dimecres, 16 d’octubre del 2013

Las fotos de la historia y la historia de las fotos.


La Fundación Mapfre, la de la exposición de los machiaioli trae también otra de fotos que quiere ser un recorrido en imágenes por la historia de España. Bueno, de fotos, de algunos cuadros y de un par de docenas de vestidos femeninos. Es un propósito algo desmesurado. Las fotos no son muchas ni todas ellas muy representativas. Pero, con estas limitaciones, siempre es interesante un recorrido por la historia patria a base de imágenes. Sobre todo porque la idea es sana: ver cómo evoluciona un país y cómo evoluciona el ojo mecánico que lo registra. Si bien esta relación casi se agota en el nacimiento. El primer daguerrotipo se tiró en Barcelona, claro, en 1839 y luego se documentan algunas otras imágenes obtenidas con técnicas primitivas. Pero, a partir de ahí, se abandona el empeño y ya no se habla de los subsiguientes avances de la fotografía, la madre de la octava arte, el cine. Ni el paso del blanco y negro a color merece una reflexión. Y eso del color tiene su aquel, con tanta crítica que le hicieron (y le hacen) los puristas. ¿Cabe imaginar la cubierta del LP de los Beatles, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band en blanco y negro?

Lo dicho, hay fotos muy conocidas, como la de Franco y Millán Astray berreando canciones legionarias, el miliciano de Frank Cappa o la guardia de asalto en Barcelona, de Agustí Centelles. Igualmente alguna conmovedora imagen de las misiones pedagógicas. Aunque la exposición abarca unos 160 años, por razones obvias se concentra en el franquismo y la segunda restauración borbónica. Las épocas anteriores pasan rápidamente pero se descubren imágenes muy poco conocidas. Por ejemplo, algunas fotos de las guarniciones españolas en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas antes del desastre del 98. Procedente del Museo de Antropología hay una serie de estampas de nativos filipinos tomadas en la época muy interesantes de ver.

No menos lo es una serie de fichas de las autoridades argentinas de inmigración a principios de siglo. En ellas se ven rostros de nuestros compatriotas hace cien años, mujeres demacradas, niños, viejos, hombres desaliñados. Y, debajo, escrito a plumín o máquina primitiva, los nombres y las observaciones por las que habían sido devueltos: "sin papeles", "padece tuberculosis", "afectados de tracoma". Es bueno recordar de dónde venimos pues también nosotros fuimos sin papeles. La foto serializada tiene mucho impacto. Hay una colección de imágenes de bandoleros andaluces enriquecida con la presencia de algunas bandoleras, aspecto este de la igualdad de género (aunque se trate de una mínima parte) que no es habitual.

Los escasos cuadros tienen una función de apoyo, pero es decisiva. Hay un óleo de Gutiérrez Solana de un café cantante en 1910 que reproduce fielmente una foto sevillana de fines del XIX. Otro óleo de Sorolla, retrato de su mujer Clotilde, supongo, en una playa del norte, de cuando la corte veraneaba en aquellos lugares. El flamenco, los toros, las diversiones populares son como instantáneas que van fijando la espuma de los días.

Aparece mucho la guerra de Marruecos, la leva, los conflictos sociales relacionados con ella, la corte de Alfonso XIII, Primo de Rivera y el desastre del El Annual y la batalla del monte Arruit, con una de esas fotos en que se ven los cadáveres de los soldados españoles al sol, ennegrecidos, medio devorados por las bestias. Aunque quien quiera ver qué se hacía con esos cadáveres, puede echar una ojeada a este vídeo en You Tube y poner a prueba su estómago.

Si me dijeran que eligiera dos imágenes del franquismo para ilustrat esa pretendida división de la dictadura en una etapa "dura" y otra "blanda",  creo que seleccionaría una cartilla de racionamiento y un seat 600. Con la cartilla, el Estado regulaba lo que los españoles comían; sobre todo, cuánto. Con el 600 España se ponía a nivel europeo. Ni el Pegaso ni el Biscuter pudieron hacerle sombra. El uno por demasiado y el otro por demasiado poco. El 600 era justo el punto medio, el de la medianía, el de la clase media  que emergía al socaire del turismo, las remesas de los emigrantes y las inversiones extranjeras. Un triángulo hecho de playas soleadas, maletas de madera e inversiones extranjeras en polos de desarrollo que es un panorama al cual parecen apuntar los proyectos del gobierno actual: turismo, emigración e inversión extranjera. 

La transición tiene amplio tratamiento. Fotos célebres del destape, la movida, la Constitución, Europa, etc. Hay una composición que no conocía: un escaparate con unos veinte televisores de todo tipo emitiendo en directo la dimisión de Adolfo Suárez. Por algún motivo, la sincronización de las pantallas no es perfecta y vemos el rostro del presidente en dos momentos distintos, con una diferencia de segundos, pero es muy llamativo. Se queda uno pensando varias cosas: ¡qué tiempos en que los presidentes del gobierno dimitían! Y ¿por qué exactamente dimitió Suárez? Ese es uno de los misterios de la transición que probablemente nunca se aclarará.

dimarts, 15 d’octubre del 2013

Salvar España.


"Helo, helo, por do viene el infante vengador/caballero a la jineta en un caballo corredor,/su manto revuelto al brazo, demudada la color,/y en la su mano derecha un venablo cortador."

Bien. Ya está aquí el hombre providencial, el milagro, según modesta autoapreciación personal. Dispuesto a salvar la democracia, el Estado, la Nación. Lo que haga falta. Siempre es en estos momentos de decadencia nacional cuando el Todopoderoso nos envía un caudillo que endereza el entuerto con brazo de hierro y señala el camino con ojo de águila. Suelen ser figuras algo canijas, esmirriadas, entecas, pero que irradian fuerza por la fiereza de sus conviciones.

Hace unos días, Rosa Díez preguntaba quién defendería España y se ofrecía a sí misma para hacerlo visto el abandono en que los dos partidos dinásticos tienen la tarea nacional. Pero, ¿a dónde irá ella, débil mujer, cuando del fondo de la Raza surge el guía invicto que restaurará la gloria de España?

"Desfalco de la soberanía nacional" define Aznar ni corto ni perezoso lo que está sucediendo con Cataluña. Tratándose del partido de Bárcenas y la Gürtel eso de "desfalco" es como mentar la soga en casa del ahorcado. Añade Aznar que el silencio (el arma preferida de Rajoy) frente a Cataluña es tan peligroso como la misma mentira. Con lo cual el mismo Rajoy se habrá quedado en blanco pues no sabía él que la mentira fuera dañina.

El panorama no es muy halagüeño. La derecha, armada de sus tradicionales ideas, sale al paso del reto soberanista esgrimiendo una conciencia nacionalcatólica que se despliega en todos los órdenes, el retórico/propagandístico, el legislativo y  el de la dialéctica callejera de los puños y las pistolas.

Así las cosas, tiene un punto melancólico la noticia de que Rubalcaba sepulta la Fundación Ideas. Colofón del escandalazo que se montó con la inenarrable historia de Amy Martin y sus fantásticos artículos. Ya la idea de crear una Fundación llamada Ideas indicaba un ánimo algo despistado. Ideas ¿de qué? No importa. Ideas. Ideas es lo que se vende. Dice Rubalcaba que la cuestión de los devengos picarones no pasa de ser un problema de gestión deficiente. Sí, desde luego; pero también es algo más. Es también un modo inadecuado de entender la labor ideológica de un partido como el socialista que, en principio, es de izquierda. ¿Quiere decir que la izquierda no vale para las fundaciones? No, claro. Quiere decir que las ideas no surgen en gabinetes experimentales, en conciliábulos de expertos, sino de la acción práctica de la gente que aplica la política, el programa del partido. Ahí es donde surgen las ideas, la teoría que ha de iluminar el camino posterior de la acción. Pero para eso hacen falta políticos capaces de orientar la acción según una teoría que han extraído de su práctica.

El cierre de la Fundación Ideas es una metáfora de la falta de ideas del socialismo. La dirección del PSOE no sabe qué hacer como no sea ganar tiempo. Exactamente lo mismo que Rajoy. A la espera del repertorio de ideas que saldrá de la Conferencia del mes próximo. Por entonces sabrán los dirigentes qué decir respecto a cuestiones acuciantes de muy difícil encaje en las concepciones tradicionales, por ejemplo, la cuestión catalana, que los trae de cabeza; por no hablar del enfadoso asunto de la Monarquía. 

Con independencia de esa espera, España tiene hoy tres problemas bien patentes: el problema catalán, el de la iglesia y el Estado y el de la corrupción, íntimamente ligado a la gestión de la crisis. En el catalán los socialistas debieran unificar criterios. No puede salir Jáuregui diciendo crípticamente que España tiene que reconocer la singularidad de Cataluña mientras su jefe se empeña en resucitar la teoría del café para todos en clave federal. Si tan seguros están como Lara, el de Planeta, de que el 70 por ciento de los catalanes se siente tan catalán como español y un 15 por ciento solo español, ¿por qué tienen miedo a un referéndum? ¿Porque es una cuestión de principios? Eso de los principios cuéntenlo en Gibraltar.

Lo de la iglesia y el Estado es de juzgado de guardia. Ahora dice Rubalcaba tímidamente que el PSOE revisará los Acuerdos con la Santa Sede de 1979. Bueno, primero habrá de hacerse perdonar la coyunda que montó el gobierno del PSOE con esa misma iglesia, aumentando sus privilegios económicos. No sé si después le quedará algún crédito, especialmente si se limita a decir que se revisarán esos acuerdos; no que se denunciarán sin más, como corresponde.

Y en cuanto a la corrupción, una actitud de intransigencia absoluta. El PP y el gobierno del PP deben dar cuenta de sus presuntos desmanes de dos decenios y arrostrar las responsabilidades penales y políticas a que haya lugar. Sin ningún compromiso. Se está con la ley o se está contra la ley; pero no se está con y contra al mismo tiempo. Esa oferta de Susana Díaz de gran pacto con Rajoy contra la corrupción es un disparate que más vale olvidar cuanto antes. Y, además de exigir responsabilidades por el último ochavo, el PSOE tiene que presentar un plan para eliminar todos los privilegios, las corruptelas, las mamandurrias del conjunto de la clase política: presidentes, ministros, alcaldes, diputados, consejeros, asesores y correveidiles.

Es una idea, ¿verdad?

El Estado dentro del Estado.


Aproximadamente cada cien años el Estado español firma un concordato con la Santa Sede, en 1753 con Fernando VI, en 1851 con Isabel II y en 1953 con el caudillo Francisco Franco que casi por ello consigue que lo hagan cardenal. Hubiera estado bien, ¿eh? Una dictadura regida con mano de hierro en lo secular y lo espiritual por el sublime ideal español del monje guerrero. El caso es que este año es el sexagésimo del Concordato de 1953, por el cual el Vaticano contribuyó, junto con los gringos a sacar a España del aislamiento internacional en que estaba por ser un Estado fascista según la ONU. A cambio, el Vaticano se quedó con el alma (y el dinero) de los españoles y los estadounidenses con pedazos de territorio en Torrejón, Rota, Morón, para sus bases. La cuestión es averiguar si ese Concordato de 1953 sigue o no en vigor, pues su artículo 1º reproduce, dulcificada, la vieja fórmula de la Constitución de 1812: "La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico". Aparentemente eso no está en vigor. Pero, si se leen los acuerdos de 1979 y el de 1976, la cosa no es tan clara.


Para aclararlo celebramos la mesa redonda del anuncio en la Facultad de Políticas y Sociología de la Complutense, el próximo jueves, 17, a las 12:00. Participan François Coll, Juan José Tamayo, Beatriz Jimeno, Palmira Chavero, Jaime Ferri y un servidor. Entrada libre.

El otro Palinuro.


Pues eso, que Palinuro tiene otra cara o, como se dice en los ciberandurriales, otra interfaz, que mola mucho más. Pinchen o cliquen sobre la imagen. Sale la página web palinuriana estrenada este verano. Contiene siempre la entrada del viejo Palinuro de toda la vida  y una selección de otras, clasificadas según criterios que los dioses nos van proporcionando. Y con la bandera tremolando en el centro. Todo lo que larga el blog se acumula luego en la página web que, de esta forma, va creciendo y aumentando en contenidos. Para los anteriores al verano hay que seguir yendo al blog y mirar en el buscador, que es muy eficaz. En la página pueden verse también críticas de libros, convocatorias y hasta un calendario pues ya se sabe que los internautas tienden a olvidar las fechas de sus días. En fin, que está muy bien y agradezco infinito a los amigos de Publicoscopia el trabajo y las molestias que se toman en mantenerla, porque lo que es yo...

dilluns, 14 d’octubre del 2013

La maldición de la Triple C.


La política española está dominada por tres problemas duros, ásperos, difíciles de abordar, tanto más de resolver y que, para poner una nota de romanticismo y suspense en el asunto, llamaremos la triple C. Cataluña. Comisión de la verdad. Corrupción. Tres ces como tres castillos, que son tres embrollos de muy distinta naturaleza pero que tienen algo en común: quien ha de resolverlos es un gobierno y un partido con un talante autoritario, nada proclive a la negociación, muy ideológico y hasta radical, según reconoce ya el presidente de ambos en una entrevista de hoy en el Kurier austriaco. Siguiendo su costumbre de decir fuera lo que no dice dentro.


Cataluña. Los organizadores de la concentración por la unidad de España en la Plaza de Cataluña, en Barcelona, reconocen que pincharon. Los varios miles de manifestantes no son nada comparados con los cientos de miles de los independentistas. Y el pegote franquista con los energúmenos luciendo la parafernalia facha no contribuye a hacer simpática su causa. Probablemente la plataforma de la monja Forcades y el economista Oliveres en pro de un proceso constituyente en el Montjuich ha reunido más gente que el PP y Ciutadans. Por la vía de los números callejeros, el unionismo lleva las de perder. Quizá sea un buen momento para pensar en un referéndum que nos diga cuál es la fuerza de cada cual. Pero de referéndums, ni se habla. Al contrario, se recuerda que ya hay un referéndum cada cuatro años en forma de elecciones en donde cada cual vota lo que quiere. Probablemente sea el argumento que haya llevado a Mas a postular ese extraño híbrido, ese hipogrifo de unas elecciones plebiscitarias. Con la cuestión de los votos, que me parece insoslayable, se mezcla ahora la de la financiación, tema que solivianta a otras comunidades autónomas, singularmente Madrid que se considera a sí misma como un Estado dentro del Estado. Y, si consigue variar la ley antitabaco, que es ley estatal, habrá de reconocerse que lo es. Es preciso separar la cuestión independentista de la de la financiación si queremos llegar a algún acuerdo medianamente civilizado. En contra de lo que el gran estratega de La Moncloa dice creer, esta oleada independentista ya no se para con un nuevo acomodo financiero especial para Cataluña. Ahora hay que hablar en términos políticos.

Comisión de la verdad. Ayer mismo la iglesia beatificaba a quinientas víctimas de la guerra civil, asesinadas, se dice, por su fe religiosa, cosa que no es cierta. Muchos de ellos fueron asesinados por ser pistoleros. Lo cual tampoco es una razón para asesinar sin más a nadie pero, desde luego, poco tiene que ver con la fe. De distintos lugares llegaron al Papa con anterioridad peticiones para que, antes de la beatificación, la iglesia pidiera perdón por haber apoyado un régimen genocida, uno que luego se autamnistió con una ley de punto final. El Papa es argentino, pero se ha callado. Puede que no sea tan progre como parece o puede que, habiendo tomado nota, deje para otro día un enderezamiento de la situación. Porque la situación está muy torcida. Se les debía caer la cara de vergüenza de beatificar a unos teniendo a más de cien mil de los otros sepultados de cualquier forma por las cunetas de España. Los enviados de la ONU se han ido pidiendo al gobierno que aplique la Ley de la Memoria Histórica, una ley a la que el gobierno ha dejado sin financiación. La oposición, por su parte, reclama de ese mismo gobierno que constituya una Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo; del que se niega a considerar delito la apología del franquismo. Por más que el gobierno quiera ocultarlo, silenciarlo, este es un problema que tendrá que encarar y, para vergüenza nuestra, por presión exterior. Hace falta ser bruto e ignorante para decir que a la gente no le importa en dónde y cómo estén enterrados los suyos. Todo el drama de Antígona, probablemente la pieza de teatro de mayor trascendencia política, gira en torno a la orden de Creón de que uno de los hermanos de Antígona, el atacante, quede sin sepultar, a merced de los perros y los buitres. El culto a los antepasados es algo intrínseco a la naturaleza humana. Y, mientras los de las fosas comunes y anónimas siguen ahí, cada vez son más notorios y vociferantes los seguidores y descendientes de quienes las llenaron de cadáveres, obviamente con no otra intención que mostrar que están dispuestos a hacer lo mismo.

Corrupción. La tercera C, la más siniestra. La política del gobierno de negar la evidencia no funciona ni puede funcionar. El asunto Bárcenas está tan presente como el primer día. No hay forma de acallarlo porque discurre por los meandros de un proceso que da sorpresas continuas. Así se discute sobre la conveniencia de llamar a declarar como testigo a Rajoy como se imputa al gerente del PP en Castilla La Mancha y se abre la posibilidad de que Cospedal vuelva ante el juez de nuevo como testigo y quién sabe si como imputada. Faltan 200.000 euros de un presunto cohecho y en algún lugar estarán. Si se emplearon para financiar la campaña electoral de Cospedal el 2008 es mal asunto, pero si no se emplearon en eso, el asunto es peor. La corrupción lo engulle todo. De los ayuntamientos no hace falta hablar. El último en incorporarse a la reata, el de Melilla, con su doble condición de municipio y ciudad autónoma. Las comunidades autónomas, gestionadas con auténticas golferías. Y el gobierno del Estado en manos de un señor que cobraba suculentos sobresueldos con cargo a donaciones presuntamente ilegales; el mismo señor que se permite decir, siempre fuera, claro, que no solamente condena la corrupción sino que la combate, una afirmación que solo puede colar en el extranjero pues aquí cualquier puede ver que tanto él como su partido hacen lo posible por obstruir la acción de la justicia. Es una sinceridad tan notable como la de Cospedal quien, por cada paso procesal que la atrae de nuevo ante el juez en el asunto Bárcenas, dice alegrarse lo indecible. Dejemos también de lado la tambaleante monarquía. Ese sainete de las tarjetas de crédito, las declaraciones de Hacienda, las transferencias bancarias, las simulaciones, las mordidas, las comisiones, se han llevado por delante el escaso prestigio que le quedaba a la Corona.

La maldición de la triple C.

diumenge, 13 d’octubre del 2013

Las zozobras del Estado del bienestar.


Eloísa del Pino y Mª Josefa Rubio Lara (editoras) (2013) Los Estados de bienestar en la encrucijada. Políticas sociales en perspectiva comparada. Madrid: Tecnos (371 págs.).


La teoría del Estado contemporánea es la teoría del Estado del bienestar (EB). No hay otra digna de tal nombre porque todos los Estados son de bienestar o dicen o quieren serlo. Tanto en su formulación jurídica de "Estado social y democrático de derecho" como en la más politológica, referida al bienestar, domina el campo de la investigación y debate académicos y mundanos. Hasta aquellas ideologías que pretenden abolirlo sostienen que, en realidad, quieren preservarlo, hacerlo sostenible. Y esto no es asunto trivial. Se engarza con la autenticidad del debate político y tiene que ver con las cuestiones comunicativas y hasta propagandísticas. La pregunta de nuestro tiempo es si cabe seguir hablando de Estado de derecho en ausencia del componente social y democrático o de bienestar, habida cuenta de la evolución de la conciencia moral de la especie.

El EB vino acompañado de controversia desde el punto de su nebuloso origen y así siguió después. Ya a fines del XIX, Eugen Richter atacaba con sorna, considerándolas distópicas, las aspiraciones socialdemócratas del Wohlfahrtstaat. Las andanadas teóricas de Von Mises son de los años veinte del siglo pasado y el momento de su apogeo y consolidación, en la segunda postguerra, coincide con el despliegue crítico de Von Hayek. Incluso en los que este libro considera "edad de oro" del EB este tenía que hacer frente a una abigarrada batería de ataques que unía en orfeón negativo la Trilateral, la escuela de Chicago, el monetarismo, la economía de la oferta, la visión marxista del capitalismo monopolista de Estado, la escuela neoclásica, los profetas también marxistas de la crisis fiscal del Estado, los anarcocapitalistas, libertaristas y partidarios del Estado mínimo.


El día de la Raza y el de los muertos.


El 12 de octubre es más que una fiesta. Es una catarsis colectiva. Sus muchos significados, que interactúan entre sí y con una realidad a menudo conflictiva, se prestan a grandes controversias de interpretación. Su nombre oficial, por Ley de 1987, es Fiesta nacional de España, haciendo hincapié en el nacional. La nación española está de fiesta el 12-O. Antes había sido Día de la Hispanidad y, antes, Día de la Raza.

La Fiesta nacional, ignorando la Hispanidad, pretende desvincular la idea de nación española del descubrimiento de América. Pero es un vano intento desde el momento en que se mantiene la fecha del avistamiento del nuevo mundo por Rodrigo de Triana. Tendría que haberse pasado al 2 de mayo, hipótesis que seguramente barajó el legislador pero, inexplicablemente, dejó de lado. Así que la nación sigue asociada al descubrimiento y no sin querella. El término descubrimiento despierta lógicas iras en los descubiertos y ya no se hable de una opinión muy extendida que llama genocidio a lo que otros consideran obra civilizadora de España en América; o sea, la Hispanidad. Primera bronca.

El 12 de octubre es también el día de la Virgen del Pilar, patrona del Reino de Aragón y, por ende, de España, aunque subordinada al verdadero patrón, Santiago el Mayor quien, en realidad, era su mandado, al habérsele aparecido en carne mortal en Cesaraugusta el año 40 para encargarle la evangelización de España. Patrona también de la Guardia Civil, por si hubiera alguna duda y, mira por dónde, de la Hispanidad. La Guardia Civil tiene en estas ocasiones lo que se llama "perfil bajo", pero la presencia de Santiago evoca de inmediato el Santiago Matamoros y cierra España. No es lo más adecuado para emblema de la alianza de las civilizaciones que Rajoy parece haber descubierto tras reírse de ella y a la que ahora se apunta con su habitual oportunismo y falta de dignidad. Segunda bronca.

Sigue funcionando la Hispanidad. Y la Raza. El nacionalismo español muestra su vigor. El PP y Ciutadans han movilizado sus huestes para un acto afirmación nacional Española en Barcelona. Varios miles, llegados a bordos de autobuses, han respondido a la llamada. Una manifestación por la unidad de España que diera respuesta esta vez a la cadena humana catalana del pasado septiembre. La mayoría a favor de lo catalán es abrumadora. Pero la afirmación nacional española compensa por lo vistoso lo enteco de los números. Banderas franquistas y profusión de otras enseñas con emblemas así como de tipo céltico y pendones variados pusieron una nota de colorido en la mañana barcelonesa. Luego, las escuadras fascistas recorrieron las calles de Barcelona, a ver si podían dar estopa a algún catalufo. Más o menos lo que hicieron en Madrid, esto es, merodear por el centro a dar palizas a quienes no les gustaran. Y ante la inactividad de la policía que solo interviene para apalear izquierdistas, pues esto es una democracia. Tercera bronca.

Después del desfile, que a nadie importa un pimiento, la recepción de la Corona, este año coroneta porque el titular está postrado. En realidad, de la Casa Real ya no queda casi nadie. En la foto faltan una infanta y dos yernos. La cuestión de la monarquía, cada vez más desacreditada y cuestionada. Si, por fin, la infanta ausente resulta imputada, la situación va a hacerse insostenible y es posible que, por mucho besamanos al que acuda Rubalcaba, los socialistas acaben recordando que lo suyo es la República. Cuarta bronca.

En efecto, más que una fiesta, una catarsis. Tantos significados y tan controvertidos no tendrán inconveniente en acoger otro más. El PSOE e IU presentan una moción no de ley urgiendo al gobierno a que establezca una comisión de la verdad para desenterrar a los asesinados por los franquistas y hacerles justicia. Aquel se negará a hacerlo por la misma razón por la que se niega a tipificar como delito la apología del franquismo, porque el franquismo es su principal afinidad electiva. ¡Comisión de la verdad! Franco ya la dejó atada y bien atada y los apologetas franquistas que se autotitulan historiadores la repiten sin cesar. Esa negativa será suficiente para que la oposición, llamando en su auxilio la sociedad civil, la constituya por su cuenta.

Es muy buena idea vincular la petición de justicia por los crímenes del franquismo a la fiesta nacional española. Esta petición de una comisión de la verdad es la quinta bronca, resumen de las anteriores. Porque cuestiona la fiesta. Fiesta nacional ¿de qué nación? ¿La de los vivos o la de los muertos?

(La imagen es una foto de Okokitsme, en Twitter).

dissabte, 12 d’octubre del 2013

¿Con qué autoridad hablan?


Al final del consejo de ministros, en rueda de prensa, la vicepresidenta del gobierno tuvo el arrojo de acusar de defraudadores a medio millón de desempleados, siendo así que quienes han defraudado son unos cinco mil. Un problema de comunicación política, dirán algunos. Más parece un problema grave de amnesia. El PP ha aprobado una amnistía a los grandes defraudadores; él mismo como partido está acusado de financiación ilegal; sus dirigentes, incluida la vicepresidenta, de haber cobrado sobresueldos de un dinero que cada vez parece más negro. El pueblo llano a eso lo llama morro. Los analistas políticos somos más correctos políticamente y lo llamamos tupé.

Dice Sáenz de Santamía que las leyes nos obligan a todos, lo cual, como siempre, tampoco es cierto. A ellos no los obligan porque, cuando los obligan, simplemente, cambian las leyes. Exactamente lo que hicieron, lo primero que hicieron, al llegar al gobierno: modificar la Ley de RTVE para poder designar director del invento con sus solos votos a un fiel propagandista de la causa. ¿Cuál es la validez moral, la autoridad, de la afirmación de que las leyes nos obligan a todos cuando uno cambia las leyes a su gusto? ¿Es superior a cero?

Y, como esto es España, lugar de tronío, la vicepresidenta podría haber dicho sin faltar un ápice a la verdad "las leyes nos obligan a todos, excepto en Eurovegas". De autoridad en España el gobernante anda muy falto. Hay que salir en su defensa movilizando en su provecho las instituciones del Estado. A petición del fiscal, el juez Ruz desecha la comparecencia de Mariano Rajoy como testigo porque, razonan ambos, fiscal y juez, "busca un interés extraprocesal". Podría ser, pero es irrelevante. La comparecencia de Rajoy, presunto perceptor de sobresueldos de origen ilegal, es inexcusable. El proceso mismo lo reclamará y Rajoy tendrá que comparecer a rastras, como lo hizo ante el Congreso.

El juez imputa al gerente del PP de Castilla La Mancha en el más bien fétido asunto de los 200.000 euros evanescentes que, al parecer, se han pagado, se han cobrado y se han volatilizado. La siguiente figura en el pimpampum es Cospedal; una presunta cobradora de sobresueldos nata. Un personaje que aparece perpetuamente implicado en cuestiones de ingresos, pagos, declaraciones, olvidos y requiebros.

La pregunta es pertinente: ¿con qué autoridad hablan? Y la respuesta, evidente: con ninguna. Con ninguna autoridad y con menos sentido común. Esta claro, la mayoría absoluta los justifica a su juicio no solo para no dar explicaciones sino para darlas sin sentido alguno, al albur del capricho de un ministro. Si Rajoy afirma en el Japón que en España se han reducido los costes laborales (o sea, que se han bajado los sueldos) y Montoro asegura, por el contrario, que no se han bajado sino que se limitan a crecer moderadamente, uno de los dos no sabe lo que dice. Y eso es grave.

¿O tampoco?

La mancha revolucionaria.


Interesantísima la exposición sobre I Macchiaioli ("manchistas") de la Fundación Mapfre, en Recoletos. Algunos de ellos, tanto del grupo "manchista" propiamente dicho, como de los aledaños son bastante conocidos, como Silvestro Lega, Giovanni Boldini, Fattori, Zadomeneghi, Signorini y, por supuesto, Balla y Pellizza; pero otros lo son menos o a Palinuro no le sonaban. Así que es una gran ocasión verlos juntos. Son más de cien obras en total, procuradas en colaboración con el Museo d'Orsay y L'Orangerie de París, de muy distinto formato (predominantemente pequeño) y variada procedencia. Pero transmiten con toda claridad la idea de un grupo, un movimiento, un trabajo colectivo, una especie de programa de renovación de la pintura, así como de la acción social del pintor y del artista en general. Otra prueba más de lo aficionados a la cofradía que son los pintores.


Esta en concreto nace al rebufo de la revolución de 1848 que, siendo europea en su alcance, en Italia puso en marcha el Risorgimento o reunificación italiana que terminó en 1871 con la expulsión definitiva de los austriacos del Véneto y la conquista de Roma. Los manchistas querían renovar la pintura y la Nación al mismo tiempo. Varios de ellos fueron voluntarios a la guerra contra los austriacos. Los cuadros de Fattori con batallas entre austriacos y bersagliere son piezas de la conciencia nacional.

Pero la exposición se centra en la obra renovadora de la pintura que, vista con la perspectiva de grupo, es innegable y, habiéndose dado a mediados del siglo XIX, antecedente claro del impresionismo francés. El lema del grupo es el del impresionismo: luz natural (que en Italia hay mucha), pintura al aire libre, fuera academicismo e historicismo. Hay quien lo ve incluso como antecedente del grupo de Barbizon. Desde luego y también coetáneo. Y en cuanto a los impresionistas, a veces uno cree estar viendo a Monet, a Manet, al mismísimo Renoir. En los retratos pasa algo parecido. Las figuras y su contexto reflejan una época y unos personajes: las clases medias y las populares, la coyunda que hizo posible la revolución de 1848, la última vez en que la burguesía y los trabajadores fueron juntos a las barricadas. En la siguiente, estarían en lados opuestos. Los retratos de Boldini, que era un maestro indiscutible, son los de la burguesía nacional italiana, coronado por su célebre de Verdi de 1886, pura sinestesia. Lo que no aparece en la exposición es que, posteriormente, gracias a su enorme éxito, Boldini se convirtió en el retratista de las clases altas y la nobleza italiana. Y aun así mantuvo una enorme audacia de trazo.

La expo tiene un detalle espléndido. Hay una breve antología de escenas de dos de las mejores películas de Visconti, Senso (1954) y El gatopardo (1963) para mostrar cómo el cineasta se inspiró directamente en i macchiaioli. Los paisajes, las figuras de las dos turbulentas historias, la lucha contra los austriacos (Senso) y la revolución garibaldina (Gatopardo) están sacados de los manchistas. Y no es el único. El símbolo del Novecento de Bertolucci es el célebre El cuarto estado, de otro manchista, Pellizza da Volpedo.

Especial interés reviste la referencia a la huella de i macchiaioli en Mariano Fortuny, al menos para los españoles. Fortuny tuvo un éxito arrollador, fue riquísimo y, a pesar de morir joven, dejó una fortuna en bienes inmuebles. Su triunfo vino de su increíble oficio y de haber adaptado al gusto español los casacones de Meissonier. Los enriqueció con su aprendizaje de la luz del norte del África y los coronó con la estancia en Italia. Ese es el secreto de Fortuny, la luz, la mancha de luz.

Y puestos ya a fantasear, la figura del anuncio de la expo recuerda vagamente a Seurat.

divendres, 11 d’octubre del 2013

El barco de los locos del PSOE.


Quien mire a Rubalcaba probablemente verá un hombre tranquilo, discreto, un tanto anodino, nada estridente, sin duda amante del orden, de lo previsible y seguro. Pues le ha tocado regir su partido en condiciones de aprecio y apoyo populares francamente cochambrosas, tanto el partido como él. Y en unos momentos especialmente convulsos de la vida nacional en muy diversos aspectos: políticos, económicos, territoriales y hasta dinásticos. Ya es mal fario.


Breve digresión. La noticia de la muy probable imputación de la infanta Cristina puede ser la puntilla al escaso crédito de la Monarquía. Con el Rey postrado en el taller, su yerno protagonizando un episodio de serie B policiaca y los príncipes de Asturias en el punto de mira de la rumorología mediática, la dinastía puede encontrarse por tercera vez plantando cebollinos en el extranjero, París, Lausana, Roma. Los Borbones son cosmopolitas.

Fin de la digresión.

¿Y el partido? Rubalcaba lo tiene en la calma chicha que, como en las novelas de Salgari, precede a la tormenta. Los barones, los precandidatos, las primarias, la conferencia política, los EREs, Cataluña. Un guirigay y con las elecciones europeas ya a la vista.

Así las cosas, exactamente, ¿de dónde sale Susana Díaz? Esa entrevista con Rajoy es un disparate político mayúsculo. La rapidez con que el presidente la ha aceptado (cuando su antecesor, Aznar, a veces tenía esperando meses a los presidentes autonómicos de la oposición) debiera haberla alertado. En el supuesto caso de que obrara con prudencia y reflexión o tuviera alguna experiencia.

Es perfectamente natural que la presidenta de la autonomía acuda a saludar al presidente del gobierno, a presentarse. Pero una cosa es el ejercicio institucional del cargo y otra entregarse a los postulados políticos del gobierno al que teóricamente se opone. Lo del síndrome de Estocolmo es aquí un juego de manos de una feria de pueblo. La sola visita a La Moncloa le ha trastornado el juicio. Sale pidiendo a Rajoy que lidere un gran pacto contra la corrupción de la que él es el presunto gran jefe. Con Rajoy, en cuya palabra no fían ya ni los de su partido. No se puede ser más pánfila, a no ser que la hayan mesmerizado o lavado el cerebro. Porque, en lógica conexión con este clima de colaboración, la dama se abstiene de pedir la dimisión del presidente que su partido reclama sin parar. Y, por otro lado, ¿quién es ella, recién llegada a la corrala, para andar en pactos con el presidente del gobierno en asuntos que afectan a todo el país? No se sabe qué asombra más si su credulidad o su desmesura.

Ignoro cómo va a neutralizar Rubalcaba ese ataque directo a su liderazgo. La presidenta in pectore de la federación más importante de su partido hace caso omiso de la solemne política de este de romper puentes y colaboración con el PP. No es posible que Díaz sea tan necia que no haya calibrado el daño que infiere al PSOE. Solo puede entenderse como enajenación, deseablemente transitoria. O quizá como falta de experiencia, incluso atolondramiento. Pero cuanto antes se caiga del guindo, mejor para su partido.

Era lo que faltaba al PSOE, una especie de plante en el Sur que renuncia a la oposición frontal y retorna a la política de pactos con el gobierno. Pactos que el gobierno no ha hecho o no ha cumplido o ha roto.

En el PSOE tienen un evidente problema de liderazgo.