dimarts, 14 d’abril del 2015

La fuerza está en la unidad.


Palinuro no va a perder un solo minuto en argumentar lo obvio: que la unidad es la primera condición de la victoria y la desunión, de la derrota.

La izquierda se presenta desunida a las próximas elecciones. La derrota es segura. Aparecerá mitigada por algunos factores nuevos como el hecho insólito de que la derecha por primera vez también se presenta dividida entre PP y Ciudadanos. Ello da pie para las logomaquias ociosas de los llamados analistas políticos acerca del fin del bipartidismo y otras greguerías. Sigan en ellas distraídos.

Para la izquierda en su conjunto, lo esencial es derrotar a la derecha. Sin embargo, parece ignorarlo porque se presenta desunida. Es más, parte de esta izquierda (IU, Podemos y formaciones satélites) justifica la desunión argumentando que otra parte (PSOE) no es izquierda sino otra forma de la derecha. Este juicio no es solamente injusto, sino tan obtuso respecto a los intereses estratégicos que uno sospecha esté dictado por la derecha que es la única a la que beneficia.

Palinuro ha sostenido siempre que la equiparación PP-PSOE es un dislate desde el punto de vista de una consideración objetiva, cuando no un claro indicador de motivaciones que mezclan el oportunismo con la pura neurosis. Consecuentemente con ello también ha defendido que la mejor opción para derrotar a la derecha es la alianza PSOE-Podemos. Por supuesto, incluiría también a IU si esta consiguiera librarse del odio de los comunistas y su inquina visceral hacia la socialdemocracia. A veces lo ha hecho, por ejemplo, en Andalucía; pero no lo tiene tan claro siempre, como se prueba en Extremadura. Por lo demás, tampoco es imprescindible: IU parece destinada al fracaso, fagocitada por Podemos.

Se impone, pues, una alianza PSOE-Podemos. No va a suceder antes de las elecciones de mayo, en las que las suertes parecen echadas. Pero, según sean los resultados de estas, seguramente se planteará a partir de ellas. Es preciso esperar, por tanto. Pero nada impide ir haciendo algunas precisiones nada gratuitas.

El objetivo estratégico manda. Desalojar a esta derecha franquista, nacionalcatólica, corrupta, presuntamente delictiva, desde su presidente hasta el último monaguillo, es una obligación ineludible de la izquierda. De toda la izquierda. Esta no soportará la responsabilidad de que, por su incapacidad para entenderse, España caiga cuatro años más en manos de unos desaprensivos que no van a dejar ni los huesos. El PSOE debe estar dispuesto a pactar con Podemos y Podemos con el PSOE, dejando ambos de lado sus quisicosas de rencillas, envidias y personalismos.

Palinuro aplaude la voluntad unitaria recientemente aflorada con fuerza en el PSOE. Sin duda, ese es el camino. Felipe González compromete su apoyo "total" a Pedro Sánchez, algo vital y, de este modo, se despeja su camino en un alarde de unidad como candidato único a La Moncloa, con el apoyo de todo el partido. Se trata de un activo extraordinario que contrasta con la desunión y enfrentamientos en las demás corrientes políticas y que refuerza mucho las expectativas de apoyo electoral del PSOE quien puede emerger en las elecciones de mayo como el partido más votado y con mucho porque es el que atiende a una de las necesidades más agudamente sentidas por el electorado.

Para que esta táctica unitaria se refuerce, deben aun darse dos circunstancias. La primera es que, además de González, también el resto de los jarrones chinos, Zapatero, Rubalcaba, Bono especialmente, dejen de enredar, de malmeter, de intrigar y de obstaculizar la labor de Sánchez en este empeño unitario en el que, en el fondo, les va la vida. En román paladino, que dejen de darse pote y de hacer el imbécil, favoreciendo los designios del adversario.

La segunda circunstancia es que Sánchez pruebe estar a la altura del momento, se libere de la sombra envenenada de un político fracasado que hace fracasar todo cuanto toca, como Rubalcaba, y adopte las iniciativas que lo proyecten con la fuerza que el objetivo estratégico reclama: por un lado, que su oposición parlamentaria sea contundente y se visualice con una moción de censura, única forma de que la gente compruebe que la intención de echar a esta derecha parásita va en serio. Por otro, que administre el partido -que no es suyo- con sentido de estrategia y amplitud de miras. Rodearse de pelotilleros y tiralevitas es grato a los oídos pero desastroso para los resultados de la gestión. Excluir a los sectores leales pero críticos, un dislate todavía mayor y más peligroso. Un líder de verdad se apoya en gente con criterio, que no lo halaga y busca el acuerdo de quienes tienen independencia de juicio y lo critican cuando deben hacerlo.

Si un PSOE así gana las elecciones en mayo, nada lo parará en noviembre. Para llegar a ellas sería estupendo que lo hiciera una alianza PSOE-Podemos. Pero, si no es posible porque en Podemos prima el espíritu neocomunista del odio al socialismo democrático de raíz anguitista, que vaya solo dejando claro por qué no ha sido posible.

El resultado puede ser espectacular.

dilluns, 13 d’abril del 2015

El voto de los "normales".

Rajoy es muy aficionado a esta imaginería de "la normalidad" y, en el escaso vocabulario que maneja un hombre tan limitado intelectualmente, términos como "normalidad", "previsibilidad", "hombre corriente", "como Dios manda" y simplezas análogas ocupan un gran espacio. Es el discurso taimado y desconfiado del palurdo que cree saber qué ocultas intenciones traen siempre los demás y presume de que a él no se la dan. ¡Pues no es él avisado ni nada! ¡No ha jugado miles de partidas de tute en el casino del pueblo! ¡No sabe él de qué pie cojea cada cual! Precisamente el resultado de tanta perspicacia y retranca consiste en presentarse a sí mismo como un "hombre normal" siendo así que se tiene por intuitivo agudo, capaz de ver las auténticas intenciones de los otros, por mucho que quieran ocultarlas.

¡A él van a venirle con ocurrencias, conejos en la chistera, adanismos, demagogias y vanas promesas! ¡Pues no es largo el "normal" pontevedrés! A ver: todos esos demagogos populistas que surgen como las setas, prometen lo imposible y dejan luego tirada a la gente. A diferencia del hombre "normal" y "previsible", como él, el que habla al "hombre de la calle",  Juan Español, porque lo entiende, porque es como él.

Tiene razón Rajoy. Es un hombre normal... en España, en donde lo normal es que la gente grite "¡vivan las caenas!" y los intelectuales mantengan "lejos de nosotros la funesta manía de pensar". Un país en el que los gobernantes sacan la pistola cuando oyen la palabra cultura. Un país que considera patrimonio cultural y arte sublime una fiesta cruel, estúpida y sanguinaria en la que se asesina a un animal indefenso para regocijo de algunos "normales". Uno que votaría a Belén Esteban la tercera en una competición a la presidencia del gobierno. Uno que se deja expoliar por los curas que, además, ubusa de sus niños. Uno que vota a millones a los herederos ideológicos de un dictador genocida y que se deja robar por ellos a manos llenas.

En ese país "normal", Rajoy es, desde luego, un hombre "normal": miente siempre; incumple su palabra (de hecho carece de ella); engaña cuanto puede; cobra dineros presuntamente ilegales en concepto de sobresueldos inmerecidos; rechaza dar explicaciones de sus actos; se esconde del público; se niega a dar conferencias de prensa en directo y abierto y se oculta detrás de pantallas de plasma; no habla ninguna lengua civilizada (ni siquiera el español) y, en consecuencia, no se entera de lo que le dicen; gobierna por decreto; es amigo, compadre y sostén espiritual de los ladrones de su partido;  solo lee el Marca y solo se distrae con el fútbol.

Tiene razón el presidente, convertido en ectoplasma: hay que votar a los suyos porque son gente "normal": son igual de granujas, mangantes, embusteros, cínicos, abusones y estúpidos que su gobernante. Forman un equipo compacto al que llaman Partido Popular pero que, según todas las apariencias, no es más que una asociación de malhechores.

Y el razonamientto "normal" del hombre "normal" no puede ser más "normal": lo mejor que cabe hacer aquí es votar a la banda de malhechores por si los votantes pueden pillar algo de lo que aquellos roben. 

Los demás ciudadanos, los que no votan a los mangantes y sinvergüenzas, los que pretenden que el gobierno no sea cosa de ladrones, los que quieren defenderse y garantizar las libertades, los derechos y  la honradez pública, somos ... anormales.

La República.

Los amigos de Izquierda Socialista de Guadalajara me han invitado a participar en un acto en conmemoración de la Segunda República, según  puede verse en el  cartel de la izquierda en el que, además, han tenido la generosidad de añadir un castizo José a mi nombre.
 
Mi cometido en este acto es el que se marca a la derecha: "visión general de lo que representó la II República". Lo tengo fácil. La II República fue el último régimen legítimo que tuvo España. Los 40 años de dictadura del general golpista y genocida, fueron una ignominia. La segunda restauración borbónica que le ha sucedido, primero en la figura de Juan Carlos I (llamado Campechano) y luego en la de su hijo, Felipe VI (llamado Preparao)tampoco es enteramente legítima. De las tres legitimidades que cabe aducir aquí, esto es, la franquista, la dinástica y la popular, solo operan las dos primeras. La tercera brilla por su ausencia. Franco nombró sucesor "a título de Rey" a Juan Carlos I, después de que este jurara fidelidad a los principios del llamado Movimiento Nacional. Es decir, tanto él como su hijo cuentan con la legitimidad del 18 de julio, un golpe de Estado militar-fascista en contra de su propio pueblo. Y con ella siguen.
 
Habiendo abdicado en su hijo Juan Carlos I, su padre, Juan, le confirió la legitimidad dinástica. Y esa es la que este régimen tiene porque carece de la popular. Nunca se sometió a referéndum ni consulta democrática la existencia de la monarquía en España, sino que entró de matute en el referéndum de la Ley para la Reforma Política de 1976. La trampa consistía en que, si se votaba "no" a esa ley, se votaba "no" a la democracia. Al votar "sí" a la democracia, la gente tuvo que tragar la figura del Rey. Más miserable, ruin y ramplona no puede ser la forma de restablecer a los Borbones en España.
 
Por mi parte, entiendo que el espíritu de la II República y lo que esta trajo a España se resume en tres grandes apartados: a) avance en la emancipación de las mujeres; b) reformas civil, militar, religiosa y agraria; c) expansión y consolidación de un sistema educativo universal  público y gratuito.
 
Los republicanos sabían y sabemos hoy que la educación es el puntal de una sociedad moderna, avanzada y libre. Por eso la suprimieron los fascistas y por eso tratan de suprimirla de nuevo sus herederos ideológicos, los gobernantes de la cleptocracia actual.

diumenge, 12 d’abril del 2015

Asaltar los cielos... rasos.


Todo va cumpliéndose según viejas reglas acuñadas en el refranero. Vender la piel del oso antes de cazarlo; dime de qué presumes; perro ladrador; el que mucho abarca; no por mucho madrugar. Que cada cual aplique el que quiera: en las elecciones primarias de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez "arrasa" con el 85% de los votos, mientras que su rival, Rocío Filpo, se queda en un 10,6%. Aplastante victoria, desde luego. Claro que solo votó el 11% del censo. Algo más de 6.000 de los 60.000 afiliados de Andalucía. Se ve que el interés de la militancia por "asaltar los cielos" es mínimo. Y mira que lo tenían al alcance de la mano porque se podía votar desde casa, por internet, metiéndose en la página web de Podemos.
 
Ha sido como una tormenta de verano. Podemos no interesa ya ni a los inscritos. Lo siento por los conversos. Van a tener que volver a IU... si queda algo de ella. Y todo esto se lo han labrado ell@s sol@s, a base de decir tonterías con mucho engolamiento, mucho meterse con todo quisque y acusar a los críticos de todo tipo de perversidades, cuando eran los únicos que decían la verdad.
 
Surgieron contra el PPPSOE o sea, para qué engañarnos, contra el PSOE. Se han cargado IU y tienen toda la pinta de propiciar la victoria socialista. Bingo.

El aborto como pretexto.


El aborto ha sido un Leitmotiv de esta zarzuela de la Xª legislatura, su tema central, la obsesión de un gobierno a las órdenes de la Iglesia católica. Esta creyó llegado el momento de hacer realidad su sueño: meterse en los asuntos íntimos de los demás, especialmente de las mujeres, con las que mantiene una secular y enfermiza relación de odio y lascivia, propia de almas enfermas.
 
Prácticamente toda la legislatura  transcurrió en una denodada batalla del ministro de Justicia por despojar a las mujeres del derecho al aborto y  retrotraerlas al siglo XIX. No bastándole con su mayoría absoluta el hombre se cubrió de ridículo en sede parlamentaria, tratando de argumentar que el engendro represivo que estaba cocinando por orden de los curas era la última prueba del feminismo militante y la emancipación de la mujer. Debía de pensar que los demás diputados y el resto del país son tan cerriles y estúpidos como él. Claro que ese ridículo era nada comparado con el que hacían las diputadas de la derecha puestas de pie, aplaudiendo que un integrista católico les dejara sin derechos y las tratara como menores de edad.
 
En su ceguera nacionalcatólica el ministro ni se había leído el programa de su partido en el que se pasaba por el asunto del aborto como sobre ascuas y en absoluto se decía que la intención fuera suprimirlo. O lo había leído y no lo había entendido, cosa bastante probable. O, vista su simpleza mental, sus jefes lo habían engañado, cosa todavía más probable. Durante su etapa de oposición, el PP había utilizado el aborto como arma contra el gobierno, como había utilizado a las víctimas del terrorismo, sin escrúpulos. Apoyó las manifas de los curas en contra de la legislación abortista y la recurrió ente el Tribunal Constitucional. Mucho gesto. Lo suficiente para engañar a un bobo como Ruiz-Gallardón. Pero, en el fondo, solo gesto. Ninguna intención de suprimir el derecho del aborto porque se trata de una reclamación generalizada en la sociedad. Ponerse en contra haría perder votos y en el PP tienen muy claro que primero son lo votos y luego los principios y si, para ganar elecciones hace falta declarar obligatoria la interrupción voluntaria del embarazo, se hace. Lo primero es llegar al poder para robar; lo de los principios es secundario.
 
Así que, cuando ya no fue posible calmar el furor ultracatólico del ministro, Rajoy lo dejó caer y estrellarse contra la realidad de un país en el que la mayoría, incluida la mayoría de católicos, quiere el aborto. La Iglesia, como siempre, se adaptó sabiamente a la situación, no intentó siquiera defender a su monaguillo, y se conformó con una reforma casi simbólica de la ley del aborto socialista (cuestión del permiso paterno), a cambio, claro, de una sustancial mejora de sus privilegios económicos porque si el PP sabe que primero son los votos y luego la moral, la iglesia sabe que primero son los cuartos y luego la fe.
 
Esta "traición" ha soliviantado a los sectores ultras del partido, dispuestos a dar la batalla contra este horrible asesinato de no nacidos, cuyos "derechos" quería proteger aquel ministro tan engolado como majadero. Los furibundos antiabortistas arman mucho más ruido del que les corresponde por su importancia cuantitativa y cualitativa y amenazan con votar en contra el proyecto de ley de reforma de la del aborto. Cuando calculen el importe de las multas que les impondrán aun serán menos. Como siempre, los principios supeditados al bolsillo. En realidad, la única persona de relevancia que agita el fantasma del aborto en la derecha es Aguirre. Y también en este caso es un puro pretexto. Al ser la candidata a la Alcaldía de Madrid que más tiene que ver con la corrupción del PP en la Comunidad, toda ella responsabilidad suya, está claro que no le interesa que se hable de la corrupción. Al contrario, cuanto más se hable del aborto (que le importa una higa), mejor.
 
Amenazan los del PP con incluir un artículo en la ley negando explícitamente que el aborto sea un derecho. Lo dice el ministro Alonso y lo reitera el ministro de Justicia, Catalá, quien, además, aporta una prueba contundente al decir que en la vigente Ley del aborto socialista ( Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) no se dice que el aborto sea un derecho. Otro que tampoco ha leído aquello de que habla. La ley no dice, obviamente, que el aborto sea un derecho, porque lo da por supuesto tanto en el Preámbulo como en el artículado. La Ley es una ley de derechos reproductivos. Ignoro qué entenderá este ministro tan pizpireto por "derechos reproductivos" pero, por si no lo sabe, incluyen el derecho a no reproducirse.
 
Pero da igual. Como da igual esa idea tan absurda de que una ley proclame que aquello que regula no sea un derecho. En el fondo son puros pretextos para no perder votos, que es lo único que importa a esta gente. Considérese la no-respuesta de Sáenz de Santamaría, mujer, a la pregunta explícita de si cree que el aborto sea un derecho de las mujeres. No responde. No es algo tan vergonzoso como esas lacayas compañeras suyas de partido que aplauden el machismo que las deja sin derechos pero es mucho más lamentable porque, si su partido afirma que el aborto no es derecho, al negar la respuesta, lo que la vicepresidenta está diciendo es que ella cree que sí es un derecho, pero no se atreve a reconocerlo. Es hipócrita, cobarde y miserable.
 
Es típico de la derecha, acostumbrada a comerciar con los principios como con las acciones en bolsa. La interrupción voluntaria del embarazo es un crimen, salvo que, si luchamos contra él, perdamos las elecciones. En ese caso, entérese, señor Ruiz-Gallardón, que es usted un poco adoquín, en ese caso, no es un crimen sino que está protegido por la ley aunque, para disimular, se diga que no es un derecho.

dissabte, 11 d’abril del 2015

La Unidad Popular.


Entre la gente de la "verdadera" izquierda se habla mucho de la deseable unidad. Pero, tratando de huir de malos ejemplos del pasado, los de Podemos rechazan el término "Frente Popular", entre otras cosas porque en él estaban los socialistas, y afirman la necesidad de ir a algo nuevo que llaman "unidad popular". Como todo lo que copian por ahí, es tan nuevo como la Cibeles. De Unidad Popular era la candidatura de Allende en los años setenta. Nada de pactos entre bambalinas. Sana unidad por abajo, popular.

En Andalucía ha fraguado ya esta ansiada unidad: PP, Podemos y Ciudadanos, como un solo hombre, unidos en un frente que, por supuesto, niegan, ponen una conditio sine qua non a Díaz para votarla como presidenta: la dimisión de Chávez y Griñán, lo que equivale a decir que votarán que no y tratarán de impedir a toda costa un gobierno socialista.

Unidad Popular. En el caso del PP y Rajoy está fuera de duda. ¿No se llama popular el partido y el banco que lo financia, el banco Popular, del Opus, del que el PP es mero apéndice? Que también es popular Podemos es obvio. Ellos mismos lo dicen a todas horas: no son de derechas ni de izquierdas, ni siquiera de centro. Son pueblo, son "la gente", los de abajo. Puro pueblo, sano espíritu popular y patriótico en el noble sentido de lo nacional-popular de Gramsci. ¿Y qué decir de Ciudadanos? Albert Rivera es la personificación misma del pueblo. Este, a su vez, es de derechas, de izquierdas, de centro, de UGT, de CCOO, de las nuevas generaciones del PP, de los boy scouts y de todo lo que se mueva. Como el pueblo, ese feliz pueblo, encantado de que lo represente gente tan popular.

Así pues, Unidad Popular, franca unidad popular de los corruptos, los neocomunistas, los recambios  y mutantes de IU y los tecnócratas relamidos de la nueva derecha. Unidad, ¿frente a qué? Frente al PSOE, contra el que se respira verdadero odio en esta coyunda de fuerzas dispares en la forma pero análogas en el fondo y va a llevarlas a todas al desastre.

El odio al PSOE, como Palinuro ha señalado en dos ocasiones (El odio al PSOE y El odio al PSOE II), es profundo y compartido por las demás fuerzas políticas; es la argamasa que une la derecha nacionalcatólica del PP con la no izquierda/no derecha de Podemos, la seudoizquierda de IU y la derecha aparentemente moderna de Ciudadanos. Un odio profundo que los junta en ese frente común de recurso al pataleo, la conducta del perro del hortelano y la probabilidad de nuevas elecciones anticipadas en Andalucía que, probablemente, darán la mayoría absoluta al PSOE.

Si yo fuera Susana Díaz, no solamente no haría nada en contra de Chávez y Griñán sino que ni siquiera contestaría a estas bravuconadas del frente del No, compuesto por gentes que no tienen absolutamente nada que ver entre sí y no servirían ni para dar un paso hacia la salida. Y, si sirvieran, sería el último que dieran pues sus respectivos electorados no volverían a votarlos.

El odio al PSOE obnubila. Es el ejemplo de lo que estos tres pilares de la unidad popular más detestan. Para el PP es el partido que promulgó la aborrecida ley del aborto, que ha costado el puesto al repelente monaguillo Ruiz-Gallardón, el de la Ley de violencia de género, el del ingreso de España en la CE, la permanencia en la OTAN, el de la universalización de la enseñanza gratuita y la sanidad pública y la garantía de las pensiones (que la derecha está ahora expoliando). El PSOE ha hecho más por España en veinte años que la oligarquía nacional católica en doscientos. Para los de Podemos, el PSOE es el único partido de izquierda que ha tenido la desfachatez de reformar mejor o peor España sin contar con ellos porque ellos y sus antecesores los comunistas y sus inspiradores, los anguitistas, no han hecho nunca nada salvo hablar y bastante mal por cierto. Y, cuando se dice "nada" es literalmente "nada". Si por los neocomunistas de Podemos y los veterocomunistas de IU fuera, aún estaríamos en esa transición que también odian porque no la entienden. Para los tecnorreaccionarios de Ciudadanos, el PSOE es el único partido reformista democrático real, es decir, la única amnaza real, el que ha hecho cambios en España que ahora ellos tienen que corregir según unas inconcretas promesas vacías de contenido.

Esta es la unidad popular que representa el frente unido de Podemos más el PP y Ciudadanos con un único objetivo: que el PSOE no gobierne. Con una expectativa de voto en torno al 12% de Podemos, está claro que esta "auténtica" izquierda neocomunista seguirá sin gobernar, como hizo IU; pero quizá preste un servicio muy valioso al PP, como lo está haciendo en Andalucía y más claramente en Exrremadura: impidiendo que el PSOE llegue al poder.

Quizá, porque no es seguro. Como tampoco es seguro que pueda bloquear mucho tiempo la situación en Andalucía. Esta unidad popular entre los corruptos del PP, los neotecnócratas de C's y la "izquierda popular" de Podemos, tan claramente visibilizada en ese frente del no a Díaz puede ser, en efecto, el fin del bipartidismo pero por hundimiento de uno de los partidos dinásticos, el PP, en coalición con los otros dos advenedizos.

Ya veremos cuántos de estos llegan a noviembre.

(La foto de Mariano Rajoy Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons). (La foto de Pablo Iglesias Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).(La foto de Albert Rivera Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 10 d’abril del 2015

De nada demasiado.


Eso decían los antiguos griegos. De nada demasiado. Los griegos modernos no necesitan el consejo. No pueden tener demasiado de nada.

Pasmado tiene el PP a la audiencia y la concurrencia con su forma de perpetrar primero y justificar después su ataque al derecho a la información y la libertad de expresión. La primera medida del gobierno de Rajoy fue modificar la Ley de RTVE de Zapatero con el fin de nombrar director sin necesidad de consenso con otras fuerzas parlamentarias. Es decir, de valerse de sus solos votos para poner al mando del ente a un correveidile fiel a las doctrinas e intereses del partido. En cosa de días no quedaba nada de la imparcialidad y el muy decoroso nivel informativo de la televisión heredados de Zapatero. Y no solo en la televisión madrileña, sino en todas las teles controladas por el PP y pagadas con dineros públicos.

Según el código mediático del gobierno y su partido la información es formación, o sea, adoctrinamiento. La realidad debe ser "editada", es decir, interpretada según los intereses del gobierno. La televisión es un medio de comunicación y, por tanto, de propaganda y manipulación. Continuamente, sin parar, en todos los programas, singularmente en los llamados "informativos", extraños espacios de experiencias místicas en las que el ser y el no ser se confunden. Una noticia pasa a ser no noticia y una no noticia, noticia, según decisiones a golpe de argumentario político. Y, si no se confunden, se transmutan filosofalmente. Por ejemplo, unos abucheos con que es recibida Cospedal en sus frecuentes expediciones inauguratorias se transforman en fervorosos aplausos.

Para acometer esta ardua tarea de adaptar la realidad a los deseos de los gobernantes, los gobernantes no pueden confiar en los trabajadores de los propios entes que tienen la competencia técnica, pero no son de probada lealtad al ideario de los mandos. Por eso hacen outsourcing ideológico y contratan, al parecer, equipos enteros en los predios afines de la derecha mediática. Y constituyen redacciones paralelas. Lógico: para crear una realidad paralela se necesita una redacción paralela.

La realidad es televisada por el gobierno central y sus sucursales autonómicas. El dominio de los audiovisuales es absoluto. Como lo son la censura y la manipulación. Es lo que los políticos del PP, por ejemplo, Aguirre, llaman "imparcialidad y pluralismo" en la tele. Y no, no es un problema de disonancia cognitiva. Es un problema de mendacidad. Una persona que pone en la calle a un periodista de Tele Madrid acusándolo de haber comprado el discurso del enemigo obviamente llama pluralismo a cualquier cosa excepto al pluralismo.

El resultado de la conversión de los medios públicos en aparatos de agit-prop es un descenso pavoroso en las audiencias cuyos shares se aproximan al cero. Estas televisiones son una ruina desde el punto de vista económico, aunque ello no importa gran cosa al gobierno que las financia con dineros públicos mientras deplora el despilfarro y busca una excusa para privatizarlas. Pero también son una ruina desde el punto de vista político, aunque es difícil que los genios del PP entiendan esto. Su afán es saturar literalmente la sociedad con su propaganda, sin permitir resquicio alguno por el que puedan colarse voces distintas, ideas discrepantes, otras opiniones. Ni las suyas, que ya es el colmo. La Junta Directiva Nacional, con sus 400 miembros ha dado un ejemplo sublime del silencio de las esferas y el amigo Rajoy ha vuelto al plasma para aparecerse al mundo.

Desconocen la sabiduría de la máxima griega, de nada demasiado. Sin embargo es bien clara. El exceso produce hartazgo y acabará consiguiendo lo contrario de lo que pretende. Como esto puede resultar difícil de entender para algunas entendederas, lo ilustraremos con un ejemplo. La caída de las sociedades comunistas en los años ochenta y noventa del siglo XX comenzó en todos los casos con las primeras elecciones parcialmente democráticas. Se hicieron bajo el orden político y jurídico del comunismo, con todas las televisiones bajo férreo y absoluto control del partido comunista y este perdió las elecciones en todas partes, excepto en Bulgaria.

Si no se controlan los medios audiovisuales pueden perderse las elecciones y si se controlan, también.

Otro envidioso, enemigo de la verdad y la luz.


Desde el comienzo de este nuevo ciclo político, Palinuro viene diciendo que lo único que conseguirá Podemos será destruir IU. Curioso que quienes nacieron con la más o menos obvia intención de destruir el PSOE se hayan cargado otra organización que también tenía el mismo objetivo. Desde, entonces, en efecto, Podemos ha venido creciendo a costa de la organización de la "verdadera" izquierda, de la que, por lo demás, proceden bastantes de sus dirigentes. A ello ha contribuido en no poca medida la propia IU que, enfrentada a un peligro de desaparición por absorción se ha dedicado a lo que hace de forma inmejorable: las rencillas, broncas internas, expulsiones, escisiones y purgas como en los mejores tiempos del añorado estalinismo. De esa forma se camina a banderas desplegadas hacia la revolución mundial, unitaria, por supuesto.

Cuando los estrategas de IU se dignaron tomar nota de que surgía una nueva formación de no menos "verdadera" izquierda que, en el fondo, era su adversaria, cometieron el error de todo principiante: despreciarla, ningunearla, sostener que era marginal y "friky", como si ellos fueran el centro del planeta. Un mes más tarde, los "frikies" eran los amos de la izquierda "transformadora" e IU tenía que pedir árnica tras el revolcón. El árnica llevaba un curioso nombre de fábrica: se llamaba convergencia. Dos fuerzas de "auténtica" izquierda no podían dividir el voto progresista tan irresponsablemente. Había que unificar fuerzas para desplazar al neoliberalismo con sus dos peludas patas, el PP y el PSOE. Había que forjar la unidad de las izquierdas que IU llevaba en el nombre. Era preciso que la orilla fetén de la pintoresca teoría anguitiana de las "dos orillas", no se fragmentara.

Pero la convergencia era una mala fórmula para Podemos porque, aunque sus dirigentes procedieran del comunismo y de IU, tenían la inteligencia suficiente para darse cuenta de que toda proximidad con el comunismo sería electoralmente peligrosa. Algún asesor con algo de idea les había hecho ver que los comunistas no han ganado una sola elección democrática plena en ninguno de los 190 países del mundo en cien años y, cuando han llegado al poder, ha sido por la fuerza de las armas. En consecuencia, con esta ejecutoria, los de Podemos, obsesionados con la tradición de perdedores de la izquierda y neuróticamente anclados en la necesidad de ganar, vieron que la convergencia con sus antiguos compañeros de fatigas, los comunistas de IU, sería suicida y acudieron a todo tipo de pretextos para no coincidir bajo ningún concepto con aquellos perdedores natos. Su modelo era Grecia, en donde un obediente partido comunista, el KKE entiende que su función es presentarse a las elecciones y perderlas con el 2% de los votos solo para que Syriza pueda ganarlas haciendo olvidar el pasado comunista de muchos de sus dirigentes. Un engaño, sí, pero de intenciones nobles, como suelen emplear los jesuitas.

Pero España no es Grecia y los comunistas españoles y sus amigos viajeros de IU no estaban dispuestos a interpretar el rol que les asignaba la obra de perdedores resignados para mayor gloria de Podemos y se empeñaron en converger. Los frikies de ayer eran la anhelada pareja de hoy. Podemos se resistía y, en parte, por eso no quería presentarse a las municipales. Pero la presión convergente era muy fuerte y pocas las razones para no hacerla: mismos principios, mismas ideas, afinidades electivas en ambas partes, pasados comunes, lazos de familia y hasta sentimentales. Imposible no converger. Y, al final, después de perder casi todo su electorado, parte importante de IU se desgajó del bloque "oficial" y se abrazó a Podemos con el abrazo del oso... moribundo. 

La otra parte, con más bronca interna que nunca, decidió concurrir por su cuenta pero dejando claro que lo que anhelaba era la convergencia para construir la alternativa de la verdadera izquierda transformadora que substituirá al neoliberalismo rampante y su valet de chambre, la socialdemocracia traidora. Podemos responde que nadie quiere una unidad de la izquierda sino una unidad popular, que es lo mismo pero no es lo mismo, etc., etc., o nueva muestra de enrevesado jesuitismo de estas nuevas gentes no tan nuevas.

Al final, el panorama de las municipales queda como el cubo de Rubik manejado por un mandril: en unas ciudades Podemos va a las municipales en confluencia con ganemos, con o sin adhesiones de IU; en otras va en alianza con IU sin Ganemos ni perdamos. ¿Por qué en unos sitios se converge y en otros, no? Nadie lo sabe y, menos que nadie, los famosos círculos de los que los jefes hablan pero jamás convocan si no es para expulsarlos en masa, como acaba de suceder en una provincia de Andalucía. 

Una IU arrastrada por el carro del vencedor como Aquiles arrastraba el cadáver de Héctor habla ahora de "arrogancia" de Podemos. La que ella tuvo cuando pudo ejercerla y con el aplauso de todos los mutantes de IU que, que después de vivir la dolce vita en la organización, habiéndose pasado de carro en mitad de la carrera , ejercen ahora de furibundos conversos en contra de sus antiguos camaradas de toda la vida y, sobre todo, de los observadores críticos que ponen de relieve estos tejemanejes y, en el colmo de la impudicia, se los toman un poco a risa.

No es para menos. Como va viéndose poco a poco. La arrogancia de Podemos puede convertirse en llanto y crujir de dientes en las próximas elecciones de mayo si llegan a ellas. Tres motivos, entre otros, parecen explicativos aquí. Palinuro los enuncia y promete desarrollarlos en sucesivas entregas de este pintoresco culebrón:

1º) Enfrentamientos internos entre el grupo mayoritario (bolche) y el minoritario (menche). Los "menches" son los aguerridos trostkistas de siempre de Izquierda Anticapitalista, verdadero pilar de Podemos y, al mismo tiempo su carcoma, como tiene por costumbre y ya está mostrando.

2º) Descenso de la valoración popular después de una sobreexposición mediática de los líderes que, además de producir hartazgo generalizado, ha puesto de manifiesto sus carencias de todo tipo. Pregunten en dónde están los aclamados académicos que no ha mucho respaldaban las más verbeneras propuestas de Podemos.

3º) Por curioso que pueda parecer, la aparición de Ciudadanos, además de letal para UPyD y muy peligrosa para el PP, también lo es para Podemos, a quien viene a arrebatar un buen pellizco del voto de los ni-nis de izquierda y derecha, como se ha probado en Andalucía. La respuesta crispada de Podemos es sintómatica. En un alarde de ingenio, Pablo Iglesias dice que hay que diferenciar el cambio (el suyo) del recambio (el de C's). Con la misma razón, o más, puede decírsele a él que hay que diferenciar entre el  cambio (IU)  y el recambio (Podemos).

A todo esto es casi milagroso cómo el resultado final de este confuso guirigay de pocos vuelos, esta turbamulta de quítate tú para que me ponga yo, deja incólume y en buena perspectiva al único partido de izquierda, el PSOE, al que todos los demás quieren destruir, el PP, IU y Podemos. 

Si lo hacen a propósito  no les sale mejor.

dijous, 9 d’abril del 2015

El gran error.


Apostillas palinúricas a unas declaraciones de Núñez Feijóo.

Según parece, don Alberto, se postula usted como sucesor de Rajoy si este se da el batacazo en las elecciones de mayo. Perfecto. Los políticos deben ser ambiciosos y querer llegar a lo más alto. Desconfíe el personal de esas modosas ratitas que dicen colmar sus aspiraciones con una viceconsejería en su pueblo. Tiene usted cualidades y le sobra voluntad. Le adorna, además, una virtud inesperada, aunque de cierto calado: es usted gallego. De un tiempo a esta parte, la derecha tiene una querencia claramente galaica en la provisión del liderazgo del país. Franco, Rajoy y ahora usted. Fraga, asimismo gallego, lo intentó varias veces sin conseguirlo. Una prueba más de que se trataba del eslabón perdido. Solo gracias a ese fallo se coló el madrileño Aznar. Pero ahora viene usted a restablecer el orden natural de las cosas: España debe gobernarse desde Galicia. Ríanse todos de las pretensiones del catalanismo político o intento quimérico de gobernar España desde Cataluña. Ni hablar. El granero de políticos españoles es Galicia.

No estando usted en campaña debe esforzarse por encontrar vías de hacerse oír en el ámbito público. Y lo hace usted un poco al estilo Aguirre, hablando por libre y saliéndose del guión marcado por el mando con valor y donosura. En este caso, lo difícil era no salirse, dado que el mando decretó silencio. Los 400 miembros de la Junta Directiva Nacional del PP, convocados por Rajoy, le respondieron con su unánime apoyo de 400 silencios. Nadie pidió la palabra ni para ir al servicio. Y eso que los españoles tenemos fama de discrepadores y parlanchines. La servidumbre, como la caridad bien entendida, empieza por uno mismo.

Pero usted mostró su arrojo y rebeldía después desde una emisora de radio y osó decir que la financiación ilegal del PP fue un gran error. ¿Por qué no lo dijo una hora antes en la mencionada Junta Directiva? Porque allí ni la palabra "error" se admite. El PP no comete errores. Sin embargo, si de puertas adentro el término error es inadmisible por excesivo, de puertas afuera lo es por insuficiente. Llame a las cosas por su nombre: no es un error sino una vergüenza, una inmoralidad y, probablemente, un delito. El juez Ruz ha explicado que, si no ha procesado al PP por delito fiscal es porque una ley de 2008 se lo impide. No es un error; es un delito continuado. Durante veinte años. Un delito que parece confundirse con el objeto social de la empresa. "Estamos en política para forrarnos". Muchos de los suyos le dirán, con razón, que la financiación ilegal no es un error; el error es que los hayan pillado.

Tampoco está bien que un candidato a candidato dicte los plazos de los hechos a su conveniencia. Según usted, el PP ya ha pagado por ese "error". ¿En qué moneda? No lo ha hecho en dinero porque no ha devuelto ni un euro y no es cosa de contabilizar como pago el lucro cesante de los beneficios ilegales porque ahora están los jueces sobre aviso. Tampoco lo ha hecho en dimisiones. Las dos o tres que ha habido lo han sido por presuntas granujerías personales de los implicados. En materia de dimisiones en esta situación la lógica y evidente debiera ser la de Rajoy. Él era y es el presidente del partido presuntamente delictivo.

Tampoco ha pagado en términos de explicaciones y aclaraciones en sede parlamentaria de los comportamientos "erróneos". En este campo, señor Feijóo, es en donde se mide la ley de sus palabras. Su mayoría absoluta en el Parlamento de Galicia ha impedido una comparecencia suya para dar explicaciones sobre la corrupción. Si no hay corrupción sino que se trata de un "error", ¿por qué no comparecer a explicarlo? Porque usted sabe perfectamente que no es un error. Hablar de "error", en realidad, es embellecer un presunto delito.

No obstante tiene usted posibilidades de ser el candidato si en efecto el señor Rajoy se hunde en las elecciones de mayo que el PP, como Podemos, ha salido a ganar. Con la nueva doctrina: son las siglas las que la gente vota. La marca. Los responsables de comunicación han sacado un hashtag llamado #orgullosodelPP. No estoy muy seguro de si pueden ustedes encontrar razones para estar orgullosos de su partido pero sí lo estoy de que no arrancarán ustedes su campaña proclamando estar avergonzados del ser del PP.

En todo caso, el discurso dominante, la propaganda electoral girará en torno a las siglas PP. Los de comunicación lo razonan de maravilla: votamos listas de partidos. No estamos tan americanizados como parece, las campañas no tan personalizadas como se dice y el liderazgo no es un factor tan importante como se supone, sobre todo cuando el dirigente de que uno dispone tiene la más baja calificación popular de la historia de la segunda Restauración. Es difícil fiar el éxito al tirón del líder cuando no hay líder y cuando la presencia de este no solo no anima a votar por su partido sino que anima a votar por otros.


dimecres, 8 d’abril del 2015

La España eterna.


Ignacio Ramírez de Haro, Trágala, trágala. El Español. Compañía Yllana. Director Juan Ramos Toro.
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Fui a ver el espectáculo de Ignacio Ramírez de Haro con una mezcla de complicidad y envidia previas y a partes iguales. Complicidad pues, por cuanto llevaba leído en declaraciones del autor, mi coincidencia con su punto de vista acerca del destino trágico-cómico de nuestro país es total. Yo también creo, como él, que España es un desastre en cuanto Estado y nación a nada que la comparemos con las otras europeas y que ese desastre se origina en la dominación de una oligarquía ladrona, inútil, vendepatrias, reaccionaria y católica. Un país gobernado secularmente por curas y frailes, militares incompetentes, civiles ladrones y reyes disolutos y estúpidos no alcanza los mínimos necesarios para codearse en lo internacional con otros Estados que han sabido organizar comunidades nacionales libres, prósperas y de peso e importancia en el mundo.

La envidia venía producida porque llevo ya un par de temporadas convencido de que la crónica de este tiempo último nuestro no puede hacerse a través del reportaje ni de la crítica política o el ensayo histórico, sino que debe acometerse como una farsa, como un esperpento valleinclanesco. Es realmente bufo que, después de cuarenta años de una dictadura miserable, cruenta, cerril e inútil, hayamos concluido el círculo de la transición con una vuelta al dominio de la misma estirpe de imbéciles nacionalcatólicos, ladrones y fascistas que alimentaron aquel régimen criminal. Esta convicción me empujaba a vencer mi resistencia a meterme en un terreno extraño y estaba ya casi decidido a hacerlo cuando se estrenó la obra en comentario, Trágala, trágala, suscitando mi inquietud al ver que otro se me había adelantado.

¡Y qué otro! Un dramaturgo con experiencia y con una biografía que añade interés e intriga a su obra. Cuñado de Esperanza Aguirre, probablemente el ejemplo más acabado de esa oligarquía parásita nacionalcatólica y estúpida que lleva trescientos años destruyendo el país, ya estrenó hace diez una obra titulada Me cago en Dios en Madrid, siendo su pariente presidenta de la Comunidad. O sea, el autor va provocando. Y hace bien. Quizá sea la única forma de sacudir la modorra hispana, hecha del maridaje entre los curas de garrote, los señoritos parásitos, los fascistas y militares de opereta y un populacho embrutecido por el pan y toros y TV. Hoy, sobre todo, mucha TV. Así lo entiende precisamente esta Aguirre quien, habiendo organizado un canal de propaganda y ensalzamiento de su persona, de basura insoportable, regido por el favoritismo, el enchufismo, el clientelismo y la falta de dignidad de unos comunicadores dispuestos a lamer el suelo a cambio dinero, tiene el morro de decir que es una TV "plural". Están tan acostumbrados a que nadie les rechiste que dicen mentiras como pianos sin sonrojarse y sin molestarse en disfrazarlas. Una TV poblada de tipos como Sánchez Dragó, Hermann Terstch o Buruaga es tan neutral, independiente y de calidad como una Mesalina virgen o un tigre herbívoro.

Vista la obra, la complicidad se mantiene; la envidia, no. El modo de Ramírez de Haro de abordar el tema de las dos Españas no casa con lo que se me ocurre a mí. Coincido en el planteamiento general del autor, pero no en su forma de tratarlo. Mi último libro sobre La desnacionalización de España se refiere a alguno de los temas más significativos que el dramaturgo expone, como las citas del famoso artículo de Maçon de Morvilliers Que doit-on à l'Espagne? del siglo XVIII, cuando se pregunta qué cabe esperar de un pueblo que pide permiso a los frailes para pensar. También hay paralelismo en rechazar el discurso fantástico, demagógico y falso acerca de la guerra de independencia como crisol de la nación española. Precisamente, su cuñada ha sido siempre abanderada de esa versión barata, carnaza de patriotismo de señoritos ineptos, cuarto de banderas, clero trabucaire y populacho ignaro del surgimiento de la nación española en 1808. A su servicio despilfarró la ultraliberal nacionalcatólica abundantes recursos públicos para seguir con la patraña de que 1808 es el punto de encuentro entra las dos Españas, la tradicionalista, oscurantista de Trento y la liberal y progresista de Cádiz, una mentira en la que están interesados la oligarquía ultramontana de siempre y los débiles estamentos intelectuales que apenas se atreven a hablar y se callan felices cuando los privilegiados les conceden alguna canonjía, un nombramiento, un cargo, unos dinerillos, una columna en un periódico de postín en la aldea o voz en alguna de sus tertulias.

Breve digresión para que se vea hasta qué punto, en efecto, España es, desde todos los puntos de vista, una anomalía y un engendro. Recién nombrada directora de la Real Academia de la Historia (RAH) doña Carmen Iglesias, la institución dice ahora por fin, y gracias a ella, que, al contrario de lo que sostiene la correspondiente voz en su Diccionario Biográfico Nacional, Franco sí fue un dictador. Reflexiónese sobre este paso porque, en su aparente nimiedad, es la clave de la desgraciada historia del país. La RAH reconoce que Franco fue un dictador. Algo elemental, que saben hasta los niños de la Patagonia. ¿Hay algo que celebrar en ello? ¿No está la RAH diciendo una perogrullada? En la Patagonia, sí; aquí, no. La misma RAH imprimió, a grave costa del erario, un diccionario en el que la voz sobre Franco se encargó a un franquista redomado, un hombre de habitual buen juicio pero que, en tocándole al General, pierde el oremus y dice auténticos dislates sobre su adorado caudillo. O sea, la actual RAH no hace más que cumplir con su deber y se queda corta mientras que la anterior cometió la villanía habitual en estos pagos de doblegarse ante la mendacidad, el abuso y la estupidez nacionales. Cosa corriente en un país en el que los jueces están al servicio del poder político y el poder político al de la Iglesia católica. Un país en el que se persigue y reprime a la gente por exponer sus ideas y se premia con dineros generalmente producto del pillaje a políticos ladrones sin escrúpulos. Un lugar en el que empresarios sinvergüenzas labran su fortuna a base de enchufes, coimas, sobornos, estafas y de esclavizar la mano de obra gracias a un marco jurídico debidamente apañado por estos políticos serviles. Fin de la digresión. Tal es la situación actual y la de Fernando VII y esto es lo que el autor pretendía mostrar.

Pero yo no lo hubiera tratado de este modo. La obra se concentra en el reinado del Fernando VII el Deseado, al que presenta como un imbécil, traidor, cobarde, cruel y absolutista. Un Borbón. Nada que objetar. La abyección del país en manos de esta camarilla de truhanes e incompetentes, María Luisa de Parma, su marido Carlos IV, su amante Manuel Godoy y sus hijos, en especial este desecho de la condición humana que fue Fernando VII, es completa y el autor la expone sin concesiones. Si acaso, se queda corto. La historia se entrevera con continuas referencias a la situación actual para hacer verdad el dicho de que en España nada ha cambiado y que el país sigue regido por la Inquisición y la misma mentalidad cerrada de la época fernandina. Pero no creo que este juego con la máquina del tiempo esté conseguido. Al contrario, desmerece bastante. El hilo conductor de la reina Leticia narrando en directo los acontecimientos políticos de la guerra de 1808 -reiteradamente considerada como una guerra civil, cosa bastante cierta- es artificioso, injustificado y la actriz lo remata sobreactuando a cada paso. Es verdad que la acción general lo pide porque todo está visto bajo el prisma de la farsa, la burla y el esperpento, lo cual va bien con el absolutismo borbónico pero no acaba de cuajar porque también este aparece sembrado de chistes y parodias manidos y de escasa originalidad. La cuestión del priapismo del Borbón y la presencia del psicoanalista argentino son sencillamente inaguantables. La guinda la pone la presencia de un Pablo Iglesias Turrión que, sobre ser desafortunada, carece de toda razón de ser como no se trate de recordarnos la perennidad de la lamentable condición hispana.

La obra es una farsa, de acuerdo. Y en las farsas todo es desmesura. También de acuerdo. Y estridencia y burla. Siempre de acuerdo. Procacidad, rabelesianismo, burla y chirigota. Pero todo eso no está reñido con la originalidad, el ingenio, la innovación y el frescor de las ideas. Me temo que no sea el caso salvo algunas excepciones. La historia de Fernando VII y este miserable país del ¡Vivan las caenas! y el Lejos de nosotros la funesta manía de pensar, ambas expresamente citadas en la obra es suficientemente conocida, aunque no esté de más recordarla y recordársela a sus herederos. Pero eso es fácil. Más difícil es vincularla a la actualidad y tal es el punto débil de la obra porque no lo consigue. La aparición de Pablo Iglesias carece de sentido y toda la última parte de la pieza, a partir de la muerte del Deseado en La Granja, sobra,

Tengo mi explicación respecto a esta insuficiencia en la actualización del drama permanente de España y es que el autor queda superado por lo que enuncia pero no alcanza a comprender del todo. Tiene la valentía de decir al público que el grado de imbecilidad, tiranía y cerrilismo de la oligarquía española ha llegado a tal extremo hoy que España está a punto de desaparecer por desintegración territorial. Estoy de acuerdo con el aviso. La fantástica ineptitud de esta banda de ladrones que detenta el poder político, encabezada por un prodigio de estolidez, marrullería y corrupción que es Rajoy, ha conseguido destruir las escasísimas esperanzas que una timorata transición había hecho surgir de contar por fin con un país normal en Europa.

Pero aquí está la divergencia y no es menuda. El mayor riesgo de fragmentación de España viene, sin duda, del soberanismo catalán. Pero el tratamiento que Ramírez de Haro hace de él, sugiriendo que, en el fondo, es una variante del carlismo y, por lo tanto, profundamente hispánico, es en mi modesta opinión, errado y emparenta al autor con los nacionalistas españoles subgénero cínico, esto es, aquellos que quieren desactivar el movimiento soberanista acusándolo de ser justamente lo contrario de lo que es. El actual nacionalismo catalán es un proceso de recuperación no solo de la identidad colectiva de este pueblo sino también de su dignidad como personas en una sociedad libre, abierta, plural y tolerante. O sea, lo contrario de lo que es España.

Y si la rump Spain tiene alguna esperanza de no acabar yéndose por el sumidero de la historia a manos de esta oligarquía de imbéciles, más le vale que vaya aprendiendo de los catalanes en lugar de negarlos.