Al fondo, Rodilla vendía sus sándwiches.
dimarts, 12 de març del 2013
Más sobre la desobediencia en Sol.
dilluns, 11 de març del 2013
Muy mal rollo.
Escándalo tras escándalo, metedura de pata tras metedura de pata, los dos partidos dinásticos están enzarzados en problemas propios, sin tiempo para ocuparse de los de la colectividad. Así como cuando los medios se atacan mutuamente y se convierten en noticias los consumidores tienen la impresión de que están burlándose de ellos, cuando los partidos se ensimisman en sus trifulcas, la ciudadanía se siente estafada. Por eso se echa a la calle casi de modo permanente y multitudinario en una movilización continua. Aunque con moderado éxito por ahora pues, según el bucle señalado, los medios prefieren informar de las aventuras de los partidos.
El asunto de Ponferrada es la enésima prueba de que la dirección del PSOE lleva más de un año sin recomponerse de la derrota del 20-N y sin saber por dónde sopla el viento. Rubalcaba impuso un plan de reconstitución ideológica del partido hasta octubre, creyendo ganar así un tiempo muerto y aplazar la cuestión del liderazgo. Ha conseguido lo contrario: la cuestión del liderazgo está viva y la reconstitución ideológica está pasando sin pena ni gloria. El saber no puede instrumentalizarse, buena gente, ni destilarse en un matraz. Hay que ir a buscarlo a la realidad, enfrentándose a ella como es, explicándola, no ignorándola o soslayándola. El PSOE está hecho unos zorros y no dejará de estarlo porque un cónclave se saque de la minerva un nuevo programa. Si reconoce haber hecho mal las cosas en su último gobierno, está obligado a aclarar cuáles, por qué y cómo propone ponerles remedio.
Pero la dirección socialista actual tiene pendientes explicaciones de mayor calado. En el fuego de la política cotidiana, el PSOE aparece como un partido monárquico y centralista y aunque con una pátina de federalismo, cerrado en banda a la idea de la autodeterminación. Y estas actitudes tan extremas, ¿cuándo las adoptó como partido? ¿Cuándo, en qué congreso se llegó a la conclusión de convertirse en partido dinástico? ¿Cuándo se dijo que el derecho de autodeterminación no existe? ¿O es que la opinión del partido es la de su secretario general? Negarse a clarificar estas cuestiones por intereses electorales es tan contraproducente como ocultar un problema de liderazgo detrás de una refundación ideológica. Para no existir, el derecho de autodeterminación goza de cuantioso apoyo. Y, lo que es más grave, en el seno del mismo partido cuya fortuna electoral pretende asegurarse.
Se quiera o no, el derecho de autodeterminación es una realidad. Y es fuerza hablar sobre ella, so pena de admitir que hay cuestiones sociales y políticas indiscutibles, sobre las que no está permitido opinar. Hay, además, una tarea de clarificación urgente. Los mismos que niegan el derecho de autodeterminación a los catalanes se lo reconocen a los saharauis. ¡Ah! dicen, pero no son situaciones comparables. Bueno, igualmente lo niegan en Gibraltar, pero lo afirman en Ceuta y Melilla y tienen que tragárselo en el caso de Escocia y, por supuesto, de las Malvinas. Vuelven las situaciones a no ser las mismas. Pero ¿qué quiere decir que las situaciones no sean las mismas? En el fondo, nada. Ninguna realidad humana es igual a otra. Por eso hay que ir más allá de la casuística y apuntar a cuestiones de principios. El de la autodeterminación se basa en el derecho de la gente a decidir por su cuenta. Ahora, ¿cuál es el argumento en contra de este principio? ¿El statu quo? En la medida en que este abriga un conflicto constitucional permanente, ¿no está obligada la izquierda a buscar alguna solución que no sea formar piña con la derecha y su concepto de la intangibilidad de la Patria?
Hace unos días, un militar dijo que la Patria está por encima de la democracia. Cámbiese "democracia" por "socialismo" y ya tenemos dos almas gemelas. En efecto, de la Patria no se discute y el derecho de autodeterminación no existe. Hay que dejarse de maximalismos vacuos y atender a los problemas reales de la gente. Pero la excusa de concentrarse en la política del momento no funciona porque, en este marasmo de falta de relevancia, ni de la política del momento puede ocuparse la dirección. La prueba, Ponferrada. Estoy convencido de la buena fe de Rubalcaba cuando adopta sus decisiones. Pero también lo estoy de otros dos aspectos. De un lado, no da la talla de secretario general para el PSOE de hoy. Lleva muchos años siendo segundo y su promoción a la secretaría lo ha ascendido a su máximo nivel de incompetencia. De otro, es un temnperamente muy conservador, con una fuerte vena de nacionalismo español. No por casualidad se contaba en el séquito de Bono cuando este aspiró a su vez a la secretaría general. Es cuestionable, sin embargo, que un secretario general haga pasar sus convicciones personales por política del partido, hasta el punto de convertirlo en eso, en un partido dinástico. Muy cuestionable.
Resulta así que el partido está a la izquierda de su dirección, pero esta no quiere reconocerlo. Con lo cual obstaculiza la tarea hoy más importante, volver a conectar el partido con la sociedad. Siendo ministro del Interior, Rubalcaba actuó con sensibilidad y cordura y, salvada una primera reacción violenta, fruto de la inexperiencia, supo entender que la cuestión de los indignados no era una de orden público. Ahora, in embargo, el PSOE no parece haber sido capaz de tender puente alguno con esos indignados. Pero la parte más consciente y más valiosa de nuestra sociedad está ahí y, valiéndose de las redes, se quedará. Surge así un terreno nuevo de la acción política de la que el PSOE como tal no sabe nada.
La renovación solo vendrá con el relevo en el liderazgo. Cuanto más se retrase, peor.
(La imagen es una foto de Rubalcaba38, bajo licencia Creative Commons).
diumenge, 10 de març del 2013
La desobediencia en Sol.
Finalmente, Palinuro estuvo en la Puerta del Sol, disciplinadamente, como se le había dicho, a la muy lorquiana hora de las cinco de la tarde. Pero solo le dieron paso a las seis y media. Durante todo el día los dioses fueron magnánimos con la jornada de la Uni en la calle y nos regalaron un día soleado. No obstante, entre seis y media y ocho y media ya se notaba el relente. Pero allí aguantamos estoicamente un montón de personal hablando de nuestros asuntos y preocupaciones. Muchas gracias a quienes asistieron. Hacía siglos que no me sentía hermanado con tanta y tan diversa gente. Aprendí mucho y traté de enseñar lo poco que sé.
El tema desarrollado, perfectamente quodlibetal, era Legalidad, legitimidad y desobediencia: una actualización. Ahorro al lector las consideraciones históricas y las teóricas. Las primeras destinadas a rastrear los orígenes de la cuestión de la legitimidad del poder a partir de las guerras de religión del siglo XVI, el derecho de resistencia y su forma extrema en el tiranicidio, preconizado a ambos lados de las trincheras confesionales por hugonotes y jesuitas. Para acabar en el asentamiento de la desobediencia civil en los siglos XIX y XX. Las segundas, las teóricas, destinadas a reconsiderar los debates sobre el binomio legalidad-legitimidad en torno al positivismo jurídico y sobre la justificación de la desobediencia civil por razones morales amparada en la no violencia.
Así que me referiré a la tercera parte, la actualización de la doctrina al aquí y ahora. Según la teoría clásica del derecho de resistencia, la ilegitimidad del poder puede ser bien de origen, bien de ejercicio y, desde luego, ambas a la vez. Siempre desde ese punto de vista clásico, el gobierno de Rajoy tiene una ilegitimidad de origen pues alcanzó el poder mintiendo sobre su programa electoral, por medios moralmente repudiables por fraudulentos. Ciertamente, cabe alcanzar el poder de muchos modos, incluida la espada o el engaño. Pero eso no concede legitimidad a su uso. Al contrario, se la resta. El gobierno de Rajoy es también ilegítimo por ejercicio. Sus medidas son drásticas, nocivas para los intereses de la mayoría y el bien común, arbitrarias, en muchos casos caciquiles, autoritarias y sospechosas a veces de obstaculizar el deber de rendición pública de cuentas de las autoridades o, incluso, de encubrir presuntos delitos y delincuentes presuntos. Don Presunto Bárcenas, por ejemplo.
Cuando el poder es ilegítimo de origen y ejercicio, es tiránico, y asiste a la población un derecho de resistencia. Esta se articula como desobediencia civil, una actividad de oposición a una autoridad ilegítima y a sus leyes inicuas. Algo que viene ya de atrás bajo la forma de movimientos cívicos de protesta a los que más tarde se llamaría indignados para aprovechar el tirón mediático del título de Hessel. Un movimiento cívico que ha tomado los espacios públicos de muchas ciudades españolas y va adquiriendo la forma de una insubordinación general. Una marea (muchas mareas) que surge espontánea del fondo de la ciudadanía coordinada a través de las redes y dispuesta a relegitimar el debate político en el ágora pública, en substitución del de las instituciones que primero lo secuestraron y después, lo envilecieron.
Es un movimiento al margen de los partidos, de las instituciones, de los medios, de la iglesia y, por supuesto, de la banca. Mana de sí mismo. Su fuerza reside en su carácter pacífico y en su crítica moral a un sistema que todo el mundo, incluido él, considera corrupto sin remedio. Ello explica por qué goza de tanto apoyo en la opinión pública y resiste todas las campañas de desprestigio.
El poder, sin embargo, cada vez más ciego a fuer de asustado, reacciona con represión, autoritarismo y violencia. No quiere ver en el movimiento sino un problema de orden público que es preciso resolver por medios expeditivos. Pero el problema vuelve y vuelve y vuelve. Ya no es posible parar a la gente solo con la policía. Aparte del problema de cuánto tiempo vaya a seguir la policía reprimiendo con tanta dureza a una ciudadanía que protesta ante la injusticia. Una gobierno ilegítimo solo puede mantenerse por la represión. Pero eso no es admisible en una democracia que descansa sobre el principio lockeano del gobierno por consentimiendo de los gobernados.
Si los gobernados ya no consienten, habrá que hacer algo.
La imagen es una foto de Miguel G. Madariaga, quien me ha cedido su uso. Muchas gracias, Miguel. Supongo que no tienes inconveniente en que la pongamos en Creative Commons), por supuesto, siempre citándote a ti; no a mí.
Más impresionismo.
Da gusto encontrar viejos conocidos y obras que uno desconocía, muchas, lo que convierte la visita en un placer. La división por temas, un acierto, trae continuamente a la memoria otros ejemplos. Es imposible no recordar a Claude Lorrain al entrar en la sala de ruinas, azoteas y tejados, igual que los bosques de Monet evocan los grandes paisajistas holandeses, Ruisdael o Hobbema y, por supuesto, los ingleses, Constable (del que hay varias obras) con aquel padre espiritual del impresionismo que fue Turner. Hay asimismo alguna muestra de paisajística norteamericana, a la que no suele prestarse la atención que merece, con obras del venerable predecesor Asher Durand, el inspirador de Alfred Bierstadt quien, sin embargo, no parece habernos visitado. Estos norteamericanos ya practicaban la pintura al aire libre mucho antes de que los impresionistas teorizaran sobre ella. Y ¡qué aire libre! Desde el Niagara las Rocosas y de allí al Yosemite: abrieron un continente. El Oregon Trail es inolvidable.
Hay más gratas sorpresas. Desde luego, los propios impresionistas, Monet, Manet, Van Gogh, Renoir, Sisley, etc. Marinas, torrentes, riachuelos, campos de trigo, los acantilados de Etretat, los pueblos de Normandía, Honfleur y también Argenteuil y las proximidades de París. Esa fusión del impresionismo con sus predecesores permite asimismo ver a estos con nuevos ojos. Creo que es la primera vez que me he tomado en serio uno de esos cuadritos galantes de Boucher en los que los más frondosos robles sirven para que de sus ramas se columpien adorables damiselas con el rostro emplastado de polvos de arroz con un lunar.
Y hay rocas. Se exhibe Peñascos en el bosque, de Cézanne (1893) que podría pasar tranquilamente por un manifiesto cubista. Y es que la exposición también trae muestras postimpresionistas. Hay algunas piezas del suizo Hodler que nunca ha sido de mi gusto pues recuerda un poco los vitrales de las iglesias y unos terribles nubarrones sobre el Mar del Norte de Emil Nolde que son ya completamente expresionistas.
Junto a esta espléndida exposición hay otra minúscula (y gratuita) que alberga diez obritas, quinta edición de Miradas cruzadas, consagrada ahora al Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano. Son piezas de la colección permanente del museo destinadas a mostrar esa redundancia de la mujer y lo cotidiano. La mujer en el ámbito privado, aislado, recluido, alejado del público, que es territorio viril. Desde la pintura holandesa a los interiores del siglo XX. En fin, un anticlimax del 8 de marzo, día internacional de la mujer.
dissabte, 9 de març del 2013
Cospedal y la reducción al absurdo.
Cospedal no se arredra ante las cuestiones más arriesgadas y resbaladizas y habitualmente sale de ellas tirando por elevación mediante la reducción al absurdo. ¿Se discute sobre la sensibilidad social de los partidos en España? La secretaria general zanja el asunto asegurando que el PP es el partido de los trabajadores. El partido que ha destruido el ya débil sistema jurídico de protección al trabajo, el que ataca a los sindicatos y priva de prestaciones a los más vulnerables es el partido de los trabajadores. ¿Es o no absurdo?
¿Se habla de supuestas actividades ilícitas de espionaje del anterior gobierno socialista? Cospedal denuncia impertérrita que ese gobierno hizo de España un Estado policial. Sin pruebas, sin ir a los tribunales, sin retractarse cuando se le pedía. Y ello al tiempo en que se investigaba la trama de espionaje llamada gestapillo en la Comunidad de Madrid. Otro obvio absurdo.
¿Se habla de la necesidad de acabar con la corrupción en la política española? La presidenta de Castilla-La Mancha sostiene que el PP es el partido más transparente. Ahogado en la corrupción, rehén de un presunto delincuente, sospechoso de haber estado saqueando las arcas públicas en diversos puntos de España, con un presidente acusado de recibir dineros ilegales, con procesos abiertos por doquier por corrupción, cohecho, malversación, apropiación indebida, estafa, es un partido transparente. Pura reducción al absurdo.
Ayer, día internacional de la mujer trabajadora, Cospedal rizó el rizo con unas declaraciones en contra de las cuotas femeninas que revelan su mala fe y su inquina hacia todo lo progresista y de lo cual, sin embargo, hipócritamente se beneficia. ¿O cree alguien que en una España basada en la idea de género de la muy beata Cospedal una mujer en su situación civil y social hubiera podido tener un hijo por inseminación artificial? Eso es posible gracias al sacrificio y la lucha del movimiento feminista que Cospedal odia. No cabe mayor doblez, en todo similar a la de esos gais ocultos que propugnan leyes antigais.
La prueba es simple y está en el empleo de ese término machista. Las cuotas son machistas, dice la buena señora. Se trata de un robo lingüístico. El término machista y sus connotaciones es un hallazgo de la izquierda para caracterizar precisamente los roles de género y el patriarcalismo de las relaciones sociales que la derecha, con Cospedal al frente, defiende, desde la segregación por sexos en las escuelas del ministro Wert a la consagración de la familia cristiana (la del Pater familias, vamos) que el ministro Fernández Díaz, otro ilustrado, llama natural. Secuestrar términos y significados, utilizarlos para lo contrario de lo que son, instrumentalizarlos, emascula su fuerza crítica y convierte el debate público en un absurdo. Que quien se pone un velo y una peineta y se somete a la voluntad omnímoda del colegio de varones en la iglesia hable de machismo carece de sentido.
Porque no es cierto que las cuotas sean machistas. Al contrario, machismo es que no haya cuotas que protejan a las mujeres en sociedades claramente machistas, en donde se las explota, se las discrimina negativamente, se las maltrata y se las asesina a decenas. Sin embargo el argumento es tendencioso, falaz y engaña a mucha gente, diz que de buena fe. Vamos a suponerlo así, aunque tiendo a pensar que quienes son engañados, en el fondo, lo quieren. Porque precisamente la aparente fuerza del argumento (esto es, las cuotas humillan a las mujeres que valen porque desmerecen su mérito) muestra su falsedad. La subalternidad de las mujeres se remonta a los tiempos de Maricastaña, impregna las culturas, las tradiciones, las instituciones, el arte, la filosofía y hasta la misma lengua, ahormada en un uso sexista que salta siempre en todo discurso. Decir que esta situación de milenios, cuyo veneno se ha incorporado a la socialización de las mismas mujeres, puede cambiarse de la noche a la mañana mediante una ley, promulgada, además, por el partido socialista es incurrir en engaño. Decir que, de ahora en adelante, vivimos en una mundo de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en el cual cada uno de los sexos puede y debe mostrar lo que vale sin ayudas o prótesis, pasa del engaño al insulto.
Tómese un ejemplo sencillo: la emancipación de les esclavos negros en los Estados Unidos en el siglo XIX. El ejemplo es pertinente porque los dos movimientos, el abolicionista y el feminista unieron fuerzas en su lucha. Pues bien, ¿cree alguien en serio que la discriminación positiva y las cuotas a favor de los negros era una prueba del supremacismo blanco? ¿No es obvio que, dada la preterición secular de los esclavos estos jamás podrían competir con los blancos libres si la colectividad no los protegiera y amparara? ¿No fue necesario reformar la Constitución para que los Estados del sur no privaran a los negros del derecho de voto, aun habiendo sido emancipados?
Pues lo mismo con las mujeres. Pero hay más. Otro de los argumentos aparentemente redondos del discurso machista disfrazado de feminista en contra de las cuotas es el de la discriminación positiva. Esta atenta, se dice, contra el Estado de derecho porque rompe el principio de igualdad ante la ley. La desvergüenza sonroja. O bien cabe llamar Estado de derecho a cualquier cosa o el argumento es un sofisma. Estado de derecho se llamó a un constructo en el que se ejercía un derecho de sufragio universal que excluía a las mujeres. Originariamente proclamó una Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la cual también estaban excluidas las mujeres. En el Estado de derecho, "universal", al parecer, quiere decir la mitad del universo. Y con mala uva. Cuando Olympe de Gouges publicó su Declaración Universal de Derechos de la Mujer y la Ciudadana, su osadía le costó la cabeza.
El Estado de derecho fue compatible con códigos civiles que trataban a la mujer no ya como desigual ante la ley sino como menor de edad sometida a tutela, y códigos penales que convertían en delitos derechos de las mujeres y las criminalizaban con mayor dureza que a los hombres. Y ahora, una discriminación positiva pensada para ayudar a una parte de la población secularmente preterida, humillada, ofendida y agredida, resulta que atenta contra la igualdad ante la ley. Eso se llama morro y morro machista.
Quienes han sufrido injusticias permanentes, expolios sistemáticos, genocidio (el feminicidio es una forma de este) tienen derecho a reparación y compensación. Es algo que se reconoce a los antiguos esclavos, a los pueblos indígenas expoliados por la codicia de los hombres blancos, a las comunidades étnicas despojadas de sus tierras, a los judíos, perseguidos por doquier y víctimas de la inhumana solución final ¿y no va a reconocérsele a una parte de la población que ha sido tradicionalmente discriminada en el mundo entero desde el comienzo de los tiempos?
Ese es el machismo reducido al absurdo de Cospedal y todas las cospedales que, a derecha e izquierda, tratan de apuntillar el feminismo prostituyéndolo.
El PSOE también muestra la patita.
Había que celebrar el ocho de marzo. Así pues el PSOE, celebró una reunión de mujeres en su sede en Ferraz en donde, seguramente, se trataron cuestiones de interés para el feminismo. Los socialistas han sido bastante timoratos en su obra legislativa en favor del adelantamiento social de las mujeres. Pero son los únicos que han hecho algo real, práctico, tangible, en ese sentido. Había, pues, mucho or tratar.
Pero, al mismo tiempo, a 450 Km al NO, en Ponferrada, capital de la noble comarca de El Bierzo, se desarrollaba un episodio en todo contrario al espíritu que, sin duda, prevalecía en Ferraz. El aprovechamiento del transfuguismo -ya condenable en sí- se complementaba con el de un caso de acoso sexual. Una cosa es lo que se dice en la sede y otra lo que se hace en las agrupaciones. El secretario de organización no vio inconveniente en condonar la operación. Y el secretario general, como siempre, no se enteró o se enteró tarde y hubo de tomar una medida drástica que no le ha evitado dar la impresión por enésima vez de no estar a la altura de las circunstancias. Y a un coste altísimo para el prestigio del partido en cuestiones feministas. Una prueba más de que el machismo insidioso se hace presente al menor descuido y obliga a una actitud de vigilancia permanente con perspectiva de género obligatoria. ¿O cabe pensar en algo más machista que celebrar el día de la mujer proclamándose alcalde con el voto de un acosador sexual?
divendres, 8 de març del 2013
Felicidades a todas.
Especialmente dedicado a las más estúpidas machistas actuales: las mujeres que rechazan las políticas de cuotas por considerarlas machistas. Ejemplo perfecto de las esclavas felices. Cosa que no tendría nada de malo si se limitaran a serlo ellas mismas. Pero, por desgracia, son las más activas en el intento de mantener la esclavitud de las demás, a las que pretenden engañar con los razonamientos del amo.
Está empíricamente demostrado que los países que más avanzan en la igualdad de las mujeres, que cuentan con más de estas en las instituciones públicas y en la actividad privada son los que aplican políticas de cuotas. Pero eso no afecta a la siniestra actividad de estas lacayas porque lo suyo no es el reconocimiento de la realidad, sino la doctrina a machamartillo, en especial, la de la iglesia católica, probablemente la institución más misógina de la tierra.
Las mujeres que rechazan la política de cuotas son las que se someten a la política de cuotas alternativa, la masculina que, por supuesto, no se llama así, sino que se considera natural a la especie pero tiene un porcentaje del cien por cien. El ejemplo más acabado esa misma iglesia católica, que afirma tener en alta consideración a las mujeres, pero les prohíbe el ejercicio del sacerdocio, reservado en un cien por cien a los hombres, aunque tengan a gala no ejercer como tales. Esa iglesia en la que tan a gusto están las más granujas de las mujeres: las que niegan las políticas de cuotas -únicas que pueden favorecer a las de su sexo- con argumentos falaces.
La lucha por la supervivencia.
El silencio hermético de Rajoy en el asunto Bárcenas ha carbonizado literalmente una batería de segundos, la secretaría general, los vicesecretarios, los portavoces. La acumulación de embustes y dislates que han protagonizado unos y otros en los últimos tiempos en comparecencias cómicas los ha convertido en versiones contemporáneas del que recibe las bofetadas. Ver a Cospedal hablando de la simulación de salario en diferido a Bárcenas y escuchar a Carlos Floriano pidiendo por la radio que se ponga límite a la libertad de expresión,(cosa que recuerda mucho la afición de la delegada del gobierno a modular el derecho de manifestación) produce desconcierto y algún temor. Es obvio que ya no saben qué decir ni cómo disimular el pandemónium presuntamente delictivo en el que están metidos y que les vendría de miedo una mayor represión de derechos o incluso suspensión de ellos. En un clima de democracia abierta, crítica, la situación del gobierno y su partido es insostenible pues, quieran reconocerlo o no, hagan o no vudú con su antagonista, están a merced de las peripecias procesales de un presunto delincuente.
Pero ¡qué delincuente! Bárcenas parece ser el Forrestal de la estafa. Los tiene a todos agarrados por el gañote. El juez Ruz ha pedido los papeles depositados en la notaría, en los que vaya usted a saber lo que hay. Quizá los temibles recibís, de los que habla la maledicencia periodística. Quizá cosas aun peores, más incendiarias. Si, como presume el juez, hay un vínculo entre la contabilidad barcéniga y la gurteliana, se habrá cerrado el círculo de la corrupción, del que es imposible que salga Rajoy indemne.
El extraño comportamiento del presidente ausente autoriza a pensar que ha adoptado una táctica numantina. Está dispuesto a mantenella hasta el final y a hundirse no solo con su gobierno sino con su partido y quién sabe con qué destrozos institucionales. Es una lucha por la supervivencia a dentelladas; mudas, pero dentelladas.
La ayuda milagrosa, el deus ex machina aparece ahora en la figura de Mas y su decisivo giro soberanista. Es obvio que los nacionalistas catalanes tienen derecho a plantear sus reivindicaciones cuando lo consideren pertinente. Y lo es también que aprovechen las circunstancias quizá por entender que en el actual guirigay español tienen más posibilidades. Pero no cabe negar que su actitud, su planteamiento, proporciona una magnífica ocasión al gobierno para enarbolar la bandera de la unidad de la Patria y desviar la atención del cenagal de corrupción en el que chapotea. Esa bandera es muy prometedora porque en torno a ella se arracima el PSOE, hoy en una crisis grave a causa de su reacción al catalanismo de una parte de él mismo. El nacionalismo español bipartidista resurge potente y busca la confrontación con el catalán, quien tampoco la rehúye.
Los gestos torvos, el cruce de amenazas en el aire preparan momentos de mayor tensión entre el Estado y una de sus más díscolas comunidades autónomas. Los toques a rebato suelen tener muy buen efecto a la hora de dirigir la atención pública en un sentido y apartarla de otro. Ahora no hay tiempo de ocuparse de las pendejadas de Bárcenas, pues nos ataca el catalán separatista. Hasta los socialistas están con nosotros en preservar la unidad de la Patria. Lo demás son chorradas.
Pero chorradas en sede judicial. Los procedimientos siguen su curso, lento, aunque inexorable. ¿Qué sucede si aparecen nuevos supuestos beneficiarios de la contabilidad barcéniga y la largueza gürteliana? ¿Qué si se imputa a alguno de los altos cargos del gobierno o del partido? Resulta así que, queriendo abrir un frente de batalla con el nacionalismo catalán para ocultar el otro, el de la corrupción, lo único que va a conseguir el gobierno con sus magras fuerzas es dividirlas aun más.
Si Rajoy no recapacita el futuro es inquietante.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).
dijous, 7 de març del 2013
Ahogados en la corrupción.
Si al de Bárcenas se añade el caso Urdangarin, lo que hay es una situación corrupta sistémica. No queda nada en pie del sistema de la transición. Si acaso aquellos sectores o profesiones que la opinión pública sigue valorando: los médicos y los profesores. Esa misma opinión pública tiene en muy baja estima a los jueces y eso, me temo, es injusto. Con sus más y sus menos, el poder judicial está dando pruebas de una independencia tanto más loables cuanto más hostigada se encuentra por los poderes públicos.
La reacción de los distintos sectores, estamentos, fuerzas sociales a esta situación tan angustiosa únicamente la empeora. El gobierno está reaccionando a una crisis de esta gravedad con una actitud que es sencillamente intolerable en democracia: con el silencio. Una cerrazón tan absoluta que raya en lo neurótico, en lo patológico cuando se ve cómo, en efecto, Rajoy lleva dos meses sin pronunciar en público el nombre de Bárcenas, el menda cuyos papeles lo acusan de haber recibido cantidades de dinero en B. Este giro plantea el asunto en términos de honor personal dificilmente soportables. Sobre todo cuando se comprueba que, además de no mencionar su nombre, Rajoy tampoco procede judicialmente en defensa de su honor. Ni siquiera ha suscrito esa ridícula demanda de su partido, no a Bárcenas, sino a El País. Si el honor solo se lava con sangre, la verdad es que esta peripecia exige, cuando menos, la dimisión de Rajoy. No es de recibo que el presidente del gobierno sea sospechoso de haber cometido una ilegalidad y pueda ser imputado en algún momento.
El PP no puede seguir mintiendo a los ciudadanos varias veces al día. El finiquito de Bárcenas, el empleo de Sepúlveda, las trolas sobre la finalmente escamoteada auditoría externa son un mosaico de embustes en cadena que han destruido el crédito del partido. Por eso, cuando Cospedal afirma que es el más transparente (ella, cuyas declaraciones ni se entienden) la gente lo toma como cuando dice que el PP es el partido de los trabajadores, esto es, a recochineo. Y a recochineo se toma todos los anuncios de medidas del gobierno para restaurar el prestigio de la política o adoptar códigos de buenas prácticas y lucha contra la corrupción, de los que lleva ya aprobados varios y aplicado ninguno.
Aquí no hay más salida que la dimisión del gobierno cuya autoridad para imponer las drásticas medidas que pretende en todos los campos (sanidad, educación, justicia, etc) es inexistente. Y la convocatoria de elecciones anticipadas. Una perspectiva que pone los pelos de punta a más de uno porque no hay mucho en donde elegir.
Eso nos lleva a la reacción de la oposición, específicamente de la socialista. Es inexistente. No hay oposición. Hay síndrome de Estocolmo. Se disfraza de sentido de Estado pero, en el fondo, es aceptación del punto de vista del adversario, el enemigo, el secuestrador. La dirección del PSOE sigue en sus trece de oposición responsable consistente en ofrecer pactos de Estado para todo. Carente de una oposición real, el gobierno tiende al autoritarismo con rasgos despóticos. Y, efectivamente, nadie coordina fuerzas para presentar una moción de censura que lo obligue a explicar lo que no quiere explicar. Pero la oposición (socialista) no quiere hacer sangre, es responsable, prefiere no poner al gobierno en aprietos.
Solo parece haber dos razones para esta actitud acomodaticia del PSOE que le resta tanto crédito como al poder político sus mentiras. Una es , en efecto, la proximidad, la semejanza entre las experiencias de los dos dirigentes de los partidos mayoritarios. Partido que, por expresa manifestación de Rubalcaba, cabe considerar como dinásticos. La otra es la recrudescencia del nacionalismo catalán, que ha provocado una escisión de hecho en el socialismo, quiera este admitirlo o no. En este asunto la dirección del PSOE está más cercana al PP que al PSC. Los dos partidos mayoritarios, además de dinásticos, son nacionalistas españoles. Se acabó la época en que estos sostenían no ser nacionalistas, pues nacionalistas solo lo eran los llamados periféricos.
A la sombra de los indignados.
María Luz Morán (Coord.) (2013) Actores y demandas en España. Análisis de un inicio de siglo convulso. Madrid: La catarata, 238pp.
Esta crisis tan prolongada y profunda está teniendo consecuencias notables en las pautas sociales, las formas de acción, las respuestas institucionales, las tácticas de los agentes que se habían dado por supuestas en los años anteriores. Nuestros sistemas políticos están cambiando a ojos vistas. Aparecen nuevos actores; los antiguos cambian de tácticas o se transforman ellos mismos; surgen otras demandas; se recurre a repertorios distintos. La sociedad española marcha a ciegas por una camino nuevo, en un clima de creciente conflicto social, sin que nadie tenga prestas fórmulas para resolver los problemas y, menos que nadie, el gobierno y el parlamento.
Por eso es muy de celebrar que se haya acometido una tarea analítica de la situación desde una perspectiva académica, sistemática a la par que distanciada y objetiva. Es lo que ha hecho María Luz Morán, reuniendo un grupo de excelentes profesionales y encomendándoles una especie de informe o estado de la cuestión en las diversas realidades que articulan el sistema político. Hay, así, un capítulo dedicado a los inmigrantes, otro a los hackactivistas , otro a los jóvenes, a los partidos políticos, a la prensa, a la Iglesia, el antiterrorismo y el movimiento de los indignados. Se corona el manojo con un brillante capítulo de síntesis teórica a cargo de Gil Calvo, cuya lectura por sí sola ya justifica la de todo el libro.
El capítulo de la inmigración (E. M.Coppola y A. M. Pérez) estudia con tino la distinta percepción del fenómeno inmigratorio con el agravarse de la crisis, tanto en la opinión pública (p. 21) como en los partidos políticos (p. 22), da fe de la debilidad de las demandas de los actores en tiempos de crisis en que prevalece el silencio sobre la inmigración (p. 32), lo cual puede ser hasta prudente si se piensa en lo que los autores llaman la "fractura del muro de contencion", cosa que se ve en la aparición de Plataforma per Catalunya (p. 34).
Es muy interesante el capítulo sobre hackactivistas (J. M. Robles, D. Redondo, A. Rodríguez y S. De marco) porque confirma el avance en el estudio de esa política nueva que es la ciberpolítica. De hecho el libro entero acusa esta orientación pues, aunque solo un capítulo se ocupe en concreto de los indignados, todo el estudio está, en el fondo, a la sombra de estos. Poner el foco en los hackactivistas que son, obviamente, actores nuevos, está bien. Pero dado que el sujeto del nuevo ámbito digital es el internauta, convendría especificar las diferencias entre ambos pues si todo hackactivista es un internauta, la proposición inversa no es cierta. Surgen entonces preguntas bien interesantes: ¿cuándo pasa un internauta a ser un hackactivista? ¿Qué cantidad de hackactivismo hay en internet?
El estudio sobre los jóvenes (J. Benedicto y M. L. Morán), bien provisto de datos, expone las dificultades, los problemas y preocupaciones juveniles (p. 66) con notable fuerza de convicción, estudia los obstáculos actuales a la politización de las demandas juveniles (p. 71) y concluye considerando la posibilidad de que estas insuficiencias generen una sociedad débil (p. 76), interesante concepto sobre el que aún cabe reflexionar.
En cuanto a los partidos políticos (E. del Campo) pinta un panorama crítico, casi agónico de los partido políticos, cuyo deplorable comportamiento general (incumplimientos en especial) les ha ganado la desconfianza de la gente, su desafección, la aparición de movimientos como el de Beppe Grillo (p. 90) o los indignados, con su fuerte orientación apartidista. Del Campo advierte que la sociedad ha sabido adaptarse mejor que los partidos y recomienda a estos que aprendan a actuar en la red (p. 105). En realidad, hacen lo que pueden. Pero tienen difícil adaptación y, sin embargo, es imperativo que lo logren. No se ve por qué internet obliga a las profesiones a reinventarse (los periodistas, los profesores, los abogados, los traductores, los arquitectos, etc) pero no a estas venerables instituciones partidistas que vienen del siglo XIX. Tiendo a ver el Movimiento Cinco Estrellas más como un heraldo del futuro que como un síntoma pasajero de una crisis.
El ensayo sobre la prensa tradicional en España (A. R. Castromil y J. Resina) trae de nuevo los indignados a escena para aquilatar el comportamiento de la prensa tradicional y considerarla deficiente hasta el punto de plantearse la pregunta que se alza en todas las redacciones: ¿son las NNTT un substituto mediático? (p. 115) Sus ventajas son indudables y los autores las analizan con detalle y acierto y especial tino al dar cuenta de la polémica entre ciberoptimistas y ciberpesimistas (p. 118).
El capítulo sobre la Iglesia (J. de Andrés) es un estudio densísimo que, en muy breves páginas, sintetiza el sentido completo de la acción de la Iglesia en los últimos años, su panoplia de repertorios y el carácter de sus demandas. Un capítulo así solo puede ser el resultado de una trabajo de años, metódico y muy bien indagado. Es imposible dar cuenta de la riqueza del estudio. Señalo tres hallazgos entre otros muchos: el uso de las misas (cuatro en total) como hitos que permiten observar la acometida de la Iglesia en pro de la "reevangelización de España" (p. 134); los repertorios de actuación según que la Iglesia actúe como grupo de presión o como Estado (p. 146); la sutil clasificación de las demandas de la Iglesia, coronadas con el binomio matrimonio-patrimonio (p. 151). Hay que leerlo.
El trabajo sobre el antiterrorismo (L. F. de Mosteyrin) que antaño hubiera narrado explosiones y atentados, versa ahora sobre el ocaso del terrorismo. Registra el momento del giro con los hechos que condujeron al Foro de Ermua y la aparición de ¡Basta Ya! (p. 166) (por cierto, reaparecido recientemente) y que fueron el inicio de la política de tolerancia cero, alimentada asimismo por el impacto del 11-S. Está muy bien el tratamiento del todo es ETA y la doctrina de los círculos concéntricos del juez Garzón (p. 172), a quien el destino reservaba una jugada. Y está muy bien asimismo que se contrapongan los argumentos a favor y en contra.
Por último, el estudio sobre los indignados propiamente dichos (P. L. López) aborda el fenómeno desde la perspectiva del empleo político de los espacios públicos. La calle es nuestra (p. 192) y, a este grito, se traza la historia de los indignados españoles desde el barrio Malasaña al 15-M en la tarea de construcción de espacios simbólicos (p. 196), lugares para una nueva forma de acción política. La importancia de las NNTT en el movimiento indignado no puede exagerarse (p. 199). Por supuesto que no. Un ciberoptimista como Palinuro sostiene incluso que los indignados son la personificación de los actores en ciberpolítica.
El epílogo, Dramatizar la agenda. La construcción performativa del antagonismo (E. G. Calvo) es un intento de síntesis teórica de alto vuelo. El fin de siglo coincide con la crisis de la democracia volátil (p. 217) que, supongo, tendrá algo que ver con la sociedad débil de Benedicto/Morán. En apoyo de la idea, Huntington, Giddens, Manin. Yo hubiera añadido la liquidez de Baumann, para hacer más redondo el espejo postmoderno. La crisis de la sociedad se articula en los tres factores de la mercantilización, la mediatización y la deslegitimación. Un juicio tan certero como penetrante. La reacción nos lleva directos al terreno de los superlativos esdrújulos o el campo de los novísimos, novísimas respuestas a la crisis; novísimos movimientos sociales, detectados de la mano de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau (p. 224), pues los nuevos movimientos sociales, lexicalizados como tales, son cualquier cosa menos nuevos; novísimos repertorios retóricos. Sin ir más lejos, FB y no hablemos ya de Twitter, allí donde se produce lo que anuncia el título del ensayo: el encuadre antagónico, el ciberactivismo y el giro performativo (p. 225), convenientemente apoyado en los elementos de toda performance de Jeoffrey Alexander (p. 232). Un trabajo bien interesante y, como dicen los blogueros, muy currao.
Todo el libro es muy interesante e innovador.
dimecres, 6 de març del 2013
Muere el caudillo.

No me cuento entre los fans de Hugo Chávez ni de lejos. Pero, aunque no fuera nada del otro mundo, la estofa de los argumentos que se emplean para atacarlo haría de él un hombre grande. Y eso sin cuestión ideológica ni personal alguna.
Era un caudillo, en efecto, con unas formas y modos de gobierno muy personales y rompedores. No era un hombre del común. Caudillos fueron, en cierto modo, Roosevelt, Churchill o DeGaulle. Hombres poco corrientes, que hacían cosas poco corrientes, que rompían moldes. Como Chávez. Pero aquellos ganaban elecciones. Como Chávez. Eran caudillos democráticos, que guiaron a sus pueblos en situaciones difíciles. Como Chávez. Creen quienes lo tachan de "caudillo" que todos los caudillos son como los que ellos veneran. Y no es el caso.
Chávez era un gobernante populista y mediático. Controlaba los medios públicos y hasta tenía un programa de TV, Aló, Presidente!, un poco estrambótico. Pero también tenía enfrente una poderosa batería de medios privados (audiovisuales y prensa) que iban -y van- al degüello. Es de risa que las críticas más feroces contra Chávez en España salgan de los beneficiados del control absoluto que el gobierno ejerce sobre todos los medios públicos y gran parte de los privados. Como en Italia. Los más antichavistas son los berlusconianos, quienes gobernaron con control total de los audivisuales (públicos y privados) y gran parte de los escritos.
Como la corrupción. Ignoro cuál sea la ejecutoria de Chávez pero sé que, si hubiera algo, la legión de sabuesos, espías, confidentes y judas que la derecha venezolana y mundial habrá lanzado sobre ella, lo hubiera propalado por doquier a los sones de la marcha triunfal de Aida. También tiene gracia que, quienes más insinúan comportamientos corruptos del militar venezolano (de insinuar no pasan) sean quienes apoyan cerradamente un gobierno cuyo presidente está acusado de recibir pagos ilegales sin que, dos meses después, haya acudido a los tribunales en defensa de su honor o haya dimitido al reconocer que el honor estaba perdido.
El odio de la derecha a Chávez cristaliza en el famoso ¿Por qué no te callas? Que sonó a la voz de la España rancia acallando la América Latina rebelde. ¿Con qué autoridad? El tiempo la ha mostrado. El venezolano calló. Pero su vida habla hoy por él. El español hizo callar. También su vida habla por él. Chávez habrá hecho de las suyas pues era hombre temperamental. Pero no consta que viviera recluido en una burbuja protegida por unos medios timoratos y cómplices y unos servicios de seguridad dedicados, al parecer, a menesteres impropios. Un ambiente cortesano en el que se entrecruzan los granujas, los conseguidores, los aduladores, los validos y las amigas entrañables. ¿Quién calla a quién?
Chávez fue un caudillo populista democrático. Un militar golpista que supo redimirse (y, de paso, mostrar la valía de sus intenciones primeras) aceptando el sacrosanto principio de que al poder legítimo solo se llega mediante la voluntad libremente expresada de la mayoría de los ciudadanos y solo se conserva legítimamente mientras esa mayoría así lo decida. Aquel rapaz nacido en la miseria ha sabido labrarse un lugar brillante en la historia, mucho más noble que el de sus enemigos.
Que la tierra le sea leve y no digáis nunca de un hombre que fue feliz en tanto no haya muerto.
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