestros autores en perspectiva comparada es el de los blogs respectivos de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. No es que haya aquí excesiva abundancia de material, pero sí se apunta en la dirección en que deben seguir futuras investigaciones: la blogosfera es un aspecto esencial del ciberespacio porque, aunque haya blogs administrados de forma colectiva o por los partidos políticos, el blog como tal recurso, tiene tendencia a articularse en términos personales: es el bloguero quien administra su blog, sube las entradas y determina su régimen y de esta manera consigue un impacto, mayor o menor, según una serie de circunstancias que sería prolijo enunciar aquí. Este tipo de análisis está aún en sus comienzos y seguramente lo primero que debería hacer sería completar el de los blogs políticos de los dirigentes que siempre se dan en la esfera pública con el de los de mantenimiento privado.

Por último, la iconografía es un aspecto fundamental de la comunicación política. Disponemos de valiosos estudios de este aspecto en la disciplina de comunicación política de tipo tradicional. No hay análisis comunicacional que no dedique atención a los elementos gráficos y plásticos de la interacción que se esté dirimiendo, generalmente en campañas electorales, pero no solo en ellas. También en los más diversos procesos de crítica o legitimación simbólicas. Se toman en cuenta los colores, las imágenes, los grafismos, los acompañamientos musicales, etc. Algo así está pendiente de hacerse en el ciberespacio en donde, obviamente, las posibilidades son inmensas. El capítulo XXVI, de Ramón Cotarelo, sobre “¿Una iconografía digital” pretende ser una invitación a avanzar en este territorio prácticamente virgen. Todo en internet, al ser digital, virtual, es simbólico y susceptible de análisis semiótico como lo es la realidad material, aunque con caracteres absolutamente propios y peculiares 

Ciberpolítica. Gobierno abierto, redes, deliberación, democracia, constituye una panorámica acerca de la situación de la ciberpolítica en la actualidad. Será una buena base de trabajo para cuando se convoquen las IV jornadas de ciberpolítica.

REFERENCIAS

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Easton, David, (1965) A systems Analysis of Political Life, Hoboken, N.J.: Wiley.

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Foucault, Michel (1997) Il faut déféndre la société París: EHSS, Gallimard, Seuil.

Consalvo, Mia (2003). "Cyberfeminism”, en Steve Jones (ed.) The Encyclopedia of New Media Londres: Sage.Pág. 1987

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Habermas, Jürgen (1981) Theorie des kommunikativen Handelns, (2 vols.) Frankfurt am Main: Suhrkamp

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Wright, Erik Olin (2014) Construyendo utopías reales. Madrid: Akal.

dijous, 6 d’abril del 2017

Los "límites" del humor

Da la impresión de que la colectividad está desbarrando. Se persiguen judicialmente los chistes; se condena penalmente a los chistosos. Y, claro, se arma un escándalo por lo que muchos consideran un ataque a la libertad de expresión ya que, en principio, el humor no delinque.

Fue, más o menos, el contenido del intercambio parlamentario en sesión de control entre el diputado de Podemos, Alberto Garzón, y el ministro de Justicia, Rafael Catalá. Garzón cuestionaba el hecho mismo de juzgar a alguien por chistes y señalaba discrepancias judiciales según los tribunales estuvieran compuestos por miembros del Opus Dei o por "personas del siglo XXI". Catalá respondía que no se condenaban chistes sino un delito de humillación a las víctimas del terrorismo. Es decir, en definitiva, un chiste puede ser un delito, porque tendrá toda la humillación que se quiera, pero es un chiste. Y dentro de una tradición nacional de humor negro que es materia de interpretación. Otra cosa sería si habláramos de amenazas. Pero esas no suelen ser perseguidas. Curioso.

El episodio de Wyoming, un peldaño más en esta escala de persecución de la libertad de expresión, cierra un ciclo de verdadero absurdo. La Audiencia Provincial admite la querella de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos contra el programa el intermedio por un presunto delito de ofensa a los sentimientos religiosos. La acusación va contra un sketch de Dani Mateo, titulado las cinco cosas que nunca te han contado del Valle de los Caídos que, por cierto, es bien ingenioso. Considera la Audiencia que el tal sketch podría estar incurso en el magmático artículo 510 del Código Penal sobre el odio. ¿Odio Dani Mateo? El Valle en cuestión sí es un monumento al odio, un monumento supuestamente a la reconciliación pero en realidad a la victoria de unos sobre otros a quienes, además, se robó el derecho a yacer bajo los símbolos por los que habían caído. Eso es odio. Y no lo de Dani Mateo.

Véase el vídeo. Las cinco cosas de que se habla aportan datos empíricos apabullantes: cuántos caídos yacen, cuántos identificados, cuántos años tardó el monumento en construirse, cuántos trabajaron en la construcción y de dónde procedían, cuánto mide la cruz, cuánto pesa. Son datos fríos, numéricos, no contienen odio. No hay odio en decir que hubo miles de presos políticos trabajando en aquella obra faraónica y en qué condiciones.

La única expresión valorativa, no estrictamente empírica es la calificación de mierda para la cruz. No se olvide, además, que la palabra de las seis letras pone siempre nerviosos a los temperamentos conservadores. Lo sabía muy bien Ubu Rey. Porque por esas andamos. El juicio de mierda dedicado a la cruz es un juicio estético. Si uno no puede decir que el monumento al general Martínez Campos le parece una mierda, realmente el concepto de libertad de expresión al uso es reducido. Aplicar a unos datos objetivos y estadísticos y un juicio estético una presunción de delito de odio, sí que parece un chiste.

Y un chiste de humor negro, macabro. Ese monumento lo es al fascismo. Por eso está enterrado en él el fundador de la Falange. Y, sin embargo es sostenido con dineros públicos, como lo son las organizaciones estilo Fundacional Nacional Francisco Franco. Lo que es un chiste es que la Fundación de marras reciba subvenciones públicas.

En el fondo, la culpa de haber llegado a esta situación de verdadero ridículo es de la izquierda que, pusilánime como siempre, no se atrevió cuando tuvo mayoría absoluta a encontrar una solución para eliminar o, cuando menos, disimular ese horror y resolver el problema de las asociaciones y organizaciones dedicadas a ensalzar y enaltecer la dictadura.

¡Ah! Y, para acabar: al autor de estas líneas, a Palinuro, le parece que, no solo la cruz, sino todo, absolutamente todo lo que hizo el franquismo, fue una mierda. Una mierda y un crimen. 

La conferencia de Vilafranca

Pensé que habría vídeo, pero, al pedir que me facilitaran el enlace, me explicaron que en los actos de la ANC ya no se graban vídeos ni, por tanto, se cuelgan en You Tube, para evitar episodios como el del juez Santi Vidal, a quien han metido en un lío por algo que dijo en una de esas conferencias.

Puede parecer extremo o radical, pero tiene su razón de ser. La cuestión del referéndum es un casus belli entre España y Cataluña. Y en la guerra, bien se sabe, vale todo. Así que como la autoridad, la policía, los jueces, la policía política del ministerio del Interior y las cloacas del Estado andan al acecho, tratando de reprimir y empurar a quienes puedan, los de la ANC hacen muy bien en no dar pie a que algún espía escuche expresiones (por lo demás frecuentes en el calor de los debates públicos) y vaya corriendo a chivarse a los jueces que, si son del opus, condenarán con contundencia.

No obstante, he encontrado esta reseña del acto en una página de la TV de Vilafranca y la reproduzco. Es un vídeo de la TV que resume la intervención y contiene un par de cortes de una entrevista previa rodada, por cierto, en un un salón del magnífico palacio de Berger Balaguer y ante una copia de un cuadro de Rafael. Está aquí.


Cotarelo cree que las clases dominantes harán lo que sea para impedir el referéndum

El catedrático Ramón Cotarelo se refiere a las clases dominantes españolas y catalanas.

Este viernes, y dentro del ciclo de conferencias que el ANC de Vilafranca organiza para hablar del proceso visto desde fuera de Cataluña, el politólogo español, catedrático emérito de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Ramón Cotarelo, dio una conferencia en el auditorio del Forum Berger Balaguer. Un auditorio que se llenó para escuchar las palabras del que se podría considerar una rara avis, un intelectual español que a pesar de querer que Cataluña no se independice está plenamente de acuerdo con el derecho a decidir de los catalanes y lo defiende de forma vehemente.

El portavoz del ANC recordó a los presentes que podían dirigir preguntas al ponente llenando unos boletos y en explicar que en la entrada se podían adquirir ejemplares del libro del conferenciante titulado "La república catalana". Por su parte la coordinadora de la ANC en Vilafranca, Esther Güell, le preguntó si el suyo es un caso único en Madrid.

Con una profunda convicción de izquierdas, Ramon Cotarelo está convencido de que son las clases dominantes españolas y catalanas las que harán lo que sea necesario para impedir el referéndum.

Cotarelo echa de menos en el Estado voces del mundo intelectual que apoyen el hecho democrático.

Ramon Cotarelo habló de manipulación de los medios y de una política del Estado hostil que hace que la gente en el resto de España, en general, no se entere de lo que pasa en Cataluña. Se preguntó por qué no hay, o no se dejan ver los intelectuales que tienen una opinión más democrática, abierta a que los catalanes puedan decidir mediante los votos. E incluso dijo que de seguir así las cosas, los demócratas de izquierdas españoles deberán exiliarse en Cataluña.

Ramon Cotarelo es autor del libro 'El Estado del bienestar' que fue pionero, ya que avanzaba como la política neoliberal amenazaba el estado del bienestar. En los últimos años se ha posicionado a favor del 'derecho a decidir de los catalanes'. Y no comprende como el Estado hay políticos que defienden el derecho de autodeterminación de los saharauis y no aceptan el de los catalanes.

dimecres, 5 d’abril del 2017

Las primarias del PSOE para extranjeros

La Revista argentina La Vanguardia me publica este artículo, dando cuenta de las primarias del PSOE. Incluyo copia del artículo entero. Quien quiera leerlo en el original (contiene entradillas, fotos y elementos tipográficos atractivos) lo tiene aquí.

El histórico Partido Socialista Obrero Español, con casi 140 años a sus espaldas es el partido más antiguo de España y uno de los más antiguos de Europa, después del Conservador británico y el Socialdemócrata alemán. La historia contemporánea de España, por tanto, está inextricablemente unida a la de esta primera organización de la clase obrera y el propio país es incomprensible sin tomarla en consideración. El partido consiguió su primera representación parlamentaria en el primer decenio del siglo XX, participó en la huelga general de 1917, tuvo una ambigua relación con la dictadura de Primo de Rivera en los años veinte, fue destacado puntal de la IIª República, participó en la sublevación revolucionaria de 1934, fue partido de gobierno durante la guerra civil, estuvo proscrito en la dictadura franquista, cuando padeció persecución, fue partido de gobierno en la IIIª Restauración borbónica, entre 1982 y 1996, volvió al poder de 2004 a 2011 y actualmente se encuentra en un momento de crisis en el que, como siempre pasa en estos casos, según la orientación que tome, se mantendrá o perecerá.

La crisis económica, que ha sido especialmente virulenta en España debido a su peculiar sistema productivo y la incompetencia y corrupción secular de sus clases dominantes, puso abrupto fin a la segunda legislatura socialista de Rodríguez Zapatero en 2011, envió al partido a la oposición y lo sumió en la citada crisis que ahora culmina en las elecciones primarias, convocadas para mayo y en las que se decidirá el destino de la organización para los próximos años. A esa crisis económica de modelo productivo se suma una tradicional problemática vinculada a la organización territorial del Estado, que se agudizó con la sentencia del Tribunal Constitucional de mayo de 2010 relativa a la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña y en la que se negaba a esta comunidad la condición jurídica de nación. Dicha sentencia fue el pistoletazo de salida de un renacimiento del espíritu independentista catalán que ha cuajado en un Parlamento de mayoría de esta orientación y un gobierno de la Generalitat, con una hoja de ruta hacia la independencia que culminará en un previsto referéndum de autodeterminación en septiembre de 2017, dentro de seis meses, que el gobierno central quiere prohibir y el autonómico realizar a pesar de todo.

En buena medida, el conflicto del PSOE en estos tiempo refleja el que afecta al país en su conjunto. A las elecciones primarias a la Secretaría General, convocadas por la Comisión Gestora para el 21 de mayo se presentan tres candidaturas principales y quizá alguna otra más si consigue reunir los avales necesarios. De las tres principales, dos, la de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz y la del exsecretario general del propio PSOE, Pedro Sánchez, defenestrado por un golpe palaciego interno al partido el pasado 1º de octubre de 2016, son las que parten con mayores posibilidades. Una somera consideración de sus características nos servirá para comprender el momento político español y las perspectivas del PSOE.

La candidatura de Susana Díaz es de carácter institucional, goza del apoyo de la mayoría de los cuadros del partido, del aparato de éste y de los antiguos dirigentes del PSOE, hoy retirados, pero que siguen actuando como asesores de prestigio. Es una candidatura afín al espíritu del régimen político de la IIIª Restauración borbónica, conforme con el sistema del turnismo bipartidista, eco del de la IIª Restauración canovista de 1875 a 1923, que no cuestiona la legitimidad de la monarquía, ni la confusa relación entre la Iglesia y el Estado en España y no tiene intención de alterar la condición de “Estado dentro del Estado” de que goza la iglesia católica. Tampoco objeta al sistema actual de reparto del poder territorial, antepone el mantenimiento del statu quo autonómico a cualquier otra consideración y tiene un acuerdo de fondo en cuanto a los fundamentos mismos del sistema de 1978, sin plantearse ningún tipo de reforma radical que dé paso a una nueva estructura. La candidata Díaz preside una Comunidad Autónoma en la que el PSOE lleva gobernando ininterrumpidamente durante 40 años, lo que ha provocado un nivel alto de corrupción institucional que, en cierto modo, la emparenta con el gobierno del Estado, asimismo caracterizado por uno de los niveles más altos de corrupción del mundo.

Es, pues, una candidatura continuista con el orden de la IIIª Restauración, colaboracionista con los gobiernos de la derecha y defensora de la unidad territorial de España en la situación actual, sin apuntar a reforma alguna que muestre sensibilidad frente a los tradicionales agravios catalanes (las greuges catalanes), que se arrastran desde hace siglos y se han agudizado recientemente a cuenta de la crisis. Es más, quizá pueda decirse que el sentido profundo de esta candidatura socialista andaluza –caracterizada por un nivel alto de populismo y un punto de caudillismo personal- sea la formación de una especia de “unión patriótica sagrada española” frente a la amenaza de independencia de Cataluña. Esto explica asimismo por qué la candidatura de Susana Díaz despierta más simpatías entre la derecha del país que entre la izquierda, al extremo de una mayoría de votantes del PP la prefiere al frente del PSOE en lugar de Pedro Sánchez.

A su vez, la candidatura rival, la del exsecretario general, procede del momento crítico y conflictivo de su defenestración en un Comité Federal del 1º de octubre de 2016. Se produce así como una especie de reacción frente a una maniobra del aparato del partido, de los cuadros intermedios y los intereses creados ante un secretario general que había sido elegido por las bases del partido y del que los funcionarios de éste, los llamados “barones” y las viejas glorias asesoras –esto es, el establishment socialista-, sospechaban que pretendía llegar a acuerdos subrepticios con los dos factores que el PSOE institucional considera sus enemigos mortales: a) la nueva izquierda surgida al amparo de la crisis económica bajo la forma de la organización Podemos, heredera y renovadora del anquilosado Partido Comunista y b) el peligro de una ruptura de España a través de la independencia de Cataluña. En otras palabras, Pedro Sánchez fue defenestrado en una operación preventiva del aparato del partido, más interesado en colaborar con la derecha española nacional-católica y centralista, que en hacerlo con la izquierda y en formar un gobierno de esta orientación, como el que hay en Portugal.

La candidatura de Sánchez, sin embargo, se apoya en la poderosa reacción que han tenido las bases del partido, entre las cuales ha cundido la indignación de que unos burócratas, funcionarios del partido y políticos profesionales, pusieran término en una maniobra de pasillo al mandato de un secretario general elegido por ellas misma. Esta candidatura se publicita a sí misma como una de la militancia, de la izquierda y de la renovación y regeneración del PSOE. En algunos aspectos mantiene una actitud más clara y decididamente de izquierda que la de Susana Díaz, por ejemplo, en materia de laicismo. Sánchez propugna la definitiva separación de la iglesia y el Estado, lo cual, y aunque parezca mentira, hoy es algo revolucionario en España. También hay una diferencia radical en la visión de la izquierda. La candidatura de Sánchez propone un gobierno con alianza de la izquierda, una especie de reproducción en el país del ejemplo portugués o de repetición en España del “programa común de la izquierda” de Francia en los años 80 del siglo pasado. Asimismo articula un programa más radical de salida de la crisis, con más claras propuestas de relanzamiento económico con atención a la juventud y los sectores menos favorecidos.

En los asuntos más delicados y problemáticos, como son la forma monárquica o republicana del Estado y el derecho de los catalanes a la autodeterminación, la candidatura de Sánchez es más ambigua: no hay un pronunciamiento a favor de la República –la última forma de gobierno legítima que ha habido en España- ni tampoco del derecho de los catalanes a decidir. Hasta qué punto esta ambigüedad y este silencio son tácticos o estratégicos en función de la candidatura es algo que se verá en su momento, y algo también que podrá ir calibrándose a medida que se desarrolle la campaña electoral de las primarias, es decir hasta el 21 de mayo.

De siempre se ha dicho que el PSOE tiene dos almas (por otro lado, como todos los partidos socialistas y socialdemócratas del mundo), el alma radical y el alma reformista. Dado el giro mundial hacia el moderantismo político, hoy esas dos almas podrían reformularse como una conservadora y otra progresista y, de ser así, dibujarían muy bien la situación actual del PSOE: una propuesta conservadora, asimilable a la derecha tradicionalmente nacional-católica y otra más progresista, asimilable a un intento de recuperación del espíritu reformista radical de la socialdemocracia.

Innecesario decir que todos los medios de comunicación favorecen la candidatura conservadora, como el mundo de la empresa y las finanzas, mientras que la candidatura de la izquierda solo cuenta con el apoyo de la militancia. Pero hay dos factores en esta situación que permiten abrigar la esperanza de que, por una vez, el resultado no sea el que todo el mundo espera. Primero: el cuerpo electoral en las primarias, precisamente, es la militancia de forma que, si el aparato del partido no hace demasiadas trampas, la militancia puede imponerse. Segundo, los medios de comunicación ya no reinan de modo absoluto en la opinión pública, sino que han tenido que dejar espacio a un nuevo ámbito de debate público en las redes y en estas, mucho más populares que los medios institucionales públicos o privados, la presencia de la candidatura de Sánchez es muy superior a la de Susana Díaz.

RAMÓN COTARELO
POLITÓLOGO ESPAÑOL, CATEDRÁTICO EMÉRITO DE CIENCIA POLÍTICA Y DE LA ADMINISTRACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA (UNED). ES AUTOR DE NUMEROSOS LIBROS, ARTÍCULOS Y COLUMNAS SOBRE DIVERSOS TÓPICOS. PUBLICA SUS OPINIONES REGULARMENTE EN SU BLOG PERSONAL PALINURO.

Cataluña y Gibraltar

Mi artículo de hoy en elMón.cat sobre el último esperpento de Gibraltar en la política española. El asunto está tan sobado ya y es tan conocido que no basta con agitarlo y hay que sacar alguna otra cuestión, como las coca-colas de Espinar en el Senado para tratar de desviar la atención de la dimisión (mal y tardíamente) del presunto delincuente del PP, Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia.

Digo que el asunto está más que visto porque, mientras la voluntad de los llanitos siga siendo ser súbditos británicos en un 95%, España no tiene nada que hacer. Solo le quedan dos vías: imponer su soberanía sobre el Peñón por la fuerza de las armas o convencer a los llanitos de que prefieran ser españoles a ingleses. Lo primero es, de momento, imposible e improbable en los próximos cien o doscientos años. Lo segundo es todavía más difícil cuando, si esa misma pregunta en referéndum se hiciera en España, muchos españoles no llanitos también preferirían ser ingleses.

Aquí el texto en castellano:

Cataluña y Gibraltar

La repentina reaparición del contencioso de Gibraltar en el escenario del Brexit ha provocado una pequeña crisis internacional con batir de tambores guerreros en el viejo continente. En la confusión de las condiciones de negociación de la salida de los británicos, estos, extrañamente, han olvidado precisar la situación del Peñón. Planteado el problema, la UE hace suya la posición de la ONU respecto a la necesidad de descolonización de Gibraltar, incluido en la lista de territorios que no tienen autogobierno y la señora Merkel remacha recordando la doctrina de la integridad territorial de los Estados. De este modo, la UE advierte al Reino Unido de que cualquier cambio en la roca tendrá que darse con el acuerdo común con España.

Esta conclusión consagra una situación de co-soberanía de hecho que los británicos no habían previsto y no parecen dispuestos a aceptar sin más. Sorprendidos en su descuido, muchos se han lanzado a una campaña de ultrnacionalismo belicoso, amenazando con ir a la guerra por el Peñón y recordando el episodio de las Malvinas, hace 35 años. Por primera vez en este contencioso secular parece que han sido los ingleses los adelantados de la fanfarronería y el patriotismo de hojalata que habitualmente se atribuye a los españoles. Hasta tal punto que, a diferencia de la “Dama de hierro”, Thatcher, la actual primera ministra, May, trata de apaciguar los ánimos.

Asimismo, algunas otras voces, menos truculentas pero quizá más expeditivas políticamente, prefieren ir por otra vía y sostienen que, de perseverar España en su pretensión de retrocesión de la Roca, Gran Bretaña debe apoyar en la ONU la independencia de Cataluña. La casualidad y las complicaciones de la diplomacia juegan de nuevo a favor de una finalidad del independentismo catalán: internacionalizar el problema para tratar de obtener la independencia por implicación de la comunidad internacional. Y, desde luego, sería una gran baza contar con el apoyo de una potencia del Consejo de Seguridad para plantear la cuestión catalana en la ONU.

Como en una ironía de la historia, los destinos de Cataluña y Gibraltar vuelven a cruzarse como en los tiempos del Tratado de Utrecht en 1713 cuando Gibraltar fue parte del precio que Felipe V hubo de pagar para conseguir que la Gran Bretaña abandonara la defensa de Cataluña y permitiera que los Borbones abolieran sus libertades, como habían hecho con Valencia y las Baleares. A los efectos de la propaganda y la notoriedad internacionales, este paralelo parece conveniente, pero poco realista porque, aparte de las dificultades intrínsecas de plantear el contencioso en el campo de la descolonización, en donde la ONU no lo considera, los independentistas catalanes no deben depositar muchas esperanzas en que esta vez Gran Bretaña no vaya a abandonarlos.

Sean cuales sean las dificultades europeas, el peso diplomático de Gran Bretaña en la Unión, aunque esté fuera, es superior al de España aunque esté dentro. Además, y ello es determinante, el caso de Gibraltar no ofrece lugar a muchas dudas si se consideran dos factores encadenados. En primer lugar, el estatus de colonia es desmentido por el texto literal del citado Tratado en el que el Rey Católico español otorga a Inglaterra la propiedad de Gibraltar “absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno”, con la sola reserva de que, cuando “le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar”, conceda a España “la primera acción antes que a otros para redimirla”. Dicho lo cual, hay poco más que hablar. Gran Bretaña posee legítimamente Gibraltar, a perpetuidad, si quiere, al menos mientras se reconozca la validez del Tratado de Utrecht.

¿Que será preciso adaptarse a las nuevas circunstancias geopolíticas de la UE y tomar en consideración el criterio comunitario de la soberanía compartida? Muy probablemente, pero esta actitud viene compensada con el segundo factor mencionado y tan sobrevenido desde Utrecht hasta hoy como el cambio de Europa y es el respeto al derecho de autodeterminación de los pueblos. Este segundo factor muestra la fortaleza de la posición inglesa en el contencioso. Dos referéndums se han realizado en Gibraltar sobre la retrocesión a España y en ambos más del 95% de la población ha sido partidario de conservar la ciudadanía británica y rechazar la española.

Los dos datos señalan los extremos del problema: Inglaterra no para barras en el principio de integridad territorial de los Estados (cuya aplicación a España es dudosa, cuenta habida de los enclaves de Ceuta y Melilla) y se aferra al derecho de autodeterminación de la población concernida. España. Por el contrario, sostiene el principio de la integridad territorial y no respeta el de la libre autodeterminación de los pueblos. No es difícil comprender que la posición española es perdedora de acuerdo con las convicciones contemporáneas.

Al independentismo catalán le favorece el eco internacional del contencioso por la visibilidad que otorga a su reivindicación emancipadora. Pero su fuerza no reside en las distintas interpretaciones de antiguos tratados, sino en la recta aplicación de un principio universalmente reconocido a partir del siglo XX: el del derecho de autodeterminación de los pueblos.

dimarts, 4 d’abril del 2017

El fascismo se demuestra robando

Hoy seré muy breve porque, sobre estar cansado por el trabajo, el tema ya no da para mucho más. La pertinacia, la contumacia del fascismo español carecen de parangón. Morirá la civilización, se acabará el mundo, se enfriará el sistema solar, seremos un agujero negro y los fascistas españoles seguirán erre que erre dando vivas a un criminal genocida que sumió su país en un baño de sangre y asesinó, torturó y encarceló a cientos de miles de sus compatriotas.

Mucha gente se pregunta cómo es posible que en España sea legal lo que en otras partes que padecieron la lacra del fascismo, Italia y Alemania, no lo es. La respuesta es sencilla: allí, los fascistas perdieron la guerra. Aquí la ganaron. El fascismo español no se hundió, sino que acabó su personificación con la muerte del dictador. Pero siguió incólume en las instituciones, en la sociedad civil, en la mentalidad de siervos de muchas gentes. La historia la escriben los vencedores y así sigue siendo, como se ve con los historiadores franquistas, aunque sean analfabetos. 

El franquismo ha sobrevivido a Franco porque se ha hecho carne y sangre del natural español de vírgenes, santos, procesiones, fanfarronadas, chulerías, oscurantismo, cerrilismo, intransigencia, beaterío, nacionacatolicismo..., en fín, qué vamos a decir que no sepamos.

Ese tal Zoido que comienza donde lo dejó el meapilas Fernández Díaz, condecorando vírgenes, es obvio, carece de todo sentido del ridículo. Pero no del aprovechamiento y la falsedad. La prueba: ha intentado colocar a un enchufado suyo en un pisazo de propiedad pública con reparación millonaria, como siempre a cargo del erario, para que seamos los españoles quienes sigamos pagando sus estupideces, supersticiones y simples latrocinios.

En Murcia va a ser necesario que el presunto corrupto que, para variar, gobierna, cumpla la sentencia que le caiga para que se admita que lo es. No para que el PP o Rajoy le retiren su apoyo. Ese es un típico error de los periodistas españoles. Estos pájaros no apoyan a los corruptos porque crean que no lo son sino, al contrario, porque saben que lo son.

¿O creía alguien acaso que el fascismo es algo distinto?

A Cassandra la condenan a un año de prisión por un chiste sobre un criminal, corresponsable de la dictadura y de la persecución política de la ciudadanía, corresponsable de más crímenes, detenciones, palizas, torturas, que era lo que hacía la brigada político-social de Franco. ¿Qué juicio merece esto? 

Mientras tanto, el energúmeno que afirmó que las víctimas de Franco se merecían el fusilamiento sigue siendo alcalde. Obviamente este país no conoce la justicia y los jueces no merecen nombre de tales.

Pero lo verdaderamente escandaloso es que todo esto se da sobre una realidad incuestionable: el primer culpable de enaltecimiento del terrorismo y del crimen es el propio Estado, que mantiene un siniestro monumento a la mayor gloria del genocida Franco, sostenido con los impuestos de todos, incluso los que pagamos quienes fuimos represaliados por él y tuvimos la fortuna de contarlo.

dilluns, 3 d’abril del 2017

Una banda de ladrones desalmados

España lleva años gobernada por un partido imputado en procesos penales por tratarse de una presunta asociación para delinquir, según los jueces; esto es, en corto, gobernada por una banda de ladrones. Después de la catarata de episodios de corrupción que anegan los medios del país, las televisiones, las radios, la pensa; después de los casos Gürtel, Púnica, Urdangarin, Matas, Mato, Cajamadrid, Blesa, Rato, Fabra, Camps, Trillo, Barberá, Granados, González, Bárcenas, Correa, los sobresueldos, el padre de Rajoy, etc., etc., nadie puede negar un hecho tan notorio: que un país europeo del siglo XXI, una "gran nación", según su presidente del gobierno, responsable político de est latrocinio generalizado, está gobernado por lo que parece ser una banda de ladrones, un grupo de presuntos criminales .

Se trata de un verdadero fenómeno psicosociológico que probablemente se estudiará en los años venideros, quizá como un ejemplo de trastorno psicótico colectivo. Sobre todo porque no será posible aducir ignorancia o descuido. Son de recordar aquellas declaraciones de Aznar hacia 2010 o 2011 el sentido de que el PP es "incompatible con la corrupción". Todo el mundo sabía que se trataba de una mentira dicha por quien había invitado a la inenarrable boda de su hija a lo que resultó ser la mayor concentración de granujas del momento. Es decir, el PP solo es compatible con la corrupción. Como de recordar son los cientos de declaraciones absurdas y descaradas de los principales dirigentes de esta supuesta banda de mangantes en el sentido de que el PP era el partido de la honradez, el de los trabajadores, el que más ha luchado contra la corrupción, etc., cuando lleva años falsificando el proceso político y ganando elecciones ilegalmente que habría que anular.

Es uno de los inexplicables rasgos de esta asombrosa circunstancia. Como lo es el hecho de que los cargos imputados jamás dimiten, ni siquiera cuando los pillan con las manos en la masa. Al contrario: organizan espectáculos alucinantes para disimular sus tropelías, para embadurnarlo todo, para mentir y engañar: ese pollo de la Guardia Civil al que han pillado en el asunto de un piso de lujo por el morro, el del otro -tambièn relacionado con la guardia civil- que, sin tener capacitación ninguna está colocado por enchufe en un eléctrica con un salario de cine, el ex-ministro Soria, el ex-diputado Pujalte y decenas de casos más debidamente documentados. Un partido de parásitos desvergonzados.

Todavía más inexplicable: cuando la presunta banda de ladrones (todos ellos de misa y comunión diaria, cómplices de los curas a cuya organización eclesiástica tienen también reservada una suculenta porción de la pasta trincada) se presentan a las elecciones, es frecuente que las ganen con mayorías abrumadoras. Es decir, por lo que se ve, a los españoles no solo no les molesta estar gobernados por una banda de ladrones sin más principios que el enriquecimiento personal por los procedimientos que sean, sino que los aplauden y los votan para que sigan robándoles.

Que un tipo que estuvo años cobrando sobresueldos con cargo a la caja B de su partido pueda ser presidente del gobierno y, a pesar de no saber ni hablar, no se le ocurra dimitir es suficiente muestra para causar pasmo y asombro en el mundo civilizado. Porque fuera de España, cuando a un político lo pillan empleando en el cuidado de su padre los dineros públicos que niega al resto de dependientes, la dimisión es inmediata. Aquí no solo no hay dimisión; ni siquiera una somera explicación de los hechos.

Los españoles están a ver cómo les roban y les saquean y no abren el pico.

El padre del rey actual tiene, según informaciones de la revista Forbes una fortuna personal de 1.800 millones de euros que nadie se explica de dónde haya salido, aunque todo el mundo barrunta el origen. Nadie, sin embargo, ha intentado siquiera aclararla. Es más, cuando hay una petición parlamentaria de hacerlo, los partidos dinásticos, el PP, el PSOE, C's acuden con sus votos parlamentarios a impedirlo. Nada de investigar las supuestas cuentas en Suiza del ex-jefe del Estado. Aquí, a dejarse robar y a callar.

Es alucinante y no se puede explicar si no es tomando en consideración la función de complicidad y encubrimiento de los medios vendidos a la banda de facinerosos.

Y no acaba ahí la cosa. El país no solo está gobernado por una banda de chorizos sin ideología política que no sea el expolio de lo colectivo, sino también por gente -la misma- que, aparte de robar, se mofa de sus víctimas, las humilla, hace negocios con ellas y, si puede, sigue robándoles.

Auténticos granujas que muestran su pelaje cada vez que produce una catástrofe, una desgracia, normalmente imputables a su fabulosa incompetencia. Cuando sobreviene algún tipo de desastre, las reacciones de los responsables oscilan entre las muestras de imbecilidad congénita o granujería sin más. Normalmente se trata de ocultar las responsabilidades; después, de culpabilizar a las víctimas; luego de reírse de ellas; y, si nos descuidamos, de volver a robarlas. Porque esta gente no tiene escrúpulos. Ahí van algunas muestras de un elenco que puede seguir completándose y quizá merezca la pena hacerlo:
  • Cuando la catástrofe del Prestige, el de los sobresueldos, hoy al mando, dijo lo de los "hilillos de plastilina".
  • Las víctimas del accidente del metro de Valencia han tenido que esperar once años para ser tomadas en consideración y, entre tanto, soportar humillaciones sin cuento.
  • Los presuntos ladrones aprovecharon el asesinato de Miguel Ángel Blanco, uno de los suyos, para blanquear dinero.
  • También blanquearon dinero el día de los atentados de Atocha, al tiempo que escarnecían -y siguen haciéndolo- a las víctimas.
  • Cuando el accidente del "Madrid Arena" en tiempos del prodigio de incompetencia de Ana Botella en Madrid, la alcaldesa se fue a un "spa" a relajarse, sin ocuparse de las víctimas. Cinco muertes y ningún culpable.
  • Las 62 víctimas del Yak 42 sufrieron el escarnio postrero de ser mal identificadas para que su caso no fastidiara la carrera del entonces ministro Trillo, miembro del Opus,sin un solo adarme de escrúpulo o respeto por sus semejantes en caso de muerte.
  • Los 79 fallecidos del accidente del tren Talgo Alvia en Angrois en 2013. La Agencia Ferrorviaria Europea emitió un informe en el que se cuestionaba la que habían hecho las autoridades españolas por faltya de independencia ya que, al final, ha resultado que el único responsable venía a ser el maquinista y no que se incumpliera la correspondiente directiva europea.
  • Las decenas de miles de asesinados por los franquistas y enterrados de cualquier forma en las cunetas en España ahí siguen y sus allegados y la opinión en general hemos de soportar los comentarios inhumanos y crueles de gente que más parecen matones sin escrúpulos como Rafael Hernando o simples majaderos con serrín en la cabeza como Pablo Casado.

Me dejo otros casos. Sirvan estos para iniciar un recordatorio de forma que, según se aclara cómo los integrantes de la banda de ladrones lleva años saqueando el país, pueda verse también, con qué desprecio tratan a las víctimas.

A esta gente es a la que el PSOE de los golpistas y la caudilla Díaz ha entregado de nuevo el gobierno de España y, si pudieran, volverían a hacerlo.

diumenge, 2 d’abril del 2017

La caudilla y los menestrales

La candidatura de Susana Díaz toma caracteres cada vez más caudillistas. Este unánime cierre de filas en su apoyo de todos los barones, baronets, cuadros, cargos públicos, funcionarios del partido y distinguidos jubilados con mayor o menor veteranía es la prueba más evidente a contrario de que la candidatura de Sánchez es la de la militancia.  Los de abajo contra los de arriba, como se predica ahora en círculos de la "nueva política". No la candidatura del "afuereño", según vienen insinuando todas las instancias oficiales del partido, sesgadas en favor de su caudilla y en contra de Sánchez. Dicho en otros términos, se trata de la candidatura de quienes viven del PSOE frente a la de quienes viven con y para el PSOE. 

Desde luego, estas primarias son decisivas para los socialistas. En las anteriores elecciones internas hubo momentos de tensión, pero se producían siempre sobre una acuerdo básico en el modelo de partido y el modelo político que el partido proponía.

Tal no es el caso hoy. La discrepancia es profunda. Díaz representa un proyecto populista, esto es, un discurso de izquierda para una práctica de derecha. El discurso de Sánchez, en cambio, quiere ser escuetamente de izquierda en la teoría y la práctica. El primero, el populista, tiene escaso éxito entre los militantes y es acogido con resignación por la baronía, un poco asustada por el caudillismo que ella misma ha propiciado. El segundo, el de izquierda, enciende a la militancia y pone de los nervios a la baronía que ve peligrar sus canonjías, puestos, cargos y nóminas. 

Pero, por muchos nervios que haya, se deben contener, sobre todo para no hacer el ridículo. La parcialidad absoluta de la junta gestora y del aparato del partido en favor de la candidatura de Díaz especialmente en Andalucía es abrumadora. Si los escrúpulos no la obligan a rectificar es porque considera su comportamiento legítimo. Cosa nada de extrañar en quien comenzó esta peripecia perpetrando un golpe de mano para defenestrar al SG elegido por la militancia y lleva toda la vida entregada al medro personal en los complicados vericuetos de un partido tan identificado con las instituciones que administra desde hace 40 años en Andalucía que parece un PRI bético. 

El problema es si, al ver que la parcialidad no es suficiente para ganar las primarias y habiéndole cogido gusto al expeditivo método, los conjurados deciden defenestrar por segunda vez al exsecretario general con cualquier pretexto estatutario, cuanta habida de que ni con todo el aparato a su servicio consigue hacer que la candidatura de la caudilla levante la mitad de ánimo que la de su rival.

Mientras tanto, sería bueno que elecciones se celebraran con juego limpio. La junta gestora debe dar a conocer los gastos de la candidatura de Díaz y cómo se sufragan, desde el primero de todos, la convocatoria de alcaldes de Abel Caballero hasta el último, como han hecho los otros candidatos. No hacerlo debiera descalificarla.

También sería bueno que los barones, paniaguados diversos, cargos institucionales y demás personal incrustado en el organigrama del partido dejaran de cargar directamente o indirectamente contra el ex-secretario general. Quizá les convenga saber que cuanto más abusan de su posición, más inquina despiertan entre las bases que tienen un objetivo encomiable: devolver al defenestrado al puesto que le corresponde y del que fue privado por una maniobra y una triquiñuela harto vergonzosas.

Hoy, Palinuro en la IV Fira de Torrelameu

Torrelameu es un pueblo de Lleida, a 14 kms de la capital que celebra este fin de semana su 4ª feria de la República Catalana. La inauguró ayer Lluís Llach y la clausuramos hoy Antonio Baños y un servidor sobre las 12:00. Los dos invitados a presentar nuestros respectivos últimos libros, el de Antonio, La República Possible y el mío, La República catalana, ambos editados por Ara Llibres.

Hay una curiosa semicoincidencia en los títulos, producto de nuestra común convicción republicana. No es mi único punto de concidencia con Antonio que encabezaba la lista de la CUP en las elecciones de 2015 en la que me incluían también en el muy simbólico último lugar, aunque tampoco pudo ser porque la junta electoral lo impidió por falta del requisito de empadronamiento. Y tenemos, creo, otros puntos de coincidencia, pero este es el más relevante, dado que venimos una feria republicana. Los libros, además, son relativamente complementarios. El mío versa sobre la situación actual, cómo se ha llegado aquí y cómo, a partir de aquí, los catalanes pueden alcanzar su república. El de Antonio arranca una vez proclamada la República catalana. El mío va del presente; el suyo, del futuro. Del futuro de este presente concreto. En tal sentido, podría calificarse de una utopía y, con mayor exactitud, una ucronía porque el lugar, Cataluña, está. Lo que no está es el tiempo que aún tiene que llegar. La República catalana sale de la cabeza de Baños casi como Palas de la de Zeus. Digo casi porque no viene armada ya que si no yerro, nada se dice de un ejército catalán. Ni de algunas otras cosas que los autores al uso suelen tratar en los proyectos de organización política. Porque La República possible es una república catalana, pero de Antonio Baños, una república personalísima. Cuando los intelectuales imaginan proyectos políticos se les ocurren cosas ingeniosas. En la Constitución del Estado Libre de Fiume, que redactó D'Annunzio en 1919 para la ciudad que conquistó al frente de los Arditti, se declaraba la música una institución básica del Estado porque, decía el poeta, "No es noble una raza por crear un Dios a su imagen, sino por crear una canción para rendirle homenaje". Así, Baños, que propone no declarar ninguna lengua oficial de la República catalana. Se diría que proyecta una especie de torre de Babel ordenada con un criterio libertario.

Mi caso es más simple. Me gustaría ver una República española, pero no tengo nada contra una catalana apoyada por la mayoría de la población. Me temo que la segunda es más probable que la primera.

dissabte, 1 d’abril del 2017

Las izquierdas y el unicornio

Los partidos de la izquierda son muy variados, tienen orígenes distintos, formas de organizarse diversas y, los de ahora, echan imaginación al asunto y se adjudican nombres infrecuentes: Podemos, En común, En Marea, Compromís. Los otros, los viejos, el PSOE y el PCE tienen nombres clásicos que tampoco dejan mucho campo a la fantasía: Partido Comunista Democrático, por ejemplo, suena como una broma y Partido Socialista Español parecería una traición a ese núcleo obrero que ya no pinta mucho en un partido tan institucionalizado, pero sigue existiendo.

El caso es que, aun con estas diversificaciones, con esta realidad magmática de las izquierdas, todas ellas tienen dos elementos en común: 1) se llevan a matar entre sí y 2) se pasan el día hablando de unidad. Respecto a cómo incide en la práctica real la presente bronca del PSOE diremos algo mañana cuando se sepa qué ha decidido el Comité Federal y tengamos alguna pista sobre si la caudilla Díaz piensa presentar las cuentas de sus gastos.

De momento hacemos alto en el camino a ver qué se cuece en el pandemónium que tiene organizado Podemos con sus tres listas (pablistas, errejonistas y fachinistas) con las que concurre, en encomiable espíritu unitario, al órgano dirigente de los Comuns que lideran Colau y Domènech, cuyas relaciones con la sede central de Podemos son problemáticas. La espantada de Dante Fachín pone la peripecia catalana en situación similar a la de En Marea hace unas fechas. Los podemistas gallegos se negaron a integrarse y la epifanía repentina de Pablo Iglesias los recondujo al redil. Pero eso es muy difícil en Cataluña, por no decir, imposible. Hasta el punto de que el reportaje de El Confidencial da por desaparecido a Podemos en Cataluña. Quizá sea prematuro, pero ese camino lleva por los dos atajos de toda izquierda española: el atajo de sus permanentes peleas internas y el atajo de su falta de comprensión de la realidad fundamentalmente fragmentada de España. Creyeron que bastaba hacer concesiones de boquilla a las izquierdas nacionalistas, como suele suceder en la Meseta, y todo se arreglaría. No es así ni lo será nunca.

Es muy de sañalar cómo, al comienzo de su fulgurante andadura, Podemos trajo un discurso que pretendía innovador por consistir en una mezcla de conceptos gramscianos y del neopopulismo de Laclau. ¿Qué se quería conseguir con esto? Un bloque mayoritario nacional-popular capaz de ganar elecciones. La expresión más de moda llegó a ser "construir pueblo", como el que hace un dique. Héteme aquí, sin embargo, que la dura realidad no puso en tela de juicio la eficacia de ese "construir", sino el contenido del vocablo "pueblo", aquí y ahora. ¿De qué pueblo se habla? Y, ya puestos, ¿de qué nación?

Inventarse una nación española capaz de incluir a las otras de modo voluntario, supuesto que pudiera lograrse, no se hace de la noche a la mañana. Y menos a base de una consigna de vuelo teórico en otras latitudes e ignorando el sempiterno conflicto del país en los últimos ciento cincuenta años que raramente se reconoce en la historiografía oficial.

Pero tampoco sirve de nada seguir manteniendo la ilusión del partido-instrumento, unido y firme bajo la guía de un líder esclarecido, que recoge la tradición leninista que el actual secretario general alienta gracias a los consejos de sus asesores comunistas, Garzón, Monereo, Anguita. Ese partido neobolchevique en España es imposible y no porque el esclarecido líder sea el peor valorado sistemáticamente en todos los barómetros sino porque el carácter fragmentario, de mosaico, de la izquierda española lo impide. En Cataluña habrá Comuns; en Galicia, En Marea; en Madrid, Podemos (y no en todo Madrid; el ayuntamiento va por su cuenta); en Andalucía, algo distinto. Lo cual está muy bien para hacer justicia a estos pueblos tan variopintos, pero parece tener escasas perspectivas en unas elecciones generales como oferta unitaria.

Sí, la unión (o unidad, que hasta en eso discuten las izquierdas, como los dos conejos de la fábula) de la izquierda es muy deseable, absolutamente deseable. Y la tenemos ante nosotros, en el horizonte. 

Y ahí seguirá, como el unicornio.


Hoy, Palinuro en Igualada

Pues sí, en el Auditori Museu de la Pell, a las 11:30 del matí, continúa Palinuro con el discurso que comenzó ayer en Vilafranca, al que asistió mucha gente y fue un éxito. No hay vídeo porque la ANC ya no los hace de sus actos, para evitar luego represalias de las autoridades, al estilo de Santi Vidal. Prudente medida. No hay que facilitar las cosas al adversario

No se tenga cuidado de que, aunque se dé cierta coincidencia de títulos, la xerrada vaya a ser la misma. Ni hablar. Será una continuación y en buena medida versará sobre la muy interesante historia de por qué Madrid acabó siendo la capital de España y examinando qué consecuencias positivas y negativas (sobre todo, negativas), tuvo para la vertebración del país tan disparatada decisión y cómo el mantenimiento de esa decisión tuvo resultados nefastos para Cataluña que se mantienen al día de hoy. Porque aquella decisión no solamente afectaba a las cuestiones de preeminencia y boato -a las que los españoles son muy aficionados- sino también a asuntos de desarrollo e infraestructuras que coartan el desarrollo de los pueblos y sus culturas y economías.

Nada de extraño que la visión del procés desde Madrid sea extraordinariamente hostil.

Nos vemos en el Auditori bajo la ilustrada moderación de Jordi Còdol.

divendres, 31 de març del 2017

Votar en contra de uno mismo

El PP vota a favor de investigarse a sí mismo. O, mejor dicho, de que lo investiguen. Algo tan insólito que debe tener alguna explicación oculta. Simple, por lo demás. No podía parar la comisión de forma que no pierde nada votando a favor y, en cambio, gana al demostrar que cumple sus compromisos con C's. La contrapropuesta de investigar la financiación de todos los partidos no se ha tomado en consideración. Ni lo merecía.

Los diputados de la derecha no se ganan el jugoso sueldo que bien podría darles para pensar argumentos de más consistencia. Los de PNV lo han hecho votando también a favor, pero advirtiendo de que estas comisiones intrínsecamente políticas sobre asuntos que están en los tribunales pueden ser contraproducentes o, cuando menos, no servir para nada, salvo para alimentar la bronca parlamentaria. Desde luego, es mejor argumento, menos zafio que el de investigar a todos, pero tampoco satisfactorio. Lo político y lo judicial son dos ámbitos distintos y autónomos, y ambos públicos. Pueden coexistir y coexisten sin mayor problema. ¿Que en el curso de sus actuaciones un ámbito influya sobre otro? ¿Que lo manifestado en sede judicial tenga efecto también en sede parlamentaria y a la inversa? Sí, es obvio, pero ¿por qué ha de ser contraproducente o inútil? Los respectivos órganos toman sus decisiones en función de la información de que disponen y mientras dispongan de ella legalmente no ha de haber problema. El Parlamento no está solamente para acatar las decisiones de los tribunales (como ha sucedido con la expulsión de Homs), sino para consgeuir que no se produzcan. Pero ese es otro asunto.

Lo divertido del voto favorable no son estas abstrusas disquisiciones sino algo más sencillo, más gráfico y visual; es ver al PP votar a favor de que lo investiguen, cosa que aborrece. Y va a más, hasta lo grotesco: al formar parte de la comisión investigadora tendrá que investigarse a sí mismo, o doble aborrecimiento. 

Hace seis u ocho años, en célebre comparecencia pública con la entonces cúpula del PP, que ha sufrido no pocas bajas, Rajoy aseguraba que la Gürtel no era una trama del PP, sino una trama en contra del PP. En función de este criterio, la colaboración de este partido (por lo demás, a su vez, procesado como tal partido) con la administración de justicia ha estado bajo mínimos, por decirlo suavemente y que no sea necesario recordar cómo, harto de que le dieran largas, el juez hubo de ordenar a la policía judicial que entrara en la sede del PP a hacerse con el material o las pruebas que se necesitaran y que aquel no entregaba. 

Al votar a favor de la comisión, el PP tiene una oportunidad de oro para disipar maledicencias. Consiste en comparecer ante la comisión en la que está él mismo y cantar la gallina de la cruz a la fecha: la caja B de la que, al parecer, salía la financiación ilegal del partido y también los sobresueldos que los dirigentes llevaban años cobrando. Una caja B en la que confluían las  supuestas mordidas por los más variados negocios, escuelas, edificaciones, parques y jardines, contratas, licencias, mítines, actos públicos, inauguraciones, todo.

Y de ahí puede seguirse que el presidente Rajoy sea llamado a comparecer bien en sede parlamentaria bien en la judicial o en ambas. 

Si votaron a favor, sería con todas sus consecuencias. 

Hoy, Palinuro en Vilafranca del Penedès

Hoy por la tarde Palinuro estará en Vilafranca del Penedès, invitado por los amigos de la ANC en el contexto de las actividades de Fem Futur. Se trata de una charla sobre el espinoso asunto del título: cómo se ve el proceso independentista catalán desde España. Si alguna vez estuvo justificado que retornáramos a la vieja denominación de las Españas, sería esta porque, no hay una única versión sobre el tema, sino varias. Y enfrentadas. Y tambien son distintas las versiones, según qué grupo las adopte dentro de una misma parte de España. 

En general, la opinión pública, movida o manipulada por unos medios de comunicación que son mayoritariamente nacionalistas españoles, es negativa. Empezó siendo de ignorancia. Cuando, a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional de mayo de 2010, que daba la puntilla al proyecto de reforma del Estatut de 2006, tomó un nuevo impulso el independentismo que ya no pararía de crecer hasta el día de hoy, siguiendo inveterada costumbre, los medios y los políticos españoles fueron incapaces de calibrar la importancia de este movimiento. Y eso suponiendo que lo intentaran, pues es tal la animadversión a Cataluña de las clases dominantes, la oligarquía tradicional con sus implantes catalanes que normalmente ni se enteran de lo que pasa en el Principado, lo ignoran o lo desprecian. 

De tal modo, cuando el movimiento ha tomado ya un sesgo imparable, con una hoja de ruta a la que le quedan seis meses, el nacionalismo español (el político de derechas o izquierdas, el mediático, el empresarial), ya no se puede ignorar se ha formado un frente nacional de ataque a Cataluña: la mayoría de los catalanes no quiere la independencia, los Pujol son unos presuntos corruptos, Mas es un psicópata, Puigdemont y Junqueras, dos politicastros, el independentismo es nazismo, Cataluña independiente quedará fuera del planeta tierra, la generalitat incumple la ley, el referéndum es antidemocrático, etc., etc. Es difícil saber cuánta gente cree semejantes paparruchas, pero es la mayoría de la opinión publicada.

Por cierto, hay otras Españas. Los de Podemos, en principio, aceptan el referéndum, aunque solo si es pactado. De sobra saben que el Estado español no lo pactará. Pero algo es algo. También saben en JxS que no habrá pacto, pero están obligados a pedirlo. Y lo mismo debiera hacer la candidatura de Sánchez si quiere instalarse en la izquierda y diferenciarse del nacionalismo español de pandereta y cabra de la legión de la caudilla Díaz. 

Y también hay algunos otros españoles que, sin renunciar a su condición de españoles, apoyan el derecho a decidir de los catalanes y un referéndum pactado. Pero, si no hay pacto, un referéndum unilateral. Pero esos, me temo, se cuentan con los dedos de una mano.

En fin, hoy ens veiem, a las 20:00 en el Forum Berger Balaguer, Rambla de Nuestra Senyora, 6. Vilafranca.