dimarts, 24 de febrer del 2015

Debate, sí, pero sobre la moción de censura.


¿Qué más puede pasar en este Reino de la Trapisonda? El gobierno de Madrid paga "primas", que también pueden llamarse tranquilamente "sobresueldos" a magistrados y fiscales a través de una empresa privada. Ya es grueso. Cualquier malpensado diría que los gobernantes tienen comprado un puñadico de jueces. No así Palinuro, a quien consta la fiera independencia de la Justicia. No ayuda, empero, que uno de los agraciados con las jugosas primas mensuales sea el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Vieira, que anuló las escuchas de la Gürtel, gracias a lo cual, si no me falla la memoria, se expulsó de la carrera judicial al juez Garzón. Ni ético ni estético, editorializa furioso El País. Sí; ya veremos si legal porque, de entrada, hay un problema de incompatibilidades que el señor Vieira se ha saltado alegremente, justo el tipo de comportamiento por el que están friendo a Monedero.

Al grano, aquí ha estado cobrando sobresueldos medio mundo por cantidades astronómicas, de la caja A, B, C de la empresa Indra, de la Fundación Tal o el consorcio Cual. Pero todos dineros públicos. Un expolio general.
¿Qué más hace falta para que la oposición presente una moción de censura a un gobierno que ha llevado España a esta situación de esperpento? ¿O no es un esperpento que hasta los jueces estén bajo sospecha de corrupción? Rubalcaba amenazó con ella en 2013 pero luego no volvió a mencionarla. Sánchez, es evidente, ni la considera. Sin embargo, debiera hacerlo por dos motivos: uno de principios y otro de conveniencia.
Por principios: Sánchez es el líder de lo que los británicos llaman el "gobierno en la sombra". La verdad, no estoy muy seguro de que lo haya constituido, pero, en todo caso, es el jefe del "gobierno en la sombra". Salga de ella. Aparezca a la luz en el Parlamento. Haga la crítica al gobierno y proponga sus alternativas. Que la gente se informe, sopese, se forme un juicio. Es lo civilizado. Y es su deber.
Por conveniencia: Pablo Iglesias contraprograma el debate sobre el Estado de la Nación con una intervención por la tarde del miércoles en el Círculo de Bellas Artes en la que responderá a Rajoy. Iglesias es un portentoso animal político. Como no puede estar en el debate del Parlamento, se lo lleva a donde él está. Confía en los medios. Y, en efecto, mucha gente contará las respectivas audiencias. Con esa decisión, Iglesias reta a Sánchez a ver quién es más y mejor líder de la oposición  y presenta mejores propuestas.
La única baza que tiene Sánchez frente a Iglesias es hacer lo que este no puede: anunciar una moción de censura.

El odio al PSOE.

No es cosa de demagogias, pero el PSOE se acerca ya a los 140 años de existencia. Es el partido más antiguo de España, con excepción del Partido Carlista fundado en 1833 aunque reconvertido en otra cosa. Y eso se nota. El PSOE es parte de la historia del país. A partir del restablecimiento de algunas libertades en 1978, ha gobernado casi 20 años, con González y Zapatero. En ese tiempo, España avanzó en bienestar, progreso, libertades, derechos e integración europea como no lo había hecho nunca antes. Ni durante la breve II República. Por supuesto, su mandato (sobre todo en las dos legislaturas finales de cada uno) también fue pródigo en elementos negativos y hasta crímenes: la dura reconversión industrial, las privatizaciones a voleo, los GAL y la corrupción rampante en el mandato González y la desastrosa política económica anticrisis así como la reforma del art. 135 CE en el de Zapatero.

Unos gobiernos con luces y sombras, como siempre, pero globalmente positivos para el país. Es absurdo negarlo. Y, sin embargo, se niega. Hay una especie de voluntad cerrada de reñir todo acierto al PSOE ahora y antes, esgrimir siempre sus aspectos negativos y ocultar los positivos, al extremo de que, si se escucha a voceros de derecha e izquierda, casi parecería que el responsable único del desastre y la postración actuales de España sea el PSOE. Tanta falta de objetividad y ponderación invita a preguntarse por su razón profunda. Los hechos, los datos, las pruebas desmienten tan cerrada visión negativa. Quizá nazca esta de otra parte distinta del entendimiento; por ejemplo, de la pasión. Quizá tenga poco que ver con la razón y mucho más con el odio. Y, en efecto, uno de los rasgos más llamativos del debate político español es el odio a los socialistas.

Los odian por ser el partido más antiguo, por seguir siendo un partido, por haber ganado elecciones limpiamente, por haber gobernado, por haber sabido perder en unos casos y triunfar en otros. Es decir, los odian por lo que se suele odiar a mucha gente en España: por hacer cosas.

El odio de la derecha es palpable. Es un odio histórico, de clase. Y hasta personal. Que los aristócratas se enfrenten en política a un partido de advenedizos fundado por un tipógrafo pero que tiene más solera y antigüedad que todos ellos, que son los verdaderos advenedizos, los saca de quicio, los pone enfermos. ¡Qué insolencia, los seguidores de un tipógrafo aprobando leyes! La derecha es profundamente patrimonialista y cree que el gobierno le pertenece como sus fincas, sus casas, sus tierras. España entera es de su propiedad por derecho divino y no tiene perdón que lleguen unos plebeyos a reñirles ese derecho a gobernar, desgobernar, robar y saquear lo público que vienen disfrutando desde hace siglos y para conservar el cual hicieron una guerra civil e impusieron una dictadura militar de cuarenta años. El odio de la derecha al PSOE es profundo, casi genético.

¿Y la izquierda, los comunistas, asimilados y neocomunistas? Una falta de objetividad muy similar y un odio todavía más acendrado. Esta izquierda procede de la escisión comunista de 1919/1920 que nunca, en casi 100 años de historia, ha conseguido prevalecer sobre los socialistas salvo cuando establecían dictaduras de partido y prohibían y perseguían a estos, como hicieron en los países del bloque soviético durante buena parte del siglo XX. No siendo mediante la dictadura, el proyecto comunista de derrotar a los socialistas no ha triunfado en ningún país democrático del mundo. Salvo las experiencias dictatoriales, esta izquierda no ha gobernado nunca excepto algún brevísimo lapso de frente popular aquí y alla. Nada.

Pero no ha dejado de considerarse la "verdadera", la "auténtica" izquierda frente a una socialdemocracia oportunista que se encaramaba a los gobiernos y se aburguesaba traicionando a los trabajadores. Esos gobiernos en España y otros países de Europa fueron los únicos de izquierda real que hubo en el siglo XX y, dicho sea de paso, cambiaron sustancialmente la cara del capitalismo. Tanto que hoy hasta la "auténtica" izquierda los propone como modelos a los que hay que volver. Pero sin reconocer un ápice el mérito de los socialdemócratas. Al contrario, culpándolos no solo de sus culpas sino, en un frenesí de odio, también de las ajenas. Para esta izquierda "verdadera", que lleva cien años hablando sin hacer nada, el verdadero enemigo no es la derecha; es la socialdemocracia. En España, el verdadero enemigo no es el PP; es el PSOE.

Es el caso del reaparecido Anguita cuyo odio a la socialdemocracia está adquiriendo los niveles psicóticos de un capitán Ahab, tan obsesionado con Moby Dick que no le importa hundir su Pequod, IU, si con ello extermina a su archienemigo. ¡Por fin el ansiado sorpasso! La hora de la venganza. La posibilidad de que ese orgulloso PSOE muerda el polvo gracias a esa organización, Podemos,  que, merced a una sabia combinación de liderazgo carismático, pragmatismo y ambigüedad conceptual, parece haber deshecho el maleficio que lleva cien años agarrotando a los comunistas y promete llevarlos ahora, siempre que no se les note mucho el tinte neocomunista, a  una impensada victoria.
 
Palinuro lamenta que no vaya a producirse una alianza de las izquierdas, de todas las izquierdas. En verdad, no siendo militante de partido alguno, no se siente personalmente afectado, pero este asunto suena al más sobado y ramplón quítate tú para que me ponga yo y, encima, con plumas ajenas, desde los nombres a las ideas y desde las ideas a los nombres.
 
La promesa del sorpasso que tiene encandilados a estos novísimos "de abajo" procede del triunfo de Syriza en Grecia.. Si los Podemos griegos se imponen a la Troika, la Syriza española, hundirá al PSOE en la miseria de un PASOK, dejándolo en un 4,2% del voto. Tres inconvenientes se alzan ante este rosado futuro:

Primero: es posible que Syriza no se imponga y, al contrario, tenga que ceder ante la UE y Alemania. Tiene toda la pinta. Eso supondrá un golpe para Podemos que, una vez pasados los fuegos de artificio, tendrá que recomponer su discurso con un crédito rayano en cero. Esa Estaca con la que quiere derribar el "sistema del 78" puede acabar hundida en su corazón.

Segundo el PSOE no es el PASOK; no es una empresa familiar como la de los Papandreu, fundada en 1974. Forma parte de la historia de España en estos 140 años y tiene mucho eco y, sobre todo, apoyo en Europa, cosa más fácil de rentabilizar en interés del común que todas las propuestas bienintencionadas, sin duda, pero de una inconcreción celestial.

Tercero la repentina aparición de Ciudadanos, un partido con una parafernalia análoga a la de Podemos, con similar pragmatismo posmoderno, pero con un talante que se intuye más conservador, más centrado, sin necesidad de marear la perdiz con la izquierda, la derecha, lo de arriba y lo de abajo, apunta en un sentido de consolidación de la opción de la derecha. Predecir coaliciones en un contexto multipartidista (que, a veces, dependen de uno o dos escaños) es perder el tiempo pero no es exagerado vaticinar un reforzamiento de la derecha. O sea, del PP.
 
Con estos tres datos presentes, ya da un poco igual lo que se diga. La evolución apunta a que tampoco esta vez prosperará el intento neocomunista del sorpasso. Lo pintoresco del asunto será ver si, como cabe barruntar, se conseguirá mantener al PP en el poder otros cuatro años. Algo muy español. De perdidos, todos al río. El odio nos hará flotar.

La única parte de España en que no se observa odio al PSOE, en que no es factor de movilización porque la gente está en otros horizontes, Cataluña, tampoco parece ser tierra de promisión para Podemos. Obvio.  

dilluns, 23 de febrer del 2015

Las corrupciones, I,

Están preparando el debate sobre el Estado de la Nación, previsto para mañana y pasado. Rajoy adelanta sus intenciones. No quiere hablar de la corrupción. Como siempre. Dice que ya ha dado las explicaciones oportunas. Ni pocas ni muchas. Las "oportunas". O sea, ninguna. Como siempre. A ocultar, engañar, falsear y silenciar no se le puede llamar "explicaciones", oportunas o inoportunas. La última vez que la oposición pidió su comparecencia para hablar sobre corrupción se negó argumentando también que ya había dado suficientes explicaciones. Se refería a una comparecencia el 1º de agosto de 2013 en la que no explicó nada y, además, mintió a la cámara.

Rajoy no ha dado una sola explicación sobre la corrupción, ni siquiera sobre la presuntamente suya. No piensa decir nada sobre el asunto que más preocupa a los españoles después de la crisis económica. Sobre esta traerá el habitual mazo de triunfalismo manipulado, según el cual el país está ya banderas al viento por la senda de la recuperación, mientras la gente acude a miles a los repartos de alimentos de Cáritas. De la corrupción no quiere hablar.

Pero los asuntos cuya explicación adeuda el presidente a la ciudadanía se acumulan. El presidente tiene que aclarar si cobró o no sobresueldos, cuánto, por qué y de qué origen. Si caja B o no. Tiene que aclarar lo mismo de sus colaboradores. Y si se ha pagado sus trajes y sus viajes o lo ha hecho la Gürtel, al estilo Camps, su amigo. Cuántas obras de reformas en sedes del PP se han hecho y cómo se han pagado. Cómo funcionaba la supuesta financiación ilegal, en la que también está al parecer interesada la señora Aguirre, su enemiga . Qué mecanismos han estado utilizándose durante años en su partido para organizar lo que parece una vasta maquinaria partidista-empresarial de corrupción en la que han absorbido y corrompido buena parte de la administración pública. Y todo eso bajo su mando.

En conexión con esto también debe el presidente explicar por qué su partido, partido de gobierno, no solamente no colabora con la justicia en la persecución de tanta irregularidad y corrupción sino que se dedica a obstaculizarla a base de destruir pruebas (registro de entradas de Génova, discos duros de los ordenadores de Bárcenas), a enmarañar los procesos (personificación del PP como parte en presunto fraude procesal para osbtaculizar), a amedrentar jueces y fiscales  directa o indirectamente y a interferir en la administración de justicia. La corrupción es aquí tan extrema que, como dice Ignacio Escolar y es ya de dominio común: "cuando al PP le va mal un juicio, no cambia de abogado. Cambia de juez".

Dice Sánchez, sin duda preparando también la comparecencia como si fuera Hamlet, que algo huele a podrido en el PP. ¿Algo? Todo. La cuestión es si el mismo Sánchez va a plantear de modo claro, directo y con datos la corrupción del PP. Para eso, desde luego, lo primero que tiene que hacer es dar cuenta de la que le toque en Andalucía. Luego, la corrupción debe ser el eje de la intervención del socialista. No pierda el tiempo en otras consideraciones. La corrupción deslegitima a este gobierno y lo lógico, parlamentariamente hablando, es que la concluya anunciando la presentación de una moción de censura.
 
Porque, de no ser así, el Parlamento y la oposición serán cómplices de la maniobra de ocultación a la ciudadanía del problema más grave de la democracia. La corrupción anega también el Parlamento y la oposición, cuya tarea es controlar el gobierno. No encubrirlo.

Las corrupciones, II.

Antes de nada un matiz a los amigos de eldiario.es a cuenta del titular. El coste de la reforma del medio millón de euros del ático de Rouco no recae sobre la Iglesia sino sobre los contribuyentes, que somos quienes pagamos esta vida de lujo asiático porque nos sobra el dinero. La Iglesia se financia casi en su totalidad directamente con transferencias netas de dineros públicos e indirectamente por sus privilegios fiscales.

Al asunto en sí y tratado en modo civil. Luego vamos al espiritual. Monseñor okupa Rouco Varela se muda a un ático de 370 metros cuadrados, seis dormitorios, cuatro WCs, en la calle Bailén, pegando al arzobispado, con una vista de ensueño, con un cuerpo de casa compuesto por dos monjas y un cura. Se hace uno una idea. Pero se puede completar yendo a idealista.com y buscando algo parecido. Aquí está. Ático de 470 metros cuadrados en el mismo sitio por 2.100.000 euros. Son 100 metros cuadrados más. Bajen el precio a 1.800.000 porque el de Rouco tiene mejores vistas y, además, no vamos a reñir por calderilla. Merece la pena verlo. Tiene gimnasio y una biblioteca que parece de Oxford. No está mal para un jubilado forzoso que quiere seguir vigilando la recristianización de España y necesita un lugar acorde a su importancia.

Además, córcholis, lo mismo hizo SS. Benedicto XVI, retirado como está a un palacio de dos plantas al que llaman monasterio Mater Ecclesiae, construido en los años 90 dentro de los jardines del Vaticano, cabe la Fontana dell'Aquilone y regido por clarisas. Y ¿qué decir del arzobispo de Granada, cuestionado por su gestión de los abusos sexuales en su diócesis, que vive como un Boabdil, en un palacio de más de 1.200 metros cuadrados, con Visa oro a cargo del arzobispado y gastos estratosféricos? Si lo hacen Ratzinger y Javier Martinez, ¿por qué no Rouco?
 
El modo espiritual tiene otras facetas. La obvia: hay que ver qué vida se dan los encargados de difundir el mensaje de uno que dicen que nació en un pesebre y siempre estaba de visita porque no tenía domicilio propio. Con estas cosas se enciende el ánimo de las llamadas comunidades de base, compuestas por "auténticos cristianos", indignados por conductas que no creen compatibles con el Evangelio. Estos protestones se sienten hoy respaldados por el Papa Francisco quien, para dar ejemplo, reside en un apartamento de cincuenta metros cuadrados. Sí, es un ejemplo. Cincuenta metros cuadrados. Pero en San Pedro.
 
Y es que hay una contradicción insalvable en el catolicismo. Uno no gestiona una gran empresa ecuménica, con intereses materiales y espirituales en todas partes del planeta desde un pesebre; no confía las relaciones diplomáticas con los poderes de la tierra a los frailes mendicantes; no envía a los de la teología de la liberación a negociar unas u otras medidas legislativas de los gobiernos. Hay que ser alguien en el mundo. Tener un Estado. Con Guardia suiza. Y un banco. O más. Y pisos, casas, tierras, palacios, monumentos, catedrales, iglesias. Y un PIB altísimo, aunque no creo haberlo visto nunca. 
 
Sería ideal que un renacimiento evangélico purificara a la Iglesia de la corrupción. Los cristianos de base hacen bien en esperarlo. Tienen experiencia. También esperan la vuelta del Mesías y, según parece, la resurrección de los muertos. La esperanza es lo último que quedó en la caja de Pandora.
 
Y, mientras esto llega ¿por qué la Iglesia católica, que es una asociación privada, no se financia por sus propios medios? O sea, ¿por qué no cumple lo previsto los Acuerdos vigentes con la Santa Sede?

diumenge, 22 de febrer del 2015

La alfombra roja.


El Partido de los Socialistas Europeos (PSE) ha escenificado un acto de unidad por encima de las diferencias de sus miembros con una clara función propagandística. Esa alfombra roja en el espíritu de los Oscars traiciona el subconsciente de los organizadores. Una ceremonia. Pero una ceremonia que tiene su alcance y significado. En primer lugar, según se dice, respaldar a Pedro Sánchez. Los miembros de la tabla redonda socialista arman caballero al hidalgo Pedro Sánchez. Y no son unos cualesquiera quienes han velado las armas con él. En primera fila gentes que son, han sido o serán presidentes de sus países. González, Ogórek, Sánchez, Stanishev, Valls, Schultz y Gabriel. Notable presencia alemana o germanófila. Podían haber incorporado a Zapatero para equilibrar por el lado latino. Es de esperar que su ausencia no sea motivo de pelea. Porque, en todo caso, este espectáculo de familia socialista a quien deja fuera de juego es a Susana Díaz que ha ido a reforzar su faceta internacional al vecino reino de Marruecos.

Lectura interna del PSOE, trasmitida a los medios: somos un partido serio, en una organización seria, tenemos responsabilidades de gobierno y gestionamos instituciones europeas; no somos inmovilistas ni demagógicos, se puede contar con nosotros porque, además, tenemos un proyecto común para salir de la crisis. Suena bien y, observando las agitadas relaciones de Grecia con la UE, especialmente Alemania, se pretende que la gente valore la ventaja de elegir gobernantes que se entiendan con quienes mandan en Europa. Es lectura interna y es lógico que sea así, pues es un discurso que llega a una parte del electorado. Sobre todo, si se acompaña con hechos. El PSOE es el único que tiene candidatos conocidos a las elecciones de mayo. Un catedrático de Metafísica y un conocido economista, profesor universitario y tertuliano. Mensaje: somos gente de fiar. Llegado el momento, tendremos el mejor candidato a la presidencia del gobierno.

La lectura externa es otra. Sobre todo en la izquierda. Este acto de la alfombra roja es una oferta de gran coalición con el PP. Gabriel es vicecanciller en un gobierno con la CDU y Schultz presidente del Parlamento por el intercambio de votos con Juncker. Todo pura gran coalición. Se llevan además a Felipe González que anda de muñidor de un pacto de esta naturaleza, justificado en la necesidad de salvar el sistema. La izquierda tiene que aglutinarse en una candidatura única (al menos en Madrid) que haga frente al PP/PSOE. Sistema contra antisistema. Típica polarización política.

Al margen de la objeción obvia de que la polarización propuesta sea una reedición del bipartidismo, se da la circunstancia de que pudiera ser imposible aritméticamente. La idea es un enfrentamiento entre la izquierda y el PP/PSOE. Pero la aparición de Ciudadanos podría complicar el panorama. Aunque solo sea por puro sentido de la congruencia. Cuando se tiene tanto interés en acabar con el bipartidismo, culpable de infinitos males, hay que estar dispuesto a admitir el multipartidismo. Pero quien dice multipartidismo, dice gobiernos de coalición. En realidad, en Europa, lo normal son los gobiernos de coalición, si se exceptúa Inglaterra (que también tiene ahora una alianza) y algún otro como Francia. Gobiernos de coalición de dos o más partidos. Entre los cuales, por supuesto, están las llamadas "Grandes coaliciones" (en el sentido de derecha/socialdemocracia) relativamente frecuentes en Alemania y Austria.

En España, a pesar de su sistema electoral, los gobiernos de coalición no existen. Todos los gobiernos españoles desde 1979 han sido monopartidistas (en la medida en que cabía considerar la UCD un solo partido) con mayorías abolutas o con apoyo parlamentario variable cuando la mayoría era relativa. Pero los gobiernos, todos monocolor. No hay, pues, eso que llaman la cultura de la coalición, o sea, el espíritu de transacción, pacto o acuerdo. No es estilo de la casa. Para uno vez que dice que lo consiguieron, con la Constitución de 1978, la han embalsamado como la momia de Tutankamon. Y esto de la cultura de la coalición, ¿se aprende? Es posible, sí, pero no sé si da ya tiempo.

De resultar, como es verosímil, un parlamento con cuatro partidos de ámbito estatal de cierta relevancia y varios otros de ámbito autonómico, en principio, todas las combinaciones son posibles, aunque unas más probables que otras. De lo que se trata es de no hacerlas todas improbables.


La belleza del cisne.


La historia la escriben los vencedores, dice el saber convencional, dando por supuesto que aquella es producto de batallas y guerras. Ampliemos sin miedo a otras actividades que, siendo humanas, tendrán su parte belicosa. Al arte, por ejemplo. La historia del arte del siglo XIX la han escrito los vencedores, los que se alzaron contra el gusto dominante y empezaron siendo rechazados por este, los refusés, los que tuvieron que montar salones paralelos, alternativos, porque los consagrados querían condenarlos a la invisibilidad. Al final fueron los únicos visibles, prevalecieron y, claro, escribieron la historia. En ella desaparecieron los pintores academicistas, los de temas históricos, mitológicos, religiosos y si quedaron los simbolistas fue como precedente del triunfo incontestable del impresionismo y sus derivados vanguardistas. Sin embargo, las otras corrientes sobrevivieron, siguieron tratándose temas históricos en formatos de gran tamaño con un espíritu edificante, aleccionador, moralizante. No era un arte muy apropiado para la burguesía con ínfulas que pronto tiraría por otros formatos y, sobre todo, otros temas, más de la vida cotidiana. Pero sí lo era para los grandes espacios, las obras públicas, los monumentos. Y las autoridades e instituciones, las que financiaban los "salones" siguieron encargándolos y los artistas consagrados produciéndolos con un estilo cada vez más refinado y que pronto pasó la frontera de lo artificioso, relamido, falso. Este arte académico es frío tanto en la forma como en el contenido. Pero sigue siendo bello y de grata contemplación a pesar de tiempo pasado porque, como dice Keats, A thing of beauty is a joy forever" ("la belleza es una alegría eterna").

El canto del cisne, llama la Fundación Mapfre de Madrid a la exposición que ha abierto hace unos días en su sala del Paseo de Recoletos. Una ocasión única. 84 piezas representativas de la pintura academicista francesa de la segunda mitad del XIX, algunas míticas. Vienen del Museo d'Orsay y son todas francesas ¡Qué país, Francia! ¡Qué genio artístico! Porque si el impresionismo de la época es extraordinario, aquellos contra los que se alzó, a los que combatió, los academicistas, los vencidos, no lo son menos. A su modo claro. El título de la expo lo dice todo: "el canto del cisne", el crepúsculo, el ocaso de un estilo, de un arte bello como un cisne.

Si no yerro, todas los autores son franceses excepto un Böcklin, un Sargent y un Franz von Stück. Aquí están Ingres, Meissonier, Tissot, Bonnat, Bouguereau, Belly, Puvis de Chavanne, Gérome, Courbet, Cabanel, Laurens, Moreau y otros. Por supuesto, hay notables diferencias de temas y tratamientos. Para pasarse horas mirando y remirando.
Recibe al visitante El manantial, de Ingres que, además, se emplea como banderola para anunciar la exposición. Ese desnudo es el más representativo de la imagen femenina que luego se adoptaría como patrón y se llevaría al extremo en los dos Nacimiento de Venus de Cabanel y de Bouguereau que también pueden admirarse aquí. Y es un experimento bien curioso: son desnudos integrales femeninos que quieren revestir de erotismo una estatua clásica a base de encarnar sus redondeces pero privándola de sexo. La verdad es que en el caso de Bouguereau (del que se exhiben cuatro telas, entre ellas su sorprendente Virgen de la consolación) es un poco estomagante. Lo mismo con Cabanel, del cual también hay cuatro cuadros: la consabida ninfa raptada por el fauno para el desnudo y dos obras de más interés, una Tamar y un Dante y Virgilio en el episodio de Francesca de Rimini. Esto apunta a otro factor de esta pintura: que hay que venirse con la enciclopedia británica bajo el brazo, porque está llena de referencias cultas. Un episodio napoleónico de Meissonier; el Herculano de Leroux, que trata de trasmitir un sentimiento de catástrofe inminente casi al modo en que podría haberlo hecho Racine; los famosos Peregrinos a la Meca de Belly; un par de Orfeos y el Jasón y Medea, de Moreau, un cuadro que cuenta una leyenda.

Un par de retratos. Está Victor Hugo, maduro, pintado por Bonnat (de quien también hay un Job). Al lado, casi como no queriendo, el retrato de Marcel Proust de Jacques-Émile Blanche. Junto al león romántico y revolucionario de Cromwell y Los miserables, un pisaverde de veintiún años, atildado como un dandy, con un cuello almidonado, una orquídea en la solapa y la raya del pelo al medio, un diletante de la alta sociedad que diez o doce años después empezaría a escribir En busca del tiempo perdido. En otras partes hay otros retratos, de esos de marquesas y condes sin mayor interés.

La historia la escriben los vencedores, pero los vencidos también cuentan su batalla.

dissabte, 21 de febrer del 2015

Rajoy y Mas no se muerden.

Insólita noticia: Rajoy y Mas coinciden en un acto y no se lían a mamporros sino que, al contrario, hasta son capaces de sentarse contiguos sin escupirse. Una noticia digna de un reportaje entero en el que se da cuenta de una reunión de ambos con el primer ministro francés, Valls; pero no de su contenido que, al parecer, es irrelevante, sino de sus formas. Se sabe que han almorzado juntos, notable proeza, en la selecta compañía de 300 comensales (o sea, una pasta) sin darse codazos ni collejas. No consta que se saludaran a la entrada pues nadie los vio llegar, pero la situación era obviamente tensa. Toda una noticia.

Sin duda. En medio de una crisis sin precedentes, Rajoy y Mas llevan siete meses sin verse y sin hablarse. No se mandan ni whatsaps, con lo aficionado que es Rajoy a los SMSs. Y vaya usted a saber si se siguen mutuamente en Twitter. Valls, que tiene mucho de español, debía de sentirse en casa: un lugar en el que nadie se habla. ¡Hablar! ¿De qué tiene que hablar Rajoy con quien niega la unidad de la Gran Nación española, vamos a ver? De nada, señor mío, de nada. La soberanía del pueblo español no se negocia. Mientras yo sea presidente, España no se romperá. Ahora ataque usted las endivias o como las llamen aquí.

En Madrid, en IU, están a dentelladas, llamándose cosas de peleas callejeras y amenazándose con los tribunales. Izquierda Unida, una historia de fraccionalismo legendario que acaba en una explosión final con una parte que pide entrada en el baluarte de Podemos al frente de unas mesnadas ideológicas variopintas y otra que se ha quedado extramuros y corre el riesgo de ser masacrada. El patriarca interior, Cayo Lara, parece fuera de combate y el exterior, Anguita, quiere estar dentro, pero no sabe cómo. El Partido Comunista de España parece en estado catatónico.

Versallescos, en cambio, están los socialistas. Detrás del guerrero Sánchez, victorioso en la batalla de Madrid, viene el intelectual Gabilondo a legitimar la conquista. Es el equivalente al Rey filósofo platónico. Frente a este peso pesado poca cosa era Zerolo, que parecía más candidato de un Madrid alegre y algo grafitero. De todas formas, la ciudad tiene sus peculiaridades. Presentar de candidato a un catedrático de Metafísica para un puesto actualmente desempeñado por un político bastante chisgarabís que nadie ha elegido, con evidentes carencias de todo tipo y abundantes sospechas de irregularidades, es desproporcionado.

Y a saber si Gabilondo ha de vérselas con González o con algún otro pues también la derecha anda a mordiscos en la capital del Reino. Alguien ha desempolvado la divertida historia de la gestapillo, un asunto de espionaje en el PP en el que está implicado el presidente de la autonomía, que ya carga con la mala fama de un ático de fórmula registral cuando menos confusa.
 
La confusión es la culpable de todos los males. La confusión en que viven los gobernantes y las clases dominantes. La carencia de valores, el relativismo moral, bestia parda del Cardenal Rouco. Ha tenido que recordarlo una vez más este Papa medio rojo:  que la limosna no basta para encubrir a quien paga en negro. Digo yo que tampoco a quien cobra en negro, sobre todo, sobresueldos. Y ya estamos en casa en donde, al parecer, cobra en B hasta el presidente del gobierno.

No obstante, Rajoy dispondrá de los correspondientes asesores neoliberales que le explicarán qué respuesta debe darse a las palabras de Bergoglio. Veamos: el PP es una autoridad política o teológico-política y las autoridades no tienen por qué meterse en las relaciones entre particulares. Si el Papa asegura al corrupto que dar limosna para conseguir el perdón de los pecados no sirve para nada, la respuesta racional del corrupto será suprimir la limosna.

La fotografía como arma tiene que esperar.

Hace cuatro años, el Reina Sofía mostró una interesante exposición sobre el llamado Movimiento de fotografía obrera. Era una corriente de artistas soviéticos y alemanes que en los años veinte y treinta del siglo pasado convirtieron en objeto de su quehacer, tanto en fotografía como en cine, sobre todo el documental, la denuncia de las condiciones de vida y trabajo de los obreros, los barrios de los trabajadores, la explotación de los campesinos, la injusticia y la miseria. Palinuro dio cuenta de ella en un post titulado El arte y la lucha de clases. Fueron aquellos tiempos de intensa confrontación política y social, movimientos revolucionarios, el ascenso del fascismo, la guerra civil española. El movimiento Foto Soviética y, sobre todo, la revista Die Arbeiter Illustrerte Zeitung (AIZ) ("Revista Ilustrada de los Trabajadores"), centro gráfico del emporio erigido por Willi Münzenberg, el maestro de la propaganda comunista de la IIIª internacional, tuvieron impacto en el mundo de la fotografía y la imagen gráfica, aportándole una iconografía revolucionaria, protestataria de agitación y propaganda que hasta entonces había estado ausente del género más comercial y convencional.

La teoría de este movimiento sostenía que, así como la clase obrera debía tomar su destino en sus  manos en lo político, económico y social, debía hacerlo en lo fotográfico y artístico. Lo iconográfico era esencial en la lucha de clases. Las publicaciones, las fotos, los reportajes, los documentales, debían mostrar la vida de los trabajadores y ser obra de ellos mismos. No es este el lugar para decidir si el proyecto emancipador se cumplió en los otros campos. En el artístico, no. La baja calidad del material que producían los operarios obligó al movimiento y sus muchas publicaciones a nutrirse del quehacer de profesionales y expertos. Todos ellos muy izquierdistas, la mayoría comunistas o colaboradores de los comunistas en su gigantesco aparato de propaganda, pero no trabajadores manuales. Gracias a este fracaso del proyecto originario, el mundo conserva ahora la obra gráfica de cineastas, documentalistas, reporteros, fotógrafos de primer orden: Tziga Vertov, Joris Ivens, Tina Modotti, Eugen Heilig, Arkadi Shaiket, Semen Fridliand, Robert Capa, Gerda Taro, etc y, por supuesto, el caso especialísimo de John Heartfield, el inventor de los fotomontajes. Todos, y algunos otros más alejados de la estricta influencia comunista pero muy populares, como Barbusse, Paul Strand, etc tuvieron que ver con los dos genios de la organización y la agitprop que fueron el ruso Mijail Koltsov, luego asesinado por Stalin, y el alemán Willi Münzenberg, probablemente también. Y varios de ellos, activos en la guerra civil española. Gerda Taro murió en ella.

Lo anterior viene a cuento de la nueva exposición del Reina Sofía, Aún no. Sobre la reinvención del documental y la crítica de la modernidad, magníficamente comisariada por Jorge Ribalta. Hasta el título es un acierto y una lección de realismo y autocrítica. Aún no. Aún no ¿qué? Pues la realidad de las promesas emancipatorias del Movimiento de Fotografía Obrera de los años veinte y treinta, cuya continuidad en los últimos sesenta, setenta y ochenta se expone en esta ocasión. Al comienzo, en los sesenta, unos fotógrafos izquierdistas de Hamburg redescubren el legado fotográfico de la AIZ, sobre todo gracias a la propaganda del Partido Comunista (SED) de la  República Democrática Alemana, fundan la revista Arbeiterphotograhie y tratan de desarrollar una actividad similar a aquél aunque, obviamente, en un ambiente y condiciones muy diferentes. De nuevo sucede como en el caso anterior, esto es, la teoría es coherente y hasta convincente. El amplísimo movimiento de fotografía y documentalismo politizados, comprometidos, revolucionarios de estos años en todo el mundo encuentra su clave doctrinal en dos magníficos textos que Ribalta considera, con razón, determinantes: el de Allan Sekula en 1978 sobre "Desmantelar la modernidad, reinventar el documental. Notas sobre la política de la representación" y el de Martha Rosler, en 1981, "En y en torno a; reconsideraciones sobre el documental fotográfico". La cuestión es si el resultado práctico está a la altura de las expectativas.

Este renacimiento de la fotografía y el documental revolucionarios que trata de trasladar al último tercio del siglo XX el espíritu del primero tiene algunos rasgos que lo distinguen: en primer lugar, su cosmopolitismo. Así como el movimiento originario fue básicamente soviético y europeo occidental, su prolongación, sin dejar el núcleo europeo, se ha extendido por los cinco continentes. En donde quiera que se hayan dado condiciones de explotación, injusticia, represión, se han hecho reportajes, documentales, fotos; se ha aprovechado el material que, si no es de gran calidad artística, es de mucho impacto mediático y ha alimentado abundante prensa gráfica, fotoperiodismo: el conflicto de los Panteras Negras en los EEUU (por cierto, imágenes, estas sí, muy llamativas), los de centroamérica, Nicaragua, El Salvador, el de Soweto en Sudáfrica,  en donde la agencia Afrapix se establece según el modelo de la célebre Magnum, etc. Testimonios de luchas y combates que forman ya parte de la memoria visual colectiva.
 
En segundo lugar, su carácter fundamentalmente urbano. En los "paisajes sociales" que traen estos reportajes apenas hay lugar para las luchas industriales. Los trabajadores dejan el protagonismo a los inmigrantes, los ciudadanos, los habitantes de los barrios, los conflictos por viviendas, ocupaciones o planificación urbana al servicio de la gente o de intereses especulativos. Casi todas las fotos de Alemania están en relación con estos asuntos. Encuentro de especial interés los reportajes sobre ciudades y conflictos ingleses a  través de la obra del grupo Camerawork y, sobre todo, la abundancia de material en relación con las luchas en las ciudades italianas en los años setenta, con testimonios graficos de Potere Operaio y Lotta Continua.
 
Todo, por lo demás, muy relacionado con la herencia del 68. Por estos años asimismo Henri Lefebvre en Francia y Manuel Castells en España desarrollan su visión crítica sobre la vida cotidiana y las luchas urbanas, de cuya presencia hay tambien testimonio en la exposición, así como sobre la breve pero intensa experiencia del Centre Internacional de Fotografía Barcelona ( 1978-1983), único lugar de España en que parece haber prendido el movimiento.
 
En tercer lugar, el cambio en el punto de vista sobre la violencia. Los Panteras Negras, las luchas latinoamericanas, la resistencia italiana, muestran una voluntad no solamente de retratar la violencia estructural sobre los oprimidos sino también la que estos oponen a los opresores. "Aún no" se ha culminado el programa emancipador, pero hay una voluntad clara de conseguirlo, recurriendo a los medios necesarios para ello. Quizá esta circunstancia, así como la existencia de la crisis, expliquen en parte que el movimiento haya vuelto a decaer en los años noventa, a medida que se cerraban los grifos de financiación pública. Se agota el modelo del capitalismo que podríamos llamar "progresivo"; se enfundan las fotos como armas, en espera de tiempos mejores. Llegan tiempos más oscuros.
 
Además de las interesantes reflexiones teóricas que aporta la exposición no pueden dejar de mencionarse dos actividades prácticas, dos experiencias, dos hallazgos que Palinuro ha encontrado de sumo interés. Se trata de dos formas deconstrucción gráfica, por así decirlo. La primera es un trabajo de Martha Rosler sobre los sin techo, la calle y otros lugares que culmina con una serie de fotos del Bowery neoyorkino, acompañada de unos textos que chocan con las imágenes de muchas maneras. El trabajo, entre 1974 y 1975 se llama The Bowery in two inadequate descriptive systems ("El Bowery en dos sistemas decriptivos inadecuados"), aunque quizá fuera mejor traducción "incompatibles". Retrata esta mítica zona del bajo Manhattan en uno de sus momentos de degradación urbana y le contrapone unos enunciados aislados, como disparos, que nos obligan a reinterpretar las imágenes de formas no habituales.

La otra obra de deconstrucción es un trabajo de fotoperiodismo de 1982, de Susan Meiselas, sobre los procesos revolucionarios de Nicaragua y El Salvador. Aparece en un corcho a lo largo de las paredes en tres franjas superpuestas. En la superior están las fotos publicadas en revistas y periódicos que ilustraban las noticias consideradas interesantes. En la central, las imágenes que había publicado en un libro y tenían un sentido narrativo, cronológico. En la tercera, las que no habían aparecido en ninguno de los dos soportes anteriores. Viéndolas a la par se pueden construir varias historias, algo muy recomendable para quien le gusta interpretar lo que ve y no que lo aleccionen.

Colofón innecesario: entre las muchas actividades que internet está revolucionando, la fotográfica ha sido una de las primeras en cambiar de arriba abajo. La aparición de photoshop es un reto artístico de primera.

divendres, 20 de febrer del 2015

No pasa nada.


No, no pasa nada. Nada que no haya pasado hace tres años, siete, diez, quince. Según la UDEF, el PP valenciano pagó en negro a la Gürtel dos actos electorales de Rajoy en la Comunidad en 2007 y 2008. Lo normal. El PP viene financiándose ilegalmente desde los años 90. Ganando elecciones con trampas. Cientos de trampas en las que, además, un rosario de sinvergüenzas ha estado enriqueciéndose. Elecciones que deberían anularse porque se ganaron ilícitamente, con ventaja ilegal sobre los competidores. En puridad y buena ley, todos los actos de estos gobiernos debieran declararse nulos por ser producto del engaño. El PP no ha ganado las elecciones. Las ha comprado.

No se trata solamente de que, al hacer lo contrario de lo que prometió en su programa electoral en 2011, Rajoy haya perdido toda legitimidad de origen; tampoco de que, además, sea sospechoso de haber estado cobrando dineros de la caja B y viajando a cuenta de la Gürtel; es que los triunfos electorales mismos son presuntos productos del engaño y el fraude.

En realidad, cuando se dice que el PP, anegado en la corrupción, más parece una asociación para delinquir que un partido político, se está siendo indebidamente caritativo. No hay duda de que la Gürtel es una asociación para delinquir; tampoco la hay de la estrecha relación entre ella y el PP, al extremo de que casi debería nombrarse un secretario del partido encargado de gestionarla. La Gürtel y el PP vienen siendo lo mismo. Sus gentes se tratan, sus estructuras se cruzan, sus relaciones son tupidas.

La Gürtel es el alma del PP. No como logística sino como ética. La visita del Papa Ratzinger a Valencia en 2006, amañada por la gente de el bigotes, según parece, conjuntamente con la TV valenciana (esa que se arruinó luego) y altos cargos del PP es el mejor ejemplo del negocio de la política montado por estos pillastres. Dejó más de tres millones de euros en comisiones, mordidas y socaliñas repartidos entre todos ellos. Supongo que los cobrarían después de haber comulgado píamente y haberse dado unos golpes de pecho.

¿Rajoy abrazado a Camps? Claro, son lo mismo. También podría decirse "Camps abrazado a Rajoy". Rajoy tiene tanto que rascar como Camps. Todo el PP es un escozor.

Pero no pasa nada. Nadie dimite salvo que se haya dado un atracón de confetti, como Ana Mato, o de verbo divino, como Ruiz Gallardón. Todo sigue igual. Entran y salen de las cárceles y los juzgados como de sus domicilios, y se comportan como si estuvieran en ellos. ¿No se borraron los discos duros de los ordenadores de Bárcenas en su día? ¿A santo de qué ha de haber un sumario sobre un borrado de discos? Lo lógico es que también se borre el sumario y, dicho y hecho, la Audiencia Nacional pierde el sumario del maldito borrado.

No pasa nada. ¿Qué va a pasar? A efectos parlamentarios, la oposición no existe. No se atreve a presentar una moción de censura. A efectos extraparlamentarios, tampoco. La izquierda está literalmente a bofetadas. El próximo debate sobre el estado de la nación, previsto para la semana que viene, el último de la legislatura y primero de Sánchez, promete ser divertido. Ninguno está preparándolo porque los avatares procesales y las rebatiñas internas por los puestos, las candidaturas y las listas no les dan respiro. Tampoco es grave pues no hay nada nuevo que tratar. La nación está como el año pasado, el anterior y el anterior, sumida en una triple crisis económica, política y moral. El país no sale adelante, las instituciones no funcionan y la confianza de la gente en ellas, como en los políticos que las gestionan, es nula.

Para gobernar no basta con conseguir mayoría de votos por métodos engañosos. Hay que tener un proyecto y una visión. Y no es el caso.

Pero no pasa nada. Nada de nada.

dijous, 19 de febrer del 2015

Unidad, claridad y lealtad.


Nadie, supongo, pondrá en duda la voluntad unitaria de Palinuro, igual que su libertad e independencia de criterio. Su posición ha sido siempre de una claridad meridiana y reiteradamente expuesta: la izquierda tiene la obligación política y moral de unirse para hacer frente a una derecha depredadora cuya fortaleza reside, precisamente, en su unidad.

Por "izquierda", Palinuro entiende, también lo ha dicho, el PSOE y las demás fuerzas que se digan de izquierda. Mucha gente, al parecer en posesión de claves de autenticidad ideológica (nunca contrastada con realidad práctica alguna), sostiene que el PSOE no es de izquierda y, por tanto, no ha lugar a unirse con él. Algunos otros afirman que no solamente no es de izquierda sino que es igual al PP. Opiniones ambas tan legítimas como las contrarias y que pueden defenderse con el mismo derecho con que Palinuro defiende esas contrarias pero que, en principio, no obligan a quien se le exponen a tenerlas más en cuenta que el vuelo de una mosca.

Ese afán unitario invade hoy todos los cuarteles de la izquierda con insólito fervor. Léase lo que dice doña Tania Sánchez de que "la gente quiere una alternativa única al PP en Madrid". Es tan fuerte la pasión por la unidad que hasta los bravos luchadores contra el bipartidismo quieren otro bipartidismo. El suyo. Tan fuerte que alguien que, como esta señora, hubiera sido calificada en otras circunstancia de tránsfuga, que es lo que es, se erige en abanderada de la unidad de la izquierda.

Cierto que no la llama unidad de la izquierda. Los estrategas de la formación con la que quiere confluir la señora Sánchez no gustan de estos términos de izquierda y derecha y prefieren hablar, como ella, de unidad popular. Bizantinismos inútiles y un poco ridículos si se tiene en cuenta que, de cumplirse el deseo unitario en estos términos, la lucha sería entre el Partido Popular y la Unidad Popular, lo que suena un pelín cantinflesco.

Pero hay algo de mucho más calado. En su grito por la unidad, la señora Sánchez pide que los "militantes defraudados del PSOE" se unan a su proyecto. Eso ya no es tan inocente y es una carga de profundidad contra ese partido, al querer introducir una cuña entre sus militantes "no defraudados" (probablemente unos burguesazos sin principios ni verdadero espíritu izquierdista, unos traidores) y los "defraudados", que son los buenos a quienes se recibe en esa flamante Convocatoria por Madrid que tiene una semana de vida y a la que quizá apenas le quede otra, si quien la promueve actúa como tiene por costumbre, escindiéndose de las organizaciones al grito de "unidad".

Ignoro hasta dónde llega la memoria de la señora Sánchez y, por tanto, no sé si recuerda que esta táctica de promover la unidad por abajo (los militantes "defraudados") y el enfrentamiento por arriba, con la dirección "traidora", etc, etc. es el meollo de la política sectaria de los comunistas en los años veinte del siglo XX que, en algunos casos los llevó a aliarse con los nazis en contra de los socialdemócratas, a los que llamaban "socialfascistas" con el habitual alarde de ingenio. Quizá lo recuerde o quizá no, eso es indiferente. Aquí lo único esencial es que se postula una unidad de la izquierda (o popular, tanto da), al tiempo que se trata de fraccionar el PSOE, tildándolo de derechista y ofreciendo la salvación izquierdista, la integración en el rebaño de los buenos, a los "defraudados".

En contra de lo que parece a simple vista, lo llamativo no es que una señora haya fracturado su propia formación por razones entre las que parece haberlas personales y muy fuertes para crear a toda prisa una organización que puede sacrificar mañana por parecidos motivos. Eso es marca de la casa. Lo llamativo es que niegue al PSOE la vitola de izquierda y discrimine a sus afiliados según sus particulares criterios. Lo llamativo es cómo todas las prédicas sobre unidad enunciadas en el territorio de la "verdadera" izquierda siguen estando presididas por el odio a la socialdemocracia típico de los citados años veinte y típico también del inagotable afán de Anguita -el referente intelectual de estas fuerzas "populares", "cívicas", etc- de hundir al PSOE.

Pero mucho más llamativo es el comportamiento de algunos militantes de este partido. Leo que mi amigo Enrique del Olmo, militante del PSOE, que se postuló para candidato a la alcaldía de Madrid, al frente de un grupo llamado gana Madrid, compuesto sobre todo por socialistas, se ha integrado en la Convocatoria por Madrid. Ignoro si Del Olmo y sus amigos forman parte de la primera cosecha de defraudados, de doña Tania Sánchez. Ellos sabrán. Pero defiendo con uñas y dientes su derecho a estar en donde les parezca y hacer y decir lo que quieran, igual que, espero, ellos respetarán el mío de hacer lo propio. Sobre todo porque, al no tener nada que ver con el PSOE, me es imposible sentirme defraudado o satisfecho.

Solo me permito una observación que tiene algo de reveladora: ¿alguien imagina una situación como la de los amigos de gana Madrid en algún otro partido de esos de la "verdadera izquierda", de esos que dicen lo de que el PSOE y el PP son iguales? ¿Alguien piensa que unos militantes del Partido Comunista, de IU, de Podemos, pueden actuar conjuntamente con otras gentes que los consideran "defraudados" por el partido en el que militan?

No siendo Palinuro de partido alguno y rigiéndose solo por criterios de integridad personal, rectitud y sinceridad, sin reconocer deber de obediencia a nadie, defiende el derecho de estos militantes socialistas a hacer lo que crean en conciencia que deben hacer.

Pero, en serio, ¿cree alguien que puede dudarse de la condición de izquierda de un partido que muestra esta tolerancia, democracia y libertad internas y que lo hagan, además, gentes que estas virtudes ni las huelen?