dissabte, 14 de febrer del 2015

El gobierno de los hombres y la administración de las cosas.


O sea, el ejercicio del Poder. Jesús del Gran Poder llamaban a Jesús Polanco. La muerte, el tiempo, la vida, convirtieron aquel Gran Poder en la impotencia de un querubín del Barroco. Ahí está El País dispuesto sacar adelante al PSOE a golpe de encuesta, horrorizado ante la alternativa, con un éxito menos que mediano. El Poder no se crea ni se destruye. Pero, ¡oh dioses! cambia de mano, o sea de brazo. Los medios han perdido su poder en una sociedad absolutamente permeada de información en tiempo real. Se acabó el sueño de los medios independientes, basados en el éxito económico.


Todos los periódicos de papel son una ruina y tienen que sobrevivir como pueden. Sometiéndose al Poder que se ha desplazado hacia el dinero. Es decir, tampoco ha ido tan lejos porque siempre ha estado ahí. El poder del dinero. 800 millones de € de fianzas a Rato y otros. Podrán depositarlos, supongo, porque los tienen. Los han obtenido presuntamente de forma fraudulenta. Y hay un escándalo. Bastante hipócrita, por cierto. ¿De dónde proceden las demás fortunas? Seguramente habrá ejemplos de muy meritorios empresarios que, empezando de la nada, gracias a su trabajo, tesón y sentido del ahorro, levantaron un emporio. Pero en la mayoría de los casos, las grandes fortunas proceden de saqueos, expolios, robos, estafas, fraudes, engaños. En definitiva, vienen de la explotación del trabajo ajeno.

Muchos se escandalizan no porque Caja Madrid estuviera gestionada por un presunto chorizo, sino porque lo han pillado. Pero, hombre, eso se hace sin que te pillen porque, entre otras cosas, pones en peligro la seguridad del latrocinio organizado. Y ¿qué se sigue de esto? Que la administración de las cosas, ese aspecto esencial del ejercicio del poder, ha estado en manos, al parecer, de un absoluto incompetente o un ladrón o de un ladrón incompetente.

No se dirá que el capitalismo no es un sistema magnífico en el que cabe nombrar al frente de una de las mayores entidades de crédito a quien pudiera ser un ladrón incompetente. El problema no es el capitalismo, dicen los capitalistas, sino el control político de las cajas. Pero el control político de las cajas es cosa del capitalismo. Prueba: tan contentos estaban los empresarios y los sindicatos participando en el unto.

Claro parece quedar que, como administrador de las cosas, Rato es tan malo que no solo ha arruinado a miles de personas sino que se ha buscado su propia ruina. 

¿Y qué pasó con el gobierno de los hombres? El mismo que presuntamente ha arruinado a su empresa y a un montón de gente más, el que abandonó el FMI haciendo mutis por el foro y en sentido estricto, pues ni una explicación dio, venía de ser Ministro de Economía y Hacienda y vicepresidente de los gobiernos de Aznar. Según las leyendas, el autor del milagro español. Eso tampoco era mucho decir porque, cuando los del Wall Street Journal, siempre unos impertinentes empiricistas de la tradición anglosajona, vinieron a enterarse de eso del "milagro español", en 1997, Aznar los sacó de dudas como Jehová a Moisés: yo soy el milagro. A Rato, ni las migajas. Además, ¿no estaba destinado a pillar la pasta de Caja Madrid?

¿Por qué hay que creer que, quien fue un incompetente y un supuesto estafador en la administración de las cosas, no lo fue antes en el gobierno de los hombres solo que no lo han pillado? Por un acto de fe. Nada más. Años después, declarando ante el juez por el latrocinio de Caja Madrid, Rato dijo que no sabía contabilidad ni conocía la normativa legal sobre la materia. Es decir, puedes llegar a ministro de Economía y Hacienda de tu país sin saber cómo funciona tu territorio. 

Pues sí, parece que, en efecto, fue un milagro.

Contrapodemos


Asís Tímermans (2015) ¿Podemos? Madrid: última línea. (194 págs).

-------------------------------------------------------

Según reza la portada, este libro va por la segunda edición. Podemos está de moda. Es negocio escribir sobre este novísimo. Y acertado hacerlo rápidamente porque, como están las cosas, quizá dure poco. Un ascenso tan vertiginoso e inesperado puede agotarse con la misma celeridad porque no se sostiene sobre bases firmes, sino sobre ilusiones muy vivas y sinceras, pero momentáneas. En otras palabras: la revelación de mayo de 2014 puede no llegar a la nueva temporada de septiembre de 2015. Se dirá que Podemos tendrá más votos que IU, UPyD, o Equo. Es posible, pero, al haber planeado una estrategia basada en la mayoría, no alcanzarla será perder. Y los sondeos empiezan a mostrar señales de inflexión en la curva. No es solamente que la intención directa de voto se haya estancado o que (sondeo de Metroscopia de hace unos días) la cantidad de quienes jamás votarían a Podemos sea ya superior a la de quienes sí lo harían, sino también que la aparición del fenómeno ha dado lugar, sin duda como fenómeno no querido, a una recuperación del PSOE. 

Pero todo esto son vaticinios. Entre tanto, las librerías hierven de ensayos sobre Podemos, la mayoría, rendidos, a favor; algunos otros en contra, generalmente infumables. Pero también hay excepciones. El de Asís Tímermans está más documentado que la media, tiene mayor trabajo de investigación, más distancia crítica y, por tanto más interés. Tiene también el tono doctrinario típico neoliberal de estar dando lecciones de mercado libre continuamente. Pasa mucho con los seguidores de esta idea. Recuerdan a los saintsimonianos, que no podían abrocharse solos los mandilones y debían ayudarse unos a otros formando círculos y no de Podemos precisamente. 

Estas narrativas neoliberales son siempre miríficas. El libre mercado es todo: panacea, elixir de la eterna juventud, néctar, ambrosía, crecepelo, bálsamo de Fierabrás y poción mágica de los druidas. Todos los bienes proceden de ella, único orden racional, humano, benéfico, equitativo, justo. Y todos los males son siempre, siempre, culpa de los demás. Si la derecha fracasa en sus políticas desreguladoras, la culpa es suya por no ser suficientemente desreguladora. Si lo hace la izquierda, se pasó de frenada en la regulación. Es un modo de razonar prepopperiano porque la cuestión no es si las hipótesis se falsan o se validan. La cuestión es que las hipótesis se convierten en conclusiones y no se pueden falsar, por lo cual la teoría prueba claramente no ser teoría sino ideología. Y funciona como tal.

Salvado ese primer escollo, sin embargo, el libro es de lectura interesante y provechosa. Está bien escrito, es ameno y, en ocasiones, tiene gracia. Su idea fundamental y reiterada a la hora de explicar el éxito de Podemos es que han rescatado y emplean conceptos necesarios, imprescindibles pero que los políticos al uso han abandonado o pervertido como "decencia", "Patria", "democracia", "libertad" y "derechos humanos" (pp. 23, 30, 88). Tímermans tiene buen olfato porque, aunque ahora es ya claro que las relaciones entre Podemos e IU son tormentosas, cuando él escribió el libro no daban esa impresión. Sus líderes habían militado en la federación y asesorado a sus grandes figuras (p. 38). No se veían como competidores y Pablo Iglesias llegó a afirmar que quienes verdaderamente le preocupaban eran los de UPyD (p. 48)

Y ¿de dónde sale esta fresca y potente corriente de renovación de la izquierda? Según Tímermans, Monedero y un grupo de profesores de Políticas parten de la idea de la Transición como traición, una derrota de la izquierda (p. 53) que ahora corresponde remediar acabando con el sistema que instauró, llamado el Régimen. Son un grupo de amigos: Ariel Jerez, Heriberto Cairo (p. 58), Cotarelo, Verstrynge (p. 61). Supongo que está en lo correcto pero, por lo que hace al caso de Cotarelo, autor de Palinuro, no puede ser más errado. Al margen de la amistad o no amistad, que es un libre sentimiento humano, Cotarelo no solo no sostiene la tesis de la Transición como traición (más bien la tiene como una componenda dictada por el miedo y la incompetencia de las partes y que ha entrado en crisis) sino que es señalado por algunos de los teóricos de la traición como el fabulador y embellecedor de esa teoría legitimatoria de la transición a los auténticos objetivos de izquierda. Y no solo eso sino que se encuentra tachado de franquista de acuerdo con la explicación de Tímermans acerca del fenómeno desde el punto de vista de los ideólogos de Podemos: la transición fue un proceso diseñado por el franquismo para perpetuarse (p. 107). No está mal el hallazgo: Palinuro/Cotarelo tachado de "franquista". Ya advertí que el libro de Tímermans tenía momentos divertidos.

Para Tímermans no hay duda de que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, está dentro de la más acrisolada tradición comunista, pero es un comunista avanzado, neotecnológico, mediático, habitante del siglo XXI y no del XIX como sus antecesores y en nada se nota más esa diferencia que en la seguridad de que quien no tenga clara la función esencial de la TV en nuestra sociedad para los fines revolucionarios no tiene nada que hacer (p. 76). Con ese concepto nació la Tuerka (p. 79). Únicamente el asalto a los medios, la colocación del discurso a través de los medios la izquierda "verdadera", haría realidad aquella llamada a conseguir un sorpasso que solo el infeliz gutenberguiano de Anguita había pretendido a través de IU sin levantar un palmo del suelo. Había que superar el vuelo de la gallina, entrar en los bastiones de articulación ideológica de derecha, en programas como, el Gato al agua o el cascabel al gato o Intereconomía (p. 86). Para ganar.

Ganar es la gran misión histórica de esta renovación de la izquierda que, a su vez, se ve como la solución de la crisis actual del capitalismo. Ganar, ¿qué? Javier Iglesias, padre de Pablo, fue de la FUDE, relata Tímermans (p. 100) y sostiene que en Iglesias "confluye la frialdad del experto en comunicación con la emotividad del que está librando una batalla. Estrictamente hablando, una guerra: la que perdieron sus padres y sus abuelos. La que él está dispuesto a ganar" (p. 105) Sus abuelos es posible pero, si el padre era de la FUDE, organización, por cierto, a la que perteneció el franquista Cotarelo desde sus orígenes, no perdió guerra alguna porque ambos nacimos después de ella y sospecho que Javier bastante después que yo, para fortuna suya. La idea esencial, matriz, inspiradora es ganar y la bestia que tira de su carro, el pragmatismo (p. 123) que a Tímermans escandaliza sobremanera pero no tanto a este crítico que, quizá erróneamente, suele avecinar el pragmatismo no con la madurez o el cinismo de la vejez sino, contrariamente a un parecer extendido, con un impulso juvenil recocido con los años.

Tímermans presta atención a los desencuentros internos en Podemos entre el mainstream y las gentes procedentes de la antigua Liga Comunista Revolucionaria (p. 108). Esta aparece reconvertida hoy en la Izquierda Anticapitalista que Jaime Pastor, Miguel Urbán y otros (p. 160) han importado en España procedente de Francia. Les sirve para reproducir las consigna litúrgicas de estos sacerdotes de la pureza bolchevique al grito de "¡todo el poder a los círculos!"  (p. 160). Son ecos de los sucesores de los soviets, lo cual es muy posible que acabe provocando cierto conflicto en el interior de la organización.

El asalto al paraíso vendrá con un partido hegemónico (p. 170), capaz de aplicar un programa que Tímermans considera en todo similar a la estrategia del judoka (p. 119/120), consistente en dar a la gente básicamente lo que pide:  Estado del bienestar (p. 123); reparto trabajo (129); banca pública, el Estado empresario, derecho a la vivienda contra propiedad privada (p. 139); fiscalidad de los ricos (p. 141); renta para todos (p. 143); expropiaciones (p. 145); libertad de información (p. 149); control de la educación (p. 151); y derecho a decidir (p. 153). No es preciso que el autor se esfuerce mucho en demostrar el carácter quimérico, la imposibilidad de estas medidas. Le basta, a su juicio, con hacer una pregunta que considera definitiva: ¿con qué dinero va a hacerse todo eso? Imposible olvidar que Tímermans procede de una escuela de pensamiento económico que venera como dogma irrefutable el principio de TINSTAFL o There Is Not Such A Thing As A Free Lunch.

Ahí reside la verdadera discrepancia, al menos con Palinuro. Todo depende de lo que se considere "gratis". Los ricos Epulones que en el mundo han sido y son han almorzado siempre gratis a costa del trabajo de los demás. No sé si esto convierte a Palinuro en simpatizante de Podemos, pero sí muestra que no comulga con ruedas de molino. No comulga con nada.

.

divendres, 13 de febrer del 2015

La nave de los necios.


Es el nombre con que se vertió al español la sátira alemana del siglo XV, Das Narrenschiff, que parece más adecuado traducir por la nave de los locos porque el término "necio" tiene una connotación excesivamente despreciativa y ambas acepciones fueron moneda corriente en los siglos posteriores. Cualquiera que haya visto las figuras de Durero de la edición original de Brant y, sobre todo, la tabla del Bosco, coincidirá en que se trata de locos antes que de necios.


Viene a cuento el cuento de la agitación desencadenada en el Partido Socialista de Madrid con la fulminante destitución de Tomas Gómez quien, si se demora diez minutos, no hubiera podido ni recoger sus pertenencias en su despacho, tal fue la prisa de la autoridad por mandarlo a las tinieblas exteriores. Y esas tinieblas envolvieron su espíritu por lo que comenzó a desbarrar, atribuyendo su destitución a fuerzas extrañas, influencias malévolas, miserias humanas, en vez de a su propia incompetencia.

La decisión fue tan drástica, provocó tal enfado en los seguidores del defenestrado, que se hizo necesario pretextar razones de peso para justificarla, al margen de cuestiones personales. Correspondió la tarea a Simancas quien, en estilo profético, justificó la destitución en la seguridad de que Gómez llevaba a los socialistas a una derrota inmensa. Es tradicional atribuir a los locos y los ciegos la capacidad de prever el futuro. Al margen de si se trata de una verdad científica, está claro que a más segura e inmensa derrota llevaba Rubalcaba al PSOE en 2011 y nadie le quitó las llaves del despacho. 

Sin ambages y aunque parezca una perogrullada, Gómez ha sido sustituido porque es sustituible. En definitiva, el último responsable de una derrota, sería Sánchez. Poner luego a reconstituir un PSOE victorioso en Madrid a una comisión gestora curtida en derrotas puede no parecer muy brillante pero tiene su medida de prudencia para evitar una fractura de la organización. Simancas y Lissavetzy son dos perdedores. Cierto que en el caso de Simancas por poco y a traición, pero perdedores. Pero son perdedores de la casa.

Ayer se daba por seguro y creo era hasta oficial, que Ángel Gabilondo sería nombrado candidato a la Comunidad. Al menos, Palinuro lo dio por cierto. No es así. En medio se coló el otro Gabilondo, Iñaki, en su videoblog, avisando de que nadie inteligente se metería en la boca de este lobo, el PSOE. Bueno, tampoco es un lobo, sino una nave de locos y meterse en ella a lo mejor es lo apropiado. Parece, pues, que Ángel da un paso atrás y se lo piensa y, carente de otra excusa, afirma que solo aceptará la nominación si no hay primarias. Tiene su gracia presentarse a unas elecciones pero sin elecciones previas. Ante el escaqueo del exministro, la dirección federal anda buscando un candidato y parece que Trinidad Jiménez lleva muchas papeletas. Otra perdedora. Lo del PSOE parece masoquismo. Perder o ganar la Comunidad de Madrid puede que no sea la cuestión, sino refundar el partido. ¿Sobre qué bases?

El hombre fuerte resulta ser Carmona, ayer revelación en El Intermedio, del Gran Wyoming. Gabilondo, Wyoming, los periodistas hacen y deshacen políticos. Carmona se creció. Su discurso fue electoral y orgánico, mirando hacia fuera y hacia dentro. Hacia fuera, en clave electoral, no dejó de hablar de "los madrileños y las madrileñas"; hacia dentro, en clave de conflicto interno, puso de nuevo las dos manos en el fuego por Gómez, pero aclaró que gozaba del pleno respaldo de Sánchez por quien, llegado el caso, haría lo mismo. Es una actitud inteligente porque siempre le quedará una mano ilesa con la que empuñar la vara de alcalde. Carmona ha demostrado que Duguesclin no optimizaba sus posibilidades. Puede ser el próximo secretario general de los socialistas madrileños.

Fuera del barco ha quedado Susana Díaz, pero porque navega con otro por el Guadalquivir. En ese navío se juega una parte importante de las fortunas del PSOE en las que, sin embargo, las posibilidades de intervenir de los órganos federales son menores, por no decir nulas. Las elecciones importantes, también para Madrid, son las de marzo en Andalucía. Importantes para España, para la izquierda por partida doble y para el PSOE por partida triple. Por eso es esencial abordarlas teniendo Madrid bajo control. 

El piloto y las multitudes.


Estuvo bien la conferencia de la UOC, aunque no me corresponda a mí decirlo. En todo caso, dio lugar a un animado coloquio que duró más que la propia conferencia, lo cual es siempre buena señal porque quiere decir que el auditorio no está deseando perder de vista al conferenciante.

Como no parece razonable ponerse a explicarla aquí, he decidido transcribir mi esquema-guión. Falta, por desgracia, el apoyo de las imágenes, siempre muy ilustrativas, pero, al menos, puede seguirse el hilo del razonamiento.


El piloto.
La definición de política de Easton sigue siendo válida: distribución social de valores materiales e inmateriales realizada por quien tiene autoridad para ello. La autoridad recae en los gobernantes. Es la división clásica y esencial de la política: gobernantes y gobernados. Entre el piloto y la tripulación y el pasaje. Es la idea platónica del filosofo rey.

El piloto está en posesión de un saber superior, generalmente arcano, monopoliza la información, lo que le permite orientar a los demás.

Los órdenes políticos se representan siempre como pirámides. Como jerarquías. Moisés: el líder por antonomasia, caudillo de pueblos, el héroe, ocupa la cúspide de la pirámide.

Todos los órdenes políticos son piramidales: la República Romana, el orden medieval, el Estado de derecho.

Las multitudes.
En la Edad Moderna, que arranca con la imprenta, se rompe el monopolio de la información y esta se difunde. Y con la ilustración, hija de la imprenta,surge una situación distinta. El ser humano titular de derechos emerge como un sujeto colectivo, la ciudadanía. Spinoza ya había hablado de multitudes. La forma política de la ciudadanía es el sufragio universal, lo que levanta la polémica sobre la capacidad de las masas para gobernarse. Surgen las teorías de las élites (Pareto, Mosca, Ortega). Una versión radical constituye a una parte de las masas, la clase obrera, en sujeto de la historia. El sujeto colectivo ¿es la clase o es la nación?

Pero ¿hay sujetos colectivos? ¿Hay conciencia de clase o espíritu del pueblo? Parecen constructos de la nueva élite: los intelectuales. Karl Mannheim y las ideologías. El intelectual orgánico gramsciano. La emancipación ¿de clase, racial o nacional?

Articulación de las multitudes en redes (Castells). Redes distribuidas: democracia deliberativa, horizontalidad y organización espontánea. Internet como segunda revolución de la imprenta y universalización de la información, gratis y en tiempo real. Las multitudes inteligentes (Rheingold) son el relevo por el fracaso de los sujetos colectivos.

Información y comunicación.
La universalización de la información se sigue en la de la comunicación con la supresión de las barreras lingüísticas y la gestión de una información cada vez más compleja.

El cruce de cibernética y redes da la ciberpolítica en donde la información, su correcta interpretación es básica, apoyada en la Teoría General de Sistemas y los sistemas autopoyéticos. Basta con ver la expansión por etapas, según se ampliaron los medios de comunicación: 1) organizaciones sociales civiles; 2) nuevos movimientos sociales; 3) multitudes inteligentes en procesos des autoorganización y conservación.

La comunicación alcanza niveles exponenciales con la universalización de las redes sociale, que son el banco de prueba de la teoría habermasiana de la acción comunicativa. La cuestión de si esta ha sido validada o falsada queda abierta.

La capacidad de asimilar información de complejidad creciente, la acción política digital, la viralización de la política 2.0, la coordinación a través de las redes distribuidas, configuran las multitudes inteligentes como confluyendo en una inteligencia colectiva, supuestamente propia de una sociedad emancipada. El inconveniente es que la inteligencia es siempre un atributo del individuo y que, el hecho de que hayan fracasado todos los sujetos colectivos propuestos a lo largo de la historia (creyentes, pueblos, proletarios, razas) no da mayor sustancialidad a una inteligencia colectiva que, aunque simulada como tal, seguirá siendo pura agregación de inteligencias individuales. El avance es que, ahora, en principio, contamos con todas.

Futuro.
¿Autogobierno de las multitudes o seguirán siendo necesarios los pilotos y de qué tipo?

Sueño kantiano de una cosmópolis con una opinión pública mundial.

dijous, 12 de febrer del 2015

Empezar por Madrid.

Destitución fulminante. Sorpresa general. Reacciones en cadena. Contrarreacciones. Cruces de acusaciones y palabras subidas de tono. Algunas tan subidas que se gritaron ante la sede del PSOE en Ferraz en una manifestación espontánea de medio centenar de socialistas gomecistas, muy enfadados con la dirección federal.

Respetando las distancias y las diferencias, algo parecido al guirigay montado en IU de Madrid hace unos días. Podemos, que sigue haciendo destrozos en las aguas estancadas de los partidos de la izquierda, se configura más como imperativo del verbo podar que como presente de indicativo de poder. Según se dice, la derecha se frota las manos. Pero será de frío porque, al menos en Madrid, se encuentra en situación de similar desconcierto, sin candidatos a las municipales y autonómicas de mayo. En este momento, ningún partido tiene candidato a la Comunidad Autónoma salvo, precisamente, el PSOE. Sorprendente. Pero, cierto, el espectáculo están dándolo las izquierdas.

Los problemas de los partidos tienen componentes externos que todo el mundo puede valorar, como los procedimientos judiciales o los procesos electorales, y otros internos, de información reservada a los militantes y dirigentes, sobre todo dirigentes, que, muchas veces, solo disponen de parte de ella y no muy sana. Es decir que, cuando estalla uno de estos problemas es muy difícil que la ciudadanía pueda hacerse una idea de lo que está pasando, de quién tiene razón y quién no. Las acusaciones mutuas lo embarullan todo. Y así resulta que, no ya la gente, sino muchos militantes no saben por qué lado inclinarse. Una prueba es ese manifiesto del grupo Socialismo Democrático, de Alberto Sotillos, titulado Comunicado sobre la situación del PSM del que lo único que se saca en claro es que los autores no tienen nada claro qué está pasando en su partido y no saben por quién pronunciarse. Por eso se lamentan de la situación y proponen unas medidas exquisitamente democráticas pero que, supongo, no hay tiempo ya de articular antes de las elecciones. Y a las elecciones tiene ese partido que presentarse.

Quizá la dirección pudo haber hecho las cosas de modo más versallesco. Es de suponer que su decisión será legal desde el punto de vista de sus estatutos. Pero a lo mejor era recomendable guardar más ciertas formalidades, reunir algún órgano colegiado y tomar una decisión con un debate. Esto quizá le hubiera dado más apoyo. Pero tampoco el afectado se ha andado por las ramas. Ha convocado una rueda de prensa y ha cargado contra Sánchez, proclamándose desobediente, rebelde y amenazando con ir a los tribunales en defensa no de su honor, que da por supuesto, sin o de su cargo. A su lado estaba Carmona, candidato a alcalde de Madrid, quien reiteró que ponía la mano al fuego por Gómez, gesto noble, pero no muy hábil.

La línea de fractura está clarísima. Fractura irremediable. Es la confrotación. Pero en ella, los gomecistas, por numantinos que sean, llevan las de perder. No estaban preparados y sus compañeros de la dirección, sí. Ha sido una serie de golpes fulminantes que estaban programados: a) destitución de Gómez; b) nombramiento de una comisión gestora a cargo de Simancas y Lissavetzky, dos históricos, uno de ellos víctima directa del tamayazo; c) designación del candidato a la Comunidad, Ángel Gabilondo.

Un golpe de efecto, un golpe de autoridad que, con mayor o menor razón, ha sido bien recibido por los militantes y los ciudadanos en general, de acuerdo con un sondeo de urgencia de Metroscopia para El País, según el cual, la intención de voto del PSOE remonta en 8,2 puntos y consigue el milagro de superar a Podemos. Muchos dirán que, en realidad, esas son las ganas de El País de que eso suceda pero, en cualquier caso, Pedro Sánchez estará exultante porque ha probado que, como dijo, no le tiembla la mano y que en el PSOE manda alguien: él. Los barones han aceptado todos la medida, con alguna suave queja en cuanto a las maneras, en cerrado asentimiento. El PSOE muestra unidad interna y eso, hoy, es un enorme activo. Solo Susana Díaz se mantiene en el fiel de la balanza. Será acertado o no, pero las circunstancias objetivas han cambiado: tomar Andalucía desde Madrid no es lo mismo que tomarla desde Ferraz.

Sánchez se ha consolidado despidiendo a Gómez. Si es justa o no la medida es cosa que se verá según avancen las investigaciones sobre el caso de Parla; pero, desde luego, es ejemplar y, según se ve por las reacciones, ejemplaridad es lo que la gente busca, harta de corrupción. La bronca que le han montado los diputados díscolos a cuenta del pacto antiterrorista y la cadena perpetua disfrazada es más ideológica y, por lo tanto, manejable. Andalucía está fuera de cuentas con las elecciones de marzo. ¿Qué queda por hacer tras haber demostrado que el PSOE es un partido fuerte, capaz de tomar decisiones drásticas, como destituir a un barón y nombrar un candidato nuevo en horas mientras los demás dan vueltas al atajo?

Seguir demostrándolo y, una vez que ha marcado las distancias con el resto de la oposición, Podemos y el pecio de IU, marcarlas ahora con el gobierno y demostrar a este que está en condiciones de sustituirlo. Que está en condiciones de desmentir a Rajoy cuando le vaticina que no llegará a ser presidente del gobierno. Habiéndolo predicho el presidente lo más probable es que suceda lo contrario, pero no estaría mal que Sánchez mostrara en este empeño tanta autoridad, audacia y tesón como en el de conquistar Madrid.

Para ello, lo único eficaz es presentar la moción de censura.

A lo mejor, además de Madrid, conquista España.

Mirada a la mirada.

La Fundación Canal acaba de abrir una exposición de la obra de Giacometti en colaboración con la Fundación que lleva el nombre del artista. Es como la continuación del éxito general de la línea de El hombre que camina ("L'homme qui marche"), universalmente famosa, con piezas por todo el mundo, algunas de las cuales han alcanzado precios de vértigo en las subastas de arte. Con razón, en mi experiencia, siempre que se acepte poner valor dinerario al arte. La primera vez que ve uno alguna de esas estatuas tan escuetas, finas y mínimas que parecen de perfil hasta cuando están de frente y supera el sobresalto que producen, queda uno cautivado por ellas para siempre. Al menos así me pasa a mí. En esas figuras enhiestas, alígeras de tamaños variables, desde las diminutas hasta las de proporciones humanas y algo más que humanas, que parecen desplazarse deslizándose, se concentra la esencia de la escultura desde los colosos egipcios hasta los bronces de Rodin. Y es como si ese largo discurrir representara hoy la culminación del proceso de hominización, el "caminar erguido del ser humano". Allí en donde, en su mínima expresión, la escultura, el arte, se hace filosofía.

En algún lugar, Giacometti dejó escrito que "Soy de la opinión de que, se trate de escultura o de pintura, en realidad lo único que cuenta es el dibujo. Hay que agarrarse única y exclusivamente al dibujo. Si se domina un poco el dibujo, todo lo demás será posible." Y lo es. El artista lo demuestra. Esta exposición podría llamarse El dibujo de la mirada. O cómo se reproduce la mirada que es la esencia del ser humano. Lo que se muestra es un recorrido por la última parte de la obra de Giacometti, de los años 50 y 60, cuando esta convicción suya fue acentuándose y estilizándose hasta resumirse casi en una insinuación. Una insinuación en bronce.

La preocupación con la mirada tomó forma a partir del interés de Giacometti por representar la cabeza, en la que aquella está alojada. Ese interés por las cabezas lo llevó a romper a comienzos de los años 30 con el surrealismo y con Breton, quien desdeñaba el empeño del artista por entender que era una vulgaridad, ya que, a su juicio, "todo el mundo sabe lo que es una cabeza". Como el artista no lo sabía y pretendía averiguarlo, recuperó su libertad e inició su andadura. Paralelamente a su producción de las estatuas de cuerpo entero, fue haciendo indagaciones, reduciendo progresivamente su objeto. No haciendo las cabezas más pequeñas, sino despojándolas de lo que consideraba accesorio. Así, en 1958, realizó una impresionante cabeza sin cráneo que podemos admirar aquí. Luego continuaría en su empeño, llegando a prescindir de todo lo demás y dibujando solamente un ojo, el soporte de la mirada.

Entre tanto produjo una gran cantidad de retratos, imaginarios o a partir de modelos vivos, todos como si fueran bocetos de esculturas, en los que lo esencial, lo dominante, es la mirada, son los ojos, a veces desmesurados, siempre abiertos, a partir de círculos concéntricos que nos miran con una intensidad indescifrable. Es, de nuevo, una evolución. En un autorretrato de los años 40, igual que en los de Henri Matisse, Jean Paul Sartre, los ojos, la mirada, son importantes, pero no el eje de la composición. En los dos de la mujer de Sartre, Simone de Beauvoir, (por cierto, el primero, magnífico, representa a la escritora con la apariencia de una emperatriz bizantina), la mirada apenas cuenta. Esto apunta a otro elemento en la obra del escultor, referido al lugar de la mujer. Él mismo decía: A una mujer siempre la hago inmóvil, a un hombre siempre lo hago caminando. Podría parecer que es una infravaloración. Sería cuestión de indagar más y ser más justos con su visión de lo femenino y no es este el lugar. Ayuda poco y escandaliza a muchos que Giacometti fuera con frecuencia a los prostíbulos, tuviera amantes ocasionales y hasta una fija hacia el final siempre con conocimiento de su mujer.
 
De vuelta a la mirada es imposible no quedarse pasmado ante un autorretrato en un espejo en la temprana fecha de 1935. Aparece él con su mujer, Annete, que lo abraza por detrás cariñosamente. Pero él ha tenido buen cuidado de borrar su propio rostro que había dibujado previamente, como si no quisiera verse, no quisiera ver su mirada. Una imagen sin imagen. Es tentador fabular que a partir de aquí comenzó la fascinación de Giacometti con la mirada ajena. Obviamente, no quiso dejar rastro de la suya.
 
La exposición, abundante, con unas 100 piezas, lleva su tiempo. Conviene ir provisto de él, no pase como con Palinuro, que la visitó un día y tuvo que volver otros dos después porque la impresión que produce en un primer momento es muy fuerte y desconcierta. Está dividida en siete temas, muy bien organizados: el hombre que mira, cabeza, mirada, figuras de medio cuerpo, mujer, pareja y figuras en la lejanía. Y, cuando el visitante, a fuerza de ver miradas, ya no sepa a dónde mirar, puede ir los otros bronces, las figuras de medio cuerpo, las mujeres y las representaciones de la pareja en donde encontrará de todo para su solaz y todo tipo de reminiscencias y referencias, algunas explícitas, como una copia de Venus y Adonis, de Tiziano o las influencias totémicas africanas en el temprano bronce de La Pareja, que ilustra la publicidad de la exposición y, a juicio de Palinuro, desorienta por cuanto, tratándose de una obra de 1927, del periodo presurrealista, despista respecto al carácter de la obra del artista.

Al final del recorrido, en la zona abovedada tan curiosa del canal, se concentra la parte de mayor impacto de la obra a nuestro entender, tanto en dibujos y bocetos como en bronces. Son estos cinco piezas dispuestas en hilera, en vitrinas, mostrando cinco estatuas, cinco desnudos de mujer que van reduciéndose de tamaño, como si el comisario hubiera querido escenificar una de las preocupaciones esenciales de Giacometti, esto es, la representación de la figura humana en la distancia. Pero, aparte de perder en dimensión y volumen, las figuras van perdiendo atributos. La cuarta es una especie de esencia de Venus, pues no tiene brazos y la quinta es solo una figura humana por insinuación pues prácticamente nada delata su condición; de no ser por la que el visitante le atribuye a través de su mirada, que viene de ejercitarse en la exposición. Si un día se hiciera la prueba de comenzar el recorrido en sentido inverso, de forma que la primera figura que aquel viera fuera la última, muy pocos dirían que se trata de una representación de un ser humano.

Tenía razón Giacometti. La mirada enseña a ver.

dimecres, 11 de febrer del 2015

Palinuro sobre Palinuro.


Bueno, no es exactamente así. Palinuro no va a largar sobre Palinuro. Para narcisistas ya están los políticos de la izquierda. Es una pequeña broma que los lectores seguramente disculparán.
Palinuro acude a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) a una conferencia sobre lo que anuncia el enuncio: el arte del piloto y las multitudes inteligentes. Son unas jornadas sobre estos asuntos del internet, la política, la ciberpolítica y sus cuestiones y quisicosas. En concreto, cómo se perfila la tradicional relación piramidal de la política configurada desde hace siglos bajo la forma de un caudillo, jefe, mando, líder al que siguen las masas en la época en la que la universalización de la información hace que el dueto tradicional,élite/masa se rompa porque ya no es posible sostener frente a esta que aquella esté en posesión de un saber superior, secreto, indescifrable. Y, lo que es más grave, acceder a la información es hoy prácticamente gratis, al alcance de todo el mundo.

¿Son hoy necesarios los líderes, los caudillos? ¿Avanzamos hacia formas de autoorganización de la gente? Los nuevos movimientos, ¿preludian una forma nueva de hacer política, comunicación y, por lo tanto, emancipación? ¿Hay que jubilar a los pilotos?

No sé si sabré contestar a estas preguntas, pero, al menos, se me da bien plantearlas.

Como indica el cartel, la conferencia es a las 18:00 del jueves, 12 de febrero, en la sala W. Mitchell del Barcelona Growth Center (C. Roc Boronat, 117, planta 7. Barcelona).

Entrada gratuita. Aforo limitado. Tod@s bienvenid@s. Hay que rellenar un papelito.

El narcisismo de la izquierda.


Comencemos con un topicazo: la izquierda está dividida y la derecha, no. Sigamos con tópicos: ello se debe a que en la derecha priman los intereses y en la izquierda, los ideales; a que aquella es jerárquica y autoritaria y esta, democrática y libertaria; aquella, dogmática y esta, crítica; conservadora la una, innovadora la otra. Conformismo frente a rebeldía; orden y obediencia frente a desorden y desobediencia.

Al ser tópicos, aburren. Tienen su parte de verdad y también de mentira. Por eso son tópicos o lugares comunes. Pero no agotan el asunto. Casi nunca o nunca se menciona el narcisismo que es sin embargo un factor característico de la izquierda, ausente en la derecha. Puede entenderse como causa o efecto de la situación.  El hecho es que se da. ¡Y de qué forma!

La derecha actúa como una falange macedónica, en formación cerrada. Nadie se sale del bloque a guerrear por su cuenta, salvo que lo hayan pillado llevándose la pasta a Suiza, en cuyo caso, la formación lo abandona a su suerte. En la falange hay líderes, pero estos son fácilmente sustituibles. Se mantienen mientras valen. Si no valen, los sustituyen sin contemplaciones. Caso Hernández Mancha. En la izquierda, en cambio, se guerrea en desbandada, sin formación, al estilo de las tribus bárbaras. Y los líderes perduran aunque no valgan. Caso Rubalcaba.

El narcisismo es prevalente en la izquierda, casi se diría inherente a ella. Suelen gastarse chanzas del estilo de "Frente judaico de liberación" para aludir a su fraccionamiento. Pero como si fuera un fenómeno independiente de la voluntad humana, casi telúrico, y no el claro resultado de una pulsión narcisista a extremos a veces patológicos.

Obsérvese la provincia de la izquierda a vista de pájaro. ¿Qué se ve? Una colección de personalidades, personajes, figuras y figurones que darían para una nueva Commedia dell'arte, todos pugnando por sobresalir, por aparecer en los medios, descalificar al vecino y colocar su discurso. Pedro Sánchez, Susana Díaz, Edu Madina, Carme Chacón, Julio Anguita, Cayo Lara, Alberto Garzón, Gaspar Llamazares, Tania Sánchez, Pablo Iglesias, López de Uralde y me dejo algún otro emergente, seguro. Es decir, un corral lleno de gallos con alguna "galla"; pocas porque el narcisismo es una neurosis predominantemente masculina. Los hombres parecen gustarse más a sí mismos que las mujeres; ignoro por qué. Y encuentran incomprensible que ese gusto no sea compartido por la Creación entera.

Ese acuerdo entre fuerzas de izquierdas que, según Raimundo Castro, teme el PP, no está más cercano antes de las elecciones que el retorno del Rey Arturo desde Avalon. Por eso lo usa el PP como una amenaza para después. Pero es innecesario. Las izquierdas ya hacen lo posible por evitarlo antes o después. Para cerciorarse, alguna afirma con énfasis que la disyuntiva izquierdas y derechas es irrelevante. De esto se sigue que tanto da entenderse o desentenderse con las unas o las otras. Ahora o mañana.

Todos los estudios de estrategia aplicados a la guerra, a los juegos, al mercado, a la vida, a la política coinciden en que la unión en el propio campo y la desunión en el de enfrente es una fórmula prácticamente segura de victoria. Eso es de universal conocimiento. Y también que la derrota y la victoria en estas condiciones son siempre dobles. El vencido no pierde una batalla, sino dos: la que él ha perdido y la que el adversario ha ganado. Como en los juegos de suma cero. Para fastidiarlo más, el perder y el ganar tienen carácter acumulativo y la izquierda amarga experiencia en acumular derrotas.

Arrasa Podemos, aunque ya no tanto, al romper con el discurso conformista. Salimos, dicen, a ganar. Se trata de ganar, viejos pantouflards; quitaos del medio, estantiguas, no estorbéis, que arrollamos. Se acabó la melancolía de los beautiful losers. Ahora llegamos los beautiful winners. Muy probablemente esta arenga despierta la ilusión colectiva que los medios creen haber detectado y quienes la sienten predican por doquier con un estilo un poco de testigos de Jehová.

Muy bien. ¿Y si no ganan? El discurso de acabar con la resignación de los eternos perdedores tiene trampa. Va dirigido a toda la izquierda, pero su destinatario especial es IU, no el PSOE que no solamente no ha perdido sino que ha ganado muchas veces, más que el PP, y no tiene por qué darse por aludido. Sí, sí, debe darse, razonan los de Podemos, porque ganó pero hizo lo contrario de lo debió hacer, mientras que nosotros no fallaremos. Esto último es un futurible y ya se verá, si se ve. Pero lo otro es opinable. Es legítimo que el PSOE tenga su opinión sobre su propio pasado y lo interprete en sentido positivo.
 
¿Y si no ganan? ¿Si se da otra variante del huerto de los narcisismos? Convendría haber llegado hasta ahí sin mandarse los padrinos cada fin de semana. Moderar el lenguaje, concentrarse en el enemigo común y no perder fuerzas en peleas internas de egos en estado de soufflé. Y ello no solamente por la conocida opinión de Palinuro de que no hay motivo alguno -fuera de los personalismos narcisistas- para no llegar a un acuerdo electoral de mínimos de la izquierda sino por otra razón de mayor alcance. Si llegamos a la elecciones en estado de enfrentamiento total entre el PSOE y lo que concurra a su izquierda, se dará la razón y la justificación a la tendencia más conservadora del socialismo para pactar una gran coalición con el PP, sobre todo ahora que en aquel renace el recio espíritu del nacionalismo español.
 
La idea de un gobierno de coalición de la izquierda es hoy una quimera. Las izquierdas tienen nueve meses para conseguir que deje de serlo. El tiempo de gestación de una niña.

Los barrotes de la celda del ser.


El autor de esta foto, Leontopodium Alpinum, es hermano mío en FB como los apóstoles lo eran entre sí en JC.
 
Un día de estos, Leonto, te disuelves en el éter. Solo entonces recuperaremos algunos la palabra y saldremos del gozo y el grito. Aunque eres capaz de fotografiarlo desde dentro con lo que el grito y el gozo dejarán el sitio al silencio.
 
¿Cómo se puede representar el silencio en movimiento? ¿Cómo el tiempo y su irreversibilidad, predicada no solo de sí mismo, sino del objeto que lo hace visible?  El hielo, el puñal del tiempo que se deshace en él.

Y no hablo de colores porque no soy Goethe.

Ni de armonía porque no soy nadie.
 
Tres, son tres. Como la Trimurti y las Parcas y una sola como la Trinidad, porque solo la unidad puede ser secuencia. Por eso es y no es. Como todos. Como todo.
 
Juro, Leonto,  ante los dioses que perecerán en el Ragnarok, que la utilización de la imagen  persigue un fin innoblemente publicitario y comercial: el de dar pote a Palinuro con algo tuyo.

(La imagen es una foto de Leontopodium Alpinum, con licencia Creative Commons).

dimarts, 10 de febrer del 2015

¡Desperta, testaferro!

La Lista Falciani tiene pinta de ser el sumidero por el que se van a ir los últimos restos de la autoestima colectiva. Y la indignación subirá varios enteros. Es lástima que no cotice en bolsa. Pero es visible, palpable. Por eso quienes poseen esta preciada información -hasta ahora bajo secreto en poder del ministro de Hacienda- están dosificándola para aumentar la tensión y el suspense. Dejan caer un par de sonoros nombres y cuelgan el cartel de continuará, como en las antiguas tiras de los periódicos.

El difunto señor Botín, al parecer, tenía unos 2.000 millones de euros a buen recaudo. Habiéndonos acostumbrado a apalear miles de millones ajenos o propios, pero enajenados por arte de birlibirloque, nadie observa que se trata de una fortuna. O al infeliz de Palinuro se lo parece. Sobre todo comparándola con sueldos de 500, 600, 1000 euros mensuales brutos. Un mileurista necesitaría trabajar 166.666 años para reunirla. Eso es igualdad. No hace falta recordar la relación entre el tiempo y el dinero. El tiempo es oro. Unos no tienen nada. Tienen que comprar su vida a base de venderla porque venden su tiempo. Los otros, los que lo compran, tampoco tienen más tiempo que el común de los mortales, como acaba de demostrar fehacientemente el señor Botín. Pero ese es otro asunto.

El mismo Botín que, hace poco, besaba caballeroso la mano de la presidenta de Andalucía,  manejaba esas ingentes sumas a través de testaferros, o sea, gente que gestiona dinero ajeno en circunstancias irregulares. Siempre me he preguntado cómo evitarán los ricos las traiciones de los testaferros. Pero lo hacen. Obviamente, si algún testaferro defrauda a su mandante, a nadie le interesa divulgar la noticia. Aun así los testaferros son sumisos, están atados por cadenas de oro. No se les puede gritar ¡desperta testaferro!, como los almogávares gritaban ¡desperta ferro! cuando se sentían traicionados y eran capaces de cualquier cosa.

Capaces de cualquier cosa no parecen los testaferros pero sí quienes están encargados de velar por la ley y su recto cumplimiento. Cada vez que se manifiesta el ministro de Hacienda da la impresión de amenazar a unos, avisar a otros y repartir dones y favores entre los demás. Eso es posible porque, a diferencia de otros lugares civilizados, los datos fiscales de los ciudadanos en España son secretos. Se pretextó el terrorismo para hacerlo así. El terrorismo pasó, pero los datos siguen siendo secretos. Y posibilitan que el ministro salga haciendo algo parecido a un uso indebido de información privilegiada.

Dos declaraciones suyas muestran que España es un país peculiar. De un lado sostiene el ministro que la lista Falciani es un asunto antiguo y, de otro, que es solamente el "aperitivo" de lo que hay en Hacienda. Es antiguo, ciertamente, pero el propio Montoro lo es en un ministerio en el que lleva más de tres años con la lista sobre la mesa. Lo del aperitivo, aparte de una metáfora de cafetería, suena a baladronada. También de cafetería.

Lo que tiene que hacer el ministro es publicar la lista de defraudadores. Y dejarse de amenazar a la gente de una forma innecesaria y estúpida. Si he leído bien, insta a Podemos a que presente declaraciones de todos sus dirigentes. Es absurdo. Eso tiene que hacerlo Podemos, No podemos y todo el mundo. Incluido el señor Montoro. Todos. Luego, corresponde al señor Montoro investigar si se ha hecho y cómo se ha hecho. Pero carece de sentido advertirlo antes. Es como si la autoridad competente nos comunicara que tenemos que cumplir la ley. No hace falta. La ley ha de cumplirse incluso aunque se desconozca. ¿A santo de qué prevenir de la necesidad del cumplimiento? Pues para intimidar.

En esto de la caja común, las fortunas volanderas, los fraudes domésticos, los latrocinios desmesurados de mangantes que apandaban aquí e iban a depositar sus ahorros en nido suizo, toma fuerza el discurso de Podemos de la Patria que todo el mundo detecta como nuevo y difícil de refutar por vergüenza torera. La Patria no es la bandera, ni el himno, ni la monarquía, la religión, la lengua o el territorio. La patria son los cuartos y en dónde se tengan.

La cuestión es que existe libertad de circulación de capitales y el patriotismo de sus propietarios los lleva a apacentarlos en predios más ricos que aquel del que surgieron. Querer restringir esa libertad apelando al patriotismo puede ser una forma de acicatearla. Y, en definitiva, el dinero que se va, legal o ilegalmente, es dinero que no se invierte aquí.