diumenge, 29 de març del 2015

Prohibido extrapolar.


Como todas las prohibiciones, esta de extrapolar incita a no respetarla. Sobre todo a los que la formulan. "No se puede extrapolar", dicen, mientras lo hacen continuamente. Depende de si les interesa o no. El discurso político es así. Y el de los analistas, también. Además, es gratis: si la extrapoación se produce, ya lo dijimos nosotros; si no se produce, ya dijimos que no se puede extrapolar.

Palinuro, como todo el mundo, no confía nada en las extrapolaciones, pero las hace. He aquí una sucinta, gracianesca y en clave antinómica:

PSOE: las elecciones se ganan en el centro.
PP: las elecciones se pierden en el centro.
Podemos: Consolidarse es difícil.
Ciudadanos: Consolidarse es fácil.
IU: se va a quedar en las raspas.
UPyD: ni en las raspas.

En términos más concretos. Todo se orienta ahora hacia las elecciones de mayo a las que los partidos llegan como los coches de fórmula 1, al menos los que yo he visto en películas: dan unas vueltas, hacen breve escala en el taller, beben agua o gasolina o lo que sea y, venga, otra vez al circuito, a ganar. El símil, muy al dedillo, del boxeo, con sus descansos entre tiempos, no es aplicable aquí porque remite a una realidad bipartidista  que, por lo que se supone, está en el ocaso.
 
El panorama es muy confuso. El PSOE está de remontada, tiene dos candidatos claros en Madrid y proyecta en toda España una imagen de partido institucional unido con intenciones prudentemente reformistas. Su punto débil es Cataluña. Como los resultados de estas elecciones no se agregan, quizá no se note mucho. Pero es un punto muy débil que se hará sentir en las elecciones generales.
 
El PP está en el marasmo. Los gobiernos locales y autonómicos bajo su dominio, carcomidos por la corrupción, el caciquismo y la incompetencia. El discurso de la recuperación de España no encaja en este debate aparte, por supuesto, de no ser creíble. De las dos candidatas en Madrid, Cifuentes es primeriza pero Aguirre es una veterana en elecciones. Mucha gente la equipara a Margaret Thatcher y ella, probablemente, alimenta  la comparación. Pero su verdadero modelo en estas elecciones es el alcalde de Londres, Boris Johnson, un miembro del Partido Conservador con un carácter y un talante parecidos a los de la expresidenta de la Comunidad. Pero con muchas diferencias: es más joven, más espontáneo y, sobre todo, es mucho más abierto de ideas que esta doctrinaria neoliberal de pura cepa nacionalcatólica.
 
Los dos emergentes, Podemos y Ciudadanos, andan enfrascados en organizar sus candidaturas. Los primeros lo hacen de modo abierto, mediático y bastante confuso por la cantidad de nombres que se proponen. En Madrid tienen una buena candidata a la alcaldía, Manuela Carmena pero que, por edad y trayectoria, representa más el régimen que Podemos quiere destruir. El candidato a la Comunidad responde mejor al perfil de la formación, pero parte de un grado de conocimiento público muy bajo y queda un mes y medio hasta las elecciones. Ese es el problema también de los dos candidatos de Ciudadanos, Begoña Villacís e Ignacio Aguado, también muy representativos del espíritu que quiere proyectar C's: una derecha flexible, moderna. Un centro. Por supuesto, la capacidad de acción de Ciudadanos variará en función de la que tenga de absorber miembros de UPyD.
 
Los dos restantes, IU y UPyD pueden entonar la sinfonía de los adioses. Los de la federación, están de trifulca como siempre.  En Madrid han dado con dos dos candidatos, Luis García Montero para la Comunidad y Raquel López para la Alcaldía, ambas personas muy dignas pero no sé si muy apropiadas, sobre todo en situación de debilidad y sin tener muy claro si se debe atacar o defender a la otra forma de la izquierda con la que compite pero con la que se quiere converger. En cuanto a UPyD tiene candidatos pero, como van las cosas en el partido, es posible que, al llegar las elecciones, solo tenga eso: candidatos.
 
En estas elecciones hay una faceta catalana nada desdeñable. Los resultados de las alcaldías catalanas, sobre todo la de Barcelona, serán un buen indicador para los de las elecciones del 27 de septiembre y, por supuesto, darán una idea de cuál pueda ser la aportación posterior que el PSC haga a la representación del socialismo español. El frente soberanista calibrará sus fuerzas y se sabrá qué apoyo tengan los de Podemos unidos a los de Guanyem en la candidatura llamada Barcelona en comú.
 
Nada, que no se puede extrapolar.

dissabte, 28 de març del 2015

S'ha acabat el bróquil.

Tomo prestado el título del libro de Jaume Barberà, éxito de ventas, aunque con una intencionalidad distinta. El bróquil que aquí s'ha acabat es de otra naturaleza. Se ha acabado la broma, vaya. Eso de tener a un rojeras descorbatado batiendo marcas de audiencia, dando voz a los adanes, dejando en evidencia a este gobierno, cuyo talante democrático raya en cero, no es justificable. Presión de la autoridad sobre la cadena privada y puntapié al presentador incómodo. El programa seguirá pero es de presuponer que con una orientación distinta, más respetuosa con los poderes constituidos.

La empresa justifica la medida en la falta de objetividad de Cintora. Lo hace de modo ritual pues la nota no explica nada, sino que comunica una decisión adoptada. Es un poco cómico porque, según convicción universal, la objetividad no existe. Lo cual no implica que no sea necesario tratar de conseguirla. Pero, además, comparado con lo que se ve por ahí, el espacio de Cintora era bastante objetivo. En ello sin contar con que el señor también censuraba, porque este es un país de censores. En la izquierda, también. Y este en concreto, a lo que no fueran sus amigos de Podemos, alguno bastante tonto, por cierto.

En el fondo, estos asuntos son irrelevantes. La cuestión esencial es que la derecha considera esencial la lucha en el campo ideológico en donde de lo que se trata es de imponer nuestro discurso y silenciar el contrario o disidente. Lo demás, sobra. La imbricación entre elementos ideológicos y el espíritu del mercado es evidente: ninguna empresa en su sano juicio prescindiría de un empleado que incrementara el beneficio. Salvo que la empresa comercie con la ideología. Como es el caso. Un buen ejemplo de las falacias del neoliberalismo, que llama "libre mercado" a unas relaciones privilegiadas entre las empresas y el poder político, cuyo coste acaba pagando siempre el ciudadano, en este caso, el televidente.

Tiene razón Íñigo Ramírez de Haro, tan fulminantemente destituido de embajador como Cintora de presentador, cuando dice que "la marca España es la Inquisición". Tal cual. Él la ha sufrido en sus carnes. El ministro Margallo lo ha destituido de la embajada de Serbia por unas declaraciones que, según el ministerio, dañan la imagen de España en el extranjero. Es una excusa como la de la falta de objetividad de Cintora. ¿La imagen de España en el extranjero? Vaya el ministro y pregunte. Coincide más con la que bosqueja Ramírez de Haro que con la oficial, por lo demás, inexistente.

Ramírez de Haro ha estrenado en El Español una pieza bufa al parecer, titulada Trágala, trágala. Habrá que ir a verla pues todo en ella promete. Según mis noticias, arranca en Fernando VII y termina hoy, con Pablo Iglesias y la reina Letizia. Palinuro coincide con la interpretación del autor por lo que le lleva leído: España sigue siendo un país nacionalcatólico, gobernado por el clero, bien directamente, bien mediante devoto ministro interpuesto, como Ruiz Gallardón, Fernández Díaz y otros. En el caso de Margallo es más lo nacional que lo católico, S'ha acabat el bróquil de que un representante de España vaya por ahí difundiendo la leyenda negra.

Cintora e Íñigo Ramírez de Haro, la antiespaña. Según mis noticias El País ha mandado de corresponsal en Buenos Aires al hasta ahora encargado de las crónicas parlamentarias, Carlos E. Cué porque era crítico con el gobierno, según el gobierno. Consta, al parecer, una estrecha amistad entre el periodista mandarín Cebrián y la gobernante de hecho, Sáenz de Santamaría. Prensa y gobierno al unísono, el atajo hacia la tiranía.

El panorama de los medios convencionales es aterrador por lo monótono, unilateral, repetitivo. S'h acabat el bróquil de simular respeto al pluralismo y a la democracia. Vuelven los Principios Fundamentales del Movimiento, que eran imprescriptibles y fueron jurados por el monarca anterior quien ha trasmitido el vínculo de ese juramento a su hijo, si bien este ya ha jurado la Constitución.

Es una preparación en toda regla con vistas a lás próximas confrontaciones en dos tiempos: las elecciones catalanas de septiembre, cuyo resultado se abre a un futuro de incertidumbre política y las generales de noviembre, en las que la ciudadanía va a votar en favor o en contra del gobierno. Lo curioso de la situación es que si bien el voto a favor tiene un único polo, el voto en contra tiene varios. Digan lo que quieran, que estos varios polos no hayan sabido fundirse en uno es un fracaso histórico.

divendres, 27 de març del 2015

La Ley Mordaza, vía de vuelta a la dictadura.


El Congreso aprobó ayer el mayor asalto que se ha dado en España a las libertades y derechos de los ciudadanos desde 1978. Una ley y una reforma del Código Penal inspiradas en un espíritu autoritario, ordenancista, intimidatorio y represivo. Unas normas que vienen a institucionalizar un estado de excepción low cost. Una especie de ley de plenos poderes para las fuerzas de seguridad, lo cual da a este golpe a la democracia unos ribetes castrenses pues una de las fuerzas de seguridad, la Guardia Civil, tiene naturaleza militar. Esta ley desprotege a los ciudadanos, les arrebata la tutela judicial en el ejercicio de sus derechos y entrega la potestad indagatoria y sancionadora a las autoridades administrativas y, en concreto, a la policía. Por eso, la oposición, en rara unanimidad, califica la realidad que la norma instaura como Estado policía.
Establecer por ley la impunidad y el secreto de las actuaciones policiales en el control del orden público equivale a dejar a los ciudadanos a merced, no de los jueces, sino del gobernante de turno en el que hay que presuponer un equilibrio mental y una ecuanimidad que no vienen avaladas por la experiencia inmediata. A los hechos me remito: su principal inspirador, Fernández Díaz, tiene por costumbre retirarse a rezar en el Valle de los Caídos, en la proximidad de la tumba del Caudillo, cuyo espíritu ilumina al ministro, como se ve.

El PP ha aprobado está monstruosidad en el Congreso por 181 votos a favor y 118/120 en contra. Mayoría aplastante, desde luego, necesaria cuando se realiza una reforma de la importancia de esta. Tan sobrada que los autores pueden prescindir de cualesquiera alianzas y consensos y aprueban la norma con el voto en contra de toda la oposición. ¿Y qué? Los síes han sido el 60,1% y los noes se han quedado en un escuálido 39,8%.

Pero ¿es tal mayoría? Los 181 votos sí representan a 10.866.566 de votantes, o el 44,6% del voto, mientras que los 120 diputados de la oposición representan a 12.533.712 de votantes o el 50,58%. O sea, no son mayoría entre los votantes y todavía lo son menos en relación a los electores: el 30,3%, siempre según datos del ministerio del Interior. Es decir, un tercio de la población impone a los otros dos tercios una concepción del orden público arbitraria, policial y, en el fondo, dictatorial. Las energías que el Estado debiera emplear en perseguir, erradicar y hacer imposible en el futuro la corrupción, las emplea en perseguir, reprimir y silenciar a quienes protesten contra ella.

Si la oposición es capaz de unirse en un frente del "no", aunque sea a modo de inocente pataleo, ¿cómo no es capaz de hacerlo en otro frente del "no", pero más contundente porque no es contra una ley sino contra el gobierno? ¿Cómo no presenta una moción de censura? ¿Que hay resquemores de que esa medida favorece al PSOE? Quizá sea llegado el momento de dejarse de rencillas y atender al interés general. Y, si la unidad no se produce, ¿qué impide al PSOE presentarla en solitario? En solitario ha aprobado el PP la Ley Mordaza que instaura una especie de estado de excepción policial.
Un pesimista diría: apresúrense ustedes, antes de que se tipifique la presentación de una moción de censura como alteración punible del orden público y les caiga una multa descomunal, como si estuvieran manifestándose ante una central nuclear o una iglesia.

dijous, 26 de març del 2015

El accidente.

Minutos después de conocerse la noticia del accidente del vuelo GWI9525 de Germanwings empezaron a aparecer tuits insultando a las víctimas por ser catalanas. Se enconó la cosa, hubo muchas protestas, se recogieron los tuits más ofensivos y se denunciaron, la policía empezó a investigar y algunas de las cuentas más infames desaparecieron. Todo eso en unas horas. Por supuesto, el contenido de la mayoría de los tuits insultantes, criminal.

Este hecho parece dar la razón a los pesimistas civilizatorios cuando dicen que, según avanza el nivel tecnológico de la humanidad, se degrada su condición moral. En mi opinión no es así, no porque haya otro tipo de relación entre el desarrollo tecnológico y el moral sino porque no hay ninguno. La naturaleza humana es invariable y eterna. Eso es lo que nos permite entender a nuestros antepasados del paleolítico y permitirá a nuestros sucesores entendernos a nosotros dentro de 20.000 años, hasta que la naturaleza humana cambie, cosa que no es descartable sin más, claro.

Pero, mientras no cambie, incorporará un grado difícil de medir de maldad. El problema de la existencia del mal quizá sea el más profundo de la filosofía, le ética, la teología. El mal y sus parientes, la crueldad, la saña, la alegría por el dolor ajeno. Lo que hace la tecnología es evidenciarlo, no suscitarlo. Y obligar a tratarlo como lo que es, como un delito. O sea, que de haber alguna relación entre tecnología y moral, sería positiva. Aunque modestamente. Tipificar como delitos la manifestación pública de tal bajeza moral y la injuria a las víctimas y sus allegados es, a todas luces, un avance. Pero justamente, esa tipificación testimonia que se trata de una realidad. Y una realidad permanente. Quizá perenne. El peor enemigo del ser humano es el ser humano. Un lobo, decía el filósofo. Y una hiena, y un buitre y una cucaracha.

Palinuro no entiende nada de aeronáutica y, tras escuchar a varios tertulianos expertos en aviación, está peor que al principio. Espera el dictamen de las autoridades cuando hayan estudiado el contenido de las cajas negras. Con un punto de escepticismo porque no es infrecuente que se mantenga alguna disparidad de criterios y haya versiones encontradas de las causas del accidente. Ojalá estén ahora claras.

Llama la atención la celeridad con que las organizaciones de compañías low cost han salido a atajar las interpretaciones que vinculan precios bajos con baja seguridad. Y la celeridad con que la prensa se ha hecho eco del desmentido, añadiendo estadísticas. No hay, se dice, relación directa entre el low cost y la siniestralidad. No la habrá si así lo dicen las estadísticas y los expertos. Pero en esa negación hay algo que choca el normal y pedestre sentido común: este airbus A320 que se ha estrellado tenía más de veinticinco años y más de 58.000 horas de vuelo. Lufthansa lo había apartado del servicio y lo había vendido, probablemente como hace con docenas de otros aparatos cuando hayan realizado determinadas horas y kilómetros de vuelo. Germanwings lo había comprado, sin duda a buen precio, aunque esto, a su vez, acabe siendo lioso porque, al fin y al cabo, esta empresa es una filial de Lufthansa. Pero, a lo nuestro: no sé si habrá alguien en la tierra que sostenga que montar en un avión de un año y 3.000 horas de vuelo, por ejemplo, sea tan seguro como hacerlo en otro de 25 años y 50.000 horas de vuelo. Además, si así fuera, ¿por qué los venden las compañías? ¿Solo porque los modelos nuevos traen mejoras estéticas pero no de seguridad? No es creíble.

La idea es clara: low cost no quiere decir high risk. Pero ¿qué quiere decir low cost? Pues lo que dice: bajo coste. No bajo precio, que es como se ha interpretado porque, en efecto, los precios son muy bajos. Esta es la esencia misma de la competencia en el libre mercado, eje del espíritu capitalista: prosperas si eres capaz de ofrecer el mismo bien o servicio a menor precio. Quien lo consigue, hace negocio, como sabemos desde la historia del Ford T y de mucho antes. ¿Cómo se reducen precios? La vía más normal y recurrida es reduciendo costes. ¿Cuáles? En principio, los superfluos. Las líneas low cost son, en realidad, líneas no frills. Pero tales reducciones pueden tener efectos colaterales que incidan en la seguridad. Por ejemplo, costes de personal, horas de vuelo, periodos de descanso, ritmos de trabajo. Eso se puede llamar de muchos modos. Uno de ellos es el aumento de la productividad que, haciéndose siempre en nombre del beneficio, acaba considerando a las personas como mercancías; la tripulación como mano de obra explotable y el pasaje como bultos a los que hay que acomodar en el mínimo espacio posible. Y ahora, después de la impresión del accidente, de la consternación y el trastorno, a lo mejor empieza una batalla legal. Es de suponer que las víctimas viajaban en unas condiciones de seguro aceptables. Porque los seguros también son costes y también reducibles.
Las low cost son producto de la competencia entre líneas aéreas. La competencia es el alma del capitalismo, ese sistema que se escandaliza justamente ante la degradación moral de la gente pero, a su vez, degrada la vida de esa gente que no solamente viaja en vuelos low cost sino que es probable que tenga empleos low cost, salarios low cost, viviendas low cost, educación low cost, sanidad low cost y pensiones low cost. O sea, una vida low cost.

dimecres, 25 de març del 2015

Pedro y Pablo apóstoles en falta.

Pedro y Pablo son los dos grandes pilares de la Iglesia. Cuando, la de Jerusalén, los pilares eran cuatro, Pedro, Pablo, Juan y Santiago. La de Roma se ha quedado con los dos más importantes, Pedro y Pablo, tan importantes que personifican el supuesto en que excepcionalmente la Iglesia admite la disolución del matrimonio válido, el llamado "privilegio de la fe", que se subdivide en privilegio paulino y privilegio petrino o privilegio de Pablo y privilegio de Pedro.

Pedro y Pablo, los apóstoles por excelencia. El uno, sencillo hombre del pueblo, pescador de profesión en quien Cristo confía tanto (a pesar del tercer canto del gallo) que le entrega las llaves del cielo, con las que de siempre se representa al hijo de Jonás. El que hace y deshace aquí en la tierra. Pablo, el fariseo azote de Dios, culto, refinado, políglota, a quien Cristo, que lo reclutó ya desde las alturas, confió la tarea de convertir a los infieles, sin duda con la misma espada que antes usaba para perseguir cristianos. Siempre se le representa con ella.

Las llaves y la espada. Las llaves guardan la casa; la espada la defiende y ataca la vecina. Orden, defensa y ataque. La vida misma de la Iglesia militante.

Militancia e intensa es la de estos otros dos Pedro y Pablo. Los dos jóvenes, nuevos, impetuosos, con un punto de caudillismo y bastante carisma, aunque de especie y especia distintas. Pedro, al frente de una de las organizaciones políticas más longevas del país, siente el peso de la estirpe y agita las llaves de un baluarte medio destartalado en un escenario en el que se encuentra a gusto pero desearía reformar. Lo suyo es una tarea de orden y defensa. El ataque viene del lado de Pablo, quien blande la espada al asalto de un orden anquilosado que él reputa desorden por estar basado en la injusticia.  En realidad, antes que asaltante, se ve como defensor de los débiles, pero aplica la acrisolada doctrina de que la mejor defensa es un buen ataque.

Los dos están movidos por una firme voluntad de ganar. Pablo, como es primerizo y procede de la marginalidad, lo dice más veces, para hacer verosímil la victoria. Pedro, más del mainstream institucional, da por supuesto el conocimiento universal de su voluntad y su seguridad de ganar.

Son dos buenos apóstoles de sus causas. Harían bien en hablar alguna vez y conocerse. A lo mejor no se veían como tan rivales. Quizá se confesaran el uno al otro sus carencias. Sobre todo las dos más evidentes y que más coartan sus posibilidades de afirmarse como opción ganadora y/o hegemónica en la izquierda. Esas dos deficiencias que los muestran como apóstoles manqués.

En el caso de Pedro se trata de la calidad de su labor de oposición parlamentaria. No hay ninguna razón válida para no presentar una moción de censura. Odón Elorza la ha pedido. Pero no he visto que nadie se haya dado por aludido, ni que nadie haya planteado un debate serio (y breve) sobre el asunto. Sin embargo, los últimos desarrollos procesales, así como la cascada de escándalos de corrupción que ahora vuelven a tocar a la inenarrable señora Barberá, muestran que la situación política es insostenible. Este gobierno no solo carece de legitimidad y autoridad sino que ni existe. El Parlamento, tampoco. El país está en manos de una asociación de gentes absortas en su supervivencia procesal, preparando febrilmente elecciones para perpetuarse en el poder con las prácticas que les son habituales. La moción de censura es una medida obligada de la oposición para dar al país a conocer que, en mitad de este increíble gatuperio, hay una opción alternativa viable. No hacerlo es un abandono irresponsable o algo peor.

La carencia de Pablo es no haberse distanciado claramente de la opción política más o menos comunista de IU. Bien por afinidades electivas, por formación, talante o memoria, el fundador de Podemos no ha conseguido evitar el abrazo "fraternal" de esa izquierda que se llama a sí misma transformadora cuando no ha transformado nada nunca. No se ha atrevido a matar al padre. O al abuelo. Al contrario, ha mostrado su veneración por este y se ha dejado ungir por él como la verdadera izquierda, cuya fórmula solo él conoce. Sin embargo, la fuerza de Podemos era crear una opción democrática radical, separada de la socialdemocracia y del comunismo o neocomunismo. Un nueva izquierda. Pero no había tal. La decantación por una de las viejas ha sido patente y se ha mostrado en que todos los ataques han ido dirigidos al PSOE. No al PP. El PP aparece cuando se recita la fórmula PPPSOE o la del "bipartidismo", música celestial para sus conservadores oídos sobre todo cuando el fanatismo lleva a los de Podemos a adjudicar al "bipartidismo" la pérdida de los 17 escaños del PP. No valoro la cuestión de la armonía entre las corrientes políticas internas de Podemos. No hace falta. Si no se produce una identificación de una izquierda autónoma, propia, sin servidumbres doctrinarias, libre y con principios, lo interno será tan irrelevante como lo externo.

Si los dos apóstoles quieren llegar a donde se proponen tienen que soltar lastre.

La primera foto es de PSOE Extremadura, con licencia Creative Commons; la segunda, otra de Olaf Kosinsky / Wikipedia, también con licencia Creative Commons.

dimarts, 24 de març del 2015

Moción de censura a esta tropa.

El juez Ruz ha concluido su instrucción del caso Bárcenas, la caja B, los sobresueldos y otras presuntas mangancias del partido incompatible con la corrupción. Solo se trata de una pieza de ese gigantesco entramado de presunta delincuencia que ha erigido en veinte años el PP. Una construcción tenebrosa, grotesca, casi gótica, como una de esas cárceles imaginarias de Piranesi, pero cuyo descubrimiento ha conmovido el sistema político español. El reino de España reducido a la peripecia personal de un presidente que debió haber dimitido desde el primer día, pero que se ha empeñado en apurar las heces de la copa y hacérselas tragar al conjunto de la sociedad.

De este auto de Ruz seguramente no se derivarán consecuencias jurídicas de importancia dado que el comportamiento más reprobable moralmente, la financiación ilegal, no es delito y muchos otros posibles han prescrito y, de poder juzgar alguno, sería por fraude fiscal. Una situación similar a la de Al Capone en su día.

Pero si, jurídicamente hablando, el auto de Ruz tiene solo un valor informativo, dadas las peculiaridades de nuestro ordenamiento, políticamente es una narración explosiva. El escrito del juez es un relato que podría incorporarse a la gloriosa historia de la literatura picaresca a gran escala. El PP lleva por lo menos 18 años financiándose ilegalmente a través de una caja B o doble contabilidad oculta en la que gestionaba los fondos que recibía sin deber y de los que se nutrían los más diversos cargos, mordidas, chanchullos, comisiones, pagos en negro, sobresueldos. El reino de la corrupción extendida e impune.

El responsable político por partida doble de este quilombo de cimarrones de la ley es Rajoy, como presidente del partido y del gobierno. En cualquier otro país del mundo, un mandatario en esta situación procesal, presidente de un partido al que un juez imputa delitos, hubiera dimitido ya. Aquí, no. Aquí es al revés y es el sospechoso de corrupción el que trata de hacer dimitir a los jueces o que los inhabiliten.

En su célebre comparecencia parlamentaria del 1º de agosto de 2013, que tachonó de mentiras, Rajoy aseguró enfáticamente que en el PP no había caja B. El juez la da por probada. Solo por eso, Rajoy debiera haberse ido. Pero espérense ustedes no pague el juez caro su atrevimiento. No pudo negar los sobresueldos, pero los equiparó a los pluses de productividad de las empresas, lo cual es tan verosímil como comparar el PP con Cáritas. Al no colar lo de los pluses de productividad, los perceptores de sobresueldos en el PP, empezando por Rajoy, callan; no afirman ni deniegan haber estado forrándose. En esa sesión tuvo que admitir la autoría de unos infamantes SMS a Bárcenas ya en la cárcel que revelan un talante de absoluta complicidad.

Y, después de esto, colorín colorado. Ni una explicación más sobre la corrupción que ha seguido creciendo hasta inundarlo todo y ser la segunda preocupación de los españoles. Es lo que Hernando, portavoz parlamentario de esta asociación de sobre-cogedores, llama "haber dado suficientes explicaciones". O sea, ni una. Pero el gobierno se ha dedicado a obstaculizar la acción de la justicia de mil maneras a fin de impedir que se aclaren los hechos. Ha destruido pruebas, demorado su entrega, se ha personado en la causa en posible fraude procesal, ha presionado a los jueces, maniobrado en todas las instancias con el único objetivo de impedir que el presidente se siente en el banquillo y ha embarullado cuanto ha podido. Todo el aparato del Estado al servicio de la defensa procesal del presidente, desde la presidencia del Congreso a la Agencia Tributaria.

Presidente que sigue y seguirá negándose a comparecer en sede parlamentaria o a dar ruedas de prensa abiertas con proguntas libres y no pactadas. La oposición, muy enfadada, casi indignada, anuncia que estrechará el cerco sobre Rajoy y pedirá, como cada martes, su comparecencia que su guardia pretoriana negará en redondo también como cada martes. Bueno, además, se freirá a preguntas al ministro Montoro cuyas andanzas, recientemente descubiertas, darían para un segundo Buscón don Pablos. Hasta es posible que se pida su reprobación. Vale igualmente. Montoro contestará lo que le dé la gana y de reprobación, ni se hablará.

Si la oposición mayoritaria socialista quiere que se la tome en serio, tendrá que hacer algo más consistente que lamentarse sentada en el zaguán de su grupo parlamentario o chivarse a los periodistas de que no la dejan hablar.

Tendrá que presentar una moción de censura, como es su derecho y su obligación en una situación de emergencia crítica, con un gobierno únicamente pendiente de que no lo enchironen.

Palinuro se niega a explicar las ventajas e inconvenientes de la moción de censura. Ya lo hizo en su día. Basta con refrescar. Solo una moción de censura puede clarificar la situación y devolver al electorado la confianza de que hay un recambio. Es el momento de Sánchez para consolidar su posición. Puede aprovechar las sinergias de la victoria de su partido en Andalucía, en donde ha derrotado rotundamente al del gobierno y ha detenido el avance de los novísimos que se han limitado a destrozar el huerto de la familia.

Permítase por un momento a Palinuro interpretar uno de los papeles dramáticos más impresionantes, el de Lady Macbeth cuando le dice a su marido: ¿No te atreves a hacer lo que deseas? Y escúchese si Sánchez responde, como Macbeth: Me atrevo a lo que deba atreverse un hombre. Quien se atreva a más, no lo es.

dilluns, 23 de març del 2015

Podemos... pifiarla.

Palinuro prometió ayer elaborar algo más el análisis de urgencia a las tres horas del cierre de los colegios y así lo hará. Pero sin mayor demora porque, por un lado, lo expuesto se tiene de pie y, por otro, en este mundo a toda velocidad, las elecciones son ya pasado y ahora encaramos otros asuntos pues cada día tiene su afán.

Hay interpretaciones según las cuales Podemos triunfó en Andalucía; pocas, pero las hay, pues toda colectividad tiene sus incondicionales, esos que los ingleses llaman die hards. Pero hablan de triunfo en tono menor. Nada de arrollador. Y el término "terremoto" ha desaparecido. Para la mayoría, lo de ayer fue una derrota de Podemos. La primera. No en términos absolutos (15 nada desdeñables escaños) sino relativos a las pretensiones de ser el partido más votado. Esas pretensiones venían dictadas por la embriaguez del resultado de las elecciones europeas. Los estrategas olvidaron que los resultados electorales nunca son extrapolables a nada de antemano y menos los de unas elecciones europeas que el electorado apenas se toma en serio.

Podemos arrancó con una promesa muy atractiva en tiempos de crisis económica y política: constituir una izquierda radical y democrática, algo entre la socialdemocracia y el comunismo. El sempiterno sueño de la Nueva izquierda. Su oposición al PSOE fue clara desde el principio; sus relaciones con IU, en cambio, o sea con el comunismo, no lo fueron en absoluto. Absorbió su base electoral pero no pudo mantener a distancia el aparato que se obstinaba converger. Acabó en una forma confusa en que hay pero no hay convergencia. E identidad de discursos en el ataque común al PSOE. Es decir, como siempre, no hay terceras partes. Nada entre el PSOE e IU, sobre todo cuando esta saca a Anguita en la campaña poco menos que pidiendo el voto para Podemos con el único fin que siempre persigue, hundir el PSOE y el único que realmente consigue, hundir su propia opción. Y eso es lo que Podemos ha cosechado: rota su imagen de nueva izquierda aparece la realidad de la vieja izquierda neocomunista, anguitiana, del sorpasso. Lo que importa es que no gobierne el PSOE. Lo he leído por ahí. Lo que quiere la derecha. En su origen y primeros recorridos, Podemos traía una promesa interesante de nueva política. Al situarse en el territorio de la vieja izquierda antisocialista asegurando al tiempo no ser de derechas ni izquierdas, se ha convertido en un bluff. Y en Andalucía se lo han visto

Son cosas elementales. El PSOE tiene 140 años, se confunde con la historia de este país, cuenta con una memoria de generaciones y voto de tradición familiar. No es un chiringuito como el PP, armado para ganar elecciones y vivir del erario a base de corrupción, aunque no deje de haber habido casos. Pero nadie se atreve a decir que el PSOE sea un partido corrupto. Eso es lo que busca la frecuente equiparación entre el PP y el PSOE que el PP no acepta y el PSOE tampoco (y con bastante sentido ambos, por cierto) y solo convence a los que la acuñan, cuyo ánimo es más bien como de brocha gorda. El PSOE no es el PASOK, otro chiringuito fundado por la familia Papandreu en los años 70 del siglo XX, y no va a venirse abajo como un castillo de naipes por mucha ilusión que le echen quienes soplan.

¿Los otros contendientes? El PP, batacazo, ha perdido 17 escaños. ¿Pocos? ¿Muchos? Nada extraño. El PP no está para elecciones en Andalucía o en la ínsula Barataria. Más duros tienen pinta de ser los resultados de las municipales y autonómicas de mayo. Y de las catalanas de septiembre ja en parlarem, pues prometen ser suculentas. Ciudadanos sí que ha tenido un exitazo con sus nueve diputados. Seguramente vienen todos del PP y, de ser así, C's se configura como verdadera amenaza de sifón de la derecha. Cunden los nervios en el PP porque su marca blanca es demasiado blanca y puede aventajarlo en votos. Pero a quien más daño hace Ciudadanos es a Podemos. Esos 9 escaños valen por los 15 de los otros. Cuando Podemos quiere justificar sus pobres resultados señalando falta de medios y de visibilidad mediática, Ciudadanos presenta unas cuentas mucho más pobres; rayanas en cero: cero medios, cero visibilidad, los andaluces no conocen ni las caras de los candidatos y menos sus nombres. Y nueve diputados. 
 
Estas elecciones, en el fondo, eran una pugna dentro de la izquierda: la socialdemocracia frente al neocomunismo de fuerte componente carismático. Una lucha por la hegemonía. Podemos la teorizaba con propuestas miríficas, de esas de empoderar a la gente, recuperar la dignidad, asaltar los cielos, la soberanía, la patria y Simón Bolívar. Pero la practicaba a la más tradicional usanza de la vieja política: con un acto de masas, un mitin multitudinario en el velódromo de Dos Hermanas, ante 14.000 seguidores, cuando los socialistas solo congregaron 5.000, los del PP otros tantos, los de Ciudadanos se reunieron en la lonja del pescado y los de UPyD, tomando el té de las cinco. 14.000 enfervorizados seguidores del sí se puede en un espacio público. Para un partido que presume de ser en parte mediático y en parte un ciberpartido, ese acto recuerda mucho los mítines de la República en alguna plaza de toros con un político declamando ante un micrófono de RKO. Resumo con el colofón de ayer: o se es más listo y menos engreído; o se estudia algo más el terreno que se pisa, se conoce al enemigo y, sobre todo y en este caso especialmente, al amigo; o se buscan asesores más competentes.
 
Tocan ahora las coaliciones y, por supuesto, también la posibilidad de gobierno minoritario con apoyos ocasionales que quizá sea lo más conveniente mientras el personal se aclara. Y un dato sobresale ya: el eje de todas ellas es el PSOE. Los de Podemos, en su inimitable jerigonza, lo llaman la centralidad del tablero, pero quienes la ostentan son los socialistas. Díaz dijo que no pactaría con el PP ni con Podemos. Pero no hay nada escrito. Su obligación es formar el mejor gobierno posible para Andalucía. Si es en solitario, en solitario. Si es en coalición, en coalición y ninguna es descartable. Palinuro, ya se sabe, propugna la alianza con Podemos. También estos tendrán que comerse sus palabras de aliarse con el PSOE solo si cambia de rumbo 180º. A lo mejor lo más adecuado es que ellos cambien 120º y el PSOE 60º. Eso ya se verá. Sin concesiones no hay coaliciones. Pero Podemos no puede olvidar, aunque no le interese decirlo, que el PSOE no los necesita para gobernar. Centralidad.

diumenge, 22 de març del 2015

Elecciones andaluzas. Apuntes de urgencia.

Mañana, Palinuro subirá un post con más detalles. De momento, estas son sus conclusiones a las 23:00 del día de las elecciones:

Unas elecciones europeas, que a todo el mundo importan un pepino, las gana hasta el Pato Donald.

Podemos no era un bluff al principio, pero se convirtió en un bluff cuando se echó en brazos de Anguita. Y, si sigue con él, puede que no llegue ni a las elecciones de mayo.

El PSOE tiene 140 años. No es el PASOK y ningún advenedizo va a borrarlo del mapa.

La estúpida fórmula PP=PSOE es más negativa que positiva para quienes la emplean.

Después de 30 años en el poder, en el PSOE hay corrupción, pero no es un partido corrupto, como el PP. Hacer amalgama y no diferenciar es propio de gente con pocas luces.

Ni en Andalucía ni en la Patagonia es buena fórmula descolgarte despreciando a quienes quieres que te voten. Los de Podemos han conseguido que los andaluces les tomen la medida y vean que ellos sí son casta. De verdadera risa.

Tener mal perder cuando se pierde es penoso; pero tener mal perder cuando has ganado algo es literalmente de orates.

Porque estas elecciones fueron una confrontación entre PSOE/Podemos. Los demás no contaban.

Una de tres: o se es un poco más listo y menos engreído; o se estudia algo más; o se buscan asesores más competentes.

Y ojo a la falta de respeto al electorado andaluz. A ver si va a resultar que hay más señoritos de los que creíamos.

El espacio público.

La democracia es el ágora, el foro; desde los tiempos de los griegos y los romanos. El espacio público en el que los ciudadanos debaten los asuntos de interés común. El lugar en el que se habla, se delibera, se razona, se acuerdan decisiones colectivas. Hasta en los tiempos más oscuros de la Edad Media se mantuvieron formas democráticas mínimas de carácter municipal, con asistencia pública a concejos o similares. Muy distintos según los países, pero a partir de los cuales fueron surgiendo luego los órganos deliberantes en las ciudades, hasta que el ascenso de la burguesía en el siglo XVIII institucionalizó el ámbito de lo público, la Öffentlichkeit habermasiana, como un lugar de encuentro y discusión de unos ciudadanos razonantes y críticos. Así nacería también la opinión pública y, en paralelo las instituciones representativas, eje de la forma de gobierno moderna, la más importante de las cuales es el Parlamento, esto es, el lugar en el que se habla. Porque hablar, debatir, deliberar, es la esencia misma de la democracia.

La política se hizo comunicación política.

Con la irrupción de los medios, la expansión de la prensa escrita (causa y efecto de la alfabetización de las sociedades), la aparición de los audiovisuales, especialmente la televisión y también el cine, el ámbito público invadió el privado y colonizó toda la acción social, arrebatando al Parlamento la centralidad del debate. La opinión pública se hizo más plural, más crítica, más informada y de mayor peso. Disponía de gran diversidad de fuentes. Entre ellas, las voces de los intelectuales que, ya desde el Rheinische Zeitung de Marx, se hicieron fuertes en sus barricadas de papel. Los filósofos se expresaban en la prensa. Parte de la obra de Ortega está en los periódicos. La de Sartre, en una revista. Y con ellos, muchos otros. Filósofos, literatos, sociólogos, psicólogos, juristas, expertos variados están permanentemente en los medios, generando opinión pública.

La comunicación política se convirtió en la metateoría de las teorías políticas y la opinión pública.

Y ahora, internet, las redes sociales. Muchos sostienen que hemos entrado en una nueva forma de ágora, de ámbito público. Sin duda. Es el ágora digital, una realidad inmediata que condiciona la interacción social sin que quienes en ella participan tengan claro cómo funciona. Porque, sobre ser nuevo este ámbito, es muy proteico, cambia continuamente de formas y pautas y presenta un elemento de incertidumbre.

Justo en el momento en que la comunicación política se ha convertido en el arte de manipular la opinión pública al extremo de poner en cuestión la esencia misma de la democracia.

Lo anterior está basado en una convicción democrática que todos compartimos, al menos públicamente, esto es, la de que el ámbito publico debe ser libre, de libre acceso y garantizar derechos fundamentales, como la libertad de expresión, la libertad de prensa, el acceso a la información veraz, etc. No puede haber censura ni manipulación por razones ideológicas o políticas. En realidad, por ninguna razón. Otra convicción general es que, así como los medios de comunicación privados pueden tener la ideología que quieran, los públicos deben carecer de ella, ser imparciales, plurales y garantizar el acceso a todas las opiniones. Si estas convicciones dejan de operar, si el gobierno las quebranta de modo deliberado y sistemático, no es posible hablar de democracia.

El presidente Rajoy inició su mandanto modificando la Ley de Radiotelevisión para nombrar un director general sin consenso, solo con los votos de su partido. La finalidad, patente: poner la RTVE al servicio del partido y el gobierno. Como está y a niveles de vergüenza. Telemadrid no puede verse y la RTVE comete diariamente los mayores atentados a la deontología periodística. No se informa sobre manifestaciones multitudinarias o, si se informa, es para dar noticias de altercados, sincronizadamente con las fuerzas de orden público a las que muchos testigos acusan de ser quienes los inician. Pero se emiten verderos publirreportajes y ditirambos al gobierno. Los medios no solo reflejan una realidad distorsionada. Llegado el caso, se la inventan. En la Televisión de Extremadura dan el discurso íntegro del presidente, como si esto fuera el sultanato de Omán y, cuando toca hablar a la oposición, pasan un episodio de una serie. Este es el régimen normal del audiovisual público. Pura propaganda y, en algún caso, como en Castilla La Mancha, Agitprop. Llenan además las tertulias y debates de comunicadores afines al gobierno, parásitos y bufones a los que mantienen con cargo al erario. Llaman habitualmente debate al linchamiento dialéctico.

Los medios privados, escritos o audiovisuales forman un cerrado frente progubernamental. En unos casos por afinidades ideológicas, fáciles de entender entre el gobierno de la derecha y los empresarios de los medios, muchos de los cuales tienen intereses en otros sectores generalmente dependientes de las decisiones de la autoridad. O bien por pura dependencia económica de los medios escritos frente a los poderes que discriminan en la publicidad institucional y en las subvenciones. El periódico más favorecido por el gobierno, La Razón, es el de menor difusión pero más ímpetu en su defensa, hasta el extremo de haber inventado un género nuevo, el del comic serio. La abundante presencia de comunicadores no ya de derechas sino furibundamente reaccionarios y agresivos, al estilo del Tea Party, descompensa de tal modo ese ideal ámbito público de debate democrático que lo convierte en una burla. Se habla mucho de las puertas giratorias en cuestiones económicas, pero las político-mediáticas son un hecho cotidiano. La señora Aguirre pasa de ser presidenta de la Comunidad de Madrid a candidata a la Alcaldía y columnista del ABC. La señora Aguirre columnista opina sobre la señora Aguirre candidata.

Realmente, en el ámbito mediático solo se oye el ruido y el discurso de la derecha.

Con las instituciones sucede lo mismo. El Parlamento no existe. Ni siquiera legisla, pues eso lo hace por decreto el gobierno. No se habla de nada que disguste a la mayoría de la derecha. O sea, no se habla de nada. No se habla. De vez en cuando, el señor Rajoy lee un papel, habitualmente, mal. La oposición lo critica, los suyos aplauden y se hace lo que él ha leído. ¿Debate? ¿Discusión? ¿Rendición de cuentas? ¿Explicaciones? ¿Asunción de responsabilidades? Por favor. No confundan la libertad con el libertinaje. De los tribunales, no hablemos. La lucha desesperada de los dos o tres jueces empeñados en hacer justicia en asuntos que incomodan al príncipe empieza a rozar lo legendario. Como legendaria es ya la identidad de criterios del Tribunal Constitucional y el gobierno que nombró a su presidente entre lo más granado de su militancia. La Fiscalía, el Tribunal de Cuentas, la Defensora del Pueblo, Marquesa de Salvatierra, etc. están secuestradas, convertidas en dependencias privadas del gobierno.

Las instituciones están al servicio del partido que, a su vez, está al servicio de la voluntad omnímoda de su presidente y presidente del gobierno. Esto, ¿cómo se llama?

Por último, el ámbito público digital. Aquí se concentra la escasa oposición que se da en España. Unos cuantos diarios digitales y las redes sociales. Si es algo que se hará ver en la política real se comprobará en breve. Pero el gobierno no duerme sino que, como las vírgenes prudentes, mantiene la vela encendida por lo que pueda pasar en un ámbito tan nuevo e imprevisible. Y no se limita a vigilar a los tuiteros y echarles mano cuando atenten contra las convicciones del pío ministro Fernández Díaz o a aprobar una ley de propiedad intelectual que permita acogotar a quienes se expresen en la red. Va más allá. La intención es pervertir la nueva ágora pública digital, manipulándola, pretendiendo hacerla inservible o colonizarla, como ha hecho con la mediática.

La jefa de la campaña electoral de Esperanza Aguirre está siendo investigada por tramitar contratos con dinero público a través de la red Púnica para mejorar la reputación en internet de altos cargos del Gobierno regional, entre ellos, el actual consejero de Presidencia y Justicia, Salvador Victoria, y el presidente, Ignacio González. Bien. ¿Qué llama la atención de esta noticia? Exactamente, la finalidad, "mejorar la reputación en internet de altos cargos", etc. Y eso, ¿cómo se hace? Esos dineros públicos ahora investigados han ido a parar ¿a quién? Y por hacer ¿qué? ¿A pagar trolls, comentarios en las redes, fabricación de noticias, fakes? ¿Cómo se mejora la imagen de Ignacio González en las redes? ¿Mintiendo, engañando, falseando la realidad con el dinero de todos?

Los mismos que destruyen los discos duros de sus tesoreros son los que gastan fortunas de dinero público en embellecerse en el ciberespacio, en pagar loas y ditirambos. Es decir, quieren destruir el nuevo ámbito público de internet. O controlarlo, lo cual vendría a ser lo mismo si pudieran y, en todo caso, llenarlo de la desvergonzada propaganda de sus telediarios y de las trolas y estupideces de sus tertulian@s a sueldo, la mayoría de l@s cuales es estomagante.
 
La intención es clara: privatizar todo lo público, incluida el ágora. En el fondo, privatizar el Estado, condición conveniente para ponerlo en manos de las multinacionales, como prevé el proyecto de TTIP.

dissabte, 21 de març del 2015

Cuando crees que has tocado fondo, hay más debajo.


Fondos, sí. Bajos fondos. Los de los ladrones comprobados y presuntos del PP en la Comunidad valenciana que son una gavilla, una verdadera plaga: Francisco Camps, Carlos Fabra, Lola Johnson, Luis Redondo, Lluís Motes, Nuria Romeral, José López Jaraba, Sonia Castedo, Rafael Blasco, Angélica Such, Milagrosa Martínez... y así hasta 127 personas, concejales, consejeros, alcaldes, dirigentes. Un mar de corrupción y podredumbre. El PP no es un partido político al uso, sino una asociación para delinquir y, en Valencia, una cueva de ladrones desorejados, de sinvergüenzas estafadores. Una colección de granujas que, con la ayuda de los delincuentes de la trama Gürtel o por su propio ingenio, han esquilmado los caudales públicos destinados la asistencia al desarrollo, a las obras públicas, los hospitales, las escuelas, las actividades municipales, las competiciones deportivas, los museos, todo, hasta dejar una de las comunidades más ricas del país en la quiebra. Hasta la visita del Papa en 2006 les sirvió para robar con una mano mientras con la otra se santiguaban.

En Valencia el PP es una industria de chorizos que compite directamente con la que también tiene este partido montada en Madrid, en donde la apropiación indebida y hasta el robo y la cantidad de imputados y procesados es similar a la de los valencianos. Esa caterva de ladrones, encabezada por su presidente, él mismo acusado de haberse llenado los bolsillos con dineros sospechosos mientras imponía sacrificios y necesidades a sus conciudadanos, viene con todo el morro a pedir el voto a los valencianos.

Y habrá quienes les voten. Sin duda, todos los sinvergüenzas que hayan estado aprovechándose de los contratos ilegales, las mordidas, comisiones y trinques. Áñádase la multitud de enchufados que la partida de ladrones ha ido colocando en las administraciones públicas, todos leales votantes del PP, los clientes y lo que esperan que se les resuelva el ¿qué hay de lo mío? así como todos los parásitos que viven de las mamandurrias distribuidas entre clientes, "asesores" y otros siervos de la banda.

Es un voto cautivo con las cadenas de la corrupción, pero lo suficientemente cuantioso para que pueda darse la imagen de más arriba: la plana mayor de la supuesta organización de mangantes, con los presuntos corruptos al frente, Rajoy y Cospedal, pidiendo el voto para los demás pillasobres y corruptos y amenizando la fiesta esa zafia alcaldesa, vestida de capitán América, que sabe que cuanto más verdulera, grosera y ridícula sea, más votos atraerá.

Porque si aquí, un granuja como el Curita, ya descubierto en sus mangues, pudo revalidar una mayoría absoluta, la hazaña estará también al alcance de este espanto de mujer que no solamente cobra uno de los sueldos más elevados del país, sino que tiene enchufada a su familia a costa del contribuyente. Y del votante.
 
De los demás, Palinuro no habla pero, para su coleto, piensa que hace falta ser tonto para votar a quien te roba.