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viernes, 31 de agosto de 2018

Contra el fascismo

Bastó que saliera a la calle Arcadi Espada a pintar rojigualdas (también llamadas "estanqueras") y quitar lazos amarillos para que la pareja que lidera esa formación tan claramente neofascista, C's, decidiera asimismo pasar a la acción contra los lazos. Bastó que Arrimadas y Rivera hicieran lo que El Plural llama un posado quitando lazos para que el mundo entero se tornara amarillo. Cristina Fallarás acuñó el hashtag ##RiveraQuitameEste, convertido de inmediato en TT mundial.

Están histéricos. Andan provocando por donde pasan (dejándolo todo lleno de basura, por cierto) para conseguir respuestas violentas y justificar así la represión que pretenden. Como no las consiguen (ni las conseguirán), se las inventan. La única violencia la traen ellos (y ellos se la llevan); las únicas agresiones son las suyas, al extremo de que, a falta de gente a la que atacar, se zurran entre sí. Es lógico: neofascistas, ultras de vox, agentes de policía de paisano (a veces con banderas de la policía), delincuentes, nazis europeos y españoles, nostálgicos del KKK, tabarnios y claque autobusera de bocata. Lo raro sería que no se liaran a mamporros entre ellos mismos.

Y ¿qué pretenden? No solo van en contra de la opinión del 77% de los catalanes que repudia la existencia de presos políticos, sino que lo hacen abusiva y agresivamente, con chulería e intolerancia, atacando la libertad de expresión de tres cuartas partes de la población. Si no se tratara de descerebrados y desalmados sería cosa de reír ante el ridículo en que han quedado a ojos del mundo entero.

El lazo amarillo es una centenaria costumbre  que simboliza el anhelo de reunirse con los seres queridos ausentes. Algo tan respetable y noble que lo ha convertido en emblema de otras causas también justas. En principio, en Catalunya se empezó a emplear para pedir la liberación, la vuelta a casa de los/as presos/as políticas. Algo dentro de la tradición más popular de la Yellow Ribbon. La ferocidad, la rabia, la saña con la que C's se ha lanzado al ataque contra los lazos, seguramente refleja su profunda mala conciencia: no quieren recordar que España tiene presos políticos y, por tanto, no es un Estado de derecho. No quieren recordarlo y pretenden impedir por la violencia que otras lo recuerden

El caso de Sánchez es más cínico. No tiene inconveniente en decir que, si hay presos políticos, el Estado que los tenga (hablando de Venezuela) no es una democracia. En España la cuestión no se plantea porque aquí no hay presos políticos, sino políticos presos. Doctrina oficial del unionismo, contraria a la buena fe, el sentido común y la mera decencia. Todo eso da igual a Sánchez. Como le da igual dilapidar medio millón de € del erario en defender a un juez presuntamente prevaricador o amenazar con volver a emplear el art. 155 en Catalunya, como ya hiciera M. Rajoy con su aplauso, si el presidente Torra pone en práctica su programa.

Es que el gobierno del PSOE, con el apoyo de Podemos, es de izquierda.

Tanta belicosidad, tanta provocación, tanto abuso de C's en connivencia activa o pasiva con el gobierno español, sus fuerzas y cuerpos de seguridad y sus jueces únicamente hace más ridículo el fracaso de estos desestabilizadores y sus cómplices. Sus provocaciones quedan sin respuesta, pero, apenas desaparecen de la escena de los hechos, los vecinos, la gente, reponen los lazos amarillos en cantidad superior. A la táctica conocida como “Tortosa”, esto es, hacer el vacío, ignorar a los/as provocadores/as, se suma ahora la “Alella”, es decir, reponer los lazos indebida, ilegalmente arrancados.

La campaña de odio, prepotencia, autoritarismo e intolerancia de C’s ha conseguido despertar un movimiento general de solidaridad con Catalunya en todo el Estado. En Bilbao, en Granada, en Madrid, en Sanse, por doquier. Y en el extranjero, en París, Londres, Nueva York. Hasta en el PP rechazan la crispación de C’s; y ya es decir.

Mira por dónde, el humilde lazo amarillo que empezamos a llevar en exigencia de la liberación de unas personas injustamente encarceladas, se ha convertido en el símbolo de la lucha contra el fascismo en el Estado español. Los únicos que no se han enterado son los medios unionistas que siguen falseando la realidad en naranja y azul. Pero las bestialidades que no han podido ocultar, como tampoco el resurgir del fascismo, los abusos de la oligarquía, el patriotismo corrupto, pueden hacer que la gente abra los ojos al color amarillo y comprenda que esto no solo va de la independencia de Catalunya, tratada, hoy igual que ayer, como una colonia. Esto va también de democracia en todo el Estado.

Y de lucha contra el fascismo.

lunes, 21 de mayo de 2018

Llegó la Patria

La Vanguardia no se corta y habla de "carrera electoral", justo lo que todos los demás, unos más sinceramente que otros, rechazan. No es el momento; no es el momento.

El bloque del 155 se niega a autorizar la publicación del decreto de nombramiento del govern en el DOG en su integridad porque incluye los nombres de dos presos y otros tantos exiliados políticos. De inmediato se ha armado un guirigay jurídico por entenderse que el gobierno se extralimita groseramente en sus funciones e incurre en ilegalidad e inconstitucionalidad. De un lado invade el territorio de los jueces que son quienes deben decir si sus presos salen o no y, de otro, incumple una obligación taxativa, pues la publicación del decreto en el DOG no es discrecionalidad sino un acto debido.

Todo esto son las quisicosas del funcionamiento institucional ordinario. Un revoltijo confuso en el que prevalece el hosco ceño del PSOE, dispuesto a prolongar un 155 endurecido hasta las calendas griegas y a reformar el Código Penal para convertir en delito el independentismo. Es decir, dispuesto a liquidar el remedo de Estado de derecho que es España para convertirla en dictadura.

Tan autoritaria y represiva es la respuesta española que, sin temor al ridículo, El País afirma que la extensión del 155 obliga a Torra a gobernar con Rajoy y sus ministros. Alguien con sentido del humor podría decir que la Gran Coalición que se vislumbra no es PP-PSOE, sino PP-Independentistas. Con menos sentido del humor y más realismo, se puede interpretar que el Estado español intensifica su tratamiento colonial de Catalunya. Si el Govern no puede gobernar ni el Parlament legislar ni la Hacienda catalana administrar, si la intervención del Estado en forma de gobierno directo alcanza, como parece que hará, a los medios de comunicación públicos, ¿qué otra opción queda a la Generalitat sino convocar elecciones y a la población ofrecer resistencia pasiva a la autoridad española?

La hipótesis de elecciones generales cobra fuerza. Sostenemos que los dos partidos dinásticos, PP y PSOE juegan a ellas, perfilando una posible alianza de Gran Coalición. Y, con todo descaro, C’s. El mitín de ayer, una especie de aggiornamento de la estética fascista de los años treinta ha encontrado un eco alarmado en las redes y preocupa mucho a los partidos “de orden”. La retórica patriótica del joven cara al viento “solo veo españoles”, es como la del Kaiser Guillermo II que solo veía alemanes antes de enviarlos a matarse contra los franceses. El culto a la nación española más resabiado y cañí con los efluvios seudoliberales del “patriotismo constitucional”. El eclecticismo de Rivera, que otros consideran erróneamente falta de principios lo absorbe todo. Lugar al que va, conflicto al que se enfrenta, consigna que se apropia si cuenta con mayoría electoral.

Los dos partidos dinásticos tradicionales miran con horror el ascenso del fascismo sonriente de espabilados brokers que, además plagian tácticas vencedoras en Catalunya, esto es, la movilización social, un éxito del independentismo. Lo han intentado en la propia Catalunya con organizaciones como SCC y similares, pero no les ha salido. Están muy identificados con la extrema derecha española. Ahora prueban suerte en España. Es la segunda vez que Rivera lo intenta. Lo hizo en 2012, con un Movimiento Ciudadano de escaso éxito y reincide ahora con una España ciudadana, en un alarde de sincretismo comunicativo en donde se juntan los patriotas del garrote y los de las tarjetas black. El terror de los dos partidos de la vieja escuela conmueve el ánimo. No saben cómo hacer frente a un discurso con el que, en el fondo, se identifican. Debieran tranquilizarse porque el nuevo experimento tampoco cuajará.

La situación de la izquierda es de velorio. Podemos ha quedado reducido a una cuestión de catastro y el PSOE, en su frenesí nacional español, está aceptando las motivaciones de la “cruzada” de 1936.

El horizonte electoral se complica por otras vías. Hay también municipales y autonómicas; queda por ver si las catalanas son antes o después o durante las generales; y, sobre todo, queda por ver si los independentistas se presentan a las elecciones generales. Es un asunto que afecta a la República Catalana. ¿Tiene sentido enviar representantes al órgano legislativo de un país extranjero? Teóricamente, no; prácticamente, es posible que sí. Poco o mucho, el poder en España reside en el Parlamento. Si los independentistas no envían diputados, toda la representación catalana será unionista, salvo que aquellos sostengan que las generales no se celebran en Catalunya y lo impongan, pero ello abriría un escenario lleno de imponderables. Quizá la imposición no pudiera mantenerse pero dejaría sin valor legitimatorio a las elecciones.

miércoles, 9 de mayo de 2018

"Malhaya quien nace yunque"

Hace unos años se celebraba a bombo y platillo el fin del "bipartidismo". Se acabó el turnismo de la derecha y la izquierda, o seudoizquierda, falsa izquierda, centro izquierda, y hasta derecha civilizada según quien juzgara. El caso era que se había acabado. El bipartidismo daría paso a un multipartidismo, reflejo de la variedad popular. 

Algo de esto ha habido, cierto tumulto multipartidista a la sombra de un partido dominante, el PP, pero ya los sondeos permiten avizorar un horizonte curioso. El bipartidismo derecha-izquierda se convierte ahora en otro derecha-derecha. Las izquierdas, arrumbadas en el trastero de la irrelevancia. 

Con la experiencia del gobierno del PP y la promesa de C's, que es más antisocial que aquel (y ya es decir), cualquier observador exterior, uno venido de Marte por ejemplo, concluiría que el electorado español es masoquista. Le gusta que le roben o que lo exploten y, en todo caso, que lo expriman. O sea, que ha nacido yunque. Pero eso será porque el observador, siendo de Marte, no se entera. Bastará con hacerle ver las alternativas, PSOE y Podemos para que el marciano comprenda la racionalidad del comportamiento electoral de los españoles. 

Según la doctrina oficial, sostenida por los partidos dinásticos, por las fuerzas vivas de toda índole celestial o secular, por los medios de comunicación y otros centros de adoctrinamiento, como las fundaciones, los thinks tanks, las universidades, los intelectuales y las celebrities, España es un Estado democrático de derecho en el que hay libertad de expresión y todos tienen las mismos derechos. Esos presos políticos que dicen que hay no lo son sino políticos presos. Fin de la cita. 

Si todos los partidos tienen también las mismas posibilidades, sin duda la incapacidad de las izquierdas para alcanzar los primeros puestos en la intención de voto, aparte de cuestiones menores, radicará en la de inadecuación de su discurso a las preferencias del electorado. 

Las preferencias del electorado están impregnadas de Catalunya. El factor catalán explica la conservación del bipartidismo y su carácter de derechas. La dureza con el independentismo da réditos en España sobre todo porque viene avalada por el éxito de C's en Catalunya, en donde es el más votado, asunto que eriza el vello a los indepes. El éxito catalán avala a C's que va como un cohete a la hegemonía de las derechas, presto a hacer realidad un hecho pintoresco: el primer presidente de gobierno catalán después de Prim (sin contar los de la I República) será un catalán anticatalanista. 

C's y PP, bloque nacional español pata negra y camisa azul. A distancia les siguen el PSOE y Podemos, hecho unos zorros en su interior precisamente por la cuestión nacional, esa que atribuye a las "corruptas" burguesías. En el PSOE, el nacionalismo español es tan intenso como en el PP, pero le falta la pata negra del nacionalcatolicismo, aunque algunos de sus líderes son verdaderos zampahostias. Pero hay mucho masón ahí, y ateos y descreídos y febles defensores del imperio. No son de fiar estos socialistas que hasta tienen un partido socialista catalán. 

Lo de Podemos, a quien este sondeo del CIS trata muy bien no tiene arreglo. La posibilidad de nuevo tentadora del sorpasso, música celestial a oídos de los tiempos heroicos de IU, tampoco acaba de materializarse. Hasta la actual dirección del PSOE se ha dado cuenta de que la batalla por la hegemonía de la izquierda también se librará en Catalunya. A pesar de sus veleidades sociales, su nacionalismo español es mucho más convincente que el de Podemos, obligado a armar un discurso con elementos contradictorios en el terreno nacional que suena confuso a los oídos de los españoles mucho españoles aunque sean de izquierdas.

Así que, visto el panorama general, la pregunta de por qué vota el electorado mayoritariamente a la derecha solo tiene una respuesta: porque la prefiere a la izquierda. 

Admito que esto parece no tener cuenta del peso del monopolio práctico de los medios de comunicación por las derechas. Habría mucho que hablar al respecto pero tampoco las izquierdas han hecho valer aquí su mayoría respecto a los medios públicos de comunicación. 

España será gobernada por una coalición de hecho de los dos partidos de la mayoría (cosa que ya tienen) y la oposición de los dos de la izquierda. Todos ellos, a excepción de algunos diputados de Podemos, como los anticapis por ejemplo, cerrarán filas en el bloque dinástico nacional frente a Catalunya. 

lunes, 2 de abril de 2018

Las curvas del camino

Los resultados de la encuesta de Sigma Dos para El Mundo reflejan bastante desconcierto. El que reina en el sistema político de la III Restauración en momentos de crisis aguda en los dos frentes más castigados, el de la corrupción y el territorial. Lo único que cabe reconocer como lógico es la caída de 10 puntos del PP. Y hasta son pocos a tenor de la ejecutoria de desgobierno, corrupción e incompetencia que luce. No es previsible que, por mucha manipulación mediática que haya, quepa embellecer de algún modo este desastre que, además, deja tras de sí cientos de miles, millones de perjudicados con conciencia de haberlo sido.

Pero eso es lo único que me atrevería a prever: el hundimiento del PP. Cómo se distribuyan luego sus votantes entre C's y PSOE y, a cierta distancia, Podemos, es algo que parece más abierto a impactos del momento y cálculos de otro tipo. Por ejemplo, si los votantes piensan en clave de conservación del sistema, concentrarán el voto entre PP y PSOE; pero si piensan en clave de renovación del sistema, lo concentrarán en PSOE y C's. Por supuesto, no afirmamos que "conservación" y "renovación" quieran decir lo que dicen. El PSOE es el elemento común pero en ambos casos como júnior, lo que no es cómodo. En cuanto a Podemos, sigue siendo una incógnita pero ya dentro del muy manejable rango del 13% al 17% a la usanza de la vieja IU. Otro asunto también claro: a pesar del hundimiento del PP, la derecha como bloque está en el 50% y la izquierda parece condenada al furgón de cola lo que, en condiciones de crisis como las actuales, dice poco de su capacidad de comunicación.

Los vaticinios electorales en España son a beneficio de inventario ya que los resultados, en realidad, dependen de la situación en Catalunya. Nadie en España apostaría por unas elecciones generales teniendo a Catalunya pendiente de estabilizarse. Antes se prefieren las elecciones allí, cuyo resultado, obviamente, tendrá un fuerte impacto en España. Un aumento y consolidación del independentismo obligará a convertir a Catalunya en el tema central de las elecciones. Y en ellas se decidirá entre las distintas propuestas del Estado para negociar con la Generalitat. Si es que hay alguna.

El sondeo interesante de Sigma Dos podría ser el de Catalunya: qué expectativa de voto tendrían las distintas opciones hoy en escena (PDeCat, JxC, ERC, CUP, PP, PSC, C's, Comuns-Podem) y, ya por hacernos un favor, podría incluirse una pregunta sobre la intención de voto de una lista de país.

Seguro que aprenderíamos mucho.