dissabte, 4 d’abril del 2015

La contabilidad de la banda, colgada en la red.

¿Se acuerda el lector de aquella contabilidad que el PP no quería entregar al juez Ruz, de la que decía que no estaba, que no la conservaba, que la había destruido, que la ley no le obligaba a entregarla que... que...? Mentira, como siempre; como todo lo que dice esta asociación de delincuentes para ocultar sus fechorías. Ahora está toda, desde 1990 a 2011, colgada en la red. Lo ha hecho Anonymous, que la subió a primera hora de la mañana a los servidores de acceso libre. La página de Anonymous en este momento está caída por exceso de tráfico pero, quien tenga curiosidad, puede ir al hashtag #cuentasDelPP, que es ya trending topic.
 
Son miles de páginas,  cientos de megabytes. No son los papeles de Bárcenas, ese otro requisitorio en que se recogen las mordidas que esta colección de sinvergüenzas estuvo repartiéndose durante veinte años, sino que es la contabilidad oficial de la banda, la que esta entregó al Tribunal de Cuentas y la que no entregó. Este Tribunal, por llamarlo de algún modo, un órgano compuesto por parientes, enchufados y correveidiles de los mangantes del gobierno, nunca tiene tiempo para analizar los papeles que se le presentan (y que ya están habitualmente llenos de mentiras), lo hace con cinco años de retraso y nunca encuentra nada incriminatorio, por supuesto. Por eso Anonymous pide ahora la colaboración ciudadana, para facilitar el trabajo a estos inútiles (que cobran una pasta de dineros públicos) para que haga el trabajo a través del análisis colectivo, la inteligencia colectiva.
 
El PP no afirma ni niega nada respecto a los papeles, pero ya ha presentado una denuncia por revelación de secretos, con lo que está admitendo que el contenido es cierto. Y sin duda que lo es. Después de Bárcenas, Camps, Matas, Rajoy, Cospedal, Arenas, Mato, Fabra, Monago, Sepúlveda, Galeote, "el albondiguilla", Granados, González y resto de la tropa, cualquier desfalco, fechoría o mangancia que aparezca resultará creíble. La antología del latrocinio es fabulosa. No debe de quedar caja en la que no hayan metido la mano, incluida la de los pensionistas.
 
Insisto, no son los papeles de Bárcenas. Esos son otros. En ellos están los nombres de todas las empresas del Ibex, constructoras, inmobiliarias y negocios diversos regidos por auténticos ladrones y truhanes (algunos de los cuales, como Díaz Ferrán llevan ya un tiempo entre rejas) que aportaban los dineros de la caja B con la que los galopines gobernantes, empezando por Rajoy, se forraban el riñón. Naturalmente, esas empresas no figuran en la contabilidad hoy colgada porque esta es la contabilidad A, ya que el PP llevaba -y seguirá llevando seguramente- dos contabilidades: la legal y la del choriceo, los sobresueldos, las mordidas y mamonadas, las reformas de las sedes, los gastos de las campañas electorales..., en fin, el robo institucionalizado.
 
Esta es la contabilidad A, la que se enviaba como se enviaba al Tribunal de Cuentas. Y aun así, lo que ya sale es suficientemente significatvo: cuarenta millones de euros en publicidad y gastos de representación. ¿Imagina el lector a qué llamará "gastos de representación" esta cuadrilla de mangantes? ¿A qué llamarán "gastos de representación los tipos que nombraron a los Blesas y los Ratos?
 
De la contabilidad se sigue que el principal financiador del PP, en millones de euros ha sido el Banco Popular, el banco del Opus. El 85% de los gastos del PP, financiados por el banco del Opus. En otros términos, el Opus tiene un partido, que se llama PP. Que, además, ese partido sea una colección de presuntos delincuentes, prueba que en este mndo de Dios hay de todo. Y por eso este gobierno está trufado de seguidores de esta triste secta ultrarreaccionaria, gentes como el dimitido Ruiz Gallarón o ese Fernández Díaz, evidentemente un desequilibrado con síndrome de cenobio. Y no solo eso: ¿alguien cree que es coincidencia la analogía de los nombres? Tanto el banco carcunda como su partido han prescindido del sustantivo en sus nombres publicitarios y se hacen llamar Popular el primero y Populares los segundos, en un  mensaje cargado de significado. El banco más reaccionario y el partido más antipopular monopolizan y substantivan el adjetvo popular con una finalidad evidentemente embustera y demagógica.
 
Y, mientras tanto, la oposición, sobre todo el PSOE, en Babia, tomándose en serio a esta partida de estafadores y contribuyendo con ello a engañar a la gente, en lugar de presentar una moción de censura de una vez con el argumento de que no es de recibo que un país esté gobernado por un partido al que un juez imputa un delito y por un presidente presunto beneficiario de ese delito por habrer cobrado dineros negros en B.
 
De verdad, es increíble.

Espartaco vencerá.

Pero no sabemos cuándo. De momento lleva 2.000 años de derrotas. Pero no ceja. No puede. La rebeldía es su naturaleza y su razón de vivir. Y de morir.

Capitán Swing acaba de publicar un libro de memorias parciales de Kirk Douglas titulado nada menos que Yo soy Espartaco. El título se las trae y demuestra lo importante que fue esta película para Douglas. Quienes la  hayan visto recordarán el momento en que Espartaco se identifica ante el pretor Craso y, de inmediato, todos los hombres de su ejército gritan al unísono ¡Yo soy Espartaco!, un Fuenteovejuna mil quinientos años antes pero tan electrizante como él.

No he leído el libro, aunque me propongo hacerlo, pues su contenido, por lo que se ve en el magnífico artículo de Iván Reguera versa sobre la truculenta historia del rodaje y cuenta los entresijos de la peripecia del guionista, Dalton Trumbo, al que el Comité de Actividades Antinorteamericanas puso en la lista negra de Hollywood en 1947 por actividades comunistas. Trumbo se acogió a la enmienda V de la Constitución y se negó a declarar y delatar a sus compañeros y, en 1950, pasó casi un año en la cárcel por desacato al Congreso. Con semejante baldón en la era macarthysta, el escritor era un apestado, un marginado, sobrevivió como pudo, tenía que firmar sus trabajos con seudónimo. El ostracismo duró muchos años. Un ejemplo: su novela pacifista Johnny cogió su fusil famosísima desde su publicación en 1939, con un premio nacional ese año, solo se hizo película (dirigida y guionizada por él) en 1971.

Douglas parece sostener en su libro que fue él quien rompió la lista negra, reconociendo públicamente el guión de Trumbo. Eso parece un poco lioso y hay quien sostiene que el autor no cuenta la verdad o solo parte de ella. Habrá que leer el libro para hacerse un juicio. Pero, sea cual sea este -si Douglas reconoció el crédito de Trumbo o si este lo forzó u otros factores- lo que nadie puede negar es que se requería valor para contratar a Trumbo como guionista en 1960. Era romper la black list. Y es un valor de Douglas. Lo había precedido, y ello ayudó sin duda, Otto Preminger, quien había confiado a Trumbo el guión de otro exitazo, Exodo, de Leon Uris-, e hizo público el nombre.

Junto a Trumbo aparece otro nombre del que no sé cuánto se tratará en el libro: Howard Fast. Y no es nombre menor dado que es el autor de la novela Espartaco, de la que sale el guión de Trumbo. Al igual que este, Fast era judío (si bien sus padres eran inmigrantes), militante del Partido Comunista de los Estados Unidos, que abandonó en 1956, con motivo de la invasión soviética de Hungría (Trumbo lo había hecho en 1948), también citado ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas, también se negó a declarar y a denunciar a sus compañeros y asimismo pasó tres meses en la cárcel por desacato. Fue en la cárcel en donde empezó a escribir Espartaco. Ignoro si el film reconoció la autoría de Howard Fast. Supongo que sí. Pero era tan comprometida como la de Trumbo.

Tengo especial devoción por Fast, un novelista prolífico.He leído muchos de sus libros, anteriores y posteriores a la novela sobre el esclavo tracio. He crecido con ellos. Me acompañó en la adolescencia y primera juventud. No es un gran novelista y su estilo es llano, sencillo, periodístico, pero siempre cuenta historias heroicas de pueblos y gentes en lucha por la libertad, ya sean Tom Paine, los cheyennes, los negros o... los judíos. Su historia de los Macabeos enciende el ánimo y su Historia de los judíos es un canto a la libertad. Curiosa época en la que la izquierda ensalzaba la lucha por la libertad de los judíos. Por eso puso Preminger a Trumbo en el guión de Exodo y por eso la película tiene tanta fuerza. Y ahí siguió el hombre, en esa actitud admirablente pugnaz contra las injusticias del mundo, como lo prueba en sus últimos libros, El proceso de Abigail Goodman, sobre el aborto y Greenwich, escrita poco antes de morir, en la que repasa en forma de ficción parte de su vida.

Howard Fast es esencial. Sin él no hubiera habido Espartaco, esa novela que, muy apropiadamente, empezó a escribirse en la cárcel, en una prisión parecida a los ergástulos que tan bien conocía el esclavo tracio que se alzó en armas en contra de Roma y la puso en apuros en la IIIª guerra servil o guerra de los esclavos.
 
La sublevación sucumbió y Espartaco murió en la última batalla del río Silario, en 71 a.C. Su nombre desapareció de la historia. Pero no había muerto. Resucitó en 1918, cuando Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht fundaron la Liga espartaquista a partir del Grupo Espartaco, con el que se habían integrado en el ala izquierda del Partido Social Demócrata Independiente, una escisión del SPD por la actitud de este en la Primera guerra mundial. Tanto Luxemburg como Liebknecht lucharon por mantener el Spartakusbund como una izquierda entre la socialdemocracia y los bolcheviques. Pero, a fines de 1918, la mayoría de espartaquistas apoyó la propuesta del enviado de Lenin, Karl Radek, de convertir la Liga en Partido Comunista de Alemania. Mes y medio después, ambos revolucionarios fueron asesinados por militares de la división de caballería. Hay quien dice que también con conocimiento del ministro del Interior, el socialdemócrata Noske, cuyos Freikorps reprimieron cruentamente la sublevación espartaquista de enero de 1919. Con la muerte de Mehring el mismo mes y el asesinato en marzo de Leo Jogiches, pareja de Rosa Luxemburg habían muerto todos los dirigentes espartaquistas. Como Espartaco. El espartaquismo volvía a apagarse.

Aunque no del todo. Resucitaría, al menos nominalmente, aquel mismo año de 1919 en el título de la famosa obra de Constancio Bernaldo de Quirós, El espartaquismo agrario andaluz que, refiriéndose a sublevaciones campesinas andaluzas en torno a la zona de El Arahal de muy distinta naturaleza y condición en el siglo XIX, evidentemente, echa mano de la resonancia del nombre del espartaquismo para calificar fenómenos que nada tenían que ver con él e, incluso, eran anteriores. Pero los elementos esenciales están: jornaleros, campesinos, explotados, prácticamente esclavos, sublevados y durante reprimidos.

Espartaco resurge en la inolvidable película de Kubrick/Douglas, de Trumbo/Fast. Y ahora de nuevo en este libro de Douglas que grita aun en su muy avanzada edad. Yo soy Espartaco.

Palinuro también es Espartaco, que algún día vencerá.

divendres, 3 d’abril del 2015

Mas habla de Podemos.

Mas tiene preparación y espíritu de empresario. Se parece en esto a su maestro Pujol, aunque va más por lo legal. Por lo legal del derecho privado; del público, ya es otra cosa. Profesa una idea empresarial de la política como buen neoliberal. Tiene un producto que vender: la independencia de Cataluña, y unos posibles clientes: el electorado catalán. Lo que está haciendo, y bastante bien por cierto, es vender su producto. Para ello, nada mejor que aterrizar en los EEUU, país tan simbólico de lo empresarial que su más famoso portaaviones se llamó Enterprise. Hacer negocios con los gringos, firmar acuerdos con el gobernador de California, un Estado de 38 millones de habitantes, viste y da caché en el viejo continente. En preparación del viaje, ha colocado una entrevista en primera en el Wall Street Journal que a saber lo que nos habrá costado y encima no la podemos leer porque el periódico es de pago. La Generalitat podía darla en abierto para ver qué dijo el Presidente con exactitud.
 
Porque de negocios habló poco. Lo hizo sobre la independencia de Cataluña y sobre Podemos. Es decir, fue a los EEUU a hacer ideología para consumo interno. Desde el principio estuvo claro que, en relación con Cataluña, Podemos llevaría su ambigüedad al extremo pero, precisamente por ello, su posición final sería contraria a la independencia. Así que Mas diputa la organización de voto unionista o españolista. Eso parece razonable. Podemos apunta a un voto catalán de izquierda españolista, al que también apuntan el PSC y EUiA, como en el resto del Estado. Cosa natural.

Mientras el ex-fiscal Jiménez Villarejo, de Podemos, dice a quien quiere oírle que los catalanes tendrán que pasar sobre su cadáver para llegar a la independencia, Pablo Echenique, cabeza de lista de Podemos en Aragón, asegura que Mas falta a la verdad porque Podemos no es españolista ni catalanista (igual que no es de otras cosas ni de sus contrarias) y que llegado el momento, en el proceso constituyente, se podrá discutir de todo y subraya el todo, pareciéndole que eso es suficiente para evitar el estigma de españolista o unionista. No es seguro si no cae en la cuenta de que la propuesta supone un vínculo con España en momentos en que los soberanistas ya no lo consideran o no quiere caer. Pero el efecto es el mismo. Esa respuesta no responde nada.

Solo dos observaciones, una de hecho, otra, hipotética. La de hecho: la hoja de ruta firmada hace dos días por CDC-Reagrupament y ERC excluye explícitamente todo reconocimiento de las consecuencias jurídicas de su proceso en el Estado español. La hipotética: los partidos soberanistas están sopesando la posibilidad de no concurrir a las elecciones de noviembre de este año por no reconocer ya el Parlamento español en Cataluña.

No, Echenique no da respuesta a la situación real, sino a un imaginaria. Pero eso es propio de los políticos.

Lo que también empeza a estar claro es que quizá Podemos sea menos adversario de lo que parece. No por razones ideológicas, en donde reina la más peregrina confusión, sino puramente electorales y cuantitativas. Podemos cerró ayer sus procesos de primarias en 13 comunidades, diez con triunfo de candidatos oficialistas y tres llamados críticos o así. En algunos casos, los candidatos obtuvieron el 100% de los votos. La cuestión, sin embargo, no es el carácter búlgaro de las votaciones, ya de por sí divertido en una organización "espontánea", "asamblearia",  sino su escasa participación. Los candidatos fueron elegidos por algo más del veinte por ciento de la militancia. Está por ver qué porcentaje del voto popular recogen luego. Hay una sensación emergente de declive acelerado de la formación. Como si la sobreexposición mediática la hubiera quemado. Algunos de los últimos episodios y, desde luego, la reyerta en IU, han sido demoledores. La prueba es la decepción de Andalucía, sobre la que se acumula ahora otra decepción respecto a la politica de alianzas. A estas alturas, o las elecciones de mayo detienen la tendencia y la invierten o el camino hacia las elecciones de noviembre, con el óbstáculo catalán en septiembre puede ser demasiado áspero y empinado. En castellano castizo: la formación podría no llegar a noviembre, como tampoco puedan quizá IU y UPyD.

Otra mujer asesinada.

Con otra mujer sobre la mesa de autopsias, víctima de "unos cuantos piquetitos", por citar el título del célebre cuadro de Frida Kahlo, los medios y el foro público se llenan de sesudas y horrorizadas reflexiones sobre lo insondable del alma humana, lo incomprensible de la violencia, lo enigmático de las relaciones de pareja, las contradicciones del amor, etc. En su post de ayer, El Patriarcado, bien, gracias, Palinuro ya largaba su parte de doctrina, insistiendo en la necesidad de tomarse en serio el asunto, no rutinizarlo, no trivilializarlo así como en que por "el asunto" no hay que entender solo los asesinatos, sino muchos otros aspectos y circunstancias sociales concomitantes, a veces aparentemente tan alejadas del crimen que, se dice, no son relevantes. Para eso, además, ya están las medidas legislativas y administrativas que se toman en todos los órdenes, los campos, los ámbitos. Si y no, porque faltan muchas cosas. Hay preocupación por proteger a las mujeres en todos los órdenes porque está claro que son más vulnerables. Pero ni esto es cierto. Es poco lo que cabe esperar en este terreno de una organización como el PP, cuya secretaria general dice muy ufana que las mujeres de su partido no precisan cuotas. Bueno, cierto, la afirmación es una tontería propia de quien la dice, pero también es cierto que esto de las cuotas queda lejos de la violencia de género y de lo que se llama feminicidio.

Sí, esta es la batalla más reciente. El término "feminicidio" no quiere decir nada y, además, no existe. Si no existe, se crea. Y sobre si quiere decir o no, júzguese: es feminicidio el asesinato de mujeres por ser mujeres. Es decir, es una forma de genocidio porque es un asesinato de una colectividad por un motivo específico. Se diferencia del genocidio en que se da en todos los continentes, países, razas, culturas y religiones y que no se sabe cuándo empezó y tampoco se sabe cuándo acabará, pues el exterminio del género, la solución final, tampoco será posible esta vez. El feminicidio es un genocidio permanente, desparramado, oculto, negado a la par que fomentado y combatido al unísono.

Su origen está en la educación, seguro. Pero no solo. Una educación no patriarcal no sirve de mucho en una sociedad patriarcal. Y, aunque fuera posible una educación no patriarcal en un mundo en el que, ya lo dijimos ayer, todas las religiones, las historias, las filosofías, las artes, las letras, son patriarcales, luego queda el ejemplo de los adultos. Una sociedad en la que una enorme cantidad de mujeres tienen asumidos los roles del patriarcado (basta con recordar a las cipayas del PP aplaudiendo a rabiar al ministro que proponía cercenar sus derechos) y los hombres, prácticamente todos, la tarea es ingente. Empieza por verse en la comprensión correcta del concepto de feminicidio.
 
Un cuerpo en una mesa de autopsias no es el comienzo de una historia de feminicidio sino, al contrario, su final. El final de una historia que quizá empezara en los años escolares de los protagonistas. Es muy duro, pero es así. El problema no es solo un tipo de educación u otro. El problema es comprender que el feminicidio empieza precisamente en donde debiera cortarse, en la educación y sigue a lo largo de la vida en los aspectos aparentemente más inocuos y distantes, costumbres populares, refranes, comentarios, usos matrimoniales, (no es preciso mencionar los países en los que la edad núbil de las mujeres está en la infancia), leyes, cuotas, vida profesional, trabajo, competitividad, abortos, divorcios, juzgados, presión social, opinión pública. Hasta que un cuchillo que a lo mejor viene dirigido desde una acampada en la adolescencia, encuentra el camino hacia el corazón de la víctima.

dijous, 2 d’abril del 2015

El patriarcado, bien, gracias.


El mundo occidental está gobernado por hombres blancos desde tiempos inmemoriales y desde hace menos, pero también mucho, cristianos, más tarde subdivididos en protestantes y católicos. En otros lugares tendrán otros colores y otras religiones. Aquí, hombres blancos protestantes/católicos. Se parece a lo que quería sintetizarse en la fórmula WASP - White Anglo-Saxon Protestant como clase dominante en los Estados Unidos. Para extenderlo, habría que ampliar el Anglo-Saxon a German, French y, con menos verosimilitud, Italian o Spanish. Y, desde luego, el Protestant se cambiará por Catholic en donde proceda. Pero lo que falta en todas las fórmulas es otro término en el que nadie repara: blancos, protestantes, católicos, pero hombres. Desde tiempo inmemorial. Hombres que llevan milenios pensando que las mujeres son seres inferiores con los que se puede hacer lo que se quiera. Hay, claro, variantes, aquí y allá. Se las puede vilipendiar y reducir a menos que nada, quemar por brujas o divinizar en el pensamiento del poeta, como la Beatriz de Dante. Pero siempre son el objeto del hacer o deshacer de los hombres, aquello sobre lo que estos se proyectan y sobre lo que se construyen. Sobre el vilipendio de las mujeres se edifica la identidad colectiva masculina, el patriarcado. Está en su religión, en su filosofía, en su arte y literatura, en sus leyes y hasta en su habla a lo largo de siglos.

Dios es macho. Esa transgresión de hacerlo mujer procede de la nostalgia ilusoria del matriarcado o del afán contemporáneo del feminismo por sacudir la complacencia contemporánea. Cuando la Filosofía habla del hombre se entiende que incluye a la mujer; cuando quiere referirse a esta, lo hace singularizándola como sexo. No abundan los tratados filosóficos del hombre como sexo. El llamado crimen pasional, ya desde antes de Otelo, goza de buena fama y es motivo de creación artística sin que nadie plantee el asunto desde el punto de vista de la víctima que, en el 99% de los casos, es mujer. Hasta hace bien poco las mujeres han tenido un estado jurídico de segunda clase o ninguna por estar sometidas a tutela. En Homero, cuando un viejo o una mujer toman la palabra en público, empiezan por disculparse por hacerlo, ya que lo público, el mundo, es de los hombres en la flor de la virilidad.

Es el patriarcado al que casi todo el mundo nos sometemos por dejadez y egoísmo. Hasta las mujeres. Incluso bastantes que se han afirmado como mujeres y simbolizan mucho en el imaginario feminista. Han sido mujeres excepcionales que han triunfado adaptándose a las pautas masculinas. También las ha habido que no lo han hecho y lo han pagado muy caro. Ha habido triunfadoras adaptándose a las reglas masculinas, como Hildegard von Bingen y mártires por la libertad de las mujeres, como Olympe de Gouges.

El Patriarcado prevalece porque, además de sus profundísimas raíces, impregna nuestra vida cotidiana. Porque quienes más podemos hacer por combatirlo, los hombres, no lo hacemos pues nos beneficiamos de él. Sin duda, en momentos críticos, como el del otro día, con tres mujeres y dos niños muertos a manos de tres energúmenos, alguno de los cuales se suicidó, aunque demasiado tarde, se organiza un (pequeño) escándalo, se barajan unas estadísticas, se recuerda que el machismo mata (ya que culpar al patriarcado no está bien visto), el gobierno dice alguna perogrullada y la vida sigue. Seguimos viviendo impregnados de machismo, escuchando y quizá propalando chistes denigratorios, admitiendo y quizá practicando esa costumbre mediterránea tan celebrada (incluso por mujeres) de los piropos. Estamos tan seguros de no ser machistas, es tan evidente que somos feministas, que podemos permitirnos la gracia de una gracia que vilipendie a las mujeres.

Y así, por dejadez, abandono y egoísmo, se mantiene el patriarcado. Porque nadie lo denuncia ni lo combate cuando se produce habitualmente en la vida cotidiana y, cuando se hace es tal chapuza que más valdría que no se hiciera. Por ejemplo, ese cartel de la guardia civil que es como un díptico. En una hoja, un retrato de un hombre con una leyenda como "cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre". En la otra, la simetría, un rostro de mujer con la leyenda "cuando maltratas a un hombre, dejas de ser una mujer." A cualquiera se le alcanza que tratar ambos maltratos por igual es un dislate; a cualquiera menos a la guardia civil, al parecer.

Es lo que sucede con el racismo. Está tan claro que no somos racistas que nos permitimos un chiste, un comentario, una reflexión racistas. La gente lo ha captado perfectamente en ese "yo no soy racista pero...". "Yo no soy machista, pero..." alguna se merece una tunda. Y todos asienten. Y ¿cómo no? Estamos por la causa, claro, pero no hay que perder el sentido del humor ni ser más papistas que el Papa. No hay que ser "políticamente correcto".

Es muy curiosa la mala fama de esa expresión. Al margen de los cavernícolas que barbotan disparates sobre la "corrección política" porque entienden que lo bueno en la vida y lo sano es mostrar quién manda en casa, las gentes normales también evitan emplear el término. Tampoco hay que ser tan "políticamente correctos", suelen decir a modo de explicación para ocultar que, en el fondo, no están dispuestos a llevar sus convicciones igualitarias a sus últimas consecuencias. 

En parte, Palinuro coincide con este juicio negativo general, aunque por otro motivo. La expresión "políticamente correcto" es inadecuada e innecesaria. Basta con hacer "lo correcto".

Y ¿qué es lo correcto? Lo sabemos tod@s: no hacer a nadie lo que no queramos que nos hagan.

dimecres, 1 d’abril del 2015

Esto sí que produce vergüenza.


Tania Sánchez era hasta ayer candidata de IU a la Comunidad madrileña, militante y dirigente durante 20 años de la organización de la "verdadera" izquierda, la imprescindible, con la que se iba a cambiar el mundo o, por lo menos, Rivas Vaciamadrid, etc., etc., mientras las masas despertaban de la modorra socialdemócrata. Su peripecia es conocida: en mitad de un confuso episodio de enfrentamientos y luchas cainitas, habituales entre comunistas y excomunistas, proyectos de convergencia con Podemos, un proceso judicial en marcha que la afecta en primera persona, se escinde con su grupo de la organización y le asesta un golpe mortal, yéndose a otra primero con pretensiones de dirigente y luego como mero refugio. Un caso típico de transfuguismo.

Y aparece en el programa de Ana Rosa a soltar metralla contra la organización que, hasta hace dos meses, aparte de ser la de la "verdadera" izquierda "transformadora", era todo en su vida. IU,  palanca de la emancipación de los trabajadores es hoy un desastre, un estorbo, un pecio con el que hay que acabar. El problema de IU no son las personas, como creen las gentes maliciosas, sino que es "estructural". No se sabe a qué se refiere con el término y dudo de que lo sepa ni ella. Estructural. Ha tardado veinte años en verlo y la vista coincide, solo por causalidad, con sus intereses personales de tránsfuga y de justiciable. IU tiene un problema "estructural" y lo que era el instrumento más eficaz para acabar con el capitalismo ha pasado a ser una rémora que solo obstaculiza el auge del nuevo "verdadero" instrumento "transformador". Y no de izquierdas "trileras", sino, a más a más, de izquierda y de derecha al mismo tiempo.

Esto es una vergüenza. En Podemos, nueva verdad "verdadera" y "transformadora" transformación, punta de lanza de la regeneración democrática y patriótica del país se habla mucho de Gramsci y la lucha por la hegemonía ideológica, de significantes, significados y construcción del relato. El valor, la autenticidad de esos discursos se miden con la práctica real de los discurseadores. La señora en cuestión se ha ido a airear sus miserias, sus excusas, sus acusaciones envenenadas, a asestar sus puñaladas traperas a un típico programa basura, un escaparate de la mendacidad burguesa, la manipulación, el mal gusto estomagante y la estupidización de masas. Vamos que si, en lugar de tratarse de un caso neto de transfuguismo, oportunismo y falta de escrúpulos y moral, se tratara de una trifulca de cuernos entre dos o tres famosos y otras piltrafas del oropel del capitalismo low cost, la cosa sería la misma. Y, mientras tanto, los sátrapas de la derecha riendo a mandíbula batiente al ver cómo estos gozques de la seudoizquierda apoltronada y enchufeta se muerden entre ellos, con todos sus seguidores y fieles "verdaderos creyentes", dispuestos a vapulear y despellejar a quienes osen poner en duda el lamentable verbo de esta partida de aprovechad@s.

El otro día se me ocurrió subir una observación crítica en FB sobre los conversos de Podemos, esa avalancha de excomunistas de IU convertidos a la nueva luz paulina que se pasan la vida atacando a los demás pero no soportan la crítica ajena y tuve que habérmelas con descalificaciones personales, impertinencias y densa bazofia. Que si hay una campaña contra Podemos, que si es una conspiración, que si el oro de Moscú, o la plata de Ferraz, o el plomo de La Moncloa o...

Largar contra tu anterior partido, en el que hay "tanta gente válida", desde la atalaya de uno de los programas de televisión más difundidos de la estupidez nacional, no es una campaña contra IU. Poner una organización que hace tres lunas era la quintaesencia de la izquierda más acrisolada a los pies de los caballos para justificar el transfuguismo y la estricta defensa de los intereses personales de esta buena señora no es una conspiración, ni un golpe bajo, ni una canallada, no. Es la razón en marcha con la que los nuevos iluminados van a asaltar los cielos.

Que los asalten, si pueden. Por si esta tropa lo consigue, yo me pido el infierno. Hay mucha más dignidad.

Barcegate y Mariano Nixon.


Son muchos los parecidos. La misma obstinación en no reconocer los hechos. Las mismas maniobras de todo tipo para tratar de ocultarlos. Las mismas triquiñuelas para destruir pruebas. El mismo aferrarse al cargo, supeditando el gobierno a su defensa procesal. Idénticas exculpaciones personales gimoteantes: "soy una persona honrada", "no estoy en esto por dinero", etc.

La acción lenta pero inexorable de la justicia deja cada vez menor margen y acogota a un gobierno presidido por el presidente de un partido que aparece imputado en un delito fiscal. Y esto que en cualquier país del mundo haría dimitir al presidente, no es sino el comienzo del via crucis de la corrupción. En el proceso de la Gürtel, primera sesión, la fiscalía ha traído un testigo sorpresa y las demás partes han pedido aplazar la vista mientras, al tiempo, recusan todo lo que se mueva. De estos asuntos, comparecencias inesperadas, nuevas pruebas comprometedoras, revelaciones destructivas, cabe esperar buena provisión a lo largo de la vista. Estamos en ese momento procesal que carece de nombre técnico porque el popular es satisfactorio: sálvese quien pueda.

El otro caso, el más grave para el partido y el gobierno, el de Bárcenas, se abrirá después de las elecciones. Pero eso no es consuelo porque son tantas sus ramificaciones que seguirá ocupando primeras durante todo este tiempo. Ayer mismo la jueza detectó pagos de sobresueldos a cargos del PP en Ourense atribuidos a la caja B, esa de la que todo el mundo menos Rajoy ha oído hablar y en la que muchos miembros del PP, hasta los de las tierras del Preste Juan, han metido la mano, menos Rajoy, claro es.

Pruebas de lo anterior. En este sálvese quien pueda, Bárcenas atribuyó el fraude fiscal del PP a Rajoy, Cospedal, Arenas y Acebes con una razón poderosa: los estatutos del PP confieren la responsabilidad financiera a los secretarios generales y los cuatro lo han sido. Rajoy también. De hecho, el asunto es tan obvio que, según parece, Ruz consideró la posibilidad de imputar al presidente. Al final no lo hizo, no se sabe bien por qué. De hecho, no imputó a ningún secretario general sino que se limitó a hablar del "núcleo dirigente" del PP.

Está bien claro quién es el "núcleo dirigente" del PP. Y se hace obligada una pregunta: ¿se puede ser gobernante de un país bajo riesgo verosímil de estar imputado en un proceso penal?

Esta cuestión ha llevado al PSOE, parte en la causa, a pedir que se impute asimismo a Arenas y Cospedal, pues Ruz ya lo ha hecho con el ex-jefe de prensa del primero. Curiosamente, el PSOE parece haber sopesado también la posibilidad de pedir la imputación de Rajoy, pero ha renunciado a ella. Sin que tampoco se entiendan bien las razones. Tan secretarios generales han sido Arenas, Acebes y Cospedal como Rajoy.

¿Por qué no se pide también en el recurso del PSOE la imputación de Rajoy? Probablemente por una razón que unos llamarán "sentido de Estado", otros "prudencia" y otros "miedo". La firme determinación de Mariano Nixon de hundirse con todo el partido en las próximas elecciones de mayo tiene preocupado a todo el mundo, empezando por los suyos. Los sondeos auguran pérdidas a granel . y hasta la Alcaldía de Madrid, convertida en el Gibraltar de Esperanza Aguirre, dama del Imperio británico, puede perderse a manos de una izquierda pintivariada cuyos dos puntos fuertes son Carmena y Carmona. A ver quién es el primero en sacar punta al binomio. Carmena ha arrancado muy bien, muy técnica, seria, en su sitio. Carmona debiera dejar de imitar a Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia. Lo hace fatal.

Así que el PSOE, perro ladrador pero no mordedor, por no complicar las cosas, no pide la imputación del máximo responsable político de esta trama. Si lo hiciera tendría que explicar por qué pide la imputación penal del presidente pero no le presenta una moción de censura en el Parlamento. 

Del "sentido de Estado" y la "prudencia" a la complicidad no hay más que un paso. 

dimarts, 31 de març del 2015

Dos años.


España se enfrenta a un reto para su supervivencia como Estado. El más grave de su historia reciente, al menos desde la guerra civil. Y, sin embargo, las fuerzas políticas españolas no parecen reconocerlo. Están absortas en sus conflictos en el conjunto del Estado. Este año es especialmente intenso: hay cuatro elecciones, se estrenan dos partidos nuevos, otros luchan por sobrevivir y el sistema entero cruje por la corrupción y el desgobierno. No hay tiempo para abordar la cuestión catalana. Pero esta no ha aparecido ayer; tampoco a raíz del comienzo de la legislatura de mayoría absoluta de la derecha, especialmente hostil al nacionalismo catalán, si bien esa hostilidad lo ha encarnecido mucho. Viene de antes, desde la peripecia del Estatuto de 2006, laminado en el Congreso y laminado de nuevo por el Tribunal Constitucional, luego de un referéndum aprobatorio en Cataluña.

Ya podían los partidos nacionalistas españoles haberse preparado, sobre todo el PSOE, para tener una actitud más abierta y dialogante. Entre otras cosas porque de él dependía la subsistencia de un PSC hoy raquítico. Pero ninguno hizo nada. El PP confía todo a la vigencia de la ley con una práctica de gobierno despótica y autoritaria en la que la ley dice lo que él quiere y, si no lo hace, se reforma. Y los demás la acatan sin rechistar. El PSOE, menos troglodita, se saca de la manga un difuso federalismo y una propuesta de reforma de la Constitución. Menos da una piedra, desde luego, pero es nada para enfrentarse a una iniciativa soberanista que en diez años no ha hecho sino crecer, hasta el punto de desafiar la soberanía española el pasado 9N y ampliando su iniciativa política con un objetivo claro: la independencia.

Ahí está el nudo de la cuestión, en la iniciativa política. El nacionalismo español, desconcertado, está a la defensiva, no tiene iniciativa y se enfrenta a la soberanista sin otra propuesta que la prohibición y, llegado el caso, la represión.

Ayer se firmó el preacuerdo entre fuerzas soberanistas catalanas para fijar la hoja de ruta a la independencia. El plan tiene unos objetivos, establece unos requisitos y fija unos plazos. Otro paso de iniciativa política, otra manifestación de soberanía de hecho. Firman CDC-Reagrupament y ERC, así como Omnium Cultural, ANC y AMI. Quedan fuera las CUP, de momento, EUiA, C's, PSC, Podem y, me figuro, aunque no estoy seguro, UDC. Las razones para objetar son muy diversas. Menciono la de EUiA por ser significativa: cuestiona el carácter plebiscitario de las elecciones de 27S.

Como siempre en democracia, los problemas se relacionan con las elecciones. El nacionalismo español insiste en que se trata de elecciones autonómicas ordinarias en el marco de la CE y que este no les reconoce carácter plebiscitario. Es el mismo criterio según el cual los catalanes no podían celebrar consulta alguna el 9N. El mismo que niega efectos jurídicos a la votación ese día. Las elecciones se celebraron, a pesar del nacionalismo español y a las del 27S no cabe negarles eficacia jurídica pues son legales. Si tienen o no valor plebiscitario dependerá de lo que suceda después porque es a partir del 27S cuando se genera una situación políticamente nueva con un Parlamento catalán iniciando un proceso de 18 meses (dos años a partir de ahora) hasta la independencia que se hará unilateralmente si no hay acuerdo previo alguno.

¿Por qué hubo elecciones de 9N? Porque el nacionalismo español (el de derechas y el de izquierdas) se negó -y sigue negándose- a reconocer a los catalanes el mismo derecho que el nacionalismo inglés reconoció a los escoceses, el derecho de autodeterminación. No se permitió referéndum y el referéndum se celebró bajo forma de consulta. Ahora se niega que las elecciones de 27S tengan carácter plebiscitario. Lo tendrán. No hay argumento para que no lo tengan. No lo hay de fondo pues los catalanes pueden llamar a sus elecciones como quieran. Pero tampoco lo hay de forma. Quienes digan que un parlamento salido de unas elecciones autonómicas ordinarias no tiene competencias para iniciar un proceso constituyente catalán tendrán que explicar por qué en España rige una Constitución que fue elaborada por unas Cortes ordinarias, no constituyentes. Claro, entonces no había una España vigilante de lo que hiciera España en tanto que ahora sí la hay vigilante de lo que haga Cataluña. Pero eso no es un argumento. Es una amenaza.

No es fácilmente comprensible por qué el nacionalismo español se niega a tratar con el catalán en el nivel que merece. Deben de intervenir muchos factores, incluso de naturaleza neurótica. Sobre todo, no se entiende por qué no acepta un referéndum de autodeterminación en Cataluña al estilo de los dos quebequeses y el escocés, los tres perdidos por los independentistas. No hay ninguna razón válida para negarlo como no sea un autoritarismo impresentable y una concepción patrimonialista del Estado y su territorio, propia de la oligarquía tradicional española, para la cual Cataluña es "tierra conquistada". Al negarlo, demuestra tener tanta confianza en la nación española que dice defender como en la generosidad de los banqueros.

Siempre se está a tiempo. La hoja de ruta deja abierta esta posibilidad cuando hace un inciso para comprometerse a Mantenir una actitud expectant respecte l'alternativa d'un referèndum vinculant per part de l'Estat espanyol sobre l'indèpendencia de Catalunya.

Si el Estado convoca un referéndum de autodeterminación en Cataluña, habiendo negociado condiciones, pregunta y consecuencias, no habrá recuperado la iniciativa política pero, cuando menos, se pondrá a la par. Y tendrá toda la legitimidad del mundo para defender la continuidad de Cataluña en un Estado español plurinacional.

Según cómo configure su oferta en el caso de una respuesta no independentista en el referéndum, incluso podría recuperar la iniciativa política. Soñar es gratis.

dilluns, 30 de març del 2015

El relato ausente.


El resultado de las elecciones andaluzas ha conmocionado al PP. Y no se entiende bien por qué. Debía esperarlo. Estaba cantado. Las encuestas coincidían. Los analistas, también. El candidato del PP era el candidato de Rajoy, persona no bienquista en general en España, en donde su valoración media es de 2,24 sobre 10, según el CIS. Margallo, un hombre temperamental, lo lleva al extremo: el resultado ha sido infinitamente peor de lo esperado. ¿Y qué esperaba? ¿Mayoría absoluta? Pues con un canto en los dientes porque esos 33 diputados y el millón largo de votos prueban que el PP tiene un suelo berroqueño en Andalucía. No votantes: fieles.

No obstante, hay malestar en las disciplinadas filas conservadoras. Se buscan culpables. Los mensajeros, como siempre, los primeros amenazados, o sea, los portavoces, portadislates y portaexabruptos, Cospedal, Floriano, Hernando y Casado, ese joven dicharachero que dice que "los de izquierdas son unos carcas: todo el día buscando la tumba de no sé quién", porque, evidentemente, no sabe qué significa "carca". Los mensajeros culpados de que el mensaje no cale en la ciudadanía. Los pobres mensajeros. Es cierto que estos son tan malos que, aunque hubiera mensaje, no lo trasmitirían. Pero, además, no hay mensaje. Lo dijo hace ya dos años un Feijóo clarividente: a este Gobierno le falta relato en época de crisis. No es solo que los mensajeros sean malos -como insisten en señalar otros dirigentes seguramente deseosos de ocupar sus puestos-, es que no hay mensaje. No hay relato.
 
Y ahora se ve la importancia de este, no por la derrota del PP, sino por triunfo de Ciudadanos. Esa es la verdadera razón del repentino pánico de la derecha. Otra opción conservadora pero innovadora, aparentemente limpia de corrupción, reciamente española y con un relato de regeneración.
 
La ausencia de relato, sin embargo, no es algo que pueda resolverse por un acto de voluntad. No es cosa de contratar comunicadores para que consigan comunicar un no-relato. Es cosa de averiguar por qué no hay relato. Y es sencillo: no lo hay porque, cualquiera sea el tema en tratamiento, el gobierno aparece implicado en la parte negativa. Prefiere no hablar. ¿Cómo va a hablar de corrupción un presidente que es su responsable político? ¿Cómo va a hacerlo el gobierno sobre la regeneración democrática sin verse directamente interpelado?
 
El gobierno no puede hablar de la crisis y sus felices augurios de recuperación porque nadie lo cree más que al Pedro del lobo. Sobre todo porque la gente no aprecia tal recuperación en su vida cotidiana, sino todo lo contrario, empeoramiento y más incertidumbre. Aquí no solamente no hay relato sino que, cuando se recita, suena a pitorreo.
 
El gobierno tampoco puede hablar de Europa porque España no pinta nada. Los mandatarios europeos se reúnen a tratar sobre Grecia y a veces se pasea por allí Rajoy con cara de entender poco, aunque luego, ya en casa, recuerde que las decisiones "se toman en la UE". Es la habitual mendacidad oculta del presidente ya que, al fin y al cabo, Berlín es la UE. Hay quien dice que es toda la UE. Es con Berlín con quien negocia Grecia. Pero ¿qué relato tiene el gobierno sobre Europa y Grecia? Ninguno. Que haremos lo que diga "Europa". La interpelación directa aquí al gobierno es por la vía más negativa posible: la de la inoperancia.
 
El relato del orden público está a cargo de un ministro que condecora vírgenes, envía guardias civiles de peregrinación a Lourdes, se recoge a sus devociones en el Valle de los Caídos e inaugura los cuarteles de la Benemérita acompañado de un obipo, hisopo en ristre. Casi mejor podría hacerlo el presidente de la Conferencia Episcopal.
 
 Montoro no puede hablar de Hacienda porque le sacan su empresa; Morenés tampoco de defensa porque le recuerdan la suya; Arias Cañete se fue del gobierno a Europa llevándose un emporio de las suyas. Ninguno puede decir ni pío sobre la crisis del sistema financiero y las cajas porque les sacan a Blesa y a Rato, dos luminarias en la negra noche de la corrupción. Nadie puede hablar que no haya cobrado sobresueldos o le haya tocado la lotería 17 veces seguidas o esté directa o indirectamente implicado en este desmadre y despadre.
 
 No, no es un problema de comunicación. Tiene razón Feijóo; es un problema de ausencia de relato.   

La astucia de la sinrazón.

IU nació en 1986 con la voluntad de aglutinar las diversas fuerzas de izquierda que se habían manifestado en el país a raíz del referéndum sobre la OTAN. Fue una decisión oportunista con la que se trataba de aprovechar aquel enorme ímpetu (6.872.421 de votos en contra, el 39,85 % de los votantes) para reanimar a un moribundo Partido Comunista. No solo oportunista sino también copiada, sin innovación ni originalidad, una pura imitación de fracasos anteriores. IU se presentaba como una organización de masas que, en la estela teórica leninista, llevaría a estas a su emancipación mediante el trabajo heroico y callado de su motor revolucionario oculto, el Partido Comunista de España. En ese invento se integró una serie de partidos y partidillos y algunas personalidades independientes como Antonio Elorza, según él mismo acaba de recordar en un artículo en El País, muy acertadamente titulado la agonía de IU, si bien trae 30 años de retraso. La suma de partidos y personalidades recordaba las entrañables organizaciones unitarias de la izquierda en el tardofranquismo y su espíritu general estaba plagiado del proyecto eurocomunista del denostado Carrillo en los años setenta: izquierda radical, nueva, plural, comunista pero menos, genuinamente democrática, no socialdemócrata y con un punto de patriotismo.
Esta fórmula oportunista, simulada, plagiada, no dio resultado ni en el mismo año del referéndum de la OTAN pues ni en este ni en ninguna elección posterior consiguió IU acercarse ni de lejos a aquel porcentaje del 39,85% de votos "no". Ni de lejos. 4,63% con Gerardo Iglesias en junio de 1986; 9,07% en 1989; 9,55% en 1993; 10,54% en marzo de 1996. En estas tres últimas convocatorias IU alcanzó su cénit bajo la dirección de Julio Anguita y sus pintorescas teorías de "las dos orillas", el "sorpasso" y su no menos pintoresca práctica de formar un frente de hecho con el PP contra el PSOE, su verdadero enemigo. Después de Anguita, el declive, en picado: 5,45% en 2000 con Frutos, aliado al PSOE; 4,96% con Llamazares en 2004; 3,77% en 2011 de nuevo con Llamazares; 6,92% en 2011 con Cayo Lara. Fracaso total, sin paliativos.
Treinta años de partido testimonial e irrelevante; treinta años de hueras palabras revolucionarias, de "izquierda verdadera y transformadora" que no ha transformado nada nunca porque no puede, pero que han servido siempre para lastrar los resultados electorales del PSOE, la única izquierda real que ha tenido este país, la única que ha gobernado, la única que ha desplazado a la derecha de siempre, la única que ha hecho algo.  Y, por eso mismo, la que se lleva todos las críticas e insultos de IU y de su heredero, Podemos.
¡Ah, pero en 2011 se abre una ventana de oportunidad! Los errores del PSOE, su falta de fondo y categoría, su ausencia de sentido crítico, su corrupción, adocenamiento, burocratización,  su traición a los principios socialdemócratas, su derechismo y su incapacidad para dotarse de dirigentes de alguna valía, lo llevan al punto más bajo de su apoyo electoral en toda la democracia: 28,76% del voto en las elecciones de 2011 consigue Rubalcaba quien, en lugar de dimitir ipso facto, decide quedarse, a ver si consigue destruir del todo el partido gracias a su evidente incompetencia y su talante derechista.
El PSOE en horas bajas. La crisis azotando de la lindo. El PP en la cresta de su fascismo nacionalcatólico. La fortuna la pintan calva o la dicha ventana de oportunidad. De nuevo la posibilidad del sorpasso. Hasta Anguita vuelve del limbo para derrotar, por fin, a la odiosa hidra socialdemócrata con ayuda de unos valientes e innovadores jóvenes que, a las escondidas, se han puesto de acuerdo con él para dar el golpe definitivo al PSOE traidor ya que, en realidad, todos ellos proceden de la cultura comunista y han militado directamente en el PCE o en sus proximidades de IU... Y surge Podemos.
Con el mismo espíritu oportunista, simulado, plagiado que IU, pero con renovadas ambiciones. Del plagio no hay duda. Palinuro lo ha dicho en varias ocasiones: en Podemos todo es plagio, desde el título de la organización, pasando por sus tácticas, sus consignas, sus fórmulas, conceptos, teorías y hasta el nombre del fundador. Una falta absoluta de inventiva y originalidad, disfrazada con un discurso teórico claro y que suena bien en abstracto, pero no tiene engarce real en el país. Podemos se valió de un ejemplo exitoso, el de Syriza para presentarse como  la renovación de la izquierda española, la tan añorada presencia de una izquierda libre, nueva, independiente, que no tuviera nada que ver con la socialdemocracia burguesa ni con el adocenado comunismo. Algo en lo que confiaron muchos, empezando por  Palinuro.
Una patraña montada sobre una curiosa conjunción de fuegos mediáticos de artificio que algún día analizaremos de cerca pero que ha fracaso por la incapacidad de sus protagonistas para entender la astucia de la razón. Una falta de inteligencia tan clamorosa que ha sustituido aquella razón por una pedestre sinrazón.
El éxito de Syriza estaba basado en un reparto de roles políticos bien pensado. Aunque sus miembros  eran en gran medida tan neocomunistas como los de Podemos, comprendieron enseguida que sus posibilidades de triunfo dependían de que la gente no los asociara con el partido comunista. Y este, a su vez, entendió el juego, presentándose con sus siglas a las elecciones... para perderlas. Lo suyo era el papel de perdedor para que Syriza, incontaminada de proclividades comunistas, pudiera ganar. Y así pasó en las últimas elecciones en las que el KKE obtuvo el 5,5% de los votos mientras que Syriza se alzó con el 36,3%.  Syriza, con 149 diputados hubiera podido formar coalición con los 15 del KKE y tener mayoría absoluta. Pero no lo hizo porque en Grecia la izquierda es más inteligente que en España y entiende de política. Se alió con unos fantoches de derecha extrema.
En España, Podemos ganó en las elecciones al Europarlamento porque se diferenciaba de IU, gracias sobre todo a que los estrategas de esta -que no saben por dónde sopla el viento- creyeron que se trataba de frikis, como Arriola, del PP. Cuando se vio que no y que había un auténtico peligro de sorpasso pero no a la italiana, sino a la griega, comenzó el habitual tumulto, con todos los miembros de la federación queriendo converger atropelladamente con Podemos, sin darse cuenta de que esa convergencia sería mortal para esta formación que aparecería -y de hecho ya lo hace- como una confusa mezcla con los comunistas en todas sus variantes: convergentes, divergentes, madrileños, federales y selenitas. Las dos piezas mayores que llevan a IU hacia Podemos y que Podemos, por razones distintas, no ha conseguido neutralizar, son Tania Sánchez y Alberto Garzón. El destrozo que han hecho ha sido completo y, como les parecía poco, han mandado un torpedo a la línea de flotación de Podemos bajo la forma del verbo siempre engolado y absurdo de Mícer Anguita.
En resumen, IU se hunde, y puede arrastrar a Podemos. Es posible que aquella no llegue ni a mayo. Y ya se verá si Podemos llega a noviembre.