dimecres, 7 d’octubre del 2015

La obra de arte total (y dos).

Pues sí, en la segunda parte del paseo por el Teatro Museo de Dali podemos saltarnos alguna sala. No hay problema. No son secuenciales. La de Mae West es toda una experiencia en sí misma. Una habitación surrealista que es el rostro de la famosa actriz estadounidense en tres dimensiones, a partir de un guache que pintó en una hoja de periódico allá por 1934-35. Ahora, el conjunto, otro ready made produce una fuerte impresión por la luminosidad, el colorido, la audacia misma de la idea, la trenza rubia oro, la nariz con dos fuegos en las fosas, el sofá en forma de labios, todo apabullante. Tanto que se pierde de vista la figura de Mae West. En aquellos años treinta, estaba en el apogeo de su fama, era la persona mejor pagada de los Estados Unidos después de Hearst. Era, además, un potente icono sexual en lucha abierta contra la gazmoñería y la hipocresía, célebre por sus citas, algunas de las cuales son casi cultura popular: "Cuando soy buena, soy muy buena. Cuando soy mala, soy mejor." Dalí y la inmensa, inabarcable Mae West. Riánse de Marilyn Monroe y Andy Warhol. A partir de aquellos años empezaría la persecución de las ligas puritanas a West ya hasta los años cuarenta. La sala está repleta de otras maravillas, entre las cuales llama la atención una especie de holograma que Dalí llamó Paraíso y una curiosísima interpretación de la Virgen formando la vía láctea que los pintores españoles pusieron como ilustración del milagro de San Bernardo, única forma de que los curas les dejaran pintar un desnudo de mujer oprimiéndose un seno del que sale un chorro de leche.

Volviendo al itinerario, en la llamada "Sala del tesoro", efectivamente, hay tesoros incalculables. La Leda atómica, de 1949, otra vez Gala, claro, cuya relación con el cisne es perfectamente platónica y todo en la pintura está como suspendido al margen de la ley de la gravedad. Por ahí aparece también la panera del pan (1945), un trampantojo doble porque además de la mesa y la panera, el pan parece sacado de un cuadro de Sánchez Cotán. El cuadro de Gala de espalda mirando un espejo invisible,(1960), otra vez Gala, es una típica broma daliniana porque si hay un objeto que los pintores amen pintar es el espejo, que aquí estamos obligados a imaginarnos mientras vemos una imagen que no es imagen sino la cosa verdadera.

La sala vecina, peixateries y cripta acumula referencias muy gratas de ver y cargadas de historia. El autorretrato con L'Humanité (1923), mezcla de óleo y collage, habla de los tiempos en que a Dalí, impulsado por la corriente surrealista, le dio por pensarse comunista. Era la época en la que los surrealistas se consideraban a sí mismos "al servicio de la revolución". Las relaciones del surrelismo con el Partido Comunista francés fueron siempre muy problemáticas, dado que el surrealismo, heredero directo del dadaísmo, se llevaba muy mal con la dogmática comunista. No obstante, en los primeros tiempos, comienzo de los años veinte, aquella alianza parecía ser prometadora. Sin embargo,  siempre he pensado que el autorretrato de Dalí en el que el pintor se representa con rostro de máscara y sin boca, tenía que tener algún profundo significado de repulsa al espíritu comunista. De 1928 es el Ocell putrefacte, categoría que los jóvenes rupturistas que Dalí encontró en la Residencia de Estudiantes, Lorca, Buñuel, Pepín Bello, habían acuñado para referirse a todo aquello caduco que rechazaban, porque era "lo putrefacto". En cualquier caso, lo más impresionante de la sala, el fantástico Retrato de Pablo Picasso en el siglo XXI (1947), un disparate absoluto pintado a modo de busto clásico sobre su correspondiente peana como ejemplo de una serie que se anuncia en el propio título para que uno se imagine una galería de hombres ilustres. La representación de Picasso es, de nuevo, la radiografía del genio hecha por otro. Y las relaciones de sentido que quieran hacerse se pierden en el laberinto que dibuja el nummulites que adorna el rostro del artista como el cuerno retorcido de un macho cabrío. Y eso sin irnos al bloque pétreo de la cabeza, impresión directa del peso de la inmortalidad.

Pasada la sala Mae West, la escalera del segundo y tercer piso, que lleva a la exposición del pintor Pitxot, muy importante en la vida de Dalí, que aprendió bastante de su padre, trae las reproducciones de las alucinadas obras de Piranesi, el grabador y dibujante del XVIII, cuyas imágenes, como las cárceles de invención, una vez que se han visto, ya no pueden olvidarse y es una sensación tanto más extraña cuanto que rara vez contemplará uno un grabado de Piranesi que haya conseguido comprenderlo, entenderlo en su complejísima y amenazadora organización que mezcla piezas arquitectónicas, pìedras, con todo tipo de máquinas. Colgados del hueco de la escalera, dos preciosos disfraces venecianos con sus correspondientes máscaras. Y, por supuesto, la Venus de Milo con cajones (1964). He leído docenas de interpretaciones de estos cajones, que ya estaban en la premonición de la guerra civil, de 1938, todas muy acertadas. El hecho es que los cajones están ahí y apenas se notan, con sus tiradores tan anatómicamente situados.

En la sala de obras maestras, los autores que Dalí coleccionó. No me parece muy relevante que sean estos u otros. Fueron los que probablemente le salieron al paso. Imagino que él se buscó el de Bouguereau que le entusiasmaba. Es algo sorprendente salvo que viera en los desnudos del amanerado pintor francés premoniciones de Gala. Dalí, en realidad, veía cualquier cosa en cualquier parte, a veces dos. Recuérdese el desnudo de Gala de espaldas que, cuando te alejas 20 metros, se convierte en Abraham Lincoln.

En el Palau al Vent, el fresco del techo es algo asombroso. El propio Dalí y Gala sosteniendo la bóveda del mundo y el sol que irradia su luz, todo en la perspectiva obligada de sotto in sú, que convive con multitud de figuras colaterales, adyacentes, también cargadas de simbología y significado, incluido un autorretrato de Dalí con Gala, sentados en el bordel universo, viendo el mundo. El resto del espacio, objetos que son obras de arte por sí mismas contribuyendo a otras obras de arte hasta llegar a la exquisitez del objeto surrealista de funcionamiento simbólico (1931). Sobre el lecho, ¡y qué lecho!, con patas de tritones, una reproducción de la persistencia de la memoria (1931), cuyos relojes blandos han llegado a ser tan representativos de Dalí como sus bigotes. Al salir de la sala, una vitrina con el motivo del Ángelus, de Millet y un ejemplar de su libro dedicado a esta obra como exposición del método paranoico-crítico. Vuelve Freud en la interpretación del rezo de los dos campesinos franceses pues, sostiene Dalí, lo que están haciendo es enterrando un niño.

Cuando ya no le quedan a uno fuerzas, atrapado entre tanta maravilla reinventada, trastocada, cambiada de lugar, reconstruida, atraviesa la Torre Galatea, con su princesa cibernética, hecha a base de circuitos y chips y su reproducción del templete de Bramante como un pabellón carmesí. 

Vuelto a la realidad de un mundo anodino, hay que reconocer que jamás agradeceremos suficientemente los tesoros que los genios nos regalan con su obras, pues su contemplación nos cambia la vida. Nos hace otros. 


(La imagen es una foto de Markoh K. Marrero).

dimarts, 6 d’octubre del 2015

Cuatro años de saqueo.

Estamos ya en la precampaña de las últimas elecciones de este trepidante año que ha visto cuatro: las andaluzas, las municipales, las catalanas y, ahora, las generales. Hora, por tanto de hacer balance de estos cuatro años de legislatura de la derecha con mayoría absoluta.

Empecemos por la figura del presidente. Abrió su mandato admitiendo que no había cumplido su palabra con el programa electoral pero que "había cumplido con su deber". Qué deber sea ese que no incluye cumplir con la palabra dada que es el primer deber de toda persona digna es un misterio. Será un deber con las potencias infernales o, lo más probable, un deber con sus compadres de mafia y saqueo en España, pues si él inauguraba su mandato en 2011, el tesorero lo ganaba por muchos años y, en general, el partido llevaba presuntamente más de veinte financiándose de modo irregular, y sus miembros robando a mansalva.

No solo arrancó su mandato mintiendo, sino que siguió haciéndolo. Se negó a dar conferencias de prensa o ruedas con preguntas. Inventó la comparecencia a través del plasma, barrera tecnológica tras la que se refugian los cobardes y los que tienen cosas que ocultar. Se negó a rendir cuentas. Él que, entre los numerosos embustes que soltó en campaña electoral, decía que daría siempre la cara. No lo ha hecho nunca. Lo cual no quiere decir que la tenga menos dura que cualquiera de los ministros tras los que se parapeta. El personaje es un inmoral a quien las formas molestan pues solo le importa su beneficio.

Poco a poco, según se destapaba el caso Gürtel, los papeles de Bárcenas, las mangancias de Camps, las de Matas, etc., se ha podido ver que no se trata solo del beneficio personal de Rajoy sino que el partido es una máquina organizada para cometer presuntos delitos y fraudes. Lo hace a través de una red mafiosa que involucra a muchos dirigentes del PP y docenas de militantes con empresarios delincuentes o funcionarios corruptos. Desde su mismo origen, el PP se concibió como una manera de organizar a quienes, so pretexto de defender una ideología que desconocen, lo que quieren es saquear el país, expoliar el erario, defraudar a la gente, enriquecerse ellos y sus amigos al precio que sea y enchufar a familiares y deudos, y todo esto mientras unos medios comprados y unos periodistas vendidos cantan las excelencias del neoliberalismo, el libre mercado y la lucha contra el intervencionismo estatal.

El partido al que pertenece Rajoy desde su fundación y del que es ahora presidente, es un chollo para todos los que militan en él. Entre los beneficiarios de las adjudicaciones fraudulentas, de las falsificaciones y sobornos, entre los enchufados en las administraciones públicas entre amigos y clientes, se llega a una respetable cantidad que explica por qué el PP afirma tener 800.000 afiliados. Son 800.000 aspirantes a enchufes, saqueos, mamandurrias, a vivir robando de lo público mientras se habla mal de él.

El propio comportamiento de Rajoy es absolutamente indigno de un presidente de gobierno. Mintió al Congreso de los Diputados en una comparecencia de 1º de agosto de 2012 a la que se vio arrastrado por la amenaza de una moción censura. Si hubiera sabido que los socialistas amenazaron por una vez con algo que no tienen redaños para presentar, ni habría comparecido. Su desprecio por el parlamento es proverbial. Ni siquiera lo deja legislar. España se gobierna hoy mediante decretos-leyes, es decir mediante decisiones arbitrarias del ejecutivo, que cambia la ley cuando le da la gana sin consenso alguno. Esa misma ley que los catalanes tienen que obedecer a rajatabla. Él mismo está acusado de haber cobrado grandes cantidades de dinero negro y de haberse beneficiado personalmente de regalos en especie de una trama corrupta compuesta en realidad, por sus mismos hombres. En cierto sentido lógico, compuesta por él mismo, puesto que está al frente de esta manga de ladrones.

Tendría que haber dimitido al comienzo de su mandato, cuando se descubrió que cobraba sobresueldos. Pero se aferró al cargo como una lapa. En el extranjero es el hazmerreír de sus compañeros, todos los cuales entienden alguna lengua, además de la suya. Este zote ignora todas, incluida la propia. Como quedó claro ayer en el intermedio, ni siquiera sabe pronunciar Don Tancredo.

Por eso, en lugar de dimitir, se rodea siempre de gente peor que él en todos los sentidos: más inculta, más tonta, más ignorante, menos educada. Y, al final, en efecto, cuenta con un gobierno con niveles intelectuales como el de Ana Mato, José Ignacio Wert o Fernández Díaz, gente inenarrable que parece sacada de un jardín de bufones o rabaneras del tipo Esperanza Aguirre, más en el estilo de las astracanadas de Carlos Arniches. 

Todo lo anterior, la falta de honradez, de ética, de moral, la mentira sistemática, el falseamiento de los datos y las estadísticas, la injerencia en los otros poderes del Estado para ponerlos al servicio del gobierno, explica el descrédito de los partidos y la política en españa. La contaminación y destrucción de todas las instituciones del Estado, la administración de un régimen ficticio, montado sobre una sarta de mentiras y legitimado por una legión de propagandistas en los medios que cobran un dineral de los fondos públicos por hacer política y demagogia a favor de sus amos, pasa por ser un debate democrático "normal", según los turiferarios de la derecha, siendo así que el debate público en el país está manipulado y monopolizado por ella, especialmente la más retardataria que es el nacionalcatolicismo de esta iglesia.

No es justo achacar este desastre generalizado a las prácticas nefandas de un solo personaje como Rajoy porque intervienen otros factores como el autoritarismo tradicional de la derecha, la demagogia populista que se gasta, la manipulación e instrumentalición asfixiantes de todo debate democrático. Pero su comportamiento concreto, ya desde los años de la presidencia de la Diputación de Pontevedra, muestra  que Rajoy ha hecho la aportación decisiva al desmoronamiento de las últimas apariencias de Estado democrático de derecho, sustituidas por una realidad de acción despótica, autoritaria, represiva, de semidictadura.

La desmoralización de la sociedad es imparable. El país se ha hundido en la pobreza, la miseria, la exclusión y hay crecientes cantidades de jóvenes que emigran empujados por la necesidad y el paro y no porque tengan "espíritu aventurero", como dijo la ministra de Trabajo en su momento, una absoluta idiota que jamás ha trabajado en su vida. Esa desmoralización procede de comprobar que, habiéndose beneficiado la familia de Rajoy de su connivencia con el franquismo y habiendo salido él y sus hermanos muy bien compensados y colocados gracias a su complicidad, en su inmoralidad y granujería, lo contaminan todo. Han puesto los jueces a su servicio y destruido todas las instituciones de representación y control.

El país no es una Estado de derecho democrático sino un negocio de una oligarquía mafiosa que, con la bendición de los curas (también muy beneficiados en el expolio) se reparte el botín al tiempo que reprime todo intento de crítica o de protesta.

Frente a esta situación, ¿que hace la izquierda? Nada. Nada de nada salvo discutir por estupideces porque saben que los puestos, cargos y poltronas que ahora tienen en su mayor parte van a conservarse y, por lo tanto, no están interesados en encontrar una fórmula ganadora en las elecciones, lo que les obligaría a trabajar y no podrían mantener sus privilegios.

La derecha produce indignación; la izquierda, risa.

La obra de arte total.


El Teatre Museu de Dalí en Figueres.
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Cuando Richard Wagner se valió del concepto de obra de arte total en 1849, Salvador Dalí todavía no había decidido nacer, por expresarlo de una forma daliniana que deje constancia desde el comienzo de que Palinuro es un incondicional del pintor de Figueres. Al hacerlo finalmente en 1904, hijo de un notario, en uno de esos irónicos quiebros que tiene la naturaleza, fue con el claro propósito, entre otros, de crear una obra de arte total. El destino lo puso en alguna ocasión en contacto con Wagner, por ejemplo, cuando pintó los escenarios para Tristán e Isolda, la historia de un amor hasta la muerte. Y es posible que esto le diera que pensar y, andando el tiempo, creara este Teatro Museo que, cual su nombre indica, quiere fusionar las artes escénicas con las plásticas y las literarias, como Wagner que, por supuesto, ponía en primer lugar la música.

A este logro contribuyó igualmente la irreverencia surrealista en la que Dalí participó desde el principio y tanto que aún hoy sigue estando catalogado como "pintor surrealista" a pesar de que su genio reventó las costuras de este estilo. Como haría con todo los demás anteriores o posteriores, el cubismo, el futurismo, el abstracto, el hiperrealismo, hasta afirmar el suyo propio. Un estilo inimitable por su inmensa variedad de registros y que por tanto, no tiene nombre, salvo el de "estilo dalinista", que no dice nada, o el de estilo paranoico crítico, puesto por él mismo, pero que no abarca el conjunto de su obra.

Dalí trabajó en este teatro museo los últimos treinta años de su vida, cambiándolo, reformándolo, alterándolo, tratándolo como lo que era: como un ser vivo. Un ser vivo lleno de aquellos artilugios creados por Marcel Duchamp, un gran amigo del matrimonio Gala-Dalí, los ready-mades. El inmenso edificio que alberga el Teatro Museo se encuentra al otro lado de la calle de la iglesia en donde Dalí fue bautizado porque, como él gustaba de señalar, era "católico, apostólico y romano", cosa que no debe extrañar a nadie porque, como buen genio, Dalí era lo que quisiera ser. Y ese edificio en su conjunto es otro inmenso ready made. Quien entre en el patio y vea en las paredes a la altura de la tercera planta los lavabos de loza, quizá de la marca Roca, pensará en uno de los ready mades más famosos de Duchamp, el que muestra un urinario de pared.

Los enormes huevos que decoran la fachada son una referencia a la pintura metafísica italiana a lo Giorgio de Chirico, muy presente en el museo. Son la representación física de la esencia primordial. El huevo es el origen de todo y simboliza el eterno retorno. Pero no nos quedemos solo en esa sencillez. También antes de entrar saluda al visitante una estatua del pintor Meissonier por el que Dalí tenía devoción, como la tenía por otros, como Bouguereau o Fortuny, de estilos mucho más convencionales (pompiers y casacones). Lugar muy destacado también para el filósofo catalán Françesc Pujols, con quien trató mucho, sobre quien escribió un libro, pintó un cuadro y, finalmente, hizo la estatua drapeada que hay a la entrada del Teatro con un aspecto inspirado en el porte de Montaigne. Un símbolo discreto para quien recuerde que Pujols tenía a Llull y Ramon de Sabunde como los fundadores de la ciencia en su tiempo, habiendo este merecido que Montaigne lo tradujera al francés.  Hay otras estatuas en la fachada, algunas muy famosas, como el monumento a Newton o el obelisco TV, pero no es posible detenerse en ellas. El Teatro Museo aguarda.

A su vez, este es indescriptible en su totalidad porque devora al curioso como la ballena a Jonás y arrebatándole toda posibilidad de distanciamiento o juicio crítico. Todo, absolutamente todo, dentro del Teatro Museo es arte, desde los suelos a los techos, los sofás, los muebles, las lámparas o los postigos de las ventanas. Lo único que puede hacerse es seguir un itinerario y hablar aquí y allá de algunas de las piezas más relevantes, haciendo inmensa injusticia a todas las demás. Saluda al visitante en el patio el famoso taxi pluvioso que concentra mucha atención hasta que, elevando la vista, se divisa la nave de Gala, lo cual ya preanuncia lo que nos vamos a encontrar de sopetón al entrar en el gran espacio de la cúpula, el inmenso mural con esa curiosa forma andrógina y figura quebrada y muda con una puerta en el pecho que lleva a la Isla de los muertos, de Böcklin, otro de los referentes dalinianos. Como el mural no tiene título y solo los nombres de Gala y Salvador Dalí, en realidad, lo que nos saluda es un gigantesco epitafio, el amor de Gala y David, como el de Tristán e Isolda, hasta la muerte.

En este inmenso espacio vestibular, casi catedralicio, se tropieza uno con algunas de las obras más curiosas del autor, como el famoso trampantojo de la doble imagen de Gala desnuda y el rostro de Lincoln (1975). Hay cientos de teorías sobre la extraña, absorbente, quizá demencial relación de Dalí con Gala, la que fue esposa de su amigo Paul Éluard. La omnipresencia de la mujer, modelo, musa, esposa es apabullante. Tanto que quizá no sea una presencia en la obra de Dalí como la obra misma. O sea, para Dalí Gala era como Beatriz para Dante, su razón de existir y crear. Y más, hasta su alimento, su comunión. Su célebre retrato de Gala con dos chuletas sobre el hombro evidencia, según explicación del propio autor que desea comerse a Gala.  Cuando se contempla a continuación en la llamada "Sala del Tesoro", el retrato de Gala de 1945, titulado Galarina, se repara en que su visión es la de la Fornarina, de Rafael. Probablemente por eso le caiga tan bien Ingres, porque tenía la misma querencia.

Tiene su chiste que en esta sala se encuentre también la apoteosis del dólar (1965), una clara prueba de que los ataques ajenos no le alcanzaban. A raíz de la ruptura del pintor con el surrealismo, Breton hizo un malvado juego de palabras con su nombre diciendo que este, en realidad, era Ávida dollars. Aun así, ahí está esa obra increíble en la que el autor introdujo todo lo que le pareció: a su amigo Duchamp, disfrazado de Luis XIV y a sí mismo autorretratado como Velázquez, pintando, cómo no, a Gala en presencia de Beatriz. Hay muchas más cosas en este sorprendente óleo pero lo visto sirve ya para inquietarse: Dante, Rafael, Ingres, Velázquez, en otros casos, Miguel Angel, Leonardo, Picasso, ¿este hombre se ponía en lugar de cualquiera? ¿No tenía límites? No. El genio carece de límites. Él crea un mundo, se identifica con los de los demás y los modifica a su antojo, sin pedir permiso. ¿No tienen los dos, Dalí y Picaso una verdadera fijación con las meninas de Velázquez? Y mira que los tratamientos son distintos.

También se encuentra aquí una de las referencias a Freud y, más concretamente a su Moisés y la religión monoteísta, que plantea la cuestión que el mismo Dali expresa: Moisés, en realidad, era egipcio. Eso explica muchas cosas y resulta razonable que el artista haya hecho instalar en un extremo del pasillo por así decirlo "freudiano", una reproducción del Moisés de Miguel Ángel, el que provocó ya el enfrentamiento entre el Papa y el escultor. El fondo freudiano en la obra de Dali emerge de vez en cuando y dio resultados curiosos. Más de 15 años después de filmar El perro andaluz, con Luis Buñuel, Dalí volvió al cine contratado para pintar los decorados de la pesadilla de Spellbound (1945), de Alfred Hitchcock. Apenas quedó nada de ella; un par de minutos, pero son suficientes. En realidad, probablemente esa no fuera la mejor forma de usar a Dalí para el cine sino la que él mismo se inventaría en el retrato de Mae West, convertido aquí en un verdadero ready made que fascina a los visitantes.

Pero de eso trataremos en el post de mañana, con la segunda parte de Dalí porque esta está siendo ya muy larga.


(La imagen es una foto de Wikimedia en el en Public Domain).

dilluns, 5 d’octubre del 2015

Duelo de titanes.


A veces la política se hace literatura, fábula, mitología. Ahí están los estrategas del PSOE dando forma a la campaña electoral en lo que el periódico llama duelo entre Sánchez y Rajoy, ignoro si por inspiración propia o ajena. La campaña concebida como un enfrentamiento entre los dos líderes de los dos partidos dinásticos. El término duelo en su faceta de reto, ha perdido mucha mordiente. En el siglo XIX, los duelos se resolvían en el campo del honor, con arma blanca o de fuego y a primera sangre o a muerte. Así murió mucha gente, entre ella Puchkin, Lermontov y Ferdinand Lassalle, el rival de Marx en el corazón de la clase obrera. Los motivos, normalmente puntos de honor. Quizá sea por la desaparición de este, del honor, por lo que hoy puede hablarse de duelo cuando se trata de una competición electoral.

Rajoy y Sánchez son los dirigentes de las dos fuerzas más numerosas y de los que la población está esperando un encuentro, un debate, un cara a cara en el campo del honor de hoy que es la TV y el ámbito mediático. Se ven como dos titanes en lucha por la supremacía. Solo que aquí de nada valen la fuerza o la habilidad con la espada o la pistola. Lo que cuenta es la fotogenia y el saber estar en pantalla en medio de los debates. Es preciso dar imagen de solidez de principios y flexibilidad, al mismo tiempo; de ingenio y de rigor. A Rajoy lo tiene la audiencia muy visto y oído y es poco probable que cambie en esta campaña cuando, además, presenta como acierto y conquista precisamente eso, no hacer nada y esperar que los problemas desaparezcan por sí solos y poco a poco. Sánchez está por probar y, a juzgar por lo visto hasta ahora, su mayor peligro es la sobreactuación, el deseo casi infantil, de estar en todas partes al mismo tiempo.

Rajoy está tan preparado para las exigencias del mundo mediático como para escalar el Everest. La gente además, lo ha calado desde el principio y así se explica esa bajísima puntuación que obtiene siempre en la estima popular. Su prestigio es tan inexistente como su crédito. Nadie cree una palabra de lo que dice. Incluso una corriente de opinión sostiene que cabe una contracreencia basada en la idea de que la verdad es siempre lo contrario de lo que Rajoy defiende. Basta con ver el trato que recibe en las redes, que son el foro contemporáneo.

Se relación con la realidad mediática es compleja. Rajoy es un político de corto vuelo y recorrido, acostumbrado a los ámbitos reducidos, los amigos del casino y poco más. El gobierno, la administración de un país, es algo muy distinto del de una diputación provincial, que es el modelo al que se ajusta su comportamiento. Tiene terror a las comparecencias públicas y verdadero pánico a responder a preguntas no pactadas previamente. No se fía de sí mismo. Y hace bien. Sus colaboradores tampoco se fían de él, así que le dan por escrito todas sus intervenciones en un tipo de caja muy alto y le ordenan que no se salga de ahí y, por el amor del cielo, que no improvise. Porque, cuando lo hace, lo estropea todo a fuerza de sinsorgadas.

El titán Sánchez tiene mucho mejor imagen mediática y una gama de recursos más amplia que la de su engolado rival. Además, sabe hablar, cosa que a Rajoy le genera grandes dificultades, y tiene puntos débiles que castigar del adversario, como es la corrupción. Pero esa amplia superioridad mediática es meramente verbal. En los asuntos de contenido es donde la inseguridad se hace más patente y Sánchez está especialmente obligado a convencer a la gente de que hay diferencias sustantivas entre las posiciones de ambos titanes: uno roba y el otro, no.

Detrás de los titanes, los titanes menores o titancillos, los dirigentes de los partidos emergentes que, a su vez, no querrán quedarse ninguneados en un terreno secundario, como el de los criados o confidentes del teatro clásico en relación con los protagonistas. Ellos no son meras comparsas sino actores de primera categoría. Y así lo recordarán continuamente para pedir igualdad de trato con los dos partidos dinásticos. Los dos titancillos son Rivera e Iglesias, cada uno de ellos con un ego narcisista bastante fuerte que los llevará a pedir confrontaciones televisadas con los dos titanes todos los días. Es poco probable que se den porque los otros dos son muy celosos de sus privilegios, amparados en la normativa vigente, que distribuye los tiempos televisivos según los datos de las pasadas elecciones, pero reclamar siempre genera ruido mediático.

Hubo un tiempo en que los de Podemos se permitían ignorar al PSOE, asegurando que su rival era el PP y dando a los socialdemócratas por "sobrepasados" con la misma ingenuidad con que vendieron otras pieles de oso antes de matarlos. Esos momentos de gloria han pasado. Los titanes son los de siempre y los recién llegados bastante tienen con que los medios no den en la flor de considerarlos frikies, que bien pudieran y no desbarraran gran cosa. La adicción a la TV que muestran ambos, Iglesias y Rivera, dispuestos a asomarse al programa que sea, incluso a cursiladas inenarrables, como la de Ana Rosa Quintana, ha quemado la poca imagen que pudieran tener de gente de ideas, propuestas y capacidad de liderazgo para cambiarla por la de sendos chisgarabises. Y el segundo no ha hecho el espantoso ridículo que el primero en Cataluña. Pero los dos han de controlar sus pulsiones más histriónicas si no quieren acabar como segundo plato del duelo de titanes: el de los dos gallos en corral ajeno.

Contra la manipulación.

Hay una campaña en Change.org para pedir a las autoridades de la UE que aclaren qué sucedió con la carta de su presidente Juncker en la versión española que el ministro García Margallo exhibió hasta tres veces en su debate televisado con Oriol Junqueras. Este, que es de letras, se olió el tejemaneje del ministro y, sin tener noticias seguras, apuntó a que la carta podría haber sido manipulada ya que contenía el término "autonómicas", que ningún angloparlante o germanohablante utilizaría, pues ellos emplearían "regional".

Acertaba en toda la línea. La traducción al español de la carta de Jocker incluía una morcilla de matute que alteraba el texto original para hacer decir a Juncker que la independencia de Cataluña no sería reconocida por la UE. De inmediato se formuló la correspondiente denuncia: alguien, algún funcionario, había trucado el mensaje con la fraudulenta intención de que la UE apoyase la posición del gobierno español. En un primer momento, las autoridades descartaron la mala intención y adujeron que era un error de traducción. Unos días después, sin embargo, ya reconocen que hay indicios de mala fe y deliberada manipulación del texto.

En consecuencia, la campaña de Org.com para conseguir que las autoridades abran una investigación oficial y se sepa quién manipuló el texto y por orden de quien, debe seguir.

Casi se ha alcanzado un objetivo de 7.500 firmas. Quien quiera firmarlo, puede pinchar aquí.

diumenge, 4 d’octubre del 2015

El gobierno catalán.

Aquí mi artículo de hoy en elMón.es (en catalán).

A continuación, la versión española:

Cataluña necesita un gobierno.
Ramón Cotarelo.

Cataluña es un país europeo típico. Después de cada elección legislativa, constituir gobierno suele ser un proceso trabajoso. En algunos Estados (Bélgica, por ejemplo) a veces se tarda meses y hay que recurrir a la figura del “facilitador”. La clave está en el carácter multipartidista de sus sistemas. Eso del “bipartidismo” que tanto se critica en España, tampoco reza con Cataluña, como muchas otras cosas.

El núcleo de la dificultad está en la negociación de JxS y la CUP. Habiéndose expuesto ya quizá toda la panoplia de posiciones de unos y otros, solo queda esperar que las negociaciones lleguen a buen término porque si el coste de formar gobierno en Cataluña es alto para ambas partes, el de no formarlo aun lo es más. A esto efectos cabe resumir la situación recordando lo que ninguna de las dos partes debe olvidar.

La CUP no puede olvidar que:
- el camino a la independencia precede a cualquier otra consideración;
- no es justo que 10 diputados impongan su voluntad a 62 afines;
- all things considered, Mas se ha ganado un puesto de relevancia en el proceso.

Una negociación tiene dos lados. A su vez, JxS no puede olvidar que:
- la CUP cumple su programa y no tiene por qué faltar a él;
- 62 diputados no son razón suficiente para imponerse sin más a 10 afines;
- CDC tiene un pasado frente al que no es obligatorio hacer la vista gorda.

A su vez, ninguno de los dos puede olvidar que:
- el momento es excepcional. No se trata de pedir la independencia sino de practicarla;
- las fuerzas hostiles están amalgamadas en una polarización interna muy fuerte:
- se enfrentan a un adversario exterior aun más hostil, con un Estado dispuesto a todo.

La imputación a Mas tiene un valor altamente simbólico. Sumada a esa reforma de la Ley del Tribunal Constitucional por la que este se convierte en un alguacil de los deseos del gobierno, se prueba que en España no hay respeto alguno por principios jurídicos esenciales del Estado de derecho como el debido proceso legal, la separación de poderes o la jurisdicción constitucional. Añadamos el acuerdo entre el PP y PSOE en torno a una delirante normativa de seguridad nacional, puro pretexto plagiado de los Estados Unidos para dar amparo seudolegal a las demasías que el nacionalismo español quiera cometer en Cataluña. Se trata de una cerrada actitud de los dos partidos dinásticos, protagonistas de la segunda restauración borbónica, en el enésimo intento de frustrar las aspiraciones catalanas.

Ese valor altamente simbólico se visualizará el próximo 15 de octubre cuando, tras hacer una ofrenda floral en el monumento a Companys, Mas comparezca ante el TSJC a declarar en una causa incoada a instancia directa de la Fiscalía general del Estado. Ni la fecha de la citación es debida al azar ni en el momento de la comparecencia Mas dejará de representar a la nación catalana sea o no por entonces presidente de la Generalitat.

El proceso de independencia es ya un hecho. Su primer acto fueron las elecciones del 27 de septiembre. El siguiente, la decisión de la junta de gobierno de Memorial Democrático, un órgano de la Generalitat, de denunciar políticamente el franquismo y pedir la declaración de nulidad del proceso de Companys y de todos los demás procesos políticos de la dictadura. Esa decisión será sometida a pronunciamiento del Parlament, que lo hará de modo soberano y, al hacerlo, declarará Cataluña territorio libre de franquismo y pondrá en cuestión todo el ordenamiento jurídico español, desde 1939 hasta hoy.

El reto es imponente. El primero de calado importante desde la transición que seguramente se encontrará con la animadversión y el ataque no solamente de los dos miembros del llamado “bipartidismo” sino de todos los demás partidos españoles probablemente sin excepción.

Cataluña necesita un gobierno unido y fuerte si ha de prevalecer ante lo que se le viene encima. Un gobierno procedente de un Parlamento que habrá de tomar una decisión hasta la fecha insólita: ¿tiene sentido que los partidos independentistas, embarcados en una hoja de ruta hacia la independencia participen en las elecciones legislativas de otro país?

Peor, imposible.

La izquierda es un gallinero lleno de gallos. Una pelea de saloon en una película del Oeste. Una reyerta de beodos a la luz de la luna. ¿Nadie se para a pensar en el glorioso ridículo que están haciendo las distintas opciones? ¿Creen sus estrategas que la gente no tiene otra cosa que hacer sino seguirlos en sus enfrentamientos, acuerdos, disensiones, peleas y cambios de denominaciones? Ultimas noticias de este hervidero en el que los insultos tienen más peso que las ideas.

Gaspar Llamazares, de Izquierda Abierta, causa irritada baja en Ahora en Común, plataforma de IU y Alberto Garzón, pretextando algún agravio. Acto seguido se reúne con media docena de relevantes personalidades de la izquierda entre las que se da una carga elevada de narcisismo. El ex-juez Garzón los ha convocado con la intención de constituir una nueva plataforma de confluencia de la izquierda, mirabile dictu, libre de "personalismos". Éramos pocos... y todos cabezas de ratones; de ratones mediáticos. Si los hados no lo impiden, de esta corrala sale una nueva oferta electoral de izquierda que solo servirá para restar votos a las otras.

A su vez, esas otras parecen presas de un frenesí autodestructivo. Garzón el joven se enfrenta en singular combate con Pablo Iglesias. Y, por si Ahora en Común no le funciona, ha inscrito en el registro como partido una Unidad Popular en Común. Unidad. Popular. En Común. Términos de moda, probados, con connotaciones positivas al estilo moderno. Pero lo que hay detrás de esa expresión es la vieja IU y, dentro de IU el más viejo rockero del PCE de los Gulag Boys. Ese fondo es el que lleva a Garzón a decir que el enemigo es el PSOE, lenguaje y propósito de los tiempos de Dimitrov y la IIIª Internacional. Nombres nuevos para corazones viejos.

Los de Podemos, ya que no los cielos, asaltan los medios que, para muchos, son los verdaderos cielos. Iglesias y Errejón explican su fracaso catalán con una carta abierta a los militantes, puesto que va dirigida a l@s querid@s compañer@s. Está bien esto de rendir cuentas vía epistolar. Tiene algo de caudillista y no es convincente. Los autores dicen haber sabido desde el principio que Cataluña era algo distinto pero que los elementos no les dejaron obtener el buen fruto que su atinada posición merecía. No es cierto. Fueron a Cataluña cargados de dogmas y prejuicios sobre la nación y la patria, y sin tener ni idea en dónde se metían. El resultado es el que se merecen. El resto de la carta, por el estilo: arrogancia injustificada y pedantería a raudales. La conclusión: que la marca Podemos prevalece y es el lábaro indudable de la victoria al que todos los demás están cordialmente invitados a sumarse. Sin más.

Esta trifulca deja al otro partido de la izquierda dinástica, el PSOE, en una envidiable posición de "centralidad del tablero". Con tres opciones y media para elegir, nunca ha estado tan claro el voto útil. Como se presenta la derecha, en dos bloques que, en realidad, viene a ser uno por tratarse de opciones muy similares, la fragmentación del voto de la izquierda es suicida pues lleva camino de dar las elecciones ganadas al contrincante. Si la derecha gana las elecciones por la desunión de la izquierda, esta debiera cometer hara-kiri. El único que puede vencer al PP es el PSOE (por eso lo considera el verdadero rival) y, en las circunstancias actuales, quizá ello solo sirva para que se dé una coalición PSOE-PP o PSOE-C's y encima hayamos de estar agradecidos.

¿Lo más irritante de esta patológica incapacidad de la izquierda para unirse? La sospecha de que, en el fondo, tampoco quiere hacerlo puesto que las elecciones se pierden pero los puestos, no. Muchos cargos públicos siguen siéndolo y su situación vital apenas cambia. A diferencia de la gente, cuya vida cotidiana se verá muy negativamente afectada por otros cuatro años de gobierno de esta derecha neofranquista.

A la independencia por la palabra.


Pau Vidal (2015) Manual del procés. Vocabulari imprescindible de combat. Barcelona: Angle editorial (172 págs.)

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Seguir de cerca el proceso independentista catalán obliga a tragarse docenas de libros de enfoque histórico, jurídico, político, económico y mucho ensayo periodístico de actualidad. Es lo que abunda en la oferta libresca. A veces, sin embargo, aparecen piezas raras, como esta, dedicadas al mismo tema pero con un enfoque y estructura distintos. Y se agradece tanto que uno las devora aunque, como es el caso, tengan la forma de vocabularios con entradas en orden alfabético, siempre de lectura más trabajosa.

Como casi todo lo que se escribe en Cataluña sobre Cataluña en estos tiempos, el libro tiene un marcado tono militante. Ya lo indica en el subtítulo "vocabulario imprescindible de combate" y lo justifica un prefacio del autor titulado Filología de combat. Ha sido premio Irla de este año, o sea, de la Fundación Josep Irla, independentista y cercana a ERC.

Pero, además de ser obra de combate, está escrita con mucho sentido del humor. Rebosa ironía, burla y hasta sarcasmo. El objeto mayoritario de las puyas es lo español, pero también lo catalán se lleva su parte. La visión del proceso independentista es muy militante pero también guasona. Como, además, viene cumplida de sabiduría filológica, desplegada sin presunción, la lectura es muy grata.

Y se aprende un montón de cosas. El recurso a la etimología y las familias léxicas revelan aspectos insólitos de términos de uso cotidiano que obligan a pensar y son reveladores. Que catalufo traiga como antecedente castellufo y castellanufo tiene su interés.

Al ser vocabulario de autor, las voces son las que este elige según su criterio. El conjunto es seguramente el de las más usadas en el debate. Si se recogiera una muestra de textos y se los cuantificara sin duda el resultado avalaría la selección. Eso impulsa al curioso lector a indagar si no debiera figurar alguna otra. Personalmente, y dado que no hay entradas en la letra "b", creo que estaría bien incluir botifler.

El análisis filológico tiene a veces tintes políticos de mucha carga que contribuyen a explicar el contenido del independentismo aun considerando términos que no tienen clara conexión con él. Por ejemplo, hablando de disciplina, se dice que "no es extraño que muchos títulos de estos artículos tengan un regustillo franquista" (p. 65). En otro orden de cosas, a propósito del verbo imponer se avisa de que desde la "transición española asistimos a la apropiación desvergonzada por parte de la derecha del vocabulario perteneciente tradicionalmente a la izquierda y, con el proceso, la operación ha llegado al paroxismo." Lo de la apropiación es cierto pero me atrevería a situar el paroxismo en otro sitio. Sin demérito alguno para lo que toca a Cataluña, no creo que se haya dado allí algo parecido al discurso del ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón en el que justificaba privar a las mujeres de sus derechos reproductivos en nombre de su "emancipación".

El estudio de Nosaltres (i ells), que es la vertiente filológica de la política schmittiana de amigo-enemigo, es brillantísimo. El "nosotros" salvífico lo tienen todos, es un sujeto colectivo inclusivo a la par que excluyente basado en una intuición radical que no necesita justificarse mientras que el "ellos" es una masa amorfa cuyo único sentido es impedirnos el paso. Hay otro determinación también de interés aquí y es el "algunos", un "ellos" más circunscrito, animado generalmente de protervas intenciones: "algunos dicen que hay que subir los impuestos", por ejemplo.

Vidal da por resucitado el separatismo, señalando que cayó en el ostracismo al final de la dictadura junto con la "conspiración judeomasónica" (p. 151). No me parece que la primera, sin embargo, sea de uso frecuente. Circula más otra de similar significado, más grave, secesión. Incluso se discute si hay o no un derecho a la secesión.

Este manual de combate es como una aplicación del Cómo hacer cosas con palabras, de Austin. Pura performatividad del lenguaje.

La independencia como una performance.

dissabte, 3 d’octubre del 2015

La rata esencia.


Rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de los viernes. El tema, el habitual: la corrupción de los miembros del partido del gobierno. Tras haber soltado sus melonadas sobre cómo todo el mundo debe cumplir la ley menos ellos, Sáenz de Santamaría escucha atentamente las tranquilizadoras palabras del ministro de Economía. Muy tranquilizadoras: en Bankia ya no se roba y el sistema financiero español es sólido. Los de Standard & Poor han echado una manita subiendo el ranking hispano. Y seguramente no nos habrá salido demasiado caro comprar el favor.

En cuanto al presunto ladrón de Bankia, el ex-ministro, ex-vicepresidente del gobierno, ex-director del FMI, Rato, ha quedado reducido a una intrincada forma filosófica, lo otro. Carece de corporeidad. Como cuando Rajoy se negaba a pronunciar el nombre Bárcenas. Guindos tampoco reconoce la personalidad de aquel con quien ha tratado en numerosas ocasiones, como se ve a través de muchas fotos e imágenes. Es una realidad fantasmagórica. Llega en forma neutra, como lo, un universal, como lo bello o lo bueno, pero un universal ignoto. Nadie conoce hoy a Rato salvo el ministro del Interior. Y este, en el secreto de la confesión.

Lo otro es un pájaro que presuntamente lleva toda su vida, al menos la pública, estafando a sus compatriotas y viviendo a cuerpo de rey del resultado de sus supuestos delitos. En esto no se diferencia gran cosa de muchos otros compañeros suyos de partido y fechorías: el que no se ha robado un palacete ha trincado unos millones de adjudicaciones falsas. Algunas de sus mangancias son alucinantes. 40.000 euros al mes por asesoría verbal a no sé qué otro ejemplar sinvergüenza que, a su vez se embolsaba los millones fraudulentamente. Y ello mientras se levantaba dos millones de pavos al año por cargarse Bankia. Esas asesorías verbales eran también práctica socorrida del actual embajador en Londres, Trillo, y el diputado Pujalte que cobraban una pastuqui por tal concepto teniendo dedicación exclusiva en el Congreso. Cobrar 40.000 euros al mes por charlar un rato con un empresario en un bar con unas gambas quizá sea el mejor retrato de la Marca España. A ser posible. uno de esos mesones que lucen un garrote colgado en la pared y un retrato del Caudillo en alguna parte. Esta es la esencia del país, la corrupción desde el poder y en el poder. Rato personifica la esencia del país. La esencia de Rato, la rata esencia.

Pero no haya cuidado pues las palabras del ministro han sido tranquilizadoras. Ha dicho que el sistema bancario es sólido y que, de lo otro ya se ocupan lo tribunales. ¿Y cuál es el crédito del ministro? Pues exactamente el mismo que el de Zapatero cuando en 2010 afirmaba que nuestro sistema de cajas era sólido y el del propio Rato, a su vez ministro de Economía antes que este ministro de Economía. El mismo crédito. Es decir, ninguno. De ese modo, cuando dentro de un par de años el ministro de Economía se refiera al De Guindos de hoy como "lo otro", no será causa de excesiva sorpresa.

No somos lo mismo.


Ahí andan los indepes discutiendo sobre qué base llegarán a un acuerdo para la formación de gobierno en Cataluña. Las posiciones de cada cual están claras y ahora se trata de encontrar un espacio compartido, al modo de un diagrama de Venn. En él se instalará el gobierno con un mandato cap a la independència que el de España no reconoce y reprimirá en cuanto comience la andadura.

El trabajo asoma ya mismo, como primera manifestación práctica de las elecciones del 27 de septiembre: la junta de gobierno de Memorial Democrático, un organismo de la Generalitat ha resuelto condenar políticamente al general Franco y la dictadura franquista y pedir la nulidad del juicio al presidente catalán Lluís Companys y del resto de procesos contra los represaliados.

Esa decisión debió tomarse en España hace cuarenta años. No se hizo entonces y tampoco se hizo después, cuando el gobierno Zapatero sacó adelante la conocida como Ley de Memoria Histórica en 2007. Era muy insatisfactoria porque reculaba precisamente ante el problema, el abismo insondable que plantea la decisión de Memorial Democrático: la condena al dictador Franco será política pero la petición de nulidad del proceso de Companys y resto de actuaciones judiciales solo puede hacerse con efectos jurídicos. 40 años de institucionalidad de la dictadura se hunden como San Francisco en 1905. Y, detrás vendrán las demandas patrimoniales porque los fascistas no solo asesinaron a mucha gente y la encarcelaron injustamente sino que perpetraron todo tipo de robos, expolios, confiscaciones fraudulentas. Mucha gente ha vivido muy bien de lo que robó a los republicanos vencidos, exiliados, fusilados. Por eso España no puede encarar con justicia su pasado, porque se construyó sobre una monstruosa injusticia cuyos testimonios se cuentan por decenas de miles en las fosas de las cunetas. El PSOE entrevió el oscuro rostro de la bestia del pasado español y decidió limitarse a abrir aquellas, pero sin anular nada ni pedir responsabilidades.

Ahora lo hará el Parlamento de Cataluña. No tengo duda de que aprobará la moción y tampoco la tengo de que el PP y C's votarán en contra. El PSC no sé. Salta al paso multitud de cuestiones sobre la eficacia y alcance jurídico de esta decisión. Se perfila una situación transitoria interesante: al condenar la dictadura es como si el Parlament declarara Cataluña territorio libre de franquismo en uso de su soberanía de hecho. Pero, al pedir la nulidad de las causas, ejerce el derecho de petición ante una autoridad que reconoce superior. Toda transición tiene sus contradicciones. Lo que está claro es que en Cataluña se acaba por fin el franquismo que, sin embargo, está muy presente en España, en callejeros, nombres, títulos, placas, monumentos, cruces, el Valle de los Caídos y la Fundación Francisco Franco.

El propio gobierno del Estado, ese que suprime la dotación presupuestaria de la Ley de la Memoria Histórica porque no está interesado ni siquiera en desenterrar a los asesinados, está compuesto por franquistas, bien de ascendencia familiar, bien ideológica o ambas vías a la vez.

No somos lo mismo.