dissabte, 12 de setembre del 2015

La Diada de la revolución catalana.

Ya no hay duda de que la Diada de la independencia ha sido un éxito. Da igual si fueron 1,4 millones, como dice la guardia urbana o dos millones, según anunció el presidente de la ANC. En todo caso un gentío, de todas clases, condiciones, edades y sexos. Una movilización social histórica muy vistosa, bien organizada, con colaboración permanente de una ciudadanía ilusionada. Se planteó desde el principio como un espectáculo de masas que cautivara por su agilidad, la sincronización de movimientos, la armonía de colores y todo ello, compuesto por un montaje de varias cámaras que dan, en efecto, un espectáculo de calidad.

Los vídeos que circulan por las redes, las imágenes que reproducen los medios extranjeros, a la par que captan la atención de públicos muy diversos, son los mejores embajadores para difundir por el mundo la reivindicación nacional catalana de la independencia. Y transmiten el mensaje de una movilización popular, democrática, cívica, que aúna los movimientos sociales con la dirección institucional.

Se trata de la movilización popular de carácter reividicativo más importante en el Estado español precisamente para separarse de él y en petición de uno propio. Es llamativa  la obstinación de la izquierda por ignorarlo. El argumento de que la propuesta independentista engloba asimismo a las fuerzas de la derecha no tiene gran valor por cuanto se trata de una reividicación nacional. En este asunto de la nación, la izquierda española muestra una notable torpeza. Se opone al nacionalismo catalán pero, como no puede hacerlo en nombre del nacionalismo español, que dice no profesar,  tiene que recurrir a esta insistencia en el factor social que nadie niega. Y menos que nadie la izquierda nacionalista catalana parte de la cual, ERC, está aliada con la derecha precisamente por el factor nacional.

Ciertamente, los nacionalismos son todos iguales, pero el que lucha por emerger, por afirmarse y constituirse en Estado es de valor distinto al que lucha por mntener su propio Estado y dominar a través de él otras naciones. Y esa diferencia debiera estar clara para la izquierda. Así también la entienden los medios extranjeros, que se han hecho eco de la movilización, pero no los españoles. La Diada prácticamente no existió para las talevisiones españolas y solo TV3 la dio por entero. Las portadas de los periódicos, cerradamente hostiles, con algún probable delirio a cuenta de La Razón, pura prensa de partido a veces más papista que el Papa.

El mundo político remacha la ignorancia. La izquierda española no pareció darse por aludida y la derecha se cerró en ese juicio de que se trató de un acto electoral, previo a esas elecciones del 27. Desde luego, la Diada ha coincidido con el primer día de campaña electoral, lo cual ha servido para que la derecha y parte de la izquierda se desmarquen alegando que el acto no representa a todos los catalanes pero no se entiende bien por qué no. Que el conjunto haya estado organizado por Ara es l'hora, suma de la ANC y Ómnium Cultural no quiere decir que las demás opciones no puedan sumarse o, incluso, hacer sus aportaciones. Luego, que cada cual coree las consignas que le venga en gana

En todo caso, estas objeciones remiten a la decisión del próximo 27 en la cual ya no se discute el triunfo del sí a la independencia, sino su magnitud y, sobre todo, su naturaleza a la hora de justificar la opción de la DUI, si con mayoría de votos o de escaños, un asunto del que también nos ocupábamos ayer en El precio de los errores. Centrar el debate en este asunto revela que, en efecto, como nos maliciábamos, los resultados de los sondeos, en realidad, son mucho peores de lo augurado para el nacionalismo español. En intención directa de voto, antes de la cocina del CIS, los escaños posibles del bloque independentista son 83 (72 de JxS y 11 de la CUP) mientras que el porcentaje de votos puede escalar hasta el 53% en cuyo caso el debate sobre escaños/votos es superfluo.

Esta situación explica en gran medida por qué contrasta tanto la manifestación masiva de la voluntad popular rivindicativa y el tumulto y desconcierto que se oberva en el campo del nacionalismo español. Luego de diversos exabruptos los últimos días, desde el proyecto de reforma exprés del Tribunal Cosntitucional hasta las declaraciones del ministro Morenés, el gobierno comienza a pelearse entre sí. Con escaso sentido de la oportunidad el ministro de Exteriores propugna una reforma constitucional para dar satisfacción a las peticiones catalanas. Aparte de que tiene su guasa que la propuesta venga del titular de Asuntos Exteriores, ha despertado el enojo místico nacional del ministro de Interior que se niega a cambiar una coma del texto constitucional, como si fuera la palabra divina

En este batiburrillo, el lector disculpará si Palinuro vuelve sobre una vieja querencia. Basta con recordar cómo, a raíz de la Diada de 2012, en que ya se barruntaba la magnitud de la tormenta catalana, el presidente Rajoy se despachaba con su habitual irresponsabilidad, calificando el movimiento de algarabía. Desde entonces acá, la algarabía ha ido ganando cuerpo y hoy es un movimiento social cívico, masivo, organizado que pone en jaque la continuidad del Estado español, de cuya estabilidad lo responsabilizaron los ciudadanos, con bastante poco juicio, como puede verse. Porque no es solamente que Rajoy haya fracasado al poner coto a un movimiento que lo cuestiona y, por encima de él, el Estado que defiende, sino que lo ha agravado. Hemos pasado del vacuo "España es una gran nación" a España no es

A la vista de la Diada, Rajoy debiera presentar su dimisión al Rey. Pero como sea que la Diada preanuncia ya la victoria del bloque secesionista en las elecciones del 27 para constituir una República catalana, empieza a estar puesto en razón que el Rey abdique o, cuando menos, pida un referéndum sobre la Monarquía, que también debió celebrarse hace cuarenta años.

La independencia catalana es la primera piedra en la construcción de una república española.

Nuevo libro de Palinuro.

Es un texto introductorio a la materia, hasta cierto punto, divulgativo. Pensado para acceso a la Universidad en esta procelosa materia y también para el público interesado en general. No todo han de ser novelas históricas. Consiste en un ensayo, espero que ágilmente escrito, casi sin notas y con aparato bibliográfico mínimo (aunque con una bibliografía de profundización para uien desee mayor información sobre unos u otros temas) acerca de  los puntos cruciales de la política contemporánea desde una perspectiva teórico/empírica y sin olvidar la necesaria consideración histórica. Tiene 286 páginas de amena lectura. Sus capítulos son:
 
1º) La naturaleza de la política.-
2º) Las formas de gobierno.-
3º) La democracia: teoría y práctica.-
4º) Ideas e ideologías políticas.-
5º) Comunicación, opinión pública y comportamiento político.-
6º) El comparativismo y el orden internacional.
 
Quien desee hacerse con él puede pedirlo a la editorial, Tirant Lo Blanch  porque si espera a verlo en las librerías quizá tenga que aguardar a esos tiempos utópicos que preveían Marx y Engels, cuando el Estado quedará arrinconado en el museo de antigüedades, junto a la rueca y el huso, y la política, consiguientemente, haya desaparecido.
 
También hay edición en e-book.

divendres, 11 de setembre del 2015

El poder de la gente. La revolución catalana.



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Esto es una revolución.









El precio de los errores.

Reaparece el CIS con una oportuna encuesta publicada el día nacional de Cataluña y la obvia misión de enfriar los ardientes fervores independentistas. Muy mal han de estar las cosas para que el instituto demoscópico venga a calcar el sondeo que publicaba ayer El periódico de Catalunya y Palinuro comentaba en De sondeos y de abuelos. Muy mal en el sentido de que la mayoría vaticinada a favor de la independencia pueda ser mucho más alta. Ya la que dan y llaman "mayoría absoluta raspada" contribuirá poco a mitigar las ilusiones. Quizá lo haga más la lluvia. Solo con que caiga la mitad de lo que ha caído hoy en Barcelona, llenar la Meridiana va a requerir tesón, fuerza de voluntad y entusiasmo. Y tengo para mí que de todo eso hay mucho. Si no llueve, el exitazo independentista es casi seguro, al margen de las trifulcas de presencias o ausencias. Reina un ánimo de ahora o nunca y eso empezará a notarse en la Diada.

El pobre CIS, bajo sospecha de parcialidad a las órdenes de un gobierno que no para en barras a la hora de ingerirse en todos los órdenes de la vida, en aplicación de su peculiar sentido del liberalismo, no puede hacer gran cosa por desactivar el impulso independentista. Pero El País echa una mano con un titular cargado de intencionalidad: mayoría independentista de escaños, pero no de votos. Ojo: no de votos. Completa asimismo su carga de profundidad (por ahora) con un insólito y agresivo editorial titulado Independencia del 3% y es una pieza de ataque directo, despiadado, brutal al presidente catalán. Un escrito ad hominem tan feroz que parece de la misma "caverna carpetovetónica" del que expresamente quiere diferenciarse. Un editorial injusto por dos razones:

Primera, porque se obstina en presentar el movimiento independentista como una maniobra personal de Mas, como unaa argucia para impedir que se le investigue, se depuren responsabilidades, etc., y no como lo que es, un movimiento social partidista y no partidista, cívico, transversal, pacífico, democrático y masivo. Lo cual implica que, para el editorialista, en su ciega soberbia, miles, cientos de miles, quizá millones de catalanes son estúpidos borregos a quienes un hábil tramposo estilo Hamelin lleva hacia el precipicio , como dice Duran, sabedor quizá de que el primero en despeñarse será él, pues Unió seguramente no tendrá representación en el Parlamento.

Segunda, porque esa misma crítica y acusación puede hacerse a Rajoy, el PP y el gobierno, literalmente carcomidos por la corrupción, con Bárcenas, Gürteles, Púnicas, Bankias, etc., etc. Pero, que se sepa, ni El País ni nadie en España y menos que nadie la oposición se ha puesto tan exigente con ellos como con Mas. Ni El País ni la oposición mayoritaria han pedido la dimisión de Rajoy y mucho menos una moción de censura. Es una diferencia de trato tan discriminatoria que resulta vejatoria.

Pero el grueso del ataque unionista no está en este tipo de acusaciones de poco vuelo. El fondo de su crítica, lo que se propone como base de argumentación a la hora de ir contra el independentismo, es la reseñada diferencia entre escaños y votos. Estas elecciones, dicen los unionistas, no son un plebiscito, en donde todos los votos valen igual. Los independentistas hacen trampa al presentar unas elecciones ordinarias (con escrutinio según el sistema electoral) como un plebiscito porque en las elecciones no todos los votos tienen el mismo peso. Argumento ciertamente atendible. Y hay más: como las elecciones son normales, no plebiscitarias, no se puede tomar como criterio para una posible DUI el número de escaños. Hay que tomar el de votos.

Es un poco paradójico: si se quiere la DUI hay que tener una cantidad de votos superior al 44%. Puede ser. De todo cabe hablar, pero es imposible olvidar que el independentismo ve estas elecciones con ánimo plebiscitario porque el gobierno, de acuerdo en esto con la mayor parte de la oposición, casi todos los medios de comunicación y el resto de aparatos del Estado no le dejaaron hacer un referéndum, como se venía pidiendo de tiempo atrás. El referéndum de Escocia, una situación análoga a la de Cataluña, demostró que no hay razones válidas para negar el ejercicio del derecho de autodeterminación a un pueblo, una nación.

Si ese referéndum se hubiera celebrado en su día en unas condiciones pactadas, es casi seguro que un 44% de apoyo a la independencia hubiera sucumbido ante un porcentaje mayor de unionismo. Pero el referéndum (que, muy probablemente habrá que hacer al final) se prohibió y ahora lo que decide no es el porcentaje de votos sino el de escaños.

La prohibición fue un error, por decirlo suavemente.

Y los errores se pagan.

El paso de los pueblos.

Con tantos acontecimientos públicos, tan intensos y en los que tiene uno que implicarse por ser hombre de este tiempo, llevo una  temporada sin subir posts de temas que no sean políticos. Pero eso no quiere decir que haya descuidado esta vertiente palinúrica. Solo ha pasado a un segundo plano por necesidades del momento. Sin embargo he ido acumulando material que aflorará a medida que el torbellino del día a día lo permita. Y esta es una buena ocasión: aprovechando la calma chicha inmediatamente anterior al estallido reivindicativo de hoy con la Diada catalana, aprovechamos para hacer una visita a las ruinas grecorromanas de Empùries, Ampurias en español, muy cerca ya de la frontera con Francia. Casualidades del destino, uno de los mosaicos de la ciudad griega de la segunda época, la que el primer director de las excavaciones en 1908, Puig i Cadafalch, bautizó como Neapolis para distinguirla de la más antigua, Palaiopolis, muestra la escena homérica del sacrificio de Ifigenia en Aúlide. Lo consideré premonitorio porque, como se recordará, el sacrificio de Ifigenia es el tributo que Artemis exige a Agamenón para que termine la calma chicha que impedía zarpar hacia Troya a la flota de los argivos.
 
Hacía un día estupendo, soleado, el cielo azul, la mar añil, casi nadie en las excavaciones, que, por cierto, aún no han concluido ni lo harán en mucho tiempo, propiciaban la meditación y el ensueño. Los extensos y silenciosos recintos que albergan tan variadas ruinas, con sus murallas ciclópeas y los restos de sus tres ciudades, las griegas y la romana, en un paísaje de arenisca, granito y coníferas, asomado al golfo de Rosas, hablan a través de las piedras, las avenidas, los altares, los templos, los foros y los abundantes restos de construcciones industriales, comerciales. Porque eso fue desde el principio Emporión, esto es, "mercado", un asentamiento griego del siglo VI a.d.C., similar a los otros del litoral occidental del Mediterráneo, como Marsella o Hemeroskopeion, hoy Dénia. Emporión llegó a ser tan importante que se quedó como propio el nombre común de emporio y así lo recogieron luego los conquistadores romanos.
 
Por Ampurias pasaron muchos pueblos. Los que se asentaron en primer lugar en una zona que ya estaba poblada por indígenas indigetes (la única que paradójicamente sigue habitada hoy día como San Martí d'Empùries), esto es, los fundadores de la colonia, fueron comerciantes focios, provenientes de la próspera Focea, en el Asia Menor. De los focios, que prácticamente desparecieron cuando Lidia fue conquistada por los persas, decía Herodoto que fueron los primeros navegantes. Y la prueba está en Ampurias, a donde llegaron desde el otro extremo del Mediterráneo.
 
Las excavaciones han sacado a luz no solo los planos de las ciudades y diversos edificios cuyo uso todavía esta pendiente de explicación, sino buena cantidad de piezas de todo tipo, ajuares, utensilios de cocina, ánforas, crateras, monedas, armas, etc que atestiguan del esplendor de una colonia de comerciantes muy influida por los cartagineses y en tratos frecuentes con los tartesios, los etruscos, los demás griegos, los egipcios, etc. Toda esta riqueza se exhibe en un museo aledaño bien provisto que asimismo alberga la estatua de Asclepios, la más importante del conjunto que debía de encontrarse en los restos del templo que, al parecer, se edificó sobre otro dedicado a Artemis y de ahí, claro, el mosaico de Ifigenia.
 
Durante la segunda guerra púnica, los romanos conquistaron Ampurias con el fin de romper la retaguardia del ejército de Aníbal, que había invadido Italia. Lo hizo Cneo Cornelio Escipión Calvo, el de la "pira de Escipión". Más tarde, a raíz de una sublevación de los indígenas, Roma mandó una fuerza expedicionaria que la sofocó y se asentó definitivamente, dando origen a la ciudad romana. Desde Ampurias, Roma comenzó la conquista de toda Iberia. La antigua Emporión focia fue la puerta de la romanización de la península.
 
Llegaron  luego los visigodos, de los que hay algunos, pocos, restos, los árabes y finalmente los cristianos que construyeron algunas iglesias medievales una de las cuales, convenientemente desacralizada, alberga el museo de Ampurias. 
 
Merece la pena pasar unas horas en un lugar en el que durante más de 2.500 años han vivido, comerciado, guerreado y creado tantos pueblos con tantas tradiciones. Serena el ánimo y lo contenta. 

(La imagen es una foto de ikimedia Commons, bajo licencia GNU).

dijous, 10 de setembre del 2015

De sondeos y abuelos.


Para sentar plaza de ponderado y evitar acusaciones de partidismo, traigo dos sondeos diferentes publicados ayer mismo. De aquí al 27 de septiembre, cuando se celebren esas elecciones autonómicas absolutamente normales pero de las que están pendientes desde el Congreso de Washington hasta el de Noruega, se publicarán muchos más, habrá más proyecciones y todo tipo de vaticinios. En estos dos se dan discrepancias y coincidencias. El primero es de El Periódico de Catalunya, un periódico serio pero nada partidario de la independencia. Según sus cálculos, como puede verse, el bloque del sí (Junts pel Sí y CUP) consigue mayoría simple o, más probable, mayoría absoluta raspada, pero mayoría de escaños. No he visto que haya cálculo de votos. Los demás sufragios se reparten entre C's, Catalunya Sí Que Es Pot (a la que Twitter ha rebautizado en broma algo surrealista como QWERTY), el PSC, el PP y Unió. Con una distribución que coincide más o menos con los cálculos de los analistas más informados y menos partidistas. C's sube como la espuma, QWERTY encaja un resultado ligeramente superior al tradicional de ICV-EUiA, los socialistas pierden un tercio y los del PP se quedan en la mitad de su representación actual, quizá para compensar por el gran aumento de talla de su candidato. Lo dicho, predicciones más o menos razonables.


El otro sondeo es de El Punt Avui, un diario digital también serio, pero independentista. Discrepancias y coincidencias, decíamos. Coincidencia: también El Punt Avui prevé mayoría independentista. Discrepancia: la mayoría es absoluta, entre 73 y 80 escaños, más que suficiente, según algunos, para proclamar una DUI inmediata. Tampoco veo predicción en porcentaje de votos. Y es importante. En todo caso parece seguro que habrá mayoría independentista. De los porcentajes se hablará el 28 de septiembre. Los demás sufragios se reparten también de forma razonable pero con variantes o discrepancias muy curiosas en comparación con el del Periódico. Este sondeo rebaja notoriamente los escaños de C's y algo los de QWERTY, mientras que otorga dos o tres escaños más al PP, seguramente restados de C's.

Otra coincidencia llamativa es que desciende el apoyo a los dos partidos dinásticos españoles, PP y PSOE.  Es decir, los dos partidos nacionales consolidados suman entre 17 y el 22,2 por ciento de los escaños. Los dos bloques del temido "bipartidismo" español son partidos casi testimoniales en Cataluña, cosa que muchos atribuyen a que, en definitiva, Cataluña no es España. Los resultados de las elecciones de 27 de septiembre van a condicionar los de las generales de diciembre, se quiera o no. 

El aumento, mayor o menor, de votos a C's parece confirmar la tesis de que se trata de una formación local. Su reto, por tanto, no está en estas elecciones, en las que se alza segundo en votos, sino en las generales españolas de diciembre, a ver si consigue superar el handicap de mostrarse como un partido catalán. En todo caso, tanto en estas elecciones como en las de diciembre, los movimientos osmóticos más intensos parecen ser entre el PP y C's, los dos partidos de la derecha, una más antigua y otra más aparentemente moderna. 

El magro vaticinio de QWERTY, en definitiva, de Podemos, sí que plantea un problema serio con vistas a las elecciones de diciembre. Si, después del espectáculo ofrecido con las alianzas y desalianzas entre IU y Podemos, el resultado de QWERTY es igual al de ICV-EUiA en 2012, quedándose en el nivel de operatividad de aquella, sonarán campanas a rebato en la formación de los círculos. Habrá un panorama nada tranquilizador en la lonja de la confluencia en el conjunto del Estado en donde Podemos se enfrenta a la petición de una plataforma unitaria con una cabeza elegida en primarias que muchos quieren que sea Garzón. En Cataluña, Iglesias se juega su liderazgo en España, quizá su misma permanencia en la política activa. 

Podemos es un proyecto muy personalista y, visto el riesgo, su plana mayor se instala en el Principado, a apoyar al líder. Este ha entrado en campaña antes de la campaña como un ariete o un elefante en una cacharrería. El hilo argumental esencial es el consabido: soslayar la cuestión nacional, no enredarse en la autodeterminación y menos en los calendarios para implementarla, ignorar el carácter de movimiento social del independentismo, cosa tanto más sorprendente cuanto que Podemos se gloría de ser la consecuencia de otro movimiento social, el 15M. Toda la inquina se descarga en Mas y con un paralelismo recurrente: hay que votar para echar a Mas y a Rajoy. No hace falta decir que también para meter a Podemos y sus candidatos. Hay que centrarse en la corrupción y no salir de ahí. Mas y Rajoy. Más igual a Rajoy. No sé si habrá alguien en Cataluña, por izquierdista que sea que no dé un respingo al escuchar esta equiparación tan patentemente falsa e injusta. Es el tipo de comparación que empuja a la gente hacia Mas. Basta con que se compare el índice de aprobación de Rajoy con el de Mas y, ya de paso, que se mire también el del propio Iglesias en Cataluña.  

Junto a la táctica de la amalgama, asoma la oreja un discurso muy peligroso, con tintes de lerrouxismo que ya tiene encendidas las redes: el llamamiento a los habitantes de Cataluña con padres andaluces y/o abuelos extremeños para votar contra Mas y Rajoy. O sea, en román paladino, en contra de la independencia. Lo de Rajoy se tratará en otro momento. Dicho en términos llanos, es un discurso a los votantes españoles para que voten en clave española, en contra de la secesión. Tu patria no es la tierra que te acogió a ti o a tus antepasados sino que es la tierra que os echó o ti o a tus antepasados. Siempre he considerado agudísima la idea de Kant de que España es "una tierra de antepasados". A la vista está. Al menos para los españoles que van a Cataluña a defender la patria española. David Fernández ha explicado a Iglesias que se puede ser de Zamora y votar la independencia de Cataluña sin demérito de los antepasados. Claro que se trata del mismo Fernández que cometió el grave error de ir a abrazarse con el infame Mas sin preguntar antes a Podemos si se le daba permiso.

No está nada mal pensada la idea de que Podemos debe reñirle la clientela a C's. Mira tú por dónde arrebatarle el segundo puesto en el resultado final puede ser una buen trampolín para ir luego a las generales teniendo a Garzón a raya. Los discursos de ambas formaciones "emergentes" se parecen. Lo que no tengo claro es cómo lo justificará Podemos ante sus seguidores de izquierda salvo que sean mayoritariamente de la doctrina de que la izquierda y la derecha son bolas de trileros.

Podemos pide a los españoles residentes en Cataluña que voten pensando en sus abuelos; Súmate y otros, que lo hagan pensando en sus nietos.

dimecres, 9 de setembre del 2015

Entrevista sobre la cuestión catalana


Vaya, hombre, para una vez que salgo medio aceptable en la foto es una entrevista en un idioma que casi nadie entiende: neerlandés. El periódico, Het Financieele Dagblad es una publicación holandesa de temas financieros y, por tanto, grave, seria y muy conservadora. Ha sido un puntazo que el corresponsal, Lex Rietman, haya colocado una entrevista con un peligroso radical que apoya a los acratazos de la CUP. 


A mí no me hace falta traducción porque sé (o creo saber) lo que dije y, con ayuda de mi alemán e inglés, algo me entero del contenido. A quien le haga falta, que le pase el Google traductor. No es que dé un resultado en castellano cervantino, pero es bastante mejor que los prospectos de los medicamentos y las instrucciones de motosierras y se entiende bastante bien.

En la entrevista tratamos la cuestión histórica, que nos ha traído hasta aquí, pero las exigencias de la redacción han obligado a concentrarnos en los aspectos de la llamada "rabiosa actualidad". 

Soldados, clérigos y veedores.


La cuestión catalana ocupa hoy el primer plano de la actualidad. Los dirigentes políticos pasan media vida haciendo precampaña en Cataluña y dentro de poco pasarán la otra media haciendo campaña. Las portadas de los periódicos son monotemáticas, amenazando al Principado con los fuegos del infierno o con la evasión de capitales, según sean medios reaccionarios o progresistas. Las televisiones y las radios no paran de entrevistar a nacionalistas, sobre todo españoles, y de tertuliar con contertulios de la misma querencia. Solo se habla de Cataluña.

Quién iba a decirlo cuando hace tres años, Rajoy calificaba de algarabía la Diada de 2012 y los debates versaban sobre el régimen del 78, la crisis, la corrupción. Hasta de Grecia había tiempo de hablar. Ahora todo es el debate secesionismo/unionismo.

Los soldados. Las declaraciones del ministro de Defensa, Morenés, de que el Ejército no intervendrá en Cataluña si “todo el mundo cumple con su deber” han soliviantado los ánimos nacionalistas. Seguramente, la reacción le parecerá desmesurada a este aristócrata; digna de plebeyos. Y a primera vista tiene razón, pero no a segunda. El hombre contesta a una pregunta directa sobre cuál sería la reacción de las FFAA en caso de una DUI. Si todo el mundo cumple con su deber, etc. No va a quedarse callado. Dice, pues, lo que parece de Perogrullo: si no hay razón, el ejército no interviene. Pero, ¿quién decide si hay o no razón? Su respuesta tuvo que ser: en caso de DUI, las FFAA harán lo que diga el gobierno, pues están a sus órdenes. Pero no lo dice porque tiene una mentalidad militarista, como todos estos franquistas confesos, inconfesos y hasta apóstatas del gobierno. Ya sabemos, pues, que el ejército puede decidir por su cuenta. No está mal para una democracia consolidada.

Los clérigos. Apenas se oye hoy hablar de las dos monjas que se implicaron en el proceso: Forcades y Caram. Supongo que el Vaticano habrá ordenado bajarles el tono. El conjunto del clero y la Iglesia como jerarquía están callados. Sin duda, muchos párrocos y curas de aldea son independentistas. También se acercan los benedictinos de Montserrat, aunque de estos ya se sabe que son siempre la avanzadilla de la rebeldía. Otros, en cambio, son cerradamente unionistas. El párroco de Argentona, pedía ayer en un sermón que no se vote a partidos independentistas porque propugnan el aborto, entre otras monstruosidades. Algún que otro clérigo, en concreto un polaco, considera que la posición cerradamente unionista de la Conferencia Episcopal Española es inmoral. Será inmoral, pero es. Los obispos españoles no quieren oír hablar de separación de sus diócesis catalanas. Presididos hasta hace unos meses por Rouco Varela, un integrista nacionalcatólico de la más rancia estirpe, han dejado claro su acendrado nacionalismo y prefieren que no se hable demasiado del asunto. Saben que el Vaticano es una empresa de dos mil años que se ha mantenido gracias a su refinada diplomacia. Si, en algún momento el reconocer la independencia de Cataluña reporta beneficios, Cataluña será reconocida y los obispos españoles refunfuñarán pero se callarán. No obstante, queda algún tiempo hasta tal situación. Mientras tanto, aunque son contrarios a la secesión, también se callan.

Los veedores. O encargados de la tercera vía. Es población civil que ahora se organiza en una plataforma social no partidista con ánimo de promover una salida negociada al conflicto, pilotada por ellos con sus propuestas. Entusiastas se han sumado cinco secretarios generales del PSOE, González, Almunia, Zapatero, Rubalcaba y Sánchez, con dos expresidentes del gobierno y uno que quiere serlo, presidente, claro; no ex. Este grupo incluye asimismo a los de Catalunya sí que es pot, esto es, Podemos y sus compañeros de viaje. No en su forma pero sí en cuanto a sus objetivos. Todo son fórmulas de tercera vía. 

El argumento de la tercera vía tiene la fuerza del realismo y la experiencia. Supone que, en todo conflicto polarizado, la mayoría se inclina por el centro, el pacto, la negociación, la componenda porque los extremos asustan. Seguramente será así, pero con una condición: que quienes deciden tengan claro qué proponen los dos extremos y los del medio o la tercera vía. Y ahí reside el problema, en que la tercera vía no está definida. Los cinco veedores del PSOE no han pasado de invocar un vagaroso federalismo mucho menos preciso que la Icaria de Cabet. Los del proceso constituyente de Podemos, hacen depender su posición en asuntos catalanes de una inverosímil reforma de la Constitución española. En ambos casos alambicadas construcciones envueltas en brumas.

Enfrentados a tres opciones, un claro y rotundo "sí", un claro y rotundo "no" y una tercera opción, confusa e imprecisa, lo más probable es que los votantes se decanten por las dos primeras con un cálculo de costes-beneficios muy fácil de entender: si ganamos, ganamos; y, si no ganamos y hay que negociar, mejor hacerlo en una posición de fuerza. 

O sea que, si los soldados no hacen falta y los clérigos están callados, los veedores no ven gran cosa.

dimarts, 8 de setembre del 2015

Todos contra Mas.


Habiéndose dado cuenta por fin el nacionalismo español de que el reto soberanista catalán (como dice la prensa) va en serio, que es el problema más grave hoy en España, arrecia en sus andanadas para resolverlo a su tradicional manera, o sea, por las bravas. El frente unionista comparte táctica. Todos fingen ignorar el carácter popular, masivo, transversal del independentismo y se concentran en atacar a Mas con saña. Tanta que cualquier observador con sentido del fair play se siente obligado a intervenir, aunque, como es el caso de Palinuro, no simpatice en absoluto con las posiciones del president en materias sociales, económicas, políticas. Los ataques son tan desmesurados que cabe preguntarse si se deben solo a la ignorancia o incluyen mala fe.

Celia Villalobos, según dice El Mundo asimiló a Mas con Franco. No sé si el verbo "asimilar" es muy correcto aquí pero la comparación es un dislate que hace dudar de si la señora sabe lo que dice. Si Felipe González insinuó un simil nazi-fascista (omitiendo astutamente el franquismo) del que hubo de desdecirse en veinticuatro horas, Villalobos completa el trío, señalando además, expresamente, que Franco era un nazi y un fascista, por si alguien no lo sabía. El dislate alcanza tonos flamígeros cuando se recuerda que Franco era el jefe del fundador del partido en el que milita con gran brillantez y aprovechamiento la señora Villalobos. El mismo Franco cuyo nombre se niega a quitar de las calles el PP, el partido de la doña. Esta, por lo demás, con su gracejo andaluz, espera que sus paisanos no tengan que traer un pasaporte extranjero al visitar a sus parientes en el Sur. Está bien aligerar un poco el hierro y el fuego de la batalla dialéctica. En ese mismo espíritu liviano alguien recordará a la diputada del PP que los países que estamos en el acuerdo de Schengen no pedimos pasaportes en nuestras fronteras.

Pedro Sánchez, de visita de masas en Tarragona, en apoyo a Iceta, ha entrado en faena por el flanco sentimental afirmando que él se siente catalanista. No hay nada como tocar la fibra al personal. Suena aquí aquel histórico Ich bin ein Berliner de J. F. Kennedy en 1963, ante el muro de Berlín. Salvando las distancias. Y los tiempos. Y los sentidos. Y las figuras. A continuación, el catalanista Sánchez, economista de formación al fin y al cabo, especifica que su catalanismo no es el del 3% y vincula directamente a Mas y Pujol con la corrupción. Resumen por el momento: Mas es como Franco y, además, un corrupto del 3%. Eso del 3% lo sacó el socialista Maragall hace como doce años, pero no dio lugar a acción alguna de ningún tipo, político, judicial o mediático. Ahí se quedó, como los murciélagos en hibernación, hasta ahora, cuando la policía anda registrando sedes de Convèrgencia y, según informes, recogiendo pruebas. De lo que no parece que haya ninguna es en contra de Mas. Si el ministerio del Interior abrigara el barrunto de la sospecha en forma de intuición, de corazonada, aunque fuera en diferido, de que Mas tuviera algún asuntillo, por nimio que fuera, ya habría montado el operativo mediático pertinente. Pero nada de nada. Júzguese con ello de la nobleza de la insinuación de Sánchez.

Pablo Iglesias levanta el alza del arma y apunta más arriba, a la legitimidad del presidente Mas, con una pregunta que lo pone en cuestión y de paso toda la teoría política democrática: ¿quién se ha creído que es para representar a un pueblo? Es verdad que, luego, con la facilidad con que se desciende de los cielos al fango, vincula a Mas con las cuentas en Suiza, muy en línea con las acusaciones -y las mismas pruebas inexistentes- que hacen los otros unionistas españoles. Más de lo mismo, por supuesto. Calumnia, que algo queda. Pero lo más disparatado del dirigente de Podemos es la pregunta por la legitimidad de Mas. Atiéndase a la respuesta ofrecida por el mismo orador: "los pueblos se representan a sí mismos". Una frase rotunda, con voluntad de permanencia pero que, como todas las de este jaez, es un absurdo: los pueblos no pueden representarse a sí mismos porque no habría dualidad entre representante y representado. Quizá lo que debamos entender es que los pueblos se presentan a sí mismos. Y no sé si esto es algo inteligible en política.

Supongo que Mas cree que es el representante del pueblo catalán porque así lo decidió la mayoría de los votantes y, en teoría democrática, una vez elegido por mayoría, el representante lo es de todos, incluidos quienes no lo han votado. Pero lo fantástico de negar la legitimidad de Mas es la ignorancia supina que destila respecto a la cultura política catalana. A diferencia de España, en Cataluña, la figura del MH es muy respetada. Podríamos hablar mucho de esto pero no ha lugar. Los catalanes se identifican más con sus instituciones y las personas que las encarnan que los españoles con las suyas. El apoyo y el respeto a la figura del presidente, sigui el que sigui, es muy superior a su círculo de votantes. Empeñarse en desactivar el independentismo catalán atacando personalmente al presidente al que respetan y apoyan no solo los independentistas sino también muchos catalanes que no lo son demuestra un grado de obcecación que recuerda el método en la locura de Hamlet.

Si, frente al independentismo catalán, el nacionalismo español no sabe hacer nada mejor que atacar a Mas y hacerlo con tal falta de estilo, el día 27 de septiembre va a llevarse un disgusto.

Estirpe de ladrones.


Entre las numerosas tonterías que ha dicho a lo largo de su vida Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, ocupa lugar destacado un articulillo publicado en 1983 en El faro de Vigo, titulado Igualdad humana y modelos de sociedad en el que, entre otras cosas, sostenía que "los hijos de buena estirpe" destacan sobre los demás, o sea, que no son iguales al resto de los humanos, y que tamaña necedad estaba confirmada por la ciencia. Dado que el de "estirpe" no es un concepto científico sino que pertenece al ideario (por llamarlo de alguna forma) racista, tomémoslo en su sentido prístino: abolengo, raza, casta, etc. Si alguna casta hay en este país de pícaros y mangantes, es la de los ladrones.

Los tribunales de justicia acaban de condenar al delincuente Díaz Ferrán a cinco años y medio de cárcel por chorizo. Al expresidente de la CEOE, hasta ayer un prohombre, un ciudadano ejemplar que se permitía amonestar a los trabajadores con consejos calvinistas mientras él les robaba sus salarios. Un hombre que se codeaba con los políticos con mando, amigo íntimo de Esperanza Aguirre, a quien, claro está, consideraba cojonuda, calculen ustedes por qué, y muy bien avenido con el hombre de los sobresueldos. Pura estirpe. La de los dos.

La afición de Rajoy por la estirpe de ladrones es profunda y de larga data. Hay fotos suyas confraternizando muy contento con la miríada de ladrones que han pasado y siguen pasando por su partido: con el delincuente Matas, el delincuente Fabra, los presuntos delincuentes Bárcenas, Rato, Camps, etc., etc. No hay miembro del PP más o menos identificado como ladrón que no tenga pruebas gráficas del apoyo y el aliento de Mariano Rajoy, el de los sobresueldos.

Sí, la estirpe da para mucho. La estirpe de ladrones que lleva veinte años saqueando este país valiéndose para ello de una organización de presuntos malhechores a la que llaman partido político y a la que el juez sienta ahora en el banquillo como responsable civil subsidiaria de los delitos del mafioso Bárcenas. Y el responsable político de esta organización de mangantes, el hombre de los sobresueldos en La Moncloa, ahí seguirá, sin dimitir, como si esto fuera un país normal, el gobierno un gobierno en serio y el Parlamento un parlamento de verdad y no una cuchipanda de franquistas y ladrones que nadie en el extranjero puede tomarse en serio.

Por fortuna para ellos, cuentan con una oposición mayoritaria del PSOE, tan acobardada y sumisa que, más que oponerse, coadyuva al mantenimiento de esta burla sistemática a la ciudadanía.