divendres, 10 de maig del 2013

Sí se puede y se debe.


El otro día asistí a una magnífica exposición del Profesor Francisco Llera sobre la crisis y la desafección democrática en España. Fue una intervención muy elaborada, muy trabajada, magistral, muy convincente y... preocupante por lo que de ella se desprende para nuestro país. Lo resumo mencionando la observación del colega Llera del significado de que las tres instituciones mejor valoradas del último barómetro del CIS sean el ejército, la policía y la guardia civil. Bien para ellas, sin duda; pero mal para todas las demás. Y preocupante por la tendencia subterránea a las soluciones autoritarias que parece delatar.

El desprestigio del sistema es pavoroso. Recojo tres noticias que apuntan en la misma dirección de la portada de El País de hoy. La primera, los sobresueldos de Aznar. Se recordará la bravura con que el expresidente respondió con una querella contra ese periódico por insinuar meses atrás que podría haber recibido dineros irregulares según los papeles de Bárcenas. Ahora no es una insinuación. Ahora es una acusación concreta con fechas y cantidades de la comisión de un posible delito. Supongo que habrá otra querella o alguna declaración pública explosiva. O quizá quede la cosa así, un escándalo más que acumular en la pila de desmanes que parecen haber estado cometiéndose en el partido del gobierno hace mucho tiempo. Porque el caso de Aznar no es diferente del de Rajoy, Cospedal, Arenas, Cascos e tutti quanti que parecen haber estado cobrando sobresueldos a cuenta de una presunta trama de corrupción que asemeja a una administración para el saqueo dentro de la otra administración. No es exagerado decir que el partido que, según Aznar, era incompatible con la corrupción ha resultado ser una especie de asociación de mangantes, dedicados al expolio del común en beneficio propio y de una recua de familiares, enchufados, clientes y empresarios amigos corruptos.

La denuncia del fiscal Pedro Horrach de que el PP está tratando de tapar la corrupción pone de relieve otro aspecto de deterioro institucional gravísimo. Dice el fiscal que cuando el PP no se sale con la suya en los tribunales deslegitima y difama jueces, fiscales y procedimientos. Como si quisiera darle la razón, el PP ha recurrido la decisión del juez Ruz de apartarlo de la causa al argumentar que más que acusación es defensa, acusando al juez y fiscales de prevaricación y otras lindezas. Es obvio que el PP está incordiando todo lo que puede en la labor de la justicia. El problema es que es un partido presidido por Rajoy, quien también preside el gobierno. Se da así la pintoresca situación de que Rajoy presidente del PP se persona como acusación en una causa en la que aparece involucrado y puede aparecer imputado Rajoy presidente del gobierno. Si esto fuera un asunto de psiquiatría, podría hablarse de un caso de desdoblamiento de la personalidad. Al tratarse de política, más nos encontramos con que un presunto mangante trata de encubrirse a sí mismo mediante triquiñuelas legales y fraude de ley. En lugar de dimitir, como correspondería en una situación de honradez y dignidad ordinarias.

Por último, contra todo pronóstico, el gobierno se arrugó ayer y retiró el anteproyecto de ley Wert. Conociendo la soberbia del ministro que comenzó queriendo españolizar a los niños catalanes como si fueran tailandeses y siguió metiendo la gamba en todos los charcos de la educación y la cultura, habiendo visto con qué prepotencia desterró la educación para la ciudadanía y reintrodujo la religión, siendo testigos de la satisfacción del clero que ha alcanzado incluso más de lo que se esperaba está claro que la decisión de retirar la propuesta ha debido de ser muy reñida y muy dura. La excusa es perfilar las previsiones económicas de la LOMCE. La realidad, que el gobierno parece haber sido sensible por primera vez al estado de ánimo encrespado de la calle y, en efecto, se ha arrugado y lo que está haciendo es tratar de salvar la cara de este ministro que es el peor valorado de toda la democracia. Y con razón, por tratarse del más altanero, arrogante a la par que necio de los pésimos gobernantes que ha tenido este país, un epítome de todos los vicios y defectos de la carcunda nacional sin ninguna de sus escasísimas virtudes.

Y lo mismo le sucederá al gobierno con la sanidad y el resto de las reformas profundas, nada equitativas (diga Rajoy lo que diga) y muy injustas. De hecho, la práctica abolición del aborto en contra de la voluntad de una gran mayoría de la población solo es un pasaporte para que el próximo Parlamento, si muestra otra mayoría, se dedique a una labor de intensa derogación. Una labor consistente en restaurar todo lo destrozado por esta agrupación de apandadores, dispuestos a esquilmar todos los bienes del común en su provecho.

En esta situación de deterioro institucional, en que el gobierno actúa de forma autoritaria y la oposición parlamentaria es irrelevante, la oposición extraparlamentaria, la acción popular, demuestra que sí se puede constituirse en los frenos y contrapesos necesarios contra los desmanes y latrocinios del poder. Se puede y se debe.

dijous, 9 de maig del 2013

La retirada al Aventino.


Hace unas fechas, con motivo de alguno de los habituales desprecios de Rajoy al Congreso o de la aplicación del rodillo popular en esta o aquella decisión (¡esas votaciones en que la mayoría rechaza a veces cientos de preguntas de la oposición sobre el caso Bárcenas e impide que se hable de él!) Palinuro sostenía que, a causa del autoritarismo del gobierno y su mayoría parlamentaria absoluta, el Congreso era irrelevante. No puede controlar con eficacia al gobierno; este comparece cuando quiere y habla de lo que quiere. Dada la férrea disciplina de voto (que incluye multas a los diputados díscolos) no existe ninguna posibilidad de que el PP pierda una sola votación y, por ende el gobierno, cuya posición es inexpugnable. Ni visos de verosimilitud para un voto de confianza; no hablemos ya de moción de censura. El gobierno hace y dice lo que le place sin fiscalización alguna. Incumple su programa y ayer, en la sesión de control, Rajoy afirmó rotundo que nadie le apartaría de seguir la senda de su programa que, por lo demás, nadie sabe cuál es, salvo hacer lo que le ordenan en Berlín. Aseguró asimismo que no quería engañar a nadie. Pues será la primera vez ya que hasta ahora no ha hecho otra cosa, como él mismo ha reconocido. 

Ante la situación de ninguneo del Parlamento, de irrelevancia e impotencia de este, convertido en una cámara de aplaudir y abuchear, en cierto modo degradado en su función, Palinuro sugería que la oposición lo abandonara, que repitiera la famosa retirada al Aventino, cuando algunos diputados socialistas en el Parlamento italiano, en protesta por la desaparición de su compañero Giacomo Matteoti (cuyo cadáver apareció unos meses después, habiéndose tratado de un asesinato fascista) se retiraron de la cámara y comenzaron a reunirse en otra sala. Lo llamaron "retirada al Aventino", en recuerdo de la llamada secessio plebis, de la República romana, por la cual la plebe se retiraba al Aventino (una de las colinas de Roma), dejando solos a los patricios en la ciudad, en realidad una ciudad fantasma pues, al retirarse los plebeyos se cerraban todas las tiendas, servicios, etc. Algo muy parecido a una huelga general. Gracias a las sucesivas retiradas de la plebe a lo largo de los siglos, esta consiguió la equiparación de derechos con los patricios. Por eso los diputados socialistas hablaron de su retirada al Aventino como el intento de que los fascistas restablecieran la legalidad. Pero fue al revés de lo que sucedió con la plebe romana: la persecución se amplió a los comunistas, se abolió el régimen parlamentario y se instauró la dictadura fascista, cuyo primer acto fue enviar a la cárcel al diputado Antonio Gramsci, que murió en ella.

El episodio de la ritirata sull'Aventino, ha quedado consagrado, sin embargo, como un acto de lo que podría llamarse la "dignidad parlamentaria", con independencia de cuál sea su resultado práctico. Aunque tampoco este es tan desdeñable. Si bien no suele mencionarse, la revolución francesa es una especie de retirada del Aventino. Convocados los Estados-Generales por Luis XVI, el estado llano se reunió aparte; se le añadieron luego el clero y la nobleza (de toga y de espada) y los Estados Generales se convirtieron en la Asamblea Nacional. La retirada al Aventino tiene muy buena prensa. Por eso la proponía Palinuro a la oposición de izquierda.

Pero héteme aquí que es el PP, la derecha, quien la pone en práctica en el Parlamento catalán. Visto que el pleno del Parlamento ignora la decisión del Tribunal Constitucional de dejar en suspenso la declaración de soberanía de hace unos meses y designa una comisión para gestionar el dret a decidir, Alicia Sánchez Camacho y sus compañeros de grupo lo abandonan sosteniendo que el Parlament está en una actitud de insumisión. Pura retirada al Aventino.

Es algo de lo que podría aprender la oposición del Congreso y el Senado. Si realmente el gobierno está dispuesto a apoyar en los solos votos de su grupo parlamentario toda su legislación, sin consensuar nada ni escuchar a nadie a la hora de tocar cuestiones vitales para la mayoría de la sociedad,  la presencia de los otros grupos parlamentarios solo es ornamental y justificativa. A lo mejor se hacen valer más retirándose al Aventino.

dimecres, 8 de maig del 2013

Palinuro en Barcelona.


El próximo lunes, 13 de mayo, como se ve en el cartel de la izquierda, Palinuro dará una conferencia sobre el derecho a decidir y las cuestiones del nacionalismo catalán y el nacionalismo español, titulada la nación como espejo. No voy a contar aquí de qué tratará para no fastidiar el interés y, sobre todo, no asustar a nadie. Baste con saber que trataré de hacer honor al título: la endemoniada idea de nación que es, a la vez, un concepto y un sentimiento, no se puede reducir a propuestas reflexivas, digamos intelectuales porque tiene mucho de intuitivo, inmediato, emocional. Es, sí, reflexiva, pero al modo en que lo son los espejos. La nación nos devuelve una imagen de nosotros mismos cuando nos asomamos a ella. Y es esa imagen la que constituye nuestro nacionalismo, el de cada cual. Por supuesto, espejos hay muchos, cada cual se contempla en el que quiere y ninguno es superior o inferior a otro. Pero todos, como espejos, tienen también aspectos mágicos, no se limitan a devolvernos una imagen que ya conociéramos de otras experiencias, sino que también la interpretan y, de esto modo, nos muestran cómo somos.

La conciencia nacional, la conciencia de nación, es un proceso de aprendizaje. Por eso es tan extraño escuchar a algunos diciendo que no son nacionalistas. Será que ya lo saben todo y no tienen nada que aprender.

Sr. Rajoy: toca hablar de Bárcenas.


De nada sirvió el conjuro de las meigas de no mentar la soga en casa del ahorcado. El nombre de Bárcenas se filtra por las rendijas de las puertas, relumbra en las pantallas de los televisores como un fuego de San Telmo, resuena en los ecos de los valles alpinos. Suiza investigará los papeles de Bárcenas. La supuesta corrupción barcéniga se internacionaliza. No es impensable que un juez helvético envíe una comisión rogatoria preguntando por las relaciones entre Rajoy y Bárcenas, a tenor de lo que se desprende de los papeles que habrá que poner a su disposición. Y ya tenemos al presidente del gobierno abriendo portadas de todos los periódicos del mundo como presunto corrupto, cual ya lo estuvo en el New York Times hace unos días.

Realmente la situación era insostenible cuando se remató con el informe que la UDEF (la policía) ha remitido al juez, documentando un latrocinio tremendo, continuado en el tiempo, que afecta a los gobiernos del PP y al propio PP en todos sus niveles pero especialmente en los más altos. Según la policía, determinados empresarios recibieron adjudicaciones públicas ilegales por valor de 12.281 millones de euros y, a cambio, los beneficiados ingresaban de modo irregular 4,6 millones de euros que luego el partido se encargaba de camuflar con destino a gastos de campañas o las faltriqueras de los más altos dirigentes. El trinque y la malversación como formas de gobierno muy lucrativos también para esta pandilla de pomposos mangantes.

La situación que pinta el informe de la policía no es llevadera en ninguna democracia del mundo. El gobierno no puede estar pendiente de las revelaciones que se hagan en un proceso penal en el que está implicado indiciariamente. Es más, ante los nuevos descubrimientos su presidente está obligado a comparecer en sede parlamentaria y dar las explicaciones pertinentes sobre su comportamiento. Porque los años que el informe policial abarca son de 2001 a 2012, cuando Rajoy llevaba algunos de presidente del partido y, por lo tanto, responsable político último de cuanto en él se haya hecho.

Y toca hablar de Bárcenas. Llegar al Parlamento y explicar cuáles fueron las relaciones del hoy presidente del gobierno con el entonces tesorero del partido y que duraron cuatro años. Explicar a cuánto ascendieron en total los supuestos sobresueldos y, dado que se cobraron en mitad de lo más agudo de la crisis, con qué autoridad se pedían sacrificios a la gente del común al tiempo que se cobraban sobresueldos de dudosa legalidad y cierta inmoralidad e, incluso, se incrementaban en porcentajes escandalosos, de más del 20 por ciento.

Si realizada esta comunicación pública, el gobierno de Rajoy sigue al mando, después de haber confesado paladinamente su fracaso en el último consejo de ministros es porque el PP está desorientado y no sabe qué hacer pues no cuenta con un recambio para Rajoy. La insistencia de Esperanza Aguirre de postularse como candidata solo arrastra a su fiel infantería en los medios que le son adictos, pero ni un dirigente de relieve. Al contrario, los espanta con esa especie de catón neoliberal que recita en cuanto le ponen delante un micrófono como si fueran los pensamientos del Rey Salomón.

Hay que hablar de Bárcenas y aceptar las responsabilidades. No rehuir el bulto. Dimitir de plano y convocar elecciones podría ser una solución. Algunos la tacharán de imprudente y precipitada pues pilla a los dos partidos dinásticos en situación calamitosa. Tampoco hay gran inconveniente. Las elecciones pueden retrasarse un tiempo prudencial -tampoco mucho, pues lo que no se arregla en tres meses tampoco se arregla en seis- y, entre tanto, encargar a una comisión gestora interpartidista la tarea de la gobernación.

Son muchas las cuestiones. Algunas, peliagudas. Eso es la política, habérselas con circunstancias peliagudas, y no de mero trámite. Pero el gobierno, presidido por un presunto trincasobres, no puede seguir ni un día más. Tanto él como toda la panda, parecen llevar años pillando sobresueldos con los más peregrinos nombres, desde "compensación" a "gastos de representación", pero todo dinero negrísimo que, aplicado también al partido, permitía a este ganar elecciones con mayorías absolutas absolutamente tramposas.

(La imagen es una caricatura mía por el procedimiento de "animalización" sobre una foto de IgnisFatuus, bajo licencia Creative Commons).

dimarts, 7 de maig del 2013

Tres diálogos necesarios


Iba a escribir sobre las candidaturas a la renovación del PSOE, animadas ahora con la novedad del posible tandem Madina-Chacón y el amago de Beatriz Talegón de presentarse. Pero descubrí que en el día se habían producido otros hechos de mayor momento para el país: la decisión de las autoridades suizas de investigar a Bárcenas, la de Rajoy de rechazar todo acuerdo con Rubalcaba y la de los soberanistas catalanes de ir adelante con la consulta. Son tres asuntos de envergadura. Hacen referencia a los tres problemas más graves de nuestro país: la corrupción, la crisis y el independentismo catalán.


La política tiene mala fama pero, en último término, es el único ámbito en que pueden debatirse estos asuntos de interés general. Debatirse por medio del diálogo. En verdad, la política puede zanjarlos también por otros medios: la imposición, la violencia, la mentira, la dictadura. Pero nadie los suscribe. Todo el mundo dice preferir el diálogo, incluso quienes se beneficiarían con la violencia. Los estudiosos y los expertos lo saben y por eso exigen unas garantías para que el diálogo cumpla su cometido de llegar a decisiones colectivas democráticas y acertadas. Habermas ha edificado su teoría de la acción dialógica sobre esas garantías que funcionan como principios básicos sin los cuales no puede haber intercambio. Lo que se dice debe ser verosímil, sincero, atenerse a las normas y ser inteligible o racional. Provistos de estos requisitos debemos acometer los tres problemas señalados que son esenciales en nuestra sociedad.

La corrupción es la gran lacra nacional. Ahora se aireará en tribunales extranjeros, lo cual no contribuirá precisamente a enaltecer la marca España. Esta en concreto, además, involucra al presidente del gobierno, a algunos ministros y altos cargos del PP que pudieron estar recibiendo dineros ilegales durante años, procedentes, incluso, de fondos delictivos. El vicio nacional, habitualmente larvado, ha hecho eclosión espectacular a la que no se ha escapado ni la Casa Real. Es el momento de hablar de la corrupción, de debatir las medidas para atajarla y erradicarla. Es necesario el diálogo sobre lo que quizá sea el motivo más claro de la crisis española. Sin embargo, el gobierno no solo no quiere debatir sino que ha prohibido siquiera que se mencione el nombre del principal responsable, Bárcenas. La creencia de que, no mencionando el mal, este deja de existir tiene algo de neurótico. Y solo puede conducir a situaciones mucho peores, mucho más comprometidas.

La crisis.Por enésima vez se niega Rajoy a establecer acuerdo, trato, pacto alguno con Rubalcaba, salvo que este suscriba sus políticas sin reservas. Rubalcaba hace bien en proponer pactos y presentar medidas concretas que podrían adoptarse. Pero no puede ignorar que el gobierno carece de toda intención dialogante, asunto tanto más grave cuanto se están tocando pilares institucionales básicos de nuestra convivencia, como son el sistema de pensiones, la sanidad y la educación públicas, etc. La negativa al diálogo releva al PSOE de toda responsabilidad en los desastres que se produzcan y, por ende, le da legitimidad para revocar todas las decisiones si llega al poder. Porque estas decisiones han sido tremendamente clasistas. Por ejemplo, el gobierno reconoce haber empleado 40.000 de los 100.000 millones de euros del rescate en la banca pero añade que no emplea los 60.000 restantes en rescatar hipotecados, por ejemplo, porque se nos impondrían condiciones. En otras palabras: pagamos las condiciones de la banca pero no las de la gente.

Soberanismo catalán. Nuevo episodio. Mas reúne una "cumbre por el derecho a decidir", el PSC acude pero se reserva el derecho al juicio de intenciones y Carme Chacón publica una carta abierta en la que pide al secretario general del PSC, Pere Navarro, que no acuda a la cimera pel dret a decidir. Esto del dret a decidir va a ocasionar una crisis en el PSOE y, desde luego, en las relaciones con el PSC. Entre tanto el nacionalismo catalán, que tiene la iniciativa política, sigue ganando territorio y apoyo para su idea de celebrar una consulta sobre el derecho a decidir en 2014, fecha simbólica que une el momento de la pérdida y el de la recuperación de las libertades nacionales con trescientos años por medio. De esto tampoco se habla. Y aquí los dos partidos dinásticos presentan un frente común: el derecho a decidir, el derecho de autodeterminación no existe. Punto pelota. No hay diálogo que valga salvo para acordar una reforma u otra de la planta territorial única para toda la Nación.

Si, a pesar de todo, una cantidad considerable de ciudadanos, cientos de miles, quizá millones, pide el ejercicio del derecho a decidir, habrá que encontrar alguna forma de arbitrarlo que no sea el recurso a la violencia. Y no porque lo diga Palinuro -que lo dice- sino porque lo dice tambièn el Tribunal Supremo del Canadá en el caso de Quebec y algún ilustre jurista, como Rubio Llorente en el caso de España. Lo que sí se puede es barruntar cómo será la situación a base de no dialogar y sofocar la llama soberanista aplicando la normativa vigente. ¿Pretendemos coexistir con un estado de excepción permanente?

dilluns, 6 de maig del 2013

El PSOE reacciona.


Ya era hora. Quince meses después de su humillante derrota electoral, el principal partido de la oposición presenta propuestas concretas, inteligibles, alternativas -o, cuando menos, distintas- a las del gobierno, dadas ya por fallidas universalmente, incluso por sus seguidores. Ojalá no vuelvan los tiempos de la inactividad, la ambigüedad, el marasmo, las reiteradas propuestas de "pactos de Estado", sistemáticamente despreciadas por el gobierno. La oposición responsable, si por tal se entiende la ausencia de oposición, el silencio o la tímida protesta, no ha servido para nada. Corresponde ahora ser responsable pero de otros modos.

Sin incurrir en el vandalismo institucional que caracterizó la oposición del PP en la legislatura anterior, la del PSOE debe ser rigurosa, rotunda, consecuente, en contra de los desmanes del PP y en defensa de los intereses de los sectores mayoritarios de la sociedad. No se ha de consentir ni un atropello más. Debe acudirse a los tribunales siempre que las vías políticas sean insuficientes. Una buena piedra de toque son las pensiones, cuyo desmantelamiento parece tener dividido el gobierno. Pero el PSOE debe dejarle claro que cualquier reforma de las pensiones que no se consensue con la oposición, será revertido ipso facto después de las elecciones si estas le son favorables.

Hoy presenta el PSOE unas propuestas neokeynesianas. No todo ha de ser recortar. Recuérdese: los recortes han fracasado y ya solo prometen más recortes y, por tanto, más fracaso. Lo sabe todo el mundo. Lo suyo es, por tanto, mantener la austeridad pero arbitrar asimismo medidas de estímulo. Se financiarán con los miles de millones (60.000, al parecer) que el gobierno no ha tocado de la línea de crédito del primer rescate. Ya solo ese hecho es clamoroso. ¿No hubiera sido más justo echar mano de estos recursos antes que vaciar el fondo de reserva de las pensiones, esas pensiones a las que se pretende vapulear de nuevo? Se trata de las cosas que el PSOE debe explicar claramente. Para que los jubilados y pensionistas sepan a quién les conviene votar la próxima vez. Por lo demás, esas medidas de estímulo tienen también una importante misión social por cuanto están pensadas para mitigar el desempleo.

Luego queda la cuestión de la letra pequeña o cómo se aplican esas medidas de estímulo. Es preciso evitar que sirvan para aumentar la corrupción. En España tenemos una tradición de picaresca y a saber lo que harán los empresarios con unas medidas de estímulo que los benefician. A este propósito quizá estuviera bien proponer la dotación de otro fondo similar para potenciar la labor fiscalizadora de la Hacienda y su capacidad para luchar contra el fraude fiscal que en España es masivo. La rentabilidad de esta medida es evidente pues hará aflorar grandes cantidades de dinero.

En todo caso, este es el tipo de oposición que la gente espera. Con propuestas claras, positivas, que puedan debatirse. En opinión de Palinuro estas propuestas claras, razonables debieran abarcar también otros campos más en el terreno político o de los principios. En concreto, las tres cuestiones abiertas en el sistema político: la Monarquía, la Iglesia y el soberanismo. Son cuestiones peliagudas pero no por ignorarlas van a desaparecer.

La cuestión de la Monarquía. El PSOE debe aclarar si es o no republicano y hacerlo en un congreso; no por boca de un secretario general que tiende a confundir sus convicciones personales con las posiciones del partido. El argumento de la oportunidad no vale. El pais puede debatir tranquilamente si quiere ser Monarquía a República. La Monarquía ha demostrado ya estar fuera de lugar en el mundo contemporáneo. Resulta absurdo que un país haya de verse pendiente de las andanzas de unos u otros miembros de la Familia Real y sus compinches. Y es que eso es lo esencial en la institución monárquica: su carácter familiar.

La cuestión religiosa. Suficientemente claro ha quedado ya que la Iglesia católica se apunta a la teoría de la política del apaciguamiento, tristemente famosa desde la conferencia de Munich,  de 1938: cuantas más concesiones se le hacen, más se enciende su voracidad. Creyeron los socialistas de la era Zapatero haber llegado a un acuerdo con la Iglesia y por ello le sacrificaron su Ley de Libertad Religiosa y luego ha resultado que la Iglesia ha hecho tabla rasa con los acuerdos anteriores: fuera la educación para la ciudadanía, dentro la clase de religión; discriminación por sexos y cuestionamiento del aborto y ya veremos qué pasa con el divorcio. El PSOE no tendría perdón si no denunciara los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 y procediera a separar de modo eficaz la Iglesia del Estado.

En cuanto al soberanismo, los socialistas deben encarar el asunto con franqueza. El partido que comenzó la transición proclamando el derecho de autodeterminación se lo fue dejando por el camino hasta llegar a negar que alguna vez lo hubiera defendido. También esto debiera ser objeto de una propuesta acordada en congreso. El PSOE, ¿reconoce el derecho de autodeterminación? ¿En qué condiciones? Si no lo reconoce, ¿qué modelo de organización territorial de España propone? Ese vetusto federalismo que ha desempolvado del baúl de los recuerdos requiere un aggiornamento profundo. 

Las últimas cuestiones, en efecto, son graves y es tentador el olvido, el silencio. Pero no es honrado ni eficaz. Al fin y al cabo, cuando la dirección del partido habla de reformar la Constitución, se refiere exactamente ¿a qué?

Por último, si el PSOE se propone recuperar la visibilidad de verdad, compensar por la inacción y el tiempo perdido, tiene que escuchar el rumor de la calle, tiene que tender lazos de colaboración con organizaciones y movimientos sociales que se han ido formando en el proceso de insubordinación social creciente. Tarea difícil por la desconfianza que suscita en movimientos como el de los indignados. Pero imprescindible si ese partido quiere calibrar hasta qué punto se ha echado a la izquierda la opinión y cree conveniente, como lo cree Palinuro, radicalizar algo más las opciones.. 

También es importante que, lejos de apagarse, el debate sobre la candidatura siga abierto. Es sano para el partido y para todos. Pero, sobre eso, ya seguiremos mañana.

diumenge, 5 de maig del 2013

El Rey no piensa abdicar.


Pues claro que no. Ni se le pasa por la cabeza. Ayer el Rey se asomó a nuestras plebeyas vidas mostrándonos un día normal en la vida de un monarca que vuelve del estado de postración al puente de mando, decidido a darlo todo por España, a liderar una cruzada contra la gran lacra de nuestro tiempo: el paro. No tiene la menor intención de abdicar, sépanlo todos en la corte, especialmente el heredero que ya se ve entrando en la cincuentena dedicado al cultivo de orquídeas.

Los medios señalan que el barómetro del CIS, habiendo preguntado de nuevo por la popularidad del soberano, ha registrado unas calabazas. El prestigio de la Corona está bajo mínimos. Los mismos medios especulan que la TVE, con su reportaje, se constituye en gabinete de imagen del Rey y lo justifican aludiendo a su supremacía institucional. Al fin y al cabo, es el Jefe del Estado. Pero, al tiempo, el reportaje habrá sentado fatal en la Moncloa pues transmite la idea de que el poder moderador tiene que intervenir ante el desbarajuste actual del que hay que responsabilizar en único lugar al gobierno. Es posible que la Corona lave su mancillado prestigio, pero es a costa de mancillar el del primer ministro que ya carga con la mota Bárcenas, cuyo nombre no se atreve a pronunciar pero cuya sombra lo persigue por donde va. .

Con todo, es posible que la nueva política de imagen de la Corona no sirva de gran cosa porque esta ha pasado una raya roja muy peligrosa en la opinión pública. El desprestigio afecta a las personas de la Familia Real, incluido el Rey, y las hace objeto de chirigotas e irrisión. Cuando los gobernantes son objeto de chanzas y burlas, se les ha perdido el respeto. De las cuatro parejas que componen la Real Familia (la de los reyes, la del príncipe heredero y las de las infantas) no se sabe cuál sea más pintoresca y literaria: Juan Carlos vive Los idilios del Rey mientras Sofía escenifica La dama de Shallot en el Támesis; el infeliz Felipe cree representar Pigmalión, la infanta Elena Mesas separadas y Cristina, Arsenio Lupin, caballero ladrón. ¿Quién puede tomarse en serio a estos personajes en busca de autor? Aquí haría falta una mezcla de Suetonio, Valle Inclán y Charles Bukovsky.

Una vez que la gente cree saber que el Rey tiene un affaire extramatrimonial estable; que no está claro si el coste adicional del affaire también recae directamente sobre el erario público; que en sus ratos de ocio, que son muchos, se entretiene cazando elefantes, como si fuera el primer Roosevelt o como Tarzán de los monos; que ha amasado una fortuna ingente sin que consten fehacientemente los procedimientos; una vez que la gente sabe todo eso es imaginable cómo recibirá la noticia de que el Rey se propone liderar un gran frente en contra del paro. Él, que no tiene dificultad alguna para colocar a todos sus parientes y en envidiables posiciones en las que, además de levantarse una pasta, pueden añadir unos flecos a través de actividades delictivas si les da la ventolera. Los reyes no se andan con pequeñeces y él, en concreto, es inviolable.

Ciertamente, el Rey no piensa abdicar. El ejemplo del Papa no vale. A Dios lo que es de Dios y al César, etc. Y luego, ya más en nuestro campo, vamos a ver, aquí, ¿dimite alguien alguna vez? Hace falta pillar a un político con los bolsillos llenos de cucharillas para que admita culpabilidad y aun así dirá que se las ha metido la oposición.  "Majestad", recuerda algún cortesano movido de amor a la institución, "cada vez le pitarán más en las finales de fútbol". Es posible pero a eso están acostumbrados los Borbones. Tengo leído en alguna parte que la primera pitada que cosechó la Marcha Real fue en un encuentro internacional en Barcelona en 1925 en el que, sin embargo, se aplaudió el God save the King. Vamos por los cien años pitando.

No hay abdicación. Hay chirigota.

(La imagen es una caricatura mía a partir de una foto de א (Aleph), bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 4 de maig del 2013

Cospedal y la vaca que mea.


El PP ha organizado un akelarre sectario en un hotel de San Sebastián, al que han llevado sus huestes donostiarras a que las adoctrine un selecto ramillete de la fiel infanteria franquista, encabezada por Dolores de Cospedal y el monaguillo jurídico Ruiz-Gallardón, cada vez más parecido al repelente niño Vicente. De vez en cuando hay que hacer catequesis en provincias para que todo vaya sobre ruedas y ellos puedan seguir trincando sobresueldos mientras imponen sacrificios a la colectividad que es lo único que les importa. El gatuperio versaba sobre la Representación, tema que da para mucho, incluido el sentido del humor gallardoniano cuando el ministro de la presunta Justicia augura que algún día se valorará el "ingente esfuerzo que ha hecho el gobierno de Rajoy" para resolver la crisis. Puede ser. Algún día. De momento, la imagen que de Rajoy tiene el mundo con rara unanimidad es la de un incompetente absoluto, embustero contumaz, marrullero y cobarde.

Pero la palma de la impertinencia, la demagogia y la irresponsabilidad, como siempre, se la lleva Cospedal. El movimiento 15-M no la representa y ella lo reta a convertirse en partido y defender sus ideas por las vías institucionales. Exactamente esas que el PP ha prostituido a base de ganar elecciones mintiendo desvergonzadamente, de gobernar por decreto, ignorando el parlamento y la oposición y en interés de un puñado de banqueros, curas y empresarios y, por supuesto, en beneficio directo de sus propios bolsillos y de los de sus enchufados, clientes y amigos (como en el caso de presidente de Madrid, González, quien tiene enchufada a casi toda su familia, incluido su octogenario padre) todo ello con cargo a los dineros de los contribuyentes.

Carece de sentido debatir con Cospedal sobre el alcance de sus afirmaciones. Esta señora no habla para intercambiar juicios, pareceres, para deliberar y llegar a alguna conclusión. La emplean para arremeter contra los adversarios agrediéndolos de palabra, sin parar mientes en lo que dice, mintiendo y deformando la realidad a extremos insólitos. Tomarse en serio lo que dice, querer refutarla, es perder el tiempo. Ni a ella ni a nadie le importa el contenido de sus juicios con tal de que sean suficientemente brutales. Su misión queda cumplida faltando, mintiendo, injuriando lo suficientemente alto para que se olvide cuántos sueldos y sobresueldos trincan ella y los suyos por destruir el país.

Ya sé que la imagen es un poco pintoresca pero faltaría a la verdad si no dijera que, cada vez que la oigo hablar recuerdo el ruido que hace una vaca al mear.

(La imagen es una caricatura mía sobre una foto de www_ukberri_net, bajo licencia Creative Commons).

Ayer y hoy o la iconografía de un engaño.


El 30 de enero de 2011 El Mundo sorprendía a los lectores con una rotunda proclama del candidato del PP a la presidencia del gobierno: Arreglaremos la economía en dos años. Ahí era nada: arreglar un desastre colosal en dos años y se empezara cuando se empezara. Claro que veinte días antes, el mismo candidato, a la vista de un nuevo dramático aumento del desempleo sostenía no menos rotundo: Cuando gobierne bajará el paro, según se aprecia en la otra portada de El Mundo. Palinuro ya comentó el contenido de esta aseveración a la luz del último y espeluznante aumento del desempleo a seis millones de personas por obra y gracia del que lo iba a reducir, en una entrada titulada: La decencia de dimitir, con escaso éxito hasta la fecha. Lo que se pretende ahora es centrar la reflexión en los aspectos iconográficos de la campaña del PP y los mensajes políticos que contienen en una vertiente muy simbólica.

Empezamos con la ilustración del paro. Un primer plano de Rajoy frente a una oficina del INEM, vestido para tiempo inclemente, con gesto serio pero decidido. Sabe lo que dice. Sabe a dónde va. Así puede entenderse que la fila de parados detrás de él cuyas proporciones realzan la figura dominante, sobrehumana, de Rajoy se apresta a seguirle a ese horizonte de disminución del paro. Ya nadie se atrevía a prometer el pleno empleo. Un descenso del paro era un señuelo suficiente para encandilar a la gente y llevarla a su perdición pues, más que como conductor de su pueblo, Rajoy ha actuado como el flautista de Hamelin, tratándolo como si fuera de ratas y llevándolo a más desempleo. Hazaña solitaria por cuanto la promesa está en primera persona del singular: es Rajoy quien se compromete personalmente a hacer lo contrario de lo que ha hecho, aumentar el paro en lugar de reducirlo.

La otra imagen, la de arreglaremos la economía en dos años es también muy curiosa. De entrada la intención se formula en primera persona del plural: somos nosotros quienes arreglaremos la economía, un equipo. Ese es el texto, pero la imagen simboliza lo contrario. Vuelve a ser el egregio Rajoy quien arreglará él solo la economía, sin duda por obra de su potente brazo. Para ese empeño se requiere un Hércules, así que Rajoy vuelve a ser representado en proporciones sobrehumanas, en el centro de un semicírculo de profesionales cuyos problemas se supone que arreglará el gran hombre en dos años. "Llegado el momento, votadme y en dos años vuestras cuitas habrán desaparecido". Han pasado quince meses desde la votación, quedan siete para el cumplimiento del vaticinio. La imagen daba cuenta de la condición de las seis personas del común: un pintor, una pensionista, un empresario, un taxista, un médico y una estudiante. Ni un agricultor, por cierto. Pero, en fin, eso es trivial y solo muestra que los gabinetes de comunicación trabajan contra reloj y a veces meten la pata.

¿Y cuál ha sido el destino de estas seis profesiones y parece seguirá siéndolo hasta la consumación de la promesa? Uno por uno.

El pintor ya no tiene nada que pintar y probablemente esté en el paro y eso con suerte.

La pensionista ha visto bajar de hecho su pensión y subir sus gastos de todo tipo, empezando por los médicos y ahora se enfrenta a un futuro incierto respecto al conocimiento de la cuantía de su jubilación que el gobierno quiere hacer depender de cálculos políticos.

El empresario está encantado con la situación laboral, facilidad de despido, contratación precaria, salarios de hambre pero, al mismo tiempo, tiene que cerrar la empresa porque no hay crédito ni demanda, ya que la gente está en el paro.

Respecto a los taxistas no sé mucho porque es un grupo reducido. Pero si lo ampliamos a transportistas autónomos, están que echan las muelas por todo: el precio de los carburantes, el aumento del IVA, la red viaria, etc.

De los médicos mejor no hablar. Es una profesión en pie de guerra contra un gobierno empeñado en liquidar el sistema público de salud para entregárselo a las empresas privadas. Más o menos lo mismo que quiere hacer con las pensiones, privatizarlas. Porque tanto las pensiones como la salud son fabulosas posibilidades de negocios.

En cuanto a la estudiante, fácil colegir el desastre. Si consigue terminar sus estudios -pues aumenta mucho la cantidad de jóvenes que abandonan por las subidas de tasas y los recortes en las becas- su salida será la emigración.

Los programas electorales no son contratos ni se pueden hacer valer ante los tribunales de justicia. Pero a veces la prensa actúa como una especie de fedataria pública. Esas dos portadas de El Mundo son dos documentos incriminatorios del PP y de Rajoy que ponen en evidencia de modo fehaciente y palpable cómo ambos mintieron para llegar al poder, cómo hicieron demagogia y prometieron lo imposible. 

Son dos documentos que piden a gritos la dimisión de su protagonista.

divendres, 3 de maig del 2013

Tolerancia cero con la tolerancia.


En España arrastramos un problema de intolerancia de siglos. Tuvimos Inquisición, expulsamos judíos y moriscos y nos lucimos con el Tribunal de la Sangre del Duque de Alba. Es cierto que otros tuvieron cosas similares y peores, pero eso no es un consuelo para las nuestras. Tuvimos Contrerreforma a palo seco mientras que los demás tuvieron Reforma o una mezcla de ambas. No llegamos a tener Ilustración, propiamente dicha, sino un triste remedo de la francesa, fragmentaria y perseguida por el tradicionalismo católico. La guerra contra el francés, en la que muchos sitúan el nacimiento de la Nación española, se hizo sobre todo en nombre de la esencia monárquica, absolutista, católica. Parece que el término liberalismo es de cuño español. El término. La realidad es muy otra cosa. El liberalismo español pone su pedigrí en la Constitución de Cádiz, de 1812. No me cansaré de recordar que esta Constitución, que se promulga En nombre de Dios Todo-poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador de la Sociedad, tiene un artículo 12 que reza: La Religión de la Nación Española es y será siempre la Católica, apostólica y romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra. Es decir la Constitución de Cádiz de 1812 proclama la intolerancia religiosa. No sé si hace falta ser español para entender cómo se puede conciliar la intolerancia y el liberalismo.

En todo caso, ese artículo 12 pasa casi íntegro al artículo 1º del Concordato de Franco con la Santa Sede de 1953, que dice: La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico. Ya no se habla de prohibir las demás religiones pero está claro que la vida de estas no iba a ser grata dado que la católica era proclamada "única". Y así están las cosas hoy día en que los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 (posteriores, pues, a la Constitución) declaran vigente el Concordato de Franco.

La tradición de intolerancia tan viva como siempre.

Telemadrid ha emitido un reportaje en el que se tacha a los nacionalistas vascos y catalanes de nazis y estalinistas. Quizá para algunos la amalgama no tenga sentido, pero su justificación no es difícil de entender. Se trata de encontrar una posición de neutralidad, de centro equidistante entre nazismo y estalinismo que permita criticarlos por igual. Pero no sé yo si el autor o autora del reportaje está muy puesto/a en su contenido. De entrada, la invocación del nazismo cae en la jurisdicción de la celebérrima Ley de Godwin. Que se le añada el estalinismo solo quiere decir que quizá convenga formular una Ley de Godwin II.

La justificación, sin embargo, está en la búsqueda del punto medio. El reportaje utiliza una perspectiva orwelliana. Lo que tienen el nazismo y el estalinismo en común es la perversión del lenguaje. No hay inconveniente en admitirlo si se precisa qué se entiende por perversión del lenguaje. Parece que por tal, según el reportaje, se entiende la práctica de los nacionalistas catalanes de utilizar eufemismos, perífrasis, circunloquios. Si esto es así, se queda uno perplejo, preguntándose si los de Telemadrid han escuchado alguna vez un discurso de Mariano Rajoy, que se niega a pronunciar el nombre de Bárcenas; de Ana Mato, que llama "copago" al "repago"; de Gallardón, quien cobra tasas para garantizar la gratuidad de la Justicia, etc.

¿Y no será que todos los políticos tienden a manipular el lenguaje? No es lo mismo, dicen los de TeleMadrid porque los nazis catalanistas lo imponen a la fuerza, como hacían lo nazis y los estalinistas. No me parece que esto sea cierto. No veo violencia del lado catalanista. Sí veo, en cambio, que la aceptación acrítica de la neolengua del gobierno y sus medios de propaganda públicos y privados es peor que si fuera impuesta a la fuerza porque es comprada, aceptada voluntariamente, como la convicción de los esclavos felices.

dijous, 2 de maig del 2013

El relevo.


Toda sucesión es azarosa, especialmente en política. El sucedido, normalmente, no quiere irse, no encuentra de su agrado a ninguno de los sucesores, ni siquiera al que él mismo elige. Los sucesores no entienden por qué no se produce una transmisión de poderes rápida y, como los pretendientes en la corte de Ulises ausente, se impacientan y acaban montando un espectáculo.


Sucesión en el PSOE. No es cuestión abierta, rezonga la dirección. Los tiempos están acordados en este orden: Conferencia política, elecciones al Parlamento europeo y, luego, primarias; ya se verá si abiertas o no. Entre tanto, aquí no se habla de relevos, igual que en el PP no se habla de Bárcenas. Y, como en el PP con Bárcenas, no se habla de otra cosa. Luego de que un periódico sacara seis rostros posibles de candidatos a la secretaría general (y omitiera otros dos con las más peregrinas razones), Beatriz Talegón, rutilante y reciente estrella mediática juega con la idea de presentar su candidatura al tiempo que aplaude que Madina presente la suya. Sería avisado que la dirección modificara su cronograma y diera paso a primarias ya mismo para salir de dudas y que el PSOE pudiera ejercer la oposición con eficacia. A primera vista, el criterio de la dirección parece razonable: dejad un tiempo para que las candidaturas se formen y consoliden. Eso es cierto. Pero si la dirección piensa que en ese tiempo va a hacerse algo más que negociar apoyos, pactar decisiones, formar candidaturas, está muy equivocada. Y el problema es que, como demuestra la encuesta de Metroscopia para El País los votantes del PSOE se van a chorros a IU y UPyD. Por lo demás, de perlas la candidatura de Talegón. Se erige esta en portavoz de la juventud y trae un discurso bastante radical y regeneracionista. Eso la distingue y singulariza frente a los otros candidatos, que tienden a parecerse entre sí, excepción hecha de Carme Chacón que aporta la condición de catalana en un momento especialmente sensible de las relaciones entre España y Cataluña. No sé cuándo serán las primarias del PSOE pero prometen ser muy movidas. La sucesión en una animada y respetuosa trifulca de los mil candidat@s y uno. El uno, obviamente, el propio Rubalcaba quien, de momento, no ha aclarado su intención de presentarse o no pero sigue viendo con malos ojos esas prisas de los recién llegados por ponerse en sus zapatos.

La sucesión en el PP. El festival sucesorio es menos extenso aquí pero mucho más intenso. En primer lugar, el hipotético sucedido, Rajoy, está lejos de admitir la sombra de una duda respecto a la seguridad y estabilidad de su posición, tanto en el partido como en el gobierno. ¿Dimitir él? ¡Hombre, por Dios! Suele decir que a él lo eligieron con mayoría absoluta para un mandato de cuatro años y piensa cumplirlo. Curiosamente lo mismo que repite Rubalcaba, que tiene un mandato que cumplir. Lo que Rajoy no dice -y eso lo diferencia del socialista- es que lo eligieron con un programa contrario al que ha aplicado. Aquí es donde engancha la oposición dentro de su propio partido. Cuando Esperanza Aguirre proclama que ella tiene la alternativa da por supuesto lo que todo el país, incluido el gobierno, sabe: que el gobierno ha fracasado y da asimismo por supuesto lo que todo el país (excluido el gobierno) también sabe: que el gobierno debe dimitir.

Desde luego la sucesión en el PP adquiere caracteres intensos. ¿Qué digo intensos? Dramáticos, shakesperianos. He aquí a la nueva Margaret Thatcher poniendo de relieve la miseria moral de Edward Heath, la nueva Lady Macbeth, dispuesta a eliminar por su cuenta al pobre Duncan al que en el fondo de su alma siempre despreció y tuvo por un débil, igual que la Esperanza Aguirre real y verdadera menosprecia a Rajoy a quien ya reta de nuevo públicamente. Una historia de poder, ambición y venganza. La dama dimitió inesperadamente hace un año cuando, viendo a Rajoy presidente y su archienemigo Gallardón ministro y sucesor in pectore, comprendió que podía dar su carrera por truncada. Tendría que resignarse a la dignidad subordinada de thane, como Macbeth lo era de Glamis. Ella, que es Honorary Dame Commander of the Order of the British Empire frente al registrador de la propiedad. La dimisión, una salida de gambito de dama para coger fuerza.

Y la citada encuesta de Metroscopia viene a apoyar su pretensión. Con Aguirre fuera del cartel electoral madrileño, el PP pierde la mayoría absoluta. Ignacio González mueve muchas menos adhesiones que Aguirre y su carisma es negativo: cuanto más aparece, más votos se fugan. Sin embargo -tristes perfidias de las sucesiones, pensará la Dama de Honor del Imperio- el hecho de que su sucesor pida abiertamente a Rajoy ser el candidato a la presidencia de Madrid significa que pretenderán echarla de la del partido. Por eso se ha buscado respaldo mediático. El Mundo, Intereconomía, parecen entrar en la batalla por sustituir a Rajoy al frente del PP por Esperanza Aguirre.

Es imposible saber cómo se harán ambas sucesiones y quiénes dirigirán los partidos. Pero ¿alguien piensa que en las próximas legislativas haya que elegir entre Rajoy y Rubalcaba?

(La primera imagen es una foto de Xoan Baltar. La segunda, una caricatura mía de una foto de Rubalcaba 38; ambas bajo licencia Creative Commons).

dimecres, 1 de maig del 2013

El hotel al borde del abismo.


El gráfico de la izquierda pone los pelos de punta. Lo reproduce gurusblog que da como fuente una publicación digital estadounidense, The Atlantic la cual la trae, en efecto, y trae, además, dos todavía peores referidos a Andalucia a la que el autor del artículo, Matthew O'Brien, llama la España de España (Spain's Spain por lo que se refiere al paro, especialmente el juvenil. The Atlantic, a su vez, cita como fuente el Instituto Nacional de Estadística español en su página en inglés. Es de suponer que hay suficientes garantías. Lo dramático del gráfico de España es que el paro de larga duración experimenta un crecimiento exponencial; algo que permite al articulista hablar de generación perdida.


La pregunta es: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? A continuación, algunas breves respuestas con la pretensión de indagar en las claves de nuestro predicamento actual, con una conciencia de catastrofismo que recuerda la del 98.

Atado y bien atado. A lo mejor hay que dar otra vuelta a la transición. Franco nombró a Juan Carlos sucesor a título de Rey. Y ahí sigue el nombrado. Franco unció el Estado a la Iglesia con el Concordato de 1953 y ahí sigue uncido gracias a los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 que expresamente declaran vigente el Concordato. Franco organizó una administración territorial politizada (pues coincidía con la organización del Movimiento) una policía política para su seguridad y un poder judicial también politizado (y cristianizado) y ahí siguen todos ellos en mayor o menor medida, como lo prueba el hecho de que el único condenado por el caso Gürtel hasta la fecha sea el juez que quiso investigar los crímenes del franquismo. Por último, Franco creó lo que se llamó el "franquismo sociológico", lo dotó de una partido-movimiento que era una organización clientelar y ahí sigue, el partido fundado por un ministro de Franco.

La organización clientelar del franquismo sociológico. Si algo dejan en claro las investigaciones judiciales es que ser del PP es un chollo, sobre todo, en estos tiempos de penuria. En los niveles más bajos proliferan las corruptelas por las que innumerables cargos públicos locales y autonómicos y sus clientes y amigos se han enriquecido a lo largo de los años. En los niveles más altos y hasta los altísimos, proliferan los sobres, los sueldo, sobresueldos, gastos de representación, compensaciones, contrataciones diferidas y demás embellecimientos para hablar de cobros de dudosa legalidad e indubitable inmoralidad. ¿Ser del PP? Lo dicho, un chollo. Ser "patriotas", para estos, es un negocio, como prueba Juan Torres López en un gran artículo. Probablemente por eso tiene unos 800.000 afiliados al panal de rica miel mientras que los sociatas, menos opulentos, se han de conformar con unos 200.000. Para los militantes del PP, sus allegados, familiares, amigos y clientes, no hay crisis. Se nombran entre sí y sus deudos asesores a cientos con sueldos astronómicos a costa de los contribuyentes. Sobresueldos, enchufes, financiación irregular a tope. Todos estos fastos parecen sostenerlos empresarios sin escrúpulos que luego reciben fabulosos contratos públicos ilegales. Una financiación por todo lo alto que pone al PP muy por encima del PSOE por la misma razón por la que Armstrong se imponía siempre a sus rivales: porque hacía trampas. Como el PP al que, por lo demás, no parece importarle que estas prácticas destruyan la democracia que descansa sobre el juego limpio.

El expolio continúa. Además de financiarse irregularmente, esquilmando los recursos públicos, llegado al poder el PP intensifica el expolio. A la primera oleada de recortes, restricciones, privaciones y privatizaciones que ha levantado una indignación general en España, sigue de inmediato otra a la que Rajoy se ha comprometido en Bruselas: otro recorte de 3.000 millones que saldrán de eliminar (casi) las políticas activas y pasivas de empleo, al tiempo que se prorrogan subidas de impuestos que eran transitorias, como el del IRPF o el IBI, un nuevo atraco directo al bolsillo de los ciudadanos que se encuentran en un estado de creciente insurrección cívica a la que el gobierno reponde intensificando la represión policial.

La secesión catalana. Después de haber hecho todo tipo de demagogia contra el gobierno de Zapatero a quien Rajoy acusaba de romper España, viene a resultar que a quien se le rompe es a él. Y aquí sí que no es cosa de invocar la herencia recibida. La incapacidad del nacionalismo español (el de derecha y buena parte del de izquierda) de entender el carácter plurinacional de España y la habilidad del nacionalismo catalán de aprovechar la postración del Estado, permiten augurar un futuro poco apacible.

Frente a todo lo cual la cuestión es: ¿qué hace la oposición?

El PSOE vuelve a ofrecer "grandes pactos de Estado". No está mal. Es correcto mostrarse responsable. También debe reconocerse que parece recobrar fuerzas y llevar a los tribunales todas las medidas de la derecha que están haciendo tabla rasa de derechos de la ciudadanía de carácter social y económico, pero también cívico y político que creíamos firmemente consolidados en nuestra sociedad. Todo eso está muy bien. Pero no basta. El PSOE debe exigir responsabilidades políticas por la corrupción generalizada, la política de mentira sistemática y el paladino fracaso de la política económica. Responsabilidades políticas que lleven, de entrada, a la dimisión de Rajoy.

IU va más allá. Pide dimisión del gobierno y elecciones anticipadas. Palinuro tiende a coincidir con esta reclamación. Pero no le parece bastante. A su juicio, esta IU, presa de la esperanza de un "sorpasso" en España, una Syriza o algo parecido, desconoce la urgencia del momento. La solución no es dar de nuevo la victoria a la derecha frente a dos (o más) minorías de izquierda que, en conjunto, sigan siendo irrelevantes como lo son ahora. La solución es forjar una unión de la izquierda lo más amplia posible con un programa común de mínimos, alternativo al neoliberalismo salvaje, factible y con un compromiso jurídico, contractual, de llevarlo a la práctica. Un programa que lleve a la izquierda al poder. Ese es el reto, amig@s.

Entre tanto, sigue la movilización popular con tintes cada vez más insurreccionales y conviene no perderla de vista en primer lugar porque es un producto popular genuino y hay que protegerlo de los desmanes del poder y, en segundo, porque de él emanan las inspiraciones concretas, prácticas que, les guste o no, cada vez influyen más en los partidos tradicionales y los obligan a cambiar.

Continuaremos...

dimarts, 30 d’abril del 2013

Las relaciones peligrosas y el juego del gallina.


España como país lucha por su supervivencia en mitad de una crisis económica sin precedentes, devastadora y que está siendo, además, crisis política y moral. El gobierno lleva luchando contra ella dieciséis meses con políticas que los hechos contradicen tozudamente (paro, PIB, etc) y para las que no se ofrece razón alguna salvo la que pueda contener la fe. Rajoy afirma impertérrito en una reunión de empresarios que "Estamos en el umbral de invertir nuestra situación y las bases para conseguirlo son cada vez más sólidas". Sin ningún dato, ninguna prueba objetiva, contra toda evidencia, algo que hay que creer como el dogma, bajo su palabra de honor, que tiene un valor similar al de las acciones de Bankia.

Del otro lado del debate, en la oposición, se afirma que las tales políticas son un desastre, contrarias al sentido común, nos tienen en la ruina, son contraproducentes y erróneas, si no delictivas. Una estafa, en el fondo. Es una acusación fuerte. Pero tiene su fundamento. Todos los días se ofrecen ejemplos de comparaciones absolutamente odiosas. Ponen en la calle a cien trabajadores, otro se suicida por un desahucio y un tercero, ingeniero industrial, emigra a Helsinki a fregar platos porque aquí ni eso le dejan. Al propio tiempo, un feliz mortal, condenado por los tribunales, indultado por el gobierno, se marcha a la jubilación con ochenta y ocho millones de euros en la faltriquera. Estas cosas hacen hervir la sangre o no hay sangre.

Por eso se dice que la crisis económica es ya política y moral. Se están tocando consensos básicos de la sociedad. Una de las formas de salir de este marasmo es disponer de un gobierno que, dando ejemplo de lo que predica, tenga la autoridad necesaria para acompasar las medidas de austeridad con el saneamiento del sistema político y las pautas morales sobre las que se asienta. Pero no es el caso del actual cuyo presidente está bajo fortísima sospecha de haber tolerado como alto cargo del Partido y luego como presidente prácticas supuestamente corruptas e, incluso, haberse beneficiado personalmente de ellas.

En este momento los dos problemas más graves en España, además de la crisis, ciertamente, son la corrupción y el conflicto con el nacionalismo catalán. Y frente a ninguno de los dos está ni muchísimo menos el gobierno a la altura de las circunstancias. Ni el gobierno ni su partido pueden luchar eficazmente contra la corrupción y, en cuanto a la cuestión catalana (que otros consideran más como una cuestión española) la evidente intensificación del conflicto muestra que es más necesario que nunca encontrar un ámbito de diálogo en que puedan explorarse soluciones y acuerdos de modo civilizado, sin enfrentamientos; tender puentes, en definitiva, cosa a la que el gobierno ni su partido son proclives.

Luchar contra la corrupción en democracia significa separar la responsabilidad política de la penal y ejercitar la primera al comenzar las actuaciones para la segunda, no cuando haya decisión final. Este gobierno, con varios miembros indiciariamente implicados en trapisondas ilegales de sobresueldos no puede encabezar lucha alguna contra la corrupción. Esta lucha presupone asimismo la colaboración leal con la justicia de todas las instituciones, incluidas la investigadas. No se puede obstruir la acción de la justicia. No puede ser que el juez haya de expulsar de la causa al PP porque, habiéndose personado como acusación de Bárcenas, estaba tratando de exculparlo, es decir, estaba defendiéndolo. Estas prácticas contrarias al Estado de derecho deben terminar. Los partidos no pueden jugar al fraude de ley.

En cuanto a la cuestión del nacionalismo catalán no se negará que se exacerba por momentos con ambas partes encastilladas -al menos en apariencia- en posiciones de principios que es en donde suelen emplazarse las baterías. El nacionalismo español rechaza de plano el derecho de autodeterminación. Rubalcaba lo considera un ente de ficción, como el unicornio o la fuente de la vida. "No existe", concluye. El nacionalismo catalán no solo lo reputa existente sino muy sano, arrollador, victorioso en cualquier justa que se le riña y está dispuesto a probarlo poniéndolo en práctica, al modo en que diz que Diógenes de Sínope "demostrara" el movimiento a Zenón de Elea. Es decir, con los pies sobre la tierra, un choque en algún tiempo futuro a corto/medio plazo, en magnífica versión del juego del gallina en la variante de choque frontal. ¿El plazo? Un año, por ejemplo. ¿Es eso lo que queremos?

Solo se me ocurren dos formas de evitar esa desagradable situación de choque y ambas son malas. Por la primera, el Estado "soborna" al nacionalismo moderado o burgués otorgándole un privilegio fiscal similar a los de los Territorios Históricos. Por la segunda, impugna ante los tribunales todas las declaraciones parlamentarias, decisiones gubernativas, actos administrativos de toda autoridad o institución catalanas que, a su juicio, sean ilegales y/o inconstitucionales. Una guerra institucional. El primero es malo porque no garantiza la estabilidad. Conseguido el concierto económico, el nacionalismo "moderado" volverá por más y reabrirá el conflicto. Siendo su horizonte la independencia, le interesa mantenerlo abierto. El segundo es malo porque ninguna sociedad puede sobrevivir con un conflicto institucional permanente. Son formas malas porque no resuelven el problema sino que lo aplazan.

¿Y no va siendo hora de dejar de aplazar la solución de este problema, de dejar de legárselo a las generaciones futuras como nosotros lo hemos heredado de las anteriores? En democracia las decisiones se adoptan por mayoría pero, a veces, es necesario contar. ¿Por qué no se va a preguntar a los españoles si reconocen el derecho de autodeterminación? A ver qué nos dicen los números y cómo se concentran territorialmente. Obviamente si alguien dice que esa pregunta no puede ni plantearse, la cosa se pone cruda, por decirlo a lo llano. Pero no parece esa una posición enteramente razonable. Más valdría cuantificar los apoyos en forma de unas elecciones a una Convención con carácter constituyente en donde los españoles decidieran una planta territorial para España, sin excluir ninguna posibilidad.

De caer esa breva, Palinuro solicitaría que la Convención también planteara la sempiterna cuestión Monarquía/República. Y todo esto sin necesidad de dar gritos por las esquinas. El requisito es que el gobierno tenga la gentileza de dimitir, disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas. Veamos si somos capaces de elegir un parlamento del que salga un gobierno con la fuerza y la autoridad para acometer estas tareas, para abrir un proceso materialmente constituyente en el que participemos todos los pueblos de España. Y escribo España porque soy nacionalista español, ya lo he dicho. Quienes no lo sean pueden leer Estado español con la misma libertad y cordialidad con que yo leeré España en donde ellos escriban Estado español. 

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dilluns, 29 d’abril del 2013

El grano y la paja.


Diferenciar el grano de la paja, la ganga de la mena, lo accesorio de lo enjundioso, lo accidental de lo esencial es el primer paso para interpretar correctamente lo que se ve, oye o siente. Por cierto, ello no nos libra de la subjetividad y la parcialidad; lo que para unos es grano, es paja para otros. O eso dicen. Pero distinguir, hay que distinguir. Ayer hubo dos noticias que refleja hoy la portada de El País: una, la rueda de prensa de Rajoy en Granada que no pudo substituir por el silencio o el plasma al hallarse en compañía de un mandatario extranjero ante quien preciso es guardar las apariencias, como si el cortijo fuera una democracia. Dos la noticia de que los cobros de la caja B, de Bárcenas, se hacían por partida doble.


Sin duda la noticia una es más vistosa y más jacarandosa que la dos. Estando en Granada, Rajoy relató una fábula legendaria, al estilo de Washington Irving, sobre las intenciones de su pundonoroso gobierno dos días después de que sus tres más destacados ministros confesaran estar sin resuello ante el fracaso de su política. Fue interesante estudiar la mímica del presidente, sus especiosos argumentos, su mecánico alzar y bajar el antebrazo, como si estuviera dirigiendo el bolero de Ravel, sus etéreas afirmaciones de cuño sentimental ("sé cómo se sienten...; no lo ven, pero estamos mejor; sé que hay mucha frustración, pero...") y su impavidez,  cómicamente parecida a la de un pingüino, por no decir su inverencundia. Muy vistoso, sí y hasta Palinuro sucumbió a la tentación de subir una entrada titulada La rueda de prensa del presunto, pues nunca hay que perder el sentido del humor.

Pero las gracias tienen un límite. La noticia gorda, la grave, la que debiera monopolizar el debate público es la dos, la de que los sobresueldos de los mandarines del PP se abonaban por partida doble y conceptos distintos. Hasta 10.000 euros mensuales cobraron durante años un puñado de electos de los dioses y su representante en la tierra, Bárcenas. Una pasta. Ser dirigente del PP era (y quizá siga siendo; aquí ya nadie se cree nada) un verdadero chollo. Que se lo digan a Cospedal, a quien faltan manos para cobrar sueldos. Si a esto añadimos la Gürtel y su conexión urdangarinesca así como la pedrea de corruptelas baleares, levantinas y madrileñas, habremos de confesar que el país vive un momento de emergencia gobernado por un partido bajo sospecha de corrupción estructural continuada con un presidente que, siendo quien más veces aparece en los papeles dichosos, no está en situación de ejercer su cargo con la autoridad necesaria.

De forma que lo verdaderamente grave en España hoy no es si el gobierno gobierna o no, pues ya está claro que no. Lo grave es la corrupción. Lo que impide que el país recupere la confianza de los mercados es la corrupción, tanto más grave cuanto que afecta al presidente del gobierno. Al respecto es obvio que, vistos el silencio y la pasividad del interesado, hay que hacer algo. Ciertamente, pero ¿qué? Desde el punto de vista judicial, los procedimientos siguen su curso y lo único que cabe es respetarlos y colaborar con la justicia. Otra cosa es lo que después sucede, pero de eso hablaremos en otro momento.

Entre tanto -y pueden pasar meses o años- es importante que la opinión se esclarezca respecto a estos hechos. Según parece, la defensa del PP se basa en que estos comportamientos no son delito y, aunque lo fueran, habrían prescrito: pero, sobre todo, se insiste, dada la naturaleza de los partidos políticos, esos cobros no eran ilegales. Ese es el asunto crucial, el que no se puede soslayar: determinar claramente si los famosos sobresueldos son o no ilegales y si, siendo legales, son o no inmorales. Aquí nos hacen falta reflexiones de juristas y de profesores de filosofía moral y política.

Mientras llegan, hagamos una rudimentaria construcción del razonamiento. Nos ponemos en la hipótesis más favorable a los acusados: los cobros de sobresueldos no son ilegales. Pero ¿son morales? Es evidente que no. De otro modo, las reacciones a las acusaciones hubieran sido menos tremendistas, alocadas, absurdas: desde negarse a pronunciar el nombre de Bárcenas hasta rechazar lo evidente, dar por evidente lo falso, amenazar con baterías enteras de querellas pero no presentar ninguna, mentir sobre las relaciones laborales documentadas e inventarse otras. Está claro: no lo quieren reconocer porque es inmoral. Y lo saben. Es inmoral cobrar sobresueldos atípicos, bordeando (si no infringiendo) la legislación de incompatibilidades. Como es inmoral cobrar dietas indebidas, aunque el Tribunal Supremo diga que es legal. Lo que no puede es decir que también es moral, pues no lo es.

La corrupción, por tanto, es lo más importante de las dos noticias. Sin querer enmendar la plana a nadie, yo hubiera reservado el máximo espacio a los sobresueldos y solo una columnilla a la derecha a los Cuentos de la Alhambra. La corrupción impide que el país salga adelante mientras no cambie el gobierno. Leo que El Mundo da por amortizado a Rajoy y prevé sea substituido hacia Navidad. No sé si es un vaticinio basado en la quiromancia o la exposición de un plan con un objetivo. En cualquier caso, es de felicitarse que la derecha vaya despertado de su aletargada digestión. A este paso, pierde las elecciones y no ha logrado imponer su programa o, en dicho castizo que suele atribuirse a Andalucía: ni cenamos ni se muere padre. Pues eso, hay que hacer algo antes de que este gobierno cada vez más enfrentado a la población y con menos apoyos, nos lleve a algún conflicto grave.

Y no me invento nada. El modo de tratar la cuestión de Cataluña es preocupante. Quienes empezaron el mandato queriendo españolizar a los niños catalanes carecen de flexibilidad para entender a la otra parte y buscar fórmulas dialogadas y consensuadas de arreglo. Lo suyo es una cruda dicotomía: comprar o reprimir. Por la primera se ofrece al nacionalismo burgués una forma de financiación tan cercana al modelo vasco-navarro como sea necesario para hacerle abandonar el campo soberanista. O sea, comprarla. Por la segunda, para el caso de que el nacionalismo burgués rechace toda compra y se mantenga independentista, se recurre a las vías de excepcionalidad que la legalidad vigente prevé y que, por supuesto, comprenden el empleo de la violencia por medios militares, llegado el caso. Los independentistas republicanos, de izquierda, pueden verse traicionados o reprimidos, según vayan los pactos. No se olvide que tanto para CiU como para el PP la idea de nación computa en la cuenta de pérdidas y ganacias. Todo legal. Pero ¿es moral? También en esta cuestión resulta impensable que un gobierno acosado por la corrupción tenga la autoridad necesaria para actuar. Por mucho que el gobierno y/o el partido dominante de la Generalitat puedan estarlo igualmente.

diumenge, 28 d’abril del 2013

La rueda de prensa del presunto


Rajoy, como se sabe, odia las ruedas de prensa. Odia dar explicaciones. Odia las preguntas. Por eso nunca ha asistido a una sola después del consejo de ministros de los viernes y siempre deja que sean los segundos y segundas quienes den la cara. Si por él fuera, jamás comparecería en público (de hecho, apenas pisa el parlamento) y, de tener que hacerlo, lo haría tras la pantalla de plasma. En cuanto a las entrevistas con otros políticos, en secreto, como ya ha hecho con Mas y con Urkullu. Sería el presidente secreto. En realidad, un proyecto de dictador de vía estrecha.

Pero nada de esto es posible cuando se encuentra con algún dignatario extranjero, de esos acostumbrados a responder de sus actos, dar explicaciones, decir la verdad, contestar las preguntas y tener un talante democrático y no de vendedor de crecepelo. Entonces todo su edificio de artificioso embuste, marrullería y arrogancia se viene abajo y se ve obligado a contestar las preguntas de la prensa. Es decir, los españoles solo pueden escuchar a su presidente hablando de las cosas que les conciernen cuando hay algún extranjero delante. Ya solo por tal desprecio, este sujeto merecería que lo mandaran a letrinas.

Estas prácticas típicamente franquistas dan lugar a veces a situaciones cómicas. El viernes, los tres ministros al quite dejaron claro que no habría creación de empleo antes del fin de la legislatura. Ayer, en Granada, Rajoy dijo que se crearía empleo al final de la legislatura. ¿Alguien cree que esto del empleo y el paro es una drama demasiado grande para andar frivolizando o diciendo mentiras sobre él? Pues que deje de creerlo. Se creará o no empleo antes de 2015 o después o lo que sea, según lo que interese decir en cada momento a este puñado de charlatanes irresponsables, encabezados por un presidente radicalmente deslegitimado para el cargo.

Todos sus farfulleos sobre los desequilibrios, las magnitudes, las medidas, etc, no merecen ni un segundo de atención. Lo único que es relevante en este caso es que el de Rajoy es el nombre que más aparece en los papeles de Bárcenas y el segundo que más pudo haber cobrado en negro, después de Padro Arriola. Mientras este asunto no esté aclarado y zanjado ante los tribunales, todo lo que haga Rajoy para desviar la atención será inútil. Un individuo sospechoso de haber cobrado dineros en negro por más de 320.000 euros no puede ser presidente del gobierno. Lo demás es farfolla. Su farfolla.

Salvado lo cual como, además de un presunto mangante, este hombre carece de luces, la rueda de prensa que no le quedó más remedio que soportar en Granada, luego de que los afectados por las hipotecas lo abuchearan a la entrada, fue una sucesión de chistes y majaderías.

Aseguró en un momento, e insistió en ello, en que él y su gobierno están interesados en decir la verdad. Pero lo cierto y evidente es que aún no lo han hecho ni probablemente lo hagan porque ganaron las elecciones mintiendo y es lo único que han hecho hasta hoy: mentir. Por eso, cuando los periodistas le preguntaron por el paro, empezó a mentir otra vez, como ya hemos visto, diciendo que se crearía a final de la legislatura, con tanta base para decirlo como para anunciar el nacimiento de un burro de tres cabezas. Dado que ni él cree sus trolas añade que "el gobierno sabe lo que hace", como si decirlo fuera equivalente a hacerlo cuando es obvio y patente que el gobierno no sabe lo que hace ni tiene ni la más cruda idea de hacia dónde tirar. Así quedó en evidencia el viernes cuando Sáenz de Santamaría, Montoro y Guindos evidenciaron que no tenían alternativa alguna al fracaso con el que, de hecho -quiera o no el zombi Rajoy- se ha cerrado ya la legislatura. Ni Dios ni la Virgen del Rocío saben cuándo volverá a crearse empleo en España, después del paso de estos inútiles carcundas por el gobierno.

A la vista de tan apasionante doctrina de que el gobierno sabe lo que hace, aunque sea evidente que no tiene ni idea, Rajoy asegura que no habrá crisis ni cambiará ministro alguno. Por supuesto. Hace bien porque tendría que empezar por él mismo que no solamente es el más inepto y embustero sino el que está más bajo sospecha de ser un corrupto.

La coronación del discurso del charlatán fue decir que, aunque la gente no lo vea, "estamos mejor que antes", que hace falta un "poquito de paciencia".

Paciencia en tanto te reprimen, te engañan, te roban, te echan a la calle y, encima, se ríen de ti mientras mandan a sus sicarios, regiamente pagados con el dinero de todos, a aporrearte.

Muy gracioso.

La decencia de dimitir.


Esta portada de octubre de 2010 de El Mundo perseguirá a Rajoy hasta el fin de sus días, como las furias a Orestes o el recuerdo de su doble crimen a Raskolnikov. Es muy duro haber pedido el voto prometiendo bajar el paro y encontrarse tres años después con que, una vez votado, el paro ha subido y uno ha abandonado ya toda esperanza de hacerlo bajar. Muy duro, desde luego. Pero, al fin y al cabo, no es muy extraño. Se dicen unas cosas y se hacen otras. Lo duro no es la contradicción sino su motivo. Lo duro de esa afirmación (hoy se ve que vergonzosa) es que trata el paro como un asunto de partido. Esto es, Rajoy no admitió nunca que el desempleo fuera consecuencia de una crisis ajena en todo al PSOE y en parte a la misma España. Al contrario, lo esgrimió siempre como consecuencia directa de las políticas del PSOE. Hizo lo mismo en su día con la política antiterrorista, convertirla en asunto de pugna partidista. Ahora, el paro, según Rajoy, tenía nombre: Zapatero. Échese a Zapatero, póngase a Rajoy y el paro empezará a reducirse. Nequaquam. Ha aumentado vertiginosamente gracias a la reforma laboral del presidente quien, además, avisa de que la cosa irá a peor. La cuestión, ociosa por lo demás, era si se engañaba a sí mismo o se limitaba a engañar a los demás.

Esta circunstancia deslegitima por entero el gobierno del PP y las confusas explicaciones de su presidente empeoran las cosas. Reconoce Rajoy haber hecho lo contrario de lo que prometió y hasta admite no haber cumplido su palabra pero, añade, como si así quedará justificado, ha cumplido con su deber. Al margen de la obvia consideración de que el primer deber de un hombre sea cumplir su palabra, esta lamentable excusa muestra un concepto del deber verdaderamente cómico porque si mandar al paro a un millón de compatriotas es cumplir con el deber, ¿por qué se metía con tanta saña con Zapatero, que había hecho más o menos lo mismo aunque a regañadientes?

Esa atribución partidista, esa personificación de los males de la patria en una figura diabólica, Zapatero, permite cargarlo con las más infames intenciones. Zapatero es un sablista porque la subida del IVA es el sablazo del mal gobernante a sus compatriotas. ¡Qué al pelo viene aquí el famoso aforismo de que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios! El mismo Rajoy es un sablista. Como no le gusta la idea, viene aduciendo ahora que estas cuestiones, el paro, el IVA dependen de fuerzas externas, de mandatos exteriores a los que debemos someternos. Pero él no reconoció esta posibilidad a su antecesor. Al contrario, lo cargó personalmente con las culpas, pidió que se fuera, elecciones anticipadas. Por mal gobernante y por sablista. Justo lo que es él.

La situación es idéntica. Insostenible. En el PP tiene que haber alguien con autoridad o audacia suficientes para plantear la cuestión de un cambio de gobierno. La prensa extranjera lo da por fracasado y agotado.
Quizá no al extremo que muestra el cartel contiguo, que hace un retrato categórico de la trayectoria personal de Rajoy, pero incapaz de continuar. Cierto, el interesado advierte que se siente con la  misma fuerza y energía que cuando tomó el mando de la nao. Pero eso no es garantía (casi al contrario) de que la nao llegue ilesa a algún sitio. Para ello tendría que salvar dos escollos y no parece capaz de hacerlo: el primero, el de la falta de una política económica alternativa a la aplicada hasta la fecha cuyos resultados a la vista están. Sostenella y no enmendalla. Muy hispánico. Y desastroso. O sea, muy hispánico.

El segundo escollo insalvable es el de la corrupción. Los malditos papeles del innombrable Bárcenas son una pesadilla, una piedra de molino atada al gaznate presidencial. En ellos se le vincula con la recepción de sobres con dineros irregulares, que se amplía luego a más sobres en otros papeles igualmente barcénigos de reciente aparición. Él en persona, su gobierno, su partido, aparecen  supuestamente inmersos en una tupida red de corruptelas que lo desautoriza, lo deslegitima por entero para el ejercicio del cargo.

(La tercera imagen es una foto de armakdeodelot, bajo licencia Creative Commons).