dimarts, 26 de gener del 2016

Sin referéndum no hay salida

Por enésima vez: no hay una "cuestión catalana"; hay una "cuestión española".

Como sabíamos desde el inicio de 2015, un año con cuatro consultas electorales, lo decisivo en todas ellas sería Cataluña. Así ha sido y sigue siendo. Y agravado. Sin resolver el problema en Cataluña, España no es gobernable. Y ahora, para mayor claridad, desde las elecciones del 20D, el gobierno del país depende de los partidos independentistas catalanes, ERC y DiL. Hace cuatro o seis años, esta situación no hubiera sido un problema grave porque los nacionalistas  no eran entonces tan claramente soberanistas. Los últimos cuatro años del infame desgobierno de una partido corrupto, dirigido por una persona a todas luces indigna de ocupar el cargo, han convertido a los nacionalistas en independentistas y aumentado la cantidad de estos en Cataluña hasta la mitad del electorado. Antes los catalanistas solían achantarse. Ahora, no; ahora no se achantan; ni se callan. Piden un referéndum de autodeterminación. Y van a hacerlo.

Sin en ese referéndum, España es ingobernable.

¿Cómo hemos llegado aquí? Por la fabulosa incompetencia de una clase política que, una vez más, está a la bajura de la tradición histórica de la oligarquía española, cuya estupidez, egoísmo y ceguera son proverbiales. Todo este vodevil de los pactos y las coaliciones; todas las triquiñuelas de registrador de Rajoy, las ansias de niñato de Iglesias, los titubeos de burócrata de Sánchez, sirven para que los periodistas se las den de enterados sin que sepan de la misa la media, como los mismos protagonistas ya que, si los 17 diputados de Junts pel Si, votan en contra, en España no puede haber gobierno de izquierda alguno, pues no da la aritmética y solo unos gobiernos de derecha que llevarían al sistema al colapso.

Con el voto en contra del independentismo catalán solo hay cuatro fórmulas posibles y todas de derechas: un gobierno de gran coalición (PP y PSOE), uno de "concentración nacional" (PP, PSOE y C's) y dos minoritarios de la derecha (uno del PP y otro del PP y C's) y estos dos últimos, solo contando con la abstención del PSOE. Los cuatro simbolizarían el colapso de la segunda restauración por la desnaturalización de la política parlamentaraia, la falta de perspectivas y la incapacidad de evitar el choque con Cataluña que España no puede reprimir porque la UE no la dejará.

Mientras PP, PSOE y C's sigan aferrados al "no" al referéndum catalán, la única alternativa al escenario anterior serían nuevas elecciones. Según los gurús al uso estas serían desaconsejables porque su resultado no diferiría de la situación actual. No sé de dónde sacan esa conclusión. El resultado puede ser mucho peor que el actual. El partido de Iglesias puede estallar. Los andaluces no quieren ser menos que los catalanes de En Comú Podem y también piden "voz propia" en el grupo parlamentario de Podemos. O estos entran pronto en el gobierno (de ahí sus prisas frenéticas por pillar ministerios) o, al final, a Iglesias le va a quedar un grupo de cuatro incondicionales.

La pregunta obligada es: ¿por qué se empecina el PSOE en negar el referéndum catalán que, sin embargo, es compatible con sus antiguos documentos programáticos de la época anterior a Suresnes? A estas alturas del debate, vistos todos los argumentos doctrinales, políticos, jurídicos, históricos, etc, está claro que la única razón por la que el PP, C's y el PSOE se oponen al dicho referéndum es la razón de la fuerza. No porque no.

Debiera darles vergüenza, al menos a los socialistas. ¿No creen estos que España es una nación y, probablemente, muchos  ellos coincidan con el de los sobresueldos en que es una "gran nación"? Pruébenlo. Una gran nación, como el Canadá o la Gran Bretaña, no tiene miedo a reconocer el derecho de autodeterminación de sus naciones integrantes. Y estas, pudiendo decidir, no se separan. ¿Por qué no puede ser igual en España? Porque los nacionalistas españoles, en el fondo, desconfían de la nación que predican, no creen en ella y se malician que perderían el referéndum. Son falsos e hipócritas. Por ello prefieren mentir y obligar a las naciones del Estado español a permanecer en él en contra de su voluntad antes que correr el riesgo de que se descubra su superchería, que dura siglos.

Esa desconfianza, ese miedo cerval a quedarse sin un país heredado, tradicionalmente maltratado y administrado como un cortijo, los lleva a creer que, si se presentan a las elecciones en España con el referéndum catalán en el programa, las perderán. Tienen miedo. No se atreven. 

Las naciones no se han hecho nunca con cobardes. Confíen en el electorado español que es mayor de edad, demócrata e ilustrado. Incluyan el referéndum catalán en sus programas. Pruebe Podemos y haga pedagogía de la necesidad del referéndum. Ojalá el PSOE se liberara del peso muerto de sus dirigentes más reaccionarios y tuviera el valor de incluirlo igualmente, con la misma pedagogía. De ser eso así, esas elecciones serían tan plebiscitarias como fueron las del 27 de septiembre de 2015 en Cataluña; serían ese referéndum a nivel de toda España sobre la autodeterminación de Cataluña que los nacionalistas españoles (esos que dicen no ser nacionalistas) usan siempre para boicotear una salida civilizada y democrática a la cuestión catalana  que, repito, es la cuestión española. 

De esta forma también se desbloquearía la situación y se abriría la posibilidad de un referéndum vinculante catalán con una pregunta negociada con el Estado. Dicho sea, de paso, en memoria del recientemente fallecido jurista Francisco Rubio Llorente, quien aconsejaba asimismo la celebración de ese referéndum.

Y esto no sería una "segunda transición", esa tontería que repiten los políticos españoles incapaces de ver un palmo más allá de sus intereses personales. Sería algo mucho más profundo y duradero. El comienzo de la solución del viejo contencioso territorial que tiene al país postrado hace 300 años.

Europa y el ascenso de Alemania

Matthias von Hellfeld (2015) Das lange 19. Jahrhundert. Zwischen Revolution und Krieg 1776 bis 1914Bonn: J. H. W. Dietz Nachf. (285 págs).
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De vez en cuando conviene dar un repaso a la historia para mejorar nuestro conocimiento del presente. Así se sigue de la inteligente observación de Karl Marx sobre el presente histórico. Somos el resultado de la acumulación de aciertos y errores de nuestros antepasados y nuestra época, al igual que las demás, hunde sus raíces en los siglos anteriores. Asimismo conviene refrescar nuestras ideas al respecto pues la historiografía es una ciencia y, como todas las ciencias, no se está quieta, sino que avanza, cambia de perspectivas, acumula nuevos hallazgos y nos obliga a rehacer nuestras convicciones. La obra en comentario de Matthias von Hellfeld, obra de un competente historiador con vision periodística, cumple estos requisitos y nos aporta una visión renovada del siglo XIX europeo, concebido como una unidad.

Una unidad... europea. El mundo, apenas cuenta más que como comparsa u objeto de colonialismo y explotación. Y, dentro de Europa... Alemania. El resto del continente aparece, sí, algo más, pero tampoco mucho y siempre en sus relaciones con Alemania. En realidad, la obra, muy interesante, desde luego, es una historia de Alemania en el siglo XIX. Pero como Alemania en el siglo XIX no existía como Estado unitario sino que estaba troceada entre las dos grandes unidades de Prusia y Austria y un par de centenares de pequeños entes políticos de todo tipo, las abigarradas relaciones de ese mundo germánico, verdadero corazón de Europa, con sus vecinos más característicos, Francia, Inglaterra, Rusia, Italia y, algo más lejos, Turquía, opera como una historia del continente con una clara delimitación de los términos a quo  (la revolución francesa) y ad quem  (la primera guerra mundial) y una conclusión territorial dolorosa para los españoles: en todo ese tiempo, España está ausente de Europa, no existe, nadie la tiene en cuenta sino es como un territorio con el que las potencias juegan en sus relaciones.

Von Hellfeld entiende el siglo XIX como época de sentido, caracterizada por la aparición de los derechos fundamentales universales, la separación de la iglesia y el Estado, el gobierno constitucional, y la primacía del individuo frente al Estado. Sus dos elementos esenciales fueron la industrializacion y la formación de Estados nacionales. Y el siglo fue un siglo liberal (p. 13). Coincido con el juicio, que es una buena síntesis..

El rasgo esencial, el detonante de esta evolución fue la Revolución francesa. Como buen europeo, Hellfeld reconoce que esta vino importada de los EEUU, pero se olvida pronto de este pecadillo de juventud. Le interesan sus efectos en toda Europa.  El terror. El Imperio. El fin del Sacro Imperio Romano Germánico de la nación alemana. De la revolución vienen las reformas de Prusia con Federico Guillermo III a iniciativa de los ilustrados Heinrich von Stein y August von Hardenberg: ejército popular permanente (frente a soldados pagos); supresión del Estado estamental y la servidumbre; administración estatal; reforma de la justicia; emancipación de los judíos, libre comercio y gobierno de gabinete (p. 43). Derrotada por Francia, la influencia francesa, unida a la Leistungsfähigkeit germánica, haría de Prusia una potencia. En la lucha contra Napoleón surgieron los nacionalismos europeos. Johann Gottlieb Fichte, en su Discurso a la nación alemana (p. 47), es ejemplo señero de ello.

El Congreso de Viena y la restauración de 1815 echan el péndulo hacia la derecha. Inglaterra, Francia, Rusia, Austria, Prusia son el quinteto encargado de restaurar el viejo orden de alianza del trono y el altar. Es significativo que Francia, derrotada definitivamente en Waterloo, se siente en la mesa de los vencedores con Talleyrand (p. 54), mientras que España, una de las vencedoras, no está en Viena, aunque sí padecerá luego sus  consecuencias, con los 100.000 hijos de San Luis. Hellfeld considera con tino que, después de la paz de Westfalia (1648), Viena fue la segunda conferencia de seguridad en Europa (p. 57). Insisto, con España fuera. Allí se creó la Federación Alemana (Der deutsche Bund) junto a Prusia y Austria, para poner algún concierto en el abigarrado mundo de la Deutschtum. El orden en Europa no lo decidirían los Estados ni las naciones, sino los tronos y las coronas (p. 59). De Viena sale como punta de lanza de la reacción la Santa Alianza (Rusia, Prusia, Austria, Francia), de la que la liberal Inglaterra se mantiene avisadamente al margen (p. 64). Primeros vagidos del nacionalismo alemán (que luego tendrá tan mala fama): la  reunión de Burschenschaften (esto es, asociaciones de estudiantes) en 1817 en Karlsbad en recuerdo de 300 aniversario de Martin Luther, padre de la patria alemana, y la consolidación de los colores nacionales:  negro-rojo-oro (p. 68).

La época de la restauración es el reinado del orden conservador: la esfera pública alemana reprimida y retirada a la intimidad que caracteriza el famoso estilo artístico Biedermeier  (p. 73). El centro de la vida es ahora la familia. Una de sus más felices consecuencias será la fundación del primer Kindergarten en 1841 (p. 78). En paralelo al Biedermeier, el romanticismo que Hellfeld, con escasa originalidad, pero correctamente, simboliza en la búsqueda de la "flor azul"  en el Heinrich von Ofterdingen del gran Novalis (p. 80).

En el orden material, pobreza e industrialización en típica relación causal de la época de la acumulación de capital. La mayor parte del siglo ve una epidemia de pobreza y emigración. La vida en las ciudades se compone de slums, miseria, trabajo femenino e infantil, jornadas interminables y salarios de hambre. Es la pauta de la industrialización europea. Su elemento simbólico, los ferrocarriles. Inglaterra : 1840 (1.348 km de trazado) y 1880 (29.000 kms). Alemania : 1840 (549 kms), 1880 (34.000 kms) (p. 97). Un desarrollo explosivo en todas ramas de la industria, empezando por la textil.  En 1834 se funda la  Zollverein alemana (p. 100) que, en el fondo, es el primer intento de unificación nacional. Conjuntamente con el desarrollo industrial y comercial y la acumulación de capital, como su antítesis, la organización del movimiento obrero en el que son decisivas dos figuras alemanas,  Marx y Engels.

En el ámbito ideológico, el siglo XIX es el del nacionalismo y el liberalismo. Resulta interesante que en la citada fiesta de Karlsbad (Wartburg) (1817), los estudiantes quemaran varias docenas de libros "reaccionarios", entre ellos, el Code Napolèon (esto de quemar libros no es solo cosa de la Inquisición y los nazis) y redactaran un programa nacionalista, considerado el "primer programa de partido alemán" (Huber, 1991) (p. 109). Este tiempo fue el de surgimiento del sentimiento nacional alemán. Hellfeld profundiza con delectación teutónica en el desarrollo de ese espíritu germánico: Friedrich Carl von Moser redactó en 1765 un estudio según el cual los alemanes tenían "conciencia nacional" sin ser una nación (p. 112).  Como siempre, el nacionalismo se estimula con el enfrentamiento: a raíz del conflicto con Francia, cuando Thiers quiso anexionarse la orilla izquierda del Rin,  Max Schneckerburger escribe el famoso poema Die Wacht am Rhein, (1840) y Heinrich Hoffmann von Fallersleben, en visita a Helgoland (1841), la Lied der Deutschen, cuya 3ª estrofa (Deutschland, Deutschland über alles) es hoy parte del himno nacional (p. 120). Desde la revolución francesa de 1830 hasta la de 1848/49, en Alemania hay una agitación nacionalista permanente. Se suceden la fundación de La joven Alemania, el movimiento democrático, decenas de constituciones en los pequeños estados de la Federación alemana, hasta desembocar en el espíritu del Vormärz (p. 129). 

La revolución europea de 1848/49 pone fin al período de la restauración. Luego de la revolución de Viena de 1848, se convoca la Asamblea Nacional alemana de Frankfurt el 18 de mayo de 1848 (p. 138). Por primera vez se promulga una declaración de derechos fundamentales y se plantea la "cuestión alemana" (gran-pequeña Alemania) que atenazará al país hasta la guerra austro-prusiana de 1866. Por fin, el 3 de abril de 1849, más de 30 parlamentarios de Frankfurt viajaron a Berlín, a ofrecer la corona constitucional a Federico Guillermo IV (147). Este no la reconoció y la revolución acabó por represión, con muchos alemanes prisioneros o exiliados sobre todo en los EEUU (p. 152). Un desarrollo parecido al de España en 1814-1820-1823.

Llega el tiempo de la Nation-building, en Europa, del que, como siempre, España está ausente. Es la época de Otto von Bismarck. La guerra de Crimea rompe el equilibrio de Viena. La "nueva era" con la fundación de la Deutsche Nationalverein y el trabajo conjunto de Bismarck y Guillermo I (p. 160). El Deutsches Reich nacerá en tres sobresaltos: 1º) la cuestión del ducado de Schleswig-Holstein (30 octubre 1864) en que Prusia y Austria fueron juntas contra toda previsión y se quedaron con la posesión en administración común. 2º) Guerra austro-prusiana, terminada con la batalla de Königgratz, 3 de julio de 1866. Por primera vez se usó el ferrocarril para traslado de grandes cantidades de tropas (p. 164). De esa guerra salió la Liga de Alemania del Norte y el comienzo de la emancipación de Italia. El conde Camillo Cavour fundó el periódico Il Risorgimento, que dio nombre al movimiento, con el cual avanzó mucho la unidad de Italia gracias a la ayuda de Napoleón III (p. 168). Es imposible dejar de lamentar que en España no hubiera estadista alguno con la misma conciencia nacional que Cavour en Italia. 3º) Guerra franco-prusiana de 1870 a raíz del "telegrama de Ems". De nuevo aparece España en las relaciones entre las potencias europeas como una mera presa, un territorio sin voluntad propia con el que los Estados europeos juegan en sus juegos de poder. La guerra acaba con la victoria de Sedan en la que tiene enorme importancia el uso militar de la telegrafía y los ferrocarriles y la fundación del Imperio alemán en Versalles. La contrapartida para la historia será la Comuna de París de 1871 (p. 172), considerada por Marx como el primer gobierno obrero de la historia.

La política del siglo con sus partidos, movimientos y asociaciones es muy complicada. El mundo bismarckiano está muy bien expuesto. El ascenso de los católicos provoca la Kulturkampf, que lleva a la separación Iglesia-Estado, auspiciada por Bismarck. El resultado, el Zentrum, fue contraproducente a corto plazo, pues los diputados católicos en el Reichstag aumentaron, como sucedería luego con los socialistas, si bien el asunto no quitaba el sueño al Canciller de Hierro, dado que la cámara apenas tenía competencias. Pero es muy significativa y esencial en el proceso de construcción del Estado alemán la lucha de Bismarck y Pio Nono (el del Syllabus) (p. 183). El conservadurismo estilo Junckertum de Bismarck lo lleva a promulgar la ley contra los socialistas del 21 de octubre de 1878 (p. 186). Lo pintoresco es que de ahí vino asimismo la primera formulación del Estado povidencial en su forma de Obrigkeitstaat, pionero del Estado del bienestar, con la legislación social prusiana de 1883-1889, la más avanzada del mundo: invalidez, pensiones, enfermedad, pagadas por igual por empresarios y trabajadores (p. 188). En esta época se generaliza también en Alemania (en paralelo con la Inglaterra victoriana), el movimiento feminista: (la primera mujer doctora, Ricarda Huch, se graduó en 1896) (p. 193), el movimiento juvenil, la nueva pedagogía de la mano del pedagogo checo Johann Amos Comenius (p. 198) y, a primeros de siglo, con la recepción de la  influencia de Maria Montessori (p. 200). Al final de la era bismarckiana, Alemania es un Estado autoritario pero tan avanzado como Francia o Inglaterra. La comparación con España es deprimente.

Convertida en potencia europa, Alemania ejerce. Es la época del imperialismo y el reparto del África se decide en los dos congresos de Berlín (1º, 1778, 2º, 1884), así como el trabajoso tejer y destejer de las alianzas europeas (p. 208). Después  de 1888, el "año de los tres emperadores (Guillermo I, Federico III y Guillermo II), se produce el despido de Bismarck (p. 212) quien ve cómo el joven emperador revierte toda su delicada política exterior. Avanza la industrialización y el nacionalismo agresivo alemán. Alemania no solo quiere "un lugar al sol" como en tiempos del Canciller de Hierro, sino mucho más: quiere dominar Europa; quizá el mundo. La "Asociación Pangermánica", surge con el fin de crear el III Reich. Significativo del tiempo y lo que vendría después, este espíritu es el programa de los medios de comunicación. Uno de los fundadores de la Asociación Pangermánica, Alfred Hugenberg, un magnate de los medios al estilo de William R. Hearst en los EEUU, fue el vocero del expansionismo europeo y africano de Alemania (p. 219). La conciencia de la verspätete Nation se acuñaba en un espíritu imperialista y antisemita.

El milagro alemán llevaría al país a la rivalidad industrial y marítima con Inglaterra y, en definitiva, a la guerra. Todo el sistema de alianzas en Europa, la triple entente y las potencias centrales, apuntaban a la inevitabilidad del conflicto. Los antecedentes fueron la guerra de Crimea, ("primera guerra total") (237) y los conflictos de los balkanes. El Imperio alemán se basaba en un nacionalismo agresivo que había "germanizado" sus orígenes en una lucha nietzscheana entre la Kultur y la Zivilisation (p. 246). El resto, camino del desastre, fueron puras contengencias: el atentado de Sarajevo y la crisis de julio de 1914.

Un gran resumen de la historia europea del siglo XIX desde una perspectiva germánica. escrito con una distanciada empatía hacia el surgimiento de la Alemania contemporánea.

dilluns, 25 de gener del 2016

IIª transición: el carcunda, el petulante y la cínica

La transición, la famosa transición, como todos los empeños humanos, no fue modélica, pero acabará reconociéndosele tal condición si siguen los desaforados ataques que sufre y se continúa propugnando su superación no a base de enterrarla bajo el manto de la crítica y el olvido sino, paradójicamente de propugnar una reedición en forma de IIª transición. No sé si quienes la postulan tienen base lógica para criticar la primera cuando quieren repetirla.

He oído invocar la necesidad de la IIª transición a tres personas muy significativas: Aznar, Pablo Iglesias y María Dolores Cospedal.

Aznar, desde su espíritu de carcunda, falangista independiente y franquista por convicción y destino, estuvo siempre en contra de la primera transición. El Estado autonómico le parecía una charlotada y, para mostrar su apego al franquismo se afilió a Alianza Popular, luego PP, un partido fundado por el ministro de propaganda de Franco, Fraga Iribarne. Para acabar con la democracia de la Iª transición se inventó una IIª que solo existía en su cabeza y en la de su aliado en los años noventa, Anguita, con quien fraguó una pinza que trataba ante todo de destruir a Felipe González y al PSOE, al que ambos odiaban. Como sé que quedan algunas gentes aún convencidas de que no hubo aquella más que evidente pinza, les aconsejo escuchar la entrevista de 2012 de Periodista Digital a Cristina Almeida, por aquel entonces afiliada al PCE y a IU que lo explica con toda claridad en el minuto 28:20.

Dispuesto a tomar el relevo de Anguita (no en la pinza pero sí en el deseo de aniquilar al PSOE por sorpasso), Iglesias habla de otra IIª transición. Es imposible saber si es la de Aznar porque ninguna es real sino un mero flatus vocis demagógico, pero sí apunta a su objetivo: la Iª transición, que ahora es el régimen turnista. Las propuestas del líder de Podemos rebosan petulancia, pedantería, bisoñez y afán por desplazar al PSOE. Algunos dirigentes de este se han sentido molestos y hablan de "humillación" y "chantaje". Son vagidos de impotencia. En la política no hay sensiblería (salvo si da votos) y los de Podemos hacen bien en apretar. Es su derecho. Y el PSOE, en lugar de quejarse, debe responder ganando a su adversario, cosa que se consigue con relativa facilidad. Basta con decirle que respete los tiempos antes de aplicar su receta de un descarnado "quítate tú para que me ponga yo".

Recientemente, Cospedal ha enarbolado la misma bandera de Aznar e Iglesias de la IIª transición. Por supuesto, es un ejercicio de cinismo que supera el que la señora se ha gastado en estos atroces cuatro años que ha infligido a los castellano-manchegos. IIª transición, en realidad como recuperación de la primera, con su espíritu de diálogo, consenso y acuerdo. Es imposible imaginar cara más dura cuando se recuerda cómo ha tratado a patadas a todo el mundo en la región, ha menospreciado a la oposición, dejado sin servicios sociales a los más necesitados, amparado todo tipo de chanchullos y presuntas corrupciones, protegido una pandilla de auténticos facinerosos que pasaban por periodistas, regiamente pagados con el dinero de todo pero a su exclusivo servicio.

Ninguna de las tres peticiones de una IIª transición pasa de ser una consigna para fieles pero las dos últimas, la del petulante y la cínica tienen un elemento en común: las dos tratan de forzar la mano al PSOE que, guste o no al heredero de Anguita y la heredera de Aznar, es el partido de la centralidad política y el que, a pesar de su desastroso resultado electoral del 20D es imprescindible en cualquier fórmula de gobierno. Y ninguno de los dos atina ni de lejos con el tono que debería utilizar para convencer a quien necesita de que se avenga a ir a su lado: el petulante menosprecia, insulta y provoca y la otra, adula, miente y amenaza. Los dos dicen querer gobernar con el PSOE, pero lo que en el fondo quieren los dos es destruirlo.

Ignoro si el PSOE "estará a la altura" (que no es la que Iglesias le señala con aviesa intención) porque en él proliferan los barones y gerifaltes de antaño, todos con más conchas que los galápagos, empeñados en batallas internas, sin proyecto, sin ideas, sin respuestas y que pueden hacer mucho daño. Sobre todo a una estructura de dirección que ha improvisado bastantes soluciones pero arrastra un complejo agudo por su falta de audacia en los cuatro años pasados en una oposición subalterna y que se hacen notar hoy en su carencia de originalidad e iniciativa.

No habrá IIª transición pero sí es posible que haya nuevas elecciones para resolver una disfunción temporal de la Iª.

Feminicidio

No sé qué decir. Todas las palabras me parecen hueras. Siento una mezcla de indignación, vergüenza y consternación. Tengo claro que es un problema muy complejo en el que se mezclan tantos factores de todo orden que las soluciones propuestas (y todas serán siempre pocas) se me antojan intentos de vaciar el mar a cucharadas. Basta ver lo que ha ocurrido hace unas fechas en Colonia, Alemania, para darse cuenta de las dimensiones de la cuestión. Es el ordenamiento jurídico, dicen unos. Y el sistema educativo, dicen otras. Es la tradición, sostienen las de aquí. Es la religión, apuntan los de allá. No, está en el lenguaje, en la tradición. Es agresividad innata según estos. Ni hablar, es la cultura de la competitividad según aquellas. Es el capitalismo, es el comunismo, es el salafismo. Es la estructura social patriarcal, la ruptura de la emancipación creciente de las mujeres o su sumisa aceptación de la falocracia y el patriarcado.

En realidad es todo eso y mucho más.  Y las soluciones todas insuficientes, parciales. Las autoridades sienten que están en la obligación de hacer como si hicieran algo, y andan hablando de un pacto de Estado contra la violencia machista, cosa tan etérea como inútil pues seguro que ni siquiera se pondrán de acuerdo en llamar "machista" a este violencia. ¿No había una ministra del PP, sin par lumbrera, que quería llamarla "violencia en el ámbito doméstico"?

Aprovechemos la estupidez de esta propuesta para una reflexión complementaria. Confieso no tener ideas nuevas positivas para acabar con esta monstruosidad y, por lo tanto, apoyo todas, absolutamente todas las que se tomen a ese fin. Pero sí se me ocurre que, si no somos capaces de arradicar el mal, por lo menos no debiéramos ampararlo, justificarlo o fomentarlo. Hablar de "violencia en el ámbito doméstico" es ser cómplice del feminicidio, como lo es reírse de la "corrección política", relativizar la agresividad de todos los comportamientos machistas en la sociedad, desde el piropo al maltrato, dar pábulo a las mentiras de las falsas denuncias, reír las gracias de los imbéciles que hablan de feminazis, tolerar los chistes degradantes para las mujeres o no protestar y luchar con ellas siempre en defensa de sus derechos. Cada vez que callamos por temor o conveniencia ante cualquier atropello, somos cómplices de feminicidio y menoscabamos nuestra dignidad de seres humanos.

diumenge, 24 de gener del 2016

La España oficial y la España real

Todos lo medios de comunicación, todos los mentideros, las tertulias, las barras de las cervecerías, en donde los españoles suelen resolver el problema del Oriente medio entre caña y caña, hablan sin parar de lo mismo:las consultas reales para la formación del gobierno. No hay sitio para nada más. Una situación muy enrevesada, casi laberíntica.

Prácticamente todos los comentaristas se rindieron a la audacia de Pablo Iglesias al proponerse a sí mismo como vicepresidente de un gobierno de coalición con el PSOE, antes de que nadie hubiera dicho esta boca es mía. Una jugada maestra, fulminante, un órdago, una finta que, según muchos analistas dejó descolocado a Sánchez e indujo a Rajoy a quitarse de enmedio.

De escuchar los habituales ditirambos que Podemos se dedica a sí mismo permanentemente: el movimiento de Iglesias fue la causa de la retirada de Rajoy. Solo que Rajoy no se retiró, sino que se hizo a un lado cucamente, a esperar acontecimientos porque, dando por cierto que no será investido, prefiere nuevas elecciones, mientras Pedro Sánchez, nada interesado en ellas, tomó distancias de la oferta de Iglesias y sus amigos del PSOE la calificaban de humillación y chantaje, ignoro por qué. No veo el chantaje por parte alguna. Veo, sí, mucha petulancia, habitual en estos salvapatrias de nuevo cuño populista, pero nada de chantaje. Es lógico, además, que pujen por sacar adelante un gobierno, antes de que retornen las fricciones en su grupo con las franquicias una vez se sienten estas a considerar cómo ese "ministerio de la plurinacionalidad", en realidad suena a ministerio de las reservas indias.

El repliegue del presidente de los sobresueldos desconcierta el protocolo. No está previsto que quien dice haber ganado las elecciones no pueda formar gobierno. Pero sí está previsto que el que no pueda formar gobierno haga mutis por el foro y no se quede a un lado, a ver si tiene mejor suerte en otra ocasión y bloquea la salida. El Rey convoca nueva ronda de contactos y, según se supone, la solución podría ser el gobierno de coalición de la izquierda PSOE, Podemos y los dos de IU. Ya analizamos ayer sus perspectivas y facetas. Mientras tanto, Metroscopia, en sondeo encargado por El País, llega a la conclusión de que la gente valora negativamente a Rajoy, Sánchez e Iglesias, pero pone nota alta a Rivera. Este último dato es tan sorprendente que comienza uno a sospechar que el país oficial es, en realidad, una ilusión, una quimera, una fábula narrada por un idiota, como dice Shakespeare.

Ese es el país oficial: gobierno, partidos, tribunales, jueces, Parlamento, Constitución, elecciones, representación, negociaciones, etc. El país del que hablan los medios, sobre el que se cruzan apuestas y que debaten los expertos. A su lado está el país real, el verdadero, el que responde a la verdadera esencia de este cortijo gobernado de siempre por una oligarquía corrupta, inepta y reaccionaria. Una jueza imputa un delito al partido del gobierno, el PP, por el borrado de los discos duros del ordenador del presunto delincuente Bárcenas, extesorero del partido. Llama a declarar a la tesorera actual del partido y al propio Bárcenas. Justo el mismo día que el hombre mano derecha de la vicepresidenta del gobierno se ve obligado a dimitir por su supuesta implicación en una estafa al parecer propiciada desde la misma Moncloa, sede del gobierno. En cualquier lugar del planeta el presidente de ese partido estaría ya en su casa. Aquí está en el gobierno y quiere seguir.

Es el país real,  gobernado por un presunto corrupto, rodeado de ladrones y sinvergüenzas, algunos de los cuales están ya en la cárcel y otros esperan entrar en breve, al frente de un partido que es una banda de malhechores que llevan años tomando las instituciones públicas al asalto y esquilmando el erario en donde quiera que se relacionan con él. Un país cuyo Jefe del Estado tiene a su hermana sentada en el banquillo acusada de delinquir y un cuñado en idéntica circunstancia y un padre, Rey dimisionario, cuyo comportamiento ha sido inadmisible desde todos los puntos de vista y que ha amasado un dineral, de lo que informa la revista Forbes, sin que hasta la fecha haya dado explicación alguna sobre el origen de su fortuna.

Real y muy real es que el mismo pavo que protegió y amparó a su amigo Bárcenas, que cobró sobresueldos de procedencia dudosa, engañó a todo el mundo con un programa electoral falso, mintió descaradamente en al Parlamento y protegió y amparó prácticamente a todos los delincuentes del PP, tiene el morro de presentar su candidatura a la presidencia del gobierno. Como lo es que el partido cuyos miembros (muchos de ellos con altos cargos de la administración, empezando por el consejo de ministros), han entendido la política como un medio para enriquecerse a costa del bien público, para enchufar a los amigos y parientes y esquilmar el país, privatizando sus bienes colectivos o simplemente robándolos, tenga la representación parlamentaria más numerosa

Son estos sinvergüenzas quienes, disfrazados de políticos, atienden a todos los ritos de la democracia, como si aquí hubiera un gobierno y no un consejo de forajidos; un Parlamento y no un coro de paniaguados, enchufados y botarates; unos tribunales y no unos jueces obsequiosos con los poderosos; como si los medios tuvieran periodistas independientes y no sicarios a sueldo; como si los curas se dedicaran a pastorear a la grey y no a arramblar con cuanta riqueza se cruza en su camino para enriquecer a la Iglesia. Háganse cuantas excepciones se quieran en todas esas categorías. Siempre serán excepciones.

El país real es este que todos padecemos. El otro, el de las consultas reales, las tertulias, en el fondo, es una ilusión, un mundo virtual.



El gobierno español depende del independentismo catalán

Ironías de la vida. En mi artículo de elMón.cat de hoy trato de demostrar que la combinación de un posible gobierno de la izquierda en España depende del voto favorable o, cuando menos, la abstención de los nueve diputados de ERC y los ocho de Democràcia i Llibertat. Palinuro lo anunció ya en la noche del 20D, Todos pierden menos los catalanes y ahora eso es patente. Cuando Tardá (ERC) dice que no hay posibilidad de gobierno de izquierda en España si no reconoce la soberanía del pueblo catalán, igual que cuando Homs (CDC) anuncia que no regalarán su abstención al gobierno de Madrid, están poniendo un dogal muy estrecho en el cuello de la hipotética coalición izquierdista española. Por ahora es inimaginable que el PSOE admita ese principio de soberanía catalana y también que acepte referéndum de autodeterminación. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que eso pasara. Y, si los dos partidos independentistas se obstinan en mantener sus exigencias, está claro que no podrá haber gobierno de izquierda en España. Podría haber uno de gran coalición (PP - PSOE y, quizá, C's) que el PSOE no admitiría en ningún caso, o nuevas elecciones.

El problema para los partidos españoles reside en ese escenario de elecciones nuevas. Nadie las quiere, pero es una amenaza de los independentistas catalanes con mucha fuerza porque es muy verosímil ya que a ellos les interesa por cuanto mientras no haya gobierno en España ellos podrán poner en marcha con nás tranquilidad su hoja de ruta,

A continuación, la versión castellana del artículo:

El gobierno del Estado depende de ERC

Hace mes y medio, en España había un gobierno con una amplia mayoría parlamentaria y en Cataluña no había gobierno, pero que lo hubiera o no, no dependía de los partidos españoles. Hoy, hay un gobierno en Cataluña con mayoría parlamentaria y no hay gobierno en España y si va a haberlo o no depende en buena medida de los partidos independentistas catalanes.

La derecha no ha renunciado a gobernar España. Es que no puede. Su renuncia no es tal sino una aceptación de los hechos porque su corrupción, su autoritarismo neofranquista y carcunda la ha dejado aislada, incapaz de conseguir un solo apoyo. Cuatro años de trágala involutivo, de negación de derechos, de atropellos, catalanofobia y estúpido centralismo la ha llevado a la ridícula situación de haber ganado las elecciones pero no poder formar gobierno.

Rajoy, a quien solo mueve el pavor de ser el único presidente español que no repite mandato, trata de ocultar este cómico resultado formulando la situación al modo católico con una trinidad de posibilidades: 1ª) Él al frente de un gobierno con el PSOE y C’s; 2ª) el caos de un gobierno del PSOE con “fuerzas radicales e independentistas”; y c) nuevas elecciones. Es obvio que la tercera es la que él prefiere y por eso prepara su candidatura en el seno de su partido y no entre los grupos parlamentarios cuyo común denominador conoce muy bien: “no a Rajoy”. Prefiere la tercera opción, pero dice preferir la primera en parte por su inveterada costumbre de mentir y en parte porque sabe que es imposible dado el general “Rajoy no” que comparten en España hasta los de su partido, que están deseando perderlo de vista.

El resumen de todo ello es que la formación y estabilidad del gobierno en España depende de los partidos independentistas catalanes y, en lugar secundario, de C’s, la derecha menos cavernícola. Es complicado, pero es real. Por supuesto, esos partidos independentistas sopesan mucho las circunstancias para obtener el mejor rendimiento de una situación casi surrealista a fuer de complicada.

Rajoy advierte a Sánchez de que ser presidente no consiste en humillarse y de que será víctima del chantaje de Podemos. Es un golpe bajo, dirigido a la autoestima de su contrincante con escasa pegada por venir precisamente de quien lleva cuatro años gobernando a las órdenes de la troika y la oligarquía española, sin dignidad y sin vergüenza, amparando la corrupción y destruyendo el país. Pero, sobre todo, es, como suele pasar con las advertencias de este hombre, una estupidez, propia de quien no entiende la realidad en que vive.

El problema de Sánchez no es Pablo Iglesias. La oferta de coalición de este –por cierto, comunicada al Rey, no al interesado, como buen cortesano- incluye exigencias, y bravuconerías para ocultar el hecho de que ha girado ciento ochenta grados, pasando de excluir tajantemente su integración en un gobierno del PSOE a pedirse la vicepresidencia, porque lo necesita. Recién pasadas las elecciones del 20D era evidente que a Podemos le interesaba su repetición. Con sus 69 diputados y los 90 del PSOE, parecía que el ansiado sorpasso solo dependía de un segundo asalto y así lo confirmaban los sondeos. Pero, al constituir los grupos parlamentarios se descubrió la superchería de que Podemos en sentido estricto no tenía 69, sino 42 diputados, siendo los otros 27 los de las “confluencias”, y era dudoso que pudiera repetir los resultados. Ya no interesaban nuevos comicios; había que constituir gobierno y con Iglesia de vicepresidente.

Aunque los analistas aún no lo hayan visto, en el propuesto gobierno PSOE – Podemos – IU, no es Podemos quien tiene la fuerza, sino una parte de él, en concreto En Comú Podem. Según los requisitos de formación del grupo, esta “confluencia” catalana tiene libertad de voto y voz propia y, por tanto, podría votar en contra de un gobierno de coalición español que ignorara o se opusiera al referéndum en Cataluña, pieza indispensable para ella pero inadmisible para los socialistas

El Podemos castellano está pillado entre los dos bloques, el del PSOE y el de En Comú Podem y sin margen de maniobra. Su propuesta, como suele pasarle, es grandilocuente y en voz tonante: queremos un ministerio de la Plurinacionalidad, como si esto fuera algo más que puro gesto para la galería. Pero, en realidad, quien decide es En Comú Podem porque, si Podemos renuncia al referéndum y estos doce diputados votan en contra (quizá con los seis de la En Marea), el efecto sería catastrófico, pues el gobierno de España no tendría 157 diputados en su arranque, sino 137. Francamente ridículo.

Sin embargo, tampoco En Comú Podem decide en este asunto con autonomía plena. El juego político en Cataluña le obliga a contar con el boque independentista de Junts pel Sí y, de hecho, ya ha solicitado una reunión formal con ERC la semana entrante. ¿Con qué objetivo? Resulta obvio: tantear las posibilidades de apoyo de los dos grupos independentistas en el Congreso, el de ERC y el de DiL a un posible gobierno de coalición PSOE – Podemos y en qué términos. Si ERC exige un reconocimiento de la “soberanía del pueblo catalán”, como hace Joan Tardá y el PSOE no lo acepta, el gobierno de coalición solo podrá salir adelante si cuenta con el apoyo de C’s en las cuestiones en que se jueguen intereses nacionales catalanes.

Desde el punto de vista español, esta solución sería aceptable pues dibujaría una gobierno con alianzas puntuales en el parlamento según geometría variable pero lo dejaría siempre a merced de dos fuerzas que no puede controlar: C’s y ERC. Lo que, en definitiva, lleva a la paradójica conclusión de que ERC tiene la llave de la gobernación del Estado español, a reserva de unas nuevas elecciones que nadie quiere excepto, quizá, la propia ERC a los efectos de garantizarse dos o tres meses más de vacío de poder en el Estado mientras acomete la hoja de ruta catalana.

dissabte, 23 de gener del 2016

Drácula nunca muere

Nunca. Hay que matarlo clavándole una estaca en el corazón. Mientras tanto, vuelve siempre. Huyendo de la luz del sol, al amparo de la noche y el sueño; el sueño de la razón, que engendra monstruosidades, como el gobierno del PP de los últimos alucinantes cuatro años.

¿Qué significa el adverbio ahora? Es una ilocución pobre, como si no quisiera expresar todo lo que el hablante pretende. Sería quizá más justo que dijera que renuncia por ahora, de donde se sigue que puede volver, que no se va del todo. Drácula no muere. Hay que ir a matarlo. ¿Y cómo va a volver? Rajoy tiene un método de afamado prestigio: se queda uno en la penumbra, en silencio, viéndolas venir y espera uno mejores momentos. Aunque sea a costa no ya de la estabilidad del sistema, sino de su misma racionalidad. ¿Acaso no lo hizo en aquel episodio de la renovación del Tribunal Constitucional, que bloqueó durante años hasta obtener una composición favorable de esa alta instancia? Con la semirrenuncia de Rajoy, el Rey reabre consultas la semana que viene. Si tampoco se resuelve, será preciso abrir más consultas. Y en todas vendrá Rajoy, a decir que "por ahora", renuncia.  A lo mejor se llega antes a unas elecciones nuevas por sucesivos fracasos que experimentando un gobierno polícromo y minoritario de la izquierda que también fracasará en cosa de meses.

Por eso Rajoy no ha preparado su investidura. Se ha preparado su nombramiento como candidato al gobierno de su partido en caso de nuevas elecciones. Si las hay, Drácula-Rajoy regresará a vampirizar de nuevo el sistema.

La única forma de evitarlo es el gobierno de coalición PSOE-Podemos. Como es obvio. Con los dos náufragos de IU. Es la fórmula que Palinuro ha propugnado siempre y en unas proporciones muy realistas. Sin olvidar algo esencial: con sus 90 diputados, el PSOE es el partido de la famosa centralidad política por más que los de Podemos sigan poniéndose plumas de farol, como ese último de que la retirada de Rajoy es obra suya. Todos los pactos posibles pasan por el PSOE. Si "centralidad" quiere decir algo, supongo, es esto. No hay coalición PP - PSOE porque el PSOE no quiere. Puede haber coalición PSOE - Podemos con mayor probabilidad que la de PSOE - C's. Quizá podrían los supuestos izquierdistas, esos de la transformación imaginaria, dejar la cantinela de la igualdad entre el PP y el PSOE a la luz de los datos. Pero da un poco igual. En el fondo, nadie racional lo cree. Lo dicen los fanáticos, pero esos pueden decir cualquier cosa.

El pacto PSOE - Podemos se lo ha enunciado Iglesias al Rey ex abundatia cordis y el Rey, que está aquí de correveidile, se lo ha soplado a Sánchez. Son verdaderos cortesanos: se comunican a través del Rey, no directamente de tú a tú como hacemos los ciudadanos. Tiene gracia. Estos tienen de republicanos lo que Palinuro de jesuita. El anuncio responde a una táctica que parece afirmativa, performativa, provocadora, tiene un tufo a petulancia de novato que echa para atrás. Iglesias pide para sí la vicepresidencia a la que había renunciado expresamente hace un par de semanas (sin que en ningún caso se la hayan ofrecido) y reparte a voleo varios ministerios entre su guardia pretoriana en Podemos. Por cierto, podían dejar de aparecer en piña, prietas las filas, como en una sesión del soviet. Para decir lo que dice Iglesias, basta con él. El mudo coro detrás con caretos de guiñol en descanso, es ridículo. Y el mejor ministerio, uno que han excogitado, llamado ministerio de la plurinacionalidad que no estaría mal si alguien consiguiera determinar de forma comprensible cuál sea su ámbito, contenido o competencia. Hay quien ve en la propuesta de Podemos un intento de "humillar" al PSOE. Me parece un vocabulario trasnochado, como tomarse el debate político en términos melodramáticos. Los de Podemos hacen bien en plantear sus exigencias. Lo que no parece es muy inteligente. Lejos de quedar humillado, el PSOE queda "avisado".

La cuestión es si entiende el aviso. Podemos ofrece formar gobierno porque la presión de la izquierda social para ello es irresistible y, si hay ruptura y nuevas elecciones, es muy probable que el responsable lo pague caro. La idea de "nuevas elecciones" no es grata a nadie. No lo es al PSOE y tampoco a Podemos que quizá no pueda reproducir las franquicias. Solo le interesan al PP. Razón de más para no hacerlas. No hacerlas, formar un gobierno y gobernar es clavar la estaca en el corazón de Drácula, impedir que Rajoy vuelva. Es dar tiempo a que en su partido se organice la resistencia y se le busque sustituto. 

El PSOE tiene muy fácil la negociación con Podemos. Si esta es buena noticia o no en Andalucía y entre los barones es otro asunto de importancia relativa porque, hecha la coalición, el posible malestar interno sería de partido, pero no de Parlamento, mientras que una hipotética rebelión interna en Podemos sería más de Parlamento que de partido y tendría otro carácter. El PSOE tiene que negociar un gobierno capaz de derogar la legislación más antipopular, injusta y troglodita de esta derecha neofranquista, combatir la corrupción en todas las esferas que, como se ve, son todas, y atender a las necesidades más urgentes de la gente: el paro, las condiciones laborales, los servicios públicos de todo tipo, la reforma fiscal.

La dificultad mayor de ese gobierno de izquierda es el referéndum de autodeterminación en Cataluña. Ignoro si Podemos lo mantendrá o no. Supongo que En Comú Podem lo exigirá y ahí aparecerá la primera grieta en el gobierno de la izquierda. Este encontrará apoyo seguramente en C's ante cualquier eventualidad referente a la autodetermación catalana. El gobierno estará obligado a pactos de geometría variable y no son descartables crisis periódicas que pondrán en riesgo la coalición. El mantenimiento de esta coalición es imprescindible si se ha de clavar la estaca en el corazón de Drácula e impedir el retorno de ese súcubo de la vulgaridad que es el presidente de los sobresueldos.

Paradójicamente, casi diríamos que es un sarcasmo del destino, la estabilidad del gobierno de España depende del apoyo que le preste la minoría catalana de ERC (nueve diputados) y DiL (ocho). Ese gobierno podría apoyarse, en el mejor de los casos, y sumando los seis diputados del PNV y los dos de Bildu, en 165 escaños. Lo suficiente para ganar a un voto unitario de PP y C's y necesitando la abstención de los catalanes. Con su voto positivo, el gobierno de coalición llegaría a la mayoría absoluta.

En resumen, el gobierno de España depende del voto y/o la abstención de quienes pretenden independizarse de España. Tiene su ironía.

divendres, 22 de gener del 2016

Repalinuro

La noticia de la disposición de PSOE y Podemos a formar gobierno contando con IU es tan buena y alentadora que no resisto la tentación de subir un post de urgencia para celebrarla porque coincide con lo que Palinuro lleva pidiendo desde hace mucho tiempo. Véase, por ejemplo, el 25 de marzo de 2015
Pedro y Pablo, apóstoles en falta. Mañana intentaré un análisis más reposado. Este es solamente para señalar algunos puntos a los que habrá que prestar atención:

El acuerdo es muy conveniente en interés de los dos partidos y de la gente en general. El 20D ha dejado ver que el país está harto de esa pandilla de ladrones, meapilas y franquistas que le han amargado la vida a todo el mundo mientras rompían España (por usar su terminología) a base de su incompetencia. Ahora toca un gobierno de izquierda para retornar a la senda de la democracia, los derechos, la dignidad y el bienestar.

La oferta ha sido transmitida por Felipe V + I de Pablo a Pedro. Mal hecho. ¿No pueden hablar entre ellos? Al final resulta que los verdaderamente cortesanos son los supuestos republicanos.

Pablo ha tomado la iniciativa. Eso está bien, aunque sigue revelando bisoñez. Por un lado se le ven en exceso los deseos de ocupar poltronas (ya se lo están echando en cara en las redes) y de presionar a Pedro, lo cual es todavía más ingenuo porque da tiempo a este a responder con el lema del arte de Cúchares: parar, templar y mandar. Pero, sobre todo, lo que entierra, es de esperar que definitivamente, es toda la demagogia de PP = PSOE, el búnker y otras imbecilidades para consumo de fanátic@s. Cómanse ya el antisocialismo "visceral" estilo Anguita.

Pedro ha reaccionado con Mesura y hasta cierto sorprendente sentido del humor. Dice que ya le han hecho el gobierno y se permite el lujo de señalar que la cuestión no son los cargos sino las políticas. Pero, si lo piensa bien, su posición no es tan fácil. Podemos viene dispuesto a presionar por la izquierda y hace muy bien. Y por la izquierda plurinacional y hace mejor. Pero él tendrá que bregar con la señora Díaz, cuya baza sigue siendo Santiago y cierra España, como en el PP. Y, sobre todo, tendrá que administrar sabiamente sus relaciones con C's que, en lo que al PSOE respecta actuará como el Doctor Jeckyll y Mr. Hyde, según le interese.

A su vez, los dos necesarios aliados, PSOE Podemos, no pueden olvidar que, paradójicamente, dependen de la benevolencia de los independentistas catalanes, como también señaló Palinuro el mismo 20D. Pero de todo esto hablaremos mañana.

De momento, saludemos el primer paso hacia la formación de un gobierno de izquierda, de personas normales, que se dedique a resolver los problemas de la gente en lugar de robarle e insultarla que es lo que lleva cuatro años haciendo esta asociacion de sinvergüenzas y malhechores a los que el juez ya ha imputado por la destrucción de los discos de Bárcenas, o sea por un presunto delito de obstrucción de la justicia.

Reflexión sobre un títere malvado

Ayer una emisora catalana hizo objeto de una broma muy frecuente a Rajoy en la que un periodista se hacía pasar por Carles Puigdemont y conseguía hablar con él. Hubo gente, gente bien intencionada, gente de buen corazón, que encontró la broma pesada, de mal gusto y manifestó cierta solidaridad con el de los sobresueldos. Unas fechas antes, un joven le había atizado un puñetazo en plena calle. Otras gentes, prácticamente todo el mundo, los partidos y hasta los adversarios, condenaron el hecho con las proclamas habituales de la violencia siempre repudiable, etc.

Sin duda son dos momentos en que este este impresentable personaje ha hecho el ridículo. Pero no son los únicos. Hace poco, en una pograma de radio quedaba patente su necedad a raíz de su desconocimiento sobre el derecho de nacionalidad en España. Y eso por no hablar de cuando, queriendo llamar "ruin" a Pedro Sánchez en un debate en la tele, lo llamó "ruiz".

Las anécdotas en las que el hombre de los sobresueldos muestra un fondo de estupidez son innumerables: un plato es un plato y un vaso es una vaso, los españoles son mucho españoles, una cosa es la solidaridad y otra la solidaridad a cambio de nada son tres ejemplos de una muestra abigarrada.

No hay duda de que este pobre país lleva cuatro años gobernado por un auténtico estúpido, rasgo del que ya se habían dado cuenta en la UE en 2012, cuando el eurodiputado británico Nigel Farage proclamó en el eurpoparlamento que Rajoy es el lider más incompetente de la EU. Un estúpido que no entiende su propia letra, no sabe leer ni hablar en idioma alguno, incluso el suyo.Tan estúpido que, como hemos visto, despierta conmiseración.

Pero, además de estúpido este sujeto ha dado cumplidas muestras de ser un malvado, un hombre a quien dejan frío las desgracias ajenas incluso cuando las ha provocado él, un embustero profesional para quien decir la verdad es una muestra de debilidad y cree que la política es engañar por principio; un hombre que se aumentó el sueldo en un  27% cuando se lo congelaba o reducía a los demás; un tipo que esquilmó la riqueza pública del país para privatizarlo en interés de sus amigos, un sujeto que humilló el parlamento y, entre desahucios, suicidios, recortes y ruinas ha destrozado la vida de miles de personas, un individuo sin escrúpulos que, aunque habla de la igualdad de los españoles, siempre ha estado convencido de que las personas somos desiguales porque, decía, está "científicamente demostrado" que lo somos y que los mejores son siempre los de la mejor "estirpe", un mangante conchabado con mangantes, un egoísta que emplea los fondos públicos para atender a su padre dependiente, pero niega los fondos para cuidar de los dependientes ajenos.

Así que Palinuro no cree en la ley del talión en su versión  más estricta pero si en la más suave de que, quien "siembra vientos, recoge tempestades" y no puede coincidir con esas lamentaciones y jeremiadas. Por muchas bromas que le hayan gastado o dado de bofetadas, costará mucho demostrar que sean peores que las canalladas que él ha hecho a miles de personas por donde ha pasado, algo que nadie, con un mínimo de sensibilidad, puede ignorar. 

El proceso sigue y Palinuro con él

El viernes, 29 de enero estoy invitado a dar una conferencia en el Fórum de Debats de Vic sobre el tema El procés soberanista català. Una interpretació des de Madrid. la verdad es que es un honor y espero no defraudar. Vic es, además, una ciudad fantástica. La última vez que estuve en ella fue con motivo de una programa de TV de Jaume Barberá, compartido con Jorge Verstrynge y estuvo muy bien. EL ayuntamiento está decorado con unos frescos de Sert inolvidables y la villa, cuna de Balmes, es hoy un  baluarte soberanista ilustrado.

Y luego está, claro el tema. Me encanta que los independentistas entiendan que alguien de Madrid tiene algo que decir y aportar, precisamente porque no habla en castizo e imperial sino con interés genuino y plena comprensión de lo que está sucediendo en Cataluña, el foco de mayor interés en el Estado español. Además, para mí, es siempre un a ocasión para actualizar información, aucumular conocimiento y experiencia sobre un proceso de una originalidad indudable y por el que siento respeto y gran simpatía hasta el punto de que lo hago mío.

Así que allí nos veremos.

"Esto no es serio" o el pito del sereno

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¿Nadie puede librar al país de este imbécil?

Un periodista catalán llama a Rajoy haciéndose pasar por Puigdemont y el sobresueldos pica.

Escuchen el audio. Escuchen con qué premura las secretarias se lanzan a pasar la llamada a Rajoy. Nadie comprueba nada; nadie verifica nada. Con qué ansia se echa sobre el teléfono el de los sobresueldos que, obviamente, pierde el trasero por hablar con Puigdemont.

Escuchen la conversación, que no tiene desperdicio. Cómo le toman el pelo. El pájaro cree que tiene una baza: ya no es el inepto al que nadie llama, del que nadie se acuerda, al que nadie toma en consideración. ¡Puigdemont lo llama! Reconoce la superioridad de su gobierno; se somete. Por fin cree contar con una baza, algo de que presumir, algo que vender a la prensa y a Felipe V + I. No es el cero a la izquierda, el presidente amortizado, el perdedor de las elecciones con que ya no cuenta nadie, en espera de que en España haya un presidente y no este pelele en funciones.

¡Puigdemont lo ha llamado! Y es todo mieles. Recuerda cuándo se conocieron en el pasado en alguna inauguración o juego de cualquier cosa. Ha hecho cálculos y, como tiene algo que ofrecer al Borbón, le pide que espere al lunes, le dice que lo llamará él y la reconoce que tiene la agenda "bastante libre". Se entrega en canal. O sea, nada que hacer.

Y cuando le descubren que le han tomado el pelo, solo acierta a balbucear que esto "no es serio".

De verdad. Es absolutamente urgente que el país se libre de este majadero de mala idea si quiere tener alguna posibilidad de salir adelante.

dijous, 21 de gener del 2016

El trilero de Dios

El Plural de ayer traía esta noticia: Pablo Iglesias marca la casilla de la Iglesia en su declaración de Hacienda. Puede parecer algo trivial, pero no lo es. Tiene una importancia inmensa. Tanta que requiere una explicación inmediata. Mientras llega, que ha de llegar porque, si no lo hace, quedará clara una superchería y estafa mayores que las que se han practicado con los de las franquicias para los grupos, enumeremos las posibilidades:

1ª.- Es una noticia falsa, una superchería, un bulo, un fake. Desde luego, El Plural es un digital muy favorable al PSOE igual que otros lo son al PP, a Podemos, etc. En España no existen los medios independientes. Pero el diario tiene cierto nivel de seriedad. Es improbable que recurra a procedimientos tipo La Razón. Pero pudieran haberles colado una patraña. Si es así, que lo aclaren cuanto antes.

2ª.- La noticia es cierta, pero Iglesias no tiene nada que ver con ella. Un gestor, que le hace la declaración, ha tachado la casilla de la Iglesia sin saberlo el declarante. Es poco verosímil, aunque podría darse. Que también lo aclare cuanto antes.

3ª.- La noticia es cierta. Si es así, aquí hay una estafa de proporciones bolivarianas. Podría decirse que estamos exagerando y que tachar la casilla de la Iglesia católica es una tontería sin importancia ninguna. Mentira. Hacerlo es contribuir a la hipocresía y el expolio de la gente perpetrado sistemáticamente por los curas. Cualquiera sabe que tachar la casilla es voluntario, pero lo que no es voluntario es que, todos los que tachan la casilla obligan a los demás a financiar a los clérigos y su empresa de acumulación de dinero, la Iglesia, porque lo que ellos no aportan a la caja común del Estado, tenemos que pagarlo los demás, seamos católicos o no. O sea, un robo y un robo hipócrita. Obviamente, Iglesias tiene derecho a ser católico, por supuesto, pero no con el dinero ajeno, sino con el suyo.

Pero hay más, Iglesias está ahora obligado a aclarar si es o no católico para que no se le pueda acusar de trilero, a él, que empezó acusando de trileros a los de izquierdas. Y aclararlo de forma tajante, puesto que esto no es un asunto privado. Y no basta con salir diciendo que él fue comunista. Con todos mis respetos, la similitud entre católicos y comunistas, es innegable, sobre todo el comunismo leninista. Tampoco vale que se diga que, en el fondo, a pesar de todas las tonterías sobre el "ni de derechas ni de izquierdas", es de izquierdas. América Latina está llena de "izquierdistas" (estilo Correa del Ecuador), que tanto gustan a los de Podemos y son auténticos meapilas en cuyos países el aborto está prohibido.

De darse esta circunstancia, ahora sí estaría claro por qué en Podemos no hablan del aborto (excepto aquella vez en que Bescansa dijo que "no era una prioridad" para callarse a continuación seguramente cuando comprendió que no convenía levantar la liebre); por qué no hablan de potenciar la educación pública y suprimir la concertada, que es una estafa por la que los curas drenan recursos públicos a favor de las clases privilegiadas mientras se destruye la educación pública; y por qué no hablan de la separación entre la Iglesia y el Estado en una país nacionalcatólico, gobernado por los clérigos.

Hay que aclarar esto porque tiene toda la pinta de ser la mayor estafa de los últimos años a la ya muy castigada y baqueteada izquierda española. Dado el aportunismo ilimitado de los de Podemos, probablemente este silencio es un cálculo táctico, de esos de no hablar de cosas que hagan perder votos. Pueden encubrirlo con la habitual mentira de la derecha de hablar de las cosas "que verdaderamente interesan a los españoles". 

Que hagan lo que quieran. En menos de un mes ya han demostrado que lo que querían era participar de la vieja política (aunque todavía sean tan inexpertos que les cuelan todos los goles), pero que dejen claro si el líder máximo es o no católico, y qué piensan respecto al aborto, la enseñanza concertada y la separación de la Iglesia y el Estado. 

Porque lo que ya no pueden hacer es seguir engañando a la gente.

Salvador Giner, Doctor Honoris Causa por la UNED

Hoy, la UNED inviste Doctor Honoris Causa al maestro Salvador Giner. El padrino de la investidura es Palinuro. El texto de mi Laudatio y el de la lección magistral que impartirá Giner estarán ya, supongo, colgados en la página web de la UNED. Ambos son relativamente extensos. Sin embargo, por razones de protocolo (ya que en el mismo acto se investirá a la nueva promoción de doctores de la UNED) se nos ha pedido que seamos sucintos y nos atengamos a unos tiempos límites que son de 20 minutos en el caso del maestro y diez en el mío. Esto nos obliga a ser, no sucintos, sino lacónicos. Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, al tener que sintetizar tantísimo mi exposición, hasta dejarla en tres folios, eso hace posible subirla a la red y en el blog sin más temor a aburrir al público, por si alguien quiere tener una aproximación ala obra de este gran intelectual catalán. Luego, quien quiera profundizar, puede ir al texto más extenso en la página web.

Mi Laudatio, a continuacion:

Muchos son los méritos que acumula Salvador Giner para hacerse acreedor a la distinción del Doctorado Honoris Causa por la UNED. Se relacionan con mayor detalle en la noticia sobre el acto que está en la página web de nuestra universidad. Aquí bastará con hacer una sucinta síntesis de ellos, a modo de presentación de una obra y una personalidad que no necesita presentación. Catedrático de sociología en la Universidad de Barcelona. Tras haberse licenciado y doctorado en su disciplina en la Universidad de Chicago, ejerció la docencia y la investigación durante mucho tiempo en varias Universidades inglesas, en Cambridge, Reading, Lancaster y Londres.

El primer libro con el que Giner se dio a conocer, un trabajo de juventud, es la Historia del pensamiento social, publicada en 1967, una vasta obra sin parangón hasta la fecha en España pues, aunque contamos con alguna historia del pensamiento jurídico y político, como la de Truyol y varias y apreciables historias de la filosofía o de la ética, ninguna se concentra como esta en el pensamiento sociológico. Generaciones enteras de sociólogos han tomado conciencia del devenir histórico de su disciplina en las páginas de este maestro que, a su vez, jamás pierde de vista los enlaces de esta con la Filosofía, la Ética, la Ciencia Política y la Economía. Giner se ha quejado siempre del analfabetismo filosófico de los sociólogos y del sociológico de los filósofos. El mismo es un producto vivo de esta tradición sincrética porque es un científico social en sentido completo, total, holista, complejo y universal, a la par que un pensador muy enraizado en su particular cultura, un ejemplo típico de cosmopolitismo intelectual con fuertes raíces culturales locales.

Uno de los méritos que tiene la Historia es el de tomar en consideración la aportación catalana, cosa muy infrecuente en los trabajos españoles de este tipo. Con orgullo Giner pone a la par en cuanto a antigüedad los usatges catalanes y la Carta Magna y así mismo incluye un capítulo dedicado a Ramon Llull. A esta obra inicial hay que añadir otra muy posterior, de plena madurez, la Teoría Sociológica clásica, publicada en 2001 y que viene a ser una especie de lejana réplica de aquella, una nueva historia del pensamiento social, pero concentrada ahora en los grandes autores y escuelas de la modernidad, arrancando de Montesquieu y llegando hasta Simmel, una especie de diálogo de un maestro con los que le precedieron, una cartografía del continente sociológico tomando pie en sus mentes más preclaras.

Su otra gran obra de juventud, su Sociología, es muy distinta de la anterior por su alcance, contenido y dimensiones. No es una presentación de la disciplina en su decurso histórico, sino que adopta una perspectiva sincrónica y expone de modo sistemático las categorías fundamentales, las distintas escuelas y corrientes y su despliegue doctrinal en la actualidad. De nuevo generaciones enteras de estudiantes se han familiarizado con los conceptos y controversias más actuales de la sociología. La obra, al igual que la anterior, ha conocido múltiples reediciones y en los últimos cuarenta años raramente ha estado descatalogada de forma que bien podemos decir que nos encontramos ante un clásico contemporáneo y así lo ha entendido asimismo la academia internacional, a juzgar por las numerosas traducciones que ha tenido al inglés, francés, italiano, alemán y otras lenguas. Este libro, además de una introducción a la disciplina, ha funcionado en la obra de nuestro colega como un plan de vida e investigación, como una especie de programa u hoja de ruta de una trayectoria intelectual. Por eso mismo, a la hora de hacer una panorámica de la obra científica de Giner he encontrado muy útil valerme de sus distintos capítulos para enunciarlos y señalar en ellos sus aportaciones propias, específicas a lo largo de su fecunda vida:

1.- La definición de la Sociología y las cuestiones metodológicas, en donde formula su teoría de la lógica situacional

2.- La dimensión comunitaria, prolongación de la Gemeinschaft de Tönnies, entendida como fundamento de la acción colectiva racional y base de la moral cívica.

3.- La Economía, con su desarrollo en España de la teoría de la corporatización creciente de las sociedades capitalistas desarrolladas

4.- La politeya y su concepción de la gobernabilidad en la sociedad postindustrial que, en algún momento, ha llamado “postburguesa”

5.- El conflicto social. Como claro adalid de la “perspectiva conflictivista, ha dedicado bastante obra al estudio específico de la revolución, cuyo rasgo determinante es la dualidad de poder

6.- El conocimiento y la cultura. Tomando pie en Georg Simmel, por quien Giner, como quien se dirige a ustedes siente especial simpatía y vincula la cultura con la comunidad para hacer una gran aportación a las relaciones entre cultura y nacionalismo por cuanto, como él mismo muestra en su obra, el cosmopolitismo intelectual no está reñido con el particularismo cultural.

Si tuviera que concluir subrayando lo que considero más válido de la aportación de Giner a la Sociología, haría referencia a su concepción de la “inteligencia sociológica”, en donde resuena un lejano eco de la “imaginación sociológica”, de Wright Mills, que ha triunfado en el mundo contemporáneo. Es el contenido de otra de sus obras esenciales: El progreso de la conciencia sociológica (Giner, 1974). Con todo esta misma inteligencia, a base de cuestionarse a sí misma nos obliga a ser críticos.- El triunfo de la inteligencia sociológica supone la banalización del conocimiento sociológico (Giner, 1991: 239).- Hay un triunfo del racionalismo en todas sus manifestaciones (VV.AA.: XLIV) y un reconocimiento de la estructura moral de la sociedad (Ibíd.: XLV). La dicotomía razón/carisma, traduce una de las numerosas antítesis del quehacer humano a lo largo de la historia, por ejemplo la que se da entre lo sagrado y lo profano, entre pluralismo y relativismo, lo racional y lo irracional, en definitiva, la querella entre los antiguos y los modernos toma la forma de una propuesta integradora que Giner formula como razón carismática y carisma racional, tras haber refutado la extendida idea de que lo carismático es afín a lo irracional ya que, como precisa, “que la calidad carismática sea racional o irracional depende, ante todo y sobre todo de la lógica de la situación en que el carisma se halle.” (Giner, 2003b: 246). En realidad, el triunfo de esta inteligencia sociológica ha “impregnado, imbuido y, como mínimo, teñido de su propia perspectiva, lenguaje y discurso a la mayor parte de las facetas de la cultura contemporánea”. (Giner, 1991: 237). Trátase de un saber que “asume con ironía la condición trágica de la vida humana, la maleabilidad social del hombre, pero también la permanencia de sus pasiones y su tozudez por querer ser libres en un mundo forjado por la determinación.” (Ibíd.: 245)

dimecres, 20 de gener del 2016

Un gobierno de progreso y un grupo "confederal"

Ojalá se hiciera realidad el optimismo que respira el titular de El País, pues ese pacto es el que Palinuro viene pidiendo hace meses: PSOE y Podemos. El PSOE, un partido socialdemócrata, se ha aburguesado bastante, hasta el punto de que muchos aseguran que, en realidad, no es un partido de izquierda. No vamos a discutir sobre esa generalizada afición en nuestro país a sentar doctrina otorgando vitolas de buenos y malos, de  izquierda y de derecha porque forma parte de su misma esencia tradicional desde los tiempos del Santo Oficio y, la verdad, cansa un poco. Que el PSOE se ha apoltronado, olvidado de sus bases, burocratizado y, en los ultimos años, ha mostrado tener en su seno más pollinos, trepas y corruptos de lo cabría esperar es bien visible y se nota en su descenso del voto. Por eso le interesa aliarse con Podemos, que lo espolee más a la izquierda, le exija mayor compromiso, políticas mas audaces y sociales. Le obligue a  "izquierdizarse"

A su vez, Podemos, que vende la imagen de albacea del 15M será, probablemente, porque da a este movimiento por difunto, ya que en su organización, programa, comportamiento, militancia y dirección, ha dejado de ser una organización asamblearia para convertirse en un partido leninista de ordeno y mando y con un patente culto al líder. Todo ello conjugado con un oportunismo tan carente de principios que dan ganas de enviarles alguno con porte gratuito. También a esta organización autoritaria, populista y pelín demagógica, le viene bien la alianza con el PSOE que, al fin y al cabo, es el legítimo representante en España del socialismo democrático y subrayo el "democrático" porque es de lo que todo el mundo presume pero escasamente practica.

El gobierno de izquierda (contra el que no tardará nada en lanzar rayos jupiterinos el bueno de Anguita, a quien solo mueve el objetivo de torpedear todo acuerdo con el PSOE) no solamente es posible y conveniente sino que es una necesidad. Este país tiene que dejar atrás estos cuatro años de humillación, saqueo, imbecilidad y carcunda; olvidarse de que alguna vez un personajillo tan ruiz como inútil tuvo mando en él; recuperar los derechos sustraídos, la dignidad hollada y el bienestar negado. Y eso solo es capaz de hacerlo la izquierda.

Pero ¿podrá, numéricamente hablando? Muy probablemente. Se verá cuando Sánchez, una vez haya fracasado Rajoy a quien no quiere nadie, comience sus consultas. La suma de diputados de PSOE, Podemos, IU, seguramente el PNV y con bastante probabilidad algunos otros y la abstención de los demás con el inevitable voto en contra del PP, permitiría formar un gobierno minoritario. Seguramente será una legislatura corta porque la derecha se empleará a fondo, con ese estilo bronco y jabalí que la caracteriza, hasta conseguir las elecciones anticipadas que siempre pide a gritos al día siguiente de haber perdido las anteriores. Por eso interesa que, una vez constituido el gobierno, acometa la labor de regeneración más urgente que está esperando el país para salir de este agujero en que lo ha metido un verdadero inútil que solo ha gobernado en provecho propio en sentido estricto y de los suyos, muchos de los cuales son una banda de ladrones. Y concreto: medidas urgentes de remedio social para situaciones angustiosas, derogación de la reforma laboral, derogación de la Ley Mordaza, derogación de la LOMCE, saneamiento de la vida pública, regneración democrática, recuperación de lo público en todos los órdenes, desde unos medios secuestrados y manejados por verdaderos sicarios políticos y morales, hasta los servicios públicos que la derecha ha arrebatado a la gente por vía de privatizaciones, o sea, de saqueo y expolio.

Hay mucho por hacer y poco tiempo que, obviamente, no hay que perder en peleas internas exasperantes, de esas que han destruido a IU y pueden destruir a Podemos, en donde han encontrado refugio muchos tránsfugas de IU que ya está impartiendo lecciones morales. Para eso es imprescindible que el PSOE se aquiete en su interior, los barones dejen de morder las canillas de Sánchez y, sobre todo, no le torpedeen convirtiendo la cuestión del referendum en un shibolet de la intransigencia hipócrita y eso en la medida en que el mismo Sánchez no esté de acuerdo con ello. Es decir, es absurdo exigir a los de Podemos una renuncia expresa al referéndum catalán, como una abjuración medieval y solo sirve para hacer imposible lo que todo el mundo reputa necesario, aunque nunca se sabe. Las gentes somos muy retorcidas. El PSOE puede -y debe- llegar a un acuerdo de gobierno grosso modo, dejando de lado el referéndum. Con decir que él no lo acepta y que no moverá un dedo para hacerlo posible, queda salvo de responsabilidad. Entre tanto, que Podemos haga lo que quiera en favor de ese mismo referéndum (que, de todas formas, no va a salirle) como, por lo demás, también haría aunque no estuviera en alianza con los socialistas.

A su vez, Podemos tampoco puede exigir al PSOE que transija con el referéndum porque a más de uno y de una le parecerá un casus belli. Puede aplicar el mismo relativismo y la misma tolerancia con el PSOE que el PSOE con él. Hay muchos más asuntos sobre los que discutir y que no son tan cenagosos como este. Hipostasiar el referéndum (cuando ni los independentistas lo quieren ya) es ridículo y solo lleva a un callejón sin salida. No renuncien al referéndum, al que últimamente, por las razones que sean, tienen en gran estima, pero no condicionen su colaboración con el gobierno a que el PSOE se lo trague, como cuando Sapor I obligó al emperador Valeriano a tragar oro fundido.

El problema estará más bien en las tensiones internas que esa colaboración despertará en ambos partidos. En el PSOE a cargo de esa fronda de barones bastante hirsutos que vigilan los pasos del secretario general y en Podemos, de los guardianes de la pureza revolucionaria espontaneísta y asamblearia. Aun así, ambas dificultades serán salvables.

La cuestión verdaderamente peliaguda, sin embargo, estará en el contenido de las palabras definitorias del grupo parlamentario de Podemos. Después del rigodón de los últimos días, cuando quedó claro que, al prometer a sus franquicias cuatro grupos parlamentarios propios, algunos se habían pasado de listos, la cosa ha terminado en un grupo único de Podemos con 65 diputados (cuatro se han quedado fuera) calificado como plurinacional y confederal. Ahí es nada. Palinuro estaba equivocado: los adalidades de la plurinacionalidad del Estado sí son capaces de reconocerla en la práctica. Es más: las diputadas de En Comú y los de En Marea, ya han comunicado a sus gentes muy contentas que tendrán voz propia y voto propio, que no habrá disciplina de voto. ¿Seguro? ¿No será como la promesa de los cuatro grupos? Vale, la legislatura aún no ha comenzado. Veremos cómo funciona esa libertad de voto cuando haya que decidir cuestiones sensibles, sobre todo de orden territorial importantes para Galicia y Cataluña.

Imaginemos que en alguna votación (y habrá muchas), los diputados de En Comú votan en contra del gobierno que ellos mismos apoyan. A lo mejor se pierde la votación. O a lo mejor, no, pero lo que sí está claro desde ahora mismo (y esto no es un juicio negativo sobre la situación sino absolutamente objetivo) es que el gobierno nunca sabrá de antemano con exactitud con cuántos votos cuenta. Tampoco está mal. Las votaciones con disciplina de voto son seguras, pero poco emocionantes. Esto es más emocionante, pero no sé si no planteará infinidad de problemas y acabe con divisiones, escisiones y fraccionamientos en el grupo de Podemos, en la más acrisolada tradición de IU, de la que proceden muchos de ellos.

Si se me apura, tampoco este supuesto, muy verosímil, es excesivamente grave. Cabe suponer que, cuando las cosas se tensen y los diputados de En Comú, o los de Anova en Galicia, vayan a votar en contra de su propio gobierno, este habrá conseguido el apoyo de los de Ciudadanos. Tal situación obligará a Sánchez a gobernar mediante prácticas de geometría variable. Pero eso no está mal. Quizá aprenda política.

dimarts, 19 de gener del 2016

Agrupémonos todos

A estas alturas dudo de que haya alguien que entienda el confuso lío organizado por Podemos, sus franquicias y los grupos parlamentarios (GP). Ni ellos mismos. Y hoy por la tarde se cierra el plazo de presentación de peticiones.

Pero en esta historia hay algunos momentos decisivos que sirven como jalones para ir entendiendo de qué se trataba aquí.

I.- En la misma noche electoral del 20D estuvo ya claro que los resultados eran una bomba de efecto retardado. Podemos salió celebrando a bombo y platillos sus 69 diputados. Palinuro lo advirtió esa misma noche en un post titulado "Todos pierden menos los catalanes" y en el que se decía que los líderes de Podemos creen que, con 42 diputados son alguien. Sus fieles más pelotas (por ejemplo, García Ferreras, de la Sexta) suman a los 42 diputados propiamente dichos de Podemos, los 27 más de las confluencias, o sea, los de Beiras, Ada Colau y Mónica Oltra. Y eso es mucho sumar, además de que, con 69 escaños tampoco pintan gran cosa. Y la bomba estallaría con la constitución de los grupos parlamentarios, como ha sucedido.

II.- Podemos sabía que las franquicias no podrían constituir GP propios. Lo dijo Bescansa meses antes de las elecciones. Pero no les importó. Todos estaban a aprovecharse de todos (Podemos de los partidos locales; los partidos locales de Podemos) y esperaban luego forzar la mano en el Congreso.

III.- El Reglamento de la Cámara, que es taxativo, activó la bomba o pinchó el globo. Todo era mentira. El propósito de Iglesias de quedarse señor de un grupo único de 69 diputados saltaba por los aires. La superchería, al descubierto. De ahí su desproporcionada reacción. No solo no podía cumplir su promesa sino que se veía que ya sabía que no podría cumplirla cuando la hizo.  

IV.- Los innúmeros intentos de hacer alguna chapuza que permita mantener la patraña de los 69 diputados no han servido de nada. La realidad se impone: un grupo de Podemos, con sus 42 y los que se vayan de las franquicias (ocho o diez)  y los demás, tendrán que incluirse en otros grupos  o irse al mixto o formar uno único propio si reúne las condiciones. La desbandada ha comenzado ya.

V.- ¿A qué recuerda eso? Está clarísimo, al negociado habitual de IU, en donde siguen los referentes intelectuales de los líderes de Podemos, según su propia confesión. Por eso, la persecución a que los morados han sometido a los dos diputados de IU hasta el último momento tiene un carácter edípico muy fuerte.

VI.- La acariciada (y asimismo oculta) intención de Podemos de ir a nuevas elecciones porque, en el fondo, lo que pretende es el sorpasso del PSOE ya no está tan clara. Pretendían repetir los comicios culpando a los socialistas de todo, incluso de que ellos no puedan incumplir el Reglamento y contaban con que les saliera bien. Pero los territorios se les han sublevado, su patraña ha quedado al descubierto y es altamente improbable que puedan repetir las confluencias en ellos. Es decir, si van a nuevas elecciones no ganarán; perderán. Y esta vez, no podrán disimularlo.

VII.- En definitiva, ¿a qué ha venido Podemos? A dividir más a una ya exhausta y fragmentada izquierda y hacer más posible un gobierno de la derecha. Como siempre. 

VIII.- Al final habrá unas elecciones que nadie quiere pero de las que, paradójicamente, puede salir beneficiado el partido al que los sondeos auguran peor resultado: el PSOE. Tiene bemoles. Hasta en eso mantiene el antiguo partido de Pablo Iglesias (el de verdad) la centralidad política. Y por ello quiere el nuevo partido de Pablo Iglesias (el del plagio) ocupar su sitio.