dijous, 8 de gener del 2015

Notas mínimas sobre la blasfemia.


Los responsables de la matanza de Charlie Hebdo son quienes la han perpetrado.

El Islam no es culpable. Lo es el fanatismo. Hace cuatro años otro fanático de extrema derecha, Anders Behring Breivik, asesinó en Noruega a tiro limpio a 77 personas. Y no es musulmán, sino cristiano; seguidor de los templarios, por más señas.

Las religiones son caldo de cultivo del fanatismo. Sobre todo, las tres del Libro, mosaísmo, islamismo y cristianismo. Las tres son muy crueles.

El islamismo parece la más bárbara. También es la más perseguida. Hace años que las otras dos, lo que llamamos Occidente, hacen una guerra de exterminio contra la otra. Persiguen a los islamistas, los encarcelan,  los asesinan, les roban sus tierras, les destruyen sus casas, matan a sus hijos, sus familias, todo lo cual obviamente, exacerba los fanatismos y los lleva al terrorismo, a los atentados suicidas, a la barbarie contra inocentes.

Un par de tuits de Willy Toledo ha levantado polvareda. Dice uno:  El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día. D verdad esperamos q no hagan nada? El propio Toledo no está justificando los atentados, los repudia, pero nos obliga a reflexionar sobre nuestro comportamiento. Lo que pasa hace años en Palestina, en Irak, en Afganistán, en Siria, también es terrorismo. Decapitar rehenes es abominable. Y Guantánamo ¿qué es?

Toledo tiene el don de la impertinencia. Está en la línea de San Mateo; "quien a hierro mata, a hierro muere" (Mat., 25: 52), sin hacer distingos sobre las manos que manejan los hierros.

Dos acontecimientos podrían ayudar a que el Islam se modernizara y entrara en la edad de la tolerancia: un cambio de actitud de Occidente y una reforma interna en la religión similar a la luterana en el cristianismo, que tanto hizo por civilizarlo. Lo primero depende de nosotros, de nuestros gobiernos, a los que hemos de presionar, cosa que no hacemos. Lo segundo depende del propio Islam, pero debiera hacerse lo posible por fomentarlo.

La lucha contra el fanatismo y el terrorismo, en defensa de la tolerancia y las libertades, empezando por la de expresión, es la lucha por la supervivencia de la civilización y la dignidad del individuo. Y debemos hacerla sin ambigüedad ni desfallecimiento.
 
Pero también debemos barrer nuestra casa y revisar nuestro comportamiento. Solo así tendremos la autoridad moral que invocamos en muchas ocasiones con harta hipocresía.
 
La Iglesia católica sigue siendo intolerante. Se ha apropiado -indebidamente a jucio de Palinuro- de la mezquita de Córdoba y la está llenando de simbología y parafernalia católica. Eso es intolerancia. El obispo de Alcalá niega sus derechos a los homosexuales y, si pudiera, seguramente haría algo peor con ellos. El ministro del Interior es fervoroso miembro del Opus, una secta que considera "pecado grave" la llamada blasfemia. No lo ha convertido en delito del código penal porque no ha podido, pero no por falta de deseos y porque, además, el delito de escarnio del Código Penal  (art. 525, 1) ya se le acerca bastante. Blasfemia es lo que los asesinos islamistas ha ido a castigar en Charlie Hebdo. La diferencia, nada desdeñable por cierto, está en la cantidad y el tiempo. Pero el parecido reside en el contenido.
 
La  blasfemia puede ser un pecado, según las convicciones morales de cada cual, pero no un comportamiento socialmente punible y mucho menos un delito. Es más, es un derecho. Mientras esto no esté definitivamente asentado, las tres religiones del Libro serán un peligro para la tolerancia y la libertad. Según la época de que se hable, unas más que otras.
 
Palinuro tributa profundo reconocimiento a todas las víctimas de ayer, mártires en la lucha por la libertad de expresión.

dimecres, 7 de gener del 2015

La Gran Nación.

El Rey ve con optimismo el futuro de la “Gran Nación” española, titula la pieza un poco pasmado El País que pone la expresión Gran Nación entrecomillada. Sí, claro, suena como una consigna hueca. Y lo es. El Rey la repite como un papagayo. Ya se la he oído tres veces en los últimos dos meses. Antes se la había oído innumerables a Rajoy que será quien ordena que se la pongan al Rey en los discursos. Rajoy seguramente la sacó del título de un libro de conversaciones de Jaime Mayor Oreja con César Alonso de los Ríos titulado Esta gran nación (2007). Los políticos hablan incluso cuando escriben. Tienen poco tiempo. Hasta para pensar. Seguramente por eso Rajoy tomó el título el libro. Suena bien.

Tengo rastreada esta expresión de "gran nación" hasta Marcelino Menéndez Pelayo. Quizá se empleara antes; no lo sé. Pero no mucho antes porque esa nación en sentido moderno que se menciona aquí es témino originariamente afrancesado y doceañista, detestable para los conservadores. Entre tanto se ha revestido de dignidad y autoridad y por eso Menéndez Pelayo la califica de "gran". Pero que se revista de dignidad y autoridad hasta el punto de que la pronuncian los Reyes en los grandes momentos, no quiere decir que lo haya hecho también de sentido.

Porque, ¿qué significa "gran nación"? ¿Cómo se mide la grandeza de una nación? ¿Hay criterios objetivos? ¿Cómo se evalúan? ¿Se procede por comparación con otras?

Desde luego, no hay que buscar tres pies al gato. La expresión es una consigna. Está vacía de significado. Se dirige a los sentimientos. Es como un grito. Se usa por no arrancarse con un "¡Viva España!" porque no están los tiempos para gollerías. Así que déjense de bobadas y no se pongan quisquillosos tratando de averiguar qué sea una "gran nación". España, hombre, ¿no lo ven?

No, no lo ven. La gente se empeña en comportamientos mezquinos, quiere saber a qué se refieren sus gobernantes y reyes cuando repiten como carracas que el país es una "gran nación". Eso los que no aplican directamente el sabio refrán de "dime de qué presumes...". Los otros, los inquisitivos, se empeñan en consultar las estadísticas, los datos, los índices, y compararlos con los de otros países europeos. La situación del nuestro es mediocre tirando a triste. Estamos en los primeros puestos de todas las desgracias, como paro, paro juvenil, precariedad, emigración, pobreza, salario mínimo más bajo, mas IVA y otros impuestos, peores servicios, precios más altos. Nos reñimos los lugares con Grecia y Portugal, lugares en los que nadie piensa como "grandes naciones".

Esto es coyuntural, dice el jefe. La crisis se ha cebado en España por culpa del despilfarro anárquico de los socialistas y ha causado un bajón en la prolongada trayectoria ascendente de esta "gran nación". Pero la gente sigue siendo escéptica. Le dicen que no mire el lamentable presente sino que contemple la trayectoria. Y es lo que hace para comprobar que en los últimos doscientos años tampoco ha brillado la nación española como grande ni como mediana y, en momentos, ni como pequeña, como cuando Lord Salisbury la daba por "moribunda" en 1898.
 
La consigna España es una "gran nación" no tiene nada que ver con la realidad, por eso la emplea también Cospedal y acabarán empleándola todos los segundos niveles, como aquella jaculatoria de Franco de "Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista".
 
Un último dato sobre la "gran nación" española. Si una nación no puede recuperar un enclave territorial que considera militarmente estratégico y simbólicamente esencial como parte de su integridad, esto es, Gibraltar, ¿puede llamarse "gran nación" sin caer en el ridículo?
 
Hasta que España no se vea como es y no deje de llamarse cosas que no es no saldrá del marasmo.

dimarts, 6 de gener del 2015

PSOEMOS.


Aquí no sobra nadie. Si la izquierda, toda la izquierda, quiere tomarse en serio a sí misma, tendrá que hacer un esfuerzo, un supremo esfuerzo en pro de la unidad y dejarse ya de monsergas. Porque son monsergas.

O la derecha seguirá gobernando en Madrid capital, en Madrid comunidad y en España. Y con menos votos, lo que ya es para pillarse una depresión.

Más de una vez se ha preguntado por qué la derecha concurre unida a las elecciones y la izquierda, no. Y ¿cuál es la respuesta? Hay muchas, pero una es indudable: no se engañan sobre sus intereses. En el doble sentido de engañar y engañarse. La izquierda hace ambas cosas. ¿Por qué pueden los exmilitantes y simpatizantes del fascismo más sombrío, tipo Fuerza Nueva, como Rafael Hernando, ser miembros y hasta portavoces del PP? Porque no se engañan sobre lo que les conviene. ¿Por qué pueden estar en el mismo partido, formar una unidad férrea, seguir las directrices de un solo jefe fascistas, falangistas, franquistas, monárquicos, xenófobos, nazis, demócratas cristianos, liberales, tradicionalistas, cacicones y puros delincuentes sin adscripción política precisa? Porque no son tontos y saben lo que les conviene: más vale ganar las elecciones, compartir el poder con gentes no estrictamente afines pero que se dejan vivir mutamente, que ponerse exquisitos y puros, perder aquellas e impartir lecciones de coherencia ideológica e inutilidad práctica otros cuatro años.

¿Alguien cree que hay menos distancia entre un falangista y un demócrata-cristiano que entre un comunista y un socialista? ¿Qué están menos enemistados los nazis y los monárquicos que los trostkistas y los socialdemócratas?

¿Por qué están enfrentadas las izquierdas? ¿Por qué es hoy impensable una alianza PSOE-IU-Podemos? Exactamente, ¿por qué?

Se dan, que yo sepa, cuatro tipos de causas: personalismo, sectarismo, intereses creados y cálculo electoral. Por supuesto, si va uno a preguntar a los protagonistas de este desastre, todos las negarán escandalizados y apuntarán a un abanico de causas fabulosas, que van desde profundas discrepancias filosóficas sobre el modo de entender la ciencia económica de El Capital a tonterías sincopadas del tipo programa, programa, programa, habitualmente emitidas por quien ni siquiera tiene uno. Puras excusas para ocultar que la izquierda habla de unidad pero no la quiere en absoluto. Y, claro, así no hay modo.

El personalismo en la izquierda es abrumador. Antes de que apareciera la llamada "americanización de la política" que consiste en acentuar el factor de liderazgo personal de las opciones a través de la televisión, la izquierda ya era un campo dividido en terrenos, parcelas y chiringuitos, cada uno de ellos encabezados por un guía esclarecido indiscutible. Aun ciñéndonos a esta parte reciente de la historia, la lista de jefes es larga: Carrillo, González, Anguita, Llamazares, Sánchez, recientemente Iglesias y, todavía en el horno, pero a punto ya de caramelo, Garzón el joven. Y dejo fuera a l@s luminos@s guías de opciones menores, tod@s ell@s depositari@s de la tradición rebelde de nuestro pueblo. Realmente no es solo personalismo. Es narcisismo mezclado con canibalismo. Hay que ser duro, correoso, sin contemplaciones. Los líderes dubitativos, pactistas, tolerantes, acomodaticios, los barre el viento de la historia: Rubalcaba, Gerardo Iglesias, Lara... Hay que actuar con visión y coraje y sin contemplaciones, ocupar todo el escenario, excluir a todos los demás al grito de "unidad".

El sectarismo no es mal menos grave sino más a fuer de compartido. Son docenas, cientos, los militantes de aquí y de allí que no llegarán al final de este artículo; que probablemente no hayan llegado ni aquí, indignados, furiosos, con la sola idea de que alguien sea tan payaso o tan canalla o tan vendido que tenga al PSOE por un partido de izquierdas. ¡Por amor de Lenin! ¡La socialdemocracia de izquierdas cuando hasta los pingüinos saben que está podrida y al servicio del capital y el neoliberalismo! La izquierda, la verdadera, auténtica izquierda, la izquierda transformadora, revolucionaria es nuestra y solo nuestra, los de esta mesa y cuatro sillas más. Del otro lado, la réplica:  ¿de izquierda quienes no han gobernado jamás y, cuando lo han hecho en exóticas tierras han montado dictaduras absolutamente incompetentes y ruinosas tiranías de las que la gente se ha librado como ha podido? ¡Por favor! La única izquierda seria es la que ha mantenido las libertades democráticas en Occidente y dado lugar al Estado del bienestar, conquista que otros combatían antaño y hoy dicen todos respetar, añorar y querer restaurar, incluso cometiendo la villanía de acusar de desmantelarlo a quienes lo inventaron.

De los intereses creados no hace falta hablar mucho. Por fin están a la vista sin tapujos. Su forma más palmaria se llama tarjetas black. Tarjetas, canonjías, bicocas, sueldos, pagos, puestos en las listas, cargos de concejales, diputados autonómicos, diputados en las Cortes, eurodiputados; obligaciones sin obligaciones pero con suculentos sueldos, incluso cuando, por perder electoralmente, no se tienen responsabilidades de gobierno, pero se cobra por estar en la oposición y a vivir tan ricamente otro mandato. ¿Qué interés tiene un pollo que lleva dos legislaturas cobrando en la oposición en el órgano que sea, que quizá haya colocado ya a su hijo, o prima o cónyuge, en que su partido gane las elecciones si, perdiéndolas, va a seguir cobrando?

Cálculo electoral. Esta es la peor causa porque es la que más se presta a la mentira y el engaño. Dos sondeos aquí, unas décimas allí, un aumento de la abstención allá, un apunte de tendencia acullá son suficientes para que los gabinetes de comunicación de los partidos de izquierda anuncien perspectivas halagüeñas en las próximas elecciones: el sorpasso, la hegemonía, como en Grecia, en Francia, en Italia o en las islas Vírgenes, nuestro partido subirá como la espuma de diecisiete a veintidós diputados y medio si no establece alianzas erróneas que le resten votos. Nada de alianzas o frentes o unidades de la izquierda que confunden a los votantes incapaces de distinguir bien entre cristianos viejos y nuevos, entre los de verdad y los de pacotilla, lo cual obliga a extremar las acusaciones mutuas, a jurarse odio eterno. Cierto que todos debemos hablar de unidad, pues la cháchara está bien vista, pero primero vamos por separado, a ver qué resultados dan las urnas y, luego, si eso, ya hablamos.

Por supuesto, luego, si eso, vuelve a gobernar la derecha. Porque en ella, la estupidez es de otro tipo. Menos suicida

dilluns, 5 de gener del 2015

La dictadura neofranquista

El mes de julio pasado, Juan Torres López publicaba en El País de Andalucía un gran artículo titulado La dictadura del decreto ley, cuyo contenido se deduce del título: el gobierno de Rajoy desprecia e ignora el Parlamento en su función legislativa y gobierna por decreto ley, lo cual implica una clara deriva dictatorial porque priva al órgano legislativo de la facultad de debatir los proyectos de ley y lo convierte en una pseudocámara sancionadora.

No se trata solamente de que en el sistema español, como en muchos otros parlamentarios, se produzca una situación de privilegio del gobierno sobre el parlamento en la medida en que, por diversas razones, aquel acapara casi toda la actividad legislativa, vía proyectos de ley. No es una mera descompensación del equilibrio entre el ejecutivo y el legislativo, pero que reserva a este su monopolio de la función legislativa. Es algo mucho peor. Es un absoluto desprecio del Parlamento y una clara deriva dictatorial de este gobierno de franquistas. El artículo de Torres López es incluso caritativo. Veamos.

El desprecio al Parlamento se da desde el primer momento y no solo en la función legislativa. Rajoy no lo pisa. El que "iba a dar la cara" no acude jamás a las sesiones parlamentarias. El presidente no asiste al 85% de las sesiones en que hay votaciones. En las que no hay votaciones, la ausencia es del 100%. De un parlamento del que es diputado y del que deriva parte de sus ingresos (exactamente cuánta, seguimos sin saberlo) que sufragamos todos los españoles. Otra más de las innumerables mentiras con que este individuo ha construido su imagen política. Tampoco asiste cuando, en inútil ejercicio de su competencia de control del gobierno, el Parlamento reclama expresamente su presencia o la de alguno de sus ministros para dar cuenta de los frecuentes desaguisados que se organizan en este desgobierno de latrocinio y corrupción en que se ha convertido España. De los tres años de legislatura, el gobierno ha ignorado el 63% de las peticiones de comparecencia parlamentaria de Rajoy o sus ministros. Es decir, el gobierno no rinde cuentas de sus actos a los representantes populares sino cuando le da la gana y como le da la gana. Ignora el Parlamento siempre que quiere y eso es dictadura.
 
Los datos del gobierno por decreto son también apabullantes. En el primer año de legislatura, 2012, en España se aprobaron 28 decretos-leyes frente a 16 leyes y en los años sucesivos se ha seguido a este ritmo o peor. El mismo personaje que iba a potenciar el papel del Parlamento, gobierna por ukase. Pero no acaba ahí la querencia por la dictadura de estos personajes cobradores de sobresueldos, sobrepagas, mordidas, comisiones o "incentivos". No sería bastante. Con el autoritarismo de los decretos va también la necesidad de acabar con la seguridad jurídica de la democracia y el Estado de derecho para dejarlo todo al arbitrio omnímodo del dictador. No se trata tan solo de que un Decreto-Ley vaya en el lugar en donde debiera ir una ley debidamente debatida en el parlamento y votada. Se trata de que, con uno de esos decretos se puede literalmente volar parte del ordenamiento jurídico. Con el famoso Decreto Ley pomposamente llamado de "Medidas urgentes para el Crecimiento, la Competitividad y la Eficiencia" y aprobado el 10 de julio de 2014 se cambiaron de golpe 26 leyes vigentes sin el menor tipo de debate en el Parlamento.
 
Así, a la vista de que las leyes aprobadas por el Parlamento y en vigor pueden cambiarse sin debate posible por arbitrio del gobierno cuando a su jefe le dé la gana cabe calibrar el valor y la ética de la respuesta de Rajoy a las peticiones del soberanismo catalán en el sentido de que hay siempre que respetar la ley. Como en todas las dictaduras hay que respetar la ley cuando le da la gana al dictador y, cuando a este le parece, la ley se cambia sin necesidad de debatir nada en el parlamento.
 
La coronación de este edificio de dictadura de hecho y democracia de fachada es esa Ley Mordaza con la que se pretende amenazar, amedrentar a la población, criminalizar, sofocar y perseguir las protestas, reprimir los derechos y libertades de los ciudadanos, garantizar la impunidad de las fuerzas represivas hagan lo que hagan y establecer un Estado policía en el que se persigan faltas y delitos "políticos" prescindiendo de control judicial.
 
Para acabar de perfilar el carácter de este gobierno, el peor, más desalmado, incompetente, corrupto e inútil que ha tenido la España democrática, no puede olvidarse que es el de un partido acusado por un juez de haberse lucrado con la participación en un presunto delito de financiación ilegal y que,  a tenor de la cantidad de dirigentes y cuadros involucrados en procesos penales por corrupción puede considerarse como una organización de malhechores más que un partido. Y, no se olvide, presidido por un político acusado de haber cobrado sobresueldos de origen oscuro, de haber recibido regalos aun más oscuros y de mentir de modo continuo, contumaz, sistemático al Parlamento, a sus electores y al conjunto de la ciudadanía.  

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

diumenge, 4 de gener del 2015

Ojo al nivel. Los medios fríos

Aquí algunos pueden estar perdiendo la minerva. Cabe calificar de muchas formas el discurso -y la práctica, supongo- de Podemos y así se hace. Pero llamarlos casposos suena algo extraño, casi ridículo. Menos mal que la radio, el medio en el que el presidente del grupo parlamentario de CiU, Jordi Turull, ha manifestado su parecer es un medio frío, según la célebre dicotomía de MacLuhan. Si llegar a ser caliente, por ejemplo, la televisión, esta hubiera podido mostrar imágenes al instante que desmentirían el calificativo de Turull. A la vista está que en Podemos hay muy poca caspa, mental o física. La caspa cae más del lado de Turull. Y esto no es una respuesta ad hominem pues Palinuro reconoce que se puede ser casposo, llamar casposos a los demás y tener razón. Ese no es el asunto. El asunto es que en Podemos hay muchas cosas pero, hombre, caspa, no. Eso lo ve cualquiera. Gerardo Pisarello señalaba hace poco que Podemos es la fuerza política de izquierda española que más lejos ha llegado en la cuestión catalana al reconocer que España es un "país de naciones".

¿Qué sucede entonces? Que Podemos pone nervioso al personal. En Cataluña por unos motivos y en España por otros. Pero casi todo el mundo está muy nervioso. Y cuando hay nervios es fácil liarse. En España ya llevamos una temporada de nervios. Rajoy llama "adanes" a los dirigentes de la nueva formación; Sánchez considera que no son "castos" y él, de paso, tampoco es "casta"; los de IU andan murmurando que se han quedado con el santo y la limosna; y los de UPyD los tildan de "populistas", un término progresivamente carente de sentido. En Cataluña el impacto de Podemos ha sido más reciente y estas son las primeras y quizá no muy atinadas reacciones.

Y es una pena. Palinuro lleva tiempo sosteniendo que Podemos y la cuestión catalana son los dos fenómenos más importantes en España hoy. No solo políticos, sino también culturales, sociales y hasta económicos. Con todas las críticas y burlas que se han hecho al miserable aumento de las pensiones y el SMI, es posible que ni eso se hubiera dado de no existir Podemos. Los dos fenómenos decisivos en el día de hoy y el próximo futuro. Los dos fenómenos en los que la gente que en ellos participa y muchos que los siguen atentamente comparten la convicción de estar haciendo historia. Españoles, catalanes haciendo historia. Dentro de cien o doscientos años estos fenómenos de hoy pueden abrir un capítulo en los manuales o reducirse a una nota a pie de página en un relato monótono. Que sean lo uno o lo otro depende de cómo la gente actúe ahora. Y eso lo sabe la gente.

Siendo los dos acontecimientos más importantes hoy en España quienes los gestionan harán bien en tratar de comprenderse por encima de minucias partidistas. Al margen de su desafortunado exabrupto, Turull razona muy bien. Pone a Podemos en un brete cuando lanza "Mira que es fácil decir si se está a favor o no de un referéndum sobre la independencia, sí o no" y es verdad. Ya lo era antes del 9N y no se produjo, a pesar de que los británicos acababan de dar una lección imposible de ignorar respecto a cómo se gestiona en una sociedad democrática el derecho de autodeterminación de los pueblos.

No se entiende por qué Podemos no reconoce el derecho de autodeterminación de los catalanes. Pasado el 9N la oposición a una consulta referendaria de hecho ya carece de sentido porque de todas formas va a darse pues no otra cosa son las elecciones plebiscitarias en ciernes  que no es posible prohibir, ni siquiera desautorizar con algunas de las habituales impertinencias de Rajoy. Un pronunciamiento en ese sentido clarificaría el ambiente en Cataluña y le ganaría muchos apoyos. Si no se da, dicen algunos, es porque Podemos teme perder votos en España a cambio. Pero eso está por ver, sobre todo si la organización explayara su posición por entero aquí y allí: que no es partidaria de la independencia de Cataluña, pero sí de que los catalanes puedan decir libremente por su cuenta, como han hecho los escoceses.  Y, por supuesto, de que el resultado se respete e implemente.

Me dirán ustedes que estoy tratando de casar a Podemos con el independentismo catalán, como hace Palinuro. Y la verdad es que sí. Son lo más importante que le pasa a mi país hoy, lo que trae en su seno mayor expectativa de cambio. Tanta que a saber qué tipo de país nos encontraremos cuando estos procesos hayan dado sus primeros frutos.
 
Aquí es donde se enciende el plasma de La Moncloa y Rajoy coloca uno de sus confusos discursos pidiendo el voto, pues siempre está en campaña electoral, en razón de su carácter previsible, su sentido común, el como Dios manda, la seguridad, la estabilidad, y frente a las ocurrencias de unos, los adanismos de otros y la aventuras y locuras de aquellos otros.
 
Confieso que esta horrible posiblidad es uno de los motivos (no el único, claro) por los que Palinuro simpatiza con los dos fenómenos mencionados.  

dissabte, 3 de gener del 2015

Un año para engañar otra vez a la gente.

Estos sinvergüenzas no gobiernan. Cumplen órdenes de la patronal, de la banca, de la Iglesia, de Bruselas, de Merkel, del FMI. 

¿Qué hay que prohibir el aborto? Se prohíbe o, cuando menos, se intenta aunque quizá no salga por haber puesto al frente del comando misógino al más tonto de la cuadrilla que, claro, se creía el más listo.

¿Qué hay que abaratar el despido? Se hace gratis porque para eso los patronos son los que crean empleo y, si no lo crean, da igual pues son los que hacen suculentas donaciones a la banda de mangantes gracias a las cuales estos cobran los sobresueldos.

¿Qué hay que echar a la gente de sus casas? Se desahucia sin contemplaciones porque la banca perdona generosamente los créditos a los partidos a cambio de prebendas y tiene que cuadrar sus balances. Si los desahuciados se suicidan, ya los recibirá Dios en su seno.

¿Qué hay que subir el IVA de los productos sanitarios? Se sube y se baja el de la pornografía que es lo que consume la banda de ladrones.

Así que, como no gobiernan, tienen tiempo sobrado para otros menesteres como expoliar el erario, bien cometiendo delitos directamente o privatizando empresas y servicios públicos que vienen a ser dos formas de lo mismo.

En este momento tienen un año entero para preparar a conciencia la batería de mentiras, embustes y patrañas con que cuentan para engañar a la gente de nuevo. Si lo hicieron en noviembre de 2011, gracias a la generosa financiación ilegal que la partida de delincuentes de la Gürtel les proporcionó, con mayor razón ahora que, además de la financiación en negro, cuentan con todos los aparatos del Estado a su pleno y exclusivo servicio, desde la TVE hasta el último policía antidisturbios, pasando por los periódicos de papel, el Tribunal Constitucional y legiones de tertulianos a tanto el minuto de bellaquería y mendacidad. 

Tienen recursos sobrados para erigir su edificio de engaños y, de paso, seguir repartiéndose los sobresueldos con los que complementan sus nada desdeñables ingresos, como hacía y quién sabe si seguirá haciendo, el presidente del gobierno y el resto de miembros de esta supuesta asociación de malhechores a la que llaman partido político para disimular.

Un año tiene el presidente/sobresueldos para volver del revés unos sondeos que le son adversos. Un año a pleno rendimiento porque, lo dicho, estos no pierden el tiempo gobernando, que es un sinvivir, sino que se limitan a cumplir órdenes contra su propio pueblo.

La consigna básica de esta insoportable campaña de mentiras será que España sale de la crisis. Tres mentiras en una:

España. “España” no sale de la crisis porque como tal no existe en cuanto entidad que pueda entrar y salir de nada. Existen los españoles y, de estos, el 10 % de afortunados y privilegiados, en cuyo favor toman las decisiones estos mangantes, no sabe lo que es la crisis y el 90 % restante no sabe lo que es salir de la crisis ni lo sabrá.

Sale: no, no sale; ni España ni los españoles afectados. Todas las magnitudes indican lo contrario y, aunque la banda manipula y falsea las estadísticas y los datos, las cifras que se obtienen de fuentes exteriores pues las españolas están todas trucadas, dicen lo contrario. España no sale de la crisis. Sigue en ella y a peor porque ahora, además de tener una deuda de más de un billón de euros y de haber expoliado el fondo de pensiones, estamos en deflación.

Crisis: porque no es una crisis. Es el estado de normalidad del capitalismo. Lo que estos sinvergüenzas quieren perpetuar: salarios de hambre, inseguridad laboral, jornadas interminables y aumento sin cesar de los beneficios. No es una crisis; es una estafa. El capitalismo es una estafa y pretende quedarse.

Un año para preparar el terreno a base de embustes y trolas que este sujeto, perceptor de sobresueldos, lleva años soltando y ahora prodigará sin tino ni tasa, con esa elegancia de dicción que los dioses le han dado.

Si la gente vuelve a votar a esta banda de corruptos y mangantes merecerá lo que se le venga encima.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).


divendres, 2 de gener del 2015

Desalmados obedientes.


Ni nacimiento del Señor, ni amor cristiano, ni espíritu de la Navidad.

La muy pía alcaldesa de Madrid, contertulia habitual de la Virgen de la Almudena y de la Paloma, comienza el año ordenando cinco desahucios. Innecesario recordar lo que significa un desahucio para una familia, esa institución en cuyo favor se manifiestan los obispos en las calles con pancartas. Y no es una familia; son cinco. Y no son cinco; son decenas de miles.

Con un ser humano tratado injustamente ya se colma la medida de lo tolerable. Pero es que, además, no es uno; son, somos, centenares de miles, millones. El castigo, el maltrato, afecta a la mayoría de la población por uno u otro motivo. No es un comportamiento aislado, singular, de especial crueldad. Es una industria; una política.

Los datos referidos a los perjudicados por la racanería oficial con el fármaco de la hepatitis C están también en los cientos de miles. Y, en muchos casos, es perjuicio de vida o muerte. Un gobierno que tiene dinero para dar 11.000.millones de € a la Iglesia, rescatar bancos o autopistas en quiebra, para comprar armamento inútil o pertrechar a la fuerza pública con fines fáciles de imaginar, no tiene dinero para rescatar las vidas de sus gentes.

Claro, porque no son gentes, no son seres humanos o, si lo son, no son iguales a los privilegiados, que vienen de estirpe, según doctrina que profesaba Rajoy de joven y sigue profesando hoy  a juzgar por sus actos. Son números. Y como números los tratan unos gobernantes que carecen de toda idea de eso que dicen profesar y llaman humanismo cristiano. Rajoy no cree que el paro sea un drama humano que atenta contra el principio mismo de la dignidad de la persona; no cree que los contratos basura que su gobierno propicia destruyan esa dignidad y pongan a los trabajadores a merced de los patronos en condiciones de esclavitud. O sí lo cree y le da igual. Lo que le importa en presentar datos estadísticos que corroboren la fábula de la salida de la crisis que, según leo, Sánchez y Mas se han tragado ya. El paro, el paro juvenil, la subcontratación, la precariedad, la emigración, afectan a millones de personas, pero para el presidente del gobierno son cifras con las que sostener que hay tres décimas más de afliaciones a la seguridad social o que el PIB ha aumentado otras dos décimas. Contando, por cierto, que ya es el colmo, el producto de la prostitución y el tráfico de drogas.

Como todo les da igual y carecen de sentimientos, de un mínimo de pundonor y humanidad, dicen lo primero que se les pasa por la cabeza si entienden que puede apuntalar esa leyenda que el servicio de comunicación de La Moncloa está fabricando sobre la salida de la crisis. Aunque sea una monstruosidad. Así, de Guindos sostiene que ya se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo. Realmente inaudito. Con cinco millones de parados y otros tantos pendientes de contratos basura en condiciones de absoluta precariedad, que no saben si trabajarán o no la semana siguiente, hace falta ser un desalmado para decir algo semejante. O un inconsciente. O ambas cosas, que será lo más probable.

Ciertamente, desalmados. Pero al servicio de alguien o algo. La historia no se agota en el anecdotario personal. Tiene explicaciones que afectan a las instituciones, a la estructura misma del sistema. La clave está en el capitalismo y, para no enfadarme con los puristas que defienden el tipo ideal, diré, de este capitalismo. Dudo mucho de que haya otro, pero no lo niego sin más. En este, las cosas son diabólicamente simples: el poder real lo detentan las grandes corporaciones y entidades financieras que son como dioses todopoderosos invisibles a los mortales, habitantes de un remoto Olimpo al que llamamos mercados. Y desde donde rigen los destinos de aquellos, con una irremediable tendencia a convertirlos en infiernos.

A tales fines los poderes se valen de los gobiernos a través de los partidos políticos institucionales, encargados de convertir en políticas sus decisiones. Verdad que unos lo hacen de buen grado, como los partidos conservadores, y otros rezongan algo, como los socialdemócratas. Pero todos cumplen órdenes porque, aunque algunas (por ejemplo, desahucios en masa, despidos por miles, recortes a cientos de miles) puedan disgustar a alguno, que siempre habrá, no creen que exista alternativa, ni pueden imaginarla o quizá no quieran. También ellos defienden su interés que es una parte congrua del beneficio del expolio al bien común. Porque ese es el contenido esencial del capitalismo: la explotación del común en beneficio privado. Unos dan las órdenes y se quedan la parte del león; otros las cumplen y se quedan la del zorro.

Estos partidos están encargados de poner el Estado, con todos sus aparatos propagandísticos y coercitivos al servicio de quienes mandan. Medios, establecimientos educativos, fundaciones se encargan de adoctrinar a la población en la creencia de que el Estado debe ser neutral, mínimo, desaparecer en favor de esa dinámica angélica según la cual el beneficio privado ilimitado redunda luego en provecho general a través de la famosa teoría del trickle down (las salpicaduras) que es una verdadera burla cuya mejor traducción sería la parábola del rico Epulón. Si las doctrinas y manipulaciones ideológicas no bastan ni siquiera con los Evangelios en la mano, se echa mano de la policía, las fuerzas de seguridad, las redes de espionaje y, en último término, el ejército.

Una prueba evidente de ese espíritu es la Ley Mordaza en tramitación parlamentaria. Una norma que es una vergüenza y debiéramos recurrir en todos los foros políticos y judiciales, nacionales e internacionales porque es una agresión a los derechos y libertades de los ciudadanos a quienes estos desalmados tratan como a siervos de la gleba. Eso sí, entre rezo y rezo.

Quieren estar preparados por si la gente descubre que la fábula de la salida de la crisis es una patraña de gabinete de comunicación. Porque la llamada crisis es, en realidad, la condición permanente que le preparan los que no la padecen. No hay crisis para las grandes fortunas, los beneficios de las empresas, los de la banca; solo la hay para la gran mayoría, los parados, los jubilados, los dependientes, los trabajadores, las mujeres, los jóvenes. Y aquellos beneficios dependen de que esta crisis se prolongue. La crisis es el capitalismo.

dijous, 1 de gener del 2015

Una nueva revista.

De humor y de papel. Todavía queda gente brava en el mundo porque el papel da ya para poco y su destino parece sellado. El churro ilustrado nace para sobrevivir en un mundo hostil y quizá por eso viene sonriendo, en clave humorística. Sus redactores se ven como continuadores de La codorniz, nombre al que suele acompañar el adjetivo de "mítica". Palinuro es muy fiel a su memoria porque la única medalla que tiene le fue concedida, precisamente, por sus continuadores, y con ella le reconocían el mérito de ser luchador de causas perdidas. Desde luego, jamás cometeré la vulgaridad de apuntarme a una causa ganadora.

Lo del papel es inevitable signo de los tiempos. La revista tiene una especie de página web, Panini Comics, en la que se da cumplida información de sus propósitos. Estos se resumen en uno: hacer reír, cultivar el humor, la sátira. También aquí el panorama parece abigarrado. Hay dos publicaciones más de ese género en el mercado de papel el Jueves, la revista que sale los miércoles y Mongolia. ¿Es mucho? Los lectores dirán, pero sí cabe señalar algo colateralmente: es una ley política y sociológica que, cuando los sistemas democráticos se convierten en dictaduras, como está pasando en España con el gobierno de los sobresueldos, la corrupción y la Ley Mordaza, la opinión pública busque salida por la vía del humor. Los mejores chistes de la edad contemporánea salían de la Unión Soviética y la dictadura del genocida Francisco Franco a quien Dios, acojonado, tendrá a su diestra y, sobre todo, a su vista, por si los golpes de Estado celestiales. Que está este Papa sacando demasiado los pies del tiesto.

Mucha suerte a los del Churro ilustrado.

Voces y deseos.


Decía Gramsci, un hombre bueno y generoso (por eso terminó como terminó), que todos somos filósofos, aunque lo seamos "a nuestro modo", inconscientemente, porque solo en la mínima manifestación de alguna actividad intelectual, el "lenguaje", se contiene una concepción del mundo determinada. Luego ya es cosa de cada cual conformarse con una concepción impuesta desde fuera o buscarse una propia.

Así que todos filósofos, especialmente en ese día del año al que hemos adjudicado la tarea de simbolizar el misterio de los otros 364; el misterio del paso del tiempo, de cuya naturaleza ignorábamos todo cuando vinimos al mundo y seguiremos ignorándolo cuando nos vayamos de él, unos antes y otras después ya que ni de eso sabemos nada. Y como todos somos filósofos, aprovechamos la noche de San Silvestre (¡ánimo,Vallekas!) para rumiar nuestras preocupaciones, formular nuestros deseos y mostrarnos como somos.

Palinuro ha hecho un repaso de los dichos y hechos de sus habituales personajes de la escena pública y tiene una idea de cómo encaran algunos de ellos el Nuevo año.

Pedro Sánchez publica un artículo en El País titulado Un balance mirando al futuro, una palinodia contrita algo exagerada. Formalmente no está mal aunque, como a todos los artículos de quienes están más acostumbrados a hablar que a escribir, le sobra un párrafo: el primero. No es preciso justificarse por escribir. Esa es tarea del lector. Como tarea del elector es juzgar el comportamiento de los elegibles y estos tampoco necesitan justificarse por lo que hacen. El PSOE no tiene por qué justificarse por estar en la oposición ya que, con este gobierno, lo único que se puede hacer es estar en la oposición. Es la sutil diferencia entre colocarse en el pasado o en el futuro y que el rimbombante título quiere transmitir sin conseguirlo. El término "balance" tiene un deje contable; es un cierre ordenado de ejercicio y apertura de otro. Sánchez se jacta de ser "previsible", justo la misma jactancia de Rajoy quien siempre presume de su previsibilidad frente a las "ocurrencias" de... Sánchez. Este tendrá que encontrar un lenguaje más novedoso y menos apegado al de su contrincante si quiere despegar.

Rajoy no ha escrito nada. No teniendo que hablar en público, no le fue necesario escribir. Pero se despachó a gusto en una tertulia con amigos y conmilitones en su pueblo, que es lo que le va. Allí explicó su teoría sobre el peligro de los adanes que se creen que el mundo empieza con ellos. Son los de Podemos, claro. Hay algo extraño en ese plural de Adán, el prototipo del hombre solo. No puede haber adanes, entre otras cosas porque, aunque Rajoy no lo crea, Adán no estaba solo. Estaba con Eva. Pero eso es igual. De lo que se trata es de proclamar la continuidad y la estabilidad frente a la ruptura, siempre llena de peligros. Si la idea de la continuidad de Rajoy no hace felices a los cristianos, se les recuerda que los adanes significan inseguridad y, sobre todo, retroceso. Algo temible, ciertamente, que hable de retroceso quien ha hecho retroceder los derechos y libertades, el Estado del bienestar, la democracia parlamentaria, el Estado de derecho y la cuestión nacional/territorial a los primeros años de la transición y, en algunos casos, los últimos del franquismo.

Y todo en ambos casos, Sánchez escribiendo y Rajoy hablando, por no mencionar la bicha, que es Podemos, uno de los dos acontecimientos más importantes en 2014. Curiosa manía la de no llamar a las cosas por su nombre. Uno lo soslaya y el otro lo metamorfosea en adanes. Zapatero tardó meses en pronunciar la palabra "crisis" y de Rajoy no me consta que haya pronunciado la de "Bárcenas" desde que ambos hicieron la primera comunion. Al no nombre se añade ahora el de Rato. Es como si ambos creyeran con ancestral creencia que los problemas, las desgracias, las dificultades, desaparecieran con no nombrarlas o con inventarse una fábula. Si Palinuro fuera un poderoso empresario no pondría a ninguno de estos dos politicos al frente del departamento de tratos con la competencia.

No me consta que los de Podemos hayan hecho acto de presencia en el hostal del filósofo gramsciano de la noche de San Silvestre. Debe de ser la falta de costumbre. Pero tampoco es necesario. Ya hablan los demás y, sin querer, hablan de ellos. Y mal. En el doble sentido de con mala intención y mal estilo. Lo que es un exitazo de comunicación. Podemos no necesita hacer balance. Ese sí que tiene delante todo el futuro, lo cual implica una tremenda responsabilidad. Recuérdese al bueno de Marx: "El arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas. La violencia material debe derrocar a violencia material y la teoría solo se convertirá en violencia material cuando encarne en las masas. La teoría es capaz de encarnar en las masas cuando razona ad hominem y razona ad hominem cuando se radicaliza.Radicalizarse es ir a la raíz de las cosas. Y la raíz para el hombre es el hombre mismo". Y no digo más.

El otro nombre que falta en los dos discursos, el escrito y el hablado, es el de Cataluña. Ojos que no ven y oídos que no oyen, corazón que no sufre; ese corazón con el que tanto aman ambos a los catalanes. Estos siguen a su bola, erre que erre, hacia la indepedencia. Mas ha dejado claro que habrá elecciones y que serán plebiscitarias, lo que quiere decir que solo los catalanes decidirán el futuro de Cataluña. "Otro Adán", murmurará Rajoy para su coleto. En todo caso, ya solo queda por decidir cómo se harán esas elecciones, si con lista soberanista única o por separado. Se entiende el empecinamiento de las dos partes, Mas y Junqueras, en sus posiciones; pero, a la vista de los últimos sondeos, que los dan equiparados, el asunto no parece ser tan relevante. Así que buena suerte.

Porque si alguna esperanza queda de que el país retorne a la historia y salga de ese marasmo de idiocia y sentido de impotencia en que lo han sumido los genios de los últimos gobiernos, sobre todo el último, el de los sobresueldos, reside en estos dos empeños ausentes en los discursos de las autoridades y tan diferentes entre sí, Podemos y Cataluña.

Y feliz año a tod@s.

dimecres, 31 de desembre del 2014

"Rapiña de sobresueldos". Feliz 2015.


Por una vez, Palinuro titula con un préstamo. Eso de "Rapiña de sobresueldos" es el editorial de El País de hoy, último día de este año 2014. En él  se valoran los comportamientos presuntamente delictivos de los dos presidentes de Caja Madrid en su día, Blesa y Rato, que eldiario.es describe con detalle. Por supuesto, la acostumbrada historia de chanchullos y mangoneos para que un puñado de sinvergüenzas, en cuyas manos estuvo la gestión de una de las primeras entidades de crédito, se forrara supuestamente y se diera la supuesta vida padre a costa de la quiebra de la entidad y la ruina no supuesta sino muy real para mucha gente.

Editorial y portadas de los medios del último día del año. Da que pensar.

En realidad, la clave está en la expresión de sobresueldos. La palabra que califica el gobierno de Rajoy y la práctica de su partido durante veinte años. El PP es el partido de los sobresueldos, empezando por su presidente y hoy presidente del gobierno español. Cientos de miles de euros de sobresueldos cobrados por gentes que, a su vez, tenían un sueldo por el cargo que desempeñaban. Desde Aznar hasta Arenas, pasando por Cospedal, Rajoy, Sáenz de Santamaría, Bárcenas, Hernando y toda la plana mayor del PP viviendo a costa de los españoles por partida doble.

La práctica de los sobresueldos estaba tan extendida que en un primer momento se reconocieron sin ambages. Rajoy defendió en el Parlamento su licitud sosteniendo que, como en todas las empresas, se pagaban complementos por productividad, incluida, se entiende, la suya. Era normal, era lógico, que el partido pagara un complemento a sus cargos electos por razón de dedicación y productividad y, se decía, la cuestión era que se tributara a Hacienda. Era tan extendida la corruptela que no se consideraba tal. Sin embargo, lo era. Al margen de las cuestiones que se planteaban respecto a la vigente Ley de Incompatibilidades, está el hecho de que un partido no es una empresa y, financiándose casi por entero con cargo al erario, tampoco puede hacer con el dinero lo que le venga en gana. La prueba es que debe rendir cuentas ante un órgano fiscalizador, el Tribunal de Cuentas. Otra cosa es que las rinda, que las que rinda sean ciertas o que el propio órgano sirva para algo y no esté necesitado a su vez de fiscalización.

Poco a poco, la opinión sobre los famosos sobresueldos fue cambiando. Se seguía manteniendo su legalidad pero se admitía implícitamente su inmoralidad. En algunos casos, esa inmoralidad era casi burla sangrienta, como cuando Rajoy se negó a responder a una pregunta directa sobre su sueldo en un programa de televisión, sabiendo que era de escándalo. O cuando este mismo desaprensivo personaje respondió a un ciudadano que le preguntaba por su salario asegurándoles que tenía los problemas de cualquier otro y que miraba sus cuentas a fin de mes cuando ingresaba por encima de 200.000 euros anuales. Los sobresueldos que se embolsaban estos pintas eran tan inmorales que no podían confesarse en público.

 Así que dejaron de justificarse, incluso se ocultaban, dejó de hablarse de ellos. No se admitían preguntas, se interponía el plasma, se daban respuestas propias de jayanes tabernarios: "ya tal", "sí, hombre...", etc. Pero ese silencio duró muy poco porque enseguida empezó a vincularse el devengo de estas cantidades con la existencia de una caja B en el PP. Ciertamente, el partido y su presidente varias veces han negado la existencia de tal caja B. Pero el juez la da de hecho por probada en el curso de sus investigaciones sobre los papeles de Bárcenas y la Gürtel, entre otras. Una caja B nutrida del saqueo de las arcas públicas, de comisiones, mordidas, dinero muy sucio, de origen supuestamente delictivo pero con la que se pagaron obras en negro hasta de la sede del PP en Madrid, siendo responsable último de este latrocinio el principal perceptor de los sobresueldos, Rajoy.

O sea, no solo hubo sobresueldos, sino que estos pueden ser de procedencia ilícita. En qué grado es cosa que se verá, pero esa fórmula empleada por el juez respecto a la ministra Mato de "partícipe a título lucrativo" de un presunto delito, quizá pueda aplicarse asimismo a los receptores de sobresueldos de dineros irregulares, incluido el presidente del gobierno. Máxime si se tiene en cuenta que el mismo juez imputa esa participación también al partido en su conjunto. Y el partido en su conjunto tiene una cabeza visible y, cuando menos, políticamente responsable, que es su presidente.

"Rapiña de sobresueldos" no es solamente la nueva desvergüenza con la que los españoles van a inaugurar el año en el que se les promete salir de la crisis pero todo apunta a que, una vez más, no será verdad. Es la condición del PP hace veinte años y eso explica muchas cosas. La principal, que el PP es una asociación de presuntos malhechores que utilizan la política para su medro personal. Sueldos, privilegios, bicocas y, encima, sobresueldos. Ser miembro del PP es un chollo. Muchos de sus dirigentes sobresoldados llevan diez o veinte años viviendo de la política a costa de los ciudadanos y, si tuvieran que ganarse la vida por su cuenta, lo tendrían crudo. Se entiende que sus dirigentes y cuadros no defienden ideas, principios, criterios, políticas. Defienden sus intereses, su bolsillo, sus chanchullos, su parasitismo del erario, se cubren entre ellos, se ayudan, utilizan el partido para obstaculizar la justicia, eliminar pruebas, quedar impunes. No, definitivamente no es un partido sino que más parece una partida de ladrones, por cierto bendecida por la Iglesia a la que reservan su mordida.

"Rapiña de sobresueldos" en el país de los infrasueldos.

Feliz 2015.