dissabte, 23 de febrer del 2013

El gran murciano.

Pues sí, di mi conferencia en un master en comunicación en la Universidad de Murcia en un clima muy agradable, con gente francamente interesada y, a lo que se ve, muy trabajadora. No están perdiendo el tiempo. Los colegas, un grupo juvenil, dirigido con experta mano en su investigaciones por Ismael Crespo, me hicieron el honor de acompañarme y finalmente compartimos todos la presentación del libro sobre Comunicación política y nuevas tecnologías. En la mesa se nos unieron dos dirigentes políticos, una del PSOE y otro del PP, por aquello de la neutralidad académica. Estuvieron ambos muy atinados. Es claro que la mejora de la comunicación entre el PP y el PSOE es un objetivo deseable. En general la comunicación entre todos los partidos. Y me atrevería a decir, entre distintas zonas, regiones, reinos y/o naciones de las Españas. Pero eso ya nos llevaría muy lejos y habíamos decidido quedarnos en Murcia.

Más que nada para visitar los museos de Salzillo y de Ramón Gaya, a los que tenía ganas hacía mucho tiempo. El de Salzillo está adosado a la iglesia de Jesús Nazareno, sede de la cofradía que en el siglo XVIII encargó los famosos pasos al escultor imaginero. Entre los numerosos hijos ilustres de este reino, a mi parecer, el más grande de todos. Y eso porque su "murcianismo" fue una libre elección. Nació y murió en la capital de la Huerta y jamás salió de ella. Otros murcianos célebres, Floridablanca, Paco Rabal, fueron viajados, cosmopolitas. Salzillo, no. La influencia exterior, básicamente italiana, le vino de su padre, napolitano. Eso se ve muy bien en el museo, cuya pieza fundamental es el famoso nacimiento, en la tradición del pesepre de la tierra paterna (aunque ya la había propia en el siglo anterior en algunos conventos de monjas), con más de quinientas figuras de barro, madera y estofa de unos treinta centímetros. Es un ejemplo acabado de preciosismo, barroco derivando hacia el rococó, en el que se mezclan influencias francesas, de la Commedia dell'arte y una auténtica delicia. La obra, de encargo de noble, es en realidad del taller y la terminaron los discípulos, pues él murió antes. Pero refleja por entero su espíritu. El relato del nacimiento sigue minuciosamente los evangelios de Mateo y Lucas, con algún curioso anacronismo, como la escena de caza con armas de fuego que se exhibe antes del nacimiento propiamente dicho. Todas reflejan tipos del lugar que dan a la leyenda un curioso aire de realismo: hasta la anunciación y, desde luego, los episodios posteriores, la búsqueda de un lugar para dar a luz, las pensiones llenas, el pesebre (en realidad, un pórtico), los pastores, los magos de Oriente (con unos pajes que parecen arlequines sacados de los cuadros de Watteau), el castillo de Herodes, la guardia herodiana, la matanza de los inocentes y la huida a Egipto.

El museo, muy agradable, contiene mucha información sobre Salzillo y es mucha porque es alguna, pues el hombre no dejó tras de sí casi nada excepto sus obras, por cierto abundantes, como un millar,  pero muy desperdigadas por las iglesias de los pueblos de la provincia. Salzillo era en realidad un cura secularizado por los afanes del mundo. Comenzó el noviciado en los dominicos y hubiera profesado de no ser porque, al morir su padre, le fue forzoso abandonar el cenobio para hacerse cargo de la familia. Ni siquiera sabemos cómo era físicamente porque no hay una efigie suya cierta. Los retratos existentes son idealizados. El más famoso se pintó en el siglo XIX, muchos después de su muerte. Él vivió oscuramente (aunque llegó a tener reconocimiento oficial) de 1707 a 1783, practicamente coetáneo con el siglo de las luces que para él fueron toda su vida místicas. Tenía que ser tratándose de España, hija tridentina de Roma.

El otro punto de Salzillo son los pasos procesionales. Los más famosos de ellos, los que salen en andas todos los viernes santos por las calles, se encuentran en la iglesia de Jesus Nazareno, a la que se accede por un pasillo discreto desde el museo. Al respecto, el gran murciano es el último representante de la tradición de la imaginería española, de Gregorio Hernández o Juan Martínez Montañés. Los motivos son análogos: crucifixiones, pasiones, calvarios, flagelaciones. Pero en el murciano, ya libre del manierismo, se desliza una influencia clasicista, con ecos de Bernini que llama la atención poderosamente en sus dos figuras más características, el San Juan que precede el paso de la Dolorosa y el ángel del huerto de los olivos.

Hay otros rasgos de las tallas procesionales muy dignos de consideración. Entre ellos, el fuerte elemento narrativo. El grupo de la última cena reúne las trece figuras en torno a una mesa y cada figura está cargada de expresión y significado. ¡Qué idea representar a Judas rubio con una túnica amarilla! El amarillo era ya entonces el color de la traición y el escándalo. Pregunté por el peso del paso: 1.200 kilos. Tiene su mérito sacar en andas el Viernes Santo 1.200 kilos por las calles durante tres horas. Veinte costaleros tocan a sesenta kilos por hombro. Ciertamente, si la fe mueve montañas, también mueve 1.200 kilos. Pero hay que verlos. En un vídeo en una sala del museo puede obervarse cómo los costaleros derrapan en las curvas como las yuntas de bueyes con carros muy cargados. Por eso, supongo, las cofradías estaban asociadas a los gremios que patrocinaban los distintos pasos y tenían interés en sacarlos aunque fuera en andas: los tejedores, el paso de la Verónica. Imagino que los hosteleros y venteros la última cena. Suele suceder: en casi todas las ceremonias cívico-religiosas de nuestras ciudades, los más interesados son los comerciantes.

Unas más otras menos, las figuras son todas expresivas, pero de una emotividad contenida a pesar de su intensa policromía, lo que es de agradecer porque es tenue el límite de lo grotesco. Con todo, las dos tallas mencionadas, el San Juan y el ángel son las que más sobresalen. En eso coincide casi todo el mundo. Son dos figuras muy bellas. Pero hay muchas alabanzas mezcladas de cierta reticencia generalmente no confesa. Como si se reprochara al artista el haberse dejado llevar a un misticismo, por así decirlo, pagano, algo que desentonara con la recia, austera, amargada tradición católica. Algunos, incluso trasmiten, con cierto escándalo íntimo, la vieja comparación del San Juan con el Apolo de Belvedere. Ahí está el asunto. Las dos figuras son bellas porque son andróginas. El porte de San Juan es femenino y solo el pie que asoma por debajo de la lujosa vestimenta de seda delata lo masculino. Lo cual tampoco es mucho.

En cuanto al ángel, no hay más que verlo. Jesucristo, que se ha llevado al huerto a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, se aparta de ellos como tiro de piedra y empieza sufrir agonías. Su Padre le envía entonces un ángel que lo consuele. Y ahí está, delante de un frondoso olivo, un semidesnudo casi femenino de un joven barbilampiño en contraste con el barbado rostro del Salvador. Él acababa de pedir que le apartara el amargo cáliz. En fin, la belleza tiene siempre algo de transgresión, si bien en este caso admitida por el dogma, pues el sexo de los ángeles es considerada cuestión bizantina.

Después de ese baño de misticismo de vía crucis salimos a toda pastilla a visitar el museo de Ramón Gaya. Inútil. La autoridad (in)competente (al parecer el Ayuntamiento) ha decidido cerrar el museo  de 14:30 a 17:00, seguramente por el yantar de los encargados. Costumbre muy española y muy estúpida. Hay gente que en vez de comer al toque de fagina prefiere ver la obra del pintor de la generación del 27, otro gran murciano, Ramón Gaya. Este, al contrario de Salzillo, muy viajado por peripecias de la raza, también fue casi coetáneo del siglo XX (1910-2005). Pero es cosa de ir en horas de oficina.

(La primera imagen es una reproducción de la página de ArteHistoria de la Junta de Castilla y León. La segunda, una foto de Sebasbag, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 22 de febrer del 2013

La necesaria moción de censura y la retirada al Aventino.

Visto que el presidente Rajoy gobierna por decreto ley;

visto que desprecia al Parlamento, en el que solo comparece cuando literalmente no le queda otro remedio y en donde se aplica implacable el rodillo de la mayoría absoluta de sus diputados. ocasionalmente convertidos en energúmenos y genízaros cuando alguna intervención les disgusta;

visto que el andoba engaña y miente descaradamente cada vez que habla, que en su última comparecencia mintió en los datos sobre el déficit, que no será del 7% sino de más del 10%, según la Comisión europea, que es la que manda aquí;

visto que siguió mintiendo sobre los datos de crecimiento y paro, siempre según la Comisión, y que no dijo una sola verdad en su comparecencia;

visto que se niega a aclarar fehacientemente qué relación tuvo y tiene con el presunto chorizo Bárcenas y que se niega a explicitar cuánto cobra y ha cobrado en el pasado, de qué procedencias y con qué finalidades;

visto que también se niega a explicar qué grado de responsabilidad personal tiene en la trama Gürtel;

visto todo lo anterior es obvio que la oposición está políticamente obligada a presentar una moción de censura y obligar al menda a responder a las preguntas que se le hagan en su curso y que debieran ser menos ambiguas y escurridizas que las del debate sobre el estado de la nación. Se trata de aclarar de una vez por todas si el presidente del gobierno es una persona honrada, como él afirma, o un sinvergüenza que ha estado cobrando dineros ilegales, como sospecha mucha gente.

Es verdad que esa moción de censura se perderá. Pero traerá una victoria política al evidenciar ante la opinión pública qué puede esperar de un gobierno carcomido por la corrupción. A la vista de este inevitible resultado, si al gobierno y a su presidente les quedara un ápice de dignidad, dimitirían de inmediato. Pero eso es mucho esperar. Rajoy ya ha dejado claro de palabra y obra que no sabe qué sea la dignidad, como no sabe qué sea el honor o la fidelidad a la palabra dada. Ha dejado claro que su misión es quedarse los cuatro años gobernando a favor de los bancos y en contra de la gente pase lo que pase y sin aceptar responsabilidad ninguna por sus continuos fracaso, sus mentiras y sus presuntas corrupciones. Es decir, no dimitirá jamás. Hay que echarlo.

La impotencia de la oposición para restablecer la democracia en España es evidente. Y, sin embargo, tiene en su cajón un arma potentísima, un arma de último recurso que obligue a este sujeto a dimitir. No hace falta que pida perdón por los desastres ocasionados, la misería, los suicidios; basta con que se vaya de una vez y deje que el país lo gobierne alguien más competente y menos corrupto. Ese arma es una repetición de la famosa retirada al Aventino, de los plebeyos durante la República romana, repetida veinte siglos después por la oposición democrática frente al fascismo de Mussolini en Italia. Desde luego, si ir al Congreso de los Diputados solo significa asistir a la mentira, el engaño, el atropello de la democracia y el reinado de la sinvergonzonería y la corrupción sin poder hacer nada, quiere decir que, les guste o no, los diputados de la oposición serán cómplices de esta situación y estarán legitimándola. Por ello, de seguir las cosas así, estos representantes del pueblo deberían dejar de asistir a las sesiones parlamentarias. Reunirse, sí, en otro lugar y negarse a participar en la farsa montada por el PP y el gobierno y cuya manifestación más evidente a la par que ridícula son esos aplausos unánimes, franquistas, que los diputados de la derecha tributan en pie a su lider como si, en lugar de balbucear un discurso literalmente trufado de mentiras, insultos y necedades, fuera la exposición de un futuro preclaro.

Idos al Aventino y dejad el Parlamento en manos del fiel rebaño de beneficiarios directos e indirectos de esta política de embustes y expolio del neofranquismo. Si el gobierno no tiene la dignidad de irse, la oposición debe tener la de no quedarse.

¿Hubo alguna vez un debate sobre el estado de la nación?

Tenía un título un poco truculento y un tantico soez, pero la entrada de Palinuro del pasado 18 de enero, hace un mes, llamada Los tiene agarrados por los huevos daba en el blanco o, mejor dicho, en el negro. La verdad es que en el juego barcénigo, este depósito notarial suena a farol. Además, no va muy lejos por dos razones: 1ª) depositar unas pruebas en el notario no da fe de la veracidad de las pruebas sino solo de que han sido depositadas; 2ª) supongo que está al alcance del juez acceder a esas listas pues un notario no puede ser la versión contemporánea de la institución medieval del santuario.

Sea o no farol, Bárcenas cada vez semeja más a un ciudadano que se siente perseguido, quizá acosado, y lleva un maletín lleno de dinamita. La suficiente para volar el gobierno. Es posible que los papeles de Bárcenas sean falsos, como asegura Rajoy; posible también que sus amenazas carezcan de fuerza. Pero algo tiene que tener pues, de otro modo, el partido no le hubiera mantenido todas las prebendas del cargo habiendo causado baja; ni Cospedal hubiera patinado al afirmar que Bárcenas no tenía nada que ver con el partido; ni este se hubiera mostrado incapaz de aclarar qué situación contractual era la de Bárcenas que le permitía seguir cobrando una pastuqui casi hasta ayer. Recuérdense las palabras de Rajoy: todo falso salvo alguna cosa. Obvio, el problema es el tamaño de esa cosa. Grande parece ser al extremo de que las gentes del PP corren el riesgo de convivir con un dinamitero. En sentido figurado, claro es.

Bárcenas, Bárcenas por todas partes. Rajoy continúa en su actitud neurótica de represión, negándose a pronunciar el nombre maldito. Debe de ser una compulsión atávica, nacida en las umbrías selvas celtas en las que se originó el clan de sus antepasados. Rajoy vive en una perpetua alucinación. Por todas partes se le aparece la figura de ese Bárcenas, antiguo amigo suyo cuya existencia se niega a aceptar; igual que a Macbeth se le aparecía el fantasma de Banquo, también su otrora aliado. Esto lo trastorna sobremanera y, cada vez que habla, empeora la situación. Afirmó ante el Parlamento que los corruptos hacía años que no tenían responsabilidades en el PP. Por supuesto, entre los corruptos estaría comprendido Bárcenas. Ahora el problema es explicar por qué el PP astillaba 400.000 euros a una persona que no tenía responsabilidad alguna en el partido, ni la de ordenanza. Cobraba una pastuqui y tenía tienda abirta en Génova. En calidad ¿de qué?, por favor; exactamente ¿de qué?

Los diputados populares aplaudiendo con arrebato a su líder después del conjunto de dislates que soltó en su primera intervención, la verdad y con todos los respetos, parecían ganado lanar. Pero da igual. Se ponga el rebaño como se ponga, el debate sobre el estado de la nación ha caído como una castillo de naipes antes incluso de haber terminado. Ese fantasma pertinaz, ese no ente, ese no ser innombrable, ese espíritu de las tinieblas ha vuelto a poner a Rajoy en una situación imposible. Imposible para cualquier bípedo implume excepto, según parece, para Rajoy quien ya no sabe ni o que dice. Escúchenlo aquí en el debate, diciendo "inversobres" en lugar de inversores en un curioso y muy revelador caso de lapsus linguae.


Pero el debate fue mucho más. La parte esencial estaba montada sobre un poderoso eje central técnico con dos columnas: a) el desastre técnico de la herencia recibida de los incompetentes socialistas; b) el rebote pegado gracias a él en importantes magnitudes también técnicas que auguran una recuperación, pues la fe no nos engaña cuando nos dice que vamos por el buen camino. Todo ténica, amigos, nada de ideología ni de propaganda, hard facts. Bueno, pues llega Bruselas y cuestiona los datos, todos, los de crecimiento, déficit y paro.

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Lo fastidioso no es la discoincidencía en los datos. Eso es frecuente. Lo fastidioso es que el criterio por el cual se regirán las medidas económicas que nos afecten será el de Bruselas, no el del gobierno. Es decir, es Bruselas quien gobierna en España; no el gobierno de Rajoy.  Si eso no es estar intervenidos las ranas pueden ser Papas. 

En todo caso, diga el amable lector: ¿queda algo del debate sobre el sobre de la nación fuera de la extraordinaria intervención del diputado Baldoví, de Compromís/Equo sobre los sobres?

dijous, 21 de febrer del 2013

El único que se ha ganado el sueldo: Baldoví.


Estpupenda intervención de Joan Baldoví, de Compromis-Equo en el segundo día del debate. El único que se ha atrevido a plantear los asuntos en donde corresponde, en el rostro de piedra de Mariano Rajoy. El único que le ha hablado de los sobres con toda claridad, el que le ha sacado a Bárcenas. Se le acerca también Uxue Barcos. Pero Baldoví es definitivo. Le ha hecho la pregunta concreta: "¿Por dónde le tiene cogido Bárcenas, señor Rajoy? ¿Por los sobres?" Es equivalente a la que Palinuro considera que debían haberle planteado Rubalcaba y Lara si fueran menos timoratos, por decirlo suavemente: ¿Quiere usted decir a la opinión de una vez cuánto cobra al mes, cuánto ha cobrado, de qué procedencia y a qué fines? Esto no es una exageración (como el mendaz Rajoy achacó a Baldoví) sino una conclusión lógica del hecho de que su nombre aparece en los papeles de Bárcenas como receptor de dineros ilegales sin que él lo haya desmentido hasta la fecha de forma convincente.

Por supuesto, Rajoy no respondió a Baldoví. Se limitó a despreciarlo con ese estilo chulesco que le caracteriza. Pero eso no es óbice para que se siga acumulando la porquería de la sospecha sobre su nombre. El dice que "los corruptos hace tiempo que no tienen responsabilidades en el partido". ¿Y él? ¿No tiene la máxima responsabilidad como presidente? Claro, al decirlo, pretende excluirse del grupo de "los corruptos". Pero, para hacerlo tiene que probar que está libre de sospecha, limpio como el sol. Y no lo ha hecho. Sigue sin responder a la pregunta de cuánto cobra y de si lo ha hecho en negro.

Sigue bajo sospecha no solo de ser un corrupto sino de ser el segundo de los corruptos. El primero y del que él recibe órdenes, parece ser el tal Bárcenas, cuyo nombre, lleno de miedo, Rajoy no se atreve a pronunciar.

Baldoví sí me representa.

Lo han dejado escapar.

Al día siguiente de los debates, encuestas: ¿quién ganó? Los medios de la derecha darán ganador por aplastamiento a Rajoy. Al fin y al cabo su misión no es reflejar la realidad sino crearla. Por eso, a veces, dan cuenta de lo sucedido antes del suceso. Los otros harán triunfador a Rubalcaba, a Lara o a una mezcla de ambos, aunque no en tonos tan ditirámbicos. Lo malo de estas encuestas es que no hay modo de medir objetivamente lo que se adjudica. Basta ver con qué fervor de doctrinos aplaudían los diputados del PP, todos en pie, a su líder, de regreso de su confuso discurso, como probablemente hacía el pueblo elegido cuando Moisés bajaba del Sinaí con las tablas de la ley.

Para Palinuro, de haber un ganador sería bifronte: Rubalcaba-Lara. Si este último se quitara esa fastidiosa manía de frotar por las narices a los socialistas sus meteduras de pata del pasado sin reconocerles jamás un solo mérito o, por lo menos mezclara crítica y reconocimiento, aparte de ser más justo, haría más visible la posibilidad de una unidad de la izquierda. Pero eso ya queda para el intradebate de esta.

Lo más llamativo desde el punto de vista de Palinuro es que los dos principales dirigentes de la oposición no estuvieron a la altura de las circunstancias. Abordaron, sí, la cuestión de la corrupción y pidieron la dimisión de Rajoy, pero no vincularon directamente aquella a la persona del presidente del gobierno, al menos de modo claro y explícito. Tenían que haberle dicho que respondiera de una vez a la pregunta sobre la cuantía real de sus ingresos y su procedencia. Su nombre aparece en los papeles de Bárcenas. Él dice que todo es falso, pero no se defiende judicialmente como otros de su partido. Mientras esto no se aclare será un presidente bajo sospecha. Y un país no puede estar dirigido por un presidente bajo sospecha.

Desde luego, Rajoy armó toda su intervención en torno a la crisis con dos vertientes muy claras: a) el desastre de la herencia recibida, culpable de las medidas que se han tomado, y b) el buen resultado de estas, gracias a las cuales se ha evitado el rescate y se avizora una recuperación, aunque no se le dé forma. La veracidad de este aserto es tan inexistente como su lógica. Ya hubo un primer rescate y, actualmente, estamos intervenidos por unos forasteros bruselenses que vienen a inspeccionar de vez en cuando. El resto de su discurso en materia económica fue confuso, ambiguo, manifiestamente improvisado, los datos estaban sesgadamente interpretados. Obviamente, un discurso confeccionado para consumir tiempo sin decir nada, en especial de la corrupción y de su situación personal que es lo que verdaderamente tiene ocupado a Rajoy.

Tómese ese extraño dato, abundantemente señalado por los medios de que el presidente jamás pronuncie en público el nombre de Bárcenas. Es muy curioso. No es un recurso a la epojé fenomenológica. Va más allá, entra en lo neurótico,  se trata de una verdadera represión psicoanalítica y más, de una forclusión lacaniana. El significante "Bárcenas" no solamente no está en el consciente de Rajoy sino que tampoco está en su inconsciente. ¿Cómo va a nombrarlo? Lo malo es que nosotros sabemos que Bárcenas, el innombrable, Luis el cabrón es bien real.

Así pertrechado y sin dejar de atacar a los socialistas, Rajoy justifica su comportamiento tan contrario a los usos de las naciones civilizadas con la excusa, un hallazgo a su parecer, de que no cumplió su palabra, pero sí su deber. El primer deber de un hombre es cumplir su palabra. Y, si no puede, abandonar (no necesariamente suicidándose), pero no hacer lo contrario de lo que dijo. Porque en este caso, se trata de un fraude. La palabra incumplida era falsa.

¿Qué valor tiene la de Rajoy cuando anuncia una batería de normas para luchar de ahora en adelante eficazmente contra la corrupción? Ninguno. Basta con recordar su condición de presidente de un partido que no ha aclarado si tiene o no empleado a Bárcenas. Comprometerse a castigar las corrupciones venideras pero no a aclarar las presentes es un intento de birlibirloque impropio hasta de la política española.

En estas condiciones ha sido muy de lamentar que los dos dirigentes de la oposición no plantearan directamente la corrupción como un problema personal de Rajoy. Se entiende esa abstención. Ambos son personas educadas y no quieren llevar los asuntos a un terreno de honor personal por prudencia. Pero es inexcusable que lo hagan. No solo porque Rajoy no se hubiera abstenido. Hizo cosas peores, como cuando acusó a Zapatero de traicionar a las víctimas de ETA y poco menos que de ser el instigador de los atentados. Pero ahora el asunto debe plantearse como una señal de depuración de responsabilidades políticas en serio. Un gobierno con un par de ministros o más francamente destituibles, no puede estar dirigido por un presidente que se niega a disipar convincentemente las sospechas que pesan sobre él.

Sin embargo, la oposición lo ha dejado escapar.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimecres, 20 de febrer del 2013

Debate sobre el estado de la corrupción.

Se hacen cábalas sobre el debate del estado de la Nación de hoy. Según parece, la táctica de Rajoy será marcharse de paseo por Europa y hablar bruselense con el añadido, ya preanunciado en los medios, de una medida-bomba de carácter económico. El déficit, los logros del gobierno, la economía, mucha economía y confianza en un futuro de gloria al que nos conducirá con mano firme quien no ha dicho una sola verdad desde que tomó posesión jurando acatar la Constitución con un crucifijo delante.

No quiere ni oír hablar de la corrupción. Justo uno de los temas que más preocupan a los españoles. Y no solo preocupan. También indignan. Se entiende: la coincidencia de dos fenómenos tremendamente negativos tiene un efecto explosivo. Uno de ellos es la profunda y pertinaz crisis económica; el otro, el comportamiento escandaloso, presuntamente delictivo, de una gran cantidad de dirigentes del PP, con o sin cargo público. Las comparaciones encienden los ánimos. Quieren desahuciar a una anciana por una deuda de 300 euros y el amigo Bárcenas tenía veintidós millones agachados en Suiza. Ponen a la gente en la calle a cientos con la indemnización mínima, casi ridícula y al compañero Sepúlveda le regalaron, según el juez, 500.000 euros con la condición, entiendo, de que su mujer o exmujer nos los viera. Escatiman el salario mínimo a la gente y regalan 60.000 euros al año a un mozalbete sin cualificación alguna, para que interprete el papel de nuestro hombre en la Habana. Hay casi seis millones en el paro pero todos los familiares, amig@s y client@s y allegad@s del PP están enchufad@s con sueldos de cine.

La oposición tiene que hablar de la corrupción, que debe ser el eje de su discurso. Lo de Europa está muy bien pero si el país no sale adelante es porque tiene un gobierno desacreditado y sin legitimidad, acosado por la corrupción en su partido. Y él mismo bajo sospecha en la persona de su presidente, acusado de recibir dineros irregulares mediante sobres y sin que hasta la fecha lo haya desmentido de modo tajante, claro y firme. Y tampoco ha emprendido acciones judiciales en defensa de su honor, como han hecho algun@s de sus subordinad@s, por ejemplo, Cospedal. No es viable un gobierno con un presidente bajo sospecha. Incluso aunque Javier Arenas resucite la teoría de la conspiración del 11-M que, como los vampiros, nunca muere del todo.

Es de la corrupción de lo que la oposición tiene que hablar. Y debe hacerlo en su lenguaje, no en la neolengua del gobierno, con términos inteligibles para todos y dando a los hechos la interpretación que merecen, no la embellecida del poder. Así, allí donde el gobierno habla de privatizar, la izquierda lo hará de expoliar; donde el gobierno dice venta de bienes públicos, la oposición traducirá almoneda al mejor postor; donde reformas, recortes; donde racionalización, encarecimiento; copago, repago; modulación, prohibición; crisis económica, estafa; crisis de la banca, más estafa; auditoría interna, enjuague; auditoría externa, encubrimiento; transparencia, ocultación; todo el peso de la ley, todo el peso del indulto.

Pero, lo fundamental, la oposición debe retar al presidente del gobierno a zanjar de una vez por todas las sospechas de comportamientos ilegales. Es lamentable llegar a esta situación y hasta se hace un poco violento por vergüenza ajena pero es que el presidente del gobierno parece carecer no ya de pundonor sino de un sentido mínimo de la dignidad. De esta forma, la pregunta debe ser clara e inequívoca: ¿quiere el presidente del gobierno decir al parlamento ya que hasta ahora no lo ha hecho, cuánto cobra y ha cobrado en los últimos cuatro años, de qué procedencia y bajo que concepto?
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimarts, 19 de febrer del 2013

La marca España.

No es mala idea. En loor de la marca España, unas buenas olimpiadas de la corrupción. Habría competiciones de trinque, afane, cobro en B, C y hasta Z, malversación, cohecho, extorsión, plurisueldos, sobres voladores, navegación a vela, recalificación de terrenos, comisiones, estafa al anciano, triple salto hipotecario, lanzamiento de trabajadores, tiro al desempleado, reducción de becas y sisa de pensionistas. Materia hay. Quizá no voluntad política aunque, si se contacta con una organización benéfica, sin ánimo de lucro, dedicada a promover el deporte, y mediando unos míseros cientos de miles de euros, podrían inaugurarse con pompa y circunstancia los Primeros JJ.OO. CC. o Juegos Olímpicos Corruptos de la historia.

Desde luego, la prueba estelar debiera ser la peineta. Es un gesto natural, desenfadado, eso que llaman comunicación no verbal, de lo más contundente. Es, además, grosero, zafio, suele acompañar a un rostro airado, iracundo, desencajado y habla más sobre la educación y el espíritu de quien lo hace que siete confesiones al psicoanalista. Un jurado benévolo probablemente daría la medalla de oro en peineta a Bárcenas. Oro. Oro puro. Oro del bueno. Dinero llama dinero. Pero hay un problema. Antes de Bárcenas entró en la competición el el expresidente Aznar con una peineta tan lograda que, en justicia le corresponde el oro barcénigo. Merece la pena echar una ojeada a la peineta y sus variantes, todas ellas magníficas. Bárcenas habrá de conformarse con la plata.

Ese gatuperio organizado en el PP por los papeles de Bárcenas es también olímpico. Pero no de los juegos, sino de las trastadas y faenas que se hacían los dioses unos a otros, los chivatazos, las zancadillas, las mentiras, los robos de Mercurio, las borracheras de Baco, las cornamentas generalizadas. Cospedal ha presentado sendas demandas civiles en defensa de su honor contra Bárcenas y El País y otros dirigentes del PP cavilan si hacer lo mismo. Si entre ellos no se encuentra Mariano Rajoy, aquel cuyo honor aparece más claramente comprometido, su posición se hará insostenible y eso por culpa de sus compañeros, que no saben quedarse quietos, como él. Insostenible en un terreno de dignidad, decoro y elegancia. Términos, me temo, incomprensibles para el presidente del gobierno. Pero es un hecho: Rajoy aclara de una vez por todas la cuestión de su presunto cobro en sobres irregulares (para lo cual no basta con repetir que es falso) o se verá sometido al ludibrio público, será escarnio y mofa nacional e internacional. Porque eso es exactamente lo debe preguntarle la oposición en el debate sobre el estado de la Nación: cuánto cobra, cuánto ha venido cobrando en los últimos años, de qué procedencia y bajo qué concepto.

Un gobierno desacreditado hace pareja perfecta con una Monarquía desprestigiada. Al margen de lo que se sustancie en el proceso de Urdangarin y su socio, la Corona aparece bajo una luz grotesca. El Rey, la hija, el yerno, la amiga, el secretario semejan los personajes de una sátira de la Ilustración, al estilo de Beaumarchais. El Rey, como se ve, está obligado a desmentir noticias cada vez más alarmantes y escabrosas. Con la clara conciencia, compartida por todos los españoles, de que en política, los desmentidos confirman. La hija se ha refugiado en el papel "Ana Mato", un papel perfectamente analizado por Lucía Etxebarría en un artículo censurado de título La Infanta es tonta y analfabeta.

El yerno, ¡ay el yerno! El yerno solito va a cargarse la monarquía y algo más. Según pasan los días se amplía el círculo de políticos a los que Urdangarin, al parecer, se trabajaba con gran éxito. Ya no son solo los de las Comunidades Autónomas que, con todos los respetos a estas imprescindibles instituciones, están gobernadas por gentes de horizontes limitados y vuelo bajo. El tipo de clientes para el hipotético estafador mundano de guante blanco, que deja caer al desgaire el nombre de Su Majestad en el momento de pillar la pastuqui a título de subvenciones, donativos, subsidios, corretajes, comisiones o simples mordidas. También anduvo, según parece, en tratos con encumbradas autoridades de la Corte, gentes más viajadas y cosmopolitas. Así vendió supuestamente unos servicios de lobby a favor de la niña de los ojos de Ruiz Gallardón, por entonces alcalde de Madrid, empeñado en traer a la capital los juegos olímpicos, los de verdad, y dispuesto tocar todas las teclas. Esta de Urdangarin costó al erario público 120.000 euros, librados por el Ayuntamiento gallardonesco a título de donativo. Al fin y al cabo, era una organización sin ánimo de lucro, como las hermanitas de los pobres.

A Ortega deben zumbarle los oídos de lo mucho que se cita su famoso Delenda est Monarchia. Pero no se haga el personal ilusiones armado con la autoridad del filósofo. Esta Monarquía es más difícil de destruir porque ya nació muerta; es, en realidad, una Monarquía zombie. Basta con ver al Rey, sombra de lo que fue, pero aferrado a su trono con más fuerza que a sus muletas.

dilluns, 18 de febrer del 2013

El espectáculo y la política.

La noche de los Goyas fue la apoteosis de la conciencia crítica. Primero Eva Hache no dejó títere con cabeza en fuego graneado y rápido de ingenio, sarcasmo y burla, en la mejor tradición juglaresca. Después, Candela Peña atacó los recortes de los servicios públicos invocando la experiencia directa. Por último, Maribel Verdú se elevó a consideración teórica para criticar a fondo un sistema obsoleto e injusto que permite robar a los pobres para dar a los ricos. Entre tanto, el ministro del gremio aguantando el chaparrón con gesto de circunstancias. Tres bravas mujeres que prestan voz a la opinión pública al denunciar una situación insostenible en el país. En definitiva, que hacen política. Y muy bien hecha, por cierto. Frente a la agobiante mentira del gobierno y su aparato mediático es bueno, es imprescindible, que se oigan las verdades. La aclamación en las redes ha sido casi unánime. La gente del cine es el frente cultural de la insurrección cívica en marcha.

La gente del cine. También conocida como los titiriteros por la derecha gubernativa, incluso los Bardem por su parte más feroz. El discurso político se ha dado como espectáculo, con el brillo y el boato (eso que llaman glamour) propios de los festivales. Y a nadie le ha parecido mal. Todos hemos aplaudido mucho. Actores y actrices metidas a políticas. Es el signo del tiempo, la política y el espectáculo.

Justo un par de días antes, Beatriz Talegón había protagonizado una relación inversa: una política que hace espectáculo. En una convención socialista en un hotel de cinco estrellas en Cascaes, Portugal, largó un discurso crítico con el aburguesamiento del socialismo que saltó de inmediato a los medios y las redes y se difundió como la pólvora. Pero la reacción fue diametralmente opuesta. En lugar de aplausos, Talegón ha cosechado críticas, burlas, vituperios y bastantes insultos. En especial de parte de aquellos que coinciden con el contenido del discurso pero se quejan de que es falso por ser un espectáculo. Claro. Evidentemente es un espectáculo. Pero ¿por qué aquí el espectáculo condena el mensaje político y en los goyas, al contrario, lo ensalza?

Me temo que no haya una respuesta fácil. Poco después Talegón, junto con un exministro socialista, fue objeto de animadversión pública, al extremo de expulsarla de una manifa en contra de los desahucios. Un episodio vergonzoso del que mejor sería no hablar de no ser porque los energúmenos que la agredieron cuando menos de palabra encuentran justificación en gente que no tiene inconveniente en culpar a la víctima. Se lo tenía merecido. Se lo había buscado. Suena ¿verdad? Algo muy viejo. Y muy siniestro.

Por lo demás, el espectáculo y la política están mezclados por todas partes. De modo directo o indirecto. La concejala de Los Yébenes, Olvido Hormigos, convertida en espectáculo, al parecer involuntario, ha decidido pasarse a él voluntariamente, fichando por Tele 5 para uno de esos programas de los que todo el mundo echa pestes. La comparecencia, por llamarla de algún modo, de Rajoy hace unos días ante los periodistas a través de una pantalla de plasma ¿qué es sino puro espectáculo? Rajoy político convertido en actor interpreta su propio papel ante una cámara de circuito interno. Podía haber sido su doble. Estamos seguros de que no fue así porque llevaba su alocución escrita en las consabidas cuartillas y, aunque con trabajo, consiguió leer su letra. Espectáculo también, pero con otra categoría, fue la intervención de Ada Colau en la comisión parlamentaria sobre los desahucios.

¿Qué hay contra los espectáculos? Nada de nada. Solo interesa saber si son convincentes o no, sinceros o no, honrados o no.

Espectáculo y muy noble es el de la ciudadanía en las mareas que inundan las calles de las ciudades españolas. Y espectáculo grandioso será el de la confluencia de todas ellas el 23 de febrero. De todas las mareas, la gran marea. La que dejará en claro que la legitimidad de este gobierno para seguir desmantelando la Constitución material del país es cero. No existe. Para el día siguiente debe estar preparada la moción de censura.

(La primera imagen es una captura del vídeo de Huffington Post. La segunda, una captura del vídeo de bajo licencia Vital Aza en You Tube).

diumenge, 17 de febrer del 2013

El jefe es el Rey.

Diego Torres, exsocio de Iñaki Urdangarin, ha afirmado, al parecer, ante el juez que el jefe es el Rey. Digo "al parecer" porque, según veo, este Torres tiende a decir y a desdecirse. La afirmación puede obedecer también a una estrategia de defensa procesal. Si cobija sus presuntas fechorías a la sombra del monarca, que no es penalmente responsable, algo sacará en limpio. Por lo demás, no se trata de un hecho, sino de una deducción. De un correo de Urdangarin en que este le pide tiempo para "consultarlo con el jefe", infiere que el jefe solo puede ser Juan Carlos I. Algunos han empezado ya, incluso, a especular que el Duque (o ex-Duque, pues no lo tengo claro) quizá solo sea un testaferro. Se supone que de su suegro.

La Monarquía española está en horas bajas. Es obvio el acuerdo general de los medios para informar con sordina de las peripecias de la Corona, no comentarlas y restarles importancia. Nada complace más a los serviles que ser útiles a su señor. Pese a todo, los continuos escándalos y broncas en que se ve mezclado el Rey plantean la cuestión de la viabilidad de la institución. Se quiera o no. Las cacerías de elefantes, los supuestos devaneos amorosos del soberano convertidos en asuntos de Estado, la naturaleza de sus verdaderas relaciones con Urdangarin, su deteriorada condición física, el hecho de lo abucheen de vez en cuando son datos apuntando en la misma dirección: puede ser un buen momento para preguntar a los españoles por el mantenimiento de esta institución.

Como siempre, la solicitud de celebración de un referéndum que debió convocarse treinta y cinco años atrás, tropezará con la negativa cerrada de los dos partidos dinásticos. En el caso del PP es comprensible, pues se trata de mantener una institución cuya instauración se debe al franquismo. En el caso del PSOE, en cambio, lo encuentro incomprensible y tiendo a verlo más como una imposición de las convicciones personales del secretario general que como el espíritu del partido. No sé si el monarquismo se ha aprobado en algún congreso del PSOE. Sospecho que no. A lo mejor es cosa de hablarlo a las claras en el siguiente en lugar de jugar a la ambigüedad. ¿Es el PSOE un partido republicano o monárquico?

El descrédito de la monarquía es galopante. Los sondeos le son negativos. Por eso no se hacen. Por lo demás ese descrédito lo comparte la corona con el del resto de las instituciones del Estado. El gobierno carece de autoridad, enfangado como está en un asunto de corrupción que afecta a la honradez de su mismo presidente. El Parlamento es irrelevante por sometido al gobierno. Los medios son mayoritariamente progubernamentales. Solo resisten como fortalezas sitiadas el poder judicial y la web.

España se ha dividido en dos, como siempre: la España oficial y la España real. La oficial, ya se ha visto, está invadida por la corrupción, por el enchufismo y el caiciquismo y por las prácticas de un gobierno autoritario. Es la España oficial de toda la vida, el objeto de la crítica regeneracionista primero y de la izquierda después.

La España real, en cambio, está en la calle. Ayer se manifestó el país entero por el derecho a la vivienda, por la dación en pago, movido por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). Hoy habrá más manifas. Vuelve la Marea blanca. Frente a este estado de insurrección social permanente, la España oficial solo puede oponer una autoridades deslegitimadas por esta bajo fuerte sospecha de corrupción. De ahí que los dos partidos mayoritarios hayan dado marcha atrás en sus intenciones, contradicho sus medidas anteriores y se apresten a legislar sumisamente y por vía de urgencia las reivindicaciones de la PAH.

Los movimientos sociales están cumpliendo las funciones que debiera cumplir la oposición parlamentaria. Es obligado que esta establezca cauces de comunicación e intercambio con aquellos. La sociedad cambia a ojos vistas. Los ciudadanos tienen una capacidad de autoorganización y alcanzan una eficacia de acción que amenaza con hacer obsoletos los partidos políticos tradicionales. Ocurre con ellos lo que con los medios en relación a internet. Esta no pone en peligro los medios sino los medios de papel. Internet tampoco pone en peligro la acción política sino solo la de papel, es decir, la de los partidos.

(La imagen es una foto de א (Aleph), bajo licencia Wikimedia Commons).

dissabte, 16 de febrer del 2013

La política y la corrupción.

Incluyo aquí un artículo que publico hoy en el magnífico blog Publicoscopia, cuya lectura recomiendo. Del blog, claro es, no necesariamente de mi artículo.



En su sátira contra Cleón, Los caballeros, de Aristófanes, unos criados tratan de convencer a un choricero que pasa por allí de que llegará a ser el gobernante del Estado. Este es el diálogo: 

Primer servidor.- ¿Cómo es eso? ¿De qué te crees indigno? Albergarás todavía algún buen sentimiento. ¿Pertenecerás acaso a una clase honrada?
El choricero.- No, por los dioses; pertenezco a la canalla.
Primer servidor.- Entonces, oh mortal afortunado, estás ricamente dotado para la política.
Choricero.- Pero, buen amigo, yo no he recibido la menor instrucción; sólo sé leer, y eso mal.
Primer Servidor- Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas. No desprecies lo que los dioses te prometen en sus predicciones."

Este desprestigio de la política y los políticos en Atenas, venía ya de antiguo. S. N. Kramer comenta que el primer caso de soborno se registra en Sumer, unos 3.000 años antes de Cristo. De forma que, al abordar el problema conviene no olvidarse de que no es novedad ni algo privativo de nuestro tiempo. Pero este hecho tampoco debe inducirnos al fatalismo, al relativismo y a la resignación. Que haya políticos corruptos; que los haya habido siempre; que incluso impongan el tono de la gobernación en todos los tiempos, no dice nada sobre la política en sí misma, sino sobre los políticos que se corrompen.

Al contrario, cuanto más lejos nos encontremos de aquella política que Francis Bacon llamaba alta, más ejemplos se darán de la perversión de esta noble arte y más se extenderá la desafección entre la ciudadanía sobre la verdadera naturaleza de esa vocación. Ello es especialmente llamativo en el caso de la democracia que, por definición, consiste en la identidad entre gobernantes y gobernados.
Los enemigos de la democracia suelen argumentar que esta forma de gobierno es especialmente proclive a la corrupción y señalan en su apoyo la proliferación de casos que en ella se dan de prácticas ilegales y criminales. De este modo no solo justifican sino que incluso fomentan el despego de la gente hacia el sistema democrático en la esperanza de sustituirlo por alguna forma de tiranía, más acorde con sus intereses.
Sin embargo, la democracia no solamente no es la forma de gobierno más corrupta sino, al contrario, quizá sea la menos corrupta. Los escándalos, cierto, sacuden la vida cotidiana pero, en buena medida, porque nuestra sociedad es mediática y, aunque no lo parezca, mucho más transparente que todas las anteriores. De haber libertad de información y expresión en las dictaduras, en las monarquías absolutas, podría verse que la corrupción es en ellas mucho más grave que entre nosotros.

La garantía de la democracia frente a la corrupción no está en el intento de erradicarla (aunque no esté nunca de más intentarlo) sino en el hecho de la publicidad. Es imprescindible que todos los actos de la esfera política reduzcan o eliminen el silencio, el secreto, las zonas de penumbra –en donde el poder hace sus chanchullos- o de opacidad. La corrupción, la venalidad, la falta de lealtad, de honradez no se eliminarán nunca porque son tan inherentes a la naturaleza humana como sus contrarios. Lo que sucede es que, por una especie de actuación de una ley de Gresham moral, son más visibles que estos. 

Lo que la democracia precisa no es amontonar códigos éticos que nadie cumple y solo sirven para hacer demagogia, sino disponer de medios prácticos y eficaces para prevenir la corrupción y, desde luego, obligar a los gobernantes a atenerse a ellos, a dar explicaciones de sus actos y a sufrir las penas correspondientes. Esa es precisamente la razón del agudo deterioro actual de la democracia española. No es solamente la sospecha de que los gobernantes actuales, desde Rajoy hasta los cargos de las Comunidades autónomas, sean unos corruptos y un puñado de granujas dedicado al saqueo de las arcas públicas. Antes bien, es la comprobación de que, dado el funcionamiento constitucional del sistema, la ciudadanía carece de medios para obligar a estos gobernantes indignos, presuntos prevaricadores y ladrones, a dar cuenta de sus actos, dimitir y sufrir los castigos pertinentes.
En nuestro tiempo, la expansión de internet, la política 2.0 y el “periodismo ciudadano”, han facilitado el acceso de las multitudes al control crítico del gobierno. Sin embargo, el bloqueo institucional de este mediante medidas autoritarias y reformas reaccionarias de la legislación represiva, producen el efecto de que, de todas las democracias del mundo, la única que está dirigida por un partido que más parece una asociación de delincuentes, con un presidente presuntamente dedicado al enriquecimiento personal ilícito sea la española. 

Justamente una razón más para que la ciudadanía mantenga e incremente la presión extraparlamentaria, en la calle, a los efectos de que los gobernantes corruptos, empezando por el presidente del gobierno, dimitan y se pongan a disposición de los tribunales de justicia. 

La política, sobre todo la política democrática es corrupta o no; los ciudadanos pueden profesar desafección hacia la política o no, dependiendo de lo que ellos mismos hagan. La política la hacemos los ciudadanos; no los gobernantes. La corrupción de estos se aprovecha de nuestro desinterés. En gran medida cabe decir que la corrupción se da porque los ciudadanos la toleran.

Frenos y contrapesos.

Es una verdad de la ciencia política que solo el poder frena el poder. Un poder que carece de otro enfrente tiende a extralimitarse, a avasallar, a convertirse en tiránico. Por eso, el constitucionalismo moderno se aferra a la teoría estadounidense de los frenos y contrapesos, los checks and balances que los admiradores de todo lo yanqui creen tan universales y eternos como las stars and stripes. ¿Qué entes, qué instituciones pueden ejercer un poder que frene y contrarreste el poder político, en este caso el gobierno? En principio, los otros poderes del Estado, el legislativo y el judicial y, además, el cuarto poder, reforzado por lo que algunos llaman ya el quinto poder, la web. Siendo España régimen parlamentario, el parlamento es inexistente, víctima de la mayoría absoluta del gobierno. El sistema mediático está abrumadoramente al servicio del gobierno que lo utiliza sin ningún reparo: todos los medios audiovisuales públicos son oficinas de agitprop gubernamental y una parte importantísima de los medios impresos.

De freno y contrapeso están actuando el poder judicial y la web. Pero no es mucho. El gobierno desoye las decisiones de los tribunales. Así, el ministerio de educación sigue privilegiando los centros que discriminan por sexo frente a decisiones firmes del Supremo que lo prohíben. Eso cuando el de Justicia no decide conceder el indulto a delincuentes condenados por la justicia, con razones por lo menos especiosas. La vigilancia de la web es universal, generalizada, llega a todos los rincones del ejercicio del poder. La web es un Argos siempre al acecho. Pero se estrella ante la indiferencia de los gobernantes, quienes ignoran el estado de ánimo de las redes o las llenan de apologetas suyos actuando como trolls.

Es decir, el gobierno del PP no tiene contrapesos. Tampoco oposición parlamentaria. Esos 110 diputados socialistas poco más pueden hacer que aplaudir a su lider cuando pide la dimisión de Rajoy. Y aun eso, con moderación y prudencia. Ya ha salido el venerable González a decir a los jóvenes lobos de su partido que no estén pidiendo continuamente la dimisión del presidente. No sea que este se enfade. Esas dos carencias se notan mucho. El gobierno tiene una tendencia autoritaria evidente. El presidente apenas comparece en Parlamento, gobierna por decreto-ley, rompe acuerdos y pactos escritos y no escritos en su intención de desmantelar el Estado del bienestar, privatiza servicios públicos a mansalva y, los que no puede privatizar, los reduce y descapitaliza. Algun@s gobernantes  autonómic@s pretenden privatizar el dominio público, los valles y montes de España, una especie de reamortización.

Y todo esto lo ponen en práctica unas autoridades electas pero sobre las que pesan fuertes sospechas de corrupción y que no solamente se niegan a dimitir sino incluso a dar explicaciones de sus actos, con los medios a su servicio. Muchas de las medidas del gobierno exceden de sus competencias y entran de lleno en el ámbito de la reforma de la constitución material del país, mediante un vaciamiento de sentido de la constitución formal. No hay derecho a la vivienda digna, ni a la sanidad y educación públicas, ni a la tutela efectiva de los tribunales, aunque el texto de la Constitución vigente siga proclamándolos.

La oposición está obligada a plantear esta crítica como fundamento a su moción de censura y con propuesta de un candidato alternativo a la presidencia del gobierno. El gobierno no está legitimado para hacer lo que hace. Ni subjetiva ni objetivamente. Y  mucho menos lo contrario de lo que prometió en el programa electoral. Las personas que lo están haciendo no son las más adecuadas y lo que están haciendo no es lo más conveniente para el país. La moción de censura es inexcusable. El gobierno debe explicarse ante la opinión pública si no de grado, por fuerza.

(La imagen es una captura del vídeo de La Moncloa en el dominio público).

El arte por el arte.

El arte desafía la lógica. Se manifiesta de repente, porque quiere, sin preaviso y, cuando reflexiona sobre sí mismo y se da un nombre, por ejemplo impresionismo, es para introducir mayor incertidumbre. Ganas de fastidiar. La exposición de la Fundación Mapfre, Impresionistas y postimpresionistas trae setenta y ocho obras del Quai d'Orsay que ilustran muy bien un momento de la agitada historia del impresionismo. El nombre procede de una tela de Monet, Impression soleil levant, de 1872. Por entonces, los impresionistas, rechazados por la Academia, estaban en pie de guerra contra esta y organizaban su Salon des réfusés. El término "impresión" tiene vocación de manifiesto, es la traducción pictórica de la teoría del arte por el arte, que había abanderado Théophile Gautier. El arte no es mensajero ni portador de significados morales, religiosos, políticos; no está al servicio de ninguna causa. La elección del término "impresión" evoca lo momentáneo, pasajero, fugaz, como aquello con verdadero valor artístico frente a la huera trascendencia del academicismo, siempre ejemplificando con héroes muertos y grandezas del pasado. El arte está ahí fuera, ahora, en los paisajes urbanos o naturales. Hay que salir y captarlos en un momento determinado, con una luz concreta. Dar una impresión de ellos. La impresión es evanescente, frente a la perennidad de lo clásico. Pero, al quedar fija, esa impresión se incorpora al mundo contra el que lucha, el mundo de las reglas y las normas. Para combatir esa consolidación de la impresión, por así decirlo, los artistas pintan repetidas veces los mismos temas con iluminaciones distintas. El caso extremo, Monet y sus cuadros de la fachada de la catedral de Rouen a varias horas del día (de los que hay dos en la exposición), como también hizo con los acantilados de Entreat o sus estanques de nenúfares. En la exposición, el de la armonía verde, de 1899

Los impresionistas -quizá por su común condición de refusés- tenían conciencia de grupo. Eso pasa mucho y especialmente en pintura, quizá por la tradición de los talleres del gremio de San Lucas. El XIX y el XX están llenos de "fraternidades" y "comunidades". Los prerrafaelitas eran una "fraternidad", como la de los nazarenos alemanes, el grupo Secession o el de Die Brücke. En realidad, cuando el impresionismo entra en crisis (por utilizar la terminología de la exposición, que no es muy acertada porque, hablar de "crisis" tratándose de arte, no tiene mucho sentido), da lugar a su propia comunidad, la de los nabis, abundantemente representados en la exposición de Mapfre (Valloton, Sérusier, Denis, Roussel, Vuillard).

Es que, en concreto, el nudo de la exposición es el postimpresionismo, desde 1885 en adelante, cuando el Salon des refusés se ha convertido en el Salon des independents, más ecléctico y menos combatido por el agresivo "buen gusto" del academicismo que ya estaba de retirada. Basta con echar una ojeada a la producción del almibarado Walter Bouguereau para darse cuenta de ello. Los postimpresionistas, o los impresionistas más longevos, ya no son los temibles revolucionarios de los refusés, algunos de los cuales habían tenido relaciones con la Comuna de 1871. Ahora son los reconocidos maestros, incluso cuando se recrean en los desnudos femeninos al estilo de Rubens (Las bañistas, de Renoir) o "descienden" a los bajos fondos de la sociedad, como hace Toulouse-Lautrec (La payasa Cha-U-kao). Los nabis, esto es, los profetas, quizá por esa costumbre de las vanguardias de ir a buscar su razón de ser a la antigüedad del pueblo elegido, son más planos, en todos los sentidos. Esa condición plana se acentúa con su empleo del cloisonné, en algunos casos, que abriría el camino al modernismo, pero no es suficiente para ponerlos a la altura de Cézanne o de Gauguin, a quien reconocen como maestro. De Cézanne un ejemplo de sus celebérrimas manzanas y de Gauguin un bodegón con un abanico de japaniserie, testigo de la pasión del artista por lo exótico.

Es una magnífica exposición y está siendo muy visitada. Seguro que se complementa muy bien con la que hay en el Thyssen también sobre el impesionismo como pintura de exterior. Habrá que verla.

divendres, 15 de febrer del 2013

La paga de Rajoy.

Desde el punto de vista político el meollo del rosario de escándalos que afecta al PP es la cuestión siempre abierta de cuánto cobra el presidente del gobierno. Este es el verdadero escándalo que Rajoy trata de ocultar como sea. Sin duda los otros tienen muchas vertientes, afectan a muy diversas personas, se refieren a comportamientos tipificados en numerosos artículos del Código Penal. El caso Gürtel con sus ramificaciones y el caso Bárcenas con las suyas dan para monopolizar las primeras de todos los diarios. Más si, como era de esperar, resultan estar entreverados, abriéndose así nuevas e insospechadas perspectivas. Se añaden escándalos colaterales, también relacionados, como el de Matas y el de Urdangarin. Puede decirse que el de este último es pieza aparte por tratarse de quien se trata y porque iba por libre. Iría por libre, pero siempre acababa haciendo negocios con cargos del PP: Matas, Camps, Barberá. También Ruiz Gallardón, siendo alcalde de la capital, sucumbió a las habilidades urdangarinescas y se dejó al parecer desplumar 120.000 euros que no eran suyos.

El panorama es, desde luego, abigarrado y pródigo en anécdotas chuscas. Basta con escuchar a Carlos Floriano -Cospedal está notoriamente ausente- "explicando" las peculiares relaciones laborales en el PP que además cambian radicalmente de carácter en una semana. Pero lo esencial aquí, lo que tiene importancia política, lo que explica los acontecimientos de los últimos dos meses, es la implicación de Mariano Rajoy en lo más turbio de la historia con la acusación de que puede haber recibido dinero ilegal, según los apuntes de Bárcenas. Este es el fondo de la cuestión, al que el presidente todavía no ha dado una respuesta satisfactoria y, al contrario, ha dado varias insatisfactorias. La gravedad de la sospecha resucita, para agravarla, la sorprendente incógnita del sistema político español, esto es, el sueldo de Rajoy cuando lider de la oposición y cuando presidente del gobierno. Porque, hasta la fecha, no lo ha declarado formalmente nunca. Al contrario, se negó a revelarlo cuando se le preguntó directamente en la televisión hace unos años y, en una segunda ocasión dio una cifra falsa. Aseguró ganar unos 8.000 euros al mes cuando por aquella época eran 14.000. España debe de ser la única democracia del mundo en la que no hay clara constancia de cuánto cobra el presidente del gobierno.

Muy preocupado con esta circunstancia que lo afecta a él personalmente, a su crédito, a su moralidad, quizá a la legalidad de su actuación y, desde luego, a su legitimidad, Rajoy ha recurrido a varios procedimientos y ha acabado empeorando las cosas. En un primer momento sostiene que todo es falso, que los papeles de Bárcenas son falsos y (es de suponer) todo cuanto publica la prensa sobre la situación laboral y retributiva del extesorero también es falso. Viendo que esto no es suficiente, tiene un gesto de transparencia y decide publicar sus declaraciones de la renta desde 2003. El gesto suscita todavía más dudas y sospechas. La declaración de la renta no coincide con la presentada al Congreso y solo se publica a partir de 2003, con lo cual no prueba nada, pues las anotaciones incriminatorias de Bárcenas llegan hasta 2003, consignando cuantiosos pagos a Rajoy.

En una actitud muy típica de la derecha, de responder y defenderse atacando, Rajoy reta a Rubalcaba a hacer lo mismo que él, desvelar sus declaraciones a Hacienda. Es un gesto ruin porque olvida que el de Rajoy fue obligado a causa de las sospechas sobre él, mientras que Rubalcaba no está obligado pues sobre él no pesan sospechas. Pero, además de ruin, el reto es estúpido porque ha faltado tiempo a Rubalcaba y, de paso, a Cayo Lara para hacer públicos sus ingresos, poniendo negro sobre blanco una diferencia abismal entre ellos dos y Rajoy, quien tiene unos ingresos fabulosos y de procedencia harto discutible. Rubalcaba gana 55.000 euros al año más las dietas, en total, unos 66.000 euros. A su vez, Cayo Lara cobra 63.000 euros al año y, por supuesto, ninguno de ellos recibe un céntimo de su partido. Al contrario, Lara entrega 16.800 euros a su organización. Frente a ellos, Rajoy viene cobrando unos 220.000 € anuales, según sus propios papeles. ¿Cómo se puede decir que todos los políticos son iguales?

Entre la maraña de los ingresos de Rajoy destaca la duplicación de pagas del presidente, práctica que comparte con María Dolores de Cospedal. Ambos compatibilizan o compatibilizaban un sueldo del partido con otro por el cargo institucional, lo cual es, cuando menos, contrario al espíritu de la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984. Puede que no sea ilegal, al alegarse que, siendo los partidos asociaciones privadas, sus sueldos no son públicos. Es opinable ya que los partidos se nutren esencialmente de fondos publicos pero, aunque no sea claramente ilegal, es inmoral. Es inmoral acumular sueldos en el ámbito público cuando el país tiene casi seis millones de parados y a los funcionarios se les bajan las retribuciones.

A este punto reprochable se añade la sospecha de que, en la paga de Rajoy hayan figurado otras aportaciones presuntamente ilegales, de dudosa procedencia, según las anotaciones de Bárcenas. Frente a esta sospecha, el presidente ha decretado el silencio. Todo es falso. Y no se dan más explicaciones ni se responde a pregunta alguna. Pero el silencio no es una respuesta aceptable en democracia, en donde los políticos están obligados a rendir cuentas públicas de sus actos. En estas circunstancias, la única posibilidad de conseguir que se haga la luz sobre los oscuros ingresos de Rajoy, de obligar a este a comparecer en sede parlamentaria a responder a las críticas  y dar sus explicaciones es presentar una moción de censura. No hay otra pues el PP empleará su mayoría absoluta para impedir un pleno extraordinario sobre la paga del presidente. En cambio, a una moción de censura no puede oponerse.

Es claro que la moción no saldrá adelante. La necesaria mayoría absoluta es del PP. Pero tendrá que escuchar, a la par con el país entero, las razones por las cuales el presidente está deslegitimado para gobernar por haber tenido un comportamiento presuntamente indigno y quizá ilegal. La moción se perderá pero políticamente se habrá ganado aunque es muy poco probable que Rajoy dimita siguiendo los usos y costumbres de las democracias de nuestro entorno.

La moción de censura no es óbice para que la oposición lleve el asunto asimismo a los tribunales. Todo el escándalo Bárcenas ha de verse en los tribunales de justicia. Y que sean los jueces quienes aclaren la paga de Mariano Rajoy.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dijous, 14 de febrer del 2013

El silencio de Rajoy.

Ya hace días que Rajoy tiene a los suyos, gobierno y partido, a estricta dieta de silencio sobre el caso Bárcenas. Todo lo que se hable, amigos, podrá utilizarse en contra nuestra. Silencio, pues. Él se la aplica, como se sabe, hasta desfallecer. Sus labios no pronuncian la palabra Bárcenas ni bajo tortura. En realidad, no pronuncian palabra alguna en cuanto haya cerca un periodista, raza apestosa a la que hay que hablar desde el hiperespacio. Insiste en su declaración de principio, juramento de Santa Gadea: todo es falso. Y ahora, ya, sin matices. Un todo totalitario, al estilo de Franco. Nada de salvo alguna cosa que han publicado los medios. En realidad, él nunca pronunció esa frase. Fue una interpolación tecnológica malvada del Gran Wyoming. Todo es falso. Los papeles de Bárcenas son falsos. Bárcenas es falso. Él mismo es falso. Grave error de furibundo idealista que se ha tomado a lo pedestre el esse est percipi. La realidad es aunque tú no la percibas, máxime si, además, la percibes. Negarse a nombrarla no la hace menos real.

Bárcenas es el principio de la realidad, está ahí, sus papeles son reales y de sus papeles se desprenden unas conclusiones que hacen moralmente insostenible la continuidad de Rajoy como presidente del gobierno. No debemos despistarnos preguntándonos qué sabrá Bárcenas para que Rajoy lo haya mantenido en su puesto y cobrando opíparamente tras haber dimitido de todos sus cargos y causado baja en el partido. Eso se sabrá en su momento. Es la realidad presente, esta en la que nos movemos la que condena al presidente a una dimisión inevitable. Un presidente del gobierno -presidente además del partido- no puede tolerar una situación como la de Bárcenas, a sueldo (y, al parecer, irregular) del partido en el que ha causado baja.

El resto de las peripecias de Rajoy va en el mismo sentido de deslegitimación del personaje. Sigue sin estar claro si cobró o no los famosos sobresueldos de Bárcenas, como tampoco parece estarlo si cobra algún devengo por el registro de la propiedad de Santa Pola. Todo ello se refleja después en sus caóticas declaraciones de la renta y al congreso, en las que no coinciden las cantidades. Por eso resulta tan chusco oírle ahora retar al líder de la oposición a que haga lo mismo que él, olvidando maliciosamente que él lo ha hecho por obligación y nada obliga, por ahora, a la otra parte, sobre la que no pesa la vergonzosa sospecha que pesa sobre él de haber apandado con lo que no le corresponde.

Lo más grave hasta la fecha es el régimen laboral y retributivo de Bárcenas desde que causó baja como tesorero, senador y miembro del partido, pero mantuvo todas sus retribuciones (y hasta cabe suponer, quizá competencias, pues compartía una cuenta corriente viva del PP con Cospedal) con pleno conocimiento del presidente del partido y de su secretaria general. Esta negó rotundamente toda relación del partido con Bárcenas, faltando clamorosamente a la verdad. Mintiendo, vamos, en román paladino. Su dimisión es obligada, por embustera. Aquel, ya lo hemos visto, ha enmudecido. De Bárcenas no habla, ni siquiera bien, como hacía alegremente un par de años antes. Pero saber, sabía. Bárcenas no es un Jaguar. Y si sabía, debe dimitir.

Mariano el Taciturno, habitante de La Quinta del Tuerto, no puede seguir gobernando el país. Carece de autoridad. Su gobierno hace aguas. La ministra Mato, objetivo predilecto de los medios, la oposición, la calle, no puede obviamente ejercer su ministerio, si es que alguna vez lo hizo. Gallardón parece ir siguiendo sus pasos. La sombra de su gestión como alcalde lo persigue y esa mordida de 120.000€ que parece haber pagado al omnipresente Urdangarin lo pone al nivel de Rita Barberá. La dimisión de Montoro es también muy necesaria aunque solo sea por ver si consigue aclararse sobre lo que hace. Que la ministra Báñez debiera igualmente dimitir lo piensa hasta la Virgen del Rocío.

Y, si no es Rajoy, ¿quién? Eso ya se verá. De momento lo urgente es que aquel presente su dimisión al Rey y entre en funcionamiento el mecanismo constitucional. El Rey llama a consultas a los líderes de los partidos parlamentarios, empezando por Rajoy. El resultado de las consultas puede ser muy variado. Hasta es pensable (pero poco probable) un gobierno Rajoy II. También puede no haber resultado y, agotados los plazos ser precisas elecciones. No sucede nada. Unas elecciones aclararían las cosas y darían al gobierno el apoyo, poco o mucho, que ahora no tiene. El país no puede estar gobernado por un presidente deslegitimado ante la opinión, cuestionado en su propio partido y visto con absoluta reticencia en el extranjero. Sencillamente, no es posible.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Contra las mujeres.



Raquel Osborne (ed.) (2012) Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad, 1930-1980. Madrid: Fundamentos. 419 págs.

He aquí un libro bien interesante, original, innovador, pues, si bien versa sobre una época, el franquismo, abundantemente tratada y se centra en un aspecto, el de la represión, también muy estudiado, lo hace con un objetivo nuevo. Estudia en concreto la represión franquista sobre las mujeres. Ciertamente, esta represión también ha sido materia de la investigación histórica del franquismo. Pero, en lo que yo sé, lo ha sido siempre como parte del cuadro de la represión general de la dictadura sobre los vencidos, subdivididos por categorías: obreros, profesiones liberales, militares, catalanes, vascos, mujeres, curas, funcionarios. No conozco estudios monográficamente dedicados a la represión femenina, pero puede haberlos.  Sin embargo, aunque los hubiera, este libro seguiría siendo original porque no versa sobre la represión de las mujeres en cuanto pertenecientes al bando de los vencidos en la contienda o relacionadas con él (si bien no ignora este aspecto) sino sobre la represión de las mujeres en cuanto mujeres. La represión de todas las mujeres, vencidas y vencedoras. Y, dentro de este campo, el símbolo, la metáfora que ese estudio persigue es el de la represión del lesbianismo y de la sexualidad femenina en concreto, a la que la sociología ortodoxa del siglo pasado llamaba desviada.

Es un terreno sin cartografiar. La invocación a la memoria que hay en el título tiene un carácter ritual. La memoria se apoya en hechos, en realidades pasadas, quizá olvidadas, pero preexistentes y que pueden rescatarse, reconsiderarse, resituarse. Nada de esto es posible cuando no hay hechos ni realidades o, mejor dicho, los hay pero están ocultos. La memoria aquí es un ejercicio de voluntad que se lanza al pasado en busca de unos testimonios que las protagonistas no han querido o no han podido dejar. La memoria es un acto de construcción de una realidad pasada. Por eso dice la editora, profesora Osborne, en su introducción que han contribuido a crear un espacio temático nuevo (p. 29), el estudio del lesbianismo durante la dictadura de Franco. Un empeño de titánidas porque, al fin y al cabo, el Patriarcado en todas sus dimensiones (el Estado, la Iglesia, la educación, la izquierda, la ilustración, la familia y hasta una parte del feminismo) ha decretado la invisibilidad del lesbianismo. Hasta tal punto es así que, incluso al perseguirlo, tenía que asimilarlo a otras formas delictivas, como la homosexualidad masculina o, más frecuentemente, el escándalo público. Era invisible porque era inconcebible. Ni siquiera tenía nombre. De tal suerte que, exagerando un poco, cabe equiparar la búsqueda del lesbianismo durante los años nacionalcatólicos a la del Santo Grial o el unicornio.

Sin embargo, lo hubo. Hubo sexualidad femenina transgresora. Oculta, clandestina, pero la hubo. Quedan supervivientes, algunas piezas, fotos antiguas, cartas, escritos, pecios que es preciso rescatar antes de que se pierdan del todo. El libro recopilado por Osborne recoge bastantes resultados de investigación de un proyecto sobre el tema y de trabajos encargados también a especialistas sobre aspectos concretos que a veces aportan datos e información sobre asuntos poco conocidos, como ese estudio de Cecile Stephanie Stehrenberger sobre Los coros y danzas de la Sección Femenina en Guinea Ecuatorial. Un caso de estudio entre política de género y colonialismo. La Falange femenina en Guinea Ecuatorial que entonces era la Guinea Española, compuesta de Fernando Poo y Rio Muni. Eso sí que tuvo que ser un "choque civilizatorio".

Son veintiún trabajos referidos a la sexualidad transgresora en el franquismo desde diversos ángulos que la editora ha agrupado en seis grandes temas, con las inevitables oscilaciones, imponiéndoles una extensión similar, lo cual es de agradecer. El tratamiento es generalmente el de la investigación académica, aunque hay alguna escapada al terreno de la ficción creadora, como el de Raquel (Lucas) Platero, "Su gran placer es usar calzoncillos  y calcetines": la represión de la masculinidad femenina bajo la dictadura. La perspectiva literaria es obligada por cuanto se trata de la lectura hoy de un expediente policial y penal de una transexual, allá por los años cincuenta, a quien aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 (que, por cierto, la población reclusa conocía como La Gandula), y de quien no se sabe nada. De esta forma, Platero hace una creación literaria empática, poniéndose en el lugar de la protagonista, tratando de ver el mundo como lo veía ella. Esto apunta, por supuesto, a que toda la metodología de la investigación es cualitativa, desde los análisis de textos, los iconográficos, a los grupos de discusión, las entrevistas en profundidad o las historias de vida. Puro Verstehen y, además, urgente, pues las escasas testigos van falleciendo.  Y con unos marcos teóricos escuetos porque apenas si la sociología o la ciencia política se han ocupado de este fenómeno específico. La teoría está por hacer. Las escasas referencias apuntan a Bourdieu y, algo más a la bio-política de Foucault.

En algunos casos, los estudios son muy prometedores porque versan sobre hechos susceptibles de mayor indagación y ampliación hasta convertirse en historias por sí mismas, como el capítulo de Raquel Osborne sobre la peripecia de Carlota O'Neill y el de Matilde Albarracín sobre Identidad(es) lésbica(s)  en el primer franquismo, toda una interesantísima aventura de clandestinidad sexual, con la generación de unas pautas y códigos culturales. Y, desde luego, el de David Berná, Un golpe de Estado y dos billetes de autobús. Mujeres gitanas, sexo y amor en la dictadura franquista, un hallazgo literario, basado en un hecho real, la historia de dos muchachas gitanas (una de ellas madre de tres hijos, con diecinueve años) que rompen con su pueblo, se fugan y viven toda su vida como pareja entre payos en el franquismo.

Una gran parte del libro se dedica a la propaganda nacionalcatólica y su práctica a través de las instituciones, la iglesia (hay un par de capítulos sobre monjas) y, destacadamente la Sección Femenina de la Falange. Todo el aparato nacionalcatólico iba orientado a la imposición de un ideal femenino de esposa sumisa y madre amantísima, basado en las doctrinas de Marañón, profundamente erróneas en lo atingente a las mujeres y, ya en un escalón más bajo, más disparatado y hasta criminal, las doctrinas de la Iglesia y las de eminencias como Vallejo Nágera o López Ibor. Auténticas barbaridades.

Diversos trabajos abordan la Sección Femenina, encargada de elaborar el modelo ideológico de la mujer. Es de gran interés el trabajo de María Rosón Villena, Contramodelo a la feminidad burguesa: construcciones visuales del poder en la Sección Femenina de la Falange, un buen estudio iconográfico en el que, además, se sugiere que las falangistas, al constituir una "comunidad sin hombres, compuesta de mujeres independientes, solteras y sin hijos" (p. 307), en cierto modo, profesaban una especie de lesbianismo sublimado. Algo en la línea de la leyenda de las amazonas de no ser porque el espíritu de esta sorority se condensaba en el nombre de su revista, Y, de la Reina Isabel de Castilla.

Por último, proclamo mi admiración por el ensayo de Begoña Pernas, Voces del lesbianismo en Vindicación Feminista. Es una pieza brevísima sobre el modo en que la citada revista, fundada por Lidia Falcón, y que se publicó entre 1976 y 1979, trató el lesbianismo. Es un análisis inteligente, matizado, muy sutil, de un texto, un subtexto y un metatexto.

Merece la pena el libraco. Enhorabuena al equipo investigador y a la profesora Osborne.

dimecres, 13 de febrer del 2013

Una victoria en toda regla.



Vídeo de Bg Vázquez,colgado enYou Tube).


Notable jornada la de ayer en el Congreso. En una sola sesión ejerció de héroe y villano, según cada observador. Fue majestuoso templo donde los patricios reciben magnánimos la humilde solicitud de los plebeyos de que reconozca interés cultural a un espectáculo más bien sangriento. Y fue bastión de las libertades asediado por las enfurecidas masas (unmillóncuatrocientasmil firmas) que llegaron a colarse por las gradas profiriendo gritos e insultos. Un visionado del breve vídeo de Bg Vázquez da una idea de cómo está la política española. L@s de las PAH, con Ana Colau entre ell@s, armando alboroto y vociferando a voz en cuello, sabedores de que la voz de 1.400.000 personas tiene que hacerse oír. Y oír con la mala conciencia que muestran sus señorías, tod@s acurrucad@s en sus asientos sin atreverse a rechistar. Solo los diputados de IU se levantaron para aplaudir el comportamiento de los revoltosos, frente a los cuales, al parecer, el presidente Posadas exigió a los ujieres ¡échenlos, coño!, no muy lejano de aquel otro célebre de "¡se sienten, coño!". Estos autoritarios tienen siempre el coño en la boca cuando están de malas. Cuando están de buenas te dicen mireusté. Los diputados del PP, habitualmente amigos de la chocarrería, estaban mohínos por haber tenido que retractarse antes de haber hablado. Ya se sabe que la pelea simplemente se ha postpuesto y empezarán las bofetadas cuando haya que convertir en Ley las peticiones de las PAH, en resumen, la dación en pago, que la banca presenta como el Apocalipsis. En cuanto a l@s diputad@s socialistas, de comparsas silentes, el espectáctáculo pareciera no ir con ell@s. Sin embargo son ell@s quienes no van con el espectáculo, acerca de cuyo contenido ya no tienen mucha idea.

El evento de ayer, una victoria rotunda de un movimiento social horizontal, apartidista, extraparlamentario, tiene un enorme significado. La gente, la multitud, ha ascendido en protagonismo político, ha tomado la acción en sus propias manos, se ha valido de los cauces institucionales y ha llevado el problema a la sede parlamentaria misma en un tiempo brevísimo pero con un inmenso apoyo social. Lo ha llevado a la sede de la soberanía y ha puesto a sus señorías en el dilema de votar dación en pago, como manda la justicia más elemental o el mantenimiento de una situación que causa la ruina y el sufrimiento de muchos y hasta la muerte por suicidio. Así lo plantea Ada Colau; así es. Los recursos dilatorios de los acuerdos, las negociaciones, los pactos quedan arrumbados en la política de la marrullería.Y los diputados no saben qué hacer. Se verán presionados por ese denso movimiento social cuya fuerza radica en su número y su organización en red. Es una prueba evidente de que esta tiene capacidad para catalizar y coordinar un movimiento virtual con un impacto real.

Muchos se remitirán a la historia parlamentaria europea, a la necesidad de resguardar el legislativo del chantaje de las masas callejeras, por más que ahora no se dejen etiquetar de tales y se consideren a sí mismas "multitudes inteligentes" (smart mobs). Nada de admitir presiones del populacho. Son los mismos que admiten de buena gana las presiones de los bancos y hasta llegan a actuar como delegados de ellos. Como ese diputado del PP que ha votado en contra de admitir la ILP de dación en pago y que tiene un plan de pensiones o algo así con el BBVA. No seré yo quien dude de que ese diputado ha votado en conciencia. Pero no hay ninguna razón para preferir las presiones de los bancos a las de la ciudadanía. Por supuesto, los repertorios son distintos, unos mas refinados y solemnes y otros más tumultuosos pero no menos solemnes.

Los socialistas están obligados por las cirscunstancias a replantearse su actitud. Van a remolque de los hechos, no atinan con un discurso votan a regañadientes y tras pedir disculpas por su indiferencia de siete años en un asunto tan explosivo como la dación en pago. Y no solo en la dacíón en pago. En la lamentable decisión sobre los toros se abstuvieron. La abstención es la opción más estéril en política. El PSOE está out. Los toros tienen menos defensores que los desahuciados, aunque hubo algunos animalistas protestando fuera de la cámara. Y la ILP reunía 500.000 firmas, aproximadamente un tercio de la dación en pago. Pero con los cornúpetas la cantidad no importa porque es un asunto de principios. Uno de UPyD, que ha votado a favor de considerar de interés cultural las corridas, niega los derechos de los animales porque, dice, estos no tienen deberes. Como los niños. Luego los niños no tienen derechos. A torearlos. No merece la pena seguir para explicar a este representante popular que somos nosotros quienes tenemos deberes hacia los animales. La abstención del PSOE pasa de ser irrelevante a directamente vergonzosa. No reconocer interés cultural a la españolísima fiesta no es prohibirla. Es, simplemente, ser fiel a una idea distinta de cultura y, además, estar en contra de que esas actividades se beneficien de un denso y opaco sistema de subvenciones públicas negociadas entre copas de Magnum y Cohíbas de Vuelta Abajo.

El PSOE tiene un problema de indefinición, lo cual es problemático en momentos de polarización social. Esa indefinición, esa ambigüedad es particularmente evidente en el modo de enfocar el recrudecimiento del nacionalismo catalán que ahora se soliviantará más por entender, con razón, que la mamarrachada de los toros es un enésimo trágala que se les hace luego de que ellos los desterraran de Catauña. El cerrado centralismo del PSOE, con la negativa a toda propuesta autodeterminista empuja al PSC a un callejón sin salida y, al mismo tiempo, es suicida para el propio PSOE porque, si no gana las elecciones en Cataluña, difícilmente las ganará en España. También aquí puede decirse que se trata de una cuestión de principios. Puede. Pero, así como en el caso de los derechos de los animales el asunto es bastante claro a favor de estos, no lo es en el de los principios nacionales y por qué haya de ser mejor para España no reconocer el derecho de autodeterminación que reconocerlo.

¿Y no van a dimitir?

Hoy las redes estarán saturadas de vídeos recientes con las comparecencias públicas de Maria Dolores de Cospedal como secretaria general del PP, afirmando rotundamente que el señor Bárcenas no tenía nada que ver con el partido desde 2009 o 2010, no recuerdo bien. Quien dijera lo contrario, acabaría en los juzgados. ¿Bárcenas? ¿Bárcenas? Un señor dedicado a sus asuntos y desconocido en casa. Cuando le decían que tenía despacho en Génova, aseguraba no habérselo tropezado nunca por las escaleras. Sin embargo, compartía firma con él en una cuenta de banco del PP. Otra fruslería. ¿Quién no comparte firma en cuentas bancarias con media docena de desconocidos? Ahora resulta que este solito ignoto cobraba unos emolumentos del PP hasta diciembre de 2012, es decir, prácticamente hasta ayer.

Con razón no ha mencionado nunca Rajoy el nombre de Bárcenas. Era como la crisis de Zapatero, lo innombrable. Ladino como es el amigo, prefiere no mentar la soga en casa del ahorcado, no vayan a pillarlo mintiendo desaforadamente como Cospedal. Pero eso no pasa de ser una superstición de primitivo según la cual lo que no se nombra, no existe. Bárcenas existe. Tiene una existencia aplastante, es un plomo pesado en las alas de Rajoy ya de por sí entecas. Alguien amargará la vida al presidente recordándole cómo, no hace mucho, afirmaba con esa facundia que Dios le ha dado, que Nadie podrá demostrar que Bárcenas y Galeote no son inocentes. Bárcenas es un plomo pagado a precio de oro por el partido del que Rajoy es presidente y durante el tiempo en que, además del partido, preside el gobierno de España. En resumen: el presidente del gobierno y del partido tenía en nómina de este y proveía de despacho a un imputado en un procedimiento penal por corrupción que se había visto obligado a dimitir de sus cargos de tesorero del partido y senador del Reino.

¿Es esto admisible? Si lo es, me callo. Si no lo es, ¿qué cabe hacer?

Por cuanto se va viendo, la dimisión de Rajoy y Cospedal quedan descartadas. Tampoco dimite Mato, ni Gallardón. Aquí no dimite nadie. La moción de censura es inexcusable, pero no suficiente. El presidente concluirá que, pues la ha ganado, queda legitimado para el resto de la legislatura. Durante la cual puede suceder cualquier cosa, según pinta el oscuro asunto Bárcenas de cuyos papeles faltan por ver la luz pública los de los año 1993 a 1997. Nada menos.