dissabte, 13 de desembre del 2014

La parábola de Mayor Dundee

En Mayor Dundee (Sam Peckinpah, 1965), el comandante unionista Amos Dundee (Charlton Heston) decide salir de expedición y cruzar sin permiso la frontera con México para dar caza a una banda de apaches dirigidos por Sierra Charriba (Michael Pate). Como tiene pocos hombres, enrola a la fuerza a un puñado de prisioneros confederados dirigidos por el capitán Benjamin Tyreen (Richard Harris), antaño  gran amigo de Dundee y hoy su jurado enemigo, a muerte. Los dos sellan un pacto según el cual unirán sus fuerzas contra el enemigo común, Charriba, hasta atraparlo o acabar con él. Después, volverán a enfrentarse a muerte. Acaban con el apache. Lo que sucede luego no hace aquí al caso porque esto es una parábola y no un spoiler.

Bonita historia, ¿verdad? Y llena de enseñanzas.

divendres, 12 de desembre del 2014

Catalanes: habla el Rey.


Hace unos días, en una reunión de alcaldes del PP en Barcelona, Rajoy anunció su propósito de aumentar la presencia del Estado en Cataluña. Preguntaba el quisquilloso Palinuro qué quería decir esto. Empieza a estar claro. Ayer, el Rey, el jefe de ese Estado, se desplazó a Barcelona, a recibir la medalla de oro de la patronal catalana, Foment del Treball Nacional, la organización empresarial más antigua de Europa, a la que la prensa nacional llama "Fomento del Trabajo", ignorando ese "nacional" que, viniendo de Cataluña, es sospechoso. Acudieron al acto 160 empresarios catalanes, otros peces gordos de la patronal y varios políticos, mayormente de CiU. Acompañaba al Rey, que habló en español y catalán, el ministro del Interior a fin, sin duda, de hacer presente el Estado en sus dos más visibles atributos, la majestad y el garrote, para que nadie se llame a engaño. Speak softly and carry a big stick recomendaba el primer Rossevelt, Theodore, el rough rider. Y ese sabio consejo rige aquí. Suaves palabras y un buen garrote en forma de Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza, recién aprobada en esa cámara de silencios y aplausos llamada Congreso de los diputados.

Por cuanto se ve, el nuevo Rey viene a ser una especie de mandado o chico de los recados del presidente del gobierno. Este se lo llevó a México, a ese pintoresco guateque de la Cumbre Iberoamericana en Veracruz en donde, como siempre, lo más noticioso son los países que no asisten. En esa cumbre y en una reunión de empresarios, el Rey recitó de coro el discurso triunfalista del gobierno: España está saliendo de la crisis, crece más que nadie, tira de Europa y es un sitio fantástico para invertir porque los costes laborales unitarios son muy razonables; vulgo: porque los salarios están por los suelos.

Superada con éxito la prueba, Felipe VI, el Estado, recibió el encargo de aparecer en Cataluña en todo su esplendor ante una escogida representación de los suyos. A decirles ¿qué? Otra vez el discurso del gobierno: estamos mejor juntos, Cataluña es grande cuando España es grande, la Constitución, marco de concordia fraternal y garantía del Estado de derecho que reconoce a morir la singularidad catalana, aunque a veces hayan podido cometerse errores puntuales, errar es humano, que serán corregidos sin duda con garantías de éxito. Apuntalaba la remozada doctrina nacional española el presidente de la patronal catalana, Joaquim Gay de Montellá, pidiendo diálogo, negociación y pacto. ¿A quién? ¿Al Rey? No. Al pobre Artur Mas que estaba allí junto a  un par de conmilitones, todos con las orejas gachas pensando que eso es exactamente lo que les piden a ellos los soberanistas catalanes que, por cierto, con eso de que suelen ser republicanos, no estaban allí a recibir la ducha de esencias patrias nacional-españolas.
 
Desde otro punto de la geografía hispana, Rajoy inauguraba la nueva campaña de comunicación de La Moncloa, ya enfilando el año electoral, o campaña de Propaganda 2.0. Lo hace con gran habilidad dialéctica y trémolos poéticos, como si hubieran cambiado a Arriola por Manuel José Quintana. No es que estemos saliendo de la crisis, no. Es que la crisis ya es historia. Los brotes verdes son ya gigantescs baobabs.  Y, como le han dicho que el juego de las macrocifras no engaña ni a las figuras del museo de cera, asegura que las familias detectan ya la mejora en sus nóminas, bolsillos, mesas y fiestas de cumpleaños. No basta con mentir de lejos; hay que mentir de cerca también. Hay que probar a la gente que ve lo que no ve y tiene lo que no tiene. Lo complementa ese inenarrable presidente de Madrid para quien el problema de los niños en su comunidad no es el hambre sino la obesidad. 
 
Por si acaso el personal se mosquea y piensa que la propaganda 2.0 es una tomadura de pelo, también habló a los catalanes el ocupante del sidecar del Rey, como catalán y ministro de la cachiporra, recordando a los empresarios que el gobierno tiene como interés primordial al progreso de Cataluña. Es un respiro porque este mismo ministro afirmaba hace días que una Cataluña independiente sería pasto de la delincuencia organizada y las mafias extranjeras, siendo obvio que es mucho mejor serlo de las nacionales. Cosa que no sucederá, gracias a la intercesión de varias Vírgenes que el ministro tiene condecoradas y a la aprobación ayer de la Ley Mordaza, una ley de seguridad ciudadana en el más recio espíritu de la Ley de Orden Público de la Dictadura.
 
Así se hace la patria, sin duda. Esta es la cara del Estado en Cataluña y, por cierto, en el resto de España. El Rey ha hablado y ha puesto en palabras los silencios de Rajoy.
 
Ahora le toca a Mas aclarar si se inclina por el acuerdo o pacto con el Estado o con el resto del soberanismo, singularmente Esquerra Republicana. La primera opción tropieza con el inconveniente de que es el propio Estado el que niega que haya terreno para el pacto. La segunda el de una posible subalternidad del nacionalismo burgués frente al republicano.
 
Por último: lo importante no es lo que se dijera en esa reunión de empresarios a repartirse premios. Lo importante es lo que hayan hablado después.

La fortuna y el arte.


La Fortuna es una diosa reiteradamente representada en la pintura. Aparece a veces alada, con los ojos vendados y todos los signos de la inconstancia y la incertidumbre. Es caprichosa e imprevisible. Puede darle por cualquier cosa. Por coleccionar obras de arte, por ejemplo, una dedicación que exige estar en posesión de una unorma fortuna, de ser un predilecto de la Fortuna. Es el caso de Juan Abelló, empresario y financiero de gran éxito que anduvo una temporada en negocios con Mario Conde, pero supo mantenerse a este lado de la ley. Y uno de los puntos más llamativos de su abigarrada biografía es el de ser poseedor de una colección de quinientas obras arte, generalmente pintura, de incalculable valor. Parece que en ello ha sido decisiva la influencia de su esposa, Anna Gamazo Hohenlohe.

En exposición en el CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid hay 160 piezas de la colección y es una visita fascinante. Se trata de una muestra de coleccionismo en estado puro. La selección de las piezas no se ha hecho por razones temáticas, no es de paisajes, retratos o bodegones, ni de técnicas, aunque haya un cuantioso acopio de dibujos. La selección se ha hecho con un criterio puramente cronológico, con la intención de que se vea una o más muestras de todos los estilos y temas de la pintura desde el gótico internacional al arte de hoy, de Rothko o Bacon. Es un viaje a través de la pintura occidental de todos los países desde el siglo XV a hoy. No hay nada de pintura oriental y no europea salvo eso, algún Rothko. Un viaje por obras poco vistas porque pertenecen a una colección privada de alguien que ha tenido la fortuna de comprar obras de arte y el juicio y el gusto de escoger piezas representativas. Hay muchísimas ausencias, por descontado pero las presencias superan con mucho la mayor parte de las colecciones privadas.

La nacionalidad más representada, la española y dentro o al margen de esta, según cada cual lo considere, la catalana. Hay una Virgen lactante de Pedro Berruguete de transición del gótico al renacimiento fascinante u otra Virgen del silencio, de Luis de Morales, por quien Palinuro tiene especial debilidad. Hay mucho retrato de la realeza. Uno de Felipe II con la orden de la Jarretera, como Rey de inglaterra bastante sorprendente. Igualmente dos retratos de Carlos II y de Mariana de Neoburgo, de Jan van Kessel, el Mozo, medallones desde los que los retratados parecen mirar con tristeza el destino del imperio que no supieron gobernar. Otros dos retratos, de Felipe V y María Luisa de Saboya, de Jacinto Meléndez, inauguran la segunda parte de la representación, cuando la sobria etiqueta borgoñona fue sustituida por la pelucas empolvadas y los bordados rococó de la corte del Rey Sol.

La pintura italiana se reduce a unas cuantas vedute de Canaletto y Guardi y se vuelve luego al mundo goyesco, incluidos dos estupendos retratos de los consuegros de Goya. La colección se hace fuerte en el siglo XIX y el XX. Hay bastantes muestras de pintura catalana, Fortuny, Casas, Nonell, Rusiñol, Anglada Camarasa, etc, algunos vascos, valencianos. Hay impresionismo, con Bonnard o Degas, un notable Modigliani. Hay abundante cubismo, de Bracque a Maria Blanchard, Picassos, con muchos dibujos, expresionismo alemán, con algún dibujo de Grosz, etc, culminando el viaje con un par de trípticos de Bacon que lo dejan a uno, como dicen los chavales, flipándolo en colores, los rojos y los cobaltos de Bacon.

dijous, 11 de desembre del 2014

El dinero, los vivos y los muertos.




I.
En el "Exódo" se narran diez plagas de Egipto. El Faraón cedió a la décima y dejó marchar al pueblo elegido. No fue necesario enviar la undécima que ya tenía Dios preparada y que, con las debidas actualizaciones, podría caer esta noche. Imagínese que mañana el mundo despertara para descubrir que el dinero, todo el dinero, todos los apuntes contables, balances, valores, cuentas, hubieran desaparecido. ¿Que pasaría? Probablemente en cosa de horas la sociedad volvería al estado hobbesiano de naturaleza. Todos contra todos y ley del más fuerte. Bueno, tampoco hace falta imaginarlo. Tenemos algún ejemplo histórico. Eso es lo que estuvo a punto de suceder en la República de Weimar entre 1921 y 1923, cuando el papel moneda dejó de tener valor y fue necesario sustituirlo por otro respaldado no por oro sino por el propio suelo alemán, en una hipoteca nacional que impuso la República. A la hiperinflación achacan muchos el ascenso del nazismo y otros esa especie de obsesión antiinflacionaria alemana que preside toda la arquitectura financiera de la eurozona, le función del Banco Central Europeo y las políticas de austeridad a rajatabla.

Es el dinero, misterio entre los misterios. Sin él, el mundo no funciona porque es el único medio universalmente aceptado para realizar las transacciones, el único medio que permite comparar valores distintos, tan distintos que no admiten ninguna otra comparación. Y esos valores ¿cómo se miden? En dinero, precisamente. Parece absurdo que el valor de lo que se equipara lo determine el que equipara y no las partes, pero es como funciona el sistema. Bastante mal, por cierto, pero su defensa suele ser que no hay otro mejor. El dinero está en la base de todos los comportamientos. Cuando abunda, todo lo esconde, lo confunde. Las bocas que se abren se tapan con dinero y nadie protesta. Cuando escasea o falta, todo se explica. Las bocas y los ojos se abren y comienza a evidenciarse que el problema no es que no haya dinero sino que está mal distribuido.
 
Entran aquí en escena los papas y los reyes, las figuras más aficionadas a soltar sermones sobre la necesidad de redistribuir la riqueza por unas u otras siempre muy excelsas razones. Pasada la palabrería, la gente percibe de modo inmediato que la mala distribución de la riqueza se debe al funcionamiento de un mecanismo inherente al dinero, el de acumulación. El dinero, el valor, son relaciones, no substancias. El capital tiende a acumularse o a perecer. Si está condenado a hundirse en una crisis indefectiblemente o se regenera después de cada crisis mediante mecanismos de destrucción creativa, como decía Schumpeter, son futuribles. De momento está y está en crisis, lo cual obliga a tomar medidas económicas y políticas drásticas que se amparan en reformas jurídicas capaces de garantizar la supervivencia del sistema si en la aplicación de aquellas pasa por turbulencias.

El elemento esencial de la acumulación capitalista, tanto en períodos de abundancia como de carestía, es la  corrupción. La corrupción es inherente al sistema capitalista. También lo era al comunista, pero eso no es ahora un consuelo. La teoría del libre mercado presume la existencia de agentes económicos angélicos, respetuosos con el juego limpio. Si acaso cayeran en malignas tentaciones, se cuenta con un ordenamiento jurídico cuya intervención represiva tiene que ser, al mismo tiempo, eficaz y tan mínima que mejor fuera inexistente. En el mundo ideal de estos relatos son los mecanismos del mercado los que impedirán la competencia desleal. Por la misma razón por la que los burros vuelan.

II.

La única diferencia entre la corrupción de la abundancia y la de la escasez es su publicidad. En épocas de prosperidad hay una especie de equilibrio de Pareto, nadie queda perjudicado, aunque otros acumulen y no trae cuenta denunciar la corrupción. En épocas de escasez, la corrupción se hace más descarnada y suscita mayor rechazo social. Las diferencias de ingresos que en España son abismales indignan al público y encienden los ánimos. ¿Qué otra razón cabe esperar cuando la gente ve cómo señoras y señores con salarios de 10.000 y 20.000€ al mes establecen un salario mínimo de 645,30€ también al mes para los demás?

La gente indignada denuncia. Las denuncias se exponen en los medios. A pesar de una labor denodada de obstrucionismo del gobierno y su partido, los tribunales actúan sobre las denuncias, se abren diligencias, procesos y el país descubre estupefacto que la corrupción es estructural, que afecta al conjunto del sistema político, muy especialmente al partido del gobierno configurado como una presunta sociación de malhechores, y que se extiende a otros sectores sociales, profesionales, empresariales, financieros y de la casa real. La corrupción es sistémica. Durante veinte años, allí donde ha gobernado el PP, ha puesto en marcha una política de saqueo y expolio de lo público que finalmente ha terminado en una orgía de privatizaciones, festoneadas de todo tipo de delitos.

Visto lo visto, el gobierno de Rajoy, con una ministra destituida por su implicación en la corrupción, sostenido por el partido al que el juez hace el mismo reproche que a la ministra dimisionaria y con un presidente él mismo acusado de haber recibido sobresueldos en negro decide recuperar la iniciativa en la lucha contra la corrrupción y presenta su producto más relevante: el portal de la transparencia al que ya la prensa está sacándole los defectos y faltas y el PSOE rechaza porque no contiene las declaraciones de bienes. Muchas de estas cosas se corregirán; otras, no, claro. Pero lo esencial aquí no es si el portal sirve o no, sino qué tipo de información contiene. ¿Trae los sobresueldos? ¿Las malversaciones? ¿Las sobrevaloraciones de costes? ¿Las múltiples formas de corrupción que se dan hasta hoy mismo, las mordidas, las comisiones? Por supuesto que no. Entonces, esta transparencia ¿qué transparenta? No los hechos, sino lo que se va a hacer a partir de ahora. Es decir, es una propuesta de borrón y cuenta nueva presentada por los responsables y beneficiarios del borrón. De risa.

Para que esta escenificación, carísima, seguro, tuviera crédito, debería ir precedida de la dimisión de los responsables de este deplorable estado de cosas, empezando por Rajoy y todos los directa e indirectamente salpicados por la Gürtel, desde Arenas a Cospedal, pasando por Aguirre. Están todos quemados. Y la prueba de que lo están es que el mismo gobierno y partido que presentan ufanos el Portal de la Transparencia son los que impiden que haya una comisión de investigación sobre la gigantesca estafa de Bankia, en la que bien parece que están todos pringados hasta las cejas.  
 
Los dos partidos dinásticos también excluyen de la transparencia las cuentas de la Casa Real. Teniendo en cuenta que el Portal tampoco dará información sobre los 11.000 millones de euros que recibe la Iglesia en transferencia directa y otros tantos por vía indirecta, la verdad es que lo de la transpaerencia es una burla, una especie de juego de trileros. Lógico. Las épocas de corrupción son ricas en vividores, logreros, gentes hábiles para medrar en situaciones dífíciles, siempre al filo de la legalidad y con una capacidad notable de maniobra porque o tienen contacto directo con el poder político o ellos mismos son ese poder político.

III.

La corrupción es actividad propia de vivos, de vivales que, en el caso de España se hace sobre un trasfondo terrible de muertos, de asesinados y enterrados en cualquier parte a lo largo y ancho de la geografía del país. El dato, frecuentemente repetido, de que seamos el segundo país después de Camboya en número de fosas anónimas permite decir que los españoles vivimos literalmente pìsando sobre nuestros muertos. Bueno, sobre los muertos de una parte de nosotros, que preferiríamos no pisarlos, porque a la otra no le importa hacerlo. El país de la corrupción, el reino de los vivos, está edificado sobre el de los muertos y no en el sentido simbólico de la sucesión de las generaciones como las hojas de los árboles, que dice Homero, sino en el más trágico y brutal de que hollamos las sepulturas de quienes están esperando una justicia que nosotros les negamos.

Ayer culminó el Congreso su villanía de dar por abrumadora mayoría la espalda a las víctimes del franquismo. La transición se edificó sobre una ley de amnistía que era de punto final y ahora se camina hacia una especie de ley del olvido. Los muertos, que se habían levantado como espectros judiciales en la Argentina, deben volver a sus fosas y muladares y abandonar toda esperanza. Los vivos están muy ocupados haciendo dinero, a lo que ahora llaman salir de la crisis. El PP ya ha dicho que no piensa retomar la tímida ley de la Memoria Histórica del PSOE ni resarcir a las víctimas del franquismo. No nos hace falta, dice la derecha, una "comisión de la verdad" . Las democracias no tienen "verdades oficiales", dice el senador del PP Muñoz Alonso. Es cierto. La verdad oficial del franquismo la fabricó el propio franquismo, según la cual en las cunetas no hay nadie asesinado y enterrado y tal es la verdad, la única verdad, que la democracia ha heredado. Que eso lo piense Muñoz Alonso, heredero ideológico y defensor de aquella tiranía y lo justifique citando a Orwell es lógico. Que lo piense el PSOE, no.

dimecres, 10 de desembre del 2014

Las cosas de dentro.

Bueno, sin alharacas, sin ponernos estupendos ni darnos pote, de modo claro, directo y sencillo, hoy Palinuro tuvo un encuentro con el personal de administración y servicios (o sea, PAS) de su facultad. No estaba programado, no respondía a ninguna convocatoria, no lo había previsto nadie y, menos que nadie, él. Cuando me lo contó después todavía estaba emocionado.

- Fíjate -me dijo-. No estaba planeado, fuera del hecho, naturalmente, de que l@s participantes se habían puesto de acuerdo para coincidir en un sitio y a una hora determinados. Pero nadie me había prevenido´...

- Vale -le dije, viendo que no se le pasaba la emoción-. Tranquilízate, hombre. Eres un antiguo. Las cosas en el siglo XXI se hacen así...

-Ya, ya. No creas que, por venir de Troya, soy tan ignorante. Pero estarás de acuerdo en que toca un punto por dentro el hecho de que la gente que ves todos los días, con la que trabajas a diario, que tiene sus obligaciones, tareas y preocupaciones como tú tienes las tuyas, de pronto decida parar un instante y hacerte ver que, en contra de lo habitual en este perro mundo, sabe quién eres, te considera, te aprecia y te lo prueba.

- Bueno -respondí, viendo que se iba por las nubes, porque este piloto es un poco soñador excéntrico- eso te pasa a ti con ell@s.

- Claro -me contestó-. Pero eso lo sabemos tú y yo. Y raramente se te presentará la ocasión de hacérselo sentir... salvo que sean ell@s quienes tomen la iniciativa. De lo contrario, todo discurre como está administrativamente previsto. No eres tú quien decide lo que vales; son los demás. Y no hay duda alguna de que, si dan el paso y abren la vía, eso es una experiencia privilegiada.

- Pero hombre -le hice ver- que estás en una facultad de Políticas y Sociología sobre la que revolotea el espíritu de Max Weber, como el fantasma de Canterville, agarrado a sus cadenas del mundo legal-racional.

- Pues, por eso, por eso. Parece mentira que, tan listo como te crees, no hayas visto  que nada puede ese mandato legal-racional si no tiene una substrato sentimental. Los funcionarios y asimilados vivimos en un mundo de normas, reglas, códigos, claves, formas y reglamentos. Al extremo de que a veces nos miramos en el espejo y lo que vemos es un expediente. Pero de vez en cuando, como hoy, el corazón rompe los diques de la razón y muestra su señorío. Y es entonces cuando uno descubre que el sentido de la vida humana va por dentro.
 
Muchas gracias, Merche, Lola, María, Salva, Blanco, Isabel, Carmina, Mila y Nuria.

El gobierno, contra los jueces.

Y van tres. Primero fue Garzón, condenado por prevaricación y apartado de la carrera judicial por su forma de instruir el caso Gürtel. Luego fue el turno del juez Silva, igualmente inhabilitado por su forma de instruir el caso Bankia. Ahora le toca al juez Ruz por el caso Gürtel de nuevo y el de Bárcenas. No se le reprocha ilicitud alguna, pero se le aparta de hecho del caso con un pretexto puramente formal, legalista, contra todo sentido de funcionamiento racional de la administración de justicia y envuelto en explicaciones torticeras y engañosas. Mañana puede ser el juez Castro, instructor del caso Urdangarin y según lo que decida en cuanto a la infanta Cristina.
Ocuparse de los casos en los que el gobierno y su partido tienen un interés directo es una línea de peligro para los jueces. Aunque no para todos sino solamente para los independientes que proceden según criterio propio y no según órdenes de arriba o intereses extrajudiciales. Aquellos otros que exoneran a acusados a quienes tienen que volver a encausar, los que tratan a los corruptos con miramientos y privilegios, dan carpetazo a las causas o favorecen los indultos de los condenados, no padecen problema ni persecución ninguna.

La injerencia del poder político en la justicia es escandalosa. No solamente visible en el modo en que el gobierno y su partido ha poblado de militantes y simpatizantes puestos claves de la magistratura, del Tribunal Constitucional o del Consejo General del Poder Judicial sino en la forma beligerante en que arremeten contra los jueces incómodos e independientes. Se les busca las vueltas como sea, aprovechando las circunstancias que sean y, entre tanto, se los vapulea en los medios a cargo de tertulianos afines o también militantes, generalmente pagados con dineros públicos.

Todo el mundo sabe que no se respeta la independencia judicial y que el gobierno y su partido presionan a los jueces y los persiguen cuando no se doblegan. De los fiscales no es preciso ni hablar. Es lógico que se sepa porque es exactamente el fin deseado por el gobierno: que se sepa. Si un juez se pone escrupuloso, investiga en serio la corrupción y señala a los responsables en el gobierno y en el partido y al partido mismo como tal, se sabe que, probablemente, tenga los días contados como juez. Los escarmientos tienen un efecto paralizador sobre la voluntad del resto de la judicatura de cumplir con su deber de independencia. Para ello deben ser públicos y debe saberse, cuando menos intuirse, quién los ha impuesto. Basta con la sospecha: si te enfrentas al Príncipe, este, como Herodías, pedirá tu cabeza, juececillo.
Al mismo tiempo, el gobierno, su partido y su aparato de propaganda hablan sin parar de respeto a la ley, a la labor judicial, a la exquisita separación de poderes, a la legalidad escrupulosa de la acción del gobierno, a la transparencia, al principio de inocencia y al resto de piezas que componen ese delicado equilibrio del Estado democrático de derecho. Lo de social, que incluye la aclamada Constitución vigente, lo dejo fuera por pertenecer al reino de la fábula.

La conversión de la justicia en justicia del Príncipe, al servicio del poderoso, y en contra del débil destruye el fundamento mismo del Estado de derecho y la democracia que los gobernantes  dicen defender. Lo dicen y también sin mucha convicción porque no les hace falta. Que Cospedal salga por la televisión afirmando que el PP es el partido que más ha hecho contra la corrupción no puede refutarse en el terreno empírico de los hechos porque la buena señora se  obstina en asegurar que son lo contrario de ellos mismos con la misma cómica seguridad con que el Sombrerero Loco explica a Alicia que allí no se celebra una fiesta de cumpleaños sino de no-cumpleaños.

Paralizar el proceso de la Gürtel hasta después de las elecciones, como interesa al gobierno y su partido, presupone la idea de que, de aquí al día de la votación, la gente se olvidará de la corrupción y del hecho verdaderamente escandaloso de que sean sus responsables quienes le soliciten el voto. Suena absurdo, ¿verdad? Pero también suena absurdo que alguna vez haya podido oírse el grito de ¡vivan las caenas! Y se oyó. Él y alguna variante todavía más aleccionadora sobre la mentalidad del pueblo español como el de ¡Vivan las caenas y muera la Nación!

dimarts, 9 de desembre del 2014

Víctimas de tercera.


Cuesta creer que el 90% de los diputados no acuda a un acto en el Congreso sobre las víctimas del franquismo. Hay que frotarse los ojos y leer de nuevo. Pues no, al parecer no van a ir los diputados de CiU y los del PSOE. El partido que ha votado en el consistorio madrileño a favor de una placa conmemorativa del atentado de Carrero Blanco por considerarlo víctima del terrorismo.

Hay víctimas y víctimas. Viene a la memoria una noticia, probablemente apócrifa, atribuida a un diario barcelonés a mediados del siglo XIX que, al informar de un accidente ferroviario con muertos concluía: afortunadamente todos los muertos viajaban en tercera. Obviamente, las víctimas del franquismo son de tercera. Es más: no son. ¿Subleva esta diferencia de trato? ¿Por qué? ¿Por tratarse del franquismo? Nada de eso. Para la derecha gobernante todas sus víctimas son de tercera: las del 11M, las del Yak 42, las del metro de Valencia, las del tren de Angrois. No hay más que ver cómo se ha comportado con ellas. A todas las desprecia por igual. ¿No van a serlo las del alejado y cicatrizado franquismo que jamás ha condenado?

¿Y el PSOE? ¿Puede el PSOE explicar por qué habiendo avalado un reconocimiento a Carrero Blanco como víctima, no concurre a  un acto por las del franquismo? Según he leído, pretexta "problemas de agenda". Espero haber leído mal pues, si lo he hecho bien, además de una excusa, es una burla. ¿Forma parte de pacto de la transición no hacer justicia a las víctimas del franquismo?

A regañadientes el gobierno de Rodríguez Zapatero sacó adelante una timorata Ley de Memoria Histórica que, según parece, la entonces vicepresidenta del gobierno y muy católica señora Fernández de la Vega se encargó de emascular para que no sirviera para nada, como así ha sucedido. ¿Hay que entender por tanto que aquella ley era una hoja de parra y que, en el fondo, el PSOE está de acuerdo en volver a enterrar a los muertos en las fosas comunes? Sí, está de acuerdo, con gran contento de la mentada Fernández de la Vega, socialista leal a la memoria del fascismo redentor y sierva de la clerigalla.

Eso es muy fuerte. Requiere aclaración. Alguien dirá que Carrero y las otras víctimas a las que se honra lo fueron del terrorismo. Pero ¿acaso no fue el franquismo la forma más bestial, prolongada e inhumana del terrorismo? ¿No produjo cientos de miles de víctimas? ¿No ha pervertido y encanallado la sociedad española por entero? A la vista está en el comportamiento del PSOE, un comportamiento servil y cobarde. También se dice que no cabe asistir al acto porque en él se hablará de la solicitud de extradición presentada por la justicia argentina de unos ciudadanos españoles por unos presuntos delitos, lo que pone en cuestión la soberanía española.  Eso no es cierto, si se acepta, cual se supone que deberían hacer unos socialistas, el principio de la justicia universal. Y, aunque lo fuera, ¿qué? Son asuntos judiciales sobre los que no hay que pronunciarse. La cuestión es mucho más amplia y profunda: las víctimas del franquismo, ¿merecen justicia o no?

¿O son víctimas de tercera?
 
Si no lo son, si merecen justicia, déjese actuar a la justicia, que lo hará con plenas garantías para los justiciables. Y si no se quiere que intervenga la Argentina, hágase la justicia aquí.  Ábrase proceso a la Dictadura. Encárese la verdad.

¿Cuánta democracia admite la democracia?


Hugo Aznar y Jordi Pérez Llavador (Eds.) (2014) De la democracia de masas a la democracia deliberativa. Barcelona: Ariel (204 págs.)
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Hugo Aznar, uno de los editores de esta recopilación de textos explica su origen  en la introducción. Se remonta al IV Seminario interdisciplinar Crisis y revitalización de la ciudadanía: ¿de la democracia de masas a la democracia deliberativa? celebrado en la Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia), al que los organizadores tuvieron le gentileza de invitar a Palinuro. El volumen recoge las ponencias que en él se presentaron y algún otro escrito y, como se ve por el título del libro, al haber desaparecido el interrogante del del seminario, parece damos por bueno que la democracia de masas deviene democracia deliberativa. Los trabajos aquí referenciados son muy interesantes y abonan esa impresión. Pero, antes de considerarlos por separado, tengo una querella previa con los nombres y cierta perplejidad que no afecta a los contenidos de aquellos sino a los términos que empleamos y no parecemos cuestionar. ¿Es acertado contraponer "democracia de masas" a "democracia deliberativa"? Esta última, ¿no es también de masas? Las masas ¿no deliberan? Se presume que no, y el término "democracia de masas", en realidad, quiere decir "democracia de élites" y, al llamarse "de masas", entiendo, está empleando el término en un sentido ideológico, de masas como rebaños. Esas masas aquí referidas presuponen las élites y como estas son las dirigentes y decisivas, la contraposición bien podría ser "de la democracia elitista a la democracia de masas deliberantes". De hecho me da la impresión de que es el espíritu que reina en el libro.

Los editores abren la recopilación con la ponencia de Palinuro, titulada Pasado y presente de una ciudadanía pendiente, sin duda por lo de poner el burro delante para que no se espante. No hablaré de ella por ser autoría de mi doble, quien siempre dice que no le gusta hablar bien de sí mismo y que, para hablar mal, ya están los amigos. Baste decir que se trata de entender la ciudadanía no como un estado o condición, sino como un proceso. La etapa en que encuentra ahora es la de las "muchedumbres inteligentes" y el reto siguiente, que ya se perfila, es el de la ciudadanía mundial, cosmopolita.

Jordi Pérez Llavador tiene un trabajo, "La no ciudadanía en la comunicación: opinión pública y propaganda" en el que traza de modo sintético y ágil el origen de los "muchos" como sujeto histórico en el desarrollo del capitalismo industrial del siglo XIX, con la extensión del sufragio universal, la aparición de unas masas que pusieron nerviosa a la burguesía, como se prueba por las teorías del liberalismo doctrinario que acabarían fraguando en las teorías de las élites de los primeros decenios del siglo XX. Hay un paso de la comunicación grupal de los antiguos públicos habermasianos a la comunicación de masas. Y, a partir de aquí, la propaganda. Aborda Pérez Llavador este asunto con especial referencia a Walter Lippmann. Lo mismo sucede con más autores del libro, pues participan en un proyecto de investigación que, entre otros asuntos, estudia la figura de este gran publicista estadounidense. Por el periodo que le tocó vivir, el de la Gran Guerra la entreguerra y los años posteriores a la segunda mundial, Lippmann comprobó cómo los medios de comunicación se convertían en vehículos de propaganda. Hablando del periodismo de guerra, Lippmann avisaba "el trabajo de los reporteros ha terminado así por confundirse con el de los predicadores, los misioneros, los profetas y los agitadores". La cita es de Pérez Llavador, pero la tentación salta de inmediato: ¿se habla de la guerra del 14 o de ahora mismo? A esa pregunta parece dar respuesta el párrafo de conclusión del autor: "El ciudadano, ante la propaganda, pliega su voluntad a designios ajenos. Muta para convertirse en súbdito de imágenes, sentimientos e ideas" (p. 66).

Rodrigo Fidel Rodríguez Borges tiene un interesantísimo capítulo titulado "las relaciones entre prensa, ciudadanía y democracia en Walter Lippmann. Un liberal en su laberinto", dedicado específicamente a desentrañar el sentido y contenido de la compleja, prolongada y muy influyente obra del afamado columnista. Entiendo que Borges explica la insistencia del Lippmann tardío en una forma de gobierno de técnicos y expertos, procedente de la idea platónica del filósofo rey (p. 87), como una especie de contradicción, si bien recuerda que  se defendía de la acusación de tecnocracia reafirmando su condición de "demócrata liberal" (p. 88), lo cual no le libraba de la acusación de Dewey de pretender despojar al ser humano de su dignidad en cuanto ser autónomo (p.91). Lippmann era un liberal en el sentido estadounidense del término, es decir, progresista. También lo era, a mi entender, en el sentido español, el del Siglo de Oro, como hombre magnánimo. Su conocimiento y gran admiración por Platón estuvieron presentes en su vida. La teoría del filósofo rey o el mito de la caverna. Jugando con ambos desarrolló su vida este gran periodista que intervino y definió momentos hitóricos decisivos, como los catorce puntos del presidente Wilson o la guerra fría en los cuarenta. Comenzó con unas expectativas éticas muy elevadas y, poco a poco, los acontecimientos lo fueron llevando a una actitud que sus defensores llaman "realista" y presupone un eclecticismo ético. Pero aquella actitud crítica y de principios se dio y sigue siendo un buen espejo de la profesión periodística.

El trabajo de Hugo Aznar, "De masas a públicos: ¿cambios hacia una democracia deliberativa?" me ofrece poco tema para considerar porque estoy de acuerdo en casi todo lo que dice. La desafección democrática (Norris et al.) es anterior a las NTICs (p. 97) y estas, internet, son una revolución similar a la de la imprenta, pues han traido un aumento exponencial de la autonomía individual (p. 99). Se añaden otras novísimas tecnologías, como la web 2.0 o el tráfico con dispositivos móviles y estamos en una era que Aznar caracteriza minuciosamente en doce factores, todos determinantes y entre los cuales subrayo como muestras la bidireccionalidad, la interconectividad, la intercreatividad y la velocidad (p. 102). Yo le añadiría "redes distribuidas" y "nubes", pero no sé qué nombres les daría. El tema central del trabajo es una comparación de caracteres de las masas (en su concepción tradicional) y los públicos en red. Equipara tres rasgos antropológicos, cuatro psicosociales y otros cuatro sociopolíticos y todos son pertinentes, desde la aparición de los prosumidores (p. 106) hasta la formulación de una ciberutopía (p. 118). La última parte del ensayo es una especie de visión metafórica de lo que las otras argumentan y así Aznar contrapone la célebre teoría de la aguja hipodérmica (p. 119), que suena un poco al huso y la rueca, a la posibilidad de una "especie de cerebro digital planetario" que suena otro poco a la máquina del tiempo (p. 120).

Manuel Menéndez Alzamora, en "Repensar la democracia: los retos de una ciudadanía cosmopolita", aborda el espinoso y huidizo tema de la globalización. La vieja raíz de la nación cívico-política y la nación cultural asoma en la polémica entre cosmopolitismo y comunitarismo (p. 131) y, aunque da la impresión de simpatizar más con el primero, siendo ambos formas del liberalismo, su máximo interés es que la democracia global sea deliberativa y superadora de su naturaleza "constitucional y normativa" (p. 134). Se apoya para proseguir en los importantes trabajos de Pogge y Nussbaum, pero sin duda es un territorio en el que queda mucho por indagar sobre todo en términos de factibilidad.

El estudio Pedro Jesús Pérez Zafrilla, "Génesis y estructura de la democracia deliberativa", es un buen trabajo introductorio al origen y situación actual de la democracia deliberativa. Frente a la hegemonía de la teoría elitista se alza en un momento dado una corriente "participacionista" (Bachrach, Macpherson, Pateman) (p. 145) que desemboca en la teoría de la democracia deliberativa con tres corrientes: a) republicana; b) rawlsiana; y c) discursiva (p. 150/152). Analiza luego sus elementos característicos que son participación, consentimiento y deliberación (pp. 155/157) y aclara las indudables ventajas de la deliberación. El autor concluye que la democracia deliberativa se revela como un nuevo modelo de acción política necesario para regenerar la vida democrática..., (p. 159). Y está en su derecho. Pero no acabo de ver que esos tres elementos de participación, consentimiento y deliberación sean ajenos a la democracia representativa tradicional. Otra cosa es que sean lo que nosotros quisiéramos que fuesen. La democracia es compromiso. 

El trabajo de Víctor Sampedro, "democracias de código abierto y cibermultitudes" es un muy estimulante ensayo, hecho con conocimiento de causa más que sobrado, para quienes creemos que el avance de lo digital no solo aumenta exponencialmente las fuentes de información, la capacidad y autonomía de los individuos sino que trabaja en un sentido progresivo de emancipación de la especie. El cambio social es impredecible y más con internet que, de nuevo, rememora a Gutenberg (p. 164) y lleva la imprevisibilidad al límite. Concibe el proceso en términos de guerra, con un intento de control estatal-corporativo del ciberespacio que amenaza la democracia (p. 169). Es el viejo dicho del complejo militar industrial actualizado. La resistencia viene hoy de los prosumidores o, mejor, de los tecnociudadanos que se valen del software libre o código abierto (p. 170). La lucha en la sociedad red, cuyo adelantado es WikiLeaks, aborda procesos "destituyentes" de los regímenes económicos y de representación (p. 173). La opinión pública digital y las cibermultitudes imponen hoy sus principios en la política (p. 178). Son todos postulados los de este análisis que pueden aplicarse con provecho al fenómeno de Podemos y sería interesante hacerlo porque así es como funcionamos en una dialéctica permanente de teoría y praxis.

Guillermo López Garcia titula su trabajo "Del 11M al #15M. Nuevas tecnologías y movilización social en España". Curioso título. Habrá colegas a quienes sea preciso explicar qué es un hashtag y qué función cumple. Los otros, los de las nntt, no lo necesitan pero podrán preguntarse por qué el 11M no lleva hashtag. Y la cosa tiene miga: porque el 11M no fue trending topic y el 15M, sí. Y no lo fue por falta de redes sociales, no por su importancia intrínseca como fenómeno. En marzo de 2004 hacía un mes que se había creado Facebook y Twitter no comenzó a funcionar hasta 2006. En términos de redes, el 11M pertenece a la edad de la piedra en comparación con el 15M. Y aun así uno de los aspectos más señalados de aquella fecha es que la movilización social contra el PP se convocara por SMS. Hoy, con Whatsapp, la cosa se habría triplicado. Con esto se da cuenta ya del contenido del trabajo, que está implícito en el título. Es curioso leer la observación de que en cuanto al movimiento del #15M, lo más llamativo es que surge "de la nada" (p. 196). Lo mismo que suele decirse de Podemos. Pero hay algo hasta ahora incontrovertible: de la nada no surge nada. Salvo el Ser, pero ese es otro asunto.

dilluns, 8 de desembre del 2014

¿Es usted comunista?

Si hace unos 60 años el Comité de Actividades Antinorteamericanas de la Cámara de Representantes de los EEUU (HUAC) te llamaba a declarar y te hacía esta pregunta: "¿es usted comunista?", tenías tres opciones: decir que sí y aceptar una pena de cárcel variable; acogerte a tu derecho a no declarar, bajo la Vª enmienda de la Constitución; o decir que no. Las dos últimas podían librarte de la cárcel, pero no del ostracismo social o laboral. Se calcula que, de las cien personas de Hollywood llamadas a declarar, menos del 10% recuperó su empleo después. A esta práctica durante la guerra fría se la llamó McCarthysmo, si bien es cierto que el senador McCarthy no intervino en la actividades del HUAC, aunque sí de un subcomité posterior del Senado y fue decisivo para mantener un clima de persecución de rojos y comunistas en los años cincuenta.

Si en los años setenta del siglo XX te llamaba a declarar una comisión del Parlamento de la República Federal de Alemania, te hacía la misma pregunta, respondías que sí y eras funcionario  publico se te había caído el pelo. Nueva persecución de comunistas en la Republica Federal, muy en guardia frente a las supuestas actividades de espionaje de la República Democrática.

En ambos casos se habló de caza de brujas y, aunque en los dos hubo abundante histerismo y se cometieron abusos que la propaganda comunista magnificó para desacreditar las investigaciones, lo cierto es que, en los episodios más sonados (como el caso de Whittaker Chambers o los esposos Rosenberg en los EEUU) estas permitieron descubrir y procesar a una serie de espías y agentes soviéticos. Porque, como sabemos hoy día, cuando se han abierto los archivos del Kremlin, el Partido Comunista de los EEUU funcionaba como una agencia de espionaje soviético. Como el de Gran Bretaña.

Si en los años diez del siglo XXI en España alguien te hace esta pregunta en público, no se seguirán consecuencias penales tan desagradables pero, desde luego, trata de crearte un problema y de ponerte en un brete.

El comunismo nunca ha tenido una buena imagen por entero sino, en el mejor de los casos, entreverada. Para unos, sus seguidores, era la promesa de la emancipación y la tierra prometida; para otros, sus adversarios, una conspiración para esclavizar el planeta entero bajo tiranías férreas. Para la inmensa mayoría de la gente, una ideología y un partido que habían escrito páginas heroicas en la lucha por la libertad, en Alemania, 1918; Rusia, 1921; España, 1936; Francia, 1945. Pero también páginas siniestras de la tiranía, en Cataluña, 1937; Rusia, 1936, 37, 38; Hungría, 1956; Checoslovaquía, 1968, etc. El parti des fusillés era también el parti des fusilleurs.

Con el hundimiento de la Unión Soviética y sus satélites europeos, el comunismo perdió su ambivalencia y, a la vista del desastre de todo tipo que dejó tras de sí en sociedades sometidas a la tiranía de un solo partido, su imagen se deterioró tanto que los antaño orgullosos partidos comunistas, prácticamente desaparecieron de la noche a la mañana. Unos se disolvieron sin más y otros, como en España o Italia, se camuflaron detrás de otras siglas, más inocentes, menos rechazadas que las comunistas. Izquierda Unida no es, ni ha sido nunca, algo substancialmente distinto del viejo Partido Comunista de España, salvo en el nombre.
 
Los nuevos revestimientos, las nuevas siglas, trataban de resolver el problema que ha aquejado al comunismo desde sus mismos orígenes: el hecho de que, salvas contadísimas ocasiones, que se cuentan con los dedos de una mano, ningún partido comunista ha ganado jamás unas elecciones democráticas en ningún país del mundo en casi cien años. La gente simplemente no vota a los comunistas. Nunca.
 
El intento de Podemos de articular un discurso político radical, de origen comunista o poscomunista, en un contexto demócratico y de ganar así unas elecciones, tiene el precedente de la Syriza griega y tanto en el caso de esta como de Podemos, su éxito depende de que, en efecto, no se los confunda con una marca comunista. Por eso ambos prefieren que haya un partido comunista más o menos tradicional a su vera que apenas coseche votos para diferenciarse de él y guardar distancias. Y ganar.
 
Así que la pregunta insistentemente dirigida a Pablo Iglesias  (la última vez, en en el bochorno de  TVE24h) de si es comunista trata de desbaratar su estrategia, descubrir su supuesto doble juego y hacerle perder las elecciones. No es el espíritu McCarthysta pero no le anda lejos y, conociendo la falta de escrúpulos de la derecha española y su jauría mediática, de obtener una respuesta afirmativa o ambigua, aprovecharían para echar sobre Podemos la responsabilidad por la matanza de Paracuellos.
 
Nada pues de medias tintas ni sentimentalismos inmerecidos en todas partes. La respuesta a esa pregunta debe ser un claro, rotundo e inequívoco "No".

(La imagen es una foto de Vilaweb, con licencia Creative Commons).

Sondeemos.


Encuesta de Metroscopia para El País. He intentado encontrar otra de Sigma dos para El Mundo con ánimo comparativo, pero no lo he conseguido. Hablo de la Metroscopia.

Ascenso del PSOE, moderado descenso de Podemos en relación con el mes anterior y caída libre del PP. Todo bastante lógico, vistos los acontecimientos.
 
Lo extraño es que el PP aun tenga una expectativa de voto del 20%. Uno de cada cinco electores daría su voto al gobierno más incompetente, irresponsable y corrupto de la historia de la democracia. Algo incomprensible. Cerca del 80% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Rajoy. Descontando votos en blanco y abstenciones, resulta que lo desaprueban hasta los que lo votan. Ya es milagroso. Pero no hace falta recurrir a sondeos. Basta con escuchar a la gente, ver la televisión, leer lo diarios. Ni Rajoy ni ninguno de sus ministros tienen crédito alguno; nadie cree lo que dicen y la gente no los respeta. Es más, los desprecia y se ríe de ellos. Hace falta ser una cínica rotunda como Cospedal para salir por la televisión relatando las mismas apolilladas mentiras de hace tres años, y es preciso vivir en la estratosfera para pensar que alguien la escucha si no es para burlarse de ella o insultarla. Y no se hable de los otros, González Pons, Floriano, Arenas, el mismo Rajoy: gentes sin autoridad, verdaderos payasos que nadie se toma en serio. Este sondeo anuncia que el PP, como presunta asociación de malhechores, con su presidente a la cabeza, también conocido como el sobresueldos, obtendrá un resultado electoral ridículo y perderá por goleada. Ayuda, y mucho, que, según el CIS, la preocupación popular por los casos de corrupción haya subido veinte puntos porcentuales. Y en España, decir corrupción es decir PP.
 
El primero y segundo puestos en porcentaje de votos son para el PSOE y Podemos, por este orden. En otros lugares quizá vaya Podemos por delante de los socialistas. Lo que está claro, hoy por hoy, es que la gente quiere quitarse de encima esta plaga del PP y por eso vota a las dos opciones de izquierda que, sumadas, pasan holgadamente la mayoría absoluta y seguramente, se convertiría en aplastante en escaños.
 
Estos datos debieran invitar a ambas fuerzas a reflexionar y adaptar sus estrategias a las condiciones reales. Por más que Podemos insista en identificar al PSOE con el PP, la gente no lo ve así y favorece al primero. Empeñarse en lo contrario es absurdo, cuando no directamente neurótico. E irresponsable porque si hay una posibilidad real de desalojar del poder a esta derecha inepta, autoritaria, ultramontana y corrupta, es mediando una conjunción de fuerzas de la izquierda, PSOE y Podemos. A su vez, los socialistas no pueden seguir ignorando a la otra fuerza de la izquierda, ninguneándola y pensando que su veteranía y tradición, al final contrarrestarán los votos que la innovación y la originalidad darán a Podemos.
 
Estos datos deberían ser suficientes para que las direcciones de ambos partidos se sentaran a hablar y a tantear las posibilidades de un programa común de la izquierda. Palinuro está convencido de que, si se pusiera en marcha un proceso de este tipo, a pesar de todas sus dificultades, las expectativas de voto del bloque de la izquierda aumentarían sensiblemente.
 
Es verdad que la derecha contraatacaría de inmediato agitando el espantajo de la coalición social-comunista, pero ¿quién escucha hoy a la derecha?