dissabte, 24 d’octubre del 2015

Hablar claro es bueno.


Hay vida fuera de las pantallas de televisión. Gente real, no audiencias. Gente que mira, escucha, lee, piensa, razona y toma decisiones, además de ir por otra lata de cerveza en el frigo. Y gente que habla sin estar pendiente del foco, el ángulo o los tuits de los espectadores. Es necesario abandonar, aunque sea un momento, el mundo de impostación de los platós y salir a la calle a hablar en vivo y directo, con gente de carne y hueso. Lo saben los pintores: una cosa es pintar en el estudio y otra hacerlo al aire libre. En el estudio todo es muy bonito, pero falso. Fuera, salen defectos, pero se es más auténtico.

Por un momento, Iglesias ha salido de los platós, de hacer el ganso con presentadoras impresentables y colegas de faena política mucho peores que él, pero más avezados en el juego sucio. Y lo ha hecho con un discurso claro, conciso y muy pertinente. Espero que la experiencia sirva en el futuro. Los medios, en especial la televisión, multiplican, difunden, viralizan todo: la mentira, el engaño, la confusión, el ridículo. La popularidad mediática tiene un precio: te conoce todo el mundo... y te valoran como a Rajoy, lo cual es tremendamente injusto para alguien que está en sus antípodas. En cambio, si sales a la calle y hablas al paso y respondes a lo que te pregunta cualquiera y hablas claro, descubres que eso es bueno, que puedes llegar mucho más que si sigues mareando la perdiz por los platós dando a entender lo que no eres, siendo ambiguo, epiceno, oportunista, con miedo a asustar a unos o inquietar a otros.

Hablar claro, en un lenguaje sencillo que entiende todo el mundo, sin equívocos, te aleja de esos cálculos oportunistas y miserables del engaño, el embuste y la ocultación en donde el PP y sobre todo C's siempre ganarán a la competencia porque lo suyo es de necesidad: mienten o perecen. Que quien puede permitirse la verdad acuda a la falsedad es un cobarde y nunca hará nada. Si eres de izquierda, di que eres de izquierda, entre otras cosas porque es imposible ocultarlo y no trates de engañar a nadie y mucho menos insultando. Solo los de derechas niegan ser de derechas. Con razón. Los de izquierda que niegan ser de izquierda no saben ni en dónde están.

Hay que confiar más en la gente. Abandonar el paternalismo insoportable de quien dice profesar creencias que la mayoría no entiende. La gente, todos, entendemos muy bien de qué va esto y sabemos quién engaña y quién no. Parece mentira que tengan que venir otra vez los portugueses a demostrar a los izquierdistas españoles que se puede ser de izquierda y ganar elecciones y, además, ponerse de acuerdo entre las distintas ramas, no insultarse entre sí,  respetarse y concertar sus esfuerzos. Otra cosa es que la derecha portuguesa sepa perder sin hacer trampas porque eso es típico de todas las derechas. La española es buen ejemplo: pura trampa, pura mentira y engaño.

Existe un vacío tremendo en la izquierda española. Los votantes están desconcertados ante una proliferación absurda de opciones en un guirigay incomprensible de propuestas e insultos hechas por una caterva de vanidosos cuyo interés es inversamente proporcional al tamaño de su ego.  Hacer propuestas concretas, claras, viables y de izquierdas y esas sí, explicarlas, razonarlas, defenderlas es algo elemental. Cinco de estas ha presentado Iglesias al Consejo Ciudadano de Podemos pero, sobre todo, a la ciudadanía en su conjunto. De esta forma quizá se vuelva a dar a mucha gente, harta del esperpento de narcisismos televisivos, una razón para volver a votar a Podemos y este remonte en las encuestas.

Ese es el camino. Es verdad que Iglesias sigue teniendo reflejos de político marrullero, que le hacen reconocer que han cometido errores pero no decir cuáles y resabios cursis de figurín de plató, como cuando dice que salen a ganar, una tontería obvia, pues nadie sale a perder y que, además, el propio Podemos ya está desmintiendo por cuanto las propuestas desgranadas en el Consejo Ciudadano ya se presentan como acuerdos que habrán de ser negociados con otras fuerzas parlamentarias.  Las cinco propuestas son claras, decisivas, viables: 1ª) reformar el sistema electoral para hacerlo proporcional de verdad.- 2ª) Garantizar la independencia de la justicia.- 3ª) Blindar en la constitución los derechos de la ciudadanía, especialmente los de la tercera generación.- 4ª) Acabar con la corrupción de una vez.- 5ª) Realizar un referéndum vinculante en Cataluña en ejercicio del derecho a decidir de los catalanes.

Es un programa socialdemócrata, de reforma de la Constitución. Nada de proceso constituyente. Palinuro, quien prefiere votar en Cataluña, pero ha de hacerlo en España, lo votaría con algunos matices que habrán de quedarse para otro post. Pero es de esperar que la experiencia, la amarga experiencia, nos libre de seguir escuchando baladronadas del estilo de asaltar los cielos, romper el candado del 78, acabar con la casta y otras necedades de ese calibre.

Hacer como que hacen.


Estos de Público tienen portadas mejores que las de Mongolia.

Según parece, Rajoy ha entrado en un frenesí de inauguraciones, para deslumbrar al pueblo antes de que cierren los fastos y comiencen los nefastos de la campaña electoral. Ha inaugurado carreteras, vías férreas, parques, instalaciones, edificios de condición varia, algunos ya inaugurados hace meses. Como si quisiera condensar en quince días los cuarenta inaugurando pantanos de Franco. A veces no sabe ya ni lo que inaugura y, si le hubieran dado un hisopo y una estola en lugar del mazo que usó abundantemente, hubiera inaugurado el Consejo de Seguridad de la ONU al grito de May well!.

Tampoco esta vez la inauguración fue normal ya que el organismo inaugurado fue aprobado después en el Consejo de Ministros. Es decir, no se inauguró una realidad material sino un proyecto. Lo cual tampoco era tan extraño dado que las oficinas estaban vacías pues no hay personal o quizá tanto como aviones en el aeropuerto de Castellón. El caso es inaugurar algo, lo que sea, hasta la ciudad sin nombre.

Y, como todo cuanto hacen Rajoy y el PP tiene su punta de humor, resulta que el organismo inaugurado, la Oficina de Recuperación y Gestión de Activos, tiene las siglas de la ORGA, Organización Regional Galleguista Autónoma con la que Casares Quiroga puso a las Irmandades da Fala en 1929 a hacer política hasta acabar en la República. Algo muy apropiado para refrescar la memoria de Rajoy pues cuando se haya olvidado del significado de su ORGA que, obviamente, no servirá para nada, al menos se acuerde  de Casares Quiroga, presidente del gobierno de la República al que le estalló una sublevación militar, como a él parece camino de estallarle una civil.

Al margen del carácter tragicómico de esta legislatura, lo significativo de esa inauguración fantasma es que simula ser algo real con el afán de llevar al ánimo de la ciudadanía la noticia de que Rajoy será el gran azote de la corrupción. Si inaugurar un organismo que no existe es absurdo, calcúlese que será convertir a Rajoy en el mayor azote de la corrupción que él mismo ha posibilitado, amparado, quién sabe si fomentado y de la que quizá se demuestre que se ha beneficiado. En definitiva de la que es políticamente responsable por todos lados. Vamos que, de ser azote, el presidente de los sobresueldos piensa serlo más dulce y suave que los que se propinaba Sancho a cuenta de desencantar a nuestra señora Dulcinea.

Es la esencia misma del gobierno: no hacer nada sino hacer como que se hace. De no ser porque de nuevo, como sucedió con el Yak 42, con el metro de Valencia, con el tren de Santiago, con el Madrid Arena, la incompetencia de esta gente provoca víctimas y sufrimientos sin cuento, es de incorporar el episodio de la gestión del accidente del helicóptero en el que han desaparecido tres militares españoles. Después de darlos por sanos y salvos ayer, de confesar luego que no sabían en dónde estaban, las autoridades españolas confiesan ahora que no saben nada de los tres tripulantes y echan la culpa a las marroquíes que, al parecer no corrobaron su información. Como siempre, falso. Quienes no corrobaron fueron los españoles que, antes de despertar falsas esperanzas, debieron asegurarse de que los marroquíes habían confirmado sin sombra de duda.

Rajoy, quien carga el coste de la dependencia de su padre al erario, se erige en azote de la corrupción, como puede verse en el empeño del PP por que dos de los tres magistrados que han de juzgar el caso Gürtel sean de su órbita, prácticamente de su militancia.

No hacen. Hacen como que hacen. Y generalmente deshacen.

divendres, 23 d’octubre del 2015

En España, toros y cuernos.


Mira qué bien y qué castiza ha quedado la señora Merkel alabando a Rajoy por haber agarrado el toro por los cuernos (den Stier bei den Hörnern fassen), cosa que solo puede hacerse en España. Berlusconi, Sarkozy y Juncker se habrán quedado notas. Claro, hombre, la bravura en España es coger el toro por los cuernos. Razón por la cual el ministerio de Educación, según creo, va a abrir una especialidad de FP de banderillero o muletilla o algo así taurino con mucho futuro.

Los dirigentes de la derecha europea han venido a Madrid a dar ánimos a Rajoy. Tres, Sarkozy, Berlusconi y Juncker, no pintan gran cosa. Pero Frau Merkel copa el escenario y bendice la obra de su pupilo. Que lo haga diciendo auténticos disparates no tiene importancia. Además los disparates se los habrá suministrado el correspondiente servicio de presidencia del gobierno. Por eso dice la señora con teutónico aplomo que se ha creado un millón de puestos de trabajo, cifras que contradicen los titulares mismos de El País con los que comparte portada que rezan: Saldo de la legislatura: menos paro pero menos empleados. Y lo del "menos paro" también es fábula si se suman los que se han ido al extranjero, han salido del mercado de trabajo o están en él por horas.

En el encuentro conservador faltó Cameron, pero estuvo el inimitable polaco, que levantaba el brazo de Rajoy como si fuera un púgil vencedor. Es revelador de una idea de la política. Las cámaras captaron a Rajoy departiendo amigablemente con Berlusconi en un banco, seguramente hablando del bunga-bunga. Realmente faltó el pequeño Nicolás.

Las elecciones prometen ser un espectáculo único con un montón de novedades. La joven y rutilante aparición que ya acapara atención mediática internacional está dejando a los demás en una gris penumbra. Dice lo que le parece y se desdice acto seguido con el mismo desparpajo. No importa lo que diga. La gente lo votará. De eso parece estar seguro. Es una pena que el finado Ruiz Mateos se disfrazara una vez de Superman. Este podría hacerlo mejor.

A su izquierda, el panorama es desolador. Un revoltijo de gentes mal avenidas que se pasan el día poniéndose de chupa de dómine y recopilando sesudos estudios e informes. Por si fueran pocos se anuncia un pelotón de rezagados con Baltasar Garzón a la cabeza, a sumarse al carrusel de personalidades de la izquierda para darle mayor animación y mayor libertad a sus votantes que así tienen más en donde elegir. 

El PSOE es el verdadero peligro para el PP, el que puede atraer el voto útil de la izquierda, sobre todo ahora que los de Podemos han empezado a decir de sí mismos que son el verdadero voto útil.

Separarse con la Constitución en la mano.


Mercè Barceló i Serramalera et al. (2015) El derecho a decidir. Teoría y práctica de un nuevo derecho. Barcelona: Atelier, libros jurídicos. (171 págs).
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El derecho a decidir, como todos los derechos subjetivos, es autorreferencial. Así como la prueba del puding se hace comiéndolo, la del derecho a decidir se hace ejerciéndolo. Demostrar su existencia y su objetividad es imposible precisamente porque es subjetivo. Se hace, por tanto, de modo inmediato. Los seres humanos presumimos que somos dueños, titulares de unas facultades de diverso orden que identificamos intuitivamente. Para no rompernos mucho la cabeza sostenemos que esas facultades, esos derechos, nos son inherentes por naturaleza, que si se nos niegan, se nos degrada a una condición subhumana o inhumana. Los derechos subjetivos son el producto de la concepción iusnaturalista del mundo que ha estado siempre ahí pero que se consolida, expande y justifica con la reforma, la tolerancia, el humanismo, el libre pensamiento en torno a los siglos XVI-XVII.

El derecho a decidir en cuanto facultad del individuo es tan obvio que cabría preguntarse si es necesario escribir un libro para probarlo. Desde el principio kantiano de la autonomía de la persona, ese derecho es algo apodíctico. La condición humana es la de un ser que decide permanentemente. Hasta el punto de que se dice que estamos condenados a decidir, condenados a ser libres. Así pues, todo ser humano libre tiene derecho a decidir y, si no puede hacerlo, no es libre y no es enteramente humano.

Pero no es esta perspectiva más bien filosófica la que preocupa a los autores del libro, todos ellos eminentes juristas y politólogos, o sea, gente positiva, incluso positivista, interesada no tanto en averiguar la razón de ser y el origen del derecho a decidir, que dan por incontrovertible, y hacen bien, como su articulación práctica y eficacia. Para lo cual tienen que resolver una objeción frecuente: el derecho a decidir, como todos los derechos subjetivos, es individual. No puede haber un derecho a decidir colectivo.

Pero justamente eso es lo que interesa a los autores: probar que hay una faceta colectiva en este derecho, cosa que consiguen después de algunos prolijos y alambicados razonamientos jurídicos que dan lugar a una conclusión bastante obvia. El derecho a decidir es individual, pero puede ejercerse colectivamente por un conjunto de personas que residen en un territorio determinado y a la que los politólogos llaman demos. Ese es uno de los problemas mayores de este derecho en función del famoso apotegma de que antes de que el pueblo decida hay que decidir quién sea el pueblo. Tal es el escollo que salva brillantemente Jaume López con una definición algo larga del derecho a decidir pero que preside y orienta el resto de las elaboraciones de esta obra: "un derecho individual de ejercicio colectivo de los miembros de una comunidad territorialmente localizada y democráticamente organizada que permite expresar y realizar mediante un proceso democrático la voluntad de redefinir el estatus político y marco institucional fundamentales de dicha comunidad, incluida la posibilidad de constituir un Estado independiente." (p. 33). López se toma la molestia también de distinguirlo del derecho de autodeterminación, pero no estoy muy seguro de que merezca la pena, ya que la cuestión tiene ribetes más o menos semánticos.

El hecho es que la definición nos sitúa de lleno en el huerto iusnaturalista, lo cual tiene una utilidad reducida cuando se quiere hacer eficaz el derecho. De ahí que el resto de los especialistas en la obra se dedique a la tarea de mostrar los aspectos jurídico-positivos del derecho y la verdad es que lo hacen con mucho rigor y extraordinaria finura de análisis. Pero se mantiene la duda de si estos refinados análisis, complejos razonamientos, delicadas interpretaciones de las normas y la jurisprudencia constitucionales alcanzan su objetivo de ofrecer una visión alternativa convincente al orden jurídico reinante en su interpretación más al uso.  Y no solo eso sino también si es necesario, dado que el derecho a decidir, como derecho natural, tiene un elemento originario, en cierto modo faceta del poder constituyente que no requiere habilitación previa alguna, que remite a un mundo de ruptura de hecho, basado en un principio de legitimidad y no de legalidad que, por tanto, hace innecesario todo intento de derivarlo de una legalidad previa. Sobre todo si, además, es contraria.

Los trabajos son realmente brillantes y muestran un ánimo de concordia y talante democrático y un deseo de abrir cauces civilizados a la solución de conflictos que, en apariencia, no los tienen. El catalán en concreto. Josep M. Vilajosana argumenta en pro de una teoría del derecho a decidir fundamentado en un principio democrático que todos admiten, aunque presenta los mismos problemas que el derecho que quiere amparar. Así se reconoce en el interesante trabajo de Alfonso González Bondía sobre "el ordenamiento jurídico internacional ante el derecho a decidir" que arranca de una valoración de la Resolución 1999/57 de la Comisión de Derechos Humanos, titulada Promoción del derecho a la democracia al reconocer que la cantidad de votos a favor de la resolución descendió drásticamente cuando se votó el título por separado por cuanto, dice el autor, muchos miembros de la comisión dudaban de que "el estatus jurídico de la democracia fuera el de un derecho" (p. 126). Retornando al trabajo de Vilajosana, su intento es encajar el derecho a decidir en el marco de la Constitución española, cosa que solo puede hacer a base de distinguir lo que llama una "permisión fuerte" y una "débil" (p. 72) que recuerdan la distinción de Berlin entre libertad positiva y negativa. Es decir, cabría un derecho de secesión en la Constitución española dado que no está expresamente prohibido. El escollo del famoso principio de indisolubilidad de la nación española cree soslayarlo el autor recurriendo a la doctrina de la necesidad de ponderación de los principios relevantes que entren en algún tipo de conflicto.

Mercè Corretja hace un gran trabajo de recopilación y análisis de casos comparados para lo cual toma referencia en los estudios previos de Ridao. La multiplicidad de casos de separación de Estados, secesiones, referéndums, declaraciones unilaterales de independencia  en el siglo XX en Europa y otros lugares del mundo (singularmente el caso de Quebec en el Canadá) prueba que son muchos los antecedentes que podrían invocarse, según características contingentes propias, para justificar una eventual separación de Cataluña, incluida por supuesto la nada desdeñable necesidad de garantizar una protección de las minorías nacionales como parte esencial del ejercicio del reiterado derecho democrático a decidir (p. 62).

Mercè Barceló toma sobre sí la ardua tarea de demostrar la constitucionalidad del derecho a decidir en España, en cierto modo coincidente con el trabajo de Vilajosana. También arranca de la "permisión débil" de que se hablaba antes, pero se concentra en la sentencia 48/2003 del Tribunal Constitucional, que excluía la existencia de una "democracia militante" que se opusiera a ese derecho, relaciónándola luego con la 42/2014 que, en su opinión, da cabida en la Constitución al derecho a decidir (p. 100), tratando asimismo de probar que, aunque con ciertas limitaciones de objetivo, se puede articular como un derecho constitucional que genera obligaciones en los poderes públicos y, desde luego, las de formularlo y realizarlo (pp. 117-120).

En resumen, una obra muy pensada, muy trabajada, argumentando en favor de un derecho que reconoce "nuevo", como un derecho amparado en una concepción de la democracia del siglo XXI y que pueda ejercerse por cauces jurídicos mediante inteligentes interpretaciones de la Constitución que harían innecesaria incluso una reforma de esta. Interpretaciones muy sólidas que parten de un supuesto quizá excesivamente optimista: el de que todos (o una mayoría significativa) de quienes en España tienen encomendada la interpretación del orden constitucional así como su gestión y aplicación real comparten el punto de vista de los intérpretes. Que todos o la mayoría aceptan la pertinencia de ese nuevo derecho a decidir y están dispuestos a facilitar su ejercicio en función de un avanzado principio democrático. En definitiva el sempiterno problema de si un postulado de deber ser tiene cabida en un ser concreto y determinado.

Ciertamente, el libro es de una gran utilidad, pues da argumentos a quienes están empeñados en abrir camino a ese derecho por la vía de hecho mediante la voluntad política que lleva a la acción.

Pero lo determinante es esa voluntad que, insistimos, es autorreferencial.  

dijous, 22 d’octubre del 2015

Al servicio del amo.


Un relato objetivo de los hechos y una pregunta. Más que nada para averiguar si entendemos bien lo que está pasando con la presunta corrupción de CDC.

Vamos a soslayar un par de asuntillos que dan que pensar pero pueden ser casuales y no obedecer a ninguna mala intención:

el primero, que las acusaciones de corrupción de CDC, diez años después de iniciadas, aún no han dado lugar a una sola decisión judicial condenatoria;

el segundo, que algunos medios de comunicación mesetarios estaban sobre aviso  con anterioridad de que los operativos de la Guardia Civil iban a producirse y, en el caso de uno de ellos, se daba la noticia de las investigaciones, imputaciones y registros con días de antelación. Lo cual demuestra que ciertos periódicos de Madrid no informan sobre la realidad sino que la profetizan.

Los hechos:
  • La guardia civil entra en la sede de CDC en Barcelona y la registra./La policía nacional entra en la sede del PP y la registra.
  • La guardia civil detiene al tesorero de CDC./La policía nacional detiene al tesorero del PP y el juez lo encarcela.
  • En CDC, al parecer, se cobraba el 3% de comisión de toda obra pública./En el PP se cobraba el 3% de comisión de toda obra pública, según confesión de Correa.
  • En CDC se financiaban ilegalmente campañas electorales a través de la Fundación DemCat./En el PP se financiaban ilegalmente campañas electorales a través de la Fundación FUNDESCAM.
  • Todo lo anterior pasó también bajo el gobierno de Artur Mas./Todo lo anterior pasó también bajo el gobierno de Mariano Rajoy.
  • No hay acusaciones personales sobre Mas./Sí hay acusaciones personales sobre Rajoy.
  • No parece que en CDC se haya intentado destruir pruebas de relevancia judicial./En Madrid sí se han destruido pruebas de relevancia judicial en el PP.
  • Que yo sepa, El País no considera tocado a Mariano Rajoy como considera a Mas. Y tampoco se ha visto un editorial sobre Rajoy tan duro como el que se publica hoy contra Mas.
  • Sin embargo, la corrupción de Rajoy y el PP es mucho más grave que la presunta de Mas y CDC, porque afecta al gobierno del Estado, no de una Comunidad Autónoma.
¿A qué se deberá esta diferencia de trato?  

Saudade portuguesa.

Hay una leyenda ibérica, según la cual todo cuanto sucede en Portugal, tarde o temprano sucede en España. La primera República portuguesa de 1910 anuncia la española de 1931; la dictadura militar de 1926 y el Estado Novo de Salazar en 1933 se adelantan al golpe de Estado de Franco en 1936-39 y su posterior dictadura; la revolución de los claveles en 1974 preludia la transición española de 1978.

Tonterías. Antes de la República portuguesa de 1910 vino la española de 1873; antes que la dictadura de los militares lusos en 1926 se dio el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Portugal y España siempre han vivido de espaldas una a la otra y, aunque se observan por el rabillo del ojo, apenas se tienen en cuenta. Si esto no es cierto, he aquí un buen momento para desmentirlo.

La izquierda portuguesa está dispuesta a gobernar porque ha forjado una alianza entre sus tres fuerzas que, simplificando para entendernos, como en España, comprenden una facción más de izquierda, otra menos de izquierda y otra menos de izquierda. Y se han unido. Como es lógico. La unidad les da la mayoría. Sería estúpido perderla porque, de no conseguirla, gobernaría la minoría de derecha que, sin duda, es la opción que ocupa el último lugar en el orden de preferencias de los tres grupos de izquierdas. Es de suponer.

Cualquier estudioso de teoría de negociaciones nos dirá que los costes son, en principio, de dos tipos: a) costes de llegar a un acuerdo; b) costes de ejecutar el acuerdo. Para calcular los segundos hay que haber satisfecho los primeros. Llegados aquí, comienzan los costes del acuerdo y si son asumibles. Portugal, como cualquier otro país, puede prever una subdivisión entre costes "internos", de si el equilibrio social aguanta el programa y "externos", de si los mercados y organismos internacionales aceptan las medidas y sus resultados.

Es un gran experimento el de ver si una coalición de izquierda puede mantenerse en Europa, allí donde Syriza parece haber fracasado y generado bastante frustración de paso.

Detrás viene España. Parece claro que a diciembre llegarán los dos partidos de la derecha, el PP y C's y, cuando menos, tres de la izquierda, el PSOE, Ahora en Común (nueva patria de IU), Podemos y quizá una cuarta opción tan unitaria como las otras pero aún pendiente de concretar. La nube de expertos y asesores de las tres fuerzas y pico, ha renunciado ya a toda esperanza unitaria. Quedan unas cuantas trifulcas por resolver en las distintas diócesis de Podemos, pero es asunto suyo y que, por cierto, debilita mucho sus opciones.

La dispersión es la que hay y no tiene sentido lamentarla más. La cuestión es qué harán los tres mosqueteros izquierdistas si las urnas les dan mayoría absoluta en conjunto, como en Portugal. Hipótesis improbable, según los sondeos, pero no imposible. ¿Qué harán? ¿Seguirán sin unirse y permitirán que gobierne la derecha en minoría con el rollo de la "lista más votada". Si por la derecha fuera, está claro: gobernaría hasta con un solo diputado. Y sin ninguno. A Franco no le hacían falta.

La izquierda española, ¿está en posición de pagar el coste de ponerse de acuerdo o no? Si es que no, ¿por qué no? Según todos los indicios las tres izquierdas portuguesas operan cada una de ellas con un programa máximo y un programa mínimo y sacrifican partes del uno o del otro en pro de la unidad que ha de traer beneficios a todos y, es de suponer, a sus votantes. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo las españolas? Sospecho que porque ni siquiera tienen claro el máximo ni el mínimo de sus programas. Ni los programas mismos.

En Cataluña, el PSC, el PP, C's y CSQEP forman frente en contra de la candidatura de Forcadell a la presidencia del Parlament. Si esa alianza se proyectara a España daría un congreso de abrumadora mayoría española frente a un grupo de oposición catalana, quizá apoyado por otros grupos nacionalistas. Es una imagen que parece absurda y que demuestra hasta qué punto Cataluña distorsiona la política española. Tanto que no es enteramente desechable una coalición del PSOE con uno u otro de los partidos de la derecha. Incluso con los dos. Hay voces pidiéndola. Utilizarla como prueba de que el PSOE no es de izquierda tropieza con el problema de que los de Podemos también ven puntos de coincidencia con C's y no solo en los platós.

En Portugal, sí; en España, de momento, no. 

Final de la farsa.


Despedida y cierre de este esperpento. Lo que empezó con un plasma, termina en divertida bronca parlamentaria. Entre medias ríos de mentiras en todas sus manifestaciones, en las políticas adoptadas o no adoptadas, en las estadísticas de todo tipo y condición, en las declaraciones formales e informales y en las respuestas escritas y orales. Todo embuste y embeleco en mitad de un clima de corrupción que supera lo imaginable hasta en una novela que fuera compendio de la picaresca nacional. Empezando por el hecho, absolutamente vergonzoso, de que el presidente cargue los costes de la dependencia de su padre al erario mientras se los niega a la ciudadanía. Cuatro años festoneados de una serie de ridículos internacionales de Rajoy verdaderamente hilarante: aislado en las reuniones internacionales como si tuviera la peste, intentando pescar algo en inglés, paseando con Merkel haciendo como que habla en play back, balbuceando incongruencias en las ruedas de prensa.

Rajoy ha comparecido a cerrar de hecho la legislatura recordando la herencia recibida hace cuatro años y contraponiéndole una España actual recuperada, rozagante y locomotora del mundo desarrollado. Por supuesto, mentira. Como siempre. Mentira que ha tratado de colocar en Bruselas con unos presupuestos no a medida de las necesidades del país sino de las suyas electorales, que es lo único que le importa. Las mentiras ya ni escandalizan. Solo despiertan curiosidad sobre cómo se puede mentir tanto y tan alegremente. Muy sencillo, porque a este gobierno y su presidente la opinión pública no les importa nada.

¿Y a la oposición? Sánchez ha contestado a Rajoy acusándole de mentir y de amparar la corrupción. Pero no de una u otra mentira sino de la mentira sistemática, del embuste como forma de gobierno. Pues sí, efectivamente. Pero no parece que el socialista entienda el alcance de lo que dice. Un gobierno basado en el embuste sistemático es un gobierno que ha degradado el sistema democrático y constitucional español (sea este cierto o fingido) y lo ha convertido en una farsa. Farsas las ruedas de prensa sin preguntas, las apariciones plasmáticas y las asnales doctrinas del presidente mundo adelante de esas de que un plato es un plato y un vaso, un vaso. Farsas las comparecencias posteriores a los consejos de ministros que utilizan estos y la vicepresidenta para atacar a sus adversarios que, por supuesto, no pueden defenderse. Farsas los programas de debates televisados en los que todos vociferan en el mismo sentido. Farsas las relaciones del gobierno con el Poder Judicial en el que interfiere continuamente.

Y, sobre todo, lo que más debiera interesar a Sánchez, farsas las sesiones parlamentarias en las que la oposición no puede hacer literalmente nada salvo aplaudir. Y la oposición ha aplaudido,  transigido, ha tragado durante cuatro años desprecios, ninguneos y humillaciones. Ha claudicado. Ni siquiera ha sido capaz de presentar una moción de censura a un gobierno absolutamente desacreditado e incompetente, sumido en la corrupción.

dimecres, 21 d’octubre del 2015

Lección inaugural del curso en Barbastro.

Como prometido, aquí está el texto completo de la lección inaugural del curso en el centro de la UNED de Barbastro de ayer, día 20 de octubre.

En un par de días estará listo el vídeo íntegro del acto. En cuanto disponga de él, también lo enlazaré.

Mientras tanto el texto se encuentra ya en mi página web:


Aprovecho la ocasión para agradecer la presencia de las autoridades académicas, locales y autonómicas en el acto. Por supuesto, la de mis colegas tutor@s del centro, la de l@s alumn@s (¡felicidades a tod@s l@s licenciad@s y graduad@s!) y la del personal de administración y servicios, puntal básico de este centro modelo.

Singularizo al director, Carlos Gómez Mur, antiguo amigo, cuyos merecimientos no hace falta resaltar porque los reconoce todo el mundo.

Gracias, Carlos.

Guía de electores perplejos.

Los electores de izquierda no saben a quién votar. Contemplan desanimados cómo sus formaciones se fragmentan y pelean entre sí al grito de unidad. IU, Podemos, Ahora en común, aquí más en común, acullá en común del todo, aquí se puede y allí también se puede y se debe, no solo reproducen los reinos de taifas sino que, más modernos, se apuntan al cantonalismo decimonónico. Según en dónde esté empadronado el elector del partido X, se encontrará votando asimismo al partido Y, aliado con él o al partido Z, al que no puede ver ni en pintura, pero que se ha prestado a cubrir la vacante dejada por los traidores de Y que han decidido presentarse con su propio nombre para fastidiar. Y esas son las izquierdas llamadas "transformadoras" y "verdaderas" porque, siendo el pensamiento crítico esencialmente antidogmático, está claro que puede haber varias verdades, todas ellas distintas pero iguales, así como, según sabe todo el mundo, la Santísima Trinidad son tres personas pero un solo dios verdadero.

En cuanto a la izquierda socialdemócrata, la que Palinuro reputa izquierda con el mismo fundamento con que las otras izquierdas no la consideran tal, es decir, ninguno, parece haber caído en manos de un equipo de liquidadores. Pedro Sánchez, hechura perfecta y comisario de Rubalcaba, está dispuesto a coronar el ambicioso proyecto de este: acabar con el PSOE. Lo que el PP no consiguió en treinta años, ni IU con la neurótica obsesión anguitiana del sorpasso, ni el encendido verbo de los tribunos de Podemos, tiene pinta de lograrlo este dúo de sesudos estadistas. Rubalcaba hizo del partido de Pablo Iglesias un leal servidor de la corona y resucitó la mojama federal para contener las veleidades independentistas catalanas. Sánchez lo ha superado en todos los órdenes. Envuelto en la rojigualda, clausuró un congreso, conferencia o ágape socialista gritando "¡Más España!" como el que grita "¡Hágase la luz!" y luego se fue a homenajear a Lázaro Cárdenas en México con esa misma bandera contra la que Cárdenas luchó toda su vida. Un prodigio de inteligencia que coronaría más tarde en la península incluyendo en el partido a una difamadora de este y añadiendo, entre la rechifla general, que se propone separar la Iglesia del Estado siguiendo el ejemplo de la República francesa, cosa muy creíble teniendo en cuenta que su partido es monárquico. Si los votantes de la verdadera izquierda no saben a quién votar, los socialistas no saben qué votarán, si monarquía española o república francesa.

En la derecha, a los votantes del PP les zumban lo oídos. Hasta sus parientes y allegados se escandalizan de su estúpida obcecación en votar a una banda de ladrones y granujas que lleva veinte años saqueando el país, de ellos los últimos cuatro bajo la experimentada dirección de un menda experto en el cobro de sobresueldos y en el arte de la mentira y el engaño, un caradura que carga al erario el coste de los cuidados a su padre dependiente tras haber suprimido, suspendido o recortado los de los padres de los demás. Más de 100.000 personas dependientes han muerto en los últimos años sin acceder a los cuidados a los que tenían derecho. ¿Quién les mandaba no ser los padres de Rajoy, el de los sobresueldos? La intención de voto al PP es alta y lo será más el voto real porque ahora, a mucha gente, le da vergüenza decir que votará a esta caterva de mangantes, lo cual refleja una idea aproximada de la categoría del partido y sus electores. Un partido al que da vergüenza votar. Pero lo votan.

Por si acaso algunas ovejas del rebaño de las derechas se despistan, la banca y algún consorcio de los medios de comunicación, que son lo mismo, han puesto en pie un dummy, un sosias, una marca blanca, capaz de sustituir el viejo y apolillado partido de franquistas, beatos, trincones y necios de remate por otro de neofranquistas presuntamente laicos, más sutiles en el arte del trinque y tan bobos como sus progenitores ideológicos. En efecto, no es prudente cambiar de equipo ganador con cuyos embustes se consiguieron once millones de votos. Basta con la apariencia de cambio de forma que si algunos no quieren votar más a la mendaz cornucopia de La Moncloa, aburridos ya de sus sinsorgadas y embustes, puedan hacerlo a esta especie de lindo don Diego de probada capacidad para la demagogia y la mentira postmoderna. Pero es una aventura, un riesgo, una peligrosa apuesta. ¿Y si, al final, los electores de estos nuevos derechistas, atildados como testigos de Jehová, hartos de que los tomen por masoquistas, se quedan en casa?

Los sondeos auguran un resultado problemático, típico de un sistema multipartidista en el que nadie podría imponer condiciones a nadie. Algo insólito en la política española en la que la tradición y costumbre de pactos y acuerdos es similar a la de suicidios. Basta con ver cómo la prensa prefiere la probabilidad de unas elecciones anticipadas a la de una gran coalición al estilo de las que no son infrecuentes en Europa, ese continente del que dicen que formamos parte.

Cataluña/España.

Hoy, 21 de octubre, a las 19:00 en el centro cultural Blanquerna (c/ Alcalá, 44) presentaré el libro de Josep Centelles i Portella Entender Cataluña. Por qué tantos catalanes quieren un Estado propio en compañía del autor.

Quien quiera tener una idea aproximada de lo que voy a decir puede echar una ojeada a la crítica que le hizo Palinuro en su día, titulada La estatocracia española, en la que aprovechaba el concepto con el que el autor diagnostica la realidad del problema. Estado contra Estado, los independentistas catalanes quieren tener el suyo para combatir de igual a igual con el español en esa compleja relación de amor/odio que ha venido festoneando nuestras seculares relaciones. Es una vieja aspiración que se condensa en la antigua formulación medieval del aeque principaliter. Supongo que Centelles, cuyo catalanismo arranca de la amarga experiencia de formar parte de una España que jamás fue capaz de tratarse a sí misma ni a sus hijos con la dignidad que todos merecían, abrigará la esperanza de que el futuro Estado catalán, la República catalana, no incurrirá en el mismo defecto estatolátrico. Tratándose de un futurible, la cuestión quedará abierta. De momento, nuestro cometido es tratar de entender los motivos de un divorcio cada vez más inevitable.

Tod@s bienvenid@s.