divendres, 4 d’octubre del 2013

La política de la muerte.


Los muertos nos acechan, nos asaltan, llegan a cientos a nuestras playas. Los muertos que hemos matado con nuestra indiferencia, nuestro egoísmo, nuestra insolidaridad. Los muertos llueven. Caen en Siria, en Afganistán, en México, en Palestina, en los colegios de los Estados Unidos, los balnearios noruegos o los trenes españoles. Y sus muertes son siempre un escándalo. Pero estos doscientos africanos que se han ahogado ante Lampedusa, mujeres, hombres, niños, tienen algo especial. Se nos echan encima, nos amargan la existencia. Hasta el Papa dice sentirse avergonzado. Un sentimiento que compartimos muchos. Un sentimiento noble engastado en otro menos noble, en otro de perversa autocomplacencia: somos unos privilegiados. La gente se juega la vida por entrar en nuestra casa. Y la pierde a puñados. Es, desde luego, escandaloso, una vergüenza. Hay que arreglarlo pero, por favor, no podemos abrir nuestras fronteras. Pereceríamos todos. Definitivamente, menos noble.

Porque la vergüenza nos la inspiramos nosotros mismos. Nosotros somos la vergüenza. Y parece como si, al sentirla, y confesarla en público, cuando los africanos perecen a puñados ante nuestras costas víctimas de la codicia de los traficantes y de la incompetencia o la indiferencia de las autoridades, pudiéramos olvidarnos de nuestros propios muertos, de los que matamos en esa casa por entrar en la cual pierden la vida tantos desgraciados de fuera.

La muerte no es cosa de cantidades. Ese indigente muerto de inanición en Sevilla vale por todos los africanos del mundo. Por todo el mundo en realidad. Plantea una cuestión bien terrible: ¿cómo hemos llegado a esta situación en la que, en mitad de la abundancia, la gente pasa hambre y alguna, a la vista está, muere de ella?

Pero también puede ser de cantidad. ¿Cuántos suicidios por desahucio llevamos? Formalmente son suicidios. Materialmente son asesinatos. Ninguna madre de cinco críos se suicida así porque sí.

Son asesinatos. Todos. Los de fuera y los de dentro. Asesinatos perpetrados por un orden basado en la violencia estructural más extrema, esa de la que no tiene ni idea el ministro de Justicia, pero la usa para sus torcidos fines. Porque él, tan creyente, es parte de una política de partido que, profesando de boquilla el individualismo cristiano, carece de toda consideración por la dignidad de la persona. Más aun: considera a las personas mercancías. Rajoy sigue su periplo vendiendo la Marca España. Ahora, en el Japón, ha expuesto claramente esa visión mercantilizada de los seres humanos propia de estos neoliberales. Quiere convencer a los inversores japoneses de que es una buena ocasión para meter dinero  porque él ha bajado los salarios en España.

La política de la derecha neoliberal es política de muerte. Los seres humanos son mercancías; las mercancías se deterioran, se echan a perder, se hacen obsoletas, envejecen; hay que deshacerse de ellas y, las que resten, ponerlas a buen precio. Lo dijo hace unos meses una de esas responsables de sanidad del PP (madrileño, creo) con aire de experta en master de administración de la salud o cosa parecida ¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema? Ándele, pregunte al cargo qué entiende por sentido. Las bocas inútiles. La política de la muerte. Es ya más que la biopolítica foucaultiana. Es directamente la tanatopolítica.

Rajoy considera la Marca España como una especie de empresa. España es una empresa; los españoles somos los trabajadores y la empresa siempre quiere rebajar los salarios para aumentar los beneficios. Siempre. Y como, según el catón económico que alguien ha metido en la cabeza al presidente, son los empresarios los que generan empleo, hay que garantizarles los beneficios. Si para ello es necesario despojar a los compatriotas de sus derechos y entregarlos en condiciones de servidumbre, se hace. Y, además, se dice. Rebajar los salarios, reducir las pensiones, eliminar subvenciones, subsidios, prestaciones, becas, ayudas. La política de la muerte va precedida del expolio.

Aun así, no pasa nada y todo el mundo se pregunta por qué. ¿Por qué? Miren Lampedusa. Miren los restos de quienes han muerto por llegar aquí a que los exploten, los maltraten, los prostituyan, los encarcelen o los maten. ¿Lo ven? Es una vergüenza, sí, pero son ustedes unos privilegiados. Y estar peor es solo cuestión de proponérselo.

El escritor y su doble.


El próximo sábado, día 5 de octubre, Palinuro está invitado a un encuentro de escritores en Segovia, según el cartel de la imagen. El evento promete, sobre todo por los demás participantes, que no por el pobre Palinuro quien, cuando lo llaman a estos actos se siente como el Poor Tom del King Lear, de Shakespeare, que "come la rana de la charca, el sapo, el renacuajo, el lagarto y el agua...".

Preguntó Palinuro de qué deseaban que hablara, presumiendo con cierta vanidad que, pues le llamaban, sería para que hablase y no para que se quedase callado, y le dijeron que de lo que quisiera: de su obra, de sus libros, de su vida. En fin, privilegios de escritores. Dio el título que figura en el cartel: "el escritor y su doble", sintiéndose un poco como Antonin Artaud. Para eso escribió un ensayo hace ya unos diez años sobre La figura del doble en la literatura. Se supone que algo sabrá de ello. Pero, como no me fío de él, me llevaré puesto el blog y, si veo que desbarra (Palinuro, no su blog), me pondré a hablar del blog y de nuestra nueva página web que también se llama Palinuro y es muy chula. 

Al fin y al cabo, Palinuro es mi otro yo. El real.

Tod@s, como siempre, invitad@s.

dijous, 3 d’octubre del 2013

"Una empresa criminal".


Una empresa criminal es el calificativo de la acusación particular en el proceso a Fabra. Ya se verá lo que sale del juicio pero esa acusación refleja bastante bien las actividades presuntamente realizadas durante años, decenios, por este cacique, hijo y nieto de caciques, dueño y señor de Castellón, en donde hacía lo que le salía de ese atributo que él llama la pirula.

Innecesario acumular aquí las acusaciones que se hacen a Fabra, de todos conocidas, apabullantes, escandalosas: malversación, tráfico de influencias... Su biografía viene a ser como una pieza de teatro de Bertolt Brecht. Él mismo presumía a gritos de colocar a la gente a puñados según le salía de la pirula, supongo, votos agradecidos, decía. Llamaba hijo de puta al portavoz de la oposición. Le tocaba la lotería con la regularidad de las estaciones del año. Un tipo pintoresco, bravucón, mal hablado, faltón, que se creía con derecho a todo, hasta a construir un aeropuerto sin aviones sin duda por su santa pirula y que coronó luego con una estatua colosal a su propia persona, como si fuera Constantino. ¿Cabe imaginar algo más desaforado, más ridículo y necio que erigirse una estatua a sí mismo? Y con el dinero público.

Un personaje de sainete que, al parecer, no acierta a explicar su increíble enriquecimiento personal ni el de su esposa, de la que está separado actualmente, así como el otro matrimonio procesado, ambos en unos líos de divorcios y separaciones y sospechas de cuernos que deben de estar haciendo las delicias de las televisiones rosa caca. Dispuesto, además a seguir la saga Fabra en la persona de su hija, diputada en el Congreso y famosa por el muy fabriano ¡que se jodan!. Sobre todo por no tener la pirula de papi.

¿Cómo puede haberse dado un caso así en una país europeo del siglo XXI? En una gran nación. No es un caso aislado. Es regla. En todo similar a Baltar en Ourense, Matas en Baleares y muchos otros cargos, presidentes de comunidades autónomas que tienen enchufada a toda su familia hasta la tercera generación, alcaldes que contratan a sus hijos, hijas, cónyuges o a los del otro alcalde para que luego le hagan lo mismo. Es el propio Partido Popular que, a tenor de los papeles de Bárcenas, también puede considerarse como una presunta empresa criminal o asociación de malhechores. Es la mamandurria normal, los sobresueldos, los pagos en B, los diferidos, los finiquitos simulados, los gürteles, las adjudicaciones mangoneadas, la contratación de un ejército de asesores practicamente analfabetos pero cobrando una pastuqui. Es un mundo de corrupción que continuamente lo ensucia todo. La primera sesión del juicio de Fabra ya ha salpicado a Jesús Posada, el presidente/cancerbero del PP en el Parlamento como mediador o, cuando menos conocedor, del presunto delito del caso Naranjax. Curioso nombre.

¿O no era Fabra, al decir de Rajoy un ciudadano modelo y un político ejemplar? Para cuando estos ditirambos trinaban por las ondas, el tal Fabra ya era Fabra por los cuatro costados. ¿O también va a decir Rajoy que el de Castellón lo engañó, como Bárcenas? Sería hacer oposiciones a que le llamaran bobo solemne como él llamaba a Zapatero y con bastante más razón. Y, además, no es el caso. El caso es que Rajoy considera en efecto que Fabra, este Fabra, es un ejemplo y un modelo. Como Camps, como Matas, como Baltar. Es la empresa criminal. La asociación de cobradores de sobresueldos y repartidores de los caudales públicos por el afamado criterio que se atribuye a Baltar de si no eres del PP, jódete, estilo Fabra también. 

Lo de Quijorna es la excrecencia colorida de este mundo de mangantes.

La noche ciega.


El caminante fue acumulando recuerdos a lo largo de la jornada. Memorias fugaces. Instantes alegres, tristes, intensos. Impresiones que se repetían. Reconstrucciones caprichosas. Reinterpretaciones. Tesoros guardados celosamente. Un pasado fragmentario. No se detenía en nada, pero lo iba archivando todo según llegaba. Todo lo metía en un cajón de cualquier forma, corriendo el riesgo de que cada adición cayera como un ladrillo en el mullido colchón que formaban los demás y lo alterara. No le importaba. Seguía caminando, recibiendo imágenes del pasado de la más variada condición. Una sonrisa, el frenazo de un coche, el cielo estrellado, la halitosis del vecino, la música en el ascensor, la mirada de un hijo, unos ladridos en la noche, la moral del caballero, los precios en el escaparate, un deseo de niño, la imagen de un Papa en la televisión, la caricia del amante, una guerra lejana, la muerte de un divo,  el ceño del padre, una larga conversación sobre la “cristalización” de Stendhal, un error de juicio, el cuento de la abuela, las alforjas esas de las que salen los recuerdos, una pelea a gritos en un bar, un examen difícil, la visita al manicomio, el infinito del universo o su finitud, la zancadilla del colega, las consecuencias de los actos, Dios de la mano de todos los dioses, una ruindad imperdonable, el sistema binario, quintaesencia del ser humano. Y así siguió hasta que, rendido, se detuvo a dormir.

Se sentó al pie de un árbol y cerró los ojos. Buscó el cajón. No lo halló. Se levantó una noche insondable. Nada de lo vivido, nada de lo revivido volvía. Nada puede volver. ¿Para qué? Nada puede cambiarse. Lo que fue sigue actuando, sigue llegando. Pero no como ello mismo sino como sus consecuencias. Las consecuencias son la morrena que engulle el presente. Las memorias son despojos, jirones, pecios inseguros sobre esa masa en movimiento quieto que es el yo. Sirven para hacernos creer que entre ellas y nosotros hay algún lazo de unión y así nos olvidemos de lo que somos, pero solo el tiempo que tardan en volver a sumergirse. Mejor dicho, de lo que suponemos que somos. Porque ser, lo que se dice ser, no somos nada. Si acaso un desorden que llama orden al caos.

La oscuridad era tal que no había diferencia entre mantener los ojos abiertos o cerrados. La mirada interior, esa es la que cuenta. La que atisba en los vericuetos de lo que llevamos dentro. Y ¿qué llevamos dentro? Sentimientos, solo sentimientos. Todo se hace sentimiento. La razón misma es sentimiento, bastante primitivo por cierto. Sentimientos que prenden en algún lugar indefinido pero se definen con palabras: tristeza, furia, sufrimiento, orgullo, alegría, venganza, arrepentimiento, generosidad, angustia, culpabilidad, nostalgia, amor, odio; la paleta entera de los estados de ánimo, de espíritu, del alma incomprensible. Son los sentimientos los que definen los caracteres desde Teofastro hasta C. G. Jung.

Levantándose con la del alba, el caminante llena sus pulmones con el aire fresco y, haciendo bocina con las manos grita al mundo ¡lo siento! Es como si se hiciera el harakiri y quisiera fundirse con todo lo que fue. Y desaparecer.

Luego, se echa el morral al hombro y sigue su camino. Pero ya es otro. Como Rimbaud.

(La imagen es una foto de Euromagic, bajo
licencia Creative Commons).

dimecres, 2 d’octubre del 2013

II Año triunfal.


A ver. Pues parece vuelven las esencias patrias, vuelvan del todo. En Quijorna se ha celebrado una feria retrofranquista absolutamente camp. La alcaldesa del PP -que Santa Lucía le conserve la vista- llamada al orden por los menos montaraces del partido dice no haber visto las banderas franquistas. Banderas franquistas, letreros de "¡Saludo a Franco! ¡Arriba España!"; más el Ausente, siempre presente; pendones falangistas, chatarra facha de los años treinta y cuarenta y parafernalia militar así como mercenaria. Y un cartel muy, muy significativo: Brunete. Quijorna es un pueblo esencial en la batalla de Brunete, de 1937 que, según el propio Franco, decidiría el ganador de la guerra. Uno de los enfrentamientos más sanguinarios de la contienda. Los republicanos habían tomado el pueblo en su ofensiva y amenazaban el cuartel general de Varela. La lucha final se dio en Brunete y la República encajó su primera derrota estratégica, a pesar de haber recuperado unos miserables kilómetros. Pero, ¡ay, amigo! en esos kilómetros quedó Quijorna, bajo la tiranía roja. Así que Brunete se llevó la gloria y Quijorna los palos. Franco estaba seguro de haber ganado la batalla gracias a la intervención de Santiago en la figura de una fantasmagórico jinete que, solo, arremetio contra las líneas enemigas y a bombazos destruyó sus nidos de ametralladoras, desapareciendo luego para siempre jamás. Santiago había vuelto a cerrar España en Brunete como lo hiciera en Clavijo. ¿Y no van a montar el revival franquista los de Quijorna con un gobierno municipal de aplastante mayoría del PP y un partido independiente de Quijorna que, en fin..., así como un concejal socialista que debe de tener la importancia del macetero?

Quijorna es una pieza más de ese rosario de hogueras de antaño que ha ido encendiéndose por la geografía hispana este verano en simpáticos actos de exaltación franquista de las juventudes de Nuevas Generaciones del PP, tan nuevas como la momia de Franco que sacan en las redes. Chiquilladas, según los mandos de la organización, gentes mesuradas, moderadas, de centro-derecha. Se han añadido diversas alcaldadas del mismo tenor: Franco en el corazón de algunos varas del PP que, como el suegro del ministro de Justicia, no cambian de bandera. Como tampoco los jóvenes de una cierta Alianza Nacional que irrumpieron en Blanquerna en el mejor estilo de los matones fachas al uso. Para completar, un festival de quema de trapos separatistas en Cercedilla, protagonizada por similares elementos con el fin de recaudar fondos para organizar una marcha de escuadristas a Barcelona el próximo 12 de octubre, día del orgullo patrio, a sobar el morro a los catalufos. En ese discurrir del río que nos lleva de vuelta al fascismo, la fiesta de Quijorna (¡en un colegio público! se lamentan los progres) es la última perla del II Año triunfal de Rajoy.

Por eso, vayan las generaciones nuevas familiarizándose con la simbología que llega. Ahí tienen la carátula de la primera edición (1943) del noticiario-documental (NO-DO) semanal que todos los cines habían de exhibir obligatoriamente al comienzo de sus sesiones. Llevaba un subtítulo que rezaba El mundo entero al alcance de todos los españoles y su contenido fue básicamente el mismo durante cerca de cuarenta años: exaltación del caudillo y su capacidad para sembrar España de pantanos y esperanzas y de enriquecerla a ojos vistas; su íntima, recatada y cariñosa vida familiar, viendo crecer a sus nietos en el Pazo de Meirás; su habilidad para pescar no recuerdo bien si tiburones o cachalotes o  atunes más grandes que él. Noticias del extranjero en las que se hablaban pestes de las democracias y no digamos nada del comunismo soviético y sus naciones esclavizadas por las cuales se hacían vigilias en las calles de Madrid. La iglesia tenía lugar preferente, siempre aliada al régimen, a cuyo titular paseó bajo palio por los páramos de España. La economía viento en popa, especialmente en los años del contrabando. Mucho fútbol y deportes y alguna anécdota sencilla para mostrar cuán unidos estaban el pueblo y su caudillo: un matrimonio con veintiún hijos, premiado por Franco, o una honrada mujer del pueblo a quien había tocado el Seat 600 nº 1.000 salido de fábrica.

Y así año tras año. Todos triunfales. Cuarenta años triunfales. Como este, segundo de Rajoy.

Poco a poco, las instituciones van doblegándose al espíritu de la gran nación, que renace de la postración sociata. La policía certifica que no puede recuperar información de un disco duro de Bárcenas pues está borrada a conciencia. El otro disco duro ni existe, pues lo han destruido sin que Rajoy se haya enterado. Hacienda considera que nadie en el PP ha cometido delito fiscal alguno; de haberlo hecho, ha prescrito y los otros no alcanzan la cuantía. Y eso que Hacienda, un típico órgano de la Realpolitik, considera susceptibles de gravamen incluso los ingresos irregulares y hasta ilegales.

Según Rubalcaba, que un comportamiento no sea delictivo no quiere decir que sea admisible o tolerable. Puede ser claramente inmoral. Puede. Pero no les importa. Rubalcaba vive en otro país. En una España que se ha sacado de la cabeza, producto de un acuerdo entre presuntos caballeros llamado en su momento transición sin darse cuenta de que los otros se han apeado de él hace ya tiempo.

Caso Fabra, epítome del territorio PP (básicamente Galicia, Castilla y León, Valencia, Madrid, Murcia) en los últimos veinte años. ¿Alguna duda de que se trata de un caso de caciquismo de manual? Pero de manual del siglo XIX pues la estirpe de los Fabra (como diría Rajoy) se remonta, por lo menos, al general Prim. Los presidentes de las diputaciones, todos del Movimiento Nacional, como los gobernadores civiles en tiempos del franquismo eran tramos de la carrera política de la gente del régimen. Pero los presidentes de las diputaciones manejaban una pastuqui -ya entonces-, solían enriquecerse -si no eran ricos de familia- y no se movían del terruño, en el que se perpetuaban como novelas-río. Favores, malversación, clientelismo, enchufismo, compra de votos, cohechos, ilegalidades de todo tipo constituían el crisol de la raza. Atacarlo era casi imposible. Diez años lleva Fabra procesado; nueve jueces ha devorado el proceso cual terrible Cronos, y no sé cuántos fiscales. ¿Llegará el II Año triunfal a tiempo de desbaratar ese atentado a la justicia de ver a un prohombre de la patria sentado en el banquillo?

Y lo de Fabra es casi el chocolate del famoso loro. Está por ver qué harán las huestes nacionales con Cataluña, inmersas en una dinámica endiablada: para aumentar su base electoral, la derecha tiene que acentuar la hostilidad a Cataluña, en lo cual compite con el PSOE. Basta escuchar a Rodríguez Ibarra, Patxi López o Belloch, quien pide la suspensión de la autonomía catalana. Una hostilidad que intensifica la deriva secesionista en Cataluña. Y no hablemos del conflicto que ha provocado de modo absolutamente irresponsable el señor Bauzá en Baleares, quien acabará consiguiendo que se articule un frente de Països catalans. Por no hablar del País Vasco. La respuesta masiva al asalto a Herrira amenaza con reagudizar el conflicto (ese que dicen que no hay) en la CAV.

Lo más sorprendente es que nadie quiera avisar de que el país va lanzado al desastre con unos niveles de fractura y confrontación insostenibles provocados por la ineptitud de un gobierno que solo gobierna para la patronal, la banca y la iglesia. El presidente sigue oculto. En la actualidad parece estar recorriendo el Japón, a donde ha llegado procedente de Kazijistán, en donde paró llegando de Nueva York, a donde había ido procedente de Buenos Aires, de sellar el espantoso ridículo de la Marca España, tras haberla anunciado veinticuatro horas antes en alguna ciudad del norte de Europa. Es decir, el presidente no está. Es un presidente itinerante, como la corte de los Austrias. Cuando está, tampoco está, pues no habla. El gobierno tira por donde puede y los distintos ministros siguen trabajando para amargar la vida al personal y caer mal a todo el mundo en los barómetros. El partido, acogotado por el caso Bárcenas, carece de semblante y voz con un mínimo de crédito y respetabilidad. La señora Cospedal está tan afectada por el caso Bárcenas como Arenas, Pons, el propio Rajoy, Aznar, Cascos, etc. Solo queda Floriano y queda por no haberse enterado de lo de Bárcenas. Lo que permite barruntar de qué se entera.

dimarts, 1 d’octubre del 2013

Buscadlos, desenterradlos, hacedles justicia.


Aquí todo el mundo pide "grandeza" a los demás. Siempre a los demás. Rara vez a uno mismo. Desde el lejano Kazajistán, gobernado hoy por el antiguo primer secretario del Partido Comunista de la entonces República de la Unión Soviética, Nursultán Nazarbayev, pide Rajoy "grandeza" a Mas para renunciar a la independencia y Mas le devuelve la pelota sosteniendo que la "grandeza" sería dejar votar a los catalanes en la famosa consulta del dret a decidir.

A sus vez, los enviados de la ONU, pertenecientes al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias que llevan una semana en Madrid haciendo averiguaciones sobre las desapariciones forzosas del franquismo, instan al gobierno a tomar medidas para hacer justicia a las víctimas. Ignoro si utilizan también el término grandeza pero es claro que encajaría y podrían hacerlo. Al fin y al cabo se dirigen a un gobierno y un partido cuyas relaciones con el franquismo son, por decirlo con suavidad, estrechas. Condenó de boquilla en cierta ocasión la dictadura, pero se negó a hacerlo en el Parlamento Europeo, se niega a aplicar la Ley de la Memoria Histórica en lo que hace a los símbolos y otros restos del franquismo y no ayuda en absoluto a que los familiares de los asesinados y enterrados en fosas comunes y anónimas por todo el país, sean resarcidos y obtengan justicia. Un partido y un gobierno que justifican su actitud con el argumento de que no hay que reabrir heridas cerradas, siendo evidente que las heridas no están cerradas, como se demuestra por la permanente presión de los familiares y descendientes de las víctimas para que se haga justicia, aunque para ello hayan de acudir a la Argentina o a la ONU. Un partido que, al menor descuido homenajea a los franquistas como vencedores de la guerra civil.

El gobierno, la fiscalía, la derecha en general argumentan que, por si los presuntos delitos no hubieren prescrito, la Ley de Amnistía de 1977 cierra el paso a su averiguación. Los teóricos de la derecha suelen añadir que la guerra civil conoció demasías por ambas partes y que conviene olvidarlo, pues tal es el espíritu de la reconciliación que animó la transición.

El grupo de trabajo de la ONU viene a decir que los delitos de desapariciones forzosas no prescriben y que, el parlamento español debe derogar la Ley de Amnistía que es una Ley de punto final y proceder a hacer justicia con los desaparecidos del franquismo. 

Ciertamente, si el gobierno se pusiera manos a la obra a cumplir las recomendaciones de los comisionados de la ONU demostraría grandeza. Es obvio que el asunto de la justicia a las víctimas del franquismo es una de las diversas partes por las que la transición hace aguas. Aquella Ley de Amnistía con la que los responsables de la dictadura se blindaban jurídicamente respondía al temor de que, cambiando la situación política, ellos pudieran sufrir represalias a manos de unas izquierdas que, precisamente para garantizar lo contrario, aceptaron la Ley de Amnistía en detrimento de los derechos de las víctimas. 35 años más tarde, siendo ya obvio que la Dictadura no acarreó consecuencias negativas para quienes la sirvieron, y habiendo cambiando mucho la conciencia moral y jurídica de los pueblos en relación a este tipo de crímenes, el mantenimiento de este criterio no es justo.

La transición se hizo con olvido de las víctimas del franquismo. Los derrotados de la guerra tuvieron que aceptar la segunda derrota de la memoria: a los cuarenta años del fin de la contienda, seguirían sin existir. Pero ahora han pasado casi otros tantos y es claro que los efectos negativos que para la reconciliación pudieran haberse temido en 1978 (que jamás fueron reales) ya no pueden invocarse.

El reconocimiento del carácter criminal de la dictadura y la garantía de justicia a las víctimas sería en verdad el acto de grandeza de la derecha  que cristalizaría en la auténtica reconciliación de los españoles. Mientras eso no se haga, las heridas continuarán abiertas, entre otras cosas porque los descendientes o herederos políticos de quienes las infligieron  consideran que las víctimas se lo merecían.

Ese es el problema.

(La imagen es una foto de El reñidero, bajo licencia Creative Commons).

dilluns, 30 de setembre del 2013

Lección inaugural en la UNED.


Me ha correspondido dictar la lección inaugural de este curso en la UNED. Es un gran honor para mi Facultad y para mí personalmente y espero estar a la altura de las circunstancias. He preparado con todo esmero un texto que lleva el título de la ilustración De la legitimidad del poder y la dignidad de la política, que reproduzco a continuación. Este texto, una síntesis, será el que exponga porque la lección, ya impresa, es bastante más extensa.

La apertura se celebra en el salón de actos de la UNED, edificio de Humanidades, c/Senda del Rey s/n a las 11:30 de la mañana y tod@s l@s lector@s de Palinuro están cordialmente invitad@s.

A continuación incluyo el texto de la lección, aunque no las imágenes, sobre todo estadísticas y datos porque están en una presentación PWP y no puedo subirla, salvo que la convierta en un vídeo, habilidad que me propongo aprender pero que aún no está a mi alcance.

Actualización a las 20:30 de hoy. Ya está subido a la red el vídeo completo del acto de inauguración: aquí. En él se encuentram las intervenciones completas de la secretaria general de la UNED, un servidor, el secretario de Estado de Universidades y el rector, Alejandro Tiana Ferrer. Igualmente el texto completo de la lección inaugural que en la exposición oral hube de resumir por razones de protocolo.


Las auditorías.


El PP está de nuevo en campaña electoral. Si por un lado presenta los presupuestos de 2014, por otro reúne a sus cuadros dirigentes para organizar la reconquista del terreno perdido en intención de voto de los electores en estos dos años de gobierno. Al parecer, el gurú electoral del partido, Pedro Arriola, les ha explicado el sentido de los baremos del CIS y los ha orientado, es de suponer, acerca de cómo dar la vuelta a las encuestas, en reciente expresión de Rajoy.

Además tendrán que explicar el sentido de estos presupuestos, vendidos por el gobierno como los de la recuperación y tachados por la oposición de los del hundimiento definitivo. Las recetas son muchas pero una condensa gráficamente el contenido de todas ellas: lo peor de la crisis ha pasado ya. Es difícil defender tal cosa con unos presupuestos que prolongan los sacrificios, alzas y recortes e introducen algunos de tapadillo, al socaire de las habituales interpretaciones equívocas: no se subirán los impuestos el año que viene, pero se congela la paga de los funcionarios que es lo mismo que si se los subieran. Pero si difícil es defender que lo peor ha pasado tratándose de los presupuestos, no se dirá nada de hacerlo tratándose del escándalo Bárcenas. Decir que lo peor de Bárcenas ha pasado ya cuando todos los días gotean escándalos con él relacionados y el procedimiento sigue su curso sin que nadie pueda prever sus consecuencias, tiene mucho de voluntarismo con un punto de ingenuidad.

Por más que el PP se empeñe, el caso Bárcenas no saldrá del escenario sencillamente porque es el caso Rajoy. Por lo conocido hasta la fecha, Rajoy y Bárcenas formaban una especie de unidad para ciertos temas, actuaban conjuntamente y se daban consejas acerca de cómo encarar las dificultades, cual prueban fehacientemente los SMSs del presidente del gobierno. Así que no hay caso B sino caso B/R y ese no va a pasar a segundo plano porque los hechos aflorados que nadie ha desmentido son tan graves que afectan a la legitimidad del mando de Rajoy y lo sitúan en opinión generalizada camino de la inevitable dimisión.

Hace bien el PP en prepararse para las elecciones aún lejanas. Los arúspices vaticinan desgracia. Según sus encuestas internas podría perder la alcaldía y la Comunidad de Madrid, lo cual es muy grave en todos los sentidos, incluido el que el malicioso lector está pensando. Hay que ponerse las pilas, ha venido a decir Arriola, salir a ganar. Es prudente empezar con tiempo. Dar la vuelta a las encuestas no es tarea fácil, sobre todo si no hay con qué.

¿Y la oposición?

Tendría que estar pensando en lo mismo: en prepararse para las elecciones. Cierto, sin dejar de hacer oposición en el día a día pues para eso está. Pero atendiendo más al medio plazo, en las elecciones europeas de 2014, las municipales y autonómicas de 2015 y las generales de ese mismo año que son las importantes. Sin perjuicio de la flexibilidad requerida en todo momento, el mensaje de la oposición en esas elecciones ha de partir de una valoración realista del pasado que sirva para justificar las medidas propuestas. Esa valoración realista ha de hacerse en dos campos distintos y debe tener la objetividad y la frialdad de una auditoría. El primer campo afecta a la crisis en su conjunto y exige una auditoría de la deuda que nadie ha hecho todavía, debiendo haber sido lo primero que se hiciera. Saber qué parte de la deuda es legítima y cuál ilegítima para orientar distintas opciones políticas; en lugar de caer en el pánico y aceptar todo lo que nos echen y como nos lo echen.

El segundo campo afecta a la gestión del PP y debe asimismo tomar la forma de otra auditoría. Mejor dicho, dos: una referida a la gestión de los gobiernos de Aznar y otra a la de Rajoy. La auditoría de la era Aznar, que se ha vendido como la de las vacas gordas por obra de aquel que se consideraba a sí mismo como el milagro de España, debe reflejar los logros y fracasos del empeño, singularmente las consecuencias de la burbuja inmobiliaria que ha producido el destrozo sobreañadido de la parte hispánica de la crisis con sus datos pavorosos. A eso deben añadirse los despilfarros, los dispendios ostentosos, las obras públicas absurdas, los tejemanejes de tupidas redes de corrupción. Aquí la auditoría toma forma de catálogo: los aeropuertos sin aviones, los edificios sin uso, las autovías sin coches. Hacer un catálogo de los disparates y la corrupción que llevaron el país a la ruina.

La auditoría del gobierno de Rajoy debe levantar acta de su peculiar modo de cumplir el programa electoral: subida de impuestos de todo tipo, mermas permanentes de los salarios públicos, recortes profundos en sanidad, educación y pensiones, merma o simple supresión de innumerables prestaciones y servicios sociales. Levantar acta y cuantificarla. Igual que se sabe cuánto poder adquisitivo han perdido los funcionarios puede saberse de los jubilados y de los demás sectores afectados por las retricciones de todo tipo.

Esas auditorías deben ser la base del discurso electoral de la oposición. La clara atribución de responsabilidades por el desastre habido hasta la fecha es el contexto que debe explicar las medidas que se proponen para ponerle remedio.

diumenge, 29 de setembre del 2013

Adiós al PSOE.


El Jaque al Rey dejó dos imágenes muy significativas. Una, Rubalcaba yendo a visitar al Monarca y haciendo unas declaraciones de gozoso cortesano, feliz de que su señor natural se recupere del "incidente" y, con su gran "fuerza de voluntad", pronto lo tengamos "perfectamente en forma". Falta grande nos hace ¿verdad? Qué suerte, don Alfredo, y quiera Diana, la diosa de la caza, que Su Majestad pueda incluso pegar algunos tiros en la sabana africana. Si la forma no llega a tanto, siempre habrá un gato montés por El Pardo a falta de oso borracho al que hacer la vida insufrible. El cortesano y su monarca han hablado de todo, incluido el derby, porque, ya se sabe, son dos hombres llanos, del pueblo.

Palinuro suele referirse a los dos partidos, PP y PSOE, como partidos dinásticos. Podría parecer chocante, pero no lo es. Este acendrado monarquismo de Rubalcaba tampoco es casual, sino la deliberada muestra de que el hombre valora altamente la esencia de la transición: la restauración de la Monarquía, que es lo que le mola. Partido dinástico, sostén de la Corona. Designación correcta.

Mientras tanto, en las empapadas calles de Madrid, los perroflautas de la coordinadora 25-S, el nombre actual de los sans-culottes, pedían el fin de la Monarquía y un proceso constituyente. Unos 1.500 manifestantes que, con los elementos en contra, acabaron en doscientos, sin poder acceder a la Plaza de Oriente cual era su intención, para acampar indefinidamente. Los elementos fueron dos: el meteorológico de una fuerte lluvia y la acción inadmisible, desaforada de la policía que en todo momento hostigó a los manifestantes, retuvo autocares en los accesos a Madrid, entró en las líneas de metro, cerró estaciones, bloqueó calles, obligó a identificarse arbitrariamente a la gente, retuvo a quienes quiso y, en fin, desplegó un operativo preventivo intimidatorio desmesurado que infringió todas las normas sobre libertades ciudadanas y ejercicio de derechos. Ayer, Madrid, fue la capital de un Estado policial.

No es cuestión ahora de si salir a la calle a pedir el fin de la Monarquía es correcto o no. Volveremos luego sobre ello. Sea o no sea correcto el propósito, la reacción represiva, autoritaria, dictatorial del gobierno no es de recibo. Pedir la República o un proceso constituyente no puede ser un delito. ¿O sí? Sobre eso es sobre lo que el PSOE debe hablar y pronunciarse. No sobre el derby y el estado de salud del Rey. Hay más. El gobierno se permitió pedir a unos observadores extranjeros de la OSCE que ahuecaran el ala porque consideraba "anticonstitucional" la marcha de Jaque al Rey. Nada de observadores; nada de testigos. Nunca se sabe cuándo van a empezar los palos, la violencia, la brutalidad y no conviene tener chismosos y fisgones en torno. Nadie va a darnos lecciones. Esta monarquía bananera tiene su dignidad.  Por lo demás, ¿quién es el gobierno para decidir si una marcha es "anticonstitucional" o no?

Eso también requeriría un firme pronunciamiento del PSOE y quizá caiga en la cuenta una vez se haya sacudido el evidente estado de arrobo en que ha dejado la realeza a su secretario general, quien, para hacer ver que es de izquierda, se presentó descorbatado, como si fuera Cayo Lara. A lo mejor por eso sostiene Lara que el PSOE copia el discurso de IU. Pero no hay afán. Como nos descuidemos, Rubalcaba termina felicitándose del fracaso de la coordinadora del 25-S. Sin comprender que ese fracaso, en el fondo, es un triunfo. Jaque al Rey es la primera movilización ciudadana exclusivamente para pedir el fin de la Monarquía, algo que está mucho más extendido en la sociedad de lo que supone el cortesano Rubalcaba. Incluso en su propio partido, en donde aún quedan republicanos que, es de suponer, si les resta algo de dignidad, tendrían que pronunciarse sobre el plegamiento palaciego de su secretario general..

El PSOE realmente no sabe en dónde está y su declive parece inevitable. Solo lo frena que no haya otro partido a la izquierda capaz de atraer los votos de su electorado. Porque IU aumenta, pero no tanto como si hubiera trasvase de votos. Las razones de ese marasmo son tres:

1ª) La cuestión monárquica. La conversión del PSOE en un partido dinástico no encaja en la tradición socialista ni en la izquierda en general. Se argumenta el accidentalismo y se insiste en la primacía de la democracia y el carácter meramente honorífico de la magistratura. Pero es un discurso anquilosado, dogmático, falso. La monarquía es contradictoria con la democracia. Eso se comprueba todos los días con las excepcionalidades e inmunidades del Rey y su gente. Con el añadido de que ninguno de ellos son ejemplo de nada y su crédito y prestigio a los ojos de la ciudadanía andan muy bajos. Que son una vergüenza, vamos. Vivimos en una crisis devastadora que pone en cuestión principios tenidos por eternos e irrenunciables. ¿Por qué no la forma de gobierno? Al situar la Corona fuera del alcance del debate político en España, Rubalcaba (y, en la medida en que lo siga, también su partido) se alinea con la derecha más tradicional como soporte fiel de la Monarquía que instauró Franco, el genocida.

2º) La cuestión catalana. Salvo en la propuesta de reforma de la Constitución en un sentido federal, no hay modo de distinguir la actitud del PSOE de la del PP en cuanto a la cuestión catalana. La negativa al derecho de autodeterminación (que es el fondo real del dret a decidir) puede incrementar las expectativas electorales del PSOE en España pero seguramente disminuirá las del PSC en Cataluña. O quizá no mucho. Pero tampoco el incremento del primero será grande. El voto nacional español se siente más atraído hacia el PP.  Eso de enfundarse ahora en la casaca federal después de 35 años celebrando la baronías autonómicas ya no convence ni a las propias bases y prueba que el partido que iba a vertebrar España ya solo vertebra Andalucía y con ayuda del andador de IU.

3º) La cuestión del propio Rubalcaba. El secretario general sigue determinando los tiempos del partido con una deliberada ambigüedad. Pretende dejar indecisa hasta el final la cuestión del liderazgo para mantener abiertas sus opciones. Seguramente, lo mejor que puede hacer para sus intereses que, según parece, son ser candidato a la presidencia del gobierno, para terminar de hundir al PSOE. Mucho más dudoso es que también sea lo mejor para los intereses de este y, por encima de él, de España. Porque, aunque él, en sus cálculos de interés personal lo ignore, el Partido Socialista era un activo de todos los españoles; no solo suyo. Ya no.

Cuesta imaginar un sistema de partidos en España sin el PSOE, sobre todo por la ausencia de alternativas viables; y es muy probable que no se dé. Pero cuesta mucho menos verlo dejar de ser partido de gobierno. Poca gente espera en serio un sorpasso el estilo de Anguita, pero es el temor a dejar de ser partido de gobierno lo que explica el encastillamiento del partido en el orden constituido. Reforma de la Constitución, pero nada de proceso constituyente. Nada de nada. Un arreglillo de taller -como suele bromear el Rey con ese gracejo que podía meterse donde le quepa-, de cadera... y a tirar otros 35 años con esta Monarquía de Monipodio, esta tupida red autonómica de caciques, clientes y ladrones, esta España de corrupción y pandereta en la que los dos partidos intercambiables se turnan en hacer cabriolas mientras engañan a la gente.

¿Estoy en un error o el PSOE aún no se ha pronunciado sobre la reclamación de la justicia argentina de extradición de cuatro presuntos torturadores del franquismo? Y exactamente, ¿qué va a decir? ¿Que apoya la extradición de los criminales franquistas o que la transición, como la Corona y los caciques, no se toca?

dissabte, 28 de setembre del 2013

España ya es una dictadura de hecho.


La banda de ladrones bajo apariencia de partido político que detenta el poder en España ya ha cerrado el círculo de convertir una democracia de derecho en una dictadura de hecho. Y una dictadura de corte cada vez más fascista. Estos son los datos:

1º) El presidente del gobierno miente siempre que habla; miente siempre: en el parlamento, en el extranjero; miente a todos y sobre todo. No hace otra cosa que mentir. Ha prostituido el debate público que ya no significa nada pues todo el mundo sabe que miente; él sabe que todo el mundo sabe que miente; pero le da igual. Todas sus mentiras pretenden siempre lo mismo: impedir que la justicia actúe y lo impute por sus evidentes responsabilidades políticas y penales en la mayor trama de corrupción de la historia del país.

2º) La asociación de presuntos malhechores tiene bloqueado el Parlamento, cerradas a cal y canto las posibilidades de debate. El Congreso español, como el Reichstag alemán de Hitler o las Cortes del genocida Franco, está para aplaudir las mentiras del Jefe y convalidar bovinamente todos los decretos que su arbitrariedad y carcunda le dicten.

3º) No existe opinión pública crítica articulada alguna. Los medios públicos de comunicación son puras oficinas de propaganda dirigidas por esbirros; los privados, en su inmensa mayoría, son de empresarios estrechamente unidos al gobierno, partes de ese estamento patronal que lleva veinte años financiando ilegalmente a la banda a cambio de contratas públicas choriceadas a los dineros del común. Igualmente tiene a sueldo decenas de periodistas e intelectuales dedicados a alabarlo e injuriar y calumniar a la oposición o a escribir memeces.

4º) Los fascistas que controlan el orden público en el país aplican una política represiva a ultranza. Emplean a la policía -a la que pagan también sobresueldos por apalear a la gente- como matones para intimidar, aterrorizar, hostigar, perseguir a la gente a fin de que no se manifieste y apalearla cuando lo hace. Identifican al azar a los ciudadanos, los multan arbitrariamente, los vejan en la calle, como escuadras de delincuentes armados.

5º) Se cierra el círculo intimidando también a los observadores extranjeros, amenazándolos, forzándolos a que se vayan del país. No quieren testigos de su brutalidad para poder después mentir mejor cuando se vean sus fechorías ante órganos de investigación. Quieren eliminar de cuajo la única posibilidad que nos queda a los españoles de mantener un resquicio de libertades: la vigilancia de los extranjeros, la presencia de Europa. Nuestra única garantía, hoy como ayer, frente a la barbarie de los fascistas sean de los de porra, como Fernández Díaz; de rosario, como Gallardón; o de engolada petulancia como Wert. 

Es fascismo. Es fascismo rampante. Es dictadura.