dimarts, 3 de novembre del 2015

La gestión de la reputación.


Rubén Tamboleo García (2014) Community Management: Comunicación Política 2.0. Madrid: Instituto de Educación Superior. (182 págs).
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Rubén Tamboleo es un joven politólogo especializado en comunicación política y con un amplio bagaje de experiencia práctica en asesoría de campañas, gestión de comunidades, manejo de redes, etc. Tiene asimismo un espíritu abierto y dispuesto a integrar perspectivas distintas en la aplicación de políticas concretas. A veces en exceso, lo que suscita en algún momento en el lector una sensación de excesiva premura y propuestas no del todo sedimentadas. Pero, claro está, quien no se arriesga, no yerra nunca.

Su objetivo con este ensayo concebido con ánimo muy didáctico, pues hasta contiene preguntas de repaso de los capítulos, es entender la comunicación política al servicio de la gestión comunitaria. Para ello repasa los fundamentos teóricos de la comunicación política e institucional con un espíritu muy clásico. También en exceso. Su definición de masas dentro de la comunicación de masas está necesitada de actualización. Que las masas sean "formas degradadas de asociación social donde predomina lo irracional y la identidad personal queda sumergida" (p. 22) parece algo más propio de los venerables teóricos de las elites a lo LeBon y Mosca, que de alguien que se mueve en el ciberespacio en el que se dan las "multitudes inteligentes", smart mobs (Rheingold). No está claro si se pretende delimitar la comunicación de la propaganda (cual es preocupación habitual de los comunicólogos) o solo se señala su punto de conexión en el objetivo de la persuasión. En este campo hay una veta muy feraz hasta la fecha que habría que explorar teóricamente, pues se ha abandonado a la práctica directa de las empresas, que son las relaciones públicas (Bernays), aunque quizá no sea una recomendación apropiada para quien, como el autor, guarda escasa simpatía por el marketing.  

La gestión comunitaria tiene que tener en cuenta las dos esferas sociales hoy actuantes: la real y la virtual. En la primera operan las redes sociales basadas en la socialización política: actitudes, valores y cultura política, ideologías y cambio ideológico (pp. 48-49). La esfera virtual es otro mundo compuesto de webs digitales con una inmensa panoplia de recursos de todo tipo (basta con pensar en la función de los hipertextos y los enlaces) y la presencia de internet como catalizador (p. 52). Esta apreciación de internet es a mi juicio muy correcta: internet es hoy decisiva en el proceso político en todo el mundo, pero no como causa, sino como difusora, aceleradora, reveladora o indagadora.

La organización de la comunicación política se da en una multiplicidad de ámbitos como gobiernos, partidos, medios, estrategias y personas y ha de adaptarse a ellos. En contra de un uso muy extendido, Tamboleo diferencia el marketing de la comunicación política en atención a su objetivo puramente mercantil (p. 62). No estoy seguro de que quienes se dedican a este menester estén muy conformes con este criterio. Si no lo están, siempre pueden responder haciendo hincapié en que ellos trabajan con el modelo optimista/triunfador de la comunicación y no con el pesimista/derrotado (p. 71), que se lo dejan a los teóricos, gente triste.

Tamboleo dedica atención especial lógicamente a las campañas electorales y la planificación estratégica y, en un espíritu bastante postmoderno, concluye que vivimos en una campaña permanente. La identidad del término con el que se emplea en los tratados militares me ahorra subrayar el tino del autor al recomendar que en toda planificación estratégica se tengan muy en cuenta las enseñanzas del arte de la guerra, como recuerda Pizarroso (p.84). Sun Tzu sigue siendo el fanal que guía todas las aventuras militares, políticas, comerciales y, me atrevería a decir, vitales. La existencia misma es lucha por la existencia.

Un subcampo muy prometedor de la comunicación es el de las administraciones y empresas públicas, esto es, la comunicación gubernamental. Formula Tamboleo aquí de nuevo su escrúpulo moral, rechazando el  "marketing público" porque es propaganda y corrupción en aras de la pura "comunicación gubernamental" (p. 94). Suficientes barreras ha de superar esta (marco de referencia, distancia física, jerarquía, sobrecarga de información, lenguaje, sesgos o prejuicios, distracciones, habilidades defectuosas) para que se añadan los problemas de la mercantilización. Me surge aquí una duda al comprobar cómo las tendencias neoliberales que propugnan el debilitamiento y hasta desmantelamiento de lo público (bajo tendencias como la nueva gestión pública) conviven con ingentes aparatos de comunicación muchas veces en sospechosas relaciones con los privados. Eso no puede considerarse marketing en el sentido de que se venda un producto porque no se vende ninguno, pero sí se legitima la inacción pública, la cual tiene un coste.

Un capítulo dedicado a la metodología de la investigación para la comunicación estratégica explica sucintamente las técnicas de investigación cuantitativa (encuestas)  y cualitativa (entrevistas, grupos de discusión, grandes charlas, big talk) (pp. 110/111). Es interesante que aborde la tendencia a emplear las investigaciones como armas o medios para influir en los resultados, hablando de los dos recursos más frecuentes, el método underdog y el bandwagon (p. 116) que están, por cierto, muy presentes ya en la actual precampaña de las generales del 20 de diciembre. Es de esperar que en ediciones posteriores se extienda en el tratamiento de un asunto que aquí se limita a apuntar: el de cómo internet  genera espacios de alegalidad (p. 119) que obligan a los sistemas políticos a reaccionar.

En cuanto actividad mercantil, la gestión comunitaria tiene un capítulo dominante que es la gestión integral de la reputación: estructura, misión, visión y valores. Internet, ha de repetirse, es el campo de la guerra y, más en concreto de esa que se conoce con un nombre en realidad redundante, guerra sucia (p. 131). Se mencionan aquí dos corrientes de la psicología relevantes en la estrategia de reputaciones, el conductismo y la psicología de la Gestalt (p. 133). La segunda me parece más eficiente que el primero y, desde luego, lo predominante aquí cada vez más son las neurociencias y la semiótica.

La web y las cibercomunidades son los espacios de la gestión integral de reputaciones. Es posible que considerarlas sin más como comunidades cibernéticas no sea muy esclarecedor ya que estas, en principio son autopoyéticas. De lo que se trata con la gestión comunitaria es de intervenir en ellas, de manejar las webs, los posicionamientos en los buscadores, Facebook,  como medidores de reputación. Hay otras comunidades cibernéticas, como FourSquare, Flickr, Instagram (p. 150), pero la que incide de lleno en la interacción en la que se construyen y destruyen reputaciones es Twitter, cuyas posibilidades en punto a la guerra sucia (el prostituit) están todavía por determinar.

Con sus altos y bajos, un libro interesante para entrar en contacto con lo que el propio autor llama los "desafíos comunicativos de la III revolución industrial" (p. 160).

dilluns, 2 de novembre del 2015

Breve noticia sobre el nacionalcatolicismo.


Hace un par de días, un comentario de una lectora sobre un post de Palinuro subido a FB, desató una polémica sobre el uso del término nacionalcatolicismo en la prosa palinuresca. El comentario venía a decir que el término en cuestión oscurecía otro lado del catolicismo, el que, para entendernos, llamaremos "catolicismo de base", de creyentes entregados a vivir su fe, ajenos al comportamiento de su Iglesia y que tanto hacen por el prójimo. Como siempre, había argumentos en favor y en contra. Me pilló de viaje y, si bien el tema me interesa moderadamente, pensé que debería cuando menos explicarme algo, por respeto a l@s lector@s, para lo cual necesitaba un poco de sosiego que he pillado ahora de chiripa. Esta es mi posición que, por supuesto, estoy dispuesto a matizar frente a argumentos más convincentes racionalmente y solo racionalmente.

El nacionalcatolicismo es término que designa la coyunda entre la Iglesia Católica (IC) y la dictadura franquista durante la guerra y la postguerra civil. Coyunda total. Fueron los obispos (catalanes, por cierto), los que legitimaron el golpe de Estado fascista como una cruzada. Eso es un hecho. Y la IC fue el principal apoyo del régimen en todos los órdenes, incluido el de la legitimación internacional a través del Concordato de 1953. El franquismo fue una dictadura militar corrupta y criminal con una faceta hierocrática. Dos estamentos fueron sus bases hasta el final: los militares y los curas, que lo controlaban todo, desde el nacimiento y la educación hasta la muerte. Luego nos percatamos de que esa ideología nacionalcatólica no solo explicaba el franquismo (y explica hoy el neofranquismo), sino que, en realidad, retrataba la ideología de la oligarquía dominante española desde el siglo XVI, aunque el nombre solo se pusiera en circulación en el XX. Suscribo esta idea, que es una brillante aportación del historiador italiano Alfonso Boti y que en España gusta poco, incluso entre los círculos teóricamente librepensadores.

Es decir, se usa el término para dibujar el efecto político de la permanente injerencia de la IC en los asuntos del Estado español desde siempre y precisamente para no utilizar el de catolicismo a secas. Esto quiere decir, por tanto, que la crítica que afea en el término nacionalcatolicismo su hipotético olvido del lado humano del catolicismo, no opera. Todo nacionalcatolicismo es catolicismo. ¿Se nos recuerda que no todo catolicismo es nacionalcatolicismo? Sea. No hacía falta porque por eso mismo hablamos de "nacionalcatolicismo" y no de catolicismo a secas. En resumen, la observación es innecesaria.

¿O tiene alguna otra intención? Perdónenme los católicos de buena fe, pero la experiencia de lo que su confesión ha hecho en la historia, especialmente en España, autoriza a maliciarse algo. Lo siguiente: nadie niega la realidad, el valor, el interés, lo que se quiera del "catolicismo de base", aunque cabe preguntar por las dimensiones exactas de esa acción: su necesidad social, su fundamento económico, su utilidad real y otros asuntos no menos espinosos. Las gentes de mi orientación queremos justicia social, no beneficencia. Apreciamos los valores de quienes, llegado el caso, se desviven por los demás, pero señalamos que eso lo hacen muchos otros, gentes del voluntariado, de ongs, del mutualismo y la solidaridad tradicionales en muchos movimientos y, por cierto, muchas veces sin más financiación que la que aportamos voluntariamente quienes los apoyamos y no piden a cambio que su acción sirva para embellecer o compensar por actos de barbarie y tiranía que puedan hacer otros bajo su misma denominación. Supongo que entre los católicos de base los habrá sacrificados y autónomos en lo financiero, valiéndose de sus propios recursos y no de los de la colectividad canalizados por la IC porque, en tal caso, se plantea el también complejo asunto de por qué los recursos públicos han de ser empleados según las convicciones de una confesión concreta.

Pero hay más. Nadie carga sobre los hombros de los católicos de base la barbarie inhumana del comportamiento de la IC a lo largo de los siglos, que se ha arrogado el derecho, entre otros no menos monstruosos, de quemar vivos a los discrepantes en conciencia. Nadie los obliga a creer, como creemos los librepensadores, que si la IC no sigue quemando vivos a "herejes", "brujas", etc, no es porque no quiera sino porque no puede. Pero estaremos de acuerdo en que los católicos de base -esos que no quieren ser invisibilizados- y los quemadores de seres humanos vivos pertenecen al mismo cuerpo místico, como ellos lo llaman. Esa común pertenencia es voluntaria. Cómo los "católicos de base", gente tolerante, abierta, respetuosa y demócrata, supongo, conviven con los criminales que en nombre de su Dios han cometido y siguen cometiendo todo tipo de demasías, es asunto que ell@s ventilarán en su conciencia. También supongo que habrán salido en defensa de los humillados y ofendidos (antes torturados y quemados) en nombre de su fe, como salen en defensa del catolicismo cuando se habla de nacionalcatolicismo.

Solo que no hace falta que lo hagan. Hablamos de nacionalcatolicismo, precisamente para respetar a los católicos de buena fe. Y estos harán el favor de dejarnos poner nombre a nuestras ideas sin querer torcerlas y sin acusarnos ladinamente de hacer con ellos lo que su Iglesia lleva siglos haciendo con nosotros, los no creyentes.

El nacionalcatolicismo es el nacionalcatolicismo. Palinuro sabe lo que dice y sostiene que es uno de los principales (si no el principal) responsable del desastre español.

A la independencia por consenso.


Nos citamos con David Fernández en una terraza de Gràcia. Digo "nos" porque venían también mis hijos, que quieren mucho a este catalán/zamorano independentista, ácrata y sentimental. Me atendió al ritmo trepidante que vive la vida, redoblado por el hecho de salir de viaje inmediato a Perpignan, a participar en un recital de la obra de Ovidi Montllor. Pero intercambiamos y debatimos largo y tendido y hasta dio tiempo a que nos interrumpiera algún ciclista que amonestó a David, expresando urgente deseo de que las cosas se desatasquen; que el bloque independentista "no falle" a la gente

Lo que yo pretendía era obtener alguna información que me permitiera hacerme una idea del futuro próximo en cuanto a la candente cuestión del impasse de la investidura de Mas y el curso subsiguiente del proceso independentista. Aunque saqué y activé una grabadora, como si fuera un buen profesional, pronto comprendí que no haría uso de su contenido por dos razones: 1ª) toda la conversación iba a girar sobre un mismo tema configurado como una disyuntiva: investidura o nuevas elecciones anticipadas; 2ª) la vehemencia, el entusiasmo, la rapidez con que Fernández se expresa me obligarían a pasar horas transcribiendo el contenido o a pagar a alguien para que lo hiciera y ambas opciones estaban descartadas de antemano. Así que lo que sigue es un resumen que hago yo tras escuchar de nuevo la conversación, tratando de sintetizar los aspectos más importantes que puedan ser de interés general.

La cuestión de arranque era que, en el caso de que el Parlament apruebe la declaración de independencia, ha de esperarse la rauda respuesta suspensiva del Estado en forma de decisión del Tribunal Constitucional que la anulará, la aplicación de la nueva ley de reforma obligando al cumplimiento de la anulación y la reacción del Parlament desobedeciendo al Tribunal cuya jurisdicción en Cataluña no se reconoce. El compromiso es desobediencia institucional a las autoridades del Estado y no aplicación de determinadas leyes, singularmente la Ley Wert y la "Ley Mordaza" entre otras. En ningún momento se habló de DUI alguna. Si entiendo bien la posición de David, esta queda aplazada hasta que el actual 47,8 % del voto pase a ser, cuando menos, un 50%. y altamente deseable un 55%. Entonces se abrirá paso.

Ante una actitud de desobediencia institucional, lo más probable es que el Estado recurra a su panoplia de medidas prohibitivas, coercitivas, represivas. Cuáles sean estas se sabrá cuando los servicios jurídicos de la presidencia del gobierno, a quienes Rajoy ha encomendado la tarea de estudiar la cuestión y dictaminarla, hagan pública su recomendación. Una vez conocida, la cuestión es cómo responderá el bloque independentista si no tiene un gobierno porque la investidura no se ha producido. Lo que se dibuja, obviamente, es una situación de desobediencia civil institucional que la CUP, haciendo honor a origen de movimiento municipalista, de grass roots, residencia en el poder local catalán casi todo él, prácticamente de modo unánime, en favor del 9N, del derecho a decidir y, por ende, de la independencia. Por supuesto, eso no se duda, pero, sea como sea la situación, es necesario un gobierno que pueda dar respuesta al central y entenderse con los de los demás países. Es seguro que ese gobierno se formará y que la investidura se hará. 

El problema es cómo se salvará el escollo de que la investidura haya de recaer sobre Artur Mas, pues CDC se empecina y sus aliados guardan silencio al tiempo que dicen públicamente estar de acuerdo, siendo así que la CUP sigue cerrada en banda. Fernández recuerda que la decisión de no investir a Mas es firme, si bien toda decisión será ratificada en las asambleas que son las que deciden. Pero, siendo realistas, ha de admitirse que lo más probable será que sigan rechazando la posibilidad por márgenes muy considerables. Por supuesto, no tiene nada que ver con Mas personalmente, cosa que me agrada ya que yo, que no pertenezco a nada, ni a la CUP, tengo en buen concepto a este hombre y valoro el trabajo que ha realizado. Eso no está en cuestión, insiste David, lo decisivo no es lo que es, sino lo que representa. Sin duda vale mucho y encontrará un lugar adecuado para seguir probándolo en otro puesto que no sea el de presidente. En la propia CDC hay gente muy valiosa que podría lucir muy bien de líder del proceso (sospecho que no está del todo convencido, pero no lo manifiesto) sobre todo teniendo en cuenta que estamos hablando de dieciocho meses. Nos encontramos en una situación provisional. En un par de ocasiones reitera que lo decisivo para ir juntos JxS y CUP es el cómo, el cuándo y solo en tercer lugar el quién. Es un enfoque trinitario, como el del programa máximo: proceso constituyente, hoja de ruta independentista y plan de choque de emergencia social. Rotundo.

Pudiera sonar un poco a las posiciones extremas y de farol a que suele recurrirse en los juegos de envite. Pero confieso que así me suenan también algunas afirmaciones de los convergentes cuando razonan que los diez diputados de la CUP no pueden condicionar el proceso y que, en último término, si no hay modo de avenirse, habrá que ir a elecciones anticipadas en enero y que cada palo que aguante su vela. En verdad, para varios convergentes, sobre todo los que ya se consideran excedentes de cupo, la negativa cerrada a la figura de Mas es inadmisible. Me abstengo de hacer un chiste, aunque podría contarlo porque nada es mejor para distender ambientes que el humor, asimilando el "Mas no" al famoso "Maura no", negatividad que unía mucho en aquella monarquía alfonsina, tan descangallada como esta filipina.

Fernández es taxativo: las elecciones anticipadas no son una opción. Entonces, si no son una opción, pero no se admite la investidura de Mas que Convergència no está dispuesta a retirar, ¿cómo se sale del impasse? Con un candidato de consenso. ¿No con Mas? Un candidato de consenso. Quienes tienen una idea digamos berkeleyana del conocimiento y la información se mesarán los cabellos porque necesitarán un nombre y un rostro para ese candidato. Palinuro, más encallecido en las dificultades de la comunicación ordinaria, no necesita la percepción física, material. Le basta con la idea: si es de consenso, necesariamente habrá de ser admitido por ambas partes, a lo mejor a regañadientes. ¿Cuánto regañarán los dientes? No lo sabemos, pero lo intuimos; quizá hasta caerse. Algo me quedó claro: las elecciones anticipadas no son una opción y la noche del ocho al nueve de enero será un tiempo brutal. Fernández lo tiene acuñado, sin duda a fuer de expuesto: si el independentismo no sabe gestionar su primera victoria eso será un fallo imperdonable. 

¿Y Junqueras? ¿Podría ser Junqueras un candidato? En cuanto el nombre de Mas se esfuma, todo se vuelve diáfano. Junqueras podría concitar el consenso preciso, sin duda. También podría ser que el nuevo presidente o presidenta de consenso nombrara conseller en cap al mentado Mas. Entraría en sus atribuciones. Y, ya puestos, también imagino yo ¿no sería posible indagar las posibilidades de que los votos que faltan a Mas procedieran de CSQEP, también conocida como QWERTY? Pero eso ya es jugar en otro campo con otro equipo. Por lo que llevamos visto hasta hoy, QWERTY da para eso y para mucho más cuenta habida de la incertidumbre en que habita pero, precisamente por ello, no merece mucho la pena incluirla en los cálculos antes de la fatídica noche de enero.

Los datos: habrá gobierno; con candidato de consenso; no habrá elecciones anticipadas.  

Ritirata y fuga del PSOE.


Hay una percepción general de que, en la zarabanda electoral a punto de empezar, el PSOE se encuentra estancado, si no en franco retroceso. No me refiero solo a los resultados de los sondeos. Son estos bastante consistentes al apuntar a un voto estable del partido en torno al 20 por ciento. En la situación actual con eso no se va a parte alguna. Muchas veces, sin embargo, el chorreo de datos no solo no aclara sino que confunde. A fuerza de compararlos unos con otros nos olvidamos de leerlos en su contexto. Un 20% puede ser un triunfo o un desastre, según esté el patio. Cuando se ha sido partido de gobierno, se es el principal partido de la oposición parlamentaria, se es partido de gobierno en varias Comunidades Autónomas; cuando asimismo, se enfrenta uno a un gobierno con la ejecutoria más catastrófica de la historia del Reino de España restaurado, y a un partido desprestigiado y comido por la corrupción y, sin embargo, puntúa por debajo en intención de voto a dos meses de las elecciones; cuando sucede todo eso, un 20% es un desastre y un desastre mantenido en el tiempo es una catástrofe. Vamos, que el PSOE está luchando por su supervivencia. Hay una posibilidad de que quede el tercero y hasta el cuarto en las próximas elecciones del 20 de diciembre. De ser así, no será exagerado augurarle el comienzo del fin.

Una breve relación de errores más o menos garrafales cometidos por el PSOE a juicio de Palinuro: la secretaría general de Rubalcaba fue un error de arriba abajo: su moderación frente a la desmesura del PP, su obsesión con los acuerdos "de Estado", su silencio sobre las relaciones Iglesia-Estado y su clara sumisión a la Corona implicaron un golpe de timón hacia la derecha sin explicar. El nuevo secretario general, Sánchez, hechura de Rubalcaba, lo ha acentuado, aunque cambiando a un estilo camp de aires kennedianos y clintonianos con toques de Podemos. Su españolismo rancio y vociferante, al grito de ¡Más España!, arropado en una banderaza rojigualda de proporciones aznarinas, igual que la estúpida afrenta de ir a homenajear a Lázaro Cárdenas en México con esa bandera, contra la que el homenajeado había combatido, no le van a ganar un solo voto más porque los que podría ganar por este lado están ya todos en el PP y, en cambio, le harán perder apoyos de los republicanos. Igualmente desastrosa su indecisión programática. A estas horas pocos saben de cierto qué quiere hacer el PSOE con la reforma laboral, por ejemplo. O qué hará en verdad con la cuestión de la Iglesia, Estado dentro del Estado. La aceptación en el seno del partido de la señora Lozano ha acabado de configurar una dirección arbitraria que, al parecer, se rige por criterios de estricto oportunismo electoral, que es como decir por ninguno.

Claro que todos estos errores desde el punto de vista de Palinuro pueden verse como aciertos sin parangón, como plenos en la tómbola de la carrera hacia el gobierno, como giros tácticos y estratégicos acertadísimos. La política es siempre conflicto de visiones. Por eso conviene siempre que cada cual exponga la suya.

El PSOE, dice El País, ve a Rivera como un rival y tratará de "empujarlo" a la derecha. Es una metáfora. Quiere decir "empujar" su imagen porque el partido en sí ya lo está suficientemente y, además, el PSOE no es quién para mover otros partidos. Se entiende: hacer aparecer a C's como lo que es para reservarse él el codiciado centro. El problema es si ese "centro", fácil de localizar cuando hay tres partidos y dos están muy polarizados (el llamado bipartidismo), puede discernirse cuando son cinco los partidos en liza, pues preciso es recordar que IU existe y se presenta aunque como Ahora en común. El "centro" empieza a configurarse como una utopía en el sentido etimológico del término, como el "no lugar". No tengo nada claro que, habiendo planteado la batalla con C's en el terreno de la imagen, el PSOE vaya a ganar. Más parece ir perdiendo y por mucho, con fugas cuantiosas de votos. En donde está Sánchez, está Rivera. Pero en donde está Rivera no siempre está Sánchez.

El baluarte PSOE sufre otro ataque por el flanco de la izquierda desde las baterías de Podemos. Y un ataque muy destructivo por dos razones: primera, porque él mismo se ha echado mucho a la derecha y se ha enajenado la afición republicana. Segunda, porque el ataque viene de una fuerza de la izquierda nueva, con un crédito mucho mayor que el de la izquierda del tradicionalismo comunista, estilo IU. Es lo que explica el cierre de Podemos a la confluencia con los antiguos conmilitones, cosa que estos no entienden o dicen no entender. Este mayor crédito de Podemos se muestra de un modo bastante convincente al comprobar que es el partido que moviliza a más jóvenes. Quizá, incluso, el único que los moviliza, porque la edad media de los demás partidos es respetable.

Añádasele la cuestión catalana. Ninguno de los partidos comprende del todo la situación, pero Podemos yerra menos: ha rectificado su posición, pidiendo por fin un referéndum catalán vinculante a las claras sin supeditarlo a nada. Sin embargo niega al Parlament competencia para proclamar una república catalana. Es decir, mantiene parte de su ambigüedad y seguirá sin arrancar del todo por ello tanto en Cataluña como en España. Pero la mayor obcecación se encuentra en el PSOE, y la más grávida de consecuencias desagradables. La cerrada oposición a un referéndum vinculante en Cataluña no puede sostenerse en argumento razonable alguno más que en la negativa respaldada por la fuerza y esto no es argumento. Ya veremos cuántos diputados socialistas envía Cataluña al Parlamento el 20 de diciembre.

Ya veremos cuántos diputados socialistas llegan al Congreso.



diumenge, 1 de novembre del 2015

Un pacto sin sentido.


Aquí mi artículo de hoy en elMón.com sobre el toque a rebato del nacionalismo español para doblegar al catalán. Los dos partidos dinásticos, renqueantes residuos de épocas que nunca fueron muy gloriosas pero ahora dan ya pena y un poco de repulsión, sienten que, a pesar de su pequeñez moral e intelectual, pueden labrarse un hueco en la historia. Su nuevo aliado, la falange de diligentes ejecutivos masterizados con sonrisa del Ibex 35 y modales FAES, garantiza el enlace entre don Pelayo y la postmodernidad líquida. El último resabio de dignidad socialista en el PSOE no le permite estampar la firma de Sánchez en esa reedición del pacto antiterrorista que, si tuvo alguna razón de ser cuando unos descerebrados andaban a tiros por las calles de Euskadi, hoy carece de todo sentido frente a Cataluña. La incapacidad de los políticos españoles para distinguir entre un puñado de pistoleros y un pueblo en marcha y buscar una solución justa pasará a la historia de la majadería humana.

A continuación, la versión española: de els gestos buits


Los gestos vacíos.

Solo el amago de una declaración de independencia ha desatado los nervios en el gobierno central que ha iniciado un frente patriótico al que quiere sumar a todas las fuerzas políticas parlamentarias y no parlamentarias. Todos los partidos convocados, la izquierda, la derecha y los que no son izquierdas ni derechas han acudido al toque de rebato nacional español. Se trata de hacer un frente nacional en contra del independentismo. Pero un frente, ¿para qué? Sin duda, en los próximos tiempos habrá motivos de conflictos. Pero, al menos en la visión que esgrime el gobierno, no serán de frentes sino, si acaso, de acciones individuales, procesales, de las que obligan a ser parte de procesos. Los frentes nacionales, las “uniones sagradas” en Cataluña no sirven para nada.

En realidad, este tipo de respuesta frentista tuvo su instante de auge en el momento más duro de ETA en Euskadi. Por aquel entonces, muchos argumentaban que la acción violenta del nacionalismo vasco era un craso error pues daba excusas al gobierno para no negociar ni acordar ni pactar nada en tanto no callaran las armas. Si cesara la violencia se abriría el camino a la acción política pacífica, se decía, mucho más peligrosa porque la democracia y el Estado de derecho no pueden amparar comportamientos delictivos pero tampoco pueden impedir procesos reivindicativos de carácter pacífico.

Casi coincidente con el alto el fuego en el País Vasco y el cese de actividades de ETA, se reinició y se intensificó el independentismo catalán de raíz y alcance democrático y pacífico. De hecho se ha generalizado el nombre de la “revolución de las sonrisas”, para el fenómeno de movilización de masas en pro de la independencia. Pero las promesas del establecimiento español no se han cumplido. No era verdad que, sin violencia, en democracia, se pudiera hablar de todo. Era mentira. Y se ve ahora: no hay pacto, negociación, acuerdo alguno que pueda poner en duda “la soberanía nacional española y la igualdad de todos los españoles”.

Ya tiene gracia que sea Rajoy, el ágrafo, cuyos dos únicos escritos propios conocidos van en contra de la idea de igualdad de las personas, quien se erija en defensor de un principio del que abomina. Dice mucho sobre su honradez intelectual. Pero hay más: ¿por qué el nacionalismo español más acendrado –PP, PSOE, C’s- no ha querido nunca hablar de un referéndum? ¿Porque, en el fondo, como sostienen muchos, temen perderlo? Desde luego. Pero el verdadero motivo es anterior: es que un referéndum relativiza los supuestos principios de legitimidad de su orden político-jurídico que son los de la sublevación fascista del 18 de julio de 1936.

Los principios no se someten a referéndum. La soberanía del pueblo español –proclamada en un texto que procede directamente del golpe de Estado de 1936- no se cuestiona, ni siquiera preguntando a ese mismo pueblo o parte él. Y el PSOE ya comulga con esta basura ideológica, la ha hecho suya. Por eso es un partido dinástico al que se tolera que, a veces, administre el cortijo de los señoritos. Por eso Podemos, al desmarcarse parcialmente de esta farsa, aspira a que no se lo considere parte de la tramoya del régimen que dice combatir.

Así, acabará formándose ese frente nacional español en contra del independentismo catalán, aplicando la experiencia del frente constitucionalista en Euskadi, pero no servirá de nada. Aquí, la verdadera amenaza a la democracia, las libertades y el derecho de la gente a expresarse no proviene de una organización violenta de carácter terrorista sino de las fuerzas del Estado que asegura defenderlos frente a un amplio movimiento social, de masas pacífico y democrático. O sea, ese frente nacional español es un gesto vacío que, además, se da en un escenario, pero busca su público en otro.
Los dos partidos dinásticos tradicionales saben que su resultado en las elecciones del 20 de diciembre en Cataluña será pobre porque cada vez son más marginales en el Parlament y el complemento que les ha dado el Ibex 35 con el nuevo grupo de C’s no los sacará de la irrelevancia. Pero no les importa. Su juego está en España, su público son los españoles y su programa, la integridad territorial de la patria, sin respeto alguno, ni falta que hace, por el derecho de autodeterminación de los pueblos que la componen. Para ese público se hacen estos gestos vacíos pero ampulosos que tranquilizan al franquismo sociológico imperante en España y le revelan que el socialismo del PSOE es un socialismo nacional o nacional socialismo.

Añadir al espectáculo un partido de derecha más moderno, menos corrupto (cosa que ya no está tan clara) y menos chusquero aligera algo el pesado mazacote televisivo neofranquista. Lo mismo con el intento de articular un nacionalismo español “de izquierda” o “popular” en la línea de Podemos que empieza por negar a las instituciones catalanas la capacidad para articular la voluntad popular salida de las urnas en nombre de un referéndum que debió haberse realizado hace años.

Son los gestos vacíos de una gente que lleva decenios gobernando un país con la mentalidad de los vencedores de una guerra civil. Esa gente solo admite a los vencidos si estos callan, renuncian a sus razones y asumen las de los vencedores.

Sondeos según deseos.


A dos meses de las elecciones hay dos formaciones emergentes de ámbito estatal tomando las medidas de todo, presidiendo las comisiones de investigación, exigiendo auditorías de cualesquiera gestiones allí donde tienen voz y presencia en las instituciones. Someten a los dos partidos dinásticos, singularmente al PP, el más extensa y directamente involucrado en la gobernación del Reino, a un marcaje estrecho y hacen exhibición de una notable habilidad mediática para darse a conocer e imponer su presencia en la esfera pública. La juventud y buena facha de sus dirigentes ayudan a ambas formaciones a conseguir un impacto social muy superior al que tienen los dos partidos dinásticos tradicionales que son como carretas desvencijadas, tiradas por bueyes cansinos, incapaces de competir con la agilidad y la destreza de las cuadrigas de los recién llegados. El sistema de partidos puede estar cambiando y es demasiado pronto para saber cómo quedará después de las elecciones de 20 de diciembre.

Y más lo será si se añade la complejidad de un conflicto abierto en Cataluña de unas dimensiones inéditas hasta la fecha y consecuencias imposibles de prever en España. No deja de ser interesante que los dos partidos predominantes en el sistema español PP, PSOE, sean casi irrelevantes en el ámbito político catalán, entre otras cosas porque tienen una evidente función sucursalista,.

Los vaticinios y las extrapolaciones no sirven para nada. La teoría de la foto fija, tampoco. No solamente porque las proyecciones que se hacen se valen de un material difícil de asimilar e interpretar sino también porque en muchos casos no son otra cosa que predicciones muy en línea con los intereses de quienes las encargan. Es inevitable, no porque quienes elaboran los sondeos sean unos malandrines sin escrúpulos, dispuestos a falsear la realidad por un puñado de euros, sino porque en toda relación de subordinación salarial hay una búsqueda de elementos de seguridad que nunca puede darse por conseguida por entero. El que paga manda. Pareciera que ello resta crédito al trabajo demoscópico al estar todo él sesgado, pero no es así. El lector crítico puede hacerse una buena idea de lo que esté pasando leyendo todos los sondeos generalmente bastante contradictorios y corrigiendo luego las datos con una hábil ponderación que tenga en cuenta los datos ofrecidos y la orientación ideológica  del medio que los publica.

El sondeo de Metroscopia para El País relativo a Cataluña, más que ilustrativo, es desiderativo. No refleja lo que los catalanes piensan, sino lo que El País quiere que piensen y, como la telepatía no goza de buena salud, simplemente se les presenta diciendo lo que conviene. La idea de que un setenta por ciento de los catalanes está en contra de lo que ese mismo setenta por ciento votó hace un mes no para grandes barras en los principios de coherencia y perseverancia y mueve un poco a risa. El mismo porcentaje o, incluso, mayor, quiere que Mas abandone la presidencia. En ello coinciden de nuevo con los más fervorosos deseos del diario, que culpa a Mas casi en solitario de la vía catalana a la independencia, También hace coincidir una abrumadora mayoría de electores con los deseos de la CUP aunque seguramente no porque se postule una radicalización del discurso popular en Cataluña sino porque se ignora quiénes o qué son la CUP.

En cuanto al sondeo de hoy, referido a la situación española, la regla se cumple. El partido de Rivera, cuyo rostro barbilampiño de lindo don Diego expuesto por doquier empieza ya a atacar los nervios de los españoles, alcanza una intención de voto en todo coincidente con los poco ocultos deseos de El País de verlo suceder en el gobierno a la anticuada asociación de presuntos malhechores del PP. Este, a su vez, se mantiene sólidamente en cabeza, a pesar de que quien lo dirige carece de ella y si por algo se ha hecho notar en el ánimo del electorado es por su mendacidad, su arbitrariedad, su incompetencia y su corrupción. Teniendo Rajoy la valoración popular más baja y las expectativas puestas en él tan deplorables, la alta intención de voto que los acompaña sin duda es un intento bien intencionado aunque pelín manipulado de ponerlo a la par con el PSOE.

Las relaciones de El País con su antiguo partido de la máxima predilección, el PSOE, han ido deteriorándose a medida que la gestión de Cebrián hundía económicamente el diario, obligándolo a pagar sueldos millonarios a los cargos electos, incluido desde luego, el suyo. La necesidad no permite diversiones. El infiel PSOE que, en tiempos de Rodríguez Zapatero, trató de montarse un grupo propio de comunicación fue condenado a un tratamiento distante y poco empático y actualmente está abocado a las tinieblas exteriores, víctima del avance arrollador del partido del remilgado catalán con un discurso de centro político tan auténtico y sincero como una declaración de Rajoy bajo juramento.

Habiendo pasado mal que bien la prueba catalana, Podemos obtiene un respiro de El País, quien lo cultiva dándole una segunda oportunidad de recuperación. Los datos de este sondeo, sin embargo, se recogieron antes de que el presidente de los sobresueldos convocara a los partidos a la formación de un frente patriótico español que tiene toda la pinta de una de esas berlangadas que monta este político/cacique de casino de pueblo. Ahora sabemos que Podemos, en un alarde de inteligencia, se ha desmarcado del frente nacional español. Lo hace argumentando que solo él tiene la llave de la unidad de España, pero esto es inofensivo porque no es verdad. Nadie tiene esa llave, que no existe pero, al menos, permite que el partido morado no derive al azul como el PSOE y pueda mantener la intención de voto de quienes queremos votar a una izquierda en España que no esté identificada con la tradicional oligarquía nacionalcatólica que lleva siglos esquilmando el país.

Es verdad que, tras animar al hombre que dice gobernar España a tomar medidas ante la repentina peste separatista, el socialdemócrata Sánchez no ha caído en la trampa de firmar un ridículo Pacto por España, propuesto por Albert Rivera, el hijo de la FAES y el Ibex 35. Distanciándose del más descarado neofranquismo, el PSOE puede conservar alguna tenue esperanza de que, efectivamente, el gran éxito de Ciudadanos sea mandarlo al tercer lugar y eso si Podemos no se recupera lo suficiente porque, si lo hace, quizá el PSOE podría pensar en refundarse tras haberse convertido en un sumiso partido a las órdenes del trono y el altar..


dissabte, 31 d’octubre del 2015

¡Malditos catalanes!


Los catalanes son como el niño del cuento, el que dijo que el rey iba desnudo... y la organizó. Han hecho algo parecido y con una simple declaración, como quien no quiere la cosa. El sistema político español ha crujido. El rey, en pelota picada, ha llamado a los líderes de los demás partidos a cubrirse todos las vergüenzas mutuamente. Y eso que, según este genio monclovita, lo de Cataluña era una algarabía, atinado juicio que deja bien claro su nivel mental.

Todos los dirigentes han acudido al llamado del presidente de los sobresueldos con mucha unción, respeto por el Estado y responsabilidad ante la historia. No tienen sentido del ridículo. Los que más han rivalizado en su incondicional entrega a la derecha nacionalcatólica han sido el PSOE y Ciudadanos. Junto con la banda de presuntos ladrones del partido del gobierno forman el frente unido de la reacción contra todo lo que se mueva. Dos beneficiarios directos del corrupto régimen que gestionan hace cuarenta años y un aspirante a participar en el condumio, el lindo don Diego Rivera. También a Podemos se le notaban los deseos de pisar la moqueta de La Moncloa. Trataron de disimularlos presentándose como audaces mensajeros de la diosa de la Justicia, portadores de una regla de San Benito de la "regeneración democrática" que el responsable político de la Gürtel jamás podrá admitir, cosa que ellos saben muy bien. Y ninguno, al parecer, ha tenido la decencia de preguntarle para qué los llama a hacer frente ahora a un problema que él ha generado con su incompetencia, su catalanofobia, su incapacidad para forma de diálogo alguna, su espíritu franquista y comportamiento corrupto y aliento de corrruptos. 

Hubiera sido una foto excelente: los cuatro panchos defendiendo la unidad de la Patria bajo la sacrificada guía del amigo de Rato y Bárcenas. Menudo cartel electoral, que hubiera garantizado una mayoría superabsoluta a la oligarquía propietaria del corrupto reino de España. Pero no fue posible. Podemos se desmarcó del frente de salvación nacional. Su íntima esencia española lo empuja a participar en la cruzada contra los nuevos cátaros, los catalanes, pero su acendrado olfato para la conveniencia electoral, le aconseja separarse de esta reunión de servidores civiles de cuarto de banderas. A diferencia del PSOE, en Podemos se entiende que es imposible ganar a la derecha reaccionaria en su propio territorio, de exaltación de la unidad patria impuesta a cristazos. 

Pero, para no perder votos en España cuando el bloque nacional español los acuse de ambiguos y criptocatalanistas, los de Podemos argumentan que son los verdaderos garantes de la unidad patria. Tratan de hacer comprender a los neofranquistas y sus aliados que, si se arriesga una propuesta de referéndum en libertad, el resultado será favorable a los intereses unionistas. No es el modo más noble de defender la opción del referéndum pues pretende instrumentalizarlo no como un medio neutral para dilucidar una cuestión sino como una astuta jugada, una especie de gambito para ganar la partida al independentismo simulando que se le da satisfacción. 

Para hacerse perdonar estos coqueteos con el soberanismo, los dirigentes de Podemos, en perfecta sintonía con el movimiento nacional español, buscan a la desesperada algún razonamiento que, negando el derecho de Cataluña a la secesión, los haga diferenciarse de los líderes de los demás partidos, tan desnudos como él mismo, como el rey y como la cabra de la legión. Dice Iglesias que el Parlamento no tiene competencias para declarar la República. ¡Ah! ¿No? Y ¿quién si no? ¿Los círculos de Podemos? ¿Tele K? ¿El núcleo irradiador? ¿Quién cree Iglesias que proclamó la Commonwealth británica, la república estadounidense, la francesa, la alemana, las españolas? El Parlamento, el Congreso, la Asamblea Nacional, la Dieta Federal, las Cortes.  Eso, ¿quién si no? Búsquese otra teoría porque esa no solamente no es respetable sino que, además, no cuela.

Quizá el argumento de Podemos sea que el Parlament fue elegido el 27 de septiembre en elecciones ordinarias y carece de competencias constituyentes. Lo mismo le sucedió a las Cortes españolas en 1977, que fueron ordinarias hasta que ellas mismas decidieron ser constituyentes. O bien quizá estos grandes críticos sostengan que el 47,8% del voto no faculta para tomar una medida de tal envergadura. Nadie, en cambio, ha oído crítica alguna respecto al hecho de que con el 44,6% el PP sí pueda desactivar la Constitución y desmantelar el Estado del bienestar. 

El rey está desnudo y el chambelán, también.

Los tres partidos de la España cañí tienen ya preparada una batería de recursos ante el Tribunal Constitucional -ese tribunal presidido por un antiguo militante del PP y colaborador de FAES- para interponerlos en cuanto el Parlament apruebe algo que no les guste. Podemos, inteligentemente, se desmarca de esa intención, pero lo hace por un (sano) instinto, aunque sin saber explicar por qué. Se lo dirá Palinuro gratis et amore: porque, si el Tribunal se pronuncia negativamente sobre una decisión del Parlament y este decide desobedecerlo -pues la hoja de ruta parte de que las autoridades españolas carecen de jurisdicción en su territorio- tendremos el conflicto servido en términos de intervención en Cataluña, pero no la capacidad de respuesta proporcional que se requiere. A la derecha nacionalcatólica del PP y sus compañeros de viaje C's y el PSOE puede interesarles esta escalada porque propiciaría la proclamación del Estado de excepción y, por ende, la eliminación de las elecciones. En cambio a los de Podemos esto no les interesa en absoluto, pues serían los segundos en padecer las circunstancias. Los primeros serían los independentistas, si bien da la impresión de que tendrían mejor y más sólida y extensa defensa que aquellos.

¡Esos malditos catalanes que, con su obstinación, desvelan la impudicia de un régimen de arbitrariedad neofranquista que quiere hacerse pasar por una democracia!

divendres, 30 d’octubre del 2015

El fin del fin de las ideologías.

Hoy, viernes, 30 de octubre, a las 17:00, Palinuro inaugura un curso con el título Confrontació y col.lapse de les ideologies: política i cultura en el món actual des de el cine i el art en el centro de la UNED de Barcelona/Nou Barris, (Avinguda Rio de Janeiro, 56-58, Barcelona). La conferencia inaugural se titula: Ideologías y hegemonía neoliberal e irá acompañada de proyección de algunas diapositivas para ilustrar las cuestiones cinematográficas y artísticas.

La hegemonía cultural de que disfrutó la izquierda europea y americana en la segunda mitad del siglo XX se disipó en el último tercio ante tres factores interrelacionados: a) la crisis económica de los años setenta, b) la ofensiva neoconservadora y neoliberal de los ochenta y c) el hundimiento del comunismo de los noventa. Se impuso entonces una línea de "pensamiento único" que en filosofía tomó la forma (algo contradictoria) de postmodernismo; en Sociología, la del pensamiento "líquido"; en economía, el paradigma neoclásico; en derecho la primacía de la seguridad frente a la libertad; y en política, la articulación de una serie de "consensos" (desde el de Washington al de Bruselas) cuya finalidad era revertir las conquistas laborales y sociales del Estado del bienestar, recuperar la tasa de beneficio del capital en detrimento de las rentas salariales y articular formas nuevas de acumulación ampliada en contextos crecientemente autoritarios. 

La reconstrucción de órdenes sociales igualitarios, más justos y más libres no será posible en tanto el pensamiento crítico no acierte a postular un fundamento teórico general, holístico, sistemático contra todo vaticinio. El pensamiento emancipador tiene que ser capaz de soportar las sucesivas ramificaciones sin perder coherencia y canalizar y aprovechar las manifestaciones espontáneas de oposición que aparecen hoy catalizadas por el empleo masivo de las nuevas tecnologías, singularmente internet. Por supuesto, habrá referencias contextualizadoras a películas y obras de arte en comentario.

Allí nos vemos.

(Aclaración: mi conferencia es gratis, en abierto. Luego, para quien quiera asistir a las sesiones del curso, este es de pago.)


El movimiento nacional.

En dos días Rajoy ha hablado con más políticos ajenos al PP que en sus cuatro años de gobierno. Estos independentistas catalanes van a acabar consiguiendo que en España reviva la gloria del Imperio y el orgullo de la raza.

El presidente del gobierno, siguiendo su natural querencia, empezó por llamar a La Moncloa a los suyos, Sánchez y Rivera, gente de orden. Alguien debió de decirle que no estaba bien dejar fuera a Iglesias, pues luego va largando por los platós. Y algún otro le forzó la mano para que llamase asimismo a Garzón y Duran. Fuera se quedó Rosa Díez, sin duda porque, siendo mujer y no del PP, para Rajoy es perfectamente invisible. En cuatro años no se ha molestado en pronunciar bien su apellido, que es Díez y no Díaz, como dice él, no por ignorancia, sino por afán de humillar. Ninguno de los cinco machos convocados ha dicho ni  pío sobre la exclusión de Díez, lo que permite calibrar su sinceridad cuando hablan de igualdad de género. Lógico: no están para tonterías políticamente correctas sino para atender a la Patria en peligro y forjar una unión sagrada en su defensa, un verdadero movimiento nacional, que es cosa de hombres, con el que el genio de La Moncloa aspira a ganar de nuevo las elecciones, como su inspirador ideológico, Franco, ganó una guerra civil.

 Se acabaron los disimulos. Nada de votos, escaños, elecciones, plebiscitos, porcentajes, mayorías, minorías. Los independentistas no pueden salirse con la suya aunque alcanzaran el 100 por ciento de los votos y de los escaños, porque no. Todo lo demás, sobra. Unión sagrada nacional que, por cierto, han roto estos bellacos de la izquierda valenciana. Nada de contemplaciones: ley, orden, constitución, soberanía, una, grande libre y, si la cosa se complica, prohibición, inhabilitación, represión, prisión y lo que sea menester. Desde luego, todos estos guerreros están dispuestos a hablar cuanto haga falta con los soberanistas catalanes siempre que depongan su actitud, haciendo a un lado la experiencia obvia de que, cuando deponen su actitud, nadie habla con ellos. En todo caso, para amenazarlos o llamarlos nazis.

La melopea del PP y su jefe es siempre la misma: los independentistas han de acatar la ley y las decisiones de los tribunales. Que sea la misma ley que Rajoy y el PP cambian cuando, como y donde les da la gana sin consensuar nada con nadie, y los mismos tribunales con militantes de su partido, no es óbice para aplicárselas a los catalanes, según el principio del embudo. Felices de esta ocasión, las derechas neofranquistas encaran unas elecciones en las que no se hablará de cuánto han robado y cómo han destrozado el país, sino de la integridad territorial de la sagrada Patria.

El discurso de C's es idéntico al del PP: ley y tentetieso. El mimetismo de estos  con el partido de Rajoy es tan completo que, según parece, también Ciudadanos tiene las cuentas poco claras. Quería presentarse como el relevo de una derecha corrupta pero, según parece, no podrá ser. Además, quizá ni sea necesario: la defensa de la gran nación española pondrá sordina a los escandalazos de corrupción de esta asociación de presuntos malhechores muy patriotas.

El PSOE matiza su triste papel de comparsa de la derecha neofranquista balbuceando algo sobre una imprecisa reforma de la Constitución que los socialistas saben de sobra que jamás conseguirán. Y, caso de conseguirla, tampoco serviría para nada porque la dinámica constituyente catalana está en otra galaxia. Es una pena que, incapaz de encontrar ideas nuevas para un tiempo nuevo, arrastrado por la inercia y el reaccionarismo de su cogollo dirigente, sea este centenario partido el que más vaya a padecer las consecuencias de esta confrontación.

Podemos habla de referéndum catalán vinculante mientras se bizma los chichones de las elecciones catalanas. Trata de ganarse las simpatías en el campo españolista asegurando que es el mejor modo de conservar la unidad de España, creyendo quizá que va a engañar a los descendientes del caudillo que lo era por la gracia de Dios. En todo caso, tendrá que aclarar si se encuadra en el frente nacional o no. Todavía no han gobernado y ya están metidos en el baile de las medias verdades y las medias mentiras.

Hasta Garzón defiende la unidad de España frente a las termitas catalanistas porque, ha descubierto que Rajoy y Mas tienen los mismos intereses: ocultar sus vergüenzas. El hecho de poner a Mas a la bajura de Rajoy, como hacen también el PSOE y Podemos, es la prueba definitiva de que la izquierda española no ha entendido nada del independentismo catalán, que no es cosa de una persona, un grupo o una pandilla, sino otro movimiento nacional, pero popular. Y, desde luego, una revolución.

Duran, supongo, acudirá a La Moncloa a pedir cristiana clemencia con los que desea ver vencidos.

Y Díez, cuya oposición al nacionalismo catalán ha sido siempre frontal, al verse excluida por el patriarcado, a lo mejor acude a los tribunales. No sería disparatado.

Este intento de fraguar un frente nacional no servirá para nada porque solo tiene una funcionalidad simbólica. Pero su consecuencia será muy real: uncir a los demás partidos, empezando por el PSOE, al carro de la derecha y hacerlos corresponsables de los dislates que esta continuará cometiendo. Resulta curioso cómo la oposición, en especial el  PSOE, no entiende que, al sumarse a la polarización y la confrontación, admite carecer de discurso propio frente al independentismo y que, por lo tanto, ya ha perdido.
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Actualización en el curso de la mañana. Rajoy ha vuelto a corregir su metedura de pata y ha hecho llamar a Rosa Díez. Pero el encargo ha correspondido a la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría porque, para los machos como él, las cosas de mujeres deben tratarlas mujeres. Fue Sáenz de Santamaría también quien llamó a Garzón quizá porque, para los españolazos de bien, los comunistas tienen un punto sospechoso, como de afeminamiento. En fin, es lo que hay en La Moncloa al frente de los destinos de este país en lo que quizá sea el momento más grave de su historia reciente. 

Estética del artesano.


La exposición de la Fundación Juan March, de Madrid, sobre Max Bill (1908-1994) es la primera que se hace en España sobre este artista, natural de Winterthur (la ciudad en que se fabrican casi todos los relojes suizos) y es, por tanto, una ocasión única para contemplar una muestra muy condensada y completa de su variadísima obra. Una obra que se adentra en la pintura, la escultura (piedra y metal), el grabado, la arquitectura, el dibujo, el interiorismo, el diseño y fabricación de objetos (sobre todo, claro, relojes), muebles, la impresión e ilustración de libros, los carteles, la publicidad. Prácticamente no hay campo de las artes gráficas y plásticas que Bill no haya tocado. En los juicios sobre su persona se repiten expresiones como "hombre universal", "artista del Renacimiento", "personalidad polifacética". Todas ellas, muy ciertas, presentan un creador de gran actividad y capacidad de trabajo, de mucho tesón, digno discípulo de la Bauhaus, en la que se educó artísticamente, bajo la influencia de Walter Gropius y Moholy-Nagy, cuyas concepciones modernistas y decorativas están presentes en su obra.

La exposición, comisariada por su su hijo, Jakob Bill, es muy completa, está muy bien organizada y saca el máximo partido a las 170 obras exhibidas, cosa importante cuando se trata de un arte con una esencia tan fuertemente ornamental. Es un placer pasear por ella, muy bien iluminada y con una sabia repartición de las piezas, generalmente de vivos colores, también combinados con mucho gusto y un notable sentido de la armonía y el equilibrio. Ni una tacha.  No hay duda, Bill es un hombre con gusto refinado que impregna lo que toque o fabrique: relojes, sillas, mesas, taburetes, máquinas de escribir, libros, cuadros, carteles, todo. Tiene una inmensa versatilidad y una casi infinita capacidad para reproducir una gran variedad de estilos.

Lo que no tiene es genio. Su trabajo está muy bien, alcanza un nivel medio alto, pero siempre constante. Es un buen y concienzudo artesano, pero carece de esa chispa, esa lumbre, ese fogonazo que se revela en los cuadros, las esculturas, las obras de los verdaderos creadores. Su grafismo es frío y su ornamentalismo como distanciado. Incluso lo que se presenta como algo rompedor, por ejemplo, unas esculturas de latón brillante muy bonitas especie de cintas de Moebius, parecen sometidas a regularidad y disciplina. Es muy agradable contemplar sus cuadros, composiciones geométricas de colores y en ellas se ve a Kandinsky, a Mondrian, incluso a Matisse en cosa de colores, pero escasa originalidad. De hecho, así se confiesa en el título de uno de sus trabajos más conocidos: Max Bill: obras de arte multiplicadas como originales (1938-1994). Sus esculturas traen ecos de Giacometti y Moore y, por supuesto, los muebles y edificios, de la Bauhaus, su alma mater. La cartelería remite al dadaísmo y el futurismo con tintes modernistas.

El arte no tiene reglas ni fronteras. Y si Morris, Ruskin y otros consiguieron convencer al mundo de que el movimiento de arts and crafts era una corriente artística, con el mismo derecho podían hacerlo la Bauhaus y Max Bill, uno de sus más brillantes alumnos.