dissabte, 10 de gener del 2015

El fuero ético.


Los del Foro Ético tienen nueva página web. Es sencilla y ofrece amplia información sobre la naturaleza de la entidad, sus objetivos, su composición, su órgano directivo y su modus operandi. En ella se accede a un documento fundacional de 2012 que da cumplida cuenta de las motivaciones de quienes lo pusieron en marcha. Tanto aquí como en los otros escritos de la página hay una referencia frecuente a las redes. Los integrantes parecen haberse conocido en las redes sociales. Es, por tanto, una organización digital y transversal. Hay mucha presencia de la parte respondona del PSOE y de gente sin partido, republicanos, supongo, nómadas de la izquierda. Palinuro saluda al primo hermano Foro Ético porque, aunque es colectivo, es un blog, de la noble hermandad bloguera, partícipe de la blogosfera, una tupida red distribuida.

Breve mención al contenido. De carácter regeneracionista, según afirmación en la misma entrada. No hay que perder el tiempo explicando que no se trata del regeneracionismo del siglo XIX porque sí se trata. Los males contra los que lucha, la corrupción, el caciquismo son los del siglo XIX. El país es muy fiel a sí mismo. Estos van por el fuero ético, en lucha contra el desafuero general, contra los desaforados que se han adueñado de las instituciones y las utilizan en provecho propio.

Los de Foro Ético plantean sus exigencias también a las organizaciones de izquierda con las que simpatizan o a las que pertenecen. Hacen bien. Eso les da crédito. Y las organizaciones harán bien en escuchar lo que en este foro se debata.

Y esa ética ¿es republicana? ¿O se suma a la teoría de la accidentalidad de las formas de gobierno y, como la de Pedro Sánchez, es republicana en su fuero interno, pero monárquica en el externo? 

divendres, 9 de gener del 2015

La desobediencia catalana.


Se recordará cómo, a raíz de la consulta catalana del 9N, Rajoy sentenció que carecía de importancia porque no tenía consecuencias juridicas. Tampoco en esto decía la verdad. Tiene toda la pinta de que se den consecuencias jurídicas y desagradables para Mas y sus dos colaboradoras, Joana Ortega e Irene Rigau.

La justicia catalana aprecia indicios de desobediencia en Mas por el 9-N, comunica El País. El diario digital Vila Web sostiene que La justícia espanyola avança cap a la inhabilitació de Mas. Hay una diferencia de matiz. Para El País es la justicia catalana; para Vila Web es la justìcia espanyola. No debería de tener importancia. Lo importante es que la justicia sea justa; no catalana o española.

Pero tiene importancia. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha actuado a instancias de la Fiscalía que es un cuerpo jerárquico en cuya cúspide estaba el hoy dimitido Torres Dulce quien pidió la actuación en contra de Mas, Ortega y Rigau y obtuvo el respaldo unánime de la Junta de Fiscales de Sala. Esa unanimidad dejaba sin efecto la negativa de la mayoría de los fiscales de Cataluña a proceder contra Mas, con la aquiescencia del Fiscal superior de la Comunidad, Romero de Tejada quien, sin embargo, dio luego su brazo a torcer, secundando la posición de su superior jerárquico. Es decir, sí, se trata de la justicia española que trae un espíritu claramente político y hasta ideológico. Lo dijo taxativamente Torres Dulce en la toma de posesión de Romero de Tejada: «No se puede ser fiscal en Catalunya sin tener presente la idea nacional de España».

Daba así la razón con sus actos a quienes sostuvieron siempre que el gobierno exigió que la Fiscalía General del Estado actuara contra Mas; es decir que convirtiera en judicial un asunto político. Rajoy negó entodo momento que el gobierno presionara a la fiscalía. Pero las negaciones de Rajoy valen lo que sus afirmaciones: nada. La prueba la dio el propio Fiscal General al dimitir unos días después de actuar alegando "razones personales". Por muy clara que tuviera la "idea nacional española" el señor fiscal no debía parecérselo así a los gobernantes que lo han sustituido de inmediato por una fiscal de quien deben de fiarse más porque es decidida opositora al aborto.

En sus autos, el TSJC admite la querella (hay varias) por los supuestos delitos de desobediencia y quizá también prevaricación y malversación. Se le puede caer el pelo al trío de querellad@s.

De los tres ilícitos el que tiene más carga política es el de desobediencia. La desobediencia es de los pocos delitos que tiene buena prensa. Todo el mundo sabe que las leyes pueden ser injustas y, a veces, ante la insistencia del poder político por aplicarlas, algunos piensan que por razones de conciencia no se deben obedecer. Nace así la desobediencia civil, que es una práctica democrática con una larga tradición y gracias a la cual se han conseguido cosas importantes como la igualdad de derechos civiles de negros y blancos en los Estados Unidos o la independencia de la India, por no citar sino dos casos muy conocidos.

La desobediencia civil tiene detractores y partidarios, que, incluso, pueden cambiar de actitud según los ejemplos de que se trate. Los primeros se aferran a la vigencia de la norma positiva; los segundos, a cuestiones de legitimidad, de norma moral. Y el enfrentamiento tiene consecuencias políticas siempre.

La decisión del gobierno de ir por la vía represiva deja abierto todo el campo a un movimiento de (más) desobediencia civil en Cataluña. Digo "más" porque el del 9N ya lo fue. Incluso lo ha bautizado él mismo como desobediencia. Ya ha puesto a Mas en un camino de no retorno. Es ahora el líder que encabeza la emancipación de su pueblo y que puede ser procesado e inhabilitado por el superior poder de la justicia española. Un líder y un mártir. No es una actitud muy inteligente porque viene a reforzar la idea de que el gobierno no solamente no está dispuesto a negociar nada sino que, si los soberanistas insisten en su empeño, pueden acabar inhabilitados o peor, entre rejas. Como Otegi.

Ante esa cerrazón las elecciones anticipadas son inevitables y su contenido plebiscitario irrefutable. El gobierno ha puesto en bandeja a los soberanistas catalanes la realización de un referéndum de autodeterminación de hecho y con consecuencias jurídicas. ¿Cuáles? Pues, según cuál sea el resultado (un resultado del que va a estar pendiente todo el mundo), una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) que no se sabe muy bien cómo podrán gestionar los dos partidos dinásticos incapaces hasta ahora de dar una respuesta sensata y viable a la cuestión catalana.

dijous, 8 de gener del 2015

El derecho a la Justicia.


El gobierno ha encargado a un grupo de expertos un informe acerca de cómo adecuar la legislación española a las insistentes recomendaciones de los organismos internacionales, en especial la ONU, sobre el tratamiento de los derechos humanos en España. Los expertos lo han redactado y entregado pero, al parecer, el gobierno lo ha censurado o secuestrado. Ahora los autores anuncian que lo publican en la editorial valenciana Tirant Lo Blanch, mi editorial. Aplausos entusiastas. Y pitos a un gobierno que tiene miedo a todos los papeles, los de Bárcenas, los de los jueces, los de los expertos y académicos, aunque por razones distintas.

Dicen los expertos que el gobierno está obligado a adaptar el ordenamiento español a los mandatos internacionales en la materia citada, la universalidad de la justicia penal, la imprescriptibilidad del delitos de genocidio y otros aspectos más concretos y también decisivos como la tipificación del delito de secuestro de niños, la aplicación de la pacata ley socialista de la Memoria Histórica, la derogación o inaplicación de la Ley de Amnistía de 1977, algunos de los cuales condujeron a la injusta exclusión del juez Garzón.

En definitiva, dicen al gobierno que está obligado a hacer justicia a las víctimas del franquismo. A hacer lo que mis colegas llaman justicia postransicional (Paloma Aguilar).

Y el gobierno, obviamente, no quiere. Si se le presiona seguirá tratando de evadirse con formalidades, como la Ley de Amnistía. No siendo eso, echará mano de excusas morales, sentimentales, falsas, del tipo de que "no hay que reabrir heridas". En el fondo, esta es la cuestión. Una cuestión de lenguaje sobre la que hay que ponerse de acuerdo. Este gobierno, tan presto a reconocer la condición de víctimas de las del terrorismo, de Melitón Manzanas o Carrero Blanco, ¿reconoce asimismo la de los asesinados y enterrados por decenas de miles en fosas anónimas en toda España?

Hasta la saciedad se ha dicho: España es el segundo país del mundo después de Camboya con más asesinados en las cunetas. ¿Cree el gobierno que son víctimas y debe hacérseles justicia, desenterrarlos, devolvérselos a sus familiares, buscar y castigar o, cuando menos, identificar a los responsables?  ¿Sí o no?

No habrá respuesta. Si acaso, la melopea de que en la guerra ambos bandos cometieron crímenes. ¿Y los de la posguerra? Esos le importan una higa, como demostró recientemente el diputado Hernando, hoy portavoz del grupo parlamentario del PP al decir que algunos solo se acuerdan de su padre cuando hay subvenciones para buscarlo, una monstruosidad agravada por el hecho de que justamente su gobierno ha suprimido las subvenciones. O menos que una higa. Quizá hasta se merecían que los asesinaran, según el alcalde del PP de Baralla.

¿Hacemos las cosas bien por una vez en la vida? Se condena el franquismo, se ilegalizan todas las asociaciones franquistas, sus fundaciones y hermandades, se suprimen todos los reconocimientos honoríficos al dictador, se hace justicia a las víctimas, se desentierra a los muertos, se devuelven a sus familiares, se identifica a los responsables, se busca a los niños secuestrados y se notifica a sus progenitores.

O sea, se reconoce el derecho de la gente a la justicia.

Mientras tal cosa no se haga, llamar "gran nación" a esto es de risa.

No me rindo.

El Centro Dramático Nacional tiene en escena en el María Guerrero la genial obra de Ionesco, Rinoceronte, escrita en 1959. La versión y dirección de Ernesto Caballero es estupenda. Muy movida, con los actores desplazándose por el patio de butacas, lo que hace de la acción, en efecto, acción. Porque el texto de la obra, a veces verboso, con juegos de palabras de raíz surrealista, puede ser demasiado sedentario. Los actores, también estupendos. Los protagonistas, Juan y Bérenger, sobre todo Bérenger, insuperables.

Rinoceronte, es obra emblemática del teatro de vanguardia. Ella misma se considera así, en un breve intercambio en que Juan pregunta a Bérenger si conoce el teatro de vanguardia y ha visto obras de Ionesco. Por cierto, que no lo oí anoche y no sé si se ha suprimido o se me pasó. Tradición surrealista y teatro del absurdo era la fórmula. Se dice que es una crítica del totalitarismo. Sí, es verdad, pero así puesto puede inducir a error por limitarse a los totalitarismos fascista y comunista. Es algo más. Es una critica al conformismo, a la uniformidad, a lo que mucho después llamaremos pensamiento único. Rinoceronte es la representación plástica del posterior hombre unidimensional marcusiano, la consecuencia de la tolerancia represiva, el signo de las sociedades postindustriales que, bajo la pátina de la democracia, esconden el germen autoritario y totalitario, según pensaba Adorno. Por eso tiene tanta fuerza, porque no se refiere a momentos históricos del pasado, sino al presente. El presente de los años cincuenta y el de hoy. La fuerza de la norma, la convención que aniquila el juicio crítico propio, la rebeldía del individuo y lo amolda a la masa, a la manada de rinocerontes en que acaban convertidos todos los habitantes de la pequeña ciudad... menos Bérenger quien dice de sí mismo ser el último hombre, porque guarda su capacidad de resistencia, no  se rinde.

Palinuro tampoco.

Por eso encuentra muy injusto, muy inapropiado, lamentable que el director haya metido un gag de bocadillo entre el segundo y el tercer actos que no está en la obra ni encaja en ella, y la instrumentaliza en favor de una posición política concreta y, como todas, opinable: una hilera de ciudadanos/masa, rinocerontizados, hace cola ante una urna instalada en el proscenio. Van a votar. Cada uno de ellos lleva una papeleta en la mano. En las papeletas se lee: "Sí  Sí". Es decir, los ciudadanos catalanes que votaron eso el 9N son rinocerontes estupidizados por el totalitarismo, supongo que nacionalista.

Ni el público, que no aplaudió; ni Ionesco; ni los catalanes nos merecíamos algo tan deplorable. No porque el director no deba o no pueda pensar que los votantes catalanes son víctimas del totalitarismo independentista. Está en su derecho. Pero también lo estamos quienes creemos que es justamente al revés. Al interpretar el sentido de la obra de Ionesco como lo hace está incurriendo en lo que Ionesco critica, está diciendo al público lo que debe pensar. Lo está rinocerontizando.

Nada, que Palinuro, como Bérenger, no se rinde.

Notas mínimas sobre la blasfemia.


Los responsables de la matanza de Charlie Hebdo son quienes la han perpetrado.

El Islam no es culpable. Lo es el fanatismo. Hace cuatro años otro fanático de extrema derecha, Anders Behring Breivik, asesinó en Noruega a tiro limpio a 77 personas. Y no es musulmán, sino cristiano; seguidor de los templarios, por más señas.

Las religiones son caldo de cultivo del fanatismo. Sobre todo, las tres del Libro, mosaísmo, islamismo y cristianismo. Las tres son muy crueles.

El islamismo parece la más bárbara. También es la más perseguida. Hace años que las otras dos, lo que llamamos Occidente, hacen una guerra de exterminio contra la otra. Persiguen a los islamistas, los encarcelan,  los asesinan, les roban sus tierras, les destruyen sus casas, matan a sus hijos, sus familias, todo lo cual obviamente, exacerba los fanatismos y los lleva al terrorismo, a los atentados suicidas, a la barbarie contra inocentes.

Un par de tuits de Willy Toledo ha levantado polvareda. Dice uno:  El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día. D verdad esperamos q no hagan nada? El propio Toledo no está justificando los atentados, los repudia, pero nos obliga a reflexionar sobre nuestro comportamiento. Lo que pasa hace años en Palestina, en Irak, en Afganistán, en Siria, también es terrorismo. Decapitar rehenes es abominable. Y Guantánamo ¿qué es?

Toledo tiene el don de la impertinencia. Está en la línea de San Mateo; "quien a hierro mata, a hierro muere" (Mat., 25: 52), sin hacer distingos sobre las manos que manejan los hierros.

Dos acontecimientos podrían ayudar a que el Islam se modernizara y entrara en la edad de la tolerancia: un cambio de actitud de Occidente y una reforma interna en la religión similar a la luterana en el cristianismo, que tanto hizo por civilizarlo. Lo primero depende de nosotros, de nuestros gobiernos, a los que hemos de presionar, cosa que no hacemos. Lo segundo depende del propio Islam, pero debiera hacerse lo posible por fomentarlo.

La lucha contra el fanatismo y el terrorismo, en defensa de la tolerancia y las libertades, empezando por la de expresión, es la lucha por la supervivencia de la civilización y la dignidad del individuo. Y debemos hacerla sin ambigüedad ni desfallecimiento.
 
Pero también debemos barrer nuestra casa y revisar nuestro comportamiento. Solo así tendremos la autoridad moral que invocamos en muchas ocasiones con harta hipocresía.
 
La Iglesia católica sigue siendo intolerante. Se ha apropiado -indebidamente a jucio de Palinuro- de la mezquita de Córdoba y la está llenando de simbología y parafernalia católica. Eso es intolerancia. El obispo de Alcalá niega sus derechos a los homosexuales y, si pudiera, seguramente haría algo peor con ellos. El ministro del Interior es fervoroso miembro del Opus, una secta que considera "pecado grave" la llamada blasfemia. No lo ha convertido en delito del código penal porque no ha podido, pero no por falta de deseos y porque, además, el delito de escarnio del Código Penal  (art. 525, 1) ya se le acerca bastante. Blasfemia es lo que los asesinos islamistas ha ido a castigar en Charlie Hebdo. La diferencia, nada desdeñable por cierto, está en la cantidad y el tiempo. Pero el parecido reside en el contenido.
 
La  blasfemia puede ser un pecado, según las convicciones morales de cada cual, pero no un comportamiento socialmente punible y mucho menos un delito. Es más, es un derecho. Mientras esto no esté definitivamente asentado, las tres religiones del Libro serán un peligro para la tolerancia y la libertad. Según la época de que se hable, unas más que otras.
 
Palinuro tributa profundo reconocimiento a todas las víctimas de ayer, mártires en la lucha por la libertad de expresión.

dimecres, 7 de gener del 2015

La Gran Nación.

El Rey ve con optimismo el futuro de la “Gran Nación” española, titula la pieza un poco pasmado El País que pone la expresión Gran Nación entrecomillada. Sí, claro, suena como una consigna hueca. Y lo es. El Rey la repite como un papagayo. Ya se la he oído tres veces en los últimos dos meses. Antes se la había oído innumerables a Rajoy que será quien ordena que se la pongan al Rey en los discursos. Rajoy seguramente la sacó del título de un libro de conversaciones de Jaime Mayor Oreja con César Alonso de los Ríos titulado Esta gran nación (2007). Los políticos hablan incluso cuando escriben. Tienen poco tiempo. Hasta para pensar. Seguramente por eso Rajoy tomó el título el libro. Suena bien.

Tengo rastreada esta expresión de "gran nación" hasta Marcelino Menéndez Pelayo. Quizá se empleara antes; no lo sé. Pero no mucho antes porque esa nación en sentido moderno que se menciona aquí es témino originariamente afrancesado y doceañista, detestable para los conservadores. Entre tanto se ha revestido de dignidad y autoridad y por eso Menéndez Pelayo la califica de "gran". Pero que se revista de dignidad y autoridad hasta el punto de que la pronuncian los Reyes en los grandes momentos, no quiere decir que lo haya hecho también de sentido.

Porque, ¿qué significa "gran nación"? ¿Cómo se mide la grandeza de una nación? ¿Hay criterios objetivos? ¿Cómo se evalúan? ¿Se procede por comparación con otras?

Desde luego, no hay que buscar tres pies al gato. La expresión es una consigna. Está vacía de significado. Se dirige a los sentimientos. Es como un grito. Se usa por no arrancarse con un "¡Viva España!" porque no están los tiempos para gollerías. Así que déjense de bobadas y no se pongan quisquillosos tratando de averiguar qué sea una "gran nación". España, hombre, ¿no lo ven?

No, no lo ven. La gente se empeña en comportamientos mezquinos, quiere saber a qué se refieren sus gobernantes y reyes cuando repiten como carracas que el país es una "gran nación". Eso los que no aplican directamente el sabio refrán de "dime de qué presumes...". Los otros, los inquisitivos, se empeñan en consultar las estadísticas, los datos, los índices, y compararlos con los de otros países europeos. La situación del nuestro es mediocre tirando a triste. Estamos en los primeros puestos de todas las desgracias, como paro, paro juvenil, precariedad, emigración, pobreza, salario mínimo más bajo, mas IVA y otros impuestos, peores servicios, precios más altos. Nos reñimos los lugares con Grecia y Portugal, lugares en los que nadie piensa como "grandes naciones".

Esto es coyuntural, dice el jefe. La crisis se ha cebado en España por culpa del despilfarro anárquico de los socialistas y ha causado un bajón en la prolongada trayectoria ascendente de esta "gran nación". Pero la gente sigue siendo escéptica. Le dicen que no mire el lamentable presente sino que contemple la trayectoria. Y es lo que hace para comprobar que en los últimos doscientos años tampoco ha brillado la nación española como grande ni como mediana y, en momentos, ni como pequeña, como cuando Lord Salisbury la daba por "moribunda" en 1898.
 
La consigna España es una "gran nación" no tiene nada que ver con la realidad, por eso la emplea también Cospedal y acabarán empleándola todos los segundos niveles, como aquella jaculatoria de Franco de "Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista".
 
Un último dato sobre la "gran nación" española. Si una nación no puede recuperar un enclave territorial que considera militarmente estratégico y simbólicamente esencial como parte de su integridad, esto es, Gibraltar, ¿puede llamarse "gran nación" sin caer en el ridículo?
 
Hasta que España no se vea como es y no deje de llamarse cosas que no es no saldrá del marasmo.

dimarts, 6 de gener del 2015

PSOEMOS.


Aquí no sobra nadie. Si la izquierda, toda la izquierda, quiere tomarse en serio a sí misma, tendrá que hacer un esfuerzo, un supremo esfuerzo en pro de la unidad y dejarse ya de monsergas. Porque son monsergas.

O la derecha seguirá gobernando en Madrid capital, en Madrid comunidad y en España. Y con menos votos, lo que ya es para pillarse una depresión.

Más de una vez se ha preguntado por qué la derecha concurre unida a las elecciones y la izquierda, no. Y ¿cuál es la respuesta? Hay muchas, pero una es indudable: no se engañan sobre sus intereses. En el doble sentido de engañar y engañarse. La izquierda hace ambas cosas. ¿Por qué pueden los exmilitantes y simpatizantes del fascismo más sombrío, tipo Fuerza Nueva, como Rafael Hernando, ser miembros y hasta portavoces del PP? Porque no se engañan sobre lo que les conviene. ¿Por qué pueden estar en el mismo partido, formar una unidad férrea, seguir las directrices de un solo jefe fascistas, falangistas, franquistas, monárquicos, xenófobos, nazis, demócratas cristianos, liberales, tradicionalistas, cacicones y puros delincuentes sin adscripción política precisa? Porque no son tontos y saben lo que les conviene: más vale ganar las elecciones, compartir el poder con gentes no estrictamente afines pero que se dejan vivir mutamente, que ponerse exquisitos y puros, perder aquellas e impartir lecciones de coherencia ideológica e inutilidad práctica otros cuatro años.

¿Alguien cree que hay menos distancia entre un falangista y un demócrata-cristiano que entre un comunista y un socialista? ¿Qué están menos enemistados los nazis y los monárquicos que los trostkistas y los socialdemócratas?

¿Por qué están enfrentadas las izquierdas? ¿Por qué es hoy impensable una alianza PSOE-IU-Podemos? Exactamente, ¿por qué?

Se dan, que yo sepa, cuatro tipos de causas: personalismo, sectarismo, intereses creados y cálculo electoral. Por supuesto, si va uno a preguntar a los protagonistas de este desastre, todos las negarán escandalizados y apuntarán a un abanico de causas fabulosas, que van desde profundas discrepancias filosóficas sobre el modo de entender la ciencia económica de El Capital a tonterías sincopadas del tipo programa, programa, programa, habitualmente emitidas por quien ni siquiera tiene uno. Puras excusas para ocultar que la izquierda habla de unidad pero no la quiere en absoluto. Y, claro, así no hay modo.

El personalismo en la izquierda es abrumador. Antes de que apareciera la llamada "americanización de la política" que consiste en acentuar el factor de liderazgo personal de las opciones a través de la televisión, la izquierda ya era un campo dividido en terrenos, parcelas y chiringuitos, cada uno de ellos encabezados por un guía esclarecido indiscutible. Aun ciñéndonos a esta parte reciente de la historia, la lista de jefes es larga: Carrillo, González, Anguita, Llamazares, Sánchez, recientemente Iglesias y, todavía en el horno, pero a punto ya de caramelo, Garzón el joven. Y dejo fuera a l@s luminos@s guías de opciones menores, tod@s ell@s depositari@s de la tradición rebelde de nuestro pueblo. Realmente no es solo personalismo. Es narcisismo mezclado con canibalismo. Hay que ser duro, correoso, sin contemplaciones. Los líderes dubitativos, pactistas, tolerantes, acomodaticios, los barre el viento de la historia: Rubalcaba, Gerardo Iglesias, Lara... Hay que actuar con visión y coraje y sin contemplaciones, ocupar todo el escenario, excluir a todos los demás al grito de "unidad".

El sectarismo no es mal menos grave sino más a fuer de compartido. Son docenas, cientos, los militantes de aquí y de allí que no llegarán al final de este artículo; que probablemente no hayan llegado ni aquí, indignados, furiosos, con la sola idea de que alguien sea tan payaso o tan canalla o tan vendido que tenga al PSOE por un partido de izquierdas. ¡Por amor de Lenin! ¡La socialdemocracia de izquierdas cuando hasta los pingüinos saben que está podrida y al servicio del capital y el neoliberalismo! La izquierda, la verdadera, auténtica izquierda, la izquierda transformadora, revolucionaria es nuestra y solo nuestra, los de esta mesa y cuatro sillas más. Del otro lado, la réplica:  ¿de izquierda quienes no han gobernado jamás y, cuando lo han hecho en exóticas tierras han montado dictaduras absolutamente incompetentes y ruinosas tiranías de las que la gente se ha librado como ha podido? ¡Por favor! La única izquierda seria es la que ha mantenido las libertades democráticas en Occidente y dado lugar al Estado del bienestar, conquista que otros combatían antaño y hoy dicen todos respetar, añorar y querer restaurar, incluso cometiendo la villanía de acusar de desmantelarlo a quienes lo inventaron.

De los intereses creados no hace falta hablar mucho. Por fin están a la vista sin tapujos. Su forma más palmaria se llama tarjetas black. Tarjetas, canonjías, bicocas, sueldos, pagos, puestos en las listas, cargos de concejales, diputados autonómicos, diputados en las Cortes, eurodiputados; obligaciones sin obligaciones pero con suculentos sueldos, incluso cuando, por perder electoralmente, no se tienen responsabilidades de gobierno, pero se cobra por estar en la oposición y a vivir tan ricamente otro mandato. ¿Qué interés tiene un pollo que lleva dos legislaturas cobrando en la oposición en el órgano que sea, que quizá haya colocado ya a su hijo, o prima o cónyuge, en que su partido gane las elecciones si, perdiéndolas, va a seguir cobrando?

Cálculo electoral. Esta es la peor causa porque es la que más se presta a la mentira y el engaño. Dos sondeos aquí, unas décimas allí, un aumento de la abstención allá, un apunte de tendencia acullá son suficientes para que los gabinetes de comunicación de los partidos de izquierda anuncien perspectivas halagüeñas en las próximas elecciones: el sorpasso, la hegemonía, como en Grecia, en Francia, en Italia o en las islas Vírgenes, nuestro partido subirá como la espuma de diecisiete a veintidós diputados y medio si no establece alianzas erróneas que le resten votos. Nada de alianzas o frentes o unidades de la izquierda que confunden a los votantes incapaces de distinguir bien entre cristianos viejos y nuevos, entre los de verdad y los de pacotilla, lo cual obliga a extremar las acusaciones mutuas, a jurarse odio eterno. Cierto que todos debemos hablar de unidad, pues la cháchara está bien vista, pero primero vamos por separado, a ver qué resultados dan las urnas y, luego, si eso, ya hablamos.

Por supuesto, luego, si eso, vuelve a gobernar la derecha. Porque en ella, la estupidez es de otro tipo. Menos suicida

dilluns, 5 de gener del 2015

La dictadura neofranquista

El mes de julio pasado, Juan Torres López publicaba en El País de Andalucía un gran artículo titulado La dictadura del decreto ley, cuyo contenido se deduce del título: el gobierno de Rajoy desprecia e ignora el Parlamento en su función legislativa y gobierna por decreto ley, lo cual implica una clara deriva dictatorial porque priva al órgano legislativo de la facultad de debatir los proyectos de ley y lo convierte en una pseudocámara sancionadora.

No se trata solamente de que en el sistema español, como en muchos otros parlamentarios, se produzca una situación de privilegio del gobierno sobre el parlamento en la medida en que, por diversas razones, aquel acapara casi toda la actividad legislativa, vía proyectos de ley. No es una mera descompensación del equilibrio entre el ejecutivo y el legislativo, pero que reserva a este su monopolio de la función legislativa. Es algo mucho peor. Es un absoluto desprecio del Parlamento y una clara deriva dictatorial de este gobierno de franquistas. El artículo de Torres López es incluso caritativo. Veamos.

El desprecio al Parlamento se da desde el primer momento y no solo en la función legislativa. Rajoy no lo pisa. El que "iba a dar la cara" no acude jamás a las sesiones parlamentarias. El presidente no asiste al 85% de las sesiones en que hay votaciones. En las que no hay votaciones, la ausencia es del 100%. De un parlamento del que es diputado y del que deriva parte de sus ingresos (exactamente cuánta, seguimos sin saberlo) que sufragamos todos los españoles. Otra más de las innumerables mentiras con que este individuo ha construido su imagen política. Tampoco asiste cuando, en inútil ejercicio de su competencia de control del gobierno, el Parlamento reclama expresamente su presencia o la de alguno de sus ministros para dar cuenta de los frecuentes desaguisados que se organizan en este desgobierno de latrocinio y corrupción en que se ha convertido España. De los tres años de legislatura, el gobierno ha ignorado el 63% de las peticiones de comparecencia parlamentaria de Rajoy o sus ministros. Es decir, el gobierno no rinde cuentas de sus actos a los representantes populares sino cuando le da la gana y como le da la gana. Ignora el Parlamento siempre que quiere y eso es dictadura.
 
Los datos del gobierno por decreto son también apabullantes. En el primer año de legislatura, 2012, en España se aprobaron 28 decretos-leyes frente a 16 leyes y en los años sucesivos se ha seguido a este ritmo o peor. El mismo personaje que iba a potenciar el papel del Parlamento, gobierna por ukase. Pero no acaba ahí la querencia por la dictadura de estos personajes cobradores de sobresueldos, sobrepagas, mordidas, comisiones o "incentivos". No sería bastante. Con el autoritarismo de los decretos va también la necesidad de acabar con la seguridad jurídica de la democracia y el Estado de derecho para dejarlo todo al arbitrio omnímodo del dictador. No se trata tan solo de que un Decreto-Ley vaya en el lugar en donde debiera ir una ley debidamente debatida en el parlamento y votada. Se trata de que, con uno de esos decretos se puede literalmente volar parte del ordenamiento jurídico. Con el famoso Decreto Ley pomposamente llamado de "Medidas urgentes para el Crecimiento, la Competitividad y la Eficiencia" y aprobado el 10 de julio de 2014 se cambiaron de golpe 26 leyes vigentes sin el menor tipo de debate en el Parlamento.
 
Así, a la vista de que las leyes aprobadas por el Parlamento y en vigor pueden cambiarse sin debate posible por arbitrio del gobierno cuando a su jefe le dé la gana cabe calibrar el valor y la ética de la respuesta de Rajoy a las peticiones del soberanismo catalán en el sentido de que hay siempre que respetar la ley. Como en todas las dictaduras hay que respetar la ley cuando le da la gana al dictador y, cuando a este le parece, la ley se cambia sin necesidad de debatir nada en el parlamento.
 
La coronación de este edificio de dictadura de hecho y democracia de fachada es esa Ley Mordaza con la que se pretende amenazar, amedrentar a la población, criminalizar, sofocar y perseguir las protestas, reprimir los derechos y libertades de los ciudadanos, garantizar la impunidad de las fuerzas represivas hagan lo que hagan y establecer un Estado policía en el que se persigan faltas y delitos "políticos" prescindiendo de control judicial.
 
Para acabar de perfilar el carácter de este gobierno, el peor, más desalmado, incompetente, corrupto e inútil que ha tenido la España democrática, no puede olvidarse que es el de un partido acusado por un juez de haberse lucrado con la participación en un presunto delito de financiación ilegal y que,  a tenor de la cantidad de dirigentes y cuadros involucrados en procesos penales por corrupción puede considerarse como una organización de malhechores más que un partido. Y, no se olvide, presidido por un político acusado de haber cobrado sobresueldos de origen oscuro, de haber recibido regalos aun más oscuros y de mentir de modo continuo, contumaz, sistemático al Parlamento, a sus electores y al conjunto de la ciudadanía.  

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

diumenge, 4 de gener del 2015

Ojo al nivel. Los medios fríos

Aquí algunos pueden estar perdiendo la minerva. Cabe calificar de muchas formas el discurso -y la práctica, supongo- de Podemos y así se hace. Pero llamarlos casposos suena algo extraño, casi ridículo. Menos mal que la radio, el medio en el que el presidente del grupo parlamentario de CiU, Jordi Turull, ha manifestado su parecer es un medio frío, según la célebre dicotomía de MacLuhan. Si llegar a ser caliente, por ejemplo, la televisión, esta hubiera podido mostrar imágenes al instante que desmentirían el calificativo de Turull. A la vista está que en Podemos hay muy poca caspa, mental o física. La caspa cae más del lado de Turull. Y esto no es una respuesta ad hominem pues Palinuro reconoce que se puede ser casposo, llamar casposos a los demás y tener razón. Ese no es el asunto. El asunto es que en Podemos hay muchas cosas pero, hombre, caspa, no. Eso lo ve cualquiera. Gerardo Pisarello señalaba hace poco que Podemos es la fuerza política de izquierda española que más lejos ha llegado en la cuestión catalana al reconocer que España es un "país de naciones".

¿Qué sucede entonces? Que Podemos pone nervioso al personal. En Cataluña por unos motivos y en España por otros. Pero casi todo el mundo está muy nervioso. Y cuando hay nervios es fácil liarse. En España ya llevamos una temporada de nervios. Rajoy llama "adanes" a los dirigentes de la nueva formación; Sánchez considera que no son "castos" y él, de paso, tampoco es "casta"; los de IU andan murmurando que se han quedado con el santo y la limosna; y los de UPyD los tildan de "populistas", un término progresivamente carente de sentido. En Cataluña el impacto de Podemos ha sido más reciente y estas son las primeras y quizá no muy atinadas reacciones.

Y es una pena. Palinuro lleva tiempo sosteniendo que Podemos y la cuestión catalana son los dos fenómenos más importantes en España hoy. No solo políticos, sino también culturales, sociales y hasta económicos. Con todas las críticas y burlas que se han hecho al miserable aumento de las pensiones y el SMI, es posible que ni eso se hubiera dado de no existir Podemos. Los dos fenómenos decisivos en el día de hoy y el próximo futuro. Los dos fenómenos en los que la gente que en ellos participa y muchos que los siguen atentamente comparten la convicción de estar haciendo historia. Españoles, catalanes haciendo historia. Dentro de cien o doscientos años estos fenómenos de hoy pueden abrir un capítulo en los manuales o reducirse a una nota a pie de página en un relato monótono. Que sean lo uno o lo otro depende de cómo la gente actúe ahora. Y eso lo sabe la gente.

Siendo los dos acontecimientos más importantes hoy en España quienes los gestionan harán bien en tratar de comprenderse por encima de minucias partidistas. Al margen de su desafortunado exabrupto, Turull razona muy bien. Pone a Podemos en un brete cuando lanza "Mira que es fácil decir si se está a favor o no de un referéndum sobre la independencia, sí o no" y es verdad. Ya lo era antes del 9N y no se produjo, a pesar de que los británicos acababan de dar una lección imposible de ignorar respecto a cómo se gestiona en una sociedad democrática el derecho de autodeterminación de los pueblos.

No se entiende por qué Podemos no reconoce el derecho de autodeterminación de los catalanes. Pasado el 9N la oposición a una consulta referendaria de hecho ya carece de sentido porque de todas formas va a darse pues no otra cosa son las elecciones plebiscitarias en ciernes  que no es posible prohibir, ni siquiera desautorizar con algunas de las habituales impertinencias de Rajoy. Un pronunciamiento en ese sentido clarificaría el ambiente en Cataluña y le ganaría muchos apoyos. Si no se da, dicen algunos, es porque Podemos teme perder votos en España a cambio. Pero eso está por ver, sobre todo si la organización explayara su posición por entero aquí y allí: que no es partidaria de la independencia de Cataluña, pero sí de que los catalanes puedan decir libremente por su cuenta, como han hecho los escoceses.  Y, por supuesto, de que el resultado se respete e implemente.

Me dirán ustedes que estoy tratando de casar a Podemos con el independentismo catalán, como hace Palinuro. Y la verdad es que sí. Son lo más importante que le pasa a mi país hoy, lo que trae en su seno mayor expectativa de cambio. Tanta que a saber qué tipo de país nos encontraremos cuando estos procesos hayan dado sus primeros frutos.
 
Aquí es donde se enciende el plasma de La Moncloa y Rajoy coloca uno de sus confusos discursos pidiendo el voto, pues siempre está en campaña electoral, en razón de su carácter previsible, su sentido común, el como Dios manda, la seguridad, la estabilidad, y frente a las ocurrencias de unos, los adanismos de otros y la aventuras y locuras de aquellos otros.
 
Confieso que esta horrible posiblidad es uno de los motivos (no el único, claro) por los que Palinuro simpatiza con los dos fenómenos mencionados.  

dissabte, 3 de gener del 2015

Un año para engañar otra vez a la gente.

Estos sinvergüenzas no gobiernan. Cumplen órdenes de la patronal, de la banca, de la Iglesia, de Bruselas, de Merkel, del FMI. 

¿Qué hay que prohibir el aborto? Se prohíbe o, cuando menos, se intenta aunque quizá no salga por haber puesto al frente del comando misógino al más tonto de la cuadrilla que, claro, se creía el más listo.

¿Qué hay que abaratar el despido? Se hace gratis porque para eso los patronos son los que crean empleo y, si no lo crean, da igual pues son los que hacen suculentas donaciones a la banda de mangantes gracias a las cuales estos cobran los sobresueldos.

¿Qué hay que echar a la gente de sus casas? Se desahucia sin contemplaciones porque la banca perdona generosamente los créditos a los partidos a cambio de prebendas y tiene que cuadrar sus balances. Si los desahuciados se suicidan, ya los recibirá Dios en su seno.

¿Qué hay que subir el IVA de los productos sanitarios? Se sube y se baja el de la pornografía que es lo que consume la banda de ladrones.

Así que, como no gobiernan, tienen tiempo sobrado para otros menesteres como expoliar el erario, bien cometiendo delitos directamente o privatizando empresas y servicios públicos que vienen a ser dos formas de lo mismo.

En este momento tienen un año entero para preparar a conciencia la batería de mentiras, embustes y patrañas con que cuentan para engañar a la gente de nuevo. Si lo hicieron en noviembre de 2011, gracias a la generosa financiación ilegal que la partida de delincuentes de la Gürtel les proporcionó, con mayor razón ahora que, además de la financiación en negro, cuentan con todos los aparatos del Estado a su pleno y exclusivo servicio, desde la TVE hasta el último policía antidisturbios, pasando por los periódicos de papel, el Tribunal Constitucional y legiones de tertulianos a tanto el minuto de bellaquería y mendacidad. 

Tienen recursos sobrados para erigir su edificio de engaños y, de paso, seguir repartiéndose los sobresueldos con los que complementan sus nada desdeñables ingresos, como hacía y quién sabe si seguirá haciendo, el presidente del gobierno y el resto de miembros de esta supuesta asociación de malhechores a la que llaman partido político para disimular.

Un año tiene el presidente/sobresueldos para volver del revés unos sondeos que le son adversos. Un año a pleno rendimiento porque, lo dicho, estos no pierden el tiempo gobernando, que es un sinvivir, sino que se limitan a cumplir órdenes contra su propio pueblo.

La consigna básica de esta insoportable campaña de mentiras será que España sale de la crisis. Tres mentiras en una:

España. “España” no sale de la crisis porque como tal no existe en cuanto entidad que pueda entrar y salir de nada. Existen los españoles y, de estos, el 10 % de afortunados y privilegiados, en cuyo favor toman las decisiones estos mangantes, no sabe lo que es la crisis y el 90 % restante no sabe lo que es salir de la crisis ni lo sabrá.

Sale: no, no sale; ni España ni los españoles afectados. Todas las magnitudes indican lo contrario y, aunque la banda manipula y falsea las estadísticas y los datos, las cifras que se obtienen de fuentes exteriores pues las españolas están todas trucadas, dicen lo contrario. España no sale de la crisis. Sigue en ella y a peor porque ahora, además de tener una deuda de más de un billón de euros y de haber expoliado el fondo de pensiones, estamos en deflación.

Crisis: porque no es una crisis. Es el estado de normalidad del capitalismo. Lo que estos sinvergüenzas quieren perpetuar: salarios de hambre, inseguridad laboral, jornadas interminables y aumento sin cesar de los beneficios. No es una crisis; es una estafa. El capitalismo es una estafa y pretende quedarse.

Un año para preparar el terreno a base de embustes y trolas que este sujeto, perceptor de sobresueldos, lleva años soltando y ahora prodigará sin tino ni tasa, con esa elegancia de dicción que los dioses le han dado.

Si la gente vuelve a votar a esta banda de corruptos y mangantes merecerá lo que se le venga encima.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).