dijous, 30 d’abril del 2015

La regeneración consiste en reprimir.

Lo decía ayer un maravillado Palinuro: Rajoy había comparecido en público para afirmar muy enfadado que lo que está pasando es vomitivo, de vergüenza. O sea que él mismo es vomitivo y de vergüenza porque no está pasando nada de lo que él más que nadie no sea responsable. La corrupción, en definitiva, por mencionar el término que hoy está en boca de todos y en la (sucia) conciencia de muchos. Entre ellos, él, que consagró como tesorero al vomitivo Bárcenas, que tuvo en su gobierno durante años a la vergüenza de Mato, que hizo nombrar presidente de Cajamadrid al supervomitivo Rato. Él, que estuvo veinte años cobrando sobresueldos, al parecer, mientras recomendaba austeridad a los demás y gimoteaba falsamente que no llegaba a fin de mes.

Ya ni siquiera disimula. Ha olvidado sus frecuentes proclamas de abanderar la lucha contra la corrupción en España. Obvio. No puede hacerlo porque la corrupción es él, su gobierno y su partido. Así que, hoy por hoy, la lucha citada y la regeneración democrática consisten en no responder de nada de lo que le afecte a él personalmente y parapetarse tras su mayoría en el Congreso para no comparecer jamás e insultar, como se ve, a sus compadres de faenas que, no siendo presidentes del gobierno, andan de juzgado en juzgado, como podría andar y quizá lo haga en el futuro el mismo Rajoy.

Se acabaron las bromas. ¿Explicaciones? Cero. ¿Rendición de cuentas? ¿De qué cuentas, las de la caja A, las de la B, las de los suizos o las de los falcianos? Punto en boca. El PSOE pide una investigación sobre el caso Pujalte. No ha lugar, responde la mayoría del PP, dado que su actividad era legal. Como legal sería, sin duda, la ingeniería fiscal de la esposa del presidente del Congreso que, hace unos años, consiguió quebrar un banco, hazaña que solo han emulado después escasos genios, como Blesa o Rato.

Lleno de paciencia, el PSOE pedirá ahora otra investigación sobre el otro murcianito, Trillo, actual embajador en Londres, que se embolsó una pastuqui siendo diputado por asesorar a un empresario al que luego el gobierno de Castilla y León, en el que el hermano del murcianito es alto funcionario, otorgó unos suculentos contratos públicos. Legal, por supuesto, y hasta ético, pues ¿qué hay más ético y fraterno que un hermano vea con simpatía a otro? El PSOE se quedará con un palmo de narices y, con el PSOE, el conjunto de la población española que querrá saber cómo está el país representado en Londres por un individuo de esta calaña.

Esta losa de la corrupción ha sepultado al gobierno, haga lo que haga y diga lo que diga y no podrá ya salir ni de noche con luna llena porque hasta la Iglesia le ha clavado una estaca en el corazón en forma de crucifijo. Incluso los curas se le han puesto en contra y los obispos rompen públicamente con las políticas del PP y piden perdón por no haber estado al lado de los pobres. Al margen de si, como dicen algunos, los prelados se han hecho de Podemos, quizá a través de ese "círculo espiritual", lo cierto es que, cuando un gobierno español pierde el apoyo de la Iglesia, tiene los días contados.

Los obispos piden perdón por no estar al lado de los pobres. Pues, monseñores, el asunto es simple: devuelvan ustedes a la colectividad los bienes que llevan veinte años sustrayendo en forma de inmatriculaciones subrepticias y expoliadoras, vendan ustedes el ingente patrimonio de la Iglesia y repártanlo entre esos ignorados pobres, renuncien ustedes a la financiación pública y obliguen al cardenal Rouco a vivir en un piso normal, como todo el mundo y no en una especie de palacio, con un nutrido cuerpo de casa.

En cuanto al gobierno, está claro: ni una explicación, ni una indagación, ni una rendición de cuentas. Nada.

Y no solamente no hay que explicar la realidad, sino que corresponde ocultarla. Por eso la señora Aguirre quiere hacer desaparecer a los sin techo de Madrid, muchos de los cuales seguramente lo serán por haber sido desahuciados por las políticas de la señora Aguirre y demás siniestros ángeles exterminadores del neoliberalismo. Mendigos, fuera. Como cuando Botella: putas fuera. O dentro. En la cárcel, por ejemplo, que es lugar al que estos nostálgicos de la dictadura gustan de enviar a la gente de la que no gustan. O los inmigrantes, los sin papeles y, luego, quién sabe, los chavales con piercings o los hombres sin corbata.

La gente es muy dada a protestar cuando la explotan, la roban y, además, se ríen de ella. Y eso es preciso cortarlo porque, siempre según Aguirre, con sus protestas ahuyentan el turismo. Además, añade Fernández Díaz, no hay limites, se confunde la libertad con el libertinaje y no se respeta el principio de autoridad, ni los símbolos patrios, ni la gloria de Dios. Razón por la cual han regenerado la democracia con una Ley Mordaza, que llaman de Seguridad Ciudadana,  una ley que ha sido noticia en la prensa internacional por recordar mucho el espíritu de la Ley de Orden Público de Franco. Una ley que garantiza la impunidad de las fuerzas de seguridad con independencia de la legalidad de su actuación. Una ley que confiere a la policía facultades discrecionales casi judiciales. Una ley de Estado policía.

Lo que necesita este Estado de corrupción y represión que dice estar regenerando democráticamente un país al que esquilma, amordaza y reprime. Por eso, para cerrar el círculo, el ministro de Justicia se propone ahora restablecer la censura.

Han tardado cuatro años, pero lo han hecho: ya estamos otra vez en la dictadura.Y, como siempre, una dictadura de mangantes. Y de zumbados. No les extrañe nada que, aprovechando la llegada de la censura, Fernández Díaz pida la vuelta de la Inquisición.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimecres, 29 d’abril del 2015

Otra obra de la canalla franquista.


Solo para ver sobre qué barbarie, que crueldad, qué ignominia, qué inhumanidad está construido nuestro presente. Para escuchar, ver de primera mano, contado por los/las protagonistas cómo los curas, las monjas, los falangistas, los funcionarios y resto de perros guardianes de aquella atrocidad que fue el franquismo trató a los niños y niñas desde 1939 hasta bien entrada la democracia, hasta los años ochenta. Niños y niñas abandonadas, huérfanos de guerra, hijas de presos políticos, pero también hijos de madres solteras o padres divorciados. Cualquier menor que tuviera la desgracia de caer en las garras de aquellos delincuentes y criminales vestidos de sotanas, hábitos, uniformes, togas judiciales o cualquier otro disfraz que mancillaron con su hipocresía y profunda inhumanidad.

Para que, al ir a votar, todos recordemos que los Rajoys, Cospedales, Aguirres, Aznares y demás tropa de mangantes y corruptos, además,  son los descendientes ideológicos (y, en muchos casos biológicos) y defensores de los canallas que perpetraron estas atrocidades y que, por todo cuanto sabemos, les gustaría repetirlas. Que las pías y devotas damas de buena sociedad, las Aguirres y Botellas de ayer y de hoy, son las mismas sádicas hipócritas que condenaban a niños y niñas a vidas de sufrimiento y humillación en nombre de su beatería y su repugnante dios, como hoy quieren acabar con los mendigos, los sin techo o las putas y putos a base de multarlos, reprimirlos, humillarlos y escarnecerlos.  Que los caballeros hoy neoliberales y nacional católicos de comunión diaria son los mismos o parecidos granujas que cometieron todo tipo de excesos, incluidos los abusos sexuales con los niños huérfanos, abandonados.


El candidato de la confianza.

En su inimitable estilo, como cuestión colateral, de pasada, Rajoy ha aclarado que será el candidato del PP a las próximas elecciones legislativas, que nadie sabe ya de cierto cuando serán y Palinuro, siempre tan ocurrente, si llegarán a ser. Nada nuevo desde el punto de vista formal. Se han cumplido los trámites. En el PP al candidato lo nombra el propio candidato. El nombrador se nombra a sí mismo en un caso típico de hermafroditismo político. Ya candidato, Rajoy pidió a los presentes que confíen en él a lo que le respondieron algunas risas. La prensa ama los candidatos con sentido del humor.

Confiar en Rajoy, el presidente peor valorado de la historia de la democracia es un chiste. En la sesión de control del Senado le sacaron todos los colores porque la corrupción en la que están anegados él, su gobierno y su partido los tiene todos y todas las trapacerías, chanchullos y latrocinios. La trama Gürtel resulta estar también relacionada con la lista de defraudadores de Falciani. Realmente, esta gente ha creado una realidad paralela, como en un juego de second life en el que todo es corrupción, saqueo, expolio. Empezando por el del presidente a quien ayer acusaron de cobrar sobresueldos durante veinte años de una caja B del partido que la policía y los jueces dan por probada. Empezó negándolo todo y hasta mintiendo en sede parlamentaria. Pero ya no puede negar el cobro de los sobresueldos ni la corrupción general de su partido.

Es más, con el penúltimo escandalazo de Rato, el exvicepresidente, presunto ladrón, Rajoy ha salido entre contrito y furioso a afirmar que Lo que está pasando es vomitivo, de vergüenza. Como si no fuera con él. Como si no hubiera sido él quien puso a Rato en Bankia, como si "lo que está pasando" no estuviera directamente relacionado con la financiación ilegal del PP, los sobresueldos y todo lo demás. Y digo penúltimo porque el último es el de los dos murcianitos, el embajador Trillo y el diputado Pujalte, cobrando una pasta por asesorar verbalmente a la hora del café a unas empresas que luego recibían contratos públicos. Los malintencionados sospechan que se trata de información privilegiada, lo cual es un delito. Por si alguna duda hubiera, el PP veta que el Parlamento investigue el extraño caso de Pujalte sosteniendo que es legal porque sí. Y esta actitud ilustra sobre la voluntad de transparencia y regeneración que anima al partido del gobierno y su flamante candidato.

¿Recuerda alguien los viejos tiempos? Corría el año 2009, acababa de saltar la Gürtel y Rajoy, rodeado de la plana mayor del PP entonces declaraba muy serio que aquello no era una trama del PP, sino una trama en contra del PP. En la foto estaban, entre otros, Aguirre, Arenas, Cospedal, Monago, el propio Rajoy, Mato y Camps. Y estos eran los que decían que no era una trama del PP sino contra el PP.

Para confiar en ellos.

El PSOE se malicia que si, como es previsible, el PP se estrella en las elecciones de mayo, habrá elecciones anticipadas. Otros que viven en second life. Hagan los preparativos, desde luego pues puede pasar cualquier cosa. Pero, sobre todo, hagan algo. Porque, en efecto, puede pasar cualquier cosa en esta situación de absoluto desgobierno en que se encuentra el país. Al condicionar la convocatoria de elecciones generales al resultado de las elecciones catalanas del 27 de septiembre, ya acordadas en la hoja de ruta soberanista, pero no oficialmente convocadas, el genio de La Moncloa se ha puesto en manos de Mas. Para arreglar el asunto solo se le ocurre aventurar que quizá haga coincidir las generales con las catalanas. Es decir, la política española se decide en Cataluña.
 
La oposición no tiene por qué estar preocupada por lo que hace el gobierno porque el gobierno no sabe lo que hace. La oposición tiene que preocuparse por lo que ella hace. Mejor dicho, por lo que no hace: oponerse.

dimarts, 28 d’abril del 2015

¿A qué partido pertenece Julio Anguita?

Tomo prestada la pregunta que se hacía ayer en Facebook Jaume d’Urgell y lo felicito por haber encontrado una forma tan concisa y diáfana de plantear uno de los asuntos más turbios de la política española. Si también tomara prestada la respuesta casi unánime que recibía de sus lectores (“al Anti-PSOE”) este post acabaría aquí.
 
Pero hay algo más. Por supuesto, la causa a la que Julio Anguita ha consagrado su vida ha sido impedir que el PSOE gane elecciones. Ese es su principal objetivo, il sorpasso. Es una fijación compartida con muchos comunistas que, a falta ya de otros signos de identidad, solo se reconocen en su animadversión a la socialdemocracia.
 
Anguita es un superviviente del viejo leninismo, el que rompió con la socialdemocracia traidora con ánimo de liquidarla. Es el continuador del estalinismo que tanto contribuyó al desarrollo del fascismo europeo con su política antisocialista. Un testigo amargo del último intento comunista de quitar el sitio a la socialdemocracia como quiso hacer Carrillo con aquel invento del Eurocomunismo y que ahora pretenden reeditar los neocomunistas de Podemos.
 
Anguita dice “deberse” a IU. Al fin y al cabo, la fundó él con la clara y esperable intención de dar matarile al socialismo democrático en los años 80. Pero alaba a Podemos y prácticamente pide el voto para ellos. También es de ese Foro Cívico que ha puesto en marcha como plataforma personal. Y, por supuesto, supongo, del PCE.  En definitiva, ¿cuál es su partido? Ninguno. El que en cada momento más ayude a hundir al PSOE.
 
Esta izquierda fragmentada, enfrentada en incontables corrientes, suspira por la unidad como el personaje de Kafka espera inútilmente que se le abran las puertas de la Ley. Y tan anhelada unidad se prevé, no ya al margen del PSOE, sino en contra de él. La fórmula, prodigiosamente inepta de PSOE-PP la misma mierda es, sintetizada por mandato de Twitter en PPPSOE no es nueva en la intención. Los comunistas han llamado siempre cosas feas a los socialdemócratas, socialtraidores, socialfascistas en el siglo pasado y socialiberales en este. Los pobres socialistas cargan siempre con algún sambenito. Curiosamente la socialdemocracia es la única forma de la izquierda que ha gobernado en Europa antes y después de la segunda guerra, la única que ha hecho algo tangible, por ejemplo, el Estado del bienestar, que ahora todos consideran meta deseable. Hasta quienes lo están dinamitando en el PP. Las otras izquierdas no han hecho más que hablar. Y, en donde han hecho más que hablar (en Europa oriental), mejor es no hablar. La prueba es que en eso, al menos, están calladas.
 
No, no, se dice. Lo de ahora es nuevo. La socialdemocracia ha traicionado a la socialdemocracia. Hoy, el programa socialdemócrata es revolucionario. La “verdadera” izquierda se ha hecho “verdaderamente” socialdemócrata, como cabía esperar, porque la vieja socialdemocracia se ha hecho neoliberal. Probablemente haya mucho de verdad en este juicio y la socialdemocracia haya ido perdiendo sus rasgos distintivos hasta incurrir en la actual crisis ideológica, más parecida a un marasmo del que no sabe cómo salir. Pero el juicio es inadecuado. En primer lugar no es cierto que sea algo nuevo. Los comunistas nacieron hacia 1919 acusando a la socialdemocracia de traición. Y así siguen.
 
En segundo lugar, hay una evidente injusticia. La socialdemocracia se ha adaptado a la lógica neoliberal en gran medida. Pero ¿por qué se juzga como una traición y no como un fracaso? Todos los ojos miran hoy a Grecia, a ver si puede articularse una política socialdemócrata no neoliberal. De momento no lo parece. Y más allá de Grecia. Al hundirse el comunismo realmente existente, los comunistas ya no propugnan la socialización de los medios de producción, la planificación centralizada ni la abolición del mercado. ¿Han traicionado o reconocen implícitamente que fracasaron? Y, si eso es así, ¿por qué el fracaso de la socialdemocracia a la hora de defender su propio Estado del bienestar no es un fracaso sino una traición? Porque los socialdemócratas están condenados de antemano por la “verdadera” izquierda, hagan lo que hagan. Son inherentemente, traidores. O algo así piensa Anguita.
 
Bueno, en último término, este rollo está muy bien, pero son neiges d’antan. No tan lejanas como las de la guerra civil pero tampoco de ahora, como las de la lucha contra los desahucios, que es en dónde hay que estar, en la transversalidad de los movimientos, la unidad popular, el empoderamiento de los de abajo, sin trileros de izquierda ni derecha, en lo espontáneo y asambleario, en el populismo bien entendido, en la soberanía de todos, en lo nacional-popular.
 
Entonces, ¿por qué sacar a Anguita? ¿Por qué declararlo referente? ¿Por qué escucharlo como al oráculo de Delfos? ¿Por qué reconocer su autoridad? En su obsesión anti-PSOE, Anguita destruyó IU y, al abrazarse ahora a Podemos, también lo está destruyendo.
 
Los sondeos llevan una temporada señalando tendencia a la baja del partido de los círculos, con gran contento de numerosos analistas que piden reconocimiento de yoyas, yo ya lo dije, yo ya lo sabía. Por el contrario, Palinuro, que siempre ha apostado por una coalición PSOE-Podemos por considerarlos a ambos izquierdas, está desolado.
 
Es dudoso que la constelación IU/Podemos invierta la tendencia bajista en intención de voto en el escaso mes que queda. Sobre todo porque interviene el imprevisible factor Ciudadanos. Pero, mientras tanto, debieran preguntarse si la decisión de sacar a Anguita como si fuera el Séptimo de caballería no es disparatada. Anguita trae puesta la bronca PSOE-comunistas. Es su vida. En España, hoy como ayer, la línea de fractura es entre izquierda y derecha. Los nuevos líderes lo niegan, pero la gente sigue pensando en términos de izquierda-derecha y, atención, centro, el punto geométrico sobre el que pivota esa etérea figura de la centralidad política. Y no es difícil ver aquí el truco de decir que ambos términos no son lo mismo porque el centro es un mazacote inmóvil y la centralidad política consiste en seducir al mazacote y llevárselo a un extremo.
 
Dos preguntas: 1ª) ¿cómo se espera alcanzar el centro si se echa a patadas a la izquierda que se relaciona con él? 2ª) ¿cómo se espera triunfar cuando no se dispara contra los de enfrente sino contra los del mismo campo? No es esperable (aunque no sea imposible) que gane la guerra un ejército que combate contra sí mismo.
 
Exageran quienes dicen que, en el fondo, lo que Anguita quiere es que gane el PP. No es así exactamente. Está dispuesto a hacer pinza con él como ya la hizo en los años 90 y todavía hoy emplea más tiempo y energía en anatematizar al PSOE que en criticar al PP, al que prácticamente, no menciona. Pero su fin no es que gane la derecha, sino que pierda el PSOE. El triunfo de la derecha es una consecuencia colateral no querida. Lo mejor para él sería que el PSOE perdiera y las elecciones las ganara el Partido Comunista, bajo su forma prístina o en alguno de sus camuflajes, como IU, Podemos o lo que sea. No siendo así, mientras no gane el PSOE, ¡qué vamos a hacerle si gana el PP!
 
Este PP.

dilluns, 27 d’abril del 2015

Carta a Rajoy de la Reina de Ingalaterra.


Buckingham Palace April, 26th. 2015
R. H. Mr. Mariano R. Brey
La Moncloa. Spain.

Estimado señor Mariano R. Brey: Envío a usted esta carta traducida al español porque, según mis noticias, no lee usted el inglés. Me fastidia, no crea, porque, dado su contenido, exige confidencialidad y, aunque estoy absolutamente segura de la discreción de mi traductor, nunca se sabe, ¿verdad? Por cierto, también me han dicho que, además de no saber leer inglés, tampoco sabe usted leer español. Pero me malicio que esas deben de ser las inevitables habladurías envidiosas que acompañan siempre a la gente grande.
Paso al asunto que nos ocupa. He esperado unos días por si, a la vista de los hechos, su gobierno tomaba alguna decisión a propósito de ese señor que tienen ustedes aquí a título de embajador. Pero veo que pasa el tiempo y no hacen ustedes nada. Así me dije: “Mira, Liza, escribe directamente al señor Brey. Seguramente se habrá distraído. Como está tan ocupado…
En Inglaterra, señor Brey, estamos acostumbrados a tratar con todo tipo de pillastres y no se nos caen los anillos. Pero son nuestros pillastres, ¿entiende? No ajenos. De esos tenemos poca experiencia y menores deseos de verlos por aquí. Me he informado suficientemente sobre su embajador en la corte de Saint James: tampoco sabe mucho inglés (aunque más que usted), es de estatura moderada, moreno, de crespo cabello, fanfarrón, violento, mal encarado, vocinglero, cuenta chistes verdes, dice ser muy religioso, es arbitrario, incompetente y presuntamente aficionado a los chanchullos. Mis informadores coinciden en declararlo un español típico pero estoy segura de que se dejan arrastrar por los prejuicios de la Leyenda Negra, que tanto y tan injusto daño a hecho a España.
De todas formas, para evitar disgustos, ¿por qué no relevan ustedes a este héroe de Perejil y nos envían a alguien normal, de esos de la carrera diplomática? Por ejemplo, al dramaturgo Ramírez de Haro.
Según parece, además de haber tenido una bochornosa actitud en un accidente de aviación de un Yak 42 ruso, en el que perecieron 62 compatriotas suyos, recientemente se ha descubierto que, siendo el hoy embajador diputado, y sometido a estricta incompatibilidad, cobraba un dineral de una empresa que luego recibía contratas públicas adjudicadas por su partido. Aquí, en Inglaterra tenemos nombres muy duros para esos sujetos. Pero somos los ingleses, ya se sabe, puritanos. Ustedes los papistas lo tienen más fácil: cometen tropelías, luego van al cura, se arrepienten y ya pueden volver a empezar.
Aun así, haga un esfuerzo, póngase en mi lugar. Debo guardar las apariencias. Le sugiero busque un destino más apropiado para este pájaro. ¿Por qué no en Jamaica, por ejemplo?
Y ya en el seno de la confianza, aprovechando este momento distendido entre usted y yo, permítame añadir mi preocupación por un par de asuntos más.
Según mis noticias, ha repetido usted una mítica hazaña de cuando era vicepresidente del gobierno del señor López y ha enviado usted a pique en alta mar, pero cerca de sus costas, un buque petrolero cargado de fuel, confiando en que su cargamento se convertirá en hilillos de plastilina, gracias a la intercesión de Santa Teresa de Jesús. No sabe qué tranquila me siento. Muchos británicos que planean pasar sus vacaciones en las Canarias me han escrito alarmados. Supongo que puedo tranquilizarlos, ¿no? La Santa convertirá el chapapote en aguas limpias y cristalinas que dirían “bebedme” de no ser saladas.
Igualmente, nuestro ministro presidente de Gibraltar, señor Fabián Picardo, me ha pedido que interceda ante usted para que su ministro de Asuntos Exteriores, señor Margallo, al parecer lo que ustedes llaman un africanista, deje de incordiar con la Roca, que ustedes llaman Peñón. Dicho queda. Estoy segura de que sabrá usted domeñar el encendido patriotismo de su colaborador. Tenga en cuenta que en Gran Bretaña protegemos los intereses de todos nuestros súbditos. Incluidos los monos de Gibraltar.
Algunos asesores me han recomendado que no le escriba una carta tan larga para que no se fatigue usted y le quede tiempo de leer el Marca. Que lo redujera a un whatsap porque en esto de las nuevas tecnologías está usted muy impuesto. O un SMS que dijera: “Brey, sé fuerte. Actúa. Destituye”. Pero yo sé que dada su probada voluntad y entrega al servicio de su país, aceptará usted de buen grado los consejos de esta veterana reina que lo aprecia. Sobre todo, ahora que se enfrenta usted a unas elecciones.
Los reyes y reinas británicos tenemos prohibido inmiscuirnos en política. Pero solo en Gran Bretaña. En el extranjero, somos libres, por eso y porque sé que mi primo, Felipe VI de España, tan descendiente de la Reina Victoria como yo, muy respetuoso con los límites constitucionales, no lo hará, me atrevo a sugerirle una inmejorable vía de actuación.
Además de destituir a este embajador que deja la marca España en muy mal lugar, proceda usted a apartar de la política a todos los personajes de su partido ya condenados, procesados, acusados, imputados o sospechosos de corrupción empezando por usted mismo. Sí, señor Brey, inclúyase usted en la relación de los grandes primeros ministros, los Palmerston, Gladstone, Disraeli, Churchill, capaces de sacrificarse cuando la patria lo exigía. Disuelva usted el parlamento y convoque elecciones anticipadas. Por lo demás, deje que sean los jueces quienes decidan si también corresponde o no disolver su partido, el Partido Popular, como una presunta asociación de malhechores.
Estoy segura de que si atiende usted a mis humildes sugerencias, se fortalecerá la tradicional amistad entre nuestras dos naciones. Serán fraternales.
(La imagen es una foto del ministerio británico de Defensa, con licencia abierta del gobierno británico "© Crown Copyright 2015").

diumenge, 26 d’abril del 2015

Dos relatos de la crisis.

El mismo día en que se conocían los malos datos de la Encuesta de Población Activa de abril, Mariano Rajoy, el presidente de los sobresueldos, salía por su amado plasma a espetar a los españoles su habitual sarta de embustes y patrañas triunfales, aunque con algo de sordina porque los datos no acompañan ya que, si bien el paro bajó en 13.100 personas, se destruyeron 114.300 empleos, uno de esos enredos estadísticos cuya conclusión acaba siendo siempre la misma: todo va peor que al comienzo de la legislatura. Nada de brotes verdes, ni raíces vigorosas, ni aceleración de nada. La habitual ración de plasma con las trolas y la propaganda acostumbradas: los datos de la EPA muestran, según el teleplasmado que hay una evolución cada vez más positiva de la economía española: menos paro, más empleo y de mejor calidad. Tres mentiras: no es que baje el paro sino que las personas contratadas en precario, por horas o, incluso, sin remuneración, dejan de figurar como paradas. Hay menos empleo (114.300 empleos destruidos) y en cuanto a su calidad, basta con preguntar qué trabajos tiene la gente. O leer los periódicos. Hace un par de días, la patronal conservera proponía pagar parte del salario en metálico y la otra en latas de conservas. De ahí a pedir que la gente trabaje por la comida, media un paso. Y de ahí a la esclavitud, otro. A eso lo llama el de los sobresueldos "ir en la buena dirección". Cierto que la patronal citada ha retirado la propuesta. Pero la hizo.

Sacar en plasma al presidente más desprestigiado y menos valorado de la historia de la democracia a colocar las trolas habituales solo puede obedecer a una astuta estrategia de hacerle cargar en exclusiva con el desastre de España y arruinar sus muy escasas posibilidades electorales. Para el PP, Rajoy se ha convertido en un lastre y los demás dirigentes están locos por encontrarle un sustituto. Bueno, eso los que no están locos por ver cómo se libran de que los procesen por corruptos. Ocho de cada diez ciudadanos no confían en él. Parece poco probable que lo voten

Por si hubiera alguna duda sobre esta situación de absoluta falta de crédito y prestigio, ayer mismo, The Economist publicaba un artículo sobre la situación española, Spain's recovery. Not doing the job en el que, aunque reconoce que el PIB está creciendo al 3%, no está creándose empleo y no se está saliendo de la crisis.

Son dos visiones opuestas de la realidad: la de quien va vendiendo el abalorio de la Gran Nación y la de quienes, desde el extranjero, consideran que España no funciona.

Para salir de dudas, hágase un experimento muy simple: sálgase a la calle y pregúntese a la gente a quién cree, si a Rajoy o a The Economist. Y no hace falta salir a la calle: pregúntese incluso a los miembros del gobierno a quién creen, si a Rajoy o a The Economist. Hasta el final, pregúntese al mismo Rajoy a quién cree más, si a él o a The Economist.
 
Y eso que The Economist se concentraba solamente en lo económico, haciendo honor a su título. Si mirara también otras cuestiones, por ejemplo, el magma de corrupción que anega el país y tiene paralizado al gobierno, quizá encontrara razones para el fracaso español. El País de Bankia, Blesa, Rato y cientos de corruptos o presuntos corruptos más tiene muy crudo salir adelante. Materialmente imposible.

La seriedad de The Economist le ha impedido lucir su humor británico. Se le ha escapado la ironía de que Rajoy termine su mandato con la repetición de una de sus más celebradas necedades, la de los hilillos de plastilina, con referencia al peor desastre ecológico en las costas de España producido por la incompetencia del gobierno.

Ahora, en Canarias.

Mismo desastre, misma incompetencia y mismo incompetente.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

La mentira y la mala fe en política.

Suele decirse que una buena campaña de comunicación política es aquella que consigue transmitir de modo rápido, sencillo, claro y masivo el mensaje del candidato o candidatos, cuando el electorado capta el contenido de su discurso, la verdad de sus intenciones y no hay confusión ni enredo. Los mejores asesores de comunicación (esos pájaros que reclaman siempre para sí los créditos de la victoria y desaparecen misteriosamente en la derrota) son los que consiguen convencer a la gente de la sinceridad y la veracidad de quien les paga.

Mentira. Eso es lo que dicen, pero no lo que hacen

La mejor comunicación política -una actividad en la que el embuste es consubstancial a casi todos los discursos- es la que vende como verdad una mentira, la que mejor oculta las auténticas intenciones de los candidatos, la que los ayuda a engañar a la gente, a falsear sus propósitos y tergiversar sus términos. Gana el que más miente.

Tómese un ejemplo cercano y sencillo: ¿cuántos de los partidos que se presentan a las elecciones del 24 de mayo reflejan en sus nombres, títulos, marcas o siglas sus programas o intenciones? Solo dos y medio: el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Nacionalista Vasco y, en parte (por eso lo considero medio) Esquerra Republicana de Catalunya. Curiosamente, tres de los cuatro partidos más antiguos del país. El otro, el Partido Comunista de España, que yo sepa, no se presenta a las elecciones bajo sus propias siglas, sino camuflado con otras.

Para la sana mentalidad burguesa reformada, la base del negocio comercial es que las marcas digan la verdad, no engañen ni confundan con malas artes y peor fe la confianza de los clientes y consumidores. ¿Qué sucede en España hoy? Que salvas las dos excepciones y media citadas, todas las ofertas, partidos, coaliciones que se presentan a las elecciones, tratan de engañar, de mentir a la gente, de presentarse como lo que no son. Los ejemplos:

El partido popular lleva su afición al embuste y la patraña al extremo de que, al principio, ni siquiera se llamaba "partido", término que horrorizaba a los franquistas que lo fundaron. Así se llamaron "Alianza", que trae siempre buenas connotaciones a la derecha, al estilo de la "Santa Alianza". Viendo que con esta triquiñuela no ganaba elecciones aceptó ser partido y, como adjetivo, "popular". Exactamente ¿qué quiere decir "popular"? Nada, cosa que sus miembros saben de sobra. Es un truco populista de cuarta regional que no puede ocultar el ridículo de que siga llamándose "popular"un partido que no tiene nada de popular. El éxito, sin embargo, de la campaña de comunicación, es decir, de embustes y mentiras, consiste en convencer a la gente de que es "popular" un partido literalmente cuajado de aristócratas como Aguirre, Morenés, Becerril, etc que, además, de engañar a la gente, la desprecian.

El Partido Socialista Obrero Español no oculta sus señas de identidad ni su título. Cuando menos, no miente. Es más, es tal el éxito de su marca "socialista" que sus adversarios, cuando le niegan esa condición, lo que hacen es reprocharle haber traicionado el significado del término,  no ser verdaderamente socialista, atributo que se autoadjudican con desparpajo, pero sin motivo porque, se pongan como se pongan la marca será siempre del que la puso en circulación.
 
La izquierda no socialista hoy canta la copla habitual, la de la "traición" al auténtico socialismo, la patraña de redefinir la "izquierda", apropiarse el término y negárselo a los otros. El término "izquierda" sustituye hoy al que verdaderamente la identificaba: el de comunista. En la comunicación política de la antigua constelación comunista, Izquierda Unida en todas sus fracciones, Podemos y demás derivados, la única palabra que no aparece es la de su razón  ser, esto es, el comunismo que, como sabe todo el mundo, no sirve para ganar elecciones. O sea, dicho con claridad, apuestan por mentir y engañar. El intento de llevar la mixtificación al extremo de cuestionar la legitimidad del concepto mismo de izquierda cuando se es de izquierda eleva el propósito embustero y engañador a una demagogia casi neurótica. La propia de burgueses privilegiados apacentando al "pueblo" al que, obviamente, hay que engañar por su bien. E igual que con el Partido Popular, muchos anhelan que, en efecto, los engañen.
 
En Unión, Progreso y Democracia, una historia de éxito seguro, según algunos analistas políticos de ojo clínico qur los dioses les conserven, debido a las connotaciones positivas de los términos, la mentira era la de patas más cortas en toda esta historia: tres conceptos ampulosos para vestir y dotar de dignidad a un proyecto personal de supervivencia de una política, Rosa Díez, que no tenía literalmente nada que decir ni aportar a los problemas de la gente.
 
Ciudadanos es ya quintaesencia misma de la mentira y el engaño, muy al estilo de Podemos. Exactamente, ¿qué deben entender los votantes que propone Ciudadanos? Del nombre no se deduce nada. Igual podrían llamarse Caminantes o Seminaristas. ¿Y qué propugna? En realidad, nada: solo no hacer lo que se ha hecho hasta ahora y hacer lo que no se ha hecho. Puro embeleco 
 
Al lado de este coro de mentiras y falsedades, el Partido Nacionalista Vasco no engaña a nadie. El nacionalismo ha significado muchas cosas a lo largo de tiempo, pero siempre ha sido nacionalismo y el PNV su adalid. No se ha vestido de otra cosa, como Convergència i Unió, cuyo carácter independentista es una manifestación relativamente reciente.
 
La mentira y la mala fe son evidentes. De todos los partidos y formaciones que concurren a las elecciones, todos menos dos y medio, el PSOE, el PNV y, en parte, ERC, se presentan ocultando lo que son, mintiendo y  tratando de hacerse pasar por lo que no son. 
 
Buen momento para los de comunicación política. 

dissabte, 25 d’abril del 2015

Un ministro posmoderno.

Es lo que las redes, ese nuevo laboratorio de la vida con un lenguaje propio, llaman un zaska en toda la boca. Pues sí, el tercer zaska al ya exministro Ruiz-Gallardón, quien había llegado al gobierno con ínfulas de gran reformador y restaurador de las esencias católicas del ser español. Venía con fama de moderado y centrista que se había granjeado en alguna tertulia en la que no dominaban los trogloditas. Daba gloria oírlo defender en el Parlamento la prohibición del aborto, incluso en casos de malformación del feto, con argumentos progres, que llamaban a la emancipación de la mujer. La facundia de don Alberto no conocía límites. Ni los del ridículo. El primer zaska fue cuando el gobierno decidió hacer con su proyecto de ley sobre el aborto lo que los abortistas con los fetos, según la truculenta fantasia de los llamados provida: triturarlo.

Triste y amargado por tanta alevosía, el ministro causó baja, convencido de haber sido un chivo expiatorio en el altar de Moloch: la venta de los principios sagrados a la conveniencia del momento y los intereses electorales. Casi revienta de indignación. Imposible razonar o hablar con él. Tiene un concepto tan alto de sí mismo que solo escucha las arpas celestiales.

Por si le sirve de algo, el error fundamental de Ruiz-Gallardón es no haber entendido la posmodernidad que a Rajoy se le da de maravilla. El exministro no es posmoderno. Es moderno, es decir, un antiguo y, siendo su modernidad nacionalcatólica, no solo antiguo, de Recaredo. Obviamente, no entiende el mundo en el que vive.

Su reforma del Código Penal era plenamente moderna. Aunque algunos críticos la acusaban de retrotraernos a momentos preconstitucionales (obviamente, querían decir "franquistas", pero les daba un poco de reparo) en realidad, iba mucho más atrás; iba hasta el Panopticón de Bentham, resucitado por Foucault para describir la función de vigilancia del poder. El ministro complementaba el feliz y modernísimo invento convirtiendo la vigilancia no solo en panorámica sino también en permanente, cosa que consiguió que le firmaran los socialistas con una mano reservándose la otra para firmar el recurso al Tribunal Contitucional contra su propia firma. A lo mejor hubiera sido más sensata una firma con reserva expresa de constitucionalidad. Y, si la figura no existe, se crea.

Así que, en efecto, un moderno nacionalcatólico. Sí, en España el metarrelato de la modernidad, que diría Lyotard,  es el nacionalcatolicismo. En otros lugares es el librepensamiento, la reforma, la tolerancia, las libertades públicas, el avance de las ciencias, la ilustración y otras aberraciones. En España, la modernidad es el nacionalcatolicismo.

El segundo zaska afecta a una reforma tan moderna como las anteriores, aunque un alma superficial pueda pensar que se trata de un disparate, incluso desde el punto de vista técnico. En efecto ¿hay algo más moderno que hacer respetar la Justicia a base de introducir racionalidad en el conocimiento de qué sean y qué no sean los derechos? Por ejemplo, con la ley de tasas judiciales que el nuevo ministro, el posmoderno Catalá, ha mandado a una lista de espera de la seguridad social de Castilla La Mancha, algo quedaba clarísimo: ¿eres pobre? No tienes derecho a la Justicia.

El tercer zaska es el de la renuncia a la privatización del registro civil. ¿Hay algo más moderno que privatizar? ¿Algo más ultramoderno que privatizar en beneficio de los amigos y del jefe de uno? Pero no es la modernidad lo que mola, sino la posmodernidad. Y esta tiene un vínculo fuerte con la estética a través de su origen en el posmodernismo artístico y, la verdad, dada la condición de registrador de Rajoy y de varios parientes suyos, los principales beneficiarios de esta medida absolutamente arbitraria, resultaba tan fea que daba hasta vergüenza plantearla. Hasta Rajoy ha hecho como si no fuera con él, arte en el que es consumado maestro.

Ruiz-Gallardón no era un moderno y un gobierno posmoderno necesitaba un ministro tan posmoderno como el señor Catalá. Como buen posmoderno, Catalá no cree en la existencia de una verdad objetiva sino que está convencido de todo lo construimos gracias al giro lingüístico (cosa que Ruiz-Gallardón ni huele) y gracias a él lo deconstruimos. Y ¿cuándo construimos o deconstruimos? Cuando nos interese, naturalmente. Por ejemplo, el ministro deconstruye el relato de la verdad judicial opinando sobre las declaraciones subiúdice de dos imputados.

Pero construye con igual pericia cuando afirma que los crímenes de la dictadura estaban amparados por la legislación franquista. Hay que construir la verdad histórica. Es exactamente el mismo argumento que empleaban los abogados de los nazis juzgados en Nürnberg. Es el sempiterno argumento positivista. La ley vigente. Para el espíritu posmoderno, en Nürnberg se hizo la justicia del vencedor. Los aliados juzgaron a los nazis vencidos. El franquismo también fue justicia del vencedor. Los franquistas juzgaron a los republicanos vencidos. ¿Tiene sentido juzgar hoy a los juzgadores de ayer? ¿Lo tendría juzgar a los jueces de Nürnberg? Ciertamente, es una hipótesis como de política-ficción. Pero es el supuesto que late en la invocación a la legalidad del franquismo. Es completamente posmoderno: bajo aquella legalidad estaban amparados los crímenes políticos, incluso los que se cometían al margen de la legalidad, a veces por cuerpos bajo dependencia administrativa de las autoridades y a veces también hasta se asentaban en los correspondientes registros o libros con las más pintorescas causas de muerte.
 
Lo que el posmodernista ministro está explicándonos, como buen positivista, es que aquella legalidad del franquismo amparaba y legalizaba los delitos según fueran descubriéndose, algo así como la cuadratura del círculo o el perpetuum mobile. Porque ¿cómo puede ampararse y legalizarse un asesinato extrajudicial?

Conociendo la aversión de los posmodernistas a los textos, habría que sugerir al ministro que la venciera, echando mano de la Ley de Amnistía, concebida como ley de punto final, y por el tiempo que pueda aguantarle. No es muy elegante, él mismo se dará cuenta pues tiene aspecto de dandy, pero le ofrece mayor seguridad que ese lío de la legalidad vigente en el pasado.

divendres, 24 d’abril del 2015

Moción de censura o dimisión.

Señor Pedro Sánchez: si no tiene usted el valor, la inteligencia, la decisión, la honradez y la dignidad necesarias para presentar una moción de censura a este gobierno de corruptos y sinvergüenzas, debe usted dar un paso atrás y dejar el puesto a alguien de su partido que sí los tenga. No obstaculice más, no siga siendo cómplice de este bochorno nacional de un país avanzado gobernado por un puñado de mangantes y embusteros. No defraude más a una población que, si no merece estos gobernantes, menos aun una oposición complaciente, cuando no compinchada con ellos.

Dejen de reírse de la ciudadanía que les paga a ustedes sus sueldos, muy por encima, por cierto, de lo que merecen.

El clamor para que presente usted una moción de censura es ya atronador. Hasta un hombre muy del aparato del PSOE, bien situado y moderado, Eduardo Sotillos, lo pide en un artículo, moción de censura, y muchos otros en su partido lo harían si no tuvieran el miedo típico de los burócratas a perder el puesto. Como lo haría ese segundo suyo, César Luena, que, sobre no servir para nada, salvo para intentar controlarlo todo, ni siquiera sirve para decirle a usted la verdad.

No puede usted ignorar, porque ya no lo ignora nadie, que este es un gobierno presidido por un tipo sin dignidad, ni vergüenza, un embustero compulsivo, un auténtico charlatán, capaz de engañar a la buena gente haciéndola creer que vive con lo justo y que apenas llega a fin de mes cuando cobraba (y quizá siga cobrando) cantidades astronómicas bajo cuerda, sobresueldos de una caja B nutrida de presuntas actividades delictivas, como el resto de sus colaboradores, todos ellos parásitos de este expolio que dura veinte años. Un pájaro que, como Camps, se hacía pagar presuntamente las corbatas, los trajes, los viajes a cuenta de una organización de delincuentes y quién sabe si hasta el confeti de los cumpleaños. Un granuja, vaya.

Y un inútil e incompetente que no solamente ha cargado sobre los más débiles (parados, jóvenes, mujeres, enfermos, dependientes, ancianos) el coste de la crisis, sino que ha destrozado literalmente el país dejándolo mucho peor de como lo encontró con Zapatero pero habiendo beneficiado y enriquecido a sus amigos los ricos, los banqueros, los defraudadores, ladrones y evasores a los que ha amnistiado y a los que proteje a base de destruir todas las instituciones del Estado.

Un inútil e incompetente que ha agredido a Cataluña con sus estúpidas fanfarrias imperiales españolas, su catalanofobia y su instrumentalización de todos los resortes constitucionales para imponer a machamartillo su concepción nacionalcatólica e impedir por la brava que un pueblo pueda opinar libre y democráticamente. Un verdadero necio que, no contento con haber incendiado el independentismo, se ha puesto en manos de los independentistas al condicionar la convocatoria de elecciones generales en España a lo que suceda en Cataluña el 27 de septiembre.

No puede usted ignorar asimismo que este personaje preside un gobierno de mentecatos que parecen sacados de un tebeo de Flechas y Pelayos o de la Sección Femenina, ambos de la Falange; una colección de estantiguas que mueve a risa: meapilas que pasan la vida rezando a las vírgenes o condecorándolas, autoritarios que emplean la policía como una banda de matones para atemorizar a la población o majaderos pagados de sí mismos que consideran los toros patrimonio artístico y enhebran memeces al otorgar premios.

Tampoco puede ignorar que ambos, presidente y gobierno, se apoyan en un partido literalmente repleto de truhanes, mangantes, ladrones, estafadores, chantajistas, evasores, prevaricadores y sinvergüenzas en general, una verdadera asociación de delincuentes que lleva veinte años saqueando el país, como reconoció su secretaria general, Cospedal, con gran escándalo de la prensa que atribuyó la declaración a un lapsus, ignoro por qué cuando es la única verdad que ha dicho en su vida. Un partido que es una empresa del trinque, una organización del robo y el expolio, un chollo para sus afiliados, pues basta con que te saques el carné para que te caiga un puesto para toda la vida, aunque no sepas hacer la o con un canuto, como el actual director de la Guardia Civil, o no llegues ni al graduado escolar, como ese Carromato que tienen chupando del bote en el Ayuntamiento de Madrid a 60.000 euros al año y los miles de carromatos parasitando el resto de España, empezando por los más altos, Rajoy, Aguirre, Arenas, Cospedal y el resto de la tropa de mamandurrios que llevan cuatro lustros viviendo de cine a costa de los impuestos de los españoles o fabricándose ingresos turbios a medida, como esos dos murcianitos que se hacían pagar a precio de oro cada una de sus muy interesantes palabras a un empresario al que, casualmente, le caían contratas públicas adjudicadas por los compis de los dos murcianitos.

Y, si no ignora usted todo esto, si no ignora que España es hoy una ñorda sometida a la tiranía de unos ladrones, sostenida por una jauría de sicarios y esbirros en los medios pagados a peso de oro siempre a cuenta de los contribuyentes; si no ignora usted que el país es una vergüenza en todos los sentidos aquí y fuera de aquí, que la Marca España es otra estafa de trileros, que tenemos a lo mejor de nuestra juventud buscando trabajo en el extranjero porque estos ladrones no les han dejado nada, que tenemos a la gente en el paro porque han entregado el dinero a los bancos y empresarios, que los viejos no llegan a fin de mes porque les han robado el fondo de pensiones, ¿por qué no presenta ya la moción de censura?

Ya sabemos que va a perderse en el Parlamento. Pero también sabemos que se ganará en la calle y en lo medios.

Hay que presentarla por dignidad, por vergüenza, por obligación moral, porque la gente lo ha elegido a usted para que haga algo en su defensa. No para que se equivoque usted de botón en una ley sobre el aborto, no sepa en dónde nació Machado y, sobre todo y lo que es absolutamente imperdonable, no tenga usted la nobleza ni la gallardía de defender a una compañera suya de partido manteniendo su "miembros" y "miembras" que, por si no lo sabe usted, está muy, muy bien dicho.

Así que, si no puede usted dejar de hacer el tonto, y no se atreve a presentar una moción de censura, ¿por qué no se va?

Solo de Goytisolo.


Para un escritor con una obra tan vasta, tan variada, tan prolongada en el tiempo, tan rica; para un autor tan premiado, recibir el Cervantes forma parte de los gajes del oficio. Se ha presentado vestido de día laborable normal y, por si alguien no lo hubiera advertido, dedicó los primeros párrafos de su estupendo discurso, A la llana y sin rodeos, a explicar la diferencia entre el literato y el escritor, entre la vanagloria y el trabajo adictivo en silencio.

Propósitos que no sentarían nada bien a una representación protocolaria cuya única adicción es a las cámaras de televisión o de los bancos. La mayoría de los presentes no le hubiera otorgado el premio. Ha tenido que tragarlo. Porque, como demuestra Goytisolo con su modestia y su señorío, no es el escritor el que busca el premio sino el premio el que busca al escritor.

Ataviado a la llana soltó un discurso a la llana, festoneado de sabiduría, de lo que dice habitualmente en el román paladino en el que habla con su vecino, de lo que piensa como hombre libre, expresión que debiera ser un pleonasmo y, por desgracia, no lo es.

Todas las ideas de ese discurso abren horizontes, alumbran laberintos. Considérese la siguiente:

Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez.

Resumen para tuiteros: Hombre libre frente a canon nacionalcatólico. Las dos Españas.

Añadió luego el peaje de las especulaciones cervantinas. Aportó el cervantear, como actividad propia de la "nacionalidad cervantina", de Octavio Paz. Del genio de Cervantes siguen brotando genialidades. Cervantear viene a ser llamar a las cosas por su nombre y describir la vida de agobios y miserias del autor del Quijote como víctima adelantada de épocas posteriores de injusticias y desahucios. En realidad, Cervantes estuvo a pique de sufrir el peor de todos los desahucios para un escritor, el de la privación de su obra. Tal era la intención de Alonso Fernández de Avellaneda al escribir una falsa continuación de las aventuras de don Quijote, que obligó a Cervantes a publicar él la segunda parte para demostrar que su casa era su casa y su personaje también. Ese de quien Unamuno decía que era muy superior a su creador.

Terminó Goytisolo con una expresión incendiaria: Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia. Mentó la bicha en la corte y el auditorio se petrificó. Nadie había ido a allí a escuchar más soflama que la estupidez que espetó el ministro de Cultura. Varias de las autoridades negaron el aplauso que, de todas formas, fue de escuálido cumplido.  

Goytisolo, gran autor, es un hombre libre y eso no gusta nada a las autoridades del canon nacionalcatólico.
 
Así siguen las cosas, don Julián; quiero decir, don Juan.