divendres, 16 de gener del 2015

El Movimiento Nacional.


Sabido es, el franquismo descansaba en el ejército, la Iglesia y un confuso ente llamado Movimiento Nacional ideológico a la par que institucional, que contaba con una Ley de Principios de carácter constitucional. Un partido único, en definitiva, con un secretario general que era a la vez ministro y un jefe nacional, a modo de presidente, que era el Jefe del Estado, caudillo de España por la gracia de Dios. Ese ente magmático estructuraba la carrera política de los franquistas, igual que el cursus honorum de los romanos, e iba siempre sobre dos carriles, el del partido y el del Estado. Se empezaba como jefe local del Movimiento y, por ende, alcalde; se seguía como jefe provincial y, en consecuencia, gobernador civil y, ya lo hemos visto, se terminaba como jefe nacional y, como es lógico, caudillo de España. Una carrera política en un partido que era el Estado y un Estado que era el partido.

Lo que está haciendo el PP, ya desde su refundación en 1989, si no antes, es reproducir el modelo franquista. La pertenencia al partido es una carrera política. Los militantes son también cargos públicos. Son alcaldes, presidentes de comunidades autónomas, consejeros, diputados, senadores, ministros. Son profesionales de la política como en el franquismo. Pero, a diferencia de la Dictadura, que garantizaba a los militantes los cargos institucionales porque Franco los nombraba a todos, incluidos los alcaldes, la democracia introduce un elemento de incertidumbre si, por ejemplo, se pierden unas elecciones. Los partidos no solo acusan las derrotas electorales en descensos de sus presupuestos, sino también en el aumento de las cesantías. Para evitar esta desagradable situación de los políticos "en suspenso", por así decirlo, el PP parece haber generalizado el cobro de sobresueldos. El sobresueldo ayuda a llevar los tiempos de sequía en cargos públicos.

Luego, cuando se retorna a los cargos públicos se supone que se renunciará al cobro de sobresueldos, entre tanto, objeto de indagaciones judiciales por su naturaleza sospechosa. A veces no es así. En realidad, los sobresueldos son la corrupción institucionalizada de unos profesionales que tienen el partido como una empresa para repartir beneficios. Y ¿qué produce esa empresa? Esencialmente ideología que se articula luego en políticas de desmantelamiento de todo lo público. Basta con escuchar al nuevo alevín a quien Rajoy ha puesto de portavoz de la campaña, ese petimetre heredero de Mont Pelerin pasado por algún think tank de descerebrados cuando dice que Papa Estado no tiene que decirme nada o algo así de ingenioso. A él, en concreto, tiene todo que decirle por cuanto, si mis datos no son falsos, lleva toda su vida cobrando sueldos públicos excepto dos meses que estuvo en algún banco suizo. Y no es broma.

Como no lo es el caso de este jardín de flores y zánganos neoliberales que pasan la vida entrando y saliendo de puestos públicos o semipúblicos, como son los del partido. Es el caso de Hernando, Báñez, Mato, Arenas, Casado, etc. Por no hablar de Cospedal, Aguirre, Ruiz Gallardón, Aznar o el propio Rajoy, todos ellos altos funcionarios o fedatarios públicos que llevan toda la vida en política en cargos desde los que predican y actúan en contra de lo público, del Estado al que juraron (estos son todos de jurar) servir. Y haciéndolo además, con la gracia y el donaire de un paquidermo, como cuando la señora Aguirre -que tiene a toda su familia enchufada en los más variados entes públicos- dice que se acabaron las mamandurrias, sin referirse, claro, a las suyas.

Esa reproducción del Movimiento Nacional es la causa de la corrupción generalizada. Los casos de Matas, Fabra, Baltar, Bárcenas, la Gürtel, Pandora, Camps, el Bigotes, el Albondiguilla, Mato, Díaz Ferrán, Blesa, Rato, Cotino, Castedo y la retahíla de sinvergüenzas, apandadores y granujas no son "casos aislados". Son pruebas de una corrupción institucionalizada, estructural, una forma ordinaria de actuación del partido del gobierno. De hecho, hay algún juez que ya imputa un comportamiento ilícito al partido como tal, que se ha lucrado de presuntos delitos. La cuestión es si el PP es un partido político o más bien una asociación de malhechores. Y una asociación sin ningún tipo de límite moral. Hasta ayer mismo muchos se escandalizaban de que la corrupción valenciana hubiera llevado a pegar mordidas con motivo de la visita del Papa. Hasta ayer, cuando se supo que el PP podría haber financiado su edificio de Bilbao con dinero de donaciones a favor de la lucha contra el terrorismo. Como cuando Roldán estafó a los huérfanos de la Guardia Civil o Urdangarin, al parecer, a una asociación de discapacitados o algo así.

Realmente, hay una conciencia de indignación ciudadana notable. Es la que ha llevado al gobierno de la derecha a pertrecharse material y jurídicamente para reprimir las manifestaciones posibles de descontento popular. La Ley Mordaza es literalmente un abuso. La tendencia autoritaria insoportable. Esas medidas de seguridad por decreto contra el terrorismo yihadista que el PSOE está negociando con el gobierno preanuncian represión indiscriminada de musulmanes.

Sánchez ha estado especialmente desafortunado al ofrecer su apoyo al gobierno en nombre de la doctrina de la seguridad. Lo primero que hizo Bush Jr., fue formular una doctrina de la seguridad nacional que propugnaba políticas preventivas, con las cuales llevó a su país a la guerra del Irak. A su país y a medio mundo. Eso de la seguridad es demasiado serio para dejarlo en manos de gente con pocas luces.

¿O va a apoyar Sánchez también en nombre de la seguridad esta nueva vuelta de tuerca dictatorial de dar plenos poderes a Rajoy? Porque de eso se trata.

dijous, 15 de gener del 2015

Catalunya és.

Desde la intensificación del espíritu independentista catalán hace unos años son numerosos los análisis que de él se han hecho en relación con el nacionalismo español valiéndose de la teoría de juegos y el modelo más frecuentemente empleado ha sido el llamado del gallina. Consiste este en dos vehículos en la misma dirección pero sentidos contrarios lanzados a la carrera. Pierde el primero que se aparta. Pone un poco los pelos de punta. También suele hablarse de "choque de trenes", lo que es inapropiado porque los trenes no pueden apartarse aunque los maquinistas sí pueden salvarse tirándose en marcha. Pierde el que primero se tira y el choque se produce igual.

De todas formas, no ha lugar por ahora. Hay dos trenes, sí, pero circulan en paralelo, ignorándose el uno al otro. En Cataluña, ayer, los soberanistas culminaron su objetivo de convocar elecciones anticipadas para el próximo 27 de septiembre. En España están a otra cosa, a las elecciones de mayo y, sobre todo, las de noviembre. Incluso no están en España. Luego lo veremos.

Desde el punto de vista del soberanismo catalán, la convocatoria de ayer es un exitazo en toda regla y, aunque los medios quieran reducirlo al pacto entre Mas y Junqueras, incluso afirmando que Mas ha ganado el pulso al republicano, el acuerdo tiene el respaldo de las organizaciones de la sociedad civil, la ANC y Ómnium Cultural y otras varias. Es, pues, un pacto trasversal, de amplia base, en el que, probablemente, todos han cedido algo. No hay lista de país, como quería Mas, pero sí una hoja de ruta común cap a l'independencia. Mas ha anticipado un día la convocatoria anticipada para acallar rumores e insuflar ánimos independentistas. El proceso inaugura un segundo capítulo en su relato retórico: las elecciones de 27 de septiembre serán la segunda vuelta de la consulta del 9N, esa que Rajoy ignora por carecer de efectos juridicos salvo, quizá, el de empapelar de algún modo al presidente Mas, una posibilidad que acabará por otorgarle el aura de todos los héroes por la libertad de sus pueblos, Moisés, David, Guillermo Tell, Simón Bolívar. A propósito de este último, lo que mide el alejamiento paulatino entre España y Cataluña es que ya no es posible predicar de los catalanistas actuales la famosa frase de Alcalá Zamora a Cambó, de que quería ser el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España.Los soberanistas ya no quieren ser nada de España. Solo Bolívares de Cataluña, bolivarianos y no al modo que se afea a los de Podemos.

En esa "segunda vuelta" del 9N, con su contenido "plebiscitario", se pretende poner las bases del nacimiento de la nación catalana, consiguiendo un porcentaje abrumador del voto a favor de la independencia. Va a ser una movilización nacional. Tendrá su primera prueba en las elecciones municipales pero estas no serán determinantes porque en Cataluña no son autonómicas. Las autonómicas/plebiscitarias/constituyentes serán las de septiembre. Ese movimiento al que cuesta llamar "nacional" porque la expresión "movimiento nacional" produce universal rechazo por estos pagos, va a articularse en todos los órdenes y no solamente en el meramente electoral. Hay en marcha una creación a veces exnovo, a veces por adaptación de otras preexistentes, de normas (una Constitución catalana), instituciones, relaciones sociales de todo tipo. El soberanismo esta diseñando un país al que dio nombre en la Diada de 2012, Catalunya, nou Estat d'Europa.

Frente a esta efervescencia nacional/estatal, el otro tren, el español, sigue su marcha, con el pasaje entretenido en otros quehaceres, orientado a otras elecciones, incluso en Grecia, pero ignorando olímpicamente el proceso catalán. Lo último que supimos de Rajoy es que el soberanismo es una algarabía, que con la soberanía del pueblo español no se pacta y que mientras él sea presidente, España no se romperá. Matizada la posición no lo es mucho, pero es la que hay. Las otras dos fuerzas políticas de relevancia, el PSOE y Podemos, no son tan insultantes y cerradas como el presidente, pero no se sienten interpeladas por la vivencia inmediata de la cuestión, sino que aplazan sus decisiones al periodo posterior a la consulta de noviembre, es decir, a 2016. Quizá debieran revisar su actitud de cierta indiferencia, más que nada porque sus representantes en Cataluña están en una posición incómoda, casi como huérfanos, incapaces de generar un discurso propio y con riesgo serio de convertir la relevancia de sus organizaciones nodriza en irrelevancia en Cataluña.

Pero este otro tren pide un apunte propio.

Paseando la bandera.


El primer acto de las las próximas elecciones municipales en España se ha celebrado en Grecia, cuna de nuestra civilización, según ha recordado siempre tan pedagógico el presidente Rajoy, por si alguien lo había olvidado. Le ha faltado señalar que Grecia es una gran nación. Como España, aunque menos. Por eso no lo ha dicho.

Efectivamente, los griegos han podido escuchar a Pablo Iglesias por la televisión, pidiendo en inglés el voto para Alexis Tsipras, de Syriza, porque es un candidato griego (la otra es Angela Merkel por intermedio de ND y el PASOK) que devolverá al país la soberanía nacional. Esa expresión traerá cola en España. Los nacionalistas españoles pedirán la misma contundencia en favor de la soberanía nacional española y los catalanes en favor de la catalana. Porque, dirán, no está bien proclamar fuera lo que no se defiende dentro. Eso es lo que hace Rajoy cuando acude a luchar por la libertad de expresión en París pero la reprime rn Madrid.

Iglesias se ha dirigido a los griegos en inglés correcto, directo y sintético. Ha sido una aparición en plasma, como la famosa de Rajoy, pero con fuerza presencial. Ni en plasma puede Rajoy dirigirse a los griegos porque no es que no hable inglés; es que tampoco lo lee. Así que, nada, a tomar un avión y presentarse en Atenas, abrazarse a Samaras, arengar a la población en ese español que el presidente se gasta y decir las cosas que dice. Ha dicho a los griegos que prometer imposibles solo genera frustración. Podría haber añadido que lo sabe por experiencia porque tiene al país rabiando. Incluso en su partido. Si Iglesias ha ido a decir a los griegos algo que le pueden cuestionar en casa, la advertencia de Rajoy suena directamente a pitorreo.

Lo cual demuestra que el auditorio en el que piensan los oradores es español. Pedir el voto para Tsipras es pedírselo a los españoles para su alter ego peninsular. Decir a los griegos que no voten a Syriza, es decir a los españoles que no voten a sus primos hermanos los adanes de los imposibles. Uno puede pensar lo que quiera del razonamiento de Iglesias, pero lo que dice es bastante razonable. Lo de Rajoy, en cambio, es un dislate porque si alguien ha prometido imposibles ha sido él. Admitido por él mismo. Pero no concluye que haya generado frustración sino, al contrario, optimismo, ilusión, sano crecimiento, raíces vigorosas. O sea, una misma promesa genera frustración u optimismo, según lo decida Rajoy. Un dislate.

Los dos discursos en el ágora han sido opuestos en todo. El de Iglesias fue positivo, pidiendo el voto para Syriza y, de rebote, para Podemos. El de Rajoy, negativo, pidiendo que no se vote a Syriza.

El tercer político con aspiraciones, Sánchez, está en Washington, entrevistándose con la directora del FMI. También fuera. Pero no en Grecia en donde los socialdemócratas acaban de escindirse y es probable que ni siquiera sepa aún de qué lado caerán los españoles. De todas formas, antes de salir, ha dejado un regalito envenenado en forma de acuerdo con el PP para legislar ad hoc contra el terrorismo yihadista. Envenenado para los suyos, obligados a defender lo indefendible, esto es, que se colabore con un gobierno que restringe las libertades y derechos cuanto puede, solo por ese prurito de dar imagen de sentido de Estado. Es que es de risa. Terrorismo yihadista, cuando nadie sabe qué quiere decir eso ni por aproximación y, por lo tanto, puede significar cualquier cosa y encubrir cualquier atropello.

La subalternidad de la socialdemocracia frente a la derecha española más cerril es lamentable. Ahora que el Tribunal Supremo puede abrir una línea sucesoria de bastardía en la Corona es un buen momento para que Sánchez precise hasta dónde llega su adhesión a la monarquía frente a esa República que dice llevar en su corazón y que, podrá ser nefasta, oligárquica, mediocre, lo que se quiera, pero no ridícula, porque la sucesión en la máxima magistratura depende de la voluntad de la gente y no de los lances amatorios del Jefe del Estado.

dimecres, 14 de gener del 2015

La multiplicación de los pablos y los peces.

Un post más abajo encontrará el amable lector de Palinuro una reseña de este sobre un folleto de Íñigo Errejón acerca de la hegemonía, entre otros interesantes asuntos. El joven teórico/práctico de Podemos tiene bastante que decir al respecto. Pero siempre en términos ideales, conceptuales, abstractos; qué es, cómo se consigue la hegemonía, cómo se conserva.

Este enfoque se complementa con una vertiente práctica, concreta, sensible, estética en el sentido del juicio de los sentidos. La hegemonía no es solo un asunto discursivo, no se refiere solo a un lenguaje hablado, sino también visto, contemplado, iconográfico. Y ahí, el pontificado pertenece por derecho propio a Pablo Iglesias. Eso que, simplificando y para no meterse en honduras, llamamos "carisma", término que viene de muy antiguo que hoy se convierte en el menos comprometido de "liderazgo". Sin duda, el secretario general de Podemos habla mucho, casi sin parar. Los medios reproducen sus declaraciones y generalmente las solicitan. Porque saben que tienen "tirón", "gancho" para los lectores, entre los cuales se reclutarán luego los electores. Las declaraciones suelen ir acompañadas de imágenes, como este post, porque el gancho reside en la conjunción de lo iconográfico y lo discursivo. La gente escucha lo que Iglesias dice y cómo lo dice, con qué ánimo, con qué estilo. "Estilo", otro término sospechoso, pero imprescindible. La hegemonía se consigue no por lo que se dice sino por el crédito que nos conceden. Y el crédito es en gran medida cuestión de imagen. Para bien o para mal. En principio, todos los discursos se parecen. La diferencia suele radicar en el grado de confianza que inspiran quienes los exponen. Imagen, estilo, la hegemonía es también iconográfica.

El debate político español, incluido en esto el catalán, aunque en Cataluña esa hegemonía no está en modo alguno tan clara, se ha llenado de conceptos y expresiones de Podemos, frecuentemente empleadas por Pablo. Pero, sin darnos cuenta, está llenándose también de pablos. Un estilo rompedor, no convencional, original, muy afirmativo se ha impuesto como una moda arrasadora de forma que, según va hablando el secretario general de Podemos, en el dramatis personae de los demás partidos van apareciendo otros pablos, réplicas suyas, igual que surgían los hombres de la tierra detrás de Pirra y Deucalión.

La primera réplica paulina que se le ocurre a uno es Albert Rivera. Es más, este comenzó su andadura política de una forma bien poco convencional, publicitándose desnudo en un cartel electoral. No le dio eso mucho tirón quizá por lo exagerado, y decidió ponerse chaqueta y corbata, hacerse político de orden y reintegrarse al mainstream. El siguiente fue Pedro Sánchez y ese sí salió ya a la arena teniendo una idea de lo que tenía enfrente. El propio Iglesias ha bromeado en alguna ocasión con el look de Sánchez, tan parecido al suyo, aunque algo más de orden y su afición por las luces mediáticas. Por no hablar de las estaciones que ha venido haciendo por las "asambleas abiertas" que recuerdan algo a los ya famosos "círculos"

(Breve digresión. Tengo entendido que, tras la consulta a los miembros de Podemos, al final el nombre que van a elegir para sus agrupaciones locales será el de casas ciudadanas. Parece un pelín rebuscado, pero aleja el negro nubarrón de que pudieron haberse llamado moradas. Había una propuesta en ese sentido. Al ministro Fernández Díaz, tan devoto de Santa Teresa, le hubiera dado algo).

El tercer pablo es Alberto Garzón. Es el más joven de todos y el que apuntala la teoría del relevo generacional en toda la línea. Pero poco más. Mismo estilo, misma figura, actividad muy similar, también intensa presencia mediática pero con un discurso prácticamente idéntico al del otro Pablo. Puede ser hasta cierto punto injusto, pero no deja lugar a dudas. El factor estético, iconográfico, es esencial. Hay un punto dramático en esas tablas. Todo ganador suscita cuando menos un perdedor y a Garzón le ha tocado serlo. Que además sea un hermoso perdedor, que no lo es, hace más melancólico al asunto.

La última incorporación al club paulino se llama, además, Pablo, por derecho propio y Pablo Casado, como Dios manda y no arrejuntado de cualquier modo. Hasta Rajoy se ha percatado de que poner frente a Podemos a Carlos Floriano es garantizar la juerga en las redes porque, aunque el hombre también sale sin chaqueta y sin corbata, se ve enseguida que le faltan y eso sin referirnos a lo que dice, una melopea que parte del principio de que las audiencias son siempre estúpidas, cosa que irrita hasta a las butacas. Al nuevo Pablo, en cambio, le sobra el terno. Pero, más que nada, le sobra impertinencia y agresividad. Ha tenido un comienzo como de zangolotino, nombrado por la jerarquía para salir a medirse con los adanes con ese estilo preadamítico de pijo de zona nacional.

La hegemonía paulina es patente. Lo que hacen los sosias es evidenciarla aun más.


(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo
licencia Creative Commons).

Las ideas claras.


Íñigo Errejón Galván (2014) Populismo y hegemonía. El gobierno de Evo Morales y la transformación estatal en Bolivia. Vicepresidencia del Estado Plurinacional. Bolivia (52 págs.)
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En abril de 2014, antes, pues, de las elecciones europeas en España, Íñigo Errejón pronunció una conferencia en la sede del Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia del Estado en Bolivia. La intervención puede considerarse como una especie de planteamiento teórico-programático de Podemos antes de pasar de ser una posibilidad a ser una realidad tangible que infunde ilusión y espanto a veces entremezclados en mucha gente y frente a la que todos se sienten obligados a pronunciarse. Ahora esa conferencia aparece publicada enriquecida con unas consideraciones complementarias del autor que recogen sus respuestas a las cuestiones que le planteó una audiencia muy interesada y muy competente. Se trata de un texto teórico que fue primero debatido a miles de kilómetros de España y corroborado luego en la práctica de una confrontación electoral con unos resultados espectaculares. Merece alguna atención y comentario.
El conferenciante se mueve en un terreno de resonancias gramscianas. Algunos términos, como hegemonía o guerra de posiciones pertenecen al canon del filófo sardo. Otros están emparentados con él, como la visión patrimonial del Estado de las clases dominantes o la idea, central en el discurso, de pueblo que, si no interpreto mal el sentido que Errejón le da, viene a ser el principio activo de lo nacional popular gramsciano. Y en sus precauciones con el término "populismo" resuenan los ecos de Laclau.
Pero esto es solo la introducción. En su versión de la hegemonía, el autor aduce como ejemplo de triunfo rotundo del empeño el thatcherismo que consiguió lo que los teóricos del framing consideran que es la imposición del "encuadre": los adversarios vienen a tu campo a discutirte y polemizar contigo, en tus términos, con tus reglas. Cualquiera que considere el debate público español desde el mes de mayo pasado verá que ese ha sido su primer resultado. Podemos ha subvertido el orden discursivo e impuesto un nuevo marco en el que los demás se sitúan a favor, en contra o buscando convergencias. Y siempre en su campo.
Pero esto sigue siendo la introducción de la conferencia. En su última parte, el autor apunta a otras perspectivas, en donde pisa terreno menos seguro pero que lo acreditan como un analista y un teórico de vuelo. Considero tal a quien es capaz, cuando menos, de plantear con claridad las preguntas o formular los problemas que los demás meramente y confusamente intuimos. Aunque no dé respuestas o solo lo haga tentativamente o estas sean insatisfactorias. El pensamiento empieza a rendir frutos a partir de preguntas bien formuladas.
Cuatro son las cuestiones que Errejón plantea, entiendo, como algo abierto. Las cuatro están diferenciadas, aunque interrelacionadas. Alguna de ellas es nueva en el debate político y otras, no, pero se plantean en una perspectiva distinta. Dicho en otros términos: los gobiernos progresistas o revolucionarios o cívicos o populares o como quiera llamárselos deben hacer frente a las cuestiones de: la irreversibilidad, las clases medias, la transitoriedad democrática y la técnica. Son de distinto peso pero obviamente forman un entramado y responden a una preocupación esencial: cómo triunfar, como mantenerse y cómo asegurar la permanencia de lo conseguido.

Viene a ser un Maquiavelo completado por el Lenin de ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? Con la salvedad de que Errejón quiere ir más allá. Pero, reconoce, en política no hay nada irreversible. Además, la democracia que, en el discurso errejoniano no es un medio sino un fin, implica la transitoriedad de los programas políticos. Luego hay un problema con las "clases medias" que, por así decirlo, se desclasan, problema que ya detectaron los teóricos socialdemócratas a fines del siglo XX, cuando vieron que perdían la base social de su fuerza electoral por ascenso de aquella. Y, por último, ningún gobierno puede permitirse el lujo de confundir la gestión técnica con la ideología porque ya decía Espinoza que la libertad está en el conocimiento de la necesidad. Pero ese conocimiento, en cuanto conocimiento técnico, puede intentar sustituir al otro, al especulativo e incluso, convertirlo a su vez en técnico, lo que es la base de la tecnocracia.
Podríamos seguir discutiendo estos aspectos porque, al ser futuribles, están en el aire. El propio Errejón reconoce que el concepto de "socialismo del siglo XXI" está desdibujado. Así, ¿qué se puede hacer? Esperar y, llegado el momento, actuar. Y ver qué sucede. Ya se sabe: la prueba del pudin consiste en comer.

dimarts, 13 de gener del 2015

El muerto al hoyo y el vivo al voto.


Ayer, en la Pablo de Olavide, intervención de Zapatero y coloquio posterior con el juez Garzón y otros. Tema: la Comisión de la Verdad. Zapatero dice que no sería "acertado" crear una Comisión de la Verdad, convencido de que mantener un "punto de templanza" es una "gran virtud".

¿Por qué no sería "acertado"? Porque hay que mantener un punto de "templanza". Se entiende lo que el expresidente quiere decir: un punto medio. Hay una larga tradición que honra esa posición del "justo medio", la templanza. Desde Aristóteles hasta hoy, pasando por Montesquieu. El justo medio. ¿Entre qué y qué? Entre los vencedores de una guerra que edificaron un "orden" victorioso que, en muchos aspectos, subsiste y los vencidos, que todavía no han podido recoger a sus muertos y, por lo tanto, no han recibido justicia. Es decir, el punto medio entre la justicia y la injusticia. Quizá exista ese punto medio, pero jamás será justo.

Supongo que, con la mejor intención del mundo, Zapatero es partidario, lo ha demostrado, de un acuerdo de mínimos que, salvando algún tipo de resarcimiento de las víctimas, permita pasar página, no agitar lo ánimos y proceder en interés de la estabilidad, la convivencia y, en definitiva, la unidad de la nación española. No hay motivo para dudar de su buena intención. Pero sí se le puede plantear una objeción: no creo que una nación pueda erigirse sobre una injusticia. O, por decirlo en términos más familiares por estos pagos: la reconciliación no podrá producirse mientras quienes se identifican con los vencedores sigan negando a los vencidos el derecho a recoger a sus muertos y honrar su memoria. Que las víctimas de la represión franquista sigan en los hoyos en que las metieron los victimarios no es defendible. Sobre eso no puede construirse nada.

No he leído los argumentos de Garzón que, seguramente, serán mejores que los míos pero algo es claro. Solo una Comisión de la Verdad debidamente legitimada y bajo auspicios internacionales, puede restablecer las bases para articular una convivencia democrática en España. El país tiene que mirarse en el espejo y reconocerse en su pasado. El argumento de Zapatero de que las democracias no tienen una verdad "oficial", que reproduce otro idéntico, formulado hace unos días por un ilustre miembro del PP, y que por ello no ha lugar a la Comisión de la Verdad, tiene un defecto: que el país vivió cuarenta años con una verdad "oficial" que nadie ha desmentido y, aunque cuestionada desde el ámbito publicístico y el académico, no lo ha sido en el ámbito judicial ni en el político ni en el de la vida práctica ni se ha admitido iniciar procesos que, contradiciéndola, alienten el pluralismo democrático de verdades que, al parecer, se propugna. Ni siquiera se permite allegar las pruebas necesarias para que esos procesos se consoliden. Los muertos se quedan en los hoyos porque los vivos están más interesados en los votos.

El debate sigue hoy, al parecer, entre el expresidente y el exjuez. Casi se diría, un debate de "ex". Se oirá poco en la campaña electoral porque los partidos le temen. Dejad que los muertos entierren a los muertos, dirán, y nosotros vamos a lo nuestro.

Las elecciones. En el PP están ya lanzados. Han puesto de responsable de la campaña a Carlos Floriano pero le han colocado un vigilante nombrado portavoz que trae pedigree de FAES. Están seguros de que van ganando, según dicen sus encuestas. Las de los demás los dan perdedores. En esas condiciones, ¿a quién creería usted? A las nuestras, a buen seguro. Las otras las cocina el enemigo. Además, ¿qué van a salir diciendo? ¿Que van a perder? Eso no lo dice nadie. Ellos van a ganar. Sus fórmulas son simples: El PP o el caos y el PP o la nada, de esas con pegada. Enfrente tienen un panorama de desunión y enfrentamiento, incluso un verdadero guirigay y un proceso soberanista en marcha en Cataluña, cuyo impacto en las elecciones municipales y, desde luego, las generales, dan por descontado a su favor. Único motivo de preocupación, el súbito ascenso de Ciudadanos en el ámbito español. Ya hay quien habla de un Podemos de la derecha, en donde tendrán su parte consideraciones personales sobre el porte, el verbo, la imagen de respectivos lideres, Iglesias y Rivera. ¡Ah, las generaciones, Rajoy! Repentinamente te has convertido en el viejuno de la política española y, contigo, tu fiel escolta, empezando por ese Floriano que parece un entrenador de equipo de fútbol de barrio y da la impresión, como todos ellos, de saber tanto de las redes sociales como de la Atlántida.

El campo de Agramante está en la izquierda y agitado. Ese lío de la candidata de IU de Madrid tiene una pinta fatal y, luego de la dimisión del responsable de la Comunidad, creo, Eddy Sánchez, vaticina más lío. No es que estas situaciones tan problemáticas sean excepcionales en IU. Al contrario, son relativamente frecuentes. Pero no sé si al extremo de oscurecer el proceso de consolidación de un nuevo liderago con Alberto Garzón. De la convergencia con Podemos ya no va a hablarse gran cosa.
 
La cuestión es ahora la lucha por la hegemonía entre Podemos y PSOE. Poco a poco van fijándose posiciones. El PSOE, que pierde votos por la izquierda, tiene, entre otras, dos opciones: tratar de recuperarlos formulando un discurso más a la izquierda que el que ha tenido hasta la fecha o aceptar la pérdida y modificar el discurso más mirando a los votantes de centro. Zapatero parece más inclinado al centro; Sánchez, a la izquierda.
 
Me atrevería a decir que el reto del PSOE es formular un discurso socialdemócrata propio, diferenciable y, sobre todo, nuevo; uno que concilie el restablecimiento de la justicia social con la flexibilidad de la organización económica, la productividad y eficiencia coordinada con la redistribución. No tiene que ir a la busca de votantes. Tiene que articular un discurso y unas propuestas que los votantes busquen. Tiene que  hacer lo que ha hecho Podemos, hablar lo que la gente quiere escuchar. Y ahí su reto es muy duro porque los de Podemos son verdaderos maestros.
 
En un punto coincide el desconcierto de la izquierda española y es el catalán. Es urgente que las dos formaciones tomen posición sobre lo que está pasando ahora mismo en Cataluña. No en un futuro incierto, para después de las elecciones generales, sino aquí y ahora.

dilluns, 12 de gener del 2015

Iré a escupir en vuestras tumbas.


Tomo prestado el título de la primera novela de Boris Vian, autor predilecto de Palinuro, porque es el que mejor refleja el estado de ánimo que le invade y anuncia su firme propósito pues él también irá a escupir sobre las tumbas de estos dos impresentables, el presidente sobresueldos y el ministro mordaza que estaban ayer en París a defender lo que aquí reprimen, prohíben, castigan y pisotean: la libertad de expresión.

A Vian estuvo a punto de costarle cara la novela que, pretendiendo imitar el exitazo del gran Henry Miller en su Trópico de Cáncer, había escrito con el pseudónimo de Vernon Sullivan, pues ya se maliciaba él lo que iba a pasar. Como sucedió con Miller, los Sobresueldos y Mordazas, los Rajoys y Fernández Díaz de la época lo llevaron a los tribunales por escándalo, atentado a la moralidad pública, en fin las habituales memeces que estos hipócritas esgrimen siempre cuando quieren impedir que la gente hable, escriba, piense. No sucedió nada porque Francia es Francia, pero Vian estuvo a punto de pasar dos años en la cárcel.

La pareja de meapilas represores tiene en trámite una ley para perseguir a todo el que diga algo en España y tundir a palos a quien se atreva a informar  sobre el asunto, cosa que sé porque la ley prohíbe que se fotografíe a los policías cuando reprimen las manifestaciones. Contéstese a una pregunta muy sencilla: ¿por qué no quieren que se fotografíe la actividad de la policía? Respondo: para darle carta blanca en la comisión de todo tipo de delitos y tropelías y garantizarle la impunidad. Es decir, para sembrar el terror de Estado. ¿Puede haber algún otro motivo? 

Esta es la pareja de siniestros personajes que ayer se manifestaba en París mientras en España se anuncia el empapelamiento de Facu Díaz, bajo acusaciones similares. Ya sé que al humorista de la Tuerka no lo acusan los dos pájaros, el Sobresueldos y el Mordaza, sino alguno de esos guardianes integérrimos del público decoro, de esos con nombres tipo hocicos limpios, hazte insoportable, etc. Ya sé que, para empurarlo, se invocan los sacrosantos derechos de las víctimas, todas muy respetables, desde luego, pero que no pueden arrogarse competencia para negar la libertad de expresión ajena. Pero todo eso es posible porque este gobierno corrupto y neofranquista trata de imponer a la sociedad española una involución de medio siglo, un retorno al nacionalcatolicismo más retrógrado. 

Ya sé también que en la manifa de ayer no solo estaba esta pareja de hipócritas sino que la primera fila reverberaba de auténticos granujas, terroristas por derecho propio, como Netanyahu y gentes que, de haber podido, hubieran cerrado Charlie Hebdo y encarcelado a los autores. Pero que cada palo aguante su vela. Palinuro se ocupa de estos sectarios meapilas que tratan de homologarse con la Europa democrática fingiendo ser lo que no son y ni siquiera huelen cómo ser.

Sí, caballeros, iré a escupir en vuestras tumbas, que son sepulcros blanqueados.

diumenge, 11 de gener del 2015

Podemos o Podamos.


Viendo el gráfico del último Metroscopia, que he encontrado en el Twitter de Rubén Sánchez, me asalta la duda de si el Podemos del nombre se refiere al verbo poder o a podar. Porque lo primero que salta a la vista es que ese rotundo 28,2% que atribuye a Podemos viene con una poda, el descalabro del llamado bipartidismo. La verdad es que después de haberse movido en torno al 85% del voto, tener que conformarse hoy con un miserable 42,7%, o sea, la mitad, debe de ser amargo. Los príncipes derribados de sus carrozas dinásticas y obligados a codearse con la chusma populista, con los adanes que, además, los superan claramente en votos. Y, en el caso del PP, el término descalabro es caritativo. Es un hundimiento sin paliativos ni, al parecer, fondo. Pierde 25,5 puntos con respecto a las elecciones de 2011. Más que poda, desmoche. Con razón andan muy nerviosos en el partido de la derecha. No saben qué hacer. Los más clarividentes dicen que la permanencia de Rajoy al frente promete desastre. Pero nadie se atreve a decirlo en público. Rajoy concentra los destinos y las carreras de todos los dirigentes en su mano poderosa. Y no se olvide que, mientras los jueces lo declaran asociación de malhechores, el PP es el chollo de una verdadera pandilla de inútiles. Pregúntese a la señora Aguirre que se ha postulado por iniciativa propia y se ha quedado a la intemperie, esperando una respuesta que no llega.

El propio Rajoy no solo no muestra duda alguna ni reparo ante la imposible situación que ha creado, sino que insiste en liderar la lucha contra la corrupción, de parte importante de la cual es políticamente responsable; y el proceso de regeneración democrática, una campaña de propaganda destinada a conseguir la renovación del voto de la ciudadanía a cambio de nada o de seguir con la letanía de embustes que esta manga de pícaros viene soltando. Es una situación ridícula y la perspectiva de que ese escuálido 19,2% siga descendiendo, prueba que la gente se ha dado cuenta de ello.

Cunde el asombro general por el hecho de que la gente votara a Camps, un granuja absolutamente evidente. Excusado será decir si vota a su amigo, el que siempre iba a estar con él, delante, detrás, como fuera, pero a su lado. Y en efecto, a su lado debiera estar.

Podemos poda también el árbol de la izquierda. El bocado a IU, que había abrigado nuevas expectativas a raíz de la última elección al Parlamento Europeo (7,98%), es considerable. Le deja menos votos que en las generales de 2011 (6,92%). Pero, la merma fuerte se ve en el conjunto del voto de la izquierda institucional (PSOE + IU) del 47,6% de 2008 al 35,68% de 2011 y, ahora al 28,8%, unas décimas menos que Podemos por sí solo.

Los partidos pequeños, Ciudadanos y UPyD, se alimentan de los restos de poda de los otros y seguramente aspiran a la muy recomendable posición de partido bisagra o aliado menor por el número pero mayor por su importancia política si hay multipartidismo. No es una brillante promesa de futuro, pero probablemente bastante para las aspiraciones de vida cómoda y tranquila a que aspiran sus dirigentes. Algo que solía estar reservado a CiU.

Pero la verdadera cuestión que plantea este sondeo es la de qué vaya a hacer la izquierda que suma el 57% de intención de voto en este momento. ¿Seguirá sin unirse?

De genios y reyes.


El Museo del Prado ha montado una exposición con los cartones de Goya para la Real Fábrica de Tapices. No con todos, pues tiene más en la exposición permanente. Y no solo de Goya porque también los hay de los hermanos Bayeu y algún otro, así como otros cuadros y obras diferentes, incluso esculturas, también procedentes del Prado y que los comisarios consideran que ilustran esta importante parte de la vida del pintor aragonés. Algunos Bayeus y varias otras piezas tienen procedencia ajena pero, en lo esencial, la exposición se nutre de los fondos permanentes del Prado. Estos se exhiben ordenados cronológicamente mientras que la exposición se organiza por áreas temáticas: la caza, los divertimentos, las clases sociales, la música y el baile, los niños, los sueños, las cuatro estaciones y el aire. Una buena idea. El que había de ser pintor de la corte y retratista de reyes, altezas y nobles, se había forjado tomando los modelos al aire libre. Por eso los impresionistas lo consideran un precedente. Y también los surrealistas, aunque estos más por los caprichos y las pinturas negras.

Entre 1775 y comienzos de los 90 del siglo XVIII, Goya, que había viajado a Madrid precisamente para aceptar el encargo que se le hacía de participar en la producción de estos cartones, concentró toda su actividad en esta obra de forma que la etapa puede considerarse la decisiva en la formación y maduración de este genio. Su perfección técnica, su dominio de los colores, la originalidad de sus composiciones, su audacia de trazo, la fidelidad y el realismo de las escenas deslumbran a lo largo de toda la exposición. 

Parece que no hubo programa del encargo salvo un propósito general: por tratarse de la decoración de los aposentos reales en los palacios del Pardo, y el Escorial, lugares de recreo y esparcimiento, los temas habían de ser alegres, hasta jocosos, divertidos, sanamente populares y alusivos a la ocupación a que con mayor ahínco se dedicaban los Borbones: la caza, que estos habían heredado de los últimos Austrias, llamados menores y que el rey Juan Carlos, siguiendo la tradición, cultivó con igual asiduidad y pasión hasta bien entrado el siglo XXI. Casi se diría que para las sucesivas dinastías españolas, España era una finca de caza y recreo. Como tal la gobernaron.

Salvado este factor, en efecto, no había programa, entre otras cosas porque ello era más propio de la pintura religiosa y justamente esa es la que no hay aquí, expresamente excluida. Se trataba de representar la vida social y campestre de los amados súbditos de S.M., la España real, amable, la de los juegos, las diversiones, los bailes y los cambios de las estaciones. ¿Cómo? Eso lo decidió Francisco Bayeu, que era el que marcaba la pauta e influía en su hermano Ramón y su cuñado, Goya. El criterio sería naturalismo, sana alegría de vivir, costumbres populares, el día a día de gente sencilla, ajena a las procesiones, el culto, los autos de fe, pero también a la política, la guerra, la revolución. Cuando uno piensa que esa pintura decoraba los palacios de los reyes en medio de la guerra de independencia de los Estados Unidos, la guerra intermitente con Inglaterra, la revolución francesa, no sabe uno qué admirar más, si la capacidad de crear un mundo ficticio, como aislado en una burbuja, o la estupidez de unos monarcas que vivían en ella mientras se quedaban sin Imperio y sin país. 

Pero el arte triunfa sobre las miserias del siglo. Los tapices son piezas geniales que todo el mundo recuerda por el impacto, el dinamismo y la fuerza que tienen y los identifica sin duda. Ahí están el juego de la gallina ciega, los majos y majas, la cometa, los zancos, la pelea de gatos, la merienda campestre, etc. Pero, además de ello, los tapices son un documento histórico, antropológico, sociológico, cultural, de primera magnitud. Goya registra lo que ve, le da vida propia, lo interpreta a su modo, pero es fiel hasta la exactitud en las formas. Los romances de ciegos, los vendedores ambulantes, la riña en la venta nueva, la boda apañada (que es una poderosa requisitoria contra la hipocresía de las clases sociales, magistralmente analizada por Manuela B. Mena Marqués en el catálogo), el cruce de caminantes en una nevada tarde de invierno, todo eso y más es la otra cara de la moneda, el lado feo, miserable de aquellas imágenes edulcoradas. La mirada del artista sobre su propio pueblo, completamente identificado con él.

Lo lamentable de esta historia es que, para sobrevivir, para realizarse, para regalar su obra a las generaciones posteriores, este genio hubiera de estar al servicio de semejante serie de idiotas que solo pensaban en darse la buena vida. Siendo además un hombre que simpatizaba con las ideas de la Ilustración. Algo de esto habrá influido en la posterior evolución anímica del habitante de la Quinta del Sordo.

dissabte, 10 de gener del 2015

Hay que salir a ganar.


(Del diario del presidente del gobierno).

La legislatura ha terminado. Queda menos de un año para dar la vuelta a la opinión pública sumamente negativa que hemos acumulado en los tres anteriores. Y eso va a ser un trabajo. Los barómetros del CIS parecen hechos en una checa. Y luego dicen que manipulamos los datos. El 80% de la población no confía en mí y ni yo ni ninguno de mis ministros, salva fugaz excepción, ha merecido un aprobado de la ciudadanía.

No, no nos queda tiempo para gobernar. Tampoco es que en los tres años anteriores lo hayamos hecho mucho. Apenas hemos tenido tiempo. Entre cumplir las órdenes de Berlín/Bruselas, las de la Iglesia, la patronal y la banca y defendernos como hemos podido de las acusaciones de corrupción que nos llovían y nos llueven, se nos ha ido la legislatura. Encima, aprovechando, como siempre, las distracciones del gobierno central, los catalanes se han subido a la parra, obligándonos también a atender a ese guirigay, esa aventura sin sentido.

Hasta ahora no hemos podido mostrar nuestro rostro amable, que lo tenemos. Ya es tiempo de hacerlo. He dado orden a los ministros de expandir la buena nueva por toda la Gran Nación: España sale de la crisis. Y no solo sale, tira de los demás países europeos, más atrasados al no haber contado con nuestras políticas duras pero necesarias. Esa será la consigna: recuperación. Catarata de cifras y datos. Algunos dirán que la gente no la ve y que hay muchos más datos que la desmienten. No importa. Nosotros a lo nuestro. Para eso controlamos prácticamente todos los medios de comunicación. A repetir: España remonta. Es una Gran Nación. La crisis es cosa del pasado. La corrupción yace a nuestros pies vencida como Lucifer a los pies de San Miguel. Mas sentará la cabeza si no quiere perderla.

Voy a multiplicar mis actos públicos. Voy a inaugurar carreteras, AVEs, pantanos, convenciones, congresos y campeonatos de lo que sea. También daré alguna rueda de prensa en plasma y hasta en vivo, aunque estas son peligrosas por esa manía de los periodistas de enterarse de lo que no les importa. Mantendré un canal abierto permanente de diálogo con la ciudadanía. Es el signo de los tiempos: presencia en las redes sociales. Voy a tuitear todos los días. Así la gente sabrá siempre lo que pienso. Y es claro: estamos recogiendo los frutos de los tres años de sacrificios. ¿Que alguien no los ve? Hay que aclararle vista, disipar las cortinas de humo que se lanzan para impedir nuestro triunfo, el de las gentes de bien, previsibles, como Dios manda, la mayoría silenciosa.

La principal cortina de humo es la de la corrupción. Hemos llegado hasta aquí sin tener que dimitir, salvo algún caso insostenible, como el de Ana Mato, felizmente recuperada para nuestros trabajos en pro del bien común. Podremos llegar hasta el final. Y hacerlo como adalides de la lucha contra la corrupción. Todo al tiempo que obstaculizamos cuanto podemos las labores de investigación policial y las de la justicia, destruyendo pruebas o cambiando jueces. Habrá momentos duros en las peripecias procesales de los casos pero estas son tantas y tan variadas (Bárcenas, la infanta, Correa, Blesa, Rato, Granados, etc.) que se taparán unas a otras. Y, si no lo hacen, siempre nos echará una mano cualquiera de los otros dos asuntos que afectan a la convivencia nacional, los "adanes" y los "lunáticos".

Los "adanes" de Podemos se han cargado IU. Una pena. Y van por el PSOE. Esos me dan menos pena. Tienen un verdadero lío. Los "adanes" quieren imponer un proceso constituyente. Al parecer estamos mal constituidos y tienen estos que venir a constituirnos según sus ocurrencias. De todos modos debe reconocerse que son maestros en imagen. Los nuestros, en cambio, no sirven para nada. Ni mejoran la mía ni empeoran la de los adversarios. Los peores enemigos están siempre dentro. Como esa señora que quiere ser alcaldesa de Madrid en contra de mi voluntad.

Los "lunáticos" catalanes son la reserva necesaria que propiciará un repentino resurgir de la conciencia nacional española. Los votos lloverán sobre la candidatura que con más claridad, decisión y firmeza impida el secesionismo catalán. Serán los contrafuertes y defensas de ese bastión inexpugnable que es la Nación española una, perenne a lo largo de los siglos. Mientras yo sea presidente, España no se romperá. Eso me lo van a oír mucho.

Son los dos ejes de mi discurso: España sale de la crisis sin haber perdido en calidad de Estado del bienestar y sin romperse territorialmente. Sin mancha ni ruptura, como la Virgen, su patrona, a la cual me encomiendo, como es habitual en mi gabinete.