dilluns, 22 d’abril del 2013

La intrahistoria.


En los años noventa del pasado siglo se procesó y condenó a diversos cargos del PSOE en el llamado caso Filesa por una serie de delitos que hoy englobamos en el de financiación ilegal de los partidos. El PSOE había creado una trama de empresas-tapadera para canalizar los fondos ilegalmente conseguidos a la financiación del partido. Menuda escandalera. En aquellos años no había tertulia o corrala en la que no se oyera veinte veces la letanía Filesa, Malesa, Time Export, las empresas fantasma.


Entre los principales debeladores del PSOE por la corrupción de su modo de financiarse se contaba el PP que, por entonces, y según la información que hoy trae en primera El País acababa de dejar de hacer exactamente lo mismo. Esto es, al parecer, el PP estuvo financiándose ilegalmente desde 1979, incluso desde antes de ser PP, hasta 1993. Y, habiendo hecho exactamente lo mismo, sacó el máximo partido político a la circunstancia de que solo se pilló con las manos en la masa a los del PSOE, quizá porque eran más pardillos. Desde luego, muy espabilados no anduvieron puesto que no se les ocurrió investigar discretamente cómo resolvía el problema de la financiación el otro partido.

Con este tipo de informaciones se hace imposible conseguir una dignificación de los políticos a ojos de la opinión pública. Esta recibe el mensaje de que en política no tiene por qué haber relación alguna entre lo que se dice y lo que se hace. Esto es, estamos en el territorio del engaño, la hipocresía y el cinismo. Acusar a otro de lo que uno mismo hace y condenarlo con escandalizado ademán es un comportamiento muy frecuente y bastante detestable. Ante eso ya puede el gobierno encargar campañas de imagen para mejorar la de la política y los políticos y, por supuesto, ya puede impulsar una ley de transparencia. Una ley de transparencia hecha por un partido al que nadie quiere auditar las cuentas voluntariamente excepto los inspectores de Hacienda que, claro, no son los que el partido quiere.

Toda la acción del PP desde sus orígenes aparece oscurecida por la sombra de la corrupción, desde las empresas tapadera hasta los sobres que, según los papeles de Bárcenas, cogió Rajoy, pasando por el caso Naseiro, un Bárcenas de entonces que se libró del procesamiento por un defecto de forma en la instrucción. A tal extremo que puede hablarse de la corrupción como forma de gobierno. Oligarquía y caciquismo, según Costa. El asunto no es de ahora, pero ahora se ve en su faceta oculta, en su intrahistoria, por así decirlo, esto es: el partido al que se acusa de llevar treinta y tantos años financiándose ilegalmente, a través de empresas fantasmas o mediante otras y variadas formas de corrupción como el caso Gürtel y los sobres de Bárcenas, ese partido es el que impone sacrificios a la población, sobre todo a los sectores más desfavorecidos y pide comprensión para sus medidas de recortes y restricciones que empujan a la gente a la ruina.

¿Con qué autoridad?

diumenge, 21 d’abril del 2013

La batalla del aborto.


Según la prensa, el sector duro del PP (como están las cosas, prácticamente todo él) se ha lanzado a conseguir la derogación sin más de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Viene azuzado por la jerarquía católica que ha exigido dicha derogación por boca de Rouco Varela. La misma también que, por boca de otro prelado asegura que la Iglesia "no legisla". Claro que no. Se limita a hacer como Bertrand Duguesclín que ni quitaba ni ponía Rey, pero ayudaba a su Señor. Y su Señor en este caso exige la aniquilación de la infame ley del aborto. O tal cosa dicen los clérigos porque a ese su Señor solo parecen oírlo ellos. Total, que el ministro de Justicia, un hombre con empaque eclesial, abandona su herético primer empeño de dejar en último término a la decisión de la mujer la de abortar o no. Nefanda proposición. Ya se encargará él de construir alguna alambicada propuesta basada en las teorías de la revolución de mayo de 1968 para justificar que lo radicalmente progre es que las mujeres no puedan decidir.

Hay que entender el neoliberalismo de la derecha española. Cree esta firmemente que la libertad no es otra cosa que la posibilidad de elegir, de decidir entre opciones alternativas. Pero, a continuación, hay que hacer alguna precisión para que nadie confunda la libertad con el libertinaje, cosa de rojos. Primera precisión: no todo el mundo puede disfrutar de la misma libertad de elección. Las mujeres embarazadas, por ejemplo, no la tienen. O, si la tienen, es compartida con otros. Con los curas, pongamos por caso, que de esto del embarazo entienden mucho. Segunda precisión: aunque todo el mundo pueda elegir por igual, solo podrá hacerlo si en verdad hay una alternativa, es decir, dos opciones. Y no es el caso, porque el aborto no es una opción ya que debe estar prohibido y penado no solo por la ley de Dios sino por la de los hombres.

A esto llama la Iglesia "no legislar".

Si no fuera un asunto tan dramático, resultaría chusco. Sobre todo por los denodados esfuerzos de algunos por convertir el debate en un guiñol. Los antiabortistas se hacen llamar pro vida, principio que defienden a veces matando gente, como si hubiera alguien pro muerte y llaman a los otros proabortistas cuando, como todo el mundo sabe, a favor del aborto no hay absolutamente nadie en el mundo. Lo que hay es mucha, mucha gente a favor del derecho de las mujeres a elegir si abortan o no. En España el 90 por ciento.

El debate desciende a veces a niveles tan lamentables que se hace preciso recordar a los prohibicionistas que los partidarios de considerar el aborto como un derecho de las mujeres no piden que la práctica sea obligatoria como en cambio sí piden ellos que lo sea la prohibición. Nadie obliga a nadie a abortar si no quiere. Este debiera ser un argumento decisivo para que la Iglesia y sus siervos en el gobierno dejaran de meterse con la gente.

Pero no lo es porque los prohibicionistas sostienen que el aborto es intrínsecamente pecado y delito y echan mano de la ciencia para ello. Lo único aquí cierto, sin embargo, es que la ciencia no avala las conclusión eclesiástica que los curas quieren imponer por ley. Y mientras la ciencia, que es la única que formula verdades racionales de validez universal, no avale dicha conclusión de que toda interrupción del embarazo desde la concepción es un asesinato, un homicidio, la conclusión no pasa de ser, si acaso, un dogma de fe, con igual valor que la transubstanciación, el misterio de la Santísima Trinidad y asuntos de este jaez, algo que obliga a los creyentes pero no a todo el mundo. Dicho en plata: los no creyentes tenemos tanto derecho a imponer nuestras no creencias a los creyentes como estos las suyas a nosotros, es decir, ninguno. Por eso nosotros no obligamos a los creyentes a abortar y exigimos que ellos no nos obliguen a no abortar.

Hay quien añade que, además, los antiabortistas son quienes luego abortan en secreto porque su fortuna se lo permite. Esto es cierto y añade un tinte especialmente sórdido a estos comportamientos hipócritas tan frecuentes en quienes están empeñados en imponer a los demás sus pautas morales. El ejemplo más obvio: la prédica de la Iglesia sobre los niños y los abundantísimos casos de pederastia en el clero. Pero no añade gran cosa al fondo de la cuestión, pues este es un asunto de valores.

Entre toda la hojarasca, un principio emerge claro: la decisión sobre el aborto, la maternidad, es un derecho exclusivo de la mujer. Esta lo compartirá con quien voluntariamente quiera, pero la decisión final es suya, como un derecho incontestable. Un derecho que, según sabemos, desde Locke, arranca del derecho del hombre al propio cuerpo o, lo que es lo mismo, la prohibición de la esclavitud. ¿O no es obvio que quienes niegan ese derecho de la mujer a su propio cuerpo la están esclavizando? Con cadenas de hierro, de oro, de pétalos de rosas celestiales o de argumentos de feminidad trascendental y otras estupideces, pero esclavizando. 

(La imagen es una foto de World Can't Wait, bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 20 d’abril del 2013

El asesinato de Grimau.


Un amable lector me pide un apunte sobre Julián Grimau en el 50º aniversario de su asesinato por los franquistas. Normalmente no cedo a estas peticiones porque implican singularizar Palinuro, concentrarlo en un interés particular en detrimento del general. Pero en esta ocasión haré una salvedad por dos motivos: 1º) mi implicación personal en el caso; 2º) el significado del asesinato de Grimau para el franquismo y la oposición. 

Lo primero. Los fascistas montaron una de sus habituales farsas a las que llamaban juicios para condenar al dirigente comunista que, de todas formas, ya estaba sentenciado a muerte antes de que los delincuentes  que lo juzgaron se pronunciaran. En realidad estaba casi muerto cuando se produjo el simulacro de juicio a causa de las torturas a que lo sometieron los esbirros de la Brigada Político-Social (BPS) y que incluyeron tirarlo por una ventana de forma que, al llegar a la vista oral, no se tenía de pie. Hasta aquí, por lo demás, nada que los franquistas no hubieran hecho ya cientos de veces. Lo nuevo para ellos fue el escándalo internacional que se montó. No se lo esperaban. Grimau era un comunista y, como tal, torturable y fusilable sin más miramientos. Para el mundo, Grimau, además de comunista, era un ser humano y tenía derecho a un juicio justo, cosa que se le negó. De ahí el escándalo. Tanto que este juicio, realizado por la jurisdicción militar, debió de ser ya uno de los últimos de este género. La dictadura se sintió obligada  a hacer como que cambiaba y así, el año siguiente, 1964, se creó el Tribunal de Orden Público, un órgano de la jurisdicción civil, aunque especial, encargado de los llamados delitos políticos. Un tribunal de excepción, nutrido igualmente por "jueces" al servicio de la dictadura y cuya actividad fue y será siempre un baldón para cualquier concepto decente de la justicia. Pero eso fue al año siguiente. En el anterior, 1963, Grimau -o lo que de él quedaba- fue "juzgado" por los militares en la calle del Reloj. Y hasta allí me acerqué yo que era estudiante de primero de carrera, a presenciar el proceso que, en teoría era público. No pude pasar. Un policía de la BPS me impidió la entrada y me amenazó con detenerme si insistía. O sea, tengo ligado el asesinato de Grimau a mi primera actividad práctica en contra la dictadura. Estaba entonces lejos de sospechar que, unos años después, 1967, yo mismo habría de comparecer en aquella calle del Reloj ante un juez instructor militar por un supuesto (y falso) delito de agresión a la autoridad, al que no se aplicaba la Ley de Orden Público y que, se seguía juzgando por lo militar. Los tiempos habían cambiado y los militares sobreseyeron el caso.

Lo segundo. Tenía yo por entonces buena opinión de los comunistas. Al cabo de poco tiempo, esa opinión cambió a muy negativa por las razones que expongo en mi penúltimo libro, Rompiendo amarras. La izquierda entre dos siglos. Una visión personal, 2013, Madrid (Akal). Por todo lo que sé y he podido averiguar y todo lo que la experiencia y la historia muestra del comportamiento de los comunistas en aquellos años (cuarenta, cincuenta, sesenta), pudo haber pasado cualquier cosa. Se dice que Grimau, que fue responsable de la policía durante la República, fue enviado a España en los sesenta con lo que, en el mejor de los casos, cabe calificar como una falta total de prudencia y, en el peor de ellos, un deliberado intento de eliminarlo, poniéndolo en manos de los torturadores de la BPS. Ambas cosas pueden ser ciertas y a saber si algún día conoceremos la verdad.

Pero, al margen de todo, caído en la lucha por liberación de España o víctima de los tortuosos procedimientos de los comunistas, Grimau es hoy un símbolo de la dignidad del hombre frente a los aparatos torturadores y asesinos de la policía en el mundo entero. Incluida, por supuesto, la policía soviética, tan torturadora y asesina como la franquista, pero a la que Grimau, seguramente, miraría con simpatía, por "ser de los suyos". No importa. El destino de los hombres los lleva a veces a superar su peripecia personal. Un ser humano solo, indefenso, a merced de asesinos y esbirros que lo torturarán para obtener confesiones o por simple placer sádico; un ser humano que aguanta el tormento, no delata a nadie y, finalmente perece por una causa, una idea, por errónea o equivocada que sea, simboliza en sí mismo a toda la especie. Un hombre frente al crimen, inerme, sacrificado vilmente y que desaparece de entre los vivos en silencio, calladamente, como si no hubiera muerto, personifica lo más luminoso y noble que habita en las personas. Y por detestables que hayan sido sus crímenes (si alguno hubo, que no se sabe) se alzará sobre las sombrías figuras de los asesinos que lo torturaron, los delincuentes que lo condenaron y los matarifes que lo ejecutaron.

El nombre de Grimau brillará siempre mientras que nadie recuerda ni recordará los de sus asesinos.

Los candidatos.


Es extraño que, siendo director de un periódico, Bieito Rubido no se haya enterado de que Eduardo Madina perdió una pierna en un atentado de ETA en el que pudo haber perdido la vida. Porque no lo sabe. Si lo supiera, no hubiera dicho lo que dijo. ¿O sí? Vaya usted a saber en un clima tan tosco y tan brutal como el debate público en España.

Está claro. Para Bieito Rubido, lo que no sea abrazar sin reservas la doctrina del PP es profesarle un odio guerracivilesco. Tiene su miga el adjetivo, viniendo de donde viene. Así que Madina, en su odio al PP, se acerca a quienes lo mutilaron. Parece difícil de entender pero sí queda claro que quien tal cosa postula está movido por un odio feroz hacia Madina.

Si Madina ha sufrido ese ignominioso ataque es porque se habla de que podría ser candidato en unas primarias en el PSOE. Dejando aquí al margen la venenosa maledicencia de Rubido, queda por considerar el lance de las candidaturas a la dirección del PSOE en las futuras primarias. Rubalcaba, sin embargo, afirma que "el PSOE no está en eso", cuando es evidente que es en lo único en que está. Si no, ¿por qué se postula la candidatura de Madina? ¡Ah, no! exclama Patxi López, en el PSOE no hay nadie en una carrera electoral. No es exactamente así. Hay varios corredores -entre ellos, él mismo-, lo que no hay es carrera. Además de estos dos (Madina y López), el propio Rubalcaba, Emiliano García Page, Tomás Gómez y, en principio, aunque ha limitado mucho sus posibilidades, Carme Chacón. Y seguro que me dejo alguno.

Pero "el PSOE no está en eso", según dictamen tajante de su secretario general, a quien cabría llamar "general secretario" con tanta razón como se hizo con Álvarez Cascos. El derecho de autodeterminación no existe. La Monarquía no se toca. El PSOE no está en eso. No, no, no. Eso es liderazgo, innovación, flexibilidad y visión de futuro. Entre tanto, ya está el intelectual orgánico en forma de Conferencia política otoñal estableciendo las pautas de actuación del PSOE en el futuro. Desde luego, la renovación de la base teórica de la socialdemocracia, tanto tiempo abandonada, es una necesidad perentoria. Y ojalá iluminen los dioses las cabezas pensantes para que den con programas que merezcan apoyo.

Esa tarea no tiene por qué obstaculizar la búsqueda de un líder. Son dos procesos distintos pero igualmente urgentes. Pueden ir a la par. Mientras el PSOE se moderniza ideológicamente, se dota de una dirección y un candidato a la presidencia del gobierno para que le dé tiempo a que la gente lo conozca. Eso es lo más sensato. Postponer la elección del líder a la articulación ideológica carece de sentido. Efectivamente, es lo que los socialistas decidieron hace unas fechas a iniciativa de la actual dirección, como recuerda Patxi López. Pero hasta López estará de acuerdo en que, a veces, lo sabio es cambiar las decisiones, según dicten las circunstancias. Retrasar la elección del líder hasta después de las elecciones europeas de 2014 es literalmente perder el tiempo.

Por cierto, en dichas euroelecciones, los socialistas van a votar por un candidato único con el fin de que sea el próximo presidente de la Comisión. Suena razonable. Será cuestión de saber quién será el candidato español, el que se ofrezca como presidente de la Comisión. A lo mejor es una buena ocasión para poner en marcha la vieja norma del promoveatur ut removeatur, a favor de Rubalcaba, esto es, ascender a alguien para quitarlo del medio.

Ciudadanía y Estado del bienestar.

Incluyo un entrevista que me hizo Raúl Pleguezuelo (@Pleguezuelo) a raíz del Foro de las Ciudades que organiza el Ayuntamiento de Fuenlabrada. No sé si consigo transmitir mi idea claramente. Entiendo que nos habíamos acostumbrado a considerar que las conquistas conseguidas en materia de derechos eran irreversibles. Y no lo son. Hay que luchar por ellas.

divendres, 19 d’abril del 2013

¿Con qué dinero se paga todo esto?


Hay un viejo principio en economía que conocemos por sus pintorescas siglas en inglés: principio TANSTAAFL (con alguna variante, como TINSTAAFL), esto es, There Ain't Such a Thing As a Free Lunch, "No existe el almuerzo gratis". Sentido palmario: nadie da algo por nada. Es lógico que muchos economistas neoclásicos y, desde luego, neoliberales, en la escuela de Milton Friedman, lo consideren el núcleo de la ciencia económica. Era, desde luego, el faro de la vida de Margaret Thatcher quien no solo se rigió por su otro principio, también famoso, llamado TINA (There Is No Alternative), "No hay alternativa", como siempre sostienen los políticos conservadores sino también por el TANSTAAFL. No hay alternativa y no hay almuerzos gratis. Por todo hay que pagar. Muy bien.

Pero ¿quién?

Y ahí está el asunto, el busilis de la economía y de la política, así como de la ética y de otras ciencias y saberes adyacentes. ¿Quién paga? El gran éxito de la llamada revolución neoliberal consistió en convencer a la opinión de que el Estado del bienestar era un desastre y un despilfarro, además de tremendamente injusto porque se financiaba esquilmando a las clases medias (y altas; pero de esas se hablaba poco). Además de injusto, ese Estado era incompetente y retardatario porque al detraer recursos del sector privado para financiar el ruinoso régimen asistencial, se refrenaba la capacidad de crecimiento y acumulación de riqueza que es siempre el sector privado. Es decir, el Estado del bienestar, que pagaban las clases medias y altas, debía desaparecer porque era despilfarrador, injusto, inútil y contradictorio. Los recursos debían volver al sector privado por el bien de todos.

Fue un relato muy exitoso que caló en la sociedad. Lo cual ha permitido que gobiernen partidos de la derecha en Europa que aplican este criterio a través de un programa de privatizaciones y recortes del gasto público. Y lo que han conseguido, a primera vista, es borrar los límites entre lo privado y lo público, poniendo lo segundo al servicio de lo primero con toda claridad y financiándolo con los dineros del común.

El escándalo de Aznar que trae hoy en portada El País es descomunal. Va a significar un antes y un después en el asunto de la corrupción del PP. En los años más duros de la oposición al felipismo, la cúpula del PP, con Aznar a la cabeza, cobraba supuestamente suculentos sobresueldos por conceptos nebulosos y tortuosos. El mismo Aznar que se erigía en campeón de la lucha contra la corrupción socialista. Todavía resuenan sus "¡Váyase, señor González!" con la solemnidad de un puritano condenando el boato de una corte dispendiosa.

Breve digresión. Se recordará a Palinuro diciendo que, escandalosos como eran los papeles de Bárcenas, lo más gordo, la traca, debía de estar en los de los años de 1993 a 1997, que faltaban en una primera entrega. Ahí estarían los nombres. Ya ha aparecido el de Aznar. Pero sin duda habrá más y ahí puede estar la clave del silencio de La Moncloa. Y más nombres aun, algunos de los cuales asoman en el runrún de los artículos de Raúl del Pozo, quien dice haberlos visto. Fin de la digresión.

También se recordará que Aznar se querelló con la rapiudez del rayo contra El País por vincularlo con el cobro en negro. Con el titular de hoy, la cuestión ya no es si el irritable expresidente cobraba o no sino si lo que cobraba puede llamarse "negro" o "marrón" o lo que sea.

Por lo demás, TANSTAAFL. Esos dineros de "gastos de representación" estratosféricos salen de los dineros públicos. Porque, aunque según dice Bárcenas, él hacia contabilidad creativa con donativos de los empresarios a "título individual", esos dineros permitían destinar los otros con comodidad a otros fines del partido y, por tanto, pueden considerarse financiación ilegal. Financiación ilegal con fondos públicos para el partido que, según Aznar, era incompatible con la corrupción.

Con fondos públicos paga la Casa Real sus gastos en la defensa de la infanta Cristina, gastos que debieran salir de su bolsillo personal o del de su amantísimo padre. Pero el bolso personal del Rey está provisto igualmente con fondos públicos. Es decir, los contribuyentes tenemos que pagar los gastos de defensa de una persona a la que se acusa de haberse apropiado indebidamente de fondos públicos. Al parecer, el TANSTAAFL no funciona siempre o, para ciertos justiciables, no funciona nunca simplemente por ser ellos quienes son.

Los obispos han lanzado una campaña tremenda en contra de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo. Algunos prelados, como Reig Pla, recordando otras épocas, más acordes a su mentalidad, atribuye el aborto en España a una conjura internacional contra la humanidad, la conspiración judeo-masónica. Y el obispo Munilla, no menos inspirado, atribuye el aborto a un perverso designio del PSOE de acabar con los pobres. Para propalar esas agudas doctrinas, la jerarquía ha presupuestado una millonada  en cartelería, spots televisivos, cuñas de radio, panfletos, estampitas y lo que se tercie. ¿De dónde sale ese dinero? Del caudal de la Iglesia. Pero este es lo que, hasta la Segunda República, vino llamándose el presupuesto de culto y clero, consistente en trasferencias netas de fondos de las arcas del Estado a la Iglesia católica y que se mantiene al día de hoy con otros nombres, como asignación estatal a los gastos de esta confesión. El hecho es que la Iglesia financia sus campañas en contra del aborto con el dinero de los impuestos de muchos partidarios no del aborto (pues partidarios del aborto no hay) sino de que las mujeres puedan abortar.

La señora Cospedal entabla una acción judicial en contra de alguien que ha propalado un supuesto infundio o calumnia contra su marido y, al parecer, moviliza para ello los servicios jurídicos del gobierno autonómico que preside. Es decir, los ciudadanos tenemos que sufragar de nuestros bolsillos las gastos de defensa del marido de la presidenta de Castilla la Mancha por un asunto personal. Para esta gente parece no rezar el principio TANSTAAFL con el que nos infligen a los demás todo tipo de castigos y sacrificios.

El señor Carromero se mete en un lío en Cuba en cumplimiento de unas tareas encomendadas por su partido y hay que repatriarlo ya condenado, a costa ¿de quién? En principio del PP. Pero el PP se financia con dineros públicos. O sea, los ciudadanos tienen que costear la repatriación de un presunto agente del PP en Cuba igual que costean su salario como asesor municipal para lo cual no parece tener la menor capacitación. 

La corrupción es el problema principal de España, como ya certifica el barómetro del CIS, si bien este lo sitúa en segundo lugar, por detrás del paro. Cosa tampoco muy decisiva ya que, en gran medida, el paro es producto de la corrupción. La corrupción es la abolición de los límites entre lo público y lo privado, poniendo lo primero al servicio de lo segundo. 

Mientras esta lacra no se elimine, no se encuentre y castigue a los culpables, España no saldrá de la crisis. Es imposible con un presidente del gobierno que parece estar en los pápeles de Bárcenas, pero se niega a dar explicaciones. 

dijous, 18 d’abril del 2013

Algo de lo que me quedó en el tintero en Singulars.


Estuvo bien el programa de TV3 Singulars. Jaume Barberá lo hace de cine. Consigue que te sientas en casa, pero mantiene un tono de exigencia y calidad al que hay que adaptarse. En resumen, bien. Una buena ocasión para exponer un discurso que, la verdad, encuentra exigua audiencia. Al terminar comenté a Barberá que me quedaba con algo del llamado "síndrome de la escalera", esto es, la sospecha de que me había dejado algunas cosas por decir y algunos puntos por matizar. Lo he meditado un poco y la mayoría puede quedarse por posteriores intervenciones o debates. Pero hay cinco precisiones que me gustaría haber hecho y hago ahora:

1ª.- El buen nacionalismo. Claro, es siempre el de uno. No soy excepción. Todos los nacionalistas necesariamente abrazamos un "buen" nacionalismo. Excepto, supongo, esos nacionalistas españoles que suelen decir que no son nacionalistas. En mi caso, me gusta pensar que mi nacionalismo es parecido al de cierto liberalismo español, empeñado en rescatar una idea de nación no tributaria de la tradicional, oligárquica y nacional-católica. Pero solo parecido porque, en último término el nacionalismo liberal se rinde al tradicional. La nación no se discute. El liberalismo español no confía en su idea de nación y no se atreve a ponerla a prueba. Sin embargo, la experiencia muestra que las grandes (y pequeñas, pero sólidas) naciones liberales se basan en el deseo de los pueblos que las componen de constituirlas. Esas naciones surgen de la fuerza centrípeta de la propia idea nacional.

2ª.- Las naciones no pueden -no deben- basarse en la fuerza. En todo caso, no me gusta pertenecer a una nación que obliga a otra a reconocerla como propia y única. Porque la nación es un sentimiento y sobre los sentimientos nadie está legitimado para legislar. Cuadrar el círculo sigue siendo imposible. Es imposible admitir una realidad plurinacional y hacerla compatible con la primacía de una de las naciones, ni siquiera utilizando logomaquias como la de nación de naciones. Siendo así, la nación solo es capaz de contrarrestar las fuerzas centrífugas mediante la represión y lo fuerza armada. Pero las naciones, dicho está, no pueden -no deben- basarse en la fuerza sino en la lealtad voluntaria a un acuerdo común. Si el celebérrimo plebiscito cotidiano de Ernest Renan quiere decir algo es esto. Como lo son casi todas las definiciones de nación al uso: el pacto entre los que fueron, los que son y los que serán, de Burke, aunque él, claro, no habla de nación -término que no le gustaba por ser abstracto- sino de la historia; la comunidad imaginada, de Benedict Anderson, etc.

3ª.- ¿Por qué no ha de estar basada la nación en el acuerdo? ¿Por qué el tema de la nación y su posible escisión o fragmentación ha de ser algo vidrioso, violento, irracional? ¿Por qué no pueden hacer todos los pueblos civilizados lo que ya han hecho otros como los noruegos y los suecos en 1905, los checos y los eslovacos en 1993, en la llamada "separación de terciopelo" o se aprestan a hacer ingleses/galeses y escoceses? ¿O la reunificación alemana -un proceso inverso- en 1990? Hasta la fecha era imposible reclamar este clima de sosiego y debate civilizado a causa de la actividad terrorista de ETA, que fue durante decenios el mayor obstáculo al objetivo que decía perseguir. Pero ETA ya no está, los partidarios de la autodeterminación que, al principio, eran todas las izquierdas pero luego se han ido descolgando, pueden ya exponer sus argumentos sin que los acusen de ser filoetarras, aunque nunca se sabe. En todo caso debe ser posible debatir estos asuntos como gentes civilizadas. ¿Por qué no empezar por preguntar a la gente qué quiere en vía referendaria y, con ese dato, convocar una Convención de la que salga una propuesta de acuerdo que se someta luego a decisión popular? Es una idea. Pero hay muchas otras. Merece la pena explorarlas. No podemos condenarnos a la repetición de la discordia, a la falta de entendimiento, al conflicto permanente.

4ª.- El debate debe ser de juego limpio, sin mala fe. Cuando los nacionalistas españoles descalifican el nacionalismo catalán, vaticinan que será incapaz de gobernar Cataluña y que esta va al desastre, deben tener cuidado porque lo mismo puede decirse de España en su conjunto, en especial hoy, con un país literalmente esquilmado, corroído por la corrupción, incapaz de proveer de trabajo a sus habitantes y de conseguir que no emigren. Y aun hay algo peor: un punto de vista de principio. Es muy ilustrativa la anécdota entre el general DeGaulle, presidente de Francia y Ahmed Ben Bella, secretario general del Frente de Liberación de Argelia en las conversaciones de Evian, en 1962, cuando Francia reconoció la independencia de Argelia: "¿Para qué quieren ustedes la independencia", preguntaba el general, "si no saben ustedes gobernarse?" "Mi general", contestó el líder rebelde, "reclamamos el derecho a gobernarnos mal".

5ª.- Y si no se quieren los aparentemente buenos consejos, mucho menos las amenazas. Suele el nacionalismo español -que no tiene un discurso elaborado, sistemático, coherente frente al soberanismo catalán- avisar de que, si Cataluña se independiza (posibilidad que, en otro contexto, ni considera sino que amenaza con el empleo de la violencia) España vetará su ingreso en la UE. Al margen de que España consiga o no hacer tal cosa en términos de poder, quiero creer que mi país no incurrirá en la ruindad de dificultar el camino de Cataluña como nación y Estado independiente ya que solo podría hacerlo por afán de venganza, cosa inadmisible. ¿No dicen los nacionalistas conservadores (españoles y catalanes) que los catalanes son españoles? ¿Y no merecen a los españoles respeto las decisiones de otros españoles? ¿O es que, en efecto, como sostienen muchos nacionalistas catalanes, los catalanes no son españoles?

dimecres, 17 d’abril del 2013

La ofensiva contra las mujeres.


Arrecia el patriarcado con fuego de todas las baterías. Desde el fondo del templo de Dios, Rouco reclama la derogación de las leyes del aborto y del matrimonio homosexual. La primera petición apunta directamente a la mujeres, para privarlas de un derecho esencial como es el de disponer de la propia vida. La segunda va contra todos los homosexuales, femeninas y masculinos. Nueva restricción de derechos para convertir a las mujeres (y, de paso, a los gais) en ciudadan@s de segunda. Rouco es el Bautista clamando a los pies del palacio de Herodes, hoy accidentalmente el Vaticano. Pero su destino es muy otro. No será su cabeza la que vaya en bandeja sino la de Eva o, mejor, Lilith, la personificación femenina del mal. 

Gallardón está ya estudiando, con su habitual capacidad para el sofisma, la forma de vaciar de contenido la ley de la interrupción voluntaria del embarazo sin que parezca que está haciéndolo. Es ese fabuloso espíritu de mixtificación que se encierra en la propuesta de que el ministerio de Justicia sube las tasas judiciales para garantizar la gratuidad de la Justicia. El hecho es que, si Gallardón cede ante las imposiciones clericales, serán los curas quienes gobiernen. Lo mismo que ha sucedido con el ministerio de Educación cuyo ministro se ha apresurado a cumplir las órdenes del episcopado en materia de enseñanza privada, supresión de educación para la ciudadanía e implantación de la doctrina religiosa. Y, en la medida de lo posible, la educación, segregada por sexos pues, según el ministro, esta segregación no discrimina, como se demuestra por el hecho de que también la hayan implantado los integristas de Hamas en Gaza.

Está claro: en donde los curas mandan, las mujeres llevan la peor parte. Siempre. Y a esa misoginia acendrada de la Iglesia se une la de una sociedad civil educada en los más preclaros principios del machismo andante. Ese alcalde que dice que las feministas lo son hasta que se casan, igual que los comunistas hasta que se hacen ricos y los ateos hasta que se estrella su avión, muestra la esencia misma del machismo. La equiparación de las tres circunstancias es tramposa. Lo del comunista y el ateo los involucra a ellos solos confrontados con circunstancias genéricas fuera de su control. Allá ellos con sus conciencias. Lo de la feminista es el resultado de una interacción entre dos seres humanos, un dominador y una dominada. Es una relación de violencia. Esa presumida renuncia al feminismo por razón de matrimonio es la formulación vulgar de la leyenda de la doma de la bravía, aunque no tan vulgar como su manifestación de sobremesa cuando los hombres explican el comportamiento de una mujer porque es una malfollá que lo que está pidiendo es un macho.

El cargo del PP que hace unas fechas dijo que las leyes, como las mujeres, estaban para violarlas, dimitió acto seguido. Era una brutalidad demasiado pétrea para edulcorarla de algún modo haciéndola pasar por una de esas estúpidas incorrecciones políticas que invocan quienes no tienen ni idea de lo que es la corrección política. El alcalde en cuestión, sin embargo, para no dimitir ha acabado diciendo lo contrario de lo que afirmaba, admitiendo que no se puede generalizar, que algunas feministas lo hacen y que él lo encuentra lamentable. ¡Lamentable! Si son esas las que prueban la veracidad del supuesto de que, en el fondo, las feministas lo que quieren, como todas, es casarse con un hombre que las mantenga. Lamentablemente, claro.

La defensa de los derechos de las mujeres es la primera línea de la defensa de los derechos fundamentales.

Picasso y Els quatre gats.


Palinuro grabó ayer por la mañana el programa Singulars en TV3 en Barcelona que se emitirá esta noche. En él trata de explicar su punto de vista de por qué los españoles deben reconocer el derecho de autodeterminación de los catalanes. Básicamente porque cuando tanta gente pide el derecho a decidir hay que reconocérselo. El derecho a decidir no prejuzga la decisión. Lo que la prejuzga es negarlo; pero ya hablaremos de eso en otro momento. Negar el derecho a decidir porque se supone que es decidir la independencia, aparte de mostrar muy escasa confianza en la nación que se defiende, carece de grandeza. El derecho de autodeterminación debe reconocerse especialmente cuando puede ejercerse en contra de quien lo reconoce. Lo otro no tiene mérito. En fin, que agradezco a TV3 la oportunidad que me ha dado de explicarme un poco más y sobre todo a su conductor, Jaume Barberá, un gran periodista.


En un par de horas distraídas entre TV3 y el AVE en Sants, zas, museo Picasso al canto. Los cinco magníficos palacios góticos corridos del carrer Montcada (siglos XIII y XIV) son tan dignos de contemplar, con sus ojivas góticas, sus trifolios a patios interiores, como la colección. Aunque esta es estupenda. Se compone de piezas de la época inicial de Picasso en Barcelona, con los comienzos de la época azul y rosa y el cubismo que aquí se ve nacer. Resulta sorprendente comprobar que algunas de las obras más celebradas del artista proceden de su etapa más juvenil, en torno a los veinte años y no necesariamente tan clásicos y naturalistas como Ciencia y caridad, sino el loco por ejemplo, de la época azul o el Autorretrato con peluca, con apenas 17 años. Hay un primer arlequín y un caballo corneado que reaparecerá años después en el Guernica. El segundo lote, donación del propio Picasso en 1968, son Las meninas (obra de mediados de los 50) y el más de medio centenar de piezas que son como el gran acompañamiento preparatorio de la reproducción acabada de la obra cumbre de Velázquez. Es curioso observar qué elementos de la composición del artista sevillano resalta el malagueño: el hombre del fondo en el dintel de la puerta que sirve para dar profundidad a la escena, la Maribárbola (que a mí siempre me ha recordado a Charlie Brown) y la figura del pintor en la que lo más relevante es la cruz de Santiago. Un genio interpretando a otro genio siempre da qué pensar. Entre los dos lotes hay alguna obra también celebérrima, como el Retrato de Sabartés, ilustrado aquí con fotografías del amigo del pintor, gracias a las cuales uno adquiere una más cabal comprensión de la interpretación picassiana de su rostro.


De camino al AVE, escala a tomar un café en Els quatre gats, en donde también paraba mucho Picasso y donde realizó sus dos primeras exposiciones individuales. Es un café-restaurante modernista de la calle Montsió, siempre en el barrio gótico. El lugar era el centro de la vanguardia artística barcelonesa de primeros del siglo XX, fundado por eso, por cuatro gatos: Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Joaquim Mir. El propietario era Pere Romeu, el segundo en el tandem que aparece en el fresco de Ramón Casas que adorna el comedor de entrada del establecimiento hoy día. El primero, con la pipa de fumar puros como si fuera una locomotora, el propio Casas. Qué tipos tan simpáticos los del tandem, qué lugar tan agradable quatre gats, literalmente abarrotado de recuerdos y testimonios gráficos de aquellos estupendos pintores en su vida bohemia.

La imagen es una foto de Wikimedia Commons en el dominio público).

dimarts, 16 d’abril del 2013

Las clavijas de Clavijo.


Ni en el Vaticano dejan los suyos tranquilo a Rajoy para que el hombre haga lo que mejor sabe hacer, esto es, nada. Hasta la Santa Sede ha llegado el piafar del caballo blanco de Santiago en Clavijo, montado por Rouco Varela esta vez para que los cristianos aniquilen a los infieles y prohíban el aborto y el matrimonio homosexual. Al propio tiempo, los cruzados de la causa de la Fundación FAES exigen al pusilánime presidente del gobierno que muestre garra y que no se deje ganar la calle. Lo segundo suena un poco a bronca de jayanes en mitad de la calle. Un estilo dialéctico propio de Aznar. Lo primero llega más a lo profundo. El aborto es un pecado nefando para la Iglesia católica que lleva aparejado la excomunión automática. La abortante y sus cómplices quedan excomulgados. ¿Puede considerarse cómplice a un presidente del gobierno que, estando en su mano acabar con los abortos, no lo hace? ¿No será, así, más cómplice que nadie, pues lo es de múltiples interrupciones criminales del embarazo?

Rajoy no es un monarca más o menos absoluto como Enrique II o Enrique VIII, pero tampoco parece que Rouco sea Thomas Beckett o Tomás Moro. Ya no llegan los conflictos tan a cosa de vida o muerte. Hay procedimientos administrativos. La Iglesia tiene numerosos intereses que cuidar para jugárselo todo a un conflicto institucional. Además, es mejor mantener la amenaza que ejecutarla. Los fieles se enardecen más. Habrá que escuchar al pío ministro del Interior cuando su jefe regrese a España. Para él, los deseos de Rouco son órdenes.

Por todas partes aprietan las clavijas a Rajoy. Lo quieren al frente de la revolución conservadora, repartiendo mandobles y aprovechando la situación en que la oposición mayoritaria anda perdida en un jardín interior del que solamente sale para demostrar que cada vez está más alejada de la realidad. Los escraches ponen dramáticamente de relieve que lo mejor, la crema de nuestra sociedad, la dirigencia, se ven amenazados y hostigados, como si fueran perroflautas identificados por los antidisturbios porra en mano. ¡Ah, no, eso no puede ser! Los escraches de los grupos provida ante las clínicas abortistas son la voluntad de Dios; los de los antidesahucios ante las puertas de los políticos opuestos a la ILP de dación en pago son tiranía de Satanás. ¿Para qué tenemos un gobierno, para qué una policía? Los escraches deben terminar. Los de Satanás.

¿Qué hace falta para que Rajoy actúe? ¿Fundamentación teórica? Lo que la FAES no da, Cospedal lo presta: los escraches son nazismo. Ahora ya puede Rajoy entrar en batalla. ¿No derrotamos en su día el comunismo? Y eso que las potencias occidentales, equivocándose de enemigo, se habían aliado con él en contra del nazismo. Claro, no podían tener la presciencia del Caudillo, centinela de Occidente. Ahora, ya derrotado el comunismo, vamos a derrotar también el nazismo, para que se vea nuestro católico sentido del justo medio. Además, a qué engañarnos, estos nazis y los comunistas de antaño son la misma chusma.

Santiago y cierra España.

(La imagen es una foto de mermadon 1967, bajo licencia Creative Commons).