dissabte, 20 de desembre del 2014

Más sobre Cataluña, según los catalanes.


Acaba de conocerse el avance de los resultados del sondeo de opinión de Cataluña de 2014 del Institut de Ciènces Politiques i Socials de la Universidad Autónoma de Barcelona, organismo tan digno de crédito como el CEO que reflejábamos en el post anterior. Hay notables semejanzas, coincidencias y analogías, que llevan a los autores a concluir, como hacía Palinuro en el sondeo del CEO, que el mapa político catalán es muy complejo en comparación con el español y que hay cambios de cierta importancia. En algunos asuntos no solo coincide con los resultados del CEO sino con los de todos los sondeos que se hacen en España y los haga quien los haga. Especialmente en el pesimismo con que los catalanes ven la situación económica de España y la bajísima consideración en que tienen al gobierno del PP, por no hablar ya de la del Sobresueldos, el líder peor valorado de la historia de España. Aun así, ese 1,49 que le dan es excesivamente generoso. Claro que, por difícil de creer que sea, todavía valoran peor, con un 1,27, a su dirigente autóctona, Alicia Sánchez Camacho, ese horror de señora que tiene tanto tirón electoral como el Yeti.

Pero no son las coincidencias las que nos interesan aquí, sino las diferencias. Hay dos muy llamativas que dan que pensar. Una sobre la independencia y otra sobre Podemos. Respecto a la independencia, si bien la medición de los deseos del electorado en las dos encuestas es muy similar pues en ambas el de que Cataluña sea independiente es menor que el de que no lo sea, aunque por pocos puntos, en el sondeo del ICPS, la intención de voto independentista es mucho mayor que la del no independentista, casi el doble (49,9% frente a 27,4%). No es posible hacer una comparación con el resultado del CEO porque este no trae una pregunta específica sobre voto real a favor o en contra de la independencia o yo no he sido capaz de encontrarla en un hipotético referéndum sobre la cuestión. Pero, si miramos la intención de voto a partidos en el supuesto de elecciones generales hoy, el voto independentista no alcanzaría mayoría.
 
La otra diferencia curiosa y muy pronunciada hace referencia a Podemos. La intención de voto de este en un supuesto de elecciones generales en el ICPS es de 26,6%, casi el doble de lo que anuncia el CEO (14,7%). Demasiado. Esa cantidad de más de un cuarto de los votos a favor de Podemos en unas generales en Cataluña es  coherente con el hecho de que Pablo Iglesias sea el segundo lider en valoración en el Principado (5,16) solo por detrás de David Fernández (5,20) y con el de que nada menos que el 35,8% de los catalanes querría ver a Pablo Iglesias de presidente del gobierno español.
 
No obstante, si comparamos las intenciones de voto en supuestos de elecciones autonómicas, estas diferencias se aminoran y el cuadro es distinto. Según el CEO, la intención directa de voto de Podemos en unas autonómicas catalanas es del 4,6% y según el ICPS, del 11,1%; más del doble, sí, pero muy debajo de CiU y ERC. Por último, la intención de voto de Podemos en unas hipotéticas municipales en Cataluña, según el ICPS es del 7,9%. No es posible comparar con los datos del CEO porque no trae pregunta sobre elecciones municipales. Pero sí es posible establecer una cadencia en descenso de esa intención de voto con los datos del ICPS: 26,6% en las generales, 11,1% en las autonómicas y 7,9% en las municipales. En otros términos, cuanto más próxima es la elección, menor en la intención de votos de Podemos.
 
Esos son los datos. Las interpretaciones son libres.

Cataluña según los catalanes ahora mismo.


El Centre d'Estudis d'Opinió. (CEO) ha publicado su Enquesta sobre context polític a Catalunya. 2014 con trabajo de campo hace unos días. Probablemente la prensa española no le dará mucha relavancia, pues está más pendiente de los barómetros del CIS. Y debiera, in embargo, ya que los trabajos del CEO son tan importantes para Cataluña y, por ende, para España como los del CIS para España y, por ende, para Cataluña. La enquesta catalana da un cuadro que los partidos españoles harían bien en considerar. Porque es un cuadro distinto al español. Repasando las partes del sondeo se echa de ver enseguida que Cataluña es otra cosa. La autoubicación ideológica del electorado no coincide con la de España y hay otros datos no menos significativos. Uno por todos: la intención directa de voto de Podemos en elecciones autonómicas está en un miserable 4,6%, a dos décimas del PSC pero muy por debajo de CiU y ERC. Compárese con la intención de voto en Andalucía, en donde, si no he leído mal, es la primera o la segunda. Sube, sin embargo, a un 14,7% y es la primera, en unas hipotéticas elecciones al Congreso de los diputados, lo cual indica un comportamiento dual del voto, muy digno de tenerse en cuenta. Por lo que hace al PP, si su intención de voto en Andalucía es alta, en Cataluña en las autonómicas está en un ridículo 1,8%, con claro riesgo de quedarse en un partido extraparlamentario y tampoco aumenta mucho en unas generales, pues se quedaría en un 3,4%. Realmente, es otra cosa. Eso se nota en un sistema de partidos más complejo y fragmentado que en el resto de España.

El dato más significativo es que, en este momento, los contrarios a la independencia de Cataluña son mayoría. Por poco, pero mayoría. Cuando se desglosa esa mayoría, otra mayoría en su seno propugna una estatalidad federal frente a otros que quieren ser una autonomía en España o, mucha menor medida, una región española. Lo cual significa que, de las propuestas de los partidos españoles para Cataluña, la que parecería gozar de mejores perspectivas sería la federal del PSOE. Tiene centralidad. A ella podrían sumarse algunos partidarios del estatuto de Comunidad Autónoma por exceso y otros partidarios de la independencia por defecto, pues cálculo humano habitual suele ser quedarse con el mal menor. Esto obliga al PSOE a perfilar con mayor esmero esa oferta federal. Porque federalismos hay de varios tipos y, si ha de recurrirse a la reforma de la Constitución (CE) (y dado el puntillismo del PP que quiere conocer hasta las comas de cualquier proyecto de revisión) conviene especificar lo más posible.

A su vez los soberanistas, aun estando en minoría, cuentan con un apoyo sustancial, pero no podrán cuantificarlo en tanto no haya elecciones formales. Y elecciones reclama el bloque soberanista. Si no están fijadas ya es, al parecer, debido a la falta de acuerdo acerca de cómo concurrirá a ellas, con o sin lista única. Es un debate complicado que depende exclusivamente de los catalanes. Estos, a su vez, juegan en un horizonte de elecciones municipales que son españolas. Por eso las autonómicas catalanas han de ser antes ya que de ellas se quiere que salga otra decisión política trascendental: una declaración unilateral de independencia o la convocatoria de otro referéndum y, tanto en un caso como en el otro, tendrían lugar en el proceso hacia las elecciones legislativas españolas de 2015. Resulta absurdo ignorar que en esas elecciones va a ser decisiva la cuestión catalana.

Con eso cuenta el bloque soberanista y por eso las CUPs apremian a Podemos a clarificar su posición respecto a un posible referéndum de autodeterminación. Podemos, con su 4,6% de intención de voto, muy inferior a la del resto del Estado pero que puede tener su peso. La cuestión es si Podemos puede clarificar. Hacerlo a favor de la autodeterminación se considera receta segura para perder votos en España. Hacerlo en contra tiene difícil acomodo en una perspectiva de izquierda.

Los nacionalistas españoles no disponen de más salida que la opción federal y una reforma a fondo de la CE. Y no tienen garantizado en modo alguno el éxito. Para los soberanistas llega tarde y es insuficiente. Para los integristas españoles es un salto en el vacío. Por cierto, lamentable también ese obstinado rechazo a toda reforma de la Constitución. Indica el mismo miedo que la negativa al derecho de autodeterminación de los catalanes; miedo a que salga lo que no se quiere que salga, pero cuya posibilidad se admite porque, en el fondo, los negacionistas no confían en su propia nación ni en la Constitución que dicen defender. Ya se sabe y por eso no se dice que la verdadera dificultad es la Monarquía y la eventualidad de que una reforma quisiera afectarla. Claro, la Monarquía está prendida con alfileres y su defensa consiste en imposibilitar la reforma de la CE. Sin embargo seguirá siendo problemática mientras su legitimidad no proceda de la voluntad popular.

A este respecto los catalanes también son otra cosa. En Cataluña es mayoritario un partido expresamente republicano, cosa que en España el PSOE no se atreve a ser, habiéndose convertido en un partido dinástico. Se escuda en la hoja de parra de la teoría de la accidentalidad de las formas de gobierno que en España, con su historia, no es admisible.

divendres, 19 de desembre del 2014

Nuevas fechorías del sobresueldos y la banda de mangantes.


Si pensaban ustedes que en tres años de legislatura de estos mendas habían visto todo en punto a sinvergonzonería, mentiras, corrupción, latrocinios, arbitrariedad, desprecio por la gente, estulticia, beaterío, agresividad y pura mangancia, estaban ustedes equivocados. Si creían que, con docenas militantes procesados por los más diversos delitos y varios altos cargos -Matas, Fabra, Bárcenas, Díaz Ferrán, etc- ya en la cárcel por chorizos o presuntos chorizos, esta supuesta asociación de mangantes iba a enderezar su comportamiento y atenerse a la ley, creían ustedes en el unicornio. Si pensaban que, después de haber arruinado el país, desposeído a la gente de sus derechos, empujado a los jóvenes a la emigración, desahuciado a cientos de miles de familias, empobrecido a los trabajadores, estafado a los cuentacorrentistas, sisado a los desempleados y escatimado sus pensiones a los viejos, esta pandilla iba a darse por satisfecha, pierdan ustedes toda esperanza.
 
Les queda un año de legislatura y, sabedores de que la gente los mira con auténtica repugnancia y está deseando que haya elecciones para echarlos a patadas, han decidido apretar el acelerador de sus abusos y tropelías, seguir esquilmando el erario público (por si no vuelven a poder hacerlo en unos años), preparar la fuerzas de represión para sofocar a palos cualquier discrepancia y perder hasta las apariencias y disimulos de una política no estrictamente de rufianes.
 
Pruebas han dado suficientes del talante abusivo y de matones que piensan aplicar, con desprecio a la opinión pública y las más elementales normas no ya de la moral sino de la mera buena educación.
 
Ayer mismo, Ana Mato, ex-ministra de Sanidad que tuvo que dimitir por corrupta y por estar imputada en un proceso penal, fue nombrada para un cargo en una comisión parlamentaria, con un incremento de más de 1.000 € de dinero público, el único que esta perfecta inútil lleva cobrando toda su vida en blanco, negro o marrón. De este modo queda claro qué entiende el gobierno por las medidas contra la corrupción que piensa presentar esta semana en el Parlamento, probablemente con la ayuda de esta corrupta.
 
Igualmente, falto de un portavoz del grupo parlamentario, el sobresueldos ha nombrado a Rafael Hernando, el bravucón achulapado de talante falangista que protagonizó un intento de reyerta al estilo matón en el Congreso, intentando partir la cara a Rubalcaba. El mismo sujeto capaz de decir de quienes quieren encontrar a sus familiares, asesinados por los franquistas (los antecesores ideológicos del tal Hernando) que si lo hacían era porque hay subvenciones. Subvenciones, por cierto, que su partido y gobierno han suprimido. Algo que a este provocador nato debe de parecerle muy bien.
 
Molesta la asociación de presuntos malhechores con la actividad del Fiscal General del Estado, no ha parado hasta echarlo de su puesto, en el enésimo caso de evidente injerencia política en la administración de Justicia en España. El dimitido Torres Dulce tendrá ahora tiempo de reflexionar acerca de cómo plegarse a las órdenes de estos tipos sin escrúpulos no garantiza nada porque siempre pedirán más, hasta el momento en que se exija la abyección y sumisión absolutas y, para entonces, la oposición ya será tardía: el complaciente Fiscal General del Estado tratado como una bayeta por desalmados que desconocen por entero lo que es la dignidad de las personas.
 
Y a todo esto, Palinuro repite su pregunta dirigida a la oposición: ¿van ustedes a legitimar con su presencia la farsa en la que el sobresueldos presentará sus medidas en contra de la corrupción en presencia de gente como Ana Mato? ¿No les da vergüenza?

dijous, 18 de desembre del 2014

El reñidero de la izquierda.


En España hay tres fuerzas de izquierda mayoritarias con grandes diferencias cuantitativas. También las tienen cualitativas pues a veces se enzarzan sobre la cuestión de la autenticidad de sus respectivos izquierdismos. Además de ellas hay algunas otras de espacio territorial más reducido, las izquierdas nacionalistas o de menor relevancia electoral.

No es un panorama de desunión sino de fragmentación, casi atomización. Todo el mundo, por supuesto, está convencido de que la unidad es la única fórmula de imponerse electoralmente a la derecha y "unidad" y sus variantes es la palabra que más aparece en los discursos de esta fuerzas. Pero está claro que no le dan el mismo significado y no lo hacen porque sus circunstancias internas las tienen tan absorbidas que no pueden acomodarse en un entendimiento común ya que ni ellas mismas se entienden.

El PSOE se debate en procesos de renovación interna en los que nadie anda muy seguro. La sustitución del líder se ha hecho propulsada por un delicado equilibrio entre tradición rubalcabiana y modernidad pietrina, entre respetabilidad institucional y necesidad de salir a la calle con un discurso más de izquierda para atajar la sangría de votos por ese lado. Sánchez tiene que ungirse de legitimidad democrática en unas elecciones abiertas y no en unas primarias de más o menos chanchullos. Si no lo consigue tiene el reto de la señora Díaz, cuya legitimidad es tan flaca y enteca como la suya.

En IU el panorama es aterradoramente idéntico al de siempre: una bronca permanente en distintos ámbitos y niveles por asuntos tan enrevesados que cuesta creer los entiendan quienes por ellos se enfrentan tan agriamente. La sustitución del maduro Cayo Lara por el joven Garzón, presentada como una prometedora renovación, está empañada por luchas, amenazas, expulsiones que transmiten una imagen de lamentables enfrentamientos en una organización que, autocalificándose de "unida", es incapaz de presentarse como tal ante su electorado.

Podemos se encuentra en el sobresaltado periodo del primer vagido. Habiendo obtenido un resultado tan espectacular en mayo pasado, ha puesto el listón muy alto, incluso para sí mismo, tiene que encontrar el modo de revalidarlo y superarlo en el mayo que viene y no dispone de mucho tiempo. Sus vacilaciones, oscilaciones, ambigüedades y rectificaciones, sus cambios de actitud en la carrera a las municipales transmite una imagen de confusión que no es recomendable en campaña electoral. Y el permanente llamado a criterios asamblearios no contribuirá a reducirla.

En esta situación es probable que las tres fuerzas de la izquierda lleguen a mayo de 2015 desunidas y enfrentadas al grito de unidad. Y también lo es que el resultado sea decepcionante.

En realidad es preciso reconocer que esa unión no es nada fácil. Hay unas diferencias profundas que son además permanentemente aireadas por los medios de comunicación. Eso no sucede en la derecha. Esta tiene también enfrentamientos pero, no siendo por asuntos de principios sino de intereses, se mantienen siempre discretamente ocultos tras una muy eficaz fachada de unidad.

La exposición a los medios es un factor determinante en el predicamento de la izquierda. Pero tanto para bien como para mal. Eso depende de cómo se enfoque en cada caso. Por ejemplo, es evidente que el ascenso de Podemos tiene una clave explicativa (aunque no única, claro) en lo que sus críticos consideran con envidia mal disimulada su sobreexposición mediática, lo que reputan un privilegio inmerecido. Ahora bien, los medios son empresas, buscan  audiencia y Podemos la garantiza. Muy probablemente por su componente de innovación que resulta muy atractivo para un público cansado de un espectáculo político en el que los actores llevan decenios en el escenario y, además, no están dotados de cualidades o ingenio que cautive a los espectadores.

Así que los partidos de la  competencia han entendido el mensaje y han procedido a sendos procesos de renovación pero, para su decepción, no alcanzan el impacto que esperan. Descubren que no basta cambiar los rostros, que no innova quien quiere sino quien puede, que es preciso tocar intereses creados, rutinas, compromisos del pasado. A las izquierdas parlamentarias las ata su historia. De ahí que su discurso no pueda ser absolutamente innovador y deba buscar el citado equilibrio entre la institución y el movimiento. La marca es un activo; pero también un lastre. Adaptarla al servicio de una innovación que suscite adhesión y apoyo en un electorado invadido por el hastío y la desconfianza solo es posible articulando un discurso nuevo y convincente.
 
Y en eso el panorama no es halagüeño.






(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).



El PP contra internet.

Antes de ayer, de madrugada (02:30 am), cerró Google News en español en respuesta al canon AEDE que el PP ha impuesto con efectos del 1º de enero próximo por la presión de los grandes periódicos (lo "grandes" es un decir) en la nueva ley sobre la propiedad intelectual. 15 horas después, el tráfico exterior de los medios españoles había descendido en un 15%, según se aprecia en el gráfico públicado por Gigaom que a su vez cita un estudio de Chartbeat, una empresa de análisis de la red.
A partir del 1º de enero todo el que enlace a contenidos de los medios tiene que pagar, incluso aunque los medios estén en código abierto, bajo licencia copyleft, ya que se trata, según dice la ley, de un "derecho inalienable". La decisión de Google, por tanto, es una respuesta movida por el interés y tiene considerable efecto porque daña la difusión de los contenidos de los medios. De hecho, es la experiencia que se extrajo de la llamada tasa Google, aplicada antes en Alemania. Dado que allí el pago no era obligatorio, Google suprimió todos los enlaces de los medios que cobraban y, ante el descenso de tráfico, fueron los mismos medios los que retiraron la exigencia de cobrar. Aquí, los editores de AEDE quisieron curarse en salud e hicieron obligatorio el canon pero, al parecer, ya están presionando al gobierno de nuevo para que busque una solución el problema planteado por el cierre de Google, que los daña más que el régimen de libre enlace.
Por supuesto, el canon no afecta solo a Google sino a todos los que enlacen a contenidos ajenos, a agregadores de noticias, sitios como Menéame que quizá no tengan la capacidad de resistencia y presión que tiene Google. Frente a la libre circulación de información en la red el gobierno adopta una actitud similar a la que tiene en todo lo demás, por ejemplo, en materia de orden público: restringir las libertades y derechos haciendo imposible su ejercicio por vías económicas, tasas, sanciones, multas. En la red, algo parecido.
Es obvio que quienes elaboran contenidos deben tener una justa retribución pero también lo es que este no es el procedimiento más adecuado porque causa mayores perjuicios de los que evita. Si la restricción se hace por razones económicas, empresariales, de coste beneficio, el canon habrá de modificarse, si no suprimirse. No se trata de dejar desamparados los derechos de autoría, pero sí de buscar una solución que no dañe precisamente los intereses que quiere proteger.
Pero si se hace por razones ideológicas, lo más sensato es mantener el canon, con lo que se cerrarán innumerables sitios, el tráfico se reducirá y se pondrá sordina a las redes sociales, un territorio de generalizada crítica política y movilización de la ciudadanía. Es un primer paso en la dirección que llevan todos los sistemas autoritarios: controlar internet. Y en algunos casos en los que la afición a reprimir se mezcla con la incompetencia, si no se puede controlar internet, matarla.
Pero eso es imposible. Internet son los nervios de la sociedad y no se puede cerrar porque la sociedad se pararía en horas. Eso sin contar con que el tráfico exterior actuaría como si el país fuera una especie de agujero negro de la red. La red no se puede cerrar y el gobierno hará el ridículo una vez más.  

dimecres, 17 de desembre del 2014

La culpa es de la oposición.


Aprovecho que los periódicos todavía pueden mostrar testimonios gráficos de la brutalidad de la policía al servicio de este gobierno autoritario y semifascista. Cuando entre en vigor la Ley Mordaza que han cocinado los psicópatas de Interior, la publicación de estas imágenes que, en cualquier país civilizado harían caer a los responsable políticos de que la policía actúe como una banda de matones, será sancionada con multas estratosféricas y, posiblemente con una buena paliza a los responsables a fin de seguir sembrando un sano terror en España.
 
A propósito, el motivo de esta nueva agresión de las fuerzas represivas a la ciudadanía es una Operación Pandora que tiene toda la pinta de ser otro montaje policial para justificar la brutal Ley Mordaza y, de paso, criminalizar a los anarquistas, quienes suelen encabezar las listas de víctimas de la vesania nacionalcatólica.
 
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo hemos alcanzado este nivel de degeneración democrática que en tres años nos ha dejado a la altura del México de hoy?
 
Muy sencillo: porque hemos tolerado todo tipo de abusos.
 
Hemos tolerado que gobierne un partido que es una presunta banda de ladrones con decenas y decenas de cargos en procesos penales, probablemente la punta del iceberg del gigantesco expolio que estos sinvergüenzas han organizado en el país con una corrupción insólita que ahora, los más granujas de ellos, quieren hacer extensiva a toda la ciudadanía. Los ladrones tratando de convencer a las víctimas de que ellas también roban.
 
Hemos tolerado en la presidencia del gobierno a un embustero redomado, sospechoso de cobros en B, maniobrero, taimado, una persona indigna no ya de presidir un país sino una peña de fútbol en un oasis del desierto. Un incompetente cuya falta de escrúpulos solo es comparable a su arrogancia, capaz de mentir sin que se le descomponga el peinado aunque el compulsivo guiño del ojo izquierdo lo traicione como el maullido del gato en el cuento de Poe.
 
Hemos tolerado que estos indeseables prolonguen la crisis a costa de los más desfavorecidos y en beneficio de empresarios y banqueros depredadores, pero sobre todo de su propio bolsillo, pues todos ellos están pringados en el expolio nacional. No hemos reaccionado cuando han desmantelado el Estado del bienestar, despojado de sus derechos a la gente, excluido a los inmigrantes, expulsado a los jóvenes, eliminado la asistencia a los dependientes o robado sus pensiones a los jubilados.
 
Hemos permitido que esta presunta asociación de malhechores se cisque en el Parlamento, reducido a una cámara para aplaudir las mentiras del jefe y que ha llevado su ignominia al extremo de tener de portavoz de la partida a un jayán energúmeno que no solo insulta cuando habla sino que es capaz de agredir físicamente a quienes no piensen como él.
 
Estamos permitiendo que se nos imponga una Ley Mordaza para amedrentar a la gente, perseguir las protestas, criminalizar la oposición y cercenar los derechos y libertades de la ciudadanía. Como estamos permitiendo que este Estado policía espíe a los ciudadanos en violación del secreto de las comunicaciones garantizado por una Constitución que no solamente no respetan sino que usan como cachiporra contra los adversarios, singularmente los nacionalistas no españoles. Y hemos permitido que nos arrebaten el derecho a la tutela de la justicia poniendo unas tasas judiciales tan altas que nadie puede pedir el amparo de las tribunales si no es cayendo en la ruina.
 
De esta manera, este personaje sin categoría ni principios y su partida de amigos, deudos y clientes ha conseguido la mutación constitucional perfecta: convertir el gobierno del país en una dictadura disfrazada de democracia.
 
Todo eso lo hemos permitido los españoles. Pero unos más que otros. Es poco lo que la gente normal podemos hacer fuera de salir a la calle a protestar con una probabilidad muy alta de que algún vándalo de uniforme nos abra la cabeza a porrazos y, encima nos denuncie, fabrique las pruebas, nos impongan una multa ruinosa y, si dan con juez servil, que los hay y muchos, nos envíen a la cárcel siendo inocentes.
 
Podrían hacer mucho más los partidos de la oposición si quisieran. En el fondo, si hemos llegado a esta grado de degeneración es en parte por su cobardía, su inhibición cuando no su complicidad. Dentro de unos días, el hombre de los sobresueldos irá al Congreso a exponer con toda falsedad y demagogia unas medidas en contra de la corrupción de la que él es el máximo responsable político. Y los partidos de la oposición, que no tienen el coraje de pedir su dimisión ni de interponer una moción de censura, legitimarán con su presencia esta farsa y mostrarán una vez más su absoluta carencia de espina dorsal.
 
Si la oposición tuviera dignidad, coraje, integridad y responsabilidad, habría abandonado ya ese hemiciclo de la vergüenza y dejado sola a esta partida de presuntos ladrones, con el energúmeno y el embustero a la cabeza y se habría retirado a otro lugar que solo por estar ella allí sería el reducto de las libertades y el derecho frente a la injusticia, el abuso y el atropello. De conseguirse algo así, este oprobio de gobierno no duraría una semana.
 
Pero, sí, en el fondo somos todos responsables porque millones de españoles votamos a favor de esta organización de saqueadores, otros millones lo hicimos a favor de los cobardes de la oposición y otros nos abstuvimos, avisando de que, en el fondo, nos da igual lo que suceda con el bienestar y la libertad de nuestro país y con nuestra dignidad. 

dimarts, 16 de desembre del 2014

Váyase, señor Rajoy.


¿Se acuerda el lector de aquella solemne comparecencia de Rajoy y los suyos en febrero de 2009, cuando estalló el caso Gürtel? El hoy presidente del gobierno, aparentemente indignado de que se relacionase a su partido con Correa (a quien nadie conocía, claro), pedía la recusación del juez Garzón, la comparecencia del Fiscal General del Estado y proclamaba que la Gürtel no era una trama del PP sino una trama contra el PP. En la foto de entonces, la plana mayor del partido, todos con gesto grave y cariacontecido. En primera fila, Sáenz de Santamaría, Arenas, Cospedal y Rajoy, presuntos receptores de sobresueldos en B, y el propio Rajoy, supuestamente receptor también de viajes y trajes de la Gürtel, al mejor estilo de Camps. Camps, asimismo en primera fila, como la inevitable Mato, ambos ya fuera de la foto a causa de la trama Gürtel, que era, hay volver a leerlo, una trama contra el PP.

Por supuesto. ¿No decía Aznar con su habitual engolamiento que el PP era incompatible con la corrupción? Por entonces, este guerrero de las Azores ya había casado a su hija en una boda imperial a la que asistió el selecto cogollo de la Gürtel, Correa y el Bigotes entre otros, a los que nadie conocía, como si, en vez de a una boda, fueran a un bautizo.
 
Ya por entonces Bárcenas funcionaba a pleno rendimiento, y Matas en Baleares, y Fabra en Castellón, y Baltar en Ourense y los siete enanitos en la sierra norte de Madrid, bajo la supervisión de la cazatalentos Aguirre, respaldada por la Fundación FUNDESCAM, cuyo gran patrocinador, Díaz Ferrán, está hoy entre rejas. No se quedaba atrás Valencia, reino de taifas corruptas por el que merodeaba el yerno del Rey, a quien deberían nombrar militante de honor del PP por su presunta capacidad para rapiñar fondos públicos. Precisamente ayer el juez procesó a la cúpula de entonces del PP por pagar su campaña de 2007 con dinero negro. Por entonces, el presidente del partido era Rajoy.

El mismo Rajoy, ministro y vicepresidente del gobierno cuando, según se ha sabido ya en sede judicial, en AENA había orden de contactar con Correa desde que el PP ganó las elecciones. Sí, exactamente el mismo Correa que presuntamente pagaba todo a todos los miembros del PP que pudieran darle una mordida del erario público. Todo: sobresueldos, gratificaciones, regalos, trajes, viajes, coches, confetti.  

En esta situación límite, de auténtico bochorno nacional, recibe Cospedal la orden de poner en marcha el esparcidor de mierda filosófica, asegurando que la corrupción somos todos, que si la hay en su partido, la hay en la sociedad y que el ser humano es corrupto por naturaleza. Es posible, señora, pero el ser humano, el español ordinario, no crea una organización con propósito de delinquir. Quizá porque no pueda, pero no lo hace. Eso es cosa de su partido y su generalización a la raza humana es una paladina admisión de lo que hasta ahora se había negado primero rotundamente, luego con circunloquios, después con tartamudeos y por último en diferido.

¿No era una trama contra el PP, partido incompatible con la corrupción?

Como diría Gila: aquí algunos, además de robar a espuertas, han estado riéndose de nosotros.

Y todo esto a unos días de que Rajoy vaya al Congreso a presentar su plan de regeneración. Si alguna vez ha habido un momento en que la oposición deba encarar su deber moral, político y cívico es este. La oposición debe ausentarse, no puede asistir a esta farsa en que el principal responsable de la gigantesca trama de corrupción que sí parece ser una trama del PP se presente como el restaurador de una transparencia, una honradez y una integridad que él desconoce.

Él mismo debiera ahorrar a sus compatriotas esta vergüenza.

Váyase ya, hombre. Deje de hacer el ridículo y llévese a esa banda  que llaman partido y más parece, una partida de ladrones. 

Podemos tiene razón.

No digo en todo lo que polemizan, en los tropecientos y pico asuntos con que les buscan las vueltas, que si la deuda, la jubilación, los impuestos, la nacionalización de la banca, Venezuela o los crímenes de la Mano Negra. Tampoco en su esgrima de alianzas y antialianzas con estos o aquellos. Tanta minuciosidad me supera y expertos tienen los novísimos que los defenderán con denuedo y les buscarán su mejor nicho electoral.

Me limito modestamente al asunto de ese pacto social anunciado con clarines y timbales y escenificado según solemne protocolo con asistencia de los dos jefes sindicales, la devota ministra del ramo y el estadista de la gran nación, presunto receptor de sobresueldos y gran señor de la historia. En concreto, me refiero al rechazo rotundo de Podemos a ese acuerdo. Ya Joaquín Estefanía relativizó su importancia, diciendo que era exagerado llamarlo pacto social. Los de Podemos van más allá y se niegan a admitirlo porque, por principio, rechazan todo pacto social con los partidos de la casta, singularmente ahora el PP, que está desmantelando el Estado del bienestar.

Tiene razón Podemos a mi entender. Pero se queda muy corto o a mí me faltan entendederas. Ese pacto social no es insuficiente o contrario al Estado del bienestar, no. Es simplemente, un toco mocho. Veamos. Los parados de larga duración que cumplan ciertos requisitos recibirán 425 euros mensuales de las arcas públicas durante un periodo fijo. A cambio, firman un compromiso de actividad por el que vienen obligados a aceptar un puesto de trabajo cuando se les ofrezca. El patrón que contrate a una persona en estas condiciones podrá descontarle los 425 euros del subsidio que ya le paga el Estado. Pero, ¿quién es el Estado? Nosotros, los contribuyentes. Somos los contribuyentes quienes pagamos los salarios de los parados en estas circunstancias, no los patronos que, sin embargo, se aprovechan de su productividad. Un toco mocho perfecto: los empresarios contratan mano de obra con nuestro dinero; han socializado los costes laborales. Pero no los beneficios, claro. Hasta a mí se me ocurren diez modos de subvenir a las necesidades de los parados de larga duración sin aumentar por ello la explotación de la gente. 

¿Se entiende por qué se les ha quedado a los dos sindicalistas la cara que se les ha quedado? Sospechan el toco mocho, pero no lo pillan.

¿Se entiende por qué los empresarios dicen que Rajoy es un nuevo Solón?

dilluns, 15 de desembre del 2014

El fin de la historia y las mentiras de Rajoy.


En los 90, según Francis Fukuyama, la crisis del comunismo puso fin a la historia. En 2014, según Rajoy, la historia de la corrupción pepera ha puesto fin a la crisis.  ¿Qué es peor, la estupidez o la mentira? Arduo dilema, pero fácilmente evitable porque en el caso de Rajoy, ambas van juntas.
 
El presidente del gobierno, acusado de llevar veinte años cobrando sobresueldos en B y presidente tmbién de un partido, a su vez acusado por los jueces de ser una especie de asociación de malhechores, afirma sin inmutarse (ignoro si el ojo traidor lo delató), que la crisis es ya historia.
 
Y eso se lo dice a un país en el que:
  • Hay 5.400.000 parados y más de la mitad, sin prestación.
  • 2/3 de las familias de desempleados tienen todos sus miembros en paro.
  • La quinta parte de los habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza.
  • La desigualdad social es la mayor de toda Europa.
  • El 63% de los contratos a tiempo parcial son indeseados.
  • Más del 50% de las horas extras no se pagan.
  • 1/3 de los asalariados cobra menos de 645€ al mes.
  • Los desahucios afectan a más de 400.000 familias.
  • La deuda pública es más de 100% del PIB y supera el billón de euros.
  • El gobierno ha saqueado ya el 36% del fondo de reserva de las pensiones.
  • El paro juvenil supera el 50%
  • La emigración económica forzosa ha aumentado un 15%.

Y, para que no falte de nada, el mismo día en que este embustero compulsivo soltaba lo del fin de la crisis se sabía que el crecimiento del IPC era negativo por cuarto mes consecutivo. Es decir, España está en deflación, antesala de otra recesión.

Está claro que, para propagar tanta falsedad, el presidente posiblemente más corrupto de la historia de España y, desde luego, el más incompetente y peor valorado por la opinión pública, necesita controlar todos los medios de comunicación, convertidos en nidos de esbirros al servicio del gobierno y, por si eso no fuera bastante y a la gente le diera por protestar, una Ley Mordaza que es una verdadera ley de excepción de cuño franquista.

Porque lo que sí se ha acabado es la historia de que la crisis sea ya historia.

Ministro: reprimir no sirve de nada.

Usted la llama Ley de Seguridad Ciudadana, o algo así de falso, cuando se trata de una Ley mordaza, una norma intimidatoria, arbitraria, desmesurada y probablemente inconstitucional, cosa que apreciaría un tribunal constitucional que no estuviera presidido por uno de su partido. Una norma para sofocar protestas, silenciar discrepancias, suprimir las libertades. Una norma autoritaria y represiva que trata de amedrentar a la población.
 
Ese catolicismo del que tanto alardea usted debiera hacerle reflexionar que reprimir no sirve de nada a largo plazo. Los de su religión, hoy millones, se precian de haber salido de los mártires, cuando los romanos se decidieron por la represión. Luego, esos mismos cristianos se obstinaron en reprimir la expresión del libre pensamiento y, aunque le fastidie, el pensamiento es libre. Durante siglos se reprimió a los esclavos y la esclavitud está abolida (con reservas). La represión de las mujeres cuenta también siglos y, ya ve usted, las mujeres son libres e iguales (aunque con más reservas). Desde el siglo XVIII, los Estados se obstinan en reprimir las manifestaciones populares en pro del sufragio universal, mayor justicia, más igualdad, más dignidad y, con dificultades, retrocesos y hasta barbaries, poco a poco va consiguiéndose.
 
A largo plazo, reprimir no sirve de nada. Al contrario, así se alienta lo que se quiere sofocar. Y además, se causa un sufrimiento indecible, inicuo que, como Dios, visitará en los hijos los pecados de los padres, según dice ese Libro en cuya verdad asegura usted creer (Deut., 5, 9).
 
¡Ah! Pero sirve y mucho a corto plazo. Evidencia el principio de autoridad. Determina la frontera entre lo lícito y lo ilícito, lo legal y lo delictivo según las convicciones ideológicas de un puñado de personas pertenecientes a un partido al que un juez imputa comportamiento ilícito en su conjunto. Uno que ganó las elecciones con un programa falso, incumplido en todos sus extremos, y que, por tanto, carece de legitimidad jurídica y política para dictar normas, y menos las que cercenan los derechos y libertades de la gente.

Porque lo que su ley ni ninguna ley represiva del mundo conseguirá será delimitar a su antojo la raya entre lo moral y lo inmoral, el bien y el mal, lo justo y lo injusto. A fuer de injusta, su ley provocará desobediencia por razón de conciencia. A la cual responderá usted con más represión, más violencia. Hasta hacer realidad el fin al que tiende una norma que garantiza la impunidad de las fuerzas de represión, esto es, el Estado policial.
 
El corto plazo es lo único que les importa. Llegar incólumes a las elecciones de 2015, en el caso de que no quepa aplazarlas y, por supuesto, estar en situación de repartir estopa si, aplazándose estas, hay protestas.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, con licencia Creative Commons).