Hoy, treinta y tres años después de aquel crimen, nos enteramos de que el ministerio del Interior tiene contratado al asesino de Yolanda como asesor o instructor o adoctrinador de la policía y la guardia civil. Tras haber cumplido de forma bastante accidentada una parte de la condena original, el sujeto ha mudado de nombre y, entre otras, realiza las colaboraciones señaladas y alguna más para ocasionales autoridades del PP. Aquí se plantea la cuestión de qué sucede con los delincuentes cumplidos y su reinserción social. Seguramente. Pero el delito de Hellín, sobre ser especialmente odioso, tiene unos elementos de ideología política imposibles de ignorar. El asesinato de Yolanda fue un crimen político, un acto de terrorismo típicamente político. Que yo sepa, Hellín no ha pedido perdón ni mostrado arrepentimiento por el crimen cometido. ¿Acaso esas exigencias se plantean únicamente a los etarras o proetarras? Con tanta mayor razón aquí porque no existe garantía ninguna de que el Hellín de extrema derecha no aproveche su posición para orientar ideológicamente las actividades de la policía o, incluso, para cometer una nueva fechoría. La muestra de arrepentimiento tampoco sería una garantía, pero es de todo punto exigible.
dimecres, 27 de febrer del 2013
Yolanda.
Hellín fue contratado por el ministerio en 2006. Entonces era responable de Interior Rubalcaba. Quiero creer que el ministro socialista no sabía a quién se contrataba para la instrucción de la policía. No me cabe en la cabeza que lo supiera y no dijera nada. Y, si es así, ya está tardando en comparecer en público a decirlo. ¿O le parece bien contratar a un criminal fascista que no se ha arrepentido?
Veintiséis años después de su muerte, Yolanda fue asesinada de nuevo en su memoria por quien la había matado y quizá con la connivencia de quienes entonces lo ayudaron.
La mentira y la ley del silencio.
La rueda de prensa de Maria Dolores de Cospedal el lunes pasado ocupará un lugar destacado en la historia de la cantinflería nacional. Corona una serie de cómicas apariciones de destacados dirigentes del PP: la de Rajoy a través de la pantalla de plasma, las de Floriano explicando las relaciones laborales de Sepúlveda y Bárcenas con su partido, las de Pons diciendo cualquier cosa. Todas ellas evidencias de cuán difícil es sostener la mentira en nuestra sociedad mediática abierta cuando la realidad en forma de contundentes respuestas de Bárcenas la refuta acto seguido. Pero, hasta ahora, la aparición estelar es la de Cospedal. El Intermedio del Gran Wyoming la ha sacado dos días seguidos y era imposible tener la risa. Tanto que bordeaba la compasión. Debe de ser muy duro verse en unas circunstancias tan ridículas.
Lo sabemos tod@s: Bárcenas tiene al gobierno y al partido rehenes de su estrategia procesal de salvación. No les da cuartel y los obliga a improvisar reacciones, excusas, explicaciones falaces, contradictorias, absurdas. Contrastan estos patéticos vídeos con los que se veían hace mes y medio, cuando esos mismos líderes comparecían en público duros, contundentes, negando de la cruz a la fecha y profiriendo amenazas en todos los tonos: acusaciones, denuncias, demandas, querellas prácticamente contra el conjunto de la ciudadanía; los mismos que ahora aparecen confusos, titubeantes, azorados, casi gimoteando. Los mismos, claro es, menos Rajoy quien ha desaparecido, como suele, oculto en La Moncloa, sin dar la cara, esperando, como dice él, que escampe. Fino olfato, astuta estrategia pueblerina ante una tormenta apenas iniciada.
Todavía es mayor el contraste con los vídeos de hace apenas seis meses en los que unos dirigentes del PP seguros de sí mismos, triunfantes, cargaban contra la herencia del PSOE y anunciaban medidas duras, drásticas, recortes, rebajas, reducciones, sacrificios. Parapetados tras una mayoría absoluta parlamentaria abrumadora, producto de unas elecciones en las que el PSOE quedó triturado, ignoraban olímpicamente la oposición, daban la vuelta a sus promesas electorales y se proponían "salvar España" en aplicación de su programa ultramontano máximo.
¿Qué ha sucedido de ayer a hoy? Que los papeles de Bárcenas -cuyo alcance desconocen los asustados miembros del partido y del gobierno- dan por veterana la mentira que viene de bastante atrás. El PP podría haber estado infringiendo la ley en materia de donaciones de empresas hace veinte años. Y no solo infringiendo esta ley, sino empleando el resultado de las infracciones en cometer otras en cuanto a la financiación de las campañas electorales o en cuanto a las apropiaciones indebidas de una serie de cargos de la máxima responsabilidad en el partido y en el gobierno. El escenario evocado por esos papeles es tremendo: donaciones por valor de cientos de miles de euros a trueque de adjudicaciones públicas irregulares por millones. Posibles entregas de servicios hospitalarios a cambio de donaciones al partido de las que, además, se repartían presuntamente jugosas porciones a diversos dirigentes cuyos nombres están consignados en los papeles barcénigos. Entre ellos, el de Rajoy Brey.
El PP puede haber estado veinte años reclamando rectitud y honradez a los demás y exigiendo a voz en grito dimisiones en cuanto un cargo público de otro partido hubiera cometido la sombra de un desliz al tiempo que practicaba lo contrario y vivía en un clima de expolio, saqueo y aprovechamiento ilícito personal sin parangón en la historia reciente de España. Es decir, según los tales papeles, una oficina de cobros y pagos en dinero sucio, una verdadera maquinaria de delinquir. Ya dijo Palinuro hace una fechas que el escándalo Bárcenas es un asunto de Estado. Esto no escampa ni puede escampar porque, a su luz, el PP más parece una asociación de malhechores que un partido político.
¿Cuál es la respuesta del partido y de los poderes públicos? La ley del silencio. Rajoy no da explicación alguna, no habla y, cuando lo hace, no menciona el nombre de Bárcenas. Floriano asegura que el PP ya no hablará más del precito, lo cual es absurdo porque, habiendo llegado las cosas hasta aquí, serán los tribunales quienes le obliguen a hacerlo. Pero la intención es clara: silencio, censura, a callar porque, según se habla, las cosas aparecen más turbias. Como en las dictaduras: todo el mundo punto en boca. Pero eso es imposible. Hay una pregunta en el aire: ¿cómo iba a ignorar el presidente del PP lo que hacía su tesorero, a quien él nombró y apoyó sin dudar durante años? Las dos conclusiones alternativas son igualmente incómodas: o sabía y es un truhán o no sabía y es tonto.
En cualquier caso este gobierno no puede seguir. Su partido lleva demasiado tiempo, según parece, engañando a la sociedad
(La imagencorresponde al vídeo de baderasaca, colgado en You Tube).
dimarts, 26 de febrer del 2013
El derecho autodeterminación.
Hoy se debate en el Congreso una propuesta de resolución presentada por CiU, IC y ERC en favor del derecho a decidir de los catalanes que Palinuro llama derecho de autodeterminación (DA) en honor a la claridad, la brevedad y la realidad última de la cosa y porque no se debe a consigna de partido alguno. La propuesta, por supuesto, no saldrá adelante y las alineaciones parecen claras. Frente del no: PP, PSOE, UPyD; Frente del sí: CiU, IC, ERC, PSC, PNV, Amaiur, BNG, Geroabai. Algunos otros no tengo claro qué harán (y eso si no me he equivocado en los anteriores), por ejemplo, IU, CC, Compromís, aunque tiendo a situarlos en el sí.
De todas formas, la cuestión llevará poco tiempo y se pretenderá que pase sin alharacas, en aplicación de la tradicional actitud española de infravalorar el conflicto de naciones en España. La abrumadora mayoría del Congreso, los votos del PP y del PSOE, dejará claro una vez más que no hay una cuestión catalana y mucho menos, como pretenden algunos radicales, una cuestión española. No, señor. España es una nación, y punto. Eso no se discute. Es indiscutible, piensan al alimón Rajoy y Rubalcaba.
Sin embargo, la cuestión existe y se encona con el tiempo. Cierto, ciertísimo, España tiene problemas perentorios, que no admiten aplazamiento. El más evidente, cómo salir de la crisis. Pero el de su forma de Estado también lo es. Para los nacionalistas españoles esto es falso y se niegan siquiera a debatir sobre el DA. Para los nacionalistas catalanes y vascos esto es cierto y plantean de continuo la cuestión autodeterminista. En política, como en la guerra, es vital escoger el campo de batalla, es decir, llevar la iniciativa. En estos momentos, la iniciativa es del nacionalismo no español, pues el español está encastillado en un no rotundo sin horizonte posible de negociación.
Eso es el nacionalismo español en su mejor conciencia organicista. La Patria es un cuerpo y ninguna parte de ningún cuerpo puede autodeterminarse. Punto de nuevo. El problema, sin embargo, lo tiene la izquierda dentro del nacionalismo español. Y no por ser la izquierda. Un estudio del modo en que esta ha tratado la cuestión nacional a lo largo de la historia demuestra, creo, la suficiente confusión para sostener todas las asociaciones posibles, desde el internacionalismo más cosmopolita al más acendrado patriotismo del terruño. No, el problema no le viene a la izquierda por ser izquierda sino porque parece ser la corriente en la que se concentran las gentes con mayores inquietudes socio-políticas y más conciencia crítica.
Porque esto de la nación es cosa muy complicada, bastante irracional y que, por lo tanto, requiere mayor capacidad de distanciamiento y objetividad, condiciones imprescindibles si se quiere debatir civilizadamente y no insultarse. Tómese el DA. En principio hay tantas y tan válidas razones a favor como en contra, es decir, ninguna en contra ni a favor. La autodeterminación es una voluntad política de una colectividad que comparte el imaginario colectivo de ser una nación. ¿Cómo negarlo? En nombre de una nación más poderosa. Pero ¿es el poder la base de la razón? Los cínicos dirán que sí, los otros, que no. En realidad, no hay derecho a negar el derecho de autodeterminación.
Muy complicado. El grupo parlamentario socialista se partirá hoy en la votación. Nadie sabe si esto será o no el comienzo de una andadura que termine en la escisión ni, en realidad, importa mucho. Antes bien, la cuestión es ¿por qué motivo rechaza hoy el PSOE el DA? Porque lo rechaza de plano. Otra cosa es si todo el PSOE o solo la dirección o mitad y mitad. El rechazo oficial es total, sin fisuras. No. Pero ¿por qué? No se invocará, espero, el carácter esencial, ahistórico, predeterminado, sempiterno de la nación española. Me consta que en el PSOE hay mucha gente que ve España como una realidad histórica, cambiante y que puede desaparecer, como ha sucedido antes con otras naciones y Estados. No, no es este el razonamiento.
Tampoco creo que sea ese argumento simplificador y falaz según el cual reconocer el DA es aceptar la independencia de la población que lo ejerza. El DA es una opción, no un resultado; no está predeterminado. Implica la libertad de elección de un pueblo que lo es porque tiene conciencia de tal. Reconocerlo no es fácil pero la nación que lo haga tendrá el legítimo orgullo de decir que sus partes componentes lo son por voluntad propia y no a la fuerza que, por cierto, es el elemento generador de esa otra nación, la española, que ahora se arroga el derecho a reconocer o no derechos a las demás, con una incoherencia verdaderamente pasmosa.
No. El móvil real del PSOE es electoral. Lo afirma él mismo, aunque en términos más edulcorados, cuando habla de recuperar la confianza de la mayoría de hacer realidad su naturaleza de partido de gobierno. Y para ser gobierno, fuerza es contar con el apoyo de la mayoría. Por lo menos, diez u once millones de votos. Por eso, se piensa, los españoles no votarán a favor de un partido que contemporice con el separatismo. Sin embargo, si el voto en el Congreso se divide hoy se habrá dado paso a esa imagen: el PSOE convive con un fuerte sector catalanista al que no controla parlamentariamente.
Rubalcaba y Rajoy rivalizan en españolidad. Ambos coinciden en que no hay más sujeto político en España que el pueblo español como ellos lo conciben, esto es, intensamente patriótico y fiero enemigo de toda veleidad separatista. Si tan seguros están, ¿por qué no admiten un referéndum a escala del Estado en que se pregunte a la gente si estaría o no a favor del DA de las naciones en España y si, aun no estándolo, se lo reconocería a aquellas zonas del país en que la población se hubiera mostrado mayoritariamente a su favor? Puestos a recuperar la iniciativa, a determinar el campo de batalla, esta es la solución: una proposición diferente y superior a la de la consulta en el ámbito estrictamente catalán, que engloba esta y, al tiempo, la respeta.
¿Está seguro el PSOE de que perdería las elecciones con esta propuesta? Seguro, en todo caso, parece que sucumbirá si se obstina en la hostilidad cerrada al DA, porque perderá Cataluña y es muy difícil para los socialistas ganar en España si no lo hacen en Cataluña.
(La imagen es una foto de Paco Rivière, bajo licencia Creative Commons).
dilluns, 25 de febrer del 2013
La simulación Cospedal.
Todo en el PP es ahora simulación, engaño, trampantojo, ficción, fantasía, leyenda. Creíamos que Dolores de Cospedal había dado una conferencia de prensa esta mañana. Pero estábamos equivocados. No fue ella, sino su simulacro, como hubieran señalado Baudrillard y Deleuze. No, no fue ella, fue una sombra pasajera que nada tenía que ver con la aguerrida moza cazasociatas de hace tres meses. Había aprendido el procedimiento de su jefe, Rajoy, quien, en tesitura similar, decidió no comparecer en persona ante los periodistas -impertinentes máquinas de preguntar- y mandó por delante su imago, que leyó unas cuartillas a la canallesca, como el que arroja migas a las palomas.
No siendo jefa máxima, Cospedal no disfruta del blindaje televisivo y tuvo que presentarse ante la prensa esta mañana en carne mortal, como la Virgen del Pilar a Santiago el Mayor. Vacilaba, se contradecía, titubeaba, en definitiva, cantinfleaba sin poder evitarlo. Lógico: no es fácil salir en público a narrar una sarta de mentiras solo para cubrir las espaldas del principal beneficiario, el okupa de la Quinta del Tuerto, a quien no llega la camisa al cuerpo viendo que, en lugar de "escampar", el asunto Bárcenas toma las proporciones de una galerna.
El simulacro de Cospedal argumentó que los 400.000 pavos que el PP astilló a Bárcenas era un "finiquito presentado como una simulación". Otro simulacro. Bárcenas no cobraba un sueldo del PP. Cobraba una simulación de sueldo. El propio Bárcenas no veía a cobrar. Su simulacro se desplazaba desde Canadá a recibir la pastuqui que, al parecer, es lo único real en esta nueva historia de granujas y sinvergüenzas en que el PP ha convertido la política de este país. A todo esto, simular una relación contractual laboral es una falta muy grave. Hay que ser bastante tonto para encubrir un ilícito pretextando que se ha cometido otro. Pero los simulacros son así, imperfectos y con ningún contacto con la realidad.
Pero no se preocupe el simulacro de Cospedal. No pasará nada. Nadie dirá nada. Todo será ficción y mentira. Ayer, el juez tomó la única medida que tendrá efectos reales: retiró el pasaporte a Bárcenas. No obstante, también será parcialmente un simulacro mientras no se complemente con otras, como retirárselo también a toda la cúpula del PP sospechosa de cobrar pasta ilegal, empezando por Rajoy.
Persona Política Expuesta, categoría 3.
Con razón se niega Rajoy como gato panza arriba a pronunciar el nombre de Bárcenas. Bárcenas es más que un nombre: es un conjuro, una invocación al maligno, una blasfemia contra la Providencia, la puerta abierta al abismo, la sima sin fondo de la corrupción que amenaza con tragárselo todo. En Bárcenas parecen confluir todas las tramas: Gürtel, las sociedades con Sepúlveda. Todavía estamos a tiempo de que aparezca el inevitable Urdangarin, el apañado sportsman. Y Bárcenas es también el tesorero del PP durante largos años bajo la presidencia de Rajoy.
Esta doble condición de presunto delincuente de enmarañados vuelos y tesorero del PP hace que el caso Bárcenas sea tan peligroso. Durante años puede haber estado mezclándose lo institucional con lo delictivo. Se trata de un caso de Estado. Supera todo lo visto hasta la fecha y tiene literalmente contra las cuerdas al presidente del gobierno, cuyo nombre figura en una relación de beneficiarios de dineros irregulares, ahora en poder de un notario. Hoy declara Bárcenas ante el juez y, aunque solo se le interrogará por la cuenta de Suiza, no es impensable que salga algo más a relucir para consumo interno. Algún periodista, de esos generalmente bien informados, implica a Aznar en el caso Bárcenas. El expresidente estará ya preparando la correspondiente querella contra Federico Quevedo, que es el periodista, pero el asunto en sí, el enunciado de la posibilidad, es perfectamente imaginable. En principio, todos podemos estar implicados en el caso Bárcenas, aunque unos más que otros.
PEP. La banca suiza tiene a Bárcenas conceptuado como una Persona Expuesta Políticamente. En definitiva, un corrupto designado con un eufemismo dentro del sistema científico que aplica dicha banca para administrar los dineros, sea cual sea su procedencia, pero estando debidamente informada de ella. El PEP abarca todo tipo de rapiñas, malversaciones, cohechos, extorsiones y saqueos hechos por personalidades políticas con cargo institucional o de partido. Hasta de blanqueo de capitales se trata aquí, un negocio fabuloso, con unas comisiones regias. Por más que Rajoy se oculte los fines de semana y fiestas de guardar, la situación en que el presidente del gobierno aparece mezclado con una trama delictiva y no se defiende de las acusaciones no es sostenible. En cierto modo, él mismo es también una PEP.
Es evidente que Rajoy no quiere ni oír hablar de dimisión. Pero, en realidad, no tiene otra salida y, cuanto más tarde, será peor.
Sigo con interés la campaña de Beppe Grillo en Italia. Mira por dónde un antisistema típico va a tener presencia parlamentaria apreciable. A través de un partido político de nuevo cuño, el Movimiento 5 Estrellas, cuyo programa es, en gran medida, sistematización del del 15-M aquí, con alguna peculiaridad, como la revisión de los pactos lateranenses. Hay cosas coincidentes y otras discoincidentes pero lo esencial es mostrar que el movimiento antisistema puede actuar a través de las instituciones.
La condición de cómico, caricato, bufón o payaso de Beppe probablemente tiene asombrada y quizá indignada a la germánica Merkel, de quien en último término dependemos hoy todos los europeos. Pero no hay remedio: Beppe Grillo y el Movimiento 5 Estrellas tendrán considerable respaldo electoral y será preciso escucharlos. Lo cual no está de más pues hablan en nombre de una proporción creciente de la población. Como en España. Solo que aquí carecemos de un Pepito Grillo.
Esta va de libro.
Palinuro acaba de publicar un nuevo libro en Akal, Rompiendo amarras. La izquierda entre dos siglos. Una visión personal, que somete al juicio público. Es de política. Tiene dos partes más de ensayo y una tercera de vivencias personales. Pero el título es justo pues todo él es visión personal.
Esto de escribir y publicar libros tiene su punto de vanidad. En casos extremos algunos autores no resisten la tentación de hablar de su obra antes de darla a la luz. A veces, incluso, antes de empezar a escribirla. De otros se sabe que pasaron la vida hablando de ella, sin llegar a publicarla. Hacen bien, hay que aprovecharse porque, una vez el libro en la calle, ya tiene poco sentido hablar de él, pues son los demás quienes lo hacen. Es el famoso habent sua fata libelli.
Enmudecido el autor, por hablar su libro por él, relevado de la tarea de aprovechar cualquier momento para sumergirse en el mundo que lleva meses componiendo, se siente vacío. El espíritu fáustico no conoce reposo. Consulta aquel en su interior si tiene fuerzas para acometer otra tarea. Y descubre que sí. Salvas circunstancias externas e inesperadas, el próximo libro de Palinuro será un ensayo sobre los nacionalismos en España. Quizá se llame Discurso a la nación española, pero no es seguro porque es imitado de los Discursos a la nación alemana, de Fichte. Me anima a ello que el vídeo de La Tuerka en el que Palinuro expone sus ideas sobre los nacionalismos en España y la autodeterminación tenga más de 74.000 visitas.
diumenge, 24 de febrer del 2013
Dimita ya, Cifuentes.
De todas las imágenes que he visto de las manifas de ayer y la brutalidad policial, tanto de la de sus agentes uniformados (pero sin la placa de identificación) como de los provocadores de paisano, la más indignante es esta. Chicos y chicas de rodillas, con las manos en la cabeza, expuest@s en situación humillante al público y custodiad@s por sujetos fuertemente armados y protegidos. Una vergüenza que solo se explica mediante recurso al sadismo de las fuerzas de represión. No basta con prevenir los disturbios -si los hay y no es la misma policía quien los ha provocado- y detener a sus causantes. También hay que ofender y humillar a la gente que pase por allí, tengo o no que ver con los hechos. Hay que tratar de despojarla de su dignidad, obligarla a estar de rodillas para escarmiento de los circunstantes. Como cuando se exhibía a los reos en la picota pública. Si esto fuera una democracia y no el cachondeo de ladrones, sinvergüenzas y fascistas que es, ya se habría identificado a los responsables de este atropello para castigarlos como se merecen.
¿O no es un exceso de los polícias, sino una orden deliberada del mando, de esta Cristina Cifuentes que es un ser pérfido, dispuesto a hacer carrera por la vía de los abusos? ¿Es ella quien ha ordenado que se tenga de rodillas en la plaza pública a los detenidos, como si esto fuera Afganistán o algo asi? ¿Es ella la sádica? ¿Se divierte y disfruta después viendo como se maltrata, se humilla, se quiere arrebatar la dignidad a unos seres humanos? ¿Y por qué no se va a una Sex-shop, se compra un látigo y unas botas de cuero y ejerce su pasión sin disfrazarla de política de orden público?
En un país cuyas fuerzas del orden tienen en nómina como asesor, profesor y adiestrador a un asesino ya condenado por los tribunales, no sería de extrañar.
Entre fascistas anda el juego.
Golpe de Estado
La gran marea ciudadana de ayer en todas las ciudades españolas ya no se deja minusvalorar con cuantificaciones de asistencias, que si 25.000, 250.000 o dos millones. Es una inmensa multitud que ha salido a la calle a protestar contra eso, contra lo que llama un golpe de Estado financiero implementado por un gobierno embustero, ineficaz y bajo fuerte sospecha de corrupción. Un gobierno que está promoviendo una verdadera involución en todos los órdenes. Está rompiendo los consensos básicos, dice Rubalcaba. Se entiende lo que quiere decir: el gobierno está tomando medidas más allá de la mera gestión del orden social, medidas que afectan a la estructura misma de ese orden social, de ese modelo, como se dice. La expresión no es feliz por cuanto tales consensos jamás fueron explícitos. Es mucho más claro hablar de medidas anticonstitucionales. Con independencia de si uno quiere reformarla o no, la Constitución incorpora todos los consensos reales. La acusación es que las medidas son materialmente anticonstitucionales. Es decir, respetan el tenor literal del Constitución pero la vacían de contenido. Es una mutación constitucional, un ataque a la constitución material del país.
Frente a esta situación la gran marea tiene un enorme significado. Es una respuesta del conjunto de la sociedad civil, esa que invocan permanentemente los neoliberales. Y lo es porque a las manifestaciones en las que concurren los trabajadores, los sindicatos, los parados, los pensionistas, se añade el estado de práctica resistencia de estamentos profesionales enteros, como el sanitario, el educativo, el judicial y el de los funcionarios en general. Pero, para que ese significado se plasme en la realidad, precisa la acción de un poder político que haya sido receptivo. Y no es el caso. Todo lo contrario: el poder político español es claramente hostil a ese significado.
El gobierno entiende la mayoría absoluta conseguida el 20-N de 2011 como un cheque en blanco por cuatro años. En democracia esto nunca es así y menos aun si ese gobierno ha roto todas sus promesas. Pero esta consideración vuelve a ser simbólica y convencional. El poder dispone del monopolio de la violencia y no se cuida poco o mucho de si es legítimo. Sin duda da respuesta a la movilización ciudadana en dos terrenos al mismo tiempo, el de la ideología y el de la violencia. El primero lo tiene muy descuidado. El intento de deslegitimar la gran marea comparándola con el 23-F de Tejero es tan estúpido que no lo puede mantener ni quien lo formula. Pero revela un carácter, una forma de ver la realidad autoritaria dominante en las autoridades que de democracia tienen solo una pátina.
La verdadera respuesta del gobierno a las manifestaciones, allí donde este se esmera, es la represión. Pero no solo la represión en el juego habitual de la acción-reacción, sino algo más brutal al tiempo que más refinado y que no solamente trata de reprimir sino también de amedrentar, incluso aterrorizar. El hostigamiento permanente de los ciudadanos por la policía, las identificaciones arbitrarias, las cargas injustificadas, las actividades de los agentes provocadores apuntan claramente al objetivo de criminalizar las movilizaciones y asustar a los ciudadanos. Dificultar o impedir el ejercicio de los derechos constitucionales y reprimirlo con medidas sancionadoras que abren procedimientos administrativos y judiciales cuando otro ministro de esta cuerda los ha sembrado de tasas es tiranizar a la población de hecho.
En esta situación, ¿cuál ha de ser la respuesta de la ciudadanía? ¿Cuál la de la oposición? Recuérdese que, salvo circunstancias excepcionales, el sistema solo admite cambios mediante elecciones cada cuatro años. La gran marea, en el fondo, aspira a ser una de esas circunstancias excepcionales, consiguiendo la convocatoria de un proceso constituyente. Pero es un sueño pues no se arbitran los medios para hacerlo realidad. En este asunto en concreto es más verosímil una excepcionalidad por la vía penal. No es impensable que a raíz de los papeles de Bárcenas haya una imputación al presidente del gobierno. Eso sí que seguramente obligaría a cambiar la presidencia, aunque pudiera no ser el caso tampoco. De hecho en el gobierno hay vari@s ministr@s que en cualquier país democrático del mundo habrían dimitido catorce veces.
Entre tanto, ¿qué hacer? Las mareas parecen decididas a seguir y a mantener la beligerancia frente al poder político. El PSOE, por su parte, se ha embarcado en una tarea de reflexión para, según parece, dotarse de un cuerpo nuevo de doctrina en una conferencia política en octubre próximo. Una especie de recapitulación de la acción del partido y hasta del mismo partido. Un intento de hacer una oferta más acorde con los tiempos, para lo cual se propone recabar información de la sociedad civil. Precisamente de esa que vive movilizada, pero con la que no parece tener mucho contacto. Recaba información, sí y no está mal. Pero la mejor manera de informarse es participando y no solo acopiando información para destilar después una teoría. Interaccionando con el movimiento según se produce.
Y ahí es donde la ausencia del PSOE es clamorosa. La práctica inexistencia de la oposición socialista, que no consigue quitarse de encima el injusto sambenito de PPSOE, se hizo patente en el debate sobre el estado de la nación. La intervención de Rajoy fue tan vacua, ambigua y falsa como siempre. La de Rubalcaba más centrada, moderada y de nivel europeo. Pero anodina. El CIS levanta acta del resultado: el socialista ha perdido el debate frente a Rajoy ¡por 26,9 puntos!. Puede parecer injusto, pero esto interpela directamente a Rubalcaba. La gente lo quiere menos que a su adversario.
Sin duda un partido es más que su líder, sobre todo uno tan antiguo como el PSOE. Pero es también su líder en una época como esta caracterizada por dos notas especialmente negativas para la actual dirección socialista: de un lado, es la era mediática y en ella la imagen cuenta mucho; de otro, por ser mediática, es también la de la hemeroteca. Aparte de un serio problema de imagen, Rubalcaba lo tiene de crédito por cuanto fue ministro en los gobiernos de Zapatero, sobre todo en el segundo, en los que el PSOE hizo unas cosas y dejó de hacer otras por las que ahora se autocritica. Ciertamente, es encomiable que el secretario general reconozca los errores pasados y se arrepienta de ellos. Pero recuérdese que, según Spinoza, el arrepentimiento no es una virtud, porque no nace de la razón.
dissabte, 23 de febrer del 2013
La Marea ciudadana y la verbena de la corte.
Hoy las calles de muchas ciudades españolas se verán invadidas por una marea ciudadana. Esta es lo más importante de momento. La gobernadora de Madrid, obstinada en entender los problemas políticos como cuestiones de orden público y en responder a ellos reprimiendo, ya ha hecho saber que trae a la capital 1.400 policías antidisturbios más. Es de esperar que no para hostigar y agredir a los ciudadanos sino para protegerlos en el ejercicio de sus derechos. Pero con esta señora nunca se sabe. Igual da orden de identificar y, si acaso, detener a un viandante de cada diez. Diezmar la población cívicamente.
Lo anterior puede parecer ridículo, pero no lo es más que la representación política española en su conjunto. Comparece el líder de la derecha con resonancias de caudillo, en medio de la emocionada -y prolongada- ovación de sus seguidores y larga una tirada dividida en tres tiempos: un tumultuoso de ataque a la herencia recibida, un allegro maestoso para celebrar los triunfos propios y un andante para escurrir el bulto respecto a las acusaciones de comportamientos personales ilegales, si no delictivos. Eso y dos desplantes achulapados a la izquierda cerró la función parlamentaria. Acto seguido, la Comisión europea desmentía todos los datos de Rajoy y convertía su triunfo en una derrota peor que la de Zapatero. Y Bárcenas comparecía de nuevo del brazo de un notario en cuyo poder había puesto el muy ladino esos papeles que muestra aquí, oculta allí, niega allá y vuelve a afirmar acullá.
El Bárcenas de la realeza, Torres, hijo del pueblo y socio despechado, insiste en pringar a la Corona en las trapisondas que él y Urdangarin urdieron al parecer so capa de una organización sin ánimo de lucro. Sin ánimo de lucro y el juez les pide una fianza de ocho millones de euros. Es la ruina si no consiguen hacer a la Corona responsable subsidiaria. Por eso el Rey ha decidido morir con ella puesta. En el tira y afloja aparece la infanta Cristina, perteneciente al género de cónyuge ensimismado, al estilo de Ana Mato. Pero Torres tira también de ella hacia abajo, hacia, como de su padre. Así que la infeliz infanta más semeja una Andrómeda encadenada, a punto de ser devorada por el monstruo de una citación judicial.
Los jueces están siendo un bastión de la democracia y el Estado de derecho al mostrar una encomiable independencia. Los justiciables aficionados a valerse de la justicia con fines torticeros ahora se lo piensan dos veces antes de recurrir a sus métodos. El PP prometió convertirse en una máquina despiadada de presentar querellas contra todo mirmidón que osara incluso hacerse eco del infundio de los famosos sobres. Un mes después aún no ha iniciado acción judicial alguna. Ni su presidente, que lo es del gobierno, ha dicho esta boca es mía.
Todas las solemnes explicaciones y aclaraciones que formulan los dirigentes de la derecha se revelan falsas antes de terminar de decirse. Tómese el caso de la situación laboral de Bárcenas. Un día era un desconocido en la sede del PP. Al siguiente no solo era conocido, sino inquilino permanente en esa sede. Al siguiente resultaba que además cobraba por ello. Luego no era seguro si cobraba o no. Después sí lo era pero no se sabía en condición de qué. Igual que el exmarido invisible de Mato, que un día era funcionario del PP, según Floriano y, al siguiente Cospedal lo ponía de patas en la calle como si fuera un becario. ¡Ah! Pero habiéndole pagado un suculento salario con dineros públicos por asesorar desde su domicilio. Esto ya es más que una verbena. Es un circo con payasos y tragasables.
Desde luego, lo más importante, lo más serio que va a pasar hoy es la suma de mareas en las calles. Poco a poco va cuajando un movimiento de insubordinación general que tomará formas de desobediencia civil, frente a un sistema injusto, despótico e inepto. Los gobernantes toman medidas contrarias a la equidad, las imponen por la fuerza de su mayoría absoluta parlamentaria y únicamente cosechan fracasos que luego cargan sobre la espalda de la gente.
(La imagen es una foto de Creative Commons).
El gran murciano.
Pues sí, di mi conferencia en un master en comunicación en la Universidad de Murcia en un clima muy agradable, con gente francamente interesada y, a lo que se ve, muy trabajadora. No están perdiendo el tiempo. Los colegas, un grupo juvenil, dirigido con experta mano en su investigaciones por Ismael Crespo, me hicieron el honor de acompañarme y finalmente compartimos todos la presentación del libro sobre Comunicación política y nuevas tecnologías. En la mesa se nos unieron dos dirigentes políticos, una del PSOE y otro del PP, por aquello de la neutralidad académica. Estuvieron ambos muy atinados. Es claro que la mejora de la comunicación entre el PP y el PSOE es un objetivo deseable. En general la comunicación entre todos los partidos. Y me atrevería a decir, entre distintas zonas, regiones, reinos y/o naciones de las Españas. Pero eso ya nos llevaría muy lejos y habíamos decidido quedarnos en Murcia.
Más que nada para visitar los museos de Salzillo y de Ramón Gaya, a los que tenía ganas hacía mucho tiempo. El de Salzillo está adosado a la iglesia de Jesús Nazareno, sede de la cofradía que en el siglo XVIII encargó los famosos pasos al escultor imaginero. Entre los numerosos hijos ilustres de este reino, a mi parecer, el más grande de todos. Y eso porque su "murcianismo" fue una libre elección. Nació y murió en la capital de la Huerta y jamás salió de ella. Otros murcianos célebres, Floridablanca, Paco Rabal, fueron viajados, cosmopolitas. Salzillo, no. La influencia exterior, básicamente italiana, le vino de su padre, napolitano. Eso se ve muy bien en el museo, cuya pieza fundamental es el famoso nacimiento, en la tradición del pesepre de la tierra paterna (aunque ya la había propia en el siglo anterior en algunos conventos de monjas), con más de quinientas figuras de barro, madera y estofa de unos treinta centímetros. Es un ejemplo acabado de preciosismo, barroco derivando hacia el rococó, en el que se mezclan influencias francesas, de la Commedia dell'arte y una auténtica delicia. La obra, de encargo de noble, es en realidad del taller y la terminaron los discípulos, pues él murió antes. Pero refleja por entero su espíritu. El relato del nacimiento sigue minuciosamente los evangelios de Mateo y Lucas, con algún curioso anacronismo, como la escena de caza con armas de fuego que se exhibe antes del nacimiento propiamente dicho. Todas reflejan tipos del lugar que dan a la leyenda un curioso aire de realismo: hasta la anunciación y, desde luego, los episodios posteriores, la búsqueda de un lugar para dar a luz, las pensiones llenas, el pesebre (en realidad, un pórtico), los pastores, los magos de Oriente (con unos pajes que parecen arlequines sacados de los cuadros de Watteau), el castillo de Herodes, la guardia herodiana, la matanza de los inocentes y la huida a Egipto.
El museo, muy agradable, contiene mucha información sobre Salzillo y es mucha porque es alguna, pues el hombre no dejó tras de sí casi nada excepto sus obras, por cierto abundantes, como un millar, pero muy desperdigadas por las iglesias de los pueblos de la provincia. Salzillo era en realidad un cura secularizado por los afanes del mundo. Comenzó el noviciado en los dominicos y hubiera profesado de no ser porque, al morir su padre, le fue forzoso abandonar el cenobio para hacerse cargo de la familia. Ni siquiera sabemos cómo era físicamente porque no hay una efigie suya cierta. Los retratos existentes son idealizados. El más famoso se pintó en el siglo XIX, muchos después de su muerte. Él vivió oscuramente (aunque llegó a tener reconocimiento oficial) de 1707 a 1783, practicamente coetáneo con el siglo de las luces que para él fueron toda su vida místicas. Tenía que ser tratándose de España, hija tridentina de Roma.
Hay otros rasgos de las tallas procesionales muy dignos de consideración. Entre ellos, el fuerte elemento narrativo. El grupo de la última cena reúne las trece figuras en torno a una mesa y cada figura está cargada de expresión y significado. ¡Qué idea representar a Judas rubio con una túnica amarilla! El amarillo era ya entonces el color de la traición y el escándalo. Pregunté por el peso del paso: 1.200 kilos. Tiene su mérito sacar en andas el Viernes Santo 1.200 kilos por las calles durante tres horas. Veinte costaleros tocan a sesenta kilos por hombro. Ciertamente, si la fe mueve montañas, también mueve 1.200 kilos. Pero hay que verlos. En un vídeo en una sala del museo puede obervarse cómo los costaleros derrapan en las curvas como las yuntas de bueyes con carros muy cargados. Por eso, supongo, las cofradías estaban asociadas a los gremios que patrocinaban los distintos pasos y tenían interés en sacarlos aunque fuera en andas: los tejedores, el paso de la Verónica. Imagino que los hosteleros y venteros la última cena. Suele suceder: en casi todas las ceremonias cívico-religiosas de nuestras ciudades, los más interesados son los comerciantes.
Unas más otras menos, las figuras son todas expresivas, pero de una emotividad contenida a pesar de su intensa policromía, lo que es de agradecer porque es tenue el límite de lo grotesco. Con todo, las dos tallas mencionadas, el San Juan y el ángel son las que más sobresalen. En eso coincide casi todo el mundo. Son dos figuras muy bellas. Pero hay muchas alabanzas mezcladas de cierta reticencia generalmente no confesa. Como si se reprochara al artista el haberse dejado llevar a un misticismo, por así decirlo, pagano, algo que desentonara con la recia, austera, amargada tradición católica. Algunos, incluso trasmiten, con cierto escándalo íntimo, la vieja comparación del San Juan con el Apolo de Belvedere. Ahí está el asunto. Las dos figuras son bellas porque son andróginas. El porte de San Juan es femenino y solo el pie que asoma por debajo de la lujosa vestimenta de seda delata lo masculino. Lo cual tampoco es mucho.
En cuanto al ángel, no hay más que verlo. Jesucristo, que se ha llevado al huerto a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, se aparta de ellos como tiro de piedra y empieza sufrir agonías. Su Padre le envía entonces un ángel que lo consuele. Y ahí está, delante de un frondoso olivo, un semidesnudo casi femenino de un joven barbilampiño en contraste con el barbado rostro del Salvador. Él acababa de pedir que le apartara el amargo cáliz. En fin, la belleza tiene siempre algo de transgresión, si bien en este caso admitida por el dogma, pues el sexo de los ángeles es considerada cuestión bizantina.
Después de ese baño de misticismo de vía crucis salimos a toda pastilla a visitar el museo de Ramón Gaya. Inútil. La autoridad (in)competente (al parecer el Ayuntamiento) ha decidido cerrar el museo de 14:30 a 17:00, seguramente por el yantar de los encargados. Costumbre muy española y muy estúpida. Hay gente que en vez de comer al toque de fagina prefiere ver la obra del pintor de la generación del 27, otro gran murciano, Ramón Gaya. Este, al contrario de Salzillo, muy viajado por peripecias de la raza, también fue casi coetáneo del siglo XX (1910-2005). Pero es cosa de ir en horas de oficina.
(La primera imagen es una reproducción de la página de ArteHistoria de la Junta de Castilla y León. La segunda, una foto de Sebasbag, bajo licencia Creative Commons).
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