Mostrando entradas con la etiqueta Sociología.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociología.. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de octubre de 2009

La felicidad ¿también es líquida?

Bauman, uno de los sociólogos vivos de mayor fama mundial dedica una obra a un tema sempiterno de la ética, el de la felicidad o cómo alcanzar la vida buena y lo hace a su líquida manera, es decir de modo no sistemático, diversificado y hasta un poco confuso. Admite desde el principio que de la felicidad sólo cabe decir con confianza y sin despertar oposición "que la felicidad es algo bueno, deseable y apreciado. O que es mejor ser feliz que infeliz. Pero estos dos pleonasmos son prácticamente todo lo que puede decirse sobre la felicidad con completa seguridad." (p. 38) Aun así tampoco estaría yo muy seguro. Habría que forzar estos enunciados para que encajaran en el mundo de los masoquistas. En todo caso y admitiendo que sea lo único que cabe decir sobre tan escurridizo tema, lo cierto es que Bauman le dedica un libro (Zygmunt Bauman. El arte de la vida. De la vida como obra de arte Barcelona, Paidós, 2009. 173 págs). Muy desigual y con propuestas de muy variada naturaleza, pero un libro al fin y al cabo.

En la obra viene habiendo tres hilos conductores que a veces se entremezclan: uno es la configuración de la felicidad en la sociedad contemporánea de estructuras líquidas y propensión al consumo; otro la idea de que vivimos nuestras vidas como obras de arte; y el tercero y final, que la vida buena se encuentra en algún lugar intermedio entre las diatribas nietzscheanas en contra de los hombres vulgares y los cristianos y el sentido de la responsabilidad hacia el "otro" de Emmanuel Lévinas. Es decir, como si se tratara de tres enfoques para una misma cuestión, el sociológico, el ético/estético y el filosófico.

En cuanto a la felicidad en la sociedad de consumo la propuesta baumaniana, acorde con su concepción de la liquidez posmoderna, es que hay una especie de construcción social de que la felicidad se halla en el consumo. Bauman es fiel a sus orígenes. Recuerdo que el primer libro que le leí, allá por los años setenta, antes de que hiciera el descubrimiento de lla posmodernidad líquida, fue un estupendo ensayo sobre hermenéutica. En dicha construcción el planteamiento que hacen las grandes empresas a través de la publicidad trata de conseguir que, como la felicidad se confunde con su búsqueda, la relación del hombre con el consumo esté orientada a presentar en efecto la felicidad como una búsqueda permanente que encuentra su correlato en la continua oferta mercantil de nuevos productos. Hay un consumo compulsivo movido también por la prevista obsolescencia de la marca (p. 22). No es un punto de vista muy original pero no está de más que se recuerde y que se extraigan las últimas consecuencias de la crítica al consumismo.

La cuestión ética y estética de que debemos vivir nuestras vidas como obras de arte supone un salto de envergadura desde un espíritu descriptivo a una especie de propuesta normativa que no resulta muy convincente. Una obra de arte es una plasmación objetiva de un impulso creador en la infinita escala del genio que se expresa a través de determinados medios. De todas formas esa vida que se vive como una obra de arte presenta numerosas insuficiencias. La más importante de todas, creo colegir, es la inevitable tendencia de las personas a ir por la vía más fácil y escurrir el bulto ante las dificultades y a concentrarnos en nuestra propia pequeñez. Por eso cita con aprobación a Gilles Lipovetsky cuando éste escribe en su estudio sobre el individualismo contemporáneo que "la cultura del sacrificio ha muerto. Hemos dejado de reconocernos en todo tipo de obligación de vivir por algo que no sea nosotros mismos." (p. 54)Es más, añado, toda la teoría dominante en las ciencias sociales, desde la economía a la sociología, basada en la elección pública gira en torno a la idea del hombre como egoísta racional. Tengo tendencia a creer que esta expresión, moneda de circulación universal en el discurso contemporáneo y que todo el mundo parece aceptar sin más de "egoísta racional" es en el fondo un oxímoron. Pero esto nos apartaría ahora del libro de Bauman.

Poco arte también cabe en la aversión contemporánea a la condición de incertidumbre de la existencia. Precisamente la orientación hacia el terreno de las utopías que parece retornar con fuerza en los últimos años obedece a una misma obsesión: eliminar la incertidumbre, acuñar un mundo -tal es en el fondo el de las utopías-articulado a base de certidumbre (p. 61). Una ojeada somera al mundo contemporáneo muestra que, en efecto, la certidumbre que es también la esencia misma de las clases medias no tiene nada que ver con el arte que se mueve en el terreno de lo incierto.

La tercera cuestión la especie de juste milieu entre la exaltada visión nietzscheana del "superhombre" como el ser superior, noble que, etimulado por su voluntad de poder, desprecia a la gente pequeña y mediocre y la idea fundamental de Lévinas de que solamente somos en la medida en que somos para otro y que es la existencia de este otro la que da sentido a la nuestra se me antoja un ejercicio de retórica discursiva o una concesión a las convicciones y autoimágenes éticas de la época. La sucinta exposición que Bauman hace de Nietzsche a partir del Ecce Homo y Así hablaba Zaratustra está presidida por un acuerdo fundamental con el filósofo que Bauman no puede evitar, como cuando dice que vivimos nuestra vida como una obra de arte queramos o no, lo sepamos o no. De igual modo, la Umwertung aller Werte nietzscheana le resulta convincente quiera o no. Decir que equidista del sentido de la responsabilidad de Lévinas, que Nietzsche vería como una recaída en el mundo de los seres viles, no es más que una forma de hablar.

En realidad sí que cabe decir algo más sobre la felicidad, aparte de los pleonasmos a que se refiere Bauman y es el famoso apotegma que suelen citar los filósofos y dramaturgos griegos de la edad de oro: "Nunca digáis de alguien que fue feliz hasta que haya muerto".

jueves, 16 de julio de 2009

¡Cómo somos los españoles!

Los datos del último barómetro del CIS, mes de junio, tienen rasgos de radiografía nacional, de la tribu, rasgos que todos conocemos, de los que a veces nos avergonzamos, pero que sólo acabamos por creer cuando los vemos negro sobre blanco. Sin ir más lejos, somos un pueblo de hipócritas o algo peor ya que el 76,1 por ciento dice ser católico pero a misa con la frecuencia requerida sólo va el 17,1 por ciento. Y aun esta cantidad es exagerada ya que los mandamientos de la Iglesia ordenan ir todos los domingos y fiestas de guardar y un 14,6 por ciento afirma ir casi todos los domingos y fiestas, mientras que un 57,8 por ciento reconoce no ir casi nunca. Y casi nunca, dada nuestra propensión a la mentira, quiere decir nunca. Unos católicos que no pisan la iglesia y cuyo cumplimiento del resto de preceptos religiosos será similar quiere decir un pueblo de hipócritas o de pancistas que se definen como algo que no practican probablemente por simple pereza mental.

Pereza mental que, no haya cuidado, no se sacuden leyendo. Un 21,2 por ciento dice no haber leído un libro nunca y un 18,2 por ciento casi nunca. En total, un 39,4 por ciento que, recordando lo que mentimos, ya será un 50 por ciento, no lee un libro así lo aspen. Este porcentaje sube a un 42,4 que no lee revistas nunca o casi nunca y baja a un 24,8 entre los que no leen casi nunca periódicos, cifra que tampoco me creo del todo y la atribuyo a que no leer libros no está mal visto del todo pero no leer ni periódicos ya parece demasiado. Un país que no lee pero en el que el 98,1 por ciento (o sea, casi todos) creen que ¡"se debe fomentar la lectura"! ¿Para qué diantres querrá fomentar la lectura gente que no lee?

No lee, pero tiene la nariz metida en algún tipo de pantalla: televisión, ordenador o videojuego. Según el último EGM, los españoles pasamos unos 227 minutos diarios ante el televisor. O sea, casi cuatro horas diarias. Un país en el que el 21,9 por ciento aduce falta de tiempo para leer. Falta de tiempo y dedica casi cuatro horas a ver la tele. O a navegar por internet. El 62,8 por ciento dice que se conecta a internet diariamente. Me da la impresión de que aquí la mentira es oceánica. El último EGM de internet reconoce un 38,2 por ciento de usuarios "ayer". La medición no coincide exactamente con la frecuencia de uso pero la encuentro más realista que la del CIS. Obviamente, queda mal decir al entrevistador que uno no navega.

Acerca de la propensión de los españoles (y, supongo, de los demás pueblos) a mentir da cuenta el mismo barómetro de junio del CIS. Preguntados los encuestados qué hicieron en las últimas elecciones generales de marzo de 2008, el 78,9 por ciento afirma que fue a votar y votó. Sin embargo, la participación real en aquellos comicios fue del 75,3 por ciento. Si se miente en el ejercicio del derecho del voto qué no se hará hablando de navegar por internet o de ser católico, ambas cosas mucho más etéreas.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 27 de junio de 2009

Miscelánea.

El último número de la revista Sistema (nº 210, Madrid, mayo 2009, 143 págs) trae varios artículos de diversa temática y desigual valor.

El primero, de Andoni Eizagirre (Las nuevas iniciativas europeas sobre ciencia y sociedad) es un interesante trabajo sobre el modo en que se articulan las políticas públicas de orientación y fomento de la ciencia y la tecnología en Europa. Las políticas públicas en materia de ciencia dependen en gran medida de la percepción social de la ciencia y del nivel de legitimación social de las políticas científicas (p. 4). El estudio Eurobarometer 55. 2 Europeans, Science and Technology, del 10 de mayo al 15 de junio de 2001, puso en guardia frente a los riesgos del déficit de conocimiento (p. 8) y el de confianza (p. 9). La situación obliga a distinguir dos dimensiones distintas: la técnica y la moral de la ciencia. Actualmente hay nuevas iniciativas; en concreto, tres: a) un mayor control de los expertos; b) la apertura y coordinación de nuevos espacios de investigación, y c) el acercamiento de los temas científicos a los ciudadanos (p. 12). Hay una paradoja en Europa: los ciudadanos esperan que los políticos resuelvan los problemas de la sociedad, pero no confían en las instituciones ni en los políticos. En el White Paper on European Governance, la Comisión europea plantea cuatro cambios generales: 1) fomentar la participación y la apertura;2) mejorar las normativas, las políticas y los resultados; 3) mejorar la gobernanza mundial; 4) detallar una política estratégica global. A su vez, hay cinco principios de buena gobernanza, comunicación activa, participación, responsabilidad, eficacia y coherencia. Estos dan luego origen a seis funciones principales para reconfigurar las relaciones entre la Unión Europea y la sociedad civil: las funciones de los expertos, la obligaciones de las instituciones, etc. Cara al futuro, el autor enumera varias medidas que deben debatirse en relación con políticas científicas: 1) medidas para mejorar las relaciones entre expertos, políticos y ciudadanos; 2) los criterios básicos para cubrir el cargo deben ser numéricos y plurales; 3) el logro de los objetivos requerirá que se aborde una serie de reformas desde la guía de la selección de experto. (p. 20).

Antonio Martínez (Para una crítica de las teorías de los recursos humanos y la reconstrucción de una sociología del hecho económico) hace una lectura crítica del paradigma de la teoría económica dominante en el campo de las teorías sobre el paro en la obra de Gary Becker estructurado en tres momentos: a) presentación y crítica de las teorías del capital humano de Gary Becker; b) presentación de algunas teorías que rivalizan con ellas o las matizan; c) lectura alternativa del hecho económico y laboral a través de la obra de Pierre Bourdieu (p. 24). La teoría de Becker nace de la teoría económica pura del equilibrio general (p. 27) con tres asunciones: 1) que haya un sistema de precios que asegure el equilibrio entre oferta y demanda en todos los mercados; 2) que se realice espontáneamente; y 3º) que sea estable (p. 28). La teoría de los "recursos humanos", de Gary Becker se incardina aquí en el campo de las teorías de la oferta (p. 29). Maurice Allais hace una crítica al paradigma del pensamiento neoliberal en economía que considera demasiado centrado en la búsqueda de un rigor formal, apriorísitico (p. 33). Blaug y Piore también son críticos y, desde el punto de vista marxista, Bowley y Gintis. (p. 35). La propuesta alternativa de P. Bourdieu la extrae el autor de tres fuentes: El oficio de sociólogo, el artículo Avenir de classe et causalité du probable y las Estructuras sociales de la Economía. En definitiva, para Bourdieu las predisposiciones universales para el comportamiento económico racional no son más que una forma de etnocentrismo, basada en una simplificación de los espacios e historia (p. 37). Bourdieu tiene un sistema sustitutivo de conceptos: campo económico por mercado; hábitus por cálculo racional, illusio por inversión económica (pp. 40/41), capital cultural frente al capital humano, estructuración de varios tipos de capital frente al simplificador concepto de que siempre sea capital económico (p. 42). El artículo es contundente, a mi ver, en las críticas al paradigma de la teoría clásica pero no lo es tanto, ni muy convincente, en la capacidad del modelo alternativo Bourdieuno para elaborar un modelo alternativo.

Gustavo Pereira (Auntonomía, intersubjetividad y consumo). El concepto de autonomía es clave en la Filosofía moral contemporánea (p. 53). Indaga la prolongación de la autonomía en autorreflexión en la obra de Harvey Frankfurt, Gerald Dworkin y Charles Taylor. Sitúa la autonomía en los requerimientos de la racionalidad práctica. Habermas dice que hay tres tipos de comportamiento racional y según las exigencias de la situación, darán respuesta en términos programáticos, éticos o morales (p. 57). La posibilidad de constitución del sujeto autónomo radica en lo que el autor llama la "fricción moral", esto es, la capacidad de experimentar circunstancias éticamente problemáticas como una disonancia al interés del conjunto de creencias del sujeto y que permite activar la lógica autorreflexiva (p. 59). Se trata de la introducción de la alteridad, el otro como alguien que tiene valor en sí y puede tener razón en un debate, lo que pone de relieve mi propio falibilismo. (p. 60) El paso siguiente es el concepto de colonización del mundo de la vida y, luego, del consumismo.

Manuel Martínez Nicolás y María Luisa Humanes, (La gestión informativa del debate sobre la guerra ) . Se trata de averiguar cómo intervienen los medios de comunicación en la construcción de una crisis internacional que puede resolverse por vía de guerra o diplomática (p. 72). La crisis del Irak comenzó a fraguarse el 11 de septiembre de 2001. Los argumentos centrales para justificar el ataque al Irak fueron la supuesta connivencia de Sadan Husein con Al Qaeda y la existencia de armas de destrucción masiva (adm) en el Irak (p. 76). Los autores han escogido ocho diarios de referencia en varios países europeos y en los EEUU y son: Washington Post y New York Times en los Estados Unidos, The Times y The Guardian en Gran Bretaña, Le Figaro y Le Monde en Francia y Frankfurter Allgemeine Zeitung en Süddeutsche Zeitung en Alemania. Uno más o menos conservador y el otro más o menos progresista. Se analizan los textos informativos y y los artículos firmados de opinión y se excluyen los editoriales (p. 77) Se demuestra que del Irak empezó a hablarse en la prensa en serio en agosto de 2002 (p. 81). Fue entonces cuando el Gobierno de los EEUU decidió promover una crisis internacional a cuenta de las adm y se publicó el documento sobre la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en donde se repiten los conceptos de "Estado canalla" y de guerra preventiva (p. 83). En el tratamiento de las adm en la prensa no se manifiestan dudas. Es la época en que Paul Kagan compara a los EEUU como el dios Marte y a la vieja Europa con Venus queriendo hacer una gracia e ignorando que precisamente Marte y Venus tuvieron una hija que se llamó, precisamente, Armonía. El auge del tratamiento mediático del conflicto viene determinado por la ofensiva discursiva del gobierno.

Antonio García Santesmases (La actualidad política del pensamiento de Pedro Laín Entralgo) es una pieza en la que se reivindica la figura de Pedro Laín Entralgo y, con él, la de los "exiliados del interior", entre otros, Tovar y Ridruejo. Es un punto de vista muy empatético. El autor se queja de que hay juicios muy negativos sobre estos autores, especialmente Laín. Es posible, aunque no sé si relevante. El propio autor da la impresión de olvidarse del título de su artículo en el que se habla del pensamiento de Padro Laín, pero no se prueba, a mi entender, que ese pensamiento sea "actual". La preocupación de Laín con el ser de España no es actual ni no actual sino que es eterno, el hobby de los españoles y su idea de la memoria es por completo insuficiente para relacionarla con la política de la memoria del Gobierno y el debate hoy en España.

miércoles, 24 de junio de 2009

Racismo, democracia y terrorismo.

El número 125 de la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (Madrid, CIS, enero-marzo de 2009, 206 págs.) trae unos trabajos de investigación empírica de bastante interés tanto por su metodología como por los temas que abordan y son de indudable importancia y actualidad.

Mª Ángeles Cea D'Ancona (La compleja detección del racismo y la xenofobia a través de encuesta. Un paso adelante en su medición) se encara con el conocido problema de cómo detectar las pautas de racismo y xenofobia, difíciles de medir en encuestas tradicionales dado el fuerte rechazo que suscitan y el poco deseo de los entrevistados de aparecer configurados como racistas o xenófobos. Para ver en dónde reside el problema la autora emplea técnicas analíticas multivariantes en muestras de análisis y validación para evaluar la efectividad de los indicadores tradicionales en las encuestas del CIS, que se comparan con otros "nuevos", aplicados en la Encuesta Social Europea de 2202 - 2003, que muestran mayor efectividad en la medición de algo muy importante como el rechazo a la inmigración. El racismo tradicional ha dejado paso al racismo cultural y al simbólico, aquel en el que el rechazo a la inmigración se justifica por sus efectos negativos para la identidad nacional allí en donde hay resentimiento por lo que se juzga como trato de favor al inmigrante (p. 19). De sus análisis extrae la autora cinco conclusiones principales: 1ª) la radiografía de las actitudes sobre la inmigración varía según los indicadores que se empleen, cómo se formule la pregunta. Cuestión que, por lo demás, es cierta para la medición de cualquier tipo de actitudes. 2ª) Los indicadores relativos a derechos sociales y de ciudadanía siguen influyendo en la gradación de actitudes hacia la inmigración. 3ª) Sería conveniente incidir no ya en la concesión de derechos a los inmigrantes sino en los factores de acción o discriminación positiva (p. 37) 4ª) Hay que optar por indicadores y preguntas que generen una elevada variabilidad en las respuestas sobre ejes discursivos predominantes en el rechazo a la inmigración como: a) temor a la erosión de la identidad nacional; b) miedo a la competencia por recursos escasos; c) relacionar la inmigración con la generación de problemas sociales. En definitiva, hay que innovar la metodología de la encuesta para reducir la incidencia negativa del sesgo de deseabilidad social.

Antonio M. Jaime Castillo (Actitudes cívicas y dimensiones de la ciudadanía democrática en Europa) atiende al curioso problema, muy de moda también, de la llamada "paradoja democrática", consistente en que mientras la democracia se extiende por el mundo entero, en las democracias modernas crece la desilusión con el proceso político democrático. Es lo que otros llaman el problema de los "demócratas desafectos". De lo que se trata aquí es de saber cuál es la concepción de la ciudadanía que tienen los ciudadanos democráticos (p. 49). En un repaso teórico recuerda que Held distingue cuatro teorías normativas de la democracia de las que se desprenden sendas concepciones normativas de la ciudadanía: la democracia clásica, la liberal, la tradición del republicanismo y la democracia directa (p. 50). A su vez Araujo distingue tres ideales normativos en el concepto de ciudadanía moderna: civismo, pluralismo e igualitarismo. En el debate contemporáneo se enfrenta una "democracia liberal" a una "democracia deliberante" que, según Cohen en la estela de Habermas, debe ser libre, razonada, formal, substantivamente igualitaria y cuyo fin sea llegar a un "consenso racionalmente motivado" (p. 51). Dentro de este marco, el autor parte de dos hipótesis con las que juega a lo largo del trabajo: a) la explicación de las concepciones individuales de la ciudadanía ha de buscarse en el sistema de creencias individuales de cada sujeto; b) o bien en la dependencia del sistema político y la percepción que los ciudadanos tienen de él (pp. 52-53). Se consideran las medias de importancia que los ciudadanos europeos atribuyen a los deberes cívicos que mencionan y las mayores diferencias no son entre países sino en la importancia relativa de cada cualidad cívica dentro de un mismo país. Aparecen así dos grupos de valores cívicos, aquellos a los que se atribuye más importancia (formarse una opinión independiente, obedecer las leyes, votar en las elecciones) y los de menos (participar activamente en política, ser activo en organizaciones voluntarias) (p. 54). Los primeros factores responden al modelo de ciudadanía liberal clásica; los otros a los de ciudadanía participativa (57) y de este modo llega al cuadro de la derecha que le permite clasificar a los ciudadanos en las cuatro opciones que tiene el cuadro entre compromiso normativo y compromiso comunitario. Se cruzan luego estos datos con diversos factores que afectan a la concepción de la ciudadanía como la disyuntiva izquierda-derecha" (p. 63), el sistema político, el comportamiento religioso (p. 64), el nivel educativo (p. 67), la ideología y la confianza generalizada. Del análisis multivariante y los resultados de las determinantes de orientaciones cívicas en Europa (en las dos formas de compromiso normativo y comunitario) hay varias consecuencias: 1ª) la mayor parte de la variabilidad del compromiso cívico (en ambas dimensiones) se debe al efecto de factores individuales. 2ª) Aunque hay diferencias de comportamiento cívico por confesiones religiosas, las más importantes son las que se siguen del agregado nacional. 3ª) El efecto del nivel de religiosidad es relativamente constante a través de las confesiones religiosas y de los países. Pero es. Una pieza importante de investigación que aporta mucho al renovado interés que despiertan los enfoques politológicos sobre el impacto de la confesión religiosa en el proceso político.

Enric Martínez-Herrera (Receptividad y extremismo nacionalista en el País Vasco (1977-2007): una evaluación multivariante) aplica está técnica al análisis de la forma española del terrorismo. La idea del autor es que la mitigación del extremismo nacionalista se explica por una combinación de una reestructuración substancial del Estado y unas políticas represivas de inspiración democrática, esto es, una sabia combinación de políticas receptivas y políticas represivas. En el orden teórico entre las receptivas se cuenta la teoría consocional de A. Lijphart, el federalismo, las cuestiones distributivas y la democratización (p. 87). Recuerda el autor que la organización de ETA es un sistema de círculos concéntricos y su época de mayor mortalidad entre 1978 y 1981 (pp. 90/91). En la política receptiva concede la mayor importancia a la descentralización política y para operacionalizarla desarrolla una medida del porcentaje del gasto público regional sobre el total del gasto público correspondiente al País Vasco, que es un indicador proxy, útil para medir el grado de descentralización del País Vasco en relación con otros (p. 94). Para el estudio de la evolución de la violencia recurre a un análisis empírico multivariante que modeliza las variaciones anuales en los asesinatos de ETA y en el rechazo de los habitantes del País Vasco a la comunidad política española (p. 101). También mide los efectos de las políticas represivas. En opinión del autor el extremismo nacionalista vasco ha disminuido mucho en los últimos 25 años en gran parte debido a la descentralización política (p. 109) y en parte a una mayor eficacia policial (p. 110). En todo caso, yo daría mucha más importancia a la mayor eficacia de la policía. Al fin y al cabo, la descentralización política vasca, que es amplísima, no ha variado sustantivamente en estos 25 años, en parte porque, como pasa con los fueros, proviene de tiempos preconstitucionales y en parte porque, para mal o para bien, todos los gobiernos españoles se han resistido a concluir las transferencias del Estatuto de Gernika. De ahí que haya presiones en favor de la reforma del Estatuto y presiones para dejarlo como está a la espera de la "gran consulta". En cambio, la eficacia policial no ha hecho sino aumentar en los últimos veinticinco años. Junto a la eficacia policial no hay que echar en saco roto el giro en el enfoque judicial del terrorismo que ha coadyuvado sobremanera al declive de éste.

domingo, 21 de junio de 2009

El "conflicto".

¿Hay alguna sociedad sin conflicto? Si por conflicto entendemos cualquier situación en la que alguien pretende obtener algo que otro no quiere darle o alguien no quiere algo que otro pretende imponerle, la experiencia demuestra que el conflicto aparece con la humanidad misma y que hasta puede considerarse inherente al humano existir. Conflictiva es incluso la propia condición individual pues ¿acaso no estamos los seres humanos perpetuamente en pugna con nosotros mismos? ¿No somos el territorio en el que libramos nuestras más denodadas luchas para mejorar o empeorar, en definitiva, para ser distintos o perseverar en nuestro ser contra fuerzas adversas?

Hace unos días que falleció Ralph Dahrendorf, uno de los principales representantes de la teoría del conflicto como clave explicativa de la Sociología. Entre nosotros, el más destacado es Salvador Giner. Los teóricos del conflicto (Marx, Coser, Lipset, amén de los citados) sostienen que el conflicto es el rasgo característico de la sociedad. Y una simple ojeada en torno nuestro prueba que, cuanto más avanzada y compleja es ésta, más y más complejos son los conflictos que la dividen y enfrentan internamente. Decir sociedad es decir conflicto; decir vida misma es decir conflicto. Sólo la perspectiva de la entropía máxima permite visualizar la ausencia del conflicto, que es la muerte. Las sociedades sobreviven a base de administrar los conflictos en su seno. A veces, estos pueden resolverse; a veces, no. En tal caso, las sociedades avanzadas establecen mecanismos que los canalizan civilizadamente, de forma que mitigan o anulan su potencial destructor.

Siendo así lo anterior, ¿qué sentido tiene que haya gente que pretexte la existencia de un conflicto (añaden "político", como si esto explicara algo) para aclarar si no justificar los atentados y asesinatos perpetrados por unos delincuentes en el País Vasco? ¿Acaso es la única sociedad en la que se da un conflicto? ¿Acaso la sociedad vasca no tiene más conflicto que éste? La obvia respuesta en ambos casos es "no". Ya se ha dicho, todas las sociedades tienen conflictos y varios, generalmente solapados: conflictos de clase, de género, de hábitat (rural/urbano), confesionales, de edad, de etnias, etc. Y, por supuesto, en la sociedad vasca también hay varios conflictos, uno de los cuales es el que se da entre vascos partidarios de la independencia y vascos que no lo son.

A título de breve digresión diré que la frecuente calificación del conflicto vasco como "conflicto entre Euskadi y España" es un intento de falsear los datos; el "problema vasco" no es única ni siquiera principalmente un "problema español" sino ante todo y sobre todo un "problema vasco" o un "problema entre vascos".

En Euskadi, por tanto, como en todas partes, hay varios conflictos y todos se resuelven o se institucionalizan con bastante éxito. ¿Por qué no el conflicto nacional? Cabría pensar que porque éste, por su naturaleza, no es susceptible de institucionalización ni de solución pacíficas sino que sólo puede solventarse a tiros y mediante la imposición absoluta de una parte sobre la otra. Pero esto no es cierto porque, aunque haya sociedades en que se da tal forma de encarar el conflicto nacional, como Irlanda (y aun aquí el asunto es muy dudoso ya que se mezcla un elemento religioso que todo lo confunde), hay otras, y son más, en las que estos conflictos se canalizan pacíficamente, como en el Canadá, en Italia, en Inglaterra, en Bélgica, y, más cerca todavía, en la misma España, en Cataluña.

Afirman los pistoleros de ETA y quienes los "comprenden" en la izquierda abertzale, que el problema en Euskadi es que una de las partes se niega a reconocer la existencia del famoso conflicto, lo cual vendría a explicar por qué es preciso demostrárselo a bombazos. Aunque fuera verdad este aserto -que no lo es- ¿son precisos los bombazos para hacerse notar? ¿No basta con hablar? Pero es que, además, ese punto de vista es falso. Nadie en su sano juicio puede negar la existencia de un conflicto allí donde por su causa hay muertos, presos, secuestrados, extorsionados, amenazados y afectados de mil formas. Lo que sucede es que, por mor de la simplificación, algunas personas dicen que "no hay conflicto alguno" cuando quieren decir que no están dispuestas a admitir que pueda encararse bajo la amenaza del terror. Lo cual no solamente es comprensible sino encomiable. Quienes aseguran que (por la razón que sea) un conflicto sólo puede resolverse a tiros muestran una forma de razonar típicamente totalitaria ya que al arrogarse la razón última, absoluta, tratan de imponerse por entero a la otra parte (así como a los intermedios, indiferentes, dubitativos, etc) estableciendo un orden social sin conflicto, es decir, muerto.

(La imagen es un cuadro de Vasily Vereschagin, titulado La apoteosis de la guerra (1871) que se encuentra en el Museo Tretiakov, en Moscú.)

jueves, 23 de abril de 2009

La mirada de las otras.

Me ha gustado mucho este libro de María Antonia García de León (Rebeldes ilustradas. (La otra transición), Barcelona, Anthropos, 2008, 219) y me ha gustado no solamente por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta y ello sin perder de vista que esta proximidad entre el fondo y la forma es precisamente parte del programa de acción de la autora que la reivindica como algo propio de la perspectiva de género, esto es, la idea de que cabe hacer trabajo cientifico-social rompiendo con los moldes metodológicos, racionalistas, despersonalizados y pretendidamente objetivos de la tradición androcéntrica en este quehacer; que puede plantearse una perspectiva no menos rigurosa que parta de la idea de que "nada es objetivo" (especialmente en ciencias sociales) (p. 179), que lo "personal es político" y que, gracias a lo que llama la "fuerza de la escritura del yo" (p. 178) puede sostenerse que lo biográfico, esto es, la narración de lo vivido, es epistemológico, que la biografía es epistemología (p. 182). Por ello, en busca de su finalidad que es hacer una aportación a lo que llama la "herencia intelectual feminista" que permita rescatar históricamente a la mujer de su invisibilidad tradicional (p. 181) plantea su trabajo como una serie de cinco entrevistas en profundidad a otras tantas mujeres más o menos de la misma generación (nacidas entre 1943 y 1947) para hacerles hablar y reflexionar sobre sus vidas de forma que brote así ese elemento autobiográfico subjetivo que es el único que tiene dignidad en la posmodernidad. No cabe olvidar que, para la autora, las mujeres son posmodernas porque 1) han sido las afuereñas tradicionales del modelo escolástico, racionalista y positivista tradicional; 2) son las recién llegadas a la cultura científica; y 3) porque el molde académico androcéntrico suele ser ajeno a las necesidades femeninas (p. 183).

La verdad es que, como se ve por las páginas citadas, la autora incluye estas consideraciones al final del grueso del trabajo de campo, como una especie de reflexión consecuencial de lo que se acaba de leer y hace bien porque ayuda mucho al/a lector/a a hacerse una idea sobre la interpretación del aluvión de vivencias personales por el que acaba de pasar. Pero como una reseña no es el libro propiamente hablando, sino una interpretación de él, ésta las pone por delante a los efectos de dar cuenta más razonadamente del contenido de la obra.

Para las cinco entrevistas en profundidad, que trazan una especie de historias de vida sucintas, García de León ha buscado cinco mujeres profesionales de la Universidad con conciencia política y conciencia de los problemas de género. Lo que pretende transcribiendo esas cinco interesantes conversaciones es poner de manifiesto, como dice ella misma en una especie de prefacio, que, aunque el femenismo y la transición democrática debieran ser "conceptos complementarios", según razona la profesora Radcliff en un preprólogo, en la narrativa historiográfica de la transición española tanto el movimiento de las mujeres como el feminismo son marginales; no hubo un modelo femenino claro de la ciudadanía democrática en la transición entre otras cosas porque por entonces todavía la palabra "feminismo" tropezaba con muchos prejuicios, excepto entre las gentes más jóvenes (p. 24).

Las cinco mujeres escogidas para las entrevistas son: Celia Amorós, filósofa, la propia María Antonia García de León (que se autoentrevista), socióloga, Paloma Gascón, psicóloga e Isabel Morant y Pilar Pérez Fuentes, ambas historiadoras. Lo que persigue en todos los casos es explicitar esa idea de que lo personal es político y que las narraciones expongan no solamente la transición democrática que ellas vivieron como fenómenos social sino también la transición en que se encontraron vitalmente.

Las cinco historias son muy variadas, como era de esperar, y reproducirlas aquí, cosa que sólo podría hacerse esquemáticamente, resultaría injusto y empobrecedor. Animo al lector (si es lectora, también, pero por otros motivos), sobre todo si es de la generación de las que hablan, que es la mía asimismo, a recorrer estas narraciones pues lo hará con creciente asombro, regocijo y, por supuesto, gran provecho. Le ocurrirá lo que a mí: irá descubriendo sus propias experiencias matizadas con una sensibilidad distinta, por una mirada ajena, una mirada de alguien que estaba entonces, en aquellos años (de los que la autora habla repetidamente en términos ditirámbicos, extasiados (pp. 58 y 79), en los mismos afanes pero tenía puntos de vista divergentes de los de uno. A veces se reconocerá en los retratos que las entrevistadas trazan de sus compañeros, amigos, novios, maridos, a veces, a fuer de honrados, en los negativos y también, cómo no, en los positivos.

Las historias, insisto, son muy diferentes y se da amplia variedad de situaciones que encajan mejor o peor en el famoso modelo dicotómico de "herederas" y "heridas" que la autora desarrolló hace tiempo en otra obra, en función de cómo emprendieron el camino de su autorrealización por referencia a sus ejemplos familiares. Ciertamente, son muy distintas, pero todas tienen un elemento en común: para ninguna fue fácil. En uno u otro momento de los respectivos relatos se toca un punto en el que el/la lector/a tiene que ver que allí hubo una crisis, un desconcierto, una alteración, una dificultad más o menos prolongada en el tiempo: una ruptura difícil con el ambiente familiar, otra aun más difícil con un novio machista, una experiencia amarga con la militancia (siempre a causa de su condición femenina), un disgusto en la vida laboral, una frustración, maternidades a destiempo, elecciones angustiosas. Las mujeres lo han tenido más arduo. Mas arduo ¿el qué? El simple hecho de vivir la juventud en aquellos años sesenta y setenta en que todo era posible: el estudio, la amistad, la militancia, el amor, los descubrimientos de viajes externos e internos, la autorrealización y todo para acabar después sintetizando experiencias en puestos de "responsabilidad profesional". Ellas lo consiguieron también, pero se dejaron más pelos en la gatera.

He encontrado muy curiosa la gran variedad de actitudes respecto al sexo que es tan importante en esos años de la vida, desde la que se encama con el primer novio que tiene apenas llegada a la mayoría de edad, quizá antes, hasta la que accede virgen al matrimonio ya avanzada en la veintena. Entre los hombres ese aspecto es de mucho momento y tiende uno a pensar que quizá no lo fuera tanto entre las mujeres a las que supone, contra toda lógica, más atenidas a un patrón único. No hay tal ni de lejos y el sexual es un territorio tan importante para unos como para otras. Sobre todo por el hecho de que, en aquellos años, apareciera mezclado con convicciones y prácticas políticas que lo convertían en algo de difícil pero en modo alguno baladí experiencia, como en los casos de las ocasionales comunas.

Creo haber entendido en estas historias que esa impresión que yo tengo de aquellos años en el sentido de que constituyeron una liberación en muchos territorios, intelectual, familiar, estético, político, sexual, vital, lo fue asimismo para las mujeres pero, dado su punto de partida de subordinación, lo fue por partida doble.

Aspectos que me llaman la atención: la escasa importancia que en la narrativas parecen tener las drogas. Casi todas las entrevistadas minimizan sus experiencias con ellas hasta reducirlas a una nimiedad y eso en una época en que gran parte de las experiencias vitales, como los viajes, las relaciones colectivas y de parejas, y, desde luego, las lecturas, (Baudelaire, Artaud, Huxley, De Quincey, Castañeda, Cocteau... Borroughs, etc) estaban directa o indirectamente relacionadas con las drogas. En especial aquellas entrevistadas que pasaron por los Estados Unidos de Timothy Leary y Abbie Hoffman, parecen no haber tenido ni siquiera curiosidad alguna por el planeta psicodélico, lo que resulta extraño porque formaba parte de aventuras iniciáticas de cierto riesgo.

Otra carencia que quizá sea también significativa de dos formas distintas de entender la militancia, el compromiso, etc, es la de los debates sobre el posible uso de la violencia. Según parece ninguna en ningún momento se planteó, siquiera como remota posibilidad, acudir a la violencia, cosa que, sin embargo, que yo sepa, no era ajena a muchas de las discusiones de la extrema izquierda de entonces. La única que, por casualidad, parece haber ido a parar cerca de un acto (ajeno) de violencia es Paloma Gascón que cuenta cómo el día del asesinato de Carrero Blanco ella estaba allí cerca, en la calle de Serrano 100, muy próxima, en efecto, a la iglesia de los jesuitas en cuyo patio trasero cayó el coche del Almirante. Me ha hecho gracia porque esa era la casa de mis abuelos; bueno, la que había antes en ese solar donde hoy ha establecido sus reales un afamado peluquero.

Quizá en conexión con lo anterior observo que, aunque todas han militado en grupos y partidos de izquierda (MC, UCE, PCE, etc) y aun siendo todas universitarias, ninguna menciona alguna organización estudiantil como la FUDE y ninguna de ellas, al parecer, fue detenida ni pasó por la cárcel. Como hubo algunas mujeres que sí lo hicieron, pienso que el relato se expandería bastante si se entrevistara también a alguna que lo hubiera hecho. Porque fueron minoritarias, pero no sabemos casi nada de ellas. En cambio, los hombres de mi generación casi damos tanto la lata con nuestras historias de cárcel como con las de la mili, que los dioses confundan.

En fin, como lo personal es político, me permito decir que, de todas las historias y de las cinco mujeres que las cuentan, la que más me ha interesado, conmovido y gustado ha sido la de Pilar Pérez Fuentes y esa escena de bailar en el balcón de su casa con una pegatina del PCE en cada pezón es magnífica. Es ella también la que habla de aquella otra moda que se vivió como audaz liberación de prescindir del sujetador porque, añade con una pizca de orgullo, ella tenía el pecho bonito y grande. Ciertamente, la minifalda y el braless fueron dos hitos de la revolución.

El libro se complementa con una minientrevista al final a Anna Caballé que apunta a una razón muy curiosa para responder a la pregunta que le plantea García de León de por qué es tan poco frecuente el género biográfico y autobiográfico femenino en España, que Caballé achaca a la influencia de Trento y la contrarreforma. Probablemente muy cierto.

En el capítulo de resumen que la autora pone al final y yo he adelantado, añade una a" modo de conclusión" que recapitula en seis apartados lo que considera que es el resultado de las entrevistas: a) las jóvenes de su generación dieron un golpe de timón a sus vidas; b) tuvieron que inventárselo todo; c) entraron de pronto en contacto con "la otra"; d) atravesaron el rígido filtro histórico del patriarcado; e) sn más libres que los hombres, más condicionados por la ideología; f) la bografía es epistemología (pp. 185-187). Esta relación sí que está esquematizada. Conviene ir al libro en el que la autora matiza bastante.

Por último, se habrá observado que casi de lo que menos se ha hablado en el libro ha sido de la transición. Enmienda García de León esta carencia encomendando dos capítulos más tradicionales a sendas estudiosas: Breny Mendoza, la transición en América Latina y María Amalia Rubio, sobre la transición en España.

Mendoza se desempeña brillantemente con algunas observaciones muy originales sobre la América Latina "poscolonizada, calibanizada" en la que la clase media, dice, mestiza o descendiente de europeos no quiso reconocer la particularidad de lo indígena o lo africano en América Latina (p. 164). De lo africano no sé, pero en cuanto al indigenismo, no estoy cierto de que esto haga justicia al indigenismo izquierdista de los años treinta en el subcontinente, al estilo de José Carlos Mariátegui, aunque puede que aquello estuviera instrumentalizado por el comunismo de la IIIª Internacional. Me ha parecido brillante su análisis acerca de cómo, terminado el modelo de las dictaduras militares, se produce la transición a través de las democracias electorales bajo la hegemonía gringa con el catecismo neoliberal de la globalización, la modernización del Estado, la privatización, la desregulación, los tratados de libre comercio y la transversalización de género, lo cual conduce a menos soberanía, menos esfera pública, menos cultura pública y una hecatombe social (p. 167) El neoliberalismo de los años ochenta y noventa es un simulacro de democracia para América Latina cosa que la autora detecta, entre otras cosas, en la instrumentalización institucional del feminismo y su ONGización (curioso término) (p.173).

La transición española es la tarea encomendada a Amalia Rubio, reconocida especialista en el tema, que presenta un análisis académico sintético pero pertinente. Plantea la cuestión de la naturaleza de la dictadura del general Franco hasta su momento final (p. 197) y analiza y enumera luego las fuerzas políticas que hicieron posible la transición: los reformistas y "liberales" del franquismo en colaboración con toda la oposición democrática antifranquista (p. 200). El resultado ha sido un avance espectacular del país en todos los órdenes. Que no está mal para terminar con una pequeña nota de orgullo este libro rebosante de experiencias y vivencias apasionantes de una generación.

jueves, 12 de febrero de 2009

Glu, glu, glu.

Palinuro me ha confesado hoy que, cuando deje la nave de Eneas por haber llegado a destino, quiere ser como Zygmunt Bauman, al que publican un librete como el presente (Múltiples culturas, una sola humanidad, Barcelona, Katz - CCCB, 2008, 62 págs) con un título casi más largo que el texto y compuesto a base de una conferencia impartida en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y una entrevista concedida a Daniel Gamper Sachse con tan grato motivo. Lo que no sabe el pobre Palinuro es que, para que eso suceda, tienes que ser un célebre sociólogo octogenario polaco y haberte distinguido en el campo de la teoría sociológica contemporánea con, entre otras, la aportación de la teoría de la posmodernidad líquida. O quizá sí lo sepa, dado que no es la primera obra de Bauman que reseña, pues ya lo hizo con Arte ¿líquido? (Es lo líquido lo que se desvanece) y Archipiélago de excepciones (El miedo al desorden) de donde deduzco que quizá anide en él, en Palinuro, cierta animadversión hacia el autor polaco residente en Inglaterra.

La tesis de Bauman en esta obrita es que las múltiples culturas son lo que hemos heredado del pasado y la humanidad única lo que nos proyecta hacia el futuro. En el centro, como pivotando, el concepto de frontera, concepto que quiere analizar señalando que en él anida una paradoja: la de que las fronteras pierden relevancia en el mundo global pero la ganan en nuestro fuero interno, psicológicamente, en cuanto muestran nuestra necesidad de resguardarnos y sentirnos seguros. Las fronteras sirven en el marco de los Estados nacionales pero estos a su vez pierden importancia de modo que "en nuestro mundo cada vez más globalizado, hay política local sin poder y poder global sin política (o sea, un poder sin limitaciones políticas)" (p. 18). Esta conclusión me parece brillante, pero no así su supuesto, ese de que los Estados nacionales están hoy obsoletos en el mundo globalizado que Bauman da por cierto y prácticamente todos aceptan siendo así que no lo es ni lo ha sido y ya veremos si alguna vez lo será. Tal superficial idea se predica siempre como si todos los Estados nacionales fueran iguales; pero no lo son. Hoy hay más de 190 de estas entidades en la tierra. Estado nacional es Zimbabwe y Estado nacional son los EEUU y sus respectivas fronteras no tienen nada que ver. Es posible (casi seguro) que las de Zimbabwe no tengan valor alguno, pero las de los EEUU o las de la Unión Europea son una realidad contundente. Que se lo pregunten si no a los mexicanos en Gringolandia y a los africanos en Europa. No quiero parecer tremendista pero esa teoría de la globalización está aún lejos de ser convincente y no un mero nombre-tapadera de la nueva forma de dominación mundial de las potencias occidentales. .

Hoy, dice Bauman, vivimos en la Unsicherheit. Utiliza el término alemán porque dice que no tiene buena traducción a otras lenguas ya que es un compuesto de incertidumbre, inseguridad y ausencia de protección. Me parece una manía pero no es cosa de discutírselo todo. Más graves se me antojan otras afirmaciones que repite siempre y son parte esencial de su teoría de la realidad líquida: que vivimos en la fragilidad y la indefinible duración de nuestras condiciones (p. 19). Eso, obviamente, no lo dirá por él que lleva sesenta años casado con la misma mujer y de ellos treinta y siete en la misma casa. Palinuro sostiene que quienes predican lo que no hacen o hacen lo que no predican no le merecen crédito. Yo, que soy un conformista burgués, lo tengo por menos grave. Sí puede llegar a molestarme, en cambio, que el señor Bauman se desplace a Barcelona a anunciar a los señores del CCCB como rasgo característico de la posmodernidad líquida que "todo cambia" (p. 21), cosa que ya dijo Heráclito de Éfeso, indebidamente llamado "el oscuro" hace veintiséis siglos sin que, por cierto, las cosas hayan dejado de cambiar ni un solo segundo desde entonces.

Me parece que a Bauman le ocurre lo que a Marx, que acabó proyectando sobre la totalidad de la historia humana las condiciones de lo que él llamaba el "modo de producción burgués". Podría ser verdad, si le echamos buena voluntad, que en los tiempos de la juventud del sociólogo polaco cada cual debía hacerse lo que Sartre llamaba un projet de vie y que eso servía para toda la vie, cosa que hoy no sucede pero sí (insisto), si le echamos buena voluntad, en el siglo XIX. Pero ¿qué sentido tenía, digamos, que alguien hiciera un projet de vie en la Francia de la Guerra de los Cien Años, cuando la vida humana -como, por lo demás, prácticamente a lo largo de toda la historia- pendía de un hilo que podía cortar cualquier cosa, una peste, una invasión, una guerra de religión, un terremoto, una sequía, el capricho del señor, la orden del Rey que, por ejemplo, te convertía en galeote de por vida cuando tú habías querido ser un honrado patán?

Entiendo que éste es el principal problema de la teoría de Bauman, esto es, el presupuesto de que la contingencia de la humana condición es rasgo distintivo de nuestra época cuando lo ha sido de toda la historia. De eso habla Hesiodo; de eso habla hasta el poema de Gilgamesh en el origen de los tiempos. Salvando este pequeño escollo, la verdad es que la teoría de la realidad líquida encaja bastante bien con la realidad contemporánea. Recoge Bauman una idea de Alain Peyrefitte de que los avances "sólidos" anteriores a nuestra época "líquida" se debían a que teníamos tres confianzas (en nosotros mismos, en los demás y en las instituciones) que ahora hemos perdido. Señala igualmente que nuestras ciudades condensan tres tipos de problemas: los globales (cambio climático, inmigración, etc), la contradicción entre libertad y seguridad y el hecho de que son laboratorios de soluciones locales a problemas globales. Es posible. Termina su exposición, por lo demás brillante, se ve que la tiene muy preparada, con la oposición contemporánea entre la proteofilia y la proteofobia, entre la mixofilia y la mixofobia.

Insisto en que la teoría de la realidad líquida puede aceptarse siempre que se le rebane la pretensión de aportar novedad alguna y como prueba final aduzco que precisamente el ejemplo que el autor pone remite al mito griego de Proteo. Se me dirá que si no es nueva para qué sirve y me atrevería a decir que para satisfacer nuestro ego de ser únicos en el universo. En ese sentido Bauman es una buena inversión.

La entrevista concedida a Daniel Samper Sachse tiene el interés de ser una especie de caldo concentrado de la teoría baumaniana de lo líquido. Está bien su precisión de que su idea de lo líquido viene a llenar la penosa laguna conceptual que habían dejado los partidarios de la posmodernidad dado que este concepto no significa nada al margen de algo distinto a la modernidad. La teoría de lo líquido especifica que, a diferencia de la modernidad (que fundía lo sólido para hacer otro sólido) la posmodernidad funde lo sólido para hacer lo líquido, lo que llevado al terreno de la acción social (que es el campo de pruebas de las ciencias sociales) quiere decir que ya nadie va por ahí diciendo que se resuelven los problemas para siempre sino solo a trozos y transitoriamente, en tanto surgen otros. Esto viene a ser la famosa piecemeal social engineering de Popper el venerable.

Por último, encuentro tierno que nuestro autor tenga tan alto concepto de nosotros mismos que nos haga únicos en territorios en que me malicio que somos del puro montón: en mayor grado que en otras épocas necesitamos que alguien nos ayude, alguien nos insufle seguridad entre tanta inseguridad (p. 44). Me parece que la caída del Imperio Romano de Occidente, la del de Oriente mil años después, la peste negra en Europa, la invasión sarracena, etc, etc, no debieron de ser epocas plácidas como el franquismo para el señor Mayor Oreja. Y eso por hablar de Occidente. El tiempo de los reinos combatientes en China, por ejemplo, tampoco.

En fin, hay una conclusión de la entrevista que los editores consideran tan importante que la llevan a la cubierta del libro y reza: "Si perdemos la esperanza será el fin, pero Dios nos libre de perder la esperanza" (p. 60). Dan ganas de tranquilizar a todos, al autor, al editor, al librero y hasta al lector. No cunda el pánico baumaniano: la esperanza, sabido es, es lo último que se pierde. Por volver a Grecia, recuérdese que es lo que quedó y sin escaparse en el fondo de la caja (que era una vasija) que Pandora abrió tan imprudentemente lo que permitió que un filósofo contemporáneo edificase su interpretación del marxismo sobre el Principio esperanza, elemento inherente a la naturaleza humana.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La democracia y sus achaques.

El número de noviembre de la revista Sistema(Madrid, noviembre de 2008, 144 págs.) a cuyo consejo de dirección pertenezco, si bien es una pertenencia casi honorífica porque todas las fatigas de dirigir las soporta José Félix Tezanos al habla con Elías Díaz, trae una serie de interesantes trabajos sobre cuestiones de teoría y práctica democrática.

Leonardo Morlino (¿Regímenes híbridos o regímenes en transición?) hace una propuesta de tipificación de los regímenes que no son enteramente democráticos ni enteramente autoritarios y que reciben muy variados nombres en los estudios, entre otros los latinoamericanos de democraduras y dictablandas, aunque este de dictablanda es nombre propio para los españoles ya que fue el que, muy ingeniosamente (aunque no sé si acertadamente a la vista de los resultados) se puso al gobierno del general Dámaso Berenguer, para distinguirlo del del dimitido general Primo de Rivera, Gobierno que tenía el encargo de organizar la transición a la normalidad constitucional, cosa que no logró. Por comodidad expositiva, tras repasar los índices de democracia Morlino se queda con el de Freedom House y el puñado de países que agrupa bajo la denominación de "parcialmente libres", entre los no libres y los libres. El PNUD tiene un índice similar ("democracias", "autocracias" e "intermedios") aunque basado en indicadores muy distintos a los de Freedom House. Sería interesante cruzarlos. El caso es que estos regímenes pueden tener orígenes muy distintos, esto es, venir de un sistema autoritario o de una democracia liberal entre otras formas, todas las cuales resultan en tres tipos: a) democracia protegida (cuando algún factor de poder interno o externo condiciona el gobierno); b) democracia limitada (cuando faltan alguno(s) factores esenciales a la democracia según la clásica definición de Dahl) y c) democracia sin ley. La evolución de unos en otros es la que se ve en la figura más arriba. Morlino pone nombres propios a los tipos, según podemos ver en la tabla de la izquierda. La inmensa mayoría de los regímenes híbridos son democracias sin ley. Y por útimo arriesga una predicción acerca de cómo serán estos casos. Porque no hay que olvidar que el campo específico de Morlino es el estudio de las condiciones de cambio y mutación de los regímenes políticos. Así que la clasificación para el "sesquidecenio" 1991-2006 (cuya imagen no reproduzco porque se me sale de la entrada) determina cinco posibilidades: "estabilización" (que, he de entender, es punto de partida), "en transición hacia la democracia", "en transición hacia el autoritarismo", "incertidumbre en el contexto autoritario" e "incertidumbre en el contexto democrático". La definición de autoritarismo que emplea es la de Linz. Para terminar por su orientación neoinstitucionalista, Morlino concluye que "En última instancia, lo que cuenta en los regímenes híbridos no es tanto la existencia de un legado o de actores con capacidad de veto sino "simplemente" la ausencia más o menos señalada del Estado. Cerca de la mitad de los regímenes híbridos es el resultado de la carencia de algunas instituciones." (p. 18) Proféticas palabras si tomamos el orden internacional por un régimen híbrido. Por lo demás repárese en la retórica de la pregunta en el título del trabajo (¿Regímenes híbridos o regímenes en transición?) y digo que es retórica porque se plantea como una disyuntiva falsa ya que son ambas cosas).

Manuel Montobbio de Balanzo (Nuevos paradigmas para la gobernanza global. Democracia-desarrollo-cultura-paz) aborda el problema de las vías por las que pueda darse una globalización de la democracia o democracia global pues no hace cuestión de la disyuntiva aunque sea claro que no es distuntiva baladí. Es un trabajo esencialmente normativo y a veces con enunciados simbólicos si no directamente poético-metafóricos como cuando dice que hay que explicitar los requisitos para conseguir esa gobernanza global y ello es porque lo que le importa es un "sistema de gobernanza global que permita la navegabilidad y navegación de la nave espacial Tierra destino futuro" (p. 24) . "Nave espacial Tierra destino futuro" suena a novela de Arthur C. Clarke. Por lo demás el trabajo destila optimismo. Señala que la abundancia de casos y estudios de transiciones ha dado lugar a una especie de subdisciplina que es la "transitología". Sí, eso se oye por ahí. De todas formas el autor está interesado en averiguar las etapas (no necesariamente cronológicas; son conceptuales) que puedan llevar a la democracia cosmopolita de David Held. Son las bases de los nuevos paradigmas: el cuarteto democracia-desarrollo-cultura-paz. Ha de entenderse que cada una de estas etapas tiene un brillante desarrollo teórico en el trabajo, que apunta a las interpretaciones más avanzadas de estos conceptos. Así, democracia (un derecho democrático cosmopolita al interior y al exterior), desarrollo (concepción de Amartya Sen de desarrollo como expansión de la libertad), cultura (multiculturalismo), paz (paz positiva). Uno lo suscribe por entero. La duda es si estos conceptos pueden convivir. Si el multiculturalismo es posible en paz o, lo que casi nadie quiere reconocer, si la paz es compatible con el desarrollo, dado que, hasta la fecha, por absurdo que parezca, lo que ha hecho progresar a la humanidad han sido las guerras. Aunque reconozco que aquí puede alguien enunciar la teoría de la "paz democrática".

Manuel Herrera Gómez y Rosa María Soriano Miras (El cambio social: aproximaciones a su estudio) traen un interesante trabajo que pretende encontrar una solución al dilema holismo/individualismo metodológico en la explicación del cambio social. Creen haberlo hecho con la teoría que proponen como la concepción relacional del cambio social que implica modificacioness teóricas de calado en tres campos distintos en la teoría del conocimiento: a) cambio en la concepción de la causalidad (del naturalismo al culturalismo); b) cambio en la concepción del tiempo (que será intersubjetivo en tres registros: intencional, simbólico y relacional); c) visión diferente de la contingencia (como relación entre determinismo e indeterminismo) (pp. 53/57). Así acuñan su definición de cambio social, que se produce cuando "las relaciones propias y específicas de una entidad social se forman con cualidades distintas de las precedentes, en función de una nueva relación originada entre los tres registros del tiempo (intencional, relacional y simbólico)." (p. 58) Ponen los autores el ejemplo del tránsito de la modernidad a la postmodernidad en perspectiva relacional (p. 60/65). Y, luego, como si quisieran remachar el clavo, repiten la definición cuando buscan el cambio social "como la emergencia de realidades sociales activadas por sujetos en relación en un contexto" (p. 64). Y de nuevo insisten, como si no se fiaran de su fuerza de convicción, al decir que su teoría relacional del cambio social "no confía el Verstehen ni a los estados subjetivos de los individuos ni a las modalidades estructurales, sino que entiende dicha comprensión como una acción recíproca". ( p. 65) Simpatizo y coincido con este punto de vista pero no puedo dejar de preguntarme: ¿qué tipo de teoría es esta relacional? ¿Superación del dilema holismo/individualismo? ¿Negación de él? Incluso cabe preguntarse si puede existir como tal y ello no sólo por la máxima escolástica del Tertium non datur sino por la propia naturaleza del objeto. ¿Qué tipo de sustancia es una relación? Claro, los más avisados dicen: substancia lingüística, por eso la acción es comunicativa. Pero ¿basta la comunicación para explicar el cambio social? El entendimiento relacional es complejo pero no supera los dos términos del dilema sino que los presupone.

Ignasi Brunet Icart, Francesc Vallas Fonayet y Ángel Belzunehui Eraso (Pobreza, exclusión social y género) aportan perspectiva de género a una zona de investigación en la que todavía no es habitual: el estudio de la pobreza que sufre un giro grande cuando se pone en relación con la perspectiva de género y se advierte el carácter estructural secular de la violencia sobre las mujeres en la sociedad patriarcal que garantiza el mantenimiento de la opresión capitalista sobre ellas (p. 77). En este territorio se han dado dos aproximaciones a la relación entre empobrecimiento y exclusión : a) la visión clásica de los años setenta que todavía se emplea en los análisis internacionales de la "feminización de la pobreza" y b) la visión más actual de involucrar la perspectiva de género porque hoy se sabe que es el género el que determina la división del trabajo (toda ella) y sus consecuencias (p. 80). No hay ensoberbecimiento en la idea por cuanto quienes la sostienen reconocen que el concepto de género viene internamente fragmentado (las mujeres negras frente a las mujeres blancas, etc) (p. 71) . El deterioro actual del trabajo tiene un fuerte componente de género (p. 83). Así concluyen los autores: "Concentración, feminización, descualificación son, actualmente, las principales características de los empleos a tiempo parcial, y ello en un contexto en el que la norma social de empleo keynesiana de integración y cohesión social va siendo sustituida por una norma de empleo precarizada y favorecedora de la vulnerabilidad" (p. 84).

Matía José Añón y Pablo Miravet (La Unión Europea y la integración social y política de los inmigrantes) presentan un buen balance de lo conseguido hasta la fecha en la UE en materia de integración de inmigrantes. La política europea de inmigración se plantea en el Tratado de Amsterdam (1997). La Comisión Europea acuña el concepto de "ciudadanía cívica" en noviembre de 2000 (p. 91), concepto que abordó con una visión holística, si bien sólo alcanzó a configurarlo como una situación intermedia entre el estatus del inmigrante y el ciudadano europeo de pleno derecho (p. 93). Otros órganos como el Consejo Económico y Social han dado una interpretación más avanzada o amplia por cuanto desvinculan el acceso a la ciudadanía de la UE de la necesidad de adquirir la nacionalidad de un Estado (p. 95). Pero esta interpretación más novedosa no ha tenido reflejo alguno en las normas y políticas de la UE, es un puro discurso (p. 96). En el aspecto normativo la UE se ha mantenido en sus trece con la Directiva de reagrupación familiar o la Directiva 2003/109 del Consejo de 25 de noviembre de 2003 sobre la definición del estatuto de nacionales de terceros países residentes de larga duración (p. 97). La propia Comisión ha reconocido en sus informes anuales que el balance de las políticas de integración es decepcionante (p. 100). La ciudadanía europea quedó restrictivamente definida en el Tratado de la Unión Europea de 1993 pero desde entonces el Tribunal de Justicia ha dado pasos hacia una interpretación más amplia y política de esta ciudadanía (p. 102). Los autores expresan su esperanza de que la actual redacción del artículo 8 del Tratado de Lisboa que dice que "la ciudadanía de la Unión se añade a la ciudadania nacional sin sustituirla" (p. 104), al substituir a la de 1993 que hacía a la ciudadanía de la Unión complementaria de la del Estado, permita avanzar hacia el establecimiento de una nacionalidad de la Unión independiente de la de los Estados (p. 105). Es dudoso pues ellos mismos admiten que habría que reformar los Tratados. O sea, que no podría imponerse sigilosamente.

Enrique Pastor (Ciudadanía, democracia y política social municipal) da cuenta de un trabajo empírico sobre participación política en materia de política social municipal en la región de Murcia con interesantes conclusiones. La teoría actual de la democracia suele valorar mucho las intenciones de participación política que tratan de alcanzarse normalmente en los Consejos e Institutos Municipales de Servicios Sociales que suelen operar en los municipios y en donde se facilita dicha participación (p. 114). Sin embargo, la política de participación ciudadana ha dependido mucho de la estructura, dinámica y voluntad del sistema político local (p. 114). Es la entidad local la que cuenta a la hora de implementar los procesos de participación (p. 115). Ésta se caracteriza por su pragmatismo, su generalismo y su pluralismo y tiende a contar con un número reducido de asociaciones prescindiendo de los individuos, de los colectivos sociales no organizados, etc, lo cual reduce la participación (pp. 116/117). Todo lo determina la autoridad, que canaliza la demanda de participación política según sus criterios (p. 121). El modelo de Consejos e Institutos no ha cumplido los objetivos de participación que se prometieron, no ha producido una profundización democrática y tiende a tratar a los ciudadanos como meros usuarios (p. 124) "Los Consejos e Institutos favorecen procesos de interacción entre los actores pero no garantizan por sí mismos, y de forma automática, una democratización en la construcción de las políticas sociales en el ámbito local, ni viceversa" (p. 126).

jueves, 6 de noviembre de 2008

La sociedad fragmentada.

El último número de la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (octubre-diciembre de 2008, CIS, Madrid, 2008, 282 págs.) trae una serie de trabajos sobre aspectos muy diversos de nuestra sociedad y tratados a mi entender con distinto nivel de rigor conceptual.

El ensayo de Manuel Arias Maldonado (La globalización de los movimientos sociales y el orden liberal. Acción política, resistencia cívica, democracia) es un muy interesante intento de comprender y explicar la creciente actividad transnacional de la acción colectiva a partir del hecho de que en buena medida los movimientos sociales globales son movimientos antiglobalización (p. 14). Este movimiento antiglobalización es fluido, diverso y difícil de entender con los parámetros clásicos de análisis de los movimientos sociales (p.22). Establece el autor una conveniente distinción terminológica entre las formas de los movimientos sociales: a) movimientos sociales transnacionales; b) movilización colectiva global; y c) movimiento social global, un movimiento social emergente que se nutre de la resistencia a la globalización. No estoy muy seguro de que la distinción entre b) y c) sea verdaderamente útil. Entra después Arias en la conexión entre los movimientos antiglobalización y la democracia representativa con el intento de aquellos de superar las instituciones de esta democracia (p. 29). En el límite el sujeto de la acción es la multitud que las instituciones liberales no pueden asimilar y que suscita la acción cívica global (p. 31). Este activismo cívico posee un factor sentimental muy fuerte que lo convierte en un estilo de vida (p. 34) Pero, señala el autor, corre el peligro de la asimilación mercantil de la cruzada antiglobal y lo ejemplifica con la paradoja del concepto situacionista de la sociedad del espectáculo de Debord al que se rechaza con los mismos instrumentos que denuncia (p. 36). No acabo de entender por qué ha de ser paradójico que al concepto debordiano le suceda lo que él dice que les sucede a los demás. Concluye Arias que la globalización de los movimientos sociales ha reforzado el proceso de su paulatina integración en el sistema político liberal (p. 39) lo que, aparte de oscurecer la distinción conceptual de que partía ya que no parece que movimientos sociales y movimientos antiglobalización sean cosas categóricamente distintas sino distintos momentos de la misma cosa, no dice nada que sea habitual en la dinámica social y deja sin explicar por qué la "integración en el sistema político liberal" haya de ser contraproducente ni siquiera.

José Ángel Bergua Amores (Diseñadores y tribus. Una aproximación sociológica a la creatividad en el ámbito de la moda) es un original ensayo de investigación cualitativa a base de entrevistas en profundidad hechas a diseñadores de la provincia de zaragoza y tribus del mismo lugar para tratar de averiguar algo desde un punto de vista sociológico sobre el proceso creativo de la moda. Apoyándose en Maffesoli, atribuye a las tribus los rasgos de querer vivir el presente, el fomento de la "religancia", la consideración de la vida colectiva como un teatro y la coparticipación estética de los sujetos (pp. 48/49) Los datos del universo de diseñadores que toma en cuenta para la muestra fueron la edad, el género, la situación profesional y la provincia así como el ámbito concreto de la actividad (p. 55). En las entrevistas en profundidad separa la faceta exotérica de la esotérica del acto creativo (p. 56). Todo lo cual le permite enumerar una serie de curiosas consideraciones que presenta como una "salida" o "exoducción" para alcanzar una mejor conocimiento de la creatividad. Son éstas: 1) la alta costura empezó en los ambientes aristocráticos y se ha ido popularizando hasta buscar inspiración en los ambientes "pobres"; 2) los jóvenes presentan dos tipos de diferencias: la differance de Derrida y la fragmentación; 3) los creadores tienen que montar espectáculos y escenificar para mostrar sus creaciones; 4) en las sociedades contemporáneas prevalece una heterogeneidad débil después de que la postmodernidad haya rescatado el concepto de multitud como más originario que el constructo de "Pueblo" y en el que se integran de preferencia los jóvenes; 5) cuando reaparece la creatividad estética espontánea de la gente se manifiestan los coolhunters y los diseñadores que cultivan el coolhunting con una función similar a la que tendría el Pueblo frente a la multitud; 6) la comprensión de la creatividad de los diseñadores puede hacerse por medio de metáforas que luego van complicándose, la de las tribus están mucho más alejadas de la imaginación sociológica, razón por la cual el diálogo entre élites o expertos es siempre más sencilla que con las gentes; 7) al juntar las reflexividades de los diseñadores, las tribus y la sociología se ve que los primeros (diseñadores y tribus) tienen un saber hacer, pero no un conocimiento teórico de lo que hacen; ese es el que aporta la sociología que, en cambio, debe reconocer que no tiene conocimiento del saber hacer. Todas esos apartados de la "exoducción" dan que pensar si el fenómeno de la moda no es intrínsecante fragmentario, contingente, tornadizo para la elaboración de una teoría cualquiera, cosa que ha quedado clara, entiendo, casi desde los comienzos de la sociología y, a mayor insistencia, si existe una posibilidad de aproximación teórica al proceso creativo que, no siendo una especie de determinación de su contexto material y empirico, tendría que aventurarse en algo parecido a una lógica de la invención.

Luis Camarero y Rosario Sampedro (¿por qué se van las mujeres? El continuum de movilidad como hipótesis explicativa de la masculinización rural) abordan el fenómeno de la masculinización rural poniendo a prueba la hipótesis explicativa tradicional de la huida ilustrada según la cual, la marcha del campo viene movida por mayor nivel formativo (p. 77). La metodología que emplean es un estudio generacional de cohortes originales con seguimiento de los nacidos en áreas rurales de ciertas regiones para determinar cuál es su lugar de residencia y trabajo. Se centran en Castilla y León y emplean la Comunidad Valenciana como elemento de comparación y contraste. Los datos proceden del censo de población de 2001 del INE y las cohortes son los nacidos entre 1952-56 y entre 1967-71. Las mujeres de la cohorte 1952-56 es la llamada "generación ausente", pues quedan menos de la quinta parte en las áreas rurales. Si se atiende a los niveles formativos que, por primera vez, eran similares en los dos sexos, se da que a mayor formación, mayor emigración pero sin que haya diferencias apreciables entre hombres y mujeres. Esa diferencia se da, en cambio en los niveles formativos inferiores (p. 88). Para los nacidos entre 1967 y 1871, hay ya más diferencias en el nivel formativo de varones y mujeres pues aparece una clara sobreformación femenina. El resultado es que crece la sobreemigración femenina y aumenta la masculinización rural (p. 91) Como resultado final: se mantiene la masculinización rural en los colectivos con menor nivel educativo. El nivel de estudios sigue teniendo relación con el continuum de movilidad pero diferenciada por sexos. En los varones los altos estudios significan menor práctica del commuter (frente a la emigración) que en las mujeres (p. 99). No hay pues indicios de que remita la masculinización rural (p. 101).

David Luque Balbona (Un análisis regional de la actividad huelguística en España) advierte que los distintos métodos de cálculo de huelgas (si por horas o jornadas) pueden dificultar las comparaciones. Los indicadores en el estudio comparativo de huelgas son: número de huelgas, número de participantes y número de jornadas no trabajadas (p. 113). La fuente de datos es la Estadística de Huelgas y Cierres Patronales (EHCP) del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Hay un acuerdo más o menos general en el sentido de que en los EEUU la incidencia de las huelgas es procíclica (mayor actividad huelguística con ciclo alto; menor con ciclo bajo y con mayor paro). En Europa no hay una pauta clara (p. 115). En España, gran parte de las huelgas de los decenios de 1980 y 1990 estuvo ligada a las reconversiones minera, naval y siderúrgica. En el periodo de 1986 a 2006 hubo 19.459 huelgas lo que da una media de unas 900 huelgas al año, si bien es cierto que en la segunda mitad del decenio de 1990 estos números descienden sensiblemente (p. 118). Las causas parecen ser: a) cambio estructural de la economía española; b) buena marcha de la economía desde la mitad de los noventa; c) crecimiento de la cantidad de trabajadores por cuenta propia y contratados con contrato temporal; d) el aumento de las presiones competitivas a causa de la globalización (p. 121). A su vez el análisis por Comunidades Autónomas (CCAA) permite al autor establecer tres grupos: a) huelgas frecuentes y de pequeña magnitud (Asturias, Castilla-La Mancha, Cantabria, País Vasco, Navarra y La Rioja); b) huelgas poco frecuentes y de gran magnitud ( Murcia, Andalucía, Madrid, Cataluña, Extremadura y Comunidad Valenciana); y c) huelgas poco frecuentes y de pequeña magnitud (Galicia, Aragón, Canarias, Castilla y León y Baleares) (p. 124). Al disponer de series temporales y secciones cruzadas por CCAA acude a regresiones de efectos fijos con datos de panel en las que las variables dependientes son las huelgas (por cada 100.000 asalariados), la magnitud (cantidad de huelguistas por huelga) y el volumen (jornadas no trabajadas por cada 1.000 asalariados) mientras que las variables independientes son la distribución sectorial del empleo, la tasa de paro, la de temporalidad, el porcentaje de trabajadores con convenio y una variable binaria según que las CCAA tengan o no sistemas de solución extrajudicial de conflictos laborales (p. 125). Añade dos variables adicionales: una la existencia de pactos regionales de empleo y la otra el porcentaje de votos de los partidos de izquierda en las elecciones autonómicas (p. 125). Todo lo cual permite alcanzar las conclusiones siguientes: la mala situación del mercado de trabajo da lugar a menos huelgas (procíclico); la participación de los agentes sociales en el proceso de formación de políticas tiene un efecto positivo sobre la reducción de las huelgas; con los gobiernos de izquierdas los sindicatos ganan peso y las huelgas disminuyen (p.128).

Miguel A. V. Ferreira (Una aproximación sociológica a la discapacidad desde el modelo social; apuntes caracteriológicos) adopta una actitud sociológica que interpreta la discapacidad como resultado de las "estructuras opresoras de un contexto social poco sensible a las auténticas necesidades de las personas con discapacidad" (p. 143), esto es, da por supuesto que hay una especie de construcción social de la discapacidad y que si no se hace según unos postulados que le parecen más acertados se hace según otros que lo son menos. La nueva Clasificacón Internacional de la Funcionalidad (CIF) propone un esquema bio-psico-social para abordar la discapacidad como una condición multidimensional de la persona que supera la clasificación anterior pero que, a juicio del autor, todavía tiene lagunas (p. 146). Aún no se tiene bien en cuenta la dimensión social de la discapacidad y no se ha acometido como se debe el hecho de que la definición de "normalidad" también es un constructo social (p. 147). Propone Ferreira en consecuencia un proceso de deconstrucción analítica de la discapacidad que ya se ha iniciado desde perspectivas marxistas y feministas (p. 152). Se aislan así tres vértices de la construcción social de la discapacidad: 1) la existencia cotidiana del discapacitado está dominada por una singularidad; 2) esa singularidad lo homogeneiza con los demás, abstrayendo su singularidad; 3) la homogeneización implica su inclusión en la estructura jerárquica de la sociedad (p. 153). En consecuencia, la identidad social de la persona con discapacidad está impuesta desde fuera, desde un entorno no discapacitado, lo que implica heteronomía y, con frecuencia, exclusión (p. 159). Entiende el autor que las tareas pendientes en la sociología de la discapacidad son: a) toda medida orientada a la discapacidad debe hacerse en el marco de comprensión de las personas que la sufren (p. 164). Por lo tanto hay que emprender investigaciones concretas que den voz a los protagonistas del fenómeno (p. 166). Todo lo cual debe ser el fundamento para la elaboración de una Teoría Sociológica de la Discapacidad consistente epistemológicamente (p. 167), si bien no estoy muy seguro de si esta reclamación está correctamente planteada. Da la impresión de que ya existe una Teoría Sociológica (que el autor de pruebas de manejar con soltura) no específica de la discapacidad (que estaría por ver si es posible) sino perfectamente capaz de dar cuenta de ella que es la que tiene la raíz en la fenomenología de la construcción social de la realidad y en la obvia medida en que la discapacidad es parte de dicha realidad. Más bien parece que de lo que se trata es de aplicar con mayor ahínco esa teoría para obtener recomendaciones prácticas que permitan afrontar el problema de la discapacidad de acuerdo con unos valores que no se hacen explícitos pero que se dan por supuestos respecto a una concepción kantiana del valor de la vida humana; de toda vida humana.

lunes, 27 de octubre de 2008

Los cuerpos intermedios y el barullo social.

En tiempos de las guerras de religión, hacia el siglo XVI, se volvió a plantear un problema que ya había ocupado a los escolásticos y nunca había tenido una solución clara: ¿cabe resistir al tirano? ¿puede dársele muerte, cometer tiranicidio? Algunos sectores de los dos bandos enfrentados, los hugonotes monarcómacos en Francia (François Hotman, Philippe de Mornay) y los jesuitas en España (Juan de Mariana) acabarían justificándolo, con ciertas diferencias, como el deber de dar muerte al príncipe que atenta contra la ley de Dios. Obviamente en los dos casos todo dependía de quién se arrogaba el derecho a calificar de "tirano" al príncipe. Para los monarcómanos ese derecho, como leemos en la Vindiciae contra tyrannos estaba reservado a los "magistrados intermedios", los órganos intermedios entre el poder político y los súbditos. Nacía así un concepto por el cual suele considerarse a los monarcómanos como "protoliberales" y que tendría una larga y fructífera vida en la historia de la filosofía política. Recogido después por Montesquieu en su feliz formulación de los "cuerpos intermedios", reaparecería en la admirada glosa que Tocqueville hace de la democracia en América, viéndola como producto del denso entramado de asociaciones voluntarias que funcionan como un colchón entre el Gobierno y el individuo. El concepto está lejos de ser una reliquia puesto que se ha mantenido vivo hasta el día de hoy. Reemergió en las formulaciones neomedievales del socialismo inglés del siglo XIX, el llamado "socialismo gremialista", que reivindicaba la importancia de los gremios para el orden social, en las fascistas de los "fascios y las corporaciones" con similar pretensión, revivió hace poco en las concepciones de la democracia "neocorporativa" y está presente en el resurgir de la teoría de la sociedad civil a partir de los años setenta del siglo pasado, como puede apreciarse en la espléndida obra de Cohen y Arato sobre la sociedad civil y la teoría política en la que se traza la genealogía del concepto.

De estos asuntos trata el interesante libro de Félix Requena Santos, Redes sociales y sociedad civil, Madrid, CIS, 2008, 183 págs. que estudia la cuestión de las redes sociales desde una perspectiva actual, considerando su impacto sobre todo en tres órdenes distintos de la realidad social contemporánea: la democracia, el Estado del bienestar y la globalización. Requena lleva casi veinte años dedicado al estudio de las redes sociales (es autor de Redes sociales y mercado de trabajo, de 1991 y Amigos y redes sociales, de 1994), lo que le da un dominio casi sin rival sobre el asunto en España.

El objeto de estudio "redes sociales" no es sencillo y el libro se ve obligado a moverse de continuo en el terreno resbaladizo de los conceptos de límites confusos, que es la característica propia de la batería de términos que aquí se maneja: redes sociales, sociedad civil, tercer sector, capital social, etc. Así si por un lado parece darse por buena la idea muy generalizada de que la sociedad civil es un conjunto de redes sociales que se encuentra entre el individuo y el Estado (p. 5), lo que casi es una reformulación de los famosos "cuerpos intermedios", también parece avalarse la no menos extendida idea de que, en realidad, en nuestras sociedades opera no un binomio sino un trinomio, compuesto por sociedad civil, Estado y mercado (p. 8). Para complicar las cosas Requena cita y parece aceptar la idea de Víctor Pérez Díaz de que en la sociedad civil (bien que considerada como "tipo ideal") intervienen cuatro elementos componentes: 1) un gobierno entendido como Estado o autoridad pública; 2) el imperio de la ley; 3) la economía de mercado; y 4) un tejido asociativo plural (pp. 12/13) de forma que, según de quién y de qué hablemos, al mencionar la sociedad civil, podemos estar incluyendo al Estado o no. El propio Requena, sin embargo, se decanta por la concepción tradicional: "Ante todo, la sociedad civil hay que verla como un gigantesco entramado de organizaciones intermedias que permiten el flujo de información entre los ciudadanos y las instituciones estatales" (p. 20). El elemento esencial de la sociedad civil es la familia y lo que une a las familias e individuos dentro de la sociedad civil son las redes sociales (pp. 18/19).

Requena aborda otro concepto igualmente confuso pero muy relacionado con las redes sociales, el de capital social ya que éstas aparecen como generadoras de él (p. 44). Compara las definiciones no coincidentes de Fukuyama, Putnam y la OCDE (p. 23) y reconoce la dificultad de medirlo (p. 37) cosa imprescindible si se quiere que, además de expresivo, sea útil. Precisa el autor que el capital social es una categoría relacional (p. 23) ; eso mismo decía Marx del capital sin más pero éste tiene una consistencia material de la que el otro carece.

Las redes sociales pueden conectar el mercado con la sociedad civil y el Estado (p. 47) y surgen así las redes políticas, por ejemplo las redes dedicadas a las políticas públicas que suponen intercambios entre los individuos y las instituciones. Aparece aquí uno de los conceptos más felices de Manuel Castells, el "Estado-red" (p. 56) que tanto juego está dando hoy. Y no sólo el Estado; por vía metafórica aparece la misma Nación cuando, hablando de las ventajas de las telecomunicaciones y de internet cita el autor un artículo de Rubio Núñez en la Revista de Estudios Políticos en que se considera que la política se convierte en un plebiscito cotidiano (p. 57) que es el modo en que Renan definía a la Nación.

Las redes son esenciales como vectores de la solidaridad a través de las familias, la comunidad (p. 61), la cooperación y la reciprocidad (p. 62) y las actividades de los nuevos movimientos sociales cuyo auge, me parece entender, vincula Requena a lo que considera que es la desorientación de los partidos políticos y la desaparición de las ideologías (p. 64) . Para mí que éste es un discurso poco contrastado y poco afín a la realidad contemporánea donde tanto partidos como ideologías protagonizan, en verdad monopolizan, la actividad política mientras que los movimientos sociales, nuevos o viejos, en el mejor de los casos, llevan una existencia subalterna.

En el tratamiento de favor que merece la familia se mencionan las redes familiares como básicas para atender a los problemas del desempleo (p. 73) los de la atención a los jóvenes, los cuidados de los ancianos, de los enfermos y la atención a las mujeres maltratadas (pp. 72-82). Igualmente se consideran las redes eclesiásticas en un capítulo en que se hace un repaso no muy necesario a la función de la Iglesia católica española durante la transición para concentrarse después en el hecho de que, aunque la cantidad de católicos no practicantes sigue creciendo, en España la Iglesia tiene una enorme influencia como consecuencia del tupido asociacionismo religioso en el país (p. 99).

Las redes de mercado son imprescindibles para el desarrollo económico (p. 100). Se nota que Requena se siente confortable al tratar las cuestiones de las redes sociales y la economía, especialmente el empleo porque es lo que más ha trabajado y en donde más sugerencias tiene por aportar. Pero no puedo dejar de pensar que sus acertadísimas consideraciones acerca de cómo las redes sociales y las relaciones personales facilitan la búsqueda y hallazgo de empleo (p. 109) dibujan, en realidad, un país, el nuestro, en el que como siempre, rige el enchufismo y el amiguismo a la hora de adoptar decisiones. Está bien que se haga con elegancia teórica pero el hecho desnudo es que la actividad de las redes sirve para cortocircuitar el valor social del mérito. Sostiene Requena, no obstante, que estas redes son menos operativas en la función pública gracias al sistema de las oposiciones (p. 110). Bueno, pero que no lo investigue mucho. Que no pretenda averiguar qué esconden expresiones como "promoción interna" al tratar de las oposiciones a todos los cuerpos de la administración.

Las redes sociales articulan asimismo otra realidad de esas que don Nicolás Ramiro Rico llamaba en celebrada expresión "vertebrados gaseosos", en concreto, el tercer sector, acerca de cuya composición hay escasísimo acuerdo. Parece estar compuesto por el voluntariado (p. 119), los grupos de autoayuda (p. 121), la participación ciudadana (p. 122) y el tejido social, definido como: "el espacio de participación en el que se imbrican, por un lado, las instituciones sociales, económicas y políticas y, por otro, la participación social" (p. 125) que tiene pinta de ser una definición circular. Es interesante saber que la cantidad de asociaciones en España ha aumentado un 238 por ciento entre 1980 y 1990 y un 151 por ciento entre 1990 y 1998 llegando en ese año a 171.484 (p. 126); pero lo sería más disponer de datos comparativos.

Después de un capítulo sobre redes sociales e identidad colectiva (en el que se emplea el ejemplo de internet como red) y redes sociales y lenguaje que no me resulta muy convincente, por tratarse el espinoso asunto del lenguaje de un modo excesivamente alegre, el autor aborda la cuestión de lo que llama "redes perversas", esto es, el mundo globalizado de estructura reticular es muy vulnerable a varios peligros que Requena localiza en los problemas de la riqueza, los de la pobreza y los de las armas de dstrucción masiva (p. 144). No todas las redes sociales son buenas. Uno de los mayores peligros es el que las Naciones Unidas llaman "la delincuencia organizada" cuya manifestación más llamativa es el terrorismo. Sostiene Requena con acierto que los rasgos de las redes terroristas son que son: a) dispersas; b) ubicuas; c) heterogéneas (pp. 148/149). No sé en cambio si su propuesta de "redes civiles" para ir contra el terrorismo en red tiene mucho futuro (p. 151).

A título de conclusión, Requena aboga por una Sociedad Civil Mundial (p. 161) que requerirá una ciudadanía civil también mundial. A la vista de las dificultades conceptuales de la sociedad civil, las redes sociales, etc en el orden nacional no cabe ser muy optimistas respecto al grado de factibilidad que alcanzaría una sociedad civil mundial. En todo es bueno que la reflexión científica sobre redes sociales traspase los límites de los Estados nacionales, como ya ha hecho su objeto de estudio y se incorpore al debate actual sobre cosmopolitismo sí o no, que es donde gentes como Held, Archibugi, Nussbaum, Apiah, Beck, Taylor, Walzer, etc, están haciendo las propuestas más interesantes.